AGLI

Recortes de Prensa     Martes 2 Enero 2001
#Cambia el milenio, ETA no 
Editorial ABC 2 Enero 2001  

#La autocrítica de las víctimas
Editorial La Razón 2 Enero 2001

#Tríptico del País Vasco
José Luis Manzanares La Estrella 2 Enero 2001

#Las tribulaciones de Ibarretxe
Manuel Martín Ferrand La Estrella 2 Enero 2001

#Diálogo e indefinición
Editorial El Correo 2 Enero 2001

#El coñazo de Madrazo
Iñaki EZKERRA La Razón 2 Enero 2001  

#Don Tancredo en Ajuria Enea
Juan BRAVO La Razón  2 Enero 2001  

#FRANCIA PUEDE Y DEBE HACER MAS EN LA LUCHA CONTRA ETA
Editorial El Mundo  2 Enero 2001

#Consensito
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 2 Enero 2001

#El primer problema
MANUEL HIDALGO El Mundo 2 Enero 2001

#Encapuchados destruyen bancos y siembran el temor en la Nochevieja de Getxo
BILBAO EL CORREO 2 Enero 2001

Cambia el milenio, ETA no 
Editorial ABC 2 Enero 2001

La esencia de ETA es inmutable porque está formada por el fanatismo separatista, que sólo se calma con el éxito o con la derrota. No hay término medio. Además, ETA tampoco encuentra en su entorno razones suficientes para dejar de matar, porque, si los que dependen de ellos —HB y el entramado de testaferros etarras— viven sometidos a su disciplina, los que tienen su órbita más lejana, pero viven captados por su poder de retención —PNV y EA—, discurren entre mensajes pretendidamente equívocos —como el discurso vergonzoso de Ibarretxe, que omitió el nombre ETA—, de los que se deduce que ansían una nueva tregua de la banda terrorista para salir del atolladero en el que están metidos. Por todo esto, aunque cambien el año, el siglo y el milenio, ETA se aferra a lo mismo que la ha caracterizado desde hace más de treinta años: provocar la intimidación y el miedo, reclutando para su inmoralidad a quienes, debiendo despojarles de la falsa legitimación política de su violencia, no sólo no lo hacen, sino que se la alimentan. Muchos de ellos rechazan formalmente la violencia con la misma tranquilidad con que se aprovechan políticamente de ella.

Aunque ETA pretendiera en Sevilla un atentado más propio del Beirut de los ochenta y aunque sus impunes cuadrillas de borrokalaris —que ya saben que, si son detenidos, se verán las caras en la Audiencia Nacional— provocaran una noche infernal en Guecho —seis sucursales bancarias y la sede del PSE-PSOE, destruidas—, la banda terrorista cuenta con la docilidad del nacionalismo para que no le plantee problemas que le resultarían de difícil administración política y social, como la ruptura de Estella y el abandono de Udalbiltza, es decir, la negación formal de la estrategia soberanista. ETA sabe que esto no va a suceder y le resulta suficiente para consentir la política de gestos engañosos de Ibarretxe y para seguir confiando en que las formaciones nacionalistas responderán a cualquier iniciativa pseudopolítica que les ofrezca. El nacionalismo mide sus decisiones y sus palabras para que lleguen hasta el límite de lo tolerable por ETA y cuando alguno lo sobrepasa, como sucede con Guevara o Cuerda, la respuesta no sólo viene de la izquierda proetarra, sino del propio PNV, que aprovecha el acoso insultante y amenazante a sus críticos internos para dar rienda suelta a sus fidelidades a los principios de Estella. Estos son los gestos que delatan qué quiere y con quién lo quiere el PNV, y no la campaña de marketing de Ibarretxe. El tiempo pasa, cambia el siglo, y mientras la tendencia natural de los ciudadanos de bien y de las sociedades sanas es crear proyectos constructivos para el futuro, ETA y el nacionalismo sólo ofrecen al País Vasco planes para un pasado cada día más regresivo.

La autocrítica de las víctimas
Editorial La Razón 2 Enero 2001

España se ha librado por muy poco de terminar el milenio con un drama de inusitadas proporciones. Si el coche-bomba colocado por la banda terrorista Eta en Sevilla hubiera estallado, con su carga de cien kilos de explosivo, hubiera podido destruir un edificio entero. Sólo la pericia de los artificieros de la Policia logró desactivar el potente artefacto, pero ello no evita la evidencia de que la ciudad hispalense bordeó la tragedia.

    Se confirma, por tanto, aunque ya estaba suficientemente combrobado, que estamos ante una escalada terrorista diseñada como «solución final» por Eta, empeñada en doblegar a sangre y fuego al Estado para conseguir la ruptura de éste. Pero, ante ella, el diagnóstico no ha variado ni puede variar. El Estado tiene la amenaza de Eta y los ciudadanos sufren sus agresiones. Pero el Estado, y el Gobierno que lo gestiona, tiene que ser fuerte para la persecución del crimen, que convierte en inaceptable cualquier concesión. Ni pueden sacar beneficios políticos los asesinos ni, por supuesto, cualesquiera otros que pretendan alternativas políticas basados en la existencia del terrorismo, aunque las planteen con la intención de acabar con éste.

    No se puede dejar de mencionar, por eso, la posición del presidente del Gobierno vasco, Juan José Ibarreche, en su discurso de fin de año. El lendakari optó por exigir una autocrítica generalizada, como si tuvieran que autocriticarse las víctimas de Eta, y no quienes las causan o quienes apoyan o se apoyan en quienes lo hacen.. Eta no actúa por la crispación política. Es la que la provoca. Y quienes legitiman los fines separatistas son los que alimentan esta escalada de violencia.

Tríptico del País Vasco
José Luis Manzanares La Estrella 2 Enero 2001

La actualidad informativa del País Vasco no decae. La sombra de ETA, que es alargada como la del ciprés de Miguel Delibes, explica lo que en otras partes de España no tendría explicación. Sea porque se está con el terrorismo, sea porque guste recoger sus nueces sin exponer nada, sea porque el temor difuso lo impregna todo, sea por la indefensión del discrepante, es lo cierto que al final de cada ovillo suele encontrarse la banda etarra, señora sobre vidas y haciendas, que mata, secuestra, incendia y extorsiona por algo tan serio como la pureza de sangre y la santa trinidad de raza, nación y Estado. Un pueblo, una nación, un führer, proclamaron también, allá por los años treinta, los fanáticos del nacionalsocialismo. Así comenzó una de las más negras páginas de una Historia que poco interesa a quienes se consideran un caso único y se miran el ombligo colocando a los demás sus propias anteojeras.

Viene esto a cuenta como hilo conductor de tres noticias que comparten un común denominador. La televisión vasca desoyó la petición expresa del Parlamento de la Comunidad Autónoma y se negó a emitir el mensaje de Navidad de quien es Rey de España conforme a la Constitución que sustenta el Estatuto de Guernica. Algo inimaginable en otra parcela de nuestra geografía. Pues bien, rizando el rizo, resulta que se trata del mismo Rey cuya intervención postulaba el presidente del Gobierno vasco, tan sólo unos días atrás, para solucionar los problemas de aquella sociedad en crisis. Y avanzando un poco más, nos encontramos con que desde el PNV se le reprocha una actitud partidista porque proclama la necesidad de que todas las fuerzas democráticas se unan en la lucha contra el terrorismo. Naturalmente, se condenan los crímenes de la banda, pero en el mensaje real hay algo indeterminado que no satisface.

Monseñor Setién, que tanto ha hecho por la paz entre los católicos vascos, marcando fronteras políticas entre unos y otros, defiende el diálogo con quienes asesinan, y mientras asesinan, para imponer su voluntad. Así, el separatismo tendría su particular versión del 5º Mandamiento de la Ley de Dios –y de los demás, si fuera conveniente– con excepciones y matizaciones que llevarían del "no matarás" al matarás por lo que tú o nosotros consideremos una justa causa. La sangre derramada en este caso debe caer sobre las propias víctimas o sobre los que no se pliegan a nuestras exigencias. De nuevo nos topamos con la instrumentalización evangélica en pro de opciones temporales elevadas a dogma.

La tercera noticia viene del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco. No se tolera que allí se celebre la entrega del premio que lleva el nombre de una fiscal asesinada por ETA. Sufriría la imagen de imparcialidad de los jueces. Como si la imparcialidad en el enjuiciamiento del delincuente concreto fuera incompatible con el rechazo incondicional del crimen. Como si los terroristas y sus parientes de segundo y tercer grado fueran receptivos a un gesto que, aun inspirado en la buena voluntad, será interpretado como fruto del miedo.

Las tribulaciones de Ibarretxe
Manuel Martín Ferrand La Estrella 2 Enero 2001

Nace el año –y el siglo y el milenio– con un tema dominante en el análisis político: las próximas elecciones autonómicas en el País Vasco. Tendrían que ser para el 2002, ya con los euros en el bolsillo, pero los calendarios electorales son elásticos para ajustarse mejor a los vientos cambiantes que soplan en todos los parlamentos. Al lehendakari Ibarretxe no le queda más remedio que adelantar algo que no le conviene para evitar algo que aún le conviene menos: el alboroto en Vitoria, donde vive todo tipo de tribulaciones desde que sus amigos/cómplices/socios de EH decidieron dejarle solo y apesadumbrado.

El nacionalismo vasco –tan anacrónico, tan efervescente– lleva todo un siglo, el XX, pretendiendo el círculo cuadrado. De hecho, Sabino Arana no hizo otra cosa que los planos nostálgicos, a partir de algo que nunca existió, para que sus sucesores pretendieran un imposible que, hasta hoy, ha costado muchas vidas y muchísimos problemas.

Las elecciones vascas no serán, para nadie, una panacea. No son el ungüento amarillo que puedan aliviar los alifafes de los nacionalistas ni de los dos grandes partidos de dimensión española. Pero son inevitables. Tras ellas, ya veremos como salen las cuentas. Por el momento, cabe señalar que los partidos no nacionalistas han ganado, en los últimos diez años, más de 200.000 votos y ello permite establecer la hipótesis de la alternancia. El PNV, desde las primeras elecciones surgidas al calor del Estatuto de Gernika, en 1980, ha sido el monopolizador, solo o en compañía de otros, del Gobierno en el País Vasco. La alternancia, que ahora es (teóricamente) posible, es, con sus problemas, lo que puede darle madurez, sosiego y futuro a una tierra demasiado convulsa con la acción terrorista y con cuanto de cainita ella acarrea y comporta.

Estos veinte años transcurridos, con distintos vecinos en Ajuria Enea –Garaikoetxea, Ardanza e Ibarretxe– permiten recordar aquellos versos de Ramón de Campoamor de cuando, antes de Pilar del Castillo, claro, estudiábamos el bachillerato:

Pasan veinte años: vuelve él, y al verse exclaman él y ella:  (–¡Santo Dios!, ¿y éste es aquél?...) (–¡Dios mío!, ¿y ésta es aquella?...).

El tiempo, que tiende a mejorarlo todo, aunque sólo sea con la erosión del olvido, no ha actuado así en el País Vasco y todo está más feo –más radical y sangrante– que hace veinte años. Entonces el PNV consiguió 25 escaños de los 60 que entonces totalizaba la Cámara. El PP, entonces AP, tuvo que conformarse con dos. Las previsiones, ahora, son muy distintas y, más que posiblemente, el PP pueda ser la segunda fuerza más votada en el territorio. Si a ello se le añade la fuerza, creciente, del pacto antiterrorista suscrito entre el PSOE y el PP, tendremos un cuadro diferente del acostumbrado.

El miedo imperante en el País Vasco, generado por las bombas y las pistolas de ETA, no permite análisis profundo de la situación. No se dan las condiciones objetivas que, en democracia, se entienden como necesarias y suficientes para el normal desarrollo de la vida política y, en consecuencia, hay que introducir en cualquier cálculo las variables caóticas del desorden callejero, el asesinato y la extorsión; pero, aun así, cabe imaginar la posibilidad –sólo eso– de un gobierno a partir de la coalición de partidos no nacionalistas. Para algunos ésa sería una desgracia de imprevisibles consecuencias. A otros nos resulta, en la valoración de la alternancia como bien político, algo deseable que, aun con dificultades, podría ser provechoso para alcanzar una normalización definitiva en la muy zarandeada y luctuosa vida vasca.

El tiempo, como la memoria, es tremendamente descortés. Ese tiempo ha ensuciado la realidad vasca y esa memoria nos la pone sobre la mesa de las disecciones con todo lujo de detalles. Los ciudadanos vascos son los que ahora tienen que analizar lo que les conviene, o lo que quieren, para ir acabando con una situación que sólo beneficia a quienes intentan desenterrar el viejo caciquismo entre los aromas del nuevo nacionalismo. Verdaderamente, no son algo muy diferente.

Ibarretxe está atribulado. ¿Podría ser de otro modo cuando se vive espatarrado entre la obediencia a un partido, el PNV, y el compromiso con un electorado?

Diálogo e indefinición
Editorial El Correo 2 Enero 2001

Las palabras con que el lehendakari despidió el año 2000 ante las cámaras de ETB sugerían, al mismo tiempo, el adiós a la presente legislatura. Con un lenguaje netamente positivo y esperanzado, Juan José Ibarretxe trató de conducir a la audiencia hacia una conclusión: «la paz es posible». Toda su argumentación giró en torno a la necesidad del diálogo, al que se refirió como un valor antagónico a la crispación, la división o el insulto. El contenido del mensaje de Nochevieja no fue tanto la síntesis de las palabras pronunciadas por el lehendakari a lo largo de los dos últimos años, como el remanente que le quedaba de confrontar un discurso eminentemente moral con unas condiciones políticas que él mismo no ha contribuido a mejorar. Sería una enorme simpleza que los partidos políticos o la sociedad vasca afrontaran el nuevo año lamentándose de que el 2000 no fue tan bien porque no se supo o no se quiso dialogar. El déficit más importante que presenta la política vasca de los últimos dos o tres años no se refiere únicamente al talante de cada cual; sino que hunde sus raíces en la casi imposible coexistencia de proyectos políticos que han pasado de ser distintos a proyectarse como divergentes e incompatibles. La fuerza coactiva con que el terrorismo de ETA ha conseguido descentrar al nacionalismo democrático ha provocado una auténtica revisión de su propia trayectoria. El problema no es que PNV y EA mantengan en sus bases estatutarias la quimera soberanista. El problema estriba en que los dirigentes de esos dos partidos -que conforman el Gobierno vasco- han llegado a creer que pueden conducir al conjunto de la sociedad vasca hacia esa quimera, y que deben hacerlo sin tardanza.

En el acto que convocó en Gernika el pasado 20 de diciembre, el lehendakari Ibarretxe se refirió al necesario reconocimiento de la pluralidad como «punto de partida». El problema estriba en que el nacionalismo no concibe que la pluralidad pueda y deba ser también el punto de llegada hacia el que han de aspirar los vascos en tanto que ciudadanos libres. Los resultados electorales y los sondeos de opinión indican que en una coyuntura de extrema polarización la sociedad vasca tiende a dividirse en dos mitades prácticamente iguales; entre quienes prefieren opciones nacionalistas y quienes se adhieren a las no nacionalistas. De ahí que el único diálogo posible sea aquél que afiance un espacio común en torno al marco democrático y autonómico vigente. Lo contrario significaría obligar a la sociedad vasca a desentenderse de su historia más reciente, empujándola a la intemperie, a expensas de las posiciones más extremas.

Los resultados electorales y los sondeos de opinión han clarificado, además, otro extremo: la pretensión de escorar la voluntad popular en favor de las aspiraciones nacionalistas a cambio de la paz, además de indecente, resulta vana. Los cambios que ha mostrado el comportamiento electoral en Euskadi -el acusado retroceso de las posiciones nacionalistas en determinados ámbitos territoriales- son, en buena medida, consecuencia de que amplios sectores de la opinión pública han percibido la relación entre nacionalismo y paz como un chantaje latente a través del cual el terrorismo de ETA se impondría a la libertad. Es ésta una lección que el nacionalismo democrático no termina de aceptar; por lo que sigue manteniendo la expectativa de la unidad con la izquierda abertzale como objetivo preferente.

En su alocución de Nochevieja, el lehendakari Ibarretxe fijó las características del diálogo en torno a un «compromiso ético de respeto a la vida y a las libertades», «que permita contrastar los diferentes proyectos políticos», «que permita alcanzar un consenso sobre cómo afrontar el final definitivo de la violencia y construir un futuro en el que quepamos todos».

Pero lo que no dijo es si considera que ese consenso ha de establecerse con los que jamás condenarán la violencia, o ha de erigirse frente a ellos, como nexo de cohesión de la sociedad democrática. Ésta y no otra es la causa de que el diálogo no exista. Porque la palabra diálogo pierde todo su sentido cuando se elude precisar con quién y en qué condiciones; de igual forma que el diálogo deja de serlo cuando se admite como interlocutor a quien mantiene una amenaza cierta sobre la vida de los demás.

Pero, en su afán por concederle un carácter accidental a la incapacidad parlamentaria sobre la que viene tambaleándose el Ejecutivo Ibarretxe, el nacionalismo gobernante parece soslayar también ese diálogo ineludible y básico sobre cuyos cimientos podrá alzarse -o no- un consenso más amplio: el diálogo que asegure la mayoría suficiente para el gobierno de las instituciones de la autonomía.

El coñazo de Madrazo
Iñaki EZKERRA La Razón 2 Enero 2001  

Lo ha dicho Francisco Frutos: «Madrazo es el agujero negro de IU». No conozco mejor definición. Madrazo es más que un mal fichaje. Es algo adonde la ciencia y la razón no llegan. Madrazo es un fenómeno paranormal, una especie de triángulo electoral de las Bermudas por donde se pierden para siempre los votos, las adhesiones, las complicidades, los ideales, las esperanzas... Nicolasito Redondo Terreros anda pensando ya en las elecciones vascas e intentando rascar esos votos que Madrazo ha desintegrado. Se equivoca. No va a pillar nada de ahí. Los que dejan de votar a IU por culpa de Madrazo quedan lesionados electoralmente para toda la vida. No vuelven a votar jamás. Las secuelas son irreversibles. Conozco varios casos. Es gente que ha quedado muy jodida y anda tomando pastillas.

    Madrazo es un Atila de la política, de la ilusión, de los pocos afanes dignos y renovadores que aún le quedan a nuestra malherida izquierda. Por donde pisa Madrazo no vuelve a crecer la hierba del voto, como no ha vuelto a crecer esa pelusa capilar que él mima con coquetería abyecta en su alopécica azotea como a una fea planta y que tampoco acaba de pudrirse. Ha habido calvas nobles, augustas, francas, apostólicas, patricias, en la política española. Pero la de Madrazo es una calva vergonzante, ominosa, indigna. Es un matojo que no acaba de dimitir, como él. Es una metáfora de sus ideas pobres, grises, ralas, mezquinas pero oscuramente tenaces.

    En los batzokis y las herrikotabernas le quieren a Madrazo para que les sirva los chiquitos y los kalimotxos: «¡Madrazo, dos de rabas!». Se ríen de ese reflejo que le imprimió en la frente la luz oleosa del seminario, de esos ojillos que se mueven tras las lentes con velocidad inquietante, como las antenas de un insecto; de su docilidad casposa y parroquial. Cuánto les gustaría poner a toda la izquierda española tras una barra como a él. Madrazo es un sacristán macerado entre el incienso y las vinajeras de Arzalluz. Es el monaguillo viejo de la misa negra de Lizarra. Representa para el clero amoral y descreído del nacionalismo, la utópica sumisión de los ciudadanos de segunda, sin Rh, a su doctrina nacional.

    Se impone como una labor cívica, como una prioridad de Estado, como una medida de cultura y civilización, librarnos para siempre del mazazo, del pelmazo, del coñazo de Madrazo. Si no lo conseguimos, si Madrazo triunfa, si consigue hacer otra sórdida pirueta y sostenerse en una legislatura más, ¿qué legado dejaremos a las futuras generaciones? ¿Qué esperanza cabrá ya en la justicia, en la superación de los errores, en la igualdad de oportunidades, en un mundo mejor?

Don Tancredo en Ajuria Enea
Juan BRAVO La Razón  2 Enero 2001  

El presidente del Gobierno vasco, Juan José Ibarreche, ha dejado a la parroquia con dos palmos de narices al ni siquiera referirse en su discurso navideño al adelantamiento electoral. Éste se da por hecho, sin embargo, aunque el problema para Ibarreche es cuándo decirlo. Los espías de Juan Bravo saben que en un asunto tan delicado como éste, el simbólico acto de convocatoria electoral debe tener un escenario mínimamente positivo para el que lo decide. Y el delegado del PNV en Ajuria Enea no ve el momento. Siempre hay un atentado de Eta cercano, siempre hay una encuesta desfavorable (o, al menos, no suficientemente favorable) para sus intereses, pese a los maquillajes «ad hoc». Y, claro, en este panorama, y en plena ofensiva política de los no nacionalistas, y en pleno numantinismo de los nacionalistas, no ve Ibarreche el momento para desayunarse el sapo del cierre abrupto de la Legislatura vasca. Cuando vea algún síntoma de disensión en el Pacto antiterrorista, Ibarreche sacará el conejo de la chistera. Porque, la verdad, con el apoyo estelar de Madrazo, no es fácil lanzar las campanas al vuelo anunciando comicios. Y, lo que es más grave, también tiene que esperar algún momento en que no hable Arzallus, y eso sí que es materialmente imposible.

FRANCIA PUEDE Y DEBE HACER MAS EN LA LUCHA CONTRA ETA
Editorial El Mundo  2 Enero 2001

Ls españoles hemos despertado al nuevo milenio con la vieja pesadilla del terrorismo más pegada que nunca a nuestras vidas. Los cachorros etarras de la kale borroka celebraron la Nochevieja a su bárbaro modo, quemando cajeros, atacando sedes del PSOE y locales de empresas. Decenas de actos de terrorismo callejero en varias localidades del País Vasco demostraron, una vez más, que la cantera de la que se nutre ETA campa por sus respetos en las calles. Por mucho que el Gobierno vasco condene las salvajadas, es evidente que su policía -la Ertzaintza- deja mucho que desear en la persecución de tales delitos.

Y si en el País Vasco, la lucha contra la violencia tropieza con la pasividad de un Gobierno -surgido del pacto con los amigos de ETA- que está dando sus últimas bocanadas, en el resto de España las Fuerzas de Seguridad del Estado topan también con dificultades en su combate contra la barbarie. Cuando parecía que la amenaza sobre Andalucía había sido conjurada por la desarticulación del comando que operaba en esta comunidad, los terroristas lograron trasladar hasta Sevilla un coche-bomba con cien kilos de dinamita. Una cantidad más que de sobra para provocar una auténtica masacre en la capital andaluza el último día del año. La carga mortal no llegó a estallar porque los etarras avisaron. Pero el mensaje de ETA -un mes después de la desarticulación del comando Andalucía- es tan claro como terrible: aquí seguimos y podemos matar cuando nos dé la gana.

No obstante, Interior no cree que la organización haya logrado recomponer el comando. Y sospecha que el coche-bomba -robado en Toulouse- pudo ser preparado en Francia, antes de ser trasladado a Sevilla, por un etarra que responde al apropiado apodo de Demonio. Las circunstancias que han hecho posible que este peligroso terrorista siga en libertad conducen al más importante reto que tiene el Gobierno español en su lucha contra ETA: la colaboración francesa. Demonio escapó durante la redada que acabó con la desarticulación del aparato logístico en Francia porque los policías que le vigilaban no tenían autorización legal para detenerlo.

Ello indica que aún hay mucho camino por recorrer y que España tiene que conseguir que Francia considere el problema terrorista como algo propio. Desde que ETA existe, su modus operandi ha sido siempre el mismo. Se refugia en suelo francés, desde donde organiza y planifica las mortíferas actuaciones que ejecuta en territorio español. No quiere esto decir que no se haya avanzado -y mucho- en la colaboración de ambos países. Pero no lo suficiente, porque lo único que las Fuerzas de Seguridad españolas pueden hacer en Francia es vigilar a los presuntos miembros de ETA.

Una mayor implicación del Gobierno francés en la lucha contra el terrorismo se lo pondría más difícil a la dirección de la banda, que aún sigue en este país. Esta es la tuerca que el Ejecutivo español debe apretar. Francia, y el resto de los países de la UE, deben saber que la violencia etarra es el reto más importante al que se enfrentan en materia de violación de los Derechos Humanos. Una auténtica piedra de toque para la Europa del nuevo milenio.

Consensito
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 2 Enero 2001

Por lo que creo entrever en las informaciones precocinadas del diario felipista en estas entrañables fechas, el acuerdo a que ha llegado Zapatero con la vieja guardia del PSOE estriba en que el consenso con el PP se va a limitar drásticamente. Tanto, tanto que se mantendrá sólo en una cosa: la lucha antiterrorista, el Pacto con mayúscula, que tan bien le viene a Zapatero para asentar su liderazgo y al PSOE para disimular su indefinición nacional y su fragmentación político-territorial. En los demás problemas de Estado -reforma educativa, Plan Hidrológico, política de inmigración, equilibrio presupuestario y otras cuestiones de fondo que surjan o se actualicen durante el año nuevo-, de consenso, nada; antes morir que pactar; no habrá cuartel político, ideológico ni, por supuesto, informativo. La oposición, además de serlo, lo parecerá muchísimo. Y como suele suceder desde hace tiempo, la pose de los grandes acuerdos se guardará para los funerales. Mientras tanto, el PSOE volverá a lo de siempre: la Derecha es tonta, la Derecha es insaciable, la Derecha es fascista, la Derecha es insolidaria y cruel, la Derecha, en fin, no tiene remedio aunque sí hay una solución: que salga cuanto antes del Poder que, en realidad, nunca debería ocupar. Oa, oa, oa, Zapatero a La Moncloa.

En la brega cotidiana, el imperio polanquista será implacable, sin motivos o con ellos, que no faltarán. Y los medios de comunicación más o menos gubernamentales observarán las actitudes de rigor: quitarle hierro a cualquier asunto, evitarle dolores de cabeza al Omnisciente; y hala, a esperar que la lluvia fina acabe en otra riada electoral. El consenso quedará archivado sine die y sólo saldrá en procesión para los entierros.

Partidismos aparte, ¿es bueno para la democracia española que el PSOE tome ese derrotero? A mi juicio, no, y por una razón esencial: el liderazgo de Zapatero no ha venido acompañado, como el de Aznar en su día, por una renovación ideológica del partido, por un cambio de contenidos, no sólo de formas, en su alternativa política. El PSOE sigue siendo patológicamente dependiente de El País en materia de ideas y hasta de ocurrencias. Y lo único que el polanquismo ha renovado en los últimos tiempos son los sueldos. Editorialistas, columnistas, opinadores, abajofirmantes y devotos de la secta son los mismos que hace 20 años. La revolución institucionalizada del PRI era una broma al lado de nuestra Izquierda Instalada. Más berroqueños, ni en Guisando.

¿Qué problema práctico presenta el consensito con respecto al consenso? Que no es posible un acuerdo duradero contra el terrorismo si no lo hay sobre el nacionalismo. Y eso supone una idea de España que debe incluir educación, trasvases, comunicación y un largo etcétera. O sea, un PSOE con ideas nuevas. ¿Ustedes lo ven? Pues yo tampoco.

El primer problema
MANUEL HIDALGO El Mundo 2 Enero 2001

La última encuesta del CIS señala que ETA es el problema número 1 de los españoles. Comprendo las razones de tal designación, pero me entristecen. Y me rebelo. ETA se ha convertido, más allá de su dimensión real, que es, en efecto, mortífera, en la metáfora más elocuente de la Muerte.

No podemos vivir -¡si lo sabré yo!- con la idea de nuestra muerte inexorable entre ceja y ceja. Tenemos que hacer como que la Muerte no nos concierne y, gracias a ese ejercicio de simulación, nos levantamos de la cama todos los días, salimos a la calle y al trabajo, amamos, intentamos enfrentar nuestros problemas cotidianos y ser felices, arrinconando la convicción que tenemos sobre el desenlace fatal de todos nuestros afanes.

¿Por qué ETA se ha colado en lo más presente de nuestras vidas, como si la Muerte gravitara sobre cada uno de nuestros actos y sobre cada segundo de nuestro tiempo? Ese es el mayor triunfo de ETA, como lo sería de la Muerte. Hay una sobredimensión del problema de ETA -tan trágico como el de nuestra propia muerte- moldeada por un discurso político-mediático que la coloca en primer plano.

Nosotros, como sociedad, tenemos que vivir sutilmente atentos y sutilmente desatentos a ETA. Tenemos que vivir: hacer, crecer, anhelar, proyectar como colectividad con independencia de ETA, del mismo modo que como personas hacemos lo mismo con independencia de la Muerte.

Respetamos y alentamos la dedicación de todos cuantos, los mejores, se enfrentan al Dragón, del mismo modo que respetamos y alentamos a los científicos que combaten toda enfermedad mortal y a quienes ya están al alcance de sus garras. Y tenemos nuestra propia lucha, hecha de esfuerzos y precauciones, para prolongar nuestra salud y nuestra vida. No somos tontos ni estamos en la inopia.

Pero tenemos que vivir como si la Muerte no existiera, como si ETA no existiera. Tenemos otros problemas. La vida no se puede vivir en correspondencia con la Muerte. La política no se puede hacer, exclusivamente, en correspondencia con ETA. La Muerte es inevitable. ETA es evitable. Decisiva diferencia. Pero si vivimos sólo para evitar la sombra que nos acecha por la espalda, no estaremos atentos ni a los dones ni a los accidentes que nos aguardan por delante en el arduo camino.

Espero que se me entienda (lo esencial de) la idea, que quizá no es una idea sino un grito desesperado y, por tanto, impreciso, por lo que pido disculpas. ¿Desistimiento? No. La sustitución de la melancolía especulativa, invasiva y etérea por la acción cívica, eficiente y creadora de valores es una solución. Y que actúen los políticos-científicos. Pero ni una gota más. Es mi deseo, uno entre varios, para 2001.

Encapuchados destruyen bancos y siembran el temor en la Nochevieja de Getxo
Los violentos, cubiertos con capuchas blancas, causaron destrozos en las sedes del PSE y de Metro Bilbao El ataque sorprendió en la calle a los vecinos que festejaban el fin de año «Parecía un ejército en formación, fue una acción muy organizada»
BILBAO EL CORREO 2 Enero 2001

Los violentos tomaron ayer las calles del barrio getxotarra de Las Arenas mientras los vecinos celebraban la llegada del año 2001. Un grupo de encapuchados perfectamente coordinados lanzó artefactos explosivos de forma simultánea contra seis entidades bancarias, y las fachadas de una oficina del metro de Bilbao, una sucursal de Telefónica y la sede del PSE-PSOE, situadas en el centro del barrio. Los ataques sembraron la alarma entre los inquilinos de los pisos situados sobre esas oficinas y entre las decenas de personas que se encontraban en la calle de madrugada, festejando la Nochevieja. El fuego provocado por las explosiones obligó a desalojar varios pisos afectados por el humo, causó daños en vehículos aparcados y los comercios cercanos.

Los autores de los ataques actuaron en torno a las 2.30 de la madrugada cuando aún se podían oír los últimos cohetes con los que el vecindario recibió el nuevo milenio. «Escuchamos un fuerte estruendo. Supimos que no había sido un petardo y salimos a la ventana para ver lo que ocurría», explicó la dueña de una vivienda situada en uno de los edificios atacados.

Daños en coches
Desde la ventana pudo ver una escena que le heló la sangre: «Un grupo de unas treinta personas con las cabezas cubiertas con capuchas blancas avanzaba por la calle. A su alrededor, decenas de jóvenes que celebraban la Nochevieja corrían hacia calles cercanas para evitar cruzarse con ellos. Pocos segundos después se escuchó una nueva explosión y una fuerte llamarada subió hacia el cielo». Alertados por las explosiones, numerosos vecinos se asomaron y pudieron contemplar el ataque. Los testigos coincidieron en señalar que se trató de una acción «muy organizada».

En pocos minutos, los violentos recorrieron la calle Mayor y lanzaron los cócteles molotov contra sus objetivos, las oficinas de los bancos Central Hispano, Pastor, Santander, Bilbao Vizcaya Argentaria y Bankinter. En la cercana calle Ibaigane, los encapuchados atacaron la sede del PSOE y el local de las oficinas del metro. Algunas de las sedes bancarias quedaron completamente destrozadas. También sufrieron daños numerosos coches aparcados junto a los bancos, según explicaron fuentes de la Ertzaintza.

«No he podido dormir en toda la noche», explicó otra vecina del barrio que se topó con los violentos cuando volvía con sus dos hijos de corta edad de haber celebrado la Nochevieja en casa de unos familiares. «Las capuchas blancas y todos ellos andando en formación, como un ejército, es una imagen que no puedo borrar», recordaba aún impresionada. Fuentes de la Policía autónoma confirmaron ayer que los encapuchados «no pudieron ser identificados».

Los integrantes del grupo de ‘kale borroka’ «huyeron a la carrera hacia el Puente Colgante», añadió una testigo que contempló la escena desde su ventana. Poco después de que finalizara el ataque de los radicales llegaron los efectivos de la DYA, Bomberos y Policía.

Los agentes pidieron a los vecinos por el servicio de megafonía que cerraran puertas y ventanas de sus domicilios para evitar que la humareda provocada por las explosiones les causara mayores problemas. Aún así, algunos de los inquilinos de los primeros pisos tuvieron que ser desalojados de sus casas, afectadas por el intenso humo que se propagó por las escaleras. Los efectivos policiales acordonaron la zona mientras los bomberos inspeccionaron los locales destrozados y retiraron escombros de la calle.

Más destrozos
En San Sebastián, otro grupo de violentos atacó también con líquido inflamable un cajero del BSCH. El sabotaje no provocó daños importantes.

Pero las acciones de violencia callejera habían comenzado horas antes en el País Vasco, en la madrugada del domingo. En un espacio de horas, grupos radicales causaron destrozos en la sede del PSE de Zumaia, en los juzgados de Portugalete y en un local de Telefónica de Plentzia.

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