AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 7 Enero 2001
#Dos lenguas, una cultura
Editorial ABC 7 Enero 2001

#Elecciones, ¿para qué?
ENRIQUETA BENITO El Correo 7 Enero 2001

#2001, necesidad de cambio
IÑAKI PIERRUGUÉS BARBERÁN El Correo 7 Enero 2001

#¿Perdón?, ¿qué perdón?
Carlos DÁVILA ABC 7 Enero 2001 

#Un siglo de grandes escritores vascos, siempre contra la intolerancia del nacionalismo
Juan Pedro QUIÑONERO ABC 7 Enero 2001

#Escribir un país
Miguel SÁNCHEZ OSTIZ ABC  7 Enero 2001

#«Una sociedad coactiva»
Julio CARO BAROJA Textos citados por Edurne Uriarte en «Los intelectuales vascos» ABC  7 Enero 2001  

#Infantilismo y depresión mental
Miguel de UNAMUNO ABC  7 Enero 2001

#¡Chapelaundis, for ever!
Pío BAROJA de «Momentum Catastrophicum» ABC  7 Enero 2001

#«Nada daña más a la democracia que una posición débil ante el terrorismo»
J. I. FOCES / S. QUINTANAVALLADOLID El Correo 7 Enero 2001

#Estalla un artefacto en la puerta de la vivienda de un policía nacional de Vitoria
Ep / Efe - Bilbao / Vitoria .- La Razón  7 Enero 2001

#La nueva organización juvenil proetarra se radicaliza y amenaza con más violencia
JON CRUZ  MADRID La Voz  7 Enero 2001


Dos lenguas, una cultura
Editorial ABC 7 Enero 2001

El mito es la base cultural del nacionalismo vasco. La ficción sobre la historia, sobre la lengua, sobre los fueros, sobre el origen mismo de lo verdaderamente vasco según el catecismo aranista, ha cuajado hasta dar cuerpo a un conjunto de creencias asumidas como ciertas, sin discusión ni preguntas, por un amplio sector de la sociedad vasca. Con razón se ha hablado de la «nación inventada», surgida de la imaginación literaria de unos entusiastas de la hidalguía vizcaína y guipuzcoana —bien estudiados recientemente por Mikel Azurmendi y antes por Jon Juaristi y Juan Aranzadi— y rematada por la doctrina integrista y racista de Sabino Arana. En ese tejido de ficciones y medias verdades que han cimentado lo que ahora llaman el conflicto vasco, el euskera ha sido manipulado como un elemento de propaganda nacionalista, como punta de lanza de una visión mutilada de la historia del País Vasco, despreciando y ocultando su condición de patrimonio vivo de la cultura española. Una historia en la que el castellano, para demonizarlo hasta el límite que exigía la intolerancia aranista, ha sido tratado como una lengua extranjera contaminante de la pureza esencial de lo vasco, que es su lengua. En vez de admitir que la evolución histórica del vascuence siguió los derroteros de otras lenguas muy acotadas orográfica y socialmente y condicionadas por su heterogeneidad dialéctica, el nacionalismo dibujó un pasado histórico, cuando aún el franquismo era un futuro desconocido, de represión de la lengua originaria de los vascos. De esta forma, la cultura castellana protagonizada por vascos nunca podría ser tenida como manifestación propia de la cultura vasca, que quedaba circunscrita exclusivamente a su expresión en vascuence.

La perversa manipulación nacionalista de la historia ha calado en muchos estratos culturales, dentro y fuera del País Vasco, que han reputado a los vascos que se expresaban en castellano como tránsfugas de su cultura materna. Si además eran euskaldunes, el reproche se agravaba con el matiz de la traición y la condena del ostracismo. Pero la finalidad enaltecedora de esta depuración cultural de la vasquidad condujo y sigue conduciendo al efecto contrario: a un empobrecimiento del acervo literario, artístico e intelectual del ámbito nacionalista, carencia inmediatamente explicada con cargo al victimismo tan querido por los exégetas nacionalistas. Si el vascuence no era ni es la lengua propia de todos los vascos, si no existe una cultura euskalduna que cimente una identidad nacional, todo se debe a la infiltración españolista, apoyada por lo que Arana llamaba los «malos bizkaínos». Ahora mismo, a cuenta de ciertas iniciativas parlamentarias en la Asamblea vasca sobre los planes de enseñanza y los perfiles lingüísticos en la administración autonómica, se están reeditando estos rancios llamamientos a la salvación del euskera frente a la agresión españolista. Cualquier cosa era y es válida antes que reconocer que la cultura vasca ha generado una obra básicamente en castellano y en menor medida en vascuence, como se correspondía con la distinta proyección de una y otra lengua y, al mismo tiempo, por la condición de propiamente vascas de ambas. Así se pone de manifiesto en el amplio repaso de la literatura vasca, en castellano y en euskera, que hoy firma en ABC Juan Pedro Quiñonero, crónica que es, ante todo, un reconocimiento de la riqueza cultural vasca frente a los reduccionismos impuestos por una visión partidista y una política gubernamental sectarias, orientadas a una inmersión lingüística que han rechazado patriarcas indiscutidos de la filología vasca.

La negación de lo evidente, de que la cultura vasca es bilingüe, puede ser admisible como un subproducto ideológico del nacionalismo y para nacionalistas. Pero cuando se convierte en directriz para el ejercicio de funciones de gobierno y aplicación de fondos públicos, no hay historicismo ni ficción que justifique la pasividad ante la mutilación cultural de un pueblo y de una historia común.


Elecciones, ¿para qué?
ENRIQUETA BENITO El Correo 7 Enero 2001  

El derecho de los ciudadanos a acudir a las urnas forma parte de las esencias de la democracia; de esta manera se sancionan las conductas y ofertas de los partidos políticos en su papel de intermediarios entre la sociedad y las instituciones del Estado de Derecho. En la CAPV, la última convocatoria electoral tuvo tintes de referéndum para la paz. No debemos olvidar tal escenario y cómo funcionó el voto útil. No hubo debate electoral entre ofertas en materia de derechos sociales, o en materia de modelo económico-laboral. Lo que contó fue la pacificación, entre los partidarios de Lizarra y sus oponentes. Incluso el viejo contencioso por el modelo interno de la comunidad, entre el papel del Gobierno vasco y las Diputaciones Forales, por el reparto de los recursos económicos derivados del Concierto Económico, hoy en tela de juicio, ni se comentó. Entre todos, con la inestimable ayuda de las televisiones, se hurtó el debate entre los líderes mientras una lluvia de encuestas orientaban la intención de voto, y todo ello en un país donde, cuando nos serenamos, coincidimos en la invalidez y manipulación de las referidas opiniones de una sociedad amedrentada.

Pues bien, tras las elecciones del siglo, todo quedó como estaba... para luego ponerse peor de lo que solía. Deberíamos tener memoria histórica reciente (dos años) y propósito de enmienda, para que el personal no termine hasta la boina de los políticos y sus ‘soluciones’ para atajar los conflictos. Me explico. Si tras una convocatoria anticipada de elecciones vascas, con una carga inusitada de crispación y dramatismo, aderezado con terror, no cambiamos nuestro mundo, es que vivimos entre el cielo y la tierra.

Si las elecciones sólo sirven para hacer propaganda y, una vez capturados los votos de la ciudadanía, volvemos a los ritos de apareamiento para alcanzar el poder como sea, una ya no sabrá donde refugiarse, ni en qué creer. El país esta demandando cambio en profundidad, que no es estribillo de canción electoral. Es un grito desesperado ante la gravísima situación que afecta al País Vasco y salpica a toda España. Es la necesidad urgente de cambiar los modelos educativos, cultural e informativos, de una comunidad impregnada por el fundamentalismo que enseña cómo neutralizar al disidente con la verdad de la construcción nacional de Euskadi. Es la tarea de ensamblar a Euskadi en el Estado, desde su peculiaridad, pero desde el respeto a las comunidades culturales residentes, sin tentaciones absolutistas hacia un pueblo, una lengua y un partido.

El diálogo, tan cacareado, no puede ser la claudicación de los españoles a favor de los derechos históricos del pueblo vasco, ni la rendición, con mesa de por medio, del Estado de Derecho a las pretensiones de soberanía y territorialidad de ETA.

Necesitamos un cambio para garantizar los derechos fundamentales de las personas y así, después, poder dedicarnos al debate sobre los derechos sociales de los ciudadanos. En todo este proceso, urgente, preocupante, fascinante, definitivo por lo que nos jugamos, se requieren varias condiciones previas al día de las urnas. Que los partidos sean claros en sus ofertas. Que los que defienden la independencia y sus instrumentos lo digan sin disfraces; para que todos sepamos el respaldo con el que cuentan. Los que defienden la pertenencia a España, lo digan sin sonrojarse. Los que están dispuestos a negociar con ETA que lo manifiesten. Los que se sienten capaces de acabar con el terrorismo y la subcultura que lo sostiene, digan cómo lo harán.

Estamos pidiendo menos encuestas de intención de voto útil, ciego, leal y más debates en televisión entre todos los protagonistas, sin límites, en nombre de la democracia, para que el ciudadano pueda, desde su derecho a la intimidad, decidir qué papeleta aporta en el proceso. Estamos pidiendo compromisos más allá del programa electoral que nadie se lee. Estamos exigiendo que nos aclaren, antes de votar, la disposición para hacer coaliciones que conformen el Gobierno.

No vaya a suceder que tras la tempestad amanezca la calma, es decir, el paisaje de siempre donde, tras los escaños, empieza un mercado persa entre partidos para alcanzar poltronas de poder, sin mirar hacia atrás, y haciendo luego de la necesidad virtud para explicar-engañar al respetable, volviendo a poner de manifiesto aquello tan cínico de: para que todo siga igual es preciso que algo cambie.

2001, necesidad de cambio
IÑAKI PIERRUGUÉS BARBERÁN El Correo 7 Enero 2001  

Son estas fechas del año, de nuestro mundo occidental y globalizado, muy dadas a balances, reflexiones, autocrítica, reconocimiento de responsabilidades compartidas e, incluso, actos de contrición, así como a calificar el año transcurrido que, en estos lares, aunque esté muy manoseado y sea muy poco original, bien podría servirnos lo de ‘annus horribilis’.

Hemos continuado instalados en nuestra particular noria vasca, en la que nos ha tocado vivir -con un estado de excepción impuesto por ETA desde la ruptura de su alto el fuego unilateral- y de la que sólo se bajan involuntariamente quienes han sido ‘elegidos’ como víctimas expiatorias que se ponen en el altar del sacrificio de ese nacionalismo etnicista, en nuestro caso de ‘limpieza ideológica’, que recurre a la violencia para imponer su deseo mimético, antropológico, de un estado nacional vasco.

A lo largo de su historia, el PNV, tantas veces definido como partido-comunidad, con vocación totalizadora en el proceso de construcción de la nación vasca, ha vinculado la democracia con exclusividad a los individuos pertenecientes a una parte de la ciudadanía, en esa tensión permanente entre la afirmación del yo y la negación del otro, percibido como enemigo, característica esencial de cualquier nacionalismo xenófobo y excluyente, y que en el vasco se manifiesta mediante antiespañolismo visceral y odio a todo lo que representa lo español.

Estos dos últimos años de gobierno minoritario, exclusivamente nacionalista, se han caracterizado por la puesta en marcha de esa nueva etapa política denominada de la ‘soberanía originaria’ (autodeterminación y territorialidad), diseñada en el Acuerdo de Estella, en ese proceso de acumulación de fuerzas nacionalistas tomado como ejemplo del modelo de pacificación irlandés, definida por ETA en su declaración del alto el fuego de septiembre de 1998 y, posteriormente, asumida por el PNV en su II Asamblea General, retrotrayéndonos a épocas precedentes a la creación de los estados-nación, a la reintegración foral y a la sociedad estamental del Antiguo Régimen, en una actitud restauradora, quimérica y reaccionaria, del principio de hidalguía, amparándose en ‘esos derechos históricos que no prescriben’.

Liderado por el PNV, partido mayoritario en Euskadi, que no en Euskal Herria, después de veinte años al frente de las instituciones de una parte de la estructura del Estado social y democrático de Derecho, emanadas de la Constitución y el Estatuto de Gernika, se ha creado, utilizando el dinero público de toda la ciudadanía vasca, la institución única y soberana de Euskal Herria que reclamaba ETA en su declaración de alto el fuego (Udalbiltza), estructura alternativa al actual marco jurídico-político, para el proceso constituyente del futuro Estado nacional vasco, aceptando e impulsando así que se elimine, se expulse o se someta por la fuerza a más de la mitad de los ciudadanos vascos.

En estos dos años de gobierno minoritario nacionalista en Euskadi, hay vascos que han perdido la confianza en que las autoridades garanticen su seguridad, y se ha producido una falla en el funcionamiento del Estado democrático de Derecho, por la permisividad con la que se ha tratado la violencia y la impunidad con la que han actuado quienes la han ejercido, subordinándose los derechos humanos, como los de la vida y la libertad, a los supuestos derechos históricos de un territorio. Todo ello con el agravante de un relevo generacional dispuesto a continuar con la violencia.

Con el apoyo parlamentario de EH, una fuerza política que no puede condenar ni renunciar al uso de la violencia como instrumento para alcanzar pretendidos abusos políticos, porque ETA lo dejó claro cuando definió esa nueva etapa política de la soberanía originaria: «es la hora de acabar con los partidos, estructuras institucionales y represoras que tienen por objeto la construcción de España y Francia y la desaparición de Euskal Herria», el gobierno nacionalista ha fracturado la convivencia entre la ciudadanía vasca, en ese objetivo estratégico perseguido por ETA para ser la hegemonía dentro del nacionalismo vasco.

La división y el enfrentamiento que vive la sociedad vasca recuerdan los peores momentos de la dictadura franquista, cuando se persigue, se acosa y se asesina a la oposición y se dinamitan los puentes construidos durante los años de la etapa estatutaria del PNV, para fabricar en nuestras mentes muros virtuales entre dos comunidades, en ese afán de buscar paralelismos con el proceso de pacificación irlandés (la ulsterización), donde las calles del norte de Belfast están separadas por muros, algunos coronados por alambres de espino. El nacionalismo vasco no interpreta con rigor la situación de Irlanda del Norte. Sería pedagógico recordarles, y en particular a Otegi que gusta mucho de utilizar términos como unionistas y orangistas para referirse a los no nacionalistas y/o constitucionalistas, que la defensa que hacen de la autodeterminación tiene más similitudes con la de los unionistas que con la de los nacionalistas irlandeses: la doctrina del IRA sobre el derecho de autodeterminación se parece más a la que mantiene la Constitución española.

El gobierno minoritario nacionalista del ha fracasado en su apuesta fundamental, para la que dijeron que se había constituido, «el logro de la paz», porque en su pacto de legislatura mezcló paz con territorios, estableciendo un precio político a la paz (ámbito vasco de decisión o autodeterminación), convirtiendo el ideario de algunos en el problema de todos. El lehendakari ha sido incapaz de lograr un lugar de encuentro entre los partidos políticos, el diálogo necesario para la unidad democrática en defensa de los derechos humanos y del Estado democrático de Derecho, por lo que parece razonable que la ciudadanía vasca se exprese en las urnas mediante un adelanto electoral, en este año 2001. Esa sería la mayor y más legítima manifestación democrática que se puede producir en estos momentos, la única esperanza a la que podemos aspirar para que se pueda superar la situación de crisis política e institucional vivida durante este ‘bienio negro vasco’ y retomemos la defensa de los derechos humanos para luchar contra los poderes totalitarios. Bosnia ha demostrado que la democracia se define por el respeto a las libertades y a la diversidad. No podemos concebir una democracia que no sea pluralista, que no reconozca la diversidad de creencias, de los orígenes, de las opiniones y de los proyectos políticos.

Este es el cambio de rumbo que necesita la sociedad este año, entre la globalización y las culturas encerradas en sí mismas, cargadas de rechazo del otro. Un nuevo ciclo político en el País Vasco, en el que aprendamos a vivir juntos con nuestras diferencias, en esa convivencia de la interdependencia entre universalidad y diversidad. La democracia es la política del reconocimiento del otro.

¿Perdón?, ¿qué perdón?
Por Carlos DÁVILA ABC 7 Enero 2001

«Si la Iglesia ha sobrevivido en Polonia, no hay razón para que no sobreviva en España». Corrían los primeros años del felipismo en el poder, y el Gobierno disimulaba su radical socialismo en Educación y Justicia con la coartada de un falso liberalismo económico, tan mentiroso e injusto como el expolio de Rumasa. Pero la gente, empresarios y banqueros incluidos, se adaptaba. Y también la Iglesia que negociaba con Guerra «cuartos» para sus colegios, mientras «pasteurizaba», con solo proclamas retóricas, su oposición al aborto («A ver si va a ser contraproducente tanta visceralidad», advertía un pastor), y convertía en «light» la línea editorial de su radio de preferencia que entonces dirigía un imbécil.

El estratega de aquel proceso de adaptación fue uno de los cuatro obispos que han topado con el nacionalterrorismo, y que el domingo que viene se aprestan a celebrar en Vitoria una vigilia de rezos para orar por la Paz, la vigilia que el firmante apoya sin ambages a la espera de lo que allí, entre prez y prez, se diga de sustancial, porque la Iglesia ni puede conformarse ya con musitar encendidas oraciones ni con sobrenadar en cualquier circunstancia. Tampoco con pedir perdón histórico cada vez que comete una pifia. Y aún más: tampoco con huir de cualquier comparecencia que no sean las trabajadas y tediosas pastorales leidas con el tonillo del «padre Bonete» de Figuerola en interminables liturgias. Tiene que salir a la palestra, como decía en ABC el titular de Sevilla, Carlos Amigo. Así que «¡Basta ya!» de tibios y de pasteleros. Porque lo demás cuela poco; la Iglesia siempre se autoperdona, pero los pecadores siempre la pedimos perdón. Esa es la diferencia. Ahora cambia: solo hace tres años que la curia vizcaína exigía a su obispo que no oficiara los funerales de no nacionalistas. Ahora pide perdón. Pues bien: los que no somos nadie, se lo damos. Con una condición: que se deje ya de gaitas.

Un siglo de grandes escritores vascos, siempre contra la intolerancia del nacionalismo
Por Juan Pedro QUIÑONERO ABC 7 Enero 2001

Los grandes escritores vascos de todos los tiempos siempre han escrito en castellano y han participado muy activamente, con su vida y con su obra, en la gestación de una conciencia moral y cultural española. Los grandes patriarcas de la lengua y la cultura vasca eran totalmente hostiles a la enseñanza forzada del euskera y consideraban la lengua y la cultura castellana como el primero y más hondo recurso de diálogo universalista.

José Irazu Garmendia, que es uno de los más grandes renovadores de la lengua y la literatura vasca, con el nombre de Bernardo Atxaga, ha escrito en un poema justamente célebre, «Escribo en una lengua extraña», que durante cuatro siglos no se publicaron en euskera más de un centenar de libros, el primero en 1545, el más importante en 1643, el Nuevo Testamento calvinista en 1571, la Biblia católica hacia 1860. «El sueño fue largo, la biblioteca breve», escribe Atxaga, concluyendo: «Pero en el siglo XX, el erizo se despierta...». Desde sus orígenes últimos, la gran literatura vasca, en castellano y euskera, ha estado muy marcada por el mesianismo religioso y su participación activa en las grandes aventuras y conflictos españoles. Los primeros balbuceos de una lingüística vasca datan del siglo XVI, cuando algunos cabalistas vasco-cristianos estaban totalmente convencidos de que el euskera tenía un origen literalmente divino y era una de las lenguas originales, que pudieron salvarse en el Arca de Noé. El primer romanticismo vasco retomó parcialmente esas concepciones mesiánicas, influyendo de manera decisiva, quizá, en el mesianismo político de finales del XIX, sembrando los mesianismos que vendrían, hasta nosotros. Sin embargo, quizá sea sensato recordar que Alonso de Ercilla y Zúñiga, el autor de «La Araucana», nació y murió en Madrid, pero era originario de Bermeo, como toda su familia. La epopeya histórica y literaria de ese gran poema épico es contemporánea de otros vascos que jugaron un papel sin duda mayor en la historia política, religiosa, literaria y cultural de España. Pienso, efectivamente, en Juan Sebastián Elcano, Lope de Aguirre e Ignacio de Loyola, entre otros.

Tras cuatro o cinco siglos de cultura vasco-castellana muy monolingüe, el despertar definitivo de la lengua y la cultura en euskera, en el siglo XX, coincide, por otra parte, con los grandes aldabonazos que sacuden y refundan la conciencia española moderna. En 1888, a los veintitrés años, el joven Miguel de Unamuno se presentó al concurso de la cátedra de vascuence creada por la diputación de Vizcaya. Entre los opositores se encontraban Sabino Arana, patriarca y futuro fundador del PNV, y el poeta y sacerdote Resurrección María de Azcue, que ganaría la cátedra.

El joven Unamuno publicó una veintena larga de artículos consagrados a la lengua y la cultura vasca, estimando que, en verdad, a su modo de ver, el euskera tenía, ya, una larga historia, cuando el castellano, el español, todavía no habia nacido. Sin embargo, Unamuno tomó muy pronto una decisión radical: a su modo de ver, la modernización del País Vasco pasaba por el uso del castellano, con dos objetivos no sé si muy realistas: «Vasquizar España y españolizar Europa». Unamuno llegó a escribir poemas en uno de los dialectos euskéricos de su tiempo, pero su concepción de la lengua como «sangre del alma y espíritu» pasaba por el cultivo del castellano, que, a su modo de ver, debía ser la lengua de la modernización universalista de su tierra vasca.

Don Pío Baroja, Ramiro de Maetzu y Juan Larrea también fueron vascos, pero abordan los mismos problemas desde distintos ángulos. Baroja y su padre llegaron a coquetear con la poesía popular en euskera. Don Pío escribió grandes cuentos y novelas de tema vasco. Atxaga piensa que, en verdad, Baroja «traduce» al castellano una realidad rural que se expresaba originalmente en euskera. Es muy posible. Larrea, por su parte, tuvo una infancia bilbaína y cursó estudios universitarios en Deusto. Pero toda su obra poética, capital, a juicio de Gerardo Diego, se hizo en castellano y francés.

El despertar cultural del erizo evocado, como metáfora, por Bernardo Atxaga, se consuma, a lo largo del siglo XX, a través de una historia política muy conflictiva, cuyas raíces culturales, lingüísticas y literarias tenían, originalmente, una vocación ecuménica evidente. Toda la obra de José Miguel de Barandiarán, el patriarca fundador de la antropología cultural vasca, hasta la guerra civil, reposa en un principio cardial: traducir al castellano y al francés capítulos esenciales de la prehistoria y la historia cultural y religiosa vasca. El retorno definitivo de Barandiarán, en 1953, tras sus diecisiete años de exilio, se consuma en la Universidad de Salamanca, gracias al decidido apoyo de otro «vascólogo» eminente, Antonio Tovar.

Desde 1947, cuando asume la dirección de la Sociedad Internacional de Estudios Vascos, hasta su muerte, en 1991, la obra inmensa de Barandiarán se hace y se publica, en las universidades de Navarra, el País Vasco, Salamanca, y Madrid, en castellano. Y una parte esencial de ese trabajo, colosal, y determinante, en muchos capítulos de la etnología vasca, consiste, precisamente, en traducir al castellano enormes cantidades de documentos y literatura oral vasca, que a través del castellano encuentran su definitiva vocación universal.

Los trabajos pioneros de Barandiarán abrieron inmensos terrenos de estudio. Pero, en definitiva, en el terreno literario y cultural, el País Vasco se encontraba y continúa estando, parcialmente, en una situación de evidente «balkanización» lingüística: según el padrón de 1991, el 26.4 por ciento de los vascos son euskaldunes (capaces de hablar normalmente el euskera), el 16,2 por ciento son bilingües pasivos (hablan castellano pero entienden el euskera), mientras que un 57,4 por ciento de los vascos, son erdaldunes, hablan castellano y no entienden el euskera.

Madrileño de nacimiento, con evidentes raíces vascas, Julio Caro Baroja dejó en su monumental estudio «Los vascos» un retrato muy aproximado de las infinitas raíces y ramificaciones de esa realidad cultural. Antonio Tovar, en Alemania, Madrid y Salamanca, contribuyó a refundar los estudios lingüísticos vascos. Pero fue, sin fuda, Luis Michelena, el más eminente, quizá, de todos los lingüistas vascos de todos los tiempos, quién echó los fundamentos de un cambio decisivo: la unificación del euskera, en 1968, en Oñate-Arantzazu...

No se me oculta que la Euskalzaindia-Real Academia de la Lengua Vasca, tiene su propia historia. Y la unificación del euskera fue el fruto de una larga, compleja y todavía mal estudiada historia. Hace pocos años, Juan San Martín, académico de Euskalzaindia, todavía insistía en que, en verdad, la unificación del euskera, el nacimiento del euskera «batua» (euskera unificado), es muy anterior al Congreso de Arantzazu del 68, recordando otros trabajos pioneros, como un informe sobre el guipuzcoano redactado por Azcue, y varias gramáticas redactadas en la clandestinidad, en la inmediata posguerra.

Salvando esas cuestiones de matiz y erudición, creo, honradamente, que nadie discute hoy seriamente el puesto de Luis Michelena como lingüista y primer gran historiador de la literatura vasca.Desaparecido prematuramente, tampoco es fácil olvidar un punto esencial de su magno legado intelectual: su decidida oposición personal a la enseñanza e imposición administrativa, forzada, del euskera...

Personalidad fuera de serie, erudito excepcional, creador, en definitiva, de la filología vasca contemporánea, Michelena estimaba que, a su modo de ver, la coacción política y educativa eran una amenaza grave para el futuro mismo del euskera y su cultura.

Los trabajos de Michelena y la Real Academia de la Lengua Vasca concluyeron, provisionalmente, dotando al euskera de una variedad escrita unificada, el euskera «batua», llamado, en principio, a imponer su supremacía administrativa y cultural al resto de los dialectos vascos. Pero, en verdad, la realidad cultural de los últimos treinta años parece poner de manifiesto tensiones de imprevisible evolución: Hay euskaldunes (vascos que utilizan normalmente el euskera), como Jon Juaristi, que, al mismo tiempo, no se consideran nacionalistas. Hay euskaldunes de adopción (como el dramaturgo Alfonso Sastre), que se consideran ultranacionalistas tras haber hecho una dilatada carrera en castellano. Hay euskaldunes de adopción, como Manuel Roncero, que trabajan en una revisión del texto de la Biblia en euskera «batua». Hay euskaldunes, como Atxaga, que intentan conciliar posiciones muy complejas. Hay escritores vascos, en euskera, que escriben una literatura política muy próxima la militancia pro-etarra. Hay escritores vascos de adopción, en castellano, como Raúl Guerra Garrido, oriundo de León, si no recuerdo mal, que nos hablan de la otra realidad, más próxima a quienes son víctimas del terrorismo. Hay, por último, no pocos vascos de pura cepa, como Ramiro Pinilla, cuya obra escrita en castellano es sencillamente indispensable para intentar entender la realidad vasca de nuestro tiempo. Esa realidad complejísima existe desde hace siglos, con infinitos matices. Pero los escritores de muy distinta obediencia siempre habían conseguido convivir e intentar establecer vías de diálogo, incluso cuando religiosos, agnósticos, novelistas, cronistas y poetas defendían posiciones lingüísticas diferentes. El caso más evidente y reciente quizá sea el de la correspondencia de Gabriel Celaya y Gabriel Aresti, que fueron contemporáneos y tenían, por momentos, algunas coincidencias de fondo en el terreno poético.

CELAYA, OTERO Y ARESTI
Celaya, como Ángela Figuera y Blas de Otero, fue un poeta muy político, militante comunista, cuya obra se hizo en castellano. Aresti está considerado como el gran renovador de la poesía vasca escrita en euskera. Celaya fue un poeta muy popular, durante muchos años. Aresti continúa siendo el poeta vasco más leído, quizá, en euskera. Cuando se publique la correspondencia entre ambos escritores vascos, en castellano y euskera, quizás se descubran matices desconocidos sobre el debate de fondo. Hoy por hoy, sólo sabemos que Celaya prefirió el castellano como arma de combate, mientras que Aresti inicia la modernización de la poesía escrita en euskera huyendo, creo, de toda dictadura de partido u obediencia administrativa de cualquier tipo. Esa diferencia importante no les impedía, bien al contrario, dialogar de manera muy amistosa.

Ese diálogo y construcción de una cultura, respetando y reclamando la libertad del otro y de todos, está en el origen último de toda la obra de todos los grandes escritores vascos del último medio siglo. Blas de Otero se acuerda de Bilbao en Moscú, en Sanghai, en La Habana. Y lo hace siempre en castellano. Rafael Sánchez escribió en su español muy barroco una de las apologías de Bilbao más bellas que se han escrito nunca. Luis Martín Santos nació en Larache, accidentalmente, pero hizo su obra en San Sebastián. Ignacio Aldecoa quizá sea uno de los narradores españoles más importantes de todos los tiempos, y no es fácil olvidar sus orígenes vascos. Luis de Castresana tuvo una corta celebridad con un libro injustamente olvidado, que se llama «El árbol de Guernica». Miguel Sánchez-Ostiz es navarro, pero buena parte de su obra narrativa y crítica tiene muchas «pasarelas» con los problemas del País Vasco. A caballo entre varios géneros y disciplinas, no es fácil olvidar los poemas y prosas poéticas del escultor Jorge Oteiza, que, por momentos, recuerdan la gracia de algunas páginas de Ramón Gómez de la Serna.

Existen, igualmente, grandes escritores euskaldunes, mal conocidos fuera del Pais Vasco, como Txillardegi, Jon Mirande, Loidi, Irigoien, San Martín, Martín Ugalde, Mikel Lasa, o Bernardo Atxaga, cuya fama, muy reciente, quizá debiera ser un estímulo para el descubrimiento de otros escritores vascos menos conocidos. ¿Dónde situar, todavía, a autores como Pablo Antoñana, Ramón Saizarbitoria, Pedro Ugarte o Fernando Aramburu?.... Para subrayar, siempre, la complejidad inflamable del problema, quizá sea sensato no olvidar que también hay escritores castellanos que han escrito con distinta fortuna novelas relacionadas con el País Vasco, hoy, como Isaac Montero, Manuel Vázquez Montalbán, o Félix de Azua.

ZONAS OSCURAS
Esa realidad plural y multiforme también comporta muchas zonas oscuras y mal exploradas. Buena parte de la literatura vasca de los últimos veinte o treinta años se ha publicado en revistas que en otro tiempo se hubieran llamado «underground», siguiendo las modas californianas de los años sesenta y setenta. Y ese carácter subterráneo nos oculta lo peor y lo mejor. Parte de la obra de autores como Atxaga, o el mismo Juaristi comenzó a publicarse en ese tipo de publicaciones. Hoy, no pocos profesores y antólogos conceden una importancia excepcional a la literatura de combate y el «agit-prop» de la tradición marxista consagrada a la propaganda etarra. Al mismo tiempo, poetas como Juaristi prolongan la tarea de los patriarcas fundadores, traduciendo, al castellano, poesía popular escrita en euskera. Pienso en su todavía reciente antología bilingüe «Flor de Baladas Vascas».

Sólo la libertad, imprescindible, y la tolerancia y comprensión mútuas, pudieran permitir que esas inmensas raíces den nuevos frutos maduros, libres del cáncer del terror. La existencia de una literatura vasca escrita en castellano y euskera, desde hace siglos, es una realidad oceánica. En una sociedad donde el 26,4 por ciento de los vascos son euskaldunes (capaces de hablar el euskera «batua» con relativa normalidad), el 16,2 por ciento entienden algunos de los dialectos vascos pero no los hablan, y el 57,4 por ciento hablan español y no entienden vasco, la novela y la poesía han tejido finísimas relaciones seculares, que la violencia y el terror amenazan de manera sombría. En la historia contemporánea quizás fue Alfonso XIII el monarca y primer jefe de Estado en salir en defensa del euskera, durante el primer congreso de Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios Vascos, en 1918, declarando de manera muy solemne: «El euskera es la lengua de muchos españoles, que se ha de defender, respetar y fomentar». Don Juan Carlos ha citado textualmente a su abuelo, en varias ocasiones, haciendo gestos de comprensión y buena voluntad.

Sin embargo, las relaciones entre los escritores vascos de muy distinta obediencia y las jerarquías nacionalistas, del PNV, muy mayoritariamente, son sencillamente execrables, desde Baroja y Unamuno, cuando menos.

LA TRAGEDIA CANCEROSA
El anarquismo liberal o conservador de don Pío era sencillamente alérgico a las doctrinas nacionalistas. Los héroes vascos de Baroja son individualistas y víctimas de todo tipo de fanatismos. La «religión» de la lengua de Unamuno entró desde su primera juventud en franca guerra de posiciones contra los políticos nacionalistas. Don Miguel estaba convencido de que la modernización del País Vasco pasaba por la lengua española, y su pasión por Bilbao pasaba por la reconstrucción espiritual de España.

La tragedia de la guerra civil agravó de manera cancerosa esas divergencias de fondo originales. El autor de la música del Cara al Sol falangista era vasco de pura cepa, como Sánchez Mazas. Michelena, por el contrario, sufrió la represión y la persecución franquistas, muy duras, como tantos otros. Barandiarán regresó del exilio en los primeros años de la posguerra. Aresti y otros grandes escritores euskaldunes más recientes comenzaron a publicar en las postrimerías del franquismo. La «fundación» del euskera «batua» (euskera unificado), data de 1968, muchos años antes de la muerte de Franco.

La Constitución de 1978 abrió perspectivas inéditas. Sin embargo, las políticas culturales de los últimos veinte años, puestas en práctica por el PNV, en solitario, o en coalición, han desembocado en una fractura cultural sin precedentes en la historia del País Vasco. El euskera «batua» no ha resuelto, definitivamente, el problema lingüístico del resto de los dialectos vascos, vizcaíno, guipuzcoano, alto navarro, bajo navarro, labortado y suletino. El euskera administrativo no siempre es comprensible para los mismos euskaldunes, ni mucho menos. La imposición forzada de la lengua contraviene todos los fundamentos de la libertad y las doctrinas universales defendidas por la ONU y Naciones Unidas, y sirve de cobertura «política» a la extorsión, el chantaje, la violencia y el terror.

El bonapartismo de sucesivas administraciones nacionalistas ha abierto y ahondado de manera fratricida una guerra civil-cultural sin precedentes, enfrentando de manera odiosa a escritores que podrían convivir en paz si la violencia administrativa y la violencia callejera no los sometiesen a un régimen de terror permanente, dinamitada la libertad al uso de la lengua y la palabra. Hay demasiados y trágicos ejemplos. Siguiendo una gran tradición criminal, el verano pasado, un comando terrorista incendió la farmacia del escritor Raúl Guerra Garrido, que nació en tierras leonesas, por el delito de escribir y pensar en castellano, en San Sebastián. Mikel Azurmendi, entre tantos otros, tomó la decisión de marcharse del País Vasco, para intentar escapar al clima de terror físico permanente. ¿Es necesario recordar que la lengua, la poesía, la novela, la literatura son víctimas del terror ideológico?. ¿Es necesario volver a evocar las huellas sombrías de la quema de libros en la historia de la destrucción de la conciencia del hombre moderno...?

LITERATURAS PARALELAS
Todavía quedan por escribir muchas páginas de la historia de las lenguas y la cultura. En términos puramente culturales, todavía estamos muy lejos de poder calibrar la importancia y consecuencias definitivas de la «explosión» del euskera «batua» (euskera unificado). Nos queda la emergencia de una o varias literaturas paralelas, complementarias e indispensables. Para mi sensibilidad, la mejor introducción a ese proceso histórico, la mejor crónica literaria de esa gran aventura, continúan siendo las novelas escritas en castellano por el vizcaíno Ramiro Pinilla, que, para mi gusto, es el escritor vasco más importante de nuestro tiempo. No soy el primero, afortunadamente, en recordar a Faulkner y Onetti, para evocar la figura del autor de «Las ciegas hormigas», que fué premio Nadal en 1960. Guecho, Las Arenas, Neguri, son para Ramiro Pinilla, el equivalente de la Santa María de Onetti, o el condado faulkneriano de Yoknapatawa. Desde hace cuarenta años, Pinilla nos habla, con emoción y dolor, de los problemas y las raíces más hondas de esa inmensa tragedia de nuestro tiempo. Tragedia que él nos ayuda a entender, comprender e intentar redimir, a través de la literatura y la lengua, tierra de nadie y de todos. Que así sea. Amén.

Escribir un país
Por Miguel SÁNCHEZ OSTIZ ABC  7 Enero 2001

PARA ser un país indiscutiblemente convulso, por no decir roto y enfrentado (conviene ir admitiendo cuanto antes la realidad), con una consuetudinaria falta de libertad en los asuntos privados, según sostenía de manera clarividente don Julio Caro Baroja, no puede decirse que el País Vasco sea un país horro de escritores, al revés. Hay abundancia de novelistas, de ensayistas y de poetas -a no olvidar los cineastas que igual son los que más han mirado este asunto de frente, y de perfil-, unos escriben en castellano y otros en vasco -lo que unos escriben vascuence y otros euskera, unos enfrente de los otros, por un prurito de exactitud que encubre las ganas de fastidiar porque ambas palabras están en el DRAE y desde hace mucho además-. Unos han sido traducidos a otras lenguas y sus obras pueden conocerse fuera de las fronteras de su pequeño país, mientras que las de otros apenas son conocidas y accesibles. Pero todos escriben un país.

Unos no se van y se quedan no porque callen por sistema, sino porque están en su lugar en el mundo, mientras que otros se van precisamente porque escriben o quieren escribir en libertad, amenazados directa o indirectamente, leprosos sociales rechazados de una manera o de otra en la sociedad mínima en la que viven, asfixiados. Emigran, como los pájaros, en busca de mejores climas. Y hacen bien. Las cosas se ven de muy distinta manera desde Madrid y desde las calles y pueblos del País Vasco. La escritura puede, en el País Vasco complicarle muy seriamente la vida a quien se atreve a escribir por sí mismo y al margen de la tribu (y los nacionalistas radicales tampoco tienen la exclusiva de esta actitud violenta de rechazo, de la misma manera que la turbia xenofobia del apellidismo no es patrimonio exclusivo del nacionalismo más cerril).

Pero lo cierto es que los artículos de prensa, y no digamos los libros, raras veces se comentan por lo menudo: unos tienen razón y mejor derecho, y saben lo que hay que pensar y expresar, y el de enfrente es, por principio, "un hijoputa", y sólo eso, porque no piensa como nosotros y se expresa en un lenguaje que nos es ajeno. Como me dijo un día un historiador nacionalista: «. Arrea capuchina. Ese es el sonsonete de la vida cotidiana en el país profundo. E incluso cuando la cara de un vendido de estos que escriben y dicen lo que no queremos escuchar aparece en la pantalla de la televisión la mocita en la comida familia exclama: . Y la vida corre y las palabras escritas van por trochas y veredas, a trompicones, y unos callan y otros hablan. Escribir en estas condiciones tiene su miga, la verdad.

Los ensayistas Mikel Azurmendi y Portillo, se han ido al exilio, dicen unos, mientras otros dicen que es mentira, que andan por ahí y que no pasa nada. Y es que la patraña es la salsa habitual del guiso que se come a diario. Y cuando no se puede mentir, lo mejor es silenciar y mirar para otra parte. El caso de Raúl Guerra Garrido es llamativo. Al margen del acoso sufrido durante años, le tienen que quemar la farmacia para que se le haga de verdad caso. Me temo que a Raúl Guerra Garrido lo que no se le perdona es su posicionamiento frente a la barbarie terrorista y su entorno, porque no recuerdo que nadie rezongara por novelas suyas como «Lectura insólita del capital», que trata de un secuestro, o «Tantos inocentes», inspirada en el crimen de Orozco y la omertá de la tribu (otra lacra social de los países profundos del que el vasco no tiene la exclusiva).

Tengo para mí que las posiciones politicas e ideológicas de los escritores no son evidentes en sus escritos más que en el caso de los ensayistas no nacionalistas -Savater, Martínez Gorriarán, Azurmendi y Juaristi- de manera decidida, combativa y arriesgada, y en el extremo contrario en el caso del más singular de los escritores del país, Joseba Sarrionaindía, miembro de ETA, y probablemente el poeta más potente del País Vasco («No soy de aquí», un dietario escrito desde la cárcel, de la que se escapó gracias a una actuación del cantante Imanol, publicado en castellano, ilustra a la perfección qué ideas y qué sentimientos sostienen su obra y su vida).

Los creadores han llevado la realidad de su país y de su época a sus obras de muy distinta manera, y son o han sido críticos con ella de muy diferente forma. Eso sí, no puedo sostener que el crimen haya sido el motivo literario por excelencia, como si la más cruda realidad nos fuera ajena (tampoco es esta una seña de identidad exclusiva). Atxaga, el escritor de mayor éxito de público, escribió del asunto, pero desde una perspectiva tan nebulosa que puede parecer asepsia pura, pero no por eso inestimable. Al revés. Cosa que no hizo Saizarbitoria, y desde muy pronto además, «100 metros», «Ene Jesús» y más recientermente «11 pasos». Andu Lertxundi (el mejor narrador actual y autor de una extensa obra), de quien se pueden encontrar en castellano sus novelas «Otto Pette» y «Un final para Nora» o Joanmari Irigoyen, o el versolari y novelista Andoni Egaña, o el navarro Aingeru Epalza, que siendo de los más jovenes es también el que más se va conociendo fuera, o Fernando Aramburu, que tiene la suerte de vivir lejos, en Alemania, en «Fuego con limón», su primera novela, traza de manera corrosiva la vida cotidiana en la San Sebastián de los setenta: una vida tirando a cutre cuando no a miserable, donde se hablan de los fermentos reales del presente. Todos han ido llevando la cotiddianidad del país, su historia mayor y menor, los polvos de los que vienen los lodos a sus páginas literarias y sobre todo su peculiar e insustituible manera de vivirlo y de nombrarlo. Todos y cada uno de los narradores y poetas componen cada cual a su modo el mosaico de la realidad de un país que muchas veces se nos escapa, por estar lejos o por tenerlo encima como una losa: no todo es barbarie, no todo es cerrilidad, xenofobia, exclusión o fascismo. Sostener lo contrario es faltar a la verdad.

Y para completar el fresco de ese país escrito con dificultad evidente conviene asomarse a la obra más o menos compometida, memorialistica o esteticista de poetas (en vasco y en castellano) como Luigi Anselmi, José Fdez. de la Sota, Ricardo Arregui, Tere Irastorza, Felipe Juaristi, Mikel Lasa, JJ Olasagarre, o el mismo Jorge Oteiza, por qué no, porque cada cual viene a cubrir un fragmento del fresco sin el que este sería ininteligible o del todo borroso. Esto no es un censo de escritores, es una visión particular, y a la fuerza sesgada, sé que faltan muchos nombres, pero creo que el clima es cuando menos real: tiempo borrascoso, de nubes bajas, con galernas habituales.

«Una sociedad coactiva»
Por Julio CARO BAROJA Textos citados por Edurne Uriarte en «Los intelectuales vascos» ABC  7 Enero 2001

Sobre los intelectuales: «Yo me temo que los intelectuales escuchen demasiado a los políticos, se sumen a lo que es popular y no tengan el valor suficiente para decir «yo en esto no creo». Y por ahí debiera desarrollarse su función, una función que debe suponer mayor autonomía y mayor discrepancia incluso». «Tienen muy poca influencia, porque este país ha tenido unos valores positivos y negativos que no son los de la intelectualidad. En un momento se apreciaba la religiosidad como valor moral y superior, luego eso se ha combinado con unas gentes que han tenido una adoración terrible por el dinero. Y luego, en el fondo, yo creo que el vasco es sensible, en primer lugar, a la música, en segundo lugar a la pintura y a las artes plásticas, y, muy, muy secundariamente, a la literatura y a las cosas escritas. No cabe duda de que ha habido vascos importantes en el mundo intelectual, pero, en conjunto, yo creo que para tener conciencia de su propia individualidad, el vasco tiene que salir de su propio país. Mi tío, como Unamuno, como Maeztu, como el mismo Zuluaga, todos ellos se descubrieron a sí mismos cuando salieron del mundo de San Sebastián o de Bilbao. Hay que salir, porque entonces uno reconoce su identidad, pero no con los elementos coercitivos de este país. La sociedad vasca es un poco coactiva porque el vasco es un hombre de sentimientos colectivos, y el yo lo tiene inmerso en un mundo colectivo, y cuando puede desembarazarse de eso es cuando está en Madrid, o en Salamanca, o en París».

SOMOS SUPERIORES
Sobre el nacionalismo: «El mundo del nacionalismo vasco ha arrancado de esa idea de que "somos distintos y somos superiores". Para Arana, el maqueto era un señor moreno y bajo, lujurioso, irreligioso; en cambio, el vasco era guapo, alto, noble, casto, etc. Pero, ¿quién puede creer eso? Hay que tener una cabeza un poco especial...»

Sobre la libertad: «Si se lucha por "nuestras libertades" en plural, o por las "libertades forales", incluso por "Euskadi libre" o "askatuta", queda la cuestión de la libertad de conciencia individual, cosa que hoy, como en el siglo XVI o XVII, es fundamental para el hombre. Porque las "libertades forales" vascas, navarras o de cualquier otra índole se aplicaron en el Antiguo Régimen...»

Infantilismo y depresión mental
Por Miguel de UNAMUNO ABC  7 Enero 2001

«Infantilismo, puerilidad es lo que caracteriza al movimiento llamado aquí ahora nacionalista y al que me gustaría más llamar con su antiguo nombre, el de bizkaitarra. Este movimiento, en efecto, que en rigor no es político, se vacía de puerilidades de liturgia, en batzokis, en aurreskus, en misas cantadas, en catecismos, en banderas y en jugar a la diputación del partido y a las excursiones: infantilismo puro. Es infantilismo que delata o lleva consigo una depresión mental» (1908). «Me resulta ridículo el que el natural de la región A pretenda que se distingue de los de la región B, C y D más que éstos entre sí, y lo haga basándose en una etnografía de pacotilla y en una historia de lo más superficial y ligera. \ En mi País Vasco es acaso donde más suelta se ha dado a los delirios etnográficos y filológicos» (1902).

¡Chapelaundis, for ever!
Por Pío BAROJA de «Momentum Catastrophicum» ABC  7 Enero 2001

La idea de la raza pura reaccionando de una manera especial, instintiva, biológica, contra la cultura y el ambiente es una fábula.

Respecto a la lengua se puede asegurar que un pueblo no corresponde siempre a una lengua y una lengua tampoco corresponde siempre a un pueblo. Veamos un pueblo como el eslavo.

Los eslavos de las proximidades de Berlín hablan alemán, los eslavos de Rusia hablan ruso, los de Grecia griego moderno, y hay otros diversos grupos eslavos que hablan varios idiomas, polaco, theco, croata, búlgaro, etc.

Veamos un idioma, el español mismo. El español lo hablan iberos, celtas, germanos, semitas, berberiscos, indios de América, negros de África, tágalos, chinos.

Como decimos, ni el idioma induce la raza y el pueblo, ni el pueblo y la raza inducen el idioma.

El mismo vasco, un idioma tan restringido que parece, una lengua fundida con un pueblo seguramente no lo está. Hay tres tipos étnicos entre los vascongados que se podrían llamar tipo iberoide, tipo celtoide y tipo germanoide; seguramente el vascuence corresponde a uno de ellos y no a los otros dos, pero puede muy bien no corresponder a ninguno de ellos y ser un idioma prestado por otra raza u otro pueblo desaparecido. ¿Qué nos importa todo esto? Los chapelaundis estamos por encima de la etnografía y de la lingüística.

Sobre la idea de la pureza de la raza y su correspondencia con el idioma no se puede basar nada que tenga valor.

El nacionalismo vasco quiere basarse sobre la idea de la raza, así es de endeble y de raquítico. Es una teoría de chapelchiquis.

El que no tiene los cuatro apellidos vascos no es vascongado, según nuestros nacionalistas.

Ya podemos los que no estamos en ese caso preparar la maleta para el momento en que triunfen los bizkaitarras. Lo extraño es que uno de los primeros que tendrá que largarse del país será uno de los jefes bizkaitarras: el Sr. Sota. \

El criterio historicista es un criterio infantil que no se preocupa más que de bagatelas. Así hay navarro que se lamenta de que en el escudo de Guipúzcoa hay los cañones cogidos por los guipuzcoanos a los navarros, lo que considera como una ofensa a la fraternidad vasca.

A mí al menos me parece esto tan poca cosa que como guipuzcoano y como chapelaundi estoy dispuesto a ceder la parte alícuota que me corresponda de esos cañones sin ningún inconveniente. \

Aquello que se contaba de Arana y Goiri que cuando veía a un pobre castellano le decía: «Vaya usted a que le socorra el cónsul de su nación»; es ridículo y bajo, más ridículo aún cuando se cree en esa máxima cristiana de que todos somos hermanos, máxima que ninguno y menos los que se llaman muy cristianos llevan a la práctica. \

Para mí no vale la pena que un pueblo sea autónomo si no tiene que mostrar al mundo algo que le enseñe, que le interese o que le conmueva.

A mí no me importa nada que exista o que no exista la República de Andorra.

Todo lo que no sea en algún sentido universal no tiene razón de ser.

Queremos fueros, dicen los nacionalistas vascos, leyes diferentes al resto de España. ¿Para qué? ¿Qué tenéis que defender? ¿Qué dirección espiritual teméis que se vaya a malograr?

Yo no veo más sino que queréis que haya más intolerancia religiosa, más frailes, más procesiones, más entronizaciones y más faramalla clerical de aire judaico.

Yo no veo en las provincias vascongadas —y lo siento— un espíritu distinto al mal espíritu español. En San Sebastián como en Bilbao, en Vitoria como en Pamplona se celebran las frases churriguerescas de Maura, los malos chistes de Romanones y los gorgoritos de don Melquiades; aquí como allá se discuten en los cafés las estocadas del «Gallo» y de Belmonte, y en esto no veo que nos diferenciemos en nada de Sevilla, de Cuenca o de Guadalajara. \

Suponed que con el estado actual del país vasco se otorgan los fueros ¿y qué pasará? Pues sencillamente, no pasará nada. Únicamente habrá una ceremonia más. El Rey irá a Guernica o a donde sea, acompañado de un séquito de grandes capitalistas, de militares y de cuatro o cinco obispos. Se echarán discursos; una nube de fotógrafos harán fotografías y al día siguiente se vivirá lo mismo y no habrá más diferencia que se instituirá en el país vasco una procesión más, una adoración nocturna más y una entronización más. \

Yo, como he dicho antes, no veo que haya una modalidad vasca peculiar característica, pero puede haber una obscura aspiración de que exista.

Si se quiere que esta aspiración aumente la primera condición es descubrir esa modalidad, crearla, constituirla, organizarla y convertirla en ideal. Hay que expandir el chapelaundismo por el mundo entero. Hacer chapelaundis. ¡Chapelaundis, for ever!

«Nada daña más a la democracia que una posición débil ante el terrorismo»
JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ ZAPATERO SECRETARIO GENERAL DEL PSOE Considera que los nacionalistas democráticos «tienen que cambiar su rumbo»
J. I. FOCES / S. QUINTANAVALLADOLID El Correo 7 Enero 2001

Pendiente de la decisión del lehendakari sobre el posible adelanto electoral en Euskadi, el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero (Valladolid, 1960), asegura en esta entrevista que afronta el primer periodo político del año convencido de que aún son posibles nuevas adhesiones al pacto antiterrorista PP-PSOE desde el nacionalismo democrático, al que pide «un cambio en su rumbo equivocado».

-El Gobierno ha respaldado las tesis del ministro Mayor Oreja relativas a que el pacto antiterrorista PP-PSOE busca entre sus objetivos «neutralizar la ofensiva política del nacionalismo vasco». ¿Se considera engañado por el PP?

-No tiene sentido profundizar en lo que fue, en mi opinión, un error pasajero en una declaración. El pacto tiene un contenido escrito muy claro y muy nítido: es un pacto para acabar con el terrorismo y defender las libertades y lógicamente creo que no hay ningún atisbo de riesgo en lo que es el fundamento del pacto y en lo que ha de ser su desarrollo y aplicación. Una declaración no puede poner en cuestión algo que los ciudadanos quieren, que en última instancia propusieron ellos, y que han recibido de manera muy positiva.

Pacto contra ETA
-Pujol, el PNV e IU no se han sumado al pacto. Mientras, el padre del policía local recientemente asesinado en Barcelona les ha pedido a Aznar y a usted que sigan trabajando juntos contra ETA. ¿A quién deben escuchar los ciudadanos?

-Existe una opinión mayoritaria en la sociedad para que haya la mayor unidad posible entre las fuerzas políticas. El PSOE lanzó una iniciativa y consiguió un acuerdo con el PP. Creo que a la ciudadanía le gustaría ver actitudes similares en el resto de los partidos políticos. CiU e IU no han explicitado una posición en contra del acuerdo, sino alguna reticencia, fundamentalmente al preámbulo. Yo creo que hay que estar con los ciudadanos y respetar a los partidos, a todos, y seguir cimentando la capacidad del mayor consenso en torno a cómo combatir activamente el terrorismo, que es el punto de acuerdo donde yo creo que PP y PSOE han fortalecido de una manera muy sólida la tarea.

-Usted auguró, tras la firma, que el PNV se sumaría al pacto. A la vista de las reacciones a las palabras del ministro del Interior Mayor Oreja, ¿mantiene que aún es posible que el PNV suscriba el acuerdo PP-PSOE?

-Sí, siempre creo que es importante mantener en política, y mucho más cuando estamos hablando de un tema como éste, un sano optimismo que, en este caso, está fundado en la buena fe y en la capacidad de convicción que hay que tener. Creo que de una o de otra manera es una obligación del conjunto de la sociedad y de los principales partidos que los nacionalistas democráticos cambien el rumbo equivocado. Hay que pedirles ese esfuerzo continuo, me refiero lógicamente a los nacionalistas vascos, y esa seguramente no es tarea de un día pero todos los caminos largos, como dice el proverbio chino, han empezado por un primer paso. Este será un camino largo, pero en el que creo que hay que tener una posición de convicciones firmes y también de la conciencia de que es muy necesario que el mayor número de demócratas en Euskadi estén en la misma posición.

-Se acaba de reunir con Pujol. El martes lo hará con Llamazares. ¿Cuándo con Ibarretxe?

-He tenido una capacidad de hablar con Ibarretxe relativamente fácil y esa va a seguir. Creo que hablar es siempre importante y cuando se pierde la capacidad de hablar se está negando la esencia de la convivencia política. No quiero perder la capacidad de hablar con ninguna fuerza política.

Relevo en Ajuria Enea
-Cuando se habla de diálogo, ¿cabe pensar que puede llegar a plantearse con la propia ETA?

-Es imposible dialogar con quien hace de la violencia el instrumento para llevar adelante unas presuntas convicciones u objetivos. Nada daña más a la convivencia democrática, a los mejores valores de la libertad que tener una posición débil ante lo que es la violencia del terrorismo. Por tanto, creo que es imposible cualquier terreno de diálogo con quienes matan, con quienes extorsionan y también con quienes secundan esas actitudes y esas acciones de una u otra manera.

-¿Contempla el PSOE la posibilidad de una nueva tregua de ETA al hilo de la futura convocatoria electoral vasca?

-En la hipótesis de que se produjera, habría que adoptar una reacción política pero creo que por lo sensible de la materia lo más prudente es ser muy precavido.

-La última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas avanza que un acuerdo postelectoral PP-PSOE reuniría más escaños que el PNV. ¿Ve posible un gobierno vasco integrado por fuerzas no nacionalistas?

-Las elecciones vascas no están convocadas e Ibarretxe es lo que tendría que hacer. No conviene que adelantemos acontecimientos. El PSOE va a ir a esas elecciones con dos objetivos muy claros: Uno, que haya un cambio de gobierno en Euskadi, que haya un gobierno que tenga como objetivo esencial la defensa de la libertad en todos lo ámbitos y de la seguridad de todos los ciudadanos vascos. Y dos, que ese nuevo Ejecutivo vasco tenga el respaldo mayoritario de la Cámara. Es poco respetuoso con los propios ciudadanos hacer cábalas sobre mayorías posibles. Primero hay que dejar que las urnas hablen y luego las fuerzas políticas tienen que hacer una lectura inteligente de las urnas.

La patronal vasca reclama un Gobierno que dé estabilidad política y reconoce que se ha intensificado la extorsión
BILBAO. M. A. ABC   7 Enero 2001

Los empresarios vascos no tienen un criterio unánime sobre la composición que debe tener el próximo ejecutivo vasco, según manifestó José Guillermo Zubía a Europa Press, pero consideran que debe ofrecer estabilidad y buscar el consenso, para proporcionar sosiego a la sociedad.

«Debemos ir -dijo- hacia una sociedad sin crispación, más sosegada y, por tanto, con mayor capacidad para afrontar los problemas que tiene ahora mismo que, desde luego, son muy serios». En el caso de que se adelantaran las elecciones autonómicas, los empresarios, según Zubía, tendrían que pedir la superación de las actuales divisiones políticas y que se concite el máximo de consensos.

Explicó que el empresariado vasco es «institucionalista» y respetuoso con la legalidad vigente. «El empresario -dijo- no puede estar sino con las instituciones que dimanan de la legalidad». Añadió que cualquier factor desestabilizador, como la actual situación «crispada» que vive el País Vasco, tienen un impacto en el mundo económico que se puede manifestar a «medio o largo plazo». «No nos llamemos a engaño -añadió- y pensemos que situaciones como la actual no vayan a tener impacto en la economía por el hecho de que tengamos un índice de crecimiento importante».

José Guillermo Zubía señaló que en estos momentos las extorsiones al empresariado vasco por parte de ETA se han intensificado, aunque precisó que éstas nunca cesan, ni siquiera en la época de tregua de ETA.Destacó que ni el pequeño empresario logra salvarse del chantaje. «La pretensión de extorsión y la extensión de la amenaza en todo momento ha afectado al colectivo empresarial sin distinción de tamaños».

Los empresarios vascos han reclamado en los últimos meses en varias ocasiones al Gobierno vasco y a toda la clase política respeto al marco legal vigente y diálogo entre los distintos partidos para superar la situación de enfrentamiento que repercute negativamente en la economía vasca, muy afectada además por el terrorismo, la violencia callejera y el mantenimiento del chantaje de ETA.

El PNV no ha encajado bien algunas críticas vertidas por los empresarios, aunque no fueran directamente dirigidas a su partido, sino en general a las fuerzas políticas que no son capaces de concitar apoyos para sostener un Gobierno vasco estable y a quienes ponen en cuestión el marco legal vigente y la estabilidad política, económica y social.

Estalla un artefacto en la puerta de la vivienda de un policía nacional de Vitoria
Ep / Efe - Bilbao / Vitoria .- La Razón  7 Enero 2001

Un artefacto explosivo, compuesto por una bombona de camping gas y un artefacto pirotécnico, deflagró anoche en Vitoria cerca del piso de un policía nacional que, según fuentes municipales, es el padre de un miembro de las Juntas Generales de Alava del PSOE de la capital alavesa.

    Según informó el alcalde de la capital alavesa, Alfonso Alonso, «el artefacto no ha afectado a la vivienda porque estaba en el descansillo aunque en éste sí ha producido daños. La puerta blindada ha actuado como pantalla».

    Según el departamento de Interior, la explosión tuvo lugar sobre las 20:30 horas y aunque no produjo heridos se tuvo que atender a varias personas debido a su estado de nerviosismo.

    Alonso informó de que el piso afectado, ubicado en la calle Reyes de Navarra a la altura del número 54, pertenece a un «policía nacional retirado que ha trabajado en Vitoria desde los años 60 y es el padre de un juntero del PSOE que se apellida Borro», aseguró.

Noche de Reyes
Además, varios cajeros automáticos, un concesionario de automóviles, una agencia de viajes y unas oficinas de la Seguridad Social fueron los blancos elegidos por los violentos proetarras en la noche de Reyes para, como es habitual cada fin de semana, tratar de crear el caos en las calles del País Vasco.

    En la localidad guipuzcoana de Rentería, un grupo de encapuchados atacó de forma sincronizada varios cajeros de entidades bancarias, así como una oficina de «Viajes Halcón», a los que lanzaron cócteles molotov. La agencia de viajes sufrió la destrucción de todo su mobiliario y daños en el local, según informó la Ertzaintza.

    Respecto a las oficinas bancarias, los objetivos fueron los cajeros de La Caixa, Kutxa, BBV y Banco Guipuzcoano. En Bedia (Vizcaya), un artefacto de fabricación casera hizo explosión en la entrada de un concesionario de Peugeot causando diversos daños. Minutos después de la una de la madrugada, el local de la firma francesa situado en la calle Murtatza de la localidad vizcaína fue atacado por los violentos.

    Casi al mismo tiempo, la Tesorería General de la Seguridad Social de Tolosa (Guipúzcoa) era atacada por otro grupo de jóvenes radicales. Al igual que en Bedia, el arma fue un artefacto casero.

La nueva organización juvenil proetarra se radicaliza y amenaza con más violencia

Haika, el nuevo grupo extremista aberzale nacido de la fusión de Jarrai y «Gasteriak», cuenta con al menos 4.000 miembros
Los máximos dirigentes de Haika, el nuevo grupo extremista juvenil vasco nacido el pasado mes de abril de la fusión de Jarrai y «Gasteriak», mantienen una total sintonía con Ekin, el grupo más radical de Herri Batasuna. Los jóvenes aberzales de Haika han decidido dar un salto cualitativo en su estrategia para lograr la independencia de Euskadi y mentalizar a los suyos para que luchen a muerte por su ideario. Así, en los últimos análisis elaborados dentro de su proceso constituyente amenazan con más violencia y dicen que son «el referente para los miles de jóvenes dispuestos a dejarse el pellejo por los derechos de nuestro pueblo».

JON CRUZ  MADRID La Voz  7 Enero 2001

La organización juvenil Haika, nacida de la fusión de los militantes radicales de Jarrai y de los seguidores vasco-franceses de Gazteriak, ha decidido radicalizar aún más sus planteamientos. En uno de sus últimos documentos internos, los jóvenes dirigentes aberzales consideran que este grupo debe convertirse «en el referente para los miles de jóvenes dispuestos a dejarse el pellejo en la pelea por los derechos de nuestro pueblo».
Haika -«Levántate», en euskera- está inmersa en el denominado proceso Amaiur desde que se presentó oficialmente en un multitudinario encuentro celebrado la Semana Santa del año pasado en la localidad vasco-francesa de Cambo-les-Bains. Es su etapa constituyente, que debe concluir en otoño próximo, coincidiendo con la retrasada refundación de Herri Batasuna. Fuentes conocedoras de los pasos que se llevan a cabo han indicado que «existe una total sintonía» entre los nuevos responsables de la organización y los dirigentes de la formación Ekin, la más radical dentro de Herri Batasuna.
Militantes con poder
Algunos de los militantes de esta corriente dura -poco conocidos, sin cargos públicos relevantes, pero con gran poder en las asambleas locales y de barrio de Herri Batasuna- dirigen en la sombra los cambios emprendidos por la izquierda radical aberzale. Esta estrategia prefijada no varió después de que el juez Garzón ordenara detener a los cabecillas de Ekin con más proyección pública.
De hecho, los postulados de los herederos de Jarrai están radicalmente en contra de los críticos en HB. Ellos se enorgullecen de «haber superado los análisis catastrofistas, vértigos y polémicas estériles que poco aportan a la propuesta de construcción nacional».
Según las fuentes consultadas, esta conexión Haika-Ekin se extiende también a las Gestoras Pro-Amnistía, que encabezan las reivindicaciones por los presos etarras. Entre las indicaciones realizadas a Haika está cuidar que en sus textos no aparezca ninguna cita que dé motivos a la Fiscalía de la Audiencia Nacional a tomar medidas por apología de la violencia, que les relacione directamente con acciones de kale borroka o que demuestre el pase de algunos de sus jóvenes militantes a ETA.

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