AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 14 Enero 2001
#Fabricación del enemigo
SANTOS JULIÁ El País 14 Enero 2001

#Por una política antiterrorista
JAVIER ELZO El Correo  14 Enero 2001

#Necrofobia
JOSÉ MARÍA ROMERA El Correo   14 Enero 2001

#Mentiras arriesgadas
ASCENSIÓN PASTOR El Correo  14 Enero 2001

#La paz es el final del terrorismo
Editorial La Razón   14 Enero 2001

#Oración por la libertad
Editorial ABC 14 Enero 2001

#Una simbiosis que toca a su fin
M. MARTÍN FERRAND ABC  14 Enero 2001

#Comunidad pacificadora
Editorial El Correo  14 Enero 2001

#"El PNV debe renunciar a la independencia mientras exista ETA"
JOSÉ L. BARBERÍA, San Sebastián El País 14 Enero 2001

#Encapuchados dañan seis coches al atacar un concesionario en Iurreta
EL CORREO BILBAO 14 Enero 2001

#Catalán en los juzgados
Cartas al DirectorABC   14 Enero 2001

 

Fabricación del enemigo
SANTOS JULIÁ El País 14 Enero 2001

Tonterías, cosas raras, bobadas, estupideces, impertinencias: los calificativos tantas veces utilizados para definir la retórica del máximo líder del nacionalismo vasco suelen reducir su significado a mera extravagancia de un individuo que no está en sus cabales. Los contenidos de esa retórica se achacan a la edad del personaje, a la pérdida de capacidad para realizar análisis, a su intemperancia; o se trivializan con un cariñoso "cosas de Arzalluz". La conclusión es siempre la misma: mejor no echarle cuenta, ignorarlo.

Probablemente; pero con eso se pasa por alto lo fundamental: que en política la palabra es siempre un inicio de la acción o, por decirlo con la imagen de Ortega, un acto de escorzo. Es posible que todo lo que diga el máximo dirigente del PNV sea una tontería, pero esa tontería la dice alguien con autoridad y poder, tiene una estructura, es consistente, compone un discurso y está cargada de sentido: convendría no ignorarlo sin antes analizar los efectos que persigue y los resultados que obtiene.

Un mínimo análisis de ese discurso revela la consistencia de sus elementos. Todas las imágenes empleadas para identificar al adversario político evocan al enemigo que ha declarado una guerra de exterminio. Euskadi estaría sometido al ataque de unas fieras crecidas, que nos masacran, carentes de otra política que no sea la cárcel y la bandera española, empeñadas en zumbar al vasco, en destruir el nacionalismo. Tan enemigo es que no sólo no le preocupa que ETA deje de matar sino que comparte sus objetivos y hasta se regocija de sus crímenes para mejor satanizar a los nacionalistas.

Esta consistente identificación del otro como enemigo se refuerza con imágenes y evocaciones de la guerra civil. Si España hizo antes una guerra a Euskadi con cañones, ahora se la hace con "los medios", que truenan tanto pero destruyen más, todos obedientes a la voz del mando. La identificación de Aznar y Mayor con Franco es un lugar común, mil veces reiterado. Por supuesto, esa identificación abarca al conjunto de españoles, sin excluir a los inmigrantes, especie de ejército invasor enviado por Franco para destruir la identidad vasca.

Pues, en definitiva, lo que pretende este discurso es reforzar los sentimientos de pertenencia al grupo, inventando una comunidad asediada que sufre un ataque del exterior. Por eso, el correlato del enemigo que hace la guerra es el del pueblo que la sufre y resiste sin perder su identidad. En este punto, Arzalluz no teme recuperar los argumentos más burdamente racistas que fueron moneda corriente a finales del siglo XIX: su insistencia en el factor RH no es una extravagancia sino un elemento destinado a reforzar la imagen de un pueblo que perdura idéntico a sí mismo desde antes del tiempo de la historia.

Enemigo español y pueblo vasco ancestral, tan concienzudamente fabricados por Arzalluz, no pueden reducirse a palabrería tontiloca. Son, por el contrario, elementos de una retórica destinada a legitimar unos hechos: la alianza de un supuesto nosotros -los vascos, identificados como abertzales- contra un ellos inventado, los españoles, identificados como invasores. Atribuir al PP y al PSOE el objetivo de destruir el País Vasco es letra y sustancia del acuerdo secreto del PNV con ETA sobre el que ha pivotado la política nacionalista desde el verano de 1998. Aferrado a su Lizarra, Arzalluz no ha tenido más remedio que extremar la oposición binaria propia de toda retórica sin temor a caer en el ridículo.

Que haya caído o no es lo de menos. Lo que importa es el resultado político de esa construcción: una brecha social tan profunda que otras voces se elevan clamando por el diálogo. Estas voces deberían comprender que a quienes han sufrido violencia por haber sido previamente fabricados como enemigos, la exaltación del diálogo les suene a sarcasmo si no va acompañada de un cambio total de lenguaje que entrañe en la realidad de los hechos un cambio radical de política.

Por una política antiterrorista
JAVIER ELZO El Correo  14 Enero 2001

Un buen amigo, responsable de un importante medio de comunicación en Euskadi, me comentaba el atentado fallido de ETA en Zarautz contra la cúpula del PP. Decía que la sociedad no podía ser la misma al día siguiente de una atentado de esas características. Actualmente, la sociedad parece estar, más o menos hipócritamente, acomodada al hecho de encontrarse cada quince días, más o menos, con muertes en atentado terrorista. 22 víctimas mortales el año recién terminado, que hubieran podido ser más sin la acción policial (gracias y enhorabuena), sin hablar de los atentados fallidos (sobre los que agradeceríamos información rigurosa) y de los infinitos actos de ‘kale borroka’. Pero es cierto que hay una ritualización de la muerte en atentado político, de la que me he ocupado en alguna ocasión, que hace que la población vaya habituándose al atentado con toda su parafernalia posterior de condenas, manifestaciones ciudadanas, comentarios de los políticos, comentaristas y líderes de opinión, páginas y páginas en los medios de comunicación, imágenes cuanto más dramáticas mejor, testimonios de familiares en las radios, entre sollozos, bien comprensibles, por otra parte, etcétera. El problema es que del rito estamos pasando a la rutina, de la ritualización del atentado político mortal a su rutinización, a la postre banal. ‘Mutatis mutandis’, algo así como lo que sucede con las muertes de jóvenes en la carretera los fines de semana por consumo abusivo de alcohol. Nos hemos acostumbrado. Es una rutina. La vida sigue... mientras a mí no me toque de cerca.

Pero volvamos a la primera cuestión. ¿Que pasaría si ETA decide asesinar a la cúpula del PP en el País Vasco y fructifica, Dios no lo quiera, en su macabro intento y asesina a veinte o treinta personas? ¿Qué pasaría si ETA decide poner una bomba en un lugar público, como ya hiciera en Hipercor o en Vich y da el paso definitivo que va del atentado político al terrorismo de masas, al terrorismo indiscriminado? ¿Cómo reaccionarán la sociedad, los poderes públicos, los gobiernos, el propio Ejército? Estas preguntas que se hacía y me hacía mi amigo periodista no me han dejado en paz hasta ponerme a escribir. Sinceramente, no sé como reaccionaría la sociedad, sus políticos, los medios de comunicación, la Iglesia, las universidades, los empresarios... No lo sé. Dependerá en parte de las víctimas (sí, hay víctimas de primera y de segunda, por supuesto), del espacio escogido por ETA, del número de muertos, del carácter más o menos macabro del atentado. En cualquier caso la alarma social sería enorme. No sé de dónde ha salido la cifra de 15.000 personas atemorizadas hoy en el País Vasco, mirando debajo del coche, cambiando recorridos, mirando hacia atrás nada más salir de casa o al entrar en ella, volviendo la espalda al hablar de ciertos temas. Pero esta cifra sería muchísimo mayor y la tensión social podría hacerse insostenible. Entonces, la pregunta no es saber qué va a pasar, cómo vamos a reaccionar, sino otra mucho más importante y urgente: ¿qué estamos haciendo, ahora, para prevenir ese momento y para gestionarlo socialmente cuando llegue, si llega?

En la pregunta anterior parece apuntarse que ETA va a dar ese paso. Hay varios indicios, y más que indicios, que abonan esa tesis. Me vienen a la memoria las bombas colocadas en la calle, en Getxo (pero no donde más daño puede hacer), la de la plaza de Callao de Madrid (pero no a la hora en que más daño podía causar), la de Zarautz, que todavía hubiera sido un atentado político a gran escala (lo que no disminuye en nada su gravedad, pero la sitúa en la línea actual del atentado político focalizado). Pero terrorismo focalizado o terrorismo de masas creo que debemos hacernos a la idea de que, desgraciadamente, ETA va a dar ese paso. Ójala me equivoque de lleno pero me parece social y políticamente de la más alta irresponsabilidad no plantearse esta eventualidad y preparararse.

Ya está bien de que ETA marque el calendario, los ritmos, las emociones y los sentimientos de la sociedad vasca y, en gran medida, también de la española en su conjunto. No podemos esperar de brazos cruzados e improvisar en medio del horror y del dolor lo que hay que hacer después de una barbarie terrorista. Estamos necesitados de una política antiterrorista digna de ese nombre. No basta con decir que vamos a ganar la batalla, que los terroristas, tarde o temprano, irán a la carcel. No basta con decir que no nos doblegarán y lanzar mensajes de serenidad tras cada atentado. No basta con apoyar a la Policía y agradecerle sus éxitos y no zaherirla innecesariamente por sus errores. No basta con arropar a las víctimas. Está bien que todo lo anterior se haga, aunque el lector sabe que tampoco se hace todo, ni por todos.

Una política antiterrorista supone estudiar más de lo que se estudia la base social que sustenta el terrorismo, la legitimación que se le da; exige confrontación más que mera descalificación; supone poner en primer lugar del quehacer de los líderes políticos la lucha contra el terrorismo y no la conquista o la perpetuación en el poder; supone, en efecto, distinguir lo esencial, lo prioritario, lo básico (acabar con ETA) de lo secundario (quién gobierna en Vitoria o en Madrid). ¿Es posible hacer una política antiterrorista en el País Vasco en cuyo diseño y ejecución no esté directamente involucrado el denominado nacionalismo democrático?

Una política antiterrorista supone también preguntarse, con rigor, cómo es posible que tras encerrar en la cárcel a cinco terroristas haya veinticinco chavales dispuestos a coger su relevo. Hacer una política antiterrorista no es simplemente encerrar por diez años a un adolescente en condiciones que parecen diseñadas para perpetuarlo en su desvarío. Una política antiterrorista supone preguntarse si, amén de consideraciones humanitarias, sirve para su fin antiterrorista alejarlos de su medio natural, obligando a caravanas de familiares adoctrinados a largas horas de autobús para un encuentro, muchas veces inhumano, y que sólo sirve para apuntalarlo en sus planteamientos. No es posible una política antiterrorista que haga a los terroristas aún más terroristas y a los que están en los aledaños potencialmente terroristas. ¿Qué se está haciendo para ayudar a los padres que ven impotentes cómo sus hijos se les van de las manos? ¿Qué se está haciendo para que adolescentes nacionalistas vascos no caigan en las redes del nacionalismo antisistema y antiespañol? ¿Qué se está haciendo para, siguiendo lo que los más lúcidos propugnan como objetivo básico del nuevo milenio, implantar en el corazón de las personas la riqueza de la identidad compartida, la multiculturalidad, que la pertenencia a enclaves diferentes no sea percibido por muchos adolescentes nacionalistas vascos como un ataque a sus sentimientos vascos y en especial su amor por el euskera, y anide en ellos el sentimiento antiespañol?

Siguiendo el símil evangélico, no miremos la paja en el ojo ajeno y nos olvidemos de la viga del propio. No respondamos a tantas interrogantes diciendo lo mal que lo hace el otro. En estos tiempos, parece que si uno dice que llueve, el otro afirma, imperturbable, que luce el sol. Hay un lugar para la confrontación política que es el Parlamento. Pero no traslademos las querellas partidistas a todo, hasta a las víctimas. No sirve ni para sacar votos. La sociedad no es tonta. Ya sabemos que habrá elecciones este año, cuanto antes mejor, en mi opinión, y la sociedad juzgará a los partidos políticos por su trayectoria en la consecución de la paz.

Necrofobia
JOSÉ MARÍA ROMERA El Correo   14 Enero 2001

Recuerdo el triste día que, en la mesa funeraria de un ser querido y entre las firmas de pésame, encontré un garabato insultante estampado a trazo grueso. Seguramente no pasaba de ser la gamberrada pueril de alguien que confundió la rebeldía con el mal gusto, pero eso me hizo meditar sobre lo ilimitado de la insania humana. Volví a experimentar la misma penosa perplejidad cuando, acompañando a la comitiva de un entierro en cierto pueblo, avistamos una enorme pintada sobre la tapia blanca del camposanto donde se leía: «A todo cerdo le llega su San Martín». Esta vez no parecía la trastada de un gamberro, sino el odio llevado hasta la chifladura. Ninguno de los dos fallecidos podía ya sufrir por eso, ni por nada. De manera que quienes tuvieron la ocurrencia de ensañarse con sus restos actuaban más allá del impulso criminal que desea o provoca la muerte de una persona. En el caso de los terroristas y sus amistades, uno pensaba que la víctima dejaba de interesarles como objetivo una vez efectuada la operación criminal de turno. Pero parece que no es así, visto lo ocurrido en el homenaje a José Ignacio Iruretagoiena en el cementerio de Zarautz tres años después de su asesinato, cuando la mafia intentó hacer volar por los aires a los allá congregados. Parece que los muertos molestan, y que tanto ellos como quienes tienen la desfachatez de recordarlos merecen un castigo ejemplar. Hay voces podridas que llaman por teléfono a las casas de los asesinados para dar una vuelta de tuerca al sufrimiento familiar soltando insultos contra el difunto, y otros sujetos no menos chalados que pintan sus lápidas con mensajes de violencia póstuma. El terrorista no se contenta con matar a su víctima, sino que la persigue hasta el más allá para borrar las huellas de la memoria. Es sabido que las conciencias torturadas tienden a invertir el daño infligido, que atribuyen al perjudicado culpas inexistentes, que disfrazan su maldad de agravio padecido, y de esa manera alivian el cargo que les corroe las entrañas. Aunque sea atrevido suponer que los terroristas tienen conciencia, al menos sí da la impresión de que padecen cierta necrofobia. El muerto ya no sólo es culpable de haber muerto, sino de señalar a sus asesinos desde la tumba. Esta elocuencia indeliberada de los muertos es lo que explica la incomodidad que en otras esferas provocan las manifestaciones de viudas y huérfanos, a quienes por un lado se les condecora pero por otro son vistos como una especie de pelmazos dispuestos a incordiar a todas horas. No se ve su dolor, sino la lata que dan. Su sufrimiento es un oprobio para esta sociedad olvidadiza que acaba guardándoles rencor por semejante provocación.

Mentiras arriesgadas
ASCENSIÓN PASTOR El Correo  14 Enero 2001

No salgo de mi asombro al verme directamente aludida en una carta que está buzoneando el PNV por Bilbao y que, todo parece, responde a una pataleta provocada por una felicitación de Navidad que envió mi partido a los bilbaínos. En ella, la formación nacionalista acusa al PP de tener una conducta contraria a los intereses y objetivos de esta ciudad, acusación que quisiera puntualizar, siquiera porque en su misiva aluden directamente a mi persona.

El PNV ha estado durante mucho tiempo tratando de engañar a la sociedad vasca, haciéndole creer que los avances, los éxitos económicos, sociales y culturales que está disfrutando el País Vasco se debían exclusivamente al nacionalismo, y que el resto de los representantes de los partidos no nacionalistas no eran más que comparsas, haciendo verdaderos esfuerzos para tratar de ocultar sus trabajos y logros en Madrid y en nuestra propia comunidad autónoma.

Pero ahora la farsa ha concluido. El escenario es otro y las mentiras, siempre arriesgadas, que el PNV ha estado empleando durante años han quedado al descubierto ante una sociedad más libre, que ha sabido reaccionar a tiempo, sacudirse el miedo reverencial, que embotaba sus facultades, ante un partido, el PNV, que se presentaba como guía y que ahora muchos ciudadanos consideran un estorbo para la normalización de nuestro país.

Están perplejos y asustados al ver la nueva situación en la que están tanto en Madrid como en Vitoria, y por ello hay que recordar a los dirigentes del PNV algo que hace tiempo ya sabe la mayoría social del País Vasco: que sus representantes no tienen el monopolio de la defensa de los intereses del País Vasco ante las instituciones del Estado y de la comunidad internacional, y que no son hoy los mejores interlocutores de los intereses de los vascos, instalado como está este partido en el radicalismo fundamentalista que impide cualquier posibilidad de diálogo.

Para muestra un botón. El PNV actúa en Madrid igual que lo hace en el País Vasco, anteponiendo sus intereses políticos a los del conjunto de los ciudadanos. De tal proceder es cada día más consciente el entramado institucional de este país. De ello podemos dar fe los cargos electos del PP vasco en Madrid, que sí trabajamos por el País Vasco, y que en la tramitación de los presupuestos generales del Estado hemos actuado con la responsabilidad suficiente para que los proyectos de inversión más relevantes de esta comunidad autónoma tuvieran un reflejo importante en esas cuentas.

Los representantes del PNV, por el contrario, presentaron una enmienda a la totalidad del proyecto de presupuestos, que ventilaba de un plumazo cualquier posibilidad de que se aceptasen sus enmiendas. El PNV cada vez hace y dice cosas más extrañas y absurdas, pero si hago uso de sus formas y discurso puedo acusarle de que sus representantes en Madrid hayan votado en contra de una inversión de más de 21.000 millones de pesetas para Vizcaya, y dentro de ello destacaré los 2.800 millones para el Puerto de Bilbao, sin olvidarnos de los 150 millones de pesetas para la ABAO. Esto sólo por poner un ejemplo.

¿Qué pretende el PNV con esta nueva chapuza de la carta buzoneada? Hacer creer a los bilbaínos que las cosas que se consiguen se deben a sus buenos oficios, y que las no se consiguen es por culpa, iba a decir del PP, pero, según su panfleto, por culpa de Ascensión Pastor, senadora del PP, y modestamente una de sus obsesiones, con la cual me hacen un honor.

Si el PNV quiere ponerse medallas que no le corresponden, es su problema. Nosotros seguiremos trabajando por los bilbaínos y todos los vascos.

La paz es el final del terrorismo
Editorial La Razón   14 Enero 2001

Los obispos de las diócesis vascas y de la navarra convocaron ayer, en un acto sin precedentes, a la oración de los cristianos bajo la invocación de la paz. La respuesta de los fieles a esta llamada fue alentadoramente alta, procedente de las bases y de las instituciones y partidos de diversas ideologías, salvo, naturalmente, los grupos proetarras. La iniciativa, desde ese punto de vista, fue un éxito, y la jornada de oración tuvo muchos aspectos positivos que conviene elogiar.

    Lo más gratificante de cuanto se pudo escuchar ayer procedió del mensaje del Papa. Sus palabras fueron claras, lejanas a todo compromiso: «Por encima de todo es necesario levantar, una vez más, la voz a favor del valor de la vida, de la seguridad, de la integridad física, de la libertad», afirmó Juan Pablo II, que recalcó: «No se puede invocar la paz y despreciar la vida».

    El Papa daba así con el corazón del problema, de forma mucho más afortunada que con el ambiguo mensaje que los obispos vascos utilizaron para su convocatoria de oración. En efecto, el lema del acto: «Entre todos Paz para todos» no deja de ser de una ambigûedad equidistante, lejana a ideas o conceptos más claros (como los expresados por el Papa) que no plantean la Paz como un hecho en sí mismo, sino sólo como una consecuencia de vencer al terrorismo. Libertad, Justicia, defensa de la vida, de la integridad de las personas son lemas bastante más claros y contundentes, cuando nos enfrentamos a la evidencia de que no se trata de invocar la paz desde los que ya de por sí son pacíficos, sino exigírsela a los asesinos. Esa misma equidistancia, que permitió la presencia de dudosos personajes como el obispo Setién (que dijo que había que dialogar incluso con las pistolas sobre la mesa) es la que hizo alusión en el acto a los terroristas «que no han dejado de ser hijos de Dios y hermanos nuestros, los queremos tener entre nosotros construyendo una sociedad mejor, liberados del sufrimiento que generan y que padecen». Habrá que recordar a los obispos vascos y al navarro que es bastante más el sufrimiento que generan los terroristas que el que paceden y, en todo caso, si padecen alguno no es sino como consecuencia de la aplicación de la Justicia por sus actos criminales.

    Por fortuna, los mensajes del Papa se sobrepusieron al lenguaje de los obispos. De otra manera, la oración de ayer hubiera dado la impresión de ser más una exigencia al perdón para los verdugos que una de defensa de las víctimas.

    Hablar de Paz, y no de Justicia o de Libertad es un retroceso en el País Vasco. No se trata de que haya un acuerdo, como si todas las partes tuvieran razón. Se trata de explicar claramente la monstruosidad ética que supone el terrorismo, la amenaza, el chantaje, la extorsión, el asesinato sobre una sociedad ya de por sí pacífica y democrática. Al pueblo español no se le puede pedir paz, porque ya es pacífico. Sólo a Eta y a sus cómplices cabe exigírseles que cesen en su actividad homicida contra las libertades democráticas. Ése es el mensaje que los cristianos esperan de las autoridades eclesiásticas, sin medias tintas.

Oración por la libertad
Editorial ABC 14 Enero 2001

Su Santidad Juan Pablo II leyó un discurso ante el cuerpo diplomático acreditado en la Santa Sede, reunido ayer en la recepción anual, en el que denunció los actos terroristas que «siembran la muerte» en España. Fue nuestro país el único país europeo citado con tal motivo. Triste distinción, pero inevitable, sobre todo en el sentimiento del Papa hacia un país mayoritariamente católico. Su mención expresa a la violencia etarra demuestra el nivel de rechazo absoluto que una conciencia cristiana debe manifestar frente al terrorismo, «gravemente contrario a la justicia y a la caridad», como dice el Catecismo de la Iglesia Católica. Muchos cristianos son coherentes con este mandato y lo trasladan a su actividad política, como ayer hicieron las formaciones integradas en el Partido Popular Europeo, que nuevamente pusieron voz a Europa con palabras inequívocas de condena al terrorismo y de reproche a los que, con mayor o menor distancia, circulan a su alrededor.

Muchas cosas podrían cambiar si gracias al acto de oración por la paz convocado por los obispos del País Vasco y de Navarra, los cristianos ambiguos y comprensivos con el terrorismo dejaran de serlo. Cincuenta mil ciudadanos vascos respondieron ayer al llamamiento de los obispos para rezar por la paz. Por una paz que sólo es negada por ETA y su entramado pseudopolítico, gracias, entre otras cosas, a que sus terroristas han sido espiritualmente aliviados por algunos sectores de la Iglesia vasca con descuentos de culpas por la «liberación» del pueblo vasco.

El éxito de la convocatoria y la pluralidad de los participantes son suficientes motivos para que los organizadores estén satisfechos con su iniciativa, pero no tanto como para ignorar que la memoria histórica no cambia instantáneamente las sombras por luces, ni las culpas por virtudes. Es muy grave que las víctimas del terrorismo no se hayan sentido identificadas con esta iniciativa de las jerarquías eclesiásticas vasca y navarra. El deber de los obispos es hacer cuanto sea necesario para superar esta legítima prevención de muchos fieles que se sintieron abandonados por sus pastores cuando mayor era la necesidad de ser reconfortados. Por otro lado, la masiva presencia de ciudadanos es la prueba del poder de influencia que la Iglesia vasca ha infrautilizado —por no juzgar los usos hechos en sentido contrario— en defensa de la vida y de la libertad, porque la paz no es sólo vivir sin violencia. Ante todo es vivir libremente, dignamente, tras vencer con la fuerza de la ley, de la razón y, por supuesto, de la oración, a quienes quieren destruirla. Por esto es por lo que hay que rezar: por la victoria de la libertad de los ciudadanos vascos frente a ETA y frente a todo cuanto ETA significa.

Una simbiosis que toca a su fin
Por M. MARTÍN FERRAND ABC  14 Enero 2001

CDC y UDC mantienen entre sí una relación parecida a la del tiburón con la rémora. De esa manera CiU, que es una suma y no una síntesis, ha protagonizado en los últimos veinte años la vida política de Cataluña. Esa rara convivencia pelágica se sustenta en el interés, no en el amor. Cabe suponer que el tiburón, cuando traza rumbos submarinos, no considera ni por un segundo los gustos y deseos de la rémora y que ésta, de tanto ir sin saber a dónde, mantiene vivo en lo más profundo de su alma un resquemor permanente contra el escualo sin que ello disminuya, ni un poquito, su capacidad de adherencia al tiburón en la que le van la vida y el sustento.

Como suele ocurrir en todos los procesos simbióticos, las prestaciones que se intercambian el tiburón y la rémora —CDC y UDC— no tienden al equilibrio. No están dosificadas. El fenómeno perdura mientras las dos partes se dan por satisfechas y la más débil no cuestiona la primacía y dominio de la más fuerte. El problema de Josep Antoni Durán i Lleida es que es una rémora con manías de grandeza. Eso es muy peligroso para la supervivencia de los de su especie aunque la tal grandeza haya sido inducida y fomentada por el propio tiburón.

¿Los hijos de los tiburones, los tiburoncitos, heredan las rémoras de sus padres? No lo sé. Pero sí está claro, aún para los más distantes de la sabiduría ictiológica, que las rémoras heredan a los tiburones. La especie protege a la especie para su perpetuación. Durán y Lleida pretendía llegar al palacio de la Generalitat en coche con chófer y ahora no puede aspirar a hacerlo en metro. A no ser que encontrara un itinerario, con escala en Madrid, como el que desestimó tiempo atrás. Cuando, dentro de unas horas, Artur Mas ascienda a «conseller en cap», a jefe del Gobierno autonómico catalán, la esperanza de Durán de suceder a Jordi Pujol será menor de la que pudiera albergar en su corazoncito Celia Villalobos de heredar a José María Aznar.

Durán ha olvidado, como un pardillo, el principio que ha hecho grandes a los democristianos históricos: la desconfianza en los próximos. Será de ver lo que hace ahora, cociéndose en su propio jugo, sin el añadido del caldo convergente, con un Mas por encima, en el dilema de seguir en el Gobern o abandonarlo y con una parroquia militante preguntándole a cada paso: ¿qué hay de lo nuestro? El tiempo no es el mejor, en Cataluña, para una pelea entre parientes y a más a más, como allí dicen, la sustitución de Artur Mas en Economía y Finanzas a cargo de un discípulo de Miquel Roca, Francesc Homs, complicará la vida, y la supervivencia, de la más aparente que real UDC.

El nuevo perfil del Gobierno de Pujol y el contradictorio neocatalanismo del PP harán todavía más difícil el juego y el futuro de Durán i Lleida y sus acompañantes —¿cuántos autobuses?—. Su pretensión histórica de heredar a Pujol era desconocer, a un mismo tiempo, las normas vitales de los tiburones, las de conducta de las rémoras, la tentación familiar del nacionalismo y los principios generales de la política partidista. El hombre confiaba en los milagros. No andaba descaminado porque sólo un milagro y una coyuntura le han permitido vivir, hasta ahora, la ficción de CiU.

Comunidad pacificadora
Editorial El Correo  14 Enero 2001

El acto de oración convocado por los obispos de Pamplona y Tudela, Vitoria, Bilbao y San Sebastián convirtió en la mañana de ayer los aledaños de Armentia en un multitudinario peregrinaje; en una manifestación a la vez espiritual y colectiva que reflejaba el anhelo común de paz que siente la inmensa mayoría de los ciudadanos, creyentes o no. La iniciativa de las cuatro diócesis no sólo fue oportuna y necesaria, sino que además resultaba imprescindible para despejar las muchas dudas que había propiciado la acción pastoral de la Iglesia en materia de paz. El propio contenido del mensaje de los obispos, reforzado sin duda tanto por la lectura de la misiva del Papa a los congregados como por las palabras que pronunció ayer mismo en Roma, expresa de forma sencilla y clara cuál ha de ser el compromiso de los católicos, y sugiere qué papel se arroga la propia Iglesia para con la paz y la concordia.

La oración por la paz congregó, en palabras del obispo Uriarte, una comunidad «pacífica y pacificadora». De tal forma que el compromiso que adquirían los convocados trascendía la expresión de un reproche compartido frente a la situación de violencia, para convertirse en el anuncio de un comportamiento más activo en adelante por parte de los católicos. Pacificar significa, a tenor de lo escuchado y vivido en Mendizabala, alentar la esperanza de que la paz es posible. Pero ni la fuerza de la fe cristiana ni la voluntad firme de cada ciudadano para alumbrar un futuro sin violencia y sin miedo pueden permanecer ajenas a las dificultades que comporta el camino.

La propia afirmación de que la paz es posible podría verse vaciada de sentido si todas las instituciones y organizaciones sociales comprometidas en el empeño, incluida la Iglesia, no añaden las dosis necesarias de realidad y cautela a la hora de afrontar la tarea. La Iglesia manifiesta siempre una inclinación natural a la mediación, una vocación permanente por comprender los conflictos humanos atendiendo ‘las razones de las partes’. De ahí que tenga un debate pendiente consigo misma, con los creyentes, y con la sociedad en general para -tras dejar sentado que no existe razón alguna que justifique el asesinato o la coacción- dilucidar el sentido del diálogo que propugna.

Uno de los dilemas morales a que se enfrenta la Iglesia coincide con una de las dificultades que ha encontrado la estrategia democrática por la paz: cómo desterrar el mal de la violencia sin desterrar, al mismo tiempo, a sus causantes. La oración de los obispos pidió ayer a Dios por quienes, aun provocando muertes, terror y destrucción, «no han dejado de ser hijos de Dios y hermanos nuestros», rogando un reencuentro con ellos, «liberados del sufrimiento que generan y padecen». Esas palabras estaban dirigidas al Creador. Pero el diálogo entre los hombres no puede obviar la evidencia de que quienes emplean la violencia no padecen el sufrimiento que generan, sino la respuesta que la sociedad democrática ha acordado dar para defender la vida y la libertad de sus miembros, beneficios de los que ellos mismos disfrutan. Pero lo que ya no queda claro es el mensaje que la Iglesia dirige a las personas enroladas en la violencia o en sus aledaños, algunas de las cuales profesan públicamente su fe cristiana. No es una carencia imputable a la propia Iglesia, sino la demostración de que toda buena voluntad halla su límite cuando se topa con la maldad convertida en una cultura opaca a los mensajes ajenos a ella misma.

La «fuerza pacificadora de la verdad» a que ayer aludió la oración por la paz de los obispos invita a una reflexión tan netamente cristiana y a la vez tan cívica como la referida al arrepentimiento necesario para que el perdón se abra paso en la convivencia entre los vascos. Es ésta una de las verdades más dolorosas del terror, que suscita desesperanza más que optimismo. No se trata de adivinar cuáles son las condiciones sobre las que la generosidad de Dios concede su perdón, problema que atañe únicamente a los creyentes. Se trata de reconocer la necesidad humana del previo arrepentimiento, de la previa solicitud del perdón, para que la persona que ha sufrido un daño irreparable a manos de su semejante se sienta moralmente compensada como para dar ese paso de reconciliación. El acercamiento hacia las víctimas de la violencia -aspecto sobre el cual los obispos vascos reiteraron ayer su autocrítica- no puede implicar solamente la exteriorización de una compasión íntima o humanitaria, sino que además ésta debe convertirse en el reconocimiento de su dolor como la fuente última del perdón y en la exigencia del arrepentimiento a sus victimarios.

"El PNV debe renunciar a la independencia mientras exista ETA"
JOSÉ ÁNGEL CUERDA •
EX ALCALDE DE VITORIA
JOSÉ L. BARBERÍA, San Sebastián El País 14 Enero 2001

Respaldado por los libros que cubren las paredes del despacho de su casa en Vitoria, una vivienda más bien modesta, el ex alcalde de la capital alavesa pide a su partido que renuncie a la estrategia independentista hasta que cese la violencia. Dice que el terrorismo deslegitima ese objetivo no sólo para los que practican la violencia, sino también para el conjunto del nacionalismo.

Pregunta. Usted que es una personalidad del PNV y que sin duda dispone de contactos privilegiados, ¿sabe verdaderamente dónde está hoy políticamente su partido y adónde se encamina?
Respuesta. Es la pregunta que nos hacemos todos en este momento. Los que nos integramos al partido hace 20 años teníamos muy claro cuál era el proyecto del PNV para este país y cómo iba a llevarlo a cabo. Ahora estamos desconcertados y confusos, inmersos en una crisis profunda que nace de esos acuerdos o supuestos acuerdos entre ETA, EH y el PNV. Ésta es la verdad. Estamos desconcertados porque la tregua abierta por esos acuerdos fue efectivamente una tregua trampa en la que cayó el PNV. Pensó que podía acabar con la violencia, pero no fue así y el año 2000 ha sido verdaderamente trágico. Lo alarmante es que esa crisis no desemboque en una solución clara, diáfana, y el problema es que el PNV no ha acertado aún a poner el rumbo adecuado.

¿Cuándo supo usted la existencia del pacto con ETA?
Yo no lo he sabido nunca. Lo único que he sabido de ese pacto es lo que han publicado los medios de comunicación. No he tenido ninguna comunicación interna.

¿Tampoco ahora?
Tampoco. Supongo que el presidente del partido informó en su momento a la ejecutiva, pero yo no conozco esa información, que creo que debería haberse dado no sólo al conjunto de la militancia del partido, sino también a todos los ciudadanos vascos.

Sorprende que en un partido como el PNV, que presume de tener un sistema de representación asambleario, se adopten giros trascendentales como el de la vía soberanista, por unanimidad, sin que surjan discrepancias en los órganos dirigentes.
Sí, quizá, es algo difícil de entender. Es una estructura democrática que, finalmente, en su funcionamiento interno deja mucho que desear. Es posible que lo que necesite el PNV es poner al día algunas de sus estructuras, como, por ejemplo, la elección de sus dirigentes.

¿Ve posibilidades de que esta reacción crítica llegue a cuajar dentro de su partido? ¿No está constreñida al ámbito alavés?
Aunque todavía no haya aflorado a la superficie, en el PNV existe ahora mismo una gran inquietud por el país en general y por nuestro partido. Desde luego, no es cosa de cuatro llamados críticos entre comillas, no. Las gentes del PNV no somos irresponsables. No podemos hablar de un movimiento interno o de una corriente, pero sí, sencillamente, de un deseo ferviente de que se produzca una evolución, un cambio de rumbo. Eso es algo que se constata en el conjunto del partido y, por lo tanto, no sólo en Álava, sino también en Vizcaya y Guipúzcoa. Es un deseo que comparten muchos militantes de base y también dirigentes situados en todos los niveles del PNV. Estoy convencido de que toda esta preocupación irá tomando cuerpo. Por otro lado, la cosa tampoco se resuelve pidiendo la dimisión de Xabier Arzalluz. Basta con que el PP lo pida para que la dimisión no se produzca. Todo grupo humano reacciona cerrando filas cuando su líder es atacado.

¿El lehendakari Ibarretxe debería convocar elecciones inmediatamente?
No me cabe ninguna duda. Es obvio que debe hacerlo en una situación como ésta en la que no hay Gobierno, sino pura Administración. Tiene que haber un cambio y que los electores tomen la palabra. Estamos en un momento crítico, porque cada vez vamos peor. A los violentos no se les puede dar ninguna expectativa de que por la violencia puedan conseguir sus fines.

Volviendo al diagnóstico. ¿ETA es el problema o la expresión del problema?
Para mí, es evidente que ETA es el problema, es lo que contamina y gangrena todo. Me gustaría que mi partido lo viera claro. Se puede entender que como nacionalista mi partido tenga vocación independentista, pero no se puede ignorar que, hoy y ahora, en Euskadi la estrategia independentista se está llevando a cabo con el apoyo de la violencia terrorista. ETA existe porque EH y todo su entorno quieren que exista. El terrorismo desaparecerá el día que EH, por motivos éticos o políticos, llegue a la conclusión de que la violencia no tiene razón de existir. ETA no va a desaparecer porque se lo diga el PNV o la Iglesia, sino cuando se lo diga su gente.

Entonces, ¿el PNV debe renunciar a su estrategia independentista mientras exista ETA?
A eso iba precisamente. No es sólo que el fin no justifica los medios, es que son también los medios los que legitiman o deslegitiman los fines. Podemos discutir si el objetivo de una Euskadi independiente unida desde el Ebro al Adour es factible o no, pero, sobre todo, tenemos que tener en cuenta que sólo se puede plantear ese proyecto a partir del poder de seducción, de la necesidad de convencer a la gente de que la independencia es mucho mejor. El objetivo de la independencia está deslegitimado en este momento por los medios violentos que se utilizan. Pero está deslegitimado no sólo para aquellos que se sirven del terrorismo, sino también para todos los demás.

Significa que toda la trayectoria última de su partido, la ponencia de "ser para decidir" y todo eso...
Eso significa que mi partido debería decirle a EH que mientras haya violencia el camino de la independencia está cerrado, que el PNV sólo se sentirá legitimado para buscar la independencia el día en que la violencia desaparezca y el clima de convivencia pacífica se instaure. En un clima de violencia, el propio derecho de autodeterminación queda negado en sí mismo. Reclamar la autodeterminación desde la violencia es una contradicción insuperable. ¿Cómo voy a decidir yo libremente mi propio destino si estoy matando, si me están matando? Paralelamente, hay que dejar de instrumentalizar a los presos de ETA, hay que llegar a una revisión de la política penitenciaria para cumplir con el objetivo de resocializar a los reclusos. El Gobierno vasco tiene mucho que decir en esto porque la política penitenciaria es una competencia que le corresponde y que no ha sido asumida. Y si no la ha asumido no creo que sea porque el Gobierno central no se la haya ofrecido, sino porque, como es un marrón, el Gobierno vasco no la quiere.

¿El PNV cayó en la trampa de Lizarra por la inconsistencia de su cuerpo doctrinal, por el resurgimiento de la raíz sabiniana o por qué?
Bueno, al partido u organismo que traiga la paz, sea el que sea, habría que hacerle un monumento. Mi partido intentó que ETA se autodisolviera pensando, y yo el primero, que la tregua era definitiva. ¿Por qué? Porque pareció sensato. ¿Qué ha pasado para que el PNV haya creído a ETA? Pues no lo sé, no sé que conversaciones han tenido, no sé qué es lo que ha pasado, no sé si había pactos secretos.

¿La vía del soberanismo no lleva consigo el riesgo de la pérdida territorial, de una independencia sin nación?
No hace falta ser un líder político para saber que la estrategia independentista para Euskal Herria con Navarra e Iparralde [País Vasco francés] incluidas no tendría ninguna posibilidad de triunfar en Iparralde, Navarra, ni en Álava, contaría con escasas posibilidades en Vizcaya y, quizá, con alguna más en Guipúzcoa. ¿Vamos a declarar independiente a Guipúzcoa? Cuando llegue la paz me parecerá muy bien que haya gente que defienda ese proyecto político, pero tendrá que hacerlo desde lo que he dicho antes: desde el poder de seducción. Mientras tanto, puede muy bien ocurrir que un referendo en España dé como resultado que los vascos estamos contra la independencia y que el resto de España está a favor, para que les dejemos en paz de una vez.

Encapuchados dañan seis coches al atacar un concesionario en Iurreta
Para Barreda, el sabotaje demuestra «cómo los radicales contribuyen al desarrollo de Euskadi»
EL CORREO BILBAO 14 Enero 2001

Varios desconocidos atacaron en la madrugada del sábado un concesionario de la marca Renault ubicado a la entrada de la localidad vizcaína de Iurreta, que causó daños de diversa consideración en seis vehículos. Pasadas las doce y media de la noche, un grupo de desconocidos roció con líquido inflamable y prendió fuego a los automóviles estacionados en un aparcamiento al aire libre situado dentro del recinto. Como consecuencia del incendio, seis coches sufrieron desperfectos de distinta consideración y fue precisa la intervención de dotaciones de bomberos para sofocar las llamas.

Tras este nuevo episodio de ‘kale borroka’, el presidente del PP en Vizcaya afirmó de manera irónica que con este tipo de sabotajes «vemos cómo los radicales siguen contribuyendo al desarrollo económico y social del País Vasco». Leopoldo Barreda, a través de un comunicado, manifestó que los violentos «siguen acreditando en cada una de sus acciones lo que se puede esperar de ellos».

«En cada ocasión podemos comprobar cuánto están dispuestos a cambiar tras veinte años de ataques continuados a los principios democráticos y a la convivencia entre los vascos», señaló el dirigente popular, para quien «toda esta serie de acciones contra bienes públicos y privados en cualquier otro lugar del mundo es vandalismo y borrachera de los viernes noche».

Sucursal en Oiartzun

El pasado viernes, un artefacto incendiario explotó a las 21.40 horas en una sucursal del BSCH en la localidad guipuzcoana de Oiartzun, ubicada junto al Ayuntamiento. La deflagración ocasionó desperfectos en la puerta de entrada y rompió algunos cristales de la entidad bancaria, así como en un domicilio cercano.

Catalán en los juzgados
Cartas al DirectorABC   14 Enero 2001

Son conocidos los tremendos esfuerzos que hace el Departamento de Justicia de la Generalidad de Cataluña para imponer el monolingüismo catalán en los Juzgados y en todas las esferas donde tiene competencias. Esta pretensión no es nueva, pues tengo delante un documento de 27 de octubre de 1994 que en este sentido es una perla. Voy a transcribir lo que dice, traducido del catalán, por supuesto.

Es una carta remitida por el subdirector general de Asuntos Penitenciarios, Armand Calderó i Montfort, y dirigida al Centro Penitenciario de hombres de la calle Enteza 155. Manifiesta lo siguiente:

«Según me ha informado el secretario general del Departamento, se ha detectado que algún escrito de su Centro dirigido al Departamento está redactado en castellano. Le recuerdo que todos los escritos y las comunicaciones se han de hacer en catalán, y le pido que dé las órdenes oportunas para que todo el personal de su centro cumpla esta instrucción. Cordialmente, Armand Calderó i Montfort».

En el documento hay un sello de la Generalidad, del Departamento de Justicia, Subdirección General de Asuntos Penitenciarios.

Como vemos, la pretensión de imponer el catalán en exclusiva en el Departamento de Justicia viene de lejos. Cómo se puede calificar a una Administración que gestiona a una Comunidad bilingüe y que desprecia sistemáticamente una de sus lenguas: racismo puro y duro.

Mario Santander Tiadó. Barcelona.

 

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