AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 18 Enero 2001
#Historia y nacionalismo
Editorial ABC 18 Enero 2001

#¿Fundamentalismo democrático?
Carlos Martínez Gorriarán, Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC  18 Enero 2001

#Obispos y pacto antiterrorista
Editorial La Razón  18 Enero 2001

#O rei dos comandos 
Enrique de Diego Libertad Digital   18 Enero 2001

#Mayor defiende que sólo un gobierno vasco no nacionalista podrá parar la regeneración de ETA
MADRID. D. Martínez ABC 18 Enero 2001

#Mayor denuncia diez lugares comunes nacionalistas
MADRID. ABC  18 Enero 2001

#¿Pero quiénes son las víctimas?
REYES MATE El País 18 Enero 2001

#De la pasividad de los mandos de la Ertzaintza y del juez Del Olmo
Impresiones El Mundo 18 Enero 2001

#Metáforas que muerden
PATXO UNZUETA El País
18 Enero 2001

#Recalde en Valencia
Iñaki EZKERRA La Razón 18 Enero 2001

#Luis del Olmo
Jaime CAMPMANY ABC 18 Enero 2001

#Dos errores en vez de uno
Lorenzo CONTRERAS La Razón  18 Enero 2001

#DEFENSA DE UN PERIODISTA INCÓMODO
BIEITO RUBIDO La Voz  18 Enero 2001

#Luis del Olmo a sus asesinos:«Podréis matarme tarde o temprano pero habrá compañeros que seguirán defendiendo la libertad»
S. Recio - Madrid .- La Razón   18 Enero 2001

#Venganza catalana
MIGUEL ESCUDERO El Correo  18 Enero 2001

#La Ertzaintza detuvo a un radical por cada 5 casos de violencia callejera en el 2000
FERNANDO LAZARO El Mundo  18 Enero 2001

Historia y nacionalismo
Editorial ABC 18 Enero 2001

La razón frente al mito y la verdad frente a la falsedad, fueron los argumentos de la conferencia que ayer pronunció el ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, sobre la evolución del País Vasco en los últimos veinticinco años. El lugar, la Real Academia de la Historia, y el motivo, un ciclo de conferencias conmemorativo del vigesimoquinto aniversario del reinado de Don Juan Carlos I, no podían ser más pertinentes para unas palabras que fueron, ante todo, una invitación a conocer la historia como método para alcanzar la paz. Y esa historia muestra que la España del último cuarto del siglo pasado ha sido la más dinámica y la más generosa, capaz de consolidar un sistema político que suturaba, esta vez para siempre, las heridas abiertas por desastres —el del 98— y guerras —las carlistas y la de 1936—. Todos cedieron dogmas y posiciones maximalistas para sentar los límites y los contenidos de unas reglas de convivencia estable, en las que los ciudadanos no vieran más banderías fratricidas. Todos cedieron, menos el nacionalismo vasco, al que Mayor Oreja reprochó un permanente estado de insatisfacción, un espíritu victimista y, peor aún, una arraigada deslealtad con un sistema estatutario tan amplio como nunca antes había gozado el País Vasco. Esa desafección nacionalista unida al terrorismo de ETA, han provocado que el sistema constitucional de libertades, de derechos individuales y de representación democrática encuentre en el País Vasco una excepción a su plena vigencia. Este es el verdadero problema vasco: el terrorismo, la falta de libertades y la estrategia soberanista del PNV.

Mayor Oreja propuso, en la misma línea reciente que algunos historiadores e intelectuales, un exorcismo histórico contra las ficciones que han sustentado la realidad política vasca de los últimos años. La Historia, es decir, la crónica y la interpretación del pasado, es infranqueable a la manipulación nacionalista. Pero no sucedió lo mismo con la política de la transición democrática, que, apremiada por la ansiedad de paz, asumió la desproporcionada hegemonía del nacionalismo vasco como el peaje que había que pagar para asegurar la estabilidad estatutaria y el repudio al nacionalismo violento. El nacionalismo nunca respetó cordialmente ese pacto no escrito, que le entregaba la dirección del País Vasco a cambio de lealtad con el marco legal. Por el contrario, el nacionalismo vasco inmovilizó sus planteamientos, sus actitudes y sus objetivos, porque, a juicio de Mayor Oreja, la clase política española nunca le exigió lo contrario. El resultado ha sido desalentador: el terrorismo sigue vivo y el nacionalismo llamado democrático, en 1998 acabó integrando con el radical un frente soberanista. Esta apuesta suicida del nacionalismo está conduciendo a su aislamiento dentro y fuera de nuestras fronteras, arrastrando consigo la estabilidad de las instituciones vascas. Tarde o temprano, cuando se va en contra de la evolución natural y de las exigencias mínimas de las sociedades modernas —paz, convivencia, seguridad, libertad—, el nacionalismo entra en crisis, como ha sucedido en Quebec, o reacciona y asume la responsabilidad de desmovilizar la violencia, como en Irlanda del Norte. El nacionalismo vasco está empeñado en lo primero y ha renunciado a lo segundo.

Sin embargo, el ministro del Interior veía razones para la esperanza, que situó en el desmoronamiento progresivo de las ficciones y mitos que tanto han aprovechado al nacionalismo y que no son más que mensajes para desistir ante ETA. Esa esperanza —la movilización de Ermua, la cooperación internacional contra ETA, la rebelión de intelectuales y universitarios, la reacción social contra la hegemonía nacionalista, el pacto contra el terrorismo y por las libertades— alimenta una nueva política para el País Vasco, sin más cesiones al chantaje del nacionalismo, sin opciones al terrorismo y con la doble determinación de desarraigar las semillas del odio sembradas en la sociedad vasca y de amparar a las víctimas del terrorismo, con las que Mayor Oreja asumió un compromiso personal. Es la esperanza de que, por fin, la Historia, con mayúscula, se imponga a las historietas de los nacionalistas.

¿Fundamentalismo democrático?
Por Carlos Martínez Gorriarán, Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC  18 Enero 2001

DOS profesores universitarios catalanes, Antoni Comín i Oliveres y José I. González Faus, publicaban en El País del 15 de enero un largo artículo donde, entre otras cosas, se escribe: «La Constitución no es un chicle que se pueda estirar hasta romperlo. Pero mucho menos es un tótem ante el que haya que sacrificar vidas humanas». Y a continuación: «El fundamentalismo de la Constitución en que se ha situado el PP puede acabar siendo una negación de facto del propio espíritu constitucional». Lo que los autores entienden por esencia del espíritu constitucional es el carácter instrumental de la Constitución y la disposición a interpretarla de un modo flexible. ¿En cualquier situación y desde cualquier perspectiva? ¿O más bien para tratar la situación vasca de acuerdo con la perspectiva nacionalista? Resistirse a esta última receta, cabe deducir, implicaría una especie de fundamentalismo constitucional. Este sería, precisamente, el mal que aquejaría al PP en primer término y, en último -o quizás al revés- el mal que impide obtener la paz en el País Vasco.

Los autores citados hacen algunas críticas, desde luego, al PNV y EA, pero muchas más al PP y, en mucha menor medida, al PSOE. No me parece abusivo ordenar del siguiente modo su interpretación de la situación vasca: para alcanzar la paz en el País Vasco es esencial el diálogo entre los partidos democráticos; los nacionalistas que quieren la autodeterminación también son democráticos, siempre que rechacen la violencia y acepten el derecho a la vida; obligar a los nacionalistas a que abandonen sus ideas soberanistas para dialogar con ellos es una muestra de fundamentalismo constitucional que hace imposible el diálogo; la falta de diálogo, de la que son responsables los fundamentalistas (el PP), empeora las cosas en el País Vasco y aleja la solución, que pasa -ineludiblemente- por el acuerdo con los nacionalistas democráticos, soberanistas inclusive (si rechazan la violencia), pues el cambio de gobierno en Vitoria no cambiará nada sustancial.

Es un buen ejemplo del enfoque catalanista -personificado en su día por Ernest Lluch, a quien los autores citan un buen número de veces en el texto- contrario al pacto antiterrorista PP-PSOE (contra el que realmente va el artículo). Como es obvio, Lluch y sus colegas en la defensa de su peculiar interpretación constitucional (desde Herrero de Miñón al colectivo Elkarri) representarían el espíritu constitucional verdaderamente saludable, abierto y democrático. Pero los autores, además de poco informados sobre algunos temas (¿es posible sostener, a fecha de hoy y sabiendo lo que sabemos, que la tregua se podía haber aprovechado para dialogar con ETA sobre quién es el «pueblo vasco»?) son muy poco originales. Porque la acusación de fundamentalismo constitucional, incluso democrático, ha sido vertida con frecuencia no ya contra el PP, sino contra los ciudadanos vascos -de todo tipo de corrientes no nacionalistas- que han denunciado la connivencia y complementariedad entre el terrorismo de ETA y la política soberanista actualmente seguida por PNV y EA, subrayando de paso y con toda lógica el papel de la Constitución y del Estatuto para vertebrar la sociedad vasca posible: la única que puede satisfacer de modo razonable tanto a nacionalistas como no nacionalistas. Precisamente la sociedad negada y erosionada por el llamado soberanismo. El soberanismo no es una idea a la que alguien deba renunciar (¿cómo formularla, quién conoce sus premisas y enunciados?), sino una política de hechos consumados, desleal y cínica, que erosiona no ya el espíritu de la Constitución, sino que machaca la convivencia social.

Invirtiendo el orden de los hechos, los autores pretenden que el PP habría convertido la Constitución en su proyecto político, lo que le deslegitimaría para exigir a los nacionalistas que renuncien al suyo. Pero esto no es más que un juego de palabras. Como lo es poner al mismo rasero el concepto ilustrado de constitución política y el fantasmagórico soberanismo nacionalista. La Constitución no es un proyecto político, sino el orden que hace posibles los proyectos políticos democráticos. Por eso los que no lo son, como el soberanismo, tienden a chocar con el orden constitucional y pretenden obviarlo. Nadie tomaría las amenazas de Otegui y las barbaridades de Arzalluz como proyectos políticos democráticos de no venir presentados bajo el señuelo de vía para la pacificación y orden del día para un diálogo preconstitucional y predemocrático, sugiriendo que de su consecución depende el fin del terrorismo. No es cierto que ese supuesto fundamentalismo constitucional haga de la unidad de España su valor supremo, sino que se limita -bien lo sabemos los vascos- a subrayar lo contrario: que las libertades y derechos humanos están por encima de las abstracciones nacionalistas, y que ningún partido tiene derecho a imponer a los demás la negociación de su programa político como condición para acabar con el terrorismo. Libertades y derechos que de ningún modo pueden depender de los resultados de un diálogo pacificador que, en realidad, sólo puede ser un mercadeo con el nacionalismo. Reconocer esto no es exclusivo del PP ni forma alguna de fundamentalismo; lo piensan, puedo asegurarlo, muchísimas personas de izquierda muy críticas con otros aspectos de la política gubernamental y con la política española en general. Pero que distinguen perfectamente, porque les va la vida en ello, que lo fundamental -la libertad, la igualdad, la convivencia en paz, los derechos humanos universales- no es objeto de diálogo político alguno y no pueden ser objeto de excepción, sino el requisito previo de cualquier forma de dialogar.

Obispos y pacto antiterrorista
Editorial La Razón   18 Enero 2001

Por si cabía alguna duda, el obispo emérito de San Sebastián José María Setién salió ayer a la palestra para indicar a la Conferencia Episcopal que no debía dar apoyo formal al pacto antiterrorista, firmado por PP y PSOE y suscrito por organizaciones políticas, sindicales, empresariales y asociaciones cívicas. La tesis Setién, que se pudo ver en el trasfondo del delicuescente mensaje de los obispos vascos en su pasada jornada de oración bajo el lema «Entre todos Paz para todos» empezó a ser esbozada por portavoces eclesiásticos vascos al adelantar que no querían molestar al PNV con su apoyo al pacto. Ya dijimos con aquel motivo que, de no haber sido por la claridad del mensaje a favor de la vida y la libertad enviado por el Papa y leído en la jornada, lo que hubiera quedado de aquel acto hubiera sido la petición de integración formulada por los prelados para los etarras para acabar «con el sufrimiento que generan y que padecen».

    Es a estos obispos vascos a quienes, según Setién, hay que pedir opinión antes de que la Conferencia Episcopal decida. La Iglesia, distribuida también por nacionalidades y regiones, según el modelo del emérito.

Será que un obispo en Madrid no debe entender la degradación moral que supone el terrorismo, ni conocerá cómo pueden sentirse sus víctimas, ni sabrá cuál debe ser la respuesta moral a la opresión totalitaria contra la libertad.

    Pero no se trata de que la Iglesia firme un pacto. Bastaría con que se apoyase la razón ética de su formulación. Iluminar a sus fieles sobre el lado de los mandamientos de Dios en que ha de habitarse, denunciar a quienes los conculcan y servir de pastores para que el pueblo sepa diferenciar lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto, la víctima del verdugo.

    Los obispos (vascos) no pueden poner una vela a Dios y otra al diablo. No es su papel jalear una alternativa política, pero mucho menos servir de sostén ideológico al nacionalismo (y menos aún a sus formas más espúreas y fanatizadas) bajo la premisa de que todos tienen algo de razón y todos están algo equivocados. Porque unos matan y otros mueren.

O rei dos comandos 
Por Enrique de Diego Libertad Digital 
  18 Enero 2001

Que “Ardi Beltza” sirve como el boletín interno de Eta a sus comandos es una certeza moral. Que Pepe Rei actúa como correa de transmisión de la banda terrorista mostrando los futuros objetivos a los psicópatas de la nueva Eta es también una evidencia. Que en la nuca donde pone el artículo otros ponen la bala es un hecho demostrado. Pepiño es o rei dos comandos: antes de que se supiera que el comando Andalucía había estado en la localidad valenciana de Paterna, se tuvo el indicio de que la “Oveja negra” ya había dado sus aullidos --es un lobo con piel de cordera-- ofreciendo un reportaje sobre la ciudad. Y antes de que empezaran los atentados contra los periodistas, ya se sabía por dónde iban a ir los tiros. Otra cuestión es que todo esto pueda demostrarse en términos judiciales, aunque Pepe Rei ha caído en las buenas manos de Garzón y la prisión preventiva.

La cuestión de fondo es la existencia de comandos legales en el pleno sentido del término que utilizan los fundamentos del sistema para servir de vanguardia y de retaguardia a los pistoleros. La cuestión de forma es que la banda terrorista parece ser incapaz de mantener una comunicación secreta con sus comandos y lo hace de manera pública, a través del papel couché. Esto nada tiene que ver con la libertad de expresión; es su perversión más abyecta, como lo demuestra el hecho de que sean los periodistas los destinatarios de los avisos mafiosos y de las órdenes criminales. ¿Cómo era aquello de si mi pluma valiera tu pistola? Pues ni la pluma de Pepiño ni las pistolas de sus fervientes lectores valen gran cosa.

Mayor defiende que sólo un gobierno vasco no nacionalista podrá parar la regeneración de ETA
MADRID. D. Martínez ABC 18 Enero 2001

En la Real Academia de la Historia, el ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, afirmó que un futuro gobierno no nacionalista en el País Vasco sería «fundamental» para impedir la regeneración de ETA. Asimismo, pidió a los vascos la superación «del miedo reverencial al PNV, el miedo escénico a que su salida del Gobierno agrave los problemas de la sociedad vasca».

Con el título «Seguridad y convivencia en el País Vasco: balance de 25 años», el ministro del Interior pronunció ayer una conferencia en la Real Academia de la Historia dentro del ciclo organizado para conmemorar los 25 años de reinado de Don Juan Carlos.

Comenzó Mayor Oreja destacando que el llamado «problema vasco» está determinado por tres elementos: la existencia de ETA, la falta de libertad y el déficit democrático que vive el País Vasco y el acuerdo de Estella, con el que los partidos nacionalistas construyeron un frente que tiene «por objetivo forzar a España a realizar una segunda transición desde la autonomía a la autodeterminación». A partir de ese momento, septiembre de 1998, «la estrategia del PNV -matizó- es parte importante del problema vasco».

El ministro, que afirmó que no exageraba al decir que «políticamente existe el País Vasco desde que existe la Constitución española de 1978», señaló que ETA, además de una «organización, constituye un auténtico proyecto de ruptura». Por ello, precisó que la banda no es «sólo una organización de comandos», sino que está integrada por tres grandes ramas: la «exterior», con sede en Francia; el «mal llamado entorno», constituido por organizaciones políticas y sociales, y «la semilla, el gérmen, la regeneración», es decir el terrorismo callejero. En referencia a este último, el ministro aseveró que «la alternancia en el País vasco es fundamental, porque a esta ETA de la semilla sólo se la puede combatir desde el seno de las instituciones y de la sociedad vasca, y sólo se la puede prevenir con políticas profundas de educación, de cultura y de carácter social».

Junto al análisis sobre la evolución y objetivos de la banda terrorista, el otro pilar de la conferencia del ministro del Interior fue el Partido Nacionalista Vasco, única formación que, en su opinión, «no ha abandonado ninguno de sus dogmas y objetivos». «La realidad -dijo- es que nunca ha tenido necesidad de cambiar porque los demás hemos buscado siempre su satisfacción política como panacea para resolver el problema vasco».

Mayor, que acusó al partido de Arzalluz de deslealtad con la democracia española y con el Estatuto de autonomía, afirmó que la «radicalidad» puesta en la actualidad en escena por el PNV siempre ha estado «latente» en esta formación. En este sentido, puntualizó que su permanencia en el Pacto de Estella «es la confirmación de que el PNV no puede ni debe liderar hoy el País Vasco». Por ello, pidió a los ciudadanos vascos que pierdan el «miedo reverencial al PNV, el miedo escénico a que su salida del Gobierno agrave los problemas de la sociedad vasca». «El nacionalismo no sólo no ha dado la solución al problema, sino que lo ha enquistado y agravado, convirtiéndose en parte importante del mismo». Para el ministro del Interior, «se ha agotado un ciclo político y podemos decir que, por primera vez, se ha abierto la posibilidad de sustituir democráticamente al nacionalismo. Ya no se puede descartar que en Vitoria haya un gobierno no nacionalista y eso es un síntoma de higiene democrática».

La conferencia de Mayor, que se cerró con un prolongado aplauso, fue presentada por el director de la Real Academia de la Historia, Gonzalo Anes, y contó con la asistencia, entre otros, de Leopoldo Calvo-Sotelo, Carlos Iturgaiz, Enrique Múgica, Rodolfo Martín Villa, Jesús Cardenal, Javier Zarzalejos, Iñigo Cavero, Javier Ansuátegui y Pedro Morenés.

Mayor denuncia diez lugares comunes nacionalistas
MADRID. ABC  18 Enero 2001

El titular de Interior, Jaime Mayor Oreja, denunció ayer en su conferencia los «diez lugares comunes» que se usan, a juicio del ministro, con excesiva frecuencia al abordar el problema terrorista y que «en ocasiones han impedido un análisis correcto» del problema. Mayor Oreja rebatió argumentos como que es imposible acabar con ETA por la vía policial.

En su intervención, Mayor Oreja subrayó que «son lugares comunes -que no puntos de encuentro- que unas veces son mitos y otras son intentos de descalificación de la política del Gobierno, pero que tienen un efecto perverso en la evolución política del País Vasco». Los puntos citados por el ministro son, en resumen:

1º No es posible terminar con ETA por la vía policial
Tiene como principal efecto pernicioso socavar, desmoralizar, la acción de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y es, además, una gran verdad a medias que se acaba convirtiendo en una gran mentira. La decisión de luchar frente al terrorismo con toda la potencia del Estado de Derecho, sin negociaciones encubiertas en paralelo, es una de las decisiones más políticas que puede tomarse. Se puede y se debe desarticular a ETA desde el Estado de Derecho y desde la Unión Europea.

2º Existe un empate infinito entre el Estado y ETA
Implica la imposibilidad de derrotar a ETA y priva a las sociedades vasca y española de cualquier esperanza de paz. Quienes insisten en ese empate infinito, no dicen con suficiente claridad en qué consiste para ellos el desempate, porque su desempate consiste en pagar un precio político por la paz, aceptando parte de las condiciones de los terroristas. La verdad es que hemos venido protagonizando un perfeccionamiento continuo de la lucha antiterrorista.

3º Los españoles, con el Gobierno de España a la cabeza, hemos desaprovechado una oportunidad histórica con la tregua de ETA en 1998
ETA necesitaba tomar aliento, después de los golpes policiales recibidos, para rearmarse y reorganizarse, mientras manipulaba el anhelo de paz de la sociedad. El PNV, como hizo tras la desarticulación de Bidart al amparar las reivindicaciones referidas a la autopista de Leizarán, dio cobertura política a esa necesidad táctica de recuperación. No hubo, por tanto, proceso de paz. Aquel comunicado de ETA en el que anunciaba el cese indefinido fue el preludio y la expresión de una ofensiva política del conjunto del nacionalismo vasco.

4º La prolongada subsistencia de ETA se debe a la cobertura social que tiene en los pueblos de España
La comprensión y la simpatía hacia las acciones de ETA han ido disminuyendo sustancialmente. Hoy EH, sustituto de HB, tiene un apoyo electoral menor que hace una década. La mejor demostración de ello, es que si la causa más relevante de esta larga subsistencia fuese esa supuesta cobertura social, ni la dirección ni la logística de ETA estarían en Francia, sino en los pueblos del País Vasco. Por eso es tan importante que la actual y ejemplar cooperación de Francia se siga acrecentando como hasta ahora.

5º ETA es sólo una organización de comandos
ETA necesita contar con una serie de estructuras y personas que, perteneciendo clandestinamente a su organización, forman parte, además de un entramado con apariencia plena de legalidad. De ahí la trascendencia del impulso judicial en la lucha contra el terrorismo, que ha producido desde el año 1997 acciones decisivas en el mal llamado entorno de ETA. Otro mito a destruir: quienes pronosticaron la catástrofe cuando la justicia ilegalizó un medio de comunicación al servicio de ETA o cuando ilegalizó algunas de sus estructuras, se equivocaron clamorosamente. No hubo catástrofe alguna.

6º Nada cambia, ni va a cambiar, con las elecciones
El resultado de las elecciones autonómicas, locales y generales de la década de los noventa dice exactamente lo contrario. El Pacto de Estella no se hubiese producido nunca sin el estancamiento del nacionalismo vasco en la década de los noventa. En las elecciones generales del 12 de marzo del 2000 se acentuó la tendencia. Los vascos apoyaron mayoritariamente a las fuerzas políticas defensoras de la Constitución y del Estatuto.

7º Imposibilidad de construir una alternativa al nacionalismo vasco
El País Vasco está situado en un punto de inflexión de su historia. Se ha agotado un ciclo político y podemos decir, por primera vez, que se ha abierto la posibilidad de sustituir democráticamente al nacionalismo. Para avanzar en ese proceso de higiene democrática hay que superar algunas dificultades. Es el miedo reverencial al PNV, el miedo escénico a que su salida del Gobierno agrave los problemas de la sociedad vasca. El nacionalismo no sólo no ha dado solución al problema, sino que lo ha enquistado y agravado, convirtiéndose en parte importante del mismo. Lo que sí decimos es que Estella es la confirmación de que el PNV no puede ni debe liderar hoy el País Vasco.

8º El Gobierno y las fuerzas democráticas no nacionalistas desprecian el diálogo
Hablar de diálogo sin límites, en general, es como no hablar de nada; es una frivolidad democrática. Hay que decir muy claramente para qué se habla, de qué se habla, con qué límite se habla y con quiénes se habla. La negociación política con una organización terrorista, es la expresión del no diálogo, la antítesis del diálogo. Y lo que derive de esta negociación o de este pacto es la negación del diálogo.

9º El pacto entre las dos grandes opciones españolas constituye un frente, un error y una provocación al nacionalismo.
El acuerdo de principios entre las dos grandes opciones constituía una demanda social profunda y compartida por una gran mayoría de españoles y de vascos. Sus objetivos no pueden ser más nobles. Porque la unión, la unidad frente al miedo, frente al terrorismo es un elemento esencial para combatirlo. Hasta el momento, todos los males que algunos presagiaban del acuerdo no se han producido. Sólo se producen adhesiones sucesivas, presididas por la tolerancia. Ni es un frente excluyente, ni un error, ni una provocación. Es sentido común, sentido de la responsabilidad y esperanza.

10º No hay esperanza sin dar parte de la razón a ETA
Nunca el Estado de Derecho tuvo tanto apoyo y nunca la sociedad ha exigido a los partidos y a las instituciones mayor compromiso contra el terrorismo. Y esta transformación social es el mayor caldo de cultivo contra el terrorismo. La solución está en el fortalecimiento cotidiano de la confianza en nosotros mismos, en nuestros principios y convicciones, en la Constitución, en el Estatuto, en nuestro Estado de Derecho, en España, en la Unión Europea. Que los dos partidos más importantes de España se pongan de acuerdo en el diagnóstico sobre el problema vasco y en las consecuencias que del mismo se derivan, es el hecho que nos permitirá avanzar en la derrota de la estrategia terrorista.

¿Pero quiénes son las víctimas?
REYES MATE El País 18 Enero 2001

El terror, forma extrema de violencia política, no sólo afecta a los vivos, haciendo que interioricen el miedo a perder la vida, sino, a juzgar por lo que estamos viendo, también a los muertos. Un simple recuerdo, una conmemoración, se convierte en campo de batalla entre allegados al mundo de las víctimas porque se honra a unos y no a otros, caso del homenaje a Ernest Lluch, o porque se recuerda indiscriminadamente a cualquiera que haya muerto violentamente, como en el acto de Gesto por la Paz organizado en Bilbao, que hacía descansar en un cartelón publicitario al muerto por un coche bomba junto al que muere porque le estalla la bomba.

Toda esta agitación política y mediática en torno a los asesinados en acciones terroristas se debe, sin duda, a que damos a los muertos por bien muertos, como si lo único que quedara de ellos fuera una plusvalía de significado que cada vivo puede explotar a su guisa. Si estaba a favor del diálogo, honrarle significa exigir diálogo, y, si estaba en contra, recordarle significa oponerse. Se piensa honrar más y mejor la memoria del muerto defendiendo las tesis que el fallecido sostuvo en vida.

Esta manera de recordar es un tanto raquítica, pues olvida algo fundamental en el crimen que practica el terror. Nos deberíamos preguntar por qué, en casos de terrorismo, no hablamos de asesinato u homicidio, términos con sabor jurídico, sino de víctimas; lo hacemos porque queremos dar a entender algo muy propio de quien sufre la violencia terrorista, algo que le debería blindar contra las utilizaciones que de ellos puedan hacer los vivos, a saber, que las víctimas tienen sentido en sí mismas. No son las víctimas de ETA las primeras ni han sido las únicas, por eso es de utilidad recoger las reflexiones que sobre el particular se han hecho a propósito de otras víctimas, por ejemplo, las que produjo el terror nazi en los años treinta y cuarenta.

Las víctimas son, en primer lugar, siempre inocentes, con lo que el verdugo es culpable de una injusticia, condición que no perderá jamás aunque acabe pagando las consecuencias legales de sus actos. Por eso resulta sencillamente monstruoso unir, aunque sea en un cartel, a las víctimas de ETA con los asesinos, por mucho que a éstos les haya salido literalmente el tiro por la culata. Las buenas intenciones que seguramente animaron a los autores del acto público en Bilbao para nada empece la incongruencia moral de la ocurrencia. No hay que confundir víctima con sufrimiento. En las secuencias finales del filme Vencedores y vencidos vemos que los verdugos nazis sufren; sufren y están vencidos, pero no son víctimas, porque no son inocentes.

Las víctimas tienen, en segundo lugar, voz propia, y no debemos permitir que nadie la sustituya ni, por supuesto, la olvide. Esa voz habla de la gratuidad de la violencia del verdugo. Nada la puede explicar, ni justificar, pues el acto terrorista no aporta nada nuevo, no desvela ninguna razón oculta que nos ayude a comprender su causa. Es el mal por el mal. Lo que consigue es lo contrario de lo que pretende, ya que cualquier causa justa, defendida mediante el terror, se deslegitima al instante porque cancela el modo humano de defender causas, que es la palabra y no su definitivo acallamiento.

El verdugo sella con la sangre de la violencia un testamento en el que se autoexcluye de la condición humana, alojándose en lo que Primo Levi llama la "zona gris" de la inhumanidad del hombre. La violencia del siglo XX nos ha enseñado que no nacemos humanos ni que la humanidad esté garantizada con el carnet de identidad. En la "zona gris" de la existencia, la humanidad del hombre está bajo cero. De esa zona, el hombre inhumano no puede salir por sí mismo. Su suerte queda ligada a la de la víctima. La posible re-humanización del verdugo depende de que sepa ver en el otro la inocencia, es decir, de que entienda que tiene que responder de una muerte inocente.

Pero la víctima, en tercer lugar, no sólo desvela la maldad radical de la acción terrorista, sino que además introduce un elemento nuevo en la reflexión política que altera los planteamientos políticos relacionados directa e indirectamente no sólo con los verdugos, sino también con los afines. Lo nuevo no es el reforzamiento de su discurso político, cargado ahora con la autoridad del sacrificio de su vida. Sin desdeñar la autoridad de cualquier idea que sea defendida con peligro de la propia vida —situación ésta que se da generosamente en el País Vasco entre políticos, intelectuales y gente de a pie—, la novedad que introduce la víctima en el debate político es el hecho de su propia existencia, una novedad política que aparece con mayor fuerza entre las víctimas anónimas carentes de todo discurso propio; entre aquellos que, como en Hipercor, murieron porque el terror exigía su cuota de sangre. Podemos expresar metafóricamente esa novedad política hablando de una mirada de la víctima.

El filósofo alemán Theodor Adorno lo explica, en el contexto de las víctimas del campo de concentración, diciendo que esa mirada se parece a la de aquellos condenados en la Edad Media que eran crucificados cabeza abajo: "Tal como la superficie de la tierra tiene que haberse presentado a esas víctimas en las infinitas horas de su agonía". Veían al mundo invertido, al revés que nosotros. Lo que se quiere decir es que la existencia de víctimas complica el análisis político, al introducir un elemento que obliga a revisar y cuestionar todas las seguridades anteriores. Las víctimas no son sólo un problema que resolver, sino el paso obligado de cualquier solución, pues tienen la clave de la posible integración de la parte violenta en la futura comunidad política reconciliada. De ahí su autoridad moral.

Las víctimas cuestionan, lógicamente, la política del terrorista, tanto en sus medios como en sus objetivos, pues esa política garantiza la reproducción de la violencia. La víctima sabe por experiencia que no hay paz al final de la violencia. Pero también obliga a revisar planteamientos políticos hechos en el campo de los que condenan la violencia, siempre y cuando esos planteamientos políticos quieran tener legitimidad moral.

Me refiero a propuestas bienintencionadas que parten del siguiente esquema: hay víctimas porque hay sociedad, escindida en dos partes, sin reglas comunes de juego político; busquemos esas reglas de juego y acabaremos con la violencia terrorista. Este planteamiento, que, con mucha más finura y matices, es el que se hace J. María Setién en 'El diálogo de la construcción de la paz. Ética y perspectiva cristiana ' (del libro Educación para la paz, Murcia, 2000), ignora precisamente la mirada de la víctima. Si no hubiera víctimas, sino sólo unos comerciantes, por ejemplo, a los que les va mal el negocio por los enfrentamientos políticos, podría hablarse de un problema entre dos colectivos simétricos enfrentados que debería arreglarse poniéndose de acuerdo. Éste no es el caso, porque aquí hay víctimas y, por tanto, ciudadanos inocentes asesinados, es decir, hay unos que son culpables de la sangre inocente derramada por razones políticas.

No puede ya haber simetría entre los que matan y los que no matan. La relación es asimétrica, y eso lo explica bien Rousseau cuando dice: "Imponiéndose la necesidad de hacerme daño, este hombre ha hecho depender su suerte de la mía". El terrorista está en manos de la víctima, y con la víctima no se dialoga, sino que se interioriza su significado. El posible diálogo pasa por un rito de iniciación en el lenguaje de la humanidad que el verdugo sólo puede hacer de la mano de la víctima. Hay, por tanto, una diferencia esencial entre la estrategia pactista y la mirada de la víctima. La política siempre estará tentada de acortar los tiempos, propiciando el fin de la violencia a cualquier precio, pero ese recorte en tiempo lo es también moral.

Las manos de las víctimas son generosas. Kafka, el detective incansable del poder del mal, dice que lo propio de la víctima es "ocupar el menor espacio posible", una manera de definir su sentido de la justicia, modesta y universal. La justicia de la víctima quiere alcanzar a los verdugos. Pero, eso sí, les dice cómo integrarse, cómo re-humanizarse: aprendiendo a ver el mundo con su mirada.

La víctima es una realidad nueva que no estaba en el diseño original de la democracia. Es significativo su creciente presencia en la opinión pública. Ya no son sólo objetos de negociación económica -que es a lo que han sido reducidas durante mucho tiempo-, sino que representan una autoridad moral. Como todos los valores morales, pueden ser tomados en serio o arrollados por cualquier urgencia. Pero difícilmente podrá ya relacionarse la política con la moral sin tener en cuenta la significación objetiva de las víctimas; sin asumir, pues, el significado de su existencia.

Reyes Mate es profesor de investigación en el Instituto de Filosofía del CSIC.

De la pasividad de los mandos de la Ertzaintza y del juez Del Olmo
Impresiones El Mundo 18 Enero 2001

El combate del Estado de Derecho contra los secuaces de la banda terrorista ETA no siempre resulta fácil. Sobre todo si tropieza con la pasividad de algunas autoridades, como los responsables de Interior del Gobierno vasco, o con el impasible ademán de algunos jueces. Los datos que hoy publica EL MUNDO sobre la kale borroka en el año 2000 son elocuentes. En las calles del País Vasco se produjeron 583 actos violentos y la Policía Autónoma -que posee las competencias sobre orden público- sólo practicó 109 detenciones. Para demostrar lo escasamente en serio que se toma el consejero de Interior el combate contra los proetarras, las cifras se pueden comparar con las de Navarra, donde las competencias son de la Policía Nacional y la Guardia Civil. En esta comunidad, el número de acciones violentas fue de 98 y los detenidos, 50.

 Resumiendo, mientras la Ertzaintza detuvo a una persona por cada cinco actos de barbarie en el País Vasco, la policía capturó a una por cada dos ataques en Navarra. Como denuncian los sindicatos, ello no se debe a que los ertzainas no quieran detenerlos, sino a que sus mandos les hacen trabajar atados de pies y manos. Otro tanto cabe decir del juez Juan Del Olmo, que durante dos meses se ha cruzado de brazos ante la petición del fiscal de que llame a declarar a Pepe Rei por señalar en un vídeo y en Ardi Beltza a los periodistas contra los que atenta ETA. Casualmente, es el mismo juez que puso en libertad -aunque posteriormente rectificó- a los anarquistas que enviaron paquetes bomba a algunos informadores. Ayer, el fiscal volvió a pedirle que cite como imputado a Rei «con urgencia», después de conocer que ETA quiso matar a Luis del Olmo, uno de los señalados. ¿O habrá que esperar a que el infame Rei haga un vídeo sobre los jueces?

Metáforas que muerden
PATXO UNZUETA El País 18 Enero 2001

Ernest Lluch quiso jugar "el papel de policía bueno", según el último boletín de ETA (Zutabe), cuyo contenido resumía el diario Gara el lunes pasado. El texto reproducido incluye una especie de análisis político en el que se considera que "el PP y el PSOE son las dos caras de la misma moneda".

En la literatura etarra de los años sesenta esta imagen de las dos caras se empleaba en referencia a la opresión nacional y social: era una forma de decir que, bajo el franquismo, la lucha por la libertad de Euskadi lo era también por los intereses de los trabajadores, etcétera. La misma metáfora se emplea ahora para representar otra cosa muy diferente: que tanto los del PP como los del PSOE buscan lo mismo ("españolizar o vascoespañolizar a la ciudadanía vasca"), y son, por ello, asesinables. Pero esto ya no es una metáfora: la semana pasada, en Zarautz, intentaron matar a toda la dirección del PP vasco.

Decir que Lluch hacía de policía bueno es otra metáfora. La retórica política está llena de expresiones similares, pero sólo los políticos de ETA consideran que su invocación les da derecho a matar a otros políticos. O a periodistas: el Zutabe también alude al intento de asesinar a Aurora Intxausti y Juan Palomo (y al hijo de ambos, de año y medio de edad). Gara no precisa si ETA ofrece alguna justificación de ese atentado. De momento, lo único que consta es que Intxausti apareció en el vídeo de Pepe Rei, en el que, a propósito de la reseña de una obra teatral de Alfonso Sastre, se la acusa de haber confundido dos expresiones de pronunciación similar. ¿Es motivo suficiente para exterminar a toda la familia? En el mismo vídeo aparece Luis del Olmo: acaba de saberse que el comando Barcelona intentó asesinarle en siete ocasiones.

El director de Telemadrid ha sido obligado a dimitir a causa de la emisión por esa cadena de un reportaje sobre el País Vasco. Se ha argumentado que el programa tenía cierta pretensión de neutralidad, de equidistancia. Es injusto. Lo que sí es equidistancia es pretender equiparar ese atentado (metáfora) a la libertad de expresión con el intento (real) de asesinar a Luis del Olmo.

En Euskadi hay que tener mucho cuidado con las metáforas porque siempre hay alguien dispuesto a tomárselas al pie de la letra. Decir a propósito del Guernica de Picasso que ellos (los españoles) se llevan el cuadro y a nosotros nos dejan las bombas fue una metáfora desafortunada (a la vista de quienes suelen ser las víctimas); pero la falta de acierto pasa a otra categoría moral cuando a los diez días del intento de asesinato de los periodistas y su hijo se establece un paralelismo entre los bombardeos franquistas y la ofensiva mediática que, según Arzalluz, padece el nacionalismo vasco y que sería "peor que la de los aviones de entonces".

El 5 de enero un sociólogo expresaba en Deia su "solidaridad personal" con la "ciudadana Intxausti", pero precisaba que no podía extenderla a la periodista Intxausti porque, "al no ser asiduo lector de EL PAÍS, no conozco ni su producción periodística ni su persona y, por tanto, carezco de elementos de juicio". Según D. Bonhoeffer, un teólogo protestante víctima de la Gestapo, citado por Norbert Bilbeny en El idiota moral (Anagrama, 1993), "debe tenerse mayor precaución frente al necio que frente al malo".

El problema de los vascos es doble, según una vieja broma de Ramón Recalde, el ex consejero del Gobierno Vasco al que ETA intentó asesinar en septiembre: 1) que no fuimos romanizados; 2) que estamos orgullosos de ello. Se quedaba corto, porque en realidad hay un tercer problema: que de los dos puntos anteriores, sólo el segundo es verdadero. Lo de que las legiones de Augusto no dominaron las tierras cántabras es un mito que pasó del blasón español al nacionalismo vasco. Pero tiene tanto fundamento como la metáfora de la torre de Babel.

El mes pasado, el nacionalista crítico Emilio Guevara publicó un artículo en el que argumentaba con fuerza contra la falta de democracia interna en su partido. El escrito terminaba con una invocación irónica a la película El motín del Caine. Era una metáfora, pero la Junta Municipal del PNV de Vitoria ha tomado pie en ella para abrirle expediente por incitar a la militancia al amotinamiento.

Recalde en Valencia
Iñaki EZKERRA La Razón 18 Enero 2001

Fue el lunes y durante la entrega del Premio Convivencia que concede anualmente la Fundación Manuel Broseta.

Fue entre unas paredes del siglo XV y bajo unos enormes lienzos poblados con los rostros de las primeras Cortes Valencianas. Allí habló Recalde en público por primera vez desde que Eta le organizó un atentado en medio de la boca. Habló con esa voz tiroteada y convaleciente que él nunca sospechó que tenía vocación de monumento y que hoy ya es eso, una estatua fonética, un símbolo de la libertad para los demócratas de Euskadi. Eta no pudo quitarle la vida pero le ha quitado las erres, las ges y las jotas a José Ramón Recalde. Y, mientras le oía hablar, pensé que ese discurso, en el que no parecía posible la palabra «jarrai», era sin duda el más elocuente discurso que yo tendría la oportunidad de escuchar en mi vida.

    Junto a Recalde estaba su esposa, María Teresa Castells, también galardonada, como él, por regentar la librería Lagun, ese local de la plaza donostiarra de la Constitución que tiene más de treinta años y que ha conocido los ataques de los fachas en las modalidades abertzale y franquista. Y estaba asimismo uno de los hijos, que sonrió al comprobar que su padre estaba decidido a terminar la intervención sin su ayuda.

    En realidad escribo este artículo sólo para decir que, viendo a esa gente en Valencia, sentí un orgullo de ser vasco que creía que me iba a estar vedado para siempre. Nunca he entendido que alguien se pueda sentir orgulloso de pertenecer a un grupo sanguíneo o de vivir en un lugar particularmente verde o de heredar la fórmula del bacalao al pil pil, una lengua ancestral o unas cavernas pintadas. No me emociona la biología ni la ecología ni la gastronomía ni la arqueología. Creo que es de esa Euskadi que el lunes estaba en Valencia de lo único que puede sentirse uno orgulloso, de pertenecer a una sociedad que no sólo produce genocidas sino también parejas que, aunque son mayorcitas, se han creído de veras lo de la libertad y no piensan que esa palabra sólo existe en las series televisivas.

    Fue en una cita de esa fundación que lleva el nombre de Manuel Broseta, el profesor de Derecho asesinado por Eta otro 15 de enero de hace ahora nueve años por tomarse también en serio la libertad. Fue en ese antiguo salón de la Generalitat lleno de amigos y autoridades, de sociedad e historia civiles, en un acto que hoy no es posible en Euskadi, donde la temida fractura social -como la oficial- existen desde hace dos décadas y donde los encuentros institucionales son desencuentros, expresión del ninguneo y del mangoneo de una secta incivil que antes que la lista de invitados hace la lista negra.

Luis del Olmo
Por Jaime CAMPMANY ABC 18 Enero 2001

Todavía no se han convencido los laceros etarras de que Luis del Olmo tiene más vidas que los gatos. Han querido cazarlo ya siete veces, pero el gato se escapa y no entra en la talega. El mismo Luis del Olmo es un gatazo de Angora, de pelo blanco, casi azulado, un felino grandote y pacífico, que se alimenta sin descanso de las noticias que va acercando el tiempo, y que algunas veces traen dentro dolorosas espinas. El gatazo de lujo que es Luis del Olmo da por la radio todos los días maullidos elocuentes e imprescindibles, estímulo o consuelo, según caigan las pesas de la actualidad. Y esos maullidos se han convertido ya en rumores acostumbrados de la casa, en el runrún diario de la vida que discurre bajo los puentes.

Siete veces han querido las ratas, ratas de cloaca que no de campo o agua, ponerle el cascabel de la muerte al gatazo Luis del Olmo. Esas ratas malditas, furtivas y cobardes, son los únicos seres del mundo a los que puede irritar la palabra clara y limpia de un periodista que busca sin miedo la verdad y la justicia. Con su palabra y con las palabras que a los demás pide, echa Luis del Olmo luz y verdad sobre los acontecimientos y sobre los hombres, buenos, malos o regulares, que de todo ha de haber en la viña del Señor, y la luz hace daño a los pequeños y sucios insectos de la oscuridad. Otra vez me gusta repetir una frase del doctor Gregorio Marañón que hoy viene muy al pelo de este sobresalto que acaban de darnos los etarras. «La luz es la revolución de las cucarachas».

Y yo comprendo que esas cucarachas que salen de las cañerías ocultas de los oteguis, los arzallus, los eguibar, se revolucionen bajo las palabras que echan luz a las sombras que ellas aman y por las que pululan, y que con la luz quedan al descubierto y en evidencia. Bendito sea este riesgo donde nos mete la profesión de periodista diario, que es la de Luis del Olmo y la de mí mismo, y la de tantos otros que se vieron amenazados por el ejército de las cucarachas, y muchos que todavía se ven, y otros más que ya no sienten la amenaza porque la amenaza se cumplió en ellos y pagaron con la vida el riesgo del oficio. Ese atentado frustrado contra Luis del Olmo, y que se hace más dramático porque la muerte se desvió hacia otra víctima, es un atentado contra la libertad, que es el aire esencial que respiramos los periodistas.

También entre nosotros hay ratas de alcantarilla. Hay una rata llamada Pepe Rei que chilla de modo espeluznante cada vez que ve cómo uno de nosotros va encendiendo luces y verdades por los caminos sombríos que a veces nos abre la vida ante nuestros ojos. Los etarras que iban a atentar contra Luis del Olmo tenían consigo esas páginas donde Rei señala los nombres de quienes deben morir. El mundo está hecho, claro, de luces y sombras, de alcantarillas negras y de valles luminosos, y hay medios hombres, remedos de hombres, criaturas humanas interrumpidas, como ese Pepe Rei que nombro, que no resisten el sol ni la alegría y denuncian desde la sombra el gozo de vivir en paz, trabajando, hablando, amando y sembrando la paz y la palabra.

Luis del Olmo, ese gatazo que maúlla por la radio todas las mañanas, se ha escapado de nuevo de la muerte, y eso me alegra. Con él empecé en la Cope y siempre terminaba mis palabras con una frase que ya entonces era como un aviso: «Este país es el colmo, mi querido Luis del Olmo». Menos mal que somos el colmo en todo, no sólo en lo perverso. Me alegra esta séptima resurrección de Luis del Olmo, aunque me entristece comprobar una vez más el empecinamiento de los que delatan y de los que asesinan. Mi único consuelo es que todos esos crímenes, aun los que se cometen, son perfectamente inútiles. 

Dos errores en vez de uno
Lorenzo CONTRERAS La Razón  18 Enero 2001

Menuda baza le ha proporcionado al entorno de Eta la dimisión/destitución del director general de Telemadrid por un reportaje sobre la crisis del País Vasco, el terrorismo y sus secuelas. Sin duda fue un error organizar un programa o espacio dedicado a igualar las posiciones de todos los intervinientes en el enfoque político de «Los caminos de Euskadi», de manera que Otegui pudiese rivalizar, por ejemplo, con Carlos Iturgaiz en el mensaje televisivo a la Comunidad de Madrid. Pero ha sido otro error, quizá mayor, castigar con la pérdida del cargo al responsable directo del reportaje. Ya tiene el mundo etarra, el mundo «abertzale», sin olvidar al nacionalismo cercano a Javier Arzallus, alimento político suficiente para abastecer su dieta de palabras, su serial de conceptos sobre la tiranía del Poder central en materia de libertad de expresión cuando lo que se ventila es la situación vasca y las razones del independentismo.

    Dos errores en vez de uno. Si había que pasar factura al director de Telemadrid, una mínima cautela hubiese aconsejado no hacerlo de manera fulminante, arbitrar una gradual retirada de confianza que produjese el mismo efecto sin proporcionar a la propaganda de enfrente un instrumento dialéctico de primer orden y sin posibles evasivas por parte del poder sancionador.

    Pero es que además no está claro que la exposición descarnada de los puntos de vista del entorno etarra y concretamente de Arnaldo Otegui tenga que producir un efecto perturbador en la sana visión del problema. El españolo medio, el ciudadano normal que oye al señor Otegui argumentar sobre la justificación del terror está muy lejos de dejarse seducir por sus patrañas relacionadas con el pago de precios positivos a cambio de la paz. Y quienes se sienten cercanos a esta visión no van a modificar ni un adarme su postura.

    Lo que sí altera el planteamiento dialéctico es la contundencia del castigo político inmediato cuando está en juego el uso propagandístico de la libertad de expresión. ¿Para qué brindar esa baza al enemigo común?

    Tenía que irritar, ciertamente, entre intervención e intervención de las personalidades invitadas a exponer su criterio, la visión reporteril de un País Vasco idílico en contraste con la omisión de una situación tenebrosa y bronca, hecha de alteraciones callejeras, manifestaciones de protesta y, por supuesto, crímenes. Sin embargo, también ese contraste ofrece al espectador razonable, que es el mayoritario, un elemento de reflexión que neutraliza la ventaja de cualquier contemplación simple. Eta y su entorno a nadie engañan a estas alturas.

DEFENSA DE UN PERIODISTA INCÓMODO
BIEITO RUBIDO La Voz  18 Enero 2001

Aunque de raíces manchegas, Merche, la esposa de Luis del Olmo, dejó transcurrir su juventud en Santa Marta de Ortigueira. Él, por su parte, es uno de los mejores ejemplos de amor a la tierra. Ni un solo día, en los más de ocho mil programas de su Protagonistas ha dejado de hacer una referencia a su Ponferrada natal y de presumir de sus orígenes bercianos. Los dos, sin embargo, gallega y leonés, se han incardinado admirablemente en Cataluña, una de las comunidades con más acusada personalidad de España.

Desde Barcelona, y durante muchos años, Luis del Olmo ha ejercido la profesión de radiofonista, que, en su caso, es la mejor forma de practicar el periodismo: lo escuchan todos; mujeres y hombres, ricos y pobres, viejos y jóvenes.

En Barcelona aprendió a hablar catalán, a hacer radio en catalán, a apostar por Cataluña y al mismo tiempo a contarle a España lo que ocurre cada día en nuestro país.

Su programa Protagonistas es ya algo más que un programa. Lo dice Antonio Burgos: «Es una costumbre española, como la siesta y las tapas». Esa ejemplar síntesis de lo que hoy es España: un berciano que vive en Barcelona, triunfa en todo el país y se convierteen costumbre nacional, era objetivo prioritario de ETA. Lo salvaron el azar y un guardia municipal llamado Juan Miguel Gervilla, que perdió la vida porque quiso ayudar a unos ciudadanos en apuros y resultaron ser terroristas.

Luis del Olmo no es más ni menos importante que cualquier otra víctima de los etarras, tanto las que dolorosamente hemos padecido ya como las que puedan venir. Si lo hubiesen asesinado, el crimen sería tan deleznable como lo fue el de Lluch o el de Gervilla.

Este periodista, sin embargo, encarna como pocos la valentía de un colectivo que está enarbolando la bandera de la libertad desde los medios de comunicación. La libertad única e indivisible. La misma que desde hace años los etarras han hecho desaparecer de las calles y tierras del País Vasco.

Por defender lo propio: su bandera, su lengua, su pedazo de tierra, los terroristas están dispuestos a terminar con lo bueno: la libertad, la fraternidad, la justicia, el progreso. Son palabras ya viejas, pero siguen llenas de vida. De esa vida a la que debemos acudir permanentemente para situar el verdadero desvarío moral de quienes todavía los justifican o se niegan a condenarlos.

Luis del Olmo es poseedor de una de las trayectorias más brillantes del periodismo español y de la radiodifusión europea. Eso no se logra por casualidad ni se improvisa. Se forja con talento, con una enorme dedicación al trabajo, con capacidad de anticipación, mucho diálogo, con miles de madrugones y con enormes dosis de tolerancia.

Ese amor por la tolerancia, por escuchar al que te desagrada, por convivir con quien no tiene tus ideas y respetarle sus derechos, empezando por el primordial, como es el de la vida; ese singular refinamiento espiritual: la inclinación por tolerar al otro, es algo que ha caracterizado la trayectoria de Luis del Olmo.

Escribió Bertrand Russell que «restringir la libertad de los aspirantes a asesinos redunda en interés de la libertad en general». Contra esa gran libertad se atentaba cuando se quiso asesinar al periodista.

Participo desde hace tres años en las tertulias matinales del programa Protagonistas de Onda Cero, que conduce Luis. A él debo agradecimiento por invitarme y reconocimiento por la enorme libertad que nos da a todos los que acudimos a su mesa. Jamás hubo una consigna, ni una insinuación, ni un veto. Ejerce hasta las últimas consecuencias su compromiso con la sociedad. Se sabe privilegiado, pero también comprometido con la defensa de los valores de la democracia.

Justamente todo eso es lo que pretendía hacer volar ETA: la libertad de expresión, la tolerancia, la aceptación del contrario, la libre circulación de ideas, la voz cálida de los amaneceres, la aventura de quienes nacen en un sitio y viven en otro, la mezcla, el mestizaje, el pluralismo; en definitiva, todo aquello que nos hace más libres y más humanos.

Los periodistas son incómodos para los dictadores y para los aspirantes a serlo. Luis del Olmo es históricamente uno de los profesionales que más ha combatido la atrocidad de ETA. Mi cercanía a él es probable que le haya dado algún exceso a mi texto. Se lo debía.

Luis del Olmo a sus asesinos:«Podréis matarme tarde o temprano pero habrá compañeros que seguirán defendiendo la libertad»
S. Recio - Madrid .- La Razón   18 Enero 2001

Con un vaso de agua, unas cuartillas encima de la mesa y acompañado de varios micrófonos, el periodista Luis del Olmo relató en uno de los estudios de la sede madrileña de Onda Cero cómo Eta intentó asesinarle siete veces seguidas, cómo un «monstruo» autodenominado Pepe Rey le «apuntó» en su revista «Ardi Beltza, cómo «le abrí mi corazón» a la viuda de Juan Miguel Gervilla, el guardia urbano que le salvó la vida el pasado 20 de diciembre.

    El informador leonés abrió su programa «Protagonistas» asegurando que «esta mañana me siento más vivo que nunca». Horas después anunciaba que iba a presentar otra denuncia contra Jose Rei. «La democracia no puede admitir a canallas como éste y hay que decirle basta ya. Nos están apuntando, está al servicio de Eta. ¡Qué mala suerte ha tenido Galicia en parir este monstruo!, un gallego que se esconde en las tierras vascas para apuntar y que otros disparen». A continuación reprochó al fiscal general del Estado, Jesús Cardenal, que no procese al director de la publicación «Ardi Beltza». «¿Hay alguien que duda? ¿Qué hace que no le encarcela?», se preguntó.

    Luis del Olmo explicó que el ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, le llamó el pasado domingo día 15, a las siete de la tarde. «Durante la conversación el ministro me comunicó que Eta tuvo la intención de quitarme la vida en siete ocasiones a la salida del trabajo». Es decir, que los seis días anteriores al asesinato del guardia urbano, Juan Miguel Gervilla, los etarras del «comando Barcelona» se acercaban al domicilio del periodista para matarlo. Juan Miguel Gervilla evitó que los terroristas en su séptimo intento colocasen el vehículo bomba en frente del domicilio del periodista.

    Por eso, Luis del Olmo tras conocer que Eta trató de asesinarle llamó a la viuda del agente. «Abrí mi corazón a ella y a sus hijos Oscar y Carlos». Guardando la discreción del contenido de la entrevista, el periodista añadió que «Juan Miguel le dijo a su esposa que si le pasaba algo, con dos cojones tenían que seguir adelante. Esta misma frase le repetí a Gemma para seguir educando a sus hijos y no crezcan en el odio a los asesinos de su padre».

    El director del programa «Protagonistas» también se dirigió a sus asesinos:«Queridos etarras es posible que lo consigáis pero si me quitáis de en medio hay tantos compañeros que recogerán el testigo para luchar por la libertad».

Venganza catalana
MIGUEL ESCUDERO El Correo  18 Enero 2001

De origen árabe, la palabra almogávar designaba a una tropa que hacía incursiones por las inciertas fronteras de España. En tiempos de la Reconquista todos los reinos cristianos de la península ibérica tenían almogávares, pero los más conocidos fueron sin duda los catalanes y los aragoneses. En Barcelona hay varias calles principales dedicadas a algunos de sus jefes, así Roger de Llúria (de cuyo estandarte tomó los colores el RCD Espanyol de Barcelona), Roger de Flor, Rocafort, Entença o Muntaner (que fue capitán y escribió unas célebres crónicas). A finales del siglo XIII la Corona de Aragón los envió más allá de sus fronteras para conquistar Sicilia. En 1302, Roger de Flor pactó con el Imperio de Bizancio ayudarlo contra los turcos, los almogávares tuvieron éxito y su jefe adquirió un inusitado prestigio. Recelosas, las autoridades bizantinas encargaron en 1305 su asesinato. La reacción de Berenguer d’Entença y Bernat de Rocafort contra aquella alevosía no se hizo esperar: durante muchos meses se sucedieron incursiones y saqueos de extrema violencia que llegaron hasta las puertas de Constantinopla. De entonces data la legendaria expresión de «venganza catalana».

El estallido de júbilo que se produjo en Barcelona cuando hace unos días la Guardia Urbana interceptó y capturó a dos asesinos etarras es de los que marca época. La gente no salió en manifestación convocada por los políticos, pero habría que oír las cosas que se llegan a decir en las tiendas, en los bares, en los autobuses, en las casas. Sería mejor no publicarlo, pero hay que saberlo. La ira contra ETA y sus «comprensivos correligionarios demócratas» rebasa lo que transmiten los políticos catalanes. A finales de año en el editorial de una revista satírica estudiantil barcelonesa se decía: «Ante el último atentado de ETA en Barcelona, a decir verdad ante el último y ante todos los que les han precedido: dejadnos en paz, no tenéis los huevos suficientes para dejar de matar y, aquí, ni se os quiere, ni se os respeta, ni, mucho menos, se os teme. Estamos hasta los cojones de vosotros, así que meteros vuestras bombas y vuestras pistolas en el culo y apretad el gatillo (o el detonador). Al resto del mundo y a todos los que desean la paz durante todo el año: ¡¡¡Feliz Navidad!!!».

Los simpatizantes del entorno etarra protagonizaron 681 actos de «kale borroka», el doble que en 1999, el año de la tregua - Los expertos creen que se está volviendo a los niveles más duros
La Ertzaintza detuvo a un radical por cada 5 casos de violencia callejera en el 2000
En Navarra se registraron un total de 98 incidentes y en el País Vasco, 583
FERNANDO LAZARO El Mundo  18 Enero 2001

MADRID.- Los jóvenes radicales del entorno de la organización terrorista ETA intensificaron sus acciones de kale borroka durante el pasado año de manera considerable. Según un estudio detallado, los radicales protagonizaron durante el año 2000 un total de 681 episodios de violencia callejera en el País Vasco y en Navarra.

Las dos terceras partes de los ataques tuvieron como objetivos a cargos públicos y dirigentes de los partidos políticos, sobre todo, del Partido Popular y del PSOE.

El año anterior, en 1999, los simpatizantes de ETA perpetraron un total de 390 acciones de violencia callejera. Hay que tener en cuenta que en 1999, la banda terrorista había declarado una tregua incondicional a la que puso fin en noviembre de ese año. Sin embargo, pese a este impasse de los terroristas, la violencia en las calles del País Vasco y de Navarra continuó durante todo el año. De hecho, la medida diaria fue de 1,06 acciones de terrorismo de baja intensidad.

Las detenciones practicadas por los diferentes cuerpos policiales también han sido significativas durante el pasado año. Así, la Policía Autónoma vasca ha detenido a 109 jóvenes por su presunta implicación en los 583 actos de kale borroka que se han producido en la Comunidad Autónoma vasca, es decir, una detención por cada cinco agresiones. El Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil han practicado 55 detenciones, fundamentalmente en Navarra, donde se produjeron 98 ataques.

El año anterior, en el 99, el año de la tregua, la Ertzaintza apenas detuvo a 41 radicales, mientras la policía capturó a 42 y la Guardia Civil a 17. Ese año, en la Comunidad Autónoma vasca se registraron 312 incidentes. En Navarra, hubo en ese plazo 78 episodios de kale borroka.

En 1998, el año antes de la tregua, la Ertzaintza capturó a 89 radicales, la Policía Nacional a 56 y la Guardia Civil a ocho.

Durante algunos meses del 99, la kale borroka estuvo más controlada por ETA, que al declarar la tregua bajó los índices de presión en las calles del norte de España. Sin embargo, se produjo un fuerte incremento cuando el dirigente de ETA Francisco Javier Arizkuren Ruiz fue detenido en Francia.

Ahora, según los expertos en la lucha antiterrorista, ETA y sus organizaciones satélites han recuperado sus niveles anteriores a la tregua en la violencia callejera. Incluso, según un estudio comparativo de los datos policiales, durante el 2000 se ha superado el número de episodios de kale borroka que se registraron también durante el 98. En concreto, hace dos años, los denominados por Xabier Arzalluz chicos de la gasolina, protagonizaron 489.

Fuerte aumento
Los expertos consideran que durante el año 2000 la violencia callejera en el País Vasco y Navarra ha vuelto a los índices más duros.

Los agentes de la lucha antiterrorista también constatan que durante el pasado año, pese al fuerte incremento de la violencia callejera, el número de detenciones en el País Vasco apenas ha variado con respecto a 1999, a pesar de que ese año prácticamente se produjeron la mitad de episodios de kale borroka que en el 2000. Este último año, la Policía Autónoma vasca apenas ha incrementado sus actuaciones sobre los grupos Y de apoyo a ETA, lo que ha provocado fuertes críticas tanto internas como externas.

A nivel interno, alguno de los sindicatos de la Ertzaintza más representativos, entre ellos ErNE, ya ha denunciado públicamente la falta de inquietud de los responsables políticos vascos ante la baja eficacia de la Policía Autónoma. Incluso, algún miembro del sindicato ha asegurado que trabajan con los pies y las manos atadas para combatir la violencia callejera en el norte de España.

Los datos cantan. Durante el año 2000, los chicos de la gasolina han protagonizado 681 actos de violencia. Según los datos recopilados por este periódico, fue enero del 2000, apenas dos meses después de que ETA anunciara el final de su alto el fuego, cuando los radicales se hicieron notar más por las calles del País Vasco y de Navarra. En concreto, perpetraron 124 acciones violentas. Otro de los meses más duros fue septiembre. Se contabilizaron hasta 96 actos de kale borroka.


Incremento de los encarcelados
Durante los últimos años, el número de jóvenes radicales que ingresa en prisión por su presunta participación en actos de violencia callejera perpetrados en el País Vasco y en Navarra ha aumentado de forma significativa.

Según datos del Ministerio de Justicia, de enero a septiembre del 2000, un total de 72 jóvenes acabó internado en un centro penitenciario. Esta cifra, no especificada al resto del año, prácticamente duplicó la de 1999. En ese año fueron 36 los jóvenes vinculados a la kale borroka encarcelados. Hay que tener en cuenta que la intensidad de los actos de violencia callejera disminuyó de forma considerable durante los meses en que la organización terrorista ETA mantuvo su tregua.

No obstante, la captura del dirigente etarra Kantauri en Francia provocó un leve incremento en los episodios de kale borroka.

El año anterior, 1998, los encarcelados por su presunta implicación en actos de violencia fueron 44. El único año que supera la cifra del 2000 fue 1997. En aquella época, los jueces instructores ordenaron el encarcelamiento de 95 jóvenes radicales por su presunta implicación en acciones del denominado terrorismo de baja intensidad.

Nuevos ataques
Por otra parte, un artefacto estalló el martes por la noche en la entrada de un concesionario de la marca Peugeot en la localidad vizcaína de Abadiño, según informó la Ertzaintza.

El artefacto explosionó hacia las 22.50 horas junto a la puerta de la entrada principal y causó daños en un vehículo particular que se encontraba en el taller del concesionario, en la pared y la rotura de cristales.

El fuego provocado por la explosión fue apagado por los ertzainas que se desplazaron al concesionario, sin que fuera necesaria la intervención de los bomberos.

La reparación de los desperfectos causados el pasado día 25 de diciembre por el lanzamiento de varios cócteles molotov contra el juzgado de paz de Amorebieta costará unos cinco millones de pesetas, informó ayer a Efe Begoña Azarloza, alcaldesa de este municipio.

La primera edil, del Partido Nacionalista Vasco (PNV)- que explicó que el arreglo de los daños no ha finalizado aún- lamentó que estos trabajos deban ser costeados por todos los contribuyentes, por mucho que el Consorcio de Seguros asuma la totalidad del presupuesto de su reparación.

El fuego causado por el impacto de los cócteles calcinó varios ordenadores y también provocó desperfectos en la entrada de la sede judicial y en parte del mobiliario del interior de las oficinas.

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