AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 19 Enero 2001
#Mantras
ANTONIO ELORZA El País 19 Enero 2001

#Estado autonómico, pero Estado
Editorial La Razón  19 Enero 2001

#Casualidades
Alfonso USSÍA ABC  19 Enero 2001

#Hablar a bombazos
Editorial El País 19 Enero 2001

#El test Mayor Oreja
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 19 Enero 2001

#Bienvenido al club, Luis del Olmo
ANTONIO BURGOS El Mundo  19 Enero 2001

#CiU, quiebra técnica
Editorial ABC  19 Enero 2001

#DURAN ESCENIFICA EL PATALEO
Editorial El Mundo   19 Enero 2001

#Amagar y no dar
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón  19 Enero 2001

#Ustedes que pueden, deténganlos
Miguel Ángel RODRíGUEZ .- La Razón  19 Enero 2001

#La tentación vive arriba
Valentí PUIG ABC 19 Enero 2001

#Neutralidad informativa
Pío Moa  Libertad Digital 19 Enero 2001

#Nuevas Generaciones afirma que ETA y el PNV buscan el exilio de 500.000 vascos
CARMEN GURRUCHAGA El Mundo 19 Enero 2001

#UA pide la modificación de la Ley de Docentes para evitar el uso político del euskera
L. R. N - Madrid .- La Razón 19 Enero 2001

#Cataluña: ¿anuncio de una grave crisis?
Editorial La Estrella 19 Enero 2001

#Diálogo o capitulación
Nota del Editor 19 Enero 2001

#PP y PSE culpan al PNV de la 'ineficacia' de la Ertzaintza
ASIER DIEZ MON  El Mundo 19 Enero 2001

Mantras
ANTONIO ELORZA El País 19 Enero 2001

La incapacidad del hombre para controlar la realidad explica el papel desempeñado por la magia en la historia de nuestra especie. Unos determinados procedimientos, gestos o rituales, el hecho de pronunciar una palabra o conjunto de palabras, un mantra, garantizan como mínimo al creyente una posición de privilegio sobre el común de los mortales, al mostrar supuestamente su condición de agente dotado de los poderes para dominar las fuerzas del mal que nos amenazan. Estar o no en posesión del mantra lleva a trazar una divisoria entre un nosotros y un ellos, el bien y el mal, lo sagrado y lo profano.

En los últimos tiempos, y por lo que concierne al problema del terrorismo, el mantra es sin duda la palabra "diálogo". El diálogo serviría, se ha escrito recientemente en estas mismas páginas, "para defender la vida". Negarlo equivale a instalarse en un escenario apocalíptico. Como suele ocurrir en los discursos de raíz religiosa, y el nacionalismo se instala en los mismos con plena comodidad, una, la del diálogo, es la senda del bien, y otra la de la perdición. Cabe preguntarse si las cosas son tan sencillas, porque no son cadenas de silogismos lo que puede hacernos entender la realidad vasca, sino el análisis de los agentes que intervienen en ella, de sus ideas y de sus acciones ya registradas, cuya previsión es lícita a la luz de los antecedentes disponibles.

Para empezar, si el diálogo se limita a eso, a ser diálogo, ETA no va a inmutarse. Seguirá matando todo lo que pueda, ante la amenaza difusa de una reconciliación entre los demócratas. Y, si se intenta dialogar con ella, remitirá de inmediato a las condiciones de rendición de la democracia española y de la democracia vasca contenidas en sus documentos. No parece una buena opción. Otra cosa es si, al decir "diálogo", estamos indicando la necesidad de una negociación política sobre el futuro vasco, entre los partidos democráticos, donde PNV y EA pusieran sobre la mesa su exigencia de "soberanía plena", por decirlo con Egibar, con el señuelo de convencer algún día a ETA de poner un freno -ni siquiera de renunciar- a la estrategia del terror, y frente a ellos los partidos estatutistas mostraran su "flexibilidad" renunciando de entrada a todo "fundamentalismo constitucional".

Entra aquí en juego la necesidad de aplicar el principio de realidad. Tal negociación carecería de sentido, salvo para llegar por otra vía a la misma rendición de la democracia exigida por ETA, porque Arzalluz-Egibar no plantean como objetivo un conjunto de reformas del orden vigente, más o menos aceptables, sino mediante eufemismos fácilmente legibles la destrucción de ese orden. No es dado aquí admitir que todo objetivo político resulta lícito. Ponerse la máscara de la democracia para reclamar un "marco vasco de decisión", la Gran Euskal Herria, cuando conocemos perfectamente el carácter ampliamente minoritario de la propensión independentista, salvo en Guipúzcoa y en la Vizcaya rural, es algo inadmisible. Las metas de Lizarra son verdaderos tigres de papel, por citar al viejo Mao, en un campo de juego democrático. Si tienen alguna virtualidad es porque detrás de las buenas palabras, de esa autodeterminación que gestionada por un poder abertzale sería una farsa tan lamentable como la actual supervivencia a favor de un vacío legal del Gobierno minoritario de Ibarretxe, se encuentra el terror de ETA. Y el vértice del PNV es plenamente consciente de ello y se beneficia de tal situación. ¿Qué "diálogo" es posible establecer con el nacionalismo llamado democrático en tales circunstancias?

El "diálogo" debería existir, pero en otro terreno, para fijar entre los demócratas -PNV, PP, PSOE, EA- el calendario electoral y para recuperar el consenso antiterrorista de los tiempos de Ajuria Enea. Un diálogo sobre los procedimientos políticos, no en torno a esos objetivos sobre los que planea la sombra del terror. Que hablen los electores y que, de acuerdo con los votos, se distribuya el poder entre los demócratas, en un marco de consenso antiterrorista, con la máxima voluntad de convergencia. Eso es lo deseable. Cuando exista normalidad y cese la presión de un terror nacionalsocialista, llegará el momento de que los vascos y los navarros, desde el recinto institucional vigente, determinen libremente su futuro.

Estado autonómico, pero Estado
Editorial La Razón  19 Enero 2001

La crisis de las «vacas locas» ha servido, al menos, para revelar algunas disfunciones en el comportamiento de los poderes públicos, especialmente en lo que concierne al funcionamiento del Estado de las Autonomías. Hace bien poco, el presidente del Tribunal Constitucional, Cruz Villalón, se mostraba partidario de una reforma de la Carta Magna para asentar la definición del Estado autonómico que ahí se bosqueja. No parece una mala iniciativa, si se realiza para la delimitación precisa de los deberes y los derechos del Estado en su conjunto, y los correspondientes a las Comunidades Autónomas.

    Porque lo que no puede admitirse es que un Estado se desprenda de sus competencias con el loable propósito de descentralizarlas y, por tanto, acercarlas al ciudadano, y, después, una vez otorgadas esas concesiones, tal Estado no tenga suficiente capacidad coordinadora. O, dicho vulgarmente, cada región haga de su capa un sayo.

    La última crisis alimentaria revela que, con las competencias distribuidas por Comunidades, parece que la responsabilidad del problema corresponde exclusivamente al Gobierno central. Y, más aún, que cada región puede tomar las medidas que le parezcan adecuadas, puede desmarcarse de la coordinación nacional para algunas cosas y, simultáneamente, puede derivar su responsabilidad al Gobierno nacional cuando lo que tiene entre manos es una «patata caliente».

    El ministro de Agricultura ha afirmado que varias Comunidades no informan sobre su actuación ante las «vacas locas». Ésta no es una cuestión menor, como tampoco lo es que determinados consejeros de gobiernos regionales se ausenten de una reunión con un ministro, aunque sea tan cuestionado como Villalobos.

    El Estado autonómico es un Estado. Y debe estar coordinado. Ésa es la función que corresponde al Gobierno de la Nación. No se puede saltar esta regla a la torera, porque da la impresión de que las competencias, una vez dadas, son utilizadas de forma «soberana» por algunas autonomías. Y aquí no hay más sobera- nía que la del pueblo español en su conjunto.

Casualidades
Por Alfonso USSÍA ABC  19 Enero 2001

En España se le ha dado siempre mucha importancia al hecho de ser millonario. Cuando pase un año, los millonarios experimentarán un descenso preocupante en el número de ejemplares. Hoy, con un millón de pesetas, literalmente se puede aspirar al título de millonario. Para serlo a partir de enero del 2002 —por favor, no me corrijan por «de 2002»—, habrá que poseer un millón de euros, que no es moco de pavo.

Existen millonarios de cuna y millonarios de trabajo. Entre los segundos destaca Luis del Olmo. Todos sabemos de dónde ha sacado el dinero. Acaba de superar los 8.000 programas de «Protagonistas», su gran invento radiofónico. Es decir, 8.000 madrugones, 8.000 mañanas entregadas al trabajo en directo, 8.000 tardes preparando el trabajo de las mañanas y 8.000 noches dándole al coco para renovar, mejorar o corregir aspectos y espacios de su programa. Y existen millonarios de cuna, como José Benigno Rey, alias Pepe Rei, que no han pegado con un palo al agua y tienen el suficiente dinero para editar revistas ruinosas que se mantienen en el mercado, gracias —seguramente— al apoyo patrimonial del editor. De no ser el tal Pepe Rei multimillonario, ¿cómo es posible mantener el tinglado de «Ardi Beltza»?

«Ardi Beltza» (la Oveja Negra) es una revista que llena un hueco en la prensa española. El gallego ex falangista José Benigno Rey ha especializado su publicación en la inducción al asesinato. Unos se dedican a la información general, otros a la economía, o al deporte, o a la ciencia o a la sociedad, y Pepe Rei ha orientado su revista —en la que colabora de cuando en cuando el juez Joaquín Navarro, antiguo «tertuliano» de Luis del Olmo— hacia la provocación del crimen. «Ardi Beltza» señala y apunta unos cuantos objetivos, y la ETA recoge la idea e intenta no decepcionar a Pepe Rei. A Luis del Olmo lo han señalado y apuntado en distintas ocasiones, y la ETA ha intentado asesinarle siete veces. Pero me interesa, más que la calaña repugnante del director de «Ardi Beltza», el soporte económico que aguanta su deficitaria publicación, a no ser, como antes presuponía, que Pepe Rei sea multimillonario y pueda permitirse el lujo de tirar su dinero provocando asesinatos. ¿Percibe «Ardi Beltza» subvenciones del Gobierno autónomo vasco? ¿Se financia con aportaciones de Euskal Herritarrok? ¿Quién absorbe sus pérdidas y quién paga sus nóminas y gastos? Si nada de esto sucede, se llega a la conclusión de que Pepe Rei es millonario de cuna, y que ha engañado a los que creen que se trata de un luchador nato. O recibe dinero a manta o pertenece a la «jet y la biutiful» financiera. O sea, que además de canalla, es un nuevo rico o un chorizo.

Al Pepe Rei éste, que quiere que maten a Luis del Olmo, y a Antonio Burgos, y a Carmen Gurruchaga, y a todo aquel que le moleste, hay que llevarlo ante el juez para que explique a Su Señoría el objeto social de su publicación, quiénes son sus socios o promotores, a quiénes presenta su cuenta de resultados, qué entidades bancarias le facilitan los créditos y en caso de amortizarlos, con qué dinero lo hace cuando «Ardi Beltza» es clamorosamente deficitaria. Y si resulta que el dinero es suyo y hace con él lo que le sale del güito, hay que meterlo en la cárcel, porque utilizar el dinero propio para que otros asesinen a inocentes es un gravísimo delito del que hay que responder ante la Ley.

Parece que al fin ha sido detenido y comparecerá ante la Justicia. No creo que a estas alturas, algunos periodistas, ayer «solidarios» con este pedazo de canalla, se atrevan a apoyarlo como antaño. Todos sabíamos que era colaborador de la ETA y aquí le llamaban «periodista comprometido con la democracia y los derechos humanos». Entre los que decían esto —y creo que no ha cambiado de opinión—, destaca el juez Navarro, que fue expulsado del programa «Protagonistas» de Luis del Olmo por mentiroso. Es decir, que negó haber colaborado en el diario «Egin», dirigido por Pepe Rei, olvidando que existen las hemerotecas. Le acusó de ello Ernest Lluch. Demasiadas casualidades. Cúidate, querido Luis del Olmo.

Hablar a bombazos
Editorial El País 19 Enero 2001

POR ORDEN del juez Garzón fue detenido ayer Pepe Rei, el director de la revista Ardi Beltza, especializada en poner en la picota a periodistas y lectura favorita de los activistas de ETA: varios ejemplares del último número, que contiene diversas insidias contra el periodista Luis del Olmo, fueron hallados en poder del comando Barcelona, que había intentado asesinarle en repetidas ocasiones.

Probar una relación directa, sustanciable penalmente, entre los escritos de Rei y los atentados de ETA no es fácil: el derecho penal exige pruebas de una responsabilidad personal indubitable, y buen cuidado tiene el interesado en no dejarlas a la vista. Garzón cree disponer, sin embargo, de indicios de una relación entre el equipo de investigación del diario Egin, que dirigía Rei, y ETA, motivo por el que le procesó en 1999, fecha desde la que está en libertad provisional. Los nuevos indicios que relacionan a la revista que ahora dirige con atentados recientes son interpretados por Garzón como prueba de que continúa su actividad delictiva de colaboración con banda armada. De ahí que ordene suspender su libertad provisional y pida al juez que investiga los atentados del comando Barcelona, Juan del Olmo, que se inhiba en favor de su propio juzgado. El magistrado tomará hoy la decisión tras interrogar a Rei.

Pero, además de la dimensión judicial, existe la política y moral. Hoy nadie ignora que la empresa de intimidación social organizada en torno a ETA requiere de colaboradores que extiendan las amenazas. ETA no tiene ningún interés en desmentir una relación entre los cientos de personas marcadas por la kale borroka (quema del coche, pintadas, acoso al domicilio) y los ulteriores atentados. Ese mismo papel de señalar a muchos, de los que sólo algunos serán víctima de los atentados, lo cumple la revista de Pepe Rei en relación a jueces, empresarios y, sobre todo, periodistas.

Luis del Olmo no suele callarse lo que piensa de los terroristas, y ése es el motivo por el que ETA ha intentado eliminarle. Se trata de una práctica fascista teorizada hace cinco años por los estrategas del asunto: "La dinámica de denuncia y presión que hay que realizar de los periodistas está por hacer. (...) Hay que crear una dinámica que tenga que desarrollarse desde otros tipos de lucha para que luego la lucha armada tenga un apoyo sólido". O sea: contra la palabra, insidias; y luego, bombas.

El test Mayor Oreja
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 19 Enero 2001

El ministro Mayor Oreja nos ha proporcionado un test con el que podemos detectar de un modo exacto qué ciudadanos y con qué grado de responsabilidad están contribuyendo al Terror, al mantenimiento de ETA y, en definitiva, a su triunfo aun cuando rechacen de modo radical el terrorismo como método. Los diez tópicos que analizó el ministro en su conferencia de la Academia de la Historia, y que publicaba ayer ABC, no sólo resumen la estrategia propagandística de ETA —y de los partidos autodeterministas— sino que nos permiten reconocer hasta qué punto está siendo eficaz.

La simple lectura de los diez tópicos es, por otro lado, un guión precioso para el debate ideológico frente a ETA y sus colaboradores de Estella. Estructura el debate y obliga a la reflexión a tantos que, con buena o mala fe, están contribuyendo al debilitamiento del Estado de Derecho y de la idea de España aunque hagan aspavientos antiterroristas. Este enunciado de tópicos permite reconocer a los colaboracionistas descarados así como a los agazapados y sobre todo a los tontos útiles del Terror. Son muchos, de condición variada y están entre nosotros. El síndrome del miedo les lleva a aceptar tesis entreguistas aunque la experiencia les da que ETA los respetó muy poco. La gama va desde los que dan como segura la derrota de la estrategia policial, los que defienden la negociación con ETA para buscar una salida autodeterminista, a los que restan importancia al pacto de Estella...

Gracias a este test podemos establecer los grados del seguidismo intelectual a ETA aun cuando se esté en contra de sus métodos terroristas. Porque la adhesión o el rechazo de la violencia no es la única vara para medir el colaboracionismo con aquélla (hasta HB hace ascos, a veces, al Terror) sino la defensa de todos los argumentos que llevan a las tesis de ETA. En ese sentido hay un tópico (no citado por el ministro) según el cual toda opción política es defendible en democracia, incluida la independencia. Esta obviedad es perversa democráticamente en la medida que cuenta con la división del trabajo entre los que matan por ese objetivo y los que lo defienden en uso de la libertad de expresión. Se llega a más: se da por supuesto que algo que puede enunciarse es ya legítimo e incluso plausible (la independencia, por ejemplo) y se considera poco democrático al que pone en duda la legitimidad de esa hipótesis. Por ese sistema formal se llega a defender al PNV y sus tesis: tan sólo por ser realmente existentes.

No menos perverso intelectual y democráticamente es otro tópico lanzado por ETA y manejado hasta la saciedad por el PNV que no ha sido citado por el ministro, sin duda, por pudor. Me refiero a la descalificación del PP como aspirante a la hegemonía en el País Vasco. Se considera que una mayoría del PP sería una provocación y un peligro para la estabilidad. De lo que se deduce que en este caso la voluntad popular puede llegar a ser desestabilizadora. Según estos finísimos demócratas con frecuencia socialistas, el PP no sólo está cometiendo el error de querer desplazar del poder al PNV sino que tiene la audacia de nombrar un lendakari ¡ministro del Interior!

Lo más llamativo del caso es que esta argumentación ha llegado a penetrar en el propio electorado del PP. No son pocos los militantes o votantes «populares» que dudan de la corrección de la estrategia de poder que se ha marcado su propio partido. Ha arraigado tanto la creencia en que el País Vasco es cosa de abertzales que se llega a poner en cuestión la propia representación popular. Es obvio que quienes opinan así creen en los tópicos del nacionalismo, aun cuando no lo sean, y coinciden con ellos en sus concepciones sobre el «pueblo», en la definición de éste como «comunidad euskaldún» y en que existe una diferencia real a favor de ésta y frente al resto de la «sociedad». Se trata de un derrotismo tan arraigado en el etnicismo como el triunfalismo de los abertzales. Es quizá el triunfo más sibilino de ETA.

Bienvenido al club, Luis del Olmo
ANTONIO BURGOS El Mundo  19 Enero 2001

Tendrás ahora mismo, querido Luis del Olmo, un síndrome que no ha sido descrito. El de los secuestrados fue el de Estocolmo; al paso que vamos, éste será el síndrome de España. Te lo describo someramente, como si a Noé le pidieran un artículo sobre el diluvio. Habrás experimentado un raro sentimiento, preguntándote qué iban a solucionar los asesinos con tu muerte. Y lo terrible de sentirte Lázaro, ver cómo te abrazan apretándote, tocándote como a un aparecido, con la alegría de que los asesinos no hayan conseguido lo que querían. Porque a esta hora, querido Luis del Olmo, eres el hombre más abrazado de España. Te habrán dado todos los abrazos del mundo, por la calle, por carta, por telegrama, por teléfono, por correo electrónico.

Te dirán, Luis, que ya puedes estar tranquilo, que cuando estos asesinos fallan nunca vuelven a intentarlo. Y seguirás sin comprender nada, nunca podemos comprender la negación de las libertades. Porque inmediatamente añadirán lo de «cuídate, cuídate mucho», bolero sentimental que suena en la radio de todos los corazones que no sabías que te quisieran tanto. Estarás viendo que la gente te quiere más de lo que tú pensabas, que en el cara y cruz de la vida y de la muerte, no hay colores ni ideologías. Todos somos del mismo bando.

Y lo más terrible, Luis, es que habrás visto tu propio entierro, como le dije en su día a Carlos Herrera: «Eres como Miguel Mañara, el del mito del Tenorio, a quien Dios le hizo contemplar su propio entierro para que cambiara de vida». Sólo que nosotros, Luis, hemos visto nuestros casi obituarios, los artículos de los amigos, no para cambiar de vida, sino para continuar en este bendito descarrío de la defensa de la libertad. Igual que Carlos Herrera me la dio, yo ahora, querido Luis, te expreso la bienvenida al club. Cuyos socios seguimos como si no hubiera pasado nada. Porque lo que la gente no acaba de creerse es que para nosotros no ha pasado nada, apenas comprobar que ya piensan todos lo que nosotros pensábamos sobre ese asesino innombrable de la revista de la muerte. Para las que ha pasado, y mucho, ha sido para Mariló, para Isabel, para Mercedes. Y eso no lo sabe la gente. Como no sabe que ahora más que nunca le hemos puesto a la vida ese nombre de mujer. Ellas sí que comprenden que la mejor victoria de la libertad contra la muerte sigue siendo la palabra.  www.antonioburgos.com

CiU, quiebra técnica
Editorial ABC  19 Enero 2001

A tenor de las declaraciones del nuevo hombre fuerte del gobierno catalán, Artur Mas, y de las ásperas críticas surgidas de Unió, cabe colegir que CiU era una coalición ficticia que, lejos de compartir objetivos, se engrasaba por su valor como coartada transversal del nacionalismo pujolista. El presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, era consciente de que su retirada del primer plano iba a provocar una sacudida de imprevisible dimensión en ese aparato electoral y ahí está la clave de su celeridad a la hora de atar la sucesión y el reequilibrio de poderes. Como en la vieja praxis quirúrgica, rapidez y un cierto corte por lo sano han marcado las dos últimas semanas en el seno de la coalición, una plataforma de partidos cuya crisis se ha llevado al propio núcleo de la Generalitat. Tales sacudidas han puesto en el más grave brete de su historia a esa conjunción de intereses entre convergentes y democristianos, que ahora deberán recomponer sus relaciones con la seguridad absoluta de que Pujol se ha decantado por un hombre de partido, fiel a sus planteamientos pero eminentemente práctico, que se afilió a CDC a los 31 años, cuando ya llevaba cinco en altas responsabilidades de la Administración autonómica. Haber optado por Duran sin que éste hubiera hecho el sacrificio de diluir Unió como un azucarillo en el café de Convergència hubiera resultado todavía más traumático. Por no hablar, además, de la repentina floración del caso Pallerols de supuesta apoyatura financiera irregular de Unió.

Unió se ha dado dos meses para resolver la crisis. En ese tiempo pretende enhebrar con CDC un nuevo acuerdo de coalición que elimine las cuotas discriminatorias y esa propensión de los líderes convergentes a informar a los de Unió cuando las noticias ya acumulan polvo en la bandeja de los teletipos. Sin embargo, la desconfianza de unos, el desprecio de otros y casi la certeza de que una derrota de Artur Mas en las próximas autonómicas no sería asumida como un fracaso de la coalición —si es que dicha coalición aguanta el tirón de esta crisis—, sino como la primera y definitiva derrota de Pujol complica el nuevo pacto. No parece una impostura el creciente eco de Unió en favor de la ruptura. Es más, puede que sea necesario, en pro de su propia supervivencia, que Unió afronte una campaña en solitario para zanjar definitivamente el debate sobre la importancia de los democristianos en el ámbito electoral. De lo contrario, CDC podrá renovar la sempiterna tesis de que el actual 25 por ciento de representación en las listas electorales o el 33 por ciento que está dispuesto a conceder ahora son porcentajes muy por encima del peso real de Unió. En estas horas, el escenario más plausible es una refundación de CiU a la que se deberá llegar sobre dos niveles de acuerdo: los públicos y los relacionados con el escenario tras una derrota frente a Pasqual Maragall en 2003. Hasta ahora, CiU se había interpretado como una coalición enferma de una salud de hierro. A partir de estos momentos, el paisaje sí que está abierto a otras hipótesis. El silencio de ERC es casi tan significativo como los intangibles que relacionan algunas posturas de Unió, pese a su radicalismo congresual, con el PP e incluso los socialistas catalanes. Pero con independencia de las repercusiones en el panorama político, la crisis de CiU revela un cierto agotamiento del proyecto político nacionalista. Así lo ha entendido Pujol y en un intento de reconstrucción de este complejo sistema se debe enmarcar el ascenso de Mas al puesto de jefe de gobierno autonómico. De otro modo no se explica el bajo tono de la «cumbre» catalano-balear, con un Pujol reticente a hablar sobre la crisis, un Mas ausente del encuentro y un Duran recién aterrizado de México. Mientras el presidente balear Francesc Antich hablaba de «involución» autonómica, Pujol rebajaba el mensaje a términos de «escasa sensibilidad». Es obvio que al líder de CiU le ocupan otros menesteres y que la crisis de la coalición no es ninguna amplificación periodística removida por Unió.

DURAN ESCENIFICA EL PATALEO
Editorial El Mundo   19 Enero 2001

Los duros términos del ultimátum lanzado por el partido de Duran Lleida a su socio Jordi Pujol -o en dos meses refundamos la coalición o la rompo- podría hacer pensar que estamos ante un escenario de ruptura formal. A lo mejor sería así en cualquier otro país o comunidad. Pero no en Cataluña. De hecho, la tranquilidad y mesura con la que CDC respondió ayer al ultimátum indica que, una vez más, estamos ante una especie de escenificación del desacuerdo. Duran hace uso de su derecho al pataleo -no es para menos, ya que esta vez Pujol le ha dado en plena línea de flotación nombrando a Mas jefe de su Gobierno- y Pujol aguanta el tirón, se somete a un pequeño desgaste y, finalmente, se sale con la suya.

En realidad, a pesar de que el propio Pujol le utilizó hábilmente cuando Miquel Roca jugó a la sucesión, las posibilidades de que Duran fuera el heredero eran casi remotas, teniendo en cuenta la correlación de fuerzas dentro de la coalición. Por ello, lo que ha pasado no puede sorprender al líder de Unió. Otra cosa distinta es que tenga que mostrar su enfado y esta vez lo haya hecho con más contundencia que en el pasado.

Sin embargo, la sangre no llegará al río. Porque ambos socios se necesitan para sobrevivir. Es verdad que Jordi Pujol tiene mucho que perder si se rompe la coalición. Pero es que Duran lo perdería casi todo. Su partido nunca se ha presentado a las elecciones en solitario y la marca democristiana -por mucho pedigrí que tenga- nunca ha sido precisamente un semillero de votos.

Unió ha dado a sus socios un plazo de dos meses para renegociar el statu quo de la coalición. Tiempo más que de sobra para llegar a un acuerdo que las dos partes puedan vender como una victoria. Duran pretende lograr más parcelas de poder en el Gobierno, más porcentaje en las listas electorales y un reconocimiento por escrito de que la coalición es entre dos iguales. A Pujol no le importará nada que consiga todo eso. A cambio, una vez más, él se habrá salido con la suya.

Amagar y no dar
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón  19 Enero 2001

El pobre Durán i Lleida se ha preparado concienzudamente durante quince años para suceder al Gran Timonel Escalador, al Fabulador Supremo, al Pontífice Inspirado, al Estratega Invicto, a la Leyenda Viva, al Implacable Padre Castrador. Y cuando ha llegado la hora de la verdad, cuando su madurez política ya estaba cuajada, su proyección nacional, estatal, europea e internacional consolidada, sus amistades de Baqueira felizmente trabadas y su capacidad de financiar imaginativamente el partido eficazmente demostrada, cuando había conseguido elaborar un discurso propio y diferenciado sin caer en la heterodoxia, pero matizadamente discrepante del Jefe de la Tribu, va el President y se saca de la barretina un yuppy soberanista de mandíbula rotunda y ambición incontenible, amigo de los hijos todos colocados, bien visto por la Martona, pletórico de salud y aficionado a los viajes en helicóptero.

    La forma elegida por el Muy Endeudable para designar heredero ha sido muy típica de su carácter y de su concepción de su propio poder. Por supuesto, no ha consultado a nadie más allá de los espectros de Maciá y Companys y del estricto círculo consanguíneo en primer grado. Los asuntos de la empresa familiar se discuten y preparan en casa, no faltaría más. Unió se ha encontrado el pastel guisado y servido sin tiempo a reaccionar, esto es lo que hay, lo tomas o lo dejas, y si lo dejas prepárate a pasar frío porque el exterior de la coalición es oscuro e inhóspito y Ubú sigue vivo tutelando el proceso. Parece mentira que un tipo experimentado y en absoluto tonto como el cada día menos joven dirigente democristiano línea flexible haya abrigado en algún momento la esperanza de hacerse con la primogenitura del tinglado, a la luz de la experiencia acumulada. Si ni siquiera un personaje de la habilidad, prestigio y conchas de Miquel Roca pudo alterar lo que sólo podía dejar atado y bien atado el amo indiscutido de la finca de la manera y en la persona que él decidiese, el esforzado Durán no debía haber puesto sus ojos en un sitial tan alto. Lo más prudente para el socio minoritario cuando pintan bastos es poner al mal tiempo buena cara, atrapar una Consejería más si se tercia, preferiblemente de presupuesto abultado para mejor servir a la causa de las libertades patrias, y dejarse de dimisiones, amenazas de ruptura y otros gestos dramáticos, que únicamente consiguen causar el regocijo de la otra parte contratante y la displicencia compasiva de los votantes. Más vale veinticinco por ciento en mano que cabecera de cartel volando.

Y ni que decir tiene que la pretensión de obtener de golpe la mitad del patrimonio como justa compensación a la pérdida de unos soñados derechos sucesorios, no está mal como elemento de presión, pero no se la creen ni los que la plantean. Amagar y no dar, destino fatal del subordinado, eternamente condenado a comer las sobras del que manda. Votos son triunfos, y parece mentira que todavía haya quien no se entera.

Ustedes que pueden, deténganlos
Miguel Ángel RODRíGUEZ .- La Razón  19 Enero 2001

La campañita socialista del «ustedes que pueden» me pareció desde el principio una cosa infantil como cuando los que eran jóvenes en los 70's empezaban los escritos diciendo «losabajofirmantes». Lo que pasa es que eso del «ustedes que pueden» da juego.

    Ahora que Garzón ha conseguido detener a aquel tipo que publica en su revista la fotografía de los condenados a muerte, pregunto a los «ustedes que pueden» si estarían dispuestos a tenerle en su tertulia y a entrevistarle.

    El ministro del Interior ha declarado en una entrevista que no debemos hacer caso de las «mentiras» de Eta y del nacionalismo, y me ha parecido acertada la exposición. Una de las mentiras es que no se va a terminar con el terrorismo por la vía policial y judicial. Los «ustedes que pueden» quieren terminar con ellos agotándoles a hablar en su radio, y los terroristas se están partiendo de risa todavía. No creo que fueran a matar a Luis del Olmo porque no les gusta cómo dialoga, sino porque habla claramente contra ellos y a favor de la Paz, de la Libertad y de la Democracia.

    Garzón ha venido ayer a darnos una nueva esperanza: la Justicia tiene que poder en su batalla contra la injusticia y el crimen. Qué quieren que les diga, yo no pido diálogo para terminar con el nazismo ni con el fascismo. Yo digo, «ustedes que pueden, deténganlos, júzguenlos democráticamente y luego, si les parece, les vamos a entrevistar a la cárcel», dado que a sus víctimas ya no podemos resucitarlas.

    Mañana saldrán los de la campañita de la «libertad de expresión», como si ver tu foto en esa revista fuera lo mismo que verla en «Actualidad Económica». A veces, hay gente que quiere volvernos locos.

La tentación vive arriba
Por Valentí PUIG ABC 19 Enero 2001

La radio autonómica catalana cada vez dedica más amplio espacio a los temas gastronómicos, con un toque de «nouvelle cuisine». Falta relativamente poco para que se instituyan los modos, cánones y procedimientos de una cocina nacional catalana. En cuanto a la política, estamos en el ámbito del patio de recreo, con viajes a México para lograr condimentos de gran altura. Llega Duran Lleida de México DF y los cónclaves democristianos se prolongan hasta la madrugada mientras Pujol apacienta sus huestes con Artur Mas en el papel de clónico circunstancial y con hipótesis de futuro. Como de costumbre, los democristianos van a pretender imponer una agenda a los pujolistas, con un efecto general de repercusión muy relativo. Ese es el rol político de los atavismos de la transición a la catalana, a expensas de que Mas resulte ser un candidato que asume o no las posibilidades electorales de Duran.

Por Convergència, Artur Mas sube en las evaluaciones demoscópicas porque desde hace un tiempo se le van sumando atribuciones públicas, para culminar en su aposentamiento como «conseller en cap». Guardando las distancias, estamos entre Joe DiMaggio y Arthur Miller cuando consecutivamente optaban a la solicitación marital de Marilyn. En este caso, Pasqual Maragall representa un embrollo propio de «Con faldas y a lo loco». Al PSC-PSOE se le nota disciplinado y asequible, porque está olfateando poder. Rodríguez Zapatero les está dando impulso frutal de vitamina B.

Con todo ese vaivén, queda en la reserva la renovación del lenguaje político del catalanismo, a pesar de que se hubiera podido suponer que era algo en lo que competían Convergència y Unió para protagonizar el cambio de siglo, digno de ser avizorado desde los despachos del departamento de Cultura. El día a día se está comiendo lo mejor de la política catalana, por residual que sea. Sorprende así en cierta manera la carencia de inmediata presencia de lo que hace poco se llamó el «efecto Piqué». Tal vez por eso se quejan los nacionalistas de la falta de tráfico transnacional en el aeropuerto del Prat.

En términos de símil político, estamos entre los fogones de Santi Santamaria y las cocinas de Ferran Adrià, aunque luego puede resultar que todo se arregla en un agradable reservado del Via Véneto. De Duran Lleida algunos esperaban a que su regreso de México hubiese quedado iluminado en visión por aquellas sustancias iniciáticas que tomaban los indios tarahumara. Por lo demás, su dilema político transita entre la paciencia y la impaciencia. En cualquier caso, en los análisis más pesimistas de CiU se cuece, momentáneamente y de forma improvisada, la administración de la derrota.

El capital simbólico del nacionalismo requiere de un Alan Greenspan que contabilice bien el «Nasdaq» del postpujolismo. Eso no se enmienda con conciliábulos de madrugada ni con asaltos al tren. Es materia de cálculo y de conseguir equidistar los roces con el gobierno de Aznar. La batalla por el centro nunca había sido tan cruda. Todo viene a coincidir, más o menos, con las valoraciones estratégicas previas a la tercera guerra púnica.

Neutralidad informativa
Por Pío Moa  Libertad Digital 19 Enero 2001

Un reportaje de Telemadrid sobre “los caminos de Euskadi” ha desatado una polémica en torno a la neutralidad informativa. Creo que esta neutralidad es una exigencia fundamental del periodismo honrado, incluso en tales asuntos, y que no implica que quien la cultiva, “lavándose las manos, se desentienda y evada”, como decía el poeta animando a los jóvenes a ser sectarios.

La neutralidad informativa no impide que gente como Otegui hable (lo está haciendo y declarando la guerra todos los días). Pero sí exige que sus palabras vayan acompañadas de información sobre los crímenes, las extorsiones, la “kale borroka” que él promueve, sobre su posibilidad de expresarse en democracia mientras los suyos asesinan a los discrepantes. En realidad, nada hay más demoledor que la neutralidad informativa para esos nacionalismos. Pero permitir a Otegui expresarse, sin recordar al mismo tiempo el contexto de sus palabras, no es neutralidad informativa, ni siquiera información, sino propaganda etarra, por mucho que se deje a otros defender ideas contrarias. Y que un medio público, sufragado por los ciudadanos, haga propaganda de la ETA, es un acto fraudulento. Quien quiera hacer esa propaganda, puede ir a Deia o a Gara.

Es como si se diera la palabra a los nazis --lo que me parece muy bien-- olvidando sus campos de concentración, su racismo, o sus pretensiones de dominación mundial. O a los comunistas, pero silenciando su sanguinaria tiranía. A los nazis ni se les permite hablar, cosa injusta a mi entender, mientras que los comunistas (desde Castro a Carrillo o los comunistas chilenos) se expresan libremente (¿y por qué no?) sin que se recuerde como es debido sus siniestro historial (¿por qué?). Esa discriminación explica que a los asesinos comunistoides de la ETA se les hagan esos servicios incluso en Telemadrid, no digamos ya en la televisión vasca (en realidad del PNV).

Más de lo mismo: en una tertulia radiofónica, un majadero parloteaba sobre que el “problema vasco” se remontaba a 1723, e incluía el carlismo y no sé qué más. No hay problema vasco, sino del nacionalismo vasco, creado hace algo más de un siglo por un racista fanático, violento e ignaro, autor, entre otras maravillas, de ese término “Euzkadi” o “Euskadi”, que usan reverencialmente los que quieren pasar por neutrales, mientras los propios nacionalistas van abandonándolo discretamente a favor de “Euskal herria”. “Euzkadi” es una palabra sin sentido en vascuencia, como explicaba Unamuno y recuerda Juaristi: algo así como “bosque de euzkos”, sea eso lo que fuere. Y concentra en su sinsentido toda la farsa del nacionalismo.

Nuevas Generaciones afirma que ETA y el PNV buscan el exilio de 500.000 vascos
CARMEN GURRUCHAGA El Mundo 19 Enero 2001

MADRID.- El presidente de las Nuevas Generaciones del País Vasco, Santi Abascal, aseguró ayer que ETA y la «burguesía nacionalista atolondrada y acomodada», en referencia al PNV, buscan «provocar el exilio masivo de los 500.000 vascos rebeldes que les sobran en su proyecto totalitario y aldeano» Esta afirmación forma parte de un documento que su organización presentará en el XI Congreso de Nuevas Generaciones que las juventudes populares celebran este fin de semana en Madrid.

Bajo el título La rebelión por la libertad en el País Vasco, este manifiesto gira sobre tres epígrafes y sitúa el terrorismo y la «falta de libertades en el País Vasco» como el primer problema de España, al tiempo que define el «miedo como el elemento más cotidiano en el País Vasco». Propone una «rebelión» en Euskadi de la mano de PP y PSE-EE para articular la alternativa al nacionalismo en el Gobierno vasco.

Para las Nuevas Generaciones del País Vasco, ETA es la «mayor pesadilla para los españoles», ya que, a su juicio, los ciudadanos la perciben, «junto con los actuales dirigentes nacionalistas, como la mayor amenaza de los últimos 30 años». En el escrito se asegura que «la ayuda del miedo» ha facilitado que el PNV se mantenga en el poder durante 20 años, tiempo en el cual «se ha socializado el pánico a ETA, y un temor reverencial, como a un amo, al PNV».

Por otro lado, la ponencia política abriendo caminos propone seguir siendo una organización «inconformista» a pesar de la servidumbre que tiene el hecho de ser las juventudes del partido que gobierna. Apuesta por la participación de esta organización en las acciones de gobierno, pero sin olvidar su «talante juvenil». Asegura, no obstante, que la generación actual, la de la democracia, es una «generación en transformación», a la que hay que responder con nuevas propuestas y a la que hay que convencer de la importancia de participar.

Para Nuevas Generaciones, hablar de políticas de juventud, implica la participación directa de ese sector social en la vida que los jóvenes. Con esta declaración de intenciones, aspirando a potenciar la «plena ciudadanía de los jóvenes», se abre el programa político de la organización.

UA pide la modificación de la Ley de Docentes para evitar el uso político del euskera
L. R. N - Madrid .- La Razón 19 Enero 2001

Unidad Alavesa contempla «con estupor» cómo en los últimos años «se ha producido una desviación del objeto y espíritu de la Ley de Cuerpos Docentes de la Enseñanza no Universitaria».

    La portavoz de UA en el Parlamento Vasco, Enriqueta Benito, señaló a través de un comunicado que «es posible que el legislador tuviera como objetivo el dar respuesta a las necesidades de euskaldunización del sistema educativo pero sin perder de vista que el fin de cualquier sistema educativo es formar personas autosuficientes, y que el euskera no era más que una parte mínima del curriculum».

Cataluña: ¿anuncio de una grave crisis?
Editorial La Estrella 19 Enero 2001

Los medios de comunicación, catalanes y no catalanes, están entregados estos días a la tarea de conceder espacios y titulares abundantes al problema que le ha salido en pleno rostro a Convergència i Unió, la coalición catalana de gobierno que preside Jordi Pujol. Por la lectura de la información que trasciende se intuye que todo el misterio de la remodelación que está haciendo Jordi Pujol apunta al nombramiento de su "delfín" en la persona del consejero Artur Mas. Y por lo que no trasciende, pero está en el ánimo y conocimiento doméstico de los observadores de la situación, se deduce que Artur Mas puede que no sea más que el instrumento del cerebro de Pujol para que el futuro vaya definiendo, sin prisa pero sin pausa, nuevos logros institucionales dentro de la vindicación nacionalista del president. Artur Mas no pertenece a la historia de la Cataluña nacionalista de Maciá o de Companys, pero ese cargo que se ha sacado Pujol del baúl de los recuerdos, el de conseller en cap, es historia pura, catalanismo del bueno.

La Generalitat catalana de toda la vida –o al menos de la vida nacionalista que importa a Pujol a la hora de recuperar hitos institucionales de relieve– contaba con un president y, al tiempo, con un conseller en cap, réplica aproximada, en modelo regional, de la fórmula del Estado que también cuenta con un presidente y un jefe de gobierno. En los primeros años de la hégira pujolista ya se planteó la conveniencia de resucitar al conseller en cap, pero Jordi Pujol se resistió a compartir con alguien su poder de president de todo, según consta en los anales de 1982, cuando Esquerra Republicana exigía volver a tiempos del nacionalismo histórico. Pujol ha esperado a contar con cimientos y poder para dar este paso institucional –en el camino de la emulación del propio Estado–. Lo demás son, a nuestro juicio, flecos de la reforma que, sin duda, pueden conducir a una crisis catalana.

Los socialistas catalanes se han opuesto a la creación de la figura del conseller en cap porque "no está contemplada en la legislación", pero este reparo no afecta a Pujol, a quien lo único que, en este caso, importa es la Historia más que otra cosa. Naturalmente, no hace falta insistir en que, al margen de este sentido institucional que Pujol desea imponer cara al futuro institucional de la Cataluña que viene diseñando con habilidad y tacto desde hace décadas, la reforma lleva también implícito el deseo de Pujol de contar con una persona de su máxima confianza y preparación para que algún día pueda ser su sucesor.

Aparte de lo dicho, no está de más aceptar que el plan del presidente Pujol tiene también su impacto inmediato, que se traduce en la zozobra del socio de la coalición (Unió Democrática de Catalunya) y, lo que es más importante, en la indignación del líder de este grupo, Josep Antoni Duran Lleida, que, razonablemente, se siente preterido por Jordi Pujol en el diseño de su futura estructura de Gobierno. Pero ésta sería sólo, a nuestro juicio, la derivación por rechazo de una crisis política interna. La reacción de Duran Lleida, consecuencia inevitable de la maniobra de Pujol, es la que, con el tiempo, y si la falta de entendimiento entre los socios de CiU se hace endémica, podría ocasionar una grave profundización de la crisis catalana con imprevisibles repercusiones.

Que Dura Lleida está molesto, no es nuevo. Y que desde su entorno se ha difundido la especie de que sin compensaciones acordes con el peso de Unió y del propio Duran Lleida este líder y este partido no transigirán, tampoco es cosa nueva. Lo último que se ha sabido es que al líder de Unió no le repugnaría mucho, en estas condiciones de marginación, dejar la coalición. Dicen quienes le conocen que si la "humillación" de Pujol se mantuviera, tampoco haría muchos ascos a integrarse en el Gobierno nacional, detalle que tampoco es la primera vez que se haya considerado en las últimas crónicas políticas sobre la situación de CiU.

Diálogo, nacionalismo y Constitución
JOSEBA ARREGI El País

He leído con mucho interés, y creo que atentamente, la opinión que Antoni Comín i Oliveres y José I. González Faus han puesto de manifiesto en su artículo ¿Diálogo para qué? Para defender la vida (EL PAÍS, 15 de enero de 2001). Todos tenemos siempre mucho que aprender. Los vascos necesitamos todas las ayudas posibles en los difíciles momentos que vivimos. Es de agradecer el esfuerzo de matización y argumentación de la que dan prueba estos dos autores. Vaya por delante que comparto básicamente el tenor fundamental de este artículo.

Pero, puesto que el diálogo, de verdad, no es posible sin crítica -la de las propias posiciones y la de los demás, pues, como escriben los autores citados, sólo se puede dialogar sobre lo que nos separa-, me gustaría dialogar con estas personas y con sus opiniones, dando expresión a algunas diferencias que mantengo con su argumentación. Son bastantes las que mantengo con aspectos puntuales del artículo.

Así, por ejemplo, si es un error que el PP piense que se defiende mejor el derecho a la vida echando al nacionalismo del Gobierno de Euskadi, y comparto la opinión de los autores, también lo será que para asegurar la tregua y la paz fuera necesario echar a los no nacionalistas del Gobierno, gobernar sólo los nacionalistas y seguir haciéndolo.

También tengo diferencias respecto de la afirmación de los autores de que el Pacto de Estella-Lizarra "no obliga, en ningún caso, a entrar en él a quien no quiera hacerlo". Pero el pacto -el de Estella-Lizarra- era condición necesaria para el mantenimiento de la tregua y la consecución de la paz. En esas condiciones, ¿qué significa afirmar que no obliga a quien no quiera? ¿Es el chantaje -si quieres tregua y paz, entonces soberanía- una obligación? ¿Y si no lo es, qué es entonces?

Pero la diferencia fundamental que me surge de la lectura del artículo no está dirigida a ninguna opinión concreta, a ningún argumento en particular. Los autores afirman con rotundidad que PNV y EA tienen todo el derecho del mundo a defender la soberanía, la autodeterminación y el "ámbito vasco de decisión", siempre que, para ser considerados demócratas, se basen en el respeto del derecho a la vida y en el respeto, que no posicionamiento a favor, de la Constitución.

De la misma forma afirman que es legítimo que el PP se identifique con la Constitución, con la defensa que en ella se hace de la unidad de España y con el Estatuto vasco. (Curiosamente, parece que, en opinión de los autores, el PSOE no defiende ni lo uno ni lo otro, tampoco en el Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo que han firmado con los populares). Y porque ambas posturas son de derecho y legítimas, los autores afirman que el diálogo consiste precisamente en hablar de esas posturas radicalmente separadas y en no poner como condición para hablar la renuncia a ninguna de esas posturas legítimas. Pero, estando de acuerdo con la última apreciación sobre no condicionar el comienzo del diálogo a ninguna renuncia, aquí empiezan mis preguntas. Cada parte tiene su derecho legítimo, no hay razones para pedirles que renuncien a nada; ¿en qué consiste entonces el diálogo? ¿En la constatación de las diferencias? ¿En la reafirmación del derecho y de la legitimidad de los planteamientos de cada uno?

Los autores apuntan a una respuesta posible citando a Ernest Lluch y a Miguel Rodríguez y Herrero de Miñón. Apuntan a una reforma e interpretación de la Constitución que satisfaga, al mismo tiempo, los dos derechos y las dos legitimidades, fórmula que se me antoja como la cuadratura del círculo, si no hay algún movimiento de renuncia en alguna de las dos partes, en alguna de las dos posiciones. Creo que Ernest Lluch afirmó alguna vez que lo que él buscaba era la constitucionalización del PNV, y algún dirigente del PNV manifestó alguna vez que Constitución española para Euskadi, ni con derecho de autodeterminación.

Argumentar desde el derecho y la legitimidad de cada parte a mantener sus posiciones y sus planteamientos políticos con tal de que se haga respetando la vida me parece que queda corto y que equivoca la cuestión de fondo. Porque estamos hablando no de meros debates jurídicos, sino de la sociedad vasca. No estamos debatiendo posibilidades de legitimidad abstracta, sino que estamos tratando de la condición concreta actual de la sociedad vasca. E incluso algunos hablamos de la nación vasca y de sus posibilidades. ¿Dónde queda una sociedad vasca cohesionada e integrada a partir de la existencia en ella, con toda legitimidad, de dos derechos difícilmente reconciliables, de dos legitimidades contrapuestas? ¿Cómo se construye una sociedad no dividida desde la reclamación de derecho del cuadrado a seguir siendo cuadrado y del círculo a seguir siendo círculo? ¿Dónde queda la nación vasca? ¿En su propia afirmación como imposible eterno?

Me ha llamado siempre mucho la atención que el problema vasco se aborde generalmente en términos exclusivamente jurídicos, y muy pocas veces preguntando por el significado, las exigencias y las potencialidades de la realidad plural de la sociedad vasca. Si la referencia de todos los planteamientos fuera esa realidad plural, se llegaría a la conclusión de que los únicos derechos inamovibles son los básicos a la vida y a la libertad de las personas, y que los demás derechos y legitimidades debieran ser puestos siempre en el contexto de lo que significan para la realidad plural de la sociedad vasca, de lo que facilitan o dificultan respecto a esa pluralidad, a su mantenimiento y desarrollo.

Creo que no es posible construir sociedad vasca cohesionada e integrada asumiendo como valor positivo su profunda pluralidad en lo que a sentimientos de pertenencia se refiere, a partir de un discurso fundamentado en los derechos y legitimidades de los diversos planteamientos políticos. Me llama poderosamente la atención que cuando se plantea el "problema vasco" desde posiciones intelectualmente críticas, progresistas, desde la defensa de la pluralidad y la tolerancia activa, positiva (ver en la forma de pensar y de ser del otro una opción humana igualmente válida), sólo se recurre a términos de derecho y legitimidad -repito: no la de la vida y la libertad de las personas-, como si avanzar en el camino crítico del desarrollo de la modernidad no fuera algo que le conviniera a la sociedad vasca.

El desarrollo de la sociedad vasca plural requiere ir avanzando, con todas las asimetrías que se quiera, hacia una sociedad no sólo de pluralidad de identidades, sino de ciudadanos con identidad plural. Lo que sucede es que avanzar por ese camino significa recortar los derechos y las legitimidades a cuyo favor abogan los autores del artículo que comento, y que implican, no nos engañemos, el derecho a una definición homogénea exclusiva de la sociedad vasca, que sería negación de su pluralidad.

Pero si creemos de verdad en el diálogo, y esto lo debe saber bien el profesor González Faus, éste siempre implica un grado, aunque sea mínimo, de conversión, de renuncia a la totalidad de las posiciones propias, de apertura a las posiciones del otro. Diálogo significa avanzar, pero no se avanza si cada uno se queda en su sitio de siempre, en su derecho legítimo. En este caso, el diálogo que se reclama se parece demasiado a pedir al otro permiso para continuar uno con su monólogo de siempre.    Joseba Arregi es escritor y parlamentario del PNV.

Diálogo o capitulación
Nota del Editor 19 Enero 2001

La crítica contra este artículo es la misma que para el artículo que defiende, la documentada en ¿Fundamentalismo democrático? Por Carlos Martínez Gorriarán, Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC  18 Enero 2001 y la cortita de este editor Libertad o vida Nota del Editor 15 Enero 2001. Simplemente constatar que el objetivo del diálogo no capitular sino exponer razones y llegar a una conclusión, y desgraciadamente, con los nacionalistas, la conclusión es quieren excluir a todos los que no creemos como ellos. Ah, y si por los avatares de la perversa política a la que estamos sometidos llegaran a conseguir la autodeterminación, soberanía o como lo quieran llamar, queremos ser los siguientes para conseguir la nuestra y así poder forjar nuestro destino en lo más absurdamente individual.

PP y PSE culpan al PNV de la 'ineficacia' de la Ertzaintza
Los sindicatos creen que la cúpula policial favorece la impunidad de la 'kale borroka'
ASIER DIEZ MON  El Mundo 19 Enero 2001

BILBAO.- Sindicatos de la Ertzaintza y los dos principales partidos de la oposición en Euskadi, PP y PSE-EE, consideran que el incremento de la violencia callejera registrado el año pasado se produjo por la «ineficacia» de los responsables del Departamento vasco de Interior.

Tal y como informó ayer EL MUNDO, la Ertzaintza sólo detuvo a 109 personas en los 583 actos de kale borroka registrados en el País Vasco el año pasado.

Los encargados de la seguridad ciudadana en Euskadi y los partidos más castigados por ETA desde el fin de la tregua abogan por un cambio que entierre la designación a dedo de los mandos de la Ertzaintza.

El sindicato mayoritario de la Ertzaintza, ErNE, mostró ayer «serias dudas» respecto a la detención de los autores del ataque que sufrió su sede. Esta afirmación revela el malestar existente entre los agentes y sus mandos, cuyos resultados en la lucha antiterrorista «brillan por su ausencia», en palabras de un portavoz de la central.

Las diferencias entre sindicatos y el Departamento de Interior nacen en los cimientos del sistema policial, según las centrales, que critican especialmente «la libre designación en todos los mandos por los que pasa información relacionada con el terrorismo», incluida la kale borroka.

En declaraciones a este diario, el miembro de ErNE se preguntó «cuántas detenciones ha practicado la Ertzaintza como producto de la investigación». Así, aseguró que el organigrama actual favorece «la impunidad» de quienes cometen los sabotajes.

Un portavoz de CCOO puntualizó que «el problema no es sólo cuántas detenciones se practican, sino cuántas de esas personas pasan a disposición judicial». Tras reconocer que el número de detenciones es bajo, subrayó que en la mayor parte de las ocasiones no se abren causas «por fallos en los atestados, porque tienen una buena defensa o por el miedo de los jueces».

«Hundir barcos»
Al mismo tiempo, rechazó que la oposición esté perjudicando a la Policía Autónoma, «quien daña a la Ertzaintza es el Gobierno. También desde dentro se pueden hundir barcos».

En el plano político, el portavoz del PP en la Comisión de Interior del Parlamento Vasco, Carlos Urquijo, dijo que las cifras de detenciones publicadas ayer por EL MUNDO «revelan la escasa eficacia de la Ertzaintza».

Urquijo tiene una opinión muy diferente de los agentes quienes, a su juicio, «quieren hacer más de lo que les dejan». El diputado popular apuntó sus críticas hacia una «dirección política que no quiere ser beligerante con aquellos con los que no comparte medios, pero sí objetivos».

Para el dirigente popular, el PNV utiliza la Ertzaintza como policía del partido y recordó que en la tercera promoción «varios miembros del servicio de seguridad del partido jeltzale [el PNV] adquirieron rango de funcionario sin examen, asumiendo puestos en la cúpula de la Ertzaintza».

Mientras, el Parlamento Vasco -«la caldera en ebullición constante», como la definió hace poco el portavoz del PNV, Joseba Egibar- continúa poniéndose al rojo vivo cuando se habla de violencia callejera. El PSE-EE presentó ayer una pregunta al consejero de Interior, Javier Balza, para que detalle ante el Pleno de la Cámara las estadísticas de episodios de «violencia callejera promovidas por ETA en el año pasado».

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