AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 29 Enero 2001
#La correspondencia PNV-Eta
Editorial La Razón 29 Enero 2001

#Criterio para matar
Jaime CAMPMANY ABC 29 Enero 2001

#Arzalluz no está loco
Edurne URIARTE ABC  29 Enero 2001

#El cocinero y el asesinato de trámite
Lorenzo Contreras La Estrella   29 Enero 2001

#Machacantes
ANTONIO BURGOS El Mundo  29 Enero 2001

#Cossiga y el alma de Sabino Arana
Impresiones El Mundo 29 Enero 2001

#Acuerdo incompleto
Ignacio GORDILLO .- La Razón  29 Enero 2001

#Respetismo
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo   29 Enero 2001

#Nueces contra manzanas
Juan BRAVO La Razón   29 Enero 2001

#El PP pide a jueces y fiscales que actúen contra Xabier Arzalluz
Bilbao / Málaga EL PAÍS    29 Enero 2001

#Un mal asunto
ÁLVARO DELGADO-GAL El País    29 Enero 2001

#La tortura condecorada
Carlos PARíS La Razón  29 Enero 2001

#Error posible y descaro seguro
José Luis Manzanares La Estrella  29 Enero 2001

#«Zabaltzen» creció gracias a las ayudas del Gobierno vasco
CARMEN GURRUCHAGA El Mundo   29 Enero 2001



La correspondencia PNV-Eta
Editorial La Razón 29 Enero 2001

El intercambio de propuestas entre el PNV y Eta realizado el pasado verano, publicado en el boletín de la banda terrorista conocido como «Zutabe», que hoy revela en exclusiva LA RAZÓN, es crucial para entender la realidad en la que nos desenvolvemos, tanto en lo que concierne a la ofensiva terrorista como en la radicalización hacia el independentismo de los nacionalistas de Arzallus, su atrincheramiento en el Gobierno vasco, su numantinismo político y su victimismo aderezado con lenguaje bélico.
   
Diferentes medios, mismos fines
De acuerdo con la publicación de estas negociaciones (que, por cierto, continúan ahora, siempre con el objetivo del PNV de lograr una «tregua» que permita la celebración de elecciones en un marco más favorable para sus intereses) podemos confirmar una vez más que las discrepancias entre el PNV y Eta están en los medios, pero no en los fines. Nacionalistas pacíficos y nacionalistas violentos tienen el mismo objetivo: la independencia. Sólo que el PNV cree que puede lograrla a partir de la voladura desde dentro de las actuales instituciones (de las que se beneficia al ostentar la titularidad de muchas de ellas), mientras que Eta tiene prisa, y cree que ha llegado ya el momento de plantear la batalla frontal «contra España y Francia» con la puesta en marcha de nuevas instituciones por la vía de hecho («asamblea de municipios», «asamblea de pueblos», «parlamento», «gobierno nacional» y, finalmente, «elecciones» y «elaboración de un censo vasco»).
   
Propuestas «de risa»
El PNV le reprocha a Eta su maximalismo, e incluso le llega a decir que imponer «la construcción nacional» vasca en el sur de Francia y en Navarra «además de levantar actitudes contrarias, también provocarían la risa». Pero la banda terrorista es mucho más especialista en la barbarie que en la ironía. Por eso, tras comprobar que no podía contar con el PNV para todo su enloquecido proyecto, puesto que este partido puede querer la independencia, pero tampoco apoya el uso de la violencia, los terroristas se lanzaron a una ofensiva trágica que ha causado más de veinte muertos desde que se produjeron estas conversaciones.

    Lo patético de esta situación es que Eta y el PNV están empleados en una batalla interna en el nacionalismo para ver quién manda en el «proceso de construcción nacional», pero las víctimas salen de las filas de otros. En esta macabra partida de ajedrez, los peones sacrificados son cocineros, fontanero, políticos, militares, jueces o periodistas. Y aún más macabro es que el PNV diga después que para evitar esas víctimas, lo que hay que hacer es dialogar con ellos y hacerles concesiones soberanistas para su famoso «ámbito vasco de decisión».

    Es en ese contexto en el que han de leerse las declaraciones de ayer de Arzallus en las que explicaba (a su clientela y también a la de HB) que hay objetivos más importantes que un cocinero. «¿Es que no hay ni criterio ya en esa organización?», se preguntaba, para responderse: «Porque, puestos a hacer algo, entiendo yo que debían destruir el poder contra el que están». Y añadiendo: «Hasta los obispos han salido a la calle». Mensajes éstos que revelan hasta qué punto Arzallus se lamenta de que su estrategia se vea perturbada por los crímenes de Eta, siendo como es que pretenden lo mismo. Pero lo que no quiere entender el líder del PNV es que Eta no se va a dejar arrebatar la hegemonía de su utópica Euskal Herría, y que al minuto de conseguir la independencia, lo primero que haría sería aniquilar al PNV. Y tampoco puede entender que el Estado no se va a doblegar a las reclamaciones «autodeterministas» del PNV porque haya crímenes de Eta: los seguiría habiendo aunque se diera a Arzallus todo lo que pide.
   
Miedo a romper con Eta
A Arzallus y al PNV sólo le queda aún la alianza objetiva de algunos obispos (los mismos que él citó ayer al referirse a la soledad de Eta) sensibles al discurso nacionalista. Los prelados que emplean el lenguaje clásico del PNV («riesgo de fractura social por la confrontación presente», «necesidad de diálogo sin exclusiones», «respeto a los derechos humanos de todos y para todos», etcétera.

    Pero la sociedad en su conjunto ha perdido hace tiempo toda posible venda. El PNV quiere una Eta dócil, y Eta quiere un PNV sometido. Esa lucha por el poder nacionalista está sembrada de muertos (no nacionalistas) y, por eso, los nacionalistas decentes deberían darse cuenta de que con Eta jamás se podrá ir de aliado, y que su única alternativa honrada sería romper con ellos todo posible pacto, toda posible negociación. Colocarse del lado de los demócratas (con los que les une, al menos, el respeto a la vida) y colaborar para erradicar a la serpiente etarra de la faz nacional. Salvo que no les interese que desaparezca Eta; o que tengan demasiado miedo para enfrentarse a ella.

Criterio para matar
Por Jaime CAMPMANY ABC 29 Enero 2001

A la ETA, según Arzallus, le falta criterio. Actúa al buen tuntún, sin seleccionar a las víctimas. Lo que le falta a la ETA no es humanidad, caridad, hombría de bien, sino criterio para matar. Arzallus no entiende que los etarras maten a un pobre cocinero en vez de asesinar a alguien que esté en el poder. «Puestos a hacer algo, deben destruir el poder contra el que están». Cuando en cualquier próximo atentado los etarras se carguen a alguien que esté en el poder, un concejal, un alcalde, un diputado, cualquier político, ya sabemos quién lo ha señalado. Pepe Rei señalaba los objetivos con nombres y apellidos. Como Pepe Rei está en el trullo, la diana la coloca Javier Arzallus, en plan colectivo, o sea, hala, al mogollón, «el poder».

El poder. Pero ¿qué poder? ¿Por cuál poder se inclina el criterio de Arzallus para que ETA practique su deporte favorito, matar con bomba o con tiro en la nuca? Si hay que elegir entre los tres poderes del Estado liberal, los tres poderes de Montesquieu, ETA ya se ha venido ensañando con los tres, el ejecutivo, el legislativo y el judicial, y los tres han aportado ilustres y numerosas víctimas al catálogo de asesinatos de la banda etarra. No sólo merecieron esos poderes la consideración etarra en el resto de España. También los tres poderes en el País Vasco recibieron esa atención. Murieron jueces, murieron diputados y concejales, murieron ejecutivos municipales. No tocaron a los ejecutivos de la Junta, eso no. Son casi todos del PNV. Hasta ahí podíamos llegar.

¿O se habrá referido Arzallus, a los «poderes fácticos», a saber, la Iglesia, el Ejército y la Banca? Ahí también ahí hay víctimas. Las más numerosas pertenecen, sin duda, al Ejército y a las Fuerzas de Seguridad. Militares de cualquier graduación y miembros de los diversos Cuerpos, desde la Guardia Civil a las Guardias municipales, pasando por la Policía, todos han contribuido generosamente a la pirámide de muertos que ha levantado ETA. En la Banca y la empresa, encontramos víctimas de asesinatos y de secuestros, porque algunos de estos «enemigos» de ETA, en vez de morir pueden pagar. Y en el «idealismo» también se cobra. Cinco mil millones de pesetas cobrados llevan los «idealistas» desde la tregua. Hay que vivir, claro.

La Iglesia, no. La Iglesia es el poder fáctico que ha gozado de la misma suerte que los nacionalistas del PNV, de EA y no digamos de EH o HB, porque son ellos mismos. Son muchos los sacerdotes, obispos, etcétera, que han muerto por defender la verdad, por no confesar la herejía y no bendecir el crimen. Pero estos curas, párrocos, canónigos más o menos beneficiados, chantres y sochantres del País Vasco tienen mala suerte. Los etarras se empecinan en no meterlos piadosamente en el martirologio y no acercarlos a la visión gloriosa e inmediata de Dios. Nada, que no. Ni en el criterio de los etarras ni en el de Arzallus entra lo de mandar curas a la gloria.

¿Se referirá Arzallus al «poder» de la prensa, el llamado «cuarto poder», que ahora definen como «contrapoder». Bueno, de vez en cuando, los etarras se ponen a hacer «algo» también en ese sector. Algunos cadáveres achicharrados por la ETA han sido enterrados con el carné de periodista en el bolsillo. Y otros hay que se han escapado de milagro. No voy a decir yo aquello que dijo el Viejo Profesor: «Dios protege a los buenos marxistas», aplicándolo a los periodistas. No pidamos a Dios que nos distinga con más protección que a los otros oficios, políticos, jueces o guardias. Bastaría quizá con repartir mejor la protección de los hombres. Pero para eso haría falta conocer mejor el criterio de Javier Arzallus. Hay que empezar por ahí. ¿Con quién quiere Arzallus que la ETA «haga algo»?

Arzalluz no está loco
Edurne URIARTE ABC  29 Enero 2001

Hay muchos que hemos cometido un grave error de análisis con Arzalluz. Estábamos equivocados cuando decíamos que este hombre se estaba volviendo loco, y también estábamos equivocados cuando decíamos que lo suyo eran exabruptos de fin de semana para consumo interno, excentricidades de Arzalluz que no tenían más objeto que la provocación por la provocación.

Porque Arzalluz no está loco, y lo que dice en los batzokis los fines de semana está medido y responde a una calculada estrategia y a un sentido profundo de su idea de nacionalismo vasco. Sería un alivio poder creer que el líder del principal partido del llamado nacionalismo moderado no está en sus cabales cuando invita a ETA a matar a los representantes del «poder contra el que están» y cuando el adjetivo que le suscita el último asesinato de ETA es «ridículo».

Pero, desgraciadamente, este hombre no está loco. Y si hace eso que al sentido común le parece apología del terrorismo es porque su estrategia para salvar al PNV de la derrota en las próximas elecciones pasa, en primer lugar, por atraer todos los votos posibles del electorado radical y, en segundo lugar, por buscar nuevamente el pacto de gobierno con EH. Y no lo hace sólo porque se resista a abandonar tantos años de control casi absoluto del poder, sino porque en el fondo coincide con EH en sentir más repugnancia por los «españoles» que por los asesinatos de ETA.

Cabe preguntarse si también nos hemos equivocado con los votantes nacionalistas, con todas esas gentes que muchos hemos calificado de fundamentalmente moderados y demócratas, y poco reconocibles en las cosas de Arzalluz. Porque si todavía permanecen impasibles, o es que han perdido la moderación y la sensibilidad democrática, o es que quizá nunca las tuvieron de verdad.

El cocinero y el asesinato de trámite
Lorenzo Contreras La Estrella   29 Enero 2001
A
rzallus ha venido a decir en un batzoki de Bilbao que ETA se ha equivocado de víctima cuando ha matado a un cocinero y que, a sensu contrario, lo que debería de haber hecho es elegir un concejal, un dirigente de partido, un militar, un policía y, cómo no, a un periodista, a ser posible tertuliano o "mercenario y machacante" de la radio. Cuando terminó de insinuar esto, el líder del PNV no propuso a quienes le escuchaban un minuto de silencio, sino "unos vinos de patriotismo".

La escalofriante indiferencia con que se asiste a la muerte cotidiana como el que consume el pan de cada día queda registrada en esa pequeña ceremonia del batzoki. De seguro que quienes bebieron ese vino ni siquiera necesitaban beber para olvidar la tragedia que el padre Arzallus comentaba. Llevaban ya el olvido puesto. A fin de cuentas, ¿qué importa en Euskadi un muerto más o un cocinero menos? Es posible, sin embargo, que dada la afición gastronómica de los vascos, el asesinato de Ramón Díaz llevara incorporada la connotación de algo valioso dentro de la rutina en la industria de matar.

De todos modos, esa muerte ha sido una de las más significativas del repertorio macabro. Porque se da la circunstancia de que el cocinero era uno de esos ciudadanos maquetos que, aparte de vivir desde muchos años atrás en Euskadi, han procurado identificarse con la tierra, integrándose en la sociedad y en sus costumbres, en su nomenclatura, hasta el punto de meter el santoral vasco en casa para que los hijos, sobre la partida de nacimiento, pudiesen contrarrestar con el nombre de pila el factor diferencial de apellidarse Díaz. Ahora esos pobres muchachos tienen base para razonar si vale la pena tanto esfuerzo de integración, tanto interés por borrar las señas de origen y confundirse con el suelo que acabó tragándose a su padre en el peor de los sentidos.

En la homilía del funeral por el cocinero, el obispo de San Sebastián, monseñor Uriarte, pronunció unas palabras cargadas de realismo: "Miramos con preocupación el riesgo de fractura y escisión social que la cruda confrontación presente puede acabar generando". La importancia añadida que la rutinaria muerte del cocinero ofrece es que afecta sabinianamente a la depuración social de la que tanto escribió el fundador del PNV y de manera tan clara invocó la propia ETA en el manifiesto que hizo coincidir con los pactos de Lizarra.

Es mucho creer que la actual situación puede perdurar indefinidamente, con media sociedad dejándose acosar por el diez por ciento, contando sus bajas con medrosa paciencia y contentándose con manifestarse a cada paso en el más absoluto convencimiento de que practica el derecho al pataleo. A través del asesinato de Ramón Díaz se percibe el horror de la eliminación de trámite, de tal manera que este caso se repetirá en proporción al grado de autoprotección que las víctimas potenciales de primer orden sepan y puedan procurarse.

Machacantes 
ANTONIO BURGOS El Mundo  29 Enero 2001

Anda, pues ahora resulta que los asesinos de la ETA tenían criterio. Lo acabamos de descubrir por negación de contrarios en la habitual clase de Sofística que ha dado en el batzoki de guardia el profesor Arzalluz, que como es doctor en Teología es quien más sabe de criterio del mundo y que como es el Primo de Zumosol de la Hache del Hacha, pues es quien más sabe de lo que la banda tiene o deja de tener. Al jesuitón arrepentido le sigue tirando el cuerpo hacia Jaime Balmes. Al fin y al cabo, en sus discursos hace tomística neoescolástica. Mucho silogismo en Bárbara sobre los bárbaros del Norte, de los que en el Sur comenzamos a estar hasta los mismísimos Despeñaperros. Igual que el señor cura nos ha dado la homilía sobre El Criterio de Balmes, debería haber aplicado el silogismo a sus antiguos colegas. En una formulación de este tenor, con su voz de barítono: si el mandamiento de la ley de Dios dice «no matarás» y la mitad de los curas de Vizcaya no condenan los crímenes, ergo esos curas no creen en Dios o al menos no cumplen sus mandamientos.

Sin silogismos y sin Balmes que valga, me parece que al cura exclaustrado y a sus feligreses comienza a hervirles el agua del radiador porque han empezado a tocarles los costados. Al señor cura le parece dentro de todo criterio que sus feligreses quemen un cajero automático o una sede del PP, pero ¿dónde vamos a llegar, que están ya quemando hasta batzokis? Y en cuanto a cocineros, ídem de lienzo: de lienzo manchado de sangre sobre una calle, cubriendo un cadáver destrozado por una bomba o abatido por dos tiros en la nuca. Por voz del cura habló el hermano del cocinero Ramón Díaz, cuando nos mostró a España entera su extrañeza ante el crimen. Ramón Díaz tenía dos hijos a los que les olía el cuerpo a la gasolina de estos chicos, ¿cómo pueden matar a los nuestros? Y lo terrible del concepto del criterio expuesto en la última homilía. Es lícito, por lo visto, asesinar a un concejal del PP o del PSOE, pero no a un pobre colega de Arzak que, encima, tiene dos hijos de los nuestros.

Naturalmente que digo todo esto como machacante. Mercenario, por supuesto, y asaz tertuliano. Por cierto, señor Mayor Oreja: a ver si nos aplica usted la sentencia de la congelación de sueldos a los machacantes, mercenarios y tertulianos y nos paga los atrasos... Qué antiguo está Arzalluz. Como odia tanto a las Fuerzas Armadas, no sabe que ya no hay ni asistentes de los oficiales ni machacantes de los suboficiales. Si ya no se les dice machacantes ni a los duros de plata con que los empresarios pagan la extorsión... Así que supongo que nos llamará machacantes como participio activo de lo que hacemos: machacar en el hierro frío de llamar a los criminales por su nombre y a los cómplices por el suyo. Que es el nombre del Divino Impaciente.

Cossiga y el alma de Sabino Arana
Impresiones El Mundo 29 Enero 2001

El ex presidente italiano Francesco Cossiga debe estar encantado con el PNV, prácticamente el único partido en toda Europa -incluido su propio país- que le hace caso. Ayer le dieron en Bilbao el premio Sabino Arana y hoy Ibarretxe le entrega la distinción Lagun Onari. Tal vez emocionado por el galardón, Cossiga definió a Sabino Arana como «un alma grande que defendió los valores nacionales y católicos, en contra del centralismo liberal, anticristiano y masónico». Al margen de que la expresión denote una cierta empanada mental -habitual en él- hay que recordar al desmemoriado y veterano político que Arana puede ser faro y guía de los militantes del PNV, pero en su obra escrita ha dejado un rastro de conceptos racistas y xenófobos poco acordes con el cristianismo. Y es que hay premios que pretenden ser un honor y deberían recibirse más bien con preocupación. Aunque seguro que a Cossiga no le importa.

Acuerdo incompleto
Ignacio GORDILLO .- La Razón  29 Enero 2001

El Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español han firmado el denominado Acuerdo por las libertades y contra el terrorismo. El mismo tiene aspectos enormemente positivos pero, por otra parte, presenta también algunas lagunas.
    Antes de nada es de gran importancia que los dos partidos políticos más votados en España estén de acuerdo en luchar contra el terrorismo en torno a la Constitución y el Estatuto de Guernica. El Acuerdo señala con toda claridad «la firme resolución de derrotar la estrategia terrorista, utilizando para ello todos los medios que el Estado de Derecho pone a nuestra disposición». Con ello se rechaza, sin ningún género de dudas, cualquier posibilidad de intentar terminar con el terrorismo utilizando medios no permitidos por el actual Estado de Derecho.

    Igualmente es de gran valor el destacar que «el terrorismo es un problema de Estado», manifestando la voluntad de eliminar del ámbito de la legítima confrontación política o electoral las políticas para acabar con el terrorismo. Las legítimas diferencias políticas nunca pueden servir para favorecer a los terroristas. Por ello el Pacto añade que «no existe ningún objetivo político que pueda reclamarse legítimamente en democracia mediante coacciones o asesinatos».

    El apoyo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, reiterando la confianza en su trabajo y la adecuada dotación de medios humanos y materiales, así como a Jueces y Fiscales y a todos los que trabajan al servicio de la Justicia, es para los firmantes del Acuerdo esencial para asegurar nuestra convivencia libre y pacífica. La actuación policial y judicial son las únicas vías para acabar con el terror en un Estado de Derecho.

    También es necesario resaltar el reconocimiento que el Acuerdo hace a las víctimas del terrorismo. Según el mismo «constituyen nuestra principal preocupación. Son ellas quienes más directamente han sufrido las consecuencias del fanatismo y de la intolerancia. Sabemos que la democracia nunca podrá devolverles lo que han perdido, pero estamos dispuestos a que reciban el reconocimiento y la atención de la sociedad española». La creación de una Fundación en la que estén representadas las asociaciones de víctimas del terrorismo es un mayor reconocimiento aún si cabe a las personas que más han padecido las consecuencias del terrorismo. El agradecimiento y el recuerdo por parte de todos no debe tener límites.

    La importancia que tiene la cooperación internacional para la lucha antiterrorista y el compromiso de los partidos firmantes en trabajar para reforzar nuevas iniciativas de cooperación, singularmente con Francia y en el marco de la Unión Europea, es otro de los aspectos a resaltar del Acuerdo por las libertades y contra el terrorismo. Todos admitimos que en la lucha contra los terroristas necesitamos la ayuda internacional sin la cual es muy difícil terminar con los violentos. La entrega inmediata de los terroristas detenidos fuera de nuestro territorio sin esperar a la de por sí lenta extradición, es una posibilidad que no se puede olvidar.

    El convocar a las demás fuerzas democráticas a compartir los principios del Acuerdo, y firmar el mismo, es una significativa demostración de la importancia que tiene la unidad de todos contra el terrorismo.

    Sin embargo, y sin dejar en ningún momento de valorar la importancia del Acuerdo, hay algunos aspectos que se podrían haber incluido. Sería deseable solicitar la colaboración ciudadana. El Acuerdo «reafirma su determinación de impulsar y apoyar la movilización de los ciudadanos en contra de la violencia terrorista y en repudio de los asesinos». Pero es de todos sabido que la mejor movilización de los ciudadanos es colaborar con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Las manifestaciones y minutos de silencio para poco sirven si no van acompañadas de la verdadera colaboración con la Policía y la Justicia.

    También sería deseable que a los medios de comunicación se les pidiese un mayor rigor y cautela en la información sobre hechos terroristas. El apoyo a los medios de comunicación y a los profesionales que en ellos trabajan, defendiendo la libertad de expresión y el pluralismo informativo como patrimonio democrático esencial frente a la coacción y la amenaza, no debe hacernos olvidar el excesivo despliegue informativo que se hace de los atentados. Sí estamos de acuerdo en informar pero no con la excesiva publicidad que se hace de hechos tan execrables.

    El acuerdo se equivoca al decir que «los delitos de las organizaciones terroristas son particularmente graves y reprobables», porque quien delinque no son las organizaciones sino las personas físicas que pertenecen a las mismas. Eta no delinque. Los que delinquen son los que inducen o ejecutan las acciones terroristas en nombre de la banda.

    Finalmente, el Acuerdo debería dejar clara la firme decisión de todos los partidos firmantes de que bajo ningún supuesto se va a pactar con los terroristas. Es cierto que el Acuerdo señala que «la paz, la convivencia libre y el respeto a los derechos humanos son valores no negociables», pero también es cierto que el ciudadano quiere saber sin ningún género de dudas que con los terroristas no se va a pactar ni a negociar. Sí al diálogo con todas las fuerzas políticas, pero no al pacto con los asesinos. El Acuerdo hubiera podido añadir que sea cual fuere el partido gobernante la ley se va a respetar y nunca se dejará de aplicar por mucho que se nos intente hacer creer la llamada «razón de Estado». En definitiva, lo que piden los ciudadanos es que los asesinos respondan de sus actos y no puedan albergar la esperanza que antes o después serán puestos en libertad por motivos políticos.

Respetismo
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo   29 Enero 2001

Además de la ola de frío, temporales y vendavales, que nos han ahorrado este año las denuncias apocalípticas sobre el calentamiento acelerado del planeta, albricias, estamos bajo el influjo de una ola de respetismo verbal sobre las sentencias judiciales y los jueces mismos que sorprende por su intensidad y duración y que está barriendo toda España, desde La Coruña al Cabo de Gata y desde Fuerteventura hasta Mahón; con la excepción del País Vasco, claro, donde los jueces no pueden ser respetados del todo, ni siquiera verbalmente, porque cuando uno va a respetarlos resulta que ya han pedido el traslado y no están. No obstante, el fenómeno es, como todos los aparentemente irracionales, llamativo por su intensidad, rapidez y generalización. Y, en principio, sorprendente. Hace muy pocos años, cuando tenían lugar las feroces campañas del PSOE contra los juicios y jueces, luego contra las sentencias de Filesa y de los GAL, cuando los y las felipistas jugaban al corro de la patata en torno a la cárcel de Guadalajara y denunciaban la existencia de «presos políticos» de Aznar, o cuando el PSC colgaba pancartas en las calles más céntricas de Barcelona contra los jueces del caso Filesa, es decir, cuando demostraban ese respeto a Montesquieu del que ahora blasonan y que ayer mismo proclamaba en nuestras páginas con preocupante desmemoria el zapaterista o zapaterino López Aguilar, llegamos a creer que el deterioro de la Justicia a manos del felipismo y de los propios jueces no tenía solución. ¿Y ahora? Ahora ya estamos seguros. La actual ola de respetismo lo confirma definitivamente.

¿Pero cómo? Porque en todas las encuestas, sin excepción, el descrédito de la Justicia y de los propios jueces no hace sino aumentar; está llegando a simas de descrédito más propias de los enemigos de la Ley que de sus amigos, defensores y oficiantes. Pues ésa es la clave. Yo creo que tras el caso Liaño no es que haya razones fundadas para pensar mal de la Administración de Justicia, sino motivos sobrados para temer cualquier abuso por su parte, hasta el más descarado, desvergonzado y, en su más riguroso sentido, injusto. Hemos visto, es más, seguimos viendo que los señores de las puñetas cierran filas en torno a lo que ellos mismos saben y en privado reconocen que es una clamorosa injusticia. Y como el delito tiene también su prestigio, que se manifiesta en el miedo que provoca, hete aquí que la brutalidad demostrada por el Poder Judicial no lo ha convertido en algo respetado pero sí temido. Cuanto más escándalo provocan sentencias injustas, disparatadas, verdaderos monumentos a la prevaricación politizada, más aumenta el respetismo verbal, la reverencia hipócrita ante unos poderosos desquiciados de los que no se espera nada y de los que ya se teme todo. Y con razón.

Nueces contra manzanas
Juan BRAVO La Razón   29 Enero 2001

La discutible concesión de una distinción a título póstumo, como víctima del terrorismo, al comisario Melitón Manzanas, primer asesinado «voluntariamente» por Eta, ha puesto sobre la mesa algunas actitudes que pueden explicar por qué el terrorismo se mantiene tres décadas después. Arzallus se ha apresurado a decir que una cosa es asesinar a ese policía o a Carrero Blanco, y otra lo de ahora. Aquellos crímenes eran «un acto de virtud cívica» contra el franquismo. Otros han recordado el mismo argumento, que no hace sino devolvernos al túnel del tiempo en el que Eta logró ser lo que ahora es gracias a que la jalearon esos teóricos del asesinato selectivo. No se dan cuenta quienes usan este juicio moral que no hacen sino justificar el propio franquismo: ahí también se fusiló a los adversarios políticos. Tampoco se dan cuenta que, aunque para el que defendió o defiende el asesinato de Manzanas la situación haya cambiado, para Eta no lo ha hecho. Los terroristas y sus partidarios siguen esgrimiendo la teoría del Estado opresor, y algunos han reconocido que querían recoger las nueces caídas del árbol agitado por la violencia. Siempre se sabe cuándo empieza el terrorismo. No cómo acaba.  

El PP pide a jueces y fiscales que actúen contra Xabier Arzalluz
Carlos Iturgaiz le acusa de animar a ETA a atentar "contra el poder"
Bilbao / Málaga EL PAÍS    29 Enero 2001

El presidente del PP del País Vasco, Carlos Iturgaiz, pidió ayer a jueces y fiscales que "actúen" contra el presidente del PNV, Xabier Arzalluz, por "animar" a ETA a atentar "contra el poder". A su juicio, las declaraciones realizadas el sábado por el dirigente nacionalista en Bilbao pueden constituir un delito. En apoyo de Iturgaiz, el secretario general del PP, Javier Arenas, replicó a las manifestaciones de Arzalluz alegando que en su discurso "no hay prácticamente ninguna diferencia con el de Herri Batasuna".

Carlos Iturgaiz y Javier Arenas se referían a las palabras del dirigente nacionalista, según las cuales "puestos a hacer algo", la banda terrorista "debía destruir el poder contra el que están". Iturgaiz aseguró en declaraciones a Europa Press que, "al final, lo que hace Arzalluz es alentar a ETA a seguir matando a políticos, a policías y a jueces, etcétera, y creo que los jueces y fiscales no deberían olvidar estas palabras y deberían tomar cartas en el asunto, porque anima a ETA a seguir destruyendo el Estado de Derecho y el Estado democrático".

Iturgaiz calificó de "barbaridad" e "irresponsables" las manifestaciones de Arzalluz, con el agravante de provenir de un líder político "que parece más el portavoz de los radicales que de un partido". En su opinión, "no se puede permitir que un político salga a los medios de comunicación a decirles a unos asesinos, a una banda terrorista que tienen que destruir, que tienen que actuar contra el Estado de Derecho, como están haciendo hasta hora".

El líder de los populares vascos señaló que ETA no ha desaparecido todavía porque "el PNV y Arzalluz no han querido" y añadió que si el PP gana las elecciones autonómicas va ser "beligerante" con ETA y con HB. No obstante, puntualizó que va a "defender la cultura vasca", aunque Arzalluz diga lo contrario, porque ve que "el fin político del PNV llega".

Respecto a la entrega del premio Sabido Arana al ex presidente italiano Francesco Cossiga, Iturgaiz manifestó que "es lamentable que llegue a España sólo a insultar y a meterse con el PP, con el presidente del Gobierno, José María Aznar, y contra mí", y añadió que Cossiga es "un mercenario de Xabier Arzalluz, que dice lo que él quiere que diga. Me da la sensación de que el señor Cossiga ha perdido el juicio", y le reprochó que "esté muy orgulloso" de recoger un premio que "lleva el nombre de un famoso xenófobo y racista como Sabino Arana".

Por su parte, el secretario general del PP calificó de "barbaridad" hacer distinciones entre víctimas de primera categoría o de segunda, algo que "sólo es posible hacer desde planteamientos totalitarios como el de Arzalluz", en alusión a cuando el presidente del PNV lamentó el sábado el último atentado de la banda terrorista, el asesinato de Ramón Díaz.

Arenas, que presidió en Málaga una reunión de militantes del PP para analizar las políticas de empleo del Gobierno, aseguró que "por primera vez es posible pensar en un cambio político en el País Vasco" y confiar en que tras las próximas elecciones autonómicas se constituya un Gobierno "eficaz" en la lucha contra el terrorismo, informa Diego Narváez.

En este sentido, Arenas se refirió a la madurez alcanzada por el PP en esa región e hizo referencia a la valentía de los dirigentes populares vascos. Señalando de nuevo a Arzalluz, le inquirió sobre si no se dio cuenta de que la bomba de ETA colocó hace unos días en el cementerio de Zarautz (Guipúzcoa) cuando se iba a celebrar un homenaje al concejal asesinado Gregorio Ordóñez "podía haber matado a buena parte de la cúpula del PP" vasco.

Los socialistas vascos también salieron ayer al paso del PNV. El coordinador de la Ejecutiva PSE-EE, Rodolfo Ares, respondió a Arzalluz que "no hay ninguna virtud en asesinar a ninguna persona", ni a Melitón Manzanas o a Carrero Blanco, informa Europa Press. Según Arzalluz, "todos éstos eran opresores" y levantarse contra ellos "era un acto de virtud cívica". Según Ares, su partido no olvida lo que hicieron esas personas, pero agregó: "Lo que pasa es que el señor Arzalluz nos tiene muy acostumbrados a hablar del pasado, probablemente porque él es un político del pasado".

El secretario general del PSE de Álava, Javier Rojo, declaró a Servimedia en relación a las palabras de Arzalluz que este dirigente nacionalista "no está en su sano juicio".

Un mal asunto
ÁLVARO DELGADO-GAL El País    29 Enero 2001

La condecoración póstuma a Melitón Manzanas ha dejado perpleja a la opinión. Y se comprende: Manzanas era un torturador incuestionable, y su incorporación al santoral civil constituye un contrasentido. El caso es penoso, y afea o en todo caso disloca el homenaje genérico a las víctimas del terrorismo. Se ha sostenido que el Gobierno pretendía con esto borrar las diferencias entre democracia y franquismo. La tesis me parece débil por dos razones y media. Primero, la obsesión popular por distanciarse del franquismo es notoria. Dos: para el Gobierno, lo de Manzanas tendrá costes donde más le duele, que es el País Vasco. Tres: la ley que está detrás del desaguisado fue votada por el conjunto de los partidos. He reducido esta tercera razón a media porque ignoro si habría sido posible para el Gobierno hacer alguna finta que, a toro pasado, excluyera a Manzanas de la distinción extemporánea. Dejo el pleito a los expertos y, sin descartar por completo la posibilidad de una salida airosa, dedico lo que resta de columna a explicarles por qué esa salida se me antoja menos fácil de lo que se piensa.

El terrorismo representa dos cosas: un factor de riesgo para todos los ciudadanos y, por definición, un desafío al Estado. En la práctica, los dos aspectos se confunden. Pero no en teoría. En teoría, siguen siendo conceptualmente distinguibles. Por ejemplo: estalla una bomba en unos almacenes, y le toca a usted la china. La bomba no habría estallado si no existiese la voluntad terrorista de derrotar al Estado, pero resulta obviamente incorrecto afirmar que usted, al revés que el juez o el concejal abatido a tiros en la calle, ha muerto en tanto que símbolo del Estado. A la vista de todo esto, lo normal sería que su familia recibiera una indemnización, puesto que el Estado es responsable hasta cierto punto de su seguridad física. Pero no que se le eleve a usted a la condición de héroe civil. Parece más razonable reservar este tratamiento honorífico al juez o al concejal -o al periodista muerto en el desempeño de la libertad de expresión-.

¿Por qué se ha condecorado entonces, indiscriminadamente, a quienes han muerto por causa del terrorismo? La idea, imagino, es de índole retórica: todos los ciudadanos somos expresiones de la democracia, y la democracia padece inmediatamente los efectos del terrorismo en cualquiera de sus ciudadanos, sean éstos administradores profesionales de la democracia, o desdichados que pasaban por ahí. Cuando existe unanimidad sobre la legitimidad del Estado, la ficción no causa turbulencias. Basta, sin embargo, que el terrorismo corte transversalmente a más de un Estado, y uno de ellos, en este caso el franquista, no sea tenido por legítimo, para que el negocio se complique. Lo muestra lo ocurrido con Manzanas.

Salvo excepciones, no se ha impugnado el derecho de Manzanas a una indemnización -no solicitada por la familia-. Lo que tiene sentido, porque Manzanas es, fácticamente, víctima del terrorismo, y subsisten continuidades parciales entre el Estado franquista y la democracia -verbigracia: las responsabilidades objetivas del Estado en vivienda o alimentación no han desaparecido por el cambio de régimen-. Al tiempo, habría resultado mil veces preferible, de suyo va, no condecorar a Manzanas. Ahora bien: ¿cómo rehusar a Manzanas una medalla para cuyo otorgamiento ha bastado, en todos los demás casos, ser víctima fáctica del terrorismo?

A los argumentos más a mano les salen pronto puntas y espolones. ¿Diremos que Manzanas era, ontológicamente, "menos" persona, o algo parecido? Yo creo que no. ¿O que hay asesinatos que son "menos" asesinato? Yo creo que tampoco. Esto es un laberinto, un berenjenal. Y no está claro que valga la pena meterse en ese berenjenal.

Ello no implica aprobar lo hecho por el Gobierno o el resto de la clase política. Pero sí desplaza el centro de gravedad del análisis. La decisión de condecorar colectivamente a las víctimas del terrorismo no ha sido la mejor del mundo. Se ha incurrido en una sinécdoque: confundir la condición de demócrata, con la de ser humano. El parto indeseado y absurdo, ha sido el homenaje democrático a Manzanas.

La tortura condecorada
Carlos PARíS La Razón  29 Enero 2001

Hace breves días se ha producido la escandalosa noticia: Melitón Manzanas era condecorado por el actual Gobierno, a título póstumo, con la Gran Cruz Cruz del Mérito Civil. A buena parte de la actual sociedad española no le sonará el nombre de Melitón Manzanas. Y ello es consecuencia del modo en que ha sido enterrada nuestra historia más reciente, en una transición tan alabada oficialmente como, en realidad, frustrante de las esperanzas renovadoras que alentaban en el dinamismo creativo de nuestro país. Habrán leído muchos ciudadanos y ciudadanas en la prensa -o escuchado en la radio o la televisión- que Manzanas fue ejecutado por Eta el 2 de agosto de 1968. Su condecoración se debería al hecho de haber sido «víctima del terrorismo», pero, con tal calificación se oculta lo más importante, y es que Manzanas era un feroz terrorista, no desde la clandestinidad, sino desde la fuerza del poder, encarnaba un importante agente del terrorismo de Estado, practicado durante el franquismo. La pretendida víctima a la luz de la historia real se transforma en lo que fue: un verdugo.

    Algunas voces en la radio, como la de Iñaki Gabilondo y algunas plumas en la prensa, como la de Lidia Falcón, han tratado, con motivo de esta penosa recompensa, de recordar a la opinión pública la siniestra trayectoria de Melitón Manzanas. Primero, colaborador de la Gestapo en la Francia ocupada por los nazis, persiguiendo a republicanos exiliados y a judíos, después jefe de la Brigada Político Social de San Sebastián, donde persiguió y torturó sádicamente a quienes valerosamente y con diversa ideología luchaban conjuntamente contra la dictadura. Tal es el personaje a quien nuestro Gobierno rinde el homenaje de condecorar.

    Esta condecoración es una ofensa a todos los hombres y mujeres que han sido víctimas de los numerosos Manzanas que, a través de la persecución, la violencia y el terror, mantenían aherrojados a nuestros pueblos de España, estrangulando su libre desarrollo. Pero es también una ofensa a las víctimas de la Eta actual. Y una terrible fuente de confusión, un muy grave error político, que inyecta nuevas energías al actual terrorismo de Eta.

    Quizá esta última afirmación sorprenda a algún ingenuo lector. ¿Cómo es posible que el homenaje a alguien que pereció a manos de Eta suponga un balón de oxígeno para esta organización? Sí y muy claramente, podemos responder: en la medida en que borra la diferencia entre las acciones de Eta realizadas bajo la dictadura y las que tienen lugar en la actualidad, en una situación muy distinta. En el interior de un Estado, en que, aun dentro de las limitaciones que afectan a la democracia en todo el mundo actual, y que tantas veces vengo criticando en estas páginas, no puede negarse la expansión de las libertades y las posibilidades abiertas para la construcción pacífica de Euskalherría. Una discusión ética y política sobre la necesidad y licitud de la lucha armada y del terrorismo -conceptos que deben, además, ser diferenciados, así como los de terrorismo discriminado e indiscriminado- no puede realizarse sin tener en cuenta el marco en que se mueven estas opciones. 

Un Estado dictatorial, como el de Somoza, el de Batista, el de los zares rusos de principios del siglo XX, puede no dejar más salida que la lucha armada. Bajo el franquismo se planteaba en la oposición de izquierdas este debate: ¿Cabía avanzar hacia la democracia por acciones de masas y por la organización clandestina de la oposición, o la única posibilidad estaba dada por las acciones armadas? El segundo fue el camino seguido por Eta y el FRAP.

 Pero, hoy día, existen partidos políticos y sindicatos legalizados en Euskalherría, hay un parlamento, se enseña el euskera en las ikastolas, y se difunde en la televisión vasca, se han concedido, en mayor o menor número, muy importantes transferencias. El dislate de la actual Eta es seguir manteniendo el discurso, sin matices, del Estado central represor, como en los tiempos del franquismo, ante el cual la única puerta abierta es el terrorismo. Un discurso que, primero apoyado por los crímenes de los GAL, ahora el actual gobierno viene a fortalecer al identificar a torturadores bajo la dictadura y demócratas que hoy caen bajo las pistolas de Eta. Proyectemos más luz y rigor sobre nuestra realidad y nuestra historia.

Error posible y descaro seguro
José Luis Manzanares La Estrella  29 Enero 2001

Melitón Manzanas, comisario de Policía asesinado por ETA a finales de los años sesenta, había alcanzado triste celebridad como torturador. Su muerte fue aplaudida dentro y fuera del País Vasco, en parte porque pocos imaginaban que el potencial terrorista de la banda se dirigiría después contra la España democrática, y en parte también porque sólo así habría sido posible poner punto final a sus prácticas criminales. Se aceptaba a los etarras como bienvenidos compañeros de viaje –o mejor, como meritoria vanguardia– en la lucha conjunta por un futuro en el que serían respetados escrupulosamente los derechos y libertades fundamentales de todos los españoles. Y se admitía sin demasiados escrúpulos el atentado mortal contra quien representaba en su propia persona lo peor de la dictadura. Ahí se encuentran los antecedentes de la situación actual, muy distinta, pero condicionada por el pasado.

Han transcurrido treinta y tantos años. El puñado de antiguos justicieros es hoy una organización que pretende alcanzar sus ideales políticos mediante el terror en todas sus formas. El abanico de acciones llega desde la algarada callejera hasta el tiro en la nuca o el coche-bomba en los grandes almacenes. Tras la promulgación de la Constitución española de 1978, y con el alto número de asesinados por ETA, desaparecen las coartadas a favor del crimen y se refuerza el frente común contra la muerte. Ni siquiera el Estado democrático tendría derecho a privar de la vida a los asesinos juzgados con las mayores garantías. Sin embargo, la opinión pública se divide al ser condecorado Melitón Manzanas, a título póstumo, con la Encomienda de la Real Orden de Reconocimiento Civil a las Víctimas del Terrorismo, creada por la Ley de Solidaridad con las Víctimas del Terrorismo. El escándalo podría haberse evitado –por la Ley y no por el Gobierno– si el ámbito temporal de aquella no se iniciase el 1 de enero de 1968, cuando aún no se había producido el cambio democrático. Tal vez se cometió un error, porque cabía predecir estas reacciones, unas veces sinceras y otras absolutamente hipócritas.

Del posible error se pasa al notorio cinismo cuando los críticos son miembros destacados de los mismos partidos políticos que apoyaron la Ley en aquellos términos y no en otros. La Ley 32/1999, de 8 de octubre, fue aprobada por unanimidad y ni el Gobierno ni ningún demócrata puede oponerse ahora a su aplicación o descargar sobre el adversario unas culpas que, si existiesen, serían compartidas. Hay también quien aduce que el Gobierno debió dificultar la concesión para expresar su disgusto en este caso. Pero la ley es tan clara que o estos señores no se la han leído o se proponen confundir a la ciudadanía insinuando la existencia de algún margen de interpretación o discrecionalidad.

El Estado de Derecho, tan frecuentemente invocado sin necesidad, importa mucho más que la valoración que merezca el resultado obtenido en un supuesto concreto. Si no gusta una ley, lo procedente es cambiarla. Y si se participó en la confección del texto vigente, también se puede entonar el mea culpa. Eso depende de los principios éticos de cada uno.

«Zabaltzen» creció gracias a las ayudas del Gobierno vasco
Esta distribuidora, que fue registrada por orden de Garzón, está vinculada a las editoriales de la izquierda «abertzale»
CARMEN GURRUCHAGA El Mundo   29 Enero 2001

SAN SEBASTIAN.- La distribuidora Zabaltzen, registrada la semana pasada por orden del juez Baltasar Garzón, fue una de las que más subvenciones y ayuda ha recibido durante los últimos años por parte del Gobierno vasco, lo que ha permitido al grupo editorial al que pertenece una gran expansión. Garzón ordenó su registro ante las sospechas de que podría estar relacionada con el entramado financiero de la organización terrorista ETA.

La distribuidora Zabaltzen, la editorial Elkar, las librerías Bilintx en San Sebastián o sociedades con otros nombres en otros lugares de España, forman parte del imperio editorial que han creado los hermanos Jaca y Sors, como principales y primitivos accionistas, gracias a la uso del euskara con fines mercantiles y en régimen casi de monopolio y a las multimillonarias subvenciones recibidas desde el Gobierno vasco para la promoción de esta lengua.

En el País Vasco, con la llegada de la democracia, se crea un modelo educativo en euskara, pese a la ausencia total de libros en esa lengua. Así pues, se hace imprescindible crear, desde la nada, libros en ese idioma para las enseñanzas primaria, media, secundaria y universitaria. Todavía no se sabe por qué, toda la parte relativa a la cultura euskaldun (en lengua vasca), el Gobierno vasco la dejó en manos de la izquierda abertzale. Se crearon unas sociedades tuteladas que debían preservar el uso y la modernización de la lengua -Uzei y Elhuyar, entre otras- vinculadas directamente a la izquierda abertzale. Sus componentes son, en su mayoría, personas procedentes del clero que desde esas fechas -años 80- viven como si fueran funcionarios del Gobierno vasco del más alto nivel, pero sin haber aprobado ninguna oposición. Su finalidad es cuidar la lengua de los vascos y crear un fondo de datos.

En manos «abertzales»
Dentro de este entramado se creó, por ejemplo, AEK, para la alfabetización de adultos. Más tarde, el Gobierno vasco se dio cuenta de en qué manos estaba todo lo referente al euskara y fundó con el mismo fin HABE, que durante un tiempo dirigió el actual parlamentario del PNV en Madrid José Juan González de Txabarri. Pero, como dice el refrán, «el que da primero, da dos veces» y los alumnos prefirieron matricularse en la que nació en primer lugar.

La editorial Elkar, que se dedica, principalmente, a la edición del libro de bolsillo en euskara, a los libros de texto en esa misma lengua y a los discos en el mismo idioma, pertenece a los hermanos Jaca y a Sors. Los alumnos de las ikastolas debían, obligatoriamente, comprar los libros de esa editorial. El vehículo idóneo era la Federación de Ikastolas que los imponía como libros de texto.

En un momento concreto, otra editorial que entonces se llamaba Lur osó editar con capital privado un diccionario enciclopédico en euskara de ocho tomos. Inmediatamente, Uzei, Elhuyar, Elkar y la Federación de Ikastolas crearon Euseñor, con el fin de hacer un diccionario enciclopédico en euskara con distintos soportes: papel, cd, etcétera. Ambos diccionarios usaban como banco de datos, después de traducirlo del castellano al euskara, el creado por Bernardo Estornés Lasa (Diccionario Enciclopédico Auñamendi, 50 tomos). La principal diferencia era que mientras los dueños de Lur no tenían ni una peseta de subvención del Gobierno vasco, los otros, bajo el patrocinio de la entonces directora de política Lingüística y actual consejera de Cultura, Mari Carmen Garmendia, recibían una subvención total. El argumento era estupendo: «Ninguna de las sociedades que formaban parte del proyecto tenían ánimo de lucro», decía el entonces portavoz de Eusenor, Joseba Intxausti.

Sin embargo, Zabaltzen, que era la encargada de distribuir todo lo producido, estaba integrada por las mismas personas que Elkar. Así pues, el negocio para estas empresas, cuyos propietarios están vinculados a la izquierda abertzale, ascendía ya en el año 1993 a miles de millones de pesetas recibidas desde las instituciones de Vitoria, según denunció EL MUNDO ese mismo año.

Ya entonces, se barajaba el coste de este producto Eusenor en alrededor de 3.000 millones de pesetas, de los que los editores y distribuidores no arriesgaban ni uno sólo y sí recibían todo el beneficio que dejaran los productos.

Así pues, la distribuidora Zabaltzen, propiedad de una de las empresas que integraba Eusenor, (Elkar), recibía el 50% de los beneficios de la venta de los diversos productos enciclopédicos. Posteriormente, Eusenor cambió de nombre y pasó a llamarse con algún nuevo socio Fundación Harluxet. Asimismo, el grupo formado por las empresas de los hermanos Jaca y de Sors, que han hecho un imperio de empresas distribuidoras de productos editoriales por todo España, se han agrupado en algunos casos bajo la fundación Euskalgintza Elkarlanean.

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