AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 5  Febrero  2001
#Arzallus, sin trascendencia penal
José Antonio SÁNCHEZ La Razón   5 Febrero 2001

#¿Podrá mantener el PNV a Arzalluz de líder si pretende rectificar?
Impresiones El Mundo 5 Febrero 2001

#Cocineros opresores
ANTONIO BURGOS El Mundo 5 Febrero 2001

#Morir matando
GABRIEL ALBIAC El Mundo  5 Febrero 2001

#Doblemente condenados
EMILIO ALFARO El País 5 Febrero 2001

#La policía avisa de cómo detectar bombas-lapa ante la imposibilidad de detectarlas a simple vista
Libertad Digital 5 Febrero 2001

#Incendian el Instituto Nacional de Seguridad Social en Durango
Bilbao. Ep ABC 5 Febrero 2001

#El nacionalismo ante la fusión
Editorial La Razón  5 Febrero 2001

#Txema Montero cree que «el nacionalismo no ha percibido aún el totalitarismo de ETA»
A. S. SAN SEBASTIAN El Correo  5 Febrero 2001

#Mallorca rectifica y decide mantener su centro de la UNED
A. M. , Palma de Mallorca (05-02-01) El País  5 Febrero 2001

#Sectores radicales reprueban el asesinato del cocinero
FERNANDO LAZARO El Mundo   5 Febrero 2001

#La Iglesia en el País Vasco
José Luis Manzanares La Estrella   5 Febrero 2001

#«Confundimos la nación española con el estado fundado por los Reyes Católicos»
JAVIER MEMBA El Mundo    5 Febrero 2001



Arzallus, sin trascendencia penal
José Antonio SÁNCHEZ La Razón   5 Febrero 2001

El pasado sábado día 27 de enero, a la misma hora en que era enterrado el afiliado de Comisiones Obreras Ramón Díaz García, el presidente del PNV, Javier Arzallus, inauguraba el «batzoki» de Abando, en Bilbao. El líder de los demócratas cristianos vascos obsequió a los presentes con un mitin que, como todos los suyos, alcanzó gran resonancia en todos los medios de comunicación. Arzallus regañó a Eta por atacar «a un pobre cocinero y no al poder» y acusó a los miembros de la banda de «no tener ningún escrúpulo» y no respetar a los muertos, expresando así su discrepancia por la colocación de una bomba en el cementerio de Zarauz. El presidente del PNV dijo más cosas, como que «levantarse contra Carrero Blanco (que fue asesinado por Eta) era, se hiciera como se hiciera, un acto cívico, una actitud patriótica».

    Estas palabras del dirigente político vasco me parecieron de juzgado de guardia, delictivas y gravísimas. No escribí nada la pasada semana y decidí esperar para conocer la respuesta del Estado de Derecho. Y menos mal que obré así, pues si llego a escribir el pasado domingo lo que en ese momento creía, hubiera hecho el más espantoso de los ridículos. Efectivamente, la Fiscalía General del Estado, antes llamada Fiscalía General del Reino, a través de su titular, Jesús Cardenal, experto en derecho, jurista de prestigio y puesto en el cargo a dedo por el PP, se apresuró a decir que la conducta de Arzallus era «execrable» pero que no tenía trascendencia penal. Para la Fiscalía, las declaraciones del dirigente vasco «aunque sean execrables y censurables desde el punto de vista político y moral, no tiene encaje jurídico alguno».

    Debe tener razón el Fiscal General, pues el mismo día que dijo que lo dicho por Arzallus «no tiene encaje jurídico alguno» don Jesús Cardenal manifestó ante Su Majestad el Rey, en referencia a los delitos de terrorismo, la voluntad de «seguir trabajando en el cumplimiento de los principios de la legalidad, la libertad y la democracia». Pero no sólo no ve delito la Fiscalía. Fuentes de la Audiencia Nacional dijeron del discurso de Arzallus que no sería apología del terrorismo ni tendría encaje en el delito de inducción al asesinato. Asociaciones como Jueces para la Democracia, Francisco de Vitoria y Unión Progresista de Fiscales rechazaron que puedan tener trascendencia penal las manifestaciones del líder del PNV. Y para la Asociación Profesional de la Magistratura las únicas palabras que podrían ser constitutivas de delito son las referidas a Carrero Blanco o Melitón Manzanas, pero mucho nos tememos que nadie atacará a Arzallus por arremeter contra estos dos muertos.

    Estas matizaciones de las más altas autoridades jurídicas demuestran que la pluma caliente y apresurada no es buena compañera y que la prudencia aconseja oír primero a los más comprometidos y competentes. Y después, sólo después, captado el mensaje y asimilado el aprendizaje, podemos opinar con autoridad sobre lo dicho por Arzallus.

¿Podrá mantener el PNV a Arzalluz de líder si pretende rectificar?
Impresiones El Mundo 5 Febrero 2001

Destacados dirigentes del PNV temen un posible resultado adverso en las próximas elecciones y creen que el partido debe cambiar de rumbo político. Así se lo han manifestado a EL MUNDO nacionalistas que ocupan -o han ocupado- cargos institucionales de relieve y que están de acuerdo en que el PNV debió romper el Pacto de Lizarra al día siguiente del primer asesinato cometido por ETA. El trabajo de Victoria Prego que hoy publica EL MUNDO deja en evidencia que en el PNV hay tres corrientes de peso muy desigual. La primera está formada por los abiertamente críticos a Arzalluz y Egibar, con nulo peso en la dirección del partido y muy minoritarios entre las bases. La segunda está integrada por quienes respaldan la vía soberanista que defienden Arzalluz y Egibar, una posición que cuenta con apoyo en Guipúzcoa pero que también es minoritaria. Y la tercera es la formada por estos dirigentes moderados del PNV, que, con el respaldo de la mayoría del partido, desearían volver a pactar con el PSOE dentro del respeto al actual marco legal. No es difícil ubicar en esta corriente a Ardanza, Atutxa, Anasagasti y a otros pesos pesados del partido. Pero todos ellos se siguen guardando muy mucho de expresar cualquier disidencia interna, máxime en una situación en que el PNV es objeto de durísimas críticas. Los barones consideran que, si los resultados electorales son malos, Egibar debería abandonar la dirección pero confían todavía en que Arzalluz podría liderar el giro hacia la moderación antes de concluir su mandato como presidente del EBB. ¿Ilusión o deseo? Parece bastante improbable que el PSOE aceptara un pacto postelectoral con un PNV dirigido por Arzalluz, que probablemente ha jugado ya todas sus cartas al respaldar la línea de Egibar.

Cocineros opresores
ANTONIO BURGOS El Mundo 5 Febrero 2001

Oído cocina, marchando otra del gremio! Lo que les pasa a los cocineros está clarísimo, y me extraña que Fernando Savater, en su romance de valentía, se haya atracado de toro y no le haya dado la distancia. Pero no te preocupes, Fernando, que eso le pasaba a Jaime Ostos y a todos los que se fajaban tanto como tú sueles en los arrimones a los berrendos en Arzalluz que te pegas. Lo que les pasa a los cocineros es que en vez de oír al padre de Angela Molina se dedican a leer a Pilar Urbano, y claro, se apuntan a la comodidad del Comité de No Intervención, por cuya culpa suelen perder en España las guerras los bandos que tienen la Constitución de su parte, y si hay que poner números, apunte usted 1936 y 1939. El padre de Angela Molina (en el siglo de la copla, Antonio Molina) cantaba aquello de «cocinero, cocinero, enciende bien la candela / y prepara con esmero / un arroz con habichuelas». Esto es lo que tenían que haber hecho tras el asesinato de Ramón Díaz: encender bien la candela y dársela a los que mataron al colega. En vez de eso, se han dedicado a leer a Pilar Urbano, claro, y así pasa lo que pasa.

Los cocineros de por allí arriba son imperdonables. Cuando sus colegas ideológicos de la capucha y la pistola tienen a un padre de familia secuestrado, en vez de mandarles una tortura con pimientos del piquillo, también se abstienen, y, ¡hala!, que el comando del zulo se avíe con latas de fabada Litoral. No sólo demuestran falta de solidaridad gremial con el pobre ranchero de la Comandancia de Marina de San Sebastián, sino hasta con sus amiguitos del hacha y la bicha. Creo que debemos aprovechar la ocasión para liberarnos de una vez de la dictadura de ciertos cocineros vascos. Arzalluz venga a hablar de la opresión del pueblo vasco, ¿pero donde me dejan la opresión de los cocineros vascongados sobre los fogones y las mesas de una nación extranjera, como es España? ¿No piden ellos que el Ejército y la Guardia Civil se retiren de Vasconia? Pues yo pediría que todos los Pachis y los Andonis con un gorro blanco se retiren de los fogones de Madrid, de Valencia, de Sevilla, y que nos dejen en paz y en gracia de Dios con nuestros platos de cuchara. Sé que hay que echarle huevos con chorizo, pero puede lograrse. Yo también pido la independencia con respecto al pimiento del piquillo y al bacalao al pil-pil. Y le pido de paso a Isidoro Alvarez que, por favor, no saque más en sus anuncios a Arzak, porque no es lógico que los opresores exaltemos de esta forma a los oprimidos, o viceversa. Ojalá los cocineros sigan a Antonio Molina, aprovechen la ocasión y preparen con esmero un arroz con habichuelas españolísimas en vez de tanta tontería sobre un lecho de salsa de frutas del bosque. En cuanto a Pilar Urbano, ahora me lo explico perfectamente: es que fue cocinera antes que monja. www.antonioburgos.com

Morir matando
GABRIEL ALBIAC El Mundo  5 Febrero 2001

De qué rincón sombrío del inconsciente hispano viene Manuel Fraga? Del de las botas militares y ese asco de fascismo que fue el español, que, por no ser, ni a fascismo llega, porque incluso para ser fascista había que estar en el siglo XX, y esto de aquí, bajo el sanguinolento general, no fue sino el decimonónico caudillismo meapilas, anacrónico y cursi: lo cursi no es incompatible -bien lo sabe el valleinclanesco Fraga- con lo cruel.

Ese tipo. Manchado por la sangre de las ejecuciones del año 1963. Manchado por la sangre de los asesinados en la Transición. Manchado por la brutalidad, a la cual él llama política, ésa que le daba -¿qué ministro del Interior fascista no sueña con eso?- el monopolio de la calle. Ese homicida, al cual una democracia autohumillada permite cargo público, retórica insana e infinita maña para el modernizado caciquismo. Ese tipo.

No. No es él quien me irrita. El es lo que es: el ministro de Franco y el amigo de Castro. Sobre esa base, cualquier barbarie es simple lógica. Que quiera «morir en la plaza y toreando», a imitación de sus dos maestros, es sólo matemática del déspota.

No. No es él. Me irrita, más allá de lo expresable, que el mismo PP que ha logrado cimentar una derecha no franquista siga rindiendo edípica pleitesía al último residuo cadavérico de la dictadura.

Extranjero a cualquier juego político, los partidos no son para mí sino anacrónico objeto de análisis. Vivo replegado en una ciudadanía hostil a la delegación representativa. No soy tan necio, sin embargo, como para no distinguir cosas elementales: que los gobiernos de González practicaron el crimen de Estado (que se lo pregunten, si no, al secuestrador ministro Barrionuevo) y que los de Aznar, hasta ahora, no; que, entre la grosería de un Corcuera y lo convencional de un Mayor, la diferencia es no anecdótica. Que, en resumen, el PP en el Gobierno ha conseguido algo no muy difícil pero sí interesante: situarse bastante a la izquierda del hiperreaccionario PSOE. No es gran cosa. Pero había que hacerlo.

Todo eso arruina la senil imagen del último fascista. De ese bárbaro cuyo virreinato halagan gentes que deberían cuidarse de cualquier contacto con la herencia de Franco.

Que Manuel Fraga Iribarne, ministro en tiempos de fusilamientos y garrotes viles, juzgue estupendo condecorar al torturador Manzanas es inatacable coherencia. Que ame a Fidel Castro o rinda homenaje al cavernario Carrero Blanco, honra su propia identidad antediluviana. Que Aznar tolere al gran cacique gallego es triste pulsión suicida.

Doblemente condenados
Uriarte y Onaindia, sentenciados a muerte en el 'proceso de Burgos', son dos de los centenares de vascos que tienen que vivir con escolta
EMILIO ALFARO El País 5 Febrero 2001

Son ellos dos una paradoja ambulante; una más de las que proliferan en Euskadi por mor de la violencia terrorista. Como otros más de setecientos cargos políticos, profesores, empresarios o periodistas del País Vasco, viven en libertad vigilada, acompañados por custodios reconocibles que les preservan del cumplimiento de una sentencia de muerte, azarosa pero real, dictada por ETA. Pero su caso es singular.

La condena de Eduardo Uriarte Moreno y Mario Onaindia Nachiondo es doble. Se acumula, en un salto absurdo de treinta años, a las que recibieron en 1970. Más paradojas. Su delito en aquel tiempo fue el de pertenecer a un grupo llamado ETA, que había comenzado a utilizar la violencia contra el régimen franquista. Y una coincidencia: la organización que ahora amenaza sus vidas y el tribunal que entonces les condenó comparten el adjetivo, el de "militar".

Eduardo Uriarte (Sevilla, 1945) responde con seguridad cuando se le plantea por qué tienen que enfrentarse a una situación similar a la que ya pasaron hace tres décadas: "Porque antes combatíamos al fascismo y ahora también combatimos al fascismo". Mario Onaindia (Bilbao, 1948), ex secretario general de Euskadiko Ezkerra y hoy presidente en Álava del Partido Socialista de Euskadi, lleva muchos años reflexionando sobre la contradicción, sólo aparente, de que sea ETA lo que haya quedado como resto del franquismo.

En el último año, esta reliquia criminal le ha arrancado a compañeros como Fernando Buesa, López de Lacalle, Juan María Jáuregui o Ernest Lluch y ha intentado asesinar a José Ramón Recalde, todos ellos comprometidos luchadores en aquellos años de plomo y dictadura. "¿Que por qué estamos amenazados? Por defender consecuentemente la libertad y la democracia. En este país todos sabemos qué es lo que tenemos que hacer para librarnos de la amenaza de ETA, cuál es el peaje que tienes que pagar para que te dejen en paz", responde.

Por no querer abonarlo tienen que vivir en permanente alerta, con una presencia a sus espaldas que les protege, pero que perturba a la familia, incomoda a los conocidos y les recuerda a cada instante el riesgo que corren. Sin embargo, ellos tienen una considerable ventaja sobre la mayoría de los que comparten su suerte. Guardan la memoria de la clandestinidad y la cárcel, y esa experiencia les ayuda a sobrellevar su situación y a no ocultarla como si fuera una tacha vergonzante.

Caminando siempre diez pasos por delante de su escolta, cruzándose habitualmente con otras parejas de hecho que la inseguridad ha fabricado en las calles de Euskadi, Onaindia ha revivido en este año la sensación extraña de invisibilidad social que experimentó aquel 9 de abril de 1969 en que salió esposado y maltrecho de un piso del Casco Viejo de Bilbao. Había un Seat 1500 cerrando la calle y seis o siete policías que les rodeaban con metralletas en ristre, "pero la gente, las señoras, no veían nada, o no querían verlo. Parecía que éramos transparentes". Ahora, dice, se repite la situación.

"Hay un montón de gente en Euskadi que aparta la vista, que no quiere darse cuenta de la situación que están viviendo muchos vecinos". Onaindia y Teo Uriarte, que compartieron militancia clandestina, condena y cárceles, y, posteriormente, trayectoria política, soportan con espíritu guerrero y envidiable humor las incomodidades del nuevo estatus. Onaindia lleva compañía permanente desde el asesinato de Fernando Buesa, del que va a cumplirse un año; Uriarte, desde la detención, el pasado noviembre, del comando Vizcaya. Estaba bastante delante en la lista de posibles objetivos.

"Me he dado cuenta de que he recuperado tics de la clandestinidad, recorridos seguros y pautas de autoprotección que seguía entonces. De hecho, vivo en la misma casa en que estuve escondido después de lo de Melitón Manzanas", bromea Uriarte (fue en ese ocultamiento forzoso donde conoció a su mujer). La diferencia es que en 1969 era un etarra que huía de la policía de la dictadura y ahora la policía de la democracia le preserva de las asechanzas de la organización que lleva las mismas siglas de aquella a la que perteneció.

Mario Onaindia relata la extorsión que representa la escolta para la familia y las relaciones sociales del protegido, y reconoce que lo pasó muy mal en los primeros momentos. Estuvo seis meses trabajando en casa, saliendo apenas una hora para estirar las piernas bajo vigilancia. "Me sentí como cuando estuve en la cárcel". Sin embargo, el riesgo ha insuflado nuevas energías a su debilitado corazón, que en septiembre de 1998 le dio un gran susto y la invalidez permanente.

Acaba de terminar el primer volumen de sus memorias (El precio de la libertad. Espasa Calpe), que saldrá a la venta el mes próximo, y está volcado en actividades conspirativas, que es, junto a la teorización, la faceta de la política que más le estimula. A su juicio, la ETA de hoy no tiene nada que ver con la organización que combatió al franquismo, ni incluso con la de los años ochenta. Sin entrar en el debate estéril de si hubo en algún momento una ETA buena, Onaindia considera que el gran cambio se produce a partir de 1992, tras la caída de su dirección en Bidart.

"Hasta entonces su adversario declarado era el Estado español, y su objetivo, conseguir la autodeterminación. Pero se dio cuenta de que si el pueblo vasco ejerciera la autodeterminación el resultado político sería el que hay hoy, por lo que el enemigo principal de ETA han pasado a ser los vascos que defienden la democracia", subraya.

Aunque admite que puede ser una proyección de sus pensamientos, Teo Uriarte cree que la presión terrorista de ETA ha hecho regresar la pesada atmósfera de los estados de excepción. "El miedo es clandestino en Euskadi. Hay gente que pasa tanto miedo que ni siquiera puede vencer el pudor de reconocerlo", sentencia. Y le cabrea la indiferencia y la falta de apoyo real al próximo de tanta gente que, sin embargo, se ve concernido por el drama de El Salvador o la India.

"Hay mucho solidario de caja de ahorros", ironiza. Mario Onaindia proyecta su indignación, por encima de ETA, hacia una nacionalismo incapaz de ir más allá de "condenas éticas". "Al menos, ETA es coherente: pretende lisamente que nos vayamos; el PNV no lo es", afirma tajante. "Arzalluz quiere que los vascos que no somos nacionalistas renunciemos a nuestros derechos políticos a cambio de la paz y crear para nosotros una especie de régimen de apartheid".

Piensa Onaindia que si muchos ciudadanos vascos reivindican abiertamente la Constitución no es por conversión al españolismo. "Se han dado cuenta de que es la última barrera defensiva de los demócratas, porque obliga al Estado a defendernos del fascismo", concluye.

Un recorrido vital compartido
El pasado mes de diciembre se cumplieron 30 años del proceso de Burgos. Mario Onaindia y Eduardo Uriarte fueron dos de los seis militantes de ETA condenados a muerte en un consejo de guerra sumarísimo por la causa abierta por el asesinato del inspector Melitón Manzanas.

Uriarte, hijo de un republicano represaliado, se había incorporado a ETA en 1965 y Onaindia, que procedía culturalmente del PNV, lo hizo en 1967. Ambos fueron detenidos, con tres días de diferencia, en abril de 1969. Durante sus ocho años de prisión participaron activamente en los agitados debates ideológicos de la organización y apostaron, frente al sector de izquierda abertzale aglutinada por ETA Militar, por participar en el proceso hacia la democracia que se abrió a partir de 1976.

Junto al resto de los condenados de Burgos, el 20 de mayo de 1977 aceptaron su extrañamiento fuera de España, en vez de la amnistía, que llegaría un año después, para hacer posible las primeras elecciones democráticas de junio de 1977.

Posteriormente, ambos volcaron su actividad política en Euskadiko Ezkerra. Como secretario general, Onaindia tuvo un papel decisivo en la aceptación del Estatuto y, junto con Bandrés, en la disolución de ETA Político-militar en 1982. Diez años más tarde impulsó la fusión de esta formación con el Partido Socialista de Euskadi (PSE-EE), al que su amigo Uriarte se había afiliado un año antes. Tras desempeñar diversos cargos públicos, ahora éste es militante de base y Onaindia presidente de Álava.

La policía avisa de cómo detectar bombas-lapa ante la imposibilidad de detectarlas a simple vista
Libertad Digital 5 Febrero 2001


La Policía ha avisado de cómo detectar bombas-lapa similares a la que ETA colocó el pasado 24 de enero en el vehículo del subteniente del Ejército de Tierra José Luis Díaz Pareja, en Cizur Mayor (Navarra) ante la dificultad de observarlas en una primera inspección ocular.

En una comunicación de la Dirección General de la Policía enviada a todas las jefaturas policiales, en la que se hace referencia al artefacto colocado en los bajos del vehículo del militar, un Peugeot modelo 405, 1.7 DT y se pide que se tengan en cuenta las especiales características de esa bomba-lapa.

Según la comunicación, el artefacto, tipo bandeja de horno de cocina, estaba pintado de color oscuro y colocado en un hueco existente entre el tubo de escape y los bajos del vehículo.

En concreto, los terroristas lo colocaron en una oquedad que ese modelo de Peugeot tiene para preservar el tubo de escape y que coincide con su eje longitudinal central, a la altura de la caja de cambios y la palanca del freno de mano, de tal manera que forma una figura cóncava que "dificulta su observación en una primera inspección ocular rápida y superficial". La Policía pide que se tengan en cuenta estas circunstancias a la hora de inspeccionar vehículos de similares características, tanto particulares como oficiales.

Incendian el Instituto Nacional de Seguridad Social en Durango
Bilbao. Ep ABC 5 Febrero 2001

Vecinos de un inmueble de Durango (Vizcaya) tuvieron que ser desalojados anoche de sus domicilios después de que desconocidos incendiaran la sede del Instituto Nacional de la Seguridad Social ubicada en los bajos del edificio, según informaron fuentes de la Ertzaintza. El sabotaje no causó heridos pero sí daños materiales en el local.

El sabotaje se registró a las diez menos cinco de la noche de ayer en el número 6 de la calle Francisco Ibarra de la localdad vizcaína.

Un grupo de individuos roció el interior de la sede de la Seguridad Social con líquido inflamable y, posteriormente, le prendió fuego.

La Ertzaintza, desplazada al lugar, procedió a evacuar el número 4 del inmueble situado en la zona superior del local atacado, ante la humadera generada por las llamas y permanecieron en la calle hasta que los Bomberos sofocaron el incendio. Por el momento, se desconoce la cuantía de los desperfectos, que, en principio, parecen ser numerosos.

El nacionalismo ante la fusión
Editorial La Razón  5 Febrero 2001

El proyecto de fusión de Endesa e Iberdrola debe ser un triunfo general. Todos ganan en una operación por la que (gracias a los controles impuestos por el Tribunal de Defensa de la Competencia) se abre el puchero del mercado eléctrico español a nuevas empresas y a una competencia más real, que debe aún demostrar que realmente beneficia a los consumidores. Ganan las empresas fusionadas pues, aunque deban deshacerse de buena parte de sus activos, el dinero de la venta les permitirá entrar en el mercado europeo con la caja repleta. De ahí el empeño de Endesa, con Rodolfo Martín Villa en la presidencia, que aporta la experiencia obtenida por su empresa en la aventura de salir al resto del mundo.

    Puede sorprender por ello que desde el nacionalismo vasco se haya intentado por todos los medios torpedear la fusión y conseguir que el consejo de Iberdrola no firmase el acuerdo. La campaña ha sido tan feroz en el País Vasco como reflejan las noticias y comentarios publicados por los medios de comunicación en manos de los nacionalistas. Sin contar con la influencia que ya tenían en la empresa los peneuvistas, a través de la caja de ahorros BBK, accionista de Iberdrola.

    La fusión supondría, por lo tanto, una derrota en toda la línea para Arzallus y sus proyectos soberanistas. Iberdrola, una de las dos empresas emblemáticas del industrioso Bilbao junto al BBV, desaparecerá como tal. Y con ella, según se calcula en el Gobierno vasco, se perderán cerca de 10.000 millones de pesetas anuales en concepto impuestos. Las cosas se pueden agravar con la marcha de cerca de 2.000 puestos de trabajo, en su mayoría directivos, y el previsible cierre de muchas pequeñas empresas o despachos profesionales que viven de los servicios que prestan a la sede de Iberdrola. Y esto es algo que teme con razón la sociedad vizcaína en su conjunto. De ahí que tanto las empresas como las Administraciones deban ser extremadamente cuidadosas para que la fusión no suponga un desastre en el empleo para una ciudad como Bilbao.

    Pero con ser importante, no es esto lo que preocupa al PNV. Lo que ha sublevado a los nacionalistas es la posible cancelación, negada por Iberdrola, de dos proyectos de construcción de centrales de generación de energía eléctrica en el País Vasco, con una inversión estimada en medio billón de pesetas, imprescindibles para que la Comunidad deje de ser importadora de una electricidad que no produce. El Gobierno del PNV puede ver seriamente afectado su proyecto soberanista. El País Vasco solo podrá ser independiente si logra la autosuficiencia en la producción de energía eléctrica y de alimentos. De ahí que para el nacionalismo la fusión sea un proyecto «político» y su éxito una severa derrota para los estrategas de la «tregua-trampa» y el pacto de Estella.

    Pero este es sólo el primer fracaso de otros muchos que sufrirá el plan independentista. Porque Arzallus y los suyos, empeñados en hacer cada vez más autista al País Vasco, para desgajarlo del resto de España, son incapaces de advertir que el mundo ha cambiado y que caminan en sentido contrario. De no producirse la fusión, Iberdrola no tardaría en caer en manos de alguna gran eléctrica europea, y lo mismo ocurrirá con otras relevantes empresas. Porque el País Vasco es parte de la UE, aunque Arzallus no quiera que los vascos sepan las ventajas que eso conlleva para todos.

Txema Montero cree que «el nacionalismo no ha percibido aún el totalitarismo de ETA»
A. S. SAN SEBASTIAN El Correo  5 Febrero 2001

El abogado Txema Montero, expulsado de HB en 1992 por sus diferencias políticas con la coalición radical, considera que «el nacionalismo no ha analizado con suficiente detalle la verdadera naturaleza política de ETA como movimiento totalitario».

En una entrevista que publica hoy ‘El Diario Vasco’, Montero lamenta que los nacionalistas, «en vez de romper con claridad con quienes utilizan la violencia, la tregua y la paz de forma instrumental, dan la impresión de ser el chico que corre detrás del tranvía para no alcanzarlo». El abogado, por otra parte, acusa al PP y al PSE de confundir «profundamente lo que es la lucha contraterrorista». «Han pensado que hay que acabar con el nacionalismo para ir acabando con ETA. Este es un error grave porque el sentido del nacionalismo como reclamación de poder político sobrepasa las siglas».

Montero cree, asimismo, que la actuación de ETA no supondrá ninguna fractura en la izquierda abertzale y denuncia que el debate en HB, en el proceso Batasuna, no es una discusión política sino «una liturgia religiosa, una visión totalitaria».

Mallorca rectifica y decide mantener su centro de la UNED
A. M. , Palma de Mallorca (05-02-01) El País  5 Febrero 2001

El Consell de Mallorca rectificará la decisión de la Comisión de Cultura de retirar la subvención de 56 millones de pesetas anuales que permite el mantenimiento del centro de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), que atiende a unos 2.400 alumnos en Mallorca.

Esta institución académica fue tildada de "castellanizadora" y "centralista" por los políticos nacionalistas del Partit Socialista de Mallorca, PSM, que dominan la gestión cultural en Mallorca y en Baleares.

Las protestas que se han producido recientemente de los estudiantes y profesores afectados por el posible cierre, así como las críticas de buena parte de la sociedad insular, han motivado la marcha atrás de los partidos que gestionan el Consell: PSOE, PSM, IU, Els Verds y Unió Mallorquina.

El Partit Socialista de Mallorca quiso razonar su rechazo a implicarse en el patrocinio de la Universidad Nacional de Educación a Distancia en la falta de competencias; sus aliados, el PSOE e IU, rectificaron de inmediato, mientras que el Partido Popular impulsó acciones favorables al mantenimiento del convenio con la universidad a distancia.

Sectores radicales reprueban el asesinato del cocinero
FERNANDO LAZARO El Mundo   5 Febrero 2001


MADRID.- El asesinato de Ramón Díaz no ha dejado impasible a nadie. Los demócratas, una vez más, han demostrado su rechazo a la violencia de ETA. Sin embargo, este último crimen también ha despertado inquietud en el seno de la izquierda abertzale.

El comando Donosti, el grupo más emblemático de la organización terrorista, asesinó el pasado 26 de enero a Ramón Díaz, quien, durante 12 años, trabajó de cocinero en la Comandancia de Marina de San Sebastián. Una bomba lapa colocada por los terroristas en los bajos de su vehículo acabó con su vida.

Fuentes cercanas a la izquierda abertzale indicaron que esta acción de los nuevos terroristas de ETA ha sembrado de inquietud y malestar a una gran mayoría de los habituales simpatizantes de las acciones perpetradas por la banda.

En reuniones privadas, amplios sectores radicales han mostrado su disconformidad con esta acción. No alcanzan a interpretar políticamente el sentido de asesinar a un cocinero, a un salmantino que llevaba más de 40 años trabajando en el País Vasco y cuyos hijos simpatizan con los ideales de la izquierda abertzale.

«¿Qué tipo de soberanía nacional vamos a hacer asesinando a cocineros?», se preguntaron los disconformes con este último crimen en esas reuniones privadas, de cuyo contenido informaron a este periódico fuentes cercanas a los propios asistentes.

Sin embargo, este malestar no se ha quedado de puertas para adentro. A título individual, numerosos miembros de las organizaciones de la izquierda abertzale ya han trasladado a Francia su posición tras este crimen. Según las mismas fuentes, varios dirigentes abertzales han expresado a la dirección etarra su preocupación tras este último atentado.

Según estas fuentes, los representantes abertzales, que han enviado el mensaje a título personal, han hecho saber a José Javier García Gaztelu, Txapote, su malestar por esta acción. Entienden que matar cocineros no es el camino para avanzar hacia la soberanía del pueblo vasco. Muchos de los que ahora critican la acción del comando Donosti sí apoyan las actuaciones de ETA contra miembros de las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado o contra cargos públicos de formaciones políticas democráticas.

Estos últimos, además, ya trasladaron, tras el fin de la tregua etarra, sus críticas a la dirección de ETA ante la línea de actuación de los nuevos miembros de la organización. De hecho, fueron muchas las críticas de estos sectores tras el asesinato del que fuera gobernador civil de Guipúzcoa y testigo de cargo en el caso Lasa y Zabala, Juan María Jáuregui. Criticaron que el emblemático comando Donosti acabara con la vida de un destacado socialista vasco que había apostado siempre por la vía del diálogo. Estas críticas aumentaron tras el asesinato en Barcelona del socialista Ernest Lluch, otro firme defensor del diálogo.

La Iglesia en el País Vasco
José Luis Manzanares La Estrella   5 Febrero 2001

Predicar la universalidad de la Iglesia católica es una redundancia, pero tal característica se aviene mejor con el dogma que con las prácticas cotidianas. De tejas abajo cada pueblo se agrupa alrededor de sus pastores y las diferentes comunidades tienen sus propios problemas, sus enemigos tradicionales y su especial idiosincrasia. Entonces la Iglesia única parece fragmentarse según las circunstancias históricas de cada nación. El descenso desde el credo a la moral se complica con elementos tan calidoscópicos como los buenos fines y la elección de unos medios discutibles en su eficacia y a veces también en su licitud.

Sólo a partir de esas relaciones singulares entre la jerarquía eclesiástica y los creyentes se explica, por ejemplo, la bendición simultánea de los cañones utilizados a un lado y otro de las trincheras que separan a dos países en guerra. O el silencio más o menos espeso sobre determinadas políticas que contradicen el mensaje evangélico. Desde esa perspectiva nada nuevo ofrecería el contencioso vasco. Lo que sorprende, sin embargo, es precisamente eso, la persistencia de atavismos políticos y pseudorreligiosos sin cabida en la democracia europea e incompatibles con el respeto debido a la persona individual.

Conforme a los rumores y no sólo a las noticias que nos llegan del País Vasco, nos encontraríamos todavía en el siglo pasado, cuando los vínculos con la tierra o la raza primaban sobre las ideas de libertad e igualdad, y cuando al adversario se le vencía con las armas y no con la razón y las urnas. Hoy no queda margen para el engaño. La voz del Santo Padre es en este punto absolutamente ecuménica. Se dirige a todo el mundo y también, en particular, al terrorismo etarra. La Iglesia y las sociedades cristianas coinciden en la defensa de los derechos fundamentales del hombre, con el derecho a la vida como presupuesto de todos los demás. Lo que sucede es que esa evidencia no llega por igual a todas las parcelas de España, o de la Europa occidental, o del llamado Primer Mundo.

Hay sectores del catolicismo vasco dispuestos a disculpar, y aun a justificar, el crimen cometido en aras de sus proyectos nacional-separatistas. Se insiste en la condena de la violencia venga de donde venga, en términos generales, aunque los vientos del asesinato, el secuestro y la extorsión siempre soplen en un mismo sentido. La violencia engendra violencia, se nos repite machaconamente. Si no se dialoga con el terror y se cede hasta alcanzar un compromiso, la responsabilidad se repartirá entre unos y otros, a salvo, como es natural, aquellos que recogerán las nueces del terror con las manos aparentemente limpias.

La gran mayoría de los católicos españoles se escandaliza con la devaluación del quinto mandamiento por razones temporales, tanto más cuando resulta evidente cuál es la opción política hacia la que se escoran las matizaciones, las reservas, las excusas y los perdones anticipados. El precepto divino no tolera posiciones intermedias. Quizá el actual estado de cosas sea muy beneficioso para el nacionalismo vasco, pero seguramente no lo será para la Iglesia con mayúscula.

«Confundimos la nación española con el estado fundado por los Reyes Católicos»
El historiador Antonio Domínguez Ortiz publica «España, tres milenios de historia»
JAVIER MEMBA El Mundo    5 Febrero 2001

MADRID.- Miembro de la Real Academia de la Historia, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales y doctor honoris causa, Antonio Domínguez Ortiz está considerado uno de los grandes maestros de la historiografía española del siglo XX. Sus vastos conocimientos abarcan desde los Austrias hasta los Borbones, pasando por motines, autos de fe, judeoconversos o los primeros coches de caballos que circularon por nuestras calles.

De entre los más de 300 volúmenes que integran su bibliografía, los expertos destaca La sociedad española del siglo XVIII, referencia obligada para todos los estudiosos de aquella época. España, tres milenios de historia (Marcial Pons), su último texto, que estos días llega a las librerías «significa la culminación de una aspiración largamente sentida. Hasta ahora no había publicado nada fuera del ámbito de la Historia moderna, pero eso no quiere decir que no me hayan interesado otros aspectos».

Lector de la Historia de España de Modesto Lafuente en su adolescencia, el profesor Domínguez Ortiz aún recuerda la fascinación que ejercían sobre él los mitos antiguos. Respecto a algunos de los grandes acontecimientos del siglo XX, sus 92 años de edad le han permitido ser testigo de la gran mayoría de ellos.

Teorías nacionalistas
«Con frecuencia no he estado muy de acuerdo con las verdades recibidas. Por ejemplo, con la demonización de Fernando VII, con quien se ha encarnizado la historiografía liberal. Es verdad que fue un mal rey, pero eso no es nada nuevo en nuestra historia».

Más al hilo de la actualidad, otra de las cuestiones con la que el profesor Domínguez Ortiz no está de acuerdo -al igual que tantos historiadores- es con algunas teorías nacionalistas. «España, tres milenios de historia es mi respuesta a todos los interrogantes que se hacen sobre la existencia de España. El título viene a indicar que no sólo existe, sino que su existencia se remonta a hace 3.000 años. Todas las grandes divisiones del imperio romano continúan teniendo vigencia. Los franceses consideran como parte de la historia nacional la Galia romana. En el metro de París hay varias estaciones que la recuerdan ¿Por qué nosotros hemos de confundir la nación española con el Estado español, fundado por los reyes católicos? Escribiendo este libro he querido poner mi granito de arena en la labor de contención contra los afanes disolventes de España».

En contra de quienes argumentan sus teorías políticas en supuestas tesis históricas, el profesor sostiene: «Rechazo que la Historia tenga que servir para algo que no sea satisfacer la curiosidad del ser humano, uno de sus anhelos más genuinos. Defiendo una personalidad propia de la Historia, y la de España no es algo que tenga que servir de explicación a lo que ocurre hoy en el país».

Testamento literario
Además de para dar cuenta de que la antigüedad de España como nación se remonta a la romanización, esta nueva entrega del académico -quien mucho más allá de los Reyes Católicos remonta la existencia de un estado español a los días de los visigodos- surge «para llenar el vacío que deja la ausencia de una auténtica enseñanza histórica en los actuales planes de estudios».

Escrito, según la también profesora y académica Carmen Iglesias, «con la valiente sencillez del lenguaje» que caracteriza a su autor, este España, tres milenios de historia es «un libro juvenil, que sólo es posible concebir desde la madurez que dan 92 años de vida. Un libro en el que su autor conjuga el deseo personal de perfilar la imagen de una España madre de muchos pueblos y la aspiración del docente de transmitir esa imagen a un público más amplio». «Me ha dado muchos quebraderos de cabeza y, más de una vez estuve en trance de abandonarlo», continúa Domínguez Ortiz. «Teniendo en cuenta mis circunstancias y mi cronología, he de considerarlo mi testamento literario.»

Recortes de Prensa   Página Inicial