AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 9  Febrero  2001
#Camino de disolución
Editorial El Correo 9 Febrero 2001

#Diálogo
MARIO ONAINDIA El Correo  9 Febrero 2001

#El descompuesto Estado compuesto
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 9 Febrero 2001

#Los disfraces de ETA
Editorial ABC   9 Febrero 2001

#Prudencia en la Audiencia
Juan BRAVO La Razón   9 Febrero 2001

#El Gobierno considera "especialmente grave" que la Audiencia diga que la red Xaki no depende de ETA
EFE, Madrid El País 9 Febrero 2001

#¿Pero es que vamos a volver a empezar?
ROSA DÍEZ El País  9 Febrero 2001

#El oso y el barranco
Ignacio CAMACHO ABC  9 Febrero 2001

#Cataluña busca la tercera vía contra el terrorismo
Impresiones El Mundo    9 Febrero 2001

#El Parlamento Internacional de Escritores niega al País Vasco el título de «ciudad refugio»
Redacción - Vitoria .- La Razón 9 Febrero 2001

#Un acto por la convivencia
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón  9 Febrero 2001

#Sentado en la puerta
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón   9 Febrero 2001

#Senatus Populusque Romanum
EDUARDO HARO TECGLEN El País  9 Febrero 2001


#Gil-Robles defiende la libertad de expresión de las víctimas de la violencia
PILAR MARCOS, Madrid  El País 9 Febrero 2001

#Una visita oportuna
XABIER GURRUTXAGA El Correo   9 Febrero 2001

#Atención al informe de Gil-Robles sobre Euskadi
Lorenzo Contreras La Estrella  9 Febrero 2001

#Gil-Robles advierte a los nacionalistas que algún día también pueden ser víctimas de Eta
E. L. Palomera - Madrid .- La Razón 9 Febrero 2001

#El sustrato moral de una sociedad
BORJA BERGARECHE El Correo 9 Febrero 2001

Camino de disolución
Editorial El Correo 9 Febrero 2001

Con la tercera entrega de su «compromiso ético y democrático por la paz», el lehendakari Ibarretxe cubrirá el próximo 17 de febrero la agenda que tenía dispuesta para preludiar la disolución del Parlamento vasco. Lejos de representar una secuencia ‘in crescendo’ respecto a anteriores iniciativas, la comparecencia de ayer y el acto convocado en el Kursaal de San Sebastián se antojan fallidos y superfluos, además de equivocados. Desde hace tiempo, el discurso del lehendakari y su propio lenguaje parecen personificar la doctrina mediadora producida por Elkarri en torno al conflicto vasco. Hasta tal punto que Ibarretxe rehuye tanto su propia responsabilidad institucional como su innegable compromiso partidista, tratando de colocarse por encima de la polarización política y de la situación de bloqueo que padece la vida institucional en Euskadi. Esa pretensión de recrear un mundo a su medida es la que, en el fondo, anula la capacidad de Juan José Ibarretxe para propiciar en estos momentos un camino distinto al que pueda trazar con la inmediata convocatoria de elecciones.

Ni el lehendakari Ibarretxe ni su partido parecen percatarse de que «la exigencia a ETA del abandono definitivo de las armas» no puede constituir un punto más de un plan de paz y normalización política. Ni siquiera resulta suficiente que dicha exigencia ocupe el primer lugar de los «cuatro principios básicos» expuestos por Ibarretxe. No si Ibarretxe y su partido se resisten a admitir que la desaparición de ETA es la condición previa e inexcusable para que el diálogo político en Euskadi sea tal, y deje de presentarse como un remedo sujeto al poder coactivo del terrorismo. El problema consiste en que mientras el nacionalismo democrático evite comprometerse en un esfuerzo común por lograr la desaparición de ETA, mientras el nacionalismo democrático establezca alguna vinculación entre el desistimiento de ETA y cualesquiera otras condiciones políticas, el resultado será netamente favorable a la perpetuación de la situación actual. La obsesión por conceder el mismo rango de legitimidad a «los marcos jurídicos construidos hasta ahora por la voluntad mayoritaria de los vascos» y a «las opciones de cambio, actualización y modificación de los mismos» denota hasta qué punto el mensaje del lehendakari se aprovecha de su propia posición institucional para debilitar el crédito de la autonomía vasca, cuando nadie es capaz de ofrecer a la ciudadanía un proyecto político capaz de suscitar mayor adhesión que la representada por las vigentes instituciones.

Diálogo
MARIO ONAINDIA El Correo  9 Febrero 2001

Una vez que el lehendakari Ibarretxe ha perdido todas las apuestas que había hecho al comienzo de la legislatura al romperse la tregua de ETA y abandonar Euskal Herritarrok el Parlamento Vasco, no le queda otra bandera que la del diálogo.

Por eso, porque es muy difícil explicar por qué pactó con Euskal Herritarrok en el Parlamento vasco y con ETA rubricando el acuerdo en un coche en el que llevaban una impresora y el sello del PNV aunque sólo en la parte delantera del documento y no en el dorso, el lehendakari Ibarretxe prefiere iniciar una nueva huida hacia adelante proponiendo tres ideas madres para resolver el conflicto que a muchos vascos se nos antoja irresoluble, porque no nos imaginamos al PNV ni al resto de los partidos nacionalistas diciendo que se ha resuelto por fin el famoso problema vasco hasta que cada uno de ellos logre sus objetivos máximos.

Una idea-madre es, valga la redundancia, que todas las ideas son legítimas. Lo cual es, evidentemente, una gran falacia. Se me ocurren a bote pronto tres o cuatro ideas perversas que han llenado Europa de cadáveres de personas inocentes, cámaras de gas y de gulags; por ejemplo, la dictadura del proletariado, la superioridad de la raza aria, la unidad de destino en lo universal, la religión de los súbditos ha de ser la de su príncipe, y, ya fuera de Europa, el ‘apartheid’ sudafricano. Por eso, carece de sentido insistir, como hace el portavoz del Gobierno vasco tras cada atentado, que el asesinato de ETA es absurdo, porque muchos ciudadanos vemos una lógica aplastante e incuestionable entre las ideas totalitarias que defiende la organización terrorista y los medios criminales que utiliza. ¿Cómo si no podría lograr privar a la mitad de los ciudadanos vascos de sus derechos políticos? Se nos antoja difícil imaginar cómo podría abandonar su práctica asesina y terrorista sin renunciar a su proyecto fascista y totalitario.

Existe un temor reverencial a las ideas como si fueran intocables (quizá porque no tienen demasiadas). Cuando los nacionalistas se imaginan que se les pide que abandonen algunas ideas que conducen a la barbarie que padecemos, rechazan esa posibilidad diciendo que les están pidiendo que ‘abjuren’ de sus ideas, como si en vez de opiniones fueran creencias religiosas.

La segunda idea-madre es la del diálogo. A estas alturas de la historia se intenta convencer a la ciudadanía de que el lehendakari Ibarretxe y los partidos nacionalistas que apoyan su Gobierno son los únicos que quieren dialogar mientras el resto de los partidos se oponen a él. Cuando la realidad es exactamente la contraria. En Euskadi ha habido muchos diálogos durante los últimos veinte años: se dialogó, por ejemplo, para redactar la Constitución, para elaborar el Estatuto de Gernika, para recuperar los conciertos económicos, restablecer las Juntas Generales, etcétera. Y es el PNV quien tiene el dudoso honor, junto con ETA y HB, de no haber asumido el resultado de ese diálogo. De nada sirvió a estos efectos que la Constitución española derogara las leyes abolitorias de los fueros y protegiera y amparara los derechos históricos, lo que llevó en su día (el 20 de junio de 1978) a Xabier Arzalluz a aprobar la Carta Magna en la Comisión constitucional, porque finalmente el PNV no votó a favor de ella. A pesar de que el Estatuto de Gernika recogiera el grueso de las reivindicaciones del partido de Sabino Arana, el PNV añadió una disposición adicional al Estatuto para afirmar que la aceptación del Estatuto no implica la renuncia a los derechos que pudieran corresponder al pueblo vasco, con lo que se rechazaba que los ciudadanos pudiéramos resolver el famoso contencioso.

Cuando el lehendakari Ardanza ofreció su famoso plan de paz basado en el diálogo de los partidos y el sometimiento de este acuerdo a la ciudadanía vasca en un referéndum, tuve la ocurrencia de preguntar a los representantes del PNV (Egibar y Rubalkaba) si el PNV aceptaría el resultado de ese diálogo y negociación. Naturalmente, tal como esperaba, Rubalkaba, ante el asentimiento tácito de Egibar y del propio Ardanza, me manifestó que significaría la renuncia a la propia esencia del PNV aceptar el veredicto de los ciudadanos vascos sin añadir una disposición adicional.

Por cierto, no hay nada más ilógico que proponer a la vez la idea-madre primera y la segunda. Si no se espera que el interlocutor cambie de idea porque se considera legítima, qué sentido tiene el diálogo. O lo que es lo mismo, si no se ofrece la oportunidad de que uno mismo cambie de idea para qué dialogar.

La tercera idea-madre es el rechazo a la crispación. Cualquier crítica de los partidos constitucionales es percibido por el lehendakari como un intento de crispar el ambiente o de satanizar las ideas del nacionalismo vasco. Pero esta postura carece de toda credibilidad porque el lehendakari no ha llamado la atención ni una sola vez al máximo crispador del ambiente político de Euskadi, que no es otro que el señor Arzalluz. Desde que firmó el pacto de Estella no ha cesado de atacar la piedra angular de la autonomía vasca en la que se basa nuestro autogobierno, que no es otro que la igualdad de los ciudadanos ante la ley (que no de sus ideas) en un intento de legitimar la supresión de los derechos políticos a los no nacionalistas, bien afirmando que «como Euskadi es una nación porque queremos la soberanía, los que no son partidarios de la soberanía no son vascos» o «los no nacionalistas tendrían el mismo status que los alemanes en Mallorca», y otras, que no ha merecido ninguna crítica ni desautorización por parte del lehendakari.

Por supuesto, esta idea es contradictoria con la primera, porque si todas las ideas son legítimas carece de sentido afirmar que la expresión de las mismas produce la crispación.

Así las cosas, no me extraña nada que el lehendakari Ibarretxe se resista a convocar elecciones y que intentara que las sesiones parlamentarias fueran quincenales en vez de semanales.

Sólo podremos salir de este círculo vicioso y restablecer las bases del diálogo cuando manifestemos nuestra lealtad hacia el resultado de los diálogos mantenidos previamente, esto es, el Estatuto de Gernika y la Constitución.

 

El descompuesto Estado compuesto
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 9 Febrero 2001

La enfermedad de las vacas locas está revelando el mal funcionamiento del Estado autonómico. Como hemos podido comprobar también con otras experiencias, los problemas de aquel no se agotan en las guerras de los idiomas, los contenciosos históricos y el asalto soberanista de los nacionalismos en el País Vasco, Cataluña o Galicia. Son quizá los más graves pero no los únicos. Algunos están pidiendo cambios estructurales.

Nadie los plantea, sin embargo. Hicimos tal sacralización del sistema en los comienzos de la transición que nadie se atreve a hacer críticas por temor a ser acusado de nostalgias centralistas. Se teme que cualquier objeción sea interpretada como una velada propuesta de cambio del modelo de Estado. Siempre hay alguien dispuesto a tildar de jacobino a quien utilice el sentido común contra la ineficiencia autonómica. De esta forma, una buena parte de los Presupuestos generales está escapando a todo tipo de control. Si el poder municipal tiene la fama de ser el más obvio, la acción de las Autonomías es la más oscura, casi clandestina. Por lo mismo es la más impune. Si se los compara con el Gobierno central, los gobiernos autonómicos tienen unas responsabilidades políticas muy inferiores a las que deberían corresponderles por el reparto de las competencias. Cuando saltan los problemas —el de las vacas locas, el del lino— los que dan la cara son los ministros aunque no pasen de ser meros coordinadores. Para el público, el objeto de las críticas es el Gobierno central porque a esos efectos es la encarnación del «Estado». Como si no lo fueran los gobiernos autonómicos o como si estos lo fueran solamente para reclamar funciones y presupuestos. El Estado «compuesto» es aceptado sólo para los buenos resultados o para los fastos; para los malos tragos seguimos pensando en el modelo napoleónico.

Hemos vivido ya varias experiencias amargas pero ninguna de ellas ha servido para denunciar la ineficacia de las Autonomías. El desastre de la enseñanza de las Humanidades comenzó, ciertamente, con el acuerdo entre el Ministerio de Educación y los nacionalistas vascos y catalanes pero se agrandó con la actitud paleta y provinciana de una buena parte de las Comunidades.

Hoy, Villalobos y Cañete están soportando las críticas de la sociedad española a cuenta, en buena medida, de las gestiones de los consejeros comunitarios en relación con la «epidemia» de las vacas locas. Sería revelador un libro blanco sobre el comportamiento de las Consejerías de Sanidad y Agricultura: cuánto caso de desobediencia administrativa, de desconsideración hacia el Gobierno central, de connivencias con los grupos de presión locales...

De todos los disparates «autonómicos» de los que tenemos noticia reciente quizá el más escandaloso sea el del Gobierno de Aragón al acudir a la Unión Europea para que esta niegue cualquier tipo de contribución al trasvase del Ebro. Después de esto ¿dónde quedan el Estado como vertebración institucional de la Nación, ésta como expresión de la solidaridad ciudadana y la dignidad de Aragón al humillar a la sociedad española ante las instituciones europeas? Esta siniestra iniciativa nos recuerda el caso de los partidos «abertzales» vascos e IU cuando acudieron a tribunales de la Unión para denunciar el «allanamiento» de los derechos humanos en el País Vasco.

Tengo la impresión de que resultaría inútil explicar al presidente Iglesias y a sus compañeros de partido que una deslealtad de este tipo es una traición y, desde el punto de vista práctico, un golpe bajo al Estado que no dejaremos de pagar todos los españoles y, por supuesto, los propios aragoneses. Tengo la impresión de que este señor no es capaz de medir lo que significa ese gesto desde el punto de vista de la insolidaridad con otras regiones y otros españoles. Pero parece ser que estamos en esto: en el resquebrajamiento del Estado, en la lucha por la insularidad regional, en la batalla sin fin de las comunidades/taifas.

El oso y el barranco
Por Ignacio CAMACHO ABC  9 Febrero 2001

En la Europa contemporánea, las naciones apenas si se diferencian unas de otras en el idioma de los carteles y los periódicos, el uniforme de los guardias y el prefijo de los teléfonos. Incluso las matrículas de los coches, que venían a ser un hecho diferencial de primera vista, las está ya unificando Bruselas, igual que las políticas monetarias. Uno aterriza en Barcelona, París, Milán o Frankfurt y encuentra aeropuertos casi idénticos, taxistas igual de malhumorados, clónicos edificios de oficinas, hoteles de la misma cadena y centros comerciales que venden productos perfectamente homologados entre sí. Sólo los letreros y los policías permiten hacerse una primera idea de haber cambiado de escenario.

Ese nacionalismo visual lo ha implantado en Cataluña Jordi Pujol al cabo de dos décadas de mandato sin alharacas. El pujolismo ha creado una identidad paulatina pero perfectamente reconocible, y ha cimentado una conciencia nacional articulada en símbolos comunes imbricados sin trauma en la vida cotidiana. También ha fabricado una sociedad clientelar a su medida, y acuñado el concepto de nación sin Estado como una fórmula sentimental que ya resulta imposible de destruir. Lo único que no ha logrado es crear un mecanismo sucesorio a su medida; ha ido quemando delfines y se ha quedado sólo rodeado de pececitos... y tiburones.

Por eso le ha salido mal la maniobra del «hereu» Artur Mas, y ha provocado la dimisión de Duran Lleida, al que se le ha notado demasiado la decepción del hijo pródigo. A Duran le ha pasado un poco como a Miquel Roca, que se ha quedado a las puertas de la tierra prometida, y se le ha visto la contrariedad con demasiada transparencia. Cuando a uno le ponen los cuernos tiene que reaccionar con dignidad, pero sin tirar derrotes. Y Duran Lleida no ha controlado bien su desconsuelo.

Al igual que Roca, Duran era el eterno ministrable catalán. Durante años, Pujol soñó con culminar su proyecto político sentando un ministro nacionalista en Madrid. En el felipismo, ese ministro pudo y quiso ser Miquel Roca, que como cabeza de cartel no logró en el 86 ni un solo diputado, entre otras cosas porque fue el único político del mundo que fundó un partido sin apuntarse él mismo. Cuando Felipe necesitó apoyos, Pujol consideró que aún no estaba madura la coalición, y lo respaldó desde fuera. Luego hizo lo mismo con Aznar, a la espera de que la fruta cayese sola, pero el derrumbe socialista provocó la mayoría absoluta del PP y el viejo sueño cambosiano se volvió a desvanecer. Duran Lleida, que se había pasado varios años cultivando a la Prensa de Madrid, se quedó otra vez compuesto y sin poltrona.

Así que ahora se ha ido, y en el PP esperan que se les arrime para fortalecer su catalanismo. Duran Lleida es muy de derechas y muy nacionalista, lo que se antoja poco compatible, pero aún le queda alguna papeleta para llegar a ministro en el Gobierno del sucesor de Aznar. También pueda ocurrir que el sucesor de Aznar sea Zapatero, y entonces tendrá que revisar su suerte histórica. En política conviene de vez en cuando pasar por las urnas, porque el bisagrismo es una táctica que sólo da réditos a corto plazo, como ha pasado con el Partido Andalucista.

En España, los nacionalistas que no pegan tiros viven siempre en el filo de la navaja. El PA se pasó veinte años combatiendo a González y acabó haciendo de muleta en la que se apoyaron los tardofelipistas andaluces, situación que les ha dado algunas rentas inmediatas pero se les ha empezado a convertir en un cuello de botella. Ahora se han dado cuenta de que la gente no les percibe sino como un apéndice del poderoso PSOE andaluz, y ya no saben cómo salirse del abrazo del oso. Lo malo que tiene el oso es que cuando ya no le hace falta abrazarse, suelta la presa y la deja tirada de un gañafón.

De modo que el problema de Duran Lleida es que ahora necesita, como mal menor, un oso al que agarrarse. Porque si no, va a llegar a las elecciones como el que llega delante de un barranco.

Los disfraces de ETA
Editorial ABC   9 Febrero 2001

La Sección Cuarta de la Audiencia Nacional ha vuelto a hacer gala de su peculiar concepto del terrorismo, revocando cinco procesamientos dictados por Garzón en el sumario Xaki, la trama internacional de ETA, y excarcelando a dos de los principales imputados, Mikel Gotzon Egibar y Gorka Martínez. En el auto de 7 de agosto de 2000, Baltasar Garzón, con el apoyo del Ministerio Fiscal, atribuía a Xaki funciones tan relevantes y necesarias para ETA como controlar el «Colectivo de Deportados y Refugiados» de ETA, contrarrestar las peticiones de extradición, deslegitimar internacionalmente el ordenamiento jurídico español, difundir la «Alternativa Democrática» propuesta por ETA y sostener a militantes de esta organización terrorista en el extranjero. Estas conclusiones se basaban en una extensa y compleja documentación recopilada durante años de paciente investigación y estaba apoyada en declaraciones de algunos imputados, como la que prestó Mikel Gotzon Egibar. Sin embargo, para los mismos magistrados que excarcelaron a Elena Beloqui en noviembre pasado, Xaki «no es una banda armada ni su finalidad es realizar actos violentos con la finalidad de destruir el ordenamiento democrático y constitucional». Esta afirmación no es admisible si se tiene en cuenta que el conocimiento judicial y policial sobre ETA ha demostrado, sin lugar a duda razonable, que esta banda terrorista se apoya en grupos y colectivos, que adoptan las más variadas apariencias —algunas, incluso, revestida de inocente espíritu cultural—, pero que están sometidos a la disciplina y a los objetivos de la banda. Ha sido difícil y lento, pero al final quedaron al descubierto todos los disfraces de ETA, aunque, por lo visto, siguen sembrando confusión.

A pesar de las evidencias, la Sala niega absurdamente una visión colectiva de las tramas de ETA e incurre en una simplificación pasmosa del fenómeno terrorista, recluyéndolo en el atentado criminal —así sería, en todo caso, la ETA de los primeros tiempos— y despreciando sus manifestaciones organizadas de naturaleza pseudo política, económica, social o cultural. Pensar que sólo pertenece a ETA el que mata o el que vigila a la víctima o el que proporciona las armas es despreciar la perversa inteligencia de un terrorista nacionalista, que precisa activar contra el Estado al que quiere destruir todos los frentes capaces de debilitarlo. Tanto sirve al terrorismo el que dispara como el que financia y blanquea sus fondos o el que se encarga de su propaganda dentro y fuera de España, y todos ellos actúan en grupos, en verdaderas tramas unidas en el núcleo director. Es muy preocupante que la aceptación general de esta realidad se rompa por la extravagante —y reiterada— doctrina de una Sala, digna heredera del funanbulismo jurídico inaugurado, en materia terrorista, por el Tribunal Constitucional con la sentencia de infausta memoria sobre los miembros de la Mesa Nacional de Herri Batasuna.

Prudencia en la Audiencia
Juan BRAVO La Razón   9 Febrero 2001

El auto de la Audiencia Nacional sobre el procesamiento de la red de apoyo internacional a Eta ha preocupado a los cuerpos de seguridad que se dejan las pestañas en la lucha contra Eta, según le llegó ayer a Juan Bravo. El hecho de que no se considere delito que un individuo «confirme» la información de que dispone Eta para cometer un atentado es un precedente peligroso cuando se trata de desmontar la trama operativa de la que se sirve Eta para preparar sus crímenes. Porque el que «confirma» datos sobre las víctimas potenciales ayuda tanto a los atentados como el que los ejecuta. Eso es colaborar con Eta: seguir a las personas que la banda se marca como objetivo para facilitar la comisión del subsiguiente asesinato. Sólo habrá que confiar en que este criterio tan peregrino no tenga efectos de jurisprudencia, y que otros jueces acepten que ese «venial» acto de «confirmar» la información de Eta es un acto de colaboración con banda armada. Bastantes problemas existen en la represión del terrorismo como para que la sociedad pierda armas en esta lucha que concierne a todos. A los policías, a los instructores y a los tribunales sentenciadores. No se puede pecar de exceso de prudencia en algo tan grave.
   
El Gobierno considera "especialmente grave" que la Audiencia diga que la red Xaki no depende de ETA
El portavoz del Gobierno, Pío Cabanillinas ha indicado que la decisión de la Audiencia va en contra de una "de los mecanismos que tenemos en Derecho para luchar contra el terrorismo y contra su entorno"
EFE, Madrid El País 9 Febrero 2001

La decisión de la Audiencia Nacional de revocar el procesamiento de cinco de los 15 imputados por el juez Garzón por su vinculación con la red Xaki, considerada por este juez como el ministerio de asuntos exteriores de ETA ha tenido hoy respuesta por parte del Ejecutivo de Jose María Aznar. El portavoz del Gobierno, Pío Cabanillas, ha considerado "especialmente grave" esta decisión de la Audiencia.

En la conferencia de prensa posterior a la reunión del Consejo de Ministros, Cabanillas ha expresado también la "honda preocupación" del Gobierno ante esta decisión, y ha explicado que el Gobierno tiene "serias dudas" ante la posibilidad de que la misma limite la eficacia de los mecanismos del Estado de Derecho.

"Si nos preocupa gravemente esa decisión es porque no facilita las cosas, pero no porque haya que facilitarlas, sino porque entendemos que eso contra lo que parece ir esta decisión es parte consustancial de los mecanismos que tenemos en Derecho para luchar contra el terrorismo y contra su entorno", ha asegurado.

Cabanillas también ha indicado que el Gobierno estudiará "en todo detalle" la decisión de la Audiencia Nacional y que lo hará desde "el convencimiento de que es muy difícil de entender por parte de la sociedad española".

Cabanillas ha dicho que la decisión es "especialmente grave" si de ella se deriva que "el hecho de ayudar, de apoyar, de vestir, de alojar, de proporcionar todo lo que es el aparato logístico a los terroristas puede considerarse legítimo bajo lo que pudiera ser la cortina de humos de una sociedad comercial".

Por ello, el portavoz del Gobierno ha explicado que en el caso de que la sociedad comercial sea "una excusa válida" que permite el apoyo logístico "a los que cometen los atentados", el Gobierno "inevitablemente" estará "siempre en contra" a la decisión de la Audiencia.

Cabanillas ha reiterado que la pregunta que hay que hacer es si esta decisión limita la eficacia de los mecanismos del Estado de Derecho y ha expuesto que la "preocupación" del Ejecutivo responde a que tiene "serias dudas al respecto".

A su juicio, "de los hechos se derivan unas consecuencias", o lo que el Gobierno entiende "como unas evidencias" y, por ello, ha pedido que no se minimice y "que no se circunscriba el problema a lo que puede ser una estrategia de Gobierno", ya que, según ha dicho, "va mucho más allá".

El portavoz ha asegurado que el Gobierno va a seguir enfrentándose y luchando contra los terroristas y contra su entorno con los medios que ofrece el Estado de Derecho.

¿Pero es que vamos a volver a empezar?
ROSA DÍEZ El País  9 Febrero 2001

¿Muchos de ustedes recordarán la película titulada Vencedores y vencidos. Es la historia del juicio a varios criminales de guerra nazis, tanto militares como civiles. Entre estos últimos se encuentra Ernst Janning, insigne profesor y reputado constitucionalista, que fue nombrado durante la guerra ministro de Justicia del Gobierno de Hitler. El personaje es interpretado por Burt Lancaster. Le da la réplica, en el papel de presidente del tribunal, un creíble y humanista Spencer Tracy, que conoce y respeta a Janning por sus textos y su aportación intelectual y teórica a los fundamentos del Derecho antes de iniciarse la II Guerra Mundial.

Todos los acusados alegan atenuantes y/o argumentos para su defensa. Desde el "yo no hice nada, nada sabía..." hasta "lo hicimos por la patria, por Alemania". Únicamente Janning, ante la desesperación de su abogado, se niega a defenderse. Éste, toma finalmente la decisión de salvarle a pesar de él mismo.

A tal efecto diseña una estrategia para desacreditar al principal testigo de cargo, un judío que mantenía una gran amistad con una familia alemana cuya hija también declarará en el juicio avalando la acusación contra Janning.

El abogado tratará de confundir a la joven. Intenta que dude sobre la honestidad y sinceridad de los sentimientos e intenciones del amigo judío hacia ella y su familia. Se esforzará en convencerla de que el afecto limpio y generoso que ella profesaba hacia su amigo no era correspondido sino con los más bajos instintos. En su afán por evitar que el testimonio de la joven dañe los intereses de su defendido, no dudará en tergiversar y ensuciar el recuerdo de una noble y sincera amistad.

Después, el abogado inicia el interrogatorio al testigo judío, al que acusa de abusar de la confianza de la joven, de haberla utilizado cuando era niña y de seguir haciéndolo para conseguir condenar a Janning. Lo interroga con dureza, persiguiendo que el judío parezca el culpable, hasta el extremo de convertir su interrogatorio en una auténtica acusación, una acusación violenta e inmisericorde contra un pobre hombre que comparece ante el tribunal marcado con los números de un campo de exterminio y buscando reparación y justicia.

Cuando el acoso es tal que parece evidente que el hombre va a derrumbarse, Janning se levanta y, de manera tajante, ordena callar a su abogado. Le dice: "¡Basta ya!. ¿Pero es que vamos a volver a empezar?".

Esta frase me vino a la memoria hace unos días cuando un amigo me contó una experiencia que ha vivido con su hijo adolescente. El chaval llegó a casa un domingo a media tarde y les contó a sus padres y a su hermana mayor que le habían hecho una "pintada" en la calle. "Como a ti, aita. Han puesto "Aitor Sociata'. Y todo ello en el centro de una diana".

Mi amigo, que es un conocido dirigente socialista vasco, observó que aunque su hijo no tenía miedo, sí que estaba un tanto desconcertado. Tanto él, como su madre y su hermana, le dieron ánimos y le dijeron que iban a denunciar rápidamente el asunto, más que nada para asegurarse de que borraran inmediatamente la pintada; y también por si había suerte y los responsables políticos de Interior dejaban a la Ertzaintza hacer su trabajo.

Aitor les dijo que seguro que era alguien conocido, alguien que había sido o era compañero de clase. Mi amigo estuvo de acuerdo con él y aprovechó para explicarle que los que lo habían hecho se atrevían porque se sentían seguros, protegidos por el paraguas institucional que garantiza impunidad a los que hoy pintan, mañana queman y pasado mañana matan. Le dijo a su hijo que lo que estaba ocurriendo en Euskadi era producto del fascismo, del que actúa y del que mira para otra parte. Le dijo que los que lo habían hecho eran unos ignorantes; pero que a los ignorantes juveniles alguien con responsabilidad y con edad les ha educado para odiar a los que no piensan como ellos. Le dijo que a esos ignorantes juveniles, a esa generación perdida, alguien con capacidad para pararles ha preferido, desde el Gobierno, seguir considerando que esta expresión xenófoba es consecuencia de un "conflicto". Y por eso les comprende y les justifica. Y ellos lo saben y actúan con total tranquilidad.

El chaval asentía. Lleva 17 años y demasiadas manifestaciones sufriendo esa realidad. Lleva algunos años -sobre todo desde que ETA mató a un gran amigo de su padre- sabiendo lo que es el miedo.

Entonces su padre le contó una historia sobre su abuelo. Su abuelo era republicano y, tras la Guerra Civil, le condenaron a muerte. Afortunadamente su pena fue revisada y salió de la cárcel transcurridos algunos años. Siempre conocieron sus hijos que el padre se salvó de milagro -él solía decir que fueron dos las condenas revocadas-, pero nunca creyeron que algún día la sentencia caería en sus manos.

Ocurrió que se aprobó en Cortes Generales una ley por la que se concedían pensiones a los oficiales y suboficiales de la República. Como la abuela aún vivía, pidieron al Archivo de Salamanca certificado de los años que el abuelo había estado encarcelado para poderlo acreditar.

Y con el certificado alguien les remitió la sentencia. "Al abuelo -le dijo mi amigo a su hijo- le condenaron a muerte acusado de ser miembro de una familia reconocidamente progresista, hijo de un maestro republicano y él mismo, socialista y progresista ...". No le acusaban de quemar conventos o matar nacionales, ¡y mira que acusar era gratis entonces! Les pareció que para condenar a muerte al abuelo era suficiente con que se le pudiera probar su gran pecado: era socialista. "Hijo -le dijo mi amigo-, nunca creí que sesenta años más tarde, otros fascistas iban a utilizar esa misma acusación para poner tu nombre en el centro de una diana".

Ésta es una historia real. Sólo los nombres y las localizaciones están modificadas para proteger a los protagonistas. Ante esta cruel e increíble realidad, he recordado esa historia. Y me han entrado ganas de gritar: ¿Pero es que vamos a volver a empezar? Rosa Díez es presidenta de la delegación socialista española en el Parlamento Europeo.

Cataluña busca la tercera vía contra el terrorismo
Impresiones El Mundo    9 Febrero 2001

Todas las fuerzas políticas representadas en el Parlamento de Cataluña aprobaron ayer una resolución en la que se rechaza la violencia terrorista y se pide diálogo entre los partidos. Para calibrar la trascendencia de la propuesta hay que advertir que salió adelante después de dos días de intensas negociaciones, ya que entre las formaciones políticas de Cataluña existen muchos matices sobre la forma de abordar el fenómeno de ETA. Tanto el PSC como ERC mantienen divergencias con la estrategia del PP, mientras que CiU tampoco quiere incomodar al PNV y por eso se negó a firmar el pacto PP-PSOE. El esfuerzo de consenso realizado por los grupos parlamentarios catalanes alumbró una moción en la que se contenta a todos.

Por una parte, se defiende el diálogo con todas las fuerzas políticas, lo que incluye al PNV. Por otra, la propuesta contiene un reconocimiento explícito al acuerdo contra el terrorismo suscrito por el PP y el PSOE. Tanto ERC como el PP, que pudieran ser los más distantes, han hecho renuncias en aras de conseguir el acuerdo. Tal esfuerzo de unanimidad fue aplaudido por los propios parlamentarios de forma emocionada y puestos en pie. La propuesta evidencia la voluntad de los partidos catalanes por encontrar un punto de encuentro -una especie de tercera vía- sobre el problema vasco. Una voluntad que debe ser aplaudida y que refleja la unánime petición de unidad que los ciudadanos reiteran, una y otra vez, cada vez que se manifiestan contra ETA. Las formaciones catalanas han entendido que, al margen de sus diferencias, no pueden permanecer insensibles ante un fenómeno terrorista que ha golpeado con especial dureza a esta comunidad en los últimos meses.

El Parlamento Internacional de Escritores niega al País Vasco el título de «ciudad refugio»
Considera que no puede proteger a autores extranjeros cuando los suyos «no tienen seguridad»
«No es el momento ni la situación apropiada para la acogida de escritores». Así lo manifestó ayer en Vitoria el representante en España del Parlamento Internacional de Escritores, Bashkin Shehu, en referencia al País Vasco. De esta manera, ni San Sebastián ni Vitoria podrán acoger a escritores perseguidos en otros países, tal y como habían solicitado recientemente. Si los escritores vascos no tiene seguridad -como los amenazados Vidal de Nicolás, Raúl Guerra Garrido, Mikel Azurmendi o Fernando Savater-, argumenta este organismo, no la pueden tener los que vienen de fuera.
Redacción - Vitoria .- La Razón 9 Febrero 2001

La situación política que se vive en el País Vasco, y el hecho de que «los escritores y periodistas del propio País Vasco no tienen seguridad», ha llevado al Parlamento Internacional de Escritores a rechazar el ofrecimiento de Vitoria y San Sebastián de formar parte de la red mundial de ciudades refugio. El pasado mes de noviembre Vitoria -también lo hizo San Sebastián- pidió unirse a las cerca de cuarenta ciudades refugio repartidas por todo el mundo que acogen a escritores e intelectuales que tienen que marcharse de sus países por su situación política. Sin embargo, este Parlamento, al que pertenecen, entre otros, autores de la talla de José Saramago, Gunter Grass, Salman Rushdie, o los españoles Javier Marías o Fernando Savater, ha rechazado el ofrecimiento, e incluso está contemplando la posibilidad, según explicó ayer su representante en España, Bashkin Shehu, «de acoger a escritores vascos amenazados en otros lugares». 

Shehu compareció en Vitoria para explicar que «el Parlamento agradece esa intención» de las capitales alavesa y donostiarra, «pero considerando la situación de Euskadi, cuando hay escritores e intelectuales que por sus propias opiniones tuvieron que marcharse, el Parlamento ha pensado que no es el momento ni la situación adecuada para la acogida de escritores». Bashkin Shehu, escritor albanés que reside en Barcelona, indicó que todavía no hay nada concreto sobre la posibilidad de acoger a autores vascos, así como que «todavía ninguno ha solicitado refugio», ya que muchos que se han marchado de Euskadi han encontrado trabajo en otros lugares y no han necesitado ser refugiados en otros países ni ciudades ni tampoco requerir los medios que el Parlamento les facilita. 

En este sentido, destacó que la acogida tiene dos ejes: «Por un lado, uno humanitario de salvar al escritor y sacarlo de una situación de peligro, y, por otro, que preservando su obra y su capacidad creativa se contribuye a la diversidad cultural de las ciudades acogedoras». A pesar de que Vitoria no formará parte de la red de ciudades refugio, la capital alavesa colaborará con el Parlamento Internacional de Escritores a través de un convenio por el que el Ayuntamiento aportará los medios económicos necesarios para editar en euskera la revista «Acto de fe», que el Parlamento publica de forma periódica en idiomas como castellano, inglés, francés, italiano, alemán, griego y portugués. En España pertenecen a esta red de ciudades refugio Barcelona, Sabadell y Gijón.  

Un acto por la convivencia
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón  9 Febrero 2001

No se sabe qué sentido tienen las comparecencias del lehendakari Ibarretxe. Dado que no puede hablar en el Parlamento vasco porque no tiene mayoría para aprobar nada -y cada vez que iba, PP y PSOE le acordaban cualquier cosa que no tenía prevista hasta que ordenó reducir el número de plenos-, parece que ha decidido hablar ante los periodistas, que siempre puede responder a las preguntas que quiera.

    Ayer, cuando anunció que iba a montar un acto por la convivencia, algunos pensaron que iba a ordenar a la ertxaintxa que detenga alguna vez a los delincuentes que queman cajeros automáticos los fines de semana. Pero no era eso: era que iba a organizar otra manifestación.

    No se sabe qué sentido tiene perder el tiempo de esta manera y aprovechar los días que van pasando hasta que convoque las elecciones para buscar adhesiones inquebrantables e intentar colarle a las teles anuncios del PNV pagados con dinero público (por cierto, al que se le haya ocurrido el texto del spot de las escuelas vascas, podía haberle echado un poco más de imaginación. Hacerlo menos evidente, vaya).

    Convocar un acto por la paz en las condiciones en las que está ese gobierno sería un escándalo político si en las mismas circunstancias se le hubiera ocurrido hacerlo al inquilino de La Moncloa, fuera del partido que fuera. Pero como lo hace el PNV, pues mejor dejarlo pasar, que la crítica no se confunda con falta de respeto. Así van: transforman una amonestación en un periódico con una llamada al ¡alzamiento nacional! A veces, son graciosos.

Sentado en la puerta
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón   9 Febrero 2001

El inconveniente de los planes de conquista del poder a muy largo plazo cuidadosamente preparados y minuciosamente ejecutados paso a paso, conspiración a conspiración, puñalada silenciosa a puñalada silenciosa, filtración a filtración, adulación a adulación, mangoneo a mangoneo, rueda de prensa a rueda de prensa, humillación a humillación y financiación ilegal a financiación ilegal, es que al final todo se puede venir abajo en unas semanas por un arrebato postrero de deseo irrefrenable de tocar la tan anhelada púrpura. La administración del tiempo en política requiere nervios de acero inoxidable y frialdad de témpano sin una sola concesión a los sentimientos y no digamos ya a las pasiones, sobre todo en la etapa sin retorno del asalto definitivo.

    Josep Antón Durán i Lleida es un voluntarioso político profesional, totalmente dedicado al objetivo que da sentido a tal ocupación: la conquista del liderazgo. La entrega a la cosa pública implica, en efecto, una exigencia agotadora, que pocos elegidos son capaces de aguantar indefinidamente, la de aspirar permanentemente al ascenso porque el estancamiento equivale al fracaso. Los que se conforman con el desplazamiento lateral o con la estabilidad en niveles secundarios son meros supervivientes, lo que a veces no es poco mérito, pero el político pura sangre se consume por llegar el primero a la meta y está dispuesto a reventar durante la carrera antes de renunciar a la gloria de la victoria plena.

    El pobre Durán ha caído víctima de este proceso inexorable, en el que no ha sabido dar la talla precisamente cuando ya estaba a pocos milímetros del paraíso. Es una lástima, porque la inversión en trabajo, cálculo, digestión de batracios y pérdida de escrúpulos ha sido considerable, pero el enemigo era formidable y lo ha liquidado de un papirotazo. Mientras Pujol aliente y maneje el cotarro, cualquier intento de sustituirle es patéticamente inútil. De hecho, Artur Mas no es el sucesor de Pujol sino su heredero ungido, una emanación fotogénica del Espíritu Pujoliano, una reencarnación en la que el Gran Ubú suministra el genio de su alma fáusticamente indomable y el joven conseller en cap aporta la docilidad de su cuerpo elástico y vigoroso. Durán ha cometido el error garrafal de pensar que combatía a una naturaleza física agotada y presenil sin darse cuenta de que se enfrentaba a una fuerza inmaterial y arcana a medio camino entre el mesianismo y la brujería. La derrota de la ex-promesa democristiana equivale a la que hubiera sufrido el Màgic Andreu en una pugna con Merlín de Camelot. El cabeza de filas de Unió ha permanecido durante tres lustros sentado a la puerta de su partido esperando ver pasar el féretro liberador. Pero, para su desgracia, se ha levantado un poco, muy poco, antes de hora, lo suficiente, sin embargo, para que al intentar volver a su silla se encuentre con que ha sido reemplazada por su propio ataúd.

Senatus Populusque Romanum
EDUARDO HARO TECGLEN El País  9 Febrero 2001

La razón se ha vuelto extravagante, de forma que pensar una solución lógica de algún problema se debe descartar. El Senado: es una cámara inútil. Los partidos proponen algunas utilidades: el arte de aprovechar los restos. No tire usted su Senado roto, que puede serle útil mañana. Se reproduce un problema viejo en Europa; De Gaulle dimitió de la presidencia de la República porque fue derrotado en un referéndum sobre la reforma del Senado.

Los lores no son lo que eran. En Estados Unidos el Senado legisla: lo que sobra es el Congreso. Aquí: nadie recuerda el nombre de un senador. Al principio de la equívoca transición había designaciones de senadores hechas por el Rey, pero entonces no se sabía quién era el Rey. Ni él mismo lo sabía: le fue haciendo la democracia, que parecía más clara. Ahora sería lógico disolver el Senado: un ahorro impresionante, útil en tiempos de inflación, y no se notaría. Hay más cosas que podrían suprimirse. El Defensor del Pueblo. No lo digo por Múgica, más emblema que trabajador, sino por el cargo. Si este régimen es del pueblo, y al poder lo elige el pueblo, ¿por qué debe haber alguien que lo defienda? ¿De quién? Sin un poder verdadero, ni capacidad para anular las leyes injustas o las situaciones incongruentes. El Defensor del Pueblo es el diputado que nos representa, y el Gobierno que deciden los tales diputados.

Proponer que se extinga el Senado nos puede convertir en extravagantes, sin entender que el extravagante es el Senado y su abundante presupuesto. Y es que está en la Constitución. Pero nada se opone a la reforma de la Constitución, excepto el Gobierno, la oposición y todos los demás. Cuando se propone y se entiende que ha envejecido, porque el mundo es muy distinto de entonces, y España mucho más, creen que es para favorecer las independencias autonómicas. Se diga lo que se diga, el Gobierno y sus legiones celestiales ven, en primer lugar, a Arzalluz. Luego, a los terroristas. En las mismas propuestas de reforma del Senado, el Gobierno y las varias derechas no se deciden a convertirlo en Cámara de las autonomías: se hablaría en todos los idiomas, y Pujol, Arzalluz, se sentarían allí: nada, nada.

Gil-Robles defiende la libertad de expresión de las víctimas de la violencia
PILAR MARCOS, Madrid  El País 9 Febrero 2001

La entrevista que el comisario europeo de Derechos Humanos, Álvaro Gil-Robles, mantuvo ayer en el Congreso de los Diputados con los portavoces de todos los grupos tuvo como secuela un rebrote de la polémica sobre el pacto antiterrorista firmado por el PP y el PSOE. Mientras que los portavoces de estos dos partidos, Luis de Grandes y Jesús Caldera, respectivamente, acudieron juntos a la entrevista con Gil-Robles y destacaron a la salida que su pacto antiterrorista es "de hierro", todos los demás portavoces parlamentarios, que se entrevistaron por separado con el comisario europeo, subrayaron sus críticas a esa acuerdo bilateral.

Al final, Gil-Robles destacó que "es necesario transmitir a las personas que viven en el País Vasco y ven la violencia como algo que no les afecta que piensen que la violencia daña la democracia y algún día les afectará a ellos también". Gil-Robles hizo una petición a todos los ciudadanos para que "sean solidarios" con las víctimas aunque no piensen igual que ellas, "porque la esencia de la democracia es defender el derecho que tiene el que no piensa igual a decirlo públicamente en libertad".

Tras su reunión, Luis de Grandes dijo que PP y PSOE suscribieron el pacto porque ambos partidos tienen "serias dudas" de que las libertades puedan ejercerse con normalidad en el País Vasco. Caldera precisó que son los terroristas los que violan los derechos humanos en el País Vasco. Xavier Trias, portavoz de CiU, destacó la "grave fractura social" que existe en Euskadi y que, a su juicio, obliga a "tender puentes de entendimiento" porque "hay un bien superior, que es conseguir recomponer un país". El portavoz de IU, Felipe Alcaraz, indicó que no necesita matizaciones la defensa de los derechos humanos por parte de las fuerzas democráticas. Otra cosa, matizó, "son pactos como el del PP y el PSOE". Alcaraz transmitió al comisario europeo la necesidad de "ampliar ese pacto antiterrorista lo más pronto posible".

Iñaki Anasagasti, portavoz del PNV, dijo que no había querido hablar con Gil-Robles de ese acuerdo porque "él ya sabe que no es un pacto antiterrorista, sino anti-PNV". Anasagasti insinuó que, dentro de la defensa a los derechos humanos, se intenta coartar el derecho a la libertad de expresión de los nacionalistas. Esa insinuación fue convertida en denuncia por Begoña Lasagabaster (EA).

Una visita oportuna
XABIER GURRUTXAGA El Correo   9 Febrero 2001

El comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Álvaro Gil Robles, ha estado entre nosotros durante dos días recabando información, a través de testimonios directos de distintos agentes sociales, políticos e institucionales, acerca de la grave y dramática situación que genera la persistencia del terrorismo y de la llamada violencia de persecución. El comisario ha informado que su cometido es informar al Consejo de Europa de la realidad de Euskadi, que si por algo se caracteriza hoy en Europa es por ser un lugar donde se vulneran los derechos humanos y se limita gravemente el ejercicio de las libertades públicas a una parte importante de la población.

Gil Robles ha subrayado que su informe tiene como objetivo provocar una reflexión profunda para potenciar al máximo los elementos de defensa del sistema democrático frente al terrorismo, y la protección de las víctimas. Sus fuentes de información, además de su conocimiento profundo de la realidad vasca, han sido múltiples y variadas; testigos directos de lo que tristemente está aconteciendo en nuestra tierra. Ha escuchado y dialogado con todos ellos, recogido testimonios de primera mano, y se lleva en su cartera reflexiones documentadas. Todos han querido hablar con el comisario y todos lo han aceptado como un interlocutor investido de legitimidad y credibilidad. Han practicado con él ese instrumento que tenemos los humanos para la resolución de nuestros litigios: la palabra.

Sin embargo, los que han hablado con el comisario europeo son incapaces de ponerse de acuerdo para hablar entre ellos. Estoy convencido de que Gil Robles se ha dado cuenta de que, junto al gravísimo problema de la vulneración de derechos humanos y de la falta de libertad, el gran problema vasco es la incapacidad manifiesta de sus representantes políticos para mantener los niveles mínimos de diálogo y entendimiento para hacer frente unitariamente a la violencia terrorista.

La visita de Gil Robles resultaba a todas luces necesaria por lo que significaba de implicación de las instituciones europeas en la defensa de los derechos humanos y de las libertades, sea cual sea el lugar donde se produzca la vulneración de las mismas. La credibilidad que su trayectoria y su persona inspira a los distintos agentes sociales y políticos ha hecho más oportuna y conveniente, si cabe, su visita a Euskadi. Uno no entiende las quejas o trabas que en su día puso Aznar a esta visita, ni tampoco entiende las palabras de Enrique Múgica, recordando a Gil Robles que esto no es Chechenia. Cuando en lugar de la razón mandan las vísceras son muy frecuentes las manifestaciones que no vienen a cuento.

Atención al informe de Gil-Robles sobre Euskadi
Lorenzo Contreras La Estrella  9 Febrero 2001

La visita a España Bilbao, Madrid de Álvaro Gil-Robles, comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, ha sido presentada como la oportunidad de una revelación de hechos y su ofrecimiento a la consideración de una instancia internacional. El señor Gil-Robles se ha "informado" oficialmente de lo que ya sabía. En Bilbao, unos y otros de los personajes consultados le han "abierto los ojos" sobre la realidad vasca y el comisario "se ha horrorizado oficialmente también. En teoría, a través del Consejo de Europa, la Unión Europea habría tomado contacto fehaciente con algo que "le sonaba" y sobre lo cual era preciso levantar acta. Una operación completamente aséptica si se tiene en cuenta que el propio comisario se ha cuidado de aclarar que "no vengo a mediar ni a impulsar el diálogo de nada". Éstas fueron sus palabras ante el Parlamento vasco. O sea, que nadie abrigue suspicacias. E1 problema está localizado, tiene sus protagonistas y el Consejo de Europa sólo quiere conocerlo.

Bueno, ya está en vías de conocerlo plenamente a través de su comisario. Ahora se supone que, más bien pronto que tarde, el Consejo de Europa hará alguna manifestación de su punto de vista. Y si la situación es tan "atroz" como al enviado europeo le ha parecido, se supone que apuntará a ciertas responsabilidades. Lo difícil para su intención es que en este tema no se puede ser neutral. Frente a la contabilidad de los que matan no sería de recibo mencionar en términos de equivalencia la actitud de los que encarcelan a su modo, practican una determinada política penitenciaria y cumplen una mínima función de Estado. La represión policial en un Estado de Derecho jamás puede ser equiparada al asesinato, la extorsión, el secuestro. No cabe buscarle proporcionalidad terrorista a la dispersión de presos (no la hubo durante muchos años cuando ETA apretaba) ni a la respuesta del Gobierno tras la constitución de un frente nacionalista basado en un pacto de PNV-EA con el entono de una organización que comete crímenes.

Para el PNV será importante lo que Gi1-Robles informe y lo que el Consejo de Europa traduzca. La realidad de lo que sucede en Euskadi envuelve una acusación que no puede ser administrada con criterios de paños calientes. Los errores de Madrid no son equiparables a las complicidades nacionalistas y mucho menos a ese tribunal de sangre con el que la organización terrorista castiga a todo lo que España significa.

El azar ha querido que un personaje como Álvaro Gil-Robles, emparentado familiarmente con la democracia cristiana que tanto ha impregnado históricamente al PNV, sea quien se encargue de poner en prosa europea un reflejo de la tremenda situación que ha visto. A la hora de sopesar las razones de unos y de otros, ¿cómo funcionará la balanza? ¿Qué dirá el antiguo Defensor del Pueblo en España, hoy comisario de Derechos Humanos, al que se supone especialmente sensibilizado después de tanto contacto con el drama de la gente? En el puesto que tuvo en Madrid se encuentra hoy instalado su viejo amigo Enrique Múgica, hermano del asesinado Fernando Múgica y autor material de la vigente política penitenciaria.

Una política que, según ha trascendido, no convence a Gil-Robles. Por lo visto, le ha impresionado su entrevista con una delegación de Senideak. Los padres de los reclusos etarras deben ser muy persuasivos. Tanto como los padres de los participantes en la kale borroka. Si el comisario europeo informa a favor de estos grupos abrirá en la opinión institucional de la UE una brecha polémica que los nacionalistas nunca le agradecerán demasiado.

Gil-Robles advierte a los nacionalistas que algún día también pueden ser víctimas de Eta
Jueces y fiscales transmiten al comisario su preocupación por las amenazas que reciben de la banda
«Algún día también les puede tocar a ellos». Con esta frase el comisario para los Derechos Humanos del Consejo de Europa, Álvaro Gil-Robles, pedía ayer a los nacionalistas vascos que defiendan a los no nacionalistas porque ellos también pueden ser víctimas de Eta, al tiempo que elogiaba el trabajo de jueces y magistrados, que realizan de forma ejemplar, pese a las amenazas que reciben. Gil- Robles se reunía ayer en el Congreso con los portavoces de los Grupos Parlamentarios para intercambiar impresiones sobre la situación vasca. A la cita, los responsables de PPy PSOE acudieron juntos para demostrar que el acuerdo contra el terrorismo es un «pacto de hierro».
E. L. Palomera - Madrid .- La Razón 9 Febrero 2001

Tras reunirse con todos los portavoces parlamentarios en la Carrera de San Jerónimo para recabar su opinión sobre los Derechos Humanos en el País Vasco, Gil-Robles enfatizó que es necesario transmitir a quienes ven la violencia como «algo que no les afecta directamente» que piensen que «algún día les puede afectar a ellos también».

    «Tienen que ser solidarios con las víctimas de hoy, aún cuando piensen igual -, porque la esencia de la democracia es defender el derecho a que el que no piensa igual pueda decirlo públicamente y en libertad. Con estas reglas podremos convivir todos, y nadie puede ser ajeno ni mirar para otra parte, y decir que esto no va con él». El comisario europeo no quiso valorar las palabras del consejero de Justicia del Gobierno vasco, San Inchaurraga, que el pasado miércoles dijo que él y Gil-Robles coinciden en la necesidad de acabar con la dispersión de presos. Sí habló, sin embargo, de la situación en la que viven jueces y magistrados del País Vasco, quienes le han transmitido su preocupación por las amenazas que reciben de la banda.

    Durante su visita al País Vasco, Gil-Robles ha mantenido distintos encuentros con profesores, concejales, médicos y personas de distinta naturaleza y, según dijo, le ha llamado especialmente la atención que «en cenas o comidas haya más escoltas que comensales. Con esto -apostilló- está dicho todo».

    Los portavoces parlamentarios de PPy PSOE,Luis de Grandes y Jesús Caldera, respectivamente acudieron juntos al encuentro con Gil-Robles para dar muestra de que el acuerdo firmado conjuntamente por ambas formaciones contra el terrorismo es un «pacto de hierro». Transmitieron, además, al comisario las virtudes del documento y le explicaron que se vieron en la necesidad de firmarlo porque tienen «serias dudas» de que las libertades puedan ejercerse de forma natural en Euskadi. El gesto de De Grandes y Caldera prueba la solidez del acuerdo y demuestra hasta qué punto ambos partidos caminan de la mano en la lucha contra Eta.

    Por su parte, Xavier Trías, portavoz de CiU, transmitió al comisario europeo que la fractura social que existe en el País Vasco obliga a «tender puentes de entendimiento que ayuden a cohesionar a la gente. «Lo que persigue Eta -puntualizó-es colocarnos a todos en una posición de destrucción y, a veces, incluso de autodestrucción. Y la verdad es que en el País Vasco está consiguiendo en parte sus objetivos, aunque en el resto de España, mucho menos».

    En la misma línea apuntaron las declaraciones de Felipe Alcaraz, portavoz de IU, tras su encuentro con Gil-Robles, a quien transmitió que la normalización en el norte pasa por el diálogo entre todas las fuerzas políticas que condenan el terrorismo. La nota discordante la puso el portavoz del PNV, Iñaki Anasagasti, quien invitó al comisario europeo a mantener una «impresión plural y equilibrada de la situación vasca».

El sustrato moral de una sociedad
BORJA BERGARECHE El Correo 9 Febrero 2001

El terrorismo es un ataque de unos pocos a la voluntad de convivir de una mayoría plural. La salud moral de la sociedad compleja acosada por la violencia se conservará en la medida en que sea capaz de oponerle la defensa colectiva y plural de unos valores básicos asumidos por todos al margen de sus diferencias. Es éste centro de gravedad que sustenta nuestra convivencia lo que está en peligro. Durante años, este sustrato moral se debilitó por la indiferencia de una mayoría silente ante este ataque. Sólo unos pocos enarbolaron la bandera de la paz y la libertad, cuando todavía los medios de comunicación y el mundo académico e intelectual no jugaban el papel que ahora desempeñan. Reivindicaban el recuerdo y el cariño hacia las víctimas. Defendían que la existencia de los conflictos políticos, presentes en todas las comunidades complejas, y también en la nuestra, no tenía nada que ver con que unos pocos decidieran empuñar las armas. Afortunadamente, cada vez más personas se han unido a esta tarea que fue iniciada, no olvidemos, en medio de la total indiferencia y soledad. Pero se ha producido el relevo generacional en el sistema de ideas que utiliza y justifica la violencia. La indiferencia explica en parte este fracaso generacional.

A la indiferencia debemos sumar, desde hace dos años, la división. La cultura de la violencia ha logrado penetrar en el corazón de la convivencia. Porque hasta ahora, la vida y la libertad era una reivindicación común de nacionalistas y no nacionalistas. Porque se entendía que constituía el consenso fundacional de la convivencia, previo a las diferencias. Ahora, muchas movilizaciones contra la violencia son privativas de unos u otros, que añaden matices políticos a la demanda de paz y libertad. La actual división entre partidos resulta escandalosa e irresponsable: ha sacrificado relaciones y consensos arduamente elaborados. Son mezquinas las luchas por los lemas, las reticencias a compartir pancarta. La división es forzada. La situación actual conduce a la ‘guetización’ de la movilización contra la violencia y de la solidaridad con los que sufren.

El pluralismo es la principal seña de identidad de nuestra sociedad. Celebrarlo, y no asumirlo sólo como característica inevitable, parece la forma de hacer patente que en nuestra sociedad la vida y la libertad no dependen de tintes políticos, culturales o étnicos. La lucha por la paz y por la libertad se desprende de esas pesadas tintas oscuras cuando es la totalidad de aquellos que están en contra de la barbarie, nacionalistas y no nacionalistas de todos los colores, los que la llevan a cabo. ‘Unidad o barbarie’, titulaba uno de sus editoriales este diario. Porque solamente esta asunción del pluralismo permite ver, y sentir, que la agresión a la libertad de una sola persona es un ataque a la libertad de todos y a la convivencia. Lamentablemente, muchas movilizaciones recientes no han sido planteadas desde esta perspectiva.

El espacio democrático entendido como canal de convivencia y comunicación requiere del instrumento del diálogo para fortalecerse. Una vez más, nos encontramos con un concepto- mina. Y una vez más espero que su normalidad se imponga: porque el diálogo es la forma normal de resolver las cosas. Su reivindicación no supone una cesión, sino todo lo contrario: es la afirmación de unas reglas democráticas que niegan la legitimidad política para negociar nada de aquellos que empuñan las pistolas. Hoy, y ahora, el diálogo entre todos los partidos que están en contra de la violencia es la reclamación urgente de una sociedad huérfana de referente político unitario en contra de la violencia. Así lo entiendo. Su negación es el triunfo de los violentos, porque socava el ámbito democrático como espacio de encuentro de nacionalistas y no nacionalistas en torno a valores fundamentales, anteriores a cualquier proyecto político.

La reivindicación de la paz y de la libertad desde un espacio de encuentro fundamental entre nacionalistas y no nacionalistas es desde hace más de 15 años el empeño de Gesto por la Paz, y lo será mañana sábado en la manifestación que recorrerá Bilbao bajo el lema ‘ETA ez. Junt@s por la libertad y la convivencia’.

 

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