AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 11  Febrero  2001
#Los rojelios
Jaime CAMPMANY ABC 11 Febrero 2001

#Zaplana y Maragall
Carlos DÁVILA ABC 11 Febrero 2001

#El estado de las autonotuyas
José María CARRASCAL La Razón  11 Febrero 2001

#De la declaración a la plegaria
SANTOS JULIÁ El País   11 Febrero 2001

#Las fracturas del PSOE
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 11 Febrero 2001

#Los sondeos internos vaticinan una catástrofe electoral para Arzallus y el PNV
M. R. Iglesias - Madrid .- La Razón 11 Febrero 2001

#Gesto por la Paz logra reunir a los partidos vascos contra ETA
ALBERTO URIONA, Bilbao El País 11 Febrero 2001

#Carlos Iturgaiz : «Eta le hace el trabajo sucio a Arzallus y al PNV»
Inmaculada G. de Molina - Madrid .- La Razón  11 Febrero 2001

#El TSPV condena a dos ikastolas a que devuelvan 500 millones por haber actuado «de mala fe»
Vasco Press - Bilbao .-La Razón 11 Febrero 2001

#El nacionalismo
Cartas al director ABC  11 Febrero 2001

#La Iglesia vasca pasa a la «acción directa» contra la violencia y por la paz
PEDRO ONTOSO BILBAO El Correo    11 Febrero 2001

#Grupos radicales atacan con gasolina y cócteles sucursales del BBVA en Zaldibar y Deba
EL CORREO BILBAO El Correo     11 Febrero 2001

#Diálogo para la unidad
Editorial El Correo     11 Febrero 2001

#En defensa del Estado
JOSEBA ARREGI El Correo   11 Febrero 2001

#Refugio
JOSÉ MARÍA ROMERA El Correo   11 Febrero 2001

#Nacionalismo e inmigración
JOSÉ MARÍA ROMERA El Correo 

#Compromiso de libertad
ALFONSO ALONSO ARANEGUI El Correo   11 Febrero 2001



Los rojelios
Por Jaime CAMPMANY ABC 11 Febrero 2001

A los rojelios habría que declararlos especie protegida porque se encuentran en peligro de extinción. Los que ahora vienen, o vuelven, son los federales. Se murió el Viejo Profesor, que decía que Dios ayuda siempre a los buenos marxistas, pero ya Felipe González había descolgado de las paredes del PSOE el retrato de Carlos Marx y se había hecho amigo de Enrique Sarasola. Incluso Alfonso Guerra, que ahora habita en el ostracismo, se puso a leer a Norberto Bobbio y usaba las corbatas de Gucci que le mandaba Nerio Nesi con el trinque de la Banca Nazionale del Lavoro. De vez en cuando pega un resoplido, como los toros, y ya está. De Largo Caballero, «el Lenin español», sólo queda un recuerdo de estatua para las palomas. Pasqual Maragall no está ya en Pablo Iglesias, porque anda por Pi i Margall, y jugando a las cuatro esquinas con los idiomas de España. Y José Bono está acercándose a Antonete Gálvez. Y el propio Felipe González anda vagando como gallina sin nido, sin saber dónde poner el huevo.

El federalismo está en boga, y se habla mucho de la «España plural». De las dos Españas clásicas, armadas de garrote como los pilletes de Goya, hemos pasado a las no sé cuántas Españitas, y cada una de ellas tiene las dos Españas en miniatura. Cada España sale por un cerro, y los barones rojelios miran más por su casa que por su doctrina. Pepe Bono y Rodríguez Ibarra han convertido sus satrapías en emiratos independientes. Y el de Aragón, que por paradoja se llama Iglesias, dice que se opone a todo, a que se lleven el Ebro y a que traigan a los inmigrantes. Manhuel ben Xabes se hace fuerte en Al-Andalus y sólo le falta la chilaba y el turbante para salir del rojerío y entrar en la morería.

Jordi Pujol dice que él no es separatista y que quiere cooperar en la construcción de la España plural. Su lema ya lo veis: España plural, y Convergencia una, grande y libre. A Durán Lleida sólo le queda el recurso del «contubernio de Munich». Por otra parte, no es seguro que se vaya Pujol. Ni que se vaya Aznar. Y es seguro que se queda Fraga. A Pujol le viene de perlas que exista Arzallus, porque lo deja en la moderación, en la cordura y en el seny. Por eso lo cuida y lo protege. Maragall subió una tarde a Montjuïc y bajó de allí con el decálogo del federalismo. Uno de los mandamientos es el de la descentralización judicial, hala, más zarabanda en las togas.

Ahí, en las togas, es donde todavía se organiza la Numancia de los rojelios. Luchan contra el Gobierno auto por auto, sentencia por sentencia. No les importa haber puesto a la Justicia en el último lugar del aprecio popular. Ahora, el Pleno de la Sala Segunda salvará un resto de sensatez del Tribunal Supremo aceptando el requerimiento del Gobierno en el caso del indulto de Gómez de Liaño y liberando compasivamente a la sala sentenciadora (Bacigalupo y Ancos-Pallín) de tragarse el morcón de su propio embolado. Al tiempo. Luego, volverán a la carga en el CGPJ.

Y sigue abierto el curioso desaguisado judicial de los funcionarios. Y ahora asoma el expediente disciplinario a Baltasar Garzón a causa de las revelaciones en el libro de la encandilada Pilar Urbano. Y el zafarrancho de ese mismo juez con la Audiencia por los cinco excarcelamientos de los presuntos etarras que tanto ha cabreado al Gobierno. Y el berrinche de los rojelios por la reforma Acebes de la Justicia, que es la reforma de lo que ellos reformaron. Y están pendientes los juicios de las escuchas ilegales, de los fondos reservados, de los huesos calcinados de Lasa y Zabala. El socialismo militante ya no va vestido de pana. Va vestido de toga.

Zaplana y Maragall
Por Carlos DÁVILA ABC 11 Febrero 2001

Como ahora, dice Aznar, «toca España», unos (Zaplana) se lanzan a tocarla, es decir, a hablar de ella, y otros (Maragall) a «retocarla», es decir, a quitarla el espinazo como si de una vaca presuntamente loca se tratara. Distanciados por apenas seis kilómetros, han estado en la capital un líder regional, que puede serlo nacional a nada que se lo proponga, y otro nacionalista, que no quiere ser nada nacional. Mientras Zaplana ha venido a Madrid a vender la vertebración de España, Maragall ha predicado la desvertebración. Zaplana tiene un modelo de financiación autonómica, y Maragall tiene un modelo de federalismo, nadie sabe si asimétrico o qué castañas. Por lo que respecta a sus partidos, Zaplana influye, interviene, y Maragall, manda. El otro día en el Senado, Maragall, o sea, sus enviados del PSC y los independentistas, pretendieron que no hubiera una gota de agua para Levante y que no se construyera un solo trasvase. No es de extrañar por eso que Bono estuviera en la presentación del libro de Zaplana, y no en la conferencia del ex alcalde.

Lo que propone Zaplana es compatible con la Constitución tal y como está. A la apuesta de Maragall le molesta la Constitución tal y como está. Hay que desconfiar de los que dicen que no hay que sacralizar la Constitución porque lo que quieren es dejarla en los huesos, para convertirla en algo así como en un tratadillo entre países más o menos cercanos. En Madrid, Zaplana ha dado a su partido una idea aceptable para la financiación de todos, y Maragall, un sofocón a este PSOE de Zapatero que o se pone a las órdenes del mecenas catalán o se quedará en pura imagen azul (la de los ojos) del invertebrado Zapatero.

Por todo esto, entre la España tan regional como única de Zaplana y la vaporosa entidad prendida con alfileres de Maragall es fácil que hasta los votantes del PSOE (Bono, por ejemplo) se queden con la primera. El PSOE alocado quizá tenga interés en reflexionar sobre ello antes de que los españoles creamos que, en verdad, lo que le pasa es que no reflexiona sobre nada.

El estado de las autonotuyas
José María CARRASCAL La Razón  11 Febrero 2001

A Aznar le crecen los enanos. Pero a Rodríguez Zapatero le crecen los barones, que es bastante peor. Primero Bono y Rodríguez Ibarra por el asunto del agua; luego, Marcelino Iglesias por la Ley de Extranjería; los presidentes autonómicos se le están subiendo a las barbas que no tiene. Como no ponga pronto orden en casa, Zapatero puede encontrarse con un PSOE convertido en Reinos de Taifas.

    Pero no era de eso de lo que quería hablarles, sino de algo mucho más grave ya que nos afecta a todos. Me refiero a nuestra ordenación territorial. La crisis de las vacas locas ha puesto de manifiesto lo mal que funciona y algo parecido puede decirse del escándalo del lino. ¿Quién es el culpable de que la enfermedad se haya extendido o de que el fraude durase tanto tiempo? Gobierno central y autoridades autonómicas se acusan mutuamente. La regulación y aplicación en ambos casos era responsabilidad de las Autonomías, mientras la inspección seguía en manos del Gobierno central. Pero aunque se sabía lo ocurrido en el Reino Unido y los piensos de origen animal estaban prohibidos desde 1997, siguieron distribuyéndose e infectando vacas en toda España sin que nadie hiciera nada para evitarlo. Uno por el otro y la casa sin barrer. Con las subvenciones del lino ocurrió otro tanto.

    Son ejemplos de cómo funciona -aunque más exacto sería decir, no funciona- un Estado de las Autonomías, donde éstas sólo se preocupan de sacar el máximo de Madrid para gastárselo alegremente. Y echar luego la culpa a Madrid si algo va mal. Mientras Madrid cede competencias y se desentiende, alegremente también, de todo.

Ocurriendo lo que ha ocurrido con las vacas o el lino, y mañana puede ocurrir con la enseñanza, la sanidad, el medio ambiente o cualquiera de las competencias cedidas, si no está ocurriendo ya y no nos hemos enterado todavía. Las Autonomías son «mías» para lo que me conviene y «tuyas» para lo que no me interesa. Convirtiéndose en el modelo de despilfarro e irresponsabilidad que son hoy.

    En parte es lógico, ya que se trata de algo completamente nuevo en España que necesita rodaje. Pero llevamos ya 25 años con él, que en nuestros tiempos son como un siglo de los anteriores. Ya es hora de que todos vayamos aprendiendo que democracia es, ante todo, responsabilidad, individual y colectiva. Si las Autonomías se hacen cargo de algo es para administrarlo equitativamente, no para regalárselo a los amigos. Mientras el Gobierno central sigue siendo el último responsable de todo cuanto ocurre en el país.

    No se tome como un ataque al Estado de las Autonomías, fórmula imaginativa para un país plural como España, con un viejo problema de vertebración. Pero siempre que se aplique correctamente. Quien de verdad le está atacando son quienes ven en las Autonomías una forma de succionar el dinero de todos sin responsabilizarse luego de nada.

De la declaración a la plegaria
SANTOS JULIÁ El País   11 Febrero 2001

Como han explicado los promotores de la "Declaración de un grupo de curas de Bizkaia", la proposición "la mitad del clero vasco dice a ETA: dejad de matar por siempre jamás" no puede confundirse con la proposición "la mitad del clero vasco NO dice a ETA: dejad de matar por siempre jamás". Aunque en los momentos en que es preciso definirse decir vale tanto como no decir, y aunque ante un crimen hablar define una posición exactamente lo mismo que mantener silencio, lo cierto es que aquella "Declaración" no se pasó a la firma de todo el clero y que recibió, una vez publicada, más adhesiones de las 226 firmas originales.

Tal vez como lenitivo de la reconversión del clero vizcaíno y de su sincera petición de perdón a las víctimas del terrorismo, los redactores de la "Oración por la paz" que se elevó unos días después desde Mendizabala sustituyeron el lenguaje perentorio y el acento dramático de aquella declaración por fórmulas más conciliadoras. En lugar del contundente "ETA, dejad de matar por siempre jamás. No extorsionéis a nadie, ni amenacéis, ni amedrentéis", los reunidos para orar dijeron: "No queremos que nadie mate a nadie. Pedimos a ETA que deje definitivamente las armas". Que nadie mate a nadie, pero allí sólo unos matan; pedir a ETA, como si de una especie de favor se tratase.

Del 5 al 13 de enero, de la declaración a la plegaria, la incipiente radicalidad a favor de las víctimas del grupo de curas se embalsó en el lenguaje de la culpa colectiva y del sufrimiento común que impregnó la ceremonia presidida por los obispos. "Todos necesitamos perdonar y ser perdonados", se dice en la oración. ¿De verdad? ¿De qué necesitará ser perdonado el cocinero asesinado? Todos hijos de Dios y hermanos nuestros: las víctimas de la violencia y "los que causan tanto daño", a quienes la plegaria desearía ver "liberados del sufrimiento que generan y padecen". ¿Que padecen? No daban la impresión los torturadores de Ortega Lara, cuando se sentaron en el banquillo, de padecer ningún sufrimiento; no la dan los detenidos tras los recientes atentados. Lo único que de verdad padecen es la pena impuesta por un tribunal que los ha juzgado con todas las garantías procesales.

Culpa colectiva y sufrimiento común que se traducen en una propuesta de reconciliación: todos culpables, todos sufrientes, todos perdonantes y perdonados. Naturalmente, el lugar de tan ansiada reconciliación es la misma Iglesia vasca que ora reunida en Mendizabala. Pues para reconciliar hay que comprender la razón que asiste a cada parte, hay que situarse en un terreno intermedio, o por encima; hay que insistir en que los comportamientos de unos y otros se derivan de causas profundas, de conflictos ancestrales. Y aquí está la Iglesia, dispuesta a comprender a todos, perdonar a todos, reconciliar a todos.

Y así, mientras la declaración anunciaba un compromiso activo de los curas de Vizcaya con los extorsionados y amenazados, la oración sitúa la posible acción colectiva de la Iglesia vasca en otros terrenos. No es ciertamente el que ocupa un impertérrito Setién cuando repite su conocida fórmula: ETA debe dejar las armas / pero si no las deja / habrá que negociar / y pagar un precio por la paz. El nuevo lenguaje no es tan crudamente político; tampoco es el de un compromiso ético con quienes sufren la violencia y contra quienes la imponen. Al construirse sobre términos como paz, perdón y reconciliación, es el propio de una institución que aspira a desempeñar un papel conciliador, una tarea de mediación. La Iglesia vasca, que finalmente se ha asomado a ver qué ocurría en el lado de las víctimas y, sintiendo vergüenza por su conducta pasada, les pide perdón, vacila antes de sacar la última consecuencia de su arrepentimiento. No debería olvidar que el perdón y la reconciliación sólo serán posibles después de que ETA haya dejado de matar; nunca para que deje de hacerlo.

Las fracturas del PSOE
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 11 Febrero 2001

Ya no se disimulan las tensiones en el PSOE. Bono y Rodríguez Ibarra desobedecen a la Ejecutiva al apoyar el Plan Hidrológico del PP y no hay que ser un profeta para pensar que Chaves les seguirá cuando aquél se discuta en el Parlamento. ¿Será capaz Zapatero de presentarse con un partido roto o, más bien, para entonces habrá recogido velas? Pero en ese caso ¿cómo habrá quedado el presidente Iglesias y cómo el Partido Socialista de Aragón con el que se está jugando de forma tan siniestra?

Pero no es sólo la política del agua lo que desgarra al PSOE. Zapatero ha tenido que llamar al orden a Iglesias, empeñado en llevar la Ley de Extranjería al Constitucional. Al parecer algunos —y no precisamente la base, no los oscuros compañeros de las agrupaciones— habían llegado a creerse el discurso demagógico.

Las fracturas que van apareciendo en el PSOE tienen que ver con la inexistencia de una política nacional y con el seguidismo de los nacionalismos. José Bono lo tiene tan claro que a la misma hora en que Maragall daba una conferencia, en Madrid, sobre sus pretensiones federalistas, se fue a la presentación del libro de Zaplana. Algo más que un desaire. Con este gesto simbólico vino a decir que prefiere el eje Madrid/Valencia a la abscisa Barcelona/Bilbao y que apuesta por la ortodoxia autonomista de Zaplana a pesar de su bisoñez, y no por la desvergüenza de la asimetría federal. ¿Qué decir de Ibarra?

Zapatero va construyendo su oposición a partir de los materiales, a veces deleznables, que se va encontrando por el camino pero no es capaz de oponer una estrategia alternativa a la del PP, de tal modo que en cuanto tiene que enfrentarse con las líneas maestras de éste, o bien quiere elevarlas a pactos de Estado o bien las rechaza de plano creando fracturas de gran calado en el propio PSOE. Así sucede con el Plan Hidrológico, con la Ley de Extranjería, con las Humanidades, con el Plan de Comunicaciones...

El PP está desbordando al PSOE por una razón muy elemental. Al no tener éste una idea clara sobre España, ni desde el punto de vista territorial, ni desde el punto de vista de la solidaridad que subyace a aquél, ni siquiera desde el punto de vista histórico porque eso supondría enfrentarse no sólo a los nacionalistas clásicos sino a los que militan dentro del PSOE... no es capaz de dar las soluciones que exige una concepción global. Porque, ¿en nombre de qué se puede pedir solidaridad en el reparto del agua, por ejemplo, si falla por la base la idea misma de una nación integradora? En la medida que se cree sólo en el Estado —a veces ni siquiera— y se desprecia el carácter solidario que procede del sentimiento de pertenencia a una unidad, ¿con qué argumentos y con qué autoridad puede pedirse algo más que el reparto puro y duro de los recursos?

Una gran parte de los socialistas no se han dado cuenta de que partir de la filosofía de Pascual Maragall significa tanto como subordinar los objetivos mayoritarios a la «diferencia» ventajosa para Cataluña. Ese es el canon; ese es el trágala: o el Estado responde a una concepción asimétrica o no hay juego. Y lo que está resultando extremadamente grave es la subordinación del PSOE a la estrategia del PSC y CiU referida al País Vasco. ¿Hasta dónde nos llevará la aplicación del diálogo como método que acaba de aprobar el Parlamento catalán (con el apoyo del PP)?

El PSOE es la expresión de las diecisiete imágenes de las Comunidades, aisladas, insolidarias. No sólo no refleja el todo superior que es una nación sino, además, la hegemonía de las que aspiran a serlo. Siendo las cosas así, lo milagroso sería que no hubiera grandes fracturas en el PSOE.

Los sondeos internos vaticinan una catástrofe electoral para Arzallus y el PNV
El presidente del EBB ordena a Ibarreche retrasar las elecciones «todo lo que pueda»
Los sondeos internos que baraja el PNV sobre intención de voto alParlamento vasco vaticinan una subida espectacular de PP y PSE y un descalabro de los nacionalistas, que por primera vez podrían perder la presidencia del Gobierno vasco o «lendakaritza». Arzallus, asustado por estos datos ha ordenado a Ibarreche que atrase las elecciones «todo lo que pueda». La estrategia del PNV, según ha podido saber LA RAZÓN, sería no convocar elecciones aún, criticar públicamente a EH y Eta, al igual que a PP y PSE, y así ir «arañando» votos a la espera de que cambien los sondeos.
M. R. Iglesias - Madrid .- La Razón 11 Febrero 2001

El plenario del «Euskadi Buru Batzar» (la ejecutiva del Partido Nacionalista Vasco) que ayer se celebró en Bilbao analizó los datos de un sondeo sobre intención de voto de los vascos que vaticinan un gran descalabro para el PNV. Según ha podido saber LA RAZÓN, el presidente de los peneuvistas, Javier Arzallus, fue tajante al ordenar al «lendakari» Juan José Ibarreche que atrase la convocatoria de elecciones autonómicas todo lo que pueda.

    Arzallus pidió a sus compañeros de partido«un gran esfuerzo» para ir arañando votos de todos los sectores y así conseguir que los sondeos diersen un vuelco hasta que les fuesen favorables. Pero para esto el PNV necesita tiempo por lo que Javier Arzallus fue claro: las elecciones deben ser cuanto más tarde mejor.

    Al parecer, la estrategia que va a seguir el PNV consiste en incrementar las críticas hacia EH y Eta, para volver a conseguir el apoyo de los electores que están dispuestos a castigarles en las urnas por su acercamiento a los proetarras.

    Los peneuvistas también mantendrán su línea de crítica y acoso al PP con el objetivo de provocar un gran desgaste que también le sea favorable en las elecciones. Respecto a los socialistas, el partido de Arzallus no pierde la esperanza de que se produzca un acercamiento que cristalice en un acuerdo de gobierno, y en este sentido apoyan la iniciativa de Ibarreche de seguir intentando reunirse con José Luis Rodríguez Zapatero.   

Pacto PP-PSOE
Como en un principio la intención del lendakari sería, como ha publicado este periódico, pactar la fecha de las elecciones vascas con el Partido Socialista como prolegómeno de un posterior acuerdo en el Parlamento de Vitoria, Javier Arzallus ha dicho a Ibarreche que mantenga ese encuentro pero que la fecha de las elecciones no la pacte con Zapatero, ya que debe retrasarlas lo máximo posible.

    Precisamente ayer, el secretario de los socialistas alaveses, Javier Rojo, afirmó que a él «no le importaría pactar con el PP» tras unas elecciones vascas, puesto que «ambas formaciones defienden los mismos principios por la paz, les une la lucha por la libertad», informa E. Mejuto. Los socialistas alaveses aprobaron un documento en el que se recogen las líneas básicas de una estrategia para acabar con Eta. El escrito mantiene el espíritu del pacto por las libertades firmado por PSOE y PP.

    Rojo incidió en la presentación del documento, titulado «Una estrategia para terminar con el terrorismo», en que a la sociedad vasca le convendría la «convocatoria urgente» de una elecciones «libres» y «limpias» en las que los ciudadanos pudieran participar «en igualdad de condiciones», en todo el País Vasco, sin «ningún tipo de coacción» impuesta por «sectores radicales».

Gesto por la Paz logra reunir a los partidos vascos contra ETA
Los críticos de HB consiguen el 9% de apoyos
ALBERTO URIONA, Bilbao El País 11 Febrero 2001

La organización Gesto por la Paz consiguió reunir ayer en Bilbao a todos los partidos políticos vascos que rechazan la violencia de ETA. El lehendakari, Juan José Ibarretxe, y los dirigentes del PNV, EA, PP, PSE e IU marcharon en silencio por el centro de la capital vizcaína junto a varios miles de personas en la manifestación que todos los años organiza por estas fechas esta plataforma con motivo del aniversario de la muerte de Gandhi.

La marcha fue encabezada por una pancarta con el eslogan Eta no: Juntos por la libertad y la convivencia , portada por los miembros de Gesto por la Paz. Los políticos se situaron discretamente entre los asistentes: en la mitad los socialistas, con el secretario general vizcaíno Patxi López, y el PP, con el presidente de Vizcaya Leopoldo Barreda. Más atrás, hacia el final de la marcha, iban los nacionalistas con el lehendakari Ibarretxe y el consejero de Justicia Sabin Intxaurraga, acompañados de miembros de sus partidos como el alcalde bilbaíno Iñaki Azkuna (PNV) y el secretario general de Eusko Alkartasuna, Gorka Knörr.

Como es habitual no hubo consignas ni gritos durante la hora que duró el acto contra ETA. El PP, cuya presencia no estaba asegurada y que ha mantenido diferencias con Gesto por la tibieza de esta organización con las víctimas del terrorismo, acudió finalmente. "El lema es inequívoco y por eso estamos aquí", aseveró el dirigente Leopoldo Barreda.

Ibarretxe expresó su coincidencia con Gesto por la Paz en la "exigencia de diálogo y de no violencia" y manifestó su reconocimiento a la labor de este colectivo, "primera organización social que comenzó a trabajar por la paz en este país".

Los organizadores de la marcha leyeron un comunicado en el que realizaron una "llamada urgente" al diálogo a partidos y ciudadanos "para romper la barrera de incomunicación que la presencia de la violencia ha logrado levantar". Gesto reivindicó la memoria y la justicia de las víctimas del terrorismo, que "son prioridades morales para nuestra sociedad".

Por otro lado, la ponencia política Bateginez , respaldada por los principales líderes de HB, ha obtenido el 75% de apoyos en el proceso de debate interno que pretende crear una nueva organización política en la izquierda abertzale . La corriente crítica Aralar , contraria a la violencia de ETA, ha logrado el 9% de los sufragios. Mientras, las oficinas del BBVA en tres localidades vascas (Zaldibar, Elorro y Deba) fueron el objetivo ayer de la kale borroka , aunque se produjeron escasos daños.

Carlos Iturgaiz : «Eta le hace el trabajo sucio a Arzallus y al PNV»
Entrevista con el presidente del Partido Popular del País Vasco
El presidente del Partido Popular del País Vasco, Carlos Iturgaiz, asegura que «Eta le hace el trabajo sucio a Arzallus y al PNV». En su opinión, «Arzallus se frotaría las manos si Eta consiguiera romper el cordón umbilical que une España con el País Vasco».
Inmaculada G. de Molina - Madrid .- La Razón  11 Febrero 2001

Se le ve tranquilo, entero y convencido de que el cambio se producirá tras las elecciones vascas. El presidente de los populares vascos asegura que «nunca, nunca» se le ha pasado por la cabeza tirar la toalla, ni siquiera después de la intentona de Eta de acabar con toda la cúpula del PP en el cementerio de Zarauz. «Nadie me echará del País Vasco». Se indigna cuando habla de los nacionalistas, a los que acusa de dejar que «Eta les haga el trabajo sucio». «Arzallus y el PNV se frotarían las manos si Eta consigue romper el cordón umbilical entre España y el País Vasco». Su indignación se trueca por una amplia sonrisa cuando se le pregunta por el candidato del PP a los comicios vascos. «Qué empeño tienen los periodistas por conocer ya el candidato». Él, por si acaso, está guardando el sitio a su presidente de honor, Jaime Mayor Oreja. Y de la sonrisa a la moderación, cuando habla de sus compañeros de viaje, los socialistas. «Lealtad, lealtad y lealtad». Y con este argumento de su boca no sale ni media palabra que pueda hacer peligrar «la necesaria unidad de acción».

    -¿Se convocarán las elecciones vascas antes del verano?
    -Mi olfato me dice que sí. Los dirigentes nacionalistas se han dado cuenta de que esto no da para más, sobre todo, porque las próximas proposiciones que vienen al Parlamento vasco son importantes, porque modificarían muchas de las leyes excluyentes del PNV. Los nacionalistas no nos darán el gusto de que salgan adelante.

    -¿Es necesario que observadores europeos velen por la transparencia del proceso electoral?
    -No hacen falta observadores internacionales, sino que se cumpla la ley. El Estado de Derecho tiene los mecanismos suficientes para que se cumpla en el País Vasco. Muchos se acomodan en la anormalidad en la que se vive. Me niego a que la anormalidad siga siendo lo cotidiano en el País Vasco.

    -¿Cómo valora la intención del PNV de presentar de nuevo a Ibarreche como candidato?
    -No va a admitir nunca que ha fracasado en su política, en su candidato y en su gobierno. Si cambia de candidato a lendakari asumiría el fracaso de su propio Gobierno. Por eso, seguirá apostando por Ibarreche. Por dignidad, Ibarreche debería haberse ido a su casa hace mucho tiempo. Ha demostrado que no tiene palabra. Dijo que no iba a gobernar con los que no condenaran la violencia y gobernó... Ibarreche es lendakari gracias a los votos de HB y Eta. En su investidura le votaron HB y Josu Ternera.

    -¿La no presentación de Garaicoechea favorece al PNV?
    -Ha cumplido con su palabra. No es una cuestión de si favorece o no al PNV. Lo que favorece a la sociedad vasca es que el PNV pase a la oposición. La catarsis del nacionalismo sólo vendrá de la oposición.

    -¿El mejor candidato del PP a los comicios vascos es Mayor Oreja?
    -Sería un excelente candidato.

    -¿Con su candidatura, se siente mal pagado?
    -Si no soy el candidato del PP a las elecciones autonómicas, habré estado guardando ese sitio a mi presidente de honor. Para mi personalmente, es un honor que quien me sustituya en esa candidatura sea Jaime Mayor Oreja.

    -¿Y qué hará usted?
    -Seguiré siendo presidente del PP del País Vasco. Siempre estaré a disposición de lo que me pidan en mi partido. Soy un hombre de partido.

    -¿Las críticas del PSE a que el candidato popular sea el ministro de Interior, debilitan la unidad entre los no nacionalistas?
    -No. Mayor Oreja ha dicho que pone a disposición del partido su cargo. Hay partidos que se ponen nerviosos cuando ven que una persona como Mayor Oreja podría encabezar una candidatura a lendakari. A todos les gustaría tener en su candidatura a una persona como él. Es el político mejor valorado de este país, lo que es un aval.

    -¿Habrá gobierno de coalición PP-PSE?
    -Quiero que lo haya por el bien del País Vasco y de toda España.

    -¿Y las encuestas internas del PP qué reflejan?
    -Dicen que los nacionalistas se van a llevar un gran susto. En el País Vasco, como ha podido comprobar el comisario europeo de Derechos Humanos, mucha gente vive en un estado de emergencia y excepcionalidad. Lo que dicen las encuestas es que un gobierno no nacionalista es posible en el País Vasco.

    -¿Las críticas de Aznar a Zapatero pueden restar credibilidad a ese ejecutivo de coalición?
    -Sería de miserables si tradujéramos a la política vasca las diferencias que hay entre el PSOE y el PP en el resto de España. Se entiende perfectamente que socialistas y populares tengamos en muchas cuestiones una unidad de acción en el País Vasco y que queramos que haya un gobierno constitucionalista, pese a las diferencias. En el País Vasco estamos hablando de las vidas de los populares y de los socialistas, que por hacer política nos matan. Tenemos que estar juntos por encima de la economía, de la industria, del submarino y de las «vacas locas».    

Sin fecha
    -¿Hay un acuerdo para repartirse la legislatura entre el PP y el PSE?
    -No.

    -¿Comparte la tesis de Zapatero de que se pueda acabar con Eta en los cuatro años de legislatura vasca?
    -Un gobierno no nacionalista sería beligerante contra Eta y EH. Esto significa que nunca le pondríamos paños calientes a los asesinos y a sus cómplices políticos. No firmaríamos pactos con ellos, como hacen los nacionalistas. No diríamos que no queremos la derrota de Eta. Jamás bailaríamos al son que quieren marcar Eta y HB. No voy a fijar una fecha, pero con un gobierno del PP intentaríamos acabar con Eta. Es lo que tiene que hacer un gobierno democrático y no llegar a pactos con Eta. Eta tiene que saber que la vamos a derrotar con la ley en la mano.

    -¿Y con el cambio la dirección de Arcaute?
    -Sí. Es vergonzoso que, de 7.500 agentes de la Ertzaintza, estén muchos de ellos atados de pies y de manos, porque los líderes nacionalistas no quieren derrotar policialmente a Eta. Así lo ha dicho esta misma semana Arzallus. El consejero de Interior Balza dijo que había que compensar a Eta cuando se detuvo a Belén González. Cuando ha habido manifestaciones de proetarras en las calles de San Sebastián, manda a los ertzainas para retirar a una manifestación de pacifistas. Cuando se intenta asesinar a la cúpula del PP en el cementerio de Zarauz, aún no he oído que haya habido una responsabilidad por parte del consejero de Interior. Y lo que es peor, Ibarreche no ha dicho ni esta boca es mía de lo que ocurrió. Hay mucha gente que, cuando hay un acto de violencia callejera, pregunta dónde esta la Ertzaintza. Y queremos que también sea una policía beligerante.

    -¿Zapatero comete una osadía al fijar una fecha para el fin de Eta?
    -Ojalá sea mañana. Yo no pondría una fecha, porque queda en las hemerotecas. Una fecha sólo sirve para que te estén recordando el compromiso. La cuestión es cómo vamos actuar para que Eta desaparezca. Lo que hay que hacer es pedirle a la oposición nacionalista, llegado el caso, que sean leales con un gobierno que quiere acabar con Eta por la vía policial. El PNV no ha querido la derrota de Eta policial, social y judicial en el País Vasco. Hay que pedir esa lealtad democrática. Hay que preguntar al PNV y a Arzallus si van a ayudar al gobierno a acabar con Eta.    

Lealtad
    -¿Con ese compromiso, Zapatero hace uso electoral del terrorismo?
    -Creo en la lealtad de Nicolás Redondo en las cuestiones antiterrorista. De mi boca no saldrá una palabra que pueda poner en duda esa lealtad del PSE y de su secretario general.

    -¿Si hay ejecutivo no nacionalista, Eta asesinará más, como dice Arzallus?
    -Desde el victimismo del nacionalismo, Arzallus intenta etiquetar al resto. Él sabe que Eta seguirá actuando cuando y como quiera. En veinte años de Gobierno nacionalista no han querido acabar con Eta. Arzallus no quiere que gobierne el PP para que no se acabe Eta.

    -¿Se puede acabar con la banda terrorista, sin contar con el PNV?
    -La historia nos dice que Eta nació del PNV y la experiencia que, en todo los años de gobierno, el PNV no ha querido acabar con Eta. En este tema, no se puede contar para nada con los actuales dirigentes del PNV. Ellos pactaron con Eta y siguen hablando con ellos.

    -¿Y sin los votantes del PNV?
    -Pues claro. Igual que el PNV ha hecho cosas sin los del PP.

    -¿Hay que actualizar el pacto anti-Eta, tras las elecciones vascas?
    -No. Ese pacto acaba de ser firmado y ya queremos cambiarlo ¡Por favor! El día de mañana ya se verá. No puede haber cambios unilaterales.

    -¿El PP se ha jugado la solución del País Vasco a una sola carta, a la del adelanto electoral?
    -En diciembre de 1999, recuerdo que pedí el adelanto electoral y me quedé solo. Hoy hay partidos que me están dando la razón.Y hoy, al igual que en esa fecha, seguimos teniendo los mismos problemas, la misma falta de libertad. Por tanto, el tiempo me ha dado la razón. La solución pasa por dar la palabra a los ciudadanos. No quieren convocar elecciones. El desgaste de las instituciones democráticas es el juego que les vienen bien. Ya lo han dicho Eta y HB. En la página web de EH, deja claro que el mundo radical quiere cargarse el Parlamento y las instituciones vascas, porque con ellas no puede lograr la independencia. Los nacionalistas buscarán fórmulas que les permitan lograr este fin.

    -El PNV se opone a esa propuesta.
    -No. El PNV no ha dicho que rompe con Estella. Lo que dice esa propuesta es Estella. Aún no le he visto marcharse de la Asamblea de Municipios, a la que está dando mucho dinero. No nos engañemos. El PNV no se marchará. Eta, HB y PNV están en la misma estrategia.

    -¿El PP fracasará si no cambia la correlación de fuerzas actual?
    -¿Qué pretendería la sociedad? Que dejemos todo en manos de los nacionalistas y demos la independencia al País Vasco. Que demos la razón a Eta. Eso es lo que se pretende. Si ganamos, magnífico, habrá un gobierno que garantice las libertades. Y si perdemos, seguiremos luchando, como hasta ahora, desde la oposición para que el País Vasco siga siendo parte de España. No vamos a hincar la rodilla en el suelo. No vamos a dar al nacionalismo radical y al que se llama democrático la satisfacción de que nos echen. Podremos ser más o menos, pero seguiremos luchando desde el gobierno o la oposición.

    -¿La fractura social será mayor, si no hay un cambio político?
    -El nacionalismo lo que pretende es que la desesperanza llegue a todos los españoles. El nacionalismo intenta que, cuando Eta atenta en Madrid, Barcelona o Sevilla, el resto de España diga que «les den la independencia y que nos dejen en paz». Por eso, hay que ser más fuertes que nunca. Y, para ello, necesitamos el apoyo de toda España. La fractura la crearon los nacionalistas. El PNV fue quien cruzó la línea de demócratas y antidemócratas. Se echó al monte en busca de Eta y HB. La transición se ha dado en el resto de España, pero no en el País Vasco.    

El fruto del árbol
    -¿El PNV pretende lograr la independencia a través de que Eta asesine en Sevilla, Madrid o Barcelona?
    -Es la famosa frase de Arzallus: «unos mueven el árbol, para que otros recojan los frutos». Al PNV le viene fenomenal que Eta siga asesinando para lograr el desequilibrio, para romper el cordón umbilical que existe entre el País Vasco y España. Si se rompiera, el PNV y Arzallus se frotarían las manos. Al final, Eta le hace el trabajo sucio al PNV.

    -¿Teme que el PSE pueda gobernar en coalición con el PNV, algo que Zapatero no acaba de descartar?
    -No. Siempre he dicho, con toda lealtad, que quiero un gobierno PP-PSE para intentar cambiar las cosas en el País Vasco. Los socialistas no lo habrán dicho así de claro. Yo no engaño a nadie. Ya saben todos que si ganamos, intentaremos formar ese gobierno con el PSE. Hay muchas heridas abiertas. Aún tengo en mi memoria la manifestación de Vitoria, tras el asesinato de Fernando Buesa. La afrenta que sufrió el PSOE por parte de Ibarreche y del PNV no se puede olvidar, ni perdonar.

    -¿Qué opina del intento de Ibarreche de abrir una nueva ronda de diálogo?
    -Es una tomadura de pelo. Es la precampaña del candidato Ibarreche. El único planteamiento válido que puede hacer es convocar las elecciones.    

Arzallus, el caudillo
    -¿Qué le parece la caza de brujas abierta por el PNV contra los disidentes?
    -Al caudillo Arzallus no le gustan «los michelines» de su partido. En el PNV hay tres tipos de personas: los que obedecen a su caudillo, los que, como Guevara, salen a la prensa a decir que están en contra de Arzallus, y los que también acuden a la prensa, pero sin nombres y apellidos.

    -¿Por qué el PP no se querella contra Arzallus?
    -Los fiscales de oficio estiman que sus declaraciones están dentro de las manifestaciones políticas. Lo acato, pero no lo comparto.

    -¿Arzallus actúa a la desesperada en busca del voto del electorado de EH que se opone a Eta?
    -Los estrategas del PNV le han dicho que tiene que radicalizar su discurso para que el voto de HB vuelva al PNV. Las cuentas le salen así mejor que intentando recuperar el votante moderado del PNV.

    -¿La reunión entre Pujol e Ibarreche supone un balón de oxígeno al Gobierno vasco?
    -Pujol es un presidente autonómico que visitó a otro.

    -¿Y Zapatero al no descartar un encuentro con el lendakari?
    -Lo importante es que no se ha producido.

    -¿Cómo valora el papel que juega la Iglesia vasca?
    -Muchos vascos se han desengañado de la jerarquía eclesiástica que teníamos lamentablemente en el País Vasco. Debería haber tenido más fortaleza a la hora de tomar iniciativas.

    -¿En alguna ocasión se le ha pasado por la cabeza tirar la toalla?
    -Nunca. Desde que asesinaron a Ordóñez sabía que nos jugábamos mucho. Cuando tienes unas convicciones tienes que ir adelante. En el País Vasco no sobra Iturgaiz, ni sus compañeros. Sobran los que nos quieren matar. Por tanto, haremos todo lo posible para seguir trabajando para que la libertad el día de mañana sea una realidad en el País Vasco.

El TSPV condena a dos ikastolas a que devuelvan 500 millones por haber actuado «de mala fe»
Vasco Press - Bilbao .-La Razón 11 Febrero 2001

El Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV) declara «mala fe o temeridad» en las ikastolas «Bergara-Aranzadi» y «Urretxu-N.S. de Lourdes» por los recursos interpuestos contra la Administración y les ordena que devuelvan al Gobierno Vasco los 518.555.176 pesetas que recibieron ilegalmente al haberse acreditado que no eran propietarias de los inmuebles en los que impartían docencia y que, en virtud del convenio suscrito para poder integrarse en la red de enseñanza pública vasca, les obligaba a cederlos a la Administración. Ambas ikastolas, han decidido no integrarse en la red de centros docentes públicos, pero en su momento «indujeron al error» a la Administración cuando «estaban en condiciones de conocer que no pod¡an asumir un compromiso de cesión de unos bienes que no eran de su propiedad».    

Paradójico
Por otra parte, el tribunal cuestiona la diligencia de la Administración «al no controlar suficientemente en el proceso de confluencia de las ikastolas que éstas, cuando asumían compromisos como titulares de ikastolas y propietarios del inmueble e instalaciones utilizadas, efectivamente lo eran». Además, considera «paradójico» que «las propias ikastolas que asumieron un compromiso como propietarios de unos bienes que no eran de su propiedad, en aras de obtener una serie de contrapartidas a las que se obligaba la Administración, aleguen esta causa para cuestionar la procedencia del reintegro de unas cantidades que no debieron percibir».

    Se recuerda que, como consecuencia del proceso de confluencia de las ikastolas en la red de la Escuela Pública Vasca en base a la ley 10/88, de 29 de junio, se suscribieron una serie de convenios entre el Departamento de Educación del Gobierno Vasco y los titulares de las ikastolas de los tres territorios históricos de la C.A.P.V. Ambas ikastolas, al igual que muchas otras, suscribieron el convenio conforme a la normativa vigente y en virtud de la cual los titulares de estos centros asumían el compromiso de ceder en propiedad la titularidad de los inmuebles e instalaciones utilizadas en la actividad docente. La Administración asumía un compromiso en materia de dotaciones de inmuebles y equipamiento, conservación y mantenimiento de los edificios.

El nacionalismo
Cartas al director ABC  11 Febrero 2001

Qué pena me dan los nacionalistas al rechazar todo lo que a España se refiere. No saben lo que se pierden.

Yo soy vasca pero no me siento menos vasca por disfrutar y aceptar todo lo bueno que nos brinda España. Disfruto y me emociono al oír un pasodoble en tierra extraña, como cantaba Concha Piquer o al escuchar una jota o una sevillana en un momento oportuno.

Contemplar un paisaje ya sea castellano, gallego o andaluz, todos me gustan. Degustar la variedad de su cocina, un buen cocido madrileño, una fabada asturiana, una paella, paladear un finito en la calle Sierpes de Sevilla, el colorido de una tarde de toros, tantas maravillas y riquezas ya sea en el arte, música, literatura, etcétera, que no estoy dispuesta a perder bajo ningún concepto. Me siento integradísima con todo ello.

No me conformaría con oír sólo «El caserío de Guridi» o el «Gernikako arbola», la marcha de San Sebastián, los zortzikos, ni la trikitixa, por muy bonitos que sean. Se me encogería el alma.

Siento a veces que me asfixio y necesito salir de este «txoko» donde no hacemos más que retroceder al pasado y mirarnos al ombligo.

Quiero extender la mirada hacia un horizonte más amplio y con más perspectivas.

Temo que con esta política que pretende el PNV volvamos a ver los corderos pasear por la avenida donostiarra, comer talua, entrar en España con pasaporte, sentirnos marginados y odiados por el resto de la gente por un insensato comportamiento y una mala política llevada a cabo por personas que da la sensación de que no han salido nunca del caserío y no ven más alla que el batxoki de enfrente.  María Coro Machimbarrena. San Sebastián.

La Iglesia vasca pasa a la «acción directa» contra la violencia y por la paz
El Episcopado respalda la movilización de los obispos promovida por el enconamiento político y el riesgo de fractura social Monseñor Uriarte refuerza su liderazgo en las diócesis, que se plantean ya un ‘Armentia 2’ para los jóvenes
PEDRO ONTOSO BILBAO El Correo    11 Febrero 2001

Era el momento litúrgico de la paz en las campas de Armentia. Monseñor Sebastián atravesó veloz la tarima para fundirse en un fuerte abrazo con su compañero Setién, con el que siempre ha mantenido distancias notorias. Muchos vieron en este gesto simbólico, en el abrazo del arzobispo de Pamplona con el ex obispo de San Sebastián, la señal de que algo empieza a cambiar en la Iglesia vasca, al haber sido capaz de unir en un acto público y multitudinario contra la violencia a todas las sensibilidades -desde las más progresistas a las más conservadoras, y de las más contestatarias a las más espiritualistas- que viven en el seno de la institución. Máxime cuando el propio Sebastián, según las fuentes consultadas por EL CORREO, había sido reticente desde hace varios años a una convocatoria de este calibre, muy posiblemente, por no visualizar en lo religioso una actuación conjunta de las diócesis del País Vasco y Navarra, que en lo político levanta tantas aristas, y con las que el mismo Vaticano ha evitado cortarse. La gravedad del momento, en plena ofensiva de ETA, requería, sin duda, ese paso. Con una grave y preocupante laguna: la ausencia de jóvenes. La propia Iglesia es consciente de ese déficit y en algunos despachos se piensa ya en un ‘Armentia dos’, esta vez, convocada de forma monográfica para los jóvenes.

La concentración de Armentia respondía, de alguna manera, a la pregunta que, ya en 1986, el entonces obispo de Bilbao, Luis María Larrea, se hacía a la vuelta de la visita ‘ad límina’ de los prelados vascos a la Santa Sede. «Quisiéramos hacer algo más por la paz, pero no sabemos cómo desde nuestro punto de vista y, al mismo tiempo, que sea eficaz. Nuestro papel se centra en elaborar homilías y escritos de aliento a la gente que se ocupa por la paz». A la Iglesia se le ha reclamado desde distintos ámbitos algo más que «homilías y escritos», se le ha pedido gestos públicos contra la violencia. Y el de Armentia lo fue.

¿Qué ha cambiado para que la Iglesia se movilice ‘en la calle’? Pueden ser varios los factores que han coincidido, como el fracaso de la tregua, el hartazgo de la sociedad de tanta violencia cada vez más cruel, el riesgo de fractura social, la crisis de valores que se está produciendo, el relevo de Setién y la llegada de Uriarte e, incluso, el papel moderador de Blázquez. Sin olvidar el relevo generacional que afecta al propio clero y el empuje de laicos con otros compromisos.

Buscar una salida
La ruptura de la tregua emerge como elemento determinante, después de que el Pacto de Lizarra hubiera tenido un efecto ‘totémico’, también en la Iglesia, desde donde se exploraron vías y se tendieron puentes hacia el MLNV. Ángel María Unzueta, vicario de la diócesis de Bilbao y persona influyente en su ‘hinterland’, no cree que exista una incoherencia entre lo vivido antes y ahora. «La Iglesia ha evolucionado en los últimos años como lo ha hecho el resto de los colectivos o instancias presentes en la sociedad». Sí reconoce, en cambio, que el tiempo de tregua «pudo significar un mojón en el camino. Se pensó que la paz estaba al alcance de la mano, se veía una salida en el túnel. Tras haber experimentado un tiempo de asesinatos, todos nos resistimos a dar marcha atrás y, naturalmente, protestamos. La Iglesia se siente mirada e interpelada especialmente en un momento de incertidumbre».

La mirada sobre la Iglesia se fija, precisamente, por la falta de gestos con las víctimas. «La Iglesia ha caído en la cuenta de que ha metido la pata con este colectivo, al que no ha dedicado la atención que merece», señala un sacerdote vizcaíno, con el que coinciden todas la fuentes consultadas. «El clima del jubileo ha sido propicio para darnos cuenta de ese déficit», reconoce un cualificado laico cercano a la jerarquía, pero «nadie puede decir -añade- que la Iglesia ha sido tibia en la condena de ETA. El cambio no se refiere a la valoración ética o al rechazo de la violencia, que siempre ha sido nítida, sino a la presencia de la institución en la calle. Ahora se trata de tomar iniciativas de movilización, de acercamiento a los partidos y a las víctimas, y hacerlo de una manera más intereclesial y programada. Y, sobre todo, pública. Se puede decir que la Iglesia pasa a la acción directa».

Este ‘pasar a la acción directa’ lo traducen los eclesiólogos en la búsqueda de una «salida democrática al ‘contencioso’ vasco, que pasaría por una confrontación decidida contra la violencia y un distanciamiento del nacionalismo radical, con el que se ha contemporizado», asegura un profesor universitario con sólidos anclajes en la curia vaticana. «La Iglesia vasca cuenta con un amplio núcleo de ‘dialogantes democráticos’, que ahora pretende reducir las zonas extremas, que pueden estar más cercanas a postulados del PP o de EH, abriendo espacios de diálogo entre los segmentos enfrentados. Para eso, lo primero es visualizar en la calle la confrontación contra ETA y la cultura de la violencia, injusta en sí misma y sin los atenuantes que en otras ocasiones se han esgrimido en favor de un supuesto equilibrio episcopal», añade.

Una tarea que contaría con las bendiciones de la Conferencia Episcopal y del propio Vaticano. «Todo el Episcopado respalda la movilización de la Iglesia vasca, que no son sólo los obispos y que supone una realidad muy compleja y muy plural. En la última plenaria se afrontó el tema a tumba abierta y allí quedó claro que el terrorismo no admite cobertura ideológica, porque es intrínsecamente perverso. La Conferencia ha pedido a Roma que sostenga y apoye la movilización de la Iglesia vasca», aseguran en medios del Episcopado español. Las mismas fuentes anticipan que los obispos no van a bendecir el pacto PP-PSOE contra ETA, «porque obedece a una estrategia electoral y de combate político. No se puede pringar en esto, porque destrozaría el giro que ahora se está fraguando en la Iglesia de Euskadi». El respaldo, del que participa el propio cardenal Rouco, incluye al ‘nacionalismo tranquilo’ de la Iglesia, al que se da legitimidad para capitanear el cambio sobre el báculo de «hombres de Dios con un discurso moral y ético intachables».

¿Quién lidera la ciaboga eclesial? Los analistas que siguen la actualidad de la Iglesia coinciden en este punto con medios de la propia institución y ya han puesto cara y nombre: la renuncia de Setién a la diócesis de San Sebastián y el regreso de Uriarte a Euskadi tras su retiro forzado en Zamora han sido fundamentales. Y en un doble sentido, según las fuentes consultadas. Por un lado, se trata de un cambio de talante. «Setién tiene una formación jurídica e intelectual que le ha mantenido en un terreno de ética política muy elevado. Uriarte viene de la psicología y resulta más integrador», describe un sociólogo muy cercano al trabajo eclesial. «La estructura de la diócesis guipuzcoana era muy vertical, nada se movía sin el visto bueno de Setién o sus ‘pretorianos’. Uriarte es un hombre de equipo, amigo de las estructuras horizontales, y tiene madera de mediador. Eso va a contribuir a liberar presión: la gente de la ‘casa’ se va animar a decir y hacer y va a resultar mucho más fácil la coordinación interdiocesana».

Ascendencia de Uriarte
Pero no son todo críticas a Setién, abonado al ojo del huracán durante su mandato, en muchas ocasiones, de manera injusta. «Setién no ha sabido llegar a la gente, pero habría que agradecerle su denuncia permanente de que los estados tienden a olvidarse de los derechos y, en ese sentido, fue profético ante la aparición de los GAL», esgrime un teólogo que ha trabajado muy cerca de el ex obispo donostiarra. Pero la diferencia que unos sitúan en el talante, otros la amplían al diagnóstico sociopolítico. «La doctrina Setién, que ha marcado el discurso hasta ahora en la Iglesia, incluía en el mismo paquete la condena de los asesinatos de ETA y el problema político, viendo el terrorismo como algo que hunde su raíces en unas causas. El planteamiento de Uriarte es diferente, con una radicalidad evangélica absoluta en favor de la vida y el no matarás», apunta un religioso alejado de la esfera nacionalista.

Unzueta, quien considera que no se ha valorado con objetividad los escritos y actuaciones de Setién, relativiza esta supuesta influencia. «Atribuir un posible cambio de estilo en la actuación de la Iglesia al relevo episcopal en San Sebastián me parece demasiado simple como para ser verdad. Es cierto que los talantes personales influyen, pero el tono de fondo de la comunidad cristiana no está sujeto a esos cambios», asegura. Sin embargo, miembros activos de la diócesis vizcaína reconocen en privado la ascendencia de monseñor Uriarte en su antiguo territorio, donde cuenta con un «grupo de notables muy fieles a su discurso y a su proyecto». «Uriarte -explican- ya ha comenzado a controlar la diócesis de Guipúzcoa, donde han sido relevados Pagola, el ‘número 2’ de Setién, y otros hombres de confianza. En Vizcaya, sus amigos garantizan la lealtad a su proyecto y en Álava, aunque respira por un poro diferente y tiene menor influencia, también cuenta con apoyos significativos. Uriarte tiene ahora la posibilidad de ejercer un liderazgo sin fisuras».

En este contexto, cobra especial significación el ‘documento de los 226 curas’, promovido por «los íntimos de Uriarte», y en el que se demanda a ETA que desaparezca y a los políticos, que dialoguen, y se pide perdón por no haber estado cerca de las víctimas. El origen del texto, dado a conocer el pasado 11 de enero, hay que situarlo en el mes de septiembre, cuando una veintena de curas que se reúnen de manera informal y periódica en la Casa de Espiritualidad de Begoña se plantean firmar un documento «tras un verano especialmente sangriento». Los sacerdotes, que luego decidirían ampliar la firma al resto de las parroquias, consideran que, ante el desencuentro y enconamiento de los partidos y la falta de una voz de entidad proveniente de la Iglesia, muchos cristianos reclamaban un mensaje actualizado, algo más que el silencio por parte de la Iglesia. No fue fácil consensuar el contenido y, tras algunos borradores, se pulió el documento definitivo, en el que se han encontrado las distintas sensibilidades sobre la violencia.

El efecto Blázquez
Llegados a este punto, algunos analistas reivindican la gestión de Ricardo Blázquez, el obispo que llegó a Bilbao en 1995 en medio de una atronadora bronca y que, de manera discreta, ha interpelado a los órganos de gobierno de la diócesis con valientes propuestas. «La actuación del obispo ha tenido una influencia moderadora de las pulsiones más nacionalistas. Su decisión de acudir a los funerales de las víctimas abrió un debate que ha culminado con una autocrítica de la Iglesia por no haber dado la talla en ese campo. Blázquez supone una garantía de pluralismo», admite un miembro del Consejo Pastoral.

Blázquez se encontró con una Iglesia en la que el debate de la pacificación sigue abierto, sometido al ‘algodón’ de la evangelización, pero lastrado por la ideologización de las posiciones. «Algunos pensamos que primero es la condena de la violencia, el respeto a los derechos humanos, y que, mientras no se resuelva esto, no se puede entrar en el debate del marco jurídico político. Otros, sin embargo, consideran que lo uno va unido a lo otro», reconoce un sacerdote. Unzueta es muy categórico en esta cuestión. «La Iglesia sirve, con matices, como espejo de la sociedad. Creo que los cristianos se mueven en coordenadas éticas que se encauzan a través de diversas ‘políticas’ legítimas. Las dificultades vienen cuando se quiere presentar una postura como la única posible éticamente».

Los más suspicaces creen que la Iglesia inaugura un nuevo modo de intervención, empujado por ‘las circunstancias’, centradas, sobre todo, en su bajada de audiencia. «Trata de recuperar el protagonismo que ha ido perdiendo, no sólo por el proceso de secularización, sino porque otras instancias le han arrebatado la bandera del discurso ético», acusa un profesor universitario, para quien el giro eclesial busca «conseguir más influencia y ganar credibilidad, tanto entre las víctimas, como en sectores no nacionalistas». «Desconozco si la búsqueda de presencia pública es pretendida», afirma Unzueta. «Creo que ahora, ante un panorama de desencuentro, la mayor presencia pública de la Iglesia se explica desde la responsabilidad porque la sociedad sea más justa y fraterna. Ahí no se puede dimitir, aunque el protagonismo corresponda a los partidos y a los movimientos sociales».

Grupos radicales atacan con gasolina y cócteles sucursales del BBVA en Zaldibar y Deba
EL CORREO BILBAO El Correo     11 Febrero 2001

Los violentos volvieron a escoger oficinas del BBVA como objetivo de sus acciones durante la madrugada de ayer. En esta ocasión, los radicales atacaron una sucursal en la localidad vizcaína de Zaldibar y otra en Deba, aunque los daños materiales fueron de escasa consideración.

El primero de los sabotajes se produjo a la una y veinte de la madrugada de ayer en la calle Euskalherria de Zaldibar, donde desconocidos colocaron ante la puerta de una sucursal del BBVA dos bidones de gasolina y prendieron fuego a uno de ellos. El pequeño incendio originado, que fue sofocado minutos después por una patrulla de la Ertzaintza, no provocó desperfectos en el local.

Los actos de ‘kale borroka’ se reprodujeron una hora después en la localidad guipuzcoana de Deba, donde varios radicales arrojaron dos ‘cócteles molotov’ contra las oficinas bancarias que el BBVA tiene en la calle Arakistain. Los artefactos incendiarios rebotaron contra la luna y no llegaron a hacer explosión, por lo que sólo causaron escasos daños en el cristal contra el que fueron lanzados.

Estos dos sabotajes se suman al perpetrado el viernes en Elorrio contra una oficina del BBVA ubicada en la calle Berriotxoa. Sobre las diez menos cuarto de la noche, desconocidos lanzaron un ‘cóctel molotov’, que originó un incendio en el ‘hall’ y afectó al cajero automático de la sucursal.

Asimismo, el ataque el pasado jueves contra un cajero de la misma entidad en la localidad guipuzcoana de Orio obligó al desalojo de los vecinos y causó graves daños materiales en la sucursal financiera. Esa misma noche, otro grupo de violentos dejó inutilizable un cajero de la BBK en la calle Txanporta de Abadiño al hacer estallar un artefacto incendiario.

Diálogo para la unidad
Editorial El Correo     11 Febrero 2001

Como cada año por estas fechas, Gesto por la Paz conmemoró ayer el aniversario de la muerte de Gandhi con la convocatoria de una manifestación en Bilbao a la que acudieron varios miles de personas. El hecho de que en la misma se dieran cita representantes de todos los partidos políticos denota hasta qué punto, incluso en medio de las mayores tiranteces, las formaciones democráticas se sienten emplazadas por el anhelo mayoritario de paz. Sin embargo, no fue una movilización multitudinaria, posiblemente porque la división política ha hecho también mella en la capacidad de atracción de un movimiento genuinamente pacifista que ha tratado de preservar su vocación unitaria evitando precisamente implicarse en la pugna partidista. Mientras que la tregua suscitó entre los integrantes de Gesto por la Paz una sincera reflexión que les llevó a replantearse su propia continuidad, la brutal reactivación del terrorismo y las enormes tensiones que afectan al ámbito político han orillado el protagonismo de una organización que estuvo en el origen del despertar ciudadano frente a la violencia. El pacifismo del silencio ha sido directa o indirectamente contestado por iniciativas ciudadanas que han optado por formas más sonoras y explícitas de compromiso con las libertades. Al mismo tiempo, ha habido momentos en que se ha hecho notar la incomprensión de las fuerzas no nacionalistas hacia la perseverancia de Gesto por la Paz y su voluntad de preservar su independencia de criterio y de acción. Como también ha sido más visible en los últimos tiempos la presencia de líderes del nacionalismo democrático en las convocatorias realizadas por la coordinadora pacifista.

La manifestación de ayer atestigua la necesidad de un movimiento como Gesto por la Paz, y permite recordar con justicia lo que dicha plataforma ha aportado a la conciencia cívica de los vascos. Pero además obliga a reconocer en las mujeres y hombres del silencio por la paz una postura todo menos ambigua frente a la violencia y por la libertad. Quien desconfíe de la entereza de los que inauguraron la reacción civil contra el terror un año antes de que se firmara el Pacto de Ajuria Enea estará mostrando un penoso ánimo sectario. Pero quien pretenda manipular desde un interés partidista los términos en que se expresa Gesto por la Paz cuando habla de diálogo estará reflejando una mezquindad y un oportunismo igual de penoso. Gesto por la Paz hizo ayer un llamamiento al diálogo entre las formaciones democráticas. Quien quiera y sepa leer los términos de dicho llamamiento se percatará de que el mismo no contiene un ápice de candidez ni constituye un recurso escapista ante la galería. Simplemente porque su llamada al diálogo es, antes que nada, una llamada a la unidad frente al terrorismo.

En defensa del Estado
JOSEBA ARREGI El Correo   11 Febrero 2001

Hoy en Euskadi, en la sociedad vasca, es necesario defender el Estado. No es preciso recurrir a una historia de la organización del poder a lo largo de los siglos para explicar qué se entiende por Estado. Estado es, simplemente, la existencia de un orden jurídico que garantiza, de forma efectiva, los derechos de las personas y sus libertades básicas. No ha sido fácil llegar a esta comprensión del Estado. No ha sido fácil entender que la organización del poder debe tener como función principal establecer un espacio, un ámbito que garantice derechos humanos básicos, libertades fundamentales de las personas.

La conjunción entre Estado y nación responde a una coyuntura histórica. La vinculación de la garantía de los derechos y libertades con una pertenencia concreta a una nación, con la lealtad a una identificación sentimental, a la conformación de una determinada identidad no es algo consustancial y necesario para el Estado como garantía de derechos y libertades personales. En los últimos tiempos he escuchado demasiadas veces de personas a cuya opinión concedo mucha importancia que el problema fundamental en la sociedad vasca, en Euskadi, es la falta creciente de Estado, el crecimiento de espacios fuera del influjo necesario del Estado, el crecimiento de la impunidad y, consecuentemente, el crecimiento de la sensación de miedo, de no tener garantizadas las libertades, asegurados los derechos.

No se trata de minusvalorar la gravedad, la irreversibilidad de los asesinatos. Pero es preciso no ignorar que a través de ellos se van perdiendo muchas más cosas, entre otras, Estado y todo lo que éste significa. Eso es precisamente lo que transforma la violencia en terror. Un asesinato puede ser simplemente un acto de violencia. Lo que convierte a un asesinato en terrorismo es precisamente la voluntad de ir restringiendo, limitando, poniendo en peligro a través de ese acto al Estado, a la defensa institucionalizada y legitimada de los derechos y de las libertades personales, extendiendo así la sensación de miedo, de desamparo. Pero existe algo peor todavía que esa sensación de desamparo con respecto a los bienes básicos de los ciudadanos, la libertad personal y el derecho: la desorientación intelectual y mental, la falta de lo que un amigo mío denomina los instintos democráticos, la confusión respecto a lo que constituye una sociedad ordenada como base de una vida en libertad y en derecho.

Recientemente escuchaba en una radio pública la opinión de alguien que criticaba el pacto suscrito entre socialistas y populares contra la violencia y las libertades, porque, decía, nada tiene que ver luchar contra la violencia con defender las libertades. Se puede con toda legitimidad criticar el acuerdo firmado por socialistas y populares. Lo que no es aceptable, sino muestra de una confusión mental de una enorme gravedad, es afirmar que la lucha contra la violencia nada tenga que ver con la defensa de la libertad. ¿Cómo se crea, si no es limitando la violencia ilegítima, espacio de derecho y libertad? ¿Cuál ha sido el devenir histórico de los Estados europeos, si no es precisamente la conquista continua de nuevos espacios de libertad y de derecho contra la amenaza de la violencia ilegítima? ¿Cómo se puede vivir en libertad bajo la amenaza de la violencia y del terror? ¿Cómo se puede afirmar algo semejante cuando decenas, cientos y millares de ciudadanos vascos viven con libertad y derechos restringidos por culpa de la violencia y del terror?

Esta realidad que afecta a la sociedad vasca es de una tremenda gravedad. Cuando profesores universitarios tienen que reclamar en público libertad de opinión y libertad de cátedra contra la intimidación y la amenaza; cuando periodistas tienen que reclamar la posibilidad del libre ejercicio de su profesión sin estar sometidos a la amenaza de muerte; cuando los empresarios vascos tienen que reclamar el derecho a crear riqueza para la sociedad sin estar sometidos al chantaje y a la extorsión; cuando miembros electos y militantes de determinados partidos políticos viven bajo la amenaza continua de ser objetivo de las acciones terroristas, algo grave está sucediendo en esa sociedad.

Pero cuando además se expresan en medios de comunicación opiniones que afirman que la lucha contra la violencia nada tiene que ver con la defensa de la libertad, algo mucho más grave se está produciendo en esa misma sociedad. Porque lo peor que puede suceder es, como me decía un catedrático de universidad recientemente, que nos entre la sensación de impotencia, que es lo que siente uno cuando escucha ese tipo de afirmaciones como la que estoy comentando y que dicen que lucha contra la violencia y defensa de la libertad nada tienen que ver: esa afirmación es manifestación del síndrome de inmunodeficiencia espiritual que puede afectar a la sociedad vasca. Y entonces estaríamos perdidos.

No se puede defender la libertad sin luchar contra la violencia. Y no se puede defender la libertad sin la existencia de Estado, sin la existencia de un sistema establecido de derechos como garantía de las libertades. No existe derecho a la vida en el vacío jurídico, en abstracto.

La vida se defiende con un sistema jurídico, con la legitimidad de un Estado, con el uso de la fuerza legítima. Lo demás no es más democrático, no es más libre, no es más dialogante: lo demás significa colocarse fuera de los límites de la ciudad, y fuera de esos límites no hay más libertad ni más diálogo, sino que impera la ley del más fuerte, la ley de la selva, la violencia incontrolada, el terror puro y duro. Porque el Estado que garantiza nuestros derechos y libertades como ciudadanos vascos lleve un apellido determinado -español- algunos pueden pensar que no importa si se va al carajo, que no es tan importante defenderlo, reafirmarlo constantemente, cayendo bajo la seducción de un espacio más libre, incondicionado, ilimitado. Pero la alternativa al apellido del Estado del que somos ciudadanos -con un autogobierno del que afirmamos que nos permite ser casi como un Estado y que nos confiere poderes estatales como el de la policía y la fiscalidad propias- no es un Estado con apellido distinto: es un movimiento particular, partidista que se cree el núcleo, resumen y acto fundacional del pueblo, de la sociedad y de cualquier organización del poder, de cualquier forma estatal. La alternativa al Estado que tenemos es ETA, y nada más.

Cuando se publicó por primera vez ‘Vasconia’ de Sarrail de Ihartza, incluyendo una conferencia de Álvarez Emparanza, cuando se empezaron, pues, a hacer públicos los planteamientos de ETA, Manuel Robles Aranguiz, a la sazón presidente de ELA/Solidaridad de Trabajadores Vascos, escribió un comentario crítico al mismo que se titulaba ‘El caballo de Troya’. No nos vendría mal volverlo a leer. Algo tenemos que aprender de nuestros antecesores.

Refugio
JOSÉ MARÍA ROMERA El Correo   11 Febrero 2001

En las entradas de algunos pueblos y ciudades lucen unos carteles conmovedores. Son los que declaran a la localidad plaza antinuclear, baluarte ecológico, guardiana del patrimonio histórico, paraíso de la infancia o villa europea. El viajero entra en ellas admirado de la conciencia cívica del consistorio que ha aprobado la correspondiente declaración, pero acto seguido se pregunta en qué diablos se traducen esos píos deseos. Algo semejante ha ocurrido con la propuesta cursada por San Sebastián y Vitoria al Parlamento Internacional de Escritores para ser reconocidas como ciudades-asilo: un bienintencionado deseo que en caso de obtener la aprobación correspondiente hubiera dado mucha prestancia a los rótulos de bienvenida en las afueras de ambas capitales. Pero el PIE ha declinado la invitación. Una cosa es que la paradoja sea un eficaz recurso literario para hacer uso de él en los poemas, y otra muy distinta que los escritores estén dispuestos a tragarse tamaña paradoja en la vida ordinaria. En el PIE hay intelectuales perseguidos en sus países, condenados al silencio o amenazados con la cárcel. Sobre unos pesan órdenes de busca y captura y a otros les persigue una ‘fatwa’ diabólica que les obliga a vivir en la clandestinidad más estricta. La mayoría de ellos son apátridas a su pesar que han debido coger las maletas y no precisamente por afición viajera. 

Pero la Carta de Ciudades refugio aprobada por ese valiente organismo -que no es un casino de diletantes como el Pen Club ni una simple cofradía de socorros mutuos- no puede confundirse con un anuncio de búsquedas inmobiliarias. Cuando una ciudad ofrece alojamiento y manutención al escritor perseguido se compromete sin reservas a hacer suya la bandera de la libertad de expresión y a comportarse como un auténtico oasis de pluralidad, de apertura y de hospitalidad. No hay por qué dudar de que este fuese el propósito de los ediles vitorianos y donostiarras cuando tomaron la iniciativa de marras. Sin embargo a los protegidos por el PIE no les ha debido de agradar mucho irse a vivir a ciudades donde algún que otro piso vacío pertenece a colegas forzados a poner pies en polvorosa. Vestir a un santo habiendo dejado a otros en pelota y a la intemperie es hacer un pan como unas hostias. Una ciudad donde hay vecinos dedicados a quemar librerías y farmacias de escritores es hospedaje poco apetitoso para otros escritores en vilo. Era improbable que los miembros del PIE -que serán novelistas, pero no tan fantasiosos- se avinieran al sarcástico canje de su acogida a cambio del exilio de sus colegas. Los nones del PIE bajan a la tierra a un país que a veces parece vivir en la nubes: el único país de la Europa civilizada donde se mata por pensar.

Nacionalismo e inmigración
JUAN ANTONIO RODRÍGUEZ TOUS El Correo   11 Febrero 2001

La aplicación de la Ley de Extranjería se ha convertido en un calvario y un esperpento para el Gobierno del PP. Es inútil invocar razones de Estado, o apelar al sentido común. Indefectiblemente, cualquier argumento a favor de la expulsión de los indocumentados aparece como cínico o imbécil ante la evidencia del drama de las víctimas.

Los inmigrantes invocan la esencia del sentimiento de justicia: la compasión. Se niegan a ser el oscuro dato de un problema incómodo. Resulta que el dato habla. Describe su vida anterior, evoca sus miserias presentes, pide perdón por ser tan pobre, o tan del Tercer Mundo, apela a la justicia. A veces, el dato se expresa en un español como de habla antigua, expresivo y estremecedor. A veces, el dato acude a manifestaciones o se encierra en las iglesias, como si Franco hubiera resucitado y, de nuevo, hubiera que luchar por el derecho a tener derechos.

Lo cierto es que la Ley de Extranjería, más que muerta, ha nacido huérfana; más allá de sus artículos no subyace idea alguna sobre la España del futuro, un país que será, sin duda, poliédrico, multirracial y culturalmente mestizo. Si esa idea existiese, la inmigración no aparecería como un fenómeno amenazador, sino como una ocasión histórica para inventar un nuevo concepto de país. Que esa idea llegue a existir no significa, en modo alguno, que sea necesariamente una idea definitiva, la idea. Será, más bien, una idea perfectible, un comienzo, no un fin.

No podría ser de otro modo: es propio de las complejas democracias posmodernas someter a continua revisión los múltiples aspectos de sus proyectos colectivos. Pero para que una idea sea revisada o transformada, antes es preciso que exista como tal. El debate en Francia sobre la universalidad del modelo republicano de ciudadanía se produce porque existe ese modelo. Si Alemania abandona el principio ‘völkisch’ de adquisición de la nacionalidad germana, ello se habrá producido en virtud de un amplio acuerdo sobre la conveniencia de sustituirlo por otro principio. Los ejemplos podrían multiplicarse, y todos servirían para poner de manifiesto las carencias propias.

¿Dónde buscar esa idea? ¿Cómo formularla? Desde hace dos décadas, la pregunta por esa idea ha sido, más bien, una pregunta dirigida al pasado, no al futuro. La disputa sobre las esencias nacionales (de España, de Euskal Herria, de Cataluña o de un largo etcétera patriótico) se ha convertido en parte de la idiosincrasia autóctona, una especie de fatum, siniestro en ocasiones.

Hoy, en España, nadie teme por su vida a causa de la religión que profesa, o de la clase social a la que pertenece, o en virtud de sus ideas políticas. No ocurre lo mismo cuando se trata de la cosa nacional. Siendo ésta, y no otra, la situación actual, es difícil aventurar siquiera la idea de aquella idea. Lo impide no sólo la violencia de signo nacionalista que se ejerce sobre muchos ciudadanos, sino el éxito del nacionalismo como discurso canónico sobre la idea de nación, que dificulta incluso el uso neutro del término.

Así, fácilmente, los problemas de España como país se esconden bajo el problema de España como nación. Los primeros son acuciantes, contemporáneos y novedosos. El segundo obliga a disputar sobre un país remoto en el tiempo e inexistente en el espacio, y provoca, en no pocos indígenas, incontenibles deseos de declararse apátrida o ciudadano del mundo en general. El caso es, sin embargo, que aquellos problemas existen, y que uno de ellos, quizá el que comprometa en mayor grado el futuro nacional-no-nacionalista de España, es el de la inmigración.

Hasta ahora, huérfanos de ideas de futuro, no se ha sabido asumir el fenómeno inmigratorio como algo más que un asunto policial. No es aún demasiado tarde para comprenderlo como la oportunidad de definir un concepto posnacionalista de nación española, que establezca tanto un nuevo concepto de identidad como otro de diferencia.

Más que apelar a la retórica de la integración o de la tolerancia, convendría empezar a pensar, en términos políticos, culturales y sociales, conceptos como ‘simbiosis’ o ‘mestizaje’. Se presenta, además, la ocasión de saldar viejas deudas con los habitantes de los antiguos virreinos ultramarinos, y de superar el tufo colonialista que aún hoy impregna las relaciones con los países de habla hispana. Que algún día este país refleje desde dentro la diversidad cultural del mundo hispanohablante, no ha de ser entendido como una amenaza o un drama, sino como un grandísimo éxito.

Se dirá que no ha llegado aún el momento propicio para abordar cuestiones semejantes. Con frecuencia, ese momento llega justamente cuando ya no es propicio, cuando el problema se ha convertido en catástrofe o dilema irresoluble. Digamos que este país debe emular a Odiseo y poner rumbo a Ítaca, dejando atrás las sirenas, los cíclopes y los naufragios. Ítaca ya no será la misma, ni Odiseo será tampoco el mismo. Pero afortunado aquél que puede volver a su patria.

Compromiso de libertad
ALFONSO ALONSO ARANEGUI El Correo   11 Febrero 2001

Hace escasos días los representantes en España del Parlamento Internacional de Escritores rechazaban la candidatura presentada por el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz para convertir la ciudad en un refugio de intelectuales perseguidos o amenazados en sus lugares de origen. La opción de San Sebastián, que también lo había solicitado, fue descartada con el mismo argumento.

Vitoria-Gasteiz es una ciudad administrativa, urbanísticamente ordenada y bien planificada, que en las últimas décadas ha experimentado una importante evolución en su base económica y en su estructura social y profesional. Vitoria posee hoy infraestructuras -campus universitario, aeropuerto, parque tecnológico, red de centros cívicos, equipamientos deportivos y culturales- y programas de asistencia social que la convierten en una de las ciudades con mayor calidad de vida de España y uno de los espacios urbanos más atractivos como lugar de residencia. Los vitorianos estamos convencidos de la belleza de la ciudad y nos sentimos orgullosos de nuestra Vitoria-Gasteiz, una ciudad ordenada y amable, que compatibiliza a la perfección las exigencias del futuro con su histórico carácter de cruce de caminos.

Sin embargo, bajo este manto de aparente bienestar subyace un fondo de absoluta falta de libertad. Los intelectuales del Parlamento Internacional han interpretado así la situación general en el País Vasco y su conclusión pone de manifiesto que, en la coyuntura política actual, las pretensiones de Vitoria-Gasteiz y San Sebastián son hoy un ejercicio estéril de simple voluntarismo.

Resulta evidente que en el País Vasco no existe libertad. Hace ya demasiados años que asistimos a la violación sistemática, con intencionalidad política, de los derechos fundamentales y de los más elementales principios de respeto a la persona y a las libertades civiles. Entre ellos, el más fundamental, el derecho a la vida. Pero también el pensar, sentir, o expresarse de forma diferente puede costarles la vida a muchos.

Hay hoy en el País Vasco dos tipos de ciudadanos. Los amenazados, por una parte. Aquellos que se atreven a expresar sus opiniones, que no se callan, que denuncian la injusticia. Por otra, existe una clase privilegiada que ha adquirido el nacionalismo como seguro de vida. El nacionalismo es hoy para algunos un pasaporte, una suerte de salvoconducto, una carta de presentación, que permite a sus portadores disfrutar de una vida sin sobresaltos. Sólo se trata de mirar hacia otro lado, de no inmiscuirse. De mantener la boca cerrada.

Los terroristas son un cáncer en el País Vasco. Un tumor que amenaza con erosionar los cimientos de nuestra convivencia, que pretende asfixiar las ilusiones, la vitalidad, la enorme potencialidad de la sociedad vasca. Pero la actitud de los dirigentes del Partido Nacionalista Vasco alimenta el tumor. La pretensión de una parte del nacionalismo de implantar un sistema excluyente y frentista, su idea sectaria de ‘construcción nacional’ con todos los instrumentos característicamente totalitarios -aislamiento de aquellos que discrepan, pasividad frente al uso de la violencia, relativización del valor de la vida humana, diferente consideración de las víctimas según su ‘categoría’...- generan el marco más adecuado para el delirio de los radicales, donde halla más fácil acomodo el desprecio hacia el otro, la exclusión y la intolerancia, que degeneran en el uso de la violencia contra los que piensan diferente.

Los intelectuales vascos ya han iniciado un proceso de rebelión contra esta situación. Han dado un paso adelante, comprometiendo su trabajo y su vida en la defensa de la libertad en el País Vasco. Han asumido el compromiso. Se han implicado. Y ahora sus vidas también corren peligro: se han puesto en el disparadero.

Pero el compromiso debe extenderse también a los ciudadanos. La sociedad vasca ha demostrado su valentía, su capacidad de reacción, en innumerables ocasiones. Ha salido a la calle para demostrar su hastío, su desprecio ante el uso del terror, la violencia, el chantaje y el asesinato como herramientas de coacción. Se ha manifestado en defensa de ese espacio de convivencia, de encuentro entre las diferentes ideas y opciones políticas, que constituye la realidad cotidiana de Vitoria y de Álava. De nuevo resulta imprescindible su apoyo. En esta rebelión contra el fascismo, en esta lucha pacífica por la libertad, resulta imprescindible el compromiso de la sociedad civil.

Los responsables públicos, desde las instituciones, debemos poner todo el empeño para que las ciudades vascas se desarrollen como refugios para la libertad, como espacios abiertos al mundo donde prima la supremacía de la persona y el sentido de la solidaridad.

Vitoria-Gasteiz tiene una clara vocación de constituirse en espacio de convivencia. La identidad de nuestra ciudad se asienta sobre el reconocimiento del derecho a ser diferente, a pensar distinto. Este es nuestro compromiso y la tarea que nos ocupa y para ello contamos aquí con el apoyo de los intelectuales y de toda la sociedad alavesa. Con esta voluntad, estoy seguro de que Vitoria-Gasteiz se consolidará a lo largo del siglo XXI como referente de tolerancia, de pluralidad, de solidaridad, como ciudad-refugio de libertad.

 

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