AGLI

Recortes de Prensa     Martes 13  Febrero  2001
#Atentado
Editorial El País 13 Febrero 2001

#Eta vuelve a Madrid
Editorial La Razón 13 Febrero 2001

#Contra el diálogo
Editorial El Correo  13 Febrero 2001

#El caos, el caos
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  13 Febrero 2001

#¿Qué les está pasando?
Iñaki EZKERRA La Razón   13 Febrero 2001

#De cráneo
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 13 Febrero 2001

#El fuego de los símbolos
JAVIER MINA El País 13 Febrero 2001

#El pentagrama
RAUL DEL POZO El Mundo  13 Febrero 2001

#Tardía confesión de Arzallus
Lorenzo CONTRERAS La Razón 13 Febrero 2001

#MARAGALL, EL ENEMIGO EN LA CASA DEL PSOE
Editorial El Mundo 13 Febrero 2001

#El PNV envía cientos de cartas para «sugerir» que se apoye el euskera
Esperanza Mejuto - Bilbao .- La Razón 13 Febrero 2001

#El Defensor del Pueblo dice que Euskadi nunca había tenido tanto miedo como con el Gobierno del PNV
Madrid La Estrella Digital 13 Febrero 2001

#Radicales pegan fuego al juzgado de paz de Mendaro y lo destruyen por completo
BILBAO  EL CORREO 13 Febrero 2001

#PP y PSE denuncian la aparición de carteles contra periodistas, políticos y profesores
SAN SEBASTIÁN EL CORREO  13 Febrero 2001




Atentado
Editorial El País 13 Febrero 2001

EL EFECTO intimidatorio que persigue ETA con sus atentados se cumple también cuando falla. Su mensaje es en todos los casos que quienes no se plieguen son asesinables: los jueces, militares, guardias, ertzainas, concejales, periodistas, profesores que no estén voluntariamente de su lado o dispuestos a pasarse por temor podrán convertirse en víctimas del conflicto, y con ellos, otras personas señaladas por el azar. ETA intentó ayer en Madrid una matanza similar a la que hace 105 días costó la vida a un magistrado del Supremo, su escolta y su chófer y el conductor de un autobús municipal, y causó heridas a 66 viandantes. Se ignora quién era la persona elegida en esta ocasión como víctima principal, pero es seguro que no hubiera sido la única.

Los terroristas saben mejor que nadie que lo que pretenden no lo alcanzarán mediante el convencimiento de los ciudadanos por las buenas, y por eso tratan de persuadirles por las malas. A las personas con influencia social, haciéndoles ver que les conviene ceder; al común de los ciudadanos, demostrándoles que nadie está a salvo: para que exijan a los otros que cedan.

Entre el atentado de octubre y el de ayer, ETA ha intentado masacres como la de la Universidad de Bilbao, en la que habrían caído decenas de personas, o la del cementerio de Zarautz, en la que intentaron asesinar a la dirección del PP vasco. Es casi seguro que si cualquiera de esos atentados hubiera tenido éxito, Ibarretxe se habría dejado de más ocurrencias y habría convocado ya las elecciones; y es improbable que ningún político democrático hubiera dicho que no pediría a ETA su disolución mientras quedase un solo preso etarra, o que los del PP vasco son franquistas embozados, o que los intelectuales y profesores no adictos son más peligrosos que las bombas del treinta y seis; discursos que, con independencia de las intenciones, son interpretados por los terroristas como prueba de que hay motivos para matar sin mala conciencia.

Pues bien: el atentado de ayer ha venido a recordar que sólo el azar ha impedido que esas matanzas se produzcan. ¿No sería lógico entonces actuar como si se hubieran producido, dado que no hay duda de la voluntad de ETA de provocarlas, y dejar de repetir que detrás de ellas hay un problema político que requiere concesiones a quienes las provocan?

Eta vuelve a Madrid
Editorial La Razón 13 Febrero 2001

Sólo el azar ha impedido que Eta causara otra tragedia en Madrid. El fallo en la detonación de un coche-bomba con treinta kilos de explosivos ha permitido que se salvara otra víctima de la siniestra lotería en la que la banda ha incluido a todos los ciudadanos, salvo los que gozan de impunidad por su complicidad ideológica.


    Era cuestión de tiempo, y las Fuerzas de Seguridad lo sabían: un nuevo grupo de terroristas había vuelto a las calles de la capital de España tras la captura del anterior. Resulta dramáticamente fácil, porque Eta hace tiempo que recluta a sus pistoleros entre personas no fichadas y muy jóvenes, a los que capta en los ambientes batasunos de la «lucha callejera» y los aboca a engrosar sus filas sin que sean conscientes de que indefectiblemente terminarán entre rejas. Pero la contumacia terrorista no es novedad. Son más de treinta años de pistolerismo. La diferencia radica en que se han caído las caretas de quienes se beneficiaban de Eta; y que hay muchos más comprometidos contra la banda, incluso entre los que dudaron en su momento.


    Eta intenta matar como siempre, pero tiene menos esperanzas que nunca. Probablemente, sus cabecillas lo saben, pero están atrapados en el laberinto del pistolerismo, se han hecho profesionales de la violencia, y sólo saben encenagarse en ella. Por ello, como ante toda mafia, la respuesta debe ser policial. La única vía política que ha dejado Eta es la necesidad de aislar en las urnas a quienes persiguen los mismos objetivos que la banda terrorista.

Contra el diálogo
Editorial El Correo  13 Febrero 2001

Un nuevo intento de atentado volvió a llenar ayer de angustia e indignación el ánimo de los madrileños, y con ellos el del resto de los españoles. Una brutal carga explosiva estuvo a punto de causar una aterradora masacre; y el fallo del dispositivo dejó en el lugar el desesperanzador testimonio de cuál era la intención asesina de quienes, desde la distancia, habían intentado accionar la bomba. No es casual que ni los más ingenuos ni los más comprensivos con el terrorismo etarra especulen ya en torno a los objetivos que la banda armada persigue con cada atentado. Nadie se detiene en disquisiciones sobre por qué ayer, a las tres y media de la tarde, un coche cargado de dinamita acechaba en la calle Sangenjo de Madrid el paso de su objetivo para convertir en víctimas a todas las personas que transitaran por el lugar. El terror no obedece a otra razón que el terror mismo. De ahí que resulte cada día más inexplicable que aún queden responsables políticos apelando al diálogo «sin exclusiones» con el ademán de quien mira hacia otro lado.

La sociedad democrática y sus instituciones tienen un campo limitado de acción por la paz mientras los terroristas persistan en su bárbara obsesión de doblegar la voluntad ciudadana a base de miedo y coacción. Pero, precisamente por eso, el mayor error que los demócratas podrían cometer en estos momentos es alentar en los violentos la seguridad de que su empeño atroz se verá recompensado con una silla en torno a la mesa de conversaciones. Las reglas del diálogo no pueden ser otras que las reglas de la democracia entendida como el sistema de convivencia del que han convenido dotarse los hombres y las mujeres de esta parte del mundo. Quienes día tras día atentan contra el derecho a la vida y a una vida en paz, quienes día tras día tratan de socavar la convivencia con el asesinato de sus semejantes no pueden, ni por un sólo instante, sentirse invitados a defender bajo amenaza el proyecto que dicen albergar para el futuro del País Vasco.

El caos, el caos
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  13 Febrero 2001

Allá por los años setenta, la revista de humor ‘Hermano Lobo’, publicó un chiste de Ramón en el que un preboste franquista arengaba a las masas desde el estrado. El personaje exponía a la plebe una doble alternativa: «¡Nosotros o el caos!», disyuntiva que llevaba al pueblo llano a elegir el mal menor y reclamar como un solo hombre: «!El caos, el caos!». «Es igual», proseguía imperturbable el orador. «También somos nosotros».

El viejo chiste de Ramón recuerda a veces las intervenciones de Arzalluz en las inauguraciones de batzokis que tan generosamente retransmite ETB todos los fines de semana. La última ha sido en Portugalete. Allí, el gran sherpa explicaba a unos cuantos fieles la problemática en términos tan comprensibles para ellos como inaccesibles para el resto del personal. Un suponer, cuando explicaba que en sus charlas con ETA, «nosotros creíamos que estábamos hablando con vascos», para explicar el error de cálculo al que les llevó su ingenuidad cuando pactaron con la organización terrorista, en el sentido de que «el vasco cumple su palabra, respeta el trato, no miente». El vasco puede asesinar, por lo visto, eso es una cuestión de carácter, pero mentir, eso sí que no, a ver si nos van a tomar por españoles. Quedan ya muy lejos en el tiempo aquellos sarcasmos del gran timonel sobre el dictamen de Mayor Oreja, que calificó de «tregua trampa» el alto el fuego de ETA, pero no es cuestión de enfrentar a este personaje con la memoria de la hemeroteca. ¿No nos habían dicho que ellos no pactaron con ETA?

Prosigamos. «Aznar y su Gobierno todavía tienen la camisa azul sin desteñir», en opinión de Arzalluz, es decir, son fascistas. El problema es que más adelante explica las razones de que no encajen con nosotros: «Ellos son nacionalistas españoles radicales,-o sea, fascistas españoles,- y nosotros, nacionalistas vascos radicales,-o sea, puntos suspensivos-.

Hay aspectos de su discurso que son difícilmente rebatibles en días como ayer, en el que ETA intentó explosionar en Madrid 50 kilos de aquella dinamita francesa cuyo robo mereció a este sujeto el calificativo de «machada». Por ejemplo, cuando dijo que populares y socialistas «hoy ya no se ocupan de ETA». Efectivamente, eso les pasa a Gregorio Ordóñez, a Fernando Buesa y a tantos otros. En otro momento, con una frase que sería un chollo para cualquier psicoanalista, explicaba que el PP y el PSE «se van a llevar un susto de muerte la noche de las elecciones», sin tener en cuenta que tal experiencia había sido superada por los populares en el cementerio de Zarautz. El inmarcesible portavoz O'Gibar había advertido el sábado a los partidos que no aceptan su idea del diálogo que «lo van a pasar muy mal». ¿Peor?¿El caos, el caos?

¿Qué les está pasando?
Iñaki EZKERRA La Razón   13 Febrero 2001  

El titular apareció hace unos días en el Deia, el diario de Arzalluz; unas letras que se llevaban media portada: «¿Qué nos está pasando?». Cuando te encuentras con semejante pregunta abriendo un periódico que es el órgano oficial de un partido que además se halla a punto de caer de un gobierno y pasar a la oposición, lo primero que piensas es que por fin esa gente ha tomado conciencia de lo malo y poco envidiable que es el momento que atraviesa, hasta el punto de romper la simulada asepsia y la falsa imparcialidad de las primeras páginas para entrar en la pura y dura reflexión sobre su propia crisis.

    Me equivoqué. Aquel «¿Qué nos está pasando?» tan dramático, tan patético, se refería al partido de fútbol en el que el Barça y el Athletic quedaron siete goles a cero. Sólo un descalabro deportivo podía llevar al nacionalismo a preguntarse por la precariedad de su situación. Ni el cerco al que le someten los partidos constitucionalistas en la Cámara de Vitoria ni la clamorosa demanda de unas elecciones ni la soledad de Ibarretxe barajando actos de adhesión a su persona que ya no cuajan ni entre los suyos... Lo que de verdad le preocupa al nacionalismo, lo que le hace reflexionar, lo que le hace preguntarse «qué le está pasando» es una mala racha del Athletic.

    Ese titular explica muchas cosas. Explica por qué han aguantado en el poder más de veinte años, por qué son inmunes a las críticas, por qué no se apean del tren de Estella, por qué no quieren enterarse de la gravedad de sus pactos políticos, de las derrotas parlamentarias, de que la sociedad les está pidiendo elecciones... El secreto de toda esa cerrazón reside en que para ellos lo políticamente importante no es la gobernabilidad del País Vasco ni los atentados de Eta ni las crisis económicas ni éticas ni sociales ni institucionales. Para ellos lo que de verdad cuenta es la marcha del Athletic. Si el Athletic va bien, Euskadi va bien. Si va mal tiembla su hoja parroquial y hasta los cimientos del palacio presidencial de Ajuria Enea.

    ¿Qué les está pasando? Les está pasando que la Real Sociedad acaba de recibir otra goleada del Depor. les está pasando que el nacionalismo acaba de recibir el golpe más bajo de toda su historia y el único capaz de llenar de llanto y rechinar de dientes los txokos y los batzokis: que por culpa de los priones no se pueden comer chuletones. Esa es la auténtica conjura judeomasónica, la de las vacas. La expulsión de la Democracia cristiana, el aislamiento internacional, al PNV se la suda. Para derrotarlo lo que hace falta es que Ministerio de Sanidad diga que las endrinas del pacharán producen cáncer. Ese golpe bajo es el único que podría traer las elecciones.

De cráneo
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 13 Febrero 2001

El mapa del genoma humano ilumina muchas incógnitas y deja en la penumbra no pocas sospechas. Quizás una de las enseñanzas esenciales es la que ayer destacaba en su editorial nuestro periódico: la libertad individual, esto es, la responsabilidad en la que se funda, no está teledirigida ni es anulable por un mensaje genético. Uno no nace esclavo: noticia optimista. Hay muchos esclavos de toda clase y condición desde que el mundo es mundo o, por actualizar el dicho, desde que el genoma es genoma. Habrá pues una predisposición social a la manipulación del ser humano que se sobrepone fácilmente a la capacidad genética de ser libre. Dos personas de un mismo grupo social, nacional, racial, étnico, tribal e incluso profesional pueden tener entre sí más diferencias genéticas que dos individuos separados por el color de la piel, una licenciatura en Derecho, un equipo de fútbol y 10.000 kilómetros de distancia.

Los optimistas creen que ante la evidencia científica de que dos personas de Bilbao pueden tener más diferencias genéticas que uno de Santurce y otro de Algeciras, el racismo constituyente del nacionalismo vasco remitirá. Suponen que ahora cambiarán algunos libros antroporracistas y que Arzalluz dejará de hablar del Rh. Lo dudo. Un majadero racista y criminoso como Sabino Arana ha servido el pasado fin de semana de marco estético para que Pujol e Ibarretxe exhiban su afinidad política. Si Schröder y Fischer se fotografiasen sonrientes ante la casa-museo de Hitler, habría gran escándalo. En cambio, la Sabin Etxea parece representar un hito de la civilización occidental.

El Eje Bilbao-Barcelona, rememorado a propósito de la documentación sobre la Guerra Civil -ofensiva de Santoña, defensa de Barcelona- tiene mucha tradición. Sabino Arana concibió en su mediocre cerebro el bizkaitarrismo racista y separatista tras una estancia en la Ciudad Condal, donde se graduó en odio a la inferior raza española. Es raro que no evocaran otro hito filosófico común: las mediciones de cráneos a que se entregaron el cura Barandiarán y el doctor Robert, padres científicos del racismo catalán y vascongado. Revolvían cementerios antiguos, desenterraban calaveras y medían huesos terrosos para probar la existencia de «cráneos privilegiados», la raza monda. No se les recuerda como merecen. ¿Dejará algún etarra de asesinar por el mapa de la Gran Euskadi tras conocerse el mapa del genoma? Lo dudo. El hecho ético y político del nacionalismo terrorista no tiene nada que ver con la determinación genética, pero es un hecho cultural de difícil erradicación. Como el canibalismo, por ejemplo.

El fuego de los símbolos
JAVIER MINA El País 13 Febrero 2001

Cuenta Mikel Azurmendi, en el libro cuyo título tomo prestado para encabezar estas líneas, que el fuego les sirve a los vascos para cerrar simbólicamente el ámbito de los propios. Más allá de la hoguera de la noche de San Juan está lo ominoso, los seres de la noche. Frente a ellos, el fuego como expresión del hogar indestructible, y que los destruirá: "El fuego quemará a los de la noche que traten de hacer mal a la casa como tal, a sus moradores todos, tanto hombres como bestias, y a los bienes, campos y sembradíos". Tan alta empresa merecerá que la palabra se haga fuego haciéndose jaculatoria purificadora: "Lo bueno, adentro; lo malo, fuera".

Pues bien, todo este fondo debe de removerse en el imaginario de la llamada izquierda abertzale cuando pega fuego a troche y moche y cuando embadurna las paredes con pintadas en las que pide fuego —sua— y que ardan las calles —calles en fuego, sutan—, pero también cuando elabora los presupuestos teóricos que harán posible todo ese fuego y los reúne bajo el poco inocente nombre de Piztu, arder.

Piztu es un documento que se presentaba como alternativa al elaborado por la cúpula de EH dentro del debate interno Batasuna destinado a refundir toda la izquierda abertzale en un partido político. Piztu ha sido la segunda ponencia más votada, pero no por no elegida quiere decir que la olviden, puesto que construye la desobediencia civil y concuerda con la voluntad mayoritaria de mantener calientes las calles. ¿Acaso sería una novedad que junto a la línea oficial subsistiera la de sombra?

El documento Piztu comienza dividiendo el mundo en dos partes, los nuestros y un —voluntariamente— mal definido enemigo cuya principal seña de identidad consiste en no ser de los nuestros, es decir, en hallarse en un afuera hecho de Estado —unas veces en general, otras en español—, neoliberalismo, pensamiento único o globalización como manifestaciones del avieso sistema. De igual modo, amalgama sus ataques críticos en un mejunje hecho de aspectos políticos, aspectos ideológicos y melifluas dosis de cosmética New Age (realización personal, con su dieta sana y sus terapias alternativas, valoración de lo pequeño y lo local) cuidándose muy mucho de argumentar: Piztu se impone con la evidencia de la zarza ardiendo. Resulta muy elocuente la finta lógica del párrafo que abre el documento: "Va un aldeano a una discoteca y el maromo que controla la puerta le impide entrar porque lleva alpargatas. El aldeano sorprendido le pregunta: '¿Hay barro o qué?'. Este chiste es ilustrativo del alejamiento del hombre de la naturaleza y simboliza, de alguna manera, cómo ejerce el sistema sus relaciones de poder". Sí, de alguna manera.

Una vez dividido el mundo entre los del fuego y los de la noche, el documento Piztu inscribe la campaña en un movimiento estratégico de independencia —la hermosa utopía, dice— del que es a un tiempo manifestación y coadyuvante porque Piztu pretende tanto debilitar al Estado como crear zonas liberadas en las que se pueda degustar un anticipo de la misma. A imitación de lo conseguido con el euskera, el ejemplo a imitar. Desde luego, la elección no es inocente, ya que en el corazón de los nuestros lo que más arde es la lengua, una lengua que habría creado sus zonas liberadas y puesto en aprietos a un sistema que debe euskaldunizar a marchas forzadas su Administración. Ni que decir tiene que la lengua, convertida en metáfora de lo propio y de la utopía, no hace sino anticipar una realidad mucho más pedestre: la Euskalherria monolingüe del cuanto antes.

Los aspectos organizativos repiten el acostumbrado esquema en capas concéntricas propio de la izquierda abertzale y que Hanna Arendt describió como característico del totalitarismo. En el centro de Piztu se hallan los "desobedientes más vanguardistas (...) que crearán una guerrilla de imaginación", alrededor habrá "una Red de Resistencia que hará de colchón social", luego, se situarán los desobedientes de a pie y, muy cerca, esas masas o pueblo al que dicen representar y en cuyo nombre actúan pero al que tienen primero, según Piztu, que conquistar.

El documento se muestra inevitablemente oscuro al referirse a los desobedientes de vanguardia, no en vano se trata de "los militantes más comprometidos" que "se sacrificarán por la causa", realizarán "actos escalofriantes" y adoptarán al efecto "vidas más alternativas". Traducido a un lenguaje menos críptico, Piztu parece propugnar un reordenamiento y estabilización organizativa -una profesionalización- de lo que se ha venido llamando kale borroka, lo que crearía militantes comodín que lo mismo podrían desobedecer desde ese nivel que desde ETA. Por otra parte y en voluntario jaleo organizativo, se pregonan como acción de masas —"que ataque al sistema desde la lucidez popular"—, pero también como organización jerarquizada que deberá subordinarse al partido Batasuna que saldrá de los debates en curso.

El párrafo que lo establece no tiene desperdicio: "La estructura de Piztu dentro de Batasuna debe tener autonomía para que las acciones no sean controladas por el enemigo, para que la lucha popular adquiera dimensiones desconocidas por ahora. Por otra parte, Piztu quiere llegar a lugares donde la ilegalidad sea no la raya sino la constante. Lo que implicaría a Batasuna en juicios y represalias que es importante que no afecten a la organización. Aunque Batasuna sea la que cree la cobertura social de Piztu. A la vez esta libertad de acción tiene que estar integrada en la misma dirección que todo Batasuna, debe respetar todas las directrices emanadas de la organización, para que todos tengamos objetivos comunes".

Por lo que respecta a las acciones a perpetrar, se enmarcarían dentro de talleres -de euskera, de paz, de ecología...- y tendrían una estructura territorial, pudiendo efectuarse de manera coordinada o de manera espontánea e irían desde contravenir la legalidad vigente —la ilegalidad sería un valor en sí—, a realizar actos en los que el rigorismo moral va de la mano con la candidez: comprar en el híper pero "no ir a estos centros a divertirse", apagar la tele cuando juega la selección española, hablar un día al mes sólo en euskera, apostar por "la reducción científica del consumo", amén de actos tan voluntariosos como leer más, mejorar la convivencia, acabar con el machismo, propender a la paz mundial y al desarme sólo que... sin desarmar a ETA y predicando violencia contra las personas y las cosas. Al presentar las diferentes acciones de manera desenfadada y promiscua persiguen que el sujeto trasvase inconscientemente legitimidad de unas a otras y acabe por aceptarlas todas.

Las secuelas que dejaría el fuego que pretende Piztu son fácilmente previsibles. En primer lugar, se acrecentaría la presión sobre quienes no son de los suyos porque se verían asimilados al sistema: fuera del hogar sólo están los de la noche. Esta presión se agravaría con el concepto de zona liberada, ya que propiciaría una auténtica limpieza étnica favorecida tanto por la intromisión en los bares y comercios de cada localidad, que deberán realizar los actos culturales que imponga Piztu —por ejemplo las bienales anuales (sic) de pintura, teatro, etc— como, sobre todo, por un instrumento que denominan el cartero desobediente y que tendría a su cargo todos los portales de una calle para colocar en ellos carteles, buzonear panfletos y realizar visitas puerta a puerta ejerciendo, por consiguiente, un control exhaustivo de la población, todo ello mientras Piztu arde de cólera contra el control social que ejerce el sistema.

En segundo lugar, invalidarían las movilizaciones de la sociedad civil, ya que se sumarían a todas sus iniciativas para capitalizarlas. En tercer lugar, crearían unos individuos absolutamente anómicos para quienes los conceptos de justicia y ley son objetivos a derrumbar lo que nos hace presumir el verdadero cariz de esa sociedad utópica que pretenden. Por último y como fundamentalmente la campaña iría destinada "a la chavalería" —ya que los mayores están "acartonados en hábitos que son muy difíciles de cambiar"—, parece más que evidente la manipulación a que se verán sometidos por parte de unos mayores que, a falta de cintura, pondrán su sabiduría y experiencia a contribución de encuadrarlos y de seguir aleccionándoles desde esa amalgama hecha de ideología impuesta, sentimientos altruistas y excitantes violaciones de todas las reglas.

Nos hallamos muy lejos, pues, de esa desobediencia civil de pancarta y pandereta que pretenden los ilusos. Bajo la apariencia de una práctica juguetona e imaginativa se aspira a una limpieza étnica efectuada pueblo por pueblo, calle por calle, casa por casa y eso desde una voluntad de suspensión de la ley. No hay que tener la memoria muy larga para acordarse de que la última vez que ocurrió algo parecido en Europa el fuego se propagó hasta concentrarse en los hornos crematorios. Tal vez hoy el incendio se cobre sólo un puñado de cuerpos vivos, pero la esencia de la llama sería la misma e idéntico el resultado: que alrededor de la casa y para seguridad de quienes están dentro —para los de dentro— sólo haya cenizas, las frías cenizas de la noche.
Javier Mina es escritor.

El pentagrama
RAUL DEL POZO El Mundo  13 Febrero 2001

La historia de lo que hoy llamamos españoles, franceses o ingleses comenzó a serlo cuando las gentes comenzaron a denominarse a sí mismas como «nosotros los franceses», «nosotros los ingleses», «nosotros los españoles». Y cesará de serlo -profetizó Américo Castro- cuando el nosotros de quienes moren en la Gran Bretaña, en Francia o en España, se adjetive de otra forma. Francia estuvo a punto de dejar de ser Francia cuando llegaron desfilando los alemanes por el Arco del Triunfo. De Gaulle, que tenía una idea de su patria, se dio cuenta de que estaba muerta y llevó bien alto el cadáver haciendo creer que estaba viva. Aquí casi nadie dice ya «nosotros los españoles», sino «nosotros los aragoneses», «nosotros los gallegos», «nosotros los vascos», «nosotros los catalanes». No sé si José María Aznar tiene una idea de España, como De Gaulle tenía una idea de Francia, pero defiende la Constitución que juró, trabaja sobre ese diseño y se hace cargo del difunto.

José Luis Rodríguez Zapatero, primera letra de un partido estatal, que en los años 80, según la prensa imperial estaba dirigido por «jóvenes nacionalistas» parece ahora arrastrar el cadáver de España como Mitterrand arrastraba el de Francia «con tal cansancio que todo el mundo se daba cuenta de que no era sino la sombra de ella misma». Zapatero ni siquiera apoya los proyectos faraónicos. Tiene la tentación de recurrir al Plan Hidrológico Nacional, que es como recurrir al Principio de Arquímedes; para algunos, el trasvase es un proyecto fastuoso; para otros es la quimera de una España cohesionada, moderna, avanzada, húmeda, europea, solidaria y socialista.

Que en España hubiera gentes de las distintas lenguas, con distintos nosotros, no sería una tragedia si hubiera partidos que vertebraran el Estado, si en medio del desconcierto hubiera políticos que siguieran ese pentagrama llamado Constitución. No está claro que Zapatero siga la renglonadura de la Carta Magna, sobre la cual se escribe la callada música de España. Parece que ha perdido el compás, desde hace unas semanas. Maragall, su mentor, es el que dijo en las exequias de Lluch que el asesinato del ex ministro debía servir para que naciera un nuevo Estado.

Los socialistas catalanes no están a gusto con esta Constitución; defienden el federalismo asimétrico; eso no es lo que defienden Bono, Vázquez, Rodríguez Ibarra. La nueva política autonómica del PSOE hace que el peso de las pilastras gravite sobre la techumbre, por seguir la expresión de Ortega. Dijo Pujol en el 91 que con el AVE a Sevilla no se iba a Europa. Con el PHN de Iglesias no se llega a España, se vuelve al laberinto español, a esa cosa confusa y enredada de Maragall. (Los catalanes formaron parte del reino de Aragón y su grito de guerra era «¡Aragón, Aragón!»).

Tardía confesión de Arzallus
Lorenzo CONTRERAS La Razón 13 Febrero 2001

Importante debe ser la preocupación del PNV ante la posible censura de su electorado cuando Javier Arzallus acaba de reconocer el error nacionalista de haber confiado en el entorno de Eta para la consecución de la paz a cambio de profundizar en el logro de la soberanía. Eso es tanto como admitir que los pactos de Lizarra carecieron de sentido, que el Partido Nacionalista Vasco se considera engañado y que la crítica interna de los famosos «michelines» tenía plenitud de acierto. Ya no cabe seguir hablando en términos descalificatorios de quienes por tomar la actitud crítica que tomaron han estado a punto de ser excluidos de la militancia.

    Si hubiese coherencia lógica la dirección de la formación nacionalista no atribuiría a mera ingenuidad algo que constituye un fracaso de visión política extraordinariamente grave. Normalmente este tipo de fallos son incompatibles en cualquier partido con la falta de rendición de cuentas ante sus órganos internos. No es de recibo pretender que aquí no ha pasado nada y que todo se salda con un vergonzante arrepentimiento de lo actuado.

    No es serio lo que a todas luces va a pasar, es decir, una especie de exculpación moral de los equivocados, basada en una buena fe traicionada. A estas alturas de la experiencia política y con todo lo que está y ha estado en juego, esa discutible buena fe sería en el mejor de los casos sinónimos de incompetencia. Por incompetencia también se causa baja en los cargos políticos desde tiempos inmemoriales. Es el más común de los motivos. Menos, por lo que se ve, en el caso del PNV.

    Arzallus, Eguibar e Ibarreche, éstos como mínimo, deberían presentar la dimisión. No vale intentar salvar, como ha hecho Arzallus, la mitad de la responsabilidad advirtiendo que se va a seguir dialogando, como si hablar y negociar con Eta desde posiciones racionales es lo que se hubiese hecho. Mayúsculo embuste. A cambio de una tregua-trampa seguida de abundantes crímenes se cuestionó toda una legalidad votada por el pueblo vasco elección tras elección para mantener en Ajuria Enea a un Gobierno del PNV.

    En el supuesto de que estos cristianos nacionalistas se hayan arrepentido lo han hecho muy tarde, demasiado tarde. ¿Cuántos muertos han necesitado para percatarse del error en que estaban? Una pregunta ésta difícil de responder si se piensa que no ha sido el sentido humanitario el que ha guiado la admisión del error, sino el miedo a la factura política que el electorado podía pasar en las urnas inevitablemente próximas. O sea, el arrepentimiento, si lo ha habido, no ha sido por contrición, sino por atrición. Demasiado triste como para no merecer un largo purgatorio.
 

MARAGALL, EL ENEMIGO EN LA CASA DEL PSOE
Editorial El Mundo 13 Febrero 2001

Por si no fueran suficientes las muchas divisiones internas que están aflorando en el PSOE, Pasqual Maragall arremetió ayer contra Rodríguez Ibarra, al que reprochó haber pactado con el PP su apoyo al Plan Hidrológico a cambio de que el AVE pase por Badajoz en el trazado que debe unir Madrid con Lisboa.

«Ahora resultará que para ir de Barcelona a Oporto tendremos que pasar por Badajoz», afirmó irónicamente el líder socialista catalán. Dejando al margen la insolidaridad que se desprende de sus palabras, cada día es más evidente que Maragall sólo piensa en sus propios intereses electorales, circunscritos al ámbito de Cataluña.

Es evidente que Rodríguez Zapatero, Ibarra y los muchos votantes del PSOE en Extremadura se pueden sentir contrariados por la oposición de Maragall a un proyecto que va a revitalizar económicamente una de las comunidades con menor renta per cápita del país y con mayor déficit de infraestructuras. Pero Maragall prefiere ir por libre porque sabe que su discurso es rentable políticamente en Cataluña.

No es la primera vez que Maragall se desmarca de la línea trazada por la dirección del PSOE mientras Zapatero calla, tal vez porque no quiere enfrentarse a quien le prestó un apoyo decisivo para salir elegido secretario general. Las propuestas sobre financiación autonómica y el federalismo asimétrico de Maragall también están cada día más alejados de las tesis que defienden barones del PSOE como Chaves, Bono y el propio Ibarra, que contemplan con poca simpatía la idea de reformar la Constitución para elevar el techo autonómico de Cataluña.

Por cálculo o sin quererlo, Maragall lanzó un torpedo contra la línea de flotación del consenso en la lucha antiterrorista cuando, tras el asesinato de Ernest Lluch, propugnó «el diálogo» como fórmula mágica para acabar con ETA tras descalificar la política del Gobierno. Afortunadamente, se impuso la sensatez y Zapatero cerró la brecha abierta por el dirigente catalán. Maragall ha criticado también el Plan Hidrológico, ha apoyado la discutible política de normalización lingüística de Pujol y ha intentado formar una especie de frente nacionalista contra el Gobierno utilizando a los presidentes de Aragón y Baleares.

Una encuesta hecha pública ayer le colocaba ocho puntos por encima de Pujol en popularidad y 30 puntos por encima de Artur Mas. Es evidente que si hoy hubiese elecciones en Cataluña, el vencedor sería Maragall, un político con una cabeza bien amueblada y que ha demostrado ser un excelente gestor. Pero el problema reside en el precio que van a tener que pagar el PSOE y Zapatero por un discurso como el suyo, que espanta a los electores socialistas en el resto del Estado. Más que un compañero, Zapatero tiene en el líder del PSC al enemigo en casa.

El PNV envía cientos de cartas para «sugerir» que se apoye el euskera
Pide a los padres que los niños estudien en ikastolas el modelo «euskaldún»
Numerosos vecinos de la localidad vizcaína de Guecho han recibido en los últimos días cartas emitidas por el ayuntamiento de este municipio en las que se les aconseja que sus hijos cursen el modelo educativo «D» en el que se imparten todas las clases en euskera excepto la de lengua castellana. Estas misivas han sido duramente criticadas por el PP quien ha acusado al PNV de «atentar contra los derechos de las personas».
Esperanza Mejuto - Bilbao .- La Razón 13 Febrero 2001

Gran número de familias vecinas de la localidad vizcaína de Guecho han recibido en los últimos días cartas con membrete del Ayuntamiento del municipio y firmadas por el alcalde, el peneuvista Iñaki Zarraoa, en las que se les aconseja y se les invita a matricular a sus hijos en los modelos de enseñanza B y sobretodo el D, en el que, como recordamos, las asignaturas se imparten en euskera, excepto la de lengua castellana.

    Asimismo, en las misivas enviadas por el Ayuntamiento se hace una campaña a favor de la lengua vasca y de los modelos linguísticos B y D, señalándolos como los modelos educativos «más idóneos» para el «futuro» de la sociedad vasca. Cabe señalar que la mayoría de colegios públicos en el País Vasco imparten sus clases siguiendo el modelo A (todas las asignaturas en castellano, excepto la de euskera), reduciéndose los modelos B y D a las ikastolas.

    Este envío de cartas, que responde a una moción presentada por el grupo EH y respaldada por PNV-EA, ha sido duramente criticada por el PP en la medida en que la consideran un «claro» y «grave atentado» contra un derecho fundamental de la persona como es el de «libertad de educación» y «libre elección de centro educativo» para la educación de los hijos.

    En este sentido, el PP de Guecho, su portavoz, Marisa Arrúe, manifestó su indignación en el hecho de que el alcalde de la localidad haya «implicado» al Ayuntamiento guechotarra en lo que consideran un «dirigismo manipulador» que «atenta contra la libertad de educación» y que, además supone un paso más en la «línea de ataques al resto de modelos educativos», en especial y en primer lugar el modelo A, del que, como recuerdan los populares, los nacionalistas buscan su «eliminación».

    Asimismo, Arrúe hizo un llamamiento a todos los vecinos de Guecho que han recibido esta carta para que no se dejen «manipular por las opiniones personales del alcalde» y que no se dejen «intimidar por el dirigismo al que los máximos responsables del régimen nacionalista pretenden someter a la sociedad vasca».

    Por último, la portavoz de los populares de Guecho, expresó su «firme» y «contundente» apuesta por que prevalezca por encima de todo, la «pluralidad» y la «libertad» de toda persona a la hora de la elección del centro y del modelo educativo para sus hijos.

El Defensor del Pueblo dice que Euskadi nunca había tenido tanto miedo como con el Gobierno del PNV
Enrique Múgica que el Ejecutivo de Ibarretxe "no tiene normas para gobernar, se basa en un decisionismo personal y no conseguirá la independencia"
Madrid La Estrella Digital 13 Febrero 2001

El Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, aseguró ayer en declaraciones a Efe que el País Vasco nunca ha tenido "tantas dificultades, miedo y temor" como ahora, "con un Gobierno monocolor y ácrata" sin normas para gobernar, "que no conseguirá la independencia y que se basa en el puro decisionismo personal".

"No es un país independiente y no va a serlo", afirmó Múgica, quien se preguntó "hasta cuándo puede gobernar un Gobierno ácrata un país". A su juicio, es "necesario" un pacto para gobernar el País Vasco entre el PP y el PSOE.

"A la gente le une la supervivencia política. Eso (el pacto) es lo que hay que hacer. No hay vuelta de hoja", precisó el Defensor, para quien el País Vasco es "una sociedad fracturada" a consecuencia de la aproximación entre el "nacionalismo moderado" y los radicales y la ruptura del "compromiso político" entre las demás fuerzas.

"Es necesario un Gobierno constitucional en el País Vasco, que no embride a la ertzaintza y que permita y legitime la coordinación entre las fuerzas de seguridad del Estado para actuar con vigor y fuerza", explicó.

Los jueces, dijo, "deberían tener en cuenta" el contexto en el que dictan las sentencias, "y que es un contexto en el que existe el terrorismo". La solución a la fractura social, apuntó, debe venir del acuerdo político y la recuperación de la convivencia mediante "la rebelión de los intelectuales" un camino, dijo, en el que "todos los datos nos llevan al optimismo".

Sobre la libertad para opinar que tiene en su cargo de Defensor, Múgica indicó que él quiere "ejercitarla" con todas las "potencialidades" que le permite la Constitución.

"El Defensor del Pueblo hace política porque la Constitución se lo exige" cuando dice que debe defender el derecho a la libertad y a la vida de los ciudadanos.

Entre los problemas que llegan a su Oficina, destacó los referidos a la Administración pública, "propia de un Estado moderno y con un buen nivel de funcionamiento y de funcionarios" pero que sufre un desfase respecto a las necesidades y los problemas en los que debe intervenir.

Recordó que reciben "muchas quejas y se abren muchos expedientes" -el doble respecto a 1999- y que en la solución de los mismos cuentan ahora con la ayuda del artículo 502 del Código Penal que establece el delito de desobediencia a los requerimientos de información del Defensor, con lo que "se ha engrasado el engranaje de la institución y se le ha dado vigor".

Recurso ante el Constitucional
La Institución, que aparece detrás de la Corona como las de mayor aceptación popular, dará a conocer su opinión sobre las 22 peticiones existentes para que interponga un recurso de inconstitucionalidad a la reforma de la Ley de Extranjería, a finales de marzo.

"Agotaremos el plazo para conocer todas las opiniones y estudios que hay al respecto, porque nuestra actitud no puede ser dictada por el criterio político", reiteró.

Sin embargo, matizó, "una cosa es que nos propongamos agotar el plazo que nos da la ley y otra es que no participemos e intervengamos en todos los temas acuciantes y visualizables", entre ellos el encierro de inmigrantes en Barcelona.

Múgica, que se mostró "no insatisfecho" con los medios con los que cuenta para el desempeño de su cargo, afirmó que "ahora es razonable la pasión española, porque un país que ha superado en tan breve periodo de tiempo sus viejos demonios".

"Los españoles -añadió- se sienten por primera vez a gusto en España".

"Terrorismo euskonazi"
Por otro lado, Múgica aseguró en el Club Siglo XXI que los Reyes representan "la serena y pacífica contrafigura" al terrorismo "euskonazi", que considera a la Corona "traidora de los supuestos derechos comunitarios de una etnia" en favor de los derechos democráticos individuales.

"De ahí, -indicó- el encarnizamiento de los terroristas contra los Reyes y contra toda persona de los Reyes abajo".

En una conferencia pronunciada en la tarde de ayer, dentro del ciclo "España ante el nuevo milenio: 25 años de Monarquía Parlamentaria", con el título "La España plural, un combate sin desmayo", Múgica desgranó el devenir histórico ligado al nacimiento de España como Estado y el pasado común que conforma la vida del país.

En su conferencia, presentada por su "entrañable amigo" el diputado socialista Alfonso Guerra, Múgica subrayó, en un apartado que tituló "Epílogo para chechenos", que el calificado "hasta hace pocos meses" como nacionalismo moderado entiende como verdadero que esa comunidad se integró en la Corona con la promesa de que se conservarían sus fueros y libertades.

Añadió que "nunca en el desarrollo de un pueblo se había presentado de un modo tan falso una auténtica ucronía" (reconstrucción lógica aplicada a la historia dando por supuesto cosas que no han sucedido).

La "'traición'" de esa supuesta promesa, que debería ser "castigada por quienes se entregaban a un sectario combate por convertir esa ucronía en falsa e inapelable realidad", explica también la "situación trágica de una Euskadi atormentada, que busca afirmar la vida de cada individuo y la libertad de todos ellos".

Radicales pegan fuego al juzgado de paz de Mendaro y lo destruyen por completo
BILBAO  EL CORREO 13 Febrero 2001

Un grupo de desconocidos incendió con líquido inflamable durante la noche del domingo la oficina del juzgado de paz de Mendaro, cuyo mobiliario resultó gravemente dañado, según informó la consejería de interior del Gobierno vasco. Las llamas se extinguieron por sí solas sin que ningún vecino se apercibiera del suceso. La Ertzaintza no tuvo conocimiento de los hechos hasta la mañana de ayer, cuando una patrulla procedía a levantar atestado de un robo denunciado en un almacén adyacente, por lo que se desconoce la hora del ataque y cuántos fueron sus autores.

Las primeras investigaciones de la Policía permiten deducir que los atacantes rompieron una ventana, a través de cuyos barrotes vertieron líquido inflamable en el interior del local. El fuego destruyó los armarios, mesas y sillas de las dependencias, así como el nuevo equipo informático, instalado el pasado viernes. El Ayuntamiento de Mendaro, que gobierna con mayoría absoluta el PNV, suspendió el pleno extraordinario en el que estaba previsto aprobar una moción de condena por este sabotaje. El alcalde, Txomin Zulaika, eludió explicar las razones de esta decisión.

Por otra parte, los trabajadores del concesionario de Renault en Elizondo que fue atacado el pasado sábado volvieron ayer «con total normalidad» al trabajo, según declaró el propietario del establecimiento, Gabriel Garmendia.

PP y PSE denuncian la aparición de carteles contra periodistas, políticos y profesores
SAN SEBASTIÁN EL CORREO  13 Febrero 2001

PP y PSE han denunciado la aparición el pasado sábado en la Parte Vieja de San Sebastián de unos «carteles insultantes» contra periodistas, políticos y profesores, firmados por la organización juvenil Haika, que, a su juicio, forman parte de la «campaña de amenazas» contra los que luchan por la libertad en el País Vasco. Los carteles recogen frases en euskera como «perros de la pluma» «fascistas» y «colonizadores de Euskal Herria».

La presidenta del PP de Guipúzcoa, María San Gil, manifestó que los pasquines «demuestran el talante totalitario y fanático de los autores», mientras que el secretario general del PSE guipuzcoano, Manuel Huertas, señaló que «atentan contra la dignidad de las personas y constituyen, en si mismos, verdaderos actos de terrorismo o de la inducción al mismo».

Acusaciones de EH
Euskal Herritarrok, por su parte, responsabilizó a partidos, sindicatos y periodistas de «sostener» la «estrategia de destrucción de Euskal Herria» que incluye la operación contra el aparato internacional abertzale, Xaki, cuyos miembros han sido puestos en libertad.

 

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