AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 16  Febrero  2001
#La ley del 'txoko'
ANTONIO ELORZA El País 16 Febrero 2001

#Campus libre
Editorial ABC 16 Febrero 2001

#La condena del 36
Jaime CAMPMANY ABC 16 Febrero 2001

#Contra el miedo
Editorial El País 16 Febrero 2001

#El Senado de Maragall
Alejandro MUÑOZ ALONSO La Razón 16 Febrero 2001

#EL COMPROMISO UNIVERSITARIO CONTRA LA VIOLENCIA
Editorial El Mundo 16 Febrero 2001

#El rector vasco reconoce ante la Universidad española su miedo ante la amenaza del «terror»
JULIO ITURRI El Mundo 16 Febrero 2001

#En las barbas de Francia
Editorial La Razón 16 Febrero 2001

#Cuando el PNV pactó con los fascistas (1937)
F. DE MEER LECHA-MARZO, ABC 16 Febrero 2001

#Nacionalistas y constitucionalistas se enzarzan en una nueva bronca en el Parlamento vasco
PEDRO GOROSPE  Vitoria  El Mundo 16 Febrero 2001

#Universidad solidaria
Editorial El Correo  16 Febrero 2001

falta el correo y terminar la razon 

La ley del 'txoko'
ANTONIO ELORZA El País 16 Febrero 2001

Al parecer, Joseba Egibar ha anunciado que el PNV incluirá el derecho de autodeterminación entre sus propuestas electorales. Habida cuenta de la política que el partido viene desarrollando desde que ETA suspendió la tregua, se trata de una medida lógica y que además puede ser rentabilizada en términos de votos. A fin de cuentas, los cuatro puntos que acaba de enunciar Ibarretxe tienen como único contenido político el planteamiento de la autodeterminación; no es otra cosa que el llamamiento a un diálogo cuyo resultado tendría que ser una consulta electoral en la que el pueblo vasco decidiese ('que la sociedad vasca sea consultada para que pueda ejercer su derecho a decidir libre, pacífica y democráticamente su futuro'). Por otra parte, si bien el porcentaje de vascos favorables a la independencia -dicho en plata, sin 'soberanismos' y otras monsergas- es del todo insuficiente, en torno al 30% en la CAV, el acuerdo genérico sobre el derecho de autodeterminación es claramente mayoritario. Muchos ven (vemos) en el reconocimiento de ese derecho una simple consecuencia de la profesión de fe democrática. Sólo que aquí se acaban las coincidencias acerca de su contenido y aplicación, porque, al margen de la experiencia concreta de la emancipación de los países coloniales, inaplicable al caso vasco, en la historia del ejercicio de ese derecho ha prevalecido de forma preocupante la manipulación y, por consiguiente, la eliminación de la democracia.

Ante todo, hablar sin más de autodeterminación, o no significa nada, o, como en el discurso de Egibar y Arzalluz, supone presentar un objetivo político, la secesión, bajo una máscara de rasgos más favorables. Como en el caso del matrimonio, el ejercicio del derecho de autodeterminación requiere una presunción razonable y fundada de que existe una voluntad positiva de alcanzar su finalidad política -constituir un Estado propio, adherirse a otro- en el sujeto que va a ejercerla. Yo puedo tener derecho como cualquier otro mortal a contraer matrimonio con una maravillosa estrella de cine, pero tendría poco sentido que planteara el ejercicio de ese derecho, y menos que me pusiese a matar y extorsionar si no me era concedido. Lo mismo cabe decir de Colmenar Viejo o de Navarra respecto de España o de Burdeos y el País Vasco francés respecto de la República Francesa. El hecho de que una banda de criminales políticos cometa una sucesión de actos sanguinarios como prueba de que 'el pueblo vasco' exige tales autodeterminaciones, y que dos partidos de apariencia civilizada, PNV y EA, respalden dicha falacia con un discurso seudopacifista, sólo prueba que sí hay objetivos políticos perversos y que la condición democrática se envilece si en la persecución de tales objetivos el supuesto demócrata se coloca al lado del terror.

Tampoco un 30% de independentistas en la CAV parece base suficiente para que un grupo democrático plantee el ejercicio de la autodeterminación, y menos para el conjunto de Euskal Herria. Sólo si tenemos en cuenta que tal petición se hace a la sombra de un terrorismo que persigue la misma meta, semejante postura política adquiere sentido, aunque bastante siniestro. Los gestos compungidos en los funerales tienen entonces el mismo valor que las conocidas imágenes del mundo de los gánsteres en los filmes de serie negra. Porque de lenguaje de gánsteres se trata al buscar por todos los medios, unos con el terror y otros a la sombra del mismo, un fin político claramente minoritario en la sociedad vasca y que sólo mediante una convergencia de intimidaciones puede prosperar. Una autodeterminación democrática requiere un clima de absoluta normalidad y ausencia de coacciones, no esa terrible atmósfera viscosa donde un consejero del Interior del Gobierno vasco dice con la punta de los labios 'no a ETA' mientras de forma clara y terminante pronuncia la satanización de sus víctimas, incluida la policía autonómica a cuyo frente está. La ley del txoko invocada por el acusador Emilio Guevara es hoy por hoy una ley inexorable de eliminación del otro. De ahí que sea imprescindible pedir diálogo, pero diálogo para un acuerdo contra el terror sin asumir sus metas, y exigir al PNV que no se refugie tras el biombo de la autodeterminación; si tal cosa busca, que proponga honestamente a los electores secesión o independencia.

Campus libre
Editorial ABC 16 Febrero 2001

La Universidad del País Vasco asumió ayer, definitivamente, un protagonismo principal en la defensa de la libertad frente al terrorismo de ETA y a la complicidad de sus colindantes políticos. Arropado por el Consejo de Rectores de Universidades de España, el rector de la UPV, Manuel Montero, leyó una declaración de rebeldía absoluta contra el estado de intimidación que reina en el País Vasco, y que encuentra en los recintos universitarios algunas de sus más perversas manifestaciones, como fue el intento de asesinato de la profesora Edurne Uriarte. El lendakari Ibarretxe estaba presente en el acto celebrado en el campus de Lejona y tuvo que escuchar en boca del rector Montero unas palabras que le chirriaron, un «basta ya de cerrar los ojos o de mirar a otro lado», justo pocos días después de que Xavier Arzalluz, presidente del PNV, jugara otra vez a romper con ETA para, a renglón seguido, ofrecerle diálogo y cesiones. Esta es la actitud moral del PNV hacia ETA: quieren que deje de matar pero sólo después de haber ganado. Como el nacionalismo gobernante tiene realmente como objetivo seguir cobrando los dividendos del miedo, no se da cuenta —o, si se da cuenta, lo desprecia— de que su política de entendimiento con el programa soberanista de la izquierda abertzale le está despojando de los vínculos que aún conservaba con los sectores sociales más importantes y hasta ahora más dispuestos a aceptar un estado de cosas entre ambiguo y acomodaticio. Pero esto se está acabando. La cultura, la Universidad o la clase empresarial —la Iglesia sigue expectante— se están uniendo a los ciudadanos que piden que se pare esta locura emprendida por el PNV en el verano de 1998. Ibarretxe pide diálogo entre todos, pero el resultado de su evidente doblez moral es que cada vez son más —y son mejores— los que deciden alinearse con las tesis de la libertad, la democracia constitucional y el rechazo incondicionado a ETA. Y nada de esto es reconocible en el actual discurso nacionalista, empeñado en presentar a los no nacionalistas como los saboteadores de una pacífica Euskadi, en la que el terrorismo de ETA es malo pero consecuente con el conflicto secular con España. Con este alimento político, ETA sigue porque le da esperanza.

Lo que hizo ayer Montero, en nombre de la Universidad vasca, fue lanzar un aviso de alarma: lo que está en peligro no es sólo la vida, la integridad y la libertad de miles de vascos, sino también la existencia de la democracia misma en el País Vasco. Si esta reflexión se hubiera realizado en un país de Iberoamérica o de la Europa del Este, sería recibida como un acto de resistencia cívica frente a amenazas cuarteleras o comunistas. Pero, como dijo el rector Montero, «eso es lo que está sucediendo, aquí y ahora» y así lo han entendido los rectores de las 71 Universidades españolas que se reunieron en Lejona. Este decidido abrazo de la comunidad universitaria española a la vasca tuvo otra vertiente en Madrid, con el premio concedido por la Asociación de Antiguos Alumnos de la Facultad de Derecho de la Complutense al movimiento cívico «Basta Ya» y la AVT. El discurso de agradecimiento de Carlos Martínez Gorriarán, profesor de la UPV y colaborador de ABC, fue tan claro como el de Montero en la denuncia de la coacción y el miedo que sufren miles de ciudadanos vascos.

Si el nacionalismo no ve que los mensajes y las actitudes frente a ETA y a la complicidad política de PNV y EA se están compactando y unificando, que las víctimas ya están hartas, es porque su voluntad está orientada a otros fines distintos de la defensa de la libertad de todos los ciudadanos vascos; son la construcción nacional, la unión abertzale o el interés estratégico en la supervivencia de ETA. En definitiva, una oferta política nacionalista que da fuerza día tras día al Pacto suscrito por el PP y el PSOE, reafirmado como la única referencia sensata para que el País Vasco recupere el rumbo de la normalidad política, de un vida democrática similar a la de cualquier otra parte de España, y deje a ETA fuera del juego político en el que se coló por la puerta que le abrió el PNV. Ayer, por lo pronto, los universitarios vascos, la inteligencia vasca, dignificaron su campus con la apología de la libertad y de la democracia.

La condena del 36
Por Jaime CAMPMANY ABC 16 Febrero 2001

Javier Arzallus ha subido al desván de la Historia y ha bajado con una condena al alzamiento militar de 1936. De aquello hace más de dos tercios de siglo, a buenas horas, mangas verdes, y además es imposible considerarlo desde cualquier punto de vista (militar, político, social o religioso, en definitiva, histórico) como un hecho aislado. Ahí empezamos a condenar episodios de la Historia y condenando, condenando, llegamos hasta la estratagema de Galba y la muerte de Viriato.

Hala, venid y vamos todos a condenar el alzamiento militar del 36. ¡Toma, y la revolución de Asturias del 34, y la quema de conventos, y la represión de Casas Viejas, ni heridos ni prisioneros, tiros a la barriga, y el asesinato de Calvo-Sotelo, y el fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera, y luego el de Companys y muchos más, y los «paseos», y la Brigada del Amanecer, y el crimen de García Lorca, y el de Maeztu, y el de Muñoz Seca, y el de Víctor Pradera, padre e hijo, y la persecución religiosa, curas y frailes a miles, prelados a docenas, quema de iglesias, ahí está el libro de Antonio Montero, inencontrable hoy, mejor olvidar aquello, el martirologio cordobés de Abderrahman fue como un aperitivo, fusilaron incluso al Corazón de Jesús, que no se movía, y la masacre de Paracuellos, y la matanza de marinos en Cartagena, al mar, al mar, cada marino con su piedra al cuello, y el horror de la plaza de toros de Badajoz, y el bombardeo de la Legión Condor, y los tanques rusos aplastando España, y las ciudades tomadas a saco, y la lavativa de cemento, y el Batallón Garibaldi, y las Brigadas Internacionales, y el «cinturón de hierro de Bilbao» por un lado, y la IV de Navarra por otro, y la checa de Fomento, y las otras, y la órdiga, coño, lo que se sabe!

Y ya con el anatema en la mano, vamos a condenar también la dictadura y la dictablanda, y la bomba de Mateo Morral, y la guerra de África con sus soldados de cuota y su «Expediente Picasso», y los asesinatos de Cánovas, de Sagasta y de Eduardo Dato, y el de Prim, en la calle del Turco le mataron a Prim, metidito en su coche con la Guardia Civil, y el caballo de Pavía irrumpiendo en el Congreso mientras sus señorías se arrojaban por las ventanas, y el tricornio de Tejero y el «Elefante Blanco», que caen más cerca, y el rayadillo acribillado de la guerra de Cuba, y los últimos de Filipinas, y las guerras carlistas, Zumalacárregui con la boinaza, y la campana de Huesca, las cabezas como badajos, y Alfonso III el Magno, que le sacó los ojos a sus cuatro hermanos, y el traidor don Oppas, y el conde don Julián, y la cabronada de Bellido Dolfos, y de paso, como el que no quiere la cosa, ánimo señor Arzallus, vamos a condenar los crímenes etarras que nos vienen diezmando sin ton ni son, sólo porque hay algunos vascos que quieren estar siempre tirando peñascos desde Roncesvalles, ese entretenimiento.

Porque ahí está la madre del cordero. Vamos a condenar el alzamiento del 36, y a «Islero» que mató a Manolete, y a Caín que mató a su hermano con la quijada de burro, y nos olvidamos de condenar a la ETA, que es lo que hoy, y ayer, y mañana, está matando aquí, sin sentido y sin descanso. De aquello, de lo del 36, todos somos hijos, porque todos nuestros padres estaban en aquellas trincheras, a un lado o al otro, y no vale seguir insultándonos desde un nuevo Altavoz del Frente. El padre de Arzallus, por cierto, estaba con la boina y el detente. Pero ahora, ni los unos están en el alzamiento del 36 ni los otros están en la revolución del 34. Aquí, los únicos dinamiteros que quedan son los que mueven el árbol para que Arzallus recoja las nueces. El 36 es cosa del desván, y la ETA es un asunto de tanatorio.

Contra el miedo
Editorial El País 16 Febrero 2001

La Universidad española, con la presencia de 52 rectores de los 61 existentes, tomó ayer la palabra en el campus de Leioa (Vizcaya) para hacerse oír contra la barbarie que pretende acabar con lo más característico de esa institución desde su nacimiento: la libertad de pensamiento y de cátedra. No es una metáfora. El terrorismo de ETA y sus alevines ha extendido su estrategia del terror a las aulas, a sabiendas de que acallar la voz libre y crítica de la Universidad es esencial para su propósito de amedrentar al conjunto de la sociedad. Tampoco en este aspecto son originales. Como recordó el rector de la Universidad del País Vasco, Manuel Montero, antes que ellos lo hicieron, o lo intentaron, todos los movimientos totalitarios que en el mundo han sido. Hace cinco años, un pistolero de ETA acababa con la vida del profesor Francisco Tomás y Valiente, y desde entonces se ha intensificado el acoso a la Universidad. Ahí está la muerte del ex rector Ernest Lluch; el intento de asesinato del profesor José Ramón Recalde, presente con sus cicatrices en el acto de ayer; la mortífera bomba colocada en diciembre en pleno campus de Leioa; la campaña de acoso y amenazas que ha obligado a varios docentes vascos a exiliarse, y a otros muchos más, a vivir y enseñar bajo protección policial.

Es un signo de valor y de inteligencia que la comunidad universitaria tome conciencia de la naturaleza de la amenaza que sobre ella proyectan los terroristas. El rector Montero ha afirmado que en el País Vasco la democracia 'está en grave peligro' y 'la reflexión, la libertad intelectual, la tolerancia (...), muy seriamente conculcadas'. La historia reciente y la realidad cotidiana advierten contra la tentación escapista de 'cerrar los ojos' para no ver lo que sucede. Aunque sólo sea por puro instinto de supervivencia.

Tiene razón Montero cuando exige a las 'autoridades públicas' que 'defiendan a la Universidad' de las agresiones de quienes retuercen la lógica, como hicieron ayer mismo con insultos y pedradas, acusando de 'fascistas' a unos rectores que reivindicaban 'el derecho a pensar en libertad'. Y también cuando, a costa de incomodar al lehendakari, afirmó que la supervivencia de la democracia no puede depender exclusivamente del heroísmo cotidiano de los ciudadanos. 'Tenemos miedo, pero estamos venciendo el miedo', dijo el rector en nombre de toda la comunidad universitaria. Es un mensaje que debería abrazar toda la sociedad.

El Senado de Maragall
Alejandro MUÑOZ ALONSO La Razón 16 Febrero 2001

En una reciente conferencia pronunciada en Madrid, Maragall desveló algunos aspectos de su «nuevo federalismo», una fórmula de la que viene hablando con cierta insistencia, sin acabar de convertirla en un proyecto viable y con sentido. Pero, a juzgar por lo que dijo, el proyecto maragalliano sigue estando tan vacío como siempre lo estuvo y su federalismo, nuevo o viejo, con asimetría o sin ella, viene a ser una muestra más de la indigencia ideológica de la izquierda que, a falta de contenidos, se queda presa de meras formulaciones verbales, detrás de las que no hay nada. El «nuevo federalismo» de Maragall tiene tan poca consistencia como la «tercera vía» y tantas otras propuestas similares con las que, de vez en cuando, trata la izquierda de sorprendernos, en su incansable búsqueda de esa «nueva frontera» kennediana, a la que nunca acaba de llegar.

    El punto clave del proyecto de Maragall es una nueva organización de Senado, que tendría las mismas competencias que ahora -es decir, muy pocas- pero cuyos miembros serían designados por los Parlamentos autonómicos, en vez de ser elegidos por todos los ciudadanos. Se trata de una mala copia del Bundesrat alemán, que se compone de «miembros de los Gobiernos de los Länder, que los designan y los retiran». Y decimos mala copia porque el Bundesrat dispone de unas importantes facultades -incluido el llamado «estado de necesidad legislativo»-, de las que carece el Senado español y con el proyecto de Maragall, además de seguir en su actual indigencia competencial, perdería la mejor de sus cualidades: el hecho de que los senadores, en su inmensa mayoría, son elegidos directamente por los ciudadanos.

    Con lo aficionada que es la izquierda a revestirse de «progresista», es decir de ir hacia delante, el proyecto de Maragall resulta claramente regresivo. Porque en una democracia, quitarle al pueblo un derecho de elegir que ya tiene reconocido es tan progresivo como la andadura del cangrejo. Podíamos recordar el caso del Senado de los Estados Unidos, cuyos miembros, que eran elegidos por las legislaturas o parlamentos de los estados de acuerdo con la Constitución de 1787, son elegidos ahora por los ciudadanos, en virtud de una enmienda constitucional aprobada en diciembre de 1917. Es decir, pasó del modelo que ahora quiere Maragall al que establece nuestra Constitución de 1978. Pero, al parecer, el progresismo de Maragall consiste en volver al siglo XVIII.

    Maragall -y en esto no está solo, porque le acompañan gentes de todos los colores políticos- se ha hecho un lío en la cuestión de la reforma del Senado porque se ha enredado en eso de «cámara de representación territorial», con que nuestra Constitución lo define. Que una cámara sea de representación territorial no quiere decir que se tenga que dedicar, casi con exclusividad, a abordar problemas de esa índole, en nuestro caso autonómicos. Eso es lo que quiere Maragall cuando pide dar voz a los presidentes autonómicos, tanto en pleno como en comisiones y conceder a los gobiernos autonómicos posibilidad de incluir asuntos en el orden del día. Con este modelo maragalliano el Senado se convertiría en la cámara a la que las comunidades autónomas llevarían todas sus incesantes reivindicaciones, pero también todos sus resentimientos políticos. Sería más bien la «cámara de la protesta territorial»: una protesta, por otra parte, inútil, porque nada se podría decidir, por supuesto, sin contar con la Primera Cámara. Para completar el «guirigay autonómico» Maragall incorpora el «uso normal y habitual» de las lenguas co-oficiales, en claro desdén de la lengua común oficial del Estado, que «todos los españoles tiene el deber de conocer y el derecho a usar», como establece el artículo 3 de nuestra Constitución.

    Nuestro Senado no tiene un problema de modo de elección sino de competencias. Nuestros constituyentes quedaron presos del modelo clásico de Senado europeo, cámaras de composición nobiliaria, frecuentemente de designación real, no democrática, en suma, a las que era obligado limitar las competencias de que gozaban. Pero nuestro Senado no es una Cámara heredada del pasado, sino diseñada de nueva planta y elegida por el pueblo. La abusiva limitación de competencias a que se la sometió en la Constitución es contradictoria, desde un punto de vista democrático. Se equivocaron los constituyentes al ser tan cicateros en cuando a sus competencias con una cámara de tan limpia extracción democrática. Y se equivoca Maragall al incidir en su proyecto en el modo de elección o en cuestiones reglamentarias, pensando que con eso va a cambiar algo, porque cualquier cambio sería para peor, sin ninguna duda.

    En lo que sí tiene razón Maragall es al afirmar que la Constitución no es intocable. No lo es, pero a condición de que se alcanzase un consenso que hoy no parece próximo. Cuando llegue ese momento se podrá pensar en un modelo de Senado que tendrá, lógicamente, muy poco que ver con la confusa fórmula maragalliana. Hoy sólo tiene sentido el bicameralismo si se da a la Segunda Cámara competencias de entidad suficiente para no hacer de ella el dócil séquito de la Primera. Hablábamos antes de los Estados Unidos y ya sabemos que su sistema constitucional responde a otros supuestos. Pero no está de más recordar que el Senado americano fue concebido también como cámara de representación territorial, en cuanto cámara de los estados. Y eso no ha impedido que disponga de competencias que van mucho más allá de los asuntos de interés exclusivo de estos últimos. Lo que parece muy claro es que el desequilibrado bicameralismo español no sólo no mejoraría con el modelo de Maragall, sino que convertiría al Senado en un auténtico esperpento constitucional.

EL COMPROMISO UNIVERSITARIO CONTRA LA VIOLENCIA
Editorial El Mundo 16 Febrero 2001

El acto que ayer reunió en Leioa (Vizcaya) a los rectores de 52 universidades españolas no fue uno más de los que periódicamente se celebran para condenar el terrorismo. Estuvo cargado de simbolismo y trascendencia. Que los representantes de los docentes y universitarios salgan de sus cátedras y de sus libros para implicarse con la sociedad en la movilización contra ETA es un mensaje de esperanza para unos ciudadanos atemorizados y pesimistas ante la perspectiva de que esta barbarie pueda no tener fin. Y ello porque la comunidad universitaria tiene un prestigio social elevado y es una referencia muy importante en momentos de excepcionalidad como los que atraviesa el País Vasco. La declaración firmada por los rectores va más allá de los manidos términos de condena de ETA, al denunciar que «igual de inhumana» que la propia violencia es «la actitud de quienes aplauden las acciones violentas o miran hacia otro lado, como si el sufrimiento no fuera con ellos».

El conmovedor y valiente alegato del rector de la UPV, Manuel Montero, demuestra que pensadores e intelectuales han decidido asumir un rotundo compromiso contra quienes quieren matar no sólo a las personas, sino incluso la libertad de pensamiento. Con palabras precisas, gritó un «basta ya de cerrar los ojos», clamó contra «el exilio interior en el que se refugian algunos» en el País Vasco y, confesando su propio miedo, advirtió, como Roosevelt, que el peor de los temores es el miedo al miedo mismo.

Este brillante «Yo acuso» viene de la mano del responsable de una institución, la universitaria, que es una de las que más sufre en sus carnes la presencia de una minoría radical y violenta que quiere acallar las voces de quienes se oponen a su nueva forma de fascismo. Numerosos profesores deben acudir a clase con escolta. Hace poco ETA pudo provocar una masacre al intentar asesinar a una docente con una bomba en el ascensor de la Facultad de Periodismo. A lo largo de la Historia, todos los regímenes totalitarios o fascistas han intentado controlar las universidades. Pero del mundo del pensamiento y la ciencia también han surgido siempre los movimientos que han acabado venciendo a todas las dictaduras.

Como contrapunto a la valentía de este compromiso de Montero y los rectores, se alzó ayer de nuevo la voz de esa especie de guardián de las sombras que es el obispo Setién, siempre equidistante y dispuesto a defender el diálogo con los que matan, obviando toda referencia a las víctimas y los amenazados por ETA.

El rector vasco reconoce ante la Universidad española su miedo ante la amenaza del «terror»
Mil jóvenes radicales sabotean y llaman «fascistas» a medio centenar de rectores
JULIO ITURRI El Mundo 16 Febrero 2001

BILBAO.- El rector de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), Manuel Montero, confesó ayer su «miedo» a las consecuencias que sobre la libertad de pensamiento provoca la violencia en Euskadi ante la mirada de medio centenar de rectores de universidad. Montero recurrió a una dramática expresión. «Lo confieso: tengo miedo».

Montero concretó sus sentimientos a renglón seguido: «Miedo a que se consume la supresión de la libertad de pensamiento, a que sucumbamos ante la amenaza del terror tengo miedo al silencio, a que, hartos de soportar las coacciones, nos callemos». «Con este cuadro del terror, lo que está en juego es la propia esencia de la Universidad, la reflexión, la tolerancia intelectual». Miedo también a que esta situación «sea la antesala del final de la democracia en el País Vasco, que puede desaparecer o seguir condicionada por el terror». Ante este diagnóstico, lanzó también una advertencia: «Basta ya de cerrar los ojos y mirar hacia otro lado».

El gesto de Montero se produjo durante la firma de un manifiesto a la Universidad vasca respaldado por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE). El acto recibió también el apoyo del lehendakari Juan José Ibarretxe del consejero de Educación, Inaxio Oliveri del presidente del PP vasco, Carlos Iturgaiz del secretario general del PSE-EE, Nicolás Redondo Terreros, así como de varios representantes de PNV, PP y PSE-EE y trabajadores y docentes de la UPV.

Al clima de presión que, sobre todo, desde hace un año, están padeciendo muchos estudiantes y profesores de la UPV -algunos de ellos acuden a sus clases con escolta-, se sumó el pasado diciembre la bomba que ETA colocó en horario lectivo dentro de un ascensor del campus de Lejona, dirigida contra la académica Edurne Uriarte, aunque el artefacto no llegó a explotar.

El rector vasco fue ayer lo bastante explícito en describir, según sus propias palabras, el «cuadro de horror» en la que se ha visto inmersa su universidad. «Algunos de nuestros profesores han sido objeto y siguen siendo objeto de acciones terroristas, de amenazas de muerte y coacciones».

Al mismo tiempo que Montero pronunciaba estas palabras en el Aula Magna de la UPV, en el exterior se producían diversos incidentes entre encapuchados y agentes antidisturbios de la Ertzaintza.

En el campus fueron colocados varios carteles que dedicaban el apelativo de «fascistas» a los asistentes al acto. Al inicio del mismo, varios profesores universitarios de EH recibieron a los rectores con una pancarta de protesta y, minutos después, un cordón policial impidió que cerca de 1.000 jóvenes convocados por Haika -organización juvenil del MLNV- accediera a la puerta de acceso al acto.

Posteriormente, varios grupos radicales rompieron cristales y arrojaron piedras contra el fuerte dispositivo desplegado por la Policía autónoma, que durante toda la mañana efectuó varias cargas para dispersar a los jóvenes y procedió a identificar a varios de ellos.

Sin embargo, el rector de la UPV no quiso dejar ante sus colegas una sensación de desánimo. El rector anfitrión no se resignó a acostumbrarse «al terror» e hizo especial hincapié en reivindicar la libertad de pensamiento, la libertad de cátedra y la tolerancia intelectual frente a «quienes practican el viva la muerte»

.El documento de la Conferencia de Rectores tildó de «inhumana» la actitud de «quienes aplauden tales acciones violentas, o miran hacia otro lado» y finalizó su declaración realizando una llamada «a la colaboración, diálogo y consenso de toda la ciudadanía».

En las barbas de Francia
Editorial La Razón 16 Febrero 2001

Los bosques de la región atlántica francesa de Las Landas encubrían dos, al menos, campos de entrenamiento de la banda terrorista Eta. En las mismas barbas de la República francesa y sus numerosos y bien nutridos cuerpos de seguridad, tan eficaces en otros campos, los asesinos de la banda han dispuesto de espacios e impunidad para efectuar pruebas con explosivos y prácticas de tiro con lanzagranadas sobre vehículos, en un remedo de atentado contra un coche blindado.

    Las Landas es una región de población escasa y un buen escenario para perderse en plena naturaleza, lo que podría suponer una justificación para la ineficacia policial. Lo malo es que el descubrimiento -efectuado, por cierto, por un guardabosques-, se produce después de dos sonadas fugas de dirigentes etarras, «Mobutu» y «Chapu» que, en el caso del primero, llenó de ridículo a los agentes galos que no supieron evitar que el criminal, como en las historietas infantiles, escapase con sábanas anudadas.

    Es cierto, y así hay que reseñarlo, que existen en los últimos tiempos una colaboración real y ganas de actuar por parte del país vecino en la lucha contra Eta. El mismo director de la Policía de Francia acaba de ser condecorado por el Ministerio del Interior español por su apoyo. Pero no es lo mismo colaborar con un país amigo, que considerar que el terrorismo, aunque sea de Eta, y Eta mate enEspaña, no es un problema francés.

    Sólo desde la miopía de ciertos dirigentes políticos y policiales puede entenderse que haya algún síntoma de pasividad con Eta. Porque sería impensable que esa pasividad se diera en Francia si ahí se sufriera los efectos del grupo terrorista que se entrena en su territorio.

    Francia tiene que recordar que Eta y sus amigos dicen que «su lucha» es contra los dos Estados y que el suroeste de la república será parte de su «nación» independiente. Eta es problema de España. Pero también de Europa entera, y, por lo tanto, de Francia.

Cuando el PNV pactó con los fascistas (1937)
Por F. DE MEER LECHA-MARZO, ABC 16 Febrero 2001

Profesor de Historia de España. Autor de «El Partido Nacionalista Vasco ante la guerra deEspaña»

No termino de entender esa obsesión del PNV para que el Congreso de los Diputados apruebe una resolución que condene la rebelión militar y civil del 17 de julio de 1936; hecho —ciertamente— gravísimo y de muy trágicas consecuencias en la historia de España, incluida la historia del País Vasco. Se quebró la continuidad histórica.

Todos los partidos políticos, con larga historia, tienen algún agujero negro. El Partido Nacionalista Vasco, no siempre identificado con los principios de la democracia liberal, no ha pedido perdón por su traición al Gobierno legítimo de la República española, por negociar —a espaldas del Gobierno republicano— un acuerdo con el régimen fascista de Mussolini, entre julio y agosto de 1937. Querían desmarcarse de la guerra de España. El PNV propuso simular una rendición del Cuerpo de Ejército Vasco al Cuerpo de tropas italianas que ayudaban a Franco. Esa capitulación aseguraría a los «gudaris» (soldados nacionalistas vascos católicos) y al resto de unidades del Ejército de Euskadi, la custodia de la Italia fascista y no ser juzgados por los tribunales militares españoles.

Para ilustración de los lectores adjunto uno de los documentos que Alberto de Onaindía y Pantaleón Ramírez de Olano entregaron al conde Ciano, ministro de Exteriores de Mussolini, en nombre del PNV. El documento se encuentra en el Archivo de Asuntos Exteriores de Italia, en el Ufficio Spagna. La referencia a Aguirre se debe a la utilización que Leizalola y Juan Ajuriaguerra —negociadores en Vizcaya y después en Hendaya— hicieron del nombre del lendakari.

Los delegados del PNV en Roma solicitaron a Ciano, el 7 de julio de 1937, que: «De efectuarse la rendición ha de ser precisamente en forma de operación militar, es decir, como resultado de una victoria italiana sobre el campo de batalla, y sin que aparezca en momento alguno, la existencia de negociaciones de carácter diplomático».

La negociación fue larga. Mussolini intercedió ante Franco por medio de un telegrama enviado el siete de julio. El «Duce» se refirió «a los deseos de los vascos para llegar a una completa rendición», y a la petición: \ los prisioneros vascos vengan considerados como prisioneros de las tropas italianas según los usos de la guerra». A cambio de la capitulación de los «gudaris», Onaindía y Ramírez de Olano, ofrecían «la rendición al Comando de las Flechas Negras de todas las fuerzas vascas». Ese particularismo, tan propio del PNV, llevó a los comisionados a apuntar que «\ en cuanto mira a Santander y Asturias, ellos no vislumbran ninguna resistencia organizada si los vascos se rinden».

Llegar a un acuerdo requirió tiempo. El pacto se alcanzó en Hendaya el 22 de agosto de 1937. El 23 de agosto los batallones de «gudaris» se declararon en rebeldía en Santoña y Laredo, y desobedecieron las órdenes —retirada a Asturias— del General Gamir, jefe del Cuerpo de Ejército de Euskadi. Todo terminó en desastre para los «gudaris» y los oficiales y milicianos socialistas, comunistas, etcétera. Los oficiales de los batallones de «gudaris» no pudieron cumplir las condiciones de los italianos para la rendición. Y el mando militar italiano ante las órdenes de Franco, General Jefe del Ejército de Operaciones, consideró que la capitulación era «sin condiciones».

La razón del retraso en la rendición fue consecuencia a la actitud del lendakari Aguirre, que Onaindía resumió en «\ una voluntad bien clara del presidente del Gobierno de Euskadi, señor Aguirre, de no llevar a cabo la rendición, sino servirse del diálogo con los italianos para lograr la evacuación de las tropas de Santander a Francia y el traslado de las mismas desde Francia a Cataluña».

La realización de esa idea fue imposible. Y, el 25 de agosto, el General Doria telegrafió a Roma que: «Los vascos han enviado sus representantes para ofrecer la rendición que hoy he considerado a discreción». Al día siguiente, 30.000 soldados, entre «gudaris», milicianos socialistas, comunistas, etcétera, fueron entregados al mando nacionalista español. La capitulación del Ejército de Euskadi se había consumado, y con ella la traición al Gobierno de la República de España.

Esta historia es dura y triste. Analizada con más detalle, es más sangrante. Manuel Azaña escribió en su Diario, el 26 de julio de 1937, que si lo acontecido en Vizcaya, desde mayo de 1937, se conociera exactamente «\ aquellas ocurrencias cobrarían un volumen político extraordinario, con resultados imprevisibles hoy».

Nacionalistas y constitucionalistas se enzarzan en una nueva bronca en el Parlamento vasco
PEDRO GOROSPE  Vitoria  El Mundo 16 Febrero 2001

La crispación que vive la política vasca entre partidos nacionalistas y constitucionalistas, en una situación de guerra preelectoral no declarada, vivió ayer un nuevo episodio entre las paredes del Parlamento de Vitoria. Socialistas, PP y UA elevaron una queja formal a la presidencia de la Cámara por la actitud del parlamentario nacionalista José Antonio Rubalkaba, quien mantuvo un rifirrafe verbal con un diputado del PSE y el líder de los populares vascos, Carlos Iturgaiz. Éste último llegó a llamar 'sinvergüenza' al peneuvista, lo que le costó una amonestación de la presidencia de la Cámara. 'Como no se convoquen elecciones un día vamos a llegar a las manos', resumió la portavoz de Unidad Alavesa, Enriqueta Benito.

El enfrentamiento verbal no fue más duro que otras veces, pero el contexto en que se produce, en vísperas del primer aniversario del asesinato del parlamentario socialista Fernando Buesa (el próximo día 22) y con la constante discusión sobre cuándo va el lehendakari, Juan José Ibarretxe, a anunciar la fecha de las elecciones anticipadas, transformaron la Cámara en un hervidero. El de ayer era el segundo pleno del actual periodo de sesiones y ya en el primero, el pasado viernes, hubo conflicto: los socialistas abandonaron el hemiciclo tras perder una votación por un posible mal funcionamiento del sistema electrónico, y se vertieron críticas muy duras contra el presidente de la Cámara, Juan María Atutxa, por no querer repetirla.

El incidente se produjo durante el debate de una cuestión que no era de primer orden: una proposición de ley socialista para modificar la ley vasca de Policía en lo relativo a la representación sindical en la Ertzaintza. En su turno de defensa, el portavoz socialista en el debate, Víctor García Hidalgo, señaló que uno de los objetivos de su propuesta era dar un 'vuelco' a la Ertzaintza, a la que los nacionalistas han puesto 'al servicio del proyecto de Lizarra'.

El peneuvista Rubalkaba le respondió con formas poco parlamentarias: 'Qué coño tiene que ver lo que usted ha dicho aquí con la modificación de un artículo de la ley de la Policía'. A renglón seguido, justificó la actuacion de su partido al firmar el Pacto de Lizarra y reiteró el argumento de que el PNV apostó más que nadie por la paz -se había 'jugado el bigote' fue su expresión textual- durante la tregua etarra mientras que socialistas y populares 'no hicieron nada'. 'Ustedes sólo estuvieron calladitos', siguió el peneuvista, quien agregó que el PSE se había 'plegado' a los populares.

García Hidalgo comenzó a señalar desde su escaño al que ocupaba Buesa y a preguntar en voz alta: '¿Dónde está Fernando?'. Desde ese momento el debate se convirtió en una bronca:

Rubalkaba: 'A mí no me pregunte por el señor Fernando Buesa, porque mi partido no ha matado a nadie en estos 25 años, a nadie, a nadie'.

Iturgaiz: 'Sinvergüenza', dijo desde su escaño.

Rubalkaba: 'Por qué no me lo dice usted luego, lo de sinvergüenza'.

Atutxa: 'Señor Iturgaiz, mantenga la serenidad, el orden y la educación que se merece la institución'.

En ese momento Iturgaiz le hizo señales a Atutxa, explicándole que estaba hablando con un compañero.

Atutxa: 'Le he escuchado a usted señor Iturgaiz, por favor se lo ruego. Por favor, señor Rubalkaba, su tiempo ha concluido, vaya acabando'.

Rubalkaba: 'Señor García, siento la muerte y el asesinato de Buesa, pero los únicos que intentamos que no se diera esa situación fuimos nosotros, y ustedes no, y se dedicaron a criticar al PNV y se siguen dedicando a ello'.

Rodolfo Ares (portavoz del PSE): 'Es intolerable. Llámele al orden', dirigiéndose a Atutxa.

Atutxa: 'Señor Rubalkaba, vaya terminando. Señor Ares, guarde silencio y compostura'.

Desde los bancos populares y socialistas se escucharon gritos de 'ya está bien'.

Rubalkaba: '¿Ya está bien de qué?'.

Atutxa: 'Su tiempo ha concluido señor Rubalkaba'.

Rubalkaba: 'No señor'.

Atutxa: 'Señor García, le llamo por segunda vez al orden, y a la tercera ya sabe las consecuencias que puede tener'.

Tras otro intercambio menor de frases entre Rubalkaba y un parlamentario del PP, el peneuvista se dirigió a su escaño y cruzó varias risas con un compañero de su partido, lo que desencadenó la furia del socialista Ares. Éste salió en busca de Rubalkaba, quien abandonaba entonces el hemiciclo, mientras varios de sus compañeros del PSE le conminaban a tranquilizarse. En su posterior queja formal, PP, PSE y UA arremeten contra Atutxa y de nuevo contra Rubalkaba, cuya actitud tildan de 'vergonzosa e indignante', y creen que 'es un sarcasmo calificar de ilusionante un periodo en el que se produjo la persecución social por motivos ideológicos y en el que ETA se preparaba para poner en marcha una nueva escalada criminal'.

Universidad solidaria
Editorial El Correo  16 Febrero 2001

La solemne unanimidad con que ayer se pronunciaron los rectores de las universidades españolas contra ETA y por la libertad constituyó un acto de una extraordinaria carga solidaria para con quienes, día a día, padecen los efectos de la coacción y el totalitarismo violento. Unida en la defensa de los valores que la encarnan, en torno a los principios con que nutre al conjunto de la sociedad, la comunidad universitaria se dio cita ayer en el paraninfo de Leioa con el firme propósito de responder sin ambages al desafío lanzado por el terrorismo.

Hubiera sido mejor que el recinto de la EHU/UPV acogiese la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas para abordar juntos los retos de la formación, la investigación y la ciencia sin que sobre tales reflexiones planeara la siniestra sombra de una amenaza cierta contra la vida y la libertad. Enseñar, investigar, administrar los recursos de la Universidad ante la acechante presencia del terror suscita entre los universitarios sensaciones ambivalentes de heroísmo y esquizofrenia. El desarrollo del pensamiento y la transmisión del conocimiento requieren condiciones de normalidad que el estado de excepción que sufren muchos profesores y alumnos coarta hasta el límite del exilio, la impotencia o la autocensura. De tal forma que, como en tantos otros ámbitos de la vida social en Euskadi, parece milagroso que el funcionamiento básico de la Universidad esté garantizado.

Pero sería un error considerar que la universidad vasca constituye un reducto sitiado por fuerzas totalmente extrañas a la misma. El combate contra la intolerancia y el totalitarismo, la defensa de los valores democráticos, el esfuerzo porque se amplíen los cauces de la libertad es una tarea que la universidad vasca ha de confrontar consigo misma. Baste señalar que la sociología electoral de HB -una de las siglas que ayer alentó el boicot activo contra la reunión de la CRUE- presenta un porcentaje de personas con estudios universitarios muy superior a la media del País Vasco. Baste indicar que fueron profesores universitarios los que actuaron como portavoces de HB para activar dicho boicot. De la misma forma que la intolerancia se aprovecha de la libertad para ir contra la libertad, hay quienes se aprovechan de las características de la Universidad -«la libertad de pensamiento, la libertad de cátedra, la tolerancia intelectual, la tolerancia pública, el derecho a pensar», en palabras del rector Manuel Montero- para brindar desde esa misma Universidad una apariencia de razón a la sinrazón, un barniz científico a la superchería extremista, una presentación digna a la indigna cobertura de la barbarie.

El problema no es únicamente que la comunidad universitaria refleje -como no podría ser de otra forma- las contradicciones y las divergencias que se dan en la sociedad y en la política vascas. El problema es que la amenaza contra la libertad, la persecución ideológica o la interminable lista de condenados a muerte por la dictadura etarra no se hubieran perpetuado si no contasen con la coartada intelectual de cuantos universitarios proveen de argumentos al fanatismo, se acomodan en la indiferencia o prestan su firma para avalar cualquier proclama que termina administrando el sectarismo. Resulta elocuente que quienes ayer trataron de reventar un encuentro solidario y por la libertad enunciaran su llamamiento «contra el fascismo español», o imputaran al acto la intención de mostrar a la Universidad del País Vasco como parte de España. Pero más descorazonador es constatar que quienes inspiraron, alentaron o secundaron tan delirante desprecio a la inteligencia forman o han formado parte de la comunidad universitaria.

La denuncia formulada ayer en el campus de Leioa y el hecho mismo de tan importante encuentro universitario son la demostración de que ni la paz ni la libertad hallarán su camino mientras en Euskadi la sociedad democrática no entable una batalla abierta por los principios de la convivencia, sin concesiones a la intolerancia, sin guiños comprensivos hacia lo injustificable. Es la batalla frente al silencio; el compromiso de «no mirar para otro lado» -como pidió ayer el rector Montero-; la vigilia con que los padres han de transmitir valores de tolerancia y compasión a sus hijos; la implacable defensa de la razón democrática con que los profesores han de poner límite a la ignorancia y a la demagogia en los recintos académicos y en los claustros; el ejercicio del derecho a la información y a la reflexión crítica con que los medios de comunicación hemos de contribuir a una sociedad cada día más libre y confiada.

 

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