AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 17  Febrero  2001
#Las urnas curan el soberanismo
Editorial ABC 17 Febrero 2001

#ETB: AL SERVICIO DE LA CAUSA
Editorial El Mundo 17 Febrero 2001

#Extremeños
 Carlos HERRERA ABC
17 Febrero 2001

#Un entierro sin cadáver
Carlos Semprún Maura  17 Febrero 2001

#La Plataforma Libertad presentará ante la ONU un informe sobre la violación de derechos en el País Vasco
Vitoria. Agencias ABC 17 Febrero 2001

#ETB emitió durante 12 segundos la imagen de una pancarta proetarra
El Mundo  17 Febrero 2001

#UN SUMANDO MENOS
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 17 Febrero 2001

#El emérito
MARTIN PRIETO El Mundo  17 Febrero 2001

#LAVARSE LAS MANOS ANTE ETA
FEDERICO ABASCAL La Voz 17 Febrero 2001

#La política de la iglesia
Editorial La Razón 17 Febrero 2001

#El tamaño de la ausencia
JUAN CRUZ El País 17 Febrero 2001

#Obispos y fariseos
José Antonio VERA La Razón  17 Febrero 2001

#Una veintena de jóvenes ocupan la sede de EL CORREO en Barakaldo
BARAKALDO EL CORREO 17 Febrero 2001

#Situación demencial
Editorial El Correo 17 Febrero 2001

#Rectores
Faustino F. ÁLVAREZ La Razón 17 Febrero 2001  

#Identidad vasca y diálogo
JOSEBA ARREGI El Correo 17 Febrero 2001 

#La iglesia se mete en política
Lorenzo CONTRERAS La Razón  17 Febrero 2001 

#La visita del comisario
AUGUSTO BORDERAS El Correo 17 Febrero 2001

 

Las urnas curan el soberanismo
Editorial ABC 17 Febrero 2001

El Bloque Nacionalista Galego (BNG) ha decidido renunciar al independentismo. Así lo ha anunciado en vísperas de su IX Asamblea, que hoy comienza en Santiago, y sólo unos meses antes de que se celebren las elecciones autonómicas, un hecho nuclear para entender esta repentina metamorfosis de los hasta ayer independentistas gallegos. Con ello, el BNG viene a renunciar a sí mismo, pues sus Estatutos Fundacionales se encabezan con un mensaje inequívoco: «Galicia es una Nación y por lo tanto tiene derecho a la autodeterminación política que, de ser real, tiene que concretarse en una alternativa de soberanía nacional». En esos estatutos, aún vigentes, se habla también de que Galicia «está sometida a unas relaciones de dependencia colonial» \ y se asegura que su política persigue «una Galicia liberada» (sic). A partir de hoy, el BNG dice que su modelo «no parte de una concepción independentista», sino «del reconocimiento de los derechos nacionales que figuran en la Constitución y el Estatuto».

Es evidente que este abrazo a los preceptos de la Carta Magna resulta insincero, pues los mismos dirigentes que marcaban el nuevo camino sostenían que esto no suponía una «renuncia a nuestros principios ideológicos». Si descartamos que el BNG haya sufrido un repentino ataque de esquizofrenia, hemos de concluir que la apuesta por el sistema constitucional, y la consiguiente renuncia al soberanismo, tienen una clara fecha de caducidad: el día posterior a los comicios. Por eso el BNG no se molesta en cambiar sus Estatutos ni su «Política de Estado», que es lo primero que hubiera tenido que hacer para dotar a su discurso de la virtud de la coherencia. Pasarán muchos años hasta encontrar un descaro político de semejantes dimensiones.

Pero aunque el partido de Xosé Manuel Beiras venga a admitir que todo es una mera trampa al electorado, resulta relevante que los nacionalistas gallegos admitan que el soberanismo da muchos menos votos que la Constitución, con lo que de paso lanzan un claro mensaje a quienes, como el PNV, mantienen la apuesta independentista. Seguramente, en su programa electoral, los nacionalistas vascos (que también votarán pronto) conviertan su arrebato soberanista de los últimos años en un devaneo irrelevante ocurrido en tierras de Estella. La lección del BNG puede resultar bastante útil para los peneuvistas, que ya deben andar poniendo sus barbas a remojo tras el «ejemplo gallego». El club independentista «peninsular» tiene, en la práctica, un socio menos. Pero antes que exigir el derecho de autoderminación para Galicia, el BNG tiene el deber de «autodeterminarse» él mismo y la obligación ética de aclarar al electorado cuál es su apuesta real, si la Constitución o ese ímpetu soberanista, que seguramente sólo hayan sedado temporalmente al ver que se acercan las urnas.

ETB: AL SERVICIO DE LA CAUSA
Editorial El Mundo 17 Febrero 2001

La utilización política de la ETB al servicio de la causa nacionalista alcanza ribetes de escándalo un día si y otro también. Al margen de ser un coto privado del PNV -los sucesivos directores han sido o son destacados dirigentes de la formación nacionalista-, la cadena se caracteriza por emitir, de forma escasamente subliminal, mensajes en contra de las instituciones del Estado e informaciones favorables a las tesis de grupos cercanos a EH y ETA.

Los espectadores que seguían el pasado jueves el partido de fútbol Alavés-Inter de Milán, cuya señal emitió ETB para el País Vasco e Italia, pudieron ver un plano fijo de 13 segundos con una pancarta en la que se leía: «Libertad para Euskal Herria. El Estado español torturador». La oposición acusó ayer en el Parlamento vasco a la emisora de «complicidad con el discurso proetarra», mientras que la cadena alegó que el plano fue uno más de los mil ofrecidos en el partido.

Si este hubiera sido el único episodio de estas características, podría tener disculpa. Pero no es así. La historia de ETB está plagada de detalles que indican bien a las claras su vergonzosa utilización como medio de adoctrinamiento nacionalista. Sus dirección se ha negado reiteradamente a emitir los mensajes navideños del Rey -el último conculcando, incluso, el mandato del Parlamento vasco-, el magazine estrella en euskara comparó no hace mucho al Príncipe con un buitre; en otro programa, un grupo de escolares interpretó una canción en la que decían que estaban «hartos de vivir con los españoles». Ello por no hablar del espacio privilegiado que tienen en sus informativos los portavoces de EH, el escaso interés que muestran por las actividades de grupos pacifistas que luchan contra la violencia o la entrevista con dos etarras encapuchados emitida en 1999.

La dirección de ETB -que, por cierto, tiene al frente de su canal internacional a un ex director de Egin juzgado por apología del terrorismo- puede considerar que todos son detalles sin importancia. Pero, objetivamente, demuestran que la televisión vasca está exclusivamente al servicio de la causa nacionalista que instiga al enfrentamiento con los vascos no nacionalistas amenazados por la violencia.

Extremeños
Por Carlos HERRERA ABC
17 Febrero 2001

Juan Carlos Rodríguez Ibarra está en ese determinado momento vital en el que ya dice lo que cree que debe decir y en el que le importa un pito molestar a los propios y complacer a los contrarios si así es más fiel a aquello a lo que se debe: sus votantes y su conciencia. Menos mal que hay alguno. Así se entiende que lleve algún tiempo señalando las groseras contradicciones que alumbran el ideario de Pascual Maragall y de todos los que forman su Guardia de Korps. Ese ideario nacionalista sin tapujos le está llevando al político catalán a asumir en primera persona la figura antipática del que se cree llamado a proclamar la diferencia, y, en virtud de la diferencia, la ventaja. Así debe entenderse que Maragall y sus imitadores más cercanos, como el tal Montilla, hablen de Badajoz como el que cita un suburbio africano al que se le ha ocurrido, nada menos, ser parada de AVE (al que los catalanes nacionalistas llaman TGV, por no aceptar, supongo, que la Alta Velocidad sea «Española») en su recorrido hacia Lisboa.

¡Ay Señor! Los federalistas asimétricos deberían pensar menos en Roma y conocer mejor Badajoz. Y Cáceres. Y Mérida. Deberían aplicar ese respeto suntuario y pimposo que ellos mismos exigen cuando se habla de sus territorios. Deberían pensar que una tierra castigada largamente por la asimetría tiene derecho a negociar su agua y pedir su tren. Deberían ser más respetuosos con tantos extremeños simétricos que han ayudado a construir la magnífica Cataluña, tocho a tocho, taxi a taxi, y a los que hoy Ibarra ampara por no querer votar a un socialista iluminado que no disimula sus ganas de ser quien inaugure cada año al baile de Palacio. Deberían, en fin, ayudar a su partido a recuperar el poder y no ofrecer tan repetidamente la imagen de «outsiders» que forman un clan de exquisitos con lengua propia que mira al resto con esa misma sonrisilla que ponían los franceses cuando se encontraban, tiempo ha, con españoles. Los extremeños, Maragall, tienen todo el derecho del mundo a defenderse de sus asimetrías de usted.

Un entierro sin cadáver
Por Carlos Semprún Maura 
17 Febrero 2001
 
Como si de un entierro se tratara, en el que los asistentes, camino del cementerio, hablaran de todo, fútbol, casa, vacaciones, líos de faldas, sin decir una palabra sobre el difunto, el problema corso está muy presente en los discursos políticos y en los comentarios periodísticos, pero, camino del cementerio, nadie habla del difunto. Se enfrentan, como es sabido, esencialmente dos concepciones, que pretenden apoyarse en la Historia, con la referencia clásica a la Revolución francesa.

Los jacobinos rechazan toda autonomía para la isla, por ser contraria al principio sacrosanto de la unidad de la Republica. Los girondinos se dividen en dos --todo ello muy toscamente resumido--, los partidarios de la autonomía de Córcega, y por lo tanto de los proyectos del Gobierno en este sentido; y los partidarios de una amplia descentralización, que incluiría a la isla, pero no únicamente, todas las regiones francesas deberían tener mayor autonomía frene al Estado, demasiado centralizado. A veces, los partidarios de la descentralización generalizada, citan como ejemplo las autonomías españolas, y yo me pongo triste, porque, desgraciadamente, son un desastre.

Admitiendo la habilidad y hasta, si se quiere, generosidad del proyecto constitucional, la realidad ha demostrado que vivimos un desastre. Esencialmente, claro, a causa del terrorismo etarra, su inquisición nacionalista, el terror en las calles y las aulas, sus ¡mueras a la inteligencia! Por doquier, pero, incluso si no se puede comparar la gravedad de ambas situaciones, yo me pregunto ¿qué puede tener de ejemplar la guerra lingüística en Cataluña, tal y como se desarrolla?

Pero, camino del cementerio o en los cafés que le rodean, nadie habla del difunto. El Consejo de Estado ha rechazado varios puntos esenciales del proyecto autonómico, por considerarlos anticonstitucionales. Citaré dos ejemplos: no se puede transferir a Córcega el poder legislativo que sólo incumbe a la Asamblea Nacional, y no se puede declarar obligatoria la enseñanza del corso (en realidad un dialecto del dialecto genovés). La única lengua obligatoria es el francés, las demás, bretón, alsaciano, vasco, etc, podrán ser toleradas, ayudadas incluso, nunca obligadas.

El presidente Chirac, apoyándose en estas conclusiones y usando de sus prerrogativas presidenciales, ha excluido del orden del día del Consejo de Ministros del pasado miércoles, la discusión del proyecto gubernamental sobre Córcega. Puntapié en el talón de Aquiles de Jospin, o encantos de la cohabitación, se mire como se mire, las elecciones se avecinan y hay que preparar el terreno. No importa, responde Jospin, soberbio, se discutirá y aprobará en el Parlamento soberano. No es seguro. Incluso si encuentra mayoría, el Consejo Constitucional, que tiene la obligación de declarar conformes a la Constitución, o no, y puede anular los decretos, leyes, reglamentos, votados en el Parlamento, está al acecho, y se rumorea, pero es un rumor a gritos, que es contrario, como el consejo de Estado, y por motivos semejantes, a varios apartados del proyecto gubernamental.

Pero en este caso concreto, en este entierro concreto, si se reflexiona un momento, es lógico que nadie hable del difunto porque el féretro está vacío. Se pretendía enterrar, así lo anunciaban las esquelas, el terrorismo corso, pero los asesinatos entre bandas rivales y los atentados contra el Estado francés prosiguen. ¡No pasa nada, son residuos del pasado, pero vamos por buen camino! Claman Jospin y sus innumerables adictos. Pero el féretro está lleno de dinamita. O de goma tres.

La Plataforma Libertad presentará ante la ONU un informe sobre la violación de derechos en el País Vasco
Vitoria. Agencias ABC 17 Febrero 2001

La 'Plataforma Libertad' presentará ante el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (ONU) un documento en el que se informará sobre la violación de los derechos fundamentales que sufre una parte de la población vasca. Presidida por Vidal de Nicolás, esta Plataforma acoge en su seno integrantes de otros colectivos como Foro El Salvador, Víctimas del Terrorismo, Asociación por la Tolerancia de Cataluña, Movimiento contra la Intolerancia y Foro Ermua. 

El documento incluirá un análisis de la "conculcación permanente" del derecho a la vida y a la libertad que sufren muchos ciudadanos españoles y "especialmente" en el País Vasco. En un texto de seis puntos la Plataforma señala que "cada día se hace más obvio, si cabe, el carácter nazi de ETA, sus portavoces políticos y sus cómplices ideológicos. El proyecto totalitario y genocida que alumbra la práctica criminal de ETA revela la naturaleza de quienes apoyan o no condenan el terrorismo". 

Además, se recuerda que los 24 asesinatos cometidos por ETA desde la ruptura de la "falsa tregua" ponen de manifiesto que la defensa de la vida y de la libertad son las "urgentes y dramáticas" demandas de la sociedad vasca y española que sufren una violencia basada en un
discurso de "soberanismo étnico, racista y xenófobo".

Frente a toda esta situación, la Plataforma subraya que cada vez resulta "más escandalosa la responsabilidad" del Gobierno vasco y del nacionalismo en el deterioro" de las instituciones y los derechos fundamentales de Euskadi por su negativa a "enterrar" definitivamente
el Pacto de Lizarra. 

Por ello, subrayan como "imprescindible" que la sociedad civil informe y denuncie ante los organismos internacionales los "comportamientos contrarios a los derechos humanos". "El mundo debe de enterarse de que aquí se violan los derechos humanos, que resulta imposible vivir en libertad y que la vida está amenazada", concluye el informe

ETB emitió durante 12 segundos la imagen de una pancarta proetarra
El Mundo  17 Febrero 2001

En la retransmisión del Alavés-Inter se vio un cartel con el lema: «El Estado español tortura»

BILBAO.- La televisión pública vasca Euskal Telebista (ETB) mantuvo durante 12 segundos la imagen de una pancarta proetarra durante el partido Alavés-Inter de Milán, celebrado el pasado jueves. Instantes antes del encuentro, las cámaras enfocaron hacia el graderío y durante 12 segundos se vio una pancarta desplegada por la afición vitoriana en la que se leía, en italiano, el Estado español tortura. País Vasco libre.

ETB emitió ayer un comunicado en el que admitió que durante la retransmisión del partido «apareció durante 12 segundos un plano de público de uno de los fondos en el que se veía una pancarta escrita en italiano y de difícil lectura». Sin embargo, la cadena pública vasca matizó: «Fue uno de los aproximadamente 1.000 planos diferentes ofrecidos durante la retransmisión. Se trató, por tanto, de un plano aislado en casi tres horas de emisión».

Para la televisión vasca, «no hubo reiteración ni intencionalidad alguna por parte del realizador y sí, tal vez, por parte de quienes juzgan con tanta visceralidad y desconocimiento del medio este hecho».

El texto se refería así al Partido Popular quien volvió ayer a denunciar la «manipulación política» que percibe en las emisiones de Euskal Telebista. Para el parlamentario popular Carlos Urquijo, la imagen de dicha pancarta supone una prueba de la «reiterada complicidad de Euskal Telebista con el discurso del entorno de ETA».

Por este motivo, Urquijo ha presentado una interpelación parlamentaria a Mari Carmen Garmendia, consejera vasca de Cultura -departamento del que depende EITB- para exigirle «medidas en relación con el realizador de la citada retransmisión».

Retransmisión internacional
Según sostiene el dirigente popular, el realizador del partido en el estadio de Mendizorroza contra el Inter de Milán aprovechó que la señal de la retransmisión en directo fue cedida a Italia y «se recreó durante más de 10 segundos, lo que es una eternidad en televisión, en mostrar una pancarta que acusaba al Estado español de torturador y en la que se pedía la libertad de Euskal Herria». Urquijo concluyó que «los responsables de ETB no podían perder la oportunidad de convertirse en mensajeros de los proetarras con el público italiano».

La dirección de ETB denunció las «maniobras» de Urquijo y su «manipulación constante de la realidad para arremeter contra la televisión pública vasca».

El comunicado de la televisión pública vasca aseguró que la denuncia del PP supone «sacar el hecho de contexto» y afirmó que «pensar que un realizador puede leer lo que aparece en una de cientos de pancartas que hay en el graderío es desconocer absolutamente su trabajo». También hizo referencia a «la profusión de pancartas, distintivos y banderas de todo tipo» habitual en cualquier encuentro de fútbol.

No obstante, el parlamentario del PP consideró «una auténtica vergüenza» que ETB haga «de portavoz de HB en su agresión permanente al Estado de Derecho».

No es la primera vez que una emisión de la televisión pública vasca genera controversia. Entre las actuaciones más polémicas figuran dos denuncias en relación con el tratamiento de ETB hacia la Casa Real. El PP denunció en noviembre que la televisión vasca comparó al Príncipe Felipe con un buitre en un magazine. La dirección de ETB pidió entonces disculpas a la Casa Real.

Un mes más tarde, la decisión de la dirección de la cadena vasca de no emitir el mensaje navideño del Rey la pasada Nochebuena provocó airadas críticas en las filas de PP y PSE, que apelaron a un acuerdo parlamentario que exigía lo contrario. El director general del ente EITB, Andoni Ortuzar, alegó que la programación es competencia del Consejo de Administración de ETB.

UN SUMANDO MENOS
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 17 Febrero 2001 

El portavoz de la Conferencia Episcopal ha vuelto a decirlo: la Iglesia española no firmará el pacto contra ETA. Los motivos de una negativa que, con razón, ha de resultarle tan amarga a millones de católicos, serían aceptables si fueran comprensibles. Pero por desgracia no lo son. Argumentan los obispos contra el carácter político del pacto. Y argumentan afirmando: «No somos un sumando más».

¿Es un documento político el pacto contra ETA? Sin ningún género de dudas. ¿Qué otra cosa podría ser? ¿Un pacto químico? ¿Un pacto metafísico? No, el pacto contra ETA es lo único que un pacto de tal naturaleza puede ser: un pacto político, en el más noble de los sentidos del término político: el de la política como acción destinada a alcanzar el bien común, como instrumento indispensable de gobierno de los intereses generales.

Es cierto, claro, que cabe perseguir tales intereses desde ópticas diversas. Y es cierto, también, por eso mismo, que cabe discrepar, ¡sólo faltaría!, del acuerdo contra ETA, pese a que el mismo haya sido rubricado por quienes representan a la inmensa mayoría de la opinión pública española. Ahora bien, dada la importancia trascendental de los intereses implicados en el pacto -la vida, seguridad y libertad de muchos cientos de miles de personas- el que discrepa ha de aclarar a esa misma opinión pública cuales son sus diferencias con un consenso tan amplio como trabajosamente conseguido. Porque no quiere, o porque no puede, la Iglesia no lo ha hecho. Para zozobra de sus fieles y ventaja de quienes la acusan de tibieza ante el más grave reto moral que cabe imaginar: el de optar entre los verdugos y sus víctimas.

Por lo demás, la Iglesia tiene toda la razón cuando afirma convencida no ser «un sumando más» en nuestra sociedad. No lo es: ¡Qué duda cabe! La Iglesia no es un partido, ni es un sindicato, ni una organización profesional, aunque tenga algo en común con todos ellos. No: la Iglesia católica española, pese a estar hoy lejos de sus pasados esplendores, es un cuerpo colectivo que goza de una autoridad por su propia naturaleza incomparable a la de quienes no osan siquiera pretender representar a todo el mundo. Porque la Iglesia lo ha pretendido desde los orígenes del tiempo, es por lo que su voz debería hoy estar donde está la de los que sufren el horror. Por no ser un sumando más la Iglesia ha aceptado, tristemente, algo peor: ser un sumando menos. Solamente.

El emérito
MARTIN PRIETO El Mundo  17 Febrero 2001

Algunos ingenuos estimamos en su día que una doble gestión diplomática ante la Santa Sede y la Conferencia Episcopal Española había jubilado a Monseñor Setién de su diócesis donostiarra, elevándole a la condición, que se esperaba silenciosa, de obispo emérito de San Sebastián.

Para nada. Setién vuelve a aparecer en los medios de comunicación anunciando que aunque la Conferencia de los obispos suscribiera el pacto antiterrorista PP-PSOE, la Iglesia vasca no lo secundaría. Como un hecho consumado; como una amenaza meliflua. No creo que los obispos tengan que firmar tal pacto, demasiado coyuntural para 2.000 años de Historia cristiana, aunque la Iglesia haya bendecido sin escrúpulos hasta los cañones fascistas que venían a reventar republicanos españoles.

Pero estoy de acuerdo con su excusa no solicitada de que su firma colectiva añadiría un sumando no homologable, porque todos podemos entender que la sociedad de los obispos va mal del brazo de la patronal o los sindicatos, aunque haría muy bien de palio de las víctimas del terrorismo, tantas veces errando de parroquia en parroquia en busca de un cura que oficie una misa funeral por el asesinado sin necesidad de mentar el sufrimiento de los etarras presos. Reconocen los prelados que nadie les ha pedido firmar nada, y guardando silencio como hasta ahora habrían dado satisfacción a sus precauciones, pero han tenido que dar explicaciones superfluas ante la aparición televisiva del emérito advirtiendo su veto y el de otros a una hipotética adhesión episcopal al pacto bipartidista. Un etarra se recluyó en un monasterio francés donde rumia como hermano lego sus pecados contra el quinto mandamiento; y Txelis ha sido excluido de la banda tras caer en una accésit mística. Hasta de sanguinarios etarras se puede esperar una caída del caballo en su camino hacia Damasco, pero no del pertinaz que socorre desde su jubileo a este PNV expulsado de su internacional, porque no se entiende que los democratacristianos pacten con terroristas marxistas-leninistas. Por más que no firmen ni la compensación económica que reciben del Estado, nuestros obispos habrán de reconocer que han criado teólogos en Euskadi para nutrir la radicalidad del PNV y que buena parte de la Iglesia vasca, incluido monseñor Uriarte, aspiran a elevarse sobre la equidistancia entre muertos y matadores, alimentando el bulo del problema político vasco sólo resoluble dialogando sobre el calendario de la independencia y el censo étnico de los vascos de buena añada. Pío XII no fue un vil pero su silencio ante un Holocausto que conocía empañó su papado y su alma. Los obispos tienen un problema espeso con la feligresía vasca y cualquier cristiano de bien; porque para cristianos de mal hete ahí a los eméritos de quienes ya ni se sabe si creen en Dios.

LAVARSE LAS MANOS ANTE ETA
FEDERICO ABASCAL La Voz 17 Febrero 2001

El mismo día en que la Universidad española, vasca incluida, se pronunciaba unánimemente contra ETA y a favor de la libertad, nuestros obispos preferían mantenerse por encima de los afanes políticos. En esta ocasión, nuestro Episcopado ha debido sentirse dividido, y su cúpula habría optado por evitar una imagen pública de división, manteniéndose al margen de un asunto de entidad política. Pero es difícil no preguntarse qué actitud es más política, si la de firmar un pacto contra ETA o la de no firmarlo.

La feligresía católica está habituada a tomas de posición eclesiales sobre asuntos escasamente relacionados con el ámbito estricto de la fe, lo que le haría más difícil de comprender ahora la actitud evasiva de la Conferencia Episcopal ante el fenómeno terrorista. Tienen los obispos sus razones, pues nunca se han quedado sin ninguna, y la advertencia de monseñor Setién sobre la postura de los purpurados vascos, que no se unirían a la firma del pacto si lo suscribiera el resto de la jerarquía eclesial, ha pesado sin duda en este lavatorio de manos.

Ha perdido ETA la batalla de los intelectuales, vascos incluidos, con toda la Universidad contra ella; la batalla social excepto en la burbuja filoetarra -un colectivo de doscientas mil personas puede vivir en su propia burbuja-, y no acaba de perder la del nacionalismo democrático, desde el que sigue disfrutando la banda terrorista de una cierta benevolencia, más o menos minoritaria. Y lo que sería peor, no ha perdido aún la batalla de la Iglesia, dada la equidistancia ante el problema de prelados apasionadamente nacionalistas, de quienes sería paradigma monseñor Setién, a quien la Ley de Dios no obligaría a amar por igual a todos sus hijos en la fe, según sus propias palabras.

En un país sobre el que la Iglesia católica ha ejercido a lo largo de los siglos un ostensible predominio, y por muy definida que se vea en la Constitución vigente la separación entre la Iglesia y el Estado, la actitud eclesial, por acción u omisión, sigue gozando de influencia, especialmente en territorios y sectores sociales en los que el arraigo religioso es evidente, como en el País Vasco, desde cuyas sacristías se ha hecho desde el carlismo mucha política. Lo cual facilita la pregunta de si ETA podría sobrevivir a una postura contra ella de todo el clero vasco, siempre que las altas jerarquías marcaran la pauta. La pregunta es dura y, en cierto modo, sobrecoge.

La política de la iglesia
Editorial La Razón 17 Febrero 2001

La negativa de la Conferencia Episcopal española, reunida en Comisión Permanente, a firmar el pacto contra Eta ha colmado las mayores esperanzas de los terroristas y sus amigos, y del PNV que gobierna gracias al voto de éstos. No ha faltado, y era lógico, el reconocimiento de los nacionalistas a la postura de la jerarquía de la Iglesia en España. Pero tampoco se ha hecho esperar la indignación de los ciudadanos ante la postura del episcopado.

    Tienen los obispos buenas razones para negarse a suscribir el documento, basadas en la separación entre religión y vida política. Ni aunque estuviesen de acuerdo hasta con la última coma, la Iglesia llegaría a firmar. Y esto es algo que sabía perfectamente el activo jubilado monseñor Setién, cuando lanzó, públicamente, su amenaza a la Conferencia Episcopal advirtiendo que los obispos vascos no estarían con ella.

    Con todo, lo malo no ha sido el rechazo a la firma, sino el silencio de la Conferencia ante actitudes como la de Setién, su equidistancia y el menosprecio que supone para las víctimas su falta de compromiso activo con la sociedad. Los obispos, con gratificantes excepciones como la de monseñor Estepa, se han mostrado a todas luces incapaces de sintonizar con su Iglesia. Bastaba mostrar una posición decidida y firme en contra de quienes apoyan o guardan silencio ante el terror, y aclarar de una vez por todas si es lícito para la Conferencia Episcopal la actuación de buena parte del clero vasco, que oficia magnos funerales por asesinos y se niega a rezar en sus templos en recuerdo de las víctimas porque, ya se sabe, un funeral por alguien asesinado a tiros es un acto político, siempre y cuando la víctima sea un demócrata como Gregorio Ordóñez y no un etarra muerto por su propia bomba.

    Habría sido suficiente con seguir el ejemplo de la Universidad, que se negó a firmar un acuerdo con los partidos políticos pero ha dejado en cambio meridianamente claro que están con la libertad y contra el terror. Por el contrario, la Conferencia opta por no agitar las aguas y prefiere ignorar comportamientos que atentan claramente contra la propia Iglesia y escandalizan a sus fieles.

    El pacto no es, por lo tanto, el verdadero problema. En el fondo del asunto se encuentran razones tan viejas como la de mantener la unidad en la jerarquía eclesiástica y el ejercicio de una estrategia basada en el pragmatismo más absoluto, orientada a mantener su posición predominante en la sociedad. Y esto sí que es política, pura y simple, que nada tiene que ver con el mensaje evangélico ni con la palabras del Papa Juan Pablo II, tan inequívocas, contra los que asesinan y a favor de los asesinados. Afortunadamente hay en la Iglesia voces discrepantes y valerosas que no temen convertirse en objetivo de los asesinos por no equiparar justos y pecadores.

El tamaño de la ausencia
JUAN CRUZ El País 17 Febrero 2001

Unos días antes de ser asesinado por ETA en su despacho de la Universidad Autónoma de Madrid, el catedrático Francisco Tomás y Valiente se expresaba con sorpresa, modestia y melancolía democrática sobre los ataques furibundos que recibía su persona desde las trincheras de los que entonces aspiraban no sólo al poder, sino a todo el poder.

Él era un hombre verdaderamente humilde y, por lo tanto, no pensaba que fuera él mismo el objeto principal de aquella ceremonia que le apuntaba desde órganos impresos muy concretos como aval espurio de la etapa socialista que estaba terminando. Aquel clima es inolvidable: partió a este país en dos, al menos desde 1993; Tomás y Valiente afrontaba ese hecho como uno de los grandes fracasos de la democracia, quiso imponer la cordura de su razonamiento frente al fundamentalismo y reclamó respeto para las personas, las instituciones y los partidos, y quiso limitar, con sus palabras, el desatino de los que insultaban para ganar y para sobresalir.

De eso hace ya bastante tiempo, pero los efectos sociales, culturales y políticos de aquella escandalera están a la vista de todos en un país en el que la discusión colectiva ha perdido peso moral, la cultura se dirime entre chismes, premios y castigos y la política es un chalaneo entre administrados temerosos y administradores únicos. Claro, frente a esa miseria que se advierte como una especie de bola viscosa que procede de las nieves sucias de antaño, de las viejas, monstruosas, montañas nevadas, se alzan precisamente ejemplos como el que supuso para la España de aquellos años ruidosos Francisco Tomás y Valiente. El profesor no era sólo un teórico del Derecho, un ciudadano entre libros, y claro que por eso lo mataron los asesinos de ETA hizo el 14 de febrero cinco años; era un maestro, como recordaba Antonio Muñoz Molina en su homenaje, 'imprescindible en un país donde ni las leyes ni el Estado tienen mucho prestigio y donde la pillería con frecuencia recibe más aprecio que la rectitud'. Justo eso fue lo que pasó: los pillos le persiguieron, denigraron su figura moral para hacerla inservible, con el objeto penúltimo de decretar su desprestigio civil y, finalmente, de hacer desaparecer sus opiniones en un territorio que querían armónico y, unánime, olvidadizo.

No fue el único que recibió ese trato, claro, fue un clima muy bien diseñado, se fabricaba por tierra, mar y aire, tenía sus cómplices mediáticos muy bien pertrechados, aún están hoy ahí, felices de haber conspirado, disfrutando de su amarga victoria; pero él provenía de instancias muy importantes del Estado, estaba a orillas del Estado, y entonces no importaban nada estos hombres de Estado, había que irles quitando aliento para abrir el camino que siguió, había que hacerlos inservibles.

Por eso hoy es tan necesario, porque aquello es inolvidable, sigue teniendo efectos, y él mismo, su ejemplo, resulta imprescindible; y por eso se juntaron el 14 de febrero en Fuenlabrada juristas como Peces-Barba o Cruz Villalón; escritores como Muñoz Molina o Cebrián; políticos como Felipe González o Ruiz Gallardón; y el propio hijo del catedrático asesinado, el periodista Francisco Tomás y Valiente. Fue un acto al que la periodista Concha García Campoy dio el tono de un sobrio homenaje universitario y en el que se percibió el clima de reivindicación democrática que ahora parece otra vez reclamar aulas atestadas de públicos perplejos por la ausencia de compromiso en una sociedad cansada. Había gente de todas partes, no había en el público ni famosos ni buscadores de fotos, y se respiraba allí, en medio de un silencio denso, repleto de memoria, el tamaño enorme de la ausencia. Felipe González, que habló con la rabia interior que sin duda le proviene también de aquellos años, dijo algo tremendo: la palabra no mata, pero hay palabras que van diciendo 'apunten, fuego'; los ataques que recibió en vida Tomás y Valiente sólo cesaron, recordó González, cuando murió el profesor. Aquel que recibió Tomás y Valiente fue un ataque devastador, fue víctima de 'una infame cacería' por parte de 'mercenarios de la pluma' que persiguieron su muerte civil.

Ruiz Gallardón recordó, en su intervención, algo que el hijo de Tomás y Valiente dijo al final de la manifestación que marcó el homenaje póstumo que Madrid le rindió a su padre: 'Somos más y somos mejores'. Que esa multitud no pierda la memoria.

Obispos y fariseos
José Antonio VERA La Razón  17 Febrero 2001

No te extrañe nada que algunos blasfemen y otros renieguen. Porque son ellos mismos, algunos curas y algunos obispos vascos, los que dan el ejemplo que no se debe dar y dicen lo que no se debe decir. Luego lloran y se quejan del avance del materialismo y de otras cosas peores. Qué pretenden, si con sus prédicas erróneas y homilías equivocadas encienden la duda en quien nunca tuvo duda y siembran la perplejidad entre los que siempre demostraron generosidad y entrega.

    Manda narices. Ahora viene monseñor Asenjo y te cuenta el cuento de que la Iglesia no está para hacer política y que de ninguna manera van a firmar el pacto contra Eta. Está bien que se sumen los partidos, los sindicatos, los jueces, los periodistas y otros colectivos. Pero no la Iglesia, pues eso sería significarse demasiado en un conflicto en el que no hay que significarse, sino más bien al contrario: hay que estar al margen, en medio de los dos bandos, practicar la neutralidad, ejercer la equidistancia y no decantarse nunca ni por unos ni por otros.

    Algo que sería razonable, sin duda, si estuviéramos hablando de un conflicto entre iguales, con víctimas a partes iguales, con iguales asesinatos e iguales circunstancias. No debería la Iglesia, en un caso de ese tipo, desequilibrar la balanza y ponerse al lado de unos y en contra de los otros. El problema es que no es este el caso que nos trae. Porque en este conflicto nuestro, que sepamos, siempre son los mismos los que pegan los tiros y siempre los mismos muertos. Unos van con pistolas y otros llevan escoltas. Unos persiguen y otros son perseguidos. Unos ponen sus casas y otros se las queman
.
    Este es el escenario que lleva a algunos curas a concluir que se trata de un conflicto con bandos enfrentados y que por eso ellos no pueden tomar partido. Es la vieja teoría de Setién, compartida por Uriarte y otros egregios representantes del clero vascongado, levantada en el nombre de la santa equidistancia y la santa neutralidad y la santa hipocresía. Es igual el que mata que el que es matado y, por tanto, a los dos debemos respetar. Es igual el que empuña la pistola que el que recibe el tiro. Es igual el terrorista que su víctima, pues ambas son criaturas de Dios a las que hay que atender y socorrer.

    Y estamos de acuerdo, señores prelados, en que también hay que socorrer al asesino, dado que tiene la misma necesidad de Dios que su víctima. Pero habrá que convenir en que no se puede atentar contra el quinto mandamiento, y que lo lógico y normal sería que la Iglesia condenara a los que así proceden e incluso que fuera beligerante con sus actos.

    No lo ve así Setién ni, por lo que se ve, los tres clérigos que se negaron recientemente a oficiar una misa por el asesinado Gregorio Ordóñez. Al fin y al cabo, le habían matado de un tiro a bocajarro los del otro bando, y no es bueno que dé la sensación de que la Iglesia está en contra de aquel bando y de aquel asesinato. Como tampoco es bueno que la Iglesia tome partido firmando un pacto en el que se condena el terrorismo. Es un error, dice Setién. Es verdad, asienten los demás. No hay que meterse en este lío, pues nadie les ha llamado y menudo engorro tenerse que poner ahora a condenar a los que matan y a defender a los que son asesinados.

    Estamos de acuerdo. No es un problema fácil. El problema, precisamente, es que no es un problema fácil y que es en este tipo de situaciones cuando hay que dar la cara y no huir y esconderse debajo de los hábitos. Y es que hay algunos que tienen menos vergûenza de lo que parece. Porque, veamos: ustedes, primero, no son neutrales. Con su actitud están beneficiando a los que ponen las bombas y empuñan las pistolas. Ustedes, segundo, no dicen la verdad. Porque esto no es un conflicto entre iguales. Ustedes, tercero, no dan ejemplo. Porque nunca se puede justificar un crimen o un atentado. No se puede decir, por favor, como dijo algún obispo vasco otrora, que para dialogar no es imprescindible que dejen de matar. O sea. Que uno va a dialogar y el otro te pega un tiro. Eso no está mal. Es asumible. Es razonable. Es comprensible. Como también hay que comprender que se oficien funerales por los etarras-muertos-por-sus-propias-bombas y que se rechace hacerlo por el alma de quien fue asesinado. Es normal, pues no se debe desequilibrar la balanza ni permitir que nadie te diga que estás tomando partido por ese policía represor al que han matado porque-seguro-que-algo-había-hecho.

    Tengo que reconocer, con auténtico estupor, que no entiendo nada de lo que dicen algunos curas y algunos obispos vascos. Como no entiendo a los que les defienden y justifican en el resto de España. Porque hay actitudes y gestos que no se pueden entender. Lo único que sí entiendo, perdona, es que mientras que cientos de vascos necesitan llevar escolta, por estar amenazados, Setién no lo necesita. Por algo será. Eso sí, menos mal que entre sus compañeros de curia no todos piensan igual ni actúan de la misma forma. Monseñor Estepa es un ejemplo. El padre Beristain, otro. Ambos reconocen que «la Iglesia vasca debe pedir perdón». El problema es que hay muchos que no sólo no piden perdón, sino que insisten en sus posiciones equidistantes. El problema es que, además, son muchos los que prefieren guardar silencio, mirar para otro lado y lavarse las manos como Pilatos. Lo ha dicho con toda claridad en «Deia» la señorita Pilar-urbano: contra el terrorismo no se debe militar. El problema, si me apuras, es que amén de ciertos obispos sospechosamente neutrales, hay también mucho fariseo entre los seglares. Muchos que callan y otros que les defienden o amparan o justifican. Muchos que nada dicen en público aunque les critican en privado. Y también estos últimos son responsables. Tanto o más que los primeros.

Una veintena de jóvenes ocupan la sede de EL CORREO en Barakaldo
BARAKALDO EL CORREO 17 Febrero 2001

Alrededor de una veintena de jóvenes protagonizaron en la tarde de ayer un acto, que calificaron de «ocupación pacífica», en la delegación de margen izquierda que EL CORREO tiene en el centro de Barakaldo. Los jóvenes, que portaban una pancarta en la que podía leerse ‘El Correo, faxistak’ e ‘Independentzia’, manifestaron a los empleados que se encontraban en el interior de la delegación que pretendían protestar contra la línea editorial del diario y lo que denominaron «su información manipuladora».

La toma de la sede del periódico -la tercera protesta radical que se produce en la oficina de Barakaldo- se inició poco antes de las ocho de la tarde y se prolongó durante diez minutos. Una vez finalizada su acción, que concluyó sin incidentes, los jóvenes profirieron desde la calle gritos y consignas contra EL CORREO.

Situación demencial
Editorial El Correo 17 Febrero 2001

El bochornoso espectáculo con que los parlamentarios vascos escenificaron ayer el pleno semanal de la Cámara de Vitoria no refleja únicamente un comportamiento visceral y deplorable por parte de personas que se ven superadas por las circunstancias extremas en que se mueve la política vasca. Demuestra, sobre todo, que esta legislatura que el lehendakari Ibarretxe se obstina en prolongar es, desde hace mucho tiempo, incapaz de suscitar otra expectativa que el deterioro progresivo del crédito de las instituciones autonómicas. Y demuestra, además, que la clase política vasca padece una fractura de muy difícil sutura: la fractura entre quienes se saben objetivo del terror a causa de sus ideas y de su función pública frente a aquellos que no terminan de exteriorizar ni siquiera la solidaridad que precisan los primeros.

Bajo el nada democrático argumento de que un adelanto electoral no solucionaría los problemas, el lehendakari y quienes le secundan en sus decisiones están mostrándose incapaces de ver hasta qué punto su cerrazón entraña una merma constante de la legitimidad democrática e institucional. Nadie sabe qué puede dar de sí una convocatoria electoral inmediata. Incluso podrá ser discutible la distribución de culpas entre quienes ayer -al igual que cualquier otro día-participaron en la reyerta parlamentaria. Pero lo que parece a todas luces indudable es el resultado final de un estado de cosas demencial. El crédito del Parlamento como órgano central de la democracia representativa en Euskadi está cayendo en picado; la seguridad que debe aportar la Ertzaintza a la ciudadanía vasca es objeto de una polémica constante, y está sujeta a más que razonables sospechas respecto al proceder de sus gestores; cada comparecencia pública por parte de los líderes políticos no logra despertar siquiera el entusiasmo unánime de sus entornos más próximos.

El panorama se deteriora por momentos y sólo la ceguera dogmática de los actuales gobernantes puede ver algo positivo en la perpetuación de tan disparatada situación. Situación que únicamente satisface al afán rupturista de aquellos que han puesto todo su empeño en suplantar la autonomía y la democracia por su quimera particular, opresiva para con la libertad y la voluntad expresa de los vascos. De ahí que resulte significativo ver cómo quienes dicen aspirar a ir más allá de la autonomía se muestran indiferentes ante la evidencia de que semejante estado de cosas debilita a la propia autonomía. Por eso mismo, surge una preocupación ineludible: la angustia de imaginarse que al final de esta etapa a las propias instituciones vascas no les quedará el crédito suficiente como para dar lugar a un nuevo tiempo; la imposibilidad de soñar en un diálogo democrático que tenga como protagonistas a líderes políticos que han pasado de la confrontación a la inquina personal.

Rectores
Faustino F. ÁLVAREZ La Razón 17 Febrero 2001  

Decenas de rectores apoyan a los universitarios vascos, se ponen de su lado en contra de la amenaza terrorista. La Universidad española, como la justicia, no es el escaparate del buen hacer, ambas instituciones están lastradas de ineficacias y corporativismos, resulta difícil separar la paja del trigo, y al lado de jueces o catedráticos de reconocida rectitud viven y conviven personas que han convertido la difícil oposición en un seguro de vida. Quizá ahí esté la raíz del mal: oposición, plaza en propiedad y, después, escasos controles -muchas veces nulos controles- de la actividad en la docencia o en la sentencia.

El País Vasco, tan singular en sus perfiles por la presencia etarra y por la tibieza o el miedo de una parte de sus habitantes, desencadena situaciones que, llevadas al límite, son el paradigma de las contradicciones. La Universidad, aún por encima de su función educativa y de su autonomía cultural, es, sobre todo, una referencia. A cada aula magna le pondría un lema, algo así como «aquí se puede dudar». Porque no son las certezas ni los principios inflexibles los que ayudan al hombre a ser humano, sino la capacidad para cuestionar, desde lo más hondo, todo aquello que es dogma, que ayer fue rumor, y que mañana puede ser un puro error. ¿Y pasado mañana? Dios dirá. Está muy bien que los universitarios españoles se pongan del mismo lado que sus compañeros vascos porque, al final, soportados todos los análisis y de regreso de todas las cribas, sólo quedará en pie la actitud de quien busca la verdad en los cromosomas, en los endecasílabos o en los códigos jurídicos. Nos encontramos en un tiempo difícil, si bien ninguno de los registrados por la historia han sido fáciles, pero es necesario muy especialmente, aquí y ahora, sentar unas bases en las que el terrorista y el amenazado (la posible víctima que somos todos) estén diferenciados. 

Nos consuelan muy circunstancialmente, más bien como episodios emotivos, espíritus tan saludables como el de Ermua o el de Sevilla, que nacen como reacción instintiva e inmediata a la vileza. Pero de poco nos sirve sentir a borbotones, sin un hilo argumental de cierta coherencia; y en ese asunto, la Universidad española tiene un papel muy influyente. No se trata de deificar unos saberes ni de mitificar a unos docentes, versados en genomas o en Berceo, sino de saber que una etapa básica del desarrollo de la personalidad y de la razón (cuya patria, insisto, es la duda) también está comprometida a favor de la convivencia y contra los malhechores. No se admiten corporativismos de elite o de exclusividad: también el mandato colectivo de los pastores o de los albañiles tiene gran importancia. Pero no hay que olvidar que, en el País Vasco, la Universidad -y su universalidad- es amenazada por los intolerantes. Los rectores que dan la cara, sin capucha, tienen mucho mérito. Al menos, cumplen el mandato de que la inteligencia no se convierta en una fiera encerrada en laberintos interiores. Quiero leer en los periódicos que la Reina Doña Sofía está en El Salvador, que los rectores están en el País Vasco, y que muchas dudas son fortaleza.

Identidad vasca y diálogo
JOSEBA ARREGI El Correo 17 Febrero 2001 

La identidad pertenece a esa clase de fenómenos humanos y sociales cuya conciencia adquirimos cuando están en peligro. Sabemos que gozamos de buena salud mientras no estamos enfermos. Mientras no tengamos que hacer lo que los sociólogos llaman una experiencia contrafáctica, mientras nadie nos cuestione, no nos preguntamos quiénes somos. Vivimos sabiéndonos nosotros mismos, y eso basta. Es cuando algo nos cuestiona, cuando las coordenadas que definen nuestro sentido de realidad son puestas en duda, cuando empezamos a preguntarnos por nuestra identidad.

En el transcurso de una Edad Media en disolución, a través del Renacimiento, hacia la Ilustración y la cultura moderna, las personas, los habitantes de Europa son sacados de sus marcos habituales, tal y como éstos estaban definidos por la religión, la sociedad con sus costumbres, sus instituciones y su organización del poder, y por su relación comprensiva con la naturaleza. Las personas estaban cobijadas en lo que a la Ilustración y sus pensadores se les antojarían unas cárceles inaceptables.

La ruptura con la tradición que supone la Ilustración y la modernidad pone en duda la identidad que de sí mismos tenían los habitantes de Europa. La transición a la modernidad es un momento de gran inseguridad, que incluso afecta a la filosofía -Descartes se pregunta cómo se puede asegurar la verdad de lo que conocemos-. Las personas necesitan nuevos anclajes. Y en ese contexto de inseguridad la identificación con el Estado nacional se presenta como una alternativa de una gran eficacia para superar las dudas acerca de la identidad de los individuos: ésta, la identidad, depende del grado de identificación con el Estado nacional. La identificación con el grupo constituido en Estado nacional es la respuesta a las dudas planteadas por la transición de la Edad Media a la modernidad.

Por esta razón dice Habermas que el nacionalismo, el sentimiento nacional, fue la ayuda sicosocial, el magma necesario para superar los problemas de transición de la lealtad concreta al señor feudal o al rey feudal hacia la lealtad abstracta a las leyes que constituyen la república. Lo que sucedió es que lo que debía ser ayuda transitoria, en opinión de Habermas, se consolidó como una fuerza tremenda nada transitoria y capaz de lo positivo de una integración social muy fuerte, y de lo negativo de la tiranía hacia el interior y de su fuerza destructiva hacia el exterior, manifestado en las guerras europeas.

Esta transición a la que me refiero para comprender la fuerza que la cuestión de la identidad ha adquirido en la modernidad no se ha producido al mismo tiempo en todas las sociedades, ni ha seguido los mismos cauces, ni se ha desarrollado con el mismo ritmo. Todos los procesos históricos tienen su momento, y pueden producir efectos nefastos cuando se producen fuera de tiempo.

Centrándonos en casa se puede afirmar que volvemos a andar preocupados con la identidad vasca, a la cual algunos ven en peligro si se producen determinados resultados electorales. Para entender el alcance de esta preocupación y captar su contenido es necesario analizar el contexto en el que se produce.

En esa preocupación está presente, por una parte, la convicción de que el Estatuto y su proceso de institucionalización de la sociedad vasca no han funcionado como lo que esperaba el nacionalismo vasco de ellos, como máquina de producción de proto o paranacionalistas. En segundo lugar, tampoco ha funcionado la apuesta por alcanzar la hegemonía nacionalista en la definición de la sociedad vasca (Emilio López Adán, Beltza, en Argia, 28 de marzo de 1999) por medio de la tregua de ETA y de la unidad nacionalista.

La preocupación por la identidad vasca pretende, por esas dos razones y en tercer lugar, la reagrupación de una mayoría social en defensa de la identidad vasca, defensa que se identifica, en cuarto lugar, con la defensa del nacionalismo y del euskera, afirmando que tanto el nacionalismo como el euskera están sometidos a una persecución feroz por parte de quienes niegan la identidad vasca.

Esta forma de plantear la defensa de la identidad vasca no está exenta de problemas. Algunos creemos, quizá ingenuamente, que la parte euskaldun de nuestra identidad no depende de AEK, ni de la defensa de AEK y de su trayectoria, al igual que tampoco creemos que la distribuidora Zabaltzen sea parte de nuestra identidad euskaldun, de nuestra identidad vasca.

Pero el problema fundamental de la defensa de la identidad vasca que se plantea y a la que me refiero radica en que, por mucho que se pretenda, es incompatible con el uso simultáneo de la exigencia del diálogo. Si algo significa este término es todo lo contrario a la tautología identitaria. Diálogo significa relación, significa insuficiencia estructural propia, incapacidad de autodefinición. Diálogo, en profundidad, no es fruto de la generosidad, de la benevolencia o del paternalismo. Es consecuencia de la limitación estructural del ser humano individual o colectivo. Diálogo es la negación del significado profundo del término soberanía.

Diálogo aplicado a la identidad significa la imposibilidad de definirme yo a mí mismo en autorreferencia, sea de forma individual o colectiva. Incluso cuando se plantea hoy la política del reconocimiento, este reconocimiento sólo es posible desde la asunción de otro significante para mí mismo y para la definición de mi identidad. Diálogo aplicado a la identidad vasca y a su defensa es todo lo contrario al intento de reducción de la identidad vasca a nacionalismo y a una determinada manera de concebir la defensa y la promoción del euskera y de la cultura vasca.

Identificar la identidad vasca con una forma concreta de promoción del euskera y de plantear la cultura vasca desde una perspectiva empresarial, igualar identidad vasca y nacionalismo, y una determinada forma de entender nacionalismo y determinadas apuestas del nacionalismo, implica negar diálogo -sobre el tema fundamental, la manera de entender la sociedad vasca, la misma identidad vasca-, y optar por una concepción tautológica y autista de la identidad. Y la consecuencia de esta opción es tener que apostar por una definición hegemónica y monista, no plural, de la sociedad vasca.

Por suerte la sociedad vasca no se deja reducir al trinomio español-identidad vasca/nacionalismo-violencia. La realidad social vasca es más compleja, más matizada, más rica, más tensa, más plural, y la identidad vasca es la suma de identidades plurales en sí mismas, de identidades que, tomando en serio lo que significa el diálogo, se constituyen a sí mismas a través del diálogo de sus distintos elementos constitutivos, y no desde la exclusividad de alguno de ellos. Lo vasco es algo deslizante que se mueve de unas definiciones a otras, sin dejarse clavar exclusivamente en ninguna de ellas.

Pero a algunos les resulta tremendamente difícil asumir esta complejidad, el significado serio y profundo del diálogo, les resulta difícil reconocer la riqueza y pluralidad de la realidad vasca y la tienen que forzar a esquemas simples y no dialógicos. Pero estos corsés conceptuales lo único que consiguen es retrasar el desarrollo de las potencialidades de futuro que contiene la tensa y creativa realidad social vasca.

La iglesia se mete en política
Lorenzo CONTRERAS La Razón  17 Febrero 2001 

Prohibido extrañarse. Admitido escandalizarse. Son dos actitudes complementarias después de la negativa de la Conferencia Episcopal a suscribir el Pacto Antiterrorista o pacto contra Eta firmado por el PP y el PSOE bajo el epígrafe «Acuerdo por las libertades y contra el terrorismo» del 8 de diciembre de 2000.

    Si un día después del llamado «Pacto de la Purísima» la jerarquía de la Iglesia española ya guardó silencio sobre su oportunidad y contenido, cualquier observador podía prever que no se comprometería con ese texto. Los obispos corporativamente aducen que el pacto es político. Y, en efecto, lo es. Pero lo político no excluye lo humanitario ni la vigencia de lo religioso. Está en juego -tantas veces se ha dicho- el quinto mandamiento de la Ley de Dios y, por tanto, su observancia. Hay unas prioridades que respetar. ¿O no?

    Dicho lo cual piden turno las verdades eternas de la Tierra. Más peso que la palabra divina adquiere según esta otra lógica la palabra de monseñor Setién, por ejemplo, cuando como un «deus ex machina» desciende sobre la Iglesia vasca -también sobre la española- y planta su báculo de Emérito en medio del debate que ha tardado sesenta y nueve días en sustanciarse.

    En este intervalo ha sonado la voz individual de monseñor Estepa, obispo «progre» según viejas acuñaciones más o menos fundadas, y dice que los obispos vascos tienen miedo, que los prelados en general han mantenido un silencio culpable y que -copio un texto periodístico- «la actual Conferencia Episcopal ya no arropa a Setién». No lo arropa, pero lo escucha.

    La Iglesia española, en definitiva, no quiere saber nada porque el pacto es «político» y ella, como Franco, no se mete en política. Pero monseñor Estepa, que ha sido vicario general castrense o capellán en jefe de las Fuerzas Armadas, se descolgó hace quince días con esta observación de eclesiástico disconforme: «¿Y cuando sacamos notas para iluminar las conciencias de los ciudadanos antes de las elecciones, no estamos haciendo política? Todo es política».

    Tan es así que la Conferencia Episcopal, inducida por la Iglesia vasca «made in Setién», no firma el Pacto anti-Eta porque el PNV se ha quedado fuera de él. Esta es una de las madres del cordero. Otra puede ser -vale la pena creerlo así- la conveniencia de «reservarse» por si algún día tiene que mediar en una «negociación».

    Ese es probablemente el sentido de la omisión de firma. No condenar ahora ni desautorizar a los que mañana podemos sentar a la mesa. Ya lo hizo monseñor Uriarte y parece que le tomó gusto al oficio. O sea, política pura.

Si los púlpitos hablaran...
Esther ESTEBAN .- La Razón 17 Febrero 2001

La Conferencia Episcopal ha anunciado que no suscribe el pacto antiterrorista PP-PSOE porque sería una injerencia en temas políticos. Oculta, intencionadamente, que su decisión vino condicionada por una amenaza previa. El obispo emérito de San Sebastián -cargo por cierto que ni entiendo ni deseo entender- había sido rotundo al señalar que si el máximo órgano eclesiástico de nuestro país se sumaba al pacto sería excluyendo a los obispos vascos. La cosa no es baladí y por eso hay que darle la importancia que tiene.

    Argumentar que se trata de un tema político en el que la Iglesia ni debe ni puede entrar es algo así como negar la función propia de un estado que se llama el Vaticano. ¿El Papa es o no es el jefe de ese Estado? ¿Cómo es recibido cuando va en misión de paz a algún país? Pero no es necesario mirar a Roma. Aquí en nuestro país laico y aconfesional los púlpitos se han llenado históricamente con consignas políticas.

    Hemos oído a curas decirles a sus feligreses que han de votar a aquellos partidos que no defienden el aborto o el divorcio. Hemos escuchado cómo los propios obispos han tomado partido, en la época socialistas, sobre la repugnante «cultura del pelotazo» y estamos asistiendo un día sí y otro también a la mezquindad que supone el hecho de que en el País Vasco haya sacerdotes «piadosos» que predican la palabra de Dios a su manera negándose a oficiar funerales por las víctimas de Eta. Bajo la excusa inaceptable de la neutralidad defienden a los verdugos y no amparan a las víctimas. Cuenta Isabel San Sebastián una anécdota muy ilustrativa. En una ocasión María San Gil fue recibida por Monseñor Setién y cuando ésta le explicaba la dramática situación que vivían las víctimas y le pedía -invocando al apoyo que la Iglesia daba a los presos de Eta- que, como pastor también confortara a las familias de los asesinados, el obispo le espetó: ¿Y quién dice que un padre debe querer por igual a todos sus hijos? La frase no sólo define al personaje sino también la calidad humana de monseñor.

    Siempre he pensado que la Iglesia y sus apóstoles, hombres temerosos de Dios, predicaban con el ejemplo y eso, por sentido común, significaba amparar a los más débiles, a los desamparados, a los olvidados. ¿Qué son en definitiva las víctimas del terrorismo? ¿Es que para ellas no vale el quinto de los mandamientos? Si algunos púlpitos del País Vasco hablaran, si se supiera lo que algunos curas de sotana y txapela están predicando, a la Conferencia Episcopal se le caería la cara de vergûenza. Por lo pronto, más de un católico creyente y practicante ya ha dicho que no cuenten con su cruz en la declaración de la renta. Que cada uno aguante su cruz. Señor, Señor si los púlpitos hablaran.

La visita del comisario
AUGUSTO BORDERAS El Correo 17 Febrero 2001

El comisario europeo visita el País Vasco. (De los periódicos). ¿Cómo, Maigret está en Vitoria y yo sin enterarme? ¿O será don Hércules Poirot, que siendo belga tiene una especial atracción por el paisito? Pero no, don Hércules no está para estos trotes, debe ser muy anciano, y su mamá doña Agatha, para qué les voy a contar. Además, en el Orient Express ya no van millonarios excéntricos o espías autro-húngaras, sino emigrantes turcos, exilados kosovares y oficiales de la OTAN. Otros tiempos. Pero bueno, yo pensaba que habiendo pasado por aquí el agente 007, don Santiago Bond, a lo mejor se había animado Maigret a descubrir algo insólito en el Guggenheim, algún secuestro, alguna extorsión, una bomba en una maceta, un crimen. Pero claro, todo eso ya pasa a diario y no es un acontecimiento extraño para que papá Simenon le dedique un ratito. A pesar de que el vino de año de la Rioja Alavesa deje muy atrás a su amado ‘beaujolais’.

Toda esta festiva introducción es para comentar el viaje y visita al País Vasco de otro comisario, el comisario para los Derechos Humanos del Consejo de Europa, don Álvaro Gil Robles. ¿Qué es el Consejo de Europa? Es la primera institución europea creada en 1949, tras la terrible conflagración que supuso la II Guerra Mundial. Su sede está en Estrasburgo y en 1953 puso en marcha el convenio para la Protección de los Derechos Humanos que establece un mecanismo jurídico internacional de protección de las libertades y los derechos fundamentales del ser humano. El convenio asegura siete tipos de derechos, siendo el primero el derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad.

El último paso en la evolución de la protección de derechos humanos del Consejo de Europa fue el establecimiento en Estrasburgo del nuevo Tribunal Europeo de Derechos Humanos en noviembre de 1998. Todo un complejo sistema garantiza hoy en día a través del Consejo de Europa y sus 41 países miembros la protección de derechos tan esenciales: Comisión Europea, Comité de Ministros y Tribunal Europeo. Los países integrantes garantizan todas las libertades, por eso España no entró hasta 1977 y Andorra hasta 1994, fecha en que ratificó la primera Constitución democrática de su historia. Por cierto, redactada tras un histórico ‘rapport’ llevado a cabo por dos parlamentarios socialistas: uno español y catalán, Luis Mª de Puig, y otro francés y alcalde de Suresnnes, Robert Pontillon.

¿Y a qué ha venido el comisario de los Derechos Humanos del Consejo de Europa al País Vasco? Pues a realizar una visita sobre el terreno para comprobar la situación. No hace falta decir que una persona como él, adscrita a uno de los organismos europeos más importantes, está informada de lo que ocurre aquí. Hace muy pocas semanas ‘Le Monde’ reprodujo íntegra la intervención que Fernando Savater leyó en la misma ciudad de Estrasburgo y en el Parlamento Europeo, al recibir el premio Sajarov por la defensa de las libertades que realiza el colectivo ‘Basta Ya’. Entonces, si está informado, ¿por qué ha insistido en la visita?

Porque ha preferido, con buen criterio, hacer acto de presencia en Euskadi para recibir y escuchar a los grupos, asociaciones, personas y personalidades con los que se ha entrevistado. Hay que decir que las visitas de los enviados del Consejo de Europa, parlamentarios o comisarios, están sustentadas por el gobierno del país visitado. Esto lo afirmo con conocimiento de causa como ex-parlamentario. Es decir, en el caso del comisario Gil Robles la visita estaba organizada por España y su gobierno, país miembro del Consejo de Europa.

Lo que ha ocurrido es que en su viaje al País Vasco ha tenido en cuenta a las autoridades autonómicas, y, por lo tanto, institucionalmente al gobierno que ha visitado es al Gobierno de Euskadi. Además de las personas o asociaciones con las que él ha querido establecer contactos o escuchar.

Qué se puede esperar de esta visita? Un informe que el comisario hará público y enviará al Comité de Ministros, a la presidencia de la Asamblea, y a la Comisión de Derechos Humanos, todos ellos órganos del Consejo de Europa. Esperamos con interés este informe en el que estará presenta la situación «atroz» -lo ha dicho el propio comisario- en que vivimos: un gobierno en minoría parlamentaria que no convoca elecciones, una declaración explícita de pérdida de libertad en la expresión académica y de cátedra del rector de la Universidad vasca, todos los cargos políticos de la oposición democrática llevando guardaespaldas, o coches blindados para autoridades y parlamentarios. Y muchos esperando quién va a ser el siguiente en la lista de las víctimas.

Puedo asegurarles que en mi encuentro con el comisario Gil Robles el pasado mes de julio en Estrasburgo, ambos esperamos y subimos al autobús número 23 desde la parada situada frente al Palacio de Europa, viajando hasta la plaza Broglie donde nos separamos. El comisario del Consejo de Europa para los Derechos Humanos en Estrasburgo no lleva escolta. El ararteko, sí.

Un paso atrás de la iglesia
Miguel Ángel RODRíGUEZ - .- La Razón  17 Febrero 2001

Nos hemos quedado tranquilos ahora que nos hemos enterado de que la Iglesia Católica es una institución espiritual como las monjas de Clausura y que no entra en política -el muro de Berlín se cayó de viejo (lo siento, Santidad)- para no firmar el acuerdo por las Libertades y la Paz. Quiere decirse que las declaraciones de Setién no son políticas: es una nueva oración que se va a enseñar en las catequesis.

    Pero por más que digan, la Iglesia tiene su influencia política y actúa políticamente en aquellas cosas que le interesan según su credo. Esa influencia le permite tener una casilla especial en el impreso de la Declaración de la Renta en el que hay que poner una equis. Si la UEFA, pongo por caso, tuviera la misma influencia política, tendría otra casilla similar, pero no parece que estén por esa labor.

    Con todo, quiere decirse que la declaración de que la Iglesia no se mete en política es tan estúpida como creer que el secretario de Estado del Vaticano, monseñor Sodano, se pasa el día organizando los horarios de las misas en San Pedro. Yo no sé si se han creído que nos falta un tornillo.

    El problema es que la Iglesia no se da cuenta de que está dando un paso atrás en su unión con la sociedad española. Al paso que van, el templo se quedará para hablar con Dios, pero no para escuchar a los obispos: para lo que nos dicen, es mejor quedarse viendo la tele. Ellos sabrán, pero si son incapaces de diferenciar entre verdugos y víctimas no se va a pasar por la sacristía ni Nuestra Señora de los Milagros. Aunque rece Setién.

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