AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 18  Febrero  2001
#La lucidez y el coraje
MARIO VARGAS LLOSA El País 18 Febrero 2001

#De la estupefacción y el Foro Ermua
IÑAKI EZKERRA El Correo  18 Febrero 2001

#La santa dualidad
Jaime CAMPMANY ABC  18 Febrero 2001

#UN MITIN DE IBARRETXE
PEDRO J. RAMIREZ El Mundo  18 Febrero 2001

#¿A quién importan los obispos?
José Antonio Zarzalejos. Director de ABC   18 Febrero 2001

#Y ahora ¿qué más?
Editorial El Correo    18 Febrero 2001

#Boicot
Alfonso USSÍA ABC  18 Febrero 2001

#La salida del túnel
KEPA AULESTIA El Correo 18 Febrero 2001

#¡Salvad al PNV!
José María CARRASCAL La Razón  18 Febrero 2001

#Palizas y escoltas: el otro modo de ir a clase
S. Andía /E. Mejuto - San Sebastián /Bilbao .- La Razón 18 Febrero 2001

#La caución Maragall
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 18 Febrero 2001

#Radicales atacan dos sucursales en Lekeitio y un repetidor de Retevisión en Bergara
BILBAO EL CORREO   18 Febrero 2001

#Los pacifistas denunciarán en la ONU la violación de derechos en el País Vasco
VITORIA. ABC  18 Febrero 2001

#Iturgaiz: «Las palabras de Rubalcaba son de sinvergûenza»
Redacción - Barcelona .- La Razón 18 Febrero 2001

#Nicolás Redondo Terreros: «Arzallus juega a recoger votos de HB para evitar la caída del PNV»
Inmaculada G. de Molina.- La Razón 18 Febrero 2001


 

La lucidez y el coraje
MARIO VARGAS LLOSA El País 18 Febrero 2001

Fernando Savater no entiende su vocación, la filosofía, como un ejercicio académico, sino como un esfuerzo intelectual permanente de comprensión de la vida y una búsqueda de soluciones realistas para los problemas con que ella enfrenta, a cada paso, a los seres humanos. Esta pasión con que reflexiona sobre lo vivido, aun cuando parezca estar fantaseando o inventando, hace que todo lo que escribe, sean ensayos, ficciones, artículos o comentarios hípicos (una de sus debilidades), tenga un aire empecinadamente realista y actual, además de chisporrotear de ideas estimulantes y traslucir un irremediable optimismo, aun cuando los temas que aborde sean siniestros o terribles, como los de la recopilación de textos que acaba de aparecer: Perdonen las molestias. Crónica de una batalla sin armas contra las armas.

Es un libro que deberían leer todos aquellos a quienes preocupa el llamado "problema vasco" y tienen el sano deseo de entenderlo a cabalidad, y, también, quienes quieren saber, con un ejemplo concreto, en qué consiste la responsabilidad del escritor -lo que, antaño, se llamaba "el compromiso"- y la manera cómo, en nuestros días, en España, ella se puede asumir y el valioso servicio que un escribidor responsable, sobre todo si tiene la lucidez y el coraje de Savater, puede prestar a sus contemporáneos. En uno de sus ensayos confiesa que padece "el vicio de tomarme las ideas en serio", algo que es muy comprensible en quienes, como él, están convencidos de que la historia, el acontecer humano, no es gratuito, sino una consecuencia de convicciones y creencias que se traducen en conductas, y éstas, a la postre, en hechos históricos. Sí, no hay duda de que, con los caballos, otra debilidad de Savater son las ideas. Pero, su debilidad principal, su vicio más explícito, y en este caso punible -pues hay fanáticos para los que esto resulta intolerable- es su amor a la libertad.

Esta libertad está seriamente amenazada desde hace algunos años en el País Vasco por culpa de ETA, una banda terrorista que pretende, mediante el asesinato, la extorsión y la intimidación, forzar la secesión de Euskadi del resto de España. Cerca de novecientas víctimas del terrorismo etarra se cuentan ya desde la muerte de Franco, es decir, desde que España se convirtió en una sociedad democrática, en un Estado de Derecho cuyo Estatuto de Autonomías ha conferido al País Vasco un régimen extraordinariamente amplio de autogestión, de irrestricta libertad cultural para el euskera -desde la educación bilingüe hasta la televisión regional en aquella lengua- hasta el control pleno de la fiscalidad, algo que, por otra parte, nunca tuvo en toda su historia. De hecho, desde la democratización de España hasta ahora, el gobierno vasco ha estado siempre en manos de los partidos nacionalistas no violentos.

Desde luego que este régimen de autonomía puede ser insuficiente para los nacionalistas a ultranza, los soberanistas, a quienes sólo la secesión simple y total satisfaría. Esa aspiración es un derecho que nadie puede retacearles en un país democrático, y lo cierto es que nadie se las retacea ahora en España. De modo que la vocación independentista de sectores importantes de la sociedad vasca no es "el problema vasco", como quieren hacer creer los militantes etarras y sus cómplices. Y ni siquiera lo es la delirante aspiración de algunos extremistas de construir una Patria vasca racialmente impoluta, limpia de españoles y otros extranjeros. Esta vocación puede parecer a muchos, como a Savater o como a mí, un lamentable anacronismo, un peligroso síntoma de estrechez ideológica y de xenofobia y racismo, pero es un principio democrático incuestionable que todas las ideas pueden ser expuestas, debatidas y sometidas a la oferta electoral en una sociedad libre. Y que corresponde a los electores aceptarlas o rechazarlas. Hasta ahora, en España, incluido el País Vasco, esta versión intransigente, racista y violenta del nacionalismo ha sido abrumadoramente rechazada en todas las consultas electorales, sin excepción.

De modo, que el "problema vasco" no es el nacionalismo sino el terrorismo. Muchos creemos, desde luego, por razones que los artículos de Savater exponen luminosamente, que en todo nacionalismo, aun en el de semblante más benigno y civilizado (el catalán, digamos) anidan, a largo plazo, los gérmenes de la exclusión social y la discriminación, es decir, de la violencia. Y que, por eso, el nacionalismo debe ser combatido como un peligro para la cultura democrática. Pero éste es un peligro larvado, en toda ideología política cuyo sustento no es la razón sino la fe, y puede ser atenuado dentro de las reglas del juego democrático, siempre que los nacionalistas las acepten y se sometan a ellas. ETA no las acepta, salvo en determinadas circunstancias, en que la legalidad democrática favorece sus objetivos, y esto lo hace a través de su brazo legal, el menos significativo e importante de la banda, pues en ella, como en toda organización terrorista, quien manda y fija la estrategia es el brazo militar. Es verdad que ETA representa una pequeña minoría, en términos numéricos, dentro de las varias corrientes del nacionalismo vasco, las que, por lo demás, ni siquiera es seguro ahora que constituyan una mayoría sobre el electorado vasco no nacionalista, el que siempre significó por lo menos la mitad de la población votante. Pero, gracias al uso del terror físico, y del chantaje psicológico, que ha ido neutralizando y, a menudo, convirtiendo en cómplices pasivos de sus actos a sectores importantes del nacionalismo "moderado" (que, de este modo, deja de serlo), ETA ha llegado a tener una influencia monstruosamente desproporcionada con lo que representa en términos estrictamente electorales, en la vida de la sociedad vasca. Y eso le permite ir impulsando "su proyecto totalitario de secesión violenta", como lo llama Savater, mediante el miedo y la coerción.

El miedo es el más humano y comprensible de los sentimientos, y para sentirlo se necesita nada más que un poco de imaginación. Cuando se lee la lista de las víctimas del terrorismo etarra, que, con imparcialidad que podríamos llamar democrática, ha sembrado de cadáveres todos los estamentos de la estructura social -de militares a obreros, de profesores a funcionarios, de políticos a deportistas-, con la sola excepción de los curas, uno entiende muy bien las reticencias de muchos ciudadanos, en el País Vasco y en el resto de España también, a manifestarse claramente contra los criminales etarras y solidarizarse de manera explícita, e inequívoca, como lo hace Savater, con quienes, en nombre de la ley y la convivencia, se les enfrentan para que España siga siendo una sociedad civilizada y no retorne a la barbarie de la dictadura. Porque la verdadera opción que representa ETA, debido a sus métodos, que es lo que en verdad define a un partido político mucho más que sus ideas, no es el socialismo patriotero de sus eslóganes, sino, simplemente, el fascismo y el totalitarismo.

Varios de los artículos de Perdonen las molestias se refieren a las almas bienpensantes que, desde una perspectiva que se empeña en ser neutral y equidistante, reclaman "el diálogo" con ETA. ¿Quién podría estar en contra del diálogo sin aparecer como un obtuso y un fanático? Ahora bien, sería indispensable, para que las cosas quedaran claras, que quienes exigen ese diálogo con los etarras, explicaran de qué hablan cuando dicen "dialoguemos". Porque no es diálogo lo que se entabla entre dos personas cuando una de ellas empuña un revólver o una bomba y la otra está inerme: es un monólogo abusivo, no entre dos interlocutores, sino entre un verdugo y una víctima. La democracia es diálogo, dice Savater, desde luego. ¿Pero, cómo se dialoga con quien, si no le das la razón de entrada, antes siquiera de empezar a dialogar, te quema tu casa, te vuela tu auto, o te descerraja un tiro en la nuca? Pedir "diálogo" contra asesinos convictos y confesos, que no están dispuestos a hacer la menor concesión en lo que se refiere a renunciar a sus métodos criminales, no es un signo de progresismo o de moderación, sino demagogia que sirve para disimular la indefinición cobarde, o la complicidad con los violentos. Savater los llama, en uno de los arranques de humor que aparecen de tanto en tanto en el libro, "los equilibristas".

No es abusivo hablar de humor en este caso. Porque, aunque parezca increíble, en un libro en el que su autor, por escribir cada uno de los artículos, se ha jugado la tranquilidad y también el pescuezo, Perdonen las molestias no sólo rebosa de inteligencia, convicciones democráticas y valentía. También de gracejo e ironía y de desternillantes hallazgos de buen humor, como en el artículo titulado "El culo del lehendakari", digno de figurar por sí solo en una antología de piezas maestras del humor negro, y que he leído y releído, sacudido por las carcajadas.

Savater nació en San Sebastián y entiendo que ha vivido buena parte de su vida en su ciudad natal, por cuyas calles y tabernas bulliciosas impregnadas de olor a fritura y a pescado me paseó, hace de esto bastantes años, con Félix de Azúa y Javier Fernández de Castro, quienes en ese tiempo enseñaban también, como él, en la Universidad del País Vasco. Es la única vez que estuve varios días en esa bella ciudad, cuya magnífica playa recuerdo siempre, así como sus restaurantes suculentos, y sus cafecitos humosos y atestados, tan agradables para sentarse a conversar. Ahora, mientras leía este libro admirable que acaba de publicar, el inconsciente me ha devuelto las imágenes de aquella visita, tan plácidas y pacíficas, y algo se me revolvía en las tripas cuando las cotejaba con las que emergían de su libro, tan llenas de injusticia, de sangre, de intolerancia, de brutalidad y cerrazón.

Aunque él está "Contra las Patrias" -título de uno de sus ensayos-, porque sabe que las fronteras nacionales son siempre, en todos los casos, un cierto obstáculo para la fraternidad y la solidaridad entre individuos y pueblos, no hay duda que tiene un enorme apego por "su pueblo", como él llama a San Sebastián, pues, pese a sus esfuerzos, un ramalazo de nostalgia se infiltra siempre en lo que dice, cada vez que lo cita y evoca. Es un sentimiento que consigue contagiar a sus lectores, en estas páginas tan persuasivas y conmovedoras, tan dignas y sensatas, de un ciudadano del mundo universal de la cultura, de un español intransigente en cuestiones de libertad, de un vasco demócrata hasta los tuétanos, de un intelectual ejemplar.

© Mario Vargas Llosa
© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Diario El País, SL, 2001.

De la estupefacción y el Foro Ermua
IÑAKI EZKERRA El Correo  18 Febrero 2001

Desde su surgimiento, hace ahora tres años, el Foro Ermua ha conocido varios ‘linchamientos mediáticos’ por parte del nacionalismo vasco. Quedan para el recuerdo -y como prendas de la devoción que nos profesa el partido de Arzalluz- aquellos maravillosos piropos que nos dedicaron entonces: «ratas de Ermua», «agentes camuflados del PSOE, de Mayor Oreja, del Cesid...». Queda para el recuerdo aquella ausencia de lógica que nos atribuía títulos y méritos tan abundantes que se excluían unos a otros. Hago memoria de aquella calurosa acogida porque lo que más me llama la atención de este nuevo linchamiento que ha seguido al Premio ‘Carmen Tagle’ y de artículos como el que Emilio Olabarría publicó en este diario recientemente es «la estupefacción» que fingen mostrar los nacionalistas ante nuestro discurso. Se puede entender que no lo compartan pero ¿a qué viene hacerse de nuevas y actuar como si no nos hubieran atacado nunca? ¿No ven que esa artimaña -a todas luces más hipócrita que retórica- les delata?

Concretamente Emilio Olabarría llegaba a hablar incluso de «la estupefacción de buena parte del jurado que concede el galardón y del público asistente». Se puede creer en todo para defender al nacionalismo menos en esa estupefacción que ya no sería tal sino ignorancia simple. ¿Cómo la Asociación Nacional de Fiscales no va a saber a estas alturas lo que dice el Foro Ermua del partido en el que milita Olabarría si le ha dado ese premio por decir eso justamente? ¿Es que está llamando Olabarría ignorantes a los fiscales de esa asociación?

Nada de lo que se dijo en la biblioteca municipal de Bidebarrieta es nuevo. Incluso las declaraciones televisivas de Vidal de Nicolás que contemplaban «la insumisión fiscal» como reacción ciudadana frente a la inhibición de la Ertzaintza tienen su tradición en el discurso del Foro. Fue nuestro amigo asesinado José Luis López de Lacalle quien escribió en su último y más reproducido artículo que «si los ciudadanos amenazados tuviéramos que salir a la calle armados para defendernos, deberíamos quedar exentos de pagar impuestos». ¿No sabe Olabarría que ya hemos llegado a esa situación y que ya hay profesores que tienen que ir armados porque no disponen de protección policial a determinadas horas del día? ¿No era, por otra parte, Intxaurraga, el consejero de Justicia y único compañero nacionalista de Olabarría en el acto de Bidebarrieta, quien llamaba hace poco a la desobediencia civil?

¿Qué se creen? ¿Que sólo ellos se pueden hacer aquí los marchosos y los insumisos desde sus adocenadas poltronas? ¿No se les ha ocurrido pensar que, frente a unos gobernantes que han pactado en Estella con los portavoces políticos de ETA y que, al hacer valer el chantaje terrorista, han convertido en papel mojado no sólo la Constitución sino el mismo contrato social, hasta los empresarios tendrían derecho a recuperar sus ardores juveniles y a plantear razonablemente que el pago del ‘impuesto revolucionario’ sirva para desgravar en Hacienda? ¿Por qué han de pagar los ‘impuestos oficiales’ dos veces?

Lo que produce estupefacción no es lo que el Foro Ermua viene diciendo de forma clara e insistente desde el día que surgió sino ese nacionalismo de Olabarría que hizo necesario el surgimiento del Foro Ermua para decir esas cosas precisamente. Lo escandaloso es que el equipo del alcalde Azkuna compare en dos ocasiones la proyección del video de Pepe Rei en un local municipal con un acto presidido por la cúpula de la judicatura española. ¿Le parece normal a Olabarría que sus compañeros de partido en el Ayuntamiento de Bilbao comparen al ministro de Justicia y al presidente del Consejo General del Poder Judicial con un sujeto contra el que se ha abierto una causa criminal?

Lo que Antonio Giménez Pericás dijo el otro día en Bidebarrieta lo ha dicho el Foro Ermua -como él lo recordó, por cierto- tanto aquí como en Estrasburgo: «que la declaración de Estella no es sólo un pacto para la acción política sustentado en la violencia subyacente de un grupo terrorista, sino que es también el programa de gobierno del actual Ejecutivo vasco». Olabarría se sorprende de una denuncia que es incluso anterior a Estella y que en realidad quedó formulada en el propio manifiesto fundacional del foro cuando aludía al carácter ‘fascista’ del movimiento encabezado por ETA y su brazo político, así como a lo que de ‘agravio’ tiene «la colaboración de las instituciones que nos representan con quienes sustentan y alientan ese fascismo».

La verdad es que no es de extrañar que al vocal peneuvista del Consejo del Poder Judicial le resulte nuevo el discurso del Foro Ermua. El mismo «patriotismo constitucional», que invocó Antonio Giménez Pericás en Bidebarrieta y sobre el que Jürgen Habermas ya teorizaba en los años sesenta, es -según Olabarría- «un concepto un tanto novedoso, por no decir que inédito, en la ciencia política y que se empezó a materializar en los entornos del Ministerio de Justicia en la época en que fue su titular Juan Alberto Belloch» (sic). La verdad es que quien despierta estupefacción no es el Foro Ermua sino el propio Olabarría con afirmaciones tan desconcertantes como esa.

Ante alguien que se cree que una de las aportaciones más importantes de la Filosofía al pensamiento democrático es poco menos que un inventillo de Margarita Robles, lo único que se me ocurre es recordar el divertido caso del director de una revista municipal, que tras publicar unos poemas de Borges, tuvo que oír, de un agudo concejal de cultura del mismo partido al que pertenece Olabarría, un comentario que lo dejó sin palabras: «¡Ya está bien de publicar a tus amigos!».

La santa dualidad
Por Jaime CAMPMANY ABC  18 Febrero 2001

En el Parlamento vasco ya no se habla en castellano ni en euskera. Se habla en latín. Carlos Iturgaiz, que es habitualmente persona mesurada y paciente, ha roto a hablar en latín y le ha administrado a José Antonio Rubalcaba (el Rubalcaba listo se llama Alfredo) el denuesto más clásico del idioma desde los pañales de San Millán de la Cogolla. ¡Sinvergüenza! Mi bisabuela le habría llamado soleto y desfachatado, y mi nieto le habría llamado directamente gilipollas. Carlos Iturgaiz se ha quedado en el justo medio, o sea, en una posición de centro reformista. Me parece que, por desgracia, esto es sólo el principio y que el Parlamento vasco se encuentra en este momento como una olla a presión.

Gobernar en contra de la mayoría, negarse a convocar elecciones, deber el cargo de lehendakari a los votos de los representantes de los etarras, estar a salvo del tiro en la nuca mientras lo reciben los adversarios, pactar con el diablo mientras Setién lleva el cirio en la procesión, y encima intentar presentarse como los esforzados adalides de la paz, todo eso y lo que no digo, es demasiada sinvergonzonería. Cuando José Antonio Rubalcaba (insisto en que el Rubalcaba listo se llama Alfredo) dijo que ellos, los del PNV, se habían jugado el bigote por la paz, mientras «ustedes» estaban calladitos, ¿qué podían decirle los populares y los socialistas, ambos partidos con muertos en los cementerios en tanto el PNV recogía las nueces y se recreaba en su propio ombligo? ¿Tendrían que haberle agradecido a Rubalcaba y a su partido sus desvelos por la paz? ¡Sinvergüenza!

El señor presidente del Parlamento llamó al orden, claro. Y el presunto sinvergüenza respondió lo tópico en esos casos. «Eso me lo dice usted luego», o sea, en la calle. Lo que sucede es que la calle no es de Fraga, ni de Ibarreche, ni de Atucha, ni de los ertzainas, ni de Rubalcaba. La calle es de los etarras y de sus alevines, los kale borroka. Bueno, eso es sólo un incidente parlamentario. Ni siquiera es grave. En todos los parlamentos del mundo pasan cosas así y mucho peores. Los italianos y japoneses, por ejemplo, muchas veces terminan a soplamocos. Lo que es grave es el síntoma. Porque la situación allí, dentro y fuera de la Cámara, se hace cada vez más tensa. Y por si lo era poco, viene a enconarla y endañarla la desconcertante posición de la Iglesia. No ya de la iglesia vasca, que eso es cuento sabido de antiguo, sino de la Conferencia Episcopal Española.

La decisión de los obipos al negarse a firmar un pacto en defensa de la vida y de la libertad, apoyándose en razones nada convincentes, no puede dejar de desconcertar a los cristianos de este país. Y además, para mayor inri, ha venido a coincidir con las arrogantes declaraciones de monseñor Setién. «Los obispos vascos jamás firmarán ese pacto». Ni los vascos ni los demás. Claro como el agua. Un obispo jubilado, que no representa a la Iglesia vasca ni siquiera ya a la diócesis de San Sebastián, marca así, públicamente, el camino a seguir a los obispos de allí y, por lo que se ve, a todo el episcopado español. Al mismo tiempo, Arzallus acusa «al obispo Estepa ese» de firmar todo lo que le echen.

Ahí están los que mandan en el País Vasco, apoyados ambos en los que ponen las bombas, secuestran empresarios, disparan el tiro en la nuca, matan a los que están señalados desde la sombra, alcanzan los objetivos previstos. O el cristiano tiene que taparse los ojos con el paño de la imbecilidad o no puede dejar de ver que en esa «santa dualidad», Setién y Arzallus, radica en última instancia la doctrina política que se propone como futuro al pueblo vasco. Todo lo demás, partido, organización, banda, parlamento, gobierno o lehendakari sólo son instrumentos.

UN MITIN DE IBARRETXE
PEDRO J. RAMIREZ El Mundo  18 Febrero 2001

El lehendakari Ibarretxe, como cualquier otro gobernante, tiene perfecto derecho a estar presente y participar en los mítines políticos que crea conveniente. Pero lo que no puede jamás hacer es disfrazar un acto puramente partidista con la etiqueta del interés institucional. Eso es lo que precisamente hizo ayer en el Kursaal de San Sebastián.

El lehendakari había convocado a la sociedad vasca a un acto de protesta no partidista contra la violencia de ETA. No hubo tal. Ibarretxe se comportó como el candidato del PNV en las próximas elecciones vascas, arremetiendo contra el resto de las fuerzas políticas.

Su discurso no sólo fue sectario. Fue además demagógico y mezquino cuando contrapuso el «sí a la vida y al diálogo» del PNV frente al «no a la vida de ETA y al no que en muchísimas ocasiones establecen PP y PSOE en torno al diálogo». ¿Desde cuándo están en el mismo plano y bando los asesinos y las víctimas?

Pero Ibarretxe, que por lo visto considera que hacer oposición desde los escaños del Parlamento es equiparable a poner bombas, pretendió incluso capitalizar para el PNV las 800 víctimas de ETA, representadas en una silla vacía en el escenario. El lehendakari afirmó que la silla simbolizaba el testimonio de todas las personas que no habían podido acudir al acto por haber sido asesinadas.

Es mucho suponer que las víctimas, de estar vivas, hubieran acudido al Kursaal. La inmensa mayoría jamás hubiera ido para escuchar cómo el lehendakari defendía el derecho de autodeterminación y el diálogo con los violentos.

El dirigente político que se envolvía ayer en la bandera del nacionalismo es el mismo que, hace 48 horas, acudía a la Universidad de Lejona para solidarizarse con los profesores amenazados por ETA y su entorno. Ibarretxe pretende ser la novia en la boda, el muerto en el entierro y el niño en el bautizo. Pero ya no engaña a nadie. El acto de ayer pone en evidencia que el lehendakari antepone los intereses del PNV a la resolución de los problemas de la sociedad vasca, que ni ha intentado ni ha sabido afrontar.

¿A quién importan los obispos?
POR José Antonio Zarzalejos. Director de ABC   18 Febrero 2001

UN político norteamericano, Merril Cook, afirmó un día que «la política se parece mucho a la religión, sólo que tratándose de política, es el adversario quien confiesa nuestros pecados». He reflexionado sobre esta frase después de escuchar atentamente las declaraciones episcopales que han rehuido, primero la firma, y luego un apoyo institucional y explícito al pacto antiterrorista suscrito por el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español.

La reticencia de la Conferencia Episcopal —cuyo portavoz se refirió al acuerdo como «semejante pacto»— a asumir un papel «político» ante la opinión pública, se sostiene en argumentos de apariencia lógica pero, en el fondo, endebles. Porque la opción que representa el pacto no es sólo ideológica, sino también moral y suponer, como indirectamente consideran los obispos —o al menos algunos de ellos—, que política y moral son conceptos opuestos e incompatibles es un grave error. A fin de cuentas ¿no era una opción «política» el nazismo? ¿No lo era el comunismo? ¿Acaso la Iglesia no impugnó moral y políticamente ambos sistemas ideológicos y políticos y cuando lo hizo sin la energía suficiente la historia le ha pasado factura? ¿Sería acaso una opción sólo «política» mostrarse favorable u opuesto al aborto por el simple hecho de que su despenalización se debate en un órgano político como el Parlamento? ¿No es «política» inclinarse por un modelo de enseñanza determinada? ¿Y pronunciarse sobre el régimen matrimonial en sus derechos y obligaciones, incluso en su trascendencia social, acaso no es también política?

Pues bien: el pacto del PP y del PSOE es político, claro que lo es, pero ¿no implica una opción moral ante la que la neutralidad es una postura escapista y miedosa? Es político, pero es sobre todo moral, que una sociedad, a través de sus representantes democráticamente elegidos, se niegue a pagar un precio por la paz, no quiera negociar con los asesinos, reclame el imperio de la ley y rechace a aquellos que imponen la coacción o el miedo y fustigue a los que se alían con los delincuentes. ¿Qué razones de fondo, es decir, morales, se producen para que los obispos no se adhieran, no tanto a la firma, pero sí solemnemente a los criterios de ese pacto? El Estado que ese acuerdo defiende es el Estado democrático que en su Constitución sitúa a la Iglesia Católica en prevalencia sociológica sobre las demás; es el Estado que a través de su sistema de recaudación entrega fondos de los ciudadanos para sus fines sociales; es el Estado que tiene suscrito un Concordato con la Santa Sede cuyo Nuncio es el decano del Cuerpo Diplomático. ¿Pierde la Iglesia su carácter espiritual, es decir, no político, por ese conjunto de circunstancias «políticas»? ¿No está la jerarquía eclesiástica obligada a ser coherente con las opciones mayoritarias de carácter ideológico que defiendan la vida, la integridad de las personas y su libertad? Francamente, la respuesta no puede ser otra que la afirmación rotunda.

Podría extrañar, sin embargo, que la postura episcopal no suscite una excesiva polémica, más allá de la refutación mediática de las tesis del obispo emérito de San Sebastián. Sin embargo, la explicación a la indiferencia pública sobre la actitud de los obispos ante el pacto contra ETA estaría, creo yo, en una sociedad como la española relativamente poco concernida por lo que puedan decir o hacer los prelados. Como católico esta hipótesis me resulta inquietante porque de ser cierta significaría que buena parte de la sociedad ha retirado a los obispos la autoridad moral a la que deben aspirar. Puede —es otra hipótesis—que la jerarquía eclesiástica suponga que un alineamiento moral —y por lo tanto explícito y oficial— con el pacto entre los dos grandes partidos democráticos le enajene la adhesión del nacionalismo vasco, conducido históricamente por el clero hasta el punto de ser reconocido en el primer tercio del siglo pasado como el único movimiento «vaticanista» en Europa. Puede, en fin, que un bienintencionado análisis de la situación impulse a nuestros obispos a pensar que su energía debe ser reservada para un improbable protagonismo en las soluciones últimas a este fenómeno del terrorismo.

Sea cual sea la hipótesis que pueda explicar la reticencia episcopal —rechazo que sea el miedo el que condicione esta actitud colectiva— creo que la jerarquía católica se equivoca porque no es percibida en este envite como una fuerza moral decisivamente concurrente en los esfuerzos de la inmensa mayoría. Más aún: es percibida como un elemento renuente y dubitativo en un panorama general de clarificaciones ya emergentes en el mundo de la política, la universidad, el periodismo, el empresariado, la cultura y el ámbito internacional.

Todas estas consideraciones, que son indudablemente críticas, sólo tienen un sentido profundo si son leales, es decir, si a quienes las sostenemos nos importan los obispos, nos importa la Iglesia y, como miembros de ella, pretendemos la vigencia de su mensaje moral desvestido de tactismo, cálculo y, en definitiva, de esa minúscula política de extraños e irregulares equilibrios. Ya es sabido que algunos prelados no aman a todos sus hijos por igual, aunque nos requieran a todos por igual —es su obligación— a determinadas conductas morales, a determinadas contribuciones, a determinados apoyos y a determinadas coherencias. Tenemos derecho, como ciudadanos católicos que no matamos, que no extorsionamos, que no coaccionamos, que queremos vivir en libertad y en paz, a exigirles, al margen de cálculos políticos, que traduzcan en hechos la prédica evangélica y absoluta del no matarás y del amarás al prójimo como a uno mismo. Aunque ese compromiso sea —y a veces lo es— profunda y afortunadamente «político».

Y ahora ¿qué más?
Editorial El Correo    18 Febrero 2001

La trilogía representada por el lehendakari Ibarretxe desde el pasado mes de noviembre -la manifestación de Bilbao, la convocatoria de Gernika y el acto de ayer en el Kursaal donostiarra- describe un trayecto descendente tanto en cuanto a la importancia de cada una de sus iniciativas como desde el punto de vista del interés despertado.

Desde el principio, estaba claro que este ciclo previo a la convocatoria de elecciones terminaría con la evocación del diálogo presentado como elemento de distinción del nacionalismo respecto al no-nacionalismo. Pero semejante consideración es tan errónea como interesada. Es la búsqueda forzada de una posición central estableciendo una inaceptable analogía entre la actitud del PP y del PSE y la sangrienta escalada protagonizada por ETA y secundada por sus apologetas para, así, situarse en medio de ‘los unos y los otros’.

Hace tan sólo una semana el propio lehendakari Ibarretxe declaraba que no existe término menos ambiguo que el de diálogo. Y ayer volvió a recaer en uno de los males que afectan al sentido democrático del nacionalismo; volvió a parangonar el derecho a la vida con la necesidad del diálogo y el respeto a la voluntad de los vascos; como si esos tres principios enunciados por él fuesen igual de indiscutibles y unívocos; sugiriendo, de paso, que mantienen una relación indisoluble entre ellos.

Esa confusión conceptual no es, a estas alturas, inconsciente. Parangonar ‘el no a la vida de ETA’ con ‘el no del PP y del PSOE al diálogo’ que el lehendakari visiona no es un desliz inocente, sino que representa uno de los mensajes más perniciosos para la convivencia, y una argumentación que siempre termina a merced de quienes practican el ‘no a la vida’. Porque de la misma forma que la defensa del derecho a la vida no admite dobleces, la concepción del diálogo de que presume el lehendakari o la versión nacionalista de cómo ha de expresarse la voluntad popular constituyen, precisamente, las cuestiones que son y deben ser objeto de discusión. Es ahí donde se halla la discrepancia entre el nacionalismo y el no-nacionalismo.

La doble afirmación, más expresa que implícita en su discurso, de que quien adopte distancias respecto a su particular propuesta de diálogo ni quiere el diálogo ni quiere dar con una solución de paz es algo más que el enroque dogmático de quien trata de recrear un mundo a su medida. De ahí que resulte preocupante la autocomplaciente indiferencia mostrada por Elkarri cuando socialistas y populares han anunciado que no asistirán a su conferencia de paz; muestra de que la apelación a tan peculiar versión del diálogo -formulada indistintamente por el lehendakari y por Elkarri- se ha convertido en un recurso poco dialogante y partidista. La pretensión de que el diálogo propuesto se sitúa por encima de las mezquindades políticas y enlaza con los anhelos de la mayoría de la sociedad denota un espíritu poco democrático y una actitud nada consecuente con la responsabilidad -institucional y política- de quien llegó a ser lehendakari en virtud de una determinada alianza nacionalista.

Basta fijarse en el «bigote» que según Rubalcaba se ha jugado el PNV por la paz, o en las recomendaciones -llenas de desdén e impudicia- que Xabier Arzalluz ha dirigido al rector Manuel Montero por el «miedo» que éste confesaba ante la fatal deriva de la democracia y la libertad en Euskadi, para comprender hasta qué punto el nacionalismo democrático ha quedado afectado por la experiencia -ni saludable ni exitosa- de su aventura con el nacionalismo violento. Si no, sería inexplicable su obsesión por invertir el orden razonable de los factores para situar permanentemente el diálogo como condición inexcusable de la paz, y no la paz -la ausencia de violencia- como el requisito imprescindible para que el diálogo se abra paso.

Juan José Ibarretxe volvió a afirmar ayer que «sólo el que cree que existe una salida la encuentra». Efectivamente, hay una salida. La salida obligada frente a la barbarie y al terror. Pero es la que Ibarretxe y su partido rehuyen permanentemente. Es la salida de la unidad democrática. Una vía que, con sus límites e imperfecciones, funcionó mientras el nacionalismo democrático apostó por ella. Los hechos demuestran que hallar otra distinta resulta una tarea vana incluso para la inquebrantable fe del lehendakari.

Boicot
Por Alfonso USSÍA ABC  18 Febrero 2001

Lo sugerí —Dios me perdone—, hace diez días, más o menos. Antes de que fuera conocida y pública la definitiva postura de la Conferencia Episcopal Española concerniente al pacto antiterrorista. En su «Trastienda», Isabel San Sebastián confirma lo que es ya más que un rumor. Que diversas asociaciones ciudadanas de las Vascongadas, todas ellas amparadas por el sueño de la libertad y de la justicia, estudian la posibilidad de promover un boicot fiscal contra la Iglesia Católica. ¿Por qué sólo en Vizcaya, Guipúzcoa y Álava cuando la Conferencia Episcopal Española ha extendido su ambigüedad a todo el territorio de España? Ya no se trata de la perversidad aislada de un obispo o ex prelado en concreto, o la cobardía de otro, o a la pusilánime equidistancia entre el asesino y su víctima de un tercero. Ya no se trata del consuelo que aportan las pocas declaraciones valientes de algún pastor de la Iglesia escandalizado por la cobardía de los obispos ante el terrorismo. Ahora el problema es más grave, porque la Conferencia Episcopal Española, no un obispo u otro, ha sido la que se ha manifestado desde el más miserable cinismo. «Que nos dejen hablar nuestro idioma», protestaba semanas atrás el señor Arzobispo de Pamplona-Tudela monseñor Fernando Sebastián. Está bien. Permítasenos a los católicos hablar el nuestro, que no es necesariamente, ni por aproximación, el mismo idioma de los obispos.

La salida del túnel
KEPA AULESTIA El Correo 18 Febrero 2001

En contra de la versión habitual, la cara amable que ofrece Euskadi, su apego a la modernidad, la solidaridad de sus gentes, el saber vivir, no constituyen los factores de esperanza que nos permitirán desembarazarnos de la ignominia y la sinrazón. Cabe vaticinar que todo lo contrario. Imaginarnos la realidad como si los vascos tuviéramos que salir de un túnel oscuro para encontrarnos, por ejemplo, delante del Guggenheim o ante el solar sobre el que se alzará el Artium es una manera equivocada de mirarnos a nosotros mismos.

La explicación es bien sencilla: el mal que nos afecta es la esquizofrenia. Y nos estamos acostumbrando a ella. Las noticias positivas no son el reverso feliz de las negativas, sino que forman parte de la misma cara de la moneda. Por insufribles que resulten la violencia y la persecución ideológica, no nos lo parecen tanto. En otro caso, hubiésemos acabado hace tiempo con ellas. La modernidad y la barbarie son incompatibles como concepto.

Pero la realidad, nuestra realidad, hace que la barbarie precise de la modernidad para perpetuarse. Nuestro terrorismo no es el de la marginación, la injusticia social y la desesperación. Es el terrorismo del bienestar; entre otras razones porque quienes lo alientan disfrutan del bienestar tanto o más que sus conciudadanos. El resto de la sociedad -quienes no son víctimas directas de su persecución- no ve que su bienestar se resienta más que su propia conciencia. Lo que Ibarretxe presenta siempre como aval de solución -la Euskadi amable- en realidad forma parte del problema.

Quienes ayer contemplaron el vídeo en el Kursaal pudieron percibir las imágenes de una versión lineal sobre los problemas y sus soluciones que considera que la salida -la solución sobre cuya existencia dice estar tan convencido el lehendakari- se halla al final del túnel, pero siempre de frente. Se diría que para alcanzarla necesitamos recorrer todo el trayecto, guiados por una luz imperceptible que no permite medir la distancia que nos separa de la salida, ni si llegarán a ella las actuales generaciones.

Pero lo más característico de esa visión es que denota que sus partidarios nunca se han puesto a pensar si acaso no lograríamos salir antes del túnel marcha atrás. A no ser que no les guste esta salida y prefieran la que creen ver de frente, que seguro que está más lejos. Es una simple sugerencia. Pero es probable que el diálogo y el entendimiento fuesen más asequibles si los responsables públicos y la sociedad se dispusieran a buscar la salida por el camino más corto de la experiencia compartida, de cuando vivíamos más unidos, antes de perdernos por caminos que se bifurcan en lo desconocido.

¡Salvad al PNV!
José María CARRASCAL La Razón  18 Febrero 2001

Es el grito angustiado que se oye en todos los cuarteles nacionalistas. ¡Salvad al PNV, que se hunde! ¡Impedid que pierda el poder en Euskadi, que nos hundimos todos! Y ahí tienen a todos echándole salvavidas, desde los obispos, negándose a firmar el documento antiterrorista del PP y PSOE, a Garaicoechea, dispuesto a sacrificarse «ad maiorem gloriam PNV», no presentándose a las elecciones pese a las faenas que le hicieron Arzallus y compañía. Incluso ha llegado Pujol, en plan bombero y masajista. Todo, antes de que el PNV pueda perder el poder que ocupa desde hace más de 20 años.

    Se explica. El paso del PNV a la oposición significaría un durísimo golpe a todos ellos. No hay que olvidar que estamos ante el partido nacionalista más antiguo, más consolidado, con más tradición en nuestro país. En su vitrina puede exhibir trofeos tan valiosos como haber detentado el poder ya antes de la Guerra Civil y haber mantenido un gobierno en el exilio durante el franquismo. Como el Barça, el PNV puede decir que es «más que un partido». Es una comunión de anhelos, al estilo de la comunión tradicionalista, de la que heredó buena parte de sus miembros, a la vez que un entramado de intereses, que se extiende por todas las actividades de la sociedad vasca. Quiero decir que una derrota del PNV, con su consiguiente pérdida del poder, sería un auténtico cataclismo para tales anhelos e intereses. Nada de extraño su movilización para que no ocurra.

    Pero cuantos se han movilizado en esa ayuda se equivocan precisamente en lo fundamental: en el enemigo. Creen que el enemigo del PNV son el PP y el PSOE. Cuando su verdadero enemigo es Eta y todos aquellos dentro del PNV que, deslumbrados por el independentismo rabioso de la banda, decidieron pactar con ella. Quien está llevando al desprestigio al PNV es Eta. Quien está demostrando que el gobierno del PNV no puede garantizar la seguridad ciudadana es Eta. Quien está convenciendo a miles de vascos de que el PNV no merece gobernar es Eta y nadie más que Eta.

    O sea que de quien hay que salvar al PNV no es del PP ni del PSOE, sino de Eta y de cuantos han pactado con ella. Eso lo ve todo el mundo, excepto aquéllos a los que el nacionalismo ha puesto orejeras y siguen considerando a Eta un movimiento independentista, cuando es una banda de extorsionadores y asesinos. La ceguera en la cúpula del partido llega a tal extremo que, como a san Pablo, sólo la caída del caballo, quiero decir del poder, puede que les permita ver la luz. Garaicoechea ha dicho que el País Vasco será independiente en el año 2008. Con que fuera independiente de Eta podría darse por más que satisfecho. Pero no es seguro que eso ocurra porque hay gentes en el PNV que no quieren independizarse de quienes les están literalmente hundiendo. Así no hay forma de salvar a nadie.

Palizas y escoltas: el otro modo de ir a clase
Jóvenes proetarras apalean a universitarios «españolistas» contrarios al nacionalismo
La participación de algunos profesores de universidades del País Vasco en foros a favor de la paz y en contra del terrorismo de Eta les ha colocado en el centro de la diana. Como muchos políticos que se enfrentan abiertamente a los pensamientos totalitarios de los proetarras, estos docentes han visto su vida seriamente perturbada por insultos, amedrentamientos y ataques personales que han coronado esta violenta y descabellada espiral nacionalista. Pero no son los únicos. También aquellos alumnos que han protestado contra los acólitos de la banda han recibido su «castigo».
S. Andía /E. Mejuto - San Sebastián /Bilbao .- La Razón 18 Febrero 2001

«En un largo pasillo de profesores de Filosofía y Antropología, yo soy el único innominado; es mi estrella de David en el brazo; poco antes tacharon mi nombre en otra jornada pro-presos en la que además inscribieron las célebres y necrológicas letras de su diccionario social: “asesino”». El antropólogo Mikel Azurmendi escribió desde su exilio en Estados Unidos estas líneas en un artículo en el que expresaba sus sentimientos cuando entraba por la puerta del campus de San Sebastián.

    Nosotros también entramos por la puerta de una universidad vasca. No avanzamos ni diez pasos y en las paredes de lo que debiera ser el centro del pensamiento libre, cuelgan carteles y pancartas con mensajes proetarras. Sólo hay palabras en euskera:«Haika» y el sindicato de estudiantes «Ikasle Abertzaleak». No hay ningún cartel que rompa con la moda iconográfica. Mismo color, misma tipografía, mismo mensaje: «faxistak» el que se oponga.

    Antes de poner la bomba a Azurmendi en casa, los sectores de apoyo a Eta habían colocado su nombre en el centro de una diana. También le quitaron el nombre en el rótulo de la puerta de su despacho. Además tuvo que aguantar como a su paso por un pasillo corrillos de veinteañeros le insultaban.

    La participación de profesores universitarios en movimientos de rechazo al terrorismo, como los foros Ermua y El Salvador, les ha colocado en el punto de mira de los terroristas y de los proetarras que en los últimos años han cometido varios actos de intimidación contra los docentes. Uno de ellos bajó y subió en un ascensor al lado de tres kilos y medio de dinamita. El director del Euskobarómetro, Francisco Llera, junto a otros profesores, no dio importancia a lo que parecía un paquete de folios. Este catedrático se ha mostrado siempre crítico con la violencia que vive el País Vasco, al que ha comparado con la Alemania nazi.

    Llera realiza estas declaraciones en la Facultad de Comunicación de la UPV, especialmente conflictiva por la importante presencia de grupos de estudiantes organizados en torno al colectivo «ikasleen abertzaleak». Estos «estudiantes nacionalistas» han protagonizado en numerosas ocasiones protestas proetarras. Además de las quemas de coches o de atentados contra los domicilios, desde principios de año, en las listas de objetivos de los «comandos» de Eta desarticulados, han aparecido los nombres de profesores universitarios no nacionalistas. En ocasiones, además de los nombres, existían detalladas informaciones sobre sus movimientos. Incluso, se indicaba expresamente cuál era el lugar idóneo para cometer el atentado y la ruta de huida. Esta situación ha obligado a la Universidad y a los responsables policiales a establecer dispositivos específicos de seguridad para dar protección a los profesores amenazados por la banda terrorista.

    Frente a estos jóvenes se encuentran otros. El presidente de Nuevas Generaciones del País Vasco, Santiago Abascal, envió esta semana un comunicado en el que se denunciaba que en los últimos meses varias personas han recibido palizas de jóvenes radicales en distintos campus universitarios vascos por defender «las libertades en el entorno juvenil». Tras el comunicado se encuentra el miedo que tienen los jóvenes atacados a denunciar las palizas. Las únicas causas de las agresiones fueron protestar por pintadas a favor de Eta, querer quitar carteles que no sean del «partido» (entorno de Eta), por qué tienes pinta de «españolista»... No quieren hablar con nadie, ni con la Policía, ni con los periodistas.

    Hay que dejarlo estar, por la razón que exponía el anterior rector de la Universidad del País Vasco. Pello Salaburu reconocía, poco antes de dejar el cargo, que no había visitado más centros universitarios vascos por miedo a los estudiantes: «Por miedo a las agresiones -reconocía Salaburu-. Porque no ha habido vez en que yo haya ido a un centro y no se me hayan enfrentado algunos alumnos. Yo hubiera ido encantado a una clase a someterme a las preguntas de los alumnos. Pero he sentido miedo».
  

La caución Maragall
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 18 Febrero 2001

Esta semana se ha producido la inversión de la relación de fuerzas políticas que venía anunciando el cronista. La euforia del PSOE ha sido flor de un día. ¿Acaso podía dar más de sí este revoltijo de materiales deleznables, amontonados de modo oportunista, con los que Zapatero ha pretendido construir la casa de la oposición? Era arena y hojarasca, y se ha demostrado su inconsistencia. La epidemia de las vacas locas interpela a España en la medida en que es parte de la Unión Europea; el uranio empobrecido apunta a la responsabilidad del gendarme planetario; la demagogia con los sin papeles comienza a irritar a la opinión pública y la rebelión contra el plan del agua define al PSOE como exutorio de las mentalidades provincianas.

Frente a unas críticas que, en el mejor de los casos podríamos calificar de voluntaristas, el Gobierno opone la rotundidad de la reorganización de la Justicia, la asunción de la inmigración y la reconversión estructural del reparto del agua.

No terminaría ahí el análisis del enfrentamiento entre el Gobierno y el PSOE si no tuviésemos en cuenta un dato fundamental: mientras aquél actúa con la coherencia propia de un partido nacional, éste se revela contradictorio y fragmentado. Así, Bono e Ibarra apoyan el plan del agua, y los aragoneses y mallorquines desobedecen la política de extranjería de la Ejecutiva socialista. Abrumado por los problemas interiores, Zapatero ha condicionado el pacto de Estado en materia de inmigración a que el Gobierno le dé un margen de maniobra que le permita entenderse con los suyos. El portavoz del PP ha traducido estas pretensiones de Zapatero con ironía demoledora: «El Gobierno colaborará en la solución de los problemas del PSOE en la medida que la dirección socialista esté dispuesta a solucionar los problemas de la sociedad española».

La caída de prestigio de Zapatero se ha acusado en algunos medios y no sólo en los más cercanos al Partido Socialista. Es evidente la decepción de aquellos que habían concedido al nuevo líder socialista un margen de confianza no ya por afinidades ideológicas sino para demostrar una apertura de talante, o para jugar a una aparente independencia, o para dar achares al Gobierno, o para ganarse a la clientela socialista o, incluso, por creer en la personalidad política de aquel. La verdad es que Zapatero no ha podido tenerlo mejor... fuera de su partido. Pero éste no iba a tardar en emerger ante él como el mayor de los retos.

Lo más grave, sin embargo, no ha sido haber heredado un partido en las condiciones deplorables en las que se encuentra el PSOE sino en negarse a reconocer el problema. En vez de enfrentarse a la división según territorios o según opciones ideológicas el equipo de Zapatero trata de ver en ellas un hecho ejemplar. Haciendo de la aberración virtud, los nuevos dirigentes socialistas han llegado a las siguientes conclusiones:

—Las distintas concepciones, a veces irreconciliables, son la consecuencia lógica del autonomismo.

—Puede haber tantas opciones cuantas Comunidades Autónomas.

—Las disidencias con la línea oficial no son un defecto sino una prueba de la fecundidad.

—La aspiración a una política nacional coherente es un sueño pre autonómico propio del irredentismo centralista y unitarista.

—Los partidos nacionales tradicionales han pasado a la historia.

—Un programa común se funda en la disparidad.

Como se ve, la justificación del caos como estrategia. La debilidad de Zapatero como fuente de una nueva legitimidad. Una alternativa a la hegemonía del centro derecha. La asimetría como negación de la relación de fuerzas clásicas. La caución Maragall.   

Radicales atacan dos sucursales en Lekeitio y un repetidor de Retevisión en Bergara
El sabotaje contra las instalaciones de televisión destrozó la base del cableado de la torre y causó daños en los equipos técnicos El incendio con ‘cócteles’ en la sede bancaria del BBVA provocó graves desperfectos
BILBAO EL CORREO   18 Febrero 2001

Las acciones violentas regresaron en la noche del viernes a las calles del País Vasco. Grupos de radicales arrojaron ‘cócteles molotov’ contra dos sucursales del BBVA y de la BBK en Lekeitio y arrojaron líquido inflamable contra el repetidor que posee Retevisión en la localidad guipuzcoana de Bergara En los tres casos, los sabotajes provocaron importantes daños materiales. Los episodios de ‘kale borroka’ se reprodujeron en la madrugada del sábado en varias localidades navarras, donde desconocidos prendieron fuego a varios contenedores.

El primero de los ataques se produjo a las once y cuarto de la noche en Lekeitio, donde radicales lanzaron ‘cócteles molotov’ contra dos oficinas bancarias ubicadas en la calle Pascual Abaroa de la localidad vizcaína. El incendio ocasionado en la sucursal del BBVA, que provocó graves desperfectos, alcanzó el interior de la entidad. En un principio se pensó en desalojar a los vecinos de las primeras plantas del inmueble, extremo que finalmente no resultó necesario. De menor importancia fueron las consecuencias del ataque contra la sucursal de la BBK, donde las llamas sólo afectaron al cajero automático.

Domicilios sin señal
Un cuarto de hora después, a las once y media de la noche, los violentos actuaron en Bergara. Tras forzar la caseta del repetidor de Retevisión, ubicado en la zona de Elosua, rociaron con líquido inflamable el interior de las instalaciones y posteriormente le prendieron fuego. Los daños ocasionados por el sabotaje fueron importantes. Las llamas destrozaron la base del cableado de la torre y causaron graves desperfectos en los equipos técnicos. Por este motivo, los vecinos de las inmediaciones se quedaron sin señal de televisión.

Durante la madrugada del sábado los episodios de violencia callejera se reprodujeron en diversas localidades de Navarra. Quince minutos después de medianoche, desconocidos prendieron fuego a un contenedor de basura en la calle Larrainzar de Burlada.

Poco antes de las dos de la madrugada incendiaron otro contenedor en la calle Conde Oliveto de Pamplona y sobre las cuatro y media, ardió otro en la calle Santa Cruz de Cizur Mayor. Hasta los lugares de los ataques se desplazaron agentes de la Policía municipal así como efectivos de bomberos, que se encargaron de extinguir los incendios.

La semana arrancaba con el descubrimiento del ataque perpetrado contra el juzgado de paz de Mendaro. Durante la noche del domingo, un grupo de desconocidos había incendiado las oficinas con líquido inflamable. El sabotaje provocó graves daños en el mobiliario.

Los pacifistas denunciarán en la ONU la violación de derechos en el País Vasco
VITORIA. ABC  18 Febrero 2001

La Plataforma Libertad presentará ante el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas un documento en el que se informa sobre la violación de los derechos fundamentales que sufre una parte de la población vasca. El documento incluirá un análisis de la «conculcación permanente» del derecho a la vida y a la libertad que sufren muchos ciudadanos españoles y, especialmente, en el País Vasco.

Presidida por Vidal de Nicolás, esta Plataforma acoge en su seno integrantes de otros colectivos como el Foro El Salvador, Víctimas del Terrorismo, Asociación por la Tolerancia de Cataluña, Movimiento contra la Intolerancia y Foro Ermua. Sus máximos representantes comparecieron ayer en Vitoria ante los medios de comunicación para mostrar su «total adhesión» a la denuncia que el Foro de Ermua realizó hace exactamente un año en Estrasburgo sobre la «grave situación» que se vive en el País Vasco y donde se solicitó el «amparo moral» del Parlamento Europeo a la ciudadanía no nacionalista amenazada por ETA y sus «colaboradores políticos».

En un texto de seis puntos que fue leído por el presidente de Covite, Juan Antonio Corredor, la Plataforma señala que «cada día se hace más obvio, si cabe, el carácter nazi de ETA, sus portavoces políticos y sus cómplices ideológicos». «El proyecto totalitario y genocida que alumbra la práctica criminal de ETA revela la naturaleza de quienes apoyan o no condenan el terrorismo», añade el documento.

Además, se recuerda que los 24 asesinatos cometidos por ETA desde la ruptura de la «falsa tregua» ponen de manifiesto que la defensa de la vida y de la libertad son las «urgentes y dramáticas» demandas de la sociedad vasca y española, que sufren una violencia basada en un discurso de «soberanismo étnico, racista y xenófobo».

Frente a toda esta situación, la Plataforma subraya que cada vez resulta «más escandalosa la responsabilidad» del Gobierno vasco y del nacionalismo en el «deterioro» de las instituciones y los derechos fundamentales del País Vasco por su negativa a «enterrar» definitivamente el pacto de Estella.

EL «ENFERMO POLÍTICO» DE EUROPA
Además, acusan al Ejecutivo de Ibarretxe de utilizar la enseñanza y los medios de comunicación públicos para el «adoctrinamiento político», así como de ser el «responsable directo» de la «inoperancia» de la Ertzaintza en la persecución del terrorismo de ETA y de la «kale borroka».

«Es necesario hacer ver a la comunidad internacional la verdadera cara del terrorismo etarra y del proyecto totalitario que contiene el nacionalismo del País Vasco», añaden. «Es cierto que hay un problema muy complejo, puesto que se da la paradoja de que estando en un país donde el nivel de bienestar material es muy alto, somos, sin embargo, el enfermo político de Europa», afirmó Vidal de Nicolás. Por ello, califican de «imprescindible» que la sociedad civil informe y denuncie ante los organismos internacionales los «comportamientos» contrarios a los derechos humanos. «El mundo debe de enterarse de que aquí se violan los derechos humanos, que resulta imposible vivir en libertad y que la vida está amenazada», concluyó el presidente del Movimiento contra la Intolerancia, Esteban Ibarra.

MONTERO RESPONDE A ARZALLUZ
Por otra parte, Nuevas Generaciones del País Vasco anunció ayer que comenzará una campaña consistente en envar cartas al presidente del PNV «para explicar a Arzalluz lo que significa vivir con miedo», según explicó el presidente de la organización juvenil, Santiago Abascal.

Abascal respondió así al dirigente del PNV, quien afirmó el viernes -en referencia a las palabras pronunciadas la víspera por el rector de la Universidad del País Vasco, Manuel Montero- que «el miedo es subjetivo y el miedo, a la hora de cumplir el deber, hay que superarlo». Precisamente, Montero contestó ayer a Arzalluz que le gustaría que los políticos cumpliesen sus obligaciones, entre las cuales está «evitar que existan circunstancias objetivas que provocan el miedo».

Iturgaiz: «Las palabras de Rubalcaba son de sinvergûenza»
Redacción - Barcelona .- La Razón 18 Febrero 2001

El presidente del PP del País Vasco, Carlos Iturgaiz, ratificó ayer que la intervención que hizo el viernes en el Parlamento vasco el diputado del PNV, José Antonio Rubalcaba, es una «provocación intolerable» para los que son perseguidos por ETA y unas declaraciones propias de un «sinvergûenza».

    Iturgaiz, que viajó a Cataluña para participar en una fiesta gastronómica popular en Alcober (Tarragona), se ha referido, a preguntas de los periodistas, a los enfrentamientos que tuvieron lugar el viernes en el Parlamento vasco, después de que Rubalcaba afirmara que el PNV «se jugó el bigote por la paz» mientras que socialistas y populares no hicieron nada.

    A juicio del dirigente del PP, las declaraciones que hizo Rubalcaba «son unas declaraciones que no tienen vergûenza de hacerse y por lo tanto se queda sin vergûenza. La gente que no tiene vergûenza es un sinvergûenza», añadió.
    El presidente del PP vasco señaló que los no nacionalistas en el País Vasco «se nos está persiguiendo como a los judíos en la Alemania de principios de los años cuarenta, se nos persigue para asesinarnos».

    En este contexto, ha añadido Iturgaiz, «no es tolerable que un dirigente nacionalista, ni que sea del PNV, venga a mofarse, a provocar todas estas personas que estamos siendo perseguidos, que vamos de funeral en funeral».
    «No nos pueden decir encima que somos nosotros los que ponemos impedimentos a la paz», se ha lamentado Iturgaiz, quien se ha preguntado «qué bigote se están jugando Arzalluz o Rubalcaba cuando no van escoltados, cuando no deben mirar los bajos de su coche antes de montarse, cuando ETA ya les ha dicho que no les va a pasar nada».

    En opinión de Iturgaiz, las palabras de Rubalcaba «son una provocación intolerable en un parlamento, fuera de un parlamento, en el País Vasco, en España o en el Congo belga».
    El dirigente popular también se ha referido a la decisión de la Conferencia Episcopal de no adherirse al pacto antiterrorista y afirmó que es una actitud fruto «del corporativismo» y aseguró que, aunque la respeta, no la comparte.
    «Creo que lamentablemente sigue habiendo un corporativismo entre los obispos que no se puede entender».

Nicolás Redondo Terreros: «Arzallus juega a recoger votos de HB para evitar la caída del PNV»
«Suceda lo que suceda, tras las elecciones vascas no habrá un gobierno apoyado por HB, ni con tentaciones soberanistas»
El secretario general de los socialistas vascos asegura que «no es compatible ser ministro de Interior y candidato a lendakari». Nicolás Redondo también tiene claro que Arzallus está jugando a «captar votos en HB» para evitar una caida de su partido, el PNV
Inmaculada G. de Molina.- La Razón 18 Febrero 2001

Es el único candidato oficial a las elecciones en el País Vasco. Designación que considera le beneficia frente al PNV y al PP. No obstante, es muy consciente de que su candidatura es cuestionada por algunos compañeros de partido y, sobre todo, por los nacionalistas vascos. Nicolás Redondo Terreros está convencido de que es posible y factible acabar con Eta en los cuatros años de legislatura. Si él es lendakari, pondrá toda la carne en el asador para lograr el fin de la banda terrorista. Para ello, admite que la contribución del PNV es tan importante como la de los populares. Ahora bien, tienen que regenerarse y someterse a un cambio profundo. El secretario general de los socialistas de Euskadi, que sentado en el sofá de su despacho no para de moverse ni un sólo minuto, deja a sus compañeros que decidan libremente si se reúnen o no con el lendakari Ibarreche. Eso sí, les advierte de que perderán el tiempo. De la Iglesia y de la Justicia prefiere ni hablar.

    -¿Se convocarán las elecciones vascas antes del verano?
    -Depende del lendakari. Cuando empleas la lógica con Ibarreche te puedes equivocar de medio a medio. Es razonable pensar que habrá elecciones antes del verano.

    -¿Qué opina de la polémica sobre la necesidad de que haya observadores europeos en el País Vasco?
    -No es necesario. Es verdad que los políticos no nacionalistas tendremos mayores obstáculos para hacer la campaña electoral y que la gente que nos vote hará un acto de valor y de coraje mayor.
    -¿Qué le parece que el candidato del PNV vuelva a ser Ibarreche?
    -Existían reflexiones para que la dirección presentase a otro candidato. El PNV sólo puede presentar a Ibarreche, porque, de lo contrario, reconocería el fracaso que supuso el Pacto de Estella y los errores de los últimos años. Y está claro que el PNV no está dispuesto a reconocer estos errores.

    -¿Cómo valora la decisión de Garaicoechea de no presentarse a las elecciones?
    -En el nacionalismo hay un alto grado de descomposición. El PNV hará lo que sea para ser la primera fuerza política. Creían que nos iban a llevar a los dirigentes no nacionalistas al mar y los comicios municipales se saldaron con un fracaso para esa coalición.
    -¿Sus compañeros apoyarán su candidatura a las elecciones?
    -En mi nominación como candidato estuvo todo el PSOE apoyándome. El PSOE está unido y en una línea inequívoca clara. Todo lo que eran corrientes de opinión han desaparecido.

    -¿Es compatible ser ministro de Interior y candidato a la Presidencia vasca?
    -No es compatible ser ministro de Interior con ser candidato. Tanto una cosa como la otra son especialmente sensibles. Ser ministro de Interior, con el terrorismo encima, es una tarea muy importante, a la que hay dedicar todos los esfuerzos. Es difícilmente complatible con cualquier otra actividad, pero es más incompatible si se trata de ser candidato la Presidencia del País Vasco. Ahora a mi no me viene mal que sigan como están, tanto el lendakari Ibarreche como Mayor Oreja, porque me permite, como único candidato oficial en el escenario político vasco, hablar de lo que quiero hacer en el futuro.
    -¿Habrá gobierno de coalición PP-PSE?
    -Queremos hacer un gobierno constitucional y estatutario, fuerte y dialogante y que dedique todas sus energías a acabar con Eta. Alrededor de esos principios haremos nuestra política de alianzas. Los ciudadanos tienen que saber a qué jugará cada partido y el nuestro defenderá un gobierno constitucional y estatutario.

    -¿A qué se debe el guante blanco que están utilizando con Mayor Oreja en el tema de inmigración?
    -No estamos siendo exquisitos con él, sino que estamos creando otra forma de hacer política desde la oposición. Queremos demostrar a los ciudadanos que se puede ganar unas elecciones sin crispar el país.
    -¿Un gobierno vasco constitucionalista pasará factura al PSOE en las generales?
    -En España se comprende muy bien que en el País Vasco estamos ante un problema que no sólo es de carácter político, sino predemocrático. Estamos luchando por la paz y la libertad. En ese sentido, que coincida la izquierda y la derecha no sorprende absolutamente a nadie. No estoy hablando de gobiernos de coalición. Es más, el pacto contra Eta ha dejado claro que el PSOE es suficientemente generoso como para que desde la oposición proponga al Gobierno un pacto de Estado en materia de lucha contra el terrorismo.

    -¿Hay un acuerdo para que el lendakari sea socialista?
    -No. El PSE es el que garantiza mejor un cambio tranquilo en el País Vasco. Por tanto, tendremos un buen resultado electoral. Esto es lo que dice Anasagasti, al que nunca he oído una idea, sólo cotilleos e insultos.
    -¿Luego, no se ve como lendakari?
    -Sé que todo está en una gran interrogante y sé que el partido necesario para hacer el cambio tranquilo es el Socialista. Por mucho que diga Arzallus, nadie nos verá como un enemigo de la autonomía, ni del idioma, del euskera. Nuestro partido está jugando un papel fundamental, como nunca probablemente haya jugado. Hay elementos que nos perjudican. La polarización entre el PP y el PNV no es que nos beneficie.

    -¿Si es lendakari, su objetivo será acabar con Eta en la legislatura?
    -No se han puesto todos los resortes y energías que tiene la autonomía vasca para acabar con Eta. Hay dos principios a cambiar inevitablemente en la lucha contra Eta. Que el Gobierno que gobierne no quiera rentabilizar el final de Eta. El Gobierno puede y debe decir a la sociedad vasca que Eta es batible, en contra de lo que el PNV y el Ejecutivo vasco dicen. Si se cambia esos dos principios la lucha será más fácil. Son dos principios que pueden mover montañas, entre otras hay que emplear todo lo que está en nuestras manos desde el punto de vista de la educación para que gane la tolerancia.

Dignificar a la Ertzaintza
    -¿Y cambiando la dirección de la Ertzaintza?
    -Hay que dignificar a la Policía Autónoma. Sus profesionales están en una situación de baja autoestima, porque sus dirigentes no les han sabido dirigir. No sólo es necesaria una coordinación entre la Policía Autónoma y la Nacional, sino el establecimiento de una estrategia conjunta contra el terrorismo, respetando la autonomía de las fuerzas. Y como no recuperando la unidad democrática.
    -¿Se quedaría reducida a un Grapo?
    -No estará como está hoy con la agenda política en su mesa. Los nacionalistas han entregado la agenda política a Eta.
    -¿Si hay gobierno de coalición, Eta asesinará más, como dice Arzallus?
    -Arzallus quiere introducir miedo en el no nacionalismo y en el nacionalismo moderado, que nos va a votar. Está jugando a recoger votos de HB para evitar la caída del PNV.
    -¿Es posible acabar con Eta, sin contar con el PNV?
    -Es un partido necesario. Es necesario para enfrentarnos a la consecución de la paz, pero en los mismos términos que el PP. Se equivocan los que piensan que sin el PP se puede conseguir la paz. Hay tres partidos que son necesarios en los mismos términos: PNV, PP y PSE.

Las tonterías de Arzallus
    -¿Si gobierna el PP y el PSE gobernará Madrid, como dice Arzallus?
    -Es una tontería. Lo que sé es que si gobierna Ibarreche sabemos que gobernará Arzallus.
    -¿Pactará con el PNV, si entierra definitivamente el Pacto de Estella?
    -Eguibar ha vuelto a proponer la relación con HB. Arzallus ha desenterrado el hacha de guerra y combate con mucha violencia las posiciones del PSE. No estamos ya ante cambios gestuales. Es necesaria una revisión del nacionalismo. Si no la hacen, terminarán no siendo referente fundamental del nacionalismo.
    -¿Qué opina del intento de Ibarreche de abrir una ronda de negociación por la paz?
    -Se ha gastado ya 12 millones en anuncios en los medios de comunicación con su propuesta de paz en el Parlamento vasco. El mejor servicio que puede hacer para conseguir la paz es convocar elecciones. Está desautorizado política y moralmente.
    -¿Qué le parece la caza de brujas del PNV contra sus disidentes?
    -Su dirección tiene mucho miedo a la discrepancia interna y la convierte en disidencia. El PNV tiene un problema pendiente que no solucionará expulsando a uno o a dos. Tendrá que decidir si está con HB y en el monte o en el centro de la actividad política vasca. Si está en la independencia o en el Estatuto.
    -¿Habrá que actualizar el pacto antiEta en función de los resultados electorales en el País Vasco?
    -Es un pacto de ámbito estatal.
    -¿Qué le parece el acercamiento de Pujol a Ibarreche?
    -Pujol sabe que cualquier acercamiento excesivo al PNV le perjudica en Cataluña. No está en condiciones de dar balones de oxígeno a nadie.

    -¿Tiene razón de ser la Declaración de Barcelona?
    -No. Los nacionalistas han terminado siendo la mejor expresión de la angustia españolista de Unamuno. Dentro de la Constitución pongamonos de acuerdo. Todo lo demás son ganas de ir contra el futuro.
    -¿Cómo valora el papel de la Iglesia vasca, sobre todo, de Setién?
    -Hay magníficas personas en la Iglesia vasca. Lo malo que puede suceder es que la jerarquía de la Iglesia termine dando la sensación de que es la mejor veleta de la historia. Tiene que decidir si ayuda a hacer ese cambio para su propio crédito.
    -¿Cómo son sus relaciones con Mayor Oreja?
    -Hemos tenido una buena relación política, que ha sido rentable para el País Vasco.
    -¿Ha tenido, alguna vez, la tentación de abandonar?
    -Supongo que nos pasa a casi todos, todas la mañanas, a la gente decente y con sentido común. Pero luego se impone la obligación. Terminar con el terrorismo tiene su atractivo.
    -¿Está convencido de que en estas elecciones habrá un cambio?
    -El cambio ya está.
    -¿Habrá fracasado si no hay gobierno constitucionalista?
    -Suceda lo que suceda, tras las elecciones no habrá un gobierno apoyado por HB, ni con tentaciones soberanistas, ni que quiera pasarse por el arco del triunfo las reglas del juego.

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