AGLI

Recortes de Prensa     Martes 20  Febrero  2001
#‘Eusko label’, etiqueta vasca
JOSEBA MARKAIDA El Correo  20 Febrero 2001

#El problema
Ramón PI ABC 20 Febrero 2001

#El «nacionalismo sectario» manipula la Historia, según Aznar
El Mundo  20 Febrero 2001

#Aznar asegura que el futuro de España dependerá de la capacidad para derrotar al terrorismo
Madrid Estrella Digital 20 Febrero 2001

#El Gobierno vasco oferta una escuela pública monolingüe en vascuence
BILBAO. M. Alonso ABC 20 Febrero 2001

#El bigote de Rubalcaba
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 20 Febrero 2001

#Un gesto de la Iglesia
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 20 Febrero 2001

#El compromiso de Rouco está claro, el del clero vasco no
Impresiones El Mundo 20 Febrero 2001

#Apremios de lo diáfano
Valentí PUIG ABC 20 Febrero 2001

#El error de los obispos
Editorial La Razón  20 Febrero 2001

#Actos políticos
ANTONIO GALA El Mundo 20 Febrero 2001

#Una vela a Dios y otra al demonio
Julián LAGO La Razón  20 Febrero 2001

#Obispos malos
EDUARDO HARO TECGLEN  El País  20 Febrero 2001

#La mujer y el hijo de un edil del PSE, heridos al atacar los proetarras su casa
BILBAO. M. Alonso ABC 20 Febrero 2001

#Falsa democracia
Gorka Etxebarría Libertad Digital 20 Febrero 2001

#El Supremo avala como mérito para ser juez conocer la lengua autóctona
B. DE LA CUADRA | Madrid El País  20 Febrero 2001

#Uno contra muchos y un silbo
Nota del Editor 20 Febrero 2001

#El campanario
FRANCISCO UMBRAL El Mundo  20 Febrero 2001

#Un colegio francés anula un intercambio en Vitoria «por la situación política»
FERMÍN APEZTEGUIA VITORIA El Correo  20 Febrero 2001

#Ibarretxe, bien hecho
Editorial La Estrella 20 Febrero 2001

#Cuando la virtud no está en el medio
RAFAEL AGUIRRE El Correo 20 Febrero 2001

‘Eusko label’, etiqueta vasca
JOSEBA MARKAIDA El Correo  20 Febrero 2001

El ser o no ser vasco, hoy en día, ya no depende de uno mismo, ni de dónde ha nacido, ni de la madre que lo parió, ni del apellido de su padre y mucho menos de la ‘normativa vigente’. Hoy en día para ser vasco hay que ser nacionalista vasco, el ‘label de vasco’ no se lo dan a cualquiera. Si usted quiere ser vasco, cualquiera que sea su origen, solamente tiene que afiliarse a un partido nacionalista y le darán el ‘label de vasco’, o bien cometer cualquier barbaridad en nombre del pueblo vasco, para ser, además, ‘héroe vasco’. El resto de nosotros somos inmigrantes en nuestra propia tierra, a nuestro pesar.

Es bien sabido que los nacionalistas vascos, más o menos fanáticos, tienen un desmedido afán patrimonialista y monopolizador de todo lo vasco (lengua, cultura, folklore, etcétera), actuando en este país nuestro como si fuera suyo. Los no nacionalistas nos hemos acostumbrado a esta situación, considerándola normal, hasta tal punto que, como decía, hemos pasado a ser inmigrantes en nuestra propia tierra y, aunque ahora, por las circunstancias actuales, nos hablen de diálogo, integración o pluralidad, es difícil que les creamos. Ya no hay confianza en las palabras de los nacionalistas vascos; el acto de desagravio al lehendakari, posterior a la muerte de Fernando Buesa, sólo fue el primer aviso, pero muy clarificador. Desde entonces, estoy convencido de que muchos de ellos quieren que nos marchemos, aunque algunos no se atrevan a decir aquello de «maquetos idos a España».

Si uno es socialista o del Partido Popular en este país, es «antivasco», según dijo el señor Arzalluz en el último batzoki recientemente inaugurado. Nos insulta, por la cara. Ya no se conforma con que seamos buenos o malos vascos, somos antivascos, o sea, nos odiamos a nosotros mismos. Desde que el señor Arzalluz no saca a relucir el asunto de la raza vasca la discusión con los nacionalistas ha perdido parte de su encanto, al centrarse en temas menos románticos y a veces muy dramáticos. El debate de la cuestión antropomórfica y serológica sobre los vascos ha quedado de lado, a la luz de los últimos avances científicos en Biología Molecular y Genética. Conocemos la estructura del ADN y el mapa genético o la herencia genética de cada individuo y ello ha acabado con algunos mitos románticos de los más ‘esencialistas’, por no decir racistas, de esta tierra.

De todas formas, ellos son más vascos que nadie y, como el país es suyo, actúan con un paternalismo autoritario, una falta de amor a la libertad y de sensibilidad democrática que da muestra de su talante arrogante, exclusivista y prepotente. Hablando de su talante, tenemos en Getxo un alcalde fiel seguidor de su maestro, que puede ser el prototipo de lo que digo. Un alcalde que, sin ser ninguna autoridad educativa, envía una misiva a todos los ciudadanos de Getxo en la que nos ‘invita a reflexionar’ sobre la importancia que para la educación de nuestros hijos y para el futuro de nuestra sociedad tiene la elección de los modelos lingüísticos B y D e intenta disuadirnos de la elección del modelo A, que deliberadamente, supongo, ni siquiera menciona y que ofrece una calidad excelente en la enseñanza del euskera. Se nos dirá que está aprobada por el pleno del Ayuntamiento, pero es una carta, a mi parecer, manipuladora, en la que se invaden las normas que regulan nuestra educación, en la que, insultando la inteligencia y el criterio de los padres de nuestro municipio, se nos invita, ‘por nuestro bien’, a tomar el camino idóneo. Es, solamente, una muestra de la propaganda ideológica que con el dinero de todos hace el equipo de gobierno de nuestro Ayuntamiento.

A otros niveles, en la radiotelevisión vasca -de la que nuestro alcalde fue anterior director-, la propaganda es de vergüenza -todo va bien, somos buenos chicos, etcétera- y los publirreportajes en la prensa local son también por cuenta del Gobierno.

Esto es Euskadi y los socialistas vascos tenemos nuestra parte de corresponsabilidad por haber permitido que el PNV llegara a esa postura arrogante y soberbia del que cree que siempre tiene razón y nunca rectifica, del que confunde lo público con lo partidario, lo sentimental con lo racional. Son muchos años sin alternancia, ya se sabe.

Antes, algunos ‘patriotas’ me tachaban de antiespañol y ahora de antivasco. Yo no pienso pedir permiso a nadie para ser lo que quiera. No me preocupan las modas y únicamente me preocupan los excesos patrióticos cuando causan terror, coacción, amenaza o insulto. Solamente quiero el ‘label’ de ser humano. Vivir con dignidad y esperanza en esta Euskadi, dentro de una solidaria España de las autonomías, formando parte de esta democracia eurocéntrica en la que vivimos. Es difícil sentirse europeo, hablar de la carta social en este país, donde hay que tener tripas para aguantar a tanto intolerante que anda suelto. Si para tener el marchamo de vascoeuropeo hoy hay que ser como estos fanáticos dicen, prefiero ser bereber, eso si me dejan.

 

El problema
Por Ramón PI ABC 20 Febrero 2001

El problema del País Vasco no es que varias fuerzas políticas se alíen en Estella para lograr la independencia de unos territorios. Eso es un problema, pero no es el problema. El problema es que esta alianza se nutre de los réditos políticos producidos por la estrategia paralela del terror, el asesinato, la bomba, el chantaje y el secuestro. Y si se me apura, el problema de fondo no es ni siquiera éste, con serlo, y muy grave, sino el hecho de que a un pacto montado sobre estos cimientos rotundamente inmorales se haya apuntado el Partido Nacionalista Vasco, partido de tradición no ya católica, sino catolicorra, beata y meapilas desde su fundación por el visionario que se inventó unas fronteras, una bandera y una historia, y adornó este panaché indigesto con el lema «Dios y ley vieja».

El problema es que una parte significativa del clero del País Vasco confundió los fines con los medios y se olvidó de la doctrina católica cuando animaba y bendecía actitudes que tenía la grave obligación de condenar. El problema es que, a lo largo de tres decenios, nunca ha faltado a los asesinos y a sus amigos una cierta atmósfera de comprensión en algunos medios eclesiásticos. Ése es el problema: la deformación moral enfermiza que padece un sector importante de la sociedad vasca, que ha llegado a la aberración de creer que obtener ventajas políticas como consecuencia de la acción criminal de otros es algo moralmente aceptable.

Y, naturalmente, el problema con que se ha encontrado de golpe la Conferencia Episcopal ha sido que, justo en un momento adecuado para sentar la doctrina (con firma formal del acuerdo PP-PSOE o sin ella, eso se podía explicar fácilmente), ha transmitido la impresión inequívoca de que quería escurrir el bulto. La Iglesia defiende la vida, condena el terrorismo, está del lado de las víctimas y no de los victimarios. Pero se trataba de denunciar la inmoralidad del Pacto de Estella, y lo que ha desconcertado e irritado a muchos católicos ha sido que los obispos parecen haber querido mirar hacia otra parte.

El «nacionalismo sectario» manipula la Historia, según Aznar
El Mundo  20 Febrero 2001

MADRID.- El presidente del Gobierno, José María Aznar, acusó ayer al «nacionalismo sectario» de utilizar la Historia en su favor para legitimar lo injustificable.

Aznar, que participó en el ICADE en la presentación de una conferencia de Vicente Palacio Atard titulada Los vascos en la Historia de España, hizo una introducción en la que también quiso dar una perspectiva de los vascos en la Historia del futuro.

Según el presidente, los vascos en la Historia de España son «una dimensión de nuestra Historia común que debe rehabilitarse». En este sentido, habló de la necesidad de «un hilo de proyección hacia el futuro».

«Es esta proyección de futuro de España, de su identidad renovada y abierta en torno a la obra política de la Constitución», según explicó Aznar, lo que ha tenido que «pugnar con el sectarismo, que no sólo se apodera a veces de las actitudes o comportamientos del presente, sino que a menudo pugna por hacerse también con el pasado».

En opinión de Aznar, este «sectarismo» aplicado al pasado ha tenido dos manifestaciones, que calificó de «igualmente nocivas». En primer lugar, el jefe del Ejecutivo considera que el nacionalismo sectario ha utilizado el pasado como «arma arrojadiza» destinada a hacer pervivir a través de las generaciones el «enfrentamiento y descalificación de unos españoles con otros».

La segunda manifestación nociva que, según Aznar ha producido el «sectarismo», ha sido la de hacer de la Historia un «territorio impredecible del que se intenta extraer en cada caso aquello que interesa, en cuyo nombre se alega lo que conviene o que sirve para legitimar lo que es sencillamente injustificable».

En definitiva, puntualizó el presidente «es un intento de ver la Historia convertida en un filón que algunos quieren explotar atribuyéndose su monopolio».

En opinion de Aznar, este tipo de actitudes han «lastrado» el hacer de España ese «proyecto de convivencia posible tantas veces reclamado». Sin embargo, el presidente quiso dejar claro que hoy resulta cierto que tales actitudes «no han conseguido imponerse» y, advirtió «no lo van a hacer».

Según Aznar, la convivencia de los españoles no es un proyecto de futuro, sino que es una realidad de nuestro tiempo, desde la que se puede «afrontar el futuro sin complejos». Sin embargo, advirtió que una de las claves de ese futuro radicará en «nuestra capacidad de derrotar al terrorismo, a la coacción y la amenaza y a todo proyecto de exclusión política y social».

Según Aznar, este proyecto exige un claro compromiso con la defensa del marco político y constitucional que hace posible esta convivencia. Por último, advirtió que el compromiso del Gobierno y del PP es «un País Vasco en libertad dentro de la España plural, democrática y constitucional».

Aznar asegura que el futuro de España dependerá de la capacidad para derrotar al terrorismo
Critica, en el País Vasco, el uso sectorial que se hace de la Historia, "un filón que algunos quieren explotar atribuyéndose su monopolio"
Madrid Estrella Digital 20 Febrero 2001

El presidente del Gobierno, José María Aznar, rechazó ayer un uso partidario de la Historia y expresó su convicción de que una clave esencial del futuro de España será la capacidad de derrotar al terrorismo, la coacción y todo proyecto de exclusión político y social.   

Aznar hizo estas consideraciones en la presentación de la conferencia sobre la Historia de Bilbao pronunciada por el profesor Vicente Palacio Attard en el Colegio Libre de Eméritos de Madrid dentro del ciclo "Los vascos en la Historia de España".   

El jefe del Ejecutivo, quien elogió la labor del Colegio Libre de Eméritos, dijo que la organización de un ciclo sobre los vascos en la Historia de España supone "una dimensión de nuestra Historia común que debe rehabilitarse y que debe recibir la atención y la importancia que reclama, no sólo como un ejercicio del conocimiento del pasado, sino también como un hilo de proyección hacia el futuro".   

A su juicio, es esta proyección y su identidad renovada en torno a la obra política de la Constitución "la que ha tenido que pugnar con el sectarismo, que no sólo se apodera a veces de las actitudes y comportamientos del presente, sino que, a menudo, ha querido hacerse también con el pasado".   

Añadió que este sectarismo aplicado al pasado ha tenido dos "manifestaciones nocivas", una de ellas la utilización de ese pasado como "arma arrojadiza destinada a hacer pervivir a través de las generaciones el enfrentamiento y la descalificación de unos españoles con otros".    

La otra, según Aznar, "es hacer de la Historia un territorio impredecible del que se intenta extraer en cada caso aquello que interesa, en cuyo nombre se alega lo que conviene o que sirve para legitimar lo que es, sencillamente, injustificable".    

"En definitiva, es un intento de ver la Historia convertida en un filón que algunos quieren explotar atribuyéndose nada menos que su monopolio", agregó el presidente del Gobierno, quien subrayó que, esas actitudes no han conseguido imponerse ni lo van a conseguir.    

Batalla democrática
Además, cree que la convivencia entre españoles ya no es un proyecto que haya de remitirse al futuro, sino que "España es una realidad de nuestro tiempo, resultado de una profunda transformación política, social, económica, cultural y cívica" desde la que se puede afrontar el futuro sin complejos, con confianza y con presencia relevante en Europa.

"Nada más lejos que los viejos acuerdos de pesimistas", dijo Aznar, quien expresó su convicción de que una de las claves de este futuro radicará en la capacidad de derrotar al terrorismo, a la coacción, a la amenaza y a todo proyecto de exclusión político y social".    

Para él, "esa es la batalla democrática que libra la sociedad vasca con ejemplos admirables de convicción y de valor cívico" y, tras recordar el acto universitario de la pasada semana en el País Vasco en contra del terrorismo, subrayó que este tipo de actividades merecen la solidaridad de todos.   

Esa solidaridad cree que exige también un claro compromiso con los valores de una sociedad democrática y con la firmeza en la defensa del marco político e institucional que la hace posible.    

"Aquí la Historia nos ofrece lecciones que ningún Gobierno democrático debe jamás olvidar; nuestro compromiso es y seguirá siendo un País Vasco en libertad dentro de la España plural, democrática y constitucional", subrayó.    

El Gobierno vasco oferta una escuela pública monolingüe en vascuence
BILBAO. M. Alonso ABC 20 Febrero 2001

Tras marginar la enseñanza en castellano de la escuela pública vasca, el Gobierno de Juan José Ibarretxe está dejando de ofertar la enseñanza bilingüe con el objetivo político de conseguir una escuela pública monolingüe en euskera, según denunció ayer el PP, con datos tan sorprendentes como que en algunos barrios de Bilbao, donde el uso del castellano es mayoritario, el acceso a la escuela pública vasca a partir de los dos años sólo se puede realizar si se opta por la enseñanza en euskera.

El 76 por ciento de los niños que el próximo curso pretendan acceder a la escuela pública vasca en las aulas de dos años tendrán que iniciar su escolarización en euskera, ya que el Gobierno vasco sólo oferta un nueve por ciento de plazas en castellano y un quince por ciento en bilingüe euskera-castellano. Y esto sucede no porque los padres pidan esa enseñanza sólo en euskera, ya que, si contabilizamos el total de alumnos de Pre-escolar, Primaria y Secundaria en el País Vasco, más de la mitad estudian en castellano, fundamentalmente en colegios privados o concertados, al no poder hacerlo en la escuela pública.

Los datos tampoco se corresponden con la realidad lingüística de los municipios, ya que en un barrio bilbaíno como el de Deusto, en el que no se utiliza el euskera en la calle, los niños de dos años sólo podrán acceder el próximo curso a las aulas de la escuela pública vasca en esa lengua, ni siquiera en bilingüe.

En Bilbao, un municipio castellano hablante, el Gobierno vasco ofrece para el inicio de la escolarización un 64 por ciento de plazas en euskera, un 17 por ciento en castellano y un 19 por ciento en bilingüe. La situación es todavía más discriminatoria en pueblos con una importante población de personas provenientes del resto de España como Ermua, donde no hay oferta pública de enseñanza en castellano para los niños que iniciarán el próximo año la escuela. Tampoco la hay, entre otros, en Abadiño, ni en Etxebarri, ni en Galdácano, ni en Guernica. Y eso sólo en Vizcaya, según los datos aportados ayer por el PP, por lo que en Guipúzcoa la situación es mucho más difícil.

SIN POSIBILIDAD DE ELECCIÓN
Con esta radiografía de la situación, el presidente del PP de Vizcaya, Leopoldo Barreda, acusó ayer al PNV y EA, partidos que gobiernan en el País Vasco, de «marginar» la enseñanza en castellano y bilingüe y de restringir las posibilidades de elección de los padres. El PP denunció además que esta oferta en la que se discrimina la enseñanza en castellano y también la bilingüe en la escuela pública vasca va unida a cartas de alcaldes nacionalistas en las que se anima a los vecinos a matricular a sus hijos en el modelo en euskera. El alcalde Galdácano, por ejemplo, argumenta en su misiva que hay que matricular a los niños en el modelo D (enseñanza en euskera) porque «nuestros hijos son el futuro de Euskal Herría».

El portavoz del PP en el Ayuntamiento de Bilbao, Antonio Basagoiti, calificó la actitud del Gobierno vasco como de «pureza lingüística» y subrayó que se trata de «llevar a la práctica las ideas y la política lingüística de EH». Acusó además a los nacionalistas de engañar cuando dicen que no hay demanda de la enseñanza en castellano, cuando lo que no hay es oferta, porque, por ejemplo, para entrar en un aula de dos años en castellano en la escuela pública vasca dos de cada tres niños tienen que trasladarse a otro barrio.

El bigote de Rubalcaba
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 20 Febrero 2001

Un famoso entrenador de fútbol, a punto de fichar por el Real Madrid, exigía al presidente del club la incorporación de seis o siete grandes (y caros) jugadores internacionales. El presidente lo miró fijamente y preguntó: Y usted, ¿qué pone?

Lo mismo cabría preguntar al partido-guía en su proceso de paz. Sus dirigentes quieren que unos dejen de matar y que los otros, en justa reciprocidad, accedan a cambiar el ordenamiento jurídico en el sentido que desean los asesinos y ellos mismos. Poner, en rigor, ellos no ponen nada, aunque están dispuestos a sentarse a la mesa en plan comisionista. Entre los del «no a la vida» y los del «no al diálogo», extremos equiparados por Ibarretxe en su último conjuro del Kursaal, ellos dicen «sí a la Lehendakaritza».

José Antonio Rubalcaba, portavoz confianzudo y tabernario, que emparenta con los sargentos irlandeses en rudeza y campechanía, descalificaba a la oposición por no haberse movido, «(mientras nosotros) apostamos por la paz, que es lo que hicimos, apostar por la paz y jugarnos el bigote».

Rubalcaba no tiene bigote. No lo ha tenido nunca desde que su partido pactó con ETA la ¿podremos llamarla tregua-trampa, ahora que Arzalluz reconoce haber sido engañado por los terroristas? No pudo perderlo en la apuesta que invocaba, porque ellos, ya está escrito, sólo arriesgan lo que que no tienen. Lo que tan galanamente se juegan es, en realidad, el bigote de quienes se les oponen. Quien sí luce bigote es Aznar; Fernando Buesa tenía bigote y barba hasta hace un año; bigote y barba usa también José Ramón Recalde, otra apuesta de bigote ajeno que Rubalcaba y su partido estuvieron a punto de perder el mes de septiembre pasado, al igual que las vidas de cinco concejales populares, Jáuregi, Lluch y así hasta 24 personas, cuyos asesinatos fueron planeados durante lo que Rubalcaba llama «el mayor periodo de tregua e ilusión que ha vivido este país».

Como los inmovilistas no aprecian el altruismo de quien arriesga los bigotes ajenos, Iturgaiz llamó «sinvergüenza» a nuestro héroe en plena sesión parlamentaria, un arrebato que le ha sido convenientemente afeado por cinco columnistas en el mismo periódico y el mismo día en que un dirigente socialista era tachado por Anasagasti de cínico, mentiroso, sinvergüenza (dos veces), mala persona y mantecoso personaje (sic).

¿Exculpa esto al dirigente popular? No y mil veces no. Sinvergüenza es un insulto algo cursi, además de obvio. La vergüenza es la manifestación externa del pudor, la ética y la dignidad, cualidades que no todas las personas llevan dentro. Por otra parte, la cortesía parlamentaria exige lenguaje correcto. Iturgaiz podría haber esperado su turno de palabra para decir, un suponer: «señor Rubalcaba, me temo que su señoría es un individuo de moralidad alternativa».

Atutxa tiene que atajar con energía estos excesos e invitar a los parlamentarios a que repriman el instrumento responsable de los desafueros: «señor Iturgaiz, esa lengua; señor Rubalcaba, ese cerebro».

Un gesto de la Iglesia
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 20 Febrero 2001

No le pidamos peras a Luis del Olmo sino botillos. No le pidamos a la Iglesia que firme un pacto redactado entre dos partidos políticos. Eso se le puede solicitar a Jordi Pujol o a Izquierda Unida. Pero no a la Iglesia. Hay que poner los pies en la realidad y dejarse de aspavientos. Algunos columnistas habitualmente certeros han gesticulado según sus deseos y han escrito palabras deshabitadas al margen de la realidad.

    A la Iglesia hay que pedirle lo que la Iglesia puede hacer. Y lo que puede hacer es una declaración donde, desde el punto de vista religioso, condene sin grietas el terrorismo. La tensión que se ha producido en las últimas semanas, la jauría que se ha lanzado desde algunos medios de comunicación contra la yugular de los obispos, la reacción filosa de un sector de los fieles, exige que dentro de la moderación, dentro de la prudencia, dentro del equilibrio, la Iglesia Católica se pronuncie, una vez más, de forma inequívoca. Los pactos entre partidos políticos son cuestión ajena a la Jerarquía. El terrorismo, no. La defensa de la vida empieza en el claustro materno y llega hasta la eutanasia, pasando, claro es, por la violencia de los terroristas que asesinan en una democracia plural y libre. Sería prudente, sería inteligente, sería oportuno que la Conferencia Episcopal hiciera público un documento con la condena explícita del terrorismo de Eta. Los fieles católicos lo agradecerían. Todo ello, por supuesto, sin coacciones, sin amenazas de boicoteos en la declaración de la renta. A la Iglesia, después de dos mil años de Historia, ese tipo de agresiones por una vidriera le entra y por la otra le sale sin romperlas ni mancharlas. Yo, naturalmente, en cualquier caso, rellenaré mi casillero del IRPF a favor de la Iglesia Católica. Espero, eso sí, de mi admirado cardenal Rouco, uno de los intelectuales más sobresalientes que hay en España, uno de los curas con más sentido pastoral de nuestro país, que haga un gesto y alinee a su Iglesia, a nuestra Iglesia, a la Iglesia de los pobres, a la Iglesia de todos en la condena de la barbarie etarra.

El compromiso de Rouco está claro, el del clero vasco no
Impresiones El Mundo 20 Febrero 2001

El presidente de la Conferencia Episcopal se mostró ayer muy ofendido por las críticas que ha suscitado la actitud de los obispos al no querer saber nada del pacto antiterrorista firmado por el PSOE y el PP. Dice Antonio María Rouco Varela que nadie les pidió que firmaran el acuerdo y añade que el documento «se queda corto» en relación con la doctrina moral del Evangelio en defensa de la vida. 

El máximo responsable de la Iglesia católica niega con toda su alma la supuesta ambigüedad de los obispos en relación con los que incumplen el quinto mandamiento de la Ley de Dios. No hay por qué dudar de su sinceridad. El cardenal arzobispo de Madrid ha dado muestras más que de sobra de su compromiso en favor de la vida y contra los terroristas. Pero él -aunque no quiera pronunciarse sobre «casos individuales» como el de Setién- sabe perfectamente que el clero vasco mantiene un discurso de equidistancia entre verdugos y víctimas que resulta incomprensible y hasta escandaloso para muchos católicos. Por eso ha sentado tan mal la reacción de los obispos sobre el pacto antiterrorista. Nadie les pedía que suscribieran un documento firmado por dos partidos. Pero abstenerse totalmente de valorar su contenido, como ha hecho la Conferencia Episcopal, no parece el mejor modo de mostrar el rechazo al terrorismo.

Por contra, da la impresión de haberse querido ahorrar un problema con la Iglesia vasca. Los obispos podrían haber emitido un mensaje de apoyo, como los sindicatos o la patronal. Pero no lo hicieron, y de ahí la indignación de muchos católicos, y no sólo de Mariano Rajoy.

Apremios de lo diáfano
Por Valentí PUIG ABC 20 Febrero 2001

Los muertos de las catástrofes colectivas —decía un filósofo— son primordialmente almas privadas que han visto que la muerte se les acercaba a ellas solas. El escritor católico François Mauriac criticó a menudo una «solidaridad mortal» entre la Iglesia y los partidos de la derecha francesa pero aquí no estamos ante un acto de politiquería ni de partidismo conservador, sino en el curso amplio y poderoso de un fluir de la sociedad a favor de la vida y contra la muerte, con el asenso —entre otros— de dos partidos tan fundamentales en la representación política del pueblo como son el PSOE y el PP. No se trata de una acción de gobierno sino de un comportamiento de Estado. En esta materia, Stalin bromeaba preguntando con cuántas divisiones contaban los ejércitos del Papa en el Vaticano. Sabemos que erraba ciegamente, del mismo modo que quizás sabríamos algo más de nosotros mismos si la condena explícita del terrorismo de ETA por parte de la Conferencia Episcopal hubiese nutrido con mayor determinación la diafanidad de lo que se expresa en los rangos de la soberanía popular.

La Iglesia, ciertamente, no puede verse arrastrada por la pasión política. Eso corresponde a la vida de los ciudadanos aunque hay ciudadanos que sienten que lo son porque al mismo tiempo acuden a las urnas y a los templos. Como dijo ayer monseñor Rouco Varela en Barcelona, para la Iglesia, predicar y educar en los valores fundamentales de la ética no implica articular esa experiencia en actos de gobierno. Sin otro consenso practicable, la articulación es —indudablemente— la de la piedad y el perdón, para siempre en memoria de la inocencia truncada por el terror y en honor a la vida sobre la muerte. Eso es lo que seguramente quieran decir los obispos españoles, aunque a veces parece que no se les entiende del todo.

El error de los obispos
Editorial La Razón  20 Febrero 2001

La cautela llevada al extremo por la Conferencia Episcopal en un asunto de tanta trascendencia como la lucha contra el terrorismo ha originado una tormenta de críticas, con acusaciones directas de falta de sensibilidad ciudadana e incapacidad para sintonizar con el mundo católico español.

    Los obispos, con el cardenal Antonio María Rouco-Varela al frente, se han equivocado gravemente. Y no precisamente por su negativa a suscribir el pacto contra Eta y contra la libertades. Eso lo hubiera podido sustituir por una declaración solemne, como la brindada por las Universidades. El tremendo error de los dirigentes de la Iglesia española ha sido, precisamente, que esta declaración no se ha producido. El error ha sido callar y otorgar con ello carta de naturaleza al comportamiento escandaloso de determinados sacerdotes y destacados obispos que ejercen su misión pastoral en el País Vasco y en Navarra, que no han ocultado en ningún momento que miden con el mismo rasero a los asesinos y a sus víctimas; que actúan con una equidistancia lamentable entre los verdugos y sus presas; y que, incluso, en algún caso, exponen abiertamente sus simpatías por la causa del nacionalismo excluyente.

    Quizá la Conferencia Episcopal ha pecado de exceso de confianza al creer que nadie dudaría de su postura critica hacia el terrorismo. Pero no era suficiente ésta si, a la vez, se compensaba con otros mensajes comprensivos con el mundo de la violencia. Porque todos los ciudadanos perciben un doble lenguaje, dentro y fuera del País Vasco. En ambos se condena al terrorismo, pero mientras el Papa es inequívoco en su beligerancia, en el País Vasco esa condena siempre queda matizada con el recuerdo al «sufrimiento de los presos» o cualquier otro guiño de acercamiento hacia los que matan, lo que naturalmenete causa un enorme dolor a los que mueren, a los perseguidos, a los amenazados por la exclusión, por la violencia.

    La Conferencia Episcopal ha aducido que no firmaba el Pacto Antiterrorista por su contenido político. También es política la inmigración, la regulación del estado civil o la del aborto. Ésa no es la cuestión. La Conferencia no ha firmado el Pacto para no molestar a un sector de los obispos y a una facción política en el País Vasco. No se ha querido comprometer. Ha preferido defraudar a los fieles (y al conjunto de los ciudadanos, pues la Iglesia como institución tiene una responsabilidad moral en la sociedad) que enfrentarse con los obispos y sacerdotes «comprensivos», si no con Eta, sí con la base político-social que nutre sus justificaciones.

    La Conferencia Episcopal no quiere adoptar decisiones políticas, pero no desautoriza públicamente a los que se negaron a rezar en sus templos por el alma de un mártir como Gregorio Ordóñez, y permite en cambio que se enaltezca en la Casa de Dios a quienes perecieron cuando trataban de asesinar a inocentes; o se predica desde el púlpito la diferencia y el enfrentamiento. Y eso es hacer política, pura y dura, y no precisamente en consonancia con la doctrina de la Iglesia.

    Si los obispos se hubiesen atrevido a cortar las alas de esa cuasi autónoma «iglesia vasca» (contradictoria con la universalidad de la Iglesia) no se habría desatado el escándalo. El camino que le queda ahora es, frente al victimismo que apunta en algunos prelados, hacer examen de conciencia y tomar definitivamente el lado de las víctimas y quitar todo respaldo moral a los verdugos. Si no es así, lo puede pagar, incluso en la recaudación económica.

Actos políticos
ANTONIO GALA El Mundo 20 Febrero 2001

Los obispos españoles reiteran los reproches por el trato a los inmigrantes: qué buenos son que los llevan de excursión. Pero se niegan a firmar el pacto contra ETA. (Más, dice el jubilado Setién, que si lo firmaran los otros, dejarían de firmarlo los vascos.) Su pretexto es que se trata de un acto político. Como si el quejarse con la boca pequeña de la Ley de Extranjería no lo fuera. «La Iglesia es la institución que está más cerca de estas personas», ha dicho el portavoz de la Conferencia, como reproche al sistema político español. ¿Y de las víctimas del terror? Se les dice su funeral, y anda. ¿Y la Guerra Civil no fue política? La Iglesia no sé de qué lado está. Salvo del suyo, claro.

Una vela a Dios y otra al demonio
Julián LAGO La Razón  20 Febrero 2001

Estar en misa y repicando es cuanto pretende la jerarquía de la Iglesia Católica con su rechazo al pacto antiterrorista. Nos referimos expresamente a la jerarquía por cuanto ésta, cuando le conviene, reclama su condición de guía moral en asuntos como el aborto y otros de ábito social, por citar alguna referencia.

    No vamos aquí a reiterar sus enseñanzas en materia del derecho a la vida, pero sí sería oportuno conocer las razones políticas de fondo de la Conferencia Episcopal para tal negativa. ¿Quizás son las mismas que le llevó a calificar de «Cruzada» la guerra civil? ¿O las que aplicó para autorizar la presencia de Franco bajo palio? Sin ir tan lejos, ¿la actual Conferencia Episcopal, que dice huir de opciones políticas concretas, no hace política cuando negocia las generosas subvenciones del Estado?

    Cierto es que hay sacerdotes cuyo compromiso evangélico con desheredados y menesterosos constituye todo un ejemplo, pero no hablamos de la Iglesia-comunión sino de la jerarquía eclesiástica, cuya toma de partido debería llevar a los creyentes no soberanistas, que son los más, a desviar el porcentaje de sus impuestos sobre la renta hacia otras entidades, religiosas o de carácter humanitario. Incluso, puestos ya, el propio Gobierno, cuando se le reclame ayudas desde la Conferencia Episcopal, no tendría que olvidarse de tal comportamiento.

    Efectivamente comprenderíamos más la posible reacción de otras iglesias, por ejemplo la de las iglesias evangélicas que renunciaron a prebendas del Estado, que la de la Conferencia Episcopal. A socialistas y populares ahora les correspondería por tanto convocar a otras creencias, que sin duda se sumarían al pacto como han hecho partidos políticos, sindicatos, organizaciones empresariales y movimientos sociales.

    A diferencia de la jerarquía católica, resulta curioso que instituciones fuera de toda duda, léase el Consejo de Universidades Públicas del País Vasco, sí hayan suscrito los referidos acuerdos, lo cual nos lleva a una reflexión histórica. ¿No estamos en la reedición del escenario anterior al abrazo de Vegara: los isabelinos, defendidos por liberales, intelectuales y académicos, frente a los carlistas, defendidos por absolutistas, reaccionarios y curas trabucaires?

    El problema de fondo es pues, el que es, y no otro: un sector de la sociedad vasca, todo lo minoritario que se quiera, aboga por la violencia como instrumento político. Bajo el avestrucionismo de la Iglesia Católica se esconde un trasfondo que ésta rehuye para no enfrentarse a la realidad: ETA siempre ha estado nutrida de seminaristas, sacerdotes y clérigos.

    Desde luego en los tiempos que corren no es nada clarificador, o a lo peor lo es del todo, poner una vela a Dios y otra al diablo.


Obispos malos
EDUARDO HARO TECGLEN  El País  20 Febrero 2001

Me inquieta ver la prensa católica, los escritores de misa, bufar contra sus obispos. ¿Un cisma? Más bien es un paso en la conquista del poder. La Iglesia no es ninguno de los tres de Montesquieu: en teoría, no es ningún poder, pero es el poder de poderes. Se derraman sobre ella toda clase de beneficios. Pero el tóxico del antiterrorismo llega hasta ella, y la negativa de los obispos a formar el pacto de las derechas (socialistas y pepistas) alza la furia. Y se levanta un día más la rabia del aspirante al poder único. Queda dicho que el legislativo y el ejecutivo son uno mismo; queda visto que el judicial está sufriendo duros combates para que se doblegue, y que el imaginario cuarto poder -la prensa- ha sido fácilmente adquirido, y la excepción está duramente atacada y se trata de absorberla.

Sigo con atención el combate contra los poderes autonómicos. Los pepistas usan el antiterrorismo para atacar al Gobierno vasco despiadadamente con la seguridad de que cuando convoque elecciones le ganarán. El terrorismo no cesaría, quizá se podría recrudecer, y las persecuciones a los no nacionalistas; pero se podría ganar una autonomía para España. Aragón es otro punto de la campaña: pienso que el trasvase del Ebro no tiene importancia hidrográfica, sino que es válido para someter lo que Aznar cree que es un feudo. La autonomización de los partidos nacionales, que añaden a sus nombres la inicial de su región, engaña poco. No soy favorable a los nacionalismos, sino a que las grandes aglomeraciones crezcan, aunque sean tan malignas como la UE: pero me da miedo este centripetismo en manos de Aznar y la derecha ultra.

Ahora toca la Iglesia. Mi entrañable Martín Patino (jesuita) descubre que la Iglesia fue cómplice 'de hecho' del golpe de Estado del 23-F, mientras los demás periódicos maldicen de su poco deseo de firmar un documento que le parece, como a mí, equívoco. Cuando vi que su triple encabezamiento era 'por la libertad, por la Constitución, por el estatuto', comprendí que no era mío, sino más bien del enemigo y de la mentira. 'Libertad' es sólo un 'password', que dicen en informática: palabra sin sentido desde que sirve para todos y no para kurdos o ecuatorianos. Constitución y estatuto son palabras por las que no tengo agrado ninguno. Digo, en su forma actual, inmóviles, pétreas, inhumanas.

La mujer y el hijo de un edil del PSE, heridos al atacar los proetarras su casa
BILBAO. M. Alonso ABC 20 Febrero 2001

La mujer y el hijo del concejal socialista de Guecho (Vizcaya) Joseba Markaida resultaron heridos con quemaduras leves al intentar apagar el incendio que provocaron en su casa varios cócteles molotov arrojados por proetarras. También estalló un artefacto en una farmacia de la localidad alavesa de Legutiano, propiedad de la hermana de una diputada del PP.

El concejal socialista Joseba Markaida relató que en el momento del atentado -él estaba de guardia en el centro de Salvamento Marítimo- su mujer y su hijo pensaron que se trataba de una explosión de gas y sólo más tarde se dieron cuenta de que el fuego, que ellos mismos apagaron, había sido provocado por cócteles molotov. Los proetarras arrojaron tres artefactos contra la vivienda, aunque ninguno penetró en el domicilio. Las llamas, no obstante, alcanzaron la ventana de la cocina, en un lugar próximo a donde la familia deposita las bombonas de gas, por lo que podría haber originado una tragedia. La mujer del edil sufre quemaduras en las manos y el hijo heridas en el pie. Ninguno precisó atención sanitaria.

Markaida expresó tras el atentado su esperanza de que todos los ediles de Guecho, incluidos los de EH, le respaldaran hoy, pero la realidad fue muy distinta. El alcalde, Iñaki Zarraoa, del PNV, tardó más de doce horas en llamarle, según denunció el presidente del PSE de Vizcaya, Patxi López, a las doce del mediodía de ayer, en la concentración realizada en la casa del pueblo del municipio. Y los concejales de EH no firmaron el texto de condena del atentado aprobado por el Ayuntamiento.

PLANTAR CARA
Markaida manifestó que sabía que «alguna vez» le iba a tocar a él y agregó que «al fascismo hay que plantarle cara y contra él no caben medias tintas».

El secretario general del PSE de Vizcaya, Patxi López, que participó en la concentración de repulsa por el atentado en la casa del pueblo de Guecho, señaló que en el País Vasco se necesita un Gobierno «que tenga como primer objetivo enfrentarse a ETA y a la violencia fascista, y que persiga y ponga a disposición judicial a los que cometen actos de estas características». En su opinión, en el País Vasco son necesarias instituciones «absolutamente intransigentes con los fascistas y que protejan y garanticen la seguridad de sus ciudadanos amenazados».

El Ayuntamiento de Guecho consideró en un comunicado aprobado por todos los partidos, excepto EH, que este atentado supone un «serio obstáculo» para la convivencia pacífica del pueblo.

También fue atacada por los proetarras una farmacia situada en el número 3 de la calle del Carmen, en la localidad alavesa de Legutiano. La propietaria de este establecimiento es una hermana de Mari Carmen López de Ocáriz López de Munain, parlamentaria del PP en la Cámara de Vitoria. Los terroristas callejeros colocaron una bomba casera compuesta por una bombona de camping-gas, dos botes de aerosol y un artefacto pirotécnico. La explosión causó un pequeño incendio que originó daños materiales en la fachada.

Falsa democracia
Por Gorka Etxebarría Libertad Digital
20 Febrero 2001

El último libro de Trevijano merece la misma atención que sus dos obras anteriores: El discurso de la República y Frente a la gran mentira. En esos trabajos, el autor criticaba la ausencia de libertad política en España. Según Trevijano, los partidos políticos, bajo el manto del consenso, se habían asegurado la representación perpetua de la sociedad civil en cuyo nombre (en teoría) gobiernan. Las listas cerradas, la mermada iniciativa popular constitucionalizada para presentar proposiciones de ley ante el Parlamento, así como la no separación entre el poder Legislativo y el Ejecutivo eran algunos de los temas que trató.

Si anteriormente se planteaba la obediencia a esta tiranía partitocrática, en Pasiones de Servidumbre se repiten su malestar. Aunque sea un libro que recopila artículos de la prensa, presenta cierta unidad. Lo que sucede, es que la reiteración de lo que acabamos de comentar acaba cansando al lector. Si a eso le sumamos una absoluta falta de claridad, la lectura se vuelve tediosa.

Valor no le falta a Trevijano para pedir que la gente se sume a su particular lucha contra el sistema, llegando a solicitar la instauración de una república presidencialista y la limitación de la financiación de los partidos. Quizá lo mejor del libro sean sus críticas al nacionalismo, aunque el centralismo jacobino que defiende no parece una buena alternativa muy convincente.

El único reparo (pero no por ello irrelevante) podría ser el hecho de que critique las privatizaciones del sector público. Y es que todavía hay quienes defienden las ideas de izquierdas sin haber absorbido las enseñanzas liberales (véase la crítica que le hace a Dalmacio Negro).

En definitiva, se trata un libro en ocasiones interesante que mejoraría al contar con la teoría de la escuela de public choice.

Antonio García-Trevijano, Pasiones de Servidumbre, Editorial Foca, 2001.

El Supremo avala como mérito para ser juez conocer la lengua autóctona
B. DE LA CUADRA | Madrid El País  20 Febrero 2001

La Sala Tercera de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo ha desestimado el recurso interpuesto por la Asociación Profesional de la Magistratura (APM), mayoritaria y conservadora, contra el acuerdo del Consejo General del Poder Judicial que introdujo en 1998 como mérito preferente en los concursos para ejercer como juez o magistrado, el conocimiento del idioma y del derecho civil especial o foral de la comunidad autónoma en la que se vaya a ejercer.

La sentencia, de la que ha sido ponente el magistrado Nicolás Maurandi, razona que 'carecen de fundamento' los reproches de la APM sobre la falta de concreción del nivel de conocimientos exigido. Respecto a la supuesta desigualdad entre unos y otros jueces, el Supremo estima que 'no resultan convincentes' los argumentos de la APM.

Igualmente, el Supremo considera que 'no puede compartirse' el alegato de la APM de que la regulación impugnada significa 'una innovación de facto' de los dispuesto en la Ley Orgánica del Poder Judicial, porque 'lo que viene a hacer es realizar el desarrollo necesario' de esa ley.

El Supremo recuerda que ya rechazó similares recursos de otras dos asociaciones judiciales.

Uno contra muchos y un silbo
Nota del Editor 20 Febrero 2001

La opinión de un magistrado, contra la  Asociación Profesional de la Magistratura y otras dos asociaciones judiciales, ! vaya voto de calidad ¡. Ya no tendremos que ir a la ópera, sólo tendremos que deleitarnos escuchando a los opositores al poder judicial demostrando sus conocimientos del silbo gomero.

El campanario
FRANCISCO UMBRAL El Mundo  20 Febrero 2001

Los obispos catalanes piden curas catalanes y los obispos vascos piden curas vascos. Supongo que los obispos de Cabra pedirán curas egabrenses. Entre unos y otros están matando la afición. El cristianismo, un día, se hizo católico y vaticano y romano y todo eso. Se puso al amparo de la Cúpula, que viene a ser el cielo, y dejó clara su vocación ecuménica, universalista, que está explícita en sus textos fundamentales y fundacionales. Algunos obispos, como si se olvidasen de todo esto, quieren para España un catolicismo de campanario, reducido, local, rural y dialectal. En una palabra, que los clérigos antes jugaban al mus y ahora hacen política.

Porque a quien interesa el dominio y predominio del catalán o el vasco es a los políticos, a los mandas, en cuyo servicio trabajan algunos obispos, como algunos jueces. Ya el César Visionario pedía una Iglesia muy española, muy nacional, dando lugar al nacionalcatolicismo, de gran recordación. Con esto se empequeñece el mensaje de Cristo, que es casi tan válido como el de Sócrates, sólo que todo lo contrario. Dos hombres que movieron la Historia sin escribir una línea, y terminaron ambos suicidados por el Sistema, cada uno por el suyo.

Porque siempre ha habido un Sistema por encima de la autoridad, por encima de la fe, incluso por encima del dinero, cuando conviene. Y los obispos, los curas y los sacristanejos se integran en el Sistema como la Vírgenes y los santos en sus catedrales. La verdadera catedral es el Sistema. La otra, la catedral gótica o románica es sólo arqueología, arquitectura, y sirve para funeralizar Caudillos y para no enterrar víctimas del terrorismo.

La religión es tantas cosas que no puede ser además un oficio rentable, de modo que hay que estar a bien con el Sistema, con cualquier sistema, por asegurarse una nominilla para comprar hostias y que otros las repartan. Por otra parte, en España es mucha costumbre echar curas a volar, que lo de la cabra de Manganeses ya está muy visto y pregonado por los turistas que de pequeños, en el colegio, clase de francés, leyeron a Gautier y se lo han creído, oh la Espagne, toros y mujeres muy machos. Las mujeres se visten de torero y las monjas se visten de mandilonas, con un uniforme de la cocinera, para que Gil-Robles las lleve de la mano a votar. Nuestros obispos están empequeñeciendo, sí, la universalidad de Cristo mediante la sumisión caciquera a un obispo provinciano, partidista y tresillista, a quien le preocupa más su cargo y sueldo que abrir la diócesis a la universalidad de una concepción del mundo que, beaterías aparte, ahí está desde hace quince siglos o veintitantos, según se quiera echar la cuenta.

Esto sí que es la traición de los clérigos. Cada día hay menos cúpula romana y más rascacielos trilaterales. Es el cubo de Moneo incrustado en el gótico. Hemos confundido universalidad con libre mercado, liberalismo con libertad y la palabra total de Cristo con el idioma local y los refranes de la parroquia. El cristianismo, para subsistir, tiene que minimizarse y avillanarse (de Villa y villanía). Los políticos han invertido los términos. Los obispos también, pero lo malo es que éstos lo saben.

Un colegio francés anula un intercambio en Vitoria «por la situación política»
«Hemos querido convencerles de que esto no es un campo de batalla, pero no lo logramos»
FERMÍN APEZTEGUIA VITORIA El Correo  20 Febrero 2001

La actual «situación política del País Vasco» ha llevado a un colegio francés a suspender un intercambio escolar con un centro educativo de Vitoria. Los alumnos del ‘Notre Dame’ de Mont de Marsan, una localidad situada en la región de Las Landas, debían visitar la capital vasca la próxima primavera. En esta ocasión, por primera vez en varios años, no lo harán. «El miedo es libre, pero lo cierto es que las noticias de Euskadi que posiblemente llegan allí no deben resultar demasiado alentadoras. Me pongo en su lugar», resumían ayer los padres de un alumno del centro.

El colegio de Vitoria y la escuela gala realizan desde hace varios años y con carácter bianual un intercambio en el que participan alumnos de tercero y cuarto de Educación Primaria. La dirección del centro alavés ha remitido una carta a los padres con niños en edad de participar en los cursos en la que se informa de que «los franceses han decidido no venir a Vitoria debido a la situación política del País Vasco, pero quieren que nuestros alumnos viajen a Francia. Así pues, hemos empezado a organizar el viaje».

Las salidas consisten en un programa de tres días en las que los niños tienen la posibilidad de mejorar sus conocimientos de castellano y francés respectivamente mediante la realización de distintas actividades educativas y culturales. Los escolares alaveses conocerán Las Landas entre el 6 y el 8 de junio. Los franceses no conocerán Vitoria. «Es una manera de expresar el temor que sienten cuando oyen hablar del País Vasco. Suponemos -añadieron fuentes próximas al colegio alavés- que, como padres, les preocupará mandar a sus hijos a un lugar donde las noticias hablan de violencia, crisis, catástrofes...»

«La primera vez»
La dirección del centro vitoriano prefirió guardar silencio, aunque tampoco ha ocultado el asunto a los padres y madres del alumnado. Un portavoz del colegio explicó a EL CORREO que se trata «de una cuestión interna», que «nada tiene que ver con nosotros», sino con la opinión que en el centro galo se tiene del clima social en Euskadi. «Hemos intentado convencerles de que estan equivocados, que esto no es un campo de batalla; pero no lo hemos logrado», dijeron.

El centro alavés, que cuenta con más de 200 alumnos, mantiene en la actualidad dos convenios de intercambio académico con otras tantas escuelas francesas. Además de la de Mont de Marsan, participa en este mismo programa otra ubicada en las inmediaciones de París, que este año ha respondido «con total normalidad» a la invitación recibida desde Vitoria. Ésta, de hecho, es «la primera ocasión» en la que el colegio recibe una contestación de este tipo.

«La dirección nos ha expuesto lo ocurrido de la manera más transparente posible. Los responsables lo comentaron en una junta y después lo han explicado también en las cartas en las que se informa del intercambio de este año, previsto para el mes de junio», relató un padre. «El centro, obviamente, no tiene la culpa de lo que está pasando en Euskadi; pero con lo que está cayendo, resulta del todo comprensible que haya quien tenga miedo a traer aquí a sus niños a pasar unos días. Los vascos nos estamos ganando a pulso una fama inmerecida», agregó.

Ibarretxe, bien hecho
Editorial La Estrella 20 Febrero 2001

El presidente del gobierno vaco, el lehendakari Juan José Ibarretxe ha decidido disolver el parlamento de Vitoria y convocar las elecciones autonómicas vascas para el próximo día trece de mayo. Estamos, sin lugar a dudas, ante una noticia buena e importante para el pueblo vasco y para el conjunto de la vida política española que permanecía polarizada en torno a la crisis vasca provocando tensiones y enfrentamientos de todo orden, político, social, cultural y religioso, como lo acabamos de comprobar.

El lenhendakari Ibarretxe ha hecho bien. Ha tomado una buena y sabia decisión y lo ha hecho cuando los niveles de crispación del debate vasco parecían haber decrecido y las tensiones habían disminuido aunque el cruel terrorismo de ETA, desgraciadamente, no ha dejado de estar presente. Desde el PP y el PSOE se dirá que Ibarretxe no tenía otra salida, que llega tarde y que han sido los promotores de la convocatoria. Algo de razón llevan, pero al final fue el lehendakari quien tomó la decisión a sabiendas de que podría haber alargado la legislatura hasta el otoño, por lo que hay que reconocerle lo positivo de su decisión.

La convocatoria que nos acerca a unas elecciones de alta tensión política con dos presuntos frentes, españolista (PSOE/PP) y nacionalista (PNV/EA), y con la pretensión del gobierno del PP de conseguir unos resultados con los que, por primera vez, se pueda gobernar en Euskadi sin nacionalistas. Un objetivo ambicioso en el que el PP se juega mucho, que debería, en todo caso, contar con una mayoría de escaños (38) entre partidos españolistas y con el apoyo decisivo del PSOE en este proyecto del gobierno de Aznar.

Por su parte el PNV y EA pretenden mantener la hegemonía política en Euskadi y ser los pivotes en torno a los cuales habría que constituir el nuevo gobierno. Un gabinete en el que la izquierda, tanto el PSOE como IU en el lado españolista y EH en el nacionalista, pueden tener las llaves de la puerta de Ajuriaenea si se confirman las encuestas que dan unos resultados no alejados de la realidad actual.

Por supuesto falta ver que deciden hacer EH/HB.  En primer lugar si van acudir a las elecciones, porque de lo contrario la victoria españolista sería una realidad desde este mismo momento. Y también cuales son sus resultados y su política tras el nueva convocatoria electoral. Como falta por saber que hará ETA durante la campaña electoral, a la que siempre suele acudir con sus tremendas sacudidas y después.
A
unque lo importante, en este caso, será saber que es lo que piensan y deciden los ciudadanos vascos a la vista de la situación actual que es harto conocida de todos ellos, porque llevamos meses de debate político en torno a esta crisis. Una crisis política que, además, provocará un movimiento crucial dentro del gobierno del PP si se confirma que el ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, será el candidato a lehendakari del Partido Popular. Lo que abrirá el portón de los rumores y del ajuste del gobierno central. Ibarretxe, por su parte, ha movido ficha y esta vez lo ha hecho muy bien, ahora le toca mover a Aznar.

Cuando la virtud no está en el medio
RAFAEL AGUIRRE El Correo 20 Febrero 2001

He agotado ya una carpeta que abrí hace pocos meses, no en el ordenador, sino en mi viejo archivador metálico, para guardar los discursos y propuestas que el lehendakari empezó a enviarnos a los ciudadanos vascos. Ha sido un verdadero aluvión y eso sin contar las numerosas páginas de publicidad insertadas en la prensa. Después han venido las concentraciones solemnes que servían, ante todo, para que sus fieles le mostraran su adhesión incondicional. La verdad es que, atendiendo a la historia, resulta preocupante esta apelación directa a la ciudadanía de un gobernante cuando deja de contar con el apoyo de quienes han sido democráticamente elegidos.

Pero me preocupa mucho más el argumento de fondo de tan prolija documentación: no a todas las violencias, defensa de todos los derechos, diálogo sin límites ni exclusiones para solucionar los problemas de los vascos. Todo esto formando un paquete y como elementos indisolublemente encadenados. Formulado de otra forma: no a la violencia de ETA y no a la cerrazón al diálogo del PP. Pero el problema clave es este: no se puede mezclar la oposición frontal a lo que ideológica y estratégicamente significa el terrorismo, que es una tarea en la que deben coincidir todos los demócratas, con el planteamiento de las nuevas reivindicaciones nacionalistas, que es lo que está detrás del «diálogo sin exclusiones». Más aún, si de favorecer el diálogo se trata, lo que urge es disolver la Cámara vasca y convocar elecciones cuanto antes. En efecto, es evidente que cada día que pasa crece el deterioro y el desprestigio del lugar de la institucionalización misma del diálogo, que es el Parlamento. El lehendakari es el único que tiene la atribución de disolver el Parlamento, pero también es el primero que debe velar por su prestigio. Al lehendakari se le han venido abajo los apoyos con que contó para su programa político y para su propia investidura en el cargo, al tiempo que se ha derrumbado la estrategia de su partido, a la que supeditaba su tarea de gobierno. Ibarretxe nos ha llenado de exhortaciones morales, pero no ha hecho propuestas políticas que permitan superar esta situación.

No se crea que tergiverso el razonamiento básico de la documentación del lehendakari. Un grupo de jóvenes se han dedicado a pintorrojear las paredes de mi barrio con un eslogan simple y estremecedor: ETA=PP. Es evidente que no son activistas del MLNV quienes se han dedicado a traducir así en consigna movilizadora y electoral el discurso del lehendakari. Para desmarcarse de ETA tienen que equipararla con el PP; se muestran exquisitamente equidistantes con quienes matan y con quienes no están dispuestos a aceptar las condiciones que ellos proponen para un diálogo. Es una operación que carece de todo rigor intelectual, pero sobre todo de la más mínima decencia moral.

No soy de los que me quejo del electoralismo de los partidos políticos, porque creo que es lo que deben hacer, si por tal se entiende el esfuerzo por ganarse la adhesión de la ciudadanía para sus programas. Parte de un presupuesto loable: que la gente es inteligente y hay que convencerla con argumentos y, además, que es la voluntad popular lo que al final importa. Pero tiene una condición imprescindible: que se exponga con claridad a los ciudadanos los objetivos que se proponen, los medios y alianzas con que se cuenta. El bienio negro que estamos sufriendo tiene un pecado de origen: el ocultamiento a la opinión pública antes de las últimas elecciones autonómicas de un elemento tan decisivo como era el acuerdo al que el partido mayoritario había llegado con quienes usan la violencia para hacer saltar desde dentro el marco legal y democrático. Esto rompió los consensos básicos que existían en nuestra sociedad y ha sumido en el caos nuestra vida política y social. Ante un fraude de semejante calibre decir que «todos hemos cometido errores» es una salida falsa de quien no quiere asumir sus responsabilidades. Ahora asistimos a un apresurado rebobinamiento, lo cual exige tiempo para reelaborar los mensajes, limpiar las imágenes y olvidar el pasado. Y a Ibarretxe se le encarga de la recuperación del voto moderado, tarea bien complicada porque sus jefes no parecen dispuestos a bajarse del monte donde los expertos sitúan a unos 50.000 votantes de HB hastiados de la violencia etarra.

En períodos electorales todos los partidos se convierten al aristotelismo y hacen suyo aquello de ‘in medio virtus’. Pero el genial filósofo griego añadía «que no toda acción admite un término medio, pues su solo nombre implica la maldad». Y cita la injusticia y la cobardía como actitudes con las que no caben compromisos ni componendas. En otras palabras, una sociedad vertebrada, civilizada y democrática, como la que proponía Aristóteles a Nicómaco, requiere delimitar muy claramente lo intolerable; no vincular el enfrentamiento con lo injusto al acuerdo sobre lo opinable; no supeditar la unión contra la ideología excluyente de ETA, de la que las amenazas y muertes no son sino su expresión práctica, a la consecución de otros objetivos políticos.

Lo que no podemos permitirnos en medio del fragor pre electoral y de la tensión emocional que provoca el terrorismo es confundirnos de adversario, restar cuando es posible sumar. Lo digo por las reacciones, algunas muy viscerales, que ha producido la declaración del secretario de la Conferencia Episcopal Española según la cual los obispos españoles no se ven como firmantes del ‘Acuerdo por las libertades y contra el terrorismo’, elaborado por el PP y por el PSOE. Hay que dejar bien claro, ante todo, que nadie había invitado a los obispos a sumarse a tal pacto. Es decir, en ningún momento han rechazado el contenido de un acuerdo que personalmente considero como un esfuerzo loable de diálogo y consenso para dejar fuera de las disputas partidistas una cuestión que afecta a las bases democráticas y morales de nuestra convivencia. Solamente puede decir que es un pacto contra el nacionalismo vasco quien considere que éste no es posible sin una estrategia conjunta con sus versiones ideológicamente excluyentes, lo que yo no pienso en absoluto. También es verdad que siempre se podrá discutir el acierto de algunas afirmaciones, habrá quienes piensen que la claridad en estas cuestiones es una virtud mientras que otros hubiesen preferido formulaciones más suaves. En todo caso, considero que la separación de la Iglesia de los partidos políticos ha sido muy beneficiosa para nuestra sociedad y no veo a la Iglesia como firmante de un pacto entre fuerzas políticas y que en su misma formulación está dirigida a entidades de esta naturaleza. Como me parecen desafortunadas e imprudentes las declaraciones de José María Setién alabando las iniciativas del lehendakari y rechazando el pacto PP-PSOE, y que creo han sido un factor decisivo de la confusión que se ha montado. Que se me entienda bien: la Iglesia no puede inhibirse en absoluto en la defensa de los valores democráticos, en el apoyo al Estado de Derecho y en la confrontación contra el terrorismo. Y debe hacer aportaciones específicas y bien valiosas en esta tarea. Me refiero concretamente al desmontaje de la ideología absolutizada, excluyente y fanatizante, que hace estragos en el País Vasco y que está en la raíz del terrorismo.

La Iglesia tiene sus formas de expresarse, sus ritmos y hasta sus contradicciones internas (naturalmente me refiero a la Iglesia vasca, sobre cuya evolución escribí en estas mismas páginas). El Papa, en el magnífico mensaje que envió a los reunidos en Vitoria el 13 de enero, pero también muchos obispos han hablado y bien en torno a estos temas y ciertamente valdría la pena que la Conferencia Episcopal Española hiciese una declaración propia en asunto de tanta relevancia para nuestra convivencia. Probablemente no es justo y ciertamente no es inteligente no ver hoy a la Iglesia como un aliado, que puede ser muy eficaz, en la defensa de la libertad. No hay que esperar que la Iglesia nos marque el camino, pero tampoco hay que aprovechar la primera de cambio para saldar las cuentas pendientes con ella, por justificadas que puedan ser.

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