AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 23  Febrero  2001
#El chantaje nacionalista
Romás CENDOYA .- La Razón 23 Febrero 2001

#ETA, doble derrota
Editorial ABC 23 Febrero 2001

#Asesinos sin futuro
Ediotorial La Razón 23 Febrero 2001

#Del terror a la esperanza
Carlos Martínez Gorriarán, Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC 23 Febrero 2001

#Futuros presos etarras asesinan a dos obreros
Editorial El País 23 Febrero 2001

#El diálogo de ETA
Maite PAGAZAURTUNDUA RUIZ, Concejal del PSE-EE/PSOE ABC 23 Febrero 2001

#Jaime Mayor Oreja
Carlos DÁVILA ABC 23 Febrero 2001

#LA IMPARABLE DESCOMPOSICION DE ETA
Editorial El Mundo 23 Febrero 2001

#Más que unas autonómicas
José María CARRASCAL La Razón  23 Febrero 2001

#Un buen candidato
Enrique de Diego Libertad Digital   23 Febrero 2001

#Abandono de la política
JAVIER PÉREZ ROYO El País   23 Febrero 2001

#Tragicomedia en seis cuadros
Ignacio CAMACHO ABC  23 Febrero 2001

#Precampaña electoral vasca con muertos
Lorenzo Contreras La Estrella  23 Febrero 2001

#Por dignidad
XABIER GURRUTXAGA El Correo   23 Febrero 2001

#Cercenar la misión del Parlamento
Miguel Ángel RODRíGUEZ .- La Razón    23 Febrero 2001

#La despedida de Jaime Mayor
Juan BRAVO La Razón     23 Febrero 2001

#Francia detiene al jefe militar de ETA después de que la banda asesinara a dos trabajadores
CARMEN GURRUCHAGA. FERANDO LAZARO. G. MALAINA El Mundo 23 Febrero 2001

#15 detenidos en una operación contra el 'comando Donosti' de ETA
AGENCIAS | Bilbao El Mundo 23 Febrero 2001

#¡Buen trabajo!
Ignacio Villa Libertad Digital 23 Febrero 2001

#Perdón por tanto silencio
VÍCTOR MANUEL ARBELOA El País 23 Febrero 2001

#ETA siempre diseña con sangre sus campañas electorales
Javier PAGOLA ABC  23 Febrero 2001

#ETA amenaza a la presidenta del partido de Chirac en pasquines con insultos como «perros colonizadores» y «enemigos de la lengua vasca»
PARÍS. Juan Pedro Quiñonero ABC   23 Febrero 2001

#Unidad frente a la muerte
Editorial El Correo  23 Febrero 2001

#Socializar el terror
FRANCISCO JOSÉ LLERA RAMO El Correo  23 Febrero 2001

#La caza y la bomba
Pablo Sebastián  La Estrella   23 Febrero 2001

#ETA dispara sobre sí misma
Fernando Jáuregui. La Opinión   23 Febrero 2001

#Matar mirando
TEO SANTOS MIEMBRO DE LA JUNTA RECTORA DE ERNE El Correo    23 Febrero 2001

#La frontera del horror
ALBERTO SURIO El Correo  23 Febrero 2001

#De la factura a la fractura
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo   23 Febrero 2001

#No todo está dicho
JOSEBA ARREGI El Correo   23 Febrero 2001

#«El miedo es subjetivo»
JUAN CARLOS ALONSO El Correo    23 Febrero 2001

#El maestro de ceremonias
JAVIER ELZO El Correo  23 Febrero 2001

#Prodigiosa martona
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón  23 Febrero 2001

#Doña Marta tiene tren
FRANCISCO UMBRAL El Mundo  23 Febrero 2001

#CiU apoyará al PNV en la campaña de los comicios vascos
MANEL MANCHON El Mundo   23 Febrero 2001


El chantaje nacionalista
Romás CENDOYA .- La Razón 23 Febrero 2001

Los dirigentes del PNV llevan un tiempo amenazando a la sociedad con que Eta va a convertir Euskadi en un baño de sangre si el próximo gobierno vasco es Constitucionalista. Esta amenaza es un perverso y macabro chantaje antidemocrático.

    Otra vez la sangre como instrumento de la política nacionalista. Esta vez no es el RH es que si no me votas tengas cuidado porque te pueden matar. Y seguro que es casualidad pero, para visualizar esa amenaza, Eta ha asesinado a dos trabajadores por pasar por donde pasaba un concejal del PSOE. El mensaje es muy claro, mientras los del Partido Socialista y los del Partido Popular estén en Euskadi tú puedes morir aunque seas militante de EH.

    ¿Hasta dónde va a llegar la mezquindad política del PNV?. El PNV amenaza con un baño de sangre de Eta cuando en veintidos años de Gobierno la banda terrorista ha asesinado a cerca de un millar de personas en España. Lo grave, lo dramático, lo repugnante es que este balance del paso del PNV por el gobierno vasco parece que no les parece un baño de sangre. Quizás para ellos lo sangrante sea poder perder el Gobierno del que durante tantos años han disfrutado primero con el respaldo del pueblo y después, con el respaldo de los terroristas.

    Y ante estos dos nuevos asesinatos volveremos a tener que aguantar que el PNV se indigne y condene a todos. Para el Partido Nacionalista Vasco estos dos nuevos asesinatos, que hay que sumar al baño de sangre que padecemos, siempre son responsabilidad de los demás. De Eta, por matar y decir no a la vida, y del PP y el PSOE por decir no al diálogo. Así de asquerosos son los diagnósticos y los últimos análisis de Ibarretxe y los suyos.

    El 13 de Mayo no podemos ceder al chantaje de los nacionalistas. Esas próximas elecciones deben ser una fiesta democrática de libertad.

    Las elecciones autonómicas son una expresión de la vigencia del Estatuto y de la Constitución y deben ser el instrumento que aparte del poder a chantajistas que han gobernado con el apoyo de los terroristas.

    En Euskadi hacen falta gobernantes que hagan cumplir la ley y que no apelen a la sangre para hacer política. Eso con el PNV es imposible, desde Sabino Arana hasta hoy no han sabido dejar políticamente a la sangre en paz.

ETA, doble derrota
Editorial ABC 23 Febrero 2001

El asesinato de dos trabajadores de la empresa «Elektra» de San Sebastián por un coche-bomba de ETA y la detención de su cabecilla, Javier García Gaztelu, alias Txapote, son dos derrotas, una social y otra operativa, de la banda terrorista. ETA pretendió asesinar al concejal socialista, Iñaki Dubrueil, pero las víctimas mortales fueron dos trabajadores, más cuatro heridos graves, entre ellos el concejal del PSE. Falló en su objetivo principal y segó la vida de un simpatizante de Euskal Herritarrok. Con la lógica de su propia estrategia, ETA ha roto el gran argumento con el que premiaba y, al mismo tiempo, intimidaba a los nacionalistas: el pacto de no atentar contra ellos. El País Vasco ha vivido muchos años, sobre todo estos dos últimos, con una fractura política y social causada por la estrategia soberanista del nacionalismo, y también por la convicción individual de una gran parte de sus ciudadanos de que, por ser nacionalistas, tenían un seguro de vida. Es evidente que el terrorista que accionó el explosivo no buscaba matar a José Ángel Santos Larrañaga ni a Josu Leonet Azkune, pero tampoco le importó matar a ambos.

El efecto desmoralizador de este doble crimen en las filas abertzales se hizo evidente en la rueda de prensa que ofreció Arnaldo Otegi, portavoz de EH. Otegi no pudo esconder su preocupación ante el desconcierto que muchos abertzales sufrían al ver que uno de los suyos —empleando el lenguaje nacionalista— había sido asesinado por otro de los suyos, más concretamente por un «compañero patriota», como los califica el propio Otegi. Esta contradicción insuperable para el abertzalismo fue la que Otegi quiso eludir con el abyecto argumento de llamar a la visceralidad del colectivo abertzale, para disipar las dudas y aflorar la veta irracional que hará culpable del crimen al Estado, al Gobierno, al PP o al PSOE. Por eso, la reacción de HB no ha sido de condena ni de reprobación, nada que pudiera perfilar un indicio de reproche. Su respuesta ha sido convocar manifestaciones por la soberanía como condición para la paz, recordando que quien se opone a aquella es responsable de la violencia. Pero la realidad siempre se impone: el error o el accidente no tienen sitio en la acción deliberada y consciente de un terrorista que activa un explosivo a distancia, sin reparar en cuántos pueden morir. Lo lamentable es que el grado de alienación de la izquierda abertzale por ETA reduce la esperanza de una mínima discrepancia interna, aunque sólo fuera por un elemental sentido de la supervivencia, pero hay algo seguro: ETA ha llevado la confusión y el miedo a sus propias filas.

La otra derrota de la banda terrorista se produjo en Francia a primera hora de la tarde de ayer con la detención de García Gaztelu, «Txapote», el máximo responsable de los comandos de ETA y duro entre los duros. La Policía española le imputa la participación en numerosos atentados mortales, entre ellos los cometidos contra los concejales populares Gregorio Ordóñez, Miguel Ángel Blanco, José Luis Caso, José Ignacio Iruretagoyena y Manuel Zamarreño, o contra el socialista Fernando Múgica. Su detención confirma los dos principales mensajes del Gobierno en su política antiterrorista: la perseverancia en las investigaciones policiales y la confianza en la colaboración internacional. Sobra la euforia, porque ETA seguirá matando, pero tampoco estaría justificado despreciar no ya esta operación policial, sino el balance de la acción antiterrorista en los últimos meses. Fueron detenidos Iñaki de Rentería y gran parte del aparato logístico; han sido desarticulados los comandos Andalucía, Barcelona y Vizcaya; fue detenido un comando operativo en Madrid y han continuado las operaciones contra las tramas de ETA. La conclusión es que no se puede rebajar la tensión contra la organización terrorista, pero admitiendo que se puede derrotar policialmente a ETA. Esta es una variable con la que el nacionalismo vasco no cuenta a la hora de plantear su política. Cada vez que lo ha hecho ha salido en auxilio de la banda terrorista y ahora vuelven a darse las condiciones históricas para que esto suceda de nuevo: retroceso de ETA, avance político y social de los partidos constitucionalistas y temor nacionalista a perder el control del gobierno vasco. El PNV ya engañó en la campaña de 1998 ocultando su pacto con ETA. En esta ocasión, la sociedad vasca ya está avisada.

Asesinos sin futuro
Ediotorial La Razón 23 Febrero 2001

La trágica jornada de ayer fue esclarecedora sobre el drama del terrorismo que asola a España. Eta quiso dejar su impronta intimidadora, para demostrar quien «manda» en el País Vasco, con el intento de asesinato de un concejal socialista, un día después de conocerse la fecha de las elecciones autonómicas. El atentado hirió a éste y a su escolta, pero segó brutalmente la vida de dos trabajadores vascos. Se demostró así simbólicamente, como ya todos sabíamos, que la violencia de Eta a quien daña es al propio pueblo al que dice defender. Esta vez, con la muerte física; otras veces con la degradación moral al poner la libertad de los ciudadanos bajo la bota del miedo mientras manipula las ideas de los más influenciables.

    La mafia terrorista quiere usurpar a base de bombas la voluntad popular de los ciudadanos, los vascos con el conjunto de los españoles. Es la principal amenaza para la democracia y está dispuesta a devorar no sólo a sus adversarios sino también a sus afines con tal de demostrar su prepotencia y erigirse en el poder hegemónico en su comunidad. No sólo busca el terror de los contrarios, sino también el sojuzgamiento de quienes confiesan sus mismos objetivos independentistas. Como si Eta representara a alguien, cuando no es más que un grupo mafioso, como las bandas de narcotraficantes.

    Pero todos, y especialmente los aprendices de la «lucha callejera», deben saber que toda esa canalla termina por caer, y su futuro es pasar décadas en la cárcel. La detención en Francia de uno de los peores asesinos de Eta, Francisco Javier García Gaztelu «Txapote», es una excelente noticia porque deja a la banda sin uno de sus cabecillas. Era el jefe de los grupos de pistoleros, y fue autor de la ruptura de la tregua y la posterior escalada de violencia. Había llegado al control de Eta gracias a un currículum estremecedor. Se le achacan once asesinatos, entre los que se incluye uno que causó una conmoción social inigualada hasta entonces: el abyecto secuestro y la muerte cruel de Miguel Ángel Blanco. Y muchos otros, como el del socialista Fernando Múgica. Ahora era el jefe de los pistoleros y cuenta con datos vitales para Eta. Esperamos que la diligencia de Francia al detenerlo, gracias a una brillantísima operación del Cuerpo Nacional de Policía, se complete con una investigación exhaustiva de la información en su poder.

    Ahora, al conocer de cerca el horror que causa Eta, los mismos que apoyan a la banda en su estrategia independentista se manifestarán «por la paz». Pero se cuidarán de hacerlo contra quien les tiene bajo la bota. Le echarán la culpa al «contencioso histórico». La culpa será de las víctimas, nunca de los asesinos. Pero son muchos los que han cultivado el monstruo de Eta, y no aceptaremos su conversión en esta campaña electoral. Es la sociedad la que tiene que revolverse contra los terroristas, sus cómplices y sus aliados circunstanciales. Y lo tiene que demostrra en las urnas.

Del terror a la esperanza
Por Carlos Martínez Gorriarán, Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC 23 Febrero 2001

AGOTADO lector, agotado de antemano por la obligación de leer tras cada crimen terrorista la necrológica de rigor que pocas veces puede decir nada nuevo y que se repite como un ritual luctuoso e impotente, esta vez ha ocurrido algo extrañamente nuevo: que en un día hemos ido del terror a la esperanza.

A veces la historia se permite estos sarcasmos ejemplares: que en el curso de un solo día los terroristas nos hayan dado causas para recorrer todos los estados emocionales que van del terror y el luto hasta el alivio y el triunfo. Por la mañana, con la noticia del atentado de San Sebastián y los dos nuevos asesinados y los dos heridos graves que ha producido; por la tarde, con la feliz nueva de la detención de García Gaztelu, alias «Txapote», jefe de los asesinos y repugnante asesino él mismo. A las decenas de miles de ciudadanos directamente amenazados por los asesinos de Txapote, la mañana les ha recordado que algún ser siniestro ha decidido su condena a muerte; la tarde, que ese ser siniestro puede ser detenido y será derrotado. Y así hemos ido pasando de la renovación de la angustia a la promesa de libertad: días como éste ofrecen, condensada, la imagen del destino de ETA y de sus verdugos y cómplices. Ojalá signifiquen también un signo de su derrota cercana.

El atentado de la mañana buscaba la vida de un modesto concejal socialista de Ordizia y de su escolta. Por fortuna, mientras escribo estas líneas, el concejal sigue grave, pero al igual que su escolta, también herido, ha conservado la vida. En cambio, dos trabajadores que pasaban por allí han perdido la suya; parece ser que uno de ellos era militante de EH. En el momento de recibir la noticia del atentado, yo estaba con un amigo que es un brillante periodista; uno de sus comentarios ha sido que no sería raro que alguno de los muertos —dado el lugar y la hora del atentado, su condición de trabajadores, etcétera— pudiera ser de HB. Que haya sido así es otro de esos extraños sarcasmos de un azar precipitado por la voluntad criminal, que en el caso de estos degenerados no se para ni ante el probable temor de herir a los suyos. Porque el asqueroso verdugo que activó la bomba forzosamente tuvo que ver pasar al concejal con los trabajadores desconocidos; no le importó asesinarles, fueran o no de su gente —y podía haberlo supuesto como mi intuitivo amigo periodista—, con tal de cobrarse la pieza marcada.

Y así los terroristas, buscando otra hazaña terrorífica contra la gente decente, personarse a su estilo en la campaña electoral vasca recordándonos a los vasco-judíos nuestra condición de condenados a muerte, han conseguido en cambio infligirse un daño directo a sí mismos. ¿Cómo explicarán a los parientes y amigos de las nuevas víctimas la necesidad de hacerles pedazos en pro de la construcción nacional?; ¿cuáles serán las justificaciones éticas y políticas de esta salvajada que ha destruido a uno de los suyos que pasaba por allí, tan fáciles cuando el asesinado es del bando proclamado enemigo y que se quiere exterminar?; ¿explicará la teoría del conflicto las supuestas razones por las que dos trabajadores debían morir sustituyendo a un concejal socialista y su escolta porque ETA así lo quería, para expresar con sangre el conflicto inventado por los nacionalistas para seguir siendo nacionalistas contra toda razón?

ETA se encamina a su destrucción dejando un reguero de sangre, vileza y ruina. Hay razones para creer que estamos viviendo los últimos coletazos del terrorismo abertzale, que sólo es capaz de sacar a la calle a la ciudadanía enemiga, porque ha perdido prácticamente la capacidad de movilizar a sus apoyos sociales. Atentados como éste del 21 de febrero serán recordados en el futuro como jalones de la espiral autodestructiva del nacionalismo radical y su rama terrorista. Pero estos coletazos serán tanto más temibles cuanto que serán más brutales para intentar refrenar la rebelión cívica contra ETA. En días como éste donde la tragedia viene seguida por la euforia (moderada por la tristeza y la compasión por las nuevas víctimas), queda todavía más claro que la única vía para superar el terrorismo es la firme voluntad de derrotarlo.

Es oportuno recordarlo después de escuchar la absurda arrogancia de un Ibarretxe que todavía exigía, anteayer, que los partidos constitucionalistas presentaran sus propuestas de paz, según él inexistentes. Pues bien, señor Ibarretxe, aquí no hay ni puede haber otra propuesta de paz que la del empeño por recuperar la libertad derrotando al terrorismo. Deteniendo, por ejemplo, al jefe de los asesinos. Y restaurando el Estado de Derecho que su gobierno nacionalista ha dejado hecho unos zorros. Y recuperando los valores cívicos y políticos que odian asesinos como el del último atentado de Martutene y que el nacionalismo hegemónico ha erosionado hasta el punto de que muchos jóvenes vascos vean más grave el maltrato a los animales que el asesinato de sus convecinos con distintas ideas políticas.

Y hablemos de la relación entre este último crimen y las próximas elecciones vascas. Es inútil intentar reducir la reacción contra los atentados terroristas a condenas éticas —sin duda fundamentales— que no vayan seguidas de la condena política de las ideas y estrategias que impulsan el terrorismo. Pues bien, para muchos ciudadanos, sobre todo vascos pero también el resto de españoles, las próximas elecciones abren la esperanza de un gobierno vasco consagrado a la derrota del terrorismo, esto es, de un gobierno constitucionalista. Un gobierno así no hará milagros —ningún gobierno los hace— y no podrá impedir que ETA intente y consiga nuevas hazañas de terror. Pero sí intentará hacer mucho más difícil que una mañana cualquiera la vida de dos personas que pasaban por allí, sin saber que iban a su muerte por descender del tren junto a un concejal o cualquier otra persona condenada, vuelen en pedazos para alimentar la permanencia de una banda de criminales. Una banda que no vive del vacío ni proviene de la luna, sino que medra y mata amparada por una comunidad envilecida, alimentada por ideas de asesinato, genocidio y limpieza étnica de los contrarios. Y que prospera a la sombra de discursos necios, suicidas y protectores como los que ha prodigado este gobierno «abertzale» que se va. Impidamos que vuelva, lo requiere la esperanza.

Futuros presos etarras asesinan a dos obreros
Editorial El País 23 Febrero 2001

Los que ayer activaron el coche bomba con el que asesinaron a José Ángel Santos y Josu Leonet e hirieron a otras cuatro personas, y quienes les ordenaron hacerlo, entrarán un día en la lista de los presos de ETA. Como lo hizo ayer Javier García Gaztelu, uno de los jefes de la banda, detenido en Anglet, al sur de Francia. La eficacia policial que esa detención pone de manifiesto es una condición imprescindible para hacer posible la derrota política de ETA; otra es que EH-HB se rebele contra los pistoleros, y para ello es necesario que los partidos democráticos, sean o no nacionalistas, renuncien a sacar ventajas de la violencia mediante pactos con sus intérpretes.

El objetivo era ayer un concejal socialista, pero uno de los dos transeúntes que perdieron la vida era hermano de una alcaldesa nacionalista. Sería cínico atribuir al azar esa muerte. Es ETA la que mata, no el azar. Pese a ello, el portavoz de EH, Arnaldo Otegi, despachó el asunto expresando su 'más absoluto desprecio' a quienes 'querrán instrumentalizar estos hechos contra la paz, contra la democracia, contra Euskal Herria'. Su desprecio no se dirige contra los que han matado a uno de los suyos, sino contra quienes denuncian la injusticia de ese asesinato. El mensaje vuelve a ser considerar culpables de la violencia no a quienes la practican, sino a quienes se resisten a ceder al chantaje de ETA. El sindicato abertzale LAB ha convocado para hoy concentraciones tras el lema La soberanía es la paz. La víspera, el propio Otegi había ofrecido a los partidos nacionalistas un acuerdo blindado 'por la soberanía'. Esto es, independiente de que haya o no atentados.

Según el portavoz del PNV, el doble asesinato de ayer debería llevar a la izquierda abertzale a reflexionar sobre la incompatibilidad 'entre violencia y construcción nacional'. Y Garaikoetxea advirtió a ETA de que los atentados 'van en contra de sus objetivos políticos'. Ambos planteamientos traducen una idea de la naturaleza de ETA que la realidad desmiente cada día. No es una organización a la que se pueda convencer demostrándole que podría alcanzar sus objetivos pacíficamente; lo que expresamente quiere es alcanzarlos por la violencia: sólo por eso le interesan. ETA y su brazo político proclaman como derecho su deseo (la independencia), y refuerzan esa convicción al escuchar que formaciones de larga tradición democrática dicen compartirlo. Pero al comprobar que la democracia no la garantiza, porque la sociedad es plural, impugnan la democracia; a bombazos. Recurre a la violencia porque sabe que no alcanzará los objetivos que invoca mediante el convencimiento pacífico de los ciudadanos.

Por ello asesinaron hace un año al portavoz socialista en el Parlamento vasco, Fernando Buesa, e intentaron matar ayer a un concejal de ese mismo partido; para intimidar a los que no se pliegan. A la luz de esa realidad resulta un sarcasmo decir que tras la violencia hay un 'conflicto histórico de naturaleza política', como proclama la declaración de Estella; y ofensivo afirmar que los principios de aquella declaración siguen siendo válidos; como si no hubiera pasado nada.

Ya no cabe llamarse a engaño. Ojalá que EH se rebele contra ETA, como ayer pidió el portavoz del Gobierno vasco; pero mientras no lo haga es indecente pactar con esa formación. A finales de año, Arzalluz dijo que si hubiera un Gobierno del PP-PSOE y volviera EH, 'les zumbaríamos una moción de censura'. El lehendakari pidió el martes un comportamiento leal entre los contendientes. Esa lealtad exigiría el compromiso desde ahora de rechazar, mientras siga ETA, cualquier alianza con EH para derribar al Gobierno que salga de las urnas. Eso sí sería un gesto en defensa de la democracia y contra la pretensión de ETA de condicionar la vida política vasca; más elocuente que todas las condenas.

El diálogo de ETA
Por Maite PAGAZAURTUNDUA RUIZ, Concejal del PSE-EE/PSOE ABC 23 Febrero 2001

Marco Aurelio —emperador romano, filósofo estoico— nos advierte en sus meditaciones que cada uno actúa según su naturaleza. De igual modo que no se puede esperar discreción del indiscreto, no podemos esperar otro lenguaje que el del terror en los devotos del templo de ETA. Ellos trabajan en ir adaptando, por las buenas o por las malas, la sociedad vasca real a la Euskal Herria soñada.

Por ello, porque cada uno actúa según su naturaleza, se equivocan los equidistantes y los biempensantes que reivindican el diálogo con los etarras en abstracto. Porque la democracia concreta es el gran juego del diálogo para organizar la convivencia social y nadie les impide cambiar espadas por palabras. Los devotos del templo, los fanáticos, no aceptan frustración alguna en sus objetivos.

Los devotos del templo buscan destruir los cimientos de la democracia, aunque el tiempo histórico corre en contra de sus objetivos. El más grave error de PNV y EA fue precisamente dar legitimidad a ETA a través del proceso de generación de aquel gran pacto que finalmente no cuajó, así como su comprensión y camaradería en la versión «light» del mismo con EH en el pacto de Estella. Es el juego del proceso de pacto y la tentación del juego tramposo el que avivó la codicia etarra.

Desconoce la naturaleza del horror una parte de la sociedad vasca, que mira todavía hacia otro lado o queda muda cuando hay atentados o cuando percibe la incómoda presencia de una persona de un entorno laboral o ciudadano cada vez más cercano que busca salvar su vida con escoltas. Por eso, sólo cuando el asesinado no se había metido en líos, la sociedad abandona el abotargamiento moral, producto del miedo inconfesado.

Confesemos el miedo para superarlo. Entendamos todos —incluidos biempensantes, equidistantes, líderes nacionalistas de PNV y EA y  nihilistas en general— que el gran problema está en la naturaleza totalitaria del modelo propuesto y en las trampas para conseguir una sobrerrepresentación política. Reaccionemos, por tanto, generando un gran dique de dignidad ciudadana en el País Vasco.

Jaime Mayor Oreja
Por Carlos DÁVILA ABC 23 Febrero 2001

Uno de los políticos más honrados, más pacientes, más perspicaces, también más serenos, también más fundados de nuestro país, de nuestro país de siempre, abandona en días el Ministerio del Interior con la mejor noticia y con la peor y recurrente noticia de su mandato. La primera ha sido la detención en Francia, pero gracias a la Guardia Civil española, de uno de los más repugnantes criminales de nuestra Historia: García Gaztelu. La segunda, el asesinato en Martutene de dos trabajadores que, cuando los sicarios de Gaztelu activaban una bomba para matar a un concejal del PSOE, pasaban sencillamente por allí, por el lugar donde estaba el explosivo. Jaime Mayor Oreja se despide de aquí para marcharse allí, al País Vasco, su lugar de origen, aquel que él quiere y conoce como nadie, y al que llega en son de paz (la verdad de los pacíficos, no de los Otegi y de Arzalluz), para intentar que en lo sucesivo en las escuelas del País no se maleduquen en el odio sujetos como Gaztelu, y para conseguir que, también en lo sucesivo, puedan detener a asesinos como Gaztelu policías independientes a los que sus mandos no adoctrinen en la connivencia con los delincuentes.

La despedida de Mayor en Madrid (despedida por el momento) es el triunfo de sus ideas y de su estrategia. Con Gaztelu en la cárcel, se confirma que ningún asesino estará libre para siempre, que el criminal termina pagando, que abyectos matarifes como él nunca ganarán, que no hay que pagar, como dice el PNV, ningún precio por mantener la vida, que quien quiere eso es, en definitiva, quien quiere pagar a los sicarios. Durante muchos meses y cuando ETA «nos obsequió» con una engañosa tregua-trampa, pocos como Mayor Oreja mantuvieron gallardamente el tipo. Ahora se marcha aguantando sin un rictus, el nuevo, insolente, estúpido e ininteligible atentado de ETA, pero con una seguridad: que estaba en lo cierto. Los vascos, dos millones de vascos, tienen una oportunidad de oro, votar lo que él representa. Con certeza, que el viejo, sabio, estupendo País Vasco lo va a entender así.

LA IMPARABLE DESCOMPOSICION DE ETA
Editorial El Mundo 23 Febrero 2001

Cómo vencer al adversario matándolo
El día elegido por ETA para una nueva matanza no era un día cualquiera. Dos circunstancias lo hacían especial. Ayer se cumplía un año del asesinato del socialista Fernando Buesa y su escolta. Los terroristas quisieron ensañarse con el PSOE matando a uno de sus concejales. Ayer también era el primer día de una larga precampaña electoral. Y ETA entró en la liza de forma macabra. El objetivo del coche bomba, Ignacio Dubrueil, tampoco había sido elegido de forma casual. Después de varios años persiguiendo hasta la muerte a los concejales del PP, los terroristas han ampliado su sanguinario campo de acción. El concejal socialista de Ordizia es el primer edil del PSOE al que ETA ha intentado asesinar, aunque afortunadamente sólo resultó herido. Se da la circunstancia de que Dubrueil es el único concejal del pueblo, ya que su compañero socialista ha dimitido y nadie quiere ocupar su puesto. En periodo electoral, el atentado iba destinado a meter -aun más- el miedo en el cuerpo a políticos que, de forma heroica, trabajan prácticamente gratis. ETA pretende exterminar físicamente a los adversarios de su locura independentista. O atemorizarles para que se retiren.

El cinismo y la poca vergüenza de Otegi
La locura de los que accionaron ayer el coche bomba junto al apeadero de Renfe del barrio donostiarra de Martutene se llevó por delante la vida de dos trabajadores. Por una macabra paradoja del destino, uno de ellos -Josu Leonet- era simpatizante de EH y el otro -José Angel Santos- militante del sindicato ELA. Ambos abertzales, ambos situados en el entorno político de quienes amparan y justifican los asesinatos. No se puede caer más bajo. La banda terrorista tendrá que dar cuentas ante sus propios seguidores de esta nueva acción criminal indiscriminada. Sin embargo, que nadie se engañe, Arnaldo Otegi no dio muestras de estar conmovido por el asesinato de uno de los suyos. Dijo que hay que encarar los «dolorosos» hechos «de forma analítica», «sin nerviosismo». Como respuesta al atentado, lo único que se le ocurrió es convocar concentraciones con el lema: «La soberanía es la paz». Hay que tener poca vergüenza, mucho cinismo o ser un auténtico miserable para reaccionar de forma semejante ante el brutal asesinato de un simpatizante. ¿Ni siquiera la familia de Josu Leonet le pedirá cuentas por ello?

García Gaztelu, asesino de M. A. Blanco
Quedan pocas dudas de que Xabier García Gaztelu (Txapote o Jon) sea el asesino del joven concejal del PP Miguel Angel Blanco: su compañero Sergio Polo describió con detalle su actuación en el secuestro y en su trágico y brutal desenlace tras aquellos días de julio de 1997 que han quedado grabados con mayor intensidad quizá que cualquier otro episodio terrorista en la memoria colectiva de los españoles. La frialdad y, a la vez, el sanguinario encarnizamiento distinguen al más duro de los dirigentes actuales de ETA, acusado también de los asesinatos de Gregorio Ordóñez y Fernando Múgica. Es, pues, tan simbólica como importante su detención ayer en Anglet, junto a Biarritz. Txapote tomó el mando de los comandos ilegales (fichados por la policía) de ETA cuando su predecesor, José Javier Arizcuren Ruiz, Kantauri, fue detenido el 9 de marzo de 1999 en París. La eficacia de la cooperación policial hispanofrancesa obliga a ETA a sustituciones cada vez más frecuentes en su cúpula, tras cada detención. La creciente incompetencia -a veces, y por desgracia, sangrienta incompetencia- de sus atentados parece ser una importante consecuencia de ello.

Más que unas autonómicas
José María CARRASCAL La Razón  23 Febrero 2001

No sabemos qué saldrá de las próximas elecciones vascas, pero sabemos ya tres cosas importantes:
    Primera: Que Eta va a seguir matando. Nada de «falsas treguas» ni de ponerse la piel de cordero. Matará siempre que pueda y como pueda. Con lo que la última esperanza del nacionalismo suave de haber logrado amansar a la fiera siquiera temporalmente se desvanece. Eta impone la línea dura hacia dentro y hacia fuera. El que no está conmigo está contra mí. El único nacionalismo vasco auténtico es el suyo. Una postura que deja al PNV en la alternativa de seguir la senda de la banda o intentar recuperar sus credenciales democráticas. Lo más probable, sin embargo, es que no haga ni una cosa ni otra, paralizado por el miedo, los fracasos, las ansias contradictorias y la división en su cabeza.

    Segunda: Se ha clarificado el escenario. Pero no como se viene diciendo. En el País Vasco no compiten nacionalistas y constitucionalistas. Compiten los que propugnan un Euskadi abierto, tolerante, entremezclado, y los que persiguen un Euskadi cerrado, monocolor, restringido a lo que eufemísticamente ha dado en llamarse «ámbito vasco de decisión». Que en realidad significa un Euskadi en el que únicamente tengan cabida no ya los vascos en general, sino sólo los vascos que se consideran únicamente vascos, ya que los vascos que se sienten también otra cosa -españoles, europeos, ciudadanos del mundo- quedarían excluidos. Lo que nos lleva a la tercera premisa.

    Tercera: Las elecciones del 13 de mayo no van a ser unas elecciones autonómicas más. De parecerse, se parecerían a las generales de 1977, que significaron el comienzo de la democracia en España. Pues hay que decirlo con toda claridad: en el País Vasco, hoy, no hay libertad. Allí no puede decirse lo que se piensa sin grave riesgo para quien lo dice. La gente tiene miedo no ya de que la metan en la cárcel, sino de que la maten. La amenaza es constante en todos los órdenes de la vida. Ni siquiera en las reuniones familiares se dice lo que se piensa, como nos han contado innumerables testigos. Lo que hay allí es una ideología imperante -la nacionalista- y pobre del que no la acate. Veinte años de gobierno del PNV han conducido a esto.

    No es seguro que las elecciones del 13 de mayo rompan esta degradación continua de la sociedad vasca y de la convivencia civilizada, pero abren esa posibilidad. Es tanto lo que está en juego que poco importa que gane el PP o el PSOE, que el próximo lehendakari sea Mayor Oreja o Nicolás Redondo. Lo importante es que el próximo gobierno vasco gobierne de verdad, que la policía autónoma garantice los derechos básicos de los ciudadanos, que en la calle no manden los matachines y que uno no se juegue la vida por pensar diferente. En una palabra: que a Euskadi llegue al fin la democracia.
   

Un buen candidato
Por Enrique de Diego Libertad Digital   23 Febrero 2001

Después de veinte años en el poder, el nacionalismo ha sido incapaz de resolver el problema de la violencia y de asegurar el disfrute de los derechos y libertades en las calles del País Vasco. Es ese uno de los más notorios fracasos del nacionalismo.

La persistente insidia de los nacionalistas respecto a que no existe una solución policial del conflicto no es más que una manipulación y el juego con la ficción de un Estado policial. La solución policial, entendida en el sentido democrático, de que los ciudadanos puedan exponer sus ideas libremente sin sufrir coacción ni riesgo para su vida no es ni tan siquiera “solución”, es el mínimo imprescindible de la convivencia y, por supuesto, la primera obligación de un Gobierno.

Jaime Mayor Oreja no sólo ha demostrado coraje personal y prudencia, sino que también se ha mostrado seguro y clarividente en la defensa de la libertad personal en el País Vasco y en el conjunto de España. Lo que nadie duda es que es un buen candidato. Lo es siempre quien, por compromiso democrático, está dispuesto a correr riesgos, como cada uno de los constitucionalistas en el País Vasco, donde se da la paradoja de que son los miembros de la oposición los que han de ir escoltados mientras los del gobierno pueden desarrollar su vida sin cortapisa alguna. Con eso está dicho todo o casi todo. Como también con el hecho evidente, de la praxis, de que el nacionalismo produce psicópatas como García Gaztelu, que superan en canibalismo al personaje de Anthony Hopkins en ese silencio de los corderos que el terrorismo quiere imponer como último proyecto totalitario en la vieja Europa.

Abandono de la política
JAVIER PÉREZ ROYO El País   23 Febrero 2001

La primavera electoral vasca ha venido y todo el mundo sabe cómo ha sido. Nadie puede llamarse a engaño. Ni los ciudadanos que integran el cuerpo electoral en el País Vasco que van a tener que ejercer su derecho de autodeterminación política como lo vienen ejerciendo desde 1980 de manera periódicamente renovada, es decir, como se ejerce dicho derecho en toda democracia digna de tal nombre. Ni los partidos políticos que han interpretado la manifestación de voluntad del cuerpo electoral en las pasadas elecciones de una manera que ha obligado la convocatoria anticipada de éstas. Ni los ciudadanos y los partidos políticos del resto de España, que aunque no estemos convocados a las urnas, también hemos tenido que ver, activa y pasivamente, con lo que ha pasado en el País Vasco y vamos a tener que ver con lo que pueda pasar. Conviene, pues, que todos reflexionemos sobre ellas.

Y no es fácil. Además de la imposibilidad de interpretar la posible participación de ETA en el proceso electoral, aunque el atentado de ayer indica que está dispuesta a intervenir muy activamente, esta convocatoria electoral es difícilmente interpretable en términos convencionales, es decir, en términos políticos, porque en esta última legislatura se ha puesto en cuestión el marco jurídico definidor del sistema del que las elecciones son una parte. Una convocatoria electoral únicamente tiene sentido o como convocatoria única y excepcional constituyente o como repetición periódica en el interior de un sistema jurídicamente definido. A la primera le da sentido el futuro, la Constitución que se tiene que hacer. A las segundas, pues aquí sólo se puede hablar en plural, les da sentido el pasado, en el País Vasco la Constitución y el Estatuto de Autonomía con base en las cuales se convocan. Sin esa referencia, las elecciones son un sinsentido. El enfrentamiento electoral deja de ser un enfrentamiento político para pasar a convertirse en un enfrentamiento civil.

Es obvio que en unas elecciones se puede proponer la reforma de la Constitución y / o el Estatuto de Autonomía. Éste era el punto primero del Pacto de Ajuria Enea, que no solamente afirmaba la vigencia del Estatuto de Autonomía como marco para la acción política, sino que contemplaba también expresamente la posibilidad de su reforma, si bien excluía cualquier reforma que no se hiciera siguiendo el procedimiento de reforma previsto en el propio Estatuto. Lo que venía a decir dicho pacto es que fuera del Estatuto de Autonomía no hay política. Habría otra cosa, pero no política. Y sin política no tienen sentido las elecciones.

Para mí éste ha sido el error del PNV con la firma del Pacto de Lizarra. Abandonar la Constitución y el Estatuto de Autonomía es dejar de hacer política y abrir la vía hacia el enfrentamiento civil. Aunque no se quiera. Estoy convencido de que ésa no era la voluntad del PNV. Creo que pensaban que estaban abriendo una vía de paz en el País Vasco. Lo que ocurre es que eso es imposible conseguirlo dinamitando el marco jurídico de referencia de todo el sistema político. Una vez que se abandona la Constitución y el Estatuto de Autonomía, el resultado es la jungla. Independientemente de la buena voluntad que se tenga. La política es la expresión de la libertad del ser humano. Y la libertad existe por el límite que supone la norma jurídica. Sin límite no hay libertad. Sin el límite jurídico la conducta humana estará dominada por el azar o por la necesidad, pero no podrá ser valorada en términos de libertad, es decir, en términos políticos.

Esto es lo que en el País Vasco significaba la Constitución y el Estatuto de Autonomía y es lo que le ha dado sentido a todos los procesos electorales que se habían venido celebrando desde 1980 y a la vida parlamentaria que se desarrollaba con base en los mismos. Esto es lo que se ha perdido en esta última legislatura. La práctica parlamentaria de estas últimas semanas ha sido un buen botón de muestra. El Pacto de Lizarra supuso para el PNV el abandono de la política. Por eso para él las elecciones no tenían sentido y se resistía a convocarlas. Ese ha sido su enorme error y es lo que lo coloca en una situación muy difícil de cara al 13 de mayo.

Tragicomedia en seis cuadros
Por Ignacio CAMACHO ABC  23 Febrero 2001

Cuadro primero. El presidente del Parlamento vasco, Juan María Atutxa, propone suspender la actividad parlamentaria antes de que sean convocadas las elecciones. Es decir: disolver la Cámara que hace las normas antes de que se promulgue la norma de disolución. No es la primera vez; en el 2000, el presidente andaluz Manuel Chaves disolvió el Parlamento autonómico en una rueda de prensa de cuyos resultados no se tomó la molestia de informar previamente a la asamblea.

Cuadro segundo. Sainete en el Parlamento andaluz a propósito del llamado «caso Centeno». Un vicepresidente dice en voz baja que los moros se vayan a Marruecos. Lo graba un micro de televisión. Le echan la culpa a otro vicepresidente, del PP. El culpable, apellidado Centeno, del PSOE, confiesa y dimite. Un tercer vicepresidente, del Partido Andalucista, sale diciendo que él no ha sido el delator. Salen pruebas de que sí ha sido, efectivamente, el delator, y entonces se chiva de que ya había advertido al presidente de la Cámara, que lo niega. La cosa acaba en una crisis parlamentaria de primera magnitud.

Cuadro tercero. La esposa del presidente de la Generalitat, doña Marta Ferrusola, se pone a despotricar contra los inmigrantes porque sólo hablan catalán «para pedir». El fantasma del «amante bilingüe» de Juan Marsé sale de paseo por las Ramblas, con su célebre departamento de normalización lingüística. Ferrusola propone convertir Montserrat en la nueva Covadonga y clama por un culturalismo xenófobo que deja en paños menores al ciudadano Centeno. El «conseller en cap» del gobierno catalán, una especie de primer ministro de un Pujol autoelevado a la categoría simbólica de un jefe de Estado, sale en defensa de la «primera dama» y afirma muy serio que miles de catalanes comparten lo dicho. Nadie dimite.

Cuadro cuarto. El presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, anuncia un impuesto especial para los bancos establecidos en su tierra, a los que acusa de captar el ahorro extremeño sin reinvertirlo en la comunidad. «Hay que sacar el dinero de aquel que lo tiene», argumenta. El impecable planteamiento de este Robin Hood de Mérida es contestado por los avaros portavoces del gran capital con el detalle legal de que contraviene la normativa europea de libre establecimiento de entidades financieras, lo que viene recordar que Extremadura está en Europa, aunque a veces no lo parezca.

Cuadro quinto. Por si a alguien se le había olvidado que, en pleno carnaval político, algunos siguen sin tomarse a broma el asunto de los hechos diferenciales, la ETA hace explosionar un coche bomba en un apeadero de San Sebastián. Dos muertos: trabajadores de una empresa eléctrica que pasaban por allí junto al concejal socialista destinatario de la dinamita. La muerte hace un guiño macabro: una de las víctimas era militante del partido político que sostiene los planteamientos de los terroristas. Pero los muertos son todos iguales.

Cuadro sexto. La Policía francesa y la Guardia Civil detienen al máximo dirigente de la ETA mientras almuerza tranquilamente en la terraza de un café de Anglet.

Cae el telón. El auditorio, un país desconcertado, se tienta la ropa sin comprender exactamente el argumento de la tragicomedia.

Precampaña electoral vasca con muertos
Lorenzo Contreras La Estrella  23 Febrero 2001

Lo primero que se le ha ocurrido a Juan María Atucha, presidente del Parlamento vasco y nacionalista moderado, ha sido solicitar la cancelación de las sesiones tras el anuncio del 13 de mayo como fecha de las elecciones autonómicas. Esto quiere decir que Atucha, ex consejero de Interior vasco y hombre temperamentalmente distanciado de los estilos de Arzallus y Eguibar, percibe con claridad el riesgo de que una prolongación de la actividad parlamentaria en Vitoria, en la etapa preelectoral o de precampaña, contribuya a deteriorar más todavía la imagen política del PNV y con ello las posibilidades electorales de Ibarreche, el aspirante nacionalista a lehendakari.

Al margen de la decisión pertinente, con un Parlamento con derecho a su vida actual hasta el 21 de marzo, surge la evidencia de que el nacionalismo vasco está dispuesto a procurar por todos los medios envolver en el olvido su trayectoria hasta la fecha. Un olvido parcial, se entiende. Algo así como la ilusión de que las cosas no serán después del 13 de mayo como hasta ahora si gana esas elecciones. Y que en todo caso siempre ocurrirá que el nacionalismo gobernante es el mal menor frente a la posibilidad de una conjunción no nacionalista en Ajuria Enea.

El PNV, o si se prefiere Arzallus, juega a barajar dos posibilidades: ganarse a una parte de la clientela electoral de EH, desengañada de ETA, y/o convencer al PSOE de que es preciso regresar a los pactos de antaño y arbitrar una sucesión mixta del contubernio propiciado por la fracasada fórmula surgida al amparo de Lizarra. Mientras estas especulaciones se desarrollan, ETA ha puesto en marcha su particular manera de organizar una precampaña electoral. En efecto, ha atentado en San Sebastián contra un concejal socialista y su escolta, que han escapado ilesos mientras caían mortalmente heridos dos trabajadores de una empresa eléctrica.

Es la manera de advertir que para ETA no juegan miramientos, que la mejor etapa electoral es la que se desarrolla bajo el signo del terror y que los hipotéticos gobernantes no nacionalistas del mañana siguen siendo por igual, sean populares o socialistas, los objetivos de siempre. Todo permite adivinar que los atentados van a conocer una temporada de "caza mayor".

A la banda terrorista le desagradan especialmente los socialistas en el poder vasco, sobre todo si van en compañía de los nacionalistas. Prefiere que la situación política se dibuje en blanco y negro, con los españoles por un lado y el PNV y sus adherencias por otro. Es el empeoramiento básico que busca para una causa independentista necesitada de "justificaciones" extremas. El nuevo atentado contra el concejal socialista ha coincidido con la fecha de aniversario del asesinato de Fernando Buesa y su escolta, en cuya memoria se ha elevado un monolito en el mismo lugar del crimen.

Todo se ha ido confirmando en la línea de las previsiones. La lucha electoral se perfila como el "asalto" español a Ajuria Enea, en una conjunción paralela de esfuerzos representados por Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo Terreros. Dos aliados iniciales que no se reconocen como tales y que dan una variante cualificada a lo que viene pareciendo una "pareja de hecho" constituida por Redondo e Iturgaiz.

Para el zapaterismo es la primera prueba, con el PSOE condenado a parecer bisagra de la solución española frente a un nacionalismo aliado con el miedo, es decir, con el miedo de su parte. En realidad, las bofetadas se intercambiarán con el PNV y el PP protagonistas y los socialistas de actores secundarios. La esperanza nacionalista –cabe insistir– se llama EH, es decir, su voto más o menos disperso e imprevisible. Pero también se llama socialismo. Si esta esperanza se confirmase, asistiríamos a una especie de defunción política de Mayor Oreja.

Por dignidad
XABIER GURRUTXAGA El Correo   23 Febrero 2001

ETA ha vuelto a provocar la muerte y con ello el dolor, la indignación y la rabia en la inmensa mayoría de la sociedad. Es lo único que sabe hacer, es lo que quiere provocar. Esa es su contribución a la paz; su aportación a la convivencia, a la construcción nacional y al fortalecimiento del nacionalismo. Mientras no decidan su disolución, su permanencia no significará otra cosa que sangre, dolor y muerte, salvo que nos arrodillemos ante ellos y cedamos a su chantaje.

El atentado con coche bomba perpetrado ayer en el barrio donostiarra de Martutene y que produjo dos muertes y varios heridos, es la expresión más clara no sólo de la brutalidad y de la inhumanidad de ETA, sino también de lo absurdo de su propia existencia. Si bien el atentado iba dirigido contra el concejal socialista Iñaki Dubreuil, al que le produjo heridas graves, las víctimas son dos trabajadores, uno de ellos, Josu Leonet, adscrito al mundo nacionalista, concretamente conocido militante de HB en Tolosa. Los dirigentes de EH, que políticamente han desarrollado un estómago capaz de digerir hasta la mayor de las barbaridades que pueda cometer ETA, utilizando para ello una teoría especialmente macabra y frívola, consistente en que todas las acciones que desarrolla la organización terrorista son expresión inequívoca de la existencia del llamado ‘conflicto’, se encuentran ahora con que hasta su propia gente puede ser víctima de la ceguera atroz de la ‘vanguardia armada’.

¿Será capaz Arnaldo Otegi, además de expresar sus condolencias a la esposa de Josu Leonet y a su hija de corta edad, de manifestarle que la muerte de su marido es una consecuencia del conflicto que enfrenta a Euskadi con España y que la culpa de tal tragedia la tienen Aznar y Mayor Oreja? ¿Será capaz Otegi de decirle a su propia compañera que si algún día le sucediera a él, por acción de ETA, lo que le ha sucedido a Josu Leonet, debería esperar tranquila las explicaciones de algún portavoz autorizado, que además de expresarle todo el dolor de la izquierda abertzale por la pérdida, le aclararía que el trágico suceso era una consecuencia del conflicto? Si Arnaldo hubiera sido capaz de indicarle eso a su compañera, yo no albergaría duda alguna de que ayer durmió tranquilo.

Pernando Barrena ha dicho que «es duro, durísimo, empezar la jornada con dos muertes sobre la mesa, y a uno le hace replantearse muchas cosas...» No te quepa ninguna duda, amigo Pernando, que es durísimo, pero sobre todo para todos aquellos como Iñaki Dubreuil, que no pueden conciliar el sueño porque el miedo no les deja, y porque cuando llega la hora de levantarse vuelven a sentir pavor ante la amenaza de ETA y no pueden disfrutar de la vida. Menos mal que Iñaki sigue vivo y sabe que en Ordizia la gente le quiere, tal y como se lo demostraron hace muy poco tiempo sus auténticos amigos. Por dignidad y por respeto a la propia conciencia, los que en la izquierda abertzale dicen estar en desacuerdo con la violencia no deben dejar pasar un minuto más. Es la hora de cortar amarras. El monstruo devora a sus propios hijos.

Cercenar la misión del Parlamento
Miguel Ángel RODRíGUEZ .- La Razón    23 Febrero 2001

El estertor del Gobierno de Ibarretxe sería para reír a carcajadas si en el País Vasco uno pudiera vivir con la sonrisa en la boca y no estremecido cada mañana para adivinar dónde puede saltar la siguiente bomba. Hoy lloramos por otros dos inocentes. El lehendakari ha disuelto el Paramento vasco sin disolverlo; ha convocado elecciones sin publicarlo en el Boletín Oficial; ha dado por terminada la legislatura sin que haya acabado. En la historia del parlamentarismo mundial esto no se le había ocurrido a nadie. El caso es que el presidente del Parlamento, Atutxa, dice ahora que como ya se ha anunciado la fecha de las elecciones, que mejor que cierren el Parlamento ¡Esto sí que no se le había ocurrido a nadie de nadie! Que, vaya, como el Gobierno está en minoría y como quieren mantenerse en el poder unos mesecitos, que si le dejan gobernar por Decreto Ley y así no tiene que dar explicaciones. Si no fuera porque es cosa del País Vasco habría que decir «esto es la bomba».

    No, hombre, no. Hasta que no se disuelva la Asamblea, el deber de los diputados y de los miembros del Ejecutivo es acudir a las sesiones a contarse las cosas cara a cara, que para eso están los parlamentos. Lo otro es cercenar la labor que tiene esa institución en la sociedad. La Democracia consiste en que las gentes elegimos a nuestros representantes y luego van al Parlamento a defender aquello por lo que les hemos votado. Y si Ibarretxe quiere clausurar las sesiones, que publique la oficialidad correspondiente. Lo otro es un chiste. Ya puestos, Atutxa debería decir: «oiga, que como vamos a volver a ganar, que casi mejor que no hagamos elecciones y nos ahorramos un dinerito en campañas electorales». Pero eso no es. No es.

La despedida de Jaime Mayor
Juan BRAVO La Razón     23 Febrero 2001

En Interior están preparados para que, cuando pase la conmoción por el último atentado terrorista, en los medios nacionalistas se hable de la operación que ha llevado a la detención de «Txapote» como un acto «electoralista» de Jaime Mayor. Si lo hace el PNV cometerá un profundo error, porque cuando la Policía ha decidido «tirar» del peligroso terrorista es porque entendió que no tenía otro remedio. La operación ha servido para demostrar que Eta es mucho menos invulnerable de lo que parece y que policialmente está acosada, aunque tenga capacidad de matar. Ahora, en plena precampaña electoral vasca, la captura del cabecilla que daba las instrucciones a todos los «comandos» sólo puede traer resultados beneficiosos. Porque aunque algún terrorista pueda actuar «por libre» o de acuerdo con instrucciones previas, lo cierto es que la mayoría de ellos estarán preocupados por la posibilidad de ser descubiertos y tenderán al escondite o a la huida. La detención de «Txapote» puede eliminar del debate electoral el elemento de distorsión del terrorismo. Jaime Mayor será entonces candidato, y no ministro, pero su despedida ha coincidido con una noticia que todos, incluido el PNV, le deben agradecer.

Los dos fallecidos pertenecían al mundo nacionalista - Otras tres personas resultaron heridas - El objetivo de los terroristas era Ignacio Dubreuil, concejal socialista en Ordizia
Francia detiene al jefe militar de ETA después de que la banda asesinara a dos trabajadores
CARMEN GURRUCHAGA. FERANDO LAZARO. G. MALAINA El Mundo 23 Febrero 2001

MADRID/SAN SEBASTIAN.- Pocas horas después de que el comando Donosti acabara con la vida de dos personas en un barrio de San Sebastián, agentes de la Policía Judicial francesa detuvieron en la localidad vascofrancesa de Anglet al considerado como número uno de la organización terrorista, Francisco Javier García Gaztelu, Txapote, presunto autor, entre otros, de los asesinatos de Miguel Angel Blanco, Gregorio Ordóñez y Fernando Múgica.

Eran las 8.00 horas cuando los terroristas hicieron estallar un coche bomba con casi seis kilos de explosivos al paso del concejal del Partido Socialista de Ordizia Ignacio Dubreuil, que sufrió quemaduras y heridas múltiples por metralla. Su escolta salió ileso.

Además, la explosión provocó daños físicos imposibles de superar a las dos personas fallecidas, Josu Leonet y José Angel Santos Larrañaga, trabajadores de la empresa Elektra, y heridas de diversa consideración a otras cuatro. Trasladadas todas ellas, de forma inmediata, al hospital de Aránzazu, de San Sebastián, nada pudieron hacer por salvar la vida de Santos y Leonet. Este, hermano de la alcaldesa del PNV de Beizama era, según aseguró el propio líder de EH, Arnaldo Otegi, «probablemente» simpatizante de la izquierda abertzale. Sin embargo, su familia negó esta aseveración.

Después, a primeras horas de la tarde, las Fuerzas de Seguridad del país vecino detuvieron al responsable del aparato militar de ETA, García Gaztelu, Txapote, que almorzaba tranquilamente en Anglet, en la terraza del Havana Café. Acompañado por el ciudadano francés Stephan Rodibart, llevaba documentación falsa y una pistola en la cintura. Pese al intento de despistar a los agentes franceses, éstos tenían muy clara la identidad del jefe terrorista porque no dudaron en pedirle que les acompañara. Lo trasladaron a la comisaría de Bayona para ser interrogado.

Un nuevo fallo
Con este nuevo atentado indiscriminado, ETA ha vuelto a fallar en su objetivo, pero ha segado la vida de dos trabajadores. Además, ha conmemorado de una forma siniestra, la única que conoce, el primer aniversario del asesinato, también con coche bomba, del portavoz socialista en la Cámara vasca, Fernando Buesa, así como el de su escolta, el ertzaina Jorge Díez. Asimismo, ha respondido, también a su manera, al anuncio hecho por el lehendakari, Juan José Ibarretxe, sobre la convocatoria electoral para el próximo 13 de mayo.

Uno de los asesinados, Josu Leonet Azkune, de 31 años, era residente en Tolosa, estaba casado y tenía una hija de nueve meses. Era hermano de la alcaldesa de Beizama, Idoia Leonet, del PNV quien horas después del atentado, emitió un comunicado para desmentir las noticias que relacionaban a su hermano con Euskal Herritarrok. La otra víctima mortal es José Angel Santos Larrañaga, de 40 años, casado y con un hijo de 11 meses, que residía en Andoain. Este pertenecía a la compañía Beysa, subcontratada por Elektra.

Muy graves
Además, dos de los tres trabajadores heridos en el atentado, empleados también de Elektra, se encuentran en estado muy grave e ingresados en la UCI. Se trata de Igor Larrea, de 28 años, que sufre quemaduras de tercer grado en cara, abdomen y extremidades inferiores, múltiples heridas de metralla y afectación de vía aérea, por lo que precisa intubación. Tras ser intervenido quirúrgicamente, quedó ingresado en la UCI.

El segundo operario es José Ignacio Urrestarazu Urkola, de 31 años, quien también tuvo que ser intervenido quirúrgicamente. Según el parte médico, a su ingreso presentaba pérdida de sustancia en rodilla derecha y tobillo izquierdo, arrancamiento del maleolo interno, múltiples heridas por metralla y quemaduras de segundo grado. Está en la UCI muy grave.

El tercero es Ignacio Urdangarin, de 38 años y residente en Hernani. En el momento de la explosión se dirigía a su trabajo, en un pequeño taller de chapa de Martutene y sufrió heridas por metralla. Su pronóstico es menos grave.

En el momento en que tuvo lugar el atentado, Iñaki Dubrueil llegó, como todos los días, en el tren de cercanías de Renfe Irún-Zumarraga, junto a su escolta. Salió de la estación para cruzar la carretera y dirigirse al centro ocupacional Sartu, donde imparte clases a jóvenes en paro. Cercanos a él, caminaban trabajadores de otras empresas que acudían también a sus puestos de trabajo.

Pocos metros más adelante, cuando el edil socialista llegó a la altura del coche bomba, los terroristas hicieron explosionarlo con un mando a distancia. Tras la fuerte explosión, que alcanzó de lleno a José Angel Santos Larrañaga y Josu Leonet Azkune, los heridos fueron atendidos inicialmente con mantas que aportó el personal responsable del Centro de Acogida de Menores Extranjeros que la Cruz Roja tiene en Martutene. Esta instalación está situada frente al lugar donde los terroristas aparcaron el coche bomba. Uno de los menores asistidos en este centro llegó a sofocar el fuego que quemaba a algunos de los heridos.

Según indicó una vecina, el comando debió de aparcar el coche bomba por la noche, dado que a última hora del miércoles no se encontraba en el lugar. Otro testigo del atentado explicó que la bomba explotó cuando él iba a coger su coche, y, al acercarse, observó a varias personas tumbadas en el suelo y un vehículo en llamas, momento en el que vio la llegada de la policía, entre ellos agentes que se encontraban en la cárcel de Martutene, a unos 500 metros del lugar.

15 detenidos en una operación contra el 'comando Donosti' de ETA
Mayor Oreja califica este grupo como la "nave nodriza" de la organización
AGENCIAS | Bilbao El Mundo 23 Febrero 2001

La Ertzaintza ha detenido hoy al miembro del comando Donosti de ETA Iñigo Guridi Lasa y a otras 14 personas vinculadas a la organización terrorista en una operación policial que continúa abierta.

En el transcurso de la operación la Ertzaintza ha detenido a Guridi Lasa, un "liberado" -a sueldo de la organización-, en un control rutinario efectuado en la provincia de Guipuzcoa.

Se han producido también varias detenciones más que corresponderían a presuntos miembros "legales" -no fichados- de la banda terrorista y a sospechosos sin relación de pertenencia a la organización. En la operación han sido intervenidas tres pistolas y dos metralletas.

En el momento de su detención, Guridi Lasa portaba una pistola y documentación falsa y una placa de la Policía Autónoma vasca.

Iñaki Guridi Lasa, de 25 años, es natural de la localidad guipuzcoana de Tolosa y tiene en su haber antecedentes policiales por su relación con actos de violencia callejera de la kale borroka.

Sobre la operación policial se ha pronunciado horas después el aún ministro del Interior Jaime Mayor Oreja. A su juicio, el comando Donosti de ETA es "muy extenso" y puede considerarse la "nave nodriza" de la organización terrorista.

El ministro ha explicado que este grupo, al que la policía responsabiliza del atentado de ayer en el barrio donostiarra de Martutene, "probablemente tiene muchos flecos, organizaciones y grupos" y ha expresado su confianza en que la operación emprendida por la Ertzaintza dé sus resultados y "termine positivamente".

No obstante, Mayor Oreja ha asegurado que "todavía tenemos todos una tarea muy pendiente con el comando Donosti", por lo que espera que la detención ayer del máximo responsable del aparato militar de ETA, Francisco Javier García Gaztelu "no sea la única actuación polcial contra este grupo".

Asalto armado en un centro de Zumárraga
El consejero del Interior del Gobierno vasco, Javier Balza ha asegurado que la operación desarrollado por la policía vasca procede de investigaciones anteriores, y no del ataque perpetrado esta medianoche en el nuevo centro de menores de Zumárraga.

El ataque se produjo diez minutos antes de las once de la noche de ayer, cuando tres individuos armados llegaron a este centro, en el que todavía no reside ningún joven porque no ha sido inaugurado y encañonaron a los vigilantes. Posteriormente les maniataron y les obligaron a permanecer en sus coches particulares.

Posteriormente colocaron varias bombas en distintas dependencias del centro de acogida, que fueron explotando sucesivamente a partir de la medianoche, por los que las fuentes policiales sospechan que fueron accionadas mediante un temporizador.

El alcalde de Zumárraga, Aitor Gabilondo, de EAJ-PNV, que esta mañana ha visitado el centro, ha asegurado que éste está "completamente destrozado" y ha afirmado que "salta a la vista" que no se trata de una ataque de "violencia callejera".

¡Buen trabajo!
Por Ignacio Villa Libertad Digital 23 Febrero 2001

Jaime Mayor Oreja abandonará el Ministerio de Interior la próxima semana, después de cinco años. En su último Consejo de Ministros, Mayor ha comparecido en la rueda de prensa, en un claro gesto de despedida de un ministro que, posiblemente, pasará a la historia como uno de los más eficaces y valorados en la democracia.

Con la marcha de Mayor Oreja al País Vasco se cierra una etapa en el Gobierno del PP. Mayor ha sido desde siempre “el ministro”. Siempre estuvo destinado a la cartera de Interior. José María Aznar le ha mostrado su apoyo, confianza y respeto en todo momento.

Cinco años plagados de intensidad. Quedan atrás una tregua de ETA, operaciones policiales importantes, el acorralamiento legal y judicial a toda la estructura económica de ETA, la ofensiva internacional del Gobierno sobre la necesidad de la colaboración antiterrorista y también una larga lista de atentados mortales, casi cincuenta asesinatos y entierros, muchos de ellos de militantes del PP y del PSOE. Cinco años en Castellana 5. Cinco años muy duros. Cinco años muy eficaces.

La marcha de Mayor Oreja al País Vasco nos deja la personalidad de un buen político, que sabe abandonar la siempre atractiva plaza de Madrid por un interrogante, como es una contienda electoral en el País Vasco. Es todo un ejemplo de generosidad. Abandona Interior dejando una huella de calidad humana y capacidad política. Mayor ha demostrado que tiene capacidad de liderazgo. Una capacidad que va a pasar el difícil refrendo de las elecciones vascas.

Jaime Mayor Oreja inicia un viaje sólo con billete de ida. Comienza una nueva etapa en la que va a tener un valor impagable: su categoría política. Mayor abandona interior con el aplauso de todos, menos de los nacionalistas vascos.

¡Buena señal!

Perdón por tanto silencio
VÍCTOR MANUEL ARBELOA El País 23 Febrero 2001

Víctor Manuel Arbeloa es escritor, ex presidente del Parlamento navarro y ex senador socialista.

En los últimos tiempos, especialmente en tiempos preelectorales, se ha venido exigiendo a ciertos partidos que condenen éste o aquel suceso histórico, y a la Iglesia Católica en todo tiempo que pida perdón por esto o por aquello. No he oído ni leído, lo que no quiere decir mucho, que se haya pedido algo parecido a otros partidos y sindicatos, y, ni aquí ni fuera de aquí, a otras iglesias o confesiones, por ejemplo a la Reformada Calvinista por su actuación en Suráfrica, a la Presbiteriana por sus atropellos en Irlanda, a la Anglicana por sus desatinos en muchas de las colonias británicas, al Judaísmo por su connivencia en la represión atroz de los palestinos, a la Masonería, que no ha sido siempre sólo víctima... Y el inmenso Islam, ¿no tendrá que pedir perdón a nadie?

En España no sólo se ha querido olvidar o dejar sin efecto la Reconciliación, preparada, estudiada, consensuada durante años y después sellada con la Constitución de 1978, sino que, puestos a volver al vómito, algunos juzgadores de la historia (de los otros) se han olvidado de exigir a ciertas inmaculadas fuerzas históricas o a quienes ahora se precian de su herencia el perdón por aquella infausta Constitución de 1931, origen de tantas desdichas; por la injusta expulsión de obispos (Segura y Múgica); quema de conventos; supresión continua de periódicos; crímenes impunes; levantamientos izquierdistas desde el mismo 1931; levantamiento en Asturias y en otros puntos de España contra el Gobierno legítimo de la República, y rebelión de la Generalitat de Cataluña contra el régimen constitucional en el mismo octubre de 1934... Para no hablar de la primavera de 1936 y de la parte que les toca en la común guerra civil.

¡Qué absurdo todo ese empecinado empeño de algunos, con la torpe colaboración de muchos, por intentar renovar nuestro pasado más doloroso después de todo lo que dijimos e hicimos desde 1975 a 1980! ¡Qué fácil ver vigas en ojos ajenos y sobre todo qué cómodo querer ajustar las cuentas con la historia (de los otros), sin pensar siquiera en las cuentas que todavía nos está demandando el presente! ¡Qué irresponsable actitud la del PNV, que parece no haber aceptado nunca la Reconciliación entre todos los españoles, olvidando una y otra vez todo lo ocurrido en Guipúzcoa y Vizcaya durante la guerra civil e incluso su propia actuación en Navarra y Álava en julio de 1936, que no suelen recoger sus historias oficiales!

Y mientras unos vuelven a mediados del siglo pasado -¿y por qué no hasta los oñacinos-gamboínos y hasta los várdulos-caristios?-, esos mismos y otros muchos pasan por alto lo que sucede hoy mismo. Bastante más grave es, por ejemplo, el silencio, entre cobarde y cómplice -y no 'histórico', sino actualísimo-, de buena parte de la Iglesia 'progresista' ante la serie ilimitada de crímenes, secuestros, extorsiones, destierros, amenazas, difamaciones, insultos... de ETA y sus muchos cómplices, sólo comparable dentro del mundo civilizado a la que tenía lugar hasta hace poco en el Ulster, y fenómeno socio-político sin igual en la España de nuestro tiempo.

El querido y admirado Antonio Beristain, científico y jesuita vasco, recoge en su libro de reflexiones y también de testimonios, De los delitos y de las penas: desde el País Vasco, algunas quejas amargas sobre su Iglesia más cercana. Pero hay poquísimos como él. En diciembre de 1997 se queja en un diario de Donostia, y teniendo delante varios datos de sociología aplicada, de la actitud y actuación de monseñor Setién en relación con las víctimas del terrorismo, y se pregunta cosas tan elementales como éstas: '¿Por qué la Iglesia vasca nunca ha condenado el terrorismo de ETA prescindiendo de la política gubernamental estatal? ¿Por qué nunca ha hecho algo públicamente a favor de esas víctimas?'.

He sido yo también muy crítico con Setién, a quien más le hubiera valido terminar sus días activos como profesor de la Universidad de Salamanca, aun sin el beneplácito del vasco españolísimo Miguel de Unamuno. Pues, con todo, ha hablado mucho más y por eso mejor que todos los muchos mudos que en la Iglesia del País Vasco y de Navarra no hablaron nunca, o, si hablaron, sólo lo hicieron para sostener, de un modo u otro, la causa de ETA o la de sus cómplices nacionalistas-independentistas, como ese 'brazo eclesiástico' del MLNV, que no ha dejado de moverse, que yo sepa, desde 1975, y otros similares brazos con que bracean al mohíno muchos seglares católicos.

Mejor que Setién hablaron y hablan obispos como Méndez, Cirarda, Sebastián, Larrauri, Blázquez, Uriarte o Asurmendi, a pesar de haberse dejado llevar demasiado tiempo, en horas menguadas, por las directrices de la cúpula nacionalista donostiarra, y hasta por sus modos, estilos y lenguaje, y a pesar también de su obstinación en constituir la llamada por casi todos 'archidiócesis vasca', cuando no 'Iglesia vasca', frente a la voluntad de la mayoría de los católicos navarros.

Pero, en fin, hablaron y hablan, como habló y habla el Papa, y también la Conferencia Episcopal Española, aunque demasiado pendiente siempre de 'los obispos vascos', con un lenguaje más moralista teórico que denunciador -¡diciendo aún a cada paso que los crímenes 'no tienen justificación'!- y sin el vigor profético de los grandes hombres de Iglesia, que parece haberse perdido para mucho tiempo. Si ha hecho bien en no firmar el pacto antiterrorista de los políticos, ha hecho mal en no llevar a cabo autónomamente, dejándose de cháncharras máncharras, un gesto claro, rotundo, público y colectivo, como acaban de hacer en Lejona los rectores de las universidades españolas, que tampoco firmaron el pacto, y como antes lo hicieron en San Sebastián y Andoain los directores de diarios nacionales. Es muy de resaltar, asimismo, el valeroso acto del obispo de Bilbao -'un tal Blázquez', para Arzalluz-, junto con un grupo numeroso de sacerdotes vizcaínos, reconociendo el olvido y la insensibilidad ante las víctimas de los terroristas y pidiendo perdón por ello. Dios y enhorabuena.

Si exceptuamos, pues, los obispos, dígame alguien un testimonio de denuncia; un gesto rebelde, arriesgado, individual o colectivo, evangélicamente testimonial ('martirial'), hecho a la luz y audiencia públicas, por alguna categoría clerical o laical, orden, congregación, asociación o movimiento dentro de la Iglesia.

Y si quienes tenían más obligación de hacerlo no lo han hecho, ¿por qué habían de hacerlo los demás? Bien triste es, ya digo, que la inmensa mayoría de las llamadas comunidades o grupos de base, sedicentes 'progresistas', sus foros, círculos, jornadas, seminarios, congresos, publicaciones... no se sabe que hayan abierto la boca, ni que hayan hecho una sola acción de protesta, un solo 'signo profético', como aquellos que hacíamos con tanta facilidad como entusiasmo en el tardo-franquismo, que a muchos les costó algo y a otros, mucho más. ¿O habrá acaso que decir que todo fue para muchos mera coincidencia?

Eso sí, sobre El Salvador, Nicaragua, Chiapas, Brasil, Chechenia, Timor, Ruanda... todo lo que se quiera. Causas justísimas a las que otros también hemos dedicado miles de horas en nuestras vidas. Pero sobre el terror etarra y su fondo y trasfondo nacionalista-independentista, sectario e inhumano, eso no. El tabú y la omertà, cuando no, como ya he dicho, la complacencia o la cooperación.

Qué soledad, Dios mío, qué decepción, qué traición, la de estos veintitantos años en la Iglesia de Dios que peregrina en España, sobre todo en Euskadi, Cataluña y Navarra. Una parte de la Iglesia ha alejado de nuevo a muchos por su complicidad, o por su cobardía, su miedo, sus medias tintas, sus lenguajes de madera, sus componendas... con el terrorismo y sus secuaces, con sus valedores 'progresistas' y nacionalistas.

Tampoco hacen nada por mejorar las cosas los anticlericales de siempre, que hablan de los obispos, de los curas y de los católicos a barrisco, todos barajados, confundiendo como es su necia costumbre a unos y otros con la Iglesia, volviendo a tergiversar su historia según fórmulas acuñadas e intangibles, y no sabiendo atribuirle, porque no creen en otros valores distintos, más que fines políticos, maquiavélicamente políticos.

Lo cierto es que gracias a un puñado de políticos, periodistas e intelectuales, algunos de ellos cristianos y católicos, se ha mantenido todavía en pie el pabellón de la moral, de la distinción elemental -da vergüenza decirlo- entre el bien y el mal, entre la vida y la matanza, entre la idolatrización de la patria y los derechos fundamentales de la persona.

Digo un puñado. Porque también puede decirse algo similar a lo que acabo de decir sobre tantos políticos, periodistas, intelectuales, escritores, artistas, educadores, profesionales de todas clases -no sólo cocineros-, deportistas..., que durante años ni chitaron ni mistaron. Y si no pocos de ellos han levantado su voz o su mano ha sido demasiado tarde, y casi siempre cuando ETA ha golpeado a alguno de los suyos.

Perdón, sí. Por tanto y tan prolongado silencio ante tanto error y horror, ayer, hoy, ahora mismo.

ETA siempre diseña con sangre sus campañas electorales
Por Javier PAGOLA ABC  23 Febrero 2001

ETA siempre ha diseñado, dirigido y controlado las campañas electorales de su brazo político, antes HB, ahora EH, intensificando sus atentados, como cuando días antes de los comicios autonómicos de 1984 asesinó al cabeza de lista del PSE-PSOE por Guipúzcoa, Enrique Casas; «vendiendo» paz, como en las últimas de octubre de 1998, en plena tregua trampa o, incluso, pidiendo abierta y públicamente el voto para la coalición «abertzale». La banda también ha impuesto a EH-MLNV su participación o ausencia en las instituciones.

En las elecciones autonómicas de febrero de 1984, el PSE-PSOE era prácticamente el único partido constitucionalista con peso en la política vasca y el único que podía tener influencia en su gobernabilidad. Alianza Popular era una formación testimonial, casi clandestina por el acoso terrorista, y la UCD vasca había quedado materialmente erradicada por los sucesivos asesinatos de algunos de sus máximos dirigentes a manos de ETA-pm.

ESTRATEGIA PARA ENVALENTONARSE
La banda ETA, más impune que ahora por su mayor capacidad operativa, por las connivencias del nacionalismo y por el silencio de la inmensa mayoría de la sociedad vasca, quiso incidir directamente en el desenlace de los comicios y, un día antes de la jornada de reflexión, asesinó a Enrique Casas, el dirigente de los socialistas guipuzcoanos y su cabeza de lista. Una misma campaña en la que el velódromo de Anoeta había sido escenario de la parafernalia terrorista en un mitin de HB.

En efecto, a través de la exhibición de un vídeo, ETA pedía entonces a sus simpatizantes el voto para la coalición «abertzale». Días antes lo habían hecho los deportados de la banda en diversos países a través del periódico «Egin». La organización criminal quería atemorizar a la población y, al mismo tiempo, envalentonar a sus simpatizantes.

Hoy, diecisiete años después, ETA intenta que la historia, su siniestra historia delictiva, se repita. Nadie duda de que el atentado dirigido ayer contra el concejal socialista de la localidad guipuzcoana de Ordicia estaba planeado antes de que el lendakari, Juan José Ibarretxe, anunciara oficialmente el martes la convocatoria de elecciones anticipadas. Pero también es cierto que desde hace muchos meses la sociedad vasca asiste a una precampaña, no declarada, y que en ese contexto ETA, como a finales de la década de los setenta y principios de los ochenta lo hizo con UCD, intentó no hace mucho desarticular a la cúpula del PP del País Vasco en el cementerio de Zarauz.

Sin duda, la desaparición física de Carlos Iturgáiz, María San Gil y otros máximos exponentes de la plana mayor del PP vasco habría tenido consecuencias imprevisibles en vísperas electorales. Unos años antes, en 1995, la banda ya consiguió en parte su objetivo. Asesinó a Gregorio Ordóñez pocos meses antes de que concurriera a las elecciones municipales como candidato del PP a la Alcaldía de San Sebastián, con todos los sondeos favorables para alzarse como vencedor. Antes, el propio Fraga Iribarne, entonces líder de AP, pudo comprobar dramáticamente cómo un artefacto estallaba en el mismo aforo de Zarauz en el que pronunciaba un mitin.

Los analistas coinciden en pronosticar que ETA va a seguir en su escalada terrorista para desestabilizar la campaña electoral, asumiendo que EH va a retroceder electoralmente. Pero es una ETA controlada, al menos hasta ayer —fecha en la que fue detenido Francisco Javier García Gaztelu, «Txapote»— por los pistoleros más duros entre los duros, en detrimento de los más «políticos». Como mucho, precisan observadores de la situación vasca, la banda puede aflojar en vísperas de la jornada electoral o desviar sus atentados de mayor envergadura fuera del País Vasco o hacia objetivos tradicionales, como miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado o del Ejército, para no perder mucho voto «abertzale».

EL ESPEJISMO DE LA TREGUA-TRAMPA
Pero los expertos pronostican una campaña dura, en la que la banda va a intentar mantener sus ritmos de presión y de desestabilización. Otra cosa es que nuevas operaciones antiterroristas lo impidan, al menos en gran parte. Entre aquella campaña de 1984, en la que ETA asesinó a Enrique Casas, y esta precampaña, en la que la banda ha demostrado que los cementerios no ponen límites a su crueldad, con tal de asesinar a adversarios, está el espejismo de la tregua trampa que envolvió los comicios autonómicos de octubre de 1998. La banda entonces pretendía atraerse al PNV y EA para sumar mayoría «abertzale» y, desde las mismas instituciones autonómicas, para cambiar el marco político como punto de partida hacia la independencia. Incluso ETA frenó las ansias vandálicas de los aspirantes a terroristas que se adiestran en la «kale borroka». Una vez más, la banda marcó la campaña de EH y con su paréntesis criminal favoreció el incremento de votos de la coalición de la que es portavoz Arnaldo Otegi.

EL FRACASO DE ESTELLA
Pero, una vez que el PNV y EA se desmarcaron de los acuerdos de Estella, y descartado, de momento, el frente nacionalista-abertzale, a ETA le importa menos el porcentaje de votos de EH con tal de que mantenga capacidad de desestabilizar, con el apoyo, detrás, de una banda terrorista. Es más, los etarras vieron con recelo el espectacular aumento de votos de su brazo político en aquellos comicios, ya que podría alimentar las tentaciones posibilistas y con ello favorecer a aquellos sectores de la coalición «abertzale» que prefieren primar la participación institucional en detrimento de la «lucha armada».

Entre la estrategia de la trampa y la del terrorismo puro y duro, todo parece indicar que la banda va a optar, está optando ya, ante las próximas elecciones, por esta última. La brutal estrategia de hacer la vida imposible a los cargos políticos no nacionalistas que vienen practicando los pistoleros etarras con especial virulencia tras la ruptura de esa tregua trampa, va a ser intensificada, si cabe aun más, a medida que se acerque la campaña electoral, según aseguran los expertos antiterroristas.

Estos mismos medios subrayan que el atentado de ayer, mediante coche bomba dirigido contra un edil que va a pie, además de buscar la muerte del representante socialista, pretende, con su carácter indiscriminado, convertirse en una clara advertencia para los ciudadanos. La banda quiere que los simpatizantes de los partidos no nacionalistas se lo piensen, dos, tres veces... y hasta permanentemente, antes de acudir a un mitin electoral. Los terroristas quieren también hacer difícil el encuentro, cara a cara, de los candidatos del PP y del PSOE con sus conciudadanos, clave en unas elecciones como las autonómicas. Quizá por ello, la banda, en su insaciable huida hacia delante, ha preferido asumir el coste de un atentado indiscriminado dentro del País Vasco, si con ello introduce nuevas dosis de temor entre la población en vísperas de la campaña electoral.

ETA amenaza a la presidenta del partido de Chirac en pasquines con insultos como «perros colonizadores» y «enemigos de la lengua vasca»
PARÍS. Juan Pedro Quiñonero ABC   23 Febrero 2001

Francia está más dispuesta que nunca a perseguir policialmente a ETA, cuando la banda etarra ha empezado a amenazar directamente a personalidades francesas, comenzando por Michèle Alliot-Marie, que es presidenta del Reagrupamiento para la República (RPR), el partido del presidente de la República, Jacques Chirac, muy ligada, desde niña, a la vida política local en el País Vasco francés, en Biarritz.

Desde hace años, la cooperación antiterrorista hispano-francesa es una cuestión de Estado, en la que han empeñado su palabra sucesivos presidentes de la República (François Mitterrand y Jacques Chirac) y sucesivos jefes de gobierno, de izquierda y derecha (Lionel Jospin, Edouard Balladur, el mismo Chirac). Ese convencimiento institucional continúa fortaleciéndose, porque Francia teme la emergencia de un terrorismo vasco-francés.

Los servicios de seguridad hace tiempo que detectaron la presencia creciente de etarras franceses. Los robos de explosivos en la Bretaña confirmaron las peores sospechas. La «literatura» etarra distribuida en Francia hace meses que insiste en la «necesidad de extender la lucha armada a territorio francés».

En ese contexto histórico, las amenazas personales contra Michèle Alliot-Marie marcan una nueva e imprevisible escalada. La presidenta del RPR creció, se educó y se inició en la actividad política en el País Vasco francés, siendo diputada por el departamento de los Pirineos Atlánticos. Su padre ha sido uno de los alcaldes más célebres de Biarritz, y ella misma es capaz de soltar «tacos» en euskera.

ETA y sus servicios de propaganda han comenzado a incluir a Michèle Alliot-Marie entre las personalidades denunciadas como «perros colonizadores» y «enemigos de la lengua vasca». No es un secreto que varias personalidades denunciadas de esa manera, en España, fueron asesinadas por la banda etarra, meses más tarde.

Es la primera vez que ETA ataca y denuncia con pasquines a una personalidad política francesa de primer plano. Presidenta del RPR, Michèle Alliot-Marie ocupa un puesto eminente en la vida política nacional, en tanto que líder del partido del jefe del Estado. Ese puesto, y su participación, muy activa, en la campaña electoral de las elecciones municipales del próximo mes de marzo, en Biarritz y el País Vasco, precisamente, la convierten en un blanco privilegiado para el terrorismo vasco a uno y otro lado de los Pirineos.

Unidad frente a la muerte
Editorial El Correo  23 Febrero 2001

El doble asesinato de José Ángel Santos Laranga y de Josu Leonet, y las graves heridas causadas a quienes en ese momento se encontraban cerca de ellos, nos han devuelto a la escalada sangrienta con que ETA pretende doblegar la voluntad popular sin que a los terroristas les importe a través de qué víctima concreta extienden la coacción al conjunto de la ciudadanía. En su afán asesino, la mano que ayer activó el artefacto letal no estaba dispuesta a detenerse ante nadie. A todas luces, quería acabar con la vida de un hombre perseguido -el socialista Iñaki Dubreuil- que padece diariamente, en su localidad de Ordizia, el acoso de los bárbaros. Pero el fanatismo del terrorista convirtió en enemigos a batir a cuantas personas salían en ese instante del apeadero de Martutene.

Resulta descorazonador ver cómo, una vez más, los dirigentes de la izquierda abertzale tratan de contextualizar el hecho sin que la irreemplazable pérdida de una vida humana les empuje a un grito de dolor en forma de ¡basta ya! Si el asesinato de otras dos personas a manos de sus propios conciudadanos no invita a la reflexión sobre las funestas consecuencias de una violencia desbocada y sobre la naturaleza intrínsecamente perversa de la estrategia etarra, mucho menos cabe esperar un gesto de conmiseración por parte de la izquierda abertzale hacia los perseguidos por su ideología, como es el caso del concejal ordiziarra Iñaki Dubreuil.

En Herri Batasuna volvió a funcionar ayer la válvula de escape con que la dirección invita a sus bases a mantenerse dentro del redil. Volvieron a escucharse voces que tratan de presentar la persistencia del terror como la consecuencia ineludible de un conflicto; junto a esas voces se oyó el lamento inconsecuente de Zabaleta y Barrena, siempre prestos a indicar que así no se puede seguir, como si la responsabilidad de que las cosas cambien no recayese totalmente en ETA y sus adláteres; siempre dispuestos a negar al Estado el derecho que le asiste y la obligación que tiene de proceder a la detención de los criminales. Es lo que ocurrió ayer, cuando el pequeño alivio que en un día de tanto horror supuso la detención de un presunto dirigente de la banda terrorista se convirtió en inmediata protesta por parte de quienes abogan por la libertad de los asesinos.

Por primera vez en mucho tiempo, los partidos políticos y las organizaciones sindicales tomaron ayer la iniciativa de la movilización, y lo hicieron además sin que primara ningún liderazgo particular. Reunidos en la sede socialista de San Sebastián, acordaron convocar una manifestación unitaria para esta tarde en torno a un lema sin equívocos: ‘Paz y libertad. ETA no’. Sin embargo, resulta evidente que dicha unidad volverá a resquebrajarse si el nacionalismo democrático no realiza un desmarque claro respecto al nacionalismo violento, asumiendo como objetivo propio la derrota política de ETA y, al mismo tiempo, reconociendo expresamente que el no nacionalismo refleja una voluntad tan vasca como la abertzale. Tan sólo una hora después del atentado de Martutene, Joseba Egibar tachaba de ‘reconquista’ la posición que mantienen el PP y el PSE-EE ante las próximas elecciones autonómicas. Nadie puede culpar al nacionalismo democrático de secundar o propiciar la actividad terrorista de ETA. Pero a ETA le es suficiente con el grado de fundamentalismo, insensibilidad y reiterada torpeza que muestran muchos dirigentes nacionalistas para alimentar su ignominiosa conducta.

Santos Laranga y Leonet eran dos trabajadores que, probablemente, nunca pensaron que su vida podía acabar así. Pero la sociedad vasca no puede olvidar que las dos personas asesinadas ayer eran tan humanas y tan trabajadoras como todas las demás que han muerto con anterioridad a manos de ETA. Es en momentos como éstos cuando la afirmación de que la ciudadanía entera es un objetivo de ETA pasa de la retórica solidaria a la dramática realidad. También es en momentos como estos cuando las instituciones, los partidos políticos y las demás entidades sociales deben velar para que ninguna declaración pública y ningún acto de protesta sugieran diferencia alguna entre las víctimas de ETA, como si existieran asesinados accidentales y de los otros.

Nos encontramos en vísperas de un proceso electoral crucial para el País Vasco y su futuro en paz y libertad. Fue también en vísperas de unas elecciones -las generales de 2000- cuando ETA volvió a irrumpir en escena para llenar de sangre y turbación la convivencia entre los vascos. Mientras ETA siga matando y extorsionando, no se podrá hablar de elecciones libres en Euskadi. Pero las autonómicas del 13 de mayo serán tanto más libres cuanto mayor sea la unidad y la contundencia en la respuesta cívica contra el terrorismo.

Socializar el terror
FRANCISCO JOSÉ LLERA RAMO El Correo  23 Febrero 2001

El totalitarismo terrorista abertzale ha vuelto a hacerse presente, siguiendo un macabro guión de precampaña electoral. El terrorismo busca la sumisión de la sociedad civil y ésta sólo es posible mediante la subversión de los valores, el desistimiento político y el silencio cómplice. Si la primera nos lleva a justificar y comprender sus motivos para matar, compartiendo su lenguaje y sus argumentos, lo segundo nos aboca a la concesión, total o parcial, de sus objetivos políticos, con tal de que nos perdonen la vida, mientras que el silencio nos mete de lleno en la ciénaga de la cobardía y la pérdida de dignidad, aunque sólo sea por un miedo irrefrenablemente humano. Cualquiera de los tres síndromes, y los tres a la vez, son el fínal de la sociedad, de la democracia y la política misma.

Tal estrategia sólo es viable si es capaz de aterrorizar a la sociedad, sintiéndose todos los ciudadanos posibles víctimas, por activa o por pasiva, ya sea como objetivos potenciales o como efectos colaterales. La espectacularidad es imprescindible en el objetivo de aterrorizar. La espectacularidad la ofrecen los acontecimientos relevantes y con impacto, las fechas simbólicas, los momentos calientes de la vida política o social, las cámaras de la televisión, el dramatismo de la acción o, simplemente, la cotidianeidad. Las elecciones siempre han sido buen momento para el espectáculo terrorista y las del 13 de mayo lo son, especialmente. Para los totalitarios son, simplemente, la segunda vuelta del experimento que iniciaron hace más de dos años, convirtiéndose en los protagonistas principales de una película en la que habían quedado relegados a un papel secundario.

Con habilidad perversa, propia del fascismo, para invertir el significado de las palabras, nos han advertido (amenazado) de que, si no nos portábamos bien, si no nos sometíamos a sus dictados por las buenas, ellos socializarían el sufrimiento, es decir, iban a intentarlo por las malas, metiéndonos miedo en el cuerpo a cualquier precio, iban a aterrorizarnos haciéndonos interiorizar que cualquiera podemos ser sus víctimas y esto se consigue visualizando tal aleatoriedad, bajo una apariencia selectiva de objetivos. Buscan la desbandada, la corrupción de la capilaridad de la cultura democrática, la destrucción de nuestro sistema democrático de valores.

Pero también requieren una cobertura justificatoria y, para ello, nada mejor que una ideología fascistizable, es decir, susceptible de prender y alimentar personalidades y actitudes totalitarias y autoritarias, que no son lo mismo aunque se entiendan y que proponen situar supuestos sujetos colectivos o valores eternos por encima de los derechos y el vivir cotidiano de ciudadanos concretos de carne y hueso. Una de esas ideologías es el nacionalismo, cualquier nacionalismo. Sí, también, o muy especialmente, el vasco, que tiene ese origen histórico y sociológico y que no ha sido capaz de revisar y adecuar a esta sociedad democrática los principios sabinianos, algunos de los cuales han demostrado ser la semilla de la guerra en la mente de unos pocos, aunque siempre serán demasiados.

Tal deriva de los hijos de Aitor, con Arzalluz a la cabeza, es posible si existe sociología y discurso de comunión de fines, de comprensión y, no digamos nada, de instrumentalización (recuérdese la parábola, poco evangélica, del nogal y las nueces). Mientras haya un bien pensante, dialogante, equidistante u oportunista, empeñado en poner la línea divisoria donde no debe estar, alimentará la bestia y, lo más dramático, cavará su propia tumba.

Pero la responsabilidad histórica es inmensa cuando todo esto se hace desde la autoridad y la notoriedad de unas instituciones, con la que se juega a su deslegitimación, convirtiéndose en ‘ocupa’ irresponsable que sólo busca administrar en provecho propio a costa de lo que sea. Es la hora de un cambio de rumbo, de pensar y actuar con coraje, de no dejarse vencer por el miedo o por la pasividad, del compromiso democrático, de la rebelión cívica que ponga a cada uno en su sitio. Es la hora de recuperar la cordura, de rectificar los errores, de volver al consenso democrático y a la moderación. Es la hora de la democracia, del respeto a las instituciones constitucionales y estatutarias, que no otra cosa es el diálogo. Es la hora de todos los demócratas.

La caza y la bomba
Pablo Sebastián  La Estrella   23 Febrero 2001

La captura del jefe del aparato militar de ETA, Txapote, por la Policía francesa a pocas horas de un nuevo atentado de ETA y en vísperas del relevo anunciado en el Ministerio de Interior de España y del inicio de la campaña electoral, nos revela hasta qué punto la colaboración de Francia en la lucha contra ETA es selectiva y ocasional. Y hasta qué punto, cuando quieren, detienen al que se dice que es presunto jefe militar de ETA en la terraza de un restaurante, almorzando tan tranquilo a pocos kilómetros de la frontera española.

Una vez más se hace necesario un ataque feroz de ETA, como el que ayer ha quitado la vida a dos personas y herido de gravedad a otras, para que el Gobierno de París monte una cacería y entregue su presente al Gobierno de Madrid, y en este caso coincidiendo con la salida del cargo del ministro de Interior, Mayor Oreja. Quien con toda seguridad, como todos los españoles, habría preferido la caza del terrorista antes de que se produjera este último atentado.

Y una vez más las peores sospechas de vista gorda recaen sobre el Gobierno francés, que, al parecer, prefiere mirar hacia otra parte y actuar de manera selectiva y ocasional para evitar que el "santuario" francés de ETA pase a ser campo de batalla y objetivo de la banda terrorista. Amén de usar, como se acaba de ver ahora, las capturas puntuales como moneda de cambio político ante la gran emoción que, en nuestro país, producen estos atentados.

Atentado público y brutal de ayer, en el mismo día en el que se recordaba el asesinato de Buesa y de su escolta. Y un atentado que, al menos, ha servido para ver unidas a las fuerzas políticas democráticas vascas y, por primera vez, a EH convocando sus concentraciones, aunque sin condenar a ETA.

Un golpe brutal con el que ETA hace acto de presencia en la anunciada campaña electoral en la que la banda terrorista parece buscar el fracaso de los nacionalistas, para ver si se queda a solas con las fuerzas políticas llamadas españolistas. Eso parece, aunque con el agravante de que van a ser los de su entorno político EH/HB los que van a sufrir el mayor descalabro electoral, según revelan las encuestas. Aunque, tarde y mal, la banda sufrió ayer su propio descalabro con la captura del jefe de su aparato militar. Algo es algo, pero todavía nos queda por delante mucho dolor y mucho esperar.

ETA dispara sobre sí misma
Fernando Jáuregui. La Opinión   23 Febrero 2001

Y ahora, ¿qué dirán los de Euskal Herritarrok? ¿Le llorarán, como le lloramos los demás? ¿Condenarán su asesinato, como lo condenamos los demás? ¿Gritarán los de Euskal Herritarrok, como los demás, contra la sinrazón que hace que ETA haya matado a uno de los suyos, a un afiliado a EH? ¿Esta vez sí lanzarán su condena, a la vista de que ETA pone bombas que matan a cualquiera, abertzales incluidos?

La sangre, en Euskadi, salpica ya a todos: cuando pones una bomba para matar a un concejal que pasa por la calle, con o sin escolta, la vida de ese concejal, de su escolta, de quienes pasan, corre el máximo peligro. Todos están ya amenazados de muerte por la locura de los verdugos. La situación es insostenible. No hay leyes, ni Estado de derecho. Suena fuerte, pero así es. Los canales políticos no sirven cuando el presidente del Parlamento vasco ha pretendido cerrarlo antes de tiempo para que su partido, el PNV, no tenga que tragar más sapos. Los jueces no juzgan como deben, los periodistas no pueden informar como saben, los maestros no enseñan lo evidente, los catedráticos huyen de las aulas, los estudiantes llevan escolta, los escoltas escoltan a sus patronos hasta las guaridas donde deben pagar el impuesto revolucionario, los ertzainas se rebelan contra el consejero de Interior y dicen que los pone en el punto de mira de ETA, los grandes empresarios quieren trasladar sus sedes a otra parte, los niñatos de la kale borroka incendian a placer mientras los vecinos mudos los miran desde los balcones. Empieza a no poderse vivir en Euskadi, en suma.

¿Qué hacer? Desde el Partido Popular y desde el Partido Socialista se presentan las próximas elecciones del 13 de mayo como la panacea universal: un lehendakari no nacionalista traería la paz y la bonanza, dicen. Desde el PNV, se amenaza con que una victoria de los constitucionalistas en estas elecciones provocaría un baño de sangre por parte de ETA. Pero lo cierto es que ya llevamos 26 muertos desde este verano, mientras gobernaba -es un decir- el PNV. Y, en cuanto a las proclamas de populares y socialistas, tampoco es seguro que se pueda prescindir así, tan fácilmente, del PNV a la hora de reconstruir el País Vasco. Quizá todos ellos, en una u otra medida (los nacionalistas, qué duda cabe, en mayor medida), hayan de cambiar sus usos y costumbres, renunciar a la cerrazón actual. Deben hablar a tres, en suma. Porque lo que está claro es que lo actual no sirve. Nada de lo actual. A la vista están los resultados de lo andado hasta ahora: estamos a punto, ahora que tantos aniversarios se celebran, de conmemorar el 33 cumpleaños del primer asesinato de ETA. Y ahí siguen, provocando dolor.

Matar mirando
TEO SANTOS MIEMBRO DE LA JUNTA RECTORA DE ERNE El Correo    23 Febrero 2001

El atentado de ayer, en Martutene, es algo más que la muerte de dos personas. Aunque se suele decir que todas las muertes son iguales, lo cierto es que hay distinciones, no en el valor humano de la vida, que es idéntico, sino en cuanto representa la acción terrorista. La Criminología nos enseña que un hecho criminal hay que conocerlo en su integridad, para poder evaluar su total significado. En este caso hay claves que diferencian los hechos en sí, además de las valoraciones públicas que desde cada ideología se realicen.

A los dos obreros les han asesinado viéndoles, han apretado el botón observando que personas ajenas a sus objetivos estaban en el radio de acción del coche-bomba. Esto no es nuevo en la acción de ETA y en lo personal recuerdo especialmente el atentado de Vic, donde varios niños fueron masacrados. Allí también los terroristas empujaron el coche-bomba al interior del patio conociendo que dentro estaban los pequeños jugando. Visité el lugar con un mando de los Mossos d'Esquadra, quien me explicó la mecánica de la acción, y quedé impresionado. Luego se supo que alguno de los terroristas participantes en el atentado se cuestionó la ejecución, pero fue la época en la que ETA dijo que los «ataúdes blancos» beneficiaban a la causa. El asesinato de obreros nunca ha disuadido a los terroristas, a lo sumo serán considerados «daños colaterales» y recibirán el pésame de la organización.

El hecho de activar el explosivo a la vista de «inocentes» es representativo de la mentalidad de los asesinos. Y no están locos. Puede que sean psicópatas, pero conscientes del daño que iban a producir y con todo su ánimo para hacerlo. Una acción con coche-bomba conlleva una preparación, conocer el terreno, perseguir el objetivo, establecer las probabilidades de éxito y disponer la huida. Todo ello conociendo que se trata de matar a un ser humano, por lo menos, porque si va acompañado de alguien que le proteja también caerá. Eso para ETA es un doble éxito, así lo ha escrito y hecho saber a sus integrantes. Esta vez es distinto porque los dos asesinados no eran sus objetivos directos, pero la mentalidad terrorista asimilará la «pérdida» en el balance macabro.

Desde una perspectiva de prevención de la seguridad también se dan claves especialmente relevantes. El atentado de ayer nos indica la catadura de los asesinos, su disposición a matar a cualquier precio, incluso su desesperación por apurar sus movimientos al máximo, incapaces de abortar una acción cuando se dan «circunstancias adversas». Nos enfrentamos a unas personas cargadas de fundamentalismo, propensas a la inmolación, con lo cual el riesgo es mayor. No hay sutileza en las tácticas, se trata de matar cuando se pueda a quien se pueda, por encima de cualquier cosa. Poco que ver con aquella ETA primigenia que debatía sobre el posible «objetivo», los pros y los contras, las repercusiones para la causa. Ahora hay que «dar» y luego ya veremos, como el terrorismo más clásico contra el sistema, con «mano dura». Una estrategia distinta del anterior terrorismo etnicista de ETA, generalmente más selectivo.

La respuesta al atentado de ayer no será diferente a lo sucedido en anteriores ocasiones. Aunque en los aspectos de protección debiera hacer recapacitar a los responsables operativos de la seguridad. El riesgo aumenta cuando la motivación terrorista asume acciones a cualquier precio. Ello conlleva una mayor presión hacia la Policía, que debe redoblar sus esfuerzos de investigación y disponer un sistema reactivo más efectivo. Es importante que no desesperemos, que la barbarie no nos haga claudicar, porque eso es precisamente lo que buscan los terroristas. Hay que desenmascararles ideológicamente y detenerles policialmente, sabiendo que es una actividad costosa, pero nadie nos ha dicho que conservar la libertad frente al fanatismo sea barato.

La frontera del horror
ALBERTO SURIO El Correo  23 Febrero 2001

Un ex responsable de HB, que abandonó ese mundo espantado de la violencia, confiesa que una de las causas que le empujaron a «caerse del caballo» fue la superación de la barrera del horror por parte de ETA. Alguna vez ha relatado que un dirigente etarra le señaló que no dudaría en apretar el botón para que estallase un coche-bomba aun a costa de provocar víctimas civiles, aunque fuera su madre la que pasara por el lugar. Aquel detalle le pareció tan increible como revelador. El terrorismo indiscriminado al que ETA ha desembocado confirma que el escalofriante traspaso de cualquier límite en la barbarie ha dejado de ser un comentario para convertirse en una realidad trágica.

ETA abría ayer un nuevo frente de intimidación mortal contra los concejales del PSE que se suma a una extensa larga de ‘enemigos’ y sectores amenazados. La potente explosión del coche-bomba despertaba de un sobresalto a Jesús Eguiguren, al igual que a numerosos vecinos de San Sebastián. Eguiguren confesaba hace pocos días que febrero es un mes maldito en el calendario, marcado con presagios macabros. Fue un 22 de febrero cuando ETA asesinó hace un año a Fernando Buesa y a su escolta Jorge Díaz. Fue el 23-F de 1984 cuando moría a tiros Enrique Casas. Ayer, el concejal socialista de Ordizia Iñaki Dubreuil, salvaba la vida de milagro pero febrero volvía a confirmarse como sinónimo de muerte y desolación.

ETA ha subido un grave escalón más en su chantaje criminal, que, junto a tantos otros, centraba hasta ahora en los ediles del PP o contra personalidades con relieve en el socialismo, aun cuando la violencia de persecución ha estado dirigida contra concejales no nacionalistas desde el principio. Al valorar el pacto antiterrorista, ETA amenazó a las organizaciones que lo suscribían. Entonces cabía una doble interpretación. O bien se trataba de un aviso para navegantes de cara a futuros firmantes o una macabra tarjeta de visita que anunciaba, por ejemplo, este salto cualitativo contra los ediles, hace meses prevenidos de que ETA podía dar este nuevo paso. De hecho, buena parte de los concejales del PSE cuenta ya con protección ante el riesgo que conlleva la ampliación del ángulo de tiro de la intimidación. La vida cotidiana de los cargos públicos no nacionalistas se convierte en un auténtico ejercicio de heroismo democrático con el telón de fondo de una situación límite insoportable.

El auténtico trasfondo de esta escalada pretende la laminación física y psicológica de un determinado sector político, la extensión del pánico y del terror, el desestimiento por la fuerza de la coacción, la imposición de un proyecto a la fuerza y el repliegue de los demás fruto del miedo. Era la «persecución social de los españoles», anunciada en los comunicados de ETA, una ‘limpieza ideológica’ para forzar un proyecto totalitario y excluyente, buscando la rendición del discrepante, o simplemente su exterminio, dinamitando, de paso, posibles puentes de transversalidad. Los constitucionalistas, o se sumaban al carro, o se exponían a sufrir un auténtico martirio provocado por un fanatismo extremo que ha logrado desplazar a a los sectores más políticos del radicalismo abertzale. Un perverso código de intimidación, un golpe demoledor que deja al descubierto los flancos débiles de los partidos no nacionalistas, por ejemplo, para poder realizar una campaña electoral en libertad.

La brutalidad del doble crimen de ayer tendrá también evidentes repercusiones en el universo sociológico del MLNV. Las reacciones contrarias al atentado, por ejemplo de HB en Tolosa, por tibias que resulten, constituyen un paso adelante que demuestran la punta del iceberg de un profundo malestar en una determinada generación de la izquierda abertzale, pese a que la línea oficial esgrime el discurso habitual recurrente, cada vez más repulsivo. La ‘aureola’ de la HB de la tregua, que había logrado atraer a ciertos independientes, se ve desplomada por el vértigo de la realidad; la contestación real excede la irritación de la minoritaria corriente Aralar, que estudia articularse como plataforma electoral ante el actual espanto. «Utilizar la lucha armada indiscriminada es propio de la extrema derecha, no de alguien que se reclama como revolucionario de izquierda», suele decir Patxi Zabaleta en sus entornos más cercanos. Ayer mismo completaba este mensaje: «ETA está ayudando a Mayor Oreja y Mayor Oreja a ETA, lo que deben hacer es cesar el ministro y parar los primeros». El asesinato del cocinero Ramón Sanz ya generó una seria sacudida en el seno de EH por el perfil popular de la víctima. Para que el terrorismo llegue a la conclusión de que tiene que terminar será decisivo el papel que desempeñe una izquierda abertzale en la que ETA empieza a provocar fisuras morales y políticas de una envergadura desconocida. ETA sólo se reconvertirá algún día cuando HB se lo plantee.

Pero la deriva actual ilustra, mientras tanto, que no hay nada que hacer por la vía del diálogo político para terminar con la violencia. A las pistolas siempre les parecerán insuficientes las concesiones. Sólo la recomposición de la mayoría social opuesta al terrorismo y del diálogo democrático dejará de proporcionar coartadas y pretextos a la violencia fundamentalista.

En este contexto cobra una importancia clave la detención de Javier García Gaztelu, presunto responsable del aparato de comandos. Este arresto -Mayor ha admitido alguna vez a sus estrechos colaboradores que había pedido explícitamente resultados a la policía para capturarle- supone un severo revés psicológico y operativo para la organización terrorista, en donde la línea favorable a la tregua se vio desplazada del poder por el sector más radicalizado, decidido a apretar las tuercas y a que todo salte por los aires. No es probable un cambio de correlación de fuerzas inmediato, pero a corto plazo la infraestructura de mando en ETA puede sufrir un parón. Detenciones como las de ayer pueden propiciar un seísmo similar al de Bidart, salvando distancias. El germen de la ruptura está instalado y la izquierda abertzale, condenada a este paso a una auténtica catástrofe, acabará sufriendo una implosión interna. La locura de ETA en busca de nuevos enemigos demuestra en el fondo su debilidad, pese al horror y el sufrimiento del presente, y es el exponente palmario de su vulnerabilidad real. El muro de Berlín parecía también muy sólido y se derrumbó con estrépito.

De la factura a la fractura
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo   23 Febrero 2001

A este paso, después de los asesinatos de ayer, Mayor Oreja puede ahorrarse hasta la campaña electoral. Se la va a hacer ETA, porque como se decía en el diario Gara, en la víspera del doble crimen, «es el enemigo franco que ha causado menos daño al nacionalismo que el propio Ibarretxe, que no ha estado a la altura de las circunstancias». Quienes firmaron el Pacto de Lizarra y lo incumplieron, según el acta de acusación de la autoridad militar competente, no van a poder «irse de rositas» después de haberlo convertido en papel mojado. Ha llegado la hora de la factura de Lizarra y, en consecuencia, los pistoleros acaban de enviar con el coche bomba de San Sebastián una letra de 90 días que finaliza allá por la virgen de Fátima.

Premonitoriamente, la portada del miércoles de Deia, el diario del nacionalismo democrático, anunciaba las elecciones con titulares rojos sobre un fondo negro. O sea, sangre sobre luto. Nada es casual, salvo las dos víctimas. La fecha, el aniversario del asesinato de Buesa, y la identidad de quien iba a ser asesinado, un concejal socialista. Los asesinos no se fían de las apariencias; menos de los apologistas que venden una coalición gubernamental entre populares y socialistas.

Si Zapatero pide a Redondo un perfil propio que evite el discurso frentista, nada mejor que nuevos cadáveres socialistas para que su imagen sea la fotocopia de la de Mayor Oreja. Con una cadena de ataúdes en dirección a Ferraz, además, puede obligar al dirigente socialista a desdecirse de su apuesta pública por un Gobierno plural que impida la quiebra social en el País Vasco. Para cobrar la factura de Lizarra, ETA necesita la fractura sociológica de Euskadi. De no conseguir su primer objetivo, Mayor Oreja en Ajuria Enea, necesita la consecución del segundo, cortar las manos que pudieran tejer un pacto entre Ibarretxe y Zapatero.

Allá por las festividades navideñas recorrieron Euskadi, invitados por Herri Batasuna, unos peculiares Reyes Magos revestidos con las credenciales de una delegación de la sigla radical palestina Hamas. Allí por donde pasaron, donaron el oro del fundamentalismo político, la mirra de la ideología ultranacionalista y el incienso de la violencia.

Sin que se pueda afirmar que el modelo irlandés haya caído en desuso, tras las desavenencias batasunas con el Sinn Feinn, sí cabe percibir en ese entorno social una creciente tentación en orden a identificar a Arafat con Arzalluz, a la intifada con la kale borroka, a Sharon con Mayor Oreja, a los judíos con los no nacionalistas y a los palestinos con los abertzales. Termine siendo así o no, lo cierto es que tanto la versión Jerusalén como el enfoque Belfast pasan, inexorablemente, por el enfrentamiento entre las dos comunidades vascas.

No todo está dicho
JOSEBA ARREGI El Correo   23 Febrero 2001

No todo está dicho todavía. No puede estar todo dicho. Porque ETA sigue matando. Porque hay todavía vascos que no condenan los actos de terror de ETA, sus atentados. Aunque muchos hayamos repetido más de una vez que respecto a ETA y sus crímenes ya está todo dicho. No. No puede estar todo dicho, puesto que aún no hemos encontrado la palabra, individual y social, capaz de poner en marcha lo necesario para que ETA no tenga aire para respirar, para que ETA se ahogue en su propia estrategia, en su propia esterilidad.

No puede estar todo dicho, y lo que ya está dicho no se ha dicho con suficiente claridad, o no ha sido escuchado suficientemente, porque lo dicho tampoco vale de mucho si no es escuchado. Y al referirme a la necesidad de escuchar no me estoy refiriendo a ETA, que sé que va a seguir sin escuchar lo que mayoritariamente opinan los vascos, porque lo viene haciendo desde que despreció la decisión mayoritaria de éstos de aceptar la reforma y el Estatuto.

Me refiero al escuchar necesario entre los demás. Un escuchar sin el cual la palabra diálogo no tiene ningún sentido. Un escuchar que presupone la disposición a entender al otro, a tomarle en serio. Un escuchar que supone aceptar la existencia del otro, del distinto, del que piensa diferente, de las condiciones, historias, sentimientos, límites que le constituyen. Sin saber de esos límites, de esas historias, de esas condiciones no se puede escuchar, no se toma en serio al otro diferente, no se puede dialogar.

No está dicho todo todavía. Faltan palabras importantes. Falta la palabra que diga que no existe la fórmula milagrosa que produzca al mismo tiempo y a través de los mismos mecanismos que la sociedad vasca cambie para ser distinta a lo que hoy es, no plural en los sentimientos de pertenencia, y que produzca al mismo tiempo el respeto total a esa pluralidad que la constituye hoy, esperando que así se produzca el fin de la violencia.

Falta la palabra que diga que el diálogo universal no existe, que no es más que un fetiche que hace creer en la existencia de alguna fórmula milagrosa: la única universalidad posible es la que se constituye por diálogos limitados, condicionados, contingentes, humanos. Acaso Dios es, en sí mismo, diálogo universal, aunque lo dudo.

A los humanos nos tocan otros diálogos: difíciles, llenos de equívocos, limitados, condicionados, tensos, rotos y recompuestos, que nunca empiezan de cero, sino que siempre vienen cargados de historia pasada. Falta la palabra que diga que este tipo de fetiches son, en el mejor de los casos, estériles, inútiles, inocuos. Y, en el peor de los casos, creadores de bolsas de aire para quien, malintencionadamente, se quiera aprovechar de ellos como de justificantes de su decisión, siempre personal e intransferible, de matar.

Falta la palabra que diga con toda claridad que nación vasca no tiene nada que ver, no puede tener nada que ver con lo que plantea ETA, que construcción nacional no tiene nada que ver con las ideas de ETA. Falta la palabra que deje ver que el nacionalismo es consciente de que ETA y su terror contaminan todo lo que tocan, y que lo que más directamente han tocado, porque no hemos sido los nacionalistas democráticos capaces de establecer una clara estrategia eficaz de diferenciación real, es el propio nacionalismo.

Falta la palabra que exprese con claridad y eficacia que se acepta como valor positivo y enriquecedor la pluralidad de sentimientos de pertenencia que caracteriza a la sociedad vasca, pero no para desmentirlo en la frase siguiente. Ni tampoco para utilizar la pluralidad de sentimientos de pertenencia para mantener a la sociedad vasca en un estado de división permanente, porque algunos sólo así ven defendida su identidad uniforme, monista, monolingüe, no dialogante hacia dentro de sí misma, no mestiza. Nos falta la palabra que desde posiciones distintas al nacionalismo vasco sea capaz de pensar en el conjunto de la sociedad vasca, no sólo en su parte, no sólo en su nicho electoral, que sea capaz de aceptar la lengua, el sentimiento y la cultura de los nacionalistas como elementos necesarios en la construcción de la sociedad vasca.

No es que nos falte diálogo. Nos faltan primero las palabras, muchas palabras. Y nos falta el silencio para escucharlas, la capacidad de escuchar al otro y ser consciente de su realidad condicionada, limitada y diferenciada. Nos falta la palabra que significa renuncia a la pretensión de exclusividad de las tradiciones que uno representa. Nos falta la palabra que diga que, dada la situación concreta de la realidad social vasca, es mejor trabajar para que los ciudadanos vascos consigan, en distintos grados, una identidad plural en sí misma, que empeñarse en alcanzar una homogeneidad en el sentimiento de pertenencia y en la identidad.

Nos falta la palabra efectiva que traslade a la definición del entramado institucional de la sociedad vasca, de Euskadi, las consecuencias de todas las palabras anteriores, la palabra que nos convenza de que a la sociedad vasca no le corresponde una institucionalización cerrada, que empiece y termine en sí misma. Nos falta la palabra que nos convenza de que Euskadi, la sociedad vasca, o es algo pactado o no es; que nos convenza de que el pacto hacia fuera es resultado del pacto interno necesario.

Cuando la pretensión de homogeneidad, de uniformidad identitaria, de un mismo sentimiento de pertenencia, de una misma definición de pueblo vasco se ha manchado de sangre -¡y cuánta sangre ya!-, todos debiéramos hacer un esfuerzo añadido por preservar, defender y desarrollar la pluralidad sin división, todos debiéramos esforzarnos por que nuestra defensa de la pluralidad conllevara un proyecto para el conjunto de la sociedad vasca. No todo está dicho. Necesitamos más palabras. Necesitamos más silencio para escucharlas. Necesitamos disposición -autolimitación y reconocimiento de nuestras condiciones- para escuchar al otro. Cuando estemos dispuestos para la autocrítica, para asumir críticamente la responsabilidad de nuestra historia, de nuestros actos y decisiones, de nuestros fracasos, entonces será posible el diálogo. Y entonces habremos empezado a poner los cimientos para que esta barbarie acabe, porque estaremos poniendo las condiciones para que ETA se ahogue en su propio delirio.

«El miedo es subjetivo»
JUAN CARLOS ALONSO El Correo    23 Febrero 2001

Ya no es sólo el hecho de que puedan acabar con tu vida; de que corras el riesgo cierto de que lo intenten contigo; o de que tu nombre esté ya listo temblando en un papel. Ya no es siquiera esa miserable sensación vital que te inunda -neurona a neurona, como si fueras un enorme papel secante-, de la tremenda putada que les gastas a tus hijos, a tu mujer, a tu familia y amigos, convirtiéndolos en forzosos cómplices de los efectos colaterales de tu suerte.

Ya no son apenas las incertidumbres, cuando acudes a tu trabajo una mañana cualquiera y atraviesas la entrada de un colegio rebosante de actividad. Y observas un coche y cambias de acera, como si de un apestado se tratara, para evitar contagiar tu destino al tropel de niños que se afanan por no llegar tarde a la primera clase del día.

No son tampoco las dudas que acarreas, como un fardo a tus espaldas, como un recurrente Sísifo, preguntándote día a día si vivir de este modo merece la pena. Sabiendo que cada momento perdido, cada alegría robada, cada sueño ansiado, cada hoja que pasas en el calendario de tu mesa, no retornará jamás.

Lo que me subleva esencialmente, lo que hace que mis vísceras empujen y traten de hacer aflorar hacia el exterior mi peor yo, mis instintos más primarios, es el hecho de que existan quienes, hombres de alma encallecida, se sientan legitimados para mear sobre nuestras tumbas, para hollar nuestros corazones con la miseria fecal de sus palabras, para hozar sin pudor en nuestra más íntima pena.

Esta, y ninguna otra, fue la sensación que experimenté cuando escuché a Xabier Arzalluz afirmar que el miedo es subjetivo y libre, en respuesta a las palabras del rector de la Universidad Pública Vasca cuando denunciaba la persecución y el miedo instalados entre nuestras calles, entre nuestras aulas, entre nuestras familias. -Que se ponga una escolta y deje de dar el coñazo, parecía mascullar la esfinge del nacionalismo llamado democrático, en un gesto que hiede moralmente a todos los que sufrimos persecución por nuestras ideas-.

He de reconocer que nunca esperé consuelo alguno por su parte. Pero es necesario un cinismo a prueba de balas, un ejercicio de mal gusto estético y de moralidad abyecta para practicar semejante discurso, desde el lustroso abrigo de la tranquilidad que proporciona el saberse libre del plomo. Desde la gallardía que le confiere haber optado, desde hace tanto tiempo, por instalarse en la reconfortante equidistancia entre las víctimas y sus ejecutores. Allí donde se encuentran quienes creen que podrán cosechar con las manos limpias, incluso con bendición eclesiástica, el botín político de la sangre. Eternamente amparado, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Cuando una paloma empieza a frecuentar a los cuervos, dice el proverbio alemán, sus plumas permanecen blancas, pero su corazón se vuelve negro. Y el hecho de que esas palabras no escandalicen, no provoquen una reacción ética inconmensurable, me llena de zozobra y de pena. Hasta qué punto nuestras plumas se han teñido de negro abisal, me pregunto. Hasta cuándo la indiferencia.

Ayer me despertaron de nuevo las sirenas de un atentado. De nuevo humo y llamas y carne masacrada en este aniversario de la muerte de Fernando. De nuevo viudas e hijos desolados. De nuevo recuerdos que se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Cúanto sufrimiento más será necesario para despertar las dormidas conciencias de los equidistantes.

No sé si el miedo de un cocinero anteayer, de dos trabajadores hoy, de centenares de cargos públicos en libertad vigilada, de miles de madres y padres, de decenas de millares de ciudadanos, tiene la condición subjetiva que le atribuye Arzalluz. Ni si será posible templarlo, como el del rector o el mío, proporcionando escolta a la mitad de los vascos y vascas que con nosotros cruzan sus pasos en cualquier calle de Euskadi, temiendo sentirse involucrados en la socialización del terror en que se hallan embarcados los terroristas etarras.

No soy más que un escéptico y, con el paso de los años, he acabado por concluir que me encuentro entre los escasos deterministas que conozco. Por eso, ya no espero cariño. Ni siquiera un gesto de solidaridad o una palmada en el hombro de quienes tienen la inmensa suerte de poder optar por caminar en soledad o en compañía, en cualquier parte del mundo. Pero, cuando menos, tengo el deber moral de repudiar a quien chapotea de modo miserable en mi sufrimiento más íntimo, dándonos lecciones de coraje y de valentía.

Por eso hoy reivindico la denuncia frente al sarcasmo, la moralidad frente a la vileza, la educación en el humanismo frente a la grosería del patriota. En este día que nos devuelve a la tristeza y a la nostalgia, exijo la memoria frente al olvido. Porque, repito una y mil veces, cuanto sea necesario, los versos de Rafael Alberti: «A la soledad me vine por ver si encontraba el río del olvido. Y en la soledad no había más que soledad sin río. Cuando se ha visto la sangre, en la soledad no hay río del olvido. Lo hubiere, y nunca sería el del olvido».

El maestro de ceremonias
JAVIER ELZO El Correo  23 Febrero 2001

Horas después del atentado de ayer en Martutene una periodista radiofónica de Catalunya me preguntaba a quién beneficiaban estos atentados. La cuestión es macabra y repugna entrar en ella. Así respondí, pero, no por ello, la pregunta deja de ser menos pertinente. Normalmente la respuesta que se da es que depende del color político de las víctimas. Y por odioso que resulte pensarlo, y créanme que más aún escribirlo, no deja de tener su punto de razón. Todas las cábalas que se hacen, unánimemente, de que EH sube sus votos si ETA deja de matar y baja cuando está en plena ofensiva terrorista, como ahora, no dicen otra cosa. De ahí a particularizar, con nombres, apellidos y colores políticos de las víctimas hay un paso, un paso repugnante, especialmente para las víctimas y sus familiares.

Pero las reflexiones anteriores ocultan al auténtico beneficiario de los atentados, a ETA y los que lo secundan. Nuestras cábalas tienen la perniciosa consecuencia de ocultarlo, o dejarlo difuminado, como si tratara de un ‘fatum’ que está ahí y con el que hay que contar como un dato inevitable que actúa fuera de nuestro alcance. Así se dice que ETA existe, lleva más de treinta años matando y va a seguir haciéndolo, al menos hasta que, en la correlación de fuerzas en su seno, las palomas puedan sobre los halcones. Nosotros, los demás, a lo nuestro: cálculos y más cálculos sobre lo que pueden depararnos las elecciones, a quién votarán los jóvenes; los que van a votar por primera vez; qué harán los, dicen que 50.000, desengañados de EH; la importancia de la participación en las elecciones; los eslóganes de unos y otros; si EA y PNV van juntos pero no revueltos, o bien juntos y revueltos, con alianzas tácticas o estratégicas, o bien van separados. Otros se preguntan cómo separa su discurso el PSOE del PP, pero sin separarse demasiado, no sea que del Ebro para abajo le acusen de tibio o ambiguo, etcétera, etcétera. Y todos diciendo que el otro es el responsable de que ETA siga matando.

Estamos ya en campaña electoral y es inevitable que esas cuestiones afloren y sean objeto de debate, pero creo que podríamos y debiéramos hacer algo más. Mi pregunta, como la de otros muchos, no es tanto saber quién va a ganar las elecciones, sino cómo se va gestionar después el país. Que ganen las elecciones los nacionalistas o los constitucionalistas no voy a decir que no sea importante, claro que es importante, pero, lo afirmo con total convicción, es secundario. Como lo es para la inmensa mayoría de los vascos, sean o no nacionalistas. Lo que los vascos queremos hoy, por encima de todo, es que ETA desaparezca. También los políticos, intelectuales y medios de comunicación, esto es, los que tienen capacidad de influir hoy en la sociedad, están de acuerdo con esta afirmación. Dirán incluso que es una banalidad decirlo. Lo que, sin embargo, resulta contradictorio con el modo de proceder de quienes sitúan en primer lugar, en sus afanes, en sus discursos y en sus diatribas, la descalificación sistemática, y cada día más soez y grosera, del adversario político o ideológico. Con lo que ETA gana de todas todas.

Los que tienen la paciencia de leerme dirán, con razón, que me repito. Pero, tal y como están las cosas, no estoy dispuesto a enzarzarme con alguien porque tenga un proyecto político distinto al mío. Más aún si esa persona, además, está amenazada y no puede decir, con libertad y sin miedo, cual es su proyecto para este país. Votaré de forma diferente a él, defenderé la bondad del proyecto en el que yo creo, obviamente, pero defenderé también que él pueda expresar el suyo. No hacer así es introducir la lógica de ETA en el corazón del debate político de Euskadi: la descalificación personal del adversario que ETA lleva a sus últimas consecuencias, eliminándolo físicamente. Sabiendo a quiénes mata ETA últimamente no estoy en absoluto dispuesto a darle pábulo y lo que pediría expresamente a los partidos nacionalistas es, no sólo que se distancien de ETA, lo que, con la salvedad conocida, siempre han hecho, sino también de quienes miran a otro lado cuando ETA asesina.

Pero también es necesario, aunque comprendo que más difícil, que mi adversario político no demonice a los que pensamos de forma distinta a él y no somos objeto de atentados de ETA. Porque entonces introducimos la perversión supina de dejar, una vez más, en manos de ETA, la bondad y legitimidad de los planteamientos políticos. ¿Hará falta que ETA asesine a un cura para que, en determinados medios, se empiece a pensar que la Iglesia también se moja en el tema del terrorismo? ¿Vamos a trasponer el papel de ETA de grupo terrorista a juez supremo que, en razón de la elección de sus víctimas, ennoblece a unos y, como poco, coloca a la defensiva a otros? ¿Va a ser necesario ser un amenazado para que sus ideas puedan tener legitimidad democrática? ¿Vamos a tener que avergonzarnos por no ser objetivo de los atentados de ETA?

El lehendakari ha pedido que la confrontación electoral se haga con corrección y respeto. Creo que es lo único que ha encontrado unanimidad. A ver si es verdad. No tanto ni principalmente porque es siempre más grato un debate correcto que los espectáculos que estamos viendo últimamente, sino porque la artillería hay que dirigirla a otro sitio. Porque después del 13 de mayo habrá que buscar un acomodo si no decidimos ya dejarlo en manos de ETA, gane quien gane. Porque los que tienen capacidad para influir en la sociedad no pueden cometer el error de colocarla en una situación de confrontación permanente, casi prebélica. Porque esta sociedad está más unida que separada, porque esta sociedad es ciertamente plural pero no está enfrentada.

En la situación actual, el primer objetivo debe ser de apoyo a las víctimas y a los amenazados. Hacer lo humanamente posible para que todos puedan defender sus puntos de vista en libertad. No olvidar nunca que el enemigo al que combatir es ETA. En consecuencia, en el fragor de la contienda electoral, hacerse siempre esta pregunta: esta acción que yo propongo, ¿ayuda a que ETA desaparezca o fortalece su presencia entre nosotros? Claro que sabiendo que nadie es Dios Padre y que nadie tiene la verdad absoluta, ¿es un brindis al sol decir esto en campaña electoral? No lo sé, pero no hacerlo es pelearse por cosas muy importantes pero secundarias en el momento actual y dejar a ETA como maestra de ceremonias. Durante y después de las elecciones.

Prodigiosa martona
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón  23 Febrero 2001

Marta Ferrusola ha advertido a los catalanes de que se aproxima un «alud» de invasores que se niegan a comer butifarra de La Garriga y salchichón de Vic, que copan las ayudas concedidas por el Departamento de Bienestar Social y que pretenden sustituir las iglesias románicas por mezquitas. Una presentación impregnada de mesura, de realismo y de sentido de la oportunidad, que contribuirá valiosamente a crear el clima social tranquilo y abierto que necesitamos ante el proceso de regularización de inmigrantes que estamos viviendo. De hecho, los colectivos afectados, las organizaciones no gubernamentales que les asisten y los partidos de la oposición han acogido de inmediato las luminosas palabras de la Sra. Pujol con la natural admiración que suscita visión tan esclarecedora. 

Una de las misiones de las esposas de los grandes hombres y de los maridos de las grandes mujeres es apoyar a sus egregios cónyuges con el ejemplo de sus irreprochables conductas, con el calor de su afecto y con su habilidad para las relaciones públicas. Hay que reconocer que la ilustre jardinera cumple a la perfección todas estas tareas. Así, cuando declara solemnemente que «Cataluña no es España», que a los taxistas que hablen castellano bajo ningún concepto se les ha de responder en esa lengua o, como ahora, que «esa gente» que llega de países menos desarrollados sólo pretenden que «se les dé de comer» y encima tienen la osadía de no pedirlo en catalán, el prestigio de su causa no cesa de crecer. 

El hereu ha añadido un edificante argumento para avalar las profundas apreciaciones de su protectora al observar que «muchos miles de ciudadanos» las comparten. En otros términos, que si la xenofobia, el alarmismo, el racismo y la intolerancia religiosa, debidamente propagados por intervenciones como la de la presidenta consorte en Gerona, se extienden a la mayoría de la sociedad catalana, quedarán automáticamente justificados porque, según se desprende de tan pragmático enfoque, los valores morales deben basarse en criterios estrictamente cuantitativos. Artur Mas ha tenido, como se ve, una excelente escuela y está perfectamente preparado para tomar el relevo al frente del tinglado.

    El nacionalismo identitario es lo que es y la cabra siempre tira al monte, sea cuando legisla sobre política lingüística, sea cuando reclama todos los impuestos recaudados con absoluto desprecio a cualquier criterio de solidaridad, sea cuando ha de tomar las oportunas disposiciones para dar cabida a una fuerza de trabajo que viene ahora de África o de Sudamérica a crear riqueza en Cataluña, al igual que hace medio o un siglo llegó de Extremadura, de Murcia o de Andalucía para beneficio de los que arribaban, pero, sobre todo, de los que les recibían. Este bochornoso episodio ha servido, en todo caso, para que nos enteremos del motivo por el cual Jordi Pujol se enamoró en su día de la Martona. El hechizó radicó, obviamente, en su prodigiosa inteligencia.
 

Doña Marta tiene tren
FRANCISCO UMBRAL El Mundo  23 Febrero 2001

Doña Marta Ferrusola: «Los inmigrantes, que no saben ni lo que es Cataluña, son los que más ayudas reciben». Es como si la señora de antes, con visonazo, dijera:

-Toda la vida dándole limosna a ese pobre y ni siquiera sabe de qué estilo son los muebles de mi comedor.

Doña Marta de Pujol no quiere ayudar a los náufragos y los inmigrantes, sino aprovechar la ocasión para alfabetizar en catalán a esos parias y explicarles la Historia de Cataluña. Volvemos con ella a la vieja caridad que siempre se hacía a cambio de algo: una butaca en el cielo o una oración del mendigo por el alma del difunto (todas viudas). Doña Marta tiene tren, pero no tiene la menor noción humanitaria de lo que es la ayuda al prójimo/próximo, pues tampoco ha debido pensar nunca que un marroquí de patera y esfuerzo pueda ser prójimo de una alta dama, y que ahora el genoma nos lo hace hermano. La esposa de tan fuerte político, que encarna una gran causa, dicen que estaba pensando en voz alta, pero eso agrava el agravio, pues en voz alta piensan sus pecados los que se confiesan y los que van al psicoanalista.

Doña Marta tiene tren, pero es mejor que lo deje en vía muerta. «Tienen pocas cosas en su país y lo único que tienen son hijos». Doña Marta Ferrusola, ya en plan señora bien de los cincuenta, reprocha a los inmigrantes su pobreza, originada por otras Generalidades, de muy distinto signo al catalán, y que es de donde vienen huyendo. Y les reprocha esa numerosidad de los hijos, nacidos todos de la concupiscencia mora y de la falta de leyes católicas y de preservativos vaticanos, que son látex.

Ah, y los pisos. «Mi marido está cansado de dar pisos a marroquíes, magrebíes, todo eso». Ahí, ahí. Para la dignísima doña Marta cualquier cosa que no sea Cataluña es «todo eso». Nosotros los españoles tenemos bastantes niños y también somos «todo eso». Fuera de Cataluña se agitan las tinieblas exteriores y «todo eso». Así no hay más remedio que ser nacionalista, rama fasciobeata. Doña Marta ha arruinado con su soliloquio -que es como el de Lady Macbeth, pero al revés- a un brillante y muy dotado político, que es su marido y que está en un momento delicado. De nada sirve hacer precampaña preelectoral si al lado tienes una santa esposa que soliloquia políticamente y encima tiene tren. Tren de vida, quiere decirse. Pero, más allá del soliloquio, todas estas bellezas las dijo en una conferencia en Girona. Con lo bien que están algunas esposas en el bingo.

  Metida ya en milenarismos, añadió que los inmigrantes «quieren imponer su religión y cultura». Primero los trata como mendigos y luego como invasores. Más adelante abundó en sus críticas a los inmigrantes de hoy en Cataluña refiriéndose a los encierros que unos seiscientos de ellos mantienen estos días en varias iglesias de Barcelona reclamando que se les regularicen los papeles de residencia. «De aquí a diez años quizá no sirvan las iglesias románicas, sirvan las mezquitas». Ahora lo comprendemos todo. Doña Marta se ha quedado en el románico, un tiempo en que no se daba limosna ni asilo, sino gran lanzada al moro muerto. Doña Marta no consiente que el Paralelo se llene de mezquitas, como antes de lenocinios. Doña Marta tiene tren, pero no tiene tranvía.

 

CiU apoyará al PNV en la campaña de los comicios vascos
MANEL MANCHON El Mundo   23 Febrero 2001

BARCELONA.- Los diputados y dirigentes de CiU participarán en la campaña de las elecciones vascas al lado del PNV y acudirán a todos los actos que les pidan. El portavoz de CiU en el Congreso, Xavier Trias, aseguró que el apoyo de CiU en esta campaña no será algo novedoso. «Lo hemos hecho siempre y lo volveremos a hacer cuando el PNV lo crea conveniente», señaló Trias.

Así, CiU no está dispuesta a dejar en la estacada al PNV cuando los dos grandes partidos de ámbito nacional, PP y PSOE se emplearán a fondo para dejar al PNV en la oposición. Por parte de Unió Democràtica, que mantiene lazos muy estrechos con el PNV, se considera que la relación «será la de siempre, como se ha demostrado en los últimos meses», según el portavoz de Unió, Josep Sánchez Llibre.

 

Recortes de Prensa   Página Inicial