AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 24  Febrero  2001
#LAS ELECCIONES EXCITAN EL CELO DEL PNV CONTRA ETA
Editorial El Mundo 24 Febrero 2001

#Optimismo prudente frente a Eta
Editorial La Razón  24 Febrero 2001

#Cro-Magnon vota
Jaime CAMPMANY ABC   24 Febrero 2001

#El silencio de las termitas
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC  24 Febrero 2001

#Éxito de una gestión
Editorial ABC  24 Febrero 2001

#Buesa no hará campaña
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 24 Febrero 2001

#Esto es Lizarra, pero hay otra opción
JOSÉ MARÍA PORTILLO VALDÉS El Correo  24 Febrero 2001

#El número uno
MANUEL ALCÁNTARA El Correo  24 Febrero 2001

#Los terroristas hacen «política»
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo   24 Febrero 2001

#Dignidad y cohesión
Editorial El Correo  24 Febrero 2001

#Los donostiarras exigen a Eta que deje de matar
E. Mejuto - S. Sebastián.- La Razón  24 Febrero 2001

#Dos de los etarras detenidos dinamitaron de madrugada un centro de menores
SAN SEBASTIÁN. ABC  24 Febrero 2001

#Pujol y Ferrusola, o cómo pasar del nacionalismo a la xenofobia
Impresiones El Mundo   24 Febrero 2001

#Homenaje a la butifarra
EDUARDO MENDICUTTI El Mundo 24 Febrero 2001

#La mujer del César
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo  24 Febrero 2001

#Polémica por un folleto de historia catalana
El Mundo   24 Febrero 2001


LAS ELECCIONES EXCITAN EL CELO DEL PNV CONTRA ETA
Editorial El Mundo 24 Febrero 2001

Esta vez sí. El Gobierno vasco y el PNV han reaccionado de forma rápida y contundente contra el último atentado de ETA que mató a dos trabajadores. Con un celo desconocido, la Ertzaintza practicó en la madrugada del jueves al viernes una espectacular redada en la que detuvo a 15 personas -aunque 13 de ellas quedaron libres ayer mismo- presuntamente relacionadas con el sanguinario comando Donosti, después de que un grupo de jóvenes destruyera un centro de menores de Zumarraga.

Al parecer, los asesinatos de Martutene han abierto de pronto los ojos de los nacionalistas vascos acerca de la crueldad sin límites de ETA y sus cómplices políticos. Portavoces y dirigentes del PNV arremetieron ayer con inusitada dureza contra su otrora aliado político, Arnaldo Otegi, por la cínica y repugnante reacción del portavoz de EH frente a la muerte de uno de los suyos. El trueque de paz por soberanía propuesto por Otegi le parece ahora al PNV una idea perversa. Ha hecho falta que ETA cometiera un atentado indiscriminado contra la población para que el partido de Arzalluz se cayera del caballo y aterrizara en una realidad que todo el mundo apreciaba desde hace mucho tiempo.

La pregunta es: ¿por qué ahora sí?, ¿es más cruel asesinar a dos trabajadores abertzales que a un concejal del PP o a un ex ministro del PSOE?, ¿por qué la Erztainzta no ha mostrado el mismo celo para detener a los que practican la kale borroka todos los fines de semana que para capturar a quienes destruyen un centro de menores?, ¿es acaso Otegi un personaje más cínico hoy que hace un mes?

La respuesta puede estar en el calendario. Las elecciones vascas se acercan y el PNV olfatea que la sociedad ante la que tiene que rendir cuentas cada vez está más harta de la barbarie. Y quizá sus dirigentes piensen que el camino de compadreo con los compañeros de viaje de ETA les conduce, inexorablemente, a la oposición. Por eso, los nacionalistas han acompañado esta vez el lacrimógeno llamamiento de Ibarretxe a ETA para que deje de matar con la contundencia de la acción policial, sin la cual de nada sirven lamentos ni condenas. ¿Hemos de creer en la sinceridad de este cambio? La experiencia reciente no es muy alentadora al respecto.

Tampoco, como advirtió ayer Jaime Mayor Oreja, caben esperar muchos milagros en el entorno del llamado MLNV, a pesar de la mini-conmoción provocada por el asesinato de uno de los suyos. Porque la barrera del horror tolerable por cualquier ser humano con un mínimo de dignidad se superó mucho antes del crimen de Martutene.

Optimismo prudente frente a Eta
Editorial La Razón  24 Febrero 2001

El ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, realizó ayer su simbólica despedida del Gobierno, del que saldrá para ser candidato por el PP a las elecciones vascas, con un mensaje de optimismo prudente que podemos compartir. La evolución de la banda terrorista Eta y de la lucha policial contra ella permiten afirmar que la banda mafiosa actúa de una forma progresivamente desquiciada, chapucera e indiscriminadamente salvaje. Sus grupos de pistoleros no sólo carecen de formación ideológica sino que se nutren de una juventud fanatizada, escasamente culta y socialmente marginada. No quiere decir esto que no sean capaces de cometer atentados terribles, pero sí es cierto que fallan en muchos casos y que caen con más facilidad que antes en las redes policiales. Precisamente, además, por su inconexa y simplista estrategia criminal, cada vez tienen más dificultades de conseguir el respaldo político de grupos «legales», que si siguen apoyando a Eta es porque les tiene miedo, además de compartir el fanatismo, aunque los medios que emplean los pistoleros les resultan cada vez más incómodos. Una incomodidad que se pudo observar ayer en la forzada manifestación de HB «sobre» el atentado que ha costado la vida a dos obreros en Ordicia. Era patético ver a un conspicuo dirigente etarra como «Josu Ternera» llevando la pancarta, por mucho que HB quisiera camuflar su protesta diciendo que «si hubierse soberanía, habría paz», que es como decir que la culpa de los asesinatos recae en las víctimas. Es más fácil: habría paz si Eta dejara de matar. Podemos estar en ese camino, como recordó Mayor. No sólo la sociedad está levantada contra Eta y cualquier complicidad con ella, sino que la policía actúa cada vez con mayor eficacia. Si a esa lucha se une la Ertzaintza, como hizo ayer, la batalla contra el terrorismo daría un paso decisivo.

Cro-Magnon vota
Por Jaime CAMPMANY ABC   24 Febrero 2001

LA Fundación Sabino Arana nos ilustra a través de Internet acerca del origen y los antecedentes históricos de los vascos. Aseguran los sabinianos aranistas que las características que distinguen a los vascos de cualesquiera otros seres humanos empezaron a desarrollarse en el mismísimo lugar que actualmente habitan, es decir, en las vertientes norte y sur de los Pirineos occidentales. El vasco es el producto que ha resultado de la adaptación del hombre de Cro-Magnon a los grandes cambios ambientales que se produjeron en esa zona tras el final de la última glaciación, hace aproximadamente la friolera de diez mil años. El pueblo vasco quedó entonces conformado con sus características actuales, con su propia cultura e idioma, el euskera, probablemente el más antiguo de Europa, y ha logrado sobrevivir manteniendo su propia identidad a través de milenios, a pesar de que otros pueblos, reinos, imperios y culturas lo pusieron en peligro de desaparecer. Por allí se acercaron celtas, iberos, romanos, bárbaros, árabes, pueblos que fueron escribiendo su historia, en la que raras veces aparecían los «persistentes» vascos.

Esto, más otros datos de los cuales hago gracia al lector, es lo que nos dice la Fundación Sabino Arana (¡oh, aquel excelso y universal filántropo, aquel franciscano y humilde amante del prójimo!) acerca de las características inalterables del hombre vasco desde la última glaciación, hace nada menos que cien siglos.

O sea, que para llegar al producto llamado Javier Arzallus, o Xabier Arzalluz y a todos los que con él comparten el Rh negativo, las características étnicas y toda la tira del Génesis vasco, dos mil y más apellidos llenos de kas, erres y zetas, el hombre de Cro-Magnon ha debido mantenerse en toda su pureza e integridad racial durante diez mil años mientras pasaban por debajo de los puentes de la Historia los celtas rubios que descendían de las islas del norte, los fieros iberos que daban jaque a Roma, los griegos que traían el pensamiento y la cóncava nave, los fenicios que venían con el alfabeto y con la moneda, los cartagineses que trabajaban los metales, los propios romanos que dominaron el mapa entero de aquellos tiempos, los bárbaros que bajaban desde sus frías guaridas norteñas, los árabes que subían desde sus desiertos y sus selvas, y que traían la cultura de Siria y Egipto, y en definitiva todas las gentes que a mi tierra vinieron. Los vascos, nada, quietos, ellos seguían con su Cro-Magnon inalterable, incontaminado, puro, «persistente», atentos sólo a su misión de ofrecer al mundo el producto único del vasco según la definición del sabiniano Arzallus, inspirada a la progresista y humanitaria Fundación.

Bueno, pues el hombre de Cro-Magnon ha votado. Según su peculiar entendimiento de la democracia, tan pronto como ha sido anunciada la fecha de la urna, ha comenzado a matar. El hombre de Cro-Magnon, hoy llamado y reconocido como etarra, insuflado de la doctrina sabiniana y de su ancestral resistencia a la evolución hacia las despreciables, blandengues y corruptas culturas y costumbres de los maketos, ha depositado su papeleta en la urna. El primer voto ha elegido para la muerte a dos obreros vascos y a cuatro heridos. Ha sido un error en la elección. Hace poco, sufrieron otro error y mataron a un cocinero. Ellos, los etarras de Cro-Magnon, hubieran querido atender a la recomendación de Javier Arzallus y matar a los servidores del Estado al que quieren exterminar con objeto de seguir manteniendo la pureza de raza y la incontaminación de pensamiento. Quizá en las próximas papeletas elegirán mejor. Eso, si no los trincan los invasores como al siniestro García Gaztelu. Que ése es un Cro-Magnon, pero un Cro-Magnon hijo de puta.

El silencio de las termitas
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC  24 Febrero 2001

No existe un derecho a la mentira ni a la injuria como contenido de la libertad de expresión. Existen delitos que se ejecutan con la sola palabra, entre otros, la calumnia, la injuria o la apología del terrorismo. Cuando se contemplan los estragos que producen los desmanes e insolencias de la incontinencia verbal, casi está uno tentado a deplorar una libertad que puede usarse tanto para el bien como para el mal. Y, sin embargo, como advirtió Tocqueville, en materia de libertad de expresión no existe término medio entre la licencia y la servidumbre y es preciso optar, sin reservas, por la primera, sin más límite que el Código Penal. Las opiniones no delinquen; la palabra sí puede delinquir. En cualquier caso, si el equilibrio y la moderación debidos no pudieran ser mantenidos, es preciso optar sin reservas en favor de la libertad. Máxime en unas sociedades como las nuestras en las que se produce una curiosa mezcla de licencia y de censura por obra de la dictadura de la corrección política.

No es necesario compartir las opiniones de alguien para defender su derecho a proferirlas. A las opiniones que no compartimos debemos oponer razones y argumentos, no la dictadura del silencio. En los casos de Centeno en el Parlamento andaluz y de Marta Ferrusola, por otra parte bastante diferentes, confluyen otras circunstancias que rebasan los límites del contenido de la opinión emitida. En el primero, su condición de vicepresidente de un Parlamento autónomo y, sobre todo, su censurable conducta al permitir que un diputado del PP fuera acusado injustamente. Aquí el mal no está tanto en la opinión emitida, que ciertamente no comparto, como en la hipocresía y en el linchamiento moral de un inocente por algo que uno mismo ha dicho. En el segundo, el ejercicio de la prudencia por quien, aunque sea en condición de consorte, ocupa un lugar relevante en la vida pública. La cosa se agrava ante la defensa emprendida primero por Artur Mas, luego por Jordi Pujol. Son, pues, las circunstancias las que en estos casos convierten la emisión de una opinión discutible y, probablemente equivocada, en una impertinente inconveniencia. Por otra parte, se diría que el nacionalismo posee patente de xenofobia, y que se le tolera lo que en otros se abomina.

Pero lo que me resulta preocupante es la facilidad con la que los beatos de la tolerancia se convierten en dictadores de la corrección política y en dispensadores de lo que se puede o no se puede tolerar en el uso de la libertad de expresión ajena. Es curioso cómo muchos se apresuran no sólo a discrepar, lo que obviamente es legítimo y, en muchos casos, necesario, sino a tratar de impedir que alguien emita sus opiniones y, a la vez, niegan que se trate de una limitación de la libertad de expresión. Poco seguros deben de andar de la firmeza de sus convicciones cuando necesitan de la disciplina del silencio ajeno para salvaguardarlas. Es verdad que los peores hombres se apartan normalmente de la opinión dominante, pero también lo es que sólo quienes se apartan de esta opinión han producido los mayores beneficios espirituales y materiales a las sociedades. Al defender el derecho a disentir de las convicciones morales dominantes, no sólo defendemos un sagrado derecho de las personas sino que, a la vez, velamos por el progreso y el perfeccionamiento moral de las sociedades. Todo avance moral ha procedido de la obra solitaria de un disidente de la opinión mayoritaria. Un debate intelectual o moral nunca se gana reduciendo al adversario por la fuerza, aunque sea la fuerza de la opinión dominante, al silencio. Obligar a callar es justo lo contrario de convencer. Tocqueville advirtió el peligro de que las sociedades democráticas se convirtieran en termiteras. Y las termitas no hablan.

Éxito de una gestión
Editorial ABC  24 Febrero 2001

Jaime Mayor Oreja dejará previsiblemente el Ministerio del Interior la próxima semana para encabezar la lista de su partido en las próximas elecciones autonómicas, decisivas para el futuro inmediato y, sin duda, también para el mediato, del País Vasco. Y lo hace culminando su excelente gestión con un golpe decisivo a la cabeza criminal de ETA.

Resulta en principio sorprendente que el ministro mejor valorado por los ciudadanos sea precisamente el que dirige el Departamento más problemático, que asume la más básica, y muchas veces impopular, de las funciones de un Gobierno: la garantía de la seguridad de las personas. Pero la apariencia sorprendente del hecho se desvanece si se considera el cambio operado desde el comienzo de la Transición en la percepción que los españoles tienen de sus Fuerzas de Seguridad y si se tiene en cuenta el balance de una gestión y el talante personal y político del ministro saliente. La soberanía popular también se ejerce a través de sus juicios acerca del valor de quienes gobiernan. Y aquí el juicio es contundente y mayoritario. Quizá tampoco sea ajeno el carácter ciclópeo y criminal del reto que ha tenido que afrontar, y que Mayor Oreja ha encarado siempre desde la serenidad, el trabajo y la firmeza de sus convicciones. La realidad confirma la razón que le asiste. Es cierto que el terrorismo ha golpeado con su habitual ferocidad, aunque tampoco más que en otras épocas del pasado reciente, pero también lo es que el ministro ha dado siempre la mejor respuesta, probablemente la única posible desde la perspectiva de la fidelidad a los principios de la Constitución y del Estado de Derecho. Mayor Oreja se ha enfrentado a la criminalidad del totalitarismo etarra, sin claudicar ante las exigencias, desdichadas e incluso, a veces, cómplices de hecho, del nacionalismo autodenominado moderado.

Lo que al comienzo de su gestión parecía a muchos intransigencia y falta de flexibilidad se ha revelado como la mejor estrategia. Para ello ha tenido que ir refutando, con lúcida tenacidad, una a una, las falacias imperantes sobre la lucha antiterrorista. Ha sido una doble batalla: una, en el ámbito de la eficacia de la batalla contra el terror, que ha culminado con la detención del sanguinario García Gaztelu; la otra, en el de la opinión y los principios. Hoy su estrategia ha sido sellada con un pacto antiterrorista que sienta las bases de lo que ha de ser la lucha de la democracia contra el terror: unidad de las fuerzas democráticas, eficacia policial y judicial, cooperación internacional y aislamiento político y social de los terroristas y sus cómplices. En los momentos en los que parecía casi inevitable sucumbir al desaliento, Mayor Oreja conservó la serenidad que sólo puede proceder de la solidez de las convicciones y de su irrenunciable fidelidad a ellas. Por eso se ha granjeado el favor de los demócratas y el odio de los totalitarios.

Su decisión de aceptar la candidatura a la jefatura del Gobierno vasco es además una muestra de generosidad. Abandona un Ministerio en lo más alto de su gestión para encabezar un dificilísimo proyecto cuyo resultado es incierto. Pero nadie mejor que él, tan vasco como español, y tan buen conocedor de la realidad de su tierra, para contribuir a imprimir un cambio de rumbo radical en la política regional vasca, tras el insoportable deterioro provocado por Ibarretxe. En realidad, el reto consiste nada menos que en la recuperación de la normalidad de la democracia y la libertad en el País Vasco, en poner fin al secuestro político de más de la mitad del pueblo operado por el particularismo excluyente del nacionalismo. No se trata sólo de sustituir en Vitoria a unos por otros sino de establecer unas bases que permitan lo que ahora no es posible: una sociedad en la que sólo estén excluidos los que se excluyan a sí mismos al optar por la vía del terror.

Mayor Oreja ha acertado a discernir entre aquello, la mayoría, en lo que se puede y se debe ejercer la moderación y el diálogo, y la intransigencia en la defensa de los principios fundamentales, especialmente aquel que proscribe, en contra del criterio oficial del PNV, otorgar ningún beneficio ni pagar ningún precio político a cambio del cese de la actividad criminal. El asesinato no puede ser un método político.

Buesa no hará campaña
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 24 Febrero 2001

Lástima que Fernando Buesa no haya podido ver la disolución anticipada del Parlamento vasco. El mismo día en que su viuda, Natividad Rodríguez, y sus tres hijos, Marta, Sara y Carlos, le rendían homenaje en Vitoria arropados por un grupo de demócratas vascos, autonomistas y nacionalistas, unidos por la misma dignidad, Juan José Ibarretxe hacía publico lo que tenía que haber sido evidente desde el primer crimen tras la tregua -21 de enero de 2000, Pedro Antonio Blanco-: la legislatura no da más de si.

La última imagen que tenemos de Fernando Buesa es una intervención suya en el Parlamento vasco en la que, con su claridad y pasión habituales, ponía en su sitio a los paramilitares de ETA, los de la violencia callejera. Después del crimen de Buesa y de su escolta Jorge Díez, asistimos a una de las escenas más pavorosas y que quizá mejor pueden sintetizar lo que han dado de si estos dos años: mientras miles de vascos se echaron a las calles de Vitoria con digna irritación el día del funeral, días después, en un sábado soleado, Juan José Ibarretxe, arropado por su Gobierno y su partido, aprovechó una inmensa manifestación, convocada en principio contra el asesinato de Buesa, para ponerse a la cabeza de la marcha y convertir un duelo cívico en un gesto de adhesión a su persona, de la que tanto gusta hablar en tercera del singular.

Aquella foto partida: en la cabeza Ibarretxe, a la cola la viuda, los tres huérfanos y otras víctimas; por delante los nacionalistas, por detrás los constitucionalistas; los primeros, con la foto de Ibarretxe, gritando ‘lehendakari aurrera’ (adelante); los de atrás, sin fotos ni siquiera de los asesinados, pidiendo libertad y siendo increpados por algunos nacionalistas. Aquella manifestación sintetiza de forma gráfica el disparate en el que la dirección del PNV se embarcó al pactar con HB y romper con su pasado reciente.

Dos años después de lo que se vendió como un proceso irreversible hacia la paz, el balance para el País Vasco es desolador: dos trabajadores muertos y otros dos heridos muy graves en un crimen que iba destinado contra un concejal socialista de Ordizia. 23 personas asesinadas en el año 2000, los que asesinaban siguen matando y no hacen política democrática -en contra de lo que se nos anunció-, el partido que fue central en Euskadi corre ahora enloquecido para que nadie sea más independentista que él y jerarquiza a los habitantes del País Vasco en ciudadanos de primera, los nacionalistas, y residentes de segunda, el resto. En la calle, las víctimas, que hasta ayer morían en silencio, siguen muriendo, sí, pero ya no se callan y al exigir sus derechos, hasta ahora clausurados, son acusados de provocar un enfrentamiento civil.

Un clima de desencuentro entre las gentes recorre el País y el nivel de hartazgo amenaza con desbordar el vaso, afectando incluso a algunos sectores de HB. Con este panorama, Ibarretxe dice que en Euskadi se vive divinamente; no sé, puede preguntar a las dos viudas del atentado del jueves y a sus familiares. A estas alturas de la película, la convocatoria anticipada de elecciones -después de que Ibarretxe haya perdido más votaciones, 58, que días estuvo Charlton Heston en Pekín, 55- tiene la virtud de airear una habitación que empezaba a oler a puchero de enfermo. Es como abrir el tapón de la bañera llena y que empiece a correr el agua. Casi con independencia de quién gane las elecciones y por cuánto, el ideal sería que a partir de ahora, sin esperar al 14 de mayo, el PNV deje de tratar a la mitad de los vascos como un estorbo que le impide realizar la utopía independentista con EH. Para ello no tiene que renunciar a nada, solamente tiene que recuperar su propio discurso, cuando sostenía que un eventual triunfo de ETA los convertiría, a ellos también, en balseros huyendo del país.

Las posibilidades de que el PNV recupere la cordura y deje de equiparar a víctimas con victimarios van a estar condicionadas por el resultado de las elecciones de mayo. Fue a raíz de la escisión de 1986, de la que surgió EA, cuando el PNV declaró solemnemente que para ser vasco no hacía falta ser nacionalista. Se trata de saber ahora si una situación de debilidad, de derrota electoral, de manifiesto rechazo de los electores, devolvería al PNV a posiciones que faciliten la convivencia, tal y como demandan cualificados militantes nacionalistas. En estas elecciones el PNV puede recuperar el centro, pero puede también seguir en esa espiral vertiginosa que tan malos resultados electorales le ha traído y que tan dañina ha sido para la convivencia entre vascos. Lástima que Fernando Buesa no pueda estar en esta campaña electoral; sus electores -como los electores del PP echan en falta a sus dirigentes también asesinados- le necesitan.

Esto es Lizarra, pero hay otra opción
JOSÉ MARÍA PORTILLO VALDÉS El Correo  24 Febrero 2001

Está a la vista la consecuencia de asumir que los asesinatos, amenazas, robos y palizas de ETA y las organizaciones que controla responden a un ‘conflicto político’: cincuenta y dos acciones terroristas con veintiseis muertos. Desde el momento en que PNV, EA e IU asumieron junto a HB que la solución a ese ‘conflicto’ pasaba por una negociación política sobre las exigencias planteadas por ETA y el conjunto del nacionalismo vasco, la posibilidad de que la banda terrorista entendiera al pie de la letra el mensaje era evidente. El tiempo no hizo más que confirmarlo. Ahora ETA ha asesinado a dos obreros intentando matar a un concejal socialista, celebración fascista del atentado que costó la vida a Fernando Buesa y Jorge Díez. Es el modo de hacer efectivo el principio básico: si el terrorismo es expresión de un ‘conflicto político’, como sostienen los partidos nacionalistas del pacto de Lizarra, entonces nada mejor que mantener válido el activo del futuro ‘diálogo y negociación’ sobre el mismo, es decir, más terrorismo.

No hace aún una semana, con su habitual falta de educación y de la más mínima sensibilidad ante el hecho tremendo de que quienes están siendo objetivo permanente del terrorismo ultranacionalista son los partidos a quienes se dirigía, José Antonio Rubalkaba, del PNV, presumía de que firmando el pacto de Lizarra ellos, los nacionalistas, fueron quienes se jugaron el bigote mientras los políticos del PSE y el PP estaban «calladitos». Hay una prueba evidente de que no han estado ‘calladitos’, sino manifestándose continuamente contra la idea de negociar con fascistas: ETA atenta contra ellos. Ni una palabra se ha oído hasta ahora de boca del lehendakari Ibarretxe disculpándose ante esos parlamentarios por la grosería del portavoz de su partido en ese debate, detalle que sí tuvo gratuitamente con un tal Cossiga.

No es una casualidad, sino la consecuencia directa de la doctrina y estrategia política que dimana del pacto de Lizarra. Creo que los vascos no debemos perder de vista el hecho de que este pacto con el fascismo vasco sigue perfectamente vigente para el nacionalismo. Xabier Arzalluz, que se cuida mucho de advertir que en el partido quien manda es él, reconocía públicamente el día 11 de este mes que, efectivamente, pactaron con ETA y que su partido seguirá planteando la negociación con la banda fascista. No cabe duda de que manda en el partido: ni el anuncio de la ruptura de la ‘tregua’, ni el asesinato del teniente coronel Blanco en Madrid fueron suficientes para que, contra lo que había afirmado, el lehendakari Ibarretxe diera por terminado definitivamente su pacto parlamentario con el fascismo vasco. Ante el asesinato poco tiempo después de José Luis López de la Calle, el lehendakari se negó rotundamente a asistir a la manifestación de repulsa convocada por el Foro Ermua, alegando que esa manifestación mostraba ideas políticas con las que no estaba conforme. El único lema exhibido en la misma fue: ‘Contra el fascismo, por la libertad’.

El pacto de Lizarra que obliga a esta estrategia por parte de los partidos nacionalistas no sólo sigue en vigor, sino que constituirá, según anuncian quienes mandan en EA y el PNV, el eje central de su estrategia política, como demuestra la bonita suma de millones que se han adjudicado del dinero público a través del club privado de Udalbiltza. Sus resultados a la vista están, no sólo con los atentados y los muertos, sino también con un Parlamento incapaz de legislar, si no es al gusto de Lizarra, y al que el lehendakari ha dado esquinazo en cuanto ha podido con la ayuda inestimable del presidente de la cámara. Dicho de otro modo, se seguirá afirmando que el terrorismo expresa la existencia de un ‘conflicto político’, ofreciendo la ‘negociación’ al terrorismo fascista, el ‘diálogo sin exclusiones’, es decir, sin establecer como condición para dialogar que no se mate al interlocutor a la salida, y, por supuesto, siempre que se trate de dialogar sobre los principios y exigencias políticas del nacionalismo que ya ha definido ‘el conflicto’ en los términos de su propia ideología. Diálogo y negociación que no se practica, sin embargo, en el Parlamento que representa la voluntad de la ciudadanía vasca, como bien dejó claro Rubalkaba en su última sesión.

Frente a ello hay otra opción: hacer saber a los fascistas que ni el Gobierno de Madrid, ni el de París, ni el de Bruselas... ni el de Vitoria aceptarán jamás una negociación política con ellos. Hacerles saber que el único negocio político aceptable es el que se hace con la sociedad en las elecciones presentando propuestas y respetando los resultados. Dicho de otro modo, creo que la alternativa está también a la vista: frente al fascismo, democracia. Si HB, PNV, EA o IU entienden que la autodeterminación es de vital importancia para la sociedad vasca, la navarra o la francesa, que lo expliquen en sus programas electorales, pero que no lo establezcan como condición para el cese del terrorismo. Entre la opción de Lizarra -negociar con el fascismo vasco- y la opción constitucional y estatutaria -hacerle saber que no habrá negociación, en defensa justamente de la democracia- la ciudadanía vasca deberá elegir en las elecciones de mayo.

El número uno
MANUEL ALCÁNTARA El Correo  24 Febrero 2001

No se sabe bien hasta qué punto puede alterar la situación política el asesinato de dos obreros de la empresa Elektra, pero siempre que se mata a alguien, por muy poco influyente que sea, se comete un magnicidio. Todos los partidos lo han condenado, excepto EH, pero eso no es nuevo. La historia se repite, pero los muertos no. Sólo tenemos una vida y no podemos morir más que una vez. «Al paso de la edad», como esperaba morir Quevedo, o al paso de un coche bomba cuando caminemos por la acera.

Si consideramos noticia a algo que interrumpe la normalidad, estas salvajadas no lo son. Nos hemos habituado a ellas y nuestra capacidad de atención ha ido disminuyendo. «Ha habido otro atentado», dice alguien. «Qué barbaridad», responde el otro. Y apenas inquiere más datos. Si acaso pregunta si la víctima ha sido un político, un periodista, un militar, un niño que pasaba por allí o una señora que venía de la compra. Claro que no va a preguntar si era un obispo o un humilde párroco, ya que afortunadamente eso no ha sucedido nunca. Gracias a Dios sean dadas. Matar a alguien perteneciente al clero si sería noticia.

Los crímenes últimos, o penúltimos, que no sé si se han registrado más mientras escribo, han coincidido con la captura del que dicen que es el número uno de la banda. Se le atribuyen los asesinatos de Miguel Ángel Blanco, de Gregorio Ordóñez y de Fernando Múgica, entre otros varios. Un joven muy eficiente. Ya dijo Ortega y Gasset que el mando debe ser un anexo de la ejemplaridad y para ser el jefe de los comandos hay que demostrar que se mata mejor que los subordinados. De otro modo no se acataría su rango.

Siempre que se oye hablar de una inteligencia dirigida al mal, sea Hitler o un tipo más o menos corriente, hay que pensar que una de dos: o inteligencia o dirección maligna. Un asesino puede ser astuto, sagaz, incluso diabólico, pero no inteligente. «Que nunca fue sangriento el hombre de sutil entendimiento».

Los terroristas hacen «política»
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo   24 Febrero 2001

La respuesta ha sido sangrienta y elocuente. ETA ha dicho no a la tregua electoral que le suplicaba la dirección del PNV, y su negativa ha sido inequívoca: seis kilos de dinamita en un coche bomba, dos muertos y varios heridos de gravedad. La novedad estriba en que, en esta ocasión, los cadáveres pertenecen a personas próximas al mundo de la izquierda abertzale, lo que ha motivado alguna tímida crítica por parte de quienes dentro de ese universo consideran lógico y beneficioso que caigan asesinados representantes de partidos democráticos, miembros de las fuerzas de seguridad, jueces, funcionarios o periodistas, pero rechazan que lo que ellos denominan «el conflicto» provoque bajas en sus propias filas.

Pues bien, una vez más la «organización armada» (como la llaman ellos) ha fallado estrepitosamente en sus cálculos y ha derramado la sangre de dos trabajadores tan inocentes como cualquiera de las otras víctimas de los asesinos del hacha y la serpiente.

Desde el punto de vista político, sin embargo, el atentado perpetrado en San Sebastián contra un concejal socialista tiene varias lecturas interesantes. La primera es la que confirma el rotundo fracaso de Xabier Arzalluz y Joseba Egibar en su intento de obtener de la banda un cese temporal de la violencia con vistas a las elecciones. Un fracaso que viene de lejos, ya que ambos dirigentes no han dejado de exhibir el falso señuelo de otra tregua ante su propio partido desde que ETA rompiera la decretada en septiembre de 1998, y por el que una parte considerable del PNV quiere pasarles factura. Algunos nacionalistas encuadrados en lo que se denomina el sector moderado recuerdan, en efecto, que el propio Arzalluz se comprometió públicamente a dimitir si no salía bien su apuesta de Estella, aunque ninguno se atreve a exigirle que cumpla su palabra ante la evidencia y la magnitud de la catástrofe alcanzada.

Mientras sea él, a través del lehendakari, quien maneje los resortes del poder y el reparto de cargos y prebendas, no habrá quien le plante cara. Si el nacionalismo resultara derrotado en las urnas el próximo 13 de mayo, no tardarían en aparecer los cuchillos para apuñalar al César.

De ahí que desde varios terminales del PNV se hayan multiplicado en los últimos días los movimientos de aproximación a los sectores socialistas más proclives a un pacto con el nacionalismo (que los hay), en un intento desesperado de forjar acuerdos postelectorales que eviten al PNV el ostracismo de la oposición, aun a costa de sacrificar a algún líder. De ahí que dentro del mismo Partido Socialista existan fundados temores por parte de algunos destacados dirigentes opuestos a semejante matrimonio, que no terminan de ver claro el horizonte posterior al citado 13 de mayo. De ahí que arrecien las maniobras conspiratorias en el seno del mundo nacionalista, mientras se negocian a toda prisa listas conjuntas entre el PNV y EA, venciendo a duras penas rencores personales arraigados desde hace 15 años. Y de ahí también que ETA, que en el verano del 98 logró por fin atraer al nacionalismo llamado democrático a sus posiciones de rechazo al marco constitucional vigente, se niegue a soltar la presa.

La banda terrorista fue la clara, la única vencedora de la trágica apuesta de Estella, y prueba de ello son los 26 asesinados que jalonan el tiempo transcurrido desde entonces y la impotencia del PNV para salir de esa trampa. No vale el retorno a la ambigüedad (o sea, al PSE-PSOE), y para impedirlo, los terroristas han estado a punto de asesinar al concejal socialista en Ordicia. Volverán a intentarlo. Con el fin de desmarcarse de lo que pueda suceder, Ibarretxe se lava las manos convocando elecciones con tres meses de anticipación y sin disolver el Parlamento. ¿Quién será la víctima de la próxima respuesta política de ETA?

LA OCURRENCIA
Ciudadanos «precadáveres»
«¡Qué valiente eres!». Entre los centenares de ciudadanos amenazados por ETA en el País Vasco, que se ven obligados a circular con escolta, empieza a circular el apelativo de precadáver, como definición de su situación. Precadáveres son todos aquellos a quienes la gente se acerca con admiración, a la voz de «¡qué valiente eres!», para salir corriendo a continuación, por temor a verse implicada en un posible atentado. «Precadáveres» son aquellos que prácticamente no pasean con sus hijos. Los integrantes de esa nueva especie van en aumento.

EL PERSONAJE
Candidatos nonatos
Apeados de las urnas. En ocasiones, el veredicto inesperado de las urnas altera el destino de las personas, que quedan apeadas de los puestos a los que estaban destinados: es el caso de Javier Solana, proclamado candidato a las elecciones del 96 en una reunión celebrada en julio del 95 en Moncloa. Cuatro años más tarde el cuaderno azul de Pepe Bono situaba a Alfredo Pérez Rubalcaba como responsable territorial de Madrid; Jordi García Candau, de Valencia; Paco Vázquez, de Galicia y Pedro Silva, de Asturias. Ganó Zapatero.

LA NOTICIA
Fin del «cuarto turno»
Obsesión del Gobierno. Uno de los objetivos de Angel Acebes con su anunciada reforma de la Justicia es terminar con los llamados tercer y cuarto turnos, establecidos en la reforma socialista de 1985 para purgar la Judicatura e introducir en ella a gentes más o menos afines. Por ese camino han accedido a la jurisdicción civil del País Vasco personajes muy cercanos a la izquierda abertzale, y se ha convertido en una obsesión del Gobierno la posibilidad de que pudieran alcanzar, con el tiempo, puestos con mayor capacidad de decisión.

Dignidad y cohesión
Editorial El Correo  24 Febrero 2001

La respuesta ciudadana frente al doble crimen de Martutene y las actuaciones policiales de los últimos días, que a todas luces han permitido desmantelar una parte importante del operativo etarra, constituyen las dos bazas con que cuenta la sociedad democrática a la hora de poner barreras a la bárbara ofensiva de la banda terrorista. La cohesión social frente a toda expresión violenta de la intolerancia constituye la primera muralla en la defensa de la libertad, sin la cual las personas que el sadismo de ETA mantiene en su particular corredor de la muerte y, en general, los ciudadanos que necesitan mostrar su hastío ante tanta sinrazón, se sentirían doblemente desamparadas.

La movilización unitaria es el vínculo activo que cada vasco demócrata precisa para comprometerse junto a esas otras personas que, diferencias políticas aparte, piensan como él en lo fundamental. Pero, además, ese vínculo constituye el antídoto esencial para que el cuerpo social no se vea afectado, ni siquiera levemente, por la tenacidad con que el fanatismo terrorista ataca los valores fundamentales de la vida y la convivencia, generando contradicciones entre los actores del sistema democrático y segregando una apología descarnada o sutil de la violencia que penetra por cualquier resquicio que la sociedad deje abierto. La fatalidad autocompasiva, la inhibición ante el compromiso, la cobardía moral, o el abrumador silencio en que muchos ciudadanos se guarecen ante la evidencia incontrovertible del asesinato forman, a estas alturas, parte de la trama de complicidades con que cuenta el terror en la sociedad vasca. Por eso mismo, la manifestación de ayer en San Sebastián y cuantas movilizaciones se caractericen por una convocatoria unitaria, un mensaje claro, una asistencia masiva y una respuesta inmediata serán las que templen esa coraza de dignidad que el pueblo vasco ha de recuperar para extirpar de una vez por todas su cáncer violento. Sólo así se podrá desterrar la cínica desfachatez que ayer volvieron a mostrar Arnaldo Otegi y Rafa Díez, rindiendo su peculiar homenaje a la memoria de las víctimas, mientras se sacudían toda responsabilidad respecto a la propia existencia de ETA y negaban voluntad democrática a quienes a la tarde se iban a manifestar por la paz y la libertad por las calles de Donostia.

También ayer, los dos responsables de interior -el ministro y el consejero- comparecieron para dar cuenta de las importantes actuaciones policiales desarrolladas contra ETA. Sería temerario aventurar hoy la consecuencia final de dichas detenciones. Pero el hecho mismo de la oportuna intervención de la policía francesa, la Policía Nacional y la Ertzaintza permite recordar que hay entre nosotros quienes se oponen a que la sociedad democrática se dote de sus propios mecanismos de defensa y persecución del delito, y que tal actitud encuentra un extraño eco entre partidos e instituciones que se resisten a considerar a las fuerzas de seguridad y a los cuerpos policiales como baluartes fundamentales en la lucha contra el terrorismo. No es otro el origen del falso dilema entre soluciones policiales y soluciones políticas, a través del que el nacionalismo democrático conduce sus propios planteamientos estratégicos hacia un callejón sin salida. No es otra la razón de que la necesaria actuación policial contra el terrorismo haya sido obviada en prácticamente todos los discursos pronunciados por Ibarretxe desde que es el responsable último de la Ertzaintza. Ayer mismo, dando muestras de su particular sentido de la oportunidad, Xabier Arzalluz volvió a recordar que tras ETA se halla el problema vasco, y a sugerir de nuevo la contraposición entre actuación policial y diálogo.

Al día siguiente de que ETA asesinara a dos ciudadanos vascos, y de que estuviera a punto de perpetrar otra masacre, distintas voces del nacionalismo volvieron a invocar «soluciones reales» y «de diálogo». En ocasiones, la desvergüenza de quienes siempre exculparán a ETA de toda responsabilidad sobre sus crímenes parece confundirse con las palabras ingenuas y huidizas de aquellos que prefieren cerrar los ojos ante la naturaleza intratable del terrorismo. Pero, hoy por hoy, no es posible ni conveniente un diálogo distinto al protagonizado por los convocantes de la manifestación de ayer para reconstruir la unidad frente al enemigo común, el terrorismo; convocantes que, con su iniciativa de ayer, se obligan a responder de igual forma ante cualquier otro asesinato que cometa ETA. Hoy por hoy, la sociedad democrática no cuenta con otra solución frente al terrorismo que la de preservar su propia dignidad y cohesión mientras trata de poner a los criminales en manos de la Justicia. Porque el dato fundamental que distingue la realidad de cualquier deseo es que ETA sigue jalonando de sangre su camino para así tratar de impedir la paz de la libertad y doblegar la voluntad del conjunto de la sociedad vasca a través del chantaje a que somete al nacionalismo.

Los donostiarras exigen a Eta que deje de matar
Más de 20.000 ciudadanos inundaron las calles de San Sebastián para mostrar su repudio a la barbarie etarra
Hacía tiempo que los partidos políticos del País Vasco no caminaban juntos. Tras una pancarta con el mensaje «Eta no Paz y Libertad» y desafiando a la intensa lluvia que ayer castigó la capital donostiarra, representantes de todas las formaciones democráticas vascas caminaron por las lluviosas calles de San Sebastián para mostrar una vez más su rechazo a la sinrazón etarra y para exigir a la banda asesina que deje de matar. Numerosos representantes de la vida política vasca unieron su voz en un solo grito contra Eta, a pesar de que la «guerra» electoral entre sus formaciones está en ciernes. Una hora después de su inicio, la marcha volvió al punto de partida, en donde se guardaron cinco minutos de silencio.
E. Mejuto - S. Sebastián.- La Razón  24 Febrero 2001

Si tuviéramos que titularlo de alguna manera, diríamos que lo vivido ayer en San Sebastián fue una clara muestra del deseo de paz y libertad de la sociedad vasca. El punto de salida, el habitual. Pero la respuesta de la sociedad vasca fue aún mayor si cabe. La indignación ante la situación de terror a la que el mundo de Eta pretende someter a una sociedad se respiraba entre la multitud formada por más de 20.000 donostiarras que ayer recorrió las calles de la capital donostiarra en un clamor popular contra Eta.

    Todas, las formaciones democráticas, con la acostumbrada ausencia de la formación proetarra Euskal Herritarrok, y representantes de distintos sindicatos del País Vasco recorrieron las calles de la capital donostiarra mostrando en silencio su duelo ante los últimos asesinatos de Eta y un unánime rechazo de la banda terrorista. Acudieron todos, aparcando, por un día, sus enormes diferencias justo cuando se ha iniciado la carrera electoral con los ojos puestos en la fecha clave del 13 de mayo.

    Todos salvo EH, los socios del PNV en Estella que, una vez más, fueron incapaces de manifestarse en contra de la barbarie terrorista cuando la situación vasca ha legado a tal punto que los asesinos acaban con todo lo que se muestre en contra de su nacionalismo radical. Una gran pancarta sostenida por representantes de todas las formaciones políticas junto con familiares de las últimas víctimas de la banda encabezaba la marcha, que discurrió en un silencio cortado sólo con unos gritos iniciales que, pidiendo «libertad y paz», señalaban que, «contra el fascismo, menos cinismo» ya que, contra él, «no hay de qué hablar».

    Entre los representantes políticos, además del «lendakari» Juan José Ibarreche, destacó la presencia, entre otros, del presidente de los populares vascos, Carlos Iturgaiz, quien señaló la necesidad en la que se encontraba Eta de escuchar a la sociedad vasca, «que le pide de manera unánime libertad y paz». Por el PP también se encontraba su secretario general en el País Vasco, Carmelo Barrio, mientras que el secretario general de los socialistas vascos, Nicolás Redondo Terreros; el alcalde de San Sebastián, Odón Elorza; el coordinador de IU-EB, Javier Madrazo y Enriqueta Benito, de UA, también quisieron encabezar la marcha en la que dos decenas de miles de donostiarras repudiaron a Eta a pesar de la intensa lluvia.

    Como representantes del Ejecutivo vasco, su portavoz, Josu Jon Imaz, y Juan María Atucha, presidente del Parlamento vasco, acompañaron a Ibarreche, quien previamente había acudido al Hospital de Aránzazu de San Sebastián para visitar a los tres heridos que permanecen ingresados como consecuencia del atentado.
    Es destacable igualmente la presencia del consejero de Interior de Cataluña, Javier Pomés, quien acudió a la manifestación en representación del Gobierno de la Generalitatque. Pomés expresó la disposición del Ejecutivo catalán de ayudar en la resolución del problema vasco.

Dos de los etarras detenidos dinamitaron de madrugada un centro de menores
SAN SEBASTIÁN. ABC  24 Febrero 2001

El centro de rehabilitación de menores de la localidad guipuzcoana de Zumárraga quedó en la madrugada del jueves al viernes totalmente destruido como consecuencia de la explosión de varias bombas que tres miembros de ETA habían colocado en su interior. El centro, cuya inauguración estaba prevista para mayo, había supuesto una inversión de seiscientos millones de pesetas.

El atentado fue perpetrado sobre las once de la noche del jueves por tres individuos encapuchados, armados con pistolas y un fusil, que, tras reducir a dos guardias jurado que custodiaban el edificio, colocaron varias cargas explosivas en diferentes puntos del local. Al menos dos de los tres autores del atentado fueron detenidos ayer por su relación con el «comando Donisti».

Los encapuchados obligaron a los guardias a introducirse en sus vehículos particulares, los trasladaron hasta un camino vecinal y los dejaron atados y amordazados. De regreso al centro de menores, los etarras colocaron varias cargas explosivas dispuestas con un temporizador. Posteriormente se dieron a la fuga.

Poco antes de la medianoche, los guardias lograron desatarse y dieron aviso a la Ertzaintza, pero a los pocos minutos se produjeron las explosiones. Los efectivos policiales que llegaron al lugar acordonaron la zona y se vieron obligados a esperar a que amaneciera para que los técnicos en desactivación de explosivos pudieran inspeccionar el inmueble, comprobar que no había más bombas y examinar los restos de los artefactos utilizados. El modus operandi de los autores del atentado es similar al empleado por los etarras que el 10 de septiembre del pasado año destruyeron la discoteca «Txitxarro», en la localidad de Deba.

Las bombas colocadas en Zumárraga ocasionaron importantes daños materiales cuyo alcance exacto tendrán que determinar los técnicos del Departamento de Justicia, aunque las primeras valoraciones de daños apuntan a que el centro ha quedado totalmente destruido.

El consejero de Justicia, Sabin Intxaurraga, lamentó ayer que los jóvenes que iban a ser ingresados en el centro «van a verse privados de un local modélico y en definitiva van a estar cumpliendo las medidas previstas por los jueces en otros centros que no reúnen las condiciones tan idóneas».

Por su parte, la Junta de Portavoces del Ayuntamiento de Zumárraga aprobó ayer, con los votos de todos los partidos y la abstención de Euskal Herritarrok, un comunicado de condena calificando el atentado como «un ataque frontal al pueblo vasco» que sufragó el coste de su construcción. Asimismo interpretan el atentado como «un ataque más a una parte del autogobierno», ya que es el Ejecutivo vasco el que detenta las competencias en justicia juvenil.

En este contexto, preguntan tanto a los autores del atentado como a quienes «callan ante el mismo», «si éste es el camino hacia la soberanía y si ésta es su aportación a la dispersión de los jóvenes vascos por centros del Estado». La secretaria institucional del PSE, Gemma Zabaleta, condenó los destrozos y afirmó que «debemos acabar con el fascismo antes de que acabe con nosotros».

Pujol y Ferrusola, o cómo pasar del nacionalismo a la xenofobia
Impresiones El Mundo   24 Febrero 2001

El presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, afirmaba ayer que «la gran mayoría» de los ciudadanos, «el 80 por ciento de las opiniones» de los oyentes de radio, están de acuerdo con su esposa, Marta Ferrusola, sobre la integración de los inmigrantes. Ferrusola había acusado a éstos de intentar «imponer» su religión y su cultura. Ahora, Pujol vuela en socorro de su esposa, como ya lo había hecho su conseller en cap, Artur Mas. Y, aunque reconozca que el lenguaje «directo y franco» de su mujer puede causarle a la Generalitat «un determinado problema si se expresa de una manera que haya gente que considere que no es la adecuada», en ningún momento se distancia de sus opiniones ni, mucho menos, las denuncia. Esta muestra de cariño y lealtad marital resultaría más emocionante y, desde luego, convincente si no fuese porque Pujol tiene graves responsabilidades políticas que deberían obligarle a mostrarse intransigente ante cualquier manifestación que alimente la hidra de la intolerencia, que pueda dar argumentos a los salvapatrias xe- nófobos. Pero, claro, ahí está ese germen siempre latente de intolerancia que anida en todo nacionalismo (en el nacionalismo español, también). En el País Vasco estamos viendo que el PNV, si ha de escoger entre democracia y nacionalismo, se acaba inclinando por el nacionalismo. ¿Harán lo propio los catalanes de CiU en una disyuntiva entre tolerancia del forastero y nacionalismo? Hay que temer, a la luz de este incidente, que así sea. Resultó revelador -casi freudiano- que la presidenta aportase esta curiosa idea sobre las expulsiones de inmigrantes: «El que se quede en Cataluña que hable catalán, porque el castellano sí lo hablan».

Homenaje a la butifarra
EDUARDO MENDICUTTI El Mundo 24 Febrero 2001

Las barrabasadas que soltó contra los inmigrantes doña Marta Ferrusola de Pujol tienen un lado malo y un lado bueno. El lado malo -la hemorragia de hostilidad contra los más débiles, el espíritu de cruzada violenta contra los diferentes, la pavorosa falta de compasión, el brutal alarde de nacionalismo cerril -es casi del tamaño de la desdicha del País Vasco (se puede matar de muchas maneras), y el lado bueno, en cambio, es pequeñito y liviano, pero eso sí, entrañable: el lado bueno es la defensa de la butifarra.

«No basta con acogerlos» ha dicho la honorable consorte, muy farruca, «tiene que ser con su comida». O sea, que les das una butifarra, con lo rica y lo catalana que es la butifarra, y dicen que ni hablar, que su religión pagana y su cultura nada catalana no les permiten comer butifarra. Y lo que viene a decir doña Marta: ¿Se puede consentir semejante afrenta a la butifarra? Bien mirado, este lado bueno de la particular Ley de Extranjería de la señora Ferrusola -el honor a salvo de la butifarra-, explica de sobra su inevitable y llamativo lado malo. Porque a los inmigrantes que llegan se les deja sin trabajo, sin techo, sin ayudas a la natalidad, sin mezquitas, sin derecho a decir «dame de comer», sin palabras, sin esperanza, pero algo hay que hacer, argumenta doña Marta, si queremos que se respete como se merece nuestra butifarra.

Más aún: por el honor amenazado de la butifarra, doña Marta Ferrusola es capaz incluso de poner a su marido en situación muy comprometida. Porque ha dicho doña Marta; «Mi marido está cansado de dar viviendas sociales a magrebíes y gente así...». Para que luego los magrebíes y gente así se nieguen a consumir, en el comedor de diario y en el comedor de protocolo de esas viviendas sociales, butifarras. Con razón está cansado el marido de doña Marta, según doña Marta. Porque, por lo visto, doña Marta es de esas señoras de su señor que van por ahí contando lo que dice su marido, lo que piensa su marido, lo que siente su marido, lo que ha hecho o dejado de hacer su marido. En una de éstas, el marido queda fatal, pero el hombre no dice ni mu. Pues bien: yo creo que esto es algo que los nacionalistas catalanes acérrimos nunca le agradecerán bastante al señor Pujol: arriesgarse a quedar como un calzonazos con tal de rendirle el merecido homenaje a la butifarra.

(En el País Vasco, algunos siguen empeñados en rendir a su butifarra homenajes sangrientos).

La mujer del César
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo  24 Febrero 2001

No hay mayor error que no saber corregir a tiempo los errores anteriores.

Erró Marta Ferrusola al pronunciar el discurso racista contra los inmigrantes, volvió a errar el delfín Artur Mas al ampararla con una argumentación justificativa y ha errado Jordi Pujol al cubrirla con el capote de la Generalitat de Cataluña.

Tres equivocaciones sucesivas que desembocan, además, en la gran equivocación de Convèrgencia i Unió que, como los tres célebres monos, no ha oído los propósitos xenófobos de la consorte, no habla sobre la coartada del heredero y no ve lo que hace el Honorable mientras cientos de sin papeles continúan encerrados en iglesias de Barcelona.

Tres líderes y una coalición que han perdido los papeles, porque honra tanto al ciudadano Pujol como deshonra al político Pujol la defensa de su consorte sobre la base de establecer una inexistente separación entre lo que dice su señora y lo que se hace desde la plaza de San Jaime.

Por lo visto, escuchado y silenciado, la mujer del presidente de la Generalitat, al contrario de la del César, no sólo debe ser racista sino también parecerlo.

Por mucho menos de lo dicho por la señora Pujol, el vicepresidente socialista del parlamento andaluz, Rafael Centeno, tuvo que presentar su dimisión.

Bien es verdad que cometió la ignominia de permitir que durante más de una semana las sospechas recayeran en un diputado popular, pero bien es verdad, también, que sus comentarios racistas no estaban destinados a los medios de comunicación como los manifestados por Marta Ferrusola.

De igual modo, su carácter íntimo podría haber sido utilizado por el presidente Manuel Chaves para adelantarse a Pujol a la hora de formular una distinción sibilina entre lo que una persona dice en privado y lo que la Junta de Andalucía hace públicamente.

Nunca sabremos lo que habría ocurrido si Centeno no hubiese escondido la mano después de arrojar la piedra xenófoba, pero el hecho cierto es que en Cataluña destacadas personalidades parecen disponer de una carta blanca para denigrar a los negros que, afortunadamente, parece no existir en Andalucía.

Esa es la diferencia entre un Centeno solitario y una Ferrusola arropada. Flaco favor le hacen al Gobierno de José María Aznar, en las vísperas de la negociación entre Jaime Mayor Oreja y Jesús Caldera, estos tres abanderados catalanes de la Ley de Extranjería.

Si ningún dirigente de CiU rectifica a Ferrusola, y todos cierran fila con sus despropósitos, podría entenderse que la mujer del César se haya limitado a exponer en voz alta lo que el César expone en voz baja. Pudiera ser, un hombre tan inteligente como Pujol no puede actuar tan torpemente, que no fuese un desliz sino un sutil mensaje enviado a una sociedad catalana en la que, como las cercanas europeas, el racismo avanza en la misma medida que crecen los inmigrantes. Al fin y al cabo, estos últimos no votan y hasta hace poco el único negro que conocían los catalanes era el que estaba disecado en el museo de Bañolas.

Polémica por un folleto de historia catalana
El Mundo   24 Febrero 2001

BARCELONA.- La consejera de Enseñanza de la Generalitat, Carme-Laura Gil, defendió ayer el hecho de que su departamento haya enviado a los colegios catalanes un folleto, editado por Omnium Cultural, en que se recalca que la historia de Cataluña es diferente de la española.

El contenido de este folleto ha sido criticado por el Grupo Popular, que ha pedido su «inmediata retirada». La diputada del PP en el Parlamento autonómico Carina Mejías ha denunciado que el envío de este folleto obedece a «la indisimulada voluntad del departamento de Enseñanza de estimular el enfrentamiento con una visión políticamente tendenciosa del encaje de Cataluña con España».

La consejera ha afirmado que esta hoja divulgativa de Omnium Cultural «es un folleto interesante, en que hay unos datos históricos interesantes y que además son los que dicen todos los libros de Historia». El documento, según Carme-Laura Gil, «se ha enviado a los centros escolares, como se envían otras cosas sobre medio ambiente y sobre educación viaria». «Enviamos continuamente cosas que nos parecen que son útiles para los colegios y si el colegio no lo quiere emplear, pues no lo emplea, esto es indudable», ha agregado la consejera de Enseñanza en declaraciones a los periodistas.

La hoja divulgativa de Omnium Cultural es una relación de hechos de la historia de Cataluña desde la época carolingia hasta el retorno de la democracia en 1975, que se califican con una estrella, si se consideran propios de «la historia propia y diferenciada de Cataluña», dos estrellas, si pertenecen a la «historia compartida con el Estado Español pero enfrentada» y tres estrellas si forman parte de la «historia compartida».

El polémico documento afirma también que de esta relación de hechos históricos se desprende que «Cataluña fue independiente durante cinco siglos y jurídicamente durante siete siglos y que la independencia se perdió por la fuerza de las armas».

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