AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 26  Febrero  2001
#El compromiso de Aznar 
Editorial ABC 26 Febrero 2001

#Rogar a ETA o combatir a ETA
Edurne Uriarte. Profesora de Ciencia Política. Universidad del País Vasco ABC 26 Febrero 2001

#La ertzaintza puede funcionar
Enrique de Diego Libertad Digital  26 Febrero 2001

#EL HUNDIMIENTO DE ETA Y LA DESFACHATEZ DE ARZALLUZ
Editorial El Mundo   26 Febrero 2001

#El País Vasco es y seguirá siendo España
Editorial La Razón   26 Febrero 2001

#El Gobierno vasco pretende imponer el euskera al personal de Justicia
F. Velasco - Madrid .- La Razón   26 Febrero 2001

#Elegir bien
ANTONIO GALA El Mundo  26 Febrero 2001

#Ferrusola
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 26 Febrero 2001

#ANACRONISMO Y ESPERANZAS, MAYOR OERJA Y EL PAÍS VASCO
ANTONIO PAPELL, periodista La Voz 26 Febrero 2001

#La Guardia Civil logra desmantelar la infraestructura logística del 'comando Donosti'
M. ORMAZABAL San Sebastián El País  26 Febrero 2001

#Que el silencio lo diga todo
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 26 Febrero 2001

#Mayor Oreja
Jaime CAMPMANY ABC 26 Febrero 2001

#Esperanza para Euskadi
CASIMIRO GARCIA-ABADILLO El Mundo 26 Febrero 2001

#Alternancia y consenso
Editorial El Correo 26 Febrero 2001

#La mujer del César
Editorial El Correo  26 Febrero 2001

#Stanley G. Payne: «El País Vasco no va a ser independiente»
Javier Ors - Madrid .- La Razón   26 Febrero 2001

#Sopa de cebolla
JAVIER MINA El Correo 26 Febrero 2001

El compromiso de Aznar 
Editorial ABC 26 Febrero 2001

El jefe del Ejecutivo, José María Aznar, presentó ayer en Bilbao, ante las juventudes del Partido Popular Europeo convocadas por Nuevas Generaciones, el discurso del PP como alternativa de gobierno en el País Vasco. Por primera vez, la sociedad vasca recibe un mensaje distinto al nacionalista como programa probable para su futuro político, basado en la defensa de la Constitución y del Estatuto, en la reivindicación del País Vasco como parte de España y en la derrota política y operativa de ETA como objetivo prioritario del nuevo Ejecutivo vasco. La diferencia cualitativa de la actual sociedad vasca frente a etapas anteriores es que los principios defendidos por Aznar en su discurso de ayer ya no son percibidos como los dogmas de una minoría despreciada, de la que había que renegar para no molestar al nacionalismo, sino como los ejes de una opción política que anima e ilusiona a quienes habían caído en la resignación fatalista.

El discurso de Aznar se apoyó en cuatro compromisos: defender la libertad, derrotar a ETA, hacer posible el cambio político en el País Vasco y liderar ese cambio. La simple constatación de que este mensaje ha calado en amplios sectores de la sociedad vasca está desarbolando la estrategia nacionalista, basada desde tiempos inmemoriales en la existencia de un conflicto político que hacía imposible que los no nacionalistas pudieran ser protagonistas de la vida pública vasca, en cualquiera de sus ámbitos, y que justificaría indefinidamente la violencia de ETA. La penetración social de discursos como el del PP o el de los socialistas, o el de ambos en el Pacto contra el Terrorismo y por las Libertades, es la progresiva negación de ese conflicto y, al mismo tiempo, la afirmación de que el único conflicto que hay en el País Vasco es el que enfrenta a ETA con el Estado de Derecho. La transformación política del País Vasco está siendo mucho más radical de lo que el nacionalismo puede o quiere reconocer; tan profunda que el discurso constitucionalista del PP rivaliza con el discurso nacionalista como opción de gobierno. Bien lo expresó Aznar cuando aseguró que «no estamos aquí para resistir». Desde Ermua hasta hoy media todo un proceso de liberación de conciencias y de miedos con el que no contaba el nacionalismo.

Los hechos avalan el compromiso múltiple de Aznar. El bloque de partidos constitucionales está en condiciones de optar al Gobierno de Ajuria Enea, lo que obligaría al nacionalismo a una reconversión inevitable durante su paso por la oposición, cuestionando a líderes y estrategias que han arruinado políticamente a la Comunidad vasca. La Guardia Civil y la Ertzaintza han encadenado dos golpes contra el «comando Donosti», auténtico escuadrón de la muerte del nacionalismo radical. También cayó García Gaztelu, máximo dirigente de la banda terrorista. El cambio es posible y derrotar a ETA también.

El discurso de ayer tuvo además el valor añadido de ser pronunciado ante jóvenes populares europeos, que llevarán a sus países la imagen y la realidad de una España democrática, firme y dinámica, antagónica de los viejos clichés que circularon hasta hace no mucho por las democracias europeas. Pero, ante todo, se irán con la convicción de que los demócratas europeos tienen un compromiso ineludible en el País Vasco con la democracia y con la libertad, amenazadas de muerte por el terrorismo etarra, con el que especula indignamente el nacionalismo gobernante. Lo mismo les sucederá a los líderes europeos que avalaron con su presencia la actitud de Aznar frente a ETA y la apuesta del PP por el cambio en el País Vasco. Su apoyo a Aznar es el fracaso del PNV ante la Europa que los nacionalistas creían dispuesta a bendecir, una soberanía vasca esculpida a golpe de bombas y de balas. Silvio Berlusconi, Wilfred Martens, Hans-Gert Pöttering y Angela Merkel renovaron la unión de las democracias de la vieja Europa con los valores por los que hace más de sesenta años decidieron enfrentarse al totalitarismo nazi. Es el mismo sacrificio que ahora han asumido los miles de ciudadanos vascos que en las cátedras, los periódicos, los partidos, las fábricas y las oficinas ya han agotado su paciencia y quieren un futuro mejor y más digno que el pasado vivido hasta ahora.

Rogar a ETA o combatir a ETA
Por Edurne Uriarte. Profesora de Ciencia Política. Universidad del País Vasco ABC 26 Febrero 2001

TRAS cada asesinato, todos repiten palabras y frases hechas de rechazo y condena a ETA. También los nacionalistas, que, conscientes de que la reacción de los vascos contra ETA está cada vez más alejada de las soluciones nacionalistas, han dado un sutil viraje y pretenden incluso aparecer como los líderes principales del rechazo social a ETA. Ibarretxe quiso liderar la manifestación del viernes en San Sebastián, incluso utilizó la palabra libertad en su comparecencia, y la Ertzainza por fin ha realizado lo que parecen ser unas detenciones de importancia. Como ya estamos en la precampaña electoral para unas elecciones en las que se decidirá qué van a hacer las instituciones vascas contra ETA, es importante poner a cada cual en su sitio, muy especialmente a este nacionalismo que hoy está en el dolor por los crímenes, mañana en las manifestaciones contra ETA y pasado comprendiendo los motivos de ETA, y es necesario clarificar qué significan todas esas palabras y frases hechas de rechazo y condena, es decir, en qué tipo de propuestas políticas se traducen, y, también, qué interpretaciones intelectuales las sostienen.

Porque hay dos propuestas políticas muy diferenciadas en relación a ETA, y por mucho que los partidos políticos salgan juntos en San Sebastián en una manifestación consensuada «por la paz y la libertad, no a ETA», el no a ETA de unos y otros tiene muy poco que ver. Eso sí, detrás de esas propuestas, hay interpretaciones intelectuales bastante más numerosas que alimentan a una y otra y que presentan una confusión que a veces afecta nuestra capacidad de comprender la diferencia entre las dos propuestas políticas.

Distingamos que para conseguir la paz y la libertad de la pancarta del viernes, la fórmula de unos es combatir a ETA y la de otros es rogar a ETA que pare, que, por favor, deje de matar. Partido Popular y Partido Socialista propugnan la acción del Estado contra ETA y PNV y EA prometen la inacción del Estado ante ETA. Los primeros creen que el Estado de derecho debe combatir a los terroristas, es decir, que los cuerpos policiales y el aparato de justicia deben trabajar para detener a los criminales, juzgarlos y encarcelarlos. Que eso se complemente con medidas de enseñanza de los valores democráticos, la tolerancia, etc. en el sistema educativo, no obsta para que la propuesta política principal sea la de la obligación del Estado democrático de perseguir y condenar a quienes asesinan.

La idea del combate a ETA, de la preeminencia de ese combate, está más clara que nunca en el PP y en el PSOE, y el pacto antiterrorista es la plasmación de esa claridad y de esa voluntad. Lo que ahora está pendiente es extender ese combate a una parte del Estado de Derecho que no lo está poniendo en práctica, es decir, al Gobierno Vasco. Porque estos dos partidos tienen la voluntad, pero no, por el momento, la posibilidad de poner al Gobierno Vasco a perseguir a ETA. Y esto tiene como consecuencia que en la región española en la que ETA más actúa, tanto con asesinatos como con coacciones y amenazas, el Estado de Derecho, el transferido Estado de Derecho, permanece pasmosamente inactivo frente a los crímenes, cuando no clamando por los «derechos» de los criminales (recuérdese al Consejero de Justicia en alguna manifestación por los presos etarras).

El Gobierno Vasco mira los crímenes en lugar de combatirlos porque ésa es la propuesta de los dos partidos de gobierno, PNV y EA. Los nacionalistas no han manifestado nunca su voluntad de combatir a ETA, sencillamente, porque no la tienen. Su propuesta política para las instituciones que gobiernan y pretenden seguir gobernando es esperar que ETA deje de matar, confiar en que los criminales cambien de opinión en algún momento, en definitiva, pasividad aderezada con rogativas periódicas a los criminales. Es por eso que las frases que más repiten son esas de que «ETA pare» o «pedimos a ETA que se disuelva».

Hay tres tipos de debates político-intelectuales que sostienen de una forma u otra estas dos propuestas de acción o inacción política frente a ETA: 1) la referida a la naturaleza de los etarras y a sus objetivos, 2) la referida a las dificultades de la lucha policial contra ETA, y, 3) la referida a la estrategia de ETA. Sobre la naturaleza de los etarras y de sus objetivos, las diferencias entre las dos interpretaciones existentes son ya muy conocidas: frente a la idea de que los objetivos son antidemocráticos y los etarras meros criminales, los nacionalistas dicen que los objetivos de ETA son legítimos y que los etarras son chicos descarriados que no acaban de entender que no es así como se consiguen los objetivos nacionalistas. Es por eso que tras el asesinato de dos trabajadores en San Sebastián, Ibarretxe se dirigía a los asesinos como un padre enfadado a sus hijos: «¿para qué? ¿por qué? ¿esto es construir Euskalherria? ¿es éste el camino de paz y soberanía que ofrecéis? Os exijo con todas mis fuerzas que dejéis de matar».

Los otros dos debates son más confusos y gentes de todo tipo se mezclan en unas teorías y otras. Respecto a la lucha policial contra ETA, ha calado muy profundamente en los últimos años la idea de que es muy difícil o imposible acabar policialmente con ETA. Y esta tesis no es sólo de los nacionalistas que no quieren acabar policialmente con ETA, sino de mucha otra gente que desconfía de las posibilidades de éxito del Estado de Derecho contra un grupo terrorista como ETA. Lo cierto es que la fuerza de esta convicción ha servido para sostener la estrategia de las rogativas de los nacionalistas, porque será más fácil convencerles que vencerles, y ha debilitado tradicionalmente la acción del Estado de Derecho, porque es imposible deshacer las tramas sociales que sostienen a los etarras y no podemos esperar acabar con ETA policialmente.

Además, ha habido y hay un tercer tipo de debate, el de las interpretaciones de la estrategia de ETA. Sesudos analistas de todo tipo piensan que hay algo más que esa simpleza que defendemos algunos de que la estrategia de ETA consiste en eliminar a todos los demócratas que puedan, sean del PP, del PSOE, o ciudadanos que pasaban por allí, para instaurar un estado totalitario. Piensan que ETA tiene sutiles estrategias como la de radicalizar al PP y al gobierno central para así legitimar sus propias acciones, o, la de radicalizar al PSOE para echarlo en brazos del PP e impedir el pacto del PSOE con el PNV, tesis, esta última, del editorial del Deia tras el último crimen etarra. Consecuencia de todas estas cábalas sobre las intencionalidades profundas de ETA suele ser eso de que no hay que hacer el juego a ETA y no debemos caer en su trampa con nuestra radicalización, es decir, con nuestro empeño en perseguirlos.

Sería recomendable que tantos y tantos intérpretes de ETA leyeran simplemente el perfil de uno de los máximos jefes de ETA, García Gaztelu, detenido el jueves (véase el artículo de Álvaro Martínez en este periódico) para dejar de confundir con tantas tonterías sobre chicos descarriados o estrategias profundas. Sólo podrán ver a un asesino sádico, frío, brutal, intelectualmente limitado, sin más estrategias que la de eliminar a todos sus enemigos.

Respecto al combate contra ETA, la detención de García Gaztelu y las detenciones de la Ertzaintza en Guipúzcoa también han demostrado que sí es posible acabar policialmente con ETA. Pero para eso es necesaria una voluntad de combate a ETA, no de rogativas a ETA, y una decisión de poner también a las instituciones vascas a trabajar en ese combate. Y esto es lo que los nacionalistas no han hecho en veinte años por mucho que ahora hayan empezado a darse prisa para colarse en la cabecera de la reacción de los ciudadanos vascos contra ETA.

La ertzaintza puede funcionar
Por Enrique de Diego
Libertad Digital  26 Febrero 2001

Una de las lecciones de los últimos días es que la policía autónoma vasca puede funcionar. No está aquejada de ningún mal metafísico, ni son inútiles esenciales, con taras que les impidan detener delincuentes salvo por la llamada obediencia debida, es decir, por la existencia de órdenes superiores. Vemos, pues, que en etapa preelectoral los policías autonómos son capaces de detener a terroristas tan peligrosos como Iñigo Guridi Lasa, e incluso adelantarse a las Fuerzas de Seguridad del Estado. Eso implica dos lecciones: que la mayoría de los contribuyentes, incluidos buena parte de los nacionalistas, ven mucho mejor que haya seguridad en las calles, con disfrute de los derechos y libertades sin riesgo para la vida, que el golpismo desde arriba, con inhibición en la política de orden público, que significa Estella/Lizarra y que ha practicado Ibarretxe. Por eso, el PNV, como arma electoral, pide ahora eficacia policial.

La segunda es que la solución policial, con la reducción drástica de las víctimas, a través de algo tan obvio como detener a los asesinos y quitarlos de la circulación, es posible. Incluso con el PNV en etapa preelectoral, cuando los ciudadanos no están por la labor de los cobardes relativismos morales de Xabier Arzalluz. Seguramente, funcionaría mucho mejor, y en todo momento, con un gobierno constitucionalista. Desde su creación, la finalidad originaria de la policía autónoma era su mayor capacidad, por una supuesta superior autoridad moral por ser “de aquí”, para acabar con el terrorismo. Como ha venido protestando el sindicato mayoritario Erne, ello no ha sido posible por las órdenes recibidos de la cadena de mando Arzalluz-Ibarretxe-Balza. La policía autonóma está demasiado politizada, sus cargos, del tipo de comisario de seguridad ciudadana, que en todas las policías del mundo son profesionales, aquí son políticos de libre designación.

En las importantes operaciones de los últimos días, desde la detención de García Gaztelu, hasta las de Aitor Aguirre y Asier Arzalluz, no ha habido suficiente coordinación. Si la hubiera, entre el Gobierno de la nación y el vasco, es de lógica concluir que los resultados serían mucho más eficaces.

El nacionalismo ha de dejar de vivir de sus matones y ofrecer algún proyecto mínimamente constructivo. No lo creo capaz, y por eso me parece que recurre a la violencia como un elemento consustancial de su praxis, pero nada me encantaría más que me desmintieran.

Estas detenciones en cadena se producen cuando Eta ha manifestado su última filosofía estrictamente genocida. Algo que siempre ha existido pero que se sublimaba a través de elucubraciones ideológicas o cuanto menos estratégicas. La doctrina más sostenida era la de acción-reacción, tratando de extender al conjunto de la población los efectos de la “represión” del Estado para provocar un levantamiento. La real, ha sido la estrictamente fascista de la eliminación del contrario. El último atentado de Martutene introduce un nueva concepción, amén de la torpeza de la nueva Eta, de terrorismo indiscriminado, de forma que no importa asesinar a dos trabajadores y herir gravemente a otros dos, con tal de acertar en el objetivo. Esto ha producido una quiebra muy profunda en el sentido tribal del nacionalismo, porque se sobreentiende que Arnaldo Otegi o los dirigentes de LAB (los nacionalistas no necesitan escolta) pueden ser víctimas de Eta a condición de encontrarse cerca de un concejal del PSOE o del PP.

EL HUNDIMIENTO DE ETA Y LA DESFACHATEZ DE ARZALLUZ
Editorial El Mundo   26 Febrero 2001

La brutal ofensiva desatada por ETA desde que en diciembre de 1999 puso fin a la mal llamada tregua hizo pensar que sus comandos se habían reforzado y que poseía una sofisticada infraestructura que le permitía golpear donde quería y como quería. Su capacidad para sembrar el terror a discreción se puso de manifiesto especialmente durante el pasado verano, cuando a cada golpe policial ETA respondía con un atentado inmediato. Sin embargo, el mito de una ETA más fuerte que nunca se empieza a desmoronar. Los sucesivos fallos de los artefactos que fabrican con la pólvora caducada que robaron en la Bretaña francesa, la escasa preparación de sus activistas -cada vez más sanguinarios pero también más jóvenes e inexpertos- y los golpes asestados por las Fuerzas de Seguridad están poniendo en cuestión la supuesta fortaleza de la banda.

A lo largo de los últimos meses, las detenciones de los comandos se practican con intervalos de tiempo cada vez menores. Esta misma semana, las acciones sucesivas de la Policía francesa, la Ertzainzta y la Guardia Civil han asestado tres golpes muy importantes a la capacidad mortífera de la banda. La última operación se ha saldado con la detención de 10 activistas del comando Donosti, el buque insignia de ETA. Aunque cabe lamentar que la escasa coordinación entre la Policía Autonómica y la Guardia Civil haya menguado la intensidad del daño causado a la organizacion en Guipúzcoa. Según explicó Jaime Mayor Oreja, la detención de Iñigo Guridi precipitó una operación que estaba en marcha esperando el momento oportuno.

A pesar de lo cual -y sin pecar de optimismo porque la capacidad de regeneración de la banda es muy grande-, todos estos acontecimientos dan la razón a la estrategia de quienes, como el PSOE y el PP, apuestan por afrontar el problema de ETA, principalmente, por la vía policial. Ese planteamiento cuenta con un empeño muy personal del presidente del Gobierno y de Jaime Mayor Oreja. Ayer, en un acto celebrado en Bilbao, Aznar dijo que la derrota de ETA «es factible», que el País Vasco seguirá siendo parte de España y que la victoria sobre el PNV es necesaria para «levantar la bandera de la libertad».

La respuesta de Arzalluz no tardó en llegar y se produjo en los mismos términos de indigencia intelectual a los que nos tiene acostumbrados. Al referirse a la necesidad de libertad defendida por Aznar, recordó que cuando Fraga era ministro del Interior, la Policía mató a tiros a cinco personas en Vitoria -como si en los 25 años transcurridos no hubiera muerto nadie más de forma violenta-, al tiempo que acusó al líder del PP de llevar «la guerra» al País Vasco. O sea, que el presidente del PNV considera que defender las libertades y un País Vasco español es hacer «la guerra». Tuvo incluso la desfachatez de llamar «maletero de Damborenea» a Nicolás Redondo, recordando al PSOE su vinculación con los GAL. El, que tan a menudo comparte mesa, mantel y mucho más con Rafael Vera y José Luis Corcuera...

El País Vasco es y seguirá siendo España
Editorial La Razón   26 Febrero 2001

En lo que podríamos considerar como la apertura de la campaña electoral en el País Vasco, el presidente del Gobierno, José María Aznar, aprovechó un acto de las Juventudes Europeas para realizar un importante discurso en el que da las claves de lo que serán los argumentos de su partido ante estos decisivos comicios.

    El primero de los aspectos destacables de esta intervención es su taxativa aseveración de que «el País Vasco es y seguirá siendo España». No es ésta una novedad para el PP (ni para los demás partidos constitucionalistas), pero sí sirve para marcar una eficiente diferencia con los partidos nacionalistas que, de una forma más o menos confesa, sostienen en sus programas los conceptos de autodeterminación, soberanía o independencia. De esta forma, queda clara la distancia entre ambos proyectos en el fundamental aspecto de la unidad de España, por encima de otras diferencias como pueda ser su forma de abordar el problema del terrorismo o sus pretensiones competenciales. Lo que se juega en el País Vasco es la estabilidad propia del sistema constitucional.

    El segundo asunto no menos relevante es la defensa («pasión», la denomina Aznar) de la libertad. El presidente del Gobierno, tal y como ha denunciado LA RAZÓN, afirmó que el País Vasco vive bajo la dictadura del miedo. Las elecciones serán determinantes para alcanzar una mayoría de Gobierno que pueda acabar con ella. No es preciso decir que, en este aspecto, los sucesivos gobiernos del PNV han fracasado en tal empeño, cuando no han ahondado en el problema con medidas activas de exclusión o marginación política y social de quienes no piensan como ellos. Entre éstas y la violencia de la banda mafiosa Eta, un enorme número de no nacionalistas en el País Vasco vive bajo la amenaza y la opresión, hasta el punto de que esa región es la única en la Europa democrática en la que las personas mueren por sus ideas. De ahí que Aznar tuviera a su lado ayer a dirigentes europeos como respaldo a la necesidad de conquistar la libertad conculcada. Sólo desde la perspectiva de un cambio político se puede abordar la recuperación de los derechos democráticos en una comunidad en la que brillan por su ausencia: no hay expresión, ni reunión, ni asociación, ni capacidad de movimientos en libertad; no existe ésta tampoco en la posibilidad de acceder a un cargo público, en la medida en que lleva aparejada una sentencia de muerte; hay discriminación política y étnica, y ni políticos ni intelectuales ni periodistas ni profesionales tienen garantizada su seguridad cuando acometen cualquier género de disidencia con el totalitarismo nacionalista.

    El tercer aspecto del discurso de Aznar es la llamada a la esperanza de que las cosas pueden cambiar con el respaldo de las urnas. Que nadie tiene derecho de pernada sobre el gobierno vasco, por mucho que los nacionalistas se planteen su permanencia en el mismo como un hecho irrebatible. Pero el PNV no tiene derechos inmanentes de gobierno en la comunidad en la que reside, pero que no es suya. Y menos aún tras su traición al marco constitucional y su apuesta por el pacto con los proetarras del que ahora parecen arrepentirse, pero al que volverían, tras las elecciones, a poco que tuvieran oportunidad.

    Aznar ha marcado la línea. La clave estará ahora en quebrar algunos moldes de indiferencia que todavía paralizan a algunos vascos que quieren vivir en la ficción de que la batalla no es suya. Como si la libertad no fuera un valor ciudadano irrenunciable.

El Gobierno vasco pretende imponer el euskera al personal de Justicia
El porcentaje mínimo de euskaldunes se dispara en función de la población
El Gobierno vasco que todavía preside Juan José Ibarreche pretende que la mayoría del personal que ingrese en la Administración de Justicia para desempeñar funciones de agentes, auxiliares, oficiales y médicos forenses domine perfectamente el euskera. Para ello, ha elaborado un proyecto de decreto por el que incrementa sustancialmente el porcentaje mínimo de euskaldunes que deben acceder a los juzgados vascos.
F. Velasco - Madrid .- La Razón   26 Febrero 2001

El proyecto de decreto de medidas «para la normalización lingûística de la Adminstración de Justicia en la Comunidad Autónoma Vasca», al que ha tenido acceso LA RAZÓN, ha sido remitido al Consejo General del Poder Judicial para que emita el correspondiente dictamen, al afectar su contenido al Estatuto Orgánico del Personal al Sercicio de la Administración de Justicia.

    El objetivo del Gobierno vasco es «establecer los criterios para la asignación de perfiles lingûísticos en las plantillas de los cuerpos de agentes, auxiliares y oficiales» de Justicia «y en las relaciones de puestos de trabajo del cuerpo de médicos forenses». El proyecto hace referencia al porcentaje de las plazas que deben ser ocupadas por euskaldunes, es decir, por quienes cuenten con el «perfil lingûístico» establecido para cada uno de los puestos de trabajo que se convoquen.

    Ese porcentaje no podrá en ningún caso ser inferior, al término de cada período de planificación -diez años-, «al índice de obligado cumplimiento correspondiente». La obtención de ese índice se logra mediante una fórmula en la que resulta determinante la relación existente entre los euskaldunes y cuasi-euskaldunes con la población de la zona correspondiente a cada demarcación judicial. De esta forma, en cada demarcación debe haber un porcentaje de personal euskaldún igual al porcentaje de población que hable euskera en las localidades afectadas.

    Esto haría que, según fuentes jurídicas, se incrementara notablemente el personal euskaldún que accediese a los juzgados, en comparación con los que ingresan actualmente. Sin embargo, el Ejecutivo de Juan José Ibarreche afirma que la consecución de esos porcentajes se realizará «de forma gradual», para lo cual presentarán para su aprobación al Ministerio de Justicia «las pertinentes propuestas de modificación de plantillas y relaciones de puestos de trabajo».

    Esta regulación relativa a la asignación del perfil lingûístico a los puestos de trabajo, añade el texto remitido al CGPJ, «a los únicos efectos de la consideración del euskera como requisito esencial» para acceder a esos puestos de trabajo.

    Así, «atendidas las funciones atribuidas a cada uno de los Cuerpos en los respectivos reglamentos orgánicos», el Ejecutivo vasco fija para los auxiliares y agentes judiciales un «perfil lingûístico 2», considerado ya como un nivel medio-alto; para los oficiles, un «perfil lingûístico 3», para el cual ya se necesita un título oficial que acredita un nivel bastante alto del euskera; y un «perfil lingûístico 3 ó 4, según las características de cada puesto de trabajo» para los médicos forenses. El sindicato CSI-CSIF ha informado negativamente sobre el proyecto de decreto por entender que vulnera el actual estatuto jurídico, «excediéndose en las funciones que le son propias».

Elegir bien
ANTONIO GALA El Mundo  26 Febrero 2001


Ya es hora de decirles a los vascos bienintencionados -decirles, por desgracia, desde fuera- que el PNV, en el que tanto confiaron, ha defraudado la esperanza de todos menos de los asesinos. O quizá también de éstos. No se obcequen al votar en las elecciones de mayo. El PNV no es imprescindible: nada lo es; ni empeorará sin él la situación del País; ni se multiplicarán los atentados y los riesgos; ni se extremará el propio PNV, que se quedaría con muy pocos seguidores en tal caso... Hay que declarar las posturas claramente y sin miedo. Eso es lo único que hará vencer a la paz. Las medias tintas son para calamares desangrados. E indignas de Euskadi

Ferrusola
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 26 Febrero 2001

Me asombra la escandalera que se ha montado por los comentarios racistas y xenófobos de Marta Ferrusola, que hace no demasiados años, cuando Mena, Villarejo y Felipe González quisieron meter en la cárcel a Pujol por el caso Banca Catalana vivió su momento de gloria en la plaza de San Jaime, con la muchedumbre gritando bajo el balcón «¡Aixó és una dona! ¡Aixó és una dona!». Fue la forma espontánea y entrañable de adhesión, en la figura de la matriarca, a la nueva dinastía cataláunica, llamada a guiar a la tribu elegida hasta la tierra prometida, de la que, curioso, siempre ha tenido títulos de propiedad.

Entre aquello y lo de ahora cabe un término medio. Sobre todo, porque lo que doña Marta ha dicho a propósito de los moros no es sino lo que vienen diciendo y practicando su marido y su partido contra los cristianos (españoles, claro) que no renuncian a su lengua por el catalán y adoptan la fe nacionalista. Hace varias décadas.

La doctrina Ferrusola tiene además enorme éxito no sólo dentro de Cataluña -donde la mayoría ferrusoliana del Parlamento abuchea a quien se atreve a expresarse en castellano, una de las dos lenguas supuestamente oficiales- sino en toda España, que ha copiado sus fórmulas de xenofobia disfrazada de normalización lingüística, su criterio de legitimación basado en el nacionalismo plebiscitario y su técnica de discriminación lingüística, política y ciudadana a través de la burocracia municipal y autonómica.

¿Qué son las autonomías en la práctica más que una forma de discriminación del forastero, identificado mediante su lengua materna castellana y su condición de ciudadano español, indeseable para aspirar a un cargo público o encaramarse a cualquier rama del árbol social? ¿Qué hay en las universidades y escuelas catalanas, pero también vascas, baleares o gallegas, sino adoctrinamiento tribal y discriminación xenófoba, disfrazadas de recuperación de identidad, normalización lingüística y construcción nacional?

Tiene razón Pujol cuando dice que la mayoría de la gente -su gente- piensa lo mismo que su señora. El primero, él. Bueno, ¿y qué? Una mayoría de alemanes pensaba como Hitler sobre los judíos. Por eso le votó. ¿Legitima eso algo?

Algunos liberales venimos defendiendo contra el pujolismo avasallador y contagioso que el hecho de que una mayoría xenófoba -enfermedad universal, conste- se proclame nacionalista no le da derecho a todo.

Pero ¿cómo atacan a Ferrusola los que defienden el carácter «democrático» del PNV de Estella? Lo de las iglesias y las mezquitas es, literalmente, Le Pen. Cierto. Pero aún recuerda más a De fuera vendrá..., de un tal Sabino Arana.

ANACRONISMO Y ESPERANZAS, MAYOR OERJA Y EL PAÍS VASCO
ANTONIO PAPELL, periodista La Voz 26 Febrero 2001
 

En el entorno del vigésimo aniversario del 23-F, el problema vasco ha exultado en dos frentes: si, de un lado, Ibarretxe anunciaba la fecha electoral -el próximo 13 de mayo- con una anticipación difícilmente explicable, de otro lado ETA se hacía protagonista por su retorno al asesinato indiscriminado y por la caída del su jefe militar en Francia.
Habría que estar ciego para no ver que, a medida que ETA, que no puede ocultar ciertos signos de debilitamiento, arrecia en sus crímenes, crece una sólida indignación que no sólo se expresa mediante los consabidos signos explícitos, sino que genera actitudes como la que ha pedido cuentas a la jerarquía católica en relación a cierta tibieza del episcopado vasco (o, para ser más justos, de ciertos obispos vascos) con relación a la violencia.

El desinterés que ha suscitado la fecha del 23-F contrasta con la reflexión que provocan la situación vasca y la oportunidad que se presenta a la sociedad civil con las elecciones del 13 de mayo. Unas elecciones que se plantean sobre dos grandes premisas inéditas.

La primera es la de que existe la posibilidad real de la alternancia. Se cae a pedazos el mito de que, en tanto persista la violencia, es necesaria la presencia del PNV en el Gobierno de Vitoria y se abre paso la hipótesis de que quizá la violencia prosigue porque los extremistas han encontrado en el Gobierno autonómico -y en las instituciones vascas en general- una concomitancia ideológica que les anima y fortalece internamente.

La segunda es la de que ETA puede ser vencida policialmente. El todavía ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, más que probable candidato a lehendakari, explicaba el pasado viernes que, aunque sería ilusorio creer que ETA está al borde de la extinción, su capacidad de autorregeneración se está agotando. ETA ya no parece imbatible.
En definitiva, la sociedad de este país está manifiestamente armándose en el terreno intelectual y se dispone a afrontar la modernización, que pasa por eliminar el gran anacronismo del problema vasco.

La Guardia Civil logra desmantelar la infraestructura logística del 'comando Donosti'
M. ORMAZABAL | San Sebastián El País  26 Febrero 2001

La Guardia Civil ha asestado un nuevo golpe a la infraestructura del comando Donosti de ETA, el más sanguinario de la banda terrorista, con la detención de 10 de sus colaboradores. El ministro del Interior, Jaime Mayor, confirmó ayer en Bilbao que la operación policial contra este 'complejo' entramado sigue abierta. Las investigaciones se encaminan ahora contra Aitor Agirre y Asier Arzalluz, dos miembros liberados (a sueldo) que lograron huir. Ambos forman parte, junto a Íñigo Guridi, detenido el viernes por la Ertzaintza (policía vasca), del 'núcleo duro' de este comando.

La actuación de la Guardia Civil en varios puntos de Guipúzcoa y de Navarra se activó ayer repentinamente a raíz de la detención, el viernes a cargo de la Ertzaintza, de Iñigo Guridi, a quien la lucha antiterrorista le atribuye la participación en el asesinado de José Luis López de Lacalle; del ex gobernador de Guipúzcoa Juan María Jáuregui y en la colocación de una bomba que mató a dos guardias civiles en Sállent de Gállego (Huesca), entre otros atentados perpetrados el año pasado.

La última operación policial se ha saldado, por el momento, con la detención de diez personas relacionadas con el comando Donosti y el registro de varios domicilios. Las Gestoras pro Amnistía informaron de que los arrestados son Edurne Velasco, Olatz Galarraga, Ander Garmendia, Eizmene Aizpurua, Peio Goikoetxea, Juan Manuel Zubillaga, Nerea Goikoetxea y Oihane Beristain, así como otras dos personas cuya identidad ayer se desconocía. Al parecer, ninguno de ellos es un miembro liberado de ETA.

Mayor aseguró que las detenciones practicadas por la Guardia Civil son el fruto de 'muchos meses' de investigaciones y agregó que la operación aún no está cerrada debido a la singularidad, amplitud y dificultad que entraña el comando Donosti. Emplazó a las próximas 48 horas para valorar la importancia de esta intervención policial contra 'la nave nodriza y el buque insignia' de ETA.

La Guardia Civil trata de localizar a dos presuntos miembros de este comando que ayer consiguieron escapar. Se trata de Aitor Agirre y Asier Arzalluz, sobre quienes Mayor afirmó que pudieran formar parte de la estructura organizativa del Donosti. A ambos se les acusa de participar junto con Guridi en varios atentados cometidos el año pasado. Entre las personas detenidas se encuentran las novias de Agirre y Arzalluz.

'No hay descoordinación'
El responsable de Interior reconoció ayer en Bilbao que la Guardia Civil puso en marcha su dispositivo tras la detención a cargo de la Ertzaintza de 15 personas -entre ellas Iñigo Guridi-, de las que 14 han quedado en libertad. Mayor aclaró que 'no ha existido precipitación ni descoordinación' entre ambas fuerzas policiales.

Mayor, muy al contrario, aprovechó para felicitar a la Ertzaintza por su 'brillante' actuación tras el ataque, en la noche del jueves, contra el centro de internamiento de menores de Zumárraga (Guipúzcoa). También precisó que el instituto armado ha actuado al margen del apresamiento, también el jueves en Francia, de Francisco Javier García Gaztelu, Txapote, jefe del aparato militar de la organización terrorista.

La Guardia Civil no descarta practicar nuevas detenciones relacionadas con el entramado y la infraestructura del comando Donosti, aunque Interior reconoce que durante los registros domiciliarios realizados en San Sebastián, Tolosa, Rentería y en alguna localidad navarra se ha encontrado 'poco material'. Mayor quiso dejar claro que este nuevo golpe no afecta a la totalidad del grupo, sino a una parte, dada la extensión, profundidad y complejidad del mismo.

Los 10 detenidos fueron trasladados ayer a Madrid para ser interrogados en la Dirección General de la Guardia Civil.

Que el silencio lo diga todo
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 26 Febrero 2001

Del otro lado me ha enseñado muchas cosas que no sabía sobre la realidad de la sociedad vasca actual. Hay que ir al teatro alternativo. Es lo mejor que puede verse en Madrid, hoy. La Cuarta Pared estaba abarrotada de un público serio, joven y exigente. La escenografía de Elisa Sanz eriza la comedia. Varios montones de cajas de bebidas perfilan el escenario cuyo fondo son las paredes desnudas y el techo real del sótano y del garaje, con sus tubos, sus manchas y sus suciedades. Teatro en estado puro. Vi en toda su profundidad aquel ambiente escenográfico como un cuadro tachista de Tapies. La interpretación de Pepa Pedroche, Black y Villa, eficaz, pero insegura. Bien la dirección.

    Y Borja Ortiz de Gandra. El autor ha puesto un espejo delante de la sociedad vasca actual. Hay algo más que los problemas del nacionalismo, del constitucionalismo, del soberanismo, del tejido de los intereses económicos creados. Están las familias vascas desgarradas, que ocupan el epicentro del conflicto. El padre enfermo deja que su esposa y su hijo Ángel cojan el coche para ir al supermercado. La bomba lapa termina con ellos. Joaquín, el hermano mayor, se ausenta trece años del País Vasco y de la tragedia. Antonio, el otro hermano, se queda y termina ennoviado con una mujer que está con los etarras más por miedo que por convencimiento. Regresa Joaquín, aprovechando la tregua. Y Borja Ortiz sintetiza en unos diálogos troquelados a cincel toda la tragedia de la familia vasca, de una familia vasca como tantas otras. Y lo hace con notable nervio dramático y una arquitectura teatral sólida, aunque, tal vez, con alguna laguna. El autor muestra el otro lado de la realidad vasca. Antonio sale a comprar unas bebidas y un cóctel molotov termina con él delante de su novia. Ésta, desolada, termina entregándose a Joaquín en el que ve al hermano muerto. Decide además acudir a las manifestaciones del «basta ya» aunque el miedo es una termita que la corroe y fragiliza. Sobre la avidez del escenario desolado, queda flotando para el espectador la frase que resume el otro lado de la experiencia vascona: «En esta tierra lo importante es callarse y que el silencio lo diga todo». Impresionante. Los espectadores se rompieron las manos aplaudiendo en pie a este dramaturgo vasco que es ya una realidad espléndida del teatro español.

Mayor Oreja
Por Jaime CAMPMANY ABC 26 Febrero 2001

Confieso que cuando hace algún tiempo se insinuó por vez primera la posibilidad de que Jaime Mayor Oreja abandonase el Ministerio de Interior para presentar su candidatura a lehendakari, aquello me pareció un disparate político. Casi un solemne disparate político. Pensaba entonces que esa operación supondría condenar al exilio y al fracaso al ministro más eficiente del Gobierno sacándolo de un ministerio intrincado y difícil. Habíamos traído del País Vasco a Jaime Mayor Oreja para darle un puesto especialmente delicado del Gobierno de Aznar, y teníamos la fortuna de verle convertido en el ministro más respetado y valorado entre todos los de aquel gabinete. Así durante cinco años. Y de pronto se nos ocurría la maldita idea de enviarlo al degolladero político.

Todos los vaticinios auguraban el naufragio de Mayor Oreja en las urnas. No hace tantas semanas de aquello, y hoy, las encuestas, los pálpitos, el rumor que se escucha en la gran plaza de los vascones anuncian su posible y aún probable victoria electoral. El importante incremento de los votos del PP y su deseable pacto poselectoral con el PSOE sitúan a Mayor Oreja, «fuerte vasco», como Machado decía de Unamuno, muy cerca de la dignidad de lehendakari. Ese es, por lo visto, un viejo sueño del buen ministro, acariciado desde los años de la infancia, la adolescencia y la primera juventud: acabar con el terrorismo etarra desde el sillón del Gobierno vasco, ese sillón que siempre ha permanecido ocupado por algún nacionalista del PNV con un triste balance de constante iniciativa terrorista, de prolongación del crimen y, ya últimamente y para colmo, de pacto con los representantes políticos de los asesinos.

No es fácil suceder a Jaime Mayor Oreja. Desde el primer momento del triunfo del PP en las elecciones del 96, y aún antes de que Aznar llegara a La Moncloa, el Ministerio de Interior ya tenía un destinatario claro entre los políticos y entre los votantes. A nadie se le habría ocurrido discutir ese nombre o echar sobre él la sombra de una duda. Y sin embargo, Jaime Mayor no da el perfil clásico del ministro de Interior o de la Gobernación. No exhibe un talante autoritario, ni es amenazante de palabra, ni anuncia operaciones espectaculares ni echa las campanas al vuelo apenas conseguido cualquier buen éxito contra los etarras, más o menos importante o significativo.

Es hombre de mesurada palabra, de medidos ademanes, de valoraciones sensatas y cautelosas. Y sobre todo es hombre muy avisado de los métodos y triquiñuelas de ETA. Casi le dejamos solo todos los españoles, incluidos sus compañeros de partido, cuando advirtió con prudente cautela, pero con toda claridad, las engañosas intenciones que se escondían bajo la trampa de la «tregua». Era tan grande el deseo de acabar con el terror que muchos creyeron ingenuamente la palabra de los asesinos. Tenía razón el ministro. Aquello sólo fue un margen de confianza concedido a Javier Arzallus para que negociara con el Gobierno (tenía las nueces encima de la mesa) la autodeterminación y el camino hacia la soberanía, al mismo tiempo que la banda etarra se reponía de sus contratiempos y descalabros, y se rearmaba y reorganizaba para seguir matando.

Jaime Mayor se va del ministerio dejándose en la cárcel a tres pesos pesados del terrorismo, Iñaki de Rentería, Kantauri y este siniestro García Gaztelu, «Txapote», que apretó el gatillo sobre la nuca de Miguel Ángel Blanco. No cabe duda de que ETA se encuentra descabezada. Sus errores continuos lo delatan. Bien es verdad que la banda parece la Hidra de las Siete Cabezas, y cuando le cortan una le crece otra o le crecen varias. Pero tampoco cabe duda de que está cada vez más cerca el momento en que Hércules acabe con la Hidra.

Esperanza para Euskadi
CASIMIRO GARCIA-ABADILLO El Mundo 26 Febrero 2001

Por primera vez en muchos años, el País Vasco se apresta a vivir unas elecciones decisivas. Nunca, desde la recuperación de la democracia, han estado tan claras las opciones para los electores. Votar PNV significa apostar por la continuidad, por la resignación, por la vía imposible a una quimérica soberanía, por la confraternización con EH y la connivencia con ETA. Votar al PP o al PSOE significa optar por el cambio, por la recuperación de la libertad y la democracia plenas, por la lucha sin cuartel contra el terrorismo y los que lo sustentan.

El lehendakari y recién designado candidato por el PNV, Juan José Ibarretxe, es el principal responsable de que los comicios del 13 de mayo se vayan a producir en un clima de crispación sin precedentes. Su obsesión por mantenerse en el poder tras la ruptura de la tregua de ETA, que hizo saltar por los aires el Pacto de Lizarra y, consecuentemente, el apoyo de EH a su Gobierno, ha degradado la política vasca hasta niveles desconocidos. A pesar de que ahora quiera aparecer ante la opinión pública como un Gandhi redivivo, su gestión ha dado como resultado un balance nefasto: su iniciativa más innovadora ha sido la puesta en marcha de la llamada Udalbiltza, cuyo fin no es otro que suplantar a las instituciones democráticas en el País Vasco.

A Ibarretxe no se le puede pasar por alto el hecho de que el único presupuesto aprobado por su Gobierno lo haya sido gracias al respaldo de EH, pero menos aún que haya consentido que los «chicos de la gasolina», como cariñosamente les llama su mentor, Xabier Arzalluz, se hayan enseñoreado de las plazas y calles de Euskadi protegidos por la inoperancia voluntaria de la Ertzaintza.

El hombre que, como muestra de su falta de prejuicios xenófobos, presume de practicar el ciclismo los fines de semana con «un hombre que se apellida Fernández»; que ha empleado buena parte de su tiempo en el Gobierno en aprender el euskara para estar a la altura de las circunstancias (al fin y al cabo él es el principal funcionario de una administración en la que el conocimiento del idioma autóctono es ya condición necesaria para acceder a casi cualquier empleo público) y que ha permitido la segregación cultural para implantar desde el poder la visión nacionalista del mundo, no puede aparecer ahora como un candidato que pretenda gobernar a todos los vascos.

Ibarretxe ni siquiera concita el respaldo unánime de su partido. Su elección como cabeza de cartel del PNV no es más que una prueba de la situación agónica que vive el nacionalismo vasco. Sus mentes más preclaras, sus hombres más valiosos han sido arrinconados por la verborrea de Arzalluz y el activismo irreflexivo de Joseba Egibar. Ambos prometieron a sus bases una Euskal Herria abertzale en el que todo lo español quedaría borrado del mapa gracias a un arma infalible: la tregua de ETA.

Lo que la realidad ha demostrado, una vez más, es que los terroristas no se han movido un milímetro de sus sanguinarios postulados. ETA quiso desde el primer momento mandar en Lizarra, marcar los ritmos, ser el elemento determinante de la situación política vasca. Y casi estuvo a punto de conseguirlo. Arzalluz y Egibar, que idearon Lizarra como «una pista de aterrizaje» para ETA y sus amigos de EH, vieron cómo los terroristas les fueron comiendo poco a poco el terreno hasta dejarles prácticamente sin margen de maniobra.

Lo peor de aquella estrategia ideada por el presidente del EBB para que el PNV saliera de su impasse electoral fue que el único beneficiario de la misma resultó ser la coalición EH. La tregua, conseguida a fuerza de renunciar a los principios, no les dio ni un solo voto a los nacionalistas precisamente porque dejaron de ser vistos por los electores como un partido moderado.

No hay duda de que, en estas elecciones, muchos ciudadanos nacionalistas pasarán factura al PNV por todo ello.

El 13 de mayo no sólo se ha convertido para la mayoría en una fecha para la esperanza porque el PSOE y el PP estén dispuestos a formar un Gobierno de coalición si consiguen la mayoría en el Parlamento de Vitoria, sino también porque ese cambio radical en la situación política se produce en un contexto de derrota del terrorismo.

La detención de Francisco Javier García Gaztelu en Anglet y las operaciones llevadas a cabo este fin de semana por la Ertzaintza y la Guardia Civil contra el llamado complejo Donosti suponen la culminación de una brillante labor por parte de las fuerzas de seguridad que ha producido 94 detenciones de etarras desde que concluyó la tregua.

Los ciclos, como advirtió el ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, se acortan. Los terroristas ya no pueden plantearse su futuro como gudaris con varios años de activismo criminal y un refugio sin riesgos como merecido descanso a su lucha por la independencia en algún país latinoamericano o europeo, al abrigo de unas leyes demasiado condescendientes con sus crímenes.

Iñigo Guridi, el presunto asesino del columnista de EL MUNDO José Luis López de Lacalle, detenido el pasado viernes por la Ertzainza, apenas si ha permanecido nueve meses oculto desde que disparó a quemarropa contra un hombre cuyo único delito había sido el de defender siempre la libertad con la palabra.

La sociedad vasca ve cada día más claro que la solución al terrorismo es puramente policial y que el llamado «conflicto vasco» no es más que la coartada de EH y de ciertos nacionalistas para conseguir ventajas políticas que no pueden lograr por métodos estrictamente democráticos.

Y muchos ciudadanos, incluidos votantes nacionalistas, se preguntan con razón, qué hubiera sido de ETA y de sus discípulos de la kale borroka si la Ertzaintza, en lugar de seguir directrices políticas, se hubiera dedicado a detener a los delincuentes, como desean la inmensa mayoría de sus miembros.

En ese contexto de esperanza por la doble vía del cambio político y del avance continuado contra ETA, los partidos constitucionalistas no tienen que perder de vista que su posible victoria no debe ser vista como un triunfo de España frente a Euskadi. Nada sería más perjudicial para el futuro del País Vasco que la consagración del frentismo.

Los ciudadanos nacionalistas deben ver en un posible Gobierno de coalición PSOE/PP la mejor garantía de que se respete el Estatuto de Gernika y se consolide una sociedad abierta en la que convivan las dos lenguas, las dos culturas y las dos sensibilidades políticas que conforman Euskadi. Es más, si el resultado electoral no produjera una mayoría clara, no habría que descartar un Gobierno tripartito, PNV/PP/PSOE, como mejor forma de salir del callejón sin salida al que llevó el Pacto de Lizarra. Ahora bien, esa posibilidad sólo sería aceptada por los votantes de los partidos constitucionalistas y por parte de la mayoría de los ciudadanos españoles si antes el PNV ha hecho una profunda autocrítica de su reciente pasado y los responsables de esa política, Arzalluz y Egibar, han sido apartados para siempre de la dirección de su partido.

casimiro.g.abadillo@el-mundo.es

Alternancia y consenso
Editorial El Correo 26 Febrero 2001

Las elecciones de mayo bien podrían inaugurar un nuevo ciclo en la política vasca, tras dos décadas de presencia nacionalista al frente de la comunidad autónoma. Uno de los datos más relevantes del momento actual es que -por primera vez desde que el Parlamento vasco existe- nadie desde fuera del propio nacionalismo argumenta a priori que el concurso de éste resulte imprescindible para el gobierno futuro. Para ello, el nacionalismo estaría obligado a revalidar, cuanto menos, el resultado de 1998. Y esa eventualidad se antoja hoy tan posible como su contraria. Dentro del equilibrio electoral de los vascos entre opciones nacionalistas y no-nacionalistas, las últimas confrontaciones han supuesto una paulatina pérdida de posiciones por parte de las primeras en beneficio de las segundas. El escrutinio del 13 de mayo dirá si prosigue esa tendencia. Por de pronto, resultan sintomáticas las dificultades que encuentra el discurso del miedo a la alternancia para perturbar la libertad con que los vascos habrán de pronunciarse ese día.

La alternancia depende, sobre todos los demás factores, de la capacidad que demuestre el PP para atraer no sólo el voto del hastío y la rebelión con que muchos ciudadanos están reaccionando ante lo que consideran la dominación nacionalista. Depende, en especial, de su capacidad para aparecer como una opción garante de la libertad y de la normalidad, dispuesta a acceder al gobierno de Euskadi sin ánimo de revancha. Porque en democracia no cabe otra revancha que la alternancia misma.

Basta escuchar las palabras de Aznar en Bilbao para cerciorarse de que el PP no contempla otro horizonte que el de una victoria neta sobre el nacionalismo. Pero, sea cual sea el resultado electoral y la fórmula parlamentaria que se haga con el Gobierno de Vitoria, es más que probable que no pueda despejar por sí sola todos los factores de inestabilidad y crispación política que afectan a Euskadi. Es esta perspectiva la que debe llevar a las distintas opciones a concebir el acceso al próximo Gobierno vasco más como núcleo institucional desde el que procurar un amplio consenso democrático que como un fin en sí mismo. Es éste el reto fundamental para quienes tratan de encarnar la alternancia. Dicha aspiración es legítima y razonable. Pero adquirirá carta de naturaleza sólo en la medida en que los electores vean al PP o al PSE-EE conscientes de que su tarea no terminaría sino que comenzaría el 14 de mayo.

La mujer del César
Editorial El Correo  26 Febrero 2001

Marta Ferrusola, esposa del presidente de la Generalitat, realizó unas manifestaciones públicas que podían considerarse xenófobas y rayanas con un cierto racismo. Dijo que «los inmigrantes, que no saben ni lo que es Cataluña, son los que más ayudas reciben», y les recriminó que quieran «imponer su religión y su cultura». Palabras que levantaron una fuerte polvareda y más tras el apoyo de Jordi Pujol, quien manifestó que la posición de su esposa era compartida por el 80% de los catalanes. Infortunadamente, es manifiesto que la sociedad en general ve con cierta aprensión la masiva llegada de inmigrantes, a pesar de que su proporción, del orden del 3% de la población, es todavía muy inferior a la de la mayoría de los países europeos. Los estudios confirman que permanecen aquí larvadas importantes propensiones xenófobas, pero incluso entre quienes no las alientan o las han rechazado tras un ejercicio ético y de racionalidad, es natural que asome determinada inquietud por el paso de una sociedad homogénea a otra diversa y culturalmente heterogénea.

Pero quienes ejercen un liderazgo político o social no pueden permitirse franqueza alguna a este respecto. Las élites institucionales, los creadores de opinión y quienes desarrollan cierto predicamento social están obligados a hacer pedagogía de la tolerancia, a ponerse al frente del movimiento que naturalice la formación de una sociedad multiétnica y multicultural en la que nadie se sienta excluido por su conducta, por su religión, por su etnia o por su cultura. En este sentido, Marta Ferrusola, que es además ineludiblemente la esposa de Jordi Pujol -la mujer del César-, ha cometido un error imperdonable al mostrar sus posiciones ambiguas respecto de los inmigrantes. Y quienes, empezando por su marido, han pretendido disculparla atribuyendo sus opiniones a un preexistente clima social han convertido el incidente en un hecho grave. La Generalitat ha perdido cualquier autoridad a la hora de postular los valores morales y democráticos que debe inspirar cualquier política de inmigración.

Stanley G. Payne: «El País Vasco no va a ser independiente»
El hispanista impartió un curso de doctorado en la Universidad San Pablo CEU
El distanciamiento personal de los sucesos históricos acaecidos en la España del siglo XX ha permitido a Stanley G. Payne mantener una objetividad y una independencia de criterio que ha suscitado, en más de una ocasión, la polémica y la controversia dentro, incluso, de los propios círculos académicos en los que circunscribe su trayectoria profesional. «Historia del fascismo» o «Franco y José Antonio» son dos de sus libros más importes.
Javier Ors - Madrid .- La Razón   26 Febrero 2001

El historiador norteamericano Stanley G. Payne (Texas, 1934), catedrático de Historia de la Universidad de Madison, es uno de los mayores especialistas del génesis del fascismo español.

    -¿Quiénes fueron los principales artífices del fascismo?
    -El verdadero ideólogo fue Ramiro Ledesma Ramos, un intelectual de verdadera calidad. Fue una persona inteligente, que había publicado en las mejores revistas y que poseía una gran base cultural. Pero se dedicó al fascismo y creó en esencia las ideas, insignias y bases. Aunque fue José Antonio Primo de Rivera el fundador del partido fascista más importante.

    -¿Franco hizo todo lo que pudo para salvar a Primo de Rivera?
    -Poseía los medios, pero no fue culpa suya. Eso fue una ejecución tras una sentencia de un tribunal popular en otoño de 1936. Pero sobre todo fue una torpeza política del gobierno republicano. Dadas las condiciones de la Guerra Civil y la actuación de Primo de Rivera, los repu- blicanos tenían toda la justicia para ejecutarlo. Pero lo podían haber usado como interlocutor, como símbolo, haber extraído un provecho, porque, si bien Primo de Rivera había promovido una revolución armada contra la república, luego, al derivar en una guerra, rectificó, se dio cuenta del error, y quería hacer un arreglo.

    -¿El franquismo, en realidad, creó las clases medias en España?
    - La economía autárquica de Franco no funcionó. Pero la modernización de España fue muy importante desde 1936. Era el proyecto básico de su régimen: modernizar la economía, la industria y la tecnología. La cuestión era cómo conseguirlo. Se equivocó en muchas ocasiones, pero también supo rectificar, porque Franco, en el fondo, era un líder práctico. Consiguió un desarrollo enorme. Fuera de la política, el cambio básico de España tuvo lugar bajo Franco, y eso no se entiende. Fue el éxito de esta moder- nización de la sociedad la que creó la base para poder hacer la democracia actual de una manera efectiva.

    -¿Se puede decir que todavía sobrevive el fascismo?
    -Se utiliza la palabra fascista como el término más peyorativo. Está de moda, por ejemplo, llamar fascistas a los terroristas de Eta. Pero la ideo- logía revolucionaria de los etarras es marxista leninista. Eta y sus socios políticos sacan sus ideas de un peculiar marxismo leninismo, que es una ideología de izquierdas, cosa que no gusta a los partidos democráticos de izquierda. Es una forma de nacional comunismo. Y los procedimientos comunistas han sido tan terroríficos como los nazis.

    -¿Qué solución tienen los nacionalismos en plena globalización?
    -No hay ninguna solución tópica. España tiene un sistema de autonomías bastante amplio, sin embargo, los radicales no están satisfechos con eso y quieren presionar y conseguir más . El PNV habla del independentismo. Me parece que el País Vasco no va a ser independiente. No vamos a proceder a la destrucción de la estructura de España. Pero siempre está abierta la vía de las negociaciones políticas, de la mejora de las estructuras autonómicas, siempre dentro de los márgenes de la democracia.

Sopa de cebolla
JAVIER MINA El Correo 26 Febrero 2001

Cuentan que el sabio Nasrudín apostó a que podía pasar, con lo puesto, una noche en cierta montaña helada. Aceptada la apuesta, Nasrudín tomó un libro y una vela, subió a la montaña y sobrevivió como pudo. Pero en el momento de cobrar el dinero apostado hubo de admitir que se había servido de una vela, por lo que se quedó sin cobrar ya que sus contrincantes adujeron que se trataba de una fuente de calor. Meses después, los ganadores fueron invitados a cenar por Nasrudín, mas como transcurrieran las horas y la cena no llegase, el sabio anfitrión les rogó que le acompañasen a la cocina para ver qué podía ocurrir. Cuál no sería su chasco al ver que la enorme marmita donde debía cocerse el condumio estaba calentada por una simple vela. El agua no estaba ni siquiera tibia y Nasrudín exclamó con cara de circunstancias: «No sé por qué, lleva calentándose desde ayer».

Dudo que haya cuento más apropiado que el de la vela y la marmita a la hora de introducir un artículo que trata de la sopa de cebolla, es decir, que intenta explicar la receta de la sopa abertzale precisamente en un momento en que la marmita de su proyecto Batasuna tarda tanto en cocerse. Cuando Hanna Arendt radiografía el universo del totalitarismo, encuentra en la cebolla lo que a mi juicio constituye su auténtico meollo, porque es la estructuración de la sociedad en capas de cebolla lo que le da su fuerza al mismo tiempo que su original impronta. Veamos cómo. Imaginémonos el mundo y una cebolla. La cebolla representa a la organización totalitaria cuya capa más externa la ocupan los simpatizantes. Pues bien, las capas exteriores de la cebolla llevan hacia el interior la realidad de su propio nivel y reciben la de la capa interior más inmediata. Así, el encuadrado en la capa más externa está transmitiendo hacia la inmediatamente interior su percepción del mundo de todos los días, y, a su vez, está siendo aleccionado por la capa interior -y superior, porque sus miembros están encuadrados en un nivel organizativo jerárquicamente superior- sobre cómo debe ver el mundo de fuera según los principios del totalitarismo. Con lo que el posible choque entre la percepción del mundo más alterada -la superior- y la menos alterada -la inferior- se minimiza. Este trasvase mutuo se da a todos los niveles hasta llegar al centro de la cebolla -el jefe- donde el principio de realidad está más distorsionado, y como el viaje también es de vuelta, la ficción del centro progresa escalonadamente hacia el exterior, de modo que la capa más externa y novicia también se impregna de ella. El propio va y viene irá retroalimentando la ficción hasta darle consistencia de manera que todos los componentes del movimiento se están bañando en el mismo mundo imaginario.

Una cosa más, el mero encuadramiento proporciona identidad y permite que el mundo vivido como ficción esté tanto aquí como en aquel más allá soñado como un mundo nuevo. Y si el mundo perfecto ya está aquí empapando el imaginario, ¿para qué implicarse en reivindicaciones concretas de tipo socioeconómico que no son sólo menores y vulgares sino que además distraerían del grandioso objetivo último? Seguro que esto se les hace vagamente familiar. ¿No será porque la autodenominada izquierda abertzale también está organizada en capas de cebolla? La más externa correspondería a los simpatizantes, luego vendría EH -que no es una simple marca electoral sino un colectivo compuesto por HB y, por lo menos y en su día, Batzarre y Zutik-, luego HB, luego KAS -ahora Ekin- y en el centro el jefe, que es quien trasmite su concepción del mundo amparada en unas verdades inamovibles y -dicen- objetivas, pero, sobre todo, las líneas de actuación estratégicas y tácticas. La propia lógica exigiría que el jefe fuera ETA y así parecen confirmarlo, por si hubiera quien dudase, aquellos papeles publicados hace unos meses donde ETA daba auténticas instrucciones so pretexto de hablar de las dos vías posibles para la independencia, la lenta de Lizarra -¡y aún había quien la encontró demasiado ligera!- y la rápida de Udalbiltza, con todo su aparataje de desobediencia civil destinado a instaurar de facto una nación paralela de carácter étnico ya que de ella estarían excluidos quienes no pueden considerarse vascos porque, para hacerlo, y ahí está la obedientísima trampa de la mal llamada desobediencia, tendrían que suscribir las tesis abertzales: ser vasco es ser de la cebolla, y, para serlo, uno se empadrona en la cebolla, de lo contrario, y aquí sobreviene un refinamiento añadido, se autoexcluye él mismo, y si lo ha hecho, ¿a quién echarle la culpa? Por cierto, conviene resaltar el interés constante del movimiento abertzale por ir construyendo al mismo tiempo que la nación paralela un Estado paralelo -esa suerte de parlamento que quieren sea Udalbiltza, ese ministerio de asuntos exteriores Xaki, todos los organismos de tipo corporativo-, idea que, curiosamente, también se les ocurrió a los nazis que así pudieron organizar el Estado rápidamente en cuanto alcanzaron el poder.

Ni qué decir tiene que el promotor de ambas vías deja de lado la cuestión de la violencia. La violencia está en una esfera aparte, como una premisa sobre la que no cabe pronunciarse pero que, desde luego y por eso mismo, tiene un papel relevante a la hora de desestabilizar el Estado, mover a los nacionalistas democráticos para conseguir apoyos a su proyecto -cuando no doblegarles directamente para que sepan que sólo se puede ser abertzales siendo del MLNV-, y -aspecto que se suele desatender como si careciera de importancia- apuntalar en el imaginario el sentimiento de saberse protegido por una suerte de superhéroe que siempre estará ahí en los momentos difíciles sacudiendo a las fuerzas de ocupación y vengando los agravios. Porque la cebolla nace contra lo que no lo es, de ahí que siempre se esté construyendo contra el enemigo, pero al mismo tiempo y por propia necesidad, no de una manera monolítica. Una de las cosas que más llaman la atención en el movimiento abertzale es la multiplicación de núcleos organizados en cada capa de la cebolla. El motivo no puede resultar más evidente: al competir entre sí por las mismas áreas de poder se debilitan mutuamente y dejan el campo expedito para que el poder del jefe se ejerza sin traba alguna ya que sólo el jefe dispone de un poder indiviso y, por lo tanto, superior en fuerza como supieron ver los nazis.

Ahora bien, el movimiento abertzale incorpora una innovación.

La cebolla nazi se mantenía gracias a un estado de sospecha constante que separaba a los individuos entre sí. La cebolla abertzale parece funcionar soldándolos. En efecto, los planteamientos de tipo comunitarista de los que se sirve le ayudan a evitar las discrepancias con tanta o mayor efectividad que la sospecha. El movimiento abertzale se incardina en las cuadrillas de amigos y somete al individuo a una actividad social constante relacionada siempre con la lucha soberanista eliminando cualquier atisbo de vida propia, por lo que se asegura una lealtad y obediencia prácticamente absolutas ya que la presión del grupo en los momentos de flaqueza le quita del pensamiento cualquier veleidad crítica, por no mencionar que si llegado el caso decidiera romper, estaría rompiendo con cuanto significaba su vida: las capas de la cebolla están constituidas a su vez por multitud de pequeñas capas que van sepultando al individuo. Además, llegado el caso, siempre queda la amenaza y la violencia a ejercer contra el recalcitrante.

Cuando la cebolla echa a rodar es para hacerse cada vez más grande hasta convertirse en la cebolla que no dejará ningún caldo fuera. La sopa de cebolla actual desaparecerá en beneficio de la Gran Cebolla, esa nación totalitaria que agrupará a la inmensa mayoría en la capa de fuera -el 90% de los alemanes estuvieron encuadrados en ella bajo el imperio nazi- y al resto -la élite- en los sucesivos aros interiores. Y mientras la sopa se va concentrando ¡ay de los que se quedan fuera! Para ellos el dolor, el sufrimiento, el desprecio y la soledad. Más vale que el propio Nasrudín nos enseña, primero, a darle la vuelta a la situación poniendo la sopa al fuego único de una vela, y, segundo, a resistir: en la aterida cumbre de la montaña dispuso de un libro y de un poco de luz. Y sobrevivió.

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