AGLI

Recortes de Prensa     Martes 27  Febrero  2001
#Los socialistas vascos se la juegan; es justo que ellos decidan
Impresiones El Mundo 27 Febrero 2001

#Los dos debates
Ramón PI ABC 27 Febrero 2001

#Universidad y terrorismo
Manuel GALA ABC  27 Febrero 2001

#Tiempo de elecciones
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  27 Febrero 2001

#La mejor opción del PP
Editorial La Razón 27 Febrero 2001

#La cobardía de Arzalluz
Enrique de Diego Libertad Digital 27 Febrero 2001

#Trabajadores de RNE denuncian 'consignas' en el centro gallego
R. G. G. Madrid El País   27 Febrero 2001

#El diálogo posible
MIKEL URKIOLA El Correo   27 Febrero 2001

#De la Concha defiende la unidad de acción con Hispanoamérica para potenciar el español
Libertad digital  R. G. G.   27 Febrero 2001

#La política del avestruz
Julián LAGO La Razón    27 Febrero 2001

#El azote de Eta que no cayó en la tregua-trampa
S . Recio - Madrid .- La Razón 27 Febrero 2001

#El general Txapote
Iñaki EZKERRA La Razón 27 Febrero 2001

#Galmés analizó «Las lenguas de España»
MADRID. ABC 27 Febrero 2001

#La hora del sentido común
Lorenzo CONTRERAS La Razón  27 Febrero 2001

Los socialistas vascos se la juegan; es justo que ellos decidan
Impresiones El Mundo 27 Febrero 2001

Este fin de semana, destacados dirigentes socialistas -entre ellos, Felipe González, Manuel Chaves y Pasqual Maragall- volvieron a expresar sus dudas y vacilaciones sobre la política de pactos puesta en marcha por el PP y el PSOE en el País Vasco. Bono llegó incluso a decir que le da miedo el odio de Aznar hacia los nacionalistas. Frente a esta sucesión de equívocas declaraciones, el candidato a lehendakari por el PSOE, Nicolás Redondo Terreros, se vio obligado a replicar. Dejó claro que serán los socialistas vascos quienes decidan con qué formación se alían tras las elecciones del 13 de mayo. Redondo se distanció así de la alternativa, que al parecer prefieren algunos sectores del PSOE, de formar Gobierno con el PNV. Sus argumentos son contundentes. Nadie está más capacitado que los socialistas vascos para decidir sobre un asunto que repercutirá sobre sus vidas más que sobre las de cualquier otro colectivo. De hecho, puede considerarse una medida de lo dramática y excepcional que es la situación en Euskadi que dos partidos con matices ideológicos distintos mantengan la misma postura en defensa de la libertad. Por ello, no se pueden considerar exageradas las declaraciones que hizo ayer el líder del PP vasco, Carlos Iturgaiz, quien calificó de «corredor de la muerte» la circunstancia en la que sobreviven quienes, como él, residen en el País Vasco sin plegarse al chantaje terrorista. Y, como prueba de ello, están las revelaciones hechas también ayer por el consejero de Interior del Ejecutivo vasco. Balza explicó que el comando Donosti, parcialmente desarticulado tras la operación de la Ertzaintza, tenía previsto atentar de forma inmediata en cuatro ocasiones contra personas e inmuebles en territorio guipuzcoano.

Los dos debates
Por Ramón PI ABC 27 Febrero 2001

Es probable que mañana mismo tengamos ya nuevo ministro del Interior. La designación de Jaime Mayor como candidato del Partido Popular a la presidencia del Gobierno autonómico vasco ha ido deprisa, y estas cosas es saludable dejarlas sustanciadas cuanto antes, porque no tiene mucho sentido prolongar innecesariamente una situación de interinidad, si puede evitarse. Esto quiere decir que, a un mes todavía de la disolución formal del Parlamento vasco tras la convocatoria de las elecciones, nos encontramos ya metidos de lleno en campaña electoral.

Ésta va a ser una campaña en la que, por primera vez, se ponen sobre el tapete del debate público las cartas boca arriba: votar PP o PSOE significa voluntad de luchar contra ETA desde las instituciones de autogobierno; votar PNV o EA significa voluntad de prolongar la situación actual, en la confianza de que se pudra lo bastante como para que el Gobierno acabe tirando la toalla y aceptando negociar la independencia del País Vasco con tal de acabar con esta pesadilla. No se puede interpretar de otra manera el sentido último de cada voto. Han sido los propios partidos nacionalistas, con su firma del pacto de Estella, quienes lo han querido así.

Van, pues, a entremezclarse dos debates distintos, aunque íntimamente unidos: por un lado, el debate de cómo se acaba mejor con el terrorismo. Por otro, el debate propiamente político sobre el separatismo vasco. Suele ser un lugar común el distinguir entre el enfrentamiento radical con ETA, que marca la frontera entre los demócratas y los no demócratas, y la defensa de tal o cual forma de organizar políticamente el País Vasco, que forma parte de la vida política digamos normal. Esto es así, pero una cosa es que la defensa del separatismo vasco no tenga que conducir a nadie a la cárcel, y otra muy diferente es que haya que considerar políticamente aceptable esta tesis. Hay muchas majaderías que se pueden hacer y defender legalmente en un país libre como éste; y que sean legales no significa que hayan de ser respetables.

Universidad y terrorismo
Por Manuel GALA ABC  27 Febrero 2001

El jueves día 15 de este mes, los rectores de las universidades españolas acudimos a la Universidad Pública del País Vasco a firmar un documento de solidaridad con unos compañeros amenazados, más allá de su propio pensar, en sus propias vidas. De hecho, al defender a una parte de nuestro cuerpo universitario (recordemos que ETA ha asesinado a varios profesores, entre ellos a Tomás y Valiente en su propio despacho universitario en Madrid) afirmábamos la esencia de la Universidad: una dignidad que en el País Vasco debe ser conquistada día a día.

Sin embargo, el acto, hermoso en sí mismo, no nos podía dejar sino un sabor agridulce. Es cierto que, por un lado, pudimos afirmar que la Universidad, más allá de sus propias limitaciones, e incluso mezquindades, es realmente universal; una institución con un sentir común que defiende aquello que le proporciona al ser humano su propia esencia: la inteligencia y el conocimiento.

Pero, por otro, y para nuestro pesar, la necesidad de nuestra presencia se hizo patente desde nuestra llegada a Bilbao. Así, para un universitario como yo que ha vivido la evolución de la Universidad española de los últimos cuarenta años, la entrada en la Universidad del País Vasco significó la conciencia, la triste conciencia, de estar de nuevo sometidos a aquello que niega la Universidad misma: a la existencia de una dictadura. Porque, si la esencia de la Universidad es la libertad de pensar y transmitir el pensamiento; y lo que caracteriza a la dictadura es la represión de la libertad, no puede existir peor dictadura que la que ataca la libertad más profunda: aquella que busca el saber, el conocer lo que el otro te puede enseñar.

Así, cuando entramos los rectores de las universidades españolas en nuestro claustro del País Vasco; y lo hicimos flanqueados por hombres armados y con el rostro cubierto que estaban allí para protegernos, supimos que estábamos en una Universidad gravemente amenazada por la represión más profunda: la que utiliza el arma siniestra del miedo. Porque es el miedo la única arma que puede paralizar la mente y la comunicación del pensamiento; ese miedo que hace indigno al que lo provoca, o aun lo excusa, y nunca a la víctima que lo sufre y lo soporta.

Cuando ETA asesina o intenta asesinar a profesores, jueces, militares, periodistas, políticos, empresarios, policías, cocineros... no busca eliminar enemigos sino producir miedo, atemorizar: amordazar la palabra. De hecho, es precisamente la palabra su auténtico enemigo, ETA no tiene ideólogos, ni tampoco expresa lo que «piensa» mediante la palabra escrita. ETA simplemente amenaza y para hacer creíble el lenguaje de la violencia cumple con la mayor frecuencia que puede esas amenazas.

Sí, la experiencia fue también triste porque comprobamos que hay vascos que no nos quieren, que no quieren tener Universidad, que no desean una Universidad vasca pública. Algo que, en todo caso, no parece tener relación con ninguna idea o pensamiento de posible identidad nacionalista. Porque, ¿qué identidad —cualesquiera que sean su forma o estructura política— se puede construir sin pensamiento ni razón? Una tristeza producida por una extraña singularidad: la que vive hoy en esta Europa democrática la Universidad del País Vasco. Ser la única Universidad rechazada hoy, en España y en Europa, por una minoría de ciudadanos —muchos de ellos jóvenes— que no solamente no quieren pensar, sino que tampoco quieren que lo hagan otros por ellos.

No, el violento que busca el miedo en la UPV no quiere que el País Vasco tenga una Universidad pública, como tampoco lo hace el que, por evitar el miedo, se acomoda y conscientemente defiende la continuidad de esta situación.

Otro aspecto inquietante, casi sobrecogedor del acto de solidaridad fue para muchos de nosotros la clamorosa ausencia de estudiantes, nos encontramos en un Paraninfo en el que defendíamos el derecho de la libertad de cátedra y el derecho a la docencia y, por tanto, a su más elemental calidad, y sin embargo el alma de la Universidad, las personas para los que ésta ha sido creada, no estaban presentes.

¿Ese vacío era producto del miedo? La terrible duda es si los estudiantes eran víctimas o si las víctimas eran unos profesores que tenían miedo a que entre los jóvenes hubiera unos cuantos infiltrados —suficientes— que hubieran producido una vez más la imposibilidad de la existencia de la Universidad. Unos cuantos metros más allá se producían actos violentos como protesta airada por la presencia de la inteligencia universitaria. En definitiva, los estudiantes universitarios, nuestros estudiantes, aquellos que deben transmitir lo que aprenden a los demás no estaban allí ni siquiera como testigos. Es también triste que acudieran a dar fe el lehendakari y los representantes de los partidos políticos que defienden la democracia y que no estuvieran aquellos que aspiran a continuar en el futuro esos mismos puestos que ellos ocupan ¿o acaso sus hijos, los compañeros de sus hijos, no son universitarios vascos?

Por otra parte, el pensar, el razonar es el único camino que tenemos para crear una sociedad común con los hombres y mujeres de otros países. No existe posibilidad alguna de crear una identidad propia, o si se quiere nacional, sin comunicar nuestra razón a los demás. Esto es, sin Universidad no hay Europa, no hay sociedad democrática occidental, no hay un concepto de humanidad.

Porque ¿cómo reaccionan esos estudiantes que acuden a la Universidad a recibir ese conocimiento que deben transmitir los profesores? Por supuesto, ellos también pueden tener miedo, pero están obligados a saber que con miedo no hay Universidad y que les están robando aquello a lo que, siendo suyo, tienen derecho como ciudadanos. Por eso, al menos tienen que saber que otros están destruyendo su Universidad y que, lo que les ocurre a ellos, no les ocurre a sus compañeros de otras universidades españolas o europeas.

En efecto, la presencia de los rectores españoles en la UPV fue un acto de solidaridad con la Universidad pública vasca; una afirmación de la dignidad y vigencia de la Universidad en nuestra sociedad; y, por supuesto, la denuncia de una minoría que utiliza la incultura como amenaza para el futuro de la sociedad vasca.

Tiempo de elecciones
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  27 Febrero 2001

Recordarán los amables lectores que allá cuando ETA anunció el fin de su tregua, el lehendakari Ibarretxe había prometido marcharse si ETA volvía a matar. ETA volvió, efectivamente, a la actividad que le es más propia y que le ha dado justa fama en todo el mundo, cometiendo veintiséis asesinatos en trece meses.

Este año largo, larguísimo, ha sido un tiempo estancado y negro en el que el Estado de Derecho en Euskadi se ha arrastrado con muchísima más pena que gloria por un calendario en el que a los crímenes sucedían manifestaciones de protesta y a estas manifestaciones otros crímenes. Lutos, tras otros lutos y otros lutos; llantos, tras otros llantos y otros llantos, que escribió Miguel Hernández.

El lehendakari incumplió algunas de sus promesas en esos meses, por ejemplo, la de irse, y justificaba su negativa a convocar elecciones con dos argumentos curiosos: El primero era evitar la crispación que iban a producir los comicios, un tiquismiquis sorprendente para alguien que está dispuesto a convocar un referéndum de autodeterminación. El segundo, que las elecciones no iban a cambiar nada, razonamiento o así que le serviría para postergarlas sine die: total, sólo sirven para crispar al personal, cuesta una pasta organizarlas y ya sabemos que las van a ganar los nuestros... Mucho mejor sustituirlas por una encuesta. Es más barata y más inocua y ya dijo Eugenio D'Ors que los experimentos, con gaseosa.

Bueno, pues el lehendakari se ha equivocado en los dos razonamientos. Todo el mundo está convencido de que estas elecciones van a traer cambios, más de los que quisieran el lehendakari y su partido, pero la tensión se ha relajado considerablemente. Si uno fuese mal pensado llegaría a la conclusión de que ha bastado el barrunto de tiempo electoral que ha anunciado el lehendakari con su estrambótica decisión de poner fecha sin disolver el Parlamento, para que las Fuerzas de Seguridad del Estado y de la comunidad autónoma se hayan puesto a competir en la detención de etarras.

Si hubieran adoptado estrategias de colaboración y no de competencia, tal vez se habría podido detener a los huídos Asier Arzalluz y Aitor Agirre, pero en fin, pelillos a la mar, arrepentidos los quiere el Señor y más vale tarde. Las elecciones han cambiado el panorama, antes, incluso, de celebrarse. Su cercanía ha hecho concretar mucho a Balza su idea del diálogo: «¿Es usted el señor Guridi Lasa?». «Efectivamente, yo soy». «Pues queda usted detenido, etc. etc». Cualquier día de estos, Balza se va a descubrir a sí mismo felicitando a Mayor Oreja (o a quien le suceda) por un éxito de la Guardia Civil. Esto ya lo hacía Atutxa con cierta naturalidad para pasmo de su partido, pero fue antes de la glaciación que nos trajo el soberanismo.

La mejor opción del PP
Editorial La Razón 27 Febrero 2001

El Comité Electoral Nacional del Partido Popular ratificará hoy la decisión del partido en el País Vasco, para que Jaime Mayor Oreja, todavía ministro del Interior, sea su candidato a lendakari en las elecciones autonómicas en elPaís Vasco. Mayor Oreja, que se ha revelado como uno de los mejores ministros de José María Aznar, recibió un departamento de Interior seriamente dañado por los escándalos de la época socialista y ha logrado ponerlo de nuevo en marcha, hasta devolver su eficacia y operatividad a la Policía y la Guardia Civil.

    Su elección como cabeza de lista por el PP para el Gobierno de Vitoria no es ninguna sorpresa. «El mejor de todos nosotros», como definió ayer al candidato el líder de los populares vascos, Carlos Iturgaiz, al dar a conocer la decisión, se ha ganado a pulso un enorme prestigio. Su profundo conocimiento del País Vasco y su trabajo serio como ministro, se unieron a su valor personal cuando se enfrentó en solitario al resto del Ejecutivo y advirtió que la tregua de Eta era una trampa y que los terroristas no querían negociar, sino ganar tiempo.

    Este guipuzcoano es el gran triunfo que Aznar pone encima de la mesa para desalojar al nacionalismo excluyente del Gobierno vasco y provocar la alternancia democrática en una parte de España que tiene que dejar de ser cuanto antes una excepción en el sistema de libertades. Este será su gran reto, demostrar que el PP es capaz, como lo ha sido en Galicia o Valencia, de avanzar en un nacionalismo real, enriquecedor e integrador.

    Con su candidatura es perfectamente posible derrotar en las urnas a un PNV desgastado por décadas de gobierno y reiterada deslealtad; engañado por Eta y arrojado después por los proetarras a la cuneta política, que hoy achaca a Mayor Oreja que «no vive en el País Vasco» y le tilda de «candidato provocación». No les falta razón: Jaime Mayor Oreja es un peligro, pero sólo para Eta y sus amigos, para el proyecto «soberanista».

La cobardía de Arzalluz
Por Enrique de Diego Libertad Digital 27 Febrero 2001

Las próximas elecciones vascas son en buena medida, como ya lo fueron las pasadas generales en el País Vasco, un pulso entre Jaime Mayor Oreja y Xabier Arzalluz. Lo curioso es que Arzalluz no se presenta a las elecciones. Se escuda para ello en la bicefalia esencialista que sitúa al partido como el detentador de la ortodoxia pura –un conjunto de toscos prejuicios racistas de un pensador de octava como Sabin— mientras el lehendakari y sus cargos han sido, son y serían los lacayos posibilistas, los cipayos de Sabin Etxea. Ese esquema, peculiar del PNV, ha sido un completo fracaso y una de las causas de la permanente inestabilidad y fragmentación del panorama político vasco. Motivó en su día una escisión a través de Carlos Garaicoechea, por el interés de éste en dar primacía a Ajuria Enea sobre Sabin Etxea, se mantuvo en las formas con José Antonio Ardanza y es una ficción con Juan José Ibarretxe, un subalterno de Arzalluz. Que esa bicefalia ha fracasado lo dicen ya incluso nacionalistas como Joseba Arregi.

Ante ese panorama, el hecho de que Arzalluz, el auténtico lehendakari de Estella/Lizarra, no abandone la presidencia del partido para asumir el riesgo democrático tiene, entre otras lecturas, la de la cobardía personal. Arzalluz no ha querido someterse nunca al dictado de las urnas, por el simple hecho de que su efecto sobre su figura sería demoledor. Arzalluz no es ni el albacea de Sabin, ni sólo el cavernícola del Rh, ni el relativista moral del árbol y las nueces, es, sobre todo, el que elude su responsabilidad política tras el hombre de la triste figura que es Ibarretxe. Arzalluz es, en términos democráticos, un cobarde.

Trabajadores de RNE denuncian 'consignas' en el centro gallego
R. G. G. Madrid El País  27 Febrero 2001

La crisis de las vacas locas y la proximidad de la campaña electoral han reavivado los conflictos entre las empresas públicas de radio y televisión y los trabajadores de esos medios en Galicia. Un grupo de profesionales de los servicios informativos de la emisora de Radio Nacional de España en A Coruña, cabecera de la radio pública en la comunidad gallega, han remitido una nota al Consejo de Administración del ente público en la que denuncian las 'consignas' recibidas desde la dirección de la empresa. Según los trabajadores, el mensaje informativo que han de difundir a través del medio público pasa por 'transmitir a toda costa una imagen positiva de Galicia, vinculando el progreso a la gestión de la Xunta'.

Para ilustrar la 'deficiente organización' y la 'evidente manipulación informativa' a favor de los intereses del Partido Popular y del Gobierno de la Xunta, los trabajadores explican la cobertura dada recientemente a determinadas noticias. Así, por ejemplo, resaltan que los responsables de RNE no enviaron a un periodista al vertido de reses en Mesía hasta cinco días después de que los vecinos de esa localidad desvelaran el caso, ya que para los responsables del centro 'lo prioritario era minimizar en lo posible la noticia'.

Asimismo, los trabajadores cuestionan la cobertura de la información política regional. 'Es muy habitual que en un mismo informativo Manuel Fraga aparezca en cuatro o más noticias distintas', alegan. Respecto a la información económica, aseguran que 'no hay lugar para noticias negativas' sobre el paro o la caída de la Bolsa.

Los trabajadores de RNE han optado por hacer pública esta situación para defender su profesionalidad e intentar recabar apoyos en el propio Consejo de Administración de RTVE. El director general del ente, Javier González Ferrari, considera que el tratamiento informativo de RTVE en Galicia es 'correcto y profesional', según puso de manifiesto la pasada semana en la comisión de control parlamentaria.

El diálogo posible
MIKEL URKIOLA El Correo   27 Febrero 2001

La política vasca fluye a borbotones, se asemeja a un mar bravío en el que cada ola impide vislumbrar el mar en su amplitud y, después de que nos haya desbordado una, nos olvidamos de ella y nos centramos en que la siguiente no tambalee nuestro frágil cuerpo. No acierto a adivinar si este acercamiento impulsivo a lo público brota del carácter cantábrico o si la violencia que atenaza la política ha contaminado el contenido y hasta el apasionamiento con que se abordan determinados discursos. La pasión política puede servir de eslabón de enganche para que las nuevas generaciones conciban sus vidas como una existencia dentro de una comunidad de intereses y sentimientos donde se revalorice lo público frente al individualismo en auge. Pero, en muchas ocasiones, este apasionamiento impide afrontar los problemas con la racionalidad necesaria y a la actuación política se suma la sobreactuación dramática. Por eso, no está claro cuánto hay en el debate de voluntad efectiva de acción política y cuánto de simple teatralidad partidaria. Hoy, la ola del diálogo es la que nos reta no para que nos inunde, sino para que podamos establecer un debate sereno sobre los interlocutores, contenidos y posibilidades del diálogo.

Considero que en los últimos meses se ha manoseado tanto este concepto que existen tantas acepciones de diálogo como apelaciones al mismo; se ha utilizado como arma dialéctica acusándole al adversario de que se niega a dialogar mientras quien formulaba esa acusación se negaba a exponer qué entiende por diálogo. Por lo tanto, lo que urge es una definición colectiva de diálogo, sin mantener una ambigüedad calculada o interesada. Únicamente desde la confianza se puede fundar un diálogo constructivo que no sea la suma de monólogos ni se limite a constatar que los proyectos en pugna son legítimos. Con el afán de que las formaciones políticas mantengan una actitud de confianza mutua y responsabilidad pública, en diversas ocasiones, Gesto por la Paz ha solicitado a las fuerzas políticas que reconozcan que su adversario se encuentra igualmente en contra de la violencia. Esta confianza potencia el enriquecimiento personal y colectivo al reconocer al otro como igual en derechos y deberes e interioriza el pluralismo no como un lastre, sino como una oportunidad de desarrollo humano y societario. Por eso, las divisiones de la política vasca en dos frentes no reflejan la complejidad y diversidad que la sociedad alberga en su seno. La actual crispación política y el maniqueísmo construido entre nacionalistas y no nacionalistas ahogan en la desazón a una gran parte de ciudadanos vascos, huérfanos políticos obligados a optar por uno de estos proyectos cuando de enfrentarse a la violencia se trata. La violencia etarra se regodea con este enfrentamiento, que forma parte de esos pequeños logros que la democracia otorga a los violentos. Con el objeto de romper esta política de aguas estancadas, hay un diálogo inaplazable: el que deben realizar los partidos democráticos con el fin de armonizar una respuesta unitaria, plural e integradora a la violencia.

El diálogo constituye un proceso gradual, no exento de obstáculos a sortear. Aún así, las dificultades futuras no pueden fagocitar las potencialidades de un diálogo presente sobre lo que compartimos, el rechazo a la violencia y la solidaridad con las víctimas. Este diálogo entre los partidos democráticos para luchar contra la violencia es el diálogo posible y necesario hoy en día. Más adelante, ya se intentará levantar los siguientes pisos para alcanzar mayores cotas de consenso en otras cuestiones más complejas, pero sin unos cimientos sólidos cualquier edificio está condenado a derrumbarse.

Este diálogo quizás no constituya la pócima mágica de efectos taumatúrgicos para desalentar a los violentos de sus pretensiones maximalistas, pero deviene en una herramienta imprescindible si queremos que la violencia no perturbe las relaciones políticas y humanas entre quienes consideramos que los objetivos políticos no pueden alcanzarse por medio de la violencia. Churchill ilustró gráficamente este planteamiento al afirmar que «la democracia no es una escalera para subir al cielo, la democracia es una escalera para salir del infierno». Por eso, frente a la desvertebración social que ETA persigue, este diálogo mínimo es el que posibilita la convivencia. El diálogo debe ser utilizado precisamente para sustituir las posturas enfrentadas que utilizan la violencia como arma arrojadiza, por espacios de encuentro en los que se pueda abordar de forma sosegada cualquier proyecto político, desvinculándolo de la violencia. Así, se requiere un diálogo que exprese los intereses que subyacen debajo de los posicionamientos rígidos, para facilitar, de este modo, los necesarios consensos y la resolución de los diversos conflictos.

Por otra parte, sacralizar un foro en el que residenciar este diálogo y un momento espectacular para llevarlo a cabo, tal vez, no suponga la mejor fórmula. Pese a que la sociedad del espectáculo demanda una mesa con múltiples focos y fotos, el espectáculo no puede sustentar un diálogo constructivo. Este es consustancial al sistema democrático y el elemento vertebrador de toda sociedad moderna. En nuestro pequeño trozo de tierra, tanto la integración social como el edificio institucional del que nos hemos dotado no los hemos construido a base de convocatorias extraordinarias sino que la sociedad vasca se ha fundado gracias a la normalización del diálogo político y social, asumiéndolo como una práctica cotidiana de relación humana y política entre diferentes y con la labor anónima de muchas personas en largas reuniones o encuentros informales. Porque normalizando las relaciones políticas entre los partidos democráticos se pueden conducir a la ciudadanía vasca por el sendero del encuentro y de la convivencia, no del atrincheramiento enfermizo.

La erosión más potente se produce cuando se unen dos olas y deciden arremeter juntas contra la roca de la costa. Continuando con el símil, con el diálogo sucede algo parecido. Aunque el debate público se mueva de la ola del diálogo a la de la denominada vía policial como dos fuerzas peleadas, la violencia va a verse erosionada cuando interactúen ambas. En definitiva, considero necesario conjugar cauces de diálogo normalizados con los esfuerzos oportunos para investigar, detener y juzgar a los que han cometido delitos tan graves como los de terrorismo.

Resulta evidente que ETA desea acabar con el diálogo e imponer su diálogo macabro, silenciándonos e interrumpiendo nuestras relaciones humanas. En esta marejada, podemos intentar saltar las olas cada uno por su cuenta, creyéndonos más fuertes que el mar, o podemos agarrarnos las manos y agacharnos juntos debajo del agua porque ésta es la forma en la que las olas no desbordan y, así, conseguiremos salir a flote sin ahogarnos. Es un trabajo arduo, pero el único posible.

De la Concha defiende la unidad de acción con Hispanoamérica para potenciar el español
Libertad digital  R. G. G.   27 Febrero 2001

El director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, considera que "la clave del éxito" para que el español avance como lengua universal radica "en potenciar la unidad de acción con Hispanoamérica" en su doble expansión, hacia el norte, en Estados Unidos, y hacia el sur, en Brasil.

"La unidad de acción no es un sueño", aseguró García de la Concha al pronunciar este martes una conferencia sobre "La lengua española en el mundo", dentro del ciclo organizado por la Academia de la Historia para conmemorar los 25 años de reinado de Juan Carlos.

El máximo responsable de la Academia afirmó durante su intervención que "el gran reto" del español se sitúa actualmente en la diplomacia y en las relaciones internacionales", pero, sobre todo, "en el campo de la ciencia y, más concretamente en el espacio tecnológico". "Ahí vamos por detrás de donde nos corresponde, aunque -todo hay que decirlo- con una tasa de ritmo de crecimiento que nos hace ganar puestos de día en día", dijo el director, quien a renglón seguido llamó la atención sobre la importancia que tendría que todos los países hispanohablantes "pactaran una unidad de acción en orden a proponer como alternativa una terminología científica hispana".

En cuanto a la situación actual del español en Estados Unidos, el director dijo que hay muchos interrogantes sobre la marcha de esta lengua en un país donde, "una prolongación del bilingüismo en el tiempo" podría requerir dentro de un cierto tiempo la normalización de una variedad estándar del español.

La política del avestruz
Julián LAGO La Razón    27 Febrero 2001

¿Es xenófobo quien condena la doctrina que, en perjuicio de las mujeres, predica el Corán? ¿Es xenófobo quien considera extemporánea la poligamia en la sociedad occidental? ¿Es xenófobo aquel a quien le repugna la ablación? Sobre la inmigración se están vertiendo dosis inconmensurables de demagogia, que no ayuda a la comprensión del problema.

    Las palabras pronunciadas por Marta Ferrusola sobre la inmigración magrebí han puesto encima del tapete una polémica que ha producido reacciones antagónicas: la de los políticos que (a excepción de su marido Pujol y el delfín Mas, que es como si fuera un hijo adoptivo) han criticado tales manifestaciones; y la de la ciudadanía que, si nos atenemos a las opiniones de radioyentes y lectores, se sienten identificados con Ferrusola, no tanto con sus palabras sino con el fondo de la cuestión que apunta. Efectivamente el flujo inmigratorio norteafricano inspira en nuestra sociedad un rechazo cada vez más acusado, a diferencia de lo que ocurre con otras inmigraciones como la procedente de Latinoamérica. ¿A qué se debe entonces tan específico rechazo? ¿A los países de origen? No; sin duda al factor religioso fundamentalista, en general, y en el caso concreto de la ablación, a la colisión de determinadas prácticas ancestrales con el modelo de cultura occidental.

    Cierto es que nadie debe excluir a nadie por razones religiosas, culturales o atávicas; pero igualmente es cierto que el ordenamiento jurídico de los países de acogida obliga a todos sin excepción a su cumplimiento. Por supuesto, hay musulmanes y musulmanes. ¿Dónde reside el problema? En que, para los mahometanos, la discriminación femenina no está proscrita por la religión sino al contrario: hasta en siete ocasiones el Corán justifica el castigo físico, repudio incluido, a la mujer que no se muestra sumisa al marido.

    Esta aberración alcanza su grado máximo cuando la fe, además, se convierte en norma reguladora de conductas sociales y políticas, con el consiguiente conflicto social que ello implica. Así, en Francia, la comunidad musulmana, integrada por más de 4 millones de personas, exige ahora una legislación ad hoc a fin de que la poligamia, los malos tratos de género y las ablaciones dejen de estar tipificados como delitos.

    La inmigración no sólo ha de contemplar, pues, aspectos demográficos, de mercado o humanitarios. Antes que nada, ha de considerar la capacidad de integración dentro de la sociedad de destino. De ahí la necesidad de los cupos. Obviar tal circunstancia nos llevaría a aceptar los ghettos como realidad inevitable, lo cual resulta tan rechazable como la propia xenofobia. ¿O no? Marta Ferrusola no ha hecho más que apuntar un debate de fondo, ante el cual los políticos esconden la cabeza debajo del ala como los avestruces.

El azote de Eta que no cayó en la tregua-trampa
Mayor Oreja abandona el Ministerio de Interior tras cinco años de mandato en el que ha hecho frente a la «ofensiva nacionalista y terrorista más grave» desde los años 80
Jaime Mayor Oreja fue nombrado ministro del Interior el 5 de mayo de 1996 en el gabinete de José María Aznar tras renunciar a su escaño como diputado del Parlamento vasco. Cinco años después, el ingeniero agrónomo donostiarra vuelve a Vitoria para intentar ocupar la Lendakaritza. El tiempo que ha ocupado su despacho está marcado por el «alto el fuego» que nunca existió, la «mayor ofensiva nacionalista de los últimos tiempos» y la «mayor ofensiva terrorista» de Eta desde 1980.Ahora va a Vitoria a por todas. Está convencido de que será «lendakari».
S . Recio - Madrid .- La Razón 27 Febrero 2001

Jaime Mayor Oreja llegó en 1996 al Ministerio de Interior con las ideas muy claras. La defensa de la libertad en el País Vasco, el deseo de «un proyecto político común y compartido» y la defensa de la unidad de España con la Constitución y el Estatuto como únicos instrumentos. No se ha movido ni un ápice de estos postulados a pesar de haber tenido que hacer frente a la mayor ofensiva nacionalista y terrorista que ha sufrido España en las dos últimas décadas.

    Deja su cartera llena de resultados:trece «comandos de liberados» de Eta y doce «comandos de legales (miembros no fichados por las Fuerzas de Seguridad)» desarticulados, cerca de trescientos miembros o colaboradores de la banda criminal detenidos y cinco tramas civiles de Eta desmanteladas. Desde que Mayor Oreja fue nombrado titular de Interior, la colaboración internacional, en especial la del Gobierno francés, ha otorgado excelentes resultados en la lucha antiterrorista. Por el contrario cincuenta personas de todos los ámbitos de la sociedad española han sido asesinados en brutales atentados en los últimos cinco años.

    Mirando hacia atrás, lo primero que hizo Mayor cuando llegó a su despacho en Castellana 5 fue cortar de raíz cualquier tipo de negociación con los terroristas que en los últimos meses del mandato socialista y con Margarita Robles al frente de la Secretaría de Estado de Interior había conseguido abrir una «vía negociadora» a través del argentino Pérez Esquivel.

    El primer reto del ministro fue acabar con el «entierro en vida» del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara. Tras 532 días de secuestro por el «comando Goierri», la Guardia Civil lo rescató en julio de 1997 en una de las acciones antiterroristas más brillantes de la primera legislatura de Mayor Oreja.    

«Egin»
Durante los primeros meses de su mandato, la banda criminal sufrió un golpe de enorme trascendencia en su entramado político y financiero gracias a la operación desarrollada por el Cuerpo Nacional de Policía y que supuso, entre otras cosas, el cierre del diario «Egin». Meses después nació el «Espíritu de Ermua» tras la ejecución del edil popular Miguel Ángel Blanco por el «comando Donosti». Hoy todos sus asesinos están detenidos.

    Ya en 1998, se desarticularon importantes «comandos» como el «Andalucía», antes de que el 16 de septiembre Eta declarase una «tregua». El silencio de las pistolas se «mantuvo» hasta el 3 de diciembre de 1999 y Mayor Oreja desde el primer momento no se la creyó. El tiempo y 26 víctimas le han dado la razón.

    Durante el período de «alto el fuego» se comenzó a fraguar la Ley de Solidaridad con las Víctimas del Terrorismo. También la banda terrorista aprovechó para rearmarse mientras que los nacionalistas vascos intentaban quebrar la unidad del Estado con iniciativas como el «frente separatista» de Estella y la Asamblea de Municipios vascos, la «Udalbiltza».

    El ministro de Interior es desde su puesto como presidente honorario del PP del País Vasco uno de los artífices de arrebatar a los nacionalistas en los comicios municipales vascos la alcaldía y la Diputación de Álava.

    El 21 de enero Mayor Oreja se marcha de su despacho con un magnífico sabor de boca. En una brillante operación del Cuerpo Nacional de Policía y de la Policía gala se detuvo el pasado 22 de febrero al etarra más buscado, al máximo responsable del «aparato militar» de Eta, Francisco Javier García Gaztelu, «Txapote».    

«Ttotto»
Los últimos grupos de pistoleros en caer han sido el «comando Ttotto», un grupo de apoyo del «comando Donosti», un «talde» del «Vizcaya» y el «comando Barcelona» que fue detenido por dos guardias urbanos de la Ciudad Condal.

    Bajo el mandato de Mayor Oreja también se desmantela el «Comité Central» del GRAPO con la detención de sus máximos dirigentes en París el pasado 9 de noviembre. En la lucha contra el tráfico de droga se ha aprobado un Real Decreto del Ministerio sobre la Estrategia Nacional que vino a sustituir al inicial de 1985. Las incautaciones de cocaína, heroína y éxtasis han superado en más del doble a las realizadas en ejercicios anteriores con operaciones como las de «Carro» y «Temple». Es ahora o nunca. Mayor Oreja va a Vitoria a por todas. Dicen que tiene la convicción personal de que va a llegar al Palacio de Ajuria Enea. Si gana las elecciones vascas el próximo 13 de mayo estará mejor situado que nadie para suceder a José María Aznar.

El general Txapote
Iñaki EZKERRA La Razón 27 Febrero 2001

Juraría que no se libró ningún informativo, ni televisivo ni radiofónico. En todos se habló hasta la saciedad de la detención del «jefe militar de Eta» o del «responsable del aparato militar». No se habló del «general Txapote» o de «su excelencia el jefe del Estado Mayor de Eta» de milagro. Y, aunque es inútil luchar con estos risibles vicios y con personas a las que no les chirrían tales expresiones de forma espontánea, dedicaré estas líneas al glorioso ejército de «Champignon», al arsenal bélico de «Perretxiku», a las brigadas internacionales de este personaje recién condecorado por nuestros medios de comunicación que asesinaba con una colección de seudónimos por pura modestia, quizá para que no le pidieran autógrafos en la calle.

    A uno este grotesco uso del término «militar» y de la terminología marcial no le chirría porque tenga un alto concepto de la milicia sino sencillamente porque tiene sentido del ridículo. La palabra «militar» no es ya que le conceda a un delincuente la respetabilidad que no tiene -que algo hay de eso- sino que le concede a un asesino precario un poder que ni se huele. Llamar «operación militar» a atacar con una bomba a un pacífico ex consejero de Educación o a unos currelas que salen de la fábrica es sobre todo megalomanía. Es participar retóricamente del delirio de grandeza que padecen los asesinos.

    Llamar «aparato militar» a una dinamita robada y a unos deneís falsificados es sufrir una seria dificultad para el uso y la selección del lenguaje. Llamar «jefe militar» a un sujeto que planifica tiros en la nuca a catedráticos y munipas o petardos para hacer volar por los aires a cocineros, amas de casa y locutores de radio es simplemente imbecilidad. Y es también alimentar varios mitos infundados, nefastos y muy caros: el de que hay una Eta bien organizada, el de que ésta es invencible y el de que es una guerra lo que se trae entre manos, con lo cual se legitiman las falsas equidistancias y la insufrible verborrea del «conflicto», del «contencioso» y de «las dos partes».

    No. No es que uno vea mancillada ninguna nobleza referente al oficio castrense. Uno sabe que donde se habla mucho de virtudes es donde es más fácil perderlas: en el ejército, en las oenegés, en la iglesia, en el periodismo, en las artes, en la profesión médica... Uno se acuerda de Montaigne, que emulaba a los clásicos en ese asunto: «ningún soldado se alegra de la paz de su ciudad». Uno sabe que el de las armas es un problema clásico. Pero por más que se empeñen nuestros medios de comunicación. «Txapote» no fue nunca un «jefe militar» de nada. Era un animal con un puto ordenador, un chapuzas. Hablamos hoy de «Txapote» porque es un tipo que chapotea en sangre.

Galmés analizó «Las lenguas de España»
MADRID. ABC 27 Febrero 2001

La Real Academia de la Historia continúa celebrando el ciclo «Veinticinco años de reinado de S. M. Don Juan Carlos I». Ayer fue el turno del académico Álvaro Galmés de Fuentes, que intervino con su ponencia «Las Lenguas de España». El romanista y arabista partió en su exposición de la Alta Edad Media, cuando las seis lenguas que convivían en la Península se redujeron al gallego, catalán, vasco y castellano, por el hecho de que «las lenguas no son entidades estáticas, sino que tienen vida propia». De estas lenguas, Galmés de Fuentes centró parte de su conferencia en el catalán y analizó el sentimiento lingüístico de los catalanes en los siglos XVI, XVII y XVIII, época en la que ellos mismos defienden el castellano, al que llamaban «la lengua española». Aunque, eso sí, Galmés aclaró con evidente sentido del humor que éstas son opiniones «de los propios catalanes», por lo que si a algún nacionalista no le gusta la idea, «que se queje a ellos, y no a mí».

La hora del sentido común
Lorenzo CONTRERAS La Razón  27 Febrero 2001

Uno de los aspectos más elocuentes, si no el que más, del discurso de Aznar en Bilbao, ante las Juventudes Populares Europeas, ha sido su apelación a los «cobardes» y a los «indiferentes» para que se muestren activos frente a la amenaza totalitaria de Eta. Este recurso a la sensibilidad soterrada de los silenciosos es el mismo que ha empleado el «lehendakari» Ibarreche en una reciente intervención pública respecto de aquellos cuya colaboración inconformista se requiere. Esto significa que ambos políticos piensan en un núcleo de indecisos o recapacitadores capaces de influir con su voto en el signo de las próximas elecciones.

    Está en marcha, por tanto, un ensayo de seducción política de voluntades potenciales todavía inertes. Aznar, a todas luces, cree que en el límite del constitucionalismo, limítrofe con el nacionalismo, hay una masa espectadora descontenta con lo que ve y padece como ciudadana, pero todavía con su opción sin definir. Y, por su parte, Ibarreche, cuando intenta excitar a su favor el celo cívico de los disconformes, parece ilusionarse con la idea de que en las zonas más blandas del «abertzalismo» hay bastante voto trasvasable a la causa nacionalista moderada, entendiendo por tal la suya.

    El discurso de Aznar ha sido objetivamente bueno, con media docena de verdades de muy difícil refutación desde el interesado ángulo nacionalista. Decir, repetir, que el PNV no es indispensable ni inamovible va directamente al corazón de la tesis de su eternización como mal menor en un País Vasco fieramente disputado por los radicalismos. Es la tesis que Ibarreche trata de imbuir subliminalmente para socavar sobre todo las posiciones electorales de EH, nutridas en parte por gente con cierta capacidad de horror o con el sentimiento de que su voto puede perderse. En este último sentido conviene recapacitar en el significado de recientes encuestas que adjudican a EH un considerable bajón en la tabla de cotizaciones ciudadanas.

    De aquí al 13 de mayo vamos a asistir a una difícil carrera de moderaciones entre posiciones recíprocas intolerantes. Ni constitucionalistas ni nacionalistas se van a reconocer la más mínima virtud. Todo se va a desarrollar en clave maniquea, aunque con voces impostadas. Los primeros ofrecen con claridad su producto. Los nacionalistas, conscientes de su contaminación radical, han empezado a ensayar una modificación de sus estilos. Arzallus ha repetido su «mea culpa» respecto a los compromisos de Lizarra y la consejería de Interior ha iniciado con la Ertzaintza una hasta ahora inédita persecución de comandos etarras, compitiendo con la Guardia Civil.
    En realidad todo está bastante claro para una sociedad cuyo parecer se solicita en las urnas. Es la oportunidad del sentido común.

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