AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 28  Febrero  2001
#La revolución de Jaime Mayor
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 28 Febrero 2001

#Arzalluz
FRANCISCO UMBRAL El Mundo  28 Febrero 2001

#La cercanía del nacionalismo y el racismo
Impresiones El Mundo 28 Febrero 2001

#La cobardía de Arzalluz
Enrique de Diego Libertad  Digital  28 Febrero 2001

#Kertesz, Ibarretxe y los otros
HERMANN TERTSCH El País  28 Febrero 2001

#De vuelta
Editorial El Correo  28 Febrero 2001


#Declaraciones peligrosas
ROSA REGAS El Mundo 28 Febrero 2001

#Psicopatología de la política cotidiana
JAVIER PRADERA El País   28 Febrero 2001


#Barrera avala las tesis de Haider y afirma que Cataluña desaparecerá si sigue la inmigración
ENRIC COMPANY Barcelona El País  28 Febrero 2001

#Pujol avala un libro nacionalista con expresiones xenófobas
X. S. - Barcelona .- La Razón 28 Febrero 2001

#Un individuo entra en una oficina de Correos en Hernani y deja un artefacto que explotó
San Sebastián. Ep 28 Febrero 2001



 

La revolución de Jaime Mayor
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 28 Febrero 2001

En 1996 mandaba el nacionalismo plenamente. Se repartían la hegemonía entre los moderados y los metódicos del Terror. Unos estaban en las instituciones y los otros, en la contestación criminal. Un inmoral reparto de papeles que desaparecía a la hora de imponer los cánones etnicistas, la enseñanza antiespañola, la administración del odio, la función discriminatoria de la lengua vasca... Una división del trabajo con vistas a un único objetivo que se venía disimulando con eufemismos como el soberanismo, el ámbito vasco de decisión, la construcción nacional vasca.

Cuando llega al poder el PP, los nacionalistas «moderados» están hablando ya del derecho a la autodeterminación no como una aspiración lejana sino para mañana mismo, e incluso están ya defendiendo la necesidad de un censo de «verdaderos vascos». Este sería el precio que el Gobierno español y los partidos nacionales tendrían que pagar por el cese de la violencia: el diálogo no podría ser sino el único camino para la conquista de la paz, porque el fin de ETA no podría llegar de otra manera. La solución policial estaba llamada al fracaso.

Este era el discurso que había ganado a una gran parte de la izquierda española y que contaba con un coro bien cualificado y eficaz en Madrid y en Barcelona. Desde el punto de vista partidario, esta estrategia nacionalista contaba con el apoyo, más o menos explícito, del PSE/PSOE, íntimamente convencido de la corrección de aquella o, si se quiere, de aquella con las variantes que pudieran introducirse a partir del respeto a una parte de la sociedad vasca representada por él. Los socialistas han venido a reconocer siempre los derechos prioritarios, por «naturales», de los euskaldunes. Era un dogma que venía desde los tiempos de la oposición al franquismo.

Como digo, estaban así las cosas cuando llegó Aznar a La Moncloa en 1996. La escasísima ventaja de trescientos mil votos permitía predecir que el Gobierno del PP iba a quedar preso de los nacionalismos y, de hecho, comenzó a estarlo en los primeros meses de la legislatura pero, a partir de la nueva relación de fuerzas que salió de los pactos, comenzó a revelarse claramente la estrategia de José María Aznar. Mientras reducía el frente catalán sacrificando a Vidal-Quadras, iba abriendo el flanco vasco con audacia.

En ese diseño surge y se desarrolla la política de Mayor Oreja, que sería ridículo reducir a una respuesta antiterrorista. La política de Mayor es justamente una alternativa plena, total, a las concepciones nacionalistas: rechaza de raíz el destino territorial del País Vasco que exigen los nacionalistas, defiende una convivencia montada a partir de la racionalidad española y de la Constitución y se niega a toda forma de diálogo que suponga cualquier tipo de cesión en este terreno. De este modo no sólo rearma a la opinión pública española sino al electorado del PP en el País Vasco que crece al ritmo de la coherencia y de la esperanza. El castigo durísimo que iba a sufrir este partido joven, casi novato, lo convirtió en una colectividad mártir y de esa manera lo legitimó. Así el PP pasó de ser la derecha españolista, sucursalista y facha, a representar la vanguardia democrática, heroica en ocasiones. Se produjo así una inversión de papeles cuya trascendencia aún no se atreve a reconocer el mundo progresista, acomplejado siempre por los nacionalistas.

Con guante blando Jaime Mayor ha ido golpeando durante estos cinco años los puntos débiles del nacionalismo. A muchos les habría gustado que sólo castigara a las manifestaciones terroristas de este, pero el ministro del Interior sabía y sabe que la batalla no se agota en estas, que el Mal está en el totalitarismo del nacionalismo y que en éste anidan la violencia, la discriminación y el odio.

La aspiración de Jaime Mayor Oreja desborda con mucho las funciones concretas de un lendakari: si gana, podrá llevar a cabo una revolución política, moral y cultural en el País Vasco.

Arzalluz
FRANCISCO UMBRAL El Mundo  28 Febrero 2001

Arzalluz no perderá nunca las elecciones porque puede y sabe hacer de una derrota una victoria aplazada. Hubo unos filósofos que se libraron para siempre del Yo freudiano y constrictor: Foucault, Deleuze, incluso Sartre. Del mismo modo, Arzalluz carece de un Yo dogmático, moral o intelectual. Qué libertad, qué alivio. Arzalluz es el nombre de nadie porque es el nombre de todo, en el País Vasco.

La derrota se llamará Arzalluz y la victoria también se llamará Arzalluz. El ha hecho del PNV, que era un partido nacionalista, español y vasco, una cosa moviente, una gelatina que engrasa a ETA, una pluralidad que engloba a los madrileños, un aperturismo que liga con el PSOE y una dulce amenaza para el PP. Nadie entiende las mañas de Arzalluz, nadie es capaz de seguir su serpenteo por la política nacional, regional o local. Sólo un filósofo o un jesuita puede llegar a despojarse del Yo, a convencerse de que no existe tal cosa, para ser siempre otro, siempre libre y moldeable por las manos del tiempo. Arzalluz lo es todo porque no pretende ser nada, sino estar en cualquier parte. En cada crimen es el responsable y el acusador, en cada conversación es el amigo con el corazón en una mano y la pistola en la otra. Arzalluz no tiene forma biológica. Deja que las olas de la mar le vayan haciendo según el viento.

Profundo jesuita sin profundidades, Arzalluz no es más que una ocasión que se le da a la Historia de manifestarse o de mentir. Arzalluz es del color que le pinten, eterno como la Compañía de Jesús y eterno como lo que no ha llegado a ser.

Lo nacional, esa ambigüedad, sólo se hace presente en él. Es imprescindible porque no es. Tiene palabras para todo, para la victoria y la derrota, y las que tendrá después de las elecciones, pero no es él quien habla, sino la oportunidad a través de él. Se le echa una moneda o un voto y suelta el discurso nacionalista, el discurso pacifista, el discurso etarra, etc. Los etarras, por cierto, ya le van conociendo, cuando le da por existir, y saben que no hay que fiarse de él. Está con ellos hasta la muerte, o más bien él es la muerte.

En el abrupto laberinto vasco, sólo Arzalluz está en su sitio, que no es ninguno. Arzalluz y la Iglesia, que baja del Pirineo azul con el crucifijo/metralleta. La Iglesia sólo es sutil cuando además de Iglesia es Arzalluz. Este hombre que no está, que renunció al Yo como un estructuralista, tiene así el don de que todos sean en él. Aznar, Mayor o Zapatero pueden sacar más votos que HB, quizá, pero no más que el jesuita que nunca existió, porque todo voto vasco es peneuvista, históricamente, y porque Arzalluz, como doña Marta Ferrusola, ya ha conseguido que quienes no son se vayan, y que los que no están no vengan.

Hay que nadar entre dos aguas y Arzalluz vive precisamente entre agua y agua, entre agua y tierra, político anfibio, traje vacío que se pone el que sabe, y eso es lo que no saben los de Madrid. Ni ETA ni nacionalismo ni españolismo: aquel país lo mueve un hombre que renunció al Ser para seguir siendo. Los votos nos lo dirán.

La cercanía del nacionalismo y el racismo
I
mpresiones El Mundo 28 Febrero 2001

 El que fue presidente del Parlament y ex secretario general de ERC, Heribert Barrera, sostiene en un libro-entrevista que «si continúan las corrientes migratorias actuales, Cataluña desaparecerá». El carácter xenófono de estas declaraciones van más allá cuando niega el racismo del ultraderechista autriaco Haider y propone la expulsión progresiva de los extranjeros de El Ejido. Parece que existe un tipo de nacionalismo que esconde en sus entrañas rasgos xenófobos. Como la invocación de Arzalluz del «Rh negativo» para reclamar la independencia, las listas electorales excluyentes «sólo para vascos» o las advertencias de Marta Ferrusola sobre las consecuencias negativas para Cataluña de la llegada masiva de inmigrantes. Barrera olvida la historia de Cataluña, epicentro de entrada de flujos migratorios (fenicios, griegos, romanos). Como escribe hoy en este diario Rosa Regàs «el nacionalismo cuando se exacerba acaba por confundirse con el fascismo».

La cobardía de Arzalluz
Por Enrique de Diego Libertad  Digital  28 Febrero 2001

Las próximas elecciones vascas son en buena medida, como ya lo fueron las pasadas generales en el País Vasco, un pulso entre Jaime Mayor Oreja y Xabier Arzalluz. Lo curioso es que Arzalluz no se presenta a las elecciones. Se escuda para ello en la bicefalia esencialista que sitúa al partido como el detentador de la ortodoxia pura –un conjunto de toscos prejuicios racistas de un pensador de octava como Sabin— mientras el lehendakari y sus cargos han sido, son y serían los lacayos posibilistas, los cipayos de Sabin Etxea. Ese esquema, peculiar del PNV, ha sido un completo fracaso y una de las causas de la permanente inestabilidad y fragmentación del panorama político vasco. Motivó en su día una escisión a través de Carlos Garaicoechea, por el interés de éste en dar primacía a Ajuria Enea sobre Sabin Etxea, se mantuvo en las formas con José Antonio Ardanza y es una ficción con Juan José Ibarretxe, un subalterno de Arzalluz. Que esa bicefalia ha fracasado lo dicen ya incluso nacionalistas como Joseba Arregi.

Ante ese panorama, el hecho de que Arzalluz, el auténtico lehendakari de Estella/Lizarra, no abandone la presidencia del partido para asumir el riesgo democrático tiene, entre otras lecturas, la de la cobardía personal. Arzalluz no ha querido someterse nunca al dictado de las urnas, por el simple hecho de que su efecto sobre su figura sería demoledor. Arzalluz no es ni el albacea de Sabin, ni sólo el cavernícola del Rh, ni el relativista moral del árbol y las nueces, es, sobre todo, el que elude su responsabilidad política tras el hombre de la triste figura que es Ibarretxe. Arzalluz es, en términos democráticos, un cobarde.

Kertesz, Ibarretxe y los otros
HERMANN TERTSCH El País  28 Febrero 2001

Si hubieran leído a tiempo la conmovedora obra del gran escritor húngaro Imre Kertesz en su reflexión Yo, el otro, esos que pusieron la bomba de Martutene o tantas otras no lo habrían hecho. Algún resorte en el alma les habría saltado para impedirlo. No ha sido así. Y no hay más vía humana que la de las lágrimas para reaccionar. Al Estado le queda, además, afortunadamente, la de la ley. ¿Que más queda? Efecto cero salvo el dolor, consecuencias políticas nulas excepto la rabia, repercusión histórica ninguna si se obvia la tragedia íntima, familiar y humana. Es, sin duda, un drama el hecho de que mucha gente no lea a Kertesz, porque algunos al menos de los que odian aprenderían a conocer la compasión. Un nuevo drama se nos lanza a la garganta. No es otro que la reducción del sentimiento por estrangulamiento de la palabra. Es la incapacidad del luto de que hablaba Alexander Mitscherlich, la ofuscación del odio, pero también la inmensa, insoportable capacidad de vestir de normalidad al crimen que confiere a algunos el tener un enemigo más odiado que el asesino: la víctima.

Dice Kertesz en su citada obra: 'Esta gente ha construido su vida sobre un uso pervertido de la lengua. Peor aún han elevado este uso pervertido de la lengua a un consenso válido y en su derrota no han dejado más que damnificados en el uso de la lengua que ahora necesitan asistencia urgente moral, ya que sus palabras devaluadas por el uso perverso del idioma han quedado convertidas en ristras de papel que amenazan con desvelar sus heridas morales'. Más adelante dice: 'En lo que a mí respecta, intuyo que aguantaré en mi sitio, en todo caso puede aumentar mi náusea'.

¿Cómo no recordar a Kertesz, húngaro y judío, lúcido y desarraigado, generoso y poeta, superviviente de Auschwitz y Buchenwald, cuando se oyen frases como las de Imaz, Anasagasti o Ibarretxe condenando el último atentado? Ya no son los asesinos quienes nos deben preocupar. Allá ellos con su demencia. Nuestra lucha contra ellos es primitiva porque ellos lo son. El horror más profundo lo producen quienes nos han decepcionado. Esos de quienes creíamos eran de los nuestros y titubean desde hace años y cada vez parecen más ser de los otros. Que Heydrich era un asesino lo sabían muchos desde muy pronto en Alemania. Que los vecinos y los políticos conversos al apaciguamiento con el fascismo también podían ser colaboradores necesarios fue algo que supimos después. Muchos, demasiado tarde.

Kertesz ha sabido por qué él sigue vivo y murieron todos aquellos con los que compartió juegos en la infancia, se interroga sobre las posibilidades de salvación de los mandos de las SS que mandaron a la muerte en duchas de gas a tanta familia, tantos amigos, tanta gente que sólo pretendía vivir. Al fin y al cabo, la única gran apuesta que nos es permitida. Como les debía haber sido aceptada a los dos chicos de Elektra en Martutene. Aunque quizás alguno de ellos hubiera calificado su propia muerte como 'consecuencia de un conflicto histórico que no se puede simplificar' o 'respuesta a violencias estructurales' o vaya usted a saber qué. La perversión del idioma ataca al alma y a la mente. En Alemania, en Hungría y en Euskadi. Nadie es inmune a los códigos que debilitan los mecanismos de piedad y solidaridad entre los hombres. Muchos judíos iban a la muerte con sentimiento de culpabilidad, ese mismo sentimiento que ve el escritor húngaro en las reflexiones de Ludwig Wittgenstein, aquel judío millonario vienés que percibía el judaísmo como un sarpullido en su persona. ¿Qué sentirán los compañeros de un muerto ahora que entendió muertes pasadas?

El judío antisemita tiene su perfecta equivalencia en los españoles, vascos o no, que en Euskadi quieren arrancarse a sí mismos todo lo que tienen de españoles para ser políticamente correctos con la doctrina del régimen imperante, por obediencia y docilidad o por interés en participar en el gran banquete que el nacionalismo incontestado celebra repartiendo beneficios en Gobierno, diputaciones y ayuntamientos. Como no puede ser, y además es imposible, romperse uno mismo la identidad, la historia real, que no la inventada, y los sentimientos, los resultados son traumáticos porque siempre son consecuencia de una amputación. El hijo del inmigrante quiere ser el vasco más genuino sin entender por tal más que la patética caricatura que del vasco dan los máximos sacerdotes de un nacionalismo de niveles intelectuales tan tristes como hoy se ven en el Partido Nacionalista Vasco. Existió en su día un vasquismo generoso y cosmopolita. Hoy, por obra y gracia de gentes como Javier Arzalluz, no queda ya sino una versión troglodita y culpable, resentida y misérrima, pero además objetivamente cómplice de aquellos de los que no vamos a hablar aquí.

Dice Kertesz: 'Cómo observo el terrorífico deterioro de este país, cómo vivo su paranoia suicida. Cómo me alejo diariamente del mismo por culpa de esa selección nacional del odio y por mis propios recuerdos'. La prótesis moral, la muleta moral, las sillas de ruedas morales de que habla el escritor húngaro evocan tanto y tan bien los recursos del nacionalismo vasco ante su fracaso y la indignidad en la que ha quedado sumido, una vez más gracias a profetas soberbios y despóticos, que no queda sino desesperar, bullir de indignación o armarse de coraje para luchar por acabar con este espanto que insulta a todos aquellos que aún no consideren la cobardía como un elemento fundamental para la supervivencia en 'normalidad'.

Casi todo tiene una explicación, y la de los magníficos y poéticos textos de Kertesz radica en que siempre fue víctima y jamás se pudo ver en el papel de verdugo. Pero tampoco en la de compañero de viaje, cómplice o como quiera calificarse a aquellos que lamentan muertes, pero achacan su autoría a conflictos nebulosos y expresan comprensión hacia los móviles de los asesinos. En los años treinta hubo una gran depresión en Alemania. Esto explica en parte los éxitos del nacionalsocialismo, pero no exonera a ninguno de los muchos que estuvieron seleccionando en la rampa de Auschwitz a los judíos que podían trabajar y a los que debían ir directamente a la cámara de gas. Tampoco a quienes, en colaboración con los nazis o en mera obediencia, hicieron posible tan terrible selección.

Kertesz, que vendrá pronto a la Residencia de Estudiantes de Madrid para presentar su obra, muy poco conocida aún en España, transmite esa amarga reconciliación con el ser humano que sabe de la interinidad absoluta de su existencia. Por ello es una voz bella y robusta en contra de todo aquello que puede hacer sufrir más de lo necesario a nuestras frágiles existencias. Por eso hace campaña poética contra las tribus y en favor de los individuos. Por eso también es una pena que quienes pusieron la bomba en Martutene no hubieran leído a Kertesz. Ni otros muchos que después de que estallara se lamentaban, pero buscaban denonadamente explicaciones más allá de la existencia de los asesinos, de su disposición y del lenguaje del odio y la sospecha supuestamente interracial que muchos otros han promovido con entusiasmo.

De vuelta
Editorial El Correo  28 Febrero 2001

La nominación de Jaime Mayor Oreja como candidato a lehendakari por el Partido Popular obligaba al presidente Aznar a designar su sustituto al frente del Ministerio de Interior. La solución adoptada afianza claramente la importancia de dicha cartera, que debe afrontar dos de los mayores problemas que afectan a la sociedad española: el gravísimo problema del terrorismo y las dificultades que plantea la afluencia masiva de inmigrantes a nuestro territorio. El nombramiento de Mariano Rajoy como titular de Interior mientras ostenta la vicepresidencia primera del Gobierno parece, a todas luces, una decisión coherente con las prioridades del Ejecutivo. Anuncia una línea de continuidad respecto a la labor desarrollada por su predecesor, al tiempo que realza el peso político que dicha responsabilidad adquirirá en el futuro inmediato. Por otra parte, la llegada de Juan José Lucas al Ministerio de la Presidencia suple la ausencia de Mayor Oreja con otra persona de larga trayectoria política y probado arraigo en las bases sociales que concedieron la mayoría absoluta al Partido Popular.

Jaime Mayor Oreja regresa al epicentro de la política vasca asumiendo, por coherencia, el reto de presentarse a unas elecciones sumamente difíciles con un objetivo que entraña un enorme compromiso: la alternancia en Euskadi. Mayor Oreja accedió a la cartera de Interior con una visión muy precisa sobre el problema del terrorismo en Euskadi y sobre la amenaza que suponía su persistencia para el conjunto de los españoles. Con el paso del tiempo, la opinión pública ha llegado a olvidarse de que fue también él quien más empeño puso en unir a los nacionalistas del PNV a la mayoría parlamentaria que sostuvo al gobierno Aznar durante la anterior legislatura. Cuando llegó a su nueva responsabilidad, Mayor Oreja era consciente de que toda aproximación dialogante a una ETA ensañada no serviría más que para legitimar el uso de la violencia contra el sistema democrático, y para envalentonar a los activistas del terror hasta animarlos a perpetuar su chantaje. La estrategia de firmeza y contención desarrollada por los gobiernos del PP a lo largo de estas dos legislaturas -de firmeza ante las sucesivas oleadas terroristas y de contención ante las pretensiones de convertir la paz en argucia para el logro de determinados objetivos políticos- ha dibujado una trayectoria consecuente con la gravedad del problema y coherente con la defensa del marco de libertades consagrado en la Constitución y en los estatutos de autonomía.

Junto a una extraña inquina personal, el nacionalismo vasco ha personificado en Mayor Oreja su reproche al Gobierno Aznar «por haber desaprovechado los meses de esperanza» que suscitó el alto el fuego de ETA. Pero incluso en aquellas difíciles circunstancias, en las que al Gobierno no podía resultarle nada fácil sentirse seguro en su política, la perspicacia de Mayor Oreja se hizo notar. Desgraciadamente, los acontecimientos demostraron que aquella fue una «tregua trampa». Sería una ligereza imperdonable sugerir que hoy hubiésemos contado con una situación distinta si el Gobierno Aznar y, en concreto, su ministro de Interior hubiesen actuado de otra manera. La estrategia que ETA había depositado en Lizarra trazaba una cadena sin fin de pasos a dar en pos de sus propios objetivos. El hecho de que el nacionalismo democrático se embarcara en semejante aventura no supuso, únicamente, la ruptura de un frente común de respuesta firme ante la violencia, sino que consagró la bifurcación de dos proyectos para el País Vasco: el del soberanismo y el del constitucionalismo. Por eso resulta incoherente que el nacionalismo achaque a Mayor Oreja un afán especial por mezclar paz con política. Independientemente del parecer que cada cual pudiera expresar hacia la política o el discurso del hasta ahora ministro de Interior, sólo una mirada hipócrita sobre los acontecimientos podría soslayar el hecho incontrovertible de que fue la estrategia de Lizarra la que pretendió condicionar el logro de la paz a la previa consecución de determinados objetivos políticos.

Jaime Mayor Oreja deja el Gobierno tras haber aparecido durante un largo período como el dirigente político mejor valorado por los españoles. Lo deja para presentarse a las autonómicas vascas en medio de un clima político extraordinariamente polarizado, en una pugna sin concesiones entre el continuismo y la alternancia. El Partido Popular del País Vasco ha demostrado ser capaz de romper sucesivamente lo que parecían sus propios techos electorales. Y, dentro de dicho partido, pocos líderes han creído en esa capacidad tanto como el propio Mayor Oreja. Sin embargo, ni los populares vascos ni Mayor Oreja se habían enfrentado con anterioridad a un reto como el que sus propias aspiraciones han fijado para el 13 de mayo. Será, en cierto sentido, un plebiscito que ganará aquél que demuestre conocer mejor la sociedad vasca.

Declaraciones peligrosas
ROSA REGAS El Mundo 28 Febrero 2001

A veces, ciertas declaraciones que nos hacen estremecer por su tufillo racista nos producen, al mismo tiempo, una gran alegría, porque ponen las cosas en claro de una vez. Me refiero a las declaraciones de corte fascista y racista que estamos oyendo en Cataluña en los últimos días por parte de rabiosos nacionalistas, que se han extendido como una plaga por el territorio.

No sólo las de Marta Ferrussola, las del señor Mas y el propio presidente Pujol justificándolas, sino además y superando todo lo imaginable, las del antiguo presidente del Parlamento catalán, Heribert Barrera. Y es que tras tantos años de intentar convencernos de que éramos distintos, mejores por supuesto aunque no se dijera, y de conminarnos a salvaguardar la identidad de Cataluña defendiéndola de todos los enemigos que como fantasmas pululaban por su firmamento, no es de extrañar que una parte de la población, entre ella sus dirigentes -los actuales y los históricos- víctimas de sus propias creencias hayan empuñado las armas verbales y hayan dejado minúsculo a Haider, el hasta hoy dirigente más fascista de Europa.

Tal vez sea cierto que el nacionalismo cuanto más se orilla y más se exacerba más posibilidades tiene de acabar confundiéndose con el fascismo. Claros ejemplos los tenemos en la historia reciente de varios países de Europa, como Alemania, Italia, la propia España, que desembocaron en guerras crueles contra los que consideraban sus enemigos simplemente porque no reunían las características nacionales exigidas. ¿Qué son si no las brutalidades inacabables del reciente nacionalismo yugoslavo?

Todos estos dirigentes catalanes que tantas veces han manipulado para hacernos creer que la nuestra es una historia de milenios frente al maremagnum que a los demás pueblos mantenía a las puertas de la civilización, olvidan o esconden que, de ser algo concreto, Cataluña es y ha sido, y en ello reside su esencia si es que tiene alguna, un territorio de marca y de paso para pueblos y civilizaciones, la mayoría de las cuales se han asentado en él para sumar su cultura a la que allí han encontrado: iberos, griegos, fenicios, cartagineses, godos, judíos y árabes, por no citar los que venían del norte como los francos, y todas las migraciones económicas, religiosas y políticas de los últimos 10 siglos de la historia de Europa.

Frente a esto, sorprende que la señora Ferrussola diga lo que dijo, dando rienda suelta al miedo que la corroe de acabar comiendo cus cus en lugar de pa amb tomaquet, o ir a la mezquita en lugar de a las iglesias góticas. Pero no es la primera vez que con el pretexto de dar su opinión ofende a los ciudadanos de ese país que maneja como un feudo. Hace unos años, en aras de su incontenible verborrea, hizo ciertas declaraciones tan cavernícolas sobre los homosexuales que logró ofender a todo el mundo. Fue entonces cuando un grupo de mujeres pintó con letras violeta en el cristal de su floristería algo que la señora Ferrussola no debería haber olvidado: «¡Marta, calla!»

Su marido, el presidente, ha apoyado ahora sus últimas declaraciones porque es, dijo, una mujer independiente que tiene sus propias ideas que en modo alguno tenían significación oficial. Pero uno se pregunta, si no fuera la mujer del presidente ¿a santo de qué la invitaría la Caixa de Girona a dar una conferencia? ¿Es que habló de sus floristerías, de su parapente, de sus inversiones financieras? Por supuesto que no.

Al contrario, en su afán de excluir a los que van a Cataluña a trabajar y vivir no se arredró, clamó contra el peligro de los inmigrantes, fueran marroquíes o hablaran en castellano, y nos dio una nuestra de hasta dónde puede llegar el exclusivismo fascista.

Bueno, no llegó al límite, el límite lo tocó el señor Heribert Barrera al hacer suyas las tesis del pronazi Haider, olvidando que él mismo fue emigrante tras la Guerra Civil. Tal vez habría preferido que no lo dejaran entrar en Francia, ni a él ni a los cientos de miles de refugiados que fueron a parar al país vecino al acabar la Guerra Civil, y así, con su vida o sus huesos pudriéndose en la cárcel habrían podido defender la identidad del pueblo francés.

Curiosamente, tanto en Cataluña como en el resto de España tenemos hoy un 2% de inmigrantes frente al 17% con que cuentan en Francia y Suiza, sin que sus habitantes sean tan racistas ni propaguen miedos absurdos entre la población, como hacen la señora Ferrussola y el señor Barrera. Pero aun así, sobran. La solución que da el señor Barrera es fantástica: que se vayan los inmigrantes para que quede lozana y pura la identidad (?) del pueblo catalán.

Eso, que se vayan, que la economía ya tan disminuida de Cataluña en opinión de sus empresarios, acabe desplazándose a otras zonas y los catalanes, envueltos en el aroma de su identidad, de sus cánticos y de una cultura tan excluyente como ellos mismos, se encierren con ella depauperándose día a día como ancianos incapaces de hacer frente a los cambios que exigen los tiempos. Es así como desaparecen los pueblos y las culturas, señor Barrera.

Porque ¿qué es un pueblo, qué es una cultura que no sabe admitir influencias extranjeras sino un pueblo enfermo? ¿Qué será sin inmigrantes la economía de Cataluña, el país que se reproduce menos del orbe? ¿Quién hará el trabajo y pagará con sus impuestos los servicios sociales si no viene mano de obra a sustituir la que no quiere ocupar los puestos de trabajo más humildes o simplemente la que no existe?

No seré yo quien intente convencer al señor Heribert Barrera, una persona que intenta convencernos a todos de que sus declaraciones y las del señor Haider no son racistas. Y en cambio, con el pretexto de una definición según la cual sólo es racista y xenófobo el que cree que hay razas superiores, se permite afirmar que de estar en su mano no concedería a los inmigrantes sin papeles ciertos derechos humanos, los mismos que les niega la Ley de Extranjería vigente: derecho de reunión, de libertad de asociación, de libertad de sindicación y de huelga.

No considerar dignas de derechos humanos a las personas, sean de la raza que sean, que carecen de la documentación que les autorice trabajar y residir en el país, le guste o no le guste al señor Heribert Barrera y a tantos otros defensores de esta ley, es lo mismo que no considerarlos humanos en su sentido pleno, es decir, tratarlos como humanos de segunda, una forma igualmente feroz de racismo. Además, los deja sin protección contra los abusos laborales, que tan difíciles son de erradicar.

Además, el argumento esgrimido y repetido hasta la saciedad de que hay quien quiere españolizar Cataluña, y el intento de erigir España en su gran enemiga, se elevan a su nivel más grotesco cuando el señor Barrera la acusa de que tiene interés «en que la inmigración venga hacia aquí» (aquí por Cataluña). La manía persecutoria que los dirigentes catalanes han logrado imbuir en el alma de los ciudadanos es un delito de manipulación con el que pretenden cargar en un culpable los males que ellos no saben o no quieren remediar. Es también crear a conciencia un sentimiento de hostilidad que ni se justifica ni añade virtud ninguna al pueblo catalán, como no sea la de aplaudir a ciegas a su líder. Que de esto se trata.

«Ser catalán», decía el poeta Gabriel Ferraté, «es un hecho incontrovertible, pero tan pesado....» Y tenía razón porque hay que estar siempre luchando para que no se nos considere en bloque. No todos somos convergentes, no todos somos racistas, no todas somos marujas religioso-nacionalistas. Por esto, si alguna vez me ha parecido que la protesta era necesaria es precisamente ahora, cuando corremos el peligro de que el racismo se extienda como la pólvora, avalado por los dirigentes históricos y los líderes nacionalistas que buena parte de los catalanes han votado, aunque ¡por fin! no la mayoría.

Tal vez haya llegado el momento de exigir a nuestra oposición que diga de una vez las cosas abiertamente, una forma de expresarse, que, por desgracia, en Cataluña sólo practica la extrema derecha. Dicho sea con todos los respetos.

Rosa Regàs es escritora.

Psicopatología de la política cotidiana
JAVIER PRADERA El País   28 Febrero 2001

La consigna xenófoba ('los moros a Marruecos, que es donde tienen que estar') de un diputado socialista del Parlamento andaluz recogida por una grabadora indiscreta antes de que la Cámara celebrara el pasado 7 de febrero un pleno sobre la materia y los despectivos comentarios sobre los inmigrantes extranjeros ('sólo aprenden a decir buenos días, buenas tardes y dame de comer') vertidos hace una semana en Girona por la esposa del presidente de la Generalitat durante una charla-coloquio muestran la amplitud de la brecha existente entre los pronunciamientos oficiales de los partidos y las posiciones mantenidas por sus dirigentes o militantes de forma confidencial o en círculos restringidos. El tono jocoso del diputado Rafael Centeno o el aire improvisador de Marta Ferrusola no disculpan, sin embargo, el sentido ofensivo de sus frases para un lector de Sigmund Freud y de sus obras El chiste y Psicopatalogía de la vida cotidiana: el psicoanálisis descifra las astucias utilizadas por el inconsciente (los actos fallidos, las equivocaciones orales y escritas, los olvidos, los errores y las torpezas expresivas) a fin de burlar las barreras que cierran el paso a sus más profundos sentimientos. Ni el sollozante arrepentimiento en público del diputado socialista (que tardó en producirse varios días, tiempo empleado por sus compañeros del PSOE para endilgar la autoría de la infamia a un dirigente del PP) impide a los hermeneutas interpretar su desagradable patosería en términos de xenofobia latente, ni la intervención de Marta Ferrusola tiene que ser absuelta como el comentario irreflexivo que se le puede escapar a cualquiera en una relajada charla entre amigos.

La discusión sobre la condición de persona particular de la esposa de Jordi Pujol en tanto que conferenciante carece de sentido: el carácter de figura pública de Marta Ferrusola, aunque no sea un cargo electo ni ocupe una función remunerada, resulta evidente. En cualquier caso, el posterior apoyo prestado a sus palabras tanto por el presidente de la Generalitat como por su conseller in cap ha despejado cualquier duda al respecto. Artur Mas declaró primero que la intervención de Marta Ferrusola sólo había sido 'una reflexión en voz alta, nada peyorativa para los inmigrantes, que seguramente comparten miles de personas'; Jordi Pujol confirmó después que esas apreciaciones también son defendidas por 'la gran mayoría' de los catalanes aunque no inspiren la política oficial de inmigración de la Generalitat. Queda ahora por saber si CiU se dispone a seguir obedientemente los dictados de esa opinión pública supuestamente mayoritaria o si opta por modificarla mediante una campaña pedagógica.

Los comentarios de Marta Ferrusola en Girona están construidos con los componentes utilizados habitualmente para fabricar estereotipos sobre los extranjeros orientados a provocar los recelos, suscitar los temores y atizar los odios en las poblaciones de acogida. Gentes procedentes de otra cultura, con diferentes gustos gastronómicos ('no quieren comer lo mismo que nosotros') y que utilizan el castellano en vez del catalán como segundo idioma, los inmigrantes criticados por la esposa del presidente de la Generalitat tienen también creencias religiosas propias: 'Quizás de aquí a diez años las iglesias románicas no servirán y haya mezquitas'.

Nada más monocorde que el discurso de la xenofobia. A finales del siglo XIX los hábitos peculiares y la falta de apego a la religión católica de los inmigrantes llegados a Vizcaya constituyeron para Sabino Arana factores tanto o más decisivos que la raza y la lengua a la hora de levantar la bandera de la independencia. La sustitución de las 'pacíficas y sanas' costumbres vascas por otras 'procedentes del lado de allá del Ebro' y el desplazamiento de la 'religión indígena' por la 'indiferencia' y el 'fanatismo' implicaban el despliegue de todos los males: los inmigrantes habían traído con ellos 'las corridas de toros, el baile y el cante flamenco, la cultísima lengua tan pródiga en blasfemias y sucias expresiones, la navaja, y tantos y tantos excelentes medios de civilización'. Aunque la conclusión moleste a los interesados, esos mismos prejuicios subyacen a las bromas del diputado Centeno, a las observaciones de Marta Ferrusola y a los temores del veterano dirigente nacionalista Heribert Barrera sobre la eventual desaparición de Cataluña a causa de la inmigración.

Barrera avala las tesis de Haider y afirma que Cataluña desaparecerá si sigue la inmigración
ENRIC COMPANY Barcelona El País  28 Febrero 2001

La oleada de críticas provocada por las opiniones de la esposa de Jordi Pujol, Marta Ferrusola, sobre la inmigración, cambió ayer de foco y se centró sobre el ex presidente del Parlamento catalán Heribert Barrera. El político de ERC, que cuenta 83 años, afirma en un libro recién publicado que 'Cataluña desaparecerá si continúan las corrientes migratorias actuales'. Barrera mantiene también que cuando Jörg Haider dice que en Austria hay demasiados extranjeros 'no está haciendo una proclama racista'. El presidente de la generalitat y líder de CiU, Jordi Pujol, tiene previsto presidir hoy la presentación del libro.

La dirección de Esquerra Republicana (ERC), el partido al que Barrera pertenece y al que ha representado en las Cortes y el Parlamento Europeo, se desmarcó ayer rápidamente del apoyo a Haider. El portavoz del partido, Josep Huguet, lo calificó de 'desafortunado e incorrecto'. Respecto a las demás ideas expresadas por Barrera sobre la inmigración, manifestó que son 'opiniones personales' y 'no se corresponden con las posiciones del partido', aunque pidió que 'no se criminalice la opinión de la gente que tiene miedos'.

Barrera se ha distinguido siempre por expresar sus ideas sin complejos y esto es lo que hace respecto a la inmigración en un libro-entrevista aparecido hace varias semanas. Ayer las ratificó en diversas entrevistas, por radio y por televisión. Barrera niega rotundamente que sea racista o xenófobo, pero dice cosas como ésta: 'Para mí, el significado antiguo de racista es el que vale. Es decir, racista es aquel que cree que hay razas superiores a otras o acepta discriminaciones en función de la raza. Pero cuando el señor Haider dice que en Austria hay demasiados extranjeros no está haciendo ninguna proclama racista. Quiere decir que quiere preservar la sociedad austríaca tal como a él le gusta, tradicional, lo que resulta imposible desde el momento en que se incorpora un número considerable de extranjeros'.

Aplicada a España, esta tesis significa según Barrera, que explosiones xenófobas como las de El Ejido (Almería) se deben a una 'excesiva' proporción de extranjeros. Tras afirmar que deberían pagarse sueldos adecuados a los trabajadores extranjeros, añade lo siguiente: 'Pero esto no justifica de ninguna forma que la gente de El Ejido deba aceptar verse dominados por gentes venidas de fuera'. Barrera niega que el mestizaje cultural sea positivo. 'A mí que me digan qué ganamos nosotros por que ahora se bailen tantas sevillanas . No ganamos absolutamente nada. Ni con tener tantas mezquitas y con que haya cada vez un porcentaje más alto de musulmanes'.

Además, el político republicano niega que para Cataluña haya sido positiva la aportación humana de la gran oleada de inmigrantes procedentes de toda España de los años sesenta. Lo dice así: 'El país en conjunto creo que salió perdiendo. Encontraría muchos argumentos. Ahora mismo tenemos escasez de agua. Si en vez de ser seis millones fuéramos tres, como antes de la guerra, no tendríamos este problema'. Cataluña desaparecerá, concluye, si el flujo migratorio continúa y no se le ponen condiciones, como la de aprender la lengua. Por eso ve el futuro 'un poco negro'.

Estas posiciones fueron ayer rechazadas no sólo por ERC, sino por los demás partidos, aunque en distinto grado. El socialista Pasqual Maragall se mostró 'sorprendido' por que sea Barrera quien haya defendido estas tesis. El líder de Unió Democràtica, Josep Antoni Duran, afirmó: 'Ni las comparto ni las justifico', refiriéndose tanto a las palabras de Barrera como las de Marta Ferrusola, la esposa de Jordi Pujo, que recientemente advirtió contra las 'imposiciones' religiosas y culturales de los inmigrantes. El convergente Ramon Camp rechazó comentar la posición de Barrera, pero aprovechó para destacar que 'hay que hablar de los derechos de los inmigrantes, pero tambien de sus deberes'.

Pese a este alud de críticas, Pujol mantuvo su compromiso de presentar hoy el libro. El presidente de Iniciativa-Verds, Joan Saura, le pidió que no lo haga: 'Un presidente de la Generalitat no puede presentar un libro que induce claramente a actitudes racistas y xenófobas', afirmó.

Pujol avala un libro nacionalista con expresiones xenófobas
El texto, de Heribert Barrera, augura que la inmigración acabará con la identidad catalana
El ex secretario general de ERC, Heribert Barrera, dijo ayer que los flujos migratorios son un «suicidio colectivo» para Cataluña. Después de que Marta Ferrusola alertase sobre los peligros de la inmigración, Barrera pidió un referéndum para saber si los inmigrantes pueden quedarse por haber pisado España.
X. S. - Barcelona .- La Razón 28 Febrero 2001

El ex presidente del Parlament y ex secretario general de ERC, Heribert Barrera, explicó ayer que permitir la entrada sin freno de los inmigrantes es un «suicidio colectivo» para Cataluña y que no se les puede regularizar «sólo por haber puesto el pie en España». Opiniones como esta están recogidas en el libro «Qué piensa Heribert Barrera», que será presentado mañana en el Ateneo Barcelonés y contará con la presencia del presidente de la Generalitat, Jordi Pujol. Barrera, que continúa siendo miembro del Consejo Nacional de esta formación política, aseguró que, pese a que ERC es partidario de presentar un recurso de inconstitucionalidad contra la Ley de Extranjería, es un «error» considerar que esta ley es anticonstitucional.

    En su opinión, la excesiva afluencia de inmigrantes debería tener la posibilidad de limitarse mediante un referéndum para que sea la propia ciudadanía quien estableciera si los inmigrantes pueden «tener derecho a quedarse sólo por el hecho de haber llegado» y consideró «lamentable» que no se haya consultado a la población sobre esta cuestión. Barrera auguró que una convocatoria de estas características tendría un resultado mayoritario en contra de la regularización automática de los inmigrantes que llegan a España y, en el caso que los resultados no fueran los esperados por el ex secretario general de ERC, aseguró que «lo aceptaría porque soy un demócrata, pero creo que sería un error».

    El ex presidente del Parlament señaló que «la inmigración es un problema para cualquier país, pero especialmente si no se dispone de los recursos de un Estado para facilitar la integración», respecto al caso de Cataluña. Explicó que, en Cataluña, existe un porcentaje de inmigrantes superior al de otras regiones que atribuye a la «pendiente natural» de los flujos migratorios.

    Heribert Barrera señaló también que estos flujos migratorios pueden «empeorar la situación minoritaria» de la población que habla el catalán y advirtió que «ninguna lengua puede sobrevivir en condiciones de inferioridad» en un territorio, tras lo que aseguró que, de no producirse cambios en cuanto a esta cuestión, «dentro de unos años podríamos ser un 30 por ciento» los habitantes de Cataluña que tengan el catalán como lengua de uso habitual. Así, sostiene que la afluencia masiva de inmigrantes hace peligrar la identidad catalana. Heribert Barrera ha asegurado que si fuera diputado votaría a favor de la Ley de Extranjería, que «cuando Haider dice que en Austria hay demasiados extranjeros no es racista» y que, en el caso de El Ejido, «la solución sería expulsar progresivamente a los extranjeros».

    Por su parte, el portavoz parlamentario de ERC, Josep Huget, aseguró que la dirección del partido no comparte algunas de las «opiniones personales» de Barrera aunque pidió «no criminalizar la opinión de la gente que tiene miedo» al fenómeno migratorio» ya que se fomentará la aparición de «demagogos de derecha que jueguen con esta cuestión para ganar votos». Más radical se mostró la concejal de Derechos Civiles del Ayuntamiento de Barcelona, Roser Veciana, de Els Verds, que amenazó, en nombre de su partido, con la ruptura del pacto con ERC si el grupo no rectifica a Barrera.

Un individuo entra en una oficina de Correos en Hernani y deja un artefacto que explotó
San Sebastián. Ep 28 Febrero 2001

Un individuo, con la cara cubierta, entró esta mañana en la sede de Correos en la localidad guipuzcoana de Hernani y dejó en el mostrador un artefacto que estalló poco más tarde, según informó la Ertzaintza.

Los hechos sucedieron a las ocho y veinticinco de esta mañana, en el establecimiento de Correos, ubicado en la calle Gartzia Goldaran de Hernani. Un individuo, que ocultaba su rostro, accedió al inmueble y dejó una mochila, diciendo que era un artefacto que iba a estallar.

Inmediatamente después, prendió fuego a la mochila y se dio a la fuga. Momentos después, el artefacto estalló, provocando daños materiales, aunque no heridos

 

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