AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 2  Marzo  2001
#Qué asco
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 2 Marzo 2001

#El “cacao” nacionalista
Ignacio Villa Libertad Digital  2 Marzo 2001

#¿Listas únicas PP-PSOE?
Enrique de Diego  Libertad Digital  2 Marzo 2001

#Testimonio de un cura vasco
Editorial La Razón    2 Marzo 2001

#Las Autonomías escapan al rigor presupuestario
Impresiones El Mundo 2 Marzo 2001

#Pujol retrocede
Editorial El País  2 Marzo 2001

#Barrera, tras Ferrusola: xenofobia desenmascarada
Impresiones El Mundo   2 Marzo 2001

#El dinosaurio y la moqueta
Valentí PUIG ABC   2 Marzo 2001

#Xenofobia
Alfonso USSÍA ABC   2 Marzo 2001

#Talibán todos
ANTONIO GALA El Mundo   2 Marzo 2001

#Verdaderas palabras de una dama
FÉLIX DE AZÚA El País   2 Marzo 2001

#El último dinosaurio
José María CARRASCAL La Razón  2 Marzo 2001

#El hecho diferencial
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 2 Marzo 2001

#La manifestación
Jaime CAMPMANY ABC 2 Marzo 2001

#Nacionalismo rima con fascismo
Por Enrique de Diego Libertad Digital 2 Marzo 2001

#Misterio
ERASMO El Mundo 2 Marzo 2001

#El jesuita confinado: «Son culpables los que matan, los que les vitorean y los obispos que callan»
M. R. Iglesias - Santuario de Loyola (Guipúzcoa) .- La Razón  2 Marzo 2001

#El artículo de la polémica: «Silencios de monseñor Setién»
Miguel María SAGÜES .- La Razón  2 Marzo 2001

#La Cuaresma de Pujol
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo   2 Marzo 2001

#Colocan carteles con amenazas contra estudiantes del PP
G. TESTA BILBAO El Correo    2 Marzo 2001

#Un despropósito más
Editorial El Correo     2 Marzo 2001


Qué asco
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 2 Marzo 2001

Pues señor, ahí está Ibarretxe, convocando una manifestación a la vez contra ETA y contra el PP y el PSOE, contra los verdugos y las víctimas, contra los violadores y contra las violadas, contra los atracadores y los atracados, contra los asesinos y los asesinados, contra el pistolero Guridi y contra López de Lacalle, que en paz descanse, contra el terrorista Gaztelu y contra Miguel Angel Blanco, que en gloria esté. Ahí está Ibarretxe, esa criatura de Star Trek que parece dudar entre el hipido y el berrinche, convocando a sus secuaces a salir a la calle para protestar a la vez, al mismo tiempo, contra el que le puso la pistola en la nuca a Miguel Angel Blanco después de obligarlo a arrodillarse y contra el pobre concejal de Ermua que tuvo que poner la nuca a merced del heroico gudari. Ibarretxe dice que está contra ambos. O sea, que está con la pistola.

Ahí está, sí señor, el PNV manifestándose como el auténtico brazo político de la estrategia etarra que es hoy, como ayer fue compañero de viaje de los Gal. Ahí está Arzalluz, con su mentón mussoliniano y su homenot de Ajuria Enea. Y con un par. Vamos, con un par de sujetos al lado que podrían llamarse Anás y Caifás, pero que se llaman Madrazo y Elorza, representantes oficiales de la presunta izquierda española. Porque aún no los han echado, que yo sepa. Ni los echarán. Para algunos es más fácil jugarse la vida contra ETA que jugarse un cargo o simplemente un sueldo. El resultado ahí está: con Ibarretxe y con Atutxa, por cierto vestido de tuareg, si no se ha quitado el disfraz de saharaui. Supongo que el camello irá detrás.

Nunca la inmoralidad de los hijos putativos de Sabino Arana se manifestó tan a las claras. Nunca la abyección se paseó tan a gusto consigo misma. Nunca la miseria moral se exhibió tan rebozada en el cieno de su corte, que es como llaman en Aragón a la pocilga. Supongo que los miñones y tusellones tendrán ya enhebrado un discursito para justificar y hasta enaltecer esa política de racismo subsidiario y terrorismo de alquiler por cuya defensa el PNV los distingue con el Premio Sabino Arana o con la prebenda que toque, que siempre toca. «Un respeto para el PNV» pedía Tussellone en El País cuando ya Arzalluz se había instalado en el Pacto de Estella, que niega hasta el derecho de voto, símbolo de la ciudadanía y del derecho a la vida, a los vascos españoles, indóciles al pistolón. Son los mismos argumentos de González para defender a Arzalluz, abundantes pero resumibles en uno: el odio al PP sobre todas las cosas, incluida la manifestación de Ibarretxe contra los pistoleros y sus víctimas. Qué asco.

El “cacao” nacionalista
Por Ignacio Villa Libertad Digital  2 Marzo 2001

La doble política, la doble cara, la esquizofrenia de los nacionalista vascos se pone una vez más de manifiesto. Pero lo que de nuevo queda claro es, sobre todo, el “cacao” ideológico y de actitudes que cada día que pasa nos enseña con menos pudor el PNV. Y es que, sinceramente, no se aclaran.

Al fin y al cabo es el juego del político que piensa que todo es suyo y que por él pasa el presente y el futuro. Es el juego del político que ha perdido hace muchos años el objetivo de trabajar por el bien de los ciudadanos, que antes de reconocer los errores –en muchos casos históricos– entra en una dinámica desenfrenada de justificación personal. Es el juego del político que, en definitiva, pierde toda visión objetiva de la realidad, e intenta embaucar a los demás por el mismo camino.

La situación del PNV es dramática. Esto se debe, por supuesto, a su cercanía a las mismas ideas del brazo político de ETA. Pero, sobre todo, es debido a la desorientación ideológica, estratégica y electoral de la que ahora mismo hace gala de forma permanente. Y esto no ha hecho más que empezar; lo que es peor, ahora que se acercan las elecciones del próximo 13 de mayo, tenemos que estar preparados para asistir a un nuevo espectáculo. Los beligerantes líderes del PNV se convertirán durante unas semanas en tranquilos corderitos inofensivos que buscarán cualquier posibilidad de acercamiento a los socialistas para salvar la cara.

Ante todo este panorama, es la hora de los que por miedo, por reparo o por falta de decisión han estado escondidos. Es el momento para que los cientos de miles de ciudadanos vascos que no están de acuerdo con la situación actual digan ¡no! al PNV de Arzallus y Eguibar. Después del 13 de mayo no habrá tiempo para reproches y lamentos. La valentía hay que demostrarla antes, aunque sea desde el anonimato.

El País Vasco no se merece este “cacao nacionalista”.

¿Listas únicas PP-PSOE?
 
Por Enrique de Diego  Libertad Digital  2 Marzo 2001

La ventaja de Xabier Arzalluz es que a fuerza de reserva mental y de la relativismo moral se le comprende fácil interpretando lo contrario de lo que dice. ¡Por supuesto que el PNV quiere concurrir en listas únicas para conseguir aprovechar mejor el voto nacionalista y evitar la penalización de la división que introduce la Ley d’Hondt! Es también efecto del temor a ser sobrepasado por Jaime Mayor Oreja si se presenta el PNV en solitario, ya que el PP en las pasadas generales ganó con claridad en las grandes ciudades, en las zonas más informadas y menos coaccionadas por el terror de la sociedad vasca.

El pacto entre PNV y EA no es nuevo. Ya existió en las municipales, con efectos menores de los esperados, pero no puede desdeñarse este frentismo electoral que debe aclarar en su programa electoral su postura sobre Estella/Lizarra y si quiere o no la independencia.

Este efecto puede ser contrarrestado en parte con el pacto del PP con Unidad Alavesa. El sistema electoral vasco concede una representación unitaria por provincias de veinticinco diputados, lo que beneficia a Álava. La presencia de Carlos Iturgaiz en el número dos de Vizcaya muestra la importancia de esa circunscripción, que ya en las generales dio síntomas de querer sacudirse el nacionalismo.

La lógica de la situación, en la que está en riesgo la libertad y la convivencia, y la misma dinámica abierta por el pacto contra el terrorismo de PP y PSOE haría convenientes listas únicas de los partidos constitucionalistas. Ese debate parece implanteable, por cuestiones de imagen nacional, pero estuvo en el transfondo de las mociones de censura a Ibarretxe cuando Nicolás Redondo Terrero justificó el voto conjunto con el PP porque estaba en juego la convivencia. No ir en listas únicas plantea riesgos añadidos de que se haga verdad la insidiosa especie de Arzalluz contra la esperanza en el sentido de que las elecciones no servirán de nada.

Van a depender en buena medida de que el PSOE sea capaz de ganar los votos de la IU de Madrazo, ante la convicción de que votar a Madrazo no es otra cosa que votar a Arzalluz, y en último término de la postura de Eta-Eh, que puede volver la espalda a sus aliados o exigir el ridículo referéndum en los siete territorios históricos. También sería fundamental que Gaspar Llamazares aclarara la postura qué mantendría su formación en la política de pactos postelectorales.

Lo mejor sería que PP y PSOE fueran juntos en las listas. Lo menos malo que en Álava se produzca el vuelco definitivo hacia la marginalidad del nacionalismo, porque sin Álava el discurso soberanista y la autodeterminación degenera en falacia.

La manifestación nacionalista contra PP y PSOE tiene ya el objetivo claro: marcar los límites de la tribu y trazar una línea para que no haya trasvases de votos.

Testimonio de un cura vasco
Editorial La Razón    2 Marzo 2001

El jesuita Miguel María Sagûes escribió, hace cinco años, una carta en la que criticaba al entonces obispo de San Sebastián, José María Setién, por negarse a denunciar la vinculación de HB con ETA. El gesto, repleto de valor y dignidad, de un sacerdote escandalizado por el silencio de una parte de la jerarquía eclesiástica ante el imperio del terror y por su proximidad política al nacionalismo, le costó bien caro: condenado al silencio y confinado en el santuario de Loyola, en Guipúzcoa, ha meditado estos largos años sin «molestar» ni a Setién ni a sus superiores. Ha sido, pues, un preso de conciencia, el último preso político de España, obligado a callar mientras algunos podían gritar en la calle «Eta mátalos» y mientras otros pronunciaban sentidas homilías por los asesinos a la vez que olvidaban a las víctimas.

    Cinco años después, este jesuita ha roto la impuesta mudez y habla hoy, alto y claro, desde la páginas de LA RAZÓN, para reclamar de los obispos un compromiso firme ante el terrorismo y un cambio sincero que despeje las dudas en la Iglesia vasca por décadas de cómodo silencio o militancia nacionalista.

    Aunque no se coincida con la necesidad de que la Conferencia Episcopal firme el Pacto Antiterrorista, pues puede bastar con una declaración en este sentido, como se ha producido, sí hay que compartir que es preciso que el órgano rector de los obispos ponga en su sitio a aquellos prelados que han demostrado falta de compromiso ante el acoso de un sector de la sociedad oprimido por el terrorismo.

    La confusión generada por estos curas vascos es inevitable cuando, como dice el jesuita recluido, ha habido cartas pastorales tan confusas que «ni siquiera dejan claro quién las escribe», cuando en realidad los obispos deben decir claramente «ésta es la situación y los culpables son éstos: el que mata y todos los que les ayudan... Sabed que no es legítimo ni limpio estar al lado de los que matan».

    La rebelión de este cura no es diferente de la de cualquier católico que sufre al ver a pastores que adulteran políticamente a la Iglesia por la presión del nacionalismo excluyente y bajo la doctrina de «la equidistancia», la perversión tantas veces representada por Setién, que iguala a mártires y verdugos, exalta al PNV y considera «político» (y como tal rechazable) hacer un funeral por un católico asesinado por ser del PP. Por eso, el padre Sagûes reclama el apoyo al Pacto, aunque sea «político», como una forma de expresar sin género de dudas que los obispos están con las víctimas y son beligerantes con los que matan. Y cree, como todo demócrata, que las próximas elecciones en elPaís Vasco son la gran esperanza para devolver las libertades a esta tierra y permitir a los vascos vivir sin miedo. El testimonio de este cura no sólo es valiente, sino que puede dar una enorme fuerza moral a muchos católicos descontentos por décadas de ambigûedad en una parte del clero vasco.

Las Autonomías escapan al rigor presupuestario
Impresiones El Mundo 2 Marzo 2001

Se ve que lo de reducir el déficit público no va con las Comunidades Autónomas. El pasado año todas las administraciones públicas hicieron un esfuerzo de saneamiento, que ha llevado a que el déficit global fuera del 0,3%. El Estado central ha cumplido sus objetivos, los Ayuntamientos han logrado incluso tener superávit. Pero las Autonomías se han excedido del objetivo que les fijó el Gobierno: lejos de ajustarse al 0,1%, su déficit superó el 0,3% del PIB. Esta actitud de los gobiernos regionales pone en serio peligro la meta del Gobierno de alcanzar el déficit cero, reflejada en los presupuestos del 2001. Tiene sobradas razones Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda, para censurar la laxitud de las Autonomías a la hora de controlar sus gastos. Resulta contradictorio que algunas administraciones se esfuercen en reducir su déficit si no lo hacen todas.

Pujol retrocede
Editorial El País  2 Marzo 2001

Alguien decidió ayer suspender la presentación de un libro de Heribert Barrera en el que se vierten opiniones claramente xenófobas, y en la que estaba prevista la presencia de Jordi Pujol. La decisión, justificada por el temor a posibles incidentes -que se produjeron, aunque, afortunadamente, menores- permite al presidente catalán evitar (o aplazar) un problema político: el PP, de cuyos votos depende, le había pedido expresamente que no participase en ese acto. Pero, más allá del episodio concreto, la polémica que se inicia con las declaraciones de Marta Ferrusola, esposa de Pujol, y se agrava con las opiniones de Barrera, ha revelado la existencia en el nacionalismo catalán de un componente profundamente reaccionario, de desprecio hacia el percibido como diferente siempre que sea pobre. Y no es casual que ese componente haya aflorado cuando hay síntomas de cambio político.

Hasta el más cívico de los nacionalismos suele tener en su origen un componente, si no racista, sí xenófobo: de desconfianza y hostilidad hacia el forastero. También en Euskadi y Cataluña. Sin embargo, como supo ver Unamuno, el rechazo del primitivo nacionalismo al maketo o al charnego no contaba para los ingenieros ingleses o suizos llegados a la vez que ellos. Esos nacionalismos étnicos evolucionaron, adaptándose a la realidad plural de las sociedades respectivas; pero no sin algunas recaídas en el etnicismo fundacional, como ésta de ahora.

Ahora: cuando hay evidencias de que los motivos que determinaron la hegemonía nacionalista se han debilitado grandemente. El nacionalismo vive con angustia la posibilidad de perder el poder, y en su seno surgen simultáneamente corrientes que proponen abandonar definitivamente la visión étnica en favor de un nacionalismo más integrador, que permita ampliar su base social, y otras que, inversamente, propugnan un repliegue defensivo hacia el fundamentalismo originario. Esta situación coincide además con el inicio de una nueva oleada migratoria, con la diferencia de que ahora no está formada por gentes que comparten religión e idioma, lo que agranda los fantasmas y aumenta el desatino de comentarios.

Pero si decir que hay peligro de que las ermitas se conviertan en mezquitas revela ignorancia, y no digamos las especulaciones sobre genética e inteligencia de Heribert Barrera, el fondo reaccionario ya estaba en ese comentario de Marta Ferrusola diciendo que a veces sus hijos no podían jugar con los otros niños porque hablaban castellano: el intento de banalización de la xenofobia como algo natural, espontáneo, que todo el mundo piensa aunque no lo diga, es lo más terrible que ha sacado a la luz esta polémica.

Barrera, tras Ferrusola: xenofobia desenmascarada
Impresiones El Mundo   2 Marzo 2001

Es paradójico que un luchador antifranquista, encarcelado por la Gestapo, exiliado en Francia, líder de un partido que se llama Esquerra Republicana, acabe sus días siendo tildado de «fascista» por los inmigrantes. Pero, después de las declaraciones xenófobas de Marta Ferrusola, la aparición del libro de Heribert Barrera y sus entrevistas en prensa y radio confirman que ese epíteto no va desencaminado. Su teoría es ésta: hay que frenar ya la inmigración -pide la expulsión inmediata de los sin papeles- porque los inmigrantes prefieren hablar castellano a catalán y, cuando sólo una minoría conozca esta última lengua, «Cataluña habrá muerto». Junto a algunas perlas como su reciente fe en la pena de muerte, Barrera asegura que el austriaco Jörg Haider «tampoco» es racista, porque no hace sino quejarse de que el aflujo de inmigrantes diluye la personalidad de su país. Y eso es lo que él quiere del suyo: «Un país con sus propios rasgos y su lengua diferenciada. La Cataluña que más me gusta es la de antes de la guerra». Como en el caso de Ferrusola, este planteamiento sobre la desnaturalización de una esencia pura de la catalanidad entronca con todo el discurso racista moderno, el de los Haider y Le Pen y Milosevic: no, no se dice que el extranjero es inferior, porque nadie quiere ya ser tildado de nazi. Se dice, sin más, que rompe una armonía milenaria... Es interesante que sólo a última hora, y vergonzantemente, Jordi Pujol haya renunciado a presentar el libro: hoy que se sienten «acosados», los nacionalismos hacen piña -ahí está la relación CiU-PNV- para reivindicar su derecho a excluir al forastero. En todo nacionalismo exacerbado anida el germen de la limpieza, étnica o lingüística, y Barrera ha preferido ese camino a su sedicente izquierdismo, de raíz internacionalista.

El dinosaurio y la moqueta
Por Valentí PUIG ABC   2 Marzo 2001

En hora del sosiego necesario para que una sociedad valore el impacto de la inmigración aparecen aquí y allá especies de opinión asimilables a un conjuro de Darwin cuando aún balbuceaba los rudimentos de su teoría. En cada ocasión que el nacionalismo exclusivista deja sueltos sus fantasmas, lo que a continuación sucede es que también se desatan los demonios. La mentalidad de guerra civil de Heribert Barrera era algo que hasta ahora se asumía coloquialmente, sin que hiciera falta intentar pregonarla en las salas del Ateneo barcelonés, donde D’Ors y Pla acogieron a los grandes de la generación del 98.

Como fenómeno antropológico, en los orígenes de cualquier nacionalismo hay de todo, pero se esperaba otra cosa de su inserción evolutiva en el siglo XXI. En la moqueta de la sociedad catalana, la expectoración de Barrera deja un rastro que difícilmente podrá ser borrado con apelaciones a la europeidad. El catalanismo tiene sus fundamentos regeneracionistas e ilustrados, al tiempo que se nutrió de prejuicios y atavismos. Heribert Barrera tal vez sólo sea una anécdota del pasado, pero toda anécdota tiene su categoría. Como teórico de la pureza racial catalana, el doctor Martí Julià dice en 1903 que es cuestión de higiene social impedir la entrada en Cataluña de elementos degenerados y producto de razas inferiores y además decadentes, introducidos para ejercer la acción desorganizadora que en todos lados realizan la intrusión causante de enfermedades sociales. Se sospechaba que Heribert Barrera moraba en la memoria involutiva de los años treinta, aunque no suponíamos que, en términos retrospectivos, fuese el inspirador de aquella letra alternativa de «Els Segadors» que exhortaba a los catalanes a ser antes chinos que españoles. Esto pasa por abrir al público de todas las edades la sala de los dinosaurios.

Xenofobia
Por Alfonso USSÍA ABC   2 Marzo 2001

La xenofobia es la aversión hacia lo extranjero. Y lo extranjero es lo extraño, aquel o aquello que viene de otro país, nación o Estado. Me atrevería a añadir que incluso lo que viene de otro pueblo. Xenófobo no es sólo el racista blanco que odia al negro, o el racista negro que odia más aún al negro, como Michael Jackson, o el negro que abomina del amarillo. También lo es el islandés que no soporta al sueco, y el neoyorquino que desprecia al tejano, y el parisino al marsellés y el madrileño al barcelonés y viceversa. Sucede que la xenofobia es cualidad imprescindible para entender el nacionalismo. Lo de Marta Ferrusola y Heribert Barrera es xenofobia barata, simplista, como toda manifestación racista del nacionalismo. Mucho más cutre y elemental la de Arzallus y sus gentes. Sus manifestaciones merecen la repulsa, pero no el análisis de la inteligencia. En un nacionalista étnico, este tipo de manifestaciones no pueden deparar sorpresas. A mí, particularmente, me interesa más la xenofobia local, el odio a lo extraño, a lo extranjero inmediato.

Hasta hace poco no supe que San Lorenzo y El Escorial son dos municipios diferentes y enfrentados. La pared sur del Monasterio hace de frontera de ambas naciones. Una pareja compuesta por un ciudadano de San Lorenzo y una del Escorial no se acepta así como así. En Cudillero, el barrio alto pertenece a los terrestres y el bajo a los marineros. Algunas veces, los nacionalistas de la tierra bajan a la nación junto al mar, y suenan palabras fuertes. Recuerdo en la Mili a un madrileño del barrio de Salamanca que llamó «paleto» a otro de Usera. La reacción del segundo fue fabulosa, amplia de distancia y desprecio: «¿Paleto yo, que he nacido en Usera y me he criado en Embajadores?». Existen mil ejemplos de xenofobias locales. En la provincia de Burgos, separados por un centenar de metros, se alzan las villas de Gumiel de Hizán y Gumiel del Mercado. Un viejo amigo, capitán de la Marina Mercante y natural de Gumiel del Mercado me hizo partícipe de su opinión acerca de sus vecinos. «Gente muy rara y retorcida. Parecen de otro planeta».

En los Estados Unidos, la xenofobia simple y dolorosa es la del blanco con el negro. Pero también la interestatal corrompe. Dicen los californianos que «una joven tejana virgen es una chica que pudo correr más que su hermano». Y los tejanos, que «los neoyorquinos son la hez de los Estados Unidos». La mayor sorpresa xenófoba que he experimentado —y son testigos, entre otros, Antonio Burgos, Pepe Oneto y Luis del Olmo—, me sacudió en Ulundi, visitando al príncipe zulú Mangoshotu Buthelesi. El líder de Inkhata, el partido nacional zulú, negro como un zulú, nos brindó esta definición de Nelson Mandela: «Nosotros, los zulúes, somos hijos de Dios y de esta tierra, que es la nuestra. Nos llevamos bien con los blancos, y cuando hemos tenido que pelear contra ellos, hemos ganado. Ahora el respeto es absoluto. Lo que no vamos a permitir es que Suráfrica sea gobernada por una panda de negros como los de Mandela».

La xenofobia nacionalista es repugnante, por arrogante y despreciativa. Pero como todo lo simple, lo elemental, carece de interés. Si Arzallus sale mañana diciendo que los vascos son más altos y guapos que los andaluces, allá él. Nos queda, como último recurso, mandarle a Bertín Osborne a su casa, si es que Bertín quiere vivir en casa de Arzallus, que lo dudo. Esa xenofobia nacionalista, que Marta Ferrusola y Heribert Barrera han desnudado públicamente es pura y llanamente vil e inhumana, porque usa de los resortes del poder para cumplir con la humillación ajena. Pero sólo me interesa para combatirla. A mí, la xenofobia que me llama la atención y me regala el asombro es la local. Alcobendas y San Sebastián de los Reyes conforman hoy un gran núcleo urbano. Pero de fusionarse, nada de nada. Los de Alcobendas dicen de sus vecinos que son unos pueblerinos, y los de San Sebastián de los Reyes de los de Alcobendas, que «hasta ahí podríamos llegar, juntarnos con esa gentuza».

La humanidad es idiota, principalmente, por su xenofobia.

Talibán todos
ANTONIO GALA El Mundo   2 Marzo 2001

El ministro talibán de Asuntos Exteriores, como si ese cargo tuviese algún sentido, ratifica la decisión de destruir todas las estatuas de Afganistán. Las llamadas de la ONU en defensa del Patrimonio de la Humanidad serán inútiles. Un buen ejemplo de fundamentalismo: no sólo contra estatuas, sino contra sus mujeres y contra sí mismos. Todo lo que separa a unos hombres de otros -religiones, ideologías, sexos, economías, desarrollo- acaba aislándolos y enemistándolos. El grado de tal enemistad es imprevisible. Nosotros tenemos, con nuestros nacionalismos de todo signo y nuestros inmigrantes, buenos ejemplos. Echemos nuestras barbas a remojar.

Verdaderas palabras de una dama
FÉLIX DE AZÚA El País   2 Marzo 2001

Félix de Azúa es escritor.

No. Las declaraciones de Marta Ferrusola, ni son triviales (de 'tieta', como escribe Joan Barril en un intento desesperado por salvar los muebles), ni constituyen una agresión racista. Pero tampoco han de ser olvidadas al instante, sea por vergüenza ajena o en virtud de una simpatía profunda, como la que sienten por ella Jordi Pujol, Artur Mas y otros miembros de la familia, los cuales consideran de mala educación señalar cuando uno de los suyos se pone en evidencia.

Es cierto, además, que las opiniones de Ferrusola, o, más bien, sus prejuicios, ya que no pueden considerarse pensamientos articulados, los comparte buen número de catalanes, sobre todo en los medios rurales, su clientela más afín. Pero en eso reside, justamente, su elevado interés. Alguien abrió, como por descuido, una arqueta, y de ella salieron volando los demonios de Pandora, de las innumerables pandoras.

El escándalo es tan sólo el miedo que nos produce una faz reflejada en un espejo inmaculado. Es demasiado real. El exceso de realidad, si no está dulcificado por la urbanidad, produce una contracción de pudor, como cuando vemos imágenes pornográficas o de tortura. ¿Es realmente así esa gente? ¿Tan despiadada? Sí, lo es.

En todas y cada una de sus frases está presente la faz nítida, el aplomo de los bien plantados. Su voz tiene la inconfundible impostación de quien habla desde una propiedad inviolable. El tono agudo, perforante, de la voz de Ferrusola en aquel acto de Girona es tan revelador como el sentido mismo de las frases. Es la voz de quien sabe cómo dirigirse a los criados, a la servidumbre, y tiene el hábito de hacerlo. Pero también hay en ella un matiz quebrado, una queja patética, un dolor íntimo, porque, aunque sin duda es la voz de un amo, sin embargo ese amo está siendo amenazado por la servidumbre a la que ha contratado y de la que no puede prescindir. Se encuentra atado a la amenaza de su propia riqueza, y se revuelve con ira contra sí mismo.

De un lado, la conciencia de que esto es suyo, su propiedad, y por eso lo llama 'mi tierra', o 'Cataluña', diluyendo en la máxima abstracción lo que no es sino un entramado de rutinas económicas y jurídicas compartidas. Pero también, de otro lado, un temor pánico, parecido al de Harpagon, a que el servicio le robe sus propiedades, a que la tierra se desvanezca bajo sus pies y queden ellos, los amos, en el aire, desamparados, náufragos, similares, entonces, a sus sirvientes, los que vinieron de Dios sabe dónde, de Murcia, de Extremadura, de África, y viven aquí sin tierra bajo los pies. Ellos, los señores, de pronto se ven igualados a los siervos que han robado la tierra del Padre, y por eso temen empezar a vagar por una tierra de nadie, donde las ermitas románicas del Padre son como las mezquitas de un dios bastardo. ¿Qué sería de ellos sin 'Cataluña'? ¿Inmigrantes, ellos, en su casa?

El espanto que expresan las palabras de Ferrusola es real. Tiene miedo. Como lo tienen sus hijos, educados con extremado rigor a no jugar con niños castellanos. ¡Pobres niños Pujol, amenazados por esa gente grosera, delincuente, zarzuelera, que bulle y grita, sin educación ni maneras, fuera de los jardines del catolicismo nacional! Niños castos, formados en el asco a la promiscuidad de los sin tierra, esos inmigrantes que no sólo les roban la propiedad, sino que se reproducen con lubricidad arcaica, animal, hasta el punto de que 'sólo tienen hijos', y el marido de Ferrusola se ve obligado a regalarles casas. Pero los extranjeros no lo agradecen, sino que aún exigen más. El amo llora desconsoladamente ante una situación amenazante que él mismo ha creado, con su codicia.

Ese miedo, esa inseguridad profunda y neurótica, es la que ha dominado el discurso nacional de los veinte últimos años, el sobrecogedor 'nosaltres sols' que cierra, excluye y aísla al clan de propietarios. Fundado en el miedo, ese discurso nacional señala constantemente al Otro, el que no habla como ellos, no viste como ellos, no tiene el mismo Dios, no respeta su propiedad, ni su nobleza, ni sus privilegios, y no practica una sexualidad civilizada que permite ahorrar dinero limitando los nacimientos. Son las 'baterías que apuntan contra Cataluña', es decir, contra ellos, los viejos feudales de un país limpio, claro, euclidiano, sin fracturas, en donde todavía hay clases.

Es el discurso constitutivo de la más nítida ideología reaccionaria española, la de la 'limpieza de sangre', aplicado a un lugar en donde la sangre, por fortuna, nunca fue pura. Ideología que ha infectado también a la izquierda hasta hacerla casi desaparecer, tras veinte años de menosprecio a los votantes y serviles gestos a la gentry para que les conceda títulos de propiedad. ¡Ingenuos advenedizos!

Mientras ése sea, en efecto, el pensamiento dominante, no en Cataluña, abstracción metafísica que encubre un juego de intereses reales de los que nunca se habla, sino entre los feudales del lugar, esta sociedad permanecerá encerrada, como la trenza en la siniestra urna de cristal, en un saloncito que huele a sacristía, a moho, a incienso frío y tabaco muerto. El hedor de aquellos lugares cuyas ventanas llevan veinte años cerradas.

El último dinosaurio
José María CARRASCAL La Razón  2 Marzo 2001

Quien quiera explicarse los palos de ciego de Ibarretxe, la presentación del libro de Heribert Barrera a cargo de Pujol, el repliegue táctico del BNG, los problemas del Partido Québécois o la incapacidad del IRA de hablar con una sola voz tiene que referirse a un fenómeno tan universal como evidente: la descomposición de los nacionalismos. No importa que sean duros o blandos, que peguen tiros o presuman de democráticos, que se apoyen en la etnia o en la cultura, todos ellos están sujetos a un proceso de fusión interna parecido al de los reactores nucleares averiados. Las consecuencias son igualmente peligrosas, con declaraciones inconcebibles de los pacíficos y furia desatada de los violentos. Todos ellos se dan cuenta de que los acontecimientos no van en la dirección que creían, de que a poco que se descuiden serán barridos por la marcha de la historia. Así que redoblan sus afanes, en esfuerzos que van de lo patético a lo criminal. Pero el hecho está ahí, evidente, testarudo, inamovible, advirtiéndonos de que la pleamar de los nacionalismos ha pasado.

    Aunque también hay que advertir que los nacionalismos no van a desaparecer de la noche a la mañana ni, menos aún, suavemente, como cualquiera de las múltiples modas que se ha llevado el viento. Entre otras cosas, porque no son una moda. Son una vivencia anclada en lo más hondo de muchos espíritus. Algunos la necesitan incluso más que el pan, al darles proyección universal en el seno de un colectivo particular. El nacionalismo proporciona a muchos un sentido de superioridad que por sí solos no tendrían. Y eso es algo muy valioso, a lo que no se renuncia fácilmente. Quiero decir que el nacionalismo va a dar todavía mucha guerra, incluso en el sentido literal de la palabra. Pero que va a menos en vez de a más parece fuera de dudas.

    ¿A qué se debe? Por lo pronto, a que el mundo no marcha en esa dirección. Para ceñirnos a nuestro país, los nacionalismos internos no chocan ya con el nacionalismo español, tan vapuleado el pobre. Si éste fuera su único enemigo, posiblemente triunfarían. Su problema es que chocan con la globalización, con el mestizaje, con la aldea global. Esos son sus verdaderos enemigos, sus adversarios más fuertes. O si lo quieren de otra manera: no se puede ser nacionalista y moderno al mismo tiempo. Son términos que se autoexcluyen. Los grandes catalanes están hoy en Nueva York, en el Silicon Valley, en Madrid, haciendo ciencia, medicina, cibernética, teatro universales. En cuanto a los vascos, ¿qué voy a decirles? Todos los vascos con ideas propias están fuera de Euskadi o amenazados de muerte. Eso los que tienen suerte. Los que no la han tenido están dos metros bajo tierra. Debido precisamente al nacionalismo. Díganme ustedes cómo se puede montar así una sociedad moderna. Resumiendo, el nacionalismo está condenado a desaparecer por la misma razón que los dinosaurios: por anacrónico.

El hecho diferencial
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 2 Marzo 2001

Como no podía ser de otro modo, los nacionalismos están revelando su verdadero rostro con el problema de la emigración. Las declaraciones de Heribert Barrera y de la pareja Pujol/Ferrusola han sido la manifestación de su razón de ser: la intransigencia cultural, el encastillamiento en la diferencia.

Por definición, el nacionalismo se construye a partir de la identidad y frente a cualquier elemento que pueda ponerlo en cuestión o simplemente perturbarlo. Nada de lo humano interesa al nacionalista si es ajeno y, aún más, si choca con sus dogmas religiosos, culturales o folclórico. Así que la anunciada invasión de los emigrantes ha descompuesto el gesto de los dirigentes nacionalistas hasta extremos llamativos. El viejo Barrera ha demostrado que su republicanismo no tiene nada que ver con la idea de nación como comunidad de ciudadanos sino con la de una fortaleza extemporánea e incivil. En cuanto al matrimonio Pujol se han comportado como la representación genuina de la pequeña burguesía insegura para quien la patria, la pequeña patria, es un escudo frente a los riesgos que impone la convivencia en nuestro tiempo.

En realidad, la reacción visceral de los nacionalistas catalanes ante el hecho de la emigración es una repetición de la actitud que han venido manteniendo toda la vida frente a los «murcianos» o «charnegos». La población de ascendencia catalana —unos dos millones de personas tan sólo— ha venido librando a lo largo de todo el siglo XX una batalla implacable contra lo que ha considerado un peligro externo, el miedo a lo español, hasta el punto de hacerse fuerte social y culturalmente. Buena parte de la historia catalana ha consistido en un enfrentamiento con los emigrantes a fin de mantener el control de la sociedad en todos los órdenes. Cuando se habla de la capacidad de «Cataluña» para la integración, se es muy generoso: se trata de una sumisión cultural, económica y social, de un proceso de domesticación, salvaje en los años veinte y de aculturación siempre. Naturalmente siempre ha habido algún charnego ilustre con el que se ha podido justificar el proceso.

En Cataluña el «hecho diferencial» se construyó de modo defensivo, en la lucha contra los emigrantes y al tiempo contra la totalidad española. De ese modo ese argumento comenzó a ser utilizado después para justificar la retracción frente a España como Estado/nación. En los últimos años del régimen franquista, se daba al «hecho diferencial» un alcance meramente cultural: la lengua, algunas instituciones tradicionales, el folclore... Posteriormente iba a extenderse a la reivindicación de ciertos derechos y por fin de un estatus privilegiado respecto al resto de los españoles, tanto desde el punto de vista de los derechos ciudadanos como desde el punto de vista de la colectividad catalana. El federalismo asimétrico de Pascual Maragall se sustenta en la reivindicación de una situación privilegiada. Si España, como Estado, quiere seguir contando con Cataluña deberá pagar el precio de darle un trato especial. De esta manera lo que fue una construcción frente a los emigrantes iba a convertirse en una justificación para el trato preferente, ventajoso, asimétrico y, ¿por qué no?, para la separación si fuere preciso.

Esta sociedad que se consideraba ya blindada frente a la emigración «española» y que está en proceso de diferenciación frente al Estado, se ve amenazada ahora por una inminente e inmensa oleada de emigrantes no españoles. No hay que ser profeta para predecir que la reacción va a ser mucho más argumentada que la que pueda darse en otras regiones. Tienen ya una experiencia secular en la defensa de lo que llaman la identidad, sin complejos, con la convicción de quien lucha por una gran causa, de quien está en una cruzada. Cuando creíamos desaparecido de la vida pública a Heribert Barrera, le vemos alzarse con la bandera de la insolidaridad, del odio, de la diferencia: una escandalosa mofa de los ideales republicanos.

La manifestación
Por Jaime CAMPMANY ABC 2 Marzo 2001

Ya imaginaba yo que esa manifestación que convocaba Ibarreche contra la ETA tenía gato encerrado. Como diría un moralista, eso traía malicia. La han convertido enseguida en una manifestación contra el Partido Popular y el Partido Socialista, o sea, contra los dos partidos que han firmado el pacto anti-ETA. Formidable. Fantástico. Superferolítico. Eso es como si Ibarreche, paradójico, estrafalario y estrambótico lehendakari, hubiese convocado una manifestación contra las zorras y al mismo tiempo contra las gallinas, o si ustedes lo prefieren, contra los lobos a la vez que contra los corderos.

Alguien, algún bendito al que ya le apuntaran las alas en las paletillas, podía suponer que una manifestación contra la ETA se convoca precisamente porque la ETA asesina a mansalva, como dedicación y profesión. Y precisamente, entre los asesinados abundan los cargos políticos o dirigentes del Partido Popular y del Partido Socialista. Ya es largo el martirologio de estos dos partidos por la persecución etarra. Pues no. La manifestación contra ETA se convoca no se sabe por qué. Bueno, sí. Se sabe. Se convoca porque ahí, a la vuelta del calendario, esperan las urnas.

Es curioso. Esta gente del PNV condena de boquilla a los mismos con quienes pacta. Primero, de tapadillo y en la covachuela de la conspiración, les piden que «arreen», y enseguida salen a la calle a rogarles que se disuelvan. Hay que ver cómo les habla Ibarreche a los de Euskal Herritarrok. No parece sino que les estuviera explicando dulcemente la catequesis a los niños díscolos de la parroquia. Y encima, el presidente del Gobierno vasco, en vez de ocuparse en proteger las vidas y la libertad de los asesinados, se dedica a convocar manifestaciones callejeras contra ellos. Con un par. Con ese par que no tiene para oponerse claramente, sin ambigüedades ni equívocos, de pensamiento, palabra y obra, a las siniestras fechorías de los etarras.

El destino de los votantes del Partido Popular y de los socialistas en el País Vasco ya está claro. Si se salvan del tiro en la nuca o de la bomba-lapa de los unos, caen en el vapuleo público de los otros, o sea, de sus aliados. Aquí habría que escribir como aquel gran vasco don Miguel de Unamuno, no unos y otros, sino hunos y hotros. Lo diremos una vez más porque conviene recordarlo, sobre todo en vísperas de elecciones: los hunos menean el árbol y los hotros recogen las nueces. Los vascos que voten al PNV de Javier Arzallus ya saben que votan a un sujeto que quiere negociar asuntos políticos encaramado sobre una pirámide de cadáveres.

Muy nerviosos tienen que haberles puesto las encuestas de opinión cuando los nacionalistas recurren a estos extremos. Han llegado a la sublimación de la incoherencia y de la equivocidad. La actitud del PNV en los últimos tiempos, con su abandono de la Internacional Democristiana, el pacto de Estella, la aceptación de los votos decisivos de EH para la designación del lehendakari y las declaraciones del energúmeno Arzallus, son circunstancias que invitan a pensar que esa manifestación de Ibarreche contra ETA es como un golpe de pecho en las vísperas electorales. Tal vez sea un amago de arrepentimiento oportunista.

Los nacionalistas habrán comprobado que quizá la gran mayoría del pueblo vasco ya no soporta más esa sanguinaria persecución de los asesinos etarras contra todo el que no piense como ellos o contra el que, por casualidad, pasaba por allí. Tal vez los dirigentes peneuvistas de este momento hayan detectado el triste cansancio de los vascos ante el hecho absurdo, inútil y sangriento del terror. Y salen contra ETA, aunque no han sabido renunciar al electoralismo de salir también contra sus víctimas.

Nacionalismo rima con fascismo
Por Enrique de Diego Libertad Digital 2 Marzo 2001

Se acumulan las contribuciones de ideólogos del nacionalismo catalán como Marta Ferrusola, Jordi Pujol y Heribert Barrera que superan a Le Pen y Haider por la derecha y se ponen a la altura de Mussolini. Nada nuevo bajo el sol, que dice el Eclesiastés, porque esta exhibición de prejuicios sureños a “lo que el viento se llevó” no son desvaríos de la ancianidad nacionalista, sino el fundamento mismo del nacionalismo en sus padres fundadores desde Sabin Arana hasta Prat de la Riba, tan enaltecedor del odio como sentimiento básico del nacionalista.

El “Alemania para los alemanes” de los nazis es idéntico al Euzkadi para los vascos del Rh de Xabier Arzalluz y de éste “Cataluña para los catalanes” de la extrema derecha que es el nacionalismo. Que el nacionalismo es la ultraderecha es cosa bien sabida, que consiguió distorsionar Franco y ese proceso de hibernación de las ideas que producen las dictaduras, pero me parece claro en estos días que los que se opusieron al nacionalismo en su día, como en el manifiesto de los dos mil, no hacían otra cosa que proseguir y perpetuar la lucha antifascista.

Heribert Barrera dice que en Cataluña sólo deberían vivir tres millones y que ahora es partidario de la pena de muerte. ¿Cómo reduciría la población a ese selecto grupo de aborígenes? ¿Hay un Rh catalán? ¿Por la lengua? ¿Por los apellidos? ¿Es que son los catalanes tribu como los bosquimanos o los hotentotes o son el producto de un sano mestizaje? Hablar de la “gran trayectoria democrática” de Heribert Barrera, como hace Pujol, es un ejercicio de cinismo y la manifestación de uno de los grandes mitos españoles: la identificación de antifranquismo con democracia.

Aunque buena parte luchara por la libertad personal, hubo antifranquistas que pretendieron totalitarismos mucho peores que el franquista. Lo de que no está de acuerdo con el libro es otra reserva mental del marido de Ferrusola, esa Pilar Primo de Rivera del nacionalismo catalán. ¿No se acuerda de su libro sobre inmigración cuando calificaba al andaluz de “hombre degenerado” que podía “destruir Cataluña”?.

Lo que llama la atención es este clamoroso silencio de los intelectuales progresistas catalanes, de los melifluos intelectuales orgánicos del nacionalismo como Javier Tusell o Miguel Herrero de Miñón. Y son inevitables algunas preguntas inquietantes: ¿cuáles son las semejanzas y las diferencias del nacionalismo moderado de Josep Piqué de este nacionalismo auténtico?, ¿el nacionalismo de Maragall en qué se parece y en qué se diferencia de este nacionalismo radical? El nacionalismo es la madre de todos los fascismos.

Misterio
ERASMO El Mundo 2 Marzo 2001

La xenofobia -los moros vistos desde Heribert Barrera, Ferrusola en su rincón- contradice a la Ciencia -genoma- y hasta los dogmas del humanismo cristiano: todos iguales ante Dios. Racismo, conciencia de ser superior, negación de el otro: heráldica del fascismo. Mas en el norte, un movimiento de entonación similar recibe la comprensión progresista. ¿Resultado? Savater, estupefacto.

El jesuita confinado: «Son culpables los que matan, los que les vitorean y los obispos que callan»
El religioso rompe su silencio en declaraciones a LA RAZÓN tras cinco años de destierro en el Monasterio de Loyola
El padre Miguel María Sagües, un jesuita guipuzcoano que lleva cinco años «desterrado» en el Santuario de Loyola por que se «atrevió» a publicar una carta contra el entonces obispo de San Sebastián, José María Setién, al que acusó de no condenar la vinculación de Herri Batasuna con Eta, ha roto su silencio con unas duras declaraciones a LA RAZON en las que sitúa al mismo nivel a Eta, HB y a los obispos por mantenerse en silencio respecto al terrorismo. Miguel María Sagües asegura que la Iglesia vasca ha perdido el rumbo, califica al presidente del PNV, Javier Arzallus, de, cuando menos, «bocazas», y mantiene con rotundidad que la esperanza para la sociedad vasca está en las próximas elecciones.
M. R. Iglesias - Santuario de Loyola (Guipúzcoa) .- La Razón  2 Marzo 2001

Sagües, profesor jubilado del Colegio San Ignacio de la capital donostiarra, está viviendo su «destierro» en la soledad de Loyola envuelto en una gran desazón interior al ver cómo ahora «estamos peor que nunca». Para el padre Sagües gran parte de la responsabilidad de la virulencia con que ataca el terrorismo está en la postura que han mantenido los obispos vascos. «Hay que decir en todas partes que tan malo es el que mata como el que vitorea “Eta mátalo”», añadió.

    El religioso calificó el pacto antiterrorista que la Iglesia se ha negado a firmar, como de bueno y criticó que los obispos se nieguen a apoyarlo: «El pacto es bueno, algunos no quieren firmarlo, lo ven como malo, entre ellos los obispos. Los obispos lo que tienen que hacer es predicar lo que Cristo nos enseñó, y mucho antes que Cristo en el Sinaí ya se nos dijo que el quinto mandamiento es no matarás. Predicar que no hay que matar es una obligación que tenemos todos, y no se puede entender que los obispos no digan “miren señores, que ésto es una panda cuando menos de locos, y no debemos admitir de ninguna forma que haya muertos por ninguna idea”. La Iglesia tiene que ser mucho más tajante».

    Pero el jesuita no centra sus críticas sólo en la falta de claridad de los obispos vascos a la hora de rechazar la violencia etarra, sino también en que obvien a HB en sus condenas, ya que para él son igual de responsables por pasarse «el día» gritando consignas a favor de Eta. «Ellos dicen “yo no mato”, pero hay que decir: tú eres de Herri Batasuna y de los que van y dicen “Eta mátalo”, y a todas horas pintadas, coches destrozados, autobuses quemados, insultos, carteles amenazantes, es todo un mundo, un montón de años de salvajismo, y los obispos no hablan nada contra ello, y si lo hacen es tan disimuladamente, tan casualmente, que es para decirles: “Y no sabes tú que están gritando Eta mátalos?”», aseveró Miguel María Sagües.

    Para este jesuita, gran parte de responsabilidad por haber llegado a la situación de hoy día la tienen los obispos por haberse callado. «Son una serie de ataduras a las que nos ha llevado esta situación, ¿y a qué se debe? ¿Sólo al silencio de los obispos?, desde luego que no, pero los obispos no han hecho lo que tenían que hacer», matiza Miguel María Sagües. A su juicio, «ha habido cartas de los obispos que al final dices: ¿pero que han dicho?, por ejemplo una misiva de Navidad. Lees la carta pastoral y ves que ni siquiera dejan claro quién la escribe. Sólo al final firman ellos, los obispos, pero tenían que empezar diciendo: somos los obispos, estamos preocupados y queremos haceros ver la situación en este momento». Para Sagües, el contenido de cualquier carta pastoral debe ser claro: «Tienen que decir la situación es esta y los culpables son estos y estos, el que mata y el que dispara y todos los que les ayudan».

    La postura de los dirigentes de la Iglesia vasca ante la violencia etarra debía ser, según este religioso, mucho menos beligerante: «Los obispos deben decir claramente “tratar de alejaros, sabed que no es legítimo ni limpio estar al lado de los que matan”, hay que decir las cosas claras. La mayoría de las veces sólo al final de las cartas pastorales nos enteramos que son los obispos. Ellos dicen orad a Dios en último lugar, pero tenían que haber dicho orad a Dios, en las parroquias que se pida todos los días por la paz, y que se pida por los mandamientos. Y así dale que te pego y dale que te pego, y todos los días en las parroquias condenando a los que manejan el miedo y el terror, sin parar. Esta debía haber sido su actuación, y no el silencio».

    La esperanza para los vascos se ha abierto, según ha dice este jesuita, con la convocatoria de elecciones. Para el jesuita, sólo un gobierno de Partido Popular y Partido Socialista que sea capaz de apartar al PNV del poder puede acabar con la situación de terror que se vive en el País Vasco. Sus palabras hacia el PNV, y especialmente hacia Arzallus, también están llenas de críticas. Del dirigente nacionalista asegura que lo menos que se le puede llamar es «bocazas», y cuestiona la autoridad con que hace la mayor parte de sus declaraciones. «Lo más caritativo es nombrarle ese “bocazas” de Arzallus, qué autoridad moral tiene él para lanzar los improperios que lanza, está nervioso, eso es lo que me consuela, que va a perder el apoyo, y cuando en las elecciones baje el PNV y se establezca un gobierno de coalición de PP con PSOE, gracias a la figura de Mayor Oreja, ahí sí es donde veo yo que vamos a vivir en una autonomía limpia, clara, con todos los que quieran venir».

    Entre las esperanzas de este religioso que soporta ya cinco años de destierro por haber hablado claro, está que el País Vasco se convierta en receptor de emigrantes, esta vez extranjeros, y que se destierre de una vez por todas la idea de «invasores», porque a su juicio «todos somos hijos de Dios, y podemos ir a cualquier parte como hijos de Dios, eso es lo que espero, que llegue la paz y ésto sea tierra de acogida para todos los que quieran trabajar aquí, por ejemplo esos miles de ecuatorianos que están deseando volver a nuestro país, sin tener en cuenta ni su color ni si su Rh es negativo o positivo», matizó.

    Sobre el PNV, mantiene que están asustados por lo que pueda pasar el 13 de mayo: «Mi impresión es que están asustados, sin rumbo sin saber qué va a pasar, puede haber un cambio en las elecciones y creo que ellos lo ven bastante lógico, pueden subir tanto el PP como el PSOE. ¿llegará a desaparecer como fuerza dominante el PNV?, dados los orígenes tan artificiales y tan mezclados con leyendas, falsedades o veleidades les veo preocupados», reflexiona Miguel María Sagües.

    Para finalizar, añade que no se puede consentir que la gente, como los vecinos del propio Santuario que son euskaldunes hasta la médula, afirmen «aquí todos tenemos miedo». A su juicio hay que acabar con todos los sistemas de adoctrinamiento.

El artículo de la polémica: «Silencios de monseñor Setién»
Miguel María SAGÜES .- La Razón  2 Marzo 2001


Reproducción del artículo que originó el «destierro» de Miguel María Sagües:

    «Estupenda la reflexión de Mikel Irigaray Arrieta del 24 de enero a los posibles votantes de HB. Ayudar a pensar en cristiano tras cada uno de los crímenes de Eta espabila a ilustrar la conciencia cristiana y es la mejor «lucha antiterrorista». La pena es que sea sólo un católico de a pie quien la lance...Pero confiemos que su voz despierte al Pastor de la grey. Pero es muy curioso que nunca hemos oído o leído a Mons. Setién a) Nombrar a HB;b) ni mucho menos denunciar su astuta maldad de cooperación con Eta; c) Ni explicar pastoralmente la gravedad de los diversos pecados de colaboración. San Pablo (2 Tim 4) da a los obispos una neta consigna: «reprende, amenaza, exhorta», que en nuestra Diócesis podría traducirse: proclamar sin cesar, tú con tus sacerdotes, que es ilícito para un cristiano gorear a Eta, el mátalos o mátalo, las pintadas de igual signo, los destrozos de bienes privados o comunes, y especialmente dar el voto a HB, cara legal de la escurridiza Eta. Los poderes legislativos, judiciales y policiales tratan de borrar la lacra del terrorismo. Bienvenidos. Pero lo más noble, eficaz y deseable sería que el propio obispo se afanase por cumplir la consigna paulina formando en cristiano las conciencias de nuestras gentes, condenando inequívocamente la complicidad de HB o con HB. Pero la triste vaciedad de su reciente «Pastoral de advenimiento» prueba -aunque las separatas estén ya agotadas- que su autor no está por esa tarea. A una manzana de sus ventanas oye el obispo todos estos mese y dos veces por semana el vocerío insultante y violento de HB. Pero en su pasto él sigue sordo y mudo. Ocasiones a miles ha tenido en veinte años que le obligaban a asumir el programa de San Pablo. Si con tesón y valentía lo hubiera hecho desde los inicios, es seguros que cientos de las víctimas del terrorismo vivirían aún con nosotros. ¡Qué terrible carga del silencio responsable! Aún le quedan a Setién unas semanas para revisar su conciencia y formar las conciencias de los católicos, para que nadie ante las urnas peque de complicidad votando a HB. Que rompa ya su silencio, que no sabemos si es fruto de la simpatía, del pacto o del miedo, y que piense que por ese silencio está en riesgo de ser acusado, no sólo ante el Juicio de Dios, sino ante los tribunales humanos, de cómplice de HB... y de Eta».

La Cuaresma de Pujol
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo   2 Marzo 2001

Tiempo de Cuaresma, tiempo de tentaciones. Un líder histórico del nacionalismo catalán, Heribert Barrera, ha caído en la tentación del racismo al contraponer la inmigración a la identidad catalana. Si Tarradellas supo resistir la propuesta de una Cataluña independiente en el marco del III Reich de Hitler, que le ofreció un oficial nazi en su exilio de Montpellier, Barrera no ha podido resguardarse de los vientos insolidarios de esa Europa rica que cultiva la xenofobia como ideología política. Como si quisiera reeditar en Barcelona lo que triunfa en Milán, Viena o Liubliana, Qué piensa Heribert Barrera, título del libro que intentó presentarse ayer, sólo es una traducción de las ideas de los exponentes de la Liga del Norte, Bossi, y del populismo fascista austriaco, Haider.

Pese a la personalidad de su autor, ex presidente del Parlamento catalán, este folleto racista no hubiese encontrado un importante eco si Pujol no hubiese mostrado su intención de presentarlo. Llueve sobre mojado. Máxime, cuando los anteriores despropósitos xenófobos de Marta Ferrusola fueran también amparados por el Honorable.

Envuelta en un vergonzante pretexto, inadmisible en un presidente catalán, la abortada presentación viene a reiterar que algo huele a podrido en un sector del nacionalismo catalán. Con el aliento de Maragall en el cogote, pisándole los talones los socialistas, Pujol medita en su particular Cuaresma política si acepta la mala tentación padana para frenar la previsible sangría de votos que le va a acompañar en el declive político que le acompaña. Cuando el presidente de la Generalitat y su hereu, después de haber defendido a su mujer y la suegra, no denuncian a Barrera significa que, tanto Pujol como Mas, efectúan un guiño implícito a las tendencias racistas que avanzan en una sociedad tan europea como la catalana. La vía padana, al fin y al cabo, podría atar a su electorado tanto como desataría al de Maragall.

Contrasta el mutismo de Mas, y la calculada esquizofrenia de un Pujol que se muestra dispuesto como político a presentar tesis racistas que dice no compartir como ciudadano, con las críticas de Carod-Rovira al congratularse de que «el nacionalismo catalán ni empieza ni acaba con Marta Ferrusola y Heribert Barrera». Lógica actitud en un dirigente de izquierda, como el líder de Esquerra Republicana, que enlaza con una de las pancartas que portaban ayer los inmigrantes que lograron que se suspendiera el vergonzoso acto xenófobo en el Ateneu barcelonés: «Barrera, cero a la izquierda». Pero, precisamente por ello, es un potencial cero a la derecha que no vendría nada mal a una Convergència i Unió cada día menos convergente después de que Duran la desunió. Es la mala tentación que atrae y repugna a un lector de Mounier como Pujol. Es la hora de la Cuaresma de Pujol.

Colocan carteles con amenazas contra estudiantes del PP
La Escuela de Empresariales de San Sebastián apareció cubierta de pasquines
G. TESTA BILBAO El Correo    2 Marzo 2001

El presidente de Nuevas Generaciones -las juventudes del PP- en Guipúzcoa, Jon Urionabarrenechea, denunció ayer la aparición de carteles con amenazas contra cargos públicos populares que acuden a clase con escolta en la Escuela de Empresariales de San Sebastián. Los carteles insultan a los estudiantes y a sus acompañantes con frases como ‘Que se vayan los perros y los fachas que los sacan a pasear’.

Urionabarrenechea acusó a «los amigos de los terroristas» de colocar los pasquines con el propósito de «echar de la Universidad a unos estudiantes que van con protección porque sus ‘amigos patriotas’ los tienen entre sus objetivos».

El dirigente de Nuevas Generaciones aseguró que los autores de los carteles «pretenden sembrar el miedo en la Universidad porque ésta ha expresado reiteradamente su repulsa hacia la violencia y los métodos fascistas», y «ellos no toleran a nadie que no se somete a su chantaje».

También al PNV
Por su parte, el presidente del PNV en Guipúzcoa, Juan María Juaristi, denunció que la ex concejal de su partido en Pasajes Juani Garbizu, de 76 años, está recibiendo «amenazas de todo tipo» por parte del entorno de la izquierda abertzale.

Juaristi aseguró que, como Garbizu, otros ediles del PNV en las localidades de Oiartzun, Billabona y Gaztelu «se están habituando» a vivir con estas coacciones «como si formaran parte del paisaje». No obstante, la formación jeltzale no tiene previsto poner protección adicional a esos cargos públicos, pues entiende que «tienen garantías de seguridad».

Un despropósito más
Editorial El Correo     2 Marzo 2001

La decisión del lehendakari Ibarretxe de convocar su segunda manifestación contra ETA, esta vez con ánimo de censura hacia el PP y el PSOE, constituye un despropósito de tal calibre que encierra, en un solo gesto, todos los males que afectan a la política vasca y todas las patologías que aquejan al nacionalismo hasta hoy gobernante. Hacía muchos años que el nacionalismo no incurría en una supeditación semejante del papel de una institución como la del Lehendakari a sus intereses inmediatos y hasta personales. Las anómalas condiciones en las que Ibarretxe se ha empeñado en arrastrar la legislatura hasta aquí han debido convencerles a él y a su partido de que los medios empleados resultan lícitos por la bondad del objetivo que pretenden alcanzar. Ese objetivo no es otro que el del continuismo a través de una estrategia de cierre de filas frente a la ‘reconquista’ de Euskadi que -según Egibar- pretenden las formaciones no nacionalistas.

Resulta paradójico cómo una persona que ha demostrado manejar con sensatez y realismo los datos de la economía puede obnubilarse hasta el punto de afirmar que su responsabilidad «es avivar la llama de la ilusión que prendió en el Kursaal». Una movilización convocada desde semejante posición, convirtiendo lo que hasta ahora parecía una invitación hueca y reiterativa al «diálogo sin exclusiones» en un acto agraviante para las dos formaciones que aspiran a la alternancia en las próximas elecciones autonómicas, es la rúbrica más atroz con que Ibarretxe podía dar por finalizada una legislatura tan penosa. Si resulta discutible que el papel del lehendakari sea el de convocar actos públicos; si es del todo improcedente que el lehendakari llame a la ciudadanía a movilizarse sin encomendarse previamente más que a su propio ensimismamiento; si es altamente preocupante que el lehendakari crea encarnar en su actitud moral todas las virtudes de la sociedad civil, tras la convocatoria de manifestación para el sábado 10 hay que concluir que la ingenuidad inicial de Ibarretxe se ha convertido en pura desfachatez. Porque no puede calificarse de otra manera el comportamiento de quien pretende elevar su disposición al diálogo por encima de las ‘mezquindades’ de la política cuando en realidad él mismo se comporta con la mezquindad del desconfiado que no concibe otro diálogo que el que lleve a los demás a darle la razón. Porque el mayor reproche que se merece el lehendakari se refiere al lado más sangrante que suscita su inexplicable proceder: una manifestación convocada contra ETA incitando, al mismo tiempo, la división de los demócratas se convierte, automáticamente, en una manifestación a merced de ETA.

La iniciativa del lehendakari ha causado indignación no sólo entre los adversarios políticos del nacionalismo. La iniciativa del lehendakari ha suscitado perplejidad en muchos nacionalistas de buena voluntad que se encuentran con el impedimento de poder expresarse abiertamente, poco menos que conminados a asistir a cuantas convocatorias desgrana Ibarretxe aprovechándose de su posición institucional. Hoy, el día en que la Junta de Portavoces de la Cámara vasca discute sobre la continuidad o no de la tarea parlamentaria hasta la fecha en que el lehendakari formalice su disolución, la manifestación del lehendakari supone una burla imperdonable a la dignidad de las instituciones. Habrá nacionalistas -sean o no responsables públicos- extremadamente severos con la política desarrollada por populares y socialistas; pero resulta descorazonador pensar que todos ellos han convertido su legítima discrepancia e incluso su enfado respecto a los no nacionalistas en un argumento que anestesia su propia conciencia y su espíritu crítico hacia la actuación del nacionalismo oficial.

En cualquier caso, resultaría sorprendente que ningún nacionalista se percatase de que la iniciativa del lehendakari no es un síntoma de fortaleza, sino una muestra más de la extrema debilidad y del miedo que guía los torpes pasos de sus dirigentes. Como si tratasen de ocultar los errores y el fracaso de partida en su entendimiento con el nacionalismo violento a base de cometer nuevos errores y a riesgo de cosechar nuevos fracasos, los dirigentes nacionalistas se han empeñado en una escalada del absurdo; porque resulta absurdo adoptar iniciativas que nada les aportan más que inseguridad propia e incomprensión o despecho por parte de los demás. El lehendakari ha llamado a la ciudadanía a que le secunde en su peculiar aventura. Pero esta vez no sólo se enfrenta a las clamorosas ausencias que se han hecho notar en sus iniciativas anteriores. Esta vez se enfrenta a la llamada que lógica y legítimamente pueden dirigir las organizaciones y personas a las que la manifestación del 10 de marzo les parece atroz para que los ciudadanos no secunden semejante impostura.

 

Recortes de Prensa   Página Inicial