AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 3 Marzo  2001
#Marteta y Heribert
Carlos HERRERA ABC  3 Marzo 2001

#Ofertas electorales
Editorial ABC 3 Marzo 2001

#Primer pacto ante el 13-M
Editorial La Razón   3 Marzo 2001

#La triple perversión del nacionalismo
Ignacio SÁNCHEZ-CÁMARA ABC  3 Marzo 2001

#Veinte años después
José Antonio VERA La Razón   3 Marzo 2001

#ATAR CORTO A LOS PARTIDOS
Impresiones El Mundo    3 Marzo 2001

#País Vasco, aritmética y álgebra
José Luis Gutiérrez La Estrella   3 Marzo 2001

#Tambores de reconquista
Abel Hernández La Estrella   3 Marzo 2001

#Democracia o dictadura
Susana Moneo Libertad Digital  3 Marzo 2001

#El bochinche
Jaime CAMPMANY ABC 3 Marzo 2001

#Visca Babel
JUAN CRUZ El País  3 Marzo 2001

#Un ataque senil de sinceridad
Lorenzo CONTRERAS La Razón 3 Marzo 2001

#El miedo
MARTIN PRIETO El Mundo 3 Marzo 2001

#Qué asco que les dan los pobres
Miguel Ángel RODRíGUEZ - .- La Razón  3 Marzo 2001

#Llamazares y Madrazo pueden convertir IU en «Izquierda Hundida»
Impresiones El Mundo   3 Marzo 2001

#Coaliciones en Euskadi
Pablo Sebastián La Estrella   3 Marzo 2001

#El Gobierno de Aznar acusa al nacionalismo de alentar la irrupción del racismo y la xenofobia
L. R. AIZPEOLEA | Madrid El País   3 Marzo 2001

#El contagio nacionalista
Manuel Martín Ferrand La Estrella  3 Marzo 2001

#Pujol
ERASMO El Mundo   3 Marzo 2001

#Un prodigio de lealtad
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo   3 Marzo 2001

#Xenofobia sin barreras
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo  3 Marzo 2001

Marteta y Heribert
Por Carlos HERRERA ABC  3 Marzo 2001

La ciénaga del nacionalismo acaba de ser removida imprudentemente. Han bastado dos idioteces en boca de sendos cretinos para que salgan del armario todas las miserias aldeanas de la política y la sociedad catalanas. Nacionalismo es reacción, ya lo sabemos, pero también miedo, que es lo que se escapa por las comisuras entreabiertas de los portavoces sociales del Principado. Marta Ferrusola lamenta que sus hijos tengan que haber jugado con «niños que hablan castellano» y visualiza en sus pesadillas un futuro paisaje lleno de mezquitas con moros pariendo criaturas. Heribert Barrera quiere prohibir las sevillanas y preservar la sangre de los tres millones de catalanes que vivían en su paraíso antes de la guerra y que se han visto contaminados por murcianos, extremeños y, ahora, magrebíes. A pesar de ambas estupideces, nadie ha elevado la voz en Cataluña para algo más que para mostrar cierto desagrado. Ni siquiera el fantasmagórico Maragall se ha mostrado indignado. Carod-Rovira, el líder separatista de ERC, ha dicho, como mucho, que él no piensa lo mismo —habría que verlo— y Pujol, molesto por tener que airear lo que anida en sus honduras, que la gente tiene derecho a estar preocupada. ¿Qué hubieran dicho ambos si esas frases procedieran de políticos del PP? ¿Alcanzan a imaginar la grasienta indignación que expelerían sus bocas? Sin embargo, nadie de la derecha españolista ha jugado con el fuego de la inquisición nacionalista; han sido una vieja momia que ya decía y hacía tonterías cuando aún conservaba la elasticidad mental, y una irresponsable esposa de cargo público que, inexplicablemente, da conferencias y se pasea por su territorio con andares de Reina Civil. Da la impresión de que todo el odio a los emigrantes contenido durante años de disimulo acaba de soltarse como a quien se le escapa la orina en una procesión. Al nacionalismo catalán se le han soltado los esfínteres y eso que se da en llamar «agentes sociales» callan como putas. Ni siquiera algo tan despreciable es capaz de movilizar las dormidas conciencias de seis millones de ciudadanos y de sus representantes.

Ofertas electorales
Editorial ABC 3 Marzo 2001

La precampaña electoral vasca empieza a cuajar, con forma de coalición, los primeros movimientos serios entre los partidos políticos. PP y UA han acordado concurrir juntos en Álava a las elecciones del 13 de mayo, dando cuerpo electoral a un modelo de gobierno no nacionalista, apoyado por el Partido Socialista, que ha desbaratado todo el repertorio apocalíptico del nacionalismo, presa del síndrome del imprescindible. Álava funciona sin ningún problema, aprueba sus presupuestos, las instituciones están blindadas frente al nacionalismo radical y la sociedad alavesa no sólo no ha sufrido ninguna catástrofe por la salida del PNV del gobierno territorial, sino que ha encontrado en la alternativa constitucional del PP y UA, con el PSE, un estado de normalidad democrática desconocido en los otros dos territorios históricos, Vizcaya y Guipúzcoa. Populares y foralistas se presentan como partidos de un gobierno limpio y no traumatizante, exactamente lo contrario de lo que ha sido el mandato de Ibarretxe, cuya tarjeta de presentación electoral está escrita con la tinta del fracaso. La coalición PP y UA recoge la evolución de la sociedad alavesa en estos años, que ha apostado por la defensa inequívoca del marco constitucional y estatutario frente a la estrategia del pacto de Estella. Todo indica que para los alaveses la opción constitucional no fue el fruto de una coyuntura electoral pasajera. Esta opción se ha convertido ya en un signo distintivo de este territorio, incorporado al único proyecto sensato para el futuro del País Vasco.

Por su parte, PNV y EA repiten la misma coalición que forjaron en 1998 al calor del pacto con ETA. El resultado electoral entonces fue lamentable, al empeorar los que habían obtenido por separado en las elecciones de 1994. Ahora reproducen la alianza movidos por la inercia frentista de Estella, por la estrategia de no ofrecer una imagen de fracaso tras dos años de gobierno compartido y por la acuciante necesidad de aprovechar hasta el último voto para evitar la expectativa probable de pasar a la oposición, algo tan catastrófico para los nacionalistas como una victoria del PP. La ventaja de estas coaliciones es que perfilan las ofertas electorales y, donde hay claridad, las voluntades individuales y colectivas dejan de estar engañadas. La coalición constitucional en Álava puede mostrar los resultados de un gobierno local no sectario, leal con el Estatuto y promotor de la paz ciudadana. La coalición nacionalista anda haciendo equilibrios para volver a presentar un programa electoral disfrazado, en el que las hechuras de los tópicos sobre diálogo, compromisos y respeto a la voluntad del pueblo vasco no tapan el único proyecto de PNV y EA de romper el marco constitucional y de apostar por la soberanía vasca, como ya anuncio Egibar quien, en un rapto de sinceridad, dijo que en su programa defenderían la autodeterminación. En definitiva, más Lizarra, más soberanía, más conflicto, más de que lo necesita ETA para justificarse. Las ofertas están claras.

Primer pacto ante el 13-M
Editorial La Razón   3 Marzo 2001

Los secretarios generales del Partido Popular y de Unidad Alavesa (UA), Javier Arenas y Pablo Mosquera, respectivamente, acordaron ayer las bases de un pacto para presentar una candidatura única en Álava en las elecciones autonómicas vascas del 13-M. El acuerdo, que deberá firmarse en la próximas semana, supone la suma de dos fuerzas unidas por la situación que se vive en el País Vasco. Porque ni el PP ni UA son el mismo partido ni ha cambiado el ideario de ambos desde la anteriores elecciones, cuando acudieron por separado a las urnas. Pero ha bastado la deslealtad del PNV y EA, y su proyecto soberanista, para unir a populares y alaveses en torno a la Constitución.

    El País Vasco se lo juega todo el 13-M y ante la importancia del envite, ambos partidos están dispuestos a ceder con tal de sumar votos en la urnas. Porque el pacto, según Arenas y Mosquera, puede hacer mucho más que sumar las posibilidades de ambos y tendrá un efecto multiplicador que disparará el voto conjunto hasta, posiblemente, los trece escaños, cuatro más de los que hoy disponen ambas formaciones. Un éxito que puede incluso extender sus efectos a Guipúzcoa y Vizcaya. El respeto a la independencia de un grupo pequeño como UA es la clave del acuerdo. En este caso, es el PP, el grande, a quien corresponde aportar mayores dosis de generosidad. Sobre todo, si el objetivo es de tal importancia como la recuperación de las libertades en el País Vasco.
La triple perversión del nacionalismo
Por Ignacio SÁNCHEZ-CÁMARA ABC 3 Marzo 2001

Las inclinaciones xenófobas del nacionalismo pueden resultar cualquier cosa menos sorprendentes. Son curiosas las quejas de quienes lamentan que les «demonicen» a la vez que dedican sus más pertinaces esfuerzos a colmar de argumentos a sus críticos.

No es difícil transitar del uso excesivo de una palabra a su abuso. Ha sucedido con muchos conceptos políticos, sociológicos y morales. Por ejemplo, el liberalismo. Con el nacionalismo está sucediendo algo parecido. No cabe incluir bajo la misma valoración a los movimientos que forjan grandes naciones integrando a grupos en un orden superior, por el ejemplo, el europeísmo, con los movimientos excluyentes y separatistas que tienden a destrozar unidades nacionales forjadas por los hombres y los siglos. Tampoco cabe negar la razón de ser de los movimientos nacionalistas, herederos del Romanticismo, como reacción a los excesos de una mal entendida Ilustración. Otra cosa es el carácter, en general, pernicioso de las consecuencias que generaron. En lo que sigue, me referiré a esta segunda clase o acepción, poco recomendable, del nacionalismo, del que el vasco constituye un ejemplo casi paradigmático.

En realidad, este nacionalismo antepone la identidad o la construcción nacional, cuando no abyectos programas totalitarios, a los valores del liberalismo y la democracia y al universalismo inherente al humanismo. En sus versiones más patológicas, antepone sus fines particularistas al respeto a la vida humana. Y no por casualidad. Existe un camino, que no todos sus partidarios necesariamente recorren, que discurre entre el proyecto nacionalista y las negaciones de la libertad, la democracia y la dignidad humana.

Un nacionalista siempre antepondrá su proyecto de «construcción nacional» a las instituciones democráticas. Para él, siempre será preferible la independencia nacional sin democracia que la democracia sin independencia nacional. Para un no nacionalista, los derechos de la ciudadanía son superiores a las unidades territoriales en las que estos derechos se ejercen. Éste es el primer error del nacionalismo en cuanto a la correcta jerarquía de valores.

Un nacionalista que se precie traza siempre una frontera nítida entre ellos y nosotros. El mito de la identidad nacional establece una censura entre los hombres. De ahí a pretender que la diferencia esencial lo es también de grado o jerarquía sólo hay un paso. Por eso, no cabe sorprenderse de los excesos xenófobos de los nacionalistas. Forman parte de su idiosincrasia. El otro es contemplado siempre como una amenaza. La identidad tiene que protegerse frente a los «diferentes». Los desmanes verbales de Ferrusola y Barrera encuentran aquí su explicación natural. Son hombres, pero no son catalanes. Éste es el segundo error axiológico del nacionalismo.

En sus formas más abominables, el nacionalismo antepone la «identidad» a la vida, a la ajena se entiende. Antes matar que renunciar a los dictados de la raza. La raza se sobrepone a la razón. La vida ajena, la propia ya es otra cosa, vale menos que la nación. Ésta es la tercera perversión valorativa del nacionalismo, que conduce al terrorismo.

Son etapas de un mismo proceso de degradación intelectual y moral. Primero se sacrifican la democracia y la libertad en el altar de la nación o de la raza. Después le toca el turno a la dignidad humana. La diferencia acaba trocándose en discriminación y la ciudadanía en patrimonio exclusivo de los propios. Por último, ya no se detiene ni ante la vida. No es un proceso inevitable ni inexorable, pero es un proceso natural que sólo puede impedirse respetando el correcto orden jerárquico de valores que antepone la vida, la libertad y la dignidad a la nación.

Veinte años después
José Antonio VERA La Razón   3 Marzo 2001

Ha empezado la cuenta atrás para las vascas. La cuenta atrás ha comenzado para Rajoy, que se enfrenta al reto más importante de su carrera política, y para Jaime Mayor, desposeído de sus galas ministeriales y encerrado estos días en Génova-trece para diseñar la estrategia de los próximos meses. Qué meses. Jamás, nunca antes, se había estado tan cerca de la victoria. Llevan veinte años gobernando los-de-siempre, Arzallus y compañía, y las cosas no han podido ir peor. El País Vasco es hoy menos rico, su pib es mas bajo, su renta crece menos que la de sus vecinos y el poder y la resonancia económica que otrora tuvieron las tres provincias vascas es hoy un espejismo. Treinta años de Eta y veinte de nacionalismo han dejado aquella tierra exhausta, esquilmada, sin valores, sin lo mejor de su clase dirigente, sin lo mejor de su clase empresarial, sin lo mejor de sus intelectuales, pues unos y otros se han ido huyendo de las bombas y del chantaje, hartos de vivir bajo la amenaza del hacha y la serpiente, hartos de mirar de reojo, de llevar escolta, de agacharse bajo el coche y de no poder salir a pasear por la calle o por el campo con tranquilidad; hartos, en fin, de la dictadura del miedo y del miedo a la dictadura terrorista y nacionalista que les asfixia y coacciona, que les humilla, que asesina, que no te deja decir lo que quieres ni hacer lo que quieres ni pensar o respirar como quieres. Esa dictadura negra y encapuchada, inhumana, ha hecho de aquella tierra un país inhóspito y en retroceso, preocupado por sobrevivir más que por prosperar y progresar, aturdido, confundido por los embates del amonal y la metralla y por el discurso racista, arcaico y trasnochado de gente como Arzallus. Aquel país, digo, aquellas provincias vascas eran hace nada lo más puntero y brillante, y ahora son una ruina, un lugar inseguro, un sitio en el que, amén del paro y otros problemas propios de las sociedades modernas, habita el miedo a salir y a decir, a expresarse en libertad, a ejercer la democracia.

    Todos pensamos algún día que el nacionalismo, el péneuve, era necesario para normalizar Euskadi. Por eso nos pareció bien la autonomía, el cupo, el concierto, la policía autónoma y todo lo que pedían y exigían. Había que darles todo con tal de que no te colgaran el sambenito de la escalada etarra y proetarra, con tal de evitar que te dijeran que eras tú el responsable de aquellos muertos y atentados. Pero era mentira. Todo lo que pidieron lo recibieron pero nada hicieron por frenar a los que debían. La Policía vasca, por ejemplo, no ha servido, pese a lo que se dijo, para acorralar y acabar con Eta. Los dineros del cupo y el concierto no se han usado para perseguir a Eta. La autonomía, en fin, no ha sido beligerante con Eta. Antes al contrario. Ahora, veinte años después, hay más violencia en las calles y más pistoleros impunes. Hay, de hecho, más pistoleros que nunca, pues nadie les persigue y campan sin problema por pueblos y caseríos, otrora vigilados por los gar de la Guardia Civil y hoy entregados al control (?) de la famosa Ertzaintza. Tienen una televisión, perdona, en la que se agrede y se repudia a España y a sus autoridades, y en la que sólo salen los nacionalistas y en la que su director vulnera cada día las normas que le obligan a respetar la pluralidad y a evitar la arbitrariedad. Hoy, veinte años después, hay más violencia y más inseguridad y más miedo. Hay más terroristas. Son adoctrinados en ikastolas y entrenados en la kale-borroka-callejera cualquier fin de semana. Nadie les persigue o les detiene, pues está mal visto que un nacionalista detenga a otro nacionalista, por muy violento que sea.

    Y algo habría que hacer, en fin. No es posible tanto caos ni tanto dispendio sin que nadie haga o diga nada. Porque aquí ocurre lo que en ningún otro sitio. Lo nunca visto. En esta región, o como se diga, la gente de bien, la gente que estudia y que trabaja, o sea, la inmensa mayoría, se siente acosada por los que roban, queman y asesinan. En cualquier otro lugar lo normal sería que se acosara a los que roban y asesinan. Pero aquí no. Aquí es diferente. Aquí los asesinos acosan a la gente normal ante la mirada esquiva de Ibarreche y de Setién, que observan pero nada hacen, sólo se lavan las manos, sólo se cruzan de brazos y dicen y reiteran que todo es fruto del conflicto, como si matar o secuestrar estuviera permitido y justificado por mor de ese conflicto.

    Por eso es necesario, imprescindible, que esta vez pierdan las elecciones los que llevan veinte años gobernando y aplicando una política de brazos caídos que sólo conduce al abismo. Porque veinte años de desorden son demasiados. Veinte años de anarquía nazi son demasiados. Veinte años de terrorismo son demasiados. Peor de lo que están las cosas ya no pueden estar. O quizás sí: la independencia, el conflicto armado, una guerra civil... El péneuve debe decir lo que quiere con claridad. Pero no lo dice porque tiene miedo. Le da miedo el espíritu de Ermua, que la gente salga a la calle pidiendo paz, justicia y libertad, que el pueblo se rebele y haga frente a esta persecución y a este holocausto y a esta locura de amonal y dinamita, de entierros y funerales, a este horror que sólo nos conduce a la oquedad y el precipicio. Esta gente, en serio, está harta de condenas y discursos, de Arzallus y de Eguíbar, de ver sentado a Ternera en el sillón de Ordóñez y de soportar que te quemen la casa o el coche y que te pinten las paredes con consignas y goras al terrorismo cobarde. Están hartos de estar hartos y cansados de estar cansados. Piden que las cosas cambien, por favor. Que ganen Jaime y Nicolás, por favor, y que pacten y gobiernen, por favor. Que impongan el imperio de la ley y que hagan de aquello lo que por historia corresponde. O sea. Una tierra de paz y de gente libre. El País Vasco y los vascos lo necesitan y lo merecen. Y eso aún es posible.    

ATAR CORTO A LOS PARTIDOS
Impresiones El Mundo    3 Marzo 2001

Ni uno solo de los partidos con representación parlamentaria sale bien librado del último informe del Tribunal de Cuentas, que pone en evidencia una considerable falta de transparencia en la financiación de las formaciones políticas. El informe revela que todos los partidos recibieron subvenciones relativamente cuantiosas de los ayuntamientos en 1998. El PP obtuvo 1.000 millones de pesetas mediante este procedimiento; el PSOE, 800 e IU, 400. Estos ingresos no aparecen contabilizados en sus libros a pesar de que la ley de Financiación de Partidos, aprobada en 1987, indica que cada formación debe «llevar registros contables detallados que permitan conocer su situación financiera».

Esta ley deja, sin embargo, importantes lagunas de las que se han aprovechado los partidos. Por ejemplo, indica que las subvenciones que concede el Estado son incompatibles con cualquier otra ayuda a cargo de los Presupuestos. Pero no prohíbe a los ayuntamientos y a las comunidades donar o financiar a los partidos. Tampoco obliga a declarar todos los ingresos. Escudándose en esta ambigüedad legal, el Gobierno vasco favoreció al PNV y sus socios de Lizarra, en detrimento del PP y del PSOE.

Las prácticas que denuncia el Tribunal de Cuentas son, sin duda, irregulares pero no son estrictamente ilegales. Otra cosa es el juicio moral y político que merecen estas conductas, absolutamente reprobables en quien tiene más obligación que nadie de dar ejemplo.

La transparencia y el respeto a la legalidad en la financiación de los partidos es una condición básica en una democracia. Desde Filesa y el ya nada misterioso Mr. G al caso Naseiro, pasando por Casinos de Cataluña y las tragaperras en el País Vasco, hay abundantes ejemplos de que las principales formaciones políticas no han respetado las reglas. Ello conduce a la conclusión de que hay que extremar los mecanismos de vigilancia y elaborar una nueva normativa legal, mucho más dura y exigente que la actual. Las subvenciones de los ayuntamientos a los partidos deberían quedar taxativamente prohibidas, ya que, al margen de otorgarse a espaldas de los ciudadanos, constituyen un saqueo de recursos que deberían ser empleados para otros fines.

País Vasco, aritmética y álgebra
José Luis Gutiérrez La Estrella   3 Marzo 2001

Ya ha  comenzado la precampaña electoral en el País Vasco, el preámbulo de las elecciones autonómicas más apasionantes e inciertas de todos estos años últimos. Se trata, sin duda, de la crisis de una fórmula, la que ha presidido toda la Transición, caracterizada por el trato privilegiado por parte de todos los partidos políticos hacia el PNV, partiendo de una premisa que se ha demostrado como falsa. Los nacionalistas democráticos serían los encargados de gobernar en el País Vasco, a cambio de que ETA y los nacionalistas radicales no pudieran acceder a los centros de poder más importantes. Los socialistas de Felipe González llegaron incluso al máximo punto de generosidad en aras de mantener el status quo, permitiendo que el PNV ocupara la lehendakaritza a pesar de haberle superado en votos.

Todo ello se vino abajo ante el movimiento realizado por Arzalluz tras el asesinato del concejal popular de Ermua, Miguel Angel Blanco, y los millones de personas que se lanzaron espontáneamente a la calle, sin que nadie les convocara, para protestar airadamente, con lágrimas en los ojos incluso, por aquel asesinato despiadado, el de un muchacho en la flor de la vida al que le dispararon dos tiros en la nuca, maniatado con alambre a la espalda. Su asesino no pudo resistir la impresión y el vómito tras el acto de barbarie surgió espontáneo.

Arzalluz convenció a ETA de que una mancha de mora sólo se quita con otra mayor y la tregua indefinida se abrió paso. A partir de ahí, el Pacto de Estella, la Udalbitza, las vindicaciones sin tapujos de autodeterminación e independencia, las demandas de diálogo, el rechazo al mismo, el congreso socialista, la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero, la firma del acuerdo antiterrorista de populares y socialistas, el rechazo al mismo por una parte de los antiguos responsables del PSOE, las mociones de censura tras la retirada de HB/EH del parlamento vasco, en fin, la imposibilidad de gobernar en minoría parlamentaria....

Toda una sucesión de acontecimientos que por primera vez han situado al PNV como víctima de su propio y monumental error -en palabras de Anasagasti: "Estella salió mal, muy mal"- que les ha obligado a disolver la cámara a mitad de legislatura y a cambiar de caballo en mitad de la carrera, pasar de la descarada vindicación independentista a la asunción del autonomismo de nuevo, a decir, como ya señaló Arzalluz, que la independencia no estará en las reclamaciones de su partido en la próxima legislatura. Es decir, el máximo supuesto estratégico se postpone para mejor ocasión.

Mal negocio. Mientras tanto, Mayor Oreja ya trota por el Norte con sus equipos, dispuesto a dejar Vizcaya como un solar electoral, sin el más remoto de los caseríos sin visitar.

Y como aquí de lo que se trata es de averiguar el futuro, estos primeros movimientos de la precampaña se están dirigiendo a trazar los escenarios del día después, el 14 de mayo, es decir, de las posibilidades combinatorias de siglas, de los acuerdos preelectorales, dos de los cuales ya se han culminado o están a punto de culminarse: el del PNV con la maltrecha EA y el del PP con Unión Alavesa, en la provincia de Alava.

Y empiezan las quinielas, los enigmas, las teorías combinatorias, como si fueran propuestas algebraicas, sopa de siglas, porcentajes, los famosos 38 escaños de la mayoría absoluta. PNV-EA-PSOE, PP-PSOE-UA, PNV-EA-EH... Arzalluz ha llegado a declarar que si tal mayoría no se alcanza, tendrían que depender, populares y socialistas, de HB.

Así las cosas, cosas veremos sin duda. Pero antes de esperar al día después, al 14 de mayo, convendría que se escuchara a los líderes de las distintas formaciones, a ver que ofrecen. Faltan algunas incógnitas por aparecer, como es ETA y sus bombas y pistolas, que sin duda harán aparición de alguna forma, cruenta o incruenta, en la campaña.

Tambores de reconquista
Abel Hernández La Estrella   3 Marzo 2001
El presidente Aznar ha recompuesto su agenda inmediata para dedicarse de lleno al tema vasco. El mismo día que anunciaba Ibarretxe la fecha de las elecciones, los asesores de la Moncloa le convencieron de que debía podar otros compromisos y emplear toda la energía en el objetivo principal. La "reconquista" del País Vasco, con toda la carga épica y el dramatismo que le rodea, es el asunto central del Gobierno español y de su partido.

A juzgar por las declaraciones del líder del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, quien ha pedido a la Unión Europea un rearme ideológico contra el nacionalismo violento y ha apostado abiertamente por un cambio en el País Vasco, una vez comprobado el fracaso del PNV tras veinte años de gobierno, los socialistas, aunque sea menos agresivamente, no están lejos del mismo objetivo.

Lo que se baraja, aunque nadie lo confiese en público, es un pacto secreto entre los dos principales partidos españoles para gobernar juntos en Euskadi, turnándose cada dos años, Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo al frente del Gobierno de Vitoria. De este modo, además, dentro de dos años, cuando se cumplan las "previsiones sucesorias", el ex ministro del Interior y político más valorado por la sociedad española estaría en condiciones de aspirar a la Moncloa.

Cada cambio en el Gobierno central, por mínimo que sea, provoca un movimiento sísmico sobre la sucesión de Aznar en el área popular. El relevo obligado de Mayor Oreja en Interior por el vicepresidente Rajoy ha dado pie, con escaso fundamento, a que se disparen las especulaciones en ese sentido. Aparte de Zaplana y Ruiz Gallardón, los candidatos reales, según fuentes muy próximas a la Moncloa, siguen siendo los tres vicesecretarios generales del partido. O sea, Jaime Mayor, Rodrigo Rato y Mariano Rajoy. Eso sigue igual. Son los tres "mosqueteros", los tres con misiones importantes y comprometidas. El secretario general, Javier Arenas, está destinado a Andalucía, donde empieza a echarle el aliento en la nuca a Manuel Chaves.

La precampaña electoral en el País Vasco no parece que vaya a suavizar las posiciones entre los dos bandos enfrentados: el nacionalista y el constitucionalista. En este último se respira confianza. Por primera vez es posible desalojar al PNV del poder -que más que un partido es un movimiento nacional con cien tentáculos-. Los expertos en sociología electoral opinan a dos meses largos de las elecciones que la suerte depende de una pequeña franja de votantes. Se da una especial importancia a la actitud que adopte el sector moderado del nacionalismo, abiertamente contrario a la estrategia soberanista de Arzalluz.

Ahí está una de las claves. Mientras los actuales dirigentes peneuvistas confían en atraerse al sector crítico de HB, harto de cadáveres y de barbarie, una vez establecida la difícil alianza con los hermanos separados de EA, en Moncloa y en Ferraz confían en que los nacionalistas ganen por la izquierda lo que pierdan por la derecha. La "batalla" que se avecina, en realidad ya ha comenzado, va a ser cota a cota y a cara de perro, con la consiguiente radicalización de la vida política y acaso también la vida social en el País Vasco. Es un órdago. Para algunos es jugar con fuego. Veremos si al final se desata un incendio devorador e incontrolable o se produce la gran catarsis necesaria. Dependerá de los resultados. Aznar no se va a echar atrás y, por lo pronto, resuenan ya por campos y ciudades los tambores de la reconquista.

Democracia o dictadura
Por Susana Moneo Libertad Digital  3 Marzo 2001

Es de manual no desvelar, en campaña, la estrategia postelectoral que va a seguir un partido. Se diría que al PSE no le favorece en nada lo que está haciendo. Rechazar un pacto con el PNV, un gobierno tripartito, y apostar por un entendimiento con el PP. Pero la situación en el País Vasco es tan particular, tan extrema, que la línea seguida por Redondo Terreros, a pesar de las trabas internas y las interferencias de algunos compañeros, aporta cordura política y social.

Algunos destacados socialistas, barones ellos, han sugerido que en Euskadi es posible un gobierno tripartito. Muy posiblemente no creen en ello, pero lo han dicho. Han tirado de ese manual por el que se considera pernicioso que dos partidos tan dispares, PP y PSOE, puedan ser identificados. O peor aun, que se crea que el PSOE está supeditado a la política del PP y eso les perjudique electoralmente. Esa “rebelión” a la que se refiere el clarividente líder de IU, Gaspar Llamazares, no ha sobrevivido ni un solo minuto. La idea ha sido desterrada inmediatamente por Redondo y los suyos, que han advertido que la política socialista en el País vasco la determina el PSE.

Otra cosa es la posición de Odón Elorza. Él si cree lo que dice. Está absolutamente convencido. Hace mucho tiempo que no se habla con los dirigentes de su partido, las relaciones son prácticamente inexistentes y sus teorías se consideran proscritas. Pero sigue siendo el alcalde de San Sebastián, una provincia de donde, a pesar de los cambios realizados por Redondo Terreros, continúan saliendo las propuestas afines al PNV.

Por si alguien no se había dado cuenta, en el País Vasco no se debate sobre programas electorales. Es mucho más profundo y, sobre todo, vital. El debate y la diferencia la marcan las libertades y la democracia, o la dictadura, el racismo y la xenofobia.

Es difícil hablar claro frente a quienes quieren endosar a los demás la responsabilidad del frentismo. Complicado y heroico obviar esas acusaciones que sólo buscan amedrentar y chantajear. Pero a Rosa Díez se le entiende muy bien. Sin complejos, ha asegurado que hay que evitar que el PNV, responsable de esta situación, vuelva a gobernar.

El bochinche
Por Jaime CAMPMANY ABC 3 Marzo 2001

Como diría el Nebrija, estamos embochinchados. O sea, por ende. Lo de doña Marta Ferrusola no era un vuelo personal por encima de los inmigrantes. Es una defensa colectiva de las esencias catalanas, desde Wifredo el Velloso a Françesc Maciá, y desde los Ramones Berenguer a Heribert Barrera. Conservo aquel discurso republicano y separatista que Heribert Barrera leyó en catalán en las Cortes de la transición. Sobre algunas palabras quizá demasiado cultas o académicas para los conocimientos lexicográficos de don Heribert, venía escrita su traducción al castellano. Así, el orador sabía por dónde se andaba.

Cataluña anda revuelta con la herencia de Jordi Pujol. Artur Mas ya se ha constituido en hereu y se bate por doña Marta como Arias Gonzalo por doña Urraca. Don Heribert Barrera, que siempre ha sido republicano de izquierdas, Esquerra Catalana, claro, sale ahora por la xenofobia y los inmigrantes le llaman fascista, que es un traje que le va bien a cualquiera, desde Txapote a Berlusconi. Coño, ya ha salido Berlusconi. El juez Baltasar Garzón quiere empapelarlo a toda prisa, antes de que se celebren las elecciones italianas. Los aliados del Ulivo están haciendo encaje de bolillos para evitar que gane Berlusconi en las urnas y salvar los muebles con el alcalde de Roma. Preparan una ley de incompatibilidades como un traje hecho a medida para il cavaliere, dicen que la economía taliana está que se sale, como un soufflé, y al candidato lo echan a Garzón como si lo llevaran al Circo Massimo.

Digo que Cataluña anda revuelta. Pujol, desconcertado, ahora presento el libro de Heribert, ahora no lo presento, y ahora apoyo a Marta y luego la dejo caer y que se pegue la leche desde el parapente. La región eclesiástica de Tarragona quiere comerse varias localidades de Castellón, al fin y al cabo de los països catalans. El separatismo de sotana. Pasqual Maragall sigue con su federalismo asimétrico, áteme usted esa mosca por el rabo, o sea, España, por si algo le faltaba, ahora también asimétrica, tóquese usted el níspero, don Pasqual, y además se declara conde independiente de Carlomagno González.

Piqué, que anda por los exteriores y se entera tarde, llega y dice que el PP está dispuesto a apoyar a Pujol «sin límites». Ya que Pujol está a punto de inventar la «eternidad» (ése se presenta otra vez, como Fraga), Piqué se halla a un paso de encontrar la «infinitud». El valí de al-Andalus, Manhuel ben Xabes, ha caído en desgracia dentro de la reserva de votos rojelios. Ahora mismo ya está en peligro de que le gane Teófila, la Amiga de Dios. A Juan José Lucas ha tenido Aznar que arrancarlo de la tierra de Castilla como a un árbol centenario. Había echado raíces. Eduardo Zaplana se pone en la primera fila de la sucesión sólo para decir que él no va a ser el sucesor. Mamá, que me toca Roque. Roque, tócame.

Siguen saliendo por ahí «vacas locas», y ya no es sólo el chuletón, el solomillo y la leche lo que tiene peligro, sino las cabras, los corderos y los lechones. El ministro Arias Cañete se va a poner como un cherro, a fuerza de entrecot, paletilla, leche sin desnatar, cabrito al horno y tostón. Hay que ver todo lo que inventa Inglaterra para jorobarnos a los batuecos, el Tireless, la encefalopatía bovina, la fiebre aftosa, el idioma de Penélope Cruz, la selección nacional, la prohibición de la caza del zorro, el niño retrasado de Blair, a ver si se anima Aznar. Jaime Mayor aterriza en el País Vasco. Es una noticia letificante. Monseñor Setién se habrá llevado una alegría. Ibarreche ha convocado una manifestación que no se sabe dónde celebrará el final del recorrido, si en la cárcel gritando contra ETA, o en el cementerio gritando contra peperos y socialistas. Verbigracia, el bochinche.

Visca Babel
JUAN CRUZ El País  3 Marzo 2001

Heribert Barrera ha avivado estos días un debate innoble; el viejo político, lúcido y alerta, su edad no es un argumento para descalificar lo que dice, ha dado razones aún más reaccionarias a los que durante los años centrales de la democracia han atribuido a los catalanes xenofobia y racismo, un carácter defensivo y retrógrado, incapaz de aceptar al que viene de fuera, usando la lengua, sobre todo, para discriminar y rechazar.

Con ese argumento se hicieron portadas y editoriales, se persiguió desde la derecha -desde la que manda y desde la que atosiga a la que manda- la construcción de una imagen global de una Cataluña selvática a la que había que ir con escafandra. Eso era mentira, en términos generales, claro que hay reductos, pero hay zonas de claridad cultural, esclarecida; eso se veía en sus calles, en sus bares y en sus librerías, se apreciaba -se aprecia- en las conversaciones y en la vida, en lo que se lee y en lo que se dice; en efecto, por oposición a la Madrid grisácea de entonces, Barcelona había sido una fuerza vital de la cultura más potente en los sesenta y en los setenta que en los ochenta, cuando se produjo aquel Titanic que Félix de Azúa hizo legendario: fue cuando la capital de Cataluña se ensimismó tanto que cayó en el riesgo de perder el sitio cosmopolita que le corresponde en la memoria y en el mundo.

No se hundió Barcelona. Vinieron los Juegos Olímpicos y resurgió la sensación pletórica de una ciudad creativa en la que convive una sociedad acostumbrada a afrontar con sensatez tanto los periodos difíciles como los periodos felices. Claro que transida de los reaccionarios que ahora se hacen evidentes, puede más la mancha que la claridad. Evidentemente, a veces la ciudad -o el país, en este caso- va por un lado y la política va por otro, así que mientras resultaba obvia la modernización de Barcelona y de su entorno, algunos políticos catalanes se empeñaban en utilizar algunas banderas -el idioma, especialmente- como instrumento principal de la relación de su tierra con los otros, para establecer la barrera entre los buenos y los malos, los de dentro y los de fuera. Como si el idioma fuera una barrera, justamente, algunos magnificaron tanto la importancia definitiva de la identidad que da al que lo usa que regaron la impresión de que si no hablabas catalán no podías vivir en Cataluña. Eso es mentira, allí se ve, pero se dijo tanto que se convirtió en uno de los lugares más comunes del país del lugar común.

El abuso de ese argumento es el que fabricó, dentro y fuera de Cataluña, ese tópico del catalán encerrado al que ahora le ha dado lustre el ex líder de Esquerra Republicana. La indignación que han producido sus declaraciones, reiteradas y magnificadas por él mismo estos días, no es producto sólo del peligro pedagógico de racismo y xenofobia que encierran, sino que proviene de la convicción de que Cataluña no es, no será así, y sobre si tiene que armarse, moral, culturalmente, para no serlo; y no puede serlo, como decía uno de estos días Jordi Solé Tura en El Periódico de Catalunya, porque la Cataluña moderna precisa del mestizaje para sobrevivir, es producto del mestizaje y tiene que hacer de la mezcla el instrumento principal de su desarrollo. La vida es mestizaje, claro que lo es, y la lengua es la primera que tiene que mezclarse.

Son tiempos sintomáticos, se les están viendo definitivamente las verdaderas orejas al lobo del racismo. Barrera no es una anécdota, es la parte alta del iceberg español; está subiendo, subirá más, será avivado también por los que le reprochan a Barrera que use el instrumento del idioma, se usarán otros, éste es un país preparado, por la historia e incluso por el presente, para rechazar y para olvidar; tierra de prófugos, también es tierra de expulsiones. El racismo se aviva muy fácilmente, basta con que te den herramientas para cerrar la puerta. Cuando ese instrumento es el del idioma la situación produce rabia y escalofrío; qué bien le vendría a este país una pedagogía moral de tolerancia y de respeto que hiciera de Babel un símbolo de entendimiento y no de galimatías.

La inteligencia del hombre crece con los idiomas que habla, no con los que desprecia. Viva Babel.

Un ataque senil de sinceridad
Lorenzo CONTRERAS La Razón 3 Marzo 2001

El espectáculo ofrecido por Heribert Barrera, octogenario ex presidente del Parlamento catalán, a propósito de un libro-entrevista en el que da una visión catastrofista de la inmigración como perjuicio para Cataluña y para su idioma, revela los fondos xenófobos y reaccionarios de todo nacionalismo que se precie. Barrera ha tenido un ataque senil de sinceridad y ha actuado sin la inhibición de quien ha de recorrer todavía un camino político. Con el camino ya agotado, el personaje ha dicho lo que siente y sabe que sienten con él casi todos los nacionalistas catalanes. Ninguna preocupación le ha acompañado en su actitud. Ni falta que le hace. Con los ecos todavía de la xenofobia racista de Marta Ferrusola, esposa de Jordi Pujol, Heribert Barrera, republicano de izquierda, sólo se ha comportado de acuerdo con sus principios nacionalistas. Peligrosa exhibición que no han podido compartir oficialmente sus afines en ideología, desde Pujol a Carod Rovira, pasando por el tibio Maragall en alguna proporción por lo menos sospechable.

    El rechazo del diferente, no nos engañemos, sigue afectando al «charnego» tanto como al inmigrante no español. El presidente de la Generalidad no se ha atrevido a presentar el libro de Barrera porque para él los votos son los votos. Y el qué dirán de su idiosincrasia es algo que todavía le preocupa. Su vieja afirmación de que catalán es todo aquel que vive y trabaja en Cataluña ha estado a punto de ser olvidada. Y lo habría sido probablemente si la efervescencia de los propios emigrantes no hubiese creado en torno a estos hechos una escandalizada opinión.

    Barrera, cuando se ha visto rebasado, ha recurrido a lo de siempre: es el idioma lo que está amenazado o en peligro. Late en el fondo de esta inquietud la preocupación por la identidad. Y ante el reclamo del «som i serem» o del «nosaltres sols» toda una tradición de sentimiento y de pensamiento se agolpa. No hay nacionalismos moderados, sino sólo -cuando esto ocurre- temporalmente adormecidos. Tarde o temprano reaparecen con su verdadera fisonomía. Y entonces el diferente, da igual que sea o no emigrante extranjero o simple «charnego», paga las consecuencias. Hay una mística consolidada a golpe de tergiversación de la historia que se encarga de adornar sentimentalmente lo que no pasa de ser un sentimiento ruin. El nacionalismo catalán es en este sentido hermano gemelo univitelino del vasco. Del Rh de Arzallus a las expresiones de Heribert Barrera no hay ninguna distancia. El «maketo», según el primero, hizo posible con su presencia que Euskadi no fuera ya independiente. El «charnego» del segundo es simplemente universal.
  

El miedo
MARTIN PRIETO El Mundo 3 Marzo 2001

El miedo al extranjero que registran los sismógrafos sociales de Cataluña es paralela a la angustia de los ecologistas (WWF/Adena) por la destrucción del Mediterráneo en 20 años a causa del turismo masivo. Hace 20 años se pronosticaba el hundimiento de Venecia y una infecta cloaca mediterránea, tal como la reducción del catalán a lengua agropecuaria y de servidumbre o la apertura cataclísmica de la falla de San Andrés. El miedo siempre tiene 20 años y a ese plazo todo lo tasa en una encadenación de pronósticos erróneos. El amor, el odio, el sexo, el poder, el dinero, mueven el mundo, sí, pero menos que el miedo; nadie baja por una fachada para encontrarse con una Ava Gardner de 20 años, pero te arrojas al vacío si el fuego te lame la espalda.

Ferrusola no es lerda ni Barrera está senil: estimulados por el temor segregan lo que han pensado siempre de lo advenedizo como amenaza. Lo que McLuhan no pudo prever en la aldea global: que una pedanía luchara por su página web, y que la globalización provocara tal pánico a la pérdida de identidad que exasperara los nacionalismos repetitivos del siglo XIX. 

La desigualdad es una bandera muy vieja y a ella se cobijan todos los medrosos que aplauden el sedicente racismo catalán o el explícito del bárbaro de Xabier Arzalluz. 

La globalización no es el navegador de Internet, es el mapa del genoma humano que ratifica lo ya sabido: que somos peligrosamente iguales excepto por matices socioculturales. Barrera, que tiene ojos azules, se resiste a sentirse gemelo de un negro aunque éste baile la sardana y recite de corrido el trabalenguas sobre los siete jueces. Hasta sus dudas sobre la pena de muerte delatan su zozobra; todos los que vacilan ante la última pena le están dando mentalmente al manubrio de la silla eléctrica, y tienen tanto miedo a la muerte como los votantes de Bush Jr., que la sostienen como castigo a crímenes atroces. 

Hasta Franco acabó fusilando porque tenía miedo a morirse. El nacionalismo o la nostalgia de aldea son las últimas trincheras de una mundialización que parece amenazar a tu lengua materna o hasta el eructo autosatisfactorio de la siesta en el caserío o la masía. Se recibe como insulto que un magrebí analfabeto sea genética o políticamente igual a nosotros, excepto por el medio ambiente en el que se ha desarrollado. Hasta el freudiano miedo sexual al moro o al negro tiene su asiento en la cháchara de una dona como Marta Ferrusola y sus no menos asustadas oyentes. Menos mal que dentro de 20 años el Mediterráneo y las pirámides seguirán en sus sitios y el catalán (o el euskara) no será una lengua muerta, sobre todo si renuncian a ser sólo peaje para el funcionariado. Y es que 20 años no es nada y hasta el tango es un placebo contra el miedo y la nostalgia de lo que ya fue pero seguirá siendo de otra manera.


Qué asco que les dan los pobres
Miguel Ángel RODRíGUEZ - .- La Razón  3 Marzo 2001

Ha estado muy gracioso Pujol compareciendo en rueda de prensa para leer el discurso antirracista que se había preparado para presentar un libro que exalta el racismo. Como tiene bula, a veces tiene unos golpes que es para tirarse al suelo de risa.

    ¿Alguien esperaba que el nacionalismo no tuviese ramalazos de este tipo? Lo que pasa es que como Franco persiguió a Pujol, él sigue viviendo de esa historia. Y además tiene el privilegio de no ser criticado: el socialista andaluz que hizo un comentario racista está en su casa y le señalan por la calle. Así se escribe la historia.

    Pero no nos engañemos: el problema no son los extranjeros. El problema son los pobres. Que la selección holandesa ha ganado una liga para el Barça y Pujol les recibió encantado, que la Cultura anti-española les ha llevado a programar conciertos con todo tipo de grupos extranjeros y nadie ha dicho nada, y así sucesivamente.

    El problema es que lo de los pobres queda mal y no lo tenían previsto en su ideología nacionalista. Envueltos en la bandera y en el sentirse agraviados, cuando levantan un poco la alfombra se ve que en algún sitio han almacenadoÉ Cositas.

    El simple hecho de no renunciar a presentar el libro de un xenófobo confeso debería costarle a Pujol algo más que tres artículos. Políticamente es inadmisible lo que están haciendo.

    Pero dentro de tres días nos vamos a desayunar con unas declaraciones en las que afirme que, en el fondo, todo esto lo ha montado ese ente llamado Madrid para dañar a Cataluña. Lo que no sé es si a estas alturas nos lo vamos a creer.

Llamazares y Madrazo pueden convertir IU en «Izquierda Hundida»
Impresiones El Mundo   3 Marzo 2001

Sin temor a convertirse en liebre de los partidos nacionalistas, IU planteó ayer una iniciativa parlamentaria para que la cámara vasca solicitara al Gobierno que transfiriera la facultad de convocar referendos. Es decir, que los vascos puedan decidir su futuro al margen del resto de los españoles. La moción fue derrotada por un solo voto. Y, naturalmente, IU contó con el apoyo de PNV y EA. Sin embargo, PP, PSE y UA se opusieron, argumentando que eso iría contra la Constitución. Con este último papelón, IU no hace sino contribuir aún más a la desorientación de sus votantes, como ya hizo cuando suscribió el pacto de Lizarra. 

Es la línea de Javier Madrazo, coordinador de IU-EB, que anteayer se agarraba al clavo ardiendo del desvarío de Odón Elorza de pedir un referéndum para «adaptar la Constitución a los vascos». Abundando en esas tesis, ayer el coordinador general de IU, Gaspar Llamazares, calificaba la idea de «soplo de aire fresco» en el seno del PSOE. Anteayer Llamazares no tuvo el menor empacho en decir que hará «todo lo posible para que Mayor Oreja no sea» lehendakari. Acusó al candidato popular de dictar la estrategia electoral de su partido y, «mucho nos tememos», añadió, «también la del PSOE». Con ese discurso -que hurta lo esencial de lo que está en juego en el País Vasco- Llamazares va a conseguir espantar a sus fieles. Uno de los partidos de la coalición, el PASOC, apostó ayer por que la dirección de IU trabaje para hacer lehendakari al candidato del PSOE aun a costa de un pacto con el PP. 

La afinidad de Madrazo y Llamazares con los nacionalistas ya ha sido reiteradamente criticada por destacados dirigentes de IU, como Rosa Aguilar o Francisco Frutos, y puede acabar fracturando y hundiendo a la coalición.

Coaliciones en Euskadi
Pablo Sebastián La Estrella   3 Marzo 2001
Están apareciendo en el País Vasco todos los ingredientes de una batalla dual entre PP y PNV, como las fuerzas determinantes de la campaña electoral vasca que ya está en marcha, aunque oficialmente está aún por convocar. Los pactos establecidos entre el PP y Unidad Alavesa y entre PNV y EA buscan, precisamente, esa situación electoral y el sacar el mayor provecho posible a la suma de votos y a las ventajas que, en las tres circunscripciones de Vizcaya, Guipúzcoa y Alava, ofrece la ley electoral.

Desde el PP, Mayor Oreja acusa al PNV de buscar los refuerzos de EA y desde el PNV de Arzallus se dice lo mismo del PP en relación con su pacto con Unidad Alavesa. Lo cierto es que ambos acuerdos no suponen, ni histórica ni política, ni socialmente, ninguna innovación sino una recomposición de una situación anterior, puesto que EA fue resultado de una escisión del PNV, y UA de otra del PP. Al final, las aguas del centro derecha de nacionalistas y españolistas volverán a sus viejos cauces, y puede que de manera definitiva si los resultados electorales  "bendicen" cada operación.

El objetivo de cada fuerza política es, a la vez, el de convertirse en punto de referencia o en objetivo de "voto útil", respectivamente, del nacionalismo y del españolismo. Naturalmente en menoscabo de EH, en el bando nacionalista, y del PSOE en el bando españolista. Porque si esta campaña continua en la dirección de un duelo en la cumbre entre PP y PNV, como nos parece inevitable, el resto de fuerzas políticas quedarán en un segundo plano. A sabiendas que dichas fuerzas, PSOE, EH e IU, tendrán en su momento la llave de la gobernabilidad.

Naturalmente será muy importante saber que partido gana las elecciones con el mayor número de votos y escaños, lo que sin duda pesará en la noche electoral que es donde se gana o pierde el título de triunfador y de perdedor. Y en ello la coalición nacionalista de PNV y EA tiene ventaja porque en la anterior legislatura sumaban más escaños (27) que PP y UA (18), aunque ahora el PP ha mejorado sus expectativas de votos y su capacidad de movilización electoral.

Sin embargo, de la misma manera que la suma de PNV y EA puede dañar los resultados de EH, y ello no supone ningún cambio de la posición política de los seguidores de Otegui si no es para bien, es decir para constatar que su no condena de la violencia reduce su apoyo electoral. Por el contrario, un ascenso de la coalición de PP y UA a costa del electorado del PSOE podría tener consecuencias negativas para el futuro de un gobierno españolista como el que pretende Mayor Oreja por dos razones: porque el sector del PSOE menos propicio al pacto con el PP vería en el resultado un castigo a la dirección que se acercó tanto al PP (por ejemplo en el llamado Pacto Antiterrorista); y porque el crecimiento llamativo de PP/UA podría frenar la subida en escaños del PSOE e impedir que entre los dos grandes partidos españolistas no alcanzaran los 38 escaños necesarios para gobernar.

Las coaliciones, pues, van a desempeñar un papel aunque no sabemos bien en que dirección. De momento para mejorar las expectativas de votos del PNV y PP y esa batalla dual que ya, desde los preámbulos, marca la marcha de esta campaña electoral.

El Gobierno de Aznar acusa al nacionalismo de alentar la irrupción del racismo y la xenofobia
Cabanillas considera 'muy graves y preocupantes' las reflexiones de Barrera sobre los extranjeros
L. R. AIZPEOLEA | Madrid El País   3 Marzo 2001

El ministro portavoz del Gobierno, Pio Cabanillas, manifestó ayer que 'la obsesión del nacionalismo por la diferenciación' trae como consecuencia 'manifestaciones racistas' como la del ex presidente del Parlamento catalán y militante de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Heribert Barrera. Cabanillas expresó tras el Consejo de Ministros de ayer la 'preocupación' del Gobierno por la repercusión social de 'graves expresiones racistas y xenófobas' en relación con la inmigración en Cataluña procedentes de un representante político, que ha ostentado una importante cargo en Cataluña.

El ministro portavoz aprovechó las declaraciones de signo racista y xenófobo de Barrera para alertar sobre el riesgo de que los nacionalismos, con la defensa a ultranza de sus identidades, alienten la xenofobia y el racismo. La importancia que el Gobierno dió a la cuestión de las declaraciones contra los inmigrantes era manifiesta porque Cabanillas llevaba preparado para la conferencia de prensa posterior al Consejo de Ministros un texto con la posición del Ejecutivo ante el fenómeno migratorio en España.

Heribert Barrera insistió el pasado jueves en el programa de la SER La ventana en Cataluña que la llegada de los inmigrantes ponía en riesgo el idioma catalán y, con ello, la identidad de Cataluña. En un libro-entrevista, Barrera se muestra comprensivo con el canciller autriaco Haider, conocido y criticado por sus posiciones xenófobas. Las ideas de Barrera y las de Marta Ferrusola, esposa de Jordi Pujol, han preocupado al Gobierno en la medida en que pueden ser un síntoma del aumento gradual en la intolerancia social a los inmigrantes de la sociedad si desde los estamentos políticos, que deben impulsar un trabajo educativo, se mantienen posiciones de rechazo a la inmigración.

Manifestación reprobable
El ministro portavoz señaló que 'cualquier manifestación de índole racista venga de quien venga es reprobable y si, además, procede de personas que pudieran tener un mandato público es especialmente grave', en alusión a Barrera, que fue un luchador por la democracia, que vivió el exilio, desempeñó un papel importante en la etapa de la transición y fue el primer presidente del Parlamento de Cataluña tras la dictadura. Cabanillas orilló ayer la trayectoria democrática de Barrera e hizo hincapié en la vertiente nacionalista de su ideología, a la que atribuyó la responsabilidad de sus manifestaciones xenófobas.

El ministro portavoz siguió ayer el procedimiento que la víspera guió al presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, para desmarcarse de las posiciones de Barrera. Leyó, ante los periodistas, unas notas en las que señaló que el Gobierno considera que los brotes racistas son 'pura, sencilla, total y absolutamente condenables'. El ministro hizo una declaración de principios en la que subrayó que 'la inmigración ha contribuido al crecimiento de España, que sigue siendo necesaria y lo será más en el futuro no sólo desde el punto de vista económico sino cultural' y que quienes no lo reconozcan 'están en un abanico que va desde producir una profunda tirsteza a una gran indignación'. Defendió el mestizaje cultural y señaló que España se ha conformado como un 'crisol de culturas'. En el mismo tono de declaración de principios, Cabanillas recalcó que 'el Gobierno desarrolla una política de defensa de los derechos humanos de los inmigrantes no sólo protegiendoles de las mafias sino garantizando su integración'.

Tras la declaración de principios, Cabanillas insistió en el riesgo de que los nacionalismos periféricos en España alienten la xenofobia y el racismo por la defensa a ultranza de sus identidades.

El contagio nacionalista
Manuel Martín Ferrand La Estrella  3 Marzo 2001
Ser nacionalista es, más o menos, tan bueno como no serlo. Cada cual está hecho del palo que sale de su raíz y de peores materiales pudo hacernos Dios. Por eso me gusta distinguir entre los nacionalistas espontáneos, los que salen de la tierra como nacen las setas en el bosque después de la lluvia, y los nacionalistas profesionales, los que han hecho un oficio de tan anacrónico como respetable sentimiento y viven de él.

Si no recuerdo mal, la primera novela que leí de Baltasar Porcel, va para treinta años, fue Difuntos bajo los almendros en flor. Le dieron el premio José Pla y mi cuádruple devoción por el genio de Palafrugell periodista en castellano, periodista en catalán y escritor en los dos idiomas me invitó a la lectura de tan ilustre mallorquín. Desde entonces he frecuentado la lectura de su obra de creación, muy interesante, tanto como evitado la de sus ensayos, que siempre me han parecido más inducidos que inspirados.

Ayer, en su diaria columna en La Vanguardia, Porcel hacía gala de su imaginación de escritor, más que de su instinto periodístico, para decir que "el viejo centralismo depredador español se siente inquieto si a su alrededor los demás aciertan a respirar aunque sea con ahogos". Es la evidencia, me dije, de que han empezado los festejos electorales vascos.

A mí eso del nacionalismo se me da una higa. Ni el gallego, que es el mío, consigue emocionarme un ápice. En los muchos años que, por elección, llevo viviendo en Madrid no he descubierto señales de nacionalismo madrileño y ésa es una de las muchas razones que me anclan en una villa que, cuando le entra la fiebre, se queda en el casticismo folclórico. Me interesa el fenómeno, cómo no, pero más como rareza antropológica que como tentación cívica. Quizás por eso soy sensible a sus síntomas y tengo visto que cursa una suerte de contagio nacionalista. Los fervores vascos, por ejemplo, tienen valor provocador en Cataluña, del mismo modo que los catalanes excitan a los gallegos. Incluso en los territorios de nacionalismo más reciente y prefabricado cursa ese contagio y, a la vista de las proclamas de los nacionalismos con idioma, siempre hay un riojano, o un castellano-manchego, dispuesto, por no ser menos, a ir un poco más allá en sus entusiasmos de cercanías.

Me pasa con los amores nacionalistas tan apasionados, tan crecientes lo que a Manuel Machado con el querer:

"En tu boca roja y fresca
beso, y mi sed no se apaga,
que en cada beso quisiera
beber entera tu alma".

Eso del contagio nacionalista sólo tiene de negativo lo mucho que nos fatiga a quienes, por deformación profesional, tratamos de seguir con atención lo que acontece en toda España. Un nacionalismo, uno solo, sería deseable. Incluso emocionante. Habría que inventarlo si no existiera porque el hombre precisa, para su mejor desarrollo, alguna ración distante de la lógica; pero hay ocasiones, como la presente, en que la sobreabundancia de la fenomenología nacionalista fatiga mucho al espectador.

Faltan aún setenta y cinco días para las elecciones vascas. Seguirlas en sus peripecias tácticas y vericuetos ideológicos, con perdón, ya resulta duro; pero si a la observación se le añaden, como parece inevitable, las erupciones que, por simpatía, se producen en otras regiones no electoralmente afectadas el trabajo resulta ímprobo. Cosa de titanes.

Además, estas cosas confunden mucho. En el País Vasco andan ahora plantando los guisantes que habremos de comernos cuando empiecen los calores del verano y en Cataluña en Llavaneras se cultivan los mejores del mundo están ya dispuestos para la primera recogida de la temporada.

Las ideas, incluso las raras, se transplantan con más facilidad que los guisantes.

Pujol
ERASMO El Mundo   3 Marzo 2001

El molt Honorable en Launo. Abrumado de seny, con su arsenal de tics, su rostro de gnomo bajo una seta cuatribarrada y rojo y gualda, chisporrotea muecas, su nariz esnifa un invisible spray nasal. Ríe. Medio siglo de vida política con Cataluña al hombro, este hombre derrocha tanta sensatez que hasta la xenofobia antediluviana de Barrera/Ferrusola suena comprensible. Volverá a ganar.

Un prodigio de lealtad
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo   3 Marzo 2001

Lo que ha hecho Carlos Iturgaiz para y por Jaime Mayor Oreja en el PP del País Vasco no tiene parangón, ni precedentes que se recuerden en nuestra reciente historia política. En un escenario proclive como pocos a la traición, la puñalada trapera, el «quítate tú para que me ponga yo» y la utilización de la cabeza más próxima a modo de escalón en el frenético camino de ascenso hacia la culminación de la ambición «legítima», el gesto del joven presidente de los populares vascos es de los que engrandecen una actividad que no goza de excesivo prestigio. Y justo es reconocerlo, aunque sólo el beneficiario del mismo se haya molestado hasta ahora en subrayarlo.

Los hechos, sin embargo, hablan por sí solos y son elocuentes. En 1996, el nuevo candidato a lehendakari por el PP, recién nombrado ministro del Interior, dejaba en manos de su secretario general un partido dividido y con graves enfrentamientos internos; sobrecogido todavía por el reciente asesinato de Gregorio Ordóñez y acosado por el terrorismo de ETA, que habría de emprender en los meses siguientes la más brutal campaña de sangre y muerte que jamás haya padecido formación política alguna en España; aislado en el Parlamento autonómico de Vitoria por la existencia de la coalición de gobierno PNV-PSOE y bastante solitario, en general, en su labor de oposición al nacionalismo, en virtud del acuerdo de investidura suscrito en Madrid entre el Gobierno de José María Aznar y el grupo de Arzalluz.

Un partido cuya cohesión actual era un sueño que nadie se atrevía a acariciar y por cuya mera supervivencia en semejante terreno de hostilidad extrema pocos daban una peseta. Esos son los talentos que recibió Carlos Iturgaiz de manos de su padre político, Jaime Mayor Oreja, cuando éste tuvo que abandonar momentáneamente la heredad para tomar las riendas del Ministerio encargado de encabezar la lucha contra ETA y dirigir desde el Ejecutivo las líneas maestras de la política vasca.

Cinco años después, la rentabilidad obtenida de semejante capital no puede ser más elevada. Con un «material» tan escaso en número pero de tan alta calidad humana y en unas circunstancias tan adversas, este gran hombre con apariencia de niño ha contribuido decisivamente a transformar el PP del País Vasco en una clara alternativa de gobierno. Es verdad que para ello siempre ha contado con la colaboración entusiasta y abnegada del grupo de «jóvenes descerebrados» (así se definen ellos) que constituyen el núcleo fundador del partido, así como con la ayuda y la guía de Mayor Oreja, que nunca ha perdido de vista a su gente y a su tierra, origen y meta de su proyecto político «común y compartido».

Pero no es menos cierto que él, Carlos Iturgaiz, es quien ha estado allí, sobre el terreno, consolando a viudas y asumiendo el terrible deber de dar trágicas noticias por el teléfono; tranquilizando angustias y resolviendo problemas de intendencia; pagando el costosísimo precio personal de sacrificar a su familia. Y todo ello para guardar y acrecentar una herencia ajena, consciente de que el «premio gordo», la Lehendakaritza, no sería para él, sino para su amigo, su maestro y su introductor en la política. Buen maestro ha de ser quien es capaz de rodearse de semejantes pupilos...

Ahora, en el momento decisivo, Mayor Oreja corresponde a este esfuerzo abandonando la comodidad de su Ministerio para encabezar una carrera electoral que se anuncia tan dura como definitiva. Lo hará, seguramente, desde el primer puesto de la lista vizcaína; el que le cede con orgullo, lealtad, generosidad y cariño Iturgaiz. Que tomen buena nota algunos que, desde su propia insignificancia, se atreven a cuestionar la talla política de un personaje que engrandece a todo su gremio.

LA NOTICIA
Coches oficiales para batasunos

Con permiso del alcalde. El Ayuntamiento de San Sebastián, que preside el socialista Odón Elorza, ha puesto a disposición de los ediles de HB tres vehículos oficiales, marcas Citroen Xantia, Opel Vectra y Renault Laguna, que recogen a los ediles batasunos de sus casas y les trasladan al Consistorio y a los actos oficiales, con la autorización del alcalde. Esos coches, que también son empleados por los representantes del PNV y EA, han dejado de ser utilizados por los ediles del PP y PSOE, sujetos a estrictas normas de seguridad.

EL RUMOR
Maragall hace bueno a Pujol

Comentario popular. El primero en formular el comentario fue un popular alcalde socialista gallego, pero su frase ha llegado a hacerse célebre tanto en las filas de su partido (especialmente entre los dirigentes del PSOE alavés y vizcaíno y en boca de un veterano presidente autonómico famoso por cantarle a cualquiera las verdades del barquero) como en las del PP de Cataluña. La frase reza poco más o menos: «Si Pasqual Maragall alcanza la Presidencia de la Generalitat, los españoles vamos a echar mucho de menos a Jordi Pujol...».

EL PERSONAJE
Un Hamlet catalán

Piqué y sus dudas. En fuentes próximas al ministro de Asuntos Exteriores se comenta que, recientemente, decidió disfrazarse de Hamlet en la fotografía publicada por un rotativo catalán con motivo de los Carnavales, para escenificar la duda existencial que le atormenta al plantearse su futuro político. Y es que, entre viaje y viaje a Bruselas, Josep Piqué emula al célebre personaje de Shakespeare y se pregunta: ¿Ser o no ser candidato a la Presidencia de la Generalitat en las próximas elecciones autonómicas?

Xenofobia sin barreras
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo  3 Marzo 2001

Hay una inferioridad genética de los negros de Estados Unidos respecto de los blancos; las sevillanas, no le veo la gracia al mestizaje, sólo se pueden bailar en Andalucía y las cosas le hubieran ido mejor a Cataluña de no haber tenido que recibir a tanta gente procedente del resto de España que, sumada a la que viene ahora de África, se va a llevar la identidad nacional catalana por delante. Este catálogo de barbaridades no las ha escrito el nazi de turno en Alemania, están pensadas, escritas y firmadas por Heribert Barrera, líder histórico de ERC (Esquerra Republicana de Cataluña), una organización, por lo que dice este hombre, supuestamente de izquierda, presuntamente republicana y, desde luego, muy nacionalista. El desvarío se puede achacar a la avanzada edad del que fue presidente del Parlamento de Cataluña, pero no parece justo, máxime cuando quien le ha presentado el libro en el que se recoge tan agreste ideario ha sido Jordi Pujol, nada de izquierda, nada republicano y acrisolado nacionalista también. El cuadro, en fin, lo remata Marta Ferrusola, mujer con entidad pública propia en Cataluña, que dice que le llevan los demonios al comprobar cómo los inmigrantes de África no saben qué es Cataluña (¡a ver esos planes de estudios en el Magreb!), que no hacen más que pedir un piso («mi marido esta harto de dárselos», dice la Ferrusola), y encima cuando hablan lo hacen en una mezcla de su idioma propio con español, ni una palabra de catalán. Más allá del carácter esperpéntico de esta patulea de afirmaciones xenófobas, su puesta en escena nos viene a confirmar que el nacionalismo también pierde fuelle en Cataluña. No sólo se trata de la incapacidad que demuestran los nacionalismos identitarios para organizar la convivencia entre distintos, o de la insaciable vocación de ese nacionalismo etnicista para asesinar, eliminar física y políticamente, intentar hacer desaparecer a los distintos que defienden la convivencia y el diálogo concentrado en la Constitución y en el Estatuto de Autonomía; ahora, los nacionalismos que se vendían como moderados por rechazar el tiro en la nuca sacan la pataza de la intolerancia y echan leña a un fuego que es de por si extraordinariamente complicado de templar: organizar la convivencia con gentes venidas desde muy lejos a buscarse la vida.

Las barbaridades sin barreras de Heribert, que elogia al nazi austríaco Haider y aplaude la pena de muerte, y de Ferrusola hablan además de la enorme distancia que hay entre estas palabras y las pronunciadas por el propio Pujol, a principios de la democracia, cuando decía algo tan sencillo como que catalanes son todos aquellos que viven y trabajan en Cataluña, sin más aditamentos ni exámenes de pureza de sangre. Ya va siendo hora de establecer lo obvio: ha habido decenas de miles, millones de personas, que en los años 50, 60 y 70, se fueron a vivir de Extremadura, de Andalucía, de Murcia, de Castilla y de Galicia hacia Cataluña y el País Vasco, por la sencilla razón de que en esos años fue el régimen franquista el que realizó enormes inversiones económicas en la creación de un tejido industrial en el País Vasco y en Cataluña. De la misma manera, ahora vienen a España decenas de miles de ciudadanos de otros países porque se les ofrece un plan de vida que no tienen en su lugar de origen. Los unos y los otros se han movido en contra de su voluntad -como se ha hecho a lo largo de toda la historia de la Humanidad, que no es otra que la historia de las migraciones-, si hubieran tenido medios se hubieran quedado en sus lugares de origen, de la misma manera que hay muchos catalanes y vascos que viven fuera de Cataluña porque salieron de ellas antes de que fueran ricas; de la misma forma que los Estados Unidos de América del Norte son un país hecho, todo él, al golpe de gentes venidas de fuera, etcétera. Mal está que Barrera sea xenófobo, pero peor resulta que halle apoyo en el presidente catalán, todo un síntoma del agotamiento de un gobierno que ya no tiene confianza en sí mismo. Dice Barrera que no entiende las ventajas del mestizaje, no sé si conoce las criaturas nacidas de la mezcla de alemán y brasileña, mucho más guapos que él.

(Por cierto, los nacionalistas etnicistas vascos que dicen querer construir una identidad y lo hacen a golpe de matar a las personas y dinamitar la realidad existente, tenían entre sus planes la voladura de ‘El Diario Vasco’. Gracias a la eficacia policial no lo harán. Un abrazo para todos los colegas que trabajan, y van a seguir haciéndolo, en ese periódico, para que pronto se restablezca lo obvio y podamos pasear libremente por las calles de San Sebastián en paz).

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