AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 4  Marzo  2001
#Sólo hay un Arzalluz
Editorial ABC 4 Marzo 2001

#Coalición soberanista
Editorial La Razón 4 Marzo 2001

#Ibarretxe sale en falso
Editorial El País  4 Marzo 2001

#Historia
Alfonso USSÍA ABC   4 Marzo 2001

#Nacionalismo, acción y reacción
M. MARTÍN FERRAND ABC   4 Marzo 2001

#Racistas
Carlos DÁVILA ABC  4 Marzo 2001

#Heribert
ERASMO El Mundo   4 Marzo 2001

#GURIDI O COMO UN FRACASADO SE CONVIERTE EN ASESINO
Editorial El Mundo   4 Marzo 2001

#Campaña
ANTONIO GALA El Mundo   4 Marzo 2001

#Las alianzas
Jaime CAMPMANY ABC  4 Marzo 2001

#La Ertzaintza sancionó a un edil del PSOE por enfrentarse a una manifestación proetarra
Redacción - Bilbao .- La Razón  4 Marzo 2001

#Javier Rojo: “La autodeterminación traerá más víctimas”
Libertad Digital  4 Marzo 2001

#Arrojan explosivos contra la sede del periódico «El Correo Español» en Bilbao
Madrid. Agencias ABC 4 Marzo 2001

#Arzalluz enmascara su radicalismo para atraerse el voto moderado y acercarse al PSE
MADRID. Mariano Calleja ABC  4 Marzo 2001

#IRÈNE STOLLER FISCAL FRANCESA ANTI-ETA 'Francia conoce a ETA mejor que España'
JOSÉ LUIS BARBERÍA El País   4 Marzo 2001

#Mayor quiere liderar la «rebelión» contra las «trampas» nacionalistas
J. V. M. BILBAO El Correo 4 Marzo 2001

#El PSOE da un portazo al pacto con el PNV por pedir la autodeterminación
Redacción - Vitoria /Madrid .- La Razón 4 Marzo 2001

#Vecinos y autoridades navarras exigen en las calles de Cintruénigo el fin de ETA
PAMPLONA EL CORREO 4 Marzo 2001

#El CGPJ frena la pretensión de Ibarreche de imponer el euskera en la Justicia
F. Velasco - Madrid .- La Razón  4 Marzo 2001

#Grandes remedios
Editorial El Correo   4 Marzo 2001

#Obligadas coaliciones
KEPA AULESTIA El Correo  4 Marzo 2001

#Identidad, preciado tesoro
SANTOS JULIÁ El País   4 Marzo 2001

#Marta y Heribert: «Nosaltres sols»
CARMEN RIGALT El Mundo   4 Marzo 2001

#La Ertzaintza que necesitamos
CARLOS Mª URQUIJO El Correo   4 Marzo 2001

#Radicalización y caballo de Troya
Enrique de Diego Libertad Digital  4 Marzo 2001



Sólo hay un Arzalluz
Editorial ABC 4 Marzo 2001

Ya es tradicional que el nacionalismo apacigüe su estigma independentista en vísperas de una consulta electoral y que reivindique, a puro grito o en voz baja, según le convenga, el derecho de autodeterminación. Así ha venido ocurriendo desde hace dos décadas y así seguirá pasando en comicios venideros. No hace mucho comentábamos desde estas páginas cómo, de cara a las próximas elecciones autonómicas, el Bloque Nacionalista Galego prefería arrinconar el soberanismo en sus estatutos fundacionales para abrazar públicamente un mensaje autonomista, que contenía incluso alabanzas al marco constitucional. Se trata de un simple ardid electoralista cuya utilización significa que los nacionalistas excluyentes vienen a reconocer el fracaso de su razón de ser, de su identidad misma y de su santo y seña. Con ello, los independentistas gallegos no hacen otra cosa que calcar la estrategia que el PNV viene repitiendo en cada consulta electoral. El «pensamiento» del líder peneuvista experimenta unos abruptos cambios de línea política: exacerbado radicalismo en las «horas valle» —entre elección y elección—, y un discurso mucho más moderado en las «horas punta» —precampaña y campaña electoral—, aunque siempre teniendo en cuenta que Arzalluz y mesura son términos antónimos.

La diferencia de uno y otro mensaje no está tanto en el tono, los epítetos y los lugares comunes elegidos por el presidente del PNV, sino en los fines que en cada momento dice perseguir su partido. Hace unas fechas ya aclaraba el propio interesado que «éste no es momento de hablar de independencia», con lo que todo hace sospechar que ya calienta motores para una nueva marcha atrás. Es más que previsible que tanto en el programa como en el «argumentario de campaña» peneuvista no aparezcan ni una sola vez el pacto de Estella, ni la Asamblea de Electos (Udalbiltza), ni el acuerdo poselectoral con los proetarras de Euskal Herritarrok. Y habrá que ver si ese mismo programa recoge el reconocimiento del derecho de autodeterminación. La razón es más que sencilla: los radicalismos —y entre ellos están el acabar con la Constitución y el Estatuto de Autonomía y el crear un «Estado vasco»— sólo arrancan votos entre los sectores radicales, que por su extremismo están condenados a la marginalidad. Eso lo sabe bien Arzalluz, que ordenará echar agua fría a la encendida verborrea soberanista de los tres últimos años. La duración del engaño dependerá del resultado electoral. En esta ocasión puede que la mentira perdure algo más porque, después de burlar al electorado, es posible que el PNV intente que el PSOE pique en el anzuelo. Arzalluz ya se ha puesto la máscara, aunque en unos comicios tan trascendentales será fácil que los vascos caigan en la cuenta de que ese Jekill y ese Hyde son la misma persona: el mismo que pactó con ETA y con HB.

Coalición soberanista
Editorial La Razón 4 Marzo 2001

La carrera para las elecciones del 13 de mayo (13-M) en el País Vasco cuenta ya con su segunda coalición electoral. Después del anunciado acuerdo, aún sin firmar, entre Unidad Alavesa y el Partido Popular para concurrir en una misma lista en la circunscripción de Álava, el PNV y EA anuncian que se presentarán a las urnas en coalición, con la autodeterminación y el proyecto soberanista como objetivo común.

    Es cierto que, como sostienen los proetarras de EH, el PNV y EA votaban ya juntos en la Cámara de Vitoria, pero también lo es que igual estrategia parlamentaria han sostenido el PSOE y el PP y no por ello se supone, en modo alguno, que deban presentarse en conjunto o aceptar pactos previos. Más bien parece que los nacionalistas han visto en esta ocasión las orejas al lobo y, ante el peligro de perder el poder por primera vez, han decidido unificar el voto y ganar más escaños. Al menos en principio, porque la coalición es también una apuesta desesperada que aunque puede beneficiar a la estrategia nacionalista, puede igualmente suponer una severa derrota electoral.

    El hecho de que la coalición se presente bajo la bandera del soberanismo, que es lo mismo que mantener el pacto de Estella, aconseja preguntarse si aceptarán los votantes moderados del PNV el camino de Estella. Porque es posible que muchos puedan no votar o incluso hacerlo por opciones no nacionalistas, en un último intento de obligar al partido a cerrar de una vez por todas el capítulo de Arzallus y Eguíbar. Conviene no olvidar que las coaliciones o los pactos a la desesperada no siempre funcionan, como bien pudieron comprobar el PSOE e IU en las últimas elecciones generales.

Ibarretxe sale en falso
Editorial El País  4 Marzo 2001

Las encuestas reflejan que por primera vez existe en el País Vasco una posibilidad realista de que de las urnas salga un Gobierno sin presencia de formaciones nacionalistas. De ahí los movimientos para optimizar los resultados mediante coaliciones como la acordada este fin de semana entre el PNV y EA, por un lado, y el PP y Unidad Alavesa, por otro. De ahí también ciertos comportamientos, como mínimo irregulares, por parte de un lehendakari que no comprende por qué hay gente que no comparte las evidencias que proclama.

Los nacionalistas llevan más de 20 años al frente de las instituciones vascas, y es lógico que una parte del electorado considere conveniente intentar otras fórmulas de resolver el problema de la violencia, percibido por la mayoría como el más grave del momento. En estos 20 años, el PNV no ha sido capaz de persuadir a ETA y tampoco de derrotarla utilizando las competencias de la Ertzaintza en materia antiterrorista. La sensación de indefensión de los cada vez más amplios sectores de la población amenazados anula la advertencia nacionalista de que un cambio de mayoría podría agravar las cosas. El argumento alternativo es que las cosas difícilmente pueden ir a peor, y que tal vez puedan ir a mejor con un Gobierno vasco que coopere con el de Madrid en la lucha contra ETA.

Otro motivo para considerar verosímil el cambio es que la dirección nacionalista está dando muestras de agotamiento. Algunas de sus últimas decisiones revelan una creciente pérdida de contacto con la realidad.

En octubre, como respuesta a las mociones de censura que pusieron de relieve que el Gobierno de Ibarretxe estaba en minoría, el lehendakari convocó una manifestación por la paz y contra ETA. Pese a algunas resistencias internas, los socialistas se sumaron a esa movilización. Ibarretxe ha convocado ahora una nueva marcha, el 10 de marzo, esta vez contra ETA y contra 'el no al diálogo del PP y el PSOE'; es decir, contra ETA y contra aquellos a los que ETA ataca, incluyendo los socialistas, que hace cuatro meses respaldaron su anterior llamamiento, y con quienes, según Arzalluz, intentará pactar el PNV tras las elecciones.

Se trata, según Ibarretxe, de un intento de 'avivar la llama de la ilusión que prendió en el Kursaal'; es decir, en el acto organizado hace unos días en San Sebastián en apoyo a su propia propuesta de diálogo sin condiciones que había sido rechazada por la oposición en el Parlamento vasco. Ibarretxe cree que ha llegado el momento de 'plantear en la calle' la existencia de una mayoría que no está con ETA, pero tampoco con el PP y el PSOE 'por su negativa al diálogo'. Para el PP y el PSOE, ese diálogo es la fórmula para que los no nacionalistas avalen con su presencia en un foro los cambios del marco político acordados por ETA y los nacionalistas en 1998.

Fue precisamente el escaso eco social de la propuesta del lehendakari lo que hizo que su Gobierno lanzase una campaña de publicidad, financiada con fondos públicos, destinada a difundirla. Se trata de una fraudulenta confusión del plano institucional con el partidario, lo que se confirmó cuando, días después, Arzalluz anunció que tal propuesta sería el eje de la oferta electoral del PNV. Es un comportamiento irregular, probablemente ilegal, que ilustra hasta qué punto el nacionalismo ha interiorizado la idea de que conservar el poder es un objetivo que justifica cualquier medio, lo cual podría alimentar la desconfianza de quienes temen que, de volver a ganar los nacionalistas, se sentirían autorizados para practicar por su cuenta y riesgo políticas abiertamente rupturistas, de hechos consumados.

Historia
Por Alfonso USSÍA ABC   4 Marzo 2001

Los jóvenes vascos de 17 y 18 años estudian la asignatura de «Historia» con un texto un tanto peculiar. El libro está avalado por la Editorial Erein y autorizado por el Gobierno Vasco, a petición de la Consejería de Educación del mismo, el 25 de junio de 1998. El punto de partida no deja espacio a la duda: «El País Vasco tiene cuatro provincias: Navarra, Álava, Bizkaia y Gipuzkoa». Empieza, pues, desde la mentira y la confusión. Navarra es Navarra, y no forma parte del País Vasco. Y la confusión no es pequeña cuando «Navarra y Álava» se escriben en español y Bizkaia y Gipuzkoa en vascuence. O «Nafarroa, Araba, Bizkaia y Gipuzkoa» o «Navarra, Álava, Vizcaya y Guipúzcoa». Así de fácil, tontitos.

En la página 254, se comentan los hechos más destacados de la reciente historia de las Vascongadas, y el texto reza así: «En Euskal Herría (sic) las cuestiones más reseñables fueron la fundación de ETA en 1959 (simbolizó con el tiempo gran parte del descontento sociopolítico existente a pesar de la presencia notable del PNV), la muerte de José Antonio Aguirre (1960) y el creciente descontento manifestado por sectores del clero». Lógicamente, el insigne historiador o insignes historiadores que redactan el libro de texto se sienten obligados a explicar a los estudiantes lo que es y significa ETA.

Así, en la página 255, los alumnos se enteran de lo que representa ETA: «Principios de Euzkadi ta Azkatasuna (ETA) 1962: Euzkadi ta Azkatasuna (ETA) es un Movimiento Vasco de Liberación Nacional, creado en la Resistencia patriótica, e independiente de otro partido, organización u organismo. ETA, dentro del marco político, propugna para Euzkadi: El establecimiento de un régimen democrático —¡¡¡joé!!!—, e inequívocamente representativo —¡¡¡joé, joé!!!—, tanto en el sentido político como en el social económico, y en el cultural, en orden a actualizar en todo momento los valores positivos del Pueblo Vasco. La repulsa del racismo y, por lo tanto, de los principios de superioridad —¿Se lo han leído a Arzallus?—, de unos pueblos o razas sobre otros. No apoya, consecuentemente, la segregación o expulsión de los elementos extraños al país en tanto éstos no se opongan o atenten contra los intereses nacionales de Euzkadi». (?)

Creo que es suficiente. No obstante, en la página 270 se vuelve a hablar de ETA: «ETA, que en su V Asamblea iniciada en 1966 se había definido como Movimiento Socialista de Liberación Nacional, incrementó (sic) desde 1968 su actividad (sic), lo que atrajo la represión sobre ella».

Sinceramente, es fácil encontrar sicarios capaces de escribir libros de texto como el que se comenta. Lo que no es fácil es encontrar a mamarrachos que lo aprueben oficialmente y lo conviertan en un libro de Historia obligatorio en los colegios vascos. No se entiende que algo tan fundamental como es la educación, esté en manos de desaprensivos y canallas cuyo único objetivo, amén de manipular la realidad, es la de sembrar el odio y la confusión entre los estudiantes.

Y la responsabilidad de esta ignominia no es de la ETA, ni de Herri Batasuna, ni de Euskal Herritarrok, ni de la tripulación de la trainera de Pasajes de San Juan, sino del Gobierno Vasco presidido por Juan José Ibarreche y de su consejero de Educación, el italo-español Ignacio Oliveri, de Eusko Alkartasuna. España es el único país de la Unión Europea que permite que los libros de texto sean aprobados por las autoridades regionales o locales. No puede extrañar que el odio nazca y se desarrolle entre los estudiantes. Porque referirse a la ETA como un «movimiento patriótico» y a los asesinatos y demás acciones terroristas como «incremento de sus actividades», es más que una perversidad y una desvergüenza. Es una canallada con todas las letras, la que va de la A a la S de Arzallus, de la I a la E de Ibarreche y de la O a la I del despreciable Oliveri.

Nacionalismo, acción y reacción
Por M. MARTÍN FERRAND ABC   4 Marzo 2001

El nacionalismo, ese sentimiento tan vacío y anacrónico que algunos utilizan como relleno para su empanada política, resulta tan invasivo que son muchos quienes tratan de escapar de él renunciando, al tiempo, a la mismísima Geografía. Es una reacción de supervivencia. Luisa Castro, vecina de páginas, escritora fina e inteligente y ganadora del Premio Azorín de Novela declaraba ayer, aquí mismo, haber nacido en Foz, «un pedacito desprendido de Irlanda en el norte de España». Foz, y el que no lo crea que vaya en un día de sol a la playa de La Rapadoira, es uno de los paraísos que guarda Lugo para coleccionistas de miradas. Allí estaban los druidas celtas antes de que llegaran los romanos y no se puede descartar que la propia Luisa Castro sea una druidesa capaz de hacer el bien mientras continúa investigando «la raya que nos separa de la vida y la no vida» y que nos tiene dicho que es vertical.

¿Podríamos imaginar a James Joyce, después de publicar su «Retrato del artista adolescente», declarando a los periódicos haber nacido en Rathgar, cerca de Dublín, «un pedazo desprendido de Galicia en el este de Irlanda»? No, rabiosamente no. George Bernard Shaw tampoco hubiera dicho cosa parecida. Ni Sean O´Casey. Nuestros nacionalismos son más pelmazos que los ajenos y de ahí, me temo, que ser gallego, catalán, vasco, andaluz... resulte más difícil e incómodo que ser irlandés.

Entre la acción y la reacción nacionalistas vamos gastando el cuarto de hora del presente histórico: el punto de apoyo en el que ha de sustentarse la palanca española durante el siglo que acaba de comenzar. La acción esteriliza y la reacción fatiga. Dos malas condiciones para la prosperidad de los espíritus y el bienestar de los cuerpos. La caducidad de las ideas políticas tradicionales, en las que nos alimentamos cuando estaban proscritas, nos ha llevado a clasificarnos y agruparnos bajo otras banderas de identidad. Podría pasar la cosa de no ser que, al reducirse los ámbitos de la contemplación, resucita con brío el mayor mal del localismo: el caciquismo. Donde la historia y la cultura resultan adversas a esta tentación, como en Madrid, los aspirantes a caciques nuevos montan sus tribus en torno a un logotipo olímpico de Mariscal. Es lo mismo. La clave está en la diferenciación que pueda suministrar una identidad, concepto vacío donde los haya si no tiene antecedentes identificadores más hondos.

Pero no hay que perder la esperanza. El pasado viernes, cuando estaban a punto de dar las ocho de la tarde, el vuelo de Iberia IB-331 se acercaba a la pista correspondiente del aeropuerto de Barajas con hora y media de caprichoso retraso. Uno de esos con los que se hacen notar los pilotos del Sepla/Irala. El avión, en el que viajaban valencianos ilustres como Luis García Berlanga y madrileños tan castizos como Massiel, tuvo que abortar su aterrizaje a menos de cincuenta metros de una pista que estaba ocupada. El A-321, «Benidorm», forzó sus motores, temblaron las estructuras del aparato —las de Iberia no saben temblar— y sólo ocurrió que el retraso creció hasta las dos horas. El susto y/o la indignación de los pasajeros, entre la blasfemia y el cachondeo, abdicó de todo posible nacionalismo. La irritación es solidaria, el improperio verdadero no tiene idioma.

Racistas 
Por Carlos DÁVILA ABC  4 Marzo 2001

El PNV y el apendicillo de EA se disponen a mentir al electorado disimulando su verdadera condición secesionista, pero, a estas alturas, hay que esperar que no engañen ni al abogado más lerdo de la Gran Vía bilbaína. Por lo demás, las trampas de programa son más elementales en España que el mecanismo de un imperdible. Tierno, que era un cínico impasible, las denunció el mismo día en que vendió su partido a la voracidad del PSOE. Ahora, entre los violentos de Kelly, los «abertzales» de Otegui, se dice que los otros nacionalistas son, sencillamente, unos «jetas» que ni aun engañando pueden disimular que «todos nosotros estamos de acuerdo en los principios». Soberanía e independencia, pues. Hace unos días, los electos (munícipes de EH, integrantes de la Udalbiltza de Arzallus) aprobaron la «ley de extranjería vasca», como suena. De entrada, un aviso: si hay que creer a estos bárbaros, la tal «ley» contó «en espíritu» con el refrendo de los colegas del PNV. ¿Y qué dice el engendro? Pues quita los papeles, la ciudadanía de la Euskal Herria soñada, a todos los hijos de los que los asesinos llaman «Fuerzas de Ocupación». Aunque hayan nacido en Llodio, en Mondragón o en Basauri. Eso sí, el expediente de cada quien será revisado, por si se puede apreciar en el catecúmeno la conversión a la verdadera fe. La fórmula debe haberse ideado para no dejar lejos al secretario general del sindicato filoterrorista LAB, a Rafael Díaz Usabiaga, que tuvo un padre guardia civil.

Cosas como éstas son los principios que, dice Permach —nacido también, el miserable, en Zamora—, «compartimos todos», y son las que, hipócritamente, no lleva a las elecciones la coalición radical PNV-EA. La propuesta de EH es, en todo caso, más modesta que la de Arzallus, que escudriña el Rh de cada aspirante y mide el cráneo de los candidatos. Además, Arzallus promete consulados para recibir a los emigrantes. Es un considerado. Tan considerado, como mentiroso. Y racista.

Heribert
ERASMO El Mundo   4 Marzo 2001

Si el impulso religioso ostenta la más sanguinaria de las supremacías en la historia universal del genocidio, no sorprenderá que los talibán afganos conciban la Cultura cual si su índole fuera vírica, como la fiebre aftosa (glosopeda). Racismo, xenofobia serán entonces variantes del mismo impulso que nace del alma y renace en la piel. Del ADN al DNI. ¿Qué hacer? Un mundo sin Barreras.

GURIDI O COMO UN FRACASADO SE CONVIERTE EN ASESINO
Editorial El Mundo   4 Marzo 2001

La venganza, el odio, la rapiña, los celos, la envidia. El catálogo de motivaciones para quitar la vida al prójimo es muy extenso. Pero las razones que movieron a Iñigo Guridi, de 23 años, natural de Villabona (Guipúzcoa), a pegar cuatro tiros por la espalda a José Luis López de Lacalle el pasado 7 de mayo no tienen nada que ver con esos sentimientos o pasiones humanas que han provocado grandes dramas y que han inspirado sugerentes obras literarias.

Guridi no se parece al Raskolnikov que mata por avaricia que describe Dostoievsky ni al Macbeth de Shakespeare que deguella al monarca para conquistar el poder. Guridi, según aparece hoy retratado en Crónica por Alfonso Rojo, asesina por una combinación de estulticia y simpleza, que le hace especialmente apto para el oficio de matarife.

El verdugo de José Luis López de Lacalle, detenido la pasada semana en Zumárraga por la Ertzaintza, es una persona que se caracteriza por no haber hecho nada en la vida: fracasó en sus estudios, no ha viajado, se ha movido en un reducido círculo de personas, jamás ha leído un libro y nunca ha mostrado la menor inquietud intelectual. Guridi es un típico producto de su entorno: se formó en una ikastola de Villabona, una población especialmente afectada por la crisis industrial de los años 80, se hizó okupa, se aficionó al rock duro y a la bronca y pasó por Jarrai y la kale borroka antes de recalar en ETA.

Si alguien encarnaba los valores opuestos al asesino, era precisamente su víctima. López de Lacalle había militado en el PCE, había sido fundador de CCOO, había sufrido cinco años de cárcel por luchar contra el franquismo, era un hombre culto, tolerante, ávido lector de libros y periódicos.

Guridi jamás había leído una columna de López de Lacalle en EL MUNDO ni conocía su trayectoria personal y política. Pero no vaciló ni un segundo en disparar contra un hombre indefenso de 62 años aquel fatídico domingo de mayo porque cumplía órdenes. García Gaztelu, alías Txapote, detenido también en Francia hace pocos días, le había encomendado su ejecución. Era la primera vez que apretaba el gatillo.
Guridi, como otros muchos compañeros que le precedieron, actuó como se esperaba de él. Como la pieza de un engranaje. Y no sintió ni el más mínimo remordimiento, a juzgar por su confesión, tras matar a López de Lacalle.

ETA no quiere personas que piensen por sí mismas o se planteen dudas acerca de lo que está bien o está mal. Le interesan jóvenes como Guridi: que sepan disparar y sean obedientes. Con eso, basta. Hay diez, cien, mil guridis en el País Vasco que esperan la llamada de la organización armada. ETA ha dejado de reclutar personas para captar robots. En eso se ha convertido: en un ejército de estúpidos e ignorantes secuaces.

Campaña
ANTONIO GALA El Mundo   4 Marzo 2001

El lehendakari, cuya habilidad es dudosa pero cuya dependencia no, ha convocado una manifestación, partidista y espatarrada, para tres días antes de disolver el Parlamento. O sea, una machada: hacer corriendo lo que le ha traído sin cuidado antes. ¿Y para qué? Para reivindicar la palabra vida contra ETA, y para reivindicar la palabra diálogo contra PP y PSOE, es decir, los partidos demócratas. Hay un cierto olor ácido y sudoso a sotanas en todo esto; un tono hipócrita y melifluo que trata de impedir que se le vayan sus sufridos feligreses. Sacarse un as gastado de la manga no debe remediar sus malísimas jugadas. Ojalá los votantes lo comprendan. Y escupan.

Las alianzas
Por Jaime CAMPMANY ABC  4 Marzo 2001

Son varias las circunstancias que hacen de las elecciones vascas del 13 de mayo un encuentro especialmente dramático. Se va a luchar pueblo por pueblo, casa por casa, voto por voto. Será una lucha electoral y pacífica, aunque también hay quien participa en esas elecciones con tiros y bombas, y uno de los dos bandos se beneficia del terror y sale a la pelea con la ventaja de esas armas negras.

El pacto de Estella entre los nacionalistas demócratas con los asesinos del terror se ha producido ahora por primera vez. La aceptación de los votos de Euskal Herritarrok (Herri Batasuna) para la designación de lehendakari no tiene precedente. Las famosas declaraciones de Javier Arzallus sobre el árbol y las nueces y sobre la necesidad de que unos «arreen» para que otros negocien, aclaran sin lugar a dudas los objetivos y los métodos de este PNV. La pactada tregua-trampa fue una celada etarra no utilizada con anterioridad. La manifestación preelectoral convocada por Ibarreche que condena a los que mueren con el pretexto de condenar a los que matan no tiene precedente. La llamada a las urnas de Arzallus, más que un mitin electoral parece la arenga militar contra un ejército invasor.

Todas esas circunstancias son las que han convertido unas elecciones que debieran ser democráticas y pacíficas en un zafarrancho. Ya hemos sido advertidos: o se consiente la fragmentación de España y se entregan los objetivos de ETA, o habrá sangre para cien años. «Soberanismo es paz», dicen ellos, como si un soberanismo logrado por las bravas y con sangre no llevara en sí mismo el germen de la guerra. La situación nacida de todas esas circunstancias, que es nueva y extraordinaria, requiere respuestas también nuevas y también extraordinarias. Lo otro habría sido una rendición. Y las ha habido.

Frente a un nacionalismo desencadenado, decidido a todo y sin disfraz ni moderación alguna, los dos partidos constitucionalistas han pactado una alianza que parecería imposible en tiempos normales. Es lógico. Ya podemos tener la certeza de que mientras el PNV (este PNV, el de Arzallus y Eguibar) gobierne el País Vasco, ETA seguirá ordenando la estrategia política y llevando la iniciativa de la violencia. Frente a la amenaza a la integridad de la Nación y del Estado, ha surgido el pacto de Estado. La voz de Felipe González en contra de este entendimiento ha clamado en desierto. Nicolás Redondo se ha mantenido firme y Rodríguez Zapatero no ha cedido a la voz de quien quiere ser su amo.

Por su parte, José María ha enviado allí a Jaime Mayor Oreja. Como dice el pueblo, ha puesto toda la carne en el asador. La actitud firme de Aznar frente al nacionalismo desatado, los compromisos que ha logrado en el ámbito internacional y su estrecha alianza con Unidad Alavesa son otras tantas señales de que las urnas vascas pueden dar un vuelco significativo. Los nacionalistas responden a las alianzas con otras alianzas. El cisma que abrió la marcha de Carlos Garaicoechea con la creación de Eusko Alkartasuna ha sido recompuesto ahora para estas elecciones. Las dos formaciones irán unidas de nuevo. Ya se ensayó ese pacto en las municipales y no dio resultados apreciables. Pero en este trance ninguna posibilidad debe ser desdeñada.

Los nacionalistas aceptan incluso la ayuda y el apoyo de Izquierda Unida, gracias a ese pintoresco personaje llamado Javier Madrazo, que toma las indicaciones de la dirección nacional de su partido por el pito del sereno. Acaba de prestarle al PNV el frustrado servicio de proponer un referendo circunscrito a los límites del País Vasco. Y Arzallus ya ha amenazado con usar otra vez los votos de Euskal Herritarrok. Donde irá el buey que no are. Pase lo que pase el 13 de mayo, ya nadie podrá llamarse a engaño.

La Ertzaintza sancionó a un edil del PSOE por enfrentarse a una manifestación proetarra
El concejal hizo frente a los abertzales y la Policía le acusa de coaccionar la libertad de expresión
La Ertzaintza ha abierto un expediente sancionador contra el concejal del Partido Socialista en el Ayuntamiento de Bilbao Dimas Sañudo por salir a protestar contra una concentración que la organización Euskal Herria Euskaraz efectuaba ante la sede de su partido, según informó ayer a Efe el propio edil socialista. Sañudo dijo que la Policía Autónoma vasca le comunicó que había procedido de tal manera porque con su actitud «había coaccionado la libertad de expresión de los manifestados», lo que los socialistas han considerado como algo «absolutamente indignante».
Redacción - Bilbao .- La Razón  4 Marzo 2001

Los hechos sucedieron en la noche del viernes, cuando un grupo de miembros de Euskal Herria Euskaraz se concentraron ante la sede del Partido Socialista en Bilbao con una pancarta en la que se leía: «PSOE, asesinos del euskera». Este grupo ya había llevado a cabo concentraciones similares ante la sede socialista en otras ocasiones, y esta vez varios militantes del PSE -entre ellos su concejal y portavoz en el Ayuntamiento de Bilbao- decidieron salir a la calle, ante su sede, para mostrar su repulsa contra la protesta.

    Según explicó Sañudo, un miembro de la Ertzaintza se acercó a él y le comunicó la apertura de un expediente sancionador alegando que con su actitud «había coaccionado la libertad de expresión de los concentrados».

    El concejal socialista declaró ayer que «esto parece que es como el mundo al revés» y consideró que «no tiene sentido que los que llegan enfrente de las casas del pueblo amenazando vivan tan tranquilos sin que les pase nada y, posteriormente,-dijo- un mando de la Ertzaintza, seguro que políticamente mandado por quien manda en ese cuerpo diga que a quien hay que sancionar es a las personas que estábamos haciendo un acto pacífico de defensa de las libertades de la democracia y de nuestras casas».

    Para Sañudo, lo sucedido en la noche del viernes «es una aberración más de la histeria que en este momento tienen los nacionalistas» que, en su opinión, «una vez más demuestran que están más cerca de quienes apoyan a los violentos de que quienes defendemos la democracia».

    Por su parte, el secretario general del Partido Socialista de Vizcaya, Patxi López, calificó de «absolutamente indignante que los fascistas puedan venir a amenazarnos y coaccionarnos en nuestra propia casa y los socialistas salgamos a la puerta de la misma a defenderla y nos abran un expediente». «Tengo que decirle al señor Balza -agregó en referencia al consejero vasco de Interior- que va a tener que abrir expediente a todos los socialistas, porque en cuanto un fascista se nos ponga enfrente nosotros estaremos ahí para defender la libertad y la convivencia en este país».

Javier Rojo: “La autodeterminación traerá más víctimas”
Libertad Digital  4 Marzo 2001

El PSE descarta pactar con los partidos que defienden el derecho de autodeterminación, como recoge el acuerdo de coalición entre PNV y Eusko Alkartasuna, según aseguraron este sábado el presidente del PSE de Álava, Mario Onaindía y el secretario general de los socialistas alaveses, Javier Rojo.

Javier Rojo apostilló que la autodeterminación "traerá más víctimas, evidentemente del mismo lado, que siempre lo ponemos nosotros, los que defendemos la Constitución y el Estatuto, y eso es lo que al nacionalismo le debería de preocupar". Añadió el político socialista que "lo que tiene que apostar el nacionalismo de una vez es por la democracia y por la libertad, debería sentir como suyas las víctimas que tenemos los demás".

El secretario de los socialistas alaveses agregó que veía lógica la coalición PNV-EA "porque lo que les aglutina es la nómina, dicen lo mismos, son los mismos, no hay caras nuevas ni proyecto, es sólo cuántos consejos de Administración nos seguimos repartiendo". Ante la posibilidad de que PNV-EA sea la fuerza más votada pero no gobierne, Rojo recordó que tras las elecciones de 1986 el PSE sacó más escaños (19) que el PNV (17), y no tuvo lehendakari "y no nos tiramos al monte. Gobierno tiene aquel que suma más parlamentarios, eso es la democracia".

Rojo opinó que las elecciones se convocan "desde el fracaso político. Los nacionalistas nos dicen que la receta es más Lizarra, más independencia, más exclusión", por lo que la sociedad "debe apostar por el cambio, que es obligado". Los socialistas "queremos liderar esta comunidad contra el fascismo y por la libertad, queremos cambiar la educación, la televisión, la policía, porque Javier Balza ha sido el peor consejero de Interior de la historia, ha tenido todo en sus manos y ha sido el que menos ha hecho en la lucha contra el terrorismo".

Rojo criticó además la convocatoria de manifestación del lehendakari Juan José Ibarretxe para el día 10 en Bilbao, señalando que "me recuerda a Nerón tocando la lira, mientras ardía Roma, y al final la culpa la tienen los cristianos. Es una manifestación patética y despreciable. Por la vida y el diálogo (el lema) es un desprecio a las víctimas".

Por su parte, Mario Onaindía apostilló que el nacionalismo "se inventó el acuerdo de Estella, que trata de conseguir por las vías legales las reivindicaciones totalitarias y antidemocráticas de ETA, y ante el fracaso, PNV y EA no tienen otra salida que sembrar el miedo, en cuestiones ante las que los vascos somos sensibles como el autogobierno y el euskera".

Arrojan explosivos contra la sede del periódico «El Correo Español» en Bilbao
Madrid. Agencias ABC 4 Marzo 2001

Una «lluvia» de artefactos, al parecer «cócteles molotov», hicieron explosión esta noche contra una de las fachadas de la sede del periódico «El Correo Español» en Bilbao, en un atentado en el que no ha habido daños personales, si bien ha provocado numerosos focos de fuego.

Un portavoz de este periódico informó de que la «lluvia» de explosivos se produjo sobre las 22.35 de esta noche, en que desconocidos arrojaron los mencionados artefactos contra la fachada trasera del diario.

Fuentes de la Ertzaintza refirieron que los explosivos se estrellaron contra unos ventanales que dan a la redacción del periódico, en la que en esos momentos se encontraban trabajando unas 40 personas del diario, sin que ninguna de ellas resultara herida.

Precisaron además estas fuentes que la Policía Autónoma vasca no había efectuado ninguna detención en relación con este atentado y agregaron que pasada la medianoche efectivos de este cuerpo de seguridad y dotaciones de Bomberos permanecían en la sede del periódico.

Los explosivos, según el portavoz del Correo, fueron arrojados contra los ventanales de esa zona del inmueble, situada cara a un descampado, y que algunos de ellos exploraron contra las ventanas y los toldos que hay en ellas y que, al incendiase, provocaron varios focos de fuegos.

Fueron los propios trabajadores de la redacción y de los servicios de seguridad de «El Correo Español» los que, en un primer momento, tuvieron que sofocar las llamas que prendieron en los toldos, con los extintores que había dentro de las instalaciones del periódico.

Según este portavoz, los artefactos incendiarios no llegaron a entrar en el edificio y sólo uno de ellos dio directamente contra una ventana cuya cristalera quedó destrozada.

Agregó esta fuente informante que los explosivos han tenido que ser impulsados por algún mecanismo que sirviera de «cohete» para que pudieran acceder hasta esa zona, que está a una altura equivalente aproximadamente a un segundo piso.

Quienes perpetraron el atentado, precisó la misma fuente, debieron situarse en el descampado y arrojar los cócteles con alguna «lanzadera».

Algunos de los explosivos, que cayeron casi a la vez en forma «de lluvia» quedaron inactivos empotrados entre el enrejado de verja de protección.

Cerca de la medianoche artificieros de la Policía autónoma vasca y Bomberos trataban de retirar o explosionar los artefactos que no se activaron y que han quedado enganchados en unas verjas que protegen el entorno del edificio, según las fuentes del diario.

Arzalluz enmascara su radicalismo para atraerse el voto moderado y acercarse al PSE
MADRID. Mariano Calleja ABC  4 Marzo 2001

Ni Pacto de Estella ni soberanía. El presidente del PNV, Xabier Arzalluz, ya ha anunciado que no es partidario de hablar de independencia en el programa que su partido presentará para las elecciones del 13 de mayo en el País Vasco. Nunca lo ha hecho y no lo va a hacer ahora. Arzalluz se dispone a arriar su bandera extremista para captar el voto de los moderados y propiciar el acercamiento de los socialistas vascos.

A nueva campaña, vieja estrategia. Una vez más se repite la historia. Cuando se acercan unos comicios autonómicos vascos, los dirigentes del PNV muestran su mejor cara, suavizan su acentuado talante soberanista y moderan su discurso dejando de lado las tesis independentistas más radicales en beneficio de otro mensaje algo más moderado: el del «derecho a la autodeterminación». Se trata de no espantar a sectores del electorado que huyen de los extremismos y, sobre todo, de dejar puertas abiertas a eventuales acuerdos postelectorales... incluso aunque sea con fuerzas constitucionalistas. Son los dos PNV, el de antes de las urnas y el de después.

Marzo de 1980. Primeras elecciones autonómicas en el País Vasco. Los ciudadanos acuden a las urnas con una mezcla de hastío y aburrimiento. Según cuenta la crónica de ABC del día de los comicios, «la noticia, a falta de otras políticas, es la lluvia. Si algo se detecta aquí es bastante aburrimiento. Al cabo de muchos días preelectorales, el ciudadano de a pie, que vive su séptima convocatoria electoral en poco más de tres años, está más bien harto». Lo cierto es que faltaba algo. En aquella primera campaña electoral, apenas si participó Xabier Arzalluz, presidente en Vizcaya de un PNV sumido en una enorme división interna, con Carlos Garaikoetxea como candidato a lendakari.

EXTENSO CURRÍCULUM VERBAL
Arzalluz tiene un extenso currículum verbal, repleto de declaraciones racistas y radicales, con un punto de partida destacable: el 27 de diciembre de 1978. Aquel día declaró que el cabecilla de ETA «Argala» se había «entregado a una causa que también es la nuestra». Las cartas quedaron descubiertas, aunque siempre trató de ocultarlas cuando el voto de los ciudadanos estaba en juego.

Así, durante la campaña de aquellas primeras elecciones, Arzalluz eludió todo exabrupto y se dedicó a exigir el desarrollo del Estatuto de Guernica. En referencia al terrorismo, explicaba: «Nuestro camino está en busca de la paz, y para ello no hace falta el uso de las armas. La lucha contra el terrorismo se hace con las armas de la paz, del trabajo».

Era cuestión de tiempo... y de votos. Tras asegurarse el poder en Vitoria, a finales de 1981 no dudó en echarse al monte: «Somos conscientes de que nuestra lucha será larga. Si quieren pararnos tendrán que venir como en el 36, no con la LOAPA y otras cosas, sino con las armas. Pero si vienen con las armas se les estropearía el invento».

Con las elecciones de 1984, Arzalluz volvió a ofrecer su cara más moderada. El presidente del PNV dedicó sus ataques verbales al Gobierno socialista y a sus millones de votantes: «Los 800.000 puestos de trabajo prometidos por el PSOE serán puestos de jardineros para regar a los diez millones de capullos que votaron a los socialistas», dijo en un mitin. En sus mensajes y en el programa del PNV no había ni un atisbo de exigencia de independencia.

Con el poder asegurado, Arzalluz culpó reiteradas veces a determinados sectores de Madrid de estar interesados en que ETA no desapareciera. Según su manera de razonar, con el terrorismo tendrían una coartada para establecer un mayor control sobre el País Vasco.

Pero los problemas de Arzalluz estaban en casa. La división del PNV obligó al lendakari Ardanza a adelantar los comicios autonómicos al 30 de noviembre de 1986. La aparición de un nuevo partido, Eusko Alkartasuna, liderado por Garaikoetxea, convertirá la campaña en una pugna por el voto de los nacionalistas moderados. No era de extrañar que el presidente del PNV, quien «olvidó» una vez más hablar de independencia, dedicara sus mayores ataques al candidato de EA: «Es impensable un pacto con Garaikoetxea, porque él va de caudillo y nosotros no marchamos con ese tipo de gente».

EL EJÉRCITO Y ETA
Los esfuerzos de Arzalluz por parecer moderado se hacían añicos con declaraciones como esta: «La penúltima vía de Madrid para dominar a los vascos ha sido y es la economía. La última, las armas». Tampoco esta vez tuvo reparos para insultar a los votantes del PSE, a los que llamó «locos». El presidente del PNV repartía sus ataques entre Garaikoetxea y los socialistas y llegó a decir en un mitin que el presidente del Gobierno, Felipe González, se iba a Cuba «de puticlub en puticlub».

Las elecciones de octubre de 1990 volvieron a bajar el tono de las diatribas de Arzalluz. En un mitin en Anoeta, criticó abiertamente los obstáculos de HB para la pacificación, aunque su diana preferida seguían siendo los socialistas. Lo más salido de tono que se le podía oír tenía que ver con la reivindicación de mayor autonomía ante Europa. En uno de sus mítines, declaró solemnemente: «Nunca aceptaremos un Gobierno sometido a ETA». La mesura de Arzalluz en época electoral tenía su más fiel exponente en el candidato del PNV, José Antonio Ardanza: «A los nacionalistas no nos interesa ya de dónde ha venido cada cual, sino a dónde queremos ir todos juntos».

Con el pastel electoral repartido, Arzalluz volvió donde solía. «El problema existe desde que nos privaron de la soberanía por las armas», dijo en 1991, y unos meses antes de las elecciones de 1994 manifestó: «Hablan mucho de ETA, pero ellos tienen un artículo 8 de la Constitución, hecha precisamente para rojos y separatistas, en el que confían la unidad de su patria, de su concepto de patria territorial, al Ejército, a las armas y a la violencia».

ROBAR AL ESTADO
A tumba abierta hacia el radicalismo, el 3 de abril de 1994 señaló: «Que no vengan diciendo que sin la violencia se puede defender cualquier cosa, porque luego resulta que cuando defendemos algo que viene de nuestra propia libertad se nos echan todos encima». «Tenemos derecho a robar al Estado 3.500 millones que nos quitó Franco». Arzalluz estaba embalado. Quedaban 20 días para las elecciones del 23 de octubre de 1994, las quintas autonómicas en el País Vasco, y todavía no había pisado el freno: «El pueblo vasco puede elegir formar parte o no del Estado español». Lo novedoso no es que defendiera la autodeterminación, sino que lo hiciera en precampaña. A estas alturas, Arzalluz todavía se preguntaba «¿cómo se come eso del Estado de las autonomías?» y proclamaba su no lealtad a la Constitución.

VASCOS EN LA LITERATURA
Metido en campaña, Arzalluz sustituyó su discurso extremista por insultos a algunos de sus adversarios: «Julio Anguita es un pobre leninista dogmático», «Jáuregui gobierna por fax a las órdenes de Madrid» y cosas así. Pero la careta le quedaba grande y se le caía una y otra vez, dejando al descubierto su verdadero rostro: «Prefiero a un “negro negro” que hable euskera a un blanco que lo ignore». «Somos una raza, una lengua, un pueblo, una voluntad y queremos un Estado Vasco». El presidente del PNV achacó al Gobierno y no a ETA la falta de inversiones extranjeras en el País Vasco y declaró que «abandonar la autodeterminación sería renunciar a la libertad», aunque esta vez tampoco estaba incluida en el programa electoral.

Arzalluz estuvo especialmente inspirado en la campaña del 94. Una cita para su peculiar currículum: «Nunca encontraréis vascos míseros en la literatura de aquí, ni granujas como hay tantos en la literatura castellana, pícaros que están a ver cómo engañan al de al lado». En vísperas electorales, Arzalluz se replegó ante las alusiones de Aznar a la unidad de España y subrayó que no veía probable «una disgregación de España en un tiempo previsible».

El mensaje radical alcanzó su cima más alta a partir de 1996. Primero invitó a los jueces que no supieran euskera a que abandonaran el País Vasco: «La Justicia es ancha y España también». Llegó a excusarse por hablar en castellano, «la lengua de Franco» y, ya en 1997, soltó una de sus ocurrencias más racistas, al hablar del RH negativo de los vascos. Poco después afirmó en un documento que «unos sacuden al árbol para q

IRÈNE STOLLER FISCAL FRANCESA ANTI-ETA 'Francia conoce a ETA mejor que España'
Irène Stoller, fiscal jefe de la Sección Antiterrorista francesa, es la persona que mejor conoce a ETA en toda Francia. En los últimos trece años ha leído los cargos a no menos de 200 activistas. En su opinión, 'no hay en toda Europa una organización tan sanguinaria como ETA'.
JOSÉ LUIS BARBERÍA El País   4 Marzo 2001

Irène Stoller, fiscal jefe de la Sección Antiterrorista francesa, es la persona que mejor conoce a ETA en toda Francia. En los últimos trece años ha leído los cargos a no menos de 200 activistas. En su opinión, 'no hay en toda Europa una organización tan sanguinaria como ETA'.

Esta mujer de mirada franca, risa fácil y carácter fuerte -'hay que tenerlo', dice, 'para poder hacer frente a los insultos y a las amenazas de muerte' es, seguramente, la persona que mejor conoce a ETA en toda Francia. Desde que se integró en la Sección Antiterrorista, hace ya 13 años, ha leído los cargos a no menos de 200 activistas, investigado sin descanso la estructura organizativa francesa de ETA y asistido a todas y cada una de las grandes caídas y a los arrestos de los máximos dirigentes etarras. Irène Stoller es una mujer altamente protegida que contribuye en lo posible a no alimentar la ficha que lleva su nombre en los archivos de ETA. Aunque su rostro tiene que resultarles forzosamente familiar a los activistas condenados, la fiscal jefe de la Sección Antiterrorista se niega a responder a nada que traspase la barrera de su vida privada.

'El gran debate es si ETA golpeará o no en territorio francés. Sabemos, por la documentación incautada, que lo han discutido seriamente y que unos están a favor de hacerlo y otros en contra', afirma, en sus primeras manifestaciones a un medio de comunicación. La fiscal francesa que durante años formó pareja judicial con la juez Laurence Le Vert nunca creyó en la tregua establecida por ETA. 'Tengo la costumbre de escuchar lo que dicen los procesados en los juicios y de leer lo que escriben, y le aseguro que no había nada en su actitud que animara a pensar en una mínima distensión. Sí, ya sé que en España mucha gente pensó que esto era el final, pero esa convicción no llegó nunca a asentarse aquí', indica, señalando el despacho que ocupa en el Palacio de Justicia de París.

Con una media sonrisa marcada, Stoller no desaprovecha la ocasión de destilar algo de su ironía: 'Quizá conozcamos a ETA mejor en Francia que en España', añade, antes de admitir sin ambages que, pese a la evolución clara que se detecta en este terreno, 'la sociedad francesa sigue sin estar muy informada de la realidad del terrorismo vasco' y señalar que algunos importantes medios de comunicación han mostrado hasta hace bien poco 'cierta complacencia'.

Nació en París hace seis décadas y tiene fama de trabajadora concienzuda y tenaz. A estas alturas, la magistrada francesa máxima especialista en ETA se pregunta si existe una solución policial para el terrorismo vasco, pero con mayor énfasis se interroga igualmente sobre la existencia de una solución política. 'Yo voy más lejos todavía: me pregunto si existe simplemente una solución, porque no dude usted que esta organización, que funciona internamente como secta, con sus jefes convertidos en gurus, no parará voluntariamente hasta alcanzar su objetivo de la independencia. Ellos me lo han expuesto muchas veces: tenemos una lengua ancestral, somos, por tanto, un pueblo, seremos un Estado'.

Dice que no comparte los reproches españoles, tan frecuentes sobre todo años atrás, que atribuyen a Francia un interés relativo en la lucha antiterrorista. 'No sólo dedico mi horario laboral, sino también una gran parte de mi tiempo libre a la investigación contra ETA, que es un trabajo de hormigas, de pasar muchas horas leyendo informes y pensando en las vías de investigación. Lo que ocurre', explica, 'es que, al contrario que mis colegas de la Audiencia Nacional española y de los propios efectivos policiales franceses especializados en el combate contra ETA, nosotros, los magistrados antiterroristas franceses, no hemos sido reforzados y carecemos de los medios necesarios. Sólo somos cuatro en la Fiscalía y otros cuatro en la Instrucción para ocuparnos de todo lo relacionado con el terrorismo islámico, corso, bretón y vasco'.

A su juicio, las diferencias que a veces surgen entre los magistrados de ambos países, fundamentalmente por el trasvase de documentación operativa, hay que achacarlas exclusivamente a las reglas muy estrictas -'y cada vez más', dice- del procedimiento penal francés. 'Nuestros colegas españoles quisieran tener rápidamente en sus manos la documentación incautada para poder actuar con eficacia, pero nosotros estamos obligados a respetar el procedimiento y a precintarlos y guardarlos, porque si la Cámara de Apelación detecta la mínima irregularidad anula el caso y pone en las calle a los acusados. Y no creo', añade, 'que eso haría muy felices a nuestros amigos españoles'. Personalmente, está a favor de todo lo que agilice la colaboración judicial entre los Estados de esa Europa judicial 'todavía por crear'.

Miembro de la conservadora Asociación Profesional de la Magistratura francesa -'aunque no militante, eh'-, Irène Stoller aterrizó en la cuestión vasca por casualidad. 'No lo busqué, no, no fue precisamente una elección', comenta. Simplemente, le cayó en suerte cuando se incorporó a la Sección Antiterrorista después de ejercer de secretario judicial.

En lo que se refiere a ETA y a sus dirigentes detenidos, la magistrada distingue perfectamente las diferentes personalidades individuales que han marcado cada época y las fases de evolución de un grupo terrorista al que ahora considera desestructurado. 'ETA es más agresiva, ahora van contra cualquiera, pero esta agresividad y esta desestructuración responden seguramente a su propia debilidad. Ya no hay fases: comando de información, comando legal, nuevo cursillo de adiestramiento y comando ilegal; ahora reclutan a los jóvenes, les enseñan algunas cosas y les mandan a asesinar; tal cual'.

Stoller se muestra muy sorprendida por el hecho de que García Gaztelu, Txapote, haya sido detenido en la terraza de un restaurante. 'Nunca un gran jefe de ETA había sido sorprendido tan al descubierto', indica. Por lo demás, la ETA asentada hoy en Francia: la dirección, los comandos de reserva, los enlaces, los expertos en explosivos siguen, según ella, más o menos las pautas de sus predecesores. 'Los jefes se desplazan un poco por toda Francia. Ponen sus citas internas en Toulouse y Burdeos preferentemente y hacen sus compras de armas y elementos para las bombas en París. El resto de los activistas limita mucho más sus movimientos y se oculta sobre todo en Las Landas', señala.

Después de tantos años de forzado contacto con el mundo del terrorismo vasco, Stoller no ha conseguido todavía entender las razones que llevan a matar con tanta saña a individuos que viven en una democracia y disfrutan de una autonomía amplísima. 'No hay en toda Europa una organización tan sanguinaria como ETA', subraya. A la juez le resulta difícil entender cómo se puede pretender la independencia en pleno proceso de construcción europea, pero lo que más le sorprende es la excelente buena conciencia que aparentan tener los asesinos. 'Supongo que tiene que ver con el aleccionamiento que reciben en sus casas. Ellos traen a los juicios a sus hijos, les enseñan que el enemigo es España y luego es mucho más fácil meterlos en la kale borroka y reclutarlos para ETA'.

No lejos ya de la jubilación, Stoller sueña ahora con recuperar el tiempo de ocio perdido en estos años 'tan duros', recuperar los libros, las películas, el teatro -'nada de películas policiacas, eh', dice entre carcajadas- y, sobre todo, viajar como turista, preferentemente a España, 'un país que me fascina por la alegría que se percibe, la forma de comunicarse, tan diferente', dice, 'a la vida en París'.

Mayor quiere liderar la «rebelión» contra las «trampas» nacionalistas
J. V. M. BILBAO El Correo 4 Marzo 2001

El candidato del Partido Popular a lehendakari, Jaime Mayor Oreja, aseguró ayer que después de «20 años de miedo» se ha desatado en Euskadi «una rebelión social» contra ETA y «las estrategias tramposas» de los nacionalistas. «Ahora hay más personas que se atreven a decir lo que no decían hace años», subrayó, tras indicar que su principal preocupación es «representar ese movimiento profundo de cambio y de alternativa».

En declaraciones a la ‘Cadena Ser’, el ex ministro de Interior dijo que no contempla una derrota electoral «como guión de candidato» y, en línea con su habitual argumentación, afirmó que si continúan vigentes los principios del Pacto de Lizarra, el País Vasco «terminará fragmentándose». En Euskadi, concluyó, «hace falta un Gobierno con mayor beligerancia contra el terrorismo, que desde el primer momento vaya a declarar la batalla frontal contra él».

Por su parte, Javier Arenas desde Madrid y Ramón Rabanera y Carmelo Barrio desde Álava coincidieron en considerar que el pacto electoral alcanzado por PNV y EA significa por un lado la demostración de que el nacionalismo es consciente de su «debilidad» y de que «por primera vez podemos ganar las elecciones»; y, por otro, supone «la alternativa del soberanismo y de la búsqueda de la independencia». En consecuencia, el secretario general de los populares apuntó que el 13-M «los vascos van a tener que optar entre esa alternativa y la que proponemos nosotros, que es la de la libertad».

El diputado general alavés, quien participó en Llodio junto al lehendakari Ibarretxe en la inauguración del nuevo Ayuntamiento del municipio, afirmo que el pacto de coalición entre los dos partidos del Gobierno vasco «significa más Lizarra que nunca». Por ello, Rabanera exigió a PNV y EA que «no intenten engañar al pueblo vasco mostrando una ambigüedad de la que no se han apartado y que sean tan sinceros como lo van a ser el PP y UA: apoyamos el Estatuto, la Constitución, el Estado de Derecho, la libertad y la democracia para todos, incluidos los nacionalistas moderados y democráticos».

Los populares confían en atraer el voto «del hartazgo y el descontento» de los militantes nacionalistas, según el coordinador de organización del partido, Pío García Escudero.

El PSOE da un portazo al pacto con el PNV por pedir la autodeterminación
EA anuncia un programa soberanista conjunto y Arenas dice que será «más Estella»
El acuerdo al que han llegado el PNV y EA para concurrir de manera conjunta en las elecciones del País Vasco del 13 de mayo recoge que ambos partidos trabajarán para defender el derecho de autodeterminación, según anunció ayer la presidenta de EA, Begoña Errazti. La inclusión de este punto como prioridad de ambas formaciones nacionalistas de cara al futuro generó la reacción inmediata del PSE-EE, que anunció que no llegará a acuerdo alguno con partidos que defiendan la autodeterminación.
Redacción - Vitoria /Madrid .- La Razón 4 Marzo 2001

El texto del acuerdo, según anunció Errazti en rueda de prensa, no fue adelantado ayer porque se presentará públicamente en un acto conjunto que celebrarán próximamente el PNV y EA. No obstante, la presidenta de Eusko Alkartasuna sí que quiso dejar bien claro que en el acuerdo, calificado por la dirigente nacionalista como de «coyuntural para una situación marcada por la agresión del nacionalismo español», se recoge la voluntad de luchar por el derecho de autodeterminación del País Vasco así como el nombre con el que se presentará la coalición: «Eusko Abertzaleak» (Nacionalistas Vascos).

    «No se olvide que hay dos documentos, uno del PNV, el “Ser para decidir” publicado hace unos meses, y otro de EA, “Hacia un nuevo marco jurídico”», apostilló Errazti. Para la presidenta de EA, el reconocimiento del derecho de autodeterminación «evitaría muchísimos problemas en nuestro país».

    El todavía «lendakari», Juan José Ibarreche, también dio sus bendiciones al acuerdo, del que dijo pretende ser «un proyecto que va a liderar este país».

    El mensaje de unidad transmitido por los nacionalistas vascos fue inmediatamente respondido desde el PSE-EE. Los socialistas, de los que se insinúa que podrían llegar a un pacto poselectoral con el PNV, se apresuraron a cerrar esta posibilidad, máxime después de que los nacionalistas anunciasen los términos de su acuerdo. Según anunció el presidente del PSE en Álava, Mario Onaindía, los socialistas no están dispuestos a negociar con partidos que defiendan la autodeterminación. Su compañero Javier Rojo, secretario general de los socialistas alaveses, fue más crudo y dijo que este planteamiento «traerá más víctimas» de los que defienden la Constitución y el Estatuto.

    Javier Arenas, secretario general del PP, afirmó que el acuerdo «significa la alternativa del soberanismo, la alternativa de Estella y la alternativa de la independencia».

Vecinos y autoridades navarras exigen en las calles de Cintruénigo el fin de ETA
El subteniente Casanova, asesinado en agosto en Berriozar, ascendido a título póstumo
PAMPLONA EL CORREO 4 Marzo 2001

Cerca de 2.000 vecinos de Cintruénigo, acompañados por las primeras autoridades de la comunidad foral, recorrieron ayer las calles de la localidad navarra para pedir el fin de ETA y reclamar paz y libertad. La manifestación había sido convocada el pasado jueves en un pleno extraordinario celebrado en el Consistorio cirbonero un día después de que las Fuerzas de Seguridad del Estado desactivaran un artefacto que ETA había colocado el pasado noviembre en una vivienda donde residió un agente de la Guardia Civil.

La Corporación municipal participó en la marcha acompañada por los presidentes del Gobierno y del Parlamento foral, varios consejeros del Ejecutivo, la Defensora del Pueblo así como los líderes de UPN, PSN y del sindicato UGT. También asistió, visiblemente emocionado, Carlos Buñuel, un agricultor que el 29 de julio de 1989 sufrió graves heridas, entre ellas la amputación de una pierna, al pisar una bomba lapa que ETA había colocado en las inmediaciones de la casa cuartel de la Guardia Civil en Cintruénigo.

Sin «medias tintas»
Así, el alcalde, Faustino León (UPN), recordó que no es la primera vez que la banda actúa en la localidad «con sus métodos de barbarie para imponer sus tesis, que no son admitidas en esta tierra». «Cintruénigo ha salido a la calle para gritar con su presencia a ETA, y a quienes la jalean o disculpan, que ponga fin a todos los actos terroristas falsamente utilizados como medio de resolución de conflictos políticos cuando sólo buscan aterrorizar e imponer la dictadura del miedo», destacó León. El regidor interpretó asimismo la marcha como una exigencia a los partidos para que abandonen «las medias tintas en busca de la ventaja política» y como agradecimiento «a las FSE por sus desvelos y sacrificios en la lucha contra ETA».

Por otra parte, el Consejo de Ministros acordó el ascenso a suboficial mayor, a título póstumo, del subteniente del Ejército de Tierra Francisco Casanova, asesinado en agosto en Berriozar.

El CGPJ frena la pretensión de Ibarreche de imponer el euskera en la Justicia
Dice que la lengua puede ser un mérito, pero no un requisito
El Poder Judicial rechaza tajantemente la pretensión del Gobierno vasco de imponer el euskera para la mayoría del personal que ingrese en la Administración de Justicia para desempeñar funciones de agentes, oficiales y médicos forenses. En el informe de la Comisión de Estudios del Consejo General del Poder Judicial se afirma que las lenguas oficiales pueden tenerse en cuenta como mérito, pero no como «requisito necesario».
F. Velasco - Madrid .- La Razón  4 Marzo 2001

El Departamento de Justicia del Ejecutivo vasco remitió al Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) el proyecto de decreto de medidas para la normalización lingûística de la Administración de Justicia en el País Vasco, para que emitiesen el correspondiente informe. El objetivo del Gobierno autónomo es «establecer los criterios para la asignación de perfiles lingûísticos -que operaría como «requisito esencial»-en las plantillas de los cuerpos de agentes, auxiliares y oficiales» de justicia y de médicos forenses, para determinar el porcentaje de plazas que deben ser ocupadas por euskaldunes.

    El informe elaborado por la Comisión de Estudios del CGPJ, que será debatido el próximo miércoles por el Pleno, analiza dos cuestiones principales. Por un lado, la obligatoriedad del conocimiento del euskera para la cobertura de plazas en la Administración de Justicia en el País Vasco y, por otro, la concreción de los perfiles lingûísticos de jueces y magistrados en el marco de los convenios de normalización lingûística.

    Sobre la primera cuestión, el informe alude a que el CGPJya se ha expresado en favor de la normalización lingûística en el ámbito de la Administración de Justicia, «normalización cuyo contenido debe dirigirse, ante todo, a la efectividad del derecho a comunicarse y ser respondido en la lengua oficial elegida por el ciudadano, y a que el proceso se desenvuelva en la lengua que resulte más adecuada al buen fin de la justicia».

    Por ello, reitera la Comisión de Estudios en su informe, el CGPJ «no es ajeno a la necesidad de implementar progresivamente la efectiva utilización de las lenguas autonómicas en el ámbito de la Administración de Justicia».

    Sin embargo, se destaca que en materia de funcionarios al servicio de la Administración de Justicia existe una normativa estatal básica, fundamentalmente contenida en la Ley Orgánica del Poder Judicial y en los Reglamentos orgánicos de los respectivos Cuerpos de carácter nacional, «que ha de ser rigurosamente observada».

    Así, las comunidades autónomas con competencias asumidas en materia de Administración de Justicia pueden, «sin sobrepasar los márgenes establecidos en la normativa estatal», dictar las normas que consideren oportunas para conseguir adatar «la estructura de la oficina judicial a las necesidades cambiantes de la sociedad actual».

Inviabilidad legal
Entrando en el fondo de esa cuestión, la relativa al conocimiento del euskera para el desempeño de determinados puestos de trabajo, el informe concluye al respecto que «los conocimientos específicos de euskera habrán de valorarse como mérito en los concursos de traslados conforme a lo dispuesto en el artículo 471 de la LOPJ, pero no como presupuesto indispensable o condición técnica para poder optar en concurso a una determinada plaza».

    En todo caso, añade el texto, «la actual inviabilidad legal de exigir el conocimiento del euskera como requisito » para cubrir esas plazas «no excluye la posibilidad de que el citado conocimiento pueda articularse como mérito, con diferente intensidad en función de las necesidades concurrentes, dentro del respeto a las previsiones legales en vigor».

    En lo que se refiere a los perfiles lingûísticos de jueces y magistrados en el marco de los convenios de normalización lingûística, la Comisión de Estudios considera «adecuado» el nivel indicado en el texto del convenio, «o incluso el nivel inmediatamente anterior, puesto que se trata de la primera experiencia de aplicación de esta normativa».

    Por otro lado, se refiere también a cuestiones relacionadas con el «protocolo institucional». Así, se considera que, desde una perspectiva «estrictamente formal», no parece «especialmente correcto» que la comunicación enviada por el Gobierno vasco al CGPJ, en petición del correspondiente informe, «aparezca remitida por el Director de Estudios y Régimen Jurídico del Departamento de Justicia, Trabajo y Seguridad Social».

    Hubiese sido más conveniente, añade el informe, que el citado oficio «viniera suscrito por la máxima autoridad del Gobierno vasco, en correlación con la posición institucional» del presidente del CGPJ, «como máxima autoridad judicial de la Nación».
 

Grandes remedios
Editorial El Correo   4 Marzo 2001

Tanto el nacionalismo democrático como el centro-derecha constitucionalista han decidido concurrir a las elecciones del próximo 13 de mayo en las mejores condiciones, apurando al máximo sus posibilidades. La coalición pre-electoral entre PNV y EA por un lado y el compromiso alcanzado entre el PP y UA por el otro demuestran que estamos ante unos comicios cruciales. Se da la circunstancia de que los protagonistas de ambos acuerdos son formaciones que comparten tareas de gobierno, siendo además los dos socios menores (EA y UA) fruto de escisiones del PNV y del PP en la década de los ochenta. Ello hace que ambas coaliciones constituyan un hecho natural, incluso largamente esperado por las bases de los respectivos partidos. Pero precisamente por eso, porque parecen inevitables, es también posible que resulten incapaces de generar la ilusión o la expectación que estas mismas fórmulas hubiesen suscitado en anteriores comicios. La vindicación de la coalición PNV-EA como nueva fórmula para un «tiempo nuevo» por parte del lehendakari Ibarretxe supone una lectura marcadamente voluntarista del único logro político que él mismo puede ofrecer a la ciudadanía: haber convertido la coalición del Gobierno que preside en listas conjuntas. Por su parte, tampoco es probable que de producirse una «movilización espectacular» del voto alavés a favor de la fórmula PP-UA sea -tal como ha vaticinado Pablo Mosquera- por el hecho mismo de la coalición.

Fueron las palabras de Carlos Garaikoetxea -«a grandes males, grandes remedios»- las que ya hace semanas pusieron a los informadores sobre la pista de lo que ha dado lugar al acuerdo PNV-EA. Tras la experiencia -no del todo satisfactoria- de haber conformado listas conjuntas para las últimas elecciones locales y forales, las dos formaciones del nacionalismo democrático llevan tiempo sorteando el problema de su unidad, sin atreverse nunca a afrontarlo abiertamente. Esta cuestión fue, en buena medida, la protagonista del último congreso de Eusko Alkartasuna. Y las resistencias de la oficialidad de dicho partido para contemplar siquiera como hipótesis la unidad orgánica con el PNV o, por lo menos, el establecimiento de un compromiso semejante a CiU, parece que han vuelto a postergar la cuestión de forma enormemente comprometida para el propio PNV. Como ya ocurriera ante los comicios municipales, EA parece haberse asegurado mayor presencia parlamentaria de la que sería previsible en el caso de presentarse en solitario. A partir de ahí, e independientemente de la retórica que contemple el acuerdo programático suscrito por ambos partidos, no será fácil que el PNV pueda adoptar decisiones en el terreno de las alianzas sin contar con la anuencia expresa de Eusko Alkartasuna. Es más, en la medida en que la coalición pre-electoral trata de optimizar la capacidad de arrastre que puede tener el nacionalismo democrático respecto a sectores de la izquierda abertzale incomodados por la dictadura de ETA, la operación supone el escoramiento del nacionalismo democrático en su conjunto hacia el lado opuesto al entendimiento inmediato con el no nacionalismo.

Por otra parte, el acuerdo alcanzado entre el PNV y EA asume el requisito impuesto por el partido que preside Begoña Errazti para constituir grupo parlamentario propio tras la constitución de la Cámara. Este hecho puede introducir una doble anomalía en el funcionamiento de las instituciones y en el desarrollo de los acontecimientos políticos. En primer lugar, porque esa decisión implica un fraude de imposible justificación democrática. Los reglamentos de las distintas cámaras legislativas en España vinculan la constitución de un grupo parlamentario propio al logro previo de los sufragios populares a favor de unas determinadas listas. Desde ese punto de vista, una cosa sería que una eventual reforma del reglamento del Parlamento -que está pendiente desde hace tres legislaturas y que, en cualquier caso, requeriría el más amplio consenso- llegase a contemplar la eventualidad de una crisis interna capaz de cuartear un determinado grupo parlamentario hasta dar lugar a dos o más grupos de parlamentarios surgidos de una misma lista electoral, y otra muy distinta es que dicha eventualidad se prevea como compromiso dentro de un pacto cerrado antes de que ni siquiera se hayan convocado los comicios. En segundo lugar, porque si uno de los objetivos fundamentales de la coalición pre-electoral es convertirse en la candidatura más votada, esta cláusula del contrato podría contravenir tal condición hasta el punto de que, aun en el caso de que las listas PNV-EA obtuvieran más votos y escaños que ninguna otra, el acuerdo previo de dar lugar a dos grupos parlamentarios podría llevar a cualquiera de las formaciones restantes a cuestionar la preeminencia de ese primer puesto a la hora de tomar la iniciativa de cara a la formación del próximo Gobierno vasco.

Obligadas coaliciones
KEPA AULESTIA El Correo  4 Marzo 2001

En la política vasca nadie es dueño de su destino; las circunstancias imponen a cada cual una posición y unas alianzas hacia las que ha conducido sus pasos no siempre de forma consciente o por propia voluntad. Los acuerdos preelectorales, que han simplificado en dos cuatro de las candidaturas que se presentaron a las autonómicas de 1998, responden más a estrategias defensivas que a intenciones de avance en la liza electoral. Son coaliciones obligadas que han fraguado en esta ocasión porque ninguno de sus artífices hubiera podido explicar cualquier otro proceder a sus bases sociales. Pero, quizá lastradas por esa inclinación al acuerdo tardío, no parece convincente el discurso de quienes quieren ver en su novedad un resorte de imprevisibles consecuencias.

No es fácil que la conjunción PNV-EA -teniendo en cuenta cuándo y cómo ha visto la luz- despierte renovadas ilusiones en el electorado nacionalista. Sobre todo porque surge tras el fracaso de una unión superior, la lograda durante los meses de tregua, que se cierne sobre este acuerdo como una sombra que vuelve mates los destellos de las nuevas candidaturas. Tampoco será fácil que la resta que experimenta toda suma política pueda ser compensada por el eco que el binomio PNV-EA alcance en esa bolsa de electores que en 1998 votaron a EH sin que en las anteriores hubiesen concedido su confianza a HB.

La táctica de recabar ese voto, como si el nacionalismo democrático tratara así de rebasar una nueva frontera a base de distanciarse al máximo del no nacionalismo, puede suscitar en su seno factores de mutación que completen el ciclo iniciado a través de la estrategia de Lizarra hasta conducirlo hacia un camino de imposible retorno. Es probable que ningún órgano del PNV -o de EA- haya decidido tal cosa; pero resulta sumamente difícil disipar la sensación de que el nacionalismo democrático cabalga desde hace tiempo a lomos de un caballo desbocado.

La presentación de las coaliciones preelectorales como soluciones obligadas para sus protagonistas augura, siquiera a modo de metáfora, otras coaliciones también obligadas: las postelectorales. Es lógico que, con la excepción del PP, los partidos que tienen intención de ocupar los escaños de Vitoria rehuyan pronunciarse taxativamente sobre sus preferencias recurriendo al formalismo de esperar al escrutinio. Sin embargo, enraiza la convicción de que la única fórmula que podría desbaratar en el corto plazo el curso actual de los acontecimientos -un acuerdo de gobierno entre el PNV y el PSE-EE- se sitúa cada día más lejos de lo probable.

De igual forma que para el PNV es indispensable el acuerdo con EA para asegurarse el primer puesto del ranking, y no por ello dicha coalición deja de ser una solución tardía, es posible que sea ya tarde cuando el PNV comprenda que sólo el reencuentro con los socialistas podría asegurar al nacionalismo seguir al frente de las instituciones.

Identidad, preciado tesoro
SANTOS JULIÁ El País   4 Marzo 2001

Esta vez no se trata de un acceso de ira o de venganza, de uno de esos movimientos de masa que acaban en una noche de furia contra el forastero, al que se tiene como culpable o sospechoso de algún crimen. No cabe tampoco la torpe excusa de que se haya tratado de un comentario en la intimidad, como los que se sueltan en los torneos entre hombres a ver quién dice la mayor burrada sobre el extranjero, sobre el Otro -sea mujer, homosexual, moro o negro-. Esta vez no ha habido masas en acción ni pujas entre amigos; esta vez la xenofobia y el racismo se han expresado por medio de la palabra hablada y escrita, destinada a una audiencia reunida para escucharla y a un amplio público de lectores en casa.

Palabra pública, dicha o escrita por personajes públicos. Por eso, el rechazo del Otro se ha intentado fundamentar en razones que nada tienen que ver con la sinrazón puesta en marcha en El Ejido o con la que se expresa en la frase del vicepresidente del Parlamento andaluz: el linchamiento y el exabrupto se consumen una vez ejecutado o pronunciado; no aspiran a ser legitimados ni compartidos por la clase media, menos aún por la buena sociedad. El discurso de Ferrulosa es diferente por la pretensión de racionalidad pública que reclama y obtiene del mal llamado conseller en cap y del mismísimo presidente de la Generalitat cuando lo refuerzan evocando a la mayoría. Barrera, por su parte, ha tenido la audacia de poner por escrito lo que, al parecer, esa mayoría dice por lo bajo; que como sigamos así, Cataluña desaparece.

No hay en estas llamadas a preservar la identidad colectiva motivos para el asombro. Desde que el nacionalismo olvidó -y han pasado ya más de cien años- sus orígenes liberales para afirmarse sobre una base étnica o racial, la exclusión de 'Ellos' constituye el elemento central de su discurso. Los que todavía piensan en el nacionalismo como un movimiento romántico y liberal del pueblo contra la tiranía, se meriendan un siglo y cuarto de historia, cuando nación se identificó con imperio en el ámbito exterior y con exclusión y persecución de minorías en el ámbito interior. Desde entonces, el nacionalismo ha dado sobre todo naciones saqueando pueblos de África y Asia o naciones persiguiendo a minorías étnicas: belgas masacrando a congoleños o alemanes exterminando a judíos, ésas son las grandes hazañas de los nacionalismos del siglo XX.

Aquí hemos tenido en el siglo XIX un nacionalismo liberal débil y, en el XX, uno racial fuerte, capaz de fusilar a media España con tal de salvar a la patria. Pero hemos tenido también nacionalismos revestidos de los elementos que definieron la idea de nación antes ser identificada con imperio y con raza porque afirmaron un Nosotros frente a un Ellos, que era a la vez minoría explotada y Estado opresor: España era vivida en Cataluña como mano de obra barata para sus prósperos industriales y como dictadura impuesta a la nación catalana; de ahí un nacionalismo de rostro múltiple. Pero eso se ha terminado: ni el español emigra, ni el Estado oprime. Cataluña no ha desaparecido anegada por aquellos hijos de inmigrantes con quienes no podían jugar los hijos del matrimonio Pujol ni agredida por el Estado español. Ah, pero la identidad colectiva, esa frágil doncella siempre a punto de ser violada, sigue en peligro.

Cataluña, de sus ermitas a su cocina, está otra vez a punto de sucumbir: un nuevo agresor acampa a sus afueras y la buena sociedad tiembla de miedo. La cosa es grave porque la xenofobia ya no puede revestirse con el lenguaje de liberación de la tiranía; de golpe, el nacionalismo se desnuda de romanticismo y muestra su rostro étnico y racial. Es lo que ha ocurrido estos días cuando una primera dama católica y conservadora se encuentra, hablando el mismo lenguaje, con un líder de izquierda y republicano. Y es que el nacionalismo acaba por fundir a todos cuando se trata de poner a salvo de manos sucias y codiciosas el preciado tesoro de lo Nuestro, la identidad colectiva.

Marta y Heribert: «Nosaltres sols»
CARMEN RIGALT El Mundo   4 Marzo 2001

Pilar Rahola se casó vestida de pija mientras el Madrid se batía con el Barça - El discurso racista da votos; el humanitario, sólo disgustos - Representantes de todos los estamentos, salvo el embajador de Guatemala, arroparon a Rigoberta Menchú

Las patrias no dan más que disgustos. Ya lo hemos visto esta semana. Ahora mismo escribo la croniquilla escondida debajo de una alfombra, que es donde suelo esconderme cuando la vergüenza ajena prende en mis carrillos y los pone del color del ketchup. En Cataluña la cosa anda chunga, y encima el Barça y el Madrid entonan su rivalidad de «extranjeros» (Alvarez del Manzano dixit) a golpe de pito.

Total, que aquí estoy yo, cabreada como una mona, dispuesta a olvidar que Estefanía de Mónaco se ha liado con un domador de elefantes (una especie de Errol Flynn de bigotillo grimoso), que regresa Isabel Gemio a llenar la noche de afectación, e incluso que Pilar Rahola se ha casado vestida de blanco («un traje muy pijo», según ella). Frente a las palabras no pueden existir los silencios, sino más palabras. Hablo en nombre de quienes, sintiéndonos apátridas, amamos las sensaciones de nuestra infancia: el perfume ocre de la tierra primera, el sabor del aceite de oliva regado sobre el pan, la nostalgia de las habaneras o el sonido de la lengua con la que aprendimos a comunicarnos.

Pero hete aquí que aparece Marta Sufasola (versión libre de Ferrusola: ateniéndonos a la eufonía de las sílabas, Sufasola significa «se lo hace sola») y monta el pollo de la sinceridad. Ferrusola-Sufasola dice lo que piensa, lo cual confirma la sospecha: esta señora es un peligro. Una vez Ferrusola tambien pensó que «los gays, pobres, están enfermos», y lo dijo sin atenerse a las consecuencias. Por suerte, en aquella ocasión las consecuencias fueron amables: la fachada de su floristería apareció al día siguiente pintada como un cromo, de color rosa malva.

Esta vez, el Honorable ha hecho el honor de justificar (que no rectificar) a su señora, pero cuando ya parecía que las cosas empezaban a calmarse, ha salido Heribert Barrera echándole más leña al fuego de la controversia. A lo mejor el tío se siente en deuda con su apellido. Porque resulta muy gráfico que un señor llamado Barrera esté en contra de la inmigración. Bien mirado hasta tiene coherencia.

Entre Ferrusola y Barrera le han hecho un flaco favor a Cataluña. Los antinacionalistas furibundos se frotan las manos («ya te lo decía yo: todo nacionalismo conduce al totalitarismo», insisten algunos) y la derecha más agreste babea de gozo ante la posibilidad de meterse en el corazón de quienes se sienten desamparados por los políticos tradicionales. El discurso racista da votos. El discurso humanitario, sólo disgustos.

La palabra racismo se pronuncia estos días trece veces por minuto. Tal fijación verborreica demuestra que el racismo está existiendo más que nunca. Porque las cosas que no se hablan no existen. Yo sospecho, empero, que el lenguaje no siempre pone las cosas en su sitio. La palabra racismo nos retrotrae a cuando Hitler churruscaba judíos en los hornos de Treblinka, pero la exaltación de la raza adquiere en algunos países una connotación más suave y menos perversa (entre otras razones, porque no se proclama excluyente ni aspira a la dominación). Veamos: al otro lado del charco, los movimientos indigenistas reivindican la identidad de las etnias machacadas por siglos de genocidio y marginación. Se trata de un impulso legítimo y tal vez necesario.

El término «mestizaje», que tanto nos gusta aquí, es escrupulosamente evitado en varios países latinoamericanos y sustituido por eufemismos de gramática imposible. Verbigracia: realidad multi-étnica y pluri-cultural. Toma ya. Los intelectuales se la cogen con papel de fumar para no despertar suspicacias. Al mestizo ni lo mientan, porque el mestizo no generó integración (salvo en México) y porque, desde su complejo de inferioridad, ha reproducido comportamientos de racismo abyecto (ítem más: aún sigue reproduciéndolos, como bien sabe Rigoberta Menchú en su Guatemala natal, los mestizos toman la denominación de ladinos, y eso ya dice mucho). Ladinos somos todos, y en el camino nos encontraremos.


El embajador prohíbe respaldar a Rigoberta
LA PAZ EMPIEZA NUNCA. Ha estado en España Rigoberta Menchú, que sigue paseando por el mundo la bandera de su lucha. La premio Nobel de la Paz recibió el título de doctora honoris causa por la Universidad Autónoma de Madrid y participó en un congreso de jueces y magistrados sobre crímenes de lesa humanidad. Al acto universitario -apadrinado por Federico Mayor Zaragoza- asistieron representantes de todos los estamentos. Sin rodeos: todo el mundo, excepto el embajador guatemalteco, que había prohibido la asistencia a sus funcionarios bajo amenaza de despido. La razón del embajador era bien clara. Decía que Menchú es enemiga de su Gobierno.

La estancia de Rigoberta Menchú ha coincidido con un momento histórico en España: la salida del armario del racismo. La líder quiché no se sorprende demasiado: «¿Alguien podía creer que España no era racista?, ¿de quién heredaron, pues, el racismo los españoles de América?», pregunta ella con la inteligente naturalidad de quien conoce la respuesta.

Comparto con Rigoberta una velada íntima, rodeada de su gente amiga. Las confidencias fluyen como el ron. Se ríe recordando anécdotas: en un juicio en el que ella figuraba como representante de los querellantes (lo de siempre: una matanza de indígenas), el juez se dirigía a ella llamándola «ex premio Nobel de la Paz», como si fuera una miss a quien le hubiera caducado el título. Más: con su dignidad de Nobel a cuestas, Rigoberta Menchú detecta miradas y comentarios racistas en las aduanas españolas. «Para quienes no me reconocen, yo soy una inmigrante ecuatoriana, salvadoreña o guatemalteca: esos momentos tienen su grandeza y me permiten sentirme en la piel de todos».

La Ertzaintza que necesitamos
CARLOS Mª URQUIJO El Correo   4 Marzo 2001

Tras los dramáticos asesinatos de Martutene, la Ertzaintza y la Guardia Civil nos han traído buenas noticias a quienes deseamos la paz y la libertad para el País Vasco. Las detenciones de Guridi Lasa y otros presuntos etarras del complejo Donosti han venido a evidenciar que la prioridad en la lucha contra ETA no es el diálogo con quienes les jalean, sino la acción policial. Así pues, vaya por delante mi más efusiva felicitación a los agentes que han participado en estas últimas operaciones.

Hacía mucho tiempo que la Ertzaintza no se apuntaba un éxito en la lucha antiterrorista y la responsabilidad de estos meses de nula eficacia en materia antiterrorista no hay que buscarla en los agentes sino en sus dirigentes políticos. El PNV, con el consejero Balza a la cabeza, llegó a Lakua a finales de 1998 con la intención de congelar la lucha policial contra el terrorismo. En su escenario político, ETA había terminado como consecuencia del acuerdo de Estella y a cambio garantizaban un pacto de no agresión con la banda cuyas consecuencias, como se ha visto, estamos pagando en el presente.

Basta recordar para certificar esta afirmación dos ejemplos. Cuando en plena tregua la Policía gala detiene a Belén Gonzalez Peñalva, el consejero de Interior se apresura a exigir del Gobierno de España una compensación política como consecuencia de esta detención. También por aquellas fechas el mismo consejero explicó a los mandos policiales de la Ertzaintza, para que lo interiorizaran, el pacto de Gobierno suscrito con Euskal Herritarrok al objeto de que fuera divulgado en las comisarías. Tan clara debió ser la explicación y tan bien fue asumido que uno de aquellos mandos explicó en una comisaría que la obligación de los agentes durante la tregua era no interferir en el proceso de paz. Para que no cupieran dudas al respecto este despropósito llegó incluso a plasmarse en un acta.

Todos sabemos lo que ha ocurrido en la Ertzaintza en los dos últimos años como consecuencia de la nefasta gestión de un PNV que llegó con la idea de desarmar a la policía en vez de combatir a ETA. Inhibición en la lucha contra ETA, falta de resultados en la erradicación de la violencia callejera, politización de sus mandos y, como consecuencia de lo anterior, desmoralización absoluta de los agentes. Por desgracia, cuando hemos denunciado este estado de cosas en vez de atendernos y corregirlo se nos ha acusado de desprestigiar a la Ertzaintza y pretender poco menos que su disolución. No obstante, la convocatoria de elecciones ha producido un efecto milagroso en el consejero que, aunque muy tarde, se ha puesto a trabajar en lo que debió ser su obligación desde el día en que fue nombrado para el cargo: la defensa de los derechos y libertades de los ciudadanos vascos.

La actuación policial del pasado fin de semana ha supuesto sin duda un revulsivo para los ertzainas que estaban reclamando que les dejaran trabajar para acabar con el primer problema del país: el terrorismo y la violencia. Pero no nos engañemos. La lucha contra ETA no se limita a un golpe de efecto para lavar la cara ante la llegada de unas elecciones. La lucha contra el terrorismo debe ser un trabajo sostenido, coordinado y leal entre los distintos cuerpos policiales. Un trabajo en el que prime la labor de investigación y análisis que garantice la eficacia de las operaciones y, por último, un trabajo en el que sean los profesionales quienes determinen la oportunidad de las actuaciones. Por desgracia, el actual Gobierno, con el PNV al frente, no ha sido capaz de garantizar algo tan elemental como consecuencia de sus acuerdos políticos con la banda terrorista y sus cómplices políticos.

La Ertzaintza que necesitamos los vascos debe ser, como señala el artículo veintiocho de la Ley 4/92, una policía que «sirva a la comunidad y proteja a todas las personas contra actos ilegales que impidan el libre ejercicio de sus derechos y libertades». Tiene que ser una policía independiente y profesional que proteja a todos por igual y que combata el delito. Tiene que ser una policía como la que hace unos días puso a disposición judicial a un presunto etarra cuya única pretensión era acabar con la vida de otras personas. Esta es la Ertzaintza que queremos y necesitamos la mayoría de los ciudadanos y por la que el Partido Popular ha apostado siempre. Hasta ahora lo hemos hecho desde la oposición, más adelante si así lo decidimos mayoritariamente los vascos, lo haremos desde el Gobierno.

Radicalización y caballo de Troya
Por Enrique de Diego Libertad Digital  4 Marzo 2001

El riesgo percibido por el nacionalismo para mantenerse en el poder ha tenido la respuesta lógica: listas únicas con EA para no desperdiciar restos y radicalización. El programa del nacionalismo reunificado contra Mayor Oreja es el más radical con el que se ha presentado nunca el nacionalismo a unas elecciones, incluyendo como propuesta la autodeterminación. Es decir, el ámbito de decisión vasco, un referéndum autodeterminador que no sabemos si se restringe al País Vasco o incluye a los siete territorios históricos, como plantea ETA-Eh, lo que extendería el conflicto a Navarra y lo internacionalizaría al sur de Francia.

La estrategia electoral nacionalista convierte en cuestión clave de estos comicios lo que suceda con IU y su estrategia de pactos postelectorales. Una de las opciones más lógicas, en principio, es que ni los nacionalistas reunificados ni los constitucionalistas consigan la mayoría absoluta. Eta parece apostar por un escenario de no participación en las instituciones mientras no se vaya hacia el programa máximo del referéndum independentista en los siete territorios históricos.

Toda la trayectoria de Izquierda Unida la sitúa en la posición de aliado o compañero de viaje del nacionalismo. Uno de los retos de los constitucionalistas, y en especial del PSOE, es conseguir captar el voto desencantado de una militancia cuya tradición se mueve más por pautas internacionalistas que nacionalistas. Para ello es clave obligar a Gaspar Llamazares y a Javier Madrazo a aclarar su postura respecto a la autodeterminación, porque en ello va implícito el margen de maniobra de los pactos tras las elecciones.

Hasta el momento IU ha sido el caballo de Troya de los nacionalistas y de las declaraciones de Gaspar Llamazares cabe deducir que ha quedado atrapado por esa estrategia hasta considerar como su adversario máximo a Jaime Mayor Oreja. Caben pocas dudas de que esta postura suicida representará la extinción como partido nacional de IU a cambio de intentar mantener el sueldo de Madrazo, pero lo mejor sería que Madrazo se quedará sin sueldo para que IU pudiera sobrevivir. Esta última no es la postura de ese líder de tercera que es Gaspar Llamazares.

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