AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 5  Marzo  2001
#El fin del silencio
Editorial ABC 5 Marzo 2001

#Arzalluz atiza el fuego contra la Prensa
Impresiones El Mundo  5 Marzo 2001

#Vidal-Quadras
Jorge TRIAS SAGNIER ABC   5 Marzo 2001

#Prensa libre
Editorial El Correo  5 Marzo 2001

#Triunfo de «El Correo»... y de la Nación
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 5 Marzo 2001

#Nacionalismo y xenofobia
Editorial El Correo 5 Marzo 2001

#Estos talibanes de aquí
Fernando Jáuregui. La Opinión 5 Marzo 2001

#Malos y buenos
Pilar Cernuda. La Opinión 5 Marzo 2001

#Llegar bien desinfectados
IÑAKI EZKERRA El Correo  5 Marzo 2001

#Salvemos a Cataluña
MARIO VARGAS LLOSA El País  5 Marzo 2001

#Aznar afirma que el futuro de España se juega en las elecciones vascas
R. GORRIARÁN COLPISA. MADRID El Correo   5 Marzo 2001

#El ataque a EL CORREO genera una repulsa unánime contra los violentos
BILBAO  El Correo   5 Marzo 2001

#Aparecen carteles de Haika contra ediles y periodistas de Irún
Irún (Guipúzcoa). Agencias ABC  5 Marzo 2001

#AQUELLOS POLVOS…
Grupo La Paloma  
5 Marzo 2001

#Mayor Oreja
FRANCISCO UMBRAL El Mundo  5 Marzo 2001

El fin del silencio
Editorial ABC 5 Marzo 2001

El cambio de gobierno y de rumbo político en el País Vasco tras las elecciones del 13 de mayo es una expectativa que ha abandonado la ficción para instalarse en la realidad actual y cotidiana de la sociedad vasca. Pese a las dificultades de carácter claramente antidemocrático que aún conlleva defender en el País Vasco un programa constitucional, la necesidad política y social de provocar una alternancia es compartida de forma explícita por sectores cada vez más amplios y más cualificados de la cultura, la universidad o la economía vascas. Así se refleja en una encuesta que hoy publica ABC, realizada entre profesores, políticos, artistas, empresarios y representantes, en general, de la vida pública del País Vasco, todos de ubicación personal e ideológica heterogénea. Lo que representa esta encuesta, más allá del número de encuestados, es el fin del silencio ante la hegemonía nacionalista, el agotamiento de la resignación, que da paso a una corriente de opinión pública y crítica con la que nunca había tenido que enfrentarse el nacionalismo vasco. Son muchas cosas las que ya han cambiado en el País Vasco, pero pocas tan importantes como el resurgimiento de una sociedad oculta, la no nacionalista, que había entregado el control de las instituciones al nacionalismo como precio de una paz que nunca llegaba.

El sondeo entre personalidades vascas revela un deseo de cambio que suelte definitivamente el lastre de estos dos últimos años de gobierno nacionalista. Quizá sea Xabier Markiegi, ex ararteko (defensor del pueblo vasco) y vicepresidente de la Fundación Fernando Buesa quien exprese con mayor precisión y sencillez la aspiración de cambio, al apostar por el marco constitucional porque «ha consolidado la democracia, las libertades y el autogobierno». Sin embargo, en la defensa del proyecto constitucional subyace un impulso personal de autodefensa frente al terror, al asociar la alternativa constitucional y estatutaria con la protección de la libertad y de la vida de los ciudadanos. Ésta es la consecuencia de la partición social y política que ha practicado el nacionalismo entre los ciudadanos vascos, al instaurar la disyuntiva entre soberanía o autonomía, entre ruptura constitucional o imperio de la ley, disolviendo la distancia que separaba a demócratas de violentos, que siempre dejó a ETA fuera de la contienda política y de las instituciones. Por eso, defender un proyecto constitucional en el País Vasco tiene ese tono de heroísmo personal, porque mucha gente es consciente de que en su éxito descansa una gran parte de su seguridad y de su tranquilidad.

Obviamente no faltan en la encuesta los silencios habituales pero incompatibles con una situación que no admite indiferencias, aunque sí genera mucha cobardía. Son los silencios que imponen las relaciones de servidumbre de veinte años de control de presupuestos e instituciones públicas en manos de los nacionalistas, muy rupturistas ahora, pero que han exprimido y repartido discrecionalmente —algo ha dicho ya el Tribunal de Cuentas sobre el Museo Guggenheim— todos los recursos económicos de que les ha provisto la denostada Autonomía. Así se comprende que la disputa entre soberanismo y constitucionalismo no sea para muchos una controversia de principios, sino algo más prosaico, un riesgo para su bolsillo, lo que rebaja el nivel de la discusión política pero asegura al gobernante la fidelidad perruna de los que no quieren dejar de rumiar en el pesebre o, simplemente, de los que no quieren incomodar a quien dispone de su posición.

El cambio en el País Vasco ha dejado de ser una especulación marginal y ya ha roto el dogma de que las elecciones vascas sólo servían para renovar cada cuatro años el mandato nacionalista. Cuando la parte más crítica y cualificada de la sociedad vasca ha constatado la inutilidad del proyecto encarnado por el PNV y EA para dirigir el futuro del País Vasco, el mensaje del cambio empieza a circular sin complejos aunque con un riesgo personal que distorsiona la igualdad de condiciones entre las opciones políticas. A pesar de todas las dificultades, el constitucionalismo ya ha ocupado, con unos costes personales que sólo se pagan en las luchas contra las dictaduras, un espacio propio, diferenciado, en el concierto político vasco, con una dimensión que compite con la del nacionalismo como nunca antes había sucedido.

Arzalluz atiza el fuego contra la Prensa
Impresiones El Mundo  5 Marzo 2001

Ya que la consigna de Txapote para demoler El Diario Vasco, -«A ver como tiráis el chiringuito! ¡Romped, destruir y reventad!»-, no pudo llevarla a cabo el desmantelado Comando Donosti, los alevines de Haika intentaron anteanoche hacer lo mismo con el edificio de El Correo Español-El Pueblo Vasco mediante una lluvia de cócteles molotov. Lo lógico hubiera sido que Arzalluz -que tanto dice repudiar los actos violentos- hubiera tenido palabras de solidaridad con ambos periódicos, en un discurso de ayer ante sus militantes. Pero no. El presidente del PNV prefirió llamar mentirosa a la Prensa. Naturalmente, no es posible culparle directamente de los ataques que sufren los medios de comunicación, pero sí resulta una irresponsabilidad seguir alimentando el clima de descrédito que justifica indirectamente esos atentados de quienes odian la cultura y la letra impresa.

Vidal-Quadras
Por Jorge TRIAS SAGNIER ABC   5 Marzo 2001

Es probable que lo hiciese con esa voz quebrada e inoportuna —al fin y al cabo la verdad siempre es impertinente— pero fue el primero, y durante bastantes años el único, que se enfrentó políticamente cara a cara y de igual a igual, al indiscutido e indiscutible jefe del nacionalismo catalán, Jordi Pujol. Lo hizo tan agria pero tan inteligentemente, que no sólo puso nervioso al Jefe, sino que logró desbaratar toda su estrategia, esa estrategia tan parecida a la del fascismo, que consiste en la imposición de un pensamiento único para toda la población. Es probable que Vidal-Quadras fuese un desastre como hombre de partido y es probable, también, que con él al frente el Partido Popular de Cataluña no hubiese tenido mucho futuro. En cualquier caso, no tuvimos opción para demostrar lo contrario. Pero es del todo cierto y seguro que sin su aportación Cataluña sería hoy un erial de ideas donde pastaría a sus anchas el ganado nacionalista, como sin duda creyó que podía hacerlo esa vaca sagrada que es Heribert Barrera. Antes el nacionalismo sólo enseñaba la patita; ahora ya no tiene más remedio, si quiere seguir subsistiendo en un medio cada vez más plural, que mostrar su verdadera catadura, la que en su día enseñó Le Pen en Francia, Milósevic en Yugoslavia, o la que ahora enseña Haider en Austria.

Yo procedo del catalanismo, heredero, entre otros componentes, del viejo foralismo carlista. Primos hermanos, en suma, del nacionalismo, del moderado y del radical, no nos engañemos. Pues bien, cada vez soy más crítico con eso del catalanismo, y no digamos ya, con la vigencia de figuras como Cambó. Esas ideas se desarrollaron y sucumbieron, como tantas otras, durante el franquismo. Hoy sólo hay una línea divisoria para saber si está con la libertad o en contra de ella: la Constitución. Por ello sugiero que el Foro Babel, que tantas ideas aportó a Vidal-Quadras en su lucha contra el nacionalismo, organice un homenaje nacional, en el Palau Nacional de Catalunya, a este político sincero que levantó la bandera de la pluralidad y de la libertad, sin miedos ni complejos. Se lo merece y es de justicia.

Prensa libre
Editorial El Correo  5 Marzo 2001

El ataque contra EL CORREO perseguía amedrentar a los profesionales de este diario en un momento en el que la barbarie ha convertido en objetivo de su violencia a cuantas instituciones o grupos profesionales constituyen el fundamento de una sociedad libre. El terror dejó en la fachada de nuestra redacción el rastro de la podredumbre moral sobre la que los pusilánimes, los indiferentes, los ingenuos por interés tienden a construir una trama de justificaciones inaceptables. De hecho, los ataques verbales y físicos contra las cabeceras y los periodistas que se niegan a someterse al dictado de ETA se basan en una aseveración extraordinariamente perversa, según la cual los medios de comunicación no son meros testigos o mensajeros de los términos en que se produce el conflicto en Euskadi, sino que se han convertido en agentes del mismo. Semejante punto de vista denota con claridad el substrato totalitario sobre el que el terror trata de penetrar en sus entornos, y en especial en los sectores nacionalistas de la opinión pública. El conflicto sería uno y no permitiría más que una solución. De tal suerte que nadie que discrepe de esta afirmación puede sentirse a salvo de ser considerado agente provocador. Presentada la prensa libre como partícipe activa del conflicto, el sectarismo violento trata de anular la solvencia informativa y la influencia moderadora de los medios independientes, sumiéndolos en la vorágine de su propia irracionalidad.

Pero los terroristas deben saber que quienes en Euskadi ejercemos el oficio de periodistas desde la dignidad profesional hemos llegado a conocerles mejor de lo que ellos mismos se conocen. Sabemos lo que pretenden; qué es lo que les envalentona y qué genera en ellos frustración. Por eso, nada ni nadie impedirá que los profesionales de esta casa sigamos sirviendo a nuestros miles de lectores, proveyéndoles de dosis equilibradas de información y opinión, de tal suerte que sean ellos mismos los que conformen su propio parecer. Los aprendices del ‘cóctel molotov’ o sus patrocinadores tampoco conseguirán enredarnos en su espiral hasta el punto de creernos héroes en medio de un clima de indolencia. Los periodistas no nos enfrentamos a una amenaza distinta a la que se enfrentan todos los ciudadanos de bien de este país. Pero somos conscientes de que nuestra propia deontología nos obliga a esforzarnos en ofrecer una versión veraz sobre cuanto acontece, sin que ello signifique que nos cobijemos tras una falsa neutralidad a la hora de informar sobre los más flagrantes delitos que un grupo de seres humanos puede cometer contra sus semejantes. Ésa seguirá siendo nuestra modesta aportación a la libertad de todos los ciudadanos de Euskadi.

Triunfo de «El Correo»... y de la Nación
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 5 Marzo 2001

«El Correo Español» es un plebiscito cotidiano. Amanece el paisaje urbano de Vizcaya con los miles de montones de ejemplares y anochece sin ellos. Después de cuatro décadas, ETA no ha conseguido impedir la adhesión del público vizcaíno a este periódico, cabecera de una decena de diarios regionales, como tampoco ha podido impedir el liderazgo de «El Diario Vasco» en Guipúzcoa.

¿Qué hacer? se preguntaron hace tiempo los sucesores de Stalin y Goebbels, ante la irresistible hegemonía de este periódico. Los archivos y la memoria de los españoles retienen los atentados y las amenazas contra redactores y familiares de redactores y contra la empresa. El sábado emprendieron un nuevo tipo de asalto: lanzaron sobre el edificio una veintena de cócteles molotov. Es la desesperación de los que no consiguen que la propaganda se imponga a la información.

El reparto diario de este periódico en los puntos de venta y en los buzones caseros representa la victoria de los profesionales del periodismo frente a los profesionales de la violencia. Y es también el triunfo de la nación española, democrática y solidaria, frente al totalitarismo nacionalista. Por eso, con permiso de Renán, cabe decir que la adhesión del público a este periódico se convierte cotidianamente en un plebiscito por España.

Nacionalismo y xenofobia
Editorial El Correo 5 Marzo 2001

Heribert Barrera era hasta hace unos días un modelo del independentismo moderado catalán y su conducta resultaba un ejemplo de cómo se podía alentar esta ideología pacífica y democráticamente. Esquerra Republicana de Catalunya, bajo la batuta de Barrera, desempeñó un papel pacificador durante la transición y contribuyó a desactivar los pequeños brotes de nacionalismo violento que también asomaron en Cataluña, hasta su completa extinción. De ahí que sus extemporáneas manifestaciones, realizadas a una edad muy provecta, hayan sorprendido a casi todos, y particularmente a sus compañeros de partido. Podrían imputarse los dislates dialécticos de Barrera a sus muchos años, que quizá le priven ya de una parte de su antigua capacidad de discernimiento. Pero sea o no éste el motivo de las estridencias, es preciso subrayar que no existe contradicción de fondo entre cierto nacionalismo y la afirmación de que podría producirse «la desaparición de Cataluña si se mantiene el actual flujo migratorio». Una ideología basada en la homogeneidad y en la peculiaridad de un ‘pueblo’, celoso de sus características culturales, tiene que lamentar forzosamente aquellas intrusiones que lo desnaturalicen. El austriaco Haider no defiende otra cosa.

Sería sin duda injusto afirmar que todo nacionalismo participa de semejantes ideas excluyentes. Jordi Pujol ha defendido siempre, desde la fundación de Convergencia Democrática, que «catalán es todo aquél que vive y trabaja en Cataluña». Es el nacionalismo templado y no otro el que tiene perfecto encaje en el pluralismo democrático.

Estos talibanes de aquí
Fernando Jáuregui. La Opinión 5 Marzo 2001

Estos talibanes de aquí arriba, nuestros talibanes, disparan sobre estatuas vivas. No les gusta tampoco la disidencia, ni son, por decir lo menos, fanáticos de la libertad de expresión. A ellos Buda, y Mahoma, les importan un rayo, pero se acogen al calor de algunas sacristías de aquí para mutilar, por ejemplo, la obra de un artista local llamado Ibarrola, que tiene reconocimiento universal, pero qué les importa el universo a éstos.

Estos talibanes nuestros exigen dinero a los tenderos en pro de la causa sacrosanta. No se si lapidan a sus mujeres, pero prefiero no entrar en tan escabroso tema, porque algo hay que, también en este terreno, los hace diferentes de los demás. Adoran a las piedras y fusilan los símbolos de otros. Aman las libertades tanto como los otros talibanes, los de allá, los que lanzan granadas contra las estatuas venerables: atrévase usted a disentir de ellos y verá cuanto les gusta el contraste de pareceres.

Los talibanes de aquí lanzaron la otra madrugada un total de dieciocho cocteles molotov contra la sede de un periódico vasco, que se caracteriza por defender puntos de vista más amplios de los que ellos sustentan. Y pretendían volar otro diario vasco por lo mismo. Ya mataron a un periodista, porque no podemos distinguir entre las acciones de los maestros talibanes (curioso que talibán signifique estudiante, por cierto) y las de sus discípulos de la kale borroka.

Claro que aquí, al menos, hay elecciones para borrar del mapa a estos asesinos de cuerpos, de mentes y de libertades. ¿Habrá aún quien los apoye, quien silencie sus crimenes en nombre del miedo? ¿Tendrá que venir la UNESCO a denunciar los excesos de estos fanáticos que tenemos aquí, criados a nuestros pechos? Y, si no, ¿quién tendrá que denunciarlos, quién?

Malos y buenos
Pilar Cernuda. La Opinión 5 Marzo 2001

El viernes, un grupo de miembros de la llamada kale borroka se fue a una Casa del Pueblo del País Vasco para organizar una buena algarada. Los socialistas, que tuvieron noticia previa de que iban a ser "visitados" por la muchachada de HB, y no precisamente con buenas intenciones, avisó a la Ertzaintza de lo que iba a ocurrir y advirtieron a la policía autonómica vasca que pensaban colocarse frente a la puerta de su sede para, pacíficamente, tratar de que no entrasen los petardistas, preparadores de cócteles molotov e insultadores natos.

La policía respondió que no podían plantarse ante su sede porque no tenían permiso previo. La historia acabó con los "barrokas" amenazando y los socialistas quietos, parados, mientras escuchaban cómo les decían que les iban a matar. La ertzaintza no intervino. Sí lo hizo más tarde, cuando llamó a algunos de los socialistas para decirles que tendrían que responder ante los jueces por haberse manifestado ilegalmente.

Todos sabemos quienes son los buenos y los malos, pero los responsables de la policía autonómica vasca no lo tienen nada claro. Y así nos va. Desde sectores nacionalistas se intenta demonizar a los que nos llevamos las manos a la cabeza cuando sabemos de estos incidentes y los denunciamos como sabemos y podemos, según nuestras posibilidades: con la pluma, con un micro, haciendo declaraciones acusatorias, presentando demandas ante los jueces. Como respuesta, desde la bancada del nacionalismo más radicalizado se nos acusa de estar en una operación antivasca, de servir a oscuros intereses o de pretender imponer un criterio dictado por aquellos que tienen a los vascos sometidos al yugo español.

El único yugo que están soportando los vascos es el de una banda terrorista que, para preocupación de todos, incluso de infinidad de nacionalistas, está logrando cierto predicamento político entre partidos que, por mantenerse en el machito, no quieren tomar la menor iniciativa que traiga un poco de paz a la sociedad vasca y garantice el derecho de los ciudadanos vascos a vivir en libertad.

Lo ocurrido el viernes noche ante una Casa del Pueblo no es más que una muestra de que al lehendakari se le ha ido todo de las manos y en su partido mandan los que menos derecho tienen a mandar. Pero lo peor es que ese lehendakari se supedita precisamente a ese sector minoritario y más agresivo del PNV. Un sector que no sólo ve bien que la policía autonómica vasca no intervenga contra los que llenan de violencia las calles, sino que actúa contra los que tratan de defenderse de brazos cruzados y en silencio.

Llegar bien desinfectados
IÑAKI EZKERRA El Correo  5 Marzo 2001

Se mire por donde se mire no deja de ser una auténtica humillación. Eso de que a los ingleses los tengan que desinfectar en los aeropuertos para que no anden por ahí contagiando alegremente la fiebre de los cerdos es una patada en el culo del orgullo nacional y una de las irónicas sorpresas que nos tenía reservado el siglo XXI. Eso es la verdadera decadencia del Imperio Británico. Primero el ‘Tireless’, luego las vacas zumbadas y ahora esto. No sé por qué se habla tanto de la decadencia rusa y del papelón de Putin. No sé por qué no se habla de Blair o, mejor dicho, de la herencia del thatcherismo. Porque lo que se están chupando ahora los ingleses son las chapuzas en diferido que en su día también supo hacer el conservadurismo cuando mandaba. Al cabo de los años nos enteramos de que la dama de hierro era en realidad de acero inoxidable o de chapa oxidada, de hojalata suburbial y roñosa.

Al ver a este primer mundo al que le desinfectan los pies y el coche con polvos y mangueras, tiemblo de sólo pensar en lo que pronto les va a pasar a nuestros inmigrantes, a esos con los que se mete Heribert Barrera en su testamento político y a los que no debe de tener tanto miedo como dice cuando se resistía a coger un coche por seguridad, como le aconsejaban los policías. Heribert Barrera se permitió caminar a pie por la calle porque sabía que no le iba a hacer nada toda esa gente humillada y ofendida, tan peligrosa para Cataluña.

Bromas pesadas del siglo XXI. Tanto dar por hecho que se están cayendo las fronteras nacionales y resulta que surgen fronteras nuevas por todas partes y con cualquier excusa, con la de preservar la identidad catalana, con la de preservar la salud del ganado... Si a cuenta de la dichosa fiebre aftosa Europa se atreve a hacer esto consigo misma, con el personal que sale a pasear fuera del Reino Unido, qué no se atreverá a hacer dentro de muy poco con los que vienen a trabajar de las repúblicas bananeras. Si esa fiebre porcina es una excusa para que salir de un aeropuerto sea un trámite semejante al de ingresar en un penal, qué medidas de seguridad no cavilarán algunos para impedir el contagio de las fiebres tifoideas.

Heribert Barrera. Es triste pasarse la vida dando el pego de republicano e izquierdista y terminar quitándose la máscara. A la vejez viruelas. La viruela de Heribert Barrera es la verdadera fiebre que amenaza al siglo que empieza porque no afecta a los cerdos pero, sin embargo, nos emparenta con ellos. La otra, la aftosa, es una fiebre de chichinabo al lado de esa.

Salvemos a Cataluña
MARIO VARGAS LLOSA El País  5 Marzo 2001
© Mario Vargas Llosa, 2001. © Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Diario El País, SL, 2001.

La señora Marta Ferrusola, esposa de Jordi Pujol, Presidente de la Generalitat de Cataluña, es una mujer valerosa. Se ha lanzado en paracaídas y practica parapenta, arriesgado deporte que consiste en volar como los pájaros prendida sólo de unas frágiles tablitas y unas alas de material plástico. Es también una persona alarmada con los peligros que amenazan a su bella tierra, una tierra que, dicho sea de paso, aunque doña Marta no se lo creería, muchos que no somos catalanes queremos tanto como ella.

¿Y qué peligros amenazan a Cataluña? Que le mancillen la identidad, le desnaturalicen su cultura, que la dejen sin alma. Lo ha dicho con una franqueza infrecuente entre políticos (o cónyuges de políticos) en una conferencia que dio hace poco, en la Caixa de Girona. Allí explicó que la conspiración para desaparecer espiritualmente a Cataluña viene de lejos. No hace mucho, en los parques de Barcelona, sus hijos se quejaban de que no tenían con quien jugar 'porque todos los niños hablaban castellano' en vez de catalán. Ahora, las cosas han empeorado, con las oleadas de inmigrantes musulmanes del Norte de África. No aprenden la lengua del lugar, sino más bien castellano, en el que lo primero que chapurrean es 'dame de comer'. Se reproducen como conejos, no aprenden las costumbres y los usos locales sino quieren imponer los suyos, y, más grave todavía, la Generalitat, que carece de fondos suficientes para alentar la natalidad de los vecinos, se gasta su presupuesto en 'ayudas para esta gente que no sabe lo que es Cataluña'. Al paso que van las cosas, la señora Ferrusola teme que, en algún momento del futuro, Alá y Mahoma reemplacen a Cristo y al Papa en la tierra de Gaudí ('ya no habrá iglesias románicas sino mezquitas').

Casi al mismo tiempo que la esposa de Jordi Pujol expresaba estos temores, un eminente político nacionalista, Heribert Barrera, de Esquerra Republicana, y que ha presidido muchos años el Parlamento Catalán, publicaba en Barcelona un libro que coincidía a pie juntillas con aquélla. Según él, 'Cataluña desaparecerá si continúan las corrientes migratorias actuales', y, sobre todo, si a estos inmigrantes 'no se les ponen condiciones, como la de aprender el catalán'. El señor Barrera no tiene pelos en la lengua, tampoco, y dice lo que piensa. Por ejemplo, que los grandes desplazamientos de andaluces y murcianos a trabajar en la industria de la región catalana de los años sesenta, no le han traído el menor beneficio a su país: 'A mí que me digan qué ganamos nosotros porque ahora se bailen tantas sevillanas. No ganamos absolutamente nada. Ni con tener tantas mezquitas y con que haya cada vez un porcentaje más alto de musulmanes'. Y añade que, sin aquellas migraciones, Cataluña no tendría ahora, entre otros engorros, la escasez del agua: 'Si en vez de seis millones, fuéramos tres, como antes de la guerra, no tendríamos este problema'. Consecuente con estas premisas, el señor Heribert Barrera defiende al austriaco Jörg Haider, que ha construido toda su carrera política agitando el espantajo de que los inmigrantes podrían desaparecer Austria: 'Cuando el señor Haider dice que en Austria hay demasiados extranjeros no está haciendo ninguna proclama racista. Quiere decir que quiere preservar la sociedad austriaca tal como a él le gusta, tradicional, lo que resulta imposible desde el momento en que se incorpora un número considerable de extranjeros'.

Las afirmaciones de la señora Ferrusola y del señor Barrera han causado considerablemente revuelo en España, y, en Cataluña, los propios partidos nacionalistas, que se caracterizan por su moderación, hacen toda clase de filigranas para demostrar que, por más que lo parezcan, semejantes tesis y profecías no son xenófobas ni racistas. Y que, en última instancia, expresan opiniones personales, y de ningún modo el sentir y el pensar de las formaciones políticas en que aquellos ciudadanos están afiliados. Mi propia interpretación del asunto es exactamente la contraria: que la señora Ferrusola y el señor Barrera han dicho lo que han dicho porque, como nacionalistas, no tienen escapatoria: o creen fervientemente que aquella nación que quieren salvar y preservar está en peligro, y es víctima de amenazas y conjuras por parte de enemigos múltiples, o toda la ideología que sostiene su posición política se desploma y convierte en superstición, en nadería. Porque todo nacionalismo, aun el de semblante y métodos más civilizados y pacíficos como el que se practica en Cataluña, esconde gérmenes de xenofobia y de racismo que, dadas unas circunstancias propicias -es decir, de crisis económica, social o política-, salen inevitablemente a la luz.

El supuesto de todo nacionalismo es que esa entidad abstracta, la nación, existe como una esencia intangible, como un todo ontológico del que participan, por razón de nacimiento, etnia, religión, cultura, tradición, etcétera, todos los ciudadanos, y que, por eso mismo, la pertenencia a esa colectividad homogénea y unitaria es el principal atributo de los individuos, ya que de ella reciben su identidad, vale decir su ser. Renunciar de algún modo a esa identidad no es sólo un crimen de lesa patria, una traición anímica a lo más privativo y específico de la personalidad propia y colectiva, sino disolverse en la confusión e incertidumbre de lo anodino, convertirse en esa inexistencia viviente que Camus describió magistralmente en el antihéroe de El extranjero, ese paria, sin patria ni prójimos, al que la sociedad, cuidadosa de sus fueros, manda a la guillotina.

Como probar la existencia de esa identidad protoplasmática, el espíritu nacional, del que todos los ciudadanos serían portadores, mantenedores y epifenómenos, es racionalmente imposible, pues se trata de un mero acto de fe, el nacionalismo se alimenta del victimismo, de los agravios, imposiciones, discriminaciones o censuras de que la 'nación' ha sido víctima, en el pasado o en el presente, para justificarse. Y como, en muchos casos, aquellos abusos han sido reales, el nacionalismo encuentra un eco favorable en sectores amplios de una sociedad, en quienes llega a prender la idea de que la soberanía, la independencia, la emancipación de la 'nación' hasta ahora avasallada por el extranjero, es la panacea que resolverá todos los problemas. Sin victimismo colectivo el nacionalismo tendría los días contados, y quedaría en los márgenes de la vida política, como lo que en verdad es: una excentricidad y un anacronismo.

Por eso, los nacionalistas, cuando no tienen enemigos, no tienen más remedio que inventárselos. Los que se han inventado (estoy seguro que de muy buena fe) la señora Ferrusola y el señor Barrera, son indispensables para que esa delirante ficción en la que ellos creen, la identidad cultural colectiva, algo que sólo existe en pequeñas comunidades primitivas, prehistóricas, donde ser miembro de la tribu es la única manera de sobrevivir, tenga todavía cierta apariencia de verdad. De otro modo, tendrían que aceptar esa incómoda realidad, írrita a cualquier postulado nacionalista: que, como toda sociedad moderna, Cataluña carece de una identidad, porque tiene muchas, y que, por terrible que ello les parezca, seguirá teniendo cada día más, a medida que siga creciendo, prosperando e integrándose a un mundo siempre más cosmopolita y pluricultural, del que no hay manera de apartarse, a menos que se opte por seguir el ejemplo de los talibanes de Afganistán, o el de los dayaks de Borneo y se empiece a decapitar a mansalva a todos los forasteros. No me imagino a gentes tan bien educadas, y además católicos de misa y comunión, como suelen ser los nacionalistas catalanes, armados de cimitarras, limpiando a Cataluña de invasores étnicos.

La tragedia del nacionalismo es el progreso. Porque ha sido el empuje de la economía local, las necesidades de su industria y su crecimiento urbano, lo que ha traído a Cataluña esas muchedumbres de andaluces, gallegos, murcianos y almerienses, y atrae ahora a marroquíes, subsaharianos, ecuatorianos, colombianos, peruanos, albaneses, kosovares, ucranianos y de muchas otras culturas, que están modelando, poco a poco, una sociedad cada vez menos homogénea y unitaria, cada vez más diversa y plural, en cuanto a lengua, raza, creencias y costumbres. ¿Es de veras, eso, una tragedia? Lo cierto es que, como lo acaba de recordar una escribidora catalana, Rosa Regàs, la tradición de Cataluña es producto de múltiples migraciones superpuestas (iberos, griegos, fenicios, cartagineses, godos, judíos y árabes, entre otras), y probablemente lo más creativo y original que ha dado el arte y la literatura catalanes exprese precisamente esa vocación cosmopolita y universal (de Pla a Tapiès, de Gaudí a los Goytisolo y Marsé, de Dalí a Mendoza, Félix de Azúa o Gimferrer). Si es que alguna vez fue esa sociedad integrada, que hablaba una sola lengua, creía en un solo dios, era de una sola raza y compartía unas mismas costumbres, que los nacionalistas quisieran salvar de la desintegración, Cataluña ya no lo es ni en todo caso volverá a serlo nunca. Y, en buena hora, porque gracias a esa transformación ha alcanzado los altísimos niveles de vida de que ahora goza y ha dejado atrás la barbarie del subdesarrollo, de la miseria y del hambre del que escapan esos pobres emigrantes que tanto asustan a la señora Ferrusola y al señor Barrera.

Esta misma mañana, antes de sentarme a escribir este artículo, leí en los periódicos una información que, ésta sí, justifica todas las alarmas: la ONU prevé que en los próximos 50 años España, el país europeo de natalidad más decreciente, pasará de tener los cuarenta millones de habitantes que tiene ahora a sólo treinta y uno. Esto significa que, para suplir la falta de mano de obra que ese encogimiento de la población va a exigir, al igual que el resto de la Europa desarrollada por lo demás (donde el problema también se presenta, aunque no con la misma intensidad), España va a tener que recurrir a una inmigración masiva, si quiere mantener los altos niveles de vida que ha alcanzado, y más todavía si quiere seguirlos mejorando. Esta es una realidad concreta, no una cábala ni una fantasía, un problema que tiene solución, a condición que sea encarado y resuelto, desde ahora.

¿Cómo? Combatiendo los torpes prejuicios y los miedos ancestrales que rodean el tema de la inmigración. Por una parte, ésta es inevitable y por otra parte necesaria, de modo que debe ser vista no como un problema sino como una solución. Ningún país moderno de Occidente puede seguir siéndolo si cierra sus fronteras y no recurre a los trabajadores extranjeros para llenar los puestos de trabajo de ese mercado laboral creciente que implica el desarrollo. Esto, desde luego, es una bendición para todos aquellos a quienes sus países, por culpa de sus gobiernos corrompidos e ineptos, no ofrecen condiciones mínimas de supervivencia y se ven obligados a emigrar. Ambas necesidades deben complementarse en políticas inteligentes, que beneficien por igual a unos y a otros. Desde luego que es más sensato favorecer la inmigración, legalizándola y regularizándola de acuerdo a las necesidades de mano de obra del país receptor, que prohibirla y combatirla, pues esto no la frena -como lo sabe Estados Unidos, donde las cuantiosas sumas que se gastan tratando de atajar la inmigración ilegal no impiden que ésta siga proliferando-, y, más bien, hace que esa migración ilegal sea caótica y fuente a menudo de operaciones gansteriles y mafiosas.

El inmigrante es una fuente de desarrollo y de progreso y genera mucha más riqueza de la que le cuesta al país que lo recibe. Y esto no debe entenderse en términos sólo económicos, también culturales y sociales. Una cultura, como una sociedad, se condena a la decadencia y a la esclerosis, si no se renueva y enriquece mediante intercambios y mezclas que la mantengan siempre joven, viva. También en ese sentido, las migraciones son una inyección de energía y vitalidad, para los pueblos que saben aprovechar todo lo que es aprovechable en ellas, que siempre es mucho. Desde luego que, a veces, los inmigrantes, procedentes de sociedades religiosas fanáticas o primitivas, acarrean con ellos instituciones o costumbres que son incompatibles con los derechos humanos y las normas elementales de la civilización (como la castración femenina o los matrimonios pactados por los padres, con prescindencia de la opinión de la mujer) que no son admisibles en un país democrático, y que generan problemas. Pero ello puede ser contrarrestado con iniciativas hábiles, de parte de los gobiernos, para facilitar la integración del inmigrante mediante programas educativos y de información, como las que se practican ya en Holanda y algunos países escandinavos. Ése es el ejemplo a seguir.

De manera que sí hay esperanzas para el futuro de Cataluña. A condición de que, antes que nada, los que la queremos la salvemos de las paranoias nacionalistas.

Aznar afirma que el futuro de España se juega en las elecciones vascas
Sostiene que es «posible, probable y deseable» que Mayor Oreja sea el próximo lehendakari Alaba al ex ministro de Interior por dejar el Gobierno para «jugársela» en los comicios del 13 de mayo
R. GORRIARÁN COLPISA. MADRID El Correo   5 Marzo 2001

El presidente del Gobierno concede una importancia vital a lo que suceda el próximo 13 de mayo. Hasta el extremo de que «la esperanza de España pasa por lo que ocurra en las próximas elecciones vascas». Así lo proclamó ayer José María Aznar en la clausura del congreso de Mujeres por la Democracia, un acto en el que subrayó que el PP concurre a los comicios con aspiraciones de «gobernar, tomar decisiones y contribuir a normalizar el País Vasco».

Que Aznar otorga gran relevancia a las elecciones vascas era conocido, pero hasta ahora no había dicho que en esas votaciones está en juego el futuro de España. El jefe del Ejecutivo dio ese paso ayer y por la trascendencia que atribuye al 13-M, justificó que el PP ponga en juego «lo mejor y lo más importante» del partido en el envite, en referencia a la candidatura de Jaime Mayor Oreja.

El presidente del Gobierno señaló que «por primera vez en mucho tiempo» se ha abierto camino la posibilidad de la alternancia y el paso del nacionalismo a la oposición. «Ese cambio», que se materializaría con la llegada del ex ministro de Interior a Ajuria Enea, «es posible, probable y deseable».

«Una gran persona»
Aznar no escatimó elogios hacia Mayor Oreja, al que definió como «gran ministro y gran persona», porque ha preferido dejar la seguridad del Ejecutivo central, «bien que en una silla muy incómoda», y «jugársela» como aspirante a lehendakari para que «nuestro país siga mejorando y sigan abriéndose posibilidades en la sociedad vasca». Anunció que él y el PP van a poner «todo el empeño» para conseguir que el ex ministro sea el relevo de Ibarretxe. De hecho, el presidente tiene una agenda cargada para la precampaña, con visitas al País Vasco casi todos los fines de semana. El sábado acudirá a San Sebastián a un acto con mujeres parlamentarias y dentro de catorce días estará en Vitoria para presentar la candidatura de Mayor.

El jefe del Ejecutivo señaló también que su partido se presenta a las elecciones sin ánimo de revancha hacia los nacionalistas, porque «nunca hemos mirado para atrás»; pero tampoco está dispuesto a olvidar lo que ha ocurrido en los últimos años, ya que «nunca hemos mirado hacia otro lado». La ausencia de ajustes de cuentas con el nacionalismo también es un argumento defendido por Mayor Oreja, quien aseguró en una entrevista publicada ayer en ‘El Mundo’ que «jamás» será «revanchista». El candidato empeñó su honor en ser «el lehendakari de todos».

Por su parte, Carlos Iturgaiz, quien participó en Bilbao en una reunión con interventores y apoderados del PP, aseguró que la coalición PNV-EA «es el pacto del nerviosismo y la debilidad». Tras augurar que «no funcionará», pronosticó que «traerá consecuencias cainitas» para el nacionalismo. Además, exigió a la formación jeltzale «que no mienta y diga ahora si después de las elecciones va a pactar con HB», como ya hizo en 1998, y agregó que Ibarretxe «intenta ser como Pilatos y se lava las manos diciendo que los malos son ETA, PP y PSOE». «Ya no le vale», zanjó, «porque buscar equidistancias entre víctimas y verdugos es provocar a los demócratas».

El ataque a EL CORREO genera una repulsa unánime contra los violentos
Partidos, grupos cívicos, periodistas y lectores animan a seguir defendiendo la libertad de expresión «Atentan contra derechos básicos»
BILBAO  El Correo   5 Marzo 2001

«Traba a la pacificación»; «intento de silenciar la discrepancia»; «agresión a los derechos fundamentales»; «ejercicio de totalitarismo»; «minado de uno de los pilares básicos de la democracia»; «persecución fascista»; «intimidación»; «atentado contra los trabajadores de un periódico»; «anacronismo»; «acción sin pies ni cabeza»; «vana pretensión de amordazar la libertad». Este es el resumen en titulares de las múltiples expresiones de solidaridad recibidas en las últimas horas en EL CORREO, cuyas instalaciones en el barrio bilbaíno de Bolueta fueron objeto el pasado sábado de un ataque con ‘cócteles molotov’.

El lehendakari; los líderes de las formaciones políticas democráticas; dirigentes de organizaciones pacifistas; portavoces de grupos cívicos comprometidos con la causa de la libertad; directores de medios de comunicación españoles y europeos; corresponsales extranjeros; sindicatos; lectores anónimos; muchos colegas. Estos son los sujetos de esta información, que tiene su origen en la veintena de artefactos incendiarios arrojados sobre las 21.40 horas por un grupo de encapuchados contra la fachada trasera de esta casa.

Algunos no estallaron. Otros prendieron en los toldos que cubrían los ventanales de la redacción, frente a los que se sentaban un puñado de profesionales. A menos de medio metro. A toda la distancia posible de la sinrazón que nos convierte hoy en protagonistas involuntarios de la noticia. Los propios periodistas y los guardas de seguridad interna sofocaron unas llamas que sólo han servido para alimentar una reacción de denuncia y repudio. Y éstas son algunas de sus voces:

«Está claro que estos fascistas tienen miedo a la difusión de las opiniones diferentes», dijo el secretario general del PSE en Vizcaya. Y lo demuestran, según Patxi López, «con este nuevo intento de provocar no sólo daños físicos y materiales, sino una merma de nuestra libertad».

Queda la palabra
Libertad. Una palabra, un concepto, recurrente en todas las condenas. Como la del portavoz del PP en la Cámara de Vitoria, Leopoldo Barreda: «Con su interés inusitado por acallar toda disensión, ETA ha dado prioridad a silenciar la libertad de prensa, precisamente, la que hace posible ver la respuesta crítica de la mayoría de la ciudadanía vasca frente a la propuesta totalitaria del terror, que quiere imponer su voluntad al conjunto de la sociedad».

Una aspiración que el líder de Unidad Alavesa atribuye al «nacionalismo radical». «Están dispuestos a atemorizar y tapar la boca a todo aquel que, cumpliendo con su deber, quiere ejercer su derecho a la libertad de expresión», resumió Pablo Mosquera. Una labor «fundamental», «indispensable», que los informadores, según el dirigente foralista, deben desarrollar con «coraje» y «dignidad», porque la profesión les coloca «en la vanguardia» de la lucha colectiva por una sociedad de «ciudadanos normales y libres».

Pero no es la sociedad del presente. Desde la óptica de Gesto por la Paz, asistimos en los últimos tiempos a un recrudecimiento de la «violencia de persecución», que afecta «a un número cada vez mayor» de personas y colectivos. Sujetos todos ellos de una acción «irresponsable -en palabras del secretario general de EA, Gorka Knörr-, que no puede romper nuestra idea de construir, entre todos, una Euskadi libre y en paz».

«Por encima de la discrepancia», como afirmó la presidenta de la formación nacionalista, Begoña Errazti. «Desde el respeto a la convivencia», como aleccionó el peneuvista Iñaki Anasagasti, quien condenó unos hechos que suponen «un ataque a la libertad de expresión, que es la columna vertebral de una democracia sana», y «un intento de intimidación a un grupo de profesionales». Y el dirigente del PNV fue todavía más allá: «Pedimos a HB que los denuncie».

Desde sus nuevas siglas, las de EH, Arnaldo Otegui tiró del habitual «reflejo del clima de crispación» y advirtió que «ni la represión ni recetas caducas como el Estatuto o la Constitución permitirán superar este clima».

Aparecen carteles de Haika contra ediles y periodistas de Irún
Irún (Guipúzcoa). Agencias ABC  5 Marzo 2001

Varios carteles, firmados por la  organización juvenil radical Haika, en los que se tacha de «fascistas» a distintos concejales del PP y el PSE, así como a periodistas de Irún han aparecido en esta localidad guipuzcoana, informaron hoy fuentes municipales.

Los pasquines, de tamaño folio, fueron localizados ayer en las céntricas plazas de Urdanibia y San Juan de Irún.

En ellos figuran los nombres de seis ediles municipales y tres periodistas de este municipio, junto a un texto en euskera en el que se lee: «A los que están día y noche contra Euskal Herria, dos palabras: fascistas en Irún».

Los citados en estos carteles son el alcalde de Irún, Alberto Buen (PSE/EE); los concejales de este mismo partido Miguel Angel Paez, quien se ocupa de Obras y Mantenimiento, y Fernando San Martín, concejal de Educación, Euskera y Cultura; el portavoz municipal del PP y edil de Urbanismo, Borja Semper; así como los ediles populares de Deportes, Juana María de Bengoetxea, y de Seguridad Ciudadana, José María Lizarraga.

Junto a ellos, figuran los nombres de tres periodistas: el locutor de Radio Irún, de la cadena Ser, Juantxo Atxukarro; la responsable de la revista en euskera "Irunero" y redactora de la televisión local Txingudi Telebista, Ana Grijalba; así como la presentadora del informativo regional de Antena 3 en el País Vasco, Lourdes Maldonado.

AQUELLOS POLVOS…
Grupo La Paloma   5 Marzo 2001
www.geocities.com/grupolapaloma

            “Etnográficamente hay diferencia sustancial entre ser español y ser euskeriano, porque la raza euskeriana es sustancialmente distinta de la raza española... Si fuese moralmente posible una Bizkaya foral y euzkeldun (o con Euskera), pero con raza maketa, su realización sería la cosa más odiosa del mundo, la más rastrera aberración de un pueblo, la evolución política más inicua y la falsedad más estupenda de la historia... y vosotros, degenerados y corrompidos por la influencia española, o los habéis adulterado por completo, o los habéis reemplazado por los usos y costumbres de un pueblo a la vez afeminado y embrutecido... Tanto nosotros podemos esperar más de cerca nuestro triunfo, cuanto España se encuentre más postrada y arruinada... el favorecer la irrupción de los maketos es fomentar la inmoralidad en nuestro país; porque si es cierto que las costumbres de nuestro Pueblo han degenerado notablemente en esta época, débese sin duda alguna a la espantosa invasión de los maketos, que traen consigo la blasfemia y la inmoralidad... Es preciso aislarnos de los maketos en todos los órdenes de la vida... Gran daño hacen a la Patria cien maketos que no saben euskera. Mayor es el que le hace un solo maketo que lo sepa... Si a esta nación latina  la viésemos despedazada por una conflagración intestina o una guerra internacional, nosotros lo celebraríamos con fruición y verdadero júbilo, así como pesaría sobre nosotros como la mayor de las desdichas, como agobie y aflige al ánimo del naufrago el no divisar en el horizonte ni costa ni embarcación, el que España prosperara y se engrandeciera... El bizkaino es de andar apuesto y varonil; el español, o no sabe andar (ejemplo, los quintos) o si es apuesto es tipo femenil (ejemplo, el torero). El bizkaino es nervudo y ágil; el español es flojo y torpe. El bizkaino es inteligente y hábil para toda clase de trabajos; el español es corto de inteligencia y carece de maña para los trabajos más sencillos... El bizkaino no vale para servir, ha nacido para ser señor (“etxejaun”); el español no ha nacido más que para ser vasallo y siervo... Ved un baile bizkaino presidido por las autoridades eclesiásticas y civil y sentiréis regocijarse el ánimo al son del “txistu”, la alboka o la dulzaina... presenciad un baile español y si nos acusa náuseas el liviano, asqueroso y cínico abrazo de los dos sexos queda acreditada la robustez de vuestro estómago... Oidle hablar a un bizkaino y escuchareis la más eufónica, moral y culta de las lenguas; oidle a un español y si solo le oís rebuznar podéis estar satisfechos, pues el asno no profiere voces indecentes ni blasfemias...” Sabino Arana, fundador del Partido Nazionalista Vasco.

…TRAEN ESTOS LODOS:

    “Tanto ETA como el PNV nacieron para liberar al País Vasco... No creemos que sea bueno que ETA sea derrotada. No lo queremos y no sería bueno para Euskalherría... Nunca le pediré a ETA que se disuelva mientras haya un preso en la cárcel... Como ETA, el PNV también quiere que se nos reconozca como nación... Uno no se puede imaginar a un catalán con un arma en la mano, pero a un vasco sí; es una cuestión de carácter... Unos tienen que agitar el árbol, para que otros recojamos las nueces... Si no hubiera mediado una inmigración masiva, la fuerza del nacionalismo hubiera sido totalmente hegemónica...” (Frases pronunciadas por Xavier Arzallus, presidente del P.N.V.).

     Y...     Más de ochocientos asesinatos, de ellos veinticuatro niños, cientos de mutilados, familias destrozadas, miles de amenazados de muerte y exiliados:

103 años de “logros” nazionalistas 

¿Esta es la Euskadi que deseas seguir teniendo?  

Mayor Oreja
FRANCISCO UMBRAL El Mundo  5 Marzo 2001

No va contra las ideas ni contra los partidos ni contra las creencias ni contra las supersticiones, siquiera. Mayor Oreja va al País Vasco, con ambiciones de lehendakari, pero sólo contra el crimen, limpia y escuetamente contra el crimen.

Se produce así un proceso seco, limpio, claro como una espada, impecable. Es la ley contra el crimen y basta. No se trata de aclarar ideas, ni de hacer política, de cambiar los factores ni los colores. Se trata de un campeón de la ley contra los campeones de la muerte. Cuando Mayor Oreja llegue a lehendakari, si llega, habrá sido democráticamente, y el proceso es insólito: un ministro de Madrid entrando democráticamente en el poder, en otro poder. Se habían pensado muchas maneras de combatir el crimen, la guerra -incluso con la «guerra sucia»- pero nunca había pensado nadie en ganar a votos, mejor que a tiros. La idea es peligrosa por audaz, o a la inversa, pero Jaime Mayor puede decirse que ha partido ya para el peligro. No va a montar un western en el País Vasco (que es como se ha querido presentar la cosa por parte de los enemigos y los disconformes), sino que va a imponer la democracia con los tiros indispensables, mejor ninguno.

La experiencia es interesante, histórica, nueva y arrogante. Lo que lleva allí Jaime Mayor no es la provocación -quede bien entendido-, sino en todo caso la democracia. Igual podría haber ido un socialista, pero la cosa ha nacido en La Moncloa. Mayor no va contra nadie sino a defender lo que diga la democracia. Esto es una experiencia policial, conviene mucho que el pueblo lo sepa, sobre todo el pueblo vasco. Mayor es, por ejemplo, mucho menos agresivo que Garzón. Mayor no quiere salirse un paso de la ley. Pero en el problema de ETA se han ensayado ya todos los procedimientos, los buenos y los malos, menos el procedimiento democrático, que por otra parte era impensable cuando las naturales mayorías nacionalistas en aquel país. Ahora es el pueblo, con sus manifestaciones, quien anticipa una posible victoria de la democracia en una tierra que va perdiendo el camino. Y si la democracia se impone, JMO va allí a defenderla, a luchar por ella, a distribuirla para todos, a convertirse él mismo en el primer demócrata vasco.

Triunfante o frustrada, la experiencia habrá sido interesante para todos y muy reveladora de lo que de verdad pasa allí. Al electorado vasco se le pone en un sutil trance, en una clara disyuntiva, y por eso deben tener claro que Mayor Oreja no es un invasor sino simplemente un español que vota y al que votan. Aun cuando pierdan los partidos nacionales, la lección les quedará para siempre en su repertorio.

No se trata de una victoria ni de una derrota dramática, sino de profundizar una nueva vía -la policial, regida siempre por la democracia-, pues que policiales y policíacos son y han sido tantos casos en la trayectoria de ETA. El laberinto de Euskal Herria ha llegado a ser demasiado complejo para todos. Una pasada de buen orden en democracia le conviene incluso a ETA, para ahuyentar los últimos rumores de que están enredados y confusos, desorientados y precipitados. Nuestro hombre puede ser un noble fracaso o una inédita y bizarra iniciativa.

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