AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 11  Marzo  2001
#A pie de calle
FERNANDO SAVATER El Correo 11 Marzo 2001

#Entrenados en el odio
JOSÉ MARÍA CALLEJA El País  11 Marzo 2001

#País Vasco: información o barbarie
PEDRO J. RAMIREZ Carta del Director El Mundo 11 Marzo 2001

#No hay que hablar
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 11 Marzo 2001

#PNV, Eta y la hora de la verdad
José María CARRASCAL La Razón  11 Marzo 2001

#Solos
ERASMO El Mundo 11 Marzo 2001

#Dos hombres sensatos
M. MARTÍN FERRAND ABC  11 Marzo 2001

#Voluntarios de la libertad
SANTOS JULIÁ   El País 11 Marzo 2001

#Cobardía
Pilar CERNUDA La  Razón  11 Marzo 2001

#Dolor y sensatez
Editorial El Correo   11 Marzo 2001

#La claridad de Emilio Ybarra frente al terrorismo
CARLOS TORO El Mundo  11 Marzo 2001

#Engaños nacionalistas, verdades a medias
ENRIQUE VILLAR MONTERO El Correo  11 Marzo 2001

#Detenido en Francia el dirigente de ETA máximo responsable de la red de espionaje «Sarea»
FERNANDO LAZARO El Mundo  11 Marzo 2001

#Ybarra asegura que la lucha contra el terrorismo es una cuestión de 'supervivencia'
ANA LORENZO. Enviada especial El Mundo 11 Marzo 2001

#Hispanos en Estados Unidos
Editorial ABC 11 Marzo 2001

#El Foro de Ermua traslada al Vaticano el problema vasco
El Mundo 11 Marzo 2001

#Sesenta mil personas del cinturón industrial bilbaíno clamaron en Portugalete contra ETA
  J. L. ÁLVAREZ  PORTUGALETE La Voz 11 Marzo 2001

#Padres y amigos, la clave
JAVIER ELZO El País  11 Marzo 2001

#Días de 24 horas y padres trabajadores
Nota del Editor 11 Marzo 2001

A pie de calle
FERNANDO SAVATER El Correo 11 Marzo 2001

Un fantasma recorre Euskadi ante las próximas elecciones de mayo: la falta de igualdad de oportunidades entre las diversas formaciones políticas cara a la cita electoral. Como algunos llevamos cierto tiempo ya denunciando esta evidencia -sólo negada por quienes se benefician de ella- se ha desatado una campaña de virtuoso escándalo por parte nacionalista destinada a asegurar a la opinión pública que en el País Vasco todo el mundo tiene idéntica posibilidad de expresión y participación política. De esta forma se trata de poner la venda antes de que sangre la herida, para prevenir futuros reproches de ventajismo que podrían hacer tras los comicios quienes se ven ya damnificados a causa de las condiciones hoy reinantes de violencia, chantaje y manipulación informativa por parte de los medios públicos de la CAV. Incluso el todavía lehendakari Ibarretxe ha dedicado buena parte de la entrevista que le ha hecho ETB en ‘prime time’, dentro del programa ‘Políticamente Incorrecto’, que compartió con el siempre inspirado Heribert Barrera, a tranquilizar a la opinión vasca a este delicado respecto. A mí, sin embargo, no me convencen estas palinodias y quisiera exponer otra vez por qué.

El problema tiene dos partes: la libertad de elegir a quién se quiera y la libertad de hacer campaña electoral como y donde se quiera. En cuanto a lo primero, es cierto que cada cual puede votar su opción preferida aunque en algunas localidades pequeñas -donde todo el mundo se conoce y se observa- la presión de los violentos puede hacer especialmente incómodas ciertas tomas de partido. Se ha sugerido que quizá en el futuro el voto por Internet pueda reforzar la confidencialidad y favorecer el que todo el mundo tenga ocasión de optar libremente sin miedo a represalias. Es, sin duda, una solución digna de estudio.

Pero lo verdaderamente más grave es lo segundo, es decir, las cortapisas que ahora existen para que los partidos constitucionales puedan efectuar con igualdad de oportunidades su campaña electoral. Todos sabemos la importancia que tiene en el País Vasco, principalmente en los pueblos o ciudades de menor tamaño, el contacto de tú a tú con los votantes. Arzalluz hace poco exhortaba a los militantes del PNV a ganarse el voto «a pie de calle», pateándose cada taberna, cada plaza o cada caserío. Es un buen sistema, pero exige proximidad y fácil acceso de los electores a los candidatos. ¿Cómo van a disfrutar de tales requisitos quienes no pueden moverse entre la población sin una nube de guardaespaldas y todo tipo de precauciones, fatales para la espontaneidad que se busca en esos casos? Hay sitios en que la simple aparición de un candidato del PP o del PSOE sería vista ya como una intolerable provocación, no por la gente común, sino por el puñado de talibanes intransigentes que la controlan y se imponen como sus inevitables portavoces.

Aunque ya sé que resulta muy difícil, sería deseable, sin embargo, que los que figuran en las listas de esos partidos hostigados se presentasen a hacer campaña en todas las localidades, incluso en aquellas donde jamás se ha votado nada que no fuese nacionalista. Y que, como ya hizo con toda lógica y razón Carlos Iturgaiz en su día, solicitasen para poder ejercer sin sobresaltos su derecho a la compañía de los nacionalistas de buena voluntad, que aunque no compartan su discurso deberían estar dispuestos a dar la cara junto a ellos para que pudieran seguir diciéndolo. Sería una hermosa lección de democracia destinada a los intransigentes y los sacamantecas ideológicos que medran gracias al miedo que inspiran a todos aunque no convenzan a casi nadie.

No se trata en absoluto de «paranoia», como le han dicho que diga a Josu Jon Imaz. No son paranoicos quienes, acostumbrados a sufrir atentados hasta en los cementerios, aún más pueden temerlos en actos electorales. En todo caso serán paranoicos algunos nacionalistas que, pese a que nunca han visto saltar por los aires a ningún miembro de su partido, ya se han pedido por si acaso coche blindado... Ni tampoco puede compararse la situación de quienes no pueden hacer campaña a pie de calle con la mayor o menor atención que los medios de comunicación prestan a cada candidato. De hecho, la mayor dificultad de la coalición PNV-EA no es la falta de atención a sus propuestas políticas en prensa, radio o televisión, sino el tener que presentarlas rodeadas de tal ambigüedad que no quede nunca claro si son partidarios del soberanismo, el autonomismo o el mediopensionismo. Como la autodeterminación es cosa que lleva mucho tiempo, no pueden por lo visto incluirla de manera explícita y detallada en un programa electoral a cuatro años vista (que son los únicos que hay, porque nadie hace programas electorales para el próximo medio siglo o milenio); por otra parte, tampoco pueden renunciar del todo a los guiños independentistas, que cuando son lo suficientemente vagos no dejan de tener su público, así que... áteme usted esa mosca por el rabo.

Qué es lo que está en juego en las elecciones del 13 de mayo? Quizá quien mejor ha resumido el objetivo a conseguir, aunque con el signo cambiado, sea el santo obispo de Solsona: según él, lo preferible es que gane el PNV «porque son los de allí». Pues no, monseñor, la verdad es que también somos de aquí quienes no votamos al PNV, incluso quienes no somos nacionalistas. También somos de aquí los que suscribimos como ciudadanos individuales el pacto por la libertad y contra el terrorismo que han firmado el PSOE, el PP y otras corporaciones sociales. Pero el error del señor obispo es comprensible, porque no resulta fácil para muchos de quienes ‘somos de aquí’ hacernos oír precisamente aquí, en plano de igualdad y normalidad con otras opciones políticas. Y eso es lo que hay que lograr desde ahora hasta las elecciones: que nadie sea tratado como forastero enemigo en su propia tierra por razones ideológicas. Y esperemos que luego salga adelante no el proyecto que promete felicidad a unos cuantos vascos a costa de los demás, sino el que nos permitirá vivir a todos juntos... aunque sea polémicamente, pues la polémica es parte de la salud democrática.

Entrenados en el odio
JOSÉ MARÍA CALLEJA El País  11 Marzo 2001
José María Calleja es periodista.

La detención de 15 jóvenes pertenecientes a Haika tiene la parte positiva de atacar la impunidad y quitar de la circulación a un grupo de sujetos que tarde o temprano empuñarán las armas, pero alerta sobre el hecho de que haya personas, nacidas todas ellas después de la muerte de Franco, que deciden que la realización de sus anhelos adolescentes pasa por pegarle un tiro en la nuca al prójimo. Sabemos que los autores de los últimos crímenes, incluido el del ertzaina Iñaki Totorika, perpetrados por el grupo terrorista ETA, son jóvenes, y les adelanto que está a punto de aparecer en la escena criminal una nueva promoción de adolescentes, quién sabe si más sanguinarios. Cuando la leva, voluntaria o forzosa, llega a los que acaban de dejar de ser niños, es un síntoma evidente de que la guerra está a punto de acabarse, pero ¿qué ha pasado en estos 20 años de democracia en el resto de España y de libertad vigilada en el País Vasco para que en Euskadi se haya creado una generación de gente dispuesta a matar? Ha pasado algo tan sencillo y tan complejo como que se ha creado, a conciencia, una generación de seres odiantes: sujetos entrenados en el odio desde muy pequeños, que son capaces luego de asesinar con absoluta anestesia moral y de sentimientos respecto de sus víctimas desconocidas, sujetos que persiguen a la víctima por un aparcamiento y le arrancan del lugar en el que se acurruca despavorida, le sacan a los medios y allí le descerrajan un tiro en la cabeza; sujetos que aprietan el botón criminal a sabiendas de que morirá el destinatario de la bomba, pero también otros que le rodean y nada tienen que ver con él; individuos que llaman a una viuda para que les devuelva la bala con la que acaban de matar a su marido o que, en fin, profanan tres, cuatro, cinco veces, la tumba de un concejal asesinado, como si no les pareciera suficiente para saciar su odio una sola muerte por cada víctima. ¿Cómo se produce esta hinchazón de odio? ¿Con qué pasta se amasan las entendederas de estos estajanovistas del odio, máxime en el contexto de un país con insultante nivel de bienestar material?

Pues este odio se inocula en algunas familias, en las que los niños, desde muy pequeñitos, oyen historias melancólicas que hablan de esplendores pasados, tan pasados que nunca han existido, y en las que se divide el mundo entre malos, muy malos, sin brizna de bien alguno, y buenos impolutos, sufridores e incomprendidos. Este odio se planifica en determinados centros de enseñanza en los que los niños cantan letras a ritmo de rap en las que se poetizan las desgracias de tener que vivir con los españoles y se delira con lo felices que seremos el día que se vayan todos ellos y volvamos a la Arcadia feliz. El odio se enseñorea cuando en ciertos medios de comunicación, públicos y privados, se difunde machaconamente una visión siempre peyorativa de los que previamente se ha etiquetado como enemigos. El odio se legitima cuando determinados líderes políticos nacionalistas dicen que hay que 'aniquilar' a los oponentes españoles, lapsus freudiano que apenas se corrige con un parpadeo en el que se apostilla que la aniquilación será política, o equiparan a los que pegan tiros como quien va a la oficina con los que los reciben por pasar por allí, o mueren por ser tan políticamente incorrectos como para defender la Constitución y el Estatuto, militancias políticas para las que el proyecto nacionalista reserva la pena de muerte abolida por la Constitución. Desparrame de odio el que rezuman las arengas de algunos líderes religiosos, siempre dispuestos a ser omnicomprensivos con los supuestos idealistas que dicen jugarse la vida -pero que en realidad se la arrebatan a otros- para liberar un país en el que algunos se sienten oprimidos desde el neolítico, más o menos.

Difícilmente podremos convivir en el País Vasco con este superávit de odio que tanta muerte trae mientras persista tan perverso entrenamiento, mientras se estrangule la historia, en los discursos y en algunos libros de texto, hasta confirmar los delirios; difícilmente se podrá vivir en democracia, es decir, convivir entre distintos, si no se educa en valores a los jóvenes, valores que nos hagan ver que el otro nos es necesario y que tiene que ser distinto aunque sólo sea para poder discutir con él. Hoy todavía está de moda en el País Vasco el matonismo supuestamente político. Individuos que suelen ser los torpes de la clase alcanzan el minuto de gloria al entrar en el rebaño de una organización que no les exige más que impulsos primarios y que a cambio les proporciona el calor de establo que les exime de la responsabilidad individual, una organización que mata a uno para atemorizar a cien mil y que respalda al chulo del barrio cuando discute, por ejemplo, con el decano de la facultad que se atreve a reprocharle la colocación de unos carteles en los que se amenaza a profesores escoltados. Se ha creado una generación que entiende que matar al otro es la forma natural de resolver los problemas, que jalea la muerte ajena como si cantara en la última fila del autobús escolar y que, siendo criminal, se siente víctima incomprendida.

Afortunadamente, este superávit de odio se ha empezado a desactivar con la actuación de algunos heroicos ciudadanos vascos, siempre dispuestos a tener más dignidad que miedo; ese amplio catálogo de odios, que se ensanchan con la impunidad, se va a adelgazar si después de las elecciones autonómicas se forma un gobierno que luche por restablecer lo obvio y empiece a cortar el suministro de odio.

País Vasco: información o barbarie
PEDRO J. RAMIREZ Carta del Director El Mundo 11 Marzo 2001

El siguiente texto corresponde a la última parte de la conferencia pronunciada el pasado miércoles por el director de EL MUNDO en la Academia de la Historia, bajo el título genérico de «El triunfo de la información», dentro del ciclo dedicado a los 25 años del reinado de Juan Carlos I

Tenemos ante nosotros una encrucijada en la que los valores constitucionales están en juego en términos muy similares a los que se plantearon en otros momentos claves de este último cuarto de siglo como los años del golpismo militar o los de la corrupción felipista. El País Vasco es el último reducto de la España vieja e intelectualmente atrasada en el que no se ha producido aún el triunfo de la información sobre la falsificación mítica de la realidad. De la misma manera que los nostálgicos franquistas se aferraban a una imaginaria «reserva espiritual de Occidente», fruto de la «cruzada de liberación» emprendida y culminada por quien era «Caudillo por la gracia de Dios»; de la misma manera que los felipistas recalcitrantes denunciaban que la «derecha» quería quitarle el despacho al hermano de Alfonso, porque las fuerzas reaccionarias se resistían a esa «pasada por la izquierda» que tan bien reflejaban aquellos idílicos carteles electorales en los que sólo los niños y los pájaros alborotaban la armonía del paraíso progresista que al fin el PSOE había traído a esta tierra; de la misma manera el nacionalismo vasco enarbola ahora el estandarte del soberanismo étnico y lingüístico, presentando al País Vasco como una nación invadida y ocupada, omitiendo la verdad de una historia secular común, escamoteando el dato de que -como bien acaba de subrayar Onaindia- hasta 1890 no hubo vascos que no se sintieran españoles y pretendiendo proyectar hacia el milenio de la globalización los planteamientos racistas y aldeanos de Sabino Arana.

Todo fanatismo tiene su secreción violenta hacia la que los dirigentes del movimiento político mantienen una actitud ambigua y equívoca. Aunque la contumacia y la sanguinaria aberración de ETA haga imposible equipararla con ninguna otra banda armada contemporánea, sí que es pertinente subrayar que Tejero y sus oficiales golpistas -como los ultras que años antes asesinaron a los laboralistas de Atocha- también encontraron su caldo de cultivo en la ideología de los nostálgicos del franquismo, y que los altos cargos de Interior que montaron los GAL -mientras de paso saqueaban la caja- también actuaron dentro de un contexto en el que se había extendido la noción de que el fin de consolidar la causa «progresista» en España justificaba emplear cualquier tipo de medios.

Quien eleva los falsos mitos a la condición de dogma siempre tiende a blindarlos con la paranoia de la teoría de la conspiración. La actual reacción de los dirigentes del PNV presentándose como víctimas de una campaña orquestada contra el nacionalismo vasco, no es sino la última mutación de la «conjura judeo-masónica» denunciada por los franquistas o del «vendaval antidemocrático» fustigado por Guerra y sus espabilados conseguidores.

Y el denominador común de esos atrincheramientos en la mentira es la demonización de la «canallesca» (Blas Piñar dixit), del «gusano goebbelsiano» (Ferraz dixit), o de la «Brunete mediática» (Anasagasti dixit, Arzalluz dixit, Otegi dixit).

Esas descalificaciones son siempre expresiones del pánico a quedar en evidencia si la prensa cumple su labor y arrebata a los aspirantes a depositarios de la verdad revelada el control sobre la propia significación de las palabras. Porque fue la prensa -o al menos parte de ella- la que demostró al final del franquismo que no podía haber «paz» y «orden» sin libertad, que la democracia nunca podía ser «orgánica» y que todo desfile «de la Victoria» que se celebrara en España lo era a la vez y con igual intensidad «de la Derrota». Porque fue la prensa -o al menos una parte de ella- la que demostró durante los años más duros del felipismo que había pruebas y las seguiría habiendo de las insoslayables responsabilidades penales y políticas de una cúpula dirigente indigna de un régimen democrático. Porque es la prensa -o al menos parte de ella- la que está demostrando, al dejar testimonio diario de los hechos, que en el País Vasco no existe más violación de derechos humanos que la que sufren los no nacionalistas cuando son asesinados, extorsionados, coaccionados y marginados como mínimo ante la pasividad de los dirigentes nacionalistas; y que la retórica invocación al diálogo con los cómplices activos de los que matan no es sino una adormidera para intentar soslayar su propia responsabilidad al suscribir pactos con ellos.

Si el nivel de odio y virulencia contra los medios que incomodan a los fanáticos es un buen baremo de la debilidad de su causa, hay que decir que pocos movimientos terroristas han dado los síntomas de desesperación e impotencia que ofrece ETA. En lugar de intentar captar la atención, el interés o la comprensión de los medios de comunicación hacia sus supuestas razones, la ETA de este último cuarto de hora ha asesinado a un periodista, ha intentado asesinar al menos a una docena más y ha perpetrado atentados contra sedes de periódicos y emisoras. Es todo un síntoma que esta escalada se haya producido en paralelo a las constantes diatribas en las que los líderes del PNV presentan mentirosamente -y ellos lo saben- a la prensa no nacionalista como parte de una maquinaria bélica controlada desde el Ministerio del Interior. En lugar de expresar su solidaridad con las víctimas visitando a los periodistas que han salvado su vida de milagro, personándose en las redacciones atacadas, a las pocas horas de cada atentado el presidente del PNV volvía a echar leña al fuego en la hoguera en la que en cada batzoki y en cada herriko taberna se quema diariamente a la prensa no adicta. Pero a Arzalluz no le importa que nos maten -no en vano dijo que ya le gustaría «quitar de enmedio a más de uno», aunque tras una pausa añadió lo de «políticamente»- mientras la construcción nacional de Euskalherria siga adelante.

Pocas veces los dos extremos de la condición humana han quedado tan nítidamente reflejados como ahora que, a punto de cumplirse el primer aniversario del asesinato de nuestro compañero José Luis López de Lacalle, hemos conocido la antropología de su presunto asesino. Los dos nacieron en el seno de familias humildes, pero mientras la víctima se hizo a sí mismo entre libros que reflejaban el afán de excelencia y los logros del individuo, participó en la fundación de un sindicato como Comisiones Obreras y pagó con la cárcel por luchar por las libertades de los demás; su supuesto verdugo, ese estúpido replicante llamado Iñigo Guridi, jamás leía nada, pasó por la escuela sin que la escuela pasara por él y tras obtener como única graduación la de la kale borroka, es ahora carne de presidio después de abatir a tiros a un hombre indefenso sobre el que lo ignoraba todo.

Antes de caer también detenido, su general en jefe, otro trozo de pedazo de bestia apodado Txapote -el tristemente célebre ejecutor del arrodillado y exánime Miguel Angel Blanco- le dio a este híbrido de robot y acémila su última consigna: «¡Romped, destruid y reventad!». Se refería a la proyectada voladura de la sede del Diario Vasco, única variante del ejercicio del derecho de réplica que estos analfabetos con pistola son capaces ya de practicar.

¿Cuántos Iñigos Guridis, moldeados por las mentiras de muchas ikastolas, acunados por la complaciente modorra de tantos púlpitos, reafirmados por la interpretación nacionalista de la vida por la manipuladora Euskal Telebista, envalentonados por la pasividad intermitente impuesta a la Ertzaintza por sus mandos, formaban parte del batallón de asalto que el pasado fin de semana lanzó una lluvia de cócteles molotov contra las instalaciones de El Correo o de las vandálicas hordas que rugiendo venganza por la detención de sus jefecillos de Haika trataron de causar en la noche del martes los mayores destrozos posibles?

¡Romped, destruid y reventad! Para eso es para lo único que esos jóvenes están ya programados, cual mostrencos talibanes surrealistamente trasplantados a la Europa de la Moneda Unica. Ojalá hubiera manera de interceptarlos a tiempo y cambiarles el programa a ellos y a sus padres. ¡Leed, aprended y reflexionad!

Esa es la alternativa: información o barbarie. No es la verdad revelada, sino el conocimiento racionalista lo que hace libres a los hombres. El triunfo de la información ha supuesto a lo largo del siglo XX, y muy especialmente en sus últimas décadas en España y en el mundo desarrollado en general, el triunfo del conocimiento. Nuestra dignidad como seres humanos, nuestro compromiso como periodistas, nos exige seguir dando esa batalla mientras continúe existiendo algún reducto de irracionalidad y fanatismo. El ejemplo de José Luis López de Lacalle y el de tantos colegas que en los lugares más diversos han dado su vida por la causa de la libertad de expresión ennoblece nuestra lucha. Todo cuanto hemos vivido en España en este primer cuarto de siglo del reinado de Juan Carlos I induce al optimismo. Pero aunque así no fuera, se me permitirá recordar con Tácito que «el principal cometido de la Historia es impedir que las acciones virtuosas caigan en el olvido y conseguir que las conductas malignas teman pasar a la posteridad con una reputación infame». ¿Qué otra cosa hacemos los periodistas sino alimentar de combustible esa imparable locomotora?

Escalada de dislates
El papel lo aguanta todo -y no digamos en un medio con el nivel de pluralismo y heterodoxia que tiene el nuestro- pero desde que anunciamos la decisión de Rodrigo Rato de autoexcluirse de la pugna por la sucesión de Aznar se están diciendo y escribiendo auténticos dislates. La tesis de mi conferencia que hoy reproducimos de forma parcial es, precisamente, la de que la prensa ha sido el factor determinante en diversas situaciones-límite del último cuarto de siglo porque sus denuncias se correspondían con la realidad y se referían a conductas inaceptablemente graves. De ahí que lo peor que pueda pasarnos es la pérdida del sentido de la ponderación.

Cuando se hacen equiparaciones disparatadas, cuando se aplica el mismo baremo a los errores del presente que a los delitos del pasado, cuando se transmite la sensación de que igual dan ocho que ochenta, sufre mucho más la credibilidad de quien suscribe tales opiniones que la del blanco de esa desmesura. Tirar exabruptos contra cualquier tejado sólo sirve, además, para suscitar el jolgorio de aquellos adversarios que, fría y calculadoramente, ya advirtieron que nuestra causa no era la regeneración del sistema sino la destrucción de lo que hubiera.

En EL MUNDO sabemos muy bien lo que es luchar contra un despotismo con fachada democrática y hemos pagado todo tipo de precios por ello. La situación actual no tiene nada que ver con eso. Porque tan cierto como que Aznar no está acertando en las formas y ritmos de su sucesión, es que el origen de ese incómodo problema reside en la decisión sin precedentes de poner voluntario límite a su permanencia en un cargo al que otros se han aferrado hasta la extenuación propia y ajena.

Empecinarse en bautizar de igual manera escenarios tan opuestos ofende a la memoria histórica, desvirtúa nuestra trayectoria y pone en riesgo nuestra solvencia. pedroj.ramirez@el-mundo.es

No hay que hablar
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 11 Marzo 2001

Con los asesinos no hay que hablar, ni dialogar, ni negociar. Hay que perseguirles policialmente, hay que detenerlos, hay que aplicarles la ley, hay que descargar sobre ellos el Estado de Derecho, hay que encarcelarles y que se cumplan las sentencias.

    Juan José Ibarreche, presunto lehendakari del País Vasco, marioneta del ayatolá Arzallus, político siempre propicio a la genuflexión, hermoso segundón a lo Valle Inclán, carita de plata, imagen inequívoca del alumno al que van a catear, ha respondido al último crimen de Eta diciendo que hay que hablar. Pero ¿de qué hay que hablar? ¿De entregar a Eta lo que Eta pide a cambio de que deje de matar? ¿De someterse a la coacción brutal de una banda asesina y ceder ante la violencia? La patética figura del lehendakari de hinojos ante Eta, implorando a los asesinos no se sabe qué mercedes ha llenado de vergûenza al pueblo vasco.

    Tal vez por cobardía moral, tal vez por cobardía física, ya sabemos, gracias a Isabel San Sebastián y a Carmen Gurruchaga, que Javier Arzallus, al menos desde 1991, está engañando al PNV, dedicado a recoger las nueces del árbol zarandeado por Eta. El ayatolá ha sido algo más que el aliado objetivo de los etarras y sus cómplices. Ha sido su seguro servidor.

PNV, Eta y la hora de la verdad
José María CARRASCAL La Razón  11 Marzo 2001

¿Va a permitir ahora el señor Balza a la Ertzaintza cumplir con su deber? ¿Va el consejero de Interior vasco a continuar frenando la actuación de su policía contra la violencia callejera tras haber reconocido que «existe una clara vinculación entre la ''kale borroka'' y Eta»? ¿Va el PNV a seguir cerrando los ojos a la realidad tras el asesinato de uno de sus militantes, miembro de su policía por más señas? Esas son las grandes preguntas que plantean los últimos acontecimientos en Euskadi, trágicos como todos los que suelen ocurrir allí de un tiempo a esta parte. El asesinato de Iñaki Totorika deja al PNV sin coartada, como esos golpes de viento que dejan al torero sin capote frente al toro.

    El enemigo último de Eta no son el PP ni el PSOE. Es el PNV. Pueden haber compartido camino al inicio de su andadura, pero en las etapas finales, se convierten en competidores. En esa Euskadi independiente que ambos sueñan, quienes van a disputar el poder a los nacionalistas radicales van a ser los nacionalistas moderados. Estos no quieren verlo, pero los radicales lo ven perfectamente. Comenzaron matando «españoles» y terminarán matando vascos demócratas para imponer su dictadura. El sueño de Arzallus de que otros sacudan el árbol para recoger ellos las nueces era eso, un sueño más de los tantos con que se alimenta el nacionalismo. Los que sacuden el árbol empiezan ya a sacudirles a ellos. Han caido ya los primeros, ertzainas hasta el momento, pero seguirán empresarios, políticos e incluso clérigos si no se adaptan a la ley de hierro del nacionalismo radical.

    ¿De qué se quejan si fueron ellos quienes crearon el monstruo? La trayectoria del asesino en el País Vasco es lineal y predecible como la trayectoria de una bala: se le enseña a odiar a España en las «ikastolas». Se le adoctrina en las «herriko tabernas». Se le foguea en la «kale borroka». Se le recluta en Jarrai o en Haika. Y se le entrega la pistola en Eta. El PNV sólo ha condenado el último paso, tolerando e incluso fomentando los anteriores. Hoy ve que es una fórmula infalible de suicidio.

    ¿Qué va a hacer ahora? De entrada, el lehendakari ha desconvocado su manifestación «por el diálogo» y convocado otra «contra Eta». Habrá que ver si es un primer paso en el buen camino u otra nube de humo para persistir en el error. Pues el PNV vive preso de su propia mentira. Sólo aceptando la realidad puede salvar a muchos inocentes y, de paso, salvarse él. Pero la realidad es muy dura. Tiene que reconocer que se equivocó. Tiene que admitir que el nacionalismo radical es perverso por naturaleza. Tiene que proclamar que no comparte con él nada. Tiene que hacer, en fin, confesión pública de sus errores y propósito de enmienda de sus planes. La pregunta que flota en el aire mientras se da sepultura a Iñaki Totorika es: ¿A cuántos más funerales tendrán que asistir los dirigentes del PNV para que admitan esta realidad?

Solos
ERASMO El Mundo 11 Marzo 2001

El problema de Arzalluz y su PNV reside en sus quiméricas geometrías, por perseguir, desde el centro de su obsoleta circunferencia, la equidistancia entre la abnegación heroica y la barbarie. Pues la ocupación hegemónica del punto donde reposa la pata inmóvil del compás conduce a la lapidación en soledad indefectible. ¿Y? Se inicia en el Norte la Segunda Transición por no haberse resuelto la Primera.

Dos hombres sensatos
Por M. MARTÍN FERRAND ABC  11 Marzo 2001

El sentido común, al que muchos llaman buen sentido, quizás para atribuirle maldad a los otros, es un ingrediente raro, difícil de encontrar en la vida pública española. En la privada abunda más porque es un bien muchas veces hereditario; pero, en política, ¿cómo seducir a muchos —esencia democrática— con el modesto y no siempre brillante repertorio de la sensatez?

Nicolás Redondo Terreros, en virtud de la herencia genética, es hombre pleno de sentido común. Y se le nota. Entiende la política como un todo geométrico y sabe que la línea más corta entre dos puntos es, inevitablemente, la recta. Acaba de decir el candidato socialista a lendakari que «no hay distingos entre derechas e izquierdas cuando hay que defender la libertad». Es una buena síntesis de dos verdades tan elementales como olvidadas: la libertad es el fin, la meta, de la convivencia —la democracia es sólo una herramienta para su consecución— y ella debe ocupar el primer lugar en cualquier catálogo de prioridades. La izquierda y la derecha son matices para embellecer la libertad, pero carecen de sentido si ella no está presente.

Jaime Mayor Oreja, el candidato del PP, es también hombre de sentido común. Lo tiene acreditado, aunque muchas veces se pierda entre los arabescos propios de su condición democristiana. Redondo está en «la fuerza del cambio» y Mayor, por experiencia, en «el cambio de la fuerza». Los dos, en el lúcido entendimiento de que no hay personas, y menos aún partidos políticos, imprescindibles en ningún lugar y para ninguna circunstancia. El PNV es, seguramente, un gran partido; pero no es el único ni su trabajo, en veinte años de gobierno, ha sido eficaz para la solución del problema mayor y más urgente de cuantos afligen al País Vasco: el terrorismo y su simbiosis con un fragmento menor, pero no irrelevante, de la sociedad allí empadronada.

Cuando en un catálogo de problemas hay uno mucho más grande que todos los demás, cual es el caso vasco, el sentido común se hace prevalente ante cualquier otra capacidad, incluida la inteligencia. Será el sentido común el que tienda los lazos y uniones que se precisan para erradicar ese problema por mucho que la inteligencia busque rincones en los que instalarse con su inseparable ánimo crítico. Mayor, que ya lleva años predicando por ese camino, ha de hacer un esfuerzo, simétrico con el de Redondo, también viejo apóstol de la misma causa, para que la suma de los dos, y de lo que ambos representan, tenga eficacia a partir del próximo 13 de mayo.

En el País Vasco no hay libertad. Unos, con bombas y pistolas, no la han querido nunca y otros, con complejos y sentimientos antañones, no la han propiciado. De ahí la trascendencia de las próximas elecciones y la responsabilidad frente a ellas de Mayor y Redondo. A los dos, y a sus partidos, les compete que esa porción de España alcance la atmósfera cívica en la que la libertad, tan exigente ella, pueda prosperar en la vida cotidiana con mecanismos auténticamente democráticos. Es decir, crear los supuestos políticos y sociales que puedan acabar con ETA y configurar un marco de convivencia en libertad. El sentido común puede convertir en posible lo que vienen impidiendo los dogmas y radicalismos.


Voluntarios de la libertad
SANTOS JULIÁ 
  El País 11 Marzo 2001

Suenan como palabras traídas de otro tiempo, de cuando los liberales se batían contra los absolutistas; pero son palabras que valen también para cuando los demócratas resisten las embestidas de los fascistas. Ellos son, en efecto, como acaba de recordar Nicolás Redondo, voluntarios de la libertad, un tipo de gente que hace mutis cuando hay Constitución y hay Estado, pero que retorna a primera fila cuando la política deja de ser pacífica alternancia en el poder y vuelve a vivirse como una exigencia de libertad. Cuando la Constitución es despreciada y pisoteada y el Estado se muestra incapaz de cumplir su primera función, garantizar la seguridad de los ciudadanos, la política entendida como un combate por la libertad vuelve a tener sentido.

Ésta es la conclusión a la que han llegado los socialistas de Euskadi, la que informa toda su política. No lo han tenido fácil, no les ha llegado como inspiración caída del cielo. Viejos en aquella tierra, con raíces tan profundas como el que más, los socialistas vascos han atravesado una durísima etapa sin aparente salida. Pues al asesinato de su portavoz parlamentario y a los continuados ataques contra sus sedes y contra la vida y los bienes de sus afiliados, se han añadido el desprecio y la arrogancia en el peor estilo de matón de barrio de su antiguo aliado de gobierno, las vacilaciones de algunos de sus dirigentes, acostumbrados a bailar las aguas al nacionalismo sedicentemente moderado, y la aproximación en forma de abrazo del oso, sin aire para respirar, que en ocasiones adopta la política del Partido Popular.

No era la mejor situación para afirmar una presencia propia, sino más bien un aliciente para tantear posibles atajos o impulsar iniciativas contradictorias, para nadar y guardar la ropa. El socialismo vasco viene de una larga experiencia de coalición con el PNV, en el exilio y en el Gobierno de Euskadi; los líderes de la anterior dirección partían del axioma de que el adversario principal era el PP y su aliado natural el nacionalismo; el despertar ciudadano, la salida de esa espiral de silencio que atenaza a las minorías cuando sufren el acoso de las mayorías, les pillaba perplejos, con las referencias políticas trastocadas: toda una serie de endemoniadas circunstancias propicias para desarrollar una política vacilante, guiada por la vana ilusión de contentar a todos o, al menos, de no disgustar a nadie.

No ha sido así: los dirigentes del PSE han sabido aguantar esas contradictorias presiones y armar un discurso propio. Lo primero que cuenta en su haber es el acercamiento sin complejos, pero sin frentes, al compañero de persecución, el PP: el pacto que éstos habían rechazado con displicencia ha resultado crucial para obligar al adelanto electoral. A partir de ahí, era de cajón colocar en el lugar que corresponde a los predicadores del diálogo, eternos zahorís de tesoros bajo el pedregal, como si quedara aún petróleo que sacar de una tierra reseca: nada de devaneos con el PNV, sino palabras claras y exigencias netas. El retorno a una política de coalición de demócratas, sean o no nacionalistas, que en lo abstracto parece lo ideal, en lo concreto exigirá un coste para todos, también para el PNV.

El sentimiento de urgencia que transmiten las palabras de Redondo, su afirmación de que las instituciones democráticas corren grave riesgo, de que éstas no son unas elecciones cualquiera y, al mismo tiempo, su resolución de no cerrar ningún camino, de no adelantar fórmulas de gobierno que sólo el resultado de las elecciones podrá imponer; o sea, esa difícil posición que consiste en mantener la firmeza ante el PNV sin dejarse deslizar a una política frentista con el PP es producto de una amarga experiencia pero constituye también una esperanza para el futuro: la que despiertan estos voluntarios de la libertad que a principios del siglo XXI se ven urgidos a hacer política como si estuviéramos en los albores del XIX, jugándose la vida.

Cobardía
Pilar CERNUDA La  Razón  11 Marzo 2001

Seguro, absolutamente seguro, que muchos de los cargos electos de EH, concejales y parlamentarios, sienten repugnancia ante los asesinatos de Eta. Pero su cobardía es tanta que prefieren no expresar sus sentimientos de repulsa; su cobardía es tanta que no se atreven a enfrentarse a los dirigentes de su formación; su fortaleza moral es tan corta, que no saben qué hacer con su vida profesional si se les retira el sueldo que ganan con la sangre, sudor y lágrimas de los que se enfrentan a la banda terrorista y caen bajo sus balas y sus coches bomba. Se esconden tras el silencio, se ausentan cuando es necesario dar un paso adelante. Seguro, absolutamente seguro, que muchos padres que saben que sus hijos andan en las malas compañías de la muchachada de Jarrai y Haika, prefieren quedarse quietos antes que enfrentarse a ellos. Tienen miedo al conflicto familiar, a los gritos, a los problemas. Y prefieren mantener bajo su techo a alevines de terroristas antes que crear tensiones incómodas.
    Se dicen patriotas, pero son gallinas.
 

Dolor y sensatez
Editorial El Correo   11 Marzo 2001

En la tarde de ayer, mientras consternada por el asesinato de Iñaki Totorika una multitud silenciosa inundaba las calles empinadas y angostas de Portugalete tras la pancarta ‘Paz y libertad, ETA no’, miles de personas cubrían las gradas del velódromo de Anoeta en San Sebastián para reivindicar la ignominia coreando ‘Burujabetza da bakea’ (la soberanía es la paz). Impasibles ante el dolor causado por quienes ejecutan en su nombre, dispuestos a celebrar mañana mismo en Oiartzun un homenaje a sus ‘gudaris’, los apologetas del terror han vuelto a mancillar la memoria de las víctimas recordando que la concesión de la paz por parte de ETA tiene un precio que la mayoría debe pagar a la minoría. Los hechos han demostrado con sobradas evidencias que cualquier aproximación a esa lógica chantajista convierte a quien así proceda en rehén de una dinámica a merced de la espiral violenta. Es por ello que la línea de separación entre la sociedad democrática y el terror organizado no la define únicamente la macabra rutina de quienes matan, agreden y extorsionan a la vez que demandan que sus actos queden impunes. La línea de separación entre los demócratas y los ventajistas de la violencia ha de distinguir y rechazar toda utilización directa o indirecta de ésta para obtener contrapartidas políticas o imponerse sobre la voluntad libre de los ciudadanos como una dictadura sin fin.

La manifestación unitaria de Portugalete fue la demostración de un dolor compartido. Pero en ella se adivinaban también las distintas posturas y sensibilidades que en el campo democrático coexisten con dificultad incluso en momentos en los que el drama de la muerte orilla para más tarde las divergencias. La opinión pública asiste a una sucesión pendular de acontecimientos esperanzadores y desgarradores, de atentados brutales y eficaces actuaciones policiales en la prevención y persecución del delito terrorista. De igual manera, la sociedad es a la vez espectadora y protagonista de momentos en los que la división parte en dos a los demócratas y de instantes en que las tensiones remiten en favor de un sentimiento común de solidaridad.

En ocasiones, la sensación de que los momentos de unidad duran cada vez menos resulta inevitable. Hoy mismo, en un clima que preludia la campaña electoral, los distintos líderes políticos van a tener ocasión de someterse a la difícil prueba de contener su respectivo discurso para que la legítima disputa política no desemboque un domingo más en un cruce de descalificaciones entre demócratas. Siendo ese esfuerzo que la sociedad demanda a los políticos necesario en sí mismo, lo es más si tenemos en cuenta que el terrorismo está dando suficientes muestras de pretender una nueva escalada en vísperas del 13 de mayo. La unidad no puede seguir siendo únicamente el recurso del dolor, sino el resultado de la sensatez democrática.   

La claridad de Emilio Ybarra frente al terrorismo
CARLOS TORO El Mundo  11 Marzo 2001

Es muy indicativo de cómo la crudeza del terrorismo etarra no deja impasible a ningún sector de la sociedad el que Emilio Ybarra, presidente del BBVA, concluyera ayer su discurso ante la junta de accionistas con un mensaje valiente frente a ETA: «En la batalla contra el cáncer del terrorismo, batalla ética ante todo, tenemos que estar todos según nuestras responsabilidades». Así expresaba Ybarra la necesidad de que toda la sociedad y, por ende, los partidos estén unidos y manifiesten sin miedo su desvinculación de quienes cometen atentados y quienes los alientan o los justifican. Ybarra acertó de pleno al definir la batalla como «una cuestión de ética y de supervivencia, de libertad y de vida». Las palabras del presidente del BBVA resultan especialmente trascendentes porque, siendo el suyo un banco de origen vasco y con una fuerte implantación en esa sociedad, hasta ahora había mantenido una prudencia exquisita que lo mantenía alejado de la política.

La necesidad de ese compromiso público y global se trasladó ayer fuera de nuestras fronteras. Azuzada tal vez por las críticas recibidas a raíz del robo de 1.600 kilos de explosivos en Grenoble, Francia recuperaba ayer los bríos de los mejores momentos de la colaboración antiterrorista deteniendo a cuatro presuntos etarras. Entre ellos figura Zorion Zamakola, considerado uno de los responsables del aparato de logística de la banda. La documentación obtenida en la redada del día seis que llevó a la detención de 15 miembros de Haika, el vivero de ETA, ha facilitado estas nuevas capturas. Lo que demuestra que la actuación policial consigue encadenar éxitos cuando se trabaja con coordinación, eficacia y la imprescindible cooperación del país vecino.

Engaños nacionalistas, verdades a medias
ENRIQUE VILLAR MONTERO El Correo  11 Marzo 2001

Son aprendices de terrorista los practicantes de la llamada kale borroka o son jóvenes abertzales, ofuscados por un irrespirable clima de tensión? ¿Son terroristas los miembros de ETA o son patriotas víctimas de un contencioso político? ¿Se comparten los fines pero no los medios? ¿Confundimos soberanía con paz? Y es que, en más de una ocasión, resulta que lo que nos pierde son los conceptos.

A principios de este mes, Josu Bergara, diputado general de Vizcaya, se esforzaba en explicar a los partidos de la oposición en las Juntas de la provincia que la partida de 93 millones librados por la institución que preside no iban destinados a Udalbiltza, como malsanamente insinuaban los partidos no nacionalistas, sino a ‘Udalbide’, órgano de dirección, por lo que sé, de la asamblea de electos municipales vascos: Udalbiltza. Y esto me parece que son ganas de confundir.

A estas alturas del guión parece innecesario recordar cómo la creación de Udalbiltza no fue sino fruto del acuerdo (implícito, explícito, firmado, sellado o rubricado) que entre el mundo nacionalista y ETA se puso en marcha para que, a cambio de que unos no mataran, se avanzara en la consecución de los fines comunes. Fines y objetivos que curiosamente no comparten los que, desgraciadamente en esta historia, son el sector de la población al que pertenecen las víctimas de los que matan.

‘Udalbide’ -cuyos estatutos fueron presentados en el registro de asociaciones del Gobierno vasco en enero de 2000- «comparte (artículo 2 de los Estatutos) los objetivos de la Agrupación de Municipios y Electos de Euskal Herria (Udalbiltza). Siendo de Udalbiltza la responsabilidad de llevar adelante las iniciativas mencionadas (en los citados estatutos), esta asociación hará todo lo necesario para poner en marcha las mismas». Los objetivos de Udalbiltza son, en resumen, afirmar la existencia de Euskal Herria como nación; impulsar la construcción nacional de Euskal Herria y proyectar esta ilusión nacionalista en el ámbito internacional.

En fin, el artículo 41 establece que «en caso de disolución de la asociación, y tras la liquidación de las deudas para con los socios y demás, el patrimonio restante se repartirá entre los municipios miembros de Udalbiltza».

Con fecha 8 de enero he pedido a la abogacía del Estado que interponga recurso contencioso-administrativo ante el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco contra la decisión de la Diputación de Vizcaya de librar esa partida de 93 millones. Y lo he hecho porque las finalidades de este ente paramunicipal -llámese como se quiera llamar- no se pueden inscribir entre las propias de los entes y corporaciones locales a tenor del artículo 10 de la Ley Reguladora de las Bases del Régimen Local y, por ello, la entrega de fondos para estos fines puede constituir una actuación ilícita que debe ser impugnada.

Señor Bergara: ni nos trate de tontos, ni pretenda hacerlo. Lo que no se puede es intentar engañar a los ciudadanos e intentar maquillar el aspecto de las decisiones políticas. Usted y su partido están en su legítimo derecho para actuar según sus convicciones políticas. Yo, no le quepa la menor duda, seré el primero en empeñarme para que puedan seguir haciéndolo en el futuro.

Pero bromas las justas, y menos con el dinero de los contribuyentes.

Reconozca que su proyecto de paz por soberanía ha fracasado y que su fracaso está generando muertes, amenazas, pérdidas económicas, temor. Sean conscientes de que su aventura ha provocado en muchas personas auténtico miedo. Los vizcaínos, téngalo presente, le han elegido para desarrollar una importante labor, cual es la de ejecutar políticas y acciones de gobierno que mejoren las condiciones de vida de sus conciudadanos, que favorezcan el desarrollo económico, social, etcétera.

Destinar partidas económicas a entes partidarios como a los que nos estamos refiriendo me parece incorrecto. Pero que nos intente engañar lo considero un insulto... a nuestra inteligencia.

Zamakola fue capturado junto a Ander Etxebarria, que logró huir de la operación de Garzón contra «Xaki» - Está considerado uno de los hombres de máxima confianza de García Gaztelu
Detenido en Francia el dirigente de ETA máximo responsable de la red de espionaje «Sarea»
FERNANDO LAZARO El Mundo  11 Marzo 2001

MADRID.- Apenas dos días después de que un comando etarra perpetrara un importante robo en un arsenal de Grenoble, la Policía francesa ha vuelto a golpear con fuerza contra el entramado director de la organización terrorista.

En esta ocasión, los agentes de la Policía Judicial, a las órdenes de Roger Marion, han detenido a uno de los hombres más cercanos al que fuera número uno de ETA, Francisco Javier García Gaztelu, Txapote. Zorion Zamakola fue detenido a primera hora de la tarde de ayer en la localidad de Monfort en Chalose (Las Landas). También fue capturado en ese momento Ander Etxebarria. Ambos viajaban juntos en un vehículo con matrículas falsas y acudían a una cita cuando fueron detenidos por agentes franceses. En el momento de su captura, los presuntos miembros de ETA llevaban documentación falsa y una pistola cada uno. Además, en el vehículo había abundante documentación que comenzará a ser analizada inmediatamente por los agentes antiterroristas.

Según informaron fuentes policiales, Zamakola es uno de los actuales dirigentes de la organización terrorista. De hecho, según estas fuentes, está considerado como uno de los más estrechos colaboradores de García Gaztelu, quien fue detenido en Anglé el pasado 22 de febrero.

El otro detenido, Ander Etxebarria, está vinculado con el aparato internacional de la organización terrorista. De hecho, según precisaron fuentes de la lucha antiterrorista, Etxebarria fue uno de los que logró huir de la operación realizada por la Policía Nacional a las órdenes del magistrado de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón contra Xaki, organismo autodenominado por ETA como «Ministerio de Asuntos Exteriores» de la organización terrorista. Interior le considera también dirigente de la organización.

Datos españoles
La operación realizada ayer por los agentes dirigidos por Marion es consecuencia de los datos obtenidos por la Comisaría General de Información de la Policía española durante las investigaciones que condujeron a la detención, el pasado mes de febrero del número uno de ETA García Gaztelu, Txapote, según precisaron a EL MUNDO las mismas fuentes. Además, estas fuentes descartan por completo la vinculación de estas capturas con las investigaciones encaminadas a detener a los autores del robo de Grenoble y a la recuperación del material explosivo sustraido del polvorín. Al cierre de esta edición otras dos personas fueron detenidas en Francia, en la localidad de Cambo Les Bains, cerca de Hendaya, por su presunta relación con ETA.

Zamakola, además de dirigente de ETA, es un histórico militante de la organización terrorista. Perteneció, en 1992, al comando Vizcaya. Ha sido juzgado cuatro veces en rebeldía en Francia. Fruto de estas cuatro condenas, Zamakola tiene pendientes 29 años de condena. La última de estas sentencias se produjo el pasado año, por un sumario en el que estaba también imputado el que fuera máximo responsable de los comandos ilegales de ETA Francisco Javier Arizkuren, Kantauri. En febrero del 98 fue identificado como uno de los dos presuntos etarras que encañonaron a dos gendarmes que les habían parado en un control de carretera en Toulouse tras saltarse un semáforo.

Tras el robo en Grenoble, la Policía francesa detuvo al considerado también dirigente de ETA Gregorio Vicario Setién. Según los expertos consultados por este periódico, este hecho provocó el ascenso de Zamakola en el escalafón decisorio de ETA. Algunas fuentes consideran al detenido ayer como el número 3 del entramado etarra.

En cualquier caso, Zamakola, de 32 años nacido en Ermua, era uno de los responsables de la denominada Red Sarea de ETA, el entramado de espionaje organizado por ETA tras la caída de la cúpula en Bidart, en 1992. Además, se le considera uno de los máximos responsables del aparato logístico de la organización terrorista. Los comandos legales, que elaboran principalmente la información para perpetrar atentados y dan cobertura a los pistoleros etarras, eran de su competencia.

Otros dos detenidos
Fuentes policiales indicaron a este periódico que el momento de la detención de los dos etarras ayer fue elegido por los responsables policiales franceses. Asimismo, precisaron que todas las labores de investigación y seguimiento de los sospechosos fueron realizadas por miembros de la Comisaría General de Información, a las órdenes del comisario Jesús de la Morena.

Además, al cierre de esta edición, los efectivos policiales trataban de localizar otros dos automóviles que han podido ser utilizados también por Txapote. Los investigadores han podido concretar ya que

Los expertos consideran que el dirigente etarra utilizaba de forma aleatoria tres domicilios diferentes en territorio francés con el fin de potenciar sus medidas de seguridad para evitar su detención.

Las detenciones de García Gaztelu, Vicario Setién y, ahora, Zamakola, han dejado a la dirección etarra bajo mínimos. Salvo Juan Antonio Olarra Guridi y María Soledad Iparragirre, no hay identificado ningún dirigente más de ETA, según los expertos. No obstante, recuerdan que Félix Alberto López de Lacalle, Mobutu, que recientemente escapó de su confinamiento en un hotel francés, se ha incorporado a la guerra de sucesión en la dirección de ETA: Según los expertos, Mobutu puede ser el gran beneficiado a nivel interno de ETA de estas últimas actuaciones policiales.

Ybarra asegura que la lucha contra el terrorismo es una cuestión de 'supervivencia'
Los empresarios advierten que la continuidad de la violencia frenará las inversiones
ANA LORENZO. Enviada especial El Mundo 11 Marzo 2001

BILBAO.- Los efectos de la violencia en el futuro de la sociedad vasca preocupan a representantes de sectores económicos tan sensibles como la banca y los empresarios. El copresidente del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria, Emilio Ybarra, y el secretario general de los empresarios vascos, José Guillermo Zubía advirtieron ayer del peligro que supone para la economía la continuidad del fenómeno terrorista. Ybarra aseguró que la lucha contra la violencia constituye una cuestión de «ética y supervivencia».

Emilio Ybarra, reconoció ayer, durante su intervención en la junta de accionistas de la entidad, que ésta «es víctima importante» del «cáncer del terrorismo». Prueba de ello es que, apuntó, «el 30% de los actos terroristas contra entidades financieras, se realizan contra oficinas e instalaciones de nuestro grupo».

La entidad, que tras la fusión entre el Bilbao Vizcaya y Argentaria, en octubre de 1999, mantiene la sede de la institución en Bilbao, hizo que Ybarra, que el próximo año dejará su cargo, no pasara ayer por alto el fenómeno terrorista. Así, manifiestó: «Hoy somos una exitosa multinacional española, pero el hecho de que una parte importante de nuestras raíces y de nuestra historia estén en esta tierra, me invita a abordar de nuevo este tema obligado por las circunstancias», en alusión al último atentado perpetrado por ETA y a la convocatoria de las elecciones vascas, el próximo 13 de mayo.

El copresidente del BBVA pidió responsabilidad para «dar la batalla contra el terrorismo» y que, en su opinión, «es ética, ante todo».

Libertad frente al miedo
«No sólo como víctimas nos hemos sentido sacudidos por su agresión, sino también como ciudadano quiero manifestar mi esperanza de que el terrorismo desaparezca del marco de nuestras preocupaciones, que frente al miedo recuperemos la libertad, que frente a la arbitrariedad surja la justicia, que no haya más muertes, más huérfanos, más viudas», señaló Ybarra. El copresidente del BBVA defendió «que el derecho a la vida sea el principal valor de nuestra sociedad, que recuperemos la paz, la prosperidad y la esperanza», concluyó.

La preocupación por los efectos de la violencia en la economía también fueron advertidos por el secretario general de Confebask, José Guillermo Zubía.

Zubía destacó los índices de crecimiento de la inversión registrados durante el año pasado en el País Vasco que alcanzaron el 26% del Producto Interior Bruto (PIB) de esta comunidad autónoma. El secretario general de los empresarios vascos explicó, en declaraciones efectuadas a Radio Nacional de España, que este desarrollo inversor obedece a una serie de «factores claves» que pueden verse condicionados por la continuidad del terrorismo en el País Vasco.

«De persistir la situación de crispación y de violencia, seguramente la situación económica cambiará», lamentó el secretario general de Confebask.

José Guillermo Zubía recalcó la «influencia directa» tanto en las inversiones fundamentalmente aquellas provenientes del extranjero y las que se dirigen para la puesta en marcha de proyectos de nuevos empresarios juveniles y reconoció la existencia de algunos sectores empresariales especialmente perjudicados con esta situación de violencia como el turismo.

Hispanos en Estados Unidos
Editorial ABC 11 Marzo 2001

Por primera vez, los hispanos han igualado a los negros en el censo estadounidense, y se han convertido en la minoría más numerosa de aquel país. El progresivo crecimiento de la población hispana es imparable. Hoy en día, ocupan el 12 por ciento de la población y, según las predicciones de la Administración, en el año 2050, uno de cada cuatro norteamericanos será hispano, y los 31,4 millones registrados en 1999 pasarán entonces a 98,2 millones. En estados como California, los latinos podrían convertirse en mayoría en apenas diez o quince años. Su incorporación a la sociedad estadounidense es también progresiva, y puede hablarse ya de una importante porción completamente integrada dentro del sistema educativo, social y administrativo. Son datos que explican que en las últimas elecciones municipales en Nueva York los colegios electorales mostraran sus letreros tanto en inglés como en español, o que el presidente George W. Bush haya utilizado nuestro idioma por vez primera en un discurso presidencial, después de haber desarrollado una campaña electoral completamente bilingüe.

La comunidad hispana empieza a pesar dentro de Estados Unidos. Crecen los medios de comunicación en español y su influencia, muchas empresas de primera fila diseñan campañas publicitarias dirigidas específicamente a este sector de la población, y la atención de la clase política por él se ha podido comprobar en estas últimas elecciones presidenciales o en el hecho de que, por vez primera, haya un secretario de Estado de origen hispano, el cubano Mel Martínez.

La preservación del idioma y de la cultura juegan un papel fundamental en este crecimiento de la influencia hispana en aquella nación. Hace años, para la mayor parte de los estadounidenses el español era un virus al que había que combatir al grito de «English Only», un lema que ha quedado ya como reducto mínimo de los sectores más conservadores. Nadie puede hoy negar en Estados Unidos la importancia de nuestra lengua, que se ha convertido mayoritariamente en el segundo idioma de los estudiantes norteamericanos.

Resulta, por tanto, un momento especialmente adecuado para lograr el asentamiento definitivo del idioma español en Estados Unidos. Vencidas las resistencias históricas, corresponde ahora a nuestra Administración reforzar y potenciar los proyectos destinados a difundir la cultura española y la lengua; es preciso incrementar los acuerdos de colaboración con Iberoamérica, puente imprescindible hacia el Nuevo Continente. El idioma se ha convertido en un activo fundamental, en una magnífica carta de presentación que va más allá de lo lingüístico y que puede asentar la presencia y la influencia hispana en la nación más poderosa de la tierra.

El Foro de Ermua traslada al Vaticano el problema vasco
El Mundo 11 Marzo 2001

MADRID.- El Foro de Ermua, junto al resto de asociaciones que conforman la Plataforma Libertad, está preparando un estudio sobre la «vulneración de derechos que se vive en Euskadi» que pretenden presentar ante el Papa en el Vaticano, los máximos responsables de Naciones Unidas y el Tribunal de Derechos Humanos de Europa, según informaron a Europa Press fuentes de El Foro.

Así, además de los atentandos, están siendo objeto de estudio los fenómenos de la kale borroka o violencia callejera, «la extorsión» a ciudadanos vascos o la «diáspora» ligada al fenómeno terrorista. La participación de esta organización en el proyecto que dará a conocer internacionalmente la actividad de ETA fue decidida en un consejo extraordinario celebrado este fin de semana.

Sesenta mil personas del cinturón industrial bilbaíno clamaron en Portugalete contra ETA
ETA, CONTRA TODOS Rajoy fue recibido con silbidos e Iturgaiz denunció que la marcha fue «una encerrona del PNV para homenajear al `lehendakari''»
La calles de Portugalete se quedaron ayer pequeñas para acoger a las decenas de miles de personas, 60.000 según fuentes municipales, que protestaron contra ETA tras el asesinado del ertzaina y vecino de la localidad Iñaki Totorica.
 J. L. ÁLVAREZ  PORTUGALETE La Voz 11 Marzo 2001

La manifestación, que a paso veloz hizo un recorrido de unos dos kilómetros por las empinadas calles de la ciudad, estuvo marcada por las protestas y apoyos de los asistentes ante la presencia del vicepresidente del Gobierno y ministro de Interior, Mariano Rajoy.

Pocas veces esta localidad de la margen izquierda de la ría del Nervión había visto una protesta de semejante tamaño. Los portugalujos y vecinos de Santurce, Baracaldo, y del resto de localidades limítrofes colmaban las aceras por donde iba a circular la manifestación.

Los presentes aplaudieron a los líderes sindicales, a los dirigentes de EA, PNV, IU, PSE-PSOE y a los principales responsables del Gobierno vasco, con el lehendakari Juan José Ibarretxe a la cabeza, mientras que la aparición del ministro Rajoy y del presidente del PP vasco, Carlos Iturgaiz, fue saludada con una salva de pitos y gritos de «Márchate», «Fuera, fuera», que tuvieron su respuesta con aplausos de otra buena parte del público.

División y empujones
A la llegada al Ayuntamiento, en la plaza del Solar, la cabecera entró en una zona acotada, tras varios empujones que casi dieron con las autoridades en el suelo. Ante la fachada del Ayuntamiento, en un espacio en la que la gente estaba aprisionada contra la barandilla que protege el cauce de la ría, fue guardado un minuto de silencio. A su término, otra vez los aplausos coincidieron con la división de opiniones por la presencia del ministro Rajoy.

La confusión, los empujones y los codazos volvieron a repetirse, con especial violencia entre los ciudadanos y los ertzaintzas, en el momento que las autoridades accedieron a la casa consistorial.
Tras estos incidentes, el líder popular Carlos Iturgaiz acusó al PNV de organizar «una encerrona para homenajear al lehendakari».

Padres y amigos, la clave
JAVIER ELZO El País  11 Marzo 2001

Javier Elzo es catedrático de Sociología de la Universidad de Deusto.

Preguntarse por las causas, razones, motivos o circunstancias que hacen que un chaval (más que chavala) de 15 o 16 años pueda participar en la violencia callejera nos lleva a hablar del contexto en el que ese adolescente ha crecido y, sobre todo, de la socialización que ha recibido. Del contexto diré aquí, solamente, que estos adolescentes y jóvenes vascos han crecido en una sociedad plural, fracturada en mil trozos, aunque considero que la principal, todavía, es la que distingue a los que legitiman el uso de la violencia terrorista para la consecución de sus proyectos políticos de los que consideramos que vivimos en una democracia y que queremos defender nuestras opciones por la vías de la razón, de la persuasión y de la confrontación electoral.

 Kepa Aulestia habló en su día de una sociedad dentro de la sociedad vasca para ejemplificar este contexto. Yo he utilizado la expresión de dos sociedades paralelas. He sostenido, en este mismo medio, y quiero reiterarlo hoy, que haber situado en el centro del contencioso vasco la confrontación España-Euskadi, nacionalismo-no nacionalismo, nacionalismo vasco-nacionalismo español y, en los últimos tiempos, nacionalismo o soberanismo versus constitucionalismo es un gravísimo error. Deforma la sociología real de la pluralidad vasca como si los ciudadanos reales fuéramos y nos sintiéramos, de forma dicotómica y excluyente, o vascos o españoles, sin posibilidad alguna de sentimientos de identidad múltiples y compartidos. Ciertamente, hay ciudadanos que así se perciben, pero la gran mayoría se dice vasco y español, y en su conjunto, acentuando la dimensión vasca. Situar en el centro del contencioso vasco esta dimensión sólo consigue aumentar los polos, en movimiento centrífugo, lo vasco frente y contra lo español, en vez de aumentar la centralidad plural en el necesario movimiento centrípeto.

En este contexto, ETA y todo el MLNV se frotan las manos. Por ejemplo, Haika, lal fusión de Jarrai y Gazteriak (su equivalente en Iparralde [País Vasco francés]) que se define a sí misma como organización 'joven, de toda Euskal Herria, plural, independentista, revolucionaria e internacionalista', en el manifiesto político leído el día de su presentación que marca las directrices que adoptará en el futuro. Dice que 'Haika nace en un momento muy especial en el que Euskal Herria está en camino de lograr su soberanía. (...) Sin pedir permiso a Madrid y a París, haremos frente a todo tipo de imposiciones y llevaremos hasta el final la construcción de nuestro pueblo'. (Gara, 23.4. 2000). En ese mismo acto, mientras dos encapuchados portaban el logotipo de ETA, se oyó una voz en off, diciendo hablar en nombre de ETA, que alentaba a los jóvenes a continuar 'la lucha por la independencia de Euskal Herria'. ¿Qué más necesitan oír?

En el estudio Jóvenes Españoles 99, de la Fundación Santa María, mostramos que los factores de socialización más importantes en la juventud son, por este orden, la familia y el grupo de amigos, en primer lugar; después, a distancia, los medios de comunicación, y con menor peso todavía, la escuela, teniendo los demás factores un peso irrelevante. En el tema que nos ocupa, el ranking es el mismo. La familia es clave cuando los propios padres comulgan con los principios del MLNV, y más cuando han estado o estén encarcelados. Si en España hubiera una política antiterrorista digna de ese nombre, solamente por el efecto socializador en los jóvenes de las largas marchas en autobuses de familiares de presos a las cárceles de los etarras detenidos, habría otro tratamiento hacia esos mismos presos. El otro factor socializador es el grupo de amigos y el espacio particular en el que se mueven, sus calles, sus bares, sus acampadas, sus reuniones... Los jóvenes de Haika son pocos. Igor Ortega, su portavoz, ahora detenido, cifra en mil la militancia en Jarrai y cien en Gazteriak (Gara, 1.10. 2000), y tiene razón al hablar de ellos como de militantes jóvenes dispuestos a dar su vida por la causa. Como todo militante, se nutre de sus propias fuentes -Egin en su tiempo; Gara, ahora, de folletos, documentos, hojas parroquiales, pasquines en sus locales...- y del adoctrinamiento de los mayores y sus pares más aventajados. Pero la educación, más que por adoctrinamiento, se realiza por ósmosis, por frecuentación de sitios y personas, en acampadas y, muy especialmente, por ekintzas (acciones). Ya se propugnaba en el documento Oldartzen que 'en nuestra actividad... huelgas de hambre, encarteladas, encerronas... boicots a los productos franceses y otros muchos intentos han servido para fortalecer posturas personales de forma permanente' (punto 359). Son muchos los casos de padres que, de golpe, constatan, con impotente espanto, que sus hijos se van introduciendo en el mundo de la violencia callejera. Si hubiera una política antiterrorista, algo se habría hecho en apoyo de estos padres... y de sus hijos antes de que sea demasiado difícil, si no demasiado tarde.

La afirmación generalizada de las ikastolas como centros que fomentan la subcultura de la violencia y su legitimación no tiene, salvo ignorancia por mi parte, sustento científico. Se podrán aducir ejemplos de profesores y alumnos de ikastolas que legitimen y hasta fomenten el terrorismo, pero la legitimación del terrorismo no es necesariamente mayor entre los escolares de las ikastolas. En un trabajo que yo dirigí, en 5.527 escolares vascos de 7º y 8º de EGB, y su equivalente en ESO, BUP, COU y FP en febrero de 1996, constaté que el 12% del total justificaban el terrorismo, distribuyéndose esta media en un 13,9% entre los que estudian en ikastolas privadas, 12,9% en centros públicos, 12,3% en privados laicos, 10,9% en ikastolas públicas y 9,6% en privados religiosos. Mi hipótesis (insisto, hipótesis, pues no hay investigación, por vergonzoso que resulte decirlo) apunta a la importancia del consejo de padres, especialmente en los centros en los que tienen capacidad de elección de profesorado, sin olvidar que no pocos centros públicos con profesorado aún no estabilizado son proa fácil para un plan de desestabilización prolongada. La prudencia me impide dar ejemplos concretos.

En definitiva, el proceso de inserción en la justificación del terrorismo se realiza en un contexto de radicalización extrema de un conflicto secundario en el imaginario y en las preocupaciones de los vascos, su identidad nacional, radicalización fomentada, principalmente, en su socialización, en unos casos por sus propios padres, en otros por su grupo de amigos. Cuando ambos factores coinciden, estamos en el núcleo duro del militantismo juvenil. Confundir este núcleo duro con su periferia es uno de los tantos errores que han permitido su perdurabilidad. Pero ése es ya otro tema.

Días de 24 horas y padres trabajadores
Nota del Editor 11 Marzo 2001

También podia haber titulado este comentario como sociología a la cuenta de la vieja, porque muchos somos padres y vemos el nulo efecto de nuestras ideas sobre nuestros hijos, y menos aún teniendo en cuenta el poco tiempo que tenemos para hablar con ellos (por ellos o por nosotros). Los amigos tampoco tienen mucho tiempo para estar juntos y menor aún para hablar de cosas trascendentes, así que el caldo de cultivo tiene que ser la escuela copada por los nacionalistas vascoparlantes. 

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