AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 16  Marzo  2001
#El nacionalismo sin matices
Edurne Uriarte, Profesora de Ciencia Política. Universidad del País Vasco ABC 16 Marzo 2001

#Verdades del comisario europeo
Editorial La Estrella 16 Marzo 2001

#Normalidad en Euskadi
Editorial El País 16 Marzo 2001

#GIL-ROBLES DESENMASCARA ANTE EUROPA AL GOBIERNO VASCO
Editorial El Mundo  16 Marzo 2001

#Manzanas, los GAL, Estella
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 16 Marzo 2001

#Sobre el DNI
Jaime CAMPMANY ABC 16 Marzo 2001

#La autodeterminación de Gibraltar y los Nacionalistas Vascos
Lorenzo Contreras La Estrella 16 Marzo 2001

#¿Nazismo vasco?
ANTONIO ELORZA El País  16 Marzo 2001

#El armario de la Ertzaintza
Juan BRAVO La Razón 16 Marzo 2001

#Previsiones
XABIER GURRUTXAGA El Correo 16 Marzo 2001

#Dislate final
EMILIO ALFARO El País 16 Marzo 2001

#Impunidad e indefensión
Editorial El Correo  16 Marzo 2001

#Violencia y Ertzaintza
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 16 Marzo 2001

#Empresarios vascos reciben en sedes de HB instrucciones de cómo pagar a ETA
FERNANDO LAZARO El Mundo 16 Marzo 2001

#El Camino de la Lengua Castellana podría ser declarado de Interés Cultural en 2001
Libertad Digital 16 Marzo 2001

El nacionalismo sin matices
Por Edurne Uriarte, Profesora de Ciencia Política. Universidad del País Vasco ABC 16 Marzo 2001

CUANDO hace dos semanas le pedían a Joseba Egibar su opinión sobre el pacto todavía no cerrado entre PNV y EA, Egibar mostraba su apoyo decidido a este pacto porque, decía, «el nacionalismo no está para matices». Días después, PNV y EA cerraron su pacto electoral y consumaron el último episodio de la radicalización, o quizá deberíamos decir de la clarificación, de un nacionalismo que desde el inicio de la transición se había movido como pez en el agua en una calculada ambigüedad e indefinición que le ha producido notables resultados hasta el presente.

Porque esa ambigüedad que combinaba el radicalismo etnicista con la imagen de moderación y centralidad le ha servido al nacionalismo, tanto para atraer el voto nacionalista más tradicional, como para hacerse con el apoyo de gentes de centro no nacionalistas que buscaban un partido de poder y de orden. Y lo que es el corolario de ese milagro de ingeniería política, le ha servido también para que durante todos estos años los partidos no nacionalistas, no sólo les hayan considerado imprescindibles para la gobernación del País Vasco, sino que, además, les hayan otorgado un plus de legitimidad, un derecho natural, a articular, a dirigir, la política vasca.

Pues bien, yo creo que se acabó el milagro nacionalista. El nacionalismo ha perdido totalmente la capacidad de manejar la ambigüedad y se presenta a las próximas elecciones vascas desnudo de todos esos ropajes que le han permitido durante años, no sólo pescar votos de todo el arco ideológico, sino convencer a la oposición de que su lugar natural era precisamente la oposición, o, como mucho, el apoyo a la centralidad del partido imprescindible de la política vasca, el PNV.

Empujados por su propio debilitamiento electoral progresivo, por la pérdida de objetivos reivindicativos una vez conseguida una de las autonomías más descentralizadas del mundo, y crecientemente nerviosos ante unos ciudadanos y políticos no nacionalistas que, por fin, han despertado del encantamiento nacionalista y han interiorizado su igual derecho a gobernar en el País Vasco, los nacionalistas se han replegado en sus esencias y se presentan ante las próximas elecciones despojados de ambigüedad, de moderación o de centralidad. Sin matices, como ha dicho Egibar.

El nacionalismo que pretende volver a gobernar a partir del 13 de mayo se articula en torno a cuatro principios: 1) la prioridad de conservar el poder al precio que sea, 2) el rechazo a «los españoles», 3) el diálogo con ETA, y, 4) la independencia. Y el nacionalismo se presenta, además, con un problema insólito en su trayectoria. Todo el mundo se ha enterado de esos principios. Por primera vez, el nacionalismo es absolutamente claro en su mensaje, y quienes le voten, o le apoyen después de las elecciones, sabrán lo que votan o lo que apoyan, es decir: 1) un supuesto derecho del nacionalismo a gobernar siempre, 2) el rechazo a España y a los sentimientos de identidad española, 3) la cesión al chantaje de ETA, y 4) la apertura del proceso independentista.

El nacionalismo quiere conservar las esencias de su patria, pero es, sobre todo, pragmático, y su prioridad absoluta es mantener el enorme poder acumulado en veinte años. Por eso se ha coaligado con EA, porque el próximo día 13 de mayo necesita ser primera fuerza política para intentar formar gobierno y mantener a flote esa gran empresa que comandan el PNV y quienes le han hecho la corte todos estos años.

Como los nacionalistas están nerviosos y a la defensiva porque temen que ni siquiera esa coalición les salve del hundimiento, no sólo han perdido toda capacidad para manejar el lenguaje de la ambigüedad, sino que, además, han decidido apelar a todo el electorado nacionalista, también al de EH, para evitar el desastre el día 13. Por eso es difícil distinguir el mensaje del PNV-EA del mensaje de EH, y se pierde definitivamente la tradicional diferencia entre el nacionalismo moderado y el nacionalismo radical. Ahora ya sólo hay un nacionalismo radical con dos bandos, el del PNV-EA que ruega a ETA que pare, y el de EH que ruega a ETA que haga lo que le parezca más conveniente.

Si repasamos los otros tres ejes que articulan la coalición PNV-EA, veremos que es realmente complicado hacer una diferenciación de esta rama del nacionalismo radical de la otra rama hermana de EH. Porque el segundo eje con el que se presentan PNV y EA a las elecciones es el rechazo a «los españoles». La política para los nacionalistas consiste en la lucha contra los españoles, en la confrontación entre la raza superior y acosada, los vascos, y la raza invasora y dominante, los españoles. Y, cuando se sienten debilitados, esa política se presenta en toda su crudeza, la lucha contra los españoles es la prioridad, y es más importante que los asesinatos o la defensa de la libertad de los amenazados.

En aquella triste manifestación de hace un año en Vitoria tras el asesinato de Fernando Buesa, los nacionalistas gritaban «Lehendakari aurrera» pero no gritaban «ETA, no». Tras todo este año de horror y de dictadura para los no nacionalistas, los nacionalistas se manifestaron en Baracaldo tras el asesinato del Iñaki Totorika con las mismas prioridades que hacía un año en Vitoria. Los nacionalistas no gritaban «ETA, no» en Baracaldo. Fueron a esa manifestación para abuchear a «los españoles», es decir, a todos los representantes del PP y del PSOE. En algún momento incluso les llamaron fascistas, igual que EH, que ha convocado una jornada de lucha contra «los fascistas españoles», es decir, contra todos los vascos, bastante más de la mitad, que nos sentimos españoles.

El tercer eje que sostiene la coalición PNV-EA es el del diálogo con ETA. Por mucho que Ibarretxe adorne ese diálogo con etéreas apelaciones al diálogo universal y a los efectos curativos de la conversación en la especie humana, ni el más idiota de los vascos ignora a estas alturas que lo que Ibarretxe propone es ceder al chantaje de ETA y ofrecerle algunas contrapartidas políticas para que los terroristas decidan ser buenos y comportarse civilizadamente tal como les ruega Ibarretxe tras cada asesinato. Y no por un altruismo exorbitante de los nacionalistas, porque todo el mundo sabe también que, al fin y al cabo, PNV y EA pretenden ceder a ETA exactamente los mismo que figura en sus propios programas.

En cuanto al cuarto eje, la independencia, es posible que sí quede todavía algún despistado que no se haya enterado de que el derecho de autodeterminación es simplemente la antesala de la petición de independencia, o que eso de «que los vascos decidan libremente» significa que los nacionalistas decidan independizarse. Haya o no plazos establecidos en el programa electoral, se le llame como se le llame, PNV y EA, junto a EH, quieren arrastrarnos hacia la secesión. Joseba Egibar ha exhibido hace unos días en el Parlamento Vasco su carnet vasco. No es una broma, ni una excentricidad, ése es el futuro nacionalista.

Este es el nacionalismo que pretende seguir mandando en el País Vasco tras el 13 de mayo. Ni tiene matices ni admite interpretaciones. Si aún queda alguien que pretenda otorgárselas tras el 13 de mayo, debe saber que contribuirá a la consolidación de ese proyecto de nacionalismo radical. Y debe saber también que tampoco quedarán matices ni interpretaciones para justificar esa conducta.

Verdades del comisario europeo
Editorial La Estrella 16 Marzo 2001

Ya se ha conocido el esperado informe del comisario europeo de Derechos Humanos, Alvaro Gil-Robles, sobre la situación en el País Vasco.  Hoy, los mayores partidos constitucionalistas (PP y PSOE) elogian el informe y  celebran que, con las graves denuncias que hace en él su autor contra el comportamiento de las instituciones vascas y la responsabilidad de éstas en el quebrantamiento de derechos y libertades, se habrá dado un paso importante para que Europa sepa de buena tinta y firma autorizada hasta qué punto es alarmante e insólita la situación en esta parte de España, que es una parte de la Unión Europea.
El comisario culpa al Gobierno vasco por la insuficiente protección de los derechos ciudadanos que se manifiesta en la pasividad de la Policía Autónoma respecto a la violencia callejera y el enfoque agresivo y casi racista de los medios de tranmisión de la cultura. Según el informe, la difusión de mensajes, libros y manuales de enseñanza, financiados y orientados por el propio Gobierno nacionalista, fomentan la segregación y estimulan a parte de la juventud a despreciar a los 'otros', a los españoles.
Sería prolijo entrar al detalle en este informe. Es, sin embargo, urgente decir que su contenido con todo lo duro que les pueda parecer a los nacionalistas  recoge esa serie de verdades ya conocidas sobre la tendenciosa y segregacionista política practicada por las instituciones y financiada con el dinero de todos los vascos. Casi todo el informe del comisario europeo es una obviedad, la gran obviedad archisabida en la que se encierra la esencia de la política nacionalista de las últimas décadas en su camino hacia el soberanismo. Todo lo que descubre ahora Gil-Robles era bien conocido ya y lamentado, como es bien sabida y lamentada la carencia de libertad en una comunidad en la que se mata, se altera delictivamente la vida ciudadana en clara afrenta permanente contra la Constitución.
Que estos acosos a los derechos humanos se produzcan en plena Europa es lo que más justifica un informe de esta naturaleza. Es de esperar que, con su ayuda, en la Unión Europea se acaben conociendo también algunas de las más crueles verdades del llamado 'problema vasco'.

Normalidad en Euskadi
Editorial El País 16 Marzo 2001

El informe sobre la situación del País Vasco realizado por el comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa ha irritado a los partidos que gobiernan en esa comunidad, porque les coloca ante realidades que se niegan a ver. Concretamente, que en Euskadi hay personas que ven restringidos sus derechos y libertades por no ser nacionalistas, y que la intimidación y persecución de esos ciudadanos se ha visto favorecida por el clima de casi impunidad en que se han movido los protagonistas de la lucha callejera. Se trata, por tanto, de una interpelación muy directa al Gobierno vasco y a los partidos que lo integran.

Se trata de partidos de tradición democrática, cuya reacción ante esa denuncia debería ser -y hubiera sido en otro tiempo- poner en primer plano su compromiso de garantizar la seguridad y las libertades de todos los ciudadanos. En lugar de eso, lo que han hecho es negar la mayor: el informe ha sido 'escrito, dirigido y filtrado desde Madrid', según el portavoz del Gobierno vasco. Se trata de 'un clon del programa electoral del PP y el PSOE', cuyos autores 'están en Ferraz y en Génova' (sedes del PSOE y PP, respectivamente), según el secretario general de EA. Son respuestas que equivalen a negar la evidencia o a considerar normal lo que pasa en Euskadi.

Quizá podrían matizarse algunos extremos del informe, pero la desigualdad se traduce, por ejemplo, en que toda la oposición (excepto Javier Madrazo) se vea obligada a llevar escolta ante amenazas verosímiles de ETA, organización que en el último año ha asesinado, entre otras personas, a cinco concejales del PP, al portavoz del PSE en la Cámara vasca y a otros destacados socialistas, y que ha intentado matar a la cúpula del Partido Popular en el País Vasco, al ex consejero socialista Recalde y a otras muchas personas caracterizadas por su actitud crítica hacia ETA y el nacionalismo. ¿Puede alguien dudar de que no asume el mismo riesgo un candidato de los partidos no nacionalistas que uno de los nacionalistas, un periodista que llama terroristas a los terroristas que uno que se protege en la equidistancia, un profesor que dice a sus alumnos que en Euskadi hay comportamientos nazis que el que comprende que los haya?

Se podrá alegar que no es fácil combatir a las bandas de encapuchados que señalan, amenazan, atacan y destruyen en nombre de la soberanía vasca, pero negar que tal cosa ocurre es contribuir a la empresa de intimidación que dirige ETA. Es cierto que la Ertzaintza ha detenido estos días a varios activistas, y sólo los cómplices de ETA podrían lamentarlo; pero no es el comisario de Derechos Humanos, sino los sindicatos de la propia policía vasca los que han denunciado la lenidad de sus mandos políticos frente a la kale borroka. Y fue la vicelehendakari quien admitió la vinculación entre esa forma de violencia y EH. Tal vez la Consejería de Interior esté contra la intimidación, pero hace dos semanas abrió diligencias a un concejal socialista de Bilbao por haber hecho frente pacíficamente a los abertzales concentrados ante la Casa del Pueblo con una pancarta en la que llamaban a los socialistas 'asesinos del euskera'.

Hay personas que consideran normal que no todos los ciudadanos tengan los mismos derechos. Por ejemplo, los que impulsan el carné vasco como procedimiento para elaborar un censo patriótico, o los que hace unos días, en Portugalete, aprovecharon una concentración convocada con motivo del último asesinato de ETA (en esta ocasión, un ertzaina) para abuchear a los dirigentes del PP y del PSOE. Pero es más preocupante que formaciones con responsabilidades de gobierno se consideren con derecho a utilizar las instituciones como si fueran de su propiedad: el PNV y EA presentaron ayer en Ajuria Enea al lehendakari (y candidato) Ibarretxe su programa, que definieron como 'única alternativa de futuro'. Son síntomas que confirman la preocupación que refleja el informe de Gil-Robles: defender la Constitución y el Estatuto en Euskadi es más arriesgado que combatirlos por las buenas o por las malas.

GIL-ROBLES DESENMASCARA ANTE EUROPA AL GOBIERNO VASCO
Editorial El Mundo  16 Marzo 2001

Como no podía ser de otra manera, el informe elaborado por el comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa sobre la situación del País Vasco es demoledor. Basándose en múltiples testimonios recogidos durante su visita a esta comunidad autónoma, Alvaro Gil-Robles ha elaborado un documento cuyas conclusiones dejan en inmoral evidencia al Gobierno vasco. El comisario culpa al Ejecutivo del PNV y EA de «la falta de protección suficiente y eficaz de los derechos fundamentales de los ciudadanos», al tiempo que constata «un funcionamiento anormal en la policía autónoma vasca en cuanto a la represión e investigación de las conductas delictivas que afectan gravemente a la vida democrática». Además, en sus conclusiones finales, añade que la política educativa -a través de la transmisión de valores excluyentes lindantes con el racismo y la xenofobia- puede estar en la base de la violencia que ejercen los terroristas y su entorno.

Como ayer dijeron muchos responsables políticos, al Gobierno vasco se le debería caer la cara de vergüenza. Pero no. Por mucho que Gil-Robles se limita a poner negro sobre blanco algo evidente para todo el mundo, esto es, que los derechos humanos no se respetan en el País Vasco, los dirigentes del PNV y EA han puesto el grito en el cielo. Más o menos acusan al comisario de formar parte de la conspiración mundial contra el nacionalismo orquestada por el PSOE y el PP. Lo cual indica el grado de impotencia y aislamiento de los partidos que firmaron el Pacto de Lizarra. Igual que de su escaso propósito de la enmienda da idea la descarada, insólita y escandalosa utilización de las sedes institucionales para actos de partido. La coalición PNV-EA fue presentada ayer oficialmente en Ajuria Enea.

El disgusto de las formaciones nacionalistas, sin embargo, es comprensible ya que el documento de Gil-Robles es un paso más en el desenmascaramiento ante las instituciones europeas de la ambigüedad del Gobierno vasco en relación con ETA y su entorno. Sobre todo, y así lo dice el informe, desde que Ibarretxe fue elegido con los votos de EH.

Este es el gravísimo pecado original del Ejecutivo que ahora toca a su fin: su acuerdo con quienes, bajo la apariencia de una opción política, no son más que cómplices de ETA, tal y como se demuestra cada día. Este periódico publica hoy que empresarios vascos reciben instrucciones sobre a quién deben dirigirse para pagar el impuesto revolucionario en las sedes de esos con los que Arzalluz no descarta volver a pactar.

Manzanas, los GAL, Estella
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 16 Marzo 2001

La izquierda ha vuelto a suscitar en el Parlamento el debate sobre la condecoración a la figura de Melitón Manzanas, comisario de Irún, asesinado por ETA en 1968 y con fama de torturador. Las direcciones de IU y del PSOE han tenido mucho cuidado en que la cuestión haya quedado limitada al caso Manzanas y a la crítica al Gobierno y no se haya convertido en un debate general de la tortura. La razón es bien clara: ni el PSOE ni IU tienen autoridad moral para ello. Los socialistas tienen que tapar las vergüenzas de los crímenes de Estado durante sus años de gobierno, mientras el partido de Felipe Alcaraz —que fue quien provocó la discusión— ha estado comprometido por el pacto de Estella con aquellas fuerzas abertzales que defienden el Terror —máxima expresión de la tortura— en el País Vasco.

Porque, dejando a un lado la incongruencia de «casi todo» el Parlamento al no haber limitado las condecoraciones a aquellas víctimas del terrorismo posteriores a la Constitución (como aconsejó en su día el PNV), y admitiendo la responsabilidad que ha tenido el Gobierno al conceder la medalla al comisario Manzanas, no es posible escamotear las prácticas de la tortura y del crimen de Estado que afectan a los socialistas ni es posible que IU pueda escapar a las responsabilidades que se derivan de sus connivencias con EH/HB.

La intervención de Felipe Alcaraz, el miércoles pasado, estuvo asentada en la inconsciencia. O quizá en la falta de inteligencia. La impresión que me produjo su discurso es la de quien ni siquiera tiene idea de la inmensa responsabilidad histórica que su partido —y él mismo como dirigente— contrajo a partir de la firma del pacto de Estella y, en general, al apoyar las tesis autodeterministas y los métodos violentos de los que hace gala EH/HB, brazo civil de ETA. ¿No sabe acaso Felipe Alcaraz que ese dirigente llamado Otegi, con el que comparte estrategias y tácticas su compañero Madrazo, está en la organización del Terror, de los chantajes, de las extorsiones a empresarios, de los asesinatos a concejales y diputados populares y socialistas, compañeros suyos, por cierto? ¿Acaso piensa Felipe Alcaraz que el compromiso de IU con el abertzalismo terrorista es una agresión menos perjudicial para el sistema democrático que la concesión de la medalla póstuma —ciertamente escandalosa— a Melitón Manzanas? Porque su requisitoria contra el Gobierno no es la de alguien que está por encima del bien y del mal, sino la del portavoz de un partido que está enfrentado a los constitucionalistas. Alcaraz debería saber que las víctimas del terrorismo se consideran a su vez víctimas de la política de Izquierda Unida.

¿Qué decir del grupo parlamentario socialista que aplaudió a Alcaraz y qué decir de los que se desgarran las vestiduras por una condecoración —repito, escandalosa— cuando no denunciaron las torturas infligidas a Lasa y Zabala ni los veintisiete asesinatos cometidos por los GAL, esto es, ministros, diputados, militantes cualificados y de base, catedráticos de teoría política, de ética, magistrados, periodistas, todos callados como muertos (porque sus conciencias lo estaban y lo siguen estando), si acaso críticos con tanta vileza e inhumanidad, en algún momento contado, para justificarse, para liberarse de ese fardo inmundo que siempre llevarán a cuestas?

He oído hablar estos días de la condecoración a Manzanas como una de las causas que han contribuido a formar la «burbuja terrorista». ¿Hasta dónde puede llegar la osadía? La «burbuja terrorista» es una consecuencia natural del nacionalismo, del odio, del sentido etnicista. Y si alguna otra cosa contribuyó a favorecerla fue una política de Estado basada en el crimen institucional. Ha sido oportuno que Felipe Alcaraz haya vuelto a sacar en el Parlamento el caso de la condecoración al comisario Manzanas aunque sólo haya sido para comprobar que a los partidos de izquierda no les interesa plantear el debate sobre la tortura por falta de autoridad moral.

Sobre el DNI
Por Jaime CAMPMANY ABC 16 Marzo 2001

Lo primero que hay que hacer con el Documento Nacional de Identidad es cambiarle el nombre. Debe llamarse DAI, Documento Autonómico de Identidad, o Documento Nacional de Identidad de Galicia, Asturias, País Vasco, Cataluña, etcétera. Yo exijo, ya, mi Documento Nacional de Murcia, que además fue reino, moro por supuesto, durante algunos siglos. El reino de Todmir o Tadmir se llamaba aquello. A ver por qué regla de tres los vascos van a tener un Documento Nacional de Identidad vasco y yo no voy a tener un DNI murciano. Lo voy a solicitar por las buenas, pero como mi presidente natural Ramón Luis Valcárcel se resista a dármelo, me bajo al moro y se lo pido a Mohamed VI, y además se lo pido por zéjeles y casidas.

Bueno, en realidad yo puedo tener dos documentos nacionales de identidad, porque tengo derecho a la doble nacionalidad como hijo, nieto, bisnieto, tataranieto, etcétera, de catalanes. Por línea paterna, mi árbol genealógico se puebla de ramas con apellidos catalanes, Campmany, Llorens, Alrá, la tira, y peleo mi catalanidad con la de cualquiera que de eso presuma, Jordi Pujol, por ejemplo. Incluso en la línea materna, esencialmente castellana, encuentro algún apellido catalán o de los països catalans, como por ejemplo Sanz o Massa. Todo eso creo que me da derecho a solicitar a mi copresidente autonómico el carné de identidad catalán, y a llevar la «C» de Catalunya en la matrícula del coche, y a salir con la antorcha olímpica y el letrero de «Freedom for Catalonia».

Bien es verdad que no encuentro motivo válido para renunciar al carné de identidad andaluz, ya que son claros mis lazos de sangre con Andalucía. Dejando aparte el hecho de que san Isidoro de Sevilla no era de Sevilla sino de Cartagena, junto a sus tres hermanos santos, Fulgencio, Leandro y Florentina, y que por lo tanto esa deuda tienen los andaluces con mi tierra natal, una de mis dos bisabuelas maternas, doña Laura de Vicente y Selgas, nació en Adra, provincia de Almería, suelo de la cultura argárica, y estoy seguro de que mis antepasados por esa línea eran súbditos del rey Argantonio. Lo más probable es que el emir de Al-Andalus, Mahnuel ben Xabes, atenderá solícitamente mi respetuosa petición de poseer el carné de identidad andaluz.

El primer apellido de esta bisabuela mozárabe es valenciano, y ahí tengo un apoyo para solicitar de Eduardo Zaplana tenga en consideración la natura de mi tatarabuelo y me envíe sin más tardanza un Documento Nacional de Identidad de la Autonomía valenciana, que también fue reino moro y luego feudo del Cid. En cambio, el Díez y el Revenga de mi segundo apellido me otorgan el derecho a poseer el DNI castellano-leonés. El Díez me llega desde Burgos, como el Díaz al Cid, y el Revenga me llega desde Segovia, donde hay un pueblo importante llamado Revenga, igual que en Gerona hay otro pueblo importante llamado Campmany, que no sé por qué ahora le han quitado la «m» de delante de la «p» y lo han dejado en Capmany. Ganas de confundir.

Junto al Díez (hijo de Diego) y a dos Rodríguez (hijo de Rodrigo), aparecen un Guirao y un Pellicer, cuyo origen no sé dónde situar con exactitud, y hasta es posible que salgan apellidos cántabros, astures, aragoneses (aragoneses, seguro, porque por Murcia anduvieron las huestes de Jaime I el Conquistador) extremeños y hasta es posible que emerja algún apellido vasco, Aguirrezabaleta, Hernandorena o por ahí, porque donde menos se piensa salta la liebre, y quién sabe si no me sale en el árbol un ancestro que pescara anchoas, partiera troncos, levantara piedras o surcara los océanos desconocidos. No sé, no sé, lo mejor será apañarme con el Documento Nacional de Identidad español, que los abarca todos, y al que quiera un carné más pequeño, que le den una esquinita. O que lo pongan a cantar el «Maitechu mía».

La autodeterminación de Gibraltar y los Nacionalistas Vascos
Lorenzo Contreras La Estrella 16 Marzo 2001

No contentos con exportarnos síndromes de "vacas locas", los británicos nos amenazan ahora, vía Gobierno de Gibraltar, con incluir en su "constitución" el derecho de autodeterminación de la colonia. Londres se muestra comprensivo con ese proyecto de los "llanitos", lo cual no puede ser más lógico si se considera que la famosa voluntad de la población del Peñón es la coartada que el Foreign Office ha buscado siempre para mantener intacto este estado de cosas, es decir, el control político y estratégico de lo que ellos llaman "la Roca".

La evolución de esta eterna crisis pasa ahora por otra inmensa tomadura de pelo. Ya no se trata sólo de que el viejo y obsoleto acuerdo sobre el uso compartido del aeropuerto de Gibraltar fuese "soberanamente" saboteado por las autoridades del Peñón, mientras Londres silbaba y miraba al techo, sino que la llamada autodeterminación, convertida en derecho de los "llanitos", intentaba eclipsar o diluir el concepto de colonia que las propias Naciones Unidas han reconocido siempre.

Desde que los célebres controles de la Verja terminaron para provecho de los británicos, la solución dialogada del problema colonial ha sido la historia de una decepción, por no decir una humillación. España se ha podido o se ha debido sentir lastimada en su legítimo orgullo. Ya no es una dictadura, como los británicos aducían para "defender" el futuro en libertad de los "llanitos", sino una potencia democrática la que exige la conclusión de la última situación colonial existente en Europa y casi en todo el mundo, al menos en términos formales.

Con la inicialmente prometedora amistad de Aznar y Tony Blair, huésped del presidente español en Doñana y otros parajes encantadores, se pudo pensar ingenuamente que acabaría imponiéndose la cordura entre dos socios de la Unión Europea. Incluso se llegó al colmo del optimismo oficioso cuando se hizo circular la especulación de que podía configurarse un eje político Madrid-Londres o Londres-Madrid para contrarrestar la asfixiante supremacía del eje Bonn-París. Fue el sueño de una noche de verano. Ya el caso del "Tireless" y su evolución fue devolviendo la ilusiones al duro plano de la realidad. Aquí no había cambiado nada y menos que iba a cambiar. Un submarino nuclear vergonzosamente mantenido junto a la bahía de Algeciras, o desafiantemente atracado, acabada con una ridícula fantasía de idilio angloespañol al conjuro de la construcción europea.

Pero quedaba otro agravio por perpetrar. Y es este que ahora se perfila con el derecho de autodeterminación gibraltareña incorporada al texto de su estatuto colonial llamado pomposamente Constitución. Bajo la aquiescencia irónica del Foreign Office, los habitantes del Peñón, como dando ejemplo y estímulo a los nacionalistas vascos, movilizan a su favor la idea de autodeterminarse y consagrar así no su independencia, pero sí su imperecedera adscripción a la Corona británica bajo el pabellón de la Unión Jack.

Lo que nos faltaba era precisamente la perspectiva de que al sur de la península se mostrase a nacionalistas vascos y etarras desmandados el ejercicio de un derecho de autodeterminación aunque sea para permanecer anclados al Reino Unido. Se puede imaginar la cantidad de partido que iban a sacar de esa coyuntura. En realidad no tendrán que esperar a su consumación. A poco que esa intentona gibraltareña sea "comprendida" por Londres -y ya se va camino de ello-, las voces y clamores nacionalistas vascos bajarán hacia la meseta por las llanuras de Alava. En pleno trance electoral, cuando Udalbiltza (asamblea de electos municipales) expide ya un DNI vasco y configura un censo de vascos cabales y vascos espurios, la esbozada autodeterminación de los pobladores de Gibraltar es cuando menos un incordio político que justifica la movilización de algunas alarmas.

¿Nazismo vasco?
ANTONIO ELORZA El País  16 Marzo 2001

Un artículo del profesor Varela en Claves, comentado en estas páginas por otro historiador, Javier Tusell, pone sobre el tapete el tema de la relación entre el nacionalismo vasco y el nacionalismo alemán. Vale la pena intentar unas puntualizaciones, precedidas de la observación general de que el mundo de la historia se mueve en el plano de lo visible, legible y, en consecuencia, citable. No es, pues, sólo de buena educación, sino de obligado cumplimiento respetar en el tratamiento de un tema el orden de producción de los argumentos y las interpretaciones.

En el que nos ocupa, conviene aclarar de entrada una serie de cuestiones. La primera, que subrayar la conexión entre nacionalismo vasco y nazismo no equivale a hacer de la evolución del primero un capítulo más de la historia de los fascismos. La segunda, que en rigor la asociación ha de establecerse con el referente nacionalsocialista alemán y no con un fascismo genérico. La tercera, que la deriva nazi del movimiento abertzale radical ha alcanzado el nivel de desarrollo que conocemos por la actitud pasiva de Gobiernos presididos por el nacionalismo democrático, pasividad que despuntó en 1996 con el asalto anunciado a la libreria Lagun y que se ha convertido en pauta de comportamiento desde Lizarra. Y la cuarta, que por consiguiente no estamos ante una elección entre independencia o constitucionalismo, sino ante el reto de defender en Euskadi la democracia amenazada por una forma particular de nazismo asentado sobre las acciones terroristas.

No es preciso insistir en la trayectoria política de un PNV que desde el inicial fuerismo regionalista de los euskalerriacos desembocó en posiciones de democracia cristiana estatutista. Hace ya casi una eternidad, en 1974, lo expliqué en mi contribución al homenaje a Rafael Pérez de la Dehesa. Pero eso no impide que el núcleo de la ideología nacionalista, tal y como la define el fundador, Sabino Arana, sea por su racismo agresivo y por su xenofobia antiespañola, perfectamente asimilable al ideario nacionalsocialista. Es más, no se trata de un invento que surge del vacío, sino de la culminación de una trayectoria secular, en que la defensa de los fueros y el mito de la independencia originaria tenían por base la lógica de exclusión del otro contenida en la limpieza de sangre asumida tanto por el Señorío de Vizcaya como por la Provincia de Guipúzcoa desde el año 1500 aproximadamente; de ello se derivaba la auto-consideración como 'pueblo escogido', cuyos habitantes gozaban de la 'nobleza universal'. Y todo colectivo excelso por su sangre requiere un oponente envilecido, las 'gentes de mala raza', judíos, moros y herejes en el Antiguo Régimen, inmigrantes españoles en el periodo de industrialización. También coincidieron nacionalsocialismo y sabinianismo en la necesidad de cubrir la ausencia de antecedentes estatales -el Imperio lo impidió en el caso alemán- con el recurso a un pasado legendario que refrendara la conciencia de superioridad. Y finalmente en la circunstancia actual, la combinación de dos niveles de terrorismo con el claro propósito de intimidar y/o eliminar políticamente a la ciudadanía vasca no abertzale, nos sitúa en plena pesadilla nazi. La homología es, pues, pertinente.

Como lo es la etiqueta de complicidad que se ha ganado a pulso el Gobierno de Ibarretxe, preso en el fondo, como el grupo dirigente del PNV, del legado sabiniano en lo que concierne a la designación de lo español como enemigo principal. En palabras y en hechos. Los datos que acaba de aportar el Defensor del Pueblo son irrefutables: la protección de la Ertzaintza está sometida a tales frenos desde arriba que cualquier intervención eficaz resulta imposible. Y tras esa surrealista exigencia de un doble fax -¿por qué no una instancia con pólizas?- para obtener ayuda frente a un asalto a la Universidad made in Haika, hay una decisión política, tendente a favorecer la destrucción de la democracia (y de los demócratas). Ahí sí que el ascenso protegido de la violencia fascista en Italia sirve de referencia. Eso es lo que está en juego el 13 de mayo, para que el PNV recupere de nuevo su lugar en la historia y sobre todo para que la vida democrática regrese a Euskadi.

El armario de la Ertzaintza
Juan BRAVO La Razón 16 Marzo 2001

El informe (o borrador de informe, como se quiera llamar) elaborado por el comisario europeo de Derechos Humanos», Álvaro Gil-Robles, ha caído como una bomba en el mundo nacionalista, donde no ha gustado nada que sea la UE quien destape las vergûenzas de falta de libertades celosamente tapadas por los chicos de Arzallus y Eguíbar.

    Hay quien está especialmente dolido con Gil-Robles y ése es, según cuenta el espía, el consejero vasco de Interior, el jefe de la Ertzaintza, Javier Balza. Tuvo el representante de la UE la «mala» idea de hablar con los delegados sindicales de la Policía autónoma y resulta que estos le dijeron la verdad de lo que ocurría, que ha quedado reflejada en el informe.

    Había leído ya Juan Bravo en LA RAZÓN muchos de los abusos cometidos desde el ejecutivo vasco en materia policial y le consta que la lista de Gil-Robles es pequeña si se compara con la realidad. Porque cuentan los espías que, ante la posibilidad de perder las elecciones el 13 de mayo, los nacionalistas han escondido muchos esqueletos en los armarios de la Ertzaintza, por si acaso los demócratas gana los comicios y se les ocurre revisar la cadena de mando y fijarse en las últimas órdenes dictadas desde el PNV.

Previsiones
XABIER GURRUTXAGA El Correo 16 Marzo 2001

Las elecciones del 13-M van a ser las más controvertidas y apasionantes de todas las habidas desde la aprobación del Estatuto. Igualmente son las que más incógnitas plantean, tanto por sus resultados como por los nuevos escenarios que puedan permitir. Los que se han resistido a la convocatoria desde la ruptura de la tregua, según decían porque no iban a posibilitar nada sustancialmente distinto, se van a encontrar con que el cambio será significativo y que los resultados reflejarán la verdadera dimensión de los movimientos de fondo que ya se están dando en la sociedad.

Los que han insistido en la necesidad imperiosa de la convocatoria anticipada se pueden encontrar con que los resultados no van a permitir el cambio en las condiciones ansiadas. Peor aún: que permitan escenarios radicalmente contradictorios; y el triunfo de la noche electoral para algunos puede convertirse a los ocho meses en un auténtico fracaso.

A la vista de lo que apuntan las encuestas, las elecciones van a ofrecer básicamente el siguiente cuadro: en primer lugar, el binomio PP-PSE, caso de articularse como un único eje político, podría tener la mayoría parlamentaria sin alcanzar la absoluta; en segundo lugar, el bloque del nacionalismo democrático va a compensar con saldo positivo las pérdidas de su electorado gracias a la afluencia de votos provenientes del nacionalismo radical; y en tercer lugar, una EH que puede perder tres o cuatro escaños, pero que no se muestra preocupada porque entiende que con diez tendría el mismo peso específico que con los catorce actuales.

Las posibilidades que se dan con estos resultados, lógicamente, son varias, pero merecen destacarse dos. Por un lado, un gobierno minoritario del PP-PSE que lleve al PNV a la oposición junto con EH. Es el escenario que han buscado reiteradamente populares y socialistas, coincidiendo plenamente con el de EH, que ha llegado al convencimiento de que su pretensión de restablecer las relaciones con los jeltzales pasa previamente por su desalojo del poder. En esa situación, el PNV va a tener constantemente un rosario de ofrecimientos de EH para la recuperación de la Lehendakaritza, vía moción de censura, incluso con declaración de periodo de distensión permanente, a cambio del compromiso soberanista de los jeltzales y del lehendakari. Esa sería la victoria pírrica de Mayor Oreja. El otro escenario es el construido en torno al acuerdo entre socialistas y nacionalistas. Una mayoría que, por ser absoluta e integradora, no dependería de EH ni de las amenazas de ETA; ni de la venganza antinacionalista del PP.

Dislate final
EMILIO ALFARO El País 16 Marzo 2001

Una de las pocas cosas que sacan de quicio a Juan José Ibarretxe es la observación de que no ha sido 'lehendakari de todos los vascos'. Se resiste a aceptar que en sus dos años y cuarto de controvertido mandato ha tenido gestos y omisiones que han dejado huérfana de protección y consuelo a una parte de la sociedad vasca, y, en cualquier caso, que el desamparo es una sensación subjetiva de quien lo padece que no se disipa por la simple afirmación en contrario de quien debe dar seguridad. Es posible que la disociada relación que el político Ibarretxe mantiene con su cargo (ha llevado al límite la tradición de sus antecesores de referirse a sí mismo como 'el lehendakari', en tercera persona) implique una cierta limitación para percibir cuándo se desliza en el resbaladizo terreno del interés partidista. Pero caben muy pocas dudas de que el acto celebrado ayer en Ajuria Enea entra en esa categoría e incrementa la confusión, ya arraigada en Euskadi, entre lo institucional y lo partidario.

El cruce de planos producido resulta digno de un vodevil: los líderes y portavoces parlamentarios del PNV y EA, en la sede de la Presidencia del Gobierno vasco, presentan el acuerdo de coalición suscrito para intentar conservar dicha presidencia al candidato a lehendakari de ambos partidos, que resulta ser la misma persona que es ahora presidente del Ejecutivo autónomo y que hasta el próximo lunes no convocará las elecciones del 13 de mayo, aunque ya anunció su celebración hace casi un mes. Resulta, además, que el lehendakari-aspirante a lehendakari conoce perfectamente el contenido de dicho acuerdo de coalición, ya que estuvo presente en la Asamblea Nacional del PNV que, el pasado 4 de marzo, dio el visto bueno al pacto y le señaló como cabeza de cartel por la vía de urgencia, eximiéndole del complejo proceso de elección exigido al resto de los candidatos de su partido. Con todo, aún sería peor la otra hipótesis: que el designado candidato a lehendakari ignorara las tripas del programa con el que debería gobernar si obtiene la mayoría suficiente; algo que pudo ocurrir con la letra pequeña del acuerdo secreto de julio de 1998 del PNV y EA con ETA.

Las protestas de la oposición por la utilización de una sede institucional como marco para una fotografía electoral quedarían en una queja de oficio -de esas que caducan cuando el que se lamenta alcanza el poder-, si este acto no fuera el último de un rosario de ellos iniciado en septiembre. Fue entonces cuando Ibarretxe se rindió a la evidencia de que no podía seguir gobernando en contra de la mayoría del Parlamento vasco y, en lugar de convocar comicios autonómicos inmediatamente, desplegó un amplio plan de proclamas e iniciativas públicas para sostener su nueva candidatura y el discurso que va a llevar a las elecciones. Todo ello desde Ajuria Enea, pagado con los presupuestos públicos y envuelto en celofán benéfico-institucional, mientras se reprochaba a las fuerzas no nacionalistas de actuar movidos por 'intereses partidistas'.

Habrá que esperar que el de ayer sea el último dislate de una legislatura desafortunada, cuyo penoso final ha tenido bastante que ver con su error de principio: vincular la gobernación del País Vasco y la estabilidad de sus instituciones a la apuesta ideológica por la construcción nacionalista que el PNV y EA hicieron en Lizarra.

Impunidad e indefensión
Editorial El Correo  16 Marzo 2001

El informe sobre la violación de los derechos humanos en Euskadi emitido por el comisario Álvaro Gil-Robles al Comité de Ministros y a la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa describe una situación de excepción respecto a nuestro entorno democrático. Una situación que, por lo demás, es diariamente relatada por los medios de comunicación y denunciada especialmente por quienes ven su vida amenazada y presentan los asesinatos, los sabotajes y las coacciones como la prueba irrefutable de un sufrimiento compartido solidariamente por miles de ciudadanos en el País Vasco y en el resto de España. Lo característico de la violencia ejercida por una ínfima minoría de vascos no es sólo el extremo fanatismo de sus protagonistas y la crueldad con que perpetran sus atentados. Lo que llama la atención es, en primer lugar, la existencia de un sector social que incita, aplaude o justifica la eliminación física del adversario político justificando su proceder por la persistencia de un contencioso irresuelto «entre Euskal Herria y España»; y, en segundo lugar, la existencia de una amplia comunidad nacionalista en la que el nacionalismo violento se acomoda para negar, desde un universo simbólico tantas veces compartido con los abertzales demócratas, el derecho a la vida y a la libertad de quienes no piensan como ellos y se resisten ante su afán dictatorial.

Pero el informe Gil-Robles apunta también la responsabilidad en que incurren los poderes constituidos cuando no se percatan de la gravedad de los hechos o regatean los medios necesarios para garantizar la seguridad y las libertades de los ciudadanos en general y de quienes son objeto cotidiano de la persecución en particular. En este punto, lo más significativo del informe es que Álvaro Gil-Robles se basa en el contenido de una declaración por escrito que le dirigió el sindicato mayoritario de la Ertzaintza (ERNE) en la que se puede leer que «la ejecución de la tarea institucional vasca de salvaguardar las libertades en el País Vasco y la protección de las personas y los bienes en su territorio ha sido claramente ineficaz». El enojo mostrado por distintos dirigentes del nacionalismo gobernante ante la publicación del informe y su contenido hubiera sido más comprensible si sus manifestaciones no indujeran a justificar cuantas dudas, preocupaciones y críticas se han dirigido hacia ellos por falta de sensibilidad, incomprensión y pasividad ante la creciente erosión de la convivencia y sus valores a manos de un terror que se ha crecido en un cierto clima de impunidad. Basta con que sean muchísimos los representantes públicos, intelectuales, profesores universitarios, miembros de la judicatura o de la propia Ertzaintza quienes lo ven así para deplorar que las instituciones de la autonomía y sus responsables reaccionen siempre desde el victimismo y la imputación de intereses espurios ante dichas denuncias.

Violencia y Ertzaintza
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 16 Marzo 2001

El informe del comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Álvaro Gil-Robles, sostiene que el Gobierno vasco no es capaz de garantizar la seguridad de los contribuyentes que, con su trabajo y sus impuestos, pagan el sueldo a sus integrantes. Está bien lo de los observadores de fuera del País Vasco. Su mirada no está obcecada por el ombliguismo, su vista no está cansada por la reiteración, su sensibilidad no ha perdido la capacidad de sorpresa; por eso ven cosas a las que los que viven a diario en Euskadi ya casi no dan importancia, preguntan sobre asuntos que sólo merecen silencio en muchos casos y ponen a los interlocutores en el brete de explicar por qué lo anormal se ha convertido en algo cotidiano.

Hay algunos violentos que dicen que el problema vasco no se puede entender si no se vive en Euskadi; lo cierto es que no se entiende se viva o no se viva en el País Vasco, pero con una diferencia: los ojos acostumbrados a ver la democracia como un elemento del paisaje, se espantan al ver el horror cotidiano de un estado de excepción. Por ejemplo, el rector de la Universidad del País Vasco, Manu Montero, llama a la Ertzaintza porque los simpatizantes de ETA la están saqueando. La Ertzaintza les dice que las peticiones, por fax; manda fax, que no se lee, dice la Ertzaintza; vuelve a mandar fax, llegan al humo de las velas, nadie dimite, todos los mandos siguen cobrando su sueldos íntegros a fin de mes a pesar de este diálogo más propio de la guerra de Gila que de la guerra realmente existente del País Vasco. Anécdotas como esta las hay a miles.

Por ejemplo, casas del pueblo, sedes de los socialistas vascos, eternamente chamuscadas, algo imposible de ver en el resto de España y de Europa. Por ejemplo, ciudades en las que si uno pasea por una de sus calles puede reconstruir tres crímenes, o identificar las tiendas que pagan la extorsión a los mafiosos, o profesores universitarios que van con escolta, o alumnos que acuden a la facultad acompañados de policías, o barrios enteros en los que hay gente que no se atreve a entrar, o el mayor porcentaje de escoltas por víctima potencial de cualquier parte del mundo. La lista es interminable, pero la cara que se le queda a cualquier interlocutor civilizado cuando conoce, de primera mano y por primera vez, alguno de estos hechos, subraya su brutalidad y, a su vez, permite al que los sufre todos los días verlos con una rabia recobrada. Después de veinte años de gobierno nacionalista, después de haber reclamado por tierra, mar y aire la creación de la Ertzaintza, de una policía propia, democrática, un símbolo del autogobierno, una policía demandada por la población, que ayudara a superar épocas pasadas, vemos cómo está dirigida por unos sujetos que dicen que no hay que emplearse contra la violencia callejera y que lo que hay que hacer es negociar con los asesinos, también asesinos de ertzainas.

La evolución de la Ertzaintza, un cuerpo al que el PNV trató desde el principio como una prolongación de la red clientelar montada por el propio partido, refleja de forma contundente la tragedia que vive el País Vasco. Personas seleccionadas por sus afinidades con el PNV han comprobado en su trabajo diario, en las actitudes de sus mandos, el callejón sin salida al que conduce el empeño de tratar de llevarse bien con quien te puede pegar un tiro y no va a dejar de matarte por mucho que le hagas la pelota. La Ertzaintza no cumple hoy con sus obligaciones previstas en el Estatuto y no lo hace porque sus mandos políticos tienen la orden de inhibirse. Se ha llegado a batir el récord de que los cachorros simpatizantes de ETA hayan empapelado una localidad vasca con carteles en los que alaban al jefe de la Ertzaintza de la zona; por no hacer nada contra ellos, claro. Hay miles de ejemplos, pero quizá el de este cuerpo, que ha perdido a uno de sus miembros a manos de los fascistas vascos, es uno de los más sangrantes, de los que exige un cambio más urgente para que cumpla con su deber, para que defienda a los ciudadanos que lo pagan con sus impuestos.

Atucha impide que apoderados de fuera del País Vasco aseguren la libertad de voto el 13-M
El PP presentó una propuesta, apoyada por el PSE, para reforzar con personas de fuera de la Comunidad el derecho al sufragio, sobre todo en núcleos rurales
La campaña del PNV para ralentizar lo que llega a la Cámara vasca ha impedido que prospere también la iniciativa del PP para que los apoderados de las próximas elecciones no tengan que estar censados obligatoriamente en el País Vasco. Con esta medida, que hubiese contado con el apoyo de los socialistas, se pretendía poder tener presencia, con personas del resto de España, en todas las mesas electorales, y garantizar así la limpieza del proceso. Fue registrada en diciembre, pero la estrategia de los nacionalistas, amparada por el presidente del Parlamento, Juan María Atucha, ha retrasado hasta hoy, a tres días de la disolución, su toma en consideración. Los populares han decidido retirarla para mostrar así su malestar.
Carmen Morodo - Madrid .- La Razón  16 Marzo 2001

La citada proposición de ley fue presentada en la Mesa del Parlamento vasco, con procedimiento de urgencia, en diciembre de 2000. Las maniobras del PNV para ralentizar las iniciativas de la oposición -como el uso en bastantes ocasiones del «voto de calidad» por parte del presidente del Parlamento, Juan María Atucha-, han vuelto a dar sus frutos.

    Esta medida elaborada por los populares, que habían negociado el apoyo del PSE, tenía como principal objetivo garantizar la limpieza de las elecciones autonómicas del 13 de mayo. Pero, finalmente, el PNV ha logrado que no hubiese tiempo más que para su toma en consideración antes de la disolución de la Cámara, que tendrá lugar el próximo lunes. Esta toma en consideración hubiese sido hoy mismo, pero los populares han decidido retirarla para mostrar su malestar ante la ofensiva nacionalista para «boicotear todo lo que la oposición ha intentado hacer llegar al Parlamento».

    En esta ocasión, se vuelve a repetir lo que ya ocurrió con la propuesta de populares y socialistas para corregir la reforma de la Ley Electoral vasca que rebajó al 3 por ciento el porcentaje necesario para obtener escaño. También esta proposición de ley, de 2 de enero, y con trámite de urgencia, ha sido retirada ante la imposibilidad de ir más allá de su toma en consideración.   

Equiparar la ley vasca
Dado que el inconveniente mayor para garantizar la limpieza de los comicios es la falta de presencia, por culpa del miedo, en todas las mesas electorales, especialmente en los pequeños municipios guipuzcoanos y también vizcaínos, el PP pretendía equiparar la legislación electoral vasca con la existente en el resto de comunidades, y acabar así con la obligación de que los interventores y apoderados tengan que estar necesariamente censados en el País Vasco. Por ello, se proponía la reforma del artículo 94 de la Ley de Elecciones al Parlamento vasco, para que las funciones de apoderado pudieran ser «otorgadas y asumidas por cualquier ciudadano mayor de edad, que se halle en el pleno uso de sus derechos civiles y políticos».

    De ese modo, tanto los populares, como los socialistas, podrían haber echado mano de personas del resto de España para ejercitar plenamente su derecho de representación en todas las mesas electorales, y mermar así la estrategia de amedrentamiento de los representantes de EH, generalmente más de uno en cada mesa, y perfectamente identificados con camisetas y símbolos en favor de la banda terrorista y sus reclusos. Además de hacer frente al intento de «boicot» de los «abertzales», había otro objetivo prioritario: vigilar que se cumpla la legalidad y no se acepte el llamado «carnet vasco».    

Movilización
Ante el fracaso de la citada proposición de ley, el PP prepara ya su estrategia para movilizar al máximo a sus afiliados, unos 4.000. Entre las medidas, está el envío de cartas con las que se les intentará concienciar de que su colaboración debe ir más allá de participar en actos del partido o incluso del voto a favor.

    Lo prioritario, se explicará en el «mailing», es poder cubrir hasta la mesa electoral del municipio más pequeño, para lo que hacen falta casi 3.000 personas. Como en ocasiones anteriores -en las pasadas autonómicas se llegó a movilizar a 2.000 personas-, el PP echará mano de Nuevas Generaciones del País Vasco, estando previsto que desde la organización juvenil se llegue a cubrir un tercio de los puestos. Otra de las principales preocupaciones de los populares es el asunto de las cabinas, no generalizadas. Para cubrir este déficit, se ha decidido hacer un esfuerzo ingente en «buzoneo» en todas las viviendas, que llegará a ser doble o triple en algunos casos. Se incluirá la papeleta para votar ya preparada, dentro de un sobre sin identificativo alguno del PP.

Previamente, intentan realizar gestiones con el entorno nacionalista - En los últimos meses, algunas entregas se realizaron en Barajas y Atocha - Varios empresarios pagaron más de lo que les pedían
Empresarios vascos reciben en sedes de HB instrucciones de cómo pagar a ETA
FERNANDO LAZARO El Mundo 16 Marzo 2001

MADRID.- La presión de ETA sobre el empresariado vasco a la hora de exigir el pago del llamado impuesto revolucionario ha ido en aumento durante los últimos meses y se ha hecho especialmente intensa tras el asesinato, en agosto pasado, del presidente de la patronal guipuzcoana, José María Korta, a quien los terroristas eligieron como víctima por haberse resistido a someterse a la extorsión de la banda. El miedo de los empresarios se ha incrementado, consecuentemente, en la misma proporción.

Ahora ETA ha decidido extender su chantaje a los pequeños empresarios y comerciantes del País Vasco que, en numerosas ocasiones, se han dirigido directamente a sedes de Herri Batasuna para que allí les informen sobre el modo en que deben afrontar el impuesto reclamado por los etarras.

Uno de los empresarios a los que ETA ha exigido el dinero explicó a EL MUNDO que el problema más frecuente al que se enfrentan los nuevos extorsionados es, además del miedo, el total desconocimiento de los «cauces habituales» fijados por los terroristas para hacerles llegar el producto de su chantaje. Es decir, a dónde y a quién dirigirse a la hora de dar cumplimiento a las exigencias económicas impuestas bajo amenazas. Lo que los empresarios tratan de averiguar en las sedes de HB es precisamente cómo contactar con alguien que les dé información precisa sobre la forma de pago.

Puertas cerradas
Allí, muchos se han encontrado al primer intento con la puerta cerrada o con que quien les atiende les responde que ni sabe ni quiere saber nada de esa clase de asuntos. A partir de ese instante los empresarios chantajeados inician un peregrinaje que les lleva a contactar con militantes del PNV para ver si éstos pueden explicarles con claridad cuáles son los «cauces habituales» a los que se refiere ETA en sus cartas. La contestación es siempre negativa: no saben, en absoluto, adonde tienen que dirigirse los extorsionados.

Algunos encaminan entonces sus pasos hacia movimientos pacifistas y hacia miembros de la Iglesia vasca, donde tampoco reciben pistas sobre el procedimiento que deben seguir para cumplir las exigencias etarras. Sometidos al temor y a la impaciencia, llaman también a las puertas de algunos de los varios movimientos de la izquierda abertzale, donde, por último, les remiten de nuevo a HB.

Los extorsionados regresan a la sede de HB donde un miembro de esta organización ya les da, ahora sí, las instrucciones que deben seguir para atender el pago o el nombre de la persona a la que tienen que dirigirse para cumplirlo.

El empresario con el que contactó este periódico indicó también que tiene conocimiento de otros extorsionados del País Vasco y de Navarra que han pagado a los terroristas durante los últimos meses, al contado y en un solo pago, cantidades superiores, en algunos casos muy superiores, a las exigidas por ETA.

Algunos empresarios a los que ETA ha exigido pagos de 25 millones de pesetas en concepto de impuesto revolucionario, han hecho llegar a la organización hasta 30. Los expertos tienen claro que no es precisamente por simpatía hacia ETA por lo que depositan más dinero del exigido, sino por miedo.

Explican que lo que estos pequeños empresarios y comerciantes intentan con estos pagos superiores a lo reclamado es colmar al máximo las exigencias de los terroristas con el fin de evitar cualquier represalia contra ellos o contra sus familiares y quizá también con la esperanza de no recibir más cartas exigiendo, otra vez, un nuevo impuesto revolucionario.

Los expertos consultados por este periódico aclararon, sin embargo, que es más que probable que la organización terrorista ETA, al comprobar la «debilidad» de estos extorsionados, decida, pasado un tiempo, repetir la exigencia de una nueva cantidad de dinero.

Ultimamente, en más de una ocasión, los pagos se han realizado físicamente en Madrid, en puntos de la capital los que hay siempre un gran tránsito de personas: el aeropuerto de Barajas y la estación de trenes de Atocha. De esta forma, los colaboradores de ETA logran evitar el riesgo de actuaciones policiales.


«Me presenté en HB y pregunté»
«La verdad es que no te esperas nunca que te incluyan en su lista». Sin embargo, este pequeño empresario del País Vasco recibió recientemente una carta de la organización terrorista ETA exigiéndole el pago del denominado impuesto revolucionario. Por razones de seguridad prefiere mantener su identidad secreta y cualquier dato que permita identificarle. «No sabía dónde debía acudir. Mi negocio no es muy grande, más bien pequeño y esta petición podía acabar con él». En declaraciones a EL MUNDO, este comerciante vasco confirmó que efectivamente había hecho frente a la exigencia terrorista. «Yo no tengo ningún vínculo con ETA. No la apoyo en ningún caso, pero sí tengo claro que por mi familia hago de todo».

Este empresario es uno de los muchos que desconocían los cauces para poder acceder a ETA y entregarle el dinero. «Hablé con varios amigos por si me podían orientar. Finalmente, decidí presentarme en la sede de HB y preguntar». Pero no obtuvo respuesta y, al igual que otros muchos, comenzó un periplo por diversas asociaciones, partidos y organismos del País Vasco para tratar de averiguar la ruta para pagar a ETA. Finalmente, acabó donde había empezado: en la sede de Herri Batasuna. «Allí ya me orientaron sobre el proceso que debía seguir para quitarme de encima este problemón». Este empresario no quiso facilitar el contenido de las conversaciones ni los pasos que a continuación tuvo que dar. «Comprenderá que cualquier pista que dé puede identificarme y no quiero correr el más mínimo riesgo, ni por mi familia, ni por mí, ni por mi negocio».

Inicialmente barajó la posibilidad de acudir a la Ertzaintza para denunciar los hechos. Sin embargo, enseguida llegó a la conclusión de que era mejor hacer frente al impuesto revolucionario e intentar olvidarlo lo antes posible. «No vi muchas garantías para acudir a denunciar los hechos y sí vi muchos riesgos», concluyó.

El Camino de la Lengua Castellana podría ser declarado de Interés Cultural en 2001
Libertad Digital 16 Marzo 2001

La Fundación Camino de la Lengua Castellana estima que a finales de 2001 o principios del año 2002 el Consejo de Europa podría reconocer este itinerario como Camino Europeo de Interés Cultural, la misma categoría que actualmente tiene el Camino de Santiago.

Así lo anunció este jueves el presidente de la Fundación, Domingo Rivera, quien indicó que este reconocimiento "supondría un espaldarazo" al Camino de la Lengua Castellana, un itinerario integrado por seis hitos, San Millán de la Cogolla, Santo Domingo de Silos, Valladolid, Salamanca, Avila y Alcalá de Henares.

Rivera no descartó la posibilidad de que el Camino de la Lengua se amplíe a otros hitos que ya han solicitado formar parte de este itinerario, como es el caso de El Burgo de Osma (Soria), Covarrubias (Burgos) y otras ciudades sudamericanas.

Por otro parte, durante la reunión celebrada este jueves en Valladolid se aprobó la incorporación de dos nuevos patronos a la Fundación, las direcciones general de Cooperación y Comunicación Cultural y del Libro Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Educación, que hasta ahora era benefactor de este proyecto, así como las actividades previstas para este año.

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