AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 19  Marzo  2001
#Ni un solo atentado sin un artículo
Miguel Ángel RODRíGUEZ .- La Razón 19 Marzo 2001

#ETA acecha desde Francia
Editorial ABC 19 Marzo 2001

#De Bilbao a Rosas: condenar, comprender, pero compartir los fines
Pablo PLANAS ABC 19 Marzo 2001

#Roses
ENRIQUE GIL CALVO El País 19 Marzo 2001

#Caín y Abel
EDUARDO HARO TECGLEN El País  19 Marzo 2001

#Exigir más a Francia
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón   19 Marzo 2001

#Caretas y pasamontañas
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 19 Marzo 2001

#Y Eta sigue matando
Editorial La Razón 19 Marzo 2001

#¿Observadores a Euskadi?
José María CARRASCAL La Razón 19 Marzo 2001

#No asesinéis, por favor
José Luis Manzanares La Estrella  19 Marzo 2001

#ETA, rearmada en Francia
Editorial La Estrella  19 Marzo 2001

#Síntomas de indefensión
Editorial El Correo  19 Marzo 2001

#EN BUSCA DE UNA ESPERANZA
XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS La Voz  19 Marzo 2001

#MEMORIA
JAVIER ARMESTO La Voz  19 Marzo 2001

#Gallego, catalán y euskera en toda España
A. VARELA  A CORUÑA La Voz  19 Marzo 2001

#Polifonismo o cretinismo
Nota del Editor 19 Marzo 2001

 


Ni un solo atentado sin un artículo
Miguel Ángel RODRíGUEZ .- La Razón 19 Marzo 2001

No quedan palabras nuevas para definir la angustia ni para constatar la rabia cada vez que muere uno de nosotros por las bombas de los terroristas. Pero aunque sea repetirse, aunque suene a ya escrito y leído, ni un solo muerto tiene que ser enterrado sin, al menos, un artículo.

    Los nacionalistas quieren que nos agotemos, que de tanto pensar lo mismo creamos que estamos equivocados, que de tanto lamentarnos pensemos que la única salida es eso que llaman “diálogo”, que de tanto enterrar a inocentes nos dé igual si se autodeterminan o ponen una valla, que de tanto dar vueltas a sus razones lleguemos a albergar la esperanza de que en el fondo no están equivocados... Pero eso no es así. No tienen razón y no podemos dársela. No podemos permanecer callados aunque nuestra respuesta no sea original, aunque digamos siempre lo mismo.

    Los nacionalistas han creado esa dictadura del miedo gracias a los terroristas y Yosuyón nos dice palabras bobas porque no se lo cree. Arzalluz suena a Antiguo Testamento y ha creado el DNI vasco para marcar las puertas con sangre y que la ira de su Dios pase de largo de las casas marcadas. Pero el resto puede morir aunque sea un policía judicial y esté a cien metros de la explosión de una bomba.

    A lo mejor la cabeza de Eta no está en Francia. Tendrían que explicarlo. Algún tribunal tendría que poner a cada cual frente al espejo. Lo que no es fácilmente comprensible por la mayoría es que PP y PSOE inviten al PNV a un acto homenaje a una víctima de Eta ¿Qué hacen ellos allí? ¿Qué piensan? ¿Qué órdenes darán a su policía? ¿Qué lecciones manipularán en sus ikastolas? Y si el presidente del Gobierno les considera Nazis ¿por qué nadie les juzga?

ETA acecha desde Francia
Editorial ABC 19 Marzo 2001

La capacidad de ETA para regenerarse en la brutalidad acaba agotando las palabras y los discursos. Frente a ETA, y a lo que ETA significa, sólo es admisible la estrategia de la erradicación por la vía policial, con el apoyo de la comunidad internacional, la aplicación estricta de la ley penal por los Tribunales, el aislamiento efectivo y sin concesiones del nacionalismo radical y la derrota política y electoral de los planteamientos cómplices del PNV y de EA, expresados sin tapujos en el documento que fija las bases de su coalición electoral. Cualquier suavización de estos postulados supone rebajar el nivel de exigencia que deben tener un Estado de Derecho y todas aquellas formaciones políticas que se identifiquen con los valores de la libertad, la defensa de la vida y la democracia. ETA sigue matando porque su propia existencia no permite otras justificaciones; pero esta miseria moral de la banda terrorista no encuentra en el nacionalismo vasco gobernante la consecuencia lógica del desprecio absoluto, sino, por el contrario, la comunión en los objetivos máximos —la soberanía y la territorialidad— y en el argumento radical de su terrorismo —el «conflicto» con España—. ETA, aunque mate, se siente avalada y eso la anima.

Los dos atentados con coche bomba en Rosas y Gandía estaban planteados como actos de intimidación indiscriminada, como demostraciones de presencia tras una serie de eficaces actuaciones policiales en contra de comandos y de tramas (Haika), pero que recuerdan que la lucha contra ETA es un largo proceso de contundencia policial y colaboración internacional. Esto último resulta hoy más evidente que nunca ante la certeza casi absoluta de que la banda terrorista ha utilizado en ambos atentados el explosivo robado en Grenoble, hace apenas dos semanas. Las autoridades galas deben comprender ahora el porqué de los reproches que mereció la inexplicable negligencia en la custodia del depósito de explosivos. Lo importante es que hayan tomado nota de que la cooperación con España es algo más que detener comandos. También implica cortar las redes de abastecimiento de ETA y desmantelar las infraestructuras que permiten a los terroristas almacenar coches robados, prepararlos como máquinas de matar y trasladarlos a España sin problema alguno.

Esas negligencias, al final, se traducen en atentados y en muertes. Fuera o no su intención directa, el coche bomba colocado por ETA en Rosas acabó con la vida del «mosso d´esquadra» Santos Santamaría, quien estaba participando en las tareas de desalojo de los residentes en la zona. Junto con el atentado de Gandía, parece evidente que ETA recala otra vez en zonas turísticas de importancia, que tienen una cómoda red de autovías, directamente comunicada con Francia, y aseguran el doble efecto de la intimidación y de la publicidad. Pero el atentado de Rosas tiene una lectura añadida. Cataluña sufre nuevamente el golpe de ETA, cerrando el período de calma que siguió a la desarticulación del comando que asesinó, entre otros, a Ernest Lluch. Este asesinato abrió un descentrado debate sobre el diálogo como método para acabar con la violencia y puso sobre la mesa el contraste de contenidos y formas políticas entre Cataluña y el País Vasco, del que resultó una especie de «tercera vía» apadrinada por dirigentes socialistas catalanes. El intento fracasó y no tardó mucho en cuajar el único diálogo posible, en términos éticos y políticos, que fue el Pacto contra el Terrorismo y por las Libertades. Sin embargo, quedó cerrado en falso el debate sobre la actitud del nacionalismo catalán, no frente a ETA, siempre inequívocamente beligerante, sino frente al nacionalismo vasco. La muerte del «mosso» y la reiteración contumaz de PNV y EA en los mismos fundamentos del pacto de Estella son elementos colindantes de una realidad patológica del nacionalismo, que Convergencia i Unió no puede solapar en la filiación nacionalista con el partido de Arzalluz. Es preciso que todos aquellos que tienen responsabilidades políticas y comparten un modelo de convivencia pacífica, como CiU, saquen todas las conclusiones que impone el comportamiento del PNV.

De Bilbao a Rosas: condenar, comprender, pero compartir los fines
Por Pablo PLANAS ABC 19 Marzo 2001

Cuando se trata de comprender el horror se está a un paso de formar parte del cuadro de figurantes que, con subterfugios dialécticos, allanan el camino hacia las fosas. Por eso no está de más, pese al oneroso cargamento de palabras que arrastra la historia criminal de ETA, recordar un concepto básico: si se está en contra del terrorismo no se pueden compartir los objetivos de los terroristas, de ahí la dificultad de dialogar no ya con quien mata sino con el que es incapaz de observar el abismo entre la condena y las especulaciones teleológicas sobre el asesinato. La secuencia de lo que ocurrió el sábado categoriza bien a las claras el diapasón de una nueva clase de conflicto en el que las víctimas son culpables. Bilbao se llena de menores manipulados que arrean estopa en el «frente callejero» probablemente a la misma hora en la que un par de «gudaris» preparan en Rosas, «enclave enemigo», lo que pudo haber sido una masacre. Cae bajo la metralla un «mosso d´Esquadra» en lo que sin duda es un nuevo éxito de la «lucha por la paz en Euskalherria», pues añade otro cuerpo policial al casi universal listado de objetivos militares. Horas más tarde, otro coche bomba estalla, esta vez de forma controlada, en Gandía. El coche de Cataluña llevaba matrícula valenciana. El de Gandía, placa de Barcelona. O sea, pues una nueva cumbre en la lógica terrorista: cincuenta kilos de dinamita de Grenoble para «Varcelona» (por Cataluña) y otros cincuenta para la fallera «Balencia». Todo esto sería un curioso divertimento si no fuera porque Santos Santamaría Avendaño, el agente de los «mossos», está muerto; si no fuera porque tras la humareda de los coches se atisba la imperturbabilidad de quienes hasta cuando hablan de los asesinados son capaces de aludir a las expectativas políticas de una supuesta mayoría de los vascos y de las vascas y hasta de los asesinos y las asesinas. Desde luego, hablan en otro idioma, pero no es euskera. Entre tanto, la sociedad catalana se apresta a hacer lo único que sabe en estos casos: condenar, colaborar y orar por sus muertos, los pasados y lo que estén por venir.

Roses
ENRIQUE GIL CALVO El País 19 Marzo 2001

El mismo día en que las ejecutivas del PNV y EA presentaban en el Kursaal su programa electoral autodeterminista, ETA asesinaba en Roses a un miembro de la policía autónoma catalana. Y semejante coincidencia no puede ser una casualidad. Es cierto que concurren otras explicaciones: por ejemplo, que la banda iniciaba su clásica campaña de atentados turísticos para saludar las próximas vacaciones; o que demostraba un alarde de eficacia reorganizando en pocas semanas su comando catalán. Pero éstas y otras razones por el estilo palidecen junto al simbolismo de la sede elegida para su atentado, pues Roses es el equivalente del Donosti vasco: la bahía por la que se abre al mar el corazón del territorio nacionalista situado junto a la frontera de escape, sirviendo de base de operaciones al nacionalismo radical.

Este mismo fin de semana también se reunían en Cataluña los independentistas irlandeses, catalanes y vascos. Y en ese marco cabe entender que el atentado de Roses contra un policía catalán en pleno corazón ampurdanés del catalanismo histórico es un mensaje de aviso y exigencia dirigido por el nacionalismo violento contra el nacionalismo moderado. Se hallan reunidos así los ingredientes que Peter Waldmann señala como determinantes de la radicalización del independentismo: sagrado territorio propio, inmediata frontera de escape al exterior y polarización entre nacionalismo moderado y nacionalismo violento, enfrentados en una lucha de poder que pugna por el control del movimiento étnico. Y cuando se dan estos factores, la victoria de los halcones que poseen la llave de la espiral de la violencia resulta inevitable, imponiéndose siempre los radicales sobre los pacifistas.

En efecto, mientras los moderados de clase media y alto nivel de escolarización confían para su acción política en recursos culturales y propagandísticos (intelectuales en definitiva), el ala dura de los radicales sólo representa a las clases populares de bajo nivel de estudios, cuyos únicos recursos políticos son las redes comunitarias de apoyo y la violencia juvenil masculina. Por eso concluye Waldmann (Radicalismo étnico, Akal, 1997) que en las negociaciones entre moderados y radicales siempre termina por imponerse el ala más dura. Así sucedió en Irlanda y así sucede en Euskadi. Y si en Cataluña no ha sucedido es porque el catalanismo moderado nunca quiso negociar nada con sus radicales, impidiendo así que éstos se les impusieran.

Pues bien, hoy en Euskadi asistimos a una interacción como las descritas por Waldmann, pues la serpiente de ETA está cercando al pacífico buey nacionalista fascinándole con sus ekintzas hasta empujarle a radicalizarse. Cuando en Lizarra Arzalluz y Egibar creyeron haber domesticado a ETA, convenciéndola para que se pacificase, en realidad sucedió a la inversa, y la pista de aterrizaje de los violentos se convirtió en la pista de despegue del PNV hacia el independentismo. Acabamos de verlo en el Kursaal este mismo sábado, cuando por fin los nacionalistas vascos moderados, empujados por la presión de los violentos, se han decidido a presentar un programa electoral abiertamente autodeterminista. Pero enseguida se ha estrechado el cerco a que les tienen sometidos los radicales, quienes por boca de Arnaldo Otegi han manifestado que no les basta con que los moderados reivindiquen el derecho de autodeterminación: además, ahora les exigen que lo ejerzan.

¿Qué va a pasar? Que los nacionalistas pacíficos se quiten la máscara y descubran su verdadero rostro autodeterminista puede ser una bendición, si desengaña a sus electores moderados impulsándoles a votar a partidos constitucionalistas. Pero, por el otro lado, una parte de los electores radicales, avergonzados ante tanto crimen injusto, optará por votar al nuevo PNV radicalizado. En cualquier caso, el saldo neto entre uno y otro trasvase está por ver, aunque cabe augurar un cierto declive nacionalista. Y ello hace sospechar que, a última hora, la serpiente etarra suspenda las hostilidades mientras hablan las urnas, una vez cubierta con éxito su campaña de acoso al buey nacionalista.

Caín y Abel
EDUARDO HARO TECGLEN El País  19 Marzo 2001

Estos dos grandes partidos hacen mal el simulacro derecha/izquierda que requiere la tragedia democrática española. Son hermanos. Se llevan mal siguiendo el viejo mito de que bueno y malo son parte de un todo, pero se unen en la discordia con otros: son hermanos ante los vascos. Los dos quieren que les voten los vascos buenos, que no tienen partido.

Los malos tienen todos: los nacionalistas, que también son hermanos en este juego de simulacros. No se sabe cuáles son los peores: unos ponen bombas donde pueden -¿para qué en la playa de Roses? ¿Qué tendrá que ver el mosso d'esquadra que murió porque llegó antes a lo que iba a explotar? La razón no se me alcanza, ya que no soy creyente en la maldad absoluta- y otros la bomba intelectual de la independencia en un mundo donde nadie lo es.

Pujol, el hermano Abel de Arzalluz, ya ni busca la independencia, porque la tiene bajo cuerda, y que un poco más -Ejército, cuerpo diplomático...- es tan caro como inútil. No merece la pena acuñar moneda, que en tiempos era una base de la soberanía de un país: el euro le va a liberar de la vergüenza de la peseta, que ni tiene un nombre digno.

En cuanto al idioma, en el resto de España -y 'resto' parece que es lo que sobra después de quitar la parte valiosa: la catalana (el castellano o español se pierde solo, es el idioma más extenso de los pobres del mundo: de los que no saben leer, no entienden lo que leen ni quieren entenderlo porque va contra ellos)- hay un español de clerecía, el de grandísimos escritores, sacerdotes de la lengua, cuya mayoría está fuera de la Academia; pero la mitad de los españoles no lee ni un libro, y de la otra mitad, la mitad sólo los que le requiere su bachillerato, y no los entiende: y esto es bendito en relación a otros países en que este idioma es oficial. ¿Para qué hablar, en esta penuria, del catalán, del vascuence, del gallego? Ni del hebreo, o del suahili, del chelja o del cheli.

Decía que estos dos partidos son hermanos, y representan el primer mito de hermanos, el de Caín y Abel: y cualquiera sabe cómo estaría entonces el genoma. De niños veía las películas de buenos y malos, y yo soy de los que creíamos que los buenos eran los otros: los indios. Cuando veo que el bueno entre los buenos es el ministro de la policía (y a sus hermanos los mete en la cárcel otra vez el Constitucional) siento la tentación de creer que los verdaderos buenos son los otros. Basta un mosso d'esquadra asesinado por una bomba sin sentido para saber que no es eso. No hay buenos.

Exigir más a Francia
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón   19 Marzo 2001

Durante largos, larguísimos años, Eta tuvo su santuario en Francia. Cínicamente, el presidente Giscard, mientras derramaba mieles sobre el Rey y Suárez, decía en su entorno que de esa forma los franceses no sufrirían el terrorismo etarra y además la España incómoda, que llamaba a las puertas del Mercado Común, quedaba debilitada. Varias son las fórmulas para seguir venciendo en Rocroi.

    Las cosas han cambiado. Giscard es hoy el sueño de una sombra. Francia colabora ahora, aunque con entusiasmo descriptible, en la persecución de Eta. Pero el caso es que la banda se arma en el país vecino, se pertrecha de explosivos allí, allí se encuentra instalada su dirección, allí se toman las decisiones de los asesinatos, de allí salen los comandos, los automóviles con bombas-lapa y las furgonetas cargadas con centenares de kilos de dinamita. Y tras la sangre derramada, a Francia regresan los asesinos.

    No tiene fácil tarea Rajoy porque, para exigir a Francia que cumpla con su deber comunitario y de servicio a los derechos humanos, se necesita mucha mano izquierda, mucha palabra queda, mucha zorrería gallega. Pero ésa es la cuestión. Todavía Francia es refugio para la dirección, los comandos y el armamento de Eta. En su momento España no quiso crear santuarios de terroristas corsos y bretones en nuestro país. Pudo hacerlo pero no lo hizo. Hay que recordárselo a los franceses. Es imprescindible conseguir una colaboración más eficaz para rastrear a los asesinos hasta sus madrigueras.

Caretas y pasamontañas
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 19 Marzo 2001

El PNV se quita la careta mientras ETA sigue ocultando su abominable rostro tras el pasamontañas y reclamando el diálogo con sangre. El programa electoral de los nacionalistas vascos, aliados y cómplices, y mañana tal vez víctimas si los constitucionalistas no lo impiden, del terror, desvanece toda duda posible. Pasó ya la hora de la ambigüedad. PNV y EA proponen la negociación con ETA, la autodeterminación y la federación con Navarra y la asociación con el País Vasco francés. Si no tuvieran detrás o al lado al terrorismo, este voraz «monopoly» de los nacionalistas sólo provocaría risa. La verdad es que la careta últimamente dejaba entrever hasta el fondo resentido del alma nacionalista.

No sé si la peor pero una de las más perversas falacias sobre el País Vasco es la que sostiene la legitimidad de las pretensiones separatistas y repudia los medios terroristas. Es lo que hacen los dirigentes del PNV que, como Arzalluz, confiesan que comparten los fines con ETA. Este deslinde entre medios y fines, en política y en moral, suele conducir a la inmoralidad. Entre fines y medios termina por establecerse la más íntima complicidad hasta llegar a ser indiscernibles. A su vez esta falacia se sustenta en un error: en la pretensión de que el propósito de ETA es únicamente la independencia del País Vasco. La democracia permite la defensa de este objetivo, aunque se trate de un anacronismo indigno sustentado en la falsificación, siempre que se haga desde la lealtad a la Constitución. Pero es difícil ser leal a algo que se pretende dinamitar. Es natural que los enemigos de la Constitución no la respeten. Pero cometen un grave error quienes, nacionalistas o no, olvidan que el proyecto de ETA es totalitario y pertenece a la misma estirpe ideológica que el nazismo y el estalinismo. No hay que olvidar que el partido nazi se denominaba nacional y socialista, y que entre el nazismo y el estalinismo existen grandes semejanzas. ETA es estalinismo más racismo.

El desafío es, pues, triple: a la unidad de España y al proyecto europeísta, a través del separatismo; a la democracia liberal, a través del totalitarismo; y a la vida y a la dignidad humana, a través del terrorismo. Es preciso oponerse con la misma fuerza a los tres, pues van unidos y, en el fondo son el mismo. Naturalmente, el PNV sólo defiende el primero de los tres objetivos, pero, al hacerlo, se hace cómplice objetivo, aunque involuntario, de los otros dos. Pero terminarían por ser también víctimas del terror totalitario. ETA no persigue ninguna sutileza jurídica como la redefinición del titular de la soberanía. Lo que quiere es el poder absoluto. Quines hoy asesinan continuarían haciéndolo si conquistaran el poder. Al terrorismo le sucedería el campo de concentración. La historia más reciente nos ha enseñado que con los totalitarismos no es posible pactar. Cada concesión es palanca hacia nuevos desafíos. El totalitarismo sólo es derrotado cuando es destruido. No basta el Estatuto, ni el concierto. Ahora toca la autodeterminación; mañana, la independencia. Cada avance «político» tiene un precio de sangre. El mayor error es creer que se puede dar algo a cambio de que dejen de matar. No quieren algo; lo quieren todo. Conviene, al menos, que los votantes no se engañen y que nadie allane inadvertidamente el camino hacia el totalitarismo.

Y Eta sigue matando
Editorial La Razón 19 Marzo 2001

Una de las realidades de esta campaña electoral del País Vasco es que Eta sigue asesinado, su brazo político no repudia los crímenes y los nacionalistas pactan en secreto su programa electoral con los proetarras, aunque condenan en público los atentados como los perpetrados el sábado en las localidades turísticas de Gandía (Valencia) y Rosas (Gerona), donde la sangrienta campaña electoral de Eta se ha cobrado una nueva víctima en la persona del «mosso d'esquadra» (policía autónomo) Santos Santamaría. En la respuesta generalizada contra el atentado destaca en esta ocasión, por su rapidez y contundencia, la de los obispos que han querido dejar meridianamente clara la posición de la Iglesia española.

    El crimen, por medio de un coche-bomba, es similar al que hace menos de dos semanas costó la vida del ertzaina Iñaki Totorika, en Hernani (Guipúzcoa). Un asesinato que se enmarca en la ofensiva ordenada por la banda, sobre la que hoy informa LARAZÓN. Según los documentos intervenidos al cabecilla etarra García Gaztelu, alias «Txapote», tras su detención en Francia, la dirección de Eta sitúa a los policías autónomos vascos y a los periodistas como «objetivos preferentes». En horas bajas y con poco dinero en la caja, la mafia etarra quiere mostrar toda su fiereza en una campaña electoral donde el miedo es su principal instrumento.

    Los disturbios ocurridos el sábado en Bilbao tras una manifestación batasuna, donde los protearras hicieron de las suyas ante la pasividad de la Policía autónoma, ratifican que el comisario europeo de Derechos Humanos, Álvaro Gil-Robles, tiene razón cuando denuncia el miedo en las calles y la instrumentalización política de una Ertzaintza cogida ahora entre dos fuegos: el de sus mandos nacionalistas y, hoy, el de los asesinos de Eta.

¿Observadores a Euskadi?
José María CARRASCAL La Razón 19 Marzo 2001 

¿Habrá que enviar observadores extranjeros a las próximas elecciones vascas, como se viene haciendo con las que se celebran en los países sospechosos de no respetar las normas democráticas? Pues a lo mejor, quiero decir, a lo peor. Las condiciones que reinan hoy en Euskadi, refrendadas por el comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, dan pie a tales sospechas y a bastantes más. Un importante segmento de la población vasca -de hecho, la mitad o más- está viendo cercenados sus derechos fundamentales por la agresión continua de bandas violentas, toleradas por las mismas autoridades encargadas de mantener el orden y salvaguardar las libertades No es ése, desde luego, el mejor clima para que los ciudadanos puedan expresar libremente su voluntad. Más, cuando en muchos de aquellos colegios electorales no existen cabinas, es decir no se respeta la intimidad del voto. Y culminando todo ello, el rechazo de apoderados de mesa de otras partes, que precisamente por eso no estarían tan condicionados y podrían contrastar mejor la legitimidad del proceso. ¿Tendrá la ONU o el Consejo de Europa o la Fundación Carter que personarse en Euskadi el 13 de mayo para que los vascos puedan votar lo que realmente quieran o incluso puedan simplemente votar, pues tal como están las cosas, algunos, o muchos, no se atreverán a acercarse a las urnas?

    Nada ilustra mejor el deterioro que ha sufrido la situación en Euskadi. Las elecciones son el rito supremo de la democracia, la consumación de su proceso institucional, el momento en que el ciudadano asume realmente el control de su país, eligiendo a quienes van a representarle los próximos años. Si las elecciones están contaminadas, el entero sistema está contaminado. Y no hay duda de que la contaminación de la atmósfera política vasca puede compararse a la de Chernobyl después de haberse fundido algunos reactores de su central nuclear. Como tampoco la hay de que el nacionalismo violento, radical, totalitario marca allí el paso, y el moderado le sigue. PNV y EA, que querían domesticar a Eta, se han convertido en sus monaguillos. Ya han incluido en su programa electoral común la autodeterminación, eufemismo de independencia, y han rechazado apoderados de mesa del resto de España. El próximo paso será permitir votar tan sólo a aquellos que tengan el «DNI vasco». Si por ellos fuera, ya lo habrían impuesto. Ése es el proceso «integrador, abierto e ilusionante de futuro» de que habla Ibarretxe. Tan ilusionante como un discurso de Goebbels, tan integrador como un campo de concentración de Himmler. Las fronteras entre PNV, EA y ETA se hacen cada día más imperceptibles y no es precisamente ETA quien hace concesiones a sus hermanas mayores. Se acerca la hora de la verdad en el País Vasco y por eso mismo hay que decir la verdad en voz alta, clara y sin tapujos. Por dura que sea. Más dura es la realidad.

No asesinéis, por favor
José Luis Manzanares La Estrella  19 Marzo 2001

El terrorismo separatista ha utilizado por primera vez un coche-bomba para asesinar a un miembro de la Policía vasca. En esta ocasión no es que la víctima se interpusiera en alguna operación de la banda o pasara casualmente por allí, sino que se quería precisamente eso: matar a un "ertzainza". Una represalia porque Ajuria Enea osó enfrentarse a una parcela del entramado etarra que hasta ahora había gozado de casi absoluta impunidad. La Policía Autonómica es un cuerpo bien instruido y muy próximo a una sociedad que se enorgullece de él y lo tiene como suyo. No resulta temerario presumir por ello su profundo conocimiento de aquellos círculos, conciliábulos o madrigueras donde se prepara la violencia contra un disidente que debe ser exterminado o, en el mejor de los casos, aleccionado conforme a nuestros ideales.

Los enemigos de la libertad, los neonazis del siglo XXI, han representado una vez más su papel. Quizá con menor éxito del deseado, pero sin titubeos, tintas de calamar o lágrimas de cocodrilo. Los etarras –justo es reconocerlo– hablan con una sola lengua, trasmiten cansinamente un mensaje inequívoco y reivindican sus crímenes sin perderse en excusas. No se mueven de sitio, no juegan al sí pero no, y no practican las artes del ventrílocuo. Otros nacionalistas, desgraciadamente, sí. Hay que detectar su posición día por día, unas horas antes de un atentado y una semana después. Sólo sumando y comparando declaraciones se puede averiguar la apuesta real de quienes, al amparo de la polifonía, pretenden seguir con la conocida tarea de recoger los frutos del terror. Las palabras se las lleva el viento, pero los cadáveres continúan siendo una valiosa advertencia para que dialoguen –es decir, claudiquen– quienes no simpaticen con el fundamentalismo étnico.

La situación ha cambiado cualitativamente con esta agresión indiscriminada a los policías vascos que dieron por bueno el falaz aviso telefónico y acudieron al lugar escogido para la matanza. Lo que no se comprende bien –o nos resistimos a entender– es la reacción del presidente del Gobierno de Vitoria pidiendo a los asesinos que por favor –sí, literalmente, por favor– dejen de matar. Nunca ningún asesino había sido tan versallescamente recriminado. Ni siquiera los rateros especializados en bolsos de señora podrían imaginarse un requerimiento tan afable. Sabemos que la cortesía es una moneda que enriquece a quien la da y aprovecha a quien la recibe. Afirma Schopenhauer en sus Aforismos sobre la sabiduría de la vida que, al igual que la cera, que es dura y quebradiza por naturaleza, se vuelve maleable con un poco de calor, también el hombre más insensato y malintencionado puede transformarse en dúctil y complaciente si se le trata con cortesía. Por su parte, Goethe escribe en sus Afinidades Electivas que hay una variante de cortesía amorosa que nace del corazón. Amor, quizá, al hermano descarriado, al pobre chico de la gasolina, al patriota impaciente, y un poco más allá, a quien asesina por la buena causa.

ETA, rearmada en Francia
Editorial La Estrella  19 Marzo 2001

A última hora de ayer se confirmó con toda certeza que el atentado con coche-bomba en Rosas, en el que perdió la vida un agente de la Policía Autónoma catalana, y el de Gandía, habían sido preparados por la banda en Francia con los explosivos robados en Grenoble unos días antes. La inexplicable indolencia de las autoridades galas de seguridad ha dado, como se temía, ocasión y material letal a las alimañas del terror para seguir acabando con vidas humanas a este lado de la frontera. Al margen de otras consideraciones y muy a pesar de que en los últimos años la colaboración hispanofrancesa ha dado muy buenos resultados–, es éste uno de los tributos que España viene pagando por el hecho de que Francia tolerara durante décadas que los radicales vascos hicieran allí sus madrigueras.
Han sido muchos años de "vista gorda" deliberada por parte de la Francia de Giscard d'Estaigne y de Mitterrand para que ahora se logre erradicar las ratoneras etarras en tierra gala. Y si, además, las autoridades francesas no se toman en serio las medidas de control y se les escapan los etarras sometidos a arrestos vigilados o dejan que éstos revienten depósitos de explosivos, como es el caso, aquí, a este lado de la frontera, vamos a tener que seguir pasando muchas dificultades.
No es fácil resignarse a aceptar que los iluminados del "terror euskonazi" según acertada definición del Defensor del Pueblo, Enrique Múgica hayan puesto a buen recaudo la tonelada y media de explosivos robados para proseguir su interminable danza de la muerte en nombre de nadie sabe bien qué. Por mucho que se valoren los excelentes resultados de la colaboración actual entre las policías y los gobiernos de Francia y España, no es fácil olvidar, a tenor de estos acontecimientos luctuosos, la enorme responsabilidad del país vecino en esta sangría que nadie, salvo sectores nacionalistas vascos, entiende.
Hecha esta apreciación, queda esperar que las autoridades españolas mantengan los más severos controles sobre los pasos fronterizos convertidos, ahora más que nunca, en gateras de terroristas. La supresión de fronteras en el seno de la Unión Europea no puede mermar de ninguna manera al cerco policial sobre los terroristas.

Síntomas de indefensión
Editorial El Correo  19 Marzo 2001

El asesinato de Santos Santamaría Avendaño volvió a estremecer en la noche del sábado a cuantos ciudadanos catalanes se habían sentido aliviados con la detención de los activistas que ETA había emplazado en Cataluña. Desde que rompiera su alto el fuego, es éste el quinto asesinato cometido por ETA en aquellas tierras. El regreso de los asesinos tras el pavoroso rastro que dejó el desarticulado ‘comando Barcelona’ demuestra no sólo que sigue en pie su intención de extender el terror por la geografía española. El instinto terrorista busca, sobre todo, que cada día sean más los ciudadanos de Euskadi y del resto de España obligados a convivir con la amenaza violenta, forzados a compartir la impotencia hasta aceptarla como fatalidad, empujados a convertir las movilizaciones de repulsa en una rutina. Los terroristas saben que la sola acumulación de actos de barbarie sirve para afianzar su presencia coactiva y para segregar en la sociedad dosis de anestesia suficientes como para perpetuarse. Basta recordar que cuando ETA rompió su tregua, los dirigentes de HB mostraron ciertas dificultades para disimular el cinismo de su cobertura política. Pero, por efecto de la propia escalada terrorista, Otegi no tuvo empacho alguno ayer en explicar «lo ocurrido» como la demostración de que «nos encontramos ante un conflicto armado».

A medida que el hartazgo crece -aunque resulte paradójico- crece también el desistimiento y la permisividad social ante la desfachatez de los apologetas. Las grandes manifestaciones de condena del terror contrastan con la timidez de convocatorias como las realizadas tras el asesinato de Santos Santamaría. Una vez que los terroristas descubren ser capaces de vulnerar los principios más elementales de la convivencia, su envilecimiento penetra sinuosamente a través de cualquier resquicio; hasta que una parte de la sociedad comienza a apuntar culpas no precisamente en dirección a los propios terroristas. Éste es el único objetivo político que persigue ETA: transferir la responsabilidad de sus asesinatos a la sociedad democrática y a sus instituciones.

La experiencia de las últimas décadas desaconseja esgrimir fórmulas triunfalistas en el combate contra la violencia. Pero las instituciones, los dirigentes políticos y cuantos líderes de opinión manifiestan su parecer respecto al terrorismo y sus posibles soluciones deberían ser mucho más conscientes del catálogo de errores en que incurren una y otra vez. Sobre todo, deberían ser más conscientes de que esos errores constituyen precisamente los cimientos sobre los que se erige el poder fáctico de ETA. En la mañana de ayer, Xabier Arzalluz manifestaba su convencimiento de que ETA no va a cejar en su escalada de atentados. Lo cual hace más incomprensible la actitud de los líderes jeltzales que insisten en atribuir a un diálogo sin límites ni exclusiones la fuerza demiúrgica de resolver el problema que causan quienes precisamente pretenden seguir negando el diálogo a base de muerte y destrucción. La unidad entre los demócratas parece hoy poco menos que una quimera. Pero bastaría con que el nacionalismo democrático recapacite, abandonando su eterna espera hasta que los violentos regresen a la casa del padre, y asuma como objetivo de paz la derrota en toda regla de ETA y de quienes secundan su dictado, para que las esperanzas de unidad reconforten a una sociedad desamparada y sometida a peligros de división.

Sólo así sería posible reactivar al máximo la respuesta ciudadana contra el terrorismo. Sólo así sería posible desterrar cualquier duda sobre la necesidad de que la intervención de jueces y policías ocupe no sólo un lugar prioritario en la lucha antiterrorista, sino que cuente con el apoyo y la colaboración activa de la ciudadanía. La acción de unos terroristas que se aprovechan de la libertad de tránsito por territorio europeo para desplazar su carga mortífera desde Francia y sembrar el pánico en la costa mediterránea española es algo más que una metáfora de los síntomas de indefensión que las democracias muestran en ocasiones respecto a la seguridad y la libertad de sus ciudadanos. La construcción de un espacio judicial y policial europeo frente al totalitarismo violento no puede reducirse a la voluntariosa colaboración entre distintos gobiernos; como si, en este caso, el terrorismo de ETA fuese un problema español que precisase sólo el concurso solidario de Francia. Los desafíos que la organización transnacional del crimen plantea a los europeos tienen en el terrorismo de origen vasco una prueba ineludible para una justicia que actúe por encima de unas fronteras ya inexistentes para la extensión del propio crimen, y para cuerpos policiales cuya acción no puede estar constreñida por más límites que el gobierno de la ley, la supervisión de los jueces y la obligación de prevenir la comisión de nuevos delito.

EN BUSCA DE UNA ESPERANZA
XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS La Voz  19 Marzo 2001 

El mismo día que los etarras eligieron para asesinar a Santos Santamaría, y meter a los Mossos d''Esquadra en el saco sin fondo de sus dianas, una enorme manifestación de aberzales recorría Bilbao en apoyo de Haika, culpando al «fascismo español» de todo lo que pasa.

Mientras en Roses lloraban al agente muerto, y limpiaban en Gandía los cascotes del terror, en Bilbao se repartían los cócteles molotov que usa ETA para explicar su plan de gasolina para la reconstrucción de Euskadi. Y por eso me aferro a la esperanza de que aquella impresionante masa que discurría por las calles bilbaínas diste mucho de ser homogénea, y que alguien sepa distinguir al pequeño grupo de asesinos encapuchados que tanto presiona a los millones de españoles que lloramos por un lado, como moviliza y manipula a los jóvenes bilbaínos que desfilan por el otro.

Porque si fuese cierto que todos aquellos están de acuerdo con ETA, y si hay que aceptar que sólo los asesinos se bastan para alentar el babel del terror y sumir a España en un panorama tan confuso, la situación sería aun peor de lo que creemos, y nadie podría librarnos de un choque civil en toda regla.

No puede ser verdad que la riada de gente que bajaba por las calles de Bilbao esté dispuesta a firmar debajo del crimen de Roses y de la bomba de Gandía. No puede ser verdad que donde unos vemos y olemos el azufre del terror, vean los otros el verde esperanza de la construcción nacional. Y por eso me niego a aceptar que al discurso simple del terror, hecho de buenos y malos, sólo le pueda contestar el discurso obvio y simple del antiterror.

Con la campaña electoral en ciernes, se hace evidente que el duelo entre la protocoalición popular-socialista y el nacionalismo está resbalando peligrosamente sobre un conflicto social complejo, mal diagnosticado y peor enfocado, que deja al aberzalismo más confuso y vociferante a merced de ETA y sus secuaces. Y por eso conviene recordar que, si una cosecha no termina hasta que el trigo se separa de la paja, las elecciones vascas no servirán de nada hasta que sus resultados permitan romper la ecuación entre aberzales y terror, y rescatar de las fauces de ETA a los miles de jóvenes que salen cada sábado a las calles de Euskadi.

El discurso electoral que magnifica estratégicamente la influencia que ejerce ETA sobre la sociedad vasca es un suicidio. Y, vistas las fotos del sábado, pone los pelos de punta.

MEMORIA
JAVIER ARMESTO La Razón  19 Marzo 2001 

Santos Santamaría está hoy en boca de todos, pero, ¿alguien se acuerda de quién fue la penúltima víctima de ETA? Su nombre salió en todos los periódicos, fue repetido por las televisiones de todo el país, esgrimido en los mentideros políticos y en las tertulias radiofónicas y domésticas... Pero se nos ha olvidado. Fue asesinado hace nueve días y ya no nos acordamos de él. ¿Y del anterior?

La memoria nos traiciona. La indignación y repulsa que sucede a cada atentado se disipa al cabo de unos días, como si nada hubiera ocurrido. Hay un problema, sí, pero nos da la impresión de que sólo sucede en los telediarios, como reconocía ayer una vecina de Roses.

Esta herida de las neuronas es la que provoca que hoy volvamos todos al trabajo como si nada hubiera pasado; que determinados partidos políticos digan que hay que negociar con ETA; que otros se opongan a un aumento de las penas a los niños que juegan con cócteles molotov; que cuando se detiene a uno de estos asesinos se hable de «vía policial»; que se tilde a Mayor Oreja o a Aznar de «inmovilistas»; que el lehendakari del Gobierno vasco pacte con los que amparan y jalean a los terroristas; y que la mitad de Euskadi apruebe todo lo anterior en las urnas, cada cuatro años.

El pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla, y nosotros la olvidamos a diario.
Era Iñaki Totorika, ertzaina.

Gallego, catalán y euskera en toda España
El Consejo Escolar sugiere ofertar las tres lenguas como optativas a todas las comunidades autónomas
El Consejo Escolar del Estado (CEE), institución que representa a todos los sectores de la comunidad educativa, sugiere establecer como asignaturas optativas el gallego, el euskera y el catalán allí donde no hay lengua oficial distinta del castellano. Así se desprende de su último informe, recogido por Europa Press, que analiza la situación del sistema educativo en el curso 1998-1999. En él se aprecia una especial sensibilidad por el Estado de las Autonomías. Por ejemplo, en el epígrafe que analiza la cooperación internacional en materia educativa, el CEE pide a las administraciones competentes que «incorporen programas en los que se oferten otras lenguas y culturas existentes en el Estado español».
A. VARELA  A CORUÑA La Voz  19 Marzo 2001

El Consejo Escolar del Estado también manifiesta su preocupación de que no se produzcan desigualdades territoriales dentro del Estado. En este sentido, dentro de sus principales recomendaciones el CEE solicita «afrontar urgentemente la elaboración y dotación económica» de un plan de compensación de las desigualdades territoriales, «con el fin de corregir las profundas diferencias que en el acceso al derecho a la educación presentan las diferentes comunidades».
Por último, el CEE considera que el retraso en el proceso de transferencia de las competencias educativas a algunas comunidades «afecta a la calidad de la educación y a las condiciones salariales de los trabajadores de la enseñanza».

Polifonismo o cretinismo
Nota del Editor 19 Marzo 2001

Hace algunos años, o como algunos cercanos, en la época de los donosaurios, en el instituto más cercano (a casi diez  km de distancia) donde podía cursar el bachillerato, por razones de currículum, sólo existía la posibilidad y obligación de estudiar francés, así que con un buen profesor y relativamente joven materia prima, aprendí bastante; como en aquella época mis intereses eran más bien tecnológicos, en los ratos libres aprendía por mi cuenta bastante inglés y desde entonces me sirven para lo que debe servir cualquier idioma: para comunicar. Esta propuesta de ofertar lenguas regionales tiene dos presupuestos claramente negativos, primero discrimina las demás lenguas regionales que no han conseguido el estatus de "propias" en las comunidades "autonosuyas" y que deberían tener los mismos apoyos oficiales (que deberían ser ninguno) y en segundo lugar fomenta la exclusión lo mismo que el llevar una gorrita judía, un velo árabe o cualquier otro distintivo basado en creencias y no en razones; recuerde lo que ocurre en cualquier reunión en la que haya un grupito de regionalistas con lengua "propia":  no han transcurrido unos segundos cuando ya se desagregan y excluyen a los demás hablando su lengua "propia" . A lo peor, me argumentan que así nos ahorraríamos traductores en el Senado, pero ya quieren algo tan peligroso como un DNI vasco.

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