AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 21  Marzo  2001
#LOS NACIONALISTAS, TRANQUILOS MIENTRAS SUS ADVERSARIOS MUEREN
Editorial El Mundo 21 Marzo 2001

#Nacionalismo y crimen
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC ABC 21 Marzo 2001

#ETA-PNV, una atracción fatal
J. PAGOLA ABC  21 Marzo 2001

#Llamazares, el genio
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 21 Marzo 2001

#La responsabilidad de los demócratas
Ignacio Villa Libertad Digital 21 Marzo 2001

#Voluntarismo sociológico y libertad amenazada
Enrique de Diego Libertad Digital 21 Marzo 2001

#Los muertos no votan
Editorial ABC  21 Marzo 2001

#Abertzalismo y violencia
Carlos Martínez Gorriarán, profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC 21 Marzo 2001

#Un voto menos para la libertad
Editorial La Razón 21 Marzo 2001

#Futuro vasco 
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 21 Marzo 2001

#Un amotinado y el capitán enfurecido
Julián LAGO La Razón  21 Marzo 2001

#Paco, el hereje
RAUL DEL POZO El Mundo  21 Marzo 2001

#Aprender de la amargura
Carmelo BARRIO, diputado del PP vasco .- La Razón 21 Marzo 2001

#El eslabón más frágil
ALBERTO SURIO JOSÉ IBARROLA El Correo  21 Marzo 2001

#El santuario
ANTONIO BURGOS El Mundo   21 Marzo 2001

#Las lágrimas y la razón
NICOLAS REDONDO TERREROS El Mundo  21 Marzo 2001

#Cuidar los detalles
TONIA ETXARRI El Correo  21 Marzo 2001

#Sigo esperando, 'lehendakari'
GERMAN YANKE El Mundo
  21 Marzo 2001

#Auténticos culpables
Carlos DÁVILA ABC   21 Marzo 2001

#Pronunciamientos claros
Editorial El Correo  21 Marzo 2001

#Los muertos de mi felicidad
JUAN CARLOS ALONSO El Correo  21 Marzo 2001

#Miedo
JUSTINO SINOVA El Mundo  21 Marzo 2001

#¡A por ellos!
GEMMA ZABALETA ARETA El Correo 21 Marzo 2001

#No todos somos víctimas
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA El Correo  21 Marzo 2001

#Las mentiras de ETA
JOSEBA ARREGI El Correo  21 Marzo 2001

#Por la libertad y la vida
RAFAEL AGUIRRE El Correo  21 Marzo 2001

#Anorexia patriótica
JOSÉ IGNACIO WERT El País  21 Marzo 2001

#ETA prosigue su campaña de «limpieza étnica» con el asesinato de un edil socialista en Lasarte
LASARTE (GUIPÚZCOA). M. Alonso / ABC 21 Marzo 2001

#Los vecinos de Lasarte llaman 'asesinos' y 'chivatos' a los ediles de EH en un tenso pleno
M. MARÍN San Sebastián El País  21 Marzo 2001

#Aznar acusa a los nacionalistas moderados
El Mundo   21 Marzo 2001

#LENGUAS MINORITARIAS
Libertad Digital  21 Marzo 2001

LOS NACIONALISTAS, TRANQUILOS MIENTRAS SUS ADVERSARIOS MUEREN
Editorial El Mundo 21 Marzo 2001

El asesino que ayer a la hora de comer entró en el bar Sasoeta de Lasarte para matar a Froilán Elespe sabía que el teniente de alcalde socialista era una presa muy fácil. Sus costumbres eran tan fijas y rutinarias que casi todo el pueblo las conocía. Era un hombre confiado. Todavía el pasado lunes, sus compañeros concejales le pidieron que aceptara llevar escolta, a lo que él respondió: «¿Quién se va a meter conmigo?, soy una persona normal».

Esta actitud de la última víctima de ETA produce escalofríos y tiene que llevar a la reflexión a todos los concejales del PSOE del País Vasco. Ellos están ahora en el punto de mira de las pistolas y, como advirtió Ramón Jáuregui, es absurdo e incomprensible que se nieguen a llevar escolta. Es verdad que nadie puede considerarse a salvo de la barbarie terrorista -a menos que simpatice o transija con ella- pero no es menos cierto que los concejales vascos del PP y el PSOE corren más riesgo, por lo que no se pueden dar facilidades a quienes -como los nazis- piensan que la mejor forma de acabar con un adversario político es matándolo.

ETA ha asesinado a Froilán Elespe porque era una víctima fácil. Pero no sólo por eso. Detrás de esta atrocidad, late la decisión de la banda de aterrorizar a los partidos constitucionalistas como macabra aportación a la precampaña electoral. El asesinato demuestra, una vez más, que no todos los políticos vascos son iguales. Los nacionalistas salen a la calle tan tranquilos, sin escolta, sin miedo. Los cargos públicos no nacionalistas se juegan la vida todos los días. Y, lo que es más estremecedor, cuando matan a alguno de ellos, los partidos nacionalistas dan el pésame de rigor, pero no ofrecen muestras de una auténtica solidaridad activa. Peor aún, cuando muere uno al que consideran suyo -como en el caso del ertzaina Totorica- los militantes del PNV incluso abuchean a los cargos del PP. El fundamento de la democracia fue resumido por Voltaire en la frase: «No estoy de acuerdo con usted, pero daría mi vida para que pueda defender sus ideas». Un principio que no va con los nacionalistas vascos, nada dispuestos a mover un dedo para que sus adversarios puedan defender la Constitución.

«Estoy acongojado, nos están matando como a conejos», confesaba ayer un concejal de San Sebastián. Una congoja que afecta a toda la población no nacionalista, como se desprende de la última encuesta del CIS, en la que el 35% de los ciudadanos no se atreve a desvelar su voto. El resultado pronostica una victoria del PNV, pero no resulta fiable. Sólo el 14% recuerda haber votado a PP y PSOE, partidos que en las elecciones del 98 lograron el 37% de los sufragios.

Con estos datos, es evidente que en el País Vasco las elecciones no pueden ser tan libres como en cualquier democracia. Y también que, como defienden PP y PSOE, no puede haber más prioridad política que acabar con semejante anomalía venciendo a los terroristas y a sus cómplices activos y pasivos.

Nacionalismo y crimen
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC ABC 21 Marzo 2001

Otegi, Arzalluz, Larreina, los nacionalistas todos, más o menos radicales, son responsables de la muerte del teniente de alcalde de Lasarte. Y con ellos todos los que les siguen y comparten sus estrategias independentistas. La responsabilidad moral no termina en quien aprieta el gatillo. Hay un frente abertzale empeñado en el logro de unos objetivos políticos que pasan por la muerte organizada de los que consideran sus enemigos. Enemigos a muerte.

Desconozco cuál ha sido la formación del asesino de Froilán Elespe, cuál ha sido el proceso de acumulación del odio, cuáles han sido los mecanismos que le han llevado a aceptar esta degradación, pero es claro que las motivaciones de su pertenencia a ETA se explican a partir de eso que se llama la construcción nacional vasca y que pasa por la destrucción de todos los ciudadanos que no comparten ese objetivo, ya se trate de militantes socialistas (como en este caso), o populares, o independientes...

Hubo un tiempo en que se presentaban los crímenes de los etarras desvinculados de sus objetivos políticos. Se pensaba que de esa manera se era más duro con los asesinos ya que no podían echar mano de cualquier tipo de justificación. Hoy ya no se tiene ese complejo. Hoy todos conocen bien el maridaje entre crimen y política. Hoy todos los ciudadanos saben que hay políticas infernales. Hoy todos conocen los nexos que existen entre las propuestas de ciertos políticos y la comisión de asesinatos. Hoy todos saben que la prédica de la autodeterminación conduce al crimen sistemático. Aún más, hoy todos sabemos que el objetivo de la independencia necesita del trabajo criminal de ETA. Hoy todos somos conscientes de que el PNV no conseguirá sus objetivos si no es a través de los tiros en la nuca y la eliminación de miles de vidas. Hoy sabemos que tampoco ETA sería lo que es si no tuviera un apoyo civil, primero en EH/HB y después en partidos sedicentemente pacíficos con el PNV/EA y en cierto modo IU.

El complejo criminal no existiría sin el concierto civil. Cada uno de los centenares de asesinatos ha estado al servicio de la ideología nacionalista, de la estrategia independentista, lo cual no los hace menos bestiales sino, por el contrario, permite presentar en toda su brutalidad a sus autores políticos, a los organizados en ETA y en su tela de araña civil, a los miembros de EH/HB y a su jefe Otegi, que vienen gritando desde hace años «ETA, mátalos», a Arzalluz y a los militantes del PNV/EA que de ser moderados lo serían por su silencio y su permisividad, por su cobardía activa.

No. Las explicaciones políticas no rebajan ni un ápice la bestialidad de cada uno de los atentados contra las vidas de ciudadanos. Al revés, no deja a éstos como fruto de la casualidad o de la personalidad patológica de los criminales. Eso sí que sería un atenuante para los crímenes pero no la conciencia de pertenecer al Mal organizado, a la barbarie planificada, que es ante lo que estamos. Precisamente gracias a la reflexión que podemos hacer sobre ella, tendremos capacidad para oponernos, para organizarnos, para saber por qué podemos todos ser objetivo de los criminales.

El sacrificio del teniente de alcalde de Lasarte tiene grandeza y entra en lo heroico precisamente porque tenía conciencia de lo que se jugaba. Perdió la vida por todos nosotros y por luchar contra el Mal. Murió por entender España como una idea de solidaridad.

El asesinato del teniente de alcalde de Lasarte se integra en la limpieza etnicista como medio para la implantación del totalitarismo. Esto es lo que tenemos que ver con lucidez. Ya es hora de que algunos no sigan repitiendo la cretinez de que no pasa nada porque se pida la independencia y el derecho de autodeterminación, ya que estamos en una democracia. Ya es hora de que quienes hablan así sepan que la enunciación del objetivo separatista lleva al asesinato. No hay reivindicación de independencia sin consecuencias criminales.

ETA-PNV, una atracción fatal
Por J. PAGOLA ABC  21 Marzo 2001

 

Desde que Juan José Ibarretxe convocó oficialmente las elecciones para el próximo 13 de mayo, el «comando Donosti», el más operativo que ETA tiene ahora en el ámbito del País Vasco, y fuera de él, ha dirigido sus atentados contra dos concejales socialistas y contra una patrulla de Seguridad Ciudadana de la Ertzaintza. ¿Podría interpretarse como un intento de los pistoleros de sabotear, en los inicios de esta prolongada y dramática precampaña electoral, cualquier intento del PNV de buscar alianzas con el PSE-EE, una vez celebrados los comicios, para la formación del nuevo Gobierno vasco? Sólo en parte.

AISLAR AL PNV

Está claro, y ya se hizo esta lectura a raíz del asesinato de Fernando Buesa, que los atentados contra cargos socialistas alejan al PSOE del partido de Xabier Arzalluz y con ese objetivo los planea y ejecuta la banda criminal. Pero, ¿y con el atentado, por primera vez, contra una dotación de base de la Policía Autónoma, que se saldó con la muerte de un ertzaina? Todo parece indicar que con esa acción criminal la banda envía un claro mensaje, cargado de amenaza, al PNV: «A estas alturas del conflicto, no hay medias tintas. O con los represores, esto es, el PP y el PSOE, o con la autodeterminación, esto es, EH/ETA».

Obviamente, si se unen a los primeros, el PNV deberá atenerse a las consecuencias como, por ejemplo, comprobar cómo se repiten las acciones criminales contra agentes de base de la Policía Autónoma. No hay que olvidar que un atentado contra un ertzaina, no significado expresamente en la lucha antiterrorista, habría que interpretarlo como una acción dirigida contra el entorno nacionalista, contra «uno de los nuestros», como dijo, muy significativamente, el propio Xabier Arzalluz.

Está claro que ETA/EH quiere atraerse al PNV/EA hacia un frente desestabilizador, que dé un paso más en lo pactado en Estella, para imponer a la sociedad vasca un proyecto soberanista. Para ello, antes que nada, hay que distanciarlo, definitivamente, de los partidos constitucionalistas. Otra cosa es comprobar el grado de resistencia que pudiera oponer el partido de Xabier Arzalluz.

De momento, parece que el PNV ha comprendido la amenaza enviada por la banda terrorista, y se justifica ante ella de sus amagos de aproximación a los socialistas. Al menos, así se desprende de la carta que un etarra oculto en Francia trasladaba a otro que reside en Venezuela, y que el pasado jueves reveló ABC. Según el autor de la misiva, los dirigentes del PNV han transmitido a los cabecillas de ETA que sus intentos de acercamiento al PSOE responden sólo a una coartada, ya que los socialistas nunca apoyarían una estrategia independentista, de tal forma que el partido de Arzalluz podría usar como pretexto que no le dejan otra opción que aproximarse a EH.

DE JUSTIFICARSE A RENUNCIAR

Pero no sólo eso. Los responsables del PNV comunicaron también a ETA o, mejor, se justificaron, y lo tranquilizaron, al asegurarle que no dan por cerrado el proceso abierto en Estella, según la citada misiva. La gravedad de la situación estriba en que los terroristas perciban que su estrategia hace mella en el PNV, que ya comienza a justificarse ante ETA por sus acercamientos al PSOE. La banda podría entonces intensificar, si cabe, su campaña contra cargos socialistas para que el partido de Arzalluz renuncie ya definitivamente a aliarse con esa formación política. Por añadidura, con su sangrienta precampaña electoral, ETA está «invitando» a la corriente «Aralar», que impulsan batasunos como Patxi Zabaleta, Iñaki Aldekoa y Julen Madariaga, a abandonar EH o callar.

Pero, indudablemente, ETA, antes que sabotear posibles acercamientos del PNV al PSOE, quiere hacer su particular «precampaña electoral», intimidar al amplio sector de la sociedad vasca no nacionalista, presionar a los candidatos constitucionalistas para que no se expresen libremente. Porque anteayer asesinó a un ertzaina, ayer a un concejal socialista y, mañana, desgraciadamente, el colectivo agredido puede ser el PP, agentes de las Fuerzas de Seguridad del Estado, del Ejército, funcionarios, periodistas...

A raíz del atentado perpetrado por el «comando Donosti» en el barrio de Martutene, que costó la vida a dos trabajadores, apenas unas horas después de que Juan José Ibarretxe convocara los comicios, los analistas ya advirtieron que ETA iba a llevar a cabo una precampaña dura, en la línea de la brutal ofensiva lanzada tras la tregua trampa, sólo paliada por los éxitos antiterroristas que pudieran darse y que se han dado. Sin duda, en un contexto en el que se vislumbra para el País Vasco una alternativa democrática, la banda considera que sus votos, en las urnas, con sangre entran.

 

Llamazares, el genio
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 21 Marzo 2001

Con razón la llaman Izquierda Hundida. La capacidad política, el genio estratégico, el discurso incendiario y, sobre todo, la autoridad moral del penúltimo jefe del PCE y de lo que quede de IU está alcanzando cumbres abisales. Tras el último asesinato etarra de un concejal del PSOE, de un representante del pueblo y en vísperas de unas elecciones, lo único que se le ha ocurrido a Don Gaspar es decir que ETA no va a conseguir que “todos hablen de lo que ellos quieren”, o sea, de lo suyo, de sus crímenes y de Estella. ¿Pues de qué va a hablar en esta campaña Izquierda Hundida? ¿Del precio de las galletas?

En realidad, IU no ha prestado más atención que a ETA y al terrorismo en los últimos años. Olvidándose de cualquier otra cosa, de la primera o la última idea de izquierda, de la última o la primera tradición más o menos progresista, Madrazo y Llamazares, antes Frutos y Madrazo, se han limitado a uncirse al carro de ETA en Estella y a tirar de él, como bueyes. Eso sí, con una campaña hablando de otra cosa, por ejemplo del agujero de la capa de ozono en lugar del agujero del tiro en la nuca, a lo mejor sacan muchos votos. Qué caso.

La responsabilidad de los demócratas
Por Ignacio Villa Libertad Digital
21 Marzo 2001

El nuevo y brutal asesinato de ETA sitúa a los nacionalistas al borde del precipicio, y a los partidos nacionales ante una responsabilidad inexcusable. Con esta nueva barbarie, son los terroristas quienes aprietan las clavijas del PNV y de EA, sitúan a los líderes de estos dos partidos entre la espada y la pared, apagan los contradictorios argumentos de los nacionalistas y dejan en evidencia a un Ibarretxe tan desorientado como patético.

Con este nuevo asesinato, los terroristas ponen al PP y al PSOE ante la única salida posible. Esta consiste en buscar de forma conjunta, y con el refrendo de las urnas, una salida a la crisis vasca. Este nuevo acto criminal debe diluir cualquier intento –especialmente entre los socialistas– de buscar fórmulas de Gobierno de la mano del PNV. Una fórmula experimentada en otros tiempos no muy lejanos, que situó al PSE como la cuarta fuerza política en votos en las anteriores elecciones autonómicas. Algunos socialistas exponen en público algunos reparos para formar un hipotético Gobierno con el PP; estos mismos que se resisten se olvidan de que la alianza durante años con el PNV y con EA en el Gobierno Vasco les llevó, con el paso del tiempo, a una perdida de peso especifico en el Parlamento de Vitoria. Pero, sobre todo, precipitó la desaparición de un mensaje claro y diferenciado. Algunos socialistas tienen miedo de acercarse al PP en el País Vasco y no aceptan, precisamente, que la cercanía a los nacionalistas durante años haya sido el verdadero motivo de muchas de sus desgracias.

La inhumana y asesina actitud de ETA coloca al PP y al PSOE en el camino del entendimiento. No es momento para discusiones mezquinas y pueblerinas. Es el momento de entenderse todos los demócratas para devolver la paz y la libertad a los vascos. Hablamos de pura responsabilidad política.

Voluntarismo sociológico y libertad amenazada
Por Enrique de Diego Libertad Digital 21 Marzo 2001

Las encuestas en el País Vasco pertenecen al mundo del voluntarismo. En sí mismas detectan la gravedad del problema de fondo: no pueden hacerse encuestas fiables. La gente no contesta, oculta lo que sabe y engaña más que en otros sitios, por la muy comprensible razón de que declararse constitucionalista, votante del PP o del PSOE, ante un encuestador parece un acto de imprudencia gratuita. Decía Karl Popper que las dictaduras son malas porque convierten cualquier acto de responsabilidad en una forma de suicidio.

Que en una sociedad democrática y civilizada no conteste el 40 por 100 de los electores y existan leyes sociológicas del tipo “el PP obtiene siempre mucho mejores resultados en las urnas que en las encuestas”, indica que el País Vasco es una sociedad democrática en entredicho con un alto porcentaje de salvajismo. Incluso el 50 por 100 no quiere valorar a los líderes políticos, porque es una de las formas más claras de definirse.

La encuesta del CIS da, por tanto, pistas muy genéricas y dibuja un panorama muy abierto. Se percibe una polarización y un descenso del nacionalismo. Un hastío y una rebelión respecto a la violencia callejera, principal preocupación, lo que indica el fracaso de Ibarretxe y de Balza. A pesar de todo lo dicho, tanto PP como PSOE suben en expectativa de voto, lo que indica que incrementarán bastante su respaldo, y pueden alcanzar la mayoría absoluta, si Nicolás Redondo consigue sacar del mapa político a Javier Madrazo, clave fundamental de estas elecciones.

El PNV tiene mucho más difícil formar gobierno que el PP, no porque Arzalluz no esté dispuesto a echarse al monte de nuevo con EH, que lo está, sino porque EH-ETA quiere el monopolio del monte y consideran al PNV como un partido traidor. El totalitarismo conduce inevitable a esta pureza peligrosa e irracional, por eso la autodeterminación es el conflicto permanente y el horizonte del genocidio. El PNV, por un lado, no es capaz de ofrecer una política de orden público, pues no puede distanciarse de EH, y por otro, se radicaliza. No deja de ser sintomático que sólo uno de cuatro vascos estén de acuerdo con la autodeterminación, que es el elemento fundamental del programa de Ibarretxe. El PNV está en el momento más crítico de su historia reciente. Los constitucionalistas, en su momento más decisivo. Bueno, lo está la libertad, porque en el País Vasco la libertad está amenazada.

Los muertos no votan
Editorial ABC  21 Marzo 2001

En tres días, tres atentados y dos muertos. ETA se revuelve contra el acoso policial de las últimas semanas e irrumpe en la campaña aportando su colaboración para consolidar la segregación de los no nacionalistas de una vida democrática normal. Ayer, la banda terrorista acabó con la vida del concejal socialista y teniente de alcalde de Lasarte, Froilán Elespe Inciarte, un «maletero» del PP, como diría Arzalluz. Tras el fallido asesinato del concejal de Ordicia, Iñaki Dubreuil, ETA buscaba incorporar a los ediles socialistas al inventario de víctimas, reservado hasta ahora a los del Partido Popular. Finalmente, lo ha conseguido, avanzando un poco más en la extensión del terror, que la banda llama «socialización del conflicto», para que ningún ciudadano vasco no nacionalista pueda sentirse tranquilo. Ya sobran las lecturas políticas, los análisis de táctica y estrategia y las apelaciones a imposibles unidades con el nacionalismo vasco actual. La realidad del País Vasco se impone por sí sola como un estado de miedo y coacción para un sector determinado de la población, al que ETA golpea con saña en un momento histórico de cambio de actitudes colectivas frente al terror y frente al nacionalismo, que han pasado de la resignación a la confrontación abierta.

Sin embargo, hay que reconocer que ETA consigue parte de lo que busca. ETA tiene claro que los muertos no votan. No logra la imposición de un estado vasco independiente, ni lo conseguirá, pero sí ha impuesto a los no nacionalistas el hecho diferencial de vivir con miedo, la forma más humillante de vivir. No hay ningún motivo para extrañarse de que las encuestas, como la que ayer hizo pública el Centro de Investigaciones Sociológicas, reflejen ese estado de ánimo social. Según el sondeo del CIS, el 28 por ciento de los ciudadanos prevé abstenerse, el 17,6 por ciento está indeciso y sólo el 5,4 por ciento confiesa que votará al PP, pese a que la encuesta le concede el 21 por ciento de los votos. Los analistas nacionalistas no verán en esta encuesta la proyección de una sociedad mutilada por el terrorismo. Por el contrario, se felicitarán de sentirse avalados como el partido de la pacificación, del diálogo y demás flores. En el fondo y en la forma, al PNV le resulta irrelevante que la democracia en el País Vasco se juegue con cartas marcadas y que la defensa de un programa electoral sea un riesgo mortal para socialistas y populares y un acto de trámite para los nacionalistas.

Lo importante para el nacionalismo es que perviva el «conflicto», que la invitación a las víctimas a dialogar sobre la autodeterminación, su objetivo máximo, se perciba sutilmente como un seguro de vida al alcance de su mano que sólo requiere una dosis de desistimiento. Ayer mismo, en la entrevista concedida a un medio vasco, el presidente del PNV de Vizcaya, Íñigo Urkullu, ratificaba el pacto de Lizarra como la base de la política de su partido, hacía irrenunciable el derecho a la autodeterminación y negaba que las próximas elecciones fueran un acto de libre determinación de los ciudadanos vascos. Entre este planteamiento del PNV sobre el presente y el futuro del País Vasco y el manual de ETA para explicar su terrorismo no hay ninguna diferencia, y esto explica no sólo la probabilidad de nuevos pactos con EH sino también la actitud de frialdad vital y política del nacionalismo hacia las víctimas y hacia la sociedad no nacionalista en su conjunto. Estos son los «otros» a los que se refería Anasagasti en su último artículo dominical —en contraposición, claro está, a ETA/HB—, los del bando extremo enfrentado al otro extremo, los que han crispado la situación política por pedir un gobierno no sectario y los que han renunciado al diálogo por empeñarse en defender la Constitución y el Estatuto. El cobarde asesinato de Froilán Elespe Inciarte y de los veintiocho asesinados desde la revocación de la tregua han acrisolado las responsabilidades de ETA y las complicidades del PNV. Algún día, el nacionalismo tendrá que reconocer que, desde Lizarra, su sombra tiene forma de hacha y serpiente.

Abertzalismo y violencia
Carlos Martínez Gorriarán, profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC 21 Marzo 2001

LA naturaleza de la vinculación entre abertzalismo y violencia era y sigue siendo motivo de preocupación, sobre todo para quienes vivimos o padecemos -y hasta morimos- bajo su (des)gobierno. Pero también para muchos otros. No es solamente, con serlo, un problema politológico, o policial y jurídico. Se ha convertido en un problema cotidiano, en el drama diario de docenas de miles de personas -cada día más- en el País Vasco. Y en sobresalto y tragedia para millones de españoles cuando ETA tiene éxito, como ayer en Lasarte. Cada vez más gente opina que el abertzalismo, incluso el que dicen moderado o quizás sobre todo éste (el de PNV y EA), tiene sobre la violencia normas y premisas incompatibles con la democracia. Se va extendiendo la sospecha de que gobierno abertzale y democracia razonable son, a la larga, estadios incompatibles. Esperemos que la mayoría del electorado vasco lo diga así el 13 de mayo.

¿Tenía razón Mitterrand con aquello tan apodíctico de que «el nacionalismo es la guerra»?, ¿o Mikel Azurmendi cuando escribió que el abertzale no puede vivir sin enemigos mortales y nunca cesa de buscarlos, eso sí, fuera de la tribu? La reflexión dice que sí, la experiencia también. Incluso Iñaki Azkuna, alcalde de Bilbao por el PNV, se ha visto obligado a protestar por el reciente disparate del Gobierno de su partido al autorizar el sábado 17 la dañina e impune algarada de Haika por las calles bilbaínas. Pero este disparate es solamente el último de muchos. Porque el abertzalismo parece imaginarse que su papel no es gobernar, sino mediar entre la sociedad civil y los terroristas, guardando una cuidadosa equidistancia entre ambos extremos. Cuando ETA consigue algún sangriento trofeo, el Gobierno Ibarretxe -el mismo que en vez de investigar a Haika desautoriza a los jueces que lo hacen y autoriza sus demostraciones de matonismo- parece reaccionar y promete rigor inflexible contra el terrorismo, pero sólo para volver a disparatar al día siguiente.

Esta actitud prefascista -pues así hay que calificar el intento de gobernar contra la propia ciudadanía víctima del terrorismo- no parece episódica, algo que otro lehendakari del mismo signo podría corregir, sino más bien una tendencia aberrante profundamente arraigada en el abertzalismo, y se revela con mayor intensidad a medida que se prolonga su gobierno y crece la acumulación de víctimas del terrorismo. La aberración radica en la negativa a asumir la distinción entre violencia legítima e ilegítima, distinción que no sólo es fundamento de la democracia, sino del propio Estado y de cualquier sociedad. Hay abundantes ejemplos prácticos de esta negativa: sin ir más lejos, el comportamiento de la pasada semana de los manifestantes nacionalistas en Portugalete durante la manifestación de protesta por el asesinato del ertzaina Iñaki Totorika. Acaso decepcionados por la intromisión de ETA en lo que prometía ser renovado acto de adhesión caudillista a Ibarretxe, algunos de los abertzales congregados increparon de «asesinos» e «hijos de puta»… ¡a los dirigentes socialistas y del PP allí presentes! No se sabe, en cambio, de ninguna manifestación similar ante sedes de HB.

Por cierto, PNV y EA no son los únicos partidos del mundo que tropiezan con la cuestión de la legitimidad e ilegitimidad de la violencia en sus distintas formas. Basta con recordar el inacabable debate sobre la pena de muerte en Estados Unidos -que no por practicarla en algunos de sus Estados deja de ser democrático-, o sin ir más lejos nuestros líos domésticos con la Ley de Extranjería y los límites impuestos a los derechos de los inmigrantes (que de eso se trata si nos dejamos de eufemismos). El problema de la relación entre violencia y política es tan antiguo como la política misma. La política no deja de ser, entre otras cosas, una estrategia para administrar y minimizar o limitar la violencia entre los seres humanos. Por eso la distinción entre violencia legítima e ilegítima, sus controles y penas, es uno de los problemas esenciales de la política. Y uno de los rasgos de la política democrática -en sus diversas corrientes- es la voluntad de controlar la violencia legítima y de intentar impedir la ilegítima o al menos perseguirla, protegiendo a la ciudadanía mediante el Estado de derecho. Pero el abertzalismo o bien niega la distinción entre violencia legítima e ilegítima -caso de ETA-, o bien la traiciona en la práctica, como hacen ahora mismo PNV, EA y sus satélites.

A diferencia de lo que sucede en los debates sobre la legitimidad o no de la pena de muerte, y en otros casos parecidos aunque menos sanguinarios, el abertzalismo no entra a debatir los controles y límites que debe tener la inevitable violencia del Estado, sino que opta por admitir un perverso contrapeso legitimando los fines del terrorismo. Según esta disparatada doctrina, el Estado tiene derecho a detener un terrorista que se dispone a cometer un crimen, pero no debe actuar contra quienes se asocian para promover o alcanzar fines terroristas. Hay tantos testimonios de esta brutalidad que no merece la pena citar ninguno en concreto, pero recordaré al menos el coro de hipócritas lamentos levantado por la reciente detención de dirigentes de Haika, la cantera de ETA. En realidad, lo que pretenden los abertzales con el imposible de legitimar e ilegitimar tanto la violencia del Estado como la del terrorismo (pues según ellos sus causas son legítimas), es convertirse en mediación virtuosa entre ambas violencias. No es fácil elegir qué admirar más de esa impostura: si el analfabetismo cínico que revela, o la impudicia totalitaria que anida en la pretensión de ser simultáneamente causa de un conflicto político y única solución posible del mismo. Porque la conclusión lógica a la que conduce esa teoría no es otra que la aceptación de la supuesta inevitabilidad de la hegemonía abertzale y de la violencia terrorista.

En realidad, la convicción abertzale de que ETA es invencible es la síntesis de una conveniencia, un intento y un miedo. La conveniencia de que siempre haya una violencia terrorista que alimente la teoría de las dos violencias, el intento de perpetuarse en el poder como mediación entre ambas, y el miedo a que el final de ETA signifique también el del abertzalismo que eligió la simbiosis orgánica con la banda. De aquí nace el clima de violencia y desesperanza, y de miedo al cambio, que ha conseguido sembrar el abertzalismo. Clima del que, mientras escribo estas líneas, hay nueva víctima: Froilán Elespe Inciarte, durante quince años concejal socialista de Lasarte-Oria, sacrificado el día 20 de marzo por mor de la necesidad de sangre y violencia que exigen los ideales etarras propiciados por la teoría abertzale de las dos violencias iguales.

Un voto menos para la libertad
Editorial La Razón 21 Marzo 2001

La estrategia de «limpieza política» que desarrolla el terrorismo nacionalista de Eta tuvo ayer una nueva muestra con el asesinato cobarde del teniente de alcalde del Ayuntamiento de Lasarte Froilán Elespe, elegido en las listas del Partido Socialista. La banda mafiosa demostró una vez más que su proyecto de «construcción nacional» se basa en la desaparición física de quien no participe de su fundamentalismo separatista, ya sea por medio del asesinato directo o por la vía de la intimidación que lleva al exilio de los que defienden la democracia plural y libre en lugar del nacionalismo excluyente.

    Muchos vascos no podrán participar en las próximas elecciones. Unos, porque han sido asesinados; otros, porque han huido de este clima de terror insólito en una sociedad democrática avanzada, pero desgraciadamente patente en el País Vasco; otros más, en fin, porque no se atreverán ni siquiera a votar para no ser señalados por los censores del terror que amedrentan a los ciudadanos en las zonas rurales vascongadas. Entre todos, Eta ha conseguido restar muchos votos a los defensores de la libertad. Ése, y no otro, es el objetivo de los asesinatos.

Así lo ha dicho la propia banda terrorista en sus documentos, y es una realidad oprobiosa para la sociedad inerme. Pero también debería ser un acicate para que los menos comprometidos con la necesidad de un cambio político en el País Vasco tomen la alternativa de la libertad, porque aunque ahora algunos no se sientan concernidos por el terrorismo, la realidad es que la escalada de la violencia va a ir poco a poco martirizando a todos los sectores sociales para obligarlos a que cedan a sus propósitos: o se ponen al lado del independentismo o pasan a formar parte del corredor de la muerte. Es necesario, por eso, la rebeldía de la sociedad para evitar que Eta logre sus propósitos. Sólo un resultado electoral que quite toda esperanza a los etarras y a sus compañeros de viaje puede demostrar a los asesinos la inutilidad de sus crímenes. Es cierto que, con la última muerte del socialista Elespe, los partidos constitucionalistas han perdido otro voto. Pero esa trágica muerte no debe ser inútil, sino un ejemplo para sus conciudadanos de que es preciso movilizarse pacíficamente (y las urnas son el mejor campo de batalla) para demostrar que se puede plantar cara a la dictadura del miedo.

    Esa rebelión ciudadana se vivió ayer en el Ayuntamiento de Lasarte, cuando el público indignado calló a los representantes del brazo político de Eta con gritos de «asesinos, asesinos» y «sin pistolas no sois nada». Era el símbolo del hartazgo ante la opresión que conmueve algunas conciencis, pero que no elimina el temor de la mayoría.

    El sondeo que hizo público ayer el CIS demuestra palmariamente esta situación. Un treinta por ciento de los encuestados ni siquiera se atreve a manifestar su opinión política. Y los que lo hacen, consideran que el terrorismo es ya el principal problema de la sociedad vasca. Son datos abrumadores, que invalidan otros análisis sobre preferencias electorales (según las cuales, el PNV sigue siendo el partido más votado, aunque ningún sector, nacionalista o no nacionalista, estaría en disposición de alcanzar la mayoría absoluta). Ninguna de estas prospecciones vale cuando lo que queda en evidencia es que estas elecciones vascas se van a afrontar en un clima de libertad deprimida. Sólo un esfuerzo suplementario de quienes creen en esta libertad pueden lograr un cambio en la situación. Antes de que sea demasiado tarde, y de que sean eliminados, uno a uno, los que disienten del totalitarismo independentista.

'Objetivos a eliminar'
Editorial El País  21 Marzo 2001

El principio de que asesinar a un semejante por motivos ideológicos es un crimen reza para el común de los ciudadanos, no para ETA y quienes la alimentan. 'Matar es legítimo al cien por cien', declaró a un diario italiano el dirigente de Haika Ugaitz Elizaran, días antes de ser detenido por orden del juez Garzón. Y, sin los circunloquios que utilizan sus mayores de EH, predicaba en la entrevista que los concejales del PP y del PSOE 'son objetivos legítimos a eliminar'. En aplicación de tal doctrina, ETA asesinó ayer en Lasarte-Oria al concejal socialista y militante de la UGT Froilán Elespe, uno de los 243 ediles que tiene el Partido Socialista de Euskadi. Lo intentó hace un mes con su compañero de Ordizia Iñaki Dubreuil y mató a dos trabajadores al pasar junto al coche bomba. Pese a este antecedente, Froilán Elespe era de los que se resistían a pensar que, por ser un hombre del pueblo, los terroristas pudieran ir a por él.

Por más que se enmarque en la dinámica asesina lanzada desde el final de la tregua, no son casuales ni la adscripción política de la última víctima ni el momento elegido, el arranque formal de la precampaña para las elecciones del 13-M, tras la disolución del Parlamento vasco. Al 'eliminar' a cargos electos no nacionalistas, los estrategas del terror persiguen un doble objetivo: intimidar y doblegar a los ciudadanos a quienes representan y salpicar con su sangre a los nacionalistas demócratas que dicen repudiar sus métodos, pero compartir los fines por los que los violentos matan. Siendo tan evidentes sus propósitos de limpieza étnica e ideológica, desazona que, más allá de las condenas, la dirección del nacionalismo continúe aferrada al análisis rutinario de que ETA y su proyecto totalitario son la consecuencia de un 'conflicto político' cuya solución exige dar satisfacción a su programa de máximos. Es un error de dimensión histórica negarse a ver que con el asesinato de sus adversarios políticos comunes ETA pretende levantar un muro de sangre entre los partidos vascos constitucionalistas y el nacionalismo democrático, cortarle a éste todas las vías de retirada para, al fin, anularlo y sustituirlo.

No es una exageración afirmar que el asesinato de Elespe constituye la presentación del programa electoral de ETA para los comicios del 13 de mayo. La amplitud de su amenaza distorsiona la normal elección entre alternativas políticas distintas. Porque lo que se dirime el 13-M es, en primer lugar, la vida y la libertad de muchos vascos, cada vez más, que no pueden defender sus ideas en igualdad de condiciones. Ante esta realidad sangrante, no caben condenas condicionadas o equilibrismos. Supeditar el final de ETA a un 'diálogo abierto y sin exclusiones' acerca de las exigencias que trata de imponer por las armas es conceder a los terroristas la llave para perpetuarse.

Futuro vasco 
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 21 Marzo 2001

Ahora los matan de uno en uno, por la espalda o a bocajarro, siempre por sorpresa, de un tiro en la nuca o entre los ojos sorprendidos. Mañana, si ganaran, los matarían de cien en cien o de mil en mil. Ya no haría falta gastar balas. Habría alguna versión normalizada, físicamente abertzale y químicamente euskaldun, del Zyklon B para gasearlos como hicieron sus abuelos políticos maternos en Auschwitz. O los encerrarían en alguna campa de reeducación política, como enemigos del pueblo trabajador vasco, para matarlos de hambre y de frío, la mitad cada invierno, como hicieron sus abuelos paternos en la Vorkutá. La diferencia entre lo que hacen hoy los nacionalistas y lo que harían mañana en Euskonazilandia es sólo cuantitativa. Cualitativamente, su programa político está bien claro, explicado con minuciosidad a quien lo quiera ver y oír. Tan claro como que los que comparten con los asesinos de ayer, anteayer y mañana el proyecto político separatista y totalitario de Estella son cómplices subjetivos y objetivos del crimen de ayer en Lasarte, y lo serán de todos los que se cometan en el futuro. De uno en uno, o de pocos en pocos, dentro de España; de cien en cien o de mil en mil, si España desapareciera, a efectos legales y policiales, del País Vasco y Navarra. Sólo cambiaría el número de muertos, dependiendo de la capacidad técnica de matar. Pero la voluntad genocida y las víctimas están ya señaladas.

Ahora, a efectos estadísticos y políticos, hay que ver quién está del lado de las víctimas, porque forma parte real o virtual de ellas, y quiénes, de forma abierta o disimulando un poco, cada vez menos, están al lado de los verdugos.

Todos los majaderos criminosos que pedían en vísperas de la tregua-trampa «dialogar sin condiciones», es decir, pactar la rendición del Estado y la ciudadanía ante ETA; los mismos que inmediatamente después, en la trampa-tregua, decían que entonces sí, o sea, también, se podía negociar «todo», es decir, todo lo que ordenara la banda con el apoyo del PNV y su santoña mediática; los mismos que celebran el fracaso de Mayor y Redondo y, por tanto, el triunfo de Arzalluz y ETA; los mismos que insisten en una solución política que, por supuesto, rechazarían para un Le Pen español pero que vale contra España y la democracia burguesa, puaf, esos mismos, pero los mismos, volverán a decir hoy, mañana o pasado, que hay que dialogar, o sea, rendirse. Son libres de hacerlo, o de decirlo. Son libres los serviles de ser viles. Pero deben saber lo que sabemos: el futuro que pretenden dialogar es el genocidio de los españoles vascos y navarros. No de uno en uno; de cien mil en cien mil. Y eso, jamás.

Un amotinado y el capitán enfurecido
Julián LAGO La Razón  21 Marzo 2001

El Motín del Caine, recurrente cinematográfica de un lúcido artículo desde el que Emilio Guevara llamaba a la rebelión contra Arzallus, ha fracasado en principio. Uno de los amotinados, Joseba Arregui abandona la política, lo cual no deja de ser revelador de la crisis que, al igual que la catana del samurai, atraviesa al nacionalismo vasco de arriba abajo. Su retirada no es, por tanto, una noticia: es un síntoma. Como el poeta japonés Yukio Mishima, Arregui se ha hecho el harakiri para así protestar contra el destino de lo inevitable.

    Desde la asunción del independentismo como objetivo finalista, Arzallus ha expropiado de masa autocrítica al nacionalismo vasco y el pacto de Estella ha producido el efecto de los vasos comunicantes: no ha servido para reconducir el radicalismo a los términos de racionalidad sino, más bien, para contagiar de irracionalidad al nacionalismo democrático. Su vinculación a Euskal Herritarrok ha conseguido, pues, todo lo contrario de lo que Arzallus anunciara: el comienzo de un viaje iniciático de los violentos hacia la asimilación democrática.

    Viaje éste imposible dada la sumisión disciplinaria de la coalición de Otegi a Eta, a cuyo inventario ayer se sumó el asesinato del concejal socialista Froilán Elespe. A diferencia del Sinn Fein norirlandés en relación con el IRA, EH ha demostrado no ser el partido civil que dicta la estrategia a los terroristas sino, más bien, la ortopedia política que obedece mecánicamente las instrucciones de Eta. De ahí que el PNV, sin previamente advertirlo, haya quedado impregnado de los argumentos de la gradualización del mal que sostiene EH, es decir Eta, como si también para los nacionalistas la violencia fuera el mal menor frente al constitucionalismo.

    Cierto es que veinte años de gobierno nacionalista han probado su inequívoca inutilidad en materia antiterrorista. Para los ejecutivos presididos por el PNV, ser vasco ha acabado por constituirse en eximente política de las conductas delictivas: Después de todo es la legalidad española a la que Ajuria Enea desobedece. Cierto es también que la ausencia de masa autocrítica en el PNV, a lo largo de todo este proceso étnico-emocional, haya provocado dos reacciones en distinta dirección y al mismo tiempo. La reacción a la defensiva del constitucionalismo frente al nacionalismo acrítico y, a su vez, la contrarreacción de éste frente al constitucionalismo.

    Al igual que la mano instintivamente huye del fuego cuando siente su calor, el efecto retráctil doble ha impedido que el PNV se preguntara lo que tendría que haberse preguntado tras Estella: la redefinición sin más enmascaramientos del nacionalismo vasco, hoy por hoy un barco a la zozobra en manos de un capitán enfurecido como Arzallus. Arregui no será el oficial Maryk que se rebela, pero tampoco Arzallus es el capitán Queeg. Habrá que esperar a ver qué hace la tripulación.

Paco, el hereje
RAUL DEL POZO El Mundo  21 Marzo 2001

Hubo bravos, como en una plaza de toros. Esto era insólito en la Academia de la Historia. Paco Vázquez, el gallego con corbata de boda, venía de las tierras valleinclanescas donde las princesas rubias hilan en ruecas de cristal, para denunciar que los grandes partidos se han convertido en una mixtura de formaciones regionales, ensimismados en su hermetismo aldeano, ajenos a la travesía de la España constitucional. Habló debajo de un retrato de Felipe V, elogió a los Borbones más que a los Austrias y proclamó las libertades básicas y la política próxima del municipalismo, ahogadas por el nuevo centralismo comarcal. Denunció el chantaje quejumbroso o sangriento del chauvinismo étnico y por eso fue aclamado por el ceremonioso público de las conferencias, el de las ocho de la tarde, en la Academia de la Historia, cerca de la calle Cervantes, aquel que decía nuestra España. ¿Qué está pasando para que se ovacione lo obvio, la Constitución, los estatutos de Autonomía, el patriotismo democrático? El alcalde de La Coruña hostigó con socarronería sueva el federalismo asimétrico o cubista de Maragall y proclamó que ya no queda en el panorama autonómico más horizonte que el independentismo, la secesión; y esto ha sido posible, según él, por la desidia de los gobiernos débiles y la falta de coraje de izquierda para denunciar la naturaleza retro del nacionalismo. Con el desconsuelo de un socialista, comentó que el PSOE ha falseado su propia historia dejándose embaucar por los coros y sardanas del nacionalismo. Es muy raro que se oigan bravos en una academia, donde, al decir de Cicerón, se está en la desesperación del conocimiento porque los pontífices no saben si hay dioses y los gobernantes no saben qué Estado debe haber.

Galicia tuvo el título de reino hasta la Constitución de La Pepa, pero Paco Vázquez no se ha entregado a la revisión medievalista. Le critican porque lleva a sus hijos a colegio religioso; pero él no cree que la izquierda tenga que quedar para apoyar las parejas de hecho y para urdir gobiernos con los secesionistas. No había nadie de la dirección del PSOE, excepto Blanco, el jefe del aparato. Guerra envió una carta de disculpa. Le han echado mall de ollo porque quiere impedir que el socialismo gallego se eche en los brazos de Beiras, el nacionalismo que previó Ortega como un sordo y humillado resentimiento.

Aprender de la amargura
Carmelo BARRIO, diputado del PP vasco .- La Razón 21 Marzo 2001

ETA ha vuelto a matar, lo único que sabe hacer. Ha asesinado a un concejal socialista de Lasarte, Froilán Elespe, elegido legítimamente por los vecinos de su municipio, con una larga trayectoria política, una persona de fuerte arraigo social en su pueblo y larga trayectoria democrática. A ETA le molestan personas como Froilán Elespe, personas que trabajan diariamente desde las instituciones, en silencio, por mejorar el bienestar de su pueblo y el de sus vecinos. A ETA simplemente le molesta la democracia, que haya vascos que no compartan su ideario de sangre y fuego. No soporta que haya quien pueda pensar distinto, sólo consiente el pensamiento único.

    El último asesinato de ETA vuelve a hundirnos en sentimientos de dolor y desesperación. Vuelve a dejar una familia rota, destrozada, incapaz de comprender las razones por las que alguien decidió ayer tarde terminar con la vida de su padre, de su marido. ETA ha vuelto a ser protagonista de una tragedia humana. Ante esto, sólo cabe el cariño, el calor y el aliento de la inmensa mayoría de vascos de bien, que denostamos la violencia y a quienes la practican y la amparan, y que hoy más que nunca estamos junto a la familia de Froilán Elespe y también junto a la familia socialista para que sientan cerca la solidaridad y el afecto de todos los demócratas.

    Por duros y difíciles que sean estos momentos, que lo son, tenemos la obligación de preguntarnos qué podemos hacer para salir de una situación social y política absolutamente angustiosa, provocada por una banda de asesinos, ajenos a cualquier realidad que no sea la que ellos intentan imponer, que está sumiendo en la desesperación a la inmensa mayoría de los ciudadanos de este país. Quienes tenemos la responsabilidad de representar políticamente a este país también tenemos la obligación de trabajar para articular una respuesta capaz de poner fin a tanto desatino vivido en los últimos meses, que ha desembocado en este momento de gran desazón social.

    ¿Qué cabe hacer entonces? ¿Invita el asesinato de Froilán a sentarse con quienes hoy han ordenado su ejecución o con quienes mañana tratarán de obviarla o justificarla de forma hipócrita y mezquina? ¿Puede alguien seguir pensando que la solución de este país pasa por impulsar acuerdos de colaboración entre quienes una y mil veces han demostrado que la única decisión que respetan es la suya propia? ¿Puede el País Vasco y sus ciudadanos soportar por más tiempo la imagen de debilidad institucional que nos persigue hoy? Eta asesina, no sabe hacer otra cosa, seguirá asesinando y quien crea ver otras intenciones en esta organización se equivoca. La pacificación del País Vasco no puede venir de la mano de quien tiene sus manos manchadas de sangre. Lo que ya sabe la inmensa mayoría de ciudadanos de este país también debieran saberlo, para actuar en consecuencia, esos dirigentes nacionalistas que pasados estos días volverán a insistir en el diálogo y en el acercamiento a los amigos, los cómplices y los que respaldan a quienes hoy han asesinado a Froilán en Lasarte.

    Estoy convencido que a pesar de la tragedia con la que algunos pretenden sembrar nuestra tierra, Euskadi tiene un venturoso futuro por delante. Un futuro de firmeza política frente a quienes en el día de ayer volvieron a regar de sangre nuestras calles; un futuro de exigencia hacia quienes todavía se creen que existe cierta equidistancia entre los que matan y los demócratas que no somos nacionalistas; y un futuro en libertad, comodidad, tolerancia y respeto a la pluralidad para el conjunto de los ciudadanos demócratas, sean o no nacionalistas. Ésa es la Euskadi posible por la que luchó, por la que soñó Froilán, en la que gastó sus fuerzas. Luchó, soñó, peleó y, por pensar diferente, ETA ayer lo mató.

El eslabón más frágil
ALBERTO SURIO JOSÉ IBARROLA El Correo  21 Marzo 2001

Nos están poniendo las cosas muy difíciles». Así de lacónico se expresaba el concejal socialista de Ordizia Iñaki Dubreuil, al que ETA quiso asesinar el 22 de febrero. Lo hacía con lágrimas en los ojos mientras apuraba un cortado en la Casa del Pueblo de Lasarte, un humilde bar al que, todavía, apenas habían acudido compañeros de Froilán Elespe, cuyo cadáver seguía tendido en el suelo en medio de un charco de sangre. Paradojas de la tragedia, la televisión seguía encendida con la telenovela. «Aquí mandan los clientes», reza un cartelito. El pueblo irradia actividad como una tarde laborable más, aunque con un sórdido revuelo de fondo: numerosos estudiantes con las carpetas bajo el brazo, la cartelería de HB por doquier, amas de casa con sus niños, corrillos de vecinos y varios obreros con taladros en plena calle ajenos a lo que pasa. El ritual del drama va por dentro bajo el bochorno y el viento sur en la primera tarde de una primavera que se estrena sangrienta. «Se lo dije el jueves, Froilán, no podemos andar jugando», comentaba un militante del PSE de San Sebastián en referencia a la falta de protección del edil.

Los sollozos y los abrazos se acompañan de una serenidad teñida de dolor, hartazgo y rabia contenida. «Este es un partido fuerte que ha aguantado en momentos muy duros», comentaba Maite Urabayen, esposa de Txiki Benegas. José María Múgica, hijo del asesinado Fernando Múgica, asentía pero confesaba su preocupación por este cruel acoso al eslabón más importante y más frágil, al corazón municipal, a los concejales, no todos con protección todavía. Como narraba Juan María Juaristi, presidente del PNV de Guipúzcoa, numerosos ediles del PSE tienen una trayectoria de resistencia antifranquista, son sindicalistas enraizados en los pueblos y se resisten a cambiar de costumbres o a ir a la fábrica, a pasear o a entrar escoltados en la taberna.

Los socialistas no ocultaban su indignación. «Es una espantosa cacería», relataba la parlamentaria Gemma Zabaleta. A los pocos metros los ertzainas y los escoltas observaban de reojo una mochila sospechosa, colocada dentro de una papelera. Los agentes de seguridad instaban a los concentrados a cambiar de ubicación ante el temor de que pudiera tratarse de una bomba. «Así no se puede vivir», decía un edil socialista. Eguiguren y Huertas apenas podían disimular su enfado ante los nacionalistas que se acercaban a expresar su pésame. Cuando lo hacía el portavoz del Gobierno vasco, Josu Jon Imaz, Huertas mantenía un tenso diálogo en el que se lamentaba, vehementemente, de la falta de protección de sus concejales. Días antes, dirigentes socialistas se habían quejado de la desprotección que sienten sus ediles, de la falta de atención del Departamento de Interior y del Ministerio de Interior.

Este asesinato supone otro mazazo al socialismo en su punto vulnerable, el de sus cargos municipales, algunos de ellos reacios a cambiar de hábitos, con sus familias con la angustia a flor de piel. Se ha cumplido el pronóstico más pesimista de la dirección del PSE, que veía con alarma el acoso creciente de los violentos hacia sus cargos públicos. «Quieren llevarnos a las catacumbas y destruir el partido», incidía un cuadro local de la UGT. Existe la percepción de que la estrategia premeditada de ETA pasa por quemar todas las naves y destruir política y humanamente a los partidos no nacionalistas en una operación de liquidación física que recuerda a la que iniciaron con la UCD al comienzo de la transición y que en los últimos años se ha cebado con el PP. «Lo más duro puede que esté por venir», pronosticaba un burukide nacionalista mientras un asesor de Román Sudupe comprendía la tensión acumulada de los socialistas y advertía que «el país se va al garete».

ETA quiere exhibir que puede estar tocada pero que sigue fuerte, que no se le puede derrotar policialmente, que, pese a los últimos reveses, su infraestructura de legales en Guipúzcoa es compleja y poderosa. «En esta comarca está la esencia de ETA», reconocía Juaristi, persuadido de que la organización terrorista «nos va a hacer sufrir mucho todavía» y que puede pretender «pegar por partida doble» los días en los que comete atentados para incrementar la repercusión de sus acciones criminales. El último asesinato de Rosas y el coche bomba de Gandía pueden ser un botón de muestra revelador al respecto.

Los socialistas apenas han tenido tiempo de pensar tras el emotivo acto celebrado el domingo en Tolosa en recuerdo de López de Lacalle y de Jáuregui que terminó con el «no nos moverán» antifranquista. Oscar Renedo, el concejal del PSE organizador del evento, advertía ayer de la venganza macabra de ETA, que coloca a los concejales socialistas en el punto de mira y abre un nuevo frente que amplía el terror y el pánico tras la firma del pacto antiterrorista. «El miedo es terrible pero casi es peor el desánimo y las ganas que te entran de emigrar de este país», apuntaba un joven con los ojos enrojecidos de rabia.

En la Casa del Pueblo, Rioja, un compañero de Elespe, ultimaba las gestiones fúnebres con diligencia. No se habla de política. Los socialistas guipuzcoanos, antaño favorables a tender puentes hacia el nacionalismo, son ahora la roca más endurecida del PSE, partidarios de un gobierno «constitucional» y de mandar a galeras al PNV. «Sólo con el nacionalismo en la oposición pueden empezar a cambiar las cosas y el PNV cambiará de rumbo», confiesa impotente un militante.

El terrorismo provoca el cierre de filas y anula el debate. Plantea una disquisición de supervivencia, entre la vida y la muerte, en un umbral de espanto e impotencia. La tensión cuartea viejas complicidades entre nacionalistas y no nacionalistas. ETA ha dinamitado los puentes y va a marcar de forma salvaje el tiempo electoral. El PSE llevará a cabo una campaña centrada en el lema «Por la libertad, contra el fascismo» y en su seno empiezan a alzarse algunas voces que piden una reflexión sobre la ilegalización de EH como en otros lugares de Europa se prohíben a los movimientos totalitarios. Es sólo una hipótesis que surge cuando la corriente Aralar insta a la dirección de HB a explicar qué va a hacer tras el 13 de mayo. Un emplazamiento contundente que suena a ruptura interna -la posibilidad de que los críticos de Zabaleta se presenten a las elecciones en una plataforma propia empieza a ganar peso- que la carrera desenfrenada del terror etarra va a terminar por precipitar en medio de un patético escenario de desolación y desunión democrática.

El santuario
ANTONIO BURGOS El Mundo   21 Marzo 2001

Pues el santuario no se rinde, cual el título de aquella película sobre el Alcázar de Toledo como de Cine 600 de Vía Digital o como para que la promocione en su cine de barrio el vendedor de vídeos de la barba teñida. Me refiero al manoseado santuario de la ETA, que no sé por qué le llaman santuario, pues no tiene por Patrona a la Virgen del Rosario, sino de santero a Arzalluz, que de santo tiene lo que yo de Castelar desde mis piedras de Demóstenes. Todo el mundo ha cogido en las últimas horas una perra importante con el santuario de la ETA, que dicen que está en Francia. Y yo creo que de ninguna de las maneras. Santuario, santuario, lo que se dice santuario, pues por ejemplo la sala de control de las patrullas de la Policía Autonómica vasca, donde todas las tardes rezan el mismo rosario en familia:

-Chicos, que están quemando dos autobuses, tres cajeros automáticos y una casa, pero tranquilos, ¿eh?, que los hombres no somos escopetas. Id, pero sin correr, que correr es de cobardes, no vayáis a llegar antes de tiempo, los encontréis y los tengáis que detener...

Ese es el verdadero santuario, toda la estructura de poder político y policial del País Vasco. Hay ikastolas, un poner, que son verdaderos santuarios. ¿Para qué van a querer Francia como santuario, estando ahí el País Vasco? Como el fandango: «Nunca está mejor el árbol/que en tierra donde se cría». Por eso, estas reclamaciones a Francia tras los coches trampa de la costa mediterránea me parecen una forma lamentable de mirar para otro lado. ¿Cómo vamos a exigir a Francia que haga lo que no nos atrevemos a hacer en España, si es que el País Vasco es todavía España, que en caso contrario no he dicho nada? ¿Cómo exigimos ahora a la Seguridad francesa lo que no reclamamos de la Policía Autonómica vasca? Dicen que hay que llevar la cuestión al Consejo de Ministros de la Unión Europea, vale. ¿Han pensado que allí nos pueden poner las orejas coloradas? Sí, cuando un belga nos diga:

-¿Y por qué exigen ustedes al Gobierno del Elíseo lo que no tienen cojones de exigir al Gobierno de Ajuria Enea?

Es como la frontera. No sé la de Francia, porque no me gusta meterme en carretera tan lejos, pero cruzas la frontera de Portugal por Ayamonte y no hay ni un guardia en las casetas de los aduaneros. Sí, ya sé, ahora hay más control. Por la fiebre aftosa. Yo estoy harto de ver escamondamientos de ruedas de camiones en las fronteras del telediario. Al fondo nunca he visto un perro policía de los que huelen el triquitraque, con las toneladas de triquitraque que hay dando vueltas por ahí... Así que menos buscar el santuario en Francia y cambiarlo por las estampitas de los contratos del Ave, y más buscarlo como dice Rocío Jurado: en España limita al Norte. Eso de «señores franceses, ustedes primero» no vale para esta batalla.

Las lágrimas y la razón
NICOLAS REDONDO TERREROS El Mundo  21 Marzo 2001

Además y antes de secretario general de los socialistas vascos soy un hombre de carne y hueso. Si se me pide ahora mi parecer o mi opinión, como hace este periódico en el que escribo, mi primera reacción es rogar que me dejen, al menos un momento, llorar a solas. ETA acaba de asesinar a un compañero de partido y, sobre todo, a un amigo. Tengo las ideas, que son las de la propuesta política del PSE, muy claras, pero el totalitarismo, y me interesa subrayarlo, no atenta sólo contra los planteamientos teóricos de los ciudadanos: atenta también contra sus vidas, contra sus más íntimos sentimientos. Y las lágrimas, el dolor y la rabia, son la primera respuesta.

Pero hay algo más que lágrimas. La brutalidad de ETA hace incomprensible el panorama del nacionalismo violento en el País Vasco. Sin duda hay una lógica perversa en la banda terrorista, pero quiebra lo razonable. Y es con la razón (y con la razón que encierra la ley) como debe responderse a esta avalancha de fascismo armado. Se trata de una campaña organizada y planificada para acabar con quienes no se pliegan al dictado totalitario que impregna tanto a ETA como a su entorno y sus brazos políticos. Se trata de una estrategia que quiere eliminar y amedrentar a quienes no comulgan con el nacionalismo y a los que representan la ley, su cumplimiento, es decir, a quienes nunca podrán ser socios de su ideología fascista y sus propósitos aniquiladores. Esa es la cuestión a la que nos enfrentamos cuando ya sólo podemos llorar a Froilán Elespe y compartir el dolor y apoyar a su familia y a sus amigos más íntimos.

En medio de este dolor recibo muestras de condolencia y gestos de solidaridad. Pero a quienes lloran con nosotros y se manifiestan ahora con nosotros debe quedarles claro lo que pensamos los socialistas vascos y lo que pienso yo personalmente como su secretario general y candidato a lehendakari. Quiero que sepan que nuestro objetivo es acabar con ETA y restablecer la libertad en Euskadi. Las instituciones, y muy en concreto las del País Vasco, tienen que perseguir a estos asesinos y ponerlos ante los tribunales de Justicia.

La defensa de nuestras ideas y la defensa también de que puedan expresarlas quienes no coinciden con nosotros exige acabar con ETA con la razón y la ley, con la policía y los tribunales, en definitiva, con el Estado de Derecho que la propia banda quiere -inútilmente, pero con tanto dolor- destruir.

Hoy, ante el féretro de un hombre bueno y entregado a sus conciudadanos, lloramos a solas y lloramos con quienes quieren acompañarnos. Pero hoy y mañana, unos y otros, los que quieren compartir el dolor y los que añaden al asesinato ignominia, deben saber que nuestro objetivo es hacer de Euskadi un país de ciudadanos libres -en lo que, por cierto, nos convirtió la Constitución y el Estatuto- que no se vean asediados ni por el terrorismo ni por totalitarismos excluyentes.

Lo que ha pasado hoy, lo que viene pasando en el País Vasco año tras año, no es un mal trago tras el que todo vale. No con los socialistas. Aceptamos la solidaridad y agradecemos las lágrimas, pero deben saber que necesitamos el apoyo decidido para que la batalla por la razón y la libertad sea ganada. Los que desean este futuro y quieran acabar con ETA y con todo lo que ha significado y significa hoy serán nuestros aliados.

Nicolás Redondo Terreros es secretario general del PSE-EE y candidato a lehendakari.

Cuidar los detalles
TONIA ETXARRI El Correo  21 Marzo 2001

Sostienen los expertos en sondeos que en las próximas elecciones al Parlamento vasco - por ser la primera vez en veinte años en que la alternancia es posible, no sólo porque la oposición tiene un proyecto al margen del nacionalismo sino porque las fuerzas están muy empatadas- los pequeños detalles van a convertirse en decisivos.

La incorporación de 65.000 nuevos votos de jóvenes o la referencia de Alava como ejemplo de ruptura con la inercia nacionalista van a ser elementos novedosos en esta ocasión. Pero, sobre todo, y lo que parece que todavía no se ha logrado, según revela el último sondeo del CIS, es superar el vértigo del miedo al compromiso. Que esta campaña, después de la pesadilla de estos dos años de legislatura, no está dejando indiferente a casi nadie no sólo es una constatación informativa sino una tendencia que confirma la propia encuesta al situar la posibilidad de abstención en tan sólo un 28%. Pero lo más significativo es ese elevado porcentaje (34,2%) de los que no saben, no contestan; es decir: el voto oculto.

Como los votos nacionalistas casi siempre suelen ser más explícitos, da que pensar que ese voto no declarado va dirigido hacia las opciones autonomistas. Quizá por la novedad de una campaña tan reñida resulte demasiado atrevido apostar por un resultado anunciado . Por eso va a ser clave cuidar los detalles. Un mensaje inoportuno, una provocación innecesaria o quizá un atentado más «podría provocar un vuelco». Los candidatos y sus jefes tendrán que «hilar muy fino». ETA quiere seguir inyectando miedo a los votantes no nacionalistas. El crimen del edil socialista de Lasarte Froilán Elespe Inciarte así lo avala.

A la coalición PNV-EA, cuyo posible trasvase de votos desencantados de HB contrasta con la dificultad que tiene para insuflar entusiasmo en su electorado al presentarse con el mismo candidato y con un proyecto más soberanista que el que propició su alianza con HB y con el que fracasó, le iría «de perlas» un discurso integrador. Sobre todo para que no se le escape su voto «desencantado» ante la falta de liderazgo frente al terrorismo.

Pero no parece que ni Xabier Arzalluz ni Joseba Egibar estén por la labor. Los críticos del PNV tienen un futuro algo incierto. El parlamentario Joseba Arregi ha pedido que pare el tren, que él se apea. El distanciamiento del alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, de la política de Interior del consejero Javier Balza no ha gustado nada en Sabin Etxea. Iñigo Urkullu, para animar, reconoce que hay «Arzalluz para rato», mientras el alavés Emilio Guevara, que sospecha que su expediente disciplinario está sufriendo un letargo interesado, se pregunta si se puede ser del PNV sin ser independentista. Serlo y, además, poder decirlo, claro. Que ahí está la cuestión. En la libertad de expresión.

Sigo esperando, 'lehendakari'
GERMAN YANKE El Mundo  21 Marzo 2001

Desde hace ya tiempo, cada vez que ETA asesina o lo intenta (no es otro el núcleo de su ideología fascista), espero que el lehendakari Ibarretxe diga públicamente a los ciudadanos dos cosas elementales. Una, que la banda terrorista pretende aniquilar a los no nacionalistas de modo físico o, al menos, civilmente, amedrentándoles de tal modo para que sus ideas no puedan ser expresadas y defendidas con libertad. Otra, que su Gobierno, con el apoyo de los partidos que lo componen, se compromete a perseguir a esos asesinos totalitarios con todos los medios a su alcance, que no son otros que los que la legalidad democrática ha puesto en sus manos.

Yo comprendo que el señor Ibarrretxe sienta vergüenza para decir estas cosas evidentes y sencillas en público, porque le tiene que resultar difícil olvidar que fue investido con el voto de los parlamentarios del brazo político de la banda y también que su partido sigue insistiendo en que los fines de ETA y del PNV son los mismos, que todo puede ser defendido y que, de no mediar el terrorismo, el entendimiento podría dar lugar a una soberanía en la que se sintieran cómodos.

Pero creo, sinceramente, que ha pasado demasiado tiempo, que son muchos los muertos (porque demasiados eran desde la primera víctima) y que las cosas están demasiado claras, como para esperar del lehendakari -y exigirle- el reconocimiento de la evidencia y la determinación consecuente.

No llega, sin embargo, el cumplimiento de esa petición razonable. Ayer, el lehendakari, con un tono menos estrafalario que en otras ocasiones, manifestó su dolor y su apoyo a la familia de Froilán Elespe y al Partido Socialista. Ayer, con una única desviación hacia el tuteo paternalista y absurdo, pidió la disolución de ETA.

Pero el concejal asesinado era sólo, según sus palabras, un representante del pueblo vasco, y no una persona, como se debía reconocer de una vez desde el nacionalismo, que defendía las ideas que son causa de asesinatos y bombas, es decir, que era, por no ser nacionalista, un perseguido por una banda fascista y armada en un rincón de la Unión Europea a comienzos del siglo XXI.

¿Basta, a estas alturas, pedir, exigir o desear con toda el alma la disolución de ETA? El lehendakari parece no darse cuenta de que no basta. Ni ayer, en medio del dolor y la consternación de este nuevo crimen, ni ante la actitud indigna de EH y tanto secuaz de ETA, le oí decir que él, su Gobierno y su partido perseguirán a los asesinos. No se trata de que ETA se disuelva por la posibilidad de conseguir sus fines por otros medios. Se trata de destruir con la ley a ETA para que jamás consiga sus fines. Sigo esperando...

Auténticos culpables
Por Carlos DÁVILA ABC   21 Marzo 2001

Repugnante. Y ni un solo adjetivo más. No hay dolor para manifestar el horror por este nuevo asesinato que los filoterroristas de «Gara» y los conmilitones que apoyan todo el «complejo ETA» llamarán, con toda seguridad, «muerte». Ni hay dolor, ni asco para reprobar a quienes aseguran que «ETA y nosotros compartimos los mismos fines». Son los dirigentes del PNV y de Eusko Alkartasuna que en su programa electoral han reiterado este aserto de Arzalluz. Por tanto y por las claras: quienes el próximo 13 de mayo voten a la coalición, votarán también a los asesinos del infortunado Froilán Elespe Inciarte, un munícipe socialista que ha entregado su vida —no es que haya muerto, ¡Dios!, es que ha sido asesinado— por no ser nacionalista, por no quererse marchar de su tierra, por querer mantenerse en ella con unos apellidos tan dignos, tan «de allí», como los del miserable etarra que intentó matar a Gabriel Cisneros (Otegi, sí, Otegi), o los de Arzalluz, el político que más está haciendo fuera de ETA para que ETA siga existiendo. Hace solo unos días, el jefe socialista del teniente de alcalde de Lasarte, Nicolás Redondo, relataba el horror que le producía que un depravado como Arzalluz, echara encima de él, de su partido, el recuerdo de Franco y el franquismo, cuando él, de niño, tenía que visitar en la cárcel a su padre, el honrado sindicalista Nicolás Redondo Urbieta, al tiempo que el presidente hoy del PNV, Xabier Arzalluz, gozaba de los beneficios del antiguo régimen porque su padre, seguramente tan honrado como el de Redondo Terreros, había sido o era concejal franquista de Azcoitia; es más, había entrado con las tropas franquistas en esta población.

Los socialistas que llevarán a Froilán Elespe a la tumba, saben muy bien que ETA mata, otros, Euskal Herritarrok, la encubren, y los llamados «moderados» le proporcionan metralla ideológica. Al depauperado nacionalismo no se le puede comparar con otra cosa que no sea la que recientemente ha representado Milósevic, o la que representaron Hitler o Stalin. Los que cargan el odio de estos humanicidas son los auténticos culpables.

Pronunciamientos claros
Editorial El Correo  21 Marzo 2001

El asesinato de Froilán Elespe, concejal socialista y teniente de alcalde del Ayuntamiento de Lasarte, ha mostrado una vez más el fanático sadismo con que los terroristas eligen a sus víctimas entre personas generosas, entregadas en pro del bienestar de sus convecinos, confiadas porque su comportamiento jamás les ha granjeado enemigos. Por eso mismo, el crimen de Lasarte contiene todos los ingredientes de la naturaleza totalitaria de ETA: la vulneración del derecho a la vida y a la libertad, el exterminio de representantes libremente elegidos por sus ciudadanos, el cruel desprecio a la voluntad popular. En las dieciséis convocatorias electorales que se han sucedido desde que Lasarte logró ser un municipio independiente, los socialistas han sido siempre la fuerza más votada en dicha localidad guipuzcoana, con gran diferencia respecto a las demás opciones políticas. Si algún motivo añadido precisaba el comando asesino para perpetrar su crimen, éste fue sin duda la rabiosa necesidad de acabar con la vida de un ser humano que encarnaba ideas imposibles de desterrar del pueblo al que servía.

La persecución terrorista trata de forzar a sus víctimas -socialistas y populares- a que renuncien a sus principios, dimitan de sus cargos de responsabilidad institucional y abandonen la tierra vasca. Junto a las movilizaciones masivas que han de responder con contundencia al desafío etarra, es necesario que la reacción social llene de civismo la vida cotidiana. Es necesario que cada ciudadano vuelva su mirada hacia aquel vecino o compañero de trabajo que soporta la amenaza cierta del terrorismo, que le brinde un gesto solidario, que le haga sentirse acompañado. Porque bajo estos terribles embates con que el terror jalona su camino de crueldad se desmorona la vida de mujeres y hombres obligados a bendecir cada día que amanece como si habitaran una era de barbarie y pesadilla, necesitados de hallar momentos de respiro en rincones a los que nadie les siga, ávidos por disfrutar algunos minutos de tranquilidad al día. Mujeres y hombres que muestran jornada tras jornada un coraje excepcional para soportar la falta de libertad personal y una incertidumbre atroz; atormentados además por la angustia que les produce pensar que la desventura puede cebarse en sus seres más queridos. Porque sólo cuando las diferencias políticas acaben siendo insignificantes matices en el empeño común por la vida y la libertad, en el abrazo que convierta a todos los demócratas en igual de enemigos para los asesinos, comenzará la sociedad vasca a recobrar el terreno perdido por míseros intereses. Ayer, el asesinato de Froilán Elespe volvió a oscurecer de tristeza el ánimo ciudadano. El péndulo letal de los atentados terroristas volvió a ensañarse con un ciudadano vasco tras haber viajado hasta Catalunya para cobrarse una vida lejana. Como todos los anteriores, el crimen de Lasarte se vuelve, si cabe, más doloroso cuando la certeza de que no será el último zarpazo de ETA atenaza la propia capacidad de respuesta de la sociedad. Hoy la unidad prevalecerá en las manifestaciones de duelo, en las concentraciones de repulsa, en la movilización contra ETA. Pero mañana las estrategias políticas volverán a bifurcar el anhelo compartido por la paz porque, en el fondo, las formaciones democráticas no coinciden en la misma idea de paz; no comparten una misma vía para lograrla porque tampoco coinciden al establecer con quién -y contra quién- habrá que construirla.

En la tarde de hoy un clamor de silencio recorrerá las calles de Lasarte tras el lema ‘ETA no, tampoco sus cómplices’. La frase refleja la convicción de que a estas alturas constituye una irresponsabilidad inadmisible imaginar que la violencia desaparecerá si la sociedad democrática realiza concesiones hacia la trama terrorista e implora el concurso de sus apologetas en la tarea de la normalización. Durante las últimas semanas han sido precisamente los dirigentes socialistas quienes han emplazado al PNV a que clarifique si tras las elecciones del 13 de mayo está dispuesto a recabar el auxilio de la izquierda abertzale para mantenerse en el gobierno, o si renuncia expresamente a la eventualidad de semejante alianza mientras ETA exista. Hasta ahora, ningún pronunciamiento de ningún dirigente jeltzale ha descartado dicha posibilidad; como si su peculiar forma de concebir la prudencia política les llevara a no descartar el pago de un precio que, en realidad, están abonando las víctimas directas del terror. Mientras los terroristas y quienes les secundan estén convencidos de que su escalada asesina les permitirá acceder a una mesa de negociaciones que legitime su bárbaro proceder, mientras haya fuerzas que directa o indirectamente alienten esa perspectiva, será imposible que los violentos renuncien a la imposición y se avengan a reconocer que su derrota política y su insignificancia social la dictan las urnas elección tras elección.

Los muertos de mi felicidad
JUAN CARLOS ALONSO El Correo  21 Marzo 2001

Somos centenares los concejales socialistas -o populares, qué coño importa hoy y aquí-, que nos vimos obligados a tomar la decisión de llevar una escolta tras la ruptura de la tregua por parte de ETA. Obligados a optar entre destrozar parcialmente nuestras vidas renunciando a la intimidad, a la espontaneidad, a nuestros recorridos habituales, o encarar el riesgo cierto de que nos vuelen la tapa de los sesos en cualquier esquina de Euskadi como a perros.

La decisión, mal que le pese a Arzalluz, no es tan sencilla. Esto no va de huevos, por mucho que sea incapaz de sentir la más mínima solidaridad por esta procesión de sombras andantes en que quisiera vernos convertidos, de extranjeros en nuestra tierra, de alemanes en Mallorca. Porque no es tan simple renunciar a la libertad individual sin dejar jirones de nuestras vidas en el camino. No es tan simple dejar de besar a tu mujer por el hecho de sentirte permanentemente observado. Ni renunciar a la soledad, o a lo cotidiano. Ni es baladí el hecho de deber plantearte hasta cuándo has de comprar el pan o echar una partida de mus en el bar del barrio, tratando de huir de la paranoia de sentirte vigilado las veinticuatro horas del día.

No sé si tan siquiera se trata de tener más o menos miedo, de hacer gala de mayor o menor coraje. Sólo sé que Froilán decidió no tener escolta y le respeto por ello. Sólo sé que decidió no renunciar a vivir consigo mismo pudiendo mirarse a los ojos en el espejo cada mañana. Fue su opción personal, íntima, intransferible. Y lo han matado por la sencilla razón de no ser nacionalista en un país donde eso significa que pesa sobre ti la ‘fatwa’ de nuestros talibanes.

Ni él, ni cientos de nosotros nacimos para héroes. Ni mucho menos para mártires. Aunque resulte irónico que, día tras día, vayamos engrosando el martirologio de este enorme cementerio en el que se está convirtiendo el País Vasco. Una tierra en la que acudes a una manifestación en Portugalete, en solidaridad por un ciudadano asesinado, y has de soportar que te escupan, increpándote y diciéndote que te vayas de Euskadi. ¿Hasta dónde hemos llegado? ¿Hasta dónde ha horadado la miseria moral el alma de esta sociedad para que cosas como ésta sucedan?

En Viena los fascistas accedieron al Gobierno y ello suscitó una reacción inmediata de la Unión Europea ante semejante vergüenza en un país que, como Austria, sabe bien lo que fue padecer a los nazis. Pese a todo, los concejales de Viena no llevan escolta. Pues bien, en Euskadi, los fascistas que jalean los muertos de ETA no sólo gobiernan ayuntamientos. Sino que hemos debido soportar la inmundicia de que algunos de ellos se incorporaran a la Comisión de Derechos Humanos de nuestro Parlamento sin que este hecho sonrojara a los responsables de que allí estuvieran.

En este país, como afirmó un portavoz parlamentario, el Gobierno ha conseguido el hito histórico de que toda la oposición se vea obligada a ser protegida policialmente a riesgo de ser aniquilada. Pero lo que no deja de resultar trágico es la indiferencia y la tremenda dosis de incomprensión que todo ello suscita en aquellos que, por fortuna, no son objetivo del plomo de los terroristas.

Ayer, en una clínica de Vitoria-Gasteiz, nacía a la vida Unai, el nieto de Fernando Buesa. El chiquitín no tendrá la fortuna de ser mecido en los brazos de su abuelo. Como no la tendrán los nietos de Froilán ni de tantos otros buenos vascos que como él han sido asesinados. Me queda la esperanza de que la sociedad que herede Unai haya superado la tremenda miseria e indignidad que hemos debido soportar en esta tierra durante tantos años.

Sólo por eso, merece la pena el empeño de afrontar el día a día. De honrar a aquellos que se plantaron ante la barbarie renunciando a la comodidad de la equidistancia. Y poder cantar algún día no muy lejano, con Silvio Rodríguez, su ‘Pequeña Serenata Diurna’ : «Soy feliz. Soy un hombre feliz. Y quiero que me perdonen por este día los muertos de mi felicidad». Te lo debemos, Unai.

Miedo
JUSTINO SINOVA El Mundo  21 Marzo 2001

Más allá de las grandes cifras, la última encuesta del CIS ofrece la imagen de una sociedad cruzada por vaivenes de miedo. Mucha gente en el País Vasco tiene miedo a salir a la calle, a poner en movimiento su coche, a ir de bares -¡si el último asesinato de ETA ha sido en un bar!-, a hablar... y todo eso se condensa en el miedo a responder a determinadas preguntas. Lo que es normal en cualquier otro lugar de España, donde las opiniones políticas se manifiestan en voz alta mientras se comparte una cerveza, en el País Vasco exige a muchos un acto de valentía.

Vean lo significativo del retraimiento de buen número de los encuestados cuando se les pide que opinen sobre los partidos. Un 38,8% dice no saber o se niega a contestar cuando se le pregunta por el partido que puede resolver mejor los problemas del País Vasco. Hasta un 35% se inhibe cuando se le solicita que califique a los distintos partidos y un 34,2% no exterioriza su intención de voto.

¿Sirve para algo una encuesta en un clima de miedo? Sirve, sobre todo, para poner de relieve la anormalidad de la situación, consecuencia de que una minoría avasalle a la mayoría, mediante la extorsión, la amenaza, la chulería y el asesinato. Algunos pensarán que, ante el Parlamento vasco que diseña esta encuesta -en el que volvería a disponer de mayoría la coalición que empezó a gobernar la legislatura que se acaba: PNV-EA-EH-, la pelea política por el adelanto electoral puede haber resultado estéril. Es un argumento irrelevante al menos por dos razones: porque un proceso electoral, con independencia de su resultado, es una buena manera de airear una situación política viciada y porque el miedo infundido por la mafia etarra y sus compinches hace imposible descubrir la verdad electoral.

Es evidente que cuando sólo el 5,2% declara abiertamente que votará al PP y el 8,6% al PSE, mientras que los electores del PNV llegan al 24,1%, muchos ciudadanos amedrentados no quieren complicarse más la vida ante unos encuestadores de cuyas intenciones la realidad les invita a dudar. Lo más probable es que esos ciudadanos intimidados en el día a día se saquen la espina ante las urnas. Por eso, estas elecciones pueden ser una sorpresa. Claro que para ello hace falta que el día 13 de mayo se pueda votar en Euskadi en condiciones de completa libertad. Esa va a ser, en realidad, la importante batalla a disputar.

¡A por ellos!
GEMMA ZABALETA ARETA El Correo 21 Marzo 2001

Escribo estas líneas tras conocer el cobarde asesinato de un compañero socialista, Froilán Elespe, concejal de un municipio, del que nunca quiso ser héroe, como no lo quieren ser tantos y tantos concejales, cargos públicos, periodistas, obreros, policías, comerciantes y un tan largo etcétera, que por su dimensionamiento asusta. A todos nos une la misma realidad. Amamos y comprendemos Euskadi, pero no como la aman y entienden los que son nacionalistas. Nuestro patriotismo hacia Euskadi es distinto, y deberá ser como cada uno de nosotros queramos que sea. Y en este nuestro país, como nosotros lo entendemos también caben los que no aman Euskadi porque la libertad de cada cual, la tolerancia hacia los demás, la pluralidad, la vida, está por encima de todo lo demás. Lo que no cabe es la barbarie, el fascismo, el totalitarismo.

Y ante el golpe de sufrimiento que supone la pérdida de un amigo y de un compañero, sobrevienen muchos sentimientos, entre los que quisiera destacar tres, el dolor, la indignación y el coraje cívico, y quiero, con ellos, rendir un homenaje sincero y humilde a todos esos concejales y concejalas que se juegan la vida cada día, especialmente en Euskadi, aunque el azote terrorista impregna toda la vida española.

Ellos, como Froilán, aman la vida y a su libertad secuestrada. En muchas ocasiones se resisten a perder la espontaneidad, el anonimato, la rutina, hasta los amigos, situaciones a las que aboca una vida en libertad vigilada. Construyen la micro política de la vida municipal, que por cierto es la que más importa a los ciudadanos y ciudadanas, hablando, negociando, limando dificultades, entendiéndose. Pero son concejales socialistas o del partido popular; declarados enemigos del pueblo vasco por una banda terrorista y mafiosa, que tiene todavía demasiado apoyo popular y demasiado silencio cómplice a su alrededor. Considerados como inmovilistas y no reconocida esa actitud dialogante y constructiva que tienen y por la que dan la vida, nada menos que por el nacionalismo gobernante.

Estamos en el punto de mira y no nos vamos a resignar. Porque cada vez que asesinan a un concejal, o lo amenazan, están asesinando y amenazando a cada una de esas personas que le han votado; que se han comprometido con él y con sus ideas silenciosamente en las urnas, ejerciendo la democracia que tanto nos costó alcanzar.

Hoy la democracia vasca esta ensangrentada y para parar su herida mortal necesitamos una revuelta democrática y ya nada silenciosa de la ciudadanía. Un clamor por nuestra libertad que es la suya, por la seguridad que no tenemos, por la esperanza que huye a borbotones de nuestro ánimo. Sólo esa rebelión ciudadana puede quebrar el rumbo de la política vasca, en el que de un lado estamos los que no podemos ejercer nuestra profesión y vocación sin temer perder la vida y queremos prioritariamente recuperar esa libertad y seguir amando la vida. ¿Pero dónde están los demás?

Llamemos a las cosas por su nombre, digamos la verdad, no nos engañemos más: en Euskadi avanza el fascismo. Paso a paso, cartel a cartel, pintada a pintada, miedo a miedo, bomba a bomba, muerto a muerto; las fuerzas del fascismo avanzan. Y quienes compartimos este diagnóstico, hemos de saber que la paz sólo podemos conquistarla quienes verdaderamente queremos la paz y en ella creemos. Es inútil llamar a la puerta de aquellos para los que la muerte de un ser humano forma parte de la liturgia del ‘conflicto’. Inútil, ahora y para siempre inútil.

No nos equivoquemos. En democracia no todas las ideas son legítimas. La propia democracia pone unos ciertos límites, porque hay ideas y silencios que matan. Hay ideas que inoculan el virus del odio y la intolerancia en nuestros jóvenes. Y ése y no otro, es el único objetivo de ETA, que no se diferencia en nada de sus métodos. Lejos de proclamar su liberación, el fascismo aspira a implantar, en Euskadi, un régimen totalitario a imagen y semejanza de la cultura que les anima. No podemos disociar lo sustantivo de lo adjetivo, los objetivos de los métodos empleados para su consecución. Son las dos vertientes del mismo tejado. Y quien debe entender esto es, fundamentalmente, quien gobierna. Es quien tiene a su disposición los mecanismos de poder, y quien debe emplearlos como muro de contención y como escudo para defendernos de este brote fascista.

Porque la democracia goza de sus propios mecanismos de defensa para luchar contra la barbarie y la sinrazón. Desde luego, esta ofensiva fascista es una prueba de fuego para el sistema democrático, y es el momento de poner en marcha todo el potencial que constituye el acervo democrático de los Estados, y hacerlo sin complejos, para oponer una lucha cívica, pero contundente y sin cuartel al fascismo. Eso es lo que significa ir a por ellos, a pesar de que estas cosas siempre las tenemos que explicar los demócratas que no empuñamos armas, mientras se es más permisivo con las palabras de los fascistas.

Sabemos que Euskadi se puede construir de otra manera. Tenemos esa certeza. Dijo Pablo Iglesias «los socialistas no mueren, se siembran». Si con el asesinato de Froilán Elespe pensaron que los socialistas íbamos a ser uno menos, se han equivocado. No saben -porque ignoran cuanto es bello y honesto de esta vida- que las ideas nobles se engrandecen y expanden ante la adversidad, que el socialismo vasco es un árbol muy fuerte, sólido y hermoso, y que la sangre de nuestro compañeros derramada por la Libertad, por los que no quieren la paz, se transforma en savia que lo alimenta en la lucha por lo mejor del ser humano.

No todos somos víctimas
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA El Correo  21 Marzo 2001

Ayer, cuando Froilán Elespe cayó asesinado por ETA, a nadie se le ocurriría pronunciar aquella lacónica frase con que, hace algunos años, se despachaban los asesinatos terroristas: «algo habrá hecho». A estas alturas, todos hemos aprendido que no hace falta haber hecho algo para ser elegido víctima de ETA. Hoy sabemos que, para caer asesinado por ETA, basta con ser algo. Por eso, en vez de aquel «algo habrá hecho», hemos acuñado esa otra frase de que «cualquiera puede ser hoy víctima de ETA».

La nueva frase pretende expresar la extensión de la amenaza terrorista. Hoy son, sin duda, muchos más que ayer los que se sienten potenciales víctimas de ETA. Pero, a su vez, la frase, aunque no tan malvada como la anterior, puede encerrar un sentido perverso, que convendría desenmascarar. Al decir «cualquiera puede ser hoy víctima de ETA» e incluirnos a nosotros mismos, de manera indiscriminada, en ese indeterminado ‘cualquiera’, podemos estar cometiendo la hipocresía de reclamar para nosotros la solidaridad que sólo las víctimas de verdad merecen y de desentendernos del sufrimiento que éstas padecen. Trivializamos así, al generalizarla en exceso, la amenaza de muerte que sólo sobre algunos pende, a la vez que nos descargamos del sentimiento de culpa que nos produce el no encontrarnos entre los realmente amenazados. La víctima que de verdad cae, la que de verdad estaba amenazada, se convierte en un cualquiera, en ese a quien le ha tocado hoy lo que a mí podría tocarme mañana. La amenaza, bien pensada y calculada, se torna mero azar, una lotería. La mejor coartada para el encogimiento de hombros.

Seamos, por tanto, sinceros. No es verdad que cualquiera pueda ser hoy víctima de ETA. Para serlo de verdad, si bien no hace falta haber hecho algo, sí es necesario ser algo. Es preciso ser, en concreto, popular o socialista o, incluso, periodista de ciertos medios. Sobre ellos, y no sobre cualquiera, pende hoy la inexorable amenaza de ETA.

Hacia ellos debe, en consecuencia, dirigirse hoy nuestra solidaridad, nuestra especial protección, nuestro amparo. No cabe hoy la autocompasión generalizada, como si todos fuéramos potenciales víctimas de ETA. Yo recuerdo que, hace no demasiado tiempo, cuando ETA inició esta nueva fase de persecución contra cargos populares y socialistas, el presidente del EBB del Partido Nacionalista Vasco exhortó a los suyos -creo que fue en Lekeitio- a hacer de escudos humanos de los concejales acosados. Me gustaría escuchar de nuevo aquellas nobles palabras. Porque, de otro modo, llegará el día en que alguien utilizará, modificada, la antigua frase para dirigirse a los nacionalistas: «algo habréis hecho para que no os maten».

Las mentiras de ETA
JOSEBA ARREGI El Correo  21 Marzo 2001

Un asesinato es una mentira. Una mentira activa. Niega la vida. Y no hay, no existe ninguna verdad que la pueda explicar. En la mentira de la negación de la vida no encaja ninguna otra verdad. Sólo encajan mentiras. Todo el montaje discursivo de ETA y de su entorno es una mentira completa.

No es verdad que ETA defienda el pueblo vasco, que luche por él. No lo puede ser porque niega en la práctica con sus asesinatos a los que componen ese pueblo vasco. Porque ETA no es nadie para decidir quién es parte del pueblo vasco y quién no. Desde el momento en que ETA se arroga ese derecho se coloca en la mentira.

No es verdad que en los asesinatos de ETA se ponga de manifiesto el conflicto vasco. Lo que en los asesinatos de ETA se pone de manifiesto es el conflicto que ETA le crea a la sociedad vasca por no querer aceptar la decisión democrática de ésta. Por no querer aceptar la voluntad mayoritaria de la sociedad vasca. Si la sociedad vasca tiene o no conflictos, cómo se definen éstos, y a través de qué cauces se encarrilan lo decide la mayoría de la sociedad vasca. No ETA.

No es verdad que ETA defienda la construcción nacional. No es posible construir una nación segando la vida de los ciudadanos que componen la sociedad sin la cual la nación es una mera entelequia que, por desgracia, puede tener consecuencias muy trágicas, como en el asesinato del teniente de alcalde del municipio de Lasarte.

No es verdad que la superación de la violencia de ETA requiera algún tipo mágico de diálogo. La superación de la violencia de ETA requiere el fortalecimiento del diálogo institucional que constituye a la sociedad vasca, el fortalecimiento y la defensa a ultranza de las instituciones que hacen que la sociedad vasca sea algo más que un conjunto amorfo de personas: una sociedad, un espacio de derecho y de libertad.

No es verdad que ETA defienda la cultura vasca y el euskera. Asesinar es el culmen de la incomunicación, la negación de la palabra, la negación de cualquier lenguaje. Y, por supuesto, la negación de cualquier cultura, incluida la vasca. ¿Quién va a querer aprender y utilizar una lengua cuya defensa, en la mentira de ETA, requiere tantos sacrificios de sangre?

Para solucionar el problema de la violencia, para superar el terrorismo, para alcanzar la paz es necesario tener conciencia de las mentiras de ETA, es necesario tomar conciencia de que su violencia sólo tiene que ver con la mentira y no con el entramado de explicaciones, justificaciones, mitos y leyendas de las que se rodea ETA para crear así un espacio de defensa y de engaño que le proteja, para que nadie vea la crudeza y el sinsentido del terrorismo, de los asesinatos, para que la atención de todos esté dirigida a alguna otra parte que no sea el crimen y el asesinato puro y duro.

Si en lugar de tomar conciencia de ese engaño de ETA colaboramos en la construcción de sus mitos y leyendas, colaboramos en tejer ese entramado de falsos discursos y falsos argumentos de los que se rodea ETA, será ésta la que nos esté metiendo en su madeja, enmarañando en su madeja.

El recuerdo de tantos y tantos asesinados, el último el concejal del PSE en el Ayuntamiento de Lasarte, nos obliga a estar vigilantes y atentos, no sea que, sin querer, por pereza mental, por falsas sensaciones de cercanía en algún tema, por demasiadas ansias de buscar un final rápido, por no querer enfrentarnos a la realidad y a la verdad, nos dejemos marear por la espesa telaraña que teje ETA, con inestimables ayudas, para que no veamos la realidad de su naturaleza: violencia terrorista pura y dura.

No dejarnos atrapar en esa maraña es un esfuerzo que les debemos a todas las víctimas de ETA.

Por la libertad y la vida
RAFAEL AGUIRRE El Correo  21 Marzo 2001

En el momento en que escribo sé muy poco, pero sé todo: que ETA ha vuelto a matar a una persona humana, a un concejal socialista de Lasarte. Y siento, más que nunca si cabe, dolor, indignación y temor. Aparto todo porque no hay nada más urgente que levantar otra vez nuestra voz, sin ceder ni al cansancio, ni al miedo ni al chantaje.

¿Qué pasa por la cabeza de esta nueva generación de jóvenes vascos que consideran que «matar es legítimo al cien por cien» y que «tienen plena fe en ETA porque nunca les ha fallado», como declaraba hace quince días a un semanario italiano uno de los jóvenes de Haika detenido la semana pasada? Joven, como sus compañeros, nacidos en la democracia, que no vienen precisamente de la marginación económica, que han contado con todo tipo de posibilidades en la vida. ¿Qué ha pasado en la sociedad vasca para que un buen sector de la juventud haya incubado un fanatismo y un odio que anula las más elementales sentimientos de humanidad y les impulsa a practicar un terrorismo sin parangón en la Europa occidental? Los sociólogos discuten sobre la influencia de los diversos factores, la familia, el grupo de amigos, el centro de enseñanza... Yo lo que creo es que, a través de estos medios, cuya responsabilidad en el proceso de socialización me parece ahora cuestión secundaria, lo que se les ha transmitido es una visión grotesca de la realidad, que ha presentado al País Vasco como víctima permanente y a España opresora secular y necesaria, que viene a decir que por la fuerza se nos ha expulsado a los vascos de nuestro paraíso original, que los vascos somos un pueblo oprimido.

Ignoro si no se calcula o si se calcula demasiado bien la forma cómo mentes juveniles, sometidas a determinada presión, reciclan los mensajes que oyen semana tras semana , en los que se dice que la opresión franquista pervive tras la fachada del gobierno democrático, que es peor España que ETA, que las críticas de los intelectuales o las informaciones de los periodistas son equivalentes a golpes militares contra los vascos, que los no nacionalistas lo que quieren es destruir este país cultural y políticamente. Alimentar continuamente la llama del rencor es un recurso demagógico para mantener unida a la tribu, pero deja a una sociedad sin futuro. Es muy difícil ganar a un joven para la democracia cuando los responsables de las instituciones democráticas no las defienden con convicción y firmeza, si no es que las deslegitiman de mil formas (una de las últimas, la selectiva campaña de ‘desobediencia civil’). Los actuales responsables del País Vasco tienen que preguntarse cómo es que la generación crecida durante su hegemonía total muestra semejante desapego por los valores democráticos y humanos más elementales.

No se puede meter en el mismo saco la condena de los atentados contra la vida, manifestado en el terrorismo etarra, y la discrepancia política sobre las condiciones requeridas para un diálogo político. El discurso propagandístico del lehendakari, por muy en papel couché que se edite y por mucho que se envuelva en moralina, parte de una equiparación insultante y éticamente perversa. Con semblante compungido y tenso, pero se aspira a conseguir políticamente lo que para los terroristas son las condiciones para dejar de matar. Esto no es simplemente aprovecharse de la violencia, sino, además, dejar inerme a toda una sociedad ante un movimiento totalitario e insaciable.

Se ha asesinado a un concejal socialista. Otra vez la ideología excluyente muestra su rostro hasta sus últimas consecuencias. El no nacionalista que se atreve a decirlo públicamente y a asumir una responsabilidad pública es un enemigo del pueblo vasco que debe ser eliminado. Se amplía el abanico de las posibles víctimas para atemorizar a toda la sociedad hasta que ceda a su chantaje. Quieren conseguir por la fuerza lo que jamás podrían obtener en un juego libre; y que unos se vayan y otros paguen o se callen, como los deportistas de élite que hoy mismo en la televisión no se atrevían a denunciar la extorsión de ETA; ni la denuncian ni se solidarizan con quien públicamente ha dado la cara. Es muy duro dar la cara, sobre todo cuando no hay una unidad democrática para afrontar la embestida terrorista, considerándola el problema prioritario y que debe desligarse de toda otra consideración, por importante que parezca, porque lo primero es defender la libertad de todas las personas. El gran dilema que tiene la sociedad vasca es conseguir un gran pacto democrático para salvaguardar la libertad o entrar en una confrontación social de imprevisibles consecuencias en caso de que los nacionalistas, fieles a los principios de Estella-Lizarra (al parecer tan ‘permanentes e inmutables’ como los del movimiento franquista), sigan considerando que la paz pasa por la elevación del listón de sus propias reivindicaciones para encontrarse por ese camino con los socios políticos de los terroristas.

Pero, sobre todo, han matado a una persona y esto es siempre atentar contra todos nosotros, contra nuestra común humanidad. Todas las víctimas son igualmente nuestras. Desconozco en este momento las circunstancias vitales y familiares del edil asesinado, pero otra vez han roto irreversiblemente toda una red de relaciones, recuerdos, amores y esperanzas. Somos muchos los que quisiéramos que la familia de la víctima sintiera en estos momentos terribles. nuestra cercanía y solidaridad más estrecha. El proyecto en cuyo nombre se mata se envilece más, si cabe, con cada nuevo asesinato. Creo que los verdugos no prevalecerán sobre sus víctimas, que la verdad, al final, disipará las mentiras en que se cobija siempre el que mata; que la justicia y el amor tendrán la última palabra; que la llamada a la fraternidad es mucho más honda que las afirmaciones grupales, étnicas o nacionales. La sociedad vasca necesita esperanza y también recursos morales y energías espirituales. Es posible salir de este agujero anacrónico, cruel e inhumano en que nos encontramos. La esperanza es la gran fuerza que enseña a resistir ante el terror, denuncia los ídolos ideológicos y proporciona generosidad para poner por delante lo que une a todas las personas de bien.

Anorexia patriótica
JOSÉ IGNACIO WERT El País  21 Marzo 2001

José Ignacio Wert es sociólogo y presidente de Demoscopia.

Parece que la reciente y ominosa derrota de nuestro equipo nacional de fútbol en un a priori intrascendente amistoso contra Inglaterra ha tenido más fuerza que otros acontecimientos, en apariencia más importantes, para abrir un debate nacional sobre el patriotismo. Maravillas de la serendipidad.

El hecho es que tanto pensadores nacionales (Camacho, Del Bosque) como extranjeros (Cruyff) han puesto sobre el tapete la presunta vinculación entre los mediocres resultados de nuestra selección con la falta de sentimiento nacional de los españoles (y en este caso concreto, de los seleccionados) que les hace perder nervio competitivo, ilusión y bravura en la pelea. Vamos, que nuestros chicos no meten el pie aquejados de una cierta anorexia patriótica cuando llevan el nombre de España bordado en la elástica y se muestran mucho más motivados cuando pelean por sus clubes.

Por peregrino que pueda parecer el pretexto, bienvenido sea el debate. Por proponerlo en términos expandidos más allá del estricto ámbito balompédico, creo que cabría formularse tres preguntas simples: 1) ¿Estamos colectivamente aquejados de un déficit patriótico? 2) ¿Es nuestra situación buena o mala a este respecto? 3) ¿Se puede hacer algo por remediarlo? Intentaré responderlas con toda la claridad que cabe en un espacio como éste.

Para mí, la respuesta a la primera pregunta es un sí rotundo. Si se trata, además, de saber el porqué, yo diría que nuestra anorexia patriótica se basa, más que en otra cosa, en el generalizado desconcierto acerca de lo que es, a este respecto, políticamente correcto. Es decir, tiene una base más cognitiva que emocional. Dos factores alimentan ese desconcierto: uno, el temor a ver confundida cualquier expresión de patriotismo con el patrioterismo excluyente que alentaba el régimen anterior. Otro, la competencia que a esa expresión patriótica le suponen las lealtades identitarias de ámbito más reducido, es decir, los sentimientos nacionalistas que se expresan con más fuerza en las llamadas nacionalidades históricas, pero que emergen también con cierta potencia en casi todas las autonomías en que se estructura España tras la Constitución de 1978.

Además de esos elementos idiosincráticos, creo que existen otros diluyentes del patriotismo que se expresan como tendencias consecuentes a los procesos de globalización, sobre todo en el ámbito cultural. Hace unos meses, David Held, ya que hablábamos de Inglaterra, contaba cuán difícil les resulta a los adolescentes ingleses con los que hablaba dar un rasgo, o al menos una pista, acerca de la Englishness, de en qué consiste ser inglés. En cambio, eran capaces de definir la identidad americana, no sin una agria disputa sobre si la esencia americana es Nike o Coca-Cola. Así, al describir la esencia de la americanidad, evocaban los iconos más potentes de la identidad global, pero ésa es otra historia.

Volviendo a la nuestra, la segunda pregunta, la de si es bueno o malo ese déficit de patriotismo que, a mi juicio, existe entre nosotros, conduce a una respuesta sin duda aún más subjetiva que la primera. La misma depende de valores y referencias últimos que pueden ser muy distintos y tan legítimos unos como otros.

Mi perspectiva es la de aquellos que creen que aun cuando las Naciones-Estado se hallan en medio de un proceso de redefinición que desde arriba impone la globalización y desde abajo el impulso de identidades sub-nacionales, los sentimientos nacionales y el patriotismo, entendidos en un sentido no excluyente, siguen siendo cauce a cuyo través, mejor que al de cualquier alternativa, fluyen el progreso, la modernización y el bienestar colectivo. Y sobre todo, que en este marco empíricamente observamos niveles mayores de tolerancia, pluralismo y democracia que en marcos alternativos que al mismo se proponen. Hablo, claro está, de un sentimiento de identidad nacional y de patriotismo conjugables con sentimientos de identidad y de pertenencia tanto de mayor alcance (identidades supranacionales) como de menor (identidades sub-nacionales, algunas muy arraigadas y auténticas). Hablo de patriotismo integrador y de patriotismo cosmopolita.

En realidad, ésa es la identidad mayoritaria entre los españoles, cuando en las encuestas se manifiesta de forma abrumadora el predominio de los sentimientos identitarios incluyentes, es decir, el sentirse español y andaluz, madrileño, vasco o riojano y, asimismo, el sentirse español y europeo.

¿Dónde está entonces el problema?, y entro con ello también a la tercera de las preguntas que arriba planteaba. A mi juicio, en la dificultad de definir y, sobre todo, de expresar los pertinentes anclajes que tanto a nivel racional como emocional dan cuerpo a ese sentimiento o a esa identidad.

Recientemente, Jürgen Habermas (La constelación postnacional) ha desarrollado las implicaciones de su concepto de patriotismo constitucional. Es verdad que se trata de un concepto muy a la medida de la historia alemana del siglo XX, pero pienso que en lo esencial no nos vendría nada mal. Si el problema de inefabilidad de nuestro patriotismo está, por una parte, en su confusa relación con el pasado político inmediato y, por otra, en su problemática articulación con las demandas del otro patriotismo, rellenemos de referencias democráticas y de interfaces de articulación con las lealtades compartidas ese nuevo patriotismo para que pueda expresarse sin malestar.

Un patriotismo de ese género es, además de muchas otras cosas, una referencia fundamental de la cultura cívica democrática que, sin él, se queda manifiestamente coja. Un patriotismo que reconozca en España una realidad histórica y social, así como un proyecto en el que nos podemos reconocer confortablemente gentes de ideología y visiones de la existencia muy dispares. Un proyecto articulable con otros más limitados y con otros más anchos, es decir, a la vez incluyente y cosmopolita.

Dotar de emociones razonables, valga el oximoron, a ese patriotismo es una tarea que implica a los protagonistas del espacio público, pero también a la sociedad civil, a los intelectuales y al mundo de la cultura y los medios. No se trata tanto de la creación de un patriotismo de laboratorio, por lo demás imposible, sino de normalizar la expresión de unos valores y unas actitudes que la gente comparte en el fondo y reprime en la superficie. Para que, entre otras cosas, le ganemos a Inglaterra...

ETA prosigue su campaña de «limpieza étnica» con el asesinato de un edil socialista en Lasarte
LASARTE (GUIPÚZCOA). M. Alonso / ABC 21 Marzo 2001

El concejal socialista Froilán Elespe fue asesinado ayer por ETA de dos disparos en la cabeza mientras se encontraba en un bar de la localidad tomando el aperitivo. Tan sólo un día antes, Elespe Inciarte, de 54 años, había vuelto a renunciar a la escolta convencido de que la banda terrorista nunca se fijaría en él. ETA prosigue así su campaña de «limpieza étnica» contra los no nacionalistas.

El concejal teniente de alcalde de Lasarte era un hombre de costumbres fijas. A las nueve y cuarto de la mañana acudía al Ayuntamiento y sobre las once supervisaba las obras de la localidad en su calidad de responsable de Obras, Urbanismo y Gestión Municipal. Antes de acudir a su casa a comer, se tomaba el aperitivo en un bar de la zona y sobre las cuatro y cuarto echaba una partida de mus o de tute en la taberna «Sancho».

A las tres menos veinte de la tarde de ayer, mientras se encontraba apoyado en la barra del bar «Sasoeta», de la plaza Urko, una de las principales vías de Lasarte, un individuo entró en el bar y le disparó por la espalda dos veces en presencia únicamente de dos personas, que no vieron nada, mientras que en la cocina del establecimiento se encontraba su propietaria, que sólo llegó a ver caer al suelo al concejal mortalmente herido.

Fue la mujer la que salió corriendo a la calle para pedir ayuda al tiempo que su hijo telefoneaba a los servicios de urgencia. Un vecino que estaba en ese momento aparcando el coche cerca del lugar advirtió por la cara desencajada de la mujer que algo sucedía y entró en el bar. Sin darse cuenta en un principio del cuerpo tendido del teniente de alcalde, preguntó al chaval que qué pasaba, mientras éste, con el teléfono aún en la mano, le señaló a la izquierda, momento en el que vio a Elespe Inciarte, todavía vivo, en mitad de un charco de sangre.

ESTADO AGÓNICO
El concejal socialista se encontraba en estado agónico cuando llegó una ambulancia de la Asociación de Ayuda en Carretera. Tampoco pudo hacer nada por salvar su vida la unidad medicalizada que se trasladó la lugar de los hechos.

Según las investigaciones policiales y las declaraciones de algunos testigos, el terrorista, que actuó a cara descubierta, no estaba solo, sino que contaba con el apoyo de otro cómplice que se quedó en el exterior para vigilar y con el que huyó a la carrera.

El hijo de la dueña del bar comentó al vecino que acudió a socorrerles que no había oído el disparo, algo extraño al tratarse de un local de pequeñas dimensiones, con lo que no se descarta que el etarra utilizase un silenciador.

A trescientos metros del bar donde fue asesinado vive la familia de Elespe. Su hijo se encuentra en estos momentos en Inglaterra, mientras que la mujer y su hija recibieron la noticia por vecinos que subieron a la casa.

Tras el asesinato del edil socialista, se halló a las cuatro y media de la tarde y en las inmediaciones del lugar del atentado una moticicleta sin las placas de matrícula que levantó las sospechas de la policía autonómica, que amplió el cordón de seguridad. Especialistas en desactivación de explosivos procedieron a examinar el vehículo y comprobaron que no contenía ningún artefacto explosivo. Este hecho retrasó las tareas de levantamiento del cadáver, que no llegó hasta la seis menos diez de la tarde al Instituto Anatómico Forense de Polloe, en San Sebastián, donde se realizó la autopsia.

RECHAZÓ LA ESCOLTA
Precisamente un día antes, los concejales del PSE del Ayuntamiento de Lasarte celebraron una reunión para hablar sobre la necesidad de adoptar medidas de seguridad, y en la que el edil asesinado rechazó llevar escolta. Con anterioridad, responsables de seguridad del Partido Socialista del País Vasco mantuvieron la pasada semana una reunión con sus concejales para exigirles que tenían que llevar protección «obligatoriamente».

VIVIR «FELIZ Y TRANQUILO»
Una concejal compañera de Elespe Inciarte indicó que «todos estamos apuntados» pero «nadie pensamos que nos va a tocar y al final fueron al que tenían más fácil». En algunas ocasiones, cuando preguntaban al teniente de alcalde por qué no llevaba escolta respondía que «no pensaba que le pasara algo y que valía la pena vivir feliz y tranquilo». Según el ministro del Interior, Mariano Rajoy, no consta que Elespe estuviera en alguna lista de objetivos de ETA.

La alcaldesa de Lasarte y varias personas que trabajaban a diario con el teniente de alcalde socialistas manifestaron a ABC que era un hombre muy trabajador «empeñado en el progreso del pueblo».

Elespe Inciarte es el cuarto cargo socialista y el primer concejal de este partido que pierde la vida a manos de ETA desde que la banda terrorista rompiera la tregua, en diciembre de 1999. En el año 2001, el terrorismo se ha cobrado la vida de seis personas, cinco de ellas en la provincia de Guipúzcoa y una de ellas, el mosso d`esquadra que murió el pasado sábado, en la de Gerona.

FIN DE LA TREGUA
El primer socialista que perdió la vida en atentado de ETA fue el parlamentario Fernando Buesa, el 22 de febrero de 2000, tras la explosión de un coche bomba en Vitoria. En la acción terrorista, la segunda desde que la banda decretó el fin del alto el fuego, también murió su escolta, el ertzaina Jorge Díaz. El 29 de julio, ETA acabó en Zumaya con el ex gobernador civil de Guipúzcoa Juan María Jáuregui, de dos disparos.

Posteriormente, el 22 de noviembre, ETA asesinó en Barcelona al ex ministro de Sanidad del PSOE Ernest Lluch. Pero no ha sido éste el único intento. El diputado socialista andaluz José Luis Asenjo salvó la vida tras fallar la bomba lapa colocada bajo su coche el 19 de julio de 2000.

SOCIALISTAS ILESOS
Además, el concejal socialista de Ordizia Iñaki Dubreuil resultó herido en un atentado dirigido contra él y en el que murieron dos trabajadores de al empresa Elektra, perpetrado el 22 de febrero, aniversario del asesinato de Buesa, y el también dirigente socialista vasco José Antonio Maturana era uno de las personas contra las que iba a atentar el «talde Ttotto» del «comando Donosti».

Los vecinos de Lasarte llaman 'asesinos' y 'chivatos' a los ediles de EH en un tenso pleno
La alcaldesa tuvo que terciar en favor de quienes se negaron a condenar el atentado a su mano derecha
M. MARÍN San Sebastián El País  21 Marzo 2001

Nadie en Lasarte quiso ayer contener su ira. Ni en la calle, al pasar frente a sede social de EH, ni dentro del Ayuntamiento, donde se vivió uno de los plenos más duros y tensos de los últimos tiempos. La rabia contra ETA se cebó contra los ediles de EH y acalló su palabra. 'Son los que señalan, chivatos, asesinos'. La alcaldesa, Ana Urchueguía (PSE-EE), que acababa de perder a su mano derecha, tuvo que templar ánimos en favor de quienes no habían condenado su asesinato. 'Nosotros luchamos con el don de la palabra', dijo. Pero al final también perdió los nervios y arremetió contra ellos: 'No tenéis vergüenza'.

La tensión se respiraba desde mucho antes de que comenzara el pleno. 'Como pase un nacionalista, le escupo'. Todavía faltaban cinco minutos para las siete de la tarde. Primero entró la alcaldesa, y el público prorrumpió en aplausos; poco después llegó el resto de concejales, también los de la formación abertzale. Entonces cayó la tormenta de insultos. 'Asesinos, nazis, fascistas'. Nadie estaba dispuesto a morderse la lengua. 'Basta ya de silencio. Ellos son los que señalan', gritó un mujer.

Las frases lapidarias se solapaban unas con otras. Ana Urchueguía, desesperada, trataba de calmar los ánimos, hasta que por fin cogió el micrófono y pidió que le escucharan. Sólo entonces pudo aclarar que el comunicado de condena -que iba a leer a continuación- lo habían suscrito PNV, PP, EA y PSE-EE. 'EH', dijo, 'se abstiene'. No hizo falta más para encender los ánimos. 'Que se vayan, si tuvieran vergüenza no habrían entrado aquí'. Entre el público se encontraban, el secretario general de los socialistas vascos, Nicolás Redondo; el diputado general de Guipúzcoa, Román Sudupe (PNV) y la presidenta del PP de Guipúzcoa, María San Gil, entre otros políticos.

Hizo falta tiempo, pero finalmente la alcaldesa logró callar al público, leer el comunicado y acompañar así en el dolor a Tomasi, Josu y Andoni, la viuda y los hijos de Froilán Elespe. Entonces pasó el micrófono a la portavoz de EH, Aiora Zulaika, para que leyera su propio texto. Desde el público le gritaron: 'No vais a hablar. Sin pistolas sólo sois una puta mierda, sois la misma mierda que [Arnaldo] Otegi'.

Ana Urchueguía, con el dolor metido en el cuerpo, hizo de tripas corazón y pidió una tregua. 'Nosotros luchamos por la libertad con la palabra, como lo hemos hecho siempre los que luchamos contra el franquismo, como Froilán'. Alguien del público le contestó: 'Así vamos todos al ataúd'. Zulaika leyó su comunicado. Pero nadie lo escuchó. Todos, incluidos los políticos, se dieron media vuelta. Y algunos vecinos se acercaron a ella. Le lanzaron papeles y hubo conatos de enfrentamiento. Incluso Urchueguía perdió los nervios. 'No tenéis vergüenza'. Luego llegó la hora de mostrar la rabia en la multitudinaria manifestación que recorrió Lasarte.

Aznar acusa a los nacionalistas moderados
El Mundo   21 Marzo 2001

MADRID.- «Los partidos nacionalistas moderados en el País Vasco son cómplices de la violencia, porque comparten los mismos objetivos que los terroristas. No cometen asesinatos, pero aceptan la situación general», dijo ayer el presidente del Gobierno José María Aznar en un desayuno informal con la delegación de la Asociación Mundial de Periódicos -WAN- y del Foro Mundial de Directores -WEF- en el Palacio de La Moncloa.

El encuentro inauguraba una misión de tres días durante la que los dirigentes de ambas asociaciones visitarán San Sebastián y Bilbao para tomar contacto directo con líderes políticos y representantes de los medios informativos vascos.

El presidente de la WAN, Roger Parkinson, quiso «condenar incondicionalmente a quienes atacan e intimidan a la prensa, así como a quienes no manifiestan, sin reserva alguna, su repulsa a esa violencia». Por su parte, José María Aznar explicó a la delegación de periodistas que ETA ha dado a sus colegas en España tres alternativas: «O se callan, o se van, o los matamos».

ETA asesinó el año pasado a uno de los periodistas más destacados del País Vasco, José Luis López de Lacalle, del diario EL MUNDO.

La misión de la WAN en España tiene tres objetivos fundamentales: denunciar toda forma de violencia e intimidación contra la prensa, manifiestar la solidaridad periodística internacional con los periodistas y medios informativos del País Vasco, y lanzar un llamamiento a los partidos y medios nacionalistas vascos para que condenen sin la menor reserva todo tipo de ataque a la prensa.

Entre los encuentros previstos por esta delegación, se incluye la reunión el jueves en Bilbao con Xabier Arzalluz, presidente del PNV.

LENGUAS MINORITARIAS
Libertad Digital  21 Marzo 2001

El 80 por ciento de las 6.000 lenguas que se hablan actualmente en el mundo podría desaparecer en los próximos años, según un informe de la UNESCO

www.unesco.int
Title: Atlas de las lenguas del mundo en peligro de desaparición.
Collection: Obras de referencia de la UNESCO.
Subcollection: Referencias e informes mundiales.
Author: Stephen A. Wurm.
Publisher: Ediciones UNESCO / Pacific Linguistics.
Language(s): También Publicado en Inglés, Francés.
Date of publication: 1996. 60 p. Cartógrafo: Theo Baumann.
ISBN: 92-3-303255-8.
Price: 70FF.
Keywords: Antropología / Identidad cultural / Lenguas.
Abstract: Aunque el fenómeno de la desaparición de las lenguas es conocido, su estudio sistemático a escala mundial es reciente. Este pequeño estudio describe sucintamente el proceso de extinción de las lenguas e informa sobre los esfuerzos que la comunidad científica ha realizado, con la cooperación de la UNESCO, para incluir en una base de datos las lenguas amenazadas. La última parte presenta un atlas de las lenguas en peligro de extinción.

 

Recortes de Prensa   Página Inicial