AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 22  Marzo  2001
#Plan de exterminio
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 22 Marzo 2001

#TRES REPROCHES DE LOS SOCIALISTAS VASCOS AL PNV
Editorial El Mundo  22 Marzo 2001

#Euskadi-Europa
Editorial El País   22 Marzo 2001

#De Ermua a Lasarte
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 22 Marzo 2001

#Clima de rebelión ciudadana
Editorial La Razón  22 Marzo 2001

#Una golondrina no hace verano
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 22 Marzo 2001

#El coraje necesario
I
gnacio Villa Libertad Digital 22 Marzo 2001

#Asumir la realidad
JOSEP RAMONEDA El País 22 Marzo 2001

#La alcaldesa
Jaime CAMPMANY ABC  22 Marzo 2001

#País Vasco, donde lo real y lo aparente, al fin, coinciden
Jose Antonio ZARZALEJOS ABC   22 Marzo 2001

#El espíritu de Lasarte
Enrique de Diego Libertad Digital  22 Marzo 2001

#A todos no, Sr. Ibarretxe
Iñaki EZKERRA La Razón 22 Marzo 2001  

#Euskadi, en negro y sangre escrita
Julián LAGO La Razón   22 Marzo 2001

#Que no cunda el pánico
José A. SENTíS La Razón  22 Marzo 2001

#Denunciar a los cómplices
Lorenzo CONTRERAS La Razón 22 Marzo 2001

#Heroísmo cotidiano
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 22 Marzo 2001

#No es suficiente
Editorial El Correo  22 Marzo 2001

#Y no terminamos nunca
ANDONI UNZALU GARAIGORDOBIL El Correo   22 Marzo 2001

#La alcaldesa de Lasarte denuncia en presencia de Ibarretxe la impunidad de ETA y sus cómplices
LASARTE (GUIPÚZCOA). M. Alonso ABC  22 Marzo 2001

#“Unos informan, otros aprietan el gatillo, otros lo consienten y todos son cómplices”
 Libertad Digital  22 Marzo 2001

#Raymond Carr: «La meta del PNV y de ETA es la misma, la independencia del País Vasco»
MADRID. Antonio Astorga ABC 22 Marzo 2001

#Un grupo nacionalista corso coloca en París un coche-bomba
París. Agencias ABC 22 Marzo 2001

#Quebrar su esperanza
HERMANN TERTSCH El País  22 Marzo 2001

Plan de exterminio
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 22 Marzo 2001

No sé cuántos votantes socialistas o populares censados en el municipio guipuzcoano de Lasarte habrán decidido marcharse del pueblo, espantados tras el crimen, estilo mafia pura y dura, de Florián Elespe. No sé cuantos votantes del PSE-PSOE, o del PP, habrán acumulado más rabia aún -después de una viuda más, de dos huérfanos más-, para ir a votar el próximo 13 de mayo y cerrar el paso al fascismo realmente existente, a fecha de hoy, en el País Vasco. Sí sé, a ciencia cierta, que hay un plan de exterminio de los ciudadanos vascos que apoyan el Estatuto de Autonomía de Gernika y la Constitución española que lo posibilitó; una factoría de aniquilación, puesta en marcha por los que quieren imponer la independencia, que aplican la pena de muerte, el censo depurado, la exclusión social, el miedo, el exilio y la clandestinidad para las personas que no se quieren dejar vencer por sus delirios. Esta dictadura que mata concejales y vendedores de golosinas, es la dictadura que hay que combatir hoy; ésta es la dictadura que deben de combatir todos los que se sienten demócratas; ésta es la dictadura contra la que deberían de luchar los que no fueron capaces de pelear contra Franco, aunque no hagan otra cosa que hablar de él.

Lasarte es un municipio con mayoría absoluta de los socialistas, un municipio destripado por el estilo urbanístico franquista en el que la buena gestión socialista ha conseguido abrir ciertos espacios amables que hacen la vida más agradable para sus habitantes. Ana Urchueguía, alcaldesa del pueblo, le confesaba hace unos días, entre lágrimas, al corajudo senador socialista Javier Rojo: «cada día que nos vemos, nos falta uno más». La casa del pueblo de Lasarte y la de la cercana Rentería, localidad en la que nació el concejal asesinado, han sido achicharradas con saña nazi en decenas de ocasiones, quemadas y asaltadas por los que se entrenaron en aquellos incendios y que ahora le han pegado un tiro en la nuca -riesgo cero para el criminal, riesgo irreversible para la víctima- a este padre de familia, concejal socialista, sindicalista de la UGT. Sobre este exterminio en marcha deberían de reflexionar los 80.000 votantes socialistas que acuden a las urnas en las elecciones generales, pero se quedan en casa cuando se convocan las elecciones autonómicas. Su abstención puede ser gestionada por los mismos que han asesinado a Elespe, o por los que están dispuestos a criticar por igual a los verdugos y a la víctimas.

Los criminales de ETA han empezado a montar en el País Vasco su particular Escuela Mecánica de la Armada (ESMA) argentina, su especial ‘operación cóndor’, una factoría de la muerte, una sede del exterminio sistemático, que mata a destajo y que no mata más porque no puede; no hay sujetos más semejantes que un militar fascista argentino y un etarra fascista vasco, a los dos le sobran los demás. Frente a esta barbarie, que supera en cobardía a la del franquismo, sólo cabe dignidad y reacción ciudadana.

A pesar de todo el dolor por la última muerte, es evidente que la reacción social que hoy se suscita tras cada atentado dista mucho de la indiferencia que, en la mayoría de los casos, seguía a la muerte en los años ochenta. Hoy son muchos más los ciudadanos vascos conmovidos y movilizados que los que se sublevaban en los ochenta. Curiosamente, cuando la indignación sustituye al silencio, hay quién dice que se fomenta el enfrentamiento, como si les gustara más la situación anterior: muerte más silencio y olvido. ¿Conocen ustedes algún país del mundo en el que se haya recibido tanto odio, tanta muerte, tanto desprecio, sin que ni una sola víctima del terrorismo se haya tomado la justicia por su mano? ¡Basta ya de insultar a las víctimas! ¡Basta ya de dedicarles atención sólo en el momento circundante del crimen, mientras se les señala con el dedo acusador antes y después de su exterminio! ¡Basta ya de prestar artillería argumental a los que luego aprietan el gatillo en plan mafioso en el bar del pueblo! Toda la rabia se tiene que proyectar el próximo 13 de mayo, para empezar a acabar con este estado de cosas, para que la dignidad que ya esta en la calle, empiece a estar en el Gobierno.

TRES REPROCHES DE LOS SOCIALISTAS VASCOS AL PNV
Editorial El Mundo  22 Marzo 2001

Una sociedad al borde de la «confrontación»

Javier Rojo, secretario del PSE en Alava, formuló ayer un durísimo alegato contra el nacionalismo que, a su juicio, ha llevado al País Vasco al borde de «una confrontación civil porque la convivencia ya está rota». Rojo culpó al PNV de estar «alimentando a la bestia» y afirmó que su estrategia no le va a salir «gratis». Rosa Díez llamó a una «revolución cívica y social» en las urnas el próximo 13-M para proteger la vida y las libertades de todos los vascos. Manuel Huertas, secretario del PSE en Guipúzcoa, denunció a los «cómplices» de ETA, que son quienes dan «cobertura ideológica» a los asesinos. «La situación es gravísima, mucho peor de lo que se cuenta», dijo Rojo, que comparó la realidad vasca con la de la Alemania nazi. El hastío y la indignación de los dirigentes socialistas son muy similares a los de muchos ciudadanos vascos que piensan como ellos pero no se atreven a decirlo.

Un Gobierno «inepto» e «irresponsable»

El Gobierno de Ibarretxe concitó ayer las críticas de los principales líderes socialistas vascos. El más contundente fue de nuevo Rojo, que acusó al Ejecutivo de Vitoria de «inepto» e «irresponsable». Rojo pidió a Ibarretxe que defienda a las víctimas en lugar de lamentarse. «Las lágrimas son siempre por nosotros y nunca por ellos», afirmó. Dimas Sañudo, portavoz del PSE en el Ayuntamiento de Bilbao, fue también muy expresivo: «No puede ser que nos den muestras de condolencia y que luego permitan las manifestaciones de Haika». Rosa Díez mostró su decepción con el Gobierno vasco y pidió a Ibarretxe que deje de lamentarse y salga a detener a los etarras. Ayer, Javier Balza, consejero vasco de Interior, anunció que todos los cargos electos del PSE tendrán escolta policial a partir de ahora, una medida necesaria pero que desgraciadamente llega demasiado tarde.

Una «tercera vía» que lleva hacia la nada

Manuel Huertas, uno de los dirigentes socialistas más proclives al entendimiento con el PNV, se manifestó ayer de forma concluyente contra la posibilidad de una «tercera vía». Huertas dijo: «O hay diálogo con ETA o hay diálogo contra ETA». El diálogo contra la banda terrorista requiere «el mantenimiento del Estado de Derecho», que, según sus palabras, es la única plataforma sobre la que se pueden unir los demócratas. Huertas se negó a cambiar el lema de la manifestación celebrada anoche en Lasarte -«ETA no, cómplices tampoco»-, que había provocado las críticas de militantes guipuzcoanos del PNV. El asesinato del concejal ha provocado el cierre de filas de los socialistas vascos, que ven cada día con más escepticismo la posibilidad de un acuerdo postelectoral con los nacionalistas. Las palabras de Huertas, que era uno de los partidarios de esta opción, dejan traslucir un fuerte desencanto con la actitud del PNV.

Euskadi-Europa
Editorial El País   22 Marzo 2001

En el hipotético caso de reunir todas las demás condiciones, Euskadi no pasaría hoy el control de calidad democrática que se requiere para acceder a la Unión Europea. Porque, como refleja el informe presentado ayer ante el Comité de Ministros del Consejo de Europa por el comisario de Derechos Humanos, Álvaro Gil-Robles, en el País Vasco hay ciudadanos que ven restringidos sus derechos y libertades por sus ideas no nacionalistas, y el Gobierno vasco no hace lo necesario para evitar esa situación. Se puede decir con palabras más diplomáticas, como efectivamente lo dice el informe, pero ésa es la realidad que los ciudadanos que la padecen han transmitido a Gil-Robles y el comisario ha reflejado en un documento cuyo contenido esencial fue respaldado ayer unánimemente por los representantes de los 43 países miembros del Consejo.

Se comprende que los nacionalistas vascos, que llevan 20 años gobernando en Euskadi y que fueron fundadores del movimiento europeísta hace más de medio siglo, se sientan desconcertados ante ese respaldo, que es una condena de su pasividad. Pero lo que dice el informe no es un secreto oculto a la opinión pública: es lo que casi cada día reflejan los medios de comunicación, denuncia la oposición en el Parlamento de Vitoria y exponen las asociaciones cívicas que defienden los derechos humanos. Otra cosa es que algunas personas prefieran cerrar los ojos.

El domingo pasado, el diputado Anasagasti calificaba el informe de 'panfleto antidemocrático' y consideraba su contenido 'un golpe bajo y sucio' contra el Gobierno vasco y el PNV. Pero un día después el alcalde nacionalista de Bilbao se veía obligado a pedir explicaciones a los responsables del departamento vasco de Interior, que habían autorizado una manifestación en protesta por las detenciones de miembros de Haika y no habían sido luego capaces de impedir que los manifestantes provocaran destrozos en la ciudad tras aprovisionarse de artefactos incendiarios en plena calle y ante la vista de quienes no tenían los ojos cerrados.

Las recientes detenciones de los jefes de Haika fueron calificadas por la dirección del PNV de 'garzonada' que obedece a un 'impulso político'. No parece descabellado suponer una relación entre ese tipo de descalificaciones de la actuación judicial y la sensación de impunidad con que actúa la rama encapuchada de la violencia organizada. En Euskadi, jóvenes forjados en la impunidad de la kale borroka consideran legítimo asesinar a concejales del PP o del PSOE. Gil-Robles lo constata y Europa lo condena; eso es todo.

De Ermua a Lasarte
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 22 Marzo 2001

Si Ermua marcó un hito en la toma de conciencia frente a la barbarie de ETA, Lasarte puede ser un punto de inflexión frente al miedo. ¿Qué le permite al cronista pensar así? Al día siguiente del asesinato de Froilán Elespe, las paredes de Lasarte amanecieron llenas de pintadas. Es una reacción inédita quizá favorecida por el hecho especial de que este crimen se haya producido en una población mayoritariamente socialista. Si en todas partes los demócratas —sean mayoritarios o minoritarios— están aguantando estoicamente o, con más precisión, heroicamente, el hartazgo parece mayor en aquellas ciudades o pueblos donde son la mayoría. Como en el socialista Lasarte.

Los cambios sociales vienen anunciados casi siempre con signos escasamente retóricos, vinculados a la cotidianidad, como esta especie de plante público frente a los etarras y sus cómplices. Uno tiene la impresión de que van a comenzar a cambiar las cosas: había algo nuevo en la escena que se mantuvo entre el hijo de Froilán, desde el balcón del Ayuntamiento, y el pueblo de Lasarte. Parecía que se anunciaba la nueva situación que puede crearse en el País Vasco a partir del 13 de mayo. Si ese día se mueve en favor de la paz la gran parte de ese treinta y tantos por ciento que no se ha negado a contestar a la encuesta del CIS, se habrá dado un vuelco en la relación de fuerzas. Las pintadas con las que amaneció Lasarte el miércoles no anuncian violencia, porque los ciudadanos de bien que votan al Partido Socialista y al Partido Popular, los no nacionalistas, entienden España como organización de la solidaridad y de la paz. Hay un viento nuevo. Es la esperanza, bien fundada, de la victoria en las próximas elecciones. De Ermua a Lasarte el recorrido ha sido penosísimo, pero al final todo el País Vasco será Lasarte. Una mayoría constitucionalista.

Clima de rebelión ciudadana
Editorial La Razón  22 Marzo 2001

La sucesión de asesinatos, amenazas, chantajes e intimidaciones, en lo que ayer calificábamos como proceso de «limpieza política» de los no nacionalistas en el País Vasco, ha llegado a un punto en el que la indignación ciudadana ha superado a la tristeza por la repetida tragedia del terrorismo. Ayer, varios dirigentes políticos hablaban claramente de la necesidad de una rebelión cívica para plantar cara a la dictadura mafiosa de los terroristas y de quienes utilizan a los pistoleros para acogotar a sus vecinos, con el objetivo nada disimulado de llevar al exilio o a la desesperación a todo disidente del independentismo.

    El tensísimo pleno de Lasarte, en el que el público ya no se contuvo e increpó airadamente a los voceros proetarras cuando intentaban explicar el porqué de su ignominiosa incapacidad de condenar la muerte de un compañero de Corporación, ha sido el último síntoma. Ya antes, especialmente con la sublevación moral que produjo el asesinato de Miguel Ángel Blanco, los proetarras pudieron darse cuenta de que no les salía gratis su impunidad y su chulería. Ahora, el clima de respuesta hacia ellos es similar, porque la evidencia de su responsabilidad en el terrorismo impulsa a numerosos sectores a exigir su aislamiento social, cuando no su persecución judicial si procede.

    Por fortuna para los terroristas y sus cómplices, y también para el sistema de valores democrático, la rebelión ciudadana es pacífica, y así lo deseamos fervientemente. Pero igualmente es clara y contundente: el rechazo moral ante la vesania del terror y la revolución democrática para acabar con la dictadura del miedo que Eta y su entorno quiere imponer.

    El Estado (del que forman parte las instituciones autonómicas) no puede ceder en su responsabilidad de proteger a los ciudadanos. Y éstos saben que una parte del Estado ha mostrado su incompetencia en la protección de sus vidas y de sus intereses. Por ello es legítima la indignación ciudadana.

    Existe una fractura civil en el País Vasco, pero no se explica ésta, como hacen algunos nacionalistas, por la existencia de dos bandos equivalentes. En un lado de la trinchera están los que matan y, en el otro, los que mueren. No tienen la misma calificación moral, porque unos imponen su odio y otros sólo batallan por la libertad conculcada.

    Algunos pensarán que Eta logra sus propósitos al llevar a la sociedad vasca a este umbral de confrontación. Que no se equivoquen: no hay guerra entre vascos, sino agresión de una minoría de canallas fundamentalistas contra una mayoría de víctimas inermes que sólo desean vivir en paz y a las que se les niega ese derecho elemental salvo que se rindan, se vayan de su tierra o cedan a la locura soberanista.

    La manifestación de ayer fue, al fin, clara: contra Eta y sus cómplices. Los terroristas tienen que saber que la calle no es suya, sino de los ciudadanos. Que si quieren la calle tendrán que matar a todos los que no piensan como ellos. Por eso éstos gritaron muy alto, aunque su verdadero grito por la libertad tiene que darse en las urnas del 13 de mayo. Contra Eta y sus cómplices. Contra Eta y lo que quiere Eta. Contra Eta y contra quien no quiere luchar contra Eta.

Una golondrina no hace verano
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 22 Marzo 2001

Está muy bien que Zapatero diga que no piensa hablar, pactar o regatear con los asesinos de sus compañeros, ni tampoco con sus cómplices, se supone que en referencia al PNV. Está muy requetebién. Pero estaría mejor que no se guardase sólo la severidad para los días de entierro, que son muchos y nos quedan demasiados. Y estaría francamente bien que, a ser posible, se plasmara en una política coherente del PSOE, no sólo en materia antiterrorista, donde Zapatero ha avanzado mucho con respecto a González, sino en materia nacional, en todo lo que se refiere a España. Porque ahí es donde apuntan los criminales y esa es la plaza que hay que defender. Lo demás, son adornos.

A los del PSOE no los matan por izquierdistas, ni por ser socialistas, ni por venerar a Indalecio Prieto, a ver si se les mete esto en la cabeza a sus dirigentes y hasta a sus afiliados. Los matan por ser españoles, por pertenecer a un partido español. A los etarras les da igual que sean de izquierdas, de derechas o de centro. Los matan porque no encajan, al contrario, impiden y dificultan decisivamente el desarrollo de su proyecto separatista y discriminador, esa Euskonazilandia apalabrada en Estella. Frente a eso, lo que el PSOE necesita es definir de una vez la E. Porque no es casualidad que los más amigos del diálogo y los besuqueos con el PNV, los cómplices de los asesinos, sean precisamente los que, como Maragall, más ascos le hacen a la idea de España. Lo de los nacionalistas acomodados en el PSOE es un chollo electoral y además es coherente desde el punto de vista intelectual. Lo de Zapatero, ni una cosa ni la otra.

El coraje necesario
Por Ignacio Villa
Libertad Digital 22 Marzo 2001

El coraje también forma parte del bagaje que un político tiene que utilizar en momentos determinados. Tiene que ser siempre el recurso de un político que tiene la obligación de reaccionar con medidas extraordinarias ante situaciones extraordinarias. Y es ese coraje, precisamente, el que va a ser imprescindible en el futuro del País Vasco desde las filas populares y socialistas, si de verdad quieren buscar una salida a la situación.

La crítica situación política que se vive en las instituciones vascas exige un gesto especial y diferente por parte de los dos grandes partidos nacionales. Por el momento, hay que reconocer que la experiencia es buena. El PP y el PSOE ya saben lo que es gobernar juntos. Ocurre en Álava, donde el PP gobierna en diversas instituciones gracias a los apoyos socialistas; y ocurre en San Sebastián –a pesar de Odón Elorza–, donde gobiernan los socialistas gracias al PP. Son dos ejemplos que sirven para guardar un punto de esperanza. El entendimiento es posible, ya ha sido una realidad y no ha pasado nada.

Por el momento, desde el PP llegan mensajes de buena disposición para llegar a acuerdos con los socialistas. Desde el PSOE empiezan a llegar también esos mensajes, pero con un ruido de fondo de disconformidad de algunos sectores que prefieren gobernar con el PNV.

Con esta situación interna, la cuestión vasca se convierte en una prueba de fuego para el líder socialista, José Luis Rodríguez Zapatero. Aquí no valen medias tintas, no es suficiente con mantener una opinión personal clara y alta sobre la necesidad de entenderse con el PP. Además, Zapatero debe conseguir la cohesión interna sin mirar de reojo a los “barones” y sin miedos a las críticas de algunos socialistas vascos. Debe hacerlo con la seguridad de que una actitud responsable será beneficiosa para su futuro y para el partido socialista.

Zapatero, en el País Vasco, deberá demostrar ese punto de coraje necesario para conocer el fondo de un político. En el País Vasco, no valen los cambios de actitud y de opinión. Es la primera línea de fuego.

Asumir la realidad
JOSEP RAMONEDA El País 22 Marzo 2001

Todas las informaciones hacen hincapié en que Froilán Elespe no llevaba escolta. No quería llevar escolta. Los papeles encontrados en las últimas detenciones no dejan lugar a dudas: los concejales del PP y del PSOE son todos objetivos prioritarios de ETA. Más concretamente: a ETA le ha sentado muy mal que el PSOE haya propiciado el pacto antiterrorista con el PP, por más que los amantes de las teorías conspirativas insistan en que el acuerdo PP-PSOE hace el juego a ETA y conduce al escenario de confrontación soñado por la organización terrorista. Los dirigentes del PSOE acababan de advertir a todos sus concejales del enorme riesgo en que estaban. El edil Elespe -como otros- se mantuvo en su negativa. Y le mataron. Es un ejemplo trágico pero transparente de la dificultad de asumir la realidad de la situación vasca que sufren muchos ciudadanos, incluidas algunas víctimas potenciales.

Froilán Elespe era un hombre del pueblo de toda la vida. Se sentía parte del ambiente y del paisaje. Había estado en todas las movidas desde el antifranquismo hasta hoy. Se relacionaba con todo el mundo, no podía o no quería admitir que le pudieran matar y menos en su pueblo. Por eso no quería escolta. Por eso poteaba todos los días a la misma hora en el mismo bar. Es lo que hace la gente normal. Froilán Elespe no podía entender que él no fuera gente normal. Llevar escolta la parecía un insulto para sus convecinos, sin pensar quizás que alguno de los que se encontraba cada día podía pasar información a ETA para que le matara. Es duro llevar escolta. Genera culpa, porque es inevitable pensar que al protegerte tu estás desplazando al riesgo a otro: es imposible dar protección a todo el mundo. Crea una agravamiento de responsabilidad, porque es inevitable pensar que tus acompañantes forman un mismo blanco contigo. Y cambia la vida, quieras o no, los hábitos se modifican, la libertad y la privacidad se limitan.

Pero la realidad vasca es así: hay unos que están amenazados y otros que no. Hay un grupo terrorista que siembra el terror y consigue el miedo y la ceguera, como confirma un dato estremecedor de la última encuesta del CIS: sólo un 14% dice recordar que votó al PP o al PSOE en las últimas elecciones. Es esta realidad vasca la que Froilán Elespe se resistía a aceptar rechazando la escolta, quizás porque a veces es necesario engañarnos a nosotros mismos para poder seguir viviendo. En este caso, junto al engaño esperaba la muerte. No sólo el PNV se engaña -y engaña- sobre la realidad. También las víctimas potenciales, quizás porque la realidad es demasiado insoportable. La diferencia es que el PNV convierte el engaño en doctrina y en ideología.

La realidad que el asesinato de Elespe confirma -y hace tiempo que no hay excusas para no ver lo evidente- es que, como ha escrito Joseba Arregi, todo está construido sobre una gran mentira que ETA pregona y otros repiten. En el eje de la mentira está la noción recurrente de conflicto vasco (o su otra variante: contencioso con el Estado español). El conflicto que hay en Euskadi es el de un grupo levantado en armas contra las instituciones democráticas. Este grupo aprendió durante la tregua que sin su acción armada desaparecía inmediatamente del escenario vasco y que sus objetivos -la construcción de un Estado nacional étnico, para el que algunos están construyendo ya el censo selectivo- eran completamente inviables por vía democrática, como han demostrado una tras otra todas las elecciones habidas hasta el día de hoy. El PNV engorda la mentira etarra cuando dice que comparte con ellos los fines y discrepa de los medios. Como ha dicho José Luis Rodríguez Zapatero, con este grupo no se pueden compartir fines. Porque sus fines son antidemocráticos y porque los fines no son ajenos a los medios.

Elespe ha pagado con la muerte su resistencia a aceptar la dura realidad. El PNV, negando la realidad o especulando con ella -haciendo suyo el conflicto vasco del que se reclama ETA-, contribuye a perpetuar el problema del terrorismo. Ésta es la otra terrible realidad que emerge los días de luto.

La alcaldesa
Por Jaime CAMPMANY ABC  22 Marzo 2001

Quizá muchos de ustedes lo habrán visto en la pantalla de la televisión. La sala de plenos del Ayuntamiento de Lasarte, Guipúzcoa, era un pequeño volcán en erupción que vomitaba improperios y lamentos como centellas incandescentes. Era el pueblo que clamaba con dolor y cólera. Parecía que el estruendo de las voces indignadas iba a terminar por reventar la sala municipal y derribar las paredes. Por Lasarte, hipódromo famoso, galopaban, estremecidos, los caballos del miedo y se desbocaban los caballos de la ira. Otras veces, el pueblo vasco llora y protesta dejando pastar en las calles y en las plazas los tristes caballos del silencio.

Los concejales de Lasarte se disponían a aprobar una moción de condena del asesinato de su compañero Froilán Elespe, socialista y teniente de alcalde. Froilán Elespe, 54 años, dos hijos, ciudadano de los de paz y trabajo, fue asesinado a bocajarro cuando estaba sentado en un bar, tomando un aperitivo que sería el último de su vida, inerme y solo, sin otra arma que la tranquilidad de conciencia. Lo mataron en silencio y sin riesgo. Dos tiros de una pistola con silenciador le atravesaron la cabeza. El asesino salió a la calle y se alejó tranquilamente. Eso es lo que sucede casi a diario en el País Vasco. «Ven y cuéntalo». Cuando Antonio Mingote escribió eso en una viñeta con un hombre asesinado, los del PNV quisieron llevarlo a los tribunales. Ese es el PNV. En vez de llevar a los tribunales a los etarras y a los herribatasunos, quieren llevar a Antonio Mingote.

La noche anterior, Froilán Elespe había rechazado la escolta para su protección. «No voy a cambiar mi vida», dijo. Y él había dedicado la vida al servicio de sus vecinos. ¿Por qué iban a matarlo? ¿Quién podía querer matarlo? Nada tenía que temer, y nada quería temer. Pero los etarras matan sin porqué y sin motivo, sin más motivo que el de sembrar el miedo, el de espolear los caballos del miedo. De la mesa presidencial colgaba un retrato del teniente de alcalde que recordaba la silla vacía. Todos los concejales, a la derecha o a la izquierda, aprobaban la censura y la protesta por el asesinato inexplicable e inútil del compañero. Todos, no. Como siempre, los ediles de Euskal Herritarrok, buitres que se alimentan de muertos y llenan las urnas con los votos del miedo, no condenaban el asesinato. ¿Cómo iban a condenar el crimen los cómplices y los beneficiarios del crimen?

Fue entonces cuando se desató la ira del pueblo. Era una provocación excesiva ante los familiares del asesinado, los compañeros, los amigos, la gente del pueblo, la hermosa gente del pueblo, harta de sangre y luto, que apartaba a un lado el miedo y se encaraba con esos que señalan con el dedo a las próximas víctimas. ¿Cómo iban a condenar lo que ellos patrocinan? Las miserables palabras de excusa, siempre las mismas, repetida cantilena de complicidad tácita y cobarde, iban a ser leídas por una mujer joven, con la palidez de la Muerte en el rostro y el odio en los ojos. Era una proetarra de sangre fría como las culebras.

No la dejaron leer. «¡Fuera, fuera, fuera!», «Sin pistolas no sois nada», gritaba el pueblo. Los proetarras aguantaban aquel aluvión y miraban a los que gritaban, tal vez tomando nota de las identidades. El Pleno lo presidía una mujer joven, vestida de negro, socialista también, como Froilán el asesinado. Y aquella mujer, alcaldesa ejemplar, intentaba alzar la voz por encima del estruendo para defender el derecho a hablar de los cómplices de los asesinos. Su nombre: Ana Urchueguía, fuerte vasca. Conmovedora y terrible lección de democracia. España ha sido siempre país de alcaldes singulares y memorables, alcaldes para la Historia y para el mito. Ahora lo es no sólo de alcaldes: también de alcaldesas.

País Vasco, donde lo real y lo aparente, al fin, coinciden
Por Jose Antonio ZARZALEJOS ABC   22 Marzo 2001

La única razón que permite alentar un cierto optimismo ante las elecciones autonómicas vascas del próximo 13 de mayo es que el PNV y EA no han conseguido la impunidad política que buscaban tras firmar con ETA y EH el pacto de Estella en septiembre de 1998.

Como escribí el 22 de agosto del pasado año, la historia del nacionalismo ha tenido un hilo conductor permanente: el oportunismo, el abandono del barco cuando se estaba hundiendo, la actitud aldeana de tirar la piedra y esconder la mano, la cobardía de no afrontar sus decisiones hasta el final. En definitiva: la simulación.

Una simulación que ha llegado hasta el siglo XXI y gracias a la cual el propio fundador del PNV, Sabino Arana y Goiri, ha logrado ser presentado como un «hijo de su tiempo» repleto de sensibilidad democrática. Esta monstruosidad histórica ha sido una ficción mantenida no sólo por la nueva derecha del inicio de la transición, sino, con más ímpetu todavía, por la izquierda. Arana, racista, integrista y totalitario, no fue hijo de su tiempo sino una desgracia para la historia vasca por mucho que con su evocación deambule una fundación que otorga premios a «amigos» que van desde una magistrada al ex director general de la UNESCO.

SABINIANOS
Los dirigentes nacionalistas actuales tampoco son hijos de su tiempo. Muy por el contrario, lo son del fundador de su partido y responden a la destrucción de su pueblo —por ellos provocada— con el mismo argumentario sabiniano de finales del siglo XIX. Desde entonces hasta ahora, sin más producción teórica que la visceralidad etnicista y excluyente, han ido sorteando los avatares de la historia a base de engaños permanentes e impunes.

De ese engaño burgués, taimado, acomodaticio, surgió ETA como una contestación a la misa en el batzoki, el pote en la taberna, el mus con los amigos y la comida en el «txoko», todo ello debidamente acompañado de un victimismo hipócrita compatible con cuentas corrientes saneadas y el codeo con unos y con otros exhibiendo patente democrática mientras comprendían a «esos chicos», suponían que las víctimas «algo habrán hecho», para concluir que ellos temen más a la España que parasitan que a la ETA que asesina a aquellos que en el País Vasco quieren ser, sencillamente, hombres libres sin militar en el nacionalismo.

CAÍN Y ABEL
De no haber mediado algunos acontecimientos —la renovación en el PSOE, la política del Gobierno, el aislamiento internacional, el pacto antiterrorista, entre otros— a estas alturas el PNV se presentaría a las elecciones vascas como el partido «moderado» y «vertebrador». La impostura ya no es posible porque su debilidad ante los terroristas, y muy en particular, su erróneo cálculo de que ETA les perpetuaría en el poder a resultas de una paz con precio, les ha llevado a una total y absoluta subordinación a la banda. Cierto que para que eso ocurriese ha tenido que aparecer en escena un simulacro de lehendakari, un individuo moralmente vacío como Egibar y un viejo y resentido líder con oratoria de púlpito que ha llegado al ocaso de su vida política lanzando improperios desde las tribunillas improvisadas los domingos con motivo del revoque de la fachada de un batzoki o la instalación de una cafetera en una Junta Municipal de su partido. O sea, la decadencia.

Pero se ha hecho la luz: los dirigentes del PNV están con ETA porque ya no tienen oportunidad de estar con nadie más; porque han ido tejiendo con ella una complicidad moral indestructible; porque sin ETA, sin «conflicto», no son más que un pequeño partido sin nación. Lo ha dicho Arzalluz con esa estúpida sinceridad de los despechados: Caín (ETA) y Abel (PNV) comparten los mismos sueños. Los dirigentes nacionalistas han superado el episodio bíblico y han fundido a Caín y Abel en un mismo propósito. La metáfora de Arzalluz era muy propia: entre hermanos, no se mata. Un concejal socialista o del PP, un político de esos partidos, un empresario, un militar, un policía, un mosso d´escuadra o un «español», son víctimas del irredentismo, ineluctables, inevitables y, por lo tanto, naturales, lógicas, porque este es un «conflicto» inveterado entre España y Euskadi como con supina ignorancia histórica balbuceó Ibarretxe en su última rueda de prensa en el Palacio de la Moncloa.

PLENA CLARIFICACIÓN
Si ETA les garantiza su seguridad —y lo ha hecho—, si ETA les asegura el voto del miedo —y se lo garantiza—, si ETA asesina en nombre de sus mismos fines —que lo hace— y si ETA merece un precio por dejar de matar como botín del nacionalismo, ¿cómo es posible que el PNV no esté con ETA? Superada la indecencia moral y tranquilizada la epidermis de la conciencia autoconvenciéndose de que el asesinato es un factor de la política, todo está claro y hasta resulta macabramente coherente.

Afortunadamente, pues, hemos llegado —gracias a la democrática y ética intolerancia de los españoles, del PP y del PSOE— a una plena clarificación expuesta con pasmosa parsimonia en el programa electoral del PNV y EA: referéndum, autodeterminación, negociación con ETA, federación con Navarra y asociación con la llamada Iparralde, es decir, el País Vasco francés. O sea: lo que también quiere ETA con pequeños matices ideológicos. El PNV desearía una suerte de autoritarismo burgués que tratase a los «españoles» allí como «alemanes de Mallorca» y los etarras, por el contrario, intentarían imponer una Albania rediviva. Pero no es cuestión de discutir el futuro, muy lejano, y en tanto llega, montémonos en el «conflicto» de la «violencia» con raíces «políticas e históricas» y sigamos observando la limpieza étnica de los discrepantes. Efectivamente, los muertos no votan.

REALIDAD Y APARIENCIA
El juego está al descubierto también porque el embuste ha tenido unos contradictores implacables: los intelectuales, o por mejor decir, el mundo de la inteligencia, de la creación, del humanismo. Ha sido un grupo de gente comprometida con la libertad el que ha desbaratado la impostura. Como siempre, los que desprecian a los «inútiles» que piensan están condenados al fracaso. Y si algo ha brillado por su ausencia en el nacionalismo ha sido la reflexión y, en su caso, un mínimo arrojo. Que Joseba Arregui, por ejemplo, se retire de la vida política responde también al patrón de nacionalista pensante: se va, sin hacer ruido, preconizando entendimientos, escribiendo en los periódicos teorías alambicadas, pero sin dar ni una sola batalla para recuperar al caquéctico nacionalismo de su postración moral. Ni sus supuestos disidentes lo son en realidad, como ayer mismo Arzalluz, con la prepotencia caudillista que le caracteriza, recordaba a Joseba Arregui, al que tildaba de «falso» e «irresponsable».

La inversión de valores en el País Vasco, sin embargo, ha hecho su efecto. Hasta tal punto que permite espejismos sostenidos por la frustrante observación de algunos sectores económicos, empresariales, eclesiásticos, periodísticos y culturales que, con mayor o menor convicción suponen que la situación no es tan dramática. No se sabe cuántos asesinatos, destrucciones y coacciones serían necesarios para que esos sectores se metiesen «en política», apostasen, se comprometiesen en la salvación del País Vasco. Sobrecogen algunas falsas ecuanimidades, amanerados institucionalismos y cobardes desentendimientos de los dramas que allí se suceden. Si esa energía aparentemente neutra —que es positiva para el nacionalismo— no reacciona como lo han hecho los partidos políticos constitucionalistas y los intelectuales honestos, tendrán graves responsabilidades. La primera, la de su propia destrucción, porque el nacionalismo lamina todo aquello que no le es enteramente propio. Después, la responsabilidad de no haber estado con esa enorme víctima del miedo y la coacción que es la sociedad vasca.

ORFANDAD ÉTICA
Desenmascarado el PNV sin disimulo alguno, ser o no ser, esa es la cuestión. Vencido el engaño hasta para el más obtuso, el nacionalismo vasco, en sus actuales formulaciones, aparece nítido en su orfandad ética, en su máxima debilidad moral alcanzada por la fraternidad con el terror inhumano que le ha hecho perder su gran oportunidad histórica. Pero si por la pertinencia en el error o por la fuerza indomeñable del miedo, la mayoría de los vascos quieren suicidarse el 13 de mayo, revalidando su confianza en el nacionalismo destructor de Estella, lloraremos, pero no podrán aducir que las cosas no eran como parecían. Porque ahora, en el País Vasco, las cosas son, justamente, como parece que son. Esa coincidencia entre lo aparente y lo real -el nacionalismo vasco actual como sustrato del terrorismo etarra- no había ocurrido nunca en la historia. Ya nadie puede llamarse a engaño porque la impostura se ha desvanecido.

El espíritu de Lasarte
Por Enrique de Diego Libertad Digital  22 Marzo 2001

Decía Karl Popper que las dictaduras son intrínsecamente malas porque convierten el ejercicio de la responsabilidad en un acto de suicidio. La alcaldesa de Lasarte describe una situación de dictadura con derivaciones que van más allá de los comandos. El pleno del Ayuntamiento de Lasarte de condena del asesinato de Froilán Elezpe es una clara muestra de que quienes viven más de cerca tan terrible problema consideran que en las sedes de Eh se desarrollan labores logísticas directamente relacionadas con los asesinatos, que son comandos legales. La propia Ana Urcheguía explica el clima de preocupación previo respecto a la seguridad de los ediles por la aparición de pintadas y de llamadas intimidatorias, lo que indica una actuación coordinada en la que los límites del entorno etarra aparecen difusos o son inexistentes.

Una de las medidas derivadas de este asesinato será que todos los cargos del PSE llevarán escolta. Aunque sea una norma de prudencia, lo que hacía Froilán era reivindicar la normalidad. Es absolutamente anormal que todos los cargos de la oposición hayan de ir escoltados (los del gobierno nacionalista, no necesitan protección), que ejercer la libertad de pensamiento implique un riesgo para la vida, como es absolutamente normal y anormal al mismo tiempo que entre el 40 y el 50 por l00 de los vascos tengan la prudencia de no manifestarse en una encuesta.

Todo esto es, desde luego, un fracaso notorio del nacionalismo, que está costando muchas víctimas. El terrorismo se ejerce en nombre del nacionalismo. El entorno etarra ha sido financiado esta legislatura por los presupuestos públicos. Vuelvo a Popper, el asesinato de Froilán, como los anteriores, es la contrastación de que en nombre de una ideología se asesina y eso afecta a la ideología en cuanto tal, pone en la pista de que hay algo en la doctrina que, en ciertas condiciones, en dosis máximas, produce patentes asesinos y psicópatas de una infinita cobardía.

Una democracia no puede basarse en el derecho de resistencia frente al totalitarismo, y al heroísmo de personas cuya vida pende de un hilo desde la mañana hasta la noche. Ninguna democracia puede consentir en su seno una banda organizada o un partido político que actúe como tal, y me parece que ese “unos informan, otros aprietan el gatillo, otros lo consienten y todos son cómplices” de la alcaldesa de Lasarte se refiere a Eh. Y si eso es así, y lo es, algún día, dejándose de falsos progresismos, y de buenas palabras ante las víctimas, habrá que asumir el debate de que no puede ser legal lo que no lo es: un partido que presta su concurso al asesinato no puede ser legal y utilizar para el crimen los beneficios del sistema. No que no lo condena, sino que puede generar el clima de amedrentamiento previo, el clima psicológico para el crimen e incluso pasar la información. No se puede convertir el ejercicio de la responsabilidad en un acto de suicidio porque eso es ya aceptar la dictadura de los matones, opinen lo que opinen sus aliados, Arzalluz y su acólito Ibarretxe.

A todos no, Sr. Ibarretxe
Iñaki EZKERRA La Razón 22 Marzo 2001  

«Eta nos está matando a todos». La frase es de Juan José Ibarretxe y la soltó ante los medios de comunicación tras el asesinato de Froilán Elespe, el concejal socialista de Lasarte. No sé si con ella pretendía decir que se unía al dolor de la familia democrática, que «se sentía simbólicamente también asesinado en ese hombre» o si lo que intentaba es pasar por amenazado de la banda terrorista y parafrasear la idiotez que soltó su correligionario Rubalcaba en el Parlamento Vasco hace unas semanas: «Los nacionalistas nos hemos jugado el bigote».

    Y es que, además del asesinato y del afeitado simbólicos que los nacionalistas dicen padecer, en Euskadi hay personas que son asesinadas y desbarbadas de verdad, literalmente no simbólicamente. Eta no está matando a todos. A todos no, Sr. Ibarretxe. Eta está matando a los que no son nacionalistas, a los que se oponen a su chantaje y al proyecto soberanista que usted comparte con los asesinos de Froilán Elespe.

    Eta, Sr. Ibarretxe, dejó bien claro en un comunicado quiénes corrían peligro en Euskadi. Eta les dijo a usted y a los de su partido, públicamente, que no iban a correr ningún peligro, que no iban a ser sus objetivos, que durmieran bien tranquilos. Y ustedes, en efecto, duermen bien tranquilos y siguen sin romper sus lazos ideológicos y estratégicos con los terroristas o con sus portavoces políticos. Siguen haciendo el paripé en los funerales mientras insisten en que le demos algo a Eta, como quien se metiera en medio de un atraco callejero y le dijera «desinteresadamente» al transeúnte amenazado con una pistola que «le entregara la cartera al atracador voluntariamente». Eso es usted, Sr. Ibarretxe, un tipo metido en medio de un atraco pidiéndonos que le entreguemos a Eta o a usted, si nos es más cómodo, la cartera de la autodeterminación voluntariamente.

    Un tipo en medio de un atraco que habla con el atracador y que queda con él para verse luego a la vuelta de la esquina y repartir el botín. No. No diga que Eta le está matando. No lo diga ni simbólicamente. Porque o se burla de las víctimas o padece un desequilibrio más grave que el de aquel concejal del PP que fingió ser secuestrado. Ustedes, los nacionalistas, sufren un «síndrome de Bartolín» agudo. A fin de cuentas Bartolín corría un peligro real por ser del PP. Ustedes ni eso.

    En un artículo publicado ayer en la prensa vasca, José Luis Zubizarreta escribía que «llegará el día en que alguien utilizará, modificada, la antigua frase para dirigirse a los nacionalistas: ''algo habréis hecho para que no os maten''». Ya sólo les falta a ustedes, Sr. Ibarretxe, ponerse escolta para esquivar esa frase. Lo harán. Su desfachatez da para eso y para mucho más.

Euskadi, en negro y sangre escrita
Julián LAGO La Razón   22 Marzo 2001

Sin pistolas no son nada / y todo es la palabra. /
    Que la muerte es la nada, / negro agujero sin vida / de pólvora reguero / y odio inoculado / junto a las chimeneas / en irredento fuego, / o ensordecedor silencio / de ruido enculatado / que de tarde en tarde, / como si no importara, nos tiñe el alma de luto y metralleta. /

    Sin pistolas no son nada / y todo es la palabra. /

    Que no son pueblo en armas /, ni son nobles gudaris / en una guerra incierta / que disparan de frente / ni siquiera son héroes / de inacabada épica /, ni, por no ser, no son / ecos mudos del verso / de Otero, que pedía la voz y la palabra, ni retrato de exilio y sepia de Celaya. /

    Sin pistolas no son nada / y todo es la palabra. /

    Que son noches acíbares / del poema de Amaia, / acaso la pesadilla / de la que nunca despertaron / de las guerras carlistas / que con pistolones de odio, / ensombrece los montes / en medio de albañales, / en medio de cánticos / funerarios y rituales que anuncian catafalcos. /

    Sin pistolas no son nada / y todo es la palabra./

    Que la palabra apunta / sin matar frente a pendones / de hachas y serpientes / que, una vez comulgados / desenfundan y matan / Ite misa est, tañen / los bronces siempre / desde los campanarios / en cómplice arrebato que, para quienes víctimas se saben, resulta premonitorio. /

    Sin pistolas no son nada / y todo es la palabra. /

    Que son milosevics del norte / en étnica limpieza, / talibanes que matan / a los dioses de piedra / actores de un reparto / en blanco, negro y mudo / que, en mítica impostada, / sueltan a bocajarro / las heces de la ira y al cinturón apuntan la muesca de otra inanidad, otra. /

    Sin pistolas no son nada / y todo es la palabra. /

    Que son crías ofidias / de huevos de serpiente / por otros incubados / en nombre de la historia / que nunca Historia fue, / en nombre del dinero, / en nombre del infierno / que yerma hacen la tierra / allá por donde anidan y expanden su veneno que todo lo enlodece. /

    Sin pistolas no son nada/y la palabra es todo. /

    Que son hampones, sí, / de razones inermes, / que cumplen el encargo / en la esquina apostados / y el gatillo bien presto / bajo las gabardinas / con que otros cobardes / ocultan sus miserias, / sus discursos de patria y extienden a los deudos sus falsas y hueras condolencias. /

    Sin pistolas no son nada / y la palabra es todo: / Euskadi herida, / metáfora política / escrita en sangre y negro, en negro y sangre escrita. /

Que no cunda el pánico
José A. SENTíS La Razón  22 Marzo 2001

Después de oír la tímida explicación gubernamental de la encuesta del CIS sobre las elecciones vascas, comprendo que algunos de los militantes de los partidos no nacionalistas cayeran en la angustia. Si, minutos después de la difusión de los datos, el sector constitucionalista perdía otro voto por el expeditivo método del tiro en la nuca, la jornada no podía parecer más descorazonadora. Por esto, por el crimen, puedo compartir el sentimiento de indignación, más que el de desmoralización; por lo primero, por el futuro de la sociedad vasca, no tanto.

    La encuesta del CIS, en efecto, revela una tendencia subterránea pero decisiva al cambio. Y no se trata de un optimismo iluminado, sino de datos fehacientes. Compartía ayer su interpretación con ese excelente analista político que es Román Cendoya. Porque una cosa es lo que parece decir la encuesta (que el PNV gana y que la suma de los nacionalistas resultaría victoriosa) y otra cosa lo que realmente dice, si se interpreta a fondo y en relación con encuestas anteriores y con los resultados que se han producido tras ellas.

    Primero: el PNV no sólo no crece, sino que retrocede en intención directa de voto, que en este partido se aproxima mucho al que realmente recibe. Véase el ejemplo del año 98.

    Segundo: el PP mejora en ese capítulo, y este crecimiento puede ser espectacular si se considera que el sufragio oculto por el miedo afecta fundamentalmente a esta formación. La prueba está en la amnesia apabullante de los votantes del PP, de los que sólo una cuarta parte «recuerda» haber votado a ese partido ¡hace un año!

    Tercero: el PSOE también crece, sin que sus votos engorden a la otra fuerza no nacionalista, el PP, como temían algunos social-gonzalistas.

    Cuarto: se detecta desánimo nacionalista que puede traducirse en abstención para el PNV. Así lo apunta el aumento espectacular de quienes creen que la situación del País Vasco ha empeorado en esta oprobiosa minilegislatura de Ibarreche; que ven ya el terrorismo como el mayor problema y que rebajan notablemente el apoyo a las posiciones independentistas.

    Quinto: hay escasísima transferencia de votos del abertzalismo extremo al nacionalismo «moderado», pese al soberanismo del programa del PNV, que mina a su electorado tradicional sin conseguir el fronterizo.

    Me he permitido la simulación de resultados atendiendo a las últimas autonómicas y generales. Si se repitieran los votos reales que se produjeron, los no nacionalistas alcanzarían la mayoría de escaños. Es cierto que el obstáculo está en la desmovilización que prosigue al miedo, pero creo más en el triunfo de la convicción por la libertad, aparejada al instinto de supervivencia. Ésa es la principal, aunque no la peor de las trampas dispuestas ante las urnas por el nacionalismo hegemónico y por el egoísmo político: que alguien corra a echar una mano al asfixiado PNV por un inicuo rencor histórico.

Denunciar a los cómplices
Lorenzo CONTRERAS La Razón 22 Marzo 2001

La mera contemplación de lo ocurrido durante el pleno municipal convocado en Lasarte para condenar el asesinato del concejal socialista Froilán Elespe, teniente de alcalde de la localidad guipuzcoana, describe mejor que cualquier estudio el clima de enfrentamiento civil que allí se vive. Pocas veces la indignación, el desafío criminal, el odio, el rencor y el cinismo habrán podido estar tan exactamente reflejados. Entre demócratas y proetarras de EH no había nada que decirse. Sólo faltaba intercambiarse algunos tiros para que la auténtica elocuencia tuviera su oportunidad. Cómo haya sido posible que la víctima mortal del nuevo atentado de Eta viviera completamente de espaldas a su riesgo, sin aceptar escolta en ese mundo implacable, es algo que rebasa la temeridad para situarse en el terreno del suicidio o, si se prefiere, del martirio aceptado. Sus compañeros de consistorio pertenecientes a EH estaban en las mejores condiciones para transmitir a sus verdugos los datos que estos necesitaran para consumar cómodamente la fechoría. La impasibilidad escalofriante que demostraban frente a la indignación de los vecinos es la más concluyente prueba del abismo que se interpone entre dos comunidades, una apoyada en la ley y la otra en las armas.

    La manifestación convocada para protestar por el nuevo asesinato ha elegido por primera vez un lema absolutamente lógico: «Eta no, cómplices tampoco». Nada de insistir en la retórica de contraponer ideas abstractas de terrorismo y libertad. La necesidad de llamar directamente a las cosas por su nombre, prescindiendo de conceptos que ya nada significan a los efectos prácticos, exige un lenguaje desenmascarador. A fin de cuentas, la complicidad con Eta, por muchos grados intermedios que ofrezca, no deja de ser complicidad.

Un PNV vinculado con Udalbiltza, la asamblea (paralela) de electos municipales, es un cómplice. Trabaja por lo que la banda pretende, por lo que fabricó el pacto de Estella/Lizarra, por el documento de identidad vasco, por una legalidad alegal que introduce, en tiempo de elecciones, el factor separador de dos comunidades, distinguiendo entre vascos de garantía y vascos de imitación. Esa línea arbitraria que certifica testicularmente quiénes tienen derecho a vivir tranquilos y quiénes han de encomendarse a la protección divina es la más acabada definición de una guerra civil. La sociedad vasca bien lo sabe. Y aquellos ciudadanos que en la última encuesta del CIS pertenecen al porcentaje del llamado «voto oculto», nada menos que un treinta y cuatro por ciento, tienen en su mano, si pueden superar el miedo, la llave del oxígeno. La inhibición por el terror conduce a la cámara de gas, dicho sea casi sin metáfora en unas circunstancias que trágicamente reeditan los peores «ties» del nacional-socialismo.

Heroísmo cotidiano
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 22 Marzo 2001

Todos tenemos claro que cuando ETA mata a alguien, nos está matando a todos», dijo el lehendakari Ibarretxe tras el asesinato del concejal socialista Froilán Elespe. No es del todo exacto. Nunca lo son las metáforas, pero el único país en el que no sobra la advertencia es éste, antes de que Rubalcaba llegue a la conclusión de que se ha vuelto a jugar el bigote.

O sea, que cuando ETA asesina de dos tiros en la cabeza a Froilán Elespe Inciarte mata a una persona, a un marido y padre, a un socialista que representaba a sus vecinos, pero no nos está matando a todos, porque ya explicó en su día la organización terrorista quién tenía razones para temerle y quién no.

Pero han matado a un teniente de alcalde socialista en Lasarte-Oria, un pueblo que, desde su constitución como municipio hace quince años, confía con mayoría absoluta el gobierno de sus asuntos municipales a una lista electoral encabezada por Ana Urchueguía y que llevaba como número dos a Froilán Elespe.

El martes supimos todos por qué. El salón de plenos del Ayuntamiento de Lasarte estaba lleno a rebosar de vecinos indignados. Cuando la alcaldesa hubo leído la resolución aprobada por los ocho concejales socialistas, los tres de EA-PNV y el del Partido Popular, los concejales de EH trataron de leer un comunicado para explicar su abstención. Una de las cosas más impresionantes del pleno del martes era el contraste entre la inexpresividad de los tres concejales de EH, su estolidez, la absoluta falta de emoción y de piedad en sus miradas. Uno de ellos fue compañero de servicio militar de Froilán Elespe, le conocía desde hace más de treinta años, pero al parecer no es esa una razón para que el asesinato de alguien les conmueva.

Entonces vimos cómo Ana Urchueguía, conteniendo apenas las lágrimas y la rabia, pedía para aquellos tres sujetos la libertad de la palabra: «los que queremos la libertad para Euskadi, queremos libertad para expresarnos. Que se den cuenta de cuál es la diferencia entre ellos y nosotros».

Las imágenes que nos ofrecieron el martes por la noche las cadenas de televisión me recordaron otras que tuvieron lugar en Ermua aquel sábado de julio en que ETA asesinó al concejal popular Miguel Angel Blanco y todos descubrimos el coraje, el arraigo de las convicciones democráticas y la capacidad de liderazgo de un alcalde, Carlos Totorica, cuando arrastró a una multituda cabreada en manifestación hasta Eibar para que se desahogaran de manera inocua o cuando acudió extintor en mano a apagar el incendio que alguien había provocado en la sede de Herri Batasuna. Ni Ana Urchueguía ni Totorica esperan el menor gesto de piedad o de correspondencia por parte de quienes se hacen cómplices morales de los verdugos. Como decía la alcaldesa de Lasarte, los que siguieron a Froilán Elespe y anotaron meticulosamente sus rutinas «están aquí y tal vez ahora nos estén mirando».

Hoy por hoy, la única esperanza institucional de este desdichado país está en alcaldes como Urchueguía y Totorica, como José Antonio Rekondo, un atípico militante de Eusko Alkartasuna que durante su mandato como alcalde de Hernani sostenía que los caminos de la paz se abrirían «sobre la base de derrotar a una ideología que da por buena la exclusión, la persecución y el exterminio» de los oponentes políticos, en tenientes de alcalde como María San Gil, dios qué vicealcaldesa, si el alcalde le llegara meramente a la rodilla, en tantos concejales socialistas y populares que hoy se juegan la vida en el sencillo quehacer de servir a sus vecinos. Lo demás es silencio y algún gestito compungido que otro.

No es suficiente
Editorial El Correo  22 Marzo 2001

Lasarte se convirtió durante la jornada de ayer en una manifestación multitudinaria de dolor e indignación. El recuerdo de Froilán Elespe envolvía de humanidad el duelo en el que participaron miles de personas dispuestas a mostrar su hartazgo ante tamaña injusticia. Toda una vida dedicada al bienestar de sus paisanos se convirtió en un mosaico de voces diversas de reconocimiento hacia la persona del concejal socialista, en el eco de una demanda unánime de paz y libertad. La propia memoria de Froilán Elespe exigía una imagen unitaria en la respuesta al terror. La unidad entre los demócratas era el requisito que reclamaba el último adiós a un ciudadano ejemplar. Pero, ante el desafío totalitario de ETA, lo imprescindible ya no resulta suficiente. Ni la sociedad ni las instituciones pueden conformarse con un compromiso de mínimos frente al nacionalismo violento.

Lo que hoy aparece como una amenaza bestial contra personas y colectivos señalados por el MLNV como enemigos a batir constituye, desde una perspectiva histórica, el mayor riesgo que el pueblo vasco ha corrido de corromperse moralmente, de deshacerse como comunidad humana. No tiene sentido entretenerse en la búsqueda de soluciones al problema de la violencia, como si se tratara de hallar un tesoro perdido en el laberinto de las desdichas. Es el momento de preservar los valores de la sociedad democrática con un blindaje capaz de contener la amenaza del fanatismo etarra. En caso contrario, la extrema perversión de ETA terminará filtrándose por los poros de la sociedad hasta que los vascos sucumbamos al envilecimiento moral que supone ver cómo nuestros propios vecinos son condenados al tormento de la muerte, la coacción y el miedo sin que nadie haga más que el mínimo esfuerzo para denostarlo, pero casi nada para impedirlo.

La noticia de que la mirada impasible de la concejala de EH de Lasarte corresponde a una persona que, disfrazada de payasa, hace reír a tantos niños es la metáfora perfecta de la esquizofrenia atroz a la que la barbarie violenta quiere acostumbrar a los vascos. Pero también representa la luz roja que se enciende para advertirnos de que la vida cotidiana en Euskadi está plagada de dobleces, pudores malsanos, actitudes huidizas e hipocresía. Los episodios más sangrantes se evitan en las conversaciones entre amigos, no sea que alguien se sienta incómodo. La verdad es escatimada por justificaciones nada inocentes que tratan de amortiguar el choque entre la cruel realidad de un terror implacable y la conciencia de cada cual. Demasiadas veces el asesinato de un conciudadano a manos de otro conciudadano es percibido como una noticia lejana. Un sentido equivocado y fatal de la tolerancia nos lleva a ser escrupulosamente respetuosos con la intolerancia. Es así como todo un pueblo se arrodilla ante los impostores de la bomba y el tiro en la nuca: mostrándose dolido pero resignado ante el sacrificio de sus mejores hijos.

Froilán Elespe dialogaba constantemente con los ediles de EH de Lasarte, pero éstos cumplieron con su infame papel de dar cobertura a los asesinos. Era posiblemente su talante de hombre de bien lo que más exasperaba a sus verdugos. Fueron vecinos suyos los que trazaron el plan criminal para acabar con su vida; fueron vecinos suyos los que brindaron tras su muerte. El asesinato de Elespe resulta tan esclarecedor, que sólo la desvergüenza o la irresponsabilidad pueden soslayar semejante lección.

Horas después de su asesinato, el denominado colectivo Aralar exigía a Herri Batasuna un compromiso que impida el acceso de un no nacionalista a la lehendakaritza, sin hacer mención alguna al seguidismo que dicha formación profesa hacia ETA. Ayer mismo, Arzalluz bajaba de su despacho a las doce del mediodía para concentrarse ante Sabin Etxea y, tras abogar por la unidad, advertía de que las actuaciones de ETA benefician electoralmente al PP. Es ésta la podredumbre que suscita no pocas sospechas sobre los planes inmediatos del nacionalismo democrático. Con el transcurrir de los días se afianza la idea de que, en el caso de que sienta su poder en peligro, el PNV no tendrá empacho alguno en pactar con EH su continuidad al frente del Gobierno vasco. La sospecha de que, llegado el momento, el EBB no pondrá como condición ni siquiera el requisito de una tregua formal por parte de ETA para admitir como bueno el apoyo de parlamentarios que jamás expresarán condena alguna del terrorismo. De nada sirven las sentidas palabras del consejero Imaz comprometiéndose con la unidad frente a los intentos de división que ETA pretende entre las fuerzas democráticas, si el único sentido unitario que conciben los dirigentes de su partido consiste en la adhesión de las fuerzas no nacionalistas a sus postulados de un diálogo sin otro límite que la soberanía plena para Euskal Herria. No es suficiente abogar por la unidad mientras no se asuma el aislamiento político de los asesinos y sus cómplices.

Y no terminamos nunca
ANDONI UNZALU GARAIGORDOBIL El Correo   22 Marzo 2001

Anteayer, comiendo con un amigo, me sonó el móvil. Ese sonido me crea un sobresalto y le temo, porque, cada vez más, pienso que puede ser heraldo del asesinato de un amigo. Y, sí, era un asesinato. La frase escueta: han asesinado otro concejal del PSE en Lasarte. Otro vasco más que paga con su vida el derecho a la existencia.

Uno más. Una nueva vida segada por un fogonazo asesino, sin alma. Uno más, y no terminamos nunca. Lluvia que no cesa. Gotas de sangre que nos salpican a diario.

No lo puedo evitar. Me surgen las imágenes de los dos concejales del PSE de mi pueblo. Yo les veo cada vez que vienen a los plenos o las comisiones. Y no dimiten. Y me acuerdo también del último pleno. Niñatos exhalados insultado a la alcaldesa, conscientes de su impunidad.

Antes -el tiempo corre tanto que me parece la prehistoria-, siempre preguntábamos ¿Por qué? Hoy ya no. Sabemos todos que el porqué no existe. Que la locura sólo se alimenta de su propia sinrazón. Los ciudadanos vascos hoy se preguntan ¿Qué podemos hacer?, ¿qué podemos hacer cada uno de nosotros? Es una pregunta que surge, últimamente, a veces en forma de exabrupto, porque es verdad que muchas personas se sienten huérfanas del apoyo de sus instituciones. Hay iniciativas que plantean sustituir directamente a las instituciones en la labor de la defensa de las libertades.

No hace mucho, Juan de Aranzadi, que disecciona con mano de cirujano estas cuestiones, planteaba que para terminar con ETA hace falta detener a los comandos actuales y conseguir que su entorno no lo provea de otros nuevos. Añade, además, que las instituciones democráticas deben recuperar sus funciones. Verdades de Perogrullo. Pues sí. Afirmaciones elementales que nos deben hacer reflexionar.

Durante mucho tiempo, el entorno de ETA ha actuado en impunidad. Ha arrebatado al Estado, a las instituciones una parte muy importante de su poder, de su función mediadora. Han ido generando un nuevo poder impune, sin ningún control, siendo conscientes de que su legitimación última es la violencia. Es un sistema de coacción que ha transcendido a los últimos niveles de la sociedad, fundamentalmente porque la coacción es más eficaz en los entornos directos. Este sistema mafioso ha resultado especialmente rentable, a nivel personal, para los miembros del entorno violento.

Han generado también un sensación de borrachera de impunidad en la juventud radical, que mira con descaro y chulería a las instituciones amputadas. La niñata que insultaba con arrogancia a la alcaldesa en el último pleno era consciente de que detrás de su grito histérico tenía el apoyo de una cara encapuchada, y que la Policía Municipal no haría nada. Y llegados a este punto, sí tiene sentido preguntar por qué. Por qué hemos llegado a esta situación en Euskadi. Cómo hemos ido alimentando tanto tiempo a esta bestia. Cómo hemos ido, uno tras otro, cediendo todas las instituciones. Cómo nos hemos replegado al miedo, vistiendo de cultura, de política, de uso de la libertad lo que sólo era amenaza y chantaje.

Me pregunto qué habría pasado si la que gritaba a la alcaldesa en el pleno hubiera sido una drogadicta conocida. Me viene a la memoria una anécdota. Un preso social escribió ‘juez hijo de puta’ en la notificación de su condena. El juez le añadió dos años argumentando «que lo había escrito con animo de ofender». Esta afirmación desproporcionada hace aún más clamorosa la ausencia de otras condenas.

Me parece que sí está cambiando algo: los ciudadanos vascos. Me parece que la mayoría, por primera vez, está haciendo una raya clara y dice: de aquí no pasamos. Y en este contexto tiene doble sentido preguntarse qué podemos hacer cada uno de nosotros. Y me dan miedo algunas propuestas, que con sonido de trompeta de fin del mundo, plantean terminar con ETA. Me dan miedo esas exigencias de medidas excepcionales, de aislamientos, de actuaciones que cierran un ojo para que legalidad no estorbe.

Yo propongo una cosa más simple y elemental. Yo reivindico la igualdad. Que cada ciudadano vasco sea tratado exactamente igual a otro. Que desaparezca la impunidad. Que el miedo no haga temblar la mano del funcionario que firma un informe, del juez que dicta sentencia, del parlamentario que aprueba una ley. Que una voz sea igual a otra, que la mirada altiva con amenaza encubierta no aprisione las gargantas. Yo propongo que no pidamos a los partidos medidas extraordinarias, sino que exijamos que pongan en marcha lo ordinario. Que exijamos que las instituciones recuperen su función. Después de 25 años de nuevo debemos reclamar igualdad, debemos reclamar las instituciones democráticas, darles contenidos sin renunciar a su función para que traten con igualdad a todos los ciudadanos.

Se me olvidada. ¿Pero cómo terminar con el entorno de ETA? Sistemáticamente hablamos del ‘entorno’ como si fuera un ente de rara fuerza y ajeno a nosotros. El entorno de ETA no existe. El entorno de ETA es la impunidad, la dejación de las instituciones.

Y no se me olvida Froilán Elespe asesinado. Y tampoco otros muchos amenazados que, sin embrago, no desisten. Y con ellos sí que tiene sentido preguntarnos ¿Qué podemos hacer personalmente por ellos? ¿Qué puedo hacer yo por los concejales de mi pueblo, por ese profesor de Universidad, por ese vecino que nunca sale de casa junto con sus hijas, por si acaso? Tiene sentido la pregunta y es necesario que cada uno le demos una respuesta personalmente. Tal vez saludándole en la calle, invitándole a un trago en un bar... Debemos buscar una forma para poder decirles que su libertad amenazada hace prisionera a la mía.

La alcaldesa de Lasarte denuncia en presencia de Ibarretxe la impunidad de ETA y sus cómplices
LASARTE (GUIPÚZCOA). M. Alonso ABC  22 Marzo 2001

El pueblo de Lasarte respondió ayer con indignación contra ETA y con respeto a los dirigentes nacionalistas que se sumaron a la marcha en repulsa por el asesinato del teniente de alcalde de la localidad. La alcaldesa, Ana Urchueguía, volvió a señalar a los cómplices de los pistoleros como responsables de abrir el camino para que asesinaran al edil del Partido Socialista Froilán Elespe.

Al contrario de lo que sucedió sólo hace unos días en Portugalete, donde los nacionalistas increparon a los representantes del PP y del PSOE que acudieron a la marcha tras el funeral por el ertzaina Iñaki Totorica, ayer solamente se produjo un grito aislado al incorporarse el lendakari Juan José Ibarretxe tras el funeral a la marcha, tachándole de «asesino», grito que fue contrarrestado con los aplausos de unos pocos y el silencio de la mayoría. El espíritu de las miles de personas que se manifestaron ayer en Lasarte fue de tranquilidad en todo momento, excepto cuando se pasó junto a la taberna de Herri Batasuna, donde se corearon gritos de «asesinos».

La alcaldesa de Lasarte, la socialista Ana Urchueguía, pronunció un emotivo discurso al final de la marcha, en el que hizo hincapié en la responsabilidad de los cómplices que indicaron el camino para asesinar a sus compañeros de partido.

Hubo también una reclamación al Gobierno vasco, que fue escuchada con rostro tenso por el lendakari Ibarretxe, en el sentido de exigir que se garantice la seguridad y la vida de los ciudadanos, «quienes vivimos en un corredor de la muerte —dijo la alcaldesa— exigimos el compromiso con el Estado de Derecho y, concretamente, al Gobierno vasco un compromiso más activo y militante por la vida».

Consideró la alcaldesa que «la democracia en Euskadi está amenazada de muerte», y que ETA quiere acabar con quienes no comparten sus ideas por medio de la eliminación física. La alcaldesa consideró finalmente que el diálogo con ETA conduce a hacer claudicaciones al fascismo.

Escuchaban el discurso de la alcaldesa, además del lendakari Juan José Ibarretxe, otros dirigentes nacionalistas como Juan María Juaristi, Juan María Atutxa, Mari Carmen Garmendia e Ignacio Oliveri.

En la marcha habían participado también los ministros de Presidencia, Juan José Lucas, y de Agricultura, Miguel Arias Cañete; la presidenta del Senado, Esperanza Aguirre; el secretario general del PP, Javier Arenas, y numerosos dirigentes socialistas como José María Benegas, Rosa Díez y Francisco López.

Todas estas autoridades iban en segunda fila en la marcha, y la pancarta con el lema «ETA no, cómplices tampoco», la sostenían los concejales de la corporación de Lasarte, el secretario general de Partido Socialista de Euskadi, Nicolás Redondo, y el secretario general de UGT, Cándido Méndez.

Había una segunda pancarta, bastante más retrasada, firmada por las juventudes de todos los partidos, excepto HB.

Los gritos coreados durante la manifestación fueron fundamentalmente la palabra «libertad», que puede decirse que constituyó la principal reivindicación de los ciudadanos que se manifestaron ayer en Lasarte, «¡Basta ya!» y algún grito aislado contra EH, en el sentido de complicidad con los crímenes de ETA. «Otegui apunta —gritaban los ciudadanos— ETA dispara».

FUNERALES
Con anterioridad a la marcha se habían celebrado los funerales por Froilán Elespe, oficiados por el obispo de San Sebastián, monseñor Uriarte, que no citó a ETA en su homilía, pero sí lanzó veladas acusaciones a la organización terrorista, preguntándose «¿qué pueblo real y concreto se intenta defender y construir con estos asesinatos?, ¿qué futuro de libertad, de justicia y de solidaridad puede esperarse de una sociedad que pudiera surgir de este baño de sangre? ¿hasta dónde van a extenderse los círculos del miedo y de inseguridad que atenaza a tantos conciudadanos?»

ANA URCHUEGUÍA, ALCALDESA DE LASARTE:
“Unos informan, otros aprietan el gatillo, otros lo consienten y todos son cómplices”
Libertad Digital  22 Marzo 2001

La alcaldesa de Lasarte, la localidad guipuzcoana donde este martes fue asesinado el concejal socialista Froilán Elezpe, ha descrito el sistema de terror que atenaza al País Vasco. Ana Urchueguía se ha mostrado “convencida” de que “un hombre del pueblo, un hombre al que conocemos”, vigiló a Froilán Elezpe.

La alcaldesa de Lasarte, Ana Urchueguía, en declaraciones a diversos medios de comunicación, ha hecho un dibujo muy claro de la situación de terror que atenaza al País Vasco. “El problema que tenemos –ha dicho— es que unos informan, otros aprietan el gatillo, otros lo consienten y otros lo permiten y son tan cómplices los unos como los otros”. La alcaldesa ha explicado que el concejal asesinado, Froilán Elezpe, eran un hombre “bonachón” que se llevaba bien con todos, incluso con el portavoz de Euskal Herritarrok en el consistorio, con el que había hecho la mili y al que conocía desde hace más de treinta años.

Urchueguía ha asegurado también que su partido (PSE) estaba “muy preocupado” en las últimas semanas por la seguridad de los ediles en este municipio porque “el ambiente se estaba caldeando con pintadas y llamadas de teléfono”. Tras visitar la capilla ardiente de su “mano derecha” en el Ayuntamiento, Froilán Elezpe, asesinado este martes por ETA, Urchueguía reconoció sentirse “muy mal” por la muerte “de un compañero de fatigas que ha acompañado la transformación de este pueblo durante 16 años”. “Es una pesadilla de la que creo que voy a despertar y en cualquier momento (Elezpe) va a entrar en mi despacho”, dijo la primera edil lasartearra.

La alcaldesa destacó que en las últimas tres semanas los miembros del grupo socialista en Lasarte habían mantenido cuatro reuniones en las que se trató el problema de la seguridad, la última de ellas este mismo lunes. Además, fuentes socialistas informaron el mismo martes de que responsables de seguridad de este partido se reunieron la semana pasada con los ediles del PSE/EE en esta localidad para exponerles la “obligatoriedad” de aceptar la escolta personal, ya que algunos, entre ellos Froilán Elezpe, no aceptaban llevar protección.

No obstante, Urchueguía reconoció que no tenía constancia de que Elezpe hubiera recibido amenazas directas, aunque añadió que el edil asesinado era “un hombre muy discreto” y en el caso de que las hubiera sufrido no se lo habría dicho para no preocuparla. Ante la situación creada con los concejales del PSE/EE, la alcaldesa explicó que ha reclamado al ministro del Interior, Mariano Rajoy, y al lehendakari, Juan José Ibarretxe, “que los ciudadanos que están en peligro se tienen que sentir protegidos”. “Las familias tienen que saber que sus seres queridos, los cargos políticos socialistas o no socialistas o los que se sientan amenazados, tienen que tener un mínimo de protección para que puedan andar por la calle sin pensar que alguien les puede pegar un tiro”, agregó.

Raymond Carr: «La meta del PNV y de ETA es la misma, la independencia del País Vasco»
MADRID. Antonio Astorga ABC 22 Marzo 2001

Sir Raymond Carr se ve más como un agricultor y un campesino que como el insobornable intelectual que es. Vive en el sureste de Inglaterra, «el distrito más afligido» y está preocupado por la infección aftosa: «Si llega a mis tierras no podré salir de casa. Seré prisionero». Pero Carr piensa, escribe y vive en libertad. Desde ella arremete contra el terrorismo asesino de ETA, «el principal problema de España».

Sir Raymond Carr llegó a España hace medio siglo para disfrutar de su luna de miel y encontró una nación aislada «cultural e intelectualmente». Estaba laborando en una Historia de Suecia. Sin embargo, España le cautivó y tuvo un segundo flechazo: dejó aparcada la Historia sueca y se enamoró de la «apasionante» España: «Quería saber cómo la nación más poderosa cultural y políticamente en siglos pasados había llegado a ese desastre». Maestro de hispanistas y de historiadores, Raymond Carr edita en Península un brillantísimo compendio de dos mil años de «Historia de España» y mantenía con ABC esta entrevista.

LA NACIONALIDAD
Richard Ford, autor en 1844 de «Manual para viajeros por España», describía a España como «un manojo de unidades locales atado por una cuerda de arena». ¿Esa cuerda está reforzada hoy, maestro?

-La Historia de España ha tenido un final feliz, como en las novelas. Hay alternancia y la creación de un partido conservador liberal y moderado ha sido muy importante porque permite este mecanismo esencial dentro de la democracia moderna. Ustedes tienen una sociedad de consumo con todos los defectos de la sociedad de consumo. Hay una cultura muy importante. En el pasado el localismo -no el nacionalismo- era un factor geográfico más que un problema psicológico o moral. El localismo como un fenómeno importante no es un problema ahora.

-¿Y los nacionalismos excluyentes?
-En mis libros he escrito que los problemas de España han sido siempre dos: en primer lugar, la unidad territorial, y en segundo término, la pobreza del Estado central. Dos fenómenos conectados con la política del Conde Duque de Olivares, por ejemplo. Pero la pobreza del Estado se ha desvanecido totalmente. España es hoy un país distinto. Problemas financieros los tienen todos los países europeos.

-¿España es una nación de naciones?
-Nación de naciones, pero de naciones que aceptan el concepto de La Constitución y otras que no la aceptan. El profesor alemán Habermas sostiene que no se puede basar la nacionalidad en factores étnicos. La unidad es lo que él llama el patriotismo constitucional. La Constitución de 1978 es el resultado de un consenso que tiene que continuar con lealtad constitucional. Habermas ha ejercido mucha influencia en Alemania y también en mí, que soy conservador liberal. Estamos de acuerdo sobre la necesidad del patriotismo constitucional. Cada vez que asesinan me entra una profunda sensación de depresión. La posición de ETA es absolutamente intolerable porque hay dos comunidades en el País Vasco y los terroristas quieren imponer por fuerza —y contra la democracia, la libertad y el progreso— sus propósitos sobre la otra comunidad. ¡¡Intolerable!!

-En el capítulo «Liberalismo y reacción, 1833-1931», Sir Raymond escribe: «Los vascos nativos poseían un fuerte sentimiento comunitario pero, a diferencia de Cataluña, las Provincias Vascongadas no podían contar con el recuerdo de haber constituido una unidad política singular con un pasado glorioso. Sabino de Arana, vástago de una familia carlista y fundador del nacionalismo vasco, y su partido, el PNV, consideraban que la comunidad vasco-parlante estaba amenazada por una avalancha de emigrantes de habla castellana, los maketos, que llegaban para trabajar en las minas y fábricas del cinturón de Bilbao. Para salvar aquella comunidad de la adulteración, Sabino de Arana inventó una entidad nacional que llamó Euzkadi, que habría de separarse de España. La lengua oficial de aquel Estado independiente sería el vasco, al que vio como un medio para excluir a los maketos de la comunidad política. Su nacionalismo era esencialmente racista». Y sigue siéndolo, profesor...
-Sabino de Arana abandonó su posición racista un poco al final de su vida pero los orígenes del nacionalismo son racistas. Sí, en su origen.

-Dice que el viejo lema turista del franquismo, «España es diferente» no sirve apenas ya para describir una sociedad cada vez más urbanizada, industrializada y democrática.
-Lo curioso de la Historia de España es el caso de Franco, enemigo en todos los aspectos del liberalismo y que heredó el centralismo de los liberales del siglo XIX. El Estado liberal del siglo XIX era un Estado fuertemente centralizado sin los recursos financieros o la base impositiva, para hacer efectiva sus intervenciones. He encontrado en los archivos lamentos de gobernadores civiles por no haber cobrado sueldo durante dos años. El de Franco era un Estado todavía pobre, sin recursos para acometer sus planes para el Estado del Bienestar, pero los franquistas querían aumentar la presión fiscal sobre la clase media, el valuarte esencial del franquismo.  

-Una sociedad que ya no está amenazada por una guerra incivil o por intentonas golpistas.
-Han sido episodios luctuoso totales. Pero es interesante destacar que las rupturas importantes a lo largo de la Historia han sido diferentes en Inglaterra y en España. Para ustedes el hito es el fracaso de la República, la Guerra Civil, la represión, Franco mismo e incluso la Transición. Para nosotros, la memoria histórica es diferente: es la Segunda Guerra Mundial, es el declive de Gran Bretaña como potencia internacional.

LAS ELECCIONES VASCAS
-¿Desde su gran conocimiento de España, cómo ve el futuro?
-España es un país democrático, socialmente moderno y cuyo problema político más difícil en estos momentos es el vasco. Lo encuentro muy deprimente. Frente al intolerable, injustificable y antidemocrático terrorismo, la democracia debe actuar con criterio y de acuerdo al consenso constitucional. Nunca, jamás se pueden justificar los asesinatos por parte de los terroristas para imponerse por la fuerza a otra comunidad. La meta del PNV y la meta de ETA es la misma meta: la independencia del País Vasco.

-¿Y cómo ve las elecciones en el País Vasco? 
-No se puede profetizar, pero hay una posibilidad de un Gobierno PP-PSOE en el País Vasco y supongo que la reacción del nacionalismo radical va a ser bastante fuerte.

Un grupo nacionalista corso coloca en París un coche-bomba
París. Agencias ABC 22 Marzo 2001

El coche con explosivos y sin sistema de detonación descubierto esta mañana en París fue hallado gracias a la llamada anónima de una persona que se identificó como miembro del grupo terrorista corso Armata Corsa. El comunicante dio el aviso mediante sendas llamadas a los diarios "Libération" y "Le Monde".

El vehículo está estacionado en la puerta de Plaine, en el distrito XV de París. "Todo indica que no estaba preparado para explotar. Por lo tanto, se trataría más bien de una advertencia", señalaron fuentes próximas a la investigación.

Se da la circunstancia de que la próxima semana, el Tribunal de Apelación de París examinará un recurso presentado por uno de los considerados fundadores de Armata Corsa Francois Santoni, quien fue condenado a cuatro años de prisión por un caso de estafas.

En enero pasado, Armata Corsa había anunciado que llevaría a cabo atentados "ciegos y mortíferos" en París y Estrasburgo si el Gobierno no detenía a los asesinos del ex líder nacionalista corso Jean-Michel Rossi, considerado como uno de los fundadores del grupo, y de su guardaespaldas, acribillados a tiros en un bar de Córcega en agosto pasado.

El coche, un Renault "Clio", contiene cinco litros de un producto explosivo, una bolsa con clavos, y cien kilos de otro material de color amarillo, no determinado, así como seis pequeñas bombonas de butano y numerosos cables eléctricos, indicaron a EFE fuentes policiales. "Se trata de un sistema muy rudimentario. No sabemos realmente por ahora si podría haber estallado", recalcaron las fuentes.

Los expertos en explosivos y la policía judicial se encuentran en la plaza de los "Insurgés-de-Varsovie", que ha sido acordonada. También se desplazó a la zona la fiscal antiterrorista, Irene Stoller. Esa plaza se encuentra en el límite de París con la vecina localidad periférica de Vanves, del departamento de Hauts-de Seine.

Quebrar su esperanza
HERMANN TERTSCH El País 
22 Marzo 2001

Hay esperanzas que hay que truncar cuanto antes para que no alimenten a más monstruos de los que ya se nutren de las mismas. En Macedonia hay que frustrar para siempre la ilusoria ambición de ciertos grupos nacionalistas albaneses de romper el Estado existente. Lo tiene que hacer la OTAN ayudando a las fuerzas de seguridad y al Ejército de Skopje, pero sobre todo con su propia presencia en la frontera, ejerciendo la fuerza e intimidación necesarias y acabando con una pasividad que se debe al pánico de sus mandos y Gobiernos a asumir siquiera la posibilidad de alguna baja. Si los Gobiernos occidentales siguen sin fijarse otra prioridad que evitar un enfrentamiento armado sobre el terreno -como ha sido el caso durante diez años de conflicto en los Balcanes-, estamos ante una seria posibilidad del rebrote general de la guerra.

Es cierto que causar alguna víctima a la soldadesca mafiosa albanesa que se ha encaramado a los montes en torno a Tetovo no facilitará la labor de las fuerzas de la Kfor en Kosovo. Pero tampoco parece una opción entusiasmante para la mayor alianza militar del mundo el convertirse definitivamente en el pito del sereno ante unos grupos cuyos objetivos son mucho más la expansión de las redes de influencia e intereses perversos de ciertos clanes y bandas en Kosovo y Albania que la igualdad de derechos de los albaneses con los macedonios eslavos en la propia Macedonia. Y todo retraso en ello sólo puede producir mayor tensión entre las comunidades albanesa y macedonia y liquidar los esfuerzos reales de los demócratas de ambos pueblos en esta República por convertirla en un Estado de ciudadanos.

Que existe desconfianza e incluso hostilidad entre grupos de ambas comunidades es cierto. Pero también lo es que la mayoría en las dos partes sabe que su Estado sólo es viable en un futuro común, y que la alternativa es la catástrofe. Hay sectores de la juventud albanesa de Kosovo con seguidores en Macedonia que sólo se creen capaces de vivir y medrar en la catástrofe permanente. Son fruto de una década en la que la enorme base de la columna demográfica albanesa sólo pudo alimentarse de odio y de un Estado sin otra ley que la opresión y el bandidaje bajo el apartheid de la satrapía de Slobodan Milosevic.

La UE y la OTAN parecen conscientes esta vez de lo que sucede, y la respuesta ha sido rápida. Pero tiene que ser también contundente antes de que se dinamite definitivamente la convivencia en Macedonia. Y las fuerzas occidentales no pueden delegar esta labor. La irresponsable decisión de dejar al Ejército serbio entrar en el corredor de seguridad de Presevo para que haga lo que la Kfor no quiere hacer para evitarse cualquier percance puede ser popular entre las madres de los soldados occidentales; pero, si los soldados no están allí para hacer ese trabajo y asumir unos riesgos razonables, que desplieguen unas ONG: tendríamos pronto la guerra asegurada.

La Kfor y Macedonia tienen la fuerza necesaria para quebrar la esperanza de quienes quieren vivir continuamente de la guerra y el bandidaje. Gentes así las ha habido siempre en los Balcanes. Arriba, en las lomas de Tetovo, tenemos a lo peor de ciertos clanes y mafias y a algunos engañados. Con contundencia por parte de la OTAN, bajarán los engañados y huirán los demás.

En esto sí que se puede establecer un paralelismo entre una situación allende las fronteras de España y la existente en Euskadi, un paralelismo mucho más razonable que las grotescas comparaciones entre el País Vasco e Irlanda o Palestina, que insultan a toda inteligencia. Quebrar la esperanza de quienes quieren quebrar el Estado es una necesidad y un deber para todos los que creen en una vida de dignidad, pluralidad, democracia y respeto. Allí y aquí.

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