AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 23  Marzo  2001
#Motivaciones electorales
Alejandro MUÑOZ ALONSO La Razón  23 Marzo 2001

#Hacia la confrontación civil violenta en Euskadi
Lorenzo Contreras La Estrella 23 Marzo 2001

#El miedo aliado
ANTONIO GALA El Mundo  23 Marzo 2001

#Confrontación
Carlos DÁVILA ABC   23 Marzo 2001

#Periodistas en peligro
Editorial ABC   23 Marzo 2001

#Los payasos de la concejal
Enrique de Diego Libertad Digital  23 Marzo 2001

#Sobre los cómplices
EDUARDO HARO TECGLEN El País 23 Marzo 2001

#Ana Urchueguía, cercano redoble de conciencia
ANTONIO BURGOS El Mundo  23 Marzo 2001

#Pistoleros sin pistolas
José María CARRASCAL La Razón   23 Marzo 2001

#Un cargo electo no puede estar desprotegido en una democracia
Impresiones El Mundo  23 Marzo 2001

#Cataplasmas
Nota del Editor 23 Marzo 2001

#Tocando fondo
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón  23 Marzo 2001

#Solidaridad
XABIER GURRUTXAGA El Correo 23 Marzo 2001

#Sacudirse miedos y complejos
JESÚS SÁNCHEZ MAUS El Correo 23 Marzo 2001

#«Me entristeció ver que en Euskadi hay gente que mira hacia otro lado»
OLATZ BARRIUSO BILBAO El Correo   23 Marzo 2001

#El 'rostro amigo' en la guerra de ETA
DIEGO ARTOLA El Mundo 23 Marzo 2001

#La lengua, principal obstáculo para la buena relación con los catalanes
MADRID. Isabel Gallego ABC 23 Marzo 2001

#Pujol se pliega
Pablo Sebastián La Estrella  23 Marzo 2001

#Cocinero con catalán
Rafael Soria Albarracín. Barcelona. Cartas al director ABC  23 Marzo 2001

#Tolerancia para Félix de Azúa
IVAN TUBAU EL MUNDO (CATALUÑA) 23 DE MARZO DE 2001

Motivaciones electorales
Alejandro MUÑOZ ALONSO La Razón  23 Marzo 2001

Ante las próximas elecciones vascas se perciben en los medios de comunicación y en los comentaristas dos tipos de análisis y previsiones, que se excluyen mutuamente. Para unos, nos encontramos ante un claro cambio de ciclo político que, con mucha probabilidad, pondrá fin a dos décadas de hegemonismo totalitarizante del PNV, como lógica consecuencia del agotamiento de su proyecto, estrellado en el callejón sin salida del Pacto de Estella. Lo que acaba de suceder en Quebec se produciría ahora en el País Vasco, en una nueva demostración de que las fórmulas nacionalistas son inviables en una sociedad moderna y dinámica, que mire al futuro y no a un pasado, por demás, inventado y fabulado.


    Pero hay otros, más pesimistas, que piensan que los vascos -acaso porque por su condición de primeros españoles son más bien testarudos y proclives al hispánico «mantenella y no enmendalla»- van a producir en las urnas unos resultados similares a los de elecciones anteriores, lo que significaría que la hegemonía política y social del PNV quedaría ratificada y consolidada. Algunos echan mano de argumentos basados en la psicología de los pueblos, que atribuyen a estos unas actitudes «eternas», que se reproducirían una y otra vez en la historia. Pero, como demostró José Antonio Maravall en una sonada polémica con Salvador de Madariaga, esos estereotipos no se pueden mantener en serio, ya que los pueblos responden a los retos históricos mucho más en función de cambiantes circunstancias culturales que por motivaciones genéticas o viscerales. Hoy día nadie se atrevería a repetir tales lindezas acerca de los «caracteres nacionales», en las que, por otra parte, late el más insidioso racismo.

    Los pesimistas echan mano también de otro argumento, mucho más preocupante, que incidirá negativamente en el proceso electoral y condicionaría negativamente sus resultados: es el argumento del miedo. La clamorosa falta de seguridad y de respeto a los derechos humanos que existe en el País Vasco y que acaba de constatar oficialmente el Comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, podría disuadir a muchos de ir a votar o, sobre todo en localidades pequeñas, les impulsaría a votar al «oficialismo nacionalista» para evitarse problemas. Se dice que algunos hasta tienen miedo a votar por correo porque temen que los espías y chivatos de Eta y del nacionalismo detecten sus votos y su orientación y, o bien, les apunten en las «listas negras», que tanto se han prodigado allí durante el «régimen de partido único» que a tantos efectos ha sido el hegemonismo del PNV, o bien, sencillamente, se destruyan sus votos. Preocupante como es esta hipótesis -que no es de política-ficción porque responde a lo que podríamos llamar «modelo PRI»- si los partidos constitucionalistas están atentos y concuerdan una estrecha vigilancia del proceso, se puede impedir que la manipulación nacionalista tergiverse el sentido del voto popular».

    Creemos que hay muchos más argumentos para inclinarse por la tesis que podemos llamar optimista, que percibe síntomas de cambio en el subsuelo la sociedad vasca, que podrían aflorar el 13 de mayo. Decía James Buchanan, el profesor virginiano creador de la tendencia llamada del Public Choice, que todos los votantes actúan ante las urnas con plena racionalidad y que nunca votan en contra de sus últimos y reales intereses. A partir de ahí resulta difícil imaginarse al votante vasco medio pidiéndole a las urnas «más de lo mismo», sobre todo en un momento en el que el PNV se ha quitado la careta de la moderación. Ya no hay ninguna duda de que este partido ha apostado por el aventurismo soberanista. Los mensajes a Eta para garantizarle a la banda terrorista que el PNV no tiene otra vía que el abertzalismo, están en los periódicos y ya no admiten ninguna duda. Las carantoñas al PSOE son pura táctica destinada a engatusar a quien se deje, dirigentes o votantes, pero no pueden convencer a nadie. El PNV apuesta por el salto en el vacío. Un salto en el que, lo más probable, es que se dé el gran batacazo.

    Salvo los vascos «apesebrados» por el PNV, que viven a costa de las mamandurrias de oficialismo nacionalista, cuesta trabajo imaginar a ningún votante honrado dando de nuevo su confianza política a un partido como el PNV, cuyo carácter democrático -en el único sentido que se puede ser democrático- ya sólo puede ser creído por algunos ingenuos comentaristas que, en medios que para el PNV forman parte de la «Brunete mediática», siguen defendiendo al nacionalismo y se escandalizan porque Jon Juaristi compare a Arzallus con los dictadores del siglo XX. Un partido que, en el mejor estilo soviético, ha hecho de sus signos partidistas (bandera, himno) los signos oficiales de la Comunidad, que ha enfeudado a su servicio las instituciones (desde la Ertzaintza hasta las escuelas) convirtiéndolas en herramientas exclusivas de su proyecto político, que ha practicado una sistemática política de exclusión de quienes no lo comparten, estableciendo de facto un sistema de castas en la sociedad, en virtud del cual hay vascos de varias categorías según origen, adhesión e ideología. Un partido que ha preferido -y sigue prefiriendo- apostar por un diálogo imposible con los terroristas, que por utilizar a fondo los instrumentos de que dispone para combatir al terrorismo. Una política que ha dado los amargos frutos del miedo, y la inseguridad que, una reciente encuesta de las Cámaras de Comercio, detectaba entre el empresariado vasco. Con esta ejecutoria lo lógico es que haya muchos vascos que estimen que ha llegado el momento del cambio a la auténtica democracia. Y el voto es su instrumento para hacerlo posible.

 

Hacia la confrontación civil violenta en Euskadi
Lorenzo Contreras La Estrella 23 Marzo 2001

Caben ciertas líneas de comparación entre el asesinato del teniente de alcalde de Lasarte, Froilán Elespe Inciarte, y el de Miguel Ángel Blanco en Ermua. En ambos casos se dieron análogas reacciones de exasperación popular, aunque Ermua haya quedado en la memoria pública como el hito cardinal que, en situaciones extremas, marca el antes y el después. Tal vez la proximidad de las elecciones, con la entrada oficial en campaña, haya sensibilizado de modo especial a los vascos no nacionalistas y probablemente también a buena parte de los nacionalistas. Acababa de producirse, sólo días antes, el atentado de Martutene, con dos muertos obreros y un concejal socialista, el verdadero objetivo de ETA, herido física y psicológicamente. Esto significaba que con toda  claridad y todo desafío quedaba abierta la veda definitiva del edil constitucionalista.

Por lo demás, la situación consabida después de todos los atentados se repetía en Lasarte (Guipúzcoa) sin apreciables diferencias, salvo que queramos añadir gotas de gravedad a la indignación agresiva con que los vecinos de la localidad rodearon a los ediles de EH cuando se abstuvieron de condenar, en el pleno municipal convocado, el crimen del 20 de marzo, primer atentado mortal contra un concejal socialista.

Matar a los representantes democráticamente elegidos cuando las urnas convocan para una nueva promoción de electos, esta vez a escala de Parlamento autonómico, es la mayor y más grave operación intimidatoria que se puede organizar contra un cuerpo electoral activo y pasivo. Ni los que aspiran a ser votados ni los que van simplemente a votar pueden evitar la sensación abrumadora de que son asesinables. Los interventores no nacionalistas que vayan a sentarse a las mesas saben lo que se juegan, casi tanto como los candidatos a parlamentarios autonómicos. La más que presumible utilización del carné de identidad vasco para personarse ante las urnas es para quien no lo use una invitación al riesgo. El DNI español tiende a convertirse en una contraseña infamante cuyo efecto disuasorio tiene que ser ya calculado en su importantísima dimensión. No se estará, por tanto, participando en unas elecciones libres, sino en un acto político coactivo para el vasco malo frente al vasco bueno, en esa clasificación arbitraria que sirve de preámbulo a lo que ya, con toda claridad, se configura como confrontación civil.

El efecto desmoralizador que implica poner los muertos potenciales mientras otros van a la fiesta del voto sin mayores problemas compromete de antemano el signo de los resultados. La última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ya refleja una subida de votos nacionalistas, probablemente a costa de los proetarras de EH, que descienden en la misma proporción. El ascenso de votos populares seguramente va ligado a una disminución de la abstención, un dato consolador si luego se confirma. La traducción en escaños es lógicamente proporcional, siempre acusando una mejora de las posiciones nacionalistas no claramente contrarrestables con la eventual suma de escaños populares y socialistas.

Queda patente a escala de sondeo que las urnas no van a hacer justicia en el sentido de castigar políticamente a un nacionalismo no violento cuyos errores de gobierno y de estrategia en las alianzas con los afines a ETA han garantizado una configuración maniquea del País Vasco, trazando una frontera entre buenos y malos, entre patriotas y no patriotas. El PNV, junto con EA, ha renunciado históricamente cabe ya decirlo así a su papel moderador, a su condición de colchón político para la sesión de kárate en que la política vasca se va convirtiendo.

No debe extrañar que se hable ya, con más o menos eufemismos en la elección de las palabras, de guerra civil en Euskadi. La perspectiva de unos resultados electorales confirmatorios de la gran división de comunidades, abonada por el odio y el rencor, dibuja ya la gran alarma que el Gobierno de Madrid trata de difuminar con un gratuito depósito de confianza en el sentido común, en la racionalidad del electorado vasco, olvidando deliberadamente que un abismo se ha abierto sin remedio avizorable entre dos mentalidades.


El miedo aliado
ANTONIO GALA El Mundo  23 Marzo 2001

¿Es demasiado pronto para hablar de las elecciones vascas? Quizá sea demasiado tarde. El miedo va a ser su gran protagonista. El miedo y sus acólitos, representados por un PNV de pacotilla, que clama sin cesar y sin vergüenza, contra los asesinos que lo sostienen. El miedo y sus defensores hipócritas, que han tolerado llegar hasta este extremo. Asco da tener que referirse a quien pretende alcanzar algo matando y destruyendo. Yo procuro evitarlo. Y también a quienes se esconden detrás de las sotanas, las capuchas, las pistolas, las cartas de extorsión... Si eso es valor, que Dios baje y lo vea.

Confrontación
Por Carlos DÁVILA ABC   23 Marzo 2001

Es insólito: cuando los amenazados, las víctimas empiezan a rebelarse, advierten que ya no aguantan más ni tienen por qué, las almas cándidas o los malvados, avisan del peligro de «fractura social». Mientras los corderos han sido brutalmente degollados en silencio no ha habido, por lo visto, riesgo de tal quiebra. Ahora que los sucesores de los asesinados gritan y se rebelan, el hipócrita PNV, que aún no ha expresado decisión alguna para luchar contra ETA, y el bienintencionado obispo donostiarra Uriarte, gimen porque están oteando —dicen—que la sociedad vasca se puede partir en dos. Todo esto resultaría insólito, si no fuera porque se merece otro adjetivo: repugnante. Porque ¿qué tienen que hacer las víctimas?: ¿seguir doblando el lomo para que les dejen otra vez sin vida?, ¿enterrar los vivos a los muertos entre religiosos responsos y nada más?, ¿continuar confiando en que los cómplices de ETA vuelvan al buen camino? Que no, que no, que los vascos de bien no tienen por qué soportar por más tiempo que se les trate como alemanes en Mallorca, que se les investigue el Rh, y que, en último término sean mandados a las pistolas si no aceptan esa fantasmagórica Euskal Herria y su confesa tendencia a la separación de España.

Y es verdad: el riesgo de confrontación existe porque, como decía un antiguo etarra, hoy ayudante principal de Nicolás Redondo, Teo Uriarte, el Estado, es decir, el principal en el País Vasco que representa el Gobierno de Vitoria, ha desaparecido y se ha puesto del lado de los malos, con los que comparte objetivos, con los que ha estado en comandita política y con los que volverá a estar con tal de no abandonar sus pingües poltronas. La única forma de que adelgace el riesgo es que regrese la autoridad de este Estado, los nacionalistas —hay que destacarlo— opinan ciertamente lo contrario: que el Estado es el que fractura la sociedad. Por eso comparten fines con los asesinos mientras lloriquean en los funerales como hace Ibarretxe. Como hace Ibarretxe cada vez que alguno de los que han estado en su lado matan a los del otro.

Periodistas en peligro
Editorial ABC   23 Marzo 2001

El odio a la prensa independiente es uno de los más cualificados espacios de encuentro entre ETA y el nacionalismo vasco. Una y otro se suceden en la cadena de insultos y amenazas hacia los medios de comunicación y los periodistas que trabajan en ellos. El pasado martes, el diario «Gara» publicaba una información del boletín interno de ETA, «Zutabe», que se recreaba en uno de sus fetiches favoritos: el de la red de periodistas «txakurras», tejida por Interior para favorecer «la estrategia del Estado español contra el pueblo vasco». Esta obsesión de ETA con la prensa tiene dos problemas. El primero es que acaba transformándose en atentados criminales; el segundo, que se trata de una obsesión compartida por los dirigentes del PNV. Cuando Arzalluz y sus conmilitones se refieren a la «Brunete mediática», la frase no es un juego ingenioso de palabras. Es la militarización interesada de un sector de la sociedad, lo que en tiempos de «conflicto» con ETA supone quedar adscrito al bando de las víctimas. De esta forma, el nacionalismo vuelve a despojar a la víctima de inocencia, que pasa a ser «acreedor» del riesgo que asume. La situación electoral del País Vasco es un contexto propicio para que aumente la tensión sobre los medios independientes. Éstos van a actuar como expositores de programas, opiniones, ofertas electorales y también de la brutalidad de los atentados, de la «kale borroka», de las afinidades y complicidades con ETA y demás elementos del paisaje diario de las ciudades vascas. Es significativo que quienes reprochan a esos medios que tergiversan la realidad del nacionalismo y de la sociedad vasca, hayan despertado, a su vez, el malestar de la FORTA, ente que agrupa a las televisiones autonómicas, porque las imágenes que envía la televisión pública vasca sobre los atentados son tan sesgadas que deben contratar los servicios de agencias, pese al acuerdo entre estas cadenas para la cesión de imágenes.

Las encuestas revelan un alto porcentaje de indecisos y de ciudadanos que ocultan su voto. Los medios de comunicación pueden contribuir a formar su opinión crítica sobre lo que sucede en el País Vasco, de la misma manera que han contribuido a que circularan las ideas de intelectuales, profesores y ciudadanos agrupados en movimientos cívicos contra ETA y la imposición nacionalista. Esta influencia racional, pacífica y democrática convierte a los medios en destinatarios de las descalificaciones nacionalistas y, a continuación, en víctimas de las amenazas y atentados de ETA. Ante la ofensiva etarra, los medios y sus profesionales son acreedores también de la máxima atención por parte del Gobierno vasco, ahora que parece —sólo parece— que el incompetente consejero del Interior, Javier Balza, se ha enterado de que en el País Vasco hay miles de ciudadanos en peligro diario de muerte. Y entre ellos, no hay que andarse con rodeos, están los periodistas, aunque tampoco todos. Se salvan los de siempre.

Los payasos de la concejala
Por Enrique de Diego Libertad Digital 
23 Marzo 2001

El Ayuntamiento de Irún ha suspendido dos sesiones del grupo de payasos de la concejala de Eh en Lasarte. El Ayuntamiento ha respondido a una demanda ciudadana y a la preocupación de los padres respecto a la enseñanza que pueden recibir sus hijos de unos payasos que dependen de una concejala que justifica el asesinato y leyó el comunicado de su partido para no condenar –o sea, para apoyar— el asesinato del teniente de alcalde socialista.

Es casi una parábola que la concejala tenga un grupo de payasos. Nada hay más inocente que los payasos, salvo que sean la recreación del muñeco diabólico. ¿Qué extraña empanada mental puede darse en la misma persona para dedicarse a la infancia y ser al tiempo cómplice de los asesinos? ¿Qué enseñan esos payasos abertzales a los niños vascos? ¿La kale borroka? ¿El odio a los constitucionalistas? ¿La guerra santa contra el diferente? ¿La inquisición y el horno crematorio para populares y socialistas? Mientras se sitúa en el corredor de la muerte a la mayoría de la población, se intenta educar a los niños en el odio con cargo a los fondos públicos. Esos payasos batasunos son un sarcasmo sociológico, una broma pesada y el síntoma de que una parte del mal está en la educación y en una cultura apesebrada del odio.

En estas, Juan María Atutxa ha hecho unas declaraciones en las que sitúa dentro del terreno de lo inconcebible el pacto con quienes no condenan la violencia y el asesinato. Decir esto, ahora, después de una legislatura de coyunda intensa con los asesinos, de pactos parlamentarios, de Asamblea de municipios vascos, de inclusión de la autodeterminación en el programa electoral del PNV, además de una hipocresía es un insulto a la inteligencia. Es prestarse a servir de coartada asumiendo en sentido inverso el discurso de Arzalluz. Ahora se dice, dentro de la espesa ambientación de eufemismos en la que se mueve la política vasca, que hay un riesgo de confrontación civil. No, lo que hay es un riesgo cierto de genocidio, ante el que el PNV se ha inhibido durante estos últimos años y con su pacto con Eh lo ha propiciado trasvasando legitimidad a Eta y permitiendo la preparación de los nuevos terroristas haciendo la vista gorda hacia la kale borroka.

La cuestión es que el PNV ha subvencionado a esos payasos diabólicos de la concejala de Eh, a manos llenas, a cambio de sus votos y en nombre de un proyecto común. Atutxa debe haber estado de vacaciones o no se ha enterado del asesinato de Fernando Buesa.

Sobre los cómplices
EDUARDO HARO TECGLEN El País 23 Marzo 2001

De todas las imágenes de la última muerte me impresionó mucho la de los concejales de EH inmóviles, sentados, sin votar la condena por el asesinato de uno que se sentaba entre ellos. Debe ser muy difícil estar así, con el rostro pétreo, ante gritos e insultos. Supongo que es fruto de una pasión nacionalista que no puedo sentir; ni quiero, y estoy satisfecho. Pero aún es peor entrar en un bar pistola en mano y matar a alguien indefenso. Pienso en los que tienen esa actitud sin manifestarla o alegrándose en secreto: doscientos, trescientos mil. Se verá en las elecciones, malditas elecciones, movidas por el PP y por el PSOE, ver que cuando las pierdan la tragedia será mayor. Pero es duro pensar que en un núcleo pequeño de población dos o tres cientos de millares aprueban un muerto tras otros. ¿Son los cómplices de las pancartas de la manifestación?

Otra idea maldita: esa ambigüedad. Ideólogos tontos y torvos van moviéndose hacia el desastre común. Por la libertad, la Constitución y el Estatuto, decían en su pacto solidario. Si uno no acepta las tres formas, ni cree en la libertad que concede Aznar, se vuelve cómplice a los ojos de estos mentecatos. Los cómplices ¿quiénes son? ¿Los verdaderos cómplices judiciales, los chivatos, los que dan nombres e itinerarios, y descripciones de coches? No, ésos son mucho más que cómplices. ¿Se refieren a los que no condenan? Ésos parecen ser unos Pilatos. Deben estar en su derecho: si no, estarían encarcelados. ¿O se apunta al PNV, para seguir la ofensiva electoral, la alusión a que de ellos salen las normas que se desmandan hasta el asesinato?

En un momento en que los mismos manifestantes contra el crimen están hablando de guerra civil, no creo que estas insinuaciones calumniosas sean legales. Digo 'legales' en el sentido en que se dice en medios juveniles para hablar de uno: 'Ése es legal'. O sea, honesto, claro, de fiar. No sé a quién se le ocurrió ese añadido: a un provocador. A alguien más raro que Aznar, menos simple que Mayor. Quizá pensó en esos doscientos mil votos que van a ir a los que no condenan, porque lo aprueban. Los iluminados, los patriotas, los que creen en su propia raza como en un designio divino. He visto tantos, con tan distintas etiquetas: y, sin embargo, aún me asombro de que existan.

Ana Urchueguía, cercano redoble de conciencia
ANTONIO BURGOS El Mundo  23 Marzo 2001

Tengo entendido que fue Rosa Díez, cuando era consejera en el Gobierno de coalición, la que lanzó aquella campaña de promoción turística del País Vasco: «Ven y cuéntalo». Aquella campaña que le costó un disgusto a Mingote, cuando Ajuria Enea quiso empurarlo por haber hecho en un dibujo el trágico collage de la fotografía del cadáver aún sangrante de un asesinado por la ETA y, sobre él, el lema turístico. Ya no hay que ir para que nos lo cuenten. Nos lo cuenta cada día Fernando Savater. Y nos lo ha contado ahora Ana Urchueguía. Mejor que nadie. ¡Qué pedazo de señora! Y qué servicio le ha hecho esta señora a sus paisanos. Es muy difícil identificarse con los vascos, lo siento, cuando sale Arzalluz con su habitual chorreón de vinagre sobre una herida reciente. Pero hay que ser muy mal nacido (por ejemplo, una payasa del circo sangriento de la autodeterminación como Aiora Zulaica) para no ponerse del lado de vascos como la alcaldesa de Lasarte. Debe de ser una maravilla, tener una alcaldesa de Zamarramala, pero todo el año, y con la vara de mando tan bien puesta.

Ana Urchueguía, sin que vayamos, nos lo ha contado a todos los españoles. Desde que la vimos plantar cara en el pleno y defender el derecho a la palabra hasta de los que hablan con las pistolas, nos ha hecho la mejor descripción de lo que está pasando y de cómo lo están pasando. Sus palabras eran como si le pusiera música e imagen, luz y sonido a la denuncia de Gil Robles al Consejo de Europa. Ni más ni menos que los derechos de los pueblos.

El otro día vino a mi pueblo un profesional de la intelectualidad de izquierdas, un virtuoso de la solidaridad de cinco estrellas, ex pasajero del Zapatour VIP, a hablar de los derechos del pueblo saharaui y de los inmigrantes ilegales. Me hubiera parecido de perlas, si por lo menos hubiera dicho no digo ya un discurso, sino unas palabritas de condena sobre los que niegan los derechos civiles a todo el pueblo vasco que no sea cómplice del genocidio. Sin necesidad de ir tan lejos, éstos que están todo el día haciendo el elogio del antiguo dependiente del Corte Inglés deberían dejarse de tambores lejanos y escuchar el cercano redoble de conciencia (lo digo con titulo de Blas de Otero) de Ana Urchueguía. Eso se llama defender los derechos de un pueblo, sin capucha y sin cachimba, frente a los encapuchados de la pipa 9 milímetros Parabellum.

Pistoleros sin pistolas
José María CARRASCAL La Razón   23 Marzo 2001

Tengo que corregir las acusaciones que una ciudadanía indignada lanzó contra los concejales de HB en el ayuntamiento de Lasarte. «¡Sin pistolas no sois nada!», les gritaron. No. Aun sin pistolas, son asesinos. Todo el que tolera, encubre, respalda, no condena los crímenes de Eta es tan asesino como el que está apretando el gatillo o activando el detonador del coche bomba. Que quede esto muy claro. Nada justifica arrebatar a otro la vida. Y menos que nada, una idea. Por una idea puede morirse, que es lo que están haciendo hoy tantos demócratas en el País Vasco. Pero nunca, matar. 

Quien mata o lo justifica es tan asesino como el asesino mismo. Que lo sepan todos aquellos nacionalistas «moderados» que tratan de dialogar, pactar o convivir con la fiera. Son tan culpables como ella, al darle oxígeno, amparo, justificación para sus desmanes. Como aquellos que, todavía más cobardes y taimados, lanzan nubes de humo sobre la responsabilidad de esos crímenes. Los que dicen, como quien no quiere la cosa, que se trata de un problema muy complejo, antiguo, con muchos culpables, apuntando al régimen de Franco e incluso al gobierno del PP. Una infamia porque de los crímenes actuales de Eta sólo es culpable Eta y cuantos de un modo u otro tratan de exculparla. Hay que decírselo a la cara: asesinos sin pistolas.


    Otra cosa que ha dejado en evidencia el último asesinato de Eta es que un pasado antifranquista no garantiza hoy la inmunidad en el País Vasco. Lo sabíamos ya, pero nunca se había visto tan claro. Froilán Elespe creía que su militancia demócrata y su arraigo social le protegían. No se daba cuenta de que esa militancia y ese arraigo le hacían intolerable a los totalitarios. Es una advertencia que sirve también para los del PNV, que ya han recibido algún aviso periférico en este sentido. Si creen que están a salvo de Eta se equivocan de medio a medio. Cuando Eta acabe con los «españolazos», como les llaman, la emprenderán con ellos. Y la emprenderán con ellos porque Eta no persigue un proyecto nacional, por más que se diga. Persigue un proyecto claramente fundamentalista: la construcción de un Estado en el que sólo tengan cabida los vascos que piensen como ellos. El resto, incluidos los vascos democráticos, serán tratados como producto sobrante, superfluo, a eliminar. Arzallus les llamó «grasa», en la más pura línea del nacionalismo radical. Puede incluso que les traten peor, al considerarles traidores a la causa sagrada y prueba material de que lo vasco no se reduce a lo que ellos quieren que signifique. 

Se viene comparando a Eta con los nazis y tiene, en efecto, muchas similitudes con ellos. Pero a quien más se parece es a los talibanes. Incluso en el gesto. Comparen las imágenes de sus concejales en Lasarte con las que nos llegan de Afganistán y me darán la razón. Buena les esperaría a los nacionalistas moderados si estas bestias ocupasen el poder. Menos mal que otros están dando la vida para que tal desgracia no ocurra.

Un cargo electo no puede estar desprotegido en una democracia
Impresiones El Mundo  23 Marzo 2001

"ETA nos ha colocado en el corredor de la muerte», dijo gráficamente anteayer Ana Urchueguía, alcaldesa de Lasarte. La doble condición de ocupar un cargo público y ser militante del PP o socialista en el País Vasco supone, efectivamente, convertirse en blanco de la organización terrorista. Ante esta realidad evidente, PSOE y PP acordaron ayer exigir a los gobiernos de Madrid y de Vitoria que se hagan cargo a partes iguales de la factura de la seguridad privada de los altos cargos y electos que no disponen de escolta policial. La cifra que manejan ambos partidos no es una minucia: 2.500 millones anuales en conjunto, una cantidad que no pueden asumir sus depauperadas arcas. La demanda del PSOE y del PP no sólo está justificada. Ya resulta de por sí bochornoso que tengan que pedir que el Estado les pague algo que no se le puede negar a nadie: la protección para seguir viviendo. Es absolutamente insólito que en la Europa occidental del siglo XXI unas personas elegidas por el pueblo no puedan expresar libremente sus ideas sin correr un serio riesgo de ser asesinadas. Pero además la situación de los representantes del PSOE y del PP tiene otra derivada: la falta de igualdad de oportunidades de cara a las próximas elecciones para pedir el voto o difundir públicamente su programa. Resulta igualmente hiriente que ambos partidos tengan que negociar con el Gobierno vasco un plan de protección durante la campaña, algo comprensible en Macedonia pero no en un Estado de la UE. Ambos gobiernos tienen la obligación moral y política de hacer todo lo posible para garantizar la seguridad y atender las legítimas reclamaciones de quienes están sufriendo por defender la democracia y sus valores.

Cataplasmas
Nota del Editor 23 Marzo 2001

El sentido común es el menos común de los sentidos. Si a los asesinos les resulta más complicado asesinar personas protegidas, asesinarán a las desprotegidas. No se pueden establecer niveles de protección en función de la representatividad política, es la sociedad la que necesita protección y la contravigilancia es mucho más eficaz: una sociedad protegida puede ejercer una intensa labor de contravigilancia, lo contrario de lo que ocurre ahora: la sociedad desprotegida está  vigilada y sometida por la minoría amenazante y terrorista protegida por los nacionalistas que aprovechan el poder político y el terror para perdurarse. Lengua propia, historia propia, identidad propia, funcionarios propios, políticos propios, asesinados impropios.

Tocando fondo
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón  23 Marzo 2001  

En las horas subsiguientes al asesinato del edil socialista de Lasarte Froilán Elespe, se han producido dos incidentes que revelan un estado de ánimo colectivo digno de ser considerado con atención. Durante la celebración del pleno de dicho Ayuntamiento en el que se aprobó un comunicado de condena de todos los grupos salvo EH, muchos vecinos presentes en la sala increparon con gran dureza a los representantes batasunos.

 Expresiones tan elocuentes como «nazis», «asesinos», «fascistas» o «si pasa un nacionalista, le escupo», resonaron como látigos encolerizados cuando los aliados de los terroristas entraron en el recinto o intentaron infructuosamente leer un texto sobre el atentado. Incluso hubo quien les arrojó papeles, indignados e inofensivos proyectiles tan distintos del plomo y la metralla utilizados reiteradamente por la banda criminal.

    En un escenario distinto, el secretario de los socialistas guipuzcoanos Manuel Huertas le espetaba al portavoz peneuvista Josu Jon Imaz a apenas cincuenta metros del cadáver de su infortunado correligionario un «¿no os da vergûenza lo que está pasando? Nos están machacando», que encerraba la carga de rabia y desprecio acumulada desde que tras la ruptura de la tregua el PNV siguiera adherido a Estella y calificando la tragedia vasca de «conflicto político». Si se observan las fotos aparecidas en distintos medios o se leen las descripciones de ambos sucesos, tanto gráfica como literariamente, destacan los rostros desencajados y tensos de los concejales de EH en Lasarte mientras reciben el chaparrón de invectivas de sus paisanos y la consternación reflejada en la cara del dirigente nacionalista al comprobar como su pésame es recibido con el rechazo asqueado que merece su cobardía y la de su partido ante el exterminio al que están sometidos sus oponentes políticos, policías, militares y periodistas.

    Al igual que después de la horrible muerte de Miguel Ángel Blanco a manos de Eta, se produjo una reacción generalizada de ira popular que puso en fuga a los afiliados a HB, que se escondieron como ratas en sus casas y en las herrikotabernas, la saña con la que la organización mafiosa está golpeando en los últimos meses a gentes de todos los estratos sociales por el solo hecho de no comulgar con su locura irredentista, puede generar una ola de ataques a los nacionalistas no ya verbales sino físicos por parte de una ciudadanía indignada y fuera de control. Es obvio que la estrategia de la banda persigue la alteración del resultado electoral del 13 de mayo bien provocando mediante el miedo un aumento inusitado de la abstención de los votantes populares y socialistas o desatando una situación de caos desbordado que imposibilite el normal desarrollo de los comicios. El País Vasco está tocando fondo y en las profundidades abisales a las que lo han arrastrado Arzalluz y sus amigos etarras únicamente hay frío, desolación y oscuridad.  

Solidaridad
XABIER GURRUTXAGA El Correo 23 Marzo 2001

El asesinato del concejal socialista Froilán Elespe ha puesto de manifiesto nuevamente la enorme tragedia que están viviendo los hombres y mujeres del PP y del PSOE por el mero hecho de ser popular o socialista en Euskadi. La naturaleza y la dimensión del problema es francamente gravísima para cualquier sociedad que se precie de democrática. Nadie que tenga una mínima sensibilidad por el respeto que merece todo ser humano puede despreciar o minusvalorar la dimensión del horror que están viviendo muchísimos ciudadanos vascos. Nadie que tenga un mínimo aprecio a la democracia y a la libertad se puede mostrar pasivo ante lo que está sucediendo en Euskadi. Ningún nacionalista vasco que defienda la libertad, la vida y la democracia puede sobrellevar esta situación sin que se le caigan las lágrimas por el dolor y el sufrimiento que están padeciendo los acosados por ser del PP o del PSOE, aunque ETA también mata a más gente.

Es tal la indefensión y el sentimiento de desprotección que están viviendo, que cuando uno oye a Ramón Etxezarreta, concejal socialista de Donostia, decir que «nos matan como a conejos», no cabe otra respuesta que la de reforzar los lazos de amistad, afecto y solidaridad. Una respuesta que implica necesariamente tener que llorar con ellos, resistir con ellos y responder, lógicamente, con ellos a la barbarie que representa ETA y los que la respaldan. El nacionalismo democrático tiene mucho que hacer y, por consiguiente, mucho de lo que responder. Debe hacer mucho más de lo que ha realizado hasta el momento desde las instancias de gobierno para que ninguno de los cargos públicos pueda tener la más mínima duda o razón que permita que en él nazca un sentimiento de desprotección por los poderes públicos. Debe hacer mucho más en la organización de esa solidaridad en la propia sociedad para que los ciudadanos que viven esa terrible situación de miedo y de acoso, lejos de tener la percepción de que están solos puedan llegar a sentir que están arropados y protegidos.

El nacionalismo debe asumir como obligación democrática actuar como auténtico escudo humano de todos los perseguidos. Tiene, además, con respecto a los acosados por ETA y perseguidos por la izquierda abertzale, la obligación de expresar su solidaridad política, anunciando que no habrá acuerdo, ni expreso ni tácito, con EH mientras ésta siga resistiéndose a condenar la violencia de ETA. Este pronunciamiento es hoy un requisito indispensable para que los actos de condolencia, como expresión de la solidaridad humana, tengan credibilidad ante los afectados y ante la sociedad.

Sacudirse miedos y complejos
JESÚS SÁNCHEZ MAUS El Correo 23 Marzo 2001

El diagnóstico de la realidad que propició el surgimiento de Gesto por la Paz reflejaba la instalación del miedo y la apatía en la paciente sociedad vasca. «Basta ya de indiferencia» fue precisamente el mensaje que convocaba a la primera manifestación en Bilbao con motivo del asesinato de Gandhi, el 30 de enero de 1988. Se deseaba alentar un compromiso cívico, amplio y permanente contra la violencia, sostenido hasta el momento presente. No se pretendía resolver ningún conflicto. Esto supera las posibilidades de una ciudadanía que, aún organizada, sabe que en todo caso corresponde a la función pública encomendada a los representantes políticos. Se quería sin embargo salir al paso del fruto agrio que el terrorismo había ido generando, mostrado en el más que llamativo repliegue cívico amasado de temores y complejos personales y colectivos.

Una mirada retrospectiva ilustra lo que hemos avanzado con respecto a la apatía. A estas alturas, pocos sectores quedan indiferentes o no implicados y hasta fuertemente movilizados contra la violencia. El compromiso social ha ido creciendo a la sombra del hastío. El mismo terrorismo se ha encargado de hacer amplio el número de los afectados. Al tiempo que consigue socializar y extender el sufrimiento, genera hacia su propia causa un campo minado de personas y grupos que no se callan y le plantan cara. Diferente ritmo ha seguido el andar contra el miedo. Con frecuencia oímos decir a mucha gente que tiene miedo. Se publica que la tensión inserta en la sociedad vasca afecta a la salud psíquica de la población. No en vano, una vez y otra somos zarandeados por la intolerancia y el horror, en calles, en fiestas, a la luz del día y en la oscuridad de la noche, poniendo a flor de piel nuestros temores. A causa de los ‘luchadores de la libertad’, algunos acaban yéndose porque no soportan más ser cautivos de temores insufribles. Entre los que se quedan, hay quienes pagan por ello el alto precio de la vida.

Recientemente, un dirigente político afirmaba en público que «peor no podemos estar». Desde el punto de vista cuantitativo y hasta efectivo, en otros tiempos ETA tuvo éxitos macabros tan buenos o mejores que los del presente. En verdad, no es eso lo que indica que estemos mejor o peor. Aunque estamos peor. Un monstruo sanguinario que se llama ‘Euskadi y Libertad’ podría estar ya moribundo de inanición de no haber encontrado quien lo alimentara con las viandas de las razones (políticas, legales o morales), las justificaciones y los pactos más o menos encubiertos. Rebasando contornos de sobra conocidos como para no dejarse embaucar por el pecado de omnipotencia que acaba volviéndose contra el mismo que lo sueña.

En estas circunstancias, se vuelve surrealista y trágico a la vez escuchar que el miedo «es subjetivo». Por supuesto que al formar parte de las emociones humanas no escapa a la subjetividad. Se habla del miedo como la primera emoción humana, recurriendo incluso al relato del Génesis para apoyar esta hipótesis. Lo primero que sucede a Adán y Eva, después de desobedecer, es que se esconden al oír los pasos de Dios: «Te oí por el jardín y tuve miedo». Sentimiento humano que, en diferentes grados, tiene dos derivaciones principales, positiva y negativa. Nos advierte de lo que pone en riesgo la propia supervivencia, y al ejercer esta acción preventiva nos ayuda a seguir viviendo. Sin embargo, en su vertiente negativa, puede obligarnos tanto al repliegue que acabe paralizando energías y capacidades vitales, impidiendo ejercer con libertad la propia contribución a la vida en sociedad a que toda persona civilizada tiene derecho.

El terrorismo sabe que el miedo es contagioso y busca sacar partido de ello, infundiendo un estado de temor que induzca a claudicar y someterse a sus pretensiones. El psiquiatra Luis Rojas Marcos, al hablar del miedo como ladrón de la felicidad humana, afirma que «la propiedad infecciosa del miedo es aprovechada como un arma eficaz por terroristas, hombres y mujeres que utilizan la agresión y el asesinato indiscriminados para amedrentar y coaccionar» y que «propagan el pánico con el fin de dislocar el equilibrio político de la sociedad mayoritaria que odian atacando su pilar más frágil: la confianza pública». Conocemos bien en nuestra sociedad lo que significa esa descripción, y cuáles son sus consecuencias.

Es la versatilidad del miedo la que en mi opinión propicia en la actualidad un fenómeno que parece que seguirá hasta que finalice la campaña electoral. Jugar con los temores humanos y acentuar la creencia de la plausibilidad del terrorismo y del miedo a la violencia. Como si fuera una verdad absoluta (incluso demostrable) eso de que con el terrorismo sólo pudiera acabarse en la medida en que se cede a sus deseos totalitarios. Por ello, ante un probable cambio de gobernantes para el País Vasco se induce a tener miedo a la ciudadanía en general y a determinados colectivos en particular. Significativo es el rumor entre ertzainas acerca de que una dirección política de un gobierno no nacionalista les llevaría irresponsablemente a una actuación más decidida frente a la violencia terrorista, y, por tanto, a asumir más riesgos personales.

Infundir estos temores y jugar con el sentimiento de riesgo e inseguridad en la coyuntura actual de la sociedad vasca es una bajeza ética que pone de relieve hasta qué punto hay quien está dispuesto a lo que sea con tal de seguir donde está. Es bueno recordar que todo proyecto político es histórico y, por tanto, relativo e intercambiable en un momento dado por otro cuando es libremente decidido por la mayoría. Es el fundamento de la alternancia democrática. Lo que no puede ser relativo son los valores que otorgan dignidad e identidad a las personas. Sin duda, principalmente el derecho a la vida y a vivirla en libertad. Cuando bajo la amenaza de las armas de los comandos de ETA se pide la soberanía a cambio de la paz, no se está ofertando un proyecto político más para que la ciudadanía escoja, sino que se está exigiendo ceder a él a costa del derecho humano de ser libre y solidario. Los que manifiestan su desacuerdo con los métodos terroristas, pero declaran su afinidad con sus objetivos políticos, deben preguntarse qué es primero, si claudicar al chantaje por sintonía política o tener en cuenta a la mayoría social que pide desde hace tiempo la desaparición de la violencia para poder convivir en paz.

Utilizar en política la estrategia de meter miedo otorga en cualquier caso una específica identidad a sus autores. Esta sociedad tiene una nueva posibilidad de alzar la voz y sacudirse miedos y complejos que con tanto afán pretenden imponerle. Quizás quienes en el fondo no hacen sino proyectar su propio temor a perder el poder acumulado. Es verdad que el miedo se contagia, pero la valentía y la fortaleza también. Al ver la desigualdad de condiciones y riesgos en que vivimos unos y otros sólo debería acomplejarnos y avergonzarnos la inconsistencia de nuestro compromiso a favor de los que menos libertad y seguridad tienen. Porque son estas personas las que con su deteriorada situación marcan el tono de hasta dónde llega la calidad de nuestra convivencia socio-política, y de cómo ha sido gestionada.

«Me entristeció ver que en Euskadi hay gente que mira hacia otro lado»
ÁLVARO GIL ROBLES COMISARIO DE DERECHOS HUMANOS DEL CONSEJO DE EUROPA Tras su visita al País Vasco y su posterior informe, el comisario europeo advierte de que hay «síntomas muy serios de fractura social» y apela a la unidad de los demócratas para evitarla
OLATZ BARRIUSO BILBAO El Correo   23 Marzo 2001

Casi en cada respuesta, Álvaro Gil Robles emplea la palabra ‘democracia’ o alguna de sus variantes. El comisario europeo de Derechos Humanos, muy criticado por los nacionalistas tras acusarles en su polémico informe de no garantizar la seguridad de los ciudadanos, mantiene lo que ya dijo sobre el papel: un sector de la sociedad vasca vive «acosado e indefenso». Otro, añade ahora, «mira hacia otro lado» ante el sufrimiento de las víctimas. En la unidad de los demócratas reside, en su opinión, la solución. Por eso no se cansa de repetirlo.

-El Consejo de Europa respaldó sin fisuras su informe sobre Euskadi.
-El Comité de Ministros del Consejo lo ha estudiado en profundidad y, con la unanimidad absoluta de todos los países, ha mostrado su solidaridad con los demócratas españoles y condenado de forma absoluta el terrorismo. En Europa son conscientes de la gravedad de los posicionamientos totalitarios, intransigentes y excluyentes del nacionalismo radical. Contra eso elevan, clarísimamente, su voz.

-Sin embargo, ha sido muy contestado por los nacionalistas vascos. ¿Le ha sorprendido?
-No. No me planteé si la reacción iba a ser negativa o positiva. He intentado ser fiel a la situación descrita por las personas con las que me he encontrado y transmitir la angustia en la que viven los que no coinciden con el pensamiento autoritario y radical. No el del nacionalismo democrático, que en ningún caso se puede equiparar. Pretendo que quienes tienen responsabilidad para solucionar el problema tomen medidas para que esa parte de la población se sienta reconocida, partícipe de las instituciones democráticas y protegida por ellas.

-Le acusaron de sacar conclusiones de forma precipitada.
-Conozco mi país desde hace muchísimos años, no olvide que he sido Defensor del Pueblo. No fui al País Vasco a aprender en dos días. Fui a buscar certidumbres, y así las he reflejado. No hay que acusar al notario de que levante acta de las cosas, sino intentar resolver los problemas. Y, fíjese, estoy convencido de que los nacionalistas demócratas tienen muy claro que el enemigo es común. Y todos, nacionalistas y no nacionalistas, pueden hacer un frente común con el nexo de ser demócratas y construir un país para todos. Ése es el mensaje que debe extraerse del informe.

-Pese a conocer la realidad del País Vasco, ¿hasta qué punto le impresionó vivirla de cerca?
-Es difícil estar preparado para escuchar algunas cosas, aunque leo los periódicos y veo los horrores por los que pasa mucha gente. Tenía una visión bastante aproximada de la situación, pero no es lo mismo escucharlo de los labios de la gente, ver en sus ojos el miedo y la angustia simplemente por ser concejal de este o aquel partido, ver que se juegan la vida por ser demócratas y defender la libertad. Como el profesor de Universidad que se tiene que marchar porque a ese grupo no le gusta y le van a matar o el periodista que desea ejercer su derecho a la libertad de información y también le quieren matar. Ésa es la gente que yo he encontrado, son los sindicatos de la Policía autónoma, son muchas personas. No se puede decir que eso no es real. ¿Cómo no va a ser real?

-¿Algo le marcó especialmente?
-Es el conjunto lo que me ha marcado muy profundamente, la sensación general de angustia de un sector de la población vasca. También me ha entristecido la actitud de otra parte de la población, no ya los que alientan a los violentos, sino aquellos que mantienen una actitud pasiva, como si no fuera con ellos, que miran hacia otro lado. Los que le dicen al vecino ‘cámbiate de piso porque esto es difícil para nosotros’, en vez de mostrar solidaridad democrática con la víctima. El verdadero demócrata lucha para que el que piensa distinto se pueda expresar. Hay que fomentar lo que nos une y no lo que nos enfrenta.

-¿Es un llamamiento?
-Es algo sobre lo que muchísimos demócratas están reflexionando. No debemos olvidar jamás que estos totalitarismos empiezan hoy con unos y al final terminan con todos. Por eso, la democracia necesita que la defiendan todos los días.

-Tras el último asesinato de ETA, ha habido voces que han alertado del riesgo de fractura social. ¿Vio indicios de algo así durante su visita?
-Hoy no existe como tal, afortunadamente. Pero hay síntomas muy serios. Cuando uno ve que una parte de la población está acosada, perseguida e indefensa, y hay otra parte que aparenta cierta indiferencia, ¿qué cree usted que se puede producir? Hay que hacer todo lo posible por no llegar a eso, para que lo que todavía hoy une a mucha gente los siga uniendo más que nunca, sea cual sea su ideología politica, siempre que sea democrática. Estamos muy a tiempo de evitarlo.

-El Gobierno vasco expresó su malestar porque el texto había sido «filtrado, escrito y dirigido» desde Madrid. ¿Ha podido eso perjudicar a la credibilidad del informe
-En eso no entro. Hace mucho que sé que los documentos oficiales acaban apareciendo se quiera o no se quiera. Insisto. ¿Por qué no se habla del fondo? El papel de los nacionalistas demócratas -también el de los no nacionalistas- debe ser el de unirse, porque saben que en el País Vasco cualquier planteamiento político es posible si se renuncia antes a empuñar las pistolas.

Opinión formada
-También arremetieron contra usted por hacer público el documento antes del 13-M. ¿Cree que influirá en la campaña electoral?
-No hay ningún límite para publicar un informe de esta naturaleza, porque no creo que haya límites para proteger los derechos humanos, ni fechas mejores ni peores. Es cierto que cuando un país disuelve su Parlamento y hay un informe pendiente, el comisario no lo presenta hasta después del período electoral. Pero cuando apareció el informe aún no se había disuelto. No hagamos maniqueísmo. Además, creo que todo ciudadano vasco tiene ya su opinión formada, sabe en qué país vive.

-Según sus conclusiones, los actuales gobernantes tienen «cierta responsabilidad» en la falta de libertades. ¿Ve necesario un cambio?
-Permítame que no opine. No debo entrar en temas de política interna.

-Pues hubo quien dijo que su ideología podría haberle influido.
-Hace años que no tengo militancia política. Estoy en Estrasburgo y siempre he sido absolutamente escrupuloso con mi independencia de criterio. Echándole humor, creo que he conseguido algo absolutamente maravilloso: ser del PP, de la democracia cristiana y del PSOE a la vez, según unos y otros. Que lean el informe y se pongan a trabajar.

-El Gobierno central puso impedimentos a su viaje a Euskadi.
-En un primer momento, el Gobierno no era un entusiasta de esta situación por las razones que sean, que yo nunca he conocido. Pedí la colaboración del Estado español, que tenía la obligación estatutaria de darla y así ha sido.

-Y los que entonces se ofendieron acabaron criticándole. ¿Dolido?
-Esas cosas siempre producen tristeza. Pero acercarse a la verdad no es grato, porque siempre hay a quien no le gusta oírla.

El 'rostro amigo' en la guerra de ETA
Un edil socialista «descubre» entre los radicales de Haika a un amigo de la familia
DIEGO ARTOLA El Mundo 23 Marzo 2001

GETXO.- Joseba Markaida, concejal socialista en Getxo, descubría este martes con estupor que el azote de la violencia que golpeaba contra su casa el pasado febrero se encarna en un rostro dolorosamente cercano. Zigor Goikoetxea, detenido como presunto autor del sabotaje, aparece en el álbum familiar sonriente a los 14 años junto a su hijo mayor. En el fondo de la imagen surge la ventana del caserío, la misma ventana en la que con saña habría lanzado cinco cócteles molotov. «Para nosotros, era como un hijo más», recalca Joseba.

Son siete años los que separan ambas escenas, siete años en los que el Zigor hijo y hermano adoptivo de los Markaida se transforma amenazante en el peor de sus enemigos. Un infierno de fuego sorprendía a la familia la noche del 19 de febrero. Entonces la pronta reacción de los presentes evitó cualquier pérdida y limitó los daños al marco de la ventana de la cocina.

Sacudido aún con la resaca de la reciente muerte de su compañero Froilán Elespe, Joseba tiene que digerir la realidad de encontrar a Zigor convertido en su agresor. «Es un asunto muy triste», recalca abatido. No hace mucho tiempo en que el joven pasaba tardes enteras con su familia como todavía recuerda hoy. «Ha estado más con nosotros que en su propia casa», señala. A las dos familias les separan 100 metros escasos y les unía una sincera amistad.

La vinculación de Zigor en los círculos más intransigentes del radicalismo vasco viene de familia. Su hermano mayor, Arkaitz, detenido en la misma operación policial, fue el primero en introducirse en primera línea de batalla. Los Markaida recuerdan a Arkaitz como un joven que exhibía orgulloso su vinculación a toda causa radical. Zigor era otra cosa, su naturaleza tímida le hacía muy apreciado entre los Markaida. «Era un cielo, le queríamos un montón. Era cariñoso y muy majo», señala la esposa de Joseba, Asun.

Joseba y Asun no dudan en señalar a la dominante madre de Zigor como la responsable de su metamorfosis. «Su madre le ha alentado, estaba encantada de sus actividades», señalan. Con el paso del tiempo, Zigor fue relacionándose en ambientes cada vez más cerrados. «Al final son muchos los círculos que les manipulan, es mucha la propaganda subliminal que reciben», señala Joseba. Su ascensión en el entramado violento fue meteórica. En el instituto ya era el delegado estudiantil de los radicales y a los pocos años ya se erigía como el jefe de Jarrai en la zona. «Se aprendió de memoria los cuatro latiguillos que emplean», recuerda Joseba.

Las relaciones entre ambas familias se mantuvieron cercanas en los años siguientes a pesar de que los Goikoetxea hijos habían derivado hacia el entorno radical. «Ellos están en guerra y nos han convertido en enemigos, es un delirio. Se consideran sometidos y ése es un combate que llevan en la cabeza», concluye Joseba.

Ayer, el juez Baltasar Garzón ordenó la prisión provisional para Zigor Goikoetxea, Jorge del Campo y Urtzi Murueta y puso en libertad a otros dos jóvenes detenidos por el ataque a una sucursal bancaria en Durango.

La lengua, principal obstáculo para la buena relación con los catalanes
MADRID. Isabel Gallego ABC 23 Marzo 2001

La lengua es el principal obstáculo para las buenas relaciones entre los catalanes y el resto de españoles. La mayoría cree que la existencia de dos lenguas es un hecho enriquecedor, pero un 67 por ciento de españoles está de acuerdo en que el catalán debe ocupar un lugar secundario. El 69 por ciento piensa que los catalanes utilizan su idioma para diferenciarse. La mitad de éstos cree compatible ser nacionalista y sentirse español.

Trabajadores, emprendedores y responsables. Este es el perfil de los catalanes, según su propia definición, que coincide también con la imagen que de ellos tiene el resto de los españoles. Eso sí, los ciudadanos de otras Comunidades destacan, aunque en menor medida, otro atributo: el de prepotentes. Así, al menos, se recoge en el estudio «Cataluña en la España actual: Percepciones y actitudes ciudadanas», dirigido por el sociólogo Joaquín Arango.

RESPETO A OTRAS IDENTIDADES
El informe, encargado por la Generalitat dentro de la campaña «Cataluña hoy», pone de manifiesto, no obstante, que las relaciones entre los catalanes y el resto de los españoles no son tan distantes como se pensaba. A pesar de la existencia de puntos de fricción en la percepción del Estado actual, predomina el sentimiento mayoritario de que las relaciones actuales entre los catalanes y el resto de los españoles son buenas. De hecho, el 64 por ciento de los españoles considera que en la actualidad las relaciones son «bastante buenas o muy buenas» y los que consideran que son deficientes se lo atribuyen a los políticos (el 42 por ciento en Cataluña y el 34,4 por ciento en el resto de España).

El estudio ha sido realizado a través de entrevistas a hombres y mujeres mayores de 18 años y residentes en todas las Comunidades autónomas. Sus resultados ponen de manifiesto que las diferencias entre la sociedad catalana y la de otras Autonomías se centran principalmente en su actitud en relación con los nacionalismos y con la lengua. En el primer aspecto, el 74 por ciento de los españoles cree que «España ha de ser un país que reconozca y respete las diferentes identidades que lo conforman». Sólo un 20 por ciento es partidario de «un país homogéneo con personalidad única». Asimismo, el 42 por ciento de los españoles acepta el nacionalismo siempre que no sea separatista. En cuanto al grado de compatibilidad del nacionalismo catalán con la identidad española, el 57 por ciento de los catalanes cree compatible ser nacionalista y sentirse español, un porcentaje que se eleva al 62 por ciento en el caso del resto de los españoles.

NACIÓN SÓLO PARA EL 4 POR CIENTO
Las diferencias son sensiblemente mayores en lo que se refiere la concepción de Cataluña. Sólo el 4 por ciento de los españoles considera que es una nación diferente, frente al 14 por ciento de los ciudadanos que viven en Cataluña. El 45 por ciento de los ciudadanos entiende que es una Comunidad autónoma diferenciada, porcentaje que baja hasta el 37 por ciento en opinión de los catalanes. Pero, el principal obstáculo para el entendimiento con los catalanes sigue siendo la lengua. Del informe se desprende que, en general, en España predomina una visión regionalista de la lengua catalana, lo que es motivo de notables discrepancias. Y es que si bien para la inmensa mayoría (95 por ciento de los catalanes y 83 por ciento de otras Comunidades) la existencia de dos lenguas se considera un hecho enriquecedor, el 66 por ciento de los españoles considera que el catalán debería ocupar un lugar secundario respecto al castellano, que debe ser «la primera lengua» en Cataluña, una idea ampliamente rechazada en esta Comunidad autónoma.

EXTRANJEROS EN CATALUÑA
Existe también un acuerdo en considerar que «la enseñanza del catalán debería ser voluntaria en Cataluña» y que «imponerlo es un error», aunque la mayoría de españoles que suscriben estas afirmaciones residen fuera de Cataluña. Por otra parte, los españoles perciben el uso de la lengua catalana como un elemento intencional. Así, el 59 por ciento está de acuerdo en que los catalanes utilizan esta lengua «para diferenciarse». En la sociedad española también prevalece la idea de que el uso del catalán puede suponer un obstáculo para el entendimiento y las buenas relaciones. No en vano, el 68 por ciento ve la lengua como un obstáculo para ir a trabajar a Cataluña, y un 53 por ciento participa de la idea de que el uso del catalán hace que los españoles se sientan extranjeros en Cataluña.

MÁS DEFENSA DEL CATALÁN
En este sentido, el primer consejero de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas, manifestó que «hay que cambiar esa idea de que los catalanes utilizan el catalán para diferenciarse. Es su lengua y, además es milenaria», dijo, a la vez que lamentó que el catalán no sea defendido «con más convencimiento» desde los poderes públicos. «Se podría hacer una defensa más clara de los idiomas propios de las Comunidades en el discurso político y estimularlos académicamente».

Pujol se pliega
Pablo Sebastián La Estrella  23 Marzo 2001

Con la habilidad que le caracteriza, Jordi Pujol ha dado un paso atrás y se ha plegado al Plan Hidrológico Nacional en las votaciones del Congreso de los Diputados, después de haber roto el consenso de mayoría que mantenía con  el PP en el Parlament de Cataluña por la misma cuestión. A cambio del repliegue de CiU, el líder de Convergencia ha conseguido concesiones en el trasvase del delta del Ebro que él mismo se encargará de explicar a su clientela política del lugar.

El presidente catalán es un buen estratega y ve cómo el PP está pelando las barbas de sus otros colegas nacionalistas del PNV, a los que el PP, el PSOE y sus altavoces están culpando de todo lo que pasa en el País Vasco por su responsabilidad de gobierno de Vitoria y a causa de los pactos que mantuvieron con EH en el pasado. Una situación que en su día dio lugar a la Declaración de Barcelona, la que hoy duerme largo sueño precisamente por decisión de Pujol.

Como los buenos ciclistas de fondo y de contrarreloj que se enfrentan a la dificultad de las etapas de alta montaña práctica, con habilidad y mesura en las formas, eso que en el argot de los ciclistas se llama "hacer la goma": dejarse caer hacia atrás cuando los escaladores aprietan y acercarse a la cabeza de la carrera cuando las fuerzas y el llano lo permiten, el president catalán no gasta energías en balde y marca su propio ritmo de carrera, a sabiendas que de aquí al día 13 de mayo (y puede incluso que después) los nacionalistas, en su conjunto y en el nombre del PNV, van a sufrir su Tourmalet.

Una mítica montaña con un recalentamiento social en el que ETA echa su cuarto a espadas o a puñaladas por la espalda, para provocar lo que se está llamando un preenfrentamiento civil en el seno de la sociedad vasca.  Y una indignación en toda España que corre como reguero de pólvora encendida y amenaza con extenderse por todo el territorio y contra todo nacionalismo sin la menor precisión o discriminación.

De ahí que Pujol pone las barbas a remojar, hace la goma y se muestra muy constructivo y a la vez complaciente con el Gobierno de Madrid. Para así evitar que se traslade el caso vasco al territorio catalán, donde por cierto ETA está haciendo su calculada y sangrienta provocación.

No cabe la menor duda de que en estos cálculos sobre el horizonte político general se incluye la propia estabilidad del Gobierno de Pujol, que se vería en quiebra si se rompe el acuerdo que en Cataluña mantienen con el PP, y ello en beneficio de unas elecciones anticipadas en las que Pasqual Maragall tendría una importante oportunidad. De ahí la confusión y la habilidad del honorable, que sabe utilizar un lenguaje rupturista en Barcelona y que luego se allana en Madrid. A sabiendas del alto porcentaje de desnivel que hoy tienen las duras etapas de montaña que les toca vivir.

Cocinero con catalán
Rafael Soria Albarracín. Barcelona. Cartas al director ABC  23 Marzo 2001

En el Hospital del Valle de Hebrón de Barcelona se ofrece a los que aspiran a un puesto de trabajo no sanitario en el centro una hoja informativa en la que se explican las condiciones que han de reunir los aspirantes. El texto está, naturalmente, redactado en catalán, sin que haya nadie capaz de conseguir el texto en castellano o español. Pero lo más grave es que entre las instrucciones figure el hecho de que para optar a trabajos tales como el de cocinero o electricista se exija «Certificat acreditatiu de coneixements de la llengua catalana» (Certificado acreditativo de conocimiento de la lengua catalana).

Tolerancia para Félix de Azúa
IVAN TUBAU EL MUNDO (CATALUÑA) 23 DE MARZO DE 2001

Lo dijo Rafael Abella, uno de los miembros de jurado, al terminar en la
alta noche de ayer una sesión muy larga de propuestas y votaciones:
«Darle el premio Tolerancia a Félix de Azúa quiere decir que Barcelona
ya no es el Titanic». Además de Abella y siete miembros de la Asociación
por la Tolerancia, el jurado del premio, que se concede cada año desde
1995, lo formaban cuatro premiados anteriores –Francesc de Carreras,
Agustín Ibarrola, Fernando Savater y este columnista-, Félix Ovejero,
Valentí Puig e Ignacio Vidal-Folch.

Tras la cena, bien regada, algunos nos fuimos a tomar unas copas en
Boadas y a pasear por La Rambla. De modo que cuando escribo esto, a
mediodía del jueves, sin haber podido confirmar si el premiado acepta el
premio, el cuerpo me pide sosiego. Pero lo cierto es que Abella lleva
bastante razón: Barcelona, sinécdoque de la Cataluña menos ferrusoliana,
está empezando a emerger de la pesadilla suqueropujoliana. Lenta,
laboriosamente, pero es que la inmersión en la ciénaga chiruquera
encebollada fue muy, muy dura: muchos pensaron que aquel Titanic estaba
hundido para siempre.

Hay sin embargo ahora signos de que la noche oscura está acabando. Lo
decía otro de los miembros del jurado, Francesc de Carreras: «Hace unos
años, monstruosidades como las de Ferrusola o Barrera las habrían
silenciado con éxito. Ahora ya no pueden». Cuando el mal sueño haya
terminado y Cataluña vuelva a ser aquel lugar hirviente y vivo que fue
durante el breve paréntesis de la transición, muchos se darán cuenta del
valor que tuvieron los focos de resistencia como la Asociación por la
Tolerancia, las madres de Cadeca, los Profesores por la Democracia o por
el bilingüismo, la Cervatina, el Foro Babel...

Sé que a Félix de Azúa no le gustan los premios ni el concepto de
tolerancia, pero espero que acepte esta recompensa que es sólo una placa
e incluye el peaje (grato en realidad) de formar parte cada año del
jurado. Desde aquí, no obstante, oso incitarle a aceptar. Tampoco
Savater o yo nos considerábamos tolerantes cuando lo hicimos. Y dijimos
que la tolerancia no es necesaria donde hay respeto y libertad, pues
tolerar a otro es sustancia algo más bien intolerable. ¿Desde dónde se
tolera, desde dónde se pide tolerancia? La tolerancia es un mal menor,
pero menos es nada. Pedir que dejen de pegar palos es una actitud poco
gallarda -cuán patético resulta el señor Ibarretxe implorando a ETA que
deje de matar-, pero soportar la paliza en silencio tal vez sea peor.

Espero haber convencido a Azúa de que aceptar el premio Tolerancia es
algo así como lo de Marlon Brando mandando a una joven india a recoger
el Oscar, sólo que haciendo de Brando y de joven india a la vez. De
hecho, mi argumento para deshacer el empate entre Azúa y el finalista
fue que premiando al autor de la espléndida Historia de un idiota
contada por él mismo nos regalábamos un discurso de aceptación
presumiblemente suculento. Pero he dejado para el final el argumento
definitivo: la lista de sus competidores en este Tolerancia 2000. Entre
otros y otras: Gabriel Jackson, Jean Ziegler, la Guardia Urbana de
Barcelona, Pilar del Castillo, Baltasar Garzón, la Guardia Civil de
Tarifa, Román Gubern, Antonio Mingote, Antonio Muñoz Molina, Francisco
Vázquez, Manuel Pimentel... y Agnès Jaoui.

 

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