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Recortes de Prensa     Domingo 25  Marzo  2001
#Nuestra enferma democracia
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 25 Marzo 2001

#It
FERNANDO SAVATER El País 25 Marzo 2001

#El peligroso sueño de Peter Pan
JOSÉ ÁLVAREZ JUNCO El País 25 Marzo 2001

#Restos de Estado
SANTOS JULIÁ El País 25 Marzo 2001

#Mayor Oreja acusa al nacionalismo de utilizar el miedo como arma política
E. Mejuto - Bilbao .- La Razón  25 Marzo 2001

#Redondo: Hay más miedo que en el franquismo
SAN SEBASTIÁN. G. L. A. ABC  25 Marzo 2001

#Payasos con fronteras
PEDRO J. RAMIREZ Carta del Director El Mundo 25 Marzo 2001

#Honor a todas las víctimas
Javier ROJO La Razón 25 Marzo 2001

#LA NUBE PÚRPURA
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 25 Marzo 2001

#Fractura o podredumbre
KEPA AULESTIA El Correo  25 Marzo 2001

#LAS CARTAS BOCA ARRIBA
FEDERICO ABASCAL La Voz  25 Marzo 2001

#A MEDIDA
MANUEL ALCÁNTARA La Voz  25 Marzo 2001

#Bernard Crick: «El totalitarismo ya es una reliquia descolorida»
MADRID. A. Astorga ABC 25 Marzo 2001

#Calcinan los vehículos de dos ertzainas en Ondarroa y Oiartzun
BILBAO EL CORREO 25 Marzo 2001

 

Nuestra enferma democracia
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 25 Marzo 2001

Hace unos días el profesor Rodríguez Adrados escribía en la Tercera de este periódico un artículo extraordinariamente lúcido. Denunciaba no sólo la subversión que supone la legitimación del independentismo como programa electoral sino la inconsciencia colectiva ante esa situación. La aceptación de unas elecciones en estas condiciones indica hasta qué punto han dejado de tener en cuenta los criterios básicos democráticos a lo largo del proceso político en estos últimos años.

Para nuestro sabio profesor, las próximas elecciones vascas son un indicador de la corrupción de nuestro sistema y de la interpretación que hemos hecho de la democracia. Ni siquiera somos capaces de reaccionar de forma eficaz, sencillamente porque hemos hecho de la convivencia con el independentismo un modo de vivir. La aceptación de esta situación necesariamente degradante, progresiva en su degradación, nos lleva a no poner los remedios que recomienda o exige la Constitución.

Una vez más hay que recordar a Ortega: estamos en la peor de las enfermedades, que es la de no tener conciencia de estar enfermo.

Siendo el peor de nuestros males esta integración del independentismo como si se tratara de un factor democrático más, y estando así amenazados por un nuevo «desastre nacional», no podemos desdeñar las derivaciones de esta ausencia de criterios democráticos en otros muchos campos de la actividad política. No hay problema público en el que no se manifiesten las perversiones antidemocráticas. Podemos comprobarlo estos días con motivo de la Ley de Extranjería.

Lo que me preocupa de este debate no son las posiciones que puedan mantenerse con respecto a los cupos de inmigrantes, ni la mayor o menor permisividad a la hora de poner condiciones a la legalización de aquéllos, sino el desprecio mismo hacia la legalidad y, por tanto, al Estado de Derecho. Me preocupa que ni siquiera se valore el salto que supone para un inmigrante el acceso a un ordenamiento con todos los derechos y todas las obligaciones. En el fondo de la demagogia hay una falta de estima hacia el sistema democrático, hacia la condición del «ciudadano», hacia los criterios reguladores de una comunidad nacional, hacia el bien común y, por tanto, hacia los sueños de los inmigrantes que aspiran a la integración en esa meta.

Pero nada de esto interesa a los críticos de la Ley de Extranjería. Ni siquiera les preocupan los naufragios de las pateras. Demasiado bien sabemos que éstos aumentarán en la misma medida en que desde Marruecos se piense que se prodiga el trato favorable a los «ilegales». Estos irresponsables a los que sólo mueve el interés de ser considerados progresistas tachan de defensivo e inhumano, propio de xenófobos, cualquier tipo de control de la inmigración cuando está ahí la mayor garantía para los inmigrantes que aspiran a integrarse como ciudadanos con todos los derechos.

En realidad, a los críticos de la Ley de Extranjería tan sólo les importa ganar «su» batalla política y, temerosos de no poder conseguirlo, han llegado este fin de semana a la aberrante actitud de querer arrastrar al Defensor del Pueblo. Pretenden que éste se enfrente a una ley que acaba de aprobar el Parlamento como si ésta fuera la misión del Defensor: la de enmendar al poder legislativo en función de los intereses de quienes perdieron la votación en el Congreso.

Curiosamente, estos mismos son los que consideran normal la convivencia con el independentismo como si se tratara de una opción política más. Estos que creen negociable la unidad de la nación por cuanto no la consideran garantía de los derechos individuales y colectivos, son los mismos que quieren abrirla de par en par aunque ello pueda costar la ruina de la convivencia de todos, incluidos los inmigrantes.

It
FERNANDO SAVATER El País 25 Marzo 2001

Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense.

Cuando yo estaba estudiando en la jurásica Universidad Central del franquismo, uno de nuestos profesores -ya fallecido- invitó a su clase a don Luis Recasens Sitches, un sociólogo por entonces muy mayor que había hecho toda su carrera en el exilio mexicano (el recientemente nombrado embajador de México en España me comentaba el otro día que fue alumno suyo). No era precisamente don Luis un revolucionario, pero llegaba a nosotros nimbado por su prestigio de republicano y desterrado: de su charla no recuerdo piadosamente nada, salvo que calificó a Mussolini de 'payaso trágico', y esa denominación impresionó tanto ética como estéticamente a mi ingenua mocedad. Muchos años después leí la novela It, de Stephen King, en la que un duradero monstruo espectral adopta la apariencia de payaso nocivo para hostigar a los jóvenes protagonistas, y recordé caprichosamente a don Luis Recasens y su caracterización dramática del líder fascista. Ambos episodios me volvieron otra vez a la memoria ayer, al enterarme de que la representante de EH en el Ayuntamiento de Lasarte que se negó a condenar el obsceno asesinato de Froilán actúa en sus ratos libres como payaso ante públicos infantiles. De nuevo me impactó el contraste entre la bonhomía ingenua del abigarrado personaje dedicado noblemente a hacer reir y la vocación sanguinaria latente bajo chafarrinones de purpurina.

Pero es que también en el horror ya enquistado que padecemos los vascos y por extensión perversa otros muchos españoles no faltan rasgos propios de un circo aciago. Si no acumulásemos tantas víctimas, tanto espanto envilecedor, tanta tristeza por lo que ha pasado y tanta angustia por lo que se nos viene encima... sería para reírse. No me digan que no tienen gracia, por ejemplo, las reacciones que ha suscitado el informe sobre Euskadi del comisario Gil-Robles. Lo único que ha hecho es poner negro sobre blanco una pequeña parte de lo que todo el mundo que vive allí y no está en nómina del nacionalismo en fase terminal comenta cada día: probablemente también lo que le dice en privado Iñaki Anasagasti a su amatxo cuando se acuerdan del incidente aquel del autobús incendiado y suspira al verse paseando en coche blindado.

Pero a la hora de calificar públicamente el informe, Iñaki habla de 'panfleto antidemocrático' y de 'golpe sucio y bajo'. ¿Por qué? Uno: porque el comisario estuvo en la CAV sólo dos días y no visitó Navarra. ¡Como si para entender lo que sucede en la CAV fuera obligatorio pasar también por Navarra! ¡Como si convivir dos semanas o dos meses con los amenazados, con la impunidad de los violentos, con la propaganda deformadora y criminógena, quizá incluso como si esperar a ver un asesinato en directo fuese a mejorar la opinión del comisario sobre nuestra feliz Peneuvelandia! Si se llega a quedar más tiempo, Gil-Robles hubiera asistido a la detención de los asesinos de un ertzaina dos horas después de cometer su crimen, eficacia admirable que contrasta con otras muestras de indolencia más inexplicables y contribuye evidentemente a reforzar las críticas de ERNE. Los otros reproches de Anasagasti al documento europeo resultan aún más raros: le acusa de haber omitido las reservas sobre las críticas a la educación del escrito formuladas por el rector de la UPV después de que el informe se hiciera público y sobre todo que éste apareciera antes de la cita electoral de mayo. Claro, lo ideal sería informar de lo que pasa cuando ya se hubiera votado, para que la turbia realidad no pueda comprometer ni modificar la nitidez tenebrosa del programa electoral nacionalista. ¿Payasos? Gabi, Fofó y Miliki hacían reír con comentarios menos grotescos...

Tampoco deja de tener su triste gracia que a estas alturas haya que justificar una pancarta que dice 'no' tanto a ETA como a sus cómplices. ¿O es que acaso ETA no tiene cómplices, con mayor o menor grado de deliberación y responsabilidad penal? Que son cómplices los que señalan a sus vecinos y dan información a los verdugos para que los maten no puede dudarlo nadie cuerdo. Pero ¿acaso no hay complicidad alguna en quienes hablan de 'conflicto político' después de cada crimen, en quienes condenan aparatosamente la violencia pero comprenden obstinadamente a los violentos, en los que proclaman tener idénticos objetivos de radicalismo étnico que los terroristas, en quienes vienen sembrando desde hace décadas el odio y la mentira como fundamentos de la construcción nacional y luego califican de enemigos de dicha entelequia nacionalista a los que denuncian el odio y la mentira? Tengo en las manos una revista infantil, distribuida generosamente por todas las escuelas y pagada con subvenciones oficiales, en la que -junto a historietas de las hermanas Gilda o Mortadelo- se propone en la sección de entretenimientos la siguiente adivinanza: 'No es español/a ni francés/a, está bajo el yugo de España o Francia, vive en Euskal Herria y sabe euskera'. Respuesta: vasco/a. ¿Carecen tales comeduras de coco de toda complicidad con la violencia? ¡No me hagan reír!

Pero sigamos carcajeándonos (rire jaune le llaman los franceses a esta hilaridad). Aquí llegan los invictos representantes del izquierdismo hispánico para sostener que el resultado de las elecciones no decidirá nada (después de haber dicho que no hay solución policial, tampoco el método político tiene su beneplácito), para afirmar que no habría mayor catástrofe que un Gobierno no nacionalista pese a que todas las catástrofes hasta ahora han ocurrido bajo el Gobierno nacionalista, para denostar el pacto por la libertad y contra el terrorismo -el mínimo común denominador de la democracia en el País Vasco- como algo sectario, tramposo e inhumano. Son los pontífices a lo Haro Tecglen, a los que todos los puentes se le han caído, menos mal, pero que no por eso dejan de pontificar. Y se indignan de que alguien les suponga complicidades o complacencias con ETA. No, hombre, no, pueden estar tranquilos. ETA es una organización perversa pero eficaz y nunca admitiría como colaboradores a inútiles semejantes, que no sirven ni para poner bombas ni para explicar racionalmente la realidad política.

¿No haría también reír, si tuviésemos ganas de reírnos, el cacareado pánico a la posible y hasta inminente 'fractura social'? De tan grande peligro, si hemos de creer al señor Trías de CiU, todos somos culpables: tanto la gente como Froilán, que charlaba paciente y civilizadamente con sus delatores, como quienes le delataron a la bestia y quizá como la bestia misma que le ejecutó. ¡Qué cosas! Ahora no hay fractura, sólo personas que no pueden moverse ni realizar campaña política sin escolta, gente en el corredor de la muerte, gente que no se atreve ni a decir a los encuestadores lo que va a votar... y otros que les miran, les compadecen, de labios para fuera (aunque critican su obstinación en no dialogar, es decir, en no ceder ante quienes les amenazan) y unos cuantos más que planean fríamente su eliminación. Fractura social de la buena no habrá, según ellos, hasta que al día siguiente de un atentado de ETA tengan más miedo de salir a la calle los que vitorean a los criminales que las demás posibles víctimas. ¡Qué gran desgracia sería! Ja, ja, ja.

Bernard Crick comienza su excelente En defensa de la política (ed. Tusquets) con estas palabras: 'Uno de los grandes riesgos que corren los hombres libres es aburrirse de las verdades establecidas. El hastío les proporciona una excusa en los tiempos difíciles para evitar redefinir las cosas con inteligencia e imaginación, o para escudarse en la indiferencia académica o en la imparcialidad científica, en lugar de hacer fecundos los viejos tópicos'. Viejos tópicos como constitución, estatuto, ciudadanía frente a etnicismo. Sí, lo que faltan es políticos -eso que cualquier demócrata debe ser- y sobran payasos. Y payasadas.

El peligroso sueño de Peter Pan
JOSÉ ÁLVAREZ JUNCO El País 25 Marzo 2001
José Álvarez Junco es historiador.

Parece como si se hubieran puesto de acuerdo. En pocas semanas, un político del PSOE ha opinado que 'los moros, a Marruecos, que es donde tienen que estar'; la señora Ferrusola ha evocado el lúgubre futuro que amenaza la identidad catalana; Heribert Barrera ha confesado su nostalgia por aquella Barcelona en que no se bailaban sevillanas; los talibán están eliminando por la vía rápida los restos budistas de un Afganistán que quieren islámicamente puro; hasta Giovanni Sartori advierte de los peligros de los inmigrantes para Europa; todo eso, por no hablar de los jugosos sermones semanales del señor Arzalluz. Son ejemplos múltiples, algunos muy burdos, y no son pocos los que han caído en la tentación del comentario fácil y la risotada. Pero me parece que deberíamos seguir pensando sobre estas cosas, porque expresan actitudes muy humanas -y muy peligrosas- que, en parte al menos, todos compartimos.

'Identidad, preciado tesoro', es como Santos Juliá ha descrito esta tendencia nostálgica. Podríamos llamarlo también el sueño de Peter Pan: no crecer, mantenerse indefinidamente en la infancia. Nacionalismos y fundamentalismos comparten el infantil deseo de perpetuar la situación que existió en el pasado -o que creen que existió; porque en estas cosas se inventa mucho-. Es siempre un imposible, pero mucho más en el cambiante mundo que vivimos, donde no sólo crecen los niños, como siempre, sino que las casas donde transcurrió su infancia son rápidamente derribadas para dar paso a una autopista.

Vargas Llosa ha optado por un 'Salvemos a Cataluña', burlándose finamente de Barrera y Ferrusola. Mas el problema es que hacer un esfuerzo por 'salvar a Cataluña', es decir, por que se hable catalán y se preserven hábitos o fiestas tradicionales, es legítimo. No hay nada reprensible en la afirmación étnica, entendida como defensa y protección de una identidad cultural. Todos tenemos derecho a practicar la lengua o la religión de nuestra preferencia, a elegir tal o cual opción sexual o a exhibir el color de piel con que nacimos -o con que nos hemos pintado-, por minoritarios que sean y sin que ello menoscabe un ápice nuestros derechos y libertades. Este etnicismo, llamémoslo defensivo, o negativo, no sólo debe ser apoyado como uno más de los derechos de la persona. Es que, además, es muy humano: personalmente, declaro que me gusta mucho mi lengua, que hago lo posible por cuidarla, y que estaré dispuesto a esforzarme por prolongar su vida si la veo en peligro. Lo cual significa que me prepararé a gastar mi tiempo y mi dinero en esta causa. Porque preservar algo contra la tendencia general de la historia es costoso; puede que también sea un sueño utópico, ante la marea invasora de una cultura abrumadoramente mayoritaria; será imposible, pero es legítimo.

Lo malo es que el problema va más allá de lo costoso. Hace algunos años, Juan Linz escribió un importante artículo sobre el nacionalismo en el que explicaba cómo esta reivindicación tendía a evolucionar desde lo étnico hacia lo territorial. Es decir, que comienza con la afirmación 'nosotros somos diferentes', porque hablamos otra lengua o tenemos cualquier otro rasgo cultural distinto al de nuestro entorno; y concluye con la demanda política 'este territorio es nuestro'. Los más evolucionados de los nacionalistas han incorporado un respeto muy liberal por los derechos de los demás y añaden: nuestra pretensión no significa que cuando nosotros controlemos esta tierra aquí no vayan a poder vivir otras gentes; por el contrario, nadie será discriminado por sus características étnicas; 'son catalanes todos los que viven y trabajan en Cataluña'. O sea, que, una vez triunfante nuestra exigencia política, la diferencia cultural -pese a que sea su razón de ser- no importará demasiado; prometemos ser cívicos, no étnicos.

Pero una estructura política montada sobre diferencias étnicas será difícil que deje de apoyarse en la etnia. Tras haber logrado el control del territorio, el razonamiento tenderá a desarrollar su lógica interna: si este territorio es nuestro porque tenemos tales o cuales rasgos culturales, una persona que no los comparta, que no pertenezca a nuestro mundo, no tendrá derecho a estar aquí; estará, porque es imposible evitarlo -salvo al estilo talibán- y porque nosotros somos civilizados y se lo permitimos, pero siempre estará de prestado; el día que se convierta en un peligro, la expulsamos.

Un sistema político libre no puede basarse en la identidad, sino en la ciudadanía, no en rasgos culturales, sino en la integración en un marco jurídico. La democracia liberal tiene que partir del reconocimiento de los derechos de todos, cualquiera que sea su raza, lengua, género o religión, con la única condición de que acepten las normas -aprobadas por todos- que rigen la convivencia.

Lo cual significa que hay mucha diferencia entre la afirmación étnica defensiva o negativa y la impositiva o territorial. Porque cuando un movimiento étnico toma el poder y controla un territorio, en lugar de defender la diversidad cultural hace exactamente lo contrario: consagrar el monolitismo, favorecer a una cultura como 'oficial' frente a las otras, marginales. A partir de la premisa 'este suelo es nuestro' se deduce la conclusión de que tenemos el derecho a imponer a los que viven en él una lengua, religión, forma de comportarse, porque ésa fue la de nuestros padres y abuelos, que vivieron aquí desde siempre; es decir, porque ésta es la cultura que va unida, de manera esencial y eterna, a esta tierra. A un historiador le sería fácil demostrar que tal idealización del pasado es discutible, y que en ella hay mucha distorsión al servicio de objetivos políticos actuales. Pero incluso sin ponerse estrictos en términos históricos y aceptando que a lo largo del tiempo ha habido cierta continuidad identitaria en este suelo, ¿qué derechos se generan con ello? ¿Por qué va a tener que seguir siendo siempre el mundo como fue en tiempos de nuestros abuelos? Nadie que visite Córdoba o Granada puede albergar dudas sobre el hecho de que allí dominó, en tiempos pretéritos, una cultura musulmana. ¿Se deduce de esto que alguien, por ser musulmán, tiene derecho a reclamar esas tierras?

Imagino lo felices que deben estar, ante estas líneas, los lectores de Burgos o Valladolid. Llevan décadas viviendo las reivindicaciones étnicas de otros como humillaciones y nada desean más que ver a alguien denunciar las amenazas totalitarias implícitas en ellas. Pero que no se confíen, porque el cuento también va con ellos. Que no olviden que la 'España eterna' que aprendieron en la escuela es otra idealización agresiva. Que ni 'España' ha existido siempre, ni ha dejado de cambiar desde que existe, ni ha respondido nunca con pureza al modelo de identidad que se le supone inherente; y, sobre todo, que no hay texto sagrado alguno que consagre como inherentes a esta parte del mundo la lengua castellana o la religión católica, rasgos que, con toda certeza, no van a mantenerse por los siglos de los siglos. Muchas cosas hemos de ver, o han de ver nuestros descendientes: diversos colores de tez, niñas con velo en las escuelas, inglés como lengua común en territorios españoles... Mejor será que nos preparemos, porque el proceso va muy deprisa. No sea que esos mismos que ahora -muy sensatamente- se rasgan las vestiduras ante las baladronadas de los Arzalluz y Otegui sean vistos mañana hinchando el pecho y proclamando que ésta es la tierra del Cid Campeador y de la Virgen María y que ya está bien de tanta mezquita; porque una, hombre, una está bien, incluso da un toque de color, pero es que no se ve otra cosa; es que esto 'no parece España'.

Todos somos humanos y mejor será que nos vacunemos ante nuestra vertiente exclusivista. Hasta los ministros de Educación del PP, o los académicos de la Historia, que denuncian -con toda la razón- las agresivas simplezas que se enseñan en las ikastolas y proponen, como alternativa, volver a la historia de España. No se les ocurre que exista Europa, el mundo; o que haya habido sujetos históricos que no sean naciones. Aprovechando la ingenuidad de Heribert Barrera, para quien el dinero público debería dedicarse a preservar el mundo de su infancia, se burlan del catalanismo. Y no sólo no reparan en el apoyo social que los inmigrantes encerrados en iglesias han tenido en Cataluña, sino que ellos mismos gastan el dinero público en editar, y autopremiar, libros sobre el 'ser', la 'realidad', la 'esencia' de España.

Restos de Estado
SANTOS JULIÁ El País 25 Marzo 2001

Cuando la gente se ve sometida a una amenaza difusa y persistente contra la vida, todas las respuestas son posibles, desde la de quienes bajan la cerviz y se someten, hasta la de quienes echan mano a la ancestral ley del talión y se cobran ojo por ojo. Cuando existe un Estado de derecho, el agredido confía durante cierto tiempo en no tener que optar entre la humillación de cumplir lo que se le exige o tomarse la justicia por su mano. Se supone que el Estado cuenta con medios suficientes para hacer innecesarias esas respuestas extremas.

Lo que presenciamos día a día en Euskadi es la quiebra de un Estado capaz de garantizar a sus ciudadanos el ejercicio de sus derechos fundamentales. No es nada insólito: en el siglo XX, en la civilizada Europa, el Estado de derecho ha quebrado en decenas de casos por rebelión desde dentro, en forma de golpe militar, o por asalto desde fuera, en forma de revolución. Normalmente, esa quiebra viene precedida por un creciente deterioro del orden público que extiende entre los ciudadanos una sensación de inseguridad multiplicada por la impotencia y el miedo.

Es esta sensación, y la simultánea incapacidad del Estado para ponerle fin, lo que acaba por abrir las compuertas a aquellas conductas extremas. Hoy sabemos que empresarios y deportistas vascos sufren en silencio la extorsión de una organización armada: ni a ellos se les pasa por la cabeza denunciar el hecho a la Consejería de Interior, ni al Gobierno de Euskadi -que es parte del Estado- se le ocurre tomar ninguna iniciativa para identificar a los extorsionadores y ponerlos a buen recaudo. Un monopolio del poder público ha sido impunemente liquidado sin que ese Gobierno se haya sentido en la necesidad de dar cuentas de su humillante abdicación.

No puede entenderse que un Gobierno se deje arrebatar ese monopolio, como el de la violencia legítima, si no existe un acuerdo de fines con los agresores. Seguramente sus titulares piensan que se trata de una situación coyuntural y que una vez obtenido el fin común podrán reconducirla, echándoles la policía encima y sometiéndolos a las leyes del nuevo Estado soberano. Es inútil avisar de que se engañan o que cometen un monumental error: ni se engañan ni se equivocan. La identidad en los fines prevalece sobre la diversidad en los medios como guía de una estrategia encaminada a la formación de un nuevo Estado sobre una base étnica. Por eso tratan a los agresores con guante blanco; por eso los mencionan sólo una vez en el acuerdo de bases políticas y programáticas firmado entre PNV y EA para la legislatura 2001-2005; por eso hablan y actúan como si no existieran.

El obstáculo con que tropieza esa estrategia no procede de quienes se someten, sino de quienes resisten. Hasta hoy, los resistentes están pagando un altísimo precio sin que jamás hayan emprendido represalias vengativas. Sólo el presidente del PNV amenazó, hace siete años, con la posibilidad de que ciertas 'gentes vascas' decidieran 'acabar con la impunidad y la chulería de quienes matan, secuestran, extorsionan, agreden... y lleguemos así a lo que ellos han comenzado hace tiempo y llaman enfrentamiento civil'. Habían asesinado al sargento mayor y preparado seis atentados contra el consejero de Interior, y Arzalluz se creyó en el deber de lanzar una advertencia en el mejor estilo de los profetas de Yavé.

Palabras vanas: el Gobierno de su partido ha renunciado a garantizar los derechos de los ciudadanos y les induce, por tanto, a someterse y pagar o a responder con la ley del talión. Lo primero ya está conseguido; lo segundo ha logrado evitarse, ¿hasta cuándo?, gracias a la valerosa intervención de un alcalde y una alcaldesa socialistas, Totorica en Ermua y Urchueguía en Lasarte. En estas 'gentes vascas' es donde radican los restos del Estado que van quedando en Euskadi. En ellas, y en todos los que resisten a ETA y a sus cómplices, es donde radica hoy la esperanza de que la amenazante quiebra del Estado no hunda a Euskadi en el enfrentamiento civil que en 1994 evocaba Arzalluz y que desde 1998 no ha dejado de propiciar.

Mayor Oreja acusa al nacionalismo de utilizar el miedo como arma política
El candidato presentó cinco propuestas para superar el terror en el País Vasco
El candidato del PP a «lendakari», Jaime Mayor Oreja, acusó ayer al nacionalismo de utilizar el miedo como instrumento político, asegurando que «Eta ha socializado el dolor y el PNV el miedo». Arropado por los comités ejecutivos provinciales y los cargos electos del PP del País Vasco, el candidato presentó en Bilbao un alegato para superar el miedo en esta comunidad, ya que como subrayó, «cuando los vascos perdamos el miedo escénico a un Gobierno no nacionalista, será posible un País Vasco sin Eta».
E. Mejuto - Bilbao .- La Razón  25 Marzo 2001

Una palabra, miedo, y la firme idea de vencerlo, centraron el discurso del candidato del PP a «lendakari», Jaime Mayor Oreja, en el acto de presentación de los cabeza de lista por las tres provincias vascas en las próximas elecciones autonómicas del 13 de mayo. Un miedo que, según el popular, además de ser el «gran legado político» y «social» del nacionalismo, se ha convertido en la «auténtica cárcel de los vascos».

    Acompañado por los números uno por San Sebastián, María San Gil y por Alava, Ramón Rabanera, para los que Mayor Oreja tuvo palabras de cariño y admiración, y a quienes no dudó en definir como los «candidatos de la rebelión frente al miedo», se refirió al «temor reverencial» del Gobierno vasco a Eta, un miedo que, por una parte, se demuestra en su «permanente debilidad» ante la banda terrorista, y por otra, en su recelo a que Eta desaparezca en la medida en que supondría un «retroceso del nacionalismo en su conjunto».

    En su discurso, el líder popular vasco defendió el sentido del «Espíritu de Ermua», identificado con la reivindicación de la libertad frente al pacto de Estella que «la expresión política del miedo del nacionalismo a un País Vasco sin Eta».   

«Acabar con Eta»
El candidato a «lehendakari» por el PP también aprovechó la ocasión para hablar de otro tipo de miedo. Mayor expresó su seguridad de «combatir el miedo» y «acabar con Eta» derrotando al nacionalismo y dando paso a una alternancia en el Ejecutivo de Vitoria, ya que, como afirmó, cuando los vascos «perdamos el miedo escénico a un Gobierno no nacionalista, será posible un País Vasco sin Eta». Un miedo escénico a alcanzar, después de 20 años, un Gobierno no nacionalista en el País Vasco. Una alternativa que los populares se muestran convencidos de alcanzar el próximo 13 de mayo para poder construir en el País Vasco un «espacio en el que quepan todos», los nacionalistas y los no nacionalistas, y un lugar en el que se pueda «erradicar el miedo protagonista en esta sociedad», porque como aseguró el candidato popular entre los aplausos de los allí presentes, será posible un Gobierno «que no tenga miedo a Eta» y «un País Vasco sin Eta», será posible la «naturalidad democrática», la «alternancia política», la «libertad» y la «regeneración política que el País está pidiendo a voces».

    Mayor finalizó su discurso planteando cinco propuestas para combatir el miedo que, en palabras del líder popular, «atenaza al País Vasco» y que «impide vivir en libertad a sus ciudadanos».    

Propuestas
La primera de ellas es combatir el miedo desde el Gobierno vasco haciendo frente a Eta y a quienes colaboran social y políticamente con la banda terrorista. En la segunda, apeló a la colaboración ciudadana mediante la creación de vías de participación con el Gobierno para hacer frente al silencio y a la opresión. En su tercera propuesta, Mayor Oreja se comprometió a alentar a la Policía autonómica para situarla en la primera línea de la lucha contra el miedo. En la cuarta, el candidato a «lehendakari» expresó su intención de erradicar el odio y el miedo como pautas educativas habituales en demasiados centros de enseñanza.

    Por último, el líder popular se comprometió a dedicar todo su esfuerzo para que los medios de comunicación públicos desarrollen una orientación contra el miedo.   

«Nos jugamos la libertad y el futuro de nuestros hijos»
El acto en Bilbao fue presentado por el presidente del PP vasco, Carlos Iturgaiz, quien destacó la necesidad de un cambio político en el País Vasco, instó a «castigar al PNV en las urnas» y recalcó que Jaime Mayor Oreja «será el lehendakari de todos los vascos». 
   
    Por su parte, a la líder popular guipuzcoana María San Gil confesó que le costó la decisión de presentarse como número uno por Guipúzcoa, pero que finalmente ha decidido «comprometerse y no resignarse a tener el miedo como seña de identidad».

    El cabeza de lista por Álava, el diputado general, Ramón Rabanera, explicó que aceptó el puesto porque se lo había pedido Mayor Oreja y porque «no es el momento del egoísmo, sino del compromiso», al tiempo que consideró que «nunca ha habido unas elecciones de tanta trascendencia» como las del 13 de mayo, fecha en la que, en su opinión, «nos jugamos la libertad y el futuro de nuestros hijos».

Redondo: Hay más miedo que en el franquismo
SAN SEBASTIÁN. G. L. A. ABC  25 Marzo 2001

El candidato socialista a lendakari, Nicolás Redondo Terreros, aseguró que en el País Vasco «son muchos más los que hoy sienten miedo que los que terminaron con sus huesos en las cérceles franquistas», donde, entre otros, estuvo su padre, Nicolás Redondo Urbieta, ex secretario general de UGT. Ese miedo de unos, que «se ha extendido durante estos dos años» de gobierno de Juan José Ibarretxe, ha crecido, según dijo, en paralelo con «la sensación de impunidad» de otros.

NO CABEN DISTINCIONES
Redondo, durante su intervención en la Primera Jornada Federal de Cooperación Parlamentaria organizada por su partido en el Kursaal de San Sebastián, insistió en que cuando, como ahora, se trata de defender la libertad, «no cabe hacer distinciones entre izquierda y derecha ni entre nacionalistas y no nacionalistas», y en que la renuncia «a las propias siglas» debe hacerse «sin ningún complejo» porque «lo que nos estamos jugando esté por encima» de esas diferencias.

Defendió, en este sentido, el pacto por las libertades suscrito entre representantes de su partido y del PP, dejando abierta la puerta a trasladarlo a un Gobierno de coalición en el País Vasco tras las elecciones del 13 de mayo, al afirmar que «o nos ponemos de acuerdo quien gobierna y quien puede gobernar, o no se solucionará el problema del terrorismo».

EL PNV NO ES IMPRESCINDIBLE
Además, se esforzó por combatir el voto del «miedo» al PNV, subrayando que este partido ya no es «imprescindible» aunque puede ser «necesario» para acabar con ETA y, en cualquier caso, «no es ninguna garantía de tranquilidad, sino de inseguridad en el futuro». «Ha tenido veinte años y no lo ha conseguido porque ha mezclado el fin del terrorismo con un precio político y la paz no tiene precio político», afirmó, además de recordar que fueron los peneuvistas quienes «renunciaron al entendimiento con los no nacionalistas» al apostar por una opción soberanista que «ha legitimado a los que pegan tiros porque ha hecho creer que era posible lo que es imposible».

El candidato a lendakari del PSE-EE aseguró que se puede acabar con la banda terrorista ETA y afirmó que «con quienes aprietan el gatillo y sus cómplices, nuestra tolerancia será cero».

Payasos con fronteras
PEDRO J. RAMIREZ Carta del Director El Mundo 25 Marzo 2001

Discrepo radicalmente de la apreciación del portavoz de esa encomiable ONG llamada Payasos Sin Fronteras que censuró por «contradictoria» la pertenencia a un grupo de clowns de la concejal de EH en el Ayuntamiento de Lasarte que se negó a condenar el asesinato de su compañero de corporación Froilán Elespe. Y por comprensible que sea, tampoco me parece la más acertada la reacción de ayuntamientos como el de Irún que al conocer la relación de Aiora Zulaika con el trío Takolo, Pirritx y Porrotx han cancelado sus actuaciones, o de ese sinfín de madres y padres que, según cuenta hoy nuestro suplemento Crónica, quieren desprenderse de los vídeos y CD de tan populares payasos que en las pasadas navidades regalaron a sus hijos.

Mucho más adecuado sería que todos ellos exigieran un mínimo de coherencia entre la tal Aiora, fría como un témpano, justificando el asesinato tras sus gafitas de mosquita muerta y la vivaracha e incansable Pirritx, convertida en un rabo de lagartija sobre el escenario. Pero para ello, el disfraz que habría que quitarle no sería el de payasa sino el de concejala. Se trataría de pedirle que de ahora en adelante el número de su grupo titulado La danza del cangrejo representara los tiros en la nuca administrados por sus jefes etarras a quienes no bailan a su son; que entre las hazañas del Pirata Tarrapatata no falte la ejecución a cañón tonante del arrodillado Miguel Angel Blanco; y sobre todo que en la nueva escena estelar bautizada como Plisti plasta (chapotear), su chapoteo y el de sus compañeros -uno de ellos estrechamente vinculado también a EH en Lasarte- se produzca sobre la sangre de Froilán Elespe y sobre las lágrimas de su familia.

Con la «di-versión» -en el sentido en que Ortega empleaba el término- se acabaría la esquizofrenia y todo estaría meridianamente claro. ¿Acaso no sería mucho más lógico que quien -utilizando expresiones literales de sus camaradas de Haika- considera «legítima» la «eliminación» de todo aquel que se oponga al establecimiento en el corazón de la Europa sin fronteras de un cerrado Estado-Nación basado en la raza y el idioma, deba comparecer públicamente con su uniforme de payasa?

Nada como el apogeo de los totalitarismos para demostrar hasta qué punto lo trágico y lo cómico se mezclan en vasos comunicantes. Nunca ha existido mejor arma de defensa contra la opresión que la descalificación por la sátira. No en vano decía Flaubert que «una cosa irrisoria es una cosa muerta, porque un hombre que se ríe es más fuerte que un hombre que sufre». La suerte del nazismo estuvo echada desde que Chaplin rodó El Gran Dictador y desde que Lubitsch convirtió a Hitler en objeto de mofa frente a una pastelería de la Varsovia de 1939 en la primera escena de su inmortal To be or not to be.

Y si debemos reírnos de lo risible, resultando además que existen pocos filones tan fértiles en expresiones grotescas como una buena antología del nacionalismo vasco que arranque en Sabino Arana, continúe con Federico Krutwig, remanse en Xabier Arzalluz e incluya unos cuantos Zutik y comunicados de ETA, ¿no es sin duda una caricia del destino que su última portavoz comparezca ya en escena con el traje reglamentario de payasa?

Boinas fuera, narices genuinamente enrojecidas también. Que el cucurucho del Augusto sea de plástico y los postizos de Pompoff y Teddy de cartón endurecido. Que salga Charlie Rivel diciendo lo del RH, que los hermanos Tonetti expliquen lo de que los españoles serán allí como los alemanes en Mallorca y que Gaby y Fofó se reúnan de nuevo con Miliki para escenificar el avance de la Brunete Mediática y el nuevo bombardeo de Guernica con editoriales periodísticos. ¿«Contradictoria» Aiora Zulaika? ¡Quia! Al menos un par de veces por semana, ella da vida a su farsa desbocada, como si todo el año fuera carnaval. Los contradictorios son Otegi, Usabiaga, Arzalluz, Egibar... todos los que esconden bajo la fachada de la seriedad y la respetabilidad un proyecto político tan delirante como excluyente que sirve de coartada al vandalismo y terrorismo más miserables. «Nadie como nosotros ama tanto a este país», dijo hace poco el líder del PNV, haciendo bueno una vez más el aforismo del doctor Johnson sobre el patriotismo como «último reducto de los canallas». Es ese hábito de afectada gravedad telúrica el que hay que arrebatar a los tartufos.

No se trataría, pues, de reclamar la expulsión de Aiora Zulaika del elenco de Takolo, Pirritx y Porrotx sino de exigir la inclusión de todos los demás, con el requisito añadido de que su actividad pública la realicen de ahora en adelante en su indisimulable traje de faena. Todo quedaría aclarado si quienes comparecieran ante la prensa para calificar de «garzonada» o «expresión del conflicto» la detención de presuntos colaboradores de ETA lo hicieran vestidos de payasos, si el lehendakari elevado al cargo con los votos del brazo político de ETA acudiera a dar el pésame a las familias de los asesinados por la banda vestido de payaso y si el líder del partido que suscribió los acuerdos secretos con ETA del verano del 98 pontificara en la campa de Salburua vestido de payaso.

¿Y los niños? ¿No acrecentaría esta nueva forma de representación política la confusión con que sus ojos inocentes miran la convulsa realidad circundante? Todo lo contrario: desde el cine mudo hasta los juegos de ordenador, los niños siempre han aprendido que, antes de ser derrotados, los malos deben quedar en ridículo. De ahí que el villano perfecto sea el payaso malo, o sea el Joker que aterroriza a la ciudad de Gotham con sus bufonadas sangrientas. Si a un moroso se le pone al lado el Cobrador del Frac para que dé el cante, parece lógico que a un político dañino en su insolvencia se le inste a comparecer ataviado de lo que es.

Cuando el pasado martes los tres directivos de la Asociación Mundial de Periódicos que iniciaban una visita a España para elaborar un informe sobre los ataques a la libertad de prensa en el País Vasco desayunaron con el presidente del Gobierno en La Moncloa, se quedaron estremecidos y atónitos al escuchar la cruda descripción que Aznar les hizo de la situación. Les habló de las sillas vacías en las reuniones de concejales y altos cargos del PP y el PSOE vascos, les habló de su angustia al mirarles a la cara y preguntarse quién será el siguiente, les habló de la disyuntiva del «o te callas, o te vas, o te matamos» y les habló del paralelismo entre lo que está ocurriendo en el País Vasco y la lucha del mundo libre hace 60 años contra los nazis. Fue casi al final, cuando al saber que sus interlocutores se iban a ver también con el presidente del PNV, Aznar les dijo con todo el énfasis que pudo: «No olviden que Arzalluz es el jefe de los nazis. El no pone los coches bomba, ni ordena los asesinatos... pero es el jefe de los nazis».

Ese mismo mediodía asesinaron a Froilán Elespe, esa misma tarde la payasa Pirritx se negó a condenar el crimen y tres días después el PNV votó en Vera de Bidasoa a favor de una moción criticando las detenciones de los dos concejales de EH que presuntamente colaboraron con el dirigente de ETA que introducía los comandos en España. ¿«El jefe de los nazis»? Tal vez. Pero el de los payasos con fronteras, también. pedroj.ramirezel-mundo.es

Honor a todas las víctimas
Javier ROJO La Razón 25 Marzo 2001

En el Talmud de los judíos existe un pensamiento que se aplicó a aquellos que sufrieron en los campos de exterminio la locura homicida de la limpieza étnica, donde lo menos importante fue si eran de izquierdas o de derechas, los asesinaron por ser judíos y la historia los recuerda por eso. Viene a decir el Talmud: «Honor a aquellos que acabaron su vida tan puros como nacieron». ¡Honor a todas las víctimas del terrorismo! ¡Honor! Ellos son nuestros símbolos. Y que escuchen lo que decimos de ellos, quienes usaron o se sometieron a la violencia criminal que segó sus vidas. Nada podrán hacer contra su memoria, o sus ideales, porque esos símbolos son parte ya de nuestra existencia como pueblo.

    Kant escribió que la guerra es maligna porque hace a más hombres malos de los que mata. Y eso mismo puede decirse de la violencia terrorista que sufrimos desde hace más de treinta años. Su efecto maligno ha alcanzado a muchos más de los que han sufrido sus golpes en su cuerpo o en su espíritu. Qué mayor horror que tener que saber que hay niños, que hay jóvenes a los que se enseña a odiar. A odiar ideas. Y cuando se odian las ideas, se puede llegar a celebrar la muerte de quienes las sienten suyas. Ese sentimiento de que la violencia lo degrada todo es el que me lleva a pedir dignidad para un pueblo que sufre y que se siente perseguido. Y ese sentimiento es el que me lleva a afirmar con convicción y con fuerza el defender valores éticos y morales para con una sociedad que ambiciona vivir en libertad: porque todavía hoy en Euskadi ¡hay ideas, que queriendo defender patrias, asesinan!

    Y lo que hoy nos está sucediendo desde la rebeldía es que la ciudadanía vasca hace tiempo que ha levantado en Euskadi la bandera de la libertad y, que ya no acepta para nada ni errores, ni renuncias morales en política.

 Somos muchos los que no aceptamos que la moral y la política vuelvan a ir separadas en Euskadi. Ninguna política tiene derecho a dejar de mirar aquí el rostro de la muerte y los ojos de las víctimas, para pedirnos que les creamos cuando se nos ofrece diálogo con los verdugos.

    Porque hay preguntas, preguntas morales, que yo quisiera poder hacérselas a las víctimas porque, precisamente desde que las asesinaron, han cambiado tantos las cosas en Euskadi, hemos cambiado tanto todos, que sufro porque no puedo preguntarles ¿qué podemos hacer para salir adelante airosos con la libertad, ahora que todo es más difícil? La respuesta seguro nos la darían ellas: el 13 de Mayo es la oportunidad, nos dirían, el cambio está en vuestras manos. Ellas no pueden hacerlo, pero nosotros sí, y además, se lo debemos.

LA NUBE PÚRPURA
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 25 Marzo 2001
 

Hay un momento crítico en el despegue de un avión, en que el aparato o toma altura o se desploma: se llama punto de no retorno, al parecer. Algunos de los hechos sucedidos tras el asesinato del concejal Froilán Elespe hacen pensar que la ira ciudadana frente a ETA se encuentra en un punto similar. Esos hackers que han bloqueado la página web del diario Gara, esas pintadas que sitúan a Otegi y a ETA en el centro de una diana imaginaria, esa rabiosa arremetida de los vecinos de Lasarte contra los que justifican tan tranquilos el pistoletazo al amigo, el familiar o el compañero.

La advertencia es de James Otis, uno de los líderes de la revolución americana: «Si la olla hierve demasiado, la espuma acaba desbordándose». La olla lleva hirviendo en el Norte tanto tiempo, que lo verdaderamente sorprendente no es que la espuma pueda desbordarse, sino que haya aguantado tanto sin hacerlo. ¿Por qué no decirlo sin tapujos? Lo increíble es la paciencia de los vascos frente a una banda de asesinos que juega con ellos al tiro de pichón desde hace más de treinta años y frente, sobre todo, a sus cómplices, sus chivatos y su muchachada brutal y despiadada. También frente a quienes apartan la mirada mientras sus vecinos viven en un gueto y sufren una persecución inadmisible.

Tan increíble resulta esa paciencia que no ha podido ser sino la consecuencia de un fenómeno social. Pues bien, por alucinante que pueda parecerles, creo que su causa principal no es otra que la asunción por parte de las víctimas del argumento central de sus verdugos: el de la existencia de un conflicto del que ETA es expresión. Ha sido tal la brutalidad de ETA y de su entorno, que las víctimas han llegado a asumir que era imposible que aquel conflicto no existiese, pues ¿cómo podría no existir si ellos lo sufrían de tal modo?

En 1901, M. P. Shiel, escritor inigualable nacido en una isla del archipiélago de Sotavento, publicaba una novela sobrecogedora donde narraba como el mundo estaba siendo devorado por una nube que, imparable, extendía a su paso la muerte y la desolación: la tituló La nube púrpura. Esa nube, púrpura también como la sangre de los muertos, ha nublado la mirada a los que contra, toda lógica social, han venido aceptando en silencio, por su causa, una violencia intolerable. Hecha ya la claridad, las consecuencias, de mantenerse la violencia, podrían resultar imprevisibles. O peor aún: perfectamente previsibles.

Fractura o podredumbre
KEPA AULESTIA El Correo  25 Marzo 2001

Un debate recurrente ha vuelto a ocupar los titulares: ¿hay riesgo de enfrentamiento civil? Voces preocupadas ante el deterioro de las relaciones políticas y sociales, y ante los efectos que sobre ellas pueda tener la terrorífica selección que ETA hace de los no nacionalistas, han encontrado su réplica en otras voces, más oficiales, que tratan de desdramatizar la situación fijando la mirada en ese lado del escenario en el que no pasa nada. Lo más curioso es que los dirigentes que niegan la eventualidad de un enfrentamiento -todos nacionalistas- argumentan que la tensión se da en el ámbito político, pero que no alcanza a la ciudadanía. Cuando el problema reside en que la confrontación entre políticos afecta a esas condiciones prepolíticas por las que cada ciudadano se ve a sí mismo y reconoce a los otros como tal.

Si por enfrentamiento se entiende un clima guerracivilista generalizado, en el que terminemos pegándonos entre vecinos a cuenta de nuestra respectiva adscripción, posiblemente los vascos vivamos demasiado bien como para arriesgar nuestro confort en un proceso de balcanización. Pero sólo la endogamia respecto al propio grupo, la insensatez o la falta de conciencia democrática puede cegar a un dirigente hasta el punto de negar la existencia de peligrosas fracturas en nuestra sociedad.

La fractura más grave no es la que se da entre dos grupos pretendidamente compactos. La más seria es la que deriva de la podredumbre moral, la sistemática trasgresión de la razón, la interesada relativización de los valores, la ignorancia y la demagogia extrema, el cinismo vocinglero, negar aquellas verdades que nos superan e incomodan. Es cierto que hay quienes desean romper con ese mínimo que une una comunidad en democracia, pero la verdadera fractura se halla en la tolerante indiferencia con que contemplamos que alguien albergue semejantes intenciones. Ha sido Juan María Atutxa uno de los nacionalistas que ha mostrado su temor ante la fractura; y lo hacía mientras presentaba, en nombre de la Cámara, recurso a la Ley de Extranjería. Elocuente paradoja que nos muestra solidarios con los que vienen de lejos mientras la eliminación física del adversario y el prejuicio ideológico respecto al vecino no hallan, entre nosotros, ‘tribunal constitucional’ alguno ante el que los afectados puedan acudir en amparo.

LAS CARTAS BOCA ARRIBA
FEDERICO ABASCAL La Voz  25 Marzo 2001
 

ETA parece inasequible al desaliento, como los fascistas españoles de los años 30, pero sabe que el aliento del Estado de derecho es más inasequible todavía, por la legitimidad moral que lo respalda. Posiblemente el asesinato del teniente de alcalde de Lasarte, Froilán Elespe, haya marcado el punto sin retorno del nacionalismo a la estrategia de Estella.

Todos los sondeos tienen algo de fiable, y si los últimos realizados en el País Vasco no anticipan claramente los datos aritméticos del 13 de mayo, al menos revelan la dimensión del miedo social a confesar intenciones de voto muy determinadas. Debe añadirse que si el miedo al terrorismo sanguinario es obvio, también resultan obvios, a la luz de los sondeos, los miedos derivados del miedo-madre, que es al disparo en la nuca o a la mirada aviesa de algunos transeúntes.

 Un miedo derivado, en cierto modo reflejo, sería el de votar al PNV o a otras siglas del nacionalismo, democrático o filoetarra, por si un futuro gobierno constitucionalista en Vitoria inflamase aún más la crueldad terrorista.

En cualquier caso, tal vez sea hora de poner el 13-M las cartas boca arriba, al menos para que ETA no siga marcando la agenda sociopolítica del País Vasco.

Personas tan diferenciadas como Atutxa descartan una nueva alianza con EH, y eso llevaría al PNV a la oposición. Para seguir en el gobierno, sumando a su insuficiencia parlamentaria la del PSE-PSOE, debería ofrecer garantías tan sólidas sobre su decisión de plantear a ETA una batalla decisiva, que o aplaza sus pretensiones soberanistas hasta la erradicación de la banda o las conduce por las vías estatutarias. El peligro de un enfrentamiento social, reconocido por el propio Atutxa, exige una rectificación del partido que, por llevar dos décadas gobernando, tiene la mayor responsabilidad en el deterioro social del País Vasco. Si persistiera en sus criterios de lenidad policial ante la kale borroka y no se sumase a una acción concertada y eficaz, contra ETA, el PNV difícilmente encontraría argumentos para mirarse en el espejo de una sociedad a la que habría llevado al borde del enfrentamiento. En esas circunstancias, un gobierno constitucionalista sería muy deseable, ya que es posible.

A MEDIDA
MANUEL ALCÁNTARA La Voz  25 Marzo 2001
 

Cada vez que asesinan a un político que no llevaba escolta se piensa que no hubiera muerto en caso de haberla llevado. Nunca se supone que habría habido dos muertos. Los terroristas gozan siempre de la misma ventaja: saben quiénes van a ser sus víctimas, en contraposición con éstas, que ignoran quiénes van a ser sus verdugos. En todo caso, es legítimo especular con el efecto disuasorio que provocan los guardaespaldas, ya que la única ley que acatan los asesinos es la del mínimo esfuerzo. En vista de eso, los gobiernos central y vasco han acordado ampliar las escoltas.

Sería más barato, por supuesto, en vez de aumentar el número de escoltas, disminuir el número de asesinos, pero eso parece imposible. Han pasado muchos años desde que Rodolfo Martín Villa dijo aquello de que «o nosotros acabamos con ETA o ETA acaba con nosotros», pero los atentados son el cuento de nunca acabar. ¿Cómo se garantiza la seguridad?
No es justo exigirle a nadie el carné de héroe. La actividad de los que rigen o aspiran a regir los asuntos públicos arroja más muertes que ninguna otra. Una carrera política tiene más riesgo que una carrera automovilística. Se quiere encontrar la solución en los escoltas pagados a medias. No sé. Ojalá evite más crímenes, pero mejor y más barato sería que los políticos se disfrazaran de curas.

Bernard Crick: «El totalitarismo ya es una reliquia descolorida»
MADRID. A. Astorga ABC 25 Marzo 2001

El ensayista y politólogo Bernard Crick, prestigioso profesor de la London School of Economics, sale «En defensa de la política» (Tusquets) como única alternativa al «gobierno por la fuerza» en un ensayo escrito en lo más crudo de la Guerra Fría y que tiene plena vigencia cuarenta años después. «Yo no creía, al igual que la mayoría de la gente, que el sistema comunista soviético y su imperio pudieran hundirse ni extinguirse. Pero a diferencia de algunos amigos y estudiantes, tampoco esperaba ni temía una tercera guerra mundial. Los arsenales atómicos eran inutilizables y las fuerzas disuasorias disuadían; la gran tragedia, en cambio, era que hacían que el Telón de Acero pareciera indestructible y eterno. Podíamos disfrutar de una especie de paz, pero sólo si aceptábamos una mentalidad de guerra, un uso (y abuso) inhumano de recursos limitados y la falta de libertad permanente de muchos, como cuando los tanques entraron en la ciudad de Budapest en 1956 y en Praga en 1968». Bajo la influencia de Hannah Arendt y sus «Orígenes del totalitarismo», Crick creía que había pocas esperanzas de cambio: «Si acaso la disolución del totalitarismo en una autocracia». La respuesta era evitar ese camino allí donde todavía había elección. Ofreció por ello una defensa de la política, no una «pseudoprueba» de su inevitabilidad. «Ahora, en cambio, pase lo que pase con los países de la antigua Unión Soviética y China, el totalitarismo parece una reliquia descolorida de mediados del siglo XX, una degeneración del modernismo que finalmente fracasó, pese a todo el daño que hizo y que dejó al mundo. Los acontecimientos de 1989 en Europa del Este mostraron un coraje cívico mayor que todo lo visto desde la segunda guerra mundial».

Crick dedica un capítulo destacado de su ensayo a defender la política frente a los nacionalismos «extremos y radicales». Alerta y advierte contra la manipulación y monopolitización de esos nacionalismos por parte de un único partido y desprecia a quienes emplean el odio. Crick sentencia: «Los nacionalismos no pueden basarse en factores étnicos»

La política, concluye el estudioso, «es una actividad viva, adaptable, flexible y conciliadora y no es la búsqueda de un ideal y tampoco el estancamiento de una tradición». Crick cita a Tocqueville para concluir que los grupos interpuestos entre el Estado y el individuo son la gran garantía para la democracia.

Calcinan los vehículos de dos ertzainas en Ondarroa y Oiartzun
Radicales atacan con ‘cócteles molotov’ una oficina de seguros en Amorebieta que registra escasos daños
BILBAO EL CORREO 25 Marzo 2001

La violencia callejera volvió a tener ayer como objetivo a miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Si el viernes era atacado el coche particular de un policía nacional en Vitoria, en la madrugada del sábado las víctimas de los sabotajes fueron dos ertzainas, a quienes radicales destruyeron sus vehículos en Ondarroa y Oiartzun. Asimismo, en el centro de Amorebieta fue atacada una oficina de Seguros Axa, que registró escasos daños materiales.

El primero de los ataques se produjo a la una menos cuarto de la madrugada en la localidad vizcaína de Ondarroa, donde desconocidos incendiaron con líquido inflamable el automóvil particular de un agente de la Ertzaintza, que se encontraba estacionado en la calle Itxasaurre, frente al puerto. La dotación de bomberos que se desplazó al lugar no pudo hacer nada por salvar de las llamas al vehículo, que quedó destruido por completo.

Posteriormente, los episodios de ‘kale borroka’ se reprodujeron en la localidad guipuzcoana de Oiartzun, donde los violentos calcinaron el turismo de otro miembro de la Policía autónoma. A la una y cuarto de la madrugada, rompieron las lunas del vehículo, aparcado junto a la estación de Eusko Tren, y tras rociar el interior con líquido inflamable le prendieron fuego. El incendio originado, que fue sofocado por una unidad de bomberos, provocó la destrucción del coche del agente así como diversos daños en otro automóvil situado en las inmediaciones.

A las cuatro y medio de la madrugada fue atacada, asimismo, una oficina de Seguros Axa, ubicada en la calle Luis Urrengoetxea de Amorebieta. Tras romper los cristales de la puerta del local, desconocidos arrojaron dos ‘cócteles molotov’ aunque sólo uno llegó a explotar. El fuego, que fue apagado por los bomberos, causó daños en el mobiliario situado junto a la entrada así como el ennegrecimiento de las paredes.

Víctimas de los violentos
Los ataques contra agentes de la Policía autónoma alcanzaron su máxima expresión el pasado día 8 de marzo con el coche bomba que se cobró la vida del ertzaina Iñaki Totorika en la localidad de Hernani. Son numerosas las acciones violentas que fijan como objetivo a miembros de la Ertzaintza, en forma de sabotajes contra sus viviendas y sus coches particulares. Asimismo, los radicales han atentado contra algunas comisarías y contra la sede de Erne, el sindicato mayoritario de la Policía vasca.

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