AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 30  Marzo  2001
#Ensayo sobre el terror
JOSE MARIA MARCO El Mundo 30 Marzo 2001

#Los enemigos del Estado autonómico
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 30 Marzo 2001

#Las víctimas viven mal
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 30 Marzo 2001

#La hidra terrorista
Enrique de Diego Libertad Digital 30 Marzo 2001

#injusto olvido de sabino arana
Juan BRAVO La Razón 30 Marzo 2001

#El reflejo internacional de las elecciones vascas
Lorenzo Contreras La Estrella  30 Marzo 2001

#Elorza se ve obligado a cambiar de actitud con Añorga
Impresiones El Mundo  30 Marzo 2001

#La desobediencia empresarial
Ignacio Villa Libertad Digital 30 Marzo 2001

#¡No hay derecho!
José María CARRASCAL La Razón 30 Marzo 2001
 

#Polémica
XABIER GURRUTXAGA El Correo  30 Marzo 2001

#No volverá a patrullar
Ramón Villota-Coullaut 30 Marzo 2001

#Perpetuar el dolor
CATY ROMERO VIUDA DE ALFONSO MORCILLO, POLICÍA LOCAL ASESINADO El Correo  30 Marzo 2001

#La imputación a Pepe Rei
Editorial La Razón  30 Marzo 2001  

#'Ardi Beltza': un medio al servicio de ETA
CARMEN GURRUCHAGA El Mundo 30 Marzo 2001  

#Basta Ya exige a Ibarretxe que impida «más ejecuciones de no nacionalistas»
FERMÍN APEZTEGUIA VITORIA El Correo 30 Marzo 2001 

#Los asesinos de Totorika consumieron cocaína y «speed» antes del atentado
ALFONSO ROJO. Enviado especial El Mundo  30 Marzo 2001  

#Gallinas y ratones
RICARDO UTRILLA El Correo   30 Marzo 2001 

#¿Diálogo?
Nino Muñoz Cartas al Director El Correo    30 Marzo 2001 

#Un problema de idioma contribuyó al choque de trenes
El Mundo 30 Marzo 2001 

#Democracia, violencia y miedo
Bernard Freiría. La Opinión 30 Marzo 2001

Ensayo sobre el terror
JOSE MARIA MARCO El Mundo 30 Marzo 2001

Decir que los etarras son como nazis, y que ETA es como el partido nacional socialista alemán es un eslogan rentable. Desde hace unos meses, viene siendo muy utilizado y probablemente lo será más aún. En la misma línea la revista Claves ha publicado un ensayo de José Varela Ortega titulado Del nacional-socialismo alemán y del vasco. Con gran aparato erudito, el profesor Varela Ortega presenta un sofisticado paralelismo entre el acceso al poder de los nacional socialistas de Hitler en Alemania y la actual situación en el País Vasco.

Como el nacional socialismo alemán, ETA constituye, más que un partido político, un conglomerado de organizaciones que comparte con aquél objetivos idénticos: la conquista del poder, de todo el poder; la implantación de un Estado totalitario y la aniquilación de cualquier disidencia, autonomía o libertad. Ambos se basan en un mito, como es el de la patria eterna y primigenia, siempre virgen y siempre por actualizar. (De las pocas veces que Varela Ortega cita a Jon Juaristi es para evocar lo «sabia y bellamente» que Juaristi describe esta edad de oro perdida). Y los dos, el nazismo y ETA, son imposibles de integrar en un Estado democrático y liberal.

Los fanáticos y los violentos también han contado con la complicidad o el apoyo de organizaciones de centro derecha. En Alemania, este papel lo hicieron el DVP (Partido del Pueblo Alemán, liberal democrático) y el Zentrum (partido católico, con los nacionalistas bávaros de aliados). En el País Vasco actual, la responsabilidad les toca, en primer lugar, a los «ex franquistas atenazados por complejos varios» con los que se hizo la Transición (una referencia poco afortunada por parte de Varela Ortega) y sobre todo, el PNV, al que Varela Ortega concede el marchamo de centrista y moderado. «En su afán por integrar a sus aliados revolucionarios, el centro y la derecha, es decir Zentrum-DNVP o PNV-EA, ignoran la naturaleza totalitaria de los violentos o han pretendido manipularla».

Varela Ortega no insiste en los silencios de la socialdemocracia alemana ni en el papel que jugaron los comunistas en el proyecto totalitario nazi. Serían lagunas comprensibles si no fuera por la exquisita discreción con que trata a la izquierda española en el País Vasco, exonerada casi de cualquier responsabilidad. Ahora bien, si alguien merece tanta generosidad es justamente el centro derecha, es decir la antigua UCD y el actual Partido Popular. Valdría la pena haber recordado, junto a los heroicos militantes del PP, el exterminio de los cuadros de UCD realizado entre 1979 y 1981, en la comarca guipuzcoana del Urola, por ETA y los Comandos Autónomos Anticapitalistas.

Lo describe Pedro Mari Baglieto en su libro Un grito de paz, y Jaime Mayor Oreja se suele referir a aquellos años de terror absoluto como un momento clave en su trayectoria, lo que es tanto como decir un eslabón importante en la elaboración de la política que viene llevando el Gobierno de José María Aznar y el Partido Popular desde 1996.

Por otra parte, resulta muy discutible calificar al PNV de partido de centro derecha, tentado desde hace unos años por las sirenas del radicalismo. En primer lugar, nada justifica el tópico de que la derecha se deja seducir fácilmente por los modos autoritarios. Si ocurrió en Alemania en los años 30 fue en una crisis económica brutal, con el totalitarismo comunista en casa y un descrédito generalizado del parlamentarismo liberal, descrédito en el que la izquierda tuvo tanto que ver como la derecha.

En cuanto a la situación en el País Vasco, el PNV tiene poco de partido moderado, como ha mostrado su actitud desde 1978. Jon Juaristi lo ha repetido en su reciente conferencia del Club Siglo XXI: «El PNV preconizó el rechazo de la Constitución, se negó a pactar otro proyecto de Estatuto que el que se hizo a su medida, imponiendo a la Comunidad Autónoma sus propios símbolos partidarios, y se inhibió de toda responsabilidad en la lucha contra el terrorismo, mientras exigía la salida del País Vasco de las fuerzas de seguridad que se enfrentaban a ETA. En cualquier otro sitio un nacionalismo semejante habría sido justamente calificado de extremista».

El PNV no ha abdicado del proyecto independentista y nunca ha renunciado a rentabilizar el terror. En cambio, sí renegó de un posible sustrato conservador y foralista, próximo a la raíz de lo que hoy se llama nacionalismo catalán. Los independentistas han elaborado una teoría de la nacionalidad vasca según la cual la seña de identidad del vasquismo es la voluntad abstracta de ser vasco. Sin ella, el nacionalismo del PNV queda reducido a las zafiedades sobre el RH negativo o al recuerdo de unas tradiciones venerables por el hecho de serlo, sin más. El PNV carece de consistencia ideológica y depende, para su supervivencia como organización independentista, del proyecto terrorista.

Queda la gran cuestión de la izquierda, de esa izquierda oficial que gusta de hablar de fascismo al referirse a ETA. Bien está, pero lo más parecido al fascismo que ha ocurrido en el País Vasco en los últimos 35 años es, aparte de Arzalluz, que cada vez se parece más a Mussolini, el episodio de los GAL. ETA es una organización leninista, con planteamientos totalitarios anticolonialistas y comunistas. Su caldo de cultivo fue, más que el antifranquismo, la rebelión sesentayochista. Ahí se forjaron complicidades que han durado muchísimo tiempo, como la que hoy mismo evidencia la discreción de muchos medios de comunicación europeos ante el terror étnico y político vasco. (Compárese con la campaña montada en torno a Haider).

En cuanto al socialismo, la prudencia no debería impedir recordar algunos hechos, aunque sólo fuera aquellos que los propios socialistas, con gran honradez, han puesto sobre el tapete. Juan Manuel Eguiagaray, secretario del PSE en 1986, ha escrito acerca de las concesiones hechas por su partido al nacionalismo para ser admitido en un Gobierno de coalición con el PNV, cuando el PSE era el partido más votado. Recalde, ex consejero de Educación con el PNV, ha evocado la sumisión del socialismo al abertzalismo, sumisión que a punto estuvo luego de pagar con su vida.

Varela Ortega, que conoce bien la España de la Restauración, podía haber aclarado en su ensayo qué pulsión suicida lleva desde entonces a los socialistas españoles a inclinarse hacia los socios menos favorables a cualquier proyecto español, liberal y democrático. Dicho de otro modo, por qué los terroristas, cuando quieren revitalizar la consigna del diálogo, eligen como víctima a un socialista, y mejor si éste no siente el menor apego por España, como en el asesinato infinitamente cruel de Ernest Lluch.

Ahora los dirigentes del PSOE parecen tener las ideas claras sobre cualquier posible pacto después de las elecciones vascas. Pero hay signos de confusión. Rodríguez Zapatero no controla su partido, como ha demostrado lo ocurrido con el Plan Hidrológico, la Ley de Extranjería o las medidas contra los bancos adoptadas por la Junta de Extremadura. Además, Felipe González tiene proyectos propios, y así lo ha hecho ver con su reciente papel de mediador entre Prisa y el Gobierno vasco... Si en el terreno intelectual un ensayo sobre el terror como el de José Varela Ortega es de gran interés, situado en la actual coyuntura política resulta desconcertante. José María Marco es historiador.

 

Los enemigos del Estado autonómico
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 30 Marzo 2001

Los cripto-nacionalistas se están poniendo cada día más nerviosos a medida que van comprobando hasta dónde están llegando las aberraciones de los Arzalluz y los Odón Elorza. Como no se atreven a reconocer su complicidad en este proceso que está arruinando al País Vasco, unas veces recurren a la distinción nauseabunda entre nacionalismos buenos y malos y otras nos culpan a los demás de atizar el fuego ya que, según ellos, odiamos las Autonomías y añoramos la España eterna.

Así que cuando llega un escándalo como este de la reinserción en la Policía de San Sebastián de un municipal que colaboró criminalmente con ETA ¿qué dicen los compañeros de viaje de los nacionalistas, asustados realmente de ver hasta dónde han llegado las aguas? Se aferran a una interpretación legalista, achacan la aberración a una disfunción legal y se niegan a admitir que sea una consecuencia del nacionalismo y que haya una responsabilidad del alcalde Odón.

Pero ¿acaso estaríamos hablando de tal disparate si no existiera el nacionalismo etarra que está en el origen de los crímenes con los que colaboró el policía? Y el policía ¿acaso no colaboró con ETA por identificación con el objetivo nacionalista del independentismo? ¿Por qué, si no, se pudo producir tal hecho? Sin embargo, los tontos útiles dicen que nada de esto tiene que ver con el nacionalismo. Que todo es una cuestión legal.

Exculpan también a Odón Elorza al que suponen atrapado por la ley. Sin embargo cabe preguntarse si no habría sido todo distinto «políticamente» en el caso de que Odón Elorza se hubiera adelantado a denunciar tal aberración antes que nadie y hubiera anunciado la interposición de un recurso, sin contar con las posibilidades que tiene un alcalde para impedir que un colaborador criminal sea readmitido en la plantilla. Odón Elorza se calló y dejó que triunfara la trampa, y lo hizo por lo mismo que escapa de la ciudad cuando se celebra una manifestación en contra de ETA.

Pero si los tontos útiles denunciaran la responsabilidad de Odón Elorza y explicaran estas aberraciones por la existencia de los nacionalismos ¿qué podrían hacer de sus vidas mismas? Tendrían que darnos la razón, que es tanto como dar la razón a Savater o a Jon Juaristi o a Mayor Oreja o a Redondo que ha dicho que no quiere ver por el País Vasco a Pascual Maragall a no ser que cambie de discurso. Claro que Redondo no puede impedir que el alcalde de San Sebastián viva y actúe en San Sebastián. ¿Qué podrá hacer Nicolás Redondo si hace caso a Eguiguren para quien el PP hace una lectura «excluyente» del Pacto Antiterrorista? Por un sitio o por otro son muchos los socialistas que necesitan volver a la alianza con los nacionalistas y de ese modo se volverá al círculo infernal de los compromisos...

Encerrados en este encadenamiento de Arzalluz, que confiesa su identificación de criterios con ETA, y de los Odón Elorza con los Arzalluz, a los tontos útiles no se les ocurre una salida más cómoda moral y políticamente que echarnos la culpa a los españolistas. Cierto que con ello no son capaces de explicar el informe de Gil Robles, ni el terrorismo callejero, ni la connivencia de la Ertzaintza con el terrorismo. A tontas y a locas quieren salir de este atolladero en el que se metieron hace tiempo cuando se negaron a reconocer que todos los nacionalismos son totalitarios, cuando pensaban que la confección de un «censo» vasco era un invento (lo denuncié hace siete años).

Ahora los compañeros de viaje de los nacionalistas están especialmente nerviosos porque temen que sus protegidos pierdan las elecciones y queden fuera de la coalición de gobierno. ¿Cómo podrá salir adelante el País Vasco sin los nacionalistas? se preguntan ellos, en medio de este paisaje desolador, en medio de esta destrucción del País Vasco. Entonces se revuelven contra los que somos su mala conciencia.

Las víctimas viven mal
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 30 Marzo 2001

Sostiene Consuelo Ordóñez que con las informaciones suministradas por Patxi Añorga, entre otros, se asesinó a su hermano, Gregorio Ordóñez, concejal del PP en el Ayuntamiento de San Sebastián que después de ser insultado durante meses por los ‘amigos’ de Patxi, sufrió un tiro en la nuca que le obligó a irse de la vida, y de su querida San Sebastián, claro, el 23 de enero de 1995. El tal Patxi era policía municipal y ha estado seis años en la cárcel por colaborar con el grupo terrorista que ustedes saben. Cumplida su condena, las leyes españolas le permiten volver a la Guardia Urbana donostiarra, aunque esas mismas leyes hubieran permitido también, de haberlo planteado en tiempo y forma, su expulsión del cuerpo. Dicen en el Ayuntamiento de San Sebastián que no le dejarán llevar pistola y que harán lo posible para que no vuelva a informar a la no nombrada organización, que dirigirá el tráfico, ‘apatrullará’ las calles, pero sólo podrá retener información visual. (A otro policía municipal donostiarra que le pillaron con drogas, le mandaron a la carpintería).

Sostiene el escritor Raúl Guerra Garrido, víctima vasca superviviente del terrorismo etnicista, que San Sebastián es una de las únicas ciudades del mundo en que a uno le puede llevar el coche la grúa por aparcar cinco minutos fuera de sitio, pero en la que sale gratis quemar coches como el mal aparcado, autobuses, cajeros y otros bienes públicos, que deberían estar protegidos por gente como Patxi, y que son incendiados todos los viernes-sábados noche, a las mismas horas, en los mismos sitios, sin que parezca humanamente posible detener a los cincuenta -simpatizantes de las mismas siglas que Patxi- que se entregan compulsivamente a tan pirómana tarea de forma reiterada. Hombre, una forma de comprobar hasta qué punto la condena carcelaria le ha cundido, sería que Patxi fuera el primero en avisar a sus superiores, o a los bomberos, cada vez que prevea, datos y fuentes no le faltarán, que se puede hacer una pira de coches o autobuses. Más que nada por la cosa de la prevención.

En cualquier caso, el ejemplo de este guardia reintegrado en la Policía demuestra las ventajas de ser victimario y no víctima. Por ejemplo, Gregorio Ordóñez, al que después de asesinarle le profanaron su tumba varias veces, no volverá a pisar las calles de San Sebastián: ha sido expulsado de ellas para siempre. Por ejemplo, el sargento de la Policía Municipal de San Sebastián Alfonso Morcillo ha dejado a Catalina Romero, una mujer valiente, de una pieza, viuda para siempre. Morcillo sabía que había informadores de la organización asesina en la Policía Municipal de San Sebastián y por eso le asesinaron los colegas de Patxi, subordinado de Morcillo.

Todo esto, no me negarán, es una demostración empírica de lo bien que se vive en el País Vasco. Por si no tuvieran bastante con el dolor eterno por el asesinato de dos seres queridos, ahora tienen que soportar, Catalina y Consuelo, el escarnio de un dolor actualizado por semejante atropello: sueldo y seguridad social para el informador de los que asesinan; sepultura para sus víctimas. Es estadísticamente posible que Catalina Romero, o que Consuelo Ordóñez, se crucen por la calle con Patxi, que este les afee la conducta por aparcar mal o, incluso, les ponga una multa por una infracción de tráfico. La muerte, esa expulsión de la vida de la que uno no se recupera; la muerte, ese insulto que no le permite a uno replicar al insultador, tiene estas cosas, máxime en un país en el que, desde luego, algunos viven divinamente.

La hidra terrorista
Por Enrique de Diego Libertad Digital 30 Marzo 2001

La banda Eta no es únicamente el comando, ni sólo el que pega el tiro o pone el coche. Es un entramado que concluye en el asesinato, pero incluso desde el punto de vista militar cualquier organización de este tipo precisa un aparato logístico y otro de propaganda. Una red de confidentes –como el policía local readmitido en San Sebastián– y de correos. Hay suficiente certezas morales de que “Ardi Beltza” servía para marcar objetivos y transmitir consignas a los comandos, utilizando de manera espurea los beneficios del sistema. La duda siempre es si no será el sistema mismo el que se pueda ver afectado por cuestiones que están en el límite, pero la República de Weimar en su día, con su trágico final, es una lección de la historia respecto a que un exceso de formalismos con los intolerantes puede acabar con la tolerancia en sí misma y acabar en genocidio.

Parece obvio que en el País Vasco lo que existe es una patología totalitaria con pretensión genocida y que Eta es un hidra de varias cabezas, no sólo una yuxtaposición de comandos. No se puede utilizar la libertad de expresión para favorecer el asesinato de periodistas. Eso es de sentido común. De todas formas, habrá que esperar a ver en qué queda el procesamiento de Pepe Rei dados los chapuceros antecedentes del juez Garzón.

injusto olvido de sabino arana
Juan BRAVO La Razón 30 Marzo 2001  

Mi colega en LARAZÓN que firma desde «El submarino» ha tenido un gran éxito al anticipar la publicación de un libro casi secreto, «De su alma y de su pluma», que recoge el pensamiento del fundador del PNV, Sabino Arana, en sus más excelsas citas. A Juan Bravo le consta que hay verdadera curiosidad para encontrar tal joya. Como este columnista lo tiene en su poder, puede corroborar que nadie puede ser insensible a su lectura.

    Por eso, por la originalidad sin precedentes del pensamiento sabiniano, es realmente injusto que el PNV haga los esfuerzos que hace por que nadie acceda a este despliegue ideológico. Porque al PNV le vale como fundador, pero luego se avergûenza de lo que éste dice. No tendría por qué, pues cualquiera que lea a Sabino Arana se puede explicar la verdad histórica del nacionalismo vasco. Su justa lucha contra los extranjeros castellanos, sucios, mal vestidos, ignorantes y depravados. Todo lector entendería rápidamente el concepto de nación de Arzallus, donde hábilmente se mezcla la raza superior vasca, su religión integrista y su superioridad intelectual y moral.

    No se puede permitir que la obra de Arana quede en el olvido. Hay que exigir al PNV que la difunda con gran despliegue. Sería la admiración mundial.

El reflejo internacional de las elecciones vascas
Lorenzo Contreras La Estrella  30 Marzo 2001

Imposible resulta perder de vista el desarrollo de la precampaña electoral vasca, y ahora menos, con motivo del giro que experimentan las actitudes. Javier Arzallus ha pedido a Francia que no minusvalore a ETA. Y Mayor Oreja ha dirigido a París un mensaje equivalente cuando advierte de que la organización terrorista está en condiciones de llevar su "guerra" más allá de los Pirineos. En ambos casos, por encima de la literalidad de las palabras, lo que parece flotar es una intención de trascender el marco vasco y español de la contienda, que ha de concretarse en sus resultados cuando llegue el 13 de mayo, fecha prevista de las elecciones.

Ya se sabía desde hace tiempo el afán del PNV por internacionalizar lo que llama "el conflicto" de Euskadi. Eso de proporcionarle al problema un espacio semejante al escenario político irlandés no ha dejado de ser una ambición perfectamente visible de las autoridades nacionalistas. El recurso a determinadas presencias extranjeras con cualquier pretexto, y aun sin pretexto, ya se ha notado con las visitas que giraron a Euskadi Gerry Adams, el líder nacionalista afín al IRA, o el ex presidente italiano Francesco Cossiga, más ruidoso este último que el irlandés con aquellas declaraciones pronacionalistas que daban la impresión de haber sido obtenidas previo pago de su importe, como si de una conferencia convenida se tratase.

La dificultad para mantener esa línea táctica surge cuando se rechaza violentamente como intromisión inadmisible un juicio adverso sobre la situación vasca si ésta aparece como la consecuencia no sólo de la actividad etarra, sino también de las deficiencias de la política oficial de Vitoria o de las carencias del Gobierno del señor Ibarreche. Es lo que ha ocurrido con el famoso informe del comisario europeo para los Derechos Humanos, Álvaro Gil-Robles, a quien no se le ha perdonado en el ámbito nacionalista la elaboración del informe en plena precampaña electoral. La cortesía expectante rodeó al comisario en Vitoria y Bilbao con motivo de sus entrevistas con el "lehendakari" y con Javier Arzallus. Una expectación que dejó de ser cortés o amable, ya en la distancia, cuando se supo por dónde respiraba el documento elevado al conocimiento o consideración del Consejo de Europa.

Ahora, con las convulsiones que experimenta el paisaje político vasco, la incansable acción de la kale borroka y, ya en línea ascendente, los atentados mortales de ETA en pleno acoso de la Policía y de los jueces (aunque éstos no siempre ni todos ellos), se hace evidente la limitación antidemocrática que sufre el proceso electoral, el miedo como componente esencial de la danza política, la imposibilidad de entender como verdaderamente libre el ejercicio del voto en las actuales circunstancias, y no sólo el acto de votar sino también el propio desarrollo de las actividades preelectorales. Este factor sí que justificaría una supervisión internacional de las elecciones vascas y su índice de normalidad democrática. Habría que oír a los dirigentes nacionalistas si tal supuesto se plantease, es decir, si la presentación internacional de esos comicios autonómicos sufriera tan drástica reducción de su buena imagen política.

De acuerdo con los criterios nacionalistas, internacionalización sí, pero según y cómo. Internacionalización del "conflicto", pero siempre que su repercusión en la imagen de las elecciones fuese negativa para los intereses del Estado español y no para el PNV y el Gobierno de Vitoria. Cuando Arzallus se dirige a Francia para reclamar su atención sobre ETA está tratando de ofrecer el nacionalismo vasco democrático como contrapartida tranquilizadora para una Europa atenta a lo que aquí sucede. Y, paralelamente, cuando Mayor Oreja advierte a París de que el terrorismo etarra puede salpicar al otro lado de la frontera, su postura recuerda la del que avisa de un riesgo de incendio cuando algo arde en la casa vecina. La llamada a la atención internacional se refleja también en la declaración conjunta que "Por las libertades y contra el terrorismo" han firmado los sindicatos mayoritarios de España y Francia para que ELA-STV, el sindicato de inspiración nacionalista, rompa toda clase de relación con el sindicalismo cercano a ETA, por ejemplo, LAB.

Elorza se ve obligado a cambiar de actitud con Añorga
Impresiones El Mundo 30 Marzo 2001

A regañadientes, el alcalde de San Sebastián, Odón Elorza, ha tenido que plegarse al clamor social para que se impida el reingreso en la Policía Municipal de Francisco Añorga, condenado por colaboración con ETA. Seguramente espoleado por las voces de Nicolás Redondo o Manuel Huertas, dirigentes de su propio partido, que ayer clamaron contra la reincorporación de Añorga, el alcalde aseguró que el Ayuntamiento donostiarra está trabajando para que ese reingreso «no se produzca». Y añadió, como si eso le hubiera ayudado a sustentar sus decisiones que «el propio interesado tampoco tiene ninguna gana de volver a la guardia municipal». Sólo faltaría que el Ayuntamiento tomara sus resoluciones en materia de personal en función de los gustos de un colaborador de ETA, que utilizó su puesto para facilitar la comisión de un asesinato. El Ayuntamiento tiene los mecanismos administrativos necesarios para impedir que Añorga vuelva a su puesto. Como explicó ayer el consejero vasco de Interior, Javier Balza, la Ley de Policía del País Vasco permite abrir un expediente disciplinario por falta grave a Añorga. Al parecer, Elorza no lo ve tan claro, pues todavía ayer hablaba de «dificultades» para impedir que se incorpore a su puesto en la policía. Pero no es la primera vez que el alcalde muestra su condescendencia hacia Francisco Añorga. Según denunció ayer María San Gil, teniente de alcalde, en 1997 -cuando Elorza gobernaba con el PNV- el Ayuntamiento tuvo la oportunidad de apartar a Añorga del cuerpo definitivamente y optó por suspenderle cuatro años. Elorza tiene ahora ocasión y sobrados instrumentos legales para enmendar aquel error y los cometidos posteriormente en este inquietante caso.

La desobediencia empresarial
Por Ignacio Villa Libertad Digital
30 Marzo 2001

La línea que siempre debe separar la vida institucional y partidista desaparece, a pasos agigantados, en el País Vasco. Su progresiva desaparición es un síntoma claro y grave de la crisis institucional que viven los ciudadanos desde hace tiempo. Es el ejemplo más claro de que, para el PNV, todo vale. El último botón de muestra de esta crisis que ya parece imparable lo tenemos en la visita de José Maria Aznar a Bilbao para participar en unas jornadas empresariales organizadas por la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD).

Desde el PNV se ha pedido el boicot del empresariado vasco para que no asistan a la intervención del presidente del Gobierno. Además, el Gobierno vasco ha evitado enviar representante alguno a la sesión. Y en ese mismo sentido se ha pronunciado la Diputación de Vizcaya. Aunque, eso sí, se ha escuchado una voz discordante: la del Alcalde de Bilbao, Iñaki Azcuna, que ha decidido mantener la presidencia institucional de la ciudad.

Todo esto es una señal muy representativa de la estrategia electoral de los nacionalistas vascos, junto a la crisis interna de planteamientos que existe en el seno del PNV. Es evidente que, desde ahora, va a ser inevitable la connotación electoral en todo, pero hay un principio que no debería verse empañado, como es el de mantener siempre las relaciones institucionales.

Pero, en fin, no hay que engañarse. Detrás de este feo institucional lo que se esconde es una amenaza. Una posible “huida” del redil nacionalista del empresariado es el camino más peligroso para el PNV. Es por ahí por donde pueden comenzar al perder el poder omnipresente que ha durado décadas. Es esa la fisura más peligrosa e importante que puede sufrir el PNV.

El resquebrajamiento de la obediencia y la docilidad que, en su gran mayoría, ha tenido el empresario vasco hacia el nacionalismo podría marcar el comienzo del fin. Eso lo saben, y por ello piden muestras inequívocas de fidelidad. La herida empresarial es la que más daño puede hacer al PNV.

¡No hay derecho!
José María CARRASCAL La Razón 30 Marzo 2001  

El Ayuntamiento de San Sebastián se ha amparado en el Estado de Derecho para justificar el reingreso de un ex colaborador de Eta en la Policía Municipal. Demostrando desconocer lo que es el Estado de Derecho y, de paso, una hipocresía que roza en el cinismo. No está sólo.

    Uno de los mayores déficits españoles es confundir Justicia y legalidad. Teóricamente, deberían coincidir. En la práctica, por desgracia, difieren e incluso pueden contradecirse. Algo puede ser legal, pero no ser justo. Es la razón de que una de las frases más oídas en España sea «¡No hay derecho!». Cuando en realidad debería decirse «¡El Derecho está torcido!». En nuestro país abundan los leguleyos, gentes que aprovechan la ley para hacer prevalecer no la Justicia, sino la injusticia. Y no crean que hay leguleyos sólo entre los abogados. Abundan también entre los jueces y fiscales, que no ven más allá de la letra de la ley, ignorando el Derecho que está sobre ellas.

    Los dos casos que tienen soliviantada a la opinión pública, el del guardia urbano donostiarra y el de la niña asesina de San Fernando, son los mejores ejemplos. En ambos se ha respetado la letra de la ley, pero vulnerando groseramente el espíritu del Derecho. El Ayuntamiento de San Sebastián y el Tribunal de Menores de Cádiz han actuado dentro de la legalidad, pero en abierta contradicción con las normas más elementales de la Justicia. No es la primera vez que ocurre, ni desgraciadamente será la última. Es lo que ha convertido nuestra Justicia en un cachondeo, según frase de Pedro Pacheco, ya acuñada en el lenguaje popular.

    Lo que aquí falta no es el espíritu de Justicia. Al revés, los españoles lo tenemos muy acusado, tal vez por haberlo visto tantas veces violado. Lo que aquí falta son leyes equilibradas, leyes ajustadas a Derecho. Quiero decir, legisladores capaces de ver más allá de la última moda y de su propia ideología. Pero lo que hemos tenido últimamente son unos legisladores víctimas de «progresitis» aguda, que han pensado más en los acusados, e incluso en los condenados, que en sus víctimas. Lo que les ha llevado a hacer una leyes claramente injustas para éstas, como ilustran los dos ejemplos que andan hoy de boca en boca. El déficit de los legisladores podrían haberlo subsanado unos jueces y fiscales con auténtico sentido del Derecho. Pero unos por ser también víctimas de la misma «progresitis», otros por inhibición, el caso es que vienen limitándose a aplicar automáticamente esas malas leyes, con el resultado de injustas sentencias, y el consiguiente deterioro de la Justicia. La única forma de arreglarlo es hacer leyes realmente justas, para que legalidad y Justicia puedan coincidir. Todo lo que no sea eso es dar pie al desprestigio de los tribunales, que es como empieza a pudrirse siempre el Estado de Derecho. Pero eso es algo que tenemos que hacer entre todos. La Justicia es demasiado importante para dejarla en manos exclusivas de los jueces. Y no digamos ya de los políticos.

Polémica
XABIER GURRUTXAGA El Correo  30 Marzo 2001

La decisión del Ayuntamiento de San Sebastián de admitir la solicitud de reingreso en la Guardia Municipal realizada por Patxi Añorga ha abierto una importante polémica que va más allá del estricto debate jurídico. Estamos también ante un debate social y político, donde entran en juego cuestiones tan fundamentales como el de la finalidad de las penas privativas de libertad prevista en la Constitución, el respeto al principio ‘non bis in idem’ -o lo que es lo mismo que nadie puede ser condenado o sancionado dos veces por los mismos hechos-, el respeto al principio constitucional de la irretroactividad de las disposiciones sancionadoras no favorables o restrictivas de los derechos individuales, así como la presunción de que los poderes públicos -sean judiciales, legislativos como ejecutivos- actúan con la debida responsabilidad y diligencia.

Con la polémica suscitada por la incorporación a la guardia urbana de quien fue condenado a seis años y un día de prisión por colaboración con ETA, se ha puesto encima de la mesa la posible actuación negligente del Ayuntamiento por no haber abierto expediente sancionador para su expulsión del Cuerpo al agente condenado por delito. Y, sin embargo, pocos quieren recordar que la sentencia de la Audiencia Nacional no le condenó a la inhabilitación absoluta, sino a la especial, por el mismo período de tiempo que el de prisión. ¿Cuál era la extensión de la pena de inhabilitación especial que permitía el Código Penal para funcionarios condenados por colaboración con banda armada? Sería ilustrativo e interesante, también, conocer cuál fue la pena solicitada por el Ministerio Fiscal cuando se enjuició este caso.

Pero la polémica tiene, desde el punto de vista político, otras dimensiones más relevantes. La noticia de la reincorporación ha creado estupor y preocupación en el conjunto de la ciudadanía porque entiende que Añorga puede constituir un peligro para la sociedad democrática en su puesto de agente de la autoridad. Es obvio que esa sospecha social existe y que, además, va a ser real en amplios sectores de la sociedad; es cierto que, en este caso, corresponde a Añorga destruir con sus actos y pronunciamientos esta presunción de ‘ciudadano sospechoso’. Pero en el caso de que no sea así, a la sociedad se le plantea -a través de este ejemplo- un problema de mayor calado como es el de la ineficacia de la previsión constitucional sobre la finalidad de las penas privativas de libertad, cuando menos en el caso de los condenados por terrorismo o por colaboración con ETA. La polémica ha servido para que desde ciertos ámbitos se siga echando más leña al horno político vasco, como si éste de por sí no estuviera ya bien caldeado. ¿Quién ha actuado negligentemente en la no separación definitiva del servicio al agente Añorga?

No volverá a patrullar
Por Ramón Villota-Coullaut 30 Marzo 2001 

El Consejero de Interior del Gobierno Vasco, Javier Balza, tiene razón cuando recuerda que la Ley 4/92, de Policía del País Vasco, que se remite en este apartado a la Ley de Función Pública Vasca, de 6 de julio de 1989, sí permite la suspensión definitiva del servicio del agente de la Policía Municipal condenado por un delito relacionado con el terrorismo. Así, la existencia de un hecho delictivo como el de terrorismo, que ha conllevado una sanción de prisión y de suspensión de empleo o cargo público, implica, a su vez, la posible existencia de una sanción de carácter disciplinario.

Ello, en virtud del Régimen Disciplinario de los Funcionarios de la Comunidad Autónoma Vasca, puesto que dentro de las faltas muy graves se recoge “el incumplimiento del deber de fidelidad a la Constitución o al Estatuto de Autonomía en el ejercicio de la función pública” (artículo 83 de la Ley de 6 de julio de 1989). La condena al agente municipal de San Sebastián por un delito relacionado con el terrorismo era causa suficiente para el inicio del correspondiente expediente administrativo, incluso antes de recaer sentencia firme, aunque posteriormente el relato de hechos probados de la sentencia penal vinculara al municipio. El único requisito es que la actuación de incumplimiento del deber de fidelidad a la Constitución y al Estatuto se haya producido en el ejercicio de la función pública, lo que reconoce la propia sentencia que condenó a Patxi Añorga por colaborar en dos atentados terroristas.

Este procedimiento, en el caso de haberse producido, sería por falta muy grave, y hubiera aparejado, posiblemente, una sanción de separación definitiva del servicio, lo que implica la pérdida de la condición de funcionario del policía municipal. Esta catalogación como falta muy grave hace que el plazo de prescripción de la sanción sea de 6 años (Artículo 89 de la mencionada Ley) desde la comisión del hecho delictivo, plazo ya pasado.

En cambio, la situación actual lo único que permite es dar por concluida la sanción penal y, a partir de la petición de reingreso en el cuerpo de Policía Municipal de Añorga, posibilita que no se le otorgue el puesto anterior, puesto que el artículo 66 de la mencionada Ley permite que no se reincorpore en el puesto anterior si la sanción de suspensión de empleo o cargo público es superior a 6 meses, como en este caso.

Así, la posibilidad actual que maneja el Ayuntamiento de San Sebastián es la de entender que Añorga no va a volver al puesto de trabajo que tenía anteriormente, con lo que le tendrán que buscar un puesto distinto o entrar en una situación de excedencia forzosa (artículo 63 de la mencionada Ley) hasta que se le pueda encontrar un puesto de trabajo acorde con las necesidades del Municipio.

Por tanto, Añorga no va a perder su condición de funcionario con esta medida, ni tampoco las retribuciones básicas y la ayuda familiar, y el periodo de permanencia en tal situación será computable a efectos de trienios, derechos pasivos y consolidación del grado personal, pero no volverá a ejercer como policía municipal por las calles de San Sebastián.

Ramón Villota Coullaut es abogado

Perpetuar el dolor
CATY ROMERO VIUDA DE ALFONSO MORCILLO, POLICÍA LOCAL ASESINADO El Correo  30 Marzo 2001 

Hoy estamos de ‘enhorabuena’, un agente de seguridad en la Guardia Municipal de San Sebastián recupera su puesto de trabajo con un sueldo a cargo de los ciudadanos donostiarras tras haber pasado información a ETA para atentar contra seres humanos. Volverá a pasear por la ciudad, poteará con sus amigos, disfrutará de la playa, el monte, tendrá momentos de risas y penas con su familia, dispondrá de una paga extraordinaria para sus vacaciones y cumpliendo su labor algún día puede que sea denunciada por él si infrinjo alguna normativa de tráfico... Nunca imaginé en mi vida que iba a vivir en un país tan lleno de injusticias. A Alfonso Morcillo, responsable del Servicio de Protección Ciudadana de la Guardia Municipal de San Sebastián, por realizar una labor diametralmente opuesta ofreciendo todas las horas posibles para el bienestar de los ciudadanos donostiarras, esforzándose y sacrificándose muchas horas de compañía con los suyos por superarse y ofrecer un mayor y mejor servicio a sus conciudadanos le condenaron a sus cuarenta años a estar sepultado bajo tierra.

Aunque injusta, cruel, dolorosa y llena de humillación es la situación vivida, no envidio ni un ápice a este individuo. Porque aquéllos que desde vuestro privilegiado puesto señalasteis con el dedo quién debía ser asesinado, y matando a Alfonso socializasteis el terror para que otros compañeros no hablaran y no denunciaran la situación, os olvidasteis que la familia no olvidaría nunca y si a Alfonso se le trasladó a ochocientos kilómetros y a una sepultura. ¿Por qué no pedimos al Ayuntamiento de San Sebastián, y más concretamente al alcalde, señor Elorza, y al jefe de la Guardia Municipal, señor Santamaría, un destino donde no se pueda ensuciar el buen nombre de la Guardia Municipal? Con eso, os aseguro, que no compensamos en lo más mínimo el destino de Alfonso, pero igual su muerte no resulta tan dolorosa.

Y a los responsables políticos y judiciales os pido que no humilléis más a las víctimas y que no echéis más tierra sobre los muertos.

La imputación a Pepe Rei
Editorial La Razón  30 Marzo 2001  

El juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón ha decidido imputar al periodista Pepe Rei por un delito de pertenencia a Eta. Su culpabilidad o inocencia deberá ser demostrada por un tribunal, y a esa decisión es preciso remitirse. Nadie debe ser impune si comete un delito, porque ésa es la exigencia de una sociedad de Derecho, y si cualquiera pertenece a una banda terrorista, sea periodista o carnicero, abogado o concejal, debe pagar de acuerdo con el ordenamiento jurídico.

    Lo que sucede en el caso de Pepe Rei es que puede producirse una confusión entre su ejercicio periodístico y los presuntos delitos que pueda cometer. Respecto a lo primero, es preciso afirmar que la libertad de expresión es un principio irrenunciable. Sólo si se cometen delitos a través de una publicación han de ser sancionados. Pero debe sufrirlo quien los comete, y no genéricamente el medio que es utilizado como vehículo.

    Es cierto que la revista que dirige Rei, «Ardi Beltza», ha incluido informaciones de las que se podría deducir penalmente intereses en marcar objetivos de Eta o en presionar a personas o sectores beligerantes con el terrorismo, como otros periodistas. Las «denuncias» ahí publicadas han coincidido en apuntar a personas que han sido, a su vez, objetivos de atentados de Eta. Si así se prueba, deben sacarse conclusiones penales. Pero ello vale para los infractores de la ley, no para los medios de comunicación, porque de poco vale cerrarlos, ya que pueden ser sustituidos. Otra cosa es que, como cualquier negocio, una empresa periodística sirviera como tapadera de blanqueo de dinero del terrorismo, o como medio para recaudar fondos para una banda criminal. Pero sin olvidar que la opinión libre es sagrada en democracia, se esté o no de acuerdo con ella.

    En todo caso, es encomiable la lucha de Garzón por acabar con el entramado político de Eta, como ha hecho al perseguir judicialmente a la red Ekin. Sólo desmontando la base social, ideológica y política del terrorismo se puede acabar con esa plaga.
'Ardi Beltza': un medio al servicio de ETA
CARMEN GURRUCHAGA El Mundo 30 Marzo 2001  

El auto hecho público ayer por el juez Garzón asegura que Ardi Beltza, la revista editada por José Benigno Rei (Pepe Rei) «es un instrumento al servicio de la organización terrorista en el que continúa el mismo trabajo que hacía en Egin, pero con mayor intensidad y en forma mucho más directa: prescindiendo de cualquier apariencia de interés relacionada con la información al ciudadano».

De hecho, los hasta ahora 14 números publicados por el ex jefe del equipo de investigación de Egin han llegado, exclusivamente, por suscripción, pero, casualmente, también disponían de ellos los integrantes de todos los comandos de ETA que han sido detenidos. En opinión de Garzón, el contenido de estas revistas «era un elemento idóneo para identificar objetivos». Así pues, este producto editorial cumplía la función de efectuar un señalamiento que, según el magistrado, «ETA encomienda a su frente informativo».

En este periodo de poco más de un año, Pepe Rei ha identificado a 400 personas de las que 116 aparecen también en informaciones intervenidas a comandos de la organización terrorista. De entre éstos, varios han sido objeto de atentados terroristas.

Además, para el juez Garzón está claro que a lo largo de estos años ha existido una simbiosis informativa entre Ardi Beltza y Zutabe, la publicación oficial de ETA. Ambas han coincidido, por ejemplo, en calificar a determinadas empresas y profesionales de los medios de comunicación como «herramientas de guerra al servicio del Ministerio del Interior bajo la dirección de Mayor Oreja y de su jefe de prensa, Cayetano González, porque actúan siguiendo las directrices de Interior».

Esta información en la que se transmiten costumbres, movimientos de los afectados, propiedades, etcétera, «parecen indiciariamente dirigidas a centrar o ubicar espacial y temporalmente a esas personas para estigmatizarlas y fijarlas como posibles objetivos de la organización terrorista», dice Garzón.

La revista, a lo largo de sus 14 números, ha informado sobre personas que se ofrecen como potenciales objetivos. En el caso del director de EL MUNDO, en el número 10, incluye una foto titulada: la superfinca de Pedro J. Ramírez. En el pie de foto se dan toda clase de explicaciones sobre la finca y la carretera por la que se puede acceder a la misma.

Asimismo, en el vídeo editado por Pepe Rei dedicado a los periodistas y, éste sí, vendido en los kioskos, además de atentar permanentemente contra la verdad, justifica el asesinato del periodista de EL MUNDO José Luis López de Lacalle porque, presumiblemente, según una voz en off, asistía a unas presuntas reuniones que organizaba el ministro del Interior en las que daba instrucciones. «En el restaurante Los Porches se producen reuniones entre responsables políticos y los periodistas encargados de filtrar las noticias dirigidas a intoxicar contra el MLNV (Movimiento Vasco de Liberación Nacional), ETA y el nacionalismo vasco en general. En esa misma cinta aparecían, entre otros, Luis del Olmo o Aurora Intxausti, objetivos de atentados de los que salieron ilesos.

En otros números de Ardi Beltza, en los que también coinciden con lo publicado en Zutabe, se implica a más de 100 periodistas de distintos medios de «seguir las directrices de Interior; de integrar un gabinete de contrainformación tras la tregua; un lobby de periodistas vascos en Madrid que constituyen la clave de la política informativa del Ministerio del Interior; de dirigir la ofensiva contra la soberanía vasca, o de integrar una plataforma de engaño y mentira sobre la soberanía y el conflicto vasco». En muchos casos, hay unos cuantos nombres que Pepe Rei repite obsesivamente. Zutabe y Ardi Beltza no dejan fuera a las empresas de comunicación que hay en España a las que acusan de constituir un ejército al servicio del Gobierno para destruir el independentismo vasco.

Basta Ya exige a Ibarretxe que impida «más ejecuciones de no nacionalistas»
50 encapuchados representan ante Ajuria Enea ser víctimas de ETA en el ‘corredor de la muerte’ Reclaman al lehendakari el compromiso de que «perseguirá a los verdugos y a sus instructores»
FERMÍN APEZTEGUIA VITORIA El Correo 30 Marzo 2001 

«Nosotros, los condenados a muerte por ETA, apresados en este corredor de la muerte que es hoy Euskadi, reos a la pena capital por delito de conciencia y opinión, reclamamos del lehendakari del Gobierno vasco que impida más ejecuciones entre los insumisos al nacionalismo». Con estas palabras, comenzó ayer la ‘Declaración desde el corredor de la muerte’, un documento leído por dos miembros de la plataforma ciudadana Basta Ya al término de una singular movilización que tuvo lugar ante el palacio de Ajuria Enea, en Vitoria. Medio centenar de personas con los rostros cubiertos con capuchas simularon ante la residencia oficial del presidente de Euskadi ser víctimas de ETA a la espera de que les sea aplicada la pena máxima.

Objetivos de la banda
La protesta, la primera de estas características que tiene lugar en el País Vasco, comenzó sobre las once de la mañana. Los manifestantes utilizaron para la movilización caperuzas naranjas por ser éste el color de la indumentaria de los reos castigados con la muerte en Estados Unidos.

Cada uno de ellos portó un letrero que aludía a las personas y colectivos susceptibles de ser objetivo de los terroristas. «Sindicalista», «parlamentario», «ertzaina», «juez», «periodista», «trabajador» o, simplemente, «ciudadano», rezaban los carteles, con los que los manifestantes quisieron denunciar que cualquiera puede ser víctima de ETA. Durante el cuarto de hora que duró la movilización, caminaron en círculo, ante la mirada atenta de los ertzainas que custodian la residencia presidencial.

A continuación, dos de los manifestantes leyeron un comunicado en castellano y en euskera. Los «condenados» pidieron al lehendakari «que anuncie que la pena de muerte está abolida en Euskadi por la Constitución» y que se comprometa «a perseguir a los verdugos y a todos esos instructores de verdugos que en centros educativos y clubes de tiempo libre enseñan a los niños odio y victimismo para asegurar aspirantes en las próximas convocatorias a verdugo».

Los portavoces de Basta Ya dijeron también que carecen de fundamento las «ignominiosas acusaciones que desde» los partidos abertzales «se nos hace de ser antivascos y enemigos del euskera». El comunicado terminó con la petición de «un juicio justo» y prisión, «pero en ningún caso la sentencia de muerte, abolida en toda la Europa democrática».

Los asesinos de Totorika consumieron cocaína y «speed» antes del atentado
El MLNV reconoce que la droga es un problema interno, pero recomienda desviar la responsabilidad hacia la policía
ALFONSO ROJO. Enviado especial El Mundo  30 Marzo 2001  

HERNANI.- Antes de asesinar se chutaban con droga. Jon Zubiaurre y Asier García, los dos etarras que el pasado 9 de marzo segaron la vida del ertzaina Iñaki Totorika, son consumidores habituales de cocaína. Aquella noche, la del crimen, hubo algo extraño en la conducta de los terroristas, pero nadie imaginó que estuviera relacionado con las drogas. Que ambos jóvenes permanecieran junto a la cabina telefónica desde la que llamaron a la DYA para reivindicar su «hazaña» y notificar dónde estaba amarrado el dueño del vehículo utilizado en el atentado, resultaba chocante. No tanto, sin embargo, como que uno de ellos conservara -a modo de macabro recuerdo- las llaves del coche bomba utilizado para matar al policía vasco. Parecía inimaginable que alguien en su sano juicio fuera tan descuidado. Tan imprudente como para guardar en su bolsillo la llave de contacto del Kia Shuma azul oscuro, en cuyo maletero iban los 15 kilos de dinamita que el tercer miembro del comando había activado con un mando a distancia.

Los investigadores operan convencidos de que la última camada de terroristas de ETA procede de la kale borroka y carece del atisbo de profesionalismo que caracterizaba a los militantes históricos de la organización. Algo chirriaba, aunque no fue hasta varias horas después de la detención, en las dependencias de la Ertzaintza, cuando afloró la primera explicación convincente.

Jon, el más joven de los etarras, es consumidor habitual de cocaína. Asier, el más viejo, el que tiene ya 23 años y cuatro muertos a su espalda, además de darle a la coca, es aficionado al speed.

Figura en las diligencias. No se trata de una hipótesis o de meras evidencias circunstanciales. El propio Asier, quien antes de ser detenido en Hernani había sido arrestado una vez por su participación en la mal llamada «violencia callejera», confesó de plano en comisaría. Ante los compañeros del asesinado, todavía conmocionado por la sorpresa que le produjo verse rodeado súbitamente por agentes de paisano de la Ertzaintza, reducido en un santiamén y conducido como un cordero a las dependencias policiales, confesó con voz trémula y ojos despavoridos que consumía speed y cocaína «de vez en cuando». También, que su cómplice es aficionado al polvo blanco procedente de Colombia.

Esa adicción no les impedía ser letalmente eficaces. Los asesinos de Iñaki Totorika estaban integrados en esa especie de pulpo que es el comando Donosti. Jon, Asier, el hermano de éste y ese escurridizo Txema que activó el disparador del coche trampa, integraban el talde Gagua, «la noche» en castellano.

El grupo comenzó a funcionar hace seis meses bajo la dependencia de Juan Antonio Olarra Guridi, miembro liberado de ETA, quien desde Francia y bajo la supervisión del omnipresente Txapote, Francisco Javier García Gaztelu, dirigía los pasos de sus sicarios. Fueron ellos, según todos los indicios, quienes mataron el 26 de enero pasado del cocinero de la Comandancia de Marina de San Sebastián, Ramón Díaz, e intentaron matar un mes después al concejal del PSOE Iñaki Dubrueil, dejando sobre el asfalto del apeadero de Renfe de Martutene los cadáveres de dos trabajadores de la empresa Electra. Javier Balza, consejero de Interior del Gobierno vasco, ha sido taxativo. El modus operandi de Gagua confirma la vinculación directa entre los protagonistas de la kale borroka y los miembros de ETA dedicados al tiro en la nuca y el coche bomba. Mariano Rajoy, ministro del Interior, ha insistido en la vinculación entre los miembros de organizaciones como Haika y los pistoleros etarras. Todos coinciden en que la raya que antaño separaba «legales» de «liberados» se ha difuminado y que el activista experimentado, que calculaba riesgos y requería meses de preparación, es cosa del pasado.

Lo que casi nadie se atreve a decir es que la banda, a la que pertenecen los asesinos del ertzaina Totorika, aúna la existencia de adictos a la cocaína en sus filas con altisonantes declaraciones contra el consumo de estupefacientes y con el sistemático asesinato de personas supuestamente vinculadas al tráfico de drogas.

En 1982, con la excusa de «limpiar Euskadi», intentaron eliminar a Luis Astiazarán, propietario de una red de clubs de alterne, quien repelió a tiros el ataque. Un año después mataron a Arturo Quintanilla en su bar de Hernani. En 1988, usando un coche-bomba, acabaron con Ramón Bañuelos, a quien también acusaron de ser colaborador de las Fuerzas de Seguridad del Estado. En 1991, la víctima fue Isidro Jiménez. Ese mismo año. Dejaron mutilado a José Ignacio Lago, mataron a Raúl Suárez, José Javier Urritegui y Francisco Gil Mendoza y a punto estuvieron de acabar con José Aguilar, cuyo delito consistía en haber comprado de segunda mano un coche que utilizaba con anterioridad un sujeto aficionado a la vida nocturna.

La lista es larga e incluye a José Antonio Santamaría, ex jugador de la Real Sociedad y copropietario de la discoteca Ku, abatido de un tiro en la nuca, al desventurado Angel María González, al empresario José Manuel Olarte y a muchos otros.

El sarcasmo, la sangrienta paradoja, es que basta revisar la lista de presos españoles detenidos en las cárceles marroquíes por tráfico de drogas para localizar a una docena, entre el medio centenar de detenidos vascos, que aparecen también como habituales de la kale borroka y en las listas de militantes conocidos de Jarrai o Haika.

En ese sentido resulta revelador un documento que circula entre las organizaciones del Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV), instando a los militantes abertzales a acabar con el consumo de drogas en sus filas porque «el compromiso político y el trapicheo son incompatibles». El texto es elocuente. En su primer epígrafe se señala como objetivo «cortar el cáncer y limpiar la casa».

Los autores del escrito se hacen eco de la preocupación que genera en el MLNV la mínima implicación ideológica que se detecta en bastantes de los nuevos militantes desembarcados en la organización: «Se aprecia que sus motivaciones tienen más que ver con la posibilidad de pasarlo bien y conseguir drogas en los locales afines, que con un apoyo expreso a la actividad política».

El documento no tiene desperdicio. Además de reflejar el temor a que la incorporación a la kale borroka de esta cantera plagada de drogadictos ponga en peligro el control que ejerce en estos momentos sobre los grupos Y recalcan que lo conveniente es «rentabilizar el problema hasta que se llegue a su solución».

Para ello, proponen desviar «la responsabilidad del trapicheo hacia otros ámbitos, denunciando la función policial represiva que juega el tráfico de drogas en el enfrentamiento que vive Euskal Herria».

Gallinas y ratones
RICARDO UTRILLA El Correo   30 Marzo 2001 

Los nacionalismos, cuando desvarían, suelen buscar justificantes en lo más insospechado. Lo mismo vuelan estatuas milenarias que buscan sus raíces en las gallináceas. Todo vale a la hora de justificar diferencias que puedan enaltecerle a uno.

Los franceses, famosos por su exacerbado nacionalismo más conocido como chauvinismo, llegaron hasta el extremo de proclamar que un ratón, de nombre Héctor, fue el ‘primer ratón espacial’. Fue en plena era post-Sputnik y la risotada fue también de ámbito no sólo nacional sino internacional. ‘Un ratón francés en el espacio’, proclamó la prensa sensacionalista de los sesenta y más de media Francia se levantó para proclamar que, aunque el ridículo ya no mataba a nadie, muy cerca de la defunción habían estado los autores de semejante proclama.

Atribuirle nación a un roedor no resulta, sin embargo, más ridículo que adjudicársela a una gallina, como ahora pretenden algunos en el País Vasco. Han descubierto, más bien redescubierto, porque ya se sabía, que existe una especie de gallinas propias de la zona. No autóctonas, como ellos pretenden, puesto que todas las gallinas que en el mundo son y han sido proceden de Asia, pero sí con características propias desde hace, al parecer, siglos. Pues muy bien. ¿Y qué?

Lo mismo puede decirse de cerdos y corderos, que se distinguen entre ellos según la estirpe. Los conejos, sin embargo, apenas se diferencian de un extremo a otro de nuestra península, a la que dieron nombre en tiempos de los fenicios. Hispania, tierra de conejos. ¿Pretenderán estos nacionalistas de las gallináceas hacer del País Vasco país de gallinas? Como es lógico, presentan la cosa como una gran ventaja. Las gallinas vascas son mejores y más resistentes, ponen más y mejores huevos. Pues con su pan se lo coman, que será sin duda mejor y más sabroso pan.

Que se haya hecho semejante revelación en plena campaña electoral abre las puertas a todas las elucubraciones. ¿Conseguirá una buena ponedora más votos que un capón? ¿Despertará un ramplón vuelo de gallina más entusiasmo que el soberbio kikirikí del gallo español, aunque no sea éste equiparable al francés? ¿Seguirá la zorra amenazando el gallinero pase lo que pase en las urnas?

Inútil sería intentar demostrar, una vez más y hasta la saciedad, que en este triste mundo que habitamos y cada día destruimos, todos somos fruto del mismo árbol. Que intentar establecer diferencias básicas entre unos y otros resulta no sólo una aberración sino una auténtica blasfemia, cuando no, como en el caso que nos ocupa, una verdadera charlotada. Lo que nos faltaba: mi gallina es mejor que la tuya. ¿Será posible tanta inepcia?

Habrá, sin embargo, que resignarse. Gallinas no seremos, pero, por mucho que nos esforcemos, el parecido a veces resulta inevitable. No será Woody Allen quien lo desmienta, con su famosa definición de la vida: es como la escalera de un gallinero, corta y llena de mierda. Más para unos que para otros, por supuesto.

¿Diálogo?
Nino Muñoz Cartas al Director El Correo    30 Marzo 2001 

¿Diálogo para dejar de asesinar o dejar de asesinar y de amedrentar para dialogar? Si es evidente que no se puede anteponer ningún proyecto político a la defensa del derecho a la vida y a la libertad, igualmente tampoco se puede anteponer el diálogo mientras se siga asesinando y falte la libertad. Sólo se podrá dialogar cuando callen las pistolas. Pedir diálogo mientras se siembra el terror es una broma macabra.

Diálogo, ¿diálogo sobre imposición de soberanía por unos pocos o sobre los derechos inalienables de todos? ¿Diálogo para enmudecer, con imposición de ideario eliminando al oponente? ¿Diálogo mientras los servidores públicos, la Policía autónoma, tienen que ocultar sus rostros por temor a represalias o a ser asesinados? ¿Diálogo en democracia y libertad o con pistolas, coches bomba y gasolina? ¿Diálogo con tantos amenazados?

Llamadas al diálogo, tergiversando o confundiendo por el lehendakari, el Partido Nacionalista Vasco y la Iglesia (así se queda bien porque, por sentido común, todos deseamos que lo hubiera), pero ¿con qué premisas, con qué presupuestos, con qué prioridades o basado en qué? ¿Diálogo para que ETA desaparezca, constantemente demandado por la inmensa mayoría de la sociedad, o para seguir anteponiendo las pretensiones asumidas en Lizarra?

No puede haber diálogo si cada cual no tiene libertad para manifestarse, presentarse a ocupar cargos políticos u ostentarlos y posicionarse con total libertad. No es posible el diálogo cuando se excluye o se clasifica; cuando se censura de igual manera a ETA, su entorno radical y a los partidos no nacionalistas; cuando en la manifestación celebrada en Portugalete se apunta y se insulta.

Diálogo sí, sin condiciones ni limitaciones, al minuto siguiente de un compromiso serio de condena de toda violencia y de dejar de asesinar. Diálogo pero en un clima de comportamientos democráticos, civilizados, de respeto, de aceptación, de tolerancia.

¿Diálogo (¿qué diálogo?) para dejar de asesinar, o dejar de asesinar para dialogar?

Un problema de idioma contribuyó al choque de trenes
Un empleado de la empresa belga hablaba flamenco y otro francés
El Mundo
30 Marzo 2001 

BRUSELAS.- Un problema de incomprensión lingüística entre empleados de la compañía ferroviaria belga SNCB contribuyó al choque frontal de dos trenes que costó la vida a ocho personas el pasado martes cerca de Bruselas, según fuentes de la empresa.

Minutos antes del drama de Précot (sur), el responsable del cambio de agujas de Wavre -de donde partió uno de los trenes siniestrados- hizo un último intento para evitar el choque previniendo a su colega de Lovaina, lugar de salida del otro, con unos 80 pasajeros a bordo, pero no se entendieron.

Leen Uyterhoeven, portavoz de la empresa pública SNCB (Sociedad Nacional de Ferrocarriles Belgas), informó ayer de ese problema de comprensión por motivos idiomáticos tras examinar la grabación de la conversación. Wavre se encuentra en el Brabante valón, francófono, y Lovaina en el Brabante flamenco, en el que se habla neerlandés.

«De la grabación se deduce que no hubo mala voluntad por parte de ninguno de los dos empleados, sino una mala comprensión», explicó la portavoz de la SNCB.

El funcionario ferroviario de Wavre telefoneó a su colega de Lovaina con la esperanza de que éste alcanzara a dar una señal de alerta para detener uno de los trenes. La portavoz de la SNCB indicó que las palabras del empleado de Wavre estaban entrecortadas por la tensión y su colega de Lovaina no le comprendió inmediatamente, por lo que le preguntó si hablaba neerlandés.

El empleado francófono respondió a su colega que esperara, momento en que la comunicación telefónica se interrumpió. «Lo que ocurrió después deberá ser investigado», dijo Uyterhoeven.

El diario flamenco De Morgen denuncia a toda página «un problema de comunicación en el seno de la SNCB» y agrega que «sin fallos de este tipo no se hubiera producido la catástrofe ferroviaria de Précot». Agrega que, según el director de tráfico Antoine Martnes, «allí se perdieron los dos minutos que probablemente marcaron la diferencia entre la catástrofe y evitar la colisión. Pero la causa principal del drama es el hecho de que el maquinista de ese tren no hizo caso del semáforo en rojo».

El periódico Het Laatste Nieuws informó de que la línea telefónica entre Lovaina y Wavre «estaba muerta».

Democracia, violencia y miedo
Bernard Freiría. La Opinión 30 Marzo 2001

En el País Vasco se vive un clima preelectoral. Muchos sostenían que la disolución del Parlamento era inevitable tras el abandono de la cámara por parte de los representantes de Euskal Herritarrok. La actitud de la coalición radical dejó al gobierno del PNV en una situación muy delicada, imposibilitado para sacar adelante ninguna ley por estar en minoría frente a la oposición. En esas circunstancias, era necesaria una convocatoria anticipada de elecciones.

Pero que nadie piense que esa convocatoria vendrá a resolver los problemas que aquejan al País Vasco. Como señalaba el lúcido analista estadounidense Robert Kaplan en una reciente entrevista: "Demasiados políticos y funcionarios occidentales tienden a equiparar democracia con elecciones. Lo cual es falso. Cualquiera puede organizar elecciones." Es cierto; hasta el franquismo organizó un referéndum y convocaba elecciones a las Cortes por el tercio de representación familiar. Recordaba Kaplan que para que haya democracia tiene que haber instituciones que garanticen la libertad de los ciudadanos. Y no la hay donde los distintos grupos tienen temor unos de otros. Eso es lo que sucede en el País Vasco porque existe un riesgo real para representantes de la vida política y cultural. Un lugar en el que se atenta contra los periodistas o los profesores universitarios o donde hay que negociar con los responsables del orden público la protección que se ha de poner a los elegidos en los municipios y en el parlamento es un lugar no democrático. Así se ha de afirmar sin ambages. Que los grupos políticos hayan sido autorizados a enviar propaganda política sin ser identificados muestra que el temor atenaza instrumentos tan necesarios para la vida pública como son los partidos políticos y que ese miedo no es infundado. Otros asuntos, como el desasosiego que pueden tener los electores a la hora de acudir a las urnas en determinadas localidades, tienen una importancia no menor, aunque resultan mucho más difíciles de objetivar.

En ese contexto, aún afirmando la necesidad de la cita con las urnas del próximo 13 de mayo, es preciso tener claro que, sea cual sea el resultado de esas elecciones, no estará resuelto el problema de falta de democracia que sufre el País Vasco. Es cierto que no se puede confiar en que un futuro gobierno nacionalista, con o sin apoyo parlamentario de Euskal Herritarrok, dé los pasos necesarios para que desaparezcan las amenazas que se ciernen sobre una parte no desdeñable de la población vasca, la no nacionalista. No solamente se trata de la posibilidad de ser víctima de un atentado etarra, que es más bien remota para una buena parte de la población que no tiene cargos públicos. Es también la coacción que obliga a deglutir las propias ideas a fuerza de no poder exteriorizarlas. Es la imposición de no poder conversar acerca de ciertos temas. Es ese mirar de reojo y con el pensamiento guardado bajo una coraza.

Pero un gobierno no nacionalista tampoco es la panacea democrática. La democratización puede ser alentada desde las instituciones, no cabe la menor duda, pero ha de ser construida por toda la ciudadanía. Y eso pasa por desactivar la violencia latente en el seno de la sociedad vasca que la convierte en una auténtica anomalía en el seno de la Europa occidental.

Se trata, sin duda, de una tarea colectiva. Una tarea que debe ser acometida por la mayoría de la población. Decir que la solución del contencioso vasco tienen que resolverlo los propios vascos no es un tópico. Es una realidad incuestionable. Lo cual no presupone ninguna orientación predeterminada para el futuro de esa comunidad. Que algunos pensemos que un gobierno no nacionalista o no exclusivamente nacionalista es, en estos momentos, un posible paso adelante está únicamente basado en la constatación de que el actual gobierno nacionalista no ha mostrado la capacidad -y quién sabe si la voluntad- de avanzar en la democratización, entendida sobre todo como ausencia de temor entre unos y otros. Pero de ningún modo ese necesario cambio de rumbo excluye que en un futuro los vascos pudieran optar por su independencia.

Ahora bien, con procedimientos democráticos y con unos niveles de violencia política muy por debajo de los actuales. Por ejemplo, se puede votar la secesión en un referéndum, como en Quebec. Claro que eso requeriría también que todo el mundo aceptase las consecuencias del resultado de tal votación. Fuesen las que fuesen. bfreiriaa@nexo.es

 

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