AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 2 Abril   2001
#Otra coartada para ETA
Editorial ABC 2 Abril 2001

#Más allá de las gallinas
CÁNDIDO ABC  2 Abril 2001

#Gobierno PP-PSOE o Protectorado de ETA
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital   2 Abril 2001

#Mayor apela ante los jóvenes al «espíritu de Ermua» para combatir a Eta y «al miedo»
Esperanza Mejuto - Bilbao .- La Razón    2 Abril 2001

#La retirada de Pujol
Pablo Sebastián La Estrella  2 Abril 2001

#Terrorismo y delincuencia
José María CARRASCAL La Razón   2 Abril 2001

#Capuchas naranjas
Luisa PALMA La Razón  2 Abril 2001

#La política, de lo urgente a lo importante
JOSÉ IGNACIO CALLEJA El Correo  2 Abril 2001

#HB no paga las multas por manifestaciones ilegales, que ascienden a casi 300 millones
S. Andía - Madrid .- La Razón  2 Abril 2001

#¿Llegará al 2004? 
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo  2 Abril 2001

#'Match ball'
ENRIQUE GIL CALVO El País  2 Abril 2001

#Nuestros hispanos
ANTONIO BURGOS El Mundo  2 Abril 2001

#De nacionalismos, verdades y hechos
Slobodan PAJOVIC, Coordinador del Centro de Estudios de España e Iberoamérica en Belgrado ABC  2 Abril 2001

#Un paso capital, pero no el único necesario
HERMANN TERTSCH El País  2 Abril 2001

#MILOSEVIC: EL INDIGNO FINAL DE UN FARSANTE PELIGROSO
Editorial El Mundo   2 Abril 2001

Otra coartada para ETA
Editorial ABC 2 Abril 2001

El llamado documento de identidad vasco —ENA, «euskal nortasun agiria»— es la última obcecación nacionalista para aumentar más el nivel del desafío a la legalidad. La iniciativa de los nacionalistas de crear un documento que acredite el pedigrí abertzale suma uno más a la larga lista de antecedentes que demuestran que el nacionalismo vasco, sin distinciones protocolarias, sigue cordialmente unido para impulsar políticas leales a la letra y al espíritu de Estella. La instauración y la difusión del ENA, sin relevancia jurídica alguna, sólo puede estar pensado como un estímulo irracional para seguir recreando el escenario de la «represión» de todo cuanto signifique o aparente ser un acto de autodeterminación. Por otro lado, no deja de ser coherente con los fundamentos del nacionalismo vasco, que siempre recurre a las situaciones de exacerbación identitaria cuando se siente debilitado. El resultado, una vez más y gracias al nacionalismo, es la incorporación a la agenda de la sociedad vasca de otro elemento de separación entre vascos, dando cuerpo a más espacios de encuentro del PNV con ETA y su entramado político y social. Ayer mismo, el candidato popular, Jaime Mayor Oreja, denunció ese reparto de papeles entre nacionalistas, que deja en manos del PNV la generación de ambientes políticos en los que ETA se siente a gusto. El ENA es uno más de esos entendimientos motores de la convergencia entre las diversas vertientes del nacionalismo.

Discutir la irrelevancia jurídica del documento de identidad abertzale es una pérdida de tiempo porque es algo absolutamente evidente. El artículo 105 de la Ley de Elecciones al Parlamento Vasco, modificado en 1998, sólo admite como documentos de identificación del elector el Documento Nacional de Identidad, el pasaporte y el permiso de conducir. Otra cosa es que los militantes de HB —los del PNV suelen retranquearse en el cara a cara— aprovechen la ocasión para provocar incidentes en las mesas electorales y así poder intimidar a los interventores y apoderados del Partido Popular y del Partido Socialista. Será entonces cuando se compruebe la eficacia de los dispositivos de seguridad establecidos por el Gobierno Vasco para evitar precisamente posibles incidentes como ese.

Lo que sucede es que la finalidad inmediata del ENA no es jurídica sino política. Baste recordar las alborazadas reacciones que provocó la sentencia de una juez de Bilbao, en la que, tras un razonamiento predeterminado a la absolución de los acusados, concluyó indirecta pero inequívocamente que el ENA permitía la identificación de su poseedor. Llegó a decirse que «una instancia extranjera» había aceptado el carné vasco. El nacionalismo llamado moderado disimuló entonces su satisfacción por esta sentencia, procurando limitar los efectos de la iniciativa poco menos que a un cambio de cromos. Pero la campaña de desobediencia civil —en la que el ENA tiene su capítulo y no poco importante—, aplaudida y jaleada por ETA y HB y bendecida por el PNV, ha seguido su curso hasta certificar por enésima vez que ninguna iniciativa del nacionalismo vasco es inocua para la convivencia social, la estabilidad política o la integridad jurídica. El ENA, como Udalbiltza o Lizarra, son actos de agresión del nacionalismo a toda posibilidad de entendimiento con los constitucionalistas, porque van menoscabando los únicos códigos comunes del pueblo vasco, que son el Estatuto y la Constitución. Esos proyectos abertzales encierran un propósito inocultable de crear y consolidar situaciones de hecho, al amparo de una legalidad que pretenden destruir, para luego edificar sobre ellas nuevas reivindicaciones tan irrealizables como la independencia misma, y sobre éstas, a su vez, nuevos niveles de «conflicto», en el ETA siempre podrá refugiar su violencia como un efecto inexorable de la frustración que esparce ese conflicto. No conviene engañarse. La verdadera frustración que atenaza al País Vasco no es otra que la que genera el fracaso de veinte años de gobierno nacionalista. Y cuando fracasa, el nacionalismo vasco siempre acaba dando coartadas a ETA.

Más allá de las gallinas
Por CÁNDIDO ABC  2 Abril 2001

Cualquier oyente casual y desocupado de la situación habría visto con circunspecta naturalidad el asunto del «estándar racial» de la gallina vasca, pues es frecuente en todos los países la selección de razas animales en función de su rendimiento, de la calidad de sus productos, etcétera. Lo que sorprende en el Libro de Registro de la Raza de las gallinas en el País Vasco no es la naturalidad, sino la imperturbabilidad, como si no se hubiera contado precavidamente con la capacidad analógica del público para relacionar la selección racional de gallinas con las tesis restallantes del linaje antropológico sustentadas en algunos sectores de Euskadi. La culminación de esas tesis fue el mitin de Arzalluz en Tolosa, en el 99, sobre el Rh negativo y el cráneo. En mi opinión, porque creo en el sentido común de Arzalluz, el mitin no pasó de ser una finta a la vez abracadabrante y burlesca de quien no cree aquello con lo que asusta, algo así como el que rompe las bombillas pero no toca la instalación. Sobre tales declaraciones, otras en la misma dirección han ido haciendo nido en la conciencia popular, viniendo a identificarse en muchos casos de entendimiento corriente el nacionalismo con toda suerte de fetichismos biológicos, cuando no es así. Y de pronto salen al escenario las coristas de la función, las gallinas. Los autores de ese Libro de Registro no han tenido en cuenta, en medio de la abrumadora seriedad con la que seguramente han hecho su trabajo, el fenómeno destructor por excelencia, el agua regia de la risa, que todo lo disuelve. Se da ahí un contraste irremediablemente humorístico entre lo pensado por los expertos del gallinero vasco y lo intuido por los espectadores. Es el mismo mecanismo utilizado en los grandes episodios que yo llamo de humor estructural, donde la materia risible que, por ser únicamente estructural parece inmaterial, sobrevenida y no traída, como en Cervantes, escapa a la voluntad del protagonista e incluso a la del propio autor. No es el juego de palabras o la forzada combinación de hechos como en los humoristas chirles, sino la espontánea oportunidad de lo inoportuno transitando por los cauces de la realidad anteriormente abiertos. Por eso es tan bueno el Quijote (no es porque yo lo diga) sino porque allí la irrealidad presenta un aspecto idéntico al de la realidad, se trenza y se confunde con ella, y el equívoco resultante, que en el caso que comento es entre zoología y antropología, al ser vivido con seriedad y sinceridad por los protagonistas, deriva cómico. 

Aunque fuese verdad de la buena la tesis farmacéutica del Rh negativo y el discurso de la geometría dolicocéfala, la inevitable extrapolación que se hace de esos hallazgos con significación racial da un rasgo de humor de la mejor calidad, que es el humor no querido. Si es ya de por sí humorístico el mito de la sangre, de modo que Arzalluz podría parecernos en el mitin de Tolosa un comediante de cabaret de los años treinta parodiando las elocuencias nazis de Rosenberg, para quien el misterio de la sangre sustituía y superaba el de los «viejos sacramentos», qué decir si en la misma secuencia de tiempo histórico descendemos del glorioso friso del Partenón donde se exhiben los arquetipos a Gallinópolis. Es la correspondencia entre dos hechos tan disímiles a los que sin embargo se les aplica una metodología igual a la que destruye la razón del acontecimiento de las gallinas, que aislado sería lo que realmente quiere ser, un experimento zootécnico para sacar gallinas lucidas y ponedoras. Por eso no minusvaloro el mimo avicultor de los especialistas de la zona, como no lo haría con quienes se preocupasen de mejorar la raza de los conejos o la de los chanquetes. Lo que pasa es que como la intuición analógica vive en parte de la memoria, hablar así de repente en el País Vasco del «estándar racial» de las gallinas es para cualquiera que esté al tanto un humorístico corolario sociopolítico que se infiere inmediatamente de las proposiciones del nacionalismo radical. Y la misma imperturbabilidad con que se realiza el experimento mueve a risa, como mueve a risa la imperturbabilidad de don Quijote en el Palacio de los Duques.

Gobierno PP-PSOE o Protectorado de ETA
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital   2 Abril 2001

La gran incógnita a corto plazo en el País Vasco es el resultado de las elecciones del 13 de Mayo. Pero, con ser importante la evaluación de fuerzas de los no nacionalistas y la posibilidad de formar gobierno, aún es más decisivo a medio y largo plazo la recomposición del mapa de fuerzas nacionalistas, donde se ha producido una decantación acelerada en favor del separatismo y del terrorismo, que tras los resultados del 13 de Mayo planteará problemas inéditos, tanto en la calle como en las instituciones. No sólo puede haber nuevo gobierno en el País Vasco. De haberlo, también habrá una nueva oposición.

Durante más de dos décadas, el PNV ha reforzado su hegemonía indiscutible en el conjunto del nacionalismo vasco dispensando cargos, prebendas, concesiones, sueldos, latisueldos y canonjías desde un Gobierno Autonómico que ha patrimonializado hasta lo inverosímil. Pero el Pacto de Estella, firmado hace dos años por Xabier Arzallus bajo el engañoso alto el fuego etarra, ha dado paso a una hegemonía política creciente e indiscutible de ETA-EH, con el PNV convertido en dócil complemento legal del terrorismo y una EA reincorporada a la disciplina del partido-madre, del que un día quiso ser alternativa socialdemócrata y hoy apenas resulta estrambote radical guipuzcoano.

Ese cambio de fuerzas dentro del nacionalismo y la posible pérdida de la pantalla insitucional del Gobierno de Vitoria dejan al PNV totalmente a merced de ETA. Y la banda ya ha anunciado su estrategia: la misma que ha llevado a la crisis actual. EH podría darle el poder a un varipopinto gobierno de nacionalistas y comunistas si le alcanzan los escaños, pero abandonaría inmediatamente el Parlamento dejando así en flagrante minoría al nuevo gobierno, que repetiría desde el principio el desgobierno que ha caracterizado el último año de sonambulismo ibarrechiano.

Así pues, ante un posible Gobierno PP-PSOE, ya no se alza siquiera la posibilidad de un gobierno nacionalista, sino un "protectorado" de ETA sobre sus "colonias" parlamentarias, a su vez colonizadoras de un espacio representativo democrático que estaría desautorizado y comabtido por la misma subversión terrorista que lo hace posible. Las cosas estarán mejor o peor, según quien las valore. Lo que nadie puede negar es que también están clarísimas.

Mayor apela ante los jóvenes al «espíritu de Ermua» para combatir a Eta y «al miedo»
El PSOE vuelve a los «guiños» al PNV al hablar de diálogo tras el 13-M y criticar al PP
El candidato del PP a «lendakari», Jaime Mayor Oreja, ofreció las «cinco claves» para la «regeneración democrática» del País Vasco durante el acto de clausura de la IV Escuela Nacional de «Miguel Ángel Blanco» que los jóvenes del PP han celebrado este fin de semana en el Palacio Euskalduna de la capital vizcaína. En ese escenario, el popular acusó al nacionalismo de haber creado en estos veinte años un «ambiente político y social» favorable a Eta. Por su parte, Nicolás Redondo Terreros, candidato del PSOE, anunció que habrá diálogo tras el 13 de mayo con todos los partidos.
Esperanza Mejuto - Bilbao .- La Razón    2 Abril 2001

Según Mayor Oreja, el grupo de medidas para regenerar el País Vasco pasa, en primer lugar, por el «reconocimiento de las víctimas», como «centro» y «motor» de todos los proyectos políticos de presente y futuro, además de apostar por las «instituciones democráticas vascas», la «superación del miedo como hecho diferencial», el «valor de la libertad» y, finalmente, la creación de un «ambiente político y social». En este último punto, responsabilizó a los nacionalistas de haber creado un «caldo de cultivo» que «prolonga» la existencia de Eta y de los que la apoyan, a la vez que «multiplica» el terror que la banda impone, ya que, como puntualizó, aunque el PNV no aparezca como «responsable directo» del crimen, sí que ha «arropado un ambiente político y favorable» para la existencia de los etarras.

Elecciones clave
De cara a los próximos comicios autonómicos, el candidato popular destacó la importancia del 13 de mayo como una «fecha clave» para marcar un «punto de inflexión» que cambie el rumbo que ha adoptado la sociedad vasca en estos últimos veinte años y que le ha «conducido al abismo». Para Mayor Oreja, en estas elecciones se pone en juego el futuro del País Vasco y los vascos tiene la «llave del cambio» para que, entre otras cosas, los jóvenes no se tengan que «marchar para alcanzar la libertad».

    Por su parte, el secretario general del PSE-EE y candidato a «lendakari», Nicolás Redondo Terreros, manifestó que no estará en un Gobierno vasco en el que los nacionalistas «se sientan tan a disgusto como se han sentido los no nacionalistas durante 20 años». Por ello, avanzó una propuesta de foro de diálogo después del 13-M. Además, señaló que para hacer una «política inteligente, constructiva y de futuro es necesario el diálogo, pero con límites». Redondo afirmó que su partido «quiere un cambio político tranquilo y sin revanchas», por lo que «volveremos a dirigirnos a las formaciones políticas, tras el 13-M, para combatir a Eta, pero no para poner precio político a la paz, porque la paz no tiene precio político». Además, señaló que habrá una política en las soluciones al problema vasco, pero «no la política sectaria y partidista del nacionalismo vasco».

La retirada de Pujol
Pablo Sebastián La Estrella  2 Abril 2001

El líder de Convergencia y presidente de la Generalitat de Cataluña, Jordi Pujol, confirmó este fin de semana su retirada del primer plano  de la política catalana y de su propio partido y coalición. Pujol dice que se va y que lo hará cuando termine la legislatura para permanecer como "vigilante en cap" de esa Federación de los dos partidos de la coalición Convergencia y Unió que no acaba de florecer, como se percibe en las últimas declaraciones de delfín, Artur Mas, y del líder de Unió y eterno segundón, Josep Antoni Durán Lleida.

Pujol se va con Pascual Maragall en los talones (con mas votos que él en las últimas elecciones) y con un deterioro generalizado del nacionalismo frente a España, tanto en el País Vasco como en Cataluña. Una regresión provocada por el nuevo y pujante nacionalismo español, que tiene hoy su origen en los desafíos y avances soberanistas y a veces discriminatorios con "lo español" llevados a cabo por los gobiernos de CiU y PNV en las legislaturas de 1993/1996 y 1996/2000, cuando los gobiernos de González y Aznar carecían de mayoría absoluta para gobernar y CiU y PNV pasaban sus facturas a Madrid e imponían su ley y su poder en sus respectivas comunidades.

Una oportunidad política, la de esos últimos siete años, que Arzallus como Pujol utilizaron para apretar a fondo el acelerador de su proyecto nacional (Declaración de Barcelona) provocando discriminaciones de los no nacionalistas en su territorio y un sentimiento muy crítico hacia ellos entre los españolistas de dentro y fuera de sus autonomías. Sentimiento de amargura y rechazo por la batalla linguística en Cataluña y por el Pacto de Estella entre PNV y EH en Euskadi.

Un sentimiento convertido en repulsa general contra el nacionalismo (y también contra el País Vasco y Cataluña) por una importante mayoría de españoles. Un sentimiento y una mayoría que el PP supo utilizar en las elecciones generales del 2000 y en los que se apoyó el gobierno de Aznar y el PP para lanzar su ofensiva contra el PNV, cuando ETA rompió la tregua y puso en marcha una serie sangrienta de atentados que dio pie a la movilización general dentro y fuera del País Vasco, tras el secuestro y la ejecución de del joven concejal de Ermua, Miguel Angel Blanco.

Desde entonces los nacionalismos (con su reflejo internacional en "partriotas" denostados y en serias dificultades, Milósevic, Sadam Hussein, Pinochet, Haider, etc) en España pasaron de su posición dominante (1993/2000) a la defensiva. Y el nuevo nacionalismo español, que lidera Aznar desde un gobierno central y muy escorado hacia la derecha, ha pasado de sus tiempos de pacto y dependencia de CiU y PNV a la posición de poder y con iniciativa. La que será posiblemente mucho mas fuerte e incisiva si el 13 de Mayo el PP y el PSOE forman gobierno y dejan al PNV fuera del gobierno vasco.

Pujol sabe que el mapa ha cambiado. Que va a ser muy difícil que venza a Maragall en unos próximos comicios y que vienen tiempos de repliegue para el nacionalismo catalán y por eso, y por su natural cansancio y edad, anuncia que se retira y da paso a quienes deben de liderar y de recomponer su proyecto nacional en Cataluña con nuevas fórmulas y talantes.

A sabiendas los de CiU que, con el empuje del nacionalismo español, camina la preponderancia económica y política de Madrid y también de otras autonomías mas abiertas (como Valencia y Andalucía), a la vez que los nacionalismos históricos aparecen mas alejados del proceso de integración europeo y mas cerrados cultural y económicamente (por causa de su lengua, entre otras cosas) al proceso de globalización mundial, a la vez que temen y necesitan de la emigración.

Todo esto obliga a PNV y a CiU a revisar sus proyectos políticos y adaptarse (o a enfrentarse) a la España mas europea y global,  en tiempos en los que en Madrid la mayoría absoluta impide que el PNV y CiU tengan mas protagonismo, y en tiempos en los que la brutal violencia de ETA y su entorno han alcanzado el límite del aguante español y han conseguido que se identifique violencia con todo nacionalismo. Una mezcla de imágenes confusa e injusta pero que está dando resultados políticos al gobierno del PP en la campaña electoral vasca como se los dio en las generales del 2000.

El PP levanta la vieja bandera unitarista de la derecha católica y sentimental española y no solo frente a los nacionalistas, sino también frente al proyecto federal de los socialistas que van a remolque del PP y con el riesgo de ser hoy día tildados de colaborar con el nacionalismo, o incluso con el entorno de ETA como ha ocurrido en algún caso, véase al alcalde de San Sebastián, Odón Elorza. El descenso de apoyo del PSOE en Andalucía que revelan las últimas encuestas está basado, precisamente, en esta nueva imagen y bandera unitaria que agitan los líderes del PP, mientras que en el PSOE nadan en la confusión o en la contradicción.

La endogamia de los nacionalistas, retirados y obsesionados con su propio territorio, los ha dejado fuera de los grandes centros de decisión y también de los culturales y de opinión y en "la aldea global española" y se ven sometidos ahora a las tendencias que marcan y señalan desde Madrid a través de su gran altavoz mediático e imparable en la nueva sociedad comunicada y culturalmente abierta y proyectada sobre el mapa español, europeo y atlántico.

Pujol intentó su última cabalgada nacional con la Declaración de Barcelona, pero luego ha tenido que guardar ese documento en un arcón a la espera de tiempos mejores. Y sigue de cerca el curso de la batalla electoral vasca a sabiendas de que lo que allí ocurra tendrá un impacto directo en el caso catalán. Y también dentro de CiU donde Unió juega el papel del nacionalismo mas moderado, autonomista o realista (y con la clara tentación de acercarse al PP), mientras que los de Convergencia mantienen su discurso de corte confederal, de manera que Mas podría estar en algún caso mas cerca de Maragall que de Durán.

Pujol, sin embargo, dice que se va pero no se ha ido todavía y puede que tenga aún alguna carta en la bocamanga para jugar. Pero también podría irse antes de culminar su mandato para darle a Mas la oportunidad de rodarse al frente de la Generalitat. Aunque para eso Pujol deberá intentar un pacto estable y duradero con Unió, un nuevo partido, una federación algo sólido antes de retirarse de verdad. Está en ello mientras vigila los nuevos y altos castillos que se levantan en Castilla, y dice que se va pero permanece para ver como se produce su relevo con tranquilidad.

Terrorismo y delincuencia
José María CARRASCAL La Razón   2 Abril 2001

El principal argumento, si no único, de quienes se oponen a un frente común contra Eta es que «el terrorismo no cesará». ¡Naturalmente que no cesará! Como no cesarán los robos, asesinatos, violaciones y todo tipo de delitos. Pero no por eso cesará de perseguírseles. En una democracia, el terrorismo político no tiene cabida, quedando incluido en el capítulo de la delincuencia común. El uso de la violencia no es admisible en una sociedad que permite defender cualquier idea o programa con la palabra, los argumentos y los votos. Estamos ante una clara violación de las normas que se han dado a sí mismos los ciudadanos, algo que debe ser reprimido con todas las armas que la ley dispone para estos casos. Cualquier otra actitud es un regreso al pasado, una legitimación de la fuerza bruta, un golpe a la convivencia civilizada.

    En cuanto a si el terrorismo seguirá golpeando, pues posiblemente, ya que los malos hábitos tardan en desaparecer. Pero permítanme hacer la siguiente reflexión: si volvemos la vista al pasado nos damos cuenta de que quienes usaron la fuerza para aplastar las normas establecidas por una sociedad democrática, pudieron tener éxitos iniciales. Pero a la larga acabaron siempre perdiendo. Con toda su aparente fragilidad, la democracia ha demostrado tener mucho más aguante, firmeza y resistencia que todos aquellos que pasaron por la Historia como una ráfaga de fuego, dejando tras ellos un rastro de destrucción. Para no perdernos en el pasado y limitarnos a lo que buena parte de nosotros hemos conocido, ¿en qué ha quedado el «Imperio de los Mil Años» de Hitler? ¿O el «comunismo que iba a enterrar al capitalismo» de Krushev? ¿O la «revolución sin fronteras» de Castro y el Che? Por muchas armas, mentiras, publicidad y amigos que hayan tenido todos esos adalides de la violencia como método político, han acabado hincando la cerviz ante la sencilla dignidad del voto. El terrorismo etarra seguirá golpeando por bastante tiempo, incluso por su propia inercia, que es grande. Pero no triunfará porque las fuerzas negativas nunca han prevalecido sobre las positivas, porque la libertad se ha impuesto siempre a la tiranía, porque el mundo marcha en sentido contrario al que tratan de empujarle quienes no ven, literalmente, más allá de sus narices y de sus pistolas.

    Se necesita mucho para que la indignación del ciudadano corriente estalle. Pero cuando estalla, pobre de quienes han estado abusando de ella. Cuándo ocurrirá esto en el País Vasco no puede decirse, como tantas otras cosas en aquel rincón torturado. Pero una serie de pequeños y grandes acontecimientos acaecidos allí en las últimas semanas apuntan que ese momento puede estar próximo.

    Y lo que en cualquier caso podemos predecir es que el terrorismo se alargará si se mantienen las condiciones actuales, si continúa un gobierno que es más bien desgobierno. Que puede ser lo que busquen quienes dicen que el terrorismo continuará aunque cambien allí las cosas. Algo que no es totalmente cierto por las razones que acabamos de exponer.

Capuchas naranjas
Luisa PALMA La Razón  2 Abril 2001

Es la primera vez que se ven «capuchas naranjas» en el País Vasco. La iniciativa fue de la Plataforma «Basta Ya». Hartos del terror que impregna el tejido social del País Vasco se manifestaron ante Ajuria Enea con capuchas de ese color cubriendo completamente sus rostros. Impresionaba verles así, imponía casi tanto o más que si hubieran salido a la calle con mordaza. Hasta ahora sólo habíamos visto las «capuchas negras» de los de ETA cuando han comparecido ante la prensa, sus pasamontañas aterradores bajo los que se esconden porque ni en eso, por supuesto, tienen la mínima decencia para dar la cara. Pero estas capuchas naranjas significan lo contrario, son capuchas naranjas contra pasamontañas negros, el coraje contra la cobardía, la rebelión democrática contra el fanatismo criminal. Un color de vida y futuro contra el negro de la muerte. La protesta de quienes se sienten «apresados en el corredor de la muerte» era pedir al Gobierno vasco, a ese lehendakari de oídos sordos, que «impida las ejecuciones» en el País Vasco. ¿Criticamos a Estados Unidos? Pues la pena de muerte existe en Euskadi, la firma ETA y la avalan con desvarío supino sus cómplices.

La política, de lo urgente a lo importante
JOSÉ IGNACIO CALLEJA El Correo  2 Abril 2001

Después de tanto tiempo y tantas palabras, en este país ya nos conocemos casi todos y sabemos lo que cada uno vendrá a repetir. Esta es la realidad y tampoco es lógico que simulemos lo contrario. La asunción inteligente del principio de realidad es una forma madura y sana de situarse en la Historia. El comienzo de esa actitud consiste en el reconocimiento de los otros tal y como ellos se sienten y manifiestan. Los otros, se suele decir en frase feliz, son incondicionalmente iguales a nosotros en lo que atañe a la dignidad y la justicia; y distintos, con toda legitimidad, en lo que atañe a lo peculiar de su identidad diferente e irrepetible. He aquí una primera exigencia y dificultad en el modo ordinario de imaginarnos a los otros. Los otros no sólo están fuera de mí, sino que son legítimamente otros, distintos a mí; no necesariamente adversarios, de ningún modo enemigos, hasta donde sea posible este idealismo, y obligatoriamente, sin que me quepa elección, conciudadanos y vecinos. No puedo elegirlos, están ahí, son de mi lugar y hacen de mi tierra un cruce de rostros, experiencias humanas y opciones políticas. Y ocurre, en consecuencia, que ya mi tierra no es mía, sino nuestra; que ya mi cultura no es universal, sino particular en la diversidad, y que mi lengua, mi querida lengua materna, está llamada a ser fraterna, y por hermana, hija en la misma casa.

Los otros, los distintos, iguales a mí y tan diferentes; y nosotros, iguales a ellos y tan distintos, tenemos la obligación moral de hacernos justicia unos a otros, de dejarnos vivir en la corresponsabilidad y el respeto mutuo, en el reconocimiento legal y político de nuestra diversidad. Esta es una casa compartida legítimamente por todos y la puerta debe estar abierta para todas las opciones y todas las salidas democráticas. Hay mil razones para ser cautos en los riesgos que decidamos correr; hay mil razones históricas para sopesar las obligaciones contraídas con los pueblos vecinos; hay mil argumentos para mirar con preocupación un futuro improvisado; hay mil prevenciones hacia la buena disposición de todos para alcanzar un pacto equilibrado. Pero sólo hay una cosa absolutamente obligatoria para todos y siempre. No se puede matar, ni se puede utilizar la violencia como arma política. No se puede aterrorizar a los adversarios. No se puede convertir a los adversarios en enemigos y, de enemigos, en medios o cosas. No se puede defender cualquier idea aunque no se traduzca, inmediatamente, en acción delictiva. Las ideas deben estar subordinadas, siempre y todas, al reconocimiento del otro como persona con derechos inalienables. Las ideas totalitarias, defendidas sin violencia, siguen siendo totalitarias, y defendidas legalmente, siguen siendo totalitarias e intrínsecamente malas. Nadie, ni desde la sociedad ni desde el Estado, puede refugiarse en injusticias padecidas o supuestas para ignorar la base humana de la política. Entrar en dinámicas, como he escrito alguna vez, que consistan en plantear comparaciones sobre la maldad de los daños que nos causamos unos a otros, es tan odioso como estúpido. La política, la política profesional, a cuyos representantes respeto, se ha convertido en este país, y en este Estado, en un continuo memorial de los agravios que nos hemos infligido unos a otros, con la pretensión de justificar nuestro derecho. ¡Como si los derechos de unos se justificaran por la barbarie de los otros! No, la barbarie es barbarie siempre, y no es fuente de legitimidad moral, por más que dé algunos votos y enardezca a los más combativos e ingenuos de cada posición política. Hagamos memoria y contemplemos este vaivén de agravios a la carta, este cumplir la ley, si es necesario, en fraude de su espíritu; este reunirnos con los nuestros y jalear las ocurrencias más hirientes de cada líder; este denigrar el nacionalismo de los otros, sea cual sea el tono que presente, como si no fuésemos todos de algún lugar y no tuviésemos la misma obligación de subordinar nuestro ‘patriotismo’, cada uno según sus excesos, a la dignidad de cada persona y de todas juntas; este poner sobre la mesa todo lo peor en la interpretación de un conflicto histórico, hasta enredarse en insinuaciones que hacen explicable el terrorismo... Todo es lo que tenemos que evitar y superar.

De nuevo, no me cansaré, no se puede matar, no se puede planificar un asesinato, nunca, no se puede matar. No se puede comparar sufrimientos, ni víctimas, ni derechos humanos. Cada vida y cada víctima son un absoluto, por incondicionadas en su valor, y en la necesidad que tenemos de reconocerlas, para salvar nuestro derecho a discrepar y a decidir. Cada derecho humano es un absoluto, también, por incondicionado para todos; y, a la vez, cada derecho es con los otros derechos y con los de los otros ciudadanos, y en su equilibrio político e histórico, en la asunción pactada de los ritmos y contenidos compatibles, nos realizamos más democráticamente que en la grandilocuencia de las ideologías afirmadas con empeño de absolutos. Está tan claro, nos estamos haciendo tanto daño como pueblo y país, de otro modo admirable, que parece mentira que no lo veamos.

Una generación entera de vascos, no entro en lo que ocurra por otros lares, está conviviendo con la idea de que matar, planificar y realizar un asesinato no siempre es lo peor; y, menos aún, que en nuestro caso sea intrínsecamente malo; una generación de vascos está rozando la experiencia de que los acuerdos se cumplen si nos convienen; la palabra política es de cartón piedra; la ética es eso a lo que se remiten los acomodados del sistema para preservar su modo de vida; las víctimas de los otros son gente que se lo habrá merecido; el que pega contra el poder político, siempre tiene razón, de cualquier modo que lo haga.

Una generación de vascos está rozando la experiencia de que los pactos políticos versan sobre el cómo y el cuándo, pero no sobre el qué, sobre los contenidos, porque éstos vienen en el vientre de la Historia de un pueblo y todo lo que cabe hacer es forzar su nacimiento. Me consta que esta generación de vascos jóvenes está superando con inteligencia los excesos ideológicos que la tientan por doquier. Algunos, quizá bastantes en determinados lugares del país, no hallan recursos políticos, culturales y, por favor, éticos, para hacer de su ímpetu liberador un ejercicio de justicia que nos respete a todos. Ellos tienen su responsabilidad, sin duda. Pero, ¿algo tendremos que ver nosotros en su peligrosa manera de hacerse adultos?

HB no paga las multas por manifestaciones ilegales, que ascienden a casi 300 millones
A los proetarras les salen prácticamente gratis las revueltas callejeras no autorizadas
El Gobierno vasco reconoce que entre 1995 y 1999 el Ejecutivo autonómico impuso sanciones por la realización de manifestaciones no autorizados de sectores relacionados con el MLNV por un total de 242,2 millones de pesetas. El Grupo Parlamentario Popular afirma que sólo han sido cobradas 29.407. 566 pesetas y advierte de que muchas de las referidas sanciones ya han prescrito. El PP se pregunta: ¿Cómo se ha dejado prescribir sanciones que han sido amenazas a ciudadanos por no ser nacionalistas?
S. Andía - Madrid .- La Razón  2 Abril 2001

La izquierda abertzale proetarra se concentra en numerosas ocasiones en las calles del País Vasco para amenazar a formaciones no nacionalistas o colectivos pacifistas. En muchas de estas situaciones, los violentos carecen de permiso. A continuación la Ertzaintza redacta una denuncia y se impone una multa.
    El Grupo Parlamentario Popular, por medio de su parlamentario Carlos de Urquijo, preguntó en la Cámara vasca a la número dos del Ejecutivo de Ibarreche, Idoia Zenarruzabeitia, cuál era el montante total de la deuda como consecuencia de las sanciones impuestas por manifestaciones no comunicadas desde la izquierda abertzale entre los años 1995 y 1999. La respuesta de la «vicelendakari» fue que la expresión empleada en la pregunta «izquierda abertzale» carece de valor categorial.

    A continuación, recuerda que «por infracciones concernientes al ejercicio del derecho de reunión y manifestación se impusieron en el período considerado en la pregunta sanciones de multa por importe de 242.230.799 pesetas, correspondiendo un porcentaje significativo de tal importe a grupos y entidades relacionadas con los sectores sociales usualmente aludidos con aquella expresión».
    Asimismo, dice que «han sido cobradas multas por importe de 29.407.566 pesetas, hallándose el resto pendiente de cobro». La «vicelendakari» también recuerda que en virtud del artículo 28. 4 de la Ley Orgánica 1/1992, de 21 de febrero, de Protección de la Seguridad Ciudadana, las sanciones prescribirán al año, dos años o cuatro años, según la calificación de las correspondientes infracciones, leves, graves o muy graves.

    El Grupo Parlamentario insistió en preguntar cuántas sanciones y por qué importe han prescrito ya del conjunto de los 242 millones de pesetas impuestas a la izquierda abertzale por infracciones relativas al ejercicio de derecho de reunión y de manifestación en los últimos cinco años. El Gobierno vasco contestó que no le constaba la prescripción de ninguna de las sanciones referidas «porque las no satisfechas en periodo voluntario fueron remitidas a los órganos de recaudación correspondientes -las Diputaciones-, las cuales no pertenecen en esta Administración Pública». Asimismo, señalan que el Eusko Jaurlaritza (Gobierno vasco) no ha dejado de prescribir sanción alguna porque ha puesto todos los medios a su alcance.

    Desde 1995 a 1999, el Ejecutivo autonómico impuso sanciones por la realización de manifestaciones sin permiso por un total de 242 millones de pesetas de los que un porcentaje significativo correspondía a sectores sociales relacionados con el MLNV.
    De ese importe total, han sido cobradas 29,4 millones de pesetas, mientras que el resto se encuentra pendiente de cobro. Las sanciones prescribirán al año, dos años o cuatro años, según el tipo de infracciones, que sean calificadas de leves, graves o muy graves.

El Gobierno vasco, denunciado por los hechos
El Sindicato Colectivo de Funcionarios Públicos Manos Limpias, como consecuencia de la actuación del Gobierno vasco en este caso, ha presentado una denuncia contra el consejero de Interior del Ejecutivo autonómico, Javier Balza, ante el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Eduardo Fungairiño, en la que denuncia que el Gobierno de Juan José Ibarreche, a día de hoy, sólo ha cobrado a EH«el 10 por ciento» de los 242 millones de pesetas que en concepto de sanciones por manifestaciones ilegales le han sido impuestos a los abertzales

    Este hecho, según Manos Limpias, «refleja la permisividad del Gobierno vasco frente a esas organizaciones del entramado del Movimiento Liberal Nacionalista Vasco».

    El colectivo sindical, además, ha presentado un segundo escrito contra la Ertzaintza y subsidiariamente contra el propio Balza. En él, el sindicato acusa a la Policía autónoma vasca y al consejero de Interior de haber dejado de informar a la Audiencia Nacional de todos los casos de «kale borroka» o violencia callejera ocurridos en el País Vasco desde el mes de agosto del pasado año.

¿Llegará al 2004? 
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo  2 Abril 2001

Sólo hay un problema político, al margen de los que se resuelven aplicando el Código Penal, que empieza a ser más preocupante que el psicodrama de la sucesión de Aznar: si Zapatero va a llegar como candidato a las elecciones del 2004. Me refiero, naturalmente, a un líder del PSOE con posibilidades de ganarlas, no a un Almunia bis o tris. Y es que de un par de meses a acá, precisamente desde la firma con el PP del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, que supuso un éxito político indiscutible para el nuevo equipo del PSOE, Zapatero encadena un dislate tras otro, una tontería con la siguiente, una ingenuidad con una bobada y así sucesivamente.

Y uno empieza a temer que, como ha llegado hasta donde ha llegado haciéndose el muerto 12 años, ahora quiera hacerse el tonto otros tres, a ver si así llega al 2004 como presidenciable: demediado, desnatado, desvitaminado, sí, pero finalmente tolerado por un partido cuya única identidad política es precisamente la falta de identidad.

Y eso, no como producto de una sana dieta antinacionalista, sino al contrario. Al PSOE le falta identidad como partido porque le sobran identidades como asociación de partidas; es más: uno tiene la impresión de que le crecen -Cataluña, Aragón, Baleares, Galicia, Andalucía, La Mancha, Extremadura-, de que se le multiplican como las células en el cáncer. Vamos que con Zapatero -aunque no sólo por su culpa- ha llegado al PSOE la metástasis. Lo único que parece realmente PSOE en el PSOE es el PSE-PSOE de Redondo Terreros. Lo demás es un cantonalismo de nómina, sin ideas ni programa. Un dirigente bilbaíno lo decía con la amable bruticie de la escuela de Indalecio Prieto: «Somos una tortilla a la española con huevos pero sin patatas; y de cebolla, ni soñar».

Sólo faltaba que en vez de contrapesar el «federalismo asimétrico» de Maragall, que es un evidente factor de distorsión, de desigualdad y de disgregación nacional, con una insistencia en la idea de España, en la unidad de los socialistas de todas las regiones, nacionalidades, municipios y pedanías, en un proyecto nacional alternativo al del PP, se nos apareciera ayer Rodríguez Zapatero como un Santiago Matamoros pero al revés, un Don Julián, no precisamente Marías, a la cabeza de esa Santa Compaña neobiofederal del socialgalleguismo que pastorean Touriño y Pepiño.

Sólo faltaba que al «federalismo asimétrico» le añadiera Zapatero esa bobada de «España como identidad de identidades» que es un brindis al sol... de Cartagena. Al del Cantón me refiero. Así, llega al 2004, pero como si no llegara. Llegará Zapatero, pero del PSOE, ni recuerdo.

'Match ball'
ENRIQUE GIL CALVO El País  2 Abril 2001

Al día de hoy, las apuestas ante los comicios vascos del 13 de mayo arrojan una situación de virtual empate, con las candidaturas constitucionalistas rozando la raya de la mayoría absoluta. Es verdad que, como consecuencia del clima de intimidación que tolera el Gobierno nacionalista vasco porque le beneficia, este empate no lo pueden registrar los sondeos demoscópicos, que anuncian una inverosímil repetición de los resultados actuales, matizados por un caudaloso trasvase de votos desde el nacionalismo radical hacia el moderado. Pero nadie se toma en serio semejantes pronósticos, ni siquiera los portavoces nacionalistas que los pregonan tratando de convertirlos en profecías que se cumplan a sí mismas. Por el contrario, en su fuero interno saben que va a proseguir su lenta sangría electoral, por la que el nacionalismo va perdiendo continuamente votos elección tras elección.

La única incógnita es cuándo se cruzará esa raya decisiva, que con el control de la Cámara vasca otorgará el poder a las fuerzas constitucionalistas, si el 13 de mayo o más adelante, en las siguientes elecciones autonómicas. Pues no se trata de un ahora o nunca, sino del primero de una serie de match balls con que los constitucionalistas terminarán por vencer a los nacionalistas más pronto o más tarde. Sólo que ahora es la primera vez que por fin resulta posible. ¿Qué sucederá si no se alcanzan los 38 escaños necesarios'? Entonces, los nacionalistas cantarán victoria y dirán que nada ha cambiado al darse la misma correlación de fuerzas. Pero si lo dicen resultará falso, pues aunque se repitiese exactamente el mismo reparto de escaños, la situación será enteramente nueva. ¿Cómo podría obtener Ibarretxe la investidura con los votos del brazo político de los asesinos, ni aunque éstos ofrecieran como golosina una tregua táctica? Y ante el fracaso de la investidura del lehendakari, habría que repetir las elecciones antes o después.

En cambio, resulta perfectamente posible que los constitucionalistas ganen ya este primer match ball. Todo dependerá de cómo se comporte el 13 de mayo la tasa de participación electoral. La abstención nunca es homogénea ni aleatoria, sino que afecta diferencialmente a las distintas candidaturas. Y el éxito dependerá de cuánto participen las bases socialistas, que si se movilizaran unánimemente podrían otorgar la mayoría absoluta a los constitucionalistas. De ahí la necesidad de convencerles, haciéndoles ver cuánto nos jugamos todos, ellos incluidos, con su estado de ánimo electoral. Esto lo sabe el nacionalismo, y por eso está dedicando toda su estrategia retórica a desmovilizar al electorado socialista. Y como no son tontos, zumban donde más duele, acusando al PSE-PSOE de seguidismo respecto al PP. En esta misma línea, ahora machacan también con el eslogan del pensamiento único, denunciando a los socialistas por colaboracionismo con los sucesores del franquismo. Y conforme avance la campaña, inventarán más juegos de palabras, tratando no de romper el pacto PSOE-PP, pues saben que ya no podrían lograrlo, sino de buscar la abstención socialista.

¿Cómo neutralizar esta acusación? Puesto que es inútil tratar de desmentirla, lo más hábil sería darle la vuelta, reutilizándola en su contra. En lugar de negar la coalición PSOE-PP, conviene defenderla como un órdago de ataque y desafío. Sostiene el aforismo británico que la política hace extraños compañeros de cama. Pero mucho más si lo que está en juego no es la política, sino la vida y la libertad. Al igual que Churchill y Roosevelt hubieron de aliarse con Stalin para poder luchar contra Hitler, ¿por qué no iban a unirse PSOE y PP, espalda contra espalda, para poder luchar juntos contra el nazismo vasco que ha secuestrado la conciencia de sus rehenes nacionalistas? Para que algún día pueda reconstituirse un pacto entre demócratas como el de Ajuria Enea, es preciso rescatar antes al PNV de su secuestro actual. Pero esto no será posible sin la catarsis que le supondrá la pérdida del poder. De ahí la necesidad de que el 13 de mayo acudan a las urnas todos los socialistas vascos, uniendo sus votos a los del PP.

Nuestros hispanos
ANTONIO BURGOS El Mundo  2 Abril 2001

Aunque parte contratante de la primera parte de la UE, a efectos de que les salgan estalactitas a los amarres de la flota pesquera que faena en aguas del moro, estamos tan inmersos en la cultura americana que ya tenemos aquí hasta hispanos. Unos porcentajes bastante norteamericanos de hispanos, ocupándose en las labores propias de su pasaporte y de su ausencia de papeles, como el servicio doméstico, que dice Enrique Múgica, que es mucho de las tatas ecuatorianas.

El New York Times daba el otro día el cante, el cante por Ay, Macarena: los hispanos son ya la primera minoría en California, por delante de los negros. Aquí estamos ya como en California, para ver si hay más negros que hispanos o más hispanos que negros. Murcia se nos ha vuelto, al cambio, como una Florida con ecuatorianos en vez de cubanos, y en Madrid hay tantos hispanos que no tiene nada que envidiarle a California. Menos chicanos, tenemos de todo.

Debemos cambiar nuestro concepto de hispanidad. Hispanidad no es ya lo que Ramiro de Maeztu inventó con mayúsculas y Franco hizo fiesta de guardar el 12 de octubre, aquello de lo que vivían los intelectuales orgánicos en los eternos juegos florales del Instituto de Cultura Hispánica. Hispanidad es ahora sinónimo de extranjería. Despreciamos a los hispanos exactamente igual que en EEUU, y sin ser blancos, anglosajones y protestantes, sino católicos y medio moriscos, que tiene más mérito. Pero no sólo en Madrid o en Murcia despreciamos a los hispanos. Me da la impresión de que Mayor Oreja y todos sus futuros votantes se tienen que sentir en la campaña vasca como los ecuatorianos en Murcia. Zapatero venga a pedir papeles para nuestros hispanos, y resulta que en el País Vasco al que es hispano no le dan los papeles del carné de identidad euskalduna. El PNV quiere aplicar su particular y no promulgada Ley de Extranjería.

En su visita al Sur profundo de EEUU, el Rey ha subrayado el peso de lo hispano en Texas. Lo cual no tiene ningún mérito. Donde hay que echarle dos cojones a subrayar el peso de los hispano no es en Texas, que está tirado: es en Rentería, que te la juegas. Vamos por el mundo diciendo que hay que potenciar la lengua y la cultura españolas y resulta que en la propia España defenderla es jugársela. Los hijos de los inmigrantes puertorriqueños en Nueva York tienen mayores derechos, a efectos de cultura hispánica que los nietos de los albañiles andaluces en Hernani. A ver si ahora que está bajo el mando de Jon Juaristi el Instituto Cervantes abre sedes a porrillo donde más falta está haciendo, que es en el País Vasco. A ver si considerando al español como lengua extranjera la enseñan en los colegios.

De nacionalismos, verdades y hechos
Por Slobodan PAJOVIC, Coordinador del Centro de Estudios de España e Iberoamérica en Belgrado ABC  2 Abril 2001

Las últimas 36 horas Yugoslavia volvió a vivir los momentos dramáticos y confusos. Y esta vez —como ya es habitual para el posmodernismo— los medios de comunicación informaban en directo sobre las acciones de la Policía serbia Antidisturbios cuyo objetivo final ha sido detener a Slobodan Milósevic, ex presidente yugoslavo, y el actual líder del partido socialista de serbia.

No cabe duda que los ex y los actuales yugoslavos vivían estos momentos tan inciertos acordándose de aquel brote de odios nacionalistas y tragedias multifacéticas que saldaron en diferentes guerras y en diferentes acuerdos que ponían fin a estos fenómenos tan retrógrados para la humanidad contemporánea.

Sin embargo, la figura de Slobodan Milósevic aparecía siempre en estas memorias que desde la perspectiva de hoy el primero de abril de 2001 se terminan simbólicamente en el arresto de su principal protagonista, que fue llevado esta madrugada al reclusorio central de Belgrado.

Detrás de ésta y de todas las historias balcánicas está el nacionalismo, padre de los proyectos de una gran Serbia o de una gran Croacia, de una Bosnia mulsumana o de una gran Albania.

La aparición y el fortalecimiento de este fenómeno, incluyendo a Milósevic, nos obliga a todos los yugoslavos a reflexionar con honestidad sobre el papel del ex presidente yugoslavo y de sus homólogos regionales pero también y de todos nosotros los ciudadanos para poder replantear muchas de las convicciones falsas e ideologizadas que al estudiar esta parte de nuestra historia hemos tenido durante mucho tiempo como verdades y hechos.

Parece que las tragedias balcánicas no pueden ser la obra de una sola persona y por lo tanto resulta muy difícil responder a los desafíos que proyecta el caso Milósevic basado en elementos tan contradictorios tanto para la justicia yugoslava como para la internacional. En fin, sería injusto juzgar a todo el pueblo serbio por los crímenes que cometió su Gobierno y su líder junto con los paramilitares.

Frente a todas las consecuencias brutales de esta política y a su máximo representante, Slobodan Milósevic, tendremos que preguntarnos, tarde o temprano, cuál ha sido la verdadera razón que pretendía justificar la aparición y vigencia de semejantes fenómenos en los Balcanes.

Un paso capital, pero no el único necesario
HERMANN TERTSCH El País  2 Abril 2001

Ya está en la cárcel Slobodan Milosevic, lo que confirma su última mentira hasta el momento. Había dicho que no ingresaría vivo en prisión. Los hechos lo desmienten. Eso no excluye que su cuadro psicopático demande una especial vigilancia en los próximos días. Los antecedentes familiares de los suicidios de padre, madre y un tío y, según testigos, su terrible desequilibrio durante la última jornada lo aconsejan. Pero al margen de que Milosevic quiera sustraerse a la acción de la justicia con una nueva huida hacia adelante y esta vez hacia su propia muerte y no hacia la de los demás como ha sido habitual en una década, las autoridades de Belgrado tienen aún un largo recorrido pendiente para emprender la regeneración de una sociedad sumida en tantas miserias por obra y gracia del nuevo preso de la prisión central de Belgrado.

La chapuza de la operación policial para la detención de Milosevic el viernes no ha tenido finalmente un desenlace trágico como en algún momento parecía incluso probable. Milosevic está en la cárcel, y eso es en este momento lo que importa. Pero estas 36 horas de angustia, de las que aún no sabemos todo lo acaecido, demuestran algo que muchos vienen diciendo hace tiempo y que algunos, como el presidente yugoslavo, Vojislav Kostunica, no acaban de entender: la nueva autoridad en Belgrado tiene una inmensa suerte de que Milosevic sea reclamado por un tribunal internacional -que no extranjero- y que cuanto antes lo entreguen al mismo, antes se liberarán de las amenazas desestabilizadoras que su presencia genera en Serbia. Son demasiados los cómplices de Milosevic en su larga década de reinado criminal en la región como para esperar que todos se mantengan limpiamente al margen de un proceso penal contra él en su país. Los hábitos son traicioneros y aunque todos saben que está acabado, en la crisis de este fin de semana son evidentes las dudas que han albergado en algún momento algunos mandos, policiales y militares, sobre su posición respecto a Milosevic y el nuevo poder democrático. La detención de Milosevic rompe un tabú y debiera ser el comienzo de la auténtica catarsis en el pueblo serbio después de lo sucedido. No debería ser un problema para nadie que se le juzgue rápidamente en Belgrado por la expoliación sistemática del pueblo serbio practicada por el sátrapa y su banda. Como la mayoría de los dictadores, Slobo es, además, un ladrón, y conviene que todos los serbios lo sepan. Y ha estado rodeado de muchos otros ladrones que también deben ser expuestos y enjuiciados por la justicia serbia.

Pero también debe quedar muy claro que lo que exige la comunidad internacional para normalizar sus relaciones con Belgrado es que Milosevic sea juzgado por crímenes de guerra y, muy probablemente, genocidio. Las infracciones de tráfico de un asesino en serie son siempre materia judicial colateral. Por eso es imprescindible que el Gobierno serbio, que habrá de tomar la decisión, deje perfectamente claro que, si no en los próximos días o semanas, en un plazo razonablemente corto, de pocos meses, el sospechoso estará en su celda de La Haya. Si no fuera así, surgiría de inmediato la sospecha de la componenda, ya nutrida por el misterioso viaje de ida y vuelta que hizo Milosevic en la noche del viernes al sábado a la fiscalía. El gesto de la madrugada del domingo es muy importante. Pero han de seguirle otros muchos. La entrega de Milosevic es uno. La detención de Radovan Karadzic y Ratko Mladic, los otros dos 'carniceritos de los Balcanes' es otro. Es difícilmente aceptable que Kostunica quiera ayuda occidental mientras Mladic, responsable en todo caso de más de ocho mil muertos en Srebrenica, toma el café en la calle Terazije de Belgrado después de ver un partido del Estrella Roja. De ahí que el magnífico acontecimiento de la madrugada de ayer deba ser confirmado en su importancia por una serie de medidas ineludibles para Belgrado. Esperemos que no tarden tanto en producirse como ésta que tanto nos alegra hoy.

MILOSEVIC: EL INDIGNO FINAL DE UN FARSANTE PELIGROSO
Editorial El Mundo   2 Abril 2001

El desgraciado héroe serbio, el príncipe Lazar, perdió la vida en el Campo de los Mirlos luchando contra los turcos en 1389. Slobodan Milosevic, que prometió vengar seis siglos de afrentas históricas, no ha tenido la grandeza de su predecesor: se entregó en la madrugada de ayer después de haber amenazado con quitarse la vida con una pistola en la mano.

La única condición puesta al parecer por Milosevic fue que el Gobierno yugoslavo no le entregue al Tribunal de La Haya, que le acusa de crímenes de guerra en Kosovo. Slobo está protegido por la Constitución, que establece que ningún ciudadano yugoslavo puede ser extraditado para ser juzgado fuera del país.

Abandonado por sus seguidores y odiado por la mayoría de la población, el ex dictador serbio fue conducido a la prisión de Belgrado, donde fue interrogado ayer por el fiscal durante tres horas. Está acusado de abuso de poder, malversación y enriquecimiento ilícito, delitos menores en quien instigó un proceso de limpieza étnica sin precedentes en la Europa contemporánea.

El arresto marca el punto y final de la carrera política de este apparatchik comunista convertido al nacionalismo más radical, que aprovechó la crisis de Yugoslavia tras la muerte de Tito para alcanzar el poder con la promesa de una Gran Serbia, dominante en los Balcanes. Con el apoyo del Ejército, el control de los medios de comunicación y manipulando el sentido fatalista de la historia de los serbios, Milosevic llevó a su país a cuatro guerras. Primero, fue derrotado en Eslovenia, una república que el caudillo de Belgrado daba en realidad por perdida. Luego declaró las hostilidades a Croacia con el pretexto de proteger a la población serbia en Krajina, donde su Ejército fue aplastado. Más tarde, desencadenó un cruento conflicto en Bosnia, cercando Sarajevo durante meses y masacrando a la población musulmana. Y, por último, llevó la guerra a Kosovo, donde su criminal política de limpieza étnica topó con la OTAN.

LA DESMEMBRACION. Milosevic perdió estas cuatro arriesgadas apuestas, no fue capaz de retener a Macedonia dentro de la Federación Yugoslava y, por último, se enemistó con las autoridades de Montenegro, tradicional aliado serbio que se colocó de parte de la OTAN en el conflicto de Kosovo. Diez años después de la conquista del poder, Yugoslavia quedaba reducida prácticamente a Serbia, una tercera parte del territorio del país en la época de Tito.

La última gran pirueta en el aire de Milosevic fue el descarado pucherazo electoral en las elecciones presidenciales de octubre pasado. La presión internacional y las movilizaciones populares obligaron a dimitir al caudillo nacionalista, abandonado por el Ejército y parte del aparato del Estado, conscientes de que el régimen había llegado a un callejón sin salida.

Maestro del cálculo político, Milosevic tenía una reconocida habilidad para retroceder un milímetro antes del abismo. No dudó en levantar el cerco de Sarajevo o de firmar en Dayton la división territorial de Bosnia para evitar un enfrentamiento con EEUU que nunca quiso.

Milosevic era como esos malos ciclistas que siguen pedaleando en su bicicleta para no caerse. Tras los reveses de Eslovenia y Bosnia, su eficaz maquinaria propagandística convenció a los serbios de que eran la víctima de una gran conspiración de Occidente y movilizó a sus compatriotas contra el enemigo exterior. Los resultados de aquella estrategia están hoy a la vista: Serbia es un país arruinado moralmente y emprobrecido económicamente por la aventura militarista de este megalómano que se creía por encima del bien y del mal.

EL FUTURO JUDICIAL. George Bush, Chirac y la mayor parte de los dirigentes occidentales reclamaron ayer la entrega de Milosevic a los jueces del Tribunal de La Haya, creado precisamente para juzgar crímenes de guerra en Yugoslavia. Su sucesor, el presidente Kostunica, ha mantenido siempre que Slobo debía ser juzgado en el país, aunque ha dado la impresión de ser vulnerable a las fuertes presiones de EEUU y sus aliados que condicionaron la concesión de ayuda económica a la detención del ex líder serbio. No parece imposible que el Gobierno de Belgrado acepte entregarlo a La Haya dentro de unos meses a cambio de la promesa de una rápida integración en la UE.

Milosevic confía todavía probablemente en que saldrá bien librado del juicio que se prepara contra él. Pero no hay que olvidar que el ex dirigente serbio está también siendo investigado por la Justicia por el asesinato de varios rivales políticos, entre ellos, el de su antiguo mentor Ivan Stambolic.

Dice la máxima evangélica que quien a hierro mata, a hierro muere. El único futuro que puede esperar Milosevic es la cárcel, la humillación y el desprecio de sus compatriotas. Parece el justo final para este farsante, cuya cobardía personal sirve de patético contrapunto a la crueldad con que exterminó a sus enemigos.

 

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