AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 6  Abril   2001
#Bandazo lingüístico del PP catalán
Impresiones El Mundo 6 Abril 2001

#El Parlamento catalán exige usar el castellano en Selectividad
BARCELONA. ABC 6 Abril 2001

#Mayor Oreja, un referente moral con fe en la victoria
Impresiones El Mundo 6 Abril 2001

#Limpieza ideológica
Editorial ABC  6 Abril 2001

#Concejales
La Estrella  6 Abril 2001

#Trabas electorales en el País Vasco
La Razón  6 Abril 2001

#Contradicción
ANTONIO GALA El Mundo 6 Abril 2001

#Terrorismo y alegalidad
Carlos Martínez Gorriarán, Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC  6 Abril 2001

#El derecho al asesinato
Pío Moa Libertad Digital  6 Abril 2001

#Dar en el blanco
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 6 Abril 2001  

#El miedo de los concejales
Editorial El Correo 6 Abril 2001 

#El retorno de Ardanza
JAVIER PÉREZ ROYO El País  6 Abril 2001 

#Las carcajadas homéricas de ETA
Lorenzo Contreras La Estrella   6 Abril 2001 

#Madrazo, a GH
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo  6 Abril 2001

#Los cómplices
EDUARDO HARO TECGLEN El País  6 Abril 2001

#Destellos de esperanza
XABIER GURRUTXAGA El Correo  6 Abril 2001

#Bochornoso incidente
Carlos DÁVILA ABC  6 Abril 2001

#El helicóptero de Román Sudupe
ANTONIO BURGOS El Mundo  6 Abril 2001

#¿Fascistas o estalinistas?
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 6 Abril 2001

#La justicia como lotería
José María CARRASCAL La Razón  6 Abril 2001

#Basta ya
ERASMO El Mundo 6 Abril 2001

#Una campaña más
Joaquín MARCO La Razón  6 Abril 2001

#La oscilación del péndulo
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 6 Abril 2001

#Mayor Oreja y Redondo acusan al lendakari de la situación de riesgo de los concejales
VITORIA/BILBAO. J. J. Saldaña/M. Alonso ABC 6 Abril 2001

#«Renunciar ahora significaría un triunfo de esta gentuza y no quiero una sola victoria suya»
MADRID. N. Villanueva/Mª J. Pérez ABC  6 Abril 2001

#La falacia multicultural
Fernando R. LAFUENTE ABC 6 Abril 2001

#Cientos de personas se manifiestan en el País Vasco en apoyo de los ciudadanos amenazados
Libertad Digital 6 Abril 2001

#Más dignidad que miedo
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 6 Abril 2001

Bandazo lingüístico del PP catalán
Impresiones El Mundo 6 Abril 2001

El Grupo Popular en el Parlamento de Cataluña votó ayer a favor de una proposición presentada por ERC en la que se considera que el idioma catalán está discriminado en relación con el castellano. Su portavoz aseguró durante el debate que en la sociedad catalana «no hay ningún problema lingüístico». Resulta notable este giro de 180 grados en un partido que en los últimos años se ha distinguido por sus denuncias sobre la discriminación que sufren los castellanohablantes y por su oposición a la política lingüística de Pujol. Los actuales dirigentes del PP catalán pretenden con ello desmarcarse de las iniciativas radicales y a veces exageradas de Aleix Vidal-Quadras. Pero una cosa es huir de la confrontación excesiva de este dirigente y otra dar un bandazo de semejantes proporciones. No es con incoherencias como se consigue parecer moderado.

El Parlamento catalán exige usar el castellano en Selectividad
BARCELONA. ABC 6 Abril 2001

El Parlamento catalán aprobó ayer una proposición no de ley en donde se solicita que los alumnos puedan recibir una copia del examen de Selectividad en castellano, si así lo piden. La proposición, presentada por el PP, emplaza al gobierno catalán a «reafirmar el derecho de los alumnos a recibir las pruebas de acceso a la Universidad y el resto de exámenes que se realicen en las dos lenguas oficiales de Cataluña, tanto catalán como castellano, en el momento que lo soliciten, reafirmando los derechos de los alumnos y de los profesores a expresarse oralmente o por escrito en la lengua oficial que prefieran».

Las normas vigentes establecen que los exámenes se reparten redactados en catalán y aquellos alumnos que tengan problemas de comprensión, pueden dirigirse al tribunal para aclarar sus dudas. En caso de que sea imposible la aclaración, el tribunal puede entregar un examen en castellano al alumno afectado.

NORMA DISCRIMINATORIA
La aprobación de esta proposición no de ley se produce después de que el pasado 19 de diciembre y a instancias de una denuncia presentada por la profesora de la Universitat Rovira i Virgili, Josefina Albert, el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) dictaminara que esta norma era «discriminatoria» porque sólo prevé que se distribuyan copias del examen en castellano a aquellos alumnos que desconocen la lengua catalana.

La propuesta inicial, presentada por el diputado del PP, Franscesc Vendrell, solicitaba «garantizar» el derecho de los estudiantes a recibir el examen en castellano si así lo solicitaban al tribunal. No obstante, se solicitó la modificación del texto por la expresión «reafirmar». Modificación que ha sido celebrada por el resto de representantes de grupos parlamentarios.

Vendrell aseguró que la cuestión de las lenguas en la Selectividad «funciona bien, pero hay unas pequeñas disfunciones sobre las que este Parlamento debe tomar constancia, aunque son disfunciones que no surgen de una mala voluntad sino de un exceso de celo».

El diputado de CiU, Joaquim Ferrer, felicitó al PP porque con ello «se protege el bien espiritual y cultural que es nuestra lengua». El socialista Josep Maria Carbonell también celebró la corrección, porque «no se puede utilizar el tema de la lengua para crear problemas donde no hay problemas».

Mayor Oreja, un referente moral con fe en la victoria
Impresiones El Mundo 6 Abril 2001

El acto de homenaje a Jaime Mayor Oreja celebrado ayer en Madrid demuestra que el candidato del PP a lehendakari ha concitado en torno a su figura, y a los valores que representa, un respaldo que trasciende al partido político al que pertenece. Allí estuvieron banqueros, empresarios, jueces, fiscales, algunos destacados ex ministros del PSOE como Antonio Asunción y el defensor del pueblo Enrique Múgica, además de ministros y amigos personales. Las presencias más emotivas fueron las de algunas víctimas del terrorismo, como José Antonio Ortega Lara, el funcionario de prisiones que fue liberado tras permanecer secuestrado por ETA durante 532 días o la hermana de Miguel Angel Blanco, cuyo asesinato en julio del 97 fue uno de los momentos más amargos del mandato del ex ministro del Interior. Es precisamente el reconocimiento a las víctimas del terrorismo uno de los legados más importantes de la gestión de Jaime Mayor Oreja. Su primer compromiso formal si logra convertirse en lehendakari tras las elecciones del 13 de mayo tendrá como protagonistas precisamente a los que han sufrido el zarpazo del terror. «Mi primer acto en Ajuria Enea será un homenaje a las víctimas del terrorismo». El ex ministro del Interior se ha convertido en una referencia moral muy importante para la sociedad vasca y española, que valora su valentía a la hora de asumir una responsabilidad que entraña muchos riesgos para él. Riesgos políticos -si no logra su objetivo- y también personales, ya que es el enemigo número uno de los terroristas y sus cómplices. Mayor Oreja tiene ante sí la consecución de un logro que, en las circunstancias del País Vasco, resulta poco menos que milagroso. Pero el primer requisito de un dirigente que pretende una meta tan elevada ya lo cumple. Cree firmemente en su victoria y transmite esa confianza.

Limpieza ideológica
Editorial ABC  6 Abril 2001

La anormalidad política esencial del País Vasco es lo que explica que un Ayuntamiento como el de Zumárraga se haya quedado sin concejales socialistas, cerrando un programa de limpieza ideológica que comenzó con el asesinato del concejal popular, Manuel Indiano. Los cinco ediles del PSE, segunda fuerza en la localidad, han renunciado a su cargo para no tener que vivir permanentemente escoltados, lo que para todos ellos constituía una carga insoportable en su vida personal o laboral. Razones no les faltan. Sólo en el País Vasco puede plantearse algo tan absurdo como la necesidad de que un albañil o una limpiadora lleven escoltas. La decisión de estos concejales es totalmente respetable, pero también sintomática de una sangrante paradoja, en la que unos ciudadanos prefieren correr a solas el riesgo de ser asesinados antes que aceptar una forma de vida restringida, pero, al menos, más protegida.

Las explicaciones de por qué se ha llegado a una situación semejante, que deja sin representantes democráticos a una parte importante de la población de Zumárraga, ya pertenecen a un discurso imbatible. Populares y socialistas han dirigido sus críticas al PNV y a EA, como responsables políticos de la extensión impune del miedo entre los no nacionalistas. De ETA y de HB nada se puede esperar que no sea aumentar las causas directas del terror. Pero del PNV y EA, como partidos democráticos —y muy cristiano el primero— al menos cabría esperar una mayor cordialidad y afecto, algo más de sentido humanitario en su apoyo a estos concejales de Zumárraga y a todos los concejales del PP y del PSE que viven hipotecados por la incertidumbre de si van a morir al día siguiente.

La respuesta nacionalista es la eterna especulación sobre el miedo ajeno que acaba depreciándolo a una mera flaqueza personal. Cuando el rector de la Universidad del País Vasco, Manuel Montero, reclamó el derecho de las víctimas a ser protegidas, Arzalluz hizo gala de su cinismo para espetarle que el miedo es subjetivo. Vamos, que unos son cobardes y otros no. Pero la obviedad venenosa que dijo Arzalluz encerraba ese inmoral distanciamiento del nacionalismo con los ciudadanos que viven atemorizados, que merecen su pesar pero también el juicio de ser víctimas inevitables de un conflicto que ellas mismas generan al no aceptar la vía de solución que el nacionalismo les propone: autodeterminación y soberanía. El nacionalismo oficial no puede aceptar ninguna otra explicación; menos aún que en el País Vasco exista un estado de excepción contra las libertades y derechos de los no nacionalistas. Aceptarlo sería tanto como reconocer su responsabilidad en la situación, después de veinte años gobernando el País Vasco, y por eso se rebelan contra el informe de Gil-Robles y contra cualquier diagnóstico que confirme a la comunidad vasca como el último vestigio europeo del terrorismo y del nacionalismo etnicista.

No cabe exigir mayores sacrificios a los concejales del PP y del PSE. Están dando lo que ninguna democracia occidental reclama hoy día a sus representantes electos, comprometidos con sus ciudadanos en unas condiciones de paz, normalidad y seguridad que han sido borradas del País Vasco. ETA lo sabe y seguirá golpeando por ese flanco ya debilitado, subiendo la intensidad de su limpieza ideológica, tan eficaz en Zumárraga. De esta crítica situación, profundamente antidemocrática e inmoral, es preciso que la sociedad vasca extraiga más lecciones que la de la mera resistencia heroica. La resignación o la trinchera no cambiarán las cosas ni calmarán el ansia totalitaria de ETA ni atraerán al nacionalismo al terreno estatutario. La derrota electoral del PNV/EA y de HB es la única opción para un cambio real en la situación del País Vasco, que no será otra cosa más que la defensa de la ley, la protección de los derechos y las libertades, el ejercicio ecuánime del gobierno y la persecución sin cuartel del terrorismo en todas sus formas. Sin ese cambio, Zumárraga puede ser sólo un aviso.

Concejales
La Estrella  6 Abril 2001

Concejales del PSOE dejan el cargo por causa de la amenaza fantasma de ETA y de la vida bajo la escolta. Un no vivir que algunos ya no pueden soportar y nadie sabe, ¡nadie!, lo que puede durar para los que hoy están bajo la amenaza de las pistolas. La vida y la libertad son atributos imprescindibles del ser humano que nadie puede arrebatar. En esta batalla no hay solución mágica, sino la unidad de todos los demócratas sin excepción.

Trabas electorales en el País Vasco
La Razón  6 Abril 2001

El Partido Popular ha denunciado que la Ley Electoral vasca impone trabas fundamentales a la participación electoral de los partidos de ámbito nacional. La primera de ellas, que el PP no recurrirá al Constitucional porque es demasiado tarde para que tenga efecto, es la obligatoriedad de que los interventores que vigilarán por la limpieza de los comicios sean del territorio (provincia) donde éstos se celebran. La segunda, que sí podría ser resuelta a su favor por la Junta Electoral Central, es la prohibición de la aportación de «fondos procedentes de entidades o personas extranjeras o con domicilio fuera de la Comu- nidad Autónoma». Condición dictada por el artículo 145 de la Ley Electoral vasca que, según el PP, contradice a la Ley Electoral General, en sus artículos 125 al 130, que no condicionan en ningún caso la aportación de fondos al territorio de procedencia.

    La Ley vasca se saltaría así la normativa nacional para hacer una interpretación ad hoc que beneficia claramente a los partidos nacionalistas y dificulta la financiación de los no nacionalistas, especialmente si a la condición «vasca» de las aportaciones se suma que en el País Vasco se impide la donación anónima en las cuentas, lo que puede retraer a los interesados ante la evidencia de que su identificación po-dría convertirlos en blanco del terrorismo.

    Estamos, pues, ante trabas legales nacidas del Gobierno del PNV encaminadas exclusivamente a dificultar las posibilidades de triunfo de los partidos estatales, además de apoyarse en un fondo políticamente muy discutible: que las elecciones autonómicas se regulan «como si no existiera el Estado» en el que éstas se integran. Pero no es así. Las Comunidades Autónomas forman parte del Estado y deben atenerse a su normativa general, y las especificaciones locales no pueden contradecirla, sino complementarla.

    Impedir la participación electoral en igualdad de condiciones es una vulneración objetiva de la democracia. La Junta Electoral debe impedirla.

Contradicción
ANTONIO GALA El Mundo 6 Abril 2001

El rifirrafe, o lo que sea, entre Garzón y la Audiencia Nacional al excarcelar ésta a siete miembros de Ekin plantea un problema grave. Es cierto que el Poder Judicial no tiene por qué servir al Estado en su lucha contra el terrorismo. También es cierto, más aún, que las demoras infinitas en la Justicia no pueden invalidar las pruebas que el instructor ha acumulado, sobre las iniciales, en contra de los acusados. Un poder que tan mal sirve los intereses comunes y que confunde indicios con pruebas está llamado a una reforma de pies a cabeza. Habrá que hacerla. Ya. A costa de lo que sea.

Terrorismo y alegalidad
Carlos Martínez Gorriarán, Profesor de Filosofía. Universidad del País Vasco ABC  6 Abril 2001

RESULTA indudable que tratar del terrorismo es, en el más estricto sentido, algo espantosamente aburrido pero necesario: aburrido, porque es dificilísimo contar algo nuevo sobre el tema; espantoso, porque el terrorismo lo es en sí mismo; pero necesario porque la experiencia ha probado imprescindible volver una y otra vez sobre los mismos problemas, venciendo la doble tentación de huir del aburrimiento y ahorrarse el espanto. No tenemos más remedio que repetir incansablemente las ideas y experiencias elementales sobre lo que es el terrorismo y en qué consiste ser terrorista, esto es, qué fines persigue ese fenómeno y qué clase de acciones lo componen. Y esto con la esperanza de que las instituciones políticas democráticas acaben incorporando esos conceptos para la defensa de la democracia, eliminando vicios conceptuales y falacias diversas. Porque todavía abundan los políticos, jueces, periodistas y teóricos persuadidos de que esto del terrorismo no es mucho más que matar de vez en cuando a un puñado de personas o destruir bienes públicos con diferentes pretextos, algo que no sería en sustancia diferente, salvo en la frialdad y magnitud de los crímenes, al robo de automóviles, el desfalco bancario o el arrebato furioso con resultado de homicidio. Desgracias arbitrarias de la vida moderna de las que sólo pueden protegernos la policía, la suerte o el perejil de San Pancracio.

Viene esto a cuento de lo sucedido con la deliberación judicial sobre el colectivo Ekin, que de momento ha culminado con la liberación de siete de sus miembros, decidido por dos jueces de la Sección Cuarta de lo Penal de la Audiencia Nacional. Pero el colectivo llamado Ekin es, según el juez Garzón y muchos otros eruditos conocedores de ese inframundo, el cerebro político de ETA (si tal cosa fuera posible). Por eso Garzón, que considera a Ekin la estructura político—ideológica de la banda y heredero de KAS, ha decidido su ilegalización. Retengamos dos palabras relevantes de este caso: Ekin era una organización alegal y su función sería la dirección política del terrorismo etarra. Para los que comparten la dañina necedad de creer que el terrorismo es algo así como un arrebato furioso sin sentido, alegalidad y dirección político-ideológica parecen mera verborrea. Sin embargo, son palabras con un significado muy nítido, categórico.

Comencemos por la alegalidad. Esta curiosa figura designa el estatus de aquellas organizaciones que tienen y exhiben una identidad pública pero no constan en ningún registro donde hagan públicos sus responsables, fines y organización. Lo cual significa que todo el mundo sabe lo que son y para qué existen, salvo —oh paradoja— algunos jueces, políticos (por lo general, abertzales) y periodistas (amigos de los anteriores). Puesto que carece de personalidad jurídica y de responsables conocidos, la organización alegal es la pantalla perfecta para manejos turbios y criminales: es posible escudarse tras unas siglas alegales para, por ejemplo, amenazar, perseguir, agredir, extorsionar, etcétera, sin demasiado miedo a las consecuencias legales si uno tiene la habilidad o la suerte de que no le pillen in fraganti. Es lo que han venido haciendo en el País Vasco organismos como la alegal Haika, presuntas juventudes de ETA, y otros muchos colectivos, varios centenares que incluyen desde aguerridas «asambleas de jóvenes» hasta circunspectos «grupos por el euskara».

Los alegales pasan sobres vacíos a los comerciantes con la advertencia de que en unos días pasarán a recogerlos llenos de billetes, exigen mediante amenazas adhesiones por escrito a sus campañas de movilización, empapelan impunemente las calles con carteles difamatorios de sus próximas víctimas, y todo ello con unas siglas bien visibles —esto es importante— a pie de cartel o página. Pero si la víctima audaz se dirige a un juzgado a exigir la protección de sus derechos, pisoteados por el grupúsculo tal o cual, lo corriente es que su denuncia se archive con el pretexto de que tal sigla no corresponde a ninguna asociación legal conocida y de ahí la imposibilidad de actuar contra sus responsables, etc. Luego, algunos lamentan espectáculos como la dimisión de los cinco concejales socialistas de Zumárraga que, de tener la suerte de ser alegales, no tendrían que dimitir ni nada parecido, y tal vez ni siquiera debieran pagar impuestos.

En una conversación privada, un fiscal me definía esta situación diciendo que, en la práctica del País Vasco, la tutela judicial de los derechos ciudadanos ha sido sustituida por la tutela policial. En efecto, cualquier vasco amenazado sabe que es más sencillo conseguir una escolta o protección policial que la acción judicial contra unos amenazadores por lo demás francamente famosos. Cosa tanto más incomprensible en ciudades como, por ejemplo, San Sebastián, donde, como dice el amigo Raúl Guerra Garrido, las fuerzas del orden no tardan ni cinco minutos en llevarse con la grúa cualquier coche infractor mientras que muy raramente se da el caso de que sean detenidos no ya los que pegan miles de carteles con brutales amenazas de exterminio contra personas con foto, nombre y apellidos, sino tampoco los que destrozan bienes públicos y privados que van del gran autobús urbano a la modesta papelera. Bien es verdad que, a diferencia del coche mal aparcado, son actos alegales de difícil existencia administrativa y, por tanto, de compleja detección y detención.

A pesar de las denuncias, las agresiones, extorsiones y amenazas públicas de esos grupos suelen ser archivadas en muchos casos porque el juzgado afectado declara ignorar la identidad de unos responsables que, por definición, son innecesarios en la alegalidad. De este modo, las organizaciones alegales han logrado algo sin duda valioso para ellas: en lugar de la clandestinidad clásica ilegal, en la que se ocultaba el activista clandestino, ahora es la víctima la que debe vivir clandestinamente para sobrevivir a las probables agresiones de los alegales. Así, la alegalidad ha conseguido imponer un estado de ficción jurídica realmente tremendo para sus víctimas y muy cómodo para los verdugos.

La bobada de que ETA es una banda de pistoleros desalmados sin otra dirección que la de sus propios impulsos criminales es otra de esas ficciones. Según esta falsa representación, solamente es terrorista quien actúa como un pistolero, pone un coche bomba o colabora directamente con los autores de esas tropelías concretas. No lo sería, en cambio, quien planifica las operaciones en abstracto, las justifica y proporciona apoyo social. Se ha visto con claridad en el caso Ardibeltza y ahora con Ekin. En fin, la justificación más sublime de esta falsía, favorita de los nacionalistas y sus muchos amigos, es la de aseverar que las ideas no delinquen y todas son igualmente respetables. Sin embargo, hay ideas criminógenas que actúan como verdaderas instrucciones de uso para el terrorismo. Lejos de ser una actividad alocada, el terrorismo es criminalidad al servicio de la toma del poder, buscado para imponer determinados modelos políticos que son incompatibles con la democracia y los derechos humanos.

Es imposible que cuatro o cuatrocientos pistoleros consigan semejante efecto por sí mismos si carecen de una dirección alegal que tome decisiones, elija objetivos y designe víctimas, sostenga el aparato de la organización, rentabilice políticamente los crímenes de los pistoleros, y muchas otras funciones sin las cuales es sencillamente imposible sostener el vasto tinglado llamado ETA. Suele ser raro que los terroristas se salgan con la suya íntegramente, pero en el intento dejan regueros de muertos, sociedades destrozadas y sistemas políticos desencajados. ETA sabe que también puede conseguirlo, y no cejará hasta que la evidencia no le convenza de que tiene la batalla perdida. Pues bien, la ambigüedad o la debilidad ante el truco alegal no ayudan en este sentido, sino todo lo contrario. Esperar que los cerebros de ETA lleven el carné de la banda en el bolsillo y tengan las cuotas al día es una monstruosidad. Por eso admitir esta forma de alegalidad nutre y prolonga la actividad terrorista en todos los sentidos.

El derecho al asesinato
Por Pío Moa Libertad Digital 
6 Abril 2001

Por supuesto, la Iglesia tiene pleno derecho, en una sociedad democrática, a beatificar a sus mártires de la guerra civil, tanto más cuanto que lo hace sin espíritu revanchista. Pero, cada vez que se produce una beatificación de éstas, se levanta la protesta en sectores jacobinos y progres. Para ellos, si la Iglesia reconoce y ensalza a los suyos, reaviva el espíritu de guerra civil y va contra la reconciliación. En cambio, los que protestan pueden ensalzar y exaltar ad nauseam a las víctimas que consideran de su bando, y fomentar un espíritu sectario, falsario y desde luego nada reconciliatorio. Estoy pensando en panfletajos como el de Santos Juliá y compañía titulado Víctimas de la guerra, diseñado para instilar odio, sobre todo en la mente de los jóvenes que no tienen casi idea de lo que realmente ocurrió. Como acertó a decir una vez Anguita sobre la hipocresía de Pujol: "siembra el odio con palabras suaves". Juliá y compañía sustituyen las palabras suaves por lucubraciones seudoimparciales y aun más seudohistóricas.

En el fondo de estas actitudes hay una concepción rara vez expuesta con claridad, pero no menos evidente: los jacobinos –ya quedan pocos marxistas, al menos abiertos– tienen derecho a aplastar a quienes se opongan a sus designios, cuya sublimidad justifica todo: nunca se han conformado con menos de la emancipación del proletariado o del ser humano, y cosas así. Por contra, sus adversarios no tienen derecho a defenderse, y si lo hacen cometen un crimen. En definitiva, los clérigos y cristianos asesinados están bien asesinados, en el fondo se lo merecían y su mejor destino es el olvido, por oponerse al progreso o al "pueblo", de quienes se proclaman representantes los que ahora protestan,.

Afortunadamente, esa actitud está en regresión en la izquierda, aunque sigue presente subliminalmente en actitudes como la vista. Donde se manifiesta de lleno es en el País Vasco. Recientemente, en una cena homenaje a Raúl Guerra Garrido, éste citó algunas frases que se oyen por allá, y que resumen la situación. Un locuelo de Jarrai con la mente envenenada decía que, naturalmente, ellos tienen derecho a matar. Se supone que si a ellos les pagasen con la misma moneda, sería un crimen inexpiable. ¿Por qué? Porque ellos tienen un sublime objetivo, la "construcción nacional" –transformado en la práctica en pesadilla miserable–, que justifica todo. La izquierda jaleó ese objetivo durante largos años: un asesino era "un patriota", y los que provocaban un incremento de la represión resultaban "luchadores por la libertad". Ahora, a esos mismos les llama fascistas y nazis (como llamaba "conservadores" a los comunistas cuando la caída del muro de Berlín). ¡Ah, esa mala y retorcida conciencia de la que no acaba de librarse la izquierda!

Dar en el blanco
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón 6 Abril 2001  

Mientras los asesinos de Eta apuntan a sus víctimas con la pistola o con la bomba, los partidos constitucionalistas deben elegir bien sus blancos democráticos y procurar con inteligencia y capacidad de convicción incidir en ellos el 13 de mayo para devolver el País Vasco al imperio de la ley, a la civilización y al respeto a los derechos fundamentales. En condiciones normales, una estrategia electoral adecuada o errónea se ve premiada con la victoria o castigada con la derrota en las urnas, pero sin que el éxito o el fracaso de unos u otros representen para un país la supervivencia o el abismo. Al igual que en los últimos comicios yugoslavos, cuando la convocatoria decidía la vida o la muerte de todo un pueblo, el sufragio de los ciudadanos vascos no se limitará esta vez a optar entre programas de gobierno, sino que en cada papeleta estará escrito un fragmento del destino colectivo de aquella tierra torturada por el fascismo irredentista.

    En su reciente conferencia en la Academia de la Historia, José Antonio Ardanza se apartó ostensiblemente de las tesis oficiales imperantes en su formación y abogó sin tapujos por el abandono del soberanismo y del frentismo nacionalista. Su exposición dibujó las líneas de una salida sensata y moralmente sólida de la situación imposible a la que Xabier Arzalluz y los que le siguen han llevado a la Comunidad vasca. Gobierno de los partidos democráticos, negación de la identificación de fines con EH y Eta, aparcamiento de cualquier pretensión autodeterminista en tanto que el terrorismo siga actuando, desvinculación de la violencia de un hipotético «conflicto político» y adhesión sin reservas al Estatuto como instrumento de realización del autogobierno, fueron los elementos más destacables de su intervención. Es, por tanto, una evidencia esperanzadora que en el seno del PNV existe una corriente, hoy acallada por el energumenismo de la dirección y la docilidad ingenua de las bases, de contestación al extremismo secesionista imperante en Sabin Etxea.

    ¿Cuál ha de ser, en consecuencia, el público objetivo al que se han de dirigir Jaime Mayor y Nicolás Redondo? A los suyos, por supuesto, de tal manera que se movilicen por completo y nadie se quede en casa por miedo o por desesperación. Y, con la misma atención y esfuerzo, a los militantes y simpatizantes peneuvistas discrepantes de las locuras y de los peligrosos compañeros de viaje de su líder. Sólo si un segmento de cierta significación entre los más moderados de los votantes habituales del nacionalismo adopta la decisión de abstenerse o de otorgar su sufragio a un partido constitucionalista con el fin de salvar a su país de la ruina y de provocar un relevo en el Euskadi Buru Batzar, se producirá el cambio que necesitan los tres territorios históricos vascongados. A eso se han de aplicar el PP y el PSOE porque ahí se encuentra la desnivelación de la báscula hacia el lado de la libertad.

El miedo de los concejales
Editorial El Correo 6 Abril 2001 

La dimisión de los cinco ediles socialistas del Ayuntamiento de Zumarraga ha mostrado los límites de la condición humana sometida a la amenaza directa y al chantaje moral constante con que el ánimo exterminador del fanatismo persigue a los representantes no nacionalistas. La noticia de un hecho tan grave -procedente de una localidad en la que el voto socialista se ha situado a menudo por encima del 30% de los sufragios, llegando a contar incluso con la alcaldía- obliga a detenerse para percatarse del espantoso mal que afecta a la política y a la sociedad vasca, y que no respeta ni los mínimos exigibles a un sistema de representación democrática: elegir y ser elegido sin que la responsabilidad contraída ponga en peligro la integridad propia y la tranquilidad de los más allegados. Los concejales socialistas y todas aquellas personas que, sometidas al acoso directo de la ira asesina de ETA, se resisten a vivir con medidas de protección, no desean ejercer su responsabilidad como héroes dispuestos a la inmolación, sino todo lo contrario: tratan de reivindicar su condición de ciudadanos libres. Se niegan a llevar escolta porque no quieren aparecer ante sus paisanos como distintos. Se niegan a verse acompañados por personas armadas, además, porque imaginar dicha estampa induce en ellos un irracional sentimiento de culpa. La violencia terrorista ha emponzoñado tanto la conciencia social, que la pura indefensión llega a aparecer como la respuesta pudorosa ante la inquina sin tregua con que actúan los asesinos.

La dimisión de los ediles de Zumarraga no es un problema de los socialistas, sino que atañe a toda la sociedad democrática y a sus instituciones. El caso constituye el ejemplo más claro de cómo la mitad de los representantes y de los representados en Euskadi está impedida de ejercer sus derechos de forma plena. Es lógico que Nicolás Redondo anime a sus concejales a «resistir hasta el 13 de mayo», a la espera de tiempos mejores. Pero el auténtico cambio que la sociedad vasca precisa para parar los pies a la barbarie ha de ir más allá de la verosimilitud de la alternancia. Porque sólo cuando cada atentado contra la vida y la libertad se perciba de verdad como una agresión contra toda la ciudadanía, sólo cuando cada concejal amenazado sienta el calor de sus oponentes políticos, podremos comenzar a hablar del auténtico cambio, de la regeneración que la sociedad vasca necesita para reencontrarse en la tolerancia y la solidaridad. Mientras noticias como la renuncia de cinco concejales de un mismo Ayuntamiento cubran rutinariamente las páginas de la excepción que representa el País Vasco respecto a su entorno democrático, y un dirigente nacionalista como Egibar se permita hablar de las «carencias» del PSE-EE, cada dimisión supondrá una victoria del terror frente a la libertad.

El retorno de Ardanza
JAVIER PÉREZ ROYO El País  6 Abril 2001

La inserción del País Vasco en el Estado constitucional español ha sido problemática desde la Constitución de Cádiz. No ha habido ni uno solo de nuestros ciclos político-constitucionales en el que la inserción política del País Vasco no haya estado presente como problema. Y en ningún momento hasta la fecha hemos sido capaces de encontrar una fórmula que diera respuesta a dicho problema de manera comúnmente aceptada.

En mi opinión, la fórmula ensayada con base en la Constitución de 1978, consistente en la articulación de un Estatuto de Autonomía con un sistema de financiación especial a través del Concierto, debería haber sido aceptada como la fórmula idónea, porque es difícilmente mejorable. Ha permitido al País Vasco no sólo diferenciarse de todas las demás nacionalidades y regiones en un elemento tan clave como es la financiación, sino alcanzar además un nivel general de autogobierno como no lo había tenido nunca en el pasado y como no lo tiene casi ningún ente subcentral en un Estado políticamente descentralizado. Es difícil imaginar una fórmula que pueda ir más allá de la que ahora mismo se está poniendo en práctica y que pueda ser compatible con la existencia del Estado español como tal Estado.

De aquí es de donde viene la dificultad de dar respuesta al problema en este momento. El PNV fue el inventor de la fórmula. El nacionalismo vasco se abstuvo en el referéndum de aprobación de la Constitución, pero sí votó favorablemente el del Estatuto de Autonomía, que sólo era posible con base en la Constitución. En el País Vasco el referéndum de ratificación del Estatuto fue materialmente el referéndum de ratificación de la Constitución. El nacionalismo vasco se incorporó a la Constitución no directamente sino a través del Estatuto. Con el Estatuto vasco se cerró políticamente el proceso constituyente de 1978. El único sector políticamente significativo del país que no había aprobado la Constitución, lo hacía de esta manera.

Esta es la razón por la que, con el rechazo del Estatuto de Autonomía, el PNV vuelve a situarse de manera directa y a situarnos a los demás indirectamente ante un problema de naturaleza constituyente. Y a hacerlo en unas condiciones que no son tan dramáticas como las de finales de los setenta, pero que presentan una dificultad tal vez mayor para encontrarle respuesta. Ahora mismo, la fuerza de ETA es mucho menor que la de entonces y no hay riesgo de golpe militar. Pero entonces se pudo contar con el nacionalismo democrático para pactar una fórmula de integración del País Vasco en la Constitución y gracias a ello se la pudo poner en práctica. Sin el concurso del nacionalismo vasco no se habría podido construir el Estado de las Autonomías.

En la actualidad, el concurso del nacionalismo vasco ya no es tan decisivo. En 1979, sin el PNV no se cerraba el proceso constituyente en todo el Estado. Hoy ya no. El terrorismo de ETA no es una amenaza para el Estado español, sino para el Gobierno vasco, como hemos tenido ocasión de comprobar desde la firma del Pacto de Lizarra. Son las instituciones vascas, y no las del Estado o las de las demás comunidades autónomas, las que han quedado en un estado de parálisis. Y las que pueden mantenerse en esa situación de parálisis tras el 13 de mayo, si el nacionalismo democrático persiste en dicha estrategia.

El PNV es el que ha abierto el proceso constituyente en el País Vasco y es el que tiene que cerrarlo. Y mientras esté sometido a la presión terrorista de ETA sólo puede hacerlo volviendo al Estatuto de Autonomía. No está en condiciones, ni de legitimidad ni de fuerza, para poder hacer otra cosa. Es lo que ha venido a decir el anterior lehendakari, José Antonio Ardanza, en su conferencia en la Academia de la Historia. Hay que volver al Estatuto hasta que se haya acabado con el terrorismo. Una vez que se le haya puesto fin, ya veremos si hay que revisar la fórmula de integración del País Vasco en el Estado o no. En todo caso el PNV debe saber que, para hacerlo, está ya fuera de plazo. Ya no puede darse más prórrogas.

Las carcajadas homéricas de ETA
Lorenzo Contreras La Estrella   6 Abril 2001

Puede una democracia, con toda la amplitud de sus hipotecas legales y condicionamientos de Derecho, luchar eficazmente contra una organización terrorista? Ésta podría ser la pregunta clave para dilucidar si ETA, como organización armada, es por hoy batible desde los presupuestos políticos de la democracia española. La posibilidad de ETA para organizarse por círculos concéntricos de socios directos con metralleta en mano, oráculos políticos que le asesoran desde una relativa distancia, militantes disfrazados de letrados que invocan los sacrosantos principios de la Justicia hábilmente mezclados con las artimañas del Derecho, periodistas afines con publicaciones operantes mediante las cuales una consigna mortal puede pasar por ejercicio constitucional del derecho a la libertad de expresión, activistas menores de edad que hacen factible un terrorismo de "baja intensidad" con todas sus capacidades para acabar con la vida de cualquiera, refugiados políticos con toda clase de recursos, incluidos los económicos, para moverse a sus anchas por temporadas en los países de acogida, etcétera, conduce a márgenes de invulnerabilidad bastante patentes.

Han transcurrido demasiadas décadas desde que ETA se asentó en el territorio vasco como para creer a estas alturas en su erradicación por vías políticas. Arzallus dijo una vez en una entrevista de prensa que la banda podía ser derrotable por procedimientos policiales, pero que era preferible su final "dialogado". Estos puntos de vista no han vuelto a ser expresados por su autor en su formulación completa.

De la "solución policial", por ejemplo, se olvidó pronto. En cambio, la famosa "solución dialogada" no ha dejado de alimentar su dialéctica. Según ello, no habría en este problema nada que superase el conocido principio de que hablando se entiende la gente. La cuestión, claro está, es el precio de la paz o de la pacificación, ese concepto favorito de monseñor Setién, ex obispo de San Sebastián, cuya influencia ideológica no da la impresión de haber perdido grados de poder. O sea, diálogo hasta cuándo, con qué límites de claudicación, con qué fronteras a la hora de las concesiones.

El gran muro que se alza entre quienes, a la vista del "conflicto vasco", combaten con armas distintas, viene dado por la existencia de los doctores de la ley. Es lo que acaba de ocurrir y sigue ocurriendo cuando un juez como Baltasar Garzón tira por la calle de enmedio desde su Juzgado de la Audiencia Nacional y salen los de la Sección Cuarta de esa institución con su fuero revisor para decir que el juez se ha pasado, que el Derecho funciona con límites que no se han respetado, que una cosa es la certeza moral y otra la prueba, que no se ha demostrado que un sujeto que brinda ante la noticia de un asesinato de ETA sea un abogado de la banda y que, en definitiva, no cabe operar judicialmente sólo con indicios, sospechas, presunciones y elementos de parecida naturaleza.

Y entonces, cuando el juez que ordenó detener a los presuntos integrantes de ETA a través de una organización "supuestamente " paralela llamada Ekin, se ve ante la realidad de que la Sección revisora de sus autos aprecia la necesidad de poner en libertad a la mitad de los detenidos, en lugar de acatar la revisión con todas sus consecuencias, lo que hace es ilegalizar a la organización, lo cual es tanto como meter en la cárcel al instrumento que motivó las detenciones y encarcelamientos de sus utilizadores.

Puestos fuera de la ley el negocio y en libertad los forajidos que lo sirven, sólo hay en la práctica un vencedor, por encima de los principios que unos y otros se pasan por el arco del triunfo. Y ese ganador no es otro que ETA, cuyo regocijo ante el espectáculo de la pelotera institucional dentro del marco democrático debe provocar en sus guaridas carcajadas homéricas.

Madrazo, a GH
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo  6 Abril 2001

Ahora que la movilización de la clase política ha conseguido el triunfo de la libertad y las buenas costumbres en el guiñol de Gran Hermano, ahora que se han vulnerado todas las normas de concurso y se ha admitido que los poderes fácticos son más fácticos que la audiencia, admisión dolorosa aunque necesaria, lo que toca es meter en lugar del desalojado matón de Hospitalet al primero en actuar políticamente contra esa intolerable violencia del desayuno teatralizado entre dos mayores de edad que duermen juntos de verdad y ante las cámaras. Ese héroe de la paz y el buen trato al prójimo fue ni más ni menos que Javier Madrazo, marcando una línea que han seguido como borregos todos los partidos políticos sin apenas excepción. Es justo que se le recompense con una oportunidad de chupar cámara durante varias semanas, que siempre le reportará más votos que la campaña electoral. Es justo también que se le dé la oportunidad de ganar los 20 millones del premio para que los done a la Udalbiltza, ese proyecto de euskoparaíso municipal nazi siempre necesitado de fondos.

Es además muy conveniente que Madrazo explique a una sociedad que dice rechazar horrorizada la violencia doméstico-sexual por qué hay que echar de un concurso de la telebasura a un fulano macarroide pero es justo y bueno pactar con la ETA un proyecto político como el de Estella para instaurar un sistema político totalitario, cuyo primer paso es realizar el censo de los vascos fetén, patriotas con carné, para proceder luego a la eliminación, ya en marcha, de la mitad de la población vasca y la mayor parte de la Navarra, que, de forma incomprensible, se niega a ingresar en ese futuro esplendoroso, entre cubano y camboyano. Probablemente Madrazo tendrá también argumentos para justificar el tiro en la nuca del maltratador televisivo, ya que sus socios y amigos no han vacilado en liquidar a presuntos traficantes de droga que corrompían a la sana juventud euskaldun, la raza elegida. Luego resulta que no eran corruptores sino competidores y que los terroristas actúan bajo el efecto de valor prestado de la cocaína, el speed o el crack. Pero ninguna revolución se ha hecho sin arrostrar dolorosas contradicciones. Y como sólo triunfan si las víctimas no son los revolucionarios, esas contradicciones se afrontan con entereza, incluso con alegría, brindando por los cadáveres enemigos con champán. Madrazo es capaz de explicar eso y más, porque ha sido capaz de firmar lo de Estella y de mantenerse desde entonces, heroicamente, en contra del bando de las víctimas. No sé cómo irá la audiencia, pero todo sea por la edificación moral de la sociedad. Hala, Madrazo.

Los cómplices
EDUARDO HARO TECGLEN El País  6 Abril 2001

De todas las imágenes de la última muerte, me impresionó mucho la de los concejales de EH sentados, sin votar la condena por el asesinato de uno que se sentaba entre ellos. Debe ser muy difícil estar así, con el rostro pétreo, ante gritos e insultos. Supongo que es fruto de una pasión nacionalista que no puedo sentir. Pero aún es peor entrar en un bar pistola en mano y matar a alguien indefenso, inocente. Pienso en los que tienen esa actitud sin manifestarla, o alegrándose en secreto: doscientos, trescientos mil.

Se verá en las elecciones movidas por el PP y por el PSOE, ver que cuando las pierdan la tragedia será mayor. Pero es duro pensar que en un núcleo pequeño de población, dos o tres cientos de millares aprueban un muerto tras otro. ¿Son los cómplices de las pancartas de la manifestación? Otra idea maldita: esa ambigüedad. Ideólogos tontos y torvos van moviéndose a fuerza de equívocos hacia el desastre común. Por la libertad, la Constitución y el Estatuto, decían en su pacto solidario. ¿Son tres cosas que se pueden unir? Si uno no acepta las tres formas ni cree en la libertad que concede Aznar, se vuelve cómplice a los ojos de estos mentecatos. Los cómplices, ¿quiénes son? ¿Los verdaderos cómplices judiciales, los chivatos, los que dan nombres e itinerarios y descripciones de coches? No, ésos son mucho más que cómplices. ¿Se refieren a los que no condenan? Ésos parecen ser unos Pilatos: o sea, culpables de otra manera. Deben estar en su derecho: si no, estarían encarcelados. ¿O se apunta al PNV, para seguir la ofensiva electoral, la alusión a que de ellos salen las normas o las doctrinas que se desmandan hasta el asesinato? En una situación muy grave, en un momento en que los mismos manifestantes contra el crimen están hablando de guerra civil, no creo que estas insinuaciones calumniosas sean legales. Digo 'legales' en el sentido en que se dice ahora: 'Ése es legal'. O sea, honesto, de fiar. No sé a quién se le ocurrió: a una mente retorcida, a un provocador. A alguien más raro que Aznar, menos simple que Mayor. Quizá pensó en esos 200.000 votos que van a ir a los que no condenan, porque lo aprueban. Los iluminados, los patriotas, los que creen en su propia raza como en un designio divino. He visto tantos, con tan distintas etiquetas: y, sin embargo, aún me asombro de que existan.

Destellos de esperanza
XABIER GURRUTXAGA El Correo  6 Abril 2001

La actual política vasca deja pocos resquicios para que la esperanza tenga lugar propio entre los vascos. Es tal el grado de enfrentamiento y de disputa; es tal la sensación de fracaso colectivo que existe que hoy, francamente, resulta difícil vislumbrar a corto plazo escenarios menos cerrados que el actual. Las estrategias que se han ido configurando estos dos últimos años no permiten ser optimistas; aún cabe la posibilidad de que tras las elecciones -salvo actuación responsable- la inestabilidad institucional y el desgobierno puedan llegar a convertirse en los rasgos más característicos de nuestro ‘hecho diferencial’. Sin embargo, no existe ningún determinismo histórico por el que estemos obligados a transitar por ese círculo infernal.

El futuro no está escrito, aunque el pasado reciente y el presente lo condicionan de manera importante. Pero en ese futuro inmediato que se abre es perfectamente posible articular espacios de diálogo y de convivencia. Es factible abrir un nuevo periodo basado en la estabilidad institucional y en la gobernabilidad. No se avanzará hacia la paz ni hacia un mayor autogobierno si no es en el marco de la estabilidad y lealtad institucional. Es preciso abandonar estrategias que se fundamentan y se alimentan de la fractura política.

Si desde el Pacto de Lizarra algunos pretendieron en nombre del soberanismo desarrollar una política de exclusión de los no nacionalistas -y por eso mismo aquéllo resultaba totalmente rechazable-, tampoco es admisible que otros, en nombre del constitucionalismo y de la libertad, pretendan la exclusión y marginación del nacionalismo. Ambas estrategias perjudican seriamente el logro de una sociedad cohesionada e integrada. Ese futuro es posible y, por eso mismo, es realista dejar un sitio entre nosotros a esa esperanza.

Esta misma semana se han producido tres destellos de inteligencia; se han pronunciado palabras sabias que pueden ayudar a abrir camino a ese futuro de cohesión, convivencia e integración que muchos anhelan. El domingo, Rodríguez Zapatero apelaba a la necesidad de refundar la convivencia entre los vascos, y proponía la refundación del pacto estatutario. Un día antes Ibarretxe realizaba un llamamiento novedoso al afirmar que si el nacionalismo quiere seguir liderando Euskadi debe manifestar claramente su «compromiso con la estabilidad institucional» y el «compromiso con la vida» por encima de la defensa de los proyectos políticos. Ambas manifestaciones abren un portillo a la esperanza, pues permiten desarrollar políticas transversales dirigidas al entendimiento y a la integración. Pero es Ardanza quien señala con acierto que la verdadera singularidad constitutiva del pueblo vasco reside en su compleja pluralidad y subraya que si entramos en razón reconoceremos la imperiosa necesidad de apostar por gobiernos sólidos de integración. A veces surgen mentes inteligentes que constituyen destellos de esperanza.

Bochornoso incidente
Por Carlos DÁVILA ABC  6 Abril 2001

A veces sí que parece que «España sea el peor país del mundo», según la estupenda bufonada de Zapatero. Aquí pueden ocurrir sucesos como que una Policía realice «ejercicios de simulación» a la vera de una carreterilla angosta que lleva a la televisión. Es como de chiste, si no fuera porque lo ocurrido con Mayor no es una broma: o es una sinvergonzonada para meter terror en el cuerpo al aspirante, o es una estupidez flagrante, o es lo que en principio pareció: un intento de atentado. Los i-responsables políticos de la Ertzaintza, en su cómica explicación, han llegado al insulto, han convertido a la presunta víctima en culpable: «Mayor es un imprudente». O sea, que hay que ofrecer algún detalle más del incidente. Tres: que no es verdad, como han dicho los jefes políticos de la Ertzaintza, que el aviso de sus agentes al jefe de Seguridad de Mayor se hiciera en el «curso de una conversación informal»; que es una mentira colosal que la Brigada Móvil del Cuerpo que tiene su cuartelillo al lado de la Televisión, conociera las maniobras; y que es una falacia impresionante afirmar que Mayor y sus escoltas fueran informados de todo «en cuando cundió la alarma». Lo cierto es esto: que el jefe del ertzaina estaba más asustado que un crío con paperas cuando le pidió, agitadamente, al jefe de Protección de Mayor Oreja, que «no salieran del edificio hasta que se sepa adónde apuntan los lanzagranadas». Lo es, también, que la citada Brigada Móvil no tenía la menor noticia de las maniobras, y que se espantó cuando supo que las lanzagranadas miraban al estrecho camino por el que iba a pasar Mayor. Y lo es, finalmente, que fue el jefe superior de Policía de Bilbao quien tuvo que preguntar a sus homólogos de la Ertzaintza qué estaba pasando.

Y una pregunta: ¿se le puede ocurrir a alguien medianamente consciente ordenar un «ejercicio rutinario» a las puertas de una Televisión por las que entra todo el mundo, y a la que se llega, tras cruzar un caminito casi de cabras? Pues sí: a Balza, un inútil de alto copete. Y esto, sí se le cree. Otra hipótesis es la del atentado. La última, la de las ganas de meter miedo al aspirante.

El helicóptero de Román Sudupe
ANTONIO BURGOS El Mundo  6 Abril 2001

Las recurrentes y eternas dos Españas tienen ahora otra versión. A saber: la España escoltada y la España escoltante. La España que necesita escolta, léase Constitución y Estatuto, y la España que no la necesita, léase soberanismo. El epitafio famoso de Larra dice ahora: «Aquí está media España, escoltada por la otra media.» Por no querer llevar escolta, Zumárraga se ha quedado sin concejales socialistas. Unos tanto y otros tan poco. Lo que darían muchos por ser concejales de Zumárraga, sólo por poder presumir de escolta. Los carguillos, barandas y barandillas, se dan una importancia con los escoltas...

Sé de un presidente autonómico que cada día acude al gimnasio para mantenerse en forma. Media hora antes de que llegue, el gimnasio es registrado planta por planta por sus escoltas. Revisan la cinta de correr, las máquinas, la sauna, el jacuzzi, las espalderas y hasta los cuartos de baño. Cinco hombres como cinco trinquetes azacaneando a las 7 de la mañana, para que el señorito corra en la cinta. Para él, los escoltas no son hombres ni ángeles del cielo, sino cosas. Le importa un bledo que sean las 7 de la mañana. Como si son las 2 de la madrugada. Los socios del club, mientras, piensan: «¿Y este hombre no se podría comprar una bicicleta estática y hacer ejercicio en su casa?»

Es como lo de Román Sudupe, que gracias al helicóptero que lo rescató del monte sabemos que se va a hacer senderismo o montañismo con cuatro escoltas. ¿No podría comprarse también una bicicleta estática este Sudupe, en vez de tirarse al monte con los escoltas puestos?

Yo quiero hacer en tiempo y forma la reivindicación de la dignidad profesional de esos escoltas a los que tienen como hetairas por rastrojo, llueva o ventee, mientras los protegidos están de copas, o de amiguetes, o en el puticlú. Mire usted, si está usted protegido, empiece por proteger la dignidad de los profesionales de su seguridad, que están dispuestos a dar su vida por usted. Por usted que ni los considera seres humanos y los trata como cosas.

Como en mi tierra hay sentido del humor hasta ante lo más grave, la clave del dispendio y desprecio de escoltas de Sudupe la dio el escolta que protege a un amigo mío. Con el periódico del rescate del helicóptero en la mano, este policía ejemplar le dijo a su escoltado: «Por favor, don Carlos, no se le vaya a usted ocurrir hacer pesca submarina, porque es que yo no sé nadar...»

¿Fascistas o estalinistas?
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 6 Abril 2001

J. F. Revel ha denunciado como un error la calificación de los etarras como fascistas. Él los considera estalinistas. Un lector me recordaba hace poco que en todo caso habría que distinguir entre el fascismo de Arzalluz y el estalinismo de Otegi. Hay un punto en el que para mí la cosa es clara: unos y otros son totalitarios y como tales tienden a la eliminación del que disiente. Después hay un reparto de funciones: uno defiende la necesidad de un censo y otro lo fabrica; uno condena políticamente a un ciudadano y otro le asesina.

La historia de ETA no deja lugar a dudas sobre la naturaleza leninista de esta organización. Si nació de una costilla del PNV, enseguida se instruyó con los clásicos y se entrenó en los campos de Libia, Argelia o Cuba. A ETA no la ha apoyado ciertamente Le Pen ni los residuales extremismos de la derecha española han colaborado con el nacionalismo vasco. En todo caso han estado en contra de éste. Ésta es la realidad y de nada vale el empeño academicista en encontrar paralelismos, descontextualizados, voluntaristas. ETA es una organización consecuentemente estalinista y de ahí que los disidentes de ella hayan buscado su sitio en la izquierda democrática. No precisamente en la extrema derecha como hubiera sido lógico en el caso de que hubieran sido fascistas o euskonazis. Por la misma razón Madrazo y Llamazares no sienten repugnancia política en aproximarse a ETA a través del pacto de Estella. Consideran recuperable el izquierdismo leninista de ETA. Les valdría con que abandonaran la pistola. De hecho la propensión de la izquierda española a entender las tesis nacionalistas, a comprender las aspiraciones a la independencia, a considerar que España ha sido un error como Estado... indica un reconocimiento de «todos» los movimientos nacionalistas vascos. La izquierda española, como escribí en «La izquierda y la nación», ha legitimado las estrategias políticas aunque no haya aprobado sus métodos.

¿Por qué se les llama fascistas? En buena medida para distanciarse. El estalinismo es algo que se considera condenable y espantoso pero cercano, comprometedor. Sin embargo, el fascismo ha sido lo ajeno, el enemigo, algo de lo que no puede acusar a las gentes de izquierda. Por otra parte, aquí, en España y en toda Europa, el término fascista ha tenido una carga peyorativa que no tenía estalinismo. Se consideraba que el fascismo era una perversión mientras el estalinismo era una exageración. Así que puestos a buscar calificativos, el de fascismo o nazismo resultaba más mordaz que el de estalinismo. Pero nada de esto importaría demasiado, quedaría en mera discusión terminológica, si con ello no perdiéramos de vista que el proyecto de ETA y de sus organizaciones paralelas en la vida civil es el de una sociedad concebida según los cánones estalinistas.

Importa también mucho esta cuestión en la medida que afecta a la historia más cercana, al comportamiento de los partidos en relación con España. La verdad, la terrible verdad, es que ha habido una proximidad «política» entre la izquierda democrática española y ETA: cuando un partido saca la pancarta de la autodeterminación por la que otros están asesinando, está reconociendo implícitamente su proximidad a éstos. Por esa razón, una forma de cortocircuitar esas responsabilidades es calificar de fascista a ETA. La otra forma ha sido apoyar al nacionalismo «democrático», y la verdad es que eso fue funcionando bien hasta que el PNV dejó Ajuria Enea y se alió con el estalinismo. Al quitarse la careta Arzalluz, al asumir éste el compromiso con el estalinismo, ¿qué podían hacer ya los partidos sensibles a las reivindicaciones nacionalistas mantenidas a tiros por ETA?

Queda en el aire la cuestión de la alianza del PNV con EH/HB, el descenso de unos democristianos al abismo estalinista. El abrazo en el Mal.

La justicia como lotería
José María CARRASCAL La Razón  6 Abril 2001

Francamente, no lo entiendo y sospecho que no lo entienden la inmensa mayoría de los españoles: O Ekin es el aparato político de Eta, como dice el juez Garzón, en cuyo caso todos sus miembros deben estar en la cárcel, o no lo es, como dicen otros dos magistrados de la Audiencia Nacional, en cuyo caso ninguno debe estar encarcelado. Lo que no se concibe es que unos estén encerrados y otros en libertad, perteneciendo todos al mismo organismo, compartiendo métodos y persiguiendo los mismos fines. Pero esto es lo que ha hecho la sala Cuarta de dicha Audiencia, sembrando el desconcierto en la escena jurídica, el desaliento en la opinión pública y la euforia entre los que tratan de socavar nuestro Estado de Derecho.

    Y como ni remotamente creo que a ninguno de los magistrados envueltos en el triste episodio le hayan movido razones bastardas, lo atribuyo al caos que reina en nuestra Justicia. Garzón ha visto una clara relación entre Ekin y Eta, sus dos colegas no lo han visto claro y la Sala prefirió no quitar la razón a uno ni a otro, dando a cada parte la mitad del niño. Lo que no ha hecho más que aumentar la confusión. Si no era bastante que tres magistrados discreparan en asunto tan vital, llega el pleno y se tira de cabeza al pozo. Va a costarles Dios y ayuda convencer a los españoles de que esto es Justicia auténtica y no una olla de grillos.

    Ya sé que la presunción de inocencia es uno de los principios básicos del Derecho. Pero el Derecho admite también una «presunción de culpabilidad», que en este caso parecía evidente y sin el que la mayoría de los delitos ni siquiera llegarían a juzgarse. ¿Por qué ha habido magistrados que no lo han aplicado en este caso? Habrá quien hable de miedo o de algo peor, pero no lo veo así. Pienso, sencillamente, que esos dos magistrados «liberacionistas» dejaron llevar por el concepto de «Justicia estricta», esto es, por la interpretación más restrictiva de los códigos, mientras Garzón sopesó también las circunstancias que rodean al alegado delito. Cada cual tendrá su opinión sobre el tema, pero ya Terencio nos advirtió que «la Justicia más estricta puede ser la mayor de las injusticias». Lo que con ello quería decir era que el juez que se limite a la aplicación estricta de la ley, sin ver más allá ni más acá de la letra de los códigos, es un juez robotizado, primitivo, ineficaz y nocivo. Su equivalente sería un médico que se limitase a prescribir a cada paciente lo que indican los manuales de patología, sin atenerse a la primera norma de la medicina «no existen enfermedades, sino enfermos». «La Justicia es un cachondeo», decía Pedro Pacheco. Más bien me parece una lotería. Todo depende de que el juez vea el caso en el marco estrictamente legal o incluya también las circunstancias. Lo que origina las sentencias más dispares para los mismos delitos. Como en este caso. Es otra prueba de que nuestra Justicia necesita una restauración a fondo antes de que caigamos en el peor cáncer de una democracia: la inestabilidad jurídica.

Basta ya
ERASMO El Mundo 6 Abril 2001

Savater, sus cofrades magníficos, convocan de nuevo a las gentes, cuando al pensador -en las dianas y graffiti que los matarifes perpetran en los muros del Norte- injurian con denuestos abominables. Piden libertad, deploran el terror, convocan de nuevo a la ciudadanía -28 de abril, Donostia- a no tener miedo al miedo mismo. ¿Qué hacer? Reescribir la canción: We do need/some other heroes.

Una campaña más
Joaquín MARCO La Razón  6 Abril 2001

Sabe muy bien Eta que nuestro talón de Aquiles es el turismo. Y la campaña de amenazas a las zonas más frecuentadas por nuestros visitantes (unos cuarenta y ocho millones, en su mayoría europeos) ha logrado más resonancia de lo que se esperaba, pese a que su éxito final resulte por fortuna más que dudoso. Los encapuchados que aparecen amenazantes en un canal de la televisión belga, alemana o británica no van a disuadir a quienes deseen sol y playa -y aún menos a quienes visiten nuestras ciudades y monumentos-. No les van a disuadir de acudir en masa, como vienen haciéndolo en los últimos decenios. Campañas parecidas las intentaron en otras ocasiones y lo único que sorprende es la acogida que les dispensan ciertos gobiernos y medios, prueba evidente de que la UE deja mucho todavía de poder ser considerada como un ente político consistente. Y no sólo porque ha resultado ineficaz para discutir un tratado pesquero con Marruecos que el Gobierno español, por sí solo, lograba habitualmente, sino por no pretender siquiera erradicar, perseguir con eficacia y exterminar a una banda terrorista que desea el debilitamiento social, político y económico de uno de los países miembros. Algunos periodistas presentan todavía a los etarras como parte de un más amplio Movimiento Nacional de Liberación Vasco. Las víctimas, los destrozos, las familias afectadas o los bienes de los ciudadanos, el clima de terror que obliga a que políticos, intelectuales, concejales electos, cocineros de prestigio y un largo etcétera de no nacionalistas tengan que andar por la vida con escolta no se entiende como noticiable, ni parece afectarles en demasía.

    Los esfuerzos de Francia (donde reside la cúpula, los explosivos, el armamento y los más importantes activistas del terror) han sido simbólicos y puntuales. La campaña de temor que han introducido ante la próxima temporada turística que se presenta con más restricciones (porque la economía europea no atraviesa un momento espectacular) merece cierta reflexión: es probable que el próximo verano el número de visitantes resulte algo menor. Pero, si lo es, no será por efectos de la «campaña» de esta organización. Cuando se haga el balance del año, su incidencia se verá reducida a la nada. Puesto que parecen disfrutar tanto con la aparición en las cadenas televisivas pertrechados de pasamontañas, habría que alentarles a imitar el papel de Subcomandante Marcos.Muchos apoyaríamos su marcha a pie, hasta Cádiz, Melilla o hasta Madrid, si lo prefieren, cubiertos sus elegidos rostros, a cambio de que su única arma fuera la dialéctica. Desde la democracia puede defenderse y aún negociarse todo sin el chantaje de la violencia y de la muerte. Los pasamontañas pueden intercambiarse, aunque la vida y la seguridad de los ciudadanos sean considerados como materia intratable. Sus campañas van a incrementar su ancestral frustración. Lean a los clásicos modernos, Unamuno o a Baroja, vascos ellos -aunque no nacionalistas- y aprendan.

La oscilación del péndulo
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 6 Abril 2001

Intimidados por el reciente asesinato de Froilán Elespe, acosados por la violencia de la kale borroka, deprimidos por las encuestas, se desparrama un inquietante goteo de dimisiones de ediles socialistas en el País Vasco.

Denunciados por Herri Batasuna, amenazados por ETA, son el perfecto blanco de la diana asesina de quienes pretenden que el «péndulo patriótico», título de un trabajo histórico sobre el nacionalismo democrático que acaba de presentarse, vuelva al Pacto de Ajuria Enea tras haberse estacionado en el Pacto de Lizarra.

Como si fuese una siniestra guadaña, la oscilación del péndulo nacionalista va segando, una tras otra, cabezas municipales y, cuanto más velozmente oscila, más concejales socialistas corren el riesgo de ver podadas las suyas, en esta larga primavera electoral, por los jardineros del terror. En su cogote, sienten el aliento asesino de aquellos que buscan impedir que la pasada alianza del PSOE con Ardanza se reedite en una hipotética y, hoy por hoy, improbable futura colaboración con Ibarretxe.

Ya puede jurar Redondo en arameo contra todos los nacionalistas, y ayer en Rentería se despachó a gusto, que «la autoridad militar competente» de los pistoleros no le presta la más mínima atención y, por el contrario, fija atentamente su mirada en las muy discretas reuniones que mantiene Zapatero, a la vez que acecha oportunamente las nucas de los socialistas que pueda tener a tiro de pistola.

Sólo faltaba la importante conferencia de Ardanza en Madrid, bien arropado por destacados dirigentes del socialismo, para que desde Euskal Herritarrok haya sido interpretada como un primer proyecto de programa gubernamental entre Ibarretxe y Zapatero.

No es así, pero para quienes se mueven en la clandestinidad terrorista toda sospecha es ya una evidencia y, en cualquier hipótesis, más vale prevenir la oscilación del péndulo que tener que curarse de un péndulo oscilado.

Fracasado el Pacto de Lizarra necesitan un Pacto de Lizarra al revés y, en consecuencia, es la hora de la vuelta de tuerca asesina sobre los concejales socialistas. Este «péndulo patriótico», que oscila entre Lizarra y Ajuria Enea, será cada vez más una espada de Damocles, que pende sobre las cabezas de los ediles de la rosa, mientras no termine su oscilación cuando se cierren las urnas autonómicas.

Difícil reto para un socialismo vasco, obligado a vivir bajo esos ángeles de la guarda que son los escoltas, que no vive sus mejores momentos. Ayer, intentó reanimarlo Redondo en Rentería. No ha sido suficiente. Mañana, la tentativa de reanimación correrá a cargo de Zapatero en Vitoria. Es toda una escarpada cuesta la que deberá recorrer hasta la festividad de la Virgen de Fátima. Entonces sabremos si el péndulo ha oscilado o también se lo ha llevado por delante.

Mayor Oreja y Redondo acusan al lendakari de la situación de riesgo de los concejales
VITORIA/BILBAO. J. J. Saldaña/M. Alonso ABC 6 Abril 2001

Jaime Mayor y Nicolás Redondo responsabilizaron ayer al Gobierno vasco de la situación que viven los concejales no nacionalistas. Mayor instó a Juan José Ibarretxe a «hacer algo» para demostrar «una solidaridad activa» hacia ellos; Redondo acusó al Ejecutivo del PNV de haber dejado que se extienda la «impunidad». Mientras, el lendakari no mencionó el asunto en sus intervenciones públicas y cumplió su agenda sin variaciones.

Mayor Oreja, candidato del PP a lendakari, coincidió ayer con el candidato del PSE, Nicolás Redondo Terreros, en responsabilizar al Gobierno vasco de la cascada de dimisiones de concejales socialistas de Guipúzcoa por la situación de riesgo y de falta de libertad en la que viven los ediles no nacionalistas —en total 350 familias— por defender sus ideas.

A pesar de los llamamientos que realizaron los candidatos del PP y del PSE a las instituciones vascas, el lendakari y candidato por el PNV-EA, Juan José Ibarretxe, no hizo mención a este asunto en los actos programados en su agenda oficial. En el acto de entrega de los premios José Mari Korta, asesinado por ETA el pasado año, Ibarretxe se limitó a destacar ante una nutrida representación de empresarios su «tesón», una virtud que, según dijo, también es necesaria para conseguir la paz.

«ESCÁNDALO POLÍTICO»
Por su parte, tras reunirse con representantes de los Jóvenes Empresarios del País Vasco (Ajesbak) en Vitoria, Mayor Oreja destacó que, en democracia, el asesinato de concejales es un «escándalo político de primera magnitud» y manifestó que el Gobierno vasco «debería hacer muchas más cosas, se le tendrían que ocurrir muchas más cosas» para mostrar «su solidaridad activa» a estas familias en una situación tan terrible, que «no se da en ningún otro lugar del mundo».

350 FAMILIAS
En este sentido, hizo hincapié en que «es malo que no se le dé la importancia y la trascendencia que se merece» al hecho de que los 350 concejales no nacionalistas tengan que llevar escolta porque su vida corra peligro por representar a sus pueblos y defender sus ideas, así como al hecho de que nueve de ellos hayan sido asesinados. Mayor Oreja instó al Ejecutivo vasco a «rectificar» su posición, ahora que «todavía está a tiempo», y que haga algo para mostrar su solidaridad con estas personas, frente a su actitud de «alejamiento o de insuficiente proximidad a la tragedia de estas familias». Mayor Oreja rechazó que concejales del PP vayan a seguir los pasos de los seis concejales socialistas que han preferido dimitir de sus responsabilidades antes que llevar escolta, a pesar de continuar bajo la amenaza de ETA, y mostró su confianza en que «la inmensa mayoría» de los cargos electos de ambos partidos seguirán desarrollando «su tarea ejemplar».

Nicolás Redondo Terreros dio por resuelta la crisis provocada por la renuncia de los concejales. Tras calificar a los cargos municipales de «infantería de la democracia y la libertad», opinó que es «lógico y comprensible» que los ediles presentaran su dimisión porque quieren vivir con libertad.

En un acto organizado por el PSE en Rentería para trasladar la solidaridad de su partido a los ediles socialistas de Guipúzcoa, que son «gente normal y corriente», no «héroes», Redondo exigió que se «termine el regocijo» de quienes hayan podido contemplar con indiferencia la situación registrada en Zumárraga y denunció a los «responsables directos del miedo», así como a los «responsables políticos que han dejado que la impunidad se extienda», indicó en referencia al Gobierno vasco.

DEFENDER LA LIBERTAD Y LA JUSTICIA
También agradeció la labor de los electos municipales socialistas en una «situación dramática» y les animó a «seguir trabajando por sus ideas, sus sentimientos y sus ideales» en la defensa de la «libertad y la justicia».

Refiriéndose a la situación concreta de Zumárraga, donde los cinco concejales socialistas han presentado su dimisión por negarse a llevar escolta, aseguró que «si sucede lo que ha sucedido es que algo no funciona bien en una sociedad democrática, que parte de la sociedad democrática está enferma».

En este sentido, agregó que «la única forma de sanar esa enfermedad es que la gente normal y corriente, como lo son los concejales socialistas, vayan el 13 de mayo a las urnas a liberar el País Vasco» mediante el «instrumento del voto».

Al acto asistieron varias decenas de ediles socialistas, entre ellos el alcalde de Rentería, Miguel Buen; el alcalde de Irún, Alberto Buen; el alcalde de Ermua, Carlos Totorica; el de Eibar, Iñaki Arriola, y multitud de concejales guipuzcoanos.

ESPERANZA DE CAMBIO
El secretario general del PSE en Guipúzcoa, Manuel Huertas, dio lectura a un «Manifiesto por el cambio y la libertad» en el que se apunta que «el verdadero problema vasco hoy es un problema de falta de libertades».

Dividido en siete puntos, el manifiesto sostiene que «el movimiento totalitario ETA no cerrará la voz de la izquierda vasca», apela al relevante papel del municipalismo en la reacción contra el terrorismo, denuncia la «falta de seguridad» ciudadana que conduce a situaciones como las dimisiones de concejales, y manifiesta una esperanza de cambio tras las elecciones del 13 de mayo. «Nos vamos a volcar para que se traslade a las urnas la rebelión democrática que este país necesita», sostiene.

«Renunciar ahora significaría un triunfo de esta gentuza y no quiero una sola victoria suya»
MADRID. N. Villanueva/Mª J. Pérez ABC  6 Abril 2001

Amanece en el País Vasco, pero de forma distinta a la del resto de España. La niebla se cierne sobre una Autonomía en la que los derechos y libertades más elementales se ven segados por el terror que imponen ETA y sus acólitos. Cientos de concejales no nacionalistas, que trabajan por ganar la batalla a la dictadura del miedo, aspiran a ver la luz al final del túnel.

Son jardineros, asistentes sociales, fontaneros, amas de casa, comerciantes, sindicalistas, estudiantes... Su «delito», haber sido elegidos concejales. Pero 350 ediles del PP y PSE en el País Vasco tienen algo más en común: cada mañana cuando salen de casa les espera un escolta que no se separará de ellos hasta que regresen a esa única parcela que les queda de intimidad. En todo momento son conscientes de que «cada día puede ser el último». Éste es el balance de veinte años de gobierno nacionalista: un Ejecutivo autonómico que no precisa protección y una oposición que no puede vivir sin ella.

ETA ha ampliado el abanico de sus objetivos a través de una intensa campaña que hoy apunta directamente a los concejales no nacionalistas. Las acciones terroristas contra los ediles comenzaron el 3 de enero de 1995 con el asesinato de Gregorio Ordóñez, teniente de alcalde en el Ayuntamiento de San Sebastián. Desde entonces, la banda ha matado a doce ediles del PP.

APUESTA POR LA PROTECCIÓN
Los terroristas han demostrado que los socialistas tampoco están fuera de su diana. Así lo pusieron de manifiesto el 22 de febrero de este año, cuando intentaron asesinar al concejal socialista Ignacio Dubrueil con un coche bomba que mató a dos trabajadores de la empresa «Elektra». Dos días antes, el lendakari Juan José Ibarretxe había anunciado la convocatoria de elecciones. Quedaba claro que ETA no descansaría tampoco en la precampaña.

Pero fue a raíz del asesinato del edil socialista Froilán Elespe cuando la dirección del PSOE dio la voz de alarma sobre el peligro que corrían sus concejales. Se puso en marcha el engranaje de un acuerdo que comprometía a los departamentos de Interior del Gobierno central y el Ejecutivo vasco a asumir la protección de todos los ediles no nacionalistas. Las labores de escolta se compartirían al 50 por ciento entre Ertzaintza y Policía Nacional y Guardia Civil.

Sin embargo, llevar escolta no es cómodo para nadie. «Hay casos muy sangrantes», asegura Alejandro Herrero, trabajador y sindicalista en una empresa y concejal del PSE en Lasarte. «Uno de mis compañeros de partido es concejal y jardinero y va por las calles con dos escoltas. Otro se dedicaba al mantenimiento de ascensores, tenía que ir por las casas. Desde que lleva protección, la empresa le ha colocado en un departamento para que trabaje en el mismo centro y no tenga que desplazarse».

También Herrero vive de forma muy distinta a la que esperaba. Pasa la semana yendo y viniendo del Ayuntamiento a su trabajo, pero el fin de semana se le hace cuesta arriba «secuestrado» en casa. «No puedo arriesgarme a pasear con mi mujer y mis hijas, porque no quiero poner en peligro sus vidas», explica.

¿Locos? ¿Héroes? ¿Idealistas? «Antes la dignidad que la cobardía», dice Herrero. «Ahora no tenemos que ser cobardes, ni podemos, ni debemos en honor a nuestros compañeros. Si me voy yo, mis hijas se quedan aquí y corren peligro. Los concejales somos un muro de contención y debemos asumir esa responsabilidad histórica», concluye.

LA HERENCIA DE UNA SILLA VACÍA
Lucía Peralta ocupa ahora el asiento que dejaron vacío los asesinatos de José Luis Caso y Manuel Zamarreño en Rentería. Es asistente social, pero ha tenido que pedir una excedencia porque las visitas a domicilio hacían peligrar su vida. Es consciente del lugar que está ocupando en ese Ayuntamiento, entre otros motivos porque ya sustituyó en Zarauz a otro asesinado por ETA, Ignacio Iruretagoyena. «Creo que cuanto más nos dan, más resurgimos, como el ave Fénix, de nuestras propias cenizas... Matan a uno y aparecemos cuatro para sustituirle». «Yo no puedo abandonar esto. Mira la cantidad de vidas que hemos dejado por el camino, la gente que ha luchado por que este pueblo recupere la libertad que no tiene ahora. Me parecería una indecencia irme sin poder pelear —añade—, por lo menos para que mis hijos y nietos puedan vivir en la libertad en la que nosotros creemos».

La escolta ha sido también la «peculiaridad» que ha marcado la juventud de Borja Semper, estudiante de Derecho y concejal del PP en Irún. Recientemente ha conocido que el «comando Ibarla», al que presuntamente pertenecía la coordinadora de Gestoras Pro Amnistía en Guipúzcoa, Iratxe Sorzábal, ahora en prisión, intentó asesinarle en la Universidad. Lejos de amilanarse por estos hechos, se reafirma en su postura: «Me hace tener más ganas de seguir adelante. Tengo claro que esta gentuza es la que sobra y esa asesina es la que sobra, la que tiene que ser encarcelada y marcharse de esta tierra».

Borja lleva protección desde primero de carrera, cuando tenía 19 años. «Desde el momento en que no puedes tener rutinas, no debes ir a la universidad todos los días, no te relacionas con la gente con naturalidad», explica. Ha sufrido coacciones y amenazas en su propia piel. «Dos meses después de ser elegido concejal, en unas fiestas en Irún, me empujaron, me zarandearon y me intentaron agredir porque me reconocieron, pegaron a dos amigas que venían conmigo. A partir de ahí ha habido enfrentamientos verbales por la calle y empujones. Ahora que saben que llevo escolta no son tan valientes, lo hacen cuando vas solo y ellos son más».

Un economista y concejal del PSE en Vizcaya, que prefiere preservar su anonimato, relata: «Hace años que no puedo salir con mi pandilla, porque no voy a tener un escolta que esté todo el día detrás de mis amigos. Ellos además se sentirían incómodos y prefiero ahorrarles ese mal trago (...) Te planteas que eres economista, pero en realidad eres político las veinticuatro horas del día por llevar un escolta detrás ¿Merece la pena todo esto por una hora y media que me dedico diariamente al Ayuntamiento? Sí, prefiero seguir aquí y lo que pase, pasará».

Ahora que se acercan las elecciones, las amenazas y las presiones del entorno de ETA se hacen más patentes para quienes son sus objetivos potenciales. José Murguiondo, administrativo y concejal del PP en Ayala, un municipio de Álava con 2.400 habitantes, cuenta cómo hace unos días unos desconocidos colocaron dos pájaros muertos enfrente de la oficina donde trabaja. «Me imagino que iban dirigidos a mi escolta y a mí (...) ¿Que por qué sigo aquí? Porque prevalece mucho más tu ideología que lo que pueda venir, incluso te pueden hacer las escamas cada vez más duras. En estos momentos es cuando te aferras más y piensas que renunciar ahora significaría una victoria de esa gentuza y no quiero una sola victoria de ellos».

DE LA AMENAZA AL ASESINATO
Los ediles populares y socialistas tienen claro dónde está la frontera entre la amenaza y el asesinato. «Se empieza insultado en plenos, se continúa colocando unos carteles, se reciben unas llamadas amenazantes, tiran un cóctel molotov en tu casa y sabes que lo siguiente puede ser el tiro. Nada es inocente, todo tiene un fin, que es aterrorizar (...) Lo que pretenden quienes amenazan es que abandones tus posiciones y que dejes de representar a tus ciudadanos. Hay que aguantar la presión. Sabes que desde la amenaza de HB hasta el asesinato hay un trecho muy corto; todo forma parte de un mismo complejo», afirma Carlos Urquijo, concejal del PP en Llodio.

A pesar de vivir bajo esta presión psicológica (y a veces física), los concejales no nacionalistas tienen la esperanza depositada en las elecciones del 13 de mayo. Coinciden en que las consejerías de Interior y Educación deben ser las prioridades de un posible gobierno no nacionalista. Pensando en esa opción, Urquijo asegura que «el consejero de Interior de ese nuevo gobierno jamás explicaría un pacto con HB en las comisarías como ha hecho el consejero actual. Los miembros de la Policía autonómica serían profesionales respetados por el gobierno y se dedicarían a la lucha contra ETA y su entorno. Sería una Policía con unos mandos que no van a politizar su actividad, sino que la van a dejar actuar libremente para garantizar la libertad, la seguridad y los derechos fundamentales».

En términos más duros se expresa Santiago Abascal, concejal del PP en Amurrio. «Estoy convencido de que la Ertzaintza es una policía maravillosa, pero cuando tienes un jefe que es un desgarramantas, ¿cómo haces tu trabajo? No es un problema de los ertzainas; es de los mandos».

De la llamada «kale borroka» Abascal sabe más de lo que le gustaría. Su tienda de ropa ha sido objetivo constante de los «abertzales». «He tenido dos atentados contra mi negocio en el año 2000, uno por diecinueve millones de pesetas y el otro por importe de un millón. Pero sigo viniendo a la tienda prácticamente todos los días, eso sí, escoltado desde que me levanto hasta que me acuesto. ¿Merece la pena? Sí, la libertad siempre merece la pena (...) Conmigo lo que han hecho y están haciendo es vacunarme para la otra vida, me han vacunado para siempre del nacionalismo. Si tengo otra vida puedo ser cualquier cosa menos nacionalista», asegura.

Funcionarios, periodistas, cocineros, profesores... Cualquier trabajador puede ser víctima del terrorismo. No en vano, la Plataforma «¡Basta Ya!» representó frente a Ajuria Enea la similitud entre la situación que se vive en el País Vasco y la del famoso «corredor de la muerte».

MOVILIZACIÓN SOCIAL
«Se ha pasado de una etapa en la que sólo se hablaba de atentados en casa, a otra de salir a la calle, y ahora estamos en un momento de rabia, realmente cabreados, y vamos a demostrarlo con nuestro trabajo», asegura Nicolás Gutiérrez, funcionario y concejal del PSE en Miraballes.

Gutiérrez abandonó el pleno de su Ayuntamiento el 27 de marzo como protesta, ya que el alcalde, el peneuvista José Luis Kortajarena, le impidió leer un comunicado en el que expresaba el malestar de su partido por la «falta de humanidad» del PNV hacia los concejales del PP y PSE. «Tengo el convencimiento de que un gobierno no nacionalista solucionaría el problema, porque el PNV lo único que hace es poner una vela a Dios y otra al diablo», concluye.

Alejandro, Lucía, Borja, José, Carlos, Santiago, Nicolás... son sólo algunos ejemplos de lo que supone sobrevivir en el «corredor de la muerte», un lugar en el que, a pesar de todo, aseguran que «merece la pena estar». Se muestran esperanzados: «Pondremos este lugar en el sitio que se merece, que es muy alto».

La falacia multicultural
Por Fernando R. LAFUENTE ABC 6 Abril 2001

En la estela liberal —la de Ortega y Aron, la de Berlin y Popper—, que ha hecho de Europa un territorio de libertades, Sartori, con «La sociedad multiétnica» (2001), acaba de pulverizar las fronteras del papanatismo reciente. Instalado en el muelle sillón del estereotipo progresista, ese papanatismo que ayer no más ensalzaba el espeso concepto del multiculturalismo ha encontrado un argumento contundente, radical y sabio: el multiculturalismo es un forúnculo cancerígeno para una sociedad contemporánea. Y es que el fundamento de las sociedades ha sido, a lo largo de la historia, su capacidad de sumar voluntades en torno a un espacio común; es decir, sumar pluralidades; no restarlas, ni restringirlas. ¿Qué advierte Sartori al papanatas progresista? Lo obvio para un liberal: Europa se ha formado en el mosaico imponente de la variedad de culturas relacionadas entre sí y no aisladas en etnias, lenguas, religiones y barrios; ni bajo lo que algunos quieren imponer ahora: la falsa tolerancia y el vaporoso relativismo cultural. Y, en medio de todo ello, una lúcida reflexión sobre lo que será el gran asunto de estos primeros años del siglo XXI: la emigración. Ayer en ABC, que se convertía, de nuevo, como lo ha sido a lo largo de cerca de cien años, en el ámbito natural de intelectuales como Sartori, éste mostró, con una claridad memorable, esa geografía, tal vez fatal, que se cierne sobre Europa si al papanatismo intelectual no se le aplican algunas delicadas dosis de sentido común. Y eso, el sentido común, sí que sería revolucionario.

Cientos de personas se manifiestan en el País Vasco en apoyo de los ciudadanos amenazados
Libertad Digital 6 Abril 2001

La Plataforma “Basta ya” recuerda este jueves, en su concentración de Bilbao, a los ciudadanos amenazados por "negarse a pagar el precio de la extorsión, por ejercer una profesión objetivo de los terroristas, desempeñar un cargo público o mantener ideas no nacionalistas".

Entre los asistentes se encontraban el presidente del Foro de Ermua, Vidal de Nicolás; el concejal del PP en el consistorio bilbaíno Antonio Basagoiti; el secretario general del PSE-EE en Vizcaya, Patxi López; y el miembro de la ejecutiva socialista de Euskadi y concejal de Bilbao, Dimas Sañudo.

Durante la concentración los participantes prorrumpieron en gritos en contra de ETA, como "no son presos, son asesinos", "ETA no, cómplices tampoco", o "libertad", y después, un portavoz de la plataforma pacifista leyó un comunicado. En su discurso el miembro de "Basta ya" dijo que los reunidos en la concentración compartían "el rechazo a ETA y la solidaridad con todas las víctimas de su violencia".

En este sentido, aclaró que las víctimas no son sólo las personas asesinadas por la organización terrorista, sino también "los ciudadanos amenazados por negarse a pagar el precio de la extorsión, o por ejercer una profesión objetivo de los terroristas, o por desempeñar un cargo público, o simplemente, por mantener ideas no nacionalistas". Según dijo, estos ciudadanos se encuentran despojados de una parte de sus derechos, como el derecho a la seguridad, la libertad de expresión o la asociación política.

En San Sebastián, más de un centenar de personas se concentró en los jardines de Alderdi Eder, frente al Ayuntamiento donostiarra, con una pancarta con el lema "Por la libertad. ETA kanpora (fuera)". Entre los concentrados se encontraban varios cargos públicos del PSE/EE y PP, así como Consuelo Ordóñez e Inmaculada Iruretagoyena, hermanas de Gregorio Ordóñez y José Ignacio Iruretagoyena, ediles populares asesinados por ETA. Tras permanecer un cuarto de hora en silencio, los asistentes prorrumpieron en aplausos y se dispersaron.
En Vitoria, medio centenar de personas se reunieron en silencio durante quince minutos en la Plaza de Correos tras una pancarta con el lema "Basta ya". A la concentración asistieron, entre otros, parlamentarios y concejales del PP y del PSE, como el secretario general del PSE-EE de Alava, Javier Rojo, y el parlamentario "popular" Iñaki Oyarzabal.

Más dignidad que miedo
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 6 Abril 2001

Los socialistas se han quedado sin concejales en Zumárraga (Guipúzcoa); los militantes socialistas, los votantes socialistas y, en realidad, todos los demócratas tiene que sentir que se han quedado sin un pedazo de libertad en el corazón de Guipúzcoa. El plan de exterminio puesto en marcha por el grupo terrorista, la idea de expulsar a «los españoles» de las instituciones impulsada en los pactos nacionalistas, surte efecto a golpe de muerte y miedo. Después de que en Zumárraga hubiese un alcalde socialista en la anterior legislatura, que mejoró sensiblemente la calidad de vida material y democrática del pueblo, ahora existe un alcalde nacionalista, han abandonado los cinco concejales socialistas y han asesinado a un vendedor de golosinas que era concejal del PP: ya sólo hay nacionalistas en ese municipio. Ahora bien, ese objetivo conseguido es incompatible con la libertad; ese monocultivo nacionalista supone un estado de excepción para los constitucionalistas; ese meter en la clandestinidad a los representantes de más de la mitad de la población de Zumárraga tiene sólo un nombre: fascismo. La llamada construcción nacional pasa por la destrucción de sus habitantes y por la expulsión a las tinieblas de un partido centenario que es la historia del País Vasco; a pesar de tan sangrante evidencia hay dirigentes políticos que sostienen que en el País Vasco se vive de maravilla y que no muestran la menor solidaridad con estos concejales asesinados/expulsados. Sin ir más lejos, Joseba Eguibar, portavoz del PNV, se muestra irritado con los reproches socialistas tras la crisis de Zumárraga : «Estamos hartos de que el PSE coloque a otros por delante para tapar sus propias carencias», ha dicho este dirigente nacionalista al que, según propia confesión, le da más miedo España que ETA.

De manera que, a pesar de que se asesine, se excluya o se margine, hay gente que no siente que ese sea su problema, o que no está dispuesta a decir una palabra en contra de esta dictadura realmente existente hoy en el País Vasco; no sé, habrá que esperar a que termine esta pesadilla para que se produzca un apelotonamiento de luchadores retroactivos contra este delirio que está ensangrentando nuestro país. Lo cierto es que hoy ser concejal socialista o del PP en el País Vasco esta penalizado con pena de muerte o castigado con exclusión; ser edil constitucionalista supone convertirse en un héroe, algo que casi nadie quiere, pero que demuestra hasta qué punto hay una gangrena moral en este opulento país. A este paso vamos a conseguir otro hecho diferencial más: los miles de vascos que, conviviendo con el fascismo, viendo cómo actúa en su propia calle, todos los días, no se dan por enterados de que existe; la flota de los que viendo cómo asesinan a sus representantes más cercanos -son sus representantes aunque no les hayan votado-, no cree que este sea su problema; la porción de gente dispuesta a mostrar solidaridad activa, por ejemplo, con los agredidos por los talibanes, pero que exhiben una insultante anestesia moral respecto de sus vecinos exterminados.

La única forma de acabar con este estado general de iniquidad es tener siempre, siempre, más dignidad que miedo.Tenemos derecho a tener miedo, pero no podemos ser unos cobardes; tenemos derecho a estar preocupados, pero no podemos dejar de estar ocupados en hacer todo lo que esté en nuestra mano para acabar con este insulto diario. Es lógico que sintamos temor, pero es mucho mas importante tener coraje, capacidad de respuesta y amor propio democrático. Las próximas elecciones del trece de mayo pueden ser un peldaño de gran relevancia en la lucha que muchos vascos han empezado hace años por tener más dignidad que miedo.

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