AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 9  Abril   2001
#¿EXISTE UN PROBLEMA LINGÜISTICO EN CATALUÑA?
Editorial El Mundo 9 Abril 2001

#El 85% de los escolares de Cataluña estudia únicamente en catalán
PEDRO SIMON El Mundo 9 Abril 2001

#El autismo
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 9 Abril 2001

#El fin del silencio
Alejandro MUÑOZ-ALONSO La Razón 9 Abril 2001

#Matanzas y jueces
Editorial La Razón  9 Abril 2001

#Un gesto de la iglesia
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón  9 Abril 2001

#¿Guerra civil en Euskadi?
Josu MONTALBÁN La Razón  9 Abril 2001

#Arzalluz, el tapado
Enrique de Diego Libertad Digital  9 Abril 2001

#TRES GESTOS EN FAVOR DE LA DEMOCRACIA
Impresiones El Mundo 9 Abril 2001

#'Ceteris paribus'
ÁLVARO DELGADO-GAL El País  9 Abril 2001

#Un mal gobierno
ANTONIO GALA El Mundo  9 Abril 2001

#Al final me pongo serio
Cándido ABC  9 Abril 2001

#La vida en Cestona
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 9 Abril 2001

#Cuadrar el círculo
GABRIEL ALBIAC El Mundo  9 Abril 2001

#La excomunión
Jaime CAMPMANY ABC   9 Abril 2001

#Deuda autonómica
Editorial ABC   9 Abril 2001

#Los conductores de «Bizkaibus» no pueden oír la radio porque sintonizan «emisoras estatales»
Servimedia - Madrid .- La Razón   9 Abril 2001

#El PSE estudia pedir elecciones locales en Zumárraga tras quedarse sin ediles
Redacción - Vitoria .- La Razón   9 Abril 2001

#«Esto es peor que una guerra civil»
DAVID FERNÁNDEZ  MADRID La Voz  9 Abril 2001

 

¿EXISTE UN PROBLEMA LINGÜISTICO EN CATALUÑA?
Editorial El Mundo 9 Abril 2001

Da la impresión de que el ansiado equilibrio lingüístico está por llegar en Cataluña. Si durante años fue el catalán el que estuvo excluido de la administración, los medios de comunicación y la enseñanza hoy es el castellano el que apenas tiene presencia en este último ámbito. El 85% de los padres reconoce que sus hijos estudian exclusivamente en catalán, según un estudio de tres profesores universitarios publicado por la Fundación La Caixa. Apenas un 4% lo hace sólo en castellano.

Contrasta ese mayoritario uso de la lengua del poeta Joan Maragall en las escuelas con la lengua materna de la población, ya que el 52% de los padres dice que es el idioma de Cervantes aquel en el que sus hijos aprendieron a balbucir sus primeras palabras. Y resulta todavía más chocante que para la mayoría de la población la situación no resulte preocupante. Según los propios autores del estudio, los padres ven que sus hijos tienen garantizado el aprendizaje del castellano a través de los medios de comunicación o en casa.

En las actuales circunstancias de convivencia del castellano y el catalán en Cataluña, resulta alejado de la realidad pretender que el castellano es una lengua perseguida, como sostienen los irreductibles radicales de Aleix Vidal-Quadras. Pero también lo es defender en el Parlamento regional una moción instando a «profundizar en la normalización del catalán», por ser una lengua que no goza de igualdad en Cataluña. Que sostenga esas tesis un partido independentista, como ERC, es, al menos, coherente; ahora bien, que lo haga el PP es incomprensible desde el punto de vista de su electorado, de su trayectoria y de su ideario.

Que el popular Francesc Vendrell sostenga que en Cataluña no hay un problema lingüístico es la demostración de que los políticos de esa Comunidad no saben, o no quieren saber, las consecuencias que puede acarrear la inmersión lingüística. Es cierto que la Cataluña de hoy no padece un conflicto de lenguas en la calle. Pero eso no significa que no haya que estar vigilante. Si el 85% de los alumnos estudia sólo en catalán, llegarán a dominar el catalán, que les será muy útil en Cataluña. Sin embargo, será más difícil que aprendan a manejar con soltura el castellano culto si no se lo enseñan en la escuela. Y eso tiene unas consecuencias sociales y culturales que se pueden imaginar ahora o se puede esperar a ver dentro de 20 años.

El 85% de los escolares de Cataluña estudia únicamente en catalán
El castellano alcanza al 4% de los alumnos, según un estudio de la Fundación La Caixa
PEDRO SIMON El Mundo 9 Abril 2001

MADRID.- Sal a la pizarra y resuelve en catalán. Copia al dictado de la lengua diferencial. Sumérgete en el temario escolar de Historia de la mano monolingüe del nacionalismo. Corren malos tiempos para el castellano en los colegios de Cataluña. El 85% de los padres revela que en las aulas dependientes de la Generalitat se usa prácticamente sólo el catalán. La pobre presencia de la lengua de Cervantes en el colegio apenas llega a un 4%.

La cojera del sistema lingüístico en diversas comunidades autónomas queda en evidencia en el trabajo La familia española ante la educación de sus hijos, elaborado a partir de más de 2.500 encuestas realizadas entre padres de alumnos con hijos entre 6 y 16 años. Por delante de País Vasco, Galicia o Valencia, los autores del estudio, los profesores Víctor Pérez-Díaz, Juan Carlos Rodríguez y Leonardo Sánchez Ferrer entronizan a Cataluña como la comunidad autónoma «en la que más alumnos reciben sus clases exclusivamente o sobre todo en la lengua de la comunidad, el catalán».

Lo cierto es que el desigual peso de la balanza idiomática es socialmente aceptado en Cataluña, visto casi como necesario en aras de salvar lo propio. Y ello, a pesar de que el 52% de los padres indica que su hijo tiene como lengua materna el castellano.

Dirección contraria
El horizonte anhelado es una «moderada reclamación de equilibrio»: un 27% preferiría que en el aula se utilizaran ambos códigos por igual; y un 6%, que predominara el español.

Las cifras vienen a cuento ahora, recién debatido el tema lingüístico en el Parlament, que ha soplado en dirección completamente contraria. Con los sorpresivos votos a favor del PP, los diputados autonómicos aprobaron el pasado jueves una proposición de Esquerra Republicana de Catalunya en la que se expone que la lengua catalana está en desventaja con respecto al español, que hay que ahondar en la normalización y que el catalán «está lejos de ser utilizado con total libertad».

En el estudio, editado por la Fundación La Caixa, se subraya que, en Cataluña, «algunos representantes políticos y de padres de alumnos han acusado a la Generalitat de seguir una política escolar de inmersión lingüística en el catalán (y de discriminación del castellano) como medio para conseguir, en un futuro, una sociedad monolingüe».

Según los autores, el modelo único catalán auspiciado por el Gobierno de CiU (en el País Vasco se ofrecen tres posibilidades diferentes de enseñanza en lo referido a la lengua) ha echado raíces entre la población. Ellos lo definen como un acomodo relativo.

«Independientemente de que estén de acuerdo o no con la política escolar de inmersión en el catalán, los padres verían asegurado el conocimiento del castellano de sus hijos al hablarlo en casa, en el grupo de amigos en el patio del colegio o la calle, o mediante el uso de medios de comunicación como la televisión», se concluye. «Y mientras entendiesen que ese conocimiento estaba suficientemente asegurado, soportarían o tolerarían una política de inmersión como la actual».

La sensación social del problema es la siguiente: si la lengua vehicular no se aprende en la escuela, no se aprenderá en ninguna parte. Y de ahí el complejo estado de la cuestión. Irreductibles, algunos colectivos de padres se quejan ante el Gobierno de la Generalitat y exigen, un año sí y otro también, que a sus hijos se les hable y eduque sólo en castellano.

Desde la calle opuesta escuchamos a Raimon Guilera, presidente de la Federación de Asociación de Padres de Alumnos de Cataluña (FAPAC). «El objetivo es que las dos lenguas se den correctamente, eso es lo que la mayoría de los padres defendemos. ¿El colegio de mi hija? Se habla catalán, sin complejos, en un ambiente de convivencia, porque la escuela debe ser un espacio de convivencia».

¿Pero, realmente hay un abuso del catalán en la escuela? La experiencia aclaratoria la cuenta Marisa Masip, una madre de la tierra hoy entregada por completo a colaborar con las asociaciones de padres de alumnos. «Mis hijos iban a un colegio en una zona donde había mucha inmigración. Los míos eran casi los únicos que hablaban catalán. Mientras estaban en clase todos hablaban catalán. A la salida al patio, lo hacían en castellano. Cuando dejaban el colegio ya no volvían a hablar catalán. Por eso es necesaria una discriminación positiva, porque en la calle están en minoría».


El 60% de los padres separaría a los estudiantes conflictivos
Además de la cuestión lingüística, el estudio La familia española ante la educación de sus hijos aborda otros asuntos. Calidad de la enseñanza actual, perspectivas para el futuro del chico, la importancia de la lectura, la diversificación de los alumnos, la función del director, la obligatoriedad de estudiar hasta los 16 años... Estas son algunas de las conclusiones.

Calidad de la enseñanza pública
Cerca del 75% de los padres encuestados en toda España dice que la educación estatal necesita mejorar. Alrededor de un 73% valora positivamente la extensión de la enseñanza hasta los 16 años que trajo la LOGSE. En lo referido a las expectativas cuando acabe la etapa obligatoria, casi el 81% cree que su hijo seguirá estudiando cuando acabe la ESO.

Actitud de los padres
Los padres no arriman mucho el hombro en la tarea pedagógica. Un 34% de los encuestados y encuestadas con hijos en Primaria dice que no ha leído en voz alta con ellos ni una sola vez durante el último mes. El porcentaje de los que nunca le han preguntado la lección o repasado junto a ellos en el mismo periodo es del 22%.

Lectura
La desidia familiar contrasta con la labor que se le encomienda a la escuela. El 35% subraya que, en su centro, se da poca o ninguna importancia a la lectura de autores clásicos. Un 28% dice que no tiene ni idea del tema.

Dividir a los estudiantes
Aunque el 77% de los padres rechaza que se divida a los alumnos según el rendimiento escolar (los más brillantes a unas clases; los menos, a otras), se percibe una mayor aceptación de la segregación cuando se les interroga sobre «los chicos que no quieren seguir estudiando y que causan dificultades a los demás»: un 60% opta por la división. Aquí, el 31% opina que deben ser escolarizados en «el mismo colegio pero en clases separadas», el 20% que han de ser enviados a centros especiales y el 9% que «debería permitírseles no ir al colegio». Sólo un 28% cree que han de seguir en «las mismas aulas».

El papel del director
La mayoría de los padres (un 63%) piensa que los directores deberían poder contratar libremente a los profesores y despedir a los que considerara incompetentes.

El autismo
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 9 Abril 2001

Ha dicho Mayor Oreja que pretende desterrar el autismo cultural vasco. Pero yo creo que el político ha encontrado la palabra: autismo. No se refiere sólo al caso autista de la enseñanza sino al fenómeno nacionalista en general. El País Vasco es hoy un grave caso de autismo del que debiera ya despertar, con o sin ayuda.

Lo que caracteriza al autista no es que no oiga o no sepa, sino que no quiere oír, no quiere saber. El autista ha volado sus puentes con el mundo. No está mutilado de nada, no es que no nos entienda, sino que no quiere entendernos. Todos los nacionalismos del mundo y de la historia han sido eso: un mutismo colectivo frente a la algarada de las lenguas, que viene desde Babel. El autista sólo habla consigo mismo, y sólo lo hace en el lenguaje cifrado que se ha inventado para sí. Naturalmente, ese lenguaje personal se le torna mítico, sagrado, con el paso del tiempo, de modo que el lenguaje es él («el lenguaje es la casa del Ser»), y como su expresión es su silencio, ya nunca más puede hablarnos. Este proceso se ve muy claro en el extremismo vasco, que pasa del silencio a la violencia sin transición.

En un comunicado de ETA, o en una pintada, encontramos como una dificultad, un alejamiento, una fragmentación del mensaje, algo roto y pobre, cuando escriben en castellano. Y lo hemos atribuido equivocadamente a la pobreza del euskera o a sus incompatibilidades con el castellano. Pero hay algo más profundo: ocurre que estamos leyendo la expresión de un colectivo autista, de unas gentes que nos quieren decir algo, pero al mismo tiempo no quieren. Y acaban recurriendo a la violencia. El autismo a que inopinada y certeramente ha acudido Mayor Oreja es un autismo político que no es necesario explicarlo desde la ikastola, porque está en la sangre, en la tradición de ese pueblo.

Su perspectiva no es Europa, ni la democracia ni la convivencia ni la comunicación. Su perspectiva son ellos mismos, los vascos radicales. Son ya absoluta y satisfactoriamente vascos, de modo que están en el límite de ser algo más. Han ensanchado políticamente su predio moral hasta las fronteras y demarcaciones del vecino, pero, en lugar de saludar jubilosamente al vecino nuevo o viejo, como se suele, ellos han decidido que el vecino no existe. Y niegan a España, la borran de sus mapas, olvidan su nombre. Todo este irracionalismo es el que pretende suprimir Mayor Oreja, pero no le va a ser fácil. Siempre quedará un núcleo cerrado, hermético, apretado, que es el corazón mismo del autista, consecuencia de la historia o de la falta de historia. El hombre es un animal social y los pueblos son animales convivenciales.

Inglaterra y Francia, que no se querían mucho, tuvieron que hacer un túnel debajo del Canal para comunicarse, para ser vecinos, para ser en función del otro, que es la única manera de ser. No le pagan a uno para hacer profecías, pero me arriesgo a pensar que españoles y vascos llegarán a entenderse. Hay de por medio un autismo que tiene que romper alguien. Y no hablo de liberarles a ellos, sino de liberarnos a nosotros, porque el autismo se contagia y ya hay malentendidos entre nuestros propios intelectuales.

El fin del silencio
Alejandro MUÑOZ-ALONSO La Razón 9 Abril 2001

Durante más de veinte años el País Vasco ha vivido sometido a la ley del silencio o, más exactamente, bajo el imperio de lo que los sociólogos especialistas en los procesos de formación de la opinión pública denominan la «espiral del silencio». Es una situación en la que, artificialmente, se crea la impresión de que una determinada ideología, unas ideas u opiniones son mantenidas y defendidas por la mayoría social y política y se condena al silencio a todas las otras opciones ideológicas consideradas minoritarias, séanlo efectivamente o no. Pero la ideología supuestamente «mayoritaria» no sólo trata de imponerse por razones cuantitativas, en virtud de la regla democrática de la mayoría, sino que anatematiza a las posiciones «minoritarias» como contrarias a los verdaderos intereses del pueblo, traidoras a sus esencias y, por lo tanto, dignas de desprecio, de persecución y de erradicación. Marginar, excluir, amordazar y, eventualmente, asesinar, a quienes mantienen esas ideas se convierte en un acto de patriotismo que debe ser aplaudido o, al menos, «comprendido».

    El nacionalismo ha condenado dogmáticamente al silencio en el País Vasco a todos lo que no compartían su credo y éstos, durante mucho tiempo, han sido víctimas de una especie de «síndrome de Estocolmo» que les llevaba a someterse a la imposición e incluso a comprenderla. Callaban o mentían. Hemos visto cómo muchos políticos y comentaristas no nacionalistas medían sus palabras para no ofender a los nacionalistas (que, por su parte, les ofendían sin ningún pudor), para no ser considerados, ¡horror! antinacionalistas y cómo se les llenaba la boca con palabras de reconocimiento a la «legitimidad» de las ideas de los nacionalistas. Una legitimidad que no se les reconocía en reciprocidad, pues en el País Vasco los no nacionalistas no han disfrutado de más legitimidad que la que tenían los judíos en la Alemania nazi o los negros en el Deep South de los Estados Unidos, antes de 1970.

    Durante estos dos decenios, en el País Vasco sólo ha sido «políticamente correcto» el nacionalismo y quien no se conformaba a su regla quedaba expuesto «a disgustos de toda clase y a persecuciones diarias» como escribió Tocqueville describiendo los efectos de «la tiranía de la mayoría». Una tiranía que ha impuesto en el País Vasco su férula autoritaria y fascistoide durante dos décadas sin que nadie haya osado plantarle cara. Porque siendo grave -¡cómo no lo va a ser!- el terrorismo de la muerte practicado por Eta, no tiene políticamente menor gravedad ese otro terrorismo, más sutil pero no menos efectivo, que ha impuesto el «pensamiento único» del nacionalismo y condenado a las tinieblas exteriores a quienes no lo comparten.

    La ley del silencio va, irremediablemente, acompañada de la ley del miedo, que es su última razón de ser: nos callamos porque tememos. Pero hay mucho más que el miedo a la muerte. En el País Vasco unos pocos, relativamente, los militantes del PP y del PSOE, tienen miedo a las balas y a las bombas de Eta; tienen, en suma, el comprensible y humano miedo a morir, pero son muchos más los que tienen miedo a la exclusión, a perder el puesto de trabajo, a tener que acabar exiliándose de su tierra, a ser mal vistos por algunos vecinos, a la muerte civil. Cuando el miedo no conduce al silencio, desemboca en la pestilente laguna de la mentira. Se miente para sobrevivir, para evitar la exclusión, para identificarse con la sacrosanta mayoría. Se miente uno a sí mismo y hasta se siente uno culpable de no compartir las ideas del rebaño «mayoritario», el único confirmado en gracia. Se destruye así al individuo, que llega a dudar de lo que piensa y hasta a estimar que son los otros los que acaso tengan razón. Madison decía, a este respecto, que «la fuerza de la opinión de cada individuo y su influencia práctica en la conducta depende mucho del número de personas que él supone mantienen la misma opinión». El PNV y su comparsa conocen muy bien estas elementales reglas psicológicas, que han utilizado con maestría soviética para hacer viable esa «dictadura de los dos miedos», el miedo a Eta y el miedo al propio PNV, que ha durado veinte años.

    Miedo, silencio y mentira han sido los pilares sobre los que el nacionalismo ha construido su régimen. La famosa «construcción nacional» de la inexistente nación vasca (no se construye lo que ya existe) no ha sido sino una operación totalitaria, mil veces ensayada en el fenecido siglo XX y que en todas partes ha terminado, antes o después, cuando los pueblos concernidos -después de sufrir mucho- se han dado cuenta de que les faltaba algo tan indispensable para la vida personal y social como la libertad. Lo más impresionante de esta triste experiencia histórica es que se haya podido realizar en el seno de un Estado democrático donde las libertades están garantizadas. No hay precedentes de una situación similar. Pero hay muchas razones para pensar que el antidemocrático experimento nacionalista vasco está en su fase terminal, porque es patente que los vascos claman ya por la libertad y por una alternancia política que ventile los corredores del poder, apestados por veinte años de nacionalismo engañoso.

    Lo más importante que ha pasado en el País Vasco y, en cierto modo, en España entera en los últimos años -exactamente desde que el asesinato de Miguel Ángel Blanco suscitó el «espíritu de Ermua»- es que se ha roto esa ley del silencio y ya no tiene circulación el hipócrita discurso unilateral que ha imperado allí durante tanto tiempo. La impúdica «desnudez» del nacionalismo ha aparecido ante todos y, primero en voz baja, después cada vez de un modo más sonoro, hasta convertirse en un clamor, todos han dicho en voz alta lo que veían desde hace tiempo: el rey nacionalista está desnudo. La libertad ha vencido ya al miedo, al silencio y a la mentira.

Matanzas y jueces
Editorial La Razón  9 Abril 2001

Cada día que pasa se demuestra con más claridad que la lucha contra el terrorismo de Eta, y contra sus secuelas de opresión, coacciones y amedrentamiento de centenares de miles de personas, especialmente en el País Vasco, no es una cuestión que ataña a un solo sector de la sociedad española. Corresponde a todos los ámbitos, desde el Ejecutivo, a través de la Policía; desde la judicatura con la aplicación de las leyes; y desde la sociedad a través de las movilizaciones populares y la toma de conciencia de los sectores que están obligados a canalizar esta respuesta ciudadana.

    La última decisión de los jueces, al excarcelar a siete dirigentes de la red Ekin, considerada por el juez instructor del caso, Baltasar Garzón, como «codirección» de Eta, ha demostrado que no todos los miembros del Poder Judicial tienen claro que Eta es una hidra de múltiples cabezas a la que no sólo se le puede combatir con la persecución de actos criminales concretos, sino con la detención de sus dirigentes, los que preparan la estrategia, los que coordinan y los que justifican ideológicamente al terrorismo.

    El asunto es más grave si tenemos en cuenta que las pruebas aportadas por el juez Garzón en su proceso contra Ekin no pueden ser despachadas en una urgente «instrucción paralela» por parte de la Sala IV de la Audiencia Nacional en su juicio de apelación sobre la excarcelación de los presuntos etarras de Ekin. Hay indicios más que razonables para pensar que esta «organización» complementa a Eta en aspectos sustanciales de su actividad desestabilizadora, como la lucha callejera. Y no sólo en ella, porque las fluidas relaciones de los cabecillas de Ekin con los de el «aparato militar», y su coincidencia de fines avala que Garzón tiene razón a la hora de actuar contra este entramado terrorista.

    Como hoy publica LA RAZÓN, uno de los excarcelados por la Audiencia, el abogado José María Matanzas, ha reclamado la atención policial desde hace años. Datos conocidos por él en su condición de letrado han aparecido en manos de Eta, y las declaraciones de un detenido le relacionan directamente con la jefatura de la «kale borroca».

    Sin embargo, Matanzas está en libertad, como otros de sus compañeros de Ekin.

    Es preciso sacar conclusiones sobre esta circunstancia tan anómala y que tanto ha indignado a la opinión pública. La primera de ellas, que el Poder Judicial tiene que dejarse de disputas bizantinas y actuar coordinadamente y con firmeza contra el terrorismo, porque así se lo impone la ley. En segundo lugar, que los etarras lo son tanto por disparar como por agitar, hacer propaganda del terrorismo, amenazar o desestabilizar la legalidad vigente. Y, en tercer lugar, que todos los cabecillas de Eta, sean en su «frente legal», es decir, los abogados; sea en sus juventudes dedicadas a los atentados callejeros; sea en su aparato «político», el que prepara las condiciones para que siga el terrorismo y justifica su práctica; todos ellos, decimos, son responsables de los crímenes de Eta, y como tales deben ser detenidos y juzgados.

Un gesto de la iglesia
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón  9 Abril 2001

La negativa de la Conferencia Episcopal Española a firmar hace dos meses el pacto PP-PSOE contra el terrorismo originó un alud de críticas desmesuradas y de ataques virulentos contra la Iglesia y los obispos. Casi en solitario, Luis María Anson se alzó contra el griterío con un artículo que tuvo gran eco y que se publicó el pasado 20 de febrero con el título «Un gesto de la Iglesia». Lo reproducimos íntegro a continuación.

    No le pidamos peras a Luis del Olmo sino botillos. No le pidamos a la Iglesia que firme un pacto redactado entre dos partidos políticos. Eso se le puede solicitar a Jordi Pujol o a Izquierda Unida. Pero no a la Iglesia. Hay que poner los pies en la realidad y dejarse de aspavientos. Algunos columnistas habitualmente certeros han gesticulado según sus deseos y han escrito palabras deshabitadas al margen de la realidad.

    A la Iglesia hay que pedirle lo que la Iglesia puede hacer. Y lo que puede hacer es una declaración donde, desde el punto de vista religioso, condene sin grietas el terrorismo. La tensión que se ha producido en las últimas semanas, la jauría que se ha lanzado desde algunos medios de comunicación contra la yugular de los obispos, la reacción filosa de un sector de los fieles, exige que dentro de la moderación, dentro de la prudencia, dentro del equilibrio, la Iglesia Católica se pronuncie, una vez más, de forma inequívoca. Los pactos entre partidos políticos son cuestión ajena a la Jerarquía. El terrorismo, no. La defensa de la vida empieza en el claustro materno y llega hasta la eutanasia, pasando, claro es, por la violencia de los terroristas que asesinan en una democracia plural y libre. Sería prudente, sería inteligente, sería oportuno que la Conferencia Episcopal hiciera público un documento con la condena explícita del terrorismo de Eta. Los fieles católicos lo agradecerían. Todo ello, por supuesto, sin coacciones, sin amenazas de boicoteos en la declaración de la renta. A la Iglesia, después de dos mil años de Historia, ese tipo de agresiones por una vidriera le entra y por la otra le sale sin romperlas ni mancharlas. Yo, naturalmente, en cualquier caso, rellenaré mi casillero del IRPF a favor de la Iglesia Católica. Espero, eso sí, de mi admirado cardenal Rouco, uno de los intelectuales más sobresalientes que hay en España, uno de los curas con más sentido pastoral de nuestro país, que haga un gesto y alinee a su Iglesia, a nuestra Iglesia, a la Iglesia de los pobres, a la Iglesia de todos en la condena de la barbarie etarra.

¿Guerra civil en Euskadi?
Josu MONTALBÁN La Razón  9 Abril 2001

Leo, asombrado, una tribuna firmada por Enriqueta Benito, vicesecretaria general de Unidad Alavesa (martes, 27/3/2001), en la que pide a los vascos que «Debemos pasar de las palabras a los hechos. Lo que voy a escribir puede sonar muy duro, pero yo lo tengo claro hace ya mucho tiempo, y es que en Euskadi hay una guerra, pero es una guerra en la que sólo hay un bando que mata porque el otro sólo muere».

    Lo que provoca mi asombro es que se hable con tanta ligereza de guerra, que se banalice algo tan grave para tantos ciudadanos de todo el mundo que viven en medio de fuego, bombardeos, carros de combate, soldados armados hasta los dientes y miserias.

    Yo, como socialista, tengo sumo cuidado con los pasos que doy. De mí cuidan mis escoltas, mis amigos, mi familia y yo mismo. Debo iniciar, por tanto, esta crítica afirmando la gravedad de la situación que vive el País Vasco, pero de ahí a afirmar que vivimos en una guerra civil media un abismo. Porque, como bien expresa ella misma, una situación de guerra asumida, permite y obliga a actuar de forma muy diferente a como se actúa en tiempos de paz.

    Ella dice: «É si quieren guerra de verdad la tendrán, porque los ciudadanos no podemos quedarnos impasibles ante la brutalidad del asesinato y debemos actuar».

    Sí, de acuerdo. Pero ¿cómo actuar? Quien se defiende de un enemigo en una guerra desatada lo hace con sus mismos medios, aunque utilice diferentes estrategias.

    En toda guerra, los tanques de un bando luchan contra los tanques del otro bando; los barcos, los aviones e incluso los soldados armados de uno de los lados tienen el mismo objetivo que los del otro lado: ganar posiciones, mantener supremacías, causar bajas en el otro bando. ¿Cabe aplicar esta estrategia tan básica a la situación vasca?

    En las calles vascas se producen disturbios con excesiva frecuencia, se queman autobuses, se amedrenta a ciudadanos, se intenta acallar a quienes no piensan igual, se destruyen oficinas y, lo más grave, se mata a personas. Sin embargo, esos no son síntomas de guerra civil. Han de ser las Instituciones las que resuelvan el difícil problema y no los ciudadanos, cada uno por su lado.

    Enriqueta Benito sabe que debe ser así porque los métodos que propone para hacer dicha guerra son muy poco eficaces: «É hay que dejar de frecuentar negocios que esa gentuza tiene y así que se arruinen, hay que manifestarse delante de ellos, cuando ellos se manifiestan ante nuestras casas y sedes, hay que llenar sus casas de pintadas, hay que escupirles cuando pasen, hay que hacer que sientan en sus carnes lo que es el miedo».

    ¿Imaginan ustedes un país en el que cada negocio esté adscrito a unas siglas, en el que todos los días haya grupos de personas enfrentados voceándose consignas opuestas, en que todo el mundo ande pintando insultos en las paredes, en que la gente se escupa en medio de la calle? ¿Es esta la solución? ¿Hay dos bandos tan perfectamente delimitados como para plantear en esos términos las soluciones?

    El nacionalismo vasco se ha equivocado ostensiblemente en los últimos años. Que desee una Euskadi independiente es legítimo aunque sea una sublime patochada. Que atiborre la imaginación de los vascos con un paisaje idílico tras la consecución de la independencia, es una insensatez a la que debemos responder los no nacionalistas mostrando la cruda realidad en lugar de la falsa ilusión.

    Ante esta estrategia nacionalista los no nacionalistas debemos reaccionar desde las urnas y desde las campañas, electorales o informativas.

    Pero haremos un flaco favor a los vascos, a la democracia y a la convivencia si les inventamos toda una guerra para hacerles reaccionar, porque en los conflictos bélicos pocas veces se toman las decisiones, del tipo que sea, con la serenidad necesaria. Por cierto, una serenidad hoy imprescindible en Euskadi.

    Como socialista vasco y como vasco socialista, siempre he considerado que el nacionalismo significa regresión y riesgo de disgregación social, pero en Euskadi no estamos al borde de ninguna guerra civil.

    El conflicto es mucho más difícil de definir porque no basta una palabra tan reduccionista como «guerra». Porque, puestos a ello, yo me creo en el bando de la mayoría de los vascos demócratas pacíficos y pacifistas, al que los únicos que no pertenecen son los etarras y las hordas callejeras y violentas que no son ni siquiera todos los votantes de Euskal Herritarrok.

Arzalluz, el tapado
Por Enrique de Diego Libertad Digital  9 Abril 2001

Tanto Jaime Mayor Oreja como Nicolás Redondo Terreros han empezado a señalar al tapado Xabier Arzalluz, que se esconde tras la liviana figura política de Juan José Ibarretxe. Los estatutos del PNV no permiten al presidente del partido concurrir a las elecciones. Según la versión nacionalista, de esa forma en el partido quedan las esencias del programa máximo, que va desde la independencia a la limpieza étnica, mientras los candidatos y los cargos públicos han de moverse en el pecaminoso campo de lo pragmático. El esquema es una esencial reserva mental jesuítica, pero el supuesto romanticismo teórico tiene efectos perversos prácticos. No el menor, que tal fórmula hace imposible cualquier labor de gobierno.

Según el sentido común y el mínimo de experiencia sobre organizaciones humanas, tal dicotomía llevará a los dos polos a competir por el poder. Ese estadio se dio en la etapa de Carlos Garaicoechea. Luego, el partido ha fagocitado al gobierno. Ibarretxe ejemplifica ese proceso en niveles superlativos. La fagocitación ha sido doble, tanto ideológica, pues el PNV se presenta a estas elecciones con el programa máximo autodeterminador, con su riesgo balcánico, como en lo que se refiere a una hipotética ambigüedad o pragmatismo, que ha tenido quiebras tan profundas como la inhibición política de la Ertzaintza en la inexistente lucha contra el delito de la kale borroka. Quien ha mandado ha sido Sabin Etxea, sede del PNV, y no Ajuria Enea, pero eso es ya echar por tierra el Estatuto de Guernica, que es la impureza del día a día frente al paraíso tribal.

La democracia busca la legitimidad de origen a través de las urnas, mientras el PNV la subvierte para intentar perpetrar un fraude, pues debería ser Xabier Arzalluz el candidato a lehendakari para ofrecerse al debate público, y no un vicario o mamporrero, como ha llegado a definirlo Carlos Iturgaiz. No es mera cuestión estética. Un gobierno de Ibarretxe no tiene capacidad para ser estable ni ofrecer estabilidad, porque carece de poder y capacidad de maniobra. Un gobierno al dictado no es un gobierno sino una correa de transmisión. Ibarretxe ha sido una coartada, hoy es un nominalismo.

TRES GESTOS EN FAVOR DE LA DEMOCRACIA
Impresiones El Mundo 9 Abril 2001

El reto de Mayor Oreja a Arzalluz
Los actos de la precampaña organizados ayer por el PP y el PNV demuestran que las personalidades de referencia en la pugna electoral vasca son Jaime Mayor Oreja y Xavier Arzalluz. Tanto por los ataques del líder nacionalista al candidato popular como por el reto lanzado por éste para celebrar con el presidente del PNV un debate cara a cara. ¿Por qué no con el candidato Ibarretxe? Por la sencilla razón de que quien manda es Arzalluz y que el todavía lehendakari no tiene capacidad para decidir nada. Desde luego, un debate de estas características sería muy útil para que los ciudadanos pudieran votar con conocimiento de causa. El líder del PNV está acostumbrado a las campas llenas de fieles, pero lleva 20 años dictando doctrina sin someterse al veredicto de las urnas. Como muy bien dijo Mayor Oreja, «quien ha tomado las decisiones más trascendentes, debe tener el valor de someterse al mismo refrendo democrático que los demás».

El gesto simbólico de Zapatero
Hay que subrayar como se merece el esfuerzo que está haciendo el PSOE para buscar su propio espacio en una precampaña muy polarizada entre el PNV y el PP. El mejor ejemplo de este afán fue el acto que ayer protagonizó en Vitoria José Luis Rodríguez Zapatero. El hecho de mostrar su DNI como el documento «que nos permite ser libres y reconocidos» frente al carné vasco excluyente de EH tiene un valor simbólico que va más allá de un gesto mitinero de cara a la galería. No se quedó sólo en el gesto el líder socialista, pronunció un discurso sólido e inteligente en el que pidió a los votantes del PNV «que impulsen el cambio en su partido» y que «tengan la claridad histórica de atreverse a decir en voz alta a Arzalluz que se ha equivocado y que tiene que asumir su responsabilidad». El líder socialista, de forma valiente, volvió a apostar por un «cambio rápido» en el País Vasco basado en el pacto antiterrorista firmado por PSOE y PP.

El impacto de la excomunión de los etarras
La noticia desvelada por EL MUNDO de que la Conferencia Episcopal prepara la excomunión de los miembros de ETA causó ayer un gran impacto social y político, sobre todo en el País Vasco, donde todo lo referido a la Iglesia católica tiene una importancia destacada para la sociedad. Las reacciones suscitadas fueron desde el aplauso del Foro Ermua -que se felicitó porque no se repitan «homenajes al crimen» en los templos- hasta las declaraciones de un dirigente de EH que calificó la iniciativa de «salida de tono». El obispo Setién mostró su extrañeza. Sin embargo, según un miembro de la Curia vaticana, la Conferencia Episcopal es plenamente soberana para tomar esta decisión que entra dentro de sus responsabilidades. Y prestigiosos canonistas aseguran que la excomunión es «necesaria y conveniente» para los terroristas, incluso creen que tal medida debería haberse tomado hace tiempo.

'Ceteris paribus'
ÁLVARO DELGADO-GAL El País  9 Abril 2001

Se acercan las elecciones en el País Vasco y se empiezan a decir, o se siguen diciendo, cosas peregrinas. ¿Ejemplos? Ahí va uno: los constitucionalistas no deberían disputar el Gobierno a los nacionalistas. ¿Por qué? Porque si cae la moneda de cara y ganan el PNV se radicalizará todavía más y tendremos entonces, en lugar de uno, dos problemas. Al de ETA se añadirá el del PNV. ¿Por qué digo que el argumento es peregrino? Reparen en su sesgo, su orientación. Lo natural sería recordar al PNV que estamos en una democracia, que la democracia permite la alternancia y que la alternancia significa que a veces es al otro al que le toca gobernar. Pero no se hace esto, sino lo contrario: se avisa a los constitucionalistas de los horrores que podrían ocurrir si son ellos los que gobiernan.

La historia se repite con relación a ETA. Léase... el artículo de Haro Tecglen aparecido en EL PAÍS el 30 de marzo. Conforme a la doctrina Haro, el terrorismo es incoercible y, por tanto, vanos los intentos de combatirlo desde el Estado de derecho. Peor todavía: una democracia beligerante tiende a extralimitarse en su pulso con los terroristas y, de resultas, a perder su carácter democrático. ¿Conclusión? Por realismo y coherencia, los demócratas deberían sentar la cabeza y no persistir en su satanización de los chicos del pasamontañas.

Demos otra vuelta al manubrio. La gollería que les voy a exponer a continuación suele hacer acto de presencia cuando se discuten futuribles de naturaleza cataclismática. Verbigracia: la situación se desmanda por entero en el País Vasco, o se verifica una sublevación institucional de los nacionalistas moderados. Por lo uno o por lo otro, o por lo que sea, Madrid se ve en la precisión de decidir si aplica o no la fuerza, dentro siempre de la Constitución. Pues bien, se nos asegura que aplicar la fuerza sería contraproducente. ¿La causa? La causa es que el empellón constitucional proyectaría al PNV contra el regazo amoroso y letal de ETA.

Esto, ¡ay!, es probable. Pero tiene poco que ver con las razones que pudieran inducir a Madrid a usar la fuerza. De hecho, si Madrid apelara a la fuerza, no lo haría con el propósito sólo de arreglar el País Vasco, sino con el de impedir que se desarregle irreversiblemente el conjunto de España. Tal vez entendamos mejor la situación recordando los usos y abusos de la cláusula ceteris paribus, tan frecuente en los análisis económicos. Los opuestos a que, incluso en casos extremos, se invoque el artículo 155 de la Constitución, u otro por el estilo, se pintan el porvenir desligando la variable vasca de la española. Se hacen composiciones de lugar del pelaje de la que sigue: si, ceteris paribus, o permaneciendo constantes los demás factores, las tres provincias volaran del mapa, sucedería esto o lo de más allá. 'Esto o lo de más allá' incluye contingencias dominables y domésticas: la evolución de la renta nacional, la variación de la cuota española en el Parlamento Europeo, la domiciliación de Iberdrola... Sin embargo, falla algo. Fallan las condiciones que convierten en útil, a efectos predictivos, la cláusula ceteris paribus. Si se marcharan por las buenas las tres provincias, quedaría en entredicho el Estado, quedaría en entredicho el sistema y quedaría muy expuesta la monarquía. El ceteris paribus, en consecuencia, es un chiste. Es como meterse a estudiar el efecto que un cambio de precio tendría en la demanda de un producto cuando el modelo encierra, aparte de hipótesis económicas normales -inflación cero, mantenimiento de las rentas y patatín y patatán-, la posibilidad de que estalle una bomba de quinientos megatones en el parqué de la Bolsa.

¿Por qué, aun así, porfiamos en analizar el futuro manejando la cláusula ceteris paribus? Una razón es el pánico. Nos provoca tal desazón que las cosas puedan rodar realmente mal que sólo admitimos aquellas fantasías en que todo sigue como siempre, salvo el País Vasco. Otra razón, es la falta de costumbre. Durante mucho tiempo se ha preferido no hablar, ni reflexionar, y los pensamientos nos salen truncos y como a trompicones.

No se tome el lector, con todo, estas divagaciones a la tremenda. Incurro en ellas por afán enciclopédico. En el fondo, no soy pesimista. Aquí donde me ven, estoy preparando ya las vacaciones del verano.

Un mal gobierno
ANTONIO GALA El Mundo  9 Abril 2001

El Gobierno del PNV no garantiza los derechos de los vascos: la paz, la vida, la defensa de chantajes y extorsiones. De esto a favorecer una reacción que se transforme en guerra civil hay poco. Sólo el temor a perder en ella, fomentado por el mismo PNV, está deteniendo momentáneamente la ley del Talión. La justificación del Estado es, en primer término, la justicia y el orden. Si un partido no los garantiza, o incluso aplaude a quienes los quebrantan, pierde por completo su razón de ser. Engañe a pocos o a muchos. Sus vagas promesas de autodeterminación o de soberanía jamás se cumplirán con tales métodos. Jamás

Al final me pongo serio
Por Cándido ABC  9 Abril 2001

Cuando yo era muchacho y divagaba sobre la lección no aprendida el maestro extendía una mano con la palma ahuecada diciendo «anda, escopetilla, echa aquí la sustancia». Como no tenía ninguna sustancia que echar me quedaba hipnotizado mirando aquella mano y esperando lo peor. Más tarde supe que en el Areópago, que era el tribunal superior de Atenas, a los oradores les estaba completamente prohibido pronunciar prólogos y epílogos, lo que demuestra hasta qué extremo eran perspicaces los griegos antiguos.

Por su lado el Brocense, en su «Libro del arte de hablar», critica al estoico Zenón de Citio (discípulo de Crates el Cínico) por distinguir entre dialéctica y retórica, «aut quasi mantile complicatum differat ab eodem explicato», o sea, como si el mantel doblado fuese distinto del mismo mantel extendido. Yo creo que la retórica dice a la música de las palabras, quizá a la deliberación, mientras que la dialéctica dice al argumento, es decir, a la sustancia que yo tenía que echar en la mano del maestro. En fin, como lo corriente es que uno se haga un lío con estas cosas decidí en mi tiempo echar por la calle de en medio y empezar siempre a escribir, según ha recordado aquí mi buen amigo Miguel Torres, lo más cerca posible del punto final, como pedían en el Areópago, aparte de que en este mundo hay pocas cosas que decir. Esto se hace patente con claridad meridiana durante las campañas electorales, donde los oradores, que en Atenas hubieran sido fulminados,saben a veces cómo empezar a marear la perdiz, pero pocas veces saben como abatirla. Y así suben y bajan por la espiral de la misma noción como si estuvieran enjaulados dentro de ella.

Con frecuencia la noción es la misma en políticos de ideologías diferentes y hasta contrarias y sólo el contento en el que la exponen da señal del sentido particular que quieren imprimirle. Un mitin político, en época de fiebre comicial (que se cura con eléboro negro, al decir de Plinio) es sobre todo un guiño. El oyente conoce el rumbo del razonamiento y espera del orador que no se aparte de él ni un milímetro, y asimismo que tire del almacén de acontecimientos que han ocurrido o están ocurriendo para probar incontestablemente su tesis. En ese único almacén entran a saco todos para hacer con los mismos mimbres cestos diferentes. Por eso desde un punto de vista objetivo los hechos sólo alcanzan una significación segura cuando conseguimos averiguar cómo se producen. En el «cómo se producen» los hechos está habitualmente la verdad de la historia. Bertold Brecht escribe en uno de sus poemas: «Alejandro conquistó la India». Y añade, buscando la auténtica perspectiva histórica: «¿No llevaba consigo siquiera un cocinero?». Trata así de comprender «cómo» se produjo el hecho de que Alejandro conquistase la India. Porque seguramente no iba solo. Ahora resulta que en el País Vasco están prácticamente en período electoral, siendo lo terrible que las parrafadas convencionales que hemos oído tantas veces como quien oye llover tienen como referencia última cientos de asesinatos. Esos asesinatos están en el fondo de un debate político en el que los «errores conservados» del Gobierno nacionalista parecen apoyarse electoralmente en la convicción de que el terrorismo pesa igualmente sobre los unos y sobre los otros, anulándose, y que por eso las elecciones son allí una prueba democrática y por tanto simétrica entre opciones igualmente libres. La necesidad de método obliga a comportarse como si fuera así, cuando lo cierto es que la distorsión más tendenciosa de la política vasca es el terror, ese macabro molino que tritura toda política e introduce una asimetría mortal en el debate. La incitación, por ejemplo, a votar con el carnet vasco, transforma el desafío a una norma general en opción política y quiere manipular el acontecimiento democrático hasta convertirlo en un referéndum de soberanía. Todo lo que no sea verlo así es música ratonera y no argumento, retórica y no dialéctica, prólogo o epílogo, pero no sustancia.

La vida en Cestona
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 9 Abril 2001

Leo en ABC que Cestona, con mayoría batasuna, será el primer Ayuntamiento que expedirá el Documento Nacional de Identidad vasco. Y, al leerlo, recuerdo lo que ya sabía pero tantas veces olvido: que existen poblaciones vascas, como Cestona, en las que EH o HB, que tanto monta o tanto mata, es el grupo político más votado. Es decir, que existen pueblos en los que la mayoría de los votantes, a menos que practiquemos el descuento del voto del miedo, son entusiastas del asesinato o lo aplauden o justifican o, en un cínico guiño a la moral pisoteada, lo «deploran» como expresión del «conflicto» que vive la sociedad vasca. Entonces, me pregunto: ¿cómo será la vida en Cestona?, ¿cómo será la vida en un lugar en el que la mayoría de los habitantes comprende el crimen o lo justifica o lo practica o tiene miedo?

Como cuesta trabajo pensar, aunque en absoluto sea imposible, que toda una comunidad haya podido sucumbir al envilecimiento colectivo, intento buscar otra hipótesis explicativa. Mas no la encuentro. Supongamos, en un imposible ejercicio de prestidigitación intelectual, que los análisis de los asesinos y de su enjambre votante fueran correctos. Imaginemos, lo que no es cierto, que el País Vasco no fuera parte de España y que España lo hubiera invadido y lo mantuviera secularmente sojuzgado. El tiro en la nuca a Miguel Ángel Blanco continuaría siendo un crimen abominable sin atenuantes. Imaginemos, lo que no es cierto, que la mayoría de los vascos fueran partidarios de una independencia que el resto de los españoles les negara por la fuerza. La amputación de las piernas de Irene Villa continuaría siendo un crimen abominable sin atenuantes. Imaginemos, lo que no es cierto, que los independentistas no pudieran defender sus ideas, ni tener representantes, ni disfrutaran de todas las garantías constitucionales. La tortura a Ortega Lara continuaría siendo un crimen abominable sin atenuantes. En suma, aunque la realidad fuera como HB y ETA pretenden, que no lo es, los crímenes seguirían siendo crímenes.

Naturalmente esto no significa que el terrorismo sea incomprensible. Al contrario. Todo movimiento totalitario repudia las urnas y sólo se acoge a ellas cuando el terror ha modificado, a sangre y fuego, el censo electoral. HB sólo apelará a las urnas cuando la mayoría vasca no nacionalista se haya convertido en carne de atentado y exilio. Entonces, cuando los «vascos auténticos» sean mayoría, las urnas tendrán validez aunque discurra por ellas la sangre inocente. La actual actitud oficial del PNV sólo tiene dos explicaciones: complicidad con el terror o error intelectual y moral sobre los medios para acabar con él. La Iglesia vasca debería hacer algo más. ¿Se imaginan el efecto social y electoral de una declaración episcopal en la que se declare inmoral la opción de cooperar políticamente con el terrorismo? Y sólo por decir lo que se deduce naturalmente de la moral cristiana. ¿Intervenir en política? ¿Sería la primera vez? ¿No ejerció la Iglesia el derecho a la legítima defensa al inclinarse del lado de Franco? ¿No apoyó la transición a la democracia? ¿Por qué no ponerse en el País Vasco del lado de la vida y de la dignidad? Soñar no cuesta nada.

Vuelvo a Cestona. Ya sea el resultado de la libertad o del miedo, resulta atroz contemplar cómo la complicidad con el crimen ocupa el lugar que las instituciones reservan a la palabra y a la justicia. ¡Qué extraña debe de ser la vida en Cestona!

Cuadrar el círculo
GABRIEL ALBIAC El Mundo  9 Abril 2001

Nada hay peor que un mal juez. El criminal más sórdido vulnera ejercicios concretos de derecho. El mal juez pulveriza los principios mismos sobre los que tales ejercicios se sustentan: no destruye un derecho, destruye el Derecho. Da igual si lo hace por incompetencia o por esa deliberación a la cual el diccionario da por nombre prevaricar. Da igual si, en esta segunda hipótesis, su motor es bienintencionado o perverso. El mal juez deja sin protección jurídica, no a aquellos a los cuales busca condenar o eximir. Nos deja sin ley a todos.

Al fin, el juez que no logró hacer condenar a sus narcotraficantes ni a su traficante de armas, el juez que no logró mantener en la cárcel a la mesa de HB, el juez que no supo consolidar la prisión de sus procesados de Ekin, el juez cuyo autobiográfico autobombo inhabilitará, por indiscreción, buena parte de sus sumarios en curso...; al fin, ese juez que no da una sin meter técnicamente la pata consiguió, conviene no olvidarlo, un único y muy jaleado éxito: la condena de otro juez, este sí, competente, el que llevó a puerto -y a sentencia- el más difícil caso de terrorismo del felipismo, el Lasa-Zabala. Tal vez, ese servicio prestado a los más poderosos entre los poderosos exima a Baltasar Garzón de la pública irrisión de su inconcebible nulidad como instructor.

Que HB y EH son frente legal de ETA es una obviedad política. Pero una obviedad política no es un dato procesal. Al menos, en países algo civilizados. Al menos, en países que no vivan -intelectual y políticamente- antes de 1789.

Porque, antes de 1789, lo de Garzón existía. Se llamaba lettre de cachet y constituía el recurso omnipotente mediante el cual la autoridad ejecutiva -en última instancia, el rey- podía hacer de su convicción ley y recluir indefinidamente a un individuo sin tener que dar jamás razón de su criterio. No nos escandaliza, en aquella barbarie, el que los así recluidos fueran inocentes: algunos lo serían, otros no. Lo monstruoso es que ninguna instancia podría jamás establecer eso -cuáles lo eran y cuáles no- con garantía. Privar de ley a los asesinos -de ETA o de lo que sea, incluido GAL- es privarnos de ley a todos.

Por eso, querido Pedro J., no puedo suscribir tu benevolencia de ayer aquí mismo. «Escribir recto con renglones torcidos» tal vez sea privilegio del Dios monoteísta, si es que el Dios monoteísta puede violar las leyes de la geometría (duro debate del siglo XVII). No de un humano. Menos aún, de un juez. En todo cuanto a lo mundano afecta -y mucho más en esa regla de coexistencia que es el derecho-, lo recto es recto y lo torcido, torcido. Y el modus operandi del hombre que veía amanecer se llama -en versión benévola- cuadratura del círculo.

La excomunión
Por Jaime CAMPMANY ABC   9 Abril 2001

También la Iglesia, no sólo los políticos, anda metida en dudas y perplejidades respecto de la actitud que se debe adoptar ante el fenómeno terrorista en el País Vasco. En el seno de la Iglesia se producen con frecuencia, casi constantemente, ambigüedades por un lado, incoherencias por otro, y algunas veces posiciones enfrentadas, y lo que dicen unos obispos se contrapone a lo que dicen otros. Desde que monseñor Setién se retiró a la «oración domiciliaria», esos contrastes y aun enfrentamientos dialécticos, por supuesto indirectos, florecen con menor frecuencia y vienen amortiguados o suavizados por la discreción. Monseñor Setién se arremangaba la sotana o se ajustaba los pantalones del clergyman y salía al palenque más o menos como el obispo Gelmírez.

Ahora, en vísperas electorales, el obispo de San Sebastián, monseñor Uriarte, acaba de insistir en la tesis, tan repetida como imposible, de que hay que buscar la paz en el País Vasco mediante el «diálogo». Habrá que preguntar una vez más qué clase de diálogo se puede establecer entre dos contradictores, uno de los cuales expone argumentos mientras el otro dispara proyectiles a la nuca. Ya no es que ese diálogo sería un diálogo entre sordos. Es que sería un diálogo entre víctimas y asesinos. Para hablar el mismo lenguaje, una de dos: o los terroristas dejan las armas y usan la palabra, o los otros abandonan los argumentos y empiezan a matar etarras con los mismos silogismos y con idéntico sorites que ellos desarrollan desde hace un cuarto de siglo.

Cuando monseñor Uriarte consiga que la banda etarra entregue las armas, alcanzará sentido su consejo, que es casi una admonición. Hasta ese momento, lo que hace el obispo de San Sebastián es suscribir la tesis del PNV, que es una tesis de triquiñuela política. Es una manera de cargar las culpas de que no haya paz en la tierra vasca sobre los que «se niegan a dialogar». Se niegan a dialogar. A lo único que se prestan es a morir. Monseñor Uriarte, al aconsejar ese «diálogo» que las armas, los disparos y los asesinatos hacen imposible, viene a predicar el voto al PNV. Se trata de una predicación casi tan explícita como aquella del cura italiano en el filme «Divorcio a la italiana», también en vísperas electorales: «Il voto é libero. Ma dovete votare un partito che sia democratico e cristiano».

Mientras monseñor Uriarte predica el diálogo con los terroristas asesinos, dicen que la Conferencia Episcopal estudia la posibilidad de condenar a los etarras mediante la excomunión. Tal vez a los etarras, como tales asesinos, no les importe mucho que los combatan con bulas en vez de metralletas, pero eso evitaría al menos el desconcierto y la confusión de muchos cristianos cuando ven cómo se celebran funerales religiosos a los terroristas muertos, y se les niegan a las víctimas. La «excomunión mayor», única que la Iglesia decreta desde hace casi dos siglos, comporta la prohibición de celebrar funerales por el excomulgado. Y la condenación del terrorismo quedaría aún más clara si fuesen excomulgados también los colaboradores, cómplices, encubridores y aliados políticos.

O la Iglesia española se encuentra perpleja, además de dividida, ante la situación «prebélica» ya anunciada por algunos observadores de la realidad político-social en el País Vasco, o se trata del viejo truco de jugar a los dos paños y esperar a ver cuál de los paños gana, cosa que sería mucho más triste, y para mí, impensable. Lo único que se ve claro es que las condenaciones del terrorismo que hacen la Iglesia y el PNV son prácticamente idénticas y las soluciones que proponen, iguales, empezando por la trampa del «diálogo». En definitiva, el episcopado vasco bendice a los aliados de ETA en el Pacto de Lizarra. ¿Bendecir o excomulgar?

Deuda autonómica
Editorial ABC   9 Abril 2001

Las Autonomías acumulan a lo largo de poco más de veinte años de gestión la responsabilidad de más de un tercio del gasto público (casi 14 billones de pesetas sobre un total de 40), porcentaje que se acrecentará en otro diez o doce por ciento una vez que concluyan en esta legislatura las transferencias de sanidad y educación pendientes. En breve, los 17 Gobiernos autonómicos gestionarán el núcleo del gasto público, una cantidad superior a la del Estado, al que restará como núcleo central de gestión del gasto la caja única de la Seguridad Social —los diez billones de cotizaciones para pensiones— y los gastos de seguridad y defensa. España será, de hecho lo es ya, un singular Estado cuasi federal, con una acusada descentralización del gasto. En suma, una notable transformación del modelo de Estado centralista imperante desde hace varios siglos hacia otro poco imaginable hace unos años.

La responsabilidad sobre el gasto no es correlativa a la hora de ingresar: la recaudación desde el Estado y conforme a las competencias impositivas del Parlamento constituye el núcleo central desde el que se obtienen y gestionan los recursos públicos. Así que uno recauda y los otros gastan, asimetría que es y será causa de no pocas disfunciones y tensiones.

El nuevo Estado autonómico, según la definición constitucional, se ha construido a buen ritmo y con evidentes tensiones, y, en su eclosión, los responsables de los Gobiernos autonómicos no han parado en barras a la hora de recurrir al endeudamiento externo para la consecución de sus objetivos. De manera que en veinte años las autonomías acumulan un volumen de deuda superior a los 6,3 billones de pesetas, que en sí misma no es una cifra desmesurada, pero que puede suponer una amenaza futura a la estabilidad presupuestaria y a la credibilidad de esos mismos Gobiernos. Hoy la deuda suscrita por las Comunidades Autónomas representa poco más del 10 por ciento del total de deuda pública, pero su proporción en el incremento de deuda del último bienio es paritaria con la del Estado, lo cual marca una tendencia más preocupante.

La Ley de Estabilidad Presupuestaria, que el Gobierno llevó recientemente a la Cámara y que en breve entrará en vigor, significará una seria limitación a la propensión a endeudarse de las Comunidades Autónomas. La Ley no impide el endeudamiento pero exige su justificación explícita y programas inmediatos para responder a la misma y reducirla. La Ley supone establecer límites y reglas que eviten el endoso a generaciones venideras de los compromisos resultantes de la afición a gastar de gobiernos dispendiosos, grandilocuentes y pródigos con los recursos.

Hasta ahora las agencias internacionales de calificación de riesgos han sido tolerantes con la deuda de los Gobiernos autonómicos y locales, y les han otorgado rating generosos. Los Gobiernos autónomos han disfrutado también de la simpatía de las Cajas de Ahorro regionales, prestas siempre a acudir en socorro de sus propietarios de hecho. Y también la Banca privada, nacional y extranjera, ha cortejado a los Gobiernos regionales para facilitarles financiación, que tiene el carácter de deuda soberana, con compromiso del Estado.

Pero hay que destacar que la propensión al gasto y a la deuda por parte de algunos Gobiernos regionales, no importa su signo político, no ha mermado en esta etapa de elevada recaudación y de ciclo económico favorable. Más aún, la inclinación a disfrazar gasto y deuda a través de organismos semipúblicos, agencias y empresas, que actúan por encargo y que embalsan compromisos financieros que no pasan por los Presupuestos, puede llegar a convertirse en una bomba de relojería que pase una costosa factura en etapas menos prósperas, en las que se exigirá a los Presupuestos del Estado esfuerzos suplementarios que pondrán a prueba la solvencia de las cuentas públicas. A los Gobiernos autonómicos hay que advertir que procuren no estirar más la manga que el brazo, no gastar más de lo prudente y no endeudarse por encima de sus posibilidades, arrullados por la tibieza de intereses bajos y financiadores generosos.

Los conductores de «Bizkaibus» no pueden oír la radio porque sintonizan «emisoras estatales»
Servimedia - Madrid .- La Razón   9 Abril 2001

El PP vasco asegura que a los conductores del «Bizkaibus», transporte público dependiente de la Diputación de Vizcaya, se les ha prohibido escuchar la radio después de que simpatizantes de EH se quejasen de que sintonizaban emisoras estatales.   

    El portavoz de Transportes del PP en las Juntas de Vizcaya, Ignacio Echevarría, afirmó que la Diputación, gobernada por PNV y EA, no ha justificado debidamente la prohibición.  
 
    Echeverría explicó que a él le consta que al menos uno de los conductores del «Bizkaibus» ha sufrido los reproches de personas cercanas a la coalición «abertzale», que le echaron en cara que pusiese emisoras estatales.   

    La prohibición fue debatida el pasado lunes en la Comisión de Transportes de las Juntas de Vizcaya, donde el asunto fue planteado por el PSOE.  
  
    En este sentido, Echeverría aseguró a esta agencia que los responsables de la Diputación se limitaron a presentar una encuesta sobre las preferencias de los viajes cuando van en autobús, pero que no hablaron de que hubiese viajeros que rechazasen que los conductores oyesen la radio.

El PSE estudia pedir elecciones locales en Zumárraga tras quedarse sin ediles
Redondo Terreros apunta también como solución nombrar una gestora
El PSE-EE está estudiando la posibilidad de que la localidad vizcaína de Zumarraga asista a una convocatoria de elecciones municipales anticipadas, ya que las dimisiones de sus concejales han provocado que «no exista la voz» de este partido en el Ayuntamiento, según señaló ayer Nicolás Redondo Terreros. Una segunda fórmula planteada por el PSE-EE podría ser la de crear una gestora que gobierne en el Consistorio.

Redacción - Vitoria .- La Razón   9 Abril 2001

El secretario general del PSE-EE, Nicolás Redondo, dijo ayer que los socialistas estudian varias fórmulas legales para dar solución a la situación del ayuntamiento de Zumárraga, como formar una gestora o convocar elecciones municipales en dicho Consistorio. Esta solución fue la utilizada en su día en el Ayuntamiento de Condado de Treviño (Burgos), donde sus concejales dimitieron en masa debido al conflicto de integración en Alava que persiste en el enclave. 

Tras la dimisión de los cinco concejales socialistas de Zumárraga por negarse a llevar escolta, Redondo, en un acto político celebrado en Vitoria, pidió a la Diputación de Guipúzcoa y al Gobierno vasco que arbitren soluciones legales para la situación de este Consistorio. Estas dos fórmulas, según explicó Redondo posteriormente a los periodistas, serían la creación de un gestora en el ayuntamiento nombrada por la Diputación de Guipúzcoa. La segunda posible solución sería la convocatoria de elecciones municipales anticipadas sólo en Zumárraga, lo que debería contar con el informe previo del Gobierno autónomo vasco y ser aprobado por el Gobierno central. Ambas soluciones, según Redondo, se basan en la ley de bases de régimen local, y los socialistas están estudiando su viabilidad, a la vez que pidieron ayer a la Diputación de Guipúzcoa y al Ejecutivo vasco que también analicen su puesta en práctica. 

Durante el mitin, Redondo señaló que «lo que tiene que hacer el «lendakari», por encima de los lloros y la solidaridad, que es bien recibida, es gobernar. Él sabe que hay dos posibles soluciones para el ayuntamiento de Zumárraga, y debe solucionar el problema. Sin paracaidistas (sustitutos venidos de fuera de Zumárraga), con la ley en la mano». Tal y como se recordará, todos los concejes del PSE de Zumárraga dimieron la pasada semana por negarse a llevar escolta A las dimisiones del portavoz socialista en Zumárraga, Jesús María Mendía, y de los concejales Josu Mendía y María Victoria Badillo, formalizadas entre los pasados lunes y martes, se sumaron al día siguiente las de los otros dos corporativos del grupo municipal, José María Bermejo y María Dolores Segade. Además, uno de sus dos concejales en Zumaya, Enrique Rubio Méndez, también formalizó su abandono del cargo.   

«Esto es peor que una guerra civil»
Fernando Savater, filósofo y fundador de «¡Basta Ya!»
Habla de la situación del País Vasco con pasión y rebeldía contra los terroristas y contra los que no les combaten. Fernando Savater no deja indiferente a nadie. Este filósofo vasco de 53 años ha dedicado la última parte de su vida a luchar contra la barbarie etarra. Algunos dicen que exagera. Otros, que se limita a describir la realidad. Él, que no quiere ser héroe, se mantiene impasible.
DAVID FERNÁNDEZ  MADRID La Voz  9 Abril 2001

De momento, apuesta por apartar al PNV del poder.
-¿Es posible un entendimiento entre nacionalistas y no nacionalistas?
-Sólo entre ciertas personas. El planteamiento de nacionalismo étnico es incompatible con la democracia moderna. Los demócratas no podemos aceptarlo.

-¿Qué papel puede jugar Ardanza al respecto?
-La conferencia de la Academia de la Historia tenía cosas que no estaban mal, aunque también tenía mucha farfolla y mucho cuento. Pero decir las cosas en Madrid es muy fácil.

-¿El pacto PP-PSOE permitirá recuperar la unidad de los demócratas?
-Da vergüenza tener que firmar una cosa tan obvia. Pero, en fin... La situación no está para bromas.

-Usted define la situación como guerra civil. ¿No es exagerada la expresión?
-La fractura social en Euskadi es evidente. Y hay una guerra civil virtual, donde un bando muere y otro mata. Los que la padecen no la hacen. Es peor que una guerra civil, donde la gente se defiende. Aquí nadie nos defiende.

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