AGLI

Recortes de Prensa     Martes 17 Abril   2001
#El fin de la neutralidad
Edurne URIARTE, Profesora de Ciencia Política de la Universidad del País Vasco ABC 17 Abril 2001

#Los «pluri»
Alfonso USSÍA ABC 17 Abril 2001

#Metáforas
Ramón PI ABC 17 Abril 2001

#Aberri uno y trino
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  17 Abril 2001

#IU, al borde de la bancarrota financiera... y política
Impresiones El Mundo  17 Abril 2001

#Interiorizar la derrota
MIGUEL ÁNGEL AGUILAR El País  17 Abril 2001

#Tiempos modernos
Jaime CAMPMANY ABC  17 Abril 2001

#Los obispos
RAUL DEL POZO El Mundo 17 Abril 2001

#Cantos de sirena para el PSOE
Editorial La Razón  17 Abril 2001

#La quijada del asno
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 17 Abril 2001

#Supervivientes del Holocausto apoyan la marcha en Vitoria del foro Libertad
FERMÍN APEZTEGUIA VITORIA El Correo  17 Abril 2001

#Un alto cargo del PP dice que iglesias vascas y navarras sirvieron de tapadera a ETA
SERVIMEDIA | Madrid  El País   17 Abril 2001

#'Guerra santa' en Euskadi
JULIO FUENTES. Enviado especial El Mundo  17 Abril 2001

#Un plan de paz
ANDONI UNZALU GARAIGORDOBIL El Correo  17 Abril 2001

#Condición previa para un plan de paz, que haya guerra
Nota del Editor   17 Abril 2001

#Los muertos también votan
FRANCISCO UMBRAL El Mundo  17 Abril 2001

#Gregorio Salvador analiza el estado del español en «El Cultural»
EL MUNDO 17 Abril 2001

#GALLEGOS DE VERDAD Y DE MENTIRA
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz  17 Abril 2001

falla opinión-columnistas la razón

El fin de la neutralidad
Edurne URIARTE, Profesora de Ciencia Política de la Universidad del País Vasco ABC 17 Abril 2001

Uno de los elementos más esperanzadores del momento que vivimos frente al terrorismo y al nacionalismo que lo justifica es que ya han pasado los tiempos de la neutralidad tanto exterior e interior que les han ayudado a sostenerse hasta nuestros días. La idea de que lo que ocurría en el País Vasco era un conflicto, con dos partes a las que había que conocer y oír por igual, ha dominado la visión de otros países sobre la cuestión vasca. Decían ser neutrales, de forma semejante a muchas gentes de nuestras elites que se han esforzado durante años en ocupar una posición intermedia entre los «extremistas de uno y otro lado». Unos y otros empiezan a comprender que esto no es un enfrentamiento político que requiera neutralidades, sino un problema de terrorismo con justificaciones políticas que necesita compromisos para combatirlo.

Ibarretxe envía estos días un contra-informe al Consejo de Europa para rebatir las conclusiones del Comisario de Derechos Humanos, Álvaro Gil-Robles. Pero Europa no le va a escuchar porque, por fin, empieza a enterarse de lo que ocurre en el País Vasco. ETA ha criticado en uno de sus boletines a la Iglesia vasca porque, dicen los asesinos, ha perdido su neutralidad, y se ha puesto del lado de una de las partes. Y es que hasta la Iglesia vasca comienza a sentirse incómoda en ese espacio intermedio entre ETA y los asesinados, que tanto ha contribuido a crear.

Ciertamente, no es que la neutralidad exterior haya desaparecido, pero se han dado pasos enormes en la colaboración exterior contra ETA y sus justificaciones. Algunas acciones del Parlamento Europeo, el Informe del Comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, las negociaciones del Gobierno español con varios países europeos para la extradición inmediata de terroristas, la expulsión del PNV de la Internacional Demócrata Cristiana, dan idea de la nueva comprensión internacional de la cuestión vasca. Es verdad que existe la asignatura pendiente de Francia, país que sigue haciendo como si el terrorismo de ETA fuera cosa de España, cuando los principales terroristas viven y planifican crímenes en su territorio y, además, matan en España también para reivindicar parte del territorio francés. Pero hasta Francia parece empezar a darse por enterada y ha anunciado hace unos días la creación y despliegue en Bayona de una brigada especial de lucha contra ETA.

El fin de la neutralidad exterior es muy importante para España porque significa el definitivo aislamiento internacional para ETA y para las justificaciones de su entorno. Y esto tiene tres efectos muy importantes: 1) limita la posibilidad de movimientos de los terroristas y facilita su detención, 2) coloca a los terroristas y a los círculos políticos que les rodean frente a la realidad de su soledad y aislamiento y les obliga a saborear el repudio generalizado, ya no sólo de los malvados españoles, sino del resto del mundo, y 3) acaba con una importante fuente de deslegitimación de la lucha antiterrorista de los españoles.

La legitimación de la lucha antiterrorista se sostiene a través del apoyo de los propios ciudadanos españoles, pero también a través del apoyo internacional. Y hasta estos últimos meses muchos países han vivido encantados con su neutralidad, con una imagen de España anclada en el franquismo, en la que los terroristas eran «separatistas vascos» que «luchaban» por la independencia frente al «poco flexible» Gobierno español. En este contexto, las peticiones de extradición de las autoridades españolas tenían el mismo eco y merecían la misma consideración que las acusaciones de torturas de los terroristas. Era la neutralidad, el esfuerzo por intentar ver «todos los lados del problema».

Y no es que la neutralidad haya acabado. Todavía hoy los periodistas extranjeros siguen mentando la neutralidad cuando se les pregunta por qué siguen usando el concepto de separatistas vascos en lugar de terroristas o por qué la prensa extranjera presenta sus informaciones describiendo las «dos partes del conflicto». Leslie Crawford, del Financial Times, Burton Bollag, corresponsal en Europa del Chronicle of Higher Education, o Nils Bruzelius, editor de política internacional del Boston Globe me han mencionado la neutralidad para que pueda entender cómo hacen los anglosajones la información. Claro está que si les preguntas por un posible grupo terrorista árabe, por ejemplo, asesinando neoyorquinos en pos de no sé qué objetivos políticos, no tienen tan clara la idea de neutralidad como la tienen con la información sobre ETA.

La neutralidad es en buena medida producto de la ignorancia, pero, sobre todo, es producto de la comodidad. Porque es cómodo mantener una gran distancia con el problema, no comprometerse, y no arriesgarse en los juicios. Y, sobre todo, es cómodo ajustarse al perfil de lo políticamente correcto en las democracias, es decir, el perfil del ciudadano dialogante y centrado, que escucha y entiende a todas las partes y luego intercede y favorece el diálogo.

Ese es el perfil de Sara Zucker, directora de una organización encuadrada en la universidad de Harvard, llamada «Proyecto sobre la justicia en tiempos de transición», que se dedica a mediar en distintos conflictos en el mundo. Le pregunto a Sara Zucker si ellos median en los «conflictos» independientemente de las cuestiones éticas, de quiénes son los asesinos y quiénes las víctimas, y señala que sí, que ellos son pragmáticos, que lo importante es conseguir una reducción de la violencia. Teniendo en cuenta que es judía, le pregunto si aplicaría el mismo esquema al «conflicto» entre nazis y judíos en la Alemania nazi. Y Zucker, que no sabe cómo salir del atolladero, acaba diciendo que sí, que también harían de intermediarios.

Y es que Zucker es neutral, objetiva, políticamente correcta hasta la saciedad, tan correcta que está dispuesta incluso a dialogar con los nazis que llevan a los judíos a las cámaras de gas. La suya es una enfermedad propia de demócratas que, de tanto concentrarse en las formas, han perdido de vista los valores sobre los que se deben sustentar esas formas, una enfermedad que también ha afectado a muchas de nuestras elites nacionales. Todavía hace pocos meses, quienes hablaban de extrema situación de gravedad en el País Vasco, de población perseguida y aterrorizada, de situación de excepcionalidad, eran calificados de exaltados, de extremistas, de gentes poco mesuradas en sus juicios. Y las elites dialogantes, centradas, y políticamente correctas, mantenían esa sonrisa de superioridad propia de quien se cree capaz de ver «todas las partes del problema».

Hoy, afortunadamente, a las elites dialogantes se les ha helado la sonrisa porque han percibido que la distancia y los esfuerzos de neutralidad, sean políticos, intelectuales, periodísticos o judiciales, colaboran, de una forma o de otra, con la prolongación de ETA y sus justificaciones. Ni a ETA ni al nacionalismo que quiere dialogar con ella le quedan ya comprensiones ni en el exterior ni en el resto de las elites políticas o intelectuales españolas. Se enfrentan a la soledad más absoluta, no sólo en el plazo corto de las elecciones, sino, sobre todo, en ese futuro de construcción nacional que, unos a través de los asesinatos y otros con el diálogo con los asesinos, pretenden imponer a los vascos.

Los «pluri»
Por Alfonso USSÍA ABC 17 Abril 2001

Con innegable elegancia y generosidad, quizá por no herir antiguas y recientes comprensiones, califican algunos a Javier Madrazo de tonto útil. Me figuro que de tonto útil para el nacionalismo, para Estella y para la ETA, que no para el resto de los españoles. Los comunistas —aunque el origen de Madrazo no es la hoz y el martillo, es comunista, qué narices—, tienen ya tan derrumbada su cosa, que cualquier estupidez les sirve para mantener su propia confusión. Unos se han marchado al ecologismo sandía, otros a los fundamentalismos sociales, los más pícaros al socialismo —ahí tenemos a Cristina Almeida, divinamente colocada—, los menos a la nostalgia y casi todos, por no caer en el pesimismo absoluto, en la empanada mental. Pero no son tontos. El resentimiento y la idiotez no están obligados a ir de la mano. A pesar del desastre histórico, de la corrupción, de la prisión de la libertad, de la sangre tan caudalosa y cínicamente derramada, presumir de comunista es todavía rentable hoy en día. Montaner los define como «tontos sin fronteras», pero esos tontos establecen las calidades artísticas, literarias y sociales con una desvergüenza pasmosa. Han envenenado los conceptos de tal manera que siguen creyéndose los dueños de lo que más odian. La libertad y la democracia. Pero las grandes inteligencias del comunismo no se renuevan, y van quedando las más elementales. Javier Madrazo, sin duda alguna, es poseedor de una de ellas. Sucede que la utilidad del tonto puede derivar —depende de quien la utilice—, en perversidad. De ahí que Madrazo, más que un tonto útil, sea un tonto perverso.

Nada le gusta más a un comunista que la jerigonza vacía. Pueden hacer discursos de cinco horas sin una sola idea en su contenido. El fascismo disfrutó mucho con esta habilidad, que también dominaba. Pero claro, cuando la jerga termina en manos de gente como Llamazares, Frutos o Madrazo, el resultado no es convincente. Anguita era un cursi, pero se inventó la «vehiculización». Lo de ahora es puro tópico, lugar común y vulgaridad con pretensión impactante.

Javier Madrazo, coordinador general de lo que queda de Izquierda Unidad en Vasconia, lo ha dicho. Hay que modificar el actual marco jurídico para crear un federalismo de libre adhesión, para así crear un Estado plurinacional, pluricultural y plurilingüístico. Es decir, que hay que poner todo de patas arriba para alcanzar la situación actual. Pero lo «pluri» priva.

A un tonto es más fácil convencerle con un «pluri» que con una idea. Comprúebenlo cuando tengan la oportunidad de ver —ahora dicen «visionar»—, en cualquier informativo de televisión el reportaje de un congreso de Izquierda Unida. Los asistentes, abotargados del tostón, sólo reaccionan cuando el orador inicia su retahíla de «pluris». En un momento dado, con las venas del cuello estallantes y la voz entrecortada por la emoción, cuando vaticina el «futuro plurifamiliar» de la Izquierda, el auditorio interrumpe la alocución con una ovación unánime. Algún asistente, incluso, se incorpora y aplaude en pie, no se sabe si por inducción espontánea y emotiva o para que lo vean y poder acceder a una más alta responsabilidad dentro del naufragio.

Javier Madrazo, con independencia de su posible y más que probable estulticia, es un político perverso que ha hecho de la mentira su razón de ser. Izquierda Unidad en las Vascongadas es aliada segura y comprometida de Euskal Herritarrok y del Partido Nacionalista Vasco. Para colmo, y como ha escrito Jon Juaristi —extraordinaria su Tercera «Aberri» del Domingo de Resurrección—, el comunismo es tratado por los nacionalistas étnicos con desprecio sarcástico. Pero prefieren la herida acariciada por el interés a la claudicación de sus nubes. Madrazo es un masoquista del resentimiento. O mejor dicho, un representante ejemplar del «plurimasoquismo».

«Madrazo, un abrazo», es cantinela de desprecio, pero también de amnistía. Se perdona su bobería y se le trata como a un tontorrón. En el País Vasco nada es susceptible de ser obviado. Un sólo escaño establecerá la diferencia entre la libertad y el paulatino exterminio de los no nacionalistas. No hay tres grupos como asegura el necio. Hay opresores y oprimidos. Madrazo está con los primeros. Consecuencias del plurirresentimiento y la plurigilipollez.

Metáforas
Por Ramón PI ABC 17 Abril 2001

En política, el empleo de las metáforas suele responder a uno de estos motivos: o bien la conveniencia de sugerir cosas imaginarias como si fueran ciertas (o sea, engañar sin mentir, lo que es otra forma de mentir), o bien la necesidad de enmascarar realidades horribles. Ejemplo acabado de esto último es el Libro Rojo de Mao, que bajo las metáforas de lo correcto y lo incorrecto, la armonía y la desarmonía, lo que llevaba dentro eran cataratas de sangre derramada por su «revolución cultural». Entre los ejemplos de lo primero tenemos entre nosotros, en tono menor, a Xabier Arzalluz, que selecciona sus metáforas con colmillo retorcido.

El discurso del presidente del PNV en el «aberri eguna» tuvo metáforas marca de la casa: «Nos dejaremos arrebatar el alma antes que el euskera», proclamó. ¿Qué quiere decir esto? Sencillamente, no quiere decir nada en absoluto, pero arranca vítores y, además, suena tremendo, enorme, como si lo siguiente después de la política educativa diseñada por Pilar del Castillo fuera el envío al País Vasco de diablos para «arrebatar el alma» del señor Arzalluz y las de los asistentes a la reunión. «Aznar viene a por nosotros», añadió. Eso tampoco significa nada, pero presenta a los militantes del PNV como víctimas. ¿Qué clase de víctimas? Pues, algo así como víctimas ectoplásmicas, desde luego nada parecido a las víctimas verdaderas que mueren reventadas por una bomba o con un tiro en la nuca, en atentados que los socios del PNV en el pacto de Estella se niegan a condenar.

A Arzalluz le han salido ya algunos alumnos aventajados en el uso de la metáfora estólida. La presidenta de Eusko Alkartasuna, Begoña Errazti, se declaró partidaria de «una construcción nacional sin parabellum y sin los tanques de Aznar». Sabíamos que hay quien quiere esa «construcción» con verdaderas parabellum, pero no que Aznar la quisiera mediante unos supuestos tanques suyos. Metáforas, que serían puras bobadas si no tuvieran la iniquidad de intentar equiparar los asesinos de verdad al Gobierno legítimo.

Aberri uno y trino
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  17 Abril 2001

El mitin con que el partido-guía celebró el Aberri Eguna empezó con unos minutos de retraso, los necesarios para que la Feria de Muestras acabara de llenarse con la militancia que venía de San Mamés, donde el Athletic, caprichos del fútbol y del calendario liguero, acababa de perder frente al Espanyol, dicho sea sin regodeo y sin ánimo de senyalar. El primer Aberri Eguna del milenio ha sido una conmemoración más bien triste, más cercana al Viernes Santo que a la Pascua de Resurrección. Lejos de ser un acto gozoso de adviento patriótico, flota en el ambiente y en los discursos la premonición de la derrota a veintiocho días vista.

Tal vez fechas como éstas sean apropiadas para que el nacionalismo reflexione sobre la dificultad de rematar con éxito la construcción nacional, cuando los partidos nacionalistas no son capaces de celebrar juntos el Día de la Patria. Exagera, pues, Iturgaiz cuando dice que el Aberri Eguna es una fiesta excluyente, únicamente para nacionalistas. En realidad, cada nacionalista tiene la suya, excepto el candidato Ibarretxe, que tuvo dos, al participar primero en la de EA en Gernika y luego en la de su partido en Bilbao. En rigor tuvo tres, porque la víspera dedicó a los socialistas un confuso canto al pluralismo y a la insuficiencia de la aritmética para construir, en abierta desautorización de la teoría del 51% expuesta en su día por Xabier Arzalluz.

Recordarán que hubo un tiempo durante el que el PNV estaba en el centro de todas las combinaciones de gobierno, en todas las instituciones realmente existentes y aun en las imaginables. Gobernaba con EA y los socialistas en Lakua, con éstos en San Sebastián y en las diputaciones, con el PP en Bilbao, hasta que la alianza hizo crisis y cambió a los populares por socialistas e Izquierda Unida, con UA en Vitoria… De aquella posición central privilegiada se ha pasado a ésta en que las cuentas no salen. En contra de su costumbre ha tenido que incorporar la autodeterminación a su programa y colocar a los candidatos de EA en posiciones que les garantizan más parlamentarios que en la más optimista de sus encuestas. Pero es que las servidumbres de la alianza con EA son, per se, un inconveniente más que grave para poder pactar con los socialistas. No ya con Nicolás Redondo, que está demostrando firmeza de criterio frente al desbarre de Lizarra. Es que con ellos no podría pactar ahora ni siquiera Odón Elorza, salvo que quisiera hacerse un funeral vikingo para retirarse de la política. Bueno, quizá Javi Madrazo…

IU, al borde de la bancarrota financiera... y política
Impresiones El Mundo  17 Abril 2001

La coalición Izquierda Unida atraviesa por un momento extraordinariamente difícil, desde el punto de vista económico. Después del batacazo electoral sufrido en las últimas generales, IU ha dejado de percibir 418 millones en subvenciones del Estado -desde las elecciones de 2000 ha recibido un 45% menos- lo cual está afectando de forma muy grave a las actividades de sus dirigentes, que se ven obligados a hacer política en condiciones de extrema dificultad. El Pasoc abandonó hace poco IU y una de las causas que alegó el partido de Pablo Castellano es que se habían quedado sin un duro. Está claro que un partido necesita dinero para tener presencia en el debate político y que las escaseces financieras son un handicap para que la voz de IU pueda llegar a los ciudadanos. Pero lo peor de estas estrecheces es que no se pueden considerar coyunturales, ya que las expectativas electorales de la coalición son pésimas. Y esto ya es más grave porque IU, además de carecer de dinero, adolece de una línea política clara y coherente que es la que puede provocar su ruina. Y no es, como algunos dicen ahora, que la coalición esté pagando los resultados de la pinza con el PP, cuando era el ariete de las denuncias contra la corrupción y el crimen de Estado. De estar pagando algo, sería en todo caso el inexplicable acuerdo con el PSOE de Almunia en la campaña de las generales del 2000. Lo que realmente puede llevar a IU a la bancarrota política es su estrategia en el País Vasco, donde se ha apuntado al carro de Arzalluz y de Lizarra. El coordinador general, Gaspar LLamazares, respalda incomprensiblemente a Madrazo. En un momento en el que el debate político nacional está centrado en la cuestión vasca, ese camino no conduce a ninguna parte.

Interiorizar la derrota
MIGUEL ÁNGEL AGUILAR El País  17 Abril 2001

Hay un trabajo previo a toda victoria y a toda derrota electoral. Consiste en una tarea de interiorización de las expectativas favorables o adversas, que compete sobre todo al primer candidato, al que encabeza las listas bajo cuyo nombre y al amparo de cuya efigie se presentan todos los demás concurrentes a la convocatoria de que se trate. Al principio de la democracia en la que estamos, en las elecciones generales de 1977 y de 1979 Adolfo Suárez, el líder de la improvisada Unión de Centro Democrático (UCD), salía como ganador. Primero porque comparecía con la ventaja de ser presidente del Gobierno y además porque estaba al frente del consenso que acabó con los principios inmutables del franquismo y redactó una Constitución con sitio para todos. Luego, el líder entró en dudas consigo mismo. Las dudas fueron incrementadas por las tensiones internas de UCD, donde los críticos, una vez a salvo en la otra orilla, propugnaban la vuelta a la derecha clásica. Querían recuperar sus perfiles de siempre y consideraban agotado el disimulo centrista, una vez concluida sin daños mayores la travesía a pie del mar Rojo.

Además, en especial a partir de mayo de 1980, los rivales socialistas de la UCD se abstuvieron de prodigar reconocimiento alguno a Suárez, llegaron a presentarle como el último obstáculo para la consolidación democrática, en expresión de Ignacio Sotelo, y decidieron que todo les sería más fácil en el caso de que en los comicios siguientes se enfrentaran a otro póster y lo consiguieron. Entre tanto, hicieron las tareas que tenían pendientes en casa. Eliminaron la definición marxista del partido y homologaron el PSOE con las socialdemocracias europeas. Se aplicaron el cuento del SPD alemán en Bad Godesberg y renunciaron a maximalismos doctrinarios como después hicieron los socialistas franceses en vísperas de las primeras elecciones presidenciales ganadas por François Mitterrand, cuando su congreso dejó de reclamar la disolución de la Force de Frappe nuclear francesa y la dio por buena. Es decir, a su escala, el PSOE hizo los necesarios ejercicios de idoneidad. Pasaron muchos años y muchas campañas electorales desde octubre de 1982 en las que nadie dudaba de la victoria socialista ni planteaba en sus preguntas la hipótesis de la derrota. Así hasta 1993 y sobre todo hasta 1996, cuando la cuestión más reiterada era la de cómo haría el PSOE si pasaba a la oposición. Antes hizo falta, y fue muy costoso, que Aznar interiorizara la posibilidad de su victoria y que su PP se aplicara a cumplir las pruebas de idoneidad, que acudiera a la disputa electoral por el centro sociológico, donde se encuentra el caladero decisivo de los votos, y que lo hiciera de forma verosímil. Ejemplos como los anteriores tomados de las elecciones generales pueden multiplicarse también a otras escalas, locales y autonómicas. Ahí está Jordi Pujol, sin ir más lejos, que prefiere dejar de ser candidato y liberarse, una vez que ha interiorizado su derrota después de tantos años imbatible en las urnas.

Y ese parece ser el caso del Partido Nacionalista Vasco ante la convocatoria del próximo 13 de mayo. Han sido 20 años de victorias por mayoría relativa durante los cuales nadie cuestionó que de las urnas saldría su continuidad en el Gobierno con más o menos margen, con unos u otros aliados. Ahora, sin embargo, en todas las ruedas de prensa les plantean qué harían si salieran de Ajuria Enea. El Pacto de Lizarra ha sido un fiasco y los de EH acarician la idea del sorpasso (recordemos a Anguita) para alcanzar la hegemonía en el campo nacionalista pero para ello es preciso que el PNV sea desbancado del Gobierno. En cuanto al candidato del PP, Jaime Mayor, procura evitar que le dobleguen tantas dificultades, hace campaña sin complejos, define las medidas a tomar por su Gobierno y, fuera de actitudes a la defensiva, se declara abierto a incorporar al Ejecutivo de Vitoria a personalidades independientes de perfil nacionalista. Nicolás Redondo, el candidato del PSE, sortea las trampas de Arenas Bocanegra pero sabe ya que quien quiera gobernar tendrá que hacerlo con él. Y la Iglesia, por primera vez, mal vista por los etarras. Ya era hora.

Tiempos modernos
Por Jaime CAMPMANY ABC  17 Abril 2001

El tiempo, que sólo es un concepto, no pasa igual para todos. Dicen los sabios que dos hermanos gemelos, uno que viviera sobre la Tierra y el otro que habitara en el espacio metido en una nave espacial, no envejecerían al mismo tiempo. Uno de ellos se haría viejo mucho más deprisa que su gemelo. Sin llegar a ese ejemplo, que es un ejemplo límite, o una aporía eleática, vaya usted a saber, pruebas de que el tiempo no pasa con velocidad igual para todos los hombres las tenemos aquí cada lunes y cada martes. Hay gentes que se quedan ancladas en una época, como las sirenas varadas o las barquitas que encallan, y les pilla el shock del futuro, tan bien explicado por Alvin Toffler. En cambio, otras gentes se adelantan a su tiempo y dan «lo no venido por pasado».

La ciencia genética está a punto de lograr que la vida del hombre se prolongue hasta sabe Dios dónde, docenas de años o más, y los niños que ahora vienen al mundo tienen marcado un destino de matusalenes. El espacio en que se mueve este curioso, admirable y temible ser que es el hombre tiende a la infinitud, y el tiempo en que habita tiende hacia la eternidad. Lo que sucede es que hay hombres que se quedan quietos, dentro de su casita de concha, y avanzan lentamente metidos en un tiempo lento. O sea, como los caracoles. Otros hombres niegan su naturaleza evolutiva y progresiva con mayor espectacularidad, y regresan hacia lugares ya abandonados y hacia horas ya cumplidas. Esos ya no son caracoles, sino cangrejos.

Ahora mismo, los doctos rusos en esa tecnología llamada «punta», quizá porque rasga horizontes continuamente, están fabricando un ordenador inteligente, capaz de desarrollar todas las funciones del cerebro humano. Ellos dicen que «todas». No serán «todas», pero quizás lo podamos dejar en «casi todas». La clonación de los seres humanos es algo que nos estremece, y hace bien en estremecernos, porque llegará sin remedio, vamos, que está ahí, a la vuelta de «la esquina peligrosa» del tiempo. Todo eso y muchos prodigios más suceden en nuestro tiempo, que es el albor del siglo XXI. «Siglo de la inquietud y el movimiento», llamaban los poetas al siglo XIX en sus primeros vagidos. Todavía los poetas no han encontrado palabras para definir lo que viene en el XXI.

Bueno, pues ahí tienen ustedes el «túnel del tiempo», donde caen tantos hombres y mujeres, seres humanos, como si quisieran llevar una existencia que camina al revés, en contra del reloj, del calendario, del curso de los astros. Ya ven ustedes. Por el Golfo de Guinea navega un barco cargado de niños africanos destinados a ser vendidos como esclavos. Para ellos, todavía no ha nacido Cristo, todavía no se ha abolido la esclavitud. Todavía viven en la Roma de los esclavos y de los libertos, y en la América de los negreros y del trabajo en las plantaciones bajo el látigo del amo. En las grandes capitales del Occidente rico y progresado, hay un zoco donde se venden y compran mujeres, trata de blancas, mercado de negras, feria de mulatas, tráfico de niñas amarillas de ojos rasgados.

Aquí y ahora, sin ir más lejos, mientras unos están empujando la Europa del siglo XXI, e intentando llevar la democracia hacia la perfección posible, otros están todavía luchando contra Franco. Por ahí va Arzalluz pegándole lanzadas al moro muerto. Allí tenía Franco el «Azor», anclado en la belleza impar de la bahía, y los «cuarenta de Ayete», y el consejo de ministros de los veranos donostiarras, y Arzalluz, nada. Y ahora quiere matar a Franco ganándole unas elecciones a Aznar. Pero no sólo quiere ganar con votos. Ha regresado a la guerra de guerrillas como si acabara de invadirnos Napoleón o, más allá todavía, como si Carlomagno acabara de entrar por Roncesvalles.

Los obispos  
RAUL DEL POZO El Mundo 17 Abril 2001

Cada época tiene su compromiso y lo peligroso es tomar partido ante un hecho trascendental, porque en el paso se puede atravesar la tumba. El compromiso hoy se llama Euskadi, como en otro tiempo se llamó Dreyfus, Argelia, Vietnam. Tomar partido en el País Vasco no significa apoyar a Arzalluz, a Mayor Oreja, a Nicolás Redondo a Otegi, sino adoptar una postura ante la libertad. Algunos escritores, políticos y empresarios han dado la cara en una sobredosis de conciencia; otros se han erigido en espectadores escépticos, izquierdistas neutrales, partidarios del diálogo como eufemismo de rendición. El silencio es lo más provechoso; a nadie le matan por callar. La cuestión vasca es nuestra cuestión judía y no es que después de Auschwitz no sea posible la poesía, pero la Iglesia no podía seguir callada. Hasta hace poco, los obispos remoloneaban o apoyaban abiertamente a los radicales; y cada palabra de ellos tenía su repercusión y cada silencio también. Por fin, han hablado aunque se hayan confundido sus lenguas.

Sartre denunció a los escritores que se hicieron ruiseñores cuando la ocupación y a los clérigos que se callaron cuando los campos de exterminio; también denunció a Flaubert y Goncourt porque no escribieron una palabra para impedir la represión que siguió a la Comuna: «Se dirá que no es asunto suyo, pero ¿el proceso de Calas era asunto de Voltaire? ¿Es que el Congo era un asunto de Gide?».

La derecha que gobierna no ha recordado que fueron los frailes los que obligaron en los confesionarios a los catalanes y a los vascos a hablar en cristiano, ni que cambiaron después de la guerra los nombres de Koldo, Iñaki, Jordi, Germinal por otros del santoral. Esta Iglesia no es aquella que anatemizó el liberalismo y el marxismo, pero como los obispos vascos temen perder parroquianos, aun entre gente que practica el orgullo racial y el fanatismo religioso, han tardado en definirse. Cuando llegaba de América un indiano enriquecido con su servidumbre de negros o indios, las autoridades civiles y eclesiásticas les daban un plazo breve para que embarcaran de vuelta. La Iglesia tuvo siempre una fuerza esencial en las luchas de los vascos. En los templos se juntaron para resolver asuntos trascendentales y su grito fue Dios y leyes viejas. Cada familia sacaba una monja o un fraile para enviarlos a tierras de infieles. Cada país, escribe Larra, tiene sus producciones particulares; he aquí por qué son famosos los melocotones de Aragón, las fresas de Aranjuez y los fieles facciosos de Vizcaya. Ahora, por primera vez, los radicales vascos arremeten contra la Iglesia. Les acusan de practicar la oración-hapenning. Pero los obispos no dicen nada de los nacionalistas, mal llamados moderados, que siguen, arrimados a las sotanas.

Cantos de sirena para el PSOE
Editorial La Razón  17 Abril 2001

A medida que se aproxima la jornada electoral del 13 de mayo, el mensaje del nacionalismo vasco gana en apariencia de moderación: no se escucha ya a Arzallus bramar contra los socialistas y se repiten en cambio las llamadas al «diálogo» y al «gobierno compartido» para atraer la nave del PSOE a la rompiente de Ajuria Enea.

Fracturar la alianza de los constitucionalistas es la única fórmula para que el PNV pueda seguir en el poder.

   Gobernar de nuevo en el País Vasco, recuperar sueldos y coches oficiales, es probablemente una poderosa tentación para Rodríguez Zapatero, impulsada por sus colaboradores e inspirada en la sombra de González. Una opción que le serviría de paso para castigar al PP. Lo malo es el precio que habría que pagar por ese espejismo de triunfo, y hará bien el líder socialista en escuchar, como ha hecho hasta ahora, a quienes como Redondo Terreros, Javier Rojo o Rosa Díez, conocen el drama de la falta de libertad en el País Vasco, el sonido de los cantos de sirena del nacionalismo, su probada deslealtad hacia el Estado y sus pactos secretos con el terror.

   Si ahora el PSOE echa a un lado a sus víctimas y pacta con el PNV, ni sus militantes ni sus votantes, los que hoy se juegan la vida, perdonarán al partido haberles sacrificado y vendido sus esperanzas y su sacrificio a cambio de un puesto en la mesa del Gobierno de Vitoria.

La quijada del asno
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo 17 Abril 2001

Probablemente nada aclare más la enrevesada situación vasca que la atenta lectura de un reciente artículo que el último número del boletín interno de ETA, Zutabe, dedicaba al partido de Xabier Arzalluz bajo el fraternal título, en su versión cainita, «El PNV, siempre por el camino del engaño y la mentira». Aunque suene a una melodía harto escuchada, su letra no la rubrica Javier Arenas o Nicolás Redondo Terreros, sino esa pluma siniestra, transformada en bayoneta, que acompaña a Soledad Iparaguirre, la señora del hacha y la serpiente.

Enunciado teórico que se concreta en la doble celebración de Udalbiltza, la institución clave del fracasado Pacto de Lizarra, con motivo de la conmemoración del reciente Aberri Eguna. Allí donde los ediles de Arzalluz y Carlos Garaikoetxea se solidarizaban con los asesinados, los concejales de Arnaldo Otegi cerraban filas, impasible el ademán, con los asesinos. Suma y sigue. Desde que los pistoleros pusieran punto final a la última tregua, volviendo a empedrar de cadáveres la histórica cuestión vasca, cada sigla del nacionalismo democrático ha sido marcada, en un implacable marcaje por zona y hombre, por otra análoga del nacionalismo totalitario.

De la misma forma que Herri Batasuna ajusta las cuentas al PNV, los sindicalistas de LAB aprietan las tuercas a los de ELA y la Udalbiltza bis de los radicales denuncia a la Udalbiltza de los democráticos. Con ayuda de sus propios medios de comunicación, nada hay más opuesto a Deia que Gara, y viceversa, las dos ramas del común tronco del nacionalismo vuelven a encontrarse en esas trincheras opuestas que han ocupado siempre salvo el periodo excepcional generado por la ilusión de la tregua. Tan excepcional, que uno de los portavoces de la autoridad militar competente acaba de despejar cualquier esperanza de recuperarlo al advertir en Pamplona «que nadie piense en un idílico escenario mientras haya ocupación».

Una llave nacionalista, dos llaveros nacionalistas. Esa es la contradicción fundamental y principal del problema vasco. Más allá del cretinismo parlamentario, de los intereses electorales de partidos o gobiernos que no siempre coinciden con los estatales, la sociedad vasca es el escenario de una dura confrontación interna en el seno del nacionalismo por hacerse con la llave nacionalista en su propio llavero. Tanta que, seguramente, nadie desea más la derrota electoral o política de Juan José Ibarretxe, ni su más enardecido adversario, que aquellos que le dieron sus escaños para configurar su primera legislatura. Lógico, porque entonces sí sería cierta la prematura observación que hace ETA, en su último comunicado, al afirmar que «la izquierda abertzale tiene la llave de Euskal Herria». Por ahora, es más un deseo que la realidad. De lo contrario, Otegi no descargaría con tanto ahínco la quijada del asno sobre Ibarretxe.

Supervivientes del Holocausto apoyan la marcha en Vitoria del foro Libertad
La plataforma pide a los ciudadanos que superen el miedo para enfrentarse al «canibalismo político» y voten el 13 de mayo a «partidos constitucionalistas» Critica a Ibarretxe por combinar «iluminados proyectos con muecas compungidas»
FERMÍN APEZTEGUIA VITORIA El Correo  17 Abril 2001

Supervivientes del Holocausto nazi apoyarán el sábado una movilización convocada en Vitoria por la Plataforma Libertad para exigir el final de ETA y en defensa de la Constitución, el Estatuto y los derechos fundamentales que ambas leyes amparan. Colectivos judíos y una asociación que agrupa a republicanos españoles que estuvieron presos en el campo de concentración de Mathaussen respaldarán la movilización a través de un escrito, que se leerá al final de la marcha. La protesta, convocada bajo el lema «Por la libertad, contra el exterminio», cuenta también con el apoyo del Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite) y las Abuelas y Madres de la Plaza de Mayo-Línea fundadora.

La iniciativa fue dada a conocer ayer, entre otros, por el presidente del Foro Ermua, Vidal de Nicolás, integrante de la Plataforma Libertad, a la que pertenecen también la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Foro El Salvador, Movimiento contra la Intolerancia y Asociación por la Tolerancia de Cataluña. Los promotores del acto repartirán, además, entre los asistentes símbolos judíos y pegatinas en contra del exterminio para denunciar «el totalitarismo de ETA y de sus secuaces y cómplices». Asistirán PP, PSE-EE y UA.

«Idioma compulsivo»
La plataforma también difundió un documento titulado «¡A las urnas! ¡Por la libertad!», en el que invita a votar a partidos constitucionalistas. «Nos va en ello la libertad y la vida», afirma el escrito. «Tenemos que reconquistar la paz sin pagar nada por ella, sin humillarnos, sin subestimarnos por el color de nuestra piel o el índice (Rh) de nuestra hemoglobina». El llamamiento contiene una mención especial a los vecinos de municipios pequeños, para que superen el miedo y se enfrenten al «canibalismo político».

El documento acusa, además, a ETA de «excluir y destruir a todos los vascos no nacionalistas». Al PNV y EA les reprocha haber impuesto como señas de identidad de lo vasco «la txalaparta, la ikurriña y el euskera», un «patrimonio cultural» que, según dice, ambos partidos han convertido «en un idioma compulsivo, una contraseña tribal o una coartada».

El texto también critica el papel del lehendakari en la «escalofriante escalada» terrorista. Ibarretxe, enfatizan los firmantes, «exhibe todo un muestrario de gestos de dolor y de compungidas muecas, que alterna con sus iluminados ‘proyectos esperanzadores’; todo esto entre muerto y muerto».

Un alto cargo del PP dice que iglesias vascas y navarras sirvieron de tapadera a ETA
SERVIMEDIA | Madrid  El País   17 Abril 2001

El delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Javier Ansuátegui, asegura que iglesias vascas y navarras han sido utilizadas como lugar de reuniones para 'preparar en ellas actuaciones que acababan en graves atentados'. Ansuátegui, que desempeñó el cargo de delegado del Gobierno en Navarra antes de asumir su actual puesto en la Comunidad de Madrid, hace estas manifestaciones en una entrevista publicada en el último número de la revista Círculo Ahumada, que edita la asociación Amigos de la Guardia Civil.

Según Ansuátegui, a los sacerdotes vascos 'les falló el procedimiento adecuado para transmitir la fe y eligieron un camino aparentemente cómodo: ser amables, sentirse solidarios con la juventud educada desde el principio en los planteamientos antiespañoles que formulara el PNV desde su fundación por Sabino Arana hace más de un siglo'.

Ansuátegui añade: 'Creo que, al perder eficacia en las formas con que se transmitía el mensaje evangélico, los curas decidieron ofrecer las sacristías, los centros parroquiales y los seminarios para atraerse a jóvenes generaciones de vascos que, a falta de mejor doctrina, cayeron en la trampa que inspira el radicalismo nacionalista', afirma.

'Guerra santa' en Euskadi
Tres 'almas' se enfrentan en la Iglesia vasca, el mayoritario clero nacionalista, los que exigen 'DNI vasco' y quienes lloran por las víctimas
JULIO FUENTES. Enviado especial
El Mundo  17 Abril 2001

SAN SEBASTIAN.- Puede que alguna vez fueran libres, pero hoy buena parte del influyente y dividido clero vasco, especialmente los no nacionalistas o «universalistas» que, en minoría emergente, se solidarizan públicamente con las víctimas del terrorismo, ejercen su magisterio en un ambiente demasiado parecido a la clandestinidad. Sacerdotes de todas las tendencias afirman que la mayor parte del clero, al menos el 60%, es nacionalista, tal como afirma a este diario el jesuita Txema Auxbendi, miembro de la Coordinadora de Sacerdotes de Euskal Herria, próxima a HB, y de Elkarri (movimiento por el diálogo y la negociación), cercano al PNV.

Auxbendi admite que el movimiento de curas abertzales está perdiendo «influencia social» y ahora «abordan el conflicto vasco en claves de salida negociada a través de un proceso de paz». El jesuita Auxbendi se expresa con absoluta sinceridad. «Si hubiera posibilidad de conseguir un pasaporte o DNI vasco, lo tendría. Mi nacionalidad no es española. No me siento español ni me sentiré nunca. Pertenezco a este pueblo, que está padeciendo demasiada represión», dice a EL MUNDO.

Sin embargo, la influencia social del clero nacionalista es determinante. «Aquí el cura que no es nacionalista tiene muchos problemas. Hay una sobrerrepresentación del nacionalismo en el clero vasco. En los últimos 25 años la Iglesia ha colaborado a construir una imagen de enemigo identificada con lo español y la bandera», dice el sacerdote diocesano Jesús Sánchez Maus, formador del Seminario de Bilbao y miembro fundador de Gesto por la Paz.

Los curas que no comparten esa cultura nacionalista viven inmersos, según numerosos testimonios, en una atmósfera de temor. Las represalias de la jerarquía, especialmente bajo el gobierno del ex obispo Setién, se han abatido, dicen, sobre aquellos que han osado irse de la lengua o de la pluma.

Un religioso que pidió el anonimato por miedo a eventuales replesalias exponía la influencia de la cultura nacionalista en el obispado de Bilbao, donde el delegado de medios de comunicación social, Félix García Olano, fue antes director del periódico nacionalista Deia y de Radio Euskadi. Según esta fuente, el sacerdote Joseba Segura, delegado de Pastoral Social -que incluye la promoción de la paz en la diócesis- «comparte» las posiciones del movimiento Elkarri, así como otros curas próximos a la cultura nacionalista que ocupan «puestos clave» en el obispado.

Proyectos enfrentados
Una fractura política, social y teológica que ETA ha cegado con sangre divide a los curas vascos, una fractura que también afecta a órdenes religiosas tan universales como los franciscanos y los jesuitas. Religiosos constitucionalistas, nacionalistas moderados y abertzales independentistas defienden proyectos radicalmente enfrentados para la sociedad vasca y afirman que las líneas de esa confrontación ideológica son las mismas que dividen a los vascos.

«Existe», indica el jesuita y criminólogo Antonio Beristain, «la misma división política que se da en la sociedad, entre el clero secesionista y el que no lo es. Una gran parte del clero vasco es nacionalista. Un extremo del abanico siente poco dolor ante los atentados y otro lo padece terriblemente, pero estamos en minoría. Si hay fanatismo, psicopatía, totalitarismo, no se siente dolor o se siente muy poco. En los funerales de las víctimas de ETA me gustaría ver a más sacerdotes concelebrando. Creo que puede haber miedo de presentarse en público con las víctimas, aunque no tengo pruebas».

Beristain sugiere otras claves para comprender lo que algunos analistas definen ya como «balcanización» de la sociedad y la política vasca. «Hay muchos ex curas en la propia ETA y el conglomerado abertzale. Aquí está pasando algo parecido, aunque en menor grado, a lo que sucedió en la Alemania de los años 30: en sectores extremistas se exalta la raza, el idioma, la patria, el odio étnico y el resentimiento histórico. Del País Vasco se han marchado familias completas y han vendido sus casas», agrega.

«No se puede ser universalista sin estar en Euskadi», rebate desde el independentismo abertzale el también jesuita Txema Auxbendi. «Por eso, se ataca al clero vasco encarnado en el pueblo que defiende nuestra lengua y cultura, como los franciscanos. Aquí muchos sacerdotes fueron ejecutados por los nacionales, más de 15, que no han sido beatificados por el Papa. Y no he detectado nazificación ni lucha étnica en los chicos de Jarrai».

Según este jesuita, que oficia regularmente misa en su parroquia y en la cárcel, el conflicto político vasco no proviene sólo de la dictadura franquista. «Creemos tener derecho a la autodeterminación y el Estado español no permite una salida política. ETA es sólo una manifestación de ese conflicto. Ya ni siquiera existe la posibilidad de un Estado federal, porque quedan los vascos franceses», remacha el religioso, quien admite que HB es el «agua en la que nada ETA», porque «es ETA la que marca la política» y «HB tiene escaso margen de maniobra».

Derecho a la secesión
La corriente representada por Auxbendi, que se declara a favor del Pacto de Estella, reclama a la Iglesia mayor protagonismo frente a lo que denominan poder opresor español. «Estamos discutiendo nuestro derecho a la autodeterminación, decidir cuál es el futuro, autonomía, independencia o ámbito vasco de decisión, una negociación con Madrid y con Francia, a ver que ofrecen unos y otros. Hay que ir a por todas. Aquí hay un conflicto político y la salida debe ser política. ETA sabe que no tiene salida y el PP, que no la puede eliminar. Si lo hiciera nacería otra ETA. Están condenados a negociar», dice Auxbendi a EL MUNDO.

En los últimos 25 años, apunta en contraposición el sacerdote Sánchez Maus, los medios de comunicación controlados por el nacionalismo, el sistema de educación y los obispos han servido a la «socialización nacionalista». Maus opina que a la vista de la doctrina contenida en los escritos episcopales, «sobre todo la de Setién, que otros obispos no han negado, se puede decir que la idea de secesión ha sido avalada por la Iglesia vasca». «Setién ha hecho mención explícita a la idea de autodeterminación en sus cartas pastorales», agrega. Pero Maus advierte igualmente que la violencia de ETA «está haciendo replantearse a muchos curas su militancia nacionalista».

Según Maus, formador de sacerdotes en el seminario de Bilbao, el clero vasco mayoritario no veía mal una «salida negociada con ETA» dentro de un proceso de «autodeterminación». Pero la mayoría de los curas ordenados en los últimos 15 años, puntualiza, «no son nacionalistas y no se van a callar». «El nacionalismo está dejando de ser una referencia para el clero. La mayor parte de los sacerdotes nacionalistas tienen más de 50 años», añade.

«Raza primigenia»
Aunque el jesuita abertzale Auxbendi no defiende expresamente el concepto de «raza vasca» subraya que, incluso revistas especializadas de los Estados Unidos, «definen a los vascos como una raza primigenia, de las más antiguas de Europa». «En Francia, los vascos no tenemos derecho a vivir, ni a nuestra lengua ni cultura. Etnia no es igual a raza y menos a racismo, aunque no digo que en la izquierda vasca no haya gente que lo piense. En el caso vasco existe una etnia, una lengua, un territorio y la conciencia de pertenecer a un pueblo», afirma. El sacerdote Sánchez Maus sostiene el punto de vista contrario, asegurando que «aquí, antes de la idea de ciudadano, prima la de raza vasca».

El 10 de febrero de 1985, el jesuita Antonio Beristain, de 67 años, defensor de las víctimas asesinadas por ETA, miembro del Foro de Ermua, ¡Basta Ya!, Foro El Salvador y Amnistía Internacional; catedrático de Derecho Penal, fundador y actual director del Instituto Vasco de Criminología, profesor emérito de la Universidad del País Vasco y autor de 30 libros, escribió una carta de sólo 30 líneas, una de las más breves de su vida. Una carta que le costó lo que probablemente más amaba; el derecho a oficiar regularmente misa los domingos en la parroquia de El Rosario. Tras 16 años, la sanción se mantiene. El hombre que le privó sutilmente de tal derecho fue Setién.

En la carta, titulada Cristianos por la libertad y contra la tortura, se denunciaba: «Ante tanta tortura, tanto terrorismo y tantas violaciones de derechos humanos, no queremos cruzarnos de brazos, no queremos acostumbrarnos y no nos vamos a acostumbrar». En otro párrafo afirmaba: «Nuestra sociedad está desanimada y empezamos a pensar que esto ya no tiene remedio. Con nuestro silencio y nuestra apatía nos estamos haciendo cómplices de los verdugos, de los asesinos, de los tiranos».

Aun admitiendo que el «miedo físico nadie lo supera», Beristain relataba a este diario unos hechos que, asegura, nunca había confesado públicamente antes. Y lo hacía con miedo. «No se por qué fui marginado, ya que no me lo comunicaron, pero creo que fue debido a que estaba con las víctimas y pensaban que era excesivo. En julio de 1985 me prohibieron decir misa en público los domingos de forma continua, y aún no he recibido comunicación contraria. Me lo dijo personalmente Setién, agregando que no había un motivo especial personal, que era para reorganizar la actividad en la parroquia de El Rosario», relata el sacerdote.

En diciembre de 1997, tras publicar en el Diario Vasco un artículo titulado El Papa y las víctimas del terrorismo, en el que Beristain se preguntaba «por qué la Iglesia del País Vasco nunca ha condenado el terrorismo de ETA prescindiendo de la política gubernamental estatal», el Provincial de la Orden de Jesús en Euskadi, Ignacio Etxarte, remitía a Beristain una carta en la que le exigía, en el plazo de una semana, «retractarse ante el Obispo de San Sebastián», que entonces era monseñor Setién. En la misiva se le prohibía «cualquier comunicación con los medios de comunicación social» y se le advertía sobre la eventual aplicación de «claras y serias medidas de gobierno».

Pero el jesuita abertzale Txema Auxbendi opina que los sacerdotes que consuelan a las familias de las víctimas asesinadas por ETA no representan al pueblo vasco. «El clero no nacionalista no es el que tiene mayor influencia en Euskal Herria. Sin convencer no existe influencia. No creo que cuajen sus firmas, cartas y manifiestos. No se puede estar echando leña al fuego con cartas de 300 firmas, como en la época de Franco. No creo que de ahí salga un movimiento fuerte», afirma el jesuita en alusión a los 226 sacerdotes de la diócesis de Bilbao que el pasado mes de enero firmaron un comunicado en el que se exige a ETA que deje de «extorsionar, amenazar y matar» en nombre del pueblo vasco, «porque no lo representa».

Un plan de paz
ANDONI UNZALU GARAIGORDOBIL El Correo  17 Abril 2001

He leído con desasosiego el artículo de Ramón Jauregi ‘A un amigo nacionalista’. Supongo yo que ese singular anónimo engloba a tantos amigos nacionalistas que en el curso de su vida Ramón Jauregi ha ido cosechando. Ramón, durante toda su vida ha planteado la conveniencia, la necesidad de un acuerdo básico entre nacionalistas democráticos y socialistas en Euskadi. Lo ha planteado una y otra vez, independientemente de la necesaria aritmética para componer mayoría parlamentaria, como el eje básico para la convivencia social en nuestro país. Y lo ha defendido con un gran coste personal en la política. Por eso estoy convencido de que ha supuesto un esfuerzo doloroso para él escribir al final «Un abrazo y hasta siempre» con gesto de abandono, tirando la toalla, trasladando a lo imposible ese consenso necesario.

Yo le comprendo a Ramón Jauregi. Es difícil, casi imposible, construir un puente cuando te disparan desde la orilla. Y sin embargo, la ausencia de acuerdo, ese vacío que ha sido invadido por el caos de la violencia, hace mucho más urgente y necesario el consenso. Ardanza, al que tentado estoy de poner el epíteto de ‘hombre tranquilo’, ha dicho claramente: es necesario volver al acuerdo de mínimos, recuperar las instituciones.

A pesar de múltiples lecturas, frase a frase, queriendo ocultar el principal mensaje, Arzalluz lo ha entendido muy bien, y como no está de acuerdo, ha respondido rápidamente con una argumentación falaz: no se debe renunciar a la ideología partidaria porque eso supone dejar en manos de ETA la agenda política de Euskadi. Pero estimado Prócer, eso es precisamente lo que ya ha ocurrido. ETA ha arrebatado la agenda, la mesa y la sala de reuniones. La agresión de la violencia terrorista ha sido tan brutal que ha anulado el ámbito de lo político, haciendo imposible cualquier debate político en el que la bomba o el tiro no marquen el ritmo.

De lo que se trata, lo urgente, ahora es recomponer las instituciones, las relaciones, los consensos necesario para que de nuevo la política pueda ser. El debate político no crece en un huerto inexistente. Para que la política sea posible, al menos la política democrática, son necesarias una serie de condiciones objetivas, de entramado institucional pactado, y una situación de libertad social. Lo más valioso de las sociedades democráticas no son las propuestas partidarias legitimas. Lo más valioso es el entramado institucional, el consenso social que hace posible y garantiza que esas opciones puedan existir en libertad.

No pido que los partidos renuncien a su ideología, a sus legítimas propuestas. Lo que digo, y nuestro lehendakari tan amigo de metáforas populares me entenderá, es que de nada sirve proclamar excelentes recetas si no construimos primero la cocina y el fogón, y aceptamos, además, que otro cocinero proponga diferentes recetas en la cocina común.

Tiene razón Ramón Jauregi cuando dice que antes del pacto de gobierno hay que hablar de un asunto prepolítico. Él lo llama «El Plan de Paz». Yo estoy de acuerdo, y voy más allá: creo que el programa del nuevo Gobierno debe ser, y básicamente, sólo eso. Estoy convencido de que la inmensa mayoría de los vascos creemos que lo que nos importa, hoy, no es tanto una política más o menos socialista, más o menos nacionalista, lo que realmente queremos es que las diferentes opciones y propuestas puedan existir en libertad e igualdad de condiciones.

Estoy convencido de que el elemento determinante que limita, coarta, e impide la acción política libre en Euskadi es ETA y la violencia radical. Y este hecho debiera ser mucho más doloroso para los nacionalistas, ya que la bomba y el tiro han manipulado y secuestrado cualquier planteamiento nacionalista en una sociedad libre. Yo tampoco sé, querido Joseba, si soy de los nuestros. Lo que sí sé es que soy de ese nosotros grande que formamos todos los ciudadanos vascos, y que nada tiene que ver conmigo ese nacionalismo homogeneizador, coercitivo, que pretende construir nación (¿qué nación? ) a toque de trompeta militar.

Ramón Jauregi plantea en su artículo que en Euskadi vivimos en la actualidad una crisis institucional y de libertades de especial transcendencia y menciona un Gobierno de concentración como salida institucional posible. Estamos de acuerdo, Ramón. Pero no veo ningún candidato haciendo esa propuesta simple y clara.

Veo a los políticos estos días, especialmente a los nacionalistas, que andan continuamente con la calculadora en el bolsillo haciendo y rehaciendo hasta el infinito combinaciones imaginarias que garanticen el nuevo Gobierno. Combinaciones imaginadas en las que siempre el dueño de la calculadora se queda en el poder.

Si hay algún candidato que esté de acuerdo con Ramón Jauregi, sería de agradecer que nos lo dijera claramente. Si algún candidato cree que sería aconsejable un Gobierno de concentración, le agradeceríamos que lo proclamara en la campaña electoral, pero de forma seria y consecuente.

A mí me parece que aceptar de forma consecuente esta opción, con la que estoy de acuerdo, significa asumir estos tres puntos: a) que el país vive una situación de especial gravedad; b) que se renuncia a la política partidaria; c) que el Gobierno de concentración tiene un objetivo claro. Respecto al primer punto pocos serán en Euskadi los que puedan discrepar. La asunción del segundo punto supone para mí que el nuevo Gobierno se compromete a negociar el Concierto Económico en unas condiciones similares a las actuales y que renuncia a modificar la legislación básica de la comunidad autónoma. Supone también que, en los asuntos que no estén directamente relacionados con el objetivo básico del Gobierno, se hará política de gestión.

Me extenderé algo mas respecto al tercer punto. Yo sí creo que el nuevo Gobierno puede tener un objetivo claro. Este objetivo es el plan de paz para la convivencia en Euskadi. Los objetivos del plan de paz deben de ser claros y simples, y explicados por los candidatos con minuciosidad, ya que, según creo, es lo que más nos importa a los ciudadanos vascos. Se debe plantear un plan realista que los ciudadanos entiendan y asuman. No existe un mago que de su sombrero saque la solución ideal, y menos en este asunto de la violencia terrorista que tanto sufrimiento genera. Por eso es tan importante explicar qué se quiere conseguir y con qué medios.

El objetivo último del plan debiera ser terminar con ETA, la violencia y la coacción, pero el objetivo primordial y urgente creo que debiera ser recuperar las libertades políticas y el consenso social en torno a las instituciones que hoy tenemos en Euskadi. Si hay algún candidato que proponga esto, yo le anuncio mi voto. Y a ti, Ramón, un fuerte abrazo de este nacionalista heterodoxo, pero no te digo hasta siempre porque espero que, más pronto que tarde, estaremos hablando sobre este país que los dos tanto amamos.

Condición previa para un plan de paz, que haya guerra
Nota del Editor   17 Abril 2001

Para que haya guerra tiene que haber ataques mutuos. Si una de las partes no ataca, no puede haber guerra, en todo caso ocupación, que es lo que ocurre: ocupación nacionalista con el "libre" ejercicio represor y opresor de sus acólitos terroristas.

Los muertos también votan
FRANCISCO UMBRAL El Mundo  17 Abril 2001

Se ha descubierto ahora un fraude electoral socialista en el cual aparecen como votantes cientos de españoles ausentes o muertos. Los censos fueron manipulados, sin ningún respeto para la muerte, en las elecciones de postrimerías, cuando el PSOE trabajaba ya con los materiales de la desesperación.

Pero nadie toca en vano el corazón velado de la muerte, porque los muertos mandan y en muchas cosas seguimos regidos por ellos. En las elecciones vascas, quienes van a decidir en buena medida son los muertos, las víctimas de ETA, ese centón de caídos que, con su peso mudo y su influencia ciega, inclinan el voto hacia la venganza, hacia la realidad, hacia la lucidez, hacia la vida, que a ellos ya no hay nadie que les convenza de nada. Los muertos mandan, los muertos votan. Y no sólo los de ETA, sino incluso los muertos satinados de la guerra civil, que todavía tienen un plato de sombra y una palabra nocturna en miles de casas. Alguien, en el PSOE, quiso manipular a los muertos y a los lejanos, pero aquellos votos falsos no tuvieron fuerza, ya, para contener el avance de otra etapa histórica. Y ahora aquellos muertos se proclaman, se opinan de vivos, humillan a un partido, cantan. Cantar es otra manera de votar. Cadáveres de la guerra, cadáveres manipulados de los padrones del PSOE, cadáveres de ETA. No hace falta manipular los muertos porque los muertos se comportan por sí solos.

En el País Vasco van a votar toda clase de muertos. Estas elecciones sólo pueden hacerse a la sombra del sol de los muertos. Una familia enlutada no es sino la pluralidad que utiliza la muerte para dejar su voto. El voto del miedo, el voto del odio, el voto de la experiencia, el voto negativo a los pistoleros y sus intelectuales.

Lo que más pesa en estas elecciones de vivos son los muertos. Un muerto colectivo no se muere nunca sino que va pasando, de uno en otro, por todos los miembros de la familia, por la memoria común del vecindario, por la marejadilla de los cementerios, por las arcadas del país. Auspicio que se han convocado unas elecciones para borrar la muerte y su memoria con mano democrática, pero ignorando que los muertos también votan y que cada voto en nombre de un muerto pesa y vale más que el de muchos vivos dubitantes. El voto de calidad, de que hablaba Tierno Galván, es el voto del muerto, que se impone en una familia y puede incluso cambiar la intención histórica de los votantes. En España hay democracia porque hay elecciones, pero socapa de unas elecciones vuelve la verdad nada democrática del que cayó con un tiro en la nuca.

Media España, cuando entonces, concentró sus muertos en Federico García Lorca, y la otra media en José Antonio Primo de Rivera. Eso sigue vigente y hace que seamos una democracia luctuosa. Lo primero, para sacar adelante unas elecciones democráticas, es prescindir del voto de los muertos, en las listas y en las conciencias. Pero los muertos del País Vasco, y de toda la España tiroteada, están demasiado recientes, todavía no tienen historia, pero si no tienen historia han de tener memoria: y la memoria también vota.

Gregorio Salvador analiza el estado del español en «El Cultural»
EL MUNDO 17 Abril 2001

MADRID.- El académico Gregorio Salvador analiza para El Cultural, que mañana se distribuye con EL MUNDO, la situación actual del idioma español. En las vísperas de la gran fiesta de las letras, que tendrá lugar el próximo lunes, cuando los Reyes entreguen el premio Cervantes a Francisco Umbral, El Cultural ofrece este informe, cuyo contenido se centra en la expansión y problemas de nuestra lengua.

«El Reino de Cervantes», pues así denominaba el escritor venezolano Arturo Uslar Pietri al mundo hispanohablante, es el título con que se abre la portada de El Cultural, en las que el académico Gregorio Salvador señala, en sus primeras páginas, que «la expansión internacional del español hace mucho más paradójico, repugnante y deplorable el hecho de que el único lugar del mundo donde a sus hablantes se les pueda negar la posibilidad de educarse en ella, de recibir en ella sus enseñanzas, sea la propia España».

El artículo hace hincapié en la posición del español entre los varios millares de lenguas que existen en el mundo, con enumeración de hechos y datos objetivos, así como en las circunstancias externas y caracteres intrínsecos que hay que considerar para valorar su posible papel en la sociedad de la tecnología y de la globalización.

GALLEGOS DE VERDAD Y DE MENTIRA
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz  17 Abril 2001 

Dejaré, para empezar, dos cosas claras. Primera: que creo que a Cela podría aplicársele aquella definición que, al parecer, dio de Valle Inclán el general Primo de Rivera: la de eximio escritor y extravagante ciudadano. Una extravagancia, por lo demás, del tipo de las que con sagacidad suele definir mi amigo Julián Santamaría: la de quienes no están nunca en el balcón arrojando los dineros, sino abajo recogiéndolos. Segunda: que resulta, en efecto, escandaloso, como denuncia el BNG, que se subvencione el Museo do Pobo Galego con 30 millones de pesetas y con 35 la Fundación Camilo José Cela.
Dicho lo cual, la pregunta vuelve a ser la misma y a suscitar una idéntica inquietud: ¿Puede aceptarse, como cosa indiscutible, que Cela no forma parte de la cultura gallega? La cuestión, no se vayan a creer, resulta mucho más seria de lo que a primera vista pudiera parecer: de hecho, el no haber reaccionado frente a imposturas semejantes con la claridad que se merecen explica algunas de las cosas que hoy suceden en Euskadi.

Vayamos, pues, a nuestro asunto. Cuando una diputada del BNG niega, tan tranquila, que Cela pertenezca a la cultura gallega, sólo cabe interpretar que lo que define, según el BNG, la pertenencia a esa cultura es el uso de uno de los dos idiomas de Galicia. La proposición podría formularse de este modo: sólo quien produce cultura en gallego pertenece a la cultura gallega. Es esa una lógica contradictoria con la historia, que vendría a suponer que ni la Pardo Bazán, ni Valle Inclán -que huelen a Galicia por todos sus costados- forman parte del país que explica cada una de sus páginas. ¿Quién discutiría hoy a James Joyce, quintaesencia de Irlanda y lo irlandés, su pertenencia a esa cultura por haber escrito en inglés únicamente?

Pero es esa una lógica, además, y esto es lo grave, que expresa una visión no plural y sectaria de Galicia, según la cual la mitad de los gallegos no seríamos de aquí sino de España, pues sólo española sería nuestra pertenencia cultural. Pues lo siento de verdad, doña Pilar, pero niego la mayor: yo, y los que como yo, producimos ciencia o cultura en castellano, somos tan gallegos como usted, pertenecemos a este país y no toleraremos sin levantar bien alto nuestra voz que nadie trate de expulsarnos culturamente de un país que es tan nuestro como suyo. Para evitar los polvos que dejan después unos lodos que ya todos conocemos.

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