AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 22 Abril   2001
#Ejemplo de heroísmo
Editorial La Razón 22 Abril 2001

#La conversión de Arana
Editorial ABC  22 Abril 2001

#EL DRAMA DE LOS DORDA
Editorial El Mundo 22 Abril 2001

#Papel mojado
Jaime CAMPMANY ABC 22 Abril 2001

#Educación sabiniana y problema vasco
Mª Enriqueta BENITO BENGOA La Razón 22 Abril 2001

#Opciones del 13-M
Editorial El País 22 Abril 2001

#Auténticos duros a cuatro pesetas
M. MARTÍN FERRAND ABC  22 Abril 2001

#¡Ay este PSOE!
Colaboraciones ABC   22 Abril 2001

#Intelectuales vascos analizan las claves del viraje españolista de Sabino Arana
MADRID. Antonio Astorga ABC  22 Abril 2001

#ETA hace estallar cuatro kilos de dinamita en casa de dos ediles del PP
FERNANDO ALVAREZ  El Mundo  22 Abril 2001

#Estrellas de David contra el «holocausto vasco»
F. APEZTEGUIA VITORIA El Correo  22 Abril 2001

#Racista superlativo, 6
Enrique de Diego Libertad Digital  22 Abril 2001

#Frentes y fisuras
ANTONIO ELORZA El Correo  22 Abril 2001

#Los obispos ante el terrorismo
SANTOS JULIÁ El País   22 Abril 2001

#EL PP APRENDE A MATIZAR
PEDRO ALTARES La Voz 22 Abril 2001

#Dudas y mezquindades
CASIMIRO GARCIA-ABADILLO El Mundo 22 Abril 2001

#Amistades que matan
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo  22 Abril 2001

Ejemplo de heroísmo
Editorial La Razón 22 Abril 2001

A María San Gil, primera teniente de alcalde por el PP del Ayuntamiento de San Sebastián, y candidata ahora en las elecciones autonómicas vascas, le molesta profundamente que la califiquen de heroína. Lo mismo le sucede a los centenares de concejales de su partido y del PSOE que viven (y algunos mueren) bajo la opresión dictatorial de la banda terrorista Eta. Unos concejales, como los que ayer sufrieron otro atentado con una potente bomba en Fuenterrabía. O como los que fueron homenajeados en Ermua por dar la cara sacrificadamente para defender ideales demócráticos donde la libertad sigue siendo una utopía.

   Sin embargo, María San Gil y sus compañeros de los partidos no nacionalistas en el País Vasco son verdaderos héroes. Desearían no serlo, porque ello demostraría que exiten libertades políticas y civiles en el País Vasco; pero no es así, y sólo una ejemplar entrega y unas dignas convicciones de algunos mantienen viva la esperanza de que esa sociedad pueda recuperar la convivencia y eliminar los bastiones de totalitarismo que la amedrentan.

   Hoy, en la entrevista con María San Gil que publicamos en las páginas de Nacional, la candidata del PP realiza una denuncia fundamental: la falacia del PNV al acusar de «franquistas» a los partidos no nacionalistas. El único franquismo, entendido como totalitarismo, está del lado de los que utilizan la violencia para imponer sus pretensiones de poder; del lado de quien la justifica o la aprovecha. No está en el PP, cuyos cuadros, como la propia María San Gil, con sus 36 años, son tan jóvenes que el franquismo lo vivieron en la escuela. Ni en el PSOE, heredero precisamente de una histórica formación antifascista. Son los nacionalistas los que viven dependientes de la herencia de aquel franquismo extinguido, como permanente excusa para montar otra dictadura excluyente frente a la democracia que los españoles supieron construir con esfuerzo y generosidad.

   La recuperación de esta democracia vulnerada en el País Vasco es, por tanto, el reto fundamental de estas elecciones. Porque mientras haya un gobierno que coincida en los fines con una banda terrorista, difícilmente se puede acabar con ésta. Y mientras no triunfe una alternativa de convivencia y pluralidad generosa, poco se puede hacer con la tendencia a la exclusión del nacionalismo etnicista. Es de esperar que el pueblo vasco entienda la sinceridad y el valor con los que los políticos no nacionalistas se enfrentan a las urnas, pese a poner en peligro sus vidas.

   Por eso, María San Gil pone sus esperanzas en una victoria de Jaime Mayor, con el respaldo del PSOE, y le recuerda a este partido que su mayor errror político sería pactar con el PNV. Sería legitimar a los mismos que, si ganaran, harían todo lo posible para borrar a los socialistas (y a los populares) del mapa vasco.

La conversión de Arana
Editorial ABC  22 Abril 2001

Una mente torturada por las frustraciones y los fanatismos, como la de Sabino Arana, sólo podía generar una doctrina irracional. El maquillaje posterior de su pensamiento no ha podido ocultar los rasgos esenciales del aranismo, como el talante antiliberal, el nacionalismo etnicista, el integrismo religioso, el odio xenófobo, el racismo militante y el ruralismo endogámico. El conocimiento general de estos rasgos no impidió al PNV normalizar su convivencia y sus relaciones con las demás fuerzas políticas, bien por pragmatismo coyuntural, bien por venderse como mal menor y contrapeso frente a ETA. Reducidas al mínimo las distancias entre el nacionalismo y la banda terrorista, han desaparecido los amortiguadores instalados a la doctrina de Arana. Se abre paso, de esta forma, la necesidad de conocer y saber cuáles son los fundamentos ideológicos de un partido que quiere hacer política y gobernar una comunidad moderna en el siglo XXI. Y eso reclama saber de Arana todo lo que dijo, entre lo que figura su conversión postrera a un autonomismo españolista, con renuncia expresa al separatismo insuflado por su hermano Luis. Resulta que el testamento político de Sabino Arana no es el lloroso y afligido Discurso de Larrázabal ni el breviario con aspiraciones salmódicas titulado «De su alma y de su pluma». Su adiós político fue una serie de escritos, redactados durante su estancia en la cárcel bilbaína de Larrinaga, que reflejan el desistimiento separatista de Arana. 

El PNV ha actuado como selectivo custodio de la obra sabiniana, función compartida con la de intérprete piadoso que tanto disculpaba el racismo de su fundador con historicismos insostenibles como explicaba su cambio ideológico final con referencias a su situación enfermiza y carcelaria. Como hoy se recoge en dos amplios reportajes en «Los Domingos de ABC» y en la sección de Cultura, la evolución de Arana hacia la defensa de la autonomía vasca en la unidad de España no fue el desvarío de un enfermo ni una estrategia maquiavélica para infiltrarse en el enemigo como un caballo de Troya. Fue una decisión meditada y compartida con colaboradores aun antes de ingresar en prisión y que Arana mantuvo hasta su muerte, ocurrida un año después de su excarcelación.

Si la motivación fue su estupor ante el odio que había sembrado —sin saber entonces cuántos acabarían sufriéndolo— o si fue su deseo limpiar su memoria es algo que sólo Arana podría aclarar. Lo cierto es que, con argumentos y razones cargadas de un sentido común inédito en su obra anterior, pretendió reconducir el nacionalismo vasco, al que había instalado en lo más puro de las ideologías reaccionarias europeas de finales del XIX. Tras la locura, la lucidez. El problema es que Arana llegó tarde para reeducar a sus hijos políticos, quienes nunca quisieron respetar sus cartas desde la cárcel. Si hoy las leyeran, dirían de su fundador que es un simple «michelín» que les sobra.

EL DRAMA DE LOS DORDA
Editorial El Mundo 22 Abril 2001

La angustia de Rosario Dorda y su familia es la de centenares de dirigentes vascos no nacionalistas que mantienen cada día una dramática lucha interna entre el imperativo ético y vital de no renunciar a sus convicciones y el miedo a morir por ellas.

ETA colocó en la madrugada de ayer cuatro kilos de la dinamita robada en Grenoble en una ventana del domicilio de Rosario Dorda, concejal del PP en Hondarribia. Ella no estaba en casa, pero sí su hijo José Manuel Lizarraga, concejal del PP en Irún. La explosión fue tremenda y destrozó una de las habitaciones, casualmente vacía. Todo se redujo a un tremendo susto y a considerables daños materiales.

No es éste el único episodio violento en la vida de esta familia. Hace unos meses, la vivienda de Dorda había sido atacada por unos vándalos. Su hija posee una farmacia en Hondarribia, que ha sufrido desperfectos en dos ocasiones en el último año. La madre y el hijo tienen que vivir protegidos con escolta policial, ya que son un permanente blanco de ETA.

La acción de ayer de la banda terrorista es el enésimo acto de intimidación contra los concejales vascos del PP y del PSOE, a los que de nuevo se les envía el siniestro mensaje de que ser representante de estos partidos equivale a jugarse la vida. Más que eso, que ni siquiera van a poder dormir en paz en sus casas.

Hay, en estos momentos, dos tipos de vascos: los nacionalistas, que pueden vivir tranquilos, decir lo que piensan y disfrutar de las muchas excelencias de su tierra y los no nacionalistas que, además de sufrir la permanente intimidación de los violentos, están condenados a la ley del silencio.

María San Gil, presidenta del PP en Guipúzcoa, lo expresó con singular acierto cuando sugirió que la familia Dorda se sentiría mucho más segura en el domicilio de Arzalluz. «Los concejales del PP y del PSOE van a tener que vivir en guetos», afirmó.

Precisamente, miles de vitorianos se manifestaron ayer, convocados por la Plataforma Libertad, con estrellas de David en sus solapas para denunciar ese nuevo nazismo que quiere exterminar a parte de la sociedad vasca.

Ningún dirigente nacionalista estuvo presente. El Gobierno vasco y los líderes del PNV y EA condenan ritualmente la barbarie de ETA, pero no hacen nada para remediarla porque, en el fondo, su dicurso soberanista se fortalece con la sangre que derrama la banda.

El drama de los Dorda pone en evidencia el fracaso de Ibarretxe y su partido, que ni han querido ni han podido aliviar tanto sufrimiento.

Papel mojado
Por Jaime CAMPMANY ABC 22 Abril 2001

TIENE razón, tiene muchísima razón ese señor Gorka Knorr, secretario de Eusko Alkartasuna. Si al final se celebran las elecciones vascas del 13 de mayo sin que la coalición PNV-EA disfrute de los espacios gratuitos de propaganda en la radio y la televisión públicas, se produciría un grave escándalo político. Es difícil entender que grupos políticos sin representación en la cámara vasca dispongan de esos espacios para predicar sus ideas y programas, y en cambio se les niegue el acceso a ellos a los dos partidos representados no sólo en la asamblea parlamentaria de Vitoria, sino también en las cámaras legislativas nacionales, Congreso y Senado. Para que las cosas no lleguen a ese punto, el señor Gorka Knorr pide que la ley sea interpretada de acuerdo con la realidad social.

Bueno, pues ese «grave escándalo político» puede producirse el miércoles cuando la Junta Electoral Central resuelva el recurso presentado por la coalición nacionalista contra la decisión de la Junta Electoral vasca. A los miembros de esa Junta Central les ha salido al ruedo un morlaco de cuidado, bronco y corniveleto. El problema jurídico parece claro como el agua, y la ley es tan clara que no admite vuelta de hoja. Sólo cabe tenerla a la mano y ponerla sobre la cabeza. El problema político es harina de otro costal. Un nuevo elemento de desigualdad e irregularidad se añadiría a los que ya ensombrecen las urnas vascas del 13 de mayo, sobre todo uno: el miedo. Y ya hay voces que se unen a la de Gorka Knorr para pedir una interpretación de la ley electoral que tenga en cuenta «la realidad social». O sea, que convierta una ley, clara y taxativa, en papel mojado.

Vamos por partes. La coalición electoral PNV-EA conocía perfectamente los términos de la ley. La norma prohíbe a una coalición presentar sus candidaturas con siglas diferentes, pues eso le permitiría disfrutar de los beneficios de presentarse unidos al tiempo que los de formar distintos grupos parlamentarios. Es natural. O los partidos se coaligan y forman un grupo parlamentario presumiblemente más numeroso que la suma de los partidos separados, o renuncian a la coalición para acogerse después, si quieren, a los pactos parlamentarios. En definitiva, se trata de elegir entre el pan y el perro. Los italianos dirían que pretender tener las dos cosas, coalición y varios grupos parlamentarios, es como querer tener «la bota llena y la mujer borracha».

Eso mismo pudieron intentar PP y Unión Alavesa, y renunciaron a ello después de una consulta. Los coaligados nacionalistas plantearon su estrategia electoral a sabiendas de que eso les impediría acceder a los espacios gratuitos de los medios públicos. En vez de entrar por el aro de la ley, igual que hicieron PP y UA, la desobedecieron a sabiendas de que se situaban fuera de ella, y con esa actitud desafiaron conscientemente a la autoridad de las Juntas Electorales, primero la Vasca, y después la Central. No se trata de un error ni de un descuido. El «escándalo político», si lo hay, lo fabrican ellos. Se trata, pues, de un reto a la legalidad, según la vieja táctica nacionalista de la desobediencia de las leyes que no les gustan.

Ni «realidad social» ni cabezas de amapolas. Aquí no hay más «realidad social» que el deseo de pasarse por el arco del triunfo las leyes que, para más inri, son las dictadas por el Parlamento vasco. Los peneuvistas y los euskoalkartasunos han querido burlar la norma en provecho propio donde otros la respetaron tal vez con menoscabo de los resultados del escrutinio. Y el tiro les ha salido por la culata. Han forzado las cosas con su arrogancia acostumbrada: la de pensar que el miedo no permitirá aplicar la ley en sus justos términos. Y en esas estamos.

Educación sabiniana y problema vasco
Mª Enriqueta BENITO BENGOA La Razón 22 Abril 2001

Les aterra el oír que a los maestros maketos se les debe despachar de los pueblos a pedradas. ¿Ah la gente amiga de la paz...! Es la más digna del odio de los patriotas (Sabino Arana), citado en «Páginas de Sabino Arana» Editorial Criterio Libros.

   De aquellos barros estos lodos. Sabino Arana era un racista de libro, equiparable a los más execrables personajes xenófobos de nuestra historia, al que, paradójicamente se le dedican calles y el PNV lo adopta como santón y generador de su ideología. Hasta a la sede del partido nacionalista se le pone la denominación «Sabin Etxea» y el cuadro del psicópata preside cualquier batxoki o sede de dicho partido.

Incluso algunos nacionalistas ponen a sus hijos el nombre de Sabino en honor a su fundador y se vanaglorian llamando al demente, abuelo. Así que lo de partido democrático es más que cuestionable, con ese tipo de referencias.

   Esta frase redactada por el fundador del PNV revela lo que sistemáticamente se ha ido realizando en la política educativa surgida del ideario nacionalista durante los veinte años de hegemonía de dicho partido.

Se ha ido creando una escuela nacional al más puro estilo de las escuelas franquistas, adoptando toda una simbología homogeneizadora en lo cultural, atacando a cualquier atisbo de pluralidad y diversidad ¬ejemplos hay muy variados¬; introduciendo de manera forzada el euskera, aunque fuera contra natura en relación a las realidades socio-lingüísticas; copando los órganos de representación de los centros y reprimiendo la libertad de expresión en las comunidades educativas; introduciendo comisarios políticos que han ido sustituyendo a los maestros profesionales, provocando la diáspora de éstos; evitando la carrera profesional en función de los méritos y de la capacidad, y promoviendo en su lugar el filtro sindical-lingüístico; adoptando como modelo el adoctrinamiento en lugar de la educación; la falsedad en los contenidos de los libros de texto, etcétera.

   De esta guisa y manera no se ha conformado una educación a la medida del ciudadano, para el desarrollo íntegro de la personalidad y de las potencialidades del individuo, sino para la construcción nacional.

   Sería bueno conocer el dato del número de profesores y maestros que se han marchado de nuestra Comunidad, silenciosamente, casi sigilosamente, como si fueran judíos en la Alemania Nazi, en una diáspora sin precedentes en la historia, para darnos cuenta de que se ha cumplido el deseo de Sabino Arana a machamartillo; en una planificación perfectamente calculada y tomando como excusa o vehículo instrumental la euskaldunización. No se ha despachado a pedradas a los «maestros maketos», pero sí con una presión social y política sutil, velada, y algunas veces más que explícita, incluso con violencia ambiental. Quizás no resulte una mera casualidad el que profesionales con muchos años de formación y práctica docente suspendan con unos índices del 60 por ciento en los cursos de IRALE (de euskaldunización), para entender cómo se invita de forma indirecta al profesorado a marcharse, para dejar hueco a un personal más acorde con los fines de la construcción nacional.

   Si leemos a Sabino Arana nos parecerá un anacronismo y una aberración ideológica lo que dice. Y ello no tendría mayor importancia si no fuera porque la ideología aranista ha impregnado las actuaciones de la planificación educativa y cultural vasca desde hace veinte años hasta ahora. Y el resultado está a la vista: el nutriente principal de Eta procede de jóvenes a los que se les ha adoctrinado en sus centros educativos y se les ha ocultado la verdadera historia y la auténtica cultura vasca que está engarzada, quiéranlo o no los nacionalistas, con la historia de España. Enseñando a odiar con el espíritu aranista no puede extraerse otro resultado que la degradación moral y la perversión en las mentes de muchos de los jóvenes vascos que militan en los movimientos abertzales violentos.
 


Opciones del 13-M
 
Editorial El País 22 Abril 2001

A tres semanas de las elecciones vascas, el atentado de ayer en Hondarribia contra una familia en la que hay dos concejales del Partido Popular ha venido a subrayar cuál debe ser la prioridad máxima del Gobierno que salga de las urnas: hacer lo necesario para acabar con el estado de excepción impuesto por ETA a la mitad de la población de Euskadi; combatir con eficacia el terrorismo a fin de garantizar la libertad de todos los ciudadanos; impedir que las decisiones políticas estén secuestradas por el conglomerado etarra.

Las democracias descubrieron tiempo atrás que las crisis excepcionales exigen respuestas de amplio consenso. La normalización del País Vasco exige como mínimo un acuerdo parlamentario que comprometa a todos los demócratas en la defensa de las libertades; esto es, en el combate frontal al terrorismo de cualquier intensidad. Un Gobierno de amplia base, representativo de las principales tradiciones democráticas vascas (la nacionalista, la liberal-conservadora y la de la izquierda no nacionalista), debería quedar a salvo de las maniobras desestabilizadoras que tratará de desplegar el nacionalismo impositivo de ETA y su brazo político.

Para que esa combinación fuera verosímil debería producirse, en todo caso, una corrección en toda regla del rumbo soberanista que el PNV emprendió hace tres años con el Pacto de Estella y que, lejos de rectificar, ha subrayado en el programa electoral trazado conjuntamente con EA. Los electores no tienen ningún indicio serio de que eso vaya a cambiar después del 13 de mayo.

Por difícil que hoy parezca, el primer cometido de todos los partidos democráticos, antes y después de las elecciones, debería ser formalizar un nuevo compromiso que vincule a nacionalistas y no nacionalistas contra ETA y a favor de las libertades civiles de todos los ciudadanos. Ése, y no otro, es el sentido del acuerdo que suscribieron el PP y el PSOE meses atrás por iniciativa de José Luis Rodríguez Zapatero, acogida primero con desdén por el partido de Aznar y rechazada por el PNV y EA como una iniciativa antinacionalista, pese a que en nada choca con la doctrina expresada recientemente por Ardanza. Pero justamente porque el nacionalismo que se presenta a estas elecciones no es el que simboliza el ex lehendakari, reconocible en el Pacto de Ajuria Enea, a corto plazo parece inviable un Gobierno de concentración y nada probable una reedición de la gastada fórmula PNV-PSOE. Es incluso plausible que la recomposición del consenso de los demócratas pase por un ejercicio de alternancia en el Gobierno vasco. Hay ejemplos sobrados de que a veces los partidos sólo corrigen su rumbo cuando los electores les apean del poder.

Si se diera una mayoría PP-PSOE capaz de evitar el obstruccionismo de EH significaría que el electorado desautoriza claramente la deriva soberanista del nacionalismo e implicaría, por tanto, un mandato a favor de la alternancia. El pluralismo no ha de expresarse siempre en una coalición presidida por el PNV, y tras 21 años de hegemonía nacionalista sería lógico el cambio. En esa hipótesis, la reincorporación del nacionalismo al consenso estatutario habría de plantearse mediante acuerdos similares a lo que fue el Pacto de Ajuria Enea (que no sólo era un acuerdo entre nacionalistas y no nacionalistas, sino entre Gobierno y oposición). Pero ese objetivo de búsqueda del consenso contra el terrorismo debería estar presente desde ahora en los planteamientos de los partidos constitucionalistas. Sobre todo evitando actitudes que perjudiquen las expectativas de los nacionalistas críticos con el rumbo soberanista. Como dice Ramón Recalde en la entrevista que hoy publica El País Semanal, si el nacionalismo no rompe con Lizarra, no habrá más remedio que intentar llevarlo a la oposición, pero si rectifica habría que 'apostar por un Gobierno de concentración'.

La tercera opción sería una mayoría constitucionalista relativa. Es decir, suficiente para formar Gobierno, pero sometida a la amenaza de derrota parlamentaria permanente por un eventual acuerdo entre el nacionalismo democrático y EH. Bastaría que se repitiesen los resultados de 1998 para que un candidato apoyado por los partidos no nacionalistas obtuviera, en segunda votación, la investidura. En 1998 la obtuvo Ibarretxe porque contó con el apoyo de EH, formación con la que pudo firmar un pacto de legislatura gracias a que ETA estaba en tregua. Rota ésta, una repeticion de ese acuerdo es poco probable. Luego es verosímil un Gobierno PP-PSOE, que, aun sin contar con mayoría absoluta, sería tan legítimo como lo fueron los primeros del PNV, que tampoco la tenían, pero se beneficiaron de la ausencia de HB del Parlamento. Legítimo, pero débil. Expuesto a una obstrucción permanente, Otegi ya ha dicho que sólo después de los comicios decidirán si participan o no en la Cámara. Harán lo que diga ETA. Si el PNV decidiera derribar ese hipotético Gobierno mediante una moción de censura pactada con el brazo político de los terroristas, como ha amenazado Arzalluz, alcanzaría niveles de deslealtad democrática que su partido no había franqueado hasta ahora. Y desautorizaría el compromiso de Ibarretxe de no pactar con EH mientras persista la violencia. Hasta Egibar ha dejado claro recientemente que el acuerdo es imposible mientras siga ETA y EH plantee una propuesta que prescinde de los 'ciudadanos que no se sienten nacionalistas'. La amenaza sería, por tanto, real, pero un pacto con EH no dejaría de plantear a los nacionalistas problemas gravísimos. El hecho de que el nacionalismo siga gobernando en dos de las tres diputaciones, lo que le otorga un considerable poder, será seguramente un factor moderador.

Lo que no resultaría lógico es que, para evitar el chantaje de EH, los partidos constitucionalistas pacten con los nacionalistas aunque éstos persistan en su estrategia de desbordar por vía de hecho el marco autonómico. Estarían avalando así la aventura soberanista y perjudicando a los sectores que dentro del nacionalismo defienden que el consenso estatutario es condición para acabar con ETA. No favorecería en todo caso el objetivo prioritario de reconstruir el consenso contra el terrorismo, que es el que debe guiar la estrategia de los demócratas en esta hora decisiva.

Auténticos duros a cuatro pesetas
Por M. MARTÍN FERRAND ABC  22 Abril 2001

Santiago Rusiñol, parapetado tras su barba solemne y sus mostachos modernistas, fue un espléndido pintor, un aceptable escritor y un humorista en estado puro. En su tertulia barcelonesa de «Els quatre gats», especialmente con Casas, Utrillo y Regoyos, perpetraba bromas divertidísimas que luego ponía en práctica para demostrar empíricamente las notas de la condición humana. Muy cerca de la cervecería que le daba nombre a la tertulia, junto al edificio neogótico de Puig y Cadafalch, un buen día de finales del XIX Rusiñol instaló un tenderete, lo cubrió de auténticos duros de plata y, sentado frente a él, se puso a pregonar: «¡Duros a cuatro pesetas!». No vendió ni uno solo y les demostró así a sus contertulios la ineficacia de la verdad predicada en la calle, sin avales y garantías acreditativas. Los españoles desconfiamos, más que de ninguna otra cosa, de la verdad clara y limpiamente formulada. Los transeúntes le miraban y, en el mejor de los casos, esbozaban una sonrisa al tiempo que apretaban el paso para darse a la fuga.

Cuando sigo estos días los pregones electorales de Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo Terreros, cada cual a su modo, se me viene a la imaginación la imagen de Rusiñol tratando de vender sus duros —supongo, por la fecha, que con la efigie de Alfonso XII— a cuatro pesetas. Mayor opina que los resultados del 13 de mayo serán «inequívocos» a favor de los partidos constitucionalistas; pero, como ocurre ante nuestras propias narices, cuando el respeto a la Constitución, y a su derivado Estatuto de Guernica, es la principal nota diferencial de dos partidos políticos, ello significa que la situación ha llegado ya a patológica.

El «problema vasco», que no es sólo vasco, es la fisura por la que la olla española en la que se cuece el futuro pierde presión y calor. El terrorismo, y cuanto de él cuelga, no conseguirá nunca el objetivo que pretende, pero propicia a diario el desgaste de la educación y la voluntad nacionales. Toda esa energía que se pierde, con su doloroso precio en vidas, es la que haría falta en el mejor uso de culminar la consolidación de la nueva democracia española y abordar con talento las aventuras nacionales pendientes en Europa y América. Pero —ahí está la maldición— tan españoles son los vascos, incluso quienes dicen no serlo, que no consiguen sacudirse la enfermedad hispana de desperdiciar las oportunidades que surgen en las esquinas de la Historia.

El esfuerzo que Mayor Oreja y Redondo Terreros, con sus amenazadas y no atemorizadas gentes, vienen haciendo en el País Vasco por la causa de la convivencia democrática es de notar y valorar. Se enmarca en los valores del heroísmo —circunstancia inquietante— y cursa desde el afán de la redención de una tierra y una gente que lleva a las espaldas un siglo de confusión inducida. Si no tuviéramos la experiencia y la constancia de las virtudes vascas, que no son pocas, quizás no valiera la pena tanto trabajo cuajado de dolor para erradicar la patología hoy instalada. De ahí que resulte ejemplar y emocionante ver a los militantes del PP y el PSOE de pueblo en caserío, de campa en urbe, con el tingladillo a cuestas y gritando: ¡Auténticos duros a cuatro pesetas! Hay gente que los prefiere a seis.

¡Ay este PSOE!
Colaboraciones ABC   22 Abril 2001

Todos los ejemplares esfuerzos de los socialistas vascos para acreditar una posición inequívoca se topan, casi a diario, con la fluctuante estrategia de algunos de los principales miembros de la dirección nacional. Estos días un sentimiento de indignación recorre las opiniones de Redondo, de Rosa Díez, de Javier Rojo, ante la «torpeza» (palabra que el cronista recoge de un socialista vasco) con que la dirección de Zapatero se está comportando en estos pasos previos a la campaña electoral. El PSOE está siendo mimado con esmero desde todos los ámbitos, al punto de que algún otro dirigente del Partido Popular, al que también podría adjudicarse el adjetivo de «torpe», se ha expresado con un juicio timorato. Ha dicho: «Es posible que nuestro trato al PSOE le esté haciendo la campaña».

Pero el PSOE no parece enterarse. Quizá reacciona con desahogo. Y es que o es un monumento a la ambigüedad o paradigma de la más extremada de las estulticias. ¿Cómo se le puede ocurrir a alguien asegurar que sólo se priman las iniciativas socialistas que discrepan con el PNV? ¿Es que no existe nadie sensato en el PSOE que advierta que una tontería así alimenta el recelo ante la postura del partido? ¿Es que Zapatero no se da cuenta de que está desacreditando a sus compañeros más esforzados del País Vasco? ¿O es que Zapatero es el instigador de esta tremenda «torpeza»?

La hipótesis más probable es ésta, porque si no habría que concluir en que a Zapatero lo tienen secuestrado políticamente los que como Blanco, su secretario de Organización, o sus asesores de Comunicación, detectan un entendimiento con el único otro partido constitucional y estatutario que se presenta a las elecciones, y desean el acuerdo con el PNV, incluso con este PNV de Arzalluz y Egibar, y ahora ya de Atutxa. Flaco favor le hace el secretario general socialista a su organización en el País Vasco, que se está jugando la vida en esta arriesgadísima peripecia. No es de extrañar que allí estén que trinan.

Intelectuales vascos analizan las claves del viraje españolista de Sabino Arana
MADRID. Antonio Astorga ABC  22 Abril 2001

Mikel Azurmendi. Juan Pablo Fusi. Fernando García de Cortázar. Carlos Martínez Gorriarán. Cuatro destacados intelectuales. Cuatro pensadores e historiadores vascos, profundos conocedores del País Vasco y a los que ABC, por separado, les ha preguntado sobre la última etapa del fundador del PNV, Sabino Arana, en la que abrazó una Liga Vasco Españolista. He aquí el interesante debate.

ABC: ¿Por qué evolucionó el pensamiento de Sabino Arana y él mismo desde un planteamiento ultranacionalista y fanático a abrazar una Liga Vasco Españolista?

MIKEL AZURMENDI: Nadie sabe si primó la psicología o la sociología en Sabino Arana, pues es más que difícil aventurar por qué evolucionó hacia la participación legal en el juego democrático, en el seno de un Estado que no era demasiado democrático. Arana fue llevado a la cárcel por su libertad de opinión y expresión (alegrarse públicamente de la derrota de España a manos de los yanquis) y es de sospechar que, en su caso, la cárcel le hizo acrecentar sus deseos de vida más que los de muerte. Los soldados que mueren lo han perdido todo y no sirven a nada, debió de pensar, pero como los soldados son para la muerte, lo mejor será que no seamos soldados. Seguramente, debió de verse él mismo como un triste tambor, que ha llevado adelante demasiada farsa de pliegos fáciles sobre muerte y resistencia contra España, sin que nadie le llorara ni se doliera con él, solito en la cárcel. Debió de pensar que más vale vivir mejor y dejar vivir un poco más a los demás. Ser menos soldado y más político; ser menos tambor de batallas Arrigorriagas que nunca existieron. Por eso, aunque podamos conjeturar de modos diferentes sobre ese proceso político revisionista del final de su corta vida, yo prefiero quedarme con una idea humana de aquel imaginador de tanto pensamiento inhumano. Siquiera una idea humana de Sabino Arana, un Sabino exigiendo a sus correligionarios que hay que hacer media vuelta y rectificar.

JUAN PABLO FUSI: Yo no exageraría la importancia de este cambio. Fue muy tardío. Nunca lo definió. No tuvo tiempo porque murió unos pocos meses después. No pasó de ser una carta en una de las publicaciones del propio Arana y por lo tanto no dio lugar a la formación de un partido nuevo o de una organización nueva y él mismo nunca definió exactamente qué es lo que pensaba hacer. Probablemente, por responder más directamente a la pregunta, diría dos cosas: en primera lugar, que fue un cambio táctico desde la perspectiva de que la aspiración es puramente independentista. Y llevaba al Partido Nacionalista Vasco a chocar con la legalidad española. En segundo término, algo que me parece más importante: el cambio, o esa supuesta propuesta de una «Liga Vasco Españolista» no supuso en ningún momento la menor alteración de las concepciones etnicistas y ultracatólicas que Arana tenía de la nacionalidad vasca.

FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR: Sabino Arana fundó la Liga Vasco Españolista abogando, diríamos, por un regionalismo dentro de España. Ese es el último proyecto que tuvo. Lo único que después, al año siguiente, moría y no llegó a tener desarrollo esta idea. Muere en 1903. ¿El contenido de esa Liga? Era luchar por una autonomía dentro de España. Y entonces, el problema de interpretación de esto es que algunos dicen que quizás estaba tan cansado de palos —había estado en la cárcel— que era una forma de sacar adelante algo de su proyecto. Es decir, que quizás no respondía del todo a su proyecto esta idea regionalista del País Vasco, aunque también hay un cierto sentido del oportunismo. Eso es lo que, según algunos exegetas, le empujó a definir esta Liga Vasco Españolista.

CARLOS MARTÍNEZ GORRIARRÁN: Las razones profundas del llamado «giro españolista» de Sabino Arana son bastante oscuras, al menos si nos atenemos a la documentación original publicada, que por lo que yo sé está limitada -de momento, porque parece ser que hay documentos no publicados- a unas pocas cartas de Sabino Arana a algunos de sus seguidores más fieles. Lo único claro es que el llamado «giro españolista» representó un giro tan radical que muchos nacionalistas, comenzando por su hermano Luis Arana, lo atribuyeron o bien a un efecto indeseable de su enfermedad terminal (Sabino murió víctima de una enfermedad degenerativa), o bien a un giro estratégico, un engaño genial urdido por Sabino Arana para engañar a los españoles y, en última instancia, pedir el auxilio de Gran Bretaña para declarar una especie de protectorado británico de una eventual Euzkadi semisoberana, pero liberada de España. Hay algunas cartas de Sabino Arana en las que expone esta última hipótesis, aunque podrían interpretarse como un engaño dentro del engaño para imponer a sus fieles un giro de mayor calado que el confesado por el padre del abertzalismo. Tengamos en cuenta que lo propio del nacionalismo aranista es el odio absoluto a España, de manera que una aceptación, aunque fuera táctica, de integración española mediante una fórmula autonómica -una especie de cesión al realismo político, histórico y social-, rompía el núcleo mismo del nacionalismo vasco tal como lo primitivamente lo concibió Sabino Arana.

LA COSMÉTICA DEL VIRAJE
ABC: ¿Creen ustedes que se ha querido ocultar, ningunear, este último viraje «españolista» de Arana? ¿Quiénes lo han ocultado?

AZURMENDI: No es difícil inferir por qué Luis Arana y la línea ortodoxa nacionalista ocultaron la última pirueta de Sabino Arana. Mucho más difícil es inferir qué gana el PNV actual en seguir, erre que erre, en la pirueta de Lizarra con los asesinos y sus cómplices. Creo que las causas por ocultar el viraje de Sabino no son cualitativamente muy diferentes de las causas por ocultar la cosmética del viraje de Ibarretxe en las actuales elecciones. El PNV siguió ocultando la verdad de Arana pero Comunión Nacionalista practicó, de hecho, el viraje españolista sin atacar para nada la verdad de Arana. He ahí el sempiterno acuerdo comunitario entre nacionalistas: mentir es bueno, no tocar al fundador, aun a riesgo de mentirnos y hacerle decir lo que nos venga en gana, es bueno. ¿Por qué esa necesidad para unos teologal y, para otros, monjil de adorar a un fundador? Es así como el nacionalismo vasco de los jelkides queda constituido en la única secta política española actual con muchísimos adeptos, la última secta en osar pensar por cuenta propia por preferir no sacar del altar al padre fundador y echarlo al basurero, como se echan las flores mustias y malolientes.

GARCÍA DE CORTÁZAR: Pues sí, realmente no suele hablarse mucho de ello. Pero bueno, es algo bien claro en su biografía. Ciertamente ellos no suelen hablar de esto, pero también es verdad que tampoco supone ninguna interpretación distinta por parte de Sabino Arana de la Historia durante el llamado periodo foral. Probablemente el PNV no es que lo haya negado sino que no lo ha sacado con la abundancia con que ahora se saca y se sabe. Quizás también porque los estudios sobre Sabino Arana en estos últimos veinte años y en general todos los estudios sobre el nacionalismo realizados por la historiografía no nacionalista han prosperado y es de gran calidad esa historiografía no nacionalista.

FUSI: Es un acontecimiento conocido. Fue relativamente debatido en el momento en que se produjo y dio lugar a bastantes polémicas en la Prensa nacionalista posteriormente. Siempre que hubo algún tipo de críticas, desde los sectores más radicales del nacionalismo a la moderación del nacionalismo, los moderados esgrimieron esa carta de la que hablo y esa supuesta evolución final de Arana. Por tanto, dio lugar a amplias polémicas. En los años treinta, bajo el franquismo recuerdo perfectamente que me parece que fue una publicación de la Diputación de Vizcaya —en la que colaborara don José María de Areilza, que dedicó un número a Arana en 1960— en donde se insistía mucho en ese aspecto final de Arana. Hay muchísimos libros de Historia del nacionalismo, muchos libros de Historia del País Vasco que lo mencionan y hacen alusión a ello. Creo sinceramente que no hay una voluntad de silenciar eso. Creo sinceramente que la evolución del nacionalismo vasco en los últimos veinte años, en los cuales tal opción ha desaparecido, hace que no sea ya un objeto de debate ni en el propio nacionalismo vasco. El nacionalismo vasco, sobre todo en los dos o tres últimos años como es bien sabido, ha optado por posiciones claramente soberanistas y por tanto, digamos, cualquier otro tipo de debate pues ya no les es pertinente a la actual evolución del partido.

MARTÍNEZ GORRIARÁN: Obviamente, por las razones expuestas en la primera respuesta. Y también porque el nacionalismo vasco se presenta a sí mismo como una revelación de categoría religiosa, incapaz por lo tanto de ver movimientos como el «giro españolista» de un modo distinto que el de una herejía vergonzante. El PNV no ha hecho públicos, ni mucho menos, la masa de documentos más interesantes sobre su pasado. Con su típica confusión de lo público y lo privado, privatiza el patrimonio histórico vasco en beneficio de sus intereses míticos. Y así seguimos.

«ARANA, FRACASADO Y FRUSTRADO»
ABC: ¿Qúé ha representado Arana para la historiografía vasca?

AZURMENDI: Para la gente que consideramos que una persona es algo que puede ser humillado, algo que puede sufrir innecesariamente, Arana es un fracasado, un frustrado completo que no se entera de lo que es la humanidad. Para los que vemos la historia como una larga y contingente sucesión de vidas, deseos con algunos logros y muchas frustraciones, la figura de Arana es insignificante, aunque resalta mucho en un pequeño pueblo atlántico: resalta como insólito ejemplar de una trayectoria de gran recesión moral. Arana se constituye como el colofón más recalcitrante del cierre de los vascos a entenderse entre sí, que fue el siglo XIX. Pero eso sería agua pasada, si un montón de vascos del siglo XX no hubiera pensado desde lo que él pensó, haciendo posible lo peor que haya existido jamás en la historia de los vascos. El siglo XXI está por escribir, pero el mero hecho de que, en más de cien años, sus seguidores, en JEL o en Dios sabé qué, no se hayan atrevido a criticar ni un solo postulado, ni una sola frase, ni un solo trabajo de Arana, augura un ruin, pero que muy ruin, siglo XXI. Será así su contribución a la construcción nacional.

FUSI: Arana es el creador del Partido Nacionalista Vasco, del movimiento nacionalista vasco, el hombre que define la identidad vasca no simplemente como alguna forma de particularismo lingüístico y cultural, sino como nacionalidad. Es una figura controvertida, puesto que sobre todo para los historiadores, la apelación a la historia, el desconocimiento de la historia y las falsificaciones históricas que son digamos parte —no todo, pero parte— de su concepción de la nacionalidad vasca pues lógicamente chocan con la objetividad histórica y con el conocimiento histórico de esa realidad. Pero es una figura lógicamente de importancia extraordinaria puesto que yo creo que casi toda la historia contemporánea del País Vasco, digamos desde finales del XIX hasta nuestros días, gira en torno a la dialéctica entre una sociedad plural y la idea de nacionalidad.

GARCÍA DE CORTÁZAR: Sabino Arana es un personaje de nulo interés. Es un personaje atrabiliario y responde a un modelo de conservadurismo integrista que se da también en Europa complicado con fuertes elementos racistas y sobre todo en su vida lo que prima es el odio a lo español, que es lo que transmite al nacionalismo. El nacionalismo se nutre de la creación de un enemigo y ese enemigo continuamente es España. Y por otro lado, ni su obra ni sus escritos me parecen de relieve científico alguno. Lo único, la importancia que ha tenido a partir de los años 60 en que nace el terrorismo que plantea los actuales problemas a España. Si Arana se levantara de su tumba le llamaría la atención la situación actual porque realmente el nacionalismo de Sabino Arana era un nacionalismo para Dios. En los años sesenta era «Euskadi para la revolución». Es la época de los movimientos tercermundistas y realmente ETA siempre surgió de espaldas a la realidad, porque en ese momento Vizcaya es la provincia más desarrollada de España y en la que tratan de aplicar los modelos tercermundistas. La última etapa sería la actual, que es la puramente étnica racial, es decir «Euskadi para sí misma», sería Euskalerría. Ahora, realmente, de lo que se trata es de un puro etnicismo, una limpieza ideológica, una implantación de un modelo no plural y totalitario.

MARTÍNEZ GORRIARÁN: Sabino A-rana representa al antiprofeta, el visionario prácticamente equivocado en todo, pero muy dotado a la hora de emitir profecías autocumplientes catastróficas. Por ejemplo, su visión de la historia vasca es y era una auténtica majadería, pero ha terminado por motivar un presente bastante parecido al falso pasado que denunciaba, el enfrentamiento violento entre nacionalistas y «españoles», término que englobaba a liberales, laicos, socialistas, etcétera. Arana es importante solamente por una razón: argumentó los motivos de un resentimiento y una incompatibilidad entre lo español y lo vasco que él situaba en el pasado pero que no existió hasta que él tuvo éxito como profeta retrospectivo, delirante pero desgraciadamente eficaz. Así, el PNV que fundó Sabino no es responsable de ETA, pero ETA es impensable sin el precedente de los disparates y delirios nefastos de Sabino Arana.

ABC: ¿Cómo ve el País Vasco?

FUSI: Con enorme preocupación y gran interés. Creo que los dos últimos años sobre todo han sido verdaderamente desastrosos para la evolución del País Vasco. Dudo mucho que sea fácil recomponer el País Vasco como un proyecto en común y creo que lo ocurrido en estos dos últimos años ha abierto unas fracturas —espero que no lo sean— aparentemente irreversibles en la sociedad vasca. Yo creo que eso es la gran responsabilidad del nacionalismo vasco.

GARCÍA DE CORTÁZAR: El nacionalismo vasco nunca ha superado el legado racista de su fundador. Solamente lo ha matizado, lo ha disimulado, lo ha escondido. En general todo el nacionalismo vasco, no solamente el PNV, sino también los otros hijos del nacionalismo vasco, como pueden ser los llamados abertzales o todo el mundo relacionado con EH, también son racistas, porque dicen apoyar a los inmigrantes, pero luego pretenden que los derechos políticos los confiera la lengua y la ideología y la sumisión al proyecto fanático y totalitario de ETA. Es decir, podemos pensar que Otegui y los de HB son efectivamente racistas, sólo que su raza o su etnia es ideológica; está basada mucho más en la lengua y en la sumisión a la ideología totalitaria y fanática de ETA. Y siempre tanto en uno como en otro, tanto en el racismo del PNV como en el racismo de HB pues el enemigo siempre a vencer es el mismo: es la concepción democrático-liberal del Estado basada en el contrato social y en La Constitución civil aceptada por la mayoría.

ETA hace estallar cuatro kilos de dinamita en casa de dos ediles del PP
Charo Dorda, concejala de Hondarribia, no se encontraba en la vivienda en el momento de la explosión, pero sí su hijo José Manuel Lizarraga, concejal en Irún - Los terroristas utilizaron explosivos robados en Grenoble el pasado 8 de marzo - Es el cuarto ataque que sufre esta familia desde la tregua
FERNANDO ALVAREZ  El Mundo 
22 Abril 2001

SAN SEBASTIAN.- La organización terrorista ETA explosionó ayer un artefacto compuesto por cuatro kilos de dinamita junto al domicilio de dos concejales del Partido Popular en la localidad guipuzcoana de Hondarribia. La bomba estalló a las 7.05 horas de ayer y se encontraba camuflada en una jardinera junto a una de las ventanas del domicilio en el que residen la concejal del PP en Hondarribia, Charo Dorda y su hijo José Manuel Lizarraga, también concejal popular en el Consistorio de Irún, pero solamente provocó cuantiosos daños materiales. Los ataques contra cargos públicos y simpatizantes no nacionalistas se reiteraron ayer. Anoche un artefacto explosionó en Vitoria, en el domicilio de un afiliado de base de Unidad Alavesa. Angel Martín, de 60 años, no se encontraba en su casa en el momento del ataque.

ETA reiteró ayer sus ataques contra los cargos públicos vascos no nacionalistas un mes después del atentado que costó al vida al concejal socialista de Lasarte Froilán Elespe perpetrado el pasado 20 de marzo. La organización terrorista explosionó un artefacto colocado en el interior de una maceta situada junto a la ventana de la casa de los dos concejales guipuzcoanos del PP.

José María Lizarraga y una de sus hermanas se encontraban en ese momento en la vivienda situada en la calle Axular de Hondarribia pero la onda expansiva no llegó a provocarles ningún tipo de lesión. Charo Dorda, de viaje fuera de Hondarribia, se mostró conmocionada en un primer momento ante la posibilidad de que el atentado habría afectado a sus dos hijos. La bomba provocó que un vecino del inmueble requiriera asistencia médica y fue ingresado en el Hospital Comarcal de Bidasoa como consecuencia de una crisis nerviosa provocada por la explosión.

«El despertar ha sido terrorífico», aseguró José Manuel Lizarraga que dormía en una habitación contigua al cuarto en el que ETA colocó su bomba. El hijo de Charo Dorda describió que la explosión convirtió su vivienda en un caos de escombros y madera quemada. «El artefacto se lo ha llevado todo por delante y hasta los cristales blindados de la vivienda han desaparecido», explicó Lizarraga.

Dinamita francesa
Una de las hijas de la concejal popular aseguró que, según le había asegurado la policía, el artefacto estaba compuesto por unos 4 kilos de dinamita. Un material que formaría parte del explosivo robado por un comando de ETA en un polvorín de Grenoble el pasado 8 de marzo.

La familia de Charo Dorda ha sido objeto de varios ataques violentos en los últimos años. Desconocidos atacaron tres cócteles molotov contra su vivienda el 29 de octubre de 1999. Los sabotajes contra los dos concejales del PP de esta familia guipuzcoana también afectaron a una de las hijas de Charo Dorda que trabaja en una farmacia.

El 23 de enero de 1999 este establecimiento sufrió la explosión de un explosivo y el 28 de septiembre de 1999 el lanzamiento de piedras y varios cócteles molotov contra este local.

La concejal del PP en Hondarribia reiteró ayer su voluntad de continuar en el País Vasco pese a los continuos ataques sufridos. «No me pienso ir del País Vasco y sólo me sacarán de aquí con los pies por delante», señaló a EL MUNDO. Dorda lamentó tener que vivir en una continua «ruleta rusa» y subrayó que los autores del atentado sólo desean convertir el País Vasco en un «erial».

Los Ayuntamientos de Hondarribia e Irún condenaron, tras el atentado, con el apoyo de todas las formaciones con representación municipal, salvo EH, el atentado sufrido por Dorda, única representante del PP en el Consistorio de Hondarribia, y su hijo.

El comunicado de condena consensuado por las fuerzas políticas de Irún insta, además, a colocar en el edificio del Ayuntamiento una pancarta con el lema «ETA ez, ETA no».

Destacados dirigentes políticos como el lehendakari, Juan José Ibarretxe, la presidenta del PP de Gipuzkoa, María San Gil, o el secretario general de EA, Gorka Knörr, se sumaron a la condena del atentado sufrido por la edil popular.

La presión contra los ciudadanos no nacionalistas contó ayer con un nuevo episodio cuando Angel Martín, simpatizante de Unidad Alavesa, sufrió la explosión de un artefacto casero en el descansillo de su piso en Vitoria. La bomba estaba compuesta por una bombona de camping gas y estalló a las 20.52 horas de ayer en un edificio situado en la Plaza de la Constitución, informa Roberto López de Eguilaz.

Los hechos tuvieron lugar sobre las 20.50 horas cuando la propietaria, acompañada por su hija, abandonaba de forma precipitada el inmueble alarmada por el humo que salía de una bolsa de plástico.

La mujer pretendía acceder a su domicilio, sito en el número 7 de la Plaza de la Constitución, unos minutos antes de la explosión, cuando se vio sorprendida por la presencia de la bolsa, de la que salía un líquido con aspecto aceitoso y de color blanco, según explicó a la Policía autónoma. Ante esta circunstancia, la propietaria del piso decidió telefonear a su hija, cuyo domicilio se encuentra en la misma zona.

Tras encontrarse ambas en el interior de la vivienda, decidieron salir a la calle cuando, sin que les diera tiempo de llegar al portal, el artefacto explosionó. Los equipos médicos desplazados hasta el lugar atendieron a la mujer, que fue víctima de una crisis nerviosa. En el momento de la explosión, cerca de 60 personas se encontraban en una pizzería ubicada en una de las lonjas del edificio, lo que provocó escenas de pánico.

Estrellas de David contra el «holocausto vasco»
Miles de personas convocadas por la Plataforma Libertad se manifiestan en Vitoria con el distintivo que usaron los nazis para separar a los judíos
F. APEZTEGUIA VITORIA El Correo  22 Abril 2001

Seis menos cuarto de la tarde, en Vitoria-Gazteiz. Euskadi, sábado, 21 de abril de 2001. Hace un frío intenso, pero al menos ha dejado de llover. Es un aliciente para los varios miles de personas que se arremolinan en torno a la Plaza de la Constitución. El punto de encuentro no ha sido elegido por casualidad. Todos lo saben. Han llegado allí para proclamar, como Víctor Jara, el derecho a vivir en paz y para decir a la organización terrorista ETA que «no la queremos, que no representa a nadie y que desaparezca para siempre», recuerda Miguel C, un militante comunista.

Los asistentes lucen en sus solapas pegatinas con la estrella de David, el distintivo que los nazis emplearon para distinguir a los judíos de los arios. En medio del astro que evoca al genocidio nazi figura una leyenda: «por disidente». La llevan porque dicen sentirse como judíos en la Alemania hitleriana, víctimas del «Holocausto vasco» y porque la suya es una manifestación «Por la libertad y contra el exterminio» de ETA. «Luchamos por un país donde los abuelos como yo recuperen el derecho a disfrutar del dulce aburrimiento», afirma Vidal de Nicolás, que actúa como portavoz de la Plataforma Libertad, convocante de la movilización. El colectivo aglutina a la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Foro Ermua, Foro El Salvador, Movimiento contra la Intolerancia y Asociación por la Tolerancia de Cataluña.

Sólo un arma, la palabra
La protesta cuenta también con la solidaridad, entre otros, del Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite) y Madres de la Plaza de Mayo-Línea Fundadora. «Lo más preciado que tiene el ser humano es la vida y nadie se la puede arrebatar. Nosotras no cejaremos en nuestra lucha. Hacemos resquicios por la paz y por una mayor justicia, pero tiene que haber diálogo. Mira, un pañuelo blanco y la palabra. Estas son nuestra únicas armas y las que deben valer» destaca Nora Gutiérrez, cabeza visible de la agrupación argentina.

La movilización ciudadana cuenta con el apoyo de tres partidos políticos vascos, el PP, el PSE y UA. Ha acudido también Unificación Comunista de España. Pero pocos, muy pocos, casi ningún primer espada de la política. En las primeras filas figura por el PP, el alcalde de Vitoria, Alfonso Alonso. Entre los socialistas, destacan Ramón Jáuregui y el secretario del PSE alavés, Javier Rojo.

Arranca la manifestación. Son las seis de la tarde. La primera línea porta el lema de la convocatoria. Otras pancartas hablan de «Crímenes contra la humanidad y genocidio», o se preguntan «¿Qué somos? ¿Alemanes en Mallorca... judíos en Alemania? ¡Responde Arzalluz!». La consigna más coreada es «Libertad», pero también se grita contra el terrorismo y los líderes nacionalistas: «Arzalluz fascista, Otegi terrorista», proclaman.

Varias dotaciones de la Ertzaintza, por tierra, y un helicóptero, desde el aire, velan por la seguridad de la marcha, que discurre sin incidentes. A su término, Vidal de Nicolás lee un comunicado. Dice que hay que superar el miedo y acudir masivamente a las urnas. Son ya las siete y media. La manifestación ha terminado. «Pero la lucha por la paz y por libertad continúa», subraya un vecino de Vitoria.

Racista superlativo, 6
Por Enrique de Diego Libertad Digital  22 Abril 2001

El “apellidismo” sabiniano evoca sin duda “la limpieza de sangre”, paranoia medieval contra los conversos del judaísmo, los “marranos”, en la denominación despectiva, pero aquí la paranoia es racial, es la búsqueda de una esencial “pureza de raza”: “Ascendencia originaria de Bizkaya: esto es lo que para los bizkainos de entonces significaba la limpieza de sangre. Ascendencia originaria de Euskeria: esto es lo que significa la pureza de sangre para los bizkainos nacionalistas de hoy”. En 1894, Arana-Goiri tar Sabin redacta los estatutos de la primera asociación política de carácter nacionalista, el Euzkeldun Batzokija, para cuyo ingreso es preciso ostentar un mínimo de cuatro apellidos vascos. Heinrich Himmler exigía apellidos arios desde 1775 para ingresar en las SS.

Sabin no se queda a la zaga cuando le toca de cerca, a la hora de matrimoniar. El esencialismo apellidista le complica la vida con el Achica-Allende de su labriega Nicolasa. Hasta 128 apellidos le mira entre archivos parroquiales y legajos para tranquilizar su conciencia y preservarse de la infección maketa. Su hermano Luis, el precursor, recurre en esto a la picaresca. Enamorado de la cocinera de su casa de estudiante en Barcelona –al hombre, dicen, se le conquista por el estómago, éste debió ser el caso— y no dispuesto a ceder en su pasión ante la evidencia maketista de la aragonesa, pasa simplemente a euskerizarla.

Los graves problemas de conciencia en el caso Nicolasa sólo son comprensibles, sin provocar la más completa hilaridad, si se tiene en cuenta que está de por medio el profeta y fundador en persona, que ha de ser ejemplo sin mácula en la materia ya que predica la exigencia puntillosa. El amor es ciego y con mayor motivo precisa de lazarillo para ir escalando por las ramas del árbol genealógico, no sea que Nicolasa sea una tentación maketa, y aun labriega y euskero-parlante, puede llevar el estigma emboscado dispuesto a saltar sobre los sacrosantos genes para corromper la progenie sin remedio.

El racismo es escrupuloso en genetismo, porque el gen maketo, por satánico, ha de ser por fuerza dominante y causar la ruina del gen abertzale más pintado. El odio es siempre una excrecencia del miedo propio. A pesar de todas las medidas profilácticas adoptadas, ¿pudo no ser suficientemente escrupuloso con lo de Achica y esa fue acaso la causa de la malaria que contrajo en su viaje de novios al santuario de Lourdes y le llevó tres años después a la tumba?

El caso Nicolasa nos pone en la pista del interrogante clave, ¿qué sucede si el profeta tiene una debilidad?, ¿si peca?, ¿si, de manera manifiesta, contradice su propia revelación? Sabin tiene tres revelaciones a lo largo de su existencia. Dos de ellas no plantean problema porque son complementarias. La tercera contradice de lleno las anteriores, no tiene exégesis ortodoxa posible. La primera se reduce a Bizkaya. La buena nueva se extiende en la segunda a toda la “raza” vasca: Alaba, Bizkaya, Guipuzkoa, Lapurdi, Napara, Naparobera y Suberoa, llamadas todas a formar una “confederación” que “sólo se haría constituyéndose por voluntad libre y expresa de todos y cada uno de los Estados Vascos y teniendo todos los mismos derechos en la formación de sus bases”. Estas minucias confederativas parecen haber desaparecido del discurso actual de la construcción nacional.

Frentes y fisuras
ANTONIO ELORZA El Correo  22 Abril 2001

No hay que mirar al 13 de mayo como si en esa fecha pudiera producirse el apocalipsis en la política vasca, pero es obvio que no estamos ante un proceso electoral como cualquier otro. Por encima de todo, está en juego la posibilidad de que el electorado extraiga las enseñanzas del fiasco de Lizarra y de las responsabilidades contraídas por el Gobierno de Ibarretxe, impotente cuando no pasivo frente al terror, desde el momento en que ETA volvió por sus fueros. Como consecuencia, ante un previsible desplazamiento del electorado a favor de PSOE y PP, o más fácil aún, ante la persistencia de la posición de mayoría relativa de ambos sobre PNV y EA, ausente EH, se plantea el dilema entre un Gobierno ‘constitucionalista’, de un lado, y de otro, la búsqueda de la recuperación de un entendimiento democrático en el cual pudiera integrarse de un modo u otro el PNV, lógicamente en caso de rectificar su actual línea política.

La significación de estas elecciones desborda así las fronteras de la comunidad autónoma vasca. El terror y la intimidación nacionalsocialista emanados de ETA hacen imprescindible la movilización de los demócratas del conjunto de España, mostrando su solidaridad activa con la ciudadanía vasca. No se trata de interferir en un proceso electoral que sólo a los vascos toca protagonizar, sino de expresar inequívocamente que nadie aceptará concesiones ante el terror y que la eliminación fáctica de derechos que sufren tantos vascos ha de acabar de una vez, constituyendo el voto por la libertad la premisa para ello. ETA y los suyos no pasarán, el terror y la violencia nazi de la kale borroka no pasarán, hay que repetir el 28 de abril en la convocatoria de ‘Basta Ya’ y el 13 de mayo en la urna, recuperando la consigna de aquella vasca luchadora que fue Dolores Ibarruri.

Hasta aquí todo resulta claro. Pero vista de cerca la cuestión, no dejan de aflorar algunos problemas de forma, que remiten a otros de mayor calado, tanto en el planteamiento de ‘Basta Ya’ como en los programas que van definiendo PP y PSOE. Quizás el planteamiento del PP vasco sea el más ajustado, teniendo en cuenta las premisas ideológicas de que arranca el partido y su confianza en lograr con los votos el liderazgo entre los firmantes del ‘Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo’. Su punto débil podría consistir en olvidar que ganará en estas elecciones quien mayores garantías de paz ofrezca al electorado vasco, y que en consecuencia, si bien es plausible el objetivo de hacer que funcione la Ertzaintza, tal y como sus propios componentes desean, y que hay que honrar como se merecen a las víctimas del terrorismo en la democracia, la aspereza de la confrontación con el PNV, todo aire de revanchismo, viene en definitiva a hacer el juego del victimismo patriotero de Ibarretxe y de quienes desde la dirección del PNV presentan a la comunidad nacionalista como una fortaleza sitiada. Conviene saber distinguir entre la crítica más radical de la gestión peneuvista, especialmente a partir de Lizarra, y la supuesta intención de aplastar al nacionalismo.

Otro tanto cabe decir de la forma en que la guía de campaña del PSOE presenta el saludable propósito de competir por el liderazgo con el PP. Lo esencial para ambos partidos consiste en recuperar para las autonómicas a aquellos electores que les votan en las generales, y además una victoria del PP, con ascenso del PSOE, representa tal como están las cosas, también una victoria para este último. En sentido contrario, dadas las fuertes reticencias ya observables en destacados círculos socialistas frente a la coalición con el partido de Aznar, convertir la ejecutoria de éste en un pequeño museo de horrores acaba socavando la propia postura. Una cosa es marcar distancias, definir una política diferenciada para Euskadi desde la sensibilidad socialista, inequívocamente distinta de la conservadora, y otra dar argumentos a quienes ya les pide el cuerpo no favorecer con su voto a Redondo la llegada a la presidencia de Mayor. Hay que buscar la cuadratura del círculo, maximizando el voto por el acuerdo al mismo tiempo que se impulsa el incremento del propio.

Esa maximización es lo que propone la convocatoria de ‘Basta Ya’. De acuerdo, pues, en el fondo. No tanto en la forma, en la elección de las palabras. ¿Por qué «solicitar el voto de la ciudadanía vasca a favor de cualquiera de las candidaturas constitucionalistas», en vez de hacerlo a favor de quienes defiendan el Estatuto, la libertad y la Constitución, por este orden? Es lo mismo y no lo es. Por mucho que desee el triunfo de los no nacionalistas, yo no podría pedir el voto para el PP en pie de igualdad con el PSOE, pues creo que con todas sus limitaciones el segundo posee una política más flexible e inteligente a medio plazo para Euskadi. Y segundo, ¿por qué no hablar de partidos estatutistas, en vez de constitucionalistas, ya que de elecciones autonómicas se trata y sabemos por añadidura que la adhesión al Estatuto, que en el fondo implica la constitucional, es más intensa entre los vascos? No es éste el momento de imponer la propia doctrina, sino de obtener con fórmulas claras el máximo de adhesiones.

Ambas cuestiones nos llevan a la capital de qué hacer con el nacionalismo democrático después de una eventual victoria. También aquí el cuerpo les pide a muchos, y con sobradas razones, una inversión de Lizarra, dejando fuera al PNV si los escaños lo permiten. Y nadie duda que ese paso sería imprescindible de mantener el viejo partido su línea actual. Ibarretxe auspicia con la palabra y el gesto una política unitaria a partir del 13-M, pero al mismo tiempo la propaganda de su partido reitera el objetivo de la gran Euskal Herria y él mismo no se mueve ni un milímetro de sus exigencias anteriores que apuntan a la soberanía. así no hay nada que hacer. Claro, que el PNV es también el partido de los Ardanza, Atutxa, Azkuna, Arregui, ahora en las catacumbas. ¿Sería razonable prescindir de él en caso de cambio si de veras se busca la cohesión de los demócratas frente al terror de ETA después de las elecciones? La victoria primero, pero también el rigor y la generosidad después, tal sería a nuestro juicio la elección racional. Las esperanzas de paz de los vascos crecerían correlativamente al ver disiparse el espectro frentista.

Los obispos ante el terrorismo
SANTOS JULIÁ El País   22 Abril 2001

Muy alterados andan los ánimos en la Conferencia Episcopal Española (CEE) desde el pasado febrero. Con gesto airado respondió entonces su comité ejecutivo a las presiones del Gobierno para que mostrara su apoyo al pacto por la libertad y contra el terrorismo firmado por PP y PSOE. Y ahora, con ocasión de la filtración, o lo que fuere, de un presunto proyecto de decreto de excomunión cotra los miembros de ETA, tampoco han faltado las reacciones inusualmente sarcásticas de algunos de sus miembros. Revueltas bajan hoy las tranquilas aguas por las que suele discurrir el quehacer episcopal.

A las acusaciones de tibieza ante el terrorismo de ETA, el comité ejecutivo de la Conferencia no se ha cansado de responder afirmando que la Iglesia lo ha condenado antes que nadie y de la forma más enérgica posible. ¿De verdad? Ni en Documentos de la Conferencia Episcopal Española (1965-1983), ni en los 35 documentos que la CEE mantiene en la red, y que abarcan el periodo 1979-2000, podrá encontrarse uno solo en el que se mencione a ETA. En unos cuantos, hay condenas del terrorismo: el comunicado final de la Asamblea de 1974; un repudio y una nota de la comisión permanente de 1975, y otra más, que mezcla terrorismo y paro, de 1981; un documento publicado con motivo del 50 aniversario de la guerra civil y una instrucción de 1990 sobre la situación moral de la sociedad. Todos condenan la violencia sin mentar a ETA para nada; y en el último, el terrorismo aparece, como uno más de los atentados contra la vida, tras el aborto y la eutanasia y antes que la droga y el tráfico de armas: su condena se despacha en dos líneas y se coloca en medio, como la virtud. En medio ¿de qué? La CEE ha navegado durante años entre las tesis políticas defendidas por una parte significativa del clero vasco -resumidas en la célebre 'fórmula': si ETA no deja las armas, algún precio habrá que pagar- y una opinión pública crecientemente soliviantada contra el hábito de mirar al cielo por ver si de la montaña viene la salvación. Esa navegación tenía un objetivo: impedir que se abriera un brecha irreparable entre el clero vasco y la Conferencia. Y ha tenido un precio: permitir a los sacerdotes vascos celebrar y hablar lo que quisieran en relación con ETA y conceder a sus obispos un derecho de veto sobre lo que la CEE podía o no podía decir sobre la cuestión.

Así, hasta febrero de este año, cuando Setién, ya jubilado, blandió por última vez su derecho de veto y la comisión permanente de la CEE, en la nota de prensa de su CLXXXIV reunión, no dijo ni pío de ETA ni del terrorismo. Algunos obispos no pudieron aguantar más y explotaron: la cesión tenía un límite, sobre todo porque la gente se había dado cuenta de ese mercadeo de condenas ponderadas, de medias palabras y de salirse por la tangente convocando marchas a santuarios marianos. Algo había que hacer y , en efecto, no pasa ahora ni un solo atentado sin que el comité ejecutivo de la CEE emita una nota condenando la 'violencia criminal de ETA', 'las acciones sanguinarias, injustificadas y execrables de ETA'.

¿Puede hacer la CEE algo más y diferente? En una sociedad secularizada, la cuestión ni siquiera se palantearía. Pero en una que celebra el día de la patria en domingo de resurrección, que cuenta con altos clérigos nacionalistas y con curas que han manifestado su cercanía y su acuerdo de fondo con ETA, que está habituada a leer en periódicos de HB y de EH artículos de colaboradores que firman como cristianos, licenciados en teología, sacerdotes y hasta obispos, la CEE no sólo puede sino que debe hacer algo más: mostrar con palabras y actos su desacuerdo radical, de fondo, ético y teológico, con quienes, haciendo valer su condición de miembros de la Iglesia católica, alimentan desde hace más de treinta años ideologías y prácticas cómplices y encubridoras del terrorismo. Y esto es lo que nunca ha hecho, ni hará en su próxima reunión, la Conferencia Episcopal Española.

EL PP APRENDE A MATIZAR
PEDRO ALTARES La Voz 22 Abril 2001

Las discrepancias, aunque sean de matiz, no le sientan bien al Partido Popular, que entiende que todo lo que no sea pura adhesión es deslealtad. El PSOE tiene un papel muy difícil en el País Vasco.
Por un lado ha firmado el pacto antiterrorista, pero por otro es obvio que su visión sobre el papel del nacionalismo democrático en el futuro de Euskadi es distinto al que tienen los populares.
Y no sólo por razones históricas sino también por una estratégica, de modo que es lógico que busque la diferenciación con el mensaje de un PP que niega el pan y la sal al PNV. «Para apostar por una copia, mejor hacerlo por el original» se oye decir en algunos circuitos tradicionalmente votantes de los socialistas.
Para marcar esas diferencias el PSOE, por ejemplo, ha hecho saber que no está de acuerdo con el tratamiento que la televisión pública está haciendo de la precampaña electoral vasca que, ciertamente, no es un modelo de imparcialidad. Tampoco quiere romper de manera explícita la posibilidad de contar con el PNV en el futuro. Y algunas voces como la de Alfonso Guerra, sin cargo orgánico alguno pero expresión del sentir de un amplio sector de su partido, se ha pronunciado por un gobierno tripartito de concentración entre el PP, el PSOE y el PNV.
No parece, sin embargo, que esa vaya a ser la propuesta de Rodríguez Zapatero en los mítines programados en la campaña para apoyar a Nicolás Redondo. El secretario de los socialistas va a seguir apostando por el diálogo ente todos los demócratas, lejos de la línea de dureza sin concesiones que postula el PP y que según el PSOE lleva inexorablemente a la fractura social en la sociedad vasca. Pero no va a dar un paso más allá. ¿Será suficiente esta moderación para marcar distancias? Difícil. Entre otras cosas porque el PP ya admite matices y el PNV, al margen de lo que pueda hacer después del día 13 de mayo si entrevé la posibilidad de dejar de gobernar, va a seguir empeñado en su mensaje soberanista y rupturista con las instituciones actuales vascas.
La realidad es que en las elecciones los dos bloques, constitucionalistas y nacionalistas, aparecen fuertemente delimitados y sin muchas posibilidades de marcar distancias entre sí y aunque el PSOE intente despegarse de la línea dura que el PP le intenta imponer. Una imposición que no deja de ser un error porque cuanto más se abra el grupo constitucionalista más posibilidades tendrá de ganar electores.
El PP tiene que aprender que el uniformismo y los bloques cerrados pueden restar más que sumar. Y que a veces, en política democrática, incluso dentro de la situación del País Vasco, los matices y el marcar distancias resultan imprescindibles. Y todo ello sin perjuicio del acuerdo básico: la recuperación de las libertades.

Dudas y mezquindades
CASIMIRO GARCIA-ABADILLO El Mundo 22 Abril 2001

El PP es el primer interesado en que el PSE obtenga un buen resultado en las elecciones del 13 de mayo. Jaime Mayor preferiría, sin duda, que Redondo obtuviera 16 o 17 escaños si con ellos los constitucionalistas logran la mayoría absoluta, a un resultado arrollador de su partido si la suma final con el PSE no es suficiente para desalojar a los nacionalistas de Ajuria Enea.

Esa premisa marca la precampaña del PP en el País Vasco. Sus dirigentes sólo mencionan a los socialistas para alabar su valor y centran sus ataques en ETA, a los que apoyan a los terroristas y a los nacionalistas que han sido capaces de romper sus compromisos con ellos.

Redondo, Rosa Díez (viéndola ahora nadie diría que fue contricante del hoy secretario general del PSE), Javier Rojo,... lo saben. Saben que hay un enemigo común, que lo importante es lograr la victoria frente al nacionalismo excluyente. Y actúan en consecuencia.

Por desgracia, algunos dirigentes del PSOE piensan que es bueno marcar diferencias con el PP y abrir las puertas a un posible acuerdo con el PNV. Son los mismos que han defendido durante los últimos 21 años que el PNV es necesario para gobernar el País Vasco.

Lo peor para el PSOE en estos momentos cruciales, cuando sólo quedan tres semanas para los comicios, es que los ciudadanos no sepan adónde van a ir a parar sus votos. Porque ahora, para bien o para mal, la elección no es entre diversos partidos, sino entre dos opciones: una de ellas, la que pretende defender los derechos y libertades de los vascos, piensen lo que piensen; la otra, la que cree prioritaria la construcción nacional y la negociación con ETA.

Porque lo saben, Redondo, Rojo o Díez son contundentes. Dan mensajes claros. Saben que el voto socialista está hoy por la primera de las opciones sin duda ninguna.

Pero hay otro PSOE, ese al que Jaime Mayor se refirió ayer en Bilbao, el PSOE de las mezquindades que cree, aunque no lo diga abiertamente, que lo mejor sería un gobierno PSE-PNV-EA.

Las dudas sobre lo que hará al final el PSE hicieron hace pocos días confesar a la viuda de un dirigente socialista asesinado por ETA que estaba dispuesta a votar popular. Si el PSE no quiere que esa sensación se extienda entre sus votantes tiene que acabar con las dudas, con las mezquindades (como, por ejemplo, que un dirigente cercano al secretario general pida explicaciones a TVE por la aparición de Rosa Díez en El Tercer Grado).

¿Y Rodríguez Zapatero? El líder del PSOE tiene la gran responsabilidad de marcar el camino, de imponer una línea a todo su partido, incluido Felipe González, si no quiere dejar en mal lugar a los que se juegan la vida en el País Vasco.

Amistades que matan
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo  22 Abril 2001

Habrá que poner medallas a los socialistas vascos el próximo 14 de mayo si consiguen en las urnas unos resultados acordes con el potencial electoral de sus siglas, a pesar de la ayuda inestimable que les está prestando el partido a escala nacional y que les brinda un poderoso grupo de comunicación presuntamente afín. Habrá que reconocer el mérito incalculable de personas como Nicolás Redondo Terreros, Rosa Díez o el alavés Javier Rojo, dotados de una enorme valentía además de una considerable visión política. Porque lo cierto es que con amigos como Joaquín Almunia, Jaime Blanco, Alfonso Guerra o Jesús de Polanco, uno no necesita ni a Arnaldo Otegi ni a Xabier Arzalluz.

Los tres primeros, compañeros de militancia aunque con mucha frecuencia los comentarios de unos y otros indiquen exactamente lo contrario, intentan desesperadamente «meter la cuchara» en la compleja elaboración de un guiso que después no están llamados a comerse, pensando cada cual en sus propios intereses, muy alejados de los de la ciudadanía vasca.

El ex secretario general, responsable a decir de Guerra de la mayor debacle electoral de la historia del PSOE, aprovecha el Pisuerga del 13-M para intentar rescatar a su amigo Barrionuevo de la celda que le aguarda, asegurando que «el ingreso en prisión de los condenados por el secuestro de Marey tendría repercusiones muy negativas en las elecciones autonómicas».

Como si los GAL, principal coartada del terrorismo etarra y de sus cómplices a lo largo de los últimos 20 años, hubiesen beneficiado a la causa de la Constitución en el País Vasco, o como si la responsabilidad de los crímenes cometidos por dicha banda no fuera imputable a quienes la crearon y ampararon, sino a quienes la denunciaron y condenaron. Un mensaje de gran ayuda para quienes acuden a la cita con los electores intentando vender un proyecto de defensa de la vida y la legalidad. El actual secretario de organización se aferra al prejuicio de que cualquier entendimiento con el PP es lesivo para los intereses socialistas (ignorando las peculiarísimas circunstancias que concurren en el País Vasco y que viven de manera dolorosa Redondo Terreros, Díez y Rojo, entre otros muchos militantes) e insiste en tender puentes hacia el PNV, que mantengan vigente la esperanza de un entendimiento con los nacionalistas.

No contento con ello, descalifica a los medios de comunicación que recogen el testimonio de sus propios compañeros vascos opuestos a esta posibilidad. Como si fueran ellos los mensajeros, los inspiradores de esas posiciones, y como si quienes las defienden no conocieran perfectamente el terreno que pisan y supieran que la única posibilidad de movilizar al electorado del PSE/PSOE es convencerle de que su voto puede resultar decisivo para cambiar radicalmente una realidad insoportable.

El incombustible ex vicepresidente y ex cocinero mayor, por su parte, echa un órdago a la grande y propone que el partido utilice su minoría decisiva para obtener la Lehendakaritza; o sea, que se venda al mejor postor, independientemente de las coincidencias o discrepancias que mantenga con éste en terrenos como el de la concepción de España, sin ir más lejos.

Y en cuanto a ese grupo de comunicación que el ayatolá del PNV salva piadosamente de su última andanada de amenazas y diatribas desde el púlpito... todo indica que algunos negocios, como el de las televisiones locales y los suplementos dominicales, tienen mucho que ver en la adopción de determinadas posturas políticas. Si además se contribuye a que el PP no se apunte una victoria, aunque sea frente a un enemigo que tiene a los socialistas en el mismo punto de mira, miel sobre hojuelas.

A Nicolás, Javier, Rosa y tantos otros, que les den morcilla...

EL PERSONAJE
Memorias de Guerra
Jugosos recuerdos. Alfonso Guerra prepara la redacción de sus memorias, que verán la luz en dos tomos cuya aparición está prevista para los años 2002 y 2004 respectivamente. Por el momento, el ex vicesecretario general del PSOE trabaja en sus recuerdos de la infancia y no ha entrado todavía en su vida pública, de la que conserva amplia documentación escrita para sustentar revelaciones, que prometen ser jugosas. La editora de las memorias será Espasa Calpe, toda vez que Guerra rechazó una oferta de Jesús de Polanco.

LA LLAMADA
Un «toque» a Villalobos
Malestar general. Los teléfonos del PP echaron humo el lunes a raíz del globo sonda lanzado por la ministra de Sanidad sobre el posible copago de los medicamentos. El portavoz del Gobierno, Pío Cabanillas, llamó a Celia Villalobos para pedirle explicaciones sobre unas declaraciones de las que nada sabía, y el secretario general del PP, Javier Arenas, hizo lo propio con el portavoz, para preguntar si la propuesta contaba con el aval del Ejecutivo. Ante el malestar general creado por sus palabras, la ministra fue invitada a rectificar.

LA NOTICIA
El banco cobarde
Decisión bancaria. La entidad bancaria nacional que se ha negado a abrir una cuenta corriente a nombre de Papeles de Ermua, la revista que edita a partir de la próxima semana el Foro de Ermua, es Bankinter. La asociación cívica nacida a raíz del asesinato de Miguel Angel Blanco para canalizar la resistencia de los ciudadanos frente a ETA, que se financia con las aportaciones de sus simpatizantes y carece de ánimo de lucro, ha tenido que llamar a otras puertas y buscar editor fuera del País Vasco, porque el miedo es libre y abunda.

Recortes de Prensa   Página Inicial