AGLI

Recortes de Prensa     Martes 24 Abril   2001
#No confundir el enemigo
Editorial ABC 24 Abril 2001

#Autonomías, xenofobia y Estado de bienestar
Carlos Bustelo, ex ministro de UCD ABC 24 Abril 2001

#El Gobierno y el PP sí se fían de los socialistas vascos, pero...
Impresiones El Mundo  24 Abril 2001

#El admirador
Alfonso USSÍA ABC  24 Abril 2001

#Fuera de la ley moral
I
gnacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC   24 Abril 2001

#¿De concentración?
Iñaki EZKERRA La Razón  24 Abril 2001

#El sentido electoral de Eta
Lorenzo CONTRERAS La Razón  24 Abril 2001

#Ante el mal
KEPA AULESTIA El Correo 24 Abril 2001

#El golpismo blando o asimétrico del PSOE
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  24 Abril 2001

#Normalidad
ROSA MONTERO El País  24 Abril 2001

#El enojo del PP
TONIA ETXARRI El Correo  24 Abril 2001

#Comer y sorber
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  24 Abril 2001

#El derecho a no votar
VICENTE CARRIÓN ARREGUI El Correo 24 Abril 2001

#Gil Robles denuncia en Estrasburgo la «terrible situación» de los no nacionalistas en Euskadi
IGNACIO TYLKO COLPISA. ESTRASBURGO El Correo  24 Abril 2001

#El miedo clausura la casa del pueblo
ISABEL C. MARTÍNEZ | Vitoria El País  24 Abril 2001

#Entre vascos está el futuro
JUAN MANUEL EGUIAGARA Y UCELAY El País  24 Abril 2001

#Una empresa fundada por Anasagasti y Gorka Aguirre se benefició de ayudas millonarias del Gobierno vasco
Jose A. Pérez - Madrid.- La Razón 24 Abril 2001

#Anasagasti también fundó Eresoinka, que recibió contratos millonarios de la TV vasca
M. R. Iglesias - Madrid.- La Razón 24 Abril 2001

#El nuevo libro sobre Arzallus también se hace eco de los negocios del portavoz del PNV
Redacción - Madrid.- La Razón  24 Abril 2001

#«Los no nacionalistas se han replegado para evitar enfrentamientos»
ISABEL LÓPEZ SAN SEBASTIÁN El Correo  24 Abril 2001

#Lengua de encuentro
Editorial La Razón  24 Abril 2001

#La OSCE confirma el galardón a López de Lacalle
El Mundo   24 Abril 2001

No confundir el enemigo
Editorial ABC 24 Abril 2001

Lo que está en juego en las elecciones vascas del 13 de mayo es mucho más que la victoria de un determinado partido político. Lo que se juega en las urnas, conviene no engañarse, es exclusivamente la constitución de un Gobierno nacionalista o no nacionalista; es decir, la continuidad de una situación basada en la autodeterminación, la soberanía y el conflicto político con España, frente al cambio de rumbo que permita la regeneración democrática de una sociedad prisionera del terror y sometida a un asfixiante clima de falta de libertad. Esa debería ser la premisa que marcara la actuación del Partido Socialista y del Partido Popular durante la campaña.

Así las cosas, tanto el PP como el PSE deberían tener bien claro que, para combatir el victimismo del PNV, cuya estrategia pasa por interpretar la probable pérdida del poder (que ocupa desde hace más de veinte años) como un ataque frontal al pueblo vasco, habrán de compartir los mismos fines y moverse por sendas similares. Las dos formaciones coinciden en objetivos y sus ofertas son sustancialmente idénticas, con la libertad como columna vertebral. Evidentemente, los dos partidos no nacionalistas poseen diferencias y peculiaridades ideológicos y programáticas, que han de quedar patentes a lo largo de toda la campaña. Pero harían mal en entrar al trapo del PNV, y mucho peor sería si se enzarzaran en mutuas descalificaciones y se empeñaran en subrayar sus discrepancias en lugar de acentuar lo que les une. La delimitación de ofertas electorales y de programas de gobierno es el contenido normal de toda captación de voto y, por eso, es legítimo que las dos formaciones diferencien su mensaje y su programa. El matiz que hay que tener en cuenta en el País Vasco es que la pugna electoral de populares y socialistas tiene objetivos comunes tan radicales que imponen un deber de coherencia más fuerte que la diferencia ideológica.

La convocatoria electoral ha servido para que el nacionalismo reitere su objetivo soberanista y dedique a ETA sus habituales reproches estratégicos, inmediatamente compensados con los que dedica al Gobierno, por aquello de la equidistancia. Si a pesar de estas evidencias hay socialistas que vuelven a mostrarse dispuestos a pactar con el PNV, por mucha condición que impongan y aunque sea a continuación del PP, no deberán extrañarse de que se les reproche una actitud inestable frente al nacionalismo, lo que en las urnas tendrá sus consecuencias.

Al PP también cabe reprocharle que minimice el papel del PSE en este proceso y lo reduzca en ocasiones al de mero acompañante, con actitudes complacientes, sin valorar que sus circunstancias ante el electorado son distintas y obedecen a planteamientos de diferente matiz. En este sentido, es criticable que el PP base parte de su estrategia en «dejarle al PSE que nos prepare el terreno, al tiempo que atornilla su propia posición de enfrentamiento con el PNV».

Es fundamental que PP y PSE tengan bien en cuenta quién es el enemigo. El principal objetivo de los dos partidos es la formación de Gobierno, para el que sin duda se necesitarán el uno al otro. La campaña no puede, por tanto, perderse en cuestiones de índole secundaria ni tampoco caer en las trampas que el PNV tenderá a los socialistas para resquebrajar la comunión de fines de los dos partidos no nacionalistas. Rodríguez Zapatero y Redondo no pueden dejarse embaucar por los cantos de sirena procedentes de los peneuvistas, que a buen seguro lanzarán mensajes pseudomoderados y ambiguos que les permitan ser y no ser al mismo tiempo.

No es momento, pues, para intereses partidistas, que también son legítimos. PP y PSE se encuentran ante una encrucijada histórica en la que deben demostrar su responsabilidad, porque por encima de la victoria electoral figura la importancia de formar Gobierno, para construir las bases de un País Vasco libre de amenazas y de las losas nacionalistas. El Pacto contra el Terrorismo y por las Libertades ha sido el punto de partida sobre el que se ha asentado la colaboración entre los dos partidos, y el camino de coherencia y pragmatismo político que ha de guiar la campaña de ambos.

Autonomías, xenofobia y Estado de bienestar
por Carlos Bustelo, ex ministro de UCD ABC 24 Abril 2001

DEBEN ser, sin duda, diversas sus causas, pero la tragedia que vive hoy el País Vasco es resultado, en gran medida, de la irresponsabilidad y demagogia con que ha sido gobernado desde la transición hace más de veinte años, es decir, con plena autonomía y libertad. Muchas cosas se han tenido que hacer muy mal durante todo este tiempo para haber convertido ese privilegiado rincón de la España próspera y democrática en un lugar inhabitable para más de la mitad de su población.

La tragedia se ha fraguado, en mi opinión, gracias a lo que podríamos llamar para entendernos el consenso estatalista y el síndrome antifranquista retroactivo de la transición. En un marco europeo de plena exaltación socialdemócrata y ante una profunda crisis económica, en la transición tuvimos que improvisar un Estado muy grande y muy descentralizado, sobre todo en su vertiente del gasto público. Con este planteamiento, al que se añadió una ley electoral que les concedía una prima desproporcionada, los nacionalistas, aceptados inexplicablemente como paladines del antifranquismo, no tuvieron más que exigir cada día un poco más y mantener la tensión permanente con el Gobierno central. El juego no podía ser más simple y rentable, pero también muy peligroso, como se ha comprobado en el País Vasco.

La original combinación de Estado de bienestar y de Estado autonómico ha suministrado a los gobernantes del País Vasco dos elementos básicos para hacer realidad su proyecto enloquecido: por un lado, recursos económicos ingentes y un gasto público con muy poco control que todo lo puede y contamina; y, en segundo lugar, porque los movimientos políticos xenófobos y excluyentes encuentran su justificación y mejor caldo de cultivo en las enormes transferencias de renta y riqueza que constituyen el núcleo central del llamado Estado de bienestar. En la fiscalidad insoportable —casi un 50 por ciento de nuestros ingresos— y en la inflación de promesas de los políticos populistas —por ejemplo, igualación de rentas entre individuos y regiones—, encuentran los ideólogos nacionalistas terreno abonado para reanimar los sentimientos xenófobos que tantas tragedias han producido a lo largo de la historia. El PNV actual es un producto extremo y patológico de este proceso, pero su planteamiento básico no es muy diferente, por ejemplo, al del Bloque Flamenco en Bélgica, de CiU en Cataluña, del Partido Liberal en Austria o de la Liga Norte en Italia. Los éxitos electorales de estos partidos son posibles porque sus votantes están convencidos de que ese leviatán moderno y voraz que llamamos Estado de bienestar les sustrae una parte considerable de sus ingresos para transferirlos a otras regiones o a otros individuos sin darles nada a cambio. Los flamencos, vascos, catalanes, toscanos y austríacos están convencidos de que mantienen con su trabajo y sus impuestos a los indolentes valones, andaluces, sicilianos, extremeños, calabreses o inmigrantes de Europa del este. Lo cual en parte no sólo es cierto, sino inevitable dentro de las reglas de juego admitidas en los más modernos Estados de bienestar. Por eso, en nuestro Estado de bienestar de las autonomías, la escalada de agravios comparativos puede terminar muy mal como en el País Vasco, si el proceso es liderado por políticos irresponsables, embriagados por un éxito fácil que nunca alcanzarían fuera de su ámbito regional y provinciano.

La exaltación del Estado y la explosión del gasto público que se iniciaron con la transición no podían sino agravarse con los socialistas que nos gobernaron después durante casi tres lustros. La consigna general era recaudar mucho y gastar más, porque no había nada más progresista. Todavía recuerdo la contestación airada en las Cortes de un diputado socialista, después destacado ministro, al vicepresidente económico de UCD García Díez: «¡Nuestra solución al déficit público, señor ministro, es más déficit!». Los aplausos y la ovación cerrada que provocó tamaño disparate todavía deben resonar en el Congreso de los Diputados.

Pienso que de no haber vivido ese prolongado sarampión estatalista, alguien habría cuestionado en el País Vasco la asignación de fondos públicos, por ejemplo, para difundir las majaderías racistas y totalitarias de Arana Goiri a través de una extensa red de escuelas públicas, algunas convertidas hoy en verdaderas fábricas de delincuentes y terroristas. Para protegernos del leviatán central hemos creado diecisiete leviatanes regionales, alguno con resultados terribles como el del País Vasco, pero casi todos ellos incapaces de resistir la tentación del intervencionismo y del gasto público desbocado. No hay museo extravagante, ni auditorio o teatro de ópera, ni parque temático ni televisión oficial, por muy caros y ruinosos que resulten, que no se realicen y se mantengan a costa de los presupuestos autonómicos, cuya elasticidad se hace casi infinita gracias a una deuda pública que crece sin control alguno. ¡Qué fácil debe resultar ser reelegido en una autonomía!

El trágico proceso en el País Vasco, en el que estamos todos involucrados, no puede tener más que una solución: en primer lugar, arrebatar democráticamente el Estado de bienestar autonómico a quienes tan mal lo han gestionado en los últimos veinte años. Pero luego habrá que administrar bien ese billón largo del que dispone anualmente el Gobierno vasco, con controles eficaces y absoluta transparencia. Y reduciendo el gasto público al mínimo imprescindible en unos pocos años.

Si ese difícil objetivo se alcanza, el País Vasco podría convertirse en un ejemplo para las otras dieciséis autonomías en lugar de la pesadilla que representa hoy, y volver a ser un polo importante de nuestro desarrollo económico y cultural.

El Gobierno y el PP sí se fían de los socialistas vascos, pero...
Impresiones El Mundo  24 Abril 2001

Los máximos dirigentes del Gobierno y el PP llevan días insistiendo en el absurdo contrasentido que supone que los socialistas apuesten por un cambio en el País Vasco y, a la vez, no cierren la puerta totalmente a un pacto con el PNV. Ayer fue Javier Arenas quien consideró un grave error hablar de un acuerdo con los nacionalistas vascos en esta precampaña. En el mismo sentido, Mayor Oreja ha pedido a los socialistas que abandonen las «mezquindades» y el ministro del Interior, Mariano Rajoy, aseguró ayer en EL MUNDO que «el PSOE se convertirá en una broma de partido si pacta con el PNV». ¿Qué está ocurriendo, pues, según los populares, para que los socialistas estén lanzando mensajes equívocos que únicamente sirven para dar oxígeno a los nacionalistas vascos, desesperadamente necesitados de él? El PP y el Gobierno se fían del PSOE vasco. Sus dirigentes -tanto Nicolás Redondo como Rosa Díez o Javier Rojo- lo tienen claro. De quien empiezan a fiarse menos es de Zapatero que viene lanzando demasiados mensajes ambiguos. Y Aznar y los suyos confían mucho menos aún en quienes -como Maragall, Chaves o González- intentan influir en Zapatero para que no cumpla los términos del pacto antiterrorista firmado con el PP que excluía cualquier pacto con el PNV de Lizarra. Y no es ni siquiera éste el mayor problema. La inquietud más grande para los que apuestan por la defensa de las libertades en el País Vasco viene de que los máximos dirigentes socialistas están sometidos a la influencia interesada de un grupo de presión con grandes resortes mediáticos y económicos que busca en el entendimiento con el PNV una ocasión para hacer negocios y saldar, de paso, viejas cuentas. De éstos sí que no se fían absolutamente nada ni el Gobierno ni el PP.

El admirador
Por Alfonso USSÍA ABC  24 Abril 2001

El libro «Arzalluz, la dictadura del miedo», de José Díaz Herrera e Isabel Durán, resume en poco más de quinientas páginas lo que fue, lo que dejó de ser y lo que es el gran tirano del nacionalismo vasco. Fue un franquista que emergió del carlismo, hijo de una viuda del Régimen atendida con su estanco. Dejó de ser sacerdote y profesor de Derecho Constitucional y es, en la actualidad, demasiadas cosas. Poco tiene de divertida y amable la vida de Javier Arzalluz, aunque hoy se le calcula un patrimonio de mil millones de pesetas, y ello supone un consuelo. Resulta curioso que una persona sin bienes económicos y plenamente dedicada a la política reúna un patrimonio tan favorable en apenas veinticinco años. Pero de sus rasgos, de sus detalles, que van desde dejarse medir el culo por un jesuita de Palencia a oficiar con voluntad patria la Santa Misa en la Embajada de España, uno de los más sugerentes es el de sus admiraciones.

Tres son los ídolos éticos y estéticos de Javier Arzallus, y sólo uno de ellos comparte sus raíces. Sabino Arana, el Imán Jomeini y Benito Mussolini. Del tercero copia magistralmente los gestos y la cadencia oral de sus discursos, con un toque jesuístico que le sobreviene del padre Laburu, famoso en los años sesenta por sus magistrales sermones sobre las «Siete Palabras» de Cristo en la Cruz. Y del primero y segundo, Arana y Jomeini, se nutre de flexibilidad e ideas abiertas, como pretendo demostrar a continuación. Y es lógico, por cuanto los pensamientos de Sabino Arana y los del Ayatóla Jomeini, en cuestión de religión, raza y normas, son coincidentes y complementarios. En «El Libro de Jomeini», editado en España por la Editorial Bruguera en febrero de 1981, traducido por Ramona Tatjer del original «Principes Sociaux et Politiques de L´Ayatholla Khomeini», se comprende el porqué de la admiración de Arzallus por el Imán iraní. «El Gobierno islámico no puede ser ni totalitario ni despótico, sino constitucional y democrático. Sin embargo, en esta democracia, las leyes no dependen de la voluntad del pueblo sino únicamente del Corán y de la «Sunna» del Profeta. Traduzcan Corán y «Sunna» del Profeta por «Pensamientos de Sabino Arana» y se toparán con la democracia de Javier Arzallus. «Los dirigentes de nuestro país han estado tan influidos por Occidente —los vascos tan influidos por los maquetos—, que incluso han fijado la hora oficial de acuerdo con la de Europa. ¡Una pesadilla!».

Ignoro si Arzallus, en su delirio jomeinista, va a imponer también a los vascos, adaptándolas al territorio, sus «Normas para Orinar y Defecar». Así, cuando Jomeini ordena «que en el momento de orinar o defecar, debe uno agacharse teniendo cuidado de no ponerse de cara o dar la espalda a la Meca», Arzallus debería modificar el lugar de respeto por el Árbol de Guernica o el Museo Guggenheim. Claro, que la norma número 10 de Jomeini es más complicada de cumplir. «Durante la evacuación, no debe uno agacharse cara al sol o cara a la luna, excepto si se cubre el sexo. Para defecar, se debe evitar el agacharse en un sitio expuesto al viento, o en los lugares públicos, o a la puerta de la casa, o bajo un árbol frutal». Difícil se lo pone a los nacionalistas sabinianos, que para no agacharse cara al sol o cara a la luna, tendrán que elegir para evacuar un día nublado o una noche negra, excepto si se cubren el sexo, claro. Y para defecar, evitar el agacharse en un sitio expuesto al viento —nunca en Ondarreta, Ereaga o las capas de Salburúa una tarde de galerna—, o en los lugares públicos —el Arenal de Bilbao, por ejemplo—, o a la puerta de la casa —«Sabin Echea»—, o bajo un árbol frutal —el que ofrece la cosecha de nueces que ETA procura y facilita meneándolo—. Mucho me temo que traducir esas normas al batúa le va a costar mucho a Josu Jon Imaz, y que los votantes nacionalistas se pueden armar un lío de órdago obedeciendo a su jefe.

Lo dramático del caso es que leyendo «De su alma y de su pluma», de Sabino Arana, nos encontramos con reflexiones y recomendaciones infinitamente más integristas que las de Jomeini. Dime a quién admiras y te diré quién eres.

Fuera de la ley moral
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC   24 Abril 2001

Los católicos españoles y la sociedad entera reclamaban y esperaban un pronunciamiento tan claro y contundente como el que se ha producido, que disolviera las pasadas ambigüedades de ciertos eclesiásticos, incluido algún prelado. Lejos de apelaciones a conflictos objetivos y a imposibles equidistancias entre criminales y víctimas, la Conferencia Episcopal se ha limitado a aplicar los principios de la ley Moral al terrorismo y a la situación social que vive el País Vasco. El terrorismo de ETA es absolutamente reprobable y carece de toda justificación ética o política, pues es radicalmente opuesto a la ley moral, y de toda cobertura ideológica. Ninguna idea, ningún fin político pueden justificar el asesinato. Pero esto no es todo. Tampoco es lícito colaborar con ETA ni con su entorno. La declaración despeja toda eventual duda interesada: quienes colaboran con ETA no merecen llamarse cristianos.

Queda reservado a la conciencia y al buen sentido de cada cual valorar qué tipo de conductas o propuestas políticas deben considerarse incluidas dentro de la colaboración o cooperación con ETA. Pero tampoco es demasiado laxo el margen. Quienes «combaten» a ETA compartiendo sus fines y aprovechándose de sus crímenes no dejan de colaborar con la banda terrorista.

El presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Rouco Varela, ha tomado resueltamente en sus manos la cuestión y ha promovido un dictamen moral terminante e inapelable. Es algo tan sencillo como recordar los principios no ya de la doctrina cristiana sino de la ley moral universal. El mandato «no matarás» no es un precepto para uso doméstico de los creyentes. ETA, su entorno y sus cómplices están fuera de la ley moral. Y quien tenga oídos para entender, que entienda.

¿De concentración?
Iñaki EZKERRA La Razón  24 Abril 2001  

Como es mucho lo que nos jugamos los vascos y también el resto de los españoles el día 13 de mayo, uno ha decidido portarse bien estos días y no andar metiendo el dedo en el ojo entre las desordenadas filas constitucionalistas. Pero la insensata idea de un gobierno de concentración para Euskadi no se puede dejar pasar así por las buenas y menos cuando viene de esas filas. ¿Tanto es el miedo escénico de algunos a gobernar sin los tirones de orejas del padre Arzalluz? ¿Se trata de masoquismo o de síndrome de Estocolmo? ¿A qué viene hablar de un gobierno de concentración cuando el voto está concentrándose en una zona electoral que no es la de Lizarra?

   Si de lo que se trata en estas elecciones vascas es de derrotar al nacionalismo para que no nos lleve al desastre, no tiene sentido andar maleducándolo después, levantándole el castigo de las urnas y dramatizando una sana experiencia que han vivido todos los demás partidos españoles: la de perder unos comicios y largarse a la oposición. ¿Por qué al PP no le da por dramatizar la derrota del PSOE, por compadecerle y hacerle un huequecito en el Ejecutivo de Aznar? ¿No sería bonito verle a Almunia de vicepresidente del Gobierno codeándose con Rato y con Rajoy en los Consejos de ministros?

   A quienes defienden estos días la pintoresca teoría de que «no es bueno no contar con los nacionalistas» para gobernar Euskadi en los próximos cuatro años yo les propondría algo todavía más audaz. Les propondría rebobinar toda la película de la democracia y meter a varios ministros de la UCD en el primer gabinete de Felipe González. Por esa extraña regla que algunos han ideado para el País Vasco, aquí hay que empezar a jugar a la democracia de nuevo y partiendo de cero. Tampoco habría sido bueno que los sonrientes ganadores de las elecciones españolas de 1982 no hicieran a Leopoldo Calvo Sotelo vicepresidente de aquel primer gobierno socialista.

   Hay políticos que cuando piensan en el País Vasco se vuelven locos de repente. Les falla la lógica, el sentido común, el riego cerebral... Y entonces inventan teorías peregrinas como ésa de compartir el poder con quien se ha dado un trastazo en las urnas. Según ese extravagante modo de razonar, Bush debería estar compartiendo ahora la Casa Blanca con Gore y De Gaulle no se habría jubilado de la política. Según esa teoría las elecciones no tendrían sentido porque siempre ganarían todos.

   Si tras cualquier consulta electoral a nadie se le ocurre dar el poder al perdedor, menos habrá que hacerlo en el caso vasco en el que el perdedor ¬o sea el PNV¬ lo que habrá perdido es la oportunidad de llevarnos a todos a la catástrofe.

El sentido electoral de Eta
Lorenzo CONTRERAS La Razón  24 Abril 2001

Va a comenzar la campaña electoral vasca, tras una precampaña en la que ha habido de todo, incluida la excepcionalidad de una bajada de nivel en la agresividad etarra. Se dirá que también la banda terrorista ha intentado matar, como de costumbre, y ahí está el atentado de Fuenterrabía contra el domicilio de dos ediles del PP. Pero a nadie se el escapa que Eta, cuando quiere asesinar sobre seguro, rara vez falla. Si no puede alcanzar un objetivo determinado porque funcionan las protecciones y las autodefensas, elige otro más «modesto». El caso es mantener la cota de tragedia personal y familiar, los funerales y toda la parafernalia que acompaña a la manifestación del crimen dirigido a perturbar la convivencia política y la tranquilidad social en tiempo de elecciones.

   A Eta, de todos modos, no puede normalmente interesarle esa paz previa a la experiencia de las urnas. Lo que sí probablemente le importa es un determinado resultado de las votaciones, esta vez pensado en función de unas elecciones que ya no son las mismas de siempre. Hasta el «staff» de la organización terrorista ha tenido que llegar, como es lógico, la captación de la importancia de lo que se ventila. Hay un treinta y cinco por ciento, según los cálculos difundidos, de voto oculto. Y, por consiguiente, un margen para discernir a partir del 13 de mayo si la situación política mejora sobre la base de las opciones del electorado. Tal vez sea engañoso creer que Eta se halla permanentemente abonada al principio de «cuanto peor, mejor».

   Ahora le puede interesar otro matiz. Por ejemplo, no siempre lo peor es lo mejor. La alteración del «statu quo» político del País Vasco podría suscitar alarmas donde nunca las hubo. Facilitar un quebranto político y electoral del PNV, a manos de los constitucionalistas, no tiene por fuerza que responder a la estrategia de la banda. El fomento de la tensión social puede no serle políticamente rentable en las actuales circunstancias.

   Los antiguos socios de Lizarra, se diga lo que se diga en los mítines, podrían haber pactado el «después». Una campaña electoral que no desacredite con su desorden, al menos de modo excesivo, al Gobierno de Ibarreche, contribuiría a la consolidación de la actual relación de fuerzas. O sea, elecciones prácticamente para lo mismo. No lo peor para los nacionalistas, sino lo mejor dentro de lo posible. Y Eta ayudando y, obviamente, barriendo para los reductos de su conveniencia, lo cual podría garantizar el suficiente tamaño electoral de los suyos, es decir, EH/HB.

   La campaña electoral, eso sí, acaso derive hacia el juego sucio. Será difícil que el PNV se resigne sin respuesta al zarandeo de su líder, al deterioro de su imagen personal. Hay desagradables expectativas que no pueden ser abandonadas. Otra cosa es que se confirmen.

Ante el mal
KEPA AULESTIA El Correo 24 Abril 2001

Los católicos de Euskadi y los dirigentes de su Iglesia participan de una dificultad común a buena parte de la sociedad vasca, y no sólo a los nacionalistas: la dificultad de precisar la naturaleza del mal que entraña la violencia y de formular la respuesta que les corresponde dar a tenor de sus propias convicciones. Es el dilema permanente entre apartarse del mal o enfrentarse abiertamente a quienes lo causan. Es la paradoja de una cultura basada en la comunión en torno a un sentimiento de culpa compartido, pero a la que le resulta siempre difícil señalar a los culpables en tanto que parte de la misma grey.

Hace unos días, los obispos vascos llamaban a los ciudadanos a depositar votos de paz en las urnas del 13 de mayo. Ayer, el presidente de la Conferencia Episcopal señalaba que es obligación de todos los cristianos «colaborar con todos los hombres de buena voluntad en la protección de los amenazados y en la erradicación de los crímenes terroristas». A medida que la muerte como mal causado e irreversible se ha ido banalizando en medio de un paisaje panteísta, en el que el todo oculta y justifica la parte; a medida que la terrible desazón que una vivienda atacada produce en sus habitantes es soslayada con un rutinario «sin daños personales», se han ido marchitando los valores de la piedad y la compasión que -como el panteísmo- seguramente precedieron al catolicismo pero hoy parecen extemporáneos.

El primer asesinato premeditado por ETA fue seguido de la incrédula reacción de un nacionalismo tradicional que trató de confortarse: «euskaldunek ez dabe iltzen» (los vascos no matan). Pero una vez demostrado que sí, que sí matan, que no estamos libres de tan abominable instinto, aquella incredulidad se fue convirtiendo en una pudorosa disposición a apartarse del mal evitando contrariar en exceso a quienes lo causan. La acendrada creencia en una justicia final permite obviar el juicio humano que, tras los episodios de terror, merecen sus autores. Como si la fe disuadiera al creyente de tirar la primera piedra.

El golpismo blando o asimétrico del PSOE
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  24 Abril 2001

Después de condecorarse a sí mismo en la persona de un periodista de la SER -Luis del Val- que leyó el comunicado de la manifestación contra el trasvase, Marcelino Iglesias ha dado otra prueba de desprecio a los aragoneses, que en su mayoría ni lo votaron ni lo respaldan, y ha puesto otro ladrillo, o sea, otro adoquín, en el descabalado montón de pedruscos que el PSOE intenta levantar frente al edificio del Estado Español y contra la idea misma de España. Convencidos de que el pobre Zapatero no tiene trazas de ganar las elecciones alguna vez, los estrategas sociatas han decidido emprender una carrera de desestabilización en toda regla, una suerte de golpismo blando o asimétrico en el que cada una de las comunidades que gobiernan ha emprendido una carrera contra la legalidad vigente y contra el marco constitucional.

Con el referente de fondo del "federalismo asimétrico" maragalliano, el extremeño Rodríguez Ibarra se ha inventado la legislación especial contra los bancos y ha llamado a la "rebelión horizontal" de las autonomías frente a Madrid; el balear Antich se ha sacado de la manga la ecotasa; Chaves encabeza cualquier iniciativa contra la Hacienda común en materia sanitaria o en lo que se tercie; Bono e Iglesias compiten en atacar las bases constitucionales de la Ley de Extranjería, mientras son incapaces de ponerse de acuerdo sobre el Plan Hidrológico Nacional; no hay caudillo, caudillote o caudillejo autonómico de la cuadra PSOE que no enarbole la piqueta para demoler el Estado, como arquitectura legal y como ingeniería política. Sólo faltaba Marcelino Iglesias haciéndole coro a Maragall. Pero no tardará Antich en hacerle coro a Marcelino, y, si no, al tiempo.

La estrategia socialista está clara y sin duda no es ajena a los proyectos expansivos de Polanco, su proyectista ideológico, que ha visto en los nacionalistas el filón para reforzar y atrincherarse en un imperio asimétrico frente a la competencia posible y al real polanquismo bis que promueve el Gobierno de Aznar. Lo grave es que con esa política el PSOE está respaldando de hecho la ofensiva terrorista y nacionalista -lo uno no va sin lo otro-, está reforzando a la cohorte de la Declaración de Barcelona que, a su vez, respalda el Pacto de Estella: Maragall es a Pujol como Pujol a Arzallus y como Arzallus a ETA. Frente a todo eso, queda sólo el PP.

Que el PSOE deserte de la defensa de la idea de España mientras juega a la disolución de un Estado que tanto ha costado levantar y en cuya defensa como proyecto español están dejando la vida los mejores de sus militantes vascos demuestra el fracaso absoluto de Zapatero como líder y del socialismo como alternativa. Pero permite comprobar cómo la izquierda española es más izquierda que española; peor aún: todo lo antiespañola que se le ocurra a cualquier pelanas de la política. A ellos no les importa derribar el Estado porque piensan que los cascotes le caerán al PP. En sus ciento veinte años de historia, el malhadado partido fundado por aquel dogmático obtuso llamado Pablo Iglesias nunca ha sabido ganar. Tampoco sabe perder. En realidad, no sabe jugar sin vulnerar a cada paso el Reglamento. Es una calamidad, como el pedrisco.


Normalidad
ROSA MONTERO El País  24 Abril 2001

El próximo sábado, a las 12.00, en el cubo grande del hermoso Kursaal de San Sebastián, ¡Basta ya! ha convocado un acto electoral. Un acto alegre, me dicen. Un acto de esperanza, porque ambicionan recuperar la paz, la libertad y la convivencia.

Y es que de lo que se trata es de convivir; de conseguir un País Vasco abierto en el que quepan todos. Arzalluz, tan crispado como siempre, anda diciendo que si gana el PP será como si ganara la dictadura franquista y que PP-PSOE quieren acabar con los nacionalistas. Cuánta charlatanería sin enjundia: son palabras mentirosas, palabras como piedras que caen sobre las cabezas de los vascos y hacen heridas. Se ha abusado demasiado tiempo de estas palabras muertas y mortíferas, cuya vaciedad es evidente si las contrastamos con la realidad. Porque la única dictadura real que hay en el País Vasco es la del terror; y los únicos que quieren acabar con los demás son los etarras.

El tema vasco parece fomentar la frase enfática, la declaración insensata pero revestida de solemnidad. Pero en cuanto que analizas esas palabras rimbombantes, adviertes que son paparruchadas. Como lo de decir: 'Sin el PNV en el Gobierno, el País Vasco sólo puede empeorar'. ¿Por qué? ¿En qué se basan para sostener semejante cosa? En primer lugar, toda democracia exige la posibilidad real de alternancia: si no, no es una democracia. Por otra parte, conocemos lo que ha sido del País Vasco con este PNV: y no cabe duda de que ha ido a peor y de que ha habido un aumento de la violencia y del envenenamiento racista entre los jóvenes. ¿Por qué no probar, pues, con un gobierno no nacionalista? Además, el PNV lleva demasiado tiempo en el poder. Que se vaya un ratito a la oposición, como se fue el PSOE en las generales. Un tránsito que, por cierto, les vino muy bien a los socialistas: Zapatero está limpiando el patio de dinosaurios. Estoy convencida de que ocurriría lo mismo con el PNV: les convendría bajarse de la poltrona y renovarse. Y después, cuando se lo vuelvan a ganar, que regresen al Gobierno. Así son las democracias. Así es la normalidad. Así es la vida. ¿No querían soluciones políticas para el País Vasco? Pues las urnas son, precisamente, la mejor medida política.

El enojo del PP
TONIA ETXARRI El Correo  24 Abril 2001

No deberían entrar en el juego, pero la indignación le puede al Partido Popular cuando oye decir al lehendakari Juan José Ibarretxe que se les debería caer la cara de vergüenza a los que defienden ahora el Estatuto vasco después de no haberlo hecho durante veinte años. Jaime Mayor Oreja, centrista de toda la vida desde la época de Adolfo Suárez, no puede dar crédito cuando oye decir a sus adversarios nacionalistas (y, de paso, a Javier Madrazo) que si él llega a Ajuria Enea habrá un retroceso autonómico y se prohibirá el euskera. Desde Alava, un Ramón Rabanera visiblemente contrariado recordaba que quienes han abandonado el Estatuto de Autonomía, precisamente, han sido los nacionalistas creando instituciones paralelas al Parlamento, como Udalbiltza, y despreciando el consenso con todos los demócratas.

Y el presidente José María Aznar, de quien los interlocutores nacionalistas como Xabier Arzalluz o Iñaki Anasagasti se deshicieron en elogios en su primera legislatura al comprobar con qué rapidez se acordaba la renovación del Concierto Económico y el Cupo vascos y el traspaso de los Impuestos Especiales, se ha visto en la tesitura de tener que reconocer lo obvio. Que su partido será respetuoso con la identidad y el autogobierno. Es más, le parecería infantil y ridículo plantear lo contrario. Pero como el PNV se empeña en llamar al lobo por si el bosque se le escapara del control…

Mal sistema, desde luego, tener que recurrir al fantasma del miedo porque bastante terror existe ya entre la ciudadanía acosada por ETA. Del mensaje del presidente del Gobierno, José María Aznar, este fin de semana, vale la pena quedarse con una idea: que se desinvierta en odio. En esta causa sí que valdría la pena dar un paso atrás.

Comer y sorber
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  24 Abril 2001

Hoy se dará a conocer el fallo de la Junta Electoral Central sobre el recurso planteado por la coalición que no lo es para ser considerada como si lo fuera y acceder a los espacios gratuitos de la tele y de la radio para volver a no serlo en la constitución del Parlamento vasco y así formar dos grupos electorales en vez de uno. Es probable que esto les parezca un poco enrevesado, pero mucho más complicado era el misterio de la Santísima Trinidad a pesar de que ninguno de los tres personajes era tan específicamente vasco como nuestros héroes.

Todo se puede entender. El PNV accedió a las tres exigencias de Eusko Alkartasuna ante el temor a perder las elecciones: incluir la autodeterminación en el programa electoral, cosa que jamás habían hecho hasta el presente; colocar en lugares preferentes de las listas a siete candidatos del partido que preside Begoña Errazti, cuando las encuestas les auguraban alrededor de cuatro escaños, y derecho a formar un grupo parlamentario propio, aunque no lo autorizase el reglamento de la Cámara vasca, aprobado en los buenos viejos tiempos en que el PNV gozaba de mayoría absoluta y el PNV y Eusko Alkartasuna eran en verdad uno y bino.

La Junta Electoral del País Vasco estimó que la martingala empleada por la coalición que no lo parece (adoptar un nombre distinto en Guipúzcoa para poder formar dos grupos) contravenía el artículo 83.3 de la Ley Electoral. Es decir, que pretendían hacer un fraude de ley al Reglamento del Parlamento y han chocado con la Ley Electoral.

¿De verdad piensa Juan José Ibarretxe que «todo vale con tal de silenciar a PNV y a EA»? ¿Qué es victimismo, me preguntas, clavando en mi pupila tu pupila azul? Unidad Alavesa presentó listas en Vizcaya y Guipúzcoa para acceder a los espacios gratuitos. O tienen espacios porque es una sola coalición o tienen dos grupos parlamentarios porque son dos coaliciones. Comer y sorber no puede ser.

El derecho a no votar
VICENTE CARRIÓN ARREGUI El Correo 24 Abril 2001

Por imperiosos que sean los motivos, en democracia nunca está muy claro si es mejor dejarlo todo para ir a la ‘mani’ o quedarte en casa para acostar a los niños. Por tremenda que sea la amenaza totalitaria que se cierne sobre el País Vasco, por urgente que sea el compromiso ciudadano en defensa de las libertades, los individuos que deciden implicarse activamente contra el terrorismo no pueden cometer el error de exigir al resto de la ciudadanía que haga lo propio. Si lo hicieran, incurrirían en un totalitarismo parecido al que pretenden rechazar. Cualquier formulación del tipo «mientras esté pasando esto (¿atentados?, ¿presos?) no se puede hacer lo otro (¿pasar de todo? ¿vivir tranquilo?)» esquiva la grandeza de la democracia, la que permite que cada uno intente vivir su vida como pueda y quiera.

Sabemos bien lo desesperante que resulta comprobar cómo entre las filas totalitarias les basta tocar a rebato para que todos sus seguidores hagan piña sin perder ni una consigna, ni un manifestante, ni un voto. Entre los demócratas, en cambio, el desmadre es total. Llevamos tanto tiempo padeciendo a ETA que todo el mundo tiene batallitas suficientes para justificar lo mucho que hizo o hace. No hay sincronización alguna en el compromiso, no se disimulan los múltiples defectos que nos caracterizan -envidias, intereses, oportunismos, resentimientos, etcétera- y el resultado es que se pierden votos a espuertas, no hay manera de unificar las iniciativas antiterroristas y cunde el escepticismo por doquier.

Y sin embargo, ahí radica la superioridad moral que hará inviable la victoria del cinismo, de quienes no entienden que la libertad consiste en no identificar los afectos con las ideologías, me repito sin cesar al constatar qué cantidad de votos van a dilapidarse en mi entorno más inmediato. Porque por claro que tenga el derecho de todo pichichi a no votar, yo quisiera que todo el mundo votara como yo, contra quienes llevan más de veinte años pretendiendo que nos sintamos extranjeros en nuestro propio hogar quienes no comulgamos con las ruedas de molino de ningún tipo de nacionalismo. Sé que es urgente votar contra todas las versiones del totalitarismo abertzale, especialmente contra la asesina, pero también contra la victimista, contra la falsificadora de la historia, contra la que convierte al euskera en la religión que nunca fue. Sé que los resultados del 13-M pueden cambiar el futuro de muchas vidas y aún así hablo con mis mayores y aprendemos a cerrar los oídos, no sé si para bien o para mal. La cosa es que sin necesidad de haber ido a la inauguración del batzoki dominical puedes escuchar en tu propia casa que los atentados de ETA le están haciendo la campaña a Mayor Oreja sin que se te atragante la ensaladilla. Prefieres no pensar en la inmundicia moral de suponer que las víctimas se alegran de verse morir entre ellas si de tal modo logran más votos. Son tantos los modos de no entender que la interpretación instrumental, utilitaria, de la violencia nos hace cómplices de ella -como si hubiera momentos más o menos adecuados para matar, como si el muerto fuera lo de menos en su propia muerte- que no procede armar la bronca en el primer plato.

En realidad, son reflexiones impropias para esas tertulias familiares en donde al poner los vínculos afectivos por encima de nuestras diferencias ideológicas nos entrenamos a convivir con al cáncer que devora nuestra dignidad. Gracias a ello seguimos vivos, aunque no todos, y mientras dure la democracia -instaurada gracias a la colaboración entre todas las comarcas de la España franquista y gracias a la renuncia a cualquier género de revanchas, no lo olvidemos-, espero que votantes de uno, otro o ningún signo sigamos sentándonos juntos en cualquier sobremesa familiar. Gracias a esta posibilidad de encuentro, con discusiones o sin ellas -el tan invocado diálogo debería ensayarse más, sin tantas concesiones al cambio de tema de rigor-, vivificamos nuestra convivencia y hacemos posible que los resultados del 13-M no sean tan estrangulantes. Si la tolerancia que en privado mostramos hacia quienes votan a nuestros adversarios políticos o hacia quienes por uno u otro motivo eligen no votar la cultiváramos también en público, este pequeño país sería más bonito y un poquito menos soez.

Gil Robles denuncia en Estrasburgo la «terrible situación» de los no nacionalistas en Euskadi
El comisario europeo de Derechos Humanos subraya que «todos los demócratas deben participar en la lucha contra la violencia armada» Niega que su informe sobre el País Vasco esté condicionado por intereses «electorales o de partido»
IGNACIO TYLKO COLPISA. ESTRASBURGO El Correo  24 Abril 2001

El comisario europeo de Derechos Humanos, Álvaro Gil Robles, denunció ayer ante la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa la «situación terrible» en que, a su juicio, se encuentran los vascos que no comparten las tesis soberanistas. Gil Robles compareció por primera vez ante la Asamblea para hacer balance del año y medio transcurrido desde que accedió al cargo. En su opinión, el Consejo tiene «un papel fundamental para superar el fanatismo, la intolerancia y la dictadura de las ideas» en sus estados miembros.

En octubre de 1999, el que fuera Defensor del Pueblo fue nombrado comisario de Derechos Humanos, y como tal ha viajado a Rusia, Chechenia o Georgia. Una de sus misiones más controvertidas fue la que giró en febrero pasado al País Vasco. En su dictamen denunciaba la «pasividad» de la Ertzaintza frente a la ‘kale borroka’, acusaba al Ejecutivo vasco de tener «cierta responsabilidad» en la falta de protección y criticaba contenidos del sistema educativo vasco y de EITB.

El dossier, respaldado de forma unánime por los Gobiernos de los 43 países del Consejo, fue duramente contestado por los nacionalistas, y motivó la elaboración de un contrainforme del Gobierno de Ibarretxe, que tachó el texto de «parcial e incompleto». Ayer, Gil Robles, quien dijo respetar todas las opiniones contrarias -«incluso la de grupos que quieren hacerme callar», apostilló- no citó al Ejecutivo autónomo ni a los partidos nacionalistas.

El comisario de Derechos Humanos subrayó que «todos los demócratas deben participar en la lucha contra la violencia armada y a favor de la democracia». El «grave problema terrorista» en Euskadi, añadió, afecta «sobre todo» a políticos, intelectuales y periodistas que «no están de acuerdo» con el soberanismo y con «las ideas nacionalistas de ETA». «Es difícil ejercer derechos democráticos en el País Vasco debido al terrorismo etarra y a la ‘kale borroka’», prosiguió.

«Patriotismo» de ETA
Aunque evitó pronunciarse acerca de si ha detectado en la sociedad vasca un deseo mayoritario de cambio de Gobierno a partir del 13-M, sí advirtió que «la violencia armada contra los no nacionalistas ha creado una situación en la que parte de la población cree que su libertad está amenazada».

En su opinión, el Consejo de Europa tiene el deber de recordar «muy claramente» los principios a favor del Estado de Derecho y en contra del «fanatismo, la intolerancia y la dictadura de las ideas». «Basta con decirlo claramente. Todos los que estén de acuerdo con estas ideas estarán de acuerdo con nosotros y podrán quedarse tranquilos. A todos los demás los consideramos inaceptables», subrayó.

El diputado popular Gustavo de Arístegui felicitó a Gil Robles por su informe «riguroso y valiente», y le instó a detallar las conculcaciones «más sutiles y no violentas» que refiere al final del documento. El comisario dijo tener «manuales que describen a ETA como organización patriótica», y aludió de nuevo a programas de ETB en los que aparecen niños cantando «de forma discriminatoria e inaceptable». Aunque son «casos excepcionales», puntualizó, hay que evitar «que esta cultura de violencia llegue a los niños».

Preguntado por Ignasi Guardans, de CiU, si la publicación de su informe en periodo preelectoral podía ser «mal interpretado o instrumentalizado», el comisario replicó que «no estoy entrando en conflicto, ni electoral ni de partidos».

El miedo clausura la casa del pueblo
El Partido Socialista de Euskadi cierra su sede de Rentería tras 23 ataques de los simpatizantes de ETA
ISABEL C. MARTÍNEZ | Vitoria El País  24 Abril 2001

Los socialistas han tenido que bajar la persiana de una de sus casas del pueblo más emblemáticas en la resistencia al acoso violento. El bar abierto al público que coexistía en Rentería (municipio guipuzcoano de 40.000 habitantes gobernado por el socialista Miguel Buen Lacambra) con la sede de la agrupación local del PSE-EE cerró hace unas semanas. 23 ataques violentos de los simpatizantes de ETA y el consiguiente descenso de clientela tienen la culpa de que la persona que la regentaba, una mujer que en el último asalto fue rociada con gasolina por los atacantes, haya tirado la toalla.

Otros establecimientos de localidades especialmente castigadas por la brutalidad filoterrorista, fundamentalmente en Guipúzcoa, atraviesan dificultades similares; ello incluye las de orden económico, claramente motivadas por el temor de los clientes a marcarse dejándose ver por allí, o las derivadas de mantener abierto al público un negocio semibunkerizado por las medidas de seguridad. El bajón experimentado en las cajas registradoras de los locales dará un problema añadido al PSE-EE: tendrá que asumir los gastos de mantenimiento que hasta ahora corrían por cuenta de quienes gestionan esos establecimientos abiertos al público.

El secretario de Organización de los socialistas guipuzcoanos, Miguel Ángel Morales, se niega, sin embargo, a admitir que esa situación, que él reduce a unas cuantas localidades del cinturón de San Sebastián -'en el resto de los sitios siguen funcionando como siempre', asegura-, vaya a conducir al PSE-EE a clausurar unas sedes sociales, que son mucho más que las oficinas del partido y suponen un elemento de conexión abierto a la sociedad y fundamental en la presencia histórica del socialismo en el País Vasco, una de sus cunas.

Otros dos establecimientos cerrados recientemente, en el barrio de Intxaurrondo de San Sebastián y en Beasain, reabrirán sus puertas una vez solucionen los 'problemas de ruidos' denunciados por el vecindario, asegura el dirigente socialista.

Lo mismo que hará la de Rentería, en cuanto la agrupación encuentre a alguien interesado en gestionarla, según la diputada Gemma Zabaleta. A renglón seguido reconoce que las condiciones no son ahora las óptimas para ofrecer el lugar, no ya como negocio, sino ni siquiera como modesto medio de ganarse la vida.

Es ella misma quien cifra en 23 los ataques sufridos y quien se lamenta del cierre de un local, 'precioso, en perfectas condiciones tras su última remodelación', precisamente requerida por la última salvajada de los proetarras. Zabaleta evoca también a las personas que atendían el lugar, 'de baja laboral desde aquel ataque, en el que la encargada sufrió quemaduras y quedó además a expensas de recibir tratamiento psicológico'. 'La situación no es fácil, sino todo lo contrario, pero hay que infundir fuerza y confianza en que van a cambiar las cosas', dice.

'Ni para la luz'
Resignado al cierre del local de Rentería -'la mujer que la regentaba no sacaba ni para pagar la luz, porque no entraba nadie', reconoce-, Miguel Ángel Morales resalta que el lugar se mantenía en los últimos tiempos con una patrulla de la Ertzaintza permanentemente apostada a su puerta, durante las 12 o 14 horas de apertura al público.

Los socialistas no saben si es peor el remedio o la enfermedad, es decir, si a la clientela le espanta más el riesgo de un ataque mientras se encuentra en el local o la incomodidad de pasar una y otra vez ante los policías que lo protegen. 'No podemos tener dos ertzainas en cada casa del pueblo', razona Morales.

La de Rentería era la única sede con medidas de seguridad tan estrictas y permanentes, pero por otras muchas de ellas patrulla la policía vasca con regularidad, dice Morales. Y otras se han bunkerizado, como la de Hernani, dotada de una doble puerta que sólo se abre a quien se conoce, previo paso por un recibidor estanco. Difícil ampliar la clientela.

O la de Andoain, 'que funcionaba muy bien hasta hace un año, pero ahora ha empezado a ir mal'. La culpa en este caso la tienen continuas amenazas de bomba, por ahora siempre falsas. 'Allí iba mucha gente a jugar la partida todas las tardes, pero desde hace meses se repiten los avisos, tiene que ir la Ertzaintza, meter los perros, sacar a la gente... Es decir, lo último que quiere quien busca tranquilidad para jugar a las cartas'. 'Siempre han sido falsas las llamadas, pero cabe temer que alguna pueda no serlo', dice Morales, señalando uno de los motivos por los que la clientela abandona, unido al fastidio de que a uno le interrumpan o le rompan la partida cada dos por tres. El responsable de organización cita los puntos negros y desgrana, sin sorpresas, los mismos nombres: Rentería, Hernani, Andoain, Lezo...

En esta última localidad, donde Herri Batasuna gobierna 'desde siempre', dice Morales, con mayoría absoluta, los socialistas abrieron a principios de los años 80 una sede con una hermosa taberna perfectamente acondicionada... que nunca ha podido abrir sus puertas al público. Funciona, aunque no era su vocación, a modo de sociedad gastronómica para socios de las que abundan en el País Vasco. Morales reconoce que el día en que su partido pueda abrir de par en par a la calle las puertas de ese local, será todo un acontecimiento, porque significará que algo muy importante, relacionado íntimamente con la libertad, habrá cambiado en el País Vasco. 'Pero no sé si lo veré yo', duda.

Entre vascos está el futuro
JUAN MANUEL EGUIAGARA Y UCELAY El País  24 Abril 2001

Juan Manuel Eguiagaray Ucelay es diputado socialista por Murcia y vicepresidente de la Comisión de Economía y Hacienda del Congreso de los Diputados. juan.eguiagaray@diputado.congreso.es

Estamos impacientes y preocupados. Y no sin razón para ello. Treinta años, se mire como se mire, son demasiados años en la ocupación de verter sangre. Y equivalen a una eternidad cuando semejante ocupación, la de verter sangre nada más que para hacerse notar, se dota de un discurso que, tras muchos ensayos, suena con esta estremecedora claridad: aquí estamos; somos pocos; nos pasamos por el arco del triunfo vuestros argumentos; se nos da una higa de vuestros lamentos; nos dejan fríos las condenas y reprobaciones de toda Europa y, aunque nunca alcancemos nuestros objetivos, os seguiremos matando mientras podamos y os descuidéis. No es extraño, ante tamaña elocuencia, que nos sintamos impacientes por saber si, por fin, se atisba un cambio de perspectivas. Y a nadie le puede asombrar que estemos preocupados, porque no es seguro que tal cosa se produzca tras las próximas elecciones en el País Vasco o, en todo caso, que se produzca del modo indiscutible que requiere nuestra impaciencia.

Entre los observadores que, impacientes y preocupados, asisten al espectáculo preelectoral, los hay pesimistas que juegan con la ventaja que les da la historia de estos años y optimistas que dan muestras de una piadosa fe en la capacidad de los hombres -incluidos algunos vascos- para el uso de la razón. A decir verdad, la fe de estos últimos no resulta nada desinteresada. En realidad, discurre unida a la imperiosa necesidad de creer en la verosimilitud del cambio a modo de conjuro contra la propia desesperación. No es ocioso decir que me siento muy cerca de ellos.

Quienes me preocupan seriamente son los pesimistas que, con la sabiduría conservadora que produce el conocimiento del pasado y el temor a equivocarse en el futuro, no se limitan a pronosticar que tras las elecciones vascas todo será, sobre poco más o menos, parecido a como era ayer y sigue siendo hoy, sino que, poniéndose la venda antes de la herida, nos previenen de cualquier intento de cambiar de modo sustancial las cosas. De este modo, al desalentar cualquier esperanza, alimentan la pasividad y la resignación. Y de paso, contribuyen al cumplimiento de sus pronósticos. Hay mil variantes para un razonamiento que, en esencia, siempre conduce a lo mismo: fuera del Partido Nacionalista Vasco no hay salvación; pero si temporalmente fuera posible, sería potencialmente peligroso intentarlo; es mejor, en consecuencia, soportar una úlcera sangrante que correr el riesgo de una metástasis en todo el organismo... Y así sucesivamente. Por lo tanto, se concluye, tengamos la fiesta en paz, tanto como sea posible y permitamos que el poder lo sigan ostentando los que nunca lo han abandonado desde que conquistamos el derecho a elegir.

Los argumentos sobre lo inadecuado de esta actitud se han expuesto ya con tanta brillantez intelectual como ímpetu emotivo desde estas páginas. No me siento capaz de añadir nada sustancialmente nuevo a esas razones y sentimientos si no es la insistencia en que ni la experiencia histórica ni el mayor de los pragmatismos otorgan el menor apoyo a quienes apuestan por repetir el pasado a la hora de diseñar el futuro. Sin embargo, quienes de ellos se sientan inquietos ante las razones últimas del comportamiento político, acaso compartan mi absoluta incomprensión sobre cuáles puedan ser las convicciones éticas o la ética de la responsabilidad que convierte en plausible el abandono del futuro en manos de quienes, todavía, siguen dispuestos a identificarse en fines con los autores materiales del crimen y, argumentalmente, contribuyen a su exculpación. Si es verdad lo que he leído recientemente, ETA sería la espuma inevitable de una cerveza con fuerza, con la fuerza vital del nacionalismo. ¡Quisiera creer que no se ha perdido totalmente la cordura...! Pero, me reconocerán, que resulta difícil creerlo cuando se escucha al Xabier Arzalluz de esta época.

Junto a los argumentos conocidos hay otra aproximación al problema vasco que me parece menos trillada y que, sin embargo, me parece bien merecedora de la atención de los analistas. Me refiero a la que toma cuerpo y adquiere contextura cuando uno pone algún empeño en escuchar el grito ensordecedor de quienes no son nacionalistas y reclaman como propio el derecho a vivir en su tierra como les dé la gana. Y me refiero, igualmente, a la que se asienta en el grito menos ruidoso, pero no menos real, de muchísimas personas de indiscutibles sentimientos vasquistas y nacionalistas que abominan de que por esta tan sencilla como legítima razón alguien les pueda confundir con los locos de la cerveza o con los asesinos de la espuma y, más aún, dé por hecho que se comportarán como tales a la hora de votar.

Las construcciones políticas e intelectuales que priman en la villa y corte en los días que vivimos se me antojan demasiado tributarias de un pensamiento tan pretendidamente ilustrado como ingenuo en su formulación. Se trata, generosamente, de prolongar el espíritu constituyente para cumplir el designio histórico de integrar en el sistema constitucional al nacionalismo vasco mediante el expediente de entregarle, sin condiciones, el ejercicio del poder. Lo malo no es que se trate de un camino que ya hemos ensayado, con el resultado de todos conocido, sino que, por duro que resulte decirlo, va contra toda razón (humana) persistir en la misma estrategia en relación con aquellos que, tras el viraje político de estos años, expresamente rechazan lo esencial del sistema constitucional: el reconocimiento como igual del otro, del que ni piensa ni siente como yo. Y mientras no se produzcan cambios verificables en esa actitud, no parece que se pueda perseverar en semejante vía en nombre del espíritu constitucional.

Confieso que para algunos -yo creo que bastantes- que somos vascos pero no nacionalistas, la pretensión de que esta estrategia es el colmo de la imaginación y de la inteligencia política, simplemente porque la hemos practicado en el pasado, nos resulta especialmente rechazable. Probablemente, porque muchos de nosotros la hemos impulsado y defendido en el pasado en nuestra tierra, al precio de la cesión al nacionalismo de posiciones y legitimidades que eran, como mínimo, compartidas por muchos otros. Probablemente, porque nos sentimos personalmente heridos por haber creído en una lealtad democrática que el nacionalismo no ha mantenido. Probablemente, porque tenemos muy buenas razones para saber la magnitud de la parcela económica, política y social que entregamos a los nacionalistas sin que fuera suya, para obtener una paz que hoy parece incluso más lejana. Por eso y por bastantes razones más, muchos somos del parecer de que, por una vez, la estrategia política en el País Vasco debiera ser inspirada, en muy buena medida, por los vascos no nacionalistas que experimentan y padecen, todos los días de su vida, las consecuencias de una hegemonía política otorgada al nacionalismo en nombre del objetivo de la integración y de la paz.

No sólo porque ellos se juegan literalmente la vida, sino porque, con demasiada frecuencia, han arriesgado la educación de sus hijos en nombre de la tolerancia, el acceso al trabajo público en nombre de una causa llamada nacional, la amplitud del pensamiento en nombre de la preservación de estrechos valles intelectuales y, por si fuera poco, han entregado la alegría de vivir en el altar de una religión política hecha de fanatismo y de sacrificios humanos en homenaje a un dios-pueblo inexistente. Tienen, desde luego, todo el derecho a decidir en su propia tierra; a trazar su futuro sin que se lo dictemos desde nuestras cómodas atalayas; a ejercer el protagonismo político y social; a asumir la responsabilidad colectiva, en nombre de todos los vascos, que los nacionalistas abandonaron al ignorar a quienes no eran de su credo. Y, por cierto, lo harán con más responsabilidad que quienes vemos el panorama desde una cómoda distancia y con el filtro del análisis histórico. Porque nadie como ellos, los que viven allí, para saber lo mucho que les va en que la convivencia no sea un ejercicio de confrontación entre dos comunidades. Nadie como ellos para defender con legitimidad el derecho a ser todos iguales en la tierra común. Y, por fin, nadie tan interesado como ellos en demostrar que no se trata de dar la vuelta a la tortilla, sino tan sólo de conseguir que se cuaje por ambos lados.

A los demócratas que no se sienten nacionalistas, como a los numerosos nacionalistas que se sienten, por encima de todo, demócratas, presumo que no les va a temblar el pulso esta vez. Nuestra función, la de quienes nos sabemos copartícipes de sus decisiones, no puede consistir en suplantarles; ni siquiera en señalarles un camino que conocen a la perfección.

Éste no es un problema exclusivo de vascos, desde luego, pero es, por encima de cualquier otra consideración, un problema entre vascos que los vascos tienen que resolver. Podemos ayudar, modestamente, a que ganen la libertad que merecen y proporcionarles el apoyo y el aliento que necesitan para que nadie suplante su voluntad mayoritaria ni en nombre del terror ni en nombre de la patria de unos pocos. Más que eso no podemos ni debemos pretender. Y tampoco estamos en condiciones de exigir. Pedirles garantías de que, además de intentarlo, lo logran a la primera -como algunos reclaman estos días- no sólo es demasiado injusto por relación a lo que ha venido ocurriendo, sino una impaciencia que no nos podemos permitir. Porque es verdad que un futuro creíble, el que a todos nos dejaría tranquilos, requiere, sin duda alguna, la integración de nacionalistas y no nacionalistas -demócratas en definitiva- en un proyecto común. Pero mientras esto llega -que llegará- resulta imprescindible privar del timón de la nave a quien lo viene utilizando para conducirla allá donde se pierde toda esperanza de entendimiento y de integración social.

Se trata, en primer lugar, de asegurar la libertad y la vida de quienes no son nacionalistas. Una aspiración muy elemental si se quiere, pero indispensable, a mi juicio, antes de pasar a otras etapas más gratificantes para los observadores de nuestras confortables atalayas.

Yo creo que es posible, si todos nos ponemos a ello.

Una empresa fundada por Anasagasti y Gorka Aguirre se benefició de ayudas millonarias del Gobierno vasco
Ambos políticos fueron fundadores de Ekin Argitaldaria antes de formar parte de Eresoinka, que también recibió contratos millonarios de la televisión vasca. El Departamento de Cultura aportó dinero a la sociedad como cliente
La sociedad Ekin Argitaldaria, fundada por el portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados, Iñaki Anasagasti, y Gorka Aguirre, yerno del ex consejero vasco de Interior, Luis María Retolaza, recibió diversas cantidades de dinero del Departamento vasco de Cultura durante al menos dos años, según ha podido comprobar LA RAZÓN de varios documentos registrales consultados. Ekin Argitaldaria, que se denominó primero Idatz Ekintza, tiene como objeto social la impresión, edición y distribución de libros, y fue la beneficiaria de una adquisición de fondos bibliográficos para bibliotecas públicas por un valor cercano a los cuatro millones de pesetas. En los órganos de esta empresa también aparecen personas muy vinculadas al PNV.
Jose A. Pérez - Madrid.- La Razón 24 Abril 2001

El portavoz del Partido Nacionalista Vasco en el Congreso de los Diputados, Iñaki Anasagasti, aparece como el socio fundador de la empresa Idatz Ekintza, domiciliada en Bilbao desde 1982, y que ha sido subvencionada por el Departamento de Cultura vasco, según figura en varias notas registrales consultadas por este periódico y admite la propia Consejería nacionalista en un escrito que obra en poder del Parlamento autónomo.

   Según los registros de la citada Consejería, el Departamento de Cultura ha comprado material a la empresa fundada por Anasagasti en 1993, con 1.974.252 pesetas, y en 1994 con 1.795.290 pesetas para la «adquisición de fondos bilbliográficos para su distribución en bibliotecas públicas».

   Siempre según los mencionados documentos registrales, la empresa fundada por Anasagasti comenzó sus operaciones el 10 de marzo de 1982 en Bilbao, con un domicilio inicial en el número 48 de la Gran Vía de la capital vizcaína. Al acto de constitución de la empresa acudió el propio Anasagasti junto a otras dos personas: Gorka Joseba Aguirre Arizmendi, yerno del ex consejero de Interior vasco Luis María Retolaza, y Juan Antonio Arcelay Larrea, un conocido empresario vasco que el propio sector vincula directamente a los nacionalistas.

Crecimiento progresivo
En el acto de constitución, los tres socios suscribieron 50 acciones por un valor nominal de cincuenta mil pesetas, por lo que la empresa arrancó con un capital social de 150.000 pesetas.

   Esta cantidad, sin embargo, sería aumentada posteriormente dado el crecimiento progresivo que la sociedad ha ido exprimentando en contraste con otras del mismo sector. Siempre según las mencionadas notas registrales, el objeto social de la empresa es la «impresión, edición, publicación, distribución y comercialización de toda clase de libros y obras impresas, según la normativa legal». En los documentos del Registro Mercantil de Bilbao consultados por este periódico, se dan varias circunstancias poco habituales. Así, se registra, inmediatamente después del acta sobre el acto de constitución de la sociedad, la «suspensión temporal» del nombramiento del Consejo de Administración por la que «desaparecen» de las notas registrales Anasagasti y Gorka Aguirre y se nombra administrador general de la empresa a Juan Antonio Arcelay Larrea. Hasta ese momento es el propio Iñaki Anasagasti el que figura en las inscripciones del Registro como representante de la sociedad. A partir de ese momento, Arcelay figura como representante de la empresa pero no consta en ningún documento el posible cese como consejero del portavoz del PNV en el Congreso y del yerno de Retolaza.

   Desde el primer momento, se inscribe la voluntad de la empresa de captar ayudas de los organismos oficiales, tal y como también queda reflejado en el acta de constitución de la empresa. Así se expresa el poder concedido al Consejo de administración de la sociedad para «presentar toda clase de escritos, instancias, solicitudes y expedientes y cobrar cuantas cantidades o subvenciones se concedan» por los distintos organismos oficiales.

   Según información que el Departamento de Cultura ha emitido y que ha podido conocer LA RAZÓN, estas solicitudes de ayudas se cristalizaron al menos en 1993 y 1994 con un total de 3.769.542 pesetas que fueron a parar a las arcas de la empresa por la mencionada adquisición de material bibliográfico.

   Según los balances de cuentas que obran en poder del Registro Mercantil, la sociedad empezó a acumular pérdidas en 1992. Hasta ese año, en Idatz Ekintza, que cambió su denominación social a Ekin Argitaldaria el 7 de diciembre de 1988, aparecen unos beneficios (1991) de 7.723.000 pesetas. Un año después, sin embargo, esos beneficios se convierten en pérdidas por valor de 9.975.000 pesetas en lo que el propio balance considera como «una evolución económica negativa de la sociedad».

   Es justo en ese momento, cuando aparecen las pérdidas y la continuidad de la empresa empieza a verse amenazada, cuando se producen las adquisiciones del Departamento de Cultura vasco por valor de casi cuatro millones de pesetas entre los dos ejercicios siguientes
.

   Años después de su constitución, y con Juan Antonio Arcelay Larrea como administrador general, aparece el nombre de Miguel Ángel Mendizábal Ibarrondo relacionado con la citada sociedad.

   Mendizábal es titular de un importante despacho de Bilbao y su es considerado por varios sectores políticos y empresariales como un hombre muy próximo al PNV.

Anasagasti también fundó Eresoinka, que recibió contratos millonarios de la TV vasca
Es una empresa de doblaje que consiguió las adjudicaciones de la EITB
Un grupo empresarial fundado por Iñaki Anasagasti cuando era consejero de la EITB, así como por su hermano y miembros del PNV, recibe desde hace casi veinte años contratos millonarios de la televisión pública vasca, lo que le ha permitido incrementar 230 veces su capital social y convertirse en empresa líder del sector de doblaje de imagen y sonido en el País Vasco, tal como destapó LA RAZÓN. Si al principio la actividad básica del grupo ¬cuya cabecera es Irusoin¬ se centró en la televisión, desde hace diez años también recibe contratos de ayuntamientos o diputaciones vascas.

M. R. Iglesias - Madrid.- La Razón 24 Abril 2001

La sociedad Eresoinka, la primera del grupo que se ha beneficiado durante años de las adjudicaciones de la televisión pública vasca, nació a los pocos meses de crearse el ente Euskal Irrati Telebista (EITB), el 2 de julio de 1982, con un pequeño capital social de 300.000 pesetas, repartido en 300 acciones de 1.000 pesetas cada una. Los socios fundadores de Eresoinka son: Iñaki Anasagasti, actual portavoz del Partido Nacionalista Vasco en el Congreso de los Diputados; su hermano Joseba Anasagasti; Gorka Joseba Aguirre, Juan Antonio Arcelay, e Iñaki Goiri Barrón, actual vicepresidente del Tribunal Vasco de Cuentas Públicas. Posteriores ampliaciones de capital llevaron a Eresoinka hasta un capital social de más de 70 millones de pesetas.

Contrataciones
Durante los primeros años de existencia, la sociedad fue abriéndose hueco en el mercado audiovisual vasco gracias a las contrataciones que, año tras año, recibía de la EITB. En el balance anual del ejercicio de 1991, el más antiguo que se conserva en el Registro, el Consejo de Administración de Eresoinka señala con toda claridad que «el ente televisivo autonómico vasco, EITB, es el principal cliente de la sociedad», y se vincula toda su actividad, así como su perspectiva futura, al desenvolvimiento de la Televisión vasca.

   En 1992, año en que el activo de la sociedad ya rondaba los 400 millones de pesetas, señalan que «la facturación a empresas diferentes de EITB significa sólo menos del 15 por ciento de la facturación total de la sociedad», y en 1993, el indican que la disminución en la facturación de Eresoinka «se debe única y exclusivamente a los recortes presupuestarios del Ente Televisivo Autonómico Vasco».

   La sociedad Eresoinka recibe en 1986 y 1991 dos ampliaciones de capital llegando a un capital social de 70 millones de pesetas, es decir un incremento de 230 su valor.

   A partir de entonces, Eresoinka, que sigue teniendo por principal cliente a la EITB, comienza una fuerte reducción de su actividad, al traspasarla a la sociedad del mismo grupo Irusoin, la cual obtiene desde entonces adjudicaciones millonarias de la Televisión vasca. Así se convertirá en cabecera de grupo. Al poco tiempo, Eresoinka cambia su nombre por el de Ibereder, S. A., y su actividad ya no será tan significativa en el sector, aunque no llega a desaparecer.

   La segunda empresa del grupo, Irusoin, se fundó en 1986 con un capital social inicial de seis millones de pesetas, y ya supera los 200. A esta compañía aparece vinculado el que ha sido concejal por el PNV del Ayuntamiento de San Sebastián y miembro de las Juntas Generales de Guipúzcoa, Martín Elisazu Orbegozo.

   Gracias a las adjudicaciones recibidas de la EITB, el grupo Eresoinka-Iruosin es «la primera y única en España con experiencia para llevar a cabo estos servicios», lo que abre unas perspectivas sin competencia».

Servicio íntegro
A partir de 1993 tanto la ETB como la radio pública adjudican a esta empresa el servicio íntegro de doblaje y creatividad publicitaria, y en 1996 y el desarrollo del teletexto de las dos cadenas vascas.

   Si en un principio la actividad de Irusoin se centra en la EITB, a partir de 1990 también recibe importantes adjudicaciones de ayuntamientos o diputaciones vascas gobernadas por el Partido Nacionalista Vasco.

El nuevo libro sobre Arzallus también se hace eco de los negocios del portavoz del PNV
Redacción - Madrid.- La Razón  24 Abril 2001

El último libro de José Díaz Herrera e Isabel Durán «Arzalluz. La dictadura del miedo» se hace eco de la información publicada en exclusiva por LA RAZÓN sobre los diversos negocios de Iñaki Anasagasti. Por su interés, publicamos unos párrafos del libro referidos a la actividad empresarial del portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados: «El 2 de julio de 1982, varios dirigentes del PNV, entre ellos el portavoz del Grupo Vasco en el Congreso de los Diputados, Iñaki Anasagasti y su hermano Joseba; el tesorero; el tesorero del EBB, Sabín Zubiri; el burukide Gorka Joseba Aguirre e Iñaki Goiri, actual vicepresidente del Tribunal Vasco de Cuentas, acuden al notario y constituyen la sociedad Eresoinka.

   Poco antes, el gobierno vasco ha creado Euskal Irrati Telebista (EITB), es decir el ente público vasco de radio y televisión y nombra a Iñaki Anasagasti consejero de la sociedad. Con un capital social de 300 000 pesetas, Eresoinka se convierte en poco tiempo en una de las sociedades de servicios (doblajes de películas) y de suministro de contenidos a la recién constituida Euskal Telebista. Diez años más tarde, en 1992, la mercantil fundada por prohombres del partido de Arzalluz posee unos activos cercanos a los cuatrocientos millones de pesetas, en gran parte provenientes de sus contrataciones «a dedo» con la televisión pública vasca.

   En 1993, Eresoinka transfiere toda su actividad a la sociedad Irusoin, cabecera del grupo, al frente de la cual aparecen de nuevo varios dirigentes del PNV, entre ellos el miembro de las Juntas Generales de Guipúzcoa, Martín Elisazu Orbegozo. Su objeto social se amplía y, sin perder sus contratos con ETB, comienza a recibir adjudicaciones del Ayuntamiento donostiarra, la Diputación o el gobierno vasco».

«Creatividad publicitaria»
En el libro referido se cita a LA RAZÓN como una de las fuentes de información sobre los negocios de Anasagasti. «Así, según publica el diario La RAZÓN, a partir de 1993 se le encarga la creatividad publicitaria de las dos cadenas públicas de televisión, el doblaje de películas y los servicios de teletexto, convirtiéndose en la empresa líder del sector en el País Vasco.

   «Eresoinka/Irusoin revela la forma en que el PNV es capaz de obtener dinero hasta de debajo de las piedras para su financiación», dicen.

«Los no nacionalistas se han replegado para evitar enfrentamientos»
ENRIQUE ECHEBURÚA CATEDRÁTICO DE TERAPIA DE LA CONDUCTA «Aquí, el conflicto es que el 15% no acepta las reglas de juego del 85% de la población» «Es sangrante el desacuerdo entre PNV y PP, porque sus bases participan de una ideología cristiana y moderada»
ISABEL LÓPEZ SAN SEBASTIÁN El Correo  24 Abril 2001

Enrique Echeburúa Odriozola (San Sebastián, 1951) considera priorirario recuperar la línea divisoria entre demócratas y no violentos en un país donde una minoría no acepta las reglas de juego acordadas por la mayoría. «Los ciudadanos no nacionalistas se han replegado para no provocar un nivel de enfrentamiento», asegura el catedrático de psicología de la UPV.

-Como psicólogo ¿qué diagnóstico hace de la situación vasca?
-Soy muy cauteloso al utilizar el diagnóstico psicológico, que es algo muy preciso, para hacer extrapolaciones al conjunto de un país. Pero estamos ante una situación muy difícil por la existencia del terrorismo, y lo que conlleva de amedrentamiento, fanatismo, y por la falta de acuerdo en cuestiones elementales entre dirigentes de partidos democráticos con una filosofía de la vida parecida. Es sangrante el desacuerdo entre PNV y PP, cuyas bases participan de una ideología cristiana en buena medida, moderada, y sin embargo tienen unos niveles casi de odio visceral.

-¿Y ese odio puede desembocar en algo más grave?
-Aunque he oído hablar de situaciones prebélicas, mi impresión es que no las hay, que la fractura existe más en los partidos que en la sociedad, aunque no podemos descartar esa fractura social. Si no la habido ha sido porque los ciudadanos no nacionalistas se han replegado para no provocar un nivel de enfrentamiento.

-¿Ha habido concesiones al nacionalismo?
-Ha habido pactos que implican grados de privilegio, pero siempre se ha pensado que dar ese plus al nacionalismo traería en contrapartida su moderación, su capacidad para controlar el fenómeno de ETA. Pero no ha ocurrido así. El terrorismo de ETA subsiste, y el PNV, en vez de retroceder del Pacto de Lizarra, incorpora a su programa electoral la autodeterminación, aunque de forma vaporosa, como siempre lo ha hecho. Esto ha creado un mayor malestar porque nos lleva a una situación de difícil salida.

Los mimbres del cesto
-Es usted pesimista.
-Quiero ser optimista porque todo túnel tiene una boca. Debe haber una reacción social pidiendo la aceptación de unas mínimas reglas de juego para subsistir. No podemos decir que estamos a la cabeza de Europa y sentirnos orgullosos de ver vagones de la CAF en México o autobuses de Irizar circulando por Europa, o de tener unos escultores de primer orden mundial, y que todo eso sea compatible con los asesinatos. No se puede tolerar.

-¿Qué piensa de la apuesta por el soberanismo del PNV?
-Que no tiene solución, porque el principio de autodeterminación está hecho para la secesión -uno no se saca el carné de conducir para andar en bici-, porque hay dos estados de la UE que no lo aceptan y porque la mayor parte de la población no lo quiere. El nacionalismo es ligeramente mayoritario en Guipúzcoa, casi empatado en Vizcaya, minoritario en Alava, escaso en Navarra e irrelevante en el País Vascofrancés. Con esos mimbres no se puede hacer otro cesto, salvo que sea un proyecto no democrático.

-¿Qué panorama dibujarán en su opinión las elecciones?
-La radiografía electoral vasca no responde a una foto fija; el nacionalista ha pasado de ser dos de tres votos en los 80, a uno de dos en los 90. Y aunque probablemente no habrá grandes cambios, las elecciones sí afinarán tendencias.

-Antes se refería a la necesidad de aceptar unas mínimas reglas de juego. Pero hay grupos y personas que no están dispuestas a hacerlo.
-Aquí, el conflicto es que el 15% de la población no acepta las normas del 85%, porque problemas de identidad hay en Bélgica, Gales, Escocia, pero allí no matan ni extorsionan. Debemos volver a la línea divisoria de los demócratas y los violentos, los que aceptan las reglas del juego y los que no, y las reglas del juego son la Constitución y el Estatuto, que durante años ha sido el punto de encuentro para ese 85% de la gente y ha hecho posible unas cotas de autogobierno únicas en el mundo.

-Muchos nacionalistas dicen temer la llegada del PP a Ajuria Enea.
-El PNV ha manejado el victimismo, la ‘bota de Madrid’, como elemento de cohesión de sus bases en estos 20 años. Pero el PP gobierna en Álava y el PSOE tiene alcaldías desde hace años. Sacar a relucir ‘¡que viene el lobo!’ no parece que responda a la realidad.

-Quizás, los nacionalistas quieran así manifestar su separación con todo lo que significa español.
-Aquí, tenemos identidades compartidas; yo soy vasco, español, pero también donostiarra y guipuzcoano. Y me sentiré distinto de un vizcaíno de las Encartaciones o de un alavés de La Rioja Alavesa, pero todos tenemos en común ser vascos, españoles y europeos. El nacionalismo ha creado la imagen, como la canción de Machín, de que no se puede querer a dos mujeres a la vez, y eso es un profundo error. Sería empobrecedor que a todos nos encasillasen en una sola identidad, tenemos identidades múltiples, de ahí viene nuestra riqueza.

-Ocurre lo mismo con la cultura.
-Limitar la cultura vasca a la euskaldun es empobrecedor. La cultura euskaldun es importante y tiene hitos como Euskaltzaindia, la investigación de Baradiarán o Mitxelena, o la labor literaria de Bernardo Atxaga o Ramón Saizarbitoria. Pero sin olvidar que la mayor parte de la producción cultural vasca ha sido en castellano. ¿Cómo prescindir de las aportaciones de Baroja, Unamuno, Maeztu, Meabe? Me causa sonrojo la antitesis de que si abrazas la cultura vasco-española tienes que rechazar la euskaldun. Son dilemas falsos y, además, terriblemente aburridos.


Lengua de encuentro
Editorial La Razón  24 Abril 2001

La vigésimo quinta entrega del Premio Cervantes, en coincidencia con el mismo aniversario del reinado de Don Juan Carlos, ha servido para que el Rey recordara el significado profundo de esta celebración: no sólo un homenaje al genial escritor, sino también un tributo a la lengua universal que utilizó y a la tradición literaria de la que Cervantes formó parte y contribuyó a hacer grande, hasta convertirla en un referente universal.

   Fue ayer, por tanto, en el día en que se premiaba a un maestro contemporáneo del lenguaje, Francisco Umbral, el momento para un homenaje al castellano, reconocido mundialmente como español sin detrimento de otras lenguas de la Nación, como «lengua universal, lengua madre, lengua que suena con los más variados acentos en los territorios más diversos y alejados, pero lengua que es una por voluntad de sus hablantes, que la mantienen prodigiosamente cohesionada», en palabras certeras del Rey.

   Una lengua que Don Juan Carlos definió en su significado más actual y, a la vez, con mayor proyección hacia el futuro: «Nunca fue la nuestra lengua de imposición, sino de encuentro». Tal vez por eso se encuentra en constante crecimiento: porque se apoya en la adhesión libre de millones de personas que, con ella, encuentran un modo de comunicación rico en sí mismo, y enriquecido más aún por la generación de literatura que ha sido capaz de encauzar.

   Uno de esos ejemplos se premiaba ayer. Umbral, escritor que une a la belleza de su literatura la capacidad nada fácil de innovar; la fortuna de pocos elegidos para la originalidad; la impagable vocación de crear. Cualidades todas por las que la lengua de la que se sirve, es a su vez servida por él, y ambos se agrandan por ello.

   Ayer, en el acto de entrega del Premio pudieron escucharse discurso de profundidad y belleza. El del Rey, que calificó a Umbral de «toda una biblioteca, todo un universo»; el de la ministra de Cultura, que llamó al escritor «hijo verbal del idioma» que «ha encontrado en el castellano nuevas fulguraciones». Y el del propio Francisco Umbral, que hizo una lectura tan literaria como social y política del Quijote, al hablar de la España en esta obra contenida.

   «Es la primera rebelión española del intelectual aburguesado, la primera revolución burguesa del hidalgo antecedente y el primer motín del castellano pueblo». Así lee Umbral el Quijote como «metáfora de España», y a Cervantes como capaz de inventarse pasiones, ejercitarse contra el tiempo y romper el compromiso burgués de la novela y de la vida. Una definición que, probablemente, no le disgustaría que le fuera a él mismo aplicada.

La OSCE confirma el galardón a López de Lacalle
El Mundo   24 Abril 2001

MADRID.- La Asamblea Parlamentaria de la OSCE confirmó ayer la concesión conjuntamente del Premio de Periodismo y Democracia de la OSCE 2001 al periodista José Luis López de Lacalle, asesinado por ETA, y al ucraniano Georgiy Gongadze.

La Asamblea concede anualmente este galardón dotado con 20.000 dólares (unos 3.700.000 pesetas) a periodistas que, a través de su trabajo, han promovido los principios de la OSCE en derechos humanos, democracia y libertad de información.

En la nota de prensa difundida ayer por la OSCE se recuerda que López de Lacalle fue asesinado el 7 de mayo de 2000 por ETA en el País Vasco «por sus escritos contra el uso de la violencia con fines políticos», mientras que Gongadze desapareció el 16 de septiembre de 2000 después de una larga y distinguida carrera en el periodismo de investigación, «revelando circunstancias críticas en un medio político hostil».

El premio será presentado en el décimo periodo de sesiones de la Asamblea Parlamentaria de la OSCE, que tendrá lugar en París del 6 al 10 de julio próximos.

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