AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 28 Abril   2001
#El País Vasco ante el espejo
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón   28 Abril 2001

#Eh o la niña del terror
Enrique de Diego Libertad Digital 28 Abril 2001

#LA VERGÜENZA DE ANDOAIN
Editorial El Mundo  28 Abril 2001

#Elecciones descentradas
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 28 Abril 2001

#Sangre de horchata
TONIA ETXARRI El Correo  28 Abril 2001

#Dimensión española de la campaña vasca
FERNANDO VALLESPÍN El País  28 Abril 2001

#Perder el oremus
Jaime CAMPMANY ABC  28 Abril 2001

#Voto vasco y obispos
Lorenzo CONTRERAS La Razón  28 Abril 2001

#Gernika
MARTIN PRIETO El Mundo  28 Abril 2001

#Consuelo Ordóñez y Rubén Múgica acusan a la EITB de ser «refugio de los etarras»
Redacción - Madrid.- La Razón  28 Abril 2001

#Follía
Carlos HERRERA ABC  28 Abril 2001

#El muro
EMILIO ALFARO El País   28 Abril 2001

#Unas elecciones para la esperanza
GUSTAVO DE ARISTEGUI El Mundo  28 Abril 2001

#Vidas prohibidas
JAVIER GUILLENEA SAN SEBASTIÁN El Correo  28 Abril 2001

#La diferencia
FERNANDO ONEGA El Mundo 28 Abril 2001

#Contra el miedo, las urnas
VICTORIA PREGO El Mundo 28 Abril 2001

#El miedo al miedo
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo  28 Abril 2001

#El fin de la transición
GERMAN YANKE El Mundo 28 Abril 2001

#Los estigmas del fracaso de Ibarretxe
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo 28 Abril 2001



El País Vasco ante el espejo
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón   28 Abril 2001

Hay veces en que lo parcial deviene total, en que un acto de un solo ser humano salva o conduce al desastre a muchos miles. Eso es exactamente lo que representan las urnas del trece de mayo en el País Vasco, una ocasión decisiva en la que el conjunto de España estará sobre el tapete verde, pero en un juego en el que sólo los ciudadanos de aquella Comunidad Autónoma tendrán cartas que mostrar, retener, ocultar o marcar.

   Por supuesto, podemos consolarnos pensando que se trata de un acontecimiento más del normal proceso democrático, pero la minimización pusilánime de las amenazas suele conducir a su cumplimiento.

   Los votantes de las provincias de Vizcaya, Álava y Guipúzcoa no optarán el segundo domingo del mes próximo por uno u otro programa político, por uno u otro candidato o por uno u otro partido. Ojalá fuera así. Pero no lo es.

   Deberán elegir entre un sistema racional de valores y la llamada aulladora de la selva, entre la civilización y la barbarie, entre la ilustración y la oscuridad, entre la dignidad y la abyección, entre la vida y la muerte.

   Estarán obligados a decidir individualmente si quieren mantener en la organización de su convivencia lo mejor, más enaltecedor y más noble que ha producido el pensamiento y la acción humana a lo largo de veinticinco siglos o revolcarse en el cieno de la bestialidad y del instinto ciego. Eso sí, tanto los que se inclinen por la luz como los que se precipiten a las tinieblas gozarán de una ventaja impagable: el sufragio es secreto.

   El posible miedo de los primeros y la improbable vergüenza de los segundos quedan así conjurados. Y es que la democracia es un método, además de consoladoramente pacífico, inteligentemente púdico.

Eh o la niña del terror
Por Enrique de Diego Libertad Digital 28 Abril 2001


Quizás nunca se ha ejemplificado más el substrato irracional del nacionalismo que en el cartel electoral de Eh, en el que se reproduce la imagen de una niña al lado del lema Euzkal Herria. Por si queda alguna duda respecto al tosco antropomorfismo, en la presentación de la campaña se explica que ha nacido una niña que responde a tal nombre. Eso es imposible. Los entes abstractos, las entidades colectivas no son personas, ni pueden personalizarse salvo desde resabios de la edad de las cavernas y el mundo mágico.

Tal márketing supera incluso el chusquero lenguaje castrense de las naciones autoritarias, de las dictaduras, cuando la patria se ejemplifica en la madre, en la esposa o en la novia. Al margen de que la nación no es una niña, sino una forma de convivencia basada en el Estado de Derecho, la pequeña en cuestión es una psicópata compulsiva que tiene sobre su conciencia y en sus manos la sangre de cerca de un millar de víctimas y apunta una voluntad genocida. Además, sólo puede nacer aquello que no existe, porque no ha existido nunca. El irracionalismo nacionalista parte de ese voluntarismo creacionista ex nihilo. Es una mezcla de estupidez y de empanada de ideas que se trata de imponer a la trágala, por la senda del homicidio político.

LA VERGÜENZA DE ANDOAIN
Editorial El Mundo  28 Abril 2001

Andoain es un pueblo de Guipúzcoa que tiene 14.000 habitantes con un alcalde de EH, donde el 7 de mayo del año pasado ETA asesinó a sangre fría a José Luis López de Lacalle cuando volvía a su casa después de desayunar y comprar los periódicos. Después del atentado, los cómplices de quienes le dispararon cuatro tiros ultrajaron la memoria de este ciudadano culto y progresista llamando agresivamente a su viuda y pintando las paredes con insultos. Unos hechos vergonzosos que los bienpensantes nacionalistas atribuyeron a una minoría de exaltados.

El pasado jueves, los grupos municipales del PNV, EA y EH impidieron con sus votos que un centro cultural de la localidad lleve el nombre de López de Lacalle. La moción había sido presentada por el PSOE -partido del que era simpatizante el asesinado- y respaldada por el PP. Los partidos nacionalistas alegaron que era «inadecuado» poner el nombre del columnista de EL MUNDO a un centro que lleva se llama Bastero, barrio en el que está ubicado. Y, en otra salida de pata de banco, propusieron levantar un monolito dedicado a las víctimas de la Guerra Civil, los GAL y el Batallón Vasco-español.

Esta decisión de la mayoría de los representantes municipales de Andoain, negándose a desagraviar la memoria de una víctima del terror, no sólo les cubre a ellos de vergüenza, sino que es un manto de oprobio que cae sobre todo el pueblo.

Tras este episodio -y otros parecidos- es toda una afrenta que el aspirante del PNV a lehendakari pida a los «socialistas de buen corazón» que no apoyen a Nicolás Redondo por aliarse con el PP. ¿Cómo se atreve Ibarretxe, el candidato de un partido que se niega a desagraviar a las víctimas del terrorismo, a apelar a los buenos sentimientos de nadie?

Si alguna persona merecía el calificativo de «socialista de buen corazón», ése era José Luis López de Lacalle. Precisamente por defender principios morales desde sus columnas y practicar con el ejemplo lo mataron. Esperemos que, como dice el concejal socialista Estanis Amuchastegui, el PNV pague un precio político por ello el 13 de mayo.

Elecciones descentradas
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 28 Abril 2001

Como diría Fernando Savater, «perdonen las molestias». Pero vuelvo a hablar del País Vasco. No es un placer; es un deber. Acaba de comenzar la
J. MUÑOZ BILBAO El Correo 28 Abril 2001
 campaña de unas elecciones descentradas, marcadas trágicamente por el estigma de la división, de la fractura social. Fractura entre nacionalistas y no nacionalistas, entre separatistas y españolistas, entre totalitarios y constitucionalistas, entre terroristas y ciudadanos. Y no sería cierto ni justo equiparar moral y políticamente a los primeros miembros de las cuatro alternativas. Ni todos los nacionalistas son separatistas; ni todos los separatistas son totalitarios; ni todos los totalitarios son terroristas. La división radical es la que media entre terroristas y ciudadanos e, inmediatamente la que enfrenta a totalitarios y constitucionalistas. Las otras divisiones, con ser graves, no lo serían tanto si no fuera porque los dirigentes del PNV han optado por el separatismo y por el pacto político y la coincidencia de fines con los totalitarios y los terroristas.

Junto a los sentidos demagógicos y oportunistas del centrismo político, existen otros que expresan la máxima nobleza y la suprema sabiduría políticas. Entre estos últimos destaca la concepción de la política como armonía de contrarios, como búsqueda de la compatibilidad entre dos opciones aparentemente inconciliables. La democracia griega y la monarquía parlamentaria inglesa fueron obra de la conciliación y la armonía entre principios e intereses opuestos. En esta actitud han residido las soluciones políticas más fértiles y duraderas en la historia. La Revolución francesa fracasó por su radicalismo y generó la reacción. La transición española, con sus sombras y defectos, ha sido obra de moderación y centrismo, de concordia y transacción. Cabe, entonces, preguntarse si no existirá en el País Vasco una opción de centro y de concordia que supere la fractura social, si no podrán convivir nacionalistas y no nacionalistas, separatistas y españolistas. Por supuesto, que las otras dos alternativas sólo pueden ser saldadas con dignidad mediante el triunfo de los constitucionalistas y de los ciudadanos. El problema es que esa opción es precisamente la que representan la Constitución y el Estatuto de Guernica. En este punto es donde urge desvanecer una burda falacia. El nacionalismo vasco ha conseguido que el debate político se plantee en los términos que sólo a él interesan. Así, la Constitución no acogería, según ellos, a todos sino sólo a los no nacionalistas. Habría que buscar así un inexistente centro entre nacionalistas y constitucionalistas. Pero, como hemos visto, ese par no se opone necesariamente. Incluso una opción separatista es compatible con el respeto a la Constitución. El Estado de las Autonomías constituye un punto medio entre las exigencias separatistas y las unitarias. En definitiva, no es posible armonizar dos posiciones cuando una de ellas es intransigente y maximalista. Naturalmente, la opción de reformar la Constitución es legítima, pero no lo es la actitud de deslealtad hacia ella. Y deslealtad es aprovecharse de ella cuando conviene para traicionarla después, y deslealtad es pactar con los totalitarios y los terroristas.

En suma, estamos ante unas elecciones descentradas en las que el centro se encuentra en uno de los dos lados, el que representan el PP y el PSOE y el sector de votantes nacionalistas que no comparte la estrategia desleal e inmoral de los dirigentes de su partido. Si este grupo fuera suficientemente numeroso y actuara en conciencia, el vuelco electoral y el relevo en Ajuria Enea estarían garantizados. Pero en realidad, la mera celebración de las elecciones, si se dan las garantías de libertad necesarias, son ya una derrota de los totalitarios y de los terroristas, quienes aspiran a clausurar las urnas o a excluir a quienes no comparten sus fines irracionales y sus medios criminales. No es sólo un gobierno autónomo lo que está en juego. Están en juego la libertad y la dignidad.

Sangre de horchata
TONIA ETXARRI El Correo  28 Abril 2001

Suelen producir sobresaltos, las llamadas provocativas de Fernando Savater, cuando alerta de los peligros de enfrentamiento que acechan a la sociedad vasca. Pero su actitud deliberadamente provocadora está, seguramente, inspirada en su intención de hacer reaccionar a los ciudadanos que todavía no sienten los atropellos contra los derechos humanos de esta última legislatura como una injusticia ejercida directamente contra su persona.

Sus proclamas suelen ser, en realidad, gritos contra la indiferencia. Por eso quienes se sienten directamente criticados son muchos nacionalistas. Porque, desde la oposición, se ha insistido en estos dos últimos años, tan tristes y crispados, en que el PNV y EA, entre condena y condena, están mirando para otro lado.

Puede ser que hoy, alguno de los oradores del acto organizado en San Sebastián por el colectivo ‘Basta ya’, y en presencia de los dos candidatos autonomistas, Mayor y Redondo, quiera exigir al PNV y EA, por su grado de responsabilidad institucional durante los 20 años en los que han estado en el poder, que pidan perdón, por ejemplo, por los 800 crímenes que este país soporta en su memoria. Acaso porque el terrorismo ha llamado muy pocas veces a la puerta de los nacionalistas, la cuestión es que la oposición cree que los nacionalistas tienen otras prioridades.

Una sensación confirmada al oír a Lasagabaster decir que su partido ha sido tan solidario «o más que ellos» con las víctimas de la violencia. Porque, con esa frase revela que no se ha dado cuenta de que ‘ellos’ ( PP, PSE) son, precisamente, las víctimas en primera persona. O a Errazti reclamar «que se respeten nuestras ideas». Y desde el Partido Popular y PSE, que han enterrado a tantos compañeros porque ETA no soportaba sus ideas no nacionalistas, ven, en ese reclamo, más que victimismo, un puntito de insensibilidad democrática. Como si, desde que firmaron el Pacto de Lizarra, se les hubiera vuelto la sangre de horchata. Sólo por eso, desde luego, habría que pedir perdón. Algunos de los que participan hoy en el acto de San Sebastián lo hicieron en su día.

Dimensión española de la campaña vasca
FERNANDO VALLESPÍN El País  28 Abril 2001

Todos sabemos que las encuestas electorales se equivocan con una frecuencia mayor de lo deseable. Salvo casos excepcionales, quedan, sin embargo, muy próximas a los resultados efectivos; suelen ser equivocaciones pequeñas y casi anecdóticas. Los resultados de las elecciones vascas han sido anticipados ya por diversos institutos de opinión y hay una cierta coincidencia en que las posibilidades de una mayoría absoluta de los partidos constitucionalistas son verdaderamente escasas. El famoso empate técnico vuelve a presentarse como una tozuda posibilidad real y buena parte de la pre-campaña ha sido secuestrada por especulaciones sobre posibles pactos poselectorales: con éste sí, con aquél depende, con el de allá jamás, etcétera. Existe algo así como una obsesión por alcanzar votos según se muestre una mayor o menor fungibilidad para gobernar con otros y por medir los méritos de cada partido por este único rasero, por qué tan predispuesto se esté a entrar en componendas con el de enfrente. Cuál sea el programa de gobierno específico de cada cual es intrascendente, importa sólo quién entre en el Gobierno.

Ahora bien, si miramos de cerca esta estrategia veremos que no todos los partidos actúan de forma auténticamente 'racional' a la hora de intentar mejorar sus posiciones respectivas. Esto es particularmente visible en el PP, que, a mi juicio, está empleando una táctica sorprendente. Al menos si la evaluamos exclusivamente en términos de rentabilidad electoral pura y dura en las elecciones del próximo 13-M. Como ya ha sido resaltado por gran cantidad de comentaristas, sus ataques al PSOE por la predisposición de este último a entrar también en pactos con el PNV en caso de su abandono del camino de Estella no favorecen precisamente al bloque constitucionalista. Puede ganar votos del PSOE, pero difícilmente arañará ninguno del bloque contrario, que es de lo que a la postre se trata. Dado que no parece probable que pierda ninguno de sus votos españolistas, no hay razón para que, sin renunciar al camino de la firmeza, insista en demonizar rabiosamente a las posiciones nacionalistas como un todo. Haciéndolo sólo consigue cegar la única salida que le puede permitir ganar las elecciones: que se abstenga un sector importante de los votantes moderados del PNV. Pero por muy 'moderados' que éstos sean y por mucho que renieguen de la anterior política de su partido, tendrían que haber sufrido una verdadera convulsión identitaria para ofrecer ahora ventajas a quien tan enfáticamente ofende sus sentimientos. Y va de suyo que no será fácil restañar todo el tejido tan retóricamente dañado cara a las casi inevitables negociaciones poselectorales.

¿Qué explica entonces esta estrategia? Sólo se me ocurre una respuesta: que el PP está planteando estas elecciones en términos de política nacional casi tanto o más que en términos de política vasca. Y que no quiere dejar pasar esta oportunidad para rentabilizar su posición electoral futura en España. La repercusión estatal de estas elecciones y de la cuestión vasca en general es evidente. No sólo porque el problema del terrorismo sea la mayor preocupación de los españoles y este hecho haya marcado decisivamente el pacto antiterrorista entre los dos grandes partidos. También porque hay una gran sensibilidad en todo el país hacia las fracturas abiertas en el conflicto nacionalista. A lo largo del último año, el tema vasco ha monopolizado prácticamente todo el discurso político nacional y es difícil imaginar que estas elecciones vayan a enjuiciarse exclusivamente desde la perspectiva local/regional. Es muy probable que el futuro inmediato de todos los partidos de ámbito estatal se vea directamente afectado en el resto del territorio nacional por cómo actúen antes y después de estas elecciones. El papel del PP como inflexible desfacedor del entuerto del PNV es de indudable popularidad en toda España. Pero creo que la gobernabilidad y la efectiva y duradera estabilidad política del País Vasco prevalece sobre el ansia de penalizarle por ello. Y la verdadera fuerza de un partido no está en la rigidez, sino en su capacidad para conseguir resultados.

Perder el oremus
Por Jaime CAMPMANY ABC  28 Abril 2001

De las urnas, nunca se sabe lo que puede salir. Puede salir, igual que de la caja pandórica, «la divina reina de luz, la celeste esperanza», que decía Rubén Darío, o pueden salir desgracias, sapos y culebras, incluso caimanes y cocodrilos. Y yo no puedo saber, ni siquiera pronosticar con algún fundamento, lo que va a salir de las urnas vascas en el escrutinio del 13 de mayo. Algunos sondeos, más o menos secretos o no revelados hasta ahora, anuncian que podrían perder las elecciones los partidos nacionalistas. No sé, no sé. Pero lo que ya han perdido en este momento los nacionalistas vascos son los papeles. No sólo los papeles. Han perdido el oremus. Bueno, el oremus, el suscipiat, el dóminum vobiscum y hasta el agnus Dei qui tollis peccata mundi.

Tampoco los nacionalistas tienen muy claro lo que puede pasar el 13 de mayo. De momento, sabemos que las peticiones para votar por correo se han triplicado con relación a la última consulta electoral. Hay muchos votos que buscan la tranquilidad y la comodidad del voto por correo, y eso quiere decir que ahí, en esas papeletas, no funciona el miedo que quieren infundir los nacionalistas con el apoyo de los batasunos y de los etarras. Quizá vean el panorama de color de hormiga, y eso les haga estar inmersos en la mentecatez. Los nacionalistas vascos han esperado un cuarto de siglo desde que cayó sobre el cadáver del Dictador la losa del Valle de los Caídos para declararle la guerra a Franco. Y han esperado 64 años para exigir que Aznar les pida perdón ¡por el bombardeo de Guernica!

Claro está que hace 64 años no había nacido José María Aznar, pero eso no tiene nada que ver con que haya sido él quien diera la orden de bombardear Guernica a la Legión Cóndor. Esa bobada se le ha ocurrido a Juan José Ibarreche, que sin duda se ha olvidado de que él fue lehendakari gracias a los votos en el Parlamento de Euskal Herritarrok, o sea, Herri Batasuna, los representantes políticos de la banda etarra. Como diría el cachondo de Agustín de Foxá, estos nacionalistas del demonio están queriendo darle patadas a Franco en el culo de Aznar y de sus ministros. Van ahora por los años del bloqueo, del aislamiento y de la conjura judeo-masónica, y pretenden liberar al pueblo vasco de la opresión del régimen franquista, a buenas horas, mangas verdes.

Lo que podría hacer Ibarreche, si tan preocupado se encuentra por la actitud de los españoles durante el franquismo, es pedir cuentas a su propio partido de aquella rendición clandestina y vergonzante de los temerarios gudaris vascos a las tropas italianas, con la condición de que aquello pareciera una rendición militar y no una negociación diplomática. En la Guerra Civil, el nacionalismo vasco fue traidor dos veces, la primera vez al propio Franco, al que abandonó en el alzamiento porque el Estatuto ofrecido por la República era más generoso que el de los sublevados, y otra al ejército republicano para negociar la rendición con los fascistas italianos, concretamente con el conde Ciano. Además, aquí, si pedimos cuentas de nuestros antepasados en la Historia, empecemos desde el principio.

A las elecciones vascas no se presenta Franco. En realidad, Franco no se presentaba a las elecciones. Ibarreche ha dicho otra tontada. Acusó a Aznar y a Mayor Oreja de reinventar la «España rancia» del pensamiento único. Tóquese usted el níspero, don Juan Josechu, porque para pensamiento único el que quería imponer Sabino Arana. Un pensamiento único xenófobo, racista, excluyente, antidemócrata y gilipollas, fundado en el odio a todo lo que no fuera vasco, vascón, vascongado y vasquista. Quizá por eso tienen escondido al santo y no enseñan nada más que la peana.

Voto vasco y obispos
Lorenzo CONTRERAS La Razón  28 Abril 2001  

Comenzó la campaña electoral vasca y, como dijo Antonio Machado para otra intención, «nuestra sola cuita son las desesperantes posturas que adoptamos para aguardar». O sea, para esperar el resultado del 13 de mayo. Todo está ya dicho y toda suerte de pronósticos ha sido ya barajada. La más cualificada previsión, la de los obispos vascos el pasado 19 de abril, era simplemente sombría: «Los ecos de la precampaña nos hacen temer que esta campaña vaya a ser especialmente virulenta».

   En ello estamos y los días próximos irán marcando la fundamentación de los temores episcopales. Con su característica y afilada ambigüedad, los prelados vascos se anticipaban a la satanización de Eta por monseñor Rouco y en ningún momento dejaban de sentirse tentados por la pasión de la neutralidad. Obsérvese este párrafo de su pastoral: «El apasionamiento puesto al servicio de los intereses electorales puede conducir a las diversas formaciones políticas a ofrecer mensajes engañosos». O sea, todos pecadores, aunque unos resulten más pecadores que otros. Un matiz éste que los obispos vascos soslayaban.

   Entre los pecadores eventuales de este proceso electoral último no podían faltar, para los pastores de la grey, los medios de comunicación, considerando que han «aireado desmesuradamente (...) y agudizado el clima de ruda y persistente confrontación política». Como si la pintura de lo que ocurre en el País Vasco se hubiese propasado en la presentación de los horrores. Por algo, según los obispos vascos, conviene avisar a los partidos contra la tendencia a «utilizar de manera partidista los medios de comunicación social públicos».

   Prevención contra los medios en general es lo que se desprende de la pastoral cuando dice que aquéllos pueden «atizar los ánimos subrayando desmedidamente los episodios agresivos, enzarzando a los protagonistas políticos, haciéndose eco acrítico de los partidos afines y resonancia hipercrítica de los partidos adversarios, acentuando el nerviosismo y la pasionalidad de los electores, anteponiendo las propias opciones ideológicas y ventajas económicas a la verdad, la justicia y la concordia».

   Esta exhortación al planteamiento angelical periodístico de una lucha electoral a cara de perro, radicalizada por la práctica sistemática del terror, ayuda a comprobar una diferencia: donde Rouco, pasada la fantasía de la excomunión, profundizaba en la crítica contra Eta y sus diversos entornos, los obispos de Vitoria, San Sebastián y Bilbao utilizaban el lenguaje contemporizador barnizado de caridad cristiana. Los medios de comunicación recibían una reprimenda de fondo. Claro que los pastores de la grey no podían zafarse de la exhortación fundamental. Hela aquí: «Tenemos ahora en nuestras manos una herramienta constructiva: el voto. Utilicémosla».

Gernika
MARTIN PRIETO El Mundo  28 Abril 2001

La izquierda abertzale ya venía ronrroneando con el asunto, pero ha sido el lehendakari Ibarretxe quien ha aprovechado el inicio oficial de la campaña vasca para reprochar al Gobierno de Aznar no haber pedido perdón por el bombardeo de Gernika hace 64 años, cuando sí lo hizo ha tiempo el Gobierno alemán. Hace falta ser muy txotxolo, muy lelo, para seguir machacando clavos así. Cuando el Guernica vino de Nueva York ya jipió Xabier Arzalluz aquello de que «nosotros nos quedamos con las bombas y ellos con el cuadro». Aparte de que la tela es muy mala porque Picasso era un tacaño y el lienzo admite pocos trotes, Madrid era buen albergue para el cuadro, habiendo sido la primera ciudad del mundo bombardeada sistemáticamente durante tres años por artillería y aviación y acumulando, incluso proporcionalmente, muchos más muertos civiles, incluidos niños y mujeres, que los abatidos por la Legión Cóndor en la villa vasca, también inferiores en número a los asesinados por ETA sin que el régimen peneuvista haya pedido perdón alguno, ni falta que hace. Como Arzalluz es hijo de un carlista sublevado contra la República podría hincarse de hinojos tanto o más que Aznar, pero se lo impide la artrosis del victimismo a toda costa. 

Dejemos estas charangas para la Iglesia Católica que teniendo 20 siglos a sus espaldas y al menos otros tantos por delante puede cantar la palinodia acertando también sólo cuando rectifica como decía Fraga del PSOE. Como ha contado Adolf Galland, quien luego sería as de la caza alemana, Gernika fue un ensayo de bombardeo de saturación, o de alfombra, y quedó en los libros de estrategia aérea y muy disminuido en la historia de nuestra Guerra Civil escrita en libertad. Pero, ¡ay!, ¡cómo duele un símbolo cuando la patria que va a parir esa mujer de los carteles de Euskal Herritarrok está construida con ladrillos simbólicos! La memoria de lo que no fue es más fuerte que la de lo acaecido y el mito del españolista Picasso parece replicar aún a la Lutwaffe. En el jueguito abertzale de pedir perdón (al que a veces se suman PSOE e IU) cabe hacerlo también por la rendición del ejército de gudaris en Santoña a los mercenarios italianos, o las maniobras del lehendakari Aguirre para aceptar una mediación británica dejando a la República con la espalda al aire. El mensaje subliminal que se inserta es el de hacer del bueno de Mayor Oreja punta de lanza de una tropa invasora, como si fuera el general Mola o el propio padre de Arzalluz, quien ya contempla en privado la hipótesis de una derrota de su partido tras 20 años de hastío suficientes para construir la zozobra del independentismo actual tras mancillarse en Estella con los de la sangre. Si vuelven con lo de Gernika es que los secesionistas están algo asustados.

Consuelo Ordóñez y Rubén Múgica acusan a la EITB de ser «refugio de los etarras»
Redacción - Madrid.- La Razón  28 Abril 2001

   Rubén Múgica, hijo del militante socialista Fernando Múgica, y Consuelo Ordóñez, hermana de Gregorio Ordóñez, acusaron ayer a la televisión autonómica vasca (EITB) de ser «el refugio de los terroristas», durante su participación en un programa de Antena 3 TV.
   
   Tanto Múgica como Ordóñez, a cuyos familiares Eta asesinó a principios de 1996, defendieron la actitud que TVE tiene contra la organización terrorista, de lo que la EITB «no puede hacer gala». A su juicio, los miembros y cómplices de la banda armada «acuden» a esta cadena cada vez que necesitan algo. Asimismo, criticaron al Gobierno de Juan José Ibarreche porque, a su juicio, «se mofa» de las víctimas de Eta y protege a los «verdugos». En este sentido, consideraron que esa actitud del «lendakari» se va a convertir en el «lastre» que le impida ser reelegido el 13 de mayo. «Decir que en el País Vasco se vive bien con un lendakari que claudica ante Eta es un escarnio», dijo Múgica, después de que Ordóñez calificara de «humillante» que comparen a las víctimas de Eta con los «verdugos».

   El hijo de Fernando Múgica y la hermana de Gregorio Ordóñez coincidieron en señalar que «PP y PSOE están obligados a entenderse» tras la celebración de los comicios para que los constitucionalistas logren los 38 escaños que conceden la mayoría absoluta en el Parlamento vasco. «Se respira un optimismo inusual. La gente está harta de reprimirse y quiere ser libre. Vamos a acabar con ese bienio de radical desvergüenza», insistió Múgica, quien, instó a Ibarreche a que explique el Pacto de Estella.

Follía
Por Carlos HERRERA ABC  28 Abril 2001

Se llama Jordi Follía, es el máximo responsable de la red de carreteras de la Generalitat de Cataluña, es decir, de todas las vías, autopistas y caminos de esta Comunidad, y su última hazaña consiste en haber cambiado toda la denominación de las carreteras catalanas, vengan de donde vengan y vayan a donde vayan. Lo que antes era la Nacional II ahora es, un poner, la C-23 y lo que se conoce como la A-19 ahora está rotulada como C-5. Así con toda la «xarxa» que cruza el Principado. El que llega desde Zaragoza ve como al entrar en la provincia de Lérida cambia la denominación de esa pista y el que viene de Valencia se encuentra, de repente, con que su camino ya no es el mismo. La medida de Follía ha desesperado a los conductores catalanes y foráneos, los cuales no entienden como una misma carretera cambia cuatro o cinco veces de nombre siendo la misma mientras se preguntan por qué una autopista tiene que llamarse de diferente forma según se pase por Castellón o por Tarragona. El cambio, además, no es completo, añadiendo, por lo tanto, la sorpresa continua de volver a encontrarte con el nombre que kilómetros atrás habías abandonado. No sólo los conductores se acuerdan a diario de Follía, incluidos los nacionalistas, sino que todos los editores de mapas de la Comunidad están que trinan porque ahora tienen que comerse los más de dos millones de mapas que acababan de confeccionar. Se supone que Follía ha querido diferenciarse de la rotulación «del resto del Estado» de la misma manera que las diferentes autoridades autonómicas se empeñan en no llamar AVE al AVE, sino TAV, no vaya a ser que su boca quede intoxicada con eso de Alta Velocidad ESPAÑOLA (algún guasón ha propuesto que le llamen Alta Velocidad Estupenda y problema zanjado). Otra genialidad más de las lumbreras políticas Convergentes, tan empeñadas ellas en no mezclarse ni confundirse con la chusma española.

Por cierto, «follía» en un catalán poético y simbólico, quiere decir «locura», lo cual ha desatado no pocas guasas en Cataluña. ¿No es maravilloso?

El muro
EMILIO ALFARO El País   28 Abril 2001

Una campaña electoral no se presenta como el momento más propicio para que florezcan amistades entre los contendientes. Pero el problema en el País Vasco es previo. Pese a postularse como el paraíso del diálogo y la negociación, lo que define las relaciones entre los líderes de los partidos constitucionalistas y del nacionalismo hoy gobernante es su inexistencia, la incomunicación más absoluta, con su inevitable añadido de desconfianza.

Esta ausencia de relación figura entre las secuelas más pesadas que sobreviven del alineamiento extremo que significó Lizarra. Desde el verano de 1998, la siempre áspera política vasca se ha disputado en las trincheras, que el terrorismo sembró luego de cadáveres de uno solo de los bandos. El debate político ha consistido a partir de entonces en un diálogo de sordos en las instituciones y, fuera de ellas, en la negación de la palabra, el saludo y hasta la compasión. Va a ser necesario restañar profundas heridas y resquemores, aunque sólo sea para convivir y hacer frente a las asechanzas totalitarias de ETA. Complicado empeño cuando está de por medio una contienda electoral que amenaza con arrojar a la oposición al partido que ha encarnado, más que ocupado, el poder en Euskadi.

Han tenido que sonar los clarines del arranque formal de la campaña para que el nacionalismo comience a considerar que su salida de Ajuria Enea puede ser algo más que una hipótesis de trabajo. Pero la ausencia de gestos elocuentes para evitar aquel trance, en el caso de que fallen los votos propios, resulta clamorosa. Da la impresión de que la obstinada inercia que la trinidad dirigente del PNV mantuvo cuando ETA hizo descarrilar Lizarra se ha trasmutado en una suerte de fatalismo paralizante.

El muro de incomunicación y animosidad levantado en estos años de hierro entre el PNV y los socialistas, antiguos y asiduos socios, ha crecido quizá demasiado como para que se desmorone el día después del 13-M. Desde luego, no parece que que los abruptos requerimientos dirigidos por Ibarretxe a Nicolás Redondo contribuyan a derribarlo. Ni el muro, ni los recelos.

Unas elecciones para la esperanza
GUSTAVO DE ARISTEGUI El Mundo  28 Abril 2001

El nacionalismo democrático ha intentado convencernos a todos de que existe un problema vasco un conflicto político, que debe ser resuelto como condición necesaria e imprescindible para solucionar, que no derrotar, el problema del terror. Sin embargo, la lógica nos lleva a concluir que es el terrorismo y su violencia fría y bárbara el único verdadero problema que contamina nuestra convivencia y a nuestra democracia. La tesis constitucionalista es sencilla: si entre todos vencemos al terrorismo, los problemas de convivencia del País Vasco tendrán una solución viable y duradera.

Durante 21 años los nacionalistas democráticos nos han advertido, por no decir chantajeado, que sólo ellos podían gobernar Euskadi, que sólo ellos quieren y entienden a nuestra tierra y que si no se les concedían todas sus reivindicaciones en una especie de lista abierta e infinita, se lanzarían al monte de la radicalidad. Sin embargo, pronto hará tres años que el PNV está de acampada en los picos más altos del monte de la radicalidad.

La técnica nacionalista de negociación ha consistido, desde hace casi un cuarto de siglo, en exigir cuestiones básicas o de estructura y dar a cambio las efímeras o de coyuntura. Con esta estrategia han logrado presentarse ante el pueblo vasco como los únicos embajadores legítimos de Euskadi ante Madrid y el mundo. El PNV ha sucumbido a la tentación de perpetuarse en el poder aun a cambio de adulterar la esencia del consenso básico que rige las instituciones vascas y la convivencia entre demócratas. Como miembros fundadores y activos del pacto de Estella-Lizarra se han convertido en un desorientado compañero de camino del radicalismo de EH que forma parte del proyecto del terrorismo.

El programa electoral de la coalición defensiva nacionalista se ha contagiado del histrionismo reivindicacionista que Eusko Alkartasuna ha practicado a lo largo de todos estos años, para intentar sacar la cabeza por el pequeño resquicio político que existe entre HB/EH y el PNV. El programa electoral, en sí mismo, merece algunas consideraciones:

1. Autodeterminación. Exige su reconocimiento, sin aclarar a qué acepción del concepto hace referencia, puesto que uno se refiere, según la ONU, a los casos de descolonización, de los que sólo quedan 15 en el mundo, categoría a la que no pertenece el País Vasco; o si por el contrario se refieren al sentido etimológico del término, que significa que cada pueblo debe poder decidir su futuro. Esto es, sin duda, lo que hacemos los vascos y el resto de los españoles cada vez que depositamos una papeleta en una urna, cada vez que opinamos libremente sobre los temas que nos preocupan, cada vez que hacemos una elección o tomamos una decisión libre en nuestras vidas, o cada vez que criticamos o respaldamos la gestión de una u otra opción política. Los dirigentes nacionalistas dicen que a los constitucionalistas, y muy específicamente al PP, nos asusta el término, a mí lo que me asusta es su irresponsable manipulación o la ignorancia de su verdadero contenido.

Conviene, además, recordar que el resto de España debe tener opinión sobre esta cuestión trascendental para todos. Ningún país civilizado y democrático del mundo admite el derecho unilateral de secesión. Convendría que los dirigentes nacionalistas leyeran la interesante e importante sentencia del Tribunal Supremo canadiense sobre el conflicto suscitado en torno a la secesión de Quebec.

Durante años, algunos dirigentes del nacionalismo han intentado caminar, empujando a unos y engañando a otros, hacia el soberanismo rupturista. La tregua trampa de ETA, tuvo la finalidad táctica de impulsar las pretensiones electorales nacionalistas, por presentarse éstos como los máximos artífices de la misma; y otra estratégica, de tratar de lograr la independencia desde posiciones minoritarias, por medio de la imposición de sus tesis rupturistas a la mayoría de los vascos constitucionalistas o nacionalistas no independentistas, a través de Lizarra. Los actuales dirigentes nacionalistas quieren culminar torticeramente ese largo camino, que ha sido siempre su verdadera aspiración.

2. Cambio del marco jurídico-político. Se ha hablado de desbordamiento o superación de nuestro vigente marco jurídico político. Sin embargo a este punto programático habría que llamarlo la inaceptable deslegitimación de nuestras instituciones democráticas, que surgen del único punto de encuentro válido que los demócratas vascos hemos tenido, que es el Estatuto y la Constitución, a los que pretenden vaciar creando asambleas alegales como Udalbitza, aceptadas sólo por una minoría.

3. Federación con Navarra, cooperación con el País Vasco Francés. Pocas veces se habrá visto un caso más claro de expansionismo panvasquista, que no respeta las voluntades de los vascos franceses y del resto de los ciudadanos de ese país. En las recientes elecciones municipales francesas las posiciones nacionalistas han sufrido un serio retroceso electoral, confirmando la inequívoca voluntad de los ciudadanos de mantener su status quo, rechazando cualquier construcción, por embrionaria que sea, de la Gran Euskal Herria.

Más grave, si cabe, es su propuesta de federación con Navarra. Se trata de un verdadero intento de anexión sin el más mínimo respeto a lo que los navarros han votado de manera constante y reiterada desde el arranque de su régimen de amejoramiento foral hasta hoy. En la Comunidad Foral el PNV no existía y si tiene representación ahora es por su coalición con Eusko Alkartasuna, partido, por otra parte, muy marginal en la vida navarra. EH tiene serias disidencias en Navarra, representadas por Batzarre o el Colectivo Aralar y sus posiciones electorales van cayendo de forma cíclica pero inexorable.

La brillante frase de Kepa Aulestia «a mayor soberanismo menor territorialidad», cobra cada día mayor vigencia, puesto que cuanto mas se radicalice el nacionalismo optando por el soberanismo independentista, mayor rechazo causa en capas crecientes de navarros, vasco franceses y vasco españoles.

4. Construcción social. La vertebración social de Euskadi y del resto de España es obra de toda la sociedad y el concepto mismo que maneja el programa nacionalista es confuso y erróneo. Hablan de aceptar la pluralidad vasca, cuando en realidad ha sido, sin duda, el nacionalismo quien de forma insistente, constante y hasta machacona, ha negado la realidad profundamente plural y heterogénea del País Vasco. Si el nacionalismo hubiese respetado a quienes pensamos de manera distinta, hoy muchos de los problemas que sufrimos se habrían resuelto ya, o simplemente ni se habrían planteado.

5. Diálogo. La trampa semántica del nacionalismo, en la que con demasiada frecuencia caemos, ha llevado a aceptar resignadamente que el diálogo, blandido por los nacionalistas como un arma política de afiladísimo filo, corte surcos profundos en la imprescindible unidad de los demócratas frente al terror. El diálogo que plantean es en realidad un monólogo, «sin exclusiones ni condiciones» con unos criminales que nunca tuvieron voluntad de paz, como se demostró durante la tregua trampa. Hoy, con las bombas y los tiros, se empeñan en seguir demostrando, muerte a muerte, que ETA no quiere hablar ningún lenguaje que no sea el del asesinato.

Antonio Elorza escribió recientemente un extraordinario análisis sobre la verdadera naturaleza del diálogo para los partidos nacionalistas. El diálogo visto desde esas filas significa que todos los vascos, así como el resto de los españoles, tenemos que aceptar como inevitable la independencia como precio político a pagar para resolver el problema, es decir, que ETA nos deje de asesinar y que el futuro del país esté en manos de los terroristas. Si no fuera tan profundamente inmoral el utilizar la desesperanza, el hartazgo y el miedo como móviles para conseguir fines políticos, la oferta de diálogo trampa podría ser considerada una patética reedición de los cantos de sirena contra los que Ulises luchó atándose al mástil de su barco.

6. Euskera y Cultura Vasca. El nacionalismo se ha apropiado de nuestro ancestral idioma y de nuestra cultura, convirtiéndolos en instrumentos políticos y partidistas, en palanca de separación entre vascos y no como el patrimonio de todos que son. Ni el euskera se dejará de hablar porque se produzca un cambio político, una alternancia de gobierno, y si ésta se produce, la cultura pasará a ser de todos y no sólo de aquellos que la han utilizado como arma política arrojadiza. En el País Vasco, el nacionalismo ha manipulado la Historia; se ha enseñado, en demasiadas ocasiones, separación, desconfianza e incluso odio; se ha olvidado, menospreciado o presionado a más de la mitad de nuestro pueblo; y todo esto envuelto en el mito de que son los únicos capaces de gobernar Euskadi, los únicos que entienden y quieren esta tierra. Otros también la entendemos y queremos, pero además, nos preocupamos de los derechos individuales, irrenunciables y sagrados de cada persona, la vida, la libertad, el derecho a la diferencia y a la discrepancia. Algunos ponen el acento en los derechos históricos y colectivos, otros en que los derechos y las obligaciones son inseparables, y que ése es uno de los pilares básicos de la convivencia democrática.

Donde unos hablan de ámbito vasco de decisión para algunos vascos, los que se declaren nacionalistas, otros hablamos de todos los vascos sin exclusión y de nuestra participación solidaria en el proyecto histórico común de convivencia democrática que es España. Algunos insisten en decidir quién podrá o no votar en su utópica Euskalerria, otros queremos defender y garantizar los derechos de todos, nacionalistas o no, incluidos los de aquellos que pretenden asesinarnos, destruir nuestra convivencia democrática o coartar nuestra libertad.

Ante un discurso apocalíptico, de confrontación, de ruptura y fractura, de miedo y de claudicación, otros presentamos una opción de libertad, de cambio y de esperanza. No se puede seguir atemorizando a todos con las nefastas consecuencias del cambio, cuando no se tiene ya ni proyecto, ni ilusión, ni ideas, y cuando lo único que les mueve es su perpetuación en el poder por el poder.

Frente a la normalización como claudicación, nosotros proponemos firmeza democrática, poniendo el acento en que la lucha frente al terror no es sólo una cuestión policial, judicial o gubernamental, sino que es una lucha, un compromiso, de toda la sociedad para conquistar la paz en libertad. Ese día sí que habremos normalizado el País vasco.   Gustavo de Arístegui es diplomático y diputado del PP por Guipúzcoa.

Vidas prohibidas
Personas normales temen todos los días por su vida en el País Vasco. Su pecado es ser concejales, profesores o estudiantes La existencia de quienes llevan escolta se ve reducida a unos pocos lugares. Son unos exiliados en su propia tierra
JAVIER GUILLENEA SAN SEBASTIÁN El Correo  28 Abril 2001

Cuando una amiga le rogó que, por favor, de ahora en adelante no volviera a coger en brazos a su hijo, Izaskun Gómez lo comprendió. Empezó a entender también la soledad a la que su condición la estaba condenando. Y descubrió que los demás la veían no como una amenazada, sino como el objetivo de un atentado que podía llegar en cualquier momento. Si algo tenía que ocurrir, que no fuera con un niño en brazos.

Ella lo comprende. «Me pregunto qué derecho tengo a que otra gente esté a mi lado y por eso pueda sufrir un atentado. Me pregunto por el derecho que tengo a estar con mis amigas y sus hijos en un parque». A su lado están ahora sus escoltas. Pero eso no hace más que aumentar su soledad. Se ha convertido en una intocable. «Soy una extraña en mi propio pueblo», dice.

Tenía en Hernani un bar en el que también trabajaba su marido. «Era un local frecuentado por gente de las Gestoras pro Amnistía, hasta he atendido a Floren Aoiz como a uno más». Todo iba bien hasta que en 1999 cometió el pecado de «dejar de pasar desapercibida» y fue elegida miembro del PSE-EE en las Juntas Generales de Guipúzcoa y concejala de Pasaia, la ciudad donde había nacido.

Fue entonces cuando en Hernani alguien comenzó a cavilar. Sumó uno más uno y en algún hueco de su cabeza se instaló una conclusión. «Se fijaron en mí porque cometí la osadía de tener un negocio en un pueblo abertzale y en su territorio. Que una socialista tuviera un bar en el Casco Viejo era para ellos de poca vergüenza». La pesadilla no tardó en comenzar.

Bolas de acero
El 23 de febrero de 2000, un día después de que ETA matara con un coche bomba al socialista Fernando Buesa y a su escolta, el ertzaina Jorge Díez, aparecieron en Hernani los primeros pasquines contra Izaskun Gómez. Después llegaron las bolas de acero contra los cristales del bar, pintadas y la irrupción en el local de grupos de personas con pancartas. El 1 de mayo de ese mismo año alguien quemó el bar. Desde entonces, el establecimiento está en venta. Sólo han llegado dos ofertas, y las dos a la baja.

Los concejales no tienen sueldo. Izaskun Gómez está en paro. Colabora con el PSE-EE en la campaña electoral. Su marido también está en paro. Acude a un cursillo de soldadura, especialidad que, según dicen, tiene mucho futuro. «Los ataques fueron incesantes hasta que lograron su objetivo», afirma la concejala.

Sin embargo, el éxito de los asaltantes no fue total. El fuego y las amenazas no han conseguido que Izaskun haya vuelto a pasar desapercibida. «He perdido un negocio pero he ganado no una libertad personal, que estoy peor que antes, sino un paso adelante por la libertad de los demás».

Tratar de vivir como los demás es para ella un error, supone poner en riesgo su vida. Esa es su prisión. Izaskun Gómez no puede tomar café o comer en el mismo lugar dos días seguidos, tiene prohibido pasear por la Parte Vieja de San Sebastián, no puede quedarse demasiado tiempo en el mismo lugar y acudir a dormir a su casa, en Hernani, es todo un espectáculo de escoltas. Ni siquiera en su hogar está tranquila. «La mayoría de mis vecinos son de HB. Me han llegado a parar en el portal y a preguntarme si ese Estado policial va a durar mucho. Yo les contesté que hasta que ellos quisieran».

Carmen llega tarde a la cita. No es por nada extraño. A esa hora, el tráfico está colapsado en Eibar por una manifestación de empleados del sector de la limpieza y, por si fuera poco, un coche mal aparcado ha despertado los recelos de sus escoltas. Nada especial. Nada que no haya ocurrido antes.

Lo de los coches suele ser normal. Cuando Carmen pasa junto a un vehículo en segunda fila o con los intermitentes encendidos, contiene el aliento. Al alejarse del lugar, se dice: «ya he pasado». Otras veces es una bolsa junto al portal de su domicilio o un paquete postal en su buzón. Todo normal para todas las personas menos para Carmen. Para ella, cualquier situación que se salga de lo habitual es una amenaza.

Carmen Larrañaga, de 56 años, es viuda, tiene tres hijos y una nieta de tres meses con la que procura no salir a la calle. Los eibarreses la eligieron concejala por el PP en las últimas elecciones municipales. Desde hace 17 meses lleva escolta. Es una vida, pero no mucho tiempo. Su compañera de partido en la Corporación, Regina Otaola, necesita la protección de guardaespaldas desde hace varios años. Según sus enemigos, ambas son unas «torturadoras» y «asesinas» a las que hay que expulsar de Eibar.

No se arrepiente del paso que dio, pero durante estos 17 meses Carmen se ha dado cuenta de lo que significa vivir «enjaulada». Son detalles como no poder ir al estanco a por tabaco o no poder bajar la basura. Es demasiado peligroso salir del portal con una bolsa hasta un contenedor. Es jugarse la vida. Por eso, cada vez que llega a su casa y cierra la puerta, junto al extintor que ha colocado por si se la queman, se dice «qué tranquilidad». Y luego piensa que al final está «en una cárcel».

Mikel debe tener mucho cuidado, pero no lleva escolta. Ignacio sí la lleva, aunque a veces se pregunte si eso sirve para algo. Ambos comparten el mismo espacio, aunque en lugares y desde posiciones diferentes. Y los dos coinciden en lamentar la «indiferencia y el pecado de omisión» que existe en su lugar de trabajo: la Universidad del País Vasco.

A Mikel Durán los servicios de seguridad de la Facultad de Derecho, en San Sebastián, le prestan «especial atención». Es socialista convencido y se presenta a las listas electorales del PSE-EE en Guipúzcoa en el número doce, una posición que no le permitirá ser elegido, pero que marca mucho. Demasiado para un estudiante de Derecho de 22 años.

Chivatos en el aula
José Ignacio Martínez Churiaque da clases en la Facultad de Económicas de Sarriko, en Bilbao. Cuando entró en la plataforma Basta Ya su vida cambió. Y su profesión también. «En Económicas hay organizados grupos violentos y están entre mis alumnos. Soy consciente de que entre ellos puede haber chivatos que controlen mis pasos».

«Aunque me aleje del partido, sé que siempre estaré marcado por una especie de estrella de David». Aparte de ser socialista, lo que ha hecho Mikel Durán es haber creado con otros compañeros en la Universidad la candidatura estudiantil Tau, que significa Todos a una y que se convirtió en mayoritaria en las últimas elecciones al Consejo de Estudiantes de la Facultad de Derecho. Fue un triunfo acogido con satisfacción, pero también con una cierta sensación de desánimo. La participación de los alumnos en las elecciones universitarias es tradicionalmente bajísima. En noviembre de 2000, cuando se renovó el Claustro de la UPV, sólo votaron el 13,48% de los alumnos.

Es esta abstención lo que desespera a Mikel Durán. «Cada día es más preocupante la situación que se vive en la Universidad. Hay impunidad e indiferencia por parte de los alumnos, que tienen miedo a expresarse, y muchos profesores no quieren ver la realidad y están convencidos de que este es un país bucólico de amapolas y de la vida es bella». Para él, la vida de «especial atención» incluye consejos como no entrar en la Parte Vieja donostiarra, un «territorio prohibido», y procurar ir siempre acompañado en la Facultad.

José Ignacio Martínez Churiaque asegura que «el gran pecado de la UPV es el de omisión». En la Universidad hay profesores que «prefieren transmitir conocimientos de una manera neutral, como si el entorno no existiera». El tomó un día la decisión de «no mirar a otro lado». Hemos visto que, después del apoyo a las víctimas del terrorismo y la violencia, el paso siguiente es el de rechazar las justificaciones de los violentos, la nuestra es una respuesta ética.

El precio ha sido alto, y no sólo para él. Su hija ha entrado en Gesto por la Paz. Desde que se supo quién era su padre, han aparecido en la calle pasquines contra ella y en las concentraciones de los radicales han llegado a gritar su nombre pidiendo a ETA que la mate.

Fuerza moral
A Martínez Churiaque le destruyeron su despacho en la facultad cuando era decano. Ha recibido insultos y escupitajos, le parece una «humillación» mirar todos los días debajo de su coche. Se siente «enclaustrado» y le oprime «convivir con la sensación de temor». Ha perdido mucho, pero ha ganado «fuerza moral».

A todos ellos les queda esperanza, aunque sólo sea porque ,de lo contrario, poco más les quedaría. Para Mikel Durán, «hay gente en este país que ha perdido su integridad como persona, y eso sólo ocurre en una sociedad enferma».

Es de este país del que se sienten de alguna forma exiliados pese a que viven en él y no quieren abandonarlo. Han tenido momentos de «desfallecimiento», como los que sufre Martinez Churiaque cuando sus compañeros de otras universidades confiesan que no entienden su actitud y le preguntan por qué no se marcha.

Es un país en el que deben aprender a vivir con el odio que algunos sienten hacia ellos y con el peligro de acabar odiando de la misma manera. A Izaskun Gómez le ha pasado. «He tenido mucho odio porque han arruinado mi vida y la de los míos, pero es mayor el odio que me puedan tener a mí. Yo sería incapaz de vivir con lo que ellos tienen dentro».

Para los amenazados es un país de sombras, las de sus escoltas y la sombra del peligro al que están expuestos. «Muchas veces piensas en no incomodar y en el dinero que costamos, por eso procuras molestar lo menos posible», admite Carmen Larrañaga.

Tarde o temprano terminan sintiéndose responsables del delito de defender sus ideas. Procuran no salir con sus amigos para no perjudicarles y, si pueden, no llaman a sus escoltas para no dar trabajo. Se repliegan poco a poco. Cada vez pasan más tiempo en casa. Sufren su exilio interior.

La diferencia
FERNANDO ONEGA El Mundo 28 Abril 2001

Los socialistas, al parecer, están sumidos en la duda. Los socialistas no tienen claro a quién dar su voto para formar gobierno en el País Vasco. Los socialistas están muy contentos de verse en el centro del escenario, novios de todos, mecidos por las manos de Mayor Oreja e Ibarretxe. Los socialistas, después de tanto discurso vibrante de Redondo Terreros, han entrado en la ambigüedad. ¿Y por qué? Por tres razones demasiado evidentes: una, porque Felipe González, que es algo así como una musa en el destierro, siempre ha sido partidario de resolver la cuestión vasca con un gobierno de coalición. Es una actitud tan romántica como ingenua. Confunde el ideal de las soluciones con las soluciones posibles. Dado que el PSOE estaba siendo muy crítico con el PNV, su soberanismo y su menosprecio de Constitución y Estatuto, hay que convenir que el señor González sigue reinando en el partido después de muerto políticamente. Otra, porque se han dado cuenta de que así, en el terreno intermedio, ganan votos, aunque no sepan a costa de quién. Se supone que entienden al votante como un ser idílico, sin ideas, indefinido, que quiere algún cambio, pero le da igual que ese cambio sea conducido por Ibarretxe o por Jaime Mayor. Y la tercera, porque se habían quedado sin discurso, y parece que navegar en aguas de nadie les permite ser diferentes; es decir, diferenciarse del Partido Popular. Eso ha dicho Zapatero. 

Como el PP les ha arrebatado la bandera del españolismo, ellos pueden ser a medias españolistas y nacionalistas, según como venga el viento. Les da igual el tocino que la velocidad. Eso es todo. Eso parece todo, a juzgar por las palabras dichas y leídas estos días. Los socialistas serían más comprensibles si basaran su nueva posición en la experiencia: podrían echar mano de la nostalgia y decir, por ejemplo, que quieren volver al Gobierno vasco para repetir coalición, como hicieron casi siempre. Podrían decir que quieren volver a ocupar la cartera de Educación, como hicieron otras veces, y por cierto cuando estudiaba la actual generación de chavales de la kale borroka. Podrían usar aquella vieja ética tradicional de los partidos con vocación de bisagra, que salía de estos apuros prometiendo respaldar al partido más votado. Y podrían anunciar, como Llamazares, que ellos no darán nunca su apoyo a un partido de derechas. Eso, al menos, tendría coherencia ideológica. Como en la política española nadie sabe muy bien dónde empieza la realidad -léase la sinceridad- y dónde la representación, habrá que esperar al idioma de los hechos. Mientras tanto, y para la pequeña historia, me quedo con una lección: los socialistas españoles, más que los vascos, han decidido distanciarse de los conservadores por su estrategia de pactos, y no por sus ideas. Esto sí que es la muerte de la izquierda.

Contra el miedo, las urnas
VICTORIA PREGO El Mundo 28 Abril 2001

Enfrentamos por fin la recta final. Pero conviene saber que de este camino extenuante y dramático, recorrido a brazo partido por las formaciones políticas que se presentan dentro de dos semanas al veredicto ciudadano, apenas hemos recorrido el primer tramo.

El camino no acaba el día 13 de mayo. Al contrario, sean cuales sean los resultados, continuará abriéndose paso por las trochas de la historia de España mucho tiempo después, años, décadas, de que hayamos agotado todos nuestros cálculos electorales y todos los análisis políticos sobre los resultados y sus posibles combinaciones de gobierno.

Lo importante es que se ha iniciado en nuestro país una tendencia inédita: aquella que está permitiendo alzarse a los partidos no nacionalistas libres por fin del complejo de culpa provocado por los desmanes del viejo centralismo tarugo y libres también de sus peores torpezas.

Es la primera vez, por ejemplo, que la izquierda española se atreve a discutir de raíz las trampas de una visión victimista del nacionalismo vasco y osa acusarle incluso de cómplice moral de los victimarios. También es la primera vez que esa izquierda, atolondrada defensora en su día de un indeterminado derecho de autodeterminación de los pueblos de España, decide olvidar sus tradicionales muletas ideológicas y estéticas y hace una apuesta de alto riesgo porque sabe y, sobre todo, dice bien alto, que por encima de la ideología están los derechos humanos y que antes de entrar en el terreno de lo político es inexcusable dejar despejado y libre de sombras el espacio ciudadano donde se garantiza el derecho a la vida.

Es la primera vez que se aprecia el rumor de los hombres y las mujeres que, sin haber tomado nunca posición política activa, y probablemente sin sentir especial interés por los vericuetos de las actividades partidarias, calibran ahora en silencio hasta qué punto desean poder exponer sus opiniones sin pasar por ello miedo.

No sabemos si todos estos suman más o menos que quienes desde muchos años antes del comienzo de la transición tuvieron muy claro su sentimiento nacionalista, su propósito decidido de defender su identidad y su compromiso de militancia activa en esos principios.

Pero, siendo extraordinariamente importante ahora el poder determinar cuántos ciudadanos vascos están en unas posiciones u otras, no es eso lo único ni siquiera lo esencial. Lo que importa es saber que hemos entrado en una dimensión política distinta en la que se están abandonando los tópicos que nos han acompañado hasta ahora y que se pueden traducir groseramente en certezas tales como: «nacionalismo=progresismo» o «españolista=fascista». Ahora es la vieja izquierda antifranquista la que ha levantado de nuevo su voz para defender primero la vida y con ella la libertad y después la dignidad de cada individuo, que no puede sobrevivir sin tener aseguradas las dos anteriores. De ese planteamiento, no nos hagamos trampas a nosotros mismos, participan también la mayor parte de los nacionalistas demócratas, que son legión en el PNV. La trampa ha estado colocada en otro sitio: en creer o haber hecho creer a muchos, que es aconsejable posible y hasta deseable preservar las tres palabras anteriores -vida, libertad, dignidad- mientras alguien apunta con una pistola a la cabeza de todos o, tan intolerable y criminal como lo anterior, la deja sobre la mesa para recordar que puede volver a matar si no se admiten sus condiciones.

Estas elecciones están cuajadas de elementos accesorios que tienden a distraer la atención de lo esencial. Pero lo esencial es esto: que ya todos sabemos qué se juega en la partida y que, sean quienes sean los que ganen o pierdan, ésta va a continuar inexorablemente porque las cartas están ya dadas y ya no es posible levantarse de la mesa.

El miedo al miedo
FERNANDO LOPEZ AGUDIN El Mundo  28 Abril 2001

Un fantasma recorre Euskadi. Desde el primer minuto de la campaña está más presente que ayer y menos que mañana. Si desde la acera de enfrente se evoca la contienda fratricida de continuar Ibarretxe el frente del Gobierno vasco, desde la nacionalista se auguran las peores violencias si se viera obligado a abandonar Ajuria Enea. No son imágenes retóricas.

Tras la doble fractura de su clase dirigente, la inmensa mayoría de los vascos teme verse fracturado socialmente. Es el espectro del miedo al miedo de lo que puedan deparar las urnas.

Allí donde Arzalluz trata de dibujarlo con barba y tricornio, Otegi se esfuerza con mucho más ahínco en desdibujarlo como un pelele barbudo. El nacionalismo democrático necesita del fantasma para enterrar Lizarra, el nacionalismo totalitario lo ahuyenta para resucitar a Lizarra. Ninguno de los dos lo oculta. Nadie se llama a engaño. Ayer mismo, Gara, lo escribía con claridad al apuntarse como éxito haber logrado sustituir la dialéctica de ayer, demócratas contra violentos, por la de hoy, nacionalistas españoles contra nacionalistas vascos. Es la gran controversia cainita del nacionalismo. Tanto que Julen Madariaga, uno de los fundadores de ETA, acaba de afirmar que votar a la coalición a la que pertenece, EH, es darle la papeleta a Mayor Oreja. Las cadenas y el ulular de este fantasma, que se desdobla según los dos primeros actores, es el gran protagonista de la campaña. Todo está medido por los sondeos menos su incidencia. Porque, como observaba Roosevelt, el miedo más importante es al miedo mismo.

El fin de la transición
GERMAN YANKE El Mundo 28 Abril 2001

Un bertsolari nacionalista pidiendo el voto para la coalición PNV-EA en un cementerio, utlizando un acto oficial como último episodio de la precampaña, es la viva imagen de la pulsión de derrota del nacionalismo vasco. Se acabó la historia de la patrimonialización del país por el nacionalismo, se terminó la identificación psicológica del PNV con las instituciones vascas. El reto de los partidos constitucionales no es ya moderar un tanto las aspiraciones de los nacionalistas restándoles algunos votos. El reto es dar un vuelco electoral y conseguir democráticamente el poder. Nunca hasta ahora, a pesar de un constante descenso del apoyo a los nacionalistas que ya dura años, había ocurrido nada semejante. Los partidos constitucionales lo tienen al alcance de la mano.

Comienza con esta campaña el final de la transición en el País Vasco, la pervivencia por lustros de un espacio sociológico lleno de complejos predemocráticos. Si se hubiera producido antes, el PNV habría dejado de contar con el espejismo que le colocaba siempre en la raíz de las soluciones y no como se constata hoy, es decir, como parte del problema. Sólo con una soberana falta de apego a la democracia se puede, como se ha hecho, pactar con ETA una solución totalitaria y excluyente.

No estamos ante una campaña cualquiera. No se dilucida en el País Vasco una mera alternancia, sino la opción entre una patria tan virtual como agobiante y los derechos y libertades ciudadanos. Mayor Oreja y Redondo pueden presentar las credenciales de su firmeza contra el terror y las exclusiones. ¿Los demás? Recuerden lo del bertsolari.

Los estigmas del fracaso de Ibarretxe
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo 28 Abril 2001

Fíjense los lectores del País Vasco en la ropa tendida en los balcones de su vecindario. Si ven pantalones de color azul oscuro colgados habitualmente del revés, es probable que el propietario de los mismos sea un ertzaina. Sus esposas han adoptado esa costumbre para evitar que sea reconocida la raya roja del uniforme e identificada la profesión de quien lo lleva: agente de la Policía Autonómica vasca; un zipayo, según la denominación de la izquierda abertzale, acreedor de un tiro en la nuca o una bomba lapa adosada a su coche.

De ahí que muchas de esas mujeres se den todas las mañanas una vuelta a la manzana en el vehículo familiar antes de que se sienten al volante sus hijos. Es la única manera de evitar que alguno de ellos pueda saltar en pedazos, sin delatarse agachándose a inspeccionar los bajos. Así viven o, mejor dicho, sobreviven en el País Vasco de 2001 7.500 miembros de la Ertzaintza, despojados por sus comisarios políticos de la capacidad de defenderse y defendernos a todos del terrorismo etarra.

Probablemente por eso, por la indefensión a que se ve condenada la ciudadanía, por la impunidad que el lehendakari en funciones, Juan José Ibarretxe, siempre ha garantizado a los verdugos, los militantes del partido que gobierna España con el respaldo de la mayoría absoluta del electorado, los afiliados del PP en el País Vasco han de pagar sus cuotas a una entidad ficticia. Una entidad creada con el fin de borrar cualquier huella susceptible de permitir la identificación de esas personas por parte de los simpatizantes de la organización terrorista, que de otro modo ETA podría tener en las entidades bancarias que canalizan dichas aportaciones. La falta absoluta de seguridad, la ausencia de unas garantías mínimas, ha obligado al PP de Vizcaya a convertirse, a efectos financieros, en una asociación deportiva y al de Guipúzcoa, en una de índole cultural.

Y es que son muchos y muy poderosos los ojos y los oídos de quienes se empeñan en impedir que la libertad y la indispensable alternancia democrática lleguen también por fin hasta el gulag vasco. Sólo así puede explicarse que las cartas enviadas desde la sede popular de San Sebastián tengan un índice medio de devolución superior al 30%, pese a llevar un membrete que recoge exclusivamente la dirección en cuestión y no las siglas de la formación política. Las precauciones siempre son insuficientes y su eficacia, relativa. Porque se rema contra la corriente de un poder establecido, que sigue negando la realidad de unos hechos que le benefician.

Por eso, el Partido Socialista de Euskadi, heredero de una larga y ejemplar tradición de resistencia democrática -encarnada en personajes como Indalecio Prieto o Ramón Rubial-, se ve forzado a clausurar la Casa del Pueblo de Rentería, después de 23 ataques. Por eso, sus electores de Zumárraga se ven privados de representación municipal. Por eso, en algunos despachos se recuerda la campaña tras el asesinato de Gregorio Ordóñez, en la que se barajó la posibilidad de que los candidatos usaran chalecos antibalas.

Una sociedad amenazada por una banda de pistoleros, un pueblo obligado a sacudirse el miedo para acudir a votar, unos representantes políticos convertidos, muy a su pesar, en héroes por defender una Constitución democrática, decenas de miles de exiliados y centenares de muertos que esperan que se les haga justicia. Esos son los estigmas del clamoroso fracaso que ha caracterizado el mandato del actual candidato del Partido Nacionalista Vasco, investido lehendakari en 1998 con el apoyo de los portavoces de ETA. Ese es el País Vasco en el que él y los suyos quieren seguir «viviendo bien», sobre la sangre de los que no encajamos en su proyecto soberanista. Esa es la razón por la que hoy resuena de nuevo en San Sebastián, más fuerte que nunca, el grito de: ¡Basta Ya!

EL PERSONAJE
Un «cenizo» en el PP
Euforia electoral. En el PP vasco hay un creciente malestar con cierto personaje ajeno al partido, aunque muy ligado a él y cercano a Aznar, que se empeña en convencer a todo el mundo de que el próximo día 13 es imposible ganar y es hora de ir pensando en una estrategia para justificar el fracaso. Sus cálculos contrastan con un ambiente generalizado de euforia, y hay quien recuerda que ya en las pasadas autonómicas el «experto electoral» recomendaba una campaña de «perfil bajo» con el objetivo de lograr 12 diputados, pero el PP obtuvo 16.

LA ADIVINANZA
Una consorte harta
Redondo o Mayor. Adivina adivinanza: ¿Qué esposa de un conocido dirigente del PNV confesó hace algunas semanas a que no menos célebre dirigente socialista que estaba más que harta de la situación que se vive en el País Vasco y su única duda era si otorgar su voto a Redondo Terreros o dárselo a Mayor Oreja? Una pista: la confesión fue realizada en el transcurso de una manifesación convocada en Guipúzcoa para condenar uno de los últimos asesinatos de ETA, y el colofón del comentario fue éste: «Votaré al más radical de los dos».

LA NOTICIA
Cartas a un asesino
Emulación. José Rabadán, más conocido como el asesino de la catana, el adolescente que liquidó a toda su familia con una espada japonesa, recibe cada día en su celda centenares de cartas enviadas por jóvenes admiradores de su «hazaña». Los responsables del centro de menores de Alicante donde está recluido están preocupados por el peligro de emulación que encierra el aluvión de llamadas y mensajes electrónicos que recibe el niño psicópata, cuyo crimen, inspirado en un videojuego, ha sido ampliamente divulgado por los medios.

Recortes de Prensa   Página Inicial