AGLI

Recortes de Prensa     Martes 1 Mayo   2001
#Contra la secesión
ANTONIO ELORZA El Correo  1 Mayo 2001

#Y ahora, el debate-trampa
Editorial La Razón 1 Mayo 2001

#Gesto leal
Editorial ABC 1 Mayo 2001

#¿POR QUE IBARRETXE NO SE ATREVE A DEBATIR CON REDONDO?
Editorial El Mundo  1 Mayo 2001

#Repetir los errores
TONIA ETXARRI El Correo 1 Mayo 2001

#No habrá debate
Editorial El País 1 Mayo 2001

#Debate-trampa
Ignacio Villa Libertad Digital  1 Mayo 2001

#Pierde Ibarretxe
Iñaki EZKERRA La Razón 1 Mayo 2001  

#Por favor, una sesión de espiritismo

Julián LAGO La Razón 1 Mayo 2001

#Eta hace un alto
Lorenzo CONTRERAS La Razón  1 Mayo 2001

#El cortafuegos
Charo ZARZALEJOS ABC  1 Mayo 2001

#Elecciones «free and faire» y secreto de voto
Emilio GILOLMO ABC  1 Mayo 2001

#Humores vascos
VICENTE MOLINA FOIX El País  1 Mayo 2001

#Trampa desactivada
VICTORIA PREGO El Mundo  1 Mayo 2001

#Garzón apunta que Gestoras y HB son dos estructuras bajo el control de ETA
MADRID. N. C. ABC  1 Mayo 2001

#Sobre dioses y tumbas
GERMAN YANKE El Mundo  1 Mayo 2001

#Por la revuelta social pacífica
Javier Rojo,  La Razón   1 Mayo 2001

#El aislamiento del PNV
SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ El País   1 Mayo 2001

#Achique de espacios
EMILIO ALFARO El País  1 Mayo 2001

#Pilar Aresti: «La sociedad vasca se juega el 13 -M la paz y libertad»
Esperanza Mejuto - Bilbao.- La Razón  1 Mayo 2001

#«El final del terrorismo se ve hoy más lejano que hace cinco años»
RAMON MUR VITORIA El Correo  1 Mayo 2001

#Eta formó siete «comandos» durante la «tregua» mientras el PNV acusaba al PP de no querer la paz
J. M. Zuloaga - Madrid.- La Razón  1 Mayo 2001


#El castellano en las Indias
Rafael Sánchez Ferlosio. Escritor ABC  1 Mayo 2001

#Porcel: «Madrid es capital de sí misma»; Ussía: «Los libros se hablan en Madrid»
MADRID. R. V./A. A. ABC 1 Mayo 2001

#Nuevo revés para el español en la UE
BRUSELAS. A. Sotillo, corresponsal ABC 1 Mayo 2001

Contra la secesión
ANTONIO ELORZA El Correo  1 Mayo 2001

Dícese en euskera de alguien de escasas luces, pero ambicioso, que no tiene cabeza, a pesar de lo cual quiere txapela. Al leer las declaraciones de Ibarretxe en la apertura de campaña, exigiendo de ‘Madrid’ que pida solemnemente perdón por el bombardeo de Gernika en 1937, me di cuenta de que lo malo en nuestro caso es que ya posee la boina simbólica del poder y que desde esa posición privilegiada está dispuesto a conservarla, profiriendo mientras le dure todo tipo de «barbaridades», por usar la expresión de que él mismo se sirviera hace unos días. Por una parte, ya está bien de intentar encubrir la tragedia de las muertes de hoy con la evocación de responsabilidades de antaño, ejercicio en que nuestro quijote compite con su escudero político Madrazo, y con las mismas intenciones (olvidando de paso las poco gloriosas efemérides de Santoña de 1937 -la vergonzante rendición-, y de Pamplona y Vitoria en julio de 1936 -al adherirse al alzamiento- a cargo del ahora autodesignado fiscal, el PNV). Son cortinas de humo destinadas a impedir la visión del lamentable balance político exhibido por el Gobierno emanado de Lizarra. Y sobre todo, exigir a Madrid que pida perdón a los vascos por el bombardeo de la Legión Cóndor, cuando Gernika formaba también parte de la República española, cuya capital, Madrid, sufrió diecisiete meses de bombardeos por los militares sublevados, es algo para cuya calificación resulta difícil encontrar adjetivos.

La salida de tono es asimismo reveladora de hasta qué punto el pensamiento de Ibarretxe, por llamarlo de algún modo, descansa sobre un maniqueísmo elemental del ‘aquí Euskadi, fuera España’ propio de la tradición sabiniana en la que coincide con los planteamientos de ETA y de EH. Una vez trazada la divisoria, todo irá para Euskadi, según la fórmula panglossiana, hacia lo mejor en el mejor de los mundos. En la celebración del Aberri Eguna, lo expresó en términos de bodeguero miope: todo se hará mejor desde un centro de gestión vasco, que «si se gestiona desde otras realidades políticas y administrativas». Fácil, fácil. Fuera España y fuera Francia, y por la misma regla de tres, seamos lógicos, fuera Europa unida, y vivan las 75 pitufilandias felices de que hablaba el documento político del PNV para su última Asamblea Nacional, se supone que cada una con su lengua, su burocracia y su deporte rural.

Por otro camino, orientado de paso a enmascarar la siembra de muerte producida por su ama ETA con la imagen de la vida naciente -siempre ahí el recurso ‘made in Auschwitz’ a la inversión de significados-, Euskal Herritarrok ve las cosas con la misma simplicidad. Sin haberlo leído, los seguidores de ETA reproducen el esquema que hiciera célebre en los años 30 el médico anarquista de un pueblito alavés: la sociedad capitalista se encontraba en estado de gravidez avanzada y sólo hacía falta que el parto alumbrara la nueva sociedad del comunismo libertario. Aquí la embarazada ya dio a luz de un cartel a otro, el nene está gordito, como corresponde al nivel gastronómico de Euskal Herria. Más fácil, imposible. PNV y EA proclaman la soberanía, Otegi les da otra vez los votos de la sangre, y a «construir la nación». Por si falta algún voto, ahí está Madrazo, si bien él tiene su receta: una vez fragmentado el Estado español, todos los pedazos volverán a pegarse «por libre adhesión». Ya lo explicó, más o menos, Lenin.

Sólo que de lo que hablan EH, EA y PNV es de despegarse, emprendiendo ese venturoso viaje a ninguna parte, desde el ángulo de la construcción nacional, cuya estación de destino es la conquista de Bayona. Así se completaría la ‘territorialidad’ del Adour al Ebro. No cabe olvidar que aquí disfrutamos no sólo de independentismo, con o sin el aderezo de terrorismo y nacionalsocialismo, según los distintos grupos políticos del campo abertzale, sino también de un estupendo irredentismo. Siempre se piensa que la dirección del PNV y su instrumento en la Lehendakaritza no se atendrán a sus propias palabras, pero éstas ahí están, lo mismo que Udalbiltza, la institución encargada de saltar en el camino de la independencia por encima de las instituciones vigentes y del voto de los ciudadanos vascos y navarros. Y por muchos eufemismos tramposos con que se intente disimular el objetivo de la independencia a corto plazo -«la configuración de un sistema de relaciones internas y externas de Euskadi-Euskal Herria»- no otra cosa propone el PNV en su hoja de propaganda: ‘Un proyecto para un país de todos’. Después de llenarse la boca de autodeterminación y de ‘todos’, lo segundo se reconduce a ‘todas las fuerzas nacionalistas’ y el referéndum sería de ratificación («consolidarlo jurídicamente sometiéndolo a consulta o referéndum popular»). Y si el PNV se asusta ante el abismo de una crisis política de salida inimaginable, con marginación de Europa incluida, ahí estará EH, con sus comandos a la retaguardia para recordárselo. La reelección de Ibarretxe, aupado de nuevo por EH, tal vez con el señuelo de una nueva tregua de ETA, marcaría inevitablemente esa trayectoria.

El mundo, ciertamente, no se acaba el 13M, pero conviene saber que no se va a votar opciones de gestión política, sino entre dos caminos. Uno es el que lleva a corto o a medio plazo a una secesión, tutelada por el terrorismo activo o vigilante de ETA, y por la intimidación nacionalsocialista de sus seguidores, sin perspectivas políticas claras y con un horizonte económico más que dudoso, quedando de momento fuera de la Europa en construcción (¿o es que ‘Madrid’ y ‘París’ tendrán el deber moral de que el nuevo Estado, mientras prepara las conquistas de Navarra y de Iparralde, permanezca en el marco europeo?). El otro camino es el de mantener las instituciones democráticas vigentes, garantizadas por el Estatuto, clave también, especialmente si el PNV logra bajar del monte, para que prosiga la construcción nacional vasca y se alcance la paz gracias al convencimiento adquirido por ETA de que podrá pactar un fin ventajoso de la ‘lucha armada’, pero nunca imponer la victoria del terror. La cohesión de los demócratas, agrupados ahora en las urnas y después de las elecciones en torno al Estatuto, tiene la palabra.

Y ahora, el debate-trampa
Editorial La Razón 1 Mayo 2001

La propuesta de debate de Juan José Ibarreche con Jaime Mayor, urdido a instancias del candidato nacionalista ¬aunque difícilmente puede atribuirse a su inspiración¬ ha enrarecido una campaña, por otro lado ya suficientemente dramatizada.

   El deseo de Ibarreche de confrontarse exclusivamente con el PP sólo podía entenderse desde una triple perspectiva: en primer lugar, escenificar que la victoria o la derrota se dirime entre dos partidos, el PNV y el PP, para dar la impresión a la opinión pública que debe gobernar el que gane de los dos y excluir la evidencia de que puede hacerlo cualquier mayoría, como la que podría componer el PP y el PSOE; en segundo término, para demostrar que el PNV no plantea un debate directo con el PSOE para preservar una posibilidad de entendimiento postelectoral; y, en tercer término, para crear una fisura entre los no nacionalistas, cargarlos de recelos mutuos y frustrar de hecho el pacto por las libertades y contra el terrorismo que los une.

   No se trataba más que de un movimiento táctico. No era más que una trampa. Pero hay que decir, en beneficio del que se le ocurrió la idea, que difícilmente fue otro que Arzallus, que el planteamiento del «debate a dos» desconcertó en un primer momento a los partidos constitucionalistas. Incluso Jaime Mayor, hombre de reflejos políticos, tardó en reaccionar; mientras los socialistas, que tienen su seno dividido entre los que quieren ver agravios permanentes por el PP, y los que se dan cuenta de que están en el mismo barco de los populares, como víctimas que son de la opresión ultranacionalista, tampoco demostraron excesiva cintura.

   Pero eso fue cuestión de las primeras horas y de la primera sorpresa. Porque nadie imaginaba que Ibarreche quisiera ningún tipo de debate, puesto que ésa no es precisamente su principal cualidad. Y menos, ante pesos pesados. Por eso, en el PP se han dado cuenta de que si Ibarreche quería ir al degolladero de un debate con Jaime Mayor, contra sus propios intereses, era porque a través de él conseguiría algo mejor para el PNV: dividir al PP y al PSOE. Aunque perdiera.

   Visto esto, las aguas han vuelto a su cauce. Mayor ha demostrado claramente su deseo de que no se margine a Redondo Terreros, incluso ofreciendo a Ibarreche la posibilidad de que otro candidato nacionalista esté presente.

   Sea a dos, a tres o a cuatro, éste sería un debate saludable para la clarificación de posiciones sobre el presente y el futuro vasco. Mucho nos tememos que Ibarreche intentará soslayarlo, una vez perdido el efecto de la iniciativa. Porque lo que intentó era disolver el entendimiento entre PP y PSOE. Ahora no podrá decir que Mayor pide la participación de Redondo porque no quiere enfrentarse a él. A todo el mundo le ha quedado claro que Mayor sí quiere hacerlo, pero por higiene democrática ha planteado la presencia del candidato socialista. Si éste renunciara, nada complacería más al candidato del PP que una discusión con el ex presidente de la legislatura más breve y más frustrante del País Vasco.
  

Gesto leal
Editorial ABC 1 Mayo 2001

El PP y su candidato, Jaime Mayor Oreja, han dado a Ibarretxe la única respuesta ética y políticamente admisible sobre el debate a dos que propuso el candidato nacionalista y aún lendakari: sí al debate, pero con Redondo.

Ibarretxe, como el PNV y el nacionalismo en su conjunto, percibió que el acto de «Basta Ya» en el Kursaal fue algo más que un desahogo de cuatro resistentes. El PNV, que en estas situaciones demuestra su cobardía habitual, no sabe cómo manejar una sociedad que le contesta y le replica. Tanto tiempo de silencio crea hábito en los dominadores. Por eso su respuesta fue la de siempre: provocar división y enfrentamiento entre los ciudadanos. La excusa, un debate tramposo, reduccionista de la realidad política y social a la que se enfrenta el PNV con notoria preocupación. La finalidad, crear la imagen de escisión en el bloque constitucional, tentando al PP y a su candidato para un mano a mano, sin duda rentable para Mayor, porque no siempre se tiene la ocasión de señalar en público a un lendakari que pacta con ETA, crispa a la sociedad, socava las instituciones y burla a las víctimas. Pero hoy ese debate, si se hace a costa de oscurecer al candidato socialista, es inoportuno e inadmisible. El PSE ya ha agradecido el gesto de Mayor. Que el socialismo vasco no olvide ese gesto, que no busca contraprestación pero sí que se perciba como la prueba de un entendimiento recíproco y permanente en torno a la Constitución.

¿POR QUE IBARRETXE NO SE ATREVE A DEBATIR CON REDONDO?
Editorial El Mundo  1 Mayo 2001

Mayor Oreja tenía ayer ante sí un notable dilema ético y político. O aceptaba el cara el cara televisivo propuesto por Ibarretxe, con la consiguiente exclusión de Nicolás Redondo, o renunciaba a esta importante baza electoral para no poner en peligro su colaboración con el PSOE.

Optó por lo segundo a pesar de que en su fuero interno el candidato del PP tenía la convicción de que hubiera vencido en el cara a cara con el lehendakari, logrando un rédito de votos suficiente incluso para ganar las elecciones. Pero Mayor Oreja prefirió sacrificar sus intereses a los principios. «No es admisible en las actuales circunstancias políticas que vive el País Vasco secundar el veto expresado por el candidato del PNV-EA a opciones políticas democráticas diferentes del PP que, como el PSE, representan a una parte significativa de la sociedad», respondió ayer por escrito Mayor Oreja a Ibarretxe.

La posición del PP es tan irreprochable desde el punto de vista democrático como inteligente desde el punto de vista estratégico, ya que la oferta de Ibarretxe era una trampa.

El candidato nacionalista sabía de antemano que colocaba a Mayor Oreja en la tesitura de desairar a su aliado y comprometer su credibilidad para ganar unos votos. De haber aceptado el debate en los términos que proponía Ibarretxe, Mayor habría dado la razón a socialistas como José Blanco, que ayer puso en duda atolondradamente su «lealtad» con Redondo y el PSOE.

Pero el líder del PP no cayó en la trampa. La táctica del PNV quedó, en cambio, al descubierto cuando Josu Jon Imaz, portavoz electoral de Ibarretxe, afirmó que su candidato no acepta más que un debate cara a cara con Mayor Oreja, ya que «las propuestas de Redondo son plenamente coincidentes con las del PP». Si PSOE y PP son lo mismo, ¿por qué Arzalluz tiene tanto interés en un Gobierno de coalición con los socialistas? ¿No decía que Aznar quiere reimplantar el franquismo en el País Vasco? ¿También lo pretende el PSOE?

Mayor Oreja respondió ayer que Redondo debe tener «las mismas oportunidades» que él. Es lo justo. O se celebra un debate en el que el candidato del PSE esté también presente (junto a otro dirigente de EA) o se le debe dar la misma oportunidad que a Mayor Oreja de tener un cara a cara con Ibarretxe. El candidato nacionalista sólo ha logrado demostrar una cosa: que no se atreve con un vasco progresista como Redondo.

Repetir los errores
TONIA ETXARRI El Correo 1 Mayo 2001

Lo peor que le suele ocurrir a un candidato a revalidar su cargo, es que los ciudadanos, después de haberle visto actuar (o no actuar), no quieran volver a repetir la experiencia sencillamente porque han dejado de creer en él.

Algo de eso le está ocurriendo a Ibarretxe cuando arremete contra sus adversarios sin ser capaz de decir que, si vuelve a ganar, no cometerá los mismos errores de su primer mandato. Por ejemplo. Pero como no lo está diciendo, Redondo aprovecha ese ‘lastre’ de incredulidad que arrastra el lehendakari ante buena parte del electorado para proclamar su sospecha de que PNV-EA, a la mínima oportunidad y, sobre todo, si está en peligro su perpetuidad en el poder, volverían a pactar con HB. Otegi lo sabe y se vanagloria de su papel fundamental a la hora de inclinar la balanza hacia un lehendakari nacionalista consciente, también, de que la exigua fuerza de IU no le permitiría, salvo sorpresas, otra cosa a Madrazo que vender humo.

Sigue el pulso a la espera de que el debate entre el candidato del PNV-EA y Mayor acabe por consensuar las condiciones de cada cual. Un escenario en el que se juegan tanto los dos , y también el PSE, que se siguen forzando los insultos. El hecho de que Gabilondo le preguntara a Otegi si le considera un fascista, demuestra hasta qué punto se ha llegado, aquí, a la perversión del lenguaje y a la tergiversación de la historia. Pero llueve sobre mojado. Olvidado ya el traspiés del lehendakari con el bombardeo de Gernika, insiste en la imagen bélica para llamar a Savater «dios de la guerra civil». Ya se sabe que los nervios no son buenos consejeros. Desde EA, Errazti sigue sorprendiendo a los autonomistas que la ven más preocupada por los GAL que por los atropellos de ETA. Y Agustín Ibarrola, que vio a pocos nacionalistas solidarizarse con él cuando fue atacado su caserío, asegura que el PNV o se ha quitado la careta o ha cambiado. El caso es que desde que firmó el Pacto de Lizarra ya no es el mismo.

No habrá debate
Editorial El País 1 Mayo 2001

No habrá debate entre Ibarretxe y Mayor: ni con presencia de Redondo ni sin ella. No lo habrá porque PP y PSOE sospechan que la propuesta de debatir exclusivamente con Mayor, marginando al candidato socialista, es un intento de Ibarretxe de meter una cuña entre ellos. La celeridad con que PNV-EA dio ayer por zanjado el asunto, ignorando las contrapropuestas de Mayor, más bien confirma el sentido puramente instrumental del emplazamiento de Ibarretxe.

Los nacionalistas han apostado desde hace meses por la imposibilidad de un acuerdo entre dos fuerzas tan enfrentadas en otros terrenos como el PP y el PSOE. 'Ya veremos quién se desgasta antes', dijo Arzalluz cuando PP y PSOE preparaban sus mociones de censura contra Ibarretxe. Efectivamente, ya se ha visto, y de ahí la convocatoria adelantada de elecciones por parte de Ibarretxe y el deslizamiento de su partido desde la hipótesis de repetición de Gobierno nacionalista (con el refuerzo de Madrazo) a la de vuelta al pacto con el PSOE que ahora defiende el lehendakari en funciones. El afianzamiento de la hipótesis alternativa (PP-PSOE), tan poderosamente puesta de manifiesto el sábado en el mitin de ¡Basta Ya!, explica seguramente la propuesta de Ibarretxe: sí al debate, pero con exclusión de Redondo.

Es decir, una fórmula que aspira a polarizar la elección entre PNV y PP, algo que Ibarretxe piensa que le favorece, y a sembrar la cizaña entre populares y socialistas: forzar a Mayor a elegir entre lo que podría convenir a su partido (a costa del PSE) y lo que sería mejor para el constitucionalismo en su conjunto. Ese cálculo coincide con el de sectores socialistas que sostienen que el PP ya se ha asegurado todo el voto de centro-derecha posible y en adelante sólo puede crecer a costa de ellos. Lo cual, se supone, perjudicaría la alternativa, cuyo éxito depende de que cada partido optimice resultados en sus electorados naturales respectivos.

Será como dicen, pero es una pena que no haya debate, porque habría resultado muy clarificador que el lehendakari en funciones tuviera ocasión de confrontar su discurso para convencidos con los de otros candidatos que podrían plantearle las preguntas que sistemáticamente elude. Por ejemplo, si estaría dispuesto, llegado el caso, a pactar con el brazo político de ETA para impedir la investidura de un candidato constitucionalista. O también: si cuando se presentó en las anteriores elecciones conocía en todos sus términos el pacto que su partido había negociado con ETA.

Debate-trampa
Por Ignacio Villa Libertad Digital  1 Mayo 2001

La propuesta de Juan José Ibarretxe para realizar un debate público con Jaime Mayor Oreja tiene todo el aspecto de una burda maniobra política. Tan burda y tosca que no ofrece dudas sobre la intención del líder nacionalista. Ibarretxe con esta oferta ha buscado romper la dinámica existente entre el PP y el PSOE, ha pretendido dinamitar la espléndida sintonía que viven Mayor Oreja y Redondo Terreros en lo político y en lo personal.

La propuesta de un debate a dos es la muestra clara del nerviosismo nacionalista. Es el ejemplo inequívoco del desconcierto que se vive entre los dirigentes del PNV ante una más que hipotética pérdida del poder. Este debate electoral es la propuesta de una trampa política tan evidente que el candidato popular no ha dejado margen para la duda. El domingo, en Bilbao, ya lo advirtió Mayor Oreja: sí al debate, pero con Redondo Terreros. Después, ya con más pausa, ha sido tajante al recordar que no se puede dejar de lado al PSE en un foro en el que todos tienen derecho a tener un espacio para exponer sus mensajes.

El debate-trampa de Ibarretxe no va a ser la última maniobra de los nacionalistas para dañar la saludable disciplina política con que PP y PSOE están actuando. Lástima que los socialistas se precipitaran el pasado domingo, al lanzar sus ataques contra el PP, antes de confirmar las falsas expectativas que había creado algún periódico. Una simple llamada entre los dos candidatos habría solucionado los malentendidos y hubiera evitado las diatribas mitineras del PSOE, criticando a Mayor Oreja por una inexistente aceptación del debate. No estamos para lavar de forma innecesaria trapos sucios en público.

En fin, una experiencia de la que hay que tomar nota, porque de lo que pueden estar seguros es que habrá más trampas nacionalistas. Y no todas serán tan burdas como esta.

Pierde Ibarretxe
Iñaki EZKERRA La Razón 1 Mayo 2001  

A los nacionalistas les pone del hígado ver juntos a Jaime Mayor Oreja y a Nicolás Redondo Terreros. Sólo por ese pánico puede entenderse la burda estrategia de Ibarretxe para crear fisuras en el bloque constitucionalista. El nacionalismo sueña en voz alta con que el candidato popular acepte la condición que le impone el Lehendakari para un cara a cara ¬o para un «kari a kari»¬ y que no es otra que prescindir en dicho debate de la presencia del candidato socialista. 

Los nacionalistas sueñan a gritos con que Redondo Terreros se agarre un mosqueo con Mayor Oreja y con que dejen ambos de salir en las fotos estrechándose la mano. Por eso están teniendo un detalle tan feo y humillante hacia el líder del socialismo vasco. ¿Dónde se halla el tradicional entendimiento entre el PNV y el PSOE? ¿Dónde está esa vieja complicidad que le permite, sin embargo, al partido de Arzalluz no tomar en serio al candidato socialista como le ha permitido a lo largo de un cuarto de siglo olvidarse de levantar una sola estatua a Indalecio Prieto, el hombre que dio a los vascos el Estatuto de 1936?

   Esa complicidad no está en ninguna parte porque no ha existido jamás, porque los mayores hijos de Arana lo único que sienten hacia el PSOE es rencor por haberlos embarcado en la guerra civil en lugar de dejarles sumarse al «Alzamiento Nacional», como hizo el PNV alavés en un patético texto que se conserva en el Archivo Foral de esa provincia y que no vendría mal airear ahora. No está esa complicidad en ninguna parte porque no la hubo siquiera en aquellos gobiernos compartidos de Jáuregui con Ardanza en los que el nacionalismo acuñó la expresión de «chacha» para el primero. No es complicidad andar bromeando en los batxokis sobre la ropa que llevaba en invierno el vicelehendakari o los Txikis Benegas y los Odones Elorzas: «Míralos con sus gabardinitas de quiero y no puedo».

   No es el PP. Ha sido «la deretxona» de Arzalluz la que ha despreciado a Redondo Terreros. Andan intentando una jugada que ¬creen¬ tiene todas las garantías: si Mayor Oreja acepta el debate a solas se acaban las fotos de los apretones de manos; si no acepta, Ibarretxe se libra de hacer el ridículo. Sin embargo, esta última posibilidad es una ventaja a la baja. Si Mayor Oreja no acepta el debate a solas, pierde Ibarretxe también. Porque Mayor Oreja no gana nada discutiendo cara a cara con un contrincante tan triste y esa renuncia afianzaría el bloque constitucionalista.

   Los populares pueden hacer del defecto virtud y de esa encerrona un seguro postelectoral. Que se guarde Ibarretxe su debate-trampa. Y que, cuando ganen las elecciones Mayor Oreja y Redondo Terreros, recuerde este último quién lo ninguneó.
  

Por favor, una sesión de espiritismo
Julián LAGO La Razón 1 Mayo 2001  

En una reunión mantenida hace años en Moncloa, el entonces presidente González frenó en seco a Arzallus al plantearle la posibilidad de un referéndum sobre la independencia de Euskadi.

   -Pero no sólo en Euskadi sino también en el resto de España, lo ganarías con toda seguridad, Javier.
   Arzallus quedó pensativo.
   -Lo ganarías ¬le aclaró¬ porque muchos españoles lo apoyarían para poder ellos independizarse de Euskadi.

   Aquellas palabras de González no hacía sino registrar el creciente sentimiento de «ajenidad» que sobre el futuro del País Vasco se observa en el resto de España.

   Las próximas elecciones vascas no suponen un referéndum pero sí aportan un factor, tanto cuantitativo como cualitativo, en orden a lo singular. Por primera vez, se presentan dos opciones en función de su relación con el Estado: Redondo y Mayor, de una parte, ofrecen un tratamiento estatutario para hacer frente a la violencia e Ibarretxe y Otegi, de otra, coinciden en la desagregación territorial para construir «la nación vasca unificada en la Gran Euskal Herria», tal como reza en la propaganda electoral de PNV/EA.

   Después de lo que ha llovido desde Estella, la sola persistencia de la «Udalbiltza» ahonda en las auténticas intenciones del nacionalismo: mantener la asamblea de cargos municipales electos como alternativa al parlamento vasco, lo cual evidencia el propósito deslegitimador de tal institución democrática. En lo que de verdad, por tanto, la actual dirección nacionalista diverge de Eta es sólo en el método para alcanzar la independencia.

   Cierto es que tal objetivo puede resultar una aspiración democráticamente tan legítima como cualquier otra. Pero cierto es también que, en su caída libre en el soberanismo, los medios aparecen cada vez más condicionados al fin: para Otegi el fin justifica los medios y para Arzallus el fin al menos explica los medios.

   De tal suerte esto es así que se producen situaciones, inverosímiles un año atrás, como la de Andoain: los conejales del PNV/EA más los proetarras han impedido que un centro cultural llevase el nombre de López de la Calle, el columnista asesinado por la banda terroristra.

   Tan lejos pues está yendo Arzallus, y lo que él representa, que cada vez parece más difícil salir del charco en el que solitos se han metido: victimismo desde donde están los verdugos, mucho blablablá y ningún gesto de aflicción, por lo que se ve. Ibarretxe, de momento, ha dicho que también el Gobierno tendría que pedir perdón por el bombardeo de Guernica.

   Invoquemos, pues, el espíritu de Von Ribbentrop y, de paso, al del general Mola, que por ciento, era el jefe político del padre de Arzallus. A lo mejor, con una sesión de espiritismo alguno se arrepiente.

Eta hace un alto
Lorenzo CONTRERAS La Razón  1 Mayo 2001

Las situaciones políticas patologías ¬y la vasca lo es¬ se diagnostican como las enfermedades: por los síntomas. Sobre todo cuando estos son bastante claros o no se enmascaran excesivamente. Y uno de ellos, tal vez el que más, dentro del escenario de Euskadi, es la reducción de la actividad terrorista, por no decir su casi completa desaparición, aunque persista una inseguridad de fondo y, por consiguiente, la operatividad del miedo. La precampaña electoral conoció, por supuesto, algún episodio de violencia, pero nada en conjunto puede ser comparable con el ritmo anterior de la actividad criminal. Ahora la campaña, salvo que algún hecho de última hora proporcione al ciudadano un punto de vista contundente, parece tender a una cierta calma con atenuación incluso del llamado terrorismo «de baja intensidad».

   ¿Qué está o ha estado pasando? Probablemente, que Eta también ha entrado en campaña con un criterio favorecedor de los intereses del nacionalismo de Arzallus y compañía. No cabe minusvalorar desde la contemplación política la eventual importancia que la banda conceda a la suerte electoral que pueda correr EH/HB y los cálculos que probablemente se hagan desde ese mundo con vistas al 14 de mayo y las ulteriores conveniencias de poder. El caso es que hasta el momento, un silencio estudiado corresponde atribuir a la organización terrorista cuyo margen de perturbación del clima electoral, debido a la protección policial de los posibles objetivos, no se ha reducido potencialmente tanto como para impedirle cualquier fechoría de considerable repercusión.

   José María Aznar, aparte de referirse a una nueva tregua trampa como horizonte político no descartable, ha hecho mención de la paz como coartada para los intereses que se enfrentan al «bloque» constitucionalista. Ahora, la venta anticipada y, desde luego engañosa, del sabor de la paz para un mundo ciudadano sediento de ella, pudiera ensayarse desde las posiciones de quienes más podrían hacer por evitar 1a vuelta del terror, ya que de ellos proceden los tiros y las bombas.

   Es evidente que los dirigentes nacionalista tenidos por «moderados» dan señales de intranquilidad. La aceptación por Ibarreche de un mano a mano público con Mayor Oreja forma parte del conjunto de síntomas que a la mirada se ofrece. No quiere, como es lógico, que Nicolás Redondo participe, ya que trata de evitar el dos contra uno. Es la suya una conciencia de inferioridad algo más que numérica. Equivale a saberse en minoría frente a la sensibilidad escandalizada de una extensa opinión, incluyendo en ella un considerable sector de la propia militancia nacionalista. Y todo lo que sea contribuir a la impresión de que los constitucionalistas no están en el fondo avenidos, pese a las reconfortantes estampas de los líderes concitados en el acto del Kursaal de San Sebastián, no pasa de ser un ardid electoralista.

El cortafuegos
Por Charo ZARZALEJOS ABC  1 Mayo 2001

El sábado, horas después del acto de «Basta Ya», socialistas y populares, además de emocionados, estaban contentos porque la coalición nacionalista no había sido capaz de realizar una «contraprogramación» a la cita de El Kursaal. No contaban con el anuncio público de Ibarretxe de aceptar un debate con el candidato popular, estableciendo unas condiciones determinadas. La iniciativa tuvo su punto de brillantez, porque compartió portadas y comentarios con lo que había sido el acto del fin de semana.

Son los propios nacionalistas —más bien algunos— los que reconocen que a día de hoy el candidato de la coalición ha sido incapaz de elaborar un discurso de contenido político. Sus energías las gasta, sobre todo, en mostrar su escándalo por la deriva socialista y en lanzar preguntas, muchas preguntas. La campaña nacionalista está siendo la más plana de todas las conocidas. Por eso la iniciativa de Ibarretxe, que poco o nada tiene que ver con «el diálogo sin límites ni exclusiones», es considerada por los nacionalistas como una pica en Flandes.

A Mayor Oreja la sangre se le convirtió en borbotón pensando en ese mano a mano. Pero el borbotón, como todos los borbotones, duran poco y por ello el mismo sábado habló con Nicolás Redondo y antes y después comenzaron las reflexiones populares. Creen que, efectivamente, el asunto es «una pera en dulce», pero también tienen claro que Ibarretxe ha actuado a modo de cortafuegos de una campaña cuyo ritmo él no puede seguir «y por eso ha introducido lo del debate, para intentar dar un bajonazo a un ambiente que electoralmente le agobia».

Lo del «cortafuegos» es la teoría que mantiene Iñaki Ezkerra en su libro «Euskadi. Estado de Excepción», en donde explica cómo a cada movilización ciudadana en la que se gritaba en contra de ETA, Ibarretxe convocaba otra con la condición de que fuera silenciosa y así esta segunda manifestación neutralizaba los gritos de la anterior.

El debate de Ibarretxe —al final no se celebrará con bastante probabilidad— es interpretado por socialistas y populares como eso, como un cortafuegos, pretendiendo, además, que de aquí al día 9 ó 10, todos piensen en el debate y casi nadie en la campaña.

Elecciones «free and faire» y secreto de voto
Por Emilio GILOLMO ABC  1 Mayo 2001

Uno ha tenido la oportunidad de asistir como observador internacional a diversos procesos electorales en distintos países del mundo.

Algunas de estas misiones de observación electoral habían sido organizadas por la ONU, otras por la Unión Europea, otras por la OSCE (Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa), y en una ocasión por la Federación Internacional de Derechos Humanos.

Aún recuerdo con emoción las primeras elecciones libres en Suráfrica en abril de 1994, celebradas en circunstancias objetivamente muy adversas, con una mayoría aplastante de población negra (veinticuatro millones) frente a una minoría de blancos (cinco millones) que, sin embargo, detentaban todo el poder. Las enormes colas que desde la madrugada se formaban para votar, la saludable sensación de libertad que tenía la gran mayoría de la población negra, que nunca antes había votado, para emitir su voto, y la positiva actitud de los dos principales líderes, Nelson Mandela y Frederic De Klerk, que nunca utilizaron el fácil argumento racial como arma política, hicieron posible la libertad exigible en cualquier voto.

También fueron unas elecciones complejas las celebradas en Mozambique en octubre de 1994, después de catorce años de guerra civil con, el país sembrado de minas antipersonas, en que los contendientes electorales (Frelimo y Renamo) eran los mismos que habían estado enfrentados con las armas. O las elecciones celebradas en Etiopía en 1995, o en Liberia en 1997, un país este último destruido después de muchos años de guerra civil, en el que al final, había varios contendientes luchando todos contra todos; o el caso de Camboya, en 1998, todavía con las tremendas secuelas de los casi dos millones de muertes producidas por los Jemeres Rojos, y donde sin embargo las elecciones fueron ejemplares desde un punto de vista democrático.

Pues bien, en todos esos procesos electorales el papel desarrollado por las misiones de observación electoral ha sido determinar si, analizado el conjunto de la situación y teniendo en cuenta el contexto en que se producen las elecciones, éstas pueden ser declaradas «free and faire», es decir «libres y limpias» o «libres y justas», de acuerdo con estándares internacionalmente aceptados.

En todos los casos que he citado (y en muchos otros que no cito por no hacer excesivamente prolija la relación), así se declaró, aunque con salvedades en algunos de ellos.

Pero hay dos casos especialmente significativos que son Bosnia-Herzegovina en sus primeras elecciones después de los acuerdos de Dayton (1996) y Perú en las elecciones de abril del año 2000. Y el caso de Bosnia-Herzegovina exigiría una monografía como el meritorio libro «Wellcome to Hell», de Alfonso Marco, para explicar cómo las confrontaciones étnicas y religiosas, aderezadas con el uso exacerbado del nacionalismo más radical y excluyente, han conducido al establecimiento de un sistema de apartheid real en el corazón de Europa, una vez que se había conseguido acabar con ese sistema en Suráfica.

En todo caso me interesa resaltar el caso de las elecciones peruanas en abril del año 2000. Allí había tres misiones de observación internacional que eran el Centro Carter, con una larga experiencia en estas lides, la Organización de Estados Americanos (OEA), y la Federación Internacional de Derechos Humanos. Pues bien, los informes elaborados por las tres organizaciones coincidían en que en Perú no se daban las condiciones suficientes como para considerar que las elecciones eran «free and faire» de acuerdo con los estándares. Las razones que se daban eran muchas y de variada índole, pero podemos destacar las siguientes: se utilizaban abusivamente los resortes del poder para favorecer al candidato Fujimori, se detectaron coacciones para inclinar el voto a favor del entonces presidente (por ejemplo en los «Comedores Populares» que alimentan a una parte significativa de la población peruana, se les decía que si no votaban a favor de Fujimori no seguirían recibiendo los alimentos), y aunque había libertad de Prensa, todos los medios que controlaba el poder, directa o indirectamente, que eran muchos, estaban al servicio de la candidatura presidencial y, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado no disimulaban su presión a favor de Fujimori.

Después de estas experiencias, que he tratado de resumir muy sucintamente, y ante el inicio oficial de la campaña electoral en el País Vasco, yo me pregunto: ¿se dan en estas elecciones las condiciones necesarias para que puedan ser consideradas «libres y limpias» de acuerdo con estándares internacionales?

Según mi experiencia, y analizada en su conjunto la situación que se vive en el País Vasco, creo sinceramente que una Misión de Observación Electoral Internacional no podría considerar que se dan las condiciones mínimas necesarias para poder declarar las elecciones «libres y justas».

Una Comunidad Autónoma en que todos los cargos electos de la oposición tienen que llevar escolta, porque lo que está en juego es su vida; en que los candidatos de los partidos de la oposición tienen que llevar una vida semiclandestina para prevenir atentados; en que en determinados pueblos donde algún partido no nacionalista tiene un 30 por ciento de los votos no consigue tener un sólo afiliado por miedo; en que muchos candidatos tienen que ser «importados» de otras circunscripciones, porque entre los vecinos el miedo impide que haya candidatos; en que amplios sectores de la población se sienten amenazados y no se atreven a expresar sus ideas ni su intención de voto, por si quien les oye va a contarlo «a quien corresponda»; en que cuando los periodistas se significan en posiciones ideológicas que no coinciden con el nacionalismo, se convierten en objetivo del terror, no parece que cumpla los estándares internacionales mínimos para considerar que los ciudadanos expresan libremente su voluntad. Y todavía se está a tiempo de que todo ello pueda resolverse.

Esta reflexión ha sido escrita justo cuando comienza la campaña electoral. Seguramente aún es tiempo de mejorar algunas cosas, y sobre todo una: el secreto del voto. Debería asegurarse por todos los medios el secreto del voto; es decir, que no pueda haber coacciones en los colegios electorales; que, si es necesario, se lleven las papeletas desde casa para no tener que demostrar a pie de urna qué papeleta se ha elegido y que se denuncie por los interventores y por los observadores de los partidos políticos cualquier tipo de presión para desvirtuar el secreto del voto. En Perú, los obispos dijeron homilías en el domingo previo a la jornada electoral para insistir en la obligación moral de votar y en la radical libertad del voto con hincapié en que el voto era y es secreto.

En cualquier caso, y teniendo en cuenta todos estos factores no es fácil asegurar que el resultado electoral que se produzca el día trece de mayo sea la expresión fiel y exacta de la voluntad popular.

Humores vascos
VICENTE MOLINA FOIX El País  1 Mayo 2001

En algunos salones progresistas de Madrid y Barcelona es de buen tono, a la hora de los licores y el café, proclamar la absoluta necesidad de un diálogo sin límites con los terroristas de ETA, lamentando a la vez lo intransigente y furibundo que se ha vuelto ese Savater, antes tan libertario y finamente irónico. Las personas que así reaccionan son inteligentes, cultas, y se muestran horrorizadas como el que más cada vez que los asesinos dejan sobre la acera o el monte el cadáver de un españolista. Suele ser gente que lee, aunque no todo, porque eso sería imposible,con los millones de páginas que se imprimen constantemente en el mundo. ¿La tele? Apenas la ven, y sólo cuando hay una buena película clásica o un documental de la BBC.

Ni ellos ni yo, ni seguramente usted, lector de Andalucía, Valencia o Extremadura, podemos seguir al día los periódicos Deia y Gara, y tampoco la señal de Euskal Telebista llega a nuestros aparatos. Para remediar esas carencias del resto del Estado español, el colectivo vasco ¡Basta Ya! (formado por ciudadanos tan estentóreos,tan airados y tan amenazados de muerte como Savater) ha difundido un informe con recortes periodísticos y un vídeo que deberían ser de lectura y visión recomendadas en todos los hogares y colegios, y fundamentalmente en las sobremesas de esos dialogantes de guante blanco y conciencia no-perturbada por el antiestético grito de socorro de los coléricos como Savater.

Nunca he visto, ni en los tiempos de franquismo que me correspondió vivir, una intoxicación informativa tan funesta, tan -digámoslo con la palabra justa- criminal. En las páginas del diario Gara, al fin y al cabo correa de trasmisión de los violentos, no sorprende encontrarla. Lo escalofriante es descubrir con tus propios ojos el grado de incitación al odio y consigna discriminatoria en espacios de apariencia inocente (recreativos, culturales) habituales en el periódico portavoz de un partido (PNV) que gobierna y se dice democrático, y en una televisión pública sufragada por unos y otros vascos.

Los ejemplos escritos abundan, y van de lo grotesco a lo repugnante. Así, en Deia, Antonio Álvarez Solís, un columnista revenido (que sin duda cobrará sus numerosas colaboraciones), acusa de españolistas y de vendidos 'a tanto universitario que ha renunciado al arriesgado oficio del saber para asegurar la paga mensual'. Cierto Xabier Lapitz se burla de los intelectuales que sufren la terrible prueba de tener que salir a la calle con escolta; 'en Madrid, si eres vasco y no estás amenazado, no eres nadie'. Y hay un dibujante, Ripa, que día a día deshonra el independiente y noble arte del humor satírico con unas viñetas como la que muestra a una chica que le reprocha a otra salir con un ladrón de coches y violador, a lo que la amiga en cuestión responde: 'O sea, pues sí, pero como es del Partido Popular, él mismo, en un acto de gallardía y nobleza, se entregó a la policía reconociendo su culpabilidad. Otro en su lugar se lo habría callado. ¿A que es un tío guay?'.

Respecto a la televisión, no bastan las tendenciosas manipulaciones en los informativos, por desgracia igual de frecuentes en las dos cadenas de ámbito estatal controladas por el Gobierno de Aznar. En un concurso de rap para escolares presentado por Edurne Ormazabal, una canción llevaba como estribillo ¡Cóctel molotov, cóctel molotov!, y otra cantaba la incomodidad de tener que vivir entre españoles. Todo debidamente retrasmitido por el primer canal de Euskal Telebista.

Y todo, naturalmente, en nombre de la patria,que hay que salvar de los que vienen de fuera y encima tienen voto dentro. ¿Cómo saldrán esos niños patrióticamente vascos? No todos tendrán la clarividencia de García Lorca, que en un escrito adolescente hasta hace poco inédito ya desconfiaba del patriotismo como sentimiento 'que tiene por espíritu a un trapo de colores, por voz una corneta desafinada'. Detrás de toda madre patria, sigue Lorca, hay unos tipos tiesos y campanudos tratando de hacer besar a los jóvenes 'una cruz infame formada por la bandera y una espada; es decir, la cruz de las tinieblas y de la fuerza'.

Trampa desactivada
VICTORIA PREGO El Mundo  1 Mayo 2001

No habrá debate. Ni a dos, ni a tres, ni a cinco bandas, ni a ninguna. No habrá debate porque la propuesta de Ibarretxe tenía una carga peligrosísima para las pretensiones electorales de PP y PSE, y Jaime Mayor Oreja ha decidido desactivarla de una vez por todas. Ahora asistiremos a los inevitables flecos de propuestas y contrapropuestas a cual más barroca e improbable y entraremos en uno de esos charcos de aguas paradas que se crean cuando la discusión se ha agotado y nadie quiere ser el primero en tirar la toalla. Pero esa es una polémica residual que va a carecer del menor interés político. De lo que no hay duda es de que Jaime Mayor va a pagar inmediatamente un precio por su decisión de ayer, que le va a costar ser acusado de no haberse atrevido a acudir al cara a cara con el candidato de PNV-EA. Pero ese coste político, que no es desdeñable, y la pérdida del beneficio que habría podido obtener de una posible victoria dialéctica sobre Ibarretxe, es infinitamente menor que el perjuicio que podría haber causado a las pretensiones de gobierno de PP y PSOE de haberse abierto una grave brecha entre ambos partidos a cuenta del famoso debate. Y eso sin contar con que el modelo de debate inicialmente ofrecido al PP por el equipo del lehendakari no se ajustaba a las necesidades políticas del momento porque era más propio de un programa sobre gestión de gobierno que sobre las grandes cuestiones políticas, de pura esencia democrática, que ahora mismo están sobre el tapete de la vida vasca. Las circunstancias exigían que el gran dilema: Estatuto y Constitución versus autodeterminación e independencia fuera el tema central y dominante de ese encuentro que no se celebrará. En eso tiene razón Arnaldo Otegi. Lo que aquí se dirime, mucho más allá de una buena gestión en Sanidad u Obras Públicas, es un modelo de convivencia social y política y una manera de entenderse uno mismo y de entender y aceptar al otro. Y se dirime también el punto exacto del compromiso con la paz desde el que cada partido afronta la existencia de los asesinos de ETA.

Por eso, más allá del debate sobre el debate, que tiene un recorrido tan aparatoso como breve, lo más importante de la jornada fueron dos intervenciones distintas y significativas. Una, la del lehendakari Ibarretxe, Estatuto en mano, defendiendo su articulado como un buen marco político de convivencia, aunque reformable. Pero su idea que podría condensarse en la fórmula «por el Estatuto hacia la autodeterminación» no hay modo de encajarla en el texto, por mucho que se quiera.

La segunda escena es la protagonizada por Jaime Mayor Oreja, que ayer defendía el Concierto como «una de las columnas vertebrales de los vascos y de su autogobierno» y se comprometía a preservarlo de los recelos que esta peculiar fórmula de autonomía financiera provoca en el seno de la Unión Europea. Es decir, cada uno de ellos se empleó ayer en atraer a los sectores fronterizos de uno y otro partido que pueden temer aventuras no deseadas de según qué candidato en según qué dirección. En las zonas templadas de los partidos están ahora los mejores caladeros de posibles nuevos votos y allí se apostaron ayer Ibarretxe y Mayor.

Pero hay una tercera escena, que no se produjo ayer sino anteayer y que fue rotundamente clarificadora. Antton Morcillo, cabeza de lista de EH por Alava, se preguntó irritado durante un almuerzo-mitin «cómo puede permitirse que un ciudadano cualquiera pase el Ebro y de la noche a la mañana adquiera la nacionalidad vasca». Ahí queda eso. Y es ahí precisamente donde está el auténtico debate de fondo de las elecciones vascas. Lo demás es lo de menos.

Garzón apunta que Gestoras y HB son dos estructuras bajo el control de ETA
MADRID. N. C. ABC  1 Mayo 2001

El juez Baltasar Garzón confirmó ayer su decisión de ilegalizar EKIN en una resolución en la que documenta ampliamente la integración de esta organización (heredera de la desaparecida KAS) en ETA. El instructor de la Audiencia Nacional menciona también la presunta pertenencia de HB/EH al entramado terrorista y dirige su investigación a destapar el control que ETA ejerce sobre Gestoras pro Amnistía.

El juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón ha rechazado el recurso presentado por la defensa contra la ilegalización de EKIN, decisión que adoptó el pasado 4 de abril por entender que se trata de una estructura más del entramado de ETA y que, como tal, persigue los mismos fines que la banda terrorista.

Para argumentar su decisión, el juez ha dictado una extensa resolución en la que, utilizando documentos incautados a lo largo de los años a numerosos miembros de las distintas estructuras del llamado MLNV (Movimiento de Liberación Nacional Vasco), prueba, al menos de forma indiciaria, que EKIN es ETA y que el binomio ETA-EKIN (antes ETA-KAS) controla todas las organizaciones de la «izquierda abertzale».

En el auto dictado ayer, Garzón presta especial atención a dos de estas estructuras —Gestoras Pro Amnistía (a la que pertenecen los abogados de los etarras, como José María Matanzas) y HB/EH— así como a la campaña de desobediencia civil, uno de cuyos principales ejes es la promoción de un DNI vasco y de un censo exclusivamente para vascos, campaña que ETA diseñó en 1995.

HB, «SOMETIDA A ETA-KAS»
Los documentos «Material del Ciclo I de formación de HB» y «Evolución político organizativa de la Izquierda Abertzale», intervenidos en 1998 y en 2001 y dirigidos a la formación de los militantes, ponen de manifiesto que «ETA-KAS dirige el conjunto organizativo del MLNV» como «vanguardia» y que todas las organizaciones del entramado son «vanguardias delegadas». Así, dice el documento, Jarrai lo es para el movimiento juvenil, ASK para el movimiento popular, LAB para el obrero y HASI para HB.

Garzón asegura que HB «es una entidad estructural y funcional presuntamente sometida a los diseños y definición de objetivos que establece ETA-KAS» aunque, de momento, dicha coalición no es objeto de la investigación.

El control ejercido antes por KAS lo ejerce hoy EKIN. Así, las actas de las reuniones de los miembros de esta organización contienen la «planificación de las actividades» de HB/EH así como de Gestoras pro Amnistía.

Los documentos antes citados señalan también que la estructura de ETA en «frentes» (militar, político, cultural y popular) se decidió en 1967. En la actualidad, el colectivo de presos constituye otro de los frentes («frente de makos» o de cárceles), cuyo control es ejercido por las Gestoras Pro Amnistía. De los documentos de ETA se desprende el papel de Gestoras (identificada con la clave, «adidas») y de los letrados («z» o «zz») en el control de los presos y en el del cumplimiento por su parte de las directrices de la banda (por ejemplo, huelgas de hambre).

Por otra parte, Garzón dio ayer el primer paso para ilegalizar Haika, la organización juvenil que sustituyó a Jarrai, al pedir un informe al fiscal.

Sobre dioses y tumbas
GERMAN YANKE El Mundo  1 Mayo 2001

Como no podía ser de otra manera, Mayor Oreja ha aceptado el debate propuesto por Ibarretxe con la condición de que Nicolás Redondo esté presente o participe en otro en las mismas condiciones. Ha hecho bien, además, en recordar los muchos debates que, propuestos por distintos medios, ha aceptado sin que el candidato del PNV hiciera lo mismo. Ya dije ayer que el tiro estratégico saldría por la culata de la realidad, es decir, que por mucho que se empeñen en el PNV los hechos son tercos: en el País Vasco, el único frente sustentado en pactos firmes y quién sabe si también secretos es el del nacionalismo, el del carné vasco, la limitación del censo, el soberanismo como condición para la paz y la exclusión del adversario. Cuando el PNV gobierna en solitario, es fruto de la democracia; cuando se atisba que puedan hacerlo otros, se convierte, al parecer, en intolerancia, porque «todos» son necesarios. El asunto, como la trampita de la invitación al debate para deformar la pluralidad de los adversarios con los que el nacionalismo se enfrenta, ya cansa. Y, además, irrita. Tras la ocurrencia, el lehendakari tuvo otra aún más escandalosa: criticar a los candidatos constitucionales por estar junto a Savater, al que llamó «dios de la guerra». Te juegas la vida en el País Vasco defendiendo lo más elemental del Estado de Derecho y el presidente de la comunidad autónoma te llama «dios de la guerra». Da asco. ¿Y Ternera? Ternera podía estar en la Comisión de Derechos Humanos y con ETA se podía firmar el papel por una cara y por la otra. Yo creo que nadie debería debatir con Ibarretxe hasta que recupere el sentido.

Por la revuelta social pacífica
Javier Rojo,  La Razón   1 Mayo 2001
Secretario General del PSE-EE de Álava y cabeza de lista por Álava al Parlamento Vasco

Si vas deprisa alcanzas la desgracia; si vas despacio, es la desgracia la que te alcanza a ti. Este proverbio define perfectamente el camino recorrido por el lehendakari Ibarretxe y su partido durante este bienio negro de la política vasca que finaliza con la convocatoria electoral del próximo 13 de mayo.

   Hace apenas dos años el lehendakari tomó la decisión de emprender un camino hacia ninguna parte. No le importó entonces, ni tan siquiera hoy, que aquella singladura dejara al margen a la mitad de la sociedad que había de liderar. Así, aupado a la Lendakaritza con el apoyo de Herri Batasuna, comenzaba la andadura de un Gobierno que, bajo su dirección formal, se sustentaba en pactos excluyentes suscritos entre Eta y el PNV. Al parecer, el hecho de que entonces no se matara tendía un velo sobre una realidad en la que se acosaba, se incendiaba y se destruía a lo largo y ancho de Euskadi. Y aquella connivencia, aquella tolerancia con la impunidad, devino en la cantera que hoy ha heredado la máquina del terror de los militares etarras.

   Durante la tregua fueron nuestras haciendas, más tarde, tras su ruptura, nuestros amigos y compañeros irían pereciendo uno tras otro en el altar edificado sobre las palabras huecas solemnizadas en Estella. Dos años después, tras cerca de treinta funerales y otras tantas capillas ardientes, viudas y familias desgarradas, el lehendakari se comporta con una desenvoltura digna de mejor causa, como si el hecho de que toda su oposición esté amenazada de muerte no fuera con él. Al parecer, la gloria del César es ajena al sufrimiento de su pueblo, distante y anónima tras los barrotes de la residencia de Ajuria Enea.

   Hoy, en aras de la recuperación de la dignidad y de la memoria de este pueblo, debemos recordar que afrontamos unas elecciones por el estrepitoso fracaso del Gobierno de Ibarretxe. Un ejecutivo alumbrado con el sustento de Eta y de EH.

   Un apoyo, tan lacerante para los vascos de bien, que se simbolizó gráficamente en el voto parlamentario de investidura depositado por Josu Ternera que, con posterioridad, nos avergonzaría con su presencia en la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco.

   Para lavar la indignidad soportada durante estos dos años es necesaria, como afirmaría Fernando Buesa, una revuelta social pacífica que hoy abanderamos los socialistas bajo el eslogan de «Cambio y Libertad».

   Un cambio que pasa por una alternancia profiláctica que posibilite que el PNV haga su perestroika, pero que la haga en la oposición. Y una libertad para todos aquellos ciudadanos amenazados que viven en libertad vigilada, y que han de proteger sus vidas ante la eventualidad de ser ejecutados por los fascistas de Eta.

   Este reto cívico de coraje debe darse cita en las urnas el próximo 13 de mayo para decirle al nacionalismo llamado democrático que puede construirse Euskadi desde la integración, frente a su Euskadi desde la segregación y el apartheid que hoy padecemos.


El aislamiento del PNV
SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ El País   1 Mayo 2001

'Estamos solos... LAB se ha ido con UGT y Comisiones. Nos hemos quedado solos'. José Elorrieta, secretario general de ELA, el sindicato nacionalista, describió así en Gara, el pasado domingo, la situación de su organización tras la ruptura con el sindicato próximo a los independentistas. Hoy, Primero de Mayo, ELA se manifestará efectivamente en solitario, por primera vez desde que en 1994 firmó la unidad de acción con sus colegas abertzales y, sobre todo, desde que en octubre de 1997, adelántandose al Pacto de Lizarra, proclamara la muerte y entierro del Estatuto de Gernika.

La imagen de esa ELA solitaria, ausente por primera vez en muchos años de la firma de importantes convenios colectivos, con muchos afiliados claramente desconcertados (fue difícil aceptar que ETA asesinara a uno de sus compañeros, el concejal popular Jesús María Pedrosa) y con un grupo de dirigentes radicalizados, se corresponde bastante bien en estos momentos con la de su partido hermano, el PNV. Los nacionalistas vascos parecen también ahora olímpicamente sólos.

Sindicalmente quizás sea posible soportar esa soledad (aunque parece difícil cuando ELA y LAB llegaron a poder firmar, sin los sindicatos 'españolistas', el 78% de los convenios del País Vasco), pero políticamente es imposible. El PNV, en el mejor de los casos, y aún aliado con EA, no podrá conseguir el día 13 de mayo una mayoría absoluta de escaños que le permita formar Gobierno sin ayuda ni apoyo. Los dirigentes nacionalistas no niegan esa evidencia y, sin embargo, resulta imposible saber qué están preparando para el día 14. Prefieren la opacidad y la imagen de total aislamiento. La opacidad del PNV es, probablemente, resultado de su propia situación interna, pero algunos nacionalistas piensan que está provocando una inquietud desconocida hasta ahora en un sector de sus electores. Sobre todo en aquellos que temen que un eventual buen resultado (alrededor de 30 escaños) sea presentado como un gran éxito de la línea claramente soberanista desarrollada por Xabier Arzalluz y Joseba Egibar, con lo que esto pueda implicar.

Ese sector (en el que seguramente está representada buena parte de los empresarios nacionalistas vascos) exije la certeza de que las actuales instituciones autonómicas van a ser respetadas, garantizadas y desarrolladas sin ceder frente a instituciones de nueva planta y alegales. Si hay algo que saca de quicio a los nacionalistas moderados es el intento del PP de poner en duda su histórico respeto a las reglas democráticas y a las instituciones y no quieren que quede el menor resquicio a la crítica.

Puentes con EH
El Partido Socialista, que no mantiene tampoco ningún tipo de contacto formal con el PNV, está alentando, además, esa inquietud democrática de los sectores más moderados del nacionalismo. Ayer, Nicolás Redondo, ante un grupo de profesores y estudiantes universitarios, afirmó que está 'absolutamente convencido' de que el PNV está trabajando en estos momentos en un escenario parecido al que precedió a las anteriores elecciones y que terminó con un pacto secreto con ETA y los acuerdos de Lizarra. Es decir, que los dirigentes nacionalistas están aprovechando estos días previos a las elecciones para tender puentes con EH y para manejar de nuevo un proyecto independentista o soberanista.

Redondo no ofreció pruebas de estas afirmaciones, pero hizo hincapié en que no estaba formulando 'intuiciones' sino advirtiendo formalmente a la sociedad vasca de un hecho.

Los dirigentes de EH, por su parte, niegan que existan contactos con los nacionalistas desde hace más de dos meses. Lo que sí es cierto es que algunos de ellos han hecho guiños públicos hacia el PNV. Jone Goirizelaia, número uno de los independentistas en Vizcaya, aprovechó un acto celebrado en la margen izquierda de la ría de Bilbao para expresar públicamente 'su preocupación' por lo que esté pensando hacer el PNV.

Es posible que esta 'preocupación' de algunos dirigentes de EH responda al hecho indudable de que en esta ocasión su coalición puede tener cosas que perder si los nacionalistas no se mantienen en el Gobierno. EH, y sobre todo el entramado cultural abertzale, de una gran energía y actividad, ha venido utilizando especialmente en los últimos tiempos fuentes de financiación institucionales que, previsiblemente, se cegarían en caso de un Gobierno constitucionalista PP-PSOE.

Achique de espacios
EMILIO ALFARO El País  1 Mayo 2001

Durante años se dio por supuesto en Euskadi que la arribada de la paz y la subsiguiente participación normalizada en las instituciones de HB ampliaría el terreno de juego político. Porque en el País Vasco se juega sólo en la mitad del campo. El debate casi teológico sobre la identidad y la soberanía, azuzado por la violencia, absorbe el esfuerzo de todos los jugadores y el balón apenas cruza la línea de la otra mitad del campo, en la que debería regir la dialéctica izquierda-derecha. Pero el modo parcial y condicionado en que la paz asomó por Lizarra, y EH por el Parlamento, han arrumbado otra suposición. Van ya unas cuantas desde la aprobación del Estatuto.

Lejos de alargarse, el terreno ha menguado drásticamente en sus dimensiones, al igual que se ha recortado el margen de maniobra de los jugadores; por lo pronto, dos de ellos, EA y UA, han tenido que arrimarse al banquillo de donde salieron (el PNV y el PP). El más afectado por este achique de espacios ha sido el partido de Arzalluz, que había hecho del pacto virguería. En la anterior legislatura mantuvo acuerdos con su adversario nacional (el PP) e ideológico (PSE e IU), su antítesis (UA) y su escisión (EA). Al traspasar la puerta de Lizarra perdió el centro del campo y se le cerraron las demás. En la clave de Lizarra, su única opción posible se redujo a EH. La brutalidad de ETA se ha encargado de cegarla, anulando de paso la acreditada capacidad de EH para condicionar el juego político a su gusto, y el empecinamiento de la cúpula peneuvista le ha impedido salirse del banderín de córner.

Pese a situarse en la parcela central, apremiado por los populares y requerido con torpeza por el PNV, el PSE no tiene ni la comodidad ni la libertad de movimientos atribuibles a su posición, y se nota en su juego. Por su parte, IU se regatea a sí misma y resulta difícil asignarle una ubicación. El PP es el único que ha elegido su zona en el campo y su táctica de juego. Pero su hándicap es que se lo juega todo a una carta y no depende sólo de sí mismo. De modo que no deja de ser un acto de voluntad encontrar una semejanza entre las elecciones vascas y un partido de fútbol. Aunque sea virtual.

Pilar Aresti: «La sociedad vasca se juega el 13 -M la paz y libertad»
Esperanza Mejuto - Bilbao.- La Razón  1 Mayo 2001

El pasado mes de julio, Eta atentó contra su vida y contra la de sus familiares colocando un choche bomba con 50 kilos de explosivos a las puertas de su domicilio en Guecho, Vizcaya. Pilar Aresti, senadora del Partido Popular, de sobra sabe lo que es vivir con miedo en el País Vasco, una situación que, como aseguró, «es posible cambiar».

   ¬ ¿Por qué estos comicios se presentan tan diferentes?
   ¬ Realmente estos comicios son completamente diferentes. Nunca el País Vasco ha estado sometido a este tan largo túnel al que nos ha llevado el último gobierno de Ibarreche con su pacto con Estella, con EH, con los cómplices de Eta.

   ¬ ¿Qué se juega la sociedad vasca en estas elecciones?
   ¬ La sociedad vasca se juega mucho, pero fundamentalmente, a parte de las ideologías, la sociedad vasca se juega en estos momentos la libertad, la democracia y la paz. Ya basta porque ya no se puede seguir así. La sociedad vasca ya no aguanta más el vivir en completa zozobra. El 51% de la población vive amenazado, aterrorizado, sin libertades, sin poder decir lo que piensa, discriminado. Eso ya no lo aguanta nadie.

   ¬ ¿Cómo vive un vasco no nacionalista en esta tierra?
   ¬ Un vasco que no tenga ninguna ideología, por el hecho de no comulgar con las ideas nacionalistas, de no creer en la independencia del País Vasco, vive discriminado. No se atreve a decir lo que realmente piensa, porque sabe que si lo dice, corre peligro su propia convivencia y está destinado a sufrir el rechazo social. Yo creo en un país plural en el que todos podamos defender nuestras ideas.

   ¬ ¿Y si además es cargo del PP?
   ¬ Si además es cargo del PP, como es mi caso, la falta de libertad es total. El miedo está continuamente presente en nuestras vidas. No podemos salir de nuestros domicilios sin mirar a ambos lados, sin mirar lo que hay debajo de nuestros coches. En mi caso, no fue una pintada, sino una bomba que, afortunadamente, «sólo» causó desperfectos materiales. Los cargos y militantes populares nos estamos jugando la vida por defender unas ideas que no son las nacionalistas.

   ¬ ¿Es posible cambiar esta situación? Es posible, estoy convencida de ello. Tenemos la gran esperanza de que el 13-M todos los vascos podamos votar libremente a una opción que nuevamente nos dé la paz y reconquiste nuestra libertad para poder vivir en plena democracia. Insisto, los vascos, tenemos la oportunidad de acudir a las urnas sabiendo que estamos votando libertad, paz y democracia.

   ¬¿Con sólo una fecha, 13 de mayo, se habrán corregido los errores de veinte años?
   ¬Evidentemente, el 14 de mayo después de que las urnas hayan hablado, no habremos cambiado todo, pero habrá un nuevo Gobierno que gobernará con decisión, sin dejar que exista este desorden. El PNV ha tenido 20 años de gobierno. Ha sido un mal gobierno, sobre todo en estos últimos años. Eso hay que cambiar, no puede seguir así.

«El final del terrorismo se ve hoy más lejano que hace cinco años»
SANTIAGO DE PABLO HISTORIADOR «Me gustaría un Gobierno de unidad democrática para evitar que la decisión última estuviera en manos de EH» «En la Universidad tenemos el mismo ‘porcentaje antisistema’, no más, que en el conjunto de la sociedad»
RAMON MUR VITORIA El Correo  1 Mayo 2001

Santigo de Pablo, especialista en Historia Contemporánea, es coautor de ‘El péndulo patriótico’, un libro sobre el nacionalismo vasco de reciente aparición. Este joven profesor parece contemplar la convulsa realidad vasca bajo el principio ordenador de que «en la moderación está el acierto».

-¿La Historia ayuda a entender la situación actual del País Vasco?
-La Historia es la maestra de la vida y ayuda a explicar los porqués de la situación actual. En el caso del País Vasco, más todavía. La Historia está muy presente en el debate político y en los problemas actuales. Algo que no ocurre, por ejemplo, en Cataluña.

-Entonces, aquí ¿la Historia se repite?
-Los historiadores tendemos a decir que no. Pero la verdad es que la reciente historia vasca, en particular la del nacionalismo, se repite bastante. Las disputas de hace 80 años son muy parecidas a las de hoy.

_¿Se puede decir que el nacionalismo no ha evolucionado?
-Creo que no. Desde el tradicionalismo integrista de Sabino Arana se ha producido una evidente evolución. Lo que pasa es que también existe una pervivencia del imaginario aranista que hace que, en el caso del PNV, no se haya roto con su pasado como ha ocurrido en otros partidos.

_¿El nacionalismo vasco es el PNV?
-Es mucho más. Pero a lo largo de unos 60 años, el nacionalismo vasco sólo fue PNV. Y hoy sigue siendo el partido dominante dentro del universo nacionalista. Tampoco este fenómeno, de tener un eje conductor o núcleo dominante, se da en el nacionalismo catalán.

-¿El soberanismo surgió como réplica al fracaso del foralismo carlista?
-No. La relación directa entre carlismo y foralismo no está demostrada. También los liberales vascos, como Mateo Moraza, eran defensores de los fueros. El nacimiento del nacionalismo se explica por múltiples razones. Entre ellas, sí, estarían la pérdida de la guerras carlistas y de los fueros. Pero luego habría que tener en cuenta la literatura romántica y la historiografía que inventa ese particularismo mítico vasco. Y en tercer lugar, hay que poner la industrialización, es decir los cambios sociales. Son las tres causas del nacimiento del nacionalismo vasco.

-Usted compartió despacho con Txema Portillo, que abandonó Euskadi por sentirse amenazado. ¿Qué pasa en la Universidad?
-Vivímos una situación muy compleja y hemos ido a peor. Hace cinco años, aun habiendo atentados, creo que la sociedad vasca tenía las cosas más claras. Ahora, la percepción de la ciudadanía es que hemos empeorado. Para mí, basta que una sola persona, no hace falta que sean cien o mil, no pueda expresarse libremente, para que hablemos de una situación muy grave. Así no se puede decir que Euskadi es el mejor lugar del mundo para vivir. ¿La Universidad? Es un reflejo de la sociedad. Tenemos el mismo ‘porcentaje antisistema’, no más, que en el conjunto social.

-¿Cabía esperar en 1980 que la situación de Euskadi en 2001 fuera la que es?
-En aquellos momentos se pensaba, incluso en el PNV, que una autonomía real, como la del Estatuto de Gernika, le quitaría argumentos a ETA. Luego hubo momentos, como el Pacto de Ajuria Enea, la cohesión social tras el asesinato de Miguel Blanco y la época de tregua, ¿por qué no?, en los que parecía que el final del terrorismo estaba cerca. Ahora, yo lo veo mucho más lejos que hace cinco años. Desde luego, dos décadas de autonomía no merecían una situación como la actual.

-¿Una nueva alianza del PNV con EH causaría una escisión en el partido jetzale?
-El PNV es consciente, creo, de que no puede volver a cometer el error de pactar con EH. Sería tanto como acabar con sus señas de identidad. Por otra parte, dentro del PNV no se han formado corrientes de crítica que opten por tomar el poder y, en ese sentido, veo difícil que se pueda producir una nueva escisión. Otra cosa es que una derrota electoral causara una especie de catarsis que obligara a recomponer el partido.

-¿Con mirada de historiador se ve que hubo una ETA buena en algún momento?
-Si analizamos el maniefiesto fundacional, que publicamos por primera vez en ‘El péndulo patriótico’, la ETA del momento inicial fue distinta. Su manifiesto es democrático. Aunque mi opinión personal es que la violencia lo pervierte todo incluso en la lucha contra una dictadura.

_¿La sociedad vasca vive atemorizada o es conformista?
-Es muy heterogénea. No creo que condescienda con el terrorismo, aunque se detecta cierto cansancio de la situación. Somos muchos los que participamos en las concentraciones contra la violencia, que son una manera ética, personal, que cada ciudadano tiene a su alcance para decir públicamemente dónde está.

-¿Cómo ve el futuro un historiador?
-Muy complicado. Existe peligro de un enfrentamiento civil al estilo de Irlanda, aunque espero que no se produzca. Me gustaría un entendimiento entre las fuerzas democráticas que desembocara en un Gobierno de unidad para evitar que la decisión quedara en manos de EH.

-¿La hegemonía del PNV debería llegar a su fin?
-No pasaría nada si el PNV perdiera el poder, pero eso lo dirán los electores.Las elecciones eran necesarias desde hace mucho tiempo, pero no es seguro que con ellas venga la solución.

Eta formó siete «comandos» durante la «tregua» mientras el PNV acusaba al PP de no querer la paz
Los terroristas reorganizaron su infraestructura criminal cuando Arzallus firmaba pactos con ellos
Mientras el PNV acusaba a José María Aznar y a Jaime Mayor Oreja de poco menos que torpedear el «proceso de paz» que, según ellos, se estaba fraguando durante el «alto el fuego», Eta, además de firmar pactos con Arzallus y los suyos, aprovechó ese período de tiempo para formar en Francia, al menos, siete «comandos» que después envió hasta España. Entre estos grupos, estaba uno que organizó el cabecilla José Javier Arizcuren Ruiz, «Kantauri», y que se iba a dedicar a cometer secuestros, pero que no llegó a actuar gracias la detención de este individuo.
J. M. Zuloaga - Madrid.- La Razón  1 Mayo 2001

Que esta supuesta «tregua» fue una trampa es algo que nadie duda a estas alturas de la película. Que los nacionalistas no quieren ni acordarse ahora de las conversaciones que mantuvieron con los pistoleros y los acuerdos a que llegaron con ellos, es otra evidencia. Pero la realidad es tozuda, la desarticulación de «comandos» de la banda y detención de cabecillas en Francia, han demostrado la intensa actividad que la banda criminal mantenía, tanto en suelo galo como español, mientras Arzallus y los suyos trataban de satanizar a los que no creían en el «alto el fuego» y «no querían la paz».

   No tardaron mucho tiempo en confirmase las actividades de Eta durante el supuesto «alto el fuego». En marzo de 1999, eran detenidos en París, gracias a la información aportada por la Guardia Civil, los cabecillas José Javier Arizcuren, «Kantauri»; Iranchu Gallastegui; y Jesús María Puy Lecumberri, «Pascal», junto a otros terroristas. La documentación encontrada en poder de estos individuos demostraba que la banda estaba preparado la compra de una importante partida de armas.

   Este tipo de operaciones, la compra de armas, se podrían encuadrar en el capítulo de abastecimientos, que Eta, en el comunicado que hizo público al anunciar el supuesto «alto el fuego», declaraba expresamente abiertos. Sin embargo, los acontecimientos que se desarrollaron con posterioridad, demostraron que la banda quería las armas para seguir matando y que, mientras los nacionalistas del PNV y EA se sentaban en la misma mesa que los asesinos, los etarras formaban «comandos».

Armas y explosivos
La localización de almacenes llenos de armas y explosivos, cada vez más cerca de la frontera con España, en Saint Andre de Seignaux, Bayona y Ciboure, en uno de los cuales fueron hallados los planes para el secuestro de Jacobo James Fitz Stuart, hijo de la Duquesa de Alba; y el robo de explosivos en una fábrica de Plevin, en la Bretaña francesa, con los que han sido cometidos la mayor parte de los atentados desde la ruptura de la «tregua», no ofrecían buenos augurios sobre las intenciones reales de los cabecillas de Eta.

   Tras la detención de «Kantauri» en París, fue desarticulado por la Policía, en San Sebastián, horas después, el «comando Donosti», del que formaban parte Sergio Polo y Pedro Echevarría, y que estaba utilizando la «tregua» para montar infraestructuras y preparar atentados.

   Entonces llamó la atención a algunos que la banda enviara a sus grupos criminales a España en pleno «proceso de paz», pero lo que se ha descubierto después deja poco lugar para sorpresas. En el mismo mes en el que Eta anunciaba el supuesto «alto el fuego, ya estaba formando nuevos «comandos». La detención de uno de estos grupos, en noviembre de 1999, cuando los pistoleros estaban a punto de anunciar el fin de la «tregua», permitió saber que los cabecillas de esta organización criminal mantenían en Francia, en septiembre de 1998, entrevistas con futuros etarras a los que, entre otras cosas, preguntaban si estaban dispuestos a matar. En efecto, las declaraciones de Aratz Larrañaga, tras ser arrestado en Irún cuando, en unión de otros dos individuos, intentaba robar una máquina troqueladora de matrículas, ofrecen pocas dudas sobre las intenciones reales de Eta al anunciar el «alto el fuego».

  Sólo trataba de ganar tiempo para recomponer sus infraestructuras, tanto en Francia como en España.
   Aratz Gómez se entrevistó, en septiembre de 1998, en la localidad francesa de Navarrex, con el cabecilla Jesús María Puy Lecumberri. Este individuo se ocupó de captar a Gómez y de ponerle en contacto con Francisco Javier García Gaztelu, alias «Txapote», que se encargó de la formación del «comando» y de impartir a sus integrantes un cursillo sobre el manejo de armas, también en pleno «alto el fuego».

«Comando Vizcaya»
Otro de los «comandos» que Eta formó durante la supuesta «tregua» fue el «Vizcaya», desarticulado por el Cuerpo Nacional de Policía, en enero de 2000. Uno de sus integrantes, Guillermo Merino Bilbao, manifestó que en el mes de junio de 1999, es decir, en pleno alto el fuego», «recibí la orden de Javier García Gaztelu , Txapote , responsable de los comandos ilegales dentro de la organización, a través de una mujer que sólo se que se llama Tere, de pasar en un futuro próximo a formar parte de un comando que actuaría en el interior de España. Acepté y me trasladaron a la zona de Avignon, a un edificio en el que se encontraba Francisco Rementería, que me dijo que iba a ser mi compañero en el comando. Durante los tres meses de verano, recibimos dos o tres visitas de García Gaztelu que nos anunció que íbamos a actuar en Vizcaya. El 2 de septiembre, recibimos la orden de dirigirnos a otro piso en el que permanecimos cinco días y en el que recibimos un curso de sobre manejo de armas y explosivos, impartido por Jon Bienzobas, efectuamos prácticas de tiro en el monte, técnicas de manejo de sustracción de vehículos. El 12 de septiembre, ayudados por mugolaris entramos en España». Es decir, el «comando» se formó, se entrenó y pasó la frontera en plena «tregua».

   Por lo que respecta, al «comando Madrid», el «talde», que cometió los atentados entre enero y noviembre de 2000, y que asesinó a cuatro personas, se formó, con toda seguridad, durante el «alto el fuego» ya que alguno de los coches utilizados por este grupo criminal habían sido robados en la capital en noviembre de 1999. Sus integrantes, que son, al parecer, los que se encuentran en la actualidad en la capital de España, tuvieron que entrar en territorio nacional aprovechando la «tregua» y organizaron una infraestructura en Madrid todavía no localizada.

Asesinato de Buesa
El «comando Ituren», del que formaba parte Asier Carrera Arenzana, y que operaba en Álava, recibió de «Txapote» la orden de que aprovecharan la «tregua» para «concretar datos sobre Fernando Buesa». Este grupo criminal aprovechó también el «alto el fuego» para realizar un curso sobre armas y explosivos, impartido por Jon Bienzobas y Juan Ramón Carasatorre, y recibir, también de manos de García Gaztelu, las armas para el «comando. Rota la «tregua», los terroristas asesinaron en Vitoria a Buesa y a su escolta.
   También durante la supuesta «tregua», el colaborador de la banda Ibon Muñoa Arizmendiarreta fabricó placas de matrícula falsas.

El castellano en las Indias
Por Rafael Sánchez Ferlosio. Escritor ABC  1 Mayo 2001

NO sólo no es verdad que al menos durante 250 años se impusiese a los indios hablar en castellano, sino que el primer libro publicado en América del que haya noticia fidedigna es una «Breve y más compendiosa doctrina christiana en lengua mexicana y castellana», editada en México en 1539. El dato es del gran historiador mejicano don Joaquín García Icazbalceta en su «Bibliografía mexicana del siglo XVI», de 1886, donde tampoco excluye la posibilidad de obras anteriores en lenguas indias publicadas en Sevilla o en Amberes, y en lo que toca a México llega a decir: «Al finalizar el siglo había ya obras en mexicano, entiéndase “nahua”, otomí, tarasco, mixteco, chuchón, huasteco, zapoteco y maya, sin contar con las en lenguas de Guatemala, sobresaliendo entre todas los cinco Vocabularios, mexicano de Molina, tarasco de Gilberti, zapoteco de Córdoba, mixteco de Alvarado y maya de Villalpando». Es cierto que durante todo el tiempo hubo constantes opiniones, gestiones y presiones para que se impusiera el castellano como lengua única, y todavía en 1648 insistía en ello Solórzano y Pereyra («Política Indiana», lib. II, cap. XXVI, nº 12), mientras que el Padre Acosta, que estuvo en el Perú de 1572 a 1586 y aprendió el quechua, había sostenido la opinión contraria («De procuranda indorum salute», lib. I, cap. IX). De todo ello en la «Recopilación» de 1680 no quedaba más que una recomendación, que reconociendo las dificultades de expresar los Misterios de la Fe en tan diversas lenguas, concluía así: «Y haviendo resuelto, que convendrá introducir la Castellana, ordenamos, que a los Indios se les pongan Maestros, que enseñen a los que voluntariamente la quisieren aprender, como les sea menos molesto y sin costa» (Libro VI, Título I, Ley xviij, folio 190 recto).

Pero la correcta interpretación del asunto requiere tener en cuenta determinadas circunstancias. Bien sabido es cómo a partir de la famosa llegada a Nueva España, en junio de 1524, de los «doce apóstoles» franciscanos, encabezados por fray Martín de Valencia, a los que se había adelantado casi un año fray Pedro de Gante con otros dos frailes flamencos y aún se añadiría, en 1529, una expedición de veinte frailes más, fueron los franciscanos los que más pronto se esparcieron por el país, adentrándose incluso en Nueva Galicia y aprendiendo rápidamente, en su celo misionero, las lenguas de los indios, con lo que para cuando, en 1535, se creó el Virreinato, con don Antonio de Mendoza, la orden de San Francisco había sacado una enorme ventaja en influencia e incluso en prestigio entre los naturales, sobre todo por el contraste que ofrecían con su benevolencia y su inerme pobreza frente a la avidez depredadora y la violencia de los colonos y los encomenderos. El recelo e incluso la aversión de éstos contra los misioneros ya puede imaginarse; a tal extremo llegaría bajo el reinado de Felipe II, que éste decidió amenazarlos con la pérdida de las encomiendas si seguían rechazándolos o expulsándolos de sus territorios. Así que fue la ventaja en el conocimiento de las lenguas de los indios el punto de partida de toda la querella. El otro factor que hay que considerar está en el hecho de que la administración colonial española fuese un cuerpo, por así decirlo, «incrustado» desde la metrópoli, ya que no sólo el virrey con su séquito y los oidores de las audiencias, sino también los diversos «oficios» anejos eran personal nombrado y enviado por el rey o el Consejo de Indias, de manera que los criollos o los emigrados particulares accederían a lo sumo a cargos administrativos muy subalternos; a ello se añadía el riguroso aislamiento impuesto a los cargos: se comprende que se les prohibiese adquirir inmuebles o haciendas, pero no tanto el que se llegase a extremos como el que dio lugar a que algunos oidores se quejasen al Consejo de Indias de que a sus mujeres no se les permitiese ni siquiera asistir a las recepciones de las ricas damas criollas.

De manera que a partir de las condiciones de esta Administración «incrustada» —en la que los criollos y aun más los españoles residentes, hacendados, comerciantes, industriales o mineros, deberían de tener bastante influencia—, ya se puede entender cómo la desventaja compartida de no saber hablar las lenguas de los indios, que sería total para las autoridades y sus oficiales de plantilla, no podía dejar de promover sucesivas demandas ante el rey y el Consejo de Indias para que se impusiera como lengua única y obligatoria el castellano. Y así empezaban a apoyarlo también algunos vocales del Consejo de Indias, cuando finalmente, en 1580, se pronunció sobre el caso Felipe II: «No parece conveniente apremiarlos a que dejen su lengua natural», e impuso que la predicación del Evangelio y la administración de los sacramentos se hiciesen en las lenguas de los indios. En una palabra, para él, no eran los indios los que tendrían que aprender el castellano, sino los curas o frailes, llamados «doctrineros» por esta función, los que tendrían que aprender la lengua de los indios, de modo que los curatos sólo se proveerían en los que la hablasen. A estos efectos, creó en las universidades de Méjico y de Lima, sendas cátedras en las que se enseñasen las dos lenguas principales, el nahua y el quechua respectivamente. Cualquiera que sea la opinión que se tenga sobre la pretensión universalista del Cristianismo, la actitud de Felipe II parece desde luego la única plausible bajo tal supuesto. Cuestión aparte es la de qué significado podría tomar en una lengua india la cláusula del Credo «consubstantialem Patri», versión latina de «omooúsios», refinado producto de alta logomaquia cristiano-helenística, aunque, a la inversa, tampoco ha faltado, más modernamente, quien ha creído encontrar la dialéctica hegeliana en la cosmogonía azteca. También es cierto que la función evangelizadora podía producir ese género lingüístico practicón que suele motejarse como «gramática de misionero»; menos superficial tenía que ser por fuerza el propósito, igualmente religioso, de escudriñar posibles herejías sincréticamente infiltradas en la fe de los neófitos, como la que en 1542 inspiró la rebelión zapoteca inhumanamente reprimida por el virrey Mendoza en el Peñol de Mixtón. No otro fue el designio inicial del fray Bernardino de Sahagún, franciscano llegado con la expedición de 1529, salvo que la inteligencia, el escrúpulo y hasta el interés profano hicieron de él, hasta hoy mismo, el gran maestro de la antropología americana.

Pero con la Ilustración todo cambió: en 1769 el arzobispo de México volvió a pedir la imposición del castellano: «No ha habido nación culta —argüía— que cuando extendía sus conquistas no hiciese lo mismo con su lengua» (aún decía «conquista» tras casi 3 siglos). Esta vez el Consejo de Indias se mostró en contra, alegando lo legislado por Felipe II; pero Carlos III recabó el dictamen de su confesor —¿una ironía el que llevase un apellido vasco?—, el padre Eleta, que apoyó al arzobispo de México. La Real Cédula del 10 de marzo de 1770 imponía el castellano como lengua única en todas las colonias: «para que de una vez se llegue a conseguir —decía literalmente— el que se extingan los diferentes idiomas de que se usa en los mismos dominios, y sólo se hable el castellano». Diez años después, la gran insurrección de Túpac Amaru fue atribuida a la libertad de lenguas; Areche, el visitador enviado por el rey, dio otra vuelta de tuerca, prescribiendo severos castigos para los indios que, tras un tiempo prudencial, no hubiesen aprendido a hablar en castellano. Pero el virrey se resistió a llegar a extremo semejante, tal vez diciéndose: «¡Hasta ahí podíamos llegar!», o algo así.

Porcel: «Madrid es capital de sí misma»; Ussía: «Los libros se hablan en Madrid»
MADRID. R. V./A. A. ABC 1 Mayo 2001

«El nacionalismo aldeaniza» (Alfonso Ussía). «Madrid es sólo capital de sí misma» (Baltasar Porcel). «Ahora le toca el turno al último baluarte, la joya de la corona, como consecuencia de la política cultural catalana de los últimos 20 años», dice Xavier Pericay, escritor y traductor que vive en Barcelona. Los creadores siguen agitando la polémica sobre la capitalidad cultural y literaria.

Barcelona-Madrid: historia de dos ciudades embaucadas por la Literatura. Si ayer en estas páginas hablaban los editores, hoy concedemos voz a los autores y traductores que laboran tanto en catalán como en castellano:

«EL NACIONALISMO ALDEANIZA»
Alfonso Ussía cree que a medida que pasa el tiempo Madrid está rompiendo la tradicional hegemonía de Barcelona como capital literaria y editorial: «Yo creo que sí. Más del noventa por ciento de los creadores están aquí, en la capital de España». Todo lo que rodea el núcleo literario-editorial se arracima en torno a Madrid: «Todos los libros se hablan y se contratan en Madrid —añade Alfonso Ussía—. Y curiosamente, según las últimas estadísticas y es un dato que no deja de sorprender, los madrileños son quienes más leen de toda España, cuando hasta hace poco lo eran los ciudadanos barceloneses». Alfonso Ussía, creador de uno de los más originales, «desternillantes y desatornillantes» personajes de la ancha Literatura española -el simpar marqués de Sotoancho- concluye que «el nacionalismo aldeaniza». «A mí me da mucha pena que Barcelona pierda su peso pero los hechos, desgraciadamente, lo están demostrando», subraya Ussía, conspicuo campeón de la Feria del Libro de Madrid y que recibe una «fantástica» acogida cada vez que acude a Sant Jordi.

«BARCELONA PIERDE PESO»
Luis Mateo Díez, que leerá el próximo día 20 su discurso de ingreso en la Real Academia Española, cree que lo que ha habido hasta ahora es un excesivo distanciamiento desde Madrid y Barcelona al mundo de la edición que labora incansablemente en las provincias: «Se hacen cosas muy interesantes, significativa e importante». Echa en falta Díez «sensibilidad» hacia lo que se edita lejos del eje Barcelona-Madrid, «dos ciudades que han sido y son grandes focos culturales, tanto en el pasado como ahora». No obstante, la cultura se inclina más hacia Madrid, «sin olvidar, por supuesto, las pequeñas editoriales que subsisten con esfuerzo en todos los rincones de España».

«UNA BULLA EFÍMERA»
Baltasar Porcel no está de acuerdo con que Madrid le haya quitado a Barcelona su tradicional hegemonía como capital literaria y editorial española: «Creo que Madrid ha dado un enorme salto adelante, pero va a la zaga de Barcelona, que continúa en cabeza siguiendo su gran tradición». Porcel reconoce que «en Madrid hay una vida pública más importante que en Barcelona, porque cuenta con unos medios de comunicación de alcance nacional, aunque toda esa bulla, que personalmente me gusta, tiene mucho de efímera. No sé si estos hervores se corresponden con una solidez de conocimiento». Por ello, incluso la ventaja de ser una gran caja de resonancia se convierte para Porcel en algo preocupante: «Madrid no funciona como capital de España sino de sí misma. Ignora todo lo que se hace en España en otras lenguas que no sea el castellano, lo que supone dejar de lado a diez millones de personas que pagan sus impuestos». La escritora catalana Flavia Company considera que «hay que desterrar ese binomio Barcelona-Madrid, que se convierte casi en una rivalidad. Creo que en el pasado la hegemonía de Barcelona era indiscutible, pero ahora existe un reparto editorial más equitativo fruto de la diversificación. Lejos de ser un problema, me parece muy positivo que exista una realidad cultural más rica y con más posibilidades, fruto del nacimiento de nuevas editoriales no sólo en Madrid y Barcelona sino también en otras provincias como Vitoria o Valencia».

«CULPA DE LA POLÍTICA CATALANA»
Xavier Pericay, escritor y traductor con residencia en Barcelona. lamenta que «el último eslabón del poderío de la Ciudad Condal como capital industrial de la cultura, las editoriales, abandonen poco a poco la ciudad. No tengo las cifras en la mano pero intuyo que esta tendencia es ya un hecho. Las grandes multinacionales cambian de sede y Barcelona hace tiempo que perdió su hegemonía en el campo cinematográfico, audiovisual y fonográfico. Ahora le toca el turno al último baluarte, a la joya de la corona. Lamento que sea así y para mí es la consecuencia de la política cultural catalana de los últimos 20 años, a la que no sólo le han faltado proyectos sino también ideas».

El presidente de la Asociación de Editores de Madrid, Juan de Isasa, subraya que hay «un cierto vaivén» y que los editores catalanes saben que su gran proyección está en el mercado en español.

LA GENERALITAT DECLINA OPINAR
El director general de Promoción Cultural de la Generalitat declinó, por su parte, hacer declaraciones a ABC.

Nuevo revés para el español en la UE
BRUSELAS. A. Sotillo, corresponsal ABC 1 Mayo 2001

El uso del español en las instituciones europeas ha sufrido un nuevo revés después de que el Banco Europeo de Inversiones (BEI) anunciara ayer que, en adelante, su boletín de información dejará de ser publicado en las once lenguas de la UE y será redactado en francés, inglés, alemán e italiano.

La medida en sí parece casi intrascendente, ya que, en principio, los interesados en ese boletín tienen un cierto conocimiento de lenguas. Pero se trata de un nuevo precedente que llama tanto más la atención por cuanto que el alemán y el italiano han conseguido hacerse un hueco y el español, no. Y en la soterrada guerra de lenguas que se libra en la UE nunca se toman decisiones espectaculares, sino que se maniobra según la «técnica del salami»: rodaja a rodaja hasta la desaparición final.

Es ésta además una decisión en la que llueve sobre mojado. En la última reunión informal de ministros de Economía de los Quince hubo traducción al inglés, francés, alemán e italiano, pero no al español. Hasta no hace mucho, en las reuniones informales de la UE se hablaba en francés e inglés. Pero Alemania exigió traducción a la lengua de Goethe para ir preparando el terreno para una UE ampliada en la que los idiomas de trabajo se reducirían al inglés, francés y alemán. España e Italia se oponen a la ofensiva germana. Pero, en el caso de nuestro país, esta batalla la ha librado habitualmente el ministerio de Exteriores. En cambio, el vicepresidente económico, Rodrigo Rato, hasta ahora ha evitado siempre entrar en la espinosa controversia. El ministerio italiano de Finanzas sí parece más concienzado de las repercusiones económicas de la batalla.

 

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