AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 2 Mayo   2001
#Paremos al totalitarismo
Ernesto LADRÓN DE GUEVARA, Secretario del Foro Ermua La Razón 2 Mayo 2001

#Elecciones de esperanza y dramatismo
Edurne URIARTE ABC  2 Mayo 2001

#Sintomático Ardanza
Editorial ABC  2 Mayo 2001

#Del sadismo de ETA al fascismo de Otegi
Impresiones El Mundo  2 Mayo 2001

#La democracia en el País Vasco
GREGORIO PECES-BARBA MARTÍNEZ El País  2 Mayo 2001

#Por correo
Carlos DÁVILA ABC  2 Mayo 2001

#El ciudadano que no votó nunca
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  2 Mayo 2001

#El tiro por la culata
Editorial La Razón  2 Mayo 2001

#Olvidar el cara a cara
SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ El País  2 Mayo 2001

#Oreja y Redondo, rebeldes con causa
Consuelo ÁLVAREZ DE TOLEDO ABC  2 Mayo 2001

#En la buena dirección
Ignacio Villa Libertad Digital  ABC  2 Mayo 2001

#El abuelo Redondo o la memoria de la resistencia
Ignacio CAMACHO ABC  2 Mayo 2001

#Matar y excluir
JAVIER PRADERA El País  2 Mayo 2001

#El miedo a la ley
Juan Alberto BELLOCH La Razón  2 Mayo 2001

#Ética gélida
EMILIO ALFARO El País  2 Mayo 2001

#Unas gotas de ideología
VICTORIA PREGO El Mundo  2 Mayo 2001

#Agravio
FÉLIX DE AZÚA El País  2 Mayo 2001

#Ahora, economía
GERMAN YANKE El Mundo 2 Mayo 2001

#Zona neutral
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón  2 Mayo 2001

#Chaves culpa al lendakari de la falta de garantías democráticas
VITORIA. G. López Alba ABC 2 Mayo 2001

#Nación, patria
RICARDO UTRILLA El Correo  2 Mayo 2001

#El Foro Ermua denuncia que los usuarios de su web son desviados a una página pornográfica
Redacción - Vitoria.- La Razón 2 Mayo 2001

#El «cara a cara» se vuelve contra Ibarreche y fortalece la unidad de populares y socialistas
L. R. N. - Bilbao.- La Razón  2 Mayo 2001


Paremos al totalitarismo
Ernesto LADRÓN DE GUEVARA, Secretario del Foro Ermua La Razón 2 Mayo 2001

Leo a PIRENNE, J. «Historia Universal», Ed. Océano, Vol. XI, p. 3429: «El totalitarismo es un régimen dictatorial u oligárquico. Pero se niega a reconocerlo y pretende presentarse como una democracia emanada de la sola voluntad de la masa. [...] Aquel que no les sigue ciegamente es herético y merece la muerte, según los comunistas ¬soviéticos¬ o los nacionalistas, y según el fascismo la expulsión del grupo nacional».

   Se mire como se mire estamos encaminados hacia la culminación de un modelo totalitario político en cuyo proceso no se sabe a ciencia cierta quien es el director de orquesta, si Eta como plasmación evidente del nazismo, versión Pol Pot o los que bajo el vestuario prestado de demócratas establecen las estrategias, en versión de nacionalismo sabiniano. No hay que olvidar que aquellas barbaridades que decía al fundador del nacionalismo vasco en documentos como «De su alma y de su pluma» son la fuente de inspiración de los actuales nacionalistas, y que jamás han renunciado a ese pensamiento xenófobo, cruel y claramente filonazi. Veamos alguna muestra significativa entre muchas: «En pueblos tan degenerados como el maketo y el maketizado, resulta el universal sufragio un verdadero crimen, un suicidio». Periódico Bizcaitara, (1893-1895) «Si a esta nación latina la viésemos despezada por una conflagración intestina o una guerra internacional, nosotros lo celebraríamos como la mayor de las desdichas, como agobie y aflige al ánimo del naufrago el no divisar en el horizonte ni costa ni embarcación, el que España prospera y se engrandeciera». «De su alma y de su pluma». Etc.

   En definitiva, subyace en el nacionalismo oficial, que no en el alguno democrático y de base, una ideología profundamente reaccionaria, y no es de extrañar que las políticas que practiquen sean ¬aunque maquilladas¬ de signo antidemocrático, como va quedando bastante en evidencia, fundamentalmente tras el Acuerdo de Estella. Así podemos entender su pretensión de configurar un Estado de Euskalherria al margen de las voluntades reales de navarros y de gran parte de los vizcaínos, alaveses y franceses; el intento de configurar un orden político fundado en los tres pilares característicos del franquismo: el sindicato, los municipios (Udalbiltza) y la familia; la campaña del D.N.I vasco que señala y divide a los nacionalistas de los no nacionalistas, la pasividad ante la persecución exterminadora a los disidentes con el régimen nacionalista; el acuerdo con Eta para segregar y marginar a los no nacionalistas, etc.

   Demasiados elementos como para tener ya la certeza de que hay un plan programado de configurar un Estado totalitario donde solamente tengan cabida las posiciones nacionalistas. Demasiados elementos como para pensar que entre los regímenes autoritarios y éste hay una simetría casi perfecta.

   Por eso son tan importantes las elecciones del 13 de mayo: para devolver la normalidad política a la ciudadanía vasca, para que se deje de hablar en los foros periodísticos de los vasco como fuente de noticias de sucesos, para que se regenere moral y socialmente el País Vasco, para que democracia en el solar vasco y para que la sociedad vasca recupere su pluralismo y la convivencia que debe primar por encima de cualquier otra consideración de clan, tribu o caverna. Sería digno de agradecimiento el que los nacionalistas que tan fervientemente abogan por la separación respecto a España y por formar un Estado euskalherriaco con territorios que pertenecen a España y a Francia y con otros que no quieren ni oir hablar del invento, como son Navarra y Álava, nos dijeran qué modelo de Estado buscan, cual es su carta básica de derechos y libertades, si la tienen concebida ¬que lo dudo¬, cómo piensan articular el pluralismo político y social y cómo piensan proteger los derechos fundamentales. Así los ciudadanos que votan nacionalismo podrán saber si detrás de la piel de cordero hay un lobo o una paloma.

Elecciones de esperanza y dramatismo
Por Edurne URIARTE ABC  2 Mayo 2001

Dos elementos del acto de «Basta Ya» del pasado sábado representan con claridad lo que significan las próximas elecciones para los vascos que no son nacionalistas: la imagen de Fernando Savater enlazando las manos de Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo, y una frase de Mikel Azurmendi: «Ahora no sólo es basta; tiene que ser ya». La primera imagen simboliza que se trata de una elección en la que se va a decidir sobre principios fundamentales y no sobre pequeñas y negociables diferencias programáticas, y la segunda, que los vascos no nacionalistas están al límite de su capacidad de resistencia y no están dispuestos a prolongar la recuperación de esos principios ni un minuto más.

Así es como perciben los no nacionalistas las elecciones, como un auténtico test sobre el futuro de nuestra libertad tras el que sabremos si la esperanza para la recuperación de esa libertad está cerca o se vuelve a alejar. En ese sentido, hay una enorme carga de ilusión sobre esas elecciones, pero también un gran dramatismo. Cuando hay miles de ciudadanos sopesando diariamente la posibilidad de ser las próximas víctimas de ETA, la política es necesariamente dramática. Y cuando los partidos responsables de las instituciones encargadas de defender a esos ciudadanos permanecen inmunes a esta situación y, además, justifican la persistencia de ETA, por ejemplo, sugiriendo que el bombardeo de Guernica es «una parte del conflicto» y que el PP tiene que pedir perdón, dicho de otra forma, que las víctimas tienen parte de culpa, la situación dramática tiene, además, sus responsables políticos.

En este contexto, llama la atención que todavía persistan algunas voces que se refieran al peligro de fractura social, al diálogo con los nacionalistas para recuperar el consenso democrático o a los problemas de gobernabilidad tras el 13 de mayo. Lo del peligro de fractura es como una broma macabra para los no nacionalistas, porque la vida de los no nacionalistas ya está totalmente fracturada desde hace mucho tiempo. La auténtica fractura vasca es la causada por la amenaza permanente de ETA y la justificación directa o indirecta de esa amenaza por parte del nacionalismo. Que puede haber aún más fractura social, es cierto. Y lo habrá en la medida en que la situación de falta de libertad se prolongue para los no nacionalistas y los nacionalistas no asuman la defensa de la democracia.

Que, además, se siga hablando de diálogo con los nacionalistas, de necesidad de encontrar fórmulas de colaboración y, sobre todo, que todavía haya quien contemple la posibilidad de pactos con los nacionalistas, es negarse a reconocer la realidad de la gravedad de la situación, y, sobre todo, es cerrar los ojos al programa, mensaje y objetivos de los nacionalistas.

Hablar de posibilidad de diálogo con una coalición que aboga por la independencia, que niega la condición de vascos a los que se sienten españoles y que dice que ETA se sentirá más justificada para matar si gana Mayor Oreja, significa en estos momentos renunciar a los principios sobre los que se tiene que sustentar la recuperación de la libertad para los no nacionalistas. Y no, esta coalición no se va a transformar radicalmente la noche del 13 de mayo, porque ni va a renunciar al independentismo, ni va a decidir combatir a ETA, ni va a aceptar a los no nacionalistas como ciudadanos tan plenamente vascos como ellos de la noche a la mañana. Y de eso se trata, y no de la aceptación formal de la Constitución y el Estatuto.

Por eso también el problema del día 14 de mayo no es un problema de gobernabilidad, como esas mismas voces señalan. No se trata de decidir sobre la resolución de la gestión del día a día, sino sobre el rumbo que van a tomar las instituciones para librar a los ciudadanos de la amenaza de ETA y para instaurar un auténtico pluralismo en el que quepan los vascos que se sienten también españoles. Para los no nacionalistas el problema ya no es que las instituciones funcionen, sino que funcionen para garantizar los derechos más básicos. El problema no es que se constituya el gobierno, sino para qué y con qué objetivos se constituye.

Como ha dicho Ignacio Sánchez Cámara en estas páginas, las próximas elecciones son unas «elecciones descentradas». Y lo son porque no hay centro al que se puedan acercar los no nacionalistas. Los no nacionalistas ya están en ese centro, mientras los nacionalistas se han instalado en el extremismo. Del triunfo de ese centro o de ese extremismo dependerá que el 13 de mayo signifique para los vascos más dramatismo o el inicio de una nueva esperanza.

Sintomático Ardanza
Editorial ABC  2 Mayo 2001

El ex lendakari José Antonio Ardanza no asistió al acto que reunió en Ajuria Enea a los otros dos presidentes del Gobierno vasco, Carlos Garaikoetxea y Juan José Ibarretxe. La disidencia interna en el PNV, con la sola excepción de los alaveses Guevara, tiene corto el recorrido. Sus palabras y sus gestos, sus discursos y sus discrepancias nunca dan de sí lo suficiente para saber si están o no están realmente de acuerdo con la estrategia soberanista impuesta por Arzalluz, Egibar e Ibarretxe. Siempre es precisa una labor de interpretación, que integre los silencios de unos y las ausencias de otros. La falta de sentido común en el nacionalismo provoca esa ansiedad por encontrar una mínima manifestación de cordura.

A pesar de todas las limitaciones que los propios críticos o disidentes imponen a su libertad de expresión, algo comprensible si la respuesta es el insulto grasiento de Arzalluz, Ardanza viene dando muestras de que en el PNV no todo es unidad granítica. Sin duda alguna, la historia será grata con Ardanza por su reacción tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, cuando hizo pública promesa de no pactar nunca con sus asesinos ni con HB, a los que llamó «cómplices» del crimen, aunque pondrá al plan de «normalización política» que llevaba su nombre en el capítulo de la argucia soberanista. Pero justo es reconocer que el reciente discurso de Ardanza en la Real Academia de la Historia permite confiar en que aún guarda algo de aquella dignidad que le hizo líder en los trágicos días de julio de 1997. Sin embargo, de poco sirvió aquel fugaz encumbramiento de la figura del lendakari, porque para el PNV aquello fue un error, al no percibir los peligros que suponían para el nacionalismo los movimientos sociales de protesta que entonces surgirían. Los pactos con ETA y HB apenas tardarían un año en llegar y con ellos toda una política de ruptura social e institucional, con la que Ardanza no puede sentirse solidario, salvo que haya perdido toda su autoestima, algo que a veces exige —Ibarretxe lo sabe— la disciplina cuartelera que impone el Euskadi Buru Batzar de Arzalluz y Egibar. Ya se ha visto que las consecuencias de estos desencuentros nunca tienen corto plazo, están reprimidas por el concepto tribal que el PNV tiene de sí mismo y sólo si incuban una verdadera masa crítica acaban en forma de escisión. La interpretación benévola es, por un lado, convertir a Ardanza en la imagen de una posible rectificación del nacionalismo, siempre condicionada a que sufra una derrota electoral el 13-M, y, por otro, pensar que aún hay dirigentes nacionalistas con los que es posible compartir una política de autogobierno estatutario y constitucional. Sería volver a la tradicional pugna entre los maximalistas y los posibilistas del PNV, aunque, por ahora, y a la vista de los resultados de éstos últimos habría que decir aquello de que ni están ni se les espera.

Del sadismo de ETA al fascismo de Otegi
Impresiones El Mundo  2 Mayo 2001

Que ETA es una organización criminal sin principios ha quedado demostrado por su siniestra trayectoria. Que su finalidad es sembrar el terror entre la sociedad vasca tampoco necesita mayor abundamiento. Pero su degradación moral parece no tener límites. La banda terrorista se dedica ahora a enviar cartas de extorsión a las esposas de empresarios vascos, utilizando la indigna treta de poner en el remite el nombre de familiares o personas cercanas a la destinataria. ETA consigue así no sólo atemorizar y confundir a las personas que reciben las misivas sino además demostrar que conoce datos de su vida familiar más íntima. El método es digno de una mentalidad enferma, que se recrea en el mal. La banda terrorista, que no dejó de chantajear a los empresarios vascos durante la tregua, ha vuelto a intensificar el envío de cartas en las que exige el pago del impuesto revolucionario, que se ajusta a las posibilidades económicas del chantajeado. Dado que la negativa a ceder a las exigencias de ETA se iba extediendo entre los empresarios vascos, la organización ha ideado este repugnante sistema para convencer a los dubitativos. Al asesinar al industrial nacionalista Jose María Korta el pasado verano, la banda envió un nítido mensaje a quienes se resistían a pagar. Ahora, pretende involucrar en ese chantaje a las esposas de los empresarios. Y, mientras, Arnaldo Otegi se permitía ayer el lujo de decir que los militantes de EH son los «verdaderos socialistas vascos» y los herederos de quienes hicieron frente al fascismo en 1936. ¿Acaso estos métodos de ETA no son puramente fascistas? Fascista es quien justifica el uso de la violencia para imponer sus ideas a los demás y eso es lo que hace Otegi todos los días.

La democracia en el País Vasco
GREGORIO PECES-BARBA MARTÍNEZ El País  2 Mayo 2001

Gregorio Peces-Barba Martínez es catedrático de Filosofía del Derecho.

Es cierto que la democracia odia la perfección y que es un régimen abierto, inacabado, que está siempre aprendiendo, creando, y que asume todos los ensayos que tiendan a mejorar la condición humana.

Se puede decir que es el sistema que mejor se adecua a la relación entre la persona individual y su racionalidad y su inexcusable dimensión de socialidad, esa dialéctica que Ortega llamaba entre el hombre y la gente. La democracia es el sueño del buen gobierno, de la sociedad bien ordenada, y toda la modernidad es el esfuerzo de aprendizaje para llevar adelante ese régimen abierto que tan bien se ajusta a las necesidades de nuestra condición y de su plenitud.

Después de la Constitución de 1978, España se ha dotado de instituciones suficientes para ir avanzando en el sueño del buen gobierno con derechos individuales y colectivos que garantizaban a las minorías con reglas de juego que aseguraban un Estado compuesto, con amplias libertades políticas, que se aceptaron mayoritariamente en todas las provincias españolas, sin excepción. En el País Vasco también la Constitución fue votada favorablemente, con muchos más votos a favor que en contra, aunque con una abstención que superó en Guipúzcoa y Vizcaya el cincuenta por ciento, con lo que al abstencionismo normal en las restantes provincias se añade uno propio, defendido por el PNV, que hace que se doble el general. En todo caso, ese abstencionismo específico de Guipúzcoa y Vizcaya es menor que el número de votos afirmativos. Por otra parte, contar las abstenciones como votos negativos es poco decente, porque no es una conclusión evidente, ni se deben interpretar sin otros elementos esas abstenciones, que se debieron a una pluralidad de motivos difíciles de analizar.

En todo caso, en democracia, las votaciones se ganan cuando hay más votos positivos que negativos, y ésa fue además la interpretación que dio el propio PNV, por boca del lehendakari Aguirre, durante el referéndum por el Estatuto vasco de 1936.

En todo caso, aprobada la Constitución, con la gran cantidad de posibilidades derivadas del reconocimiento de naciones culturales como la vasca, la gallega y la catalana, en el marco de la nación española, el Partido Nacionalista Vasco recibió, con el acuerdo de todos, el encargo de administrar ese legado constitucional, en alguna ocasión sin haber ganado las elecciones. Así, en el umbral de otras elecciones, las del 13 de mayo, es conveniente analizar y sacar las consecuencias de cómo se ha administrado el legado y cómo se encuentra la sociedad vasca a veintidós años de la aprobación de la Constitución, y quizás después sacar consecuencias y formular conclusiones.

Era opinión común que todas las exigencias de respeto a las minorías estaban garantizadas con creces en la Constitución, y que las normas internacionales sobre la materia quedaban muy superadas por la regulación española. Por eso se pensaba que, al igual que en otros asuntos, la nueva situación iba a pacificar viejos conflictos. Si temas graves como la forma de Estado, la educación, el problema social, la cuestión religiosa y otros que habían hecho imposible la convivencia en las experiencias constitucionales anteriores se habían resuelto con el consenso, a satisfacción general, no había razones para que lo mismo no ocurriese con el nacionalismo vasco. La evolución progresivamente normalizada en Cataluña y la pacífica instalación de la autonomía gallega parecían augurar una solución similar para el País Vasco y para una ideología nacionalista.

Con esas mismas premisas, se presumía tanto la desaparición del terrorismo de ETA como la idoneidad del Partido Nacionalista Vasco para gobernar en Euskadi, en un marco de comodidad y de libertad, con la aprobación del Estatuto de Gernika. Pero veintidós años después hay que reconocer que nos equivocamos en nuestras previsiones, probablemente por la racionalidad con la que abordamos el análisis del proceso y su evolución.

ETA no dejó de matar, sino que acentuó su carrera de miedo y de muerte, y el Partido Nacionalista Vasco no cumplió con lealtad su papel de gobierno. Pero además, con el tiempo, la estrategia de sus fines, como ellos mismos han reconocido, ha ido convergiendo y aproximándose hasta el Pacto de Lizarra, que supone el intento del PNV y de EA, junto con los apoyos políticos de ETA -es decir, HB y luego EH-, para sacar provecho del terrorismo avanzando en el soberanismo y consiguientemente rompiendo el acuerdo constitucional.

Los sucesivos gobiernos nacionalistas se han beneficiado, en todos los aspectos -institucionales, económicos, jurídicos, etcétera-, de los resultados de un sistema constitucional que ha pacificado, en general, al país y, sin embargo, no han hecho lo posible por mantenerlo. Si era quizás mucho pedirles patriotismo constitucional, sí podrían al menos ser leales como encargados del gobierno en un sistema que reiteradamente desconocieron y despreciaron. Pero fueron profundamente desleales cuando no colocaban la bandera de España junto a la ikurriña en las instituciones, o cuando no retransmitían el discurso del Rey en navidades, o cuando subvencionaban a asociaciones o publicaciones que no sólo desconocían al resto de España, sino que fomentaban el odio contra ella. Sobre el sistema de enseñanza primaria y secundaria caen también serias acusaciones sobre desviaciones respecto a la veracidad de sus relatos históricos o al contenido de enseñanzas de cultura y literatura, que ponen de relieve el espacio común compartido entre vascos y el resto de los españoles. Probablemente haya exageración, pero también realidad en esas manifestaciones, y está el hecho cierto de que en sectores de las nuevas generaciones hay un odio hacia España y los españoles exagerado, creado artificialmente, que está en la base de la llamada kale borroka y que es vivero de ETA.

En todos esos temas hay un fracaso de las políticas que lideraban los nacionalistas, titulares, con toda continuidad, de los gobiernos vascos. Cuando un gobierno, en un régimen de libertades aseguradas, no es capaz de mantener la gobernabilidad, está propiciando el miedo y la desesperanza. Cuando se degrada con factores de confusión, o se reduce y se resigna a ser mero resultante de la confusión social, que además coexiste con grupos fanáticos que matan a sus adversarios políticos, ese gobierno se deslegitima, deslegitima a la ideología que le apoya y pierde su razón de ser. Cuando la reivindicación primera es que se pueda vivir, la gravedad es extrema, y cuando los que están obligados a proteger la vida pactan con los que apoyan y comprenden a los que matan, entonces se ha alcanzado la sima de la degradación moral. Si además se incumplen las principales exigencias de la gobernabilidad, como criterios básicos del gobierno -es decir, defender los valores de libertad, igualdad y solidaridad, conservar la variedad y el pluralismo, potenciar el aprendizaje de la cultura política democrática y apostar por la racionalidad del proceso de convivencia-, estamos ante un gobierno y una ideología, la nacionalista, que ha perdido los papeles y que tiene que variar necesariamente su rumbo. Su deslealtad le ha jugado una mala pasada, con esas ironías de la historia, y ha convertido a la hermosa tierra vasca, a la que dicen amar y dedicar todos sus esfuerzos, en el antimodelo de una sociedad democrática, donde una gran mayoría del país, incluso muchos nacionalistas, no puede actuar en libertad.

Es verdad que están cambiando su lenguaje, no tanto sus ideas últimas, y parece que nada de lo que acabamos de describir va con ellos, incluso, con un cinismo o con una capacidad de simulación sorprendentes, achacan al Partido Socialista y al Partido Popular crear tensiones en el tranquilo panorama vasco y querer gobernarlo desde Madrid.

El 13 de mayo será un día importante para valorar la capacidad de comprensión de los ciudadanos vascos, su deseo de conocimiento, que exige unos espacios de libertad que, si no están como debieran, sólo podrían ser suplidos por el coraje. Veremos si están informados y toman conciencia de la realidad, y si quieren o no cambiarla, y veremos también si renuncian a la comodidad de ser adoctrinados y quieren ser los que deciden. Veremos si hacen comprender a los nacionalistas que deben variar de rumbo si quieren el respeto que siempre habían merecido.

Y después no cabe duda de que la solución más pacificadora, más integradora, más susceptible de reconstruir y sanear el tejido social vasco, luchando contra el terrorismo, restableciendo la convivencia y la libertad, suprimiendo el temor y devolviendo a todos los vascos la seguridad, es la formación de un gobierno de concentración, donde estuvieran unos nacionalistas que aceptasen las reglas del juego de la Constitución y el Estatuto, y un Partido Popular y un Partido Socialista que se han ganado a pulso, con su sufrimiento y con su defensa de la Constitución y del Estatuto, el derecho a participar en la gobernación de Euskadi. A mi juicio, la presidencia de ese gobierno debería corresponder a un lehendakari socialista, porque ese partido es el único que quiere integrar y que puede dialogar con las dos posiciones distantes y radicalmente discrepantes del Partido Nacionalista Vasco y de los populares. Su mensaje no está siendo ni de rencor ni de revancha, y por eso es el más idóneo para presidir ese gobierno de la pacificación.

Si los nacionalistas no aceptan el reconocimiento de las reglas del juego de la Constitución y del Estatuto, la única opción será el gobierno de coalición PSOE / PP, si los ciudadanos les dan mayoría para ello. Fuera de esos dos escenarios, sólo queda más de lo mismo; es decir, un infierno. Así se habrá consumado una de las mayores manipulaciones políticas de la historia. Una ideología que no tenía nada antes, con el franquismo, y que recibe todo, menos la independencia, con la llegada de la democracia, y que aprovecha los espacios de libertad para traicionar las bases éticas, políticas y jurídicas de un régimen que les había ayudado como nadie en la historia a recuperar su libertad.

Por correo
Por Carlos DÁVILA ABC  2 Mayo 2001

El voto de la prudencia, el que viaja en sacas de Correos, suma ya una cantidad apreciable, casi 55.000 a unas horas, las de pasado mañana, para terminar. En las elecciones pasadas, las que favorecieron el lendakarinato de Ibarretxe gracias a ETA, sólo 16.000 vascos enviaron la expresión de su voluntad en estas sacas. Como ya no es posible influencia alguna, se puede decir que los electores que han escogido este método son, al menos, tan valientes como los que el día 13 irán por su pie a los colegios de Ernani o Andoaín, los «gulag» en los que la banda campa por sus miserias en tanto que la Ertzain-tza del incapaz Balza silba porque no la mandan que mande. Los votantes del correo pueden ser, incluso, mejor identificados que los que van a cara descubierta, de forma que no se diga que esta es la decisión del miedo; es la del alejamiento o el confort, pero de miedo, nada.

El volumen de estos votos vaticina una sustanciosa participación. Aseguran los entendidos que a más papeletas en las urnas mayores posibilidades para los partidos que respetan el Estado de Derecho. Es posible que sí, y es posible que no, porque de los demóscopos hay que fiarse como de los economistas, casi nada. Todos explican brillantemente sus derrotas y, al final, le largan una bronca al público si no aciertan. De modo, que cautela. Tanta, como la que habrá que tener este fin de semana con la avalancha de encuestas que nos abrumen. Con un 40 por ciento de consultados, que o no sabe o no le da la gana contestar o, encima, engaña, formular un pronóstico es más difícil que dar una sola vez por ganador al Atlético del patético Gil. Hay algunos sociólogos, de este morbo político que son los sondeos, que se atreven a sugerir que se aprecia una ligera «emigración» del voto de ETA, o sea, de Euskal Herritarok al PNV. Es curioso que los técnicos se arriesguen a predecir el comportamiento en esa zona del campo. Aunque, bien visto puede ser que hayan consultado ya con el estupendo estadístico Leguina, que está en contacto permanente con Arzalluz, el presunto receptor de la ayuda y de los dividendos filoetarras.

El ciudadano que no votó nunca
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC  2 Mayo 2001

Entrevistan en la tele a un profesional de la cultura que ha decidido votar por vez primera en las elecciones del 13 de mayo. Me llama la atención que el periodista no le haya presentado como a un ciudadano extravagante y dudoso desde el punto de vista moral. Por el contrario, lo hace en términos encomiásticos, como si se tratara de un intelectual intrépido. Por su parte, éste no se corta: se exhibe complacido, casi impúdico. Para nada se advierte en sus palabras un punto de autocrítica. Al revés, justifica con gran suficiencia su abstencionismo. Explica que no creyó nunca en la democracia española y que siempre la consideró una continuación del franquismo. Si no se acercó a las urnas fue por pura coherencia. Habla engallado...

¿Por qué ha cambiado ahora? ¿Por qué se ha caído del caballo? ¿Qué ha podido suceder para que haya llegado a romper esa coherencia civil de la que se siente tan orgulloso y por la que, al parecer, es tan estimado en ciertos medios culturales vascos?

Mientras la cámara de televisión nos describe el ámbito de este intelectual —la biblioteca, la mesa de trabajo...—, el entrevistado nos explica que las cosas han llegado en el País Vasco a un punto tan insoportable para la convivencia que ha decidido romper su hábito abstencionista. ¿Cabe un testimonio más expresivo de la movilización de conciencias en el País Vasco?, se pregunta el periodista.

Debo confesar que, a medida que avanzaba el reportaje, mi estado de ánimo iba pasando del asombro a la desazón y de ésta a la indignación. Cómo podía presentarse como ejemplar y significativa la conducta de un intelectual que ha permanecido pasivo y tolerante ante los horrores de ETA durante más de dos décadas y que prefirió su «coherencia antifranquista» al mínimo compromiso que significa votar por un partido democrático? Pero si el llamado intelectual independiente no es capaz de reconocerse en su villanía moral, ¿cómo no lo ven el periodista y la televisión y algunos otros medios en los que se ha exhibido este caso, sino que por el contrario han llegado a hacer una exaltación de su repugnante «neutralidad»? Como él mismo confiesa, hasta la fecha no se había visto suficientemente motivado, es decir, no le habían parecido suficientes los asesinatos, la extorsión, el terror callejero, el racismo imperante...

Mi indignación crecía por momentos. En vano esperé que el famoso profesional de la cultura, bien estimado en los medios vascos, según parece, hiciera algún tipo de autocrítica, diera algún signo de arrepentimiento por su conducta. En ningún momento tuvo el coraje de vincular el agravamiento de la situación en el País Vasco a actitudes cobardes como la suya. Más bien mostraba el valor que había tenido al abandonar sus celebradas tolerancia y neutralidad y al tener que tomar la decisión sublime de ir a votar el 13 de mayo...

Al terminar el reportaje tuve la impresión de que, sin quererlo, el periodista y el intelectual «independiente» me habían dado una de las claves del éxito del terror, de la degradación de la vida política en el País Vasco, de las complicidades disfrazadas con extraños valores supuestamente cívicos, de la incapacidad para distinguir el Bien del Mal, de la tardanza en la rebelión contra el crimen, de la permisividad frente al terrorismo...

Aquel siniestro reportaje y aquel siniestro personaje eran la demostración de la peor de las desgracias que pueden afectar a una sociedad: la absoluta carencia de principios morales en gran parte de ella.

El tiro por la culata
Editorial La Razón  2 Mayo 2001

El efecto del debate-trampa montado por el PNV ha sido exactamente el contrario al que pretendía su instigador, por mucho que aún quiera sacarle rentabilidad electoral hablando de hipotéticos «miedos» de Mayor a enfrentarse con él. La realidad es que la sólida lealtad demostrada por Mayor al PSOE, partido con el que llegó a un acuerdo por la libertad y contra el terrorismo, ha tenido como consecuencia el fortalecimiento de la relación entre los constitucionalistas.

   Y no sólo eso. Esa actitud de generosidad, al renunciar Mayor a un «cara a cara» que evidentemente le iba a beneficiar en las urnas, ha tenido como otra consecuencia que ha callado la boca a los sectores del PSOE no vascos, que llevan meses enredando para crear fisuras entre PSE y PP y así facilitar un posible acuerdo socialista con el PNV tras el 13 de mayo. El PNV, evidentemente, no podía contar con ello, y calculó mal su jugada. A corto plazo, le dio alguna iniciativa; pero, a largo plazo, la imagen de desprecio de los nacionalistas al marginar a Redondo de un debate les puede pasar factura.

   En todo caso, ésas son querellas de campaña, que no pueden hacernos olvidar que lo que en ella se juega no es exclusivamente la victoria de un programa político, sino los propios fundamentos del sistema democrático. Es decir, la victoria de los principios básicos de salvaguardia de la vida y de la libertad. Y en eso están de acuerdo hoy, tanto como ayer, el PSOE vasco y el PP.
  

Olvidar el cara a cara
SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ El País  2 Mayo 2001

La decisión de que Jaime Mayor Oreja no participara en el debate televisado, cara a cara, con Juan José Ibarretxe, le ha costado al PP más discusiones de las que sus dirigentes están dispuestos a aceptar en público. El acuerdo final se tomó en una reunión que se celebró el lunes, en Bilbao y en la que participaron no sólo dirigentes del partido, sino también algunos asesores de La Moncloa, llegados de Madrid. Fueron ellos, precisamente, quienes más apoyo dieron al análisis de Mayor Oreja, en el sentido de que se valorara, por encima de todo, la importancia de no contrariar a Nicolás Redondo y al PSOE y de no perjudicar la imagen de compromiso y apoyo mutuo que han dado hasta ahora los dos partidos, simbolizada en el acto de ¡Basta Ya¡ en el Kursaal de San Sebastián.

Mayor Oreja mantuvo, a primera hora de la mañana, una larga charla telefónica con Redondo, en la que el político socialista le explicó las razones por las que su partido no estaba dispuesto a resignarse y las medidas que tomarían en caso contrario. Mayor defendió seguidamente ante sus propios compañeros del PP la decisión de respetar los acuerdos con los socialistas vascos. Frente a quienes defendían, dentro de la dirección de los populares, que los beneficios del debate con Ibarretxe podían ser definitivos, por lo menos en Álava y Vizcaya, el candidato a lehendakari, y los asesores de La Moncloa, sostuvieron que el sacrificio que ello supondría al PSE y a Redondo era excesivo.

Mayor Oreja explicó que, además del coste de una enorme fisura con los socialistas, existía la posibilidad de que el debate no llegara nunca a celebrarse, por inconvenientes de último minuto que planteara el PNV o porque se tratara de una 'trampa'.

Para los partidarios de acudir al debate, todos los riesgos estarían justificados a cambio de la la influencia que podría tener un cara a cara con el candidato nacionalista sobre los resultados electorales de Álava. Es precisamente allí, en Álava, donde el PP ha colocado buena parte de sus esperanzas. Sus analistas afirman que pueden alcanzar los 12 escaños (frente a los nueve con UA que tienen en la actualidad). Si ese gran resultado fuera cierto, y el PP subiera además, un único escaño en Vizcaya y otro en Guipúzcoa, hasta alcanzar los 6 y 5 diputados, respectivamente, la mayoría absoluta en el Parlamento de Vitoria, o al menos los 37 escaños, estarían realmente al alcance del acuerdo PP-PSOE.

Descartada, finalmente, la posibilidad del debate televisivo, los populares continuarán dedicando en los próximos días sus mejores esfuerzos a Álava, con la esperanza de que favorezca el vuelco electoral del País Vasco. El mitin final de la campaña, por ejemplo, se celebrará en Vitoria y el número de actos previsto es proporcionalmente más alto que en Vizcaya y Guipúzcoa.

En el otro bloque, las esperanzas del PNV se centran en el tamaño del pinchazo de Euskal Herritarrok. Los nacionalistas, que serán sus principales beneficiarios, estiman que el bajón puede adquirir proporciones muy grandes, hasta el punto de permitirles superar los 30 escaños y esperan señales de que esa pronunciada tendencia a la baja se consolida en los próximos días.

Lo que resulta evidente es que la campaña de los independentistas vascos está transcurriendo por ahora de una forma inesperadamente gris y difuminada. Los actos publicitarios de EH, excepción hecha de su llamativa cartelería, están pasando mucho más desapercibidos que en la campaña anterior. Incluso, y por primera vez, es posible encontrar, en Bilbao, algunos -muy pocos- carteles emborronados. En concreto, han aparecido algunas pegatinas colocadas encima del cartel del vientre embarazado con las leyendas: 'La semilla del diablo' y 'Sí al aborto', algo que difícilmente hubiera ocurrido en otras citas electorales.

Los políticos del PNV reconocen, sin embargo, que todas sus expectativas dependen básicamente de lo que haga ETA hasta el próximo día 13. Un atentado terrorista les colocaría en una posición de gran debilidad, sobre todo en Álava y Vizcaya, hasta el extremo de echar por la borda todo el voto que haya conseguido arrastrar a EH.

Oreja y Redondo, rebeldes con causa
Por Consuelo ÁLVAREZ DE TOLEDO ABC  2 Mayo 2001

Todavía no se han dado cuenta algunos miserables que el compromiso de Mayor Oreja con Redondo es histórico. Tanto como lo fue el consenso constitucional. Hoy, en el País Vasco dos partidos políticos constitucionalistas se han puesto de acuerdo por la libertad. Ni un minuto de duda tuvo Mayor Oreja en rechazar el debate-trampa con el que Ibarretxe le pretendía engañar. Porque pongamos que Mayor Oreja no fuera un hombre bueno y de palabra, que lo es; pues lo hubiera rechazado de igual modo, aunque solo fuera por inteligencia electoral.

Pero hay algunos tontos próximos al PSOE que están obsesionados en tener por adversario a Jaime Mayor Oreja mas que a los erráticos nacionalistas, radicales según y como les convenga, pastoreados por Arzalluz. Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo, y quienes con ellos van hacia las urnas, se ven abocados a representar en un mano a mano inédito la historia de dos «rebeldes con causa».

En el norte decimos así: que «los bolos están plantados» para definir ese instante esencial en que «te la juegas». Te la juegas con la bola. Y con la mano que tira la bola. Y con el cerebro, que empuja la mano, que tira la bola.

En Euskadi hoy nos la estamos jugando todos, porque la de ellos, la libertad de los vascos, es la nuestra. Los «bolos electorales» nos dicen que de esos 1.810.786 ciudadanos vascos con derecho a voto dependen también ahora otras cosas que no transcurren necesariamente allí.

Nunca como ahora unas elecciones autonómicas han sido tan españolas como estas del 13 de mayo. Porque, sin dramatismo habrá que convenir que en ellas nos va la normalidad constitucional. Según las tesis de Jon Juaristi, seria el cierre del contencioso histórico que enfrento durante siglos a reaccionarios y progresistas, a carlistas y liberales, a independentistas y constitucionalistas, al miedo frente a la libertad.

El retruécano histórico sitúa en este comienzo de siglo a Xabier Arzalluz y al fundamentalismo nacionalista en el papel del colaboracionista que, por omisión cuanto menos, permite que se imponga la dictadura del miedo. Frente a esto, en los demócratas solo cabe la rebelión, que no el desistimiento.

En la buena dirección
Por Ignacio Villa Libertad Digital 
ABC  2 Mayo 2001

La estrategia nacionalista, que tenia el objetivo de romper la sintonía existente entre populares y socialistas, ha fracasado. El debate propuesto por Ibarretxe ha quedado en evidencia. Una oferta, que sin ninguna duda, era una trampa política con la intención de crear tensiones entre el PP y el PSOE. Mayor Oreja, desde el primer momento, ha sido consciente de la artimaña y no ha dejado ningún resquicio para la duda o la interpretación. La exigencia sobre la necesaria presencia de Redondo Terreros en el debate señala que el entendimiento político en el País Vasco entre estos partidos nacionales es posible, no es simplemente un sueño idealista.

Con la propuesta del debate, Juan José Ibarretxe ha conseguido lo contrario de lo que pretendía, es decir, ha ayudado para que el proyecto sobre una alternativa de populares y socialistas se convierta en realidad. Con la propuesta de Ibarretxe ha quedado confirmado que Mayor Oreja y Redondo Terreros pueden trabajar juntos sentados en la misma mesa. Son dos políticos que dan muestras permanentes de un gran sentido común. Son las dos personas adecuadas para llevar a cabo un proyecto de estas características, aunque más de un “listillo” de sus respectivos partidos intenten, desde Madrid, estropear esta buena sintonía con declaraciones llamativas y poco afortunadas.

El debate de Ibarretxe, además de una triste trampa, ha servido para demostrar que PP y PSOE están en el buen camino, posiblemente el único capaz de desmontar un aparato de poder nacionalista fabricado durante años, y que necesita de una buena dosis de temple y de capacidad política.

El debate, en definitiva, se ha vuelto en contra del nacionalismo. Ha confirmado que socialistas y populares se encuentran en la buena dirección.

El abuelo Redondo o la memoria de la resistencia
Por Ignacio CAMACHO ABC  2 Mayo 2001

Mayo amanece en Bilbao con un sol tibio y un paisaje teñido de banderas rojas. En la Gran Vía hay liturgia sindical de pancartas y eslóganes, un suave río de gente que baja pacífico y sin turbulencias entre las dos orillas de la céntrica calle. La manifestación va en varios tramos, para que cada sindicato mantenga una cierta singularidad ritual, y al frente del que encabeza la UGT camina el candidato socialista Nicolás Redondo Terreros, junto a Rodolfo Ares, Rosa Díez —con llamativo pelo rojizo, como las banderas—, y su padre, el veterano líder obrero curtido durante el franquismo en la margen izquierda de la ría.

A la altura de la calle Marqués del Puerto, la marcha se detiene unos instantes con síntomas de agitación. Se oyen gritos al fondo y se distingue un ondear de ikurriñas. Los escoltas envuelven a Redondo y los suyos con un movimiento estudiado de estrategia. Hay un momento tenso, difícil, cuando la manifestación tiene que abrirse para dejar pasar a unos doscientos jóvenes batasunos que desfilan por entre los trabajadores con aire de provocadora arrogancia.

Unos agentes de la Ertzaintza, con cascos antidisturbios, abren pasillo a los contramanifestantes, que se dirigen al punto de cita donde los sindicatos abertzales han convocado su marcha. Ropas deportivas, «piercings», sonrisas de suficiencia. Los ugetistas encajan la provocación con los puños apretados de rabia y algunos insultos -«¡hijos de puta, asesinos!»- que brotan de los más viscerales. Se oyen gritos de «libertad, libertad», y las banderas rojas se agitan con fuerza un punto amenazadora. Los batasunos sonríen aún más y desfilan envalentonados sosteniendo la mirada. El aire fresco de la mañana se corta cuando la marcha reanuda su camino entre murmullos y algunos transeúntes menean la cabeza con gestos de lamento.

Alguien llama a Redondo Terreros desde una esquina, y el rostro del candidato se ilumina de pronto al ver aparecer a su mujer con sus hijas, la pequeña en un carrito. Los reporteros se apretujan para retratar al aspirante socialista con la niña en brazos, lanzándola al aire. La pequeña rubia de ojos claros pasa luego a los brazos de su abuelo, y de ahí al carrito donde su juguetona mirada infantil va a presidir el resto de la manifestación, hasta el edificio del Ayuntamiento, al otro lado de la ría.

OPRESIÓN NACIONALISTA
El periodista se acerca a Nicolás Redondo padre y le pregunta por los años oscuros. El antiguo líder de la UGT, el hombre que rompió la sintonía del felipismo con una huelga general, entorna los ojos en busca de su nieta y responde con su rotundo acento euskaldún mientras la marcha desemboca en discursos contra la reforma laboral del Gobierno.

«En la dictadura había dos formas de opresión aquí, una opresión de clase y una opresión de nacionalidad. Ahora hay una opresión de nacionalidad, pero inversa, un asunto bastante nefasto, con ribetes repugnantes de desprecio hacia los que piensan de otra manera. Quieren marginar al cincuenta por ciento de este pueblo. No se puede tener bajo amenaza a toda la gente que no es amiga. Por eso está surgiendo este movimiento ejemplar frente a una política de terror y de miedo».

«Yo estuve en el acto de «Basta Ya» en el Kursaal, y me pareció admirable. Allí había gente que reunía más años de cárcel a cuestas que todos los nacionalistas juntos, cárcel por defender la libertad, la que ahora nos quieren negar desde el nacionalismo. He oído declaraciones muy despectivas contra eso, una falta de respeto total a la gente de izquierdas que estábamos allí. Fue una fusión general de voluntades contra el terrorismo, contra la situación predemocrática que se está dando aquí».

«¿El pacto con el PP? Yo soy un hombre de izquierdas, pero ahora creo que hay que dejar en suspenso el debate político hasta acabar con el terrorismo, hay que hacer un esfuerzo primario. Las encuestas dicen que la primera preocupación es el terrorismo, después el paro, y después la “kale borroka”. Pues eso es contra lo que hay que luchar. Lo ha dicho el propio Ardanza: primero, el terrorismo, y después el discurso político. Si ellos creen eso de verdad, lo que tienen que hacer es venirse a nuestro lado. Fíjese que ellos hablan de paz, que es un concepto más neutro, y los demás hablamos de libertad, que es esencial, porque somos los que padecemos la amenaza. Lo que no se puede es intentar ceder libertad para obtener la paz, eso es una forma de actuar tramposa, una concesión inadmisible para todos los que estamos sufriendo».

En un aparte de la marcha, Nicolás Redondo, hijo, hace declaraciones a los medios y habla con preocupación de «guiños y puentes» que tiende el PNV hacia la ETA. El padre endurece el discurso: «Los nacionalistas han cometido un error, se han acercado al mundo del terrorismo y nadie quiere asumir esa equivocación, porque asumirla significa marcharse y dejar paso».

Frente al Ayuntamiento de Bilbao, una banda de música toca un pasacalles mientras la gente se arremolina bajo la tribuna de los oradores. Un altavoz grita consignas sindicales: «Nos sobra trabajo, nos falta empleo». El abuelo Nicolás Redondo mira de lejos a su nieta, que agita los brazos hacia la mirada arrobada de su padre, el candidato. «¿Una imprudencia, traer a la niña? Mire, no podemos renunciar a todo. El miedo es natural, estamos bajo amenaza y sería absurdo no tener miedo, mi hijo es uno de los que más lo sufren, pero hay muchos otros. Y si te escondes y renuncias a la libertad, ¿qué te queda? Si no lo asumes, es que no sales de casa. No podemos protegernos tanto. No podemos, no queremos perder la calle».

Un rato después, la familia del candidato socialista toma el aperitivo en el vestíbulo de un hotel cercano. Cuatro hombres vigilan la entrada desde una mesa contigua. Cuando las tres generaciones de Redondos se levantan, los hombres de la entrada toman posiciones en la puerta lanzando miradas de desconfianza en derredor. En la calle que Nicolás Redondo, padre, no quiere perder, la escena podría parecer absolutamente normal: un matrimonio, las hijas, el abuelo y unos amigos. Sólo las sombras omnipresentes de los guardaespaldas indican que se trata de una calle de Bilbao, en mayo de 2001.

Matar y excluir
JAVIER PRADERA El País  2 Mayo 2001

El emotivo recuerdo de las personas asesinadas por ETA a lo largo de más de treinta años (la abrumadora mayoría después de la muerte de Franco) ocupó el espacio central del acto organizado el pasado sábado en San Sebastián por la iniciativa ciudadana ¡Basta Ya! El propósito de la convocatoria era pedir el voto en las elecciones del 13-M para el PP y el PSOE, los dos partidos vascos defensores de la Constitución (esto es, los derechos fundamentales y las libertades básicas) y del Estatuto de Gernika (es decir, las instituciones de autogobierno creadas en 1980). A diferencia de la necrofilia morbosa y de la pasión enfermiza por la muerte típicas de los rituales fascistoides del nacionalismo radical, la proyección en una pantalla del Kursaal donostiarra de unas simples hojas mecanografiadas con los nombres de las casi ochocientas víctimas de la banda terrorista, acompañada por la banda sonora de La lista de Schindler, rindió homenaje a los muertos.

El paralelismo entre el holocausto nazi y la estrategia de exterminio aplicada desde hace años por ETA (y programada a una escala incomparablemente mayor para el futuro) hace casi inevitable esa reflexión sobre las víctimas. Le mort qu'il faut, la última visita narrativa realizada por Jorge Semprún al campo de concentración de Buchenwald en otro de sus admirables libros, plantea con amarga ironía esa incómoda cuestión. Según algunos especialistas, los verdaderos testigos del horror nazi no serían los supervivientes de los lager capaces -como Primo Levi o el propio Semprún- de transmitir sus experiencias a las siguientes generaciones a través de la literatura, sino únicamente los muertos que llegaron hasta el final de ese largo viaje. Historiadores y sociólogos no consiguen, sin embargo, resolver la contradicción: '¿Cómo invitar a los verdaderos testigos, es decir, a los muertos, a participar en sus coloquios? ¿Cómo hacerles hablar?'. La única respuesta de carácter aproximativo a esa pregunta de contestación imposible es seguramente escuchar las voces de los familiares de las víctimas, tal y como sucedió en el Kursaal: las palabras de la viuda de Fernando Buesa, de la hermana de Miguel Ángel Blanco y de Cristina Cuesta (hija de otro asesinado) intentaron cubrir ese hueco que nadie podrá colmar.

Mikel Azurmendi, profesor de Antropología obligado a exiliarse académicamente en EE UU por las amenazas de ETA, intervino en el acto para explicar el funcionamiento del mecanismo idóneo para preparar y justificar esos crímenes: la sentencia de exclusión de los derechos de ciudadanía dictada por los nacionalistas contra los vascos que no comparten las fobias de Sabino Arana y tampoco el proyecto de Estado independiente (formado por el País Vasco, Navarra y los territorios franceses) suscrito por toda la familia nacionalista -moderada y radical- en el Pacto de Estella. Porque el programa de expulsar de esa fantasmal Euskal Herria unificada y soberana a los votantes del PP y del PSOE (casi la mitad de la población) no es apoyado sólo por los militantes de ETA que perpetran los asesinatos o que controlan mediante la doble militancia la difusa trama de su organización extensa (desde EH hasta Haika, pasando por los medios de comunicación y las asociaciones solidarias, educativas, culturales o deportivas a su servicio). Esa lógica mortífera de exclusión o deportación es asumida también por los dirigentes del PNV y de Eusko Alkartasuna (EA) que arrastraron a sus partidos a la aventura del pacto secreto con ETA y del pacto público con su brazo político en el verano de 1998. Ni siquiera se trata de una patología reciente; en su libro Y que se limpie aquella tierra (Taurus, 2000), Mikel Azurmendi estudia el origen y la continuidad de esa mentalidad xenófoba que se remonta hasta el siglo XVI y desemboca en Sabino Arana: no sólo los de fuera quedan segregados de los de dentro por una muralla de prejuicios, sino que también los de aquí son depurados y expulsados a las tinieblas exteriores cuando discrepan.

Según el cabeza de lista de EH por Álava, en la Euskal Herria soberana del futuro no resultará suficiente, a la hora de ejercer los derechos de ciudadanía, con figurar en el censo y residir en el territorio: será necesario pasar también por las pruebas iniciáticas de limpieza étnica establecidas por el Gobierno nacionalista. (Arnaldo Otegi ilustró al día siguiente esa tesis con el ejemplo de los inmigrantes de otras culturas, a los que se les exige conocer la historia y la lengua del país de acogida para acceder a su nacionalidad). Mikel Azurmendi dio en el Kursaal donostiarra la única respuesta posible a esa estúpida y brutal propuesta: 'No somos de fuera sino que nos han mandado afuera; algunos ya lo están: en las tumbas'.

El miedo a la ley
Juan Alberto BELLOCH La Razón  2 Mayo 2001

Se supone que la ley debe dar miedo a los delincuentes. Pues no. Se supone que las leyes están para que se cumplan. Pues tampoco. En el País Vasco. En todo lo que tiene que ver con el País Vasco. Trataré de explicarme. El último ejemplo, la última anécdota de las variaciones substanciales que sufre la Teoría General del Derecho cuando del nacionalismo vasco se trata, nos la ofrece el incidente ocurrido a raíz de las decisiones contradictorias de la Junta Electoral Vasca y la Junta Electoral Central (la «española» que diría el imitable Arzallus) sobre el uso de los espacios electorales gratuitos en los medios de comunicación públicos. Recapitulemos los hechos.

   El PNV y EA aprobaron una ley electoral vasca en la que se establece el principio de que para poder utilizar los medios de comunicación de ámbito autonómico es requisito imprescindible que el partido o coalición de que se trate se presente con idénticas siglas en todo el territorio de la Comunidad.

   El PP decide elevar una consulta a la Junta Electoral antes de presentarse en la provincia de Alava bajo las siglas PP-Unidad Alavesa, ante el temor fundado de que tal forma de presentar la coalición (que, obviamente, no tiene sentido en las otras dos provincias) aún siendo sumamente beneficiosa para sus legítimos intereses, pudiera acarrearles la contrapartida legal de perder los espacios gratuitos. La Junta Electoral le comunica al PP que la norma está clara; en efecto, si optan por presentarse en los distintos territorios bajo siglas o denominaciones distintas perderán los espacios gratuitos. A la vista de lo cual el PP renuncia a presentarse en Alava bajo la sigla unitaria PP-UA.

   El nacionalismo antes democrático decide saltarse a la torera no sólo lo que dice la ley, sino también su intérprete (la Junta Electoral) y decide presentarse, por intereses electorales tan legítimos como los del PP pero no más, bajo siglas distintas en alguno de los territorios históricos.

   La Junta Electoral Vasca por respeto a la ley y, más aún, por respeto al precedente y al principio constitucional de igualdad de trato, les niega el acceso a tales espacios. Hasta aquí todo normal. A partir de este momento comienza el esperpento.

   El PNV y EA reaccionan con el airado victimismo que constituye su mejor definición política contra el PP y el PSOE que estarían, según su acuñada formulación conspirativa de la política, detrás de la actuación de la Junta, vista como un mero instrumento al servicio de los «españolistas». Dicen las tonterías de costumbre eso sí sin sordina y a pleno pulmón («nos quieren acallar, silenciar, borrar, eliminar, etc, etc.») pero, por si acaso, decide recurrir la decisión ante lo que, según su propia teoría, debería ser el culmen, el no va más del constitucionalismo militante que bombardeó Guernika, la españolísima Junta Electoral Central. Y van y ganan el recurso. Y, desde luego, ni piden perdón, faltaría más, ni se les cae la cara de vergüenza por no hacerlo.

   El tema está más lleno de enjundia y de incógnitas de lo que parece. Empecemos por las segundas. ¿Cómo es posible que sabedores de la normativa legal y de los «riesgos» que suponía su decisión no dudaron en adoptarla? Pues porque tales riesgos no eran tan graves pues, razonaron (es un decir), ¿quién va a tener el valor de «negarnos» el uso de los medios públicos de comunicación? ¿A ver quién se atreve? Y, subsidiariamente, si se atreven, que no lo harán, mejor, pues podremos interpretar el único papel que nos sabemos de memoria, el papel de víctima un tanto histérica y escandalizada que, ¿ya tiene narices!, llevan al matadero. Como siempre jugaron una partida que no podían perder.

   Y la Junta Electoral Central hizo bueno su pronóstico. ¿Por qué? Para entender la decisión de la Junta es preciso recordar sus antecedentes próximos y remotos. La línea editorial de la práctica totalidad de los medios, la inmensa mayoría de los comentaristas y opinadores y buena parte de la clase política, se apresuraron a sentenciar que hacer cumplir la ley era «hacerles el juego» a los nacionalistas y a partir de un tal «dictak» político, se apresuraron a elaborar las más burdas coartadas para-jurídicas sobre el «espíritu» de la ley y otras zarandajas. La ley, así pues, una vez más, al servicio puro y duro de la política.

   Es la misma actitud de quienes se escandalizaron por la detención, procesamiento y juicio de la Mesa Nacional de HB, o de quienes por razones pragmáticas (las de principio, las comprendo) se han opuesto al cierre de medios de comunicación (Egin, por ejemplo) desde los que se cometen todos los días delitos o la de quienes se niegan desde hace décadas a investigar la verdadera estructura organizativa de ETA, o a calificar de terrorismo las llamadas acciones de «violencia callejera». O, simplemente, la de quienes aceptan en silencio las múltiples violaciones de la legalidad vigente que diariamente comenten los nacionalistas en la vida política municipal o autonómica. Es la actitud de los que no creen en la legalidad democrática. Es el designio de quienes le tienen miedo a la ley. Y aquí está el meollo del asunto.

   No se trata sólo de que un sistema democrático no es otra cosa que un sistema de normas y procedimientos iguales para todos. Es algo más profundo. Es que el que permite y consiente a otro vulnerar la ley, ya ha perdido la partida. Está cuestionando mucho más profundamente que el propio adversario, la legitimidad del sistema que afirma defender. Le está dando constantemente razones para sostener su propio discurso. Sólo un radical, y sin contemplaciones, cumplimiento, coactivo si hace falta, de las normas garantiza un marco de debate político sano y desparasitado, sin gangrenas ni tumoraciones. Es el primer deber, la primera obligación que debe asumir no ya sólo el próximo Gobierno Vasco, sino sobre todo y ante todo, el conjunto de la sociedad española.


Ética gélida
EMILIO ALFARO El País  2 Mayo 2001

'Ética' es uno de los términos que desde el verano del 98 ha ingresado con más fuerza en el atestado panteón de conceptos ilustres de Euskadi. Pero ha entrado en el discurso, sobre todo en el del nacionalismo gobernante, como adjetivo y adverbio, casi nunca como sustantivo. Todos los atentados han sido declarados 'política y éticamente' inadmisibles y la violencia ha merecido siempre la 'condena ética' de los dirigentes nacionalistas.

Sin embargo, ha resultado ser una ética heladora para las víctimas, que no han llegado a sentir la solidaridad declarada como calor, proximidad y arropamiento. La imagen del obispo Setién volviendo la mirada y apresurando el paso ante los ciudadanos que reclamaban la libertad de un secuestrado ilustra sobre las diferencias entre la palabra y el acto en materia de condenas éticas.

Lo cierto es que de estos meses se recuerdan casi todas las palabras de solidaridad, por repetidas, pero escasos gestos con sustancia ética. La persistencia en la apuesta de Lizarra una vez que ETA mostró la voluntad de imponer sus designios por lo civil o lo militar ha obrado sobre el nacionalismo como un anestésico ante el dolor de los otros. Se siente sincero horror por el crimen cometido en su nombre, pero un cristal grueso impide la verdadera compasión: padecer con la víctima.

Perturba que cientos de concejales tengan que malvivir con una sombra protectora, pero no se conoce un solo caso de que militantes de otros partidos o vecinos de una localidad se hayan ofrecido a guardar las espaldas de un amenazado para que pueda hacer, aunque sea el fin de semana, cosas tan extraordinarias como tomar un café o jugar una partida donde antes lo hacía.

Esta ausencia de solidaridad compasiva ha impedido neutralizar la táctica diabólica de ETA de socializar el dolor de forma discriminatoria y evitar así que se ahonde la sima entre quienes están amenazados y los que no lo están de momento. Algo falla, como ha dicho certero Joseba Arregi, cuando la aspiración al final de la violencia la representa la sociedad vasca de forma diferente. Quienes no la sufren directamente, los nacionalistas, identifican ese fin con 'la paz', mientras que quienes la padecen lo hacen con 'la libertad' para vivir sin amenazas.

Unas gotas de ideología
VICTORIA PREGO El Mundo  2 Mayo 2001

La de ayer fue una jornada de transición. La presencia en las calles de los distintos sindicatos, con motivo de la celebración del Primero de Mayo, obligó a los partidos políticos a arrimarse a la cuestión social. Resultado: la tensión de la campaña electoral vasca bajó ayer varios grados y los candidatos optaron por discutir quién estaba más a la izquierda o quién ocupaba el espacio de centro político en el País Vasco. Pero, precisamente porque ése es un debate prematuro en la medida en que lo que hay que abordar ahora mismo son asuntos mucho más básicos y urgentes, la campaña vasca pasó ayer por un badén que permitió a casi todos recuperar el aliento y remansar las impresiones acumuladas durante estos cuatro primeros días de esfuerzo preelectoral. De los vividos hasta ahora, no hay duda de que el acontecimiento de mayor fuerza política fue el protagonizado, precisamente, por organizaciones no partidarias: el acto convocado por la organización ¡Basta Ya! que logró sumar en una sola las voces de tantos vascos que, habiendo vivido en la indiferencia política o en la mera pero soportable incomodidad durante los primeros años de la Transición, han acabado sintiéndose personalmente acosados por la presión ambiental del nacionalismo a la que se ha sumado la directa amenaza terrorista de los asesinos de ETA. El grado de intensidad emocional que se vivió en aquel acto fue tanto más impresionante cuanto más libre resultó en su formulación. Ningún político tomó la palabra pero no hubo duda de los deseos de los presentes. Este ha sido, hasta hoy, el acto más importante de lo que llevamos de campaña y, según como rueden las cosas, puede llegar a convertirse en un símbolo. Son esos hechos que, sin haberlo pretendido, acaban pasando a la Historia de un país.

Por lo que se refiere a las campañas del Partido Popular y del Partido Socialista, ambas giran en torno a dos rostros distintos y una misma palabra: libertad. Es evidente que los dos partidos basan sus esperanzas no tanto en el diseño de campaña cuanto en la memoria inmediata de una población que habrá de moverse hacia las urnas, papeleta en mano, no por lo escuchado estos días sino por lo padecido estos años.

Más interés tiene la campaña del PNV, que venía sugiriendo intenciones pleibiscitarias hasta que el lunes pasado Carlos Garaicoetxea nos sacó de dudas: efectivamente, dijo, esto es un pleibiscito sobre el nacionalismo. A partir de ahí han adquirido su pleno significado político los carteles del PNV que ofrecen el rostro sonriente del lehendakari Ibarretxe y una sola palabra: Sí. Del soberanismo incluido en su programa electoral no se ha hablado más que con tal cantidad de circunloquios que resulta imposible para el común de los mortales comprender qué quiere decir el PNV cuando se refiere a ello. Y, desde luego, no es ése el mensaje que ha estado presente hasta hoy en los mítines del lehendakari. Definitivamente, el PNV está pretendiendo disimular su derivación hacia el independentismo impuesto por su acuerdo con Eusko Alkartasuna y prefiere apelar al sentimiento tribal y patriótico para pedir el respaldo apasionado a lo que el partido ha significado y aún significa para una parte importante de los vascos. Ese Sí permite aglutinar a sus votantes mucho mejor que las promesas de independencia que producen más que vértigo, pavor, a una buena parte de sus bases electorales.

Por lo demás, las calles mantienen una aplastante normalidad. Nadie, al pasearlas, diría que estamos en plena campaña electoral si no fuera por los carteles que manchan de cuando en cuando algún muro. Hay casi silencio. Y una calma que recuerda a la quietud del agua antes de romper a hervir.

Agravio
FÉLIX DE AZÚA El País  2 Mayo 2001

El famoso pianista y director de orquesta Daniel Barenboim se vio envuelto hace unos meses en un escándalo racista. El jefe de los demócrata-cristianos del Senado berlinés, Klaus Landowsky, se refirió a él como 'el judío Barenboim' cuando informaba sobre un posible cambio de dirección en la Ópera de Berlín. Los medios de comunicación alemanes mostraron su indignación. Pero Barenboim reaccionó con sensatez y atribuyó la frase a 'una incorrecta interpretación del judaísmo' por parte del político. Probablemente Landowsky quiso decir 'el israelí Barenboim', y confundió a los ciudadanos de Israel, incluso los que no son de religión judía, con 'los judíos'.

Más tarde, en un artículo titulado Alemanes, judíos y música, Barenboim razonó acerca de los malentendidos y agravios que se producen en Alemania cada vez que aparece la palabra 'judío'. Y citaba una frase de Johannes Rau, presidente de la República Federal, que transcribo: 'El patriotismo sólo puede florecer allí en donde no se da cuartel ni al racismo ni al nacionalismo. No debemos confundir patriotismo y nacionalismo. Un patriota es quien ama su tierra natal. Un nacionalista es aquel que desprecia la patria de los otros'.

El comentario de Barenboim a esta frase me parece muy sagaz. Cree el músico que una gran cantidad de alemanes, avergonzados por la reciente historia de Alemania, han perdido su patriotismo y lo han convertido en nacionalismo. El nacionalismo sería un sustituto del patriotismo entre aquellos que no pueden sentir afecto por su tierra o por la historia reciente de su tierra, pero sí desprecio y odio por la tierra ajena. Gracias a lo cual mantienen un sentimiento de agravio perpetuo.

No me cabe la menor duda de que los insultos, calumnias y amenazas de Arzalluz y Otegui a los 'españoles' obedecen a esa inseguridad íntima. Saben muy bien a quién odian, pero ignoran a quién aman. Por eso incluyen en su odio a la mitad de los vascos. Dicen amar a su patria, pero odian a sus compatriotas. No será fácil, para los vascos, comprender que tienen a sus peores enemigos en el corazón mismo de la patria vasca.

Ahora, economía
GERMAN YANKE El Mundo 2 Mayo 2001

Para tonterías, las campañas electorales. En ésta hay muchos que hacen causa común en una de ellas: pretender presentar al PSOE como vendido a la derecha, o como la derecha misma. Ibarretxe lo dijo ayer; debe ser algo que le gusta decir al PNV después de asistir a la procesión de San Ignacio con el obispo de San Sebastián y antes de llegar a Gernika para defender las leyes viejas. Lo ha dicho también Madrazo después de haber dilapidado todo el patrimonio intelectual y político de la izquierda, entre Estella y la maniobra para que el PNV le rebaje el porcentaje necesario para tener un escaño. Mi colega de aquí al lado comenzó sus crónicas parafraseando a Marx: «Un fantasma recorre Euskadi». No sé si un fantasma, pero un tonto de capirote, sí, revestido de lo que queda de Izquierda Unida. Y Otegi, representante del fascismo residual del País Vasco, lo mismo. ¿Es posible un debate izquierdaderecha en esta campaña? Sí. Lo hay todos los días entre una derecha reaccionaria (la que cree en una patria si la patria está a su servicio) y la izquierda que estuvo contra Franco (porque reclamaba la ciudadanía y sus derechos) y ahora está igualmente perseguida porque sigue defendiendo lo mismo. Y, además, hay un debate entre una derecha etnicista, acompañada de variados servidores, y una derecha liberal, que es la que representa el PP. ¿Y de economía, se habla de economía? Hay que leerse los programas, amigo, y no hablar de lo que se ha oído en un batzoki, en donde se suele hablar de intereses más que de economía. Y resulta muy pero que muy de la derecha más retrógrada exigir que se hable más de economía para evitar hablar de libertades.

Zona neutral
Aleix VIDAL-QUADRAS La Razón  2 Mayo 2001

En una entrevista muy reciente a uno de los más famosos chefs vascos, Aitor Elizegi, propietario del célebre Gaminiz, campeón de España de Cocineros en 1998 y Premio Euskadi al mejor restaurador en 2000, se pueden rastrear en muchas de sus respuestas las claves de la terrible situación que padecen los ciudadanos de los tres territorios históricos desde hace veinte años. De hecho, resulta extraordinariamente ilustrativo comparar las declaraciones de Elizegi con las de Arnaldo Otegi en la SER el pasado 30 de abril.

   Las técnicas elusivas utilizadas por ambos para sortear preguntas incómodas, las de Marta Nieto en el caso del reputado maestro de ollas y sartenes, las de Iñaki Gabilondo en el caso de la marioneta política de Eta, son elocuentemente parecidas. Así, cuando se interroga a Elizegi sobre la extorsión, en lugar de condenarla con toda rotundidad, contesta que no piensa en ella, añadiendo con un cinismo que hiela la sangre, que mientras les toque a otros, pues bueno, qué se le va a a hacer. Por supuesto, su receta para solucionar los gravísimos problemas de convivencia que sufre su tierra es crear «centros de encuentro» en los que todos los políticos dialoguen, todos, sin condiciones, naturalmente. ¿A que la música del diálogo sin límites y sin exclusiones suena conocida? Pues eso es lo que propone este héroe cívico de los fogones, compañero de profesión, sin ir más lejos, del extinto Ramón García. A Otegi, por su parte, no hay forma de que Gabilondo, a pesar de sus encomiables y denodados esfuerzos, le arranque la afirmación de que las actuaciones de Eta son terrorismo. Se requiere un debate muy largo, dice sesudamente, para aclarar una cuestión tan compleja. Y es que, al fin y al cabo, no deja de tener razón.

Averiguar si pegar tiros en la nuca o hacer explotar coches-bomba se puede calificar de terrorismo es un asunto que requiere ardua reflexión. La misma que le impide a Elizegi, seguramente, expresar su repulsa sin paliativos a los siniestros chantajes de la banda.

   El galardonado campeón de guisos y fritangas lamenta, cómo no, la imagen distorsionada que se ofrece del País Vasco por parte de determinados medios, como un escenario de permanente violencia. Aquí también se vive a diario, nos recuerda, y eso hay que reflejarlo. Depende de a quién se refiera. Él quizá viva a diario mientras Eta les saca los cuartos a los demás a punta de pistola, pero a los amenazados, los perseguidos, los exilados forzosos, los que han visto arder su pequeño negocio, y no digamos a las familias de los asesinados, posiblemente no les parezca tan exagerada la visión presentada por la prensa libre y objetiva.

   El restaurante del bienpensante Elizegi es zona neutral, lo que sin duda le evita molestias considerables. Además, esta no beligerancia tiene la ventaja de que si un día se le acaba la gallina para el caldo, puede echarse él mismo en el puchero. Nadie notará la diferencia.
  

Chaves culpa al lendakari de la falta de garantías democráticas
VITORIA. G. López Alba ABC 2 Mayo 2001

El presidente del PSOE, Manuel Chaves, señaló ayer al lendakari Ibarretxe y a los «dirigentes» del PNV como «únicos responsables» de que las elecciones vascas vayan a celebrarse sin suficientes garantías democráticas, ya que, según dijo, «las reglas del juego no estén garantizadas» y «los ciudadanos tienen miedo». Chaves, que se reunió con inmigrantes andaluces en Vitoria, equiparó la situación del País Vasco con la de la dictadura de Franco y señaló que, como en el régimen anterior, «cuando suena el timbre a las siete de la mañana no se sabe si es el lechero o la Policía». «De esa situación alguien se tiene que hacer responsable ante el ciudadano», dijo el dirigente socialista, para quien ese responsable no es otro que Ibarretxe y la dirección del PNV.

Javier Rojo, líder de los socialistas alaveses, en nombre de las víctimas de ETA, emplazó a Ibarretxe a que antes del día 13 diga públicamente que «bajo ningún concepto va a ser lendakari con los votos de EH», aunque reconoció que no confía en que lo haga porque está convencido de que «el PNV tiene un pacto con EH, porque son lo mismo». Rojo subrayó que «estas elecciones no pueden ser las de la mentira, como fueron las anteriores» porque «Ibarretxe ofreció paz y un futuro mejor, y lo que tenemos son 29 ciudadanos menos, más empresarios extorsionados, más miedo y menos libertad».

Nación, patria
RICARDO UTRILLA El Correo  2 Mayo 2001

Que haya todavía quien busca y rebusca para justificar que unos seres humanos son radicalmente distintos de otros por el lugar en que han nacido, la leche que han bebido y las canciones que cantan no deja de resultar patético en un momento en que se pasea por el espacio un millonario norteamericano acompañado de cosmonautas rusos en una nave estelar internacional. Más que lógico es que uno esté orgulloso de sus apellidos, lengua, costumbres, familia y amistades, que haga de ello escaparate de su personalidad, pero mucho menos lógico y loable es que trate de imponer todo ello a los demás como lo único, o lo mejor, que en el mundo pueda existir. Ser nacionalista o patriota no consiste en imponerse a nada ni a nadie, sino todo lo contrario, en aceptar y apreciar lo de los demás porque difiere de lo nuestro y, adoptándolo, nos mejora, nos saca del palurdismo y la autosuficiencia.

Pero resulta que algunos, poco dotados de flexibilidad de espíritu y temerosos de la competencia, hacen del amor a su terruño y a los suyos refugio y baluarte para protegerse, con todos los males que ello conlleva. Son los que obligan a poner comillas a ‘nacionalistas’ y ‘patriotas’, género averiado, subproducto de algo hermoso y aceptable. No demuestra uno mucho amor a su patria, la tierra de sus padres, o a su nación, la de todos cuantos han nacido en el mismo lugar aun ocasionalmente, si trata de hacer de ella arma arrojadiza y excluyente. La grandeza del imperio romano se reflejó, entre otras cosas, en su avidez para hacer romanos de cualquier extranjero con cualquier pretexto, como bien recuerda Maquiavelo.

Cierto es que no se puede pedir altura de miras a quien no mide más de un metro cincuenta, pero sí debería apreciarse quién busca refugio a su pequeñez y escasas dotes mentales en conceptos que habrá que torcer y adulterar para ajustarlos a sus dimensiones. No deja de tener su lógica que generalmente se vea a ultranacionalistas y ultrapatriotas como seres interiores, carentes de la suficiente estatura de ánimo e inteligencia para considerarse normales.

Los pueblos dotados de numerosas virtudes, y la mayoría lo son, han sabido siempre, a la larga, mantener su personalidad e incluso mejorarla gracias a la convivencia con otros pueblos, mucho más que contra ellos. Más que sabido es que, a lo largo de la Historia, los invasores han acabado por adoptar las costumbres de los invadidos, después de mezclarse con ellos. Hasta de los esclavos se han hecho libertos, iguales. Es ley humana y universal.

Por ello, más dignos de conmiseración e indulgencia son los ‘patriotas’ y ‘nacionalistas’ que de oprobio y rechazo. No les sobra, les falta algo. Carecen simplemente de esa capacidad de comprensión, finalmente egoísta, que consiste en ver las ventajas de ser como los demás sin dejar de ser uno mismo. Lo cual suele traducirse en comprensión y solidaridad, no en enfrentamientos. Algo esencialmente necesario para vivir en comunidad, así sea esta una patria o una nación.

El Foro Ermua denuncia que los usuarios de su web son desviados a una página pornográfica
Redacción - Vitoria.- La Razón 2 Mayo 2001

El Foro Ermua advirtió ayer de que los usuarios que tratan de entrar en su página web están siendo desviados a una página pornográfica, y de que desconocidos están remitiendo en nombre del colectivo correos electrónicos en los que se invita a transferir aportaciones económicas a números de cuenta erróneos, informa Efe.

   En un comunicado, el Foro de Ermua informó de que el lunes presentó la correspondiente denuncia judicial por «suplantación de personalidad jurídica» en la Comisaría de la Ertzaintza en Vitoria.

   Los hechos denunciados vienen ocurriendo desde el pasado 12 de abril, fecha desde la cual usuarios de la red alertaron a los responsables del Foro de Ermua de que al contactar con su página web, ésta es suplantada y se envía a otra página pornográfica que queda instalada en los ordenadores hasta que éstos se apagan.

Aunque por el momento se desconoce quiénes son los responsables de estos hechos, el Foro de Ermua manifestó sus sospechas de que podría tratarse de «internautas» que estuviesen actuando en plena connivencia con la banda terrorista Eta.

El «cara a cara» se vuelve contra Ibarreche y fortalece la unidad de populares y socialistas
Iturgaiz: «Quiere el diálogo con Antxa o Ternera y no con un demócrata como Redondo»
La estrategia del «lendakari» en funciones, Juan José Ibarreche, de tratar de utilizar su propuesta de debate electoral para provocar el enfrentamiento entre PP y PSE se ha vuelto en su contra. Su oferta ha servido precisamente para fortalecer el acercamiento entre populares y socialistas vascos. El presidente de los primeros, Carlos Iturgaiz, le reprochó ayer que esté abierto al diálogo sin exclusiones con Mikel «Antxa», considerado el «jefe político» de Eta, o con «Josu Ternera», pero, sin embargo, lo rechace con un representante político democrático como Nicolás Redondo.
L. R. N. - Bilbao.- La Razón  2 Mayo 2001

En un mitin en Portugalete (Vizcaya), el presidente de los populares vascos se quejó de que el candidato peneuvista y «lendakari» en funciones, al que definió como el «campeón del diálogo sin exclusiones», haya «machacado» durante dos años y medio con la necesidad de hablar con todos, y sin embargo ahora decida excluir al líder de los socialistas.
   
   Frente a esto, el dirigente del PP sostuvo que su formación pone unas condiciones «más plurales, más limpias, más democráticas» que las de los nacionalistas , ya que «no dejan en la estacada a aquellos que también sufren en esta tierra como los populares, que son los dirigentes y los concejales del Partido Socialista de Euskadi».

Refugiados vascos
Iturgaiz se refirió también a la necesidad de «desenmascarar» en las elecciones del 13 de mayo al Partido Nacionalista Vasco y dar una «respuesta inequívoca» a la estrategia iniciada por este partido con la firma del Pacto de Estella.

   Este acuerdo de Estella, destacó Iturgaiz, pretende la exclusión de todos aquellos que no son nacionalistas, entre los que citó a los sindicatos UGT y CC OO del País Vasco, a los concejales socialistas y populares, a los militantes críticos del PNV, a las víctimas del terrorismo o a todos aquellos que piensan que la comunidad vasca tiene un pasado en común con España.

   A este respecto, censuró al presidente peneuvista, Javier Arzallus, por haber manifestado que en el País Vasco no se ha insultado ni echado a nadie, y dijo al respecto que su autonomía «es el territorio de la Unión Europea que más refugiados exporta, donde más gente se ha tenido que marchar por sus opiniones», recalcó.

   El líder popular añadió que, frente a esta realidad, el «lendakari» en funciones se limita a hablar del bombardeo de Guernica y a prometer que impulsará las selecciones vascas deportivas. «Parece que viene de otro planeta», afirmó al respecto, al tiempo que apuntó que esto da idea del «esperpento» que, a su juicio, representa la candidatura de Ibarreche.

   Por otra parte, en el acto de Portugalete también intervino el presidente del Partido Popular de Vizcaya, Leopoldo Barreda, quien puso de manifiesto la importancia de que en localidades como en la que estaban ayer, situada en la margen izquierda del río Nervión, el Partido Popular haya experimentado el mayor crecimiento de los últimos años dentro de la Comunidad Autónoma del País Vasco.

   Según Barreda, el gobierno de coalición de PSOE y PP en el Ayuntamiento de Portugalete ha dejado claro que es posible la alternancia en las instituciones vascas, sin que por ello se vean afectados en algún modo los intereses de los ciudadanos nacionalistas. Calificó también a Ibarreche de «candidato de Arzallus y Josu Ternera» y afirmó que es «difícil verle como la respuesta positiva» para esta sociedad.

   Por último, aseguró que «los que amamos la libertad en el País Vasco» tenemos pocas dudas a la hora de elegir entre Jaime Mayor Oreja o Juan José Ibarreche que es «el candidato elegido con el voto de Josu Ternera». «mándales al banquillo». Bajo este lema presentó ayer Santiago Abascal, presidente de Nuevas Generaciones del PP del País Vasco, una campaña que persigue que los jóvenes vascos «envíen el próximo 13 de mayo a los dirigentes nacionalistas al banquillo de la oposición». Abascal realizó estas declaraciones en un acto que sirvió también de presentación de los candidatos de la formación juvenil incluidos en las listas populares para el Parlamento Vasco.

 

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