AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 3  Mayo   2001
#El mejor oficio del mundo en el peor sitio del mundo
ALFONSO ROJO. Enviado especial El Mundo
3 Mayo 2001

#El curso de la Historia
José Manuel AZCONA ABC  3 Mayo 2001

#Vampiros de pacotilla
José A. SENTÍS La Razón  3 Mayo 2001

#La campaña semántica: paz contra libertad
 Ignacio CAMACHO ABC  3 Mayo 2001

#«Todos hemos sido generosos hasta el suicidio con el PNV»
V. R.  A CORUÑA La Coruña  3 Mayo 2001

#Oliveri se va
Editorial ABC  3 Mayo 2001

#Iglesia y victimas de Eta
La Razón Editorial  3 Mayo 2001

#El fin de la imposición del euskera
Redacción - Madrid.- La Razón 3 Mayo 2001

#¿Eta no?
Iñaki EZKERRA La Razón  3 Mayo 2001

#Estrategia y lealtades
JOSEP RAMONEDA El País  3 Mayo 2001

#¿Qué significa esto?
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 3 Mayo 2001

#Otra cosa
TONIA ETXARRI El Correo  3 Mayo 2001

#Para la libertad
Carlos Mª URQUIJO La Razón  3 Mayo 2001

#La presencia
EMILIO ALFARO El País  3 Mayo 2001

#Veinte proetarras atacan con cócteles molotov a un joven que les increpó
PAMPLONA. ABC  3 Mayo 2001

#Fraga dice que los vascos inventaron el castellano y que el euskera es una lengua «de museo»
Ep - Bilbao.- La Razón  3 Mayo 2001

#Las barbas del vecino o el gallego descafeinado
Nota del Editor  3 Mayo 2001

#A pie de calle
OLATZ BARRIUSO BILBAO El Correo 3 Mayo 2001

#Hablemos del futuro
RAMÓN JÁUREGUI El Correo 3 Mayo 2001

El mejor oficio del mundo en el peor sitio del mundo
Los periodistas trabajan en el País Vasco bajo la amenaza constante de convertirse en objetivo de ETA
ALFONSO ROJO. Enviado especial El Mundo 3 Mayo 2001

SAN SEBASTIAN.- Siempre se ha dicho que es el mejor oficio del mundo. Lo que apenas se había subrayado es que ejercerlo en el País Vasco es un asunto agotador, ingrato, complejo y enormemente peligroso. No hay sitio en el planeta -ni siquiera Colombia, Guinea o Chechenia- donde los periodistas asuman tantos riesgos, afronten tales cortapisas y vivan sometidos a tamaña tensión, como lo hacen en Euskadi.

Los medios de comunicación y quienes laboran en ellos han sido víctimas ocasionales de la violencia terrorista a lo largo de las últimas tres décadas, pero nunca -hasta el pasado año- la agresión, el hostigamiento y la amenaza habían sido tan agobiantes. El 2000, desde el punto de vista de esta hermosa pero a menudo desventurada profesión, es un periodo trágico que se abre con el alevoso asesinato del columnista de EL MUNDO José Luis López de Lacalle ante el portal de su casa en Andoain y se cierra con la colocación de una bomba en el domicilio donostiarra de la redactora de El País Aurora Intxausti.

Esos dos hechos, los cuatro balazos que abatieron a Lacalle una lluviosa mañana de domingo y la frustrada detonación de dos kilos de explosivo con metralla, cuando Aurora, su marido -el también reportero Juan Palomo- y su hijo de dos años salían de la vivienda, han marcado a fuego la vida cotidiana de los periodistas. No sólo la de los conocidos por el gran público, que exhiben firma relevante y hablan en las tertulias radiofónicas, a los que las circunstancias han forzado a rodearse de guardaespaldas, blindajes y detectores.

El drama, la mordedura del miedo, afecta singularmente al variopinto y abigarrado contingente de profesionales que cubre la actualidad vasca, debe ir a ruedas de prensa de HB, cubre incidentes en lugares como Hernani o Rentería e informa sobre la kale borroka o un convulso pleno municipal.

El perverso deseo de silenciar al mensajero no es nuevo en Euskadi. Hace 25 años, Jesús María Zuloaga, director de La Voz de España, tuvo que abandonar San Sebastián, tras ser amenazado de muerte. El 28 de junio de 1978, ETA asesinó a José María Portell, director de Hoja del Lunes de Bilbao y redactor-jefe de La Gaceta del Norte, quien al parecer intentaba mediar entre la banda y el Gobierno de UCD. En 1980 le llegó el turno a José Javier Uranga, director del Diario de Navarra, quien recibió ocho impactos de bala en Pamplona.

Durante los 17 años siguientes y a pesar de un ominoso rosario de asaltos, amenazas y destrozos, no hubo intentos de asesinar periodistas. Daba la impresión de que los etarras parecían conformarse con usar diversas formas de coacción, para condicionar su labor cotidiana.

El punto de inflexión se produjo en 1995. En enero de ese año, El Correo Español-El Pueblo Vasco publicó un escrito de KAS en el que los dirigentes de la Koordinadora Abertzale Sozialista aconsejaban a ETA atentar contra periodistas y medios de comunicación, alegando que realizan una labor de «represión contra la izquierda abertzale».

En 1997, en el curso de una operación contra el Comando Madrid, la policía decomisó documentos en los que se señalaba como blancos a Luis María Ansón, director de ABC, Jesús Polanco, presidente del Grupo Prisa, los columnistas José Luis Martín Prieto y Alfonso Ussía, y al director de Protagonistas, Luis del Olmo. En diciembre de ese año, varios desconocidos atacaron con artefactos explosivos el domicilio de la delegada de EL MUNDO en Guipúzcoa, Carmen Gurruchaga, quien en ese momento dormía en el interior de la vivienda, donde también estaban sus dos hijos.

En 1998 arreciaron las amenazas de muerte contra José María Calleja y gentes como Ander y Gorka Landaburu, cuya casa familiar de Zarauz fue atacada con cócteles molotov y manchada con pintadas ofensivas. Unos meses más tarde, el batasuno Arnaldo Otegui, cabeza visible de la trama política que sirve de paraguas a ETA, justificó el intento de matar a Carlos Herrera, Antonio Burgos, Jesús María Zuloaga, Luis del Olmo y otros como ellos, argumentando que los medios informativos «no son neutrales».

A esas alturas, el presunto periodista Pepe Rei, actualmente en la cárcel merced a los desvelos y a la tenacidad del juez Baltasar Garzón, publicaba en la revista Ardi Beltza nombres, fotos y direcciones de 40 periodistas, a los que acusaba de trabajar al servicio del Ministerio del Interior.

Instalado el decorado, sólo restaba iniciar el drama. La sangrienta apertura del telón fue el asesinato de López de Lacalle. El clímax coincidió con la bomba en el domicilio de Aurora Intxausti. En palabras de un periodista tan veterano y baqueteado como Ander Landaburu, ha sido este último atentado y que el objetivo fuera una «redactora de a pie» lo que más ha contribuido al colectivo escalofrío de espanto.

Basta destacarse para obtener papeletas en la siniestra rifa etarra y eso explica la obsesión de muchos por mantenerse en un discreto anonimato. Se firma con nombre falso ciertas informaciones, no se pregunta de forma natural en las ruedas de prensa de HB y se acepta con docilidad casi ovina «el derecho de admisión» que imponen los batasunos en sus locales, fiestas y marchas.

Todo ello con el telón de fondo de esos segundos de angustia que acompañan al encendido del coche, de la reticencia a abrir paquetes o de la castrante e inconfesable autocensura. Aparecer en las páginas del diario Gara, denunciado en la sección La lupa de papel, no entraña un balazo automático, pero aumenta las probabilidades de atentado y garantiza la visita de los matones de la kale borroka.

Otegui y los suyos estimulan el pánico sin disimulos y alardeando de ello. En muchos acontecimientos, sobre todo en los protagonizados por HB, aparecen fotógrafos que se dedican a registrar las caras de los periodistas presentes. Los reporteros de EL MUNDO, El País o ABC tienen vedado el acceso a los actos de HB, como repite Juan José Petrikorena, el comisario-periodista encargado de lidiar con los medios de comunicación.

Formular una pregunta inconveniente, lucir beligerante o demasiado inquisitivo supone ir a parar a la lista negra. Una vez ahí, ser elegido por los de las pistolas, los cócteles molotov, los spray de pintura o las bombas lapa sólo es cuestión de suerte. De mala suerte.

El curso de la Historia
Por José Manuel AZCONA ABC 
3 Mayo 2001

Es un hecho probado que estamos ante las elecciones al Parlamento vasco más apasionadas e interesantes de cuantas han acontecido en este noble solar. Por varias razones, y porque previsiblemente se va a cambiar el curso de la Historia. Siempre, claro está, que los resultados electorales permitan la matemática cabalística, y populares y socialistas unan sus esfuerzos de gobernación. Por ello se obtendrá un nuevo futuro, que nadie hubiese esperado tan sólo hace tres años. Quienes hemos vivido permanentemente en el País Vasco entendemos bien esta consideración, porque se ha venido sustentando que Vitoria sólo se gobernaba con el PNV como partido hegemónico.

Tan fuertemente había arraigado esta consideración en la sociedad civil que cualquier analista que hubiese planteado antes de hoy un gobierno PP-PSE hubiese obtenido la hilaridad general como respuesta. Claro que esto sucedía porque el ex lendakari José Antonio Ardanza representaba el sector moderado o posibilista del nacionalismo. De ahí que su unión con el PSE diese buenos resultados, en términos generales, desde el punto de vista del autogobierno. Porque el PNV se mimetizaba con la política social del PSE y éstos entraron en un proceso de vasquización sin precedentes que les hizo sustentar la política de euskaldunización por decreto y llevar a la práctica la norma de hacer funcionarios sin examen público a los profesores de ikastolas. Fue precisamente Fernando Buesa el primer impulsor de estas medidas que tampoco le salvaron de la muerte a manos de ETA.

La etapa final del último gobierno Ardanza auguró la tensión posterior, pues ya se inicia un camino hacia el nacionalismo ortodoxo que yo suelo denominar «guipuzcoano». De aquí al acuerdo de Estella el paso fue claro, y al principio pareció natural y alborozado. A fin de cuentas el PNV volvía a su raíz originaria. Sin embargo, este hecho provocó la ira y el resentimiento de los socialistas vascos que se sintieron traicionados. El asesinato de Miguel Ángel Blanco marcó el inicio de una revuelta social silenciosa, y la posterior violencia terrorista y la sobredimensión de los escoltas ha generado un clamor invisible en búsqueda de principios básicos que en otros territorios de España son normales: las libertades ciudadanas, el constitucionalismo o el marco estatutario. Así que quienes sustenten estos valores ganarán las próximas elecciones vascas, además de aquéllos que no renuncien a la territorialidad española. Porque, al menos la mitad de la ciudadanía del País Vasco considera que este territorio pertenece a quien gane en las urnas y no sólo al nacionalismo peneuvista. Y aquí no se votan el 13 de mayo ideologías, que se vota entre reglas del juego democráticas y plurales y entre aquellas otras opciones repletas de ambigüedad o medias tintas, o caminos incomprensibles. Por esto, y aunque resulte una paradoja, pareciera que estamos ante unas elecciones ambientadas en la transición, y no en los arranques del siglo XXI.

Pero por esta razón nos situamos en la antesala del cambio del curso de la Historia. A posteriori vendrá el debate en la arena política y de las ideas. Que así son las cosas, mal que nos pese.

Vampiros de pacotilla
José A. SENTÍS La Razón  3 Mayo 2001

El mayor enemigo del género de terror es la risa. Si después de pasar veinte minutos angustiosos por la latente amenaza de Drácula, éste clava sus colmillos en el cuello de la jovencita de turno y sale un chorrito de sangre como un surtidor, el miedo se transforma en carcajada. La fuentecilla escarlata hace olvidar rápidamente la violencia del mordisco y el espectador se libera a mandíbula batiente de la tensión artificial de la ficción. Ése es el mayor problema del PNV en la campaña electoral. Planteó la estrategia del miedo al cambio para presentarse como el guardián de la puerta del infierno; esgrimió la amenaza soterrada de los vampiros que han chupado la sangre de varios miles de vascos (la de verdad y la metafórica) proponiéndose como el único adiestrador posible del can Cerbero y resulta que se equivocó en una parte fundamental del guión: dejó como candidato a Ibarreche. No se puede poner a un figurante cómico de protagonista de un drama. Además, si la oferta es la de embridar a los murciélagos asesinos, hace falta un buen Drácula como vampiro en jefe, y no ese otro personaje, genialmente concebido, como es el «It» de la Familia Monster, traducido como «Cosa». Es decir, una mano; simplemente, un miembro sin cuerpo.

   No le puede cuadrar mejor a Ibarreche, presencia incorpórea que recorre los escenarios moviendo los deditos a golpe de tic nervioso, mientras la gente se pregunta dónde está el brazo que debería darle sentido. Es cierto que esa mano habla, pero ahí es donde sale la mejor vis cómica del personaje en busca de autor. Por ejemplo, cuando dice que en el País Vasco reina la normalidad, y que la imagen que tiene es un invento de la Prensa de Madrid. O que Mayor quiere incluir a Redondo en los debates porque le tiene miedo. Seguramente: el miedo a estropear un debate electoral por un ataque de risa.

   Me imagino que los afines al PNV deben andar un poco mosqueados, especialmente los que no tienen sentido del humor, la escuela de Arzallus y de Eguíbar. Nunca he visto a unos personajes con más vocación de tragedia en todos sus elementos: obsesión de poder, angustia por el destino, complejo de culpa, tendencia al fratricidio, impotencia ante el crimen, traición al Estado... Menos en una cosa: no miden éstos que el límite de la tragedia, para no ser burlesca, está en el llanto. Y ellos son unos llorones. ¿Quién se cree a Hamlet, en mitad de su recitativo, cambiando la calavera por un pañuelo para enjugarse las lágrimas?

   El nacionalismo está en el límite de lo tolerable para un libreto inteligente, pero los líderes del PNV han conseguido sobreactuar de tal modo que lo han convertido en una parodia de la política. Y nadie se imagina a los payasos convertidos en domadores. No sé si el electorado vasco pateará por fin esta opereta, pero el espectáculo de los vampiros de pacotilla confundiendo la salsa de tomate con la sangre es patético. Especialmente cuando está en juego clavar una estaca en el corazón de los vampiros de verdad.

 

La campaña semántica: paz contra libertad
Por Ignacio CAMACHO ABC  3 Mayo 2001

En esta campaña peculiar casi nadie habla de programas electorales, sino de conceptos mucho más abiertos, elementales y profundos. «¿Cómo vamos a hablar de carreteras y hospitales si hemos de estar pendientes de que no nos maten?», se pregunta, a modo de respuesta, el socialista alavés Javier Rojo. Su compañero Manuel Chaves, presidente del PSOE y de la Junta de Andalucía, lo corrobora diciendo que «el PNV ha logrado que desaparezcan las garantías mínimas elementales, y por eso en esta campaña hay que hablar de derechos humanos como si la democracia estuviera empezando. Es que aquí la gente no puede llevar tranquila a los niños al colegio».

«POLÍTICAS SECTORIALES»
Chaves paseaba la otra tarde, envuelto en una gabardina blanca, por una Vitoria gélida y hermosísima, concentrada colectivamente en el partido de baloncesto del TAU contra el Kinder Bolonia. A su lado, Javier Rojo, uno de los más combativos socialistas vascos, todavía emocionalmente impactado por el asesinato de su amigo Fernando Buesa, relata un incidente de esta campaña. «Por lo general, todo va bien, pero el otro día se me acercó uno al final de un acto y me dijo: primero, Buesa, luego, tú. Ya me dirás si se puede hablar aquí de políticas sectoriales».

La foto de Buesa preside la sala de conferencias del PSOE de Álava, situada en un céntrico edificio que carece por completo de cartelería externa o logotipo alguno. En la puerta, un coche con policías de paisano vigila discretamente la calle. Dentro, junto al retrato del parlamentario socialista asesinado por ETA en febrero de 2000, es visible la leyenda «Por la libertad y la vida». Ese es, casi, el principal eslogan electoral de esta campaña.

Hay matices, sin embargo. Mientras los constitucionalistas hablan pura y llanamente de libertad —la libertad elemental de vivir sin amenaza, de salir sin escolta, de realizar sin precauciones los actos cotidianos de la existencia— el nacionalismo, radical o moderado, prefiere el término más genérico de paz. Una paz que presupone de modo implícito la existencia de una guerra.

CONFLICTO «VASCO» O «ARMADO»
Nadie habla de guerra, pero sí de conflicto. «El conflicto vasco», dicen los peneuvistas. «El conflicto armado», prefiere nombrarlo Arnaldo Otegi, el portavoz de Euskal Herritarrok. La noche del lunes, Otegi tuvo una actuación estelar en un debate de la televisión autonómica, ETB, en el que se cenó sin problemas al nacionalista Joseba Egibar, acorralándolo en sus contradicciones. Egibar, quizá el miembro de la dirección del PNV más cercano al pacto de Estella y a los batasunos, salió volteado de un escenario en el que teóricamente iba a triunfar por su moderación, situado frente a Otegi y Óscar Matutes, un joven colaborador de Madrazo en Izquierda Unida. Las fuerzas constitucionalistas, PP y PSOE, no asisten a los debates en que participa EH.

Consciente de su posición, Otegi jugó fuerte. «Yo tengo mi modelo», le vino a decir a Egibar: «impedir que Mayor Oreja sea lendakari y comenzar la construcción nacional de un Estado soberano europeo». Y citaba la vía lituana. «Dígame cuál es el suyo», le espetó a bocajarro al dirigente nacionalista. Egibar, que había tratado de moverse en la ambigüedad de un cierto respeto al Estatuto de autonomía, encareciendo sus limitaciones, se vio expuesto a la interpelación y no encontró una salida satisfactoria. Otegi, victorioso, sonreía.

Todavía hubo otra vuelta de tuerca. El líder de EH se quejó de que, con la alta renta per cápita del País Vasco, «tengamos que pagar a España un alquiler» de doscientos o trescientos mil millones, en referencia al Concierto económico. Egibar no se quiso quedar atrás, y respondió, más o menos, que se trataba de un dinero para mantener instituciones españolas presentes en Euskadi, como la Corona y Ejército.

CAMINOS ESTANCOS
En este clima de composiciones políticas, la campaña discurre por caminos perfectamente estancos. PP y PSOE hablan de recuperar la libertad, de llevar a los niños al colegio sin escoltas —«miramos tras de nosotros en los escaparates, en busca de sombras siniestras», decía el sábado el profesor Mikel Azurmendi en el mitin de «¡Basta Ya!»—, mientras PNV e Izquierda Unida (en Euskadi, Esker Batua) sugieren fórmulas de «paz». EH lo tiene más claro: habla abiertamente de un Estado soberano, al que trata de llevar de la mano al nacionalismo clásico.

El dirigente crítico peneuvista José Antonio Arregi —uno de los «michelines de grasa» que, según Arzalluz, le han salido al veterano partido aranista— publicó esta semana en «El Correo» un artículo esclarecedor al respecto. Según su tesis, la diferencia semántica entre libertad y paz reside en la frontera de la amenaza. Quienes no están o no se sienten amenazados, decía Arregi, hablan de paz para solucionar un conflicto político. Por el contrario, los que están en el punto de mira del terrorismo entienden la cuestión de un modo mucho más terminante, y plantean la recuperación de la seguridad pública y el orden como garante de las libertades fundamentales.

«ÓRDAGO A MAYOR»
Así lo planteó el martes Nicolás Redondo, y también lo había hecho el domingo el propio José María Aznar, cuando atacó al PNV por «prepararse para utilizar la paz como coartada». «El franquismo también presumía de libertad, pero no teníamos libertad», añade Nicolás Redondo, padre, el exsecretario general de la UGT. Por eso el candidato Jaime Mayor, la bestia negra del nacionalismo y de IU —«Órdago a Mayor», rezan los más recientes carteles de Javier Madrazo—, cree que sus posibilidades de triunfo se deben a que la sociedad se está rebelando ante la generalización de la amenaza y del riesgo. El problema es que hasta ahora sólo se interpretan las intenciones desde el voluntarismo de los aspirantes, y que nadie sabe, al menos hasta el 13 de mayo, el alcance real de esa «rebelión democrática».

«Todos hemos sido generosos hasta el suicidio con el PNV»
Fernando Savater, un filósofo al frente de ¡Basta ya!
Aunque haga un guiño al nacionalismo gallego -«el de los pobres, que me cae más simpático»- se sabe muy bien hacia donde mira. Es Fernando Savater, un filósofo vasco que disculpa las reivindicaciones de la esquina atlántica «porque al menos se cargan de razones en la verdad, en el agravio histórico». Ayer el público coruñés lo recibió con una ovación en la Fundación Caixa Galicia.
V. R.  A CORUÑA La Coruña  3 Mayo 2001

-Dar voz a ¡Basta ya! tiene un coste personal.
-Es anecdótico. Evidentemente, para un profesor de universidad y ratón de biblioteca verse de pronto obligado a estar pendiente de escoltas es una incomodidad. Pero mi caso no es el más grave. Hay madres que no pueden sacar a pasear al parque a sus hijos. Es una situación terrible, no a nivel personal, sino social. Lo malo es tener dolor, no tener que ir al médico.

-Tanto riesgo para que los sondeos al final vuelvan a dar la victoria al PNV.
-Ya lo veremos, porque el PNV sólo gana si lo hace de manera que pueda prescindir del apoyo de EH. Si no, pierde, porque ha convocado las elecciones debido a que no podía gobernar sin los radicales. Y nadie pronostica tal mayoría. No podrán formar gobierno y en cambio las fuerzas no nacionalistas, juntas, sí.

-¿Y si los resultados son un calco de los anteriores?
-Entonces estaremos peor. Habremos perdido una ocasión de resolver un problema y a partir de ahí habrá que calcular qué es lo que se puede hacer. Lo que parece claro es que se formaría un gobierno no nacionalista, salvo que el PNV se alíe de nuevo con EH.

-¿Cree usted que se reeditará el pacto?
-Ellos dicen que no. Quiero pensar que al menos esta vez dicen la verdad.

-¿La división del PNV colaborará a ello?
-Creo que hay corrientes diversas y personas que caen en la línea opuesta -Guevara, Arregui...- a la oficial. No sé hasta qué punto existe una masa crítica que podría, favorecida por la derrota de las elecciones de la actual cúpula del PNV, ayudarles a asumir un cambio. Quiero pensar que sí, que en el PNV podría darse un vuelco si perdiera.

-El PSOE gobernó con el PNV, ¿qué cuota de respobsabilidad le toca?
-Todos hemos hecho unos esfuerzos extraordinarios de buena voluntad en apoyo del nacionalismo. Lejos de esa imagen victimista que ellos representan, de que se les sataniza o criminaliza, se ha sido de una generosidad casi suicida con el nacionalismo y con el PNV. Se ha exagerado la deuda que se tenía con ellos por lo pasado en la dictadura y se han tragado carros y carretas para no contrariarles y que lograran controlar la situación. Desgraciadamente, eso no ha servido como creíamos.
EL PSOE, en su momento, intentó complementar al PNV creyendo que le ayudaría a liquidar el ala violenta del nacionalismo. Pero el PNV lo usó para reforzar esa tendencia favorecedora del grupo proetarra. Ha sido un error. Lo importante es no volver a cometerlo.

Oliveri se va
Editorial ABC  3 Mayo 2001

Ignacio Oliveri, consejero de Educación del Gobierno vasco, ratificó ayer, en una entrevista a Radio Euskadi, que abandonaba la vida pública. La decisión ya estaba tomada hace meses, pero resulta llamativo, como mínimo, que sea reiterada en plena campaña electoral. Políticamente, Oliveri es un derrotado. Dio el portazo en la Asamblea de Eusko Alkartasuna, de julio de 99, en la que también dijo adiós Carlos Garaicoetxea, el jefe de filas con el que discrepaba en temas sustanciales. De ese congreso salió la línea política más oficial y soberanista, representada por Gorka Knor, Begoña Errazti y Sabin Intxaurraga, el consejero de Justicia que hace sentadas a favor de los presos etarras y pide la desobediencia civil. 

Además, Oliveri fue el destinatario de las críticas de la oposición por la política educativa del gobierno nacionalista, concausa de la deformación intelectual, histórica y cultural de una parte de la juventud vasca. 

Así que no procede hacer de Oliveri un desengañado de la política soberanista, pero sí un perdedor arrollado por las contradicciones y las tensiones que existen en el seno de su partido, EA, y en las relaciones de éste con el PNV. Y nada mejor para el acto final de su retirada que aprovechar una entrevista en Radio Euskadi en medio de la campaña electoral. Sin duda, habrá más y por los más variados motivos. Pero ninguno evitará la sensación de que a medida que se acerca el 13-M, con sus vientos de cambio, a la fachada del nacionalismo le crecen los desconchones.

Iglesia y victimas de Eta
La Razón Editorial  3 Mayo 2001

Las víctimas del terrorismo han recurrido al Papa, al que visitaron ayer en el Vaticano, en busca del apoyo moral que, como católicos, no encuentran en algún sector de la Iglesia española. El viaje a Roma de un representante de la Asociación de Víctimas del Terrorismo y dos de Covite, Coordinadora de Víctimas en el País Vasco, fue planificado hace ya más de un mes y medio, precisamente cuando la jerarquía eclesiástica era objeto de las más duras críticas por no haber suscrito el pacto contra Eta, y no haber sabido expresar, en cambio, su explícita condena del terrorismo, como ha hecho semanas después.

   Para las víctimas, para los españoles, en este caso católicos, que han sufrido tan duramente el zarpazo del terror, no se trata de que los prelados condenen el crimen. Eso se da por supuesto. Lo que ayer buscaban en Roma los representantes de las asociaciones de víctimas es algo más: que Juan Pablo II continúe recordando en sus mensajes a quienes sufren a causa del terror; que se sigan condenando los atentados de Eta y, sobre todo, que el Papa interceda desde la Silla de Pedro para que la Iglesia católica en el País Vasco abandone su equidistancia y ambigüedad ante la criminalidad etarra.

   Son tres peticiones, avaladas con la entrega al Santo Padre de un libro en el que se recoge la realidad de las víctimas, que pueden resultar incómodas para nuestra jerarquía eclesiástica, porque es probable que en el entorno vaticano exista hoy cierta confusión e incluso incredulidad ante esta petición.

   Debe ser francamente difícil aceptar desde Roma que una parte de la Iglesia española, en el País Vasco, iguale a víctimas y verdugos, admita sin escándalo que tiene «hijos más amados» (los que matan) que otros (los que mueren) y celebre funerales con boato por el alma de quienes perecieron con las manos manchadas con la sangre de inocentes. Debe ser terrible aceptar que en todos estos años que acumulan el asesinato de casi un millar de personas, la jerarquía eclesiástica, los pastores de la grey católica en aquella tierra, haya sido tan «prudente» como para negarse a incluir siquiera el nombre de la bestia, el de Eta, en uno solo de sus cuarenta comunicados sobre el terrorismo.

   Lo que reclaman las víctimas con su simbólico contacto, obligadamente breve, con el Papa es que, de una vez por todas, la jerarquía eclesial española salte sin fisuras y en bloque por encima de su proverbial prudencia para prestar su aliento a los católicos del País Vasco que sufren el terrorismo, con mayor calidez que la que reciben los que hacen sufrir. Es algo tan sencillo como que la Iglesia católica sea realmente universal.
 

El fin de la imposición del euskera
PP y PSE proponen una sistema educativo sin «tics» nacionalistas con una profunda reforma en los contenidos de Historia y Geografía
Redacción - Madrid.- La Razón 3 Mayo 2001

Los partidos que concurren a las elecciones del próximo 13 de mayo afrontan su particular «batalla» en el campo de la educación. Así, las fórmulas para garantizar el bilingüismo, tanto en la enseñanza como en la propia sociedad, es lo que diferencia los programas educativos de las distintas formaciones, que coinciden en proponer un sistema educativo que fomente los valores éticos en los alumnos.

   El PP y el PSE, que presentan claras similitudes en sus programas electorales en materia de Educación y Euskera ¬la principal diferencia radica en el mayor apoyo de los socialistas a la red pública frente a la concertada y privada¬, inciden en que los colegios deben ser lugares de transmisión de valores que combatan la cultura de la violencia y fomenten la pluralidad.

   Los socialistas proponen incluso crear una Dirección de Derechos Humanos en el Departamento de Educación, Universidades e Investigación del Gobierno Vasco y la introducción del «análisis de la situación de los derechos humanos en la comunidad autónoma vasca, especialmente el derecho a la vida y la libertad de expresión» en el diseño curricular de las asignaturas de Etica y Religión.

   También la coalición PNV-EA alude a la promoción de «una ética civil, integrada por los valores universales de libertad, respeto y tolerancia», aunque su programa para los comicios electorales no hace referencia explícitamente ¬a diferencia de los del PP y el PSE¬ a la relación de la educación con la situación política general. PNV-EA introducen además la idea de proponer un nuevo Acuerdo Escolar para sentar las bases de la enseñanza del futuro.

   Populares y socialistas coinciden en reclamar una reformulación del Mapa Escolar para adaptarlo a la situación sociolingüística de cada zona del País Vasco, reivindicación planteada también por EB-IU, partido que pone el acento en la realidad de las plantillas de los centros escolares. Además, las formaciones constitucionalistas apuntan la necesidad de modificar el contenido de las asignaturas de Historia y Geografía.

   En cuanto a los modelos lingüísticos, el PP y el PSE-EE se comprometen a defender los actuales modelos A (en castellano, con el euskera como asignatura), B (bilingüe) y D (íntegramente en euskera), aunque los populares subrayan que no existirán «coacciones» para elegir uno u otro, mientras que los socialistas reclaman un estudio sobre el funcionamiento de estos sistemas y apoyan su pervivencia en toda la comunidad autónoma vasca «en función de la zona sociolingüística y la demanda».

   Las mayores diferencias entre los programas se observan en el apartado de normalización lingüística, que precisa un importante impulso en opinión de los nacionalistas, mientras que para el PP debe seguir su «ritmo natural».

   La coalición nacionalista, estima, en coincidencia con el análisis de Euskal Herritarrok, que el euskera «no está en plano de igualdad» con el castellano, por lo que defiende instaurar «políticas activas» para su promoción, un aspecto con el que está de acuerdo el programa presentado por IU-EB.


¿Eta no?
Iñaki EZKERRA La Razón  3 Mayo 2001

Ya sé que se está vendiendo como un logro democrático, como un auténtico paso de gigante en la conquista de las libertades, la iniciativa de poner en los balcones de ciertos ayuntamientos vascos un cartel en el que se pueda leer el lema de «Eta no». Ya sé que hay balcones consistoriales que se resisten como garrapatas y que, por esa misma razón, merece un doble aplauso dicha iniciativa. Sin embargo, cada vez que veo un cartel, una pancarta o un pasquín con esa escueta leyenda no puedo abandonar la sensación de que la sociedad democrática sigue teniendo un serio problema de lenguaje a la hora de condenar el totalitarismo en el País Vasco.

   De lenguaje, sí. Es como si existiera una verdadera dificultad en el propio terreno de la sintáxis que nos infantiliza y crea problemas en cuanto intentamos hilvanar una frase de condena al terror de Eta y sus cómplices. Ante una banda que extorsiona y que mata, ante una gentuza que nos ha cambiado la vida a tantos vascos, a uno no le sale decir un sucinto «no» al invocarla. A uno le salen frases enteras, expresiones más elocuentes, por más que deban sintetizarse para ser expuestas en una fachada. Y no estoy hablando ya de insultarla o de establecer un diagnóstico elemental: asesina, fascista, mafiosa... Uno reivindica el derecho a articular oraciones completas que no conlleven necesariamente una pérdida de la compostura. Uno se imagina una Euskadi más locuaz en la que puedan leerse en los balcones oficiales imprecaciones con cierto vuelo expositivo, como por ejemplo: «Eta, vete de este planeta».

   A mí es que, sinceramente, lo de «Eta no» me suena a frase de indio de película: a «Yo rechazar Eta» o, peor aún, a comunicado etarra. Me suena a «niño, Eta caca», a comentario de niñera disléxica, a mensaje de pedagogo mimetizado con el niño al que quiere enseñar, a ese tipo de gente que se infantiliza a base de querer penetrar en las mentes infantiles, es decir que termina siendo ella la penetrada por la sagrada inocencia.

   Un ayuntamiento es una institución donde nuestros representantes se citan para debatir sobre nuestro futuro municipal, local, doméstico. Es un sitio al que se acude para hablar precisamente. Y no puedo evitar vivir como una grotesca paradoja que toda esa gente que precisamente se reúne para usar el lenguaje en beneficio de los demás ciudadanos no sea capaz de emitir más que un breve, un parco, un ñoño, un pueril, un estreñido «Eta no» para aludir al mayor enemigo de ese beneficio, de ese futuro y de ese debate. Hoy es el Día Internacional de la Libertad de Expresión. Para ejercer esa libertad hay que empezar por eso, por saber expresarse.


Estrategia y lealtades
JOSEP RAMONEDA El País  3 Mayo 2001

Ibarretxe propone un debate a Mayor Oreja para distanciarle del PSOE. Y Mayor Oreja responde que sin Nicolás Redondo no hay debate, disipando así de golpe las nubes de bronca entre populares y socialistas que encapotaron el pacto antiterrorista durante unas horas. Naturalmente, no habrá debate. Porque el objetivo de Ibarretxe no era debatir con Mayor sino resquebrajar la alianza entre el PP y el PSOE. La respuesta de Mayor ha sido saludada como un gesto de lealtad que coloca los principios del pacto por encima de los intereses partidarios. Algunos incluso han elogiado el valor ético de su gesto, son los mismos que dan por supuesta la incompatibilidad entre ética y política, con lo cual otorgan a menudo un sorprendente beneficio de impunidad a los gobernantes. Estamos tan acostumbrados a que los políticos se dejen llevar por pequeños rendimientos inmediatos que les ciegan y les impiden ver ni siquiera el medio plazo, que cuando uno de ellos -Mayor Oreja, en este caso- responde pensando en el resultado del final de la etapa más que en los puntos que pueda conseguir en una meta volante doblan las campanas en su honor.

Mayor ha tenido un gesto de lealtad que refuerza la posibilidad de un gobierno constitucionalista después de las elecciones. Pero la elegancia del gesto no es incompatible con los intereses de Mayor como candidato y de su partido. Lo que ha hecho Mayor es no vender su estrategia por un movimiento táctico. Y su estrategia para llegar a ser lehendakari sólo puede ser una: el pacto con el PSOE. De otro modo no llega, ni por la vía política, ni por la ética, ni por la estética, ni por la más elemental aritmética. Y al mismo tiempo demuestra que a veces la lealtad a los pactos y la eficiencia en la defensa de los propios intereses no son incompatibles. Por ejemplo, cuando los pactos responden a un acuerdo de fondo y no son simples ejercicios de funambulismo político para distraer al personal. Al ser leal al PSOE, Mayor Oreja compromete más todavía a los socialistas con los populares. Resultaría muy complicado para los socialistas hacer lehendakari a Ibarretxe pudiendo hacer lehendakari a Mayor. La presión mediática sería enorme y cualquier explicación sería muy improbable que se entendiera, especialmente fuera de Euskadi.

Cabe, sin embargo, una hipótesis nada improbable: que PNV y EH sumen más que PP y PSOE. El lehendakari ha insistido en que no aceptará un pacto de investidura con EH; ha llegado incluso a decir que rechazaría sus votos. ¿Qué significa esto? Podría perfectamente ocurrir que el lehendakari dijera que no quiere los votos de EH pero que se los dieran igualmente porque EH sabe que éste es el mejor modo de desestabilizar más todavía la situación vasca, que es la tarea que le tiene encargada ETA. Para evitar cualquier sospecha, el lehendakari tendría que responder muy concretamente a esta pregunta: ¿qué piensa hacer con EH? Dando por supuesto, él lo ha dicho, que no pactará con los batasunos, la pregunta se ajusta más: ¿qué haría si fuera elegido con el voto de EH que durante la campaña ha rechazado? ¿Dimitiría para dar paso a una coalición sin EH? ¿Buscaría unas nuevas elecciones? ¿O gobernaría a pesar de que la legislatura pasada ha demostrado la inviabilidad de hacerlo en estas condiciones? Ésta es la cuestión clave de la campaña. Ibarretxe no debería eludirla.

En estas circunstancias, el PSOE podría tener la tentación de la alianza con el PNV, con la coartada de sacarle de las garras de EH y asegurar la gobernabilidad. Pero tendría que ser muy evidente la rectificación estratégica del PNV y muy altas sus concesiones a la hora de formar gobierno para que el PSOE pudiese entrar en este envite. La debilidad que mostró el PSOE en sus anteriores alianzas con el PNV no es un buen augurio. Rosa Díez dice que los socialistas se sienten engañados por el PNV, pero hubo tiempos en que se dejaron engañar muy fácilmente. Rechazando a Redondo, Ibarretxe aparentemente ha hecho un mal negocio: ha entregado definitivamente al PSOE a la alianza con el PP. ¿Es una estrategia para preparar un nuevo acuerdo con EH?

¿Qué significa esto?
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 3 Mayo 2001

En lo que llevamos de campaña había una incógnita. El candidato Nicolás Redondo había interpelado en varias ocasiones al candidato Ibarretxe para que aclarase si piensa gobernar con EH. Arnaldo Otegi también se quejaba de que Ibarretxe era el único que no había expresado sus preferencias. El candidato de la coalición nacionalista respondió ayer a los dos emplazamientos: «Nunca hemos gobernado ni gobernaremos, ni directa ni indirectamente, con quien no se comprometa a defender sus ideas exclusivamente a través de vías pacíficas y democráticas».

La respuesta de Ibarretxe hace recordar lo que Cary Grant decía de Katharine Hepburn en ‘La fiera de mi niña’: «Nunca se aclarará nada mientras ella se empeñe en explicarlo todo». ¿Qué quiere decir para Ibarretxe «nunca hemos gobernado»? Uno juraría haber leído un documento firmado con Euskal Herritarrok llamado ‘Pacto de legislatura’. Uno juraría haber visto a Josu Ternera y a sus trece compañeros de grupo parlamentarío votando afirmativamente a la investidura de Ibarretxe. Uno juraría haber visto a los catorce parlamentarios de EH votar en repetidas ocasiones en apoyo del gobierno Ibarretxe. Es más, uno estaría dispuesto a apostar una cena a que el calvario del Gobierno vasco empezó cuando sus catorce socios le plantaron a mitad de la legislatura.

Arnaldo Otegi reprochaba hace poco un cierto tartufismo al lehendakari, además de recordarle que tampoco condenaban a ETA cunado votaban juntos en el parlamento.

Hay desde hace unos años en Alemania una ola revisionista de la historia que niega la existencia del holocausto. Yo juraría haber visto centenares de fotos y películas, haber leído miles de testimonios, dirá usted. Nada. Todo es un invento de la propaganda sionista. ¿Llegará a sostener Ibarretxe que Lizarra no existió, que fue un invento de ‘la Brunete mediática’? A tenor de los que significa «nunca hemos gobernado», ¿qué significa para Ibarretxe «nunca gobernaremos»?

Otra cosa
TONIA ETXARRI El Correo  3 Mayo 2001

Desde que, por fin, el candidato Ibarretxe logró ‘sacar la cabeza’ en su campaña tan lineal gracias a la aceptación del debate condicionado y gracias, también, a ese ‘minuto de gloria’ que le produjo el descanso dominical de Jaime Mayor -al dejarle el campo libre para poder hablar de los miedos ajenos-, el PNV quería, todavía ayer, aprovechar el filón porque le estaba resultando rentable en el aspecto publicitario. Por eso Egibar, que sigue sin aclarar sus planes de futuro con EH/HB, daba vueltas a lo mismo. Sin darse cuenta de que los demás ya están en la nueva fase de la campaña. Redondo, fortalecido por la polémica televisiva al conseguir frustrar un debate para el que el PNV le había negado ‘el pan y la sal’, ya está en otra cosa. También Mayor, que a pesar de haberse quedado con las ganas de decir la última palabra sobre la incapacidad del lehendakari para dialogar si se le altera el guión de sus condiciones, se dedicó ayer a hablar del empleo en compañía del ministro Aparicio, que suele guardar las formas a la hora de echar una mano al candidato del PP.

A Redondo también le echan una mano (ayer estuvo Manuel Chaves al que ya le van diciendo, como a otros tantos ‘ visitantes’, que de la política de alianzas, mejor dejarle el campo despejado a los socialistas vascos que saben qué se traen entre manos ) mientras Egiguren, el inventor de la expresión ‘bienio negro’, toma nota de lo que va contando Ibarretxe. Entre otras cosas porque le da que no se corresponde con la realidad de lo ocurrido en esta pobre legislatura. A saber: el candidato del PNV no sólo dice que no gobernará con quienes no defiendan sus ideas por vías exclusivamente democráticas sino que… ¡nunca lo ha hecho!. ¿A qué pretérito pasado se estará refiriendo quien fue lehendakari gracias a los votos de HB? ¿hablará de otros tiempos de consenso en el que él no estaba? ¿quizá se refería a otro país imaginario? Menos mal, se consuelan los socialistas, que todavía conservamos la memoria.

Para la libertad
Carlos Mª URQUIJO La Razón  3 Mayo 2001

Para la libertad sangro, lucho, pervivo, para la libertad. Así comienza una de las canciones para mi gusto más bonitas de Joan Manuel Serrat que, con versos de Miguel Hernández, refleja magistralmente el anhelo de libertad del ser humano y el sacrificio que supone su consecución. Con este objetivo estamos trabajando desde hace ya mucho tiempo unos cientos de personas que, desde la actividad pública, nos esforzamos por abrir camino a la libertad en una tierra donde todavía por desgracia es necesario sangrar por ella. Por suerte, cada vez somos más quienes nos rebelamos ante la dictadura nacionalista y el totalitarismo de Eta. Cada vez el dique dispuesto para frenar al odio es más sólido. Ya no somos sólo los políticos los que decimos basta ya. Otros han unido sus voces para corear este grito: intelectuales, periodistas, profesores, personas de toda clase y condición que anhelan un cambio de rumbo para un País Vasco asfixiado por la imposición y el terror.

   El cambio que pretendemos es tan sencillo, tan básico, tan elemental, que tiene que producirse. Sólo pedimos poder vivir en nuestra tierra con la misma tranquilidad y libertad con la que viven los nacionalistas. Sólo queremos poder llevar a nuestros hijos al colegio, visitar los bares que nos gustan, bajar la basura por la noche, ir a trabajar todos los días a la misma hora y por el mismo sitio o disfrutar del fin de semana sin agenda ni horarios de entrada y de salida. Y todo esto queremos hacerlo sin que nos vaya la vida en ello, queremos hacerlo sin escolta, queremos recuperar la bendita rutina con la que otras personas en el resto de España realizan sus actividades cotidianas.

   El próximo trece de Mayo, los vascos tenemos dos opciones. La primera, apostar por el cambio y votar a los partidos que defendiendo la Constitución y el Estatuto garantizamos las libertades y por tanto la derrota de Eta. La segunda opción es votar a los nacionalistas, votar a los que prefirieron pactar con Eta en vez de combatirla. Votar a quienes de nuevo apostarán por Estella condenándonos al gueto a quienes aspiramos a vivir en paz.

   No me cabe duda de que el próximo trece de Mayo la apuesta mayoritaria de los vascos va a ser la apuesta de la libertad. Si por algo hemos sangrado y luchado en el País Vasco no ha sido por otra cosa que por la libertad. Ganar la libertad es el mejor homenaje que podemos tributar a quienes en este desigual combate se quedaron por el camino. Se lo debemos. A votar y a ganar la libertad.


La presencia
EMILIO ALFARO El País  3 Mayo 2001

ETA es un pesado factor en la política vasca. De hecho, ha sido la instancia desencadenante del adelanto electoral. Ya sea porque mata o porque se toma un descanso, su presencia resulta omnipresente y condiciona casi todo. Es algo así como un fenómeno meteorológico, incontrolable, pero de naturaleza más cruel y menos ciega. Aunque la organización terrorista mantenga 'todos sus frentes abiertos', no resulta lo mismo una campaña con un asesinato que sin él. Por eso todos los partidos otean el horizonte en busca de signos y cruzan los dedos hasta el 13-M.

ETA marcó con sangre el tramo final de la precampaña al asesinar al concejal socialista de Lasarte Froilán Elespe. Fue el 20 de marzo. Desde entonces, exceptuando el artefacto colocado el 21 de abril junto a la casa de dos concejales del PP en Hondarribia, no se ha registrado un atentado de envergadura. A ETA no le interesan sustancialmente los votos. Los desprecia, en realidad. Por eso no respeta la voluntad verificable de los vascos y tiró por la fregadera, al volver a las andadas, los 224.001 papeletas cosechadas por EH en los comicios autonómicos 1998. Aquellas elecciones con tregua demostraron empíricamente que la violencia y las urnas se repelen, o la relación inversa: a menos tiros, más votos.

A diez jornadas de las votaciones, algunos augures (hablar de análisis en este asunto es impostura) pronostican que ETA puede abstenerse de matar en el País Vasco hasta 13-M. No por súbita iluminación, ni por hacer un favor al PNV-EA, sino para no arruinar sus posibilidades de interferencia política para el día después. Según este razonamiento, la organización no puede arriesgarse a que EH pierda más voto desencantado del que vaticinan los sondeos y que sus resultados se hundan por debajo del nivel de alarma (9-10 escaños). Su estrategia para hegemonizar al nacionalismo reclama, en el frente político, que los escaños de EH sean los suficientes y los decisivos para otorgarle el poder al PNV, o para castigarlo enviándolo a la oposición si no se doblega a sus designios.

Sin embargo, lanzar previsiones en esta materia siempre es aventurado. Sobre todo si se hace en clave racional.

Veinte proetarras atacan con cócteles molotov a un joven que les increpó
PAMPLONA. ABC  3 Mayo 2001

Jorge Goñi Moratinos, pamplonés de 27 años, permanece ingresado en el Hospital de Navarra en donde se recupera de las quemaduras en la cara y heridas en el ojo derecho, producidas por el ácido de un cóctel molotov que una veintena de encapuchados le arrojó en el barrio pamplonés de la Chantrea. El herido cree que los atacantes le confundieron con un policía.

El herido esperaba a su novia en su vehículo cuando una veintena de encapuchados comenzó a arrojar artefactos incendiarios contra varios contenedores en la madrugada del martes. En ese momento, Jorge Goñi, de 27 años, salió de su coche para increpar a los alborotadores que estaban en la zona de «txoznas» de la Chantrea, barrio que celebra sus fiestas patronales. «Vi a un grupo de encapuchados, unos veinte, que venían corriendo desde las “txoznas”. Llovieron piedras y cócteles molotov. Uno estalló en el suelo y aparecieron las llamas. Le siguieron cuatro más y salí del coche gritando», afirmó el herido al «Diario de Navarra». «Les dije que qué hacían -agregó- y entonces uno de los cócteles golpeó en el capó del coche y salió rebotado hacia mi cara». La base de la botella le golpeó en el ojo derecho y la cara se le impregnó de ácido.

Pese a ello, el herido logró abandonar el vehículo. «Al frente seguían estando los encapuchados y detrás tenía un cerco de fuego que se había formado con los cócteles que habían explotado», comentó Goñi.

Decidió salir por el lado del fuego y cayó por un pequeño terraplén. «Pegué la cara en la hierba y noté cierto alivio porque estaba mojada». Volvió a subir el terraplén y se lavó la cara en una fuente. Para entonces su novia había llegado y unos amigos de la pareja avisaron al 112 y a una patrulla de la Policía Nacional, que trasladó al joven al hospital.

En declaraciones a «Radio Euskadi», afirmó que hace años tuvo alguna relación con actos de violencia callejera, lo que puede explicar que en el trayecto al hospital, los policías detuvieran el vehículo, bajaran a Goñi y lo cachearan.

Los médicos han asegurado que el paciente no perderá la visión del ojo y que presenta quemaduras faciales de primer y segundo grado y su pronóstico es reservado. Goñi, que tiene previsto casarse en agosto, cree que «me confundieron con un policía o con alguien que no les gustaba».

Mientras, la Ertzaintza explosionó ayer de forma controlada una bomba lapa compuesta por un kilo de pólvora que fue localizada por un particular en un polígono industrial de Urnieta (Guipúzcoa). El dispositivo, muy rudimentario y de fabricación casera, se activaba con el movimiento. Según las primeras investigaciones, el artefacto pudo haberse desprendido de un coche. El departamento vasco de Interior recalcó que este tipo de bombas no son de las utilizadas habitualmente por ETA.

Fraga dice que los vascos inventaron el castellano y que el euskera es una lengua «de museo»
Ep - Bilbao.- La Razón  3 Mayo 2001

El presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga Iribarne, manifestó ayer que los vascos «son los inventores» del castellano, y aseguró asimismo que el euskera es una lengua prehistórica y, además, «de museo». En declaraciones a TVE, Manuel Fraga destacó que «el gallego es una lengua romance, hermana del portugués, hermana del castellano y que se habla naturalmente», mientras que la lengua vasca «es un idioma prehistórico que los vascos, en un momento determinado, tienen que completarlo con una adaptación del latín».

   Según señaló, el castellano nació en Las Encartaciones y en La Rioja, «en aquel entonces una zona bastante vasconizada», dijo.

   «Tengo que decir que ellos son los inventores del castellano, y el gallego se ha apoyado en el castellano de forma natural. Somos bilingües de un modo armónico. No tenemos problema ninguno», indicó.

   El presidente gallego concluyó especificando que realiza estas manifestaciones «con el mayor respeto al euskera, que es una lengua maravillosa, pero una lengua ya de museo».

Las barbas del vecino o el gallego descafeinado
Nota del Editor  3 Mayo 2001

A Fraga sólo hay que recordarle "Cuentos nacionalistas" para tirar por tierra eso del bilingüismo de modo armónico, y convertirlo en vez de armónico en gaita, la que da cuando habla en gallego normativo, donde en el engendro les suena a chino a la mayoría de los gallegos que aprendieron el gallego como lengua materna.

A pie de calle
Euskadi se ha convertido en un hervidero de colectivos sociales. El estigma de ETA concede el triste protagonismo a aquellos que, en silencio o a gritos, luchan por la paz El cambio constante y la efervescencia son las características que mejor definen hoy la rebelión ciudadana
OLATZ BARRIUSO BILBAO El Correo 3 Mayo 2001

«Nuestra vocación es desaparecer». Carlos Martínez Gorriarán, portavoz de Basta Ya, arroja estas palabras guiado por un axioma indiscutible: si ETA deja de existir, ellos también. En realidad, todos los colectivos sociales que, de una manera u otra, han tomado partido por la paz en el País Vasco preferirían tener motivos para quedarse en casa. Los miles de ciudadanos que abarrotan las calles y plazas de Euskadi tras cada nuevo atentado de la banda, también. Desde que, hace cuatro años, Ermua enarbolara la bandera de la rebelión ciudadana contra el terrorismo, cada vez es más difícil escuchar aquello de ‘calla, que pueden oírte’. Hoy, en mitad de una de las ofensivas más crueles de los últimos años, la clave está, precisamente, en hacerse oír. Con el silencio, con la palabra o con el grito hastiado. Por todos los medios.

Julio de 1997. ETA secuestra a Miguel Ángel Blanco. Antes de ejecutar su amenaza y dispararle dos tiros en la nuca tras 48 horas interminables de angustia, la banda ya había logrado su mayor hazaña hasta la fecha: remover las conciencias de miles de ciudadanos. En aquellos días, las lágrimas se trocaron en gestos. Como el del ex parlamentario socialista Ernesto Ladrón de Guevara, que, a través de un apartado de correos, decidió adherirse al manifiesto fundacional del Foro Ermua. Medio millar de «ciudadanos cabreados» sellaron su compromiso contra ETA en una multitudinaria comida. «Fue un punto sin retorno. Nunca olvidaré a aquella gente que, llena de indignación cívica, lloraba y enseñaba sus manos blancas. En esa fecha, empecé a confiar en el futuro porque vi la luz que alumbraba la posibilidad de un cambio. Los vascos demostraron que tenían valores y fuerza moral suficiente para plantarle cara al terror», recuerda hoy.

Mayo de 2001. A pocos días de unas elecciones «decisivas para recuperar la libertad», este hombre camina con una sombra permanentemente pegada a la suya. Su escolta. Un precio muy alto por predicar la libertad en las calles y en foros como la recién inaugurada revista ‘Papeles de Ermua’ -otra muestra más de «efervescencia»-, pero que merece la pena pagar cuando, además de la convivencia, está en juego la «dignidad personal». «Cuando tenga nietos, quiero poder contarles con orgullo que yo defendí la libertad con hechos», proclama Ladrón de Guevara. Y augura que esos nietos, como los demás chavales de su generación, estudiarán en los libros de texto la «ejemplar» respuesta cívica que siguió al secuestro y asesinato del concejal popular. «Pese al efecto narcótico que el pacto de Estella tuvo sobre la gente y a la tregua trampa, lo importante es que hemos sabido mantener viva la llama», añade.

La llama de la movilización social por la paz arde aún. El Departamento de Justicia del Gobierno vasco dedicó, en el año 2000, 112 millones a subvencionar iniciativas en favor de los derechos humanos, de los cuales 30 se destinaron a financiar movimientos específicos por la paz. En la relación de asociaciones «pacifistas» facilitada por la consejería, figuran 60 registradas en los tres territorios, entre las que hay grupos tan variopintos como Gesto por la Paz, SOS Balcanes o colectivos antimilitaristas. Pero, ni todos los que se manifiestan necesitan guardaespaldas, ni todos recurren a los mismos métodos para expresar su hastío. La unidad de Ermua ha desembocado en una diversificación de corrientes e, incluso, de objetivos, impuesta por el ritmo de la sinrazón.

«División» latente
Las organizaciones consultadas -Basta Ya, Foro Ermua, Gesto por la Paz, Elkarri y otras ONG sin vinculación directa con el fenómeno terrorista- coinciden en admitir que, aunque el «apoyo moral» a las víctimas es común a todas ellas, se palpa una latente pero enconada «división» entre aquellos que se limitan a rechazar la violencia al considerarla «intrísecamente negativa» y los que, convencidos de que es indispensable «dar un paso más», han decidido alinearse con las tesis de los partidos constitucionalistas y cambiar así «la repulsa ética por la repulsa política activa».

Basta Ya aspira a vivir «en una democracia lo más aburrida posible» y, por esta razón, se ha decantado por la segunda opción. El pasado fin de semana, organizó un acto en el Kursaal donostiarra donde pidió el voto para PP y PSE. Una sola frase de Martínez Gorriarán basta para resumir el razonamiento de la plataforma: «Aquí nos movemos para salvar la piel». Y en eso, a su juicio, no caben medias tintas. «No queda más alternativa que posicionarse y trabajar para que haya un Gobierno que no crea que se puede acabar con ETA a base de sosegarles con concesiones. Vivimos una situación prepolítica porque no se dan los requisitos para que exista una vida democrática normalizada: los candidatos no pueden salir tranquilos a hacer campaña porque les quieren matar, hay partidos que no pueden tener interventores en según que pueblos…» Para esta plataforma, en Euskadi no se cumplen los «mínimos» exigibles al sistema. «Sólo conquistaremos nuestros derechos ejerciéndolos y haciéndolos respetar. No es suficiente con decir ‘no seáis malos, no se dispara’, sino que también es necesario apoyar al disparado».

Gesto por la Paz recoge el guante. Su trayectoria resulta digna de análisis: de estandarte de la repulsa cívica contra ETA surgido de las parroquias -el propio Ladrón de Guevara recuerda que, antes del estallido de Ermua, soportaba «huevazos» y «gritos de ‘marchaos a Madrid’» en las nutridas concentraciones de la organización pacifista-, ha visto como sus métodos son cuestionados en distintos sectores. «Sí, se ha dicho que nuestro silencio resulta cómplice o pusilánime», admite Fabián Laespada, profesor en la Universidad de Deusto y miembro de la comisión permanente de Gesto. «Creemos que en el silencio caben todas las ideologías y que es la mejor muestra de cabreo y desprecio a la banda, la respuesta más elocuente, lo que más les puede doler. Lo que no puede ser es que se quiera pintar al adversario político como enemigo, algo que ya ocurre», explica, mientras subraya otro de los rasgos distintivos de Gesto: la ubicuidad. «Después de cada atentado se producen unas 150 movilizaciones en Euskadi: en escuelas, barrios, facultades. Así logramos que la gente vea a su vecino y se anime…»

He aquí otro de los ángulos más interesantes del problema. ¿Se parece la rebeldía a una mancha de aceite? Al hilo de los testimonios recogidos, habría que convenir que sí. El representante del Foro Ermua destaca, en este sentido, el papel de una parte de la intelectualidad vasca, que «arrastra y convence» a los que prefieren «gritar y enfrentarse» a los violentos frente a la filosofía «gandhiana» de Gesto y el «discurso trampa» de Elkarri. Victor Aierdi, portavoz de Elkarri, el autodenominado movimiento social por el diálogo y el acuerdo, ha recorrido en numerosas ocasiones la geografía vasca, de pueblo en pueblo, de charla en charla. Y, al terminar, dice que siempre ha escuchado la misma pregunta de alguno de los asistentes. «¿Qué puedo hacer yo para que esto cambie?».

Cartas y pegatinas
«En la sociedad vasca hay gente muy comprometida y otra más escéptica. Pero si la comparamos con otras sociedades que han vivido conflictos políticos, la nuestra es, de media, muy activa», sostiene Aierdi. De hecho, si algo diferencia a las organizaciones vascas de otras del resto de España es la espontaneidad con que suman adhesiones. De salir en manifestaciones convocadas por colectivos o partidos, se ha pasado a pedir información en las sedes, hacer aportaciones económicas, atestar las redacciones de los periódicos con cartas al director (práctica habitual de Gesto), participar en conferencias de paz -como la de Elkarri-, o, incluso, dedicarse a la fabricación casera de carteles y pegatinas, como hizo un puñado de simpatizantes de Basta Ya, a iniciativa propia, con motivo de la última huelga general de HB.

El único dique capaz de evitar que la marea de indignación se desborde definitivamente es, tal vez, el miedo. Cada cual lo interpreta a su manera. Martínez Gorriarán, que da clases en la Facultad de Filosofía de San Sebastián, pone un ejemplo: hace cuatro años, dice, «ni hubiera soñado» recoger mil firmas para un manifiesto en la Universidad. «La gente va venciendo el temor porque ya no espera milagros». Ladrón de Guevara cuenta otro caso: en la manifestación que la Plataforma Libertad celebró en Vitoria con víctimas del Holocausto, las 5.000 personas que cubrieron el recorrido se redujeron a 2.000 en los tramos inicial y final de la marcha. «Hay gente que sólo se mueve si puede esconderse entre la masa y pasar desapercibida. Eso demuestra que hay miedo».

En lo que todos se ponen de acuerdo es en el papel «catalizador» de estos colectivos frente a las «carencias» de la clase política. Laespada cree que el movimiento cívico debe atribuirse el mérito de haber «llevado en volandas» a los partidos hacia una postura de rechazo a los métodos violentos. El portavoz de Basta Ya dice que la situación está «tan viciada» que las formaciones políticas no pueden por sí solas dar con la solución. Víctor Aierdi va más allá. «Si la confrontación política se hubiera trasladado a la base de la sociedad hoy estaríamos en guerra».

Hablemos del futuro
RAMÓN JÁUREGUI El Correo 3 Mayo 2001

Tres nacionalistas han contestado mi ‘Carta abierta a un amigo nacionalista’ del Jueves Santo. A Koldo San Sebastián, que lo hizo en ‘Deia’, no le voy a responder. A Andoni Unzalu, de quien guardo gratísimos recuerdos de mi estancia en el Barnetegi de Zornotza, sólo quiero decirle gracias por su comprensión y asegurarle que nos seguiremos viendo en ese camino común para construir un país con un pueblo plural, en paz y en libertad. Tanto a Andoni Unzalu como a Josu Jon Imaz, portavoz del Gobierno vasco, quiero decirles que interpretan mal mi estado de ánimo. Dolorido y seriamente preocupado sí, pero resignado y tirando la toalla del abandono, en absoluto. Mi compromiso con el país y con mi partido es hoy, si cabe, superior a cualquier otra época, aunque mis oportunidades de acción sean más limitadas.

Josu Jon Imaz confunde forma con fondo. Juzgar emocional y cargada de sentimientos mi carta abierta es legítimo porque en parte lo era, pero derivar de ello que adolecía de análisis político resulta absurdo, porque todo el afectuoso reproche que os hice, estaba cargado de política. Tan es así, que su respuesta es también un alegato político.

El amigo nacionalista al que alude Imaz nos reprocharía muchas cosas. Lo sé. La lista de agravios de cada parte es infinita y aburre mucho. Pero en lo que se refiere a nuestros errores y a las cosas que hemos hecho mal los socialistas, las reconozco paladinamente, pero quiero recordarte que de todo ello hemos pagado con creces y nuestro partido se ha renovado y, si me apuras, casi hasta regenerado. ¿Me quieres decir cuándo, dónde y quién del nacionalismo vasco ha reconocido y rectificado algo alguna vez? ¿Para cuándo vuestra propia catarsis? La parte más política del reproche del amigo nacionalista se refiere a esa interminable versión victimista que empieza en la ponencia constitucional y termina en las 20 ó 30 competencias del Estatuto, todavía no transferidas. Yo creo que es una queja retórica y oportunista, pero contestaré con una anécdota.

Hace unos dos o tres años, una comisión vasca visitó Belfast. Hablaban con nacionalistas norirlandeses para examinar las respectivas situaciones y conocer el proceso de paz irlandés. Los nacionalistas preguntaban el porqué de la violencia de ETA y suponían que a Euskadi se le negaba el autogobierno.

No, contestaron los vascos, tenemos un amplio autogobierno desde hace veinte años. ¿Es quizás la imposición cultural española?, preguntaron. No, la política educativa, la política lingüística, la televisión y la radio públicas, y la política cultural, se hace en Euskadi y está dirigida por el nacionalismo vasco.

Se miraron perplejos los nacionalistas norirlandeses y preguntaron: ¿Se trata, entonces, de una explotación económica, de una asfixia financiera, o de una imposición fiscal? No, respondieron los vascos. Tenemos un Concierto Económico que nos permite recaudar todos los impuestos y pagar un pequeño cupo al Estado. Somos casi como un Estado europeo más, en materia fiscal. Los nacionalistas irlandeses no entendían nada. Al final uno de ellos preguntó, creyendo dar en la clave: ¡Ya!, el problema es la Policía, que es una policía española impuesta a la comunidad vasca, como nos ocurre en Irlanda del Norte. No, respondieron los vascos. La Ertzaintza es una policía vasca, integral y formada por vascos, muchos de ellos nacionalistas. Todos a una, preguntaron: ¿Y entonces, cuál es el problema? ¿Por qué matan?

Estimado Josu Jon, podemos quejarnos y reprocharnos mutuamante hasta el infinito. Pero todas vuestras quejas no explican lo que habéis hecho en 1998, el giro copernicano que habéis dado a vuestra política respecto a los 20 años anteriores. Porque el fondo de la cuestión no son las intenciones de vuestro pacto con HB y ETA en Lizarra, sino su contenido y la gestión de su fracaso. Lo que hoy nos separa es que seguís sosteniendo unas bases doctrinales y una estrategia política que nos llevan a la fractura identitaria y política del país. Porque seguís considerando que, según Lizarra, hay un problema político previo a la violencia que la explica y la perpetúa. Que ese problema se llama soberanía y unidad territorial, es decir, la Euskadi reunificada y euskaldun, y que su solución es la autodeterminación. La estrategia es arrastrar a EH a la política y así a ETA al abandono de la violencia y, para ello, os negaréis a forjar un acuerdo democrático con el resto de los partidos, es decir, un pacto de paz contra el fascismo violento y el nacionalismo etnicista y excluyente de la izquierda abertzale.

Yo no cuestiono vuestra buena fe en la búsqueda de la paz. Yo censuro que lo hicisteis pagando un precio inasumible democráticamente e imposible para quienes no somos nacionalistas y habíamos hecho ya muchos esfuerzos de cesión y de conciliación para satisfacer las reivindicaciones de vuestro ideario. Lo que no hemos podido comprender es que no reaccionarais al veros engañados y humillados por vuestros socios, mientras mataban a vuestra oposición. Porque si tú y tu lehendakari os hubierais plantado ante el EBB el 24 de febrero del año pasado para rectificar, tendríais una legitimidad y una credibilidad que hoy no tenéis. Y sobre todo, lo que resulta imposible de superar para entendernos de nuevo es que sigáis en esos mismos principios y objetivos en este mismo momento.

Por eso, más allá de apelaciones abstractas al trabajo en común, hablemos del futuro, diseccionando el desencuentro y analizando sobre qué bases podemos avanzar. Ardanza lo hizo hace unas semanas y sus propuestas son interesantes. ¿Cuánto tiempo tardó Arzallus en rectificarlos? ¿Dónde está tu lehendakari?

«Este país lo tenemos que construir los que estamos en el desencuentro» -me dices. ¡Correcto! Pero sólo será posible si volvemos a los puntos de encuentro. Y yo sigo sin ver al PNV y mucho menos a EA dispuestos a resolver su encrucijada, venciendo la tentación patriótica desde la exigencia democrática. El amigo socialista os dice que tenéis que poner fin a ese proyecto de país, que ha emergido desde Estella, basado en un pueblo preexistente, sujeto de derechos por encima de los derechos de los ciudadanos y de las reglas democráticas que regulan su convivencia. Ese proyecto del carné vasco, del referéndum fantasma entre los ‘buenos vascos’ para hacer la gran Euskal-Herria, del monolingüismo euskaldun, de la soberanía autodeterminista, de la negación de la pluralidad y de la diversidad identitaria, que acaba en limpieza étnica-ideológica, cuando va acompañada de violencia discriminada, como nos ocurre hoy y aquí, todos los días.

El amigo socialista os pide que digáis a ETA y EH que no compartís con ellos ni diagnóstico, ni medios, ni fines. Como lo hicimos en Ajuria Enea y deshicisteis en Lizarra. Que mientras sigan en la violencia, vais a por ellos junto a todos nosotros, en un frente común que incluye, desde luego, al PP, y recupera para la política antiterrorista la línea divisoria entre demócratas y violentos. El amigo socialista exige que vuestro marco político sean el Estatuto y la Constitución. Que no haya más instituciones que las surgidas de la voluntad popular expresada en ese marco jurídico y político.

«¿Y vosotros? -me diréis- ¿A qué os comprometéis vosotros?»

Nosotros tenemos que acabar con la tentación frentista y revanchista que asoma en determinados entornos no nacionalistas. Nosotros tenemos que comprometer al PP y al Gobierno central en una estrategia pactada y suprapartidista para la paz, un acuerdo vasco, que incluye política educativa, cultural y mediática, que establezca estrategias municipales en determinados municipios, que acuerde la política penitenciaria, que coordine la colaboración policial, etcétera.

Nosotros tenemos que avanzar en el autogobierno, en el Concierto Económico, en la Europa de las regiones, en un senado federal, etcétera. Nosotros, en definitiva, tenemos que reiterar nuestra confianza en la democracia, para que la voluntad de los vascos, expresada en paz y en libertad, configure nuestro modelo político. Porque la democracia, en nuestro caso la Constitución y el Estatuto, no son un corsé, sino un marco regulador, que incluye sus propias reglas de desarrollo y reforma, en su caso. Las normas jurídicas no están para limitar, ni imponerse sobre la voluntad popular, sino al contrario.

Este es el esquema del encuentro. La regla de oro de la democracia o, si se quiere, la ley de hierro del Estado de Derecho es que digamos juntos a los terroristas que con violencia nunca jamás conseguirán nada, y a todos los vascos, que en la democracia todo es posible. Ese es el cuadrilátero, por utilizar tu expresión, del encuentro. Así será posible construir, desde la divergencia, los consensos mínimos del país y salir poco a poco del agujero en el que nos habéis metido.

Un abrazo.

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