AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 4  Mayo   2001
#Situación límite
César Alonso de los Ríos, Periodista y Escritor ABC  4 Mayo 2001 

#El Kursaal y el cambio posible
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo   4 Mayo 2001

#Tierra quemada
Editorial ABC 4 Mayo 2001 

#La desmemoria
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón  4 Mayo 2001 

#Travestismo nacionalista
Enrique de Diego Libertad Digital 4 Mayo 2001

#La mentira transparente
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC  4 Mayo 2001

#Las víctimas
Jaime CAMPMANY ABC  4 Mayo 2001

#Retolaza
AMBOTO ABC  4 Mayo 2001

#Recuerda, lendakari, el día...
Consuelo ÁLVAREZ DE TOLEDO ABC 4 Mayo 2001

#La libertad vulnerada
Editorial La Razón  4 Mayo 2001

#Entre el terrorismo y la concentración
Federico Jiménez Losantos Libertad  Digital 4 Mayo 2001

#Vascos
Francisco José LLERA RAMOS, catedrático de Ciencia Política ABC  4 Mayo 2001

#La Ertzaintza destruye a marchas forzadas documentos comprometedores para el PNV
ABC  4 Mayo 2001

#Queman el vehículo particular de un ertzaina en Galdakao
VASCO PRESS El Correo  4 Mayo 2001

#Los críticos del PNV salen a escena y exigen abandonar Estella y la vía del soberanismo
Roberto L. Vargas - Madrid.- La Razón  4 Mayo 2001

#Perspectivas en Vasconia, 1
Pío Moa Libertad Digital  4 Mayo 2001

#«Soy vecina de Eguíbar y ni me saluda»
L. R. N. - Madrid.- La Razón  4 Mayo 2001

#El día de Ibarretxe
GERMAN YANKE El Mundo  4 Mayo 2001

#'En Euskadi, ser periodista puede costarte la vida'
R. G. G. | Madrid El País   4 Mayo 2001

#El euskara
RAUL DEL POZO El Mundo  4 Mayo 2001

#'Puestos de trabajo sin perfil lingüístico'
Jaime Mayor El País  4 Mayo 2001

#Burbuja
Nota del Editor 4 Mayo 2001

#La lengua del imperio
HENRY KAMEN El Mundo  4 Mayo 2001

#13-M, Chimo Rovira y Alfonso Ussía
ANTONIO BURGOS El Mundo  4 Mayo 2001

#El turista español
Nota del Editor  4 Mayo 2001

#Autoexclusión
Pilar CERNUDA La Razón 4 Mayo 2001

#El idioma de los antiguos pirenaicos divide a los vascos
EVA MARTÍNEZ OROSA La Voz 4 Mayo 2001




Situación límite
Por César Alonso de los Ríos, Periodista y Escritor ABC  4 Mayo 2001 

EN estas horas agónicas del Estado, en el sentido unamuniano de lucha; deberíamos tener el valor de reconocer el tortuoso camino por el que hemos llegado a esta situación límite. ¿O no lo es cuando los resultados electorales pueden ser el comienzo de la reconquista del País Vasco para la convivencia y la libertad o bien pueden abrir un proceso de enfrentamientos civiles que sería temerario describir?

El dramatismo del momento debería, en primer lugar, llevarnos a admitir con todas sus consecuencias que el problema vasco ya no es el que tiene la comunidad llamada abertzale sino el que tiene una gran parte de la sociedad vasca para sobrevivir con dignidad. El problema vasco es el que tiene el Estado mismo por lo que respecta a sus responsabilidades en la defensa del orden y de las vidas de los ciudadanos. El problema vasco es el del Estado en la medida en que es negado como tal por una alianza de fuerzas institucionales y terroristas, esto es, por una parte de él mismo —los gobiernos sostenidos por los nacionalistas— y por la subversión organizada. El problema vasco no es sólo la amenaza de un sistema totalitario sino la realidad institucionalizada de ese terror totalitario. El problema vasco es la creación de una nación mediante la violencia y para la segregación frente a la común española que es, de hecho, la única garantía para las libertades ciudadanas.

Y en esta vigilia dramática deberíamos reconocer también el camino que nos ha traído hasta aquí. Deberíamos, por tanto, admitir que el movimiento ahora llamado constitucionalista ha ido a rastras de los acontecimientos del País Vasco en estos últimos veinte años. Ha habido una concienciación tardía del asalto sistemático con que los nacionalistas, todos, han ido sometiendo al Estado y, al tiempo, oprimiendo de forma sistemática a la ciudadanía vasca que no compartía las tesis etnicistas. Es más: esa ciudadanía está pagando un precio altísimo por la permisividad durante todos estos años, por la ausencia de conciencia ante este proceso. La estrategia de la secesión librada por ETA y el PNV, primero en paralelo y, después, de forma concertada no se ha manifestado de una forma abstracta o institucional sino que se ha ejercido cruelmente sobre la ciudadanía. Se pensó que la lucha se ceñiría a la conquista de los poderes del Estado pero han sido los ciudadanos los que han pagado personalmente la fidelidad a la Nación, al Estado, a la Monarquía parlamentaria, a la Constitución en definitiva.

Se comprende que aun hoy exista una resistencia a reconocer esta situación tal cual, es decir en su dimensión de guerra civil larvada, de guerra puerta a puerta, de persecución en la calle. Una guerra civil que no se quiere reconocer porque no hay carros de combate ni existe esa otra parte que parece que debe existir en toda guerra que se precie de serlo. Pero aceptadas estas explicaciones en las que nos refugiamos, a estas alturas, en esta hora crepuscular quizá matinal quizá vespertina, deberíamos tener el coraje de la lucidez.

La historia de esta larga subversión frente al Estado autonómico, inteligentemente modulada por el PNV a lo largo de estas dos décadas (conoce bien las divisiones y las debilidades ideológicas de los «españolistas» y ha sabido manejar a mucho traidorzuelo) es la historia como digo de una toma de conciencia no sólo tardía sino contradictoria. Así costó demasiado tiempo que la ciudadanía vinculara los asesinatos de ETA con la creación por parte de los moderados y de los gobiernos vascos de todo un sistema administrativo, policial, educativo, dirigido a la opresión y a la asfixia de los no comprometidos con la «construcción nacional vasca». Había verdadera resistencia a reconocer la globalidad de la estrategia abertzale. Aun hoy hay intentos de salvar al PNV o una parte del PNV. La razón de esa actitud, cobarde desde el punto de vista moral, torpe y suicida desde el punto de vista intelectual y político, era clara: reconocer la naturaleza del PNV habría conducido a un enfrentamiento coherente, tanto por parte de los partidos como por parte de los ciudadanos y de los intelectuales especialmente. Unos y otros tendrían que haberle exigido al Estado la intervención en las materias que se lo exige la Constitución. En defensa de la parte martirizada. Pero, en vez de eso, se pedía la distensión y con frecuencia se terminaba culpando a las víctimas.

Detrás de esa ceguera estaba —lo he dicho con frecuencia— la minusvaloración de la Nación como instrumento de solidaridad y estaba en cambio el apoyo a las otras naciones, a las nacionalidades. Ha habido en todo esto no sólo una perversión conceptual sino fuertes dosis de relativismo moral y político que se expresa en el menosprecio del Estado. Dicho de otro modo, han sido demasiados los demócratas que han demostrado incapacidad intelectual, moral y política para entender que un Estado no puede aceptar la subversión organizada en una parte de su territorio sin peligro de convertirse en un espantajo.

No sólo no ha contado el Estado con la ayuda necesaria sino que ha sido sometido durante estas dos décadas a una fiscalización paralizadora. Todavía hay líderes de opinión y profesionales de la cultura que ahora mismo consideran la apuesta de Mayor y Redondo «arriesgada» y «provocadora» frente a los nacionalismos. Y si pierden, ¿qué salida quedará?, dicen. Les podríamos preguntar si acaso preferirían que prosiguiera el avance exterminador del totalitarismo nacionalista.

Conocemos bien los hitos de esta perezosa concienciación ante el problema vasco. Durante mucho tiempo no se vincularon los asesinatos a la extorsión y persecución diarias... hasta que comenzaron a morir concejales. Se quería distinguir, a cualquier precio, que una cosa eran las acciones de ETA y otra el movimiento nacionalista; que una cosa era el asesinato y otra la política. Entre las frecuentes fugas de la realidad debemos recordar como «ejemplar» aquella campaña de turismo mediante la que se nos pretendía hacer creer que el País Vasco vivía en plena «normalidad», que el terror era la excepción. Se ocultaba el viacrucis de las familias castellanohablantes, la instrumentación discriminadora del euskera, la selectividad por razones étnicas. Es verdad que se tenía constancia de todo ello, pero no se llegaba a las conclusiones globales porque ello habría obligado a reconsiderar la naturaleza del PNV, el silencio de los moderados ante el crimen, su complicidad con Caín. Ha sido recientemente cuando se ha hablado de Arana, cuando se ha denunciado la Educación, la tergiversación de la memoria histórica. Hasta hace bien poco no era políticamente correcto denunciar el solapamiento político de los abertzales moderados con los terroristas. A quien lo hiciera se le acusaba de satanizar el nacionalismo. Todavía hace poco tiempo fui acusado de calumniador por haber atribuido a Arzalluz un proyecto de censo vasco. En realidad yo lo había escrito unos años antes. Cuánta resistencia a reconocer lo obvio. Cuántos defensores espontáneos (?) del PNV.

Se reducía la importancia de HB a un gueto, y se intentaba salvar el nacionalismo moderado. No sólo se aumentaba la capacidad hegemónica del PNV sino que se le concedían por ello unos derechos de forma antidemocrática. Se le regaló la centralidad democrática cuando por definición todo nacionalismo es extremoso en sus planteamientos (discriminadores) y en sus resultados (totalitarios).

La opinión mayoritaria sobre la buena fe de ETA al proponer la tregua es una buena prueba del desánimo de muchos constitucionalistas. Demostrado su carácter tramposo tuvimos que soportar a los apóstoles del diálogo y las equidistancias entre PP y ETA. Se seguía situando al PNV en el centro ¡después de Estella! Para algunos no ha sido tardía la conciencia. Simplemente no les ha llegado aún.

Si no reconocemos este itinerario, no podremos valorar la agonía en la que estamos. Tampoco la importancia de la victoria. Si la conseguimos.

El Kursaal y el cambio posible
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo   4 Mayo 2001

El eufórico acto organizado por la iniciativa ciudadana Basta Ya en el Palacio del Kursaal es un síntoma estimulante que nos habla de que la voluntad de cambio se ha instalado en buena parte de la sociedad vasca de forma irreversible. Cientos de voluntarios, en su inmensa mayoría sin militancia partidaria, que se han curtido como ciudadanos en la asistencia a las manifestaciones convocadas después de cada crimen de ETA, fueron capaces de poner en pie el acto más importante realizado hasta ahora en la campaña electoral y sellaron un compromiso que tenía algo de inaugural de una nueva etapa. No se recordaba un clima semejante desde momentos como la legalización del PCE, o los primeros mítines de la democracia; no es causal que buena parte de los asistentes al acto del Kursaal sean antiguos militantes del PCE que han renovado contra la dictadura nacionalista el mismo compromiso que tuvieron para pelear por la libertad en tiempos de Franco. La misma energía que se puso en tensión para luchar contra la dictadura que duró cuarenta años, se ha desplegado ahora para poner en su sitio a los terroristas, dictadura de treinta años, y a los que están siempre dispuestos a entenderles o a gobernar con sus apoyos.

Después del acto del Kursaal resulta doblemente increíble que Ibarretxe diga que no ha gobernado con HB y que no va a gobernar con este partido en el futuro. En los dos casos, le ha recordado Jaime Mayor Oreja, miente el candidato nacionalista. Hay pruebas hasta el empacho que certifican que Ibarretxe llegó al cargo gracias a un acuerdo del PNV con ETA que luego se tradujo en el préstamo de los votos de EH a Ibarretxe y en la entrada, a cambio, de un antiguo asesino de ETA en la comisión de Derechos Humanos del Parlamento vasco. Si para Ibarretxe ese pasado no significa haber gobernado gracias a los violentos, casi parece lógico que diga ahora que en el futuro no se pactará con ellos. Pero lo cierto es que el PNV sólo tiene la remotísima posibilidad de volver al Gobierno vasco si es con el apoyo del brazo político que apoya a ETA, es decir, con los menguantes votos de EH. Ibarretxe solo podrá volver a ser presidente si vuelve a contar con los mismos que le auparon la vez anterior, es decir, EH-ETA.

El espíritu del Kursaal puso también de manifiesto una inmensa sensación de fraude respecto del nacionalismo hasta ahora gobernante. Desde la recuperación de la democracia se les ha entregado las llaves del coche, se les ha privilegiado, por encima de su real presencia electoral, se les ha dado un plus de confianza en la idea de que ellos eran los mejor situados -así lo proclamaban también ellos mismos- para acabar con el terrorismo. Ahora, veinte años después, el viaje al monte del PNV, teóricamente para bajar de él a los terroristas, se ha traducido en que la actual dirección nacionalista se ha quedado en la parte más alta de la campa, los terroristas siguen matando -a socialistas y a populares- y los costosos consensos conseguidos entre distintos durante años han saltado hechos pedazos. El PNV se ha ido al monte y crece entre sectores que en su día le apoyaron la certeza de que a más independentismo, menos poder; a más cercanía a HB, más lejanía de la gestión del presupuesto, que tanto une. El balance es claro: pérdida de la Diputación de Álava, del Ayuntamiento de Vitoria, engorde de los apoyos del PP, sobre todo en las ciudades, y a cambio una ETA que asesina y aventa miedo y una EH que le recuerda al PNV que ha gobernado gracias a ella y que no es capaz ni de condenar la violencia callejera.

Dice Ramón Saizarbitoria en estas páginas: «Hemos sido condescendientes y reaccionado muy tarde al horror. Tenemos parte de responsabilidad en esta locura». Aún se está a tiempo de reaccionar ante este horror que por un lado te asesina y por otro te programa un futuro de alemán en Mallorca, o de turco en Alemania. Cuando esta pesadilla se acabe, más pronto que tarde, muchos dirán que ellos estuvieron en el acto del Kursaal, como antes dijeron que estuvieron contra Franco o en Mayo del 68. En el acto de Basta Ya estuvieron los que realmente asistieron, pero pueden estar también los que el próximo 13 de mayo apuesten por votar libertad y dignidad.

 

Tierra quemada
Editorial ABC 4 Mayo 2001 

La destrucción de documentación comprometida en las Jefaturas Territoriales de Seguridad de la Ertzaintza es un hecho lo suficientemente grave para provocar la comparecencia inmediata del consejero del Interior, Javier Balza, ante la Diputación Permanente del Parlamento vasco, al margen de los delitos que pudieran constituir tales comportamientos (por ejemplo, artículos 413 y 451.2º del Código Penal). Como se recoge en la información que hoy publica ABC, la posibilidad de un cambio de Gobierno en la Comunidad vasca a partir del 13-M ha podido llevar a mandos y responsables de la Policía autonómica a decidir la eliminación de documentos que cuestionarían la legalidad de sus decisiones y conductas, realizadas en los últimos tiempos. No estaría lejos de esta limpieza de archivos, propia de una estrategia de tierra quemada, la evidencia de que los responsables políticos de la Ertzaintza han impedido que este Cuerpo se empleara a fondo contra la «kale borroka». Así lo denunciaron los dirigentes de su principal sindicato, ERNE, ante el comisario de Derechos Humanos, Álvaro Gil-Robles, y así lo hizo constar éste en su informe al Consejo de Europa, al constatar «un funcionamiento anormal de la Policía autónoma vasca en cuanto a la represión y a la investigación de estas conductas delictivas, que afectan tan gravemente a la vida democrática en la Comunidad Autónoma». Si tras la indefensión que se causó a los ciudadanos, se está buscando la impunidad, Balza tiene que dar explicaciones muy convincentes y no refugiarse en el victimismo.

La desmemoria
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón  4 Mayo 2001 

Arzallus es la política del engaño, el engaño en sí mismo, la apoteosis de la falsedad, el cortejo de la hipocresía. Al menos desde 1991, según han demostrado Isabel San Sebastián y Carmen Gurruchaga, el ayatolá está de hinojos ante Eta, engañando a su aliado en el Gobierno, el PSOE, a la inmensa mayoría de los dirigentes del PNV e, incluso, al propio lehendakari de entonces.

   Ahora, el candidato-marioneta Ibarreche, que se mueve según los hilos manejados por Arzallus, asegura que nunca pactó con los que utilizan la violencia. ¿Coño, qué desfachatez la de este muchachito con cara de alumno retrasado al que van a catear! Pactó con EH para convertirse en lehendakari, respaldó con entusiasmo el pacto de Estella, incluso después de la tregua rota y tras afirmar que se iría; impartió instrucciones a la Ertzaintza para que llegara tarde a los actos vandálicos de la kale borroka, se dio la lengua en el Parlamento vasco con Josu Ternera y EH, hasta que le retiraron el apoyo; conoce los pactos de Arzallus con Eta y sabe que sólo con los escaños proetarras podría volver a encaramarse en la presidencia del Gobierno vasco.

   Pero el ejercicio de la desmemoria ya no convence a nadie. La política del engaño está desenmascarada. Lo que quiere el PNV, mejor dicho, algunos dirigentes del PNV, lo saben hasta las ranas del río Urumea. Una victoria nacionalista significaría más kale borroka sin control y una alianza profunda a las órdenes de Eta para poner genuflexo a Aznar, a costa del bienestar de los vascos, de la paz y el progreso de las provincias vascongadas.

Travestismo nacionalista
Por Enrique de Diego Libertad Digital 4 Mayo 2001

A tenor de lo que vemos, al País Vasco le conviene la celebración frecuente de consultas electorales. Quizás debería haber una cada semestre. Por de pronto, moriría menos gente, pues hasta el momento, y ojalá siga así, no se han producido atentados. Esta reducción de la violencia es consustancial a la democracia que se basa en la alternancia sin derramamiento de sangre. Además, Eh saca más votos cuando menos mata Eta y viceversa: menos cuando más hay más asesinatos.

La campaña produce un benéfico proceso de moderación del nacionalismo. Hemos escuchado cosas tan tiernas y sorprendentes en boca de Ibarretxe como que el País Vasco se debe hacer “entre todos”, o la última de que no está dispuesto a pactar con los que no condenan la violencia, cuando en esa materia no es virgen sino que tiene horas de vuelo en la promiscuidad. Después de que asesinaran a Fernando Buesa, siguió gobernando sobre los votos de los asesinos. Ibarretxe no ha hecho otra cosa que pactar con los que no condenan la violencia, manifiesto eufemismo que responde a una realidad bien distinta: ha gobernado con los que la apoyan y la practican; con los que hacen seguimientos, buscan información y con los que disparan el tiro en la nuca y ponen coches-bomba, de manera tan clara que el pacto con Eh no fue otra cosa que la consecuencia del directo del PNV con Eta.

Es campaña y ya no oímos esas cosas de Arzalluz contra los inmigrantes, ni se habla del Rh, ni se recuerda que PNV y Eta tienen los mismos fines y se fundaron para lo mismo. De hecho, Arzalluz se ha situado en un segundo plano y toda la extraña polémica sobre el debate no ha sido otra cosa que una cortina de humo nacionalista para evitar las críticas y los retos de Jaime Mayor Oreja a ese señor que pidió que Eta dejara de matar cocineros, pero no por defender el derecho a la vida, sino porque debía apuntar más alto.

La campaña viene siendo un ejercicio de travestismo nacionalista, de cinismo en altas dosis. El PNV concibe la campaña electoral como una forma de engaño, en la que dice casi lo contrario no sólo de lo que ha estado diciendo, también de lo que ha estado haciendo e incluso de lo que lleva en su programa electoral, donde el punto clave es radicalizar y exacerbar el conflicto con la propuesta de un referéndum autodeterminador. O el PNV está muy convencido de su capacidad de manipular a la opinión pública vasca o todo esto es una tomadura de pelo: después de haber mantenido en cartel durante años una tragedia, durante unas semanas a Ibarretxe le han dado el libreto de una comedia.

Llega un momento en que es imprescindible mantener el mínimo de memoria histórica: en nombre del pacto de Estella/Lizarra han sido asesinados una veintena de constitucionalistas, el PNV ha transferido legitimidad a Eta y ordenó a la Ertzaintza que se inhibiera ante el terror capilar de la kale borroka. Arzalluz no puede esconderse tras Ibarretxe sin que éste aparezca como un títere con harapos dedicado a la ceremonia de la confusión. La comedia de Ibarretxe es un entremés para que el público se relaje mientras en las bambalinas se prepara el desenlace de la tragedia, con Arzalluz de actor principal.
 

La mentira transparente
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC  4 Mayo 2001 

Una antigua sabiduría nos recuerda las relaciones escasamente armónicas que muchos políticos mantienen con la verdad. Se ve que en ocasiones exhiben dificultades para discernir escrupulosamente entre la utilidad (la suya más bien que la pública) y la verdad, y como proclamó un gran pensador español, esa es precisamente la definición de la mentira.

Para distinguir entre políticos existen dos criterios certeros: que sientan auténtica inquietud intelectual y que muestren una aversión visceral e instintiva hacia la mentira. La veracidad no garantiza la presencia de un gran político, pero la mendacidad nos sirve como absoluto criterio de descalificación.

En esta campaña electoral vasca, la mentira ha hecho una aparición que, probablemente, carezca de precedentes, al menos conocidos para mí. En política, el tipo de mentira más frecuente (hasta el punto de que llega a no reconocérsela como tal) es el de la promesa incumplida. Cuando el incumplimiento es debido a fuerza mayor, no le es imputable a su autor. Si acaso cabe imputarle imprudencia. Otro tipo habitual es la mentira que oculta un hecho real pero desconocido. Lo que al más entusiasta devoto de la mentira no se le había ocurrido hasta ahora era acogerse a la práctica del cónyuge infiel sorprendido «in fraganti»: negar la evidencia. Hemos asistido, entre divertidos y asombrados, a una ingeniosa mezcla de promesa, verosímilmente proferida para ser vulnerada, y de exhibicionista negación de un hecho público y notorio. Es, por poner un ejemplo, como si Felipe González hubiera dicho que jamás había sido presidente del Gobierno y que jamás lo sería. La verosimilitud del pronóstico vendría muy deteriorada por la falsedad de la primera afirmación. Los lógicos enseñan que de lo falso se puede deducir cualquier cosa.

A Nixon una mentira le costó la presidencia de la República. Un candidato vasco la esgrime como reclamo electoral. Quizá adolezca de cinismo, de trastorno mental, transitorio o definitivo, o de una amnesia selectiva. Conocíamos mentirosos con garbo y desparpajo, mentirosos vergonzantes y tímidos, filantrópicos y altruistas, vocacionales, profesionales y aficionados, perennes y ocasionales, mentirosos egoístas y por cuenta ajena, pero jamás habíamos asistido a la exhibición de un aizcolari de la mentira, a alguien que no está dispuesto a que la realidad le estropee una buena mentira.

Se trata de una mentira manifiesta y retroactiva, que niega lo que todos saben que ha sucedido. Pero cabe dudar de que una falsedad tan notoria sea realmente una mentira. Una mentira transparente como ésta se refuta a sí misma. Es algo así como la paradoja del mentiroso. Si lo que dice es verdad, miente y si miente, dice la verdad. Se diría que más que engañar pretende declarar una mentira imposible de tragar. Si uno miente a sabiendas de que el interlocutor sabe que miente, en realidad no miente. Si acaso, se ejercita y entrena para futuras falsedades. Que también el hábito de mentir se atenúa por falta de ejercicio. El mentiroso también tiene que estar en forma.

En realidad, nuestro político vasco ha creado una nueva forma paradójica de mentira que se refuta a sí misma: la mentira transparente. Quizá no exista un mayor y más rendido tributo a la verdad que proferir una mentira imposible de creer. Si el lenguaje puede en ocasiones crear una realidad que antes no existía, ¿por qué no habría de poder cancelar otra que sí existía? Aunque pacté, si digo que no pacté, entonces no pacté. Ya dijo el filósofo que los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo. Claro que bien mirado, si un nacionalista falsifica la historia, ¿por qué no habría de falsificar también su propio pasado?

Las víctimas
Por Jaime CAMPMANY ABC  4 Mayo 2001 

Esta es la formidable paradoja, una paradoja tan abracadabrante que no sería posible en otro país que no fuera Celtiberia. Ya que no los muertos, que no hablan, pero sí el alrededor de los muertos de ETA ha ido a Roma a pedirle al Papa amparo contra la Iglesia. Allá se han ido con esa desconcertante embajada dos asociaciones representativas de las víctimas del terrorismo. Y es que, por mucho que el cardenal Rouco Varela y la voz oficial de la Conferencia Episcopal reitere ahora las condenas contra el terrorismo y contra todos aquellos que lo apoyen, queda todavía en pie el hecho de la ambigüedad de la Iglesia vasca. Y no sólo ambigüedad. En muchas ocasiones, se trata de síntomas claros de tener preferencias visibles por los verdugos con desatención y desdén hacia las víctimas.

La banda etarra hizo, no hace mucho, una declaración muy significativa. Se hizo pública esa declaración en el preciso momento en que, tras el clamor de muchos cristianos, la Conferencia Episcopal y más tímidamente los obispos de las diócesis vascas condenaron abiertamente las actividades terroristas. El desconcierto de buena parte del pueblo de Dios llegó al punto de que algunos pidieran un «castigo» pecuniario a la Iglesia y no trazaran la cruz del socorro en la casilla correspondiente de la declaración de la renta. Circuló por entonces el rumor de que la Iglesia podría llegar a excomulgar a los miembros de la banda etarra como muestra inequívoca de su condena a los asesinos y su amparo a las víctimas. A eso no se llegó. Se entendió que no era necesario el matacandelas.

Pero vamos a la declaración de los etarras. Se trata de otra paradoja desconcertante, quizá también sólo posible en Celtiberia Show. Manifestaron los etarras que lamentaban profundamente la «pérdida de neutralidad de la Iglesia». Hasta ese momento, los terroristas habían entendido que la Iglesia había permanecido «neutral» entre las víctimas y sus verdugos. Las arrogantes y rotundas declaraciones del obispo Setién cuando la Iglesia tuvo que decidir entre adherirse o no adherirse al pacto por la paz firmado por populares y socialistas, vino a complicar, enredar y enturbiar aún más aquella situación entre la grey y los pastores. Setién, con una seguridad absoluta en sus palabras, afirmó que los obispos vascos jamás se unirían a ese pacto.

Que la Iglesia española, aunque tal vez no toda, ha corregido sus posiciones ante el fenómeno del terrorismo vasco, es un hecho sin duda evidente. En su actitud durante los últimos meses encontramos muchas pruebas de ello, unas más elocuentes que otras, Desde luego en las palabras del cardenal Rouco Varela no es posible encontrar equivocidad ni ambigüedad algunas. Son claras y terminantes. Las de otros prelados, también. Y eso a pesar de que la banda etarra dejó caer en sus declaraciones una amenaza tan velada y sutil que podría parecer salida de alguna oficina de la diplomática vaticana. Aseguraban los etarras que, aún lamentando la pérdida de neutralidad de la Iglesia, no tomarían represalias en la persona de ninguno de sus representantes.

Los asesinos etarras no matan políticos nacionalistas. Tampoco matan curas ni obispos. Han hecho saber que así seguirán. Pero eso es una manera de recordar la «consideración» que ha disfrutado el clero durante toda la larga y sangrienta actividad de la banda y también es una manera de avisar que esa «consideración» puede terminar en cualquier momento. Así están las cosas cuando los representantes de las víctimas del terroristas, no los muertos, insisto, pero sí los alrededores dolientes de los muertos, han viajado a Roma a suplicar amparo al Papa. Amparo, válgame Dios, contra la propia Iglesia. Celtiberia, a veces, también está en las sacristías, incluso en los palacios episcopales. 

Retolaza
Por AMBOTO ABC  4 Mayo 2001 

«Tienen que soltar lastre, es natural», apuntilló Mari cuando se enteró de que la Ertzaintza metía papeles en la estufa. «Si se tiene en cuenta que todo el montaje de Interior está hecho a imagen y semejanza de Roque, todo resulta lógico». «¿Roque? ¿Quién es Roque?», pregunté ingenuo. «Mira, si vuelves por aquí —que no lo creo porque me pareces un “ganorabako”— has de hacerlo con un mínimo de cultura política», me riñó la vieja dama. «Roque es el alias de Retolaza, el primer consejero de Interior del Gobierno vasco, adinerado, suegro de Gorka Aguirre, el enlace del PNV con los asesinos.»

A más a más que dicen los catalanes: Retolaza —Luis Mari para los amigos— estuvo envuelto en las escuchas ilegales a Garaiko y fue el muñidor de los “berrocis”, cuerpo de elite de la Ertzaintza, a la que plagó de amigos ideológicos. De aquellos polvos, estos lodos».

Las brujas Eider, Uxua y Libe escuchaban con atención a la bruja madre, que hablaba con solemnidad. «El poder de Roque en el PNV fue grande y sólido y se dice que hasta Arzalluz se tienta la ropa antes de enfrentarse con él, porque tiene toda la información, hasta la más pedestre, de los amigos y de los enemigos. Ahora está mayor, no demasiado bien y apartado, pero con el ojo vigilante y es el que ha advertido al jefe de sección que es Javier Balza para que no dejen rastros, no sea que los de Mayor y Redondo se hagan con el Gobierno y tengan más munición de la que ellos esperan».

«Una buena historia», comenté. «Que no ha hecho más que empezar», puntualizó Uxua, que siguió: «Mala es la guerra, pero peor va a ser la postguerra, y es que después de la resasca viene la pleamar». «Anda que cuando te pones chochola no te mejora ni Txaro Arteaga, la feminista de cámara del régimen del PNV», le atacó, inmisericorde, Eider, la más sensata de las brujas. «Colaboracionista», le gritó Uxua. «Eso, los banqueros, Uxua. Mantén las formas», cerró la discusión Mari. Y anocheció en el monte.

Recuerda, lendakari, el día...
Por Consuelo ÁLVAREZ DE TOLEDO ABC 4 Mayo 2001 

Es inútil que el PNV intente reescribir su propia historia. El cinismo de Ibarretxe que niega y reniega de sus compromisos con EH y ETA se topa con la hemeroteca. Lizarra, la investidura con los votos de EH, los compromisos suscritos con ETA, Udalbiltza y el DNI vasco; otra vez los muertos, la sangre, el terror, la complicidad, el silencio, la manifestación a la que no fue, la condena que no suscribió; esa connivencia con los que se nutren del terror, están ahí escritos y contados blanco sobre negro o en color.

Le guste o no que se le diga, Ibarretxe es hijo de sus hechos y no puede eliminar del recuerdo el día en que fue lendakari gracias esos de los que ahora de repente no se quiere acordar. Pero es bueno y saludable rememorar lo ocurrido, tan cerca que todavía quema. Ahora, en un ejercicio de cobardía, pretende huir el PNV de su sombra y promete el pusilánime Ibarretxe, compungidísimo, que no volverá a juntarse con Otegi y su pandilla mientras no abominen de la violencia. Pero «Otegi y su pandilla», cuando más le quieren dar esquinazo, más se arrima al PNV. Y le augura que va a tener que cumplir lo pactado. Si no fuera porque hay mil muertos a manos de ETA en la memoria, sería un sainete. Pero, ¡quiá¡, que la cosa tiene truco: pan para hoy, traición para mañana, el nacionalismo arzallista se retroalimenta insaciable con el terrorismo de ETA que busca la guerra permanente con España hasta la aniquilación. Lo demás, es engañabobos. «Mintió, ocultó, intentó manejar o no se enteró», sentenciaba Nicolás Redondo al preguntar a Ibarretxe por los acuerdos que firmó el PNV con ETA. Cualquiera de las casillas a rellenar, deja al candidato de Arzalluz frente a su responsabilidad.

La libertad vulnerada
Editorial La Razón  4 Mayo 2001

España ocupa un puesto en la lista de países en los que la libertad de expresión está amenazada. Es habitual ver nombres de reporteros muertos, encarcelados o amenazados en dictaduras y países tercemundistas, pero nunca en una democracia. Es una realidad avalada por el hecho de que tres profesionales españoles reciban hoy premios internacionales por su coraje en defensa de la libertad de expresión: Aurora Itxausti y Juan Palomo, a quienes Eta intentó asesinar junto a su hijo, han recibido el reconocimiento de «Reporteros Sin Fronteras», y Carmen Gurruchaga ha sido premiada por su valor por las mujeres periodistas de todo el mundo.

   El asombro de los informadores extranjeros no tiene límite cuando descubren que en la España del Siglo XXI, en plena UE, lloramos a compañeros asesinados; que Eta ha fracasado al intentar matar a cuatro profesionales; que aquí los periodistas llevan escolta hasta para comprar el pan y los periódicos cuentan con protección policial y detectores de envíos explosivos (en LA RAZÓN se han recibido tres paquetes-bomba en un sólo año). El asombro ha dado paso al reconcimiento internacional del valor de quienes se juegan la vida por la palabra y ha estendido por el mundo la realidad de Eta y los terribles efectos del terrorismo.

Entre el terrorismo y la concentración
Por Federico Jiménez Losantos Libertad  4 Mayo 2001

Los peligros que padece la libertad de expresión en España son bastantes, pero sólo dos revisten la máxima gravedad. El primero es el del terrorismo nacionalista que se dedica a calumniar, amedrentar y, si puede, a asesinar a los periodistas que hacen frente a sus costumbres criminosas y a sus proyectos genocidas. Ese peligro está perfectamente delimitado y apunta directamente contra los profesionales de la información, pero no sólo contra los que informan sino muy especialmente contra los periodistas que tienen opinión, aquellos que ejercen el derecho más sagrado de la ciudadanía, además de comparecer a diario ante el tribunal incruento pero implacable del kiosko, el micrófono o la cámara de televisión, todos ellos sometidos a índices de lectura, audiencia y visión.

No hace falta encarecer el mérito de profesionales como José Luis López de Lacalle, cuyo asesinato precisamente el día de la Libertad de Prensa recordamos y recordaremos siempre. No olvidaremos nunca que todos los nacionalistas, "moderados" , junto a los pistoleros, se han negado a rendirle tributo en Andoaín. No extraña, porque son los mismos que votaron a Josu Ternera para la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento vasco, pero sorprende que aún así los miserables que escoltan al mambrú delator del PNV sigan en su campaña contra la posibilidad de que estos enemigos de la libertad tengan ocasión de ir al paro. Los que defienden que Ibarreche siga en el Poder están defendiendo que lo de López de Lacalle se repita. El crimen y el agravio.

Pero el segundo peligro, que también cabe recordar con otro aniversario, el de Antonio Herrero, es el de las concentraciones empresariales patrocinadas por el Gobierno mediante las concesiones de radio y TV. Continúa el despilfarro, la manipulación y la doble financiación de los entes televisivos dizque públicos. Pero sobre todo continúa la política de concentrar para diluir, de comprar para dispersar o aniquilar. Del periodismo agresivo y de trinchera que permitió acabar con el felipismo, no queda prácticamente nada. Mérito de Aznar, que ha conseguido más con el "fuego amigo" que González con el fuego graneado.

Pero sí queda algo: las ansias de libertad. Con la pistola delante o con el cheque detrás, el deseo de opinar libremente sobre lo que pasa y nos pasa, no hace sino acrecentarse en las dificultades. Ladran, matan, compran, amordazan... luego cabalgamos.

Vascos
Por Francisco José LLERA RAMOS, catedrático de Ciencia Política ABC  4 Mayo 2001 

Lo vasco y los vascos son realidades que conviven con dificultad en una sociedad tan pequeña, física y demográficamente, como la nuestra. La complejidad no proviene, obviamente, de una, falsa e imaginaria, extrema heterogeneidad de nuestra estructura social, porque no hay ni fracturas, ni desigualdades, ni siquiera distancias sociales mayores que en las sociedades que nos rodean (en todo caso, menores) o que hundan sus raíces en determinaciones cuasitelúricas imposibles de dominar por la voluntad o la inteligencia humanas. Es, precisamente eso, la inteligencia, más que la voluntad, lo que está en juego. Se trata, en efecto, de un problema arbitrario y atávico, que yo me atrevería a calificar de neurótico. Si se me permite la paradoja, es lo vasco lo que le puede estar haciendo la vida imposible a los vascos. Mejor, es una de las formas de definir e imponer lo vasco la que impide la cohesión social y política de los vascos. Es la apropiación totalizante de una identidad imaginada del grupo la que desestabiliza la convivencia plural de la comunidad.

Todo grupo humano necesita una identidad que lo cohesione, lo dote de vitalidad creativa y lo proyecte hacia el futuro, haciendo posible y articulando una sociabilidad más o menos comunitaria. Pero para que se produzcan tales resultados es imprescindible un prerrequisito, sin el cual no es posible que tal grupo exista o tenga futuro. La condición sine qua non es que el grupo participe en la producción y la reproducción de tal identidad y, cuanto más heterogéneo o complejo sea el grupo, que esa identidad sea más plural e inclusiva. Claro que habrá definiciones más poderosas y que habrá competición y conflicto entre ellas, pero la más exitosa para el grupo será la que sea capaz de incluir a los más diferentes o periféricos respecto de tal centralidad identitaria. Recurriendo a un concepto acertadísimo del gran Julio Caro Baroja, el verdadero problema vasco es su laberinto identitario.

¿Por qué lo vasco nos puede estar haciendo la vida imposible a los vascos ? ¿Por qué la identidad grupal puede desestabilizar hasta tal punto la convivencia plural que haga inviable nuestra sociedad? Creo, sinceramente, que caben pocas dudas de que, sean cuales sean las explicaciones (y sólo eso) históricas, sociológicas o políticas, es la definición de lo vasco caracterizada por un etnicismo excluyente, xenófobo con los propios convertidos en extraños, integrista, autoritario y agresivo o violento, precisamente por sentirse agónica, la que le hace la vida imposible a los vascos. Es, simplemente, la versión vasca de la limpieza étnica, de la que advirtiera hace ya algún tiempo, con gran escándalo del graderío, el por entonces presidente Felipe González. La experiencia vasca de más de cien años, sobre todo la de estos últimos, nos demuestra que frente a los que creen, piadosamente, que las ideas no delinquen, la realidad se empeña en demostrar que hay identidades que matan. Matan, en primer lugar, porque matan a las personas, pero matan, también, a las ideas, a las instituciones democráticas, a los valores universales. En realidad, a fuerza de comunitarizar tal identidad excluyente hacen imposible la pluralidad social, es decir matan a la propia sociedad, porque la temen y desconfían de la modernidad y la democracia.

Por mucho que una minoría se emocione con tal definición comunitarista arbitraria, tratando de imponerla con todos los medios institucionales a su alcance, y otra, más minoritaria aún, lo haga a través de la aterrorización, la persecución social, la extorsión y el exterminio físico, la sociedad vasca, aunque a veces parezca acomodarse de forma resignada y sumisa, sigue manifestándose de forma plural.

Nuestro gran riesgo es que, primero, tal tensión nos lleve a la segmentación social y a la definición de compartimentos políticos estancos e incomunicados y, más tarde, la frustración de los hasta ahora excluidos desemboque en el choque físico entre las distintas definiciones grupales, que no otra cosa es la confrontación civil.

La construcción política de una sociedad se basa en la legitimación social de las reglas de juego democráticas y ésta en la existencia de una comunidad política compartida e inclusiva, en la que cualquiera tenga las mismas oportunidades de competir por el poder y la influencia. En la sociedad vasca hay una mayoría clara moderada, que legitima la actual realidad institucional, está satisfecha con su rendimiento, rechaza rupturas y aventurerismos excluyentes, define una identidad colectiva plural y basada en la compatibilidad. Una mayoría que desea que cambien las cosas y, sobre todo, se abandone el camino de la confrontación dual. Sólo este cambio de rumbo puede garantizar la viabilidad democrática y hasta grupal de nuestra sociedad, sólo así podremos comenzar a superar esta neurosis colectiva ya centenaria, pero hoy en fase aguda. Sólo la comprobación de la viabilidad de la alternancia y su eficacia regeneradora pueden asegurar ese cambio de rumbo que acabe con el engaño institucionalizado y la falta de libertad. 

La Ertzaintza destruye a marchas forzadas documentos comprometedores para el PNV
ABC  4 Mayo 2001

Miembros de la Ertzaintza destinados en las Jefaturas Territoriales de Seguridad, nombre que reciben las dependencias equivalentes a una comisaría, realizan la selección y destrucción de los documentos que, según las fuentes informantes, tienen siempre relación con las decisiones de responsables políticos del PNV a lo largo de los últimos veinte años, en los que un miembro de este partido ha dirigido la actuación de la policía autonómica.

La destrucción selectiva de informes y documentos se lleva a cabo, según ha podido saber ABC, en las sedes de distintos servicios de la Ertzaintza, desde los primeros días del pasado mes de marzo, poco después de que el lendakari, Juan José Ibarretxe, anunciara su intención de convocar elecciones autonómicas, decisión que finalmente hizo oficial un mes después, el 19 de marzo.

Desde esa fecha, según funcionarios conocedores de los hechos, se realiza la criba de documentación «comprometedora», que alcanza especial relieve en los organismos de la Ertzaintza con sede en Guipúzcoa.

SIEMPRE EN MANOS DEL PNV
La Consejería de Interior del Gobierno vasco ha estado, desde su creación, en manos del PNV, partido que se ha reservado siempre en cualquier negociación para formar Gobierno este Departamento, que ha considerado imprescindible en su acción política. Tras la aprobación del Estatuto de Guernica, al frente de la Consejería se han sucedido Luis María Retolaza, Juan María Atutxa y Javier Balza.

El primero de ellos, bajo cuyo mandato se creó la Policía autonómica, vio salpicada de escándalos su gestión, escándalos entre los que destacaron el de los «enchufados» del PNV que, según admitió el propio partido nacionalista, habían copado buena parte de las plazas de las primeras promociones del cuerpo policial autonómico, sin duda, el más grave, y el que a la postre le costó el relevo, el de las escuchas ilegales al ex lendakari Carlos Garaikoetxea,en aquel momento fundador e impulsor de EA, partido escindido del PNV. Juzgado por aquellos hechos, Retolaza fue absuelto, aunque su carrera política terminó con la condena por las escuchas de dos de sus subordinados en la Ertzaintza.

INFILTRACIÓN DE ETA
Además, la policía autonómica fue el centro de una nueva polémica al descubrirse la infiltración de varios miembros de la banda terrorista ETA en sus filas, entre ellos uno de los más sanguinarios pistoleros, el miembro del «comando Madrid» José Ignacio de Juana Chaos. Otros agentes de la Ertzaintza condenados por pertenencia o colaboración con la banda terrorista fueron Pedro María Briones Goicoechea, que participó en el asesinato de un policía nacional, Santos Guergue y Juan Manuel Pumar Méndez, al que se atribuye la participación en el secuestros de varios cónsules y el haber realizado la información para que la banda robara varias pistolas en la Diputación de Guipúzcoa.

Tras el relevo de Retolaza, ocupó el departamento de Interior Juan María Atutxa, que fue relevado por Javier Balza al ser nombrado Ibarretxe como lendakari en octubre de 1998.

Queman el vehículo particular de un ertzaina en Galdakao
En Hernani, un grupo de desconocidos atacó el apeadero de Renfe esta pasada madrugada
VASCO PRESS El Correo  4 Mayo 2001

Desconocidos han prendido fuego al vehículo particular de un agente de la Ertzaintza esta noche en la localidad vizcaina de Galdakao. Las llamas han afectado a otros dos turismos. Además, los radicales han atacado el apeadero de Renfe del municipio guipuzcoano de Hernani.

El ataque contra el vehículo de un ertzaina ha ocurrido a la una menos diez de esta madrugada en plaza Zabalgane de Galdakao. Los agresores han roto los cristales del turismo, modelo Peugeot 405, matrícula de Bilbao, y han arrojado en su interior "cócteles molotov".

El vehículo ha quedado completamente calcinado por efecto de las llamas que también han afectado a otros dos turismos estacionados en las proximidades. Hasta el lugar han acudido varias patrullas de la Ertzaintza y una undiad de Bomberos para sofocar el fuego.

En la localidad guipuzcoana de Hernani, desconocidos han colocado a las doce menos cuarto de la noche de ayer un artefacto casero en el apeadero ferroviario de Renfe. La Ertzaintza ha acudido al lugar, alertada por las señales de alarma que advertía de un incendio en el recinto de la estación.
El artefacto, compuesto por dos bombonas de camping-gas, ha explotado aunque los daños materiales han sido escasos. No hizo falta la intervención de Bomberos, pues las llamas fueron sofocadas por la patrulla de la policía.

Los críticos del PNV salen a escena y exigen abandonar Estella y la vía del soberanismo
Guevara asegura que las ideas independentistas de Arzallus caerán cuando éste se vaya
El ex diputado general de Álava, Emilio Guevara, declaró ayer que hay muchos militantes del PNV que, aunque no lo ponen de manifiesto en público y en las asambleas del partido, piensan que los dos últimos años han sido «una pesadilla» y que el PNV debe rectificar. Guevara apuntó que el proyecto soberanista defendido por los nacionalistas en este periodo «se caerá por sí solo» en cuanto caiga «el manto protector de Javier Arzallus» y que esto podría pasar el 14 de mayo. «Quiero pensar que la realidad se va a imponer y que va será insostenible que el PNV siga la línea de Arzallus».
Roberto L. Vargas - Madrid.- La Razón  4 Mayo 2001

Emilio Guevara, uno de los críticos con más peso dentro del PNV, lanzó ayer un serio aviso al presidente de su partido, Javier Arzallus, y a la línea soberanista defendida por éste y por Joseba Eguíbar en los dos últimos años, atreviéndose, incluso, a ponerle fecha de caducidad: el 14 de mayo. Según el ex diputado general de Álava, en el PNV «hay un debate interno que no se expresa en las asambleas, pero sí en las conversaciones entre muchos afiliados», para los cuales estos dos años han sido una pesadilla que se debe rectificar profundamente. Según Guevara, en el seno peneuvista son perfectamente conscientes de que el pacto de Estella fue una equivocación y que no se puede seguir por esa línea, pero tampoco desean ceder el poder en las urnas a los no nacionalistas, lo que, según sus palabras, genera «esa especie de dilema entre el sentimiento y la cabeza».

Arzallus
Guevara apuntó a Javier Arzallus como principal impulsor y sostén del soberanismo defendido por los nacionalistas en la pasada legislatura e insinuó que sin él, proseguir por este camino es imposible. «En cuanto desaparezca el gran manto protector de Arzallus sobre una línea determinada, eso se cae por sí solo», dijo. La caída de este manto, según el propio dirigente peneuvista, podría producirse el 14 de mayo. «Quiero pensar que a partir del 14 de mayo, sean cuales sean los resultados, la realidad se va a imponer y va a ser insostenible que el PNV siga la línea de Arzallus y Eguíbar». «Espero que los resultados obliguen en cierto modo a un cambio profundo en la política vasca respecto de los tres últimos años y a un cambio profundo también en el PNV», apostilló.

   Las afirmaciones de Guevara a la Cadena Cope fueron complementadas por las también efectuadas por otro de los críticos del PNV, el ex alcalde de Vitoria, José Ángel Cuerda, quien, en la misma línea, garantizó que el Partido Nacionalista Vasco «ha aprendido muy bien la lección» del Pacto de Estella y garantizó que nunca volverá a negociar con «gente que no es de fiar».

   La fe que los críticos peneuvistas depositan en las elecciones del día 13 como espoleta de un posible cambio dentro de este partido es similar a la que tienen algunos políticos de otras formaciones consultados por LA RAZÓN. Javier Rojo, secretario general del PSE-EE de Álava, considera que si los nacionalistas pierden el Gobierno vasco «de manera casi inmediata, surgirán voces que acusarán a sus dirigentes de haberles llevado a esa situación. Si no, tendremos Arzallus para rato», dijo.

Revisión
En el mismo sentido, Iñaki Ezquerra, miembro del Foro Ermua, considera que si el PNV finalmente pasa a la oposición «atravesará un periodo de reconstrucción, de revisión de sus postulados, de autocrítica». Sin embargo, no cree que esto sea suficiente para acabar con el poder de Arzallus. «Para ello, debería haber una gran rebelión dentro del PNV, y yo, ahora mismo, desconfío de ello». Jaime Ignacio del Burgo, diputado de UPN en el Congreso, tampoco considera que la cabeza de Arzallus peligre en caso de unos malos resultados electorales para los nacionalistas.
 

Perspectivas en Vasconia, 1
Por Pío Moa Libertad Digital  4 Mayo 2001

En el último cuarto de siglo se ha ido creando en Vasconia un cacicato nacionalista, casi un régimen, cuyos puntos de apoyo son:

A. Un entramado de intereses económicos con una buena dosis de corrupción y amiguismo.

B Un clero que en buena medida antepone el mensaje nacionalista al mensaje cristiano, y es capaz de presentar a asesinos profesionales como bienaventurados “perseguidos por causa de la justicia”, o de encontrarles todo tipo de justificaciones.

C La prevalencia de una propaganda de odio, abierto en unos casos, soterrado en otros, pero persistente y muy intenso, contra España y lo español.

D El empleo del asesinato y la intimidación: un sector nacionalista utiliza el terror para tratar de imponer directamente sus postulados, y otro sector lo explota de modo indirecto, como chantaje y forma de presión para avanzar en su ideal secesionista.

Como resultado de todo ello, la población vasca disfruta de unos grados de libertad y seguridad muy inferiores a la media española. En realidad puede decirse que la democracia allí, sobre todo en los pueblos menores, apenas existe. La situación ha llegado a hacerse sumamente grave, con amenaza de ruptura social y perspectivas balcanizantes a medio plazo. Ello exige prestar la máxima atención al problema, antes de que se vuelva incontrolable.

Lo primero a observar es que esta realidad se ha ido densificando durante muchos años sin encontrar resistencias, más aun, con la colaboración de los propios partidos democráticos. Por tanto, cambiar las cosas va a exigir un esfuerzo denodado. Y aun si se realiza ese esfuerzo, como es de esperar, no deben esperarse resultados inmediatos o a corto plazo. Las próximas elecciones traerán probablemente un avance de las posiciones democráticas, pero difícilmente habrá un vuelco o un cambio capaz de variar de manera sustancial la actual situación. No obstante, cualquier avance debe ser mirado con optimismo, pues hay que tener en cuenta que la resistencia al cacicato nacionalista ha empezado hace muy pocos años y está en sus balbuceos organizativos. Las fuerzas democráticas deben plantearse una acción prolongada, sin dejarse abatir por reveses pasajeros o por la lentitud de la marcha, forzada por los pasados errores. Y éstos no se corregirán si no se toma clara conciencia de ellos... .
 

«Soy vecina de Eguíbar y ni me saluda»
L. R. N. - Madrid.- La Razón  4 Mayo 2001

María San Gil, candidata del PP por Guipúzcoa en las elecciones vascas, aseguró afirmó en «El primer café» de Antena 3, que «contaría con los dedos de una mano las personas del PNV que se han solidarizado conmigo».

   - ¿Es cierta la solidaridad de la que hacen gala los dirigentes del PNV? 
   - El portavoz del PNV, Joseba Eguíbar, es vecino mío y cuando me cruzo con él en el vecindario, me niega el saludo incluso cuando él baja la basura sin protección y yo voy rodeada de escoltas.

   - ¿A dónde se dirige el PNV?
   - Con los actuales dirigentes del PNV, estamos abocados a una confrontación continua, porque su proyecto independentista supone estar en guerra con Francia, España, Navarra y entre vascos.

   - ¿Qué es lo qué ha pasado con el debate que propuso Ibarreche a Mayor Oreja pero sin Redondo?
   - Es un debate trampa. El candidato del PNV no quiere debatir porque no tiene nada que decir. Ibarreche está asustado, porque no tiene ni programa ni proyecto y porque lo que quiere decir no lo puede decir y lo que puede decir no lo quiere decir. Sufre un fuerte conflicto interno, porque está defendiendo unas ideas que no son suyas, sino que responde a los mandatos de Javier Arzallus, que no da la cara. Durante dos o tres días, Ibarreche ha querido que se hablara del debate para que dejáramos de hablar de la carencia de libertad, pero le ha vuelto a salir mal, porque ha evidenciado más la unión que existe entre PP y PSOE.

   - ¿La Iglesia vasca es ambigua?
   - Las cosas están cambiando paulatinamente pero me gustaría que la ruptura con los violentos fuera más drástica y rápida. En todo caso, el obispo de San Sebastián, monseñor Uriarte, no tiene nada que ver con Setién.

   - ¿Si Mayor gana qué pasará con la Ertzaintza?
   - La Ertzaintza no será una policía política, sino vasca que patrulle las calles durante las 24 horas. No está escrito en ningún sitio que el PNV tenga que gobernar eternamente

   - ¿Y la ETB?
   - La televisión es equidistante que no refleja la realidad . Los programas de ETB se solidarizan con los colectivos afines a los presos de Eta, pero elude explicar por qué han sido esos presos encarcelados.

El día de Ibarretxe
GERMAN YANKE El Mundo  4 Mayo 2001

He escrito en este recuadro que las campañas electorales dan lugar a muchas tonterías. Y que el País Vasco es el reino de la mentira. No creía que el mismísimo lehendakari iba a darme la razón tan pronto. Ahora dice que ni va a gobernar ni ha gobernado -«indirecta o directamente», añade- con EH. El asunto tiene comentario, claro, pero se topa previamente con los hechos, tan evidentes que da vergüenza tener que recordárselos. Ibarretxe es lehendakari porque obtuvo los votos de EH y porque acordó con ellos el proceso soberanista. Por eso explicó el día de su investidura que el respeto al «ámbito vasco de decisión» era la clave para la paz, es decir, el precio. Y algunos meses después firmó con EH un acuerdo de legislatura que volvió a presentarse como la «garantía para lograr la paz». Arzalluz pidió entonces respeto para quienes «constituimos la mayoría absoluta de la representación de Euskadi» e Ibarretxe confesó que era «el día que tantos años hemos estado esperando». Hay que tener, incluso para mentir, más gracia o, sin gracia, más habilidad. Pero queda el comentario. El candidato del PNV asegura, agobiado por la perspectiva de las urnas, que no gobernará con EH, lo que, quiera o no, acentúa sus contradicciones. Los que no le creen, no le creen, que parece lógico a la vista de lo oído ahora. Los que le creen, ya lo saben: su concepto de no gobernar con EH incluye contar con sus votos para la investidura, negociar con ellos la soberanía y firmar un acuerdo de legislatura. Es espanto lo que producen los grandes días que espera el lehendakari.

Tomar fósforo
TONIA ETXARRI El Correo   4 Mayo 2001

Habrá que recomendar una toma de fósforo para que no falle la memoria. Ibarretxe se empeña en que no nos acordemos de cómo y con quién gobernó en la pasada legislatura. Pero hasta el mismísimo Otegi, que se ha convertido en la viva imagen del recuerdo más incómodo para el PNV-EA saca a colación los favores debidos. Los partidos autonomistas, que han subido un tono su biorritmo electoral desde que sorprendieron a Ibarretxe negando que hubiera gobernado con la inestimable ayuda de HB sin condenar la violencia, saben de la importancia de ser el centro de la polémica. Sobre todo en una campaña como ésta en la que el creciente interés del electorado por participar en las votaciones (siguen las colas en las oficinas de Correos) puede dar un vuelco en esta disputada carrera entre la continuidad o el cambio. Pero ante el intento del candidato soberanista de que nos olvidemos de estos dos años (bien es verdad que la ausencia de la violencia hasta ahora ayuda notablemente a estas pretensiones ‘narcotizantes’) no pueden resistir la tentación de ir a remolque de los tropiezos de Ibarretxe mientras van explicando, de paso y por las mañanas, sus propuestas de programa.

Todos coinciden en que la recuperación de la memoria es su mejor baza electoral para explicar, por ejemplo, su incredulidad hacia Ibarretxe cuando empieza a desmarcarse de HB sin que Egibar, principal artífice del Pacto de Lizarra, diga nada al respecto. ¿Donde está Arzalluz?, se preguntaba Mayor que empieza a sospechar que desde el PNV lo están escondiendo, no porque se avergüencen de sus salidas de tono sino porque su ‘inhibición temporal’ puede ayudar a adormecer la memoria de quienes no recuerdan que el pacto nacionalista abrió la brecha que separa a unos y otros. Y es que ocultar la imagen más provocadora y despectiva en relación al sufrimiento de las víctimas de la violencia puede ser, también, en el caso del PNV, una forma de tomar la iniciativa. 

'En Euskadi, ser periodista puede costarte la vida'
Presiones, amenazas, pasquines, delatores, malas miradas, insultos e intentos de asesinato. Son los riesgos que corren los periodistas que trabajan en Euskadi o que informan sobre el País Vasco.
Intxausti y Palomo reciben el Premio Periodistas sin Fronteras

R. G. G. | Madrid El País   4 Mayo 2001

Presiones, amenazas, pasquines, delatores, malas miradas, insultos e intentos de asesinato. Son los riesgos que corren los periodistas que trabajan en Euskadi o que informan sobre el País Vasco. Aurora Intxausti, de EL PAÍS, y Juan Francisco Palomo, de Antena 3, han sufrido en primera persona ese catálogo de coacciones y han sido víctimas de un atentado terrorista. Ayer, al recoger el Premio Periodistas sin Fronteras 2001, aseguraron que 'en Euskadi, ser periodista puede costarte la vida'. 

Aurora Intxausti y Juan Francisco Palomo simbolizan 'la resistencia' de los periodistas que informan sobre el País Vasco a la violencia terrorista de ETA, según la organización Periodistas sin Fronteras. Junto a su hijo Íñigo, de año y medio, fueron víctimas de un atentando el pasado noviembre, cuando una carga explosiva estalló parcialmente en su domicilio de San Sebastián.

Ayer, día mundial de la Libertad de Prensa, recibieron el premio convencidos de que este galardón sirve para reconocer el trabajo que día a día realizan los periodistas vascos independientemente de que desarrollen su trabajo en periódicos, radios, televisiones, agencias de noticias, sean fotógrafos o lleven una cámara sobre el hombro. 'Acuden a las ruedas de prensa, hacen entrevistas, están en las redacciones y en la calle, en acontecimientos de todo tipo, en conciertos, en exposiciones y, por desgracia, también en atentados y asesinatos'. Pese a este clima de terror, se mostraron firmes en la defensa de la libertad de expresión 'que tanto nos ha costado conseguir'.

Durante el acto, el presidente internacional de Reporteros sin Fronteras, Fernando Castelló, y el secretario general, Rafael Fraguas, presentaron el informe anual de la organización de defensa de la libertad de prensa. En el año 2000, un total de 32 periodistas fueron asesinados en el ejercicio de su trabajo -entre ellos el español José Luis López de Lacalle, víctima de un atentado en mayo pasado- y medio millar, agredidos o amenazados.

El informe, que analiza la situación en 146 países, desvela que un tercio de la población mundial vive en países donde no existe ninguna libertad de prensa. Mafias, guerrillas, narcotraficantes y matones a sueldo de políticos corruptos son los principales enemigos.

Castelló pintó un escenario poco optimista porque la situación de la libertad de prensa es general. 'No sólo no mejora, sino que tiende a agravarse'. Recordó que actualmente están encarcelados 86 periodistas y dijo que Irán, China y Etiopía son las mayores prisiones para periodistas. Peor es la situación de Colombia, calificada como 'la fosa común más profunda', ya que en los últimos 10 años fueron asesinados 100 periodistas.

Miguel Ángel Bastenier, subdirector de EL PAÍS, aseguró que existe 'un empeoramiento' en la situación de la prensa en Latinoamérica, mientras que Aurora Mínguez, de RNE, recordó que en Rusia fueron asesinados cuatro periodistas en 2000.

El euskara
RAUL DEL POZO El Mundo  4 Mayo 2001

El palimpsesto es manuscrito antiguo que conserva huellas de un texto anterior. Cada nueva escritura cubre la preliminar y es cambiada por la que sigue. El cráneo de los vascos es un palimpsesto, conserva su primera escritura. Su sentido de la democracia es la batzarrak, asamblea de caserío, sus gritos de nación, la ikurriña y el euskara. Decimos los españoles que el nacionalismo es del otro día, de aquel desagradable llamado Sabino Arana y no es verdad. Felipe V, en el decreto de Nueva Planta se cargó el sistema político autóctono de Valencia, Mallorca y Cataluña, acabó con las Cortes y las Diputaciones, pero tuvo que aceptar que las tres provincias vascas conservaran su régimen especial. Ellos ya querían ser ellos. 

En el lenguaje del imperio se satirizaba a los vizcaínos, eran objeto de burla por sus ínfulas de nobles, su inocencia, simpleza y su rusticidad, pero nadie les puede negar la originalidad; uno de sus rasgos es el habla, a la que denominan euskara desde el tiempo de los visigodos. Para los no vascos podrá ser una lengua menor, de picapiedras, de curas cimarrones; para ellos es sagrada, como lo es para muchos españoles, el castellano. 

No creo que intuyan los vascos hasta qué punto desearíamos que siguieran su camino, que nos dejaran en paz, si no fuera, porque se van quedar atrapados en la secesión muchos españoles que quieren seguir siéndolo. Los enemigos de los vascos no son los constitucionalistas, sino Europa, la modernidad, el librecambio. 

Ningún idioma puede llegar de verdad a ser culto y duradero sin someterse a la competencia, a la contaminación. Ya les avisó a sus paisanos, Unamuno, que el proteccionismo lingüístico es, a la larga, tan empobrecedor como otro proteccionismo, tan empobrecedor y tan embrutecedor. 

Han sido los nacionalistas radicales los que han decretado esa forma de blindaje que es la inmersión; han usado el euskara como pipa: «Euskara eta Herria» (Euskara y Pueblo). Dice Kepa Aulestia que las ikastolas, las campañas de euskaldunización, fueron en un principio manifestaciones contra el prohibicionismo franquista, pero después se apoderaron de ese emblema los radicales. El electorado de HB es el más euskaldun. El 65% de los votantes de HB conoce la lengua vasca. Las provincias vascongadas desde la Edad Media constituyen un territorio en el que viven gentes con rasgos comunes y uno de esos rasgos, el más importante, es la parlería. En el periodo de la hegemonía visigótica, los vascos tenían su léxico y ya no se entendían con los extranjeros. Tal vez por ese recelo aborigen para los historiadores hispanorromanos y francos -escribe Caro Baroja- los habitantes del oeste del Pirineo y las orillas del Golfo de Vizcaya fueron la quintaesencia de la ferocidad y la perfidia.

'Puestos de trabajo sin perfil lingüístico'
Jaime Mayor El País  4 Mayo 2001 

'El derecho de los ciudadanos a relacionarse en euskera con la Administración no implica que todos y cada uno de los funcionarios deban conocer el euskera. El PP propone el replanteamiento de los perfiles lingüísticos en la Administración, recuperando la existencia de puestos de trabajo sin perfil lingüístico. El euskera debe dejar de ser un elemento excluyente. Por ello, en aquellas plazas en las que no se exija el conocimiento del euskera, su valoración tampoco deberá constituir un elemento determinante en el concurso, que privilegie abusivamente a quienes conozcan el euskera. La valoración dependerá en cada plaza del nivel de exigencia lingüística planteado y de la existencia o no de perfil asignado a esa plaza. Es decir, el porcentaje será variable'.

Burbuja
Nota del Editor 4 Mayo 2001

Nosotros sabemos mucho de esto, y el planteamiento es difuso y por tanto susceptible de todo tipo de irracionalidades. En cuanto un papel escrito en un idioma regional entra en las fauces del Estado, todo quisque, incluyendo a los ciudadanos de a pié, debería dominar todos los idiomas regionales. Que un ciudadano pueda ser atendido en su idioma regional, puede ser resultón, pero en cuanto pasamos a los papeles, el lío está montado.

La lengua del imperio
HENRY KAMEN El Mundo  4 Mayo 2001


Es una lástima que el triunfo de Francisco Umbral en la ceremonia del Premio Cervantes se viera empañado en cierta medida por una controversia sobre la imposición o no imposición de la lengua castellana. Todas las lenguas por su naturaleza son impuestas. En mi caso mi madre me impuso el inglés, de lo cual no la culpo, aunque a posteriori creo que hubiera preferido hablar el francés, que encuentro más bello y más culto.

La cuestión de la imposición de una lengua, por supuesto, tiene ramificaciones políticas e históricas, pero no tengo la intención aquí de hablar sobre esta materia. Es un asunto del que casi nada nuevo queda por decir.

En cambio, la polémica en torno a la lengua daba paso a otro tema, sobre el cual nadie parece haber hecho observaciones. Quizá Umbral se refiera a ello cuando sea recibido -lo cual esperamos ocurra pronto- en la Real Academia de la Lengua. El día de la entrega del Premio Cervantes no pudimos evitar oír cómo muchos eruditos y personas importantes mantenían una vez más en sus discursos que la lengua de Cervantes era una lengua «universal».

En Inglaterra preferimos reivindicar lo menos posible el status de nuestra lengua, y nos sentimos bastante satisfechos de que tanta gente, incluyendo a los ciudadanos de las antiguas colonias de América del Norte, la hable. Sin embargo, jamás he oído a personas eruditas de Inglaterra exclamar que la lengua de Shakespeare era una lengua universal, aunque es verdad que a menudo se puede oír retumbar la lengua en medio de las estrellas cuando la hablan dentro de los satélites en órbita.

De todas formas la palabra universal tiene resonancias chovinistas, lo cual hace que su empleo sea poco deseable y ciertamente absurdo. Muchos de nosotros recordamos a los primeros cosmonautas soviéticos que hablaban ruso en la luna: ¿Eso convierte el ruso en una lengua cósmica?

Pero, veamos, ¿en qué sentido era la lengua de Cervantes universal? He estado meditando sobre esta cuestión, y a pesar de la gran erudición de los miembros de la Real Academia que continúan reivindicando que son muchos los millones de personas en todos los continentes que la aceptan libre y orgullosamente, tengo mis dudas de si alguna vez la lengua de Cervantes ha llegado a ser hablada más extensamente que ninguna otra, como el holandés o el japonés. Es posible, en efecto, que en la etapa culminante del imperio español, cuando Cervantes viajaba alrededor del Mediterráneo y recogía el material y las experiencias para el trabajo que haría inmortal su nombre, el castellano fuera hablado por tanta gente y en tantos continentes del universo como lo era el chino, el japonés, el portugués o el holandés, que eran también lenguas internacionales.

Hay tópicos que de tanto repetirse tienden a convertirse en verdad, especialmente si los que hablan de ellos son personas bien educadas y de gran reputación. Los tópicos se imprimen en los libros, que son los encargados de darles el status de verdaderos, después se enseñan en las escuelas, de manera que las generaciones crecen creyendo que lo que han aprendido es la verdad, o que al menos lo parece ser.

Son muy pocos los temas capaces de provocar tanta pasión como la cuestión de la lengua. El lenguaje es el medio por el cual nos identificamos los unos con los otros. La lengua, en realidad, equivale a identidad, y si nos la arrebatan perdemos nuestra identidad. Pero una cosa es sentirnos orgullosos de nuestra lengua e identidad, y otra reivindicar que nuestra lengua es, o era, o ha de ser, universal.

Son muchas las afirmaciones dudosas hechas por hombres de relieve, pero pocas lo son tanto como aquella del humanista Nebrija cuando afirmaba en 1492 que «siempre la lengua fue compañera del Imperio». En primer lugar, la frase no era original suya. Nebrija la copió del humanista italiano Lorenzo Valla. En segundo lugar, la declaración no era cierta. La lengua rara vez acompañaba al imperio, y si dejaba rastros, éstos muy pronto eran borrados. Los griegos ocuparon zonas de Asia occidental, pero nadie allí absorbió la cultura griega; los romanos ocuparon Inglaterra y Alemania, pero nadie allí aprendió el latín. Uno de los mayores fallos de los imperios, en realidad, fue que la lengua pocas veces se convirtió en «compañera del imperio». El imperio español no fue una excepción.

El castellano lo hablaba, estudiaba y escribía bastante menos gente de lo que se ha venido creyendo. En la época de Cervantes, y hasta la liberación de las colonias americanas, los castellanohablantes del Nuevo Mundo constituían sólo una pequeña proporción de la población de Norteamérica y de Suramérica, donde la inmensa mayoría de la gente en ambas mitades del continente continuaba manteniendo su propia sociedad, cultura y lengua, y la mayor parte de ellos no tenía ningún contacto regular con los españoles y con toda seguridad no hablaban el castellano, el cual rechazaban.

No hubo nunca un periodo en la historia del Nuevo Mundo colonial en que el castellano lo hablara como lengua principal más de -digamos- una décima parte de la población visible. Incluso los esclavos negros preferían conservar sus propias lenguas africanas antes que hablar la lengua ajena de sus amos. El cuadro se repetía en aquellas tierras de Asia donde los españoles vivían. A lo largo y ancho de Asia, la única lengua franca aceptada en la época de Cervantes era la portuguesa. Incluso los comerciantes asiáticos la empleaban para hablar entre ellos y los españoles se vieron forzados a aceptarla si deseaban comunicarse con los asiáticos. El jesuita vasco Francisco Javier empleaba el portugués como su principal medio de comunicación en Asia. En las Filipinas, que teóricamente estaban bajo el control de los españoles y donde era de esperar que la lengua española había de tener algún éxito, los castellanos tuvieron que luchar contra el predominio de la cultura china, y los primeros libros que los españoles imprimieron en Filipinas estaban en chino, no en castellano. De cualquier modo, la mayoría de la gente en las Filipinas continuaba hablando tagalo y no castellano.

Por lo tanto, la reivindicación de Nebrija nunca dio fruto. Los españoles hablaban el castellano por doquiera que iban, e incluso lo usaban los vascos en el norte de México como una lengua franca, aunque muchos por supuesto continuaban hablando en su lengua materna. En los tiempos coloniales, el castellano no alcanzó la posición de lengua universal, excepto en temas de administración. Solamente en este sentido era el castellano la lengua del imperio. Pero en cualquier otro aspecto, dentro del imperio durante el periodo del dominio español, en las Filipinas había más gente hablando el chino que no el castellano, en Suramérica había más gente que hablaba quechua (y las lenguas asociadas) que castellano, y en Europa las culturas dominantes eran el italiano y el francés, y no el castellano.

Sorprende, por supuesto, que en Europa el idioma de Cervantes no fuera el idioma dominante y nunca llegó a serlo. En el famoso gesto del emperador Carlos V en 1536, cuando hablaba ante el Papa y dirigía su enojo y desafío contra el rey de Francia, rehusó hablar en francés y declaró: «No espere de mí otras palabras que de la lengua española, la cual es tan noble que merece ser sabida y entendida de toda la gente cristiana». Era un extraordinario discurso que escandalizó a los oyentes y regocijó los corazones de los nobles castellanos que lo oyeron. Pero, de nuevo, no era cierto que Carlos intentase reivindicar el castellano. Inmediatamente después, y aún negándose a hablar en francés, se dirigió en italiano al embajador de Francia.

Casi todos los discursos que el rey hizo fuera de la Península eran pronunciados en francés, su lengua de origen. En Europa la única lengua con alguna pretensión de universalidad cultural era el italiano, pero a partir del siglo XVII el francés tomaría el relevo. Cuando en 1630, el artista Rubens fue a Londres en una misión diplomática para España, la lengua que habló fue el italiano. El italiano era, después del latín, la lengua que los diplomáticos del Renacimiento europeo empleaban con más frecuencia.

Quizá se pueda completar este cuadro con lo que sabemos de la España cervantina. En el Siglo de Oro, aproximadamente sólo uno de cada cuatro españoles hablaba habitualmente el idioma de Cervantes: preferían hablar catalán, árabe, euskara o gallego. Y así siguieron haciéndolo. Tan tarde como en 1686, casi un siglo después de la muerte de Cervantes, las reglas de navegación en Guipúzcoa estipulaban que los barcos debían llevar a un sacerdote que hablase el euskara, ya que entre los marineros «los más no entienden la lengua castellana». Estas pocas aclaraciones sirven tan sólo para mostrar que no existe ninguna razón por un chovinismo nacionalista en el tema de la lengua y la cultura. Henry Kamen es historiador y profesor del CSIC.

13-M, Chimo Rovira y Alfonso Ussía
ANTONIO BURGOS El Mundo 
4 Mayo 2001

En esta España casamentera pendiente del lunes con un rumor sobre el propio lunes y que examina con lupa las cartas al director del Vizconde de Almansa, me llamó la otra mañana Chimo Rovira desde la radio autonómica valenciana, pues como está mandado realizaba un programa sobre más de lo mismo y requería mi opinión a título de gorila blanco en este zoo del demagógico igualitarismo y a «la dinastía histórica» del artículo 57 de la Constitución, que le vayan dando.

En el programa radiofónico de mi admirado Chimo Rovira, entraban desde el teléfono, como en tantas revistas mañaneras de las ondas, las voces del tendido. Lo de «enhorabuena por tu programa» y esas cosas. No me sorprendió nada de cuanto los oyentes decían sobre esta pesadez del rumor. Pero sí me llamó desde mi pueblo especialmente la atención la absoluta normalidad lingüística con la que unos oyentes hablaban en valenciano y otros en castellano, sin el menor problema, con la mayor normalidad. El propio Chimo Rovira hablaba valenciano en unos pasajes de su locución y castellano en otros. Eso sí que es normalización lingüística, y vamos a dejarnos de enfrentamientos a base de gramáticas y diccionarios. En la Radio 9, a nadie que se expresaba en castellano le arreaban con el Tirant lo Blanc en la cabeza, ni le daban con el Cañas y barro en toda la boca al que hablaba en valenciano.

Y luego vino el artículo de Alfonso Ussía, quitándose su sombrero de madrileño ante el público de la Real Maestranza de Sevilla, en un supremo espectáculo de elegancia literaria que le agradezco en nombre propio y de mis paisanos, que no hablaban de otra cosa en la Feria. Alfonso Ussía, como todos los que han venido a la Feria de Sevilla aprovechando el puente del 2 de mayo, se ha sentido aquí como en su tierra y nadie lo ha recibido como un opresor castellano enviados por el Gobierno de Madrid.

España es esto, el bilingüismo de Chimo Rovira y Alfonso Ussía sintiéndose sevillano y nosotros encantados de que se sienta. Esto sí que es normalidad de lenguas y culturas. Normalidad que ojalá el 13 de mayo llegue a toda España.

Yo quisiera que a partir del 13 de mayo en las radios vascas hubiera el bilingüismo de Chimo Rovira y que Alfonso Ussía pudiera en libertad ir a los toros en San Sebastián, escribiera esas elegancias, y la gente quedara tan encantada como en Sevilla.

El turista español
Nota del Editor  4 Mayo 2001

El turista español no puede viajar por los feudos que hay en España, salvo que haya sido "normalizado" en Cataluña, Vascongadas, Valencia, Baleares, Galicia, y dentro de poco en la Isla de la Gomera por lo del silbo, en Asturias (bable), Aragón (fabla), y en todos y cada uno de los estilos de cada pueblo pequeño, mediano o grande de la península ibérica, parte derecha, así que tendrá que irse al extranjero, mismamente a Estados Unidos podrá hablar en español en muchos sitios y con muchas personas.

Autoexclusión
Pilar CERNUDA La Razón 4 Mayo 2001

Dice Ardanza que no acude a ningún acto electoral del PNV porque prefiere mantenerse en su actitud de autoexclusión de la política. Si siquiera ha ido a la reunión que propuso Ibarretxe de los ex lehendakaris, que se quedó en un mano a mano entre el propio Ibarretxe y Garaicochea, más que hartos de verse y de coincidir, ahora que PNV y EA han hecho cuentas y se han arrejuntado un ratito para ver si así consiguen sacar más votos que por separado.

   Porque esa es otra: bien que ponen a caldo a la Constitución, pero en cuanto pueden se aprovechan de las ventajas de la Ley D´Hont, que prima a los fuertes y castiga a los débiles.

   Ardanza no se autoexcluye de la política; de donde se autoexcluye es de la política que hace actualmente su partido. No hay más que recordar la entrevista que le hicieron hace pocos meses, o sus palabras ante la Academia de la Historia hace apenas tres semanas, para darse cuenta de que el ex lehendakari está en completo desacuerdo con el rumbo que Arzallus y Eguíbar han impuesto en el PNV.

   Rumbo que Ibarretxe traga, y la mayoría de los actuales cargos públicos traga, aunque lo mejor del PNV abomina de lo que impone Arzallus, abomina del compadreo con HB y abomina de cómo Arzallus y Eguibar pretenden que todo el mundo agache la cerviz ante sus componendas. Pero, aunque abomina, nada hacen para salir de la situación actual; aunque dicen lo que no está escrito cuando no anda por las cercanías ningún arzallista «pata negra».

   El ex presidente del gobierno vasco está hecho con otra madera, y se ha autoexcluído del servilismo, del seguidismo, del compadreo con los filoetarras.

El idioma de los antiguos pirenaicos divide a los vascos
EVA MARTÍNEZ OROSA La Voz 4 Mayo 2001

A 600 KILÓMETROS DE GALICIA. El uso del euskera ha pasado del 20% al 30% en los últimos 20 años

De  «nacionalismo étnico-lingüístico» calificó el historiador Eric Hobsbawn las teorías de Sabino Arana, fundador del PNV. La lengua y la raza son los principales argumentos esgrimidos por Arana en su modelo de nacionalismo. Pero el idioma dibuja, por sí solo, una realidad mucho más compleja, que nos lleva más allá de las fronteras del País Vasco. El valle de Arán, en el Pirineo catalán, por ejemplo, debe su nombre a los vascones que lo poblaron en la Prehistoria. El primer texto escrito en idioma vasco, de carácter religioso, fue hallado en Huesca. Las migraciones neolíticas redujeron el mapa lingüístico del euskera.

Batua significa en vasco «unificado». Así se le llama al euskera que se ha implantado en la comunidad en los últimos años, haciendo referencia a las múltiples variedades dialectales -hasta siete según algunos lingüistas- que reúne. En algunos casos, las diferencias eran tales que la comunicación entre vascos de distintas zonas resultaba imposible.

Vida más allá
«¡Hay más cosas detrás!». Jon tenía ocho años cuando subió por primera vez al monte Aitzgorri y descubrió que más allá de su pueblo había vida. El de Jon es sólo un ejemplo de la fuerte atomización de la población en el País Vasco. Esto explica que el euskera haya conservado intactas las peculiaridades de las distintas zonas desde hace siglos.

Las políticas de discriminación positiva del euskera unificado han conseguido que su uso pasase del 20 al 30% en los últimos 20 años. El sistema educativo, que ha hecho hincapie en la enseñanza del idioma, así como las escuelas de alfabetización de adultos, han sido los principales artífices de esta evolución.

Los medios de comunicación también han tenido un papel importante en esta evolución. Uno de los canales de la televisión pública de Euskadi emite su programación íntegramente en euskera. A este canal se suman numerosas emisoras de radio y un periódico, Egunkaria.

La cara negativa de este avance en el uso del euskera la presentan algunos colectivos de profesionales, que se consideran discriminados por no conocer la lengua vasca. Cientos de profesores vascos han abandonado su trabajo o emigrado a otras comunidades por ser incapaces de cumplir el requisito de manejar el euskera.

«Los nacionalistas se han apropiado de la lengua» 
La defensa del euskera es un aspecto irrenunciable. En esto coinciden PP, PSE-PSOE y PNV, lo que los aleja son las fórmulas con las que se perseguirá este fin. Tanto PP como PSOE critican «la patrimonialización que el partido de Ibarretxe ha hecho del idioma vasco» y el ritmo agresivo de sus políticas de normalización lingüística. El PNV considera que la actitud de PSOE y PP -que, según el nacionalista Juan Mari Juaristi, no emplean el euskera en el Parlamento- pretende «dejar morir la lengua vasca». Laura Garrido, responsable de política lingüística del PP de Euskadi, cree que el PNV «no ha tenido en cuenta los deseos de la sociedad vasca» a la hora de desarrollar su política lingüística, y cree que esta se debe realizar «desde la calma y respetando el ritmo que marca la propia sociedad». Defiende las políticas activas en defensa de la lengua, pero considera que no se puede «meter el euskera con calzador, porque si no, lo que se consigue es el efecto contrario».

Su homóloga en el Partido Socialista, Isabel Cela, considera que los procedimientos del PNV en materia lingüística «han sido oscuros y tendentes a la patrimonialización del euskera». Los populares opinan igual: «Los nacionalistas se han apropiado de la lengua y la han tomado como un elemento exclusivo, y eso perjudica a toda la sociedad», apunta Laura Garrido.

El PNV arremete contra los no nacionalistas diciendo que, a pesar de mostrarse partidarios del euskera «son los primeros en no emplearlo, lo ven desde la distancia». Ante las acusaciones de «patrimonialización y politización» del idioma, el peneuvista Juan Mari Juaristi considera la equiparación entre euskera y separatismo «una imagen falsa fomentada por PP y PSOE».

 

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