AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 5  Mayo   2001
#Sobre mentiras y encuestas
José Antonio VERA La Razón   5 Mayo 2001

#Garantía electoral
Editorial La Razón  5 Mayo 2001

#De certezas y supuestos
JAVIER UGARTE El País 5 Mayo 2001

#Intenso debate sobre el nacionalismo vasco en la «Revista de Occidente»
MADRID. Tulio Demicheli ABC 5 Mayo 2001

#LA SOCIEDAD VASCA POR UN LADO, ARZALLUZ POR OTRO
Editorial El Mundo  5 Mayo 2001

#Mentir y callar
Editorial ABC 5 Mayo 2001

#Hernani, escuela de odio
David GISTAU La Razón 5 Mayo 2001

#Algo está cambiando: El espíritu del Kursaal
Ignacio Villa Libertad Digital 5 Mayo 2001

#Alucinante
Enrique de Diego Libertad Digital 5 Mayo 2001

#El carácter del PNV
Pío Moa  Libertad Digital 5 Mayo 2001

#La ilusión de Pollyana
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  5 Mayo 2001

#Miguel Ángel Blanco cumple años
Carlos DÁVILA ABC  5 Mayo 2001

#Discursos paralelos, hipótesis transversales
Ignacio CAMACHO ABC  5 Mayo 2001

#PP y PSOE exigen que Balza explique la «criba» de documentos comprometedores para el PNV
VITORIA/BILBAO. J. J. S. / M. A. ABC  5 Mayo 2001

#Sólo una minoría del 18% de los vascos quiere la independencia para Euskadi
JUSTINO SINOVA El Mundo  5 Mayo 2001

#Los arúspices
Jaime CAMPMANY ABC  5 Mayo 2001

#La campaña
MARTIN PRIETO El Mundo 5 Mayo 2001

#Sentido común
GERMAN YANKE El Mundo 5 Mayo 2001

#Un nuevo equilibrio vasco
JUAN PABLO FUSI El Correo  5 Mayo 2001

#Unas elecciones tristes y monocordes
SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ El País 5 Mayo 2001

#Carmen Gurruchaga, condecorada
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 5 Mayo 2001

#El conflicto como norma
EDUARDO AZUMENDI | Vitoria El País 5 Mayo 2001

#El voto depositado por correo supera ya el de los comicios de 1998
JAVIER RIVAS  Bilbao El País  5 Mayo 2001

#PP y PSE logran duplicar sus apoderados pero no cubrirán todas las mesas el 13-M
Carmen Morodo - Madrid.- La Razón  5 Mayo 2001

#Por sus hechos los conoceréis: publicidad electoral vasca
Mª Enriqueta BENITO BENGOA, diputada de UA La Razón 5 Mayo 2001

#Goiherri, la pesada losa de los muertos
DAVID BERIAIN La Voz  5 Mayo 2001

#Radicales calcinan en Galdakao el coche de un ertzaina que realiza labores de escolta
ESTIBALIZ ARRIETA GALDAKAO El Correo  5 Mayo 2001

#Vázquez bendice en Bilbao el pacto con el PP «porque jugamos en el mismo campo»
PABLO GONZÁLEZ Enviado especial  BILBAO. La Voz 5 Mayo 2001

#Silencios elocuentes
VICTORIA PREGO El Mundo 5 Mayo 2001

Sobre mentiras y encuestas
José Antonio VERA La Razón   5 Mayo 2001

Ha vuelto de Doñana con las pilas cargadas y con ganas de pelea. Le han dicho: presidente, se puede ganar. Y él les ha respondido: ya lo sabía. Tienen a la vista cinco encuestas diferentes y, la que menos, les da treinta-y-seis (entre pepé y psóe). Por eso se respira ahora mejor ambiente. Y por eso en Sabín Echea decidieron retirar a Arzallus de la circulación. Porque cada vez que habla el nazi mete la pata, pierde un chorro de votos, se gana un enemigo y hunde un poco más al pobre Ibarreche.

   Las encuestas en el País Vasco no funcionan. Pero dan tendencias. En las anteriores autonómicas, al pepé le atribuyeron hasta cinco escaños menos de los que sacó. Incluso fallaron los sondeos a pie de urna. Por eso sale tan bien parado siempre el peneuve. Porque hay una gran masa de gente que miente sin parar. Dicen que votarán peneuve, pero en realidad votarán pepé o psóe. Algunos, incluso, piensan votar éache, pero dicen peneuve porque decir éache les avergüenza. De manera que hay que contar siempre con ese factor-metira, con los embustes y las trolas y las bolas que muchos votantes cuentan a los encuestadores que les asedian en vivo o por teléfono.

   Y es que aquí todo el mundo dice que votará peneuve. Lo contaba el otro día cierto ministro: cenábamos cuatro en casa, y dos de ellos eran vascos. Entrados en ambiente, uno dijo que, por supuesto, él iba a votar peneuve, a lo que el otro le respondió que, desde luego, él también. Cuando se fue el primero, el ministro se dirigió al que quedaba: «Oye, pero tú no ibas a votar pepé». Y el mentado le contestó: «Claro, pero yo a ese que has traído a cenar no le conozco de nada».

   El problema, una vez más, es el miedo. Nadie quiere decir ni qué hará ni cómo ni de qué forma. Mienten al vecino de arriba porque no se fían de él y el vecino les miente porque no se fía de los que le han mentido. Mienten a sus familias, a sus amigos, a los compañeros de trabajo y a los compañeros de colegio y a los compañeros en general. Mienten todos porque todos tienen miedo a decir la verdad y porque tienen miedo a que alguien se entere de que están mintiendo en realidad.

   Estas elecciones son una gran mentira. Las encuestas son un camelo. Un cuento. Una farsa. Una pose. Sabemos que los resultados de los sondeos son falsos de toda falsedad y sabemos que muchos votantes mienten al decir a quien votarán y que muchos candidatos mienten al decir con quien pactarán. Unos y otros dicen lo contrario de lo que van a hacer y aparentan hacer lo contrario de lo que al final harán.

Ibarreche, por ejemplo, miente más que parpadea. Nos vende moderación, pero si gana se irá otra vez a Lizarra con Arzallus y con los proetarras. Mienten muchos nacionalistas porque en realidad son nazis vestidos de demócratas y les da vergüenza reconocerlo. Mienten los que se dicen abertzales de izquierdas porque el abertzalismo siempre fue de derechas y se alimenta del fanatismo religioso y paleto de un enfermo como Sabino Arana. Mienten como bellacos los retroprogresistas de izquierda-unida, porque van de independientes, pero todos sabemos que ya han pactado con Otegui y con Arzallus, a los que deben la componenda de la reforma de la ley electoral que les va a permitir sacar algún escaño gracias a la rebaja del tres por ciento. Mienten algunos socialistas, pues dicen que no pactarán con el peneuve, pero todos sabemos que quieren pactar con el peneuve. Y mienten otros socialistas, porque aseguran que no pactarán con el pepé, pero todos sabemos que quieren pactar con el pepé. Y mienten, en fin, los del Partido Popular, porque dicen que no pasará nada si se pierde, pero ellos saben y nosotros también que sí pasará, que hay muchos militantes que ya han dicho bien alto y bien claro que no aguantan más, que no soportarán otros cuatro años de persecución y escoltas, que se irán de Euskadi si el catorce-eme todo sigue igual, si continúan mandando los de siempre, si sigue la limpieza étnica y la depuración y el exterminio.

   En estas elecciones hay mucha mentira porque hay mucho miedo y el miedo alimenta la mentira y la fabulación y la patraña. Por eso no hay quien acierte con las encuestas y por eso el cís ha decidido no hacer pública la suya. Porque menudo engorro si después resulta que los resultados son completamente diferentes a los que se hacen públicos.

   Pese a todo, insisto, las encuestas revelan tendencias, y esas tendencias indican hoy que puede haber sorpresa, que pepé y psóe pueden ganar, que no está todo perdido. Y es que, poco a poco, pese al miedo y las mentiras y las amenazas, está calando la idea de que el cambio es posible. El voto por correo se ha disparado. Los nacionalistas andan preocupados, recogiendo papeles y ordenando despachos y destruyendo todo tipo de pruebas. En el psóe parecen más contentos y en el pepé aseguran, afirman, dicen, juran que es posible la victoria, que se ve y se huele en la calle y en los mítines y en los mercados. Que el País Vasco está por el cambio, por castigar a los que prefirieron gobernar con Eta antes que combatirla, a los que han situado a esta comunidad en el furgón de cola del crecimiento económico de España, a los que han utilizado la autonomía para enriquecerse y prosperar y hacer carrera, para colocar a sus amigos y amiguetes y familiares o para satisfacer sus ambiciones y locuras personales sin pararse a pensar en que lo que estaban haciendo era alimentar a la bestia ahondando en el problema y abundando en la injusticia y en la angustia de tanta víctima y tanto familiar de asesinado.

   El País Vasco necesita el cambio. El cambio puede triunfar el trece-eme pese a las mentiras y a las encuestas y pese al miedo insuperable de muchos. Pese a ciertos agoreros que proclaman el desastre y el fin del universo. El cambio puede ganar. No es imposible.

Garantía electoral
Editorial La Razón  5 Mayo 2001

El imperio del terror impuesto por el nacionalismo excluyente, con la ausencia de cabinas de votación, un espectacular incremento del voto por correo y la escasa fiabilidad de las encuestas como ejemplos, han sido tristemente habituales en anteriores elecciones en la Comunidad autónoma vasca y amenazan con distorsionar también la realidad de la voluntad de los vascos en las elecciones del 13 de mayo.

   Pero en esta ocasión los demócratas han ganado ya una primera batalla y tendrán ojos y voz en la mayoría de los colegios electorales al conseguir duplicar el número de interventores y apoderados que vigilarán la legalidad del proceso de votación y de recuento de las papeletas.

   Cada presencia en una nueva mesa, permite afirmar que las víctimas han comenzado a ganar el terreno perdido durante años de debilidad ante el terror. Los nuevos hombres y mujeres, que se incorporan como interventores del PP y el PSE, simbolizan la rebeldía de la sociedad vasca ante la intolerancia y el miedo. Es un grito de libertad que merece el agradecimiento y el aplauso de una sociedad, porque, con su ejemplo, y tantas veces con su sacrificio, contribuirán a que quienes viven del terror, de la sangre de los demás, sean una especie en peligro de extinción social.

   El PP, que incrementa espectacularmente su número de apoderados a pesar de las restricciones de la legislación electoral vasca, demuestra también que tanto sufrimiento no ha sido en balde y que cada golpe, lejos de debilitarlo, de achicarlo, le ha robustecido hasta conformarlo por vez primera como una alternativa más que seria de gobierno en el País Vasco y la esperanza de que el Estado de Derecho, la garantía del ejercicio de las libertades, alcance por fin a todos los vascos, sin excepción.

De certezas y supuestos
JAVIER UGARTE El País 5 Mayo 2001

Javier Ugarte Tellería es profesor de Historia Contemporánea en la UPV-EHU

A esta altura de campaña en el País Vasco, contamos con alguna certeza, sólo con alguna, que debemos expresarla con claridad. Lo demás son supuestos, y, por tanto, argumentos sometidos a discusión.

La certeza, vieja certeza, es que los asesinatos de ETA han generado un clima de miedo e indefensión en buena parte de la ciudadanía vasca, hasta cercenar la propia libertad y provocar un proceso de degradación social gravísimo. Tan cierto como esto es que tras los asesinatos hay un proyecto de nacionalismo étnico totalitario. Un proyecto que choca abiertamente con los valores humanistas de la ilustración de los que es depositaria la Unión Europea.

Hoy en el País Vasco se están cuestionando las tradiciones de racionalidad y buen gobierno europeos (españoles, alemanes o griegos), y en este sentido se está librando una batalla consustancial a ese proyecto de convivencia. Todos estamos, pues, implicados. Por lo demás, nunca se hubiera llegado a ese estado de cosas si el partido de gobierno en Euskadi, el PNV, no hubiera hecho en 1997 una apuesta errada y ventajista sobre el final de ETA que nada tiene que ver con una tradición pendular de ese partido, sino con una decisión consciente de su actual dirección. Esta es la certeza, o la batería de certezas. Son las que en primera instancia deben inspirar la campaña de un demócrata (las que en primera instancia guían a Redondo y Mayor Oreja) y el voto de la ciudadanía.

Luego están los supuestos y decisiones con los que jugamos, que deben ser, cómo no, sometidos a debate. Veamos alguno de ellos. La cuestión central que se debate hoy en Euskadi afecta a la convivencia misma de una sociedad racionalmente organizada; lo que suele llamarse elemento prepolítico o constituyente de ésta. Requiere, pues, de un amplio consenso. Sin embargo, las elecciones y la misma alternancia en el Gobierno forman parte del juego político, son instrumentos para la discrepancia.

¿Cómo resolver una cuestión constituyente en unas elecciones? Ateniéndonos a la experiencia, sólo es posible hacerlo a través de la unidad de los demócratas, como sucedió, por ejemplo, en Alemania en 1965-66, con la gran coalición CDU-SPD ante el ascenso de los neonazis de Von Thadden.

Lo cierto es que, hoy por hoy, no es posible contar para ella con el PNV, absurdamente incapaz de condenar su etapa en Lizarra. Lo deseable no es posible ahora. Pero, ¿y el 14 de mayo? Probablemente, tampoco. Pero antes deberá actuar la fuerza del voto.

El Gobierno resultante será -si impera la certeza sobre el supuesto- un Gobierno de unidad democrática, de integración, un Gobierno de consenso democrático en torno al Estatuto y la Constitución. Un Gobierno de cambio y esperanza, claro está. ¿La forma que adoptará? Es de prever (un Gobierno del PP-PSE que, tal vez, fuerce a la larga el cambio en el PNV), pero no de adelantar. Aún estamos en tiempo de merecer.

De manera que éstas no son las elecciones para la alternancia, sino para el consenso y la integración. No es tiempo de derrotar al nacionalismo sociológico (del que, por cierto, emana el Estatuto), como proclaman por el País Vasco algunas voces, sino al político, al PNV, y, a éste, malgré nous.

No es tiempo de revisar la validez de la simbología vasquista o cuestionar elementos del bilingüismo. No lo es. La izquierda debe dar la mano a la derecha, cierto, y el nacionalismo al no nacionalismo, lo que costará más. Ocurra lo que ocurra en la política, es lo que debe imperar en el lenguaje cotidiano.

Hay otras decisiones que no se deben precipitar. El Partido Popular ha demostrado en Álava una extraordinaria capacidad de integración y ha sabido sosegar el clima de crispación existente con la gestión realizada desde la Diputación y el Ayuntamiento de Vitoria. El PP vasco se ha curtido mucho tiempo en la marginación, y, luego, en primera línea de sacrificio. Eso está en su haber. Quien les vote, debe sentirse orgulloso.

Sin embargo, el sectarismo mostrado en San Millán de la Cogolla, con la invención gratuita de nuevas tradiciones o la frivolidad de Macarena en el festival de Las Ventas en septiembre de 1997, pueden hacer mucho daño en Euskadi. Es algo a abandonar definitivamente, y así se debe decir. Finalmente, el socialismo no debe ir maniatado a un Gobierno vasco de restitución. Todos deben estar a la altura de las circunstancias, como lo están personas como Fernando Savater.

Intenso debate sobre el nacionalismo vasco en la «Revista de Occidente»
MADRID. Tulio Demicheli ABC 5 Mayo 2001

Hasta ahora, excepción hecha de algunos autores que han mostrado la valentía de escribir por extenso sobre el problema vasco, el debate nacionalista no ha sido tal, sino, y más bien, la apropiación de un discurso cuya naturaleza no es sólo política, sino social, histórica y cultural, para uso sectario desde el púlpito seglar o el facistol, para la arenga y la indoctrinación cuando no para la amenaza y la delación. «Revista de Occidente», fiel a su espíritu fundacional, que no fue otro que el de suscitar debates intelectuales que reflejaran la viveza de nuestra cultura tanto como la incorporación de aquellos que fructificaban más allá de las fronteras de nuestra lengua, ofrece a los lectores, en el número que ayer se presentaba a la Prensa en la sede de la Fundación Ortega, un recuerdo de su insigne inspirador y un amplio dossier dedicado a analizar la actualidad del nacionalismo vasco, y lo hace en el momento crucial de unas elecciones autonómicas de incandescente tensión política.

Acudieron a la cita con los informadores (cita previa a la presentación que tendrá lugar el próximo martes con la participación del historiador Juan Pablo Fusi y del director del Instituto Cervantes, el ensayista Jon Juaristi) Carlos Martínez Gorriarán, profesor de Filosofía de la Universidad del País Vasco, y Francisco José Llera, catedrático de Ciencia Política de la UPV, a quienes acompañaban como anfitriones el secretario de Redacción de la revista, Ignacio Sánchez Cámara, y los miembros de su consejo editorial Fernando Rodríguez Lafuente y José Luis Molinuevo.

«RECINTO PARA VER CLARO»
Sánchez Cámara recordó a Ortega, quien fundó la revista para debatir «los temas que verdaderamente importan» y hacerlo «en el recinto tranquilo y correcto donde vengan a asomarse todos los espíritus resueltos a ver claro». Francisco José Llera, quien ha dedicado su ensayo a analizar la opinión pública vasca y su evolución, detectando la existencia de cambios políticos reseñables en el País Vasco que permitirían una ventajosa mayoría constitucionalista, señaló la «paradoja» que constituye empujar a una comunidad al enfrentamiento civil, cuando aquélla se asienta en un país homogéneo con un alto nivel económico y social. «El problema de fondo es —afirmó— cultural y social, lo que se está reflejando en la vida política. La asignatura pendiente es aprovechar los recursos culturales. Hay que redescubrir qué es la política con mayúsculas y hay que plantear alianzas de fondo para combatir al enemigo común del despropósito hecho institución». Se maravilló de que «aún no se haya producido un enfrentamiento violento de la otra parte después de mil muertos y de miles de víctimas». Y es que «hay identidades que matan, que son arbitrarias, están montadas sobre una mentira histórica» y fundamentan su retórica en el resentimiento y el victimismo. El problema radica «en la apropiación por una parte de los vascos de la definición de lo vasco» haciéndola posible en el «territorio arrasado de la Udalbiltza», institución que sólo representa al 16 por ciento de los vascos.

Por su parte, Carlos Martínez Gorriarán, quien ha trazado en su artículo un diagnóstico de la democracia y de las instituciones en el País Vasco, concluyendo que la primera está amenazada por lo que resulta necesario un cambio político, señaló que los escenarios posibles del 13 de mayo son un gobierno de mayoría absoluta constitucionalista, que «acabaría encauzando la situación»; otro semejante pero de mayoría relativa; y un tercero de mayoría absoluta nacionalista, a su juicio «altamente improbable». Considera que la segunda opción o bien «obligaría al PNV a hacer oposición o a pactar con EH para tumbar al Gobierno», lo que llevaría a «un Gobierno que no puede gobernar, con el consiguiente riesgo de un enfrentamiento civil.

Ocho miradas para desentrañar la encrucijada
Madrid. T. D. M. ABC

Además de los ensayos «La encrucijada vasca» y «La crisis de la democracia en el País Vasco», de los que son autores Francisco José Llera y Carlos Martínez Gorriarán, la «Revista de Occidente» recabó la participación de otros seis ensayistas para dar cuenta de esta radiografía de la actualidad política y cultural de Euskadi.

A Edurne Uriarte se le encomendó una reflexión sobre la cultura política, que ha titulado «La contaminación de la cultura política», por estar aquella contaminada por el nacionalismo. Y es que lo mismo constitucionalistas que soberanistas plantean el debate en términos de identidad. Se ha contado, también, con la participación de Joseba Arregui, quien analiza la posibilidad de que surja un «Nacionalismo crítico» y moderado, que sea leal al Estatuto y a la Constitución sin renunciar a los fines nacionalistas, un nacionalismo que sea crítico con el Pacto de Estella.

El director del Instituto Cervantes y autor, entre otros libros sobre el tema, de «El bucle melancólico», Jon Juaristi, reflexiona en «Los nacionalismos vascos al filo del milenio» sobre las raíces filosóficas, culturales e ideológicas del nacionalismo vasco que ha entrado, en su opinión, en una fase apocalíptica. Los organizadores consideraron necesaria la participación de un periodista, José Antonio Zarzalejos, director de ABC, para que analizara el estado de la comunicación y de sus medios en el País Vasco. A su juicio, tras un pormenorizado recorrido por los diarios y publicaciones, la libertad de expresión está allí seriamente amenazada.

Patxo Unzueta se encarga de abordar el espinoso tema del terrorismo como fenómeno indeseable en la vida del País Vasco. Traza en «La señal de Caín» un relato implacable de hechos, sin entrar a juzgarlos, en el que se pone en evidencia que las víctimas directas e indirectas del terrorismo se encuentran entre todos los vascos, entre hermanos. Por su parte, Gurutz Jáuregui dedica su ensayo «El derecho de autoderminación en la perspectiva del siglo XXI» a analizar, en primer lugar, ese derecho en el contexto internacional, sopesando la posibilidad de una redefinición de la soberanía en el nuevo orden imperante. En segundo lugar, lo pone en contraste con la situación existente en la Unión Europea y, en ese contexto, considera absurda esta reivindicación.

LA SOCIEDAD VASCA POR UN LADO, ARZALLUZ POR OTRO
Editorial El Mundo  5 Mayo 2001

La encuesta de Sigma Dos que hoy publica EL MUNDO arroja datos bastante elocuentes acerca de la satisfacción general de los ciudadanos vascos con su nivel de autogobierno y, por tanto, de la distancia que existe entre la estrategia soberanista en la que Arzalluz ha metido al PNV y los deseos de una sociedad que tan bien presume de conocer el líder nacionalista. Sólo el 17,9% de los vascos se muestra partidario de independizarse de España y -dato revelador- entre ellos nada más que el 22% de los que confiesan haber votado al PNV. El 34,6% de los encuestados, por contra, quiere que el País Vasco mantenga su actual autonomía y el 38,7% apuesta por aumentar el autogobierno. La conclusión es evidente: una abrumadora mayoría se identifica con lo que en su día significó el Pacto de Ajuria Enea, en el que estaban representados los partidos constitucionalistas y un PNV moderado que luchaba por aumentar la autonomía sin rastro de independentismo.

Igualmente significativa es la buena opinión que se tiene en el País Vasco del jefe del Estado. Una inmensa mayoría valora muy bien al Rey. Lo cual es lógico si se tiene en cuenta que el Monarca siempre ha tenido una especial sensibilidad hacia el País Vasco, puesta de manifiesto en sus numerosos viajes y en su digna reacción en la Casa de Juntas de Gernika ante el abucheo de HB. Los vascos ven de forma muy positiva la Constitución -a pesar de que en el referéndum se registró una fuerte abstención- en contra de la apreciación del PNV que la denosta constantemente.

En lógica con esta moderación que Arzalluz decidió abandonar pactando con EH, el presidente del PNV sale mal parado de este estudio sociológico. El 62% de los entrevistados cree que el liderazgo de Arzalluz ha perjudicado a su partido. Un parecer que comparte el 55,2% de los votantes del PNV. La deducción no puede ser más clara: el líder nacionalista, con el apoyo de sus fieles, ha llevado a esta formación por una senda de radicalismo que no es la que quieren recorrer sus votantes.

El sondeo refleja que la contraposición de vasco contra español que realizan los nacionalistas es un espejismo. El 50,8% se considera al mismo tiempo vasco y español, el 16% español y el 28,6% vasco. Datos que debieran tener en cuenta los que tanto hablan del derecho de autodeterminación del pueblo vasco. Un pueblo que apuesta con claridad por seguir dentro de España.

Mentir y callar
Editorial ABC 5 Mayo 2001

El candidato de la coalición nacionalista y todavía lendakari, Juan José Ibarretxe, se negó a comentar la información publicada ayer por este periódico sobre la destrucción de documentos en las Jefaturas Territoriales de Seguridad de la Ertzaintza. «No tengo absolutamente nada que decir a ABC», le espetó Ibarretxe a nuestro redactor. Ibarretxe, como ciudadano, es muy libre de hablar con quien quiera; pero como lendakari y último responsable político de la Ertzaintza, su respuesta es inadmisible y constituye una prueba de su limitada capacidad política. Una prueba más, cabría decir, porque Ibarretxe ha hecho del falseamiento de la historia y del silencio fatuo, es decir, de mentir sobre lo que le perjudica y callar sobre lo que no le conviene, el hilo conductor de su campaña. Dijo que nunca gobernó con HB y provocó la risa de la izquierda proetarra, la indignación de los no nacionalistas y la vergüenza de algunos de los propios —los que aún la conservan—. Y ayer, a la legítima pregunta de un periodista que daba ocasión para contrastar la información, Ibarretxe calló sobre unos hechos sumamente graves que le afectan de manera directa. El lendakari se equivoca si piensa que su desplante menoscaba el crédito de este periódico y de su información. Al contrario, lo aumenta. Su silencio, a quien defrauda, es al conjunto de ciudadanos vascos que, después de una mentira, esperaban de su presidente un pronunciamiento claro sobre un asunto grave.

Hernani, escuela de odio
La ruta de las «herriko tabernas»
David GISTAU La Razón 5 Mayo 2001

En Hernani, los niños tienen prohibido soñar con un futuro de delantero centro en los domingos de Anoeta. Persiguen pelotas por la Plaza Mayor, es cierto, pero lo hacen ante murales cargados de odio y de iconos carcelarios que les exigen un porvenir de gudari, que les recuerdan que pronto alcanzarán la edad de olvidar el balón en casa y de cambiar de juego. Algún día, muy pronto, los niños de Hernani no aceptarán que un extraño les enseñe a tirar penaltis. Harán como la generación que les precede: se dejarán crecer el pelo, se anillarán una oreja, se sentirán épicos y tribales entre cervezas en las Herriko Tabernas de la calle Kardaberaz, y al extraño le clavarán una de esas miradas que señalan el camino del tanatorio. Pienso en ello cuando comprendo que, hace sólo cuatro o cinco años, yo habría enseñado a tirar penaltis al asesino del «ertzaina» Iñaki Totorika: él también perseguía balones en esta plaza, ante modelos carcelarios que le guiaron en su destino hasta que un día, entre cervezas en la calle Kardaberaz, alguien le citó en alguna parte para ponerle en la mano su primera pistola, otro juguete que terminaba de apartarle de los domingos de Anoeta para incluirle en el mural del odio y de la sangre, siempre renovado.

   Con una inflexión caribeña que aquí suena imposible, oigo pronunciar la palabra «chévere». Laura sentada en un banco, hablando a un móvil. Es venezolana, y su piel contiene un matiz africano que no encaja en la escenografía del grafiti ni en las obsesiones raciales de un nacionalismo que impone un canon incluso a las gallinas. A Laura, cuando voló desde su escala en Madrid hace un mes, la visión de los veleros anclados en Fuenterrabía y el bucolismo de los tejados salpicando los montes le pareció la evidencia de que había llegado a la tierra prometida a la que traer a sus hijos para edificar una vida nueva. «Yo no sabía nada de los problemas de aquí. En los bares, cuando decía que mi ilusión siempre había sido conocer España, me respondían: Pues nada, vete a España cuando quieras, aún no has llegado . Apenas he conocido a nadie, sólo en San Sebastián. Tal vez tenga que buscar otro lugar antes de traer a mi familia, ¿Madrid es una ciudad tan bonita como San Sebastián?».

   En la Plaza de los Gudaris está el Ayuntamiento, que todavía conserva, tallado en la piedra, un escudo franquista, con lo cual la fachada lo es doblemente. Ahí arranca la calle Kardaberaz, empapelada por EH y saturada de grafitis a la irlandesa, flanqueada por innumerables Herriko Tabernas en las que la muchachada, uniformada de chándal y greña, juega a las cartas o lanza dardos aprovechando que la temperatura de la «kale borroka» ha descendido algo durante el periodo electoral. Aun así, y habida cuenta de que un rostro desconocido es siempre una sospecha, las conversaciones se interrumpen y las miradas hablan cuando un extraño cruza la puerta y pide un «zurito» intentando aparentar desenvoltura. Nadie se engancha a los intentos de charla, ni aun cuando se pregunta por el rap que suena o por el partido de la Real: evasivas, desconfianza, paga y vete, o bebe tranquilo pero déjanos en paz.

Encadenadas al grifo de la cerveza, hay huchas de cerámica: Haika, Presos. Hay fotos históricas de la Real de Satrústegui, campeona de Liga. Hay folletos sellados por Haika en los que al joven vasco se le explica cómo ser, incluyendo conceptos como el vestuario, el pensamiento obligatorio, la droga y la sexualidad: hasta cómo follar, decide Haika. Hay tallas del hacha y la serpiente, homenajes como altares a los que antaño jugaron a la pelota y ahora cumplen condena. Hay fotos de presos y tipos que algún día serán fotos de presos.

   Hay, en cada taberna, un Trivial Pursuit electrónico en el que sólo veinte duros bastan para batir todos los récords de conocimiento, cuarenta duros para el monográfico sobre fútbol. De sus carteles y sus pósters, se concluye que detestan a Ibarreche, al que caricaturizan sometido a España, pero no a Arzallus, al que, con un cayado, no costaría imaginarle como pastor venerable de esta manada. En el tigre -aquí, las mujeres no visitan el tocador, van al tigre-, saturado de pintadas, dejo la mía: «Que viva España, porrompompero». Pago y me voy al mitin de EH en la Sala Sandiusterri, pequeño aquelarre oficiado por Permach y Olarra, abierto por un «aurresku» bailado por adolescentes de mejillas muy rojas que se arrodillan cuando un hombre ondea la «ikurriña».

    Poca gente y de edad, en su mayoría padres de presos que sostienen en carteles de cartón los retratos de sus hijos. Cuando levantan los puños y cantan el «Euskal Gudariak», decido marcharme antes de que alguien note que no me sé la letra y que además no estoy correctamente vestido: aunque se trate de parámetros estéticos antagónicos, eso cuenta aquí tanto como en un tendido de La Maestranza.

Algo está cambiando: El espíritu del Kursaal
Por Ignacio Villa Libertad Digital 5 Mayo 2001

No ha sido el primer mitin del PP en San Sebastián, tampoco ha sido el primer acto político de José María Aznar en la capital guipuzcoana. No era la primera vez, pero todo ha sido distinto. El mitin del PP en San Sebastián no ha sido un acto partidista. No ha sido una convocatoria política. El encuentro del PP en el Kursaal ha tenido el componente de la libertad. Por un lado ha sido un gran homenaje a las víctimas del terrorismo. Por otro, un gesto de apoyo a los centenares de concejales que, en el País Vasco, se juegan la vida a diario. Por último, ha sido también un grito de la sociedad vasca a favor de la libertad.

En el Kursaal no había homogeneidad. Se respiraba variedad. Se percibía heterogeneidad política y social. Se palpaba lo que ya se conoce como “el espíritu del Kursaal” que nacía hace unos días en el ya memorable acto organizado por “¡Basta ya!”. Un espíritu continuación del de Ermua y que tiene como fundamento la rebelión ciudadana contra el terrorismo. En este acto se volvía a hablar un solo mensaje. Se escuchaba un solo mensaje: la necesidad de un cambio político en el País Vasco. Más de 2000 personas que no asistían para escuchar discursos políticos, sino para reafirmar la necesidad de ese cambio. Y, en este ambiente, una promesa de José María Aznar: El País Vasco seguirá viviendo a la sombra del arbol de Guernica. Un verdadero programa de futuro.

Alucinante
Por Enrique de Diego Libertad Digital 5 Mayo 2001

Un extraterrestre que aterrizara en el País Vasco encontraría bastantes dificultades para saber quién ha gobernado, se extrañaría si alguien le dijera que un tal Xabier Arzalluz es persona relevante en la política vasca, consideraría que se le está engañando de la manera más cruel si alguien le indicara que el candidato Ibarretxe ha gobernado tres años apoyado por terroristas. No digamos si se le pasaran las imágenes de los atentados, asesinatos y funerales, pues lo que observaría sería un paisaje idílico en el que ya no hay odiosos inmigrantes a los que habría que quitar el derecho al voto, ni crueles asesinos, ni tiene importancia alguna que en el programa electoral del PNV se incluya una propuesta de autodeterminación. Incluso el hecho de que los candidatos de PP y PSOE no puedan ni pegar carteles en los pueblos de Guipuzcoa podría entenderlo como una especie de excepción cultural. Un mundo feliz, un mundo en paz, con un buen chico como Ibarretxe que no quiere insultos en una campaña en la que no está Fernando Buesa y tantos otros.

Nadie parece efectivamente haber gobernado, porque Ibarretxe en vez de defender lo que ha hecho –como el pacto de Estella/Lizarra– se dedica a decir que hará todo lo contrario y lejos de él algo tan terrible e inmoral como pactar con Eh. ¡Eso él no lo haría nunca! ¡Faltaría más! Arzalluz no existe. Es un ciudadano normal que irá a votar como cualquier otro el 13 de mayo. Madrazo es un pacifista que reparte propaganda por la calle porque no es capaz de llenar un mitin, pero tampoco ha pactado con los terroristas.

No deja de ser toda una lección y toda una impostura moral que cuando se trata de seducir a los votantes se recurra a la moderación que no se demuestra en el gobierno. Y que ello se haga con tal trasfondo de caballo de Troya que siendo una campaña tan modosa es la que esconde cuestiones de mayor calado y niveles mayores de radicalismo en las propuestas, como la mencionada de la autodeterminación.

Queda, pues, confiar en que los espectadores, ciudadanos, que no son extraterrestres, den su veredicto a esta comedia bufa, de campaña-trampa y engaños. Hay indicios para pensar que eso sucederá. Dejo al margen las encuestas, porque con tal coacción, miedo y lógica prudencia, al margen de este carnaval nacionalista en el que el extraterrestre daría en pensar que en el País Vasco nunca pasa nada, hace que la sociología sea un voluntarismo (ya ni se publica el porcentaje del no sabe/no contesta). Hay un dato real y significativo: el voto por correo se ha triplicado. En Benidorm, por ejemplo, el PP ha gestionado en su sede ocho mil votos. Es indicio de movilización constitucionalista por la libertad, porque en el País Vasco ha pasado mucho, ha pasado de todo, ha pasado demasiado. Y pasaría mucho más si nada cambiara, aunque fuera por poco.

El carácter del PNV
Por Pío Moa  Libertad Digital 5 Mayo 2001

El programa del PNV está perfectamente contenido en estas frases de Sabino Arana: "El euskeriano y el maketo, ¿forman dos bandos contrarios? ¡Ca! Amigos son, se aman como hermanos, sin que haya quien pueda explicar esta unión de dos caracteres tan opuestos, de dos razas tan antagónicas". Esa armonía, que Arana se propuso destruir, nace de la comunidad de sentimientos, historia y religión entre los vascos y los demás españoles. La perversión de los conceptos ha conducido, como tantas veces, a utilizar ideales en apariencia plausibles como instrumentos de opresión. Hitler, en nombre de los derechos del pueblo alemán, envenenó la mente de millones de alemanes y los llevó a una inmensa catástrofe. Stalin, invocando los intereses proletarios, privó de derechos al proletariado y lo sometió a un régimen de terror. El pequeño Arana quiso emplear el cristianismo para transformar en odio y desprecio el "amor de hermanos" entre españoles, y exaltando el carácter y la "raza" vascos, pretendió amputarles parte esencial de su identidad; lo mismo, a la inversa, que si quisiera extirpar el vascuence. Ese programa implicaba la guerra civil entre vascos.

Tales ideas excluyen al PNV de la democracia, aunque la democracia deba albergarlas legalmente, como al comunismo o al nazismo. No son la única tradición del PNV, pero sí una de las principales, y por desgracia se han impuesto en momentos clave, como en 1936. Entonces, los católicos nacionalistas, pensando que el Frente Popular ganaría la guerra, se desentendieron de la sangrienta persecución religiosa y alentaron al gobierno a manipular la (muy relativa) excepción de Vizcaya en esa persecución, para intentar desmentir la evidencia ante la opinión mundial. Al acercarse la derrota, no les importó preservar la industria vizcaína para Franco, negociar una rendición separada, y traicionar a las tropas asturianas y santanderinas, camaradas de armas en la defensa de Vizcaya, informando al enemigo común de las mejores vías de ataque. La deslealtad y la hipocresía tienen fuerte arraigo en ese partido. ¡Los maketos no merecen mejor cosa!

Con la democracia, el PNV ha vacilado entre aceptar las leyes como normas de convivencia, o explotarlas, degradándolas, para sembrar el agravio y el odio, y construir un cacicato. Han optado por lo último y resuelto finalmente pasar del cacicato a la dictadura, del brazo de EH. El peor error de los partidos democráticos, en especial del PSOE, pero no sólo de él, ha sido cerrar los ojos a este proceso, e incluso darle alas con claudicaciones que, como las claudicaciones ante el nazismo en otros tiempos, han pavimentado un camino a cuyo final se percibe claramente el infierno.
 

La ilusión de Pollyana
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo  5 Mayo 2001

Hasta cuatro veces repitió Ibarretxe a Gabilondo que la tregua de ETA había generado «una ilusión tremenda». Esta expresión le parece a un servidor harto significativa del tiempo que vivimos y de un cierto desconocimiento del paisaje y de las circunstancias del paisanaje. El todavía lehendakari llama «ilusión tremenda» a lo que para los ciudadanos más directamente implicados, las víctimas potenciales, fue sólo un suspiro de alivio.

No trato de minimizar la importancia de un suspiro de alivio. Me honro con la amistad y el trato de gente que se ve obligada a llevar escolta, gentes que pudieron salir a la calle a cuerpo gentil durante catorce meses, sin miedo a recibir un tiro en la nuca o a la explosión de un coche-bomba a su paso. Es verdad que a algunos de ellos les incendió el coche o les quemó las paredes de su casa un terrorismo de entretiempo a golpe de cóctel molotov; que durante aquellos meses de la ilusión tremenda, ETA robó en Francia la dinamita con la que asesinó a Fernando Buesa y a su escolta e hizo los seguimientos necesarios para matar al propio Buesa, a José Luis López de Lacalle, a Pedrosa, Korta, Indiano y así hasta 29.

¿Es preferible que te quemen el coche o la casa a que te peguen un tiro? Sin duda. Puesto uno a elegir, si le dieran la posibilidad, ¿no preferiría un tiro en el muslo que en la nuca? es de suponer que sí. Pero esperar que las víctimas se sientan ilusionadas porque pudo haber sido peor, es algo que a la gente de mi edad nos hace recordar la ilusión de Pollyanna, aquel personaje que interpretó en el cine Hayley Mills. Pollyanna era una niña muy pobre y muy buena, cargada de energías positivas. Cuando la parroquia de su pueblo hizo un sorteo entre los pobres, a ella le tocaron unas muletas. Aunque hubiese preferido una muñeca, daba gracias a Dios, porque peor sería ser coja y tener que necesitarlas. La verdad es que a los chicos de mi peña Pollyanna siempre nos pareció un poco gilipollas.

Miguel Ángel Blanco cumple años
Carlos DÁVILA ABC  5 Mayo 2001

Este domingo, a las 8 de la tarde, Miguel Ángel Blanco hubiera cumplido treinta y tres años. Su asesino, un criminal de alias «Txapote», y de apellidos García Gaztelu, es el mismo que mató a Fernando Múgica. Gaztelu está hoy encarcelado en Francia y dicen que ha cedido el mando a «Mikel Antza», un refinado matarife que estuvo a punto de acribillar en Zúrich a Ricardo Martí Fluxá cuando éste, sentado en la reunión de los enviados de Aznar al lado del obispo Uriarte, se llevó la mano al bolsillo interior de la chaqueta.

De todos los nombrados, el único que podrá votar es el obispo de Guipúzcoa. A Uriarte se le atribuye estos días una recomendación repugnante: que los cardenales, invitados a la Embajada de España en el Vaticano para hablar con una delegación de la Asociación Víctimas del Terrorismo, dieran un sonoro plantón al embajador y a los supervivientes del holocausto etarra. ¡Y luego nos regaña la Iglesia!

El 13, día en el que Miguel Ángel Blanco no podrá celebrar su cumpleaños, la quiere armar Herri Batasuna. En los Ayuntamientos que domina, como es el caso de Ondarroa, está expidiendo certificados que habilitan a los electores para votar con el DNI vasco. El acto de extorsión política es cruel, porque pocos ciudadanos disidentes del nacionalismo podrán resistirse a tal presión. Eso sin contar los efectos legales que tendrá la irregularidad. Se cometerá así una sucesión de ilegalidades ante las cuales habrá que ver cómo reaccionan las Juntas Electorales. Hay pueblos, como el citado, donde los interventores no nacionalistas almorzarán ese día en el cuartelillo de la Guardia Civil más próximo.

Y es que en el País Vasco la libertad del dibujo ideal que propala Ibarretxe ante empresarios que pagan más que nunca a ETA, no existe.

Otro ejemplo: la última moda de Herri Batasuna es identificar a los periodistas de fuera que viajan estos días por el País Vasco. Retratan y si viene al caso, que casi siempre viene, espetan: «¡Fascistas, marchaos, que no os queremos aquí!».

Pero los periodistas no se van; no se van al menos hasta el día 13, el cumpleaños frustrado de Miguel Ángel Blanco, en el que si la esperanza no se confirma no es descartable una salida general. Y no precisamente de periodistas.

Discursos paralelos, hipótesis transversales
Ignacio CAMACHO ABC  5 Mayo 2001

El vestíbulo del clásico hotel Ercilla de Bilbao parecía en la mañana de ayer el escenario de una convención de guardaespaldas. Empero, se trataba, tan sólo, de una reunión de alcaldes y concejales del PSOE. En cualquier país de la Unión Europea, una reunión de ochenta ediles apenas movilizaría a un par de guardias de tráfico. Pero en el País Vasco se necesita un ejército de escoltas.

«Estamos secuestrados». Lo explicó Ana Urchueguía, la pasional alcaldesa de Lasarte, el pueblo donde fue asesinado el concejal Froilán Elespe. En un libro de reciente aparición, el escritor Iñaki Ezquerra aborda un canto sin precedentes a los escoltas como garantes efectivos de las libertades individuales en Euskadi —los compara con ángeles de la guarda bajo el expresivo epígrafe de «Cuatro angelitos tiene mi cama»—, y relata con patética desesperación la costumbre de algunos ciudadanos desprotegidos de «gorronear» la seguridad arrimándose a quienes sí gozan de ella. El libro, sintomáticamente, se llama «Estado de excepción».

El mensaje que lanzaban ayer los ediles del PSOE, reunidos para presentar un manifiesto municipalista en torno al candidato Nicolás Redondo, era, más o menos, parecido: la excepcionalidad de la vida cotidiana en los pueblos y ciudades vascas. El manifiesto habla, expresivamente, de «limpiar el matonismo de las calles», y los intervinientes, como la citada alcaldesa de Lasarte o su colega de Ermua, Carlos Totorika, no pararon de referirse a esa difícil condición que supone ser concejal en el País Vasco. La «infantería democrática», los llamó Redondo. Pero una infantería desarmada que permanece, sin embargo, expuesta en la primera línea de fuego.

En otro punto de Bilbao, ante un auditorio femenino y en una iglesia reconvertida en sala de rock, el PNV escenificaba con su perfecta normalidad el drama paralelo en que se ha convertido el País Vasco. En los mítines de Ibarretxe no se habla de excepcionalidad alguna; se pinta una comunidad próspera, algo crispada por la falta de «paz», pero en firme y decidido avance hacia el progreso y la construcción de un ámbito diferencial. No hay escoltas, ni precauciones, ni menciones a drama alguno que implique inseguridad, incertidumbre o miedo.

Tampoco en los peculiares debates televisados, a los que no acuden PP ni PSOE, se habla de esta realidad angustiada de amenazas y atentados. El jueves por la noche, en una emisora local de Bilbao, Jone Goirizelaia, de EH, polemizaba con un candidato del PNV y otro de IU sobre la política energética, el medio ambiente y la «construcción nacional», en un clima de absoluta confianza en el que ni por asomo se mencionaba más que con perífrases y eufemismos la existencia de un agudo fenómeno de terrorismo de alta intensidad.

El contraste entre este tipo de debates y el clima pintado en la reunión socialista del Ercilla ejemplifica con nitidez el discurso paralelo, de diálogo de sordos, en que transcurre esta campaña electoral.

PEOR QUE EN EL FRANQUISMO
Nicolás Redondo preguntaba -«sin dramatizar», decía cuántos concejales del PP y del PSOE llevan escolta, cuántos empresarios han recibido el chantaje o la extorsión de la ETA, cuántos profesores universitarios se han tenido que marchar fuera o se ven obligados a ir escoltados a clase, y se quejaba de que «el candidato del PNV no ha hecho ni una sola mención a todo esto». Ana Urchueguía, en su tono pasionario y visceral, proclamaba sin ambages que «una parte de la sociedad vasca es cómplice de que nos asesinen». Y Paco Vázquez, el alcalde coruñés desplazado, junto al de Sevilla, el de Granada y muchos otros en apoyo de sus compañeros vascos, comparaba la obligación de «mirar para atrás» a ver si viene alguien con las circunstancias de la clandestinidad antifranquista. «Con una diferencia: antes ibas a la cárcel y ahora te pegan un tiro en la nuca, como unos gallinas».

Vista sobre el terreno, las diferencias entre la experiencia vital de los socialistas vascos y la equidistancia indolente de los nacionalistas auguran una inseparable fosa política. Pero en la campaña siguen surgiendo voces a favor del entendimiento, discursos propicios a la aceptación de la salida que Ibarretxe buscó el otro día con su promesa de no gobernar con EH.

PESIMISMO NACIONALISTA
Estas voces tienen que ver con un cierto pesimismo que se destila de las encuestas, ninguna de las cuales apunta a la mayoría absoluta del bloque constitucional. Los partidarios, como el propio Redondo, de seguir de la mano del PP incluso en esa tesitura empiezan a oír a su alrededor rumores de fondo en el sentido de buscar «soluciones transversales», esto es, acuerdos más alambicados que atraviesen la frontera de la Constitución y el Estatuto trazada en el Pacto por las Libertades.

La solución que pretenden los socialistas es una oferta tripartita al PP y los nacionalistas, con la esperanza de que éstos se descuelguen. «El tripartito va a ser un clamor social», anuncia Javier Rojo, secretario del PSOE de Álava y uno de los más duros detractores del nacionalismo. «Pero nosotros en ningún caso le vamos a ofrecer la «lendakaritza» al PNV. Eso, de ningún modo. Y no creo que acepten estar en un Gobierno sin la presidencia».

En cualquier caso, los sondeos del PSOE apuntan a la necesidad de rebañarle a Izquierda Unida uno o dos escaños para rozar la mayoría absoluta junto al PP. Por eso Nicolás Redondo comenzó ayer a bombardear a Madrazo, castigándole con dureza como una falsa izquierda entregada al nacionalismo. Redondo acusó al candidato de IU-EB de haber pactado con Ibarretxe sus votos de investidura a cambio de que el límite mínimo para obtener escaños fuese rebajado del cinco al tres por ciento, lo que favorece sus expectativas. Se nota que se acerca el tramo final de la campaña: empieza la disputa voto por voto, casa por casa.

PP y PSOE exigen que Balza explique la «criba» de documentos comprometedores para el PNV
VITORIA/BILBAO. J. J. S. / M. A. ABC  5 Mayo 2001

El consejero vasco de Interior, Javier Balza, afirmó que es «falso y un insulto» que la Policía autónoma haya destruido documentos comprometedores para el PNV, y añadió que responsables del PP, como su candidato Jaime Mayor, están detrás de estas «falsedades e insidias». Balza, que rehusó realizar comentario alguno a este periódico -se limitó a sus manifestaciones a «Telecinco»-, dijo que «los 7.000 ertzainas tienen otro trabajo más importante que el de destruir papeles, como es el de garantizar al libertad de vascos y vascas». Añadió que «cuando un partido como el PP y un candidato carecen de proyecto para el País Vasco tienen que recurrir a este tipo de insidias, insultos y falsedades».

Mientras, el responsable del PP vasco en asuntos de Interior, Carlos Urquijo, solicitó, ante el registro de la Cámara vasca, la comparecencia urgente del consejero de Interior ante la Diputación Permanente para que aclare si desde su departamento se ha ordenado a la Ertzaintza la destrucción de documentos relativos a la lucha contra ETA que pudieran comprometer al PNV.

Urquijo lamentó que, ante la relevancia de la información publicada por ABC, el consejero de Interior no solicitara comparecer a petición propia, y que tampoco el departamento realizara un pronunciamiento oficial.

En la solicitud, el parlamentario y miembro de la Diputación Permanente pide que la comparecencia de Balza tenga lugar antes de las elecciones y advierte que, de confirmarse estas «gravísimas acusaciones», «nos encontraríamos ante unos hechos que rayarían el delito».

En declaraciones a ABC, Urquijo sostuvo que las explicaciones del consejero ante «el Parlamento no deben demorarse ni un minuto más», pues «son unas acusaciones de una enorme gravedad, que deben tener una aclaración inmediata». Advirtió que de confirmarse éstas, «la responsabilidad no se agotaría en el consejero sino que alcanzaría al propio lendakari».

El parlamentario vasco reiteró que «estamos ante un hecho gravísimo ante el que no puede quedar ninguna duda. Se está poniendo en entredicho la actuación de un conjunto de responsables políticos del PNV en la lucha contra ETA» y, por tanto, «no valen excusas -añadió- como que la Mesa del Parlamento no se reúne» para que la comparecencia no tenga lugar antes de la cita con las urnas.

También, el PSE-EE presentó ayer, a través de su coordinador electoral y representante en la Diputación Permanente del Parlamento vasco, una petición de comparecencia urgente del consejero de Interior para que «esclarezca» la información publicada ayer por ABC. Ares indicó que «de confirmarse su veracidad, sería un hecho muy grave que pondría de manifiesto el nerviosismo del PNV y que tiene muchas cosas que ocultar». En términos similares se pronunció el presidente del PSE-EE-PSOE, José María Benegas.

Fuentes de la Presidencia del Parlamento vasco, indicaron a ABC que será la Mesa del Parlamento vasco la que califique la solicitud de comparecencia en una reunión que deberá convocar el presidente de la Cámara, una vez consultados los grupos parlamentarios.

Desde el sindicato independiente Erne, mayoritario en la Ertzaintza, fuentes de su dirección indicaron que carecían de información, no obstante recordaron que este sindicato ha propuesto en varias ocasiones la conveniencia de realizar una «auditoria electrónica» al departamento de Interior, que iría más allá del control de las partidas económicas. Una iniciativa que, según indicaron, podría poner en marcha quien tome el relevo al frente del departamento, pues «la ausencia de determinados archivos en soporte electrónico o lugares informáticos, donde antes había trabajos y ahora no los hay, indicará también que alguien se ha llevado archivos», señalaron.

Sólo una minoría del 18% de los vascos quiere la independencia para Euskadi
El 22% de los votantes del PNV y el 3,7% de los de IU apoyan la secesión de España
JUSTINO SINOVA El Mundo  5 Mayo 2001


MADRID.- Sólo un 18% de los ciudadanos vascos desea que Euskadi se independice de España, según el sondeo que para EL MUNDO ha realizado Sigma Dos con una muestra de 1.400 entrevistas.

Este porcentaje (exactamente, el 17,9%) es significativamente más reducido que el que ocupan las formaciones que exigen el derecho de autodeterminación de Euskadi -PNV, EA y EH-, que contarían hoy con el 49,8% de los votos según la primera parte de esta encuesta, publicada ayer.

La fuerza electoral de estos partidos ha descendido precisamente en esta ocasión en que los tres han coincidido en dar un paso adelante en la reivindicación secesionista, aunque la presentan con distinta intensidad.

Mientras Euskal Herritarrok (EH), la versión electoral del brazo político de ETA, hace bandera en la campaña de su pretensión soberanista, el PNV ha enfriado en los últimos días su demanda de autodeterminación, lo que le ha distinguido de su socio de coalición, EA, partidario de insistir más en la propuesta.

Las diferencias han quedado además de manifiesto por las acusaciones que ha dirigido hacia el PNV el portavoz de EH, Arnaldo Otegi, deseoso de que el Partido Nacionalista inicie más decididamente la senda independentista.

El deseo de independencia es mayoritario entre los electores de EH-HB (llega hasta el 75,4%), pero es compartido sólo por una minoría (aunque no desdeñable: el 22,2%) de los votantes del PNV.

Es irrelevante entre la clientela de IU (sólo el 3,7%), dato que está en franca discordancia con la campaña que realiza su líder Javier Madrazo (secundado en esta ocasión por el líder estatal, Gaspar Llamazares), de subordinación a los postulados del Pacto de Estella y de oposición frontal a la propuesta constitucionalista que representa el PP. Entre los votantes del PP y del PSE-PSOE la independencia es un deseo inexistente.

El escaso éxito de la opción independentista se traduce en el éxito de la opción autonomista, que es aceptada por un nutrido porcentaje del 73,3%, lo que significa que prácticamente tres de cada cuatro vascos admiten tal configuración política y de relación con el resto del Estado.

Algo más de la mitad de este grupo autonomista querría ver un aumento de las competencias de su comunidad, lo que obviamente responde a las reclamaciones que plantean con insistencia los nacionalistas. La encuesta no entra en detalles sobre el incremento del grado autonómico, que es, por lo demás, el más alto que pueda encontrarse en un territorio europeo.

Como es lógico, a la vista de la anterior cuestión, muchos vascos (una mayoría del 66,8%) se consideran españoles, aunque sólo españoles el 16%. El porcentaje de quienes declaran sentirse sólo vascos (el 28,6%) es, sin embargo, más elevado que el de quienes quieren la independencia, lo que cabe interpretar como que una parte de quienes se sienten sólo vascos se encuentran cómodos formando parte de España.

Esta impresión queda avalada también por el hecho de que el Rey de España, la más alta representación del Estado, proyecte una imagen «buena» y «muy buena» para una mayoría del 62,3% de los vascos, mientras en el otro extremo (imagen «mala» y «muy mala») se sitúa sólo un 9,5%. Hay que tener en consideración que otro 19,3% (quienes se pronuncian por una imagen «regular») no se muestra entusiasta con el Rey pero tampoco lo rechaza.

Algo parecido, y en este caso sorprendente, ocurre con la Constitución. Sólo un 11,5% declara tener una imagen «mala» o «muy mala» de la Constitución, lo que significa que una parte de los que se declaran favorables a la independencia (17,9%) están dispuestos a aceptar la Constitución del Estado español, aunque sea con matices. También cabría interpretar que algunos independentistas se dejan conducir hacia esa opción sin tener suficientemente claro qué alcance tiene.

Quienes aceptan abiertamente la Constitución representan el 52,1%, mientras se sitúan en el término medio de la imagen «regular» -que no supone conformidad incondicional ni rechazo de plano- el 26,3%. De ello se deduce que la Constitución no queda tan mal parada en Euskadi pese a la campaña en contra que desde el PNV se articula de vez en cuando. Sobre el Estatuto de Gernika, norma derivada de la Constitución, los ciudadanos se pronuncian de modo muy similar: una mayoría del 54,7% lo acepta, sólo un 5% lo rechaza (lo cual contrasta una vez más con el porcentaje de los independentistas) y un 22,4% lo acepta con matices o lo rechaza en parte.

El colofón a estas opiniones puede encontrarse en la respuesta a la pregunta sobre el liderazgo de Xabier Arzalluz, 20 años al frente del PNV. Una mayoría del 62% piensa que ha perjudicado al partido. Arzalluz, bajo cuya dirección el PNV pactó con ETA, ha criticado virulentamente la Constitución y el Estatuto, y se ha mostrado partidario de la autodeterminación. Los datos obtenidos por este sondeo reflejan una ancha corriente de rechazo a esa política.

Los arúspices
Por Jaime CAMPMANY ABC  5 Mayo 2001

El Colegio Oficial de Arúspices se ha rajado. Los augures del CIS no van a hacer el último sondeo previsto antes de las elecciones vascas porque dicen que «no tienen tiempo». Tengo para mí que, tiempo hay de sobra, pero seguramente sobre también el miedo a que el canto de las aves, el vuelo de las águilas y las manchas del hígado de las ocas y gallinas sagradas no faciliten esta vez una respuesta razonablemente ajustada a la realidad del escrutinio. El interés extraordinario de las elecciones vascas reside en que la suma de los escaños del PP y del PSOE alcancen o no la mayoría absoluta. Para alcanzar esa mayoría son necesarios 38 escaños, la mitad más uno del total de miembros del Parlamento vasco. Se trata, sin duda, de un número tan alto que alcanzarlo sería tocar la Luna con la mano.

El último sondeo realizado para el Partido Socialista, sitúa la suma PP-PSOE en una horquilla que va desde los 34 escaños a los 37 en el mejor de los casos, 20 actas para los populares y 16 para los socialistas son las cifras que en este momento parecen más probables. Con ese resultado, la coalición PNV-EA necesitaría los 7-8 votos de Euskal Herritarrok («ETA», para entendernos) para elegir lehendakari y gobernar. Los tendrán. Es decir, se reproduciría la situación actual, y el Gobierno del País Vasco quedaría de nuevo sometido al capricho de los etarras, «ahora ayudo y luego abandono». Claro está que estas cifras cambian, poco a poco, sin prisa pero sin estancamiento, y el día de la votación puede salir de las urnas un resultado algo diferente del que anuncian los augures. Como casi siempre.

Pero, además, en estos momentos y tal como están las cosas en Vasconia, sólo un loco puede aceptar como buenas las respuestas de los ciudadanos a los que se pregunta por su intención de voto. Es fácil sospechar que nadie o casi nadie va a decir la verdad. Estas son las elecciones del miedo, y excepto en algunos colegios de las capitales, el voto a los populares y a los socialistas será una verdadera heroicidad, y muy pocos serán aquellos que lo confiesen. Si en todo sondeo electoral hay que contar con un tanto por ciento de ocultación de la verdad, en éste, esa ocultación se habrá producido en un número mucho más alto de encuestados. Cuando el propio ejercicio del derecho a votar supone un riesgo, el anuncio del sentido del voto se convierte en una temeridad.

Supongo que los arúspices profesionales, al publicar sus predicciones, ya habrán tenido en cuenta esa circunstancia. Los peneuvistas y alkartasunos, y no digamos los herritarrokas, pregonarán retadoramente su intención de voto. Populares y socialistas lo harán con precaución o con enmascaramiento. Metidos en estas circunstancias, pedir a los augures que claven el escrutinio con un margen razonable es pedir peras al olmo. Es pedirles que resuelvan la cuadratura del círculo. Y por si esas dificultades fueran leves, nos encontramos con la intrincada interpretación de la abstención. ¿Quiénes se abstendrán en estas elecciones: peperos y socialistas con miedo a votar o nacionalistas descontentos del rumbo de su partido en este último período político?

De una manera o de otra, todos los datos que podemos manejar a una semana y un día de que se saquen las urnas indican que la victoria de unos o de otros se resolverá en un puñado de votos. Ese es el riesgo y la ventura de la democracia. Es probable que unas docenas de votos decidan el futuro del País Vasco entre dos posiciones muy gravemente opuestas e inconciliables: los defensores de la paz y de la libertad, por un lado, y los partidarios y beneficiarios del crimen y la violencia, por otro. En definitiva, entre víctimas y verdugos.

La campaña
MARTIN PRIETO El Mundo 5 Mayo 2001

La lectura de la prensa marginal y abertzale como el peneuvista Deia o el etarra Gara confirma que si en la guerra la primera víctima es la verdad, en campaña electoral vasca el primer enterrado es el sentido común. En todo caso los mítines en cualquier elección y en cualquier democracia no son aulas magnas en las que se expenda el saber sino púlpitos para decirle a la feligresía lo que quiere escuchar, y los buenos jefes de campaña, desde Vitoria a Washington, preparan los guiones de los discursos del candidato con los puntos de hierro caliente que hay que machacar, y hasta les dan el aviso de que están entrando en directo en el telediario de la noche para que enfaticen sus mensajes subliminales. Dicen los expertos con medios técnicos para comprobarlo que en las burbujas de un cava aparece una calavera si congelas y agrandas la imagen, y que el cerebro la capta sin verla despertando la atracción fatal por un icono mortuorio; ya será menos la perversidad, pero los imagineros de Ibarretxe están vendiendo toda la mercancía averiada que alberga Sabin etxea, el Ferraz del PNV, con cinco pisos y cinco subsuelos, baticueva de una lectura mostrenca de la Historia.

Tras la inevitable apelación a Gernika se pregunta el actual lehendakari si el presidente Aznar aceptará el resultado de los comicios vascos, bobería torticera para pazguatos que puedan temer que el Estado se dé un golpe a sí mismo o siquiera que aplique con mayorías en el Congreso y el Senado el artículo 155 de la Constitución que prevé la intervención en todo o en parte de los gobiernos autonómicos cuando éstos se pongan a pastar fuera de la ley. La idea-bestia de ese nacionalismo que se tiene por moderado y que quema los archivos de la Ertzaintza como si los alemanes estuvieran a las puertas de París se reduce al mensaje de la calavera espumosa con las huestes de Mayor Oreja entrando en Bilbao para prohibir el uso del euskara y cerrar herrikotabernas y batzokis.

Pero a quienes nos hemos mojado el traste por denunciar la guerra sucia contra ETA nos resulta injuriosa la constante apelación de los pasquines vascos a la tortura sistemática que aseguran soportan los etarras en el cuartel donostiarra de Intxaurrondo, en las cárceles y en los mismísimos sótanos de la Audiencia Nacional, debajo del culo de Baltasar Garzón. Difamaciones propaladas por el etarra gallego Pepe Rei y a las que debería echar un ojo el fiscal general del Estado porque son algo más grave que un exceso electorero y permiten al arcángel de la muerte Arnaldo Otegi difundir por las televisiones nacionales que la elección de una vasca en comisaría es entre ser violada con una pistola o con el palo de la escoba. ¡Y luego hablan de la Brunete mediática!

Sentido común
GERMAN YANKE El Mundo 5 Mayo 2001

Para resolver el problema, hay que detectarlo. Los que quieren sostener la fantasía de que en el País Vasco se vive de maravilla no lo hacen. Ni los que afirman que el terrorismo es la manifestación de un conflicto político. Ni los que miran para otro lado cuando los totalitarios despliegan su violencia en la calle. Ni los que piden amistosamente a la banda que se detenga un rato. Ni los que se niegan a reconocer que hay perseguidos que, por no ser nacionalistas, están en el punto de mira de las pistolas. Tampoco hay milagros. Ni distintas opciones, como si la seguridad ciudadana fuera un producto de supermercado en el que todo vale. Hace falta querer y poner todos los medios legales para aniquilar a ETA y no basta con mostrarse doloridos. Hay que dejar de convertir a la Ertzaintza en instrumento de un poder que quiere la unidad nacionalista incluyendo a un buen puñado de criminales. Hay que movilizar a la Administración autonómica en defensa de los perseguidos y a la sociedad para que aísle a los perseguidores. No hay milagros, sino paciencia y la decisión de poner a los asesinos ante los tribunales. Y este programa sólo lo encuentro en los partidos constitucionales. Se trata de evitar, (hecho insólito en la Europa occidental), que los sindicatos de la policía vasca quieran pedir el marco y los medios para perseguir el delito y no les dejen.  

Un nuevo equilibrio vasco
JUAN PABLO FUSI El Correo  5 Mayo 2001

Patria ¿lograrás ser una patria?», preguntaba a su país, a Israel, a través de uno de los personajes de su novela ‘Divorcio tardío’ (1982) el escritor A. B. Yehosua. Yo no sé si Euskadi será alguna vez una patria. Lo que sí sé es que no hay patria en la violencia, que no hay patria en el terrorismo, en la etnicidad, en la opresión («no hay patria en el despotismo», advirtió ya en el siglo XVII La Rochefoucauld). Tanto le horrorizó a Samuel Beckett lo que ocurrió en Irlanda entre 1919 y 1922 -y la mediocre Irlanda creada luego, tras la independencia, por el nacionalismo- que dijo en 1939 que prefería vivir en una Europa en guerra que en una Irlanda en paz.

El caso es que hablar de patria, de pueblo, de etnicidad, es, además, un anacronismo, lenguaje del pasado. Euskadi es ya una jurisdicción vasca de gobierno. No es un Estado, pero es ciertamente mucho más que una región. Es ya un ámbito de decisión propio: ejerce todas las responsabilidades del autogobierno. De lo que hay que discutir aquí, por tanto, es claro: de articular Euskadi como una sociedad moderna y abierta, de compaginar crecimiento económico y bienestar social, de mejorar la enseñanza primaria y secundaria e impulsar la investigación y la educación superior, de preservar un medio ambiente saludable y equilibrado, de regular la vida urbana e industrial, de combatir la marginalidad social, de ampliar la solidaridad y la integración de la sociedad, de sanidad, pensiones, nuevas tecnologías, obras de infraestructura...

Eso es lo que es, hoy, una patria: una sociedad justa, libertades fundamentales, derechos individuales, solidaridad social, bienestar, igualdad de oportunidades, pluralismo ideológico. Patria no es 30 años de terrorismo, 800 muertos y miles de heridos; patria no es una sociedad dividida profunda y sustancialmente por el terrorismo y por las teorías de la etnicidad. No hay que engañarse. Lo que hoy está en juego en el País Vasco no es la constitución de Euskadi como nacionalidad: ya lo es desde 1980. Lo que está en juego es la constitución del País Vasco como una sociedad democrática y libre, ante la amenaza que para las libertades y los derechos de los ciudadanos suponen el terrorismo de ETA y la violencia callejera desencadenada por su entorno.

Soberanía vasca no es la clave para la paz: es la mejor receta para la confrontación. Ésa es la gran lección, al menos, que cabe sacar del terrible bienio que ha sido la etapa de gobierno de J.J. Ibarretxe. El gran error del pacto Lizarra-Estella de septiembre de 1998 ha terminado por hacerse evidente: su resultado no fue la paz (ETA rompió la tregua, como es bien sabido, al cabo de 14 meses), como pudieron creerlo (no hay por qué negarlo) muchos de los que lo suscribieron, sino la formación de un frente nacionalista, una apuesta soberanista, la división del País Vasco en bloques políticos enfrentados. Aunque sus principales impulsores, PNV y EA, no lo hayan querido reconocer, la estrategia que condujo al pacto de Estella fue un fracaso estrepitoso, el mayor fracaso de la historia reciente del nacionalismo vasco. Peor aún, bajo el liderazgo de Xabier Arzalluz, nacionalismo vasco parece no ser otra cosa ya que una amalgama de gestos desafiantes, proclamaciones soberanistas y etnicistas, y frases despectivas e insultantes (pero permítaseme que añada, con la misma fuerza, que esa biografía titulada ‘Arzalluz. La dictadura del miedo’, de reciente publicación, es un libro repulsivo, inadmisible). El nacionalismo nació como una ilusión: hoy es o pura política (PNV, EA) o violencia neofascista (ETA).

Pero el nacionalismo fue, desde el primer momento, elemento de división de la sociedad vasca: por su idea excluyente de la etnicidad y la lengua, por su errónea interpretación de la historia vasca, por no entender el cambio que industrialización, crecimiento económico, auge de las ciudades, modernidad, inmigración, iban a producir en el País Vasco y a hacer de éste una sociedad dinámica y plural. Que el nacionalismo terminó por adaptarse a la modernidad vasca -mucho más tardíamente de lo que se piensa- es cierto, pero eso es otra cuestión. Toda su visión de lo vasco se fundamentó en la idealización del mundo rural y euskaldún. Eso tiene mucho de emotivo y de admirable: pero los nacionalismos primordialistas, esencialistas, etnicistas, conllevan siempre y por definición el riesgo, la tentación, del exclusivismo y la xenofobia. El historiador británico Lord Acton ya advirtió en 1862 que el curso de la nacionalidad (fue el primero en hacer uso de este término) estaría marcado por la ruina material y moral.

En parte (pero sólo en parte), así ha sido. Es por todo ello por lo que yo creo que Euskadi necesita un nuevo equilibrio vasco, esto es, un proyecto político basado en la democracia y en la institucionalización estatutaria, un compromiso liberal y cívico que permita configurar el País Vasco como una comunidad histórica y un ámbito de convivencia, que preserve la cohesión interna de la sociedad vasca, que lo construya como una sociedad con fines éticos y políticos en común. Todo lo demás me parece, sencillamente, execrable.

Unas elecciones tristes y monocordes
SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ El País 5 Mayo 2001

Margarita Nájera, alcaldesa socialista de Calvià (Baleares), nacida en Bilbao, empezó ayer su intervención en el mitin del PSE hablando de la fiesta que suponen en su pueblo unas elecciones y de lo difícil que le parecía todo en el País Vasco y, de repente, las personas presentes en la sala del hotel Ercilla, concejales y alcaldes, tanto vascos como llegados de otros puntos de España, coincidieron con ella: estas elecciones, en Euskadi, son tristes.

La campaña electoral vasca no tiene nada que ver con la escenografía festiva de las elecciones en otras zonas de España y del mundo. Ni barullo, ni caravanas ni música por las calles de los pueblos, ni juegos de palabras u ocurrencias en las intervenciones de sus dirigentes. En esta campaña, en el País Vasco, nadie ha gastado una broma o ha hecho un chiste. Nada que ver con las elecciones de 1998, en plena tregua de ETA.

Es muy lógico, porque desde entonces han sido asesinadas muchas personas y porque más de la mitad de los políticos vascos que intervienen en ella (socialistas y populares) están ahora amenazados de muerte. Pero aun así, parece que los electores agradecen un poco de humor, aunque sea negro: lo que más aplausos provocó en el mitin del PSE fue la naturalidad con la que el alcalde de A Coruña, Francisco Vázquez, se atrevió a tomar el pelo al candidato del PNV: 'Al llegar he visto un cartel con la foto de Ibarretxe que decía, muy en grande, Bai. Sí. Estoy de acuerdo, digamos bye bye a un presidente de una comunidad a quien le han asesinado al portavoz de la oposición, al que le han matado a los concejales de oposición y que aún se atreve a decir Bai. Sí, Bye Bye, señor Ibarretxe'.

La intervención irónica y mitinera de Francisco Vázquez tiene poco que ver con el tono habitual de esta campaña y de los candidatos en liza, todos ellos dueños de una imagen poco risueña. Los mensajes electorales son también circunspectos. El PNV no se ha movido un ápice de la estrategia monocorde con la que empezó, mientras que los socialistas, e incluso los populares, dudan sobre si merece la pena introducir cambios.

Algunos expertos del Partido Popular, por ejemplo, temen el posible efecto contrario de una imagen negativa de la sociedad vasca. 'Una parte de esta sociedad no quiere ni oír la palabra enfrentamiento, pero tampoco quiere que se le diga que tiene que reaccionar para evitarlo, no quiere que se le exija que tome decisiones', explica un sociólogo y analista electoral del PP.

La idea de moderar el mensaje popular se ha instalado en un sector del partido, mientras que otro, más cercano a la secretaría general, defiende la línea mantenida hasta ahora y propone, incluso, intensificarla. El candidato, Jaime Mayor Oreja, por su parte, ha decidido centrar más sus críticas en el PNV y en Ibarretxe, y ofrecer una imagen más moderada de un eventual Gobierno popular, comprometido en la defensa del euskera y la cultura vasca. Mayor quiere también insistir en las ventajas económicas que significaría un Gobierno PP-PSOE, con la posibilidad de negociar sin barreras ni suspicacias con Madrid, pero reconoce que ésta es una campaña monotemática, en la que resulta prácticamente imposible hablar de otra cosa que no sea la erradicación de la violencia y de la lucha callejera.

El candidato socialista, Nicolás Redondo, reonoció ayer, por su parte, que algunos de sus amigos le aconsejan 'no dramatizar'. La verdad es que el mensaje del candidato socialista ha sido bastante moderado y que, según pasan los días, se acentúan más la oferta de mediación, centralidad y respeto a los votantes nacionalistas que las aristas de la crítica. Son otras personas, no Redondo, las que mantienen una línea más dura y un mensaje más ácido. Por ejemplo, Ana Urchueguía, militante socialista de toda la vida y alcaldesa de Lasarte, el pueblo en el que ETA asesinó el pasado mes de marzo al concejal Elespe. Urchueguía dejó entrever su indignación: 'Nosotros no nos vamos a ir, así que, ¿qué pasaría el día 13 si el PNV siguiera en el poder? ¿Tendremos que seguir así? Esta sociedad no puede ser tan ingrata'.

Carmen Gurruchaga, condecorada
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 5 Mayo 2001

Carmen, pálida y morena, pura relatividad. Tiene una guerra con ETA, un corazón donostiarra y unas manos de cristal. Ahora ha sido premiada por las mujeres periodistas, en Washington. Carmen está tan condecorada de premios como de cicatrices, ya que ETA la tuvo por objetivo mientras vivía y escribía en San Sebastián. Flequillo largo y sonrisa triste, es la configuración perfecta de la mujer periodista que se mueve por la libertad, escribe siempre la verdad y asume su situación fronteriza con una serenidad que es casi desgana, porque tiene la suprema elegancia de no exhibir el valor.

Glorificada de cruces y metales, bajo el beneficio de una alegría como preocupada, Carmen es la mujer fuerte de todas las biblias. Su doble fe consiste en que lucha por la libertad en abstracto y en concreto: por la libertad de vivir y por la libertad de su pueblo y sus gentes. Vasca hasta los tacones torcidos del alma, ella nunca levanta la voz ni exagera la información. Reportera de hierro, profesional entera, se enseña discretamente sentimental. Su amor por lo vasco es fuerte, duro, sin dulcemanías masculinas de qué verde era mi valle.

Escribe pasando el filo, la madrugada y el flash. Ahora le han puesto otra cruz en su torso de pan y oro. Cuando me la encuentro por la Redacción, siempre le pregunto cosas del asunto vasco (y ahora, de las elecciones), y Carmen me cuenta batallas y relumbres sombríos de una vida colectiva y asustada, voluntariosa y enlutada, pero nunca dramatiza lo que dice ni cómo lo dice.

Está cumpliendo un deber que coincide con sus deberes interiores, está completa en su lucha, aunque siempre al costado del peligro, y su juventud se va haciendo maternalmente adulta a medida que pasan por su regazo, que es el periódico, los muertos de cada día. Hay muchas mujeres como ésta, quizá menos definidas, en el País Vasco, y ellas son la verdadera resistencia a ETA, las madres terribles de una infancia asustada que duerme sus miedos debajo de la cama. La gente se limita a no estar de acuerdo o a no entender, pero lo que necesita el País Vasco es enterarse hasta el fondo, como sólo se enteran las víctimas, y ser todas las mujeres un poco Carmen Gurruchaga, que no pretende quedar como una heroína popular, sino salvar a sus hijos, hacer su trabajo y reconocer su país por la plata que trae el mar y la paz que trae el monte. Carmen es una rebelde a media voz que prefiere susurrar sus sentimientos y su lucha a hacer con todo ello un monumento a lo Marianita Pineda o Manolita Malasaña.

No pretende para nada ser la novia de Velarde, ni siquiera sabe, reciente en Madrid, quién fue Velarde. Sólo pretende cubrir la noticia y, de paso, cubrir el cadáver al que acaba de llegar, no limitarse a los ramos de luto, sino seguir con la prosa justa, informativa, valiente, como cronista bizarra que es de esta guerra ilegible. Queremos a Carmen en el periódico porque tiene la calidez hembra de una luchadora y el valor justo de una periodista. Todos los días hace o dice heroicidades, pero no va de heroína.

El conflicto como norma
La apuesta soberanista del PNV y EA ha elevado la tensión entre los Gobiernos central y vasco y paralizado el proceso de transferencias
EDUARDO AZUMENDI | Vitoria El País 5 Mayo 2001

Las tradicionalmente tensas relaciones entre los gobiernos central y vasco han llegado a uno de sus puntos más críticos durante la legislatura recién concluida. La apuesta soberanista en la que se embarcaron las dos formaciones del Ejecutivo (PNV y EA) ha conducido inexorablemente al aumento de la desconfianza entre los dos gabinetes y a la paralización del proceso de transferencias. En toda la legislatura, sólo se ha producido un traspaso: el de la titularidad del tramo vasco de la A-8, la autopista que une Bilbao con Behobia.

La conflictividad jurídica es consustancial a un estado descentralizado, pero el problema en Euskadi es que la disputa con la Administración del Estado se debe a discrepancias políticas que el Tribunal Constitucional no puede encauzar por la vía del Derecho. En esta sexta legislatura ha quedado más patente que nunca que el PNV y EA consideran que el Estatuto de Gernika es un punto de partida para un futuro proyecto de desarrollo de la nación vasca, mientras que el Gobierno central considera que se trata de la estación final. A eso hay que añadir la tradicional renuencia de los nacionalistas a participar en conferencias sectoriales donde todas las comunidades puedan opinar sobre el modelo de Estado y su preferencia por mantener una relación bilateral con el Gobierno central.

Con este caldo de cultivo y una legislatura iniciada al calor de la tregua etarra y el acuerdo de Lizarra, era inevitable que el intento por normalizar las relaciones Madrid-Vitoria se saldara con un sonoro fracaso. El diálogo entre los dos ejecutivos se ha producido a trompicones y las acusaciones de deslealtad se han sucedido. Dos recursos de inconstitucionalidad, dos conflictos de competencia y el mantenimiento de un sinfín de recursos contra normas tributarias forales interpuestos por la Administración del Estado han jalonado el mandato de Ibarretxe. La crispación alcanzó su grado máximo con la decisión de ETA de volver a matar.

Aunque la legislatura anterior tampoco había sido muy fructífera en cuanto al desarrollo del Estatuto, con ocho transferencias menores, ambos gobiernos lograron un acuerdo histórico para actualizar el Concierto Económico, el auténtico motor del autogobierno. La mayoría insuficiente del PP en las generales de 1996 y una coyuntura de transición, con el paso de un gobierno socialista a otro popular, propició que PP y PNV pactaran, algo impensable poco antes dadas las traumáticas relaciones que siempre han mantenido ambos partidos. Pero aquel noviazgo apenas duró y los encontronazos se trasladaron a la sexta legislatura.

Las relaciones se enfriaron definitivamente con la negativa estatal a transferir el Inem en las condiciones que reclamaba el PNV. La distinta interpretación que cada parte hace de cómo debe materializarse este traspaso envenena la negociación. La capacidad de recaudar la cuota de formación que pagan empresarios y trabajadores ha bloqueado la transferencia. El problema que subyace es que una cesión de este tipo rompería la caja única del Inem, que el Gobierno central pretende mantener, al menos de momento, tal y como está. Para el Gobierno vasco se trata de una transferencia fundamental entre de las 38 aún pendientes y la más importante del área de trabajo y seguridad social.

Otra transferencia importante, más por su trascendencia simbólica que por su valor material, es la de las cárceles, que en su momento fue perseguida con perseverancia por los anteriores gobiernos autónomos, pero que en esta legislatura ha pasado casi desapercibida.

Los que no han pasado inadvertidos han sido los recursos a las normas tributarias de las diputaciones, un denominador común en las últimas legislaturas, aunque en la que acaba de terminar la tensión alcanzó su grado máximo porque el Concierto estuvo contra las cuerdas tras el procedimiento de infracción abierto por la Comisión Europea al considerar los créditos fiscales como ayudas directas a la inversión y, por lo tanto, contrarias al tratado de la UE. Las reducciones de la base imponible del impuesto de Sociedades (las vacaciones fiscales) fueron calificadas de ayudas al funcionamiento contrarias a la libre competencia.

Finalmente, ambos gobiernos sellaron la paz fiscal en enero de 2000. Las diputaciones se comprometieron a retirar su normativa más polémica, lo que ha facilitado alejar al Concierto de los tribunales, pese a que el Gobierno central y la Diputación vizcaína aún seguían manteniendo meses después el enfrentamiento, aunque de tono menor.

Las desavenencias entre los dos gobiernos se agudizaron a medida que pasaba la legislatura, pero las inversiones del Estado en Euskadi se mantuvieron e incluso aumentaron en 1999 (últimos datos conocidos) respecto a años anteriores: se alcanzaron los 49.165 millones de pesetas, 6.000 más que en 1998. Además, el Ministerio de Medio Ambiente resolvió favorablemente la declaración de impacto ambiental de la línea de alta velocidad ferroviaria (una de las obras de ingeniería más ambiciosas que afrontará Euskadi en los próximos años) y Fomento se comprometió a comenzar la licitación de los tramos de obra.

La ruptura del acuerdo suscrito por el Gobierno vasco con EH tras los primeros asesinatos de ETA, hizo que el Ejecutivo de Ibarretxe volviera sus ojos hacia los socialistas en un intento de que su minoría no le desestabilizara. Con un Parlamento en manos de la oposición, Ibarretxe apeló en la recta final de su mandato por regresar al consenso estatutario. Pero ya era demasiado tarde. El pasado febrero, poco antes de que Ibarretxe anunciara la fecha de las elecciones, las dos administraciones se cruzaron ofertas para reanudar la negociación de las transferencias de inmediato, pero a la vez tacharon a la otra parte de actuar con irresponsabilidad.

La necesidad de pactar un nuevo Concierto Económico este año (la vigencia del actual expira el 31 de diciembre) ha reavivado la polémica. Mientras la parte vasca insiste en que hay que negociar en cualquier coyuntura, el Gobierno central aguarda el resultado de las elecciones para acelerar el proceso.

El voto depositado por correo supera ya el de los comicios de 1998
La Junta Electoral pide que se garantice 'la seguridad física' de las papeletas

JAVIER RIVAS  Bilbao El País  5 Mayo 2001

Cuando aún quedan cinco días para que los electores vascos puedan votar por correo, las cifras de quienes han registrado ya su sufragio superan las globales de los pasados comicios autonómicos. El aumento exorbitante de esta modalidad es una de las características más claras de esta campaña. Correos tenía contabilizadas hasta las 20.30 del jueves (últimos datos de que dispone) un total de 34.185 papeletas procedentes de toda España ya depositadas. Ello supone que, aunque el plazo para consignar el voto en Correos concluye el día 9, ya se han superado las cifras de voto de las elecciones de 1998, cuando votaron por correo en las oficinas nacionales 30.363 electores.

Con respecto al mismo plazo de la campaña de hace tres años, el voto por correo ya ha crecido un 314%, toda vez que en el periodo de tiempo equivalente de aquélla habían consignado su voto 8.256 ciudadanos.

Anoche concluyó el plazo para solicitar esta modalidad de sufragio. Hasta las 20.30 del jueves, lo habían pedido (después hay que hacerlo efectivo) 71.466 electores, frente a 29.894 en el mismo plazo de la campaña precedente (un aumento del 139%). Estos datos se refieren a las oficinas de Correos de España. Respecto a los electores registrados en el extranjero, ya han votado 1.335 ciudadanos, frente a 1.432 en igual periodo de 1998, elecciones en las que en conjunto votaron 5.839 electores vascos censados fuera de España.

La Junta Electoral vasca ha solicitado formalmente al Gobierno de Juan José Ibarretxe que adopte las medidas oportunas para garantizar 'la seguridad física' del traslado de los votos por correo a las mesas donde deben ser escrutados. La petición fue hecha por la Dirección de Correos y Telégrafos, que, ante el crecimiento de esta modalidad de sufragio y en previsión de posibles incidentes, planteó que se organizase algún tipo de 'vigilancia y custodia'. 'Lo que se trata es asegurar que los votos emitidos por correo sean admitidos en su integridad, y sin ninguna incidencia que altere el transporte, por las mesas que deben realizar el escrutinio', dijo ayer el presidente de la Junta Electoral vasca y del Tribunal Superior de la comunidad, Manuel María Zorrilla.

[Dos nuevos actos de kale borroka han teñido la campaña. Un grupo de desconocidos prendió fuego en la madrugada de ayer al vehículo particular de un ertzaina en Galdakao (Vizcaya). Las llamas destruyeron por completo el coche y afectaron a otros dos turismos. Además, los proetarras atacaron a última hora del jueves el apeadero de Renfe del municipio guipuzcoano de Hernani, que resultó con escasos daños al estallar un artefacto casero].

PP y PSE logran duplicar sus apoderados pero no cubrirán todas las mesas el 13-M
En Guipúzcoa siguen sin poder atender algo menos del 25 por ciento de los colegios electorales
La trascendencia que los vascos conceden a estas elecciones se deja ver también en su movilización para ayudar a populares y socialistas a garantizar la limpieza del proceso. Ambos tienen ya el doble de interventores y apoderados que en los últimos comicios, pero sigue habiendo puntos «negros» en Vizcaya y, principalmente, en Guipúzcoa, donde el PP tiene cubiertas en torno al 75 por ciento de las mesas. Esto no preocupa demasiado por su escaso valor en lo que afecta al censo, aunque los dos partidos están seguros de que los batasunos intentarán provocar altercados.
Carmen Morodo - Madrid.- La Razón  5 Mayo 2001

El PP cuenta ya con 2.200 interventores y apoderados, lo que representa más o menos el doble que los habidos en los anteriores comicios autonómicos. Esta importante movilización frente a la imposición de la Ley Electoral vasca, que prohíbe que estas tareas las puedan realizar personas de fuera de la Comunidad, ha sorprendido incluso a los partidos constitucionalistas, y permite a los populares, por ejemplo, tener cubiertas ya el 100 por cien de las mesas de Álava, contando incluso con un excedente de 100 personas que se utilizarán para «tapar» huecos en las otras dos provincias vascas, según informaron fuentes solventes a este periódico.

   En Vizcaya, la previsión es de llegar a cubrir el 95 por ciento de las mesas, lo que representa alrededor del 99 por ciento de los votos y el cien por cien de los municipios considerados prioritarios, unos 30 incluyendo todo el margen izquierda. En Guipúzcoa, los datos dicen que se estará en torno a algo más del 75 por ciento de las mesas, lo que supone el 91 por ciento del censo electoral y el 97 por ciento de los votos populares. Estas cifras podrán aumentar aún más ya que hasta el 10 de mayo sigue abierto el plazo para los interventores, mientras que los apoderados podrán inscribirse hasta el mismo día de la votación.

   Según fuentes del PP vasco, en esta ocasión se ha preferido que los voluntarios sean mayoritariamente apoderados, en lugar de interventores, debido a que tienen más posibilidad de movimiento que éstos, sin ver mermada su capacidad de control. Los apoderados pueden levantarse de la mesa y, de esta manera, hacer frente con más agilidad a los posibles altercados que intentarán protagonizar los batasunos.

   Estos incidentes, que se dan principalmente en aquellos pueblos en los que tienen importante presencia, consisten, por ejemplo, en que se llevan las papeletas de voto de los partidos constitucionalistas o las marcan todas para invalidarlas. También se ha llegado a dar el caso en otras elecciones, indicaron las citadas fuentes, de que alguno de los grupos de radicales organizados «entra en el colegio y se lleva una urna». Por paradójico que parezca, muchas veces entre los sitios más problemáticos, aparte de zonas ya conocidas como el Gohierri, están algunos donde hubo en el pasado una importante inmigración, como es Santurce.

Datos socialistas
Los datos del PSE, en lo que afecta a interventores y apoderados, son muy parecidos a los de los populares. En Álava, cubren ya más del 90 por ciento de las mesas electorales, lo que supone alrededor del 98 por ciento del censo electoral; y en Vizcaya, tienen gente para el 95 por ciento de las mesas, lo que es alrededor del 99 por ciento del censo. Guipúzcoa es uno de los sitios donde se ha producido una mayor movilización, dándose el caso de que la previsión es cubrir prácticamente el 100 por cien de las mesas. Esto se debe, según fuentes del PSE guipuzcoano, a la colaboración ofrecida por los sindicatos, así como al importante número de personas que han brindado su ayuda sin estar siquiera vinculadas al partido. 

Por sus hechos los conoceréis: publicidad electoral vasca
Mª Enriqueta BENITO BENGOA, diputada de UA La Razón 5 Mayo 2001

La publicidad, aunque sea electoral, se sitúa siempre en tres espacios: llamar la atención, atacar a la competencia directa o subliminalmente, exaltar la necesidad de consumo del producto que se publicita.
   PNV-EA, el eje fundamental de su campaña es: «Derrumban nuestro mundo y los que vienen traerán mayores desgracias». Es decir, si los nacionalistas siguen, no debemos preocuparnos porque los que no pensamos como ellos, vamos a vivir tan bien como hasta ahora (o sea nos seguirán extorsionando, matando, agrediendo...) y si hay un cambio que no nos pase nada porque con Jaime Mayor Oreja, peor, parece que vamos a ir al campo de concentración, qué desvergüenza.

   Y yo me pregunto ¿les parece lógico que en esta campaña se hable de sanidad, industria , progreso y nos se diga nada de democracia, libertad y paz? ¿Acaso no se han dado cuenta de que lo que se juega la ciudadanía vasca en estas elecciones, es el poder vivir en paz y en libertad? Viven en su burbuja y lo que pase a los demás no les preocupa nada, son auténticos autistas.

   Pero ya el colmo del despropósito es que IU-EB ponen publicidad en GARA, o sea subvencionan al entramado del MLNV y coinciden en la publicidad con EH, con HAIKA, o sea la flor y nata de los proetarras. Y qué dice ese anuncio que aparece en GARA, pues ni más ni menos dice «Órdago a Mayor», «ni un tanto a la derecha». A mí este mensaje me parece terrible porque poniéndolo en este panfleto, me veo a mi misma y a todos mis compañeros de UA y del PP en el punto de mira de los etarras. EH, claridad y rotundidad: de la soberanía y la territorialidad al estado independiente vasco. 

Del D.N.I. vasco han pasado a establecer las condiciones para ser vasco. Sus condiciones deben ser que el día 14 de mayo en unión con el PNV-EA, a los que somos disidentes y no somos nacionalistas nos llevarán al campo de concentración para ser ejecutados. Y qué me dice de sus carteles publicitarios. Terrible, utilizan algo tan sagrado como la vida para vender el nacimiento de un Estado. Pero cómo pueden hablar ellos de vida, si son los que apuntan, señalan y después sus amigos y compañeros disparan. Me encanta las pegatinas que han puesto encima de sus carteles diciendo «la semilla del diablo», porque son en esencia el diablo.

Goiherri, la pesada losa de los muertos
DAVID BERIAIN La Voz  5 Mayo 2001

A 600 KILÓMETROS DE GALICIA La comarca guipuzcoana es el epicentro del conflicto vasco

IRA, allí al fondo, cerca de ese paredón, lo mataron a Isidro Usabiaga. En la calle que baja allá a la izquierda, a Miguel Pastor». José Arizmendi relata la ruta de la muerte sin dramatismos ni aspavientos, con el dolor sordo de quien a sus treinta y pocos ha dejado ya a demasiados por el camino. Es concejal por Eusko Alkartasuna en el ayuntamiento de Ordizia, una localidad de 10.000 habitantes en pleno corazón del Goiherri. Si hay alguna zona del País Vasco identificada con el nacionalismo radical, es ésta. Aquí empezó todo. Aquí nació ETA.

José sigue: «Por todas esas calles de allí se paseó hace poco la hija de Rubio, el empresario, con una bomba lapa que al final no le explotó. Y allí un poco más lejos...». José señala una plaza desnuda, sin gente, de baldosas grises. En el medio hay una pintada de blanco, con dos manos y un ramo de flores. Se acerca: «Aquí es donde cayó Yoyes».

A Dolores González Catarain, Yoyes, ETA la asesinó porque dijo basta. Durante años había pertenecido a la organización, pero quiso reinsertarse y vivir con su familia, en Ordizia. No lo consintieron; en la guerra de ETA los generales no pueden abandonar. En la baldosa está escrito el día en que Kubati y Latasa Guetaria le metieron dos tiros mientras paseaba con su hijo.

A unos cientos de metros calle arriba está la casa natal de quien ordenó la ejecución: Francisco Múgica Garmendia, Pakito. El que fue número uno de ETA durante los primeros años noventa y responsable de algunos de sus atentados más salvajes, también nació aquí.

Los muertos y los vivos
La casa de Pakito no está lejos de la de Iñaki Dubreuil, el concejal socialista al que ETA intentó matar en Martutene. Se salvó por los pelos. Ni José Angel Santos ni Josu Leonet tuvieron tanta suerte. ETA les arrancó la vida con una bomba que tenía escrito el nombre de Dubreuil. Hoy Iñaki, tocado por la impresión de ver dos veces su propia muerte, intenta seguir adelante. Sus compañeros de corporación también, pero el ayuntamiento de Ordizia padece hoy de cojera.

«Es que hay días que no estamos ni tres», comenta Arizmendi. Dubreuil sigue de baja y la alcaldesa, Alejandra Iturrioz, está embarazada de nueve meses. Empezaron con trece concejales y ahora apenas pueden hacer quorum.

El miedo.
Primero fue uno de los concejales del PSOE, que dimitió. Después fue Pilar Masó, la concejala del Partido Popular, una chica de fuera del pueblo a la que el miedo le hizo pasarse al grupo mixto diciendo que no estaba de acuerdo con la política carcelaria de sus propio gobierno. No volvió a aparecer. Demasiadas pintadas, demasiadas amenazas. El miedo en Ordizia provoca, por ejemplo, que el día antes de la huelga convocada por EH, los comerciantes decidieran abrir sus puertas sin ceder a la presión. Al día siguiente cerraron todos.
José sigue mirando el recordatorio de Yoyes y esos lugares donde ETA dejó su sello. Arriba queda la casa de Pakito, y la de Dubreuil. «Esto es un pueblo, no puedes dejar de verlos, no puedes escaparte, al final tenemos que convivir todos», dice. ¿Y para eso, hacen falta tantos muertos?

Radicales calcinan en Galdakao el coche de un ertzaina que realiza labores de escolta
El ataque con ‘cócteles molotov’ afectó a otros dos automóviles estacionados en el lugar Desconocidos prenden fuego a dos bombonas de camping gas en el apeadero de Hernani
ESTIBALIZ ARRIETA GALDAKAO El Correo  5 Mayo 2001

La violencia callejera volvió a hacer acto de presencia en la madrugada de ayer en la localidad vizcaína de Galdakao. Un grupo de desconocidos arrojó varios ‘cócteles molotov’ contra el automóvil particular de un agente de la Ertzaintza. El sabotaje se registró minutos antes de la una de la mañana en la plaza Zabalgane, a escasos metros del domicilio del policía autónomo, destinado a labores de escolta de cargos públicos.

Las llamas se propagaron con gran rapidez por todo el vehículo, un ‘Peugeot 405’, que quedó calcinado por completo, y afectaron a otros dos coches, matrícula de Bilbao, estacionados en las inmediaciones. La virulencia del fuego y las pequeñas explosiones que generó la combustión de los depósitos de gasolina llevaron a media docena de familias a abandonar sus casas. «Primero hemos oído un estruendo como si fuera un cohete. Luego se han sucedido los zambombazos. Menos mal que el parque de bomberos está cerca. Si tardan más tiempo en llegar, se queman los automóviles de medio barrio. No hay derecho. Ya está bien», protestaban los vecinos, muchos en bata y zapatillas.

Patrullas de la Ertzaintza acordonaron la zona, al extenderse un reguero de gasolina calle abajo. Los bomberos necesitaron más de media hora para sofocar por completo el incendio. Hasta el lugar se desplazó también una ambulancia de la DYA, aunque no hubo que lamentar daños personales. El Departamento de Interior ha abierto una investigación para tratar de averiguar la identidad de los autores de este sabotaje.

Los residentes del barrio de Zabalgane, por su parte, mostraron al instante su repulsa por lo sucedido, tras comprobar que el agente propietario del vehículo es «un vecino de los del barrio de siempre».

Apoyo a los amenazados
El alcalde de la localidad, el peneuvista Fernando Landa, también se sumó a la condena del sabotaje y defendió la necesidad de que las fuerzas democráticas «estén unidas frente a quienes no tienen ninguna ética ni autoridad para representar al pueblo vasco. Tenemos que estar juntos-insistió- para apoyar a todas las personas amenazadas».

Las acciones de ‘kale borroka’ se reprodujeron en la localidad guipuzcoana de Hernani. Quince minutos antes de medianoche, desconocidos colocaron en el apeadero de Renfe dos bombonas de camping gas a las que prendieron fuego. El pequeño incendio ocasionado hizo saltar la alarma contra incendios de la instalación.

Inmediatamente, una patrulla de la Policía autónoma que se desplazó hasta la estación apagó con extintores las llamas, que no causó más desperfectos que el ennegrecimiento de la fachada del apeadero.

Vázquez bendice en Bilbao el pacto con el PP «porque jugamos en el mismo campo»
Redondo insinúa que ya existe un compromiso de apoyo a Ibarretxe por parte de Izquierda Unida
En plena dictadura, Francisco Vázquez acudía a Portugalete a casa de Andrés Eguíbar para recoger propaganda prohibida. Miraba hacia atrás, por si la policía seguía sus pasos. Veintisiete años después, el regidor coruñés volvió a Bilbao junto a otros muchos alcaldes socialistas para apoyar la candidatura de Nicolás Redondo y bendecir el pacto postelectoral con el PP, «porque jugamos en el mismo campo», declaró a La Voz de Galicia. Veintisiete años después, Vázquez aún tiene que mirar hacia atrás.
PABLO GONZÁLEZ Enviado especial  BILBAO. La Voz 5 Mayo 2001

Francisco Vázquez se encontraba cómodo en el acto celebrado por el PSE en Bilbao. No en vano, la cita giró en torno a dos ideas de las que el alcalde coruñés es adalid y, en bastantes aspectos, precursor: el municipalismo como espacio para impulsar la iniciativa política y el constitucionalismo como terreno de juego en cuestiones territoriales. En un encendido discurso ante los alcaldes socialistas y los candidatos del PSE, Vázquez pensó, preguntó en voz alta: «¿Qué campaña hay que hacer, qué hay que decir para convencer a más gente indiferente? ¿Más muertos?».

También ironizó con Bai -Sí, en euskera-, el lema electoral del PNV. «¿Sí a qué?, ¿a continuar? ¿Cómo se puede presentar a la reelección un lehendakari al que le asesinaron al portavoz de la oposición, Fernando Buesa?».
Y para rematar encarnó en la actitud del PSE «la recuperación de la historia del socialismo», un PSOE que nunca creyó «ni en los mitos ni en las patrias, sino en los valores». Vázquez aprovechó que se encontraba en Bilbao para recordar una cita de Indalecio Prieto, ese gurú astur-vasco del alcalde coruñés: «No me sumaré por nada a nada que quebrante la unidad de España, por ningún motivo».

El Bloque, «cómplice»
Una vez finalizado el acto, en el que Vázquez agradeció la resistencia de los cargos públicos socialistas vascos en torno a la Constitución y el Estatuto, el alcalde declaró a La Voz de Galicia que el BNG «legitima el Pacto de Lizarra a través de la firma de la Declaración de Barcelona».

Francisco Vázquez añadió que la condición previa de respeto a la Carta Magna debe aplicarse también a los pactos con los nacionalistas en otras latitudes. En el caso gallego, recordó que UPG «no es un partido que haya defendido especialmente la Constitución».

Por su parte, el candidato del PSE, Nicolás Redondo, insinuó que existe un pacto oculto entre el PNV e Izquierda Unida para formar gobierno tras las elecciones. Incluso aventuró que ya hay un preacuerdo sobre el reparto de las consejerías. Para Redondo, la rebaja del listón para tener representación parlamentaria -del cinco al tres por ciento-, beneficioso para IU, fue uno de los episodios del pacto.

Silencios elocuentes
VICTORIA PREGO El Mundo 5 Mayo 2001

El sondeo de opinión que en su segunda entrega publica hoy EL MUNDO retrata a una sociedad moderada, que no se engaña sobre el grado de bienestar político que, en términos estructurales, se ha logrado construir en los últimos veinte años y que no parece dispuesta a echar alegremente por la borda el andamiaje jurídico que da seguridad y solidez a sus vidas.

Tiene gracia, o más bien no tiene ninguna, que sólo en la primera parte de las preguntas, aquellas que se refieren a su opinión sobre el Estatuto, la Constitución, la independencia, o su identidad nacional, los consultados respondan con seguridad y con un margen de abstención tan mínimo como poco habitual en los sondeos que se realizan en el País Vasco. En ese tramo nadie se refugia en el silencio temeroso o precavido.

Lo tienen bien claro estos señores: les gusta el Estatuto con la moderación y las dosis críticas mínimamente exigibles a una sociedad madura y no borrega; no tienen interés en dejarlo todo para seguir a los apóstoles del independentismo, y quienes sí lo tienen están claramente encuadrados en las filas de Euskal Herritarrok y, en muchísima menor medida, del PNV.

La pregunta inmediata es la siguiente: si el PNV sólo tiene entre sus votantes, según estos datos, un modesto 22% de partidarios de la independencia ¿cómo es posible que los líderes autonomistas del partido, que los hay y bien influyentes, hayan consentido en silencio aventuras como Lizarra, los certificados de defunción del Estatuto y aquel famoso «ha llegado por fin la hora de la verdad» que Joseba Egibar pronunció hace dos años en el parlamento de Vitoria antes de anunciar el proyecto político de soberanía vasca que nunca llegó?.

Porque el retrato de Sigma Dos habla de unos ciudadanos que se sienten moderadamente cómodos con sus instituciones pero que, esto sí es sorpresa, consideran mayoritariamente que el liderazgo de Arzalluz está perjudicando a su partido. Y aquí tampoco hay duda: sólo el 8,2% se ha abstenido de contestar, con lo que el 62% que afirma que el líder del EBB ha dañado al PNV adquiere un peso muy preocupante para cualquier nacionalista con sentido común. Quizá por eso Xabier Arzalluz guarda desde el comienzo de la campaña un desacostumbrado silencio.

Esto por lo que se refiere a la primera parte. Pero es al llegar a la segunda, aquella en la que se pregunta a los ciudadanos por cuestiones muy concretas de la vida política durante y después de estas elecciones, cuando el silencio se hace fuerte y el «No sabe-No Contesta» ronda ya el 30% al que estamos acostumbrados cuando de esos asuntos se trata. Por ejemplo, más de la tercera parte de los preguntados no sabe qué decir cuando se le pregunta qué partido cree que va a ganar estas elecciones. En eso hacen bien porque no lo sabe nadie. Pero, de los que están dispuestos a aventurarse, más de la mitad pronostican una victoria del PNV. Y cómo será la cosa que son más los que se atreven a decir en voz alta que las elecciones las va a ganar EH que los que osan vaticinar una victoria del Partido Socialista.

Fijándonos en estos gráficos, vemos retratadas las dudas. Pero no sólo las dudas: también el miedo. El miedo es lo que aflora por los cuatro costados de la encuesta en cuanto las preguntas se cuelan por las interioridades de cada quién. Esperen a mañana.

 

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