AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 6  Mayo   2001
#Mi guerra civil
FERNANDO SAVATER El Correo  6 Mayo 2001

#Don de lenguas
ANTONIO GALA El Mundo 6 Mayo 2001

#El favor de González
GERMAN YANKE El Mundo 6 Mayo 2001

#GONZALEZ CONFUNDE A LOS SOCIALISTAS VASCOS
Editorial Mundo 6 Mayo 2001

#González confunde
Editorial ABC  6 Mayo 2001

#Felipe le envenena la campaña a Redondo
Ignacio CAMACHO ABC  Mayo 2001

#Las señoras del Kursaal
David GISTAU La Razón 6 Mayo 2001

#Lacalle
ERASMO El Mundo  6 Mayo 2001

#Encuestas y previsiones
Editorial La Razón 6 Mayo 2001

#Sonrisa herida
Alfonso USSÍA ABC 6 Mayo 2001

#Racista superlativo, 8
Enrique de Diego Libertad Digital  6 Mayo 2001

#El peligro de ir de un extremo al otro
Pío Moa Libertad Digital  6 Mayo 2001

#La desproporción vasca
M. MARTÍN FERRAND ABC  6 Mayo 2001

#¿DE DÓNDE NACE EL RENCOR?
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz  6 Mayo 2001

#Que no cunda el pánico
VICTORIA PREGO El Mundo  6 Mayo 2001

#¿Pactará de nuevo el PNV con EH? SI
ESTEBAN GONZALEZ PONS El Mundo  6 Mayo 2001

#ETA asesina a tiros al presidente del PP en Aragón, Manuel Jiménez Abad
Madrid. ABC 
6 Mayo 2001

#El miedo resta credibilidad a las encuestas
Redacción - Madrid.- La Razón  6 Mayo 2001

#La falta de libertad extiende el miedo en el País Vasco
JUSTINO SINOVA El Mundo  6 Mayo 2001

#Táctica y estrategia
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo  6 Mayo 2001

#Yo no he sido
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 6 Mayo 2001

#Antonio Elorza recibe el premio López de Lacalle por su «compromiso cívico»
SAN SEBASTIÁN EL CORREO 6 Mayo 2001

#Oportunidad ineludible
Editorial El Correo  6 Mayo 2001

#Qué se decide el 13 de mayo
JULIÁN MARÍAS El Correo   6 Mayo 2001

#Aciertos y desatinos
FERNANDO MAURA El Correo  6 Mayo 2001

#El español en la Casa Blanca
José María CARRASCAL La Razón   6 Mayo 2001

Mi guerra civil
FERNANDO SAVATER El Correo  6 Mayo 2001

Es inolvidable aquella escena de ‘Sopa de ganso’ en la que Groucho imagina, mientras le espera su posible diálogo con el embajador del país rival, suponiendo afrentas acumuladas hasta el punto de que cuando llega el aún inocente vecino lo primero que hace es saludarle con una bofetada. En efecto, a veces nuestros adversarios llevan su descortesía hasta el punto de no proferir las obvias idioteces o maldades que facilitarían nuestra indignada refutación: en tales casos, la doctrina Groucho es atribuírselas sin mayores trámites a fin de propiciar el sopapo que de todos modos hemos decidido previamente darles. Acabo de padecer este procedimiento dialéctico a cuenta de unas amañadas declaraciones mías en las que nada menos profetizo la guerra civil si la coalición PNV-EA gana las elecciones, hechas sin duda con el perverso fin de amedrentar a los electores vascos... cuya serenidad y ausencia de temor me molestan por lo visto especialmente. Nada menos que el mismísimo Ibarretxe, aspirante a revalidar su título, me ha ascendido a «dios de la guerra civil» (lo cual en un país en el que ya tenemos en política a un Ares no es pequeño homenaje) y me ha valido en ‘Deia’ una fulminación de Emilio Olabarria llamada ‘La guerra civil de Fernando Savater’, cuya santa cólera se ve atenuada por una prosa levemente indescifrable.

No entretendré a los lectores disculpándome por lo que no dije en el programa ‘El primer café’ de Antena 3 al que quiero suponer que torcidamente aluden estas injustificadas pero rentables condenas. Prefiero aclarar y ampliar lo que efectivamente dije, con el fin no tanto de desvanecer los dicterios que de todos modos voy a recibir, sino de ayudar un poco a que estén mejor fundados. En mi opinión, los parlamentos democráticos son algo así como sustituciones escenificadas e incruentas de las contiendas civiles que sin ellos podrían llegar a extremos trágicos. Si esas instituciones representativas se bloquean y el conflicto se encona más y más, la razón -o sinrazón- de la fuerza ocupa finalmente el lugar que no sabe conservar la fuerza de las razones y su pactado equilibrio. En el caso del País Vasco tenemos ya por desgracia la muerte en las calles y la violencia campa por sus respetos, aunque sólo venga de un lado y aún no haya contaminado al resto de la población. Las próximas elecciones ofrecen la posibilidad de desbloquear el Parlamento hoy paralizado -¿o es que no han sido convocadas precisamente porque la actual mayoría no podía gobernar sin apoyo de quienes legitiman el terrorismo?- y de establecer un Gobierno de más amplio consenso, con el claro y prioritario objetivo de erradicar tanto la violencia criminal como cuanto socialmente la alienta. Si tal cosa no se logra, si de nuevo se reproduce contra todo lo jurado y perjurado la alianza entre los partidarios de las vías democráticas y quienes sólo las utilizan como complemento de las armas, ¿es una exageración perversa suponer que nos encontraremos en la antesala de lo que en toda tierra de vecinos se llama ‘guerra civil’?

En este país no sólo ha habido casi mil muertos y por lo menos triple número de heridos y damnificados por el terrorismo, no sólo cientos de personas de muy variada condición necesitan escolta policial para desempeñar las funciones más triviales de la rutina cotidiana, no sólo la gente tiene miedo de expresar en voz alta sus puntos de vista políticos y reina un silencio culpable que llama la atención de todos los observadores imparciales que nos visitan. También se está hablando ya sin tapujos de un nuevo censo que excluiría de la ciudadanía a quienes no convengan a los tiranos de la limpieza étnica y se promociona un DNI espúreo, acogido con beneplácito por jerarcas nacionalistas y medios de comunicación afines, que amaga con convertir en extranjeros en su propio país a quienes no se resignen a traicionar la legalidad establecida. Para el señor Otegi y compañía, Euskadi debe llegar a ser una especie de ‘Gran Hermano’ gigante donde ellos decidirán cada semana quién se va y quién se queda. Este panorama, en el que hemos desembocado tras veinte años de hegemonía nacionalista, le parece al señor Olabarria, «las cotas más altas de bienestar económico y cohesión social de toda nuestra historia, sin que hayan existido nunca ni siquiera atisbos de guerra civil».

Para el indomable Arzalluz, una victoria democrática de la mayoría no nacionalista ‘legitimaría’ a ETA para aumentar su ofensiva violenta (por cierto, señor Olabarria, como estaba riéndome al leer ese párrafo no recuerdo bien la multa que según usted conviene aplicar a quienes traten de intimidar al electorado pero supongo que ya le habrá pasado el aviso a su jefe). La pregunta es: legitimaría... ¿ante quién? Es evidente que la propia ETA se considera ahora perfectamente legitimada para cometer sus fechorías; y obviamente quienes las sufrimos no vamos a concederles más legitimidad si las cometen bajo un lehendakari no nacionalista que bajo uno nacionalista. ¿Pretende decir acaso Arzalluz que las legitimaría ante los propios nacionalistas? ¿Supone el presidente del PNV que sus correligionarios sólo son demócratas cuando ganan pero que cuando pierdan encontrarán más justificado que se atente contra autoridades y ciudadanos? Debería explicarnos lo que dice o lo que pretende insinuar: en cualquier caso, no es nada tranquilizador y suena un poco a... a guerra civil.

Es cierto que muchos vascos han tenido ya que abandonar -temporal o definitivamente- su país a causa de la opresión que el terrorismo militar y el terrorismo social les impone. Pero es hora de empezar a hablar de los que no vamos a irnos y pedimos defensa institucional ante las agresiones. La exigimos en primer lugar de las autoridades autonómicas y sus fuerzas del orden; pero si éstas siguen semibloqueadas por mandos partidistas y aquellas muestran connivencia con los portavoces políticos del terrorismo, la exigiremos del Estado español del que somos ciudadanos y del que forma parte la CAV. El derecho y los usos democráticos nos amparan en esta reivindicación, pero sabemos las delicadas consecuencias que puede traer apelar a esta última instancia. Conocemos la historia y recordamos a Espartero. Por eso preferimos esperar una solución del cambio que puede y debe producirse tras las elecciones del próximo domingo. ¿Entienden los señores Ibarretxe y Olabarria lo que me preocupa? Pues entonces, como dicen los tramperos de Arkansas, pónganlo en su pipa y con reflexiva calma fúmenselo.

 

Don de lenguas
ANTONIO GALA El Mundo 6 Mayo 2001

El castellano fue la lengua del Imperio. Nebrija ya había escrito su gramática universal, y acompañó a la Espada y al Pastor... Es exactamente lo que sucede con los nacionalismos de andar por casa. Ferrusola y sus coopinantes, Otegi y los suyos, así lo pregonan. Todos somos allí inmigrantes a los que se exige conocer la historia y la lengua del país -inmersión- para considerarnos sus paisanos, por muy «prehistórico» que estime al vasco el prehistórico Fraga. Incluso a muchos paisanos se les mata o se les destierra en Euskadi. Los echan a las tinieblas de fuera. Pero ¿quiénes son los expulsadores? Ya lo veremos el día 13.

El favor de González
GERMAN YANKE El Mundo 6 Mayo 2001

Llegó Felipe González y, en un mitin pagado por el PSOE, hizo un favor al PNV. Tiene una larga tradición de usar el dinero de otros para hacer favores personales, como se puede comprobar en cualquiera de los sumarios en los que aparecen los fondos reservados. Este hombre es un sinvergüenza. Poca vergüenza hay que tener, desde luego, para afirmar en Baracaldo, a ocho días de unas elecciones vascas trascendentales, que él dice lo que dice porque no está en campaña.

Además, no ve más allá de sus propias narices. Lo que realmente une a socialistas y populares no son los muertos, sino la existencia de muertos, porque ambos partidos defienden las libertades y los derechos humanos, la Constitución y el Estatuto. Todo esto a González parece que se la trae floja. Resulta que le molestan más las consecuencias que los muertos mismos. González ha ido al País Vasco a justificarse a sí mismo con su propia mala conciencia, y ha dicho lo que ha dicho para que quien crea en su amistad con el PNV (¿Qué es eso? ¿Con sus ideas? ¿Con los fines que son, Arzalluz dixit, los mismos que ETA?) olvide que era presidente del Gobierno en plena vergüenza de los GAL. Pero si González, en su delirio de político gastado y acobardado, necesita el aval del PNV, los candidatos socialistas, afortunadamente, no.

El sabe -porque pudo comprobarse ayer mismo- que les había molestado y ofendido. González ya sólo sirve para desprestigiarse a sí mismo.

GONZALEZ CONFUNDE A LOS SOCIALISTAS VASCOS
Editorial Mundo 6 Mayo 2001

Un principio esencial en el marketing político es que los mensajes sean coherentes. Mientras que Redondo, Rosa Díez, Rojo y los principales dirigentes del PSE no se cansan de denunciar la deriva soberanista del PNV y su insolidaridad con los cargos electos de ambos partidos constitucionalistas, Felipe González instó ayer a sus compañeros a crear «un nuevo espacio de consenso» con la formación de Arzalluz. Por primera vez, González admitió la posibilidad de un Gobierno de coalición entre el PSE y el PP, aunque sugirió a la vez que ambos partidos no deben cometer el error de excluir a «los amigos del PNV», ya que «la frontera» no está entre nacionalistas y no nacionalistas sino entre demócratas y violentos.

No es la primera vez que González sostiene estas tesis. Hace un año, en unas declaraciones al semanario mexicano Proceso, arremetía contra Aznar y le acusaba de crear una «fractura social» en el País Vasco con su política de confrontación con el PNV.

González ha defendido en los últimos años un acercamiento al PNV, como si el Pacto de Lizarra y el respaldo de EH a Ibarretxe en su investidura jamás hubieran existido. Y sigue manteniendo una estrecha relación personal y política con Xabier Arzalluz. En noviembre pasado, almorzaron juntos en Madrid, con Jesús Polanco de anfitrión. Unos meses antes, dos de sus más fieles peones, Vera y Corcuera, habían comido con el líder del PNV en un restaurante riojano.

¿A qué fue ayer González al País Vasco? ¿A ayudar a su partido o al PNV? Las palabras del ex secretario del PSOE no sólo contradicen la línea política mantenida por Redondo y avalada por Rodríguez Zapatero. Van también en contra del Pacto Antiterrorista, del Foro Ermua, de ¡Basta Ya!, de lo que piensan intelectuales y representantes del PSOE y del PP que sienten amenazadas sus vidas y, sobre todo, de cientos de miles de vascos que constatan a diario una realidad bien distinta.

Entre un 50% y un 80% de los encuestados por EL MUNDO responde hoy que tendrían miedo de ser políticos no nacionalistas, empresarios, intelectuales, periodistas o miembros de las Fuerzas de Seguridad en el País Vasco. Y un 91% cree, según una votación en nuestra edición en Internet, que el PNV volverá a pactar con EH.

Algunos dirigentes del PSE interpretaron el discurso de ayer de González como una táctica para arrebatar votos al PNV. Pero, aun suponiendo que el ex secretario del PSOE actuara con buena voluntad, su intento de tender puentes con el nacionalismo es un error. Sólo sirve para crear confusión entre el electorado socialista y para minar la posición política de Nicolás Redondo, que ha apostado sin reservas por un Gobierno con el PP sin el PNV.

Los nacionalistas han gobernado de forma sectaria, marginando a la mitad de la población vasca. El cambio pasa por enviar a Arzalluz y a Ibarretxe a la oposición y no por buscar un apaño para que el PNV siga en el poder otros cuatro años más.

González confunde
Editorial ABC  6 Mayo 2001

Felipe González ha irrumpido en la campaña electoral vasca poniendo palos al mensaje de sus compañeros del PSE, buena forma de lograr dos cosas en las que el ex presidente del Gobierno parece estar muy interesado: desestabilizar a José Luis Rodríguez Zapatero, cuya apuesta por Redondo es ya personal, y evitar a toda costa que el PP gobierne en el País Vasco. González lanzó ayer en Baracaldo, ante el candidato socialista a Ajuria Enea, tres mensajes que circulan en sentido contrario a la estrategia general de su partido. Emplazó a Redondo a que separe demócratas de violentos, deslizando el reproche a los socialistas vascos por haber metido al PNV en el mismo saco que a ETA y a HB. González recupera así para su partido el papel de redentor del nacionalismo, tarea que al PSE le ha supuesto, después de muchos años de apuntalador del PNV, una crisis de identidad política en la sociedad vasca que sólo consiguió superar cuando abandonó precisamente el planteamiento que ayer González renovaba imprudentemente. El segundo mensaje fue que la Constitución y el Estatuto no son armas arrojadizas y que la misión de ambas leyes es unir a todo el mundo. Con esta proposición, González demuestra ser otro de esos socialistas, ideólogos del voluntarismo, que no se han enterado de los cambios producidos en los últimos años en la sociedad vasca. Armas, en el País Vasco, sólo suenan las de ETA, y si la Constitución y el Estatuto se defienden ahora con la intensidad de una rebelión democrática es porque para muchos ciudadanos constituyen la única protección frente a la violencia del nacionalismo terrorista y frente a la indiferencia cómplice del nacionalismo político. Se equivoca González, una vez más: no son armas arrojadizas, sino los chalecos antibalas que han animado a miles de ciudadanos a salir a la calle a pedir que las cosas cambien, creyendo firmemente en una esperanza inédita por la que González poco o nada se ha esforzado.

El último mensaje del ex presidente habrá sido, sin duda, el más desconcertante para miles de socialistas: pidió a «sus amigos del PNV» que rectifiquen el error de Lizarra. Estas palabras no pueden responder a una estrategia definida con un objetivo político reconocible; no pueden ser el fruto de una reflexión objetiva y menos aún compartida con aquellos de sus compañeros a los que el PNV lleva más de dos años despreciando y abandonando a su suerte frente a ETA. Las palabras de González son cosecha propia, sin más criterio que el de su resentimiento por el ostracismo tras la «dulce derrota» de 1996 y producto de la soberbia y de la arrogancia, que le permiten, sin inmutarse, llamar «amigos» a quienes el PSE ha hecho responsables políticos de la limpieza ideológica que sufre el País Vasco a manos de ETA y de sus escuadrones de la muerte y de quienes recuerdan la inmisericorde actitud que mantuvieron tras el asesinato de Fernando Buesa. Ahora vuelve González con la benevolente y pueril interpretación consistente en creer que el PNV sólo se equivocó. Uno sólo se equivoca cuando actúa de buena fe, algo inexistente por definición en un partido que es capaz de pactar con ETA. La sociedad vasca y, particularmente, el socialismo vasco ya pasaron ese sarampión cuando la inmoralidad política del PNV les demostró que Lizarra no fue un error, sino únicamente una inversión poco rentable.

El Partido Socialista tiene ahora seis días para evitar que el discurso de González desmovilice a su electorado y para recuperar la coherencia rota por el ex presidente, como intentó ayer Redondo en el mismo acto, al reiterar la responsabilidad política del PNV por la situación del País Vasco. Pero la obligación principal de desautorizar a González incumbe a Zapatero, no sólo mediante la reafirmación del Acuerdo por las Libertades suscrito con el PP, sino también con una declaración explícita de oposición a la tesis de González. Cualquier otra opción sólo tendrá como consecuencia la hipoteca de su liderazgo y, peor aún, la coautoría por el desconcierto entre los socialistas vascos. Y, sobre todo, es urgente que alguien le diga a González que si no tiene nada constructivo que aportar, mejor es estar callado, porque los equívocos en el País Vasco se pagan en las urnas.

Felipe le envenena la campaña a Redondo
Por Ignacio CAMACHO ABC  Mayo 2001

En pleno debate sobre las soluciones «transversales» del futuro Gobierno vasco, Felipe González entró ayer en la campaña como un tranvía de costado. La colisión fue ciertamente transversal, y empezó por alcanzar a su propio candidato, Nicolás Redondo, sumido en la perplejidad de preguntarse para qué se necesitan adversarios con un compañero así en el propio equipo. De un tirón, González entró al abordaje contra la estrategia de los socialistas vascos, contra el bloque constitucional, contra el PP y, de paso y casi para salvar la cara, contra el PNV, aunque se cuidó de dejar claro que se trataba de sus «amigos». Cuando acabó el destrozo, la campaña estaba hecha añicos.

Aún sonaban los ecos del «Yo acuso» de Jaime Mayor Oreja, la víspera, en San Sebastián -«yo acuso solemnemente al PNV de converger con ETA», dijo en su mitin más vibrante hasta ahora, acompañado de un Aznar sólido y crecido que pedía a sus huestes «ser como el Peine de los Vientos, firmes contra la tempestad»-, cuando González entró en el repleto frontón de Baracaldo saludando como si fuera él el candidato. Estaba allí una parte de la veterana parroquia socialista de la margen izquierda nervionense, el antiguo cinturón industrial bilbaíno, la cuna de la gran tradición del socialismo vasco. Un auditorio sentimental que se mecía en la nostalgia del gonzalismo porque aún no ha cuajado una empatía clara con José Luis Rodríguez Zapatero.

Llegaba Felipe a Vizcaya con la campaña caliente tras la apuesta decidida de Aznar, que en la noche anterior, una noche de perros llena de viento y agua, había fundido el Kursaal clamando contra «la herencia desquiciada» del nacionalismo, contra «las aduanas que hacen pagar el peaje de la vida y de la libertad». La tromba del PP apuntaba a un final de campaña muy crecido, casi al todo o nada, y González decidió irrumpir a su modo, precedido de algunas voces en prensa y de una entrevista del propio Zapatero en «Deia», donde el líder socialista se movía en una deliberada ambigüedad para centrar a su partido en los últimos días de esfuerzo.

La cosa empezó, no obstante, en otro tono. Antes del ex presidente fueron subiendo a la tribuna oradores autóctonos que pusieron bien claro el objetivo político de los socialistas de Euskadi en esta campaña: acabar con el nacionalismo. Desde el alcalde baracaldés, Carlos Pera -«nos jugamos la vida»-, hasta el secretario provincial, Patxi López -«nos quieren tratar como a extranjeros en nuestro propio país»-, pasando por la combativa y retórica Isabel Celaa -«el nacionalismo es mezquino, nuestra única patria de socialistas es la Humanidad»-, el mensaje fue nítido: batir al PNV, sacarlo del poder. Celaa, una morena de oratoria pasional y carismática, llegó a proferir un grito de guerra a voz de cuello: «¡No pasarán!» Allí parecía que iba a sonar la Internacional de un momento a otro, con un público enfebrecido por la arenga.

HELÓ LA SONRISA A REDONDO
Pero lo que sonó fue otra cosa. Subió Felipe al estrado, contó un chiste de Lepe y luego heló la sonrisa a Redondo dirigiéndole a él en persona el resto de una alocución que se convirtió en un montón de consejos envenenados.

«Nico, no sigamos cometiendo errores», le espetó, tras un prólogo en el que se atribuyó «el ejercicio de pensar, que nadie está haciendo en esta campaña». «Aquí sólo sobran -le dijo al candidato- los que tienen un concepto excluyente de la identidad vasca». Y para que nadie se equivocase pensando que el PNV podía estar incluido en este concepto, precisó: «Los cuatro violentos que matan y extorsionan».

El mitin gonzalista fue un torrente de críticas. Acusó al PP de «romper la tela que delicadamente estábamos tejiendo», y en esa primera persona del plural incluyó a los nacionalistas, a los que definió, sin ambages, como «mis amigos», para que todo el mundo supiese de qué iba la cosa. Luego acusó a Aznar de emplear la Constitución y el Estatuto «como arma arrojadiza», y dijo que el PP «los defiende ahora como si no cupieran más que ellos». En la antevíspera, Redondo había ofrecido al PP un pacto de gobierno incluso en minoría, que Mayor Oreja se apresuró a aceptar en San Sebastián, menos de catorce horas antes de que tronase en Baracaldo la voz del patriarca del PSOE.

El destinatario de los truenos estaba sentado, lívido, en la primera fila. «Nico, los ciudadanos te van a reclamar que quepamos todos», decía Felipe. «El único que sobra es Otegi». «La frontera no es entre nacionalismo y no nacionalismo, sino entre los que creen en la democracia y los que no». «La gente espera que las fuerzas democráticas se pongan de acuerdo para aislar al terror». De pronto, en unos minutos, el «no pasarán» de Isabel Celaa se había convertido en un «que pasen y que se pongan cómodos». Rosa Díez, Nico Redondo y su padre tragaban saliva.

Cuando Felipe se sentó había dejado un boquete abierto en el costado de la campaña de su propio candidato, que subió a la tribuna con el flequillo desmadejado por su evidente desconcierto. Redondo se recompuso como pudo y trató de mantener el discurso de los últimos días. Pero era difícil hacerlo sin desmentir a González. Dijo que al PNV «no le importamos», y que «mi mayor preocupación el día 14 será que los nacionalistas no tengan el miedo, la inquietud y la zozobra que los socialistas hemos tenido los últimos veinte años».

Una vez recuperado el aliento, Redondo le lanzó a Felipe dos andanadas suaves. «El diálogo tiene límites», le dijo, primero, y a continuación sugirió que el diagnóstico de la situación vasca era más eficaz desde dentro. Pero el ambiente se había helado. Lo había helado deliberadamente González, que asistía en su asiento con esa media sonrisa que se le pone cuando sabe que ha provocado impacto. Llegó a Baracaldo para cambiar la campaña, para situarse en el centro de un debate al que se niega a renunciar, para ajustar cuentas con sus propios fantasmas del pasado. Y lo hizo, con frialdad, desapego y una estudiada distancia. Eso sí, aclaró varias veces que hablaba con desahogo «porque yo no estoy en campaña». Nicolás Redondo debió preguntarse qué hubiera dicho si llega a estarlo.

Las señoras del Kursaal
El matriarcado de las «amas»
David GISTAU La Razón 6 Mayo 2001

Se dice que, en un ámbito matriarcal como es la sociedad vasca con el «ama» vertebrando todos los hogares, desde Neguri hasta el más recóndito caserío, no hay síntoma más explícito de la decadencia de un modelo de existencia que la resignación con que las madres se han habituado a visitar las tumbas prematuras de sus hijos.

   Se dice también que la burguesía nacionalista, la que aceptaba, sin interrumpir la partida de mus, la muerte de un guardia civil como si la explosión de una bomba no fuese sino un azar meteorológico propio de esta tierra, como la galerna que hunde pesqueros, comprendió que la juventud apache estaba desbocada y desgarraba la convivencia cuando las «amas» veneradas comenzaron a llegar a casa llorando porque les habían incendiado el autobús en el que viajaban por el Bulevar donostiarra. En ese sentido, conviene no olvidar que el único arrebato anti-abertzale que Anasagasti ha dejado escrito fue un artículo publicado después de que la «kale borroka» enturbiase con gasolina y amenazas un paseo vespertino de su madre: o sea, que las nueces caigan del árbol, pero no sobre la cabeza de mi «ama».

   En la actualidad, cuando, para muchos, las calles de San Sebastián semejan las de Whitechapel, con los pasos de un destripador resonando entre las brumas antes del disparo, hay un costumbrismo antiguo y un intento de que la vida prosiga su curso representados por las señoras que se citan para merendar muy «british» en los salones de té o para entretener la velada en el casino Kursaal. Ellas, «amas» que vigilan la fecha del próximo «Borroka Eguna» (Día de la Lucha) para recordar no coger el autobús, son el último vestigio de aquella costa vasca de los veraneos monárquicos que, según Camba y Ruano, sólo daba para tres crónicas, todas ellas en esmoquin o en flotador de calabazas y citando a algún «croupier».

   Las señoras del Kursaal defienden una actitud no sólo estética en un territorio que les es cada vez más ajeno. Toman el té en el Iruaritz, un café barroco muy próximo al Bulevar, expuesto hasta el temblor de cristales cuando azota la ventisca y el mar se cuaja de espuma. A tan sólo unas calles, en el casco antiguo, las tabernas que circundan la plaza de la Constitución han ido convirtiéndose en cubiles donde se hacen mezclas de coctelerías Molotov, frecuentados por los miembros de Haika que luego se agrupan en el monte Urgull para asolar, en carga vikinga, todas las rutinas de esta ciudad. Cada vez más, convertido lo Viejo en territorio cimarrón, los cafés y el casino van siendo como peceras rituales en las que a veces tiemblan los cristales aunque no sople el viento. Estas «amas» de la burguesía rara vez expresan una opinión política, pues entendían como una inercia su identificación con el PNV anterior a la radicalización frentista. Y, sin embargo, constituyen un termómetro político no suficientemente valorado.

Aparte de la evidencia terrible que es cada muerto, cada hombre obligado a prolongarse en una sombra que es otro hombre, existe un indicio más sutil que basta para probar que la convivencia está malograda: las «amas» salen a merendar en un salón de té y regresan llorando. Y esto, más en un ámbito matriarcal, sólo puede entenderse como el espejo de un drama. Me lo dijo una señora que mojaba pastas en el Iruaritz: «Siempre supe que yo no vería esta tierra en paz. Ahora sé que tampoco la verán mis nietos».

Lacalle
ERASMO El Mundo 6 Mayo 2001

Concelebran el Día de su martirio, tras el Día Mundial de la Libertad de Prensa y sus últimos cincuenta cadáveres tendidos en las aceras del mundo, en los frentes de liberación. Y otro visionado del vídeo de Ardi Beltza, tan esclarecedor: Del Olmo, Polanco, Jáuregui, Intxausti, Ramírez, Cebrián, Calleja, Gurruchaga... ¿Y el gallego Pepe Rei? Reivindica el Día Mundial de la Libertad de Aniquilación.

Encuestas y previsiones
Editorial La Razón 6 Mayo 2001

Como refleja el «Panel de opinión líder» de IBECOM, que hoy publicamos en las páginas sobre las elecciones vascas, existe un acuerdo generalizado entre las personas más informadas sobre la ausencia de credibilidad de las encuestas en unas elecciones como las que se celebrarán el próximo domingo en el País Vasco.

   Los condicionantes psicológicos y sociológicos del electorado vasco hacen que las respuestas a los sondeos estén enormemente mediatizadas. El miedo causado por el terrorismo de Eta, e incluso el temor a una posible represalia ideológica por parte del nacionalismo gobernante, hacen que los encuestados se inclinen por decir aquello que políticamente les pueda comprometer menos, y no lo que realmente piensan. Así ha sucedido de forma llamativa en las últimas consultas, donde no sólo no se ha respondido con sinceridad (ni libertad) respecto a las expectativas de voto, sino que ni siquiera se ha contestado con la verdad en los sondeos a pie de urna sobre lo que realmente se había votado.

   Para lo único que sirven las encuestas en el País Vasco es para marcar algunas tendencias, pero un estudio científico serio sobre las elecciones debe tener más en cuenta otros factores que la simple lectura de las intenciones de voto.

   Así lo realiza IBECOM en su análisis sobre las perspectivas electorales. Partiendo de una base: los votos que realmente ya se han emitido y escrutado en las anteriores elecciones. De esa manera se deduce que el electorado vasco ya se pronunció en una gran encuesta de voto real apenas hace un año: en las anteriores elecciones generales del año 2000. Haciendo una extrapolación de esos votos, matizada lógicamente con los de los anteriores comicios autonómicos del año 1998, podemos deducir científicamente que, de mantenerse la tendencia en el sufragio, la suma de los escaños de PP y PSOE podrían rozar la mayoría absoluta.

   En efecto, haciendo una extrapolación de los resultados antedichos, PP y PSOE suman la cifra de 37 escaños sobre los 75 que compone la Cámara vasca. El PNV lograría, de mantener también sus resultados de 2000, 24 diputados, mientras que EH tendría un máximo de once e IU llegaría a lo sumo a los tres diputados.

   Naturalmente, estos resultados han de ser corregidos por las tendencias. De acuerdo con ellas, y con un análisis cualitativo de la situación de deterioro que vive el País Vasco, así como atendiendo a la polarización que se debe producir por el debate entre bloques ideológicos tras esta dramática campaña, se puede concluir que las horquillas en las que se mueven los partidos para el 13 de mayo serían las que expresamos en nuestra portada: el PP estaría entre los 22 y los 24 escaños; el PSOE entre los 14 y los 16 (es decir, entre 36 y 40 escaños para los partidos constitucionalistas). Por su parte, el PNV se movería entre los 24 y los 27 escaños, y EH entre 7 y 10 (por tanto, entre 31 y 37 para el bloque nacionalista). IU, por su parte, como partido que depende de los restos electorales, puede estar entre cero y tres escaños.

   Todos estos cálculos dependen, lógicamente, de la fijeza del voto de anteriores elecciones. La incógnita ahora es saber si se incorporarán al electorado las bolsas de indecisos que no han votado antes, o saldrán de él otros electores hacia la abstención.
  

Sonrisa herida
Por Alfonso USSÍA ABC 6 Mayo 2001

Una de las miserias más ridículas del periodismo actual consiste en ningunear por sistema a los colegas de la competencia. Permítaseme decir que este periódico, casi ya centenario, ha destacado precisamente por lo contrario. Claro, que cien años imprimen carácter y ayudan a despreciar las pequeñas vilezas. El propio y extraordinario periódico en el que escribe la mujer a la que hoy dedico estas palabras no destaca por su generosidad con los «de fuera».

Y mejor no hablar del gran monstruo de la comunicación, el diario «El país», para el que nadie que escriba en otras páginas existe. Insuperable aquella información —era director Juan Luis Cebrián— de una recepción Real. La fotografía mostraba al Rey cuando era saludado por Antonio Mingote, y el pie de foto decía textualmente: «Uno de los invitados a la recepción saludando al Rey».

Hoy escribo para Carmen Gurruchaga, periodista de «El Mundo», premiada en los Estados Unidos e Italia, simultáneamente, por su coraje y honestidad. Vasca hasta la médula, guipuzcoana desterrada de sus raíces por no resignar su verdad ante la barbarie. Del tronco familiar de Carmen Gurruchaga nacen ramas nacionalistas y liberales, de caserío y de ciudad, de robles y de tamarindos. Pero la copa de su árbol no admite otra frondosidad que la del rigor y la independencia. Profesora de Historia y periodista, aguantó a pie firme en su tierra toda suerte de coacciones, insultos programados, vejaciones, riesgos y desaires, hasta que una noche una bocanada de fuego y metralla destrozó su casa de San Sebastián cuando ella y sus hijos hablaban las últimas palabras del día. Soportó todo menos que la muerte asesina de los terroristas rozara las cabezas de sus hijos, mucho más valiosas para ella que la suya. Y se instaló en Madrid. Y en Madrid continúa escribiendo, luchando, jugándose el todo por su amadísima parte de la tierra vasca.

En lo físico, Carmen es alta, guapa, sonriente y devastada. La devastación de la tristeza la lleva en los ojos. Su mirada y su sonrisa no siempre coinciden. Le sucede lo que a otra bellísima mujer vasca, también heroína sin pretenderlo, María San Gil. Una y otra, tan lejanas en sus orígenes, están estigmatizadas por sus sonrisas heridas. En sus ojos se han concentrado todas las tristezas y amarguras que han destruido la serenidad de su tierra, y en sus sonrisas se sintetizan todas las esperanzas.

A Carmen Gurruchaga la odia el nacionalismo de Arzallus, porque no le perdona que su talento se haya rebelado contra la mentira y el exterminio de los vascos. Porque aquí no se trata de un exterminio étnico como el proyectado por Hitler y Himmler, sino un exterminio de los vascos que no aceptan ser lo que unos pocos han decidido que sean. Carmen Gurruchaga sólo busca para su tierra lo imprescindible para que sea feliz. La libertad. Delito que los enemigos de la libertad castigan con la pena de muerte sin juicio ni defensa, y que ejecutan los que sacuden el árbol y que no duele a quienes recogen los frutos.

Arzallus y Otegi, Ibarreche y el zamorano Permach, el PNV y Euskal Herritarrok, han conseguido que la inteligencia y la sabiduría del País Vasco se haya ido de vacaciones obligadas, que no para siempre, de su tierra y sus raíces. La relación de vascos abatidos por el desánimo e instalados en otras regiones de España se haría interminable. Pero Arzallus sabe, y por eso lo teme, que siguen allí.

Hasta allí llegan sus voces, sus denuncias, sus palabras y de cuando en cuando, sus presencias. Para recordar que el fin del terror y de la coacción está a un paso de la esperanza. Para animar a los vascos a resistir un poco más. Para decirles que no sólo en España, en todo el mundo, a los vascos que se juegan la vida por la libertad se les reconoce y premia como lo que son. Unos héroes callados. Y a Carmen Gurruchaga la han premiado en nombre de todos ellos.

Un beso, tronca.

Racista superlativo, 8
Por Enrique de Diego Libertad Digital  6 Mayo 2001

En abierta contradicción con su proclamado catolicismo, Sabin niega la universalidad de la redención y excluye a los maketos. Si se busca una coherencia, la mezcla de racismo y religiosidad fundamentalista reduce la salvación a la raza pura y aun dentro de ella con estrictas condiciones: sólo los abertzales alcanzarán el reino de los cielos, en el que se entrará con una ristra de apellidos bien comprobados, como poco, cuatro.

En propiedad, Sabin niega a Cristo. Fuera del nacionalismo no hay salvación posible, y Cristo fue la antítesis del nacionalista, fue un universalista, cuya prédica es un combate constante contra el prejuicio frente a publicanos, prostitutas, samaritanos y gentiles. Sabin, por el contrario, no hace excepciones: “Los esclavos de Satanás han conspirado y conspiran con tan afán porque el alma de Euskeria sea esclava del pecado, y el cuerpo sea preso del extranjero”. O sea, hay que salvar a Euskeria que no existe, en un tosco antropomorfismo, pero hay que condenar al odio a las personas concretas.

Además, está la depuración interna, la constante inquisición. “Estimamos que bástale a un bizkaino una falta pública de alguna gravedad cometida contra los intereses de Bizkaya, para que no deba ser contado en el número de los patriotas, por más servicios que por otra parte hubiere prestado a la Patria, a no ser que, siendo posteriores éstos últimos a la falta cometida y específicamente antitéticos a ella, la destruyan, precisando además, en algunos casos, la pública confesión y retractación del yerro”.

La apostasía del nacionalismo no tiene perdón posible. “Al hombre que reniega de su Patria, toda tierra debe cerrarle el paso, toda vivienda debe negarle hospitalidad”. Sin que falten reclamaciones de la eliminación física: “El que comprendiendo el lema patrio, no lo acepta en todas sus partes, éste no es patriota; no es hijo legítimo de Bizkaya; bastardo es, y digno de ser arrastrado desde la cumbre del Gorbea hasta las peñas del Matxitxako”.

Es el odio el sentimiento en el que Sabin fundamenta la “patria vasca”. Y el odio nunca ha servido para construir, es desintegrador. “Ese camino del odio al maketismo es mucho más directo y seguro que el que llevan los que se dicen amantes de los Fueros, pero no sienten rencor hacia el invasor”. La extensión de ese odio se hace objetivo paranoico. “¡Cuándo llegarán los bizkainos a mirar como a enemigos a todos los que les hermanan con los que son extranjeros y enemigos naturales suyos!”. Y del odio pasa la legitimación de la violencia: “Les aterra oír que a los maestros maketos se les debe despachar de los pueblos a pedradas. ¡Ah la gente amiga de la paz...! Es la más digna del odio de los patriotas”.

Sólo por un momento hay un resquicio de reflexión a tenor de la exigencia religiosa, porque “soy católico y me está prohibido odiar al prójimo”, pero entonces sublima al odio transvalorado por efecto de un amor más grande. “Nosotros odiamos”, es la solidaridad interna del abertzale, pero sublimado ya que “no es propiamente hablando que el corazón deba sentir odio al conquistador para ser patriota. Si el verdadero nacionalista debe odiar a su opresora, no es directamente, sino porque ama a su Patria y tanto más odiará uno a quien causa daño a su Patria, cuanto más amor la tenga”.

El programa o solución final de esta ideología del odio es la “limpieza étnica”: “Respecto a los españoles, las Juntas Generales acordarían si habrían de ser expulsados, no autorizándoles en los primeros años de independencia la entrada en territorio bizkaino, a fin de borrar más fácilmente toda huella que en el carácter, en las costumbres y en el idioma hubiera dejado su dominación”, con añadidas restricciones jurídicas y territoriales “a las familias mestizas o euskeriano-extranjeras”, sin que falten metáforas explícitas que sugieren un escenario de exterminio: “Cuando el pueblo español se levantó en armas contra el agareno invasor y regó su suelo con sangre musulmana para expulsarlo, obró con caridad. Pues el Nacionalismo bizkaino se funda en la misma caridad”. Nada hay más simple –y nuestro autor es un maestro del simplismo– ni más inflamable que el odio. A su conjuro cabalga lo más inmundo de la naturaleza humana: la intolerancia, la xenofobia, el racismo y acude presta la violencia. Es un sentimiento que hace imposible la convivencia.

El peligro de ir de un extremo al otro
Por Pío Moa Libertad Digital  6 Mayo 2001

En esencia, la política del PNV ha consistido en utilizar el muy generoso estatuto autonómico para socavar los principios democráticos y la Constitución, para provocar la fractura social y la desintegración de España. Su táctica ha sido en todo momento el chantaje, y lo sigue siendo: su parloteo sobre la paz es la careta del chantajista. ¿Por qué los partidos no aranistas no han desenmascarado de manera constante y desde hace muchos años una política que lleva al desastre? Hay que reconocer las cosas como son: hasta hace poco, e incluso todavía hoy, la defensa de la unidad española ha estado mal vista en la izquierda, y toda demagogia nacionalista sobre la opresión e incluso el “genocidio” de los vascos ha sido coreada incluso por buena parte de la derecha. De ahí que se haya visto como un derecho especial de los aranistas la vulneración de los derechos humanos, y que pocos planten cara –incluso hoy– a sus ataques a España. Cientos de miles de vascos han sido (de)formados en una manipulación desvergonzada de la historia, y la opinión pública así creada no va a borrarse de la noche a la mañana, ni a contrarrestarse con simples “¡vivas!” en sentido contrario. Lo que ocurre en el País Vasco procede en proporción muy elevada de esa propaganda masiva, hecha con fondos públicos y con acuerdo o inhibición de todos los partidos.

Después de estos años de complacencia, y a la vista del monstruo creado, es fuerte la tendencia a una reacción excesiva, que puede hacer perder el equilibrio. Un ejemplo han sido esas declaraciones sobre el vascuence como lenguaje de la muerte o inútil idioma prehistórico. Ciertamente el vascuence ha sido usado, manipulándolo una vez más, como instrumento de fractura social y de terror, pero de lo que se trata es de que los aranistas carguen con el peso de ese daño hecho al euskara, que dicen defender, y no de que reciban un fácil argumento sentimental, del cual van a servirse sin duda masivamente. La enérgica defensa del castellano como idioma también propio de Vasconia, el idioma materno de la mayoría de los vascos, no tiene por qué caer en la agresión al otro idioma de la autonomía. Eso es precisamente imitar al PNV y a EH. La propaganda de éstos se asienta en una defensa del pueblo vasco tan ficticia como la defensa del pueblo alemán por los nazis. Pero los partidos democráticos no acaban de hacerlo ver claramente, y caen una y otra vez en las trampas que tiende el pervertido lenguaje nacionalista.


La desproporción vasca
Por M. MARTÍN FERRAND ABC  6 Mayo 2001

Somos, redondeando, cuarenta millones de españoles. Dentro de esa suma nacional, el sumando vasco supera en muy poco los dos millones de personas. Es decir, entre indiferentes, constitucionalistas y nacionalistas efervescentes o moderados, los vascos son el cinco por ciento del total de la población. ¿Es razonable que un problema generado entre el cinco por ciento del censo total —en el que no se proclaman separatistas arriba del dieciocho por ciento— nos traiga de cabeza y organice la vida, las esperanzas, los ritmos políticos y las hipótesis de paz y convivencia del noventa y cinco por ciento restante? No, no lo es y, en consecuencia, la primera nota del «problema vasco» es su desproporción. Es un órgano inflamado dentro del cuerpo nacional.

Si, como ya predicaba Cicerón, el bien del pueblo es la suprema ley, estamos ante una inquietante inversión de valores. El noventa y cinco por ciento de los ciudadanos de una vieja Nación se someten a la voluntad, en ocasiones asesina, de una minoría del cinco por ciento en la que, además, sólo la quinta parte es radicalmente antiespañola. El uno por ciento del total. Eso, más que desproporcionado, es exagerado y convierte en deforme al conjunto total.

Visto el asunto en el plano territorial, la desproporción se nos hace aún mayor. En el medio millón largo de kilómetros cuadrados que integran la superficie nacional, sólo siete mil doscientos corresponden a la pieza vasca del puzzle: no llega al uno y medio por ciento del total español. Las tres provincias vascongadas ocupan una superficie menor que la de Palencia, la mitad de Jaén y la tercera parte de Badajoz.

No es que, en plenitud de un muy justificado síndrome de hartazgo, me haya dado por trasladar el mal bautizado «problema vasco» —el más español de todos nuestros problemas vigentes— al sistema métrico decimal. El conflicto es, en sí, desmesurado y sus cuantías han de someterse antes a los mandatos de la historia, la moral y la democracia que a los límites del metro, el litro y el kilo. Aun así, dice Baura, el porcentaje es el procedimiento por el que el número modifica su abstracción para hacerse filosofía. Relativizar es dimensionar con equidad y eso es algo que suele faltarnos cuando miramos hacia el País Vasco. En términos de población, Guipúzcoa es la mitad de Vizcaya y el doble que Álava y, sin embargo, las tres provincias tienen la misma medida —veinticinco diputados— en el Parlamento de Vitoria.

A una semana de las elecciones autonómicas vascas, dada su trascendencia para la vida española, el análisis político se ha reducido a la cábala sobre las distintas maneras de sumar treinta y ocho —mayoría absoluta— dentro del total de setenta y cinco que resume, en la capital alavesa, la representación regional del pueblo vasco. Cuando la política se reduce a una hipótesis aritmética, mal asunto. En el País Vasco, perdidas la proporción y la medida, la prudencia se ha vuelto astucia; el disimulo, prudencia; la ambición disimulo y la razón, meramente, ambición sin cimientos ni fronteras éticas, sin acatamiento de la historia y la realidad. Para qué hablar, además, de la ley y la justicia. De ahí la dificultad, añadida a la inseguridad, de los llamados constitucionalistas frente a los grandes beneficiarios de la desproporción.

¿DE DÓNDE NACE EL RENCOR?

ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz  6 Mayo 2001
 

Me lo han contado en estos días: un profesor de historia moderna de Santiago sufre desde hace semanas el acoso de alumnos independentistas radicales que le insultan y amenazan por ejercer dos libertades sin las cuales la Universidad no existiría: la de expresión y la cátedra. Apenas he tratado personalmente a mi colega, pero sé de su rigor, de su integridad moral, de su talante respetuoso y tolerante y de la calidad de sus escritos y sus clases.
Desconozco también quiénes, en concreto, son sus agresores, pero no es difícil imaginarse su perfil: jóvenes de clase media, nacidos en una España democrática y plural y en una Galicia plenamente autónoma en el seno de un Estado federal. Estudiantes que disponen de un abanico de oportunidades -sociales, culturales y económicas- de las que no ha gozado nunca previamente ninguna generación de universitarios españoles. Chavales sanos, que ni han tenido sabañones en los dedos, ni han merendado todos los días pan con nata azucarada, ni han debido soportar los mensajes navideños del Caudillo.

¿Razones?
¿Qué puede llevar a esos muchachos a creer-se con derecho a perseguir a quien sencillamente no piensa como ellos? ¿Qué veneno puede haberles quitado la alegría de vivir y haber convertido su existencia en un calvario en el que han de soportar la pesada cruz del odio y el rencor hacia los que están ahí para ayudarles a ser libres? ¿Quién es el responsable de esa catástrofe social que supone ver a quienes casi no han dejado de ser niños comportarse como ancianos que han sufrido ya todas las derrotas con que la vida en ocasiones nos golpea? ¿Cómo se explica esa perversión moral que lleva a unos chavales a demostrar su patriotismo ensañándose con sus compatriotas?
Sólo de una forma: por un grave y patológico desorden de la jerarquía de valores en que se basa una sociedad civilizada. Una sociedad donde el respeto a la integridad y la libertad de los demás ha de estar siempre por delante y por encima de cualquier reivindicación, por legítima que aquélla pueda ser. A esos jóvenes, que lo tienen todo confundido en su batiburrillo patriótico, y a quienes irresponsablemente los jalean, hay que recordarles otra vez lo que Stendhal recomendaba ya hace mucho como nadie: que no ocupen su vida en odiar y en tener miedo. Ese miedo que va siempre asociado con el odio: el miedo a la libertad. La de verdad o, lo que es lo mismo, la de todos.

Que no cunda el pánico
VICTORIA PREGO El Mundo  6 Mayo 2001

Felipe González ha ido al País Vasco a hacer salir de sus casas a un número importante de viejos socialistas -a esos que abandonaron ayer el local en cuanto él terminó de hablar, y a otros muchos como ellos- a los que la idea de que su partido acabe gobernando con el PP, no les resulta fácilmente digerible. Todos ellos pertenecen a ese gajo de base socialista que, sin pensar en cambiar jamás el sentido de su voto por lealtad histórica, podría perfectamente haber decidido abstenerse antes que acompañar a su propio partido a firmar un pacto de gobierno con lo que siempre han identificado como «la derecha». Podemos discutir hoy cuanto queramos las conocidas posiciones de Felipe González sobre la posibilidad real de que el PNV rectifique de veras y emprenda otra vez de corazón, y no como Fernando VII, la senda constitucional. Pero el hecho de que el ex secretario general del PSOE haya respaldado el acuerdo PP-PSE para un futuro gobierno y haya pedido a su gente que lo entienda y lo apoye, como entendió en su día los pactos y el consenso entre la izquierda y la derecha durante la Transición, es importante.

Interpretaciones personales aparte, es un dato objetivo que González no desautorizó ayer ni una sola vez el acuerdo de su partido con el PP en el País Vasco. Al contrario, el argumento que empleó para respaldarlo fue tan duro como inapelable: si los dos partidos «ponen los muertos juntos, ya están entendiéndose». Pues precisamente porque a los miembros de uno y otro partido se les asesina por pensar, es por lo que dos formaciones políticas de ideologías tan dispares han decidido echar a un lado sus diferencias y sumar fuerzas en la defensa de lo básico: la libertad. Y esto es algo que los máximos líderes del PP y del PSOE han explicado hasta la saciedad.

Que el PNV tenga o no sitio en el futuro en un gobierno de amplio espectro es algo que habrá que considerar, si es que procede, una vez conocidos los resultados electorales. Pero si el PSE está intentando atraer ahora mismo, como parece, a votantes moderados del PNV, le es imprescindible suavizar durante el último tramo de la campaña las aristas más hostiles que puedan ahuyentar a los nacionalistas moderados y ahora dudosos. Y si lo que necesita es que ninguno de los suyos se quede en casa el día 13 y acudan masivamente a votar, Felipe González, controvertido o no, le acaba de hacer un servicio a su partido. Y, aunque no sea eso lo que busca y no todos se den cuenta, indirectamente también al PP, que necesita en la misma medida que el PSE el mayor número de apoyos para intentar formar ambos una mayoría de gobierno.

Lo que no es verosímil es pensar ahora que, en el caso de una imposibilidad material de victoria de la alternativa constitucionalista, el PSE aceptara asumir el papel de segundón detrás del PNV reeditando sus antiguos y bien constatados errores. Lo explicó con toda crudeza José Ramón Recalde en unas recientes declaraciones: «Nos hemos confundido[...] los socialistas colaboramos con el PNV para formar gobiernos pensando en la gobernabilidad pero aceptamos su dinámica y fuimos utilizados para aumentar su hegemonía...Estamos escaldados».

Pero si cometieran una equivocación así, no sólo provocarían el hundimiento del PSE sino una herida mortal de necesidad para las perspectivas futuras del Partido Socialista en toda España.

¿Pactará de nuevo el PNV con EH? SI
ESTEBAN GONZALEZ PONS El Mundo 
6 Mayo 2001

No hace falta ser un experto en la realidad del País Vasco para tener la sensación de que el PNV y EH hoy son iguales aunque estén separados. Son iguales porque comen las mismas nueces del mismo árbol, aunque están separados para salir beneficiados en la foto y en el reparto. Da la impresión de que mientras obtengan alguna ventaja seguirán practicando un cierto distanciamiento político, pero que, en el momento oportuno, se auxiliarán en todo lo preciso, tal y como ha sucedido hasta hoy. No siempre fue así, pero últimamente nos hemos acostumbrado a verlos así.

Me gustaría poder dudar sobre la posibilidad de un pacto de gobierno entre este PNV y EH, pero estoy convencido de que se alimentan de las mismas creencias y se embriagan con los mismos mitos. Pactarán aun cuando los resultados de las urnas nos lleven a Ajuria Enea a los que defendemos la libertad de todos para vivir y la igualdad de todos para convivir. Pactarán incluso en la oposición. Pactarán porque lo que no ha desunido la repugnancia ante los asesinatos, no lo desunirá un resultado electoral. De alguna manera ellos ya han pactado.

Las declaraciones de Ibarretxe sobre la imposibilidad de un pacto PNV-EH tienen la misma credibilidad que sus éxitos como responsable del Gobierno vasco. El actual PNV, ese PNV que se ha adueñado de la dirección del nacionalismo vasco democrático de toda la vida, es de naturaleza y ambición soberanistas y, por lo tanto, comparte con EH sus objetivos independentistas. No parece preocuparles tanto la democracia como el patriotismo y eso les distancia de todo lo que no sea EH, la sacristía de ETA.

Es fácil recordar fechas, encuentros, documentos o citas que confirman nuestro convencimiento respecto de la proximidad y la coincidencia entre el PNV y EH. No es que sepamos que son iguales, es que lo sentimos. Porque sólo hace tres años, en noviembre de 1998, Ibarretxe se convirtió en el tercer lehendakari vasco gracias al respaldo de los votos de EH; porque con los votos de EH se han aprobado los únicos Presupuestos vascos de esta legislatura; porque con los votos de EH se administran diputaciones forales y municipios; porque con los votos de EH el PNV le ha negado el nombre de Jose Luis López de Lacalle a un centro cívico.

Por eso me pregunto si ya han pactado antes y no han roto todos sus pactos aunque se hayan multiplicado las muertes y las desgracias y aunque la sangre derramada nos haya humillado a todos, ¿por qué no tendrían que volver a pactar después? ¿Qué más puede hacer ETA que les haga cortar del todo? No, si el PNV no ha encontrado hasta ahora razones suficientes para romper toda relación con EH no va a encontrarlas en el futuro.

Ibarretxe mintió cuando dijo que el PNV nunca había gobernado con EH y, si mintió en esto, no merece más crédito cuando afirma que si gana no gobernará junto a los fascistas abertzales. Sólo miente quien lo necesita, quien quiere traicionar. Ibarretxe con su mentira buscaba no perder los votos vascos de la convivencia en paz, los votos de quienes son demócratas antes que nacionalistas, los votos del PNV sin Arzalluz, y sólo por mentir merece perderlos todos. En estas elecciones hay tanto futuro en juego que no conviene olvidar quién ha sido qué en el pasado inmediato, hay tanta libertad en juego que no conviene olvidar quién puede acabar administrando los derechos de los vascos. Ojalá ningún voto pacífico acabe compartiendo nada, directa o indirectamente, con los perros de ETA. Aún depende de nosotros. Esteban González Pons es portavoz del PP en el Senado.

ETA asesina a tiros al presidente del PP en Aragón, Manuel Jiménez Abad
Madrid. ABC  6 Mayo 2001

Según informa Onda Cero, el presidente del Partido Popular en Aragón, Manuel Jiménez Abad, ha sido abatido a tiros, presumiblemente por la  banda terrorista ETA. El atentado se ha producido sobre las 17,05 horas de esta tarde en plena calle de la capital aragonesa.

El miedo resta credibilidad a las encuestas
La mayoría opina que los sondeos sobre las elecciones en el País Vasco no reflejan la realidad de la tendencia del voto. Los líderes consultados por IBECOM opinan que se votará bajo el síndrome del miedo
De acuerdo con los resultados del Panel de Opinión Líder, realizado por IBECOM para LA RAZÓN, el 66 por ciento de los consultados sostiene que el miedo resta credibilidad a las encuestas y que para que se produzca un gobierno de cambio, con diferente «lendakari», deben ganar los partidos no nacionalistas. El 54 por ciento opina que el PNV mantendrá el mismo número de escaños frente a un 70 por cien que defiende que el PP y el PSOE-PSE va a lograr la mayoría absoluta. Del estudio también se desprende que el PNV volvería a colaborar con EH si ganara las elecciones aunque sus votantes prefieren el distanciamiento de los proetarras. Un 69 por ciento cree que la participación el 13-M será superior al 70%.
Redacción - Madrid.- La Razón  6 Mayo 2001

El Panel de Opinión realizado por IBECOM para LA RAZÓN manifiesta una clara tendencia a los partidos constitucionalistas. Así el 61 por ciento de los encuestados votaría a los partidos constitucionalistas frente a un 26 por ciento que lo haría por los nacionalistas. Un 13 por ciento no sabe, no contesta. Asimismo, el 79 por ciento de los analistas consultados defienden que si ganan el conjunto de partidos nacionalistas vascos, y llegan al Palacio de Ajuria Enea, con el apoyo de otros partidos como IU o la marca electoral de HB, Euskal Herritarrok, existiría un Ejecutivo de continuidad por lo que la situación sería igual o peor que la actual. Por el contrario, un 81 por ciento defiende que para que se produzca un cambio en la sociedad vasca deben ganar los partidos no nacionalistas PP-PSOE-PSE con mayoría absoluta. Las tendencias de los diferentes partidos son reflejadas en el Panel de Opinión. Según el análisis de la fórmula sociológica, el PNV en coalición con EA mantendrá sus 27 escaños mientras que el PP, que obtuvo 16, subirá según el 70 por ciento de los preguntados. Sólo el 31 por ciento cree que el PNV crecerá y un dos que el PP bajará. Con la formación liderada por Nicolás Redondo Terreros los porcentajes están más próximos. Así el 45 por ciento afirma que los socialistas vascos recibirán más papeletas que en 1998, el 31 sostiene que bajará su intención de voto y el 24 por ciento que mantendrá sus 14 escaños actuales. IU-EB recibirá menos papeletas según el 73 por ciento mientras que un cinco por ciento cree que subirá. La marca electoral de HB, Euskal Herritarrok bajará en intención de voto según el 65 por ciento de los consultados. Absolutamente nadie cree que aumentará en sus votos y el 35 por ciento afirma que mantendrá sus 14 escaños. Los analistas consultados también dibujaron la configuración final que según ellos tendrá el Parlamento vasco.

   La configuración más votada según el estudio de IBECOM sería la (viene de la página 6)
   siguiente: PP-PSOE, 38 escaños, PNV-EA 26; EH 7; IU-EB, 2 y UA 2. Los partidos constitucionalistas formados por la coalición PP-UA y el PSOE-PSE lograrían la mayoría absoluta mientras que el bloque nacionalista bajaría en intención de voto y la formación liderada por Javier Madrazo se estabilizaría.

   En la segunda opción más votada, los partidos no nacionalistas rozarían la mayoría absoluta al obtener PP-PSOE-UA 37 escaños, mientras que la coalición PNV-EA no lograría llegar al techo de los treinta escaños. Sus anteriores socios en el Gobierno, los proetarras de Euskal Herritarrok obtendrían 8 escaños e IU-EB se mantiene igual y no suma los dos escaños que actualmente posee.

   El 75 por ciento de los consultados cree que el partido de Javier Arzallus volvería a colaborar con EH si ganara las elecciones. Sólo el 20 por ciento sostiene que Ibarreche no volvería a formar gobierno con Otegui y un 5 por ciento no sabe no contesta.

   Asímismo, el 69 por cien de los analistas consultados en el estudio defiende que el porcentaje de participación el próximo 13 de mayo será superior al 70 por ciento frente a un 22 por ciento que cree que será inferior. De las respuestas se desprende que los votantes del PNV prefieren el distanciamiento de EH (56 %); no obstante, un 33 por ciento cree que en caso de ganar o tener que aliarse al PNV volvería a confiar en EH.

   Influir en el voto
   Cuando los expertos consultados fueron preguntados sobre los principales factores sociopsicológicos que influyen tanto en el acto de acudir a votar como en la opción elegida, coincidieron en un 65 por cien en afirmar que las amenazas y la violencia influyen en los votantes socialistas y populares, aunque sólo el 35 por ciento cree que los electores en general se verían afectados por el entorno etarra.

   Un significativo 87% opina que existe miedo de la población a que su voto pueda ser conocido por sus vecinos, aunque apenas el 21 por ciento cree que ese temor exista en los votantes nacionalistas, que por otro lado se ven influidos en su decisión de voto, según el 94 por cien, por el entorno social y familiar.

   El 62% cree que puede haber un sensación de pérdida de los valores nacionalistas y de autogobierno que podría hacer cambiar de opinión a los electores de la coalición PNV-EA, si bien un escaso 23% opina que esos mismos votantes estén insatisfechos con la gestión del Gobierno autonómico, frente a un 88 por ciento para los que confían en el Partido Socialista.

   El 93 por ciento de los sociólogos cree que el deseo por lograr la paz y la libertad movilizará a los votantes constitucionalistas.

La falta de libertad extiende el miedo en el País Vasco
Uno de cada tres vascos admite haber sentido temor y la mayoría ve en peligro a los no nacionalistas
JUSTINO SINOVA El Mundo  6 Mayo 2001

MADRID.- La inmensa mayoría de los vascos piensan que la libertad y los derechos humanos están gravemente dañados en Euskadi como consecuencia del terrorismo, según pone de relieve la encuesta realizada por Sigma Dos para El Mundo, que ofrece hoy la tercera parte del sondeo.

Los votantes del Partido Popular (PP), del Partido Socialista (PSE-PSOE) y de Izquierda Unida (IU-EB) participan de esta opinión en su casi totalidad, mientras que los que así lo creen en el Partido Nacionalista Vasco (PNV) son casi tantos como la media resultante (82,2 %).

Es muy significativo que hasta la mitad de los votantes de Euskal Herritarrok (EH), marca electoral de HB, brazo político de ETA, también piensen que el terrorismo ha ocasionado una grave lesión a la libertad y a los derechos humanos. De acuerdo con estos datos, el apoyo social de ETA sería menor del que se estima en las formaciones abertzales.

Siete de cada 10 entrevistados afirman además que el terrorismo de ETA y la violencia de los grupos radicales les afecta personalmente. De nuevo vuelve a ser significativa la respuesta entre los electores de EH: algo más de la mitad (54,5 %) se sienten afectados.

Quienes declaran haber sentido miedo personalmente en alguna ocasión representan cerca de un tercio (el 30,3 %).

El porcentaje, a la vista de las elevadas cifras anteriores, pudiera dar a entender que el miedo no está tan difundido en la sociedad vasca, pero la pregunta se refiere a una experiencia personal. Lo que significa la respuesta es que tres de cada 10 vascos han sentido miedo personal, directo, como consecuencia de la violencia, lo que revela que el grupo de personas afectadas por el terrorismo es ciertamente muy numeroso.

Los problemas
Una de las características que distingue a la comunidad autónoma vasca es el orden de preocupaciones. Para los vascos, el problema más importante de su comunidad es el terrorismo, seguido del paro y, en tercer lugar, de la situación política, que a su vez está seriamente afectada por el terrorismo.

En cuarto lugar, figura la violencia callejera, conectada igualmente con el terrorismo, que es, a fin de cuentas, el trastorno que quita el sueño a los vascos. Aunque no a todos: para los votantes de EH-HB, el terrorismo está en cuarto lugar, tras el paro, la situación política y «otros» sin especificar.

La presencia del terrorismo provoca que sea un riesgo en Euskadi ejercer determinadas actividades que se desempeñan libremente en el resto de España. Lo más peligroso en Euskadi es ser político del PP, del PSOE o de Unidad Alavesa (UA): prácticamente ocho de cada 10 vascos sentirían miedo de ser político, y en concreto concejal, de esos partidos.

La segunda profesión de riesgo es la de empresario, concretamente el empresario que no paga a ETA el llamado impuesto revolucionario, la extorsión que les aplica ETA para que aporten cantidades económicas a la banda, bajo amenaza de ser asesinados o secuestrados, como ya les ha pasado a muchos. Esta es una de las razones por las que buen número de empresarios vascos han decidido establecerse fuera de Euskadi.

Ser guardia civil, policía nacional y miembro de la Ertzaintza -éste a considerable distancia de los otros dos- ofrece también un alto riesgo. Casi tanto como ser periodista de un medio no nacionalista: el 61,2 % sentiría miedo de serlo. Ofrece también un alto riesgo el ser intelectual no nacionalista (muchos van protegidos por escoltas y otros han decidido abandonar el País Vasco). Sin embargo, para la percepción de la gente, ser político del PNV ofrece un riesgo notablemente menor.

Todos estos datos sobre las actividades de riesgo confirman la excepcionalidad de la situación en Euskadi y subrayan el diagnóstico admitido por la inmensa mayoría de que la libertad y los derechos humanos sufren grave daño en la comunidad vasca.

Una de las eventualidades que colaboran a la influencia turbadora del terrorismo es la respuesta ineficaz de la policía autonómica vasca. Para la mayoría ya no es un secreto que la Ertzaintza no se emplea a fondo contra la violencia: el 53,8 % piensa que su actuación está mediatizada por limitaciones impuestas por el Gobierno vasco. Incluso participa de esta impresión hasta el 41,8% de los votantes del PNV, el partido que gobierna y es responsable de dicha policía.

Empeora la situación
En todo caso, la situación ha empeorado para siete ciudadanos de cada 10 desde el final de la llamada tregua, y un porcentaje muy significativo del 44,6 % supone que los objetivos soberanistas del PNV tienen una influencia sobre el terrorismo, pues piensa que dicho partido debería abandonarlos hasta que el terrorismo desaparezca; terrorismo que, además de su grave lesión a la seguridad y la libertad, tiene una amplia repercusión económica: así lo piensa nada menos que el 89,4 % de los vascos.

La encuesta incluye datos interesantes sobre la imagen de organizaciones que tienen una constante presencia pública. La mejor valorada es Gesto por la Paz, seguida por Basta Ya, la Fundación Miguel Angel Blanco y el Foro de Ermua. Todas ellas cuentan con mucho más apoyo que rechazo. Las Gestoras Pro Amnistía, por el contrario, obtienen un significativo menor apoyo popular, casi equiparable al rechazo que provocan.

Táctica y estrategia
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo  6 Mayo 2001

Tomo prestado el título al maestro Benedetti, porque en la política, más incluso que en el amor, tendemos a confundir el sentido y el alcance de estos términos, cuando la experiencia demuestra que no sólo se refieren a conceptos claramente diferenciados, sino a comportamientos a menudo incompatibles entre sí. Lo que acontece en el País Vasco constituye un excelente ejemplo.

Estrategia es apostar por la libertad frente a la coacción; defender los derechos de cada persona individual, empezando por el sagrado derecho a la vida, por encima de cualquier presunto derecho colectivo; garantizar que el adversario pueda expresarse sin cortapisas, siempre que sea por métodos pacíficos y democráticos; condenar sin ambages el terrorismo; comprometerse con la Constitución y el Estatuto de Gernika, aprobado en su día con el respaldo del 90% de los electores vascos; perseguir a ETA por todos los medios legales disponibles, con el fin de derrotarla; definir la paz como la ausencia de violencia, de miedo, de intimidación y de chantaje, en cualquiera de sus manifestaciones; reconocer que vascos son todos aquellos que se sienten tales, independientemente de su ideología política; construir un País Vasco en el que haya espacio y lugar para todos.

Estrategia es también sostener que en las actuales circunstancias no existe libertad y hay que imponerla mediante la coacción; considerar que la conculcación de los derechos del pueblo vasco justifica que queden en suspenso o sean directamente ignorados los derechos individuales de muchos de sus integrantes; emplear la amenaza o la agresión para silenciar las voces críticas con determinados planteamientos; apoyar y amparar a ETA política y financieramente; oponerse frontalmente a la Constitución española y al Estatuto de Autonomía que emana de ella, planteando instituciones de gobierno alternativas; practicar la violencia en todas sus expresiones y pedir como condición para el cese de esas acciones que sean aceptadas una serie de exigencias políticas; elaborar un censo de ciudadanos vascos cribados en función de sus características raciales o de sus convicciones nacionalistas y cerrar las fronteras del País Vasco a todos aquellos que no reúnan los requisitos establecidos.

Táctica es dar preferencia a los derechos individuales o a los colectivos en función de quién sea el titular de los mismos; reivindicar libertad de expresión y contribuir simultáneamente al señalamiento de periodistas e intelectuales para los emisarios del terror, mediante su sistemática descalificación y catalogación como «enemigos del pueblo vasco»; compartir los fines de ETA, pero no sus medios; rechazar públicamente la Constitución y el Estatuto de Gernika mientras se gobiernan y se manejan los jugosos presupuestos de una larga serie de instituciones cuya existencia se debe exclusivamente a la vigencia de esos dos marcos legales; sostener que los crímenes de ETA son rechazables, pero que no sería positiva ni deseable la derrota de la banda; hablar de «solidaridad activa» con las víctimas, desde la distancia; reivindicar un «diálogo para la paz», sin especificar ni los interlocutores, ni los contenidos, ni el ámbito, ni los límites, ni siquiera lo que se entiende por «paz»; dirigirse a todos los habitantes de la comunidad autónoma vasca para pedirles el voto o cobrarles impuestos, y predicar acto seguido contra los inmigrantes que frustran ciertos proyectos soberanistas.

Táctica es elaborar una oferta programática a la carta de las demandas electorales reflejadas en las encuestas e ir variándola en función de las circunstancias.

Táctica es maniobra. Estrategia es convicción. Unas y otras (porque son varias) se enfrentan en las urnas el próximo 13 de mayo. Los ciudadanos tendrán la palabra.

EL PERSONAJE
Zaplana huye del debate sucesorio

«Perdido» en Escandinavia. El presidente valenciano, Eduardo Zaplana, decidió el jueves prolongar un par de días su viaje a Suecia, con el fin de escapar a la enésima ronda de especulaciones sobre la sucesión de José María Aznar, que dentro del PP todos consideran inevitable tras las últimas declaraciones de Alberto Ruiz-Gallardón mostrándose dispuesto a encabezar una vez más el cartel electoral de Madrid. En vista de las cicatrices que produce siempre ese debate, Zaplana comentó a algún compañero de partido que prefería «perderse» en el frío norte...

EL COMENTARIO
La sagacidad de Ibarretxe en Oma

Inocente «aizkolari». Hace unos meses, los proetarras perpetraron una de sus salvajadas en el Bosque de Oma, obra del escultor y fundador del Foro Ermua, Agustín Ibarrola, al llenar de pintadas insultantes los árboles trabajados por el artista y talar alguno de ellos. Hasta allí se desplazó Juan José Ibarretxe para contemplar los destrozos y mostrar su solidaridad a Ibarrola. Pues bien, cuenta alguno de los testigos de aquel encuentro que el primer comentario de Ibarretxe fue tan sagaz como lo que sigue: «Esto no lo ha hecho un aizkolari».

EL RUMOR
El enfado real y la soledad del Príncipe

Eva y la discordia. Dicen las lenguas viperinas que el Rey y el Príncipe llevan mucho tiempo sin hablarse en privado. Aseguran que, más allá de los actos oficiales, padre e hijo no mantienen relación alguna, porque aquél se opone frontalmente al compromiso de éste con Eva Sannum. Hay incluso quien sostiene que el monarca ha telefoneado a algún amigo próximo al mundo de la comunicación para transmitir off the record su malestar por ese noviazgo, que considera impropio de la tradición de nuestra Corona. Pero Felipe no ceja en el empeño de casarse.

Yo no he sido
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 6 Mayo 2001

Mi admirada Maruja Torres acuñó una frase magistral para explicar las causas de su pesimismo antropológico: «cuanto más conozco a la gente, más me gustan los Corleone». Los Corleone no eran un modelo ético, pero tenían sentido de la responsabilidad y cuando les llegaba la hora aceptaban su destino sin gimoteos ni pamplinas: «Dile a Michael que siempre lo quise y que respeté a la familia. Sólo fue una cuestión de negocios», le pedían al sicario encargado de asesinarles.

El consejero de Interior, Javier Balza, hacía el viernes un balance muy particular de los asuntos de su negociado, al recordar al candidato popular, Jaime Mayor, que después de seis años de aplicar sus métodos, «ETA está más activa y más operativa que nunca, que ha asesinado a 17 personas en España desde que rompió la tregua y a 13 personas en Euskadi. No creo que eso sea eficacia policial».

Opiniones tan desprejuiciadas serían una bobada intrascendente en boca de, pongamos por caso, un proxeneta de Mazarrón, pero no son admisibles en alguien que tiene responsabilidad, competencias y mando sobre más de siete mil policías uniformados y armados.

Euskadi necesita gobernantes que conozcan el significado de la palabra responsabilidad. Lo impresionante es que a este hombre no le conciernan esos treinta asesinatos, una muestra de la ineficacia policial, en su opinión, del Ministerio del Interior.

Quizá tenga razón, si se considera que él, el jefe autonómico de los guardias, nunca ha tenido mucha fe en la vía policial. Balza es otro san Manuel Bueno, aquel cura unamuniano que no creía en Dios. Quizá por eso llegó a exigir durante la tregua que el Gobierno compensara a ETA por la detención de Belén González Peñalba durante la tregua. Mayor no le hizo caso y miren lo que ha pasado. A él que le registren. Él no ha sido.

Antonio Elorza recibe el premio López de Lacalle por su «compromiso cívico»
El catedrático galardonado dice que ETA asesinó a Lacalle porque «encarnaba el espíritu de la democracia» «No podemos olvidarnos de los que le mataron, de los que ayudaron, ni de los indiferentes», advierte Ignacio Latierro
SAN SEBASTIÁN EL CORREO 6 Mayo 2001

La recientemente creada Fundación José Luis López de Lacalle entregó ayer en San Sebastián su primer premio anual al catedrático de Pensamiento Político de la Universidad Complutense de Madrid Antonio Elorza. Con esta distinción se reconoce en el galardonado su «compromiso cívico y democrático ante los problemas que padecemos» y «su defensa con ahínco de los valores de la libertad, de la democracia, de la Constitución y del Estatuto».

El presidente de la fundación, Javier Aguirrezabala, destacó también «el esfuerzo de Elorza en refutar mitos de nuestra historia y en intentar que la ficción deje paso a la razón». «Las comunidades se construyen democráticamente según la voluntad de ciudadanos libres, no por la imposición de nuestro pasado ni por delirios de pertenencia a pueblos imaginarios», dijo.

Tras agradecer el galardón, Elorza declaró que ETA asesinó a López de Lacalle «porque encarnaba el insobornable espíritu de resistencia democrática que constituye el principal obstáculo para impedir que la organización terrorista imponga entre nosotros su programa político de signo nazi».

La viuda de López de Lacalle, Mari Paz Artolazabal, y su hijo Alain fueron los encargados de entregar el premio, una obra gráfica de Ricardo Ugarte Zubiarrain que se concederá cada año a la persona que «mejor haya contribuido a difundir los valores de libertad, democracia y tolerancia». También acudieron al acto el alcalde de San Sebastián, Odón Elorza; la edil del PP en el Consistorio donostiarra María San Gil; y dirigentes socialistas como Manuel Huertas, Jesús Eguiguren o Rosa Díez, así como la viuda del ex gobernador civil de Guipúzcoa Juan María Jáuregui, Maixabel Lasa.

Ignominia
El ex parlamentario socialista Ignacio Latierro lamentó que «detrás de la mano que asesinó a Lacalle está la ignominia de quienes señalan a las víctimas». «No podemos olvidarnos del mundo que lo mató ni del que ayudó a matarlo ni de ese que permanece indiferente», añadió.

Latierro señaló que López de Lacalle «hoy estaría haciendo campaña por la libertad y la paz» con quienes «combatieron contra el franquismo y vuelven a luchar por la libertad en esta nueva dictadura criminal que nos quieren imponer».

Por la mañana, como primer acto en recuerdo del columnista, familiares, amigos y compañeros hicieron una ofrenda floral ante la tumba de Lacalle en el cementerio de Andoain.

El ex secretario general de Comisiones Obreras del País Vasco, Santiago Bengoa, señaló que «el 13 de mayo supondrá un hito en la lucha por la libertad de Euskadi». Tanto Bengoa como Aguirrezabala y Latierro coincidieron en lanzar a la sociedad vasca un llamamiento al voto, al recordar uno de los últimos artículos de Lacalle cuyo titular rezaba: «Ciudadanos, a las urnas».

Oportunidad ineludible
Editorial El Correo  6 Mayo 2001

La sociedad vasca es, esencialmente, una sociedad plural. Es la conclusión fundamental que se desprende de cuantas consultas electorales o encuestas sociológicas se realizan en Euskadi. La pluralidad no es un atributo accesorio de la ciudadanía vasca -no constituye una característica superficial ni un estadio transitorio-, sino que representa la naturaleza de una sociedad que deja de ser ella misma cada vez que alguien la proyecta como una colectividad uniforme. Toda estrategia política que pretenda reducir esa pluralidad a través de fórmulas que conviertan las aspiraciones particulares de un sector en derechos de obligatorio acatamiento por la totalidad de la población violentará siempre la naturaleza esencial de la sociedad vasca, al tiempo que estará condenada al fracaso. Ésta es la conclusión que cabe inferir del fallido intento de encarrilar la voluntad de los vascos hacia una senda que indefectiblemente debía pasar por la asunción del soberanismo como perspectiva común para trazar el futuro.

Las elecciones del próximo domingo 13 de mayo son la consecuencia de dicho fracaso y, a la vez, representan una oportunidad irrepetible para que la sociedad vasca refleje en los comicios su propia diversidad y permita un escrutinio que establezca realmente cuánto de común hay en ella para garantizar la convivencia, la seguridad y la libertad de toda la ciudadanía. Los resultados de la encuesta que ayer y hoy ofrece EL CORREO reflejan la existencia de una opinión pública que se muestra escéptica respecto a la evolución inmediata de la situación política, pero que al mismo tiempo expresa su disposición a plantar cara al desafío terrorista. Por eso, frente a la coacción y a la persecución de que son objeto quienes sitúan su pensamiento en las antípodas del terror fanático es crucial que las urnas hablen nuevamente en un acto de reafirmación democrática. Frente a la construcción nacional inspirada en una concepción etnocéntrica de la colectividad, el próximo domingo se reabre la oportunidad de construir Euskadi como sociedad compuesta por personas que sean y se sientan libres.

La momentánea y aparente ausencia de ETA desde las jornadas previas a la campaña electoral no puede constituir una invitación al olvido para una sociedad predispuesta a saborear incluso un solo minuto de tranquilidad. Nada ha cambiado respecto a las horas de dolor e indignación que rodearon el cruel asesinato del socialista Froilán Elespe en Lasarte. La pena de muerte no sólo pende sobre las cabezas de muchos ciudadanos vascos, sino que los apologetas de la barbarie no tienen empacho alguno en advertir de que una eventual victoria electoral por parte de quienes son objetivo preferente de tal amenaza agravaría el peligro que corren sus vidas. Ésa es la acuciante tragedia que las urnas del 13 de mayo deben atajar. Sin lo cual resultaría vano especular sobre las consecuencias políticas del resultado electoral, sea cual sea éste.

El 13 de mayo representa igualmente la oportunidad para que la sociedad vasca se sacuda su propia esquizofrenia; esa dualidad de sensaciones que en la encuesta publicada por EL CORREO queda reflejada en el optimismo ciudadano respecto a la situación económica y al disfrute del bienestar social y por el pesimismo ante el transcurso de los acontecimientos políticos y la perpetuación de la violencia. El confortable disfrute de las condiciones de vida material y los hábitos de consumo y bienestar no constituyen únicamente un contraste afortunado con la situación de excepción que el terrorismo impone en Euskadi respecto a las sociedades de nuestro entorno. Lo más preocupante es que el bienestar generalizado se convierte en buena medida en una condición que propicia la perpetuación de esa situación de excepción, induciendo comportamientos sociales sustentados en una esquizofrenia moral paralela a la dualidad que caracteriza la vida cotidiana en Euskadi.

La encuesta de EL CORREO viene a confirmar una vez más que la inmensa mayoría de la sociedad vasca sitúa el futuro político de Euskadi entre la satisfacción que manifiestan por la autonomía real y la expresión de un autonomismo exigente, dispuesto siempre a ampliar las actuales cotas de autogobierno. Lo más significativo del resultado es que corrobora un dato de extraordinaria importancia. Desde la recuperación de la democracia y desde que echó a andar el autogobierno, tanto los datos referidos a la identidad subjetiva de los vascos -su autodefinición como vascos o como españoles- como los referidos a las opciones políticas de vinculación o desvinculación con el resto de España se han mostrado prácticamente inalterables en los sondeos de opinión. Esa estabilidad en el sentimiento de pertenencia y en la adscripción comunitaria de los vascos no ha variado sustancialmente, a pesar de que hayan cambiado radicalmente tanto el universo de los encuestados como las circunstancias políticas desde hace veinte años hasta ahora. Y es éste un dato que invita especialmente a la moderación en la actuación política y a la participación en el comportamiento electoral.

Qué se decide el 13 de mayo
JULIÁN MARÍAS El Correo   6 Mayo 2001

Existe comprensible preocupación, en el País Vasco y en España entera, por las elecciones autonómicas que se van a celebrar el 13 de mayo de 2001. Ese día se va a decidir en qué manos va a estar la vida pública de lo que se ha llamado durante mucho tiempo las Provincias Vascongadas y cada vez más el País Vasco o, con un término vasco y muy reciente, Euskadi. Las elecciones articulan las etapas de la historia. En ellas siempre cambia, más o menos, lo que va a ser el porvenir. Todos nos preguntamos cuál va a ser desde el día 14 el futuro del País Vasco, lo cual, en alguna medida, significará una alteración del futuro de España.

Se anticipa, con temor o esperanza, lo que puede ser ese porvenir inmediato y hasta dónde pueden llegar sus consecuencias. El hecho de que se dibujen posiciones extremadas, en algunos aspectos muy recientes y que preludian posibles grandes variaciones, da insólita gravedad a lo que normalmente sería un episodio habitual en la política democrática.

Pero creo que la importancia de estas elecciones es mayor de lo que suele pensarse. Se mira hacia el futuro, se trata de calcular o adivinar cuál va a ser el estado de la cuestión en lo que afecta al porvenir. Esto es evidente y justifica que se piense ante todo en ello. Pero no exclusivamente. La decisión que se va a tomar ese día tiene un alcance mucho mayor, y es inquietante que apenas se piense en ello, lo que hace temer que en esa fecha se alteren cosas muy importantes sin haberlas tenido adecuadamente en cuenta; esto daría un aire de frivolidad o ligereza a algo cuya gravedad se descubriría después, posiblemente con enorme sorpresa.

Por importante que sea la decisión que se va a tomar sobre el futuro inmediato o próximo, es de incomparable alcance la que se refiere al pasado, quiero decir lo que ha sido la realidad del País Vasco durante la mayor parte de su historia, desde el siglo XIII. Desde la incorporación de Guipúzcoa al Reino de Castilla en 1200, y sin gran diferencia la de Vizcaya y Álava, los territorios vascos han sido partes inextricablemente unidas a Castilla, en parte a Navarra y a las vicisitudes de la historia de estos Reinos, sin excluir la participación en empresas como la Conquista de Sevilla o la Batalla de las Navas de Tolosa.

Por supuesto, hasta el siglo XX no había existido ningún gobierno ni autoridad común que englobase los territorios vascos. Éstos, durante largos siglos, han estado dentro de los Reinos medievales, principalmente Castilla; y desde fines del siglo XV, el Reino castellano con sus diversos ingredientes ha vivido dentro de la totalidad de la nación española. Los vascos, con una fuerte personalidad, han sido un elemento vivo del conjunto de España. De esa personalidad han quedado rasgos populares bien conocidos -‘vizcaíno es el hierro que os encargo, corto en palabras, en las obras largo’-. Y en todos los lectores del Quijote ha quedado imborrable la gallarda y simpática figura del vizcaíno que se mide con el Caballero de la Triste Figura. Es sabido que durante siglos solían ser ‘vizcaínos’, es decir, vascos, los secretarios de los Reyes de España.

El País Vasco era no sólo una fracción, sino un miembro de la realidad española; hablaba una lengua propia, reducida a ciertos asuntos y a la vida cotidiana, rara vez escrita; y otra lengua, también propia, de origen primariamente latino, de larga historia, que había llegado a ser una de las pocas lenguas universales y en la cual se había creado una de las mayores culturas, vehículo de la evangelización de pueblos inmensos, realizada con notable participación de los vascos.

¿Se podrá renunciar a esto, es decir, a la realidad casi milenaria de un pueblo ilustre? Casi todo lo que han dicho los vascos, salvo en ciertos reductos íntimos, lo han dicho en español. Así hasta en las Juntas de Guernica, en los testimonios de sus hechos, en los relatos de sus empresas y sus sueños. En las dos lenguas, propias de los vascos, ha quedado expresada una realidad irrenunciable, poseída siglo tras siglo. A la lengua española, poseída con singular plenitud y en pie de igualdad, no sólo con los demás españoles, sino también con los hispanoamericanos de los últimos cinco siglos, han dado los vascos algunas de sus obras capitales y más profundas, entrañables, en las que sentimos lo más profundo y creador de esa lengua. ¿Es menester recordar a Miguel de Unamuno, a Pío Baroja, a tantos autores sin los cuales la literatura común es incomprensible, como puede ocurrir con Rubén Darío, Mallea, Borges o los que viven ahora a los dos lados del Atlántico?

No es posible imaginar que nadie en su sano juicio pretenda destruir esa realidad milenaria, que constituye una de las más valiosas de la Humanidad. Se trataría de un intento de suicidio, de una mala tentación pasajera. Si se conserva una parcela de cordura, no es posible siquiera imaginar que se pierdan voluntariamente realidades humanas de tanto valor. Si se hace el intento de imaginarlo, se tropieza con su efectiva imposibilidad.

Aciertos y desatinos
FERNANDO MAURA El Correo  6 Mayo 2001

Se podría asegurar que la política cuenta con extrañas reglas, eso si se excluyeran todas las demás actividades humanas -ya se sabe que no resulta la cosa pública ajena al hombre-. Lo cierto es que las actitudes erróneas de unos se suman, a veces, a las posiciones correctas de los otros, ofreciendo así a la visión del ciudadano un verdadero galimatías.

De este modo, cualquier buen conocedor de nuestro País Vasco que hubiera resultado víctima de un naufragio -las pantallas de nuestros cines han tenido recientemente noticia de historias de este tenor- y a consecuencia del mismo padeciera de una situación de alejamiento de nuestra realidad social y política durante, por ejemplo, unos diez años, una vez retornado al nuevo milenio vasco, además de haber descansado -a pesar de sus penurias- de nuestros particulares problemas, quedaría seguramente anonadado ante el diferente mundo que percibirían sus sentidos. Y, como muestra de ello, dos botones: un partido nacionalista que pacta con los asesinos el camino a la independencia que los vascos no quieren -lo cual, además, los propios nacionalistas tampoco ignoran- y un Partido Popular aparentemente extinguido en los momentos previos al naufragio de la anécdota, pero que hoy se encuentra a punto de gobernar.

Y es que los desatinos de unos han encontrado su más cabal respuesta en los aciertos de los otros. Por eso es que, a pesar de todo, este país puede cambiar: porque nuestro sistema de partidos cuenta con su propia posibilidad de transformación, aunque lo que digo parezca una obviedad. Ciertamente las organizaciones políticas son susceptibles de producirlo casi todo, incluso su propia destrucción, debido a su incapacidad en ocasiones por encontrarle repuesto necesario en el oportuno momento. El caso italiano supone un paradigma de lo que afirmo, y aún sigue esta nación intentando encontrar una salida a sus problemas -por cierto, sus elecciones también tendrán lugar el próximo 13 de mayo-.

Y por seguir con Italia, cuando a ese país latino le hizo falta una alternativa, esta ya no existía: todos los partidos posibles ya habían gobernado en coalición con la democracia cristiana. ¿No les recuerda a ustedes algo semejante con el PNV y nuestra situación?

Las alternativas tienen entonces su importancia en las democracias, tanto que si no estuvieran en presencia, a lo mejor sería preciso hasta cambiar de sistema y ejemplos de lo que digo se cuentan en la historia por montones. Pero en el caso vasco no es necesario; afortunadamente existe un partido útil a estos efectos, y que se llama Partido Popular.

Y es que el centro político vasco ha tenido que defender la idea de nuestra misma utilidad en la escena, antes de que las circunstancias nos conviertan en una referencia para los ciudadanos. Lo decía Aznar hace poco, en Bilbao, «no estamos para resistir», aunque lo nuestro se le haya parecido bastante. Las circunstancias de la referencia que empezaban por la victoria electoral del 94, una buena gestión -entre otras tantas- de la cuestión antiterrorista y la nueva barbarie -unida a la torpeza- de ETA que decidía asesinar a Miguel Ángel Blanco. Y allí empezaba toda esta parte de nuestra reciente historia: la contundente respuesta de la sociedad y del Estado de Derecho, los asesinatos de los concejales y el desatino de los pactos entre el PNV y los terroristas y sus representantes políticos.

Unos y otros -nacionalistas vergonzantes y de bomba lapa- calcularon mal. Los primeros porque intuían que la respuesta ciudadana a la tregua-trampa sería una victoria inconmensurable de sus candidaturas en el 2000 y siguientes elecciones. Los segundos, porque pensaban que el Partido Popular, seguramente en alguno de los habituales funerales por nuestros concejales, se vendría abajo, se rendiría.

Pero las oportunidades las hacemos las personas, y tanto ciudadanos vascos como Partido Popular mantuvimos el pulso.

Por eso, para el próximo 13 de mayo existe una opción limpia, sensata y de cambio en nuestro país. Y todos conocemos muy bien -o al menos se intuye- el trabajo que ha costado que llegue así hasta estos momentos.

El español en la Casa Blanca
José María CARRASCAL La Razón   6 Mayo 2001

Es muy posible, como nos cuenta el profesor Kamen, que el español se hablara bastante menos en el siglo XVII de los que hemos venido creyendo. Que incluso en el Nuevo Mundo los castellanoparlantes constituyeran una exigua minoría. Lo que no ofrece dudas es que hoy constituyen buena parte de la población americana, alcanzando al mismo centro del poder, Washington. El presidente Bush decidió hacer su alocución radiada del pasado sábado en español, como homenaje a México, que celebraba su fiesta nacional. Y los demócratas, temerosos de que les arrebatasen los votos hispanos, hicieron lo mismo en su réplica. Era la primera vez que ocurría en la historia de los EE UU, pero no va a ser la última. La fiesta hispana había empezado ya el viernes, con mariachis, tacos, bailes y el presidente saludando a los huéspedes con un «Mi Casa Blanca es su Casa Blanca». O sea que mientras el español retrocede en España, avanza en América. Y no sólo en la hispana, sino también en la anglosajona. Es una de las grandes paradojas de nuestro tiempo. Que mientras en algunas Autonomías españolas tiene uno dificultades en examinarse en español para el carnet de conducir, en EE UU lo primero que le ofrecen es hacerlo en ese idioma. O sea que el español está hoy mucho más extendido y es mucho más potente que en el siglo XVII, cuando España dominaba medio mundo. Ya decía Hegel que a la historia la dirige un geniecillo irónico.

   ¿Significa esto que debemos volver a una sola lengua oficial en España, a la relegación de las otras lenguas peninsulares? En absoluto. Ese error ya se ha cometido, con resultados catastróficos. Significa tan sólo la constatación de un hecho tozudo, que no van a poder saltarse quienes tratan de erradicar, o por lo menos, postergar el español. Como tampoco lo consiguieron quienes trataron de erradicar las otras lenguas peninsulares. Castellano, gallego y vasco sobrevivieron al franquismo, como el español va a sobrevivir a los nacionalismos catalán, vasco y gallego. Yo hice mis prácticas de navegación en un barco ¬el «Vizcaya» de Navieras Bilbaínas¬, donde la oficialidad hablaba vasco, la marinería, gallego y todos nos entendíamos en castellano. Imagino que en la España de hace unos siglos ocurría algo parecido y no me molestaría que ocurriese en la del futuro. Lo que me produce pánico es la mutilación, el restar. Cuando lo que se impone hoy es sumar. Los EE UU son el mejor ejemplo de lo que decimos. Nunca les ha molestado añadir a su caudal una nueva aportación. Posiblemente, ahí resida la clave de su potencia y riqueza, ya que los tesoros se consiguen añadiendo, no excluyendo. Le toca el turno a los hispanos. Era hora, pues llevaban tiempo esperando, habiendo estado aquí antes que nadie, a excepción de los indios. Pero ahora llegan con fuerza a todos los lugares. Y el último guiño de ese geniecillo irónico que dirige la historia sería que en un futuro el presidente norteamericano hablara español y un futuro presidente español no lo hablase.
Ya han pactado

 

Recortes de Prensa   Página Inicial