AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 7  Mayo   2001
#El españolismo como recurso
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 7 Mayo 2001

#ETA nunca se fue
Editorial El País 7 Mayo 2001 

#ETA ROMPE LA BARAJA ANTES DE EMPEZAR LA PARTIDA
Editorial El Mundo 7 Mayo 2001

#ETA rompe espejismos
Editorial ABC 7 Mayo 2001  

#Contra Eta, las urnas
Editorial ABC 7 Mayo 2001

#Ibarreche y Madrazo, en evidencia
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 7 Mayo 2001 

#Un voto por Manuel Giménez Abad
Jon Juaristi ABC 7 Mayo 2001  

#Coalición sanitaria
Alejandro MUÑOZ-ALONSO La Razón 7 Mayo 2001

#La víctima número treinta
Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 7 Mayo 2001 

#LA MEMORIA DE JOSE LUIS SEGUIRA CRECIENDO
Editorial El Mundo 7 Mayo 2001 

#La lógica terrorista
Mario ONAINDÍA ABC 7 Mayo 2001  

#Barbarie y necrofilia nacionalistas
Enrique de Diego Libertad Digital 7 Mayo 2001

#De las elecciones vascas
CÁNDIDO ABC 7 Mayo 2001

#Dentro de una semana
José María CARRASCAL La Razón  7 Mayo 2001

#Los «amigos» de González
Jaime CAMPMANY ABC 7 Mayo 2001

#La bici con las dos manos, ya
MIKEL AZURMENDI El País 7 Mayo 2001 

#Terror y claridad
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 7 Mayo 2001

#Crimen y libertad
Edurne URIARTE ABC 7 Mayo 2001   

#¿Es esto lo que quieren?
Ignacio Villa Libertad Digital 7 Mayo 2001

#ETA ha votado a su manera
Consuelo ÁLVAREZ DE TOLEDO ABC 7 Mayo 2001   

#UNA PRETENSIÓN SANGRIENTA
EDUARDO CHAMORRO La Voz 7 Mayo 2001

#Votos contra las balas
Editorial El Correo 7 Mayo 2001 

#ETA irrumpe en la campaña vasca con el asesinato del presidente del PP de Aragón
ZARAGOZA. Ángel González Abad ABC 7 Mayo 2001 

#Una dosis de recuerdo
SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ El País 7 Mayo 2001 

#La guerre est finie, fiston
Mikel AZURMENDI ABC 7 Mayo 2001  

#Dany el Bobo
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 7 Mayo 2001

#¿Silencio? de ETA
GERMAN YANKE El Mundo 7 Mayo 2001 

#VOTOS 9 MM
Alfredo Vara La Voz 7 Mayo 2001

El españolismo como recurso
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 7 Mayo 2001   

Los nacionalistas vascos (todos, los del PNV y sus compañeros de camada negra, los de ETA, que acaba de asesinar al presidente del PP de Aragón) están recibiendo en esta campaña electoral vasca el apoyo político de los nacionalistas catalanes y gallegos. De los que están en el núcleo duro del BNG y de los que juegan en la orla más presentable, de los que constituyen el nervio nacionalista del PSC y de los que militan en el independentismo de ERC. A todos ellos les toca muy de cerca el desenlace de las elecciones vascas, como les toca a los seguidores de este González, que ha ido al País Vasco a restarle votos a Redondo. ¿O no se han enterado algunos/as periodistas que a González le interesa una derrota de los constitucionalistas que permita de nuevo el compromiso de gobierno con el PNV? ¿Son tan tontos para no darse cuenta?

Digo que todo este magma político y moralmente viscoso que ha hecho posible que este estado de cosas, que se ha cuidado tanto de salvar el honor democrático del PNV y de todos los secesionistas honorables, que sigue llamando unitarista al Estado autonómico... todos estos, digo, están entrando de forma sesgada y vergonzoso en el debate electoral con el ánimo de restar fuerza a los constitucionalistas. Los nacionalistas gallegos y catalanes temen que el resultado del 13 de mayo sea favorable a la idea autonómica de España. Para ellos sería terrible el afianzamiento del PP y la crisis del socialismo representado por González/Maragall.

La actitud de todo este sector se muestra en los artículos de auxilio que envían a los periódicos, en sus intervenciones en las emisoras. Y esos medios les abren sus páginas con esa suficiencia moral de quien cumple con el sagrado mandato de la libertad de expresión. Como si el pluralismo no estuviera en el mercado periodístico mismo de tal manera que fuera exigible a cada medio. Qué ignorancia. Qué mala fe. Y es que tampoco a muchos constitucionalistas les gusta el triunfo del constitucionalismo en el País Vasco. Les sucede, incluso, a muchos que dicen estar de acuerdo con las tesis de Mayor Oreja. Así que éste y Redondo no sólo tienen enfrente a los nacionalistas vascos, sino a los catalanes y gallegos y a todo ese magma tibio que viene del sentimentalismo que confundió el antifranquismo con el antiespañolismo, toda esa porquería políticamente correcta o que lleva a la colaboración de hecho con el nacionalismo criminal de ETA.

¿Y cuál es el modo sesgado y vergonzoso de atacar a Mayor Oreja y defender al PNV? Condenan el españolismo que podría derivarse del triunfo de aquél. Ven un peligro en el triunfo del españolismo, del nacionalismo español. Es verdad que no existe. Pero ¿cómo favorecer el compromiso del PNV y HB si no es con el espantajo del peligro españolista, ese nuevo fascismo? Durante estos días no sólo los nacionalistas vascos, sino también los catalanes y gallegos se han dedicado a denunciar un supuesto renacimiento del españolismo. Han vuelto a la cantinela según la cual todo tipo de sentimiento nacional es nacionalismo y, por tanto, toda reivindicación de la idea de España como nación es nacionalismo. Bestias desde la teoría política, inmorales desde la coherencia ideológica, saben, no obstante, que el nacionalismo se basa en la diferenciación entre ciudadanos, los privilegiados que participan de la idea de nación y los condenados a la marginación. Ellos saben que la idea de nación española no lleva a esta diferenciación a la que sí conducen los nacionalismos catalán, vasco y gallego. Ellos saben que hoy no hay un nacionalismo españolista, sino la adhesión a la realidad histórica de España que hoy se expresa en los términos de la Constitución.

Éste es el crimen de los «españolistas». Otro es el de los que tienen connivencias ideológicas y morales, más o menos laxas, más o menos vinculantes con los que terminan cometiendo directamente crímenes como este espantoso del presidente del PP de Aragón.

ETA nunca se fue
Editorial El País 7 Mayo 2001

No es que ETA haya regresado: nunca se fue. Ayer asesinó a un senador, Manuel Jiménez Abad, presidente del PP de Aragón, pero hace 15 días ya intentó, sin conseguirlo, matar a dos concejales, madre e hijo, de ese mismo partido en Hondarribia e Irún y a dos miembros de Unidad Alavesa en Vitoria; más recientemente, el 2 de mayo, la Ertzaintza desactivó en Urnieta (Guipúzcoa) un artefacto que seguramente se desprendió de un vehículo al que había sido adosado con la intención de matar a su ocupante.

Desde que en España hay elecciones, nunca ETA ha dejado de tratar de condicionarlas, o al menos de dejar su impronta criminal, en los días anteriores a la cita con las urnas. Así ha sido en todas las elecciones, de cualquier orden, con las únicas excepciones de las autonómicas de 1994 y 1998 y las municipales de 1999; estas dos últimas, dentro del periodo de tregua. Rota ésta, en vísperas de las elecciones generales del año pasado, ETA asesinó al dirigente socialista Fernando Buesa y a su escolta, el ertzaina Jorge Díez.

La realidad se impone una y otra vez a las especulaciones sobre supuestas treguas tácitas. Los malos resultados que predicen todas las encuestas para el brazo político de los terroristas habían dado pie a la teoría de que esta vez no habría atentados para no perjudicar aún más las expectativas de Euskal Herritarrok. Era una teoría racional, porque, por debajo de un nivel dado de representación institucional, ETA pierde capacidad de condicionar al nacionalismo democrático, que es uno de sus objetivos actuales. Pero en ese cálculo se olvida que ETA no aspira tanto a conseguir tal o cual objetivo político (modificar la política nacionalista, por ejemplo) como a dejar establecido que esa modificación o cualquier otro hecho político ha sido resultado de su recurso a la violencia.

Porque ETA no es sólo una organización radicalmente independentista, sino un grupo totalitario: una banda que aspira a perpetuarse demostrando que mediante la violencia se alcanzan objetivos que no se lograrían sin ella. La ignorancia voluntarista de la verdadera naturaleza de ETA está detrás de los equívocos irresponsables de los partidos que hasta ayer mismo reivindicaban su apuesta de Lizarra con el argumento de que ETA es la expresión de un conflicto político no resuelto y que, por ello, la única forma de acabar con ella es una negociación en la que se satisfagan total o parcialmente sus exigencias. Ese planteamiento ha sido compartido durante años por muchas personas y partidos no sólo nacionalistas; pero la característica principal del periodo abierto por la rebelión cívica de Ermua es que muchos vascos -el domingo próximo se comprobará cuántos- ya no se tragan esa teoría.

Pero el atentado de ayer también viene a recordar que, con independencia de cuáles sean los resultados del 13-M y el signo del Ejecutivo que salga de las urnas, ese Gobierno y su oposición tendrán que ponerse de acuerdo entre sí y con el Ejecutivo español en torno a un plan de deslegitimación política y eficacia policial contra los que ayer asesinaron a un hombre que se dirigía al fútbol con su hijo.

ETA ROMPE LA BARAJA ANTES DE EMPEZAR LA PARTIDA
Editorial El Mundo 7 Mayo 2001 

No eramos probablemente los únicos en albergar la esperanza de que ETA iba a permanecer inactiva durante la campaña electoral vasca, entre otras razones, por la propia conveniencia de no perjudicar a su brazo político EH. Pero no fue así. La banda terrorista asesinó ayer en Zaragoza a Manuel Giménez Abad, presidente del PP de Aragón, de tres tiros a bocajarro, en presencia de su hijo.

ETA demuestra con ello lo poco que le importan las urnas y el desprecio que le merecen la democracia y las instituciones vascas. Por utilizar una metáfora elocuente, la banda ha decidido romper la baraja antes de comenzar la partida que dos millones de vascos juegan el próximo domingo.

Pero ETA pone de relieve también que le es absolutamente indiferente la suerte electoral de EH, que va a perder probablemente miles de votos por este atentado. Las últimas encuestas dan a la coalición abertzale siete u ocho escaños, cerca de la mitad de los 14 que ahora tiene. Si se produjese este resultado, EH perdería unos 70.000 votos respecto a las elecciones autonómicas de 1998, más de la tercera parte de su apoyo popular. El atentado deja sin discurso a Otegi, que fue el gran beneficiado por la tregua de hace dos años.

Pero la muerte de Giménez Abad debería suponer, además, un aldabonazo a la conciencia de los dirigentes del PNV, que no son responsables de este asesinato pero que sí han construido un discurso político que sirve de coartada a ETA y han sido incapaces de poner diques al miedo que siente la sociedad vasca.

Con «los amigos del PNV», por utilizar la desafortunada expresión de González, al frente del Gobierno vasco, no hay ninguna esperanza de que las cosas puedan cambiar. Un moderado como Juan María Atutxa decía hace pocos días que los nacionalistas deben esforzarse por reintegrar a los etarras en la sociedad vasca. Si el partido de Arzalluz gana las elecciones, los violentos van a seguir disponiendo de espacios de impunidad en el País Vasco e imponiendo su ley en la calle.

La eficacia de la lucha contra el terrorismo es un argumento más, y uno de los más poderosos, para que los electores vascos revaliden dentro de seis días la alternativa de un Gobierno del PP y del PSOE que sea capaz de colaborar con los Ejecutivos de Madrid y París para acorralar a ETA.

ETA rompe espejismos
Editorial ABC 7 Mayo 2001  

Advertía recientemente Jaime Mayor Oreja del engañoso silencio que mantenían ETA, por un lado, y el tándem Arzalluz y Egibar, por otro. Sin ellos, la campaña electoral sólo presentaba las aristas de HB, lo que permitía a Ibarretxe lavar su ropa en la desmemoria selectiva de una sociedad que enseguida se ilusiona con una apariencia de paz, de tanto que la necesita. La ausencia de atentados con víctimas y la desaparición de los dos grandes valedores de Estella en el PNV, Arzalluz y Egibar, empezaban a dar a la campaña ese tono de normalidad ficticia que el nacionalismo precisa a toda costa para justificar la equidistancia con que trata a ETA y al PP y para quebrar la convergencia de populares y socialistas. Sin muertos ni funerales, todo es más digerible; las burlas de Ibarretxe a la historia, la llamada «transversalidad» entre nacionalistas y socialistas, la relativización de la Constitución y del Estatuto, e incluso la impunidad del nacionalismo «amigo».

Pero la banda terrorista rompió ayer el binomio de este espejismo asesinando al presidente del PP de Aragón, Manuel Giménez Abad, en presencia de su hijo. No hay que buscar sesudas explicaciones. ETA no hace cálculos de rentabilidad electoral ni administra sus pausas en función de las encuestas. Lo dijeron los responsables de HB desde el comienzo de la campaña: sin soberanía no hay escenario de paz posible. Este atentado reitera que ETA sigue viva y que el conflicto vasco no es otro que ETA misma. Ciertamente, la doble condición de la víctima, presidente del PP aragonés y senador, abre nuevos frentes de agresión al PP, superando el de sus concejales, y golpea directamente una Cámara Legislativa. Este mensaje sí es claro, y se dirige al partido que lidera el movimiento de cambio político en el País Vasco, algo que no le va a salir gratis, en absoluto. Como también es evidente la coincidencia —cuando no coordinación— de este atentado con el anuncio de HB de que acudirá al Parlamento vasco el día de la sesión de investidura, para evitar que Mayor Oreja sea lendakari. Es la pinza político-terrorista que atenaza a populares y socialistas y que el nacionalismo desprecia con su indiferencia.

Sin embargo, nada de esto es el resultado de una reflexión electoral en el seno de la banda terrorista, sino la continuación del estado de criminalidad permanente en el que ETA quiere que se mueva la sociedad vasca y, especialmente, la clase política, con elecciones o sin ellas. Esto no quiere decir que las fuerzas democráticas, sobre todo el PP y el PSE, no tengan motivo para extraer conclusiones políticas y menos aún para no trasladarlas a la sociedad vasca. La primera es que el atentado de ayer en Zaragoza refrenda la absoluta legitimidad moral y política del Acuerdo por las Libertades firmado por ambos partidos en diciembre de 2000, convertido en un código de comportamiento ético frente a ETA y frente al nacionalismo vasco. Quienes abogaban hace bien poco por recuperar al PNV y sacarlo del «error» de Lizarra comprenderán ahora que el 13-M sí es la ocasión para derrotar, con la mayor contundencia posible, los objetivos comunes del nacionalismo y de ETA. La segunda, que no es lícito contemplar ninguna expectativa de alianza o entendimiento con el nacionalismo mientras los terroristas que ayer asesinaron a Giménez Abad y destrozaron su familia, persigan los mismos fines declarados que el PNV y EA. Dicen los nacionalistas que no se les puede exigir que renuncien al soberanismo, pero asesinatos como el de ayer les demuestra que mientras persistan en una reivindicación frustrante como es la autodeterminación soberanista —frustrante, porque es inviable, inconstitucional y antidemocrática— seguirán alimentando el ideario terrorista. Por eso, el PNV no es recuperable para compartir un gobierno democrático en tanto defienda la ruptura del sistema constitucional, pretensión contra la que el Estado tiene la obligación de oponerse, al amparo de ese mismo sistema y con toda la legitimidad democrática. El asesinato de Giménez Abad y los de todas las víctimas que le han precedido son un emplazamiento a las fuerzas democráticas y a los ciudadanos vascos para que derroten en las urnas al nacionalismo vasco. Así, llegará antes la derrota de ETA.

Contra Eta, las urnas
Editorial La Razón 7 Mayo 2001 

El inicuo atentado de la banda terrorista Eta contra el presidente del Partido Popular en Aragón, Manuel Giménez Abad, es, ciertamente, uno más de la trágica lista que ha sembrado de dolor a España durante los más de treinta años de existencia de la mafia etarra. Merece la misma condena que los anteriores, entre otras cosas porque es imposible superar el grado de indignación que la crueldad de estos asesinos ya ha provocado. El asco hacia la vileza terrorista se mezcla con la rebeldía cívica que reclama para los criminales el máximo peso de la ley. Sirvan, por tanto, esta líneas para solidarizarnos con los familiares y compañeros del asesinado y para exigir justicia para sus victimarios.

Irrupción en la campaña
Sucede, sin embargo, que el atentado contra el presidente del PP aragonés se produce en plena campaña electoral vasca. Tratar, por tanto, de las consecuencias electorales de esta tragedia no es darle una cualificación política a Eta, que en sus procedimientos no es más que una banda de canallas. Pero como esos malnacidos tienen «objetivos» de poder político y tienen cómplices legales con siglas «políticas», habrá que analizar qué han intentado con este asesinato, más allá del ejercicio sádico de causar dolor, lo que indudablemente han logrado.
   La banda mafiosa etarra ha intervenido violentamente en la práctica totalidad de las campañas electorales. Es una forma de dejar su impronta, expresar que los procesos democráticos no van con ella, que su salida es exclusivamente «revolucionaria». Pero Eta juega también, de forma posibilista, a la política utilizando a sus cómplices «legales» como «topos» en el sistema; para aprovecharse de él y dinamitarlo en lo posible, acogiéndose a la generosidad de la democracia.
   ¿Qué le ha llevado, por tanto, a dejar el silencio de la primera fase de la campaña e irrumpir en ella con otro asesinato? Se ha apuntado a que si no ha matado antes es porque no ha podido. Pero otra posibilidad es que haya decidido matar cuando se ha dado cuenta de que la capacidad de situar a su brazo político como decisivo para condicionar el próximo gobierno vasco ha disminuido drásticamente, según las prospecciones preelectorales.

Socios de usar y tirar
Si Eta ha matado es porque ha entendido que no perjudica electoralmente a sus «socios» batasunos. En todo caso, podría perjudicar al PNV, pero Eta ya ha demostrado que el PNV sólo es, para ella, un medio de usar y tirar para alcanzar el fin independentista. Es muy probable que ahora Eta prefiera a un PNV en la oposición para forzarle desde ella a un frente abertzale a cara descubierta con el caramelo de que así recuperaría el poder que ahora perdiera. Naturalmente, el PNV debería darse cuenta de que si pierde la hegemonía en el País Vasco es, precisamente, por haber caído en la trampa de pactar con Eta y HB, y que su única recuperación posible es alinearse con los demócratas a quienes abandonó en Estella. Pero esto debería aclararlo ya. Ibarreche tiene que explicar con nitidez que jamás gobernará con los cómplices de los asesinos del dirigente del PP. Ayer perdió una oportunidad. Si no lo hace en los próximos días no será sólo por torpeza, sino por complicidad.

Retroceso soberanista
Es muy probable que los terroristas hayan percibido que las opciones soberanistas lo tienen virtualmente perdido en estas elecciones. Por ello han decidido que cuanto peor, mejor para sus intereses. Porque cuando pensaron que existían posibilidades para forjar ese frente independentista, como en la época de Estella, decidieron no matar. Si ahora lo hacen es porque quieren llevar al límite la situación, buscar una confrontación total, en un trágico ejercicio de soberbia. Naturalmente, estas expectativas no son más que alucinaciones de una guerra que sólo existe para ellos. Porque la mayoría sólo aspira a que se cumpla la legalidad y se preserve la libertad y la seguridad de los ciudadanos.
   Con Eta, está demostrado, no valen paños calientes, llamadas a la reconciliación, a la paz «entre todos y para todos». Lo que pretende es un objetivo de poder, contra la voluntad de la mayoría. Pero ésta puede y debe responder con el arma democrática de las urnas.

Cambio de rumbo
La utopía ultranacionalista, interpretada por Eta, ha generado monstruos. Es una pesadilla que agobia a miles de ciudadanos. Es preciso confrontarla con un poco de esperanza, lograr un cambio de rumbo, abandonar las componendas lacrimógenas de quienes creen que alguna vez podrán lograr la conversión de Eta. Jamás podrán hacerlo, pues a Eta sólo se la controlará cuando sus dirigentes estén en la cárcel y cuando se acabe la permisividad con sus bases juveniles. El trabajo, por supuesto, es de años. Porque hay que cambiar muchas cosas de una sociedad, la vasca, que ha enfermado durante los últimos seis lustros. Pero hay que comenzar en algún momento. Y el próximo domingo es una oportunidad para ello.

Ibarreche y Madrazo, en evidencia
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 7 Mayo 2001 

Un muchacho que iba al fútbol junto a su padre no volverá a hacerlo nunca más. Quizás no vuelva nunca ya a La Romareda, a ver jugar a su equipo, el Real Zaragoza, porque cada vez que fuera, se acordaría de aquella tarde mayo en que su padre fue asesinado ante sus propios ojos asombrados por unos desalmados etarras. Nada volverá a ser igual para él, ni para su madre, ni para su familia. Nada será igual para los aragoneses del PP. Pero todo seguirá siendo igual para los que acuden a estas elecciones vascas del brazo de ETA, como comparsas del Pacto de Estella. Ibarreche seguirá haciendo campaña contra el PP y Madrazo seguirá haciendo campaña contra el PP. El partido de las víctimas de ETA seguirá siendo el que, según ellos, trae el odio y el enfrentamiento civil a ese paraíso donde mandan los etarras y regentan el terror los otros nacionalistas, los cofrades de ETA en Estella, con Arzallus a la cabeza, Ibarreche en medio y Madrazo a la cola.

Ellos no matan, dicen. ¿No matan? Hay muchas formas de colaborar en un asesinato. Su campaña se limita a denigrar, insultar y despreciar al partido de las víctimas, el PP, al que hacen culpable de todos los males pasados, presentes y futuros del País Vasco. El PNV, EA y ese apéndice grotesco de ambos en que se ha convertido Izquierda Unida hacen la misma campaña, exactamente la misma, que los pseudopolíticos que representan a la banda etarra en los comicios, mientras no ordene otra cosa. Arzallus, Garaicoechea, Ibarreche, Knorr, Llamazares, Anguita y Madrazo han hecho en esta campaña, como siempre pero más descaradamente, el trabajo sucio de ETA: justificar sus crímenes calumniando a las víctimas del terrorismo en vez de defenderlas. Y González hace tres días y Zapatero anteayer, presentando al partido de los mártires por la libertad como el enemigo público número uno.

Estos cómplices directos o indirectos del terrorismo han quedado en evidencia con este nuevo asesinato a pie de urna. Cursarán en voz baja condolencias ficticias o dirán abiertamente que esos crímenes favorecen al PP, porque esa vileza se ha hecho ya habitual en el nacionalismo llamado democrático y moderado. En realidad, ni una cosa ni la otra. Simplemente cómplice. El día 13 también se vota a favor o en contra de los asesinos de Giménez Abad, el padre de ese muchacho aragonés que no volverá a ir más al fútbol. Ni siquiera a ver al Zaragoza, una tarde de mayo.

Un voto por Manuel Giménez Abad
Por Jon Juaristi ABC 7 Mayo 2001  

AL asesinar a Manuel Giménez Abad, ETA no busca intervenir en la campaña electoral del País Vasco, sino dejar claro el nulo respeto que le merece la democracia. Resulta patético que, a estas alturas, haya todavía quien se pregunte por el sentido de la inactividad de la banda durante el pasado mes y medio. Si ETA no ha matado a nadie en estos cuarenta y cinco días es porque no ha tenido ocasión de hacerlo.

Ha dado, finalmente, con una víctima fácil, desprovista de protección policial por propia voluntad. Creer que los terroristas ajustan su agenda al calendario de las instituciones estatales o autonómicas demuestra desconocer la naturaleza del nacionalismo antidemocrático, cuyo objetivo no se cifra tanto en la independencia de Euskadi, Euskal Herría o cualquier otro nombre que se le quiera dar a la utopía pseudovasca, como en la destrucción de las libertades en toda España.

ETA nació de la nostalgia totalitaria cuando en el franquismo de los sesenta comenzaron a apuntar tímidos signos de permisividad que despertaron en la sociedad española la esperanza de una cercana democratización. Esto no es revisionismo histórico (o, en caso de serlo, lo sería sólo de la estúpida leyenda progresista que sostiene aún que ETA, en sus orígenes, fue algo muy distinto de lo que es en el presente). Jamás ETA estuvo del lado de la libertad política. Por el contrario, trató siempre de impedir su advenimiento.

Los españoles ganamos la democracia contra dos fuerzas mellizas: el búnker franquista y el búnker abertzale. De la primera, quedan solamente algunos ridículos saldos; la otra se ha salvado de la extinción gracias, sobre todo, a la complicidad de un partido apacentado por una capilla de sinvergüenzas.

El 13 de mayo los vascos deberán elegir entre seguir bajo la dictadura de la chusma etarra o dar su apoyo a un gobierno decidido a combatir el totalitarismo en todos los terrenos. Porque de totalitarismo se trata.

Un totalitarismo sincrético, que ha heredado todas las premisas básicas de los totalitarismos de izquierda y de derecha. Un totalitarismo de nuevo cuño, muy esquemático, reducido a puro odio a la libertad y a la vida.

Un totalitarismo que odia a España porque España ha sido y es el único marco nacional que puede asegurar a los vascos el disfrute de libertades democráticas y el pacífico desarrollo y enriquecimiento mutuo de sus múltiples culturas.

ETA no es un problema exclusivo del País Vasco: ETA es hoy la gangrena de toda la democracia española. Por si esto no había quedado suficientemente claro con anterioridad a la insidiosa «tregua» de 1999, la banda ha ido desparramando su lotería de la muerte sobre todo el mapa español. Ni contencioso vasco ni folclore local. Estamos ante un contencioso claramente español: el que enfrenta a la gran mayoría de los ciudadanos con el último totalitarismo asesino de Europa.

A comienzos del pasado siglo, Unamuno pronosticó la alianza de siniestros comunismos con oscuros separatismos de aldea. No pensaba don Miguel en los comunismos marxistas, que surgirían años después como secuela de la revolución bolchevique, pero sí en la rencorosa criatura política que los hermanos Arana acababan de alumbrar en el cogollo de su Bilbao liberal.

Es triste que acertara. Nunca dejó de ver Bilbao como una metáfora de lo mejor de España, de la que había luchado sin tregua por las libertades desde la primera guerra civil. Hoy España resiste contra la tiranía en todas sus ciudades y pueblos, y por eso ETA golpea a toda España. ETA asesina a demócratas como Manuel Giménez Abad porque intuye que gentes como él, políticamente comprometidas con la democracia española, que es la única democracia de los vascos, son los peores enemigos de su utopía homicida.

No podemos hacer otra cosa por Manuel Giménez Abad que llorarle, como a las otras víctimas del delirio de los totalitarios póstumos. Pero, como afirmaba no hace mucho María San Gil, la valiente concejal popular de San Sebastián, los vascos podrían asumir que las elecciones del próximo domingo suponen una disyuntiva ética.

Votar por los partidos del frente de Estella, por los compañeros de viaje de los asesinos de Giménez Abad y de tantos otros, equivale a añadir al crimen la irrisión, el desprecio de los muertos. En las sociedades democráticas, volcadas hacia el futuro, los muertos han dejado de ser una pesada herencia histórica, pero ello no significa que debamos ceder a formas injuriosas del olvido.

Quienes voten el 13 de mayo por los partidos constitucionalistas cumplirán -tiene razón María San Gil- un último deber ético con Manuel Giménez Abad y todos los Giménez Abad de esta desdichada historia: certificarán con su voto la inocencia y la nobleza de las víctimas.

El 13 de mayo, los que cayeron defendiendo la libertad de todos no serán una herencia engorrosa.

Coalición sanitaria
Alejandro MUÑOZ-ALONSO La Razón 7 Mayo 2001

No hay más que escuchar a los dirigentes del nacionalismo mal llamado democrático para constatar que, por primera vez en dos décadas, ventean la derrota y la consiguiente pérdida del poder que, puesto al servicio exclusivo de su causa, han monopolizado durante demasiado tiempo. Mucho más que las encuestas ¬incapaces como método de captar los humores y las actitudes de una sociedad como la vasca desnaturalizada, falseada y reprimida por el miedo¬ son las palabras y los gestos de los nacionalistas la mejor prueba de que ellos mismos, que tanto presumen de conocer como nadie a aquellas gentes, perciben que se les escapa el momio totalitario. No hay más que oír los plañideros lamentos de Ibarreche, sus hipócritas quejas, sus mentirosas promesas, carentes de cualquier fiabilidad, de todo atisbo de credibilidad o las apocalípticas advertencias de Arzallus, equiparando el probable triunfo de los constitucionalistas con el destape de la caja de pandora, para comprender que ya están descontando la derrota. Por cierto, ya revela una patente moral de derrota no haber encontrado mejor candidato a lehendakari que al mismo Ibarreche, cuyos dos años al frente del gobierno vasco han merecido, por su ineficacia, capacidad de crispación social y empecinamiento en el error político, el calificativo de «bienio negro». ¿Será de nuevo lehendakari con el voto de Josu «Terenera»?

   Los nacionalistas están haciendo denodados esfuerzos para romper, como una cuña, la entente PP-PSOE, defensora del marco constitucional y estatutario, sobre la que podrá formarse una coalición «sanitaria» que evite el caos en el País Vasco. La lástima es que no todos en el PSOE quieren esta solución, como tampoco la quiere esa insignificancia política que es el tal Madrazo, alentado por ese otro genio de la vacuidad que es Llamazares. Estos últimos, sin avergonzarse de su neta genealogía leninista, intentan en vano encontrar en el PP inexistentes precedentes de los que sonrojarse. Tiene miga que quienes serían definidos como especímenes totalitarios por cualquier analista independiente, situado en cualquier lejana galaxia ¬y esto acomoda tanto a comunistas como a nacionalistas¬ se atrevan a discutir los quilates democráticos de los demás.

   El penúltimo intento de romper la tácita entente PP-PSOE ha sido la pirueta de Ibarreche en torno al hipotético debate con Mayor Oreja. Su torpe estrategia se vino abajo en pocas horas porque, como era lógico, el candidato popular no mordió el envenenado anzuelo. La cuña no funcionó y los partidarios del status quo constitucional y autonómico mantienen su acuerdo estratégico que tiene como objetivo, ni más ni menos, relanzar la democracia en el País Vasco, devolver a todos los ciudadanos de aquella Comunidad los derechos y libertades de que les ha privado el régimen nacionalista, acabar con los denunciados «gulags» que han cerrado ciertas zonas del territorio vasco a las personas honradas, terminar con los clientelismos que han convertido a la sociedad en rehén del nacionalismo, suprimir los privilegios y las subvenciones a los dóciles al nacionalismo, restablecer la vigencia del pluralismo, sin el cual una sociedad se asfixia como asfixiado está el País Vasco. Hay que acabar allí con el sangriento terrorismo de las bombas y las pistolas, pero también con el más sutil terrorismo que impide a tantos ser y manifestarse como bien quieran. Es intolerable que en el País Vasco haya personas que se sientan como viviendo en las catacumbas, como me decían hace poco. En suma, hay que restablecer la libertad que ha desaparecido de allí. Y ya se sabe que la libertad es como el aire que se respira y que, sin ella, no se puede vivir.

   Ese y no otro tiene que ser el peculiar programa que debe afrontar el próximo gobierno constitucionalista vasco. A quienes se extrañan de que dos partidos tan distintos por ideología, tradiciones y estilo como el PP y el PSOE puedan ponerse de acuerdo para alcanzar esa meta, hay que recordarles que, en todos los países democráticos, cuando se produce una situación excepcional que pone en peligro los fundamentos mismos de la vida en común, los partidos democráticos olvidan sus diferencias y se unen, se ponen de acuerdo, gobiernan juntos, para afrontar la coyuntura. Y mantienen la unión hasta que la normalidad democrática se ha restablecido. Los demócratas de todos los colores comprenden en esos casos que es mucho más lo que les une que lo que les separa, porque una cosa son los fundamentos de la vida democrática y otra bien distinta las mil cuestiones de la vida colectiva, sobre las que se pueden mantener puntos de vista diferentes. Así lo hicieron las democracias occidentales cuando tuvieron que enfrentarse con los autoritarismos y totalitarismos en las guerras mundiales y así se hizo aquí, cuando en la Transición, de los Pactos de la Moncloa a la Constitución, los partidos democráticos olvidaron diferencias por mor de un objetivo común y más alto. El consenso de los demócratas que entonces funcionó es lo que hay que recuperar en el País Vasco. Pero, atención, porque no son demócratas todos los que así se denominan, como es patente.

   Nadie puede dudar de que en el País Vasco se vive una de esas situaciones excepcionales que exigen recuperar en consenso en los fundamentos. El 13 de mayo se va a optar allí entra la racionalidad política, representada por la Constitución y el Estatuto de Autonomía, y el salto en el vacío del soberanismo nacionalista, con todas sus secuelas. Y ante esa situación, el PP y el PSOE, el PSOE y el PP, tienen el deber histórico de poner a un lado sus discrepancias y, manteniendo sus identidades y sin seguidismos inconvenientes, unir fuerzas para garantizar la democracia. Sin complejos. Es una exigencia de salud pública. Por eso es indispensable su «sanitaria» coalición.
 

La víctima número treinta
Por Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 7 Mayo 2001  

Manuel Giménez Abad, presidente del PP de Aragón, es la persona número 30 asesinada por ETA desde el fin de la tregua-trampa. Si otros intentos hubieran tenido éxito, los muertos serían ya muchos más de treinta. Y esto es así porque esta es la naturaleza y el fin de ETA: asesinar a cuantos más mejor entre los que reconoce como sus enemigos, esto es, cualquiera que se le resista. Por eso no creo demasiado pertinente entrar en especulaciones acerca de por qué mata ETA en esta campaña electoral y qué explicación pueda tener este asesinato en particular.

 ¿Pretendería ETA perjudicar al PP o más bien dañar el PNV? (ya verán, la segunda será la estúpida y cínica explicación de Ibarretxe y su compañía de falsas víctimas profesionales); ¿querría ETA amedrentar a los votantes vascos para aumentar la abstención o tal vez lo contrario? La verdad es que esto no tiene ninguna importancia ni nos lleva a ninguna parte. Un amigo muy experto en estas lides suele decir que los terroristas esperan a leer los análisis publicados en la Prensa para explicar después el sentido del crimen en el inevitable comunicado posterior. La explicación de un asesinato como el padecido por Manuel Giménez sólo es elemental y terrible: ETA le arranca la vida para seguir siendo ETA, un parásito de la muerte y el terror que no puede medrar de ninguna otra cosa. 

Así que dejémonos de hermenéuticas alambicadas y vayamos a lo único esencial: primero, llorar el duelo por Manuel Giménez Abad y rendirle homenaje con su familia, amigos y compañeros; segundo, perseverar en la lucha contra ETA y todo —todo— lo que representa; tercero, ganar las elecciones el 13 de mayo y mandar a los nacionalistas a la oposición —sin revancha, pero de modo implacable— para que esa lucha tenga más pronto que tarde el único final deseable, que es el fin de ETA como peste y peligro a tener en cuenta. Una vez más, se lo debemos a esta víctima, la número treinta.

LA MEMORIA DE JOSE LUIS SEGUIRA CRECIENDO
Editorial El Mundo 7 Mayo 2001 

Como escribe hoy Raúl Guerra Garrido, amigo de José Luis López de Lacalle, los recuerdos y los sentimientos son como las cerezas y los besos: tiras de uno y salen en racimo. Muchos son los recuerdos y los sentimientos que suscita la memoria de nuestro compañero, asesinado cobardemente hoy hace un año.

Iñigo Guridi -el etarra que le mató, un hombre que había fracasado en sus estudios y no había leído nunca un artículo de José Luis- jamás pudo imaginar que los disparos que iban a acabar con su vida servirían también para proyectar una intensa luz sobre el intelectual, el sindicalista, el viejo luchador antifranquista, el defensor de la libertad y el resistente contra el terrorismo.

En los doce meses transcurridos desde su muerte, la memoria de José Luis López de Lacalle no sólo no se ha apagado sino que ha ido creciendo dentro y fuera de España, alimentada por numerosos premios nacionales e internacionales. Especialmente emotivas han sido las referencias de la Asociación Mundial de Periódicos, de Reporteros sin Fronteras y de otras organizaciones profesionales con motivo del Día Mundial de la Libertad de Prensa.

El asesinato de nuestro compañero no sólo ha servido para que exista una mayor conciencia internacional de la amenaza que ETA supone contra la libertad de expresión. Ha puesto también de relieve que la banda terrorista no está dispuesta a tolerar que nadie piense por su cuenta, aunque sean personas con una trayectoria ligada a la izquierda y al antifranquismo.

El drama que refleja la desaparición de José Luis es uno de los más viejos de la Humanidad: el conflicto entre el pensamiento y la barbarie, entre la razón y la fuerza. El asesinato de nuestro compañero es un baldón para ETA y sus cómplices de EH del que jamás podrán librarse. Les coloca del lado de la intolerancia y el oscurantismo. Del lado de los muchos que, a lo largo de los tiempos, han sacado la pistola al escuchar la palabra «cultura». Su memoria seguirá creciendo mientras la iniquidad de ETA acabará en el basurero de la historia.

La lógica terrorista
Por Mario ONAINDÍA ABC 7 Mayo 2001  

Lo primero que se pregunta la gente cuando se produce un atentado terrorista que ha segado la vida a un ciudadano ejemplar, como en este caso Manuel Giménez Abad, presidente del PP de Aragón, es ¿por qué?Unos intentan proyectar sus cálculos electorales sobre la mente de los terroristas. Y otros predican que el terrorismo carece de lógica.

Y sin embargo, los terroristas tienen una lógica implacable que funciona con entera frialdad al margen de coyunturas electorales o no: buscan el exterminio de quienes defienden el Estatuto y la Constitución para poder construir una Euskal Herría basada en el «apartheid» de los no nacionalistas, a los que trata de privar de los derechos políticos.

Y por desgracia, a la hora de llevar a cabo este proyecto, los terroristas se han encontrado con el inestimable apoyo de las instituciones regidas por el PNV y por EA, tanto firmando el acuerdo de Estella como deslegitimando una democracia cuyo rechazo se debe fundamentalmente a estar basado en que somos ciudadanos vascos todas las personas que vivimos en Euskadi.

Ante esta insoportable situación, algunos profesores, jubilados, periodistas, escritores... han asumido la tarea de defender la Constitución y el Estatuto, fieles al llamamiento de Fernando Buesa de protagonizar una revuelta social democrática.

Cualquier análisis político que se pare sólo en los votos y en los escaños para hacerse la ilusión de que el 13 de mayo puede surgir una situación de estabilidad para cuatro años y haga abstracción tanto de la implacable estrategia de ETA como de esa revuelta que se va fraguando cada vez con mayor energía, está condenado al fracaso.

Barbarie y necrofilia nacionalistas
Por Enrique de Diego Libertad Digital 7 Mayo 2001 

En un instante, como la barbarie que no cesa, la comedia bufa que viene escenificando el nacionalismo en la campaña vasca se trueca en la tragedia habitual, y pone en evidencia, sobre la sangre y la vida de Manuel Giménez Abad, presidente del PP de Aragón, que en el País Vasco no es que no pase nada, como pretende Ibarretxe, aliado de Eta en estos tres últimos años, es que pasa demasiado. La construcción nacional muestra de nuevo la faz delirante del asesino, la voluntad genocida, pues en Giménez Abad se nos asesina a todos los constitucionalistas, a todos los no nacionalistas y se pone en el punto de mira nuestra libertad. Y la señora embarazada de los carteles de Eh, esa Euzkal Herria inventada por Sabin Arana, muestra que lleva en su seno la semilla del diablo: a un pistolero que se alimenta de la muerte, que quiere construir un mundo de cadáveres.

Y resuenan esas frases del cinismo abyecto como las de Juan María Atutxa cuando dice que no hay que “aniquilar” a Eta o cuando Juan José Ibarretxe dice que se quiere “aniquilar” al nacionalismo. ¡Dejen de manipular las palabras que se convierten en sarcasmos sobre el sufrimiento ajeno! Aquí la única que aniquila es Eta, y lo hace en nombre del nacionalismo, de las ideas comunes. ¿Qué esconde en su seno el nacionalismo para engendrar estos psicópatas capaces de matar a un buen hombre en paseo dominical junto a su hijo? El nacionalismo ha sido en el siglo XX la madre de todos los totalitarismos, de todos los genocidios, porque incuba en su seno la consideración tribal de que la especie humana se agota en los nacionalistas, y el resto de los humanos no tienen derechos fuera de la raza pura y el pueblo elegido del Rh. ¿Por qué no sale ahora en campaña y repite Arzalluz que nunca pedirá la disolución de Eta mientras haya uno de sus asesinos (él dice preso) en la cárcel? ¿Podrá entenderse que le han hecho caso cuando sugería que no mataran cocineros y apuntaran más arriba? ¿Entra el presidente del PP de Aragón en ese más arriba o no es suficientemente más arriba? ¿Volverá a decir que es Mayor Oreja quien se alegra de los atentados o que Eta y el PP se necesitan?

Nadie diaboliza al nacionalismo, es el nacionalismo el que se presenta con una vis diabólica en uno de sus sectores, en uno de los grupos sobre los que ha gobernado Ibarretxe. ¡Por supuesto que gobernó con Eta! ¡Por supuesto que firmaron acuerdos con los más sanguinarios! ¡Por supuesto que Ibarretxe gobernó con el voto de Josu Ternera! ¡Por supuesto que llevó a Josu Ternera a la comisión de Derechos Humanos! No se puede añadir al sufrimiento de tanta muerte, el añadido de tanta mentira nacionalista. ¿Tienen autoridad moral para condenar el asesinato los que han pactado con Eta, como Arzalluz, Ibarretxe y Madrazo? Para mí, ninguna.

El Papa acaba de pedir perdón en Atenas a la Iglesia ortodoxa rusa por los desmanes de los saqueos cruzados en Constantinopla. El PNV, Arzalluz e Ibarretxe, deberían perdir perdón por los crímenes que se cometen en nombre del nacionalismo. Por el de las cerca de mil víctimas. Por el de Manuel Giménez Abad.

Y cualquier votante de Eh es un cómplice moral del asesinato.

De las elecciones vascas
Por CÁNDIDO ABC 7 Mayo 2001  

En la antigüedad era muy fácil saber cuándo unas elecciones iban en serio. Se daba algo así como una suplementación mágica destinada a reforzar los deseos políticos y se pintaban o esculpían imágenes agresivas en las flechas, en los cascos de guerra, en las naves o en los templos. Con esto la gente ya estaba preparada para las elecciones. Esas imágenes, desligadas de cualquier funcionamiento natural, operaban en el mundo objetivo aunque fuera nada más que como signos de amedrentamiento. A éstos se añadían, como ahora, los conjuros verbales, las inscripciones misteriosas y también las valoraciones previas de carácter teleológico, las que hacían los arúspices, por ejemplo, que buscaban una intención final en los procesos naturales no de forma muy distinta a como ahora se busca una intención final en los procesos sociales. Luego entraba en juego, si la civilización era un poco avanzada, la doctrina de los astros, que por lo demás aún siguen enterándose sorprendentemente de lo que hacemos aquí. Por fin la gente quedaba preparada para votar. Al cabo se contaban los muertos y, al revés que ahora con los votos, ganaba el que menos tenía. Todo esto ha decaído bastante últimamente, bien que no se haya extinguido del todo, pues hay facciones en la sociedad sumamente irritadas por verse en la obligación de prescindir de la magia agresiva teniendo que fundamentar sus ímpetus en un razonamiento.

Nada tan cierto en este aspecto como que un proyecto de verdad democrático quita a todos el sentimiento de una seguridad política concreta dándonos a cambio un sentimiento de seguridad democrática. No obstante, los signos de amedrentamiento, sin ir más lejos contra la parte de la sociedad vasca no nacionalista, persisten en este período como en las precivilizaciones políticas.

Hace unas semanas decía que hoy la disputa electoral en el País Vasco no es tanto entre partidos como entre la ley y la ilegalidad, entre el Derecho y el terror. Es imposible prescindir de ese hecho ni aun provisionalmente. Durante todos estos años el terrorismo ha explotado a la democracia por el procedimiento de engendrar formaciones políticas que vienen a ser semejantes a un fementido paño de la Verónica que le quitase la sangre a las víctimas inocentes. Y esa espantosa delicadeza es del mismo jaez que la del desnudo grávido de una mujer, al parecer embarazada de una nación, símbolo de inocencia natural aprovechado inicuamente. Que en una prueba electoral, que debiera ser un acto de libertad sin heroísmo, haya gente que necesite valor para votar, para realizar en un espacio común su ciudadanía resistiendo la violenta orientación que impone una tesis política concreta, es sencillamente desolador. La abstención aparece entonces como un fenómeno inducido, como una opción precavida, fruto de una prolongada racionalización de la seguridad personal. Sin embargo la abstención en este caso sería del todo antidemocrática, ya que podría crear, que crearía con toda certeza, una zona de crepúsculo, ambigua, de la que sacarían provecho quienes con la amenaza indujeron a ella. La abstención sería en el País Vasco la obra maestra del pasado. Allí, en aquella «tierra de martirio», como dijo Galdós, no se van a abstener quienes pueden votar con la papeleta al descubierto, quienes no vivirán el drama del voto, pero es la tentación de quienes saben que su voto será un voto oprimido, un voto que habrán de realizar democráticamente en un contexto que en la práctica no es democrático. La democracia no condena ni excluye a nadie que le sea fiel dentro del ancho campo de las libertades privadas y públicas, pero cuando los concejales dimiten, los intelectuales abandonan, los empresarios emigran y a la gente le estallan bombas a la puerta de su casa o en el coche, o es asesinada en la calle, la democracia parece más bien empeño de profetas que del pueblo común.

Y así y todo hay que votar. No hay mejor cartel electoral que el de la propia conciencia.

Dentro de una semana
José María CARRASCAL La Razón  7 Mayo 2001

Dentro de una semana sabremos si en el País Vasco ha ocurrido un terremoto político o todo sigue lo mismo. La campaña electoral no nos permite hacer predicciones. De parecerse a algo, se parece a aquella guerra de trincheras de la Primera Guerra Mundial, con los contendientes atornillados a sus posiciones, sin avanzar ni retroceder un milímetro, pese al furioso intercambio de fuego e incluso al uso de gases asfixiantes. Tanto es así que habrá quien diga que la campaña no ha servido para nada. Como las elecciones. Es la tesis de los nacionalistas. Que todo va a quedar lo mismo.

   Pero eso es a primera vista. En el País Vasco, poco o nada es lo que a primera vista parece. Todo, en cambio, tiene una segunda lectura, un sentido oculto. Es la consecuencia de años con la pistola en la nuca. En esta campaña, en efecto, no se ha dicho nada nuevo. Pero, tan importante o más de lo que se ha dicho, es lo que no se ha dicho. Y lo primero que no ha dicho Ibarretxe, siendo lo primero que tendría que haber explicado, es por qué firmó un pacto con Eta hace dos años y por qué, cuando Eta anunció abiertamente que había sido una trampa, no lo denunció. Hay silencios que hablan más alto que todas las palabras y éste es uno de ellos. La siguiente pregunta es ya una consecuencia de la anterior: ¿pactará con Euskal Herritarrok tras las elecciones? El lehendakari nos jura hoy que no, pero eso no se lo cree ni él. Mejor dicho, él es el primero en no creerlo, pues ha estado gobernando dos años gracias al apoyo tácito de EH. Sin él, hace mucho tiempo que se hubiera hundido. Y como el peregrino a Lourdes, lo mejor que puede esperar del próximo domingo es quedarse como estaba.

   Quedarse como están. Ese es el sueño nacionalista. El PNV conservando el poder y EH prestándole los votos necesarios en los momentos oportunos para que lo mantenga. El resto, lo mismo: inestabilidad, atentados, violencia callejera, alguna que otra detención, nuevos comandos, nuevos funerales, nuevas manifestaciones, nuevos insultos, nuevas amenazas. En fin, la rutina de siempre, con el cáncer del terrorismo metastasizado en aquella sociedad. Eso es lo que ofrece Juan José Ibarretxe a cambio de que el nacionalismo continúe en el poder, mientras espera que ocurra el milagro: que Eta deje de matar sin renunciar a sus objetivos, que un buen día, todos esos chicos que se han formado en la kale borroka decidan buscar la independencia bajo las banderas del PNV. Y, hasta entonces, aguantar. Al fin y al cabo, quienes caen no son de los nuestros. Hay, naturalmente, quien no se conforma con eso. Las víctimas han dicho «¿Basta ya!». En el País Vasco hay un gobierno que no ha hecho sus deberes y aunque pide otra oportunidad, las ha tenido de sobra sin hacer absolutamente nada. La situación, a primera vista, parece muy simple. Pero como decíamos, nada es simple en Euskadi. Excepto que unos matan y otros mueren. ¿Hasta cuándo?

Los «amigos» de González
Por Jaime CAMPMANY ABC 7 Mayo 2001  

Felipe González todavía no está suficientemente satisfecho con el mal que ha hecho a su partido y los perjuicios que le ha causado a España. Con unas cuantas palabras pronunciadas en público y en la ciudad de Bilbao, a una semana de las elecciones vascas, ha sembrado la cizaña y la división en los socialistas de Vasconia, ha puesto en un compromiso a Nicolás Redondo y ha deteriorado más o menos gravemente el clima conseguido con el pacto por la libertad que firmaron socialistas y populares y el buen entendimiento de Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo Terreros. Al mismo tiempo, ha dado alas y alientos a los nacionalistas, que andan empeñados en romper ese entendimiento desde el mismo momento en que se produjo. Olieron enseguida el peligro que suponía para ellos esa alianza.

Es natural, porque ello hace posible, por primera vez en la historia de nuestra democracia, que el PNV, y en este momento sus amigos de Euskal Herritarrok, queden desalojados del Gobierno del País Vasco. Felipe González ha exhortado a Nicolás Redondo a recuperar el «apoyo» de sus «amigos» del PNV. El «apoyo» que hasta ahora ha prestado el gobierno del PNV a los socialistas vascos es el de quedarse con los brazos cruzados mientras los asesinos etarras iban matando, uno tras otro, con un par de tiros en la nuca o con bombas-lapa, según su costumbre, a los concejales y diputados socialistas. Y a última hora me llega la noticia de que han matado al presidente del PP de Aragón. Los «amigos» que en el PNV tiene Felipe se hallan muy ocupados en este momento destruyendo las pruebas de las inconfesables órdenes que daban a la Ertzaintza.

Si Felipe González creyese de buena fe que la política mejor que los socialistas pueden hacer en Vasconia es la de aproximarse a los nacionalistas, aun después de suscrito el pacto de Estella, podía haber defendido ese criterio en el seno del partido. El hecho de que haya esperado a la campaña electoral para exponerlo y hacerlo público en Bilbao, ante el propio Nicolás Redondo, y sembrar así el desconcierto, parece una actitud inevitablemente sospechosa. Es bueno que las discrepancias y diferencias de criterios se manifiesten libremente en el seno de los órganos del partido. Lo de «el que se mueva no sale en la foto» era cosa de la «santa dualidad», de aquellos tiempos en que conducían el partido el «ordeno y mando» el propio Felipe González y Alfonso Guerra.

Pero esperar al momento más inoportuno para rebelarse contra la estrategia electoral del Partido Socialista de Euskadi denota unas intenciones más aviesas y refinadas que las de expresar ingenua e inocentemente un parecer diverso del oficial. «¿Qué mosca le habrá picado a Felipe?», se preguntan algunos socialistas. No creo que se trate de picadura de mosca. Más bien se tratará, pienso yo, de intereses ocultos y por las señas, inconfesables. Ya se sabe que este Felipe González no da puntada sin hilo, y todo lo que hace tiene su porqué, su de qué y su con qué. Buscarlos será buscar los cinco pies al gato, pero es que los gatos de Felipe González tienen, efectivamente, cinco pies.

Parece que las ligaduras económicas y políticas que unen a Felipe González con Jesús Polanco, y a Jesús Polanco con Javier Arzalluz, son más sólidas y ambiciosas de lo que pudiera parecer. Los acuerdos económicos de Arzalluz con Jesús Polanco son sin duda sustanciosos, tanto como para inclinar a Felipe González a que, ante las elecciones vascas, adopte una posición absolutamente opuesta a la que ha adoptado su partido. Y a que la exponga —insisto— en público, en una tribuna de Bilbao, a una semana de las elecciones y en presencia de Nicolás Redondo, que piensa exactamente todo lo contrario de lo que ha dicho González. Pero ahí está. Él sigue saliendo en la foto.

La bici con las dos manos, ya
MIKEL AZURMENDI El País 7 Mayo 2001 

Mikel Azurmendi es escritor y profesor.

Mientras Madrazo ha descubierto la piedra filosofal, Ibarretxe lanza otra pedrada. Todo sucede el mismo día de la precampaña. Madrazo descubre por fin el origen de la falta de libertad en Euskadi, al anunciar que estos comicios no serán libres por culpa de TVE. Vamos, que valdría la pena intentar que esa cadena televisiva dejara de enviar corresponsales al País Vasco y dejase de hablar de nosotros, los vascos, para que existiera libertad. Pues no se ve por qué lo que vale durante el largo plazo de la campaña no debiera de valer también para el resto del año. Lo malo de Euskadi, según Madrazo, es que se hable de lo mal que algunos lo pasamos en Euskadi; la analogía es perfecta con el Gulag, cuyo mal estribó en hablar de ello. Y uno sospecha que el joven Madrazo trata de ser inteligente al imitar a sus sagaces asesores intelectuales, quienes hace tiempo condenaron ya el mal que hacen los que hablan de lo mal que se vive en muchos otros lugares, como en Cuba, por ejemplo. Madrazo sabe que Euskal Telebista es la garantía de la libertad durante estos comicios y el resto del año.

Mientras filosofa Madrazo se está cerrando definitivamente la Casa del Pueblo de Rentería, tras haber sido atacada 23 veces por los muchachos de la gasolina y sin disponer ya de militancia capaz de aguantar otro ataque más. Televisión Española dio, al menos una vez, imágenes de una quema de ese local socialista, pero ahora ya sabemos que nos jugó una mala pasada al informarnos de la falta de libertad en Euskadi. Pero aún nos queda algo de esperanza, porque Ibarretxe va a Rentería ese mismo día de Madrazo. Fue una lástima que se personara allí solamente para instarles a los de Rentería a dialogar; una lástima que no se pasara por la Casa del Pueblo, un lugar donde sólo se ha dialogado y hablado, por cierto. Ibarretxe jamás ha ido a ninguna localidad vasca a decirle a su gente que defienda los locales quemados, las casas atacadas y las gentes con pintadas en la puerta de su casa o en el despacho de la facultad. Ibarretxe no ha exigido nunca a sus emakumes que saquen a pasear a los niños de los cargos electos amenazados del PP o del PSOE, ni ha puesto al servicio de éstos su propia militancia, para que los acompañen y muestren su solidaridad. Pero cómo le vamos a pedir eso a Ibarretxe, si jamás ha dicho, tras un asesinato de ETA, que él va a perseguir a los asesinos y que va a hacer justicia con ellos.

Ibarretxe, el del diálogo en Rentería, dijo al día siguiente que el gobierno alternativo al suyo es 'de los de fuera'. Es el estilo Ibarretxe de diálogo, es la moda Estella: yo dialogo con ETA, tú dialogas conmigo y EH dialoga con nosotros. Y todos los demás que no quieren dialogar son de fuera. Queden, pues, excluidos, ¡afuera con ellos!, porque Ibarretxe conoce la firma de su jefe en la que acuerda con los comandantes excluir políticamente de las instituciones vascas a los de fuera; es decir, al PSOE y al PP. Y al día siguiente del abrazo de los dialogantes en Estella, ETA saca un manifiesto que todos ellos aplauden y loan por la generosidad del comandante. Gracias a nosotros hay una tregua, dicen, pero no condenan lo que ETA anuncia, a saber, que pese a la tregua van a acosar y perseguir (jazarpena, textualmente) a los enemigos del eusquera y de Euskal Herria. Y los del diálogo estellés no se quieren enterar del acoso, le restan importancia a que personas sufran persecución o entidades sean destruidas; brindan al sol y dicen qué gran esperanza existe en Euskadi. He ahí la vía de Estella que iba derechita al exterminio, a excluirnos diciendo diálogo, a perseguirnos diciendo qué gran esperanza. En tiempos de persecución y exclusión, guiados por la astucia del comandante, sacaron aquel tan hábil como vergonzoso pacifismo del Bakea behar dugu: pedían la paz y el armisticio con España y Francia, exigiéndoles la soberanía del comandante. Jamás pidieron libertad ni la destrucción inmediata de todas las condiciones que generan miedo. Pero ¿para qué quiere ya la paz la familia del asesinado o del que va a serlo? ¿Qué otra paz necesita el perseguido y el excluido que el respeto a decidir de su vida y de sus ideas como quiera? Estella representó la vía bosnia de futuro. La paz estellesa era la paz bosnia y el diálogo estellés se constituyó como cementerio o como huida. Todos los vascos no nacionalistas que vivimos ya hemos huido, o muy lejos o muy al fondo de nosotros mismos, hacia ese silencio que teme hablar y contiene ya toda la destrucción de la vida.

Nadie daba ya un duro por el pacifismo de las víctimas, pues todo presagiaba que el pacifismo de los verdugos (con Elkarri a la cabeza) iba a aupar al comandante estellés, recién entronizado, por cierto, en una comisión del Parlamento como experto en derechos humanos. Pero, como en los grandes misterios de la química de la vida, el silencio se trocó en grito y enseguida en munición. ¡Basta ya! Y los pacifistas del lazo azul aceptaron que las generaciones de viejos antifascistas traspasaran el límite generacional y el ideológico: militantes del PSOE, del PP, antiguos comunistas, viejos sindicalistas, jóvenes sin formación política, familiares de víctimas, todos unidos convergiendo en una acción contra la dictadura de ETA impuesta en Estella. Los dos grandes partidos españoles han estado a la altura y han sabido recoger esa urdimbre de anudamientos consociativos en la calle para unirse contra el terror y por la libertad, oponiendo al Frente de Estella un consenso mínimo e inapelable sobre la búsqueda de las condiciones de posibilidad de una vida democrática en el País Vasco. No se aparcan para nada las discordias entre PP y PSOE, pero se comprende que no es posible discordia alguna sin la concordia esencial de la ley, una y la misma para todos, la que constituya la igualdad de todos para ser lo que cada cual decida libremente. Es el momento de privilegiar el fundamento de la concordia discors: de abolir la actual situación de miedo generalizado que despelleja al ciudadano de su protección jurídica convirtiéndolo en lobo. La cuestión no es todavía quién gobernará, sino cómo gobernar y para qué gobernar, pues se trata de si se constituirá la voluntad general de integración social. Es decir, estamos en el momento de cambio estructural de la política vasca, abandonando la construcción nacional por la integración de todos los vascos bajo la ley que garantice a todos y a cada uno su vida y su libertad a decidir cómo ser, qué pensar y con quién juntarse. Es decir, es el tempo de la constitución de la ciudadanía vasca como ciudadanía.

Las cuestiones más importantes y los intereses más variopintos en los asuntos españoles y vascos han cedido su tiempo en Euskadi por mor de la concordia para salvar la vida del perseguido y humillado, quitarle el miedo y darle la seguridad de la ley y el amparo del derecho. PP y PSOE han sellado así la vía española a Europa, cerrando el paso a la vía bosnia y a la limpieza étnica de los vascos. Es otra contribución más de la ya ideada durante estos 20 años de ejercicio de la soberanía autonómica compartida, pero esta otra es definitiva para asegurar que Europa se abre ya al otro, al diferente y al excluido, al raro y al de fuera. PP y PSOE muestran en su abrazo vasco que o hay inclusión del otro y pluralismo político o hay una desintegración del país en comunidades étnicas enfrentadas y en liquidación permanente. Posiblemente, el acto de efervescencia cívica que tuvo lugar la semana pasada en el Cubo del Kursaal donostiarra constituye toda la geometría variable de la pluralidad política prefigurándose como alegoría de la inclusión. Allí estuvimos los que, divergiendo en casi todo, convergemos estructuralmente en la concepción del respeto a la vida bajo derecho; allí estuvimos los de la ciudadanía europea no étnica, los de la lealtad y patriotismo constitucional. No hay ningún asunto europeo importante, ni cultural ni económico, ni político ni laboral, que no estuviera presente en las gentes reunidas en el Cubo de Moneo.

De haber nacido como metáfora de hartazgo y hasta de cabreo, ¡Basta Ya! se ha convertido en metonimia de transversalidad política, al lograr un gran abrazo colateral de todas las posibles cuestiones de izquierda con todas las posibles cuestiones de la derecha convergentes en el punto nodal de la posibilidad de divergencia: la vida humana bajo la protección del derecho. Euskadi ha demostrado cómo hoy, en Europa, todas las cuestiones a la contra y los planteamientos antisistema convergen y convergerán en la vía étnica. Redondo y Mayor Oreja, así como los estelleses vergonzantes Madrazo e Ibarretxe, se han constituido ya en actores importantes de esa enseñanza. Si uno pudiese votar con las dos manos, ahora mismo obtendría dos lehendakaris a la vez, pero uno puede también votar sin manos, con la imaginación y por la imaginación. La inclusión del otro en Euskadi es imposible escenificarse hoy sin que un representante del PP pase a gobernar el país. Mayor Oreja de lehendakari necesita a Redondo como vicelehendakari: las dos manos en la bici, contribuyendo ambos a que todos los vascos seamos lo que queramos ser. Pero ¡ya! la bici con las dos manos. Y todos los vascos, a pedalear. 

Terror y claridad
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA ABC 7 Mayo 2001   

Hay palabras como «terror» que no admiten calificativos. El sustantivo está tan lleno de significado que no requiere adjetivos. El análisis es tan obvio como la condena. Lo único que cabe pedir a quienes no quieran renunciar a la humana condición es claridad para ver y voluntad para decidir. El asesinato cometido ayer por ETA sólo representa un peldaño más en su historia criminal. Pero tal vez permita recordar ciertas verdades claras y elementales que algunos se empeñan en oscurecer y complicar. Ante el horror, no deben hablar las ideologías políticas o los programas electorales sino sólo la decencia y la condición humana. Quienes no lo hacen así, forman parte, lo quieran o no, del entramado del terror. En casi todo lo demás caben matices. En lo que afecta a la dignidad humana, sólo caben dos actitudes: a favor o en contra. El terror sembrado ayer en Zaragoza ha de tener al menos una consecuencia desde la perspectiva de la claridad electoral. De un lado, los asesinos; de otro, las víctimas. De un lado, los totalitarios; del otro, los defensores de la libertad. Quien busque un lugar intermedio, está del lado de los primeros, de los asesinos y de los totalitarios.

No es necesario esperar a la jornada de reflexión. El próximo domingo en el País Vasco existen dos opciones políticas: los asesinos y sus cómplices, por un lado, y el resto, por otro. Los que intentan quedarse en zona intermedia, el PNV e Izquierda Unida, lo quieran o no, favorecen los intereses de ETA. Nadie debe dejarse engañar. El día 13 no está en juego el matiz ideológico de un gobierno ni la «identidad» de un pueblo, sino la condición humana. El nacionalismo ha conseguido que el debate político se plantee en el País Vasco en el terreno que a él le interesa. La mayoría de los no nacionalistas le han seguido el juego. Pero lo que se ventila es la actitud hacia la vida, la libertad y la dignidad. Es una cuestión moral, no estrictamente política. Si no existiera la traición de Estella, el PNV podría legítimamente reclamar que se encuentra en el lado de la decencia. Pero el pasado reciente y la deslealtad de sus dirigentes, no sólo a la Constitución y a sus antiguos compañeros de gobierno, asesinados por aquellos con quienes ellos pactaban, sino a la dignidad humana, lo impiden. La culpa de los dirigentes actuales del PNV reside en compartir fines con los asesinos de ayer y de tantos días, en sustentar en sus votos su Gobierno, en pactar con ellos. La tercera vía entre el bien y el mal forma parte del mal.

La mejor condena del crimen de ayer debe consumarse en las urnas. Sólo el voto al PP y al PSOE, entre las fuerzas políticas que pueden aspirar a representación parlamentaria, entraña una condena genuina y sin ambigüedades de los crímenes de ETA. Lo demás o es crimen o es complicidad, debilidad o claudicación ante él. La mejor respuesta al terror de ayer sería la victoria electoral del PP y el PSOE y la rectificación moral del PNV, que no tiene otro camino que la renovación y la sustitución de los actuales dirigentes. Y todavía algunos deploran el «frentismo». Como si no hubiera una obligación moral de hacer frente al mal.

Crimen y libertad
Edurne URIARTE ABC 7 Mayo 2001   

Lo que nos jugamos el día 13, como todos los días, en el País Vasco, es un espacio de libertad, y no un espacio de convivencia, como ha dicho Felipe González. Libertad para no ser asesinados como Manuel Giménez Abad, libertad para no tener miedo de ser asesinados como Manuel Giménez Abad. Para convivir, en primer lugar, necesitamos libertad. O que, al menos, la prioridad de nuestros contrincantes políticos sea la de garantizar esa libertad. Y no se puede convivir políticamente con quien nos niega ese derecho a la libertad. O con quien sigue chantajeándonos, directa o indirectamente, para otorgarnos esa libertad.

Es triste pensar que para Felipe González y otras gentes definitivamente superadas por el curso de la historia en el País Vasco, ni siquiera el asesinato de Manuel Giménez Abad servirá para comprender de una vez que la política para los no nacionalistas ya sólo tiene sentido si pivota sobre la libertad y sobre la memoria de Manuel Giménez Abad y todos los que han sido asesinados antes que él. Hay que recordarle a González que, en estos momentos, la frontera entre los demócratas y los violentos coincide, desgraciadamente, con la frontera entre los no nacionalistas y los nacionalistas. No sé si sabe González que los que gritaban «Gora ETA» unas pocas horas antes de asesinar a Manuel Giménez Abad piensan ir al Parlamento Vasco y desean votar a Ibarretxe para «frenar al unionismo español».

Y no sé si sabe que Xabier Arzalluz volvió a ratificar ayer en «Deia» que hay que dialogar con los asesinos de Manuel Giménez Abad y dar soluciones políticas que contenten a ETA y a los nacionalistas. No sé si sabe tampoco que «sus amigos del PNV» están reivindicando la autodeterminación, es decir, la independencia, la misma en nombre de la que han matado a Manuel Giménez Abad.

Felipe González no se ha enterado. Y mientras nos regaña a los que «utilizamos el Estatuto y la Constitución como arma arrojadiza», otro hombre ha sido asesinado precisamente por defender la Constitución y el Estatuto. Por ser un demócrata, ni más ni menos, como todos nosotros.

¿Es esto lo que quieren?
Por Ignacio Villa Libertad Digital
7 Mayo 2001  

¿Alguien lo puede entender? ¿Alguien lo puede explicar? ¿Es esta la construcción nacional? ¿Es esta la vía del soberanismo? ¿Esto es diálogo? ¿Esto es convivencia? ¿Esto es moderación? ¿Son estos los caminos de la paz? ¿Es esto hablar con todos sin exclusión? ¿Es esto el futuro pacífico que prometen? ¿Se evitan así las divisiones de la sociedad vasca? ¿Es esto apostar por el progreso y por la vida? ¿Es este el modelo que quieren para Euskadi? ¿Es esto lucidez política? ¿Es esto vida parlamentaria? No.

Sencillamente es una locura. Una barbaridad. El esperpento más absoluto. ETA está fuera de sí. Ya lo sabíamos. Pero sus cómplices también. Sus cómplices directos e indirectos. Esos cómplices que condenan los atentados ficticiamente y después apuestan por gobernar con el apoyo de los terroristas. Este atentado es un triste exponente de la locura de ETA, pero también es el resultado de la complicidad nacionalista que ha permitido, intencionadamente, que en el País Vasco arraigue la idea de claudicar ante los terroristas. Este nuevo atentado de ETA es una carga muy dura contra el nacionalismo equívoco y ambiguo. Este terrible atentado ha dejado en evidencia a ETA, como siempre, pero sobre todo ha dejado en evidencia la complicidad del nacionalismo.

ETA ha votado a su manera
Consuelo ÁLVAREZ DE TOLEDO ABC 7 Mayo 2001   

Eran las seis y media de la tarde cuando le llegó la muerte inesperada. Manuel Giménez Abad, asesinado ayer por ETA, pasó en ese preciso instante a engrosar la lista de los ya mas de mil mártires que han dado su vida por la democracia. En la muerte de un demócrata deberían sobrar las interpretaciones cicateras que intentan buscar explicación a lo inexplicable.

Pero ETA ha votado ayer a su manera, en perfecta sincronía y sintonía con la idea del pueblo vasco que defiende, en donde no cabe la dignidad del ser humano. ¿Habrá de sorprender a estas alturas?

ETA no engaña nunca. Mata, sin paliativos y se cisca en las urnas y en la voluntad soberana que ha de expresar su veredicto en ocho días. Es la confrontación descarnada del miedo frente a la libertad. La cara y la cruz de un País Vasco que en estos días es el reino de la palabra y la razón política.

Ceder al chantaje del terrorismo y sus entornos, por complicidad por cobardía o por debilidad, supone así cargarse el principio democrático que equipara a la soberanía con la libertad. Unos matan y otros se aprovechan del terror de los que matan, pero los unos y los otros coinciden en querer destruir la democracia constitucional.

Viene a recordarnos así ETA la verdadera dimensión de la tragedia vasca en donde la línea que separa no es entre demócratas y violentos, en sutil estupidez elaborada otra vez por Felipe González, sino entre los que mueren asesinados y los que viven tranquilos; entre los que van con escolta, y los que no la necesitan; entre los que dicen estar en un País de Jauja y los que amenazados han de dejar su casa atrás. Para ser claros: entre los del Partido Popular y el PSOE y los demás; entre los que defienden la Constitución y los que no la aceptan.

Hay algo que atufa a oportunismo en las solidaridades y condenas que apresuradamente surgieron ayer desde despachos oficiales en los que habitualmente solo se ha escuchado el silencio y la complicidad. Pero sobre la sangre inocente de Manuel Giménez Abad sería inocuo construir el falseamiento de la realidad vivida en estos años.

Apresuradamente habló ayer el lendakari Juan José Ibarretxe para afirmar que «ETA no respeta, que condiciona, rompe, atemoriza y paraliza la democracia». ¿Ahora se entera?

Desde la muerte del concejal Gregorio Ordoñez, cuando José María Aznar y el Partido Popular encajaron el golpe sin átomo de flaqueza en sus entrañas democráticas, existe la convicción de un final anunciado para esta partida que va a ganar el Estado de Derecho. Ya falta menos.

ETA enseña sus cartas
EMILIO ALFARO El País 7 Mayo 2001 

El sonido de muerte de los disparos que acabaron ayer con la vida de Manuel Giménez Abad ha sacudido la campaña electoral vasca y va a marcar su último tramo; posiblemente, también alguna actitud a la hora de votar. Con el asesinato del presidente del Partido Popular en Aragón, ETA despeja abruptamente, como es su estilo, el interrogante sobre su actitud ante la cita del próximo domingo. El mes y medio transcurrido desde el último atentado mortal, el que costó la vida al concejal socialista de Lasarte, Froilán Elespe, y los negros presagios electorales de Euskal Herritarrok habían hecho cundir la idea de que la organización terrorista se abstendría en estas elecciones. Una impresión que era compartida, sin que sirva de precedente, por el mundo de ETA y por el ex ministro del Interior y ahora candidato a lehendakari del PP, Jaime Mayor Oreja, que había alertado sobre algunas ausencias que estaban 'anestesiando' la campaña.

En términos políticos, esta impresión se sustentaba en la consideración de que un nuevo asesinato ahondaría el fuerte retroceso electoral que le auguran los sondeos a EH, lo que podría privarle de esa 'llave' que esgrime Otegi para interferir en el complicado escenario poselectoral que se anuncia. Sin embargo, en ETA la política está unida indisolublemente al crimen. Sus responsables han debido ya dar por perdidos los más de 60.000 votos que EH sumó en las autonómicas de 1998 gracias a la tregua y prefieren remarcar la férrea supeditación del brazo político al puño militar. En cualquier caso, por más que desde 1995 ETA haya maniobrado políticamente para romper, primero, la unidad de las fuerzas democráticas plasmada en el Pacto de Ajuria Enea y llevar después a los partidos nacionalistas a los riscos del soberanismo con el señuelo de la tregua, conviene no perder de vista que su capacidad para condicionar a la sociedad radica sobre todo en la utilización instrumental de la violencia.

El atentado de Zaragoza vuelve a poner el acento dramático sobre lo que está básicamente en juego en las elecciones del próximo domingo. Por supuesto que tiene enorme importancia conocer el respaldo electoral de cada opción política y cuál va a ser el signo y la composición del próximo Gobierno en Vitoria. Pero siendo imprescindible esta clarificación de legitimidades, que puede dar lugar a la alternancia en el poder -el cambio respecto a la última etapa está descontado-, la tarea más urgente es volver a reconstituir la unidad de los demócratas para hacer frente al desafío de los violentos. Durante estas semanas sin funerales se había difuminado el eje central del debate. Hasta el punto de que el discurso de los candidatos de los partidos no nacionalistas, y por ello directamente amenazados de muerte, podía llegar a sonar victimista y un punto irreal y exagerado. El trigésimo asesinato desde el fin de la tregua recordará a las memorias acomodaticias que no es exagerado afirmar que es la vida y la libertad de las personas lo que está en juego; que éste es el primer y principal 'conflicto político' que urge resolver en Euskadi.

Con su nuevo crimen ETA vuelve a interpelar directamente al PNV. Después de romper con EH, el partido de Arzalluz se ha situado en una especie de tierra de nadie entre quienes justifican la violencia y los que la sufren en sus carnes. No termina de darse cuenta de que la estrategia de aquéllos con quienes dijo compartir fines pasa por suplantarle como fuerza hegemónica del nacionalismo. Y para ello necesita aislar al PNV del resto de las fuerzas democráticas y conseguir que se debiliten los lazos esenciales de solidaridad que deben vincularle a ellas, especialmente cuando sufren el azote de la violencia.

El pasado sábado en el velódromo de Anoeta, Arnaldo Otegi, con su habitual tono jactancioso, advertía de que EH 'no ha enseñado todas sus cartas' para el día después del 13-M. ETA ya ha mostrado las suyas: son las de siempre, calibre 9 mm Parabellum. 

UNA PRETENSIÓN SANGRIENTA
EDUARDO CHAMORRO La Voz 7 Mayo 2001 

En toda y cualquier facultad de Derecho o Ciencias Políticas, en toda y cualquier academia de policía, enseñan a preguntar «¿A quién beneficia esto?» como primer -y, a veces, último- paso a la hora de encontrar al culpable de un delito, o de dar con el sentido de una táctica o el propósito de una estrategia.

La pregunta -«¿A quién beneficia esto?»- se convierte en el más cínico e impío de cuantos planteamientos caben (y caben muy pocos) al afrontar sucesos tan bárbaros, enloquecidos y aberrantes como el asesinato de una persona que era presidente del Partido Popular aragonés, a siete días de las elecciones vascas. Es cínico porque se sabe que quien mata es ETA. La pregunta no es necesaria para señalar al delincuente. Es impío porque supone dar carta de naturaleza al beneficio de la sangre derramada, impiedad que sólo se remedia con la ley en la mano, con la ley que es el mandato más natural entre el hombre y sus semejantes.

Es, además, una pregunta inútil, absurda, lúgubre y siniestra. Este asesinato no beneficia a nadie. Y esto lo sabe ETA perfectamente. ETA actúa como juez y verdugo con la simple pretensión de incluirse entre aquellos a quienes en nada benefician los actos de ETA. ETA es juez y verdugo para ser también víctima. Inventa el dolor y lo perpetra para exigir su participación en el dolor que produce e invoca.

ETA no busca beneficio alguno. Sólo busca la muerte. Y no anhela otra cosa que verse imitada en tan macabra maquinación y ejercicio. Hace mucho tiempo que dejó de sembrar vientos para recoger tempestades. Hace mucho tiempo que sólo siembra muerte. Esa y no otra es la inteligencia a la que rinde culto. Una inteligencia cuya estrategia es conseguir una crispación generalizada en el País Vasco que dé lugar a una crisis total de cuerpo y alma, un quebrantamiento absoluto de la razón y de los nervios que abra paso a la matanza.

ETA quiere hacer del País Vasco un océano de sangre. Sólo se enfrenta a quienes estén dispuestos a guardar la ley y a vivir en libertad jugándose la vida. No hay otra pretensión. Ni otra estrategia. No hay nada.


Votos contra las balas
Editorial El Correo 7 Mayo 2001 

El asesinato de Manuel Giménez Abad, presidente del Partido Popular de Aragón, ha devuelto una vez más a la sociedad española y a los ciudadanos vascos a la realidad del horror y la crueldad con que el nacionalismo violento trata de imponerse sobre la sociedad democrática. El pistolero que mató a quien fuera senador, consejero de la Presidencia del Gobierno de Aragón y letrado de sus Cortes quiso actuar con tal sadismo que convirtió a su hijo en testigo del asesinato, tratando así de extender el sufrimiento a cuantas personas y familias sienten sobre sus cabezas la amenaza cierta del terror. En las semanas previas a la campaña electoral vasca y durante el transcurso de ésta, la ausencia de atentados mortales por parte de ETA se ha vivido como si la sociedad entera contuviera la respiración, mientras los dirigentes políticos y los responsables institucionales evitaban mentar públicamente el hecho en la esperanza de que así se pudiera disfrutar de un relativo sosiego. Sin embargo, las peores premoniciones se han confirmado, y una nueva vida ha sido segada por quienes no se rigen por otra lógica que la de su propio afán dictatorial.

ETA ha irrumpido en el proceso electoral vasco asesinando a un ciudadano aragonés. La banda terrorista no podía mantenerse por más tiempo al margen de la campaña. Necesitaba reafirmar su naturaleza cruenta y mostrar que el bárbaro propósito de sus acciones terroristas no se detiene ante nada ni ante nadie. Necesitaba depurar la propia campaña de EH advirtiendo de que quien vote a las siglas que patrocina estará avalando la perpetuación del terrorismo. Pero ETA decidió acabar con la vida del dirigente aragonés del PP porque suponía que, al trasladar su crueldad a Zaragoza, sería menor la reacción de la sociedad vasca que en el caso de que el escenario elegido fuese Euskadi. Es precisamente esto último -el hecho de que una violencia de origen vasco se cebe sobre los demás españoles- lo que apela a la doble responsabilidad que han de contraer de una vez por todas los vascos: acabar con el terrorismo en Euskadi para que sus tentáculos no alcancen a ningún otro lugar de España.

ETA ha irrumpido de forma cruenta en la campaña para la elección del próximo Parlamento vasco. El asesinato de Giménez Abad recuerda a los ciudadanos vascos que el 13 de mayo no sólo se eligen las personas que ocuparán los escaños de la Cámara de Vitoria. El próximo domingo los electores tendrán ante sí la oportunidad de dar un golpe de gracia al terrorismo acudiendo masivamente a las urnas y reduciendo así a la mínima expresión el apoyo que la violencia etarra pueda recibir a través del voto a EH. El obstinado fanatismo terrorista obliga a la sociedad democrática a renunciar a cualquier ilusión en torno a una paz concedida por parte de los violentos, que, en todo caso, supondría la indigna rendición de la civilidad frente al cerco de ETA. La única paz posible, la única paz que merecerá tal nombre, será aquella que resulte del implacable acoso con que la sociedad democrática ha de someter a los violentos, haciendo frente a los efectos políticos, sociales y morales de su depravada acción con un comportamiento decidido y unitario en favor de la convivencia. La democracia y la libertad no cuentan con un instrumento de paz más contundente que los propios votos. El escrutinio del próximo domingo puede reflejar el mayor paso que la sociedad vasca haya dado nunca en pos de su libertad frente a la dictadura de ETA. Es algo que los vascos debemos a las generaciones venideras, pero que un día como hoy debemos especialmente al resto de los españoles.

El asesinato de Zaragoza acalla la estupidez canalla de quienes a lo largo de la campaña electoral han presentado a ETA como la aliada objetiva de las aspiraciones del PP. Es cierto que la presencia dolorosa del terrorismo constituye un factor de consecuencias políticas ineludibles. Pero la mera insinuación de que quienes más padecen los embates de ETA son en realidad sus beneficiarios representa la más inmoral de las manifestaciones que puedan realizarse frente al terror. Porque es la sociedad entera la que ha de enaltecer a las víctimas directas de la violencia. Es la sociedad entera la que ha de mostrar su solidaridad hacia quienes representan el escudo humano que preserva los derechos de todos; hacia quienes se convierten en objetivos preferentes de ETA, porque mantienen vivo un reproche moral sin concesiones frente al terrorismo y la doblez que muestran aquellos que, tras cada asesinato, se ponen a hacer las cuentas de su impacto político o electoral. El asesinato de Manuel Giménez Abad no constituye una tragedia más en la escalada terrorista. Representa, sobre todo, una advertencia. Anuncia lo que vendrá tras el 13 de mayo si la respuesta activa de la ciudadanía vasca no es capaz de ahogar los propósitos de la intolerancia extrema de extender el miedo y la impotencia a toda Euskadi y a toda la sociedad española. 

ETA irrumpe en la campaña vasca con el asesinato del presidente del PP de Aragón
ZARAGOZA. Ángel González Abad ABC 7 Mayo 2001 

El presidente del Partido Popular en Aragón, Manuel Giménez Abad, fue asesinado ayer por ETA en Zaragoza. Un joven, de unos 25 años, con el pelo largo y ropa deportiva, acompañado de una mujer, se le acercó por la espalda y le disparó a bocajarro. El cuerpo del político quedó en el suelo en medio de un charco de sangre. Una hora después moría allí mismo sin que los médicos pudieran hacer nada.

Manuel Giménez Abad iba acompañado de su hijo menor, de diecisiete años, al estadio de La Romareda a presenciar el partido entre el Real Zaragoza y el Numancia. Los dos iban andando por la céntrica calle de Hernán Cortés de la capital aragonesa. En la esquina con la calle Princesa, una pareja se les acercó por detrás, sin que advirtieran su presencia. El joven le disparó tres tiros que alcanzaron al presidente del PP aragonés, uno en la cabeza y dos en el abdomen. Según confirmó ayer mismo el vicepresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en Zaragoza el asesino iba acompañado de una mujer de unos treinta años, que podría ser la etarra Nerea Garaitza. Los dos salieron huyendo hacia la avenida de Goya, una de las arterias de la ciudad cercana a la salida por autopista hacia Pamplona y Bilbao.

TODAVÍA CON VIDA
En ese momento, pasadas las seis y media de la tarde, por Hernán Cortés no circulaba apenas gente. Un joven fue el primero en ver el cuerpo de Manuel Giménez tendido en la acera en un charco de sangre. La Policía y la asistencia médica tardó unos minutos en llegar y todavía encontraron con vida al político.

Durante aproximadamente una hora intentaron la reanimación en el mismo lugar de los hechos. La extrema gravedad no aconsejaba el traslado a un centro médico. Sobre las siete y media se confirmaba la muerte. Minutos más tarde el cuerpo de Manuel Giménez era trasladado al cercano Instituto Anatómico Forense.

Giménez Abad no llevaba escolta, según confirmó tras el atentado el teniente de alcalde del Ayuntamiento de Zaragoza, Antonio Suárez. En la situación de alerta que se vive en la capital ante la posibilidad de una acción terrorista, la figura del presidente del Partido Popular era un objetivo fácil.

Al lugar de los hechos fueron acudiendo familiares, compañeros de partidos y autoridades. Una de las primeras en llegar fue la presidenta del Congreso de los Diputados, Luisa Fernanda Rudi, ex alcaldesa de Zaragoza, que se encontraba en la ciudad pasando el fin de semana. El delegado del Gobierno en Aragón, Eduardo Ameijide, fue quien dio los primeros datos sobre la autoría del crimen.

Una dosis de recuerdo
SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ El País 7 Mayo 2001 

Confirmada la peor de las posibilidades, ETA ha irrumpido en la campaña electoral vasca para demostrar que no está dispuesta a que se olvide su presencia y su capacidad de coacción. Los efectos electorales de un atentado o asesinato son siempre difíciles de predecir, pero en este caso hay dos consecuencias claras, al menos para el desarrollo de los próximos días.

La primera es que Euskal Herritarrok se ha quedado sin estrategia y que todos los intentos de Arnaldo Otegi para introducir, a trancas y barrancas, elementos políticos en el discurso de EH (ofertas de negociación poselectoral con el PNV y anuncio de que acudirán a la sesión de investidura en el Parlamento) han saltado por los aires, por decisión unilateral de la banda terrorista. Habrá que ver si, además, este asesinato hace que se acentúe todavía más el trasvase de voto de EH al PNV, que ya habían detectado prácticamente todas las encuestas.

La segunda consecuencia de este asesinato es que el PNV y Juan José Ibarretxe se van a ver obligados a hablar de la violencia y el terrorismo político vasco, un debate en el que el candidato se mueve con dificultad y del que ha venido huyendo como de la peste.

Nadie había descartado la posibilidad de un atentado como el ocurrido en la tarde de ayer, pero según iban pasando los días, todos los protagonistas de la campaña iban ganando un poco más de confianza y tranquilidad. La noticia del asesinato de Giménez Abad sacó a todo el mundo de ese 'paraíso'. La frase del socialista Alfredo Pérez Rubalcaba, 'nos han dado una dosis de recuerdo', describió muy acertadamente el sentimiento de la mayoría de los cuarteles electorales.

El lehendakari fue el primero en comparecer en la televisión vasca para expresar su condena y solidaridad con la víctima y su partido. Ibarretxe pidió a los ciudadanos que acudan a 'las concentraciones habituales' y aseguró escuetamente que, por encima de las diferencias políticas, los partidos 'están unidos en defensa de la vida'.

Ibarretxe intentó, patentemente, mantener un tono calmado y un lenguaje frío. Ésta ha sido la tónica de estos días y es muy difícil que un candidato y partido consideren necesario modificar su campaña a mitad del recorrido. Falta por ver si los acontecimientos le obligan a introducir nuevos mensajes y algo más de vigor en el debate sobre el terrorismo político y los compromisos de su partido para combatirlo. 

Los tiros que han acabado con la vida del presidente del PP en Aragón van a poner también algo de sordina y dificultad en los mensajes que venían enviando al PNV estos últimos días algunos dirigentes socialistas. Los guiños en torno a la voluntad del PSOE de buscar e impulsar en Euskadi 'la unidad de los demócratas' (algo de lo que se habla en el programa electoral socialista) adquirieron más fuerza con las intervenciones de Felipe González (el pasado sábado) y del secretario general del partido, José Luis Rodríguez Zapatero, ayer mismo, en San Sebastián, por la mañana.

Hay que decir que esos guiños sobre una eventual recuperación de los contactos entre nacionalistas y no nacionalistas no habían obtenido hasta ahora la menor señal de reconocimiento dentro de la dirección del Partido Nacionalista Vasco. Los mensajes parecen dirigidos a los simpatizantes o votantes del PNV que aparecen en todas las encuestas publicadas con un perfil dividido: la mayoría dice que sus grandes prioridades son, por este orden, el entendimiento entre nacionalistas y no nacionalistas, acabar con ETA y con la lucha callejera, y garantizar eficazmente la vida y seguridad de todos los ciudadanos vascos. Esos mismos votantes son bastante más modestos cuando tienen que valorar la capacidad de su propio partido para hacer frente a esas tres prioridades.

El desajuste se ha venido produciendo, posiblemente, porque el simpatizante del PNV no ha escuchado en esta campaña nada que tenga que ver con esos objetivos. Ayer incluso, el presidente del PNV, Xabier Arzalluz, que reapareció ante sus votantes en una ciudad de perfil tan moderado como Vitoria, y que habló durante 55 minutos (igual que Ibarretxe), empleó la mitad de su discurso en atacar a Mayor Oreja y la otra mitad, al colectivo ¡Basta Ya! y especialmente al filósofo Fernando Savater. La furia que provocan en la dirección del PNV personas como el pintor Ibarrola, el poeta Vidal de Nicolás y catedráticos como Mikel Azurmendi o el propio Savater ha sido una de las características más llamativas de esta campaña. Quizás ahora que ETA ha vuelto a matar, el lehendakari decida poner un poco de orden en las prioridades de sus mensajes. 

La guerre est finie, fiston
Mikel AZURMENDI ABC 7 Mayo 2001  

1.- El estado de guerra civil terminó en España con la Constitución, el único pacto que resultó viable entre los múltiples que hubieran sido posibles o más deseables. Desde entonces, los españoles estamos siendo lo que vamos decidiendo ser según expresión de la voluntad general en cada sufragio electoral. Pero, además y gracias a lo anterior, cada español es lo que le da la gana ser, pues él solito decide cómo orientar su propia vida. Es verdad que no todos gozamos de las mismas oportunidades para que cada cual decida lo que quiera ser, pero ya existe un sistema sólido de búsqueda de mayor igualdad de oportunidades para todos: son formas democráticas de tratar las cuestiones y de solventar los conflictos según la justicia. Entre un ciudadano sueco, un francés y un español, las condiciones de libertad y de falta de miedo para diseñar cada cual su propio proyecto son bastante similares; las diferencias mutuas son sólo de historia, de vicisitudes concretas, de cómo fue logrado ese consenso de búsqueda de la vida buena en Suecia, Francia o España. Pero si bien la historia nos ha condicionado, no es ella la que determina hoy el cómo logramos ser lo que somos ni en Suecia ni en Francia ni aquí.

AUTODETERMINACIÓN
Ese mismo estado de cosas existe también en Euskadi, donde la voluntad general se constituyó como soberanía legítima para quitar el miedo y ampliar la libertad con la que lograr la vida buena para todos y cada uno de los vascos. Euskadi existe porque no existe ya guerra civil, es decir desde el momento constitucional que, singularmente, por razones de historia, tuvo entre nosotros dos fases. A la segunda se le llama del Estatuto de Autonomía. Suponer superada e invalidada la forma constituyente de la voluntad general de los vascos es volver al estado de guerra civil. Tratar de cualquier asunto cultural, económico, judicial o político como si no existiese la garantía constitucional, sería aceptar la selva del miedo y de la guerra de todos contra todos. De manera que, hacer desde esa perspectiva un referéndum de autodeterminación sería quedarnos sin Euskadi, pues no habría ya ciudadanos vascos a los que preguntar nada, al no haber sino individuos sueltos sin el amparo de la ley. Nadie me haría a mí fiable ante el otro y la buena voluntad de las personas habría que volver a suponerla de manera harto subjetiva, muchísimo más que cuando se hizo el pacto constitucional de finales de los 70. Para proponer un referéndum de autodeterminación solamente existe una vía civil y de concordia, y eso es posible y, si hace falta, se hará. Pero no ahora. Ahora sería más guerra civil. Por ejemplo, la mayoría alavesa podría decir que es España y no Euskadi y que la pregunta no procede. Y Bilbao se dividiría en dos y también San Sebastián y mi calle y hasta el portal de mi casa.

2.- Ahora, en Euskadi, hay casi media población equivocada que, mientras disfruta de una situación económica envidiable, piensa que la guerra civil aún no se ha acabado. ETA y EH así lo suponen y crean un estado de terror y opresión para que lo parezca; pero PNV-EA e IU así lo supusieron también, al convenir en un pacto sellado con los asesinos y sus cómplices, en 1998, la existencia de un conflicto político con España y la supuesta falta de legitimidad soberanista en la sociedad vasca. Negando la voluntad general, se constituyeron en voluntad partisana, conviniendo incluso formas de exclusión política de las organizaciones de representación de media población de ciudadanos. En el preámbulo de tal acuerdo, rubricaron en seis puntos su subjetiva visión de guerra civil, tomando modelo del estado de cosas en Irlanda del Norte. ETA, al día siguiente, decretó un alto el fuego o tregua, como si existiera un estado real de guerra. Pero además, en un perfecto eusquera, definió los fines que todos ellos decían compartir (una Pan Euskal Herria unificada bajo una única lengua) y asegurando que iba a aplicar una persecución social inmediata (social jazarpena) a los enemigos del eusquera. Nadie de los firmantes de aquel pacto ni ninguna institución ni escritor eusquéricos denunciaron este comunicado de ETA, sino que más bien lo dulcificaron, mostrando el carácter de generosidad de los comandantes.

Esta apreciación subjetiva y pactada de vivir envueltos en una guerra civil fue el colofón al axioma que habían apuntalado unos años antes los propios líderes del PNV: «No queremos una derrota militar de ETA, ni tampoco una derrota política de HB». El nacionalismo vasco en su conjunto siempre ha creido que ETA está enfrascada en una guerra militar contra el Estado español y van en esa vía de «contencioso» militar las recientes manifestaciones del lendakari de que el Estado español debe todavía pedir perdón a los vascos por razón del bombardeo de Gernika. Las constantes asimilaciones en esta campaña electoral por parte de los líderes peneuvistas de que Aznar y el PP son franquistas constituyen otro botón de muestra de su imaginación de guerra civil. Suponer real e histórico el «contencioso vasco» no es sino el producto patológico más acabado de esa imaginación belicista del nacionalismo vasco.

3.- Veinte años de gestión del poder legítimo y constitucional del Estado por parte de los nacionalistas vascos (con muchos años de colaboración socialista) han llevado a hacer verosímil su imaginario de guerra civil. Aquí, mientras media población acató todos los símbolos de los nacionalistas, mientras media población aceptó unas medidas de discriminación cultural por favorecer positivamente sólo el interés eusqueraparlante que acaudilla ETA, mueren asesinados únicamente ciudadanos del campo ideológico no nacionalista; se persigue a los cargos electos de los partidos no nacionalistas, a los periodistas de la otra opinión, a los profesores que critican el imaginario nacional. El fantasma del miedo recorre la población civil no adicta a la ideología nacionalista. En 20 años, nunca el nacionalista que se reivindicaba de la democracia dio el paso de implicarse personalmente en el perseguido; nunca dijo «yo también soy uno de vosotros». Nunca un escritor euskalduna pidió perdón porque ETA dice matar para salvar al eusquera y porque amenaza en eusquera y porque reivindica sus asesinatos y atentados en eusquera. Toda esa vileza moral ha terminado acusando a la víctima de ser verdugo: ahora resulta que el pacifista de todas las concentraciones es el dios de la guerra civil porque, por la fuerza de las cosas, quien fue pacifista silencioso para detener la respuesta de la venganza y del ojo por ojo, se ha convertido en una voz política de «¡Basta ya!». Si, en esta situación, decirles que ya basta lo entienden como guerra civil, es que ya no vale casi ningún argumento, pues puede que —para poder tener razón— estén ansiando que suceda realmente lo que sólo en su imaginación es real.

4.- Si, recientemente, un afamado escritor vasco, más que laureado en España, juzgó inimaginable que un lendakari del PP pudiese gobernar Euskadi es porque la imaginación política de los nacionalistas ha hecho aquí estragos hasta en las mentes más imaginadoras. La belicosa imaginación aranista precisó siempre no considerar vascos a los no nacionalistas, los necesitó como «de fuera» para, excluyéndolos, definirse perseguido. Ibarretxe dice y repite en esta campaña que el Gobierno no nacionalista será «de los de fuera», mientras el laureado escritor se echa las manos a la cabeza, como tapando las grietas de su presión imaginativa que no da como para visualizar la sanidad cívica de la pacífica rotación y alternancia en el gobierno.

Los de IU ya se han hecho vascos meritorios desde su bautismo y confirmación en Estella. Por razones históricas, que siempre tienen que ver con la guerra o con la situación franquista de guerra civil, ha existido entre los nacionalistas vascos una cierta aceptabilidad del militante socialista, a quien pese a sus errores españolistas, se le suele considerar algo v  ..............................falta en el servidor

Dany el Bobo
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 7 Mayo 2001

Hay gente que tiene un día bueno en su vida del que se entera todo el mundo, y a vivir. Pero hay quien por vulnerar el Código Penal tira hasta la jubilacion. Véanse el ladrón del tren de Glasgow o «El Dioni», al que canonizó Sabina por robar «con un par», aunque no su chalé. A Daniel Cohn-Bendit, le hicieron una foto poniéndose chulito ante la policía francesa -no la china, claro- en Mayo del 68, cuando una verbena de simpatizantes de Mao y amigos del caos trataron de cargarse el sistema de libertades en Francia. Porque nadie creerá, supongo, que anarquistas y maoístas trataban de reforzar el liberalismo y la democracia. Desde entonces, a vivir de la foto. Ni terminó de estudiar ni ha dado un palo al agua, pero vive como un rajá. Politiquea entre lo rojo de ayer y lo verde de hoy, haciendo siempre la misma entrevista: fotos nuevas colgando de la vieja, como Antonio David o Rociíto, como un Dinio de la izquierda gagá. Supongo que sus declaraciones tampoco las lee nadie. De otra forma, nadie volvería a preguntarle nada a semejante imbécil. Ayer dio aquí, en EL MUNDO, un recital de idiocia casi insuperable.

Cogitaciones danielinas: «el Gobierno español debería reconocer abiertamente la guerra sucia que llevó a cabo contra ETA para forzar a ésta a reconocer la guerra sucia que está realizando ella ahora. Tenemos que poner fin al terrorismo en el País vasco. Tenemos que decir a todo el mundo la verdad. La verdad es que a lo largo de la Historia el Estado español eligió formas de luchar que están en contra de la democracia. La verdad es que ETA es ahora lo contrario a un movimiento de liberación y de independencia, una nueva forma de totalitarismo y racismo». «Gane quien gane el domingo hay que evitar las venganzas. Para acabar con los asesinatos, hay que intentar ganarse la confianza de la parte que ha perdido (...) hay que ser imaginativo y, de nuevo, dar muestras de que se está dispuesto a pensar sobre una amnistía, sobre el acercamiento de los presos al País vasco y a hacer un esfuerzo de verdad».

La verdad es que este Gobierno español no reconoce la guerra sucia contra ETA porque no la hace. Los etarras, que no ahora, siempre han sido criminales totalitarios fueron amnistiados todos en la Transición. España defiende sus libertades dentro de la ley. Hasta juzgó a los del GAL. Falta Míster X (y Mitterrand por lo de Greenpeace), pero a ver si lo convence Dany el Bobo en su cruzadita por la verdad. Rendirse ante el totalitarismo no precisa imaginación ni valor. Resistir, luchar contra él, sí. Por eso nos repelen estos progres de baba. Por eso recordamos hoy con emoción a López de Lacalle.

¿Silencio? de ETA
GERMAN YANKE El Mundo 7 Mayo 2001 

Quienes hacían cábalas sobre el silencio de ETA durante esta campaña ya tienen respuesta: el asesinato de Manuel Giménez Abad. La muerte es la única estrategia de la banda, es esencial a su ideología totalitaria; no sólo a la de los pistoleros, sino a la de los que les acompañan u obedecen.

Ahora resuenan las palabras de Arnaldo Otegi en el mitin celebrado por EH el pasado sábado en San Sebastián: EH aún no había «enseñado todas las cartas» para hacer frente a Mayor Oreja. Insisto en lo evidente: el único conflicto vasco es que una banda asesina a los que no son nacionalistas, y lo hace allí donde puede. Y en unas circunstancias así, la verdadera diferencia entre los programas de unos y otros es cómo enfrentarse a esta embestida racista.

Se balbucea mucho sobre Gobierno mixto, pero no hay mixtura posible ni proyecto común plausible sin fundamentos éticos. Y hay programas en los que se subraya, con lógica elemental, que esa bárbara banda debe ser aniquilada y que se debe terminar con sus apoyos, y otros en los que se le pide que pare para que el proyecto común sea la independencia. Ojalá los suyos, los de Manuel Giménez Abad, reciban el domingo el consuelo de que el próximo Gobierno vasco sea el que vaya a poner todos los medios para que sus asesinos sean detenidos y juzgados.

VOTOS 9 MM
Alfredo Vara La Voz 7 Mayo 2001
 

Votos de 9 milímetros Parabellum son los únicos que maneja ETA, que sólo entiende de urnas mortuorias y cuyo debate de mayor altura trata de dilucidar si es más letal la pistola, la bomba lapa o el lanzagranadas.

Los asesinos irrumpieron ayer en la campaña electoral vasca de la única forma que saben: a tiros, por la espalda y a la cabeza, como si además de matar el cuerpo quisiesen extirpar las ideas. Y con la extrema crueldad de matar a un padre en presencia de su hijo, con el que trataba de disfrutar en paz de una apacible tarde de domingo.

Pero la paz no es posible mientras haya terroristas sueltos. Ni la paz de la familia que ayer quedó destrozada -una más- ni la paz de los miles de familias que se estremecen cada vez que suena el teléfono, sólo porque uno de ellos tiene la osadía de ser político en el País Vasco.
No será posible la paz, ni en Euskadi ni en los demás lugares de España a los que ETA intenta exportar su siniestra falta de razones -no tienen ideas, sólo balas-, mientras haya un terrorista suelto.

Sólo cabe, por tanto, seguir adelante sin ceder un ápice en la lucha contra los asesinos, contra los aprendices de asesinos y contra quienes los amparan. A ETA le importa un pimiento la campaña electoral porque le importan un pimiento las ideas. La única línea de separación que existe en este momento en el País Vasco es la que marcan las ideas y las balas. Y ante éstas cualquier silencio es cómplice.
 

 

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