AGLI

Recortes de Prensa     Martes 8  Mayo   2001
#ETA no se vota
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 
8 Mayo 2001

#Ibarretxe, señalado
Editorial ABC 8 Mayo 2001 

#NO HAY MAYOR «BAJEZA MORAL» QUE LA DE ARZALLUZ
Editorial El Mundo  8 Mayo 2001 

#La inmensa soledad de la muerte
Fernando R. LAFUENTE ABC 8 Mayo 2001

#Una maldad
Ramón PI ABC 8 Mayo 2001

#El voto de la movilización popular
Editorial La Razón 8 Mayo 2001

#Luto
La Estrella  8 Mayo 2001

#La abyección moral
Jaime CAMPMANY ABC  8 Mayo 2001

#Canalladas nacionalistas
Enrique de Diego Libertad Digital  8 Mayo 2001

#Embustes
AMBOTO ABC   8 Mayo 2001

#La libertad zapeada
Iñaki EZKERRA La Razón   8 Mayo 2001

#Esperando el domingo
Maite Cunchillos Libertad Digital 8 Mayo 2001

#Pereza y gula
RAUL DEL POZO El Mundo
8 Mayo 2001

#Unidos por la sangre
Lorenzo CONTRERAS La Razón    8 Mayo 2001

#400.000 aragoneses se lanzan a la calle por la libertad y en contra del terrorismo
MELCHOR SÁIZ-PARDO COLPISA. ZARAGOZA El Correo 8 Mayo 2001

#Rafael Carriega: «El PNV pactó con Eta para mantener el poder a costa de extorsionar a los vascos»
Esperanza Mejuto - Bilbao.- La Razón  8 Mayo 2001

#¡BASTA YA!: 'ETA es un proyecto totalitario ilegítimo'; ELKARRI: 'La independencia es tan legítima como la unidad de España'
PABLO ORDAZ El País  8 Mayo 2001

#'Ex illis' y soldadesca
LUIS DANIEL IZPIZUA El País  8 Mayo 2001

#ETA, contra sí misma
Editorial La Estrella  8 Mayo 2001

#El PSE vuelve a desmarcarse de González y le dice que ya lo ha intentado todo con el PNV
Redacción - Bilbao/Madrid.- La  Razón  8 Mayo 2001

#Toda la sangre
VICTORIA PREGO El Mundo  8 Mayo 2001

#González mantiene sus errores
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón   8 Mayo 2001

#Ibarretxe, abucheado a la salida del funeral de Giménez Abad
ALFONSO ROJO / Enviado especial El Mundo  8 Mayo 2001

#La doble alma del PSOE
Pío Moa Libertad Digital   8 Mayo 2001

#Ibarretxe en Zaragoza
GERMAN YANKE El Mundo  8 Mayo 2001

#Banderas de conveniencia
CASIMIRO GARCIA-ABADILLO El Mundo 8 Mayo 2001

#Lengua de encuentro
Miguel Moreno Ibáñez - Logroño (La Rioja).- La Razón 8 Mayo 2001


ETA no se vota
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 
8 Mayo 2001

Ante el cuerpo sin vida de Giménez Abad, en el primer aniversario del asesinato de López de Lacalle, en la capilla perpetuamente ardiente de Miguel Angel Blanco, en todos los funerales de todos los muertos pasados y presentes a manos del nacionalismo criminal suele apelarse a la voluntad popular, al famoso «veredicto de las urnas». Políticos de todas las tendencias y lo que llaman «líderes sociales», o sea, famosos por algo, se sienten bien, se sienten inteligentes e importantes llamando a derrotar a las pistolas con las palabras y al coche bomba con el voto.

Valiente idiotez. Como si el terrorismo se presentase a las elecciones, como si la dictadura del miedo pudiera existir sin despreciar la voluntad de la gente, como si no consistiera precisamente en eso: en tratar de imponerse sin consultar y a pesar de todas las consultas, por el prestigio salvaje del terror. Y es que hay una parte importante de España, sin excluir a las víctimas reales o potenciales de ETA, que sigue sin enterarse de por qué la matan y cómo podría reducir, si no eliminar, el peligro de que la maten.

Convendría repetir, aunque sea en el vacío, aun sabiendo que no hay peor sordo que el que no quiere oír, que a todos los que matan no es por ser de izquierdas ni de derechas, ni por haber sido franquistas ni antifranquistas. Los matan por ser españoles y representantes de españoles. Y por supuesto, al margen de todo lo que signifique urnas, votaciones y demás manifestaciones de legitimidad de la sociedad en la que queremos vivir, que es en la que ETA ni quiere vivir ni quiere dejar que vivamos. El domingo que viene habrá un resultado u otro, los partidos españoles obtendrán más o menos escaños, más o menos votos, pero al día siguiente, dentro o fuera del Gobierno, el problema de ETA seguirá siendo prácticamente el mismo. Como sucedía en Alemania al margen de los votos que sacara Hitler, el dilema ciudadano es moral más que político; policial más que político; de poder y legitimación más que de legitimidad en el poder.

ETA no discute la legitimidad democrática del PP o del PSOE. Le da igual. Simplemente trata de aniquilar la base física de su existencia, que es España. Los etarras y sus cómplices de Estella no van a las elecciones para ganarlas o perderlas. Van a lo suyo que es imponer una dictadura total en el País Vasco y Navarra, para lo cual es preciso destruir España. Y eso lo intentaron igual con Franco que sin él. Por eso, hoy, todo lo que no sea defender España no defiende seriamente la libertad y todo lo que no sea ir más allá del voto en la lucha contra el terrorismo separatista seguirá siendo poco eficaz. Bueno es votar a los buenos. Pero ETA no se vota. A ETA se la derrota. Y no sólo con votos.

Ibarretxe, señalado
Editorial ABC 8 Mayo 2001 

Ibarretxe acudió ayer al funeral por Manuel Giménez Abad, última víctima de ETA, entre los abucheos e insultos de los ciudadanos que esperaban alrededor de la catedral de Jaca. Presto ha salido Anasagasti para destacar el «coraje» de Ibarretxe y denunciar que las mentiras de Mayor Oreja y Redondo Terreros han provocado esa reacción «en la gente que no tiene cultura ni otra fuente de información». Pues ni Ibarretxe tiene coraje, sino premuras electorales; ni Anasagasti tiene razón, sino resentimiento concentrado. El lendakari ha acudido a Jaca porque ETA ha dejado en evidencia al PNV y sólo quedan cuatro días de campaña electoral para intentar convencer a quien quiera oírle de que él no tiene nada que ver con los asesinos de Giménez Abad. Pero la historia dicta veredictos con mayor rapidez de la que la gustaría al PNV, y no hay Anasagasti que borre de la memoria que su partido selló una acuerdo con ETA en 1998 y que Ibarretxe fue lendakari con los votos de ETA, en el marco de una estrategia soberanista diseñada mancomunadamente por el nacionalismo vasco y la banda terrorista. Los abucheos y los insultos de ayer no son el producto de la incultura de unos desharrapados —Anasagasti tiene que controlar su veta sabiniana— sino la cruda expresión del sentimiento que provoca la deslealtad y la ingratitud, históricas y ciertas, del nacionalismo vasco. Quien pacte con ETA y comparta sus fines no puede esperar otra cosa.

NO HAY MAYOR «BAJEZA MORAL» QUE LA DE ARZALLUZ
Editorial El Mundo  8 Mayo 2001 

Minutos después de participar en una concentración silenciosa contra el asesinato de Manuel Giménez Abad, cuando aún estaba abierta la capilla ardiente de la última víctima de ETA, el presidente del PNV dijo que le parece «de una bajeza moral increíble» que el PP «aproveche la sangre para fines electorales». Lo primero que cabe decirle a Xabier Arzalluz es que él sí que actúa con una «bajeza moral» fuera de lo común al despreciar el dolor de un partido que ayer enterró en Jaca -antes de la manifestación más multitudinaria que se recuerda en Zaragoza- al presidente del PP en Aragón, su víctima número 13 desde el asesinato de Gregorio Ordóñez, hace seis años.

Con sus incalificables palabras, el líder del PNV pretendía responder a la más que moderada reacción de los dirigentes del PP que, después del atentado, hicieron un llamamiento a los vascos para que respondan contra ETA llenando las urnas de votos. Lo cual no es ya que sea un derecho del PP ante una ofensiva que se está cebando con sus cargos públicos, es que incluso es su deber para lograr que el futuro Gobierno vasco haga de la lucha contra el terror su prioridad absoluta.

Porque lo que el PP y el PSOE están planteando, como han subrayado muy bien Mayor Oreja y Redondo Terreros, es que Ajuria Enea lidere el combate contra ETA mediante la acción de la Ertzaintza y la estrecha colaboración con el Gobierno central, las autoridades francesas y la UE. Que esto sólo sea posible hoy en día con un Gobierno del PP y el PSOE es culpa, única y exclusivamente, del PNV. Quizá no estaríamos en una situación tan dramática si Arzalluz e Ibarretxe no hubieran abdicado de su responsabilidad contra el terrorismo, llegando a la traición de pactar con ETA y EH, cuyo líder Otegi -«menos lágrimas de cocodrilo y más soluciones»- ha vuelto a dar muestras de su inhumana crueldad.

Pero es que, además, resulta ya el colmo que Arzalluz hable de utilización electoral del atentado por parte del PP, cuando el entierro de Giménez Abad es el primero de un dirigente popular asesinado fuera del País Vasco al que asiste Ibarretxe. Casualmente, en plena campaña electoral. El candidato del PNV -seguro que como él mismo había previsto tal vez que ocurriera- fue despedido en la iglesia con abucheos.

Tanto la crispación de Arzalluz como la imagen de socialistas y populares abandonando las concentraciones de repulsa, mientras los del PNV y EA continuaban impertérritos evidencian que la brecha abierta entre nacionalistas y no nacionalistas se ahonda cada vez más a pocos días de unas elecciones que son trascendentales, sobre todo, para vencer a los criminales.

La inmensa soledad de la muerte
Por Fernando R. LAFUENTE ABC 8 Mayo 2001

ETA vive de la muerte. Es una vida miserable, pero algunos le dan aliento. Y eso es aún más miserable. Y lo peor es que se intente explicar la inmensa soledad de la muerte con fatuas estrategias o últimos sentidos. La única dirección es la genealogía del crimen. Y esta vez el crimen fue en Zaragoza. Los que se pierden, y pierden a otros, en delirantes apelaciones a supuestos diálogos y estreñimientos varios ocultan, porque lo saben, que ETA es el oscuro epílogo de lo más negro del siglo XX: la extorsión, el asesinato, el chantaje y la desolación; es decir, los ingredientes siniestros y habituales del totalitarismo. Por eso, es un ejercicio memorablemente inútil volver una y otra vez a lo que hay detrás de cada crimen. No hay nada, salvo el minucioso exterminio de la democracia, personificada en cada uno de los ciudadanos españoles. Resulta estremecedor, por repugnante, que aún alguien intente explicar el terror, o le tienda una ración «de diálogo» a la genealogía del crimen. Hoy, al contemplar el silencio del féretro de Manuel Giménez Abad, resuena, en la rotunda bóveda sin fin que es la libertad, en la inmensa soledad que le acompaña, la voz vibrante de una nación entera 

A galopar
Por Alfonso USSÍA ABC 8 Mayo 2001

Un lector de ABC, Pablo César Rodrigo, en una «Carta al Director», ha dado en el clavo. Nació hace 22 años y no vivió en el franquismo. Pero tiene idea de lo que se movía la resistencia canora de la época. Lluis Llach, el propio Serrat, el mismo Víctor Manuel y, sobre todo, el eterno triunfador en París, Paco Ibáñez. Sus recitales constituían éxitos seguros. Entre los «progres» ricos y los profesionales de la «Gauche Divine» barcelonesa, se ocupaban todas las localidades del Olympia parisino. La Dictadura daba sus últimas bocanadas, y se cantaba contra un sistema enfermo de muerte, pero se hacía resistencia. Aparecieron como hongos grupos reivindicativos, como «Jarcha», y Chicho Sánchez Ferlosio cantaba en París su elegía a Julián Grimau, bastante peor que la de Miguel Hernández a Ramón Sijé, escrito sea sin ánimo de ofender. El público de los recitales contestatarios intervenía, cantaba, seguía el compás de las trovas, palmeaba y se incorporaba entusiasmado cuando Ibáñez cantaba a Rafael Alberti: «A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar». La figuración extasiaba y la muchedumbre respondía. Lo curioso es que muchas de las canciones contestatarias contra el franquismo se editaban y vendían en España.

Aquel movimiento de los cantantes no existe hoy. Nadie canta contra el terrorismo, ni la falta de libertad, ni la angustia de una sociedad como la vasca, sometida a un plan de exterminio. Nadie canta en San Sebastián o Bilbao, o Vitoria el «a galopar» albertiano refiriéndose a la ETA. Los cantantes y cantautores están callados, como los poetas andaluces de los años sesenta denunciados por Alberti en un poema interpretado por un grupo de aquellos tiempos. «¿Qué cantan los poetas andaluces de ahora? / ¿Qué escriben los poetas andaluces de ahora?».

Aquellos juglares, contestatarios tolerados por un régimen en quiebra, no se atreven a representar la voz de los pacíficos y los justos en sus reivindicaciones primarias. La sangre inocente hoy derramada apenas les importa. Algunos de ellos, pocos años atrás, actuaban en las fiestas de Herri Batasuna y trataban a terroristas de la ETA fuera de España. De todos modos, uno al menos, Joaquín Sabina, lo ha reconocido y se ha arrepentido públicamente de sus pasadas miserias. Del resto no hay noticias. Están callados, y calculan con frialdad nada progresista los beneficios que pueden reportarles la venta de sus discos y los llenos de sus recitales en el País Vasco.

Aquellos progres son hoy unos aristócratas del dinero, elegidos por la mano del papanatismo y de Teddy Bautista. No han evolucionado y aunque algunos no alcancen la edad necesaria, siguen en mayo del sesenta y ocho, apasionadamente. Están mudos, como los poetas andaluces de los años sesenta que Alberti pretendió zarandear desde su romano rincón del Trastévere.

No tengo referencias de críticas contra el terrorismo de la Bonet, ni de Llach, ni estrofas lloradas de Serrat, o satíricas de Gurruchaga, o indignadas de Ana Belén. La actitud de estos artistas no difiere mucho de la mostrada por los grandes jefes de cocina, recientemente desenmascarados. Hacen lo cómodo, cantan lo cómodo y se enriquecen cómodamente. ¿Dónde están los cantantes contestatarios de los setenta? Están reunidos y no se pueden poner.

¿Dónde nuestros adoptados juglares cubanos, nuestros silvios y compañía, tan prodigiosos en sus denuncias de la tortura, la sangre del pueblo derramada, la cárcel de los justos y la resistencia de los héroes? Pues, como sus colegas, siguen reunidos, tampoco se pueden poner, y si es urgente, dejen un recado que cuando termine la reunión se pondrán en contacto con ustedes. No esperen la llamada.

Aquí se están jugando el pellejo los que oyen y escuchan, pero no los que cantan. A éstos les basta y sobra con su fácil paso por la contestación en los años sesenta. Se han derramado casi mil sangres del pueblo, y los juglares no están inspirados.

Una maldad
Por Ramón PI ABC 8 Mayo 2001

A Xabier Arzalluz le ha parecido una muestra de «bajeza moral» el que algunos dirigentes del Partido Popular hayan reaccionado, tras el asesinato de Manuel Giménez Abad, pidiendo a la ciudadanía vasca que acuda a votar en masa, que llene las urnas de papeletas y que responda a los tiros con los votos. Y le parece tan mal porque, según él mismo ha imaginado, y así lo ha dicho, se presupone que es para votarlos a ellos, y entonces llega a la conclusión de que eso es aprovechar el crimen para sacarle rédito electoral.

A la vista de esta reacción del presidente del PNV, uno no tiene más remedio que preguntarse varias cosas: ¿Acaso es de gran altura moral el contestar a los asesinos absteniéndose de ir a votar en las elecciones? ¿Le parece a Xabier Arzalluz que una asistencia masiva a las urnas no haría más que enfurecer a los asesinos, y los impulsaría a asesinar más? ¿O es que este asesinato en plena campaña electoral vasca hay que ignorarlo, como si se hubiera cometido en otro planeta? Y en el supuesto de que la petición de voto masivo se dirigiera al electorado con ánimo de mejorar los propios resultados, ¿es moralmente reprobable que un candidato pida el voto para la opción que representa? Más aún: ¿Puede interpretarse que el llamamiento a votar dirigido a todos ha de beneficiar al Partido Popular? Porque si es así, entonces estamos en una situación ciertamente paradójica, en la que Xabier Arzalluz considera una «bajeza moral» el que la foto electoral sea lo más precisa posible; y lo moralmente elevado, por contraste, sería que sólo fuesen a las urnas los que no quisieran votar al PP o al PSOE.

El presidente del PNV lleva una temporada, ya muy larga, de cultivo del despropósito como eje de sus discursos. Hay que reconocerle, sin embargo, una puntería notable para destilar sus maledicencias venenosas, pero eso, a mi entender, no hace sino agravar su responsabilidad, porque no dice tonterías simples, sino maldades complejas; maldades que se desmontan en cuanto se piensa un poco, pero que pueden colar entre gentes menos avisadas.

El voto de la movilización popular
Editorial La Razón 8 Mayo 2001

La reación popular ante el último asesinato de Eta refleja que los ciudadanos españoles, lejos de flaquear en su rechazo a la banda asesina, lejos de desmoralizarse, incrementan su compromiso por la libertad y frente al terrorismo. En esta ocasión, con motivo del crimen que ha costado la vida al senador y presidente del PP de Aragón, Manuel Giménez Abad, miles de personas se han echado a la calle para demostrar a los asesinos y a sus cómplices la soledad en la que viven, la locura en la que militan y la crueldad que ejecutan. Son más cada vez los que no sólo no desfallecen en su actitud sino que la redoblan, porque saben que no es cuestión sólo de condenar un asesinato, sino de crear un frente pacifista para acorralar socialmente a los que practican la violencia.

   La movilización de ayer en Zaragoza y en Jaca, de donde era natural el político tiroteado por la espalda en la capital aragonesa, fue especialmente multitudinaria. Pero en el resto de España fueron miles de personas las que acudieron a las convocatorias de repulsa.

   Es cierto que esas personas, salvo los vascos que también salieron a la calle para dar la cara contra el terrorismo, no pueden votar en las elecciones vascas. Sin embargo, en su condición de españoles, también se juegan mucho de lo que acontezca en la Comunidad Autónoma que elige su Parlamento el próximo domingo. Los muertos causados por el terrorismo ultranacionalista afectan a toda España, y son por tanto todos los ciudadanos los involucrados en la necesidad de frenar por vías democráticas la extensión del separatismo asesino. Por eso, su protesta activa contra Eta era, a la vez, una petición a los electores vascos, para que se comprometan en una solución política en el País Vasco que no sólo asegure la libertad y la seguridad para esa atormentada tierra (al menos para los que viven en ella sin el escudo protector de alguna ideología) sino que encuentren una salida que facilite también la paz y la libertad del conjunto de España.

   La movilización ciudadana fue, por eso, el voto de los que no pueden votar, pero cuyo futuro depende de las urnas vascas.

   Decir esto no es, como suciamente plantea Arzallus, aprovechar la sangre caliente de una persona para reclamar soluciones electorales a la violencia criminal de Eta y a la dictadura que imponen los que utilizan a Eta como guardaespaldas. Es, simplemente, exponer la necesidad de una solución política frente al terrorismo diferente a la ineficaz contemporización que algunos plantean al intentar acabar con Eta con concesiones políticas, desconociendo que Eta jamás se conformará con ningún acuerdo que no sea su vitoria total.

   En una democracia, la única forma de abordar un problema es que la ciudadanía lo exija en las urnas. Cualquier otra cosa sería una respuesta indeseable. Por eso, contra Eta los electores tienen la oportunidad de apoyar a aquellos líderes y partidos que puedan ofrecer una solución, y no sólo a corto plazo, sino también al largo. Una solución, además, que no puede ser localista, exclusivamente vasca. Porque los problemas que ahí acontecen tienen su reflejo en la estabilidad entera de la Nación española, y en la seguridad y libertad concreta de el conjunto de los españoles.

   Es por eso por lo que legítimamente se puede y se debe pedir el apoyo de los electores vascos a partidos de ámbito estatal. Pues sólo desde una perspectiva global se puede alcanzar una solución en el País Vasco. Porque son muchas cosas las que hay que hacer ahí. Y la primera, acabar con el victimismo nacionalista porque las víctimas son los no nacionalistas. Educar en la reconciliación y en el pluralismo, porque sólo embridando el odio se puede construir una sociedad en paz y con futuro.

Luto
La Estrella  8 Mayo 2001

Otra vez, por enésima vez, España de luto ¿hasta cuándo?, en silencio o en manifestación, clamando al cielo porque los de las pistolas están sordos a los sonidos de la paz y la razón. El luto llena las calles baturras de Zaragoza por la muerte de un maño ejemplar, y el negro se instala con rabia y con fuerza en la campaña electoral. Sólo quedan cinco días para que el pueblo pueda hablar, a ser posible, en favor de la paz. 

La abyección moral
Por Jaime CAMPMANY ABC  8 Mayo 2001

El Partido Nacionalista Vasco, vieja institución política democristiana, se halla ahora inmerso en un estanque de abyección moral donde la bajeza de espíritu llega por encima de las cabezas de sus dirigentes. A esta innoble situación se ha llegado por obra y desgracia de Javier Arzalluz, poseído por el demonio del odio y cegado por una soberbia diabólica. «No vamos a pedir perdón a nadie», ha gritado mientras apretaba el puño y alzaba el mentón en gesto desafiante. ¡Cuerpo de Dios, con el jesuita! ¿Sería ése el argumento de su primer sermón como misacantano? ¿Desarrolló el tal asunto en sus homilías? ¿Daba ese caritativo consejo en el confesonario? ¿Qué letra le pondría al padrenuestro la arrogancia de este soberbio hijo de san Ignacio?

Mientras Arzalluz lanzaba con ademán retador aquella declaración de prepotencia y despotismo, sus aliados de Estella asesinaban en Zaragoza a Giménez Abad, presidente del PP en Aragón. Naturalmente, lo asesinaron por la espalda con tres tiros en la cabeza. O sea, lo habitual. La cobardía de siempre. La vileza de siempre. En esta ocasión se daba una circunstancia especialmente trágica. Al hijo de la víctima le obligaron a contemplar, inerme y desapercibido, la muerte de su padre. Nadie pedirá perdón por el crimen. Nadie pedirá perdón por añadir una víctima más a la lista de tantos inocentes sacrificados sin sentido. Nadie se preguntará qué ha cambiado en la vida política, económica, social, cultural o religiosa del País Vasco, sino es una nueva abyección moral sobre la pirámide de abyecciones morales de los asesinos y sus aliados.

Javier Arzalluz seguirá sin pedir perdón a nadie, ni a la familia del muerto, ni al Partido Popular, al que le arrancan un dirigente, ni al País Vasco, que carga con una nueva ignominia, ni a España toda, que responde a estos crímenes sucesivos con el silencio dolorido o con el grito de «¡Libertad, libertad!». Javier Arzalluz tampoco pedirá perdón a Dios, que ordena «no matar», por ir del brazo de los asesinos a conquistar el poder político con ambición delirante y vesánica, un poder imposible de conseguir ni siquiera instalándose encima de una pirámide de cadáveres. Esa frase «No vamos a pedir perdón a nadie» retrata la estampa inhumana de un dictador loco, que se cree en posesión de la verdad indiscutible y de la fuerza dominante para vencer siempre, para humillar siempre.

Y sin embargo, son muchas las cosas que Javier Arzalluz tiene que hacerse perdonar. Primero, de los vascos, de todos los vascos, empezando por los que incomprensiblemente escuchan y aplauden esas arrogancias de aprendiz de soberano de pitiminí que está conduciendo a su pueblo a una confrontación de violencias. Después, tiene que hacerse perdonar de todos los españoles, porque él ha querido encarnar el odio a España, a la que tantos ilustres vascos engrandecieron, inculcándolo en los más jóvenes, falsificando la Historia y tratándonos a todos como un pueblo invasor y opresor, ignorante, injusto, miserable y blasfemo, según las enseñanzas de aquel pobre delirante llamado Sabino Arana, arrepentido de ellas en el lecho de muerte.

He escuchado por radio otra frase de Arzalluz. Decía con voz y acento de un exaltado Savonarola, que Aznar y el PP están aprovechando la sangre del asesinado Giménez Abad para hacer propaganda electoral, y que no hay abyección ni bajeza moral mayor que esa. El único partido que no suspendió su campaña electoral fue EH, o sea, los correos entre Arzalluz y «ETA», los que dieron sus votos en el Parlamento para que Ibarreche, el muñeco de Arzalluz, fuese lehendakari, los que luchan con los disparos contra los votos, con la sangre contra los argumentos. Ahí, Arzalluz ya no es sólo un demente. Es un sinvergüenza.

Canalladas nacionalistas
Por Enrique de Diego Libertad Digital  8 Mayo 2001

Dignos de encomio son los niveles de autocontrol, moderación y dolorida serenidad con los que el Partido Popular (y cuando es el luctuoso caso, el PSOE) entierra a sus víctimas. Esa ha sido la elogiable tónica desde enero de 2000 con Jesús María Pedrosa, José María Martín Carpena, Manuel Indiano Azaustre, Francisco Cano Consuegra y lo es con Manuel Giménez Abad. Intenso tributo de sangre en defensa de la libertad. ¿Cómo hubiera actuado el PNV si hubieran asesinado a cinco de sus dirigentes? Pregunta retórica, porque el PNV tiene inmunidad, incluso por los documentos de Sokoa parece deducirse que cobra el chantaje revolucionario alternativo.

Si el asesinato de personas que están preparadas para defender sin armas las ideas, pero no para ser héroes ni víctimas, no es poco dolor, sobre las lacerantes heridas siempre cae la hiel y la sal de alguna canallada de Arzalluz. Tiene tal personaje dosis de perversión moral en su discurso que se ha hecho un maestro de la manipulación semántica en niveles de maestre ciruelo. Acusar de “bajeza moral” al PP mientras entierra a su presidente de Aragón, asesinado por los aliados de Arzalluz en nombre de las ideas comunes por una banda que se fundó con el mismo fin que el PNV, Arzalluz dixit, eso sí es una bajeza moral de tomo y lomo. Considerar un aprovechamiento de la sangre el pedir la lógica respuesta democrática de acudir a las urnas, sin asomo de ira ni de violencia, es propio de una mente enferma que ha ido dejando sobradas muestras de moverse en el umbral del nazismo, con sus Rh y sus etnias puras y su odio al diferente.

Arzalluz, que es como siempre desde hace décadas el auténtico candidato a lehendakari tras el guiñol de Ibarretxe, ha perdido el sentido humanitario de respeto al dolor y a la vida, y sólo establece análisis abyectos desde su miedo a la pérdida del poder. Arzalluz, por lo demás, ha pactado con el terrorista que ha asesinado a Manuel Giménez insertándose en fracasada francachela en su mundo moral. ¿Cabría deducir que en este caso Eta ha cometido un error inoportuno o, por el contrario, ha seguido la consigna de Arzalluz de que apuntara más alto?.

La dura pregunta tiene respuesta. En esta internacional hispánica de los nacionalismos Arzalluz no está sólo en sus canalladas. El bufón de Pujol se supera: este atentado significa que “Eta quiere que gane el PP”. Artur Mas, con la tranquilidad que da saberse del lado de los inmunes, adopta las ínfulas del cortesano cazurro y da la vuelta a la más inmoral de las tesis de Arzalluz: Eta y el PP se necesitan, Mayor Oreja “se alegra” por los asesinatos. Y pregunto yo: ¿cambiaría CiU la vida de cinco de sus concejales y el miedo de todos los demás por una victoria electoral? ¿estaría dispuesto el PNV a tal trueque por un ascenso en las urnas? Arzalluz sabe el camino para hacer tales peticiones, pero el árbol y las nueces son siempre constitucionalistas. Es el nacionalismo el que se ha beneficiado del terrorismo. Pero a fuer de ello se ha instalado en una bajeza moral infinita, hasta el nivel de no respetar ni el dolor de las víctimas.

Embustes
AMBOTO ABC   8 Mayo 2001

Mayo es un mes frío en el monte Amboto pero la gelidez de las cumbres la sorteaban las brujas con ocurrencias y risas. Después del asesinato del domingo -los tiros sonaron como cañones en las faldas del monte- las «sorgiñes» entraron en un mutismo lacio y compungido.

Llegada la noche, a la luz de la lumbre, y en medio de un silencio espeso, lancé una provocación: «Arzalluz miente ¿verdad Mari?». «Siempre lo ha hecho - me contestó Mari, la bruja madre-, pero lo trágico es que él se cree sus propias mentiras. Pero es un embustero compulsivo.» Eider y Uxua levantaron la cabeza. «Ponme ejemplos, Mari», halagué a la vieja dama. «Están a la vista: dice que ellos fueron con buena fe al pacto de Estella; en realidad fueron con una sola intención, la de sacar réditos nacionalistas en una paz nacionalista. Se trataba de salvar a ETA y, de paso, cobrar por el favor».

Mari estaba lanzada: «Miente también cuando dice que no hay ni habrá comunidad de accción con EH mientras ETA siga matando ¿Cómo explica que consejeros de su gobierno estén con Ternera y Landa en la fiesta de la escuela pública vasca? ¿Qué más comunidad de acción que la convergencia de sentimientos y fines con los que asesinan y sus cómplices». Mari dibujaba un rictus amargo en su rostro. «Mienten, mienten», musitó la bruja.

«Y por eso abuchean a Ibarretxe en Zaragoza, porque la gente percibe el embuste» remató Eider, la más sensible de las brujas del monte.

La libertad zapeada
Iñaki EZKERRA La Razón   8 Mayo 2001

Ayer se cumplía el aniversario del asesinato de José Luis López de Lacalle y, para conmemorarlo de la única manera que sabe, Eta asesinó a Manuel Giménez Abad mientras se dirigía con su hijo a La Romareda, a ver jugar al Zaragoza. El asesinato político tiene esa facultad de irrumpir con toda su publicidad obscena en el cotidiano y recatado mundo de lo privado, del señor particular que camina hacia el portal de su casa con el paraguas y la bolsa de los periódicos del desayuno o del que acompaña a su hijo a ver un partido de fútbol.

   Lo que se experimenta ante esa irrupción del crimen en la vida íntima de unas personas es, además de consternación y de rabia, un sentimiento de desproporción. Ni José Luis López de Lacalle ni Manuel Giménez Abad tenían vocación de mártires. Eran hombres inmersos en la cotidianidad de una vida que creían amable hasta que fue interrumpida por las pistolas. El primero paseaba y hablaba con todos los vecinos de Andoain, el segundo decía ¬según ha relatado Iturgaiz¬ que «no tenía tiempo para pensar en escoltas con el follón del plan hidrológico». Esos eran los follones que le interesaban y en los que se veían sumido a diario, esos planes para mejorar la vida de sus paisanos que, invocados así, con ese desenfado, perdían su innegable carácter público y revelaban todo su rostro rutinario, modesto, privado, doméstico...

   No tenían vocación de mártires pero les dio por tomarse en serio la libertad, esa palabra que muchos matrimonios jubilados, es decir de la edad que tenía José Luis, suelen considerar un asunto del que se habla en las series televisivas. Un tema que mucha gente de la edad que tenía Giménez Abad suele tomar a menudo por cosa de intelectuales. Y por creer con sencillez, con naturalidad, en esa palabra que define un concepto cívico, colectivo, enorme, los han matado. Y por esa razón no van a tener una vejez frente al televisor como la que tienen otros hombres, como la vejez tranquila y apacible de esos matrimonios que toman calditos calientes al mismo tiempo que cambian canales con un mando a distancia.

   No tenían ningunas ganas de ser héroes pero hoy se ha vuelto heroico ir a desayunar con los periódicos o ir con un hijo al fútbol para quienes creen en la libertad, para quienes se conectan con ese Internet de la plenitud humana que es el sueño civil de una existencia libre, para quienes al conectarse, al reivindicar ese asunto, se topan con la desproporción de los asesinos, de quienes quieren secuestrarlo, de quienes quieren gente sumisa que se crea que la libertad es «una cosa de Savater» o un desnudo que se «zapea» en una tarde de domingo.

Esperando el domingo
Por Maite Cunchillos Libertad Digital 8 Mayo 2001

Arzalluz considera que es víctima de una campaña de acoso y derribo similar a la que sufrió, a principios de los años ochenta, Adolfo Suárez. El presidente del PNV cuenta que fue el propio Suárez quien le reveló esas dos situaciones similares: “A mí fue el Canciller Schmidt –relataba Suárez a Arzalluz recientemente– quien me reconoció que asesores electorales alemanes habían trabajado para Felipe González; tenían el objetivo de acabar conmigo”. Arzalluz entiende, y así se lo ha explicado a sus amigos, que entre él y Adolfo Suárez hay una sensible diferencia: “Suárez no contaba con un partido fuerte –dice– y yo sí lo tengo”.

Anécdotas aparte, en las sedes de los partidos vascos ya sólo cuentan las horas que faltan para la apertura de los colegios electorales. De las encuestas rigurosas se ha pasado a “la cuenta de la vieja”. Los más optimistas confían en que el PP, con su campaña más antinacionalista que antiETA, les otorgue la mayoría suficiente para gobernar. Algunos dirigentes del PNV aseguran que el próximo domingo se depositará lo que califican como “el último voto de la emotividad”, voto que devolvería a Ibarretxe las llaves de Ajuria Enea.

Frente a los optimistas, emergen otros compañeros del PNV que se temen un gobierno de los partidos estatales. En este contexto surgen dos incógnitas: el grado de participación de la sociedad vasca y el número de votantes que EH va a perder en estas elecciones.

Nacionalistas, populares y socialistas coinciden en que el voto a PP y PSOE será mayor cuanto más alto sea el número de votantes. Algún destacado peneuvista vaticina, incluso, la mayoría absoluta de los partidos estatales si el domingo acudiera a las urnas el 74 ó 75 por ciento de los electores vascos.

La segunda incógnita es, como he mencionado, el descenso de Euskal Herritarrok. Ideólogos como Iruin fijan el descenso en tres escaños. Un vaticinio demasiado optimista incluso para los nacionalistas, que cifran en 5 ó 6 escaños los que podría perder la coalición radical abertzale (ahora tiene 14). Para Txema Montero, abogado y miembro de la fundación Sabino Arana, será fundamental la abstención de EH. Unos 40.000 votantes de esta coalición podrían quedarse en casa el próximo domingo; en este colectivo destacan sobre todo los representantes del mundo del euskera, de AEK, de los sindicatos de la izquierda radical... Frente a ellos, EH sabe que tiene garantizado el voto de los jóvenes de Haika; todos los protagonistas de la “kale borroka” acudirán a depositar su papeleta.

Con al reforma de la Ley Electoral, IU será el partido más beneficiado. Pasará de 2 a 3 escaños. Algún dirigente de IU se jacta de poder tener la llave de Ajuria Enea si, el domingo, PP y PSOE no consiguieran la mayoría absoluta.

En lo que sí coinciden PP, PSOE y PNV es que, a medio plazo, podremos presenciar el fin de los crímenes de ETA. Desde las filas nacionalistas, admiten que si el PP arrasa este domingo el fin de ETA estará más próximo; un fin que llegará, eso sí, tras una campaña brutal de atentados de la organización terrorista. Sería la traca final de quienes, sin armas, ya no tienen razón de existir.

Pereza y gula
RAUL DEL POZO El Mundo
8 Mayo 2001

El tiempo es el descubridor de todas las cosas y ha puesto un cuerpo acribillado en el sendero electoral cuando disfrutábamos de una engañosa tregua. Nos han recordado que la cola sigue sin desollar. Mientras el PNV sigue jugando a la ruleta rusa, en la quimérica, imaginaria e imposible independencia de su Barataria feliz, pensando, con la estupidez de los burgueses, que ellos y el MLNV tienen el mismo horizonte al que se llega por dos calzadas diferentes, ETA les recuerda en una tarde de domingo que las elecciones no son asunto suyo. Si gana el PNV como si gana el PP, la ofensiva continuará. Con el tiro, ETA avisa que no están batidos, que no se puede prescindir de su presencia; no dan señal alguna de entregar el batallón; les da igual que ganen los constitucionalistas que los autonomistas.

Según la teoría de Clausewitz, cuando el vencido yace en tierra, el vencedor dicta las condiciones de paz; si ninguno de los adversarios reduce al otro, ambos deben negociar. ETA no yace en tierra; está en una situación imposible, con su estado mayor preso, pero aún sale del sumidero de la historia a recordar al Estado y al PNV que existe; su capacidad de disuasión sigue siendo pavorosa; un tiro en la nunca anega mil razones. EL PNV hasta ahora se ha beneficiado de su ejército secreto, de su mano armada; ha mantenido su apariencia inmaculada, sus perífrasis jesuíticas, pero como siempre, el gángster acaba recordándole al que protege lo que se le debe. Los etarras han pagado cárcel, destierro, bajas, mientras los otros comían bacalao al pil-pil y hacían política, esa cosa de españoles, y de liberales. Si los constitucionalistas ganan las elecciones, el PNV perderá su omnipotencia. Si el PNV gana, ETA adquirirá más fuerza porque no es razonable que quien está armado obedezca gustosamente al que está desarmado. La burguesía vasca, acomodada y opulenta, entre la pereza y la gula, tiene mucho más que temer de sus aliados radicales que de sus adversarios constitucionalistas. Pero están ciegos. No ven que su vanguardia les triturará; en el caso inverosímil de que llegaran a la autodeterminación, los que ahora matan se convertirían en generales; como escribe Gregorio Morán, lo que ayer fue un crimen, mañana es un error y pasado mañana una fecha memorable.

Ese estúpido pensamiento nacionalista de que las elecciones son un problema entre españoles y vascos se lo tendrían que tragar si se quedaran frente a su propio ejército, a su propio delirio. El terrorismo será una variante del nacionalismo pero quiéranlo o no los de ETA, que hoy son sus aliados tácticos, mañana serán sus enemigos mortales. Sería grotesco ver un día cómo Otegi, escoltado de metralletas, le pide a Arzalluz Chang Kai Sek las llaves de Ajuria Enea.

Unidos por la sangre
Lorenzo CONTRERAS La Razón    8 Mayo 2001

Hacía cuarenta y siete días que Eta no mataba. Lo había intentado en un par de ocasiones con su criminal seriedad de costumbre, pero la operación, como otras veces se le frustró. El caso es que desde el 20 de marzo, fecha del asesinato en Lasarte de Froilán Elespe, no aumentaba la lista de víctimas. No se trataba de una tregua, pero sí de una pausa impuesta por las circunstancias. Y para Eta es demasiado fácil segar vidas, pues, si hay protecciones difíciles de superar, simplemente rebaja la categoría social o política de las víctimas. En el caso de Zaragoza, donde el objetivo mortal ha sido nada menos que el presidente del PP de Aragón, la variable consistía en salir del País Vasco y seleccionar en su abundante censo de víctimas potenciales.

   Al PNV le convenía electoralmente que la sangre no corriera durante la campaña. No hay nada peor para su imagen política que el recuerdo de Lizarra y, por tanto, la evidencia de que buscó y mantuvo arreglos con los asesinos. Y que también pudo gobernar con el apoyo del entorno parlamentario proetarra. Precisamente esta ominosa memoria ha influido en los últimos discursos de Ibarreche, obligándole a negar mendazmente sus relaciones con EH, para mayor indignación de Otegui.

   Ahora, con el nuevo crimen, puede decirse que Eta se incorpora plenamente a la campaña y hasta la cambia de signo. La expectativa de otros atentados ensombrece el tiempo que falta hasta el 13 de mayo. La única incógnita consiste en comprobar si, después de golpear al PP, hace lo mismo con el PSOE en cuanto eventual socio de un hipotético Gobierno vasco no nacionalista. Sería la manera más segura de crear un clima de solidaridad definitiva entre los dos partidos, unidos por la sangre si cabe la expresión. Y entonces la certeza de que la banda busca la concreción práctica del cuanto peor, mejor para su estrategia, deslumbraría por su evidencia.

   La probabilidad de la conjunción poselectoral PP-PSOE se fortalece. Precisamente cuando están calientes todavía las palabras de Felipe González sobre la necesidad de «rescatar a los amigos del PNV», cobran mayor valor las declaraciones de Redondo a pie de tragedia: «Esto nos acerca más que nunca al PP».

   El PNV siempre se trabajó el victimismo. Ahora observa que sus rivales políticos, al borde ya de las urnas, son los verdaderos portadores de argumentos martirológicos. Para una sociedad vasca escandalizada por tanta barbarie, los funerales pueden representar el más eficaz de los mensajes electorales sin necesidad de victimismo, simplemente por la fuerza de los hechos. Eta, dentro de su siniestra lógica, ha enlutado la campaña, echando una zancadilla electoral a sus antiguos socios nacionalistas.

400.000 aragoneses se lanzan a la calle por la libertad y en contra del terrorismo
Zaragoza acogió anoche una multitudinaria manifestación de repulsa por el asesinato del presidente regional del PP, Manuel Giménez Abad «Estamos cansados de que terminen con la vida de hombres buenos, pero ganaremos esta batalla», dice el comunicado que cerró el acto
MELCHOR SÁIZ-PARDO COLPISA. ZARAGOZA El Correo 8 Mayo 2001

A sus 16 años, Borja Giménez se enfrentó el domingo al trauma de ver morir a su padre a manos de un pistolero de ETA. «¡Me habéis jodido la vida!», gritó a las espaldas del asesino que huía a la carrera. Ayer pudo comprobar que los terroristas le han dejado huérfano, pero no solo. El joven recibió el aliento de 400.000 personas, según fuentes municipales, que se manifestaron en Zaragoza en un grito unitario ‘Por la libertad y contra el terrorismo’, según proclamaba la pancarta de cabeza.

José María Aznar y el líder de la oposición, José Luis Rodríguez Zapatero, marchaban codo con codo al frente de una marea humana, la mitad de la población de la capital maña. Ayer, la capital del dolor. Antes de la hora prevista, los políticos que portaban el cartel avanzaron desde la plaza de Aragón hasta la de España. Los organizadores tuvieron que cambiar parte del recorrido, por la ribera del Ebro, para poder acoger a todos los manifestantes.

Poco ante de las nueve de la noche, los aragoneses emprendieron la marcha en silencio, con pancartas que rezaban ‘Contra el fascismo y por la libertad’ o ‘Por la paz, ETA no’. Muy afectados, al frente de la manifestación caminaban compañeros del político asesinado, como las presidentas del Senado y el Congreso, Esperanza Aguirre y Luisa Fernanda Rudi, o el secretario general del PP, Javier Arenas. Entre ellos avanzaba el coordinador general de IU, Gaspar Llamazares, y unos pasos más atrás los consejeros vascos de Industria y de Justicia, Josu Jon Imaz y Sabin Intxaurraga; y el secretario general de EA, Gorka Knörr.

Banderas con crespones
Agolpados en las aceras, los zaragozanos desbordaron los bulevares de la plaza de la Independencia, donde algunos balcones estaban presididos por banderas de España y crespones negros. Los candidatos a lehendakari del PP y el PSE, Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo, unían su indignación a la de los ciudadanos, que saludaron con un atronador aplauso y en gritos de ánimo a Borja y Manuel, los hijos de la víctima, y a su viuda, Anabel, que se unió a la manifestación conteniendo a duras penas las lágrimas y la emoción.

La plaza del Pilar, abarrotada y presidida por una pancarta en la que se leía ‘Gracias Manolo’, recibió a la cabecera de la manifestación. Al término de la misma, la periodista María José Cabrera leyó un comunicado en el que denunció que «algunos pretenden construir países bajo el sufrimiento y la injusticia, pero no les vamos a dejar». «Los ciudadanos estamos cansados y hastiados de que terminen con la vida de hombres buenos, pero firmes y seguros de que vamos a ganar esta batalla», advirtió Cabrera, cuyas palabras fueron a menudo interrumpidas por los aplausos.

«Vamos a seguir luchando con el mismo lenguaje que utilizó Manuel Giménez Abad y tantos otros, con la unidad de los demócratas, con el diálogo de quienes así lo quieren», añadió la periodista. Minutos después de que concluyera la lectura del comunicado, miles de personas coreaban todavía frente a la casa consistorial gritos contra ETA y HB. 

Rafael Carriega: «El PNV pactó con Eta para mantener el poder a costa de extorsionar a los vascos»
Entrevista al hijo de Modesto Carriega, asesinado por Eta
Esperanza Mejuto - Bilbao.- La Razón  8 Mayo 2001

A tan sólo unos metros de la plaza en donde la banda terrorista Eta asesinó a su padre hace unos años, LA RAZÓN entrevistó a Rafael Carriega, líder del PP de Baracaldo, formación que, de ser un grupo «casi clandestino» hace unas décadas, ha pasado a contar con cinco concejales en esta localidad vizcaína de unos 100.000 habitantes. La ilusión se notaba en su rostro. Ilusión por tener el honor de sustituir a Jaime Mayor Oreja en el Congreso. Ilusión por el «cambio» que, como aseguró, «se avecina para el País Vasco».

   ¬¿Qué significa ser un cargo del PP en el País Vasco y especialmente en una localidad como Baracaldo?
   ¬Es sin duda, un tremendo reto. Implica la necesidad de defender conceptos como la libertad y la democracia en unas condiciones muy duras y muy complejas, pero, personalmente, supone un enorme orgullo poder proteger unos valores básicos, anteriores incluso a la propia ideología, y que han sido siempre amenazados por el nacionalismo. Esto, para mí es, además de una gran responsabilidad, una gran satisfacción.

   ¬¿Por qué cree que ha aumentado tanto el número de solicitudes de voto por Correo?
   ¬En otras ocasiones hemos visto como la situación de miedo o de presión ha provocado un alto número de abstenciones. Frente a ello, en estas elecciones encontramos que un número amplio de ciudadanos prefiere no dejarse atemorizar el día 13 de mayo y garantizar su derecho a voto mediante el voto Correo. Hay muchísimas personas que no quieren dejar esta oportunidad de esperanza, de cambio. Por otra parte, gente que, en otras ocasiones, ha entendido que su voto era un voto perdido porque indefectiblemente iba a ganar el PNV como si esto fuera un axioma, ahora entienden que es muy profunda la esperanza de poner por encima de todo conceptos como libertad y democracia.

   ¬¿Por qué las posiciones en esta campaña están tan enfrentadas?
   ¬Esta campaña se encuentra bipolarizada de una manera extraordinaria entre dos grandes conceptos: el concepto de la libertad, la defensa de la democracia, de los derechos y el que predica el nacionalismo, estando dispuesto a todo, incluso a pactar con los terroristas para continuar anclados en el poder en una permanente situación de extorsión moral a los ciudadanos, estableciendo una división entre vascos de primera clase y de segunda, haciendo que aquel que no comulgue con las ideas nacionalistas sea un ciudadano al que hay que apartar, al que hay que estigmatizar. Nunca hasta ahora habían estado tan claras las diferencias. Por eso la gente está tan concienciada y tan ilusionada.

   ¬¿Qué cambiará el 14 de mayo si gana el PP?
   ¬El 14 de mayo va a ser el día en el cual la libertad va a estar totalmente insertada y garantizada en la vida de todos los ciudadanos, en su igualdad y en su dignidad. Contaremos con un Gobierno a cuyo cargo se encontrará una persona con la suficiente dignidad para decir «no» a los asesinos, a quienes extorsionan y atemorizan a la población y aquellos que, sin ningún rubor, han consentido todo esto con tal de mantenerse en el poder.

   ¬¿Y si vuelve a ganar el PNV?
   ¬No contemplamos esa posibilidad. No es una cuestión de fechas, ni del 13 de mayo ni de cualquier otra. Es una cascada, una evolución de la sociedad que se viene advirtiendo desde hace unos cuantos años en los que ha ido despertando de su letargo. Ahora ha desaparecido esa narcotización a la que estaba sometida, y estamos convencidos de que es una evolución sin retorno.

   ¬¿Es posible la esperanza del cambio?
   ¬Estamos totalmente convencidos de ello. Mayoritariamente la sociedad quiere cambiar miedo por libertad, estar amenazado por vivir en libertad y poder expresarse libremente. Cuando una sociedad pide libertad, resulta imposible para sus ansias.

¡BASTA YA!: 'ETA es un proyecto totalitario ilegítimo'; ELKARRI: 'La independencia es tan legítima como la unidad de España'
PABLO ORDAZ El País  8 Mayo 2001

Los dos buscan la paz por caminos distintos. El intelectual vasco Carlos Martínez Gorriarán, promotor del movimiento ¡Basta Ya!, contrasta sus puntos de vista con Bittor Aierdi, portavoz del movimiento para el diálogo Elkarri. Mientras el representante de ¡Basta Ya! sostiene que el nacionalismo ha fracasado y no puede aportar la solución al problema de la violencia,el portavoz de Elkarri sigue apostando por el diálogo con ETA y nuevos consensos que permitan integrar al nacionalismo violento.

C. M. G. Nosotros pensamos que la salida a la situación que vivimos depende mucho de estas elecciones. Justamente porque el aspecto que tiene de problema político es que hay un grupo terrorista que quiere tomar el poder por métodos extra democráticos. Hay una confrontación muy clara entre totalitarismo y democracia. Y a nosotros, a ¡Basta Ya!, los partidos constitucionalistas nos dan muchas más garantías que los nacionalistas moderados por la experiencia del Gobierno de Ibarretxe.

B. A. Habrá que escuchar bien los datos que salgan el día 13 en todas direcciones, los que gusten y los que no gusten. Éste es un país con profundas diferencias políticas, que no ha normalizado su convivencia, que tiene un problema grave de violencia y de motivación política y que además es mayoritariamente nacionalista. No creemos en una Euskadi que derrote a otra. Gobierne quien gobierne, el reto es poner en marcha y desarrollar un proceso de paz de todos y para todos, un proceso de no violencia y de diálogo sin exclusiones.

C. M. G. ¿Que una Euskadi no derrote a la otra? Yo no creo que haya dos Euskadis enfrentadas, aunque podría llegar a haberlas precisamente si se prolongara la crisis política que representa el Gobierno Ibarretxe, en minoría, sin poder aprobar leyes y en manos del brazo político de ETA. Yo no creo que haya dos Euskadi que chocan o se enfrentan. Sería como decir que todos los nacionalistas apoyan a ETA y eso es rigurosamente falso. Lo que pensamos es que debe haber un Gobierno con mayoría suficiente y que tenga claro que su fin sea hacer la vida imposible al terrorismo.

B. A. ETA lo que hace es vulnerar derechos básicos. El primero, la vida. Y a partir de ahí todo es secundario. Quien no respete el derecho a la vida no merece más que rechazo. Eso en lo humano. En lo político, ETA está envenenando la convivencia hasta salirse de posiciones de sentido común. Se ha llegado a hacer una especie de doble salto: porque ETA mata, el nacionalismo es culpable; porque el nacionalismo es culpable, Mayor Oreja tiene que ser lehendakari. Son saltos sin red, sin suficiente lógica. Sería un autoengaño pensar que porque gobierne Mayor esto se va a resolver.

C. M. G. Sí, me parece bien, no violencia y diálogo. Eso es un sistema parlamentario. Por eso nosotros pensamos que la solución pasa por la política, y por eso creemos que alguien que lo ha hecho rematadamente mal no puede gobernar.

B. A. Vosotros pedís el cambio para que gobiernen el PP y el PSE; Elkarri no pide el voto, nunca lo ha pedido. Defendemos un proceso de conferencia de paz como aportación a este bloqueo.

C. M. G. Cuando planteáis lo de la conferencia de paz lo hacéis desde un horizonte extrapolítico, como si no hubiera instituciones que tienen que tomar decisiones. Y, claro, cuando hay una situación de bloqueo, a nosotros nos parece que eso lo dirimen unas elecciones. Lo fundamental está en ver cómo desbloqueamos un problema político causado por el terrorismo. No es que sea el nacionalismo el problema en sí. El problema es el terrorismo. No es sólo que ETA mata cuando puede y a quien puede, sino que se está generando una tremenda mafia, porque la violencia aquí es un buen negocio. En muchos pueblos de Guipúzcoa y de Vizcaya los derechos individuales están absolutamente en el limbo de los justos, son virtuales. Si uno pertenece a un sindicato que está en la órbita de ETA consigue ventajas sindicales que no las consigue si está en otro sindicato. Se ha creado una situación que se resume en una imagen que todos conocemos: el tendero de tu barrio un día recibe un sobre vacío y le dicen: pasaremos el lunes a recogerlo. Eso ya es mafia. Y eso se ha creado porque ha habido una confusión entre la tolerancia y la inhibición, la pasividad, el confundir la falta de compasión con las víctimas con hacer declaraciones retóricas, el no querer enfrentarse a los malhechores. Éste ha sido el gran fracaso de Ibarretxe.Ha querido vender como un proceso hacia la paz lo que ha sido en la práctica un proceso hacia la fractura social.

B. A. La pregunta es: ¿creemos que eso tiene solución, sí o no? ¿O es una enfermedad incurable? Nuestra idea es: ¿cómo se han resuelto en otros países fenómenos más o menos parecidos? Pues trabajando por la distensión y por el diálogo, y practicando los dos de manera entrelazada. Aquí la mayoría estamos absolutamente en contra de la violencia, pero además de eso, ¿cuál es el problema? Pues que el eterno dilema de la soberanía, el ámbito de decisión, algo que es discutible en política, está ahí enquistado. Además de pedir a ETA que pare, debemos avanzar en consensuar cómo queremos estar en el mundo. Sin violencia vamos a hablar de todo, también de esto...

C. M. G. ¿Tú estás con los que creemos que no todo es legítimo?

B. A. Hay quien cree que el independentismo lleva en sí mismo la semilla del terror, y no estoy de acuerdo. El independentismo no es sinónimo de terror, como el constitucionalismo no es sinónimo de democracia, porque tambien tiene sus trapos sucios.

C. M. G. ETA no es ya el proyecto de un independentismo cívico como, por ejemplo, representa Eusko Alkartasuna, que a mi me merece todos los respetos, aunque no lo comparta. Un independentismo cívico que dice: mire usted, yo creo en la independencia porque me parece lo mejor y voy a trabajar para conseguirla. ETA no es eso. Es un proyecto totalitario profundamente ilegítimo.

B. A. ETA, en cuanto a medios, es ilegítima; en cuanto a objetivos... la independencia vasca es tan legítima como la unidad de España sin autonomías.

C. M. G. ¿No te parece que ETA es excluyente?

B. A. Hombre, en la práctica sí, porque mata a los que no piensan como ellos; en la práctica sí, pero en su proyecto político de independentismo, eso es irreprochable, lo que es repugnante es matar a quien no piensa como ellos.

C. M. G. El problema es que ETA no habla de independencia. El problema es que el que está de más, sobra. La expresión de ese proyecto es esa cosa demencial del censo ideológico que querían hacer, y que encima, para más farsa, se presenta como voluntario. Es tan voluntario como los batallones de trabajadores forzados de Franco. Con ETA no hay nada que negociar. Te dicen: ¡Cállate. Vete o te matamos! ¿Cómo es posible que haya gente que se crea que se puede dialogar con estos tipos que a la menor ocasión te extorsionan y te expulsan?

B. A. Llevamos 40 años de presión policial y estamos como estamos. Luego, habrá que reconocer que ese modelo no es eficaz. Hay que incluir en el marco de convivencia también a los que están fuera de él. A las personas y a sus proyectos, no a sus métodos violentos o criminales. Desde la política hay que incluir sus reivindicaciones. Si su demanda es que el pueblo vasco tenga derecho a decidir su futuro, vamos a articular eso jurídica y democráticamente. Si su demanda es que los presos estén más cerca, vamos a darle salida a eso. Nuestra demanda es que paren de matar, y también vamos a darle salida a eso.

'Ex illis' y soldadesca
LUIS DANIEL IZPIZUA El País  8 Mayo 2001
Luis Daniel Izpizua es escritor.

'De ex illis es', le gritan al furrier que acaba de entrar a donde tiene lugar la representación quienes asisten a ella. De ellos es, o sea, judío, pues era eso lo que quería significar ese latinajo, y no podía ser otra cosa quien no veía lo que ellos sí estaban presenciando. La escena es conocida y pertenece al Retablo de las maravillas, de Cervantes. En lo esencial, el entremés cervantino representa el poder del prejuicio social y el miedo sobre la imaginación, y en ella, una compañía de títeres ofrece una serie de escenas que las puede ver todo el mundo, excepto quien 'tenga alguna raza de confeso o no sea habido y procreado de sus padres de legítimo matrimonio'. Naturalmente, el retablo está vacío, pero ninguno de los espectadores quiere dejar sospecha alguna de bastardía o de sangre mezclada, de manera que no sólo ven lo no representado, sino que lo viven como real, tal es la fuerza de la imaginación cuando se trata de evitar el oprobio. Nadie quiere ser 'de ex illis', y quien nada ve, como le ocurre al gobernador, calla e interioriza la sospecha. La aparición final del furrier desencadena una explosión catártica, pues no hay mejor manera de demostrar que no se es 'de ellos' que atribuyendo con estrépito a alguien esa condición.

Furrieles en Euskadi los ha habido y los debe de seguir habiendo. De hecho, si tomamos el término como expresión metonímica de la milicia en sentido amplio, ellos fueron los primeros 'ex illis', la primera manifestación de lo que no se debía ser en esta tierra. Su aniquilación, junto a la de personas que entraban en su ámbito por contagio -el chivato-, tenía también esa función de asegurar la pertenencia a los más por señalamiento ostensible de los menos. Pero la aceptación por parte de los más -y la hubo- del asesinato de los excluidos, propiciaba ya la instalación de un retablo que no dejaría de producir imágenes que habrían de ser aceptadas si no se quería pertenecer al ámbito de los 'de ex illis'. La imaginación hacía el resto hasta extremos patéticos con los que hemos convivido, no como si fueran lo más natural del mundo, sino lo único natural. Quien no veía nada, también aquí interiorizaba la sospecha y callaba. Ejemplos sobran de ello, desde la asunción extraviada de un etnismo, megalómano, hasta la más moderada aceptación de un lenguaje elusivo como marca de corrección, pasando por la ridícula aceptación como única lengua materna de una lengua que el hablante no había hablado jamás porque tampoco lo había hecho su familia.

La interiorización de la necesidad de la exclusión, del ámbito de los 'de ex illis', pone en marcha, sin embargo, una máquina imparable que no asegura la correcta ubicación de nadie. Mucho menos si ésta se decide por aniquilación, es decir, si es el crimen el que determina el ámbito de los excluidos. Y aquí entran ya en acción, no los furrieles, sino la soldadesca de mi título. Es ésta, es decir, ETA, la que desde un principio -fueran cuales fueran sus intenciones originarias- ha definido los ámbitos de corrección y ha propiciado la constitución de una sociedad que ha ido conformando sus deseos a partir de la aceptación vigilada del círculo de los 'ex illis'. En este sentido, la sociedad vasca posfranquista ha sido una sociedad tutelada por el terror, una sociedad secuestrada, por más que se buscaran disculpas para ello en situaciones de opresión cuya desaparición paulatina no ha ido rebajando las exigencias de corrección, sino que las ha incrementado. Paralelamente a este incremento, se ha ampliado también el círculo de los perseguidos, de forma que al furriel originario se le han incorporado sectores diversos de la sociedad en una sucesión que aún no ha finalizado. Podríamos afirmar que la sociedad vasca actual está conformada por 'ex illis' y soldadesca. Es la necesidad vigilada de no formar parte de los primeros la que determina su dinámica.

Desde esta perspectiva, resulta cuando menos discutible afirmar como definitivos -en el sentido de irreversibles- los deseos manifestados hasta ahora por los vascos, o dar por buenos los resultados derivados de consensos recientes. Y lo es, porque reflejan en gran medida los deseos de una parte importante de la población de 'no ser' de los 'de ex illis' y tendrán que ser confrontados por una efectiva y libre disposición de los mismos a 'ser' vascos. Para ello, la sociedad vasca debe pasar de una dinámica tutelada a una dinámica liberada, tránsito que no tiene, sin embargo, por qué romper con esos consensos previos. Por secuestrada que haya estado la sociedad vasca, o por elevado que haya sido el grado de cesión al que se ha visto obligada por la amenaza de la exclusión, lo cierto es que la formalidad democrática, aunque limitada en la práctica, ha permitido contrastar proyectos, y, lo que es más importante, la propia extensión de la amenaza ha generado una dinámica de encuentro que ha contribuido a salvar las reticencias que pudo haber en algunos sectores hacia esos acuerdos básicos, como pudo serlo el Estatuto de autonomía. Es en éste donde debe residir ese punto de partida de la regeneración democrática, único lugar de encuentro posible para todas las fuerzas políticas que rechazan una sociedad fundada en la necesidad de un ámbito de exclusión que determine su cohesión y su desarrollo. Fijar este objetivo como prioritario significa ya de por sí establecer las bases para un cambio democrático en la sociedad vasca, pues significa romper con los presupuestos que hasta ahora habían determinado su evolución.

Naturalmente que, en principio, este acuerdo para el cambio debiera de estar abierto a todas las fuerzas políticas en disposición de aceptar su premisa: el Estatuto de autonomía es el único lugar de encuentro que puede constituirse en base de partida para romper el acoso de exclusión criminal que atenaza a la sociedad vasca, y que le es estructural. No obstante, las mejores intenciones no debieran impedir que viéramos las limitaciones reales que hoy puede encontrar ese acuerdo amplio. Si dejamos a un lado lo quimérico, como la posibilidad de incorporar al mismo a una fuerza como EH, que hace de la exclusión su razón de ser, los problemas tampoco desaparecen si nos centramos en los partidos nacionalistas moderados, cuya incorporación sí podría ser presumible y, desde luego, deseable. Pues no basta con invocar a la transversalidad -gobiernos mixtos de nacionalistas y no nacionalistas- o con clamar, como hace lbarretxe, por una necesidad de entendimiento entre fuerzas de ambas naturalezas, para dejar el terreno de lo patético y entrar en el terreno de lo efectivo. No, los florones ideológicos -pluralidad, mestizaje, transversalidad- ya no sirven si no respondemos a estas tres preguntas: ¿contra qué nos unimos?, ¿para qué nos unimos?, ¿cómo hacemos efectivo el objetivo de esa unión?

El problema de la exclusión, que yo considero estructural, es tan prioritario en Euskadi que la distinción entre nacionalistas y no nacionalistas debiera dejar de ser constitutiva y pasar a segundo plano. Lo que es constitutivo hoy entre nosotros es esta concepción critica que guía el cambio democrático, a saber, no puede ser democrática una sociedad que necesita de la existencia de un ámbito de exclusión como pretexto para su desarrollo, que necesita de los 'de ex ellis' para generar los deseos de su ciudadanía. La aceptación o rechazo de esta situación es la que debiera servir de línea divisoria para emprender la regeneración democrática del País Vasco, y no la está rechazando, por más que gimotee, aquella fuerza política que abandona el consenso con los excluidos y propone un programa que, alejándolo de aquéllos, coincide con los requisitos que sirven, hoy por hoy, para constituirlos como bando de los 'de ex illis' o bando de las víctimas. El programa soberanista de PNV y EA, planteado hoy, no sirve para eliminar la exclusión estructural, sino para consolidarla. Y de poco servirá aparcarlo coyunturalmente por la necesidad de configurar un Gobierno si puede ser utilizado a conveniencia, rompiendo de esa forma, al actualizar la diferencia que marca a los excluidos, el objetivo prioritario de la regeneración democrática en Euskadi. Sólo una renuncia oficial a defender su programa soberanista hasta que haya sido eliminada la soldadesca que garantiza la exclusión podría hacer viable la inclusión de PNV y EA en un Gobierno para el cambio, pues sólo entonces su pretensión sería legítimamente democrática. En el retablo de nuestras maravillas, las imágenes fascinantes que requieren para su aceptación la existencia amenazada de un círculo de 'ex illis' no deben ser admitidas. El soberanismo, hoy, es una de ellas. Venderla hoy como democrática sólo sirve para consolidar a la soldadesca y el desastre.

ETA, contra sí misma
Editorial La Estrella  8 Mayo 2001

La campaña electoral vasca ha sufrido un grave sobresalto con el asesinato del presidente popular de Aragón. ETA ha vuelto a dejar su siniestra tarjeta de visita. Estas últimas balas asesinas expresan, una vez más, la compleja patología de esta parte envilecida de la sociedad vasca: la parte en la que, desde hace ya muchos años, no es difícil distinguir a los que disparan, a los que apoyan a los criminales del terror, y a los que, con subterfugios y ambigüedades, consienten.

C
omo siempre, desde que nació para producir muerte y dolor, esta banda de forajidos busca sin descanso la confrontación civil en la sociedad vasca como pago a su exigencia de protagonizar y dirigir la "liberación" de  su patria de diseño, Euskadi, frente a los enemigos inventados del pueblo vasco. Y ahora lleva este objetivo victimista máximo hasta el extremo, demencial a todas luces como se está viendo estos días, de hacer la guerra contra sí misma a través del enorme perjuicio que está causando a su propia apoyatura política, a sus acólitos de EH. Las balas de ETA están empezando a volverse en su contra, según las más elocuentes intenciones de voto de estos días. Todos los partidos políticos vascos, sin excepción como no sea EH, coinciden en desear una respuesta masiva contra ETA en las urnas, respuesta que no puede tener otro sentido, significado y objetivo, que la defensa de la democracia, la libertad y la paz. 

A
lgo está pasando en el interior de las cloacas etarras. Y algo está pasando, felizmente, en el seno de la comunidad vasca, donde la repulsa contra la violencia criminal de ETA no sólo no encuentra descanso sino que se multiplica en un momento en que se pierde el miedo. La afluencia masiva a las urnas el día 13 por de pronto ya hay el doble de solicitudes de voto por correo que en los últimos comicios podrá sacar al país de la inseguridad política y de la inestabilidad social en que se encuentra.


El PSE vuelve a desmarcarse de González y le dice que ya lo ha intentado todo con el PNV
El senador del PSOE, Juan José Laborda, asegura que se siente más cerca del PP que de Arzallus
Manuel Huertas, secretario general de los socialistas guipuzcoanos, respondió ayer a Felipe González que el PSOE-PSE ya ha hecho todo lo posible por unir al PNV con el resto de los demócratas y que seguirá intentándolo cuando el PNV pasa a la oposición la próxima legislatura. El candidato a «lendakari», Nicolás Redondo Terreros, respondió a Arzallus que prefiere tener una foto con Sabater a una con Otegui y calificó de «auténtica barbaridad» el análisis que hizo Eguibar del atentado de Giménez Abad. Por su parte, el socialista Laborda afirmó sentirse más cercano al PP que al PNV .
Redacción - Bilbao/Madrid.- La  Razón  8 Mayo 2001


El secretario general del PSE-EE, Manuel Huertas, dijo ayer que comparte con el ex presidente del Gobierno central, Felipe González, que el PNV «es necesario en la unidad democrática contra la violencia», pero aseguró que los socialistas ya han hecho «todos los esfuerzos posibles para atraer al PNV», y consideró que la formación «jeltzale» debe estar en la oposición.

   En una entrevista concedida a Radio Euskadi y recogida por Ep, Huertas señaló que Felipe González «ha tenido siempre una buena relación con los nacionalistas, porque el nacionalismo del PNV ha sido imprescindible en toda la transición política y ha sido necesario en todo lo que ha supuesto el desarrollo estatutario y en el asentamiento de la democracia».
   «Pero, desgraciadamente, dada la postura que han adquirido sus dirigentes y la radicalidad en la que se han puesto, hoy precisamente son el problema», afirmó.

   A su juicio, el PSE-EE ha hecho «todos los esfuerzos posibles por atraer al PNV hacia posiciones que abandonó y, por tanto, es una cuestión que sólo cabe ya realizar al propio PNV». No obstante, indicó que, tras oir ayer el discurso de Arzallus «no hay nada más que un camino, y es que esté en la oposición y desde la oposición, siempre se produce el debate interno y la catarsis».

   Por su parte, el candidato a «lendakari» por los socialistas respondió al presidente de los peneuvistas y afirmó que prefiere hacerse una foto con Savater que «las que tiene él con Otegui». Además calificó de «auténtica barbaridad» el análisis que hizo el domingo Joseba Eguibar del atentado que costó la vida el domingo a Manuel Giménez Abad, presidente de los populares aragoneses. Redondo instó a los nacionalistas vascos a buscar la unidad democrática si el resultado de los comicios lleva al PNV a la oposición en el Parlamento vasco.

Cercanía al PP
El portavoz del Grupo Socialista del Senado y ex presidente de la Cámara Alta, Juan José Laborda, aseguró a Servimedia que, tras el asesinato a manos de Eta del presidente del PP en Aragón, Manuel Giménez Abad, se siente mucho más próximo a los militantes del PP que a los del nacionalismo vasco moderado.
   
   Laborda rechazó hacer interpretaciones políticas de una acción «atroz» como ésta, pero consideró que este atentado, en medio de la campaña electoral en el País Vasco, «es un recordatorio de lo que está pasando». «Si alguno tenía la memoria un poco flaca, que compruebe cómo actúa Eta en la actual campaña electoral».

Toda la sangre
VICTORIA PREGO El Mundo  8 Mayo 2001

La sangre de la última víctima de ETA no es un pretexto para el PP con el fin de lograr beneficios políticos: es el argumento esencial de su mensaje. Es más: toda la sangre de todas las víctimas del terrorismo durante todos los años de democracia constituye la clave irrenunciable de la campaña de Jaime Mayor Oreja y, casi en la misma medida, de la de Nicolás Redondo. Cuando uno u otro partido convocan a los vascos a que acudan masivamente a las urnas lo hacen basándose precisamente en los cientos de tragedias que hemos vivido todos los españoles y que sólo con la voluntad de los vascos podremos algún día evitar definitivamente.

No hay otra cuestión que sea más importante en los programas e intervenciones públicas de los candidatos constitucionalistas. Y es exactamente ésa, la sangre de las víctimas, y ninguna otra cosa, la que les ha llevado a sumar sus esfuerzos y orientarlos en la misma dirección política de cara a estas elecciones. Que cualquiera de los militantes del PSE o del PP, hoy sobre todo estos últimos porque Giménez Abad era de los suyos, pidan a los ciudadanos que llenen las urnas de votos para que quienes padecen persecución y muerte puedan sentirse efectivamente respaldados y protegidos por los suyos no es más que la dolorosa repetición de lo que no han dejado de decir desde hace ya muchos meses. Aquí no hay bajeza moral de ninguna clase, hay una posición política definida y repetida sin descanso.

Eso es lo que han vuelto a gritar hoy con su presencia masiva los miles de zaragozanos que han abarrotado la calle en una de esas impresionantes manifestaciones inolvidables, unánimes, propias de una sociedad moral y políticamente sana que sólo se mueve para defender lo esencial pero para defenderlo hasta el último instante y hasta el último aliento. Por eso sorprende lo que ayer dijo Arzalluz: «Aquí hasta la sangre se traduce en votos». Sí. Así es como debe ser. Y muy trágico sería que no se tradujera.

González mantiene sus errores
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón   8 Mayo 2001

El ex presidente del Gobierno Felipe González no ha dicho nada nuevo en Bilbao que obligue a rasgarse las vestiduras y a preguntarse qué ocurrirá ahora con la campaña del PSOE en el País Vasco: no va a pasar nada, van a seguir con el mensaje de Redondo Terreros y de Zapatero que ya se sabía que no era compartido por los viejos dirigentes socialistas. Ellos no hubieran firmado el Pacto por la Libertad entre PP y PSOE y no hubieran hecho una campaña agresiva contra el PNV. Así obró Felipe González mientras estuvo en el poder y de ahí vienen los vientos que se han convertido en la tempestad insoportable del nacionalismo vasco, que cree que tiene bula para hacer y decir lo que le venga en gana.

   El político más mimado por González durante catorce años fue Arzalluz. Los socialistas en el poder confiaron la lucha contra Eta a otras estrategias que no fueran ni la presión al PNV ni el apremio a la iglesia vasca. Lo que no se puede esperar de González a estas alturas de la liga es que diga lo contrario de lo que hizo, aunque ya se sepa que aquella política fue un error que no debe repetirse.

   El PSOE de González decía reiteradamente que no había que «demonizar» al PNV, lo que significaba que no se podía criticar ni su diálogo con Eta, ni su política policial, ni su búsqueda racista de RH negativo. Así hemos llegado a la situación en la que quien ahora se atreve a decir «basta» tiene que llevar escolta mientras que «sus amigos» siguen dispuestos a recibir el apoyo de los terroristas.

   Esa manía de tratar entre algodones al nacionalismo es herencia de la época de la Transición por complejos de los tiempos del franquismo. Pero ahora ya no estamos ni para complejos ni para miedos de la infancia: queremos vivir en paz y libertad, cosa que el PNV está demostrado que no garantiza.

Ibarretxe, abucheado a la salida del funeral de Giménez Abad
Protegido por un cordón policial, era la primera vez que dejaba el País Vasco para acudir a la misa por un miembro del PP
ALFONSO ROJO / Enviado especial El Mundo  8 Mayo 2001

JACA.- Eran apenas 200 metros, pero a Juan José Ibarretxe debieron resultarle eternos. Sobre todo a la salida del funeral, cuando parte de la gente que esperaba frente a la bella catedral de Jaca, comenzó a increparle con furia.

Ibarretxe no se inmutó. Protegido por un cordón policial, ni torció la vista hacia los vecinos que se agolpaban detrás de las medidas de seguridad. Caminó erguido, impávido como una esfinge, como si no escuchara, mientras a su derecha, detrás de la barrera, sonaban gritos de «¡cómplice!», «¡etarra!» o «¡asesino!».

Una hora antes, al inicio de la ceremonia, hubo varios que chillaron «¡fuera! ¡fuera!», al verle acercarse al templo escoltado por el portavoz del Gobierno vasco, Josu Jon Imaz, por el secretario general de Eusko Alkartasuna, Gorka Knörr y otros miembros del Ejecutivo autónomo. Tampoco entonces pestañeó Ibarretxe.

Probablemente no le pilló de sorpresa el abucheo. La de ayer era la primera ocasión en el que el todavía lehendakari vasco abandonaba el estrecho marco de Euskadi para asistir al funeral de una víctima de los pistoleros de ETA. En Lasarte, cuando los etarras mataron hace mes y medio al concejal socialista Froilán Elespe, también bullía entre el público una sensación de repulsa al PNV, pero los asistentes a la capilla ardiente se limitaron a torcer la cara o a rezongar cuando apareció Ibarretxe.

Ayer no. Ayer, varios montañeses de Jaca dieron rienda suelta a su furia. Durante el interminable minuto que necesitaron el candidato peneuvista y su cortejo para llegar hasta los coches oficiales, aparcados en el Paseo de la Constitución, se escuchó desde un casi ingenuo «¡inútil!» a un sonoro «¡kampora!», que es la forma de decir «fuera» en euskara.

Silencio y calma
También se oyeron palabras más gruesas. No se trató de un griterío nutrido y general, pero no hubo una sola voz entre el público que se alzase para pedir silencio o reclamar esa calma digna que siempre aconsejan los prudentes en actos funerarios como el de ayer.

La familia de Manuel Giménez Abad, el dirigente del PP asesinado el domingo cuando se encaminaba con uno de sus hijos a ver un partido de fútbol en Zaragoza, insistió en que la ceremonia fuera lo más reservada posible. Dejaron claro que el entierro se celebraría en «estricta intimidad» y pidieron que no se permitiera el acceso de las cámaras al interior de la basílica. Se hizo como deseaban Ana Larraz, la viuda, y sus hijos, Manuel y Borja.

Desde la noche del domingo hasta primera hora de la tarde de ayer, el cadáver de Manuel Giménez Abad había permanecido en el Palacio de la Ajafería, la sede de las Cortes de Aragón. Antes de dar por concluida la capilla ardiente, los parlamentarios autonómicos celebraron un pleno extraordinario en el que se otorgó al fallecido y a título póstumo la Medalla de Aragón, el máximo galardón que se concede la institución. Se decretaron tres días de luto en la comunidad autónoma y han sido suspendidos todos los actos oficiales.

Un poco después de las 15.00 horas de ayer, los restos del senador asesinado salieron hacia el Pirineo, acompañados por decenas de amigos y políticos de su partido.

Cuando la larga caravana de más de 20 vehículos llegó a Jaca, ya había gente en el interior de la catedral. Cientos de vecinos aguardaban en la calle y docenas de fotógrafos, reporteros y camarógrafos se agolpaban a ambos lados del milenario pórtico abovedado que comunica la verja exterior con la puerta principal del templo.

Ibarretxe fue de los primeros en llegar. Unos minutos después, entró el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, acompañado por Marcelino Iglesias, presidente del Gobierno de Aragón, y por Pasqual Maragall. Sonaron algunos aplausos a la llegada de Zapatero y volvieron a sonar, cuando hicieron aparición las presidentas del Congreso y del Senado, Luisa Fernanda Rudi y Esperanza Aguirre, respectivamente.

Durante un rato, Luisa Fernanda Rudi, Esperanza Aguirre y Marcelino Iglesias permanecieron alineados a un lado del umbral, estrechando manos y recibiendo pésames. Fueron ellos quienes recibieron al líder de Unió Josep Antoni Duran Lleida, al ex ministro socialista Juan Alberto Belloch, al presidente de las Cortes de Aragón, José María Mur, al diputado de IU, Jesús Lacasa y al presidente de la Generalitat valenciana, Eduardo Zaplana.

Después, justo cuando se hacía más intenso el ruido de los motores del helicóptero en el que llegaba José María Aznar, los tres desaparecieron de la puerta.

El presidente del Gobierno entró a la catedral entre aplausos. A su lado iba su esposa, Ana Botella, y detrás, entre guardaespaldas, caminaban el ministro del Interior, Mariano Rajoy y el delegado del Gobierno en Aragón, Eduardo Ameijide. Unos instantes más tarde, arribaron también entre ovaciones al candidato a lehendakari del Partido Popular, Jaime Mayor Oreja y el presidente del PP vasco, Carlos Iturgaiz.

A las cinco en punto de la tarde, el obispo de Jaca, monseñor José María Conget, y sus acólitos salieron a la puerta de la catedral jacetana para recibir cristianamente los restos mortales de Manuel Giménez Abad. El ataúd, cubierto con una bandera española y otra aragonesa, fue transportado a hombros hasta la parte delantera de la nave central por seis compañeros de partido.

Un duro camino
La homilía del obispo fue breve y contundente. Con una voz clara, que retumbaba en la bóveda, monseñor Conget rememoró la última visita de Manuel Giménez a su pueblo natal y señaló con firmeza a sus asesinos. «No sabemos cuán largo y duro será el camino, pero al final habrá paz», dijo el prelado. «Somos más y tenemos limpios el corazón y las manos».

Antes, el obispo, había dejado claro que no albergaba duda alguna sobre la identidad de los criminales y que ETA está manchada por sus actos. El obispo evocó la memoria de los dos guardias civiles asesinados con una bomba en la vecina localidad de Sallent de Gállego, para subrayar que esta montaña «de la que disfrutan muchos vascos» ha sido objetivo de los terroristas.

La parte más emotiva del discurso de monseñor Conget fue la dedicada a Manuel Giménez Abad, con quien el obispo confesó haber estado hace pocos días. El primer viernes del mes de mayo, todos los años desde hace más de casi diez siglos, los jacetanos celebran la liberación de la ciudad del dominio musulmán. Giménez Abad, que pasaba en Jaca muchos fines de semana, nunca se perdía esa fiesta.

«Estuvo aquí y cantó esa estrofa de nuestro himno que dice 'Jaca libre, sabe vivir'», explicó monseñor Conget. «No podíamos sospechar que dos días después matarían su libertad y su sueño de paz».

El prelado concluyó con una alusión al reciente mensaje del Papa Juan Pablo II, en el que el Sumo Pontífice pide por el fin del terrorismo en España y afirmó: «Jaca quiere seguir cantando, porque ningún asesino quebrará la esperanza a esta ciudad».

La doble alma del PSOE
Por Pío Moa Libertad Digital 
  8 Mayo 2001

El PSOE sufrió antaño una tensión entre una inclinación socialdemócrata, moderada, y otra bolchevizante, o al menos jacobina; y entre la defensa de España y el aliento a todo lo que pudiera desprestigiarla y romperla. La república fue llevada a la ruina, de manera no exclusiva pero si muy principal, por la derrota de la posición moderada (Besteiro), a cargo de la bolchevique y jacobina ( Largo Caballero y Prieto). La tendencia anti-española culminó en la conversión del Frente Popular en un protectorado soviético, gracias a la entrega de las reservas de oro españolas a Stalin, por Negrín y con la aprobación de Largo y de Prieto.

En la transición posterior a Franco pareció que tales tensiones ya no existían. El PSOE renunció al máximo, aceptó las libertades, y su actuación tomó tinte socialdemócrata. Eso sí, con el jacobinismo tosco de Alfonso Guerra, y la falta de principios y de escrúpulos de Felipe González. Un problema del PSOE, que no va a resolver a corto plazo, ha sido la pérdida de cualquier principio o doctrina. Así, la corriente jacobina y oportunista cobró ímpetu, y de no haber sido frenada, sobre todo por una parte de la prensa, habría desembocado en un régimen similar al PRI mexicano: corrupción masiva y liquidación subrepticia de las libertades, valiéndose también de la corrupción, más bien que de la fuerza abierta, y del control del poder judicial. Creo que nos hemos librado por poco, y no hemos tomado aún plena conciencia de lo que debemos a unos pocos periodistas y órganos de expresión capaces de defender las libertades frente a los acomodaticios o los cómplices.

Esas tendencias han resurgido en la campaña electoral vasca. González persiste en el equivoco de considerar democrático al PNV –acaso porque el propio González tampoco lo es: es más bien priísta–, en disimular su complicidad con el terrorismo y su explotación de cualquier medio para socavar la democracia, por ser “española” y amenazar su cacicato.

Aquel sueña con volver a la alianza del PNV y el PSOE, sin prestar atención a sus nefastas consecuencias para las libertades y la convivencia en el País Vasco. ¿Puede prevalecer esa política? La intervención de González en la campaña electoral prueba que el PSOE no ha superado plenamente su herencia. El propio Zapatero, cayendo en la trampa tendida por Arzallus, ha recordado al PNV que el PSOE nunca había pactado con la derecha, como si ese pacto fuera un delito o el PNV no fuera uno de los partidos más derechistas de España.

El cambio de orientación del socialismo, después de los acuerdos antiterroristas, es posible, pero de ninguna manera está garantizado.

Ibarretxe en Zaragoza
GERMAN YANKE El Mundo  8 Mayo 2001

Que Ibarretxe esté en el funeral del presidente del PP de Aragón es un hecho insólito. El lehendakari no suele asistir a estos luctuosos acontecimientos fuera del País Vasco. Incluso uno de los portavoces del PNV dijo que no era cosa de ir adonde se les iba a recibir mal. La historia de la insolidaridad del PNV es ya larga. La presencia de Ibarretxe en Zaragoza revela un estado de la opinión que ya no es favorable a esa tradicional posición. Lo que el electorado percibe que está en juego en estas elecciones son las libertades y los derechos individuales, la contienda está entre quienes los defienden contra ETA y los que, sin pretender acabar realmente con la banda, pretenden su propio proceso soberanista. En este escenario, cualquier estratega electoral del PNV habría recomendado que el lehendakari tuviera el gesto de asistir al funeral del político popular asesinado. Pero un gesto es un movimiento con sentido o una burla. Si la asistencia de Ibarretxe, caído del caballo del diálogo sin condiciones en la mitad de la campaña electoral, es un gesto con sentido estaremos asistiendo a su renuncia a la falta de condiciones, a cualquier colaboración con los cómplices de los asesinos, a la promesa de que se pondrán todos los medios para detenerlos, al rechazo al postulado de Estella que indica que la paz implica precio político. Si no, la burla ampliará la ignominia.

Banderas de conveniencia
CASIMIRO GARCIA-ABADILLO El Mundo 8 Mayo 2001

ETA cumplió el domingo con su macabra tradición de sembrar el terror en fechas próximas a unas elecciones. Mató a sangre fría al presidente del PP de Aragón, el senador Manuel Giménez Abad, cuando iba a ver un partido de fútbol acompañado de su hijo y sin escolta.

Los terroristas persiguen con ello dos objetivos. Dejar claro que el 13-M no significa nada para ellos, ya que sólo dejarán de matar cuando se acepten sus condiciones, y, en segundo lugar, limpiar de impurezas el voto de EH para que todo el mundo sepa que los que apoyan a dicha coalición respaldan sin titubeos la estrategia de ETA.

Sin embargo, pese al mazazo que ha supuesto este nuevo acto de barbarie, los ciudadanos vascos siguen viendo, y tal vez hoy con mayor pasión que hace un par de días, en las elecciones del próximo domingo la oportunidad para poner fin a la dictadura del terror.

Las encuestas, tanto la publicada por EL MUNDO como las del resto de los periódicos, auguran desastrosos resultados para los aliados políticos de ETA. Todos los sondeos muestran un claro ascenso de los partidos constitucionalistas y, sobre todo, del PP. De tal forma, que, por primera vez en 21 años, existe la posibilidad real de que el lehendakari no sea nacionalista.

Incluso si PP y PSOE no alcanzan la mayoría absoluta, la única posibilidad que tendría el PNV de gobernar sería con el apoyo de EH, lo que equivaldría a repetir de otra forma, esta vez como farsa, el bienio negro que trajo consigo el Pacto de Lizarra.

Sin embargo, pase lo que pase el 13-M, ya nada será igual en el País Vasco. Y no tanto por la caída del apoyo popular de las opciones nacionalistas, sino porque el PNV ha perdido definitivamente la patente de corso que le ha permitido durante dos décadas jugar sobre seguro, actuar a sabiendas de que, hiciera lo que hiciera, nadie le iba a pedir cuentas por ello porque para muchos, empezando por los socialistas, su participación era «imprescindible» para la gobernación de Euskadi.

El PNV, después del 13-M, ya no podrá navegar nunca más con bandera de conveniencia. Ahora me interesa ser autonomista, ahora más independentista, hoy me levanto partidario de pactar con el PSOE, mañana le dejo la puerta abierta a EH... A ningún partido se le ha permitido mantener una ambigüedad constante en un terreno tan trascendental: al fin y al cabo, se trata del derecho a la vida.

Incluso el centro derecha consintió que los nacionalistas patrimonializaran pactos políticos que eran fruto del consenso de todos. Más de una vez ha recordado Jaime Mayor Oreja cómo, cuando militaba en la UCD, los dirigentes del partido le prohibieron que hiciera bandera del Estatuto de Gernika, porque había que dejar que el PNV «capitalizase» como propia la autonomía del País Vasco.

Lo que ha cambiado en estos últimos años es que la gente ya está harta del que el PNV rentabilice complejos de culpa del pasado. ¡Como si los nacionalistas no tuvieran de qué arrepentirse! ¡Como si fueran los únicos que hubieran resistido el avance de las tropas de Franco o sufrido más que nadie la represión de la dictadura!

Mejor no echar cuentas porque si hubiera que echarlas el PNV tendría que salir corriendo.

¡Cómo se atreve Iñaki Anasagasti a hablar de «Brunete mediática»! Ayer hizo justo un año que ETA asesinó a José Luis López de Lacalle. ¿Era López de Lacalle miembro de la Brunete? ¿Por eso le mataron?

La clave para responder a esas preguntas estaba en el vídeo que repartió Ardi Beltza hace unos meses. En él, alguien no identificado decía que López de Lacalle era uno de los periodistas que visitaba el Ministerio del Interior.

López de Lacalle conocía a Jaime Mayor, como conocía a Santiago Carrillo o Joseba Arregi, y a tantos otros a los que nunca pidió un carnet de militancia política como condición de su amistad.

A pesar de haber sido fundador de Comisiones Obreras en el País Vasco, de haber militado en el Partido Comunista, de haber pasado por cinco cárceles, de haber defendido y amado a Euskadi, López de Lacalle mereció la muerte a manos de un asesino que ni siquiera sabía quién era aquel al que disparaba, porque se atrevió a criticar al nacionalismo, porque defendió una alternativa distinta a la claudicación ante ETA, por haber sido fundador del Foro Ermua, porque todo ello, según Iñaki Anasagasti, le hizo miembro de la «Brunete mediática».

Nada puede ya ser igual. Y las encuestas no hacen más que recoger en parte el hartazgo de tanta gente que ya no está dispuesta a aguantar más mentiras, más falsificaciones, más banderas de conveniencia.

En esa transformación ha tenido mucho que ver el cambio de actitud del Partido Socialista. Porque era la permisividad del PSOE, su error histórico al pensar que la salida del PNV de la Lehendakaritza significaría el caos, lo que ha permitido a los nacionalistas apropiarse de las instituciones, identificar el interés del pueblo con el de su partido, repartir certificados de democracia, perdonar vidas o condenar, sin que casi nadie les pidiera cuentas.

Por ello, hay que agradecer, y el tiempo acabará haciéndole justicia, a Nicolás Redondo su valentía al romper con esa tradición de sometimiento, tan del gusto de Felipe González, y a pesar de la presión de pesos pesados dentro de su partido, como el líder del PSC, Pasqual Maragall.

Sin el respaldo del PSOE, el nacionalismo se ha quedado sin coartada. Y fue el propio PNV el que rompió sus lazos con los socialistas al firmar el Pacto de Lizarra, al optar por un camino que suponía dejar fuera de juego a los no nacionalistas, trazando una línea divisoria clara y diáfana, delimitando a los asesinos cuáles debían ser sus objetivos.

Si los socialistas quieren ser alternativa de gobierno en el futuro, tanto en España como en el País Vasco, no deben perder de vista lo que está en juego. Los votos, los escaños, son sólo la superficie. Por debajo, está la tendencia, un cambio imparable de una sociedad que quiere vivir en libertad, que está cansada de chantajes, de asesinatos, de vivir bajo la dictadura del miedo y de partidos y líderes que se creen por encima del bien y del mal.

Tener eso en cuenta es muy importante para decidir lo que hay que hacer si, tras el 13-M, PP y PSOE no han conseguido sumar 38 escaños.

Juan José Ibarretxe va a intentar aprovechar la oportunidad para lanzar una oferta de gobierno tripartito al PSOE y al PP, bajo la velada amenaza de que, si no aceptan, le echarán en brazos de EH. Ni el PSOE ni, por supuesto, el PP, deben caer en esa trampa. Permitir que el PNV siga gobernando sería una decisión que los electores no entenderían y, a la larga, un error que no perdonarían. Lo único que puede propiciar un cambio democrático en el País Vasco es un gobierno sin el PNV.

Si hay que aguantar algún tiempo más en la oposición, no pasa nada. La tendencia a la mayoría constitucionalista se seguirá consolidando sobre la base de la coherencia, no del oportunismo.

López de Lacalle, nuestro compañero, escribió una vez que él nunca había vivido en un régimen de libertad plena; primero fue el franquismo, luego la dictadura de ETA, justificada como consecuencia del «conflicto político» por los nacionalistas.

De lo que hagan el PP y el PSOE tras el 13-M dependerá que un día eso deje de ser así de una vez por todas y que los vascos, todos los vascos, puedan vivir, por fin, en libertad.

Lengua de encuentro
Miguel Moreno Ibáñez - Logroño (La Rioja).- La Razón 8 Mayo 2001

Transcurrido un tiempo, quisiera expresar mi total coincidencia con las declaraciones de S. M. El Rey Juan Carlos, para quien «el español no fue una lengua de imposición, sino de encuentro». Si por algo se ha caracterizado nuestro idioma ha sido, precisamente, por ser una lengua de encuentro de infinidad de culturas, buena prueba de lo cual son los americanismos de origen guaraní, quechua o araucano y la enorme cantidad de voces de origen vasco, catalán o gallego que forman parte del patrimonio común castellano.

   El español no puede en ningún caso ser definida como una lengua de imposición. La imposición de nuestra lengua fue la inherente a los avatares sociales y políticos de la nación a la que representaba, como ocurre con todos los idiomas, independientemente de su alcance geográfico. Conviene señalar que lenguas peninsulares como el vascuence, el bable, el catalán o el valenciano, a pesar de su reducido ámbito, también han sido impuestas sobre dialectos y variantes comarcales. Sería ridículo que, por el mero hecho de haber formado parte de un imperio, lenguas como el latín, el griego, el francés, el inglés y el propio español, tuviéramos que considerarlas como lenguas de imposición, y no como expresiones culturales y sociales de unas civilizaciones de mayor alcance que otras que no han traspasado comarcas o regiones.
      

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