AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 10  Mayo   2001
#Violencia y terror
Antonio GARCÍA-TREVIJANO La Razón 10 Mayo 2001

#La hora de Euskadi
ANTONIO ELORZA El País 10 Mayo 2001

#Las llagas del silencio
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR El Correo 10 Mayo 2001

#El Gran Timonel
Editorial ABC 10 Mayo 2001 

#La herencia tonta de Lucas
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 10 Mayo 2001

#¡Ya!
Rosa DÍEZ, eurodiputada del PSOE La Razón 10 Mayo 2001

#A propósito de la encuesta
Enrique de Diego Libertad Digital 10 Mayo 2001

#Las empresas vascas, pendientes de las urnas
Emilio J. González Libertad Digital 10 Mayo 2001

#Polanko
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 10 Mayo 2001

#Comunismo vasco
MARTIN PRIETO El Mundo 10 Mayo 2001

#La encrucijada vasca
Julia Escobar Libertad Digital 10 Mayo 2001

#Los 'shock' de la noche del día 13
SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ El País 10 Mayo 2001

#¿Quién sino lavó las manos a Eta?
Julián LAGO La Razón 10 Mayo 2001

#Sólo la derrota salvará al PNV
José A. SENTÍS La Razón 10 Mayo 2001

#Niebla en el Norte
VICTORIA PREGO El Mundo 10 Mayo 2001

#El sufrimiento largo
José Luis Balbín La Estrella 10 Mayo 2001

#Se elige al sucesor de Ardanza
PATXO UNZUETA El País 10 Mayo 2001

#El plebiscito
MANUEL BEAR El Correo 10 Mayo 2001

#Mi sueño de un País Vasco en paz
ENRIQUE ECHEBURÚA El País 10 Mayo 2001

#Arzalluz, obligado a desdecirse en horas para salvar la campaña de Ibarretxe
SAN SEBASTIÁN. Mariano Calleja ABC 10 Mayo 2001

#Varios escaños se decidirán en el voto por correo, triplicado con respecto al 98
ANA DEL BARRIO El Mundo 10 Mayo 2001

#El Foro Ermua confía en el coraje para la victoria constitucionalista
J. Aguilar - Madrid.- La Razón 10 Mayo 2001

#Los «paracas»
David GISTAU La Razón 10 Mayo 2001

#Jueces vascos o la «normalidad» de dictar sentencias con miedo
F. Velasco - Madrid.- La Razón 10 Mayo 2001

#Quien no hable español en EE UU se puede quedar rezagado, según el diario USA TODAY
EFE Libertad Digital 10 Mayo 2001

#Elogio de la pluralidad necesaria
LUIS ANTONIO DE VILLENA El Mundo 10 Mayo 2001

#13-M, confidencias y conjeturas
Lorenzo CONTRERAS La Razón 10 Mayo 2001

#La vieja tierra de mis padres
TRISTAN GAREL JONES El Mundo 10 Mayo 2001

# «Existe una rebelión democrática que hay que trasladar a las urnas»
MANUEL ARROYO BILBAO El Correo 10 Mayo 2001

#No son fiables
GERMAN YANKE El Mundo 10 Mayo 2001

#La soberanía tiene costes
Enrique Badía La Estrella 10 Mayo 2001

#PSE / EE
Alicia Delibes Libertad Digital 10 Mayo 2001

#El Foro Ermua atribuye a la «rebelión cívica» creada su nominación al Nobel de la Paz
G. TESTA BILBAO El Correo 10 Mayo 2001

Violencia y terror
Antonio GARCÍA-TREVIJANO La Razón 10 Mayo 2001

  La proximidad de elecciones en el País Vasco y el atentado mortal de Eta en Zaragoza suspenden mis reflexiones sobre la Transición y me incitan a pensar en la índole despiadada de los sentimientos involucrados en el nacionalismo irredento. No me refiero a los obreros de lo atroz. Ellos están en el tajo de la obra ideológica diseñada para otros paisajes históricos. Hablo de los que idean para los pueblos autodeterminaciones que las personas no tienen. Derechos abstractos que, para gobernar la vida propia, fundan el de eliminar la convivencia concreta con la ajena. Sólo Dios, y es bien dudoso, se autodetermina. También Robinson Crusoe antes de que a su isla llegara Viernes. Lo que aterra no está en las armas de muerte, pero sí en las ideas de locura, que, en nombre de la libertad de imaginar, las cargan y ponen dedos de ciego en sus gatillos. El autogobierno de los pueblos sólo es un sueño de la imaginación. Una ilusión ilusa. Alejada de la forma democrática de gobernarse una comunidad. Lo opuesto de raíz a la libertad colectiva.

   Los sueños de la imaginación estéril celebran ejecuciones ejemplares de las vidas ajenas como victorias anticipadas de la propia. Permiten vivir en estado de guerra de un solo frente. La paz sería en ellos signo de derrota de las armas en la mano, de vergonzosa claudicación de las almas nacionalistas en el corazón de terruño. Sueños de sentimientos anhelantes de un Estado que no sea producto de la historia. Sueños de voluntades envidiosas del Estado. Sueños que, a fuerza de discriminar lo otro para poder sentirse superiores, inducen a matarlo.

   El asesinato individual y selecto de cualquier persona con uniforme o cargo público, con pluma de prensa, voz de radio o puñetas de estrados en el Estado tradicional, se convierte en una fatalidad que la liberación de un territorio, sin tropas de ocupación, convoca. La consecuente carnicería es cosa de alevines. Las matanzas colectivas toman, en los sueños separatistas, el aspecto azaroso de las catástrofes naturales.

   Aunque tienen un aire familiar con todos los nacionalismos, los movimientos separatistas, siendo siempre violentos, no son necesariamente fuentes de terror sistemático.

   Puede parecer muy chocante decirlo ahora pero, dígase lo que se diga, terrorismo y violencia no son lo mismo. ¿Qué eufemia llamar violentos a los productores de terror en ámbitos alejados de su mundo exclusivo!

Precisamente, el terrorismo consiste y por eso es tan fácil de provocar, en separar y alejar la violencia del terror que produce emplearla en ambientes pacíficos.

   En el País Vasco hay violencia. Pero el terror se expande a toda España. Un ejemplo ilustrará con más brevedad lo que trato de decir mediante conceptos.

   Mujeres y niños pueden vivir aterrorizados mucho tiempo, y sin rebelarse, bajo la violencia doméstica de machos desalmados. Incluso ser torturados y asesinados. Pero eso no es terrorismo. El horror no sale ahí de las estrechas paredes donde se esconde. Busca la protección del secreto y la inmunidad de la fuerza bruta con los débiles.

   El terrorismo político, en cambio, procura el exotismo de sus hazañas. Más que el terror, extiende el horror en quienes no viven la violencia íntima del drama nacionalista, ni la comprenden. El atentado sería inútil para el terrorista sin el eco de la publicidad.

   La libertad de información, junto a la demagogia del espanto, dan al terror la cobertura y la dimensión que necesita el terrorista. Que no está impulsado por el sadismo, pues no busca la crueldad por el placer que le procura. Incluso, sin desdecirse, puede lamentarla.

   Pero padece el exhibicionismo de la impudicia moral, de la heroicidad de matones enmascarados con capuchas de autodeterminación que el nacionalismo respetable le cose a su medida. Y nadie destruye con argumento democrático esa idea ilusa que produce nacionalismos autodeterminadores.
  

La hora de Euskadi
ANTONIO ELORZA El País 10 Mayo 2001

Antonio Elorza es catedrático de Pensamiento Político de la Universidad Complutense de Madrid.

Cualquiera que sea su resultado, las elecciones del próximo día 13 van a modificar sustancialmente el panorama político vasco. Una victoria de los partidos estatutistas significa ante todo el fin de una hegemonía del PNV que había llegado a convertirse para todos en un fenómeno natural, de cuya interrupción sólo cabía esperar consecuencias nefastas. Y no sería únicamente un giro político, sino la puesta en tela de juicio de las tupidas redes clientelares tejidas en estas dos décadas por los hombres de Arzalluz en torno al partido-Estado.

En el tema central de la vida vasca, lo que los nacionalistas llaman 'la violencia' y que es en realidad la conjunción de nacionalsocialismo y terror, un nuevo Gobierno supondría una nueva política de orden público, con el fin de las limitaciones impuestas hasta ahora desde arriba a la actuación de la Ertzaintza; lo cual, de alcanzar los resultados previstos, especialmente en la lucha contra el terrorismo de baja intensidad, dejará de paso al descubierto los efectos letales de la permisividad de ese Gobierno presidido por Ibarretxe, que se dirigía a los terroristas pidiéndoles que dejasen de matar en vez de proclamar la necesidad de detenerles. La enorme crispación de que da muestras el vértice del PNV no procede, pues, únicamente del horror que les provoca la sola idea de que el País Vasco pueda ser gobernado por no nacionalistas.

Como además el fondo integrista no ha desaparecido de su mentalidad abertzale, las lamentaciones cobran tonos apocalípticos al evocar los males que acechan a la cultura, a la lengua y a la propia nación vasca en caso de vencer la coalición PP-PSOE. De ahí que entonen a coro, tal y como lo hubiera hecho el fundador Sabino Arana, el grito de alarma: '¡Vuelve España!'. Con su tradicional ausencia de sentido del ridículo, Ibarretxe señala al heraldo de los invasores: Fernando Savater, que lleva el espectro de la guerra civil a Euskadi. ¡Con la venturosa paz que reinaba allí gracias a las ekintzas de quienes fueran sus aliados en Lizarra! Y es que, para PNV y EA, en Euskadi no sucede nada extraordinario; el terror es marginado en lo posible del discurso electoral y la única tragedia importante es la que provocaron en los años treinta los antepasados políticos del PP. No cuentan los muertos desde el fin de la tregua, sino los abuelos de Aznar y de Mayor Oreja. Sólo el atentado de Zaragoza les ha devuelto a la realidad.

Tampoco se detienen PNV y EA en la pequeña cuestión de haber definido como objetivo político, cuya puesta en marcha juzgan inseparable del logro de la paz, una autodeterminación que nada menos debería llevar a la secesión de territorios vasco-españoles donde el independentismo es muy minoritario y a la conquista de las tierras irredentas del País Vasco francés / Iparralde. La independencia vasca, enmascarada como 'soberanía', es defendida por Ibarretxe con el argumento del tendero: mejor gestionar todo aquí que fuera. Resuelta la cosa tan fácilmente, vamos 'todos los vascos' -es decir, 'todos los vascos nacionalistas'- a por la Gran Euskal Herria, cabe imaginar que sirviéndose de esa asamblea facciosa y antidemocrática que es la Udalbiltza. En los mítines, Ibarretxe sufre de amnesia voluntaria en este tema, pero las hojas de propaganda electoral del PNV lo proclaman tranquilamente, con profusión de mapitas. No se dice que perseguir esa meta requiere el apoyo del Gran Hermano armado, sin cuya colaboración poco podrá hacerse para ganar las tierras supuestamente irredentas desde Bayona a las puertas de Logroño. Así queda allanado el terreno para la convergencia con EH y ETA -tal alianza entre nacionalistas es 'legítima', dictamina Ibarretxe, a pesar de lo llovido en sangre desde Lizarra- en caso de suspensión de 'la violencia'; esto es, si ETA contiene de nuevo el ejercicio del terror. No es una hipótesis a descartar, si los números la hacen viable, después del 13-M.

El 'diálogo' es la pantalla detrás de la cual se oculta el camino hacia una 'soberanía' cuya necesidad es descrita en la propaganda de PNV-EA de acuerdo con un esquema maniqueo que ETA no rechazaría. En el mismo cartel electoral de la coalición abertzale, un 'ez / no' rotundo corresponde a la imagen del León hispano, el de las Cortes, visto desde el ángulo de su garra, mientras el 'bai', el sí, se otorga a la visión idílica del caserío, símbolo eterno de la Euskeria feliz y aislada. No es una propuesta que se abra hacia una 'nueva transición' en Euskadi, entre otras cosas, porque ya apenas queda espacio entre autonomía e independencia, sino el anuncio de una ruptura. Un mínimo de honestidad política debiera llevar a PNV y EA a explicar a sus electores potenciales cómo, cuándo y con qué recursos van a disponer el acceso a la independencia / 'soberanía', de qué manera lograrán compensar el hecho de quedarse al margen de la construcción europea, porque el caserío ahí es poco rentable, y si piensan utilizar los servicios de ETA para forzar la ayuda de los Estados español y francés en ese trayecto hacia lo desconocido, del cual sólo sabemos que el idioma oficial será el euskera. Lo que proponen no es un juego. Romper una vinculación política de 800 años no es un juego, y menos si se hace contra la opinión de la mayoría de los vascos, requiriendo en consecuencia la limpieza étnica para consolidar el dominio abertzale, con una dimensión irredentista y con la compañía de un movimiento social de creciente orientación nacionalsocialista, cuyo núcleo es una organización de criminales políticos. A primera vista, supondría un suicidio económico, político y cultural para Euskadi. De no ser así, sería conveniente que PNV y EA explicasen cómo van a evitarlo.

No lo harán. La oferta nacionalista en estas elecciones se presenta al modo de las matroshkas, esas muñecas rusas donde las de fuera esconden los rasgos de las interiores. Aquí, en el exterior, en el cual piensa instalarse el PNV, la oferta es de 'normalización' y 'diálogo' como vías para la paz, lo cual implica seguir de puntillas el camino hacia la segunda muñeca, la 'soberanía'; es decir, la ruptura con España lograda gracias a la fórmula más segura y, por tanto, menos democrática que se encuentre de 'autodeterminación'. Dada la fractura existente entre nacionalistas y no nacionalistas en la sociedad vasca, la tercera muñeca oculta supone el establecimiento de una ciudadanía vasca prioritaria, única forma de asentar el nuevo poder. Es un punto en el que coinciden Arzalluz y ETA-EH, uno de cuyos portavoces, Antton Morcillo, declaraba sin recato el 29 de abril, como buen nazi, que era preciso acabar con 'los colonos españoles' y dar el voto sólo a los auténticos vascos.

Desde Gara se designa asimismo, como hiciera Sabino, a la población de origen inmigrante como los nuevos 'invasores', a quienes los auténticos vascos deberán enseñar cuál es su papel.El ultranacionalismo ha perdido su bastión de Serbia, pero despunta con su lógica de aniquilación del otro en Euskadi. Y el bueno de Ibarretxe declara que es 'legítimo' aliarse con semejantes eusko-nazis con tal de que ETA suspenda las ejecuciones.

Llegados a este punto, no hay que olvidar que tantos y tantos nacionalistas vascos no piensan así, pero es prácticamente imposible que sin una derrota electoral el PNV renuncie a esa deriva irracionalista, que forma parte de su alma política desde que lo fundara Sabino Arana, a fin de recuperar las señas de identidad democráticas, con la consiguiente adhesión a la idea de autonomía y, por ende, al Estatuto de Gernika.

En consecuencia, paradójicamente, no es la victoria de la coalición llamada 'constitucionalista' lo que puede interrumpir la construcción nacional vasca, sino todo lo contrario. De entrada, para negociar con ETA y lograr el único objetivo admisible en democracia, paz por presos, hace falta un Gobierno vasco que defienda las instituciones. Si, como ha sucedido en la penosa etapa de Ibarretxe, el Gobierno de Vitoria encabeza un proceso a lo Chávez, pero más antidemocrático aún, diseñando la sustitución del Parlamento vasco por una Asamblea de municipios donde el voto ciudadano resulta postergado, ETA tiene todas las razones para mantener su presión mortífera. El imprescindible giro copernicano únicamente puede darlo un Gobierno fiel al Estatuto, libre de la rémora que para los de Ibarretxe suponía rechazar la integración en régimen de igualdad entre nacionalístas y no nacionalistas. A partir de Lizarra, los abertzales de todo tipo han puesto al descubierto su mentalidad maniquea, orientada hacia la discriminación de ese ellos en que se recrea Arzalluz. A éstos no les cabe entonces otro remedio que asumir una ciudadanía de segunda clase o emigrar, que 'ancha es Castilla', según recordó el político de Azkoitia.

Por eso, si el 13-M vence la democracia, no deberá haber ya 'pueblo vasco', agregado de patriotas en que caben sólo los creyentes en la religión política profesada por la umma o comunidad abertzale, asesinos incluidos, sino sociedad vasca compuesta por ciudadanos que han dicho no a la muerte y a la supresión de la libertad. Ni más ni menos, esto es lo que todos nos jugamos en estas elecciones.

Las llagas del silencio
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR El Correo 10 Mayo 2001

No eres más que un concejal, un profesor universitario desterrado en tu universidad, un periodista, un poeta o un escritor que ocupa sus fervores en desnudar la barbarie y en publicar artículos contra la intransigencia nacionalista y el nazismo enmascarado. Una noche andas caminando de regreso a casa cuando los asesinos te liquidan a balazos. Alguien grita, pero no llora. Llora después, cuando llega a casa, al amanecer, y ve tus zapatos vacíos, que están como esperándote bajo la cama. Qué silencio vivir en lugares que fueron de muertos queridos, mirarse en los espejos donde estuvieron sus caras, mirarse con ojos que tal vez recuerdan la forma o la tristeza de los suyos.

Hay algo en el País Vasco que asusta más allá de la brutalidad con que los pistoleros roban el aliento de muchos demócratas. La memoria de las víctimas, sus rostros y lugares amados, están llenos de silencios, de historias calladas, de ausencias. Tras el calor de las manifestaciones de condena, las plazas y calles se llenan de sombras, se desmoronan de fantasmas. Durante horas la gente caminó despacito, de la mano del miedo, tendiendo su repulsa al sol, pero las primeras luces del día lavan muy pronto la indignación, el odio hacia los aprendices de tirano. Al amanecer no pasa nada. Hay bares abiertos, niños jugando, gente en las paradas de autobús, hombres y mujeres que caminan rumbo a sus quehaceres diarios... Escenarios por los que el miedo campa a sus anchas, cierra la boca de algunos, turba el juicio de otros, se asoma a sus casas o lugares de trabajo, les toca la espalda. «Que ayer volvieron a matar» y hoy todo el mundo camina deprisa, como con temor a no llegar... Es mejor así, es mejor no decir nada... Ayer, hoy, mañana... No ha pasado nada, ni está pasando, ni pasará nunca...

Los mercaderes del engaño son hábiles en el comercio de la irrealidad. Así los pontífices del nacionalismo vasco convierten el informe de Álvaro Gil Robles en una telaraña de falsedades y calumnias; los muertos que ponen quienes se atreven a soñar un país en libertad son guiñoles imaginarios, tan irreales como esas sombras que invaden de pronto la pantalla de los cines; las cacerías nocturnas que llenan las calles de violencia calculada para manifestar el ‘conflicto’, de terrores y silencios estridentes, como los de aquella Alemania lúgubre de los años treinta, en la que se moría una muerte subterránea mientras Francia y Gran Bretaña desviaban cínicamente la mirada hacia otro lado, son fruto del delirio mediático. «En el País Vasco -sostienen quienes pretenden eternizarse en el poder- se vive en libertad», aunque la verdad sea otra muy distinta, aunque no haya más voces que los aullidos de los coyotes etarras o el estallido de las ventanas rotas que deja la pleamar de la madrugada, ni más aire o sueño permitido que la independencia o la construcción de una Gran Euskadi. La jauría etarra te mutila sin disimulo, te prohíbe decir, te prohíbe hacer, te prohíbe ser; el paternalismo del nacionalismo gubernamental, en cambio, te convence de que la servidumbre es tu destino y la impotencia tu naturaleza, te convence de que no se puede decir, no se puede hacer, no se puede ser. ¿Es preciso que quienes no compartimos su aventura soberanista ni su nostalgia por los verdes valles de antaño, ni su orgullo étnico, ni sus manías prehistóricas nos cobijemos en la vergüenza y la penuria, como enterrados vivos, enterrados hasta el cuello, esperando día tras día las últimas paletadas de los sepultureros? ¿Cómo hemos podido aceptar la liturgia del silencio durante tantos años sin ponerla en duda, sin abrir los ojos? ¿Es que estábamos sordos, ciegos, mudos?

La historia que vivimos es vieja, no arranca de Udalbiltza ni de la trampa de la tregua o los pactos secretos de ETA con sus beneficiarios. Es la historia del rencor y los verdugos, es la historia del exilio y la sangre que no siembra más que sangre, la historia de quienes toman partido y de quienes se sientan a ver el sepelio de sus vecinos, es una historia donde las conversaciones se susurran al volumen del miedo y la dentellada terrorista tritura a los perseguidos y también a los que se creen a salvo, a los enterados y a los que prefieren no saber. Es una historia amarga, que hunde sus pies en el lodazal de crímenes de los años setenta y ochenta, cuando ETA arrojaba a las calles del País Vasco su cotidiana remesa de cadáveres y los familiares de las víctimas lloraban en soledad, como mordiéndose el dolor hacia dentro porque nadie les prestaba un abrazo, una migaja de fe o aliento, escondiendo el llanto lejos de las plazas desiertas, entre sus recuerdos prohibidos y su cólera interior en una tierra muda, herida de ciegos y de muerte. La falsa tregua de ETA y el reguero de sus últimos asesinatos; las razzias nocturnas y los cuchillos largos; Udalbiltza o la resaca soberanista del PNV no son más que la secuela atroz de un pasado tan reciente como poco visitado.

Vivimos la herencia de aquellos tiempos vergonzantes de mitología política, de invenciones históricas y servidores sumisos que vitoreaban el ‘Eusko Gudaria’ y suministraban a los profetas nacionalistas la lírica pastoril de su programa. Luego vino la catequesis de la independencia y los jerarcas del PNV prefirieron la cabalgada esperpéntica rumbo a la Euskal Herria Grande y Libre a los caminos constitucionales de 1978 y el Estatuto de Autonomía. La riada terrorista dejaría a la intemperie la patología de un régimen que comulga con la limpieza étnica desatada por la guardia secreta de los salvapatrias.

Hoy, sumido en plena campaña electoral, el PNV levanta el viejo tenderete de la guerra civil y la niebla antigua del franquismo para empañar las terribles consecuencias de su odisea patriótica. Atiza de este modo las brasas de Gernika y desentierra al dictador, demora los discursos lamiéndose viejas heridas y evita la furtiva pregunta, la de su solidaridad con EH y su órdago soberanista. Hablan los nacionalistas ahora como queriendo borrar el tiempo de Udalbiltza ante un testigo incómodo o deseando rebajar de su dogma independentista lo que al dogma conviene para no perder acólitos. Pero bajo las argucias verbales del PNV, sus expropiaciones históricas y las exhortaciones al diálogo subsiste un carlismo rancio y antiilustrado que, desde la llegada de la democracia al resto de España, ha instaurado en el País Vasco una fábrica de nostalgias con mentalidad de convento y olor a pólvora. Entonces la sociedad no nacionalista hizo un esfuerzo de conciliación extraordinario y aceptó con generosidad la bandera del PNV, sus rituales públicos, su escapulario simbólico y su lenguaje.

Durante muchos años hemos sido respetuosos con tanto ir y venir, tantas predicaciones y tantas manifestaciones de piadoso susurro y tanto delirio irremediable. Hablamos a media voz y, siempre a media voz, compramos la convivencia a duro precio. Pero ya no podemos más; se nos han ido los años pensando en que al final del túnel seríamos todos ciudadanos, no pueblo, ni etnia. La Historia nos enseña la ruina moral y la larga noche que se hizo en Europa tras el pacto de Múnich de 1938, uno de los errores de percepción más trágicos del siglo, cuando los demócratas ingleses y franceses, en su política de apaciguamiento, se vendaron los ojos ante el estruendo ronco de las invasiones nazis, las deportaciones sumarias y los páramos invernales delimitados por alambradas y torres de vigilancia. Quizá, como escribía José Ángel Valente en otros tiempos de silencio, «no haya elección, quizá haya fabricantes de fe en todo momento»... O quizá el 13 de mayo sea hora de perder el miedo que nos acongoja, sacudirse la tradición y la pereza y librarnos de un régimen viciado que no puede prescindir de ETA y su tenaza totalitaria. Claro que una cita con las urnas tiene siempre algo de ritual sin fe, como un poema elaborado, pero esa sensación de luminoso cambio que rodea las elecciones del 13 de mayo, de vibrante crecimiento de sueños e ilusiones, como otra clase de luz, otra esperanza, eso no se puede elaborar, eso es la respiración misma del poeta, el pulso acelerado de la democracia que tanto han tratado de rehuir Ibarretxe, su partido y los colaboracionistas del régimen.

El Gran Timonel
Editorial ABC 10 Mayo 2001 

Entre Arzalluz e Ibarretxe hay una relación de jerarquía innegable. Aquél es el Partido, el Euskadi Buru Batzar, el sanedrín y el Gran Timonel del nacionalismo vasco. Este sólo es el lendakari. Garaicoetxea supo en su momento cómo se las gastaba Arzalluz con el lendakari que pretendía autonomía frente al PNV. Así le fue. Ahora, Ibarretxe ha querido sacar pecho a costa del dogma soberanista, cuyos custodios, Arzalluz y Egibar, se abalanzan prestos a cortar de raíz cualquier heterodoxia. A Ibarretxe se le ocurrió, en agosto del año pasado, a través de Imaz, su portavoz, deslizar el mensaje de que convocaría una mesa de partidos sin HB. Fue el agosto de sangre y fuego que desató ETA, momento propicio para impulsar una rectificación. Pues no sólo no hubo rectificación, sino que Ibarretxe, al toque de silbato de Arzalluz y Egibar, desautorizó a Imaz y a la mesa sin HB. El otro día dijo Ibarretxe, y ayer lo repitió, que no sería lendakari con el apoyo, directo ni indirecto, de HB, algo que, llegado el caso, sólo podría ejecutar retirando su candidatura. El mensaje del lendakari ha sido otra vez heterodoxo y el Gran Timonel, pese a la aclaración que ayer apañó a última hora, del nacionalismo ya ha dicho que si HB le da sus votos, Ibarretxe tendría que aceptarlos. Dicho en términos jurídicos: permuta, no, donación, sí. Claro que ETA no regala duros a peseta y Otegi ha seguido el juego floral ofreciendo al PNV una segunda oportunidad. ¿Es esta la ruptura entre PNV y HB? La respuesta la tiene el Gran Timonel del nacionalismo y no su grumete.

La herencia tonta de Lucas
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital
10 Mayo 2001

Es dificil recordar un episodio de estupidez tan logrado y tan absurdo como el de la encuesta fantasma del CIS, que ha dejado en evidencia al flamante ministro de la Presidencia, Juan José Lucas. En los círculos concéntricos de la información oficiosa, única materia en la que destaca este Gobierno de la Mayoría Absoluta, se dice que Lucas está que trina, que brama o que barrita, según el animalito que se elija para la metáfora. Y el motivo de su indignación es que se enteró por la prensa de la última hazaña de Jorge Fernández Díaz, la difícil herencia recibida de Mariano Rajoy que Lucas aceptó a beneficio de inventario. Estaba tan feliz con el nombramiento que ni se fijó en lo que heredaba. Ya empieza a darse cuenta.

La índole estúpida del lance no radica en los resultados, aunque también, sino en el dato de que casi un 40% de los encuestados dice que no sabe / no contesta. Con ese dato básico, las atribuciones de escaños son pura hipótesis, una aventurada elucubración sobre la verdadera intención de quienes no se atreven a confesarla. ¿Por qué salir entonces con la pata de banco de que, según el mayor de los Fernández Díaz, no estaban terminados o terminados de tabular los resultados de esa encuesta que no vale para nada?

Por desgracia, el grado de ensoberbecimiento, ensimismamiento y autismo que ha alcanzado este Gobierno le impedirá sacar las conclusiones lógicas de este lance, que van más allá del aparatoso patinazo del Ministerio de la Presidencia. Las costumbres oscurantistas servidas por políticos mediocres acaban produciendo estos frutos podridos de la idiocia, estas contribuciones involuntarias al lío y al desconcierto que en nada ayudan a la causa de la lucha por la libertad en el País Vasco y en el conjunto de España. Y es que la bondad, asistida por la estupidez, no acaba en maldad pero sí en impotencia y desesperación.

Por cierto, ¿qué hace falta para que un alto cargo del Gobierno Aznar tenga que dimitir? ¿Tiene que matar a alguien, debe aspirar a la Moncloa? ¿No basta con una metedura de pata tan monumental como ésta de Fernández y Lucas o Lucas y Fernández?

¡Ya!
Rosa DÍEZ, eurodiputada del PSOE La Razón 10 Mayo 2001

El fascismo ha vuelto a matar. Su última víctima: Manuel Giménez Abad. Un demócrata, un defensor de la vida. Una persona, sin más, de esas que tanto gusta a asesinar a ETA: un hombre libre, tolerante, luchador por la libertad.

   En estas elecciones autonómicas tenemos la opotunidad de vencer al fascismo, a quienes matan ciudadanos queriendo asesinar a la democracia, a sus cómplices directos, a esos que se presentan a las elecciones para cumplir las instrucciones de los terroristas. Hemos de ganar a quienes pasan los nombres de las futuras víctimas, con los que pintan dianas en las casas de los que no piensan como ellos, con los que lanzan cócteles molotov contra los que quieren ser diferentes, contra los que no son y no quieren ser nacionalistas.

   Y el 13 de mayo les vamos a ganar. Pero no sólo a ellos, a los fascistas. También a quienes desde las instituciones democráticas, desde la dirección del partido que siempre ha gobernado Euskadi, negociaron con nuestra libertad e hicieron creer a Eta con el Pacto de Lizarra podían subvertir la democracia, dándoles cobertura e impunidad, queriéndoles hacer, a ellos y a sus ideas, respetables.

   No vamos a caer en la tentación de atraer al fascismo en vez de combatirlo. No. Ese error forma ya parte de la historia de Europa. No puede volver a ocurrir. Lo hizo el centro y la derecha democrática alemana con Hitler y el resultado fue dramático. Por eso, creo que hay que derrotar también a quienes creen que España es más peligrosa que ETA, a quienes piensan que las elecciones no sirven para nada o a quien nos envía desde el gobierno mensajes de resignación mientras ETA asesina una y otra vez.

   Tenemos que vencer en las urnas a quien recibió satisfecho el voto de Josu Ternera para ser Lehendakari, a quienes creen que ETA hay que recuperarla en vez de combatirla y aniquilarla, a quienes no comprenden que el fascismo es inasumible por la democracia; a quienes no quieren entender que mientras se justifique el crimen no dejarán de matar.

   Pero, liderar la lucha por la libertad y la defensa de la vida dentro del marco constitucional y estatutario, dentro del marco jurídico del que los vascos nos hemos dotado, requiere que quien ha traicionado la democracia pague su culpa. El PNV tiene que pasar a la oposición. De no ser así, su traición habría quedado impune, el daño que ha hecho a la convivencia se vería premiado y su apuesta por la exclusión de los no nacionalistas fortalecida. Yo no me voy a rendir ante el fascismo. Eta nos está pegando fuerte, para que nos rindamos, para imponer su totalitarismo, en la creencia de que no aguantaremos tanto sufrimiento. No, nos vamos a rendir ni ante los terroristas, ni ante quienes les dieron esperanza. Porque ETA no se presenta a las elecciones del 13 de mayo pero si lo hacen quienes dicen compartir sus fines. Ahí están Arzalluz, Egibar, Ibarretxe. Los tres afirman compartir los objetivos de los fascistas. Los tres saben que para implantar fines totalitaristas se requieren métodos antidemocráticos. Por eso, mientras unos nos quitan la vida, otros nos quitan el aire para respirar. No pretendo sobrevivir en mi propio país, en mi propia casa, ni quiero vivir teniendo que acreditar todos los días más valor que otro ciudadano. Sólo quiero vivir como viven los nacionalistas. Porque Euskadi es un país plural, mestizo, tolerante. Un buen lugar para vivir. Y porque los países son lo que son sus ciudadanos, sé que esta vez vamos a derrotar al fascismo. Porque la inmensa mayoría de la gente quiere sentirse orgullosa de haber conquistado la democracia y la libertad. Y lo vamos a hacer defendiendo la Constitución y el Estatuto. !Ya¿

A propósito de la encuesta
Por Enrique de Diego Libertad Digital
10 Mayo 2001

El ministro de la Presidencia, Juan José Lucas ha cometido una torpeza convertida en polémica contraproducente en el peor momento, en el último tramo de la campaña. Contraproducente, porque es obvio que el retraso injustificado en la entrega había de tener como intención favorecer o no perjudicar los intereses de su partido, y no es ese el efecto conseguido con el gesto caciquil.

Hay, además, de fondo una mitificación del poder de las encuestas, como si fueran a cambiar el rumbo de las cosas, cuando es notorio que en las últimas elecciones el resultado real no ha coincidido con las profecías virtuales. Menos aún en el País Vasco. Es previsible que con mayor motivo en esta ocasión, pues una encuesta a la que no responden el 40 por 100 tiene escasa validez orientativa, por muchos elementos de corrección que se introduzcan. El más obvio en este caso es el del miedo o el de la lógica prudencia para no manifestar la intención del voto hacia el PP o hacia el PSOE o no mostrarse demasiado entusiasta en la valoración de Jaime Mayor Oreja o Nicolás Redondo Terreros. De hecho, lo que señalan como tendencias todas las encuestas es que el PP sube y Eh baja, lo demás es comentario. Es decir, hay antiguos votantes del PNV que pasan al PP y antiguos votantes de Eh que pasan al PNV, como sucedió en las generales.

Con todas esas prevenciones, que no son pocas, los resultados del CIS dibujan la posibilidad de un gobierno de coalición entre PNV, Eh e IU, algo a lo que, al margen de los dimes y diretes entre Arzalluz e Ibarretxe, estarían dispuestos los principales protagonistas, o en todo caso, si la solución Ibarretxe es creíble como rechazo a EH y oscilación hacia el PSOE, el precio ya puesto es la salida de la vida pública de Nicolás Redondo Terreros. Aunque en los mentideros se comentaba que la encuesta no se hacía pública porque daba mayoría absoluta constitucionalista y ello podía desmovilizar al electorado (estas lecturas estratégicas pertenecen al estricto campo del voluntarismo y el esoterismo, se dicen sin que se sepa muy bien por qué, con anterioridad se consideraba la moral de victoria un elemento clave y electoralmente rentable), el resultado que se ha hecho público es uno o el peor de los posibles. Si se trata de movilizar, el PSE ha de intentar entrar con mayor decisión en el electorado de IU y crecer esos dos escaños. Madrazo se perfila a pocos días de las urnas como lo que siempre ha sido: el caballo de Troya del nacionalismo, desde el PNV a Eta. Nunca tantos habían dependido de tan pocos, ni nunca IU había caído tan baja.

Las empresas vascas, pendientes de las urnas
Por Emilio J. González Libertad Digital 10 Mayo 2001

Los resultados que arrojen las urnas el próximo domingo en el País Vasco pueden suponer una auténtica revolución en aquella comunidad autónoma. El PNV puede verse obligado a abandonar el Gobierno autonómico por primera vez en veinte años, lo que supondría el primer paso para la solución de la cuestión vasca y del problema de ETA. Pero la decisión de los ciudadanos expresada a través de sus votos tendrá repercusiones importantes para el mundo económico y empresarial.

De entrada, muchas empresas con sede en el País Vasco están a la espera de ver cómo queda el mapa político allí para tomar una decisión tan simple, sencilla e importante como la de mantener su domicilio en esa comunidad autónoma o trasladarlo a otra parte de España donde se garantice la seguridad ciudadana y la integridad nacional.

Aparte de este asunto, muy serio en sí mismo, hay dos grandes entidades para las que los resultados electorales serán determinantes: el BBVA e Iberdrola. Lo que se juega el banco en estos comicios es, ni más ni menos, quién manda en él. Hace pocas semanas, la entidad procedió a una remodelación de su cúpula directiva en la que quedó claro que la cabeza de la misma es Francisco González. El resto, sin embargo, está por terminar de definirse, especialmente el papel de Pedro Luis Uriarte, hombre del PNV que formó parte en su momento del Gobierno vasco y que podría perder buena parte de su poder dentro del banco si el próximo lehendakari es Jaime Mayor Oreja, al igual que los demás hombres de la formación que preside Xavier Arzalluz.

Algo parecido sucede con Iberdrola. Una victoria de la alianza PP-PSOE le quitaría de encima muchos problemas de encima al presidente de la eléctrica vasca, Iñigo de Oriol, empezando por las decisiones de los consejeros que el BBVA tiene en el consejo de administración de la compañía. El banco no sólo vetó la compra de Florida Power, una operación que hubiera garantizado el futuro de Iberdrola, sino que trató de echar la compañía en brazos de Gas Natural-Repsol, controladas conjuntamente por la entidad financiera vasca y la Caixa de Cataluña.

El domingo, por tanto, está en juego el futuro del País Vasco, pero también el del BBVA e Iberdrola.

Polanko
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS El Mundo 10 Mayo 2001

Reconozco que esta vez me ha sorprendido. Si viviera Pío Cabanillas padre, que se murió en vísperas de presentarnos, le diría que me lo explicase. Pero a lo mejor, a estas alturas, ni él lo entendería. Que el hombre más rico y poderoso de España ponga su imperio mediático a los pies de Arzalluz y González para impedir una posible victoria de Mayor y Redondo, una victoria modesta en lo material pero extraordinaria en lo moral, un triunfo de España y de la Libertad, ambas con mayúscula, una retribución al sufrimiento de tantos años y a la sangre de cientos de mártires, compatriotas nuestros, excede mi capacidad de asombro. Sé que uno no debe nunca, por higiene intelectual, asombrarse del mal, de esa sed de mal que engendra a veces el Poder, por el simple placer de disfrutarse. Porque en el Poder, como decía Von Mises y repetía Aznar cuando era liberal, o sea, que mandaba menos, «anida la semilla del mal». Pues aun así.

Aun así, me asombro. Que en esta última semana electoral, la decisiva, el Imperio Polanquista se declare polankista, con ka de kiosko, que ponga la alfombra roja a los pies de Arzalluz, que desde la Ser, a bombo y platillo, el siniestro caudillo del PNV anuncie que aceptará los votos de ETA para su muñequito Ibarretxe y que además va a por Redondo Terreros, para tener un PSOE felipista cómodo de pacto y de manejo, me pasma aún más que me repugna. Tener tanto dinero, tener tanto poder, gobernar tribunales, expulsar jueces, humillar ministros, pastorear diputados, arrear senadores, domeñar academias, adoctrinar bancos, moldear empresas, navegar en la Bolsa, dar premios literarios, repartir prebendas institucionales, otorgar canonjías y repartir excomuniones políticas, llevar al país (al de verdad, no al de mentira que es el suyo) de coronilla y con permiso de la Corona, para acabar así, sirviendo al más abyecto servidor del separatismo etarra, con guión de su sirviente Mister X, sobrepasa cualquier expectativa sobre Polanco y su circunstancia, por mala que fuera. Aunque fuera pésima.

Por muchos millones que le haya dado Arzalluz, él tiene más. Seguridades con respecto a ETA, todas las que le dé serán falsas. Y a Felipe ya se ve que sólo le queda Arzalluz; odio y poco más. Y sobre todo, que a una nación tontilona y cobardica pero que se lo ha dado todo, infinitamente más de lo que merece, le haga este regalito para festejar sus XXV años de Mando, me deja atónito. ¡Con decir que echo en falta a Manglano para que le grabase aleatoriamente al Rey su próxima conversación con Polanko! Claro que, con lo de Eva Sannum, lo mismo Manglano se nos hace también republikano.

Comunismo vasco
MARTIN PRIETO
El Mundo 10 Mayo 2001

El Centro de Investigaciones Sociológicas debería ser en teoría (muchas parcelas de nuestra democracia son teóricas) tan profesional como la Junta de Energía Nuclear y no darse a los cambalaches del habitante de La Moncloa, ayer Felipe, hoy Aznar. Pero el CIS es un escabel que tanto da para ser portavoz del Gobierno, embajador en Washington, ministra de Cultura o hermano del ministro de Hacienda, que tampoco es mala carrera, olvidando ya el tonto prurito nepotista que impide al hermano del presidente desarrollar su carrera en la oficina del Defensor del Pueblo. Napoleón quería siempre tener la artillería a mano dándole órdenes directas, como una pistola, y nuestros gobiernos hacen lo mismo con el CIS, administrando a golpe de sondeo de opinión. No me extraña que quien ahora ha podido hacerlo, por encima del Montoro sociólogo, haya querido hurtar vergonzantemente la encuesta vasca que obliga a pactos contra natura para ocupar el palacio de Ajuria Enea. 

Ha hecho muy bien el diputado comunista Felipe Alcaraz desvelando el sondeo e incumpliendo atufantes leyes electorales que impiden encuestas a cinco días de una elección, imponen una espiritista jornada de reflexión y que de milagro no prohíben la israelitas, consulta poselectoral a pie de urna que tantas cardiopatías nos han causado en otros comicios. 

Pero vayamos a la enjundia de esta historieta digna de Rosa Conde, también disléxica proyectando porcentajes, y démonos de manos con la Izquierda Unida de Madrazo que podría posibilitar con sus escurridos escaños la salida del PNV-EA a las tinieblas exteriores, allí donde hay poco dinero que administrar y menos enchufismo patriótico que clientelizar. Malo lo tiene el barbián. Está endeudado con el PNV que le habrá regalado esos dos hipotéticos diputados autonómicos rebajando los porcentajes para ser electo en la ley electoral vasca, modificada in extremis por un Parlamento saliente. 

Y el compromiso moral de Madrazo lo refleja esa equidistancia tan bonita entre el extremismo de HB (de casada EH) y el extremismo del PP. Este es de los que se multiplican por cero y en su formidable estampida hacia la disolución del Partido Comunista se equidista a sí mismo entre muertos y matadores, y a cadáver caliente. En Euskadi la transición política está por hacer, secuestrada por el régimen de Arzalluz y el movimiento nacional del PNV, y hace falta un Carrillo y no un Madrazo para situar a los zarandeados comunistas vascos (Ibarrola) del lado del Estado, la Constitución y el Estatuto, dejando la mandanga de la autodeterminación y recordando que los parias de la tierra a los que invoca La internacional carecen de patria y novelescos linajes históricos. Pero no; el comunismo vasco sangrará lo que le quede al famélico PCE.

La encrucijada vasca
Por Julia Escobar Libertad Digital 10 Mayo 2001

La presentación del último número de la Revista de Occidente tiene una actualidad muy particular, no sólo por el tema de su segunda parte, titulada «La encrucijada vasca» (la primera está dedicada, como es habitual durante el mes de mayo de todos los años, al análisis de la obra de Ortega ) sino porque este mismo domingo los vascos habrán tenido que decidir el camino que van a tomar para salir de la misma.

Algunos de los nueve “nativos” vascos -como les llamó Jon Juaristi en su exposición- que colaboran en este número son nacionalistas; otros lo fueron (tres incluso militaron en ETA) y otros no. Para mayor precisión, cuatro de estos “nativos” hablan y escriben en vasco. Sus nombres son: Francisco J. Llera Ramo, Carlos Martínez Gorriarán, Edurne Uriarte, Joseba Arregi, Jon Juaristi, José A. Zarzalejos, Patxo Unzueta, Gurutz Jáuregui y Mario Onaindía.

Juan Pablo Fusi, que fue uno de los presentadores, trazó un esquema de la trayectoria histórica del nacionalismo vasco y del nacimiento de ETA. Recordó que la oposición política fue débil en el País Vasco durante el franquismo; que sólo surgió al final de éste, apoyada además por sectores políticos con proyección nacional, que proporcionaron todos los tópicos que hicieron posible la contaminación de la que habla Edurne Uriarte en su artículo “Contaminación de la cultura política”. Es tal la pervivencia de los clichés que, en la actualidad -siguió diciendo Fusi- el único lugar donde se reedita «Los condenados de la tierra» de Franz Fanon es el Pais Vasco. ETA, puntualizó, nació de la nostalgia de un totalitarismo español (no de un totalitarismo vasco); es el resurgimiento del totalitarismo de los años 30 y 50, fascista y comunista.

Jon Juaristi, además de hacer la clasificación de los colaboradores a la que me refería más arriba se permitió una digresión lingüística al mencionar que no deja de ser significativo que en vascuence no hubiera palabras que expresen conceptos políticos; por ejemplo, para decir “revolución” hay que recurrir al bilbaíno, esto es al castellano hablado en Bilbao, que es de donde procede “matxinada”, palabra que viene de “matxin”, que significa martillo y por metonimia, campesino, porque los vascos (siempre según Juaristi) han sido incapaces de imaginar lo que era una revolución. Juaristi ilustró sus ejemplos con las estrofas de una canción vasca que tuvo el detalle de traducirnos al instante.
Su intervención se centró en el nacionalismo y en su conexión con ETA así como la división de la sociedad vasca entre nacionalistas y no nacionalistas, impuesta deliberadamente por los primeros. Juaristi expresó su convicción de que, aunque no será fácil, se acabará terminando con ETA.

El moderador del acto, Antonio Garrigues cerró el acto con la siguiente pregunta dirigida a Jon Juaristi: ¿Qué cree usted que pasará el domingo? A lo que el aludido contestó afirmando que saldrá un gobierno de coalición, un gobierno que algunos llaman del PPOE (Partido Popular Obrero Español), en el que por fin, habrá igualdad entre los ciudadanos, sin distinción entre nacionalistas y no nacionalistas, y donde se podrá hablar de un gobierno autonómico, un gobierno de ciudadanos que tiene delante de sí la ardua tarea de ganarse la libertad.

Los 'shock' de la noche del día 13
SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ El País 10 Mayo 2001

El día 13, a la noche, puede haber un shock en la sociedad vasca, sean cuales sean los resultados. Es posible, no porque se ponga en duda el veredicto de las urnas -los enfrentamientos que se han producido a lo largo de la campaña entre PP, PSE, PNV e IU son, como es lógico, escrupulosamente democrá-ticos- sino porque esos resultados van a tener un impacto superior al de otras elecciones, tanto en los votantes como en los propios partidos políticos.

Si PP y PSE lograran formar Gobierno, el shock sería enorme entre los militantes y seguidores del PNV. Durante estos 15 días, la mayoría de ellos se ha creído que ése era, en el fondo, un escenario imposible y que no merecía la pena llenar la cabeza, ni por un minuto, con la posibilidad de tener que abandonar los puestos clave de esta sociedad. Si el PNV consiguiera un resultado superior al actual, el impacto sería para los militantes populares y socialistas, que han puesto algo más que esperanzas electorales en estos comicios y que temen la frustración que podría instalarse entre sus filas. El éxito avasallador del PNV sería también acogido con enorme decepción en el ámbito intelectual y universitario de Euskadi, que por primera vez desde la transición ha abandonado sus casas, aulas y estudios para intervenir en política en defensa de unos valores que considera amenazados. La presencia ayer de un gran grupo de estos intelectuales en una reunión a puerta cerrada con Jaime Mayor simboliza esa apuesta, que hubiera sido considerada imposible en Euskadi hace pocos meses, antes del asesinato del socialista Fernando Buesa.

Para muchos socialistas, incluso los más comprensivos con el papel desempeñado por el nacionalismo, una gran victoria del PNV sería también algo más que una derrota electoral propia, porque si los resultados finales exigieran un pacto, ese acuerdo sería prácticamente imposible con la dirección actual triunfante.

Por último, estas elecciones están provocando una auténtica inquietud en EH, que personaliza su propio shock en la figura de Jaime Mayor como lehendakari. Sus seguidores temen un Gobierno PP-PSE no sólo porque vaya a adoptar una actitud más combativa contra la lucha callejera que desarrolla una parte de sus militantes, sino, sobre todo, porque suprima buena parte de las subvenciones que reciben asociaciones culturales de todos los ámbitos con ideología abertzale militante. Este temor es el que está llevando a Arnaldo Otegi a reiterar de forma algo patética sus ofrecimientos al PNV.

Unos y otros esperan que las largas negociaciones que se abran el día 14 permitan que el afectado vaya superando su shock. Pase lo que pase, ya está claro que éstas no van a ser unas elecciones inútiles, en contra de lo que afirmó Ibarretxe en su día. Los electores han mostrado en las encuestas su cansancio y su deseo de que los políticos resuelvan cómo organizar una sociedad como ésta, que algunos llaman plural y que otros dicen que está dividida en dos. Aun en el caso de que la encuesta del CIS sea correcta y el 13 por la noche los resultados sean muy parecidos a los actuales, algo habrá cambiado en la política vasca, porque exigirán al PNV que decida si acepta o no seguir un trecho del camino con EH. Y ése es, posiblemente, el debate más importante que se plantea la sociedad vasca.

¿Quién sino lavó las manos a Eta?
Julián LAGO La Razón 10 Mayo 2001

A la vista del estado de degradación de Euskadi, sólo la antropología, cuando no la psiquiatría social, podría indagar en las razones desencadenantes del escenario ante el cual la sociedad vasca comparecerá a las urnas. Existen, evidentemente, factores políticos que desde el nacionalismo han colaborado en el actual marco y, por ende, en la redefinición social de Eta, tal y como ahora intentaremos explicar.

   La violencia, hasta Estella, fue reflejo de una minoría desestructurada, a caballo entre la marginalidad, el desacomodo generacional y la utopía tribalista, cuya conducta la pequeña burguesía vasca siempre presentó de forma atenuada. ¿De acuerdo? Podríamos también convenir en que la violencia operaba de válvula de escape para drenar ancestros mitológicos, connivencias familiares, endogamias varias y relaciones de pandillas, lo cual resultaba, a decir verdad, de difícil comprensión desde fuera de Euskadi.

   El independentismo como tal aparecía pues reducido a movimientos de radicalidad que el nacionalismo democrático en general no asumía: Eta era Eta, y punto. Cabría aquí recordar que sólo la posición representada por Garaicoechea en el PNV recogía, aunque de forma testimonial, el viejo sabinismo de la Gran Euskal Herría. En aquellos tiempos la violencia etarra carecía del cuerpo de doctrina que, lamentablemente, más tarde ha adquirido merced a Estella.

   A partir de entonces, el PNV aportó con su discurso soberanista un contenido ideario del que se apropió Eta para producir un salto cualitativo hasta su actual rol social. Eta, pese a todo, siempre ha adolecido del coraje de la insurgencia porque en realidad no se trata de un movimiento insurgente: ni cuenta con las gestas heroicas que a toda insurgencia define, ni planta cara al Estado como ejército de liberación. Sigue matando por la espalda con la misma técnica siciliana.

   La llamada violencia callejera, desde cuya aparición el PNV restó importancia política, actuó de eslabón perdido de la pequeña burguesía vasca con el independentismo. Así, y poco a poco, la banda armada se ha ido desprendiendo de sus elementos más delictivos para presentarse ante la sociedad vasca, por primera vez en su historia, como lo que no es: un movimiento de liberación nacional. Frente al concepto político del Estado opresor, el sentimiento romántico del vasquismo patrio ha prestado a Eta un concepto político que le era ajeno: el de soberanismo.

   De ahí la grave responsabilidad histórica de la dirección nacionalista, no por cuanto tenga de concomitancia con objetivos independentistas, sino por facilitar a Eta el soporte doctrinal con que socialmente intentan lavar sus manos criminales. Sin Arzallus, desde luego Eta no habría dejado de ser Eta y punto, en lugar de ser Eta y algo más.

Sólo la derrota salvará al PNV
José A. SENTÍS La Razón 10 Mayo 2001

 Por suerte o por desgracia, las elecciones en España no suelen tener una importancia trascendental. En ellas no se juega con modelos de Estado, ni modelos de sociedad; casi ni siquiera con modelos de gestión. A lo sumo, se discute la capacidad de los gestores. La gran excepción es el País Vasco. Ahí se juega, nos jugamos, todo. Modelo político de Estado, modelo social de convivencia y modelo ético: la vigencia de los valores básicos que se resumen en torno al de la libertad. En suma, si aún es preciso profundizar en la democracia en España, en el País Vasco estamos en el principio de los tiempos, en la prehistoria. Lo que ahí se debate es el catón del sistema, el cuaderno de palotes de la escritura democrática: cómo salir a la calle sin mirar debajo del coche; cuándo expresar una opinión política sin temor a que ésta te descubra como disidente, es decir como objetivo del aislamiento social o de la violencia terrorista; con quien reunirte que no comprometa tu futuro o el de los tuyos; dónde vivir sin la angustia de que un vecino milite en la gestapo etarra. No dramatizo nada cuando digo que las elecciones del domingo son, para muchos (vascos y no vascos), una cuestión de supervivencia.

   Es obvio que los más comprometidos, los más amenazados, van a votar para que la situación cambie, porque les va la vida en ello. Por eso, la clave de las elecciones no está en ellos, sino en la otra mitad de los vascos, la que se siente segura. Una sensación, por cierto, ilusoria, porque cuando se desencadena el terrorismo como medio de condicionar la política, los objetivos de éste se amplían de forma permanente, porque no puede permitir zonas de impunidad que no respeten su ejercicio totalitario de poder. Por eso, en los ahora confiados, en los que creen que exagera quien dice que la corrupción de los valores y la vulneración de los derechos es demoledora para todos; en los que se sienten atacados en sus raíces culturales, en sus costumbres, por el hecho de que se denuncie la capacidad destructora del ultranacionalismo; en ellos está la llave. Son los nacionalistas por sentimiento, a quienes hay que pedirles, y yo lo hago hoy, que sean antes personas por convicción. Si no por ellos, porque creen ingenuamente que no están amenazados, que al menos lo hagan por los que sí lo están. Su deber moral es dar una oportunidad al cambio político, si no con su voto activo, al menos con la abstención. No es culpa suya que Eta haya encanallado la vida en España; pero, desgraciadamente, votar ahora a la dirección nacionalista es dar esperanza de victoria al terrorismo.

   El PNV no lo sabe, pero sólo la alternancia despejará su propia recuperación, que se recibirá con generosidad. Porque, paradójicamente, su victoria ahora le convertiría en esclavo de Eta. Y una derrota no sería una humillación para sus electores; sólo un mensaje para que sus dirigentes se bajen del monte.

Niebla en el Norte
VICTORIA PREGO El Mundo 10 Mayo 2001

Los datos del sondeo del CIS llegaron tarde, mal, y habiendo perdido por el camino gran parte de la enorme credibilidad que habrían tenido de haber sido conocidos a tiempo y en la forma adecuada. Pero el formidable debate que se abrió ayer a cuenta de este asunto y toda su derivación política ha entrado sólo tangencialmente en la campaña vasca, donde los candidatos apuran sus últimas jornadas antes de reclamar, por última vez, el voto a los ciudadanos.

La información que hoy publica EL MUNDO sobre los votos que han llegado por correo tiene algo de simbólico, y es que las urnas ya están abiertas para unas cuantas decenas de miles de vascos para los que la jornada electoral se ha iniciado hace días. Los datos conocidos son sorprendentes. Al día de hoy, en vísperas de que se cierre el plazo para recibir las papeletas, son más de 50.000 los votos recibidos. Lo asombroso es que la inmensa mayoría de ellos es de ciudadanos vascos residentes en su propia tierra. Y eso no puede tener otra explicación que la de la necesidad, y la decisión, de todos esos hombres y mujeres de hacer oír su voz en estas elecciones, pero también del miedo que tienen a que alguien les oiga. Eso es lo más grave que le puede suceder a una sociedad que dice vivir en democracia: que sus miembros no se atrevan a ir a votar a cara descubierta, lo cual equivale a decir que tampoco se atreven a hablar en voz alta, incluso a pensar en libertad.

Y es esa terrible enfermedad provocada por el terror la que ha estado presente en esta campaña un día, y otro, y otro más, sin permitir que los demás asuntos que atañen y preocupan a la sociedad vasca hayan podido hacerse con éxito ni siquiera un mínimo hueco en el debate electoral. Los intentos del lehendakari Ibarretxe por apoyarse en un retrato de esa sociedad, que es real pero que resulta dramáticamente incompleto, se han estrellado sistemáticamente contra el peso y la fuerza del dilema vasco: la libertad, la vida, el miedo.

Tampoco Jaime Mayor Oreja o Nicolás Redondo han salido bien parados en sus esfuerzos por explicar sus programas de acción de gobierno si ganan las elecciones: sus propuestas han pasado sin pena ni gloria por las páginas de los periódicos y las «piezas» de radios y televisiones. Al final, lo que se ha impuesto es el único y gran problema que está detrás de la disolución de la Cámara vasca y delante de las urnas: la profunda, inmensa distorsión que el terrorismo produce en la vida de los vascos, por más que muchos quieran creer que la muerte de otros y las amenazas a tantos no alteran de verdad su vida. Mentira. La vida de todos ellos, también de quienes vivimos fuera de allí, está condicionada por ese mal y sus efectos colaterales. Por eso todavía se mantiene hoy en primera línea el debate de los posibles pactos poselectorales del PNV con Euskal Herritarrok, un tema que sobrevive al paso de las jornadas de campaña y que cobró ayer nueva intensidad: PP y PSE piden al PNV no ya que afirme, sino que firme, su compromiso de no aceptar los votos de los proetarras para hacerse con la jefatura de un gobierno que quedaría desde ese mismo instante cautivo de tal padrinazgo.

Pero la campaña está llegando a su término, mañana acaba, y los dados están chocando ya sobre el tapete. Los candidatos saben que sus mensajes están lanzados. Los votantes han escuchado y no es probable que en muchos de ellos subsistan las dudas. Estamos ya entrando en zona de niebla. 

El sufrimiento largo
José Luis Balbín La Estrella 10 Mayo 2001

Ya estamos prácticamente en la cuenta atrás. La semana terminará en elecciones autonómicas en el País Vasco. Las más importantes desde las primeras con el estatuto de autonomía. El sistema electoral no permite grandes vuelcos de la situación. Son raros los grandes trasvases de escaños: hay que rascar cada uno voto a voto y, dado el actual mapa electoral, es inimaginable una mayoría absoluta por parte de algún partido político. Para el escaso margen de trasvase de escaños que permite, pues, el sistema, las previsiones aproximadas que nos proporcionan los sondeos son llamativas: tanto el aumento del PNV, como el del PP; un poco menos el del PSE. Sí llama la atención el porcentaje del descenso de EH, aunque a estas alturas no resulta sorprendente, debido al aumento del terrorismo. 

Hasta ahí, un mínimo análisis, como si no pasara nada. Pero pasa. Pese a lo escaso de la oscilación de escaños, ese mínimo movimiento electoral hacia uno u otro lado puede producir grandes movimientos en el mundo vasco. Que los partidos constitucionalistas puedan y quieran gobernar juntos o que no lo hagan, que los nacionalistas lo hagan o no a su vez, que haya un pacto tripartito no violento, o que sea bipartito entre PNV y PSE. Todas las alternativas transformarán o radicalizarán el actual desequilibrio.

Pase lo que pase, y esperemos que pase lo menos malo, hace tiempo que vengo pensando que las sucesivas elecciones en el País Vasco no son válidas. No es políticamente correcto decirlo, y por eso no suelo hacerlo, pero en casos tan excepcionales como el que estamos viviendo, quizá convenga ser un poco incorrecto: las elecciones no deberían ser válidas, porque actualmente vive el País Vasco de hecho un estado de excepción, aunque no haya sido declarado, ni nadie quiera aludir a ello, porque se teme que sea peor el remedio que la enfermedad.

No lo tengo claro. Un país cuyos ciudadanos pueden morir por opinar, donde los sondeos preelectorales no son fiables porque se sospecha que son muchos los que no dicen lo que piensan o no votan lo que quisieran o sencillamente no se atreven a votar, donde gran parte de los candidatos no osan hacer campaña en muchos lugares por el especial riesgo que allí corren, donde el voto secreto es una utopía en muchos colegios electorales. Un país así se halla de hecho, quiérase o no, en estado de excepción. Pase lo que pase al final, es dudosa la validez de esos votos. 

Dicho esto, insistamos: que pase lo mejor. Y aunque pase lo mejor, pasará, desgraciadamente, por más sufrimiento de tantos.

Se elige al sucesor de Ardanza
PATXO UNZUETA El País 10 Mayo 2001

En Euskadi se mata a la gente por sus ideas y se acosa y persigue, con tácticas muy similares a las del fascismo, a las personas que se oponen a los que matan. Hay por tanto un gravísimo problema de terrorismo y un gravísimo problema de libertad, y de ahí la necesidad de que el día 14, cualquiera que sea el resultado, todos los partidos se pongan de acuerdo en un plan para combatir a ETA. Un acuerdo para que cuando de nuevo se produzca, como en Bidart, su derrota operativa, no haya operaciones de rescate que salven políticamente a la banda, prolongando su existencia.

Lo que se decide el domingo es quién liderará ese intento de recomponer la unidad democrática contra ETA. Entre 1988 y 1998 esa responsabilidad correspondió a Ardanza, al frente del pacto de Ajuria Enea. Los ciudadanos deciden quién le sucederá, pero parece evidente que no sería creíble que el impulso de un pacto contra ETA y la coacción organizada corresponda a quienes firmaron el pacto de Lizarra.

Dice Arzalluz que no tiene por qué pedir perdón por haberlo hecho, dado que el objetivo era 'buscar la paz'. Lizarra se basaba en el intento de hacer pasar por el aro soberanista, con el pretexto de la paz y bajo la coacción de ETA, a quienes no desean, y temen, la independencia. Pero además ha fracasado: el soberanismo no sólo no trae la paz, sino que escinde a la sociedad. No sería lógico esperar que la sutura venga de quienes no tienen claro si siguen siendo autonomistas, mantienen que los principios de Lizarra son válidos y dudan sobre si ETA es la 'expresión de un conflicto político no resuelto' (y cuyas razones habría que atender) o una manifestación extrema de nacionalismo totalitario.

Ibarretxe dice ahora que apoya el Estatuto, pero añade que, si ganan PP y PSOE, Euskadi será 'gobernada desde Madrid'. Es decir, sigue identificando autogobierno (auténtico) con ideología nacionalista, lo cual supone la negación misma del Estatuto. Arzalluz dice que mientras ETA mate no habrá acuerdo posible con EH, pero añade que no hay forma de evitar que Ibarretxe sea investido lehendakari con los votos no pedidos de los de Otegi. El principal asesor de Ardanza, José Luis Zubizarreta, ya le había dado la semana pasada, en un artículo publicado en El Correo, la receta para evitar esa eventualidad: que Ibarretxe retire su candidatura si le consta que sólo podría ser elegido con el apoyo de EH. Zubizarreta añadía otra condición para que el PNV recobrase su credibilidad: comprometerse a no tratar de derribar a un Gobierno alternativo mediante una moción de censura con EH. No se trata de una exigencia caprichosa: ante la hipótesis de un Gobierno PP-PSOE sin mayoría absoluta, el propio Arzalluz amenazó hace unos meses (El Periódico, 5-11-00) con que 'les zumbaríamos una moción de censura', de acuerdo con EH. Un compromiso de lealtad democrática como el propuesto sería la forma de quitar a Otegi la llave que dice tener para condicionar a los demás.

El nacionalismo no es que sea ambiguo, sino que lo quiere todo a la vez: ser el primer partido, y para ello presentarse en coalición con EA y recabar los votos que pierda HB; y, a la vez, poder pactar con los socialistas su continuidad al frente del Gobierno. Pero lo primero implicó asumir un programa soberanista, incompatible con el pacto con el PSOE, y además EA advirtió de que nunca aceptaría ese pacto. La coalición PNV-EA reclamó ante la Junta Electoral que se le reconociera como una única formación a los efectos de acceso a los medios públicos, y a la vez pretende formar dos grupos parlamentarios separados, como exigió EA. Pero entonces tal vez no sea el PNV el primer grupo en escaños, como Arzalluz da por sentado. En misa y repicando, no puede ser.

El plebiscito
MANUEL BEAR El Correo 10 Mayo 2001

Nunca unas elecciones tuvieron un carácter tan decididamente plebiscitario como las del próximo domingo. La pregunta que se formula a los ciudadanos y que subyace bajo las preferencias que cada uno tenga por una u otra sigla es si quieren o no seguir conviviendo con una banda organizada para el asesinato y la coacción, que determina la agenda pública del país y tiene como rehén a la mitad de la población. Para los votantes nacionalistas, la pregunta tiene un cariz más desasosegante porque desde el Pacto de Lizarra sus líderes se han comportado como si este dilema no fuera real y, más aún, no han dudado en hipotecar su proyecto político a un grupo mafioso de extraordinaria crueldad, que la demuestra casi cada día. Los términos del ideario nacionalista -soberanía, autodeterminación, etcétera- no pasaban de ser, para los no nacionalistas e incluso para muchos nacionalistas, hipótesis abstractas más o menos solubles en la realidad, para las que era obvio que no se daban las condiciones objetivas de maduración, si es que significaban algo, hasta que se han revelado como una amenaza perfectamente real, que pende sobre innumerables ciudadanos. Los dirigentes del nacionalismo gobernante no sólo se muestran incapaces de expresar políticamente su solidaridad con las víctimas, sino que se comportan como si no fueran conscientes del demoledor efecto que provocó en la sociedad el protocolo de intenciones, acuerdo o como quiera llamarse, que firmaron con la banda terrorista y que precedió al Pacto de Lizarra. Este autismo del nacionalismo gobernante, lindante con la complicidad, actúa como un resonador del miedo que infunden las pistolas.

Los caminos por los que Euskadi ha llegado a este estado de excepcionalidad balcánica quedan para los historiadores y analistas porque las energías de la sociedad deben estar concentradas en salir de esta situación. Las elecciones deben significar el retorno a la tierra firme de legalidad democrática vigente y el restablecimiento del significado real de las palabras y de los hechos. Una pesadilla es una experiencia dolorosa que se manifiesta en una plano delirante y lo que ocurre en Euskadi tiene a menudo rasgos de pesadilla. Al sufrimiento objetivo se responde con abstracciones que nada significan para las víctimas y la conculcación de derechos se justifica con amasijos ideológicos de imposible digestión. El mundo derivado del Pacto de Lizarra ha sido una apoteosis de este estado de delirio. La normalidad reside en que un partido persiga la independencia de su país y diga cómo piensa conseguirla sin disparar sobre nadie y no que se asesine a un transeúnte porque el país no es independiente. Esta normalidad es la que deben traer las elecciones del domingo.

Mi sueño de un País Vasco en paz
ENRIQUE ECHEBURÚA El País 10 Mayo 2001

Enrique Echeburúa es catedrático de Psicología Clínica en la UPV.

Soñar despierto es proyectar los deseos de una persona hacia el futuro. Habitualmente se sueña con lo que no se tiene pero se quiere tener. Los sueños nos ayudan a superar las dificultades en el camino. Se sueña siempre, pero se hace aún más en los momentos críticos: el comienzo de una relación de pareja, el nacimiento de un hijo, el cambio de trabajo, etcétera.

No descubro nada nuevo con decir que la convivencia se ha deteriorado gravemente en el País Vasco. Aun siendo creciente la conciencia social respecto al rechazo del terrorismo, hay, sin embargo, una mayor fractura política en los ciudadanos, y el miedo y el pesimismo se han extendido a sectores más amplios de la población. Es decir, somos más los que estamos en contra de la barbarie, pero el miedo es ahora más extenso. Es este momento crítico lo que confiere un carácter mágico a las próximas elecciones y lo que constituye un tiempo adecuado para expresar los deseos y los sueños. Permítanme mostrarles los míos.

El País Vasco es un lugar pequeño -todo él cabe holgadamente en la provincia de Madrid o de Barcelona- y que tiene poco más de dos millones de habitantes, lo que supone una proximidad social entre todos nosotros. Me hace sentirme orgulloso de ser vasco lo que otras personas perciben como nuestras señas de identidad: la laboriosidad, la iniciativa empresarial y, sobre todo, el igualitarismo social, con una relación muy cercana entre personas de niveles sociales distintos. Siempre he pensado en el papel tan positivo que esta ética igualitaria del trabajo ha desempeñado en la integración de los inmigrantes -en general, muy satisfactoria- en la sociedad vasca.

Me gusta también de mi país la vitalidad de la sociedad, que se expresa en las elevadas cotas alcanzadas en la gastronomía, en la música, en el arte de vanguardia o en el deporte, y me gusta aún más la generosidad de una buena parte de sus habitantes. En tiempos recientes, el País Vasco ha sido un semillero de misioneros; hoy lo es de más de un centenar de ONG, que realizan un trabajo eficaz en el campo de la cooperación internacional. Asimismo, el índice de donantes de sangre y de donaciones para trasplantes es de los más altos de España. El ruido político de fondo impide a veces percatarse de esta realidad.

No me gusta de mi país que, desde el nacionalismo de algunos vascos, y a espaldas de la historia, se haya contrapuesto el ser vasco con el ser español y que esta contraposición se haya querido imponer a todos los vascos. Me resulta empobrecedor limitar la identidad personal a ser vasco o a ser español. La riqueza de una persona radica en las identidades compartidas. Yo soy, a distinto nivel de proximidad, donostiarra, guipuzcoano, vasco, español y europeo. ¿Cómo voy a renunciar, en aras de mi ser vasco, a mi identidad donostiarra, cuando mis recuerdos de infancia, mis enamoramientos de adolescente, mi arraigo familiar, han tenido lugar en esta ciudad, o a mi identidad española, cuando mis referencias culturales, sociales y lingüísticas son comunes, en buena medida, a las del resto de los españoles? Esa contraposición entre ser vasco y ser español me parece falsa. El nacionalismo me recuerda en esto a la canción de Machín: No se puede querer a dos mujeres a la vez. Sé que no es fácil la integración de identidades múltiples. En otros lugares (Quebec, Flandes, Escocia) hay también problemas de identidad nacional, pero allí no se mata a los disidentes ni se extorsiona a los empresarios. ¿Habrá que decir una vez más que el contencioso vasco no es sino la insatisfacción del 15% de la población con el Estatuto de Gernika, respaldado mayoritariamente, y que la mayor parte de los vascos -incluidos muchos nacionalistas- se encuentran cómodos con un régimen amplísimo de autogobierno en el marco de una España democrática que tiene cada vez mayor peso en el seno de la Unión Europea?

Tampoco me gusta de mi país que haya habido intentos de limitar la cultura vasca a lo euskaldún o, en sentido contrario, de menospreciar el euskera. Otra cosa bien distinta es la utilización espuria del euskera como factor de exclusión (a efectos laborales o educativos, por ejemplo) o como herramienta de imposición de un proyecto no democrático de construcción nacional. Yo no podría renunciar a considerar de los míos a escritores vascos que han desarrollado en castellano su obra literaria, como Baroja, Unamuno, Meabe o Celaya, ni a los que lo han hecho en euskera, como Aresti, Atxaga o Saizarvitoria. ¿Cómo puedo no emocionarme al entonar el Agur jaunak, escuchar los versos de un sencillo bertsolari o la canción de cuna Haurtxo txikia, o no sentirme orgulloso del papel que desempeña actualmente el castellano en la cultura universal?

Me preocupa en particular el problema de la convivencia. Ésta no puede garantizarse, sobre todo cuando está presente un grupo terrorista, si no hay un respeto explícito a las leyes vigentes (Estatuto y Constitución). La ausencia o el incumplimiento de las normas conducen a la arbitrariedad y, en último término, a la anarquía. Al margen de que puedan modificarse por los procedimientos establecidos, o se está con ellas o se está contra ellas: no se puede servir a dos señores al mismo tiempo.

Sueño con una convivencia respetuosa entre los vascos. Los nacionalistas han contribuido a recuperar las señas de identidad del País Vasco y son, en buena parte, responsables del nivel de prosperidad existente, pero han tensado innecesariamente las relaciones sociales entre los vascos y con el resto de los españoles. Aun así, es más lo que nos une que lo que nos separa. Lo que nos preocupa a todos (la familia, el trabajo, la salud, el bienestar social) es común a nacionalistas y no nacionalistas, que, por otra parte, compartimos una forma común de entender la vida y proponemos unas soluciones similares a los problemas cotidianos. La fractura actual está mucho más en los partidos políticos que en el conjunto de la sociedad. Es, por tanto, una irresponsabilidad, desde uno y otro lado, alentar la división con discursos incendiarios, que generan odios, contra los otros.

No se puede recuperar la concordia si no hay una divisoria clara entre los demócratas y los violentos. Los conflictos políticos se dirimen en los Parlamentos. El terrorismo y la violencia gangrenan la convivencia. No hay ningún problema irresuelto que legitime la violencia ni es ético aprovecharse de ella, directa o indirectamente, para obtener beneficios suplementarios. Como decían los viejos teólogos, del mal no puede nacer el bien.

La política actual en el País Vasco es demasiado importante como para dejarla sólo en manos de los políticos. A la gente de bien, que es la mayoría, le repugna la violencia. Es una tarea de todos, como padres, educadores o profesionales, implicarse activamente con una cultura de la paz y de una convivencia respetuosa. Ésta es nuestra responsabilidad. A las personas pacíficas, como dijo Blas de Otero, nos queda la palabra. Tratemos de ejercerla con el diálogo en nuestro quehacer cotidiano y seamos tolerantes excepto con la intolerancia.

He llegado al final de mis sueños de hoy. Créanme que, a pesar de todo, soy optimista. No se debe ser de otra manera. Como esas hierbas que crecen entre los resquicios de las baldosas en algunos paseos, la libertad no se puede asfixiar por mucho tiempo. El optimismo genera ilusión, y sólo con ilusión se siente uno con energía suficiente para asumir, cada uno en su nivel de responsabilidad, el reto de buscar la salida en el laberinto vasco. Las víctimas del terror se lo merecen. Es lo menos que podemos hacer por ellas.

Arzalluz, obligado a desdecirse en horas para salvar la campaña de Ibarretxe
SAN SEBASTIÁN. Mariano Calleja ABC 10 Mayo 2001

Donde dije digo, digo Diego. El presidente del órgano de dirección del PNV, Xabier Arzalluz, envió ayer a la Prensa un comunicado en el que corrige sus propias palabras y asegura que el candidato del PNV-EA no utilizará los votos de Euskal Herritarrok para ser lendakari ni para gobernar. Juan José Ibarretxe, por su lado, insistió en que no va a ser «condicionado ni por EH ni por PP-PSOE».

Veinticuatro horas después de afirmar que Juan José Ibarretxe «no tendría más remedio» que aceptar los votos de EH para ser lendakari, y acabar de golpe con la imagen de moderación que había tratado de dar el candidato del PNV-EA a lo largo de la campaña, Arzalluz corrigió ayer sus propias palabras.

El presidente del PNV envió a los medios de comunicación una nota de prensa en la que atribuye a una «interpretación interesada» de sus palabras en la Cadena Ser los titulares con que abrieron ayer la inmensa mayoría de los medios de comunicación.

UN COMUNICADO DE DOS PÁRRAFOS
En el comunicado, de dos párrafos, Arzalluz manifiesta «de forma clara y categórica» que su posición respecto a la utilización de los votos de Euskal Herritarrok coincide «plenamente con la ya expresada por el lendakari» y por él mismo.

Desde que comenzó la campaña electoral, Ibarretxe había transmitido el mensaje de que no ha gobernado ni gobernará nunca, «directa ni indirectamente, con quien no se comprometa a defender sus ideas por vías políticas y democráticas».

La supuesta moderación del PNV quedó en entredicho cuando Arzalluz reapareció el domingo pasado en Vitoria, después de estar ocho días en silencio. El presidente del PNV comenzó una escalada de declaraciones («No vamos a pedir perdón a nadie», «El PP usa la sangre para fines electorales») que culminó el martes al reconocer que aceptará los votos de EH «si no queda más remedio».

Ese mismo día por la tarde, Ibarretxe trató de rectificar sobre la marcha en un mitin en la localidad vizcaína de Baracaldo y repetía que no aceptará el apoyo de EH si no se desmarca de la violencia.

IR DE LA MANO DE HB
El último capítulo, por el momento, lo escribieron ayer. Primero, Arzalluz trataba de salvar la cara a su candidato con la nota de autoRrectificación. Después, en San Sebastián, Ibarretxe insistía en la misma idea para «que quede claro de una vez por todas» y optaba por pasar al contraataque. El candidato de la coalición PNV-EA acusó al PP y el PSOE de ser «capaces de ir de la mano de HB para derribar al PNV de las instituciones vascas».

Ibarretxe puso como ejemplo lo sucedido el martes en las Juntas Generales de Guipúzcoa, donde, según explicó, el PP, PSE y EH rechazaron con sus votos un proyecto de norma presentado por la Diputación guipuzcoana. Además, los votos de EH permitieron que saliera adelante una propuesta del PP para «censurar políticamente» el Ejecutivo foral.

El aspirante a la reelección por los nacionalistas de PNV-EA comentó que al Partido Popular y al PSOE «les va a salir el tiro por la culata» y subrayó que no va a «ser condicionado para ser lendakari ni por Euskal Herritarrok ni por PP-PSOE». 

Varios escaños se decidirán en el voto por correo, triplicado con respecto al 98
ANA DEL BARRIO El Mundo 10 Mayo 2001

MADRID.- El voto por correo decidirá varios escaños del Parlamento vasco el próximo 13 de mayo. A dos días de la celebración de los comicios en el País Vasco, los votos depositados ya en las oficinas de Correos por ciudadanos censados en esta comunidad autónoma ascienden a 52.000, el triple que en los anteriores comicios de 1998.

De la cifra total del voto emitido por correo hasta ayer, 30.000 papeletas pertenecen a la provincia de Vizcaya, 15.000 a Guipúzcoa y 7.000 a Alava.

Gran parte de la demanda del voto por correo proviene en su mayoría del interior del País Vasco. Así, de las 80.907 solicitudes realizadas hasta este lunes, sólo 20.000 proceden de fuera de esta Comunidad. Esta tendencia ya se había observado en la anterior cita electoral, pero de forma menos acusada.

La Junta Electoral Central ha ampliado en un día el plazo para que los ciudadanos puedan remitir por carta sus votos, de modo que los 1.812.425 electores convocados a las urnas tienen hasta hoy, 10 de mayo, para presentar las papeletas en las oficinas de Correos.

En estos comicios, los partidos constitucionalistas (PP y PSOE) han hecho una apuesta fuerte por incentivar la fórmula del sufragio postal. A comienzos de abril, populares y socialistas ya aventuraron que en estas elecciones se iban a «batir todos los récords» de voto por correo.

Tanto el PP como el PSE-EE temían que sus votantes no acudieran a las urnas el 13 de mayo por temor a sufrir intimidaciones por parte del nacionalismo radical, especialmente en pequeñas localidades del País Vasco.

Por primera vez, el Ministerio del Interior puso en marcha una campaña pública el pasado 9 de abril para informar sobre cómo ejercer el derecho a sufragio por carta en las elecciones autonómicas del 13 de mayo. Esta no ha sido la única iniciativa para favorecer esta modalidad, ya que PP y PSE también crearon dispositivos para facilitar las peticiones de los ciudadanos desde sus sedes.

Las solicitudes de voto por correo han ido en aumento desde el 27 de abril, día del inicio de la campaña. A comienzos de esta semana, el número de peticiones era de 80.907, mientras que en las anteriores elecciones fueron 32.550. Hay que tener en cuenta que no todas las solicitudes se materializan luego en el voto efectivo. Por provincias, en estos comicios las peticiones de Vizcaya han sido de 46.180 (frente a las 18.599 de 1998), las de Guipúzcoa 24.709 (en las anteriores elecciones fueron 10.883) y las de Alava 10.018 (frente a las 3.068).

El Foro Ermua confía en el coraje para la victoria constitucionalista
J. Aguilar - Madrid.- La Razón 10 Mayo 2001

El presidente del Foro Ermua, Vidal de Nicolás, y el miembro de esta iniciativa Eleazar Ortíz, coincidieron ayer en asegurar que «si hay coraje suficiente, se llegará a la normalidad democrática»en el País Vasco, tras «una victoria clara y rotunda de los partidos constitucionalistas».

   De Nicolás presentó ayer en el Senado la revista «Papeles de Ermua», cuya pretensión es «armar la palabra como único argumento de combate y asumir el compromiso de no olvidar y hacer recordar siempre que nuestra libertad de mañana será fruto de la tragedia de hoy».

   Ortíz, que califico a los etarras de «asesinos vasco-nazis», arremetió contra los que quieren «edificar patrias excluyentes y además ser denominado demócrata».

   La presidenta de la Cámara Alta, Esperanza Aguirre, rindió homenaje a Miguel Angel Blanco, el edil popular que, tras ser asesinado, provocó el nacimiento del «espíritu de Ermua», ante su hermana, María del Mar, presente en el acto.

   El primer número de «Papeles de Ermua» ofrece en su portada un faro diseñado por Agustín Ibarrola. Un nacionalista intolerante llamó «ratas» a los miembros del «Faro de Ermua»; la ironía se convirtió en su logotipo, «un relumbrante faro que iluminaba a los demócratas en la larga noche del terrorismo vasco».

Los «paracas»
La Euskadi del futuro
David GISTAU La Razón 10 Mayo 2001

De los años correspondientes a la Transición, cuando toda España era una ebullición política de la que nadie se abstraía, uno recuerda que las cabeceras de los periódicos eran una prolongación estética de una ideología, algo así como el complemento del vestuario oficial de cada una de las tendencias. Es decir, que se podría establecer un bestiario de la Transición basado en matices visuales como la pana o la gomina, pero también en el periódico que cada ejemplar llevaba debajo del brazo: desde «El Alcázar» hasta «El País», a cada uno correspondía un arquetipo político y un alineamiento. En aquel tiempo, te podían partir la cara sólo por ser visto leyendo el periódico inadecuado, cosa que, hoy en día, ya sólo puede sucederte en el País Vasco, último territorio en permanente ebullición política donde todavía uno confiesa un alineamiento político y asume un riesgo sólo con cumplir con la costumbre aparentemente trivial de comprar el periódico. Si usted quiere emociones fuertes, no contrate un viaje en una agencia especializada en la aventura: simplemente, siéntese a leer LA RAZÓN en una taberna de Hernani.

Paracaidistas
Durante esta campaña, con las ciudades vascas colmadas de enviados especiales que apenas salen del bar del hotel porque se creen en Beirut, se ha acuñado en la calle un término para definirles: aquí, el periodista llegado de Madrid es un «paracaidista», o infante de la sección aerotransportada de la Brunete Mediática, hallazgo retórico, éste, de Arzallus que ha calado hondo en los portavoces de EH y en los columnistas de «Gara» y de «Deia».

   A pesar de todo, lo que no es una invención de los «paracaidistas» es el talante casi heróico de los militantes de PSOE y PP que hacen campaña, a bordo de caravanas electorales y de automóviles decorados con propaganda, recorriendo los pueblos del territorio comanche guipuzcoano. No hace mucho, José Antonio Fúster narró una pegada de carteles en que los militantes del PP, escoltados por elementos de seguridad, prácticamente hacían un simulacro de pegada ¬lo justo para una foto¬ antes de abandonar el lugar a toda prisa y sin dar tiempo a unos incidentes que, en caso de demorarse, estaban asegurados. El otro día, en Hernani, el concejal socialista Iñaki Dubreuil, que no hace mucho sobrevivió a un atentado con bomba en San Sebastián, repartía flores en una calle distante del conflictivo casco viejo y custodiado por escoltas de paisano y por «ertzainas» a los que el simple petardeo de una moto disparaba los nervios. Algunos viandantes osaban dar ánimos al concejal, pero de modo casi clandestino y en voz baja. Los que aceptaban la rosa ofrecida por el político la arrojaban a una papelera antes de ingresar en las calles del casco antiguo.

   Las visitas de militantes del PP a los pueblos están planeadas y sincronizadas prácticamente como si de una operación militar se tratase. En un turismo adornado con carteles del partido, salen a repartir octavillas los militantes, procurando que entre ellos haya un concejal, pues eso les asegura la presencia de un escolta. Tienen casi cronometrado el tiempo de reacción de los miembros de Haika, que siempre parecen estar movilizados y pendientes de tan sólo una llamada de teléfono para tomar la calle armados de cócteles molotof. Esto significa que los militantes del PP no suelen demorarse más allá de cinco minutos en cada uno de los pueblos que visitan: reparten octavillas con premura, dan dos o tres consignas rápidas, y embarcan de nuevo en el automóvil, abandonando la localidad cuando calculan que la desbandada de Haika está a punto de aparecer.

   Como en tantas otras cuestiones ¬como ocurre con los concejales ubicados en el punto de mira, abandonados de alguna manera a su suerte¬, éste es un riesgo asumido por lo más modesto de la militancia, pues los nombres propios del partido, cuando salen de mitin, se encierran en peceras blindadas como el Kursaal y apenas pisan las calles agrestes del extrarradio. Su seguridad se ha convertido en una paranoia tal, que el otro día cometí el error de entrar, con un gorro de agua calado hasta las cejas y llevándome la mano al bolsillo para sacar el móvil, en la cafetería del hotel de Londres. Estaba Iturgaiz en una mesa, departiendo con García Escudero. Conseguí que tres escoltas saltasen de sus mesas y se llevasen las manos a sus propios bolsillos. Coño, qué susto.

Jueces vascos o la «normalidad» de dictar sentencias con miedo
Sus juzgados son los menos preferidos por los que acceden a la carrera judicial
La situación que vive el País Vasco influye de forma muy directa en aspectos intrínsecamente relacionados con los jueces destinados en esa comunidad. Tener que convivir de forma habitual con las manifestaciones de violencia terrorista, la necesidad de escoltas o tener que mirar constantemente si en el coche hay «algo extraño», hace que la permanencia en los juzgados vascos sea muy inferior a la media existentes en el resto de España.
F. Velasco - Madrid.- La Razón 10 Mayo 2001

Los datos no dejan lugar a dudas respecto a las pocas preferencias existentes entre los jueces que acceden a la carrera: De la última promoción, donde se cubrieron 222 plazas, de los cinco últimos del escalafón, cuatro fueron destinados a juzgados del País Vasco ¬el otro fue en Cambados¬. Quiere esto decir que, de hecho, a parte de esas sedes jurisdiccionales acuden quienes no han tenido otra opción. Son los últimos destinos en ser elegidos.

   Otro aspecto revelador es la escasa «cantera de jueces vascos», en palabras del presidente de la Asociación Profesional del País Vasco, Antonio González Martínez: sólo 8 de los 222 que accedieron a la carrera judicial en la última promoción proceden de esa comunidad. Pero incluso, de estos 8 fueron sólo 2 los que eligieron ir destinados a juzgados vascos, mientras que los demás solicitaron ejercer su función fuera de su tierra.

   Las circunstancias que hacen tan poco «atractivo» el que los jóvenes jueces decidan trabajar en el País Vasco son muy diversas, pero, de un modo u otro, directa o indirectamente, todas están relacionadas con el terrorismo etarra. Sin embargo, también es necesario destacar que todos los consultados coinciden en afirmar que esas circunstancias no influyen en modo alguno en la independencia, imparcialidad y objetividad en los jueces.

   Otros aspectos distintos de esa violencia también influyen en el que las ofertas de plaza en el País Vasco no cuente con entusiastas pretendientes. La consideración del conocimiento del euskera como mérito para la promoción profesional o cierta «involución» del Gobierno Vasco, en opinión del presidente de la APM en la citada comunidad, también influyen en una elección un tanto «forzada» de algunos de esos juzgados.

   Ante estas dificultades reconocidas, consideran que es necesario realizar que desde la Administración se fomente una «oferta» que rompa los temores e incertidumbre existente a la hora de decantarse por un juzgado vasco.

   Benigno Varela, portavoz del Consejo General del Poder Judicial, considera que la situación de los jueces en el País Vasco, en lo que afecta exclusivamente a su trabajo, es similar a la del resto de España, aunque reconoce que tienen «dificultades» que no existen en juzgados de otras comunidades.

Clara anormalidad
A pesar de ello, desarrollan su función «con gran valentía, dignidad y sin miedo. Están haciendo un gran sacrificio por las circunstancia en que desarrollan su función». Esto no hace que sea fácil asimilar tener que desempeñar su trabajo rodeado de violencia. «Es muy difícil asimilar que esa sea una forma normal de vida», aclara el portavoz del CGPJ.

   Sin embargo, desde el Consejo del Poder Judicial no se esconde que esos jueces cuentan con más adversidades que el resto de sus compañeros. En este sentido, Benigno Varela considera una postura lógica el que los nuevos jueces se decanten por juzgados «donde puedan trabajar con toda tranquilidad y sosiego».

   Antonio González Martínez, magistrado de la sección cuarta de la Audiencia Provincial de Vizcaya, es presidente de la APM en el País Vasco. Se define como «asturiano de nacimiento y vasco de tacimiento». Intenta transmitir una absoluta de normalidad respecto a la situación en que viven sus compañeros: «Nos hemos acostumbrado a vivir en una situación impensable en otros territorios y por otros compañeros».

   El colectivo del que forma parte lo integra en el de aquellos otros que también han visto cómo cambian su vida por la amenaza terrorista, como los concejales del PP y PSOE.

   Admite que viven en una situación «de clara anormalidad», por los condicionantes que el terrorismo impone a determinados sectores de la población vasca, y que el colectivo de jueces sí se encuentra «muy afectado por esas circunstancias anormales».

   Toda esta situación en la que tienen que ejercer sus funciones es la que le hace afirmar que mantenerse en un trabajo como el de juez en el País Vasco «es algo que evidencia un coraje, unas ganas de aportar, de concebir la sociedad de una determinada manera absolutamente manifiesta. Los compañeros que están en el País Vasco merecerían todos ellos un cálido aplauso por parte de muchos».

   Un factor es el que considera clave a la hora de definir la actuación de los jueces en ese territorio: La profesionalidad, con todo lo que ello lleva implícito. «Por encima de todo, los jueces vascos son auténticos profesionales», reitera una y otra vez.

   De lo que tampoco tiene dudas es que la «anormalidad» en que tienen que desarrollar su trabajo, como otros miles de ciudadanos vascos, no influye lo más mínimo en las resoluciones que deben dictar: «En el País Vasco se aplica la Ley y se actúa sometido a la Ley, y el principio de legalidad se respeta por encima de todo».

Inmunizados
Desde un espectro distinto también se viene a coincidir con la «radiografía» apuntada tanto desde el CGPJ como desde la APM. José Luis González Armengol, portavoz de la Asociación Judicial Francisco de Vitoria, defiende a capa y espada la labor que realizan los jueces destinados en el País Vasco, a la vez que comprende a los que deciden «emigrar» a otros destinos.

   Durante años ejerció su trabajo en Bilbao ¬fue instructor del llamado «caso Brouard»¬ y destaca que esa experiencia le ha servido para acreditar que sus compañeros allí destinados son incluso «más garantistas» que en el resto de España, por todo el entorno en que les toca desempeñar su trabajo.

   El fenómeno terrorista no marca ni determina la función del juez vasco ni el sentirse objetivo de la banda Eta, como se comprobó en la documentación incautada a los últimos «comandos« desarticulados. «No se sienten inquietado por ello en su trabajo, aunque sí es cierto que les hace estar más alerta», asegura.

   Varios factores son los que, en su opinión, confluyen para que abandonen esos destinos a la primera oportunidad que presente, entre ellos «distintos aspectos relacionados con la educación de los hijos» y el «intento de imposición del euskera en la Administración de Justicia».

Quien no hable español en EE UU se puede quedar rezagado, según el diario USA TODAY
El diario USA Today, de circulación en todoel territorio estadounidense, afirmó hoy, en un titular de primera página redactado en español, que quienes no hablan esa lengua "corren peligro de quedar rezagados" y añade que “las raíces del español se extienden en Estados Unidos”.
EFE Libertad Digital 10 Mayo 2001

USA Today no es el único diario de los mayores en Estados Unidos en el cual el español aparece con más frecuencia, aunque sí es notable este artículo destacado en primera plana. El diario The Washington Post inició hace dos años la publicación de artículos en español, en su sección de deportes sobre la liga nacional de fútbol.

"Con el aumento durante la última década de la población hispana en Estados Unidos, el conocimiento del español se está convirtiendo más en una necesidad que en una opción en muchas partes del país", indicó el artículo. "Desde los capataces de establecimientos ganaderos en nebraska a los corredores de bolsa en Nueva York, los estadounidenses se apresuran a aprender un idioma que ahora habla la mayoría de los 35,3 millones de hispanos en el país", añadió.

Según el artículo "los estadounidenses encuentran que su falta de conocimiento del español puede resultar en un detrimento, ya sea cuando tratan con inmigrantes o cuando conversan en un almuerzo de negocios en el idioma nativo del patrón".

Elogio de la pluralidad necesaria
LUIS ANTONIO DE VILLENA El Mundo 10 Mayo 2001

Dijo ayer Mayor Oreja -y dijo bien- que lo que hoy caracteriza al País Vasco (sus señas de identidad) es la pluralidad cultural. Eso va contra la idea vieja -más arcaica cada vez- de una cultura de piedra ancestral conservada (ahora imposiblemente) en valles aislados. Se le olvidó decir a Mayor Oreja que lo que hoy caracteriza a España -incluso constitucionalmente- es idéntica pluralidad. De culturas, de lenguas, de cruces... Claro que históricamente hubo (y acaso no han terminado del todo) embates centralistas, pero incluso nuestros mucho más centralistas vecinos franceses, empiezan a comprender su propia pluralidad. Aunque hay más todavía. La propia pluralidad histórica de muchos estados -hoy por lo general admitida- irá a más aún con la globalización y sobre todo con la emigración, fenómeno que debemos ya sentir (y amar) como imparable. Pronto, todos viviremos entre razas distintas, culturas distintas y lenguas distintas. Como sucede hoy en Luxemburgo -a lo antiguo- o en Nueva York, más moderno.

Y la cosa no ha hecho sino empezar. Hablar, leer o comunicarse en tres o cuatro lenguas (hoy privativo de gente muy culta o muy viajada profesionalmente) se volverá normal. Eso no quiere decir que el plurilingüe no tenga una lengua base (normalmente la materna, aunque también puede ser la elegida en la educación) ni siquiera que en todas las lenguas haya -o tenga el hablante- la misma posibilidad de cultura. Habrá diferencias (el inglés, hoy por hoy, es más universal que el croata y abre mayores universos de cultura) pero la pluralidad se generalizará. George Steiner -recién premiado en Oviedo- sabe bien esto, como buen judío de la diáspora. Steiner escribe en inglés y se basa, sobre todo, en las culturas anglosajona y francesa. Aunque habla o entiende, además, el italiano y el alemán, según sus palabras. Pero el futuro es aún más ancho que Steiner. En la cultura ideal, al menos. Y sobre todo en el uso de lenguas de convivencia. En todas las grandes ciudades vemos ya carteles en varias lenguas y oímos hablar lenguas diferentes. Eso debe ser lo normal. Aunque el valor cultural o la hegemonía de cada lengua sean otra cosa. Y cambien. El latín -lengua hegemónica durante siglos- vive hoy tan sólo en la memoria histórica (importantísima) de una minoría especializada.

13-M, confidencias y conjeturas
Lorenzo CONTRERAS La Razón 10 Mayo 2001

  Nunca más indicada que ahora la prudencia en los cálculos políticos y en los análisis de situación. Para orientar al espectador pocas cosas podían ser tan elocuentes como el hecho de que el Centro de Investigaciones Sociológicas se comiera su propio sondeo. Si algunos rumores que se han disparado sobre su contenido fueran fundados habría que empezar a contar los «muertos». Pero la esperanza dicta la orden de que no sea así. La esperanza y la filtración fiable que se ha producido inmediatamente después de la entrega de los datos «confidenciales» a los partidos políticos. O sea, nada de catástrofe consistente en un vuelco pro-nacionalista en la relación de fuerzas resultantes de las elecciones del 13 de mayo.

   El empate que, por el contrario, reflejan los datos filtrados invitan ahora a dirigir la atención hacia el enigma de los votos ocultos. Y hacia las referencias que hablan de una especial abundancia de los votos por correo, cuya cifra doblaría la registrada en 1998, es decir, en las anteriores elecciones vascas.

   De todos modos, la sombra de un bloqueo de la situación, con IU, la formación de Madrazo en versión vasca, oficiando de posible llave para resolver el «impasse», sería objetivamente una mala cosa. Dejar el escenario tan complicado como antes invitaría a preguntarse: Y, entonces, ¿elecciones para qué?

   Si a la luz de las cifras oficiosas que se barajan hay motivos para pensar en esa situación bloqueada, también la conjetura puede orientarse a imaginar cuán alta sería para el PSE-PSOE la tentación de sumar sus escaños a los del PNV, configurando una mayoría absoluta que ahorraría a los nacionalistas de Ibarreche, o sea de Arzallus, depender de los votos de EH para formar Gobierno en Vitoria. Habría quedado restablecida la antigua conjunción entre nacionalistas y socialistas, Ibarreche cumpliría milagrosamente su palabra de no entenderse con EH, y, por supuesto, cobrarían retrospectivamente sentido las palabras pronunciadas el sábado por Felipe González cuando recomendó a Redondo que no se equivocara y «rescatase» la colaboración con los «amigos nacionalistas» de antaño. Naturalmente habrá que esperar.

   La aspiración nacionalista a convertir las elecciones en un referéndum encubierto para su causa pierde, en el supuesto descrito, toda fundamentación. Pero, cuidado, también se va al garete el famoso pacto por las libertades y contra el terrorismo, firmado por PP y PSOE. Todo lo que tuviese que sacrificar el PNV, pensando en Estella/Lizarra, sería siempre inferior a las pérdidas que sufriría la causa constitucionalista. En resumidas cuentas el 13 de mayo aparece nimbado de nubarrones, sin que por ello haya que perder la fe en la Virgen de Fátima.

La vieja tierra de mis padres
TRISTAN GAREL JONES
El Mundo 10 Mayo 2001

La vieja tierra de mis padres. Así se titula el himno nacional de mi tierra: Gales. La emoción que siento cada vez que lo oigo o lo canto es lo que me inspira a atreverme, siendo extranjero, a opinar sobre la situación del País Vasco en vísperas de las elecciones.

Como británico y galés siempre he sentido una gran simpatía por el pueblo vasco. La parte británica admira el espíritu empresarial y liberal de los vascos. La parte galesa de mi ser sintoniza sin dificultad con esos sentimientos profundos y atávicos que sentimos los pueblos pequeños hacia nuestro idioma y nuestra cultura.

Soy galés de pura cepa. Bisnieto de minero e hijo de la fundadora del Teatro Nacional de Gales. Hablo galés. Si Inglaterra juega al rugby contra Turquía, yo estoy con los turcos. Ni qué decir tiene que estoy con los escoceses y los irlandeses cuando se enfrentan con nuestro vecino gigante.

En mi casa no se habla galés. Vivo en Londres y al estar casado con una española pensé que era importante que mis hijos fuesen bilingües en su lengua materna. La verdad es que lo siento. Con el paso de los años el hiraeth (en galés quiere decir añoranza de la patria chica) me tira cada vez más. Hoy día en el Reino Unido se nos clasificaría de anglogaleses. Pues bien, pido la venia al pueblo vasco por la impertinencia que supone opinar sobre lo que es en realidad una cuestión de familia.

El nacionalismo separatista, me parece a mí, va totalmente a contrapelo de lo que acontece en el mundo de hoy. Desfavorece a nuestros intereses, a nuestra economía, a nuestra cultura y al futuro de nuestros hijos. Aunque ya no se habla galés en mi familia, siempre he dicho que si en algún momento el Gobierno británico introdujese una ley prohibiendo o coartando el uso del galés yo me presentaría en una comisaría hablando mi idioma para que me arrestaran y me encarcelaran. Es verdad que en el siglo XIX hubo intentos centralistas de coartar nuestro idioma. También es verdad que más recientemente, durante la dictadura, los hubo en el País Vasco. Hoy día, en el marco de las democracias, la persecución de un idioma se consideraría algo así como la destrucción de los budas milenarios por parte de los talibanes.

Yo supongo que la sorprendente adhesión de algunas personas al nacionalismo separatista se debe, en parte, a la resaca de las humillaciones y las persecuciones de la época de la dictadura, de tan reciente memoria, ante las que ellos o sus padres reaccionaron, comprensiblemente, apuntándose al nacionalismo separatista.

Pero ya es hora de pasar la página. Hora de salir del gueto defensivo. Hora de proclamar nuestro nacionalismo sin complejos en el marco de la libertad. En Gales llevamos algo de ventaja: nuestros separatistas están desde hace años a la defensiva y nunca han amenazado a su propio pueblo con la muerte. Hoy nuestro idioma está más fuerte que hace 100 años y nadie cuestiona que nuestra cultura y nuestra lengua es parte integral del fondo cultural de Gran Gretaña.

El verdadero peligro del separatismo yace en la manera en que pretende marginar a nuestros pueblos del mundo real en que vivimos. Los dos hechos más relevantes del mundo de hoy son, en primer lugar, la paulatina transformación de la Nación Estado tradicional y, terminada la Guerra Fría, la aparición en el escenario mundial de Estados Unidos como la potencia más poderosa de la historia.

Conviene recordar que el Estado Nación empieza su andadura en el siglo XVI. Con anterioridad, en Europa, las personas educadas tenían un idioma común, el latín, y rezaban en una misma Iglesia, la católica. Es a partir del siglo XV y XVI cuando empiezan a emerger las primeras naciones en el sentido moderno -España, Inglaterra, Francia. La apoteosis del nacionalismo se experimenta con Bismarck y Mazzini, creadores de las modernas Alemania e Italia en el siglo XIX. No hay duda de que las naciones tradicionales crearon lealtades profundas, cohesión social y un sentido de pertenencia. También es verdad que las rivalidades entre ellas desembocaron en dos guerras mundiales en el siglo pasado.

La Unión Europea es la confirmación de que, hoy día, gran parte de las decisiones que afectan de manera directa a nuestro bienestar se toman no por la diplomacia tradicional de negociaciones bilaterales entre naciones, sino dentro de foros internacionales. Y yo me pregunto: si un país del tamaño y la fuerza que tiene Alemania ha llegado a la conclusión de que defiende mejor sus intereses compartiendo su soberanía con otros, ¿a quién se le ocurre pensar que el País de Gales o el País Vasco puedan hacerlo solos?

Porque iríamos en solitario. El eslogan «Un Gales libre en una Europa libre» es una trampa. Precisamente en el momento en el que empezamos a ver en Europa el Estado posmoderno no se me ocurre un solo país miembro que estaría dispuesto a apoyar la candidatura galesa. Y mucho menos aún la vasca, apoyada como está por la violencia asesina. ¿No será que los asesinos saben en su fuero interno que el pueblo vasco quiere integrarse de pleno en el mundo moderno? ¿No será que saben que nunca podrían triunfar mientras haya un voto secreto? Me cuesta creer que el pueblo vasco no tenga la visión suficiente como para comprender lo inútil que es el nacionalismo hoy y que sea precisamente por eso que quienes quieren la mal llamada independencia no tengan más argumentos que la bala.

Los separatistas pretenden dar un paso atrás, no al siglo XX sino al siglo XIX. Crear un miniestado -modelo Bismark/Mazzini- dejándonos para siempre en la antesala, mientras otros determinan nuestro porvenir. No es sorprendente que, en mi país por lo menos, quienes abogan por dar un paso dos siglos atrás suelan ser politiquillos de quinta categoría sin la capacidad intelectual necesaria para desempeñarse en un escenario mayor.

Finalmente, allí están los Estados Unidos de América. Hoy día, el principio de la sabiduría es mantener una relación de amistad y de influencias con aquel leviatán. Vean la cola de líderes mundiales para entrevistarse con el nuevo presidente Bush. Un lehendakari vasco, de ponerse en la cola, con suerte se vería con el nieto del actual presidente. Eso no nos interesa nada. América es un leviatán bastante benigno, pero también duro a la hora de defender sus intereses.

Como galés, prefiero que mi pequeña patria sea un player [jugador], diríamos en inglés, dentro del Reino Unido y la Unión Europea, y no un mero espectador. Los pequeños países que junto con Inglaterra componemos el Reino Unido tenemos talento suficiente para defender nuestra cultura e, incluso, como venimos haciendo, asumir los más altos cargos en el Gobierno nacional. No tenemos por qué ocultarnos en un gueto decimonónico. Así también pasa en España; los talentos de los catalanes, los vascos, los valencianos allí están. Pero para que Euskadi sea lo que puede ser, créanme, hay que enterrar el nacionalismo separatista bajo dos metros de tierra y echarle una losa de granito encima.

Tristan Garel Jones fue secretario de Estado para Asuntos Europeos del Gobierno británico.

 «Existe una rebelión democrática que hay que trasladar a las urnas»
JAIME MAYOR OREJA CANDIDATO A LEHENDAKARI POR EL PARTIDO POPULAR | PP | «Necesitamos una mayoría rotunda, inequívoca, para decir no a la autodeterminación, no a ETA y cerrar la transición en el País Vasco» «Nadie cree que el Gobierno vasco ha sido tan beligerante como debía contra ETA»
MANUEL ARROYO BILBAO El Correo 10 Mayo 2001

Lleva 23 años, casi media vida, dedicado a la política. En ella ha librado grandes batallas: la reconstrucción del centro-derecha en Euskadi desde sus cenizas (1989), el acceso del PP al poder de la mano de José María Aznar, la dirección de la lucha antiterrorista desde el Ministerio de Interior... Pero, probablemente, ninguna de ellas tan trascendental como la del domingo: ser el primer lehendakari no nacionalista. El candidato del Partido Popular asume el reto con tanto optimismo como contención. Por algo le llaman «el hombre tranquilo».

-«Ahora es posible», proclama el eslogan del PP. ¿Ahora o nunca?

-Yo soy fiel al eslogan: ahora sí es posible. En la sociedad vasca se ha producido una rebelión democrática muy profunda, de fondo, que es preciso trasladar a las urnas el domingo.

-Usted ha dejado de ser ministro para presentarse a las elecciones. ¿Se le ha pasado por la cabeza que ahora no sea posible el cambio?

-Sólo pienso en ganar; en convertir en una mayoría electoral la mayoría social de cambio que existe en el país; la enorme ilusión por el cambio, la esperanza que tienen tantísimas gentes; la rebelión, el hartazgo, cansancio y hastío con ETA y con un Gobierno incapaz de afrontar el terrorismo. Los vascos tenemos que cerrar el ciclo de la transición.

-En las elecciones están en juego la libertad y la democracia de los vascos, suele repetir. ¿Cree que ese mensaje ha calado en la calle?

-Lo dirá el nivel de participación. Creo que sí, que va a ser récord. Si es alto, y estoy convencido de ello, la alternancia política llegará al País Vasco. Por higiene democrática es buena cada cierto tiempo. Pero resulta absolutamente imprescindible, además, cuando, como ha sucedido aquí, el partido en el poder configura más un régimen que un Gobierno y establece un pacto de futuro con los terroristas (Estella) del que aún no se ha sido capaz de alejarse. Los valores de la libertad, la democracia y la normalidad exigen un cambio en el liderazgo del país.

Alternativa y guerra
-¿Es consciente de que inspira miedo a una parte de la sociedad?

-Eso no se lo cree nadie. No es así. Otra cosa es que alguien haya intentado satanizarme. Ellos me conocen y saben que es mentira todo lo que dicen de la guerra, de la confrontación... No quieren un país normal, democrático. Por eso confunden la alternativa con la guerra. Cualquiera que haga balance de mi actuación en el Gobierno podrá decir que he creído en el Estado de Derecho, que he puesto todos sus instrumentos en la lucha contra el terrorismo, que diagnostiqué la tregua trampa, que nunca creí en las buenas intenciones del PNV... Ésa es la realidad. Que me he atrevido a desvelar las intenciones y el proyecto que encerraba la estrategia del PNV, cuya obsesión era alcanzar la soberanía, no la paz. Si la paz venía, bien, pero su obsesión era y es la soberanía. Ya lo hemos visto: el PNV ha incluido en su programa electoral la autodeterminación, la ruptura.

-Déme una buena razón para que un nacionalista moderado y autonomista deba votarle a usted.

-Hay que querer más al país que a la estrategia de un partido. Yo no quiero para el país todos los enemigos que el señor Arzalluz ha sido capaz de atraer hacia él con su estrategia, con sus pactos con ETA.

-Otra para que ese mismo votante le apoye a usted y no al PSE-EE.

-Ninguna. Nicolás Redondo no es mi adversario político.

-ETA ha dejado su huella en la campaña. ¿Ve motivos para la esperanza? ¿Cree posible acabar con el terrorismo en la nueva legislatura?

-ETA no es un mundo a integrar, como dicen algunos, sino a desarticular. Por supuesto que es posible desarticularla. Cuando un Gobierno emprende una política inequívoca y firme, hay resultados. Desde 1996 hemos avanzado muchísimo en la movilización social, la acción judicial... Pero no es posible hacerlo más sin llevar esa misma política a las instituciones vascas.

-¿El PNV no quiere acabar con ETA?

-Nadie cree que el Gobierno vasco ha sido todo lo beligerante que puede contra el terrorismo. Hace falta un Gobierno vasco que crea que se puede acabar con ETA y que ponga en marcha todos los instrumentos a su alcance para hacerlo. El PNV nunca ha creído en un Gobierno para acabar con ETA. Ha creído en instrumentos ajenos al Gobierno: en Estella, en el diálogo, en la integración... No en el Estado de Derecho. Si el PNV no cree en la actuación policial, en la Justicia, en la cooperación internacional, en las herramientas que debe manejar un Gobierno, que se vaya a la oposición.

Educación y tolerancia
-¿Qué instrumentos hasta ahora no empleados utilizará si es lehendakari?

-Hay una capacidad, una potencialidad, un terreno por explorar absolutamente nuevo. Se trata de convertir la lucha contra ETA en la prioridad de las prioridades del Gobierno, en saber sumar los instrumentos del Estado de Derecho a su alcance con los de la UE y España, más una educación a favor de la tolerancia, unos medios de comunicación públicos que denuncien la falta de libertad existente en el País Vasco...

-¿Qué espera del nacionalismo en ese proceso?

-Del nacionalismo, una vez que se ha reclasificado en Estella y optado por la radicalidad, lo único que espero es que las urnas le lleven donde debe estar: a la oposición. Y que desde allí emerja la moderación frente a sus actuales planteamientos de ruptura. Eso sólo se puede hacer desde la oposición. No habrá evolución en el PNV si sigue en el Gobierno.

-¿Teme que, pese a sus promesas, el PNV pacte con EH la investidura de Ibarretxe?

-Para eso es la decisión de los vascos: para que no quede ese margen, para que no haya ni llave ni puerta a la independencia, para que no haya tentaciones, para que no haya dudas... Es lo que nos estamos jugando en las elecciones: que la mayoría social de cambio se convierta en una mayoría política clara, rotunda, inequívoca...

-Absoluta.

-Absoluta. Porque si la mayoría absoluta no es nuestra, será de los nacionalistas. Y la administrarán. A lo mejor sin prisas. Pero la administrarán. En la raíz y en la superficie. Si la consiguen, con ETA matando o sin matar, habrá otro intento de engañar a la sociedad vasca. Otro Estella. Sólo dudarán en cuándo volver a la carga. Ahora no hay una coincidencia entre los proyectos del PNV y ETA. Ahora hay una convergencia hacia la autodeterminación, no una coincidencia en los proyectos. Por eso, si lo necesita, el PNV puede intentar en la superficie engañar a algún partido, acercarse a él para tranquilizar a la sociedad; pero sabiendo que su fuerza está en la raíz, en una mayoría absoluta nacionalista (si la logra) con la que, cuando quiera, puede articular una estrategia con el mundo de ETA. Por eso es tan importante que obtengamos una mayoría clara, nítida. Se equivoca quien crea que el PNV es un instrumento para frenar a EH. Ya ha dado el salto de la autonomía a la autodeterminación. Ahora hace falta una mayoría que diga no a la autodeterminación, no a ETA. Eso es lo que nos jugamos.

«No va a pasar nada»
-Usted esgrime el ‘modelo alavés’ de relevo al PNV protagonizado por el PP y el PSE-EE. Pero la realidad social de Euskadi es más compleja que la alavesa y la crispación social que se puede encontrar en Ajuria Enea, también mayor.

-La experiencia demuestra que no hay que tener miedo a tomar las decisiones de cambio que exige objetivamente el país. Los agoreros siempre fracasan en sus predicciones. ¿Qué va a pasar, se preguntaban, si se encarcela a la mesa nacional de HB, si se cierra ‘Egin’, si se ilegaliza KAS, si el PP gana en Alava...? Todo eso ya ha ocurrido. Y no ha pasado nada. ¿Qué va a pasar si hay una mayoría de cambio en el País Vasco? Nada. Vamos a tener a ETA enfrente, pero ETA también va a tener enfrente a un Gobierno que la va a combatir con todos los instrumentos a su alcance. Ésa va a ser la novedad.

-¿Cuál sería el primer signo visible del cambio, si al final se produce?

-El primer día no entrará a Ajuria Enea un lehendakari nuevo: entraremos juntos las víctimas del terrorismo y yo.

-Habrá quien piense que el primer signo será la inauguración de un ‘manifestódromo’ frente a Ajuria Enea con una movilización en favor del euskera, por ejemplo.

-Una de mis ilusiones personales es demostrar desde Ajuria Enea que la defensa y el prestigio del euskera será mucho mayor en la medida en que esté asociado a la libertad. Quiero demostrar que cultura es libertad, que euskera es libertad y que quienes no sabemos euskera, pero queremos la libertad, estaremos en la primera línea de defensa del euskera.

No son fiables
GERMAN YANKE El Mundo 10 Mayo 2001

Aquí estamos, ante la paradoja de que todo el mundo hable de una encuesta electoral cuando ya están prohibidas las encuestas. Vaya por delante el absurdo de la prohibición, como el del famoso día de reflexión, que parten de una doble sinrazón: considerar a los electores menores de edad y facilitar a los políticos datos sobre la evolución de la campaña que son vedados a los votantes. En este caso, el anómalo comportamiento del CIS no resuelve la quiebra democrática de esta legislación (porque nadie nos asegura que no haya otro sondeo de ayer mismo), pero subraya el absurdo. ¿A qué puede deberse la situación creada por el CIS? A mantener la encuesta en secreto, desde luego no. Nadie podía dudar que, al facilitarla a los partidos, llegaría inmediatamente a los medios de comunicación. ¿Se pretendía conseguir con este retraso un efecto de movilización del electorado? Ciertamente, los resultados del sondeo del CIS invitan al voto al señalar la escasa diferencia entre nacionalistas y no nacionalistas. Podría ser, aunque creo que la movilización está asegurada por lo que nos jugamos el domingo. Quizá, a la postre, ocurra que el CIS no hace su trabajo como debe. Tendrían que exigirle las responsabilidades oportunas y aplicarle la legislación que ha burlado. Pero repárese en otra fotografía del País Vasco más reveladora: la de los que no quieren decir a quién van a votar. Demoscopia ha reconocido, por ejemplo, 6.144 contactos fallidos para conseguir 1.814 entrevistas. Hay mucho miedo y, así, las encuestas no son fiables. 

La soberanía tiene costes
Enrique Badía La Estrella 10 Mayo 2001

Aunque con poco éxito, el Partido Nacionalista Vasco (PNV) ha intentado centrar su mensaje para las elecciones del próximo domingo en los "20 años de prosperidad" que Euskadi ha experimentado desde que encabeza el Gobierno de Vitoria. Como era previsible, otros asuntos, más graves, han eclipsado la pretensión de sustentar que, siquiera en lo económico, "Euskadi va bien"; un argumento orientado a patrocinar la candidatura de Ibarretxe a la reelección.

Los asuntos económicos no han tenido protagonismo en la campaña que hoy cumple su penúltima jornada. No es que no importen a los ciudadanos vascos o carezcan de trascendencia, pero es lógico que, dado lo que está en juego, otras cosas hayan centrado el debate y por tanto la atención.

Sin duda, las tres provincias vascas se encuentran en el grupo de cabeza en todos los ranking de potencial y bienestar económicos que se pueden realizar en el conjunto del Estado español. La cosa viene de antiguo y se fundamenta, sobre todo, en la capacidad emprendedora de los vascos, muchas veces apoyando la iniciativa y los capitales venidos de otras tierras, tanto del resto de España como de otros países de la actual Unión Europea. Y hay que decir que ni el complejo y cada vez más enrarecido marco político ni la violencia han quebrado de forma sustancial la posición de las tres provincias que integran la comunidad, aunque más complicado y controvertido sería analizar su evolución relativa en los últimos dos decenios: es decir, si han prosperado lo que les correspondía o se han visto lastradas por la situación. Incluso cabría analizar la evolución de cada uno de los tres territorios históricos, expurgando las causas de que Álava haya conocido el avance más espectacular.

En todo caso, ni desde el más agudo de los cinismos cabe situar esa prosperidad vasca como si hubiese ocurrido al margen del resto de España. No sólo, aunque también, por su evidente dependencia en términos de mercado, sino muy especialmente por el ingente acopio de recursos presupuestarios que el Gobierno central (el denostado "de Madrid", en versión nacionalista) ha destinado a posibilitar que la economía vasca superara su crítica situación en la década de los setenta/ochenta, afectada como estaba de un exceso de concentración y monocultivo en unas industrias de cabecera obsoletas y gravemente penalizadas por los efectos de las dos primeras crisis del petróleo (1973-79).

Nadie ha acertado, por ahora, en aproximar un método capaz de ajustar un verdadero saldo fiscal entre los distintos territorios. Suelen reivindicarlo los más ricos, desde la presunción de que resultan desfavorecidos, pero no siempre se tienen en cuenta todos los ingredientes; en este sentido, los argumentos del nacionalismo vasco no son una excepción de rigor. Suelen pasar por alto aspectos tan decisivos como las infraestructuras, tanto las de la propia zona como las de interconexión, o el déficit energético que les caracteriza, por citar sólo dos aspectos de relevancia particular. Ello, por no mencionar el uso torticero y a menudo hipócrita del concepto de solidaridad.

La ausencia de lo económico en la campaña resulta, sin embargo, sorprendente cuando desde el nacionalismo se plantea el ansia soberanista; por decirlo más claramente, la independencia de Euskadi y su desmembración del Estado español. Llama la atención que se formule con simplismo, sin hacer mención al modelo económico que resultaría de tal hipótesis. Sólo desde la miopía puede pretenderse, como a veces se insinúa, que todo consistiría en pasar a ser el decimosexto miembro de la Unión Europea, sin más. Cuesta pensar que los dirigentes y/o los votantes del PNV y sus socios de Eusko Alkartasuna (EA) razonen y crean que una hipotética separación sería, en términos económicos, completamente "neutral".

Ante las cruciales elecciones vascas del domingo, deberían haber sobrado tantos excesos y propensiones a dirimir entre prismas blancos y negros. Entre otras cosas porque los problemas, y acaso también las preferencias de los votantes, es decir, los resultados, pueden evidenciar la persistencia de gamas de grises que, a partir de la misma noche del 13 al 14, no habrá más remedio que gestionar.

PSE / EE
Por Alicia Delibes Libertad Digital
10 Mayo 2001

El Partido Socialista de Euskadi ha elaborado su programa sobre educación con el convencimiento de que ”los grupos de apoyo a ETA se han enquistado en los ámbitos educativos del País Vasco” y que los activistas totalitarios del entorno de la banda terrorista campan a sus anchas por las universidades, institutos y escuelas. Las medidas que propone tienen como principal objetivo el fin del adoctrinamiento al que ha sido sometida la juventud durante los años de gobierno del Partido Nacionalista y buscan ”fomentar y encabezar un movimiento democrático en el ámbito educativo de rechazo a la acción del terrorismo y sus presupuestos ideológicos”.

He aquí alguna de sus propuestas concretas:
- Crear una Dirección de Derechos Humanos en el Departamento de Educación, Universidades e Investigación con terminales en todos los centros que apoye al profesorado, impulse acciones y elabore materiales encaminados a fomentar una educación en libertad.
- Velar para que se instaure en los centros públicos una reflexión ética y política tras cada atentado.
- Establecer un día por la Libertad en todo el sistema educativo.
- Incentivar todas aquellas iniciativas que tengan un trasfondo ético.
- Instaurar la ratificación, por cada centro escolar, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
- Implicar al alumno en la toma de decisiones del centro. Aumentar el número de tutores, dos por cada grupo, y transformar una hora semanal lectiva en hora de tutoría de alumnos.
- Fomentar la cooperación de los centros con las familias. Establecer medidas de apoyo a las familias que detectan en su seno comportamientos violentos.
- Recuperar calles, plazas y otros lugares, tomados por los violentos, para la convivencia ciudadana y democrática.
- Implicar a los medios de comunicación para que se lleve a cabo una campaña de “pedagogía contra el terrorismo”.

Toda una larga lista de iniciativas para que en los centros escolares se reestablezca el respeto por los valores democráticos que recoge la Constitución Española.

Este programa electoral expresa la enorme preocupación de los socialistas vascos por la falta de libertad que se respira en los medios estudiantiles. Una falta de libertad que se manifiesta en el adoctrinamiento de alumnos y profesores, en la imposición de una forma de pensar que no condena el uso político del crimen y de la violencia, en la ignorancia, en fin, de los principios democráticos y de los derechos fundamentales del individuo.

El candidato nº 5 en la lista guipuzcoana del PS, Mikel Iriondo, miembro de la iniciativa ciudadana “¡Basta Ya!”, en una entrevista publicada por la revista digital docencia afirma que los jóvenes violentos del entorno etarra suelen mamar el nacionalismo en su propia familia y que la escuela “es incapaz de desmontar esas majaderías familiares porque muchos de sus profesores participan de las mismas estupideces, porque alguno de los libros de texto abonan con su ombliguismo antropológico el sustrato nacionalista y porque, en el mejor de los casos, existe verdadero miedo a hablar claro y reconocer los excesos provenientes de nuestra pereza intelectual”

El Foro Ermua atribuye a la «rebelión cívica» creada su nominación al Nobel de la Paz
G. TESTA BILBAO El Correo 10 Mayo 2001

El presidente del Foro Ermua, Vidal de Nicolás, se congratuló ayer por la candidatura de su organización al premio Nobel de la Paz, nominación que atribuyó «al trabajo hecho estos años para crear una conciencia de rebelión ciudadana contra la grave situación que padecemos en el País Vasco gracias a un nacionalismo etnicista y xenófobo».

«Estar nominados es una cosa inmensa», afirmó Vidal de Nicolás, quien se aventuró a decir que «recibir el Nobel nos haría más reconocibles dentro del espectro social». El Foro Ermua ha sido propuesto para el Nobel por la ONG ‘Médicos para la prevención de la Guerra Nuclear’, que tiene su sede en Boston.

Con respecto a la campaña electoral vasca, De Nicolás opinó que «se aventa un tiempo de paz y libertad gracias a la actitud de PP, PSE y UA», partidos a los que, según dijo, «los ciudadanos hemos pedido que renuncien a sus compromisos políticos para solucionar el problema predemocrático vasco».

Agradecimientos
El presidente del Foro Ermua agradeció a los partidos estatutistas «que hayan esquivado las llamadas al diálogo tramposo». A las Fuerzas de Seguridad del Estado les reconoció su trabajo para «garantizar la convivencia», a los jueces y fiscales «que apliquen las leyes del Estado de Derecho», a los periodistas «que mantengan su compromiso con la verdad» y al resto de españoles «su solidaridad y afecto con los vascos».

De Nicolás hizo estas declaraciones en el Senado con motivo de la presentación en la Cámara Alta del primer número de la revista ‘Papeles de Ermua’. «A pesar de las presiones hemos sacado adelante una revista abierta a todos los que luchan contra la intolerancia y el nacionalismo etnicista», explicó.

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