AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 11  Mayo   2001
#Perseguir al “castellano”
Enrique de Diego Libertad Digital 11 Mayo 2001

#Por los vivos y por los muertos
AURELIO ARTETA El País 11 Mayo 2001

#Con la urna en los talones
Consuelo ÁLVAREZ DE TOLEDO ABC 11 Mayo 2001 

#La fuerza del voto
Editorial ABC 11 Mayo 2001

#Ya hemos ganado
José Antonio Zarzalejos, Director de ABC 11 Mayo 2001 

#Palabras de libertad para Jaime Mayor Oreja
ANTONIO BURGOS El Mundo 11 Mayo 2001

#Ilegalidad de las juventudes de Eta
Editorial La Razón 11 Mayo 2001

#El País Vasco, en la encrucijada
Josep Borrell La Estrella 11 Mayo 2001

#Garzón ilegaliza Haika por ser parte integrante y subordinada de ETA
MADRID. Nieves Colli ABC 11 Mayo 2001

#Rama ilegalizada
Editorial El País 11 Mayo 2001

#De Haika a ETA
Maite Cunchillos Libertad Digital 11 Mayo 2001

#El "testamento vital" de Izquierda Unida
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 11 Mayo 2001

#La cosecha roja de Madrazo
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 11 Mayo 2001 

#No te hagas cómplice
Román CENDOYA La Razón 11 Mayo 2001

#CC OO acusa al PNV de usar la Consejería de Educación para promocionar a Ibarretxe
ÓSCAR B. DE OTÁLORA BILBAO El Correo 11 Mayo 2001

#«Si hubiera pagado a ETA, ahora me sentiría cómplice del asesinato de Giménez Abad»
BILBAO. Javier Pagola ABC 11 Mayo 2001

#Rabanera dice que el «ámbito vasco» no es un atractivo para invertir
VITORIA. J. J. Saldaña ABC 11 Mayo 2001

#Jarrai-Haika: un presupuesto millonario
MADRID. N. C. ABC 11 Mayo 2001 

#Patria y libertad
ALBERTO REIG TAPIA El País 11 Mayo 2001
 

#La española americana
ABC 11 Mayo 2001 

#Atípica alternancia
EMILIO ALFARO El País 11 Mayo 2001

#Idioma propio, español impropio
Nota del Editor 11 Mayo 2001 

#Pactar la convivencia
MANUEL HIDALGO El Mundo 11 Mayo 2001

#PP
Alicia Delibes Libertad Digital 11 Mayo 2001

#Pan para hoy y hambre para mañana
Nota del Editor 11 Mayo 2001

#¿Va bien la economía vasca?
Fernando González Urbaneja La Estrella 11 Mayo 2001

#El 13 de mayo
Z. Rana La Estrella 11 Mayo 2001

#Contigo pero sin ti
VICTORIA PREGO El Mundo 11 Mayo 2001

#Ideas contra el terrorismo de ETA
José Ignacio del Castillo Libertad Digital 11 Mayo 2001

#Votar en libertad
Editorial El Correo 11 Mayo 2001

#La invasión democrática
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 11 Mayo 2001

#La gallina ciega
ANTONIO ELORZA El Correo 11 Mayo 2001

#Solución y culpa
VICENTE CARRIÓN El Correo 11 Mayo 2001





Perseguir al “castellano”
Por Enrique de Diego Libertad Digital 11 Mayo 2001

Existe la extraña propensión a sustituir los debates actuales por otros históricos, o a justificar las tropelías aquí y ahora en nombre de difusos agravios ancestrales. Tal patraña no engaña a casi nadie, aunque sigue costando mucho dinero público. Esos debates son una engañifa inmoral: nunca una lesión de derechos personales anterior justifica otra. Así que, sin entrar en el debate abierto por Pilar del Castillo, que pertenece a la historia, cabe decir, en aras de la lógica, que cualquier persecución de la dictadura al “catalán” no justifica la persecución actual de Pujol al “castellano” y entrecomillo porque para nada existen derechos colectivos de las lenguas, sino derechos personales, y toda imposición es una coacción a la libertad individual, que es lo que importa.

Detrás del anunciado despilfarro libresco de Pujol –que sigue a otro envío con conferencias suyas para contrarrestar la cazurradas xenófobas de Marta Ferrusola con añadidas confidencias de alcoba– no hay más que un gesto intervencionista para echar tinta como el calamar sobre su persecución a los castellanos, a los castellano hablantes, me refiero.

Con estos debates históricos, hace unos años en la Comunidad Valenciana el pancatalanismo rampante (se habla poco de la vis imperialista de los nacionalismos) puso en marcha un movimiento, financiado con dinero público desde el PSOE, que se bautizó con el contradictorio nombre de Bloque de Progreso Jaime I, que es como si hubiera un Bloque de Progreso Alfonso X El Sabio o don Pelayo o Witiza. Vamos que Jaime I sería un rey muy conquistador y respetable, pero situarle a estas alturas como adalid del progreso es cuanto menos un chiste de Gila.

Lo curioso es que la filosofía de imposición lingüística constituye consenso que afecta a las formaciones políticas nacionales. El conseller de Educación de la Generalitat valenciana, Manuel Tarancón acaba de anunciar que se exigirá a los docentes en activo y a los opositores el conocimiento del valenciano, convirtiendo de esa forma el derecho en deber y desconociendo, como en toda medida autoritaria, la realidad, pues en la Comunidad Valenciana más del cincuenta por ciento es exclusivamente castellano-parlante y lo es, en muchas comarcas, desde los tiempos de Jaime I. Bajo la fraseología de respeto o avance del bilingüísmo, en el fondo lo que se pretende es un proceso de ingeniería social para convertir en bilingües a personas y zonas monolingües como Orihuela, Requena o Morella.

Esto no es el progreso, es la reacción. Me resulta difícil dilucidar si Jaime I era progresista, pero me resulta fácil considerar a Pujol –y a Tarancón– reaccionarios, como lo son los que, en nombre de falacias, agreden los derechos personales. Al final, la sociedad suele ser más racional y tolerante que sus políticos. 

Por los vivos y por los muertos
AURELIO ARTETA El País 11 Mayo 2001

Aurelio Arteta es catedrático de Ética y Filosofía Política en la UPV.

Ya sé que son asuntos de y para los vivos, pero cada vez que se celebran elecciones en tierra vasca me acuerdo más que nunca de los muertos a manos de ETA. Siento que es la mejor ocasión de 'hacer justicia' a estas víctimas, quiero decir, de ofrecerles algo así como una simbólica reparación para que no hayan muerto del todo en vano. ¿En nombre de qué fueron asesinados? Pues lo más digno será defender lo contrario. ¿Cuáles eran las inclinaciones políticas de la mayoría de ellos? Pues pronunciaré en voz alta esa opinión que ya no pueden emitir y haré mío ese voto que tan barbaramente se les ha impedido depositar.

Son esos muertos quienes nos recuerdan aquí y ahora lo principal. A saber, quién es nuestro mayor y común enemigo, no el adversario mío o de aquél, sino el enemigo de todos; no ya el que nos devuelve a una situación predemocrática, sino el que nos mete a tiro limpio en un estado brutalmente prepolítico. Pero esos mismos muertos son la prueba irrefutable de que aquel enemigo de todos lo es más de unos, a los que vuelve objeto preferente de sus atentados, que de otros, con quienes hasta puede suscribir acuerdos de investidura, de gobierno y de mucho mayor alcance. Eso sin contar la camaradería cotidiana. Por algo será, y habrá que explicarlo de nuevo para vergüenza suya y provecho del elector juicioso.

Arzalluz, el malo, dirá que comparten con ETA los fines, pero no los medios; Ardanza, el bueno, nos asegura que no comparten ni medios ni fines. Ambos se esfuerzan en ocultar aquello en lo que de veras comulgan todos, sus premisas o postulados básicos. Están repetidos hasta la hartura en el último manifiesto programático del PNV: 'el Pueblo Vasco es un sujeto dotado de identidad propia', una 'realidad innegable', con 'derecho a un status político propio', 'derechos preexistentes a la Constitución Española' y así sucesivamente. Y eso tal vez no desemboque en idénticas aspiraciones, si ellos lo dicen, pero origina consecuencias letales. Mientras los más bestias se creen así legitimados para quitarnos la vida (¿acaso no estamos conculcando aquellos derechos?), a muchos otros les tienta limitar la ciudadanía de tantos vascos que rechazamos aquella fe.

Es que, a diferencia del nacionalismo brutal, el moderado afirma también y simultáneamente lo contrario de lo anterior. Ahora resulta que en la sociedad vasca hay un 'diverso grado de desarrollo de la conciencia nacional', 'diversas realidades y situaciones políticas diferenciadas', 'pluralidad de identidades concurrentes', 'coexistencia de muy diversas conciencias nacionales', etcétera; o sea, lo que bien sabemos. Lo malo es que son afirmaciones rigurosamente incompatibles entre sí: o hay Pueblo Vasco único o hay sociedad vasca plural, pero no las dos cosas a la vez. La gravísima responsabilidad de ese nacionalismo estriba en mantener tan explosiva contradicción, y su reto más urgente es deshacerla. Le bastaría tomarse en serio la idea de que aquellos derechos del Pueblo deben proclamarse sólo 'si esa es la voluntad de los respectivos ciudadanos', dado que, 'en caso contrario, se hurtaría la voz real de nuestra sociedad'. La hallará en su propio documento.

Pues para el creyente en el Pueblo no hay elecciones que valgan, porque desde el ser ya no hay nada que decidir, salvo seguir siendo lo que desde siempre se es. Su 'ámbito de decisión' es el ámbito de lo ya decidido, y una de las cuestiones resueltas es que no serán tenidos por ciudadanos plenos más que quienes se sientan miembros de esa nación... Por el contrario, sólo en una sociedad ideológica y políticamente plural cobra sentido convocar elecciones y decidir lo que se quiere ser. Por eso, cuando los partidos nacionalistas preguntan retadoramente estos días si los demás vamos a respetar los resultados de las urnas, olvidan aclararnos si ellos aceptarán en adelante los principios de toda consulta democrática. O si seguirán considerando más rentable despreciar el de igualdad ciudadana (para urdir el censo nacional vasco) así como el de representación política (con vistas a montar su Udalbiltza), entre otros.

Lástima que sus voces críticas sean pocas, cuitadas y respetuosas de todos los principios salvo el de congruencia. Hace un mes Ardanza propuso con solemnidad que, 'reconocida la existencia del conflicto..., se pospusiera su debate a que se superara definitivamente el terrorismo'. Santo y bueno. Apenas dos folios después sostenía el ex-lehendakari que hay que situar ese problema en un mundo en el que 'las identidades se permeabilizan y comparten'; en una Unión Europea, 'en la que las soberanías se diluyen'; y en unas estructuras políticas, en las que el concepto de ciudadanía se hace cada vez más neutro respecto de las pertenencias naturales -étnicas o culturales'. A ver dónde hay que firmar. Pero si el nacionalismo vasco aceptara las identidades compartidas, se despreocupara de la soberanía y comprendiera que la pertenencia étnica no tiene que determinar la ciudadanía..., díganme, ¿qué de razonable quedaría en aquel 'conflicto' y de qué habría que debatir?

Para ayudarles a resolverlo, nosotros proponemos construir una sociedad en que rijan los mismos derechos y deberes civiles para todos. Y habrá quedado claro que eso no es posible, hoy por hoy, más que mediante un duradero gobierno no nacionalista. Porque el problema vasco no es la paz, sino una paz políticamente justa. Lo que está en juego es nada menos que reconocernos una común ciudadanía, es decir, como sujetos políticos libres. Sólo desde esa condición común podremos discutir acerca de lo que nos separa. Sólo desde esa igual ciudadanía podremos combatir las inicuas desigualdades que subsisten. Sólo una vez alcanzada esa justicia política -¡por eso es tan urgente!-, podremos encarar las tareas de una justicia social. Y sólo después optaremos por la derecha o la izquierda partidarias, porque antes no tenemos más opción que salvar el umbral mínimo democrático. Esto lo entiende cualquiera que, sabiendo distinguir en la democracia el grano de la paja, padezca la tragedia vasca y reflexione sobre sus causas. Se empecina en ignorarlo ese progresismo reaccionario para el que la peor calamidad que nos amenaza el día 13 sería el ascenso del PP y el presunto vasallaje del PSE... Que Dios le conserve la piedad y la vista.

Entretanto, un síntoma de la desigualdad ciudadana presente (y, según cómo vayan las cosas, premonición de la futura) sería el muy desigual reparto del miedo entre los ciudadanos. Además del asco, el miedo nacido precisamente de haber sido dejados solos, el miedo de los valientes entre tanto cobarde. Este miedo va por barrios y en los nacionalistas, que se sepa, ni dimiten aterrorizados sus concejales ni sus partidos tropiezan con especiales dificultades para formar sus candidaturas electorales. Seguramente es cierto, eso sí, que aumentan entre los suyos los indignados con las vilezas de ETA y arrepentidos del crédito que le extendieron. Por eso a los ingenuos nos da por pensar que entre los simpatizantes de PNV y EA van a surgir gestos inesperados. Por simpatía con los perseguidos que ni se atreven siquiera a acudir a las urnas, como reparación de tamaño atropello, habrá quienes decidan no votar. Para éstos su abstención es cosa de pura decencia. Sencillamente les daría vergüenza aprovecharse de esa forzada inferioridad electoral de sus adversarios.

Si no abundan estos u otros gestos, será que bastantes nacionalistas disimulan como pueden otro género de miedo. Es el hondo temor a confesar -ante las víctimas, los oponentes, los correligionarios y, sobre todo, ante sí mismos- tanto mal como se ha consentido y tanto tiempo durante el que han callado. Quien lo soporta sabe que ni su partido ha cometido crímen alguno, por Dios, ni tampoco ha animado a que se cometa. Pero debe saber también que los crímenes se perpetran invocando creencias conformes con las suyas y contra el resto de conciudadanos y sus ideas; de modo que, si alguna vez fue víctima del anterior verdugo (el franquista), hace tiempo que el verdugo actual le ha puesto de su lado. En todo caso, sabe que ya se ha sufrido demasiado y sospecha que alguna culpa le incumbe en ese injusto sufrimiento.

Pero hay un mecanismo psíquico que suele reprimir nuestros actos de contrición. Un conocido experimento dejó probado la creciente dificultad de todo sujeto, habituado a cumplir la orden de aplicar una descarga eléctrica gradual e insensiblemente superior sobre otros individuos, para dar por terminada su perversa tarea. ¿Cuándo será el momento de decir que ya no quiere seguir adelante? A lo peor, nunca, pues ¿por qué ha de ser hoy, si la descarga que le toca suministrar apenas ha crecido respecto de la que ayer y anteayer aprobó sin hacer ascos? El probable reproche de no haberse rebelado a tiempo dificulta la marcha atrás de esa persona: cada día que pasa sin romper su atadura, se halla más atado y le resulta más injustificable desatarse. Sería bueno preguntar cuántos en el País Vasco -obedientes a alguna autoridad 'popular'- están presos de una trampa parecida so capa de virtuosa fidelidad. Lo que tantas veces han votado, disculpado, declarado, concedido o argumentado... les empuja a 'no enmendalla'.

Sea como fuere, háganme el favor de no llamar democráticas a unas elecciones en las que los bandos en pugna no gozan de igual libertad entre sus electores ni entre sus elegibles. ¿O aún no está claro que en Euskadi sólo unos tienen hoy asegurado el ejercicio de los derechos de asociación y de expresión? ¿Y no es cierto que la mitad de los candidatos, todos los de un lado, se juegan la vida precisamente por serlo? ¿Cómo no vamos a estar entonces autorizados a decir, cuando ganemos estas elecciones, que eso ha ocurrido a pesar de tan cruciales diferencias y a fin de acabar para siempre con ellas? Democráticas serán las siguientes, tras que hayamos vencido en éstas. Será el momento en que los supervivientes comencemos a pagar la deuda contraída con tantas víctimas abandonadas. Pues hemos de votar por el bien de los vivos, desde luego, pero sin olvidar la causa de aquellos muertos.

Con la urna en los talones
Consuelo ÁLVAREZ DE TOLEDO ABC 11 Mayo 2001 

En el PNV hay ya quien tiene decidida la ruptura. Por tener, tienen hasta buscado el nombre para una plataforma a favor de la libertad. La semilla, pues, ha fructificado aun antes de que canten las urnas. La rebelión de la sociedad vasca frente al terror ya es imparable, pase lo que pase el domingo. Pase lo que pase, habrá ganado la libertad en el preciso instante en que más de algún nacionalista está decidido a decir también que ¡basta ya!, si llegado el momento Arzalluz persistiera en su alianza con EH.

Con la urna en los talones y en el esprint final de una campaña intensa, hay un infinito cansancio físico pero en ningún caso desánimo; ni en el PP, ni en el PSE. Nada ha quedado por decir. Poco ha quedado por hacer. Pero entre tanto prosigue la ilusión en quienes auguran que estamos ya al final del túnel. Extenuados, pero llenos de esperanza, así se encontraban ayer los colaboradores de Mayor Oreja. Agotados, pero sintiéndose íntimamente libres, estaban ayer Nicolás Redondo y la buena gente del socialismo vasco.

Preocupado, pero con la prepotencia de quien todavía en el poder se siente predestinado a permanecer en él, estaba Ibarretxe. ¿Y Xabier Arzalluz? El viejo burukide conoce ya la intención de una parte del PNV de abandonarle en el instante en que los acontecimientos revelen la verdadera dimensión de su liderazgo en la estrategia independentista basada en un PNV machihembrado con EH.

¿Y Otegi? El de Euskal Herritarrok va ya desde hace tiempo por delante de las urnas. Las elecciones le importan una higa. Lo suyo es la sonrisa de hiel como la de su colega Idoya «la tigresa». O la hiena.

La fuerza del voto
Editorial ABC 11 Mayo 2001

Los ciudadanos vascos pueden disponer, a partir del domingo, del primer día de un futuro mucho mejor que el presente y el pasado. Sólo depende de que voten por los partidos que han defendido en todo momento la vigencia de la Constitución y del Estatuto. La mendacidad del nacionalismo vasco en sus relaciones con ETA y HB ha producido unos efectos desastrosos en la convivencia política y social del País Vasco. Las instituciones democráticas quedaron manchadas por la intromisión de la banda terrorista en la actividad política, bajo la identidad de Euskal Herritarrok y con el patrocinio del PNV y EA. Ibarretxe ofició como eficaz gestor del pacto de Estella y asentó su gobierno sobre la fidelidad a los acuerdos con ETA y HB, de los que nacieron un pacto de legislatura, la creación de Udalbiltza, la disposición de los presupuestos y de los medios públicos con fines sectarios y la inutilización de la Ertzaintza. Hasta el día de hoy, ningún dirigente nacionalista ha reconocido su responsabilidad por esta situación, en coherencia con un programa electoral que el PNV y EA han montado sobre el soberanismo y el «conflicto», los dos eslabones con ETA. Durante la campaña electoral, los nacionalistas pasaron de los tanques y los bombardeos a renegar de HB, a medida que el proceso electoral, ese que según Ibarretxe no iba a cambiar las cosas, consolidaba la expectativa de la alternancia. Pero en el nacionalismo no ha habido rectificaciones, a lo sumo contradicciones provocadas por los aprietos y, sobre todo, una absoluta falta de honradez política en la exposición de su modelo de gobierno para los próximos cuatro años.

Por tanto, votar al nacionalismo, por democrático que sea el sufragio, tendrá el efecto de prolongar la fractura social y la crisis institucional que supone entregar el gobierno de la Comunidad vasca a una coalición que comparte fines y afinidades no redimidas con una banda terrorista. El voto a los partidos constitucionalistas representa, por el contrario, la recuperación efectiva de la vida democrática, que empieza en la protección del ejercicio incondicionado y confiado de las libertades y de los derechos individuales, y termina en la ordenación de la actividad política e institucional hacia el interés general, el imperio de la ley y la persecución del delito.

ES hoy cuando la memoria y la conciencia de cada ciudadano deben juzgar si el País Vasco merece darse una oportunidad distinta, darse un gobierno que no frustre la vida individual y colectiva de los vascos con reivindicaciones transnochadas o con conflictos inventados. Es en la Constitución y en el Estatuto donde el País Vasco tiene el manual del buen gobierno que le permitirá el desarrollo no traumático de su autonomía, la consolidación del Concierto Económico y la expansión integradora de sus señas culturales, sean euskaldunas o castellanas. En cuanto a ETA, sería excesivo pensar que la victoria constitucional garantizará por sí sola la derrota de la banda terrorista. Pero sin esa victoria en las urnas, la derrota de ETA se demorará trágicamente. Es preciso que la apuesta soberanista que comparten ETA y el PNV fracase en las urnas; que el nacionalismo, cordón umbilical de una y otro, asuma que el País Vasco no es su finca, convertida por los etarras en coto de caza a los no nacionalistas. Sólo así será posible la renovación de personas, estrategias y programas, incluida la xenofobia latente heredada de Arana, que precisa el nacionalismo para contar nuevamente con la confianza de las fuerzas no nacionalistas y dar paso a la verdadera unidad democrática contra el terror, aquella que no tiene matices de táctica ni de estrategia. Sin su derrota electoral se considerarían refrendados quienes han despojado al PNV de unas actitudes históricas que, con mayor o menor sinceridad y a cambio de una hegemonía desproporcionada e injustificable, facilitaron una convivencia rota desde 1998. A partir de mañana nada será igual, pero todo tiene que cambiar radicalmente. Tras veinte años de gobierno hegemónico del PNV, nunca ha sido tan crítica la situación como ahora. En casos como éste, la democracia, si no exige responsabilidades, se convierte en un simple trámite. La posibilidad de rescatar a la sociedad vasca para la paz y la libertad depende mañana de ella misma y de su voto. Sólo de eso.

Ya hemos ganado
Por José Antonio Zarzalejos, Director de ABC 11 Mayo 2001 

PARA una franja de vascos, enclavada generacionalmente entre los cuarenta y cinco y los cincuenta y cinco años, los resultados de las elecciones del próximo domingo son relativamente irrelevantes. Sencillamente porque la contienda en la que nos hemos batido -cualitativa, no cuantitativamente, ética no sólo ideológica, moral y no sólo política- ya la hemos ganado después de una larga campaña de años, repletos de derrotas, amarguras, angustias y sinsabores.

Desde el momento mismo en que nuestro «radical» diagnóstico sobre la dirección del nacionalismo vasco elaborado allá por el final de los ochenta -y que a no pocos nos reportó el exilio interior, la hostilidad social entre nuestros paisanos y la libertad vital- quedó confirmado mediante el conocimiento público de la convergencia del PNV y EA con la banda terrorista ETA y su entorno, obtuvimos la victoria que acaso nuestros conciudadanos ratifiquen dentro de tres días en las urnas.

Pero tanto si lo hacen como si aplazan el momento histórico de enfrentarse a su destino colectivo, muchos podremos, en silencio, estar conformes con nosotros mismos porque cuando las cloacas aún no rebasaban las alcantarillas ya advertimos que la porquería llegaba a la barbilla de nuestra sociedad.

Ha sido esa «ancha Castilla» a la que nos ha «desterrado» Xabier Arzalluz el escenario, una vez más, que nos ha permitido desarrollar el guión de nuestra denuncia, proferir el grito de nuestra protesta, ampararnos ante el peligro y ofrecernos el calor de la comprensión y la colaboración imprescindible. Y desde esa Castilla «ancha» que el líder nacionalista concibió como una execrable Siberia para los vascos españoles -trasunto de una España supuestamente alejada e irreversible- se ha inoculado el contagio de la libertad a todos los vascos sufrientes de la sutil dictadura nacionalista imperante estos últimos años en el País Vasco. Lejos de fracturarnos, el exilio interior nos ha servido para que miles de vascos, de procedencias ideológicas dispares, con trayectorias vitales opuestas, con percepciones distintas de nuestra tierra, encontrásemos un mínimo común denominador: el ansia de libertad. Ni uno solo de los que hasta hace poco nos despedían con el «¡que se vayan!» dejará ahora de lamentar la enorme energía que fluye del resto de España hasta el País Vasco y de la respuesta que allí encuentra por una mayoría de vascos, prestos ya a desprenderse del yugo de una conciencia nacional excluyente y clientelista, servida por el pavor a las pistolas, la imposición de los mitos, la prepotencia del victimismo y la torpeza, cuando no la complicidad, de los intereses de otros vascos dispuestos primero a vivir y luego a filosofar.

La impostura de esta tragedia ha quedado al descubierto gracias a ese pintor comunista, a ese profesor arrojado, a aquel catedrático inoportuno, a aquella víctima con voz, a aquel escritor con pulso, a aquel periodista con fibra y a ese ciudadano anónimo que bajo la lluvia y la bruma, sólo o en compañía de otros pocos, se puso detrás de la pancarta un día sí y otro también reconfortado más por su certeza moral que por el apoyo de la Iglesia, de las empresas, de las instituciones, de los partidos y de sus propios vecinos.

Ha sido una revolución agazapada, constante, que venció a los dirigentes nacionalistas cuando, en forma de marea momentánea pero de raíces profundas, tomó las calles vascas y del resto de España en aquel alejado julio del 97 y les obligó a desenmascararse y firmar con la banda terrorista un pacto de supuesta supervivencia. Ese fue el momento histórico -Estella, Lizarra, bendito nombre, en castellano y euskera- que disparó la revuelta democrática activada permanentemente por los terroristas y sus cómplices cada vez que, con el asesinato, el secuestro, el chantaje o la coacción callejera han pretendido acallarla. Por eso hemos ganado ya; porque la superioridad de la verdad -ya clara- nada tiene que ver con dos o tres escaños más o menos, con la mayoría absoluta o con la minoría mayoritaria.

Todo esos son conceptos políticos y, por lo tanto, contingentes. De lo que hablamos -de la victoria que ya proclamamos los españoles y, entre ellos, miles y miles de vascos-, es de otra naturaleza, prepolítica, puramente ética, incluso moral y por lo tanto irreversible e incuestionable y que si el domingo no se plasma en las instituciones, lo hará otro domingo, de otro año y con otros protagonistas.

Una franja de vascos, insisto, generacionalmente enclavada entre los cuarenta y cinco y los cincuenta y cinco años, unos en la madurez, otros con un horizonte que quiere ser más plácido, ha hecho la descarga de su conciencia y puede confesar que ha luchado; que no ha callado; que ha descubierto al impostor; que ha clamado, no sólo por ideas, sino por principios, que se ha rebelado y que todo aquello que le era exigible lo ha ofrecido, con mayor o menor acierto, pero con devoción y emoción democráticas y anegados en ansiedades, incertidumbres y miedos. Puede que la tarea no haya concluido. Seguro que no. Pero hemos rescatado a nuestra sociedad vasca del silencio y hemos roto el cerco territorial del supuesto «conflicto» para «socializar» la exigencia, la firmeza, la convicción y la reivindicación del futuro acompañados por el resto de nuestros compatriotas españoles que han asumido como problema propio, urgente e inmediato el desmán terrorista y de sus cómplices, cuando unos y otros querían imponer a la «ancha» Castilla -a la España inevitable que ellos pretenden obviar- la extranjería de un problema que es el más rotundamente español de cuantos afectan a nuestra Nación.

Esta -la nuestra- no es una historia de vencedores y vencidos. Porque los muertos, los signados por el miedo y la sinrazón, son siempre víctimas y perdedores inevitables. No es una historia de vencedores y vencidos porque esa franja generacional que hoy, a tres días de las elecciones, rinde cuentas a su propia conciencia y ante la sociedad vasca, ha dejado ilusiones, esfuerzos y jirones de su alma y no hay enemigo que tenga su entidad moral para considerarse como tal. Y no es una historia de vencedores y vencidos porque para que haya derrotados -los terroristas y sus cómplices, esos que ahora dicen no querer los votos de los victimarios- éstos tienen que albergar una dignidad de la que los asesinos y su entorno carecen. Son sólo -terroristas y cómplices, directos e indirectos- vestigios de una España que se resistió a desaparecer hace muchas décadas, tributarios de odios dieciochescos, sombras del pasado más tenebroso, fantasmas vivientes del integrismo brutal que arrasó esta Nación que nuestros hijos han superado y a los que queremos entregar un país, antes que en paz comprada, libre. Con una libertad que sea herencia sin beneficio de inventario, sin deudas. Un testamento, pues, para que lo disfruten, no para que lo padezcan. Y lo hemos logrado. 

Palabras de libertad para Jaime Mayor Oreja
ANTONIO BURGOS El Mundo 11 Mayo 2001


Perdona, admirado Jaime Mayor Oreja, que use papel de periódico para ponerte estas cuatro letras, que quiero te lleguen justamente antes de una jornada de reflexión en la que quienes tienen que reflexionar seguro que no reflexionarán absolutamente nada, pues más que la reflexión lo más cómodo es la flexión, la flexión de espinazo ante los que tienen el poder o la genuflexión ante el miedo.

Si escribo, Jaime, desde aquí es para no colapsar el Correo, que demasiado tiene ahora con hacer llegar los votos postales a su destino. Triste país el tuyo, donde hasta al voto por correo hay que ponerle escolta, como si fuera la diligencia de la Wells Fargo ante las flechas de estos sioux. Dicen, Jaime, que está todo el pescado vendido desde Santurce a Bilbao, por toda la orilla de las encuestas, y ojalá el domingo a las ocho de la tarde nos llevemos la gran alegría de que los deseos sean realidad. Salga lo que salga de la voluntad de las urnas, creo que solamente por las esperanzas que has despertado los españoles te debemos un reconocimiento, por muy lejos que estemos de la sombra del árbol de Guernica, en esta sombra de araucarias y jacarandas de tu andaluza mar del verano. Has hecho justamente lo contrario que me decía mi madre y me imagino que también a ti la tuya: «Tú, hijo, no te signifiques». Vaya si te has significado. Significándote, nos has dignificado a todos. Nos has dicho con el ejemplo de los hechos que de «todo vale», nada. Que de comodidades, las mínimas.

Cuando anunciaste tu candidatura, oí que muchos decían: «¿Pero qué necesidad tiene este hombre de meterse en este lío, con lo tranquilo que está de ministro en Madrid, qué se le ha perdido en el País Vasco». Pues en el País Vasco se te había perdido, Jaime, lo mismo que se nos había perdido a todos: ni más ni menos que la libertad. Dejarlo todo y seguir por la difícil senda constitucional es en tu caso no sólo un gesto ético de bien nacido, sino que hasta parece una parábola de ese Evangelio que dice que la Verdad nos hará libres. Y la libertad que has defendido a pie de obra, donde tiene mérito, es la que nos permitirá decir la Verdad.

¿Puede decirse el viejo grito de tu Cádiz de la mar del verano, Jaime? Pues lo digo: «Viva la Libertad». Y ya que vámonos pá Cai, ole tus cojones, Jaime...

Ilegalidad de las juventudes de Eta
Editorial La Razón 11 Mayo 2001

El juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, decidió ayer la ilegalidad de la organización juvenil Haika, heredera de Jarrai, rama juvenil del complejo etarra. La decisión del juez, una vez más, es valiente y, totalmente justificada. A Garzón le apoyan numerosas pruebas de la integración de Haika en el entramado de Eta, del que forma parte. De él recibe su financiación, y en su beneficio realiza sus acciones propagandísticas y violentas. No es, por tanto, que se ilegalice, sino que se acaba con la situación de alegalidad en la que se movía por estar, de suyo, contra la ley, como brazo juvenil en el cuerpo de Eta.

   Uno de los problemas que ha existido siempre en la lucha antiterrorista es no haber sabido abordarla en su conjunto. La acción policial y judicial se ha orientado históricamente a la represión de los delitos cometidos directamente por los etarras «con pistolas». Con más dificultades, esta lucha se ha dirigido también contra sus cabecillas, para los que cuesta mucho más probar su culpabilidad (y véase, en este sentido, la impunidad de que goza el cabecilla «Josu Ternera», con su escandalosa presencia en la comisión de Derechos Humanos del disuelto Parlamento vasco). Pero donde la Justicia apenas llega es contra el resto de los tentáculos de la banda terrorista: contra abogados que sirven de correa de transmisión de sus órdenes y preparan estrategias. O contra los recaudadores del chantaje «revolucionario». O para quienes se enfrentan a la legalidad a través de la desobediencia civil. Incluso para las ramas logísticas que les permiten cobertura. Y no digamos, en fin, contra los que mueven la propaganda «política», realizan apología del terrorismo o jalean los atentados criminales día tras día, a la vista de todos.

   Sin embargo, todos ellos, cada uno con su papel, son tan Eta como la Eta clandestina. Se benefician de resquicios legales, o de falta de coraje de los poderes públicos, para moverse con impunidad, siendo tan delincuentes como los que aprietan los gatillos. Entre todos ellos se intercambian los papeles: son decenas los concejales de HB / EH que han sido detenidos en relación con el terrorismo. Igual sucede con la ahora ilegal Haika. También está probado el trabajo de «recaudadores» de algunos abogados, y son conocidas tramas de dirección (Ekin), sindicales o de apoyo con plataformas de defensa de los criminales presos. Todo esto está, insistimos, antre nuestros ojos. Sorprende que la Justicia, salvo la honrosa excepción de Garzón, no lo vea.
   Eta es una hidra criminal con múltiples cabezas. No se acaba con ella si no es cortándolas todas. Y ésa es la tarea del Estado de Derecho. Con las vías de la Justicia y la ley, la democracia tiene el derecho (y el deber) de defenderse de sus enemigos.

El País Vasco, en la encrucijada
Josep Borrell La Estrella 11 Mayo 2001

Ojalá que la línea que divide a las partes enfrentadas en el conflicto vasco fuese la que separa a demócratas y violentos. Si así fuera, hace tiempo que en Euskadi se habría constituido un gobierno de concentración de todos los demócratas. Como en la Inglaterra de Churchill frente al fascismo. Porque, ahora como entonces, el problema no es la paz, que se puede conseguir claudicando, sino la defensa de la libertad que han perdido los ciudadanos vascos que no participan de las tesis soberanistas.

Si las circunstancias por las que atraviesa el País Vasco, con treinta muertos desde el fin de la tregua, la mitad de los cargos públicos bajo protección policial y ningún partido con mayoría absoluta ni posibilidad de tenerla, no justifican un gobierno de unidad democrática, ¿qué tendría que ocurrir para que lo hubiera?

Pero ese gobierno no se ha producido en más de veinte años de autogobierno y de violencia en todas sus intensidades. Ni parece probable que surja después del próximo domingo. ¿Por qué? Pues porque, mal que nos pese, la línea divisoria del conflicto no es demócratas contra violentos, sino entre el nacionalismo-soberanista y los autonomistas, o constitucionalistas-estatutarios como se definen Nicolás Redondo y Mayor Oreja o unionistas españoles como les definen despectivamente los que no deploran que les maten.

Entre los nacionalistas-soberanistas hay algunos que practican o legitiman la violencia y otros que la condenan con mayor o menor énfasis. Entre los constitucionalistas-autonomistas los hay de derechas y de izquierdas. Siempre ha sido así. La gran novedad de estas elecciones es que los que ponen los muertos, salvo excepción o error, se han encontrado en su dolor y temor y comprendido que la defensa de su vida y libertad debe pasar por encima de las diferencias ideológicas. Se trata, simplemente, de una cuestión de supervivencia, difícil de entender para algunos socialistas que no viven en las dramáticas circunstancias de sus compañeros vascos.

Eso no significa que no sea necesario, hoy como siempre, conseguir la unidad de los demócratas frente a los violentos, recuperando a los nacionalistas que emigraron de Ajuria Enea a Lizarra. Pero esa unidad debiera también poder hacerse con el PNV en la oposición. Lo contrario sería aceptar que el País Vasco no es, ni pretende ser, una sociedad democrática donde la alternativa es posible, sino una tribu donde sólo pueden mandar los de casa.

Por eso los socialistas no han defendido ni definido una política concreta de alianzas, sino un gobierno constitucional estatutario de unidad democrática que dedique todas sus energías a combatir a ETA.

Es la diferente actitud frente a ETA lo que subyace en el fondo de la decisión que los vascos tomarán con su voto. Los nacionalistas consideran, honestamente unos y de forma interesada otros, que ETA es la expresión de un conflicto político no resuelto. Que no es posible y ni siquiera deseable derrotarla. Y que la única forma de acabar con ella es acceder a sus exigencias, con las que, por otra parte, coinciden.

Socialistas y populares son la expresión de la voluntad de dedicar todas las energías policiales, jurídicas, educativas, de comunicación social, legitimación de las instituciones y movilización social para derrotar a ETA, de forma que su final no tenga un precio político. No será una tarea fácil ni inmediata. Desde luego, gane quien gane las elecciones, los amenazados seguirán llevando escolta. Pero no es difícil suponer que con otra actitud por parte de los mandos de la policía autónoma (quitarle la “costra ideológica”, como dice Redondo) se pueden ir reduciendo las zonas de impunidad que ha tenido ETA y los de la kale borroka.

Las bases de esta voluntad han sido la rebelión cívica iniciada en Ermua, la valerosa movilización de mucha gente que no se resigna a callar y el pacto antiterrorista PP-PSOE. Gracias a ello la relación de fuerzas políticas en el País Vasco ha cambiado sustancialmente. 

En esta ocasión, como en otras recientes, la Historia parece vacilar ante la encrucijada de un virtual empate técnico entre la posibilidad de que el PNV pueda seguir gobernando o que sea sustituido por una coalición PP-PSOE. Si todos cumplen sus promesas electorales, en particular Ibarretxe de no apoyarse ni dejarse apoyar si HB no condena la violencia, lo previsible es que el PNV sea el partido más votado pero pierda el gobierno aunque PP-PSOE no tenga mayoría absoluta.

Nicolás Redondo, por su parte, ha garantizado que su política de alianzas será coherente con sus compromisos de campaña. Y, en consecuencia, si el PNV no rectifica sus planteamientos de soberanía y autodeterminación no será posible un acuerdo de gobierno aunque la unidad de los demócratas sea igualmente deseable.

Cabe pensar en una reconversión del PNV en dirección al bloque constitucional-estatutario? Ojalá así fuese para hacer posible un gran gobierno de unidad democrática. ¿O más bien aceptarán, a pesar de sus promesas de hoy, la segunda oportunidad que ya les brinda Otegi? Dependerá, claro está, de los resultados electorales. En realidad mucha gente del PNV son autonomistas y no soberanistas. Se sienten más cómodos en Ajuria Enea que en Lizarra. Pero no es menos cierto que los actuales dirigentes del PNV han ligado su suerte a su relación con EH y sólo sobrevivirán políticamente si, gracias a ellos, se mantienen en el poder.

Por eso, después de mucho dolor y engaño, habiendo dejado incubar a la serpiente en su huevo durante mucho tiempo, el País Vasco y con él España entera, se acerca a una encrucijada en la que, por muy escasa diferencia, tiene que escoger entre dos caminos diametralmente opuestos. josep.borell@diputado.congreso.es 

Garzón ilegaliza Haika por ser parte integrante y subordinada de ETA
MADRID. Nieves Colli ABC 11 Mayo 2001

«Jarrai-Haika no constituye sino un apéndice integrado en la estructura terrorista de ETA». El juez Baltasar Garzón define así a la organización juvenil proetarra en la resolución con la que, ayer, ordenó su ilegalización. Jarrai-Haika cumple las directrices que marca la banda y, además, le sirve de cantera. Euskal Herritarrok ha anunciado que recurrirá esta decisión.

«La organización juvenil Jarrai-Haika mantiene una relación de dependencia y subordinación a ETA-KAS y a ETA-EKIN cooperando activamente en la obtención de sus fines ilícitos a través del uso y empleo de métodos violentos y coactivos dirigidos contra el conjunto de la sociedad, complementando estrechamente las actividades de la organización terrorista», afirma el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón en la extensa resolución dictada ayer.

«FRENTE DE MASAS»
Haika, explica posteriormente, es una organización integrada en la misma estructura terrorista en la que se encuadra ETA y que es dirigida por la propia ETA. Es decir, existe «una única y compleja organización terrorista» en la que la «vanguardia armada» es ejercida por ETA, mientras KAS-EKIN (estructuras sucesivas en el tiempo) ejercen la codirección subordinada de los demás «frentes». Dentro del «frente de masas» se encuadra Jarrai-Haika, cuyo cometido es ejecutar «las formas complementarias de la lucha armada»: la «lucha callejera» o «kale borroka», «los sabotajes», etcétera.

«SOCIALIZACIÓN DEL SUFRIMIENTO»
«Así -explica Garzón- mientras ETA, en este reparto de papeles de la función coactiva, actúa en lo que según sus palabras constituye el “núcleo del conflicto”, esto es, autoridades, representantes políticos e institucionales, grandes empresarios, miembros de las Fuerzas Armadas y de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, jueces, etcétera, la “kale borroka” o “lucha callejera” actúa sobre la “periferia del conflicto”, es decir, sobre el conjunto de la sociedad, aplicando así el macabro concepto de la socialización del sufrimiento”, es decir, la extensión a todo el colectivo de ciudadanos de las pretendidas consecuencias y efectos de la existencia de un conflicto político, para forzar su implicación activa en su resolución».

El documento llamado «Karramarro II/Ya es hora de aterrizar en la tarea de construcción nacional», de 1997, bajo el epígrafe «KB: Diagnóstico y riesgos», se afirma que «KB (kale borroka) ha hecho suyos algunos frentes que pertenecían a la LA (lucha armada) y ello da opción a E (ETA) para incidir en el núcleo del conflicto...».

Otros documentos elaborados por KAS o Jarrai reproducidos por Garzón «acreditan la puesta en práctica y la dirección operativa de la kale borroka»: «Sin ser LA, estas modalidades de lucha, su reforzamiento, la complementan adecuadamente, a la vez que desarrollan el propio campo de la lucha de masas...».

Las formas de lucha que lleva a cabo Jarrai-Haika aparecen catalogadas en documentos intervenidos en marzo de 1992 en Bidart (Francia) a los entonces máximos jefes de ETA Francisco Múgica Garmendia y José Luis Álvarez Santacristina.

Por esta razón y por los hechos que se recogen en la resolución (campañas diseñadas por ETA y ejecutadas por los jóvenes de Jarrai-Haika contra, entre otros objetivos, políticos no nacionalistas, jueces, medios de comunicación o empresas), «no hay lugar a dudas para este instructor -afirma Garzón- de que Jarrai, desde su inicio, ha sido una organización juvenil creada, diseñada, protegida e impulsada de acuerdo con los propios fines por ETA».

«Resulta inverosímil pensar que, cuando esa actividad ilícita se hace en forma sistemática, coordinada, con relación de objetivos, con esquemas de guerrilla urbana, con resultados idénticos o similares, con medios asimismo iguales, se pueda desarrollar en el ámbito del País Vasco y Navarra, fuera del control de ETA y, por tanto, ajena a los fines ilícitos de la organización terrorista».

CANTERA DE ETA
La dependencia de Jarrai-Haika de ETA-KAS-EKIN se desprende de los documentos que intercambian responsables de una y otra, en los que «los primeros cuentan sus problemas y actividades y los segundos imparten las directrices y consignas». Jarrai informa a ETA sobre numerosos aspectos, entre ellos, su organización interna, aspectos económicos, volumen de militancia, planificación de euskaldunización, financiación, insumisión, sabotajes...

Existen documentos en los que se analiza el sistema de «captación» de personas para que se integren en ETA. En poder de Dorronsoro se intervino en 1993 un documento en el que un responsable de Jarrai realiza advertencias sobre cuestiones de seguridad («no entendemos cómo la txakurrada -la Policía- no ha dado un verdadero golpe y, en nuestra opinión, hay muchas cosas en peligro y hay que cambiar necesariamente esto») y se queja de que la militancia de Jarrai sea utilizada como cantera de ETA («es discutible si esta gente tiene que continuar realizando sabotajes o tienen que empezar a trabajar con vosotros...».

LA AGENDA
De 1992 hasta la tregua declarada por ETA en septiembre de 1998, fueron detenidos 44 miembros de Jarrai por pertenencia o colaboración con ETA.

Uno de los ejemplos más recientes lo constituye la agenda de Amaia Arrieta (en prisión) en la que aparecen anotaciones cuyo significado está siendo analizado y que, en principio parecen los nombres de personas de Jarrai-Haika a las que ETA ha tratado de captar.

La captación se realiza mediante citas contenidas en tres sobres, uno dentro del otro, que Arrieta entrega al captable. Un primer sobre contiene una advertencia: «No comentes ni consultes con nadie nada de esto (...) Cuando termines de leer este escrito quémalo inmediatamente». En el segundo sobre se lee «si decides acudir a la cita, aquí la tienes, si no, quema este sobre sin leerlo». El tercero contiene la cita. En ella se especifica el lugar, se incluye un plano de cómo llegar (en este caso se iba a producir en una localidad francesa) y se establece que el captable deberá llevar en la mano una lata de Coca-Cola.

Rama ilegalizada
Editorial El País 11 Mayo 2001

Un auto del juez Garzón acordó ayer la ilegalización de Haika, rama juvenil del llamado entorno de ETA. Fruto de la fusión, hace un año, de Jarrai y su organización homóloga en el País Vasco francés, nunca había sido legal: era una organización alegal, como lo fue siempre su antecesora Jarrai, integrada en KAS, la coordinadora en la que participaba ETA y encuadraba a diversas organizaciones sectoriales; la propia KAS era una estructura alegal, al igual que su sucesora, Ekin, también ilegalizada recientemente por Garzón.

Por orden suya, el pasado 6 de marzo fueron detenidos varios dirigentes de Haika y registrados diversos locales, en los que, según declaró entonces el director general de la Policía, se incautó 'documentación como para llenar un camión'. Un efecto inmediato del análisis de esa documentación fue la localización de una cita entre miembros de Haika y dos activistas de ETA, que fueron detenidos al acudir a la misma; un efecto diferido es la ilegalización de la organización juvenil como resultado de las pruebas que Garzón cree haber encontrado en los papeles requisados. El juez considera que Haika es 'un apéndice integrado en la estructura terrorista de ETA', a la que 'sirve de cantera'.

Prosigue así la línea de investigación iniciada hace tres o cuatro años por Garzón y según la cual ETA no está integrada únicamente por los comandos, sino que son éstos los que forman parte de una estructura más amplia y que cuenta con una parte sumergida y una parte visible. La alegalidad en que se ha movido tradicionalmente la parte visible ha permitido a esos sectores actuar con relativa impunidad durante años. La especialidad de Jarrai/Haika ha sido amenazar mediante carteles y pintadas y atacar mediante acciones de acoso y violencia callejera a profesores, políticos, escritores, periodistas y otras personas, algunas de las cuales, como José Luis López de Lacalle, serían posteriormente asesinadas por ETA.

Muchas personas se espantan ante la extensión de la cultura de la violencia entre los jóvenes abertzales, pero se oponen a cualquier intento de poner fin, con la ley en la mano, a la atmósfera de impunidad y legitimación condescendiente en que ha germinado. El nacionalismo ha tendido a minimizar el efecto de esa violencia juvenil y a desautorizar (garzonadas) las iniciativas del juez, a las que atribuye una motivación política. Esa sospecha fue reiterada ayer por Egibar, que atribuyó a Garzón la voluntad de ponerse al servicio de Mayor Oreja al tomar esta decisión en víspera de las elecciones. Si hubiera esperado al lunes, es seguro que le habrían acusado de retrasar la decisión para no perjudicar al partido del Gobierno. Lo cierto es que nada resulta tan políticamente oportuno como dejar actuar sin trabas a los jueces.

De Haika a ETA
Por Maite Cunchillos Libertad Digital 11 Mayo 2001


Haika ya no podrá convocar conciertos multitudinarios. Tampoco tendrá autorización para manifestarse por las calles vascas o navarras. Los jóvenes de la kale borroka no podrán solicitar subvenciones públicas. Tampoco podrán convocar ruedas de prensa; si lo hacen, la Policía tendrá que actuar y detener a sus representantes. Éstas son básicamente las consecuencias prácticas del auto de Garzón.

En la Audiencia Nacional nadie duda de que Haika es un apéndice más de ETA. Lo piensan incluso los magistrados de la Sección cuarta de la Sala de lo Penal que han destacado últimamente por rectificar las actuaciones de su compañero Garzón. Estos jueces que no encontraban la relación directa entre XAKI y EKIN con ETA, ahora sí ven la conexión entre Haika y la organización terrorista: quien quema una sucursal bancaria o un autobús persigue los mismos fines que quien integra un comando terrorista. Ese joven que incendia el autobús no lo hace de forma espontánea, es parte de una organización jerárquica como es Haika; utiliza la violencia para conseguir sus objetivos. Se sirve de la clandestinidad para actuar. Ese joven, en muchas ocasiones, termina dando el salto a un comando de ETA.

Garzón en su auto se apoya en el último encarcelamiento de una joven de Haika, Amaia Arrieta, para explicar cómo se produce el salto a ETA. En el domicilio de Arrieta, la Policía encontró una carta de ETA destinada a una ex militante de Haika; en euskera y español la organización terrorista le dice lo siguiente: “No comentes ni consultes con nadie nada de esto, ya que es una carta que va dirigida a ti personal y exclusivamente. Cuando termines de leer este escrito quémalo inmediatamente”. La carta es una propuesta de integración en ETA. En el mismo sobre se incluía otro más pequeño en cuyo anverso se podía leer: “Si decides acudir a la cita, aquí la tienes; si no, quema este sobre sin leerlo”; y a su vez, este segundo sobre contenía una tarjeta que fijaba una localidad francesa, un lugar (la puerta de una iglesia), una fecha, una hora y una contraseña (llevar una lata de Coca-Cola en la mano). Era la cita de ETA con la joven de Haika.

El caso de Amaia Arrieta no es excepcional. El habitual salto de Jarrai a ETA incluso ha llegado a molestar a los protagonistas de la kale borroka. Garzón incluye en su auto el testimonio de un responsable de Jarrai que se queja por escrito a los dirigentes de la banda terrorista de que su militancia en Jarrai es utilizada como cantera de militantes de ETA; ingresan en comandos terroristas cuando aún militan en la organización juvenil, lo que a su juicio, dificulta enormemente su “función sectorial”.

Haika está integrada actualmente por unos 4.000 jóvenes, aunque su poder de convocatoria ha llegado a reunir a 20.000 simpatizantes.

Serán los votantes más incondicionales de EH el próximo domingo. Muchos de ellos ni siquiera podrán depositar su voto porque todavía no tienen 18 años. En algunos casos, son hijos de miembros de ETA. Y si los partidos políticos no lo remedian, estos jóvenes en el futuro también serán padres de terroristas.

El "testamento vital" de Izquierda Unida
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 11 Mayo 2001


Se explica maravillosamente Madrazo: su objetivo es impedir que Mayor Oreja sea lendakari. Se explica trabajosamente Alcaraz: nunca EB-IU sumará sus votos a los de EH para formar Gobierno. La dificultad de Alcaraz para dar credibilidad a sus declaraciones es que Madrazo hace su campaña contra el PP en particular y contra el "Pacto por las libertades y contra el terrorismo" en general. Ni siquiera el último asesinato de un dirigente del PP ha hecho cambiar mínimamente el estilo y los argumentos, la forma y el fondo del discurso político de EB-IU. Así las cosas, ¿a quién creer? Pues, evidentemente, a Madrazo.

Es inútil que Alcaraz intente moderar, matizar o disimular una estrategia política dependiente del PNV hasta en sus extremos más grotescos. Y entre lo siniestro de la campaña electoral de EB-IU destaca que el PCE se ha hipotecado de forma tan evidente como innecesaria en el proyecto personal de Madrazo, que el futuro de Izquierda Unida en toda España ha quedado comprometido hasta las últimas consecuencias. No se dicen de balde cosas como las de Anguita y Llamazares en la campaña electoral vasca. No se puede estar con quienes rechazan hasta dedicarle una calle a José Luis López de Lacalle, uno de los históricos del Partido y fundador de Comisiones Obreras. Y si se está, acaban pagándose las consecuencias. Tampoco se puede estar, como Madrazo, aplaudiendo junto al jefe etarra Josu Ternera a la payasa de EH que se negó a condenar el asesinato de Froilán Elespe. Y si se está, no puede caber duda de que Madrazo no tiene otra política que la que ha declarado: impedir que Mayor sea lendakari.

Tampoco de que Izquierda Unida ha firmado un "testamento vital" que le garantiza la eutanasia al primer catarro que pille. Y, por desgracia para Alcaraz y la parte decente que a estas alturas quede en IU, que será cada vez menos, lo de Madrazo no es constipado, sino cáncer.

La cosecha roja de Madrazo
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 11 Mayo 2001 

Con el protagonismo de Madrazo, Izquierda Unida está consiguiendo unos momentos de dudoso esplendor: en realidad, su fulgor es el que anuncia la agonía, y su aparente ascensión es la subida al cadalso. El par de hipotéticos escaños será la miserable cosecha después de todos estos años de entreguismo al nacionalismo vasco, su papel como tapadera del pacto de Estella, el pago a los servicios prestados por su contribución a la ruptura de los dos grandes partidos estatales, el precio por la traición a los trabajadores españoles y a la convivencia democrática.

El trabajo político de Esquer Batua y, en general de IU, jamás será perdonado por el pueblo español y más concretamente por los militantes de izquierda andaluces, extremeños, castellanos. O ¿acaso piensan Alcaraz y Romero que sus antiguos votantes no son conscientes de que la persecución a los castellano hablantes, la limpieza étnica, la discriminación sistemática... no han sido consentidos por el PNV y no han sido aplaudidos por EH/HB con los que firmaron el pacto de Estella?

Con la conquista de este par de hipotéticos escaños muere virtualmente el PCE. La muerte real será una historia prolongada, patética, de sedes que se cierran, de luchas indignas por las últimas representaciones en Parlamentos regionales. El PCE va a recibir la puntilla final por el viejo vicio del autodeterminismo, por su tozuda fidelidad a las teorías estalinistas de las nacionalidades, por su deslumbramiento ante las regiones periféricas, ante las burguesías industriales con las que siempre soñó vencer a la España tradicional e interior y a la épica y a los mitos españoles, literarios e históricos.

Pocas carreras tan autodestructoras como la de los comunistas españoles en este último cuarto de siglo. En unos años el PCE despilfarró el capital que había conseguido en los tiempos de oposición no tanto, o al menos no sólo, por sus desaciertos como partido de izquierda en este nuevo mundo del desclasamiento y los avances tecnológicos, cuanto por sus desaciertos en la cuestión nacional. En Cataluña consumió el 18 por ciento que había conseguido en las primeras elecciones por entregarse a unas batallas nacionalistas que iban a redundar lógicamente en favor del PSC, de ERC y de CiU. Quien esperaba ser la vanguardia del nacionalismo catalán terminó por desaparecer, por entregarse de forma ancilar, casi servil, a tareas que para nada tenían que ver con los intereses de las gentes más necesitadas económica y culturalmente. El PSUC es ya un recuerdo como las canciones de Raimon o Guillermina Mota. Lo del PCE en Galicia nunca superó el patetismo. Respecto al comunismo vasco siempre tuve la sensación de que era subsumido por las organizaciones filoetarras. ¿Cómo explicar, si no, que el voto del PCE en el País Vasco fuera tan bajo? La apuesta de los comunistas vascos por la causa nacionalista indujo desde el principio a la militancia en organizaciones abertzales.

No deja de ser curioso que un partido que se ha inmolado en buena medida por las causas nacional/regionales consiga ahora este dudoso protagonismo el 13 de mayo. Será, como digo, un fulgor pasajero, pero, en todo caso, un desquite después de tantas humillaciones electorales. Si el domingo la votación llega a dar un empate entre los nacionalistas y los constitucionalistas, la dirección de IU podrá tomar una decisión realmente histórica. Podrá castigar «a la derecha» y premiar al nacionalismo. Será la gran venganza de estos humillados y ofendidos ya que, a partir de tal decisión, se abriría una etapa de inestabilidad sin precedentes: una excesiva desproporción entre la inanidad de Madrazo y la entidad de la tragedia.

No te hagas cómplice
Román CENDOYA La Razón 11 Mayo 2001

Carta a los nacionalistas de buen corazón

   Apreciado conciudadano: Euskadi, eso tan grande que llevamos en el corazón no puede seguir rota y fracturada. Tú y yo sabemos que Euskadi sin los vascos no es nada. Estarás de acuerdo conmigo en que vascos somos muchos y que como un gran pueblo tenemos la grandeza de tener nuestra propia cultura y tradiciones. Nuestro país está formado por vascos nacionalistas y no nacionalistas, nacidos y no nacidos en Euskadi. Yo creo que vascos somos todos aquellos que queremos a nuestro país. Amamos nuestro país los que tuvimos la suerte de que la tierra vasca nos viera nacer y crecer. Aman nuestro país aquellos que, naciendo lejos de nuestra tierra, vinieron a Euskadi y se integraron, se casaron y muchos de sus hijos vieron por primera vez la luz en nuestra tierra. Así, quieren y contribuyen a que Euskadi sea mejor. ¿Dónde estaría nuestro desarrollo económico e industrial sin el esfuerzo de tantos?

   No sé cómo lo hemos hecho con nuestro país pero viendo el resultado soy consciente de que muy mal. Pedimos la amnistía y la conseguimos. Demandamos la legalización de la ikurriña y una víspera del día de San Sebastián la legalizaron. Exigimos el Estatuto de autonomía y el reconocimiento de los Derechos Históricos y lo logramos. Nos parecía imposible tener nuestra propia policía y la tenemos. Ocupábamos el primer puesto en el ránking de las provincias más ricas y teníamos la mayor renta per capita de España y ahora somos los séptimos. Pensábamos que después de la dictadura llegaría la libertad y la paz. Mentira, la mitad de los representantes elegidos por el pueblo vasco van con escolta. Más de la mitad de nuestra sociedad tiene miedo a hablar y en nombre de la teórica libertad de nuestro pueblo han asesinado a más de 800 personas. ¿Quien se podía imaginar que Euskadi iba a llegar a donde ha llegado? Yo, desde luego, no.

   El problema no está en que los gobiernos nacionalistas siempre hayan querido más autogobierno. El problema está en que esa mayor demanda coincide con los fines de Eta y se apoya indirectamente en esa actividad. Unos agitan el árbol y otros recogen las nueces. Así nos han hundido en este pozo. En Euskadi sufrimos y padecemos la lacra del terrorismo nacionalista y los actuales dirigentes del PNV no quieren luchar para acabar con esa práctica. Son demasiadas las veces que Arzallus ha dicho que no quiere, ni es buena, la derrota de Eta.

   Cada vez que Eta asesina, Ibarretxe pide a los asesinos que dejen de matar y desaparezcan. El lehendakari debe ser el único que no se ha enterado de que Eta ni quiere dejar de matar y mucho menos quiere desaparecer. Lo dramático es que el único recurso político que tiene nuestro gobierno nacionalista es esta pusilánime petición a la banda terrorista más sanguinaria que hay ahora en Europa. Lo único que es seguro es que el mantenimiento de un gobierno nacionalista es garantía de la continuidad de Eta. Llevan muchos años engañándonos con la palabra mágica del diálogo o de la negociación. No hay solución al terrorismo desde el diálogo tal y como hasta ahora se ha planteado. Aquí los únicos que dialogan son las víctimas del terrorismo, que no responden con la moneda del asesinato a quienes les matan.

   Ibarretxe en esta campaña ha dicho que no gobernará con EH mientras siga sin condenar la violencia de Eta. ¿Qué más quisiera yo que poder creerle! Arzallus, el que de verdad manda, ya ha dicho que si les apoyan no pueden renunciar. Antes, la palabra de vasco era sagrada, era algo mucho más válido que cualquier contrato. Hoy por hoy, la palabra de nacionalista vasco no vale nada. ¿Te acuerdas de cuando se declaró esa ilusión que fue la tregua y Arzallus y Egibar se comprometieron a «irse a casa» si alguien la rompía? Treinta muertos después siguen ahí y además dicen que prefieren gobernar con la rama política de los terroristas.

   La polarización de nuestra sociedad hace inviable un gobierno nacionalista que no cuente con el apoyo de los asesinos de Eta. Es imposible que la coalición EA-PNV gobierne sin el apoyo de EH. Los nacionalistas sólo pueden gobernar con quienes durante esta campaña nos han explicado quiénes serán vascos y quiénes no. Yo ya sé que para ellos he perdido mi condición de «vasco», pero no te fíes de que tú mañana también la pierdas. Vasco puede ser Permach (con origen en Zamora) y no alguien como yo con siglos de raíces vascas. Así es el proyecto soberanista que pretende implantar el próximo Gobierno nacionalista para el País Vasco.

   Por todo esto te escribo. Tú que tienes buen corazón sé que de verdad te horroriza y te duele que Eta mate. Sé que no te gusta la situación actual de Euskadi. Sé que te empieza a resultar incómodo reconocer que eres nacionalista. Sé que tú tampoco tienes la libertad para decir tranquilamente en algunos sitios que votas EA-PNV. Sé que no te reconoces en este partido y que lo que pasa no te gusta.

   Por eso, permíteme que para este domingo te pida una cosa. Euskadi tiene que cambiar. No te voy a pedir que votes por un partido no nacionalista, aunque lo podrías hacer. Te pido que ejerzas tu derecho a abstenerte de votar o votar en blanco. Te lo pido como vasco que quiere recuperar la posibilidad de volver a vivir en Euskadi con libertad y sin riesgo. Te lo pido porque tú también te estás jugando tu futuro en una Euskadi en la que cada vez hay más gente que está peor. Y te lo pido porque quiero que sepas que si esta vez votas nacionalista y se forma un gobierno con el apoyo, por acción o por omisión de EH, te consideraré cómplice moral de los próximos asesinatos de Eta. Serás cómplice de la extorsión terrorista, de la inoperancia de la Ertzaintza, de la kale borroka, de esas generaciones futuras educadas en la xenofobia y el racismo, de la diáspora y de todas esas cosas que tanto aborreces y en las que a ti te parece que no tienes nada que ver. Quizás tu no tengas nada que ver pero tu voto sí. Está en tu mano, no te hagas cómplice.
 

CC OO acusa al PNV de usar la Consejería de Educación para promocionar a Ibarretxe
Oliveri convoca a directores y profesores de Secundaria a un acto de campaña con el candidato jeltzale La cita, que carece de precedentes, tendrá lugar hoy en horario lectivo
ÓSCAR B. DE OTÁLORA BILBAO El Correo 11 Mayo 2001

Comisiones Obreras denunció ayer que la coalición PNV-EA está utilizando los medios del Departamento de Educación para promocionar la figura del candidato de PNV-EA, Juan José Ibarretxe. El origen de esta acusación se halla en un encuentro seguido de un lunch convocado para hoy, último día de campaña, por la consejería que dirige Inaxio Oliveri entre directores y profesores de centros de Secundaria y los candidatos de la coalición nacionalista Juan María Atutxa, Sabin Intxaurraga y el propio lehendakari. PNV-EA han incluido esta reunión entre los actos oficiales de su campaña electoral.

La cita de Ibarretxe con los profesores se celebrará en la Cámara de Comercio de Bilbao y ha sido organizada a lo largo de esta semana por responsables de la Viceconsejería de Educación. Cargos de este departamento telefonearon a los directores de centros de Vizcaya para reclamar su presencia en el evento y recordarles que está abierto también a profesores. Los convocantes no cuestionaron en ningún momento el hecho de que los profesionales tengan que abandonar sus clases para asistir a la cita, que tendrá lugar en horario lectivo.

Por otra parte, a algunos de los convocados se les informó de que otras reuniones previstas a la misma hora para debatir cuestiones de trabajo del departamento quedaban canceladas. Algunas de las sesiones de trabajo suprimidas ya habían sido aplazadas con anterioridad, por lo que los temas que se debían tratar están sufriendo una importante dilación.

A la hora de recibir explicaciones sobre el carácter que tendría el lunch, algunos de los responsables de centros fueron informados de que se trataba de un encuentro con el lehendakari con motivo del final de la legislatura. Este tipo de actividades carece de precedentes en la forma de actuar del Departamento de Educación. En anteriores ocasiones, la consejería se limitaba a enviar una carta al personal docente al finalizar el curso político.

La reunión de Ibarretxe con los docentes, sin embargo, forma parte del calendario oficial de actos electorales programado por el PNV-EA. Tanto en los comunicados oficiales de la coalición como en la página de Internet con que cuentan los nacionalistas se convoca a los medios de comunicación para que asistan al evento, que se define como «un encuentro con el mundo educativo».

Uso «ilegítimo»
CC OO calificó ayer de «lamentable que se utilice la estructura del Gobierno vasco para este tipo de convocatoria, y que incluso tenga prioridad sobre otras reuniones». El sindicato, mayoritario en la enseñanza, «censura» a PNV-EA, «por la utilización de la institución educativa para la campaña política». La central cree positivo que los partidos presenten sus propuestas a los docentes, pero reitera que «no es legítima la utilización de los medios del Departamento de Educación» para los actos electorales.

«Si hubiera pagado a ETA, ahora me sentiría cómplice del asesinato de Giménez Abad»
BILBAO. Javier Pagola ABC 11 Mayo 2001

«Si hubiera pagado, a lo mejor, con mi dinero ETA habría comprado la pistola y la munición con la que asesinó el domingo a Manuel Giménez Abad. Me alegro de no haberlo hecho, porque me hubiera sentido cómplice.» Así se expresa un mediano empresario de la comarca vizcaína de El Duranguesado, a quien ayer se le acabó el plazo dado por la banda, bajo amenaza de muerte, para que entregue cinco millones de pesetas.

Otra familia vasca destrozada, en este caso, por la angustia. Por la incertidumbre o, mejor, por la certidumbre de que a partir de este momento los pistoleros de ETA rondarán su domicilio, su oficina, sus costumbres y, por qué no, su entorno familiar, con la perversa intención de aprovechar la mínima oportunidad, el instante de descuido. Pero el empresario, cuya identidad no se divulga por las lógicas medidas de seguridad, ha preferido antes denunciar ante la Ertzaintza la extorsión que ceder a ella. Ha preferido la incomodidad de la escolta a la comodidad que en esta tierra conlleva la complicidad con los etarras. «De haber pagado, podría seguir haciendo mi ronda de bares con los amigos. Pero no dormiría tranquilo, sobre todo cada vez que escucho por la radio que ETA ha asesinado a un concejal, a un policía, a un profesor...» El empresario hace estas reflexiones a la misma hora en que era enterrado el presidente del PP de Aragón. «Si hubiera pagado, a lo mejor, con mi dinero ETA habría comprado la pistola con la que asesinó el domingo a Manuel Giménez Abad o al próximo o a la siguiente víctima, o a la que venga después. Siempre me quedaría con ese sentimiento de culpabilidad cada vez que haya un atentado.»

CINCO MILLONES
Este empresario recibió la primera carta hace aproximadamente un año y medio. Después, otras dos, en las que se le exigía la entrega del botín y se le advertía que se le agotaban los plazos. Hace unas semanas le llegó la última, la definitiva, en la que la banda ETA le reprocha que no ha hecho llegar «la cantidad que fijamos de cinco millones de pesetas», pese a que «ya han vencido los plazos dados desde hace tiempo». Es una «sentencia a muerte» de los terroristas: «Te queremos recordar que a partir de este momento, tú y todos tus bienes, sois objetivos de ETA, quedando en su mano cuándo y cómo actuar contra un enemigo de la lucha por la libertad de Euskal Herria, como tú».

«HAN ESTADO MUY CERCA»
Los terroristas dejan, sin embargo, una mínima posibilidad para la «clemencia»: «la única oportunidad para deshacer esa situación sería el pago de la cantidad solicitada antes del 10 de mayo de 2001». Ayer, para ETA, comenzó la cuenta atrás de este empresario que ha desafiado el chantaje.

Todas las misivas las ha depositado la banda en el buzón de su domicilio. «Es que han estado muy cerca...» En su caso, las misivas no llevaban remite. «He oído que ahora mandan cartas con el remite de algún familiar del destinatario que esté fuera de Euskadi, o en el extranjero. Es una forma que tiene ETA de advertir que sabe dónde vive ese familiar. Pero al menos en mi caso no ha sido así.» «Mi mujer lo sabe. He preferido decírselo porque es mejor que tenga cuidado si observa cosas raras. Además, llevar escolta condiciona la vida y no se puede ocultar a la familia», dice resignado.

Asegura que en ningún momento se planteó pagar el «impuesto revolucionario», aunque admite que alguna persona de su entorno profesional se lo ha aconsejado, «no porque simpatice con ETA sino por miedo hacia mí». En cualquier caso, EL empresario afirma que de haber accedido a someterse al chantaje de los terroristas, «lo primero que hubiera hecho sería dirigirme a algún abogado de Herri Batasuna. Seguro que ellos saben a dónde me tengo que dirigir para pagar a ETA». «Por lo que he oído, creo que se sigue pagando en Francia, aunque no muy lejos, en Hendaya.» «Supongo que habrá empresarios que paguen el “impuesto revolucionario ”, pero también hay que decir que otros muchos no lo hacen», asegura el empresario.

Rabanera dice que el «ámbito vasco» no es un atractivo para invertir
VITORIA. J. J. Saldaña ABC 11 Mayo 2001

El cabeza de lista del PP por Álava, Ramón Rabanera, diputado general de la provincia, tiene claro que «nos jugamos la libertad» el 13 de mayo. Para Rabanera, la «situación predemocrática» que vive Euskadi arroja una única salida: un Ejecutivo entre populares y socialistas que integre a independientes afines al nacionalismo, siguiendo la «fórmula alavesa».

¿La defensa del marco constitucional en estos dos años ha influido en el desarrollo económico de Álava?
— El tema del ámbito vasco no es más que la independencia, lo que no es precisamente un atractivo para nuevas inversiones. Uno de los factores por los que empresas importantes han vuelto a confiar en Álava, y empresarios que se fueron quieren regresar, es precisamente por esa seguridad institucional y jurídica. Álava ha dado un ejemplo de que un gobierno del PP, con la colaboración del PSOE, ha hecho de una política de tolerancia, de convivencia y de encuentro. Aquí no se ha arrinconado a nadie, excepto a los violentos y eso, unido a una buena política de gestión, ha consolidado a Álava como la cuarta provincia de renta per cápita de España.

— A estas alturas de campaña, ¿han desterrado el miedo a ese hipotético pacto PP-PSOE?
— No totalmente, porque algunos, como el PNV, siguen insistiendo en ese tema como punto único de toda su campaña. El acuerdo entre el PP y el PSOE que se da en Álava difícilmente se puede producir en Burgos, La Rioja o en Cantabria. Es un acto de responsabilidad política, de saber que nos jugamos mucho más que una política económica o agrícola. Ante eso, los partidos como el PSOE, el PP o UA hemos demostrado una gran responsabilidad política al aparcar nuestras diferencias.

«NO HAY QUE TENER DUDAS»
— En el PSOE, no parece que las cosas estén tan claras. ¿Volverán a rechazar gobernar en coalición con el PP, como ocurrió en Álava?
— En un momento tan duro y complicado, lo mejor es un gobierno de coalición. Ahora, Dios me libre de intervenir en lo que van a hacer. Lo único que creo que no deben hacer es tener dudas el 13 de mayo de con quién van a gobernar. Si se equivocasen, no lo entenderían sus propias bases ni el resto de España.

— ¿El PP piensa en un Ejecutivo integrado exclusivamente por constitucionalistas?
— Es clave que si se forma gobierno, no incluya a personas sólo del PP y del PSOE sino a personas independientes. Da igual si su pensamiento es nacionalista, si lo que ha demostrado es que, antes que nacionalista, es demócrata. Haríamos ver que los que creemos en las instituciones, en la Constitución y el Estatuto, seríamos todavía mas, y la necesidad de que gente nacionalista dé la cara ante una situación tan complicada.

— Tras el 13 de mayo, ¿habrá alguna posibilidad de reencuentro con el PNV?
— No es cuestión de pedir o no perdón. La alternancia es lo mejor en política. Eso ha ocurrido en Álava y no ha pasado nada malo. Al contrario, la sociedad está menos crispada que en Guipúzcoa y en Vizcaya. El PP tiene muy claro que el cambio del PNV pasa por la alternancia. A partir del 13 de mayo, tiene que haber un cambio profundo que tiene que basarse en el acuerdo entre el PP y el PSOE para gobernar la institución vasca más importante.

— ¿Qué opina de que los que pidan el diálogo sin exclusiones pongan condiciones para debatir en campaña?
— Es que el PNV ha dialogado mucho más con Otegi y el entorno de ETA que con los constitucionalistas. Aquí se ha acabado ya el diálogo con todos. Lo que quiere la sociedad es respeto a lo fundamental: a los derechos humanos, a las leyes y a las instituciones de las que nos hemos dotado. De esas cosas no se puede dialogar. Ya hemos visto dónde ha llevado ese otro diálogo: a una crispación, a una fractura social que nunca había existido, a que un grupo de gente se tenga que exiliar y a que, en la Universidad, la gente se sienta amenazada y sin libertad. La sociedad vasca ya no lo permitirá.

Jarrai-Haika: un presupuesto millonario
MADRID. N. C. ABC 11 Mayo 2001 

«Si Jarrai está integrada y depende jerárquicamente de ETA, también lo hace financieramente desde su origen». El juez Garzón cita en su resolución documentación intervenida en la cooperativa Sokoa, en la década de los ochenta, que demuestra que ya en esa época ETA «inyectaba» parte de sus fondos a Jarrai. Ese dinero se distribuía entre «liberados actuales, nuevos liberados, infraestructura, propaganda, coche, etcétera, con un gasto mensual de 400.000 pesetas y una entrega fija de 700.000 pesetas, recibiendo las cantidades trimestralmente».

La fuente de financiación de Jarrai (hoy Haika) ha evolucionado y emplea ahora «los mismos medios que el complejo KAS-EKIN y otras estructuras del MLNV». El nuevo modelo incluye la vía de la autofinanciación.

El documento «Circular de tesorería» correspondiente al año 2000, intervenido en el domicilio del imputado Carlos Iñigo Blasco (en paradero desconocido) pone de manifiesto que ETA sigue financiando Jarrai-Haika y que esta organización tiene que dar cuentas a ETA de los gastos efectuados.

Además, en la actualidad, la organización juvenil «estructura sus propias vías de financiación, ajustándose a la planificación diseñada por ETA en el llamado “Proyecto Udaletxe” para la autofinanciación de las distintas organizaciones del MLNV».

Los documentos «Reunión de responsables de proyectos Udaletxe» y «Karramarro II/Ya es hora de aterrizar en la tarea de construcción nacional» fijan los principios que rigen «para todo el complejo financiero ETA-KAS, en el que también se incluye Jarrai, con un presupuesto en 1995 de más de 27 millones de pesetas».

Patria y libertad
ALBERTO REIG TAPIA El País 11 Mayo 2001 

Alberto Reig Tapia es profesor de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid.

Hermosas palabras por las que el ser humano ha sabido luchar y morir a lo largo y ancho de su historia. Palabras que en euskera nos remiten inevitablemente a una organización terrorista y mafiosa cuya única aportación a la Patria y a la libertad por la que dice luchar no es sino anegar en sangre los otrora verdes campos de Euskalerría. Es obvio que la situación política en el País Vasco ha alcanzado ya un punto de no retorno, y que todo lo que no sea partir de esa consideración es perder el norte de que hay una guerra en el norte a la que sólo cabe poner fin políticamente, y la expresión máxima de la política en democracia se manifiesta a través de las elecciones.

Cuando lo que está en juego son los derechos y libertades fundamentales el eufemísticamente llamado 'ámbito vasco de decisión' suena a broma, pues por encima de él está el derecho a la vida, y si un gobierno, por muy democrático que sea su origen, no puede ni garantizar algo tan elemental como el derecho a vivir en paz a todos sus ciudadanos, éstos deberían aprestarse a sustituirlo, pues no hay democracia que valga sin posibilidad real de alternativa. Tal es la manifestación máxima del derecho de autodeterminación que tanto se proclama, tal es la plasmación práctica más noble de la soberanía que tanto se invoca, ése es el auténtico ámbito vasco de decisión y no expedir carnets políticos exclusivos a los amiguetes y a los secuaces. Y, sin necesidad de apelar a la autoridad intelectual de Hobbes, esto es algo que sabe cualquier estudiante de Ciencias Políticas, no digamos un profesor de Derecho Político que tiene el descaro de negar la realidad que se ofrece a diario ante sus ojos. Dados los vientos de fronda que ya soplan en Euskadi, con el consiguiente riesgo de un nuevo enfrentamiento civil, sólo cabe colegir que Dios ciega a los que quiere perder.

Si algo está claro en el avispero político vasco es que son los demócratas de verdad, los que lo son por encima de cualquier otra consideración ideológica (nacionalista o conservadores o progresistas), quienes defienden la libertad de todos, y que aquellos cuyo valor supremo es ser nacionalista y, sólo depués, demócratas, son los menos legitimados para gritar '¡Patria y libertad!'. Ellos, sólo ellos, son los auténticos liberticidas, y no quienes tan falazmente son acusados por ellos de querer acabar con las esencias de Euskalerría. Se trata de preservar y defender todo aquello que no es sino expresión máxima de civilización política: libertad, igualdad y fraternidad, valores superiores que la Santa Mafia se empeña en dinamitar con tan singular desprecio y descaro. Sin asegurar previamente estos valores irrenunciables no hay diálogo político que valga.

El panorama no puede ser más desalentador. Pero nunca el pesimismo de la inteligencia ha conseguido anegar el optimismo de la voluntad. Siempre se canta sobre los tiempos sombríos. La voluntad suple siempre lo que la inteligencia no alcanza. Así es como ha progresado siempre la Humanidad. Las mejores inteligencias y las más firmes voluntades se han fundido hoy política y moralmente en el País Vasco en el ya universal clamor del '¡Basta ya!'. La ejemplar dignidad ciudadana de todos los demócratas es el mejor y más esperanzador síntoma de regeneración democrática. Cuando se vive de la extorsión y el crimen, seguir hablando de 'los violentos' o de 'violencia política' resulta ya indignante. Las mafias no por nuestras o santas dejan de ser mafias. La única consigna política que manejan tales patriotas es la de señalar objetivos a eliminar que han rebasado ya cumplidamente las viejas y grotescas consignas de al enemigo ni agua siguiendo las enseñanzas del gran profeta de la nación vasca, dispuesto a dejar ahogarse a un maketo si sus angustiados gritos de socorro no se profieren en perfecto euskera.

De semejantes polvos vienen tales lodos, aunque algunos todavía se indignen contra el clamor antinacionalista de muchos que nunca lo fueron antes y que por su trayectoria política e intelectual saben perfectamente contra quiénes dirigen ahora su lógica indignación, su categórico ¡Basta ya! ¿Que eso de Sabino pertenece al pasado y todos dicen o han dicho tonterías? Desde luego. Pero algunos no se cansan de repetirlas y de actualizarlas día tras día. Si ayer se veneraba a semejantes ayatolás, hoy se les mantiene inconmovibles en sus cargos. Las mentes más lúcidas, los mejores cerebros, los intelectuales más dignos, se juegan la vida a diario o empiezan en la Euskadi nacionalista el camino del exilio al igual que en otros tiempos sombríos: ayer, judíos; hoy, españolistas. Hay un método bien sencillo y civilizado de parar este perverso proceso: el libre ejercicio de autodeterminación, que no es sino el derecho de voto. La atmósfera es ya irrespirable, llegando hasta la absurda inconsecuencia -hoy, no ayer- de negar sectariamente a un prestigioso catedrático de Ética su obvio derecho a opinar y a actuar, por supuesto -hoy ya con riesgo evidente de su vida- y con fundamento más que demostrado, de política (del cinismo de separarlas tajantemente vienen no pocos de nuestros lodos). '¿No es catedrático de Ética?, ¡Pues que se dedique a la Ética y nos deje la política a los políticos!' (sic)..., 'nacionalistas', 'soberanistas', 'independentistas'; claro. ¿Cómo ha llegado a ser posible semejante desvarío del entendimiento que explica sin mayor esfuerzo la descalificación de la ideología que lo alimenta? Así, el ingeniero dedicado a la política le niega al filósofo sus derechos ciudadanos. Le niega lo que él mismo, con todo el derecho del mundo, hace. Eso sí, sin el menor riesgo de su vida.

Hay pues que sustituir a los autocomplacidos onanistas de la política, a los ayatolás de cualquier signo, a los líderes fracasados y patéticamente atrincherados en los sótanos de la cancillería que sólo creen en la soberanía popular y en las elecciones mientras les favorecen. Una estancia en la oposición es la mejor terapia para recuperar la forma a quien anda sobrado de kilos a costa del presupuesto. Hay que participar activamente reclamando el ejercicio real de las libertades y exigir su plasmación práctica. Hay que relegar a la politiquilla y al politicastro y sumirlos en el más espeso de los olvidos. Ha llegado el momento de gritar de nuevo '¡A galopar, a galopar... hasta enterrarlos en el mar!'. Por supuesto, 'con razones y votos', como pretendió Azaña, al que echaron a cañonazos, no con pistola y con justificadores, amparadores o contemporizadores del origen. Hoy nadie va a silenciar con tiros en la nuca a la mitad de los vascos, pues el resto de sus compatriotas, los que aún tienen algo de memoria, los que más allá de su legítima y particular concepción política se someten a irrenunciables valores morales, están decididos a impedírselo en nombre, precisamente, de esas sagradas palabras que tanto se invocan, Patria y libertad, para todos, hasta para los adversarios. Ésa y no otra es la grandeza y la superioridad moral de los demócratas de verdad. 

La española americana
ABC 11 Mayo 2001 

José María Blanco vivía en Cuzco. Hombre interesado por las curiosidades de su ciudad, dejó en 1837 —reparen en la fecha— un bonito retrato del paisaje humano cuzqueño: «La población asciende a cuarenta mil habitantes de toda edad, sexo y condición. Las dos terceras partes sólo entienden el idioma llamado quechua. La nobleza y otros muchos poseen los dos idiomas: castellano y quechua».

Calixto Bustamante Carlos Inca recorrió a uña de caballo —finales del siglo XVIII— las novecientas cuarenta y seis leguas que iban de Montevideo a Lima. Atravesó lo que entonces llamaban, medio en serio medio en broma, el «Reino Jesuita del Paraguay» y se permitió este comentario: «Los regulares de la Compañía, que fueron en este reino por más de ciento cincuenta años los principales maestros, procuraron, por una política perjudicial al Estado, que los indios no comunicasen con los españoles y que no supiesen otro idioma que el natural». La Compañía tuvo éxito y hoy en el campo paraguayo el guaraní es un idioma mucho más corriente que el español. A veces, el único que se oye.

En un informe que el obispo Maldonado mandó a Felipe IV, donde le relataba la situación de Tucumán —en el norte argentino— añadió a pie de página: «En esta tierra poco hablan los indios y españoles en castellano, porque está más connaturalizada la lengua general de los indios».

Contrastan las noticias de Maldonado, Blanco o Bustamante —y muchas más del mismo tenor que se podrían traer— con dos tópicos muy extendidos, que estos días han tenido ocasión propicia de extenderse más aún: uno, que los pasajeros a Indias difundieron sin tasa ni medida su lengua por los virreinatos; y otro, que lo hicieron a punta de espada. Son ideas más sensacionales que verídicas, esa es la verdad.

El tópico de un Imperio Hispánico donde no se pone el sol de la lengua española, que luce por la ley y el tormento, no es tan verdadero como popularmente se cree. No niego que con la conquista se diezmaran poblaciones indígenas y, con los hablantes, desaparecieran las lenguas (igual que en Hispania el latín borró al ibero, al celta, al tartesio, al ártabro y al lusitano, por lo menos). Pero el número de naturales americanos fue siempre tan desproporcionadamente mayor al de españoles trasplantados, que la lengua de éstos quedaba en anécdota ridícula entre el número asombroso y la diversidad intrincada de las amerindias.

La suerte del idioma español en la América virreinal fue, más bien, la de trasportarse en caballos y barcos, medios que supusieron una revolución en las comunicaciones del Nuevo Mundo nunca vista hasta entonces —sólo comparable a la que siglos después lograría la telecomunicación— y con la que ninguna lengua amerindia pudo competir. Las armas y las leyes tuvieron muchísimo menos peso del que el tópico les atribuye. Eso sí, hay que reconocer que es mucho más brillante, literaria y cinematográfica la imagen de un feroz guerrero de hierro embutiendo el alfabeto a su paso por extrañas selvas, que la del obispo Maldonado oficiando misa en quechua.

Por lo demás, los españoles no fuimos a América a enseñar español. Fuimos a enseñar religión católica, por un lado; por otro, a establecer un régimen colonial, que es lo que se usaba entonces. La Pax Hispanica se fundamentaba en la defensa de la religión, no en otra materia. La religión se enseñaba por el método de Pentecostés, o sea, por el de «id y predicad a cada cual en su lengua». Los había tan celosos en ello, que el obispo don Alonso de la Peña y Montenegro ya lo avisó claramente: los párrocos de indios que no supieran las lenguas naturales estaban en pecado mortal. El padre Olmos se aplicó el aviso y aprendió solo diez lenguas, con lo que ganó la salvación eterna. Otros, puestos a hacer méritos, pugnaron porque el azteca, no el español, fuera la lengua general de Nueva España. De modo que, cuando llegaban a América, como llegaron, papeles del Rey recomendando que se enseñase español a los indígenas, si bien algunos se obedecían, otros se remitían a Su Majestad contándole en el envés lo bien que los españoles aprendían las lenguas americanas y lo fáciles que les resultaban porque ¿para qué engañarse? era más práctico para un criollo aprender la lengua de veinte o treinta naturales que le rodeaban cotidianamente, mejor que pretender que las dos docenas de rodeantes cotidianos aprendieran la lengua de un criollo solo. Argumento, por otra parte, muy razonable.

En cuanto a la colonia, hacendados y encomenderos la establecían por el productivo mandato de «indio leído, indio perdido», es decir, cuanta menos ilustración hubiera, cuanto menos se conociera entre la servidumbre la lengua de los señores, mejor. En tal sentido, el español fue entonces una genuina lengua imperial: la propia de quienes controlan la colonia, celosos de que no la aprendan los controlados, no fueran a invertirse los papeles.

Cuando, a los tres siglos de colonización, los ministros de Carlos III intentan difundir el español en América y Filipinas para favorecer las medidas de liberalización comercial aprobadas entonces —de modo que los comerciantes gaditanos, vascos y catalanes no se pierdan en un laberinto de lenguas— advierten que han llegado demasiado tarde. La obra políglota de la Iglesia Militante tiene ya un peso abrumador. En el cultivo misionero de las lenguas americanas se ha fundado el éxito de la evangelización. Bien entrado el siglo XIX había en América muchísimos más bautizados que hispanohablantes. Aproximadamente, de cada tres americanos sólo uno hablaba español, y eso porque era criollo o mestizo. Entonces es cuando José María Blanco dice lo que dice de Cuzco.

El problema con que se encuentran los independentistas americanos de los años de Blanco no es poco: los ideales revolucionarios y republicanos de igualdad, libertad, fraternidad, educación, ilustración y otras materias positivas que se ponen de moda entonces, no pueden cuajar en el mapa lingüístico que han heredado del viejo mundo virreinal, caduco y descuidado. Para demostrarlo, en 1818, don Juan Bautista Ladrón del Niño de Guevara marchó a Nuevo México a hacer recuento de cuántos sabían leer y escribir allí en español: treinta y tres residentes alfabetos, le salieron en la cuenta. O sea, un promedio de once personas ilustradas por siglo de colonia española. Una cada diez años, si lo prefieren. Excelente cifra (y todo un éxito como modelo impositivo de lengua).

Don José María Castro, primer presidente de Costa Rica, puso las cosas en su sitio: «La ignorancia, señores, es el verdadero origen de todo mal que se encuentra en la tierra. Antes que mandatarios, debemos ser educadores del pueblo». Eso mismo pensaba don Gabino Barreda, ministro mejicano de instrucción pública del gobierno de Benito Juárez, allá por 1867. En realidad, eso mismo pensaban todos. A ello se pusieron, a educar al pueblo. Sólo que una educación participativa, común e igualitaria, que permitiera el acceso a la cultura a amplias masas de americanos, no iba a hacerse en las cuatrocientas y pico lenguas —contando por lo bajo; hay quienes suman hasta dos mil— que les habían dejado la evangelización en herencia. Así que se fue implantando la lengua común española y las indígenas, entonces, conforme se fomentaron valores laicos y civiles, se pusieron en el verdadero camino de disminuir y perderse.

Pero el ideal democrático americano, por sí mismo, no hubiera servido para hacer del español la lengua multinacional que hoy es. La lengua española en América es la obra acabada de una emigración que, procedente de todos los rincones del mundo y hablante de lenguas muy diversas, se traslada a las nuevas repúblicas desde que éstas emergen y hasta mediados del siglo XX. Una vez en ellas, los Patrick pasan a Patricio, los Osthoff a Ostos, los Mac Hartin a Martín y los Cooper a Cúper. Por simple contagio. Ésa fue la clave: la sorprendente diversidad de los emigrantes, incomunicable en ninguna otr.........falta en el servidor

Atípica alternancia
EMILIO ALFARO El País 11 Mayo 2001

Nuestra leve tradición democrática ha hecho que algo tan habitual y definitorio en todo régimen que lleve ese adjetivo como es la alternancia en el poder entre en la categoría de lo extraordinario. Hasta la necesidad de una 'segunda Transición' llegó a invocarse en cenáculos conspirativos para facilitar el acceso del PP al Gobierno. Costó, pero se produjo esa segunda alternancia. La excepción anida en la periferia, y queda para una tesis doctoral explicar la extraordinaria resistencia al cambio que se registra en las tres nacionalidades con idioma propio -Cataluña (CiU), el País Vasco (PNV) y Galicia (AP y PP, excepto el paréntesis 1987-89 propiciado por la operación de transfuguismo de José Luis Barreiro)- desde su acceso a la autonomía.

Pero también hay singularidades en los hechos diferenciales. Que la alternancia se haya planteado en Euskadi como algo deseable y posible no se debe a la acusada veteranía de su jefe de Gobierno; tampoco, en lo esencial, al desgaste sufrido por el partido en el poder, ya sea por ineficacia o abuso del mismo. El motivo surge más particular y dramático. Si un sector de la sociedad vasca aspira a que se produzca la sustitución del nacionalismo gobernante mediante la colaboración de dos partidos antagónicos fuera de Euskadi como el PP y el PSOE, es porque se ha sentido desprotegida desde el poder. La sensación de desplazamiento que los no nacionalistas experimentaron con el proyecto de construcción nacionalista del verano de 1998, se tradujo en indefensión cuando el PNV y EA procesaron los actos de kale borroka durante la tregua como algo residual; y en abandono cuando ETA dio barra libre a sus pistoleros, sin que los nacionalistas se sintieran obligados a cuestionar la comunidad de fines establecida en Lizarra.

El miedo es asimétrico y está mal repartido en Euskadi. Muchos de los que desean la alternancia no lo hacen pensando en que los servicios públicos serán gestionados mejor o por caras menos gastadas, sino porque esperan sentirse más amparados ante la amenaza de esa violencia selectiva. O mejor reconfortados. 

Idioma propio, español impropio
Nota del Editor 11 Mayo 2001 

No hay que ser muy listo para ver que el clientelismo de la lengua "propia" es la causa de la anormalidad democrática. Una enorme proporción del presupuesto autonómico  se dilapida para crear una compleja red de intereses alrededor de la lengua "propia", y mantener toda una mafia de funcionarios "políticos" y empresas afines tanto para la ejecución de tareas relacionadas con la lengua "propia" como para la obtención de fondos para los partidos la utilizan.

Pactar la convivencia
MANUEL HIDALGO El Mundo 11 Mayo 2001

Con sondeo o sin sondeo -¡qué escándalo más feo!-, se empieza a ver que los electores vascos, punto arriba, punto abajo, van a mantener sus preferencias habituales. Ningún político quiere hoy, en estas vísperas, que se extienda esta impresión de inmovilismo o foto-fija. Los nacionalistas del PNV-EA desean que su previsible victoria sea más contundente y los constitucionalistas del PP y PSOE quieren mantener la tensión para movilizar a sus posibles votantes naturales en pos de la ilusión de un cambio.

Pero cambio, lo que se dice cambio, no va a haber, si por tal se toma una transformación radical en la correlación de fuerzas. Tampoco lo hubo, y también se prometía, aunque con menor intensidad, en las anteriores autonómicas. ¿Significa esto que estas elecciones van a ser inútiles porque todo va a seguir igual? Ahí está la cosa, que no, porque el cambio se ha producido ya. Las elecciones, y los factores que las han propiciado, han sido como la liebre del canódromo que ha hecho que los galgos se muevan. Lo que ahora hace falta es que, sea cual sea el resultado, la sociedad vasca recuerde a los políticos que las cosas no pueden seguir igual, sencillamente porque ya no están igual.

El error de la actual dirección del PNV y EA al alinearse con EH en Estella ha sido decisivo. También lo ha sido la movilización de un buen sector de la sociedad vasca que ha dicho que ya basta ante los crímenes de ETA, la cual ha contribuido torpemente al cambio al mantenerse en sus trece, en los asesinatos.

Ha hecho falta, seamos optimistas, el horror etarra, el error nacionalista y el fervor del levantamiento contra el fascismo para que, salvo los etarras y su entorno más irreductible -en otro entorno también ha habido cambios- todos piensen, aunque no lo digan, lo mismo: y lo mismo, aunque desde distinto punto de vista y manteniendo la apariencia de distintas estrategias y algunos espurios intereses inmediatos, no es otra cosa que caer en la cuenta de lo evidente, o sea, que la sociedad vasca es plural, que nadie quiere la ruina del país y el enfrentamiento civil y que todos, salvo los criminales, están condenados a entenderse mediante, llámesele, el pacto, la negociación, el diálogo, en definitiva, la creación consensuada de un espacio transaccional y transversal para una convivencia ecuánime que no excluirá la tensión legítima entre las partes, sino que la incluirá dentro de los usos democráticos y del respeto a la vida, como bien acaba de decir el nacionalista Innerarity.

En vísperas de unas elecciones, esto se niega. Puede que también lo nieguen algunos dirigentes maximalistas cuya jubilación va a ser próxima. Pero es lo que, sea cual sea el voto o las fórmulas de gobierno/oposición que de él se deduzcan, va a reclamar la vapuleada, nacionalista o no, sociedad vasca.

PP
Por Alicia Delibes Libertad Digital 11 Mayo 2001

El programa del Partido Popular del País Vasco busca ofrecer una alternativa real al nacionalismo y, para ello, presenta un proyecto educativo basado en “la formación integral de la persona” y no en la búsqueda de la construcción de la nación vasca, como hacen los partidos nacionalistas. Un proyecto que se sustente en el reconocimiento de la libertad como “uno de los valores superiores de nuestro ordenamiento constitucional” y que en todo momento “pueda adecuarse a las demandas de la sociedad”.

Como primer ejercicio de esa libertad en la enseñanza, el PP propone un sistema educativo en el que el sector público y la iniciativa privada compartan la posibilidad de creación de centros escolares, única forma de garantizar el derecho de los padres a elegir para sus hijos el tipo de educación que quieran. Para que esta posibilidad sea real, potenciará la enseñanza concertada, creará un sistema complementario de becas e impulsará un “Plan de Choque” para mejorar la calidad de la enseñanza en los centros públicos con el fin de asegurar que “la elección entre centro público o privado no se vea condicionada por sus niveles de calidad sino por el diferente modelo o proyecto educativo.”

Esta apuesta por el sistema mixto de enseñanza responde a la realidad social del País Vasco, en el que, actualmente, sólo el 48% de la población escolar acude a centros públicos, el porcentaje más bajo de todo el territorio nacional.

En cuanto a los dos aspectos de la educación más característicos del sistema de enseñanza en el País Vasco, el euskera y la “euskaldunización”, los populares quieren dejar bien clara su postura: favorecerán el aprendizaje de la lengua vasca, pero no supeditarán la política educativa al estudio del euskera. Para ellos “la ordenación de la enseñanza es previa y prioritaria a la política lingüística”.

Se mantendrán los tres modelos escolares y se aplicará el principio de la “no discriminación lingüística” que recogía el Estatuto de Gernika y que pronto fue violado por los nacionalistas convirtiéndolo en una “discriminación positiva”. Se revisará el actual sistema de ”euskaldunización” del profesorado y se propondrá que los profesores mayores de 40 años no estén obligados a cumplir “el perfil lingüístico”.

Las propuestas del Partido Popular en el País Vasco para mejorar la calidad de la enseñanza secundaria son claras y concretas. Entre otras medidas se propone:
- La diversificación en el segundo ciclo de la ESO que irá acompañada de una reducción del número de alumnos por aula.
- El fomento de un mayor protagonismo de las asociaciones de padres en la vida escolar.
- La dignificación de la función del profesor, comprometiéndose a mejorar su formación, reforzar su autoridad en el aula y ofrecer protección y amparo a quienes sean objeto de cualquier tipo de violencia o amenaza.
- Una considerable mejora en funcionamiento de la inspección.
- La reforma de los programas de la ESO y del Bachillerato según los nuevos Decretos, la revisión del contenido de los libros de texto y la implantación de un idioma extranjero a partir de los 3 años.
- Un Plan Vasco de Formación Profesional riguroso, capaz de satisfacer los intereses de la comunidad educativa y en sintonía con las acciones de la Unión Europea

En cuanto a la enseñanza universitaria, reconoce la necesidad de una mayor integración de la UPV (Universidad del País Vasco) en el conjunto del sistema universitario español, y para ello, y con el fin de que los jóvenes vascos tengan la posibilidad de iniciar o continuar sus estudios en otras universidades españolas, potenciará la creación de un “distrito universitario compartido de ámbito nacional”.

En resumen es éste un programa que muestra el convencimiento de los populares de que la mejor garantía contra la manipulación y la propaganda sectaria que sufren los jóvenes vascos en los centros escolares y universitarios es una educación basada en la defensa de la libertad individual y de la dignidad personal. Por otra parte es un programa que, en lo que corresponde a la enseñanza secundaria ofrece soluciones concretas a los problemas planteados por el actual sistema educativo y que, en muchos casos, podrían ser aplicadas en otras Comunidades Autónomas.

Pan para hoy y hambre para mañana
Nota del Editor 11 Mayo 2001

El perfil lingüístico no será aplicado a los mayores de 40 años, así que en pocos años, todos lo cumplirán.

¿Va bien la economía vasca?
Fernando González Urbaneja La Estrella 11 Mayo 2001

La economía vasca, si nos fiamos de las encuestas, va bien, bastante bien, mejor que la española. Más de la mitad de los encuestados en el País Vasco dicen que va bien, mientras que en el conjunto de España los optimistas apenas llegan al 40%. Y en sentido contrario, menos del 10% de los vascos creen que su economía va mal, mientras que llegan al 20% los españoles pesimistas. Cuando las preguntas se refieren a la situación política, las respuestas van en sentido contrario, los vascos ven lo suyo mal o muy mal y los españoles lo ven entre bien y regular. 

Y uno se pregunta si la visión optimistas de los vascos acerca de su economía responde a la realidad o más bien a la ilusión, a un juicio optimista desde más allá de la razón. Y mucho me temo que haya más de ilusión que de realidad. Los datos agregados de evolución de las rentas regionales con perspectiva de cincuenta y veinticinco años no resultan nada tranquilizadores para los vascos. Frente a un despegue colosal entre 1950 y 1975, muy superior a la media española (que también fue importante), el otro cuarto de siglo es mucho menos satisfactorio. De hecho, en ese periodo el País Vasco se coloca en la cola en cuanto a mejora relativa, por detrás de la media española y sólo por delante de Cantabria y Asturias.

Durante los últimos 25 años el País Vasco ha perdido población, sigue clavado en dos millones de personas censadas por culpa de una bajísima natalidad y una inexistente inmigración -del País Vasco se va más gente de la que llega, que llega muy poca-. En España la población durante ese periodo, último cuarto de siglo, ha crecido algo más del 12%, que no es un porcentaje excepcional pero que contrasta mucho con la realidad vasca.

Y si nos fijamos en la renta ocurre otro tanto, en parte por el estancamiento de la población, pero también por una sensible pérdida en el ritmo de crecimiento y desarrollo vasco. Si en 1975 la renta media de los vascos se situaba en un índice 132 frente al 100 medio del conjunto de España, el último dato disponible (1999) es 111; ninguna otra comunidad ha tenido una pérdida relativa o absoluta de semejante magnitud. Con respecto a la media comunitaria, si el índice del País Vasco era 108 en 1975, en estos momentos se ha quedado en 93.

Algunos dirán que son datos demasiado agregados y poco relevantes, que la realidad vasca es fértil y próspera y que basta con darse una vuelta por sus polígonos industriales y por estadísticas más acotadas de comercio exterior o inversión para darse cuenta de lo bien que va la comunidad vasca. Y tienen razón, la industria vasca se enfrentó a una crisis colosal en los setenta y ha salido muy bien librada tras un gran esfuerzo de reconversión y de nuevas iniciativas, hoy compite en los mercados industriales y goza de instalaciones tan imponentes como las del entorno cooperativo de Mondragón, o la planta de Mercedes en Vitoria (por poner un solo ejemplo) que figuran entre lo mejor de Europa.

Pero temo que, decididos a no perder autoestima, los vascos no sean conscientes de la pérdida de posiciones que padecen desde hace un par de décadas. Con la potencialidad que significa gozar de emprendedores con experiencia, de habilidades tecnológicas cultivadas desde décadas atrás, de una ubicación geográfica próxima a buenos mercados, y de una realidad industrial y turística acreditada, lo conseguido en estos años es modesto, insuficiente. Y el paso atrás tiene que ver con el conflicto vasco y sobre todo con la violencia.

Probablemente a la sociedad vasca, y sobre todo a los dirigentes nacionalistas, no les interesa constatar que la etapa más fructífera en cuanto a desarrollo del autogobierno no coincide con otra paralela de despegue y crecimiento económico y no digo nada de lo cultural y social. Los nacionalistas no han sido capaces o no se han atrevido a aceptar ese fracaso ni a vincularlo a la violencia. Corren así el riesgo de que alguien lo asocie, injustamente, al propio autogobierno.

La economía vasca no va bien y lo peor del caso es que los propios vascos no quieren reconocerlo, lo rechazan porque significaría el doble fracaso de una generación: el fracaso político, que es patente, y también el económico. Y con ese rechazo sólo consiguen oscurecer el análisis y hacer más difícil la solución.   FG.urbaneja@terra.es

El 13 de mayo
Z. Rana La Estrella 11 Mayo 2001

George Steiner, que es un optimista, se preguntaba en un reciente viaje a Madrid anterior al Premio Príncipe de Asturias: "¿Tiene futuro el lenguaje?". Hoy, en vísperas de las elecciones autonómicas vascas, cabe preguntarse: ¿Tiene presente?

Tras los solemnes y/o rimbombantes cierres de las respectivas campañas electorales, los vascos "reflexionarán" durante la jornada de mañana y votarán los que voten el domingo. Todos han recibido grandes dosis de lenguaje, pero si repasamos las encuestas publicadas estos días, incluso la esperpéntica del CIS, vemos que el lenguaje ha ejercido escasa influencia en el cuerpo electoral vasco. Apenas si se observan deslizamientos de voluntad o intención de voto desde el origen de la precampaña.

No deja de ser ése un gran fracaso de la democracia. La experiencia vivida y las razones recibidas desde los dos ámbitos de la confrontación no penetran en la sociedad. El nacionalismo todos los nacionalismos está más cerca de una religión que de un planteamiento ideológico. Es la institucionalización de un sentimiento y de ahí la condición berroqueña de sus seguidores. En los anhelos no puede haber decepción mientras no se alcanzan.

Entre las hipótesis a contemplar hoy, no es la menos probable el que la situación vuelva a donde estaba cuando el lehendakari Ibarretxe disolvió el Parlamento de Vitoria para convocar las elecciones. Una democracia sin alternancias en el poder es una parodia de democracia, pero son los vascos a quienes corresponde decidir en esta ocasión.

El supuesto de una victoria constitucionalista PP + PSOE igual o más que 38, no es fácil y, por contra, el refuerzo de la posición nacionalista parece posible. En el primer caso, superado el susto, el País Vasco puede entrar por una vía de normalidad y modernidad. En el segundo, más de lo mismo, pero con energías renovadas.

También es 13 de mayo para los italianos. Curiosamente, en profundidad, sabemos más de las elecciones en Italia ¡hasta el nombre de los ministros si gana Silvio Berlusconi! que de las del País Vasco. Otro síntoma de la escasez democrática envuelta en miedos que preside la "normalidad" vasca vigente. En Italia los candidatos tienen programas concretos, no retóricos. ¿Sabrá esa gente lo que hace?

Contigo pero sin ti
VICTORIA PREGO El Mundo 11 Mayo 2001

Parecían unas elecciones generales y, en la medida en que interesan a todos, lo son. La jornada de ayer, penúltima de la campaña, se cerró con sendos mítines de altura a cargo del PP y PSOE. El interés estaba en comprobar hasta dónde llegaban las coincidencias en el compromiso poselectoral y cómo podía establecerse el grado de su lejanía.

Pero Aznar y Rodríguez Zapatero, Redondo y Mayor Oreja, hicieron en lo esencial discursos muy similares: exigencia de libertad, cerradísima defensa del Estatuto y de la Constitución y promesa de un clima de tolerancia para todos los vascos. Se habló del pacto de gobierno, que nadie puso en duda y que fue apoyado con convicción. Pero mientras Aznar no dedicó ni un solo segundo a considerar la posibilidad de que el PNV se desdiga de las posiciones políticas mantenidas durante los últimos dos años, Zapatero insistió en dejar a los peneuvistas una puerta abierta para que «vuelvan a sentarse en el banco de los demócratas». Mucho más duro que su propio secretario general estuvo Redondo, en lo que sin duda está siendo un eficaz reparto de papeles en esta campaña.

Hubo coincidencia entre los cuatro políticos también a la hora de invitar al voto a los que se mueven todavía por la zonas dudosas del PNV. Aznar y Mayor Oreja saben bien que no tienen que convencer a los suyos de nada pero que han de movilizarles en dirección a las urnas. Así que se dirigieron varias veces a «los indecisos», a quienes se preguntan si, en esta situación de enfrentamiento y crispación, tiene algún sentido votar. Mayor Oreja quiso dejarles muy claro que ellos son quienes tienen la clave del cambio en el País Vasco. Pero Aznar amplió su llamamiento a aquellos que, dentro de sus convicciones nacionalistas, no las anteponen a valores mucho más altos como la vida y la libertad. A su vez, los socialistas se dirigieron también a «los nacionalistas razonables» para pedirles su voto en esta ocasión.

El secretario general del PSOE hizo un discurso desde el «orgullo de la izquierda» y recordó a los progresistas que la primera apuesta de cualquier demócrata, la primera conquista, es la de la libertad. Zapatero, como Aznar, estaba en terreno conquistado, pero no tanto. El PSOE tiene que esforzarse todavía en explicar y convencer a muchos de los suyos de que un pacto con el PP es la exigencia democrática más inapelable y que, por eso mismo, debe pasar por encima de consideraciones partidistas propias de tiempos menos tormentosos. Sus apelaciones a los compromisos asumidos por Felipe González durante la Transición y a lo mucho que significa que sea el propio Felipe quien esté apoyando un pacto «con quienes nos han machacado en el pasado», estuvieron destinadas a mover el voto de la vieja guardia del PSOE, poco amiga de aventuras de esa índole. Por eso Zapatero dio en el blanco cuando dijo: «Ahora necesitamos líderes que estén a la altura de los que hicieron la Transición». En la que probablemente haya sido su mejor actuación de cuantas se le han visto hasta ahora, Zapatero equiparó el talante del futuro gobierno PSE-PP con el suyo propio, es decir, democracia, tolerancia y juego limpio.

Así pues, habrá pacto de gobierno si los votos lo permiten, pero el PSOE se reserva el derecho de hacer un último intento para que el PNV acabe haciendo «lo que hay que hacer». La jornada de ayer dejó las cosas bastante más claras. Podría haber sido el final de campaña.

Ideas contra el terrorismo de ETA
Por José Ignacio del Castillo Libertad Digital 11 Mayo 2001

Identificar los principales elementos que componen una situación es requisito indispensable de una acción eficaz. Esto es algo que conviene recordar en casos en los que, como el del terrorismo, muchos piensan que basta con no expresar la realidad para que esta desaparezca. Aquí nadie llama a las cosas por su nombre, ni señala las falsas ideas que llevan a miles de jóvenes a asesinar y a algunos centenares de miles a apoyarles.

Los etarras y sus afines, guste o no, son la consecuencia lógica de las corrientes de pensamiento que circulan en demasiados medios de comunicación y en no pocos círculos políticos, académicos e intelectuales. Si algún encuestador se tomase la molestia de hacer un sondeo entre miembros y simpatizantes de ETA (y le dejasen publicar los resultados), seguramente repararíamos en el hecho de que los personajes más admirados por esta caterva son el Che Guevara y el terrorista Marcos. Siguiendo su ejemplo, los batasunos dicen luchar por “el pueblo” (no por la libertad de todos y cada uno de los individuos que lo integran). Conviene no olvidar que recientemente el Grupo Socialista del Parlamento Europeo con Enrique Barón a la cabeza, manifestó su apoyo a quien utiliza la violencia para perseguir objetivos políticos en un Estado como el mejicano que es reconocido por ese mismo Grupo Socialista, como democrático y de Derecho.

Semejante irresponsabilidad recuerda la historia de los Hermanos Karamazov. El hermano “listo” diciendo que bien y mal no existen, sino que tan sólo son “prejuicios supersticiosos” para gobernar a los seres inferiores y el hermano “bastardo y tonto” creyéndoselo al pie de la letra y asesinando al padre de ambos. Si los niños escuchan desde pequeños de profesores e “intelectuales”, de escritores y de periodistas que deben dejar a un lado su interés personal y comprometerse políticamente, que deben luchar contra el “poder financiero” y por establecer una “sociedad más justa” encabezada por una “vanguardia consciente”, que Fidel Castro y Ho Chi Mihn son libertadores, etc. ¿Podemos extrañarnos de que algunos se lo crean de verdad y se lo tomen en serio?

La descarada falsificación de la historia del País Vasco tiene una larga historia. Socialistas y comunistas contribuyeron a popularizar dichas falsedades durante el franquismo y el post franquismo. Los planes públicos de educación ya establecidos durante la etapa PNV-PSE, convirtieron dichas falsedades en pensamiento único. En la Gran Enciclopedia Soviética publicada en 1949 se podían leer que el primer automóvil del mundo había sido fabricado en 1750 por un campesino ruso de la región de Nimzi Novgorod. Durante el III Reich los libros enseñaban que el hombre alemán descendía de una raza de superhombres que se habían debilitado y corrompido al mezclarse con otras razas como la semítica. En el País Vasco, se enseñan cosas que, se diferencian de las anteriores sólo en el grado, no en la esencia.

Solamente cuando los asesinos comenzaron a matar socialistas, éstos empezaron a movilizarse. Está bien tenerles al lado en la lucha contra ETA. Lo que carece de sentido es dejarles dirigir la campaña ideológica contra ella. Se llega así a la aberrante situación en que después de repetir que el fascismo fue una reacción del capitalismo contra el movimiento obrero popular y no la conclusión lógica del socialismo de cátedra que se vino incubando desde finales del XX para reaccionar contra el liberalismo, ETA es definida como un grupo fascista. Si los etarras piden asilo en la embajada de Cuba, si Fidel Castro se niega a firmar una declaración pública de condena o si la Madres de la Plaza de Mayo se solidarizan con el Movimiento de Liberación Nacional Vasco, les basta con mirar a otro lado y convocar alguna estúpida manifestación para pedir el “diálogo”. ¡Y luego nos extrañamos de que ETA lleve matando más de treinta años y de que no se vean avances que hagan concebir esperanzas de su erradicación!

Votar en libertad
Editorial El Correo 11 Mayo 2001

Esta noche termina una de las campañas electorales más decisivas de la historia de la democracia en Euskadi y en España. El próximo domingo los ciudadanos vascos van a tener, una vez más, la oportunidad de expresar lo que realmente quieren para el futuro de su comunidad. A partir de ahí, será imprescindible que, independientemente de su resultado, todas las formaciones que concurren a las elecciones se aproximen a la hora de interpretar el veredicto de las urnas. Frente a quienes desdeñan la trascendencia de cada proceso electoral bajo la totalitaria proclama de que al pueblo vasco se le está impidiendo decidir su futuro, los demócratas tienen la ineludible obligación de conjurarse para preservar la legitimidad de las urnas como la base fundamental sobre la que se erigen las instituciones representativas y el propio ordenamiento de una convivencia que aspira a la normalidad.

El asesinato de Manuel Giménez Abad en la tarde del pasado domingo, devolvió a la opinión pública a una realidad que parecía haberse difuminado en el desarrollo de una campaña mucho más sosegada que el período previo a la misma. El horror y la consternación volvieron a los rostros de centenares de miles de ciudadanos que se movilizaron en toda España transmitiendo un mensaje angustiado a las personas que el próximo domingo contarán en Euskadi con una prerrogativa que moralmente no pueden desperdiciar: la posibilidad de expresar con su voto su rechazo al terrorismo y a la intolerancia, y su propósito de erradicarlos de manera definitiva. Sin embargo, formamos parte de una sociedad que desgraciadamente se ha acostumbrado a asimilar el horror como sobresalto en su vida cotidiana, como una fatalidad que, además, parece afectar siempre a los otros. De hecho, en cuarenta y ocho horas la rutina acabó silenciando el asesinato de Zaragoza, en una preocupante muestra de cómo el eco de cada ignominia perdura cada vez menos en el ambiente, y cada vida segada por la violencia termina en la larga lista del anonimato y, en buena medida, del olvido.

La campaña electoral se ha convertido en un escenario templado para la disputa entre dos grandes ideas-fuerza: la necesidad de cambio propugnada por los constitucionalistas y el propósito continuista con que el nacionalismo gobernante ha concurrido a los comicios. Es la disyuntiva central de unas elecciones que, cualquiera que sea su resultado, marcará la pauta de un antes y un después en la política y en la sociedad vasca. Es la incógnita crucial que no puede quedar velada ni por la polémica táctica en torno al debate propuesto por Ibarretxe al comienzo de la campaña, ni por el inadmisible tratamiento que los responsables del CIS han dado a su última encuesta. Pero el dato realmente nuevo que ha introducido la convocatoria de estos comicios es que, por primera vez en dos décadas, la alternancia en el gobierno de Euskadi es hoy un horizonte verosímil. Dicha eventualidad sugiere, sin duda, la posibilidad de que se produzca algo más que un cambio en la composición del Gobierno vasco. Por eso mismo, los protagonistas de la contienda están obligados a prepararse para asumir el escrutinio definitivo y sus consecuencias con la mayor normalidad posible.

Precisamente porque resulta lacerante que no todos los ciudadanos vascos sientan garantizada su integridad y su libertad, porque resulta lacerante ver cómo el asesinato y la coacción discriminatorias se convierten en factores de insolidaridad, división e incomprensión dentro de la sociedad, las elecciones del domingo han de convertirse en expresión masiva de la dignidad inalienable de la persona. Incluso en una tierra en la que elegibles y electores son víctimas de una coacción impropia en un sistema democrático, cada ciudadano que se acerque a las urnas ha de sentirse dentro del colegio electoral libre de toda presión, dispuesto a manifestar su parecer político sin atenerse a otro condicionante que el de su propia conciencia y su particular criterio. Aunque la ciudadanía vasca no haya llegado a la cita electoral en condiciones de plena libertad, es la libertad plena la que han de emanar las urnas. Por encima de los cambios políticos, por encima de que los cambios que puedan producirse sean profundos o livianos, lo que tanto la sociedad vasca como el resto de los españoles se juegan el próximo domingo es la apertura de una etapa en la historia de Euskadi; una etapa histórica en la que la inmensa mayoría de los vascos pueda reconocerse, y de cuyo protagonismo queden excluidos únicamente aquellos que se empecinan en continuar su endiablada carrera de muerte y destrucción. Más allá del recuento de escaños y de las posibles combinaciones que puedan resultar de ellos, el domingo ofrece la oportunidad de inaugurar un nuevo tiempo hacia la paz y la normalización de la convivencia. 

La invasión democrática
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 11 Mayo 2001

Fue una idea original, audaz, peligrosa, la del señor Aznar decidiendo tomar el País Vasco mediante una invasión democrática. Si las elecciones las pierde Madrid, la democracia de todos modos se habrá salvado y endurecido.

La idea cogió a los nacionalistas con el pie cambiado y lo cierto es que hoy hasta los caudillos de la sangre hacen su parlamento, que les sale democrático aunque no quieran, para explicar que eso de las urnas a ellos no les dice nada. El darle la espalda a las urnas sería una manera de huir. Recordemos la frase de un fascista histórico, Primo de Rivera, junior:

-El destino de las urnas es romperlas.

Naturalmente, acababa de hacer el ridículo de los cuatro votos y los cuatro gatos. Como los extremistas vascos tienen un cierto parecido con aquellos extremistas del nacionalismo madrileño, ocurre que, sin saberlo, están adoptando actitudes y eslóganes de los años treinta, cuando la democracia, para mucho personal, todavía era cosa de masones. Se gane o se pieda, la iniciativa monclovita que cobra realidad el domingo es una cosa desconcertante y brillante que ha cogido en bragas a todo el mundo, desde HB a Felipe González.

Sentado este precedente democrático, es de prever que la experiencia se repita. Cuando voces de gesta pedían la invasión militar de Vasconia, voces de paz sugirieron la invasión democrática, la lluvia primaveral de los votos, que en todo caso es una manera de clarificar las cosas y mirar a ver qué pasa. La realidad ya nadie podrá negarla. Si Aznar y Zapatero se han equivocado, tendrán que aceptar todo lo que de legítimo hay en el nacionalismo vasco, que es mucho. Pero la lección ahí queda: las cosas se consiguen votando y no matando.

El día es doblemente festivo en eso que antes llamábamos Vascongadas: por domingo y por orgía electoral. Ya se han recibido muchos votos por correo. Esta impaciencia postal de las tres provincias nos anticipa un entradón democrático. Algunos lo llaman el voto del miedo. Con lo que está cayendo, nos parece muy legítimo tomar esa delgada precaución del sobre y el sello. A fin de cuentas, tanto los nacionalistas como los ultranacionalistas ya han dado prueba de entereza ciudadana en la calle, en unas y otras manifestaciones, de duelo o de fiesta. El pueblo vasco es un pueblo envidiable que está llevando sin aflojar la corbata estas tormentas de hierro. El escenificar una democracia normal y normalizada en estos momentos es tanto como doblegar dulcemente al enemigo, ofrecerle la otra mejilla. Cada mejilla es un voto.

Las medidas más eficaces suelen ser las más sencillas. Agotado el espectáculo asambleario de las manos blancas y otros, por qué no probar con el espectáculo real de unos comicios. Aquí hay alguien que es el Gran Hermano. Alguien que nos está mirando siempre y viendo siempre algo nuevo. Vamos a mostrar obscenamente el voto, la ideología, la preferencia, y se acabaron las trampas. La democracia tiene un coeficiente de obscenidad cívica que es lo que asusta a la derecha pacífica y a la izquierda fingida. «Las cosas claras», se dice en español. Y a lo mejor también en euskera.

La gallina ciega
ANTONIO ELORZA El Correo 11 Mayo 2001

Los carteles electorales de Ezker Batua/Izquierda Unida ofrecen al espectador un auténtico bosque de orejas, intentando transmitir la idea de que esa formación apuesta, ante todo, por el diálogo para resolver los problemas de Euskadi y destacando la necesidad de escuchar respetuosamente al otro antes de fijar la propia posición. Personalmente, estoy en condiciones de afirmar que es una lástima que el líder de EB/IU sea el primero en incumplir en la vida real esa juiciosa recomendación: hace sólo unos días tuve el escaso placer de intentar una discusión de su política en un debate televisado con Javier Madrazo y a falta de argumentos lo que hizo el hombre fue tratar de impedir a voces que yo terminara de hablar. Buen ejemplo de diálogo. Claro que desde su posición equidistante Madrazo tiene soluciones para todo, según prueba el mastodóntico programa divulgado de cara a las elecciones. Las orejas deben entonces significar exigencia de atención a las ocurrencias del líder y de sus colaboradores.

La más brillante es sin duda el llamado ‘federalismo de libre adhesión’. Un hallazgo a mitad de camino entre la concepción leninista de la autodeterminación nacional como libre separación, y el procedimiento cantonalista venturosamente ensayado en la España de 1873. Todo ello metido en un escenario donde la coacción ha desaparecido y Euskadi se convierte en una Disneylandia política. La fórmula es bien simple. Primero todas las autonomías españolas, con Euskadi al frente, ejercen la autodeterminación y luego se federan de forma voluntaria. La armonía resultante será la solución final, y nunca mejor empleado el término, para el problema nacional en España. Madrazo dice ser contrario a la independencia, así que seguramente él mismo se encargará de explicar a Otegi y a Egibar las ventajas de reconstruir el Estado español una vez cumplido el paso de montar el poder constituyente vasco. Genial. Toda referencia a los programas y a la práctica ya conocida de PNV y de EA queda fuera de campo, igual que sucede con la incidencia permanente del terror de ETA. Puestos a ser discípulos de Lenin a deshora, los de EB/IU podrían haber seguido su recomendación de investigar el problema de la nación atendiendo siempre al marco histórico definido en que se produce. Pero esto para Madrazo es mucho pedir. Así que hemos entrado en el reino de la flauta mágica, si bien no por la búsqueda del orden racional querido por Mozart en su ópera, sino para un sufrir un engaño en la línea del flautista de Hamelín.

Y al coincidir con el PNV en lo esencial del procedimiento, ‘diálogo’ y ‘autodeterminación’, nada tiene de extraño que desde Lizarra nos encontremos con que Ezker Batua siga fielmente los pasos del Gobierno nacionalista, y se haya convertido en un útil repetidor de sus mensajes hacia medios no nacionalistas (recompensa: el 3%), hasta el punto de constituir su mejor baza de cara al futuro. Dos o tres izquierdistas de este tipo en un Parlamento equilibrado, e Ibarretxe puede salvarse. Es inútil que Madrazo proteste airadamente si asocian su postura con la pinza formada antaño por Anguita con Aznar contra el PSOE.

IU era y es soberanía, proclama, pero el hecho es que todos y cada uno de sus pronunciamientos políticos siguen la impronta del PNV. En particular desde Lizarra, de cuya firma los de EB/IU dicen ahora no ser responsables por no haber tratado con ETA, a diferencia de otros. Cierto. Se limitaron a suscribir a ciegas lo que el acuerdo de frente nacionalista, sin saber qué dijo ni impuso ETA: clara muestra de imprevisión, lo mismo que al aceptar objetivos tan calamitosos como la constitución de la Gran Euskal Herria. Además, aunque no se enteraron de nada, conservan su orgullo por haber aceptado aquel engaño -«firmaría cien mil veces Lizarra», les respalda su maestro Anguita-, y en ello se obstinaron hasta que las presiones de la dirección estatal de IU forzaron su salida por la puerta trasera. No hay duda de que para Javier Madrazo y sus seguidores, la política es algo muy parecido al juego de la gallina ciega.

De este modo puede entenderse la subalternidad respecto del mundo nacionalista. Dicen no ser nacionalistas, pero resulta evidente que sólo combaten de veras a los partidos que se obstinan en defender la legalidad constitucional, PSOE y PP. Se trata de una adaptación a la circunstancia vasca de la doctrina anguitiana de las dos orillas, con rechazos tajantes en contra de PP y PSOE, cuya política de coalición democrática ante el terror denuncian por ser un frente antinacionalista. Igual que el PNV. Para Madrazo, está de más la tradición antifascista de la izquierda, que diera lugar a los frentes populares y a los frentes nacionales de resistencia antinazi. Las coincidencias con el PNV en este terreno llegan a ser asombrosas. Así, en el inicio de la campaña electoral, la prensa informó de que Madrazo defendía las declaraciones de Ibarretxe, descalificando al PP por no asumir la responsabilidad histórica de Madrid en el bombardeo de Gernika. Ibarretxe habló el 27 de abril. Pues bien, un día antes en CNN-Plus, aunque el programa se emitiera más tarde, Madrazo arrancaba del mismo punto de la descalificación del PP por su actitud en el tema de la memoria histórica de la guerra civil. Ante tan extraordinaria coincidencia sólo caben tres interpretaciones: a) existe comunidad absoluta de ideas entre Ibarretxe y Madrazo, o como mínimo telepatía; b) los dos han elaborado conjuntamente hasta en los detalles la táctica de acoso al PP, o c) Madrazo hace y dice lo que le indica Ibarretxe. Mírese por dónde se mire, penoso para EB/IU.

Compañeros de viaje, compañeros de pensamiento, dice el refrán: ‘bidaide, gogoaide’. Lo que sorprende es que alguien que se dice de izquierda acepte tomar parte en una maniobra para descargar las responsabilidades del Gobierno vasco en la tragedia de hoy, desviando la atención hacia tragedias pasadas. Y en hacerle el trabajo sucio al mismo PNV para destruir la imagen de Mayor Oreja. En suma, por mucho que trate de cubrirse con su supuesta defensa de un Gobierno PNV-PSOE, lo que hacen Madrazo y su EB/IU es simplemente un ejercicio de erosión de la democracia. Igual que cuando critican el Estatuto, «porque una parte de la sociedad vasca no se siente cómoda en él», olvidando que una mayoría lo respalda. Así, Madrazo ha logrado situar a su formación en la más pura línea de la izquierda reaccionaria, que habla de progreso y sirve a los intereses de conservación del poder por parte de Ibarretxe y de Arzalluz. Para éstos, la instrumentalización que tan de corazón acepta EB-IU puede resultar una baza decisiva.

Conviene, en fin, recordar que durante los primeros años de la democracia, la trayectoria política marcada por los comunistas vascos fue muy diferente. Consistió en consolidar la democracia defendiendo la Constitución y el Estatuto, en oponerse tajantemente al terror de ETA, criticando el particularismo nacionalista y, por último, en hacer una apuesta arriesgada por reforzar el paso a la izquierda democrática de quienes procedían de ETA. En esa labor se quemó el PC de Euskadi, intentando forjar una izquierda vasca. Todo lo contrario de lo que hoy supone el seguidismo de Madrazo, quien al negarse a considerar prioritaria la defensa de la democracia vasca asediada por el terror, destruye cuanto representó aquella tradición. A título personal le irá mejor, sin duda, conservando por su enlace en la sombra algún escaño. Confiemos no obstante en que el viejo topo haga aquí una de las suyas, y sean escasos los electores que voten por Ibarretxe creyendo hacerlo por una opción de izquierda. 

Solución y culpa
VICENTE CARRIÓN El Correo 11 Mayo 2001

Un maleficio electrónico me impidió en el último artículo detallar las razones de mis más allegados para no votar y los equilibrismos que uno ha de hacer para respetarlas pese a tener muy clara la necesidad de votar para que nadie tenga que dormir con un extintor bajo la cama, como confesaba recientemente un concejal del PP. Resignado a que queden ignotas las razones de mis padres para no votar, quisiera insistir en el paralelismo entre los conflictos privados y públicos, fijar por un momento la imagen de esa sobremesa familiar, de esa reunión de amigos que puede arruinarse porque alguien no calla o amargarse del todo por haber callado tanto.

Desconecten por un momento sus siglas y refugiémonos en el tópico para imaginar la típica rivalidad que conocen las parejas jóvenes en las relaciones con las familias postizas, los compromisos, los desplantes y las comparaciones que todos conocemos. Dando por hecho que hasta los más tarugos son contrarios a la exterminación física de los suegros, cuñados o hijastros, al aprender a coexistir descubrimos matices que de jóvenes no entendíamos. Uno de ellos sería el de distinguir entre quién tiene la culpa de algo y a quién le corresponde enmendar el entuerto. Por ejemplo, un abuelo puede estar tan chocho con su nieto que no puede evitar crear problemas a la joven pareja. Desde una mentalidad contemporánea, es pues culpable de sofocar la libertad de los jóvenes padres, de no aceptar la emancipación de sus hijos y de todo lo que se quiera, pero si lo que se pretende es reconducir la convivencia, de nada sirve reiterar quién tiene la culpa si por edad, mentalidad o lo que sea el culpable ni se reconoce como tal ni está capacitado para modificar su conducta. En mi opinión, la responsabilidad de solucionar el conflicto ha de centrarse sobre quien tiene capacidad para hacerlo, a poder ser con ingenio, mano izquierda, firmeza, benevolencia o zorrería. Por muy definido que esté el culpable, con repetirlo machaconamente no arreglamos nada. En realidad, nunca se soluciona nada cuando se espera que sean los demás quienes modifiquen su comportamiento.

No sé si me explico pero, por evidentes que resulten las culpas de ETA y de quienes con ella firmaron la voluntad de exclusión política de los no nacionalistas, creo que la tarea de estos últimos no ha de obcecarse en reclamar apostasías ajenas, sino en proponer un modelo de sobremesa, perdón, de convivencia social en el que quepamos todos, por estar basado en el respeto a la voluntad de las mayorías. Claro que decir estas cosas en plena campaña parece un dislate. La política concebida como el arte de conciliar los encontrados intereses que reflejan la diversidad humana puede ser un arte maravilloso y, al mismo tiempo, a la hora de mancharse las manos, un ejercicio tedioso, obsesivo y mezquino, soportable sólo para personajes pagadísimos de sí mismos, y del erario público de paso. En vez de encarar posibles soluciones, unos son expertos en sembrar cizaña, otros en hablar mucho sin decir nada, otros -mención honorífica a Fraga- en echar a perder en unos segundos el tenaz esfuerzo de sus propios militantes durante años; los hay que incentivan la sensiblería para nublar todo razonamiento y hasta se podría sospechar que a cuenta del terrorismo también hay negocio.

Creo que los intelectuales se inventaron precisamente para contener la sordidez de quienes al profesionalizarse en la cosa pública corren el riesgo de suponer que vinieron al mundo para ser escuchados y obedecidos. Pero no teman, no les voy a citar a Platón. En su lugar me viene a la memoria la definición de intelectual que nos dio Savater a quienes nos reuníamos en Vélez-Málaga hace unos años en torno a la memoria de María Zambrano. Contaba el filósofo cómo, extrañado de ver a las mismas viejecitas un día tras otro sentadas en primera fila del Salón de la Kutxa donde impartía un ciclo de conferencias, se acercó al fin a preguntarles como así les interesaba tanto la filosofía y qué motivos tenían para escucharle con tamaña atención. En la respuesta de las damas, «Es que usted nos habla como si fuéramos inteligentes», encontraba Savater una excelente definición del intelectual, el que se dirige a los demás presuponiendo su inteligencia.

Esta anécdota se me actualiza cada vez que formo audiencia ante personajes que prefieren incitar a la adhesión más que a la reflexión, muñecos de cuerda repitiéndose sin cesar incapaces de ofrecer un pensamiento sugerente, una reflexión autocrítica, un atisbo de humanidad, un chiste con gracia, un gesto de atención. Me parece muy natural que muchas personas se asqueen de la parafernalia electoral en la que se sienten tratados como borregos o como idiotas y tiendan a desentenderse de las elecciones consi- derando que todos los candidatos vienen a ser parecidos, autómatas programados para escucharse sólo a sí mismos. Al estilo socrático, creo que los intelectuales han de huir de las complacencias y certezas, moscas cojoneras que no dejan en paz a la tuerca porque saben que toda oposición tiende a comportarse con parecida o superior prepotencia que la que denunciaba en quienes van a ser desalojados del poder. Por algo han leído a Orwell, han subrayado frases como ésta de Dany el Rojo en un artículo sobre la generación del 68: «Menos mal que fracasamos en imponer nuestras ideas», y han comprobado qué cantidad de proyectos revolucionarios murieron de éxito y revanchismo, y qué razón tenía el viejo Kant cuando decía que los cambios sociales verdaderos siempre son muy lentos.

Presuponer la inteligencia en los demás, hacer de mosca cojonera, no significa vivir en el limbo y eludir los compromisos. Por repugnantes que sean casi todas las contiendas electorales, hasta que alguien invente algo mejor, son lo menos malo que tenemos para defendernos de totalitarismos como el que viene amenazando vidas y haciendas de quienes nos negamos a elegir entre ser vascos o españoles no porque nos sintamos lo segundo, sino porque nos sentimos las dos cosas a la vez. Lizarra y ETA han hecho forzoso que los individuos amantes de la libertad nos veamos obligados a votar, aunque sea tapándonos las narices y aunque no nos gusten sus candidatos, sus modales o sus programas. Lo haremos para que los nacionalistas vascos se enteren de una vez de que no pueden esquinar a quienes no compartimos su mitología ni sus compadreos con la violencia, para que a partir del 14 de mayo sólo se esquine a los partidarios de la violencia étnica. Cuando en la sociedad vasca impere el respeto escrupuloso a la libre expresión de todos los ciudadanos, ya tendrá oportunidad Ibarretxe y Cía de comprender que socialistas y populares sólo eran iguales contra el crimen. 

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