AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 12  Mayo   2001
#ETA remata la campaña
Editorial ABC 12 Mayo 2001

#POR SI FALTARA ALGUNA RAZON PARA VOTAR MAÑANA...
Editorial El Mundo 12 Mayo 2001

#Dura, agria y arisca
Ignacio Villa Libertad Digital 12 Mayo 2001

#Elecciones vascas, I: la reflexión
M. MARTÍN FERRAND ABC 12 Mayo 2001 

#Tiempo de dignidad
Carlos HERRERA ABC 12 Mayo 2001

#Carlos David García: «Ha llegado la hora de la regeneración democrática para el País Vasco»
E. Mejuto - Bilbao.- La Razón  12 Mayo 2001

#Dos escaños
Jaime CAMPMANY ABC 12 Mayo 2001

#Una jornada de reflexión para los vascos
JON JUARISTI El Mundo 12 Mayo 2001

#Esperando a los bárbaros
Tomás CUESTA La Razón 12 Mayo 2001

#El doble de Ibarretxe
Enrique de Diego Libertad Digital 12 Mayo 2001

#Ibarreche y la mala memoria
José Antonio VERA La Razón 12 Mayo 2001

#El PNV, en horas decisivas
SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ El País 12 Mayo 2001

#Votos a la libertad
Editorial La Razón 12 Mayo 2001

#Intereses creados
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 12 Mayo 2001

#Reflexión
ANTONIO GALA El Mundo 12 Mayo 2001

#Silencio, se vota
EMILIO ALFARO El País 12 Mayo 2001 

#El terror
VICENTE VERDÚ El País 12 Mayo 2001 

#Elogio de los vascos (II)
Martín-Miguel RUBIO ESTEBAN La Razón 12 Mayo 2001 

#Ahora les toca a ustedes
VICTORIA PREGO El Mundo 12 Mayo 2001

#Un país de dos caras
Ignacio CAMACHO ABC 12 Mayo 2001 

#«Basta ya» pide ir a las urnas para que mañana comience «el final del terror»
BILBAO. M. Alonso ABC 12 Mayo 2001 

#Libertad o miedo
FRANCISCO JOSÉ LLERA RAMO El País 12 Mayo 2001

#ETA cierra la campaña con un coche bomba en Madrid
Madrid. ABC 12 Mayo 2001
 

#Administración vasca: una bolsa de votos engordada por el PNV
Pilar Gómez - Madrid.- La Razón 12 Mayo 2001

#Desde donde cría la serpiente
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo 12 Mayo 2001

#Por un líder civilizado
T. FERNANDEZ AUZ El Mundo 12 Mayo 2001

#Premio de la Fundación Miguel Ángel Blanco para los profesores Mikel Azurmendi y Edurne Uriarte
EFE Libertad Digital 12 Mayo 2001

#Dosificar la esperanza
AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA El Correo 12 Mayo 2001

#Las elecciones del miedo
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 12 Mayo 2001

#Aprender del pasado
ANDONI PÉREZ AYALA El Correo 12 Mayo 2001

#Carlos Fuentes: «El español es el tesoro más grande de América»
Juan Carlos Rodríguez - Madrid.- La Razón 12 Mayo 2001

#El español, clave para «no quedar rezagado» en Estados Unidos
R. GARCÍA  A CORUÑA La Voz 12 Mayo 2001


ETA remata la campaña
Editorial ABC 12 Mayo 2001

ETA quiso esta medianoche clavar un rejón de muerte en el corazón de Madrid, confirmando las sospechas que albergaban las autoridades policiales acerca de un atentado inmediato en la capital. Afortunadamente, el coche bomba que estalló en el cruce de las calles Goya con Claudio Coello sólo ha ocasionado (dos/tres) heridos y daños materiales en los edificios próximos al lugar del atentado. Ha sido el cierre de campaña de ETA.
El terrorismo quebró en Zaragoza la campaña electoral vasca con el asesinato de Manuel Giménez Abad y la ha rematado en la capital de España con un gesto de barbarie, que pudo ser una masacre. ETA sigue, no cambia, no altera su esquema destructor. Por eso no es necesario hacer más reflexiones sobre la táctica de este atentado: puro terror. La estrategia es la misma: sojuzgar a la sociedad española, hasta que desista y consienta los objetivos que comparten los autores de este atentado y los dirigentes del PNV, es decir, autodeterminación soberanista. Sin embargo, este atentado sí tiene una lectura concreta e ineludible: refuerza el contraste entre, por un lado, la perversa mendacidad del discurso nacionalista sobre la normalidad de la realidad vasca y, por otro lado, el estado de opresión que ETA impone al pueblo vasco y al resto de los españoles. Una vez más es la banda terrorista la que delata a los dirigentes del PNV y descubre la irracionalidad de su discurso, que descarga en España, esa especie de monstruo asfixiante, todas las frustraciones del País Vasco, al tiempo que, como ayer hacía Arzalluz, reprocha a ETA únicamente el error estratégico de abonar el avance del PP. Ni un recuerdo a las víctimas, ni un emplazamiento a la paz incondicional. Es así imposible, política y éticamente, que el nacionalismo vasco se sume a un frente unitario contra ETA mientras su discurso se base en la negación de la democracia española, en la burla de la Justicia, en el lenguaje militarista de los tanques y de la opresión, que justifica al terrorista en su determinación criminal.  De un plumazo, ETA se ha cargado la artificiosidad de la campaña electoral de Ibarretxe, poniendo a las palabras huecas del lendakari sobre diálogo y unidad el epílogo habitual del atentado, la rúbrica de la verdad histórica sobre el balance del gobierno nacionalista que el domingo entrará en funciones: haber dado a ETA una fortaleza estratégica sin precedentes. Pero esta deslealtad nacionalista ha tenido, al menos, el efecto de la clarificación, que ha puesto al nacionalismo donde quería estar, compartiendo intereses y pactos con ETA y HB, y ha liberado conciencias donde antes había resignación. Las consecuencias no tardarán en verse.

POR SI FALTARA ALGUNA RAZON PARA VOTAR MAÑANA...
Editorial El Mundo 12 Mayo 2001

Jamás unas elecciones autonómicas en España habían tenido la importancia de las que se van a celebrar mañana en el País Vasco. Lo que se juega en estos comicios es mucho más que una simple alternancia de poder. Es la existencia de un sistema de libertades y de convivencia, amenazado por un nacionalismo excluyente, cuyo discurso ha servido de coartada a los violentos.

ETA puso su siniestro broche a la campaña que concluyó ayer con un coche bomba en el centro de Madrid, que estalló pocos minutos después de la medianoche. El potente artefacto provocó importantes daños materiales y una docena de heridos. Sin duda, la banda terrorista pretendía dejar patente su desprecio hacia las reglas del juego democrático y su voluntad de seguir asesinando, sean cuales sean los resultados de mañana.

A juzgar por la criminal acción de esta madrugada, ETA asume de antemano el fracaso electoral de EH y avisa que sigue teniendo capacidad para hacer daño. La destrucción que sembró anoche contrasta con la imagen de ese País Vasco idílico que los nacionalistas han intentado presentar en sus mítines, donde la economía crece más que en cualquier otro lugar de Europa, los servicios públicos funcionan de manera modélica y la calidad de vida es inmejorable.

IMAGEN ROTA
El mito ha quedado roto en mil pedazos por la realidad. Por si fuera necesario otro argumento más para votar mañana, ahí queda este absurdo atentado, que se suma al rastro de sangre y dolor dejado por ETA desde el final de la tregua. Y por si no fuera suficiente lo que hemos visto y oído en los últimos meses, la prestigiosa Asociación Mundial de Periódicos denunció ayer, tras una exhaustiva investigación realizada sobre el terreno, «el regimen de intimidación y miedo» que sufren los periodistas en el País Vasco.

La Asociación concluye que en la comunidad autónoma vasca no «hay libertad de expresión» y recuerda que sin «medios independientes, no hay democracia real, ni siquiera en el centro de la Unión Europea». Según los autores de este informe, entre los que figuran Roger Parkinson y Timothy Balding, presidente y director general de la Asociación Mundial de Periódicos, «Europa y España tienen un serio problema».

«En el País Vasco de hoy, las redacciones de los medios están fortificadas y la seguridad es, cuando menos, semejante a la de los aeropuertos internacionales. Los periodistas tienen que moverse con guardaespaldas y comprobar que no hay bombas bajo sus coches cada mañana», describe gráficamente el informe.

Lo que tan fácilmente han podido percibir personas que han visitado el País Vasco durante unos días lo sigue negando el todavía lehendakari Ibarretxe, que ayer habló de «grandes mentiras y manipulaciones» contra el nacionalismo vasco. Sólo le faltó mencionar la existencia de una conjura internacional para derrotar en las urnas al PNV.

LA HORA DECISIVA
Tras dos décadas de permanencia ininterrumpida de los nacionalistas en el poder, los vascos tienen mañana la posibilidad de abrir una nueva etapa con un Gobierno que defienda las libertades e impida que ETA siga sembrando el terror. Desde el punto de vista de los valores democráticos, EL MUNDO considera que el baremo más noble para ejercer el voto es precisamente el nivel de compromiso con esa defensa de la libertad y de los derechos humanos.

Siguiendo este criterio, Mayor Oreja y el PP representan una opción absolutamente segura para los ciudadanos vascos que apuesten por un verdadero cambio democrático. El PSOE, a pesar de los titubeos de algunos de sus dirigentes respecto al PNV, representa también una buena opción. Su programa y la personalidad de Nicolás Redondo son una garantía para los votantes.

Una opción mucho más dudosa es IU, que concurre a las urnas con el baldón de haber suscrito el Pacto de Lizarra. Su campaña muestra que no tiene voluntad clara de rectificar su grave error. Otra opción mucho menos segura aun es la de la coalición PNV-EA, que ya ha demostrado que antepone la construcción nacional a la defensa de los valores democráticos. Y una opción absolutamente indeseable es la que representa EH, el brazo político de ETA.

A estas alturas, la infinita mayoría de los ciudadanos ha decidido ya a quién va a votar y es consciente de lo mucho que hay en juego en estos comicios, en los que se confrontan dos grandes proyectos políticos. El nacionalista que encarna Ibarretxe ya sabemos a dónde conduce y cuáles son los apoyos potenciales con los que cuenta. El proyecto que defienden PP y PSOE es la única esperanza de un cambio real en el País Vasco, tan posible como necesario.

Dura, agria y arisca
Por Ignacio Villa Libertad Digital 12 Mayo 2001

La campaña electoral del País Vasco ha sido, sin duda, la campaña más dura de la democracia reciente de España. Una campaña intensa, larga y arisca. Se ha dicho todo lo que se podía decir. Están encima de la mesa todas las cartas de la baraja: unas boca arriba, otras boca abajo. Cada formación política, cada coalición electoral se ha empleado a fondo desde hace semanas. El enfrentamiento político ha sido agrio, en ocasiones virulento. Lo dicho, esta campaña electoral ha tenido todos los condimentos de las situaciones extremas.

Por un lado, el PNV y EA, el nacionalismo vasco herido por Estella, ha intentado lavar una cara política manchada por el apoyo legislativo de EH. Los mensajes de sus líderes han estado marcados por las contradicciones y por el intento de tapar con un tupido velo la inexistente labor del Gobierno vasco estos dos últimos años. Juan José Ibarretxe ha insistido en el papel de moderado en las formas, pero intransigente en el fondo. Hablar de diálogo, pero no ceder. Una combinación difícil de digerir.

Por su parte, el PSOE ha sido un ejemplo claro de lo que ocurre en su interior. Ideas cruzadas y confusas. Esta ha sido, precisamente, la imagen socialista: la confusión, azuzada por Rodríguez Zapatero y Felipe González. El PSOE sabía cuál era su guión y su papel, pero no ha tenido valor para interpretarlo al extremo. El único que se ha salvado de la quema ha sido Nicolás Redondo Terreros, un candidato a la altura de las circunstancias y que ha sido torpedeado más de una vez por las envidias de Ferraz.

¿Qué decir del PP? Pues que ha echado el resto. Jaime Mayor Oreja ha realizado una campaña bien diseñada y con contenidos medidos. El candidato popular ha mantenido un buen tono electoral durante toda la campaña, con un visible y efectivo apoyo de José María Aznar. El PP ha controlado bien su terreno electoral. Sólo desde Madrid se han cometido algunos errores. En ocasiones, de principiantes: el CIS, el excesivo protagonismo de algunos líderes de Génova o las polémicas sobre los informativos de TVE.

Y en esto, apareció ETA. La banda terrorista, como siempre, puso su granito de arena compuesto de cobardía, mezquindad y barbarie. Esta campaña electoral tendrá siempre el recuerdo de Manuel Giménez Abad, asesinado por unos bestias que no saben ni de democracia ni de convivencia.

La caravana electoral ha llegado, pues, a su final. El domingo será la hora de la verdad. La campaña ha dado todo de sí. Sobre los resultados, sólo los vascos tienen la palabra. No serán unos resultados más.

Elecciones vascas, I: la reflexión
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 12 Mayo 2001 

Reflexionar es verbo intransitivo. Es decir, conviene usarlo con cuidado porque a diferencia de los transitivos, que se ayudan con la muleta de su propio complemento, este es neutro y basa sus equilibrios en el contrapeso de la razón. Reflexionar puede llevarnos a la luz y, por lo mismo, encerrarnos en las tinieblas de la duda persistente. Hoy, jornada de reflexión para los electores vascos, es día con enjundia y trascendencia. Personalmente, he reflexionado estas líneas de hoy con especial cuidado, como si yo mismo tuviera que votar. Hay ocasiones en que la política trasciende de sus ideas previas, de sus formularios y hasta de nuestros propios y elegidos prejuicios sobre el particular. Creo que esta es una de ellas porque no se trata, ni solo ni principalmente, de elegir las listas que pueblen el Parlamento de Vitoria para que de ellas salga el vecino titular de Ajuria Enea. Así ha sido, casi, hasta hoy; pero la situación —tan difícil, tan áspera— exige encaminarse a las urnas con algunas ideas añadidas en el zurrón.

Dice Agapito Maestre, en el preámbulo de «La escritura de la política», un magnífico ensayo al modo de Ortega que le hace al caso, que son «obtusos los que persisten dogmáticamente en distinguir a la izquierda de la derecha por la ecología, el feminismo, el aborto y la libertad sexual». No hacen falta pruebas explícitas para abundar, con el joven y lúcido filósofo, en que la política, en nuestras condiciones de historia y renta, tiene más de opción ética, de compromiso personal, que de viejos catecismos con olor a naftalina.

El votante que hoy, en cualquiera de las poblaciones vascas, piensa en su ejercicio cívico de mañana, ha de saber, y metabolizar, que ha de dirimir con su actitud personal en un pleito hondo, que cursa ya con demasiada aspereza, entre una forma de integrarse en el Estado español y otra de salirse de él. Esa es aquí la clave. Nacionalistas y constitucionalistas los hay de todos los colores, pero no es esa la pugna en vigor. Añadirle al análisis notas sentimentales, al ritmo de un zorzico o de un pasodoble, es lo mismo, son ganas de echarle azúcar a lo que ni lo necesita ni le convienen los edulcorantes.

Ni soy nacionalista, ni me considero capaz de entender algo a lo que sólo le encuentro valores culturales y sentimentales; pero respeto el nacionalismo, justo, hasta su frontera con la violencia. El nacionalismo marxista-leninista, su mitad más agria, me suena a indigestión, a contrasentido, a cara y cruz de dos monedas diferentes. No es fascista, como dicen muchos, porque su feroz totalitarismo carece de notas poéticas y el estilo, también en política, cuenta. El nacionalismo clásico, el que viene de Sabino Arana, tiene sones de concierto para carreta de bueyes y cuarteto de cuerda. No es, como dice Baura, algo parecido a preferir el ábaco a la calculadora. El nacionalismo nunca fue moderno y las cuentas del ábaco tuvieron su momento de tecnología punta, pero cada cual suma, resta, multiplica y divide como le viene en gana. O como puede. Por ahí seguirá mañana mi reflexión desde la distancia geográfica y la cercanía, curiosa, de un espectador pertinaz.

Tiempo de dignidad
Por Carlos HERRERA ABC 12 Mayo 2001 

Dobla las esquinas un viento lento, remolón; arrastra una calderilla de hojas, de restos de propaganda electoral. Trae voces repetidas, fraseología conocida, vítores de salón, murmullos de cuello alzado. Dos calles más allá acaba de finalizar la campaña.

Se pregunta Ibarreche si Aznar respetará los resultados del domingo. Me pregunto yo: ¿los respetará Ibarreche?, ¿los respetará Arzallus? Me pregunto por la suerte de todos los vascos que tendrán que dejar su tierra si vencen los nacionalistas. Me pregunto por lo que le pasará a los que, habiéndose significado en pequeñas poblaciones, elijan quedarse. Me pregunto por Felipe González y su rictus dolorido, contraído, sin atisbo de la grandeza que creí haberle conocido. Un importante cargo autonómico socialista seguía insistiéndome en que había que contar con el PNV para gobernar. Vive en Sevilla, pero parece vivir en Estocolmo. Me pregunto dónde tendrán que meterse Rosa y Nicolás si eso acaba siendo así. Me pregunto por la excusa que dará este gobierno actual por seguir gobernando, en el caso de que los necesite, con los votos de ETA. Me pregunto por el futuro de Izquierda Unida si las previsibles actuaciones de Madrazo y Llamazares dan el triunfo a las «tesis soberanistas». Me pregunto por la vida cotidiana allá arriba a partir del lunes 14: ¿cuántas heridas ya no podrán cerrarse? Garzón ha ilegalizado a los hijos de los Otegui, terroristas sin recato, canallas alevines, y el bloque de PNV-EA está molesto, contrariado por haberles tocado a sus niños. Me pregunto cuantos hijos de «nacionalistas moderados» militan en la rama juvenil del terror.

La dignidad sólo tiene un camino, desgraciadamente. La esperanza sólo tiene un armario en el que buscar ropaje para estos tiempos. Es la ruta que marca la Constitución, la que encarna Jaime Mayor, la de Nicolás Redondo. Por ahí y sólo por ahí podrá aquella tierra confusa desembarazarse de la palabrería sangrienta de los que creen que las naciones recién inventadas justifican tanta muerte.

Carlos David García: «Ha llegado la hora de la regeneración democrática para el País Vasco»
E. Mejuto - Bilbao.- La Razón  12 Mayo 2001

Carlos David García, concejal del PP en Sondica, Vizcaya, tiene 23 años. Es el candidato más joven que acompaña a Jaime Mayor Oreja en las listas que el Partido Popular presenta en estos comicios autonómicos que se celebrarán mañana. Es, además, sin duda, el mejor ejemplo de que la regeneración democrática en el País Vasco ha pasado de ser algo deseable a suponer una realidad.

   -¬ Desde tu visión como alumno, ¿crees que la Educación que se imparte en las aulas del País Vasco se encuentra mediatizada por el nacionalismo?
   ¬ Claramente el mundo nacionalista ha introducido sus ideologías sectarias en las aulas, tanto en los contenidos como en las formas en las que éstos se imparten. La Escuela Pública vasca y sobre todo las ikastolas, marginan a todo lo que no responda a su modelo de «euskaldunización». Esto se hace de una manera evidente en torno a la imposición del euskera, haciendo un flaco favor a esta lengua milenaria de una gran importancia y riqueza cultural. La manipulación que han hecho durante estos últimos años ha ido calando en los alumnos y los resultados los vemos ahora con una generación de chavales protagonistas de los episodios de kale borroka que suceden todas y cada una de las noches de ya no sólo los fines de semana. En el País Vasco contamos ahora con unas ikastolas que son las verdaderas «cunas del rencor» hacia España y todo lo español.

   ¬ ¿Cómo una persona tan joven como tú ha decidido involucrarse en la política?
   ¬ Siempre he considerado que es necesario trabajar por los vecinos, por la comunidad, por la sociedad... forma parte de mis principios, y aquí en el País Vasco no me podía pasar por alto la situación de falta de libertad a la que se encuentra sometido un gran sector de la sociedad.

   ¬ ¿Por qué el Partido Popular del País Vasco?
   ¬ Porque, además de ser el partido que mejor coincidía con mis ideas en cuanto a la forma de sociedad que quiero para mí y para los míos, una sociedad libre, plural, abierta, tolerante y próspera, y ser una formación que defiende tanto a lo vasco como a lo español, tal y como yo me siento, es un grupo en el que los jóvenes contamos con una presencia destacada. Prueba de ello la encontramos en líderes jóvenes como Carlos Iturgaiz, María San Gil o Leopoldo Barreda, quienes a su vez nos ofrecen la oportunidad de participar activamente y confían en las Nuevas Generaciones otorgándoles puestos de gran responsabilidad interna. Pero esto te traerá muchas consecuencias negativas en tu día a día... Bien es cierto que trabajar por unos principios tan básicos como la libertad y la paz en el País Vasco no es «plato de buen gusto». Por defender unas determinadas ideas, muchas personas nos vemos obligadas a vivir día a día con miedo, a permanecer en una «libertad vigilada», a estar continuamente acompañados por escoltas, pero considero que estoy haciendo lo correcto. En cierta medida me motiva a seguir el que haya muchas más personas que gozan de menos libertad que yo: no se atreven ni a expresar sus ideas. «Ha llegado la hora de la regeneración democrática para el País Vasco»

   ¬ ¿Qué esperas del 13 de Mayo?
   ¬ Un cambio por la libertad en el País Vasco, algo sólo posible con una persona como Jaime Mayor Oreja al frente del Gobierno Vasco. No dudo que la inmensa mayoría de la sociedad está pidiendo a gritos que quienes defienden el terror y la violencia sean puestos en su sitio. Incluso me atrevería a decir que hay simpatizantes del PNV de buena voluntad que desean que este cambio, que esta regeneración democrática, se convierta en una realidad en esta tierra. Después de veinte años de gobierno nacionalista, la democracia en el País Vasco se encuentra claramente viciada, algo que resulta necesario cambiar. Con estas elecciones ha llegado la hora de la regeneración democrática para el País Vasco, de demostrar que el País Vasco es un País abierto, en el que podemos tener todos las mismas libertades, no un País dividido, enfrentado y radicalizado, sometido al chantaje de los violentos.
 

Dos escaños
Por Jaime CAMPMANY ABC 12 Mayo 2001 

«Dos escaños» o «Por un puñado de votos». Dentro de la situación excepcional por la que atraviesa el País Vasco, todavía sería más extravagante, paradójico y hasta pintoresco que esos dos probables escaños que los sondeos atribuyen a la peculiar Izquierda Unidad del peculiar Madrazo tuvieran la llave del Gobierno de Ajuria Enea que deberá salir del nuevo Parlamento. Un puñado de votos que pueden caber en dos urnas decidirían así una lucha política que tal vez haya sido y sea la más enconada y reñida —y sangrienta, claro— de todas las que ha visto pasar nuestra democracia. Y esos dos escaños de Madrazo serán decisivos (siempre en el supuesto de que se cumpla el vaticinio de las encuestas) porque hay que poner en cuarentena las afirmaciones de Ibarreche.

Que el PNV rechace los votos de Euskal Herritarrok en la sesión de investidura será lo que tase un sastre. Ibarreche ya ha sido una vez lehendakari con el voto de Otegui, Josu Ternera y los demás representantes políticos de los asesinos, y quien hace un cesto un ciento. Por otra parte, es más que sospechoso que Javier Arzalluz haya admitido de antemano esos votos «si no queda otro remedio». Y el único remedio que queda es que regresen a su antigua coalición para gobernar el PNV, EA y el Partido Socialista. Si Nicolás Redondo gana esa partida que ya está empeñada entre él y Felipe González, en la que Rodríguez Zapatero se muestra vacilante y un tanto ambiguo, y rechaza de plano la alianza con el PNV, ahí estará EH, arrimando sus votos, y el peculiar Madrazo de la peculiar Izquierda Unida dispondrá de la llave del despacho del lehendakari y de la sala del Gobierno.

Porque está claro que Felipe González ha irrumpido en la campaña electoral para oponerse a los criterios y a la estrategia de los socialistas vascos, en un principio aprobada por Rodríguez Zapatero. El mitin de Baracaldo resulta absolutamente explícito para todo aquel que no quiera engañarse. «No hay que dejar solos a mis amigos del PNV». Felipe González, a sus «amigos» del PNV ya les había procurado la compañía, no tan política como económica, de Jesús de Polanco. Por cierto, que a Polanco, desde que es el Hombre Más Rico de España, le ha dado por ponerse delante del apellido ese «de» como señal de nobleza, pues no denota la unión de dos palabras del mismo apellido. Polanco debe de usarlo como el «von» alemán. Quizá dentro de poco le pida un título al Rey, si es que no lo ha hecho ya. Lástima que lo de «marqués de Santillana» ya esté ocupado, y además al sujeto no le pegan mucho las serranillas. Cuando leo eso de «Jesús de Polanco», me acuerdo del epigrama de Quevedo al doctor Juan Pérez de Montalbán: «El doctor tú telo pones, / el Montalbán no lo tienes, / y así quitándote el “de” / vienes a quedar Juan Pérez».

A lo que estamos. Ya sé yo que lo más probable es que el escrutinio real cambie, no sé si mucho o poco, las cifras adelantadas en los sondeos de opinión. Pero de las urnas, a veces, salen sapos, bichas y hasta caimanes y cocodrilos, y este sería un cocodrilo de varios metros. También es probable que de las urnas vascas se pueda decir lo que Rubén dijo de la caja pandórica, y de donde tantas desgracias surgieron, amanezca por fin «talismánica, pura, riente, cual pudiera decirla en sus versos Virgilio divino, la divina reina de luz, la celeste esperanza». Y esa esperanza pasa porque, sin los votos de Euskal Herritarrok y de Izquierda Unida, o con los votos de los herritarrokas y los madrazotekas, el PNV y EA descansen del gobierno algún tiempo y comprendan que en la alternancia en el poder se basa y funda la auténtica democracia. Lo contrario sí que es el pensamiento único y el partido único.

Una jornada de reflexión para los vascos
JON JUARISTI El Mundo 12 Mayo 2001

Lo malo de acuerdos como el de Stormont», me decía Conor Cruise O'Brien en el indiferente Dublín de la primavera de 1998, dos días antes del referéndum sobre la reforma de la Constitución de la República, «es que son paz para hoy y guerra para mañana. Trimble ha convencido a sus seguidores de que el acuerdo reforzará la Unión; Adams ha dicho a los suyos que es un paso decisivo hacia la separación del Ulster y la reunificación de Irlanda. A la larga, el acuerdo decepcionará a ambas comunidades y agravará el conflicto».

En los orígenes de la transición vasca se produjo un equívoco similar. Los partidos no nacionalistas creyeron que las concesiones a las demandas nacionalistas en la letra del Estatuto de Autonomía reconciliarían a los abertzales con la Constitución. Los nacionalistas -según ha confirmado Ibarretxe durante esta campaña con su estúpida metáfora sartorial de los pantaloncitos que se le quedan pequeños al chicarrón del Norte- nunca pensaron que el Estatuto pudiera ser otra cosa que un vehículo para alejarse aún más de la lealtad a la Constitución y plantear exigencias cada vez más incompatibles con el sistema político español.

Ahí es precisamente donde se halla el nexo profundo entre el nacionalismo moderado y el radical, en la homología de dos estrategias: una, que trata de romper desde dentro la legalidad, obstruyéndola, deteriorándola, invalidándola; otra, que la derruye desde el exterior, mediante el asedio terrorista. Ambas estrategias, aparentemente paralelas en los 80, se revelaron convergentes en los 90 hasta fundirse en el frentismo de Estella.

El PNV y EA tuvieron una oportunidad para desviarse del frente abertzale tras el anuncio de la ruptura de la tregua de ETA, pero el nacionalismo vasco, en su conjunto, se caracteriza por no haber perdido jamás la oportunidad de perder una oportunidad. El día siguiente a dicho anuncio, publiqué un artículo en el que explicaba a los nacionalistas moderados que no cabría divergencia alguna con los terroristas después de que éstos comenzaran de nuevo a matar, porque el primer muerto caería sobre todo el frente y resultaría imposible exonerar a ninguno de los partidos que permanecieran todavía en alianza con EH de complicidad política en el crimen.

La iniciativa aún estaba a disposición del PNV o, más exactamente, del lehendakari: le quedaba un margen muy estrecho para ejercerla (eso sí, con efectos previsiblemente penosos). Ibarretxe pudo haber tomado entonces la decisión de disolver el Parlamento autónomo y convocar elecciones, admitiendo lo erróneo, lo indefendible y lo sencillamente absurdo del pacto con ETA. Habría supuesto su desaparición inmediata de la escena; quizá sus propios compañeros de partido lo habrían expulsado a las tinieblas exteriores, pero su gesto, a medio plazo, lo habría enaltecido, personificando en él la esperanza de reconstrucción de un nacionalismo vasco democrático.

No quiso hacerlo así, quizá porque pensaba que corría el riesgo de desaparecer no sólo de la política, sino también de este mundo. Fue cobarde entonces; hoy es sólo un desecho de tienta. A causa de su canguelo, de su sumisión a la chulería de Otegi, el PNV y EA se han pringado con la mierda moral de ETA tanto como sus compadres de EH. Ya no valen gestos de compunción hipócrita. ¿Aún le sorprende que le abucheen en cuanto pone el pie en tierra libre de batzokis? ¡Patético Ibarretxe, con ese uso exhaustivo de la tercera persona que delata su inanidad! ¡Pobre Ibarretxe, que jamás podrá poner casa en Marbella ni en Cabuérniga! Que hable, sí, de pantalones y pantaloncillos: metonimia se llama esa figura de contigüidad.

¿Sobre qué reflexiona uno en esta jornada de reflexión? Pienso, por supuesto, en lo peor. Y me sorprende la tranquilidad con que contemplo la hipótesis de que Ibarretxe vuelva a hundir su culo inmarcesible -que con tanta emoción glosara antaño Fernando Savater- en el sillón de Ajuria Enea. Tal eventualidad supondría que la mayoría de mis paisanos se habrían vuelto excelsos, como su mandatario. Nunca me pillarían cerca de semejante paraíso. Como digo, afronto serenamente la perspectiva de no volver a verte, Bilbao querido, y de pasarme lo que queda de vida cantando zortzikos a la vieja luna de Madrid, donde vive mi amor. Pero, a mi edad, la melancolía es peligrosa. Vuelvo, por tanto, a la lectura disipadora de nubarrones y escojo un libro de mi autor favorito: Memoir. My life and themes, de Conor Cruise O'Brien (Profile Books, 1998). Lo abro por una de sus últimas páginas:

«Está claro que, en lo que concierne al Sinn Fein-IRA, lo que ellos llaman proceso de paz ha venido a consistir en periodos de conflicto armado puntuados por periodos de tregua, en los que los británicos y otros temores de reanudación del conflicto han sido explotados como forma de extorsión para conseguir ventajas políticas. Desde el punto de vista del Sinn Fein-IRA, esto constituye una estrategia político-militar arteramente calculada. Es bienvenida por sus tropas porque les proporciona periodos de descanso, rehabilitación y despliegue. Y da al Sinn Fein ocasiones -que ha usado brillantemente- de aplicar y mejorar sus formidables capacidades políticas y propagandísticas. Por muy especializada que sea su función, el Sinn Fein es ahora la organización política más hábilmente dirigida en estas islas. Pero es una organización política con una diferencia respecto de las demás, porque sólo existe para transmitir las órdenes de un ejército privado: el IRA. De modo que sus capacidades son perniciosas para la comunidad, toda vez que se despliegan en interés exclusivo de un ejército privado que ha dado ahora con la fórmula de orquestar guerra y paz, alternando ambas, para la destrucción de Irlanda del Norte» (página 425).

Diga usted qué político vasco se pasó toda la famosa tregua repitiendo algo semejante acerca del complejo Euskal Herritarrok-ETA: 1. Ibarretxe, 2. Madrazo, 3. Mayor Oreja, 4. Otegi, 5. Redondo. Si lo acierta, demostrará que todavía está lejos del Alzheimer. Enhorabuena.

Jon Juaristi es director del Instituto Cervantes y autor de obras como El bucle melancólico y El bosque originario.

Esperando a los bárbaros
Una jornada para reflexionar
Tomás CUESTA La Razón 12 Mayo 2001

Mañana, Iñaki Ezquerra ¬autor de «Estado de excepción», un libro de aterradora actualidad sobre la vida cotidiana en el País Vasco¬ acudirá a su colegio electoral en compañía de ángeles custodios que le guardan las espaldas. Cuatro hombres son un voto allí donde la suma del terror invalida las cuentas de la democracia. Antes de salir, Iñaki Ezkerra, aquejado de esa funesta manía de pensar que en Bilbao puede tener consecuencias mortales, pondrá una botella de champán en la nevera como un acto de fe o un buen presagio. Mañana, los frigoríficos de los demócratas de Euskadi estarán más llenos de burbujas que el Nasdaq de Wall Street antes de desbravarse. Será la munición de la alegría, las salvas que saludarán el principio del fin o, cuando menos, el brote primaveral de la esperanza. Y sonará, también, aquella canción de Dylan, «The times, they are a-changin » y el lunes, tras la resaca electoral, quizá sigan pensando que, en efecto, los tiempos están cambiando.

   Hoy es una jornada de reflexión, como si reflexionar no formase parte de la higiene diaria, y los alrededores de la ría son el foro donde se agolpan los personajes de Kavafis: «¿Por qué no acuden como siempre nuestros ilustres oradores / a brindarnos el chorro feliz de su elocuencia?/ Porque hoy llegan los bárbaros/ que odian la retórica y los largos discursos». Cada cual les pondrá cara a su manera. Para algunos serán como Mayor Oreja, de gesto funeral y barba blanca. Para otros se parecerán a Otegui, con un pendiente en la oreja y una serpiente entre los labios. Será, como en los sueños de «Bienvenido Mr. Marshall», un fundido de imágenes: la de los padres del desaparecido Pertur en un mitin del Partido Popular o la de Juan María Urdangarín sentado a los pies del lehendakari. En cualquier caso, la clave es el champán, la espuma de los días que vendrán, la descarga incruenta de los taponazos.

   Nunca, desde un veinte de noviembre de hace ya veintiséis años, habrá habido un descorche similar, ni el júbilo habrá sido tan casero, ni el sigilo tan alborotado. Faltará en la pantalla de los televisores la imagen lacrimosa de Carlos Arias Navarro que, bien mirado, era un Ibarreche con bigote, igual de triste, igual de desvaído, igual de inane.

   Después, lo que sea sonará, puesto que, ocurra lo que ocurra, el acontecimiento será sonado. Pero si gana nuestro amigo Iñaki Ezquerra, o sea, si ganamos, la borrachera, ya les digo, no nos la quita nadie.

El doble de Ibarretxe
Por Enrique de Diego Libertad Digital 12 Mayo 2001

Entre las novedades que nos ha ofrecido la campaña vasca ha estado la aparición de un nuevo candidato que responde al nombre de Juan José Ibarretxe, gemelo del inquilino de Ajuria Enea durante el “bienio negro”, pero distinto y sobre todo distante. Este Ibarretxe, por ejemplo, jamás pactaría con Eh. Como el anterior pactó, ello es signo inequívoco de que estamos ante uno de esos cambios de personalidad que se ven en las películas.

El Ibarretxe de la campaña es más serio y más respondón a Arzalluz, pero elude las explicaciones sobre los actos del otro y sus responsabilidades. Se diría que está arrepentido, incluso que ha percibido el abismo de corrupción moral en el que se sumió, pero es dudoso el propósito de la enmienda porque no hay arrepentimiento ni se dicen los pecados al electorado. De hecho, el motivo fundamental por el que se concurre a las urnas, el fracaso de Estella/Lizarra determinado por el abandono de Eh (los seniors de Haika, los legales de Eta), ha sido ocultado en la campaña. Ha dejado de exhibirse como “un intento por conseguir la paz”, pero lo cierto es que es que se ha sublimado asumiendo la autodeterminación como propuesta programática.

Este doble de Ibarretxe, cuyas posibilidades de desembarazarse de la tutoría de Arzalluz son una incógnita, aunque parecen escasas dados los precedentes de su siamés, ha incoado un intento de renovación del discurso, incidiendo en aspectos de modernización más que de agravio. Pero con ello ha puesto aún más en claro las carencias del PNV, la madre del conflicto, porque el mal de las vacas locas del conflicto vasco es la arteriosclerosis de las ideas, la hibernación de un racismo totalitario primigenio mantenido como falso romanticismo de cultura cerrada (la peor de las inculturas).

El cadáver intelectual de Sabin Arana es al nacionalismo vasco lo que la momia de Lenin al socialismo real, por eso en ese mundo de féretros, el cambio de los etarras se ha producido sin más traumas que los de las víctimas. El País Vasco necesita un cambio, el PNV una refundación. Ibarretxe parece haber tenido la intuición. Nada hace pensar más que la oposición. El PNV es hoy, lo que fue con Sabino, un partido fascista, integrista, ultramontano, cuyas retos han sido aplazados por el disfrute clientelista del poder (por cierto, me parece chocante que produzca escándalo Eva Sannum, cuando no hubo ni el más mínimo debate cuando la familia real emparentó con la familia Urdangarín, de notoria prosapia nacionalista, partidaria de la secesión).

Ibarreche y la mala memoria
José Antonio VERA La Razón 12 Mayo 2001

Pardiez. A Ibarreche, en esta campaña, se le ha olvidado quién es, de dónde viene, quién le votó, con quién gobernó. Se le ha olvidado quién es su jefe, quién su padre espiritual, el nombre de su partido y el catecismo que predica. Se le ha olvidado al pobre que fue investido gracias a éache, o sea, a eta, y que sólo volverá a ser lendakari si le vuelve a apoyar éache, o sea, eta.

   Ibarreche parece buena gente. Tiene pinta de muchacho ordenado y cumplidor. Pero luego llega Arzallus y le deja en evidencia, le monta unos cristos formidables y le recuerda su condición de mequetrefe de guiñol, su aspecto de grumete, su inexperiencia. Le dice, chaval, no te pases de listo, no nos toques las narices con la paz y con la democracia porque aquí sólo hay un discurso y un programa y un líder y un partido. Y le recuerda quién es, de dónde viene, quién le votó, con quién pactó y gobernó y la religión que profesa y el sermón que predica.

   Pero él se resiste. El programa del peneuve no debe gustarle demasiado a Ibarreche, porque en esta campaña apenas si ha hablado de él. Como tampoco ha hablado, por ejemplo, del gran Sabino, ese conspicuo pensador de principios de siglo que fue autor de una de las obras más xenófobas y reaccionarias que se han escrito en los últimos tiempos, por delante incluso de Mussolini y Hitler. Porque Sabino proclamó, aunque de eso no quiera acordarse Ibarreche, la persecución al español y al maqueto, el odio a los emigrantes, la pureza de la raza y del idioma y de la sangre.

   Sabino es el padre espiritual de Ibarreche, pese a que a Ibarreche no le gusta reconocerlo. Por eso rehuye de su credo y se ha olvidado en esta campaña de las doscientas calles y plazas del País Vasco que llevan su nombre, de los centros escolares y culturales que se llaman Sabino Arana, de la famosa Fundación y de sus muchos seguidores, entre ellos el jesuita y el egregio padre cura Txomin Iaka Kortexarena, preclaro intelectual del nacionalismo y autor de la teoría del erreache que tanto fascina a Arzallus y según la cual (hay que leerlo en el libro de Pepe Díaz Herrera) «la sangre de los vascos es un tesoro que el creador nos ha dado y que nos distingue de las demás razas del mundo por ser una sangre más limpia, sin el erreache positivo de los monos ni de los individuos negros y asiáticos».

   Como también se le ha olvidado al candidato del peneuve que este mismo pensador situó el origen del euskera en los comienzos del hombre, o sea, en Adán, y que por eso fue la única lengua que se habló desde el principio de los tiempos hasta la construcción de torre de Babel, según sostiene.

   O quizás se ha olvidado Ibarreche de todo esto porque de lo contrario tendría que rebatir los estudios más recientes que han descubierto que el origen del euskera está en realidad en un dialecto del norte de África, hablado por los bereberes hamitas, que emigraron hasta Egipto y Sudán y a las montañas del Cáucaso.

   Como también se vería en la necesidad de rebatir los últimos estudios lingüísticos recopilados por Sebastián Moreno en Tiempo, que revelan que el euskera y el bereber de Argelia y del Norte de África tienen similitudes «no sólo de léxico, sino de gramática, fonética, declinaciones y toponimia», llegando a repetirse hasta más de cuatro mil palabras, cuyo sonido y significado es igual o similar.

   Y es que, según otro estudio realizado por expertos en inmunología de la Universidad Complutense y el Hospital Doce de Octubre, «sardos, norteafricanos, vascos e íberos tienen el mismo parentesco genético y el mismo carnet de identidad sanguíneo», lo que pone de manifiesto que el famoso erreache negativo no es una característica específica de los euskaldunes, sino que es algo compartido por portugueses, españoles, franceses, irlandeses y los pobladores de la isla de Man, entre otros.

   Es lógico que a Ibarreche no le interese este debate, pese a saber que es uno de los temas preferidos de Arzallus, que ya en su día declaró que la raza vasca existe, pues «existe al respecto una realidad de datos objetivos como los estudios craneales y los estudios de sangre». Estudios que, en efecto, han revelado, según recopila Díaz Herrera, que los euskaldunes están emparentados con pueblos como los cretenses, marroquíes, canarios, etruscos, mauritanos, armenios, georgianos, turcos, argelinos y franceses, no sólo genéticamente sino en idioma y en cultura.

   Ibarreche no quiere entrar en este asunto pese a que Arzallus insiste en que si algún día hay en Euskadi un referéndum, los emigrantes y los españoles no podrán votar, y que los españoles que no quieran nacionalizarse vascos serán tratados electoralmente como los alemanes que viven en Mallorca. O sea. Como extranjeros.

   Curiosamente es un discurso que no hemos oído en esta campaña, aunque es seguro que se repetirá después de la campaña. Ibarreche se ha olvidado de Sabino y de la raza y de la pureza de la sangre y el euskera y nos ha torrado con bonitas proclamas en favor de la democracia y de la paz, como si no fuera culpa suya que en el País Vasco no existan hoy ni democracia ni paz. También se ha querido olvidar Ibarreche de Arzallus y de Eta y de éache, pero los tres le han recordado quién es, de dónde viene, los apoyos que tiene, quiénes le votaron y por qué, y que depende de ellos repetir de nuevo como lendakari en Ajuria Enea.

   Ibarreche tiene mala memoria. Se ha visto en la campaña. Pero ya se encargarán de refrescársela los mismos que le han recordado esta semana que sólo podrá gobernar con el apoyo de eta. ¿Alguien lo duda?


El PNV, en horas decisivas
SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ El País 12 Mayo 2001

Mañana, a la noche, sólo va a contar una cosa: si los resultados permiten una alternancia en el Gobierno vasco, tras 20 años de presencia ininterrumpida del PNV. Y si esa alternancia, representada por el PP y por los socialistas vascos, caso de producirse, se apoya en una mayoría absoluta o en una minoría suficiente.

Pero detrás de estas elecciones y tenga el PNV que abandonar o no Ajuria Enea, está pasando otra cosa muy importante: la posición que adopte el nacionalismo vasco frente a los graves acontecimientos que vive Euskadi.

Por más que Xabier Arzalluz lo niegue y por más que haya recurrido en esta campaña -hasta el último mitin de ayer- al sentimiento aglutinador del victimismo, cada día es más patente que el PNV atraviesa un momento decisivo y que la imagen de roqueña unidad que transmiten sus dirigentes no responde a la realidad. Es cierto que prácticamente todas las estructuras de poder responden a la sola voz de Arzalluz. Pero también lo es que muchas personas que han tenido cargos en el PNV y que hasta ahora se negaban a formular críticas están preocupadas por el hecho de que su partido no haya hecho en toda la campaña ninguna señal de apaciguamiento a los no nacionalistas, especialmente al PSE.

Entre esas voces preocupadas figuran muchas personalidades que han representado honrosamente durante años el pensamiento nacionalista vasco en Euskadi y en ámbitos culturales, profesionales y empresariales de toda España.

Es difícil saber si ese malestar, claramente arraigado en el nacionalismo vizcaíno y mucho menos en el guipuzcoano, se puede transformar en alguna acción concreta pasadas las elecciones, pero sí es posible afirmar que la preocupación está muy extendida en esos ámbitos.

Las críticas se basan fundamentalmente en dos puntos: la ruptura de la confianza entre nacionalistas y no nacionalistas, que parece haber llevado a la desaparición de un proyecto común de país. Y la ceguera de la dirección actual frente al acoso de los violentos.

Algunas de estas personalidades del PNV admiten que el acoso a que se han visto sometidos los no nacionalistas ha llegado a los terribles niveles actuales por la falta de reacción de los nacionalistas democráticos, que han renunciado a su obligación de liderar a las clases medias del País Vasco en defensa de la libertad.

Otra de las preocupaciones de este grupo de personalidades nacionalistas es la aparente separación que se ha producido entre el tejido social, históricamente interclasista y flexible del PNV, y la oferta política que se le presenta.

El problema no sería tanto la opción por el soberanismo como la falta de explicación de qué significa esa palabra para el PNV. 'Estamos usando palabras de doble sentido, sin tener en cuenta que EH y ETA hacen una utilización distinta de la nuestra. Me temo que ETA y EH dedican más tiempo a pensar lo que hacen que nosotros', explica un antiguo parlamentario del PNV, que actualmente no participa en la vida política del partido pero que sigue teniendo una notable influencia intelectual en el nacionalismo. 'Estamos confundiendo ideología con proyecto político', asegura.

La inquietud mayor la provoca el que no se haya escuchado ni una palabra de apaciguamiento de los no nacionalistas durante toda la campaña del PNV. La idea básica del mensaje nacionalista, sobre todo durante los últimos días, ha sido la de exacerbar la confrontación con lo que 'viene de Madrid'.

Paralelamente a este mensaje, EH y folletos sin firma distribuidos por las calles de Bilbao y de otras ciudades en las últimas horas, han presentado las elecciones como un ataque 'a los vascos', una película en la que los españoles volvían a Euskadi para, entre otras cosas, eliminar el euskera, perseguir a la Iglesia vasca y acabar con el fútbol vasco. La falta de reacción de los dirigentes del PNV para evitar que se mezclaran los mensajes nacionalistas con los violentamente antiespañoles ha causado gran irritación en esos medios moderados. 

Votos a la libertad
Editorial La Razón 12 Mayo 2001

La larga y dramatizada campaña electoral vasca se cerró ayer entre notables incógnitas. La falta de credibilidad sobre los sondeos en esa Comunidad, atenazada por el miedo, hace difícil el pronóstico. Las alternativas están abiertas para los resultados y para las consecuencias políticas de éstos. Pese a todas las dudas, nos encontramos en un momento crucial de nuestra democracia. La degeneración de la convivencia, la insolencia chulesca de las minorías radicales y la propia existencia de un terrorismo explícito en sus asesinatos, y coactivo en sus amenazas, han llevado al País Vasco a un déficit de libertad insólito en la Europa democrática de nuestros días; además de exportar la violencia a toda España, que asiste expectante al resultado porque le va en ello su propia seguridad. Y, a la vez, la impotencia del PNV en el Gobierno, sus ambigüedades, sus saltos en el vacío hacia la vecindad de los terroristas, han propiciado una crisis social y política innegables.

   Para cualquier ciudadano en una democracia, este tipo de crisis se afronta con un cambio de Gobierno, como primera medida. Sin embargo, en el País Vasco pesan factores psicológicos y sentimentales (además de una educación hábilmente manipulada por el nacionalismo en el poder durante veinte años) que dificultan algo tan normal en cualquier democracia como es la alternancia. Eso, y el estado de falta de libertad en muchas zonas del País Vasco, que condiciona la libre expresión de las preferencias políticas. Porque estas elecciones se celebrarán en muchos lugares bajo la coacción y sin las garantías exigibles para una consulta democrática, incluso en países del tercer mundo. En estas condiciones se plantean los comicios. Y dos son las alternativas principales: el apoyo a partidos constitucionalistas o el voto a partidos nacionalistas. Y no es por un problema de frentismos, sino de concepciones de la política, de la sociedad y del modelo de Estado.

Las conveniencias electorales han hecho mostrar la cara amable del PNV, la anterior al incalificable pacto de Estella con los grupos proterroristas. Ibarreche ha negado tres veces, incluso sobre las palabras de su jefe Arzallus, cualquier pacto futuro con EH. ¿Es creíble esta rectificación, después de la escalada soberanista del PNV, o es una simple maniobra para no alejar de sí los votos moderados escandalizados por la deriva de sus líderes? Nos tememos que podemos estar ante la enésima maniobra: dos pasos adelante por la independencia, uno atrás para ganar las elecciones. Y, después, otra vuelta de tuerca contra la Constitución.

   Éste es el temor de los partidos constitucionalistas que han reclamado el voto para componer una nueva mayoría que tenga la virtud de reconducir la crisis vasca, y que garantice además una solución plural y de mano tendida para todos (menos para los terroristas). PP y PSOE, que acumulan en sus filas todas las víctimas políticas de Eta, reclaman su derecho al Gobierno vasco, ante la evidencia de que sus anteriores ocupantes han sido incapaces de garantizar la seguridad y gestionar una convivencia civilizada (cuando no han alentado la confrontación, iluminados por una utopía secesionista que ahora parece olvidada, pero que resurgirá si vuelven a ganar).

   En este contexto, el voto del domingo es trascendental. Un voto por la continuidad en la crisis, que incluso aliente a los nacionalistas a nuevas ambiciones y dé esperanza de victoria a Eta. O un voto para el cambio, para el PSOE o el PP, que abra una nueva esperanza para los vascos y para el conjunto de los españoles. Porque la campaña ha sido un paréntesis que puede engañar a muchos vascos. El PNV se ha olvidado de sus dos últimos años de radicalización. Incluso Eta se ha olvidado de asesinar en el País Vasco (sólo lo ha hecho fuera de él), y hasta la «kale borroka» ha perdido intensidad. Es un espejismo. ¿Se darán cuenta de esto los electores? Suya es la palabra. Al menos, hay que exigirles que participen masivamente y con valentía, y no permitan que la indiferencia de hoy tenga como consecuencia las lágrimas de mañana. Porque, aunque algunos no lo sepan, se están jugando la libertad.

Intereses creados
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 12 Mayo 2001

Si el PNV necesita los escaños de los proetarras de EH para mantenerse en el poder, los aceptará, con las veladuras o las añagazas que procedan. Si el PP y el PSOE se encaraman a Ajuria Enea, entonces los peneuvistas presionarán a los socialistas para formar parte de un Gobierno tripartito.

   Durante veinte años el PNV ha repartido prebendas, cargos, enchufes, subvenciones, ayudas y demás limosnas. No existe en España una red de intereses creados más tupida que la tejida por los nacionalistas vascos. Han multiplicado el número de funcionarios hasta la estupefacción. Han creado centenares de empresas fantasmales para colocar en ellas a simpatizantes, amiguetes y familiares. Han puesto en marcha una caravana incesante de subvenciones del más vario género para favorecer a los que les votan. Han sembrado el entero País Vasco de corruptelas, enchufes y favores. Han extendido sus tentáculos y sus dispendios a grupos nacionales para atraerse apoyos y complicidades. En las elecciones de mañana, Arzallus y sus cómplices se juegan ideologías, soberanismos y miedos. Se juegan, también, el bolsillo. Han hecho de todo, harán de todo por mantenerse en el poder o en una parcela del poder. La tendencia peneuvista a chupar del bote es irrefrenable.

Reflexión
ANTONIO GALA El Mundo 12 Mayo 2001

Que los intereses partidistas no primen mañana. Hay algo muy por encima de ellos y de los avatares electorales. Se trata de que las fuerzas que van contra la violencia -todas, sean cuales sean el resto de sus ideas o de sus ideales- se aglomeren y formen un frente común. No hay nada que el pueblo vasco, en su mayoría, desee tanto. Los partidos o las personas que no lo entiendan así, y lo obedezcan, lo estarán defraudando. Nada que no parta de la paz previa logrará vigencia. La paz en Euskadi no es ya un fin, sino el primer paso para cualquier andadura. Ojalá lo asuman los votantes.

Silencio, se vota
EMILIO ALFARO El País 12 Mayo 2001 

La atmósfera del fin de campaña rezuma agotamiento y vértigo. Pero, sobre todo, incertidumbre. Se hace necesario repetir, aunque se haya convertido ya en lugar común, que todo puede ocurrir cuando las urnas desvelen mañana su veredicto. Incluso algo que se hacía difícil de imaginar hasta hace muy poco: que el PNV se viera desplazado del Gobierno vasco. Es esta posibilidad inédita la que impregna de excepcionalidad a la convocatoria electoral y entreabre escenarios que cuesta suponer. Sin embargo, aun en el caso de que la alternancia no fuera factible por la aritmética electoral, la visualización de su posibilidad define la terminación de una etapa en Euskadi.

Las urnas, con su incierto veredicto, van a obligar a la política vasca a posarse sobre la realidad de sus habitantes, sus territorios y sus instituciones (las reales, no las virtuales). Se acabó el sueño de que el fin del terrorismo podía obrar como un pestillo mágico para entrar en espacios de soberanía que no han sido previa y claramente propuestos a los ciudadanos. En las elecciones de 1998, iluminadas por el eclipsamiento táctico de ETA, la sociedad vasca ya manifestó que concibe la paz como ausencia de violencia, no como un bien por el que deba pagar rescate. Y no parece que la brutal ofensiva de terror desatada en el último año y medio haya alterado ese criterio; más bien al contrario.

El escrutinio electoral, sea cual sea, va a poner el suelo sobre el que tendrá que caminar la política vasca a partir de mañana, quebrando anteriores mitos e inercias. Este principio de realidad va a obligar principalmente al PNV, la formación que ha gozado de la prima de no ser imaginada sino en el Gobierno. Al perder su centralidad en la excursión a Lizarra, el partido de Arzalluz se ha situado en una tesitura a la que no estaba acostumbrado. Hasta ahora, todas sus apuestas tenían premio asegurado; la única duda era si sería sencillo o doble (la paz y la soberanía, por ejemplo). A partir de aquí tendrá que elegir, a sabiendas de que optar por conseguir una cosa implica renunciar a otra.

Desvanecidos los forzados entusiasmos de los mítines, los candidatos se asoman al fondo de la urna y el cristal sólo les devuelve ansiedad y duda. Al día de hoy, lo único seguro es lo obvio: que será complicado formar gobierno, que será inevitable reanudar las líneas de relación política y (sobre todo) personal entre los partidos nacionalistas y no nacionalistas cortadas durante casi tres años, y que será imprescindible retroceder a antiguos consensos para hacer frente a la ofensiva declarada por ETA contra la libertad y la convivencia democráticas. Todo lo demás queda velado hasta el momento en que, soberanamente, los ciudadanos vascos decidan.

El terror
VICENTE VERDÚ El País 12 Mayo 2001
 

El daño del terrorismo no termina en el más trágico recuento de lo que se contempla y se sufre en el presente, sino que se prolonga como una quemadura por debajo de la cólera y el dolor. El terrorismo no sólo absorbe para sí la mayor de nuestras zozobras individuales y sociales, no sólo ocupa la primera página, atrae la intensidad de la atención política y decide el centro emocional de la vida colectiva, sino que se adentra con la forma de una patología en las mentalidades, maldice el presente y paraliza la inteligencia sobre el porvenir.

La miseria del terrorismo es como la parte maldita de las cosas ocupando obscenamente la máxima superficie de lo real. Cualquier materia posee su lado oscuro, pero el terrorismo invierte el nexo de la vida, consagra sobre la escena el orden de lo siniestro, la perversión y la palabra sin articulación. De ahí que en España, durante años, el lenguaje cultural y político, los discursos intelectuales, las reflexiones sobre nuestro tiempo, hayan quedado detenidos como en la dictadura de Franco; tan depauperados y balbucientes como entonces. Aquí no hay apenas nada más de qué hablar o nada que inspire el habla fuera del último o del próximo atentado. El tiempo va discurriendo en la vecindad internacional sobre una sucesión de secuencias diversas mientras aquí vivimos bloqueados.

Tal como en los tiempos del franquismo, en que se esperaba su conclusión para poder decir y hasta amar libremente, para poder respirar políticamente y ser partícipes de la actualidad civilizada que veíamos alrededor, ahora esperamos también a que cese algún día la barbarie y podamos ser felices con nuestra patria y en nuestra colectividad. Que podamos cavilar, debatir y avanzar sobre diferentes novedades y destinos de nuestro tiempo. Incluido, claro está, el destino del País Vasco, que, lejos de ser, como ahora, un asunto atravesado de crímenes, sería, sin la sangre ni el miedo, un quehacer de primera fila: en línea con una imaginable tertulia cívica donde se cruzaran la imaginación con la historia, y se configurara, en fin, una convivencia moderna cuya realidad parece hoy ya tan merecida como negada por la primitiva e insoportable presencia del terror.

Elogio de los vascos (II)
Martín-Miguel RUBIO ESTEBAN La Razón 12 Mayo 2001 

La libertad que pretendían garantizar los fueros vascos era la municipal y, en última instancia, la personal de cada vasco. Pero la defensa asesina de esos mismos fueros ocasiona ahora no sólo la total falta de libertad municipal, sino sobre todo la aniquilación de la libertad personal. El nacionalismo ha acabado por esclavizar a los vascos o por matarlos si se resisten a ser esclavos del mito foral. Aquello que impedía al Rey abusar de los vascos libres y que legitimaba la muerte de aquellos que atentaban contra esa sagrada libertad (bien fuera el mismo Corregidor o cualquiera otra autoridad pública) se ha convertido en una infame coartada para situar al ciudadano vasco en el escalafón del súbdito más vasallático que jamás sufrió el gran pueblo vasco. Si lo que el prenacionalista Manuel de Larramendi llamaba en el siglo XVIII «la libre voluntad» de los vacos de estar unidos personalmente al Rey de España descansaba en el deseo voluntario de ser españoles, ahora el nacionalismo araniano obliga a los vascos a tener un sentimiento hostil hacia España. De la voluntariedad foral a la hostilidad obligatoria bajo Pena Capital. ¿Todo un ejemplo del desarrollo de las libertades públicas y personales llevado a cabo por el nacionalismo vasco!

   Un silencio gélido y soberano se condensa en las conchestas refulgentes de las sagradas cumbres vascas, y va a ser muy difícil que el sol tímido del 13 de mayo consiga disolverlo con rapidez. Mas lo importante es que la Historia se encarrile en la dirección correcta. Y el tiempo por sí solo cargará a los hombres y a las cosas de sensatez. El odio a España debe dejar de ser una prioridad para las instituciones vascas a fin de que éstas vayan garantizando la libertad de expresión de absolutamente todos los habitantes de Las Vascongadas, sin que los prejuicios étnicos sirvan de mérito en la promoción social de ningún ciudadano. Salir del fondo supersticioso del nacionalismo, de cualquier nacionalismo, siempre cargado de verdades reveladas, y entrar en la libertad de ser, de sentir y decir lo que a uno le peta, sería la mayor gloria posible de los resultados del 13 de mayo, y el mayor hito histórico del pueblo vasco en los veinticinco años de infame Transición.

   Mientras tanto, en las ikastolas se siguen enseñando «verdades científicas», como las de Lope Martínez de Isausti, que afirmaba que el euskera es una de las setenta y dos lenguas que nacieron de la Torre de Babel, y que cuanto más apartado esté de Castilla mucho más puro será. Pero de estos cuentos de viejas a la lumbre no sólo es responsable un nacionalismo montaraz y paleto, sino de forma muy fundamental el Partido Socialista de Euskadi, que ha pilotado este infame sistema educativo durante seis años.

   Pero un nuevo lubricán vasco puede surgir durante la larga noche del 14 de mayo, tan preñada de esperanzas. Lo mismo que millones de españoles aprendieron durante el franquismo que aquella hipertrofiada retórica nacionalista del Régimen no obedecía a ningún amor patrio sincero, sino a un cínico intento legitimador de un poder político aterrador y brutal, del mismo modo la mayor parte de los vascos de hoy han aprendido ya en sus propias carnes del alma (y también en las del cuerpo en muchos de ellos) la lección frustrante de esa vana retórica de banderas y de sueños febriles. Todo nacionalismo al transcender ¬«subir al otro lado»¬ el amor a la tierra y a sus gentes crea un ente de adoración absoluto, desligado de los pequeños y entrañables objetos de amor tangible, a los que acabará despreciando en aras del ideal nacionalista.

   Pero estamos convencidos de que el pueblo vasco, tierno y sabio, ya no constituye, lo mismo que los demás pueblos que componen España, «esa enorme y poderosa bestia que llamamos pueblo» ¬que diría en su Moriae Encomium Erasmo, patrón de esta página¬ «siempre gobernada por fabulosas invenciones» y mentiras mitológicas que la esclavizan y la mantienen como bestia fanatizada. El día 14 de mayo nos demostrará que los vascos ya no son esclavos de su mito. Si bien lucharemos siempre como demócratas para garantizar la libertad de expresión de la religión nacionalista. Por amargo que nos sea, la libertad es indivisible.
 

Ahora les toca a ustedes
VICTORIA PREGO El Mundo 12 Mayo 2001

Primero: no ha muerto nadie, hemos tenido muchísima suerte. Segundo: las elecciones vascas se celebrarán mañana pase lo que pase. Por encima del mundo y los montes, como dicen algunos.

Lo que éstos pretenden es que sepamos lo que nos espera según como sean los resultados electorales. Hay quien sostiene incluso que a los asesinos les interesa sobremanera que sea Jaime Mayor Oreja el nuevo lehendakari vasco porque de ese modo el enfrentamiento será aún más brutal, como si de una guerra se tratara. Se buscaría imponer en España el drama vivido de Irlanda. Pues no. Eso no es así ni va a serlo jamás. Aquí no hay guerra entre comunidades sino tan sólo un grupo de asesinos que destruye inútilmente la vida de ciudadanos demócratas y pacíficos. Y nunca será de otra manera, gane quien gane las eleccciones.

Ahora bien: dejémonos de mistificaciones. El terrorismo y sus devastadoras consecuencias en las vidas y conciencias de los vascos ha sido el núcleo determinante de la campaña que ayer terminó y la razón única de las elecciones anticipadas que se celebran mañana. Todo lo demás son florituras y mentiras.

Y, desde luego, en estos momentos no existe un solo vasco que pueda ignorar una realidad que ha sido denunciada diariamente por quienes son víctimas de ella y por quienes pretender modificarla en favor de un clima distinto y mejor para todos. Puede que quienes no han sentido nunca miedo y no tienen, por tanto, la más remota idea del efecto arrasador que -no digamos un coche-bomba, como el de ayer- la simple visión de una diana pintada en la pared con un nombre dentro produce en el ánimo de esa persona, de toda su familia,y hasta de sus vecinos, estén hartos de que se les recuerde todos los días un asunto que les es ajeno. Puede incluso que les moleste la simple mención del tema y exijan que se les hable de otras cosas también reales, como el bienestar logrado o el prestigio cultural de su tierra. Puede que sí. Pero se están engañando muy peligrosamente.

No puedo dejar de recordar ahora el relato que Jorge Semprún hace en su libro La escritura o la vida en el que explica cómo, tras ser liberado del campo de concentración de Buchenwald, descubre atónito que los vecinos del pueblecito cercano habían estado todos esos años cultivando sus flores, echando migas de pan a los pajaritos del parque y celebrando sus bailes en alegre compañía mientras veían a lo lejos el humo de las chimeneas del horno crematorio donde miles de seres humanos, previamente despojados de su entereza, ardían amontonados. Aquel humo era de cadáveres y ellos «no lo sabían». ¿Eran bárbaros, malvados, crueles, aquellos ancianos, mujeres y niños? No: se habían creado una realidad a la medida de sus necesidades y de su voluntad. La otra realidad, la auténtica, había sido borrada de sus vidas porque era demasiado espeluznante, inasumible del todo para quienes habían elegido seguir adelante y sobrevivir así. Pero, nada menos que por eso, ellos fueron cómplices pasivos de todo aquel horror inmenso que, muchos años más tarde, fue desvelado por los supervivientes que se atrevieron a contarlo, a pesar de saber que con ello iban a recrear de modo insoportable su muerte en vida.

También ahora, en el País Vasco, las víctimas han levantado la voz colectivamente y esa voz ha dominado, a pesar de ETA, sobre el ruido tremendo de la contienda electoral. Ellas han llegado hasta aquí. Ahora les toca a ustedes.

Un país de dos caras
Ignacio CAMACHO ABC 12 Mayo 2001 

Hay malas vibraciones. Nadie lo va a admitir expresamente, pero en el seno de la «alternativa constitucional», el PP y el PSOE, se han instalado en los últimos días serias sombras de duda. Las visitas de Aznar y Zapatero en las horas finales de campaña han tratado de llevar el ánimo a sus huestes a la espera del último esfuerzo. Pero la encuesta del CIS ha tenido un efecto depresivo en las filas constitucionalistas, aunque se confía en el efecto sorpresa y en la sospecha de que la gente no se atreve a confesarse en los sondeos. «Aquí no sabes nunca quién te está preguntando», confiaba un militante socialista el jueves, en el mitin central de Zapatero y Redondo en el pabellón bilbaíno de La Casilla, que no se llenó.

En ese acto, el clima sentimental remitía a un escenario de tiempos pasados. Canciones de Serrat y de Imanol, el «Himno a la alegría» de Miguel Ríos, el «Canto a la libertad» de Labordeta y el «Libertad sin ira» de Jarcha, trataban de levantar el ánimo de una militancia que no las tiene todas consigo. El aire vibrante de intervenciones como la del secretario de los socialistas vizcaínos, Patxi López, o la hija de Salvador Allende, enardecía a las juventudes con su intenso mensaje antinacionalista, pero en el estado mayor de Nicolás Redondo subyace el temor a una sorpresa desagradable en las urnas, la duda de que el grito de rebeldía contra el terror no haya calado bastante en un electorado conformista y ensimismado al que el PNV parece entender cuando le pinta un país confortable con un remoto problema de violencia.

Porque el PNV, y de ahí las dudas de sus adversarios, está crecido. Las encuestas le han dado alas, y los que saben apuntan a que el Gobierno vasco, a través del gabinete de estudios de la vicelendakari Idoia Zenarruzabeitia, dispone de datos mejores que los del CIS. La baja valoración personal del candidato Mayor Oreja, sólo delante de Arnaldo Otegi, constituye por sí sola un dato preocupante para los partidarios del relevo.

Consciente de ese estado de cosas, el nacionalismo ha sembrado de optimismo su mensaje. «Cada minuto que pasa ganamos votos», ha proclamado el lendakari Ibarretxe, que ayer aprovechó una reunión con el sector educativo vasco para ahondar en su tesis de normalidad.

Ibarretxe sabe que hay una parte de la sociedad vasca, más o menos la mitad, que no se siente amenazada por el terrorismo, y le pinta un estado de cosas lleno de optimismo en el que se ningunea deliberadamente la importancia de la violencia. Se trata de un mensaje muy sencillo: el terror es compatible con el progreso económico, y afecta sólo a sectores concretos, por lo que no de hay qué preocuparse.

Así, frente al pavoroso panorama de profesores y alumnos con escolta que describen Nicolás Redondo o Jaime Mayor, y que confirman los intelectuales del movimiento «¡Basta Ya!» y los profesionales universitarios más inquietos, Ibarretxe trazó un paisaje idílico de progreso educativo en paz y concordia, cuya amenaza proviene del intento constitucionalista por reconducir los excesos sectarios del sistema.

El lendakari obvió por completo el escenario de pintadas con dianas que puede verse en cualquier universidad de Euskadi, y en un ambiente crecido se refirió a la escuela vasca como «un aprendizaje contra la violencia: la violencia política, contra la mujer o contra los inmigrantes». Halagó al profesorado allí presente diciéndole que «estoy orgulloso de vuestro trabajo», y se ufanó de «los jóvenes mejor preparados y comprometidos con la tolerancia y el respeto mutuo que ha habido nunca en este país». A pocas horas del final de una campaña cuyo principal asunto ha sido la presencia del terrorismo y la falta de libertad, el mensaje de Ibarretxe constituía un deliberado ejercicio de optimismo destinado a despreciar las críticas de los partidos constitucionalistas y los sectores amenazados de la sociedad vasca.

«Ya está bien de mensajes negativos», abundó el lendakari, consciente de que su electorado quiere oír una propuesta optimista y autocomplaciente. «Es verdad que tenemos el problema de la paz, pero somos un país en marcha y con ideas». En medio de esta liturgia de autosatisfacción, Ibarretxe se refirió a las «amenazas» que comprometen al sector educativo, pero no se trataba de las que reciben diariamente profesores y alumnos críticos con el nacionalismo o el independentismo: se refería «a los que quieren romper en 21 días lo que hemos construido en 21 años». Un aplauso rubricó que el auditorio había recibido el mensaje.

Un auditorio al que el presidente vasco y el consejero de Educación, Inazio Oliveri, agasajaron luego con un cóctel en la misma Cámara de Comercio bilbaína. Entonces se vio el verdadero objetivo del acto: los enseñantes convocados, muchos de los cuales habían esperado charlando en el pasillo que concluyera el discurso, con verdadero desinterés, estaban allí para dejarse ver ante los responsables del sistema educativo, a «dar la cabezada» a quienes tienen la potestad de decisión sobre proyectos de investigación, becas, subvenciones y cargos de designación en la escala docente.

Así ha acabado la campaña. El PNV, con un acto multitudinario en el mismo pabellón que el PSOE no había podido colmatar la víspera. Los radicales de EH, con un mitin en la Plaza Nueva bilbaína, en el que se concedió con aires desafiantes el protagonismo a la recién ilegalizada organización Haika.

Nicolás Redondo se fue a la orilla izquierda, a Santurce, donde el PSOE espera mantener su tradicional granero de votos entre la clase industrial de la ría. Y Aznar concluyó con una cena-mitin en Vitoria, la ciudad cuyo gobierno de coalición PP-PSOE se ofrece como modelo del futuro inmediato que ambos partidos desean para Euskadi a partir de mañana.

Mañana hablarán las urnas. El ambiente es de empate entre nacionalistas y no nacionalistas, pero ambos bandos están convencidos, como suele ocurrir, de que prevalecerá su ventaja. La campaña, sin embargo, ha concluido con un ambiente inverso al de su comienzo: con una sensación de estancamiento en el bloque constitucional y la crecida de optimismo de un PNV que, en todo caso, está vendiendo cara, muy cara, su derrota.

«Basta ya» pide ir a las urnas para que mañana comience «el final del terror»
BILBAO. M. Alonso ABC 12 Mayo 2001 

Los partidos nacionalistas PNV, EA y EH se unieron ayer en la Diputación de Guipúzcoa para impedir que los junteros del PP y del PSE leyeran el llamamiento a las urnas realizado por la organización ciudadana «Basta ya». El texto en defensa de la democracia fue leído en el exterior de la Diputación de Guipúzcoa por los junteros populares y socialistas y en los principales ayuntamientos vascos, sin la presencia de alcaldes y concejales nacionalistas.

En Bilbao, los portavoces de los grupos municipales popular y socialista, Antonio Basagoiti y Dimas Sañudo, respectivamente, fueron los encargados de dar lectura al llamamiento a las urnas realizado por «Basta ya», en presencia de la presidenta del Senado, Esperanza Aguirre, la senadora Pilar Aresti y la hija del ex presidente chileno Salvador Allende, Isabel Allende, que visita el País Vasco para apoyar la candidatura socialista a lendakari.

En San Sebastián se concentraron concejales del PSE y del PP, sin la presencia del alcalde, el socialista Odón Elorza, mientras que en Vitoria fue el alcalde, el popular Alfonso Alonso, quien dio lectura al texto, en presencia del candidato del PP a lendakari, Jaime Mayor Oreja, además de María San Gil y Ramón Rabanera y los socialistas Ramón Jáuregui y Mario Onaindía.

El manifiesto de «Basta ya» señala que «el próximo domingo los ciudadanos del País Vasco tenemos una nueva y quizás decisiva oportunidad de encauzar el rumbo político de esta comunidad». «Nuestra elección —añade— será importante para todos nosotros, pero también para cuantos valoran la defensa del estado de derecho en España y aún en Europa».

Entienden los ciudadanos que integran la plataforma «Basta ya» que «la violencia terrorista, fruto de la perversión ideológica —aseguran— y de la obcecación cruel de unos cuantos, amenaza gravemente las libertades y la armonía social de la inmensa mayoría». En su opinión «se trata de establecer firmemente las instituciones democráticas más capaces de erradicar de una vez por todas la brutalidad criminal y sus pretextos».

Mañana domingo «debe ser ante todo —señala el llamamiento de «Basta ya»— el día de la democracia: el primer día del final del terror y la imposición armada de la discordia».

TAMBIÉN FUERA DEL PAÍS VASCO
Fuera del País Vasco, el apoyo al manifiesto de «Basta Ya» fue mayoritario en la gran mayoría de los ayuntamientos de toda España. De hecho, la propia Federacion Española de Municipios y Provincias (FEMP), considerando la importancia de esta convocatoria electoral y la voluntad de las corporaciones locales españolas, permanentemente reiterada, de apoyar la causa de la democracia y de la libertad, quien animó a los ayuntamientos a que se sumaran a este manifiesto. La presidenta de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) y alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, aseguró que el manifiesto de adhesión de la federación al manifiesto pide «participación y democracia y no votos para ningún partido político».

El ayuntamiento de Zaragoza, ciudad donde tuvo lugar el último asesinato de ETA, decidió, con la unanimidad de todos los grupos, PP, PSOE, CHA y PAR, suscribir el manifiesto de la Plataforma «Basta Ya» en el que llama a los ciudadanos vascos a participar en las elecciones del próximo domingo. El alcalde de Zaragoza, el popular José Atarés, fue el encargado de dar lectura al texto. El presidente del grupo municipal socialista, Juan Alberto Belloch, explicó que dicho manifiesto se habría apoyado «sin ninguna duda», pero ahora «nos vemos especialmente obligados» después de que la banda terrorista ETA asesinara el pasado domingo al presidente del PP aragonés, Manuel Giménez Abad.

En Madrid, el alcalde, José María Alvarez del Manzano, invitó a los votantes del País Vasco a acudir a las urnas el próximo domingo, 13 de mayo, «como un gesto indiscutible en defensa de la democracia, el estado de Derecho y contra la violencia».

Los ayuntamientos de, entre otras ciudades, Málaga, Toledo, Guadalajara, Santander y Santiago se adhirieron al manifiesto.

Libertad o miedo
FRANCISCO JOSÉ LLERA RAMO El País 12 Mayo 2001

Francisco José Llera Ramo es catedrático de Ciencia Política y director del Euskobarómetro de la UPV.

Otra de las claves de las elecciones vascas, agudizada en la actual coyuntura, está en las limitaciones a la libertad de expresión y participación políticas por efecto del miedo producido por las distintas formas de violencia terrorista, callejera o simbólica. Lo denunciaba y lo hacía oficial hace algunos días en el Consejo de Europa el comisario europeo para los Derechos Humanos. Se trata de la espiral del silencio, formulada e ilustrada hace años por la socióloga alemana E. Nölle Neuman para referirse a su país y que ya fue evocada por Juan J. Linz en los años de la transición democrática para explicar la situación vasca de entonces. Silenciar, excluir y estigmatizar a todo y a todos los que no se expresen en clave nacionalista o no se identifiquen con su definición de la realidad es el objetivo combinado de la estrategia de socialización del sufrimiento de la llamada 'violencia de persecución' formulada y desencadenada por el terrorismo abertzale, pero también de la estrategia de desistimiento del soberanismo gobernante de Lizarra a que llevan las teorías del 'empate infinito' o del 'contencioso vasco' como explicación y justificación de la violencia.

Esta dinámica social hace que, en primer lugar, una parte de la sociedad (la autonomista o la no nacionalista) no se atreva a expresar libremente sus aspiraciones o preferencias, políticas o de cualquier otro tipo, por miedo a ser identificado con el enemigo o, simplemente, ser considerado de fuera por el etnicismo excluyente del nacionalismo. Como se puede comprobar en el gráfico 1, sólo un tercio de los vascos, y de forma decreciente, se atreve a hablar libremente de política con todo el mundo, y son sobre todo los que se confiesan no nacionalistas los que perciben mermada su libertad de expresión. En la propia encuesta de Demoscopia, publicada por este diario hace unos días, el 42% de los vascos reconocían que 'los que no son nacionalistas tienen menos libertad que los nacionalistas' y dos de cada tres vascos, que 'mucha gente siente hoy miedo a decir libremente lo que piensa'. Pero tal espiral del silencio, en segundo lugar, se agrava con una nueva dimensión que lleva a una parte importante de la sociedad a tener miedo a las consecuencias del cambio que desea, a tener miedo a 'ser de los nuestros', interiorizando la estigmatización etnicista de las opciones de su preferencia. Hablando en plata, que teme que sea peor el remedio que la enfermedad para sus condiciones de convivencia o su seguridad, porque intuye que pueda tener razón aquel líder del nacionalismo gobernante que advertía, hace sólo unos días, de que con un cambio de mayoría autonomista 'ETA y su mundo podrían sentirse más justificados para actuar' (cualquiera puede deducir la calificación ética y política de tal advertencia). Como si en la retórica de campaña todo fuese igual de aceptable. Porque, como muestra el gráfico 2, existe un miedo mayoritario y creciente entre los vascos a participar activamente en política, y de nuevo son los no nacionalistas los más afectados por tal percepción. Es verdad que este sentimiento se había reducido en el último año, seguramente, por la movilización cívica y las reacciones de coraje, que, entre otras consecuencias, cristalizan en el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo suscrito por socialistas y populares y en la visualización, por primera vez, de la alternancia política. Evidencia esta, a la que, paradójicamente, parece negarse la opinión pública vasca, ya sea por la sacralización y el cierre de un horizonte institucional supuestamente monopolizado in eternum por el nacionalismo gobernante.

Consecuencia de esta doble dimensión de la espiral del silencio es la dificultad en la actual coyuntura, primero, para acceder a ser entrevistado cuando se acerca un encuestador (al menos, tres de cada cuatro, por término medio, rehúsan la entrevista), después, para obtener respuestas precisas sobre la intención de voto u otras cuestiones de etiquetado político (alrededor de un tercio de los entrevistados no sabe o no contestan a tal cuestión) y, finalmente, por qué no temer que tengamos un contingente variable de falseamiento para despistar, todo lo cual explica las dificultades e incertidumbres en las estimaciones de voto. Esto llega al extremo de producir vértigo institucional a hacer públicas tales estimaciones, que, en un caso notable, acabamos conociéndolas por la trasparencia a que obliga la ley, pero en otros más taimados sólo es una sospecha fundada, dada la opacidad escandalosa y la apropiación partidista de la que han hecho tradición.

ETA cierra la campaña con un coche bomba en Madrid
Madrid. ABC 12 Mayo 2001 

Cinco minutos antes de la media noche, justo cuando concluía la campaña para las elecciones autonómicas vascas, un comunicante que dijo hablar en nombre de ETA avisó a los Bomberos de Madrid, mediante llamada con un teléfono móvil, de la colocación de un coche bomba a la altura del número 21 de la calle Goya, muy cerca de la confluencia con la de Lagasca.

El número de teléfono desde el que se realizó la llamada quedó grabado en la central de los Bomberos. Desde esta central el servicio de guardia se puso en contacto nuevamente con el teléfono desde el que se realizó la primera comunicación y el interlocutor confirmó la existencia del artefacto explosivo.

A continuación los Bomberos dieron cuenta del hecho a la sala del 091 del Cuerpo Nacional de Policía y cuando los agentes llegaron al lugar, pese a la celeridad de su actuación, el coche bomba había hecho ya explosión.A consecuencia del estallido dos guardas jurados de unas oficinas bancarias situadas en las inmediaciones resultaron heridos así como otras nueve personas que transitaban por el lugar. Uno de estos guardas de seguridad tuvo que ser rescatado de entre los escombros producidos por el derrumbe parcial de un edificio y fue trasladado en una ambulancia del SAMUR al hospital Doce de Octubre. Este servicio sanitario habilitó en el mismo lugar un hospital de campaña para asistir a algunos de los heridos y transeuntes que sufrieron crisis nerviosas.
Mientras, la Policía Nacional procedió a acordonar la zona y a revisar con la ayuda de perros adiestrados vehículos estacionados en las proximidades ante la posibilidad de que alguno de ellos pudiera albergar otro artefacto. De hecho, aproximadamente una hora y media después se recibió una llamada anunciando la colocación, a la altura del número 54 de la calle Goya, de otro artefacto. Tras la inspección realizada por la Policía, y en medio de numerosas escenas de pánico, se pudo comprobar que se trataba de una falsa alarma.

Pese a que el coche bomba quedó convertido en un amasijo de hierros calcinados, los investigadores pudieron comprobar poco después que se trataba de un Renault-Clío, de color oscuro, con matrículas falsas. El vehículo fue robado hace dos días en el barrio de Moratalaz y los terroristas lo hicieron estallar por medio de un temporizador programado para las doce en punto de la noche. Algunos testigos afirmaron ayer creer que el coche bomba había sido estacionado, correctamente, pocas horas antes de su explosión.

Un vecino de uno de los inmuebles de la calle Goya afectados por la explosión afirmó que pensó que «se caía el edificio», a causa del violento estallido. «Me encontraba en pijama y salí a ver qué ocurría, y entonces ví un coche en medio de la calle envuelto en llamas. La explosión nos asustó a todos los vecinos que sentimos temblar nuestra vivienda y vimos cómo caían de golpe los cristales de las ventanas. De forma inmediata salimos todos a la calle. Ha sido horrible. Estos criminales de ETA nos han vuelto a dar un susto de muerte».

Las Fuerzas de Seguridad del Estado se encontraban en situación de alerta ya que poseían datos de que ETA iba a intentar atentar durante la campaña vasca y se inclinaban a pensar que en su tramo final iba a elegir zonas fuera del País Vasco, como así ha sido, primero en Zaragoza y, anoche, en Madrid.      

Administración vasca: una bolsa de votos engordada por el PNV
Es la Comunidad que más funcionarios autonómicos ha creado respecto de la administración central Se les ha subido el sueldo un 4 por ciento
El País Vasco es la Comunidad Autónoma donde el número de empleados de la administración autonómica es muy superior al de los que trabajan en la estatal; es la única comunidad donde no existe una norma legal que regule las actividades profesionales de los cargos institucionales vascos tras dejar su despacho en el Ejecutivo autonómico con los correspondientes trasvases de la administración pública a la empresa pública.
Pilar Gómez - Madrid.- La Razón 12 mayo 2001

Despúes de 21 años de gobierno nacionalista en el País Vasco la oposición espera que tras las elecciones del 13 de mayo esta comunidad deje de ser el «batzoki» del Partido Nacionalista Vasco. En declaraciones a LA RAZÓN el candidato del PSE por Álava, Javier Rojo, denunciaba como el Partido Nacionalista Vasco había convertido el territorio vasco en «la patria del chollo». Un lugar donde según palabras del líder socialista «el señor Arzallus ha llegado a pensar que somos la mayoría tontos y el único espabilado es él».

   El País Vasco que el PNV ha forjazo durante todos estos años «es un país donde creen que sólo tienen derechos ellos, un país de colocar a quien les ha dado la gana y controlar las empresas públicas» continuaba Rojo.

   Lo cierto es que en esta Comunidad Autónoma a diferencia de España y del resto de las comunidades ninguna norma legal ha entrado a legislar las actividades profesionales de los cargos institucionales vascos tras dejar su cargo.

   Ni la Ley de incompatibilidades de la Función Pública vasca de 1983, ni otras normas como la Ley de Gobierno de 1981 o la Ley 14/1988, pueden frenar el paso de ex miembros del Ejecutivo vasco a la empresa privada.

   Este hecho ha suscitado críticas de los sectores empresariales al considerar que los «ex políticos-empresarios» juegan con ventaja. El tránsito inmediato a la empresa privada de personas que días antes tenían poder de decisión sobre subvenciones, ayudas o resoluciones pueden beneficiar a unos sectores y perjudicar a otros.

El INEM del PNV
Muchos son los casos de miembros del Gobierno vasco que tras abandonar su cargo han pasado a desempeñar tareas de responsabilidad en el sector empresarial. Así, el que fuera consejero de Industria, Javier Retegui, pasó a Mondragón Corporación Corporativa (MCC) sólo cuatro días después de abandonar su despacho en el Gobierno de Juan José Ibarreche.

   Junto con Retegui muchos otros miembros del Gabinete vasco se han «recolocado» en diferentes empresas. Javier García Egotxeaga cambió su puesto de «vicelendakari» por el de primer ejecutivo del banco Europeo de Inversión y Servicios Financieros.

    El que fuera responsable del Departamento de Trabajo, Justicia y Seguridad, Francisco Egea, pasó a ser gerente de la cooperativa eibarresa Alfa Lan; Carlos Bilbao, que fue viceconsejero de Competitividad del Ejecutivo del País Vasco, se convirtió en un alto cargo de la empresa del sector de Automoción Gestamp. Por su parte, los exconsejeros de Hacienda, Alfonso Basagoiti y José Luis Larrea pasaron a presidir la corporación IBV y la empresa Ibermática, respectivamente.

   En el sector público también nos encontramos con casos en los que el Gobierno vasco «recoloca» a políticos que han estado a su servicio. Sirva de ejemplo el caso de José Alberto Pradera que tras ser diputado general de Vizcaya y abandonar su cargo en junio de 1995 fue nombrado presidente de la empresa concesionaria de la Autopista Vasco Aragonesa tan solo tres meses después.

   Pero este INEM improvisado no es la única peculiaridad de la administración vasca. En el Gobierno vasco trabajan alrededor de 98.435 funcionarios de los cuales 57.954 pertenecen a la administración autonómica y sólo 17. 476 trabajan en la estatal. Así, encontramos que los funcionarios vascos triplican a los estatales.

   Junto con el País Vasco la única comunidad autónoma donde se da una situación similar es Navarra ya que en el resto de las comunidades la diferencia entre los empleados de la administración autonómica y los de la estatal no es tan significativa.

   En Andalucía, otra de las comunidades donde la diferencia es mayor, hay 198.816 funcionarios autonómicos frente a 92.163 estatales, 73.815 frente a 31.975 es la relación que encontramos en Galicia, según los datos facilitados a principios de año por el Ministerio de Administraciones Públicas.

   Otras comunidades donde los funcionarios autonómicos son más numerosos que los estatales según el citado informe son Cataluña (123.663 frente a 92.163), Canarias (55.128 frente a 22.821), la Comunidad Valenciana (99.327 y 36.255) asi como Extremadura donde la diferencia es de 26.043 empleados de la administración pública dependientes del Gobierno de Rodríguez Ibarra frente a los 23. 620 que dependen del Ejecutivo central.

   De esta forma vemos que de los más de 2,2 millones de personas que trabajan para las distintas administraciones públicas en toda España, más de 904.000 (casi un 41 por ciento) son trabajadores autonómicos.

   Asimismo, es significativo que el País Vasco se encuentre entre las comunidades autónomas que más han engordado su sector público poniendo en peligro según el Instituto de Estudios Económicos (IEE), el saneamiento de las cuentas del Estado, debido al aumento del gasto y al incremento del déficit lo que hace tambalear la estabilidad económica.

   Entre 1990 y 1998 el Ejecutivo vasco creó un total de 40 nuevos órganos públicos con la consiguiente restructuración de plantilla y el incremento de empleados públicos que esto supone.

   En cuanto al sueldo de sus funcionarios el Ejecutivo de Ibarreche también se desmarca de las directrices marcadas por el Gobierno de José María Aznar.

   A pesar de que el Banco Central Europeo y la Ley de Presupuestos Generales del Estado recomendaban a las administraciones no superar el 2 por ciento de incremento salarial, el Ejecutivo nacionalista decidió que sus funcionarios experimentaran un aumento en sus salarios igual al crecimiento del índice de precios al consumo (IPC) en el ejercicio de 2000, es decir, alrededor de un 4 por ciento.

Sorteando la legalidad
Esta medida, que fue pactada por el Gobierno de Ibarreche y los sindicatos ELA, LAB, CC OO y UGT, sorteó la prohibición legal haciendo que la mitad del aumento salarial se llevara a cabo mediante incentivos del Ejecutivo vasco para mejorar la productividad y la calidad del servicio público, mientras que el incremento general de las retribuciones de manera personal e individualizada de los empleados públicos sería el dos por ciento que figura en las recomendaciones del Banco Central Europeo y en la Ley de Presupuestos Generales.
 

Desde donde cría la serpiente
ISABEL SAN SEBASTIAN El Mundo 12 Mayo 2001

De las farolas de la avenida principal cuelgan los retratos de los presos de la banda terrorista hijos del pueblo, junto a sus nombres y al consabido llamamiento para que cuanto antes vuelvan a casa. Las ventanas exhiben con orgullo ese símbolo de la campaña por el acercamiento de los reclusos etarras que es el mapa del País Vasco con la leyenda Euskal Presoak, Euskal Herria.

Las paredes están empapeladas de carteles de EH, aderezadas con algún pasquín insultante hacia el Gobierno vasco. La escasa publicidad electoral del PP aparece cubierta de tinta roja o con la boca del candidato Jaime Mayor Oreja simbólicamente tapada con una pegatina de EH. La Ertzaintza brilla por su ausencia. Estamos en la guarida de la bestia etarra; allá donde cría a sus cachorros y los inicia en el camino de la violencia, convirtiendo en héroes populares a quienes han empuñado la pistola y abrazado la causa del terror y de la sangre inocente.

La descripción corresponde a Mondragón, pero es válida, con pequeños matices, para Alegría de Oria (donde una inmensa pancarta con el anagrama de ETA preside la plaza), Bergara, Zumárraga, Beasain, Hernani, Rentería o cualquier otra de las plazas fuertes que mantiene la izquierda abertzale en la «Guipúzcoa profunda». Aquí está el semillero de la banda asesina, a cubierto de peligros, porque hasta aquí no llega el brazo del Estado de Derecho. Esto es «territorio comanche». Y la responsabilidad corresponde a quien ha asumido en el País Vasco la tarea de garantizar los derechos y libertades de los ciudadanos, a cambio de ostentar el monopolio de la violencia; o sea, al Gobierno democrático de Ajuria Enea, que ha fracasado estrepitosamente en este campo.

Ignoro si en los 20 años que lleva ejerciendo el poder el PNV ha optado deliberadamente por dejar a los terroristas de ETA unos márgenes de impunidad definidos y delimitados, dentro de los cuales la banda tiene garantizada su regeneración y su pervivencia de forma controlada, o si este hecho es simplemente fruto de la incompetencia manifiesta de quienes han tenido en sus manos los instrumentos para combatir a los criminales del hacha y la serpiente.

En este momento este extremo carece de importancia, toda vez que el desafío que se plantea es la necesidad perentoria de acabar con estas «reservas protegidas» de delincuentes. Pero conviene apuntar claramente a los responsables de la existencia anacrónica de un grupo terrorista como ETA en un país democrático como España, que no son otros que quienes desde el Gobierno vasco han otorgado oxígeno a sus integrantes, mientras se empeñaban en convencernos a todos de que estábamos en presencia de una fuerza imbatible ante la cual no quedaba más salida que la rendición más o menos «dialogada».

ETA no es un coloso imposible de derrotar. Es una secta de fanáticos que se perpetúa al amparo de la impunidad que se le regala. Impunidad territorial en comarcas enteras donde los ayuntamientos gobernados por el nacionalismo radical subvencionan los actos de exaltación de los terroristas locales, sin que la Justicia intervenga para hacer valer la ley que prohíbe tales manifestaciones. Impunidad conceptual e ideológica, al compartir fines y objetivos con un partido que se dice democrático y que está en el poder. Impunidad policial, al contar con la incapacidad reconocida de la Ertzaintza para perseguir los desmanes callejeros de sus alevines, no por falta de medios, sino por expresa prohibición de sus mandos políticos.

Esta es la situación hoy en este País Vasco en el que, según el candidato del PNV, Juan José Ibarretxe, «se vive muy bien». Razón no le falta al lehendakari. Aquí viven muy bien, sin duda, esos nazis del patriotismo separatista que imponen su régimen de terror a millares de ciudadanos silentes ante la pasividad cómplice de quienes deberían defender en primera línea las instituciones y el marco legal que les ha otorgado durante lustros el poder.

Viven muy bien esos pequeños monstruos que, con 14 años, destrozan mobiliario urbano, con 16, insultan y amenazan, con 18, incendian autobuses «perdonando la vida» a sus pasajeros -todo ello sin sufrir correctivo alguno por parte de una policía obligada a llegar sistemáticamente tarde a los altercados- y, a los 20, empuñan las armas para integrarse en un comando de ETA, absolutamente convencidos de que cualquier cosa que hagan les seguirá saliendo gratis. De ahí la tragedia y también la esperanza.

Es cierto que hoy el terrorismo tiene en el País Vasco una enorme capacidad de regeneración. No es verdad que ésta sea una realidad inmutable. De hecho, la dejación de responsabilidad que aquí se ha producido es de tal calibre que a poca voluntad que se destine al cumplimiento de la legalidad vigente también en este pequeño rincón de España los resultados han de ser espectaculares. Las propuestas están sobre la mesa. Deben ser juzgadas a la luz de los balances que cada cual presenta. Las decisiones que se tomen aquí mañana serán determinantes para la vida o la muerte de demasiadas personas inocentes.

Por un líder civilizado
T. FERNANDEZ AUZ El Mundo 12 Mayo 2001

Mañana hemos de dar los ciudadanos vascos medida de nosotros mismos. Podremos afirmar en alta voz la injusticia que hemos susurrado entre pasillos, en confidencias absurdamente clandestinas. Vamos a elegir a un lehendakari nuevo, a un hombre no adherido a la miseria moral de los déspotas ultranacionalistas. El brillo de una forma no sectaria de libertad puede resplandecer en Ajuria Enea. La opción no nacionalista, la alternativa ilustrada de justicia en igualdad encarnada, según los sondeos, en Mayor Oreja y ratificada por una probable alianza con Nicolás Redondo combatirá el asedio fascista, garantizando la vida de los ciudadanos. Este fin no es de izquierdas ni de derechas, es universal, y no es constructivo dejar en manos de Madrazo una llave de gobernabilidad que, sin duda orientará según su sesgo flagrantemente conservador, éste sí filonacionalista. Tanto en Euskadi como en España, el Partido Socialista me parece la fuerza más comprometida con el pluralismo. En el País Vasco, sin embargo, las carencias son tan elementales que la unión de socialistas y populares es de una sensatez abrumadora. Las palabras van a dar paso a los hechos. El rencor ha de quedar en la cuneta. Si pensamos en el heroísmo con que han defendido la no discriminación los cargos públicos constitucionalistas en estos largos años, creo que no se plantearán dudas en el discernimiento del votante que este domingo quiera dar un paso para superar el fetiche cultural y caminar hacia la realidad de una civilización mejor.

Premio de la Fundación Miguel Ángel Blanco para los profesores Mikel Azurmendi y Edurne Uriarte
La Fundación Pro Derechos Humanos Miguel Ángel Blanco ha concedido su Premio a la Convivencia a los profesores universitarios vascos Mikel Azurmendi y Edurne Uriarte, amenazados por ETA, porque representan los valores que hoy son más necesarios en el País Vasco: “la valentía, el compromiso cívico y la libertad de pensamiento”.
EFE Libertad Digital 12 Mayo 2001

Con la concesión del premio, anunciada en Madrid, el Patronato denuncia también la situación, “absolutamente inaceptable” en un Estado de Derecho, de cientos de vascos que ven “mediatizadas sus vidas siendo intimidados, agredidos, insultados por ETA y sus cómplices” por defender el derecho a la vida, la pluralidad ideológica y la libertad de expresión.

Daniel Múgica, patrono de la Fundación, dijo que “mucho tienen que cambiar las cosas” para conseguir la libertad de verdad en el País Vasco, pero que la Fundación Miguel Angel Blanco “está en el combate democrático contra los que, firmando el Pacto de Lizarra, han institucionalizado el asesinato”. Los miembros del Patronato, que acordaron por unanimidad la concesión del premio, destacan el “compromiso con la democracia” y la “valentía moral” de ambos profesores, “víctimas” de la falta de libertad de pensamiento que ETA y su entorno quieren imponer, según la declaración leída por María del Mar Blanco.

“Su testimonio, su capacidad y lucidez críticas, desmontando las supuestas justificaciones y comprensiones ideológicas a la violencia terrorista y su claridad y profundidad pedagógicas para hacer entender cuáles son las claves del problema terrorista, hacen que estas dos personas representen perfectamente el compromiso de los intelectuales y los periodistas que han alzado la voz y la razón frente a la dictadura que ETA intenta imponer en el País Vasco”, precisó María del Mar Blanco.

Mikel Azurmendi, profesor de Antropología Social, decidió establecerse en EEUU tras abandonar San Sebastián, su casa de siempre, después de ser continuamente amenazado. Ha escrito artículos de prensa y libros como “La herida patriótica”, “El fuego de los símbolos” o “Y se limpie aquella tierra”. Recientemente ha sido galardonado con el premio Hellman/Hammett de los derechos humanos, concedido por la organización Human Rights Watch.

Edurne Uriarte nació en Fruniz (Vizcaya); es profesora de Ciencias Políticas en la Universidad del País Vasco y ha sido acosada y amenazada por ETA, que colocó una bomba contra ella en el Campus de Lejona de la Universidad Pública Vasca. Desarrolla su vida profesional y personal en Euskadi protegida por escoltas.

El Premio a la Convivencia de la Fundación Miguel Angel Blanco, de carácter anual y dotado con cinco millones de pesetas, reconoce la labor de quienes defienden y respetan los Derechos Humanos y fomentan los principios de la paz, la solidaridad, la convivencia democrática, la dignidad humana, la libertad, la justicia, la pluralidad y la solidaridad.

Dosificar la esperanza
AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA El Correo 12 Mayo 2001

Las elecciones de mañana en el País Vasco están poniendo a prueba uno de los valores fundamentales en la vida democrática de los pueblos: la esperanza. Con la secularización y la modernización acelerada de las últimas décadas, la esperanza ha dejado de ser una virtud teológica para convertirse en uno de los referentes fundamentales en la vida cotidiana de los ciudadanos. Y ciertamente es el valor que está movilizando no sólo al colegio de electores que votarán, sino a muchos ciudadanos de buena voluntad que perciben expectativas de cierto cambio en la situación política.

Estas expectativas de cierto cambio han hecho que los resultados de las encuestas previas tengan un valor añadido al habitual. Aunque todos afirman que la verdadera encuesta se producirá mañana, todos interpretan los datos en términos de esperanza porque saben que en las encuestas hay una bolsa de voto oculto que no baja del 30%. Esta bolsa de voto oculto se está convirtiendo en un estímulo para la esperanza porque puede modificar sensiblemente las predicciones. Aunque aún no conocemos cómo se afrontarán factores electorales como el miedo, la asignación de restos o la anulación de votos por identificación de los votantes mediante el no reconocido carné vasco, sí podemos afirmar que se tratará de un voto reflexivo y esperanzador. Más aún cuando los datos sobre el voto por correo han desbordado la mejor de las previsiones y supera la cifra de 80.000 votantes.

Esta puerta a la esperanza, que se abre con un porcentaje tan elevado de ciudadanos que no han manifestado su intención de voto, tiene que ser una llamada al realismo político, a la prudencia institucional y, sobre todo, a la confianza razonable en la ciudadanía. En este sentido, para que la esperanza no sea ciega y para que las ilusiones que está despertando hundan sus raíces en profundas convicciones democráticas sería importante dosificarla. Es más fácil depositar esperanzas en el resultado electoral de mañana que iniciar un proceso sosegado de análisis para construir una sociedad que se vertebre con los mimbres de la confianza y no con los del miedo. Es más fácil trabajar en términos de victoria o de fracaso electoral que en términos de capital social. Es más fácil vencer que convencer.

El capital social de los pueblos no se construye cuando sus líderes políticos y el conjunto de los ciudadanos organizan su vida en clave de victorias, derrotas o resentimientos, sino cuando organizan su vida en clave de convicciones, argumentos y convivencia. Una ciudadanía madura no es aquella que se alimenta con ilusiones de victoria o de venganza; tampoco es aquella que organiza su vida diaria en clave reactiva de supervivencia o en clave pragmática de coexistencia. Si de verdad queremos que las políticas de terror y miedo no tengan la última palabra en el diálogo político, los demócratas tenemos que dosificar la esperanza para que no se confunda con una falsa ilusión. Es un proceso que requiere trabajar en tres direcciones. 

En primer término se debe afrontar la banalidad del mal. La esperanza de los pueblos no se construye con el cimiento de la impunidad. ‘El diario de Anna Frank’ o la narración que realizó Hannah Arendt del juicio al ejecutor nazi Eichmann deberían ser lecturas obligatorias en todos los colegios e ikastolas del País Vasco. Muchos jóvenes que han emprendido la tortuosa senda de la violencia callejera y muchos de sus maestros que alimentan procesos de identificación totalitaria (el nacionalismo democrático puede ser otra cosa) deberían ser conscientes de lo que Arendt llamaba «banalidad del mal». Eichman, los criminales nazis y todos aquellos que empiezan con la violencia callejera para terminar cogiendo una pistola, se creen que no hacen nada malo, están convencidos de que no tienen culpa alguna, de que no hay culpabilidades morales, sólo responsabilidades políticas. Cuando se produce esta confusión de planos en la escuela, la familia y la calle, entonces el mal se convierte en algo banal, sin el menor valor e importancia porque no genera culpabilidades morales, sólo errores políticos negociables.

Cualquier reflexión sobre el papel de las víctimas o sobre el lugar de su memoria en la vida política del País Vasco está dependiendo de esta capacidad (o incapacidad) para afrontar la banalidad del mal. Cuando se afronte de verdad el problema de la banalización del mal, podrá abrirse una puerta para la esperanza porque lo que está en juego no es el futuro político de los bloques constitucionalista, nacionalista o soberanista, sino el futuro cívico de un pueblo con auténtica sensibilidad moral.

En segundo lugar, hay que evitar la confusión entre bienestar y justicia. Cuando aún sigue abierto el debate sobre las relaciones entre una sociedad del bienestar y el modelo de instituciones políticas que lo garantice, las puertas de la esperanza que se abren no son las del bienestar, sino las de la justicia. La esperanza de los pueblos no sólo depende del bienestar o la calidad de vida, sino de las posibilidades de no ser asesinado por la espalda, de no recibir un tiro en la nuca o, sencillamente, de las posibilidades de pasear tranquilamente por la calle. Cuando la vida ciudadana está presidida por el miedo y la violencia, la ética democrática no puede permitirse el lujo de limitarse a promover el bienestar sin trabajar por la justicia.

En tercer término, se debe evitar identificar vida política con arqueología cultural. La esperanza de los pueblos no se construye cuando se olvidan sus identidades culturales, como si una ciudadanía democrática se construyera mejor sin tradiciones culturales y sin elementos de identificación común. Ahora bien, las identidades culturales no son algo arcaico. Los procesos de identificación son más complejos y dinámicos de lo que muchos políticos se imaginan. Y esto lo saben cuando apelan a los derechos humanos, cuando recurren a las libertades personales o cuando utilizan las instituciones liberales para proteger o promocionar la vida cultural de los pueblos. La identidad cutural de los pueblos no se defiende mejor acudiendo a instrumentos políticos como la nostalgia, el resentimiento o el miedo. Si queremos utilizar instrumentos políticos para que las identidades culturales sean cívicamente atractivas, quizá tengamos que empezar reforzando el pluralismo. Esta llave, y no otra, es la que puede abrir una puerta a la esperanza.

Las elecciones del miedo
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 12 Mayo 2001

Mañana se vota y se vota con miedo. Las elecciones del País Vasco debieran ser el final de muchos años de muerte, pero a lo mejor son el principio de nuevos años de sangre. Votar con miedo, en puridad, es no votar democráticamente. Las elecciones, en aquellas tres provincias, son más un azar que una exigencia. Más un milagro que una ley.

En cuanto a Madrid, las posiciones están claras. Demasiado claras, ay. La nebulosa Felipe González prefiere que siga el caos a que triunfe Aznar. Eso supone seguir sacrificando gente en disputas meramente políticas. Zapatero se ha metido en una aventura audaz y esbelta, pero su jefe moral sigue prefiriendo el arregostamiento con el PNV, que es una interminable partida de cartas y muertos sobre el tapete nacionalista. La prolongación indefinida y doliente del problema vasco es una oportunidad madrileña de hacer carrera. Cuando hay una guerra en algún sitio, los políticos se vuelven más importantes y hasta los muertos se levantan para decir su mitin. Aquí en Madrid, para la clase política, meterse en una guerra regional es como hacer unas oposiciones. Del campo de batalla puedes salir notario o caballero mutilado para toda la vida.

La violencia es el estado natural del hombre político e incluso Bush se apresura a inventarse unas cuantas guerras menores y una virtual guerra fría. La política es una forma galante de violencia y en España no tenemos hoy más violencia que la etarra. Parece mentira, pero hay a quien le conviene. Sobre un paisaje de paz, los viejos iconos del pasado y los renuevos del cementerio no tendrían nada que hacer. El único porvenir del político en paro es una guerra, una revolución, una subida de los crudos. Cuando te dejan sin despacho hay que acudir a las trincheras. Por eso los ociosos de Madrid están en Bilbao.

La alianza PP/PSOE no asegura nada para mañana, incluso aunque gane por mayoría. Mayor Oreja podrá lucirse más en su cargo, pero los profesionales de la muerte no van a elecciones ni funerales ni a ningún sitio donde haya que hacer cola. Su clave y su aura es la prisa. Esta alianza izquierda/derecha ha sido posible porque las izquierdas y las derechas convencionales están cada vez más cerca en todas partes. Pero no es una garantía de paz ni de victoria, sino sólo un nuevo planteamiento del juego, un cambio de baraja y de estrategia. Aquí en Madrid se ve a Aznar como el pacificador, pero sólo sería el nuevo árbitro en la segunda mitad del partido.

La empeñosa aventura en que se han metido los dos partidos nacionales nace de la idea más audaz y lúcida que nadie haya parido sobre el problema vasco. Lo que aquí hemos llamado «la invasión democrática» es una manera elegante de aclarar la cuestión. Incluso si se pierde la vida política será una manera elegante de perder. El pueblo vasco ha acogido cálidamente estas elecciones de mañana. Gane quien gane, la gestión democrática había que hacerla. Nos gusta el perfil de la aventura sin perjuicio de que acabe en desventura. Y no olvidemos que se vota en el País Vasco, pero el destino, ay, se avecinda en Madrid.

Aprender del pasado
ANDONI PÉREZ AYALA El Correo 12 Mayo 2001

Las elecciones de mañana van a servir no sólo para proporcionar la nueva composición del Parlamento vasco sino también, y quizá esto sea tan importante o más, para cerrar una legislatura -la cuarta desde 1980- que presenta el balance más pobre desde el punto de vista legislativo y el más negativo desde el punto de vista político de todas las que se han sucedido hasta la actualidad. No es casual ni fruto del azar que así haya ocurrido ya que tanto su inicio, precedido por el Acuerdo de Lizarra, como su desarrollo posterior, condicionado permanentemente por éste, sobre todo en los momentos más decisivos, abocaban necesariamente al desenlace que finalmente ha tenido con el agotamiento prematuro de la legislatura desde el comienzo del actual curso parlamentario.

Además de polemizar obsesivamente sobre la aritmética electoral, que parece ser lo único que preocupa a los contendientes, y más aún a sus ardorosos ‘hooligans’ mediáticos, en este apasionado ‘match’ electoral conviene también dedicar un poco de atención al triste balance de la legislatura que ahora finaliza. Aunque sólo sea para no reincidir en los mismos errores, o en otros parecidos del mismo tipo, en la próxima legislatura. Ello se hace especialmente necesario si se advierte que no faltan quienes, a pesar de todo, siguen instalados en la misma dinámica de la legislatura finalizada y amenazan con reproducirla, corregida y ampliada, después del 13-M.

Uno de las rasgos distintivos, y al mismo tiempo el factor más negativo, de la reciente legislatura, ha sido la profunda fractura que se ha abierto entre las fuerzas democráticas para hacer frente a uno de los problemas más graves que tiene planteada la sociedad vasca hoy, como es el de la violencia terrorista. A ello ha contribuido de forma determinante desde el inicio de la legislatura el Acuerdo de Lizarra, basado en el programa reivindicativo máximo nacionalista -soberanía, territorialidad, etcétera- e inasumible, por tanto, por el resto de las fuerzas no nacionalistas, lo que conduce inevitablemente a abrir una dinámica en la que el eje directriz va a ser la confrontación entre las fuerzas nacionalistas y el resto, que es precisamente lo que ha caracterizado el desarrollo de la legislatura. Pero lo más grave de todo no ha sido la creación de este bloque nacionalista, que aboca necesariamente a una indeseable dinámica frentista, sino la vinculación de la consecución de la paz a la satisfacción de las reivindicaciones nacionalistas del acuerdo de Lizarra; esto es lo que tanto desde el punto de vista ético como político y democrático es imperdonable.

Si bien los efectos de esta nueva deriva quedaron encubiertos temporalmente durante el periodo de duración de la tregua, el reinicio de la actividad terrorista, con el saldo de víctimas mortales que es conocido, dejaba las cosas en su lugar. Al final de la legislatura nos vamos a encontrar con que seguimos teniendo terrorismo, igual que antes de Lizarra (aunque más salvaje e indiscriminado) y además, una fractura democrática, provocada directamente por la dinámica abierta por el Acuerdo de Lizarra, que no admite comparación con la situación que existía anteriormente, durante el periodo de vigencia del Acuerdo de Ajuria Enea.

A la vista de la experiencia de esta legislatura, que bien podría ser calificada como la de Lizarra, sólo cabe extraer las enseñanzas oportunas y plantearse seriamente los términos en los que es posible reorientar la dinámica seguida hasta ahora. En este sentido, las elecciones y la nueva legislatura que se abre con ellas pueden ser una buena oportunidad para configurar un nuevo escenario político en el que los principales actores de esta historia pasen a interpretar un papel distinto al que han venido protagonizando últimamente. En particular, por lo que se refiere a la sutura de la fractura entre las fuerzas democráticas que, sin duda, constituye el saldo más negativo de esta legislatura.

Parece evidente que la recomposición de la cohesión entre las fuerzas democráticas para hacer frente al terrorismo, al menos para los que creemos que éste sigue siendo un objetivo central, no puede conseguirse sobre la base del modelo de Lizarra ya que éste, tanto en su diseño inicial como, sobre todo, en su práctica, no ha sido otra cosa que la plasmación del frente nacionalista. Así mismo, tampoco pueden ser de recibo las posiciones equidistantes, desde un supuesto ‘tercer espacio’, entre el terrorismo y quienes son víctimas de él; una equidistancia, dicho sea de paso, bastante asimétrica ya que se instala, según sus propios patrocinadores, en el área política común de Lizarra. Y por último, todo hay que decirlo, tampoco contribuye a avanzar nada en la consecución del objetivo cohesionador entre las fuerzas democráticas la respuesta al Acuerdo de Lizarra desde posiciones simétricamente opuestas a éste, tal y como se hace en el Acuerdo por la libertad PP-PSOE. Y ello porque no sólo no contiene aportación alguna para ampliar y unir al conjunto de las fuerzas democráticas, terreno que es, en definitiva, el decisivo en la lucha frente al terrorismo, sino que además fracciona el espacio común entre éstas, haciendo del nacionalismo el enemigo central a combatir.

El balance final que nos deja la legislatura ahora finalizada no permite hallar en ella ningún elemento de referencia positivo para abordar el nuevo periodo tras las elecciones. Ello obliga a retrotraernos al periodo previo a 1998, y en particular al Acuerdo de Ajuria Enea que, al menos hasta la fecha, ha sido el único instrumento que ha permitido plasmar el consenso de las fuerzas democráticas frente al terrorismo y que, a pesar de todo, ha sido olvidado e ignorado por completo durante la actual legislatura. Para algunos, entre los que me cuento, su contenido sigue teniendo plena vigencia en su integridad en el momento actual. No estaría de más que, a la vista de la experiencia de esta legislatura y sea cual sea el resultado de las elecciones, sea tenido en cuenta, aunque sólo sea como elemento de referencia, ante el nuevo periodo que se va abrir tras las elecciones.

A falta de un acuerdo mínimo entre las fuerzas políticas democráticas -y Ajuria Enea ha sido, sin duda, el ejemplo más claro hasta ahora- tan sólo cabe confiar en los milagros; en ese caso, lo mejor que podemos hacer es aprovechar la fecha de las elecciones para peregrinar a Fátima a la espera de que la gracia divina nos solucione los problemas que nosotros no hemos sido capaces de resolver.

Carlos Fuentes: «El español es el tesoro más grande de América»
Juan Carlos Rodríguez - Madrid.- La Razón 12 Mayo 2001

Caballero de las letras, galán, coqueto y hombre universal, Carlos Fuentes -atento, su voz suave, conversador que te envuelve- emerge con una novela en la que gravita la ópera, «Instinto de Inez» (Alfaguara), y que se descubre como un homenaje de un melómano confeso -«me sé cinco óperas de memoria, de principio a fin», presume- al «revolucionario» compositor Hector Berlioz y su «La condenación de Fausto». «Esta novela tiene páginas que están escritas exactamente a ritmo de la ópera -descubre Fuentes-. Las lees y escuchas la música de fondo y tienen el mismo ritmo. Lo voy a demostrar proximamente en una lectura que haré yo mismo». Quizás, por ello, ese aire narrativo, desconocidamente poético y musical. «La ópera es la culminación -explica- de un grito, de un arrebato que conduce directamente al origen de la palabra».

   Novela, pues, que va trasmutándose en ópera. «En un sentido u otro, sí que con esta novela he querido transplantar el arrebato de la ópera a la novela. Por qué no, esta obra puede ser una ópera, de hecho ya me han hecho dos propuestas en Nueva York y México». La traca inesperada que pone fin a la novela, de extrema apoteosis musical, está concebida como un enérgico movimiento final. Y como no hay ópera sin pasión, sin amores que se buscan y huyen, tampoco falta en «Instinto de Inez»: «Al revés que en el mito de Fausto, el personaje de mi novela, el director de orquesta Gabriel Atlan-Ferrara -un alter ego de Sergei Celibidace- da su vida por el arte y no por el amor; no alcanza a darle su amor a Inés nunca porque ha entregado su vida al arte». Todo lo contrario que esta Inés, instintiva y persistente, que viaja en el tiempo para buscar el misterio del amor. Es la concesión fantástica de este Carlos Fuentes, que a los 72 años sigue en primera línea editorial y viviendo en Londres.

Irónico y hábil
Irónico, como siempre, también sigue hábil en el discurso y en el quiebro. Lejos de tomarse como una ofensa la censura que un miembro del Gobierno mexicano promovió en el instituto donde estudiaba su hija de su novela «Cambio de piel», hace chistes. «Ha sido lo mejor, lo voy a nombrar mi agente comercial en sustitución de Carmen Balcells, desde que me censuró por inmoral y promiscuo he vendido en dos semanas 70.000 ejemplares», explica entre risas. «Además, a la joven profesora que expulsaron por recomendar leerme a mí y a García Márquez la contrataron para un culebrón. Así que para todos estuvo muy bien».
   Aún lejos de España, Carlos Fuentes ha seguido la polémica por el discurso del Rey y su afirmación de que el español no fue nunca «una lengua de imposición». De ella afirma que el idioma castellano «es el mayor lazo de unión que puede existir entre los países americanos, es nuestro tesoro más grande. El oro que nos dejaron los españoles, como decía Borges, a cambio del que se llevaron». Según el autor de «Los años con Laura Díaz», hay que recordar también que «la corona española respetó las lenguas indígenas, que se siguen hablando hasta el día de hoy», aunque éstas «no constituyen lazos de unión».

El español, clave para «no quedar rezagado» en Estados Unidos
El Senado norteamericano acuerda multiplicar por cuatro los fondos para la educación bilingüe
«Si usted no habla español, puede quedar rezagado. If you don''t speak Spanish, you might left behind». Estas dos frases, acompañadas de la imagen de un diccionario Collins español-inglés, aparecía en un recuadro de primera página de la edición del «Usa Today» del pasado miércoles. El Senado norteamericano aprobó ayer una enmienda para aumentar los fondos federales dedicados a la educación bilingüe y que desde el próximo año hasta el 2008 se multiplicarán por cuatro.

R. GARCÍA  A CORUÑA La Voz 12 Mayo 2001

El Usa Today, el diario más vendido en Estados Unidos, considera que el castellano es un idioma necesario «en muchas partes» de un país donde hay ya 35,3 millones de personas que lo hablan. En caso de seguir este ritmo, Norteamérica tendrá dentro de unos años más hablantes del español que España. Uno de los cambios que se está produciendo es la transformación de Estados Unidos en un país bilingüe, si bien el proceso encuentra reticencias como las del grupo US English, defensor de una legislación en la que figure el inglés como única lengua oficial.
Sin embargo, el español es ya la segunda lengua del país, con más de tres millones de jóvenes que han optado por esta lengua en sus institutos, superando en mas de dos millones a los inscritos en francés, idioma en clara decadencia.

El último anuario del instituto Cervantes sobre El español en el mundo cifra en 500.000 universitarios los que estudian español en California.

Pero también los profesionales, desde los médicos (por aquello de preguntar a los pacientes qué les duele) a los policías (para decir lo de «queda usted detenido») intentan adquirir nociones de español, mientras la cadena ABC ya emite un programa bilingüe.

El propio presidente George W. Bush está potenciando el uso del español, algo que inició en la campaña electoral y continúa con ejemplos como una reciente alocución radiofónica al país en el que habló en inglés y en castellano.

Fondos en bloque
Sin embargo, Bush fue criticado por sus planes de combinar la educación bilingüe, idioma extranjero y enseñanza a inmigrantes, en un programa de «fondos en bloque» y congelar el presupuesto de los mismos para este año.

El Senado aprobó ayer, por 62 votos a favor y 34 en contra, una enmienda de la senadora demócrata por Arkansas, Blanche Lincoln, por la que se aumentarán los fondos para la educación bilingüe y otros programas educativos para inmigrantes. En total, el incremento totaliza 11.500 millones de dólares, más de dos billones de pesetas, en un periodo de siete años a partir de 2002. Esa medida «beneficiará a millones de niños con conocimientos limitados de inglés», dijo el senador demócrata por Massachusetts, Edward Kennedy.

 

 

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