AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 13  Mayo   2001
#Los nuevos socios del Pacto de Estella
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 13 Mayo 2001

#De infames y necios
Alfonso USSÍA ABC 13 Mayo 2001

#ETA DEBE TENER RESPUESTA EN LAS URNAS
Editorial El Mundo 13 Mayo 2001

#Votos contra balas
Editorial ABC 13 Mayo 2001

#Elecciones vascas, II: el voto
M. MARTÍN FERRAND ABC 13 Mayo 2001

#Hoy es el día
Carlos DÁVILA ABC 13 Mayo 2001

#La importancia del voto
Editorial La Razón 13 Mayo 2001

#Terror hasta las urnas
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 13 Mayo 2001

#Votos contra el terror
Editorial El País 13 Mayo 2001 

#Con el alma en vilo
Jaime CAMPMANY ABC 13 Mayo 2001

#El «voto oculto» tiene la palabra
R. L. V. - Madrid.- La Razón 13 Mayo 2001

#Votar es un deber 
Editorial El Correo 13 Mayo 2001

#Intereses creados
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 13 Mayo 2001

#El fin de los votos
ANTONIO GALA El Mundo 13 Mayo 2001

#Alternancia y concentración
FRANCISCO JOSÉ LLERA RAMO El País 13 Mayo 2001

#Los miedos enfrentados
HERMAN TERTSCH  Ondarroa El País 13 Mayo 2001

#El auge de la cultura de la violencia aturde a la sociedad vasca
JOSÉ LUIS BARBERÍA | San Sebastián El País 13 Mayo 2001

#La hora de la verdad
José María CARRASCAL La Razón 13 Mayo 2001

#Hernani-Ermua, de la dictadura a la libertad
ERMUA/HERNANI. J. Pagola ABC 13 Mayo 2001

#Periodistas bajo el volcán vasco
José Antonio Fúster - San Sebastián.- La Razón 13 Mayo 2001

#El sufragio por correo podría decidir un escaño en cada provincia
L. R. N. - Madrid.- La Razón 13 Mayo 2001

#Conversación entre Luis Portero y Sabino Arana
Luis y Daniel PORTERO La Razón 13 Mayo 2001

#Dos vascos y un destino
PEDRO J. RAMIREZ El Mundo 13 Mayo 2001

#Socializar el aislamiento
Gustavo de ARÍSTEGUI ABC 13 Mayo 2001 

#El PP culpa de la crisis con Jordi Pujol a la «prepotencia y nacionalismo» de CiU
Redacción - Barcelona.- La Razón 13 Mayo 2001

#Juaristi afirma que el castellano no ha desarraigado las lenguas anteriores allí donde ha caído
EFE.- Libertad Digital 13 Mayo 2001

#El idioma: Las diferencias no generan ningún conflicto
J. M. Gutiérrez. A Coruña  La Opinión 13 Mayo 2001

Los nuevos socios del Pacto de Estella
Por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 13 Mayo 2001

Los últimos días de la campaña electoral vasca han traído dos sorpresas: un coche-bomba que milagrosamente no pasó de susto y algo que, más que susto, es un escándalo: la decidida entrada final en campaña de Polanco y González en favor de Arzallus y en contra, conviene significarlo, del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. No hay precedentes, salvo en algún Estado cleptocrático africano, de que el hombre más rico y poderoso de un país apoye a una fuerza política que pretende la destrucción de ese país y la implantación de un régimen totalitario. Por supuesto, nada remotamente semejante sucede en Europa Occidental. Ni siquiera en Rusia o en los escombros del Imperio Soviético. Polanco es el único multimillonario occidental que, convertido en todopoderosos Poder Fáctico, se burla de la nación, de sus vivos y de sus muertos, boicotea abiertamente el esfuerzo de las dos principales fuerzas políticas españolas para frenar el nacionalismo terrorista y, a cambio de unos contratos multimillonarios, pone su imperio de comunicación al servicio de un partido racista y aliado del terrorismo que, precisamente por su conducta criminosa, ha sido expulsado de la Internacional Democristiana.

Estamos, evidentemente, ante la reedición del "núcleo duro" del felipismo, con Felipe de orador y mascarón de proa, Polanco como factótum del tinglado y Pujol en su papel de retaguardia estratégica, cómplice de toda desestabilización, deterioro o demolición de España. También, como se ha puesto de manifiesto en los Premios Ortega y Gasset del XXV Aniversario Triunfal del polanquismo, el propio Juan Carlos I ha vuelto a alentar todas las hipótesis de abierta complicidad con ese régimen, que no es precisamente el Constitucional que debe defender, ni siquiera el nacional al que debe título y cargo. Las risotadas en primera página, la retratada pleitesía de los Reyes al que, en esta misma semana, se ha destapado como empresario, también, del Pacto de Estella suponen un escándalo bastante más serio que la posible boda del Príncipe de Asturias con la modelo Eva Sannum.

Y a partir de mañana, salvo aplastante triunfo nacionalista en los comicios vascos, es inevitable que estos nuevos socios reales o materiales del pacto de Estella entren en abierto conflicto con el Gobierno del PP y con el nuevo grupo dirigente del PSOE encabezado por Rodríguez Zapatero. La estrategia de Polanco y González contra Mayor Oreja y Redondo Terreros supone una apuesta contra Aznar y contra el nuevo PSOE, pero también contra ese Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo que, hoy por hoy, es el punto de encuentro esencial de la España política. Otra vez el felipismo se atraviesa en el cauce de las libertades españolas. Esperemos que esta vez se lo lleve la riada.

De infames y necios
Por Alfonso USSÍA ABC 13 Mayo 2001

Los teléfonos móviles vibraron en los pantalones de los invitados de don Camilo, que celebraba el octogesimoquinto aniversario de su buena venida al mundo. Un coche bomba había explosionado en la esquina de Goya con Lagasca. Viernes por la noche y en la zona más concurrida de Madrid. ¿Cuántos muertos? Por fortuna, los bestias no contaron con la casualidad y el milagro. Pero dejaron su tarjeta de visita, su demostración de poder.

Las emisoras de radio informaban. Algunos políticos manifestaron lo de siempre, y los que tenían que permanecer en silencio, avergonzados por su actitud —como el comunista Llamazares—, soltaron la cínica estupidez de siempre. Que la ETA desprecia el proceso democrático. ¡Qué agudo Llamazares! El máximo dirigente de la coalición que más ha colaborado en los últimos años con Euskal Herritarrok —y lo que te rondaré, morena—, nos descubría que la ETA no respeta a las urnas. Quizá por ello Vázquez Montalbán y José Saramago han pedido el voto para Madrazo. El tercero ha sido Bernardo Achaga, pero ése no pasa del desenlace del aforismo de Jardiel Poncela. «Neumático es lo que se pincha; mayonesa es lo que se corta; y cuchillo de un hotel es lo que ni pincha ni corta». Sólo desde el resentimiento más profundo o la más clamorosa imbecilidad se puede entender el apoyo de Vázquez Montalbán y Saramago al malvado necio de Izquierda Unida.

Falló la demostración de poder, no por la angustia que causó, sino por los muertos que siguieron viviendo. Simultáneamente, Javier Arzallus declaraba que reconocería como válido el resultado de las elecciones «aunque fuera injusto». Lo justo es que el nacionalismo triunfe y lo injusto es que sea derrotado. Afirmaba el sátrapa que los medios de comunicación se han lanzado contra los nacionalistas y ello puede desequilibrar la balanza a favor de Mayor Oreja y Nicolás Redondo. Lo que se calló el botarate es que los medios de comunicación oficiales del País Vasco, que es donde se van a celebrar las elecciones, se han puesto de rodillas a disposición de Arzallus, y que si existe en España una ciudadanía influida por el miedo y la manipulación de la verdad, ésa es la vasca. Pero ya se sabe que los nacionalistas vascos son maestros en el victimismo, en herirse a sí mismos para acusar después al resto de la humanidad de la herida inventada.

Hoy votan los vascos. Poco o nada les va a influir mi comentario. Más les influye leer que los aprendices de asesinos, los violentos idiotas de «Haika», deciden quién duerme o no, quién pasea o no, o quién vive o no. Ellos lo han dicho. Más les influye la amenaza de Arzallus de que si vencen el PP y el PSE, muchos puestos de trabajo peligran.

Esas perversidades influyen infinitamente más que cien artículos de prensa, cien comentarios en la radio o cien opiniones en las televisiones independientes. Y que se producen y manifiestan en el periodismo libre, porque nadie se atreve a difundirlas o publicarlas en los medios de comunicación vascos controlados por el nacionalismo, que son casi todos.

Lo injusto es que detrás de las palabras de algunos actúan los bestias, los criminales, los asesinos, los secuestradores de la libertad de los vascos. Eso es lo que se dirime hoy en las Vascongadas. Libertad o sometimiento, tranquilidad o angustia. Lo injusto es que muchos votos en el País Vasco se hallen raptados por quienes gobiernan desde hace veinticinco años. Lo injusto es que una coalición proterrorista y legal proclame con la mayor chulería que los resultados de las elecciones no van a modificar el camino trazado de «la lucha armada». Todo eso es lo injusto.

Después viene lo ridículo y lamentable. Que Llamazares descubra que la ETA no es democrática, y que tres escritores, Saramago, Vázquez Montalbán y Achaga hagan oposiciones para sustituir, cuando la hora llegue, al trío de payasos «Takolo, Pirritx eta Porrotx».

Suerte a la libertad.

ETA DEBE TENER RESPUESTA EN LAS URNAS
Editorial El Mundo 13 Mayo 2001

La fortuna evitó una masacre en Madrid en la medianoche del viernes al sábado. O tal vez los asesinos de ETA que fabricaron y colocaron un coche bomba en el centro de la capital sólo quisieran demostrar su criminal poderío y su capacidad de hacer daño. En todo caso, debemos felicitarnos porque hoy sólo sea un día de elecciones y no una nueva jornada de luto nacional. Sin embargo, el hecho de que la banda terrorista sea capaz de dejar aparcado un automóvil cargado con 15 kilos de dinamita en la madrileña calle de Goya, a 500 metros del Ministerio del Interior, del Tribunal Supremo y de la Audiencia Nacional, resulta preocupante. Máxime teniendo en cuenta que, como publicó EL MUNDO esta misma semana, la policía estaba en alerta máxima ante la posibilidad de un atentado en Madrid en los últimos días de la campaña electoral.

Evidentemente, por muchos efectivos policiales que se puedan desplegar en una ciudad tan grande, es prácticamente imposible evitar que alguien coloque un coche bomba en un lugar estratégico, con un temporizador, y desaparezca a continuación. Para ser eficaces, los esfuerzos de la lucha antiterrorista deben ir dirigidos a atacar la raíz, esto es, detener a los terroristas en sus escondrijos para que no puedan usar sus pistolas ni circular con coches cargados de dinamita. Y para eso no basta con desplegar miles de policías, hay que lograr una mayor eficacia en los servicios de inteligencia -para infiltrarse en la banda o lograr confidentes- y una mayor colaboración de las autoridades francesas, ya que está más que probado que ETA tiene en Francia su lugar de operaciones.

Puede haber quien sospeche que la operatividad de la lucha contra ETA se ha visto afectada por el reciente relevo en el Ministerio del Interior. No faltará, incluso -el PNV lo ha hecho en sus mítines durante toda la campaña electoral- quien se rasgue las vestiduras diciendo que si el coche bomba hubiera sido colocado en Vitoria, ahora se estaría culpando al Gobierno de Ibarretxe. Sin embargo, a nadie en su sano juicio se le ocurriría responsabilizar al Gobierno central de falta de voluntad política en la persecución de la violencia. Porque las críticas contra los mandos de la Ertzaintza no se refieren -sólo ni principalmente- a su ineficacia desde el punto de vista operativo, sino a la ausencia casi total de voluntad política del PNV para combatir el terror en las calles del País Vasco.

Y esta es la cuestión fundamental que hoy, 13 de mayo, puede dar un giro copernicano. Ojalá los votantes den cumplida respuesta a ETA en las urnas, permitiendo la constitución de un Gobierno que sitúe la lucha contra el terrorismo de todo tipo como su prioridad absoluta. Y ojalá que esta noche, cuando acabe el recuento, empiece a cumplirse el deseo expresado al alimón por Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo: «Hoy puede ser el principio del fin de ETA».

Votos contra balas
Editorial ABC 13 Mayo 2001

Las elecciones que hoy se celebran en el País Vasco tienen un significado especial desde el momento en que la sociedad se enfrenta a ellas con la actitud expectante propia de los cambios históricos. El atentado de ETA en la medianoche del viernes en Madrid, al término oficial de la campaña electoral, fue una dosis brutal de realidad, pero también la confirmación de que el proceso electoral que hoy culmina es un exorcismo democrático para expulsar del País Vasco el miedo y la resignación. Por eso, la participación de los ciudadanos debe romper cualquier previsión, superar con creces los límites que durante años han dado a la democracia en el País Vasco un grisáceo tono de rutina. Las elecciones de hoy se presentan con la imagen multicolor de la esperanza y de la ilusión, porque es posible, hoy más que nunca, que los votos empiecen a ser más resistentes que las balas, que ETA quede sin argumentos para especular sobre la voluntad de los vascos, porque éstos van a expresarse con claridad contundente sobre el terrorismo, la complicidad con el terrorismo y la rentabilidad del terrorismo. Esta ocasión democrática que tiene ante sí el pueblo vasco será lo que éste quiera: el punto de inflexión que requiere su historia reciente o un mero epígrafe en la memoria electoral. Todo depende de que acudan masivamente a votar, blindando las urnas con votos, para evitar que otros las revienten con bombas. Y así será posible que muchos que hoy están amenazados e intimidados empiecen a blindar también su libertad y su vida.

Elecciones vascas, II: el voto
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 13 Mayo 2001

Reflexionaban ayer los vascos y, quienes quieran, votarán hoy. Nunca debiera ser sencillo ejercer ese derecho democrático que, en este caso, alcanza dimensiones de deber. Hacer seguidismo de un partido, entregarle una suerte de poder pleno y adhesión constante, es quitarle a la democracia uno de sus encantos principales: la exigencia para con quien nos representa o dice representarnos. La madurez personal y social nos exigen, de vez en vez, repasar las condiciones de los comicios. Aún para los militantes tiene sentido no renunciar al ejercicio de la inteligencia. Somos, como ciudadanos, parte de un todo dinámico y la esclerosis de unas células conlleva el inmovilismo de las demás.

Visto que no se trata —hoy y en el País Vasco— de elegir entre izquierda y derecha, al votante, de hecho, le fuerzan la circunstancia —un poco— y la responsabilidad —un mucho— a escoger entre un modo de integrarse en el Estado, el de más capacidad de autogobierno de todos los conocidos, y otro de romper con él. Así de sencillo, así de trascendente. En días como hoy, dado que cada ciudadano sólo puede disponer de una papeleta, resulta imposible la ambigüedad que tanto ha calentado estos últimos años el «problema vasco» que, por cierto, siendo problema para todos, es vasco para el resto de los españoles y español para los vascos. Son cosas del tracto de la Historia.

Quienes sentimos el contento de un individualismo democrático, ni solitario ni excluyente, vemos con Unamuno la necesidad previa de estar bien «por dentro». Desde ese supuesto no es fácil ser un buen ciudadano. Ello exige la elección racional del voto, no la inercia de la costumbre o el eclecticismo, siempre culpable, del «que más da». Me parece que, desde las elecciones generales de 1977, nadie había ido a las urnas con la responsabilidad con la que hoy deben ir los vascos conscientes de su momento y su problema. Cuando el tiempo es de bonanza y no se ven en el horizonte más nubarrones que los meteorológicos, cabe el recurso de votar a uno de los muchos candidatos sandios que suelen presentarse a las elecciones. Incluso, frívolamente, al más divertido y chocante para hacerle una concesión al «show» que, también, es la política.

No es el caso. De estas elecciones vascas ha de salir un rumbo para el futuro. Pasó ya la coyuntura iniciática y estamos en tiempo de realidades. Ya no caben los juegos folclóricos ni las rabias victimistas. Aunque divergentes, la mayoría absoluta en cualquiera de las dos opciones fácticas, garantiza caminos rectilíneos, directos, menos fatigosos y más fecundos. Los pactos de componenda, los no previstos, conducen al zigzag, algo que, con el cansancio acumulado en tantos años de enfrentamientos y lutos, ya sólo resulta deseable para los muy insensatos y posible para los muy fuertes. A partir de ahí, tras reflexionar un rato, cada cual puede y debe votar según su mejor conocimiento. A partir de los 18 años cada persona es libre para equivocarse según sus costumbres o acertar en concordancia con sus razonamientos: pero votando, ejerciendo de ciudadano. En las ocasiones graves, y ésta lo es, el abstencionismo es culpable de alta traición al civismo.

Hoy es el día
Por Carlos DÁVILA ABC 13 Mayo 2001

Lo recordaba un experto: «ETA siempre ha matado al principio y al final de las campañas». Lo cierto es que al cronista no le salen esas cuentas, pero ésta de 2001 confirma el aserto. Dos atentados en menos de una semana han visualizado la vitalidad de la gran bestia a la que el PNV ha tratado en estos días con una mezcla de rencor y comprensión. Rencor porque el pistoletazo contra Giménez Abad y la bomba de Madrid han destruido el mensaje feliz y bobalicón, como de ejercicios espirituales, de Ibarreche, que ha pintado un País Vasco en rosa donde sólo han faltado unos etarras vestidos de solícitos «bobby» londinenses. Pero la comprensión es aún más evidente: la furibunda reacción de Arzalluz por la ilegalización de Haika («Garzón —dice— nos quiere encarcelar a todos») es un sobeteo por el lomo de los terroristas no vaya a ser que, primero, tengan que pactar con sus hermanos legales de EH, y segundo, perpetren alguna fechoría como la que han intentado en Madrid probablemente contra un Banco vasco, el Banco que nunca termina de dar la cara.

Y es que esto de dar la cara no es un gozo. Los empresarios vascos, por ejemplo, se han dividido en el trance. La Confebask de Román, hermano del pésimo cantautor, peor cantante y ahora calumniador Gorka Knörr, no está por la labor de alentar el cambio que hoy deciden los ciudadanos. El miedo no sólo es a ETA, que ya es miedo, es recelo ante lo que se viene encima en un país de menos de dos millones de electores, más de cien mil de los cuales son funcionarios. Ni Chaves tiene a su sociedad tan subvencionada y fichada como Ibarreche. Arzalluz, que se teme un paro general entre los suyos, ha calificado los resultados de hoy de «injustos». Eso no se le ocurre ni a su escribiente Vizcaya, que ahora se queja porque le difaman en la Red, el que lleva años poniendo a todo el disidente que se le ocurra en la mira de ETA. Dos de los más odiados por el PNV son hoy premios «Miguel Ángel Blanco». Edurne Uriarte y Azurmendi, seguro que si estuvieran en Bilbao se alegrarían de una imagen insólita: la de cinco banderas españolas en el Puente de la Salve. Hoy es el día.

La importancia del voto
Editorial La Razón 13 Mayo 2001

Más de 1.800.000 electores están hoy llamados a depositar su voto para elegir el próximo parlamento autonómico y, como consecuencia, el Gobierno regional del País Vasco para los próximos cuatro años. A lo largo de la jornada se repetirá en los colegios electorales la gran fiesta de la democracia, concretada en el depósito de las papeletas en las urnas, que es el mayor acto expreso de participación política y de ejercicio real de la soberanía popular. Nadie, sino los ciudadanos por medio de la acción del voto, disponen del poder legítimo para nombrar o sustituir a sus representantes en las Instituciones y la Administración.

Déficit democrático
Ocurre, sin embargo, que un hecho común como el de acudir a las urnas, plenamente insertado en nuestra sociedad hasta el punto que pocos se acuerdan ya de la dictadura, presenta en en suelo vasco tan graves distorsiones que evidencian que existe un déficit real de libertades.
   El miedo es tan auténtico como la larga lista de muertos por la libertad, como las personas que han huido de su tierra; como el formidable número de políticos, profesores, estudiantes, escritores y hasta empleadas de la limpieza que tienen que trabajar con escolta policial y como esa gran masa silenciosa, condenada a callar o a enfrentarse a la verdad absoluta y absolutista del nacionalismo. Tan real como ese tercio de ciudadanos que no se atreven a dar siquiera una opinión en los sondeos, y los miles y miles de personas que han decidido este año votar por correo.

Libertad de elección
Esos cerca de dos millones de ciudadanos vascos inscritos en el censo tienen hoy la oportunidad de decir lo que piensan y decidir su futuro. Por eso la ocasión resulta de extraordinaria importancia y es preciso que cada elector deposite su voto. Y que lo haga en libertad, con capacidad plena de elección, sea cual sea su candidatura preferida. Aunque la abstención es una opción igualmente libre, nadie en estas circunstancias debería renunciar a que se escuche su voz en las urnas. Sobre todo cuando los silencios provocados por el miedo o la desidia serán sin duda manipulado por los que aprovechan de forma ilícita hasta el menor de los espacios vacíos.

Hechos y promesas
Los electores, tras la jornada de reflexión y el fin de la campaña electoral, suman ya los elementos de juicio suficientes para conocer las opciones que presentan uno y otros partidos. Los mensajes han sido reiterados y los programas son, o debían de serlo, sobradamente conocidos. Y lo mismo puede decirse de los silencios de estos días, de las actitudes pasadas y de la experiencia que los ciudadanos tienen de la gestión de los partidos hasta el momento. Y es que los vascos saben hoy mejor que hace dos semanas quién puede decir la verdad y quien no. Si ahora su tierra es una sociedad políticamente fracturada por el terror y la traición al Estatuto y a la Constitución, es algo que debería aconsejar a los indecisos a acudir sin más dudas a su colegio electoral.
   Hoy, los vascos pueden acudir a las urnas y cambiar las cosas con su voto. Pueden reconquistar la libertad y asestar a Eta un golpe definitivo. Es una gran ocasión para el cambio. Pero no es la única. Si todavía en esta ocasión el miedo resulta insuperable, se puede confiar en la grandeza del sistema democrático para el futuro. Porque el primer paso, el de la rebelión de los ciudadanos, está dado y no tiene vuelta atrás. La lucha por la libertad que nació del espíritu de Ermua es imparable, y la mentira, la opresión o los peores dictadores sólo pueden retrasar las cosas por un tiempo, y ello a costa de ocasionar un enorme dolor.

La gran ocasión
No sería el final de todo el hecho de que esta noche, a la hora del recuento de las papeletas, poco o nada hubiese cambiado en el panorama político del País Vasco, aunque se perdería sin duda una gran oportunidad para la esperanza. Por eso hoy el gran reto es sobre todo acudir a votar y lograr que la fiesta de la libertades pueda celebrarse con las urnas llenas con la voz de los vascos.

Los derrotados
Pero hay quien ya ha sido derrotado por anticipado. Los etarras y sus cómplices saben que han perdido y para ellos ayer no hubo jornada de reflexión. Así, el día reservado en exclusiva a los ciudadanos fue el elegido por los terroristas y su brazo político para hacer estallar un coche-bomba en pleno centro comercial de Madrid, con la intención de provocar una masacre.
   Esa es, para los terroristas, los mismos que hace una semana asesinaron a Manuel Giménez en Zaragoza y sus cómplices, la única forma de actuar. Eligieron precisamente el día de reflexión para hacer constar, por si alguien pudiese haberlo dudado, que su desprecio por los ciudadanos y por el sistema de libertades es absoluto y sólo buscan imponerse por el terror.

Terror hasta las urnas
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 13 Mayo 2001

Si Curzio Malaparte se asombraba en «Técnica del golpe de Estado» de que la burguesía alemana hubiera podido aceptar la dictadura hitleriana, ¿qué decir de la vasca que está comprometida con el proyecto totalitario de ETA? Se preguntaba el lúcido Malaparte por las razones que habrían tenido los alemanes para sacrificar un sistema de libertades y apuntaba a Versalles, a lo que podríamos añadir hoy la conciencia del peligro que representaba el comunismo ruso y las aspiraciones a la hegemonía alemana en Europa. Pero ¿qué razones podrían tener hoy el PNV y una parte de la Iglesia vasca para justificar su colaboración con esta organización que se dedica a anunciarnos su futura barbarie con las muestras sanguinarias a las que nos tiene acostumbrados todos los días?

Por si las fuerzas sociales y culturales vascas representadas por el PNV y EA no se considerasen directamente concernidas e implicadas en el Terror, ETA ha venido a recordarlo: ha vuelto a asesinar, ha vuelto a provocar el terror hasta el último día de la campaña electoral. No quiere dejar libre del imperio del Terror ni un sólo momento ni un sólo espacio de la vida pública española. Tampoco quiere darle un respiro al PNV/EA, su socio de Estella.

Lo escribí hace unos días: ETA ha asesinado en pleno periodo electoral para dejarle bien claro al PNV con quién ha pactado, con quién va a conquistar la independencia, cuál es, en definitiva, el precio que tiene que pagar si quiere derrotar a los partidarios de la Constitución y el Estatuto. ETA le recuerda en las vísperas de las elecciones cuál es el margen en el que se mueve. Y nos recuerda a los demás, al tiempo, de qué tipo de moderación hablamos cuando nos referimos al PNV. ¿Que puede perder votos el PNV a causa de los asesinatos de Giménez Abad y de la bomba que puso ayer en Madrid? En efecto, pero ¿qué puede importarle eso a ETA si, de ese modo, se fortalece el vínculo entre todos los abertzales? Si a causa de una hipotética pérdida de votos, debida a estos atentados, Arzalluz tuviera que echarse aún más en brazos de ETA, se habría llegado a la situación ideal.

Digámoslo claramente: lo ideal para ETA sería la repetición del pacto de gobierno PNV/EA/EH pero, si ello no es posible, ETA prefiere que el PNV pase a la oposición con el resto del mundo abertzale. O en el poder o en la oposición, pero siempre juntos, en un solo frente, contra el enemigo común.

La presencia del Terror en las elecciones es obligada, ya que no puede disociarse el Terror del mundo nacionalista y sus objetivos. El Terror no es algo accidental o coyuntural o excepcional, ni por lo que se refiere a la lucha interna del bloque nacionalista, ni por lo que se refiere a la definición de éste respecto a las fuerzas democráticas. A veces eso lo ha intentado, sin éxito, el PNV. Por ejemplo hace poco tiempo se seguía diciendo que el PNV estaba intentando convencer a ETA respecto a una nueva tregua, ya que podría verse favorecido en estas elecciones autonómicas. Ahora podemos ver en qué han quedado esos intentos. Es decir, el PNV no es capaz de imponerse, es ETA la que manda y la única que puede determinar el clima político en cada momento. Lleva la iniciativa, dirige el proceso, arrastra al PNV/EH y éste obedece, traga, acepta el totalitarismo estaliniano.

Es inútil que el PNV intente convencernos de que la táctica de ETA en esta campaña viene a demostrar las diferencias entre ambos. Lo que prueba es su radical inmoralidad al no romper con ETA de forma terminante y definitiva. Por eso podemos preguntarnos con Curzio Malaparte sobre las razones que pueden llevar a las fuerzas conservadoras —antes burguesas— a sacrificar sus ideales de libertad para aceptar la opresión. Cierto que, en la historia vasca, han predominado más los prejuicios antiliberales que al revés.

Votos contra el terror
Editorial El País 13 Mayo 2001 

Sólo los vascos votan hoy, pero todos los españoles están concernidos por lo que se juega en Euskadi. Así lo vino a recordar ETA ayer con su brutalidad habitual: apenas dos horas después de que un orador enfurecido protestase por la dimensión española que han adquirido las elecciones vascas, ETA hacía estallar un coche bomba en el centro de Madrid.

Los terroristas se atribuyen el derecho a asesinar a cualquiera, y quieren que quede claro que quien les vote avala esa pretensión; no les interesa otra clase de votos. Razón de más para que los vascos respondan llenando las urnas de papeletas contra el terror. Frente al intento de ETA de relativizar el papel del voto y de deslegitimar a las instituciones, lo decente es legitimarlas ejerciendo el derecho al voto, y hacerlo en favor de las formaciones que cada cual juzgue más eficaces para acabar con el sistema de coacción organizado en torno a ETA.

Cualquiera que sea el resultado que salga de las urnas, la responsabilidad primera de los políticos vascos será intentar agrupar el máximo de fuerzas democráticas para hacer frente a ETA y garantizar la libertad de todos los ciudadanos. Los electores deciden quién participará en esa tarea desde el Gobierno y quién desde la oposición, es decir, quién tendrá la responsabilidad de liderar, y sobre qué bases, el intento de recomponer la unidad democrática. De una manera muy concreta, ello supone optar entre convalidar o censurar al Gobierno de Ibarretxe. Es decir, entre la continuidad del Gobierno nacionalista o la alternancia. Que ambas posibilidades aparezcan como verosímiles es ya una novedad indicativa de los cambios producidos en la sociedad vasca. Ningún partido tiene un derecho inmanente a gobernar, haga lo que haga y diga lo que diga.

Se juzga lo hecho por el Gobierno de Ibarretxe, que nació en la estela del Pacto de Lizarra. El lehendakari en funciones se ha esforzado en los últimos días de campaña en distanciarse de EH. Su compromiso de no contar con los votos del brazo político de ETA para su investidura es demasiado solemne como para ponerlo en duda. Aunque fue un compromiso arrancado, y precisamente para puntualizar a Arzalluz, que había sembrado la duda. Evitar que EH tenga la llave de la gobernabilidad del País Vasco debería ser un compromiso posible entre las fuerzas democráticas, cualquiera que sea el resultado electoral.

Ibarretxe ha dicho que, si es reelegido, su primera iniciativa será convocar a los partidos para iniciar un diálogo por la paz. El problema es que, si las bases de ese diálogo son las de su programa electoral, obtendrá la misma respuesta que en la anterior legislatura. Los partidos que aspiran a encarnar la alternancia sostienen que la única posibilidad de restaurar el consenso pasa por la aceptación del marco definido por la Constitución y el Estatuto. A su favor está la evidencia de que el intento de Lizarra supuso en la práctica pasar de un consenso del 80% a una división en dos mitades incomunicadas. Reconocer el fracaso de Lizarra, como exigen socialistas y populares al PNV, no pasa tanto por una autocrítica sobre las intenciones como por admitir que no hay una salida al terrorismo en términos de cambiar paz por objetivos políticos. Sobre todo cuando tales objetivos implican que los no nacionalistas hagan suyo el programa nacionalista.

Izquierda Unida se presenta como la alternativa a los dos frentismos, pero lo que ha hecho hasta ahora ha sido avalar uno de los frentes, el nacionalista de Lizarra. Es algo ingenuo suponer que su presencia en ese foro bastaba para redimirle de sus contenidos excluyentes. En su descargo sólo pueden alegar que ellos desconocían la existencia de un pacto previo entre los nacionalistas y ETA. Ésa era una carta no visible en 1998. Ahora todas están a la vista y nadie podrá alegar ignorancia sobre lo que está en juego.

Con el alma en vilo
Por Jaime CAMPMANY ABC 13 Mayo 2001

La banda etarra hizo estallar el coche-bomba de la calle de Goya en Madrid en el mismo momento en que terminaba la campaña de las elecciones vascas y comenzaba ese tiempo de un día que hemos dado en llamar «período de reflexión». Los terroristas ofrecían así, en la capital de España, su último mitin electoral, el discurso final de su campaña, su argumento mejor, su propuesta de futuro para el País Vasco, el resumen de su ideología y de su programa político. No era una casualidad sino una coincidencia buscada de antemano que la explosión del coche-bomba se produjera como el acto final de la campaña en estas elecciones, que han sido sin duda las más importantes, reñidas y sangrientas de todas las que han celebrado los vascos en nuestra democracia.

Cuando este artículo llegue a vuestras manos, las gentes de Euskal Herría estarán ya acercándose a las urnas para dejar en ellas el pacífico recado de su preferencia política. Votos contra explosivos. Votos contra pistoletazos. Cualquier otro diálogo que se proponga, con mejor o peor intención, será solamente una trampa. Ya vemos todos los días los razonamientos con que dialogan los enemigos de la paz y de la libertad, de la libertad para votar, para trabajar, para vivir. Porque esa falaz propuesta de diálogo entre los pacíficos y los violentos es poner a discutir las palabras contra los proyectiles, los argumentos contra las bombas, las razones contra el asesinato. Ese diálogo termina siempre de la misma manera: los que no se someten, mueren.

Hoy, el País Vasco se juega en las urnas algo más que la elección de un lehendakari y la formación de un Gobierno que se instale en los despachos de Ajuria Enea. Hoy, los vascos, con las armas inofensivas y blancas de los votos, se juegan su futuro como país libre en una España libre, como pueblo en paz dentro de un pueblo en paz. Es un pulso trágico que se presenta reñido e igualado. Los vascos decidirán con sus votos si quieren ser gobernados, como hasta ahora, por los que aspiran insensatamente a una segregación suicida, a una desmembración de España y de Europa, o por los que ofrecen el respeto para todas las ideas políticas, incluidas las del separatismo, siempre que sean defendidas con la paz y la palabra, y no con el arma y el explosivo.

Los gobiernos nacionalistas han empobrecido la economía de las tres provincias vascongadas, que figuraban antes a la cabeza de nuestro desarrollo; han hecho de las ikastolas fábricas de odio donde se inocula a los más jóvenes el veneno de un rencor infundado a España y un falseado conocimiento de la Historia; han hecho de la cultura un instrumento, no de entendimiento y de nobleza espiritual, sino de ferocidad y animadversión; han pactado con los que llevan más de un cuarto de siglo matando sin razón ni sentido a personas inocentes sin conseguir otra cosa que sembrar de luto y de tristeza su tierra, su patria y la de todos los españoles. Sólo han logrado producir dolor y la execración general de las buenas gentes. Es un balance terrible que alguna vez debe terminar. Ojalá sea hoy.

Estos nacionalistas vascos que se llamaban demócratas, moderados y pacíficos han terminado por pactar con los asesinos. Capitaneados por un loco peligroso de alma furiosa, han buscado el apoyo en los sanguinarios para lograr objetivos imposibles de alcanzar, objetivos que sólo pueden ser soñados por una mente despótica, diabólicamente soberbia, por un enfermo de la ambición política embebido en la doctrina de un pobre idiota. Naturalmente, me refiero a la mente perturbada de Javier Arzalluz y a la doctrina risible, utópica y ucrónica, de Sabino Arana. El pueblo vasco merece descansar de una vez de este rapto de locura y de sangre, y que le ofrezcan un futuro de prosperidad y no un destino de pobreza y de muerte. Con el alma en vilo, contaremos los votos esta noche.

  El «voto oculto» tiene la palabra
Abstencionistas, indecisos, y los que no revelan su voto por miedo, casi un 40 por ciento, pueden decidir la cita. 1.813.205 vascos están llamados hoy a las urnas. Televisiones de todo el mundo, como Japón, cubrirán el evento
Nacionalismo o constitucionalismo. 1.813.205 vascos están llamados hoy a las urnas para decidir el futuro político de esta Comunidad autónoma divididos casi a partes iguales entre defensores del nacionalismo y defensores del Estatuto. 1.813.205 vascos cuyo futuro está en manos de un 15 por ciento de indecisos, que aún no tienen decidido su voto, y de otro 26 por ciento que ni siquiera tiene decidido si acudirá a votar. 2.644 mesas electorales repartidas en 738 colegios electorales de 250 municipios esperan a los protagonistas de las elecciones más importantes de la Historia del País Vasco, que pueden cambiar el panorama vasco de los últimos 20 años.
R. L. V. - Madrid.- La Razón 13 Mayo 2001

Llegó la hora. Después de dos semanas de intensa campaña electoral y de varios meses de precampaña, 1.813.205 vascos están llamados hoy a las urnas para decidir quien será el próximo «lendakari». Para decidir si apuestan por la continuidad que representa el candidato a la reelección de la coalición PNV-EA, Juan José Ibarreche, o el cambio que abanderan los aspirantes de PP y PSOE, Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo Terreros, respectivamente. Aunque lo que se dice decisión no es precisamente lo que les sobra a los vascos para elegir papeleta. Casi un 15 por ciento de los que tienen derecho al voto hoy no tienen claro a quien votar, según el último y polémico sondeo del CIS (aunque también es cierto que el miedo atenaza a estos encuestados en el momento de manifestar su opción política, por lo que no todo son dudas ideológicas), y otro 26 por ciento no se espera que acuda a los colegios electorales, lo que constituye una bolsa de votos determinante para el resultado final, circunstancia por la que buena parte de la campaña de los partidos ha estado dedicada a estos dos grupos, especialmente desde las filas populares y socialistas, sabedores ambos partidos de que para tener alguna opción de llegar a Ajuria Enea deben mantener los óptimos resultados que cosecharon en las últimas generales, donde la suma de sus votos superó en algo más de 12.000 a la de los nacionalistas.

   Pero si trascendental resultará el voto de estos indecisos, igual de importante va a ser el de los jóvenes que acuden a las urnas por primera vez, unos 63.000, y el de los vascos residentes en el extranjero, unos 32.000. El de los primeros, aunque también servirá para decidir algún escaño de Vitoria, mostrará, principalmente, la tendencia de una juventud que, según varios sociólogos, está plagada de descreídos que no confían en la clase política.

   En total, y por provincias, serán 981.738 vizcaínos, 585.687 guipuzcoanos y 245.780 alaveses los que tienen la oportunidad de depositar su voto en los 250 pueblos que componen el País Vasco. Para ello, dispondrán de 738 colegios electorales, 349 en Vizcaya, 287 en Guipúzcoa y 378 en Álava; en los que más de 13.000 interventores velarán para que la votación se haga dentro de la más estricta normalidad y legalidad. En este apartado, el PP ya ha conseguido su primera victoria, al conseguir que 2350 interventores y apoderados estén presentes en casi 2.500 mesas electorales, lo que supone un avance de más del 40 por ciento respecto a las elecciones autonómicas de 1998. También los socialistas, que tendrán cubiertas más del 90 por ciento de las mesas de los tres territorios, se han apuntado un tanto en este aspecto.

Prensa
La expectación que ha despertado esta trascendental cita ha sido tal que los cincuenta medios de comunicación procedentes de todo el mundo (incluídos países como Japón, México o Alemania) que cubrirán informativamente las elecciones vascas han movilizado a más de 330 profesionales, entre periodistas, productores y técnicos, para contar el desarrollo de los acontecimientos. La tecnología ofrecida por estos medios permitirá un seguimiento casi al minuto de la jornada. Además de las comparecencias oficiales, cualquier persona en el mundo podrá seguir la evolución de los resultados a partir de las 21.30 horas de la noche en tiempo real a través de la página web www.elecciones.net o en los principales portales de Internet (Terra, Canal 21, Ya, Navegalia, Guay,...). Por su parte, el Departamento Vasco de Interior ha instalado noventa terminales de la red privada de intranet en sedes de partidos políticos, instituciones y medios de comunicación. Además, ha puesto a disposición de los ciudadanos un número gratuito (900840841) para resolver cualquier duda y un servicio de colaboración con la Cruz Roja y DYA para facilitar el transporte hasta los colegios electorales a todas las personas enfermas o discapacitadas.

   El coste de las elecciones más trascendentales en la historia reciente del País Vasco, como las han calificado los partidos políticos, rondará los 650 millones de pesetas, es decir, 358 pesetas por cada elector.

Votar es un deber 
Editorial El Correo 13 Mayo 2001

ETA no podía consentir que la campaña electoral fuera despedida por los candidatos solicitando para sí el voto libre de los ciudadanos. Necesitaba hacer patente su poder coactivo sembrando el terror en Madrid. La bomba-trampa alojada en un vehículo estacionado en pleno centro de esa ciudad a punto estuvo de provocar una matanza; una posibilidad que sin duda habían previsto los terroristas. Pero el último atentado perpetrado por ETA no representa sólo la reacción de una banda terrorista que ve cómo su omnipresencia queda orillada en una campaña electoral que, por su propia naturaleza, apela al protagonismo de la sociedad civil. Si el terrorismo, no conforme con el cruel asesinato del dirigente del Partido Popular Manuel Giménez Abad, ha querido llevar el pánico a la capital de España es porque así quiere anunciar que nada de lo que ocurra hoy logrará disuadir a ETA para que ceje en su escalada asesina. Una vez más, el terror devuelve a la realidad a una sociedad como la vasca que tiene una excesiva tendencia al olvido. En lo que concierne a la jornada de hoy, el coche-bomba de Madrid constituye el desafío que lanza ETA a la sociedad vasca en la creencia de que ésta no será capaz de responder al reto con un comportamiento electoral inequívoco contra el terrorismo.

Como no podía ser de otra manera, nuestro ordenamiento constitucional consagra la posibilidad de votar como un derecho que la ciudadanía puede ejercer con entera libertad. Pero aún no siendo una obligación legal, votar constituye un deber cívico, especialmente cuando la sociedad se enfrenta a una encrucijada y requiere de la participación del mayor número posible de ciudadanos para decidir quiénes van a representar su voluntad política en las instituciones. La auténtica encrucijada a que nos enfrentamos los vascos no es la que nos obliga a optar entre una u otra candidatura; la auténtica encrucijada es la que nos conmina a sacudirnos todo asomo de apatía para tomar postura entre la libertad y el abatimiento, entre la razón y la superchería, entre la vida y la sumisión a la pena de muerte. Votar en estas elecciones es un derecho y también es un deber, porque la sociedad vasca ha de comprometerse sin dilación para poner definitivamente fuera de juego el terror, el fanatismo, el etnocentrismo y la xenofobia ideológica que envilecen la convivencia, sometiéndola al tenebroso dictado del miedo y del cinismo.

La libertad, como la paz, sólo se aprecia plenamente en contraste con su ausencia o por el dolor que causa su repentina pérdida. Afortunadamente, la parte más joven del cuerpo electoral no ha conocido otra situación que la democrática; no ha conocido las peripecias de aquellos vascos que fueron despojados del derecho al voto para, tiempo después, sentirse protagonistas de la recuperación de ese derecho. Hoy en Euskadi todas las personas disfrutan de un derecho igualitario al voto; pero no todas pueden sentirse igualmente libres a la hora de opinar, de caminar, de preservar su intimidad, de decidir simplemente que quieren seguir viviendo en la tierra de los vascos. Cada voto ha de constituir un recuerdo para con esa terrible realidad que se da únicamente en este rincón atormentado de la Europa democrática.

Cada votante optará por la papeleta que refleje mejor su forma de pensar. Pero también es necesario que al introducirla en la urna el elector sepa exactamente cuáles son las cláusulas del contrato que pretende establecer con la formación en la que deposita su confianza. Cada ciudadano conoce los compromisos que ha contraído la formación política de su preferencia con sus eventuales electores; cuánta ambigüedad y cuánta voluntad inequívoca alberga cada partido. Por tanto, la responsabilidad del elector no termina en el momento de depositar la papeleta, sino que ha de prolongarse en el tiempo para que ninguna formación receptora del favor popular se crea dueña de poder interpretar más allá de lo razonable el sentido de la confianza que se ha depositado en ella.

La jornada de hoy brinda sobre todo una oportunidad a la libertad, por lo que ha de concebirse como un día festivo en el que la participación de cada ciudadano se funde en un torrente cívico que fluye hacia los colegios electorales. La elección de los miembros del Parlamento vasco es el fiel reflejo de que en Euskadi democracia y autogobierno constituyen las dos caras de una misma realidad. Es el derecho al voto lo que nos hace iguales en una sociedad democrática; es el derecho a votar como vascos lo que sustenta un autogobierno compartido como satisfactorio por la inmensa mayoría. No hay una manera más sublime de sentirse vasco que la de ejercer como tal en el día de hoy acudiendo a votar; votando por la libertad y la vida.

Intereses creados
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 13 Mayo 2001

Si el PNV necesita los escaños de los proetarras de EH para mantenerse en el poder, los aceptará, con las veladuras o las añagazas que procedan. Si el PP y el PSOE se encaraman a Ajuria Enea, entonces los peneuvistas presionarán a los socialistas para formar parte de un Gobierno tripartito.

   Durante veinte años el PNV ha repartido prebendas, cargos, enchufes, subvenciones, ayudas y demás limosnas. No existe en España una red de intereses creados más tupida que la tejida por los nacionalistas vascos. Han multiplicado el número de funcionarios hasta la estupefacción. Han creado centenares de empresas fantasmales para colocar en ellas a simpatizantes, amiguetes y familiares. Han puesto en marcha una caravana incesante de subvenciones del más vario género para favorecer a los que les votan. Han sembrado el entero País Vasco de corruptelas, enchufes y favores. Han extendido sus tentáculos y sus dispendios a grupos nacionales para atraerse apoyos y complicidades. En las elecciones de mañana, Arzallus y sus cómplices se juegan ideologías, soberanismos y miedos. Se juegan, también, el bolsillo. Han hecho de todo, harán de todo por mantenerse en el poder o en una parcela del poder. La tendencia peneuvista a chupar del bote es irrefrenable.


El fin de los votos
ANTONIO GALA El Mundo 13 Mayo 2001

¿Es que los vascos, vivan o no en Euskadi; es que los no vascos que allí viven, acaso no lo saben? El problema básico que existe para ellos es la violencia contra la libertad y contra la vida. Es decir, ETA y sus aliados. Voten hoy lo que voten, si no tienen en la mente esa premisa, será estéril. Si no se funden en un abrazo pacífico, no servirá para nada. Hay que segar la hierba bajo los pies de asesinos y de extorsionadores. Que no se engañe nadie: hoy no se va a las urnas para elegir una forma de Gobierno. Se va para elegir una forma de vida. O para elegir la vida simplemente.

Alternancia y concentración
FRANCISCO JOSÉ LLERA RAMO El País 13 Mayo 2001

Francisco José Llera Ramo es catedrático de Ciencia Política y director del Euskobarómetro de la UPV.
Si algo caracteriza estas elecciones son las incertidumbres sobre su resultado y consecuencias, fruto del terrorismo y el miedo, por un lado, y de la polarización por la política de bloques, por otro. Las elecciones son el resultado de una legislatura abortada y, consecuentemente, los electores se encuentran ante la disyuntiva de apuntalar a la actual mayoría o, por contra, de producir una mayoría de cambio. De lo que no cabe duda es de que se trata de elecciones donde todo es posible, incluido el empate, por lo que generan un mayor interés ciudadano, que augura una movilización récord. En estas circunstancias y tras la voladura dual del centrismo por la política de adversarios, una de las principales incógnitas está en el comportamiento de los electorados moderados y menos identificados, tanto con la dinámica polarizadora como con su partido de referencia. Dado lo ajustado del resultado, puede resultar decisivo el comportamiento de ese casi 4% del censo (unos 65.000 jóvenes) que han alcanzado la mayoría de edad política desde 1998, particularmente en Álava. Y es que Álava, por su comportamiento tradicionalmente a favor del autonomismo, en general, y del PP, en particular, puede ser quien resuelva el empate potencial. Finalmente, la eficacia de la campaña va a ser más decisiva, si cabe, en lo que se refiere al funcionamiento del voto útil, aunque sea de rechazo.

Las elecciones tienen que producir representación y gobierno, algo que en un sistema tan polarizado como el vasco se revela realmente difícil. La representación es algo más que el recuento de los apoyos de cada sigla. El Gobierno es también más que la suma de apoyos parlamentarios o la simple administración del bienestar sin responder a las causas del malestar. Porque el problema del País Vasco no es de bienestar, sino de malestar. No existen graves conflictos ligados a las condiciones socioeconómicas del bienestar (el 72 % de los vascos, según la última encuesta de Demoscopia para este medio, valora positivamente la situación económica). Sin embargo, padecemos una quiebra seria de la libertad, de la confianza en las instituciones de una parte importante de nuestra sociedad, que se siente perseguida por razones políticas. Hay un grave malestar político (el 63% de los vascos valora negativamente la situación política en esa encuesta), generado por el terrorismo en todas sus formas, por la apropiación nacionalista de lo vasco. Malestar que está incrementando la crispación social y que, de llevar a la desesperación de determinados sectores sociales significativos, sobre todo jóvenes, no es irresponsable pensar que pueda producir reacciones violentas indeseables.

Por tanto, el Gobierno que salga de las urnas no lo va ser para administrar el bienestar, sino para acabar con el malestar. Para esto es para lo que se necesita concentración democrática. Por un lado, para la terapia a seguir en la estrategia contra el terrorismo y la subcultura de la violencia y, por otro, para recuperar el consenso en los fundamentos de nuestra convivencia: definición plural y compartida de lo vasco, lealtad constitucional y estatutaria, respeto a las reglas del juego de nuestra democracia y normalización de las relaciones entre las fuerzas democráticas. Por eso, el primer gran pacto de concentración del día después debería ser el rechazo a cualquier capacidad de chantaje o condicionamiento de la gobernabilidad por los representantes políticos del terrorismo abertzale y la aceptación de cualquier mayoría democrática capaz de formar gobierno estable e impulsar tal dinámica de unidad. Todo apunta a que, en las actuales condiciones, la única mayoría capaz de dirigir este proceso es la de los partidos autonomistas.

El único drama que parece existir para algunos, sobre todo para los que han monopolizado el poder, es simplemente la alternancia democrática. En nuestro caso, la alternancia es dramatizada como causa de nuevos males. Para aceptarla, hay que superar viejos prejuicios de catecismo ideológico, sacudirse el miedo al futuro, en definitiva, no dejarse engañar (una vez más) por cutres coartadas fraguadas en la ignorancia. No sería nada nuevo que ese gobierno del cambio no contase con mayoría absoluta y, además, durase o, incluso, aunque no durase demasiado, pero sí lo suficiente para restaurar el libre juego de las alternativas plurales.

El estropicio de los que, desde el Gobierno, nos han metido de forma irresponsable en la política de adversarios y se han metido a sí mismos en un callejón sin salida, sólo se resuelve con la vuelta a la política de consenso con una clarificación democrática previa. Ésta requiere trabajo, tiempo y cambio de política y debe ser dirigida por un Gobierno distinto, con capacidad y convicción para llevarla adelante. Sería ingenuo e irresponsable que en las actuales circunstancias cerrásemos los ojos y, haciendo como que no ha pasado nada, se constituyese una mayoría de gobierno, que ahora llaman 'transversal' los esnobs de la corte. Para nuestra regeneración democrática, es imprescindible que, también en Euskadi, la weberiana ética de las responsabilidades se imponga sobre la irresponsable ética de los principios.

Los miedos enfrentados
En muchas partes de Euskadi convive el miedo a ETA con un nuevo miedo, quizás sin motivo pero real, sembrado por el nacionalismo, a una España vindicativa
HERMAN TERTSCH  Ondarroa El País 13 Mayo 2001

Bar Gaztedi, en la alameda de Ondarroa (Vizcaya), bien entrada la tarde, en pleno final de campaña. El dueño del local ve una bolsa redonda junto a una pared, no lejos de la barra. '¿Qué es eso?', pregunta nervioso y se apresura a examinarla de cerca. La bolsa es semitransparente, por lo que pronto pasa el sobresalto. El camarero sonríe aliviado. Era un balón de fútbol. No es muy explicable la reacción de susto. En el municipio de Ondarroa, todos conviven con un poder absoluto de Euskal Herritarrok. Y quien se lleva bien con esta fuerza no ha de temer bombas desde hace más de tres lustros. Pero los nervios están crispados. Juegan malas pasadas.

Markina, un día antes. Un amigo desde la infancia saluda con gesto adusto al periodista y le espeta: 'No sé cómo te atreves a venir por aquí después de lo que has escrito y dicho'. Ahí acaba la conversación. Otros son menos hoscos en este pueblo, que siempre ha sido tranquilo y amable. Hablan, en voz baja, para criticar el Pacto de Estella, lo que alguno llama los 'errores' de Arzalluz y Egibar al frente del PNV, fuerza mayoritaria en el pueblo. Pero todos hablan con temor de la inminente amenaza de una 'reconquista' por parte de las fuerzas de Jaime Mayor Oreja, a quien alguno parece confundir con el general Mola y los tercios de requetés.

Lekeitio, dos días después. Las pescaderas venden cabrachos, salmonetes, rodaballos y merluzas magníficas en su mercado diario junto al puerto. Hace un día estupendo. Pero hay muy poca gente en los bares y restaurantes de este delicioso puerto de mar. Unos arrantzales (pescadores) jubilados hace tiempo chiquitean por los bares del puerto. Hablan, como casi todos los mayores en este triángulo vizcaíno, un vascuence que mezclan con perfecta naturalidad con frases en castellano. Y hablan mucho más de Mayor Oreja que de Arzalluz, presidente del 'partido de toda la vida', o de Arnaldo Otegi, el etarra 'reconvertido' a la política que, con EH, ostenta también su dominio total en el escenario político del pueblo.

Bandas amarillas
La única propaganda electoral visible en Lekeitio es la de EH. En Ondarroa y Markina, la situación no es muy diferente. Y la propaganda electoral del PNV se ha ido incorporando al discurso de EH según pasaban las jornadas. Nadie se atreve a retirar pancartas y carteles de unos. Las largas bandas plásticas amarillas con el lema de 'EH, EH, EH, EH' son omnipresentes. Pero nadie hace nada por impedir que se retiren, manchen o cubran los carteles que quizás, en algún momento de militancia suprema, han pegado o colocado otras fuerzas democráticas. La calle aquí sigue siendo de unos.

El Partido Popular y el Partido Socialista se las verán y desearán incluso para mantener un mínimo control de los procedimientos de voto hoy, domingo, día histórico para Euskadi como las fechas clave que llevaron a la aprobación del Estatuto de Gernika. Los partidos constitucionalistas no han intentado siquiera pegar carteles en estos pueblos, en los que su propaganda es dinero tirado a la basura porque no aguanta ni minutos en las paredes antes de ser arrancada. Por no hablar de organizar un mitin, que sería un riesgo para la seguridad de los oradores de forma inmediata y de los asistentes al mismo a largo plazo si residen en dichas localidades.

Pero también el PNV ha tenido que ver cómo en todos los carteles pegados por sus militantes han sido colocadas posteriormente pegatinas acusando a Ibarretxe, al antiguo aliado en Estella, de decir 'sí' a todos los males que se ciernen, según los chicos de Otegi, sobre una Euskadi asediada por esos extraños foráneos que, sin embargo, son de allí.

No hay igualdad de oportunidades para los diversos partidos en esta esquina de Euskadi como no la hay en muchas otras. Pero sí se ha producido un gran cambio en los últimos meses en el País Vasco, también en estas zonas en las que defender la Constitución española y el Estatuto de Gernika es algo no ya mal visto, sino casi siempre peligroso. Los que se consideraban dueños eternos del batzoki por designación cuasi divina dudan y temen que les fallen por primera vez las garantías eternas de hegemonía. Es muy significativo, y sus efectos pueden ser muchos y muy contradictorios sobre los resultados que esta noche habrán de producirse tras el recuento de votos. El miedo, esa gran arma utilizada desde hace años por los violentos y sus jefes en ETA -con gran éxito, por cierto- contra los que abominan de Estella es ya un sentimiento, una emoción, que afecta a todos.

Por primera vez en décadas son muchos los abertzales que tienen miedo. Por supuesto que no a que los mate ETA, que concentra su atención en objetivos menos afines. Ni tampoco a batallones vasco-españoles o gales que actuaron en su día por esta zona, pero que todos saben que no existen desde hace casi una generación. Pero sí se percibe ya un temor real, consistente y creíble a que hoy se produzca un seísmo político que resquebraje un sistema en el que una inmensa mayoría de la región se había acomodado y que aquí muy pocos percibían como un peligro físico real.

Por primera vez existe el miedo a que caiga un régimen que había creado unos privilegios ciertos, el de la seguridad personal el primero, pero también otros muchos, como el de la impunidad para actuaciones que son delictivas en el resto del mundo, o el de los puestos de trabajo por clientelismo y las omnipresentes subvenciones que tanto 'fidelizan', como se dice ahora en el mundo empresarial. Como en todas partes del mundo, y a pesar de las insistencias en las certezas inmutables del nacionalismo como son el agravio y el victimismo, también en zonas de Euskadi con la presión ideológica, social y económica como ésta existen los cínicos y los lúcidos. No son ya uno ni dos, ni sólo intelectuales ni constitucionalistas de toda la vida, los que ponen en duda que muchos nacionalistas consideren la derrota del PNV como la única salida de una espiral del absurdo, y que otros muden de lealtades si el partido de 'los vascos de toda la vida' pierde la mayoría y así también el control del Gobierno y de la financiación, precisamente de esas lealtades que algunos consideran eternas y que, según se vio en Álava tras la pérdida por parte del PNV de la Diputación, no lo suelen ser.

Dicen algunos viejos en Ondarroa y Lekeitio que la llegada de Mayor Oreja al poder sería como la invasión de tropas moras y la entrada de los requetés en pueblos 'separatistas'. Si ha habido algún mensaje de Ibarretxe que ha cuajado aquí es el de la amenaza revanchista de Mayor Oreja, unido al 'traidor' de Nicolás Redondo -'su partido, al fin y al cabo, luchó con nosotros en la guerra'-, según contaba uno. La memoria selectiva, una vez más. Lucharon juntos en la guerra durante un breve periodo, ya que los nacionalistas se entregaron con manifiesta docilidad a unos fascistas, ésos sí realmente extranjeros, italianos para más señas.

Pedigrí
En esta parte de Euskadi no hay dudas de identidad más que entre aquellos que acudieron a la llamada de la industrialización y la pesca y han tenido hijos que han multiplicado su voluntad y militancia antiespañola para lograr pergeñarse no ya un carné de identidad vasco, sino un pedigrí de euskaldún puro al estilo del líder de EH, Joseba Permach, un ilustre zamorano que da lecciones de abertzalismo a los ciudadanos de Zarautz. Por no citar a muchos otros que multiplican las k y tx en apellidos castellanos, andaluces o extremeños en su esfuerzo por lograr participar en el concurso de exclusión ideológica y racista que los desprecia. Aquí, los vascos son, en su mayoría, vascos, si esto significa algo después de muchos siglos de navegar y combatir a favor de la Corona española. No como en Rentería o partes del Goiherri, donde hay que jurar fidelidad al 'águila negra' de Herri Batasuna para entrar en la tabla redonda del fanatismo y del etnicismo tan puro como falso.

Bilbao, miércoles antes de las elecciones, cerca del museo cosmopolita del Guggenheim, lejos de los bares baserritarras de los valles de Lea Artibai o el Alto Deba y de los falsos idilios del vasco puro y fiel, melómano con la txalaparta y sólo obediente a Jaungoikoa (Dios) y a su identidad milenaria.

Dos viejos discuten acaloradamente. Uno se defiende de quien dice que los dos últimos años de pacto fracasado entre el PNV, EH y ETA han sido un fracaso. 'Mira, del PNV no se discute. Es como el Athletic [de Bilbao]. De aquí de siempre'. El otro responde: 'Es cierto. El PNV está como el Athletic, y eso es motivo suficiente para que pague sus culpas'. Unos piensan que ha de hacerlo en Segunda. En la oposición. Otros creen que por no bajar a Segunda serían capaces de firmar un acuerdo con el mismo diablo. Arzalluz pensaba lo segundo. Incluso así, quizás baje a Segunda. 

¿Fin de régimen?
Nada hay más significativo ante unas elecciones generales que la súbita comprensión de algunos recalcitrantes hacia las posiciones de los posibles ganadores. El mundo idílico del vasquismo retrógrado y empobrecido que ha transmitido el PNV especialmente desde que se lanzó a la aventura soberanista se resquebraja. Los guerreros siguen en pie y dispuestos a matar y a amedrentar cuando y cuanto puedan.

Pero ante los síntomas que emite el PNV en Euskadi es imposible evitar el recordar aquellos momentos que precedieron a la caída de los regímenes comunistas en el Este de Europa. No se dude de los principios democráticos que han inspirado a los nacionalistas vascos en muchas décadas y que nada tienen que ver con las reglas del leninismo más perverso de los partidos comunistas finiquitados por obra, voluntad y gracia de sus propios pueblos, tanto tiempo sometidos por la intoxicación y la represión. Hay lealtades mutantes, obcecados y gente sólidamente instalada en su pesebre de la gran patria, en el socialismo real o en el cristianismo más euskaldún.

En Euskadi, donde por fin es posible, sólo posible, un cambio de régimen, y por tanto de hábitos y reglas, se nota ya que hay muchos seres, fieles seguidores de la ideología dominante y que nunca se habrían resistido a la misma siendo ésta omnipotente, consideran hasta deseables otras opciones.

Quienes creen que iban a ganar siempre temen hoy perder un régimen de vida cuyos costos siempre pagaban otros, en vidas, sustos, amenazas o impuestos revolucionarios. Si ganan, los de siempre continuarán su carrera de desprecio hacia los sufrimientos ajenos. Y muchos de quienes han puesto ilusión en la regeneración moral de la sociedad vasca tirarán la toalla. La selección negativa se acelerará y quedarán aquí los peores. 

El auge de la cultura de la violencia aturde a la sociedad vasca
'En mi centro somos unos 30 profesores, pero sólo 4 o 5 paramos 15 minutos tras los asesinatos'Los responsables de la educación de los jóvenes se preguntan sobre los fallos del sistema

JOSÉ LUIS BARBERÍA | San Sebastián El País 13 Mayo 2001

Los numerosos periodistas extranjeros que recalan estos días en Euskadi han tenido serios problemas para digerir la convulsa y desgarrada actualidad de esta campaña electoral, perfumada con el aroma fuerte de los referendos. Quienes consiguen finalmente hacer una cierta digestión de la espesa sopa de datos, informaciones y declaraciones terminan por confesar que su perplejidad inicial sigue estando intacta.

'¿Cómo es posible', dicen, 'que una organización de las características criminales y desestabilizadoras de ETA disponga todavía de tantos apoyos, mantenga un conflicto político de semejante envergadura en una región desarrollada que disfruta de una renta per cápita similar a la de la media europea y de una autonomía tan amplia?'.

Su perplejidad no es muy diferente a la de tantos ciudadanos españoles y vascos. Muchas de sus preguntas enlazan, de hecho, con los interrogantes que penden sobre el futuro próximo de Euskadi. '¿Por qué los nuevos jóvenes de ETA que llegaron al mundo ya en la democracia y la autonomía vasca exhiben una crueldad tan extrema, buscan el terror y el exterminio del adversario político?'. Sea cual sea el veredicto de las urnas, el Gobierno vasco resultante no podrá aplazar por más tiempo la necesidad de abordar seriamente el anacronismo salvaje de la pervivencia y reproducción sin fin de la ideología de la violencia, tendrá que resolver coherentemente este asunto de la perplejidad, dar respuesta a algunas preguntas claves.

¿El sistema político y educativo prepara efectivamente a los jóvenes vascos para hacer frente a la intolerancia ideológica y cultural, les vacuna contra el intento de imponer por la violencia un determinado proyecto político, les forma en la defensa activa de la pluralidad y de los derechos humanos? ¿Responde adecuadamente a las exigencias actuales de una sociedad amenazada como la vasca, contribuye a forjar ciudadanos responsables y libres o, por el contrario, hace dejación de sus responsabilidades, facilita pasivamente el solapamiento de los problemas y la infiltración ideológica de quienes justifican el terrorismo y, o, defienden un nacionalismo excluyente?

'El departamento de Educación no ha establecido nunca normas dirigidas a estimular el compromiso contra la violencia, aunque la tolerancia es un objetivo enunciado en los programas. En la práctica, todo depende de la ideología predominante en los centros y, naturalmente, de nuestra actitud personal', afirman varios profesores. 'En mi centro', apunta una profesora de Historia de una ikastola pública guipuzcoana, 'somos una treintena larga de profesores, pero sólo 4 o 5 hacemos el paro de 15 minutos tras los asesinatos. Así es difícil dar referencias morales a los alumnos', indica.

Profesores con amplia experiencia docente destacan la escasa presencia en determinados libros de texto, no en todos, de los fenómenos del fascismo, el nazismo y el estalinismo. Echan de menos un tratamiento específico sobre los peligros del nacionalismo radical, excluyente. 'Es ridículo', apunta uno de ellos, 'que el capítulo de los felices años veinte, por ejemplo, tenga más importancia que el conjunto de las ideologías totalitarias, que no se plantee seriamente el tema, cuando ahora y aquí, en Euskadi, estas lecciones podrían aclarar las ideas a tanto alumno despistado y confuso'. En su opinión, un profesor responsable está hoy particularmente obligado a completar por su cuenta la formación de sus alumnos. 'Hay muchos compañeros que no quieren problemas con los chavales organizados en Ikasle Abertzaleak (Alumnos Patriotas) y se largan de clase en cuanto aparece el primer panfleto. No quieren ser acusados, como ya me ha pasado a mí, de dar la Historia desde un punto de vista extranjero'. Hay casos similares que muestran que exigir militancia en este terreno a los profesores puede resultar un encargo excesivo. 'A mí me sacaron pasquines con mi nombre y mi teléfono simplemente porque les confirmé que habían perdido la votación de convocatoria de huelga', señala una jefa de estudios.

Las dudas razonables sobre la bondad del sistema educativo vasco y las certezas retenidas durante largos años han empezado a aflorar ya en esta frustrada legislatura, a la vista de esa nueva generación de jóvenes que ha tomado las riendas de ETA y de la violencia callejera. ¿Qué es lo que ha hecho o dejado de hacer, pues, el sistema para que, tras dos décadas de autonomía, surja un prototipo de joven fanático que considera 'cien por cien legítimo' el asesinato de los concejales y cargos políticos de los partidos no nacionalistas? ¿Cómo es posible que miles de adolescentes y jóvenes sigan participando en los actos de Haika -la heredera de Jarrai-; que una organización semejante, la única verdaderamente existente como tal entre la juventud vasca, conserve su capacidad de arrastre, siga manipulando a los adolescentes, bien encapuchada bajo los valores de la pretendida rebeldía juvenil ante 'la opresión'?

La dinámica que el sistema ETA despliega para su autoalimentación y la asimilación de ese porcentaje de jóvenes que en otras latitudes estaría con los skin head o con otros grupos de delincuencia social violenta no explica, obviamente, todo el problema. Como tampoco lo explican, aunque su incidencia en una situación de crisis como la vasca parezca también evidentes, la extrema laxitud de algunos comportamientos familiares y sociales, la falta de referencias, de exigencia de responsabilidades, que hace que los jóvenes violentos se consideren sujetos de derechos, pero no de deberes, que ignoren el verdadero alcance de sus actos, que confundan una sanción más bien benigna con una represión intolerable.

Tal y como la cuentan algunos, la historia de Euskadi sería un todo continuo marcado por la esencia del ser vasco y por la lucha permanente de la independencia. 'Hay compañeros de claustro que fomentan una visión irreal de Euskadi, que explican las guerras carlistas y la guerra civil como el enfrentamiento entre vascos y españoles, que hacen prevalecer lo que se quiere llegar a ser por encima de lo que se es', apunta un profesor. 'Y luego, claro está', subraya, 'tenemos el mapa de las siete provincias, que incluye a Navarra y al País Vasco francés, y que está omnipresente en todos los libros de texto, en las enciclopedias y en la televisión pública, ligado al propósito permanente de difuminar, vadear, la cuestión de España. Se enseña poco la realidad política y administrativa de la Comunidad Autónoma Vasca, la Euskadi del Estatuto y de hecho', afirma.

No es casual, desde luego, que las centrales nacionalistas LAB y ELA ostenten el 100% de la representación del profesorado de las ikastolas privadas. Son microcosmos de monocultivo nacionalista, como esos pequeños municipios donde no existen más partidos que el PNV y EH. Revistas dirigidas a un público infantil y juvenil como Kili Kili, donde el fundamentalismo aranista se da la mano con la ideología victimista y violenta, prueban, a su vez, elocuentemente, la persistencia del integrismo y del antiespañolismo racial. 'Los vascos que hablan en castellano son españoles', 'nuestra sangre no se ve, nuestras viejas leyes hoy no lo son, pero nuestra lengua, el euskara, se escucha', 'eso es lo que los españoles que nos aprisionan no quieren escuchar, si mantenemos el euskara seremos pueblo y lograremos la independencia, pero... aunque logremos la independencia, si perdemos el euskara, será en vano, pues no seremos nosotros', son desde hace años las proclamas movilizadoras de esta publicación subvencionada con el dinero público.

La galería de escritores euskaldunes consagrados en los libros de texto y en las enciclopedias incluyen a un buen número de autores vinculados a esas posiciones. Hasta Mikel Albisu, Mikel Antza, el presunto jefe máximo de ETA en la actualidad, cuenta con una plaza de honor en la enciclopedia Euskal kultura gaur (La cultura vasca hoy) a cuento de algunas obritas de su primera juventud. El mundo de la enseñanza, la producción y difusión en euskara está lejos, todavía, de haber hecho su verdadera catarsis, pero resulta probablemente erróneo cargar sobre las ikastolas y la educación en general las carencias que, probablemente, nacen del propio discurso político de deslegitimación del Estado, de las contradicciones internas del nacionalismo no violento que dice no compartir los medios de ETA, pero sí los fines; de las maniobras dirigidas a neutralizar la rebelión ciudadana, del fomento desde el poder y sus aledaños de un sentimiento melancólico de lo vasco, agónico, permanentemente agraviado.

Más que en los contenidos educativos en sí, el problema mayor parece residir hoy en las carencias mismas del sistema, en la falta de una educación en mayúsculas efectivamente comprometida en la defensa de los derechos individuales, de la libertad y de la vida, de la pluralidad gozosa de la sociedad vasca, en la pelea por desmantelar los subterfugios en los que anida la ideología violenta. Y es que en Euskadi, esa tarea ha estado durante todos estos años instalada en el ámbito exclusivamente moral, del testimonio, bajo la impregnación religiosa, mucho más que en plano de la política consecuente. 'Se educa a los jóvenes a ser buenos vascos, casi siempre en clave nacionalista, pero no a ser buenos ciudadanos', resume un profesor. 

'Lástima que no te hagas política, porque así te podría pegar dos tiros' 

¿Qué tremenda confusión se ha instalado en la sociedad vasca para que haya incluso padres de EH asustados hoy ante la posibilidad de que sus hijos caigan en la redes de Haika? La anécdota la cuenta una profesora de un centro de Secundaria: 'Fue al día siguiente del asesinato del concejal socialista de Lasarte Froilán Elespe. Mis alumnos estaban respondiendo a la pregunta de qué les gustaría ser dentro de 10 o 15 años. Una de ellos dijo que le gustaría ser enfermera y entonces su compañero de mesa, muy caracterizado por sus posiciones, le espetó tranquilamente: 'Lástima que no te hagas política, porque así te podría pegar dos tiros'. Tuve una bronca tremenda con él', prosigue la profesora, 'pero, aunque nunca se sabe, es posible que haya servido para algo'.

El nacionalismo sostiene que no hay relación alguna de causa y efecto entre el sistema educativo y la violencia juvenil. Y argumenta, no sin razón, que los jóvenes violentos no son patrimonio exclusivo de las redes privada y pública de las ikastolas.

Cierto. La descalificación genérica en este terreno del conjunto de las ikastolas resulta injusta y minusvalora los esfuerzos de no pocos profesores, algunos de los cuales han sido también amenazados y atacados. Con todo, tampoco es posible ignorar los elementos objetivos que han confluido en la enseñanza en euskera, el mayor grado de probabilidad de que surjan jóvenes convencidos de que sólo el euskera y su mundo constituyen lo genuinamente vasco, que Euskadi es una nación ocupada por dos Estados a la que le asiste el derecho natural de liberarse, y que es legítimo sacrificar las vidas que hagan falta en el altar de ese objetivo supremo. 

La hora de la verdad
José María CARRASCAL La Razón 13 Mayo 2001

Hay momentos cruciales en la vida de los pueblos. Momentos en los que se juegan su futuro a una carta, sin que haya posibilidades de abandonar la partida. Para el pueblo vasco llega hoy uno de esos momentos. Él, y sólo él, puede decidir su destino. Y en la parte que le corresponde, el de España.

   Las opciones son muy simples, muy claras. Por un lado, seguir como hasta ahora. Por el otro, cambiar el escenario, los actores y el guión que hasta ahora ha tenido la política vasca. Seguir como hasta ahora ya sabemos lo que significa: un gobierno chantajeado por una minoría radical, dispuesta a saltarse todas las normas con tal de alcanzar sus objetivos. Kale Borroka a granel. Continuación de los atentados. Un muerto de tanto en tanto, con las consiguientes condenas, denuncias y manifestaciones de protesta, que no sirven de nada. Miedo en el alma e indignación en los corazones. Hipocresía. Parálisis.

   La otra opción es tirarse al vacío sin saber si el paracaídas se abrirá. Jugársela. Dar una oportunidad a los hasta ahora condenados a muerte para ver si, salvándose ellos, se salvan todos. En otras palabras, dar un vuelco a la situación. ¿Es lo que está buscando Eta? ¿Medirse cara a cara con los «españoles»? ¿Echar del poder a esos meapilas del PNV para convertirse en la la primera fuerza del nacionalismo vasco? ¿Suenan las doce campanadas, con ambos contendientes, ya solos, en medio de la plaza? Se entiende que muchos vascos reculen y sigan prefiriendo una salida pacífica, dialogada, de la crisis que asola su país desde hace décadas.

   Pero no la hay. No la hay porque el pequeño monstruo que ellos mismos crearon para echar a los españoles se ha convertido en un Frankenstein que no obedece órdenes de nadie, y está dispuesto a llegar al final, a su final, como sea.

   Ya no sirven las caretas, ni los enjuagues, ni los paños calientes. A estas alturas, la alternativa al PP-PSOE en el País Vasco no es el PNV. Es Eta. Sin que nadie pueda alegar ignorancia sobre los fines y los métodos de Eta y de sus aliados. Quienes den hoy su voto a EH saben que van a respaldar el tiro en la nuca, aunque comulgue diariamente e incluso aunque impartan la comunión. Quienes se lo den al PNV saben que apoyan el mirar hacia otra parte, como miraban aquellos alemanes cuando los SS se llevaban a sus vecinos judíos a los campos de concentración. Quienes se lo den al PP o al PSOE saben que están apoyando una alternativa arriesgada, pero alternativa, a lo que ocurre hoy en su tierra. En cuanto a los que voten IU, ni siquiera saben qué votan, lo que puede ser lo más triste de todo.

   En el País Vasco no se enfrentan hoy nacionalistas y constitucionalistas. Se enfrentan los que creen tener derecho a seguir asesinando y los que piensan que tienen derecho a no ser asesinados. ¿Por quién vota usted, ciudadano de Euskal Herría?

Hernani-Ermua, de la dictadura a la libertad
ERMUA/HERNANI. J. Pagola ABC 13 Mayo 2001

Hoy, Ermua sigue recordando a Miguel Ángel Blanco. No olvida a su concejal asesinado, pero tampoco a los más de 800 inocentes que le precedieron y al casi medio centenar que le siguieron en la siniestra lista provocada por la barbarie de ETA. La rabia de aquel dramático julio de 1997 la ha transformado en permanente rebelión contra la tiranía. Hoy nadie duda de que la revolución contra ETA, la auténtica, la del «¡Basta ya!», la de las manos blancas, nació en esta población limítrofe, que reconcilia la tradicional rivalidad entre vizcaínos y guipuzcoanos.

DEL SILENCIO, AL GRITO DE LIBERTAD
Hernani representa la antítesis, la dictadura del miedo, el feudo de los dirigentes de EH, que primero lanzan a la «guerra sucia» a algunos de sus jóvenes y, si mueren, víctimas de su propia barbarie, como Ekaiz Ruiz, les convierten en hijos predilectos. Hernani es feudo de la alcaldesa Mertxe Etxebarria y de quienes junto a ella controlan en mayoría su Ayuntamiento, capaz de no condenar el asesinato del ertzaina Iñaki Totorika, aunque fuera perpetrado en su plaza de Zinko Enea. Hernani-Ermua, distanciadas por poco más de cien kilómetros. Cien kilómetros por donde discurre el largo y tortuoso camino de la dictadura a la democracia, del silencio impuesto por ETA, al grito de libertad de quienes se rebelan contra ella.

«En Ermua se respira la libertad muchísimo más que en otros municipios del País Vasco», asegura su alcalde, Carlos Totorika. Y, sobre todo, muchísima más libertad que en Hernani, donde los vecinos que no comparten ni medios ni fines con ETA, esto es, los casi tres mil ciudadanos que votan al PSE o al PP, viven ocultos, en silencio. Uno de los dramas de estos anónimos ciudadanos, estigmatizados por no ser cómplices de terroristas, es que contemplan, impotentes, cómo otros manchan el nombre de Hernani y lo hacen protagonista de los episodios más negros de la reciente historia del País Vasco.

En opinión de Totorika, para ese clima de libertad es clave la postura de sus convecinos, que viven el «espíritu de Ermua» en el día a día. Cada vez que ETA o sus grupos de apoyo perpetran una fechoría en cualquier municipio, no menos de tres mil vecinos de Ermua se echan a la calle para reactivar su denuncia. Y, al mismo tiempo, cada vez que estos ciudadanos plantan cara a ETA y sus cómplices, los aproximadamente 900 simpatizantes que EH aún conserva en el municipio se repliegan. En Hernani ocurre lo contrario. Los pocos que se atreven a concentrarse en la calle para condenar un atentado, sufren la agresión de los proetarras.

BOICOT A A COMERCIANTES DE HB
En Ermua, muchos de los comerciantes que simpaticen con el brazo político de ETA sufren el boicot de los vecinos. Por eso, cada vez son menos los que alardean de sus connivencias con EH. «Es una reacción espontánea de la gente, no fruto de estrategias políticas», dice Totorika. «Ahora bien, nadie se mete con ellos y, desde luego, viven mucho mejor que un ciudadano no nacionalista en los municipios controlados por ellos», añade. En cualquier caso, «la convivencia entre ambos colectivos está rota». En Hernani, sólo parece existir un sector, el proetarra, al acecho para identificar al otro, al clandestino, y señalarle ante ETA.

En Ermua, apenas hay pintadas a favor de los pistoleros. Un dibujo del rostro del etarra «Argala» sobre una pared escondida es una de los pocas. La pintura, ya descolorida, revela el paso del tiempo. En Hernani, la apología del terrorismo está en la fachada de su Ayuntamiento, en sus soportarles, junto a las dependencias de la Policía Municipal, está en su plaza de los «gudaris» y, lo que es peor, se respira en su ambiente. Son dibujos elaborados en la impunidad. Y, lo que es peor, en presencia de los más pequeños, que ven, de la forma más natural, cómo el autor se recrea diseñando la capucha o el subfusil.

EL MIEDO DE LOS «BORROKAS»
En Ermua, los episodios de «kale borroka» brillan por su ausencia. «Saben que si los cometen tendrán respuesta entre el pueblo. No se atreven. Si tienen ganas de lanzar cócteles molotov se van a otros pueblos», afirma Totorika. En Hernani, anteayer quemaron una estación de Renfe; mañana pueden ser la Casa del Pueblo, la oficina de Correos, tres bancos...Si ocurre, la entidad atacada abrirá su puerta calcinada para atender entre escombros a los usuarios, que no se quejarán. ¿Miedo?, ¿costumbre?. Probablemente los dos sentimientos.

Ermua es un municipio donde confluyen en libertad ciudadanos de cualquier parte de España. De hecho, Andalucía, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura o Galicia tienen sus respectivos centros regionales. «A quienes vienen de fuera les hemos animado a hacer compatible el conservar sus raíces con sentirse vascos, porque tampoco queremos que se aíslen», comenta Tototika. Ermua ha dado tres activistas a ETA pero de los tres se avergüenza. Uno de ellos es Zorrión Zamakola, encargado de captar pistoleros, hasta su captura. Totorika recuerda cómo hace unos años, Zamakola, entonces periodista de «Egunkaria», le entrevistó. Hernani, de nuevo la antítesis de Hernani, ha dado decenas de etarras y su régimen batasuno se siente orgulloso de todos ellos.

Periodistas bajo el volcán vasco
La Asociación Mundial de Periódicos lo ha dejado claro: «Cuando la jornada de un periodista empieza buscando una bomba debajo del auto, [...] cuando los periodistas ya no pueden ir a buscar a sus hijos a la escuela, la libertad de expresión está seriamente comprometida». Así viven los que informan sobre el País Vasco y que componen parte de lo que Arzallus denomina la «Brunete mediática»
José Antonio Fúster - San Sebastián.- La Razón 13 Mayo 2001

Los quiosqueros de todo el mundo tienen la sana costumbre de entregar el periódico doblado. Cuestión de comodidad en el momento de la entrega y de la recepción del poco dinero que cuesta un diario. Esta operación es aún más práctica si el cliente, por ejemplo, pide tres periódicos; así, el quiosquero pone uno encima de otro en orden aleatorio (o en el orden en el que el cliente se los ha pedido) y los dobla de nuevo. Así, con este mecanismo de entrega, siempre es un periódico el que da la cara, dejando encerrados en su interior a los otros dos. Pues bien, en el País Vasco, este simple ejercicio de practicidad no es tan simple, sino que está condicionado por el miedo y por la prevención del quiosquero, que siempre colocará en su interior a los periódicos cuya lectura en público (pruebe a degustar este periódico tomándose un zurito en el casco viejo de San Sebastián) puede suponer al cliente un disgusto. Más claro. Desde hace ya más de dos años, REPORTER ha comprado tres periódicos a la vez en varios comercios del País Vasco (dos fijos, «El Diario Vasco» y LA RAZÓN, y uno madrileño, al azar) y siempre hemos obtenido el mismo resultado: primero el quiosquero pone El Diario Vasco encima del mostrador, a continuación, el otro diario «madrileño» y sobre los dos, LA RAZÓN. Luego los dobla todos y así, este periódico queda oculto. 

Pero no queda ahí la cosa. También hemos probado a pedir sólo este periódico y una cajetilla de tabaco. El quiosquero pone los dos consumibles encima del mostrador y canta el precio. En ese momento hemos dicho: «¿Eeeh!, perdón; me da también El Diario y El Mundo». Entonces el vendedor ha desplazado el paquete de tabaco, ha levantado LA RAZÓN, ha tomado El Diario Vasco y lo ha colocado debajo, luego ha puesto el otro diario nacional y encima ha vuelto a colocar este periódico, doblándolo todo para finalizar y volviendo a dejar los diarios «incómodos» ocultos a todas las miradas, las buenas, las malas y las que buscan pelea. Pues si esta es la la «libertad» de la que goza un lector de periódicos (la libertad absoluta sólo la tienen aquellos que compran y exhiben «Gara», diario guipuzcoano heredero de «Egin» y que no es proetarra, sino que cuenta entre sus colaboradores con reconocidos proetarras), imagínense la libertad de los periodistas que trabajan para diarios que en sus principios fundacionales o en su quehacer diario se apoyan en la Constitución (sobre todo de los que siempre quedan ocultos en el interior del compacto paquete que entrega el quiosquero a cambio de unas pocas monedas).

   Pero aún así, todavía hay clases y grados de libertad entre los periodistas que se ganan las lentejas (esto no da para más) escribiendo información «sensible» sobre el conflicto vasco. Por un parte están los de los medios regionales, que tienen la libertad... «de informar asépticamente», como asegura a REPORTER un redactor de un medio vizcaíno.
   
   Mucho cuidado
   «Asépticamente, sobre todo desde Lizarra y el comienzo de la tregua de Eta, y con mucho cuidado en lo que se refiere a cualquier información que tenga que ver con los proetarras. En ese momento, en plena tregua, la situación era tan delicada y todos teníamos tanto empeño en no fastidiarla que reconozco que me concentraba en realizar un ejercicio de autocensura para que no hubiera la más mínima beligerancia en cualquier cosa que yo dijera o escribiera».

   ¬ ¿Sin presiones?
   ¬ «Sí... bueno, no. Sí había una cierta presión personal por parte de Euskal Herritarrok, quiero decir, por parte de sus gabinetes de prensa. Esto te lo puede decir cualquier periodista que haya asistido a cualquier acto de EH, como si es una rueda de prensa para que repatríen a los presos o contra la central de Itoiz. Sus jefes de prensa son muy listos. En cuanto ven que eres nuevo se acercan, se presentan, se interesan por ti y por lo que haces. Al día siguiente te llaman para decirte que les ha gustado lo que has escrito o que no les ha gustado y entonces te sancionan un mes sin poder aparecer por sus ruedas de prensa. Lo peor viene luego, cada vez que te ven, da igual si es por la calle como en un acto, cuando se acercan y te llaman por tu nombre de pila. A los pocos días ya lo saben todo de ti, de qué pie cojeas, de dónde eres, quiénes son tus amigos...»

   Pero esta presión constante (y que suele conseguir anestesiar al redactor) empeoró durante la tregua de Eta. En ese escenario, EH tomó la decisión de romper relaciones con todos los periódicos «incómodos» y dar sus ruedas de prensa y sus comunicados exlusivamente en euskera con el fin de que los medios, sobre todo las delegaciones de los periódicos nacionales, no tuvieran más remedio que apartar a los periodistas «más beligerantes» y confiar su información a las agencias de noticias (que, por su propia naturaleza, se ciñen a la información de sujeto, verbo y predicado, sin más concesiones) o a periodistas vasco parlantes, esperando encontrar entre ellos a gentes más próximas.

   Estas «maquiavélicas» medidas de presión por parte de EH tuvieron su acompañamiento orquestado en las organizaciones satélites más radicales que comenzaron una encartelada en los que se «denunciaba» a los «perros fascistas de la pluma» (faxistak lumadun txakurrak). Incluso Eta, en uno de sus comunicados, «advirtió» de la responsabilidad que ciertos medios tenían en la «represión». Entre esos medios no se encontraban ni el periódico vizcaíno «Deia» (diario vinculado como uña y carne al PNV), ni Gara, ni Egunkaria (diario en euskera) ni... la Radio y la Televisión públicas vascas (EiTB), controlados por los nacionalistas.
   
   «Se acabó lo que se daba»
   Pero todo, una vez más, volvió a empeorar para el libre ejercicio del derecho a la Libertad de Información en el País Vasco con el asesinato del columnista de El Mundo, José Luis López de Lacalle. «Ese día ¬como asegura Javier, periodista navarro¬, se acabó lo que se daba. El que no miraba debajo del coche, empezó a mirar. El que no vigilaba al salir del portal de su casa, empezó a vigilar. Ese día, los que cubríamos información política para cualquier medio incluido en la lista de los enemigos de Euskale Herria , empezamos a mirar con envidia a los de Deportes y empezamos a hojear con recelo ciertas revistas de prensa que se hacen en otros periódicos. Recuerdo un día por la mañana, cuando me llamó un amigo mío muy agitado que me dijo... ¿has leído a Soroa en el Gara? Joder, qué escalofrío».

   A lo que se refiere este periodista es a la revista de prensa que realiza diariamente (salvo los lunes y otras fiestas de guardar) una tal «Maite Soroa» (un seudónimo que encubre a una colaboradora del ex director de la clausurada revista «Ardi Beltza», el ex periodista de Investigación de Egin, Pepe Rei). En su espacio, Soroa se dedica, aparte de a intercambiar arrumacos con el furibundo columnista de «Deia», Antonio Álvarez Solís, a resaltar las «manipulaciones e intoxicaciones» de los periodistas (con nombre y apellidos) y de los medios que no comulgan con el nacionalismo (entre sus objetivos favoritos se encuentra este periódico) y a ensalzar a los columnistas que son tibios o que comulgan con el pensamiento abertzale.

   Un ejemplo de cómo escribe Soroa es el siguiente: «Y para concluir por hoy, que tampoco se trata de aburrir al personal con las tonterías que se escriben y se cobran en la prensa de los Reyes Católicos, exhibamos la perla [...]. El reportero de guerra [...] viajó en taxi por tierra de indios y el taxista, sincero, le confesó que mi padre era de un caserío y me llamo Basterrechea Garmendia Aspiazu, pero por lo visto aquí, para ser vasco, hay que ser como digan algunos. Tener la nariz grande, como yo la tengo, desde luego, y no se qué más . A mi se me ocurre que con la nariz así de larga, en vez de vascos, los reporteros citados parecen Pinocho. Desde luego, si yo fuera la directora de sus medios, no les pagaría las dietas. Esos no han salido de la cafetería del Hotel Maria Cristina. Seguro».
   
   Soroa, Lapitz, Mendizábal...
   «Aparecer en esa revista de prensa ¬continúa Javier¬ no le apetece a nadie. Por supuesto que yo no digo que pueda haber una relación, digamos, causa-efecto; pero sabes quiénes son los que leen ese periódico, y no son precisamente los buenos. Aparece en esa revista de prensa, o en cualquier artículo del director de Deia, Lapitz o de uno de sus colaboradores, Mendizábal, que no se aleja mucho del estilo de Soroa, significa recibir, ooootra vez, una llamada de la familia, y esa es la mayor presión que hay».

   La familia... El grito de angustia de muchas madres de periodistas que cubren información del País Vasco o en el País Vasco es el de «hijo, por amor de Dios, no te signifiques», y la verdad es que muchos no lo hacen, sino que se limitan a cumplir con su trabajo y poco más... «Lógico ¬concluye Javier¬, si quieres te enseño las nóminas de la inmensa mayoría. Aquí no hay plus de peligrosidad ni de nada y lo que te puedo asegurar es que no se puede ser un periodista completo si llevas una escolta al lado. No compensa».

   Antes comentábamos que había dos tipos de periodistas trabajando en el País Vasco. Unos, los ya reseñados, son los de los medios locales y que viven en una esquizofrenia que incluye desde el síndrome de Estocolmo hasta el miedo puro y duro. Otros son los mal llamados «paracas» o «reporteros de guerra» (como les denomina Soroa). Son los periodistas que suben desde cualquier parte de España en momentos puntuales (atentados, jornadas de «lucha», manifestaciones, contramanifestaciones y un largo etcétera) y que tratan de llegar hasta donde los locales no pueden o, a veces, no quieren. Gente que por mucho que voces con seudónimo digan misa, el sitio que menos frecuentan es la cafetería del Hotel María Cristina.

   Buena parte de su trabajo lo basan en el anonimato y, como asegura un veterano reportero madrileño «tienes la ventaja de que no estás tan viciado como los locales, que contemplan el paisaje vasco y ya no consiguen ver las dianas pintadas en una pared porque se han acostumbrado a ellas. Muchas veces, el periodista de Madrid, como si es de Barcelona, de Cáceres o de donde sea, tiene una visión más limpia porque tiene mucho menos miedo que uno local, no tiene familia allá, no tiene vínculos de ningún tipo. Recibe presión, sí, sobre todo el miedo a lo desconocido, a no saber distinguir quién es quién a la hora de lanzarse a preguntar, pero al menos sabe que es imposible que mañana se planten un grupo de borrokas a la puerta de su casa en Almería, en Sevilla o en La Coruña y le revienten el portal o su coche a cócteles molotov».

   Lo que sí sufren muchos de estos profesionales es algo parecido al «síndrome del Norte» que suele afectar a miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado incluso cuando han abandonado el País Vasco, aunque en mucha menor escala. Como asegura uno de estos periodistas, «mi problema no es cuando estoy allí reportajeando en cualquier parte, sobre todo porque rara vez vuelves al mismo sitio y además voy con un cámara y con un productor, y ya sabes que la compañía te da seguridad».
   
   La paranoia va a más
   «Mi problema es cuando vuelvo a casa, monto las imágenes y me doy cuenta de que va a salir algo muy fuerte... con mi nombre... y me acojono. Luego me paso una o dos semanas mirando debajo del coche, vigilando las aceras, cambiando de itinerario... Sé que es un absurdo, sobre todo porque hay miles de personas que seguro que hacen más daño a Eta que yo. Sin embargo, esa paranoia cada vez va a más y yo cada vez estoy más cansado y con menos ganas de venir a esta tierra. Antes, cuando el jefe decía que había que subir, yo estaba el primero en el coche. Ahora me hago el remolón, pero al final cedo porque tampoco es cuestión de ir enmarronando a otros compañeros. Eso sí, si mañana me dan a elegir entre Bosnia o el País Vasco... no tendría dudas».

   ¬ ¿Sí? ¿Cuál eliges?
   ¬ «Ya te digo, no tendría dudas».
   Otro de los «paracas», periodista de diario, tiene una teoría diferente, aunque también se reconoce en el miedo del colega anterior: «Creo que si me tocara un atentado, no sería porque Eta se ha fijado en mí, sino porque se ha fijado en el medio en el que escribo. De todas maneras no creo que a Eta le preocupemos mucho. Al fin y al cabo, ellos piensan que somos un periódico fascista que tiene unos lectores fascistas . El que sí que les hacía pupa era José Luis López de Lacalle, porque era vasco, porque había coqueteado con el nacionalismo, porque era de izquierdas, porque fue un obrero, porque estaba casado con una nacionalista moderada y porque, con ese bagaje, podía escribir algo que llegara al corazón o al cerebro de otros nacionalistas y hacerles comprender, reflexionar... ¿qué sé yo! Lo que yo escribo es lo que Arzallus denominaría parte de la ofensiva de la Brunete mediática. A mí lo único que me preocupa es cuando te llega un político vasco y te dice que yo no puedo saber de esto porque vivo a 400 kilómetros. Lo demás lo llevo bien».

   Periodistas vascos, periodistas no vascos pero que se baten allí donde hace falta. A ambos grupos les unen las conclusiones de la Asociación Mundial de Periódicos (WAN, siglas en inglés) y el Foro Mundial de Directores en su informe sobre la Libertad de Información en las vascongadas. Para Parkinson, Presidente de la WAN, en vísperas de las elecciones en el País Vasco de hoy, «la situación es grave. Eta está tratando de instaurar un régimen de intimidación y de miedo entre los medios informativos. Se arriesga mucho y el peligro es muy real».

   Las dos organizaciones están convencidas de que los profesionales de la información que trabajan sobre el País Vasco no son libres: «Cuando la jornada de trabajo de un periodista empieza buscando una bomba debajo del auto, cuando se vuelve necesario instalar puertas metálicas y detectores sofisticados de armas y explosivos en las oficinas de los diarios y en las plantas impresoras, cuando los periodistas ya no pueden ir a buscar a sus hijos a la escuela ni cenar dos veces seguidas en el mismo restaurante, la libertad de expresión está seriamente comprometida»

   Pero en el informe hay un párrafo que a la postre resulta mucho más amargo, y es en el que se pide a los líderes políticos que no hagan ninguna declaración que pueda atizar el odio contra los medios. El viernes, las últimas palabras de Arzallus en campaña fueron para atribuir la posible derrota del PNV a la «ofensiva antidemocrática de la Prensa» y citó de manera expresa al presidente de este periódico como «periodista sitiador». Está claro que no sólo es Soroa la que nos pone bajo el volcán.

El sufragio por correo podría decidir un escaño en cada provincia
74.851 vascos han elegido este sistema para emitir su sufragio
El voto por correo podría ser decisivo para decidir varios escaños. El número de sufragios emitidos por los vascos a través de este sistema se ha triplicado con respecto a las elecciones de 1998, pasando de 29.202 a 74.851 papeletas. Analizando las estimaciones que se han hecho de reparto de escaños por votos, los sufragios recibidos a través del correo en cada provincia podrían determinar un escaño en cada territorio histórico.
L. R. N. - Madrid.- La Razón 13 Mayo 2001

Si la capacidad de los partidos para atraerse el voto de los indecisos y para movilizar a su electorado se antoja crucial para el resultado final de estos comicios, el voto por correo va a ser también muy importante. En total, se han registrado 80.907 peticiones para votar a través de este sistema, frente a las 32.550 peticiones que se registraron en los comicios de 1998. Curiosamente, sólo 20.000 de ellas han sido de vascos que residen fuera de su comunidad autónoma de origen. El resto corresponde a ciudadanos que, atemorizados en su mayoría por posibles represalias a expresar libremente su opción política, han optado por este método para elegir a sus representantes políticos.

Más de 74.000 votos
De todas las peticiones efectuadas, 74.851 se han entregado en las oficinas de correos tras haber terminado el plazo legal para ejercer este derecho a las 20.30 horas de ayer, frente a las 29.202 depositadas en 1998.
   Con este resultado, no es extraño que el Partido Popular calificase ayer de «éxito» los resultados obtenidos en las oficinas electorales instaladas fuera del País Vasco, donde esta formación ofrecía información y asesoramiento a todos los vascos llamados hoy a las urnas y que no podían hacerlo en sus pueblos de origen.

   La trascendencia del voto por correo puede ser muy importante en esta contienda. Si tomamos las estimaciones que se han hecho de los votos que van a ser, aproximadamente, necesarios para conseguir un escaño en cada provincia, la conclusión es que con los votos por correo enviados, y sin contar con las más de 6.500 papeletas que hasta el momento se han recibido de ciudadanos vascos que viven en el extranjero (en 1998 esta cantidad ascendió a 4.155), se podría decidir un escaño en cada provincia, muchos, si se tiene en cuenta lo ajustado de los sondeos. En Vizcaya se han recibido 42.936 votos por correo y la estimación para conseguir un escaño es de 24.000; en Guipúzcoa 22.582 de sus ciudadanos han enviado su sufragio por este sistema, mientras que se estima que serán necesarios 14.000 votos para cada diputado; y en Vitoria se han recibido 9.333 papeletas, estimándose necesarios 6.000 votos para cada escaño.

   La mayor afluencia de gente a las oficinas montadas por los partidos fuera del País Vasco ha sido en Levante. No en vano, en esta parte de España reside una importante colonia de vascos. En esta región, según precisaron desde fuentes populares a Servimedia, el número de consultas alcanzó cifras «impensables» cuando se pusieron en marcha estos servicios. «No ha tenido nada que ver con otras ocasiones», reconocieron estas fuentes.

Resto de España
El resto de regiones españolas tampoco se han mostrado indiferentes ante la cita y los ciudadanos vascos que en ellas residen también han acudido a las oficinas de correos para enviar sus votos. A modo de ejemplo, cabe destacar que 3.491 vascos que residen en Castilla y León han votado a través de este sistema, destacando, entre todas las ciudades, Burgos, desde donde se han remitido 1.000 papeletas, Salamanca, con 700, y León y Palencia, con 400 cada una. Desde Aragón se han enviado otros 575 votos, de los cuales 497 procedían de la provincia de Zaragoza (401 de la propia capital).

Conversación entre Luis Portero y Sabino Arana
Luis y Daniel PORTERO La Razón 13 Mayo 2001

Quisiera hacer contigo una reflexión sobre estas elecciones. Una meditación que hago extensiva al pueblo vasco y al resto de españoles, que hoy juegan con la viabilidad de una convivencia política y social futura en paz y libertad. Digo vascos y españoles porque el problema y los muertos del terrorismo son de todos y porque cualquier ser humano puede pasar accidentalmente por el lugar donde hace explosión un coche bomba, o estar comprando en Hipercor justo el día escogido por ETA para atentar.

   A estos comicios concurren, Sabino, muchas fuerzas políticas pero sólo dos alternativas: la constitucionalista que representa el PP y el PSE y la nacionalista que defienden tu Partido Nacionalista y EA. Ya sabes que estas dos alternativas son fiel reflejo de las dos facciones en las que actualmente se encuentra dividida la sociedad vasca. Por un lado, la sociedad constitucionalista, formada por personas adscritas a modelos demoliberales que distribuyen su voto entre el centro derecha liberal y la izquierda socialdemócrata. Por otro lado está el bando nacionalista, católico como el constitucionalista, algunas de cuyas personas son partidarias de modelos comunitarios en los que priman los valores culturales de la patria vasca frente a la democracia y la libertad individual. Quiero resumir contigo el contenido de los programas de los dos grupos políticos que se presentan a las elecciones del domingo, a fin de que reflexiones y hagas ver a los tuyos las conclusiones a las que llegas en relación con la opción política que consideras como más apropiada para retomar la dirección política de un pueblo que lleva sufriendo el castigo del terrorismo etarra y de algunos nacionalistas racistas durante muchos años.

   Empecemos con tu partido nacionalista, que acude a estas elecciones en coalición con Eusko Alkartasuna, dicen por ahí que por temor a que el Partido Popular vaya a ser la fuerza política más votada. Sabes de sobra que el nacionalismo ha afrontado la campaña electoral poniendo el grito en el cielo y alegando un presunto acoso españolista, en unos días donde los tuyos han acusado a los constitucionalistas de querer instaurar el franquismo y de abolir las libertades, la educación y el idioma vasco. El programa con el que se presenta el candidato nacionalista, Juan José Ibarretxe, tiene como compromiso el derecho a la vida y a las libertades, el diálogo político y el respeto a las decisiones de la ciudadanía vasca respecto a la autodeterminación.

   Hagamos juntos, si te parece, un análisis de cada uno de los puntos de dicho programa.

   - Compromiso para con el derecho a la vida y las libertades. Tras veinte años de gobierno nacionalista, las encuestas dicen que la inmensa mayoría de los vascos piensan que la libertad y los derechos humanos están gravemente dañados en Euskadi como consecuencia del terrorismo etarra. Opinión que además refrendan más del 80 por ciento de los nacionalistas encuestados. Xavier Arzalluz ha afirmado no creer «que sea bueno que ETA sea derrotada; no lo queremos y no sería bueno para Euskal Herría». Recuerdo haberle oído decir algo así como que ETA es la cerveza y el nacionalismo la espuma, cosa que a cualquiera haría pensar que los terroristas y el nacionalismo comparten los mismos objetivos, algo que nos clarifica todavía más el venerado político cuando sostiene que al nacionalismo «no le quedaría más remedio que aceptar los votos batasunos en la investidura si éstos deciden apoyarle», que es justo lo contrario de lo que afirmó tras el asesinato del Manuel Giménez Abad cuando dijo que su partido no pactaría con Euskal Herritarrok mientras ETA siguiera matando. También se ha escuchado decir a Arzalluz frases tales como que los españoles en un País Vasco independiente serían tratados como los alemanes en Mallorca, así como diversos comentarios extraños sobre el carácter violento, el origen racial y el Rh (-) de los vascos, afirmaciones que me recuerdan mucho a los planteamientos racistas y soberbios de odio hacia todo lo español y que poco antes de morir reconociste equivocados. El escándalo de la autovía de Leizarán, el pacto de Estella.

   Los pueblos del gulag vasco en donde el mundo de ETA tiene un poder fuera de lo normal y donde los no nacionalistas viven aterrorizados. El asesinato de periodistas. Denuncias como la del Parlamento Europeo o la Universidad del País Vasco, que se quejan de la falta de libertades en una tierra donde la convivencia de la sociedad se está deteriorando cada vez más con un número creciente de ciudadanos no nacionalistas que son sujetos de amenazas, coacciones y ataques terroristas por ejercer su dereecho a la libertad de expresión. La extorsión de ETA a empresarios vascos. La impunidad con la que las ahora declaradas ilegales canteras de ETA hacen apología del terrorismo y se manifiestan violentamente en las calles mereciendo únicamente el calificativo de «chiquilladas» y «violencia de baja intensidad» por parte de dirigentes del gobierno nacionalista. La dejación de funciones de la Ertzaintza, que depende directamente del gobierno nacionalista y que no actúa con la prontitud y eficacia que debe exigirse en la represión de esos actos contra la libertad. La comisión de derechos humanos del Parlamento Vasco, de mayoría nacionalista y que cuenta con el conocido etarra Josu Ternera entre sus miembros. La inmoralidad de ayuntamientos de mayoría nacionalista, que homenajean a terroristas abatidos en enfrentamientos con la policía. En fin... La pregunta que me gustaría hacerme contigo es la de saber de qué derechos hablan tus nacionalistas.

   - El diálogo político. Partidarios son los nacionalistas de sentarse a hablar con los que justifican políticamente el asesinato para solucionar el problema de la violencia, en una negociación donde ETA estaría dispuesta a dejar las armas a cambio de una autodeterminación que tan sólo quieren unos cuantos vascos. Los nacionalistas utilizan el término «diálogo» para referirse al chantaje etarra y acusan al gobierno de España de «inmovilismo» y de «no dar los pasos suficientes en el proceso de paz» cuando resulta que no existe democracia en el mundo terrenal que no haga justicia a las víctimas de terrorismo sino a través de la persecución judicial de los criminales.

   - Respeto a las decisiones de la ciudadanía vasca en cuanto a la autodeterminación. Hace poco Ibarretxe aprovechaba una visita a Madrid para presentar en público una versión de la historia en la que se refería a una Euskadi anterior a España que ha sufrido «160 años de convivencia frustrada». ¿Recuerdas, Sabino, cuando gritabas «¿muera España!» afirmando que «el nacionalismo aspira a la independiencia absoluta» de un Pueblo Vasco invadido por opresores españoles? Pues bien, ya sabes, Sabino, que la verdad es que nunca antes ha existido una nación vasca y por si fuera poco la mayoría de la sociedad vasca no desea independizarse de España. Te recuerdo en este sentido que las últimas encuestas vascas reflejan que solo una minoría del 18 por ciento de los vascos quiere la autodeterminación. Que se respete, por tanto, «la voluntad de los vascos». Hasta ahora ha habido muchos vascos que han votado al nacionalismo convencidos de que era lo más práctico porque pensaban que nadie podría gobernar con más acierto el caserío que los propios nacionalistas. 

Deduzco de lo expuesto antes que la banda terrorista es culpable y el nacionalismo responsable como cómplice de la persecución y destrucción total o parcial de colectivos humanos por motivos de nacionalidad, raza, religión o política, que son delitos muy graves, tipificados en la tierra como delitos contra la humanidad y en el cielo como infracción de uno de los mandamientos de la ley de Dios: el amor hacia el prójimo como a uno mismo. Me alegra observar, sin embargo, que hoy día hay muchos nacionalistas que no comulgan con el soberanismo de Arzalluz por entender que la independencia ha sido impuesta por EH a través de la represión de libertades y el chantaje de ETA y porque el ejercicio nacionalista del poder ha desprestigiado las instituciones del gobierno vasco. Así pues, convendrás conmigo, Sabino, en que el fracaso político del anterior mandato nacionalista hará que las elecciones castiguen sobremanera los errores de Estella para evitar con ello que se prolongue el miedo y el terror de ETA. Dios quiera que ello sirva para que el nacionalismo rectifique y evolucione a posiciones más moderadas, que es justo lo que hiciste tú dos años antes de tu muerte. Muy grave e imperdonable sería para el actual nacionalismo que lograse gobernar con los votos manchados de sangre de EH, sobre todo teniendo en cuenta lo «inteligente», «noble» y «caritativo que aún para tus enemigos» es el bizkaino -son palabras tuyas, Sabino. Que no pacte Arzalluz con EH porque de lo contrario me da la impresión que el pueblo vasco pensará que Arzalluz nació y vive tonto y que morirá de cualquier cosa.

   Poco más, Sabino. Tan sólo haré una breve mención del programa que ofrecen los constitucionalistas. Ya sabes que, en cumplimiento de los dispuesto en el Tratado de la UE, los partidos constitucionalistas defienden el pluralismo, la tolerancia y la democracia dentro del marco legal que al efecto ofrece la Constitución y el Estatuto Vasco. Y ello porque hace más de 20 años los pueblos de España fueron capaces de superar los horrores de la dictadura, dotándose de una norma que protege y respeta todas las culturas, tradiciones y el uso de las distintas lenguas e instituciones. Los partidos constitucionalistas defienden la organización de España en 17 regiones y nacionalidades autónomas que gozan de un amplio autogobierno. Buena prueba de ello es el Estatuto de Autonomía Vasco, que ha dado lugar a que el País Vasco sea una de las regiones más desarrolladas y con mejor calidad de vida de la comunidad europea. Un País Vasco que disfruta -gracias al Estatuto- de una amplísima autonomía, contando con un Gobierno y Parlamento propios, pleno control de su fiscalidad, con una radio y televisiones vascas, educación, sanidad y gestión de la seguridad social, que, entre muchas otras competencias, están en manos del Gobieno Vasco, y con el euskera como la lengua propia del pueblo vasco ya que al español tan sólo se le otorga el carácter de lengua co-oficial. Los constitucionalistas dicen que si ganan no habrá revanchas ni venganzas, y que erradicarán la violencia con el compromiso de todos, instituciones, gobierno y ciudadanos. ¿Cómo se eliminará esa violencia? Dicen los constitucionalistas que las soluciones pasan por la movilización de los ciudadanos en contra de la violencia terrorista, por la colaboración con la justicia y la policía, por reformas legislativas, política penitenciaria, cooperación internacional y un mejor sistema educativo.

   A modo de conclusión final estarás conmigo en que la plaga terrorista que hoy afecta a tu tierra y resto de la península ibérica ha supuesto un largo y tortuoso camino que ha llevado a muchas familias por los oscuros túneles de la intolerancia, de la privación de derechos y de la muerte, pero que puede desembocar en la luz de la vida si el próximo domingo se produce una alta participación electoral en las urnas. Más que atemorizados creo que los vascos y españoles están indignados y piden a gritos no sólo el cese de la violencia sino un cambio de rumbo político en el Gobierno vasco que haga posible un futuro de respeto y libre convivencia. Ojalá sepan los nacionalistas rectificar como lo hiciste tú dos años antes de morir. Desde el cielo hago llegar todo mi amor, cariño y apoyo a los vascos, y los animo a que busquen en su interior la fuerza, casta y orgullo que los caracteriza para acudir masivamente a sus colegios electorales hoy, cita con la historia y aniversario de cumpleaños de mi amigo Miguel Ángel Blanco. Día en el que España y los vascos gritarán por fin: ¡libertad!

Dos vascos y un destino
PEDRO J. RAMIREZ El Mundo 13 Mayo 2001

Acababa don Camilo de apagar las dos velas que simbolizaban su 85 cumpleaños e iniciaba entre aplausos un garboso baile con Marina Castaño, remedo de aquel con que ambos acunaron hace doce años el Premio Nobel ante el Rey de Suecia, cuando un estremecimiento recorrió la única fiesta memorable de la semana. Pocos minutos después, haciendo gala de su bien organizada cabeza de ingeniero, Alvarez Cascos dibujaba sobre una servilleta de papel un detallado diagrama de las manzanas del barrio de Salamanca afectadas por la explosión del coche bomba y Federico Trillo corroboraba a su lado, como ministro de Defensa, que efectivamente, tal y como esa misma mañana había revelado EL MUNDO, el Gobierno sabía por un confidente que ETA golpearía en Madrid antes de que se abrieran las urnas vascas.

La orquesta continuó tocando y los camareros no cesaron de servir el champagne especial con que políticos, intelectuales y financieros -hasta Marc Rich en su primera aparición tras el turbio perdón de los Clinton- brindaban por todo cuanto el homenajeado ha aportado a tres cuartos de siglo de la vida de España. Pero bajo la gran carpa la noche cambió de rumbo, cual si de la fiesta en la que el duque de Wellington recibió la noticia de que Napoleón se había fugado de la isla de Elba se tratara. En medio de un remolino de smokings, señoras con atractivos trajes largos y rostros graves, los teléfonos móviles sembraban primero la angustia de la incertidumbre y luego la indignada serenidad de que al menos no había habido víctimas mortales.

Y, sin embargo, flotaba en el ambiente una inaudita aura de optimismo y confianza respecto a la previsible evolución del último gran problema que retiene a parte del ser de España en el tenebrismo del pasado. Sí, una vez más ese ogro colectivo llamado ETA había salido de la madriguera para colocar su barricada de terror, dolor y destrucción en el centro de nuestras ciudades. Inevitablemente su imperio subterráneo pervivirá más de un centenar de días y nadie puede hacerse ilusiones en el sentido de que lo que vaya a suceder esta noche llegue a equivaler a ningún fulminante Waterloo. Pero el campo de batalla ha quedado trazado y la moral de victoria es tan alta -ni uno solo de los pronósticos que circulaban de mesa en mesa asignaba a la suma de PP y PSOE menos de los mágicos 38 escaños- que estremece pensar lo honda y amarga que puede ser la decepción.

Es evidente que va a haber un avance del bloque constitucional, pero en estas horas de tensa vigilia no sabemos si -en relación al objetivo anhelado- estamos ante una reedición del 93 cuando el progreso electoral del PP fue insuficiente para conseguir el cambio, ante un triunfo difuso y preñado de problemas como el del 96 o ante una apoteosis como la que los populares vivieron en el 2000. Todo el mundo apuesta por el tercer escenario, pero es imprescindible estar preparados para cualquiera de los otros dos e impregnar en todo caso la noche, desde el mismo momento en que se hagan públicos los resultados oficiales, de la misma firmeza democrática que ha caracterizado a la campaña, porque la lucha por la libertad vasca ni culmina en los 38 o más escaños ni se agosta porque al final sean 34 o incluso menos.

Nunca dos generales entraron en combate acompañados por tantos corazones españoles como los que hoy laten al compás de los de Jaime Mayor y Nicolás Redondo. Ellos son nuestra fuerza y con ellos va nuestra esperanza. Simbolizan lo mejor de las que fueron dos Españas -margen izquierda, margen derecha- unidas hoy en la causa insoslayable de la defensa de la dignidad humana. A cualquiera con un mínimo sentido de la historia debe emocionarle ver cabalgar juntos al más genuino representante de la tradición católica y posibilista enraizada en el foralismo vascongado y al último vástago de ese gran Bilbao obrero, reivindicativo y fabril, siempre empeñado en que el mundo ha de cambiar de base.

Margen izquierda, margen derecha... Hace dos generaciones habrían combatido en bandos opuestos de la Guerra Civil. Hace un cuarto de siglo, como de hecho sucedió con el tío de Jaime Mayor y el padre de Nicolás Redondo, se habrían mirado con recelo desde las dos orillas de las que partieron los más esforzados viajeros de la transición. Ahora el éxito de ese encuentro en alta mar llamado Constitución ha hecho posible que conservadores y socialistas respondan juntos a una situación límite en defensa de la libertad de todos, con un respaldo social como jamás tuvo junta, plataforma o alianza democrática alguna.

Claro que sería formidable que Wellington y Blücher ganaran apabullantemente el día. Pero si de lo que se trata es de garantizar la consolidación de un nuevo orden en esta parte de Europa en la que los derechos humanos se encuentran en dramático retroceso, más importante aún es que esta entente anglo-prusiana adquiera caracteres de permanencia en la salud y en la enfermedad, en el poder o en la oposición, hasta que la tan ansiada como desgraciadamente lejana normalidad les separe.

Renunciando el uno al debate con Ibarretxe que le habría consagrado como el líder democrático más popular de la historia, refutando el otro las envenenadas tentativas de González y su grupo editorial de acercarse al PNV, Mayor y Redondo se han demostrado una lealtad recíproca muy poco común en el navajeo de la política. Nobleza obliga y de casta les viene a los dos galgos.

Tendrán que resistir todo tipo de embates, pero si su apretón de manos del Kursaal se convierte en el icono inalterable de la nueva legislatura vasca, antes o después habrá una oportunidad real para el único tipo de paz aceptable y la única modalidad de diálogo admisible. ¿Y a usted quién le gustaría que fuera lehendakari? Pues a mi, los dos. Primero el uno, después el otro. Pero cuidado, no repartamos ya los dividendos, que los dados aún estan rodando.  pedroj.ramirez@el-mundo.es

Socializar el aislamiento
Gustavo de ARÍSTEGUI ABC 13 Mayo 2001 

En el País Vasco todos los ciudadanos nacionalistas o constitucionalistas nos estamos jugando nuestro futuro y el de nuestros hijos en las próximas elecciones, puesto que los proyectos que se presentan ante la voluntad de la ciudadanía tendrán consecuencias directas e inmediatas para nuestra convivencia e incluso para nuestra vida cotidiana. Nos encontramos ante un cruce de caminos determinante y crucial en nuestra historia, ya que en muchos aspectos esenciales está aun pendiente la culminación plena de la transición democrática en el País Vasco.

La estrategia que nos ha llevado a esta situación realmente intrincada es fruto de la exacerbación y la exageración de políticas nacionalistas, en muchos casos ya de por sí radicales y rupturistas, que habían tenido hasta ahora el beneficio de la duda por haber sido capaces de esconder sus consecuencias para una parte de la ciudadanía tras un eficaz manto de aparente moderación, fruto de una constante y calculada ambigüedad. Sin embargo, nos hemos encontrado los vascos demócratas, nacionalistas o no, con una artificiosa y artificial polarización de la política sobre propuestas y postulados aparentemente ideológicos, partidarios o programáticos, cuando, en realidad, el envite suponía un ser o no ser para nuestro país, pues tendremos que definir por fin nuestro encaje y relación con el resto de España y nuestra pertenencia o no a lo mejor y más avanzado del mundo: la tradición democrática occidental, la moderación, la sensatez política, la defensa de la libertad y el pluralismo así como, desde luego, nuestra pertenencia a la Unión Europea.

ETA ha intentado desde siempre socializar el dolor, extendiendo su reino del terror. El Gobierno vasco formado por el PNV y Eusko Alkartasuna ha intentado hacernos cargar a todos los vascos con el pesado lastre de sus errores, tratando con ello de «socializar» su fracaso político. Ahora intentan socializar por extensión a todos los vascos su aislamiento europeo e internacional. Por todo ello, conviene hacer un frío y desapasionado análisis de las funestas consecuencias que para el País Vasco tendría el secesionismo rupturista de las políticas mal llamadas soberanistas, defendidas en el programa electoral de la coalición nacionalista. El PNV rompió sus anclajes y contactos seculares con la Internacional Demócrata Cristiana (IDC), distinguido club de partidos al que pertenecía prácticamente desde su fundación. El PNV, por su pacto con el mundo de ETA, ha sido excluido del Partido Popular Europeo puesto que, según sus miembros, ha abandonado los principios básicos que inspiran a los que lo forman. La situación del País Vasco ha sido abordada por la Comisión de Libertades Públicas, Justicia y Asuntos Interiores del Parlamento Europeo y por su Pleno. Las conclusiones no han gustado al Gobierno vasco en funciones. Además, el País Vasco es el único lugar de la Unión Europea al que el Comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa ha tenido que realizar una visita para comprobar in situ la grave vulneración de los derechos y libertades fundamentales de una parte mayoritaria de sus ciudadanos. El informe, oportuno, sólido, veraz y valiente del Comisario de Derechos Humanos, señor Álvaro Gil-Robles, fue descalificado de forma intempestiva, desproporcionada e injusta por el Gobierno vasco en un contrainforme más partidista que de gobierno.

El PNV y EA, así como los gobiernos que han apoyado en estos últimos años, han tenido la rara habilidad de enfrentarse a todo y a todos, incluso a sus amigos y aliados del pasado. Los vascos demócratas, seamos nacionalistas o no, tenemos que reflexionar seriamente sobre qué tipo de País Vasco queremos, si queremos que triunfe el secesionismo rupturista impuesto en fondo, forma y ritmo por el mundo de la banda terrorista ETA o si, por el contrario, queremos integrar a todos los vascos bajo un proyecto ilusionante de convivencia en paz, en libertad y con pleno respeto a todos los derechos y libertades fundamentales, que son requisitos imprescindibles para que se dé una democracia plena.

El secesionismo rupturista llevaría al País Vasco a una situación pre-democrática, pre-europea y con graves carencias en el ámbito del respeto de los derechos y libertades fundamentales de una parte mayoritaria de la ciudadanía vasca. En primer lugar, perderíamos nuestros mercados en el resto de España, se perjudicaría gravemente nuestro turismo interior y sobre todo estaríamos falseando nuestra historia, nuestros vínculos culturales y sociales con los demás pueblos de España y estaríamos renunciando a pertenecer a uno de los proyectos de convivencia democrática en paz y en libertad más avanzados del mundo. Todo ello resultaría en el aislamiento del País Vasco del resto de España y de Europa, puesto que según el Derecho Internacional Público y la más reputada doctrina europea, el País Vasco y todos sus ciudadanos tendríamos que ponernos a la cola de las negociaciones para ingresar en la UE, retrasando durante generaciones las sinergias y beneficios que, sin duda, supone la pertenencia a la misma. Pero, además, perderíamos también capacidad de interlocución e influencia en la Comunidad Internacional.

Por todo ello no podemos permitir que se produzca una «socialización» del aislamiento europeo e internacional que ya sufren el Gobierno vasco y los partidos que lo apoyan, extendiéndolo a todo el País Vasco y a sus habitantes. En un mundo global, en una Europa en vías de integración, en un mundo sin fronteras en el que priman las ideas, el desarrollo y el progreso, no podemos permitirnos el lujo de volver a las confrontaciones, inestabilidad e incertidumbres del siglo XIX.

El PP culpa de la crisis con Jordi Pujol a la «prepotencia y nacionalismo» de CiU
La estabilidad del Gobierno catalán está en peligro tras el ultimátum de Alberto Fernández
Conforme avanza la legislatura catalana, la situación del gobierno de Pujol se torna más frágil y la estabilidad, lejos de estar garantizada, se encuentra en peligro. El presidente del PP catalán, Alberto Fernández, lanzó esta semana un duro ultimátum para que Pujol y los dirigentes de CiU dejen de «insultar» al PP. En el fondo de la cuestión está, también, la actitud de CiU que no ha asumido, con el realismo preciso, que el PP no le necesita en Madrid mientras que aquí no puede gobernar sin su apoyo. Jordi Pujol ha perdido las primeras votaciones, pero su horizonte es aún más oscuro.
Redacción - Barcelona.- La Razón 13 Mayo 2001

La estabilidad del gobierno que preside Pujol no sólo no está garantizada sino que atraviesa por momentos difíciles. La incertidumbre permite otear un horizonte más bien oscuro, si la formación nacionalista no opta por un giro de ciento ochenta grados en sus relaciones con el Partido Popular de Cataluña.

   El resultado de las últimas elecciones autonómicas dieron al presidente de la Generalitat un escenario con sólo dos opciones: gobernar con el PP o con ERC. Fiel a su criterio de seguir en solitario, no quiso coaligarse ni con unos ni con otros y esperó a las generales.

De aliados a adversarios
La aritmética fue desfavorable para los intereses de CiU, ya que Aznar consiguió la mayoría absoluta y los diputados nacionalistas dejaron de ser decisivos. No obstante, en el Parlament de Cataluña la situación es ahora diferente, ya que el PP de Cataluña, que durante la pasada legislatura había sido, tal como señalan sus máximos dirigentes, «la retaguardia de la gobernabilidad» se sitúa ahora en una posición decisiva. A pesar de ello, tanto la dirección del Partido Popular en Madrid como en Barcelona se encontraron con que CiU mantenía, aquí y allí, la misma actitud de años pasados.

   Distanciamiento en determinadas votaciones, gestos nacionalistas tanto en el Parlament como en el Congreso como en el Senado, para, finalmente, alcanzar un punto que puede llegar a ser de no retorno.

   A Pujol le sucede con el PP aquello de ni contigo ni sin ti, porque el complejo con respecto a Maragall le lleva a marcar distancias con los populares, mientras sabe que caer en los brazos de Carod-Rovira y la independentista ERC significa escribir el epitafio de CiU ante las próximas autonómicas.

   Los nacionalistas han encontrado que el partido que preside Alberto Fernández no es el dócil aliado que pretendían y al que podían complacer con concesiones, siempre de escondidas y entrando por la puerta de servicio. Con la excusa de mantener las distancias, la exacerbación o exaltación nacionalista, como la definió Fernández Díaz, ha llevado a que Aznar esté cansado de sus antiguos socios, que en la dirección nacional del PP se haya llegado a la convicción de que no importa que CiU no acompañe en las votaciones del Congreso, por que el precio es muy alto, y a la necesidad de poner en su sitio a los díscolos coaligados.

   Fernández Díaz llegó al punto, esta semana, de lanzar un duro ultimátum a Pujol, que nada tenía de gesto ante la galería y sí de expresión de la saturación del PP ante la actitud prepotente de CiU. Los nacionalistas han jugado siempre con un escenario en el que el PP tiene que hacer lo que quieran porque la opción sería la victoria de Maragall. Por otra parte, se muestran convencidos, como parece más que razonable, que los populares no podrían sumarse a la ridícula censura que ha anunciado el presidente del PSC para el próximo otoño.

La fragilidad del gobierno
Frente a ello, existe un término intermedio, que además es muy favorable para el PP. La fragilidad del gobierno catalán permiten un escenario de distanciamiento, en el que Pujol no tiene otra opción que pactar el día a día, lo que sí permitiría que la sociedad catalana percibiera, por fin, el papel determinante del PP de Cataluña en la gobernabilidad.

   Los dirigentes populares sufren, desde hace meses, los ataques permanentes desde los medios de comunicación dependientes de la Generalitat, por lo que algunos sustos en el Parlament de Cataluña pueden situar a cada uno en su lugar.
 

Juaristi afirma que el castellano no ha desarraigado las lenguas anteriores allí donde ha caído
Continuando con la polémica sobre la imposición del castellano, Jon Juaristi, director del Instituto Cervantes, afirma que el español “ha sido más una lengua de encuentro que de imposición” y “no ha desarraigado las lenguas anteriores allí donde ha caído”. “Ya en la Edad Media se hablaba castellano en todos los reinos peninsulares cristianos y en parte de Al Andalus”, dice. "No puede hablarse de imposición", concluye el lingüista.
EFE.- Libertad Digital 13 Mayo 2001

El director del Instituto Cervantes, una de cuyas misiones es potenciar la difusión del castellano en el mundo, afirma que España es "la única nación de Europa con 4 idiomas oficiales". Cuando aún está viva la polémica suscitada por el discurso del Rey en la entrega del Premio Cervantes, Juaristi dice que, en la península, el español "no se impuso por una hegemonía política de Castilla sobre los otros reinos". "El español fue una lengua koinética, de relación, y, por tanto, una lengua de encuentro", asegura Juaristi, catedrático de Filología Hispánica que ha impartido clases en varias universidades iberoamericanas, además de en el País Vasco.

Opina Juaristi que, en su contexto, la afirmación del Rey de que el español no fue nunca "una lengua de imposición sino de encuentro", era "bastante exacta" porque este idioma "no ha desarraigado las lenguas anteriores allí donde ha caído". El director del Cervantes señala que tras sus años de profesor en Iberoamérica ha podido constatar que "la pervivencia de lenguas nativas es abrumadoramente superior a cualquier otra parte del mundo".

En este sentido, "España mismo es una excepción. Es la única nación de Europa con cuatro lenguas oficiales, y eso supongo que refleja claramente que, en términos generales, no puede hablarse de imposición", añade.

Mes y medio después de hacerse cargo de la dirección del Cervantes, Jon Juaristi reconoce que su paso de la Biblioteca Nacional -donde era director- al Cervantes ha sido "un poco brusco", pero asegura que ha asumido la nueva etapa "con mucha ilusión" y espera "no provocar catástrofes" con su gestión.

De momento, ya tiene claro que el presupuesto del Instituto, de 8.023 millones, "debe aumentar en los próximos años" para hacer frente al proceso de expansión "tan ambicioso" que tiene previsto acometer este organismo y para abordar "los desafíos de la sociedad de la información de una forma trepidante y activa".

El idioma: Las diferencias no generan ningún conflicto
J. M. Gutiérrez. A Coruña  La Opinión 13 Mayo 2001

La polémica sobre el uso de los idiomas gallego y castellano se mantiene en el candelero en A Coruña desde hace años. Un sector de la población defiende que el porcentaje de personas que se expresan en gallego es mucho menor que en el resto de la comunidad, lo que debe traducirse en el predominio del español en la comunicación pública.

Para otros coruñeses, el gallego es el vehículo de expresión habitual de la mayoría, pero está relegado de la actividad municipal y otras manifestaciones de la vida pública local. A lo largo de todo el debate, Carmen San Julián se expresó en lengua gallega.

Carme San Julián: En A Coruña hay una proporción de hablantes en gallego semejante a la del resto del país. En A Coruña se habla mucho gallego, no es una ciudad que vino de fuera como un ovni, ni un enclave hecho por emigrantes de otro lugar, sino que una gran parte de los coruñeses son descendientes de personas que vinieron de todas partes de Galicia y que hablaban en gallego.

Roberto Rey: Se estima que en Galicia dos tercios de la población son gallego hablantes, pero en A Coruña quizás se note más el español. Toda mi vida me he desenvuelto en ambientes español hablantes, lo que no quiere decir que no se hable mucho gallego, pero se hace de forma tan entreverada que es muy difícil saber cuánto español o gallego se habla realmente.

Carme San Julián: Hay una relación directa entre el gallego y la clase social, ya que las más altas se integraron mucho más en el castellano en los siglos anteriores, pero tampoco hay una separación clara, porque sólo hay un sector muy reducido que sólo se expresa en castellano, mientras que el resto de la gente cambia de lengua constantemente.

Roberto Rey: Yo trabajé muchos años en una entidad financiera y me adecuaba al idioma de cada cliente. Si veía que era un gallego hablante natural, yo le hablaba en esta lengua, pero cuando notaba que se trataba de una postura política, le contestaba en español. Hasta hace poco el gallego se hablaba más en algunos ambientes, pero al ser obligatoria la enseñanza de este idioma, mucha gente lo habla de forma habitual.

Carme San Julián: El gallego está en todas partes, porque sigue siendo una lengua ambiental. La gente dice que no sabe hablarlo, pero está tan presente que impregna todo el castellano que se habla en A Coruña, que tiene muchísimos calcos de la lengua gallega y que por eso está lleno de incorrecciones.

Roberto Rey: La imagen que se tiene de que no se habla gallego es por la propaganda del nacionalismo, que tiene a Paco Vázquez como su bestia negra desde que dijo lo que muchos no se atreven a manifestar, que prefiere que sus hijos estudien inglés a que estudien gallego.

Carme San Julián: La impresión de que no se habla gallego en la ciudad es por la política de ocultamiento que se hace desde el Ayuntamiento. Parece que el gallego no existe, las asociaciones que lo usan no aparecen y la actividad educativa y cultural que se promueve es en castellano.

Roberto Rey: Los nacionalistas no son demócratas, sino que son totalitarios e impositivos. Se han empeñado en violentar el gusto de montones de personas de La Coruña tratando de cambiar el nombre de la ciudad.

Carme San Julián: En A Coruña existe el mismo conflicto lingüístico que en el resto de Galicia, donde hay una lengua que tiene el reconocimiento oficial y social desde siempre y otra que es hablada por la inmensa mayoría de la población, pero que está en una situación de inferioridad. Lo que hay en A Coruña es un mayor apartamiento del gallego del plano público.

Roberto Rey: Yo creo que hay un conflicto lingüístico, pero que es artificial porque está fomentado por el nacionalismo. Hasta que murió Franco aquí no hubo problema de ningún tipo, porque cada cual se expresaba en la lengua que quería. Ahora sí hay un intento de imponer el gallego de una forma antidemocrática.

Carme San Julián: El Ayuntamiento coruñés mantiene una política beligerante y consciente de marginación de la lengua gallega. La usa cuando no tiene más remedio que utilizarlo, pero de una forma diglósica y claramente marginalizado con relación al español.

Roberto Rey: No existe una discriminación del gallego por parte del Ayuntamiento, sino que lo utiliza cuando tiene que hacerlo. El alcalde respeta la legalidad y se expresa en público en gallego en muchas ocasiones, pero lo que pasa es que el Ayuntamiento está a la defensiva con los nacionalistas porque lo han convertido en el blanco de sus ofensivas.

Carme San Julián: Independientemente de que los nacionalistas hayan hecho de esto un caballo de batalla, lo cierto es que el tema de la lengua afecta a muchas personas y sectores ciudadanos. No estoy de acuerdo con que sólo los nacionalistas defienden el gallego. El uso que hace el Ayuntamiento es el mismo que se proponía no hace mucho, cuando se decía que era sólo para algunas ocasiones.

Carme San Julián: Hay mucha gente que vive el conflicto sobre el topónimo de la ciudad porque es un elemento simbólico y porque el Ayuntamiento tiene una actitud tan beligerante. A ver en que otro asunto el Gobierno municipal se atreve a desobedecer la Lei de Normalización Lingüística de Galicia, lo que votó el Parlamento español y las sucesivas sentencias sobre el incumplimiento de la Ley. No es lógico que un mandatario público incumpla la legislación. Es un tema que le importa a mucha gente y por eso hay esa constancia de plantar el dichoso seto.

Roberto Rey: La gente no vive con intensidad este conflicto, salvo los nacionalistas. Los ciudadanos pasan bastante porque se expresan al votar dando la mayoría a Paco Vázquez. La Constitución dice que el único idioma del que hay obligación y derecho de hablar es el español y ese es el tope legal.

 

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